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Filosofía desde la trinchera

Primero, sobre virtud y libertad. Lo que yo mantengo, muy sintéticamente, es que lo importante en una sociedad democrática es la libertad. Y que la libertad está unida a la virtud y que la virtud tiene dos acepciones, excelencia, por el lado griego y fuerza o valor, por el lado latino. Creo que las democracias deben formar a los ciudadanos en estos dos valores. Lo que hoy en día está ocurriendo es que lo importante, lo valorado es la felicidad, pero no la felicidad auténtica, sino un estado de bienestar adormecido a base de placeres inmediatos y pasajeros que adormecen, por un lado, y nos obligan a buscar satisfacción por otra. Esto nos lleva a olvidarnos del otro. Primero, perdemos nuestra libertad y segundo dejamos de ser fraternos, o solidarios como se dice hoy en día. Desde el punto de vista de la educación considero que los valores de virtud y libertad en el sentido que he señalado antes son imprescindibles para formar una sociedad de ciudadanos, hombres libres y participativos. Y creo, lamentablemente, que la educación no va por ahí, sino por crear individuos adaptables, es decir, que se les priva de la libertad.

Segundo, mi posición con respecto al ecologismo, también sintéticamente, es la siguiente. Creo que hemos vivido, en nuestra tradición occidental, en sociedades antropocéntricas. Esto nos ha acarreados tremendos problemas que se derivan de nuestra propia cultura, de su idiosincrasia: el surgimiento de la ciencia, la técnica, el mito bíblico, la idea (mito de origen bíblico) del progreso, etc. por eso propongo que en la nueva sociedad que tiene que surgir de las ruinas de ésta se pase del antropocentrismo al biocentrismo. Esto es, el centro no es el hombre, sino el medio en el que el hombre vive y en el que su vida es posible. Ello implica una nueva forma de producción no capitalista. Una nueva ética que es la ética de la responsabilidad que implica la responsabilidad no sólo con el cercano, sino con el lejano (el lema de los altermundialistas: actúa localmente y piensa globalmente) y con los no nacidos, las generaciones venideras. Esto es una novedad en la ética y el derecho. Para ello hace falta una ética cosmopolita con visión de futuro y, posteriormente una construcción legal de todo ello, un largo camino ético, jurídico y político. En cuanto a las relaciones hombre-naturaleza, pues no pueden ser de explotación sin conciencia del límite, que son las capitalistas, sino como decía Manuel Sacristán, de cuidado del medio. Decía que debíamos sustituir el paradigma de la producción por el paradigma del cuidado. El capitalismo es unidimensional y nos ha hecho pensar, por eso nos es tan difícil ver fuera de él, que la única forma de realizarse es el consumo que produce el crecimiento, tanto en nuestras propiedades, como del propio capital, de otra manera éste es inviable. Capitalismo es igual a crecimiento económico, lo contrario es crisis y recesión. Pues bien, existen muchas otras dimensiones en la vida que no pasan por el consumo o que están más en armonía con el medio –que en definitiva somos nosotros mismos-. Nos falta una cultura del ocio. Y, encima vamos para atrás, en lugar de que esta idea prospere, lo hace la de mayor jornada laboral, jubilación posterior… Un saludo.

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