Blogia
Filosofía desde la trinchera

Esto no es nuevo. Y al igual que el argumento fuerte, desde el punto de vista filosófico-teológico, se basa en la teoría de la potencia y el acto aristotélica. El ser es y se dice de muchas maneras, las principales son ser en potencia y ser en acto. Todo ser tiene su ser en potencia (natural, el accidental es artificial) y su ser en acto. De ahí lo de la semilla y el árbol. Esto es discutible, además, habría que rellenarlo de contenido empírico, lo cual implicaría considerar a la naturaleza teleológicamente, es decir, que está ordenada conforme a fines, lo que es un antropomorfismo en el que la ciencia no se puede basar puesto que esto no es empírico. También esto nos llevaría directamente a la quinta vía tomista que en la actualidad es la versión del diseño inteligente o argumento antrópico. Pero siguiendo con lo de la potencia y el acto. Lo que el aquinate no decía es que hubiese un alma sustancial. Él definía el alma en tanto que función de lo vivo, por eso distinguía tres tipos de alma, vegetativa, sensitiva y racional (propia y exclusiva del hombre) Pero resulta, y esto es curios, que para Aristóteles, el alma es principio vital. Entendido de otra forma. Para Aristóteles todo ser se compone de materia y forma y ninguna existe por separado. Cuando se produce un cambio sustancial lo que se produce es una disolución de materia y forma, por ejemplo el paso de la semilla al árbol, que en Aristóteles el árbol es en la semilla, pero en potencia. Ahora bien, al mantener Aristóteles que el alma es una función que hace posible la vida y la indisolubilidad de la sustancia, es decir, que si disolvemos la sustancia lo que se produce es un cambio sustancial, pues, en el caso del hombre estaríamos hablando de que la muerte es un proceso de disolución sustancial y, además, definitivo. Ésta es la doctrina clásica. Ahora bien, cuando llega el cristianismo y adopta a Aristóteles como filósofo de cabecera, llegándolo a llamar, el Filósofo, pues tiene que corregir ciertas cosas, pues el pobre sólo se guio por la luz natural, la razón, no por la revelación, como los profetas y escribas de la biblia, así como los santos padres de la iglesia que interpretan la doctrina y las escrituras. Pues en el caso del hombre lo que hacen es inventarse que el hombre no es una sustancia, sino la unión mistérica de dos sustancias, una mortal y material, el cuerpo, y otra de naturaleza eterna, o, mejor, sempiterna, porque tiene origen en el tiempo, pero no muere…y, a partir de aquí, todas las filigranas teológicas que queramos para justificar la dogmática cristiana (la libertad, el mal, la conciencia, el pecado…) como el caso de la masturbación, que ya digo, no es la primera vez que es considerada un crimen. Deberían, pienso, este sector fanático del cristianismo renunciar a todos los avances científicos que hacen la vida más llevadera, más larga y, que, en millones de casos, la hacen simplemente posibles. No se les debería despachar un simple antibiótico en las farmacias. Cuidado con estas ideologías y fanatismos porque en los tiempos que vivimos son peligrosas y los primeros que deberían  vigilar estos excesos son los propios cristianos y centrar su atención en la justicia social, en la iglesia de los pobres…

 

0 comentarios