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¿Son compatibles la sabiduría racional con la sabiduría mística?

Tus preguntas son tremendas. La verdad es que yo también me la hice en su momento. Al inicio de la carrera y opté por el saber racional. Supongo que, porque no tenía alternativa mejor. No se nos ofrece, a menos que seas creyente, un camino hacia la mística. Muchas veces he estado tentado, pero como soy ateo militante, practicante y con mucha fundamentación teórica, me es imposible, salvo el budismo. Pero vivimos en occidente. Luego…

Yo creo que sí se pueden tener las dos sabidurías. Cuando entiendes íntimamente que la sabiduría racional es parcial y que forma parte de un todo, por ejemplo. Creo que los griegos estaban más cerca de esto que nosotros. Aristóteles, los estoicos, los epicúreos, eran sabios y sabían cosas, pero su concepción del saber racional es muy distinta a la nuestra. Tiene que ver con la teoría pura que te lleva a la contemplación. Lo mismo el sabio Spinoza y, el mismo Eisntein que se inspira precisamente en Spinoza. Pero hoy en día el saber racional es fundamentalmente técnico y mediatizado por el poder político, económico y militar. Pocos investigadores puros quedan. Y menos que quedarán. Ya en mis tiempos de estudiante de bachiller los alumnos se preguntaban el para qué del conocimiento. No entendían que el conocer tiene el fin en sí mismo.

De todas formas, quizás el saber racional sea dar un rodeo, pero que te permite una comprensión del universo. Mientras que la vía mística se salta ese paso porque no es necesario, incluso puede ser contraproducente. Es curioso que, mientras más se sabe del cerebro más nos acercamos a las ideas que sobre el mundo tiene la mística. Me acabo de leer el último libro del neurofisiólogo Antonio Damassio “Y el cerebro creó al hombre” y puedes sacar la conclusión que acabo de decirte. La diferencia es que Damassio pretende saber en qué consiste la consciencia, la libertad y la autoconsciencia y cómo se explica esto a través de los diferentes modelos de funcionamiento del cerebro. Pero no aspira con ello a alcanzar la perfección intelectual. Esta escisión, un griego no la entendería. El propio saber es un camino de ascesis que te lleva a la perfección y el conocimiento adquirido es un objeto de contemplación del mundo. Somos, como decía el cosmólogo Carl Sagan “la voz en la fuga cósmica del universo.” Es decir, y esta es mi concepción filosófica panteísta: nuestro conocimiento es la autoconciencia del universo. No somos más que polvo estelar, surgido del big bang hecho consciente. Conciencia fragmentada, claro. Esto es lo mismo que el budismo pero con un tremendo sustrato matemático y empírico que lo fundamenta. Pero una vez que hemos llegado a la idea podemos contemplarla e iniciar el camino espiritual. Pero, como te digo, esto último a la ciencia no le interesa, aunque a científicos en concreto, sí, como Einstein o Sagan… en fin una aproximación de respuesta. La próxima más facilita, jaja.

El viajar y ver (el turismo) se ha convertido en un objeto de consumo que no te permite deleitarte. Es como la vida cotidiana, llena de prisas y masificación. La gente va a los sitios casi que por decir que ha estado allí. Pero no conocen nada de lo visitado: ni historia, ni cultura, ni pensamiento. Ya el mismo viaje, sea en coche, tren o avión o los típicos cruceros, son un traslado veloz de un lugar a otro. Antes el viaje te transformaba por dentro. Ahora en una hora y cuarto estás en Atenas. Y, simplemente, ir a Madrid, como hay autovía, te priva totalmente del deleite del viaje, no ves ni un solo pueblo, no paras. Es como si cruzases un páramo, un no lugar. Es un traslado físico en el que la mente permanece estática. Llegas igual que saliste de casa. Y si se te ocurre ir al Prado, pues ya sabes lo que te espera. Para viajar prefiero un libro. De momento…



 

Más vale sufrir una injusticia que cometerla.

Es éste un viejo dicho socrático que podemos considerar uno de los fundamentos de la ética en Occidente. Una de sus más brillantes conquistas. Es una sentencia sobre la que podríamos meditar toda la vida. Pero mejor, es un imperativo moral que deberíamos cumplir durante toda nuestra vida. Es un camino hacia la perfección moral y forma una unidad con la compasión budista y al amor al prójimo de Jesús de Nazaret. En realidad son distintas formulaciones de un único principio. En los tres está de fondo la consideración de que el otro es un semejante, otro yo, por tanto un sujeto al que no se le puede instrumentalizar. No en vano nos encontramos en la época axial, que decía Jaspers, en la que hubo una revolución moral de la humanidad, cuyos tres máximos representantes son los que hemos citado más arriba. Esta revolución marca un salto cualitativo en el desarrollo histórico de la humanidad. Ahora bien, el descubrir un valor nuevo de perfección moral para la humanidad no implica su cumplimiento. Aquí lo teórico y lo práctico se separan totalmente. Por eso he dicho siempre que la filosofía (y la ética es la parte central de ella, su motivo de existencia, su justificación) es el saber más práctico que existe porque nos habla de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser.

Pues bien, de esto es de lo que nos habla la sentencia socrática que nos marca el camino de nuestra perfección, la salida de la caverna moral en la que nos encontramos. Vamos a ver. Cometer una injusticia, sea del carácter que sea, es convertirse en un injusto, en un corrupto. Cometer una injusticia nos corrompe el alma, nos arranca un bocado de nuestro ser. Nos convierte, de paso, en un cobarde que no es capaz de enfrentar la justicia, ni su debilidad. Pero, además, cometer una injusticia nos hace esclavos de nuestra cobardía. Porque cometemos la injusticia por la debilidad de no ser capaces de ser justos. Y, ¿qué es ser justo? Pues obrar conforme a lo debido, conforme a la virtud. Si no se puede robar, no se roba. Ahora bien, si puedo robar impunemente y robo, soy injusto, soy un corrupto, un cobarde y esclavo de mis pasiones. Por el contrario, si frente a la adversidad, la posibilidad de robar, la impunidad, no lo hago y, por supuesto no me hago rico, ni me codeo con la clase alta, ni nada de esos supuestos parabienes, pues entonces he obrado justamente. He sido valiente, es decir, he sido fuerte. Mi acción ha vencido a la pasión, a lo fácil, al vicio. Me he perfeccionado. Entonces soy un hombre valiente y excelente. Es decir virtuoso. Porque en griego virtud (arete) es excelencia. Claro, por eso el objetivo de la educación griega, y en especial Sócrates, es la educación en la excelencia. Lo contrario de lo que ocurre en nuestra sociedad. Ésta, en general, y la educación, en particular, no fomentan, ni por asomo, la virtud, ni la excelencia, sino la mediocridad y el oportunismo. ¿Cómo podemos explicar sino, por ejemplo, la corrupción? Ésta existe hace décadas. No es nueva, ni nace por generación espontánea, se ha mantenido porque millones de votantes lo han consentido. Les recomiendo el libro de Javier Pradera, escrito en 1994 y publicado este año “Política y corrupción”. Es decir, que la ciudadanía ha cometido una injusticia, generalmente, no estoy diciendo todos, han votado la corrupción, por múltiples razones, que en última instancia, los llevaban a la comodidad y a no complicarse la vida y han renunciado a la justicia. Es decir, denunciar públicamente el sistema de corrupción en el que hemos vivido. Han sido esclavos, por eso no tienen libertad política. Eso nos enseñó Sócrates. De ahí su juicio y su muerte. Difícil camino de recorrer. Y si nos fijamos en la educación, y esa nefasta ley LOGSE-LOE, del partido socialista, lo que ha fomentado precisamente es la mediocridad. Si se puede promocionar con dos o tres asignaturas pendientes, si al final incluso la promoción es automática, porque lo que interesa es que el niño esté escolarizado hasta los dieciséis años, pues es muy fácil que el niño caiga en la pasión y el vicio de la pereza. Que no valore ni la enseñanza, ni al profesorado. Lo raro es que haya tantos estudiantes que no han caído en esa pereza que les llevaría al camino fácil de la injusticia. No se debe copiar, por ejemplo. Es una injusticia porque engañas a la sociedad y en concreto a tus compañeros de clase, que se han esforzado y no copian. Pues el que elige copiar, para empezar, no elige, sino que se deja arrastrar por el vicio de la pereza, en segundo lugar se corrompe, porque se hace débil y, en tercer lugar, provoca un daño a sus compañeros y a la sociedad en general. Lo mismo ocurre con el que falta el respeto a sus compañeros o a su profesor. Comete una terrible injusticia. Lo fácil es hablar en clase, molestar, no atender, jugar… lo difícil es atender, estudiar, colaborar con tus compañeros y con el profesor en el proceso de aprendizaje. Pero, no, el corrupto, elije la injusticia. O, al revés, por elegir la injusticia se hace corrupto. Se convierte en un cobarde y un mediocre, pierde un pedazo de alma, se deshumaniza. Porque aquí hay algo muy importante. Cuando se comete una injusticia, como el faltar el respeto, no sólo afecta al que comete la injusticia, sino que también, a la humanidad circundante contra la que se comete la injusticia. Porque en tal caso la injusticia lo que está haciendo es tratar al otro como un objeto, lo está instrumentalizando, no lo considera otro yo, un sujeto de derecho y de dignidad. Pero, claro, la injusticia siempre se vuelve contra uno. Al tratar al otro como un objeto pierdes tu humanidad. Piensen en la sombra alargada de la sentencia socrática, en ustedes, en la educación y en la sociedad. Nos queda un largo camino por recorrer.

Vamos a ver, otro que tal baila. No se han enterado que su ciclo ha terminado. Que la corrupción es de décadas y de ellos. Que ellos no pueden resolver el problema que ellos mismos, conscientemente, durante décadas han creado, son unos hipócritas y sinvergüenzas (no como insulto, sino en el sentido ético de la palabra, si es que lo conocen). Que la alternativa no es populismo, ni antisistema, ellos amparándose en una transición mediocre son los antisistemas. Que estoy, o estamos los españoles, cansados de corrupción, de mediocridad, de hipocresía, de control absoluto de la administración y de los medios de comunicación. Que no los queremos porque no nos representan. Señores, un estado gobernado por un partido anclado en la corrupción sistémica y un partido de la oposición, que está en la misma situación de corrupción institucionalizada, simplemente es ingobernable. Lo que hay que hacer es disolver las cortes y proclamar elecciones anticipadas. Y, si en un caso gana Podemos, pues, entonces, iniciar un Proceso Constituyente. Eso es una regeneración política de este país que nos dé la libertad. Todo lo demás no son más que paños calientes.

Ya hemos hablado de esto. La corrupción que ha aparecido en España no es nueva y no es puntual, sino que está institucionalizada. Ha existido desde los inicios de la democracia. Las causas políticas, hablando generalmente son dos: el proceso de transición y nuestra constitución con su ley de partidos que da lugar el bipartidismo y todas las consecuencias que ello conlleva, principalmente la acumulación de poder y, por tanto, la posibilidad de corromperse y la alternancia en el poder. La segunda causa política somos nosotros. Los ciudadanos, con nuestro voto, hemos consentido la corrupción. Ya digo, la corrupción no es nueva. La corrupción que existía en el PSOE en los años noventa era tremenda, también en el PP, pero menos a causa de que tenían menos poder. No obstante millones de españoles miraban para otro lado y los votaban. El libro, del nada sospechoso Javier Pradera (libro póstumo, escrito en 1994 y publicado este año) lo confirma, “Política y poder”. Entre los primeros años 90 la corrupción del PSOE era generalizada, llegó incluso a tener a miembros del gabinete de gobierno en la cárcel, se cometió la mayor corrupción del gobierno, el crimen de estado. Y la ciudadanía, porque recuerdo arduas discusiones, lo justificaba: al fin y al cabo, decían, a los que habían matado eran terrorista, en realidad fue una tremenda chapuza, además de socavar los cimientos mismos de la democracia. No obstante eso es una razón antidemocrática, porque la democracia está para lo contrario. Para que cualquiera tenga un juicio justo. Todos somos iguales, terroristas o no, ante la ley. No teníamos, ni tenemos y menos que vamos a tener, cultura democrática. (No olvidemos que las asignaturas que, en principio ofrecen esta cultura desaparecen del curriculum con la LOMCE: Educación para la ciudadanía, Ética e Historia de la Filosofía)

Lo nuevo de ahora, aunque no sabemos en qué terminará esto, es que la ciudadanía, por primera vez se ha hartado y su intención de voto ha cambiado. Pero veo dos problemas: el primero es que esto se deba a la situación de crisis y no a un aumento de la conciencia democrática. Y, en segundo lugar, Podemos está jugando una carta difícil. Ha entrado en el sistema y, probablemente, éste lo absorba. De todas formas, mientras tanto, son aire fresco y esperanza.

 

Es muy triste lo que cuentas, pero lo dices en tu comentario final. Es lo que trae la pobreza. Sin un mínimo desarrollo económico no hay cultura, sin ésta no hay valores. Es lamentable, pero es así. Y en la pobreza, todas las desigualdades y las injusticias caen sobre los más débiles: las mujeres, los niños y los ancianos. La historia que nos cuentas, no sólo es conmovedora, sino trágica. Pero el mundo se puede cambiar y algo ya hemos avanzado porque los valores ya los hemos inventado. Ahora hay que hacer el esfuerzo de que se cumplan. Esta mañana le contaba a mis alumnos que, ante las injusticias, lo primero es la información. Ésta nos hace tomar conciencia del problema y ver de dónde viene. Luego está la fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración: todos somos iguales, hermanos y esto nos lleva a la compasión. Y es este sentimiento el que nos debe llevar a la acción. Y siempre se puede hacer algo. Simplemente el acto de votar puede cambiar una realidad social. Pues, desde el simple voto, o escribir algo para hacer tomar conciencia, como has hecho tú, hasta el voluntariado hay un amplio espectro de cosas que podemos hacer. Siempre, por muy poco que sea podemos hacer algo. Hubo una mujer, que no recuerdo el nombre, pero que se lo he contado a mis alumnos, y que es premio nobel de la paz por un simple gesto. Resulta que en su país de África los grandes negociantes empezaron a comprar las tierras comunales para edificar todo tipo de cosas. Esto enriquecía, momentáneamente, a los habitantes de los poblados. Pues esta mujer se negó y convenció a los de su poblado de que las tierras comunales eran su vida, de lo que comían, poco o mucho. Y propuso que cada uno plantase un árbol para recuperar esas tierras comunales. Hace unos seis años ya había más de treinta millones de árboles plantados. Sólo un gesto puede mover toda la sociedad… como la mujer negra que no se quiso levantar del asiento del autobús sólo para blancos…pues trajo los derechos civiles en EEUU. Un saludo.

Un ejemplo de profundidad de análisis político. Vaya tela. No saben qué hacer, ni qué decir. Hay una realidad que se les escapa a su inteligencia y a sus intereses. No tengo ni idea en qué acabará esto de Podemos. Pero lo que sí es cierto es que es lo único interesante, fresco y con sabor a esperanza de libertad que, políticamente está pasando en nuestro secuestrado país. (Y me refiero a la política de verdad. A la política en el sentido republicano. La participación directa del ciudadano en la res pública. No a la política de la partitocracia que la ha profesionalizado y nos ha llevado a la corrupción generalizada e institucionalizada del sistema.) El pueblo, la ciudadanía tiene derecho a la ilusión, a la participación. Aunque después pueda llevarse un tremendo desengaño. Pero lo anterior ya está visto y, además, está lleno de mierda hasta el fondo. Por primera vez el pueblo, la ciudadanía, que no vasallos, no apoyan de forma connivente a sus antiguos representantes, los acusan y eligen otra opción. Los abandonan y los dejan tirados a la suerte de sus bien labradas miserias. El pueblo se podrá equivocar, la democracia es así, pero lo que no se puede permitir es seguir siendo engañado, seguir siendo vasallo y seguir participando de la corrupción. Porque no lo olvidemos nunca. Si el estado de corrupción ha existido es porque nosotros los hemos puesto allí, los hemos votado, los hemos consentido. Nos hemos dejado engañar conscientemente. De modo que es necesaria esta rebelión pacífica y democrática. A la que, por mi parte, añadiría si el partido Podemos llegase al poder iniciar un proceso constituyente. De lo contrario todo será igual.

Efectivamente en el ser humano está la condición de poder realizar lo mejor y lo más deleznable porque su naturaleza es abierta. De ahí que sea un animal cultural y que haya una infinidad de culturas que potencian unas u otras cosas (sentimientos y afectos). Con respecto a la agresividad y la violencia creo que uno de los que más saben en España es José Sanmartín. Es biólogo y filósofo y catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en Valencia. Y una persona encantadora. Bueno, pues uno de sus libros sobre la violencia “La mente de los violentos” comienza con esta frase esclarecedora “El hombre es agresivo por naturaleza y violento culturalmente” Cuidado, no quiere decir que sólo sea agresivo, es muchas más cosas, lo que pasa es que el tema es la agresividad. Estamos dotados genéticamente para ejercer la agresividad, pero culturalmente hemos producido la violencia, que es lo que podemos ver en el documental. La cultura puede potenciar más o menos la agresividad, pero ésta, aunque se pueda bloquear culturalmente, siempre está ahí. Es el entrecruzamiento de nuestra filogénesis y nuestra evolución cultural. Porque igual que hay una evolución biológica y de todo el universo, también la hay de las formas culturales. Evolución no significa, ni direccionalidad, ni progreso. La evolución no tiene sentido. Es fruto del azar y la necesidad. El último libro de Carbonell “La evolución sin sentido” se explaya en esto. Cosa que por otra parte ya había expresado lúcida y brillantemente el biólogo y paleontólogo E. J. Gould en sus numerables obras de las que aconsejo “La vida maravillosa” y “La falsa medida del hombre” Un saludo y muchas gracias María José por tus aportaciones.

 

El error de las socialdemocracias europeas es que no son tales, sino neoliberales. Han asumido el dogma y la religión neoliberal hace décadas y están agachados ante el gran capital. Lo consideran como inevitable. Han asumido un determinismo histórico económico con tintes religiosos. Como si la historia tuviese un destino marcado que viene escrito en los dogmas del credo neoliberal.

Todavía se empeña este medio de comunicación en mantener lo insostenible. En definitiva si la corrupción es sistémica hay que cambiar el sistema y el sistema es la transición y sus acuerdos o consensos y la Constitución, es decir, una reforma constituyente. Pero es que, además, deja caer que hay algunos antisistemas que aprovechan el estado de corrupción para ir contra el sistema y sacar tajada. Son, según viene diciendo durante meses, los populistas. Es una gran contradicción. Porque los que son contra sistema son los que lo han derrumbado y lo han hecho porque el sistema hizo posible y viable el bipartidismo y la transformación de democracia en partitocracia y ésta es la primera corrupción de la que se desprende todo lo demás. Los grandes medios de control de masas siguen empeñados en mantener el engaño y el tupido velo que nos impida ver que el rey está desnudo. Lo que me asombra es la pasividad de los ciudadanos. Han soportado la corrupción durante treinta años y siguen votando a los mismos. Falta ilustración y sobra servidumbre.

 

La humanidad en tanto que característica cultural del hombre es una conquista histórica. No va de suyo con la propia naturaleza humana. Ésta es condición suficiente pero no necesaria. La humanidad no es algo natural, sino cultural. E igual que se conquistó, pero que nunca abarcó a la totalidad del homo sapiens, sino a unos cuantos elegidos y privilegiados occidentales, pues la podemos perder. A esa pérdida es a la que yo llamo entrar en la barbarie, que es precisamente lo que está ocurriendo. Volveremos a perder la dignidad, la que nos queda, y seremos meros objetos con dueño, cosa que también ya somos. Lo que pasa es que como ahora nos ha tocado a occidente no nos habíamos dado cuenta, pero más de la mitad de la humanidad nunca ha sido considerada como persona, ni ha sido dotada de humanidad, ni de dignidad, ni de igualdad, ni de libertad… Y todo ello tiene mucho que ver con occidente que ahora se auto devora. Es la historia del hombre en la que ha habido algunos rayos de lucidez, pero la mayor parte es exterminio, masacre, genocidio, liquidación de la ecosfera, que no es cosa de ahora, sino que comenzó cuando el homo sapiens sale de África y se incrementa en el neolítico, para dispararse exponencialmente tras la revolución industrial.

 

Los seres humanos quieren tenerlo todo, pero todo lo abandonan inmediatamente. Y en el afán de tenerlo todo se pierden por el camino y se quedan vacíos de sí mismos. La soledad y el nihilismo es la condena del hombre contemporáneo y, como no, la esclavitud.

El dilema. En el fondo el dilema de la democracia y el partidismo. No creo que la condición humana vaya más allá de una pobre participación. Siempre chocaremos con la servidumbre humana voluntaria y con el miedo a la libertad. Se puede mejorar muchísimo la democracia, que en realidad no hay, pero no podemos salir ni de la condición humana que marca nuestros límites, ni de las garras del poder. La cuestión es cómo se legitima el poder y, desde luego, el concepto de igualdad matemática no nos sirve, pero tampoco la obediencia ciega a un líder carismático. Quizás es que la Ilustración, como autonomía, libertad y pensar por uno mismo, simplemente, sea imposible. De lo que se desprende que es necesario un poder y que éste tiene que autolegitimarse. ¿Cómo?...he ahí la cuestión.

Esto de los libros de autoayuda es otra. La sociedad está enferma y enferma a sus miembros, los ciudadanos. Distintas formas de vida, distintas formas de estar en el mundo y de sentir, independientemente de los factores genéticos que van a condicionar, que no determinar, la bioquímica del cerebro. La magia, el mito la religión son fundamentales en el bienestar del hombre. Dan sentido a su existencia, son mecanismos adaptativos que han sido exitosos, por ello estamos aquí. Es más, no podemos desprendernos de ellos fácilmente. Ya decía Nietzsche: “No nos veremos libres de dios mientras no nos veamos libres de la gramática”. La ausencia de las religiones tradicionales ha dejado a gran parte de la ciudadanía en el vacío y ello sumado a las exigencias de la vida posmoderna mercantilista y de consumo que nos lleva directamente al nihilismo. Todo ello, decía, ha hecho que el ciudadano se quede sin sentido y huya hacia los libros de autoayuda, las drogas (legales e ilegales), las psicoterapias y demás terapias alternativas. El cura, el psicoterapeuta, las medicinas, la filosofía pueden hacer poco en lo referente a la conquista de la felicidad. En todo caso el psicoterapeuta y el filósofo, cada uno desde perspectivas distintas, pero complementarias, pueden ir a las causas, pero no cambiar la bioquñimica. Por eso son un excelente bálsamo. Pero, sostengo, la felicidad o infelicidad es una cuestión bioquímica que algunos factores externos pueden potenciar. Las medicinas, el psicoterapeuta, la filosofía sirven de gran ayuda pero se tropiezan con un umbral insuperable. Hay gente que es feliz por naturaleza ante la adversidad y gente que es desgraciado por naturaleza en la abundancia.

Por eso, y esto ya desde la filosofía y la ética. Creo que el tema fundamental es el de la libertad, la dignidad y la justicia, no el de la felicidad, que por lo demás es un tema novedoso porque se refiere a una felicidad egoísta y narcisista. La típica de la sociedad posmoderna en la que vivimos. Un saludo.

La ambición del neoliberalismo no conoce límites. Lo de la maternidad extendida no es más que una de las miles de barbaridades que el sistema neoliberal y su credo cometen contra el ser humano, empezando por el trabajo infantil y el nuevo esclavismo y terminando por los cientos de miles de muertos que el sistema produce como “daño colateral”. Mientras en la clase media se ha introducido el credo del consumo sin el cual la maquinaria del capital no funcionaría. Y aquí todos contentos. Aquí paz y después gloria. Ya sabemos que en las creencias se está y son incuestionables. Pues eso.

 

“Pero la cuestión tiene más enjundia de la que parece. Es una expresión de los cambios que el neoliberalismo económico está introduciendo en el modelo de relaciones sociales, y que dan lugar a lo que el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han define como la sociedad del rendimiento. Como el modelo tradicional de relaciones laborales —sujetas a normas disciplinarias, con jornada laboral y condiciones de trabajo pactadas— no permitía aumentar la productividad, el sistema ha inventado un nuevo modelo en el que es el propio individuo el que fija sus objetivos. Y lo hace en un entorno cultural de máxima competitividad en el que siempre puede hacer algo más para triunfar. El sujeto de rendimiento interioriza de tal modo el sistema de autoexplotación que, como Prometeo, acaba encadenado a una rueda que le hace responsable único de su éxito o su fracaso.”

La democracia como autonomía: la democracia es autónoma en la medida en la que se da a sí mismo la ley. Pero no será posible si no está formada por hombres libres. Es decir, aquellos que son capaces de darse la ley a sí mismos. Las personas libres, sin intereses particulares ni de partidos. Y el camino de la libertad es la Ilustración, el conocimiento. De lo contrario la democracia no es más que el gobierno de los ignorantes manipulados por los diferentes poderes a través del poder mediático y que permiten una oligarquía  partitocrática. Vamos, lo que tenemos ahora mismo y que pretenden llamarlo democracia.

 

Da pavor asomarse a los monstruos que escondemos. Estos monstruos son los que explican nuestra historia criminal. Y son universales porque pertenecen a la condición humana. La diferencia entre los hombres y lo que puede dar lugar a un mundo mejor es ser conscientes o no de esos monstruos y tratar de dominarlos. Hasta ahora, desde el neolítico para acá, no lo hemos conseguido. La historia está sembrada de cadáveres de los que fueron los perdedores y la hicieron siempre un grupo reducido de ganadores, mientras que el resto trabajaba, de sol a sol, para alimentar a esta élite aristocrática, militar y religiosa… Y, a veces, esa gran mayoría era reclutada para la guerra, para extender los límites del imperio de los fuertes, o para defenderse de otro imperio que los amenazaba y si vencía los eliminaba a todos. Ésa historia no está escrita, sólo puede nombrarse, porque es la historia de la inmensa mayoría de la humanidad. En este preciso momento nos encontramos en una encrucijada histórica pero con características globales. Si tomamos las riendas aún podremos salir airosos, de lo contrario seremos arrastrados por el viento de la historia: el mito del progreso, la inercia tecnológica, el reduccionismo mercantilista…

Insisto, no discuto. Todo lo que he hecho al hablar contigo en este intento de diálogo es presentarte diferentes posturas bien documentadas. Eres un iluso al pensar que me preocupa el tema catalán desde hace cuatro o cinco años. La primera vez que atendía a este hecho fue cuando me enfrenté en filosofía política al tema de los nacionalismos hace más de treinta años. No olvides que soy filósofo. Y que yo no estoy opinando. Estoy tratando un tema filosófico, jurídico y político. Esa apreciación tuya denota tu estado intelectual, vives en la creencia. Y como decía Ortega. “En las creencias se está, las ideas se tienen” por tanto uno es esclavo de las creencias y muy difícilmente se pueden cambiar y, con facilidad, tienden al fanatismo. Lo peor es que el fanatismo también puede tender a la violencia porque la masa no tiene conciencia: la identidad con la masa es, precisamente, la pérdida de la conciencia. Es decir de la identidad real. Por el contrario, las ideas se tienen y, por ello, uno las maneja, las critica, las corrobora o refuta, diálogo a través de la tolerancia (suponer que el otro podría tener más razón que yo o, por su puesto, que algo siempre tendrá que enseñarme) Esta es la opción del pensamiento racional. Tú estás en el lado de la creencia. Yo llevo treinta y cinco años de paradoxa (ir más allá de la opinión común y consuetudinaria, más allá del poder en busca de verdades provisionales, que son las únicas que existen). Porque como he dicho muchas veces, pensar es pensar contra el poder. Y, como también he dicho, la democracia es disidencia, no consenso. El consenso es la privación de la libertad política porque es la ausencia del pensamiento. Y eso es lo que pretende el poder, tanto el político como el económico.

Por otro lado, supongo que te cogería en mal momento, porque en mi escrito no decía nada de ti. Hablaba en términos universales y tú entrabas en uno de los grupos, pero no en el que tú pensabas. Yo hablé de la manipulación política. De la maltrecha ciudadanía (y aquí se incluyen tanto españoles como catalanes) que ha dejado de ser tal porque no hay democracia, sino oligarquía partitocratica. Lo de la democracia es un barniz. En lo de la ciudadanía estabas tú. Y luego hablé de la burguesía entendiéndola como el poder económico (la oligarquía: tanto la española como la catalana, que sacará más beneficios). Lo sorprendente, aunque no tanto desde una interpretación realmente de izquierda, es que tú te identificaste con la burguesía. Mira. Tú eres un trabajador autónomo, un explotado, como todos los obreros, un ciudadano engañado, como todos los ciudadanos y casi sin capacidad de actuar para hacer de este mundo un mundo mejor en el que no exista esta terrible desigualdad entre ricos y pobres. Lo que ocurre es que tu conciencia está alienada. Es el instrumento ideológico del sistema para que todo fluya, el aceite de la maquinaria: se le llama ideología. Y la ideología es una creencia. De modo que tu conciencia es la de un burgués, cuando no lo eres. Eso es una falsa conciencia o conciencia engañada. No tienes cientos de millones o miles de millones de euros ni manejas los hilos del poder. Eres un obrero autónomo, con muy pocos derechos sociales, lamentablemente, porque nunca ha habido una izquierda fuerte (radical. Y no confundir radical con extremista: el primero va a la raíz, el segundo es un dogmático) y porque estos pequeños empresarios tienen todos una conciencia alienada. Es decir, se consideran, la burguesía.

No comento lo de los funcionarios porque me parece una auténtica falta de respeto. Ya escribiré un artículo sobre lo que significa el estado y los funcionarios.

Y, personalmente, en cuanto a la independencia catalana, pues me da igual. E, incluso, me alegraría, por los que quieren la independencia y por los que queremos tranquilidad y no que se nos insulte con la torpeza de los discursos políticos, de todos, de los hunos y de los hotros, que diría Unamuno. Por eso se quedó sólo. Pero ése es el precio de la libertad de pensamiento. Pero incluso aquí tengo mis dudas. Habrá, no, hay, mucha gente tanto en España y Cataluña, que, sinceramente le duele la separación. Y mi deseo, que no es más que personal, es injusto con ellos.

Soy un escéptico, ese es otro peso que conlleva la libertad de pensamiento. Y el escéptico no es el que no cree, sino el que busca, no es el relativista: todas las ideas son válidas, no, porque el escéptico es el que se da cuenta de que eso no eran ideas, sino meras opiniones particulares, ideologías, mitos y creencias. El escéptico es un desenmascarador. Pero de todo ello hablo en el prólogo de mi nuevo libro que aparecerá dentro de unos días “Reflexiones de un escéptico”.

De modo que me considero vencido en la discusión porque no he sido capaz de llevarte al ámbito del diálogo. De todas formas los escépticos estamos acostumbrados a perder siempre. Para hacernos fuertes intelectualmente nos ejercitamos en la derrota.

Un abrazo y nos vemos; eso sí, desde nuestra identidad biológica común: homo sapiens sapiens. Era un graciosillo el que le puso el nombre a la especie…

La diferencia entre el hombre blanco y el negro, entre el rico y el pobre, el poderoso y el débil… Hagamos un poco de autoconocimiento porque somos un atajo de ambiciosos caprichosos y egoístas. Privilegiados por mera cuestión de azar. Unos hipócritas de mil pares de narices. Mientras no luchemos de verdad por la justicia universal, mientras no pensemos globalmente y actuemos localmente, cada uno desde su lugar y con los votos en la mano y a los políticos y las multinacionales cogidos por el cuello, seguiremos siendo unos cobardes y, en el fondo, esclavos de nuestras pasiones.

Es muy necesario tener en cuenta ante el resurgimiento de los movimientos filonazis, filofascistas o filostalinistas este excelente artículo de Casanova. No se debe olvidar lo que significa el totalitarismo. Aunque, hay que hacer notar, también, que no vivimos en una democracia sino en un régimen autoritario: oligarquía partitocrática. Es necesario huir del canto de sirena de las ideas totalitarias y conquistar la democracia que es un ideal de la razón práctica-política. Es decir, una guía de la acción política nunca alcanzable. No confundir nunca con utopía porque entonces estamos en las mismas: caída en los totalitarismos.

Este país se va por la borda y la democracia occidental de paso. El neoliberalismo es incompatible con la democracia. No se nos quiere como ciudadanos. Sólo hay que ver cómo nos hablan, como si fuésemos idiotas. Creo que eso de idiota está dentro de lo políticamente incorrecto, de lo que no se puede decir. Así empezaron a eliminar el pensamiento.

En torno a la última obra de Rifkin. “La sociedad de coste marginal cero.”

He leído un par de libros y muchos artículos en prensa del señor Rifkin. No he leído su última obra, sólo varias reseñas y una larga entrevista, de modo que mi análisis no es totalmente riguroso. Creo que peca de un excesivo optimismo. Del optimismo de la Ilustración. Aquel que creía en el progreso de la humanidad a partir del progreso de la ciencia y la técnica. Pero ya el mismo Rousseau puso en duda esto. Y todos quedamos avisados de que el desarrollo tecnológico tiene su lado oscuro y nos dimos cuenta definitivamente en la segunda guerra mundial. Igual que nos dimos cuenta de que los estados no  se pueden organizar basándose sólo en la razón. Que las utopías nos llevaban a los totalitarismos. Fue una gran lección de la que aprendimos mal. Porque lo que surgió fue el posmodernismo y con ello la ausencia de la razón que generó la situación actual.

Pero coincido en cosas de las que dice. En principio es necesario un cambio de paradigma. Efectivamente y se dará por el fin del capitalismo. Y, una de las características de la nueva economía y organización social será la de la colaboración. Efectivamente, la de los bienes comunales, que han existido desde siempre. Pero no sólo ese es el cambio. Tiene que haber un cambio ético y político, además de estar vertebrado jurídicamente. Rifkin comete el error de lo que se llama “Imperativo tecnológico”, un tecnicismo filosófico que viene a decir lo siguiente. El desarrollo de la historia y de las sociedades (su organización interna) viene determinado por el desarrollo tecnológico. Eso no es cierto. En mi libro “Una mirada ética a la tecnociencia y el progreso” intento demostrarlo. Eso significaría la eliminación de la libertad y el determinismo tecnológico. La sustitución de la ética y la política por la economía y la tecnociencia. Por eso el autor no habla ni de ética ni de política. Ni le interesan los grandes retos a los que la humanidad se enfrenta. Está cegado por el poder de la tecnología y de lo que se podrá hacer con ella. Pero en su discurso no yace la idea de justicia y equidad. Por otro lado, tampoco le preocupan los grandes problemas mundiales en lo que se refiere a los enfrentamientos de un mundo que se ha vuelto multipolar en el que la guerra es un hecho y la guerra total un peligro demasiado cercano. Como él piensa que la tecnología lo resuelve todo, pues no habla de esto. Es decir, que sigue pensando desde un antiguo paradigma en el que el mundo se divide en dos, el de los ricos (en el que quizás su pronóstico, no sé cómo llamarlo, se cumpla) y un mundo de pobres cada vez más pobres y desiguales. Porque la tecnología no sólo cambiará nuestro entorno, sino que nos cambiara a nosotros mismos, una especie de ciborgs o algo así. Y eso es algo que ya ha empezado y la investigación está muy avanzada. Acabo de terminar un libro de un físico, Michio Kaku, que se titula “El futuro de nuestra mente” y te quedas totalmente asombrado de lo que quizás dentro de unas décadas o un siglo pueda hacerse con nuestro cerebro. Y no es ciencia ficción, no admite nada que sobrepase las leyes de la física.

Y, por último, la idea de una predicción histórica no la comparto. La historia no es una ciencia natural. Incluso hay ciencias naturales como la medicina cuyas predicciones son muy inseguras. Porque, como se suele decir, no hay enfermedades, sino enfermos (digamos que esto es el límite). Hay comportamientos muy diferentes aunque pueda haber un patrón general. Pues a ese patrón general es al que en historia le podemos llamar tendencias racionales con evidencias empíricas de por dónde puede ir la cosa. Pero el más mínimo accidente (teoría del caos) puede cambiar absolutamente el curso de la historia; que, por otro lado, no tiene que ser un progreso siempre hacia mejor. Eso no ha existido nunca en la historia. La caída del imperio romano dio lugar a un retroceso de ocho siglos. La expulsión de los árabes y judíos de España tuvo como consecuencia un retroceso, cultural: científico y filosófico, del que no nos hemos recuperado, por cierto, de al menos cinco o seis siglos. Y, en la actualidad, realmente se va a producir un cambio de paradigma. Pero hay dos opciones: o tomamos las riendas desde la ética, la política y el derecho de ese cambio, o se produce un colapso civilizatorio, como ha ocurrido en todas las grandes civilizaciones que nos llevaría a una nueva edad media. De momento todo apunta a que estamos entrando en esa nueva edad media. Salvo el señor Rifkin y toda una clase privilegiada que podrán seguir viviendo en su burbuja tecnológica, su feudo.

 

 

Cuándo se levantarán los ciudadanos contra los políticos ineptos, los enchufados, los corruptos, los hipócritas, los sinvergüenzas, los que nos insultan a diario nada más abrir la boca, los que nos echan a nosotros las culpas de lo que son sus responsabilidades… cuánto resistiremos. Hoy he leído una frase de una filósofa y economista refiriéndose a las políticas económicas y decía que “España era un laboratorio para probar cuánto puede resistir la población.” Esta mujer es una fuente muy solvente. Pero lo que yo creo es que éste es el país del esperpento. Valle Inclán dio en el clavo.

Con respecto al ébola, a pesar de la confusión, el alarmismo, las contradicciones, la desinformación, en suma; pues tengo algunas cosas claras. Por detrás de la profesionalidad de los médicos y sanitarios en general (que ahora desde altas instancias culpabilizan) hay una mala praxis política. Y ésa es una de las cosas que tengo claras. Y la segunda es la siguiente: si recuerdan, la alarma que se formó con la gripe A, total, para nada, pues fue de escándalo. Pero tiene una explicación, algunas multinacionales tenían vacunas y antivirales contra esta gripe, que no tenía nada de especial, era tan peligrosa  como las demás. Pero hicieron su agosto vendiendo las vacunas y antivirales a los estados, porque crearon una alarma social a nivel mundial, un estado de miedo, que es la forma de ejercer el control y el poder. Y los estados cedieron y compraron esas vacunas y antivirales. No es así con el ébola. Es, o era, una enfermedad de pobres y, además, negros. Y con una forma de contagio muy directa, por tanto con poca capacidad de extensión. Para qué, entonces investigar en una vacuna. No merece la pena. Pues ahora nos encontramos con que llevamos seis o siete meses con este caso y no se ha creado ningún tipo de alarma, precisamente porque no tienen nada que vender. Pero ahora se ha vuelto contra occidente. Bueno, pues a esto, en síntesis, es a lo que yo llamo la “libertad de mercado”. Nada de libertad, puro colonialismo.

 

Un apunte más sobre el desastre educativo.

Vamos a ver. Ya he dicho muchas veces que los males de nuestra educación, me refiero a la LOGSE, pero que se perpetúan de alguna manera en la LOMCE, es la obligatoriedad hasta los dieciséis años, sin dar salida en esa edad que va de los catorce a los dieciséis para otro tipo de educación. A esto hay que sumarle la promoción automática. Te encuentras alumnos que acumulan más de diez o doce asignaturas pendientes y que están en cuarto esperando acceder a la ESPA o, simplemente, por estar, porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Verdaderamente la ley construye el espacio social en el que esto se puede dar. Pero ya he hablado muchas veces de la ley y sus fundamentos. Hoy quiero hablar de algo mucho más particular: los padres y la educación.

Solemos decir también que la educación, y como están los alumnos, es culpa y fiel reflejo de la sociedad. Cierto. Pero esto no es más que una generalidad que no viene a decir nada. Yo he utilizado muchas veces este argumento, pero he analizado en qué consiste la sociedad en que vivimos y de qué manera ello repercute en los alumnos. Y eso es concretar. Y hoy quiero hacerlo más todavía con respecto a los padres. Cuando hablo de padres, aunque utilice el plural, no estoy haciendo una generalización, eso invalidaría el argumento, simplemente me refiero a un número significativo, no tienen ni que ser mayoritario, aunque pudiera serlo.

Para empezar, el primer error, la LOGSE-LOE introduce a los padres en el proceso educativo. Esto es una barbaridad, aunque lo veamos como algo normal porque ya estamos acostumbrados. El papel de los padres, y es el que no suelen hacer, es el de educar a los hijos, los profesores, sobre todo en secundaria, enseñamos materias, disciplinas y hasta competencias y, también transmitimos valores, cuando se dejan, claro. Pero no tenemos que educar. El profesor de matemáticas de segundo de bachillerato no puede estar diciendo que no se habla en clase o que no se tiran los papeles al suelo, ni si quiera el de primero de la ESO, sino para enseñar matemáticas y transmitir valores. Pero valores intelectuales: la curiosidad, la admiración, la perplejidad ante la inmensidad del conocimiento, la pasión por el saber… y morales: el respeto y la tolerancia, que es el fundamental, el compañerismo, la solidaridad, la equidad y justicia, la prudencia, la paz y la mesura… y éste es el nivel educativo y es lo que el profesor debe hacer. Lo que llamamos educación, más bien urbanidad, que llamaban los sibilinos jesuitas, de los que tanto aprendí, es cuestión ineludible de los padres. Y los padres tienen la obligación de transmitirla al hijo, tanto en la teoría como en el ejemplo. Y esta educación no puede delegarse en los profesores porque ellos no están para eso. Simplemente. Cada uno en su lugar y que cada palo aguante su vela. Ya está bien de paños calientes. No se manda a los hijos a los centros de enseñanza para que los eduquen en el último sentido de la palabra que le hemos dado, sino para que los enseñen y les transmitan valores universales. La educación es algo que tiene que venir ya dado, sea un buen o mal alumno. Y si es un mal alumno desde el punto de vista de la educación, del comportamiento, la ley debería tener los instrumentos para mandarlo a casa a que ese alumno sea educado por sus padres o tutores o vaya donde tenga que ir. Los institutos no son refugio de caprichosos, malcriados, egoístas, graciosillos de turno, maltratadores, ni personal que boicotee las clases con su charlatanería banal que se la podía guardar para casa o para con sus amigos. Decía que el error provenía ya de la incorporación de los padres en el proceso de enseñanza. Dicho con claridad meridiana. Los padres no pintan absolutamente nada en el proceso educativo y espero que se me entienda. Sobre todo, como decía Nietszche, que no se me malinterprete. El proceso de enseñanza, independientemente de lo que digan los pedagogos, que ésa es otra, se da entre el profesor y el alumno. Es un proceso que además es vertical, del profesor al alumno, también independientemente de lo que digan los psicopedagogos. Ya en muchos otros lugares he desmontado sus argumentos. Pues bien, en este proceso, en el que se transmiten conocimientos y valores, no cabe nadie más. Por eso los padres no pueden intervenir, ni opinar, ni dictar nada, sobre las programaciones, las clases que cualquier profesor da (además de que eso viola la libertad de cátedra, que, por cierto, ya sólo le queda el nombre). Es decir, que no tienen por qué ocupar órganos de dirección del centro y menos el máximo órgano que es el Consejo Escolar. Ahora bien, eso no quiere decir que los padres se informen periódicamente sobre el proceso educativo de sus hijos, que vengan a escuchar al tutor y a los profesores oportunos para informarse sobre el proceso de aprendizaje y la calidad humana del alumno (su hijo). Eso es preocuparse por el futuro del hijo. Eso es seguir educando al hijo. Porque es estar pendiente de lo importante.

Pero esto no es lo que hay. Lo que hay y abunda es una mala educación y una falta de valores tremenda. Sí, que procede de la sociedad, pero también digo que no todo el mundo es como la sociedad dicta. Si el niño ha aprendido en casa que lo importante es el dinero y que el profesor es alguien con muchas vacaciones, pues ya ha perdido el profesor su valor de dos formas. Primero porque lo que hace no le da dinero, salvo para vivir con normalidad y, en segundo lugar, se le está llamando vago. Cuando, en realidad, un profesor está todo el día trabajando para la enseñanza, que no consiste sólo en dar clases. Y que una hora de clase no se puede contabilizar, como se hace, también desde la administración, como una hora de trabajo apretando un tornillo. Una hora de clase tiene detrás cientos de horas de estudio y de trabajo, de esfuerzo y de disciplina y de amor y pasión por el saber. Pero las cosas no funcionan así. El profesor suele ser considerado un don nadie. Qué valor tiene compara con un futbolista famoso, yo que sé, Ronaldo, no me sé ahora mismo otro. Procuro no estar al tanto de esto y de sus trifulcas más que nada por salud intelectual. La mayoría de la sociedad tiene un mayor reconocimiento hacia un equipo de futbol o un jugador que con respeto al sistema de enseñanza o un profesor. ¿Quién es un profesor comparado con un número uno del futbol? ¿Qué es la educación comparado con que gane la liga mi equipo? Que sólo hay dos, por lo visto, como en política ¡Qué país más pobre y poco imaginativo! Y en esas estamos, que lo que aprende el niño en casa son unos falsos valores, de los que se desprenden la falta de respeto y consideración al profesor. Pero, por si fuésemos poco, parió la abuela. Y resulta que la propia administración considera a los profesores los culpables del mal estado (yo diría ya sin estado) de la educación. Y entonces es cuando los padres no van a los institutos a seguir el proceso educativo de sus hijos, su aprendizaje, su maduración moral. Sino que van a que su niño tiene que aprobar por que él lo dice y punto. Que su hijo estudia mucho, que es que es así y no sigo por guardar la mesura. Y se echan encima del profesor exigiéndoles el aprobado o hacen una reclamación a la inspección que, como sabemos, siempre encuentra algo, más o menos inventado, para dar la razón al alumno. Con lo cual el profesor queda totalmente desacreditado. O, cuando un padre te llega, encima, fuera de las horas de visitas o tutoría de padres a pedirte explicaciones de por qué le has puesto un parte de disciplina a su hijo. Eso es intromisión total (ante la cual uno se siente amenazado) porque te está diciendo cómo debes hacer tu trabajo: cuando poner parte de disciplina o cuando no. Venga ya, hombre. Hay que transmitir valores a los hijos y no precisamente los del éxito, el dinero fácil, el engaño al estado, la belleza pasajera de la juventud, el todo vale mientras que no te cojan, el que todas las opiniones son válidas. No señor. De ninguna de las maneras. El profesor es la autoridad y requiere de un respeto absoluto por parte de los padres y de los alumnos (independientemente de que se equivocará mil veces, pero ya hay mecanismos internos de corrección de esos errores) y no son precisamente los padres y los alumnos los que juzguen al profesor y pongan en evidencia su quehacer. Eduquen a sus hijos en el respeto a todo el mundo, a todo ser vivo, en el amor a los libros y al conocimiento, en la práctica deportiva, en el compañerismo, en la amistad, en la sinceridad y, muy importante, en la valentía (ser responsable de lo que uno hace) en la curiosidad, en el respeto a las instituciones y al estado, en la búsqueda del saber y no en la imposición de las opiniones particulares. Éste es un gran reto que todos tenemos (me incluyo) como padres. No escojamos el camino fácil de echar balones fuera y las culpas para el otro. Seamos valientes, como digo, asumamos lo que somos, lo que hacemos y lo que podríamos llegar a hacer y ser con nuestros esfuerzo y trabajo. Es un gran programa educativo. Pero, primero, los alumnos deben venir educados. Los institutos no pueden ser centros carcelarios llenos de cámaras para vigilar el daño que al inmobiliario causan los alumnos, esa falta de respeto por lo público, o, peor, a otros alumnos. A mí me da vergüenza ver estas cámaras. Pero, lamentablemente, son necesarias porque parece que han persuadido al personal de algunas malas conductas. Y, en el futuro, nos aguarda más…

Vivimos un serio peligro con nuestros jóvenes. Muchos de ellos, en especial los menos informados, menos cultos y marginados sociales están defendiendo a capa y espada el franquismo. Con un desconocimiento total. Lo llevo viendo varios cursos, pero el número aumenta, a la par que la falta de argumentos acompañada de la ignorancia y la violencia a la hora de defenderlos. Les falta conocimiento histórico, les falta memoria, les falta conocimiento de la historia de las ideas. Les sobran móviles, internet, futbol… y miles de tonterías y caprichos más. Es lamentable que en cursos de ética y hasta de segundo de bachillerato en historia de la filosofía, se tenga uno que enfrentar a estos señores, por llamarles de alguna manera. Porque uno es respetuoso y considera a todos personas. Pero estos señores están defendiendo en mis narices, en una clase, el genocidio. Es el derrumbe ideológico de Europa. Ha triunfado, o casi, el fascismo económico. Y este mismo fascismo está animando y provocando el resurgimiento de las ideologías fascistas del siglo XX. El camino a la barbarie. Pero no es que sólo vayamos a ser vasallos, sino que muchos serán aniquilados si estas ideologías míticas, fascistas y asesinas triunfan.

Los servicios públicos van desapareciendo a pasos agigantados. El estado se reduce. Si no nos enfrentamos a esta barbarie retrocederemos varios siglos. En definitiva, estamos asistiendo a una desilustración y desdemocratización. Nos estamos convirtiendo, bueno, somos ya, semivasallos.

El mundo con su globalización financiera va a la hecatombe civilizatoria. Nuestra crisis es de civilización no sólo de sistema productivo. El sistema de producción capitalista ya no funciona. Este sistema se ha convertido y vive del robo. La crisis es el anuncio, precisamente por el agotamiento de este sistema, de un nuevo sistema capitalista organizado desde las multinacionales que crean un orden legal ficticio superior a los estados y que estos se ven obligados a obedecer. Y, de esta manera, se perpetra el robo y la extorsión. Frente a ellos lo que nos queda es la localización por medio del decrecimiento.

"¿Huir? ¿Para qué? En cierta medida ¿no es cierto que parte de aquello de lo que se huye en realidad forma parte tuya? ¿No es mejor plantar cara? ¿No es mejor también no hacer nada (simplemente dejar estar hasta que pase, al fin y al cabo todo pasa)?" Miriam Al Adib

En realidad huir no se puede nunca, me refiero al caso de las emociones. Porque sería huir de nosotros mismos. Podemos huir de una situación insoportable y no es cobardía es afirmación de nuestro yo. Es supervivencia y es encomiable, porque a veces no huimos de situaciones por cobardía. En ese caso huir es un acto de valentía. Incluso el suicidio, como huida frente a unas circunstancias invivibles, es encomiable y un acto valeroso. No se puede plantar cara a lo inevitable, la muerte de un ser querido, por ejemplo, se tiene que asumir. Por eso no podemos huir de las emociones. Las tenemos que hacer nuestras y ser sus dueños. Estar por encima de ellas. Y, en cuanto a las circunstancias, mientras que sean condicionantes sólo, es decir, las que nos construyen condicionándonos, pues hay que lidiar con ellas, como decía Ortega y Gasset en su famosa frase, que nunca se cita entera, “Yo soy yo y mis circunstancias, si no las salvo a éstas, no me salvo yo.” En la segunda parte es donde está la miga del asunto. Salvar las circunstancias es lidiar con ellas hacerlas mías, es la tarea de mi vida, es lo que me convierte en un yo y un yo absolutamente particular. En un creador de mi propia existencia. Y esta tarea no debe ser una lucha, y menos contra lo inevitable, como hemos dicho, sino una tarea, nuestro quehacer vital, que decía Ortega. Y así haríamos de nuestra vida una obra de arte.
Ahora bien, también nos queda la actitud del observador. Del que está por encima de las circunstancias. Pero incluso éste actúa. Lo único que sucede es que no está implicado en las emociones. Pero ésta es una actitud superior: es la del místico. Y esto ya es otro tema.

El neoliberalismo nos ha aplastado. No existen los trabajadores a la antigua usanza, que se conocían, que se veían dentro y fuera del trabajo. Existe el precariado. Personas que compiten ferozmente por unos euros a los que no pueden renunciar porque otro se los llevará. El trabajo es aislado, no se conoce a los compañeros. No existe algo así como conciencia de trabajador, ni de ser explotado. A los obreros se les obliga a hacerse autónomo y, de esa manera, dejan de ser lo que realmente son, trabajadores. Y si la empresa fracasa, el fracaso es suyo también. Mientras tenemos el espectáculo de la política, porque eso es la política, mero espectáculo. Y los políticos unos señores en connivencia con el verdadero poder que no ha sido elegido por nosotros, que son las grandes multinacionales, los grandes bancos privados y, como no: FMI, BM y demás fuerzas financieras. Todo ello y mucho más nos ha convertido en siervos a la par que nos ha extirpado la conciencia y sin ella no hay acción. Somos zombis.

Es absolutamente necesario que el problema del cambio climático sea un problema, además de científico-técnico y político, estrictamente moral. Es un problema de responsabilidad de nuestros actos. De las consecuencias catastróficas que tienen nuestros actos basados en un modo de vida. Lo que hacemos hoy afecta al presente en otros lugares y al futuro. A las siguientes generaciones. De ahí, el principio de responsabilidad que proponía Hans Jonas. Si no se inicia un diálogo desde este principio, imperativo podríamos decir, ético no vamos a ninguna parte. Sólo le daremos vueltas al problema y no nos implicaremos. Sin embargo, como seres morales que somos este problema requiere de nuestra implicación porque afecta a los otros. Y nos construimos como personas, seres inevitablemente morales, en relación con los demás.

El discurso ético siempre tiene que estar por encima del científico. Hoy en día la tecnociencia está por encima del discurso ético y, peor aún, el mercantilismo, sustentado en una psedociencia, la economía neoliberal u ortodoxa, está por encima de la tecnociencia: la ha convertido, como todo, en mera mercancía.

Evidentemente lo que se nos está proporcionando desde la ciencia es otro mito mesiánico. Y el problema de este mito mesiánico es que mientras perdemos energías en la creencia y la espera de este mito alimentado por el mito del progreso y la religión del cientificismo, perdemos la posibilidad de resolver y enfrentar los problemas reales a los que la humanidad se presenta. Esto no es más que charlatanería. Y lo digo desde el más profundo amor a la ciencia y al conocimiento. Pero es que estos señores, en nombre de la ciencia, han invadido el terreno de la filosofía y la ética a las que, previamente, han declarado muertas y desaparecidas en combate. Esto no es más que un reduccionismo simplón y una huida hacia adelante. Me quedo con el segundo volumen de Jorge Riechmann de su trilogía de ensayos sobre la ética de la autocontenciaón. “Gente que no quiere ir a marte”.

Pero hay que tener en cuenta que hoy vivimos inmersos en otra religión que nos impone sus valores a fuego y que tiene sus cientos de miles de muertos diarios. Es la religión del progreso, el cientificismo digitalista, el mercantilismo neoliberal capitalista. Y, todo ello, está perfectamente trabado y unido. No son cosas separadas. Forman un cuerpo ideológico religioso tan peligroso como las religiones tradicionales. Es necesario recuperar el proyecto ilustrado porque lo que vivimos es una Ilustración desbocada.

El fanatismo está aquí y en el gobierno. El catolicismo muestra su cara más fanática, intransigente, antihumanista, reaccionaria que posee. El germen del fanatismo está en las tres religiones del libro. La diferencia es haber pasado por el tamiz de la Ilustración o no. Se nota que en España la Ilustración nunca llegó y nos quedamos en una cultura de sacristía, superstición e irracional.

Y, por otro lado, nos encontramos con que la extrema derecha no existe en España porque ha sido absorbida, pero no neutralizada, por el PP.

La sociedad del malestar, la sociedad del cansancio. Hemos creado una cultura en los últimos cuarenta o cincuenta años que reduce al hombre a un mero objeto que es tratado, considerado y medido científicamente. Un objeto que tiene una única misión: consumir y trabajar para consumir. Los valores tradicionales han muerto, las religiones tradicionales, también. Sólo nos quedan los nuevos ídolos que la sociedad de consumo de masas nos ofrece de forma rápida. No nos da tiempo de agotar uno cuando se nos ofrece otro. Se nos ha exigido que tenemos que estar al cien por cien en  nuestro trabajo. Nuestro trabajo ya no es tal, sino que es precariado. El individualismo egoísta nos acecha, la competitividad crece. La soledad y el sinsentido aumentan. Pero el sistema tiene la solución, a la par de que se inventa enfermedades (las multinacionales farmacéuticas) tiene preparado todo un arsenal de pastillas, fundamentalmente: ansiolíticos y antidepresivos para tratar a los supuestos enfermos. Cuando en realidad la enfermedad es la sociedad. A esa medicación acuden tanto personas realmente enfermas (angustia y depresión endógena que se dispara por factores externos con facilidad) y exógenas: causas externas transitorias. El caso es que estas últimas cada día aumentan más. Y estas medicinas, los ansiolíticos en particular, crean una fuerte adicción de la cual es difícil salir. De modo que una sociedad enferma crea enfermos imaginarios que lo que hacen, en definitiva, es obedecer al propio sistema, quedarse sin mecanismos intelectuales de defensa, sin poder pensar que lo que hay que hacer es transformar la sociedad, que ellos son víctimas. Es una forma más de control. El viejo “soma” de “Un mundo feliz” de Husley.

No sé si esta iniciativa (la reunión de los máximos científicos en España: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/09/26/actualidad/1411753317_144584.html) es buena o hace de la ciencia un espectáculo. Supongo que lo es. Pero lo que sí está claro es el nivel de analfabetismo que inunda nuestro país. Los españoles no son capaces de nombrar a ningún científico importante, actual o histórico, pero tampoco son capaces de nombrar a ningún filósofo, poeta, pintor, arquitecto. Nada de nada. Y, mucho menos, el significado de su obra. Es absolutamente lamentable. Sigo insistiendo en el dilema platónico: la democracia no es un gobierno justo porque es el gobierno de los ignorantes. Dicho de otra manera. Un país no puede ser democrático cuando el periódico más vendido es el Marca, creo y cuando la televisión se reduce a programas basura de los que se vierten falsos valores que, como diría Rousseau, corrompen al hombre. Ante todo esto la educación, encima, tal y como está, tiene muy poco que hacer.

De nada, Miriam. Supuse que te iba a interesar. La actitud es la del respeto. Por eso al mundo árabe le falta una Ilustración que es la que acaba con la superstición religiosa, con su poder, con su relación política con el estado y la relega a su lugar natural que es la creencia privada. Por supuesto que están autorizados a intervenir en el debate público, pero desde la isegoría, la misma posibilidad de hablar y expresar ideas y creencias para todos. Entonces tienen que verse obligados a admitir las ideas del otro y dialogar con él en pie de igualdad, no desde la postura de la posesión de una supuesta verdad. Esa es una de las conquistas de la Ilustración que costó siglos y cintos de miles de muertos. Y, aún hoy, el cristianismo quiere ser una voz especial. Por otro lado el pueblo debe ser educado en el hecho religioso y su historia, no adoctrinado. Porque somos animales religiosos, en primer lugar, y porque somos hijos de nuestra tradición la cual debemos conocer. Así mismo, la pérdida de la religión es una pérdida de valores, de ética y de espiritualidad. Por eso es necesario su conocimiento. El hombre, como ser religioso, busca otros dioses. Y los dioses que se nos ofrecen hoy en día son tan peligrosos como los tradicionales: el éxito, la eterna juventud, la belleza, el dinero, las nuevas tecnologías, vivir el momento (pero no en sentido espiritual, sino hedonista-nihilista) De ahí tanto desasosiego. Porque en estos dioses no hay espiritualidad, no emana el bien ni la justicia, todo lo contrario, fomentan la ignorancia, la competitividad y el egoísmo. El ateísmo, que también es mi postura, no debe nunca abandonar la ética. Debe ser militante. Es decir, tiene que intentar convencer a los demás de las supersticiones en las que viven, ya sean religiosas o falsas espiritualidades, o pseudocientíficas. El ateísmo debe ir acompañado de una ética civil que es el laicismo que implica una democracia radical, no lo que tenemos ahora. Me alegro que te haya interesado.

Todo nacionalismo es mítico. Es decir, todo nacionalismo es un irracionalismo  y se alimenta del milenarismo mesiánico. Así surgieron en el siglo XIX y así siguen siéndolo en el XX. El español, lo mismo. Y lo hemos sufrido en su mayor esplendor durante el franquismo, todos. Y ahora lo volvemos a sufrir con nueva fuerza con el gobierno de la derecha. Pero el nacionalismo independentista catalán es de libro. Cumple todas las características de lo que es el mesianismo en el mito nacionalista. ¡Qué le vamos a hacer! Así es la historia. Se independice o no Cataluña, lo que me da exactamente igual, no evita la verdad histórico-filosófico e incluso teológica de la relación del nacionalismo con el mito y, por cierto, de su exclusión democrática. Porque es una creencia compartida, una ideología, una religión y no una idea que se pueda discutir. Y la democracia, que no la hay en ningún lado, por otra parte, se alimenta de ideas, del logos, no de creencias.

La educación acabará privatizada prácticamente en su totalidad. Los centros públicos serán marginales y su gestión se parecerá más a una gestión privada-empresarial que a un servicio y función pública. Se ataca a la educación pública, a la sanidad pública, a la justicia…y se ataca a los funcionarios, sustentadores del estado. El camino está claro. Lo que quieren los poderosos está claro. Una escisión clara entre ricos y pobres, fuertes y débiles, élite y marginados. Y, si de paso, todos esos marginados van muriendo, pues nos encontramos un alivio para el problema de la superpoblación.

Es insoportable la actitud moral paternalista y acusadora de la iglesia en España. No es de recibo que una organización religiosa, sostenida con dinero público, casi absolutamente, quiera marcar las reglas morales de toda una sociedad éticamente plural, o, lo que es lo mismo, democrática. Es, simplemente, un acto de cara dura, de sinvergüenza, en el sentido moral de la palabra. Es decir, aquel que no siente vergüenza de las consecuencias de los actos. La iglesia debería callar. O, mejor, pedir perdón a toda la sociedad española por sus crímenes, no sólo del pasado de la inquisición, centro europeo del terror, sino de su connivencia con el franquismo, absolutamente demostrada por los historiadores. Su último gran crimen fue la participación activa en el genocidio franquista y su plan de exterminio. La iglesia no tiene vergüenza. Tenía que asumir que se debe autofinanciar y no chupar de la teta del estado y luego pretender, habiendo sido una organización absolutamente criminal, dar lecciones de moral. Esto es de juzgado de guardia. Y no se deberían permitir estos discursos que atentan contra la libertad de acción y de pensamiento de todos los españoles. Para empezar hay que cortarles el grifo del dinero a estos señores, en segundo lugar hay que desalojarlos de la escuela pública y en tercer lugar, hay que aclararles qué lugar ocupan, en pie de igualdad, con el resto de españoles y organizaciones no gubernamentales y religiosas. Y, por último, deberían pedir perdón por los crímenes del genocidio franquista de los que fueron, no sólo consentidores, sino personal muy activo y comprometido.

 

Sobre todo lo del mito rouseauniano del buen salvaje, que, ni si quiera el mismo Rousseau defendió. Los nuevos pedagogos deberían leer de nuevo el Emilio de Rouseau. El objetivo de la educación es alcanzar la virtud y si se educa en ella es porque la tendencia natural es el vicio y es de lo que partimos. Lo del buen salvaje no está en el Emilio sino en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Y el mismo Rouseau, cuando habla del estado primitivo, nos dice que éste nunca existió, que está contando un cuento, una alegoría para que entendamos en qué consiste la bondad y la virtud hacia la que debemos caminar. De nuevo partimos del vicio o de la tendencia al mal. Los niños no son ni enteramente inmaculados ni perversos demonios. Son animales sociales que se construyen a través de sus relaciones. Y son éstas las que los convierten en una cosa o la otra o, lo más normal, una mezcla en perpetua lucha interior. Los pedagogos se inspiran en Rousseau, pero éste habló metafóricamente. Su intención era la crítica del progreso. Es decir la unión de progreso científico técnico y bondad ético-política. Fue el primero que se dio cuenta de este error ilustrado que ahora los pedagogos, como los economistas ortodoxos repiten. Y así nos va.

Percibimos más el acoso simplemente porque se ha amplificado, como se ha amplificado todo en esta sociedad del desbordamiento total.

La superpoblación es un problema medioambiental. Pero la solución de las élites es la eliminación de gran parte de la población. Esa no es la solución. En realidad, es la misma que ha habido a lo largo de la historia con las guerras, las hambrunas y las epidemias. Pero hoy la tecnología nos ha hecho pasar por encima de ello y de ahí el crecimiento de la población. Probablemente la naturaleza nos tenga reservada algunas sorpresa, ya sabemos el problema que se nos viene encima con los antibióticos, por ejemplo, pero mientras, ¿cuál es la solución? Desde luego que el exterminio, no. Creo que hay una vía que es el decrecimiento y el fin del capitalismo tal y como lo conocemos. Y la crisis en la que estamos quizás sea el principio del fin.

El acoso entre los menores es algo más común de lo que nos parece. Este acoso es auténticamente criminal. Destroza la vida del acosado, se ve absolutamente indefenso. En torno a él se hace el silencio más ensordecedor. La cobardía les juega una mala pasada. Sus compañeros no se atreven, por miedo, dicen, a denunciar el caso. Y el acosado se ve obligado a sufrir en solitario, sin ningún apoyo, esa auténtica tortura que dejará una huella en su vida inolvidable, tanto que la transformará, sufriendo para siempre de angustia, miedo, depresión… eso si es que no acaba con ella por medio del suicidio. La juventud está un tanto enloquecida y las nuevas tecnologías amplifican ese estado y las lleva fuera de control. Los acosos aumentan. Los jóvenes han perdido el norte de las reglas y normas que rigen la sociedad. Son pequeños egoístas-tiranos a los que se les ha dado todo y están acostumbrados a ver que todo está permitido, que la corrupción rampla por doquier y que es inaccesible a la justicia. No encuentran ejemplaridad pública. Y donde la tienen, en el lugar más cercano, sus padres y sus profesores, en general, pues no la reconocen. Es más, la rechazan. E, incluso, se burlan. Todo esto crea un clima de invulnerabilidad que hace que la rebeldía se torne en moneda común y que los casos de acoso proliferen. Es un grave problema que debe comenzar por la ejemplaridad pública de las instituciones que demuestren que no todo vale, que existe algo así como la responsabilidad y la dignidad y el respeto a las personas.

Este es el ejemplo clarísimo de nuestro nivel cultural. Lo siento, pero así no puede funcionar una democracia. Los medios de desinformación y control de masas son responsables, claro, y, sobre todo su dueños, que son los que quieren el control de nuestras mentes. Pero ello no nos exonera de nuestra parte de responsabilidad. Por España no pasó la Ilustración, sólo la tocó y los ridiculizamos. Pero, lo peor es que aún está muy lejos. Una democracia como el gobierno de los ignorantes no es una democracia es demagogia. Y eso desde hace veinticinco siglos. Que no es nuevo, vamos.

“La última vez que me invitaron a intervenir en un programa televisivo me advirtieron enseguida de que podía hablar de todo menos de literatura. ¿La razón? Que los jóvenes no leen y que el público del programa al que me invitaban era mayoritariamente joven. La advertencia no me pilló por sorpresa, pues ya en otra ocasión, no sé si en esa o en otra televisión, tras aceptar acudir a ella, me habían aconsejado que no hablara más de un minuto y medio seguido porque, según el presentador, a partir del minuto y medio “el espectador normal desconecta”. Fue el último programa al que acudí. Desde entonces, cada mañana rezo una oración, la única en todo el día: “¡Señor, sálvame de mis compatriotas!”. Julio Llamazares

Los programas basura buscan opiniones, creencias, formar espectáculo. No buscan el saber. Y así siguen alimentando el relativismo de las opiniones, el todo vale, el desprecio del intelectual (desgraciadamente muchos de los que se dicen tales se prestan al juego), del sabio, del científico. Y de esta forma el verdadero saber queda oculto en el mero entretenimiento que encima alimenta las bajas pasiones del pueblo.

La verdad tiene muchas caras y las circunstancias tanto de la persona como del tiempo son mudables. No existe algo así como la verdad. La verdad tiene matices y esos matices tienen que ver con la interacción con la persona. Muchas veces la verdad es la que uno quiere que sea. Otras es necesario desvelar la verdad para iluminar al que anda perdido. Otras es necesario decir la verdad porque el otro la demanda. Otras, el otro demanda que no digas la verdad porque la sabe. Otras, demanda que no le digas la verdad porque la verdad es su autoengaño, su pequeño o gran delirio que lo salva del sufrimiento. Otras la verdad es necesaria para sacar del engaño que ejerce el poder sobre nosotros, los más débiles. La verdad, a secas, suena como algo unívoco, con un solo sentido. La verdad es algo que se da en relación con. Y es esa relación la que la construye. Como ejercicio de reflexión o meditación yo propongo que pensáramos en la frase de los evangelios cuando Jesús dice, yo soy la Verdad, y Pilatos responde: ¿y qué es la Verdad?

Ya está bien de la intromisión de la moral privada en la ética civil. El religioso o teólogo tiene la libertad de expresión de sus ideas y creencias, pero no de arremeter contra principios universales como el de la dignidad de la persona. Su moral particular puede ser aceptada como un punto de vista particular a discutir y tener en cuenta en el ámbito de lo público y puede ser seguida por cualquiera que sea creyente, pero no puede tener la intención de imponerse a la sociedad en su conjunto. ¡Qué lejos estamos del laicismo!

El problema ecológico o ecosocial es el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Porque en él se encuentran todos los demás problemas. Por eso hay que tener una visión general de la sociedad para resolver lo que es un problema civilizatorio, que pone en cuestión la propia existencia de la civilización humana tal y como hoy la conocemos. El cambio climático es uno de los grandes problemas dentro del problema ecosocial. Pero no habrá solución mientras que no cambiemos de paradigma, de visión del mundo. Y, mucho me temo, que seguimos anclados en una visión productivista, en una economía del crecimiento. Cuando realmente el paso hay que darlo hacia una mentalidad, no de la producción sino del cuidado y la austeridad y no del crecimiento, sino del decrecimiento. El progreso hay que entenderlo como progreso humano, no económico y éste es el camino que nos marca el paradigma del decrecimiento y el ecosocialismo.

Aprender hábitos, costumbres, orden. Eso es la disciplina, no tiene nada que ver con el castigo, ni la violencia ni la represión, sino con la canalización. Porque educar es guiar ejemplarmente. Y sobre esa base surge la creatividad, no desde la nada como piensan los nuevos pedagogos. Sin autoridad y disciplina no hay educación, ni respeto, ni ansia por saber y por querer ser mejor y llegar a la excelencia.

Efectivamente, estoy de acuerdo contigo totalmente. La felicidad también se puede conquistar. Pero si te das cuenta esa conquista tiene que ver con la compasión. Es decir, con una virtud que se realiza en relación con los demás. Si se practica la meditación sólo por el hecho de alcanzar tú mismo la felicidad se cae en una gran contradicción. Que es lo que pasa en occidente, claro, que no entienden la religión oriental, porque están fuera del contexto. Antes que el amor al prójimo y la caridad cristiana aparece en el budismo el concepto de la compasión; incluso más universal porque va dirigido a todos los seres vivos. Y para llegar a esta compasión verdadera del otro tienes que dejar de ser un yo, el nirvana, cosa que alcanzas a través de la meditación. Entonces es cuando la compasión, la ayuda al otro no es un acto egoísta y proporciona felicidad. Pero ya no podemos hablar de felicidad de un yo. Porque ya no hay ese dualismo, no hay ese yo. Entonces lo que podemos decir es que no hay sufrimiento. Esto lo entendió también después el cristianismo. El mismo San Agustín lo decía. Hay dos caminos para llegar a dios: el de la interiorización y el de la caridad. Uno es feliz cuando ayuda a su prójimo (es la enseñanza del evangelio: la parábola del buen samaritano y el sermón de la montaña). Pero cuando esa ayuda es desinteresada, se convierte en una forma de ser y uno se disuelve en la compasión hacia el otro.

En cuanto a lo segundo es, precisamente, lo que a mí más me preocupa. Que hoy en día la felicidad está dentro del mercado. Dentro de la cadena del consumo. Y a mayor “felicidad” de este tipo, consumo compulsivo de todo, menor libertad y virtud y, por tanto, el hombre se convierte en objeto y deja de ser un sujeto dotado de dignidad y respeto. Un objeto en manos del poder, manipulado y cosificado. Y precisamente olvidamos el tercer principio de la ilustración: la fraternidad. La libertad y la igualdad la hemos conquistado en cierta medida, aunque las estemos perdiendo, pero la fraternidad ha sido la gran olvidada.

El libro que has citado es estupendo para lo que hemos comentado e ilustra perfectamente todo este proceso. Buda, y esto es lo que se le olvida al occidental, no busca la felicidad, lo que quiere es entender el porqué del dolor en el mundo. Y si nos vamos al cristianismo el concepto de redención es el mismo. Redimir al mundo del dolor, el sufrimiento y la injusticia a través del amor al otro. Y si nos vamos al tercer pilar del eje axial, que decía el médico y filósofo Jaspers, Sócrates; pues éste nos dice que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Su vida es un ejemplo de ello, pero mucho más: el juicio, la condena a la que fue sometido y su muerte.

 

¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. Es necesario tener en cuenta que nuestra propia condición biológica es la de un animal abierto al mundo. Nosotros no tenemos una adaptación al medio, sino que creamos un mundo a través de la cultura. Pero ésta sale de nuestro cerebro en interacción con el medio. De tal manera que construimos a la vez que nos construimos. La cultura, nuestra segunda naturaleza, es, como si dijésemos, nuestra forma de adaptación al medio. Forma de adaptación, que no es tal, sino transformación. Todo ser vivo al adaptarse, de alguna forma, transforma el medio. Lo que sucede es que el homo sapiens es consciente de ello y crea utensilios (técnica y tecnología) para tal misión. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético. Y esto segundo es lo que no hay que olvidar. Porque resulta que las sociedades tremendamente complejas que hemos construido han olvidado o están olvidando esta dimensión absolutamente irrenunciable, pero no porque queramos, sino que por naturaleza somos animales éticos. Otra cosa es el tipo de ética y moral que hayamos construido a lo largo de los tiempos. Lo que sí está claro es que en nuestra dimensión ética debemos tender a la defensa del hombre en tanto que ser dotado de dignidad, por tanto un fin y no un medio. Y esto es algo difícil porque el uso de la tecnología y nuestra dependencia absoluta de ella nos transforma en medios, más que en fines. Con lo que nos convertimos en objetos y dejamos de ser sujetos. Y, en segundo lugar, hay que intentar defender la universalidad de los principios éticos fundamentales, como es el que hemos mencionado de ser seres dotados de dignidad.

La defensa del hombre como un animal ético nos enfrenta directamente al poder, en la medida que éste, y más en las sociedades tardocapitalistas absolutamente tecnificadas, va a tender a reducirnos a objetos. El ejercicio del pensar se transforma en un acto de resistencia. En una acción revolucionaria.

 

¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético.

Otro artículo laudatorio del señor Botín. Esta vez a cargo de un experto investigador en biomedicina y biotecnología. No dudo en absoluto de su excelencia en su materia, probablemente de los mejores de España, por algo lo contrató el señor Botín. El problema es el engaño. Se confunde desarrollo científico y social, con interés para el mercado. Lo que le interesa a la banca de la ciencia es su valor útil para el mercado, no lo mejor para la sociedad. No el desarrollo humano y social. Eso es una mentira y una patraña. Un puñetero engaño en el que caen hasta los más excelentes  científicos a cambio de un buen plato de lentejas. La investigación científica hoy en día, no tiene nada que ver con el conocimiento del mundo y de la verdad, estos ámbitos están muy reducidos y poco subvencionados, no te digo nada en las humanidades. Qué banco va a promocionar con mucho dinero la investigación sobre el caso Galileo contra el poder de la iglesia, por ejemplo. O el significado de la muerte de Sócrates para la sociedad y la democracia o el origen de la tragedia en Grecia y su repercusión en la configuración y estructura de la sociedad, así como en el surgimiento de la ética y, posteriormente de la ley: el derecho. Estas investigaciones sí que plantearían un desarrollo humano y social. Pero esto no da dinero. Ahora bien, inventar una pomada para evitar las arrugas a partir de los treinta, pues sí dará dinero. Tampoco da dinero la investigación sobre el ébola. Qué más da, son países pobres. Tampoco iban a pagar por los medicamentos, no tienen dinero. Qué nos importa que mueran cada cierto tiempo, por un brote de ébola, unos cuantos miles de negros. Eso no tiene nada que ver con el desarrollo humano y social. Está uno ya cansado de engaños, de mitificaciones del poder, de nuevos redentores y de magos y demagogos que se esconden detrás de las más ilustres palabras. Venga ya.

"El hombre no debe comportarse con frivolidad ni desenfreno, ni debe caer en la tristeza ni en la melancolía, sino que debe ser alegre." Maimónides.
Muy semejante al principio aristotélico de la virtud. La virtud como el medio entre dos vicos. Pero se ensalza algo importante que aparece en los estoicos y después, sobre todo, en Spinoza: la alegría de vivir como la máxima virtud y el único camino hacia la felicidad. La alegría es la idea adecuada sobre nosotros mismos. La que se corresponde con el conatus: el ser intenta por todos los medios persistir en su ser. Pues la mejor manera de que el hombre persista en su ser es a través del sentimiento de la alegría que, como decía, es la idea adecuada de sí mismo e implica la aceptación plena del ser, de nuestra existencia, por tanto, porque todo lo que ocurre, ocurre por necesidad. No olvidemos que el determinismo es clave para la felicidad en Spinoza, como lo es en los estoicos.
P.D. Dejen los libros de autoayuda y vayan a los clásicos. Por lo menos les harán pensar. Lo otro es una patraña y una estafa, además de un montaje para enriquecerse ciertas editoriales y ciertos autores mediocres.

Los dueños del mundo entendieron perfectamente a Platón. Hace unos años yo decía que de que los políticos se enterasen de lo que Platón decía se iba a caer del temario de Historia de la Filosofía. En definitiva, la pregunta política de Platón es quién debe gobernar. Y su respuesta es que los sabios o filósofos. El pueblo, no. Es la crítica feroz de Platón a la democracia que había matado a su amigo Sócrates. Un gobierno justo no puede matar a un hombre justo como es el caso de Sócrates. Luego, la democracia, como gobierno del pueblo, no es un gobierno justo. Y no lo es porque es el gobierno de los ignorantes: de aquellos que viven instalados en la opinión y no en la ciencia. Pues bien, pasados los años he comprobado mi gran error. Los amos del mundo han creado una sociedad, un estado platónico en el que la democracia es ficticia, es el engaño de la caverna platónica. Creemos que gobernamos nosotros y tenemos la libertad de decir lo que nos venga en gana y de votar a quien queramos, pero, en realidad, es un gran engaño. Son los medios de control de masas y del pensamiento los que nos ofrecen la alternativa política, que, por cierto, aunque enmascarada en distintas siglas, sólo es una, incluido a los de Podemos (por concretar y hablar del caso español, a pesar de sus grandes virtudes como la de jugar el papel de desenmascarar el engaño, pero quedarse en la puerta y participar de él), por tanto, la isegoría es aparente, porque en el fondo no hay alternativa más que la que se nos muestra e, incluso, dentro de la caverna, se nos hace creer que hay diferentes alternativas. Falso. Eso no es más que juego y entretenimiento de los demagogos para mantener al pueblo en el engaño. Luego llegan las elecciones y se les dice al pueblo, desde la más cínica demagogia, que es soberano. Soberano, ¿de qué? Si no tiene oportunidad de pensar. Si sólo existe un pensamiento único. No existe la libertad política, sólo la de opinar. Por cierto, que para eso el poder se ha encargado de adoctrinar al pueblo haciéndole pensar que todas las opiniones son respetables, por tanto, iguales. Relativismo, ausencia de pensamiento.

Y, por otro lado, tenemos a los gobernantes que Platón nos decía que tenían que ser los sabios o los filósofos. Él decía, los que poseían la filosofía verdadera, es decir, que sólo existe una forma de pensar. Volvemos al pensamiento único y al pensamiento hegemónico. Pues bien, eso es lo que ocurre en nuestro mundo y en nuestras supuestas democracias occidentales: es el gobierno de los mejores, que son los más sabios: tecnócratas (casi todos ellos economistas ortodoxos) y ricos Y, como resulta que participamos del gran engaño y el engaño es hacernos pensar que vivimos en democracia y que poseemos libertad política, pues el pueblo está absolutamente maniatado, pero, de forma inconsciente, porque él piensa, desde su ignorancia, que es muy libre. Pero no lo es, porque a pesar de la libertad de expresión no hay libertad política. Y si a esto le sumamos la propia condición humana: la servidumbre humana voluntaria. Es decir, que preferimos obedecer a actuar por nosotros mismos. Pues, nuestro gozo en un pozo. Apaga y vámonos. Bienvenidos al desierto de lo real.

El pensar es un espacio de libertad. Yo siempre lo he concebido así. Es una herencia griega e ilustrada. El pensamiento nos lleva a la libertad. O la libertad es una conquista del pensamiento y del ejercicio de la virtud. Pero la libertad, per se, no es un bien, como puede serlo, la salud, sino un ejercicio del vivir y de la virtud que requiere un esfuerzo y, las más de las veces, produce dolor. Para empezar te aleja de la multitud que se te presenta como rebaño y para continuar te enfrenta al poder, al pensamiento establecido. De ahí lo de la servidumbre humana voluntaria; que es lo que la mayoría de la gente quiere: obedecer.

“Esta mañana, en la radio, tres locutores y una locutora se carcajeaban unánimemente de la gilipollez del aborigen australiano que había rechazado los 5.000 millones de dólares ofrecidos por una multinacional minera francesa a cambio de convertir las tierras de sus antepasados en una mina de uranio. Contesto, ”Este lugar es sagrado. No estoy interesado en las ofertas del hombre blanco. No me importa el dinero, ya tengo un trabajo, y en nuestras tierras puedo ir a pescar y a cazar…” Los insultos radiofónicos se amontonaban: qué imbécil, que iluso, qué desperdicio humano…

Lo más monstruoso de esta civilización monstruosa sucede cuando dejamos de apreciar su carácter monstruoso.

Estamos siendo sepultados bajo el peso de la información, que es confundida a menudo con el conocimiento; además se confunde la cantidad con la abundancia y la riqueza con la felicidad…

La gran propuesta existencial de esta vomitiva sociedad mediática: existir para los otros es aparecer en televisión (de manera más genérica, en las pantallas de la sociedad del espectáculo). Francamente, prefiero el viejo, lento y buen espulgamiento de los chimpancés.

Humanismo del ser humano inexistente. Trabajar por la dignidad humana es, también, una de las artes de lo imposible.” De Jorge Riechmann “Nuevos ensayos sobre poesía y el mundo” Ed. Gallo Negro.

“Viktor Frankl sobrevivió a cuatro campos de exterminio, incluido Auschwitz, donde pereció asesinada toda su familia. De aquella experiencia atroz extrajo una enseñanza que luego formulaba: “quien tiene un por qué vivir, encuentra siempre un cómo.”

En la posguerra retoma su trabajo como psicoterapeuta. Cuando uno de sus pacientes le dice que se encuentra deprimido, Frankl replica, completamente en serio: ¿y por qué no se suicida usted?

Típicamente su interlocutor responde que no lo hace porque ama a alguien o a algo (quizás en la forma de que desea llevar a cabo un proyecto). Entonces Frankl le recomienda poner toda su energía –toda la fuerza de Eros- en cultivar ese vínculo, cuidar a esa persona…, o crear las condiciones para la materialización de ese proyecto.” De Jorge Riechmann, “Ahí es nada. Nuevos ensayos sobre el mundo y la poesía.” Colección Gallo Negro.

Me pregunta una amiga. La libertad, ¿duele?

Magnífica pregunta. La libertad duele por varias razones. Para ejercer tu libertad tienes que pensar por ti mismo y eso te aleja de la mayoría, lo cual te lleva a la soledad y, para ser libres, tienes que elegir, aunque parezca contradictorio, lo que debes, no tus deseos. Lo segundo no es más que capricho. Por eso la libertad está relacionada con la consecución de la virtud. Pero, alcanzar la virtud requiere de esfuerzo y ejercicio. Y, una vez realizada, se convierte en hábito o costumbre. En nuestra segunda naturaleza. Y entonces nuestra existencia es plena. La mejor comparación de la consecución de la virtud es el deporte. No se corre un maratón de un día para otro. Y la libertad, en el ejemplo del deporte consiste en nuestra capacidad de elegir ir o no a entrenar, o buscarnos cualquier excusa. Habría que escribir un tratado para responder. Me encanta la pregunta por su sencillez y contundencia.

La desaparición del conocimiento y el saber en manos del saber hacer, el saber mercantilizado y la empleabilidad. En definitiva, la muerte de la universidad. El ideal de la universidad como centro de investigación y transmisión del saber y los hábitos y metodologías de investigación está a punto de desaparecer. Mientras la secundaria se ha vuelto una mala primaria, la universidad se ha vuelto una pésima secundaria. Y el objetivo de toda la enseñanza es el saber técnico. Que no llega a la categoría de científico, es mera técnica. Es un saber hacer, no un saber qué ni por qué. Ahora bien, el saber técnico, el saber hacer es intercambiable mercantilmente. Y el valor del mercado o es el único que existe o el absolutamente hegemónico. Por eso es el que ha de transmitir el sistema de enseñanza. Por eso resulta gracioso oír decir que la enseñanza no debe ideologizarse. ¡Pero si no puede estar más politizada e ideologizada! Es una vía de transmisión de los valores económicos. Y, mientras, nos engañan con las paparruchas del bilingüismo y demás parafernalias que lo único que consiguen es encubrir la segregación y disminuir el nivel de los conocimientos; que, por otra parte, es el objetivo del sistema. Y, entre todo esto, el saber humanístico y científico puro o fundamental, se va al garete, por lo anteriormente dicho. No tiene valor de cambio en el mercado. El profesorado, con perdón, en la inopia, y discutiendo que si la disciplina, que si las llaves de los servicios, que si el plan de limpieza…y así. Así nos va quiero decir. Un mundo orwelliano de engaño y doble pensar. Y, ahora, la farsa de las programaciones con sus competencias (palabra clave del sistema), sus adaptaciones curriculares, por abajo, claro, todavía no las he visto por arriba y eso que he visto a muchos alumnos que se las merecían.  Los cursos de formación de los centros de ideologización de los profesores, con el fin de adoctrinar y cobrar los sexenios… Pero, en fin, esto al sistema no le importa. Seguiremos. Y eso que no hemos hecho nada más que empezar, pero, por mucho que se lo proponga uno, ser positivo -como dicen los coaching, psicólogos y nuevos gurús de turno- es imposible. La realidad es testaruda y se impone.

El periodismo, como todo en este mundo del tardocapitalismo y de la nueva religión de la tecnociencia y su mediadora, las nuevas tecnologías de la información, está llamado a desaparecer. Y a ser sustituido por la vulgaridad, la ramplonería, la mentira, la superficialidad, el engaño, la equivalencia de las opiniones y el relativismo más burdo. Es el sino de nuestro tiempo. La superficialidad, la ligereza y la prisa… Todo ello ha sustituido a la lentitud, el sosiego, el reposo, la lectura pausada y meditada, la contrastación, el criterio de autoridad, la validez imperturbable de los clásicos. Es un mundo que agoniza y que se adentra, alegre, contento, engañado, sumiso, persuadido, en la barbarie más oscura en la que todo es gris y en la que se acaba el pensamiento y la libertad.

Una vez que hicimos la crítica a la psicología positiva lanzo aquí un esbozo de lo que sería una propuesta constructiva en la que se unen ética, política y derecho.

Lo que defienden los epicúreos, los padres del hedonismo o de la teoría según la cual no hay vida feliz sin placer. Ése es el modelo del sabio o del hombre feliz. Riechmann también y yo mismo lo considero así. Pero el placer es el de los bienes naturales y necesarios para la propia vida. Y, aun así, de forma mesurada, prudente. Por eso la prudencia, la sophrone es la mayor de las virtudes: la sabiduría. Y es cierto también que pasado un límite de riqueza, no aumenta el placer, ni la felicidad, sino la frustración y la ambición.

Unir el decrecimiento con la ética epicúrea es algo necesario. Pero no es suficiente. Esto lo he discutido con Riechmann. La sabiduría no se le puede exigir a todo el mundo. Ya sabemos que ésta se encuentra en la mesura de los placeres naturales y necesarios y en el placer que proporciona la inteligencia: la ciencia, el arte, la contemplación. Pero no todo el mundo puede alcanzar esto por sí mismo. Por eso lo que le falta, y es lo que yo discutía, es un programa político que dé lugar a una legislación que nos obligue a la austeridad. Y eso sería la política del decrecimiento enmarcado dentro del ecosocialismo. Por tanto, una política y una ética ecológica recogida legalmente. Y, de esa manera, pasaríamos del paradigma del antropocentrismo al del ecocentrismo. A su vez, la ética ecológica estaría basada en el principio de responsabilidad de Hans Jonas. No sólo somos responsables (ética y jurícamente) de nuestros actos del presente y el pasado, sino también de aquellos que repercuten en el futuro del hombre, en las generaciones futuras o en el otro que está distante. Y, claro, como decía, esta ética necesita de una nueva legislación. Por eso el individuo por sí sólo no puede cambiar el mundo, hace falta la política. En el ecosocialismo, pues, se unen ética, política y derecho. Creo que es la única alternativa viable para la humanidad y al modelo de producción capitalista. Porque decrecer vamos a decrecer, o, a la fuerza, como ahora, pero todavía más a lo bruto, o programado políticamente y de forma progresiva.

El asunto de la psicología positiva y las promesas de felicidad, no sólo es que se desmontan científicamente, aino que filosóficamente son también una barbaridad. Para fundamentarlo habría que extenderse, pero no lo haré. Sólo un par de matizaciones. La primera es que, el concepto que se usa de felicidad en la psicología positiva basada en la inteligencia emocional, es muy pobre. Sólo se refiere a las sensaciones positivas, al sentirse bien. El mero bienestar. No se relaciona ni con las virtudes, ni, mucho menos, con la libertad. Y, en segundo lugar, está incardinada absolutamente en el posmodernismo. En el paradigma de un hombre hedonista, egoísta y nihilista. Sólo busca su propio bienestar para llenar el vacío de su ser tras la muerte de la modernidad: el sentido del mundo, de la vida, la esperanza… frente a esto nos queda la desesperación y el nihilismo. Pero el nuevo dios, el mercado, que no es un ente abstracto, son unos cuantos de nombres, nos proporcionan las recetas de la felicidad por medio del consumo. Y la felicidad que nos promete la psicología positiva no es más que un objeto de consumo y una adaptación al mundo en el que vivimos. Todo es competencia y nada es cooperación, todo es adaptación y nada es transformación. Sumisos y esclavos, pero todos sonrientes.

¡Qué cansancio de gente que descubre el Mediterráneo y le pone nombre a su ignorancia! Si puede ser un nombre técnico para pasar por científico, mejor, así no se duda de su verdad. Lean a Aristóteles, a Séneca, Marco Aurelio, Kant, Spinoza, Schopenhauer, Kierdkegar, Nietzsche, Cioran, Leopardi, Fernando Pessoa...  Allí encontrarán esa inteligencia emocional de la que tanto hablan y sin salirse de la cultura occidental. Ya está bien de renegar de occidente. La civilización grecoromana y cristiana (soy ateo, pero eso no tiene nada que ver) nos ha librado de la barbarie. Sus valores han encumbrado al hombre. Otra cosa es la historia del poder, que no es la de la civilización ni la de las ideas, aquí ha habido crimen, genocidio y todo lo horrendo que el hombre puede hacer. Pero igual que en el resto del mundo. Y ya vale de tanto snobismo oriental. Escuchen el mensaje de Buda, de Lao Tze y verán las similitudes con los estoicos o con el maestro Eckhart, Juan De la cruz,…Ya está bien de neolengua y doble pensar. Vaya farsa de mundo orweliano. Abandonamos la civilización y emprendemos el camino hacia una nueva barbarie.

El mito y la religión han sido formas de explicación del mundo, la naturaleza. El surgimiento de la ciencia (su segundo surgimiento, en el Renacimiento, ya existió antes en Grecia, pero desapareció, como está ocurriendo hoy en día) desplaza al mito y la religión como formas de entender y explicar el mundo. Las instituciones religiosas se resisten. La batalla al principio es dura y cruel, porque en el fondo es una cuestión de poder. Poco a poco se cede el terreno a la par que la religión (la iglesia) pierde poder. Pero el conflicto permanece. Y, luego, curioso, nuestro cerebro funciona en este ámbito de forma esquizofrénica. Se puede ser un gran científico y un perfecto creyente. Y eso es así porque las áreas del cerebro implicadas son distintas. Claro, al científico creyente pues hay que decirle que delira cuando intenta explicar fenómenos naturales por medio de la fe, o creer en un dios uno y trino, o la virginidad de Mario, sin comentarios… Ya digo, fruto de una escisión en nuestro cerebro. Y ello no implica que la ciencia sea la única manera de entender el cosmos. Para empezar la ciencia no es la verdad, sino la búsqueda de la verdad, además de muchas cosas más y, para seguir, la ciencia entiende la naturaleza desde su dimensión lógico matemática. Un poeta interpreta un atardecer de otra manera igualmente válida. Lo que ocurre es que no está dentro de la metodología científica.

Echar la culpa a los docentes, acusarlos de corporativismo…es absurdo. Son muchos los defectos del cuerpo de profesores: su indiferencia, su falta de conciencia, no creen en sí mismos y su importancia,… Pero, todo ello, no tiene nada que ver con la calidad de la enseñanza. Ésta emana de las leyes educativas que son las que ponen el marco desde el que se actúa. De modo que los máximos responsables son los políticos y sus leyes. Leyes que están sustentadas por una ideología mercantilista y por otra ideología pedagógica. Lo del anacronismo de la educación es una tontería. Qué más da enseñar con un libro electrónico que con una pizarra y una tiza, o, como Euclides, Escuela de Alejandría, un palo y arena. El proceso de la transmisión del saber y los valores, entre ellos el fundamental: el amor al saber, está por encima de las tecnologías. Las NN.TT. son un mito creado por los mercados que necesitan demanda y nos intentan convencer de que si no nos montamos en el carro la educación se queda atrás. Pues yo pienso que esto es un gran engaño y que, si bien las NN.TT. a veces ayudan, son un simple medio, no un fin. Pero, digo más, a veces, entorpecen y mucho. Las nuevas tecnologías transforman nuestro cerebro y en muchos casos para peor. Ya está bien de mitos y nuevas redenciones. La educación está mal y llamada a desaparecer, sobre todo la pública, por cuestión legal e ideológica. Todo lo demás es pura paja.

Contra la moda de la inteligencia emocional.

Igual que ha habido un predominio de la razón calculadora desde el Renacimiento, ahora se pretende dar rienda suelta a las emociones y los sentimientos, por encima, incluso, de la mesura y la prudencia. Esto es un problema que, por lo demás, tiene graves consecuencias en la educación. Porque elimina: la disciplina, el hábito, la costumbre, el esfuerzo y la autoridad. Confundiendo el dar rienda suelta a los sentimientos y emociones con la creatividad. Lo primero no es más que anarquía y capricho. Y este último no es más que una forma de esclavitud. Frente a la virtud que es el dominio de las pasiones por medio del ejercicio, la disciplina y la autoridad. Y esto no es, de ningún modo, extirpar las pasiones, ni emociones, ni sentimientos. Es canalizar. Tampoco es domesticar, porque no somos todos iguales ni tenemos la misma intensidad en nuestras emociones y sentimientos, como tampoco en nuestra capacidad de dominio sobre ellos. Razón, emociones y sentimientos van absolutamente unidos. Y no se ha descubierto ningún Mediterráneo al hablar de razón emocional. Lo que sí es cierto es que las neurociencias están aportando un contenido empírico a lo ya sabido. No hay más que leer a Spinoza o, mejor aún, Dostoiesvki. El primero hace el mayor estudio que sobre las pasiones se haya hecho jamás, de cómo nos afectan, de cómo dirigirlas y de cómo a través de ellas (los afectos) conquistar la libertad. El segundo nos ofrece una descripción de las profundidades del alma humana. Por eso no es raro que los grandes neurocientíficos (Antonio Damassio escribe un libro siguiendo el hilo de la Ética de Spinoza y otro en la senda de descartes, lo mismo podemos decir de francisco Rubia…) acudan a estos autores en busca de inspiración. Otra cosa es su trabajo empírico. Ciencia, filosofía y literatura son formas distintas de conocimiento.

Los sentimientos son sentimientos, no actos morales. De los actos morales sí podemos hablar de buenos y malos, aunque no nos pongamos de acuerdo en cuáles sean buenos o malos. Yo he hablo de canalizar los sentimientos, no de negarlos ni reprimirlos. Sin ira no hay valentía, ni indignación, por ejemplo. Sin concupiscencia no hay placer, y sin placer no hay felicidad. Cuando yo hablo de vicios me refiero a los sentimientos no canalizados que te esclavizan. Otra cosa importante es que hay que dar rienda suelta a los sentimientos. Absolutamente cierto. Y la cultura, por medio de sus rituales, se ha encargado de ello. La tragedia, por ejemplo, que nace en Grecia, precisamente es eso lo que hace. Pero la catarsis de los sentimientos, que es lo que se pretende, es precisamente una forma de educación de los mismos y de socialización. Los sentimientos, por sí mismos nos esclavizan, cuando se convierten en mero vicio, no en una explosión catártica que lo que hace es “limpiar” de alguna manera la psique. La virtud, que es la mesura, la medida de los sentimientos, nos hace libres. El valiente es libre, no es que no tenga miedo, sino que está por encima de él. El cobarde es esclavo del miedo, éste le domina. Razón y sentimientos, éticamente hablando ( es decir, lo que ocupa la mayor parte de nuestra vida) son indistinguibles, por eso podríamos hablar, junto con la catedrática de ética y filosofía política, Adela Cortina, de razón cordial (cordial viene de corazón en latín, símbolo de la sede de los sentimientos), o, junto con el filósofo José Antonio Marina, razón ética o inteligencia ética. El problema es que cuando hablamos de razón siempre la reducimos a la razón lógico matemática, pero ésta es sólo una clase de razón, y, precisamente, no tiene nada que ver con la vida. Y el problema viene precisamente por el triunfo de la ciencia moderna al utilizar esta modalidad de razón o inteligencia que ha reducido la inteligencia y la razón a esta modalidad. La recuperación de los conceptos de inteligencia emocional hasta cordial y ética (que sería la inteligencia superior en el sentido de que engloba a las demás) ha sido un gran logro. A la par que recupera la sabiduría del pasado, tanto de la filosofía, como del arte y la religión lo fundamenta con los nuevos estudios empíricos de las neurociencias.

“No concibo una vida feliz sin placer” Epicuro, fundador del hedonismo la teoría según la cual la felicidad reside en el placer. Ahora bien, el placer es fruto de la mesura, la sofroné griega es un concepto muy sutil y que se contrapone a la Hybris, la desproporción, lo prometeico. Nuestra civilización se ha fundado sobre este espíritu prometeico y así tenemos los problemas que tenemos. Por otro lado, el mismo Epicuro considera que el placer máximo es o son los placeres estáticos, los que proceden de la contemplación (la ciencia, el arte, la filosofía y la misma prudencia). Los placeres naturales, que son los necesarios para la vida misma están sujetos a la prudencia o la sabiduría. Es curioso que el fundador del hedonismo considere que el placer está en la austeridad. Así lo predica y así lo hace.  Obtenemos el máximo placer únicamente de lo necesario para vivir, si nos excedemos, nos produce dolor: una gran comilona, beber en exceso… El problema es que el hedonismo tiene mala fama porque ha sido transmitido por el cristianismo que ha visto en el cuerpo el mal. Otro problema es que lo que nos plantea Epicuro es un ideal de sabiduría, un camino. Por cierto, nada fácil. No hay que confundir hedonista con libertino.

Y otra cosa importante, éste ideal del sabio epicúreo o hedonista sería el prototipo del hombre transformado. Es decir, del hombre actual: consumista, hedonista, egoísta y nihilista que ha perdido la posibilidad del placer y con su actitud destruye el planeta y la humanidad, por el hedonista epicúreo, que es austero, que disfruta de los placeres naturales y necesario y de los placeres de la inteligencia, la conversación, la amistad, el arte, el conocimiento en general, la cooperación frente a la competencia. Este tipo de hombre sólo puede surgir de un nuevo modo de producción: el ecosocialista ligado a la economía del decrecimiento que conlleva todos estos valores.

Yo pienso que la historia no tiene sentido. Perfectamente podría haber sido otra. Igual que el hombre, podríamos, perfectamente no haber existido y todo hubiese seguido igual. Todo lo que hemos construido es para nuestra supervivencia. Y, como resulta que somos seres sociales, pues necesitamos leyes para sobrevivir. Esas leyes son construcciones convencionales. No hay un derecho natural, porque no existe un dios trascendente. Existen las leyes de la naturaleza y de ahí emanamos nosotros y nuestra capacidad cultural. Nuestro único sentido es el de la naturaleza. Ahora bien, podemos dar un sentido a la historia, intentar transformar el mundo, porque al no haber sentido nada está determinado. Yo creo que el fin del que decide no jugar es, o bien, intentar cambiar las reglas, o aislarse monacalmente (asumiendo otras reglas, claro) o el suicidio. De ahí que Camus decía que la única cuestión filosófica relevante sea la del suicidio. La última opción es mejor evitarla hasta el final, al modo de los estoicos, mientras, hay que persistir aunque sea como observador. Pero, bueno, uno en ese momento es absolutamente libre.

 

 

El mal es connatural al hombre. Ello no quiere decir que el hombre sea malo por naturaleza, esto es un absurdo, por naturaleza el hombre no puede ser ni bueno ni malo. Puede ser agresivo o cooperativo. Y es las dos cosas. Pero el hombre ha generado cultura. Y de las múltiples formas culturales ha triunfado la nuestra, que es una cultura de la violencia, la depredación y la autodestrucción a la larga. La historia podría haber sido otra, pero es la que es. Cuando se habla de progreso no es más que un engaño, unas anteojeras reduccionistas que sólo nos dejan ver lo que a los poderosos les interesa impidiéndonos ver toda la maldad que las distintas formas de poder han utilizado para llegar donde han llegado. El resto de la humanidad no somos más que títeres engañados. Pero que, a pequeña escala nos comportamos como los grandes poderosos: nos mueve la ambición, la codicia, la fama, el dinero, las apariencias, parecer lo que no se es ante los demás. Me gustaría, no ya que la historia, sino la base de ésta, que el hombre, su condición, fuese otro. Pero nuestra condición humana es la que es, puede alcanzar lo más sublime y lo más bárbaro. Pero el hecho es que la historia de la humanidad, desde que comenzó el neolítico es una historia de horror y de crimen, de ambición, de poder, de desigualdad, de engaños, mentiras, crímenes, genocidios, torturas, dominación, esclavitud, vanidad e hipocresía. Algunas antorchas iluminan esa historia: grandes logros culturales, científicos, actos altruistas, descubrimiento de principios éticos cuasi universales, la conquista teórica de los derechos humanos, el arte, una de las formas que la cultura nos proporciona para escapar de la barbarie y que nos acerca a los dioses. Pero, el balance, a mi modo de ver, es negativo. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor y contemplar el mal, por un lado, y, por otro, lo cerca que estamos del fin, de un colapso civilizatorio.

La historia no se puede reducir a ningún tipo de causalidad unívoca. Ello quita el protagonismo al sujeto de la historia que son los hombres. Tampoco se puede reducir a los grandes protagonistas de las historia, los grandes nombres. Estos son sujetos que estaban ahí en el momento justo y que canalizan todo un movimiento social. Hay tendencias en la historia, causalidad multívoca y responsabilidad y protagonismo de todos y cada uno de los hombres. Por eso no se podría hacer una historia estrictamente universal, porque necesitaríamos la historia de cada uno de los hombres. Los grandes nombres de la historia, para lo que nos sirven es para renunciar a nuestra responsabilidad y libertad. Lo mismo que ocurre con las teorías conspirativas de la historia. Nuestra debilidad nos lleva a la superstición y a la creación de héroes (o antihéroes) que asuman sobre sus espaldas toda la responsabilidad de determinadas circunstancias históricas.

En el mito del progreso que nace entre el Renacimiento y la Ilustración, el progreso se va a reducir al progreso científico-tecnológico, que supuestamente tendría una repercusión ético-moral dando lugar a una sociedad justa y feliz. En el Renacimiento y la Ilustración se unen el ideal religioso cristiano “Creced y multiplicaos y dominad la tierra” con el imperativo de la nueva ciencia “Conocer para dominar”, ya no se trata del mero hecho del saber por el mero hecho de saber de la antigua ciencia griega, como aparece en sus orígenes. Luego el optimismo ilustrado identifica educación con ilustración y ésta con liberación o libertad. Pero ésta ecuación resulta que no es cierta. Pasado los siglos nos hemos dado cuenta de que no existe esta relación causa efecto. Pero sólo unos pocos. La inmensa mayoría, incluidos nuestros gobernantes, piensan que el progreso, ahora visto como crecimiento económico, nos lleva a un estado justo y feliz. Y todo porque ha habido una pseudociencia, la economía, que se ha endiosado y ha embrujado a los poderosos. Y porque, por debajo de todo esto está el mito del cientifismo, que nos viene a decir que la ciencia es igual a la verdad, así, de forma religiosa o rebelada. Y de eso se ha recubierto hoy en día la economía y por eso el poder político obedece; eso, cuando no, el mismo poder político se identifica con el poder económico.

 

Bueno, pues ya tenemos aquí la alerta mundial. Como siempre el brote aparece en los países pobres y los ricos nos protegeremos cerrando nuestras fronteras a cal y canto. Y, esta vez, la cosa no es de broma. Estamos hablando de una enfermedad letal, en torno al 80% de mortalidad. El miedo a la muerte ayudará a las decisiones políticas de seguridad, nos gusten o no. Pero, mientras, hemos ido viviendo, durante décadas, en una burbuja de crecimiento ilimitado a costa de producir pobreza, miseria y muerte. Ahora son enfermedades, pero llegará la escasez de alimentos (grandes hambrunas), la de agua y la de los recursos energéticos. Y, mientras, se sigue pensando en las contradictorias políticas de crecimiento económico. No puede haber un crecimiento ilimitado en un planeta limitado. Estamos asistiendo a los avisos (crisis económica, emergencia de autoritarismo mercantil, países emergentes, desaparición de la democracia y los derechos humanos, guerras geoestratégicas y geoenergéticas, cambio climático, olvidado, pero es el epicentro), de un colapso civilizatorio. Tenemos que poner remedio, pero para ello hace falta voluntad ciudadana y conciencia. Los poderosos no lo van a hacer por nosotros.

La vida como una ilusión. Existe, lo único, la disolución de todos tus átomos en el todo. Desaparece la unidad de la conciencia que es determinada forma de organizarse la materia y se acabó. Eso es la muerte.
Felicidad y tristeza son estados de ánimo. Juicios subjetivos. Cuando desaparece el yo, desaparecen esos juicios, por tanto, también el dolor. Pues eso es la muerte y lo que persiguen las religiones, la eliminación del dolor. La existencia del tiempo es la que marca la felicidad y el dolor. La eternidad es la ausencia del tiempo, por ello no hay ni felicidad ni dolor. Ése es el sentido de la vida eterna que nos promete la religión o el nirvana budista, mucho más realista, claro.

"Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura si no justicia"...

Es la cordura de Don Quijote. Hoy se les enseña en los institutos y universidades que hay que adaptarse al mundo, por muy injusto que nos parezca. Y es el discurso hegemónico, todos lo admiten y lo consideran como inevitable. Hasta que no recuperemos la idea de que somos nosotros los que debemos cambiar el mundo y no el mundo a nosotros seguiremos siendo esclavos. Marionetas en manos de unos cuantos poderosos.

La secularización y la Ilustración del mundo islámico es algo que no se puede exportar desde occidente por medio de la guerra y la sangre. El colonialismo hizo un daño tremendo a la posibilidad de esta secularización. Y el poscoloniamismo, lo mismo. Luego vinieron las guerras geoestratégicas y de control de las riquezas energéticas que se recubrieron del mensaje de exportar la democracia a los países musulmanes. Una patraña de los poderosos. El proceso de democratización del mundo musulmán es un camino que deben recorrer por sí mismo los países árabes. Pero es curioso que nosotros, los occidentales, estamos recorriendo el camino al contrario: perdemos democracia, perdemos derecho, perdemos dignidad...nos encaminamos a una nueva Edad Media. Quizás la esperanza esté en la emergencia de los BRICS y, con ello, de un mundo multipolar económicamente que exija, por ello, más democracia y más derechos humanos. Pero la cosa no pinta nada bien. Estamos bajo el influjo del espíritu prometeico. ¿Seremos una especie fallida que arramble con ella misma y gran parte de la biosfera, o tendremos solución? La respuesta está en nuestras manos.

La actitud de la iglesia con respecto al conflicto de Gaza es, como siempre lo ha sido, endeble, oscura, hipócrita, sin compromiso. Vamos, que no se pringa. La iglesia nunca se opone a los poderosos. Desde que empezó la secularización, la iglesia no ha querido perder el norte del estado para obtener cualquier prebenda. Ante la injusticia mira hacia otro lado y no señala a los culpables. No quiere enemistarse con el poder. Pero no se puede ser neutral en un mundo que no lo es. En un mundo en el que hay ricos y pobres, fuertes y débiles, desalmados y nobles e injusticia por doquier. Y el núcleo de la religión es la moral, todo lo demás es mito y ritual. Por eso la iglesia rechaza la teología de la liberación, porque ésta se posicionó al lado de los pobres. Como decía Jon Sobrino “fuera de los pobres no hay salvación”. La iglesia se refugia en la oración. Ésta, sin señalar al culpable, no sirve de nada, salvo para anestesiar la conciencia del creyente, para no ver. La oración sigue siendo el opio recomendado por la iglesia contra la injusticia. Desde luego una gran lección de política maquiavélica, pero, a la vez, de inmoralidad.

 

 

Diferencias y parecidos entre los círculos de Podemos y la mónada republicana. En defensa de la abstención activa.

Creo que tienen parecido. Pero los círculos de Podemos tienen un contenido político de partidos. Las mónadas de Trevijano son las unidades mínimas políticas de representación del pueblo. Son las que irían después a la asamblea constituyente. El proceso técnico de cómo se hace esto no lo recuerdo, hace unos cuántos años ya que ley su libro. Pero, por ejemplo, hay una gran diferencia, por eso la abstención activa es la única que actúa desde fuera del sistema y la que nos puede llevar a una renovación política radical. Es decir, que hay una abolición para, después de ella, iniciar el proceso constituyente. Decía que la diferencia es que la asamblea constituyente se forma desde y a partir de un distrito único que es toda la nación o el estado, se acabó el regionalismo y los nacionalismos históricos. Si queremos democracia hay que acercarse al ideal de cada ciudadano un voto. Ahí tienes la mónada. Lo que ha habido desde la Constitución para acá es una farsa de la democracia. Y, Podemos, como partido está dentro de esa farsa, aunque su sana intención es cambiarlo. Primero han de llegar al poder, luego ya veremos lo que son capaces de hacer. Hay que tener en cuenta el realismo político. Podemos dice que quiere hacer un proceso constituyente, pero no es cierto. Un proceso constituyente no se hace desde una Constitución, eso es una reforma. De ahí sus contradicciones cuando hablan de un estado federal. No. Primero, abolición de las cortes, los partidos, después creación de una asamblea constituyente. Que elige a sus delegados o representantes en distrito único. Y, de ésta, ya veremos qué Constitución sale. Todo esto es muy ideal. Es una profundización de la democracia (que nunca ha habido del todo, salvo algunas excepciones. Porque la democracia nace con la burguesía y el capitalismo), un desarrollo de ella, una teoría pura (en el sentido kantiano: teórica, no empírica) de la república. También lo podemos leer a la inversa. Es decir, como las cosas no son así, pues no estamos en democracia, sino en un autoritarismo de partidos y, para colmo, plutocrático.

Y todo esto, como decía Nexus 6, se "perderá como lágrimas en la lluvia". El sistema educativo no es que carezca de valores, sino que ha optado por los valores del mercado. Y al mercado no le interesa la tradición de la cual procede todo nuestro conocimiento, humanístico y científico, en el fondo todo es humano, sino que sólo le interesa el valor de cambio. Y, por ello, igual que no le interesa la tradición, pues tampoco le interesan los conocimiento y, de esta manera, los va devaluando y convirtiendo en utilidades, ahora llamadas, muy en la jerga mercantilista, competencias. Pronto este cuadro no se entenderá, bueno, apuesto que una inmensa mayoría ya no lo entiende, ni falta que le hace, en el mundo plano de un único valor y simplificado que hemos creado.

EEUU y Occidente son cómplices de los crímenes de guerra de Israel contra los palestinos. Los Estados Unidos vetan en las NNUU la investigación de los crímenes de guerra. Pero el problema es mucho más de fondo. Es el comercio de armamentos que supone para los EEUU mantener latente el conflicto. Además de funcionar como aviso para los “insurrectos” árabes, que, mira por dónde, son los que tienen el petróleo. Los EEUU están en su derrumbe y siendo sustituidos por las economías emergentes, con China a la cabeza. Pero morirán matando. Occidente nunca fue la alternativa política e ideológica al socialismo soviético y, menos, al socialismo como tal. Eso es lo que nos hicieron creer. Occidente, con los EEUUU a la cabeza, representaron otra forma de mantener el colonialismo por la vía de la tiranía capitalista. Eso de la democracia no fue más que el envoltorio ideológico. Sí es cierto que hubo una socialdemocracia, después una mera democracia formal, ahora ya casi ni eso, en los países occidentales, pero a costa del intervencionismo en otros estados y del espolio del tercer mundo. Además del control geoestratégico de los países con los recursos energéticos que permitían el progreso y desarrollo económico del primer mundo. Un crecimiento económico que no es más que un mito basado en el mito del progreso. Pero esto es ya otra historia.

Y concluyo lo anterior.

Gobernados por caciques y con un pueblo vasallo. Y sin posible solución. Porque ésta únicamente puede venir de la educación, pero ésta ha caído en manos del mercado y de la ideología pedagógica. De ello saldrá un país de incultos y sumisos, mano de obra barata para Europa y las multinacionales del mundo. Y un país de servicios. Turísticos, se entiende.

Y España perdió la sabiduría griega que habían traído los árabes desde Bagda, y la propia sabiduría árabe, cuando fueron expulsados de Al-Ándalus. Y después perderíamos la sabiduría de los judíos, por el mismo motivo. Así esto se convirtió en un erial dominado por la iglesia y la inquisición, vamos la ignorancia y el miedo hasta la muerte de Franco, salvo algunos periodos brillantes. El siglo de oro surge contra todo aquello, como la generación del 98 y la del 27. El arte dio cobijo a la genialidad. La ciencia y la filosofía no podían expresarse. De ahí que, por aquí, no pasó la Ilustración. Y en esas andamos.

Pues de eso debería tratarse. El político debe estar, por definición, al servicio de la ciudadanía, no del poder. Pero lo que vemos hoy en día, a medida que las democracias han ido degenerando, es que el político es un servidor del Poder y utiliza el poder mediático para engañar a la ciudadanía. De todas formas hay que tener en cuenta que las democracias modernas, tanto la francesa, como la americana, surgen de la burguesía. Es decir, que a ésta, y porque no tiene más remedio, además de que se protege su propiedad privada en nombre de la libertad (sobre todo la americana) le conviene. Desde el inicio la cosa aparece viciada. Pero ha ido a peor. Porque desde el surgimiento de estas democracias ha habido un montón de conquistas sociales que estamos perdiendo y convirtiéndonos de nuevo en esclavos o siervos de la gleba. Es el inicio de una nueva Edad Media. Pero la democracia, igual que degenera, es perfectible. Pero mejorarla depende de la ciudadanía. lo malo es que ésta está aletargada en un sueño profundo.

Pues de eso debería tratarse. El político debe estar, por definición, al servicio de la ciudadanía, no del poder. Pero lo que vemos hoy en día, a medida que las democracias han ido degenerando, es que el político es un servidor del Poder y utiliza el poder mediático para engañar a la ciudadanía. De todas formas hay que tener en cuenta que las democracias modernas, tanto la francesa, como la americana, surgen de la burguesía. Es decir, que a ésta, y porque no tiene más remedio, además de que se protege su propiedad privada en nombre de la libertad (sobre todo la americana) le conviene. Desde el inicio la cosa aparece viciada. Pero ha ido a peor. Porque desde el surgimiento de estas democracias ha habido un montón de conquistas sociales que estamos perdiendo y convirtiéndonos de nuevo en esclavos o siervos de la gleba. Es el inicio de una nueva Edad Media. Pero la democracia, igual que degenera, es perfectible. Pero mejorarla depende de la ciudadanía. lo malo es que ésta está aletargada en un sueño profundo.

Será malnacido e ignorante. (Se refiere a Pujol y sus palabras sobre los andaluces.) Y lo que dice de los andaluces es extensivo a los extremeños, porque allí no se les diferencia. Éste es uno de los representantes de la burguesía catalana independentista que han robado a los mismos trabajadores catalanes, a los andaluces y extremeños que tuvieron que emigrar forzosamente, porque aquí las políticas del dictador no fueron tan benefactoras. Una prueba más de que el independentismo, el nacionalismo, la identidad, no es más que un constructo, una leyenda, que no historia, de la burguesía catalana para acaparar riqueza y poder. Y, si para ello hay que engañar a todo un pueblo y enfrentar a los distintos pueblos de España, pues no pasa nada. Lo que importa es el bolsillo de la burguesía catalana. Y, recuerdo, este señor, por llamarlo de alguna manera, ha estado gobernando con partidos nacionales, PP-PSOE, aprovechando la coyuntura para acaparar más. Todo por una ley electoral injusta hecha a la medida de los grandes y de los nacionalistas, que ni este señor y su partido “nacionalista” (más bien burgués-capitalista) han querido ni quieren cambiar. Y luego todo queda en el mito de que nuestros males (los de los catalanes, o cualquier nacionalista) proceden de otro. Un discurso fácil y supersticioso, como el de la foto, para engañar al pueblo. Sin datos, sin razonamiento. Afirmaciones gratuitas y tópicas.

El caso de Israel es una auténtica vergüenza moral. Se mantiene al margen del derecho internacional, no ha acatado ni una de las resoluciones de la ONU, pero es apoyado por su amigo americano. Israel ha caído en manos de los sionistas, auténticos terroristas. Los palestinos se han defendido, desde hace sesenta años de los sucesivos ataques israelíes, de su expolio y de su confiscación de tierras ocupadas desobedeciendo los mandatos de la ONU. Pero ésta, igual que occidente miraban para otro lado. Los palestinos no son nadie, como pasa con los saharauis, pero el mundo árabe es otra historia, tienen petróleo y no conviene enemistarse demasiado, sólo mantenerlos a raya. Y es lo que se ha hecho con Arabia Saudí, con Irán e Irak, Siria, hay que hacer historia de todo esto. Sin el conocimiento del pasado no entenderemos el presente. A Israel, para ganarse la opinión mundial, que, por lo demás, la tiene perdida, le interesa identificar Israel con el pueblo judío y a éste como la víctima del Holocausto. Esto es mucho más complejo, Israel es más sionista que judía y ésta, como en todos los nacionalismos es la gran mentira, junto con el terrorismo palestino, que nadie niega que no lo haya, para justificar sus crímenes de guerra. Y estos no han sido los primeros, ni serán los últimos. Y, occidente es, a su manera cómplice. Basta ya, de hipocresía y de intelectuales vendidos.

La política en España ha estado basada en la mediocracia, el interés económico, en crear leyes a favor del poderoso y contra el pueblo y en una serie de señores, los políticos, que chulean a la ciudadanía y la desprecian salvo unos días antes de las elecciones. Cae un supuesto icono de la política y la transición. Pero esto es la punta del iceberg. Y, además, ya estamos acostumbrados a la corrupción, a los Fabra, a los Bárcenas, a Filesa, los Gal, a los que pasan de la política a las multinacionales y no quiero seguir. La clase gobernante es absolutamente corrupta e inejemplar y, lo primero que ha de pedírsele a un político es su ejemplaridad pública. Pero no olvidemos que los hemos votado nosotros. Es decir, nuestro único acto democrático ha instalado el autoritarismo de la clase gobernante. Es profundamente necesaria una regeneración democrática que ha de basarse en la ejemplaridad y en la participación ciudadana. Y, para eso hace falta Ilustración y educación. Pero, no hay razones para el optimismo tal y como está la educación.

De la educación a la barbarie y de la barbarie a la educación.

                El futuro de la educación es la barbarie y el origen de cómo está la educación es una concepción y una práctica bárbara de la praxis político-económica. El mundo se ha vuelto plano, unidimensional. Con un solo valor. Hay un régimen universal autoritario que es el mercado. Ese régimen, una distopía, pues nos promete un mundo feliz, un paraíso, pero nos lleva al infierno en cuyas puertas estamos, se extiende por todos los ámbitos de la sociedad. Es la nueva religión sin forma,  líquida, que diría Baumann. Todo esto se transmite por la educación.

                Y comenzó, aquí en España, allá por los años noventa, cuando se implantó la nefasta LOGSE. Aquella ley de los progres, que resultó ser la más reaccionaria de todas las leyes educativas. Una ley que nos preparaba para lo que tenía que venir, no en vano el partido socialista había apostado por el neoliberalismo, que es lo que tenemos ahora. Que no es más que el principio de la barbarie, de una nueva Edad Media. Bajo palabras progresistas, se nos estaba colando un monstruo tremendo en la educación. Se estaba vaciando la educación de contenido y de valores, por mucho que se hablase de educación en valores, eso no era más que ritual. Y entraron los pedagogos a saco, haciendo pasar un saber técnico por ciencia y elevando ésta a la verdad absoluta. Y nos dijeron que lo importante no es el conocer, sino ese famoso galimatías de “aprender a aprender”. Y ahí empieza el vaciado de contenidos. No hay ni que saber para enseñar. De ahí que, después, el famoso Plan Bolonia reduzca las licenciaturas a grados de cuatro años y, ahora, se está probando el de tres. Total, para lo que hay que aprender, si no hay nada que enseñar. Sólo hay un criterio, la adaptabilidad, que llamaban los socialistas. Los de la derecha, que son los mismos, pero más claros, hablan de empleabilidad. De modo que hemos acabado con la educación y la Ilustración. El tribunal de la enseñanza ya no es la razón, es el mercado.

Y los progres, en su afán de igualdad mal entendida, se inventaron la obligatoriedad de la enseñanza, confundiéndola con la universalidad. Y la obligatoriedad trajo la mediocridad. Todo el mundo tiene que pasar, todos tienen que promocionar, como sea, porque la educación es obligatoria. Y el profesor pierde la autoridad, y la falta de respeto y la indisciplina hasta la violencia emerge en las aulas, donde uno, lo que menos se siente es un transmisor del saber y de la tradición. Ya los pedagogos, ideólogos del sistema, habían hecho su trabajo, y habían desacreditado el conocimiento y el saber en pro de la técnica, de un saber hacer, ayudados ahora por las Redentoras Nuevas Tecnologías que sustituirán al viejo profesor y la obsoleta clase “Magistral”. Ya ni siquiera hace falta alcanzar contenidos, sino Competencias. La palabra tiene su enjundia. Una herencia clara de la economía.

                La educación no tiene ningún futuro y a ello hemos contribuido el cuerpo de profesores con nuestra pasividad y desidia. Así se ha iniciado hace décadas la domesticación hacia la barbarie. No obstante, como en la edad Media, el conocimiento permanecerá en manos de unas élites privilegiadas. Nada nuevo bajo el sol. La historia está sembrada de cadáveres en nombre del progreso.

                               Las últimas cuestiones.

                Generalmente vivimos sin cuestionarnos nada, salvo todo aquello que nos es imprescindible para poder vivir, que no es poco. Y dejamos abandonadas aquellas cuestiones que llamamos últimas o profundas y que, por mucho que se ha discutido y teorizado sobre ellas, pues parece que no tienen una clara solución. Esas cuestiones las hemos abordado todos, pero son tema esencial en la vida de científicos, filósofos, artistas, religiosos. Y la cuestión última y central es ¿qué somos?, de las que se derivan otras, como la de la felicidad, la esperanza o la justicia, según seamos o no creyentes, la virtud, el poder… Pero todos se encierran en la primera. Que, a su vez, tendría otra que sería, ¿de dónde venimos?, tanto los seres vivos, como nosotros, puesto que somos parte integrante de esa comunidad.

                Pues bien, dejemos las otras cuestiones y centrémonos en estas dos que son cara y cruz de la misma moneda. ¿Qué somos? Pues somos materia originaria desde el principio del universo, con lo que somos bastante viejos, unos trece mil millones de años, organizada de determinada forma. Organizada de tal manera que, incluso, somos hasta autoconscientes e, incluso, muchos dicen que libres. Y, si no lo fuéramos, la conciencia de libertad no nos la quita nadie y, con ella, todo lo que se deriva: ética, responsabilidad, construcción de nuestra propia existencia, relación con los demás… de modo que eso es lo que somos y venimos del principio de los tiempos. Somos, como decía el cosmólogo Carl Sagan “una voz en la fuga cósmica del universo.” De modo que venimos del origen del universo siguiendo las leyes de la física que conocemos, claro, que esa es otra. Nuestro conocimiento es muy limitado, aunque en otros aspectos nos parezca muy abundante, mientras más ahondemos en los orígenes más incierto, mientras más ahondemos en nuestro cerebro, más cuestiones nos asaltan, pero esto es lo esencial de la ciencia, que además procede por ensayo y error, hipótesis tras hipótesis. La ciencia es conjetura, y mucho más a ciertos niveles. Pues bien, somos parte del universo primitivo, porque nada se crea ni se destruye, que ha tomado una cierta organización y que algún día desaparecerá y eso es la muerte (ya le dedicaremos un artículo a ésta vieja amiga que algún día nos acompañará inexorablemente) Pues en tanto que parte del universo somos la conciencia del propio universo, su propia voz, la única que conozcamos. Habrá más, por supuesto. En este sentido, el conocimiento, y no sólo el científico, sino todas las modalidades que el hombre ha inventado y cultivado, son una forma de esta conciencia.

                Si hacemos como Spinoza y llamamos al universo dios, pues somos parte limitada y mínima de la conciencia de dios. Y, desde este punto de vista, nuestro conocimiento del universo (en todas sus dimensiones: ciencia, arte, filosofía, religión) es un autoconocimiento de dios. Es decir, que el conocimiento es una mística. Cuando el científico se introduce en sus intrincadas ecuaciones y ve la verdad y la belleza de ellas y, después las constata, ha realizado un viaje de iniciación, un viaje místico hacia su interior y hacia el universo. Lo mismo le ocurre al artista: cuando crea un cuadro, una poesía, una obra musical, y la filosofía, cuando piensa sobre el bien, la justicia, la felicidad o intenta tener una visión general del mundo. O al religioso, cuando reza en el mayor recogimiento, o cuando practica la moral universal, la de la compasión. Nuestro viaje cultural, en el fondo, es un viaje hacia nuestro interior, pero que, curiosamente, lo hemos transitado buscando en el exterior. Y lo que buscamos en nuestro exterior es de la misma naturaleza que aquello que hay en nuestro interior. Como ya decía Agustín de Hipona: “La verdad habita dentro de ti.” Otra manera de entender la enseñanza socrática: “conócete a ti mismo.”

                Pero, cambiando de tercio y para ir terminando, de qué somos fruto. Cómo hemos llegado a lo que somos. Pues aquí juega un papel muy importante el azar, entendido como probabilidad. Cada vez la ciencia nos informa mejor de que las leyes que constituyen la naturaleza son probabilísticas y que el azar es una pieza clave dentro del juego de la formulación matemática para entender el universo. De modo que somos fruto del azar. Lo mismo que toda la evolución, que está sometida al azar y la causalidad, eso de no hablar de la contingencia. Como, por ejemplo, si no hubiesen desaparecido los dinosaurios, por poner el ejemplo más clásico, pero hay miles, pues usted y yo no estaríamos aquí. No sé si se hubiese perdido mucho, me temo que no (con todos mis respetos), al contrario. Pero ya que estamos aquí habrá que hacer algo por enmendar el mal que producimos. La moral es otro camino místico de conocimiento.

Vamos a ver, insisto, y Miriam lo ha explicado muy bien. El ser humano en su estado natural, si es que eso existe, no es ni bueno ni malo, ni tiende al bien ni al mal. Ni mucho menos puede ser violento. Todos estos conceptos son culturales, no biológicos. Es lo que he dicho, no se puede predicar del ser (lo biológico) de lo que es el deber ser (la ética y el derecho que forman parte de la cultura) Por eso, estoy absolutamente de acuerdo con el informe de la UNESCO, que además tiene una intención importante que después comentaré, en que no se puede decir que el hombre tenga una tendencia hacia la violencia y la guerra. Ambas cosas son culturales. Ahora bien, podemos hablar de empatía, desde un punto de vista natural, de teoría de la mente (ser capaz de pensar lo que el otro está pensando) y, a todo ello lo podemos llamar altruismo, pero sin dar sentido ético a la palabra. O, también, como otros científicos, Wilson con su “Sociobiología” y “La naturaleza humana”, egoísmo recíproco. Pero tampoco se le puede dar aquí un sentido ético. O como nos habla el gran etólogo Fran der Wall en sus numerosas obras y artículos, entre las que cabe destacar, “Del mono al filósofo”, del fundamento biológico que podemos encontrar en los primates de la conducta moral humana. Encontramos, digamos una protocultura. Y aquí hay que señalar, igual que encontramos, altruismo recíproco, también encontramos agresividad. Y, cuidado, la agresividad es un término que se puede aplicar al ser. El lobo es agresivo, pero no violento. O, como dice el biólogo y catedrático de lógica y filosofía de la ciencia y Presidente del instituto Reina Sofia para el estudio de la violencia en su famoso “La mente de los violentos” dice, en la primera frase del libro “El hombre es agresivo (también altruista) por naturaleza y violento culturalmente” El paréntesis lo he añadido yo para señalar que no sólo es agresivo. Lo que ocurre es que en el libro pretende explicar la violencia, sobre todo la de los asesinos en serie. Los llamados sociópatas y psicópatas. La lectura de este librito es esencial para entender los mecanismos neuronales que se ponen en funcionamiento con la violencia, o los mecanismos que no funcionan, como la desunión entre los lóbulos frontales y temporales con respecto al sistema límbico.

En fin, lo de la UNESCO tiene un sentido político y ético muy importante y por eso me alegro que lo hayas citado aquí. Y es el de advertirnos de que la violencia es un producto cultural, que no está basada ni explicada por teorías científicas. Estas teorías científicas, como la teoría de la evolución, la del gen egoísta o toda la sociobiología o psicología evolutiva, entre otras, no hablan para nada de violencia. Lo que ocurre es que son utilizadas ideológicamente, porque la ciencia no es neutral, es un producto social, por grupos que, por el interés que sea, quieren justificar la violencia. Pero, como sabemos, la violencia es injustificable, tanto desde el punto de vista de la ciencia, como desde el de la ética y el derecho. La historia, desde el siglo XIX para acá, nos ha dado muestras de la crueldad y violencia a la que el hombre puede llegar (exterminio, genocidio, tortura) justificándolo desde una lectura interesada tanto de la ciencia, como de la filosofía. Como decía un filósofo español en una conferencia que tuve la oportunidad de escuchar especialista en el judaísmo y el Holocausto: “los judíos ya estaban exterminados en el sistema filosófico hegeliano”. Pues eso. Como ocurre hoy en día con la economía que es utilizada como verdad absoluta, pero sólo una economía, la neoliberal que procede de la escuela austriaca: Hayek… y, posteriormente, del círculo de Chicago, en torno a Friedman y el consenso de Washington, pero no se admiten otras economías alternativas. Pues bien, la economía vigente y hegemónica produce muerte, miseria, hambre y sufrimiento, sin embargo es aceptada políticamente y se aplica sin piedad. Como dice otro economista, contrario a los neoliberales, Stiglitz. La economía neoliberal no es ciencia, sino una religión que tiene un credo y un conjunto de creencias que son las reformas estructurales que se imparten como medicina en los países en crisis, pero que como demuestra la historia, lo que han producido es más miseria. Esto lo dice en “El malestar en la globalización” y los “Felices noventa.” Y este es el sentido, a mi modo de ver, de la declaración de la UNESCO. Un sentido de paz y tolerancia. Dicho de otra manera, podemos llegar a ser violentos, como la historia demuestra con sus cientos de millones de muertos, pero tenemos los instrumentos, éticos y jurídicos, además de un cerebro que no es violento, para no serlo.

Un saludo y muchas gracias por tu puntualización.

 

La felicidad es la culminación del conocimiento de uno mismo y de la naturaleza. Conocimiento de uno mismo que es el de nuestros afectos y tal conocimiento nos lleva a su dominio según la razón. Y en ello consiste la virtud. Pero cuando se alcanza la virtud, se es sabio (alegría o contento del ánimo) Pero es que además hemos alcanzado la libertad. Porque la libertad es vivir conforme a la razón que no es más, ni menos, que el dominio de las emociones y sentimientos (afectos, en el lenguaje de Spinoza). Pero todo ello requiere un tremendo esfuerzo. ¿Quién ha dicho que ser sabio esté al alcance de la mano? ¿Quién conoce a un sabio: hombre feliz, libre y digno? Todo lo contrario de lo que se nos promete desde las nuevas pedagogías y ahora desde esa falsa teoría, un mito, del buen salvaje. Del niño bueno pervertido por la sociedad. No, y mil veces no. Esto no es más que patrañas del poder transmitidas por una falsa ciencia, la pedagogía y por el mito cientificista, que una vez introducidas en la educación por la vía de la educación emocional y en “Valores” lo que genera es adaptabilidad, flexibilidad, sumisión al sistema y empleabilidad. En definitiva: ignorancia y servidumbre. El plan lleva en marcha más de cuarenta años.

Y concluye la Ética de Spinoza con el siguiente escolio.

“Escolio. Con esto concluyo todo lo que quería mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y la libertad del alma. En virtud de ello, es evidente cuánto vale el sabio, y cuánto más poderoso es que el ignaro, que actúa sólo movido por la concupiscencia. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de muchos modos por las causas exteriores y de no poseer jamás el verdadero contento del ánimo, vive, además, casi inconsciente de sí mismo, de dios y de las cosas, y, tan pronto como deja de padecer, deja también de ser. El sabio, por el contrario, considerado en cuanto tal, apenas experimenta conmociones del ánimo, sino que, consciente de sí mismo, de dios y de las cosas con arreglo a una cierta necesidad eterna, nunca deja de ser, sino que siempre posee el verdadero contento del ánimo. Si la vía que, según he mostrado, conduce a ese logro parece muy ardua, es posible hallarla, sin embargo. Y arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto: si la salvación (léase: felicidad, virtud, libertad) estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin ningún trabajo cómo podría suceder que casi todos la desdeñen? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro.” op. cit. 392 El paréntesis es mío.

Para aquellos que creen haber descubierto el Mediterráneo con lo de la inteligencia emocional y, peor aún, con la educación emocional. Y no es que yo esté en contra de ello, pero es que el tema ya estaba desarrollado desde Aristóteles y llega a su culminación con la ética de Spinoza. Dejo aquí algunas afirmaciones de este filósofo genial que abrió las puertas de la Ilustración, en lo político con su idea de tolerancia desarrollada en su “Tratado teológico político” y en lo científico, con su “Ética demostrada según el orden geométrico”, no hay que olvidar que los dos primeros capítulos están dedicados a Dios y al conocimiento y que dios es, para el filósofo, la naturaleza. Y que, por otro lado la máxima alegría del hombre, su felicidad y libertad, consisten en el conocimiento de dios, la naturaleza, que en definitiva es un autoconocimiento puesto que el hombre es un modo de la naturaleza. Dicho con lenguaje más moderno, las partículas elementales que nos componen tienen trece mil millones de años, los mismos que el universo (por el principio de conservación de la materia y energía) y han adoptado, momentáneamente, este modo de ser. Por ello el conocimiento científico es un modo de acceso al conocimiento de nosotros mismos y de la divinidad, naturaleza (Universo). De ahí que sea  la máxima alegría del hombre. Ahora bien, este conocimiento debe ser dirigido por la razón. Las emociones, afectos, que los llama el filósofo, son ciegas (y esto último lo añado yo) Todos los textos pertenecen al libro cuarto de la Ética, titulado “De la servidumbre humana o de la fuerza de los afectos”

“Y así, cuanto más nos esforzamos en vivir bajo la guía de la razón, tanto más nos esforzamos en no depender de la esperanza, librarnos del miedo, tener el mayor imperio posible sobre la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme al seguro consejo de la razón.”

“Quien vive bajo la guía de la razón se esfuerza cuanto puede en compensar, con amor o generosidad, el odio, la ira, el desprecio, etc…que otro le tiene.”

“Al deseo por el cual se siente obligado el hombre que vive según la guía de la razón a unirse por amistad a los demás, lo llamo honradez, y llamo honroso, lo que alaban los hombres que viven según la guía de la razón, y deshonroso, por el contrario, a lo que se opone al establecimiento de la amistad…la verdadera virtud no es otra cosa que vivir conforme a la guía de la razón.”

“El bien que apetece para sí todo el que sigue la virtud, lo deseará también para los demás hombres, y tanto más cuanto más conocimiento tenga de Dios”

No olvidar que dios en Spinoza es la naturaleza o el universo. Teoría panteísta. Y no olvidar que la virtud es vivir conforme a la razón y vivir conforme a la razón es dominar los afectos para no ser presa de su servidumbre. Esto es una verdadera educación emocional. No lo que se nos vende ahora, como creatividad, dar rienda suelta a las emociones. Como si eso fuese la libertad. Basándose en una supuesta bondad originaria del hombre. Otro mito, que el mismo Spinoza, sin darse cuenta, y en el mismo capítulo destruye. Pongo la referencia (para aquellos que tengan aún una cultura libresca y no epidérmica basada en Internet, post (comentarios, vaya) o papers (artículos de toda la vida, vamos) porque la cita es muy larga: Escolio II a la Proposición XXXVII p 303 de la tercera edición de Vidal Peña, Editora Nacional, Madrid, 1980. La lectura de este Escolio es absolutamente necesaria para el tema de la bondad originaria. Quedan claros: el concepto de naturaleza, que en este estado, el de naturaleza, no existe ni el bien ni el mal, porque no hay leyes (es un adelanto al concepto de falacia naturalista: no podemos predicar del ser algo que corresponde al deber ser: la ética y el derecho) y tres, la necesidad de las leyes en la sociedad civil para regular la natural (empatía diríamos hoy) sociabilidad del hombre. Ahora bien, estas leyes vienen dictadas por la razón. Y, tanto de nuestro comportamiento con respecto a ellas, como de las propias normas morales y leyes, si podemos decir si son buenas o malas, perversas o tolerantes… Y ahí está el trabajo de nuestra praxis política: intentar cambiar lo que nos parece injusto.

Qué somos, ¿naturaleza o cultura o ambas retroalimentadas? En todo caso la forma cultural hegemónica es intrínsecamente perversa. Y, lo que somos, como decía Carlos Paris en su “Animal cultural”, es eso una fusión entre naturaleza y cultura, siendo la naturaleza, lo biológico, la condición de posibilidad de lo cultural. Pero, una vez que emerge la cultura forma con la naturaleza lo que Aristóteles y luego Ortega, llamaron nuestra segunda naturaleza. La perversión humana, por tanto, es achacable tanto a lo biológico como a lo cultural, porque lo uno no puede entenderse sin lo otro ni a la inversa. Y, a la luz de esto, miremos la historia de la humanidad y contemplemos los millones de cadáveres en las cunetas y el terrible sufrimiento humano infligido al hombre por el propio hombre. Creo que no hay razones para el optimismo ni, menos, para ese mito que nos quieren hacer tragar los nuevos pedagogos y psicólogos del buen salvaje. Ni el propio Rousseau se lo creyó y fue su creador. En “Emilio o de la educación” asegura que es imposible la educación de las emociones sin la virtud entendiendo ésta en su sentido latino: fortaleza, ejercicio, esfuerzo, disciplina.

 

Buen filón que ha encontrado el capital para extender sus garras. A través de la ideología del emprendimiento el mercado se extiende y siembra el mito del crecimiento y el progreso por doquier (especialmente el tercer mundo: otra colonización). Las Nuevas tecnologías más la actitud emprendedora son el nuevo mesianismo de la nueva religión, la salvación. Quien no se suba al carro, se queda atrás y sucumbe. Pues yo digo como decía aquel: “que se pare el mundo que me quiero bajar”. Ya no es que sea inmoral, es que es feo o, peor, esperpéntico.

 

Por mucho que nos empeñemos la soledad es nuestro destino. No hay comunicación plena, no hay posibilidad de sentir lo que siente el otro. Vivimos solos entre la multitud, para morir solos ante lo inefable.

No sólo es la desaparición de la filosofía sino de todas las humanidades y el saber científico teórico o puro: matemáticas, física, biología y química. Es la muerte del humanismo. No olvidemos que todo esto iba y resurgió como una unidad, no cosas unidas, en el Renacimiento y la actitud del Renacimiento era la humanista. Que después cuaja en la Ilustración. Pero el saber teórico, igual que surge, muere. Y eso es lo que está ocurriendo hoy en día. Y la causa es el fanatismo. En otro tiempo, Alejandría, fue el fanatismo religioso. Hoy en día es el fanatismo del mercado, el pragmatismo y la utilidad. Y eso es lo que tenemos. Pero, claro, sin la actitud humanista lo que nos queda es la barbarie a la que ha ayudado mucho, no sólo la ideología del mercado, sino también la filosofía o el pensamiento posmoderno. Más bien, la ausencia del pensamiento.

La esperanza es intrínseca a la naturaleza humana. Es lo que nos permite sobrevivir por encima de nuestra propia finitud. Pero si perdemos los referentes de la esperanza: primero perdimos a dios, en manos de los ateísmos, luego la justicia, la verdad y la bondad, en manos de la posmodernidad, entonces nos hundimos en la miseria del nihilismo, la desesperación y el relativismo. A menos que optemos por un escepticismo esperanzado.

                Dos fascismos recorren Europa.

 

Es conocido que el Manifiesto Comunista comienza con la frase: un fantasma recorre Europa, es el fantasma del comunismo. Pues hoy en día son dos los fantasmas, aliados entre sí, y además, destructivos de todo lo que es Europa y de las máximas conquistas de la humanidad. Esos fantasmas son: el fascismo neoliberal y el fascismo político. Incluso podemos hablar de la cara y la cruz de una misma moneda. Si estos fantasmas toman cuerpo y se hacen totalmente reales, Europa está acabada y nos habremos sumergido en la barbarie, el odio y el totalitarismo.

                El neoliberalismo es un fascismo porque es una forma totalitaria de gobierno. La intención del neoliberalismo es, en pro de la supuesta libertad del individuo y, por ello, su supremacía sobre el estado, la acumulación de las riquezas en las manos de los más fuertes económicamente. Es una ultradefensa del capitalismo que se alimenta de un ataque al estado y a todo lo que él representa en tanto que salvaguarda de los derechos civiles: libertad, igualdad, fraternidad, sociales: educación y sanidad y sociales: vivienda y trabajo. Nos engañan con que este estado es un estado protector que engaña al individuo y lo aniquila, cuando realmente es el que salvaguarda su libertad. El neoliberalismo es un reduccionismo económico. La libertad no tiene ningún sentido para él. No es más que la libertad del mercado, del tener, del dinero. Que, por otro lado, no es una libertad, sino una esclavitud. Esa libertad es una ficción. Porque la libertad no consiste en el tener, sino en el ser. Por eso la intención del fascismo neoliberal es la de crear una ideología del deseo. Por otra parte, la ideología neoliberal es reduccionista, elimina todos los valores, salvo el valor del mercado. Eso implica que la libertad es ficticia, porque es la libertad del mercado y ésta no es ni libertad ni nada, es desigualdad. Porque la libertad consiste en comprar, poseer. Pero el dinero es el límite de mi posesión, luego soy esclavo. Pero aún peor, soy esclavo de mis deseos. De lo que la sociedad del hiperconsumo me obliga a poseer. Porque es esta sociedad la que produce mi sistema de valores con el que yo veo el mundo y esos valores son engañosos y reduccionistas: son los del mercado, la juventud, el éxito y el tener. Y esto genera a una serie de individuos, que aun creyéndose ciudadanos son vasallos satisfechos que sólo son capaces de ver su propio deseo, su propio ombligo. Esto impide la capacidad crítica; impide la posibilidad de ver al poder de forma crítica. Al contrario, se le rinde vasallaje. Es una forma sutil, pero perfecta de esclavismo.

                Pero la situación de bienestar absoluto, de crecimiento desmesurado, no podía durar siempre. De ahí, que desde el final de los años noventa se produzcan una serie de crisis económicas, tanto en EEUU, como en Europa. Y las fórmulas para salir de esta crisis ha sido el ultraliberalismo. La eliminación de lo que quedaba de socialdemocracia y, sobre todo, de socialismo. La derecha económica ha triunfado en Europa. Y con ella ha arrastrado nuestras mayores conquistas, que son la democracia y los derechos humanos. Pero no sólo esto, sino que ha traído la pobreza, la miseria, la desigualdad, la indigencia, la inhumanidad… Ha fracasado estrepitosamente. Pero sigue insistiendo en su política, porque su intención es el dominio de Europa, por parte de los países céntricos, con respecto a los del sur. Es un nuevo imperialismo alemán en el que los países periféricos quedan relegados al sector servicio y a la recolección de mano de obra barata y, de momento, especializada. Pero éste es otro tema. Lo que ha traído consigo el fracaso de las políticas neoliberales es el fascismo político: el totalitarismo. Ante los problemas de paro, miseria, pobreza, se responde, no con un discurso social. Sino con un discurso excluyente: xenofobia, nacionalismo, exaltación de los pueblos y las razas…que ha de ser dirigido por caudillos salvadores. Y el régimen que deben imponer es el totalitario. Este fantasma se extiende por Europa haciéndose realidad velozmente. Arremete contra la democracia, contra el ciudadano, contra la dignidad. Es un movimiento mesiánico que necesita sus sacrificios. Bueno, como mesiánico es también el neoliberalismo. Y es la otra cara de la misma moneda. Dos ideologías para un mismo sistema: la posmoderna y la fascista. Pero ambas son reconvertibles y están a un paso. La una, el posmodernismo relativista, nos lleva a la otra. Si todo vale, que es el lema del posmodernismo (ideología neoliberal creadora de zombis) entonces la opinión que más vale (porque ya no hay ni ideas ni ideales, solo creencias, opiniones y mitos) es la del más fuerte. Y entonces se instaura el totalitarismo, el régimen del terror y la barbarie. Pensemos y pongamos nuestro empeño en volver a los orígenes de Europa: Grecia, Jerusalén, el Renacimiento, el Humanismo y la Ilustración o Europa será un erial de barbarie.

                Desde la perspectiva de la muerte.

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
  contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
  tan callando;
  cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
  da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
  fue mejor.

               

  Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
  y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
  las perdemos.
  Dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
  que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
  desfallescen.

Jorge Manrique. Coplas a la muerte de su padre.

                De nuevo el tema de la muerte al que nunca se puede ser ajeno. Ya lo decía Platón, filosofar es prepararse para la muerte, pero un sabio Spinoza nos decía desde su alegría intelectual, que en nada piensa menos el sabio que en la muerte. De cualquiera de las maneras la muerte es un tema eterno e inevitable. Tan inevitable como el que la muerte es algo inminente. Algo que está ahí, y que, de alguna manera pone sentido a la vida. La vida sin muerte no tiene sentido. Lo mismo que la vida, conocida la fecha y causa de la muerte, tampoco tiene sentido. Conocemos de la muerte lo justo para que nos dé el sentido de nuestra existencia: que vamos a morir. “Morir tenemos, ya lo sabemos” que dicen los monjes de clausura con juramente de silencio, salvo este saludo. Lo cual nos recuerda que hay que tener presente el recuerdo de la muerte.

                Ya decía también Heidegger que somos seres avocados a la muerte, que ese es nuestro sentido y nuestra angustia. Porque eso nos marca un tiempo, nos hace temporales. Convierte nuestro ser en un existir. En la medida que tomamos conciencia de nuestra mortalidad, la tomamos de nuestra limitación y finitud. Pero el hombre aspira a lo contrario, a lo infinito, a persistir. Por volver a Spinoza, todo ser intenta permanecer en su ser. Y el hombre no iba a ser menos, lo que ocurre es que nosotros procuramos permanecer en nuestro existir. Lo cual es una contradicción, y eso genera nuestra angustia metafísica, porque en el existir va la muerte implícita, como la conciencia. Una piedra es, una persona existe. Dios, en el caso improbable de su existencia sería un ser en el que esencia y existencia, como decían los escolásticos, coincidiría. Su ser y su existir serían lo mismo: ser necesario, es decir, que no puede dejar de ser. Pero, de todos modos, como decía Borges, creo, la teología es un género de ficción. Así que ciñámonos a la antropología. No tendríamos proyectos, ni nos interesaría el futuro, sin el conocimiento, más o menos consciente, de nuestra propia muerte. Sin la consciencia de nuestra temporalidad o de ser seres arrojados, literalmente, en el tiempo o en nuestro existir. Somos arrojados al tiempo y nos las tenemos que arreglar como podamos. Y no hay ni manual de instrucciones ni repetición de la jugada. Estamos dotados de emociones, sentimientos, razón y memoria y a partir de ello, haciendo un uso supuesto de la libertad, libertad condicionada, debemos construir nuestra existencia que, inexorablemente, está abocada a la extinción. La muerte es pasar del todo a la nada, del ser al no ser, de ser uno (tener consciencia) a ser muchos (todas aquellas individualidades que nos componen y aquellas que el propio proceso de descomposición (putrefacción) generan. Y esa nada vuelve al todo a través de un conjunto de reacciones físico-químicas. Porque nada se crea ni se destruye, sino que se transforma. Pero la unidad sistémica que nos constituía como un yo desaparece para siempre. Vence el principio de entropía. Todo tiende al mínimo estado de energía. La muerte es menor energía que la vida, como lo frío lo es de lo caliente. Y nos aferramos a nuestro cuerpo inservible y caduco como tabla de náufrago. Aquella tabla de náufrago en la que hemos navegado desde que nacimos y en la que nos hemos afanado. Pero esa tabla se ha ido desgastando, se ha convertido en añicos.

                Y esto si hablamos de nuestro yo biológico al que vemos a diario deteriorarse. A nuestro yo psicológico y cultural le ocurre lo mismo. Por eso es que los viejos se quejan de la falta de ganas, y no es sólo porque el cuerpo, como se dice, no les acompañe, es que realmente nuestra voluntad se va extinguiendo. A pesar de que queremos persistir en el ser, no morir, porque es un imperativo biológico. Pero la vejez conlleva la desgana, la dependencia, la humillación, la perspectiva de nuestra falta de autonomía, la mirada a la muerte frente a frente cada mañana, como si fuese un milagro el haber sobrevivido un día más. Y todo se va perdiendo, y todo va careciendo de importancia, todo se vuelve plano y gris. Por eso el viejo siente la soledad, huye de ella porque le enfrenta a la muerte. Porque el viejo empieza a carecer de horizontes, porque empieza a ver claro que su único horizonte es la muerte. La vida, el tiempo, su biografía ha sido un eterno dejar, un dejar aquello que no se eligió, o que no se pudo elegir, la vida se contempla como un camino de bifurcaciones no vividas, con lo cual se transforma en una línea que es, se supone, el sentido que quisimos darle a ella desde nuestra libertad. La vida como tarea, que decía Ortega. Pero ya no hay tarea, hay una espera desesperada. Es lo común, hay viejos esperanzados y con proyectos y tareas, quien ha dicho que no. Porque uno de sus proyectos ha sido hacer de la vida un proyecto, una pasión, una tarea y no pensar en la muerte porque alcanzaron la sabiduría, o bien naturalmente, o bien, por medio del estudio y la reflexión.

                Pero decía que lo íbamos abandonando todo, lo que fuimos, lo que construimos, los hijos que tuvimos, las amistades y enemistades, las riquezas y posesiones. Todo se va alejando poco a poco de nosotros. Y aquí quería llegar para mirar la vida desde la perspectiva de la muerte y que nos sirva como experiencia y aprendizaje filosófico. La muerte es la nada, la ausencia de sentimientos y de un yo que es el que alberga los sentimientos. La muerte, en este sentido es la serenidad. Y, con el tiempo, será el olvido. Todos seremos olvidados. Algunos serán reconocidos por sus obras en los distintos ámbitos de la cultura. Pero existencialmente son olvidados. Los muertos, de alguna manera, persisten en la memoria de los vivos, pero cuando estos mueren, desaparecen. No está mal que queden las obras de uno, que de alguna manera expresan lo que fueron. Pero esto no es inmortalidad si no hay un yo que sea su sustrato, ese yo es el que desaparece con la muerte. Acumular conocimientos tampoco nos sirve entonces, ya nos lo dice el Eclesiastés. Todo empeño en acumular, ya sean bienes materiales, como espirituales no es más que vanidad de vanidades. Pues bien, la muerte es la expresión de la serenidad, aunque no exista un yo y del olvido. Dentro de cien años nadie nos recordará, ni sabrá de nuestras pasiones, de nuestros celos, rencores, amores, odios, diversiones aficiones. La vida es un frenesí que nos arrolla hacia la muerte. Frenesí del que no queda nada. Pues sería interesante mirar a la vida desde esta perspectiva, desde la perspectiva de la nada. Desde la perspectiva de la inevitabilidad de la nada, desde esa nada que es la ausencia de pasiones. Y es esa nada la que debemos vivir como anticipo en nuestra vida. Nada importa, porque todo pasa inevitablemente, inexorablemente. Nos vamos haciendo viejos y caducos. Si anulamos nuestro yo, como nos recomiendan los viejos sabios y algunas religiones encomiables, recuperaremos nuestro ser. Ya decíamos que el hombre no tiene ser, sino existencia. Pero es que nuestra existencia es fruto de la temporalidad y ésta del deseo. Y el deseo constituye el yo. Si abandonamos, mirándonos a nosotros mismos desde la perspectiva inexorable de la muerte, desde la única certeza que tenemos, que vamos a morir, tarde o temprano, todo deseo, entonces abandonamos la existencia. No existimos, sino que somos. Y, quizás, nos quede la alegría intelectual de la que hablaba el gran sabio, Sapinoza, de vivir, simplemente. Escapar de la rueda de la existencia es escapar del imperativo del deseo, de nuestro propio yo que se alimenta de pasiones. Pero sólo son lícitas las pasiones adecuadas, aquellas que consideramos buenas, como la alegría, que es el pilar. Por eso una mirada de la vida desde la perspectiva de la muerte es terapéutica. Nos reconcilia con la nada, con el olvido, lima las asperezas de la vida, elimina o apacigua los deseos, tranquiliza cuando estamos desasosegados, porque nos recuerda que todo tiene un final. Por eso una buena vejez, la que es una culminación de una vida buena, nos reconcilia con la vida, nos da la serenidad, porque hemos perdido el fuego de los sentimientos. La serenidad de la muerte nos hace percibir la vida y nuestra existencia, como lo que es, apariencia, un afán inútil, una lucha perdida. Sólo los sentimientos nobles nos pueden ayudar a vivir, todo lo demás es superfluo. Desde la serenidad de la muerte, los altibajos de los deseos no existen, la vida aparece plana. Pensar en la muerte tranquiliza, como un narcótico que nos hunde en la nada del sueño al que nos dirigimos y que encima no sabemos cuándo va a llegar. Todo sufrimiento es inútil. Pasado el tiempo forma parte de nuestra memoria, como nostalgia, como una herida, mal o bien cicatrizada, depende de la sabiduría que hayamos tenido a la hora de resolver el trauma. Sartre decía que la vida era una pasión inútil, pienso que no tiene porqué serlo. Hay que fomentar los afectos (sentimientos) positivos, aquellos que nos encaminan al bien y no producen sufrimiento. Pero no hay que estar atados a nada, puesto que los sentimiento, y aquí no somos libres, los tenemos, más bien nos tienen. Desprenderse de ellos y verlos desde la perspectiva de la muerte, de la nada, es de lo que se trata. O disolverse en ellos hasta convertirse en su dueño, puesto que ya que no somos libres de tener sentimientos de lo que se trata es de dominarlos. No se trata de eliminar la tristeza o no, sino de ser dueño de ella, de sumergirte en ella sin ser absorbido, de no negarla, porque es tu propia naturaleza. Y la tristeza, la melancolía, en su justa medida, no son malos afectos, no son como la ira, el odio,…estos sí destruyen el ser, son un cáncer del alma. Y son estos sentimientos destructivos, que nos producen infelicidad, los que deben ser mirados desde la perspectiva de la muerte, la nada y el olvido. Quién recordará dentro de cien años el objeto de nuestra ira, de nuestro desprecio, de nuestra indiferencia, que nos corroe ahora. Ahora bien, todo sentimiento que participe en la alegría (que es el objeto propio del vivir), como la amistad, el respeto, el amor, la justicia, la templanza, la buena educación…no deben ser rechazados, sino fomentados, siempre y cuando nosotros seamos los dueños. Porque con el tiempo también serán nada. Y la muerte –desde su perspectiva- debe enseñarnos a desprendernos de todo. Y en esta tarea consiste prepararse para la muerte, que decía Platón. Y cuando uno ya está preparado, pues en nada piensa menos que en la muerte (porque vive desde la perspectiva de ella: desde el todo y la nada, que  vienen a ser lo mismo) como decía Spinoza. Y así quedan nuestros dos sabios reconciliados en su pensamiento sobre la muerte y nosotros, espero, con la vida.

 

 

Donde habite el olvido.

 

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.


Luis Cernuda.

 

El pensamiento del poder.

 

“La filosofía es considerada por la gente común como chorrada, por los sabios como "algo que está ahí" y por los gobernantes como absurda.”

                Hace poco apareció este comentario en mi muro de Facebook. Claramente era un comentario dirigido contra mí y mi actividad como filósofo. Pero a mí me parece que la frase tiene mucha más enjundia de la que el autor le daba y su intencionalidad, que a estas alturas, pues es algo que no me quita el sueño. De entrada cambiaría la palabra filosofía por la de pensamiento crítico, para no confundir la filosofía como profesión y algo a lo que se dedican unos pocos, con el pensamiento crítico que es, o más bien debería ser, propiedad de todos los ciudadanos. En segundo lugar, cambiaría sobre todo la tercera parte de la sentencia. Al poder el pensamiento no le resulta absurdo, es más, lo tiene en gran valía y vive de él y controla a partir de él. Y eso es lo que quiero demostrar. De modo que la tercera parte quedaría de este modo: al poder le parece inútil y peligroso. Tampoco concuerdo con la segunda parte, pero no es objeto de esta reflexión.

El pensamiento, o la filosofía siempre existen. Es un bucle del que no nos podemos librar. La crítica al pensamiento crítico es una forma más de pensamiento. Ahora bien, aquí hay una cuestión importante. Al poder no le interesa el pensamiento crítico, que tiene como característica esencial: la disidencia, heterodoxia e inconformismo. Es la enseñanza del maestro Sócrates al que le costó la vida. La primera víctima del pensamiento libre frente al poder. Por eso al poder el pensamiento no le parece absurdo, sino peligroso. Se dice también que “a la gente común la filosofía le parece una chorrada”. Bueno, habría que mirar las acepciones de chorrada, pero nos quedamos con la de tontería o sinsentido o estupidez con la que se pueda perder el tiempo. Absolutamente de acuerdo. Y no sólo a gente común, sino muchos altos cargos de la administración, por ejemplo en educación, y de la economía y del poder político mismo, cuajado de ignorantes. Pero no es que la gente común y demás personal indocumentado que piensa de tal forma, lo piensen autónomamente, de forma libre. Es decir, que no han llegado a tan magistral idea después de un largo estudio de años de toda nuestra tradición occidental filosófica, científica, humanista, artística, política, y tras una larga reflexión y, con dudas, y la máxima prudencia enuncian tal sentencia. No, dicho exabrupto nace de la plena ignorancia, del vacío de conocimientos y de la domesticación. Dicho de otra manera, otros, más listos, que ocupan el poder y quieren seguir ocupándolo y que están muy bien formados en ciencias, filosofía, economía y humanidades, saben que lo importante es que el pueblo piense que pensar críticamente es una tontería, una chorrada, una pérdida de tiempo. Esta crítica es vieja. Ya aparece en El Gorgias de Platón cuando a Sócrates se le acusa de dedicarse a la filosofía a su edad, que eso es cosa de la juventud. Pero que, pasada ésta, hay que dedicarse a cosas más serias y productivas. El poder elabora todo un pensamiento, harto complejo, del que a la sociedad llegan una serie de máximas que él asume, desde su ignorancia, y las defiende dogmáticamente cual si fueran creencias. Y, todo ello, desde la idea de la libertad de expresión y la equivalencia de las opiniones. Ni hay libertad de expresión: sino regurgitar lo que el poder transmite por los medios de desinformación de masas, ni hay equivalencia de opiniones. Éste es el engaño, para el populacho, la chusma (recuerdo que fueron los filósofos los que rescataron al pueblo de ser considerados chusma a ser considerados ciudadanos y sujetos de dignidad. Ojala todas las chorradas fuesen como ésta) que el poder utiliza para evitar la tentación del pensamiento crítico en el que las opiniones se confrontan, de ninguna manera son equivalentes.

Por último, al poder le interesa que el pueblo piense que las humanidades, la filosofía, el pensamiento crítico, sean cosas inútiles. Efectivamente. Desde el pensamiento (filosofía) sobre la que se cimenta la sociedad en la que vivimos el pensamiento crítico es inútil, como un poema, una novela, la historia, toda la tradición humanística, los derechos humanos, la democracia. Porque todos estos valores son éticos y políticos, no se pueden cambiar en el mercado, no tienen valor mercantil. Por eso mismo son peligrosos porque lo que queremos es construir una sociedad reducida al mercado. De ahí que al poder le interese ofrecer la imagen de saber absurdo, porque quieren hacernos ver que lo único que tiene sentido es lo económico. Pero resulta que, el pensamiento crítico, las humanidades, lo que hacen y han hecho durante siglos es convertirnos en humanos, civilizarnos. Sacarnos de la barbarie. Por eso, hoy en día, estamos en peligro de caer en la barbarie. Y la sentencia que encabeza este escrito lo demuestra.

                               Chil Rajchman. Treblinka. Seix Barral. 2014.

Un viaje a la condición humana: olvido, deshumanización, esperanza.

                Una nueva obra sobre el Holocausto. Pero como toda obra nueva sobre el tema es absolutamente actual. Porque en definitiva se habla de la condición humana, de su universalidad, de la capacidad intrínseca de producir el mal, de la supervivencia, de la despersonalización, del fracaso del hombre, también de su superación, su esperanza y desesperación. Una obra absolutamente desencarnada. Una descripción aséptica de lo que ocurría en el campo de concentración de Treblinka contado por un superviviente. Un campo destinado a la muerte. En el que observamos toda la maquinaria racional y tecnológica puesta al servicio del exterminio del hombre por el propio hombre.

                Un exterminio que comienza por la deshumanización. Se trata de convertir en cosa, en objeto al hombre. De esa manera la empatía que pudiese producir su sufrimiento queda anulada. Pero esa despersonalización no es sólo de cara al verdugo, sino que se produce en la propia víctima. Ésta al ser despojada de sus posesiones al llegar al campo, al ser desnudados, pierde su dignidad y se encaminan como animales dóciles, como ganado, al matadero, asumiendo sumisamente su destino. Otro factor interesante de esta maquinaria de exterminio y despersonalización es que el trabajo  de toda la cadena que configura el plan de exterminio lo llevan a cabo los mismos que, tarde o temprano, serán exterminados. Los verdugos, los asesinos, como son llamados en la obra, único juicio de valor, el resto es descripción, un diario, por eso es desolador, se encargan de la vigilancia y de eliminar a todo aquel que se salga de las normas. O, simplemente, por puro capricho o diversión son eliminados de mil y una maneras para ver cuál es la mejor.

                Y curioso es también como se llega a los campos de exterminio. Hay dos tipos fundamentales. A aquellos que se les ha prometido un trabajo, que vienen de los guetos y que ya, de alguna manera se barruntan lo peor, y que al llegar, si no han muerto o han sido asesinados en el tren donde han sido obligados a subir con todas sus posesiones, para después serles expoliadas, van a ser divididos y separados, hombres de mujeres, padres e hijos. Nada tiene sentido social ni moral. Son objetos y así han de ser tratados. Van a ser exterminados. Pero en todo este proceso se les sacará incluso su rendimiento. Se les confiscará la ropa, las joyas, el dinero y todas sus posesiones. Y después de pasar por las cámaras de gas serán desposeídos de sus piezas de valor, como dientes de oro o plata, que serán arrancados de cuajo, por sus mismos compañeros, esos que antes han tomado sus ropas y las han ordenado, quienes los han rapado, porque su pelo también será aprovechado. Por eso muchos de los presos acaban en el suicidio. Cada mañana aparecen como mínimo dos o tres ahorcados en los barracones. U otra forma de suicidio, incumplir las normas para que los guardianes los eliminen con un disparo en la nuca. La mejor forma de estar en Treblinka es estar muerto. La desesperación es total, la seshumanización llega al límite.

En los verdugos confluyen dos ideas que hacen posible su deshumanización. La primera es la ideología nazi y fascista. La de la raza aria superior y el odio al judío, al comunista, al gitano, homosexual…y, por otro, la obediencia ciega al sistema, la bananalización del mal, que lo llamo Hanna Arendt. Esta mezcla de odio y obediencia deja las conciencias perfectamente tranquilas y hace de estos verdugos asesinos y genocidas personas normales cuando están fuera del campo, e, incluso, “cultos”, que no humanistas.

La otra forma de llegar al campo es tremenda, también basada en el engaño, pero más cruel. Son aquellos que han sido hechos presos, sin conciencia de ello: ingleses, americanos, franceses, que podían encontrarse de vacaciones en algún país conquistado por Alemania. Y, precisamente, se los montaba en trenes de lujo, a familias enteras, y se les comunicaba que los llevaban a cualquier lugar de vacaciones, un viaje de placer. El choque debería ser brutal al llegar a Treblinka y bajar del tren y ser apuntados por los guardianes y separados de sus familias despojados de todas sus posesiones y desnudados. En fin, la obra es escarnecedora, porque es una descripción, apenas sin reflexión, ni juicios de valor. Se cuenta el proceso del exterminio con toda la normalidad del mundo. Como cuando llega Himmler al campo y se queda mirando la fosa de cadáveres, cientos de miles, y tras un rato (esto fue después de la derrota de Stalingrado, el comienzo del fin de la guerra) y afirma que los cadáveres deben desaparecer. Que no debe quedar ni rastro de lo que allí está ocurriendo. Y entonces comienza la construcción de hornos crematorios que funcionarían día y noche. Se estima que en diez meses, tirando por las cuentas más bajas, se exterminaron a tres millones de personas. Hablamos de exterminio, no de guerra.

                Y porqué de nuevo un libro de esto. De algo que todo el mundo sabe. El tema es, a mi modo de ver, como señala el autor y en un formidable epílogo de Grossman, el del olvido, la memoria, la justicia y la esperanza. Si olvidamos lo que ocurrió estamos perdidos, primero porque no rendimos culto a los muertos y, segundo, porque no nos enfrentamos al demonio interior de la condición humana. Esto lo hemos hecho nosotros la humanidad. Cualquiera podríamos haber participado. Es más, participamos de grandes males. Es lo que llamamos el mal consentido. Pero incluso podríamos participar más directamente resguardándonos en el latiguillo de que obedecíamos órdenes, de que el sistema es el que hay y hay que obedecer. Es lo que hacemos continuamente por cobardía. No nos atrevemos a la disidencia, ni a la desobediencia civil, simplemente por miedo o ignorancia, obecedemos. Y, la capacidad de realizar el mal radical está en todos. Porque, como decía Terencio, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Si cambian las circunstancias ya veríamos cómo actuábamos. Los héroes son pocos y los cobardes, la mayoría. Y la omisión es culpa. Es connivencia. Está perfectamente documentado la participación de intelectuales y científicos en este Holocausto, como lo está también el silencio cómplice de la sociedad civil. Se conocía, aunque no fuese en detalle, lo que estaba ocurriendo. La memoria, la historia, que es la que nos ofrece esa memoria es absolutamente necesaria. No se puede ni ocultar ni obviar. Debe estudiarse en los planes de estudio, como la guerra civil en España, como el resultado de un golpe de estado y un posterior plan de exterminio y genocidio, del que aún no se ha recuperado la memoria. Increíble. Y recuperar la memoria no es invocar al rencor, sino a la justicia y, de paso, a la esperanza. Si reconstituimos la justicia en el pasado tendremos la esperanza de pensar en un mundo mejor para que el mal radical no se vuelva a producir. Y otra consecuencia importante del recuerdo es que el mal radical no solo es el que se produjo en el Holocausto, sino que se ha producido durante todo el siglo XX, la diferencia es la racionalización y mecanización tecnológica que le dieron los alemanes del nazismo, pero el siglo XX y lo que va del XXI está plagado de genocidios y exterminios. El propio sistema capitalista es una forma de exterminio. Como reza el título de un libro: “El crecimiento mata”. Crecer, acumular riqueza, ha sido posible a costa de otros. Ha sido posible a costa de un neocolonialismo que se nos derrumba, que ha producido, desequilibrios políticos, guerras, hambre, miseria, migraciones masivas…y un agotamiento del planeta del que hemos sobrepasado sus límites. Es necesaria la historia para recordar. Y es necesaria la filosofía para saber de dónde vienen las ideas. Porque bajo el mantra de “para qué sirve la filosofía” nos encontramos filosofías absolutamente peligrosas que justifican el mal radical. Como decía el filósofo Reyes Mate especialista en el judaísmo y en la memoria histórica, en una conferencia en Cáceres, quizás un poco excesivamente, el pueblo judío estaba exterminado ya en el sistema hegeliano. Las ideas, unas veces justifican y otras producen los hechos. El estudio de la historia de la filosofía es absolutamente necesario para entender el pasado y pensar un futuro, no utópico por supuesto, que nos dé esperanzas, si es que cabe, sobre una sociedad más justa o feliz. O, para el escéptico sin esperanza, para entender por qué nuestra historia no tiene un final feliz, ni puede tenerlo.

La decadencia de occidente. Sin esperanza. Destino: la barbarie.

Se han impartido en mi centro educativo dos conferencias bajo el rótulo de Educación en valores. El problema surge cuando me entero de que van esas conferencias. Entonces tomo conciencia de que, realmente, estamos asistiendo al fin de la civilización occidental heredera de Grecia, Roma y Jerusalén. Es el fin, al menos que un cambio drástico lo evite. Y, además, es el fin de la civilización. Porque lo que hemos construido, nuestra herencia, es la civilización. Fuera de ella tenemos la barbarie. Y cuando hablo de nuestra herencia me refiero a los fundamentos, no a la historia de occidente que, por supuesto, también es una historia de barbarie. Por eso lo que se nos avecina es la tecnobarbarie y la barbarie económica. Ambas unidas con el cemento ideológico posmodernista y las ideas, mejor creencias, neoliberales.

Pues bien, vean ustedes mismos lo que se consideran valores hoy en día.  La primera conferencia lleva como título Emprendimiento social (team emprende). El paréntesis y su contenido no lo he puesto yo, venía en el papel informativo. Es la manía de copiar los términos en inglés, como si en el castellano no tuviésemos vocabulario suficiente. Todo empezó hace años cuando en lugar de curso o cursillo, se empezó a denominar “master”. Eso sí, no es lo mismo. El master te va a costar una pasta gansa porque un master enseña más que un curso, aunque significan lo mismo y se nos cuente lo mismo. Pero fue el inicio de la privatización e idiotizasción de la sociedad y, en especial, del sistema educativo. Ahora, dependiendo, por tres mil o por seis mil euros, o mucho más, te compras un master. Son objetos de consumo. Porque ya, en realidad, no son un saber, sino un saber hacer. Es decir, te gastas la pasta y, encima, sales domesticado. Esto es, que pagas dos veces: una el master y otra con tu mano de obra dócil. Pero vamos con el tema del valor que se nos “vende”, porque todo es un mercado, no lo olvidemos, y ha de enseñarse lo rentable. El resto es pérdida de tiempo y palabrería. El valor es el del emprendimiento. Vaya palabreja ésta que se nos está colando. Su pronunciación es insoportable y lo que significa es peor todavía. El valor en alza hoy en día en la educación es el de la competencia del emprender. Se supone que el emprendedor es el que emprende cosas. Es decir, hace cosas. Pero, claro, no va a ser lo mismo, construir o hacer algo útil para el mercado y la sociedad tardocapitalista en la que vivimos, que emprender la tarea de escribir un poema, que lo mismo ni se nos ocurre nada en meses y nos dedicamos, simplemente, a pasear y leer. No. Esto no, esto es ser un parásito social. Como ya hiciese Platón en su república, aunque por otros motivos más fundados, habría que echar a los artistas de la ciudad, la polis, son unos cuentistas y vividores e, incluso, algunos, bebedores. Muy mal ejemplo. Mala gente. De modo que el emprender queda reducido a lo que de toda la vida hemos llamado un empresario, un trabajador autónomo. Pero aquí hay un engaño. Lo que al gran capital le interesa es que no haya obreros sino emprendedores, es decir obreros con capacidad de emprender tareas innovadoras y con capacidad de adaptarse a cualquier cambio, de tal forma que beneficien a la gran empresa. Una forma estupenda de acabar con la dignidad humana, de cosificar al hombre y de convertirlo en un ser unidimensional. Un ser dirigido al mercado y por el mercado. Claro, junto con el valor de ser un emprendedor va también el de la competitividad. Porque si eres emprendedor, tienes que competir con el resto. Porque no todas las ideas van a triunfar. Se crea así a un hombre isla que deja de tener contacto con el resto de los trabajadores y que piensa en el otro como un enemigo. Es decir, que con esto se nos vende el valor económico, al que se reduce la condición humana, y el egoísmo y la violencia, como añadidos. El gran capital, de un plumazo, acaba con la clase trabajadora. No es que los haya dividido, es que los ha convertido en islas.

Y yo me pregunto, dónde están los valores que con tanto esfuerzo hemos conquistado en nuestra civilización occidental: la igualdad, la libertad y la fraternidad. Por poner los ideales políticos de la modernidad. Dónde se ha quedado la lealtad, la magnanimidad, el respeto, la tolerancia, el amor a la verdad y al bien, el placer estético, la prudencia, la templanza, la valentía, la solidaridad, la amistad, el amor… Todo se ha disuelto en valor económico. Incluso la vida privada está mercantilizada. Primero entraron los pedagogos en la educación y eliminaron la importancia del profesor y del conocimiento, ahora entran los economistas y reducen los valores a lo meramente económico y transforman el saber en un saber intercambiable en el mercado. El resto es patraña. Esto, lo miren como lo miren, es la barbarie.

La segunda conferencia llevaba como título “Motivación INVICTUS (autoestima)”. Tal y como está, yo no he tocado nada, bastante feo queda ya así. El siguiente valor, entonces es la autoestima. Cómo no. De lo que se trata es de que el personal tenga confianza en sí mismo. Si no cómo va a ser un buen emprendedor. Además de lo que se trata es de competir. Y si tienes que hacerlo, pues no puedes ser un timorato, tendrás que tener autoestima, y no necesitar abuela, tú solito te las arreglas, porque tienes que desarrollar un ego impresionante. Y, para eso, desde luego, tienes que valorarte como el mejor y no pensar en los demás. Porque, en definitiva, se nos prepara para la guerra: la guerra del mercado en el que todos tenemos que competir y quedarse fuera significa morirse de hambre. Aquí no hay lugar para melancólicos, tímidos, escépticos, dubitativos, esto es la selva del mercado, es la guerra, es la competitividad y el triunfo del más fuerte. Y para ello hay que empezar teniendo una saludable autoestima. Eso sí, el otro, no es otro yo, sino el enemigo que me puede quitar el puesto de trabajo, el ascenso, en fin, un no humano. Se deshumaniza a la humanidad para que no nos sea doloroso ver la miseria a nuestro alrededor. El pobre y miserable lo es, en definitiva, como siempre ha defendido la ideología capitalista, porque se lo merece o no ha hecho nada para salir de ahí. Se acabaron las grandes conquistas de la caridad cristiana, del amor al prójimo, de la fraternidad universal de los estoicos y de la revolución francesa, transformada en el discurso progre, en solidaridad. Volvemos a perder la humanidad: la dignidad, la autonomía y la libertad. Todos tenemos que dar el mismo perfil (otra palabreja). No se admiten diferencias. El perfil del hombre saludable, confiado plenamente en sí mismo y competitivo. Se acabó el hombre y se acabó la polis. Se nos ha convertido en mercancías unidas por los lazos del mercado, no por los del humanismo. Y para conseguir esta distopía bárbara es necesario “educar” a los súbditos. Comienza la barbarie, comienza el totalitarismo. Pocas esperanzas nos quedan.

Por cierto, del estudio de los valores y de la tradición occidental se encargan los filósofos. No creo que sea una casualidad que hayan reducido el curriculum de filosofía en un setenta y cinco por ciento, y que precisamente han eliminado: Educación para la Ciudadanía, Ética e Historia de la Filosofía. ¡Serán miserables!, si me lo permiten.

La felicidad y la amistad II

 

Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
Después que muero de amor;
Porque vivo en el Señor,
Que me quiso para sí:
Cuando el corazón le di
Puso en él este letrero,
Que muero porque no muero. Santa Teresa de Ávila.
 

 

 

¿Y la amistad entre hombre y mujer es posible sin mediación sexual, o está sometida a éste interés particular? Difícil y apasionante tema del que cada cual tendrá su propia experiencia.

Ante todo, para intentar un acercamiento a una respuesta, imposible, por otro lado, hay que tener en cuenta que el amor es una cuestión cultural. Que forma parte de nuestra segunda naturaleza y que emerge estrictamente de lo biológico que tiene como fin la reproducción. Pero, claro, sobre esta base biológica surge el amor y también la amistad como formas culturales. Por eso existen múltiples formas de amor a lo largo del tiempo y las culturas. Si nos vamos a nuestros orígenes griegos tenemos la referencia fundamental de Platón en sus dos obras, El Banquete o del amor y Fedro o de la belleza. Las dos hablan del amor-amistad sólo que desde diferentes perspectivas, el primero desde lo que le ocurre al sujeto y el segundo desde cuál es el objeto del amor. Y en ambos casos se presenta de forma dialéctica. Es decir, el amor  entendido como un proceso que va desde lo particular a lo universal. Por eso el primer discurso de El Banquete está basado en un mito. Eros, el dios del amor, arrebata la conciencia del enamorado, de ahí la ceguera de éste, su estado de locura y alienación. Como nos dice después Ortega. Y el último discurso es el de Sócrates, que asume los anteriores discursos en lo universal. En definitiva el amor es identificado con el deseo. Y el deseo es siempre de algo que no se tiene. Si lo tenemos no hay amor. Ahora bien, también queremos no perderlo. El amor en tanto que carencia busca realizarse en la posesión de lo que no tiene. Y lo que le falta al amor, que ya no es un dios, es precisamente: la verdad, la belleza, el bien y la justicia. Por eso entre los griegos el amor es entendido como búsqueda de la belleza que unifica todo lo demás. El amor es la tensión que sentimos cuando buscamos “engendrar en la belleza”: buscamos y encontramos la belleza en un cuerpo, después en todos los cuerpos, más tarde, en la naturaleza, posteriormente en la ciencia (las leyes que rigen la naturaleza: la verdad) y, por último, en la justicia: las leyes que rigen la ciudad. Y todo esto en su totalidad nos lleva a la belleza en sí. La amistad entre hombre y mujer, entendida desde esta perspectiva del amor, se puede considerar, perfectamente, como una búsqueda de la belleza y la verdad. Pero, claro, y aquí está la cuestión, en el mundo griego, para empezar, este amor-amistad se da entre los varones acomodados que tienen tiempo para la filosofía y el arte. Y, para seguir, la sexualidad no es un tabú, sino algo natural. De aquí la homosexualidad griega. Por ello, para ellos nuestra pregunta carece de sentido. Los griegos amaban el cuerpo. Aunque en Platón está el germen del dualismo cuerpo-alma, persiste el espíritu dionisiaco, aunque bastante extirpado ya, como denuncia Nietzsche. Pero, claro, nuestra civilización tiene tres patas: la griega, la cristiana y la romana. Y es el cristianismo, de la mano fundamentalmente de Agustín de Hipona, interpretando a Platón, “el cristianismo es platonismo para el pueblo”, decía Nieztsche, el que va a considerar el cuerpo como el origen del mal, sobre todo en lo que a la sexualidad se refiere. Y la mujer va a ser la parte que más pierde en todo esto; porque nos vamos a encontrar toda una fundamentación mitológico religiosa del patriarcado que durante siglos aplastará a la mujer y cuya visión aún permanece. La sexualidad sigue siendo tabú, el espíritu dionisiaco fue aplastado definitivamente hasta que es recuperado por Nietzsche y el romanticismo y pensado por Freud. Y es en éste último en el que nos vamos a fijar. Freud lo reduce todo al instinto o pulsión del placer y al de muerte. De tal forma que toda relación, desde la infancia a la muerte, viene mediada por el principio del placer. El principio del placer abarca la sexualidad, no se reduce a ella. Es decir, que no tiene como objetivo la procreación. Y, desde aquí sí podemos aventurar una respuesta. La relación de amistad entre hombre y mujer viene mediatizada por el principio del placer, pero como toda relación. Puede ser que haya más carga sexual en esta amistad, lógicamente, por imperativo biológico. Por eso la amistad entre hombre y mujer es más inquietante, estimuladora, se dan más la confidencia y los silencios, es más impulsiva y menos serena, porque en el fondo siempre está esa sexualidad del principio del placer acechando. Y el tabú de la sexualidad heredado del cristianismo, cristalizado en forma de represión, guiando nuestros impulsos.

En fin, la filosofía ha tenido como temas fundamentales el amor y la muerte. Ahora son también objeto de la ciencia. Pero, por mi parte, creo, que es el arte: la literatura, la pintura y la música, el que nos abre las puertas al “entendimiento” de todo esto. Pero el arte muestra, no demuestra nada, ni falta que le hace. Y muestra lo inefable. Y el amor, la amistad, la muerte forman parte de lo inefable.

 

 

La felicidad y la amistad. 

“Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo.” Epicuro.

Un escéptico sin esperanza acaba convirtiéndose en un nihilista. Aunque parezca contradictorio el escéptico mantiene la esperanza porque su actitud no es la negación, como popularmente se le atribuye, sino la búsqueda. Lo que ocurre es que el escéptico, desde la razón, duda y desconfía, pero desde el corazón mantiene la esperanza, aunque desde la provisionalidad. Y esto viene a cuento de que hoy voy a hablarles de la felicidad y la amistad. Desde muchos años acá, como saben, estoy convencido que lo importante en la vida es la libertad y la dignidad. Que la felicidad tiene que pasar a segundo plano e, incluso, que ésta, en el mundo posmoderno e individualista en el que vivimos no es más que una forma de control sobre el pueblo para convertirlos en súbditos divertidos. Pero todo ello no quiere decir que la felicidad, en su sentido más profundo, no sea una dimensión fundamental, yo diría que connatural, del  hombre. Todo hombre, como nos decía Aristóteles, busca el bien supremo y a esto es a lo que llamamos felicidad. Y ésta consiste en la conquista de la virtud moral y la virtud intelectual. Y la conquista de ambas requiere esfuerzo y ejercicio. La virtud moral es elegir el justo medio entre dos vicios. No es la eliminación, sino la mesura. Por eso es la prudencia la que nos hace elegir el justo medio y la fortaleza la que nos mantiene en el ejercicio de la virtud hasta que ésta, se convierte en hábito. Y es curioso que este ejercicio de la virtud nos hace libres, porque el vicio moral, como el físico, nos hace esclavos, la virtud nos hace libres. Y por aquí hay una unión entre felicidad y virtud. Las virtudes intelectuales son el cultivo de las ciencias, el arte, la filosofía, todo aquello que es la contemplación intelectual. Y como nuestra propia naturaleza es la racionalidad, pues nuestro fin propio es el cultivo de ella y de ese cultivo, más el ejercicio de las virtudes morales surge la felicidad, el bien supremo, que, en definitiva, es un placer. Y aquí se nos une el pensamiento aristotélico con Epicuro y el hedonismo. La felicidad reside en el placer. No se concibe una vida feliz sin placer. Pero el placer está en la mesura. Toda desmesura es proteica, como ha ocurrido con la civilización occidental, y autodestructiva. Infelicidad y desgracia.

Pero resulta que tanto Aristóteles, como los hedonistas no se conforman con decir que la felicidad está en la virtud, sino que hablan de los bienes, que son aquellas cosas que podemos poseer y que nos hacen la felicidad más accesible. Y ambos coinciden que el mayor bien es la amistad. Sin amistad no hay posibilidad de felicidad. El hombre es un ser social y necesita de compañía, amigos y comunicación. Pero la amistad auténtica está sólo al alcance de los que han alcanzado la virtud. Generalmente la amistad está regida por el interés propio, el egoísmo. Es necesaria, pero es una amistad inferior. La amistad superior es la que se tienen dos hombres que hablan desde la contemplación, desde el mundo de la inteligencia, la razón y la sensibilidad. Es el complemento de la sabiduría, porque el conocimiento sin comunicación es un conocimiento que no acaba de realizarse. Y esta amistad es desinteresada, porque tiene un interés común, el mundo del espíritu o de la cultura o de la inteligencia. Esta amistad lo que produce es una comunión de los espíritus de ahí la sensación de habitar en un mismo pensamiento, una misma conciencia, de identificación plena con el otro, aunque haya desacuerdos en la conversación, un sentimiento de complicidad. Esta amistad no está sometida a las leyes del tiempo. Al no haber interés de por medio la separación sólo puede producir nostalgia, nunca rencor y menos odio, como ocurre en las amistades regidas por el interés propio, aunque sea el mero interés de no estar solos. La amistad de los hombres nobles salta por encima del mundo físico y se instala en el mundo de la conciencia. De ahí esa sensación, pasado el tiempo, de complicidad, intimidad, simultaneidad, cuando se vuelve a hablar con el amigo. En fin, que la virtud más la amistad del hombre noble es una garantía de auténtica felicidad. El hombre noble también puede alimentarse con la amistad de los hombres del pasado o del presente a través de la lectura porque ésta es la conversación de la humanidad. Pero aquí hay ya una mediación y una falta de la presencia física que es fundamental.

Hay un tema muy interesante que es el del amor y la amistad. En primer lugar el enamoramiento, que nos hace felices y pletóricos, en realidad es un estado transitorio, una distorsión de la conciencia, que decía Ortega, o una idealización cristalizada, que diría Stendhal. Éste no supera la prueba del tiempo. Más bien es un mecanismo biológico dirigido a la procreación. De ahí su duración, de uno a tres años, después la idealización se convierte en rutina y tiempo que todo lo destruye. Pero como somos animales culturales pues resulta que tras el enamoramiento, pues puede surgir el amor, que sería la amistad que queda tras los rescoldos del enamoramiento una vez destruido por el tiempo. Pero esta amistad también está sometida al interés y por eso decía Ortega que el enamoramiento es algo que a uno le pasa, pero que el amor es tarea. Por ello, quizás es muy difícil que la amistad que surja de este amor sea la amistad del hombre noble, no digo que no pueda ser, que en muchos casos lo es. Además en la amistad a través del amor intervienen otros factores, como es la convivencia, un proyecto de vida en común, en fin, múltiples factores, que lo mismo que unen indisolublemente, pueden separar irremediablemente.

¿Y la amistad entre hombre y mujer es posible sin mediación sexual, o está sometida a éste interés particular? Difícil y apasionante tema del que cada cual tendrá su experiencia y que dejamos para otra ocasión.

 

La utilidad de lo inútil.

"Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron; en efecto, los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia...Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe...Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el afán de conocimiento y no por utilidad alguna." ARISTÓTELES.

Acabo de leer un magnífico librito de Nuccio Ordine publicado con este título en la editorial Acantilado y me ha hecho recordar de dónde viene uno, cual es la tradición de Occidente, el valor de la ciencia, el conocimiento, el arte y la filosofía. Me ha recordado el valor del saber, inmensamente mayor que el valor del tener y del intercambio mercantil. Me ha recordado los fundamentos teóricos de Europa a los que hemos renunciado cayendo en un reduccionismo barato, pueril y extremadamente peligroso, el de la utilidad y, sobre todo, el confundir la utilidad con el valor del mercado. Este último reduccionismo ha creado un mundo unidimensional en los que los ciudadanos, en pro de la utilidad de toda actividad humana se han convertido en esclavos del mercado, clonados por el mismo patrón, sin pensamiento y sin ser.

Tanto la ciencia en sus orígenes, que es lo mismo que la filosofía, es un saber que es estrictamente inútil, y ésa es su gran virtud, lo que lo convierte en teoría que únicamente obedece al afán del conocer por el mero hecho de saber, instigado este afán por la curiosidad y el asombro o admiración ante el misterio de lo real. Misterio que se resuelve por el ejercicio de la razón, desinteresadamente saber qué es lo que subyace debajo de esos fenómenos enigmáticos que nos maravillan. Y este proceder es el cultivo del alma. Las artes la ciencia y la filosofía nos humanizan. Esa es la utilidad de su inutilidad.

Pero el problema no está en los griegos, que distinguen muy bien entre técnica y teoría, sino que comienza en el Renacimiento, cuando se produce una ruptura, con el nacimiento de la ciencia moderna en el siglo XVII, entre el saber técnico, ligado ya para siempre a la ciencia (aunque ésta siga existiendo como saber puro y teórico) y las llamadas humanidades: las artes, la historia y la filosofía. El principio que empieza a declararse es que el saber no sólo tiene como objetivo el saber, sino el hacer. “Saber para poder”. El concepto de utilidad introduce la finalidad. El saber no tiene el fin en sí mismo, sino fuera de él y a eso se le llama la utilidad. El saber es tal en tanto que es útil y útil significa que sirve para transformar el mundo y dominarlo. Los saberes que no tienen esta dimensión dejan de ser saberes, son inútiles y despreciados. La visión del mundo ha cambiado. El siguiente paso, que comienza con el desarrollo del capitalismo y llega a nuestros días, es cuando lo útil se reduce a la utilidad económica. Entonces todo el conjunto de la sociedad se somete al valor omnipresente y omnipotente del mercado. Todas las relaciones sociales, las relaciones con la naturaleza y las relaciones de trabajo, son relaciones mercantiles. Las instituciones, tenemos el caso paradigmático de la educación, se reducen al valor del mercado. El ciudadano deja de ser tal, para convertirse en mera mercancía, que es lo único que tiene valor evaluable económicamente.

Pero esto es la barbarie y no tiene nada que ver con la tradición europea, al menos en sus orígenes, ni tampoco con el humanismo del Renacimiento, ni con la libertad y la dignidad que la razón ilustrada nos aporta. Lo que ha sucedido es que se han reducido, de forma bárbara, las capacidades y las diferentes dimensiones de la existencia humana. La vida, la existencia, el quehacer diario, no se reducen a lo útil, y menos a la utilidad económica. Eso sin mencionar que la actividad teórica científica, que realizan los científicos por pura admiración, siguiendo el antiguo espíritu griego, después se ha transformado, sorprendentemente e inesperadamente en algol útil, y además en algo económicamente útil. Pero si sustituimos la actividad teórica del científico nos estamos quedando sin el manantial del que brota el saber. Y eso está ocurriendo porque el saber se ha reducido al saber económicamente útil. Es el único financiado.

La vida tiene distintas dimensiones, la utilidad es una y la mercantil es una de estas. Pero el deleite estético, la contemplación, la amistad, el juego, la familia. Y luego los valores políticos: libertad, fraternidad, igualdad y justicia forman parte de un hombre integral, de un ser libre en una sociedad libre, regida por la ética y no por el mercado. Y son estas múltiples dimensiones las que abarcan las humanidades: los saberes estrictamente inútiles. Y ahí está precisamente su valor. No sirven para nada, salvo para ser, que no es poco. Pero hoy en día este inmenso saber de siglos ha sido abandonado precisamente por su valor, su inutilidad, ha sido relegado al pasado y con ello estamos en un extremo peligro, estamos cayendo en la barbarie, en la ausencia de pensamiento, de sensibilidad, de libertad y estamos vendiendo nuestra vida al diablo. Nos estamos convirtiendo, bajo el paradigma del pragmatismo y utilitarismo, en esclavos del mercado en auténticos autómatas de visión plana incapaces de ver en profundidad porque el saber acumulado de siglos le ha sido arrebatado. El saber que nos construyó como personas y ciudadanos es despreciado, vilipendiado y arrinconado. Estamos perdiendo la humanidad que es la utilidad de lo inútil y la estamos cambiando por un egoísmo-hedonista con sede en el consumo que es el motor que alimenta al mercado. El hombre actúa en función de sus valores. Si los valores han desaparecido y sólo queda el valor del mercado, el hombre deja de ser tal y se convierte en cosa que se puede consumir. Es el ideal del mercado: convertirlo todo en objeto de consumo, incluido al propio hombre y las instituciones sociales que lo rigen y gobiernan.

Por ello es menester recuperar esa inutilidad y de ahí su utilidad. El humanismo nos recuerda que somos seres dentro de un cosmos en el que no ocupamos el centro precisamente. Pero nuestra vida es un disfrute de los sentidos y la razón, sin ir más allá de este disfrute. La razón, por su parte, nos hace accesible el conocimiento. Pero el valor del conocimiento es la libertad, pero no la del mercado, sino la de la persona. Somos en tanto que somos libres, sujetos autónomos, ahí radica nuestro ser: en la dignidad. Por eso el conocimiento es un camino hacia la libertad. Y hacernos más libres es hacernos más persona y más ciudadano. Y ésta es la utilidad de lo inútil: hacernos, en una palabra, humanos.

Epílogo. La fortuna y la necesidad como condición de la felicidad.

            Cada vez considero más que la felicidad no es el objeto de la vida, sino, como he defendido muchas veces, la libertad y la virtud. Pero es el caso que sin un cierto bienestar la vida es imposible. Pero, incluso, no ya cultural y espiritualmente, sino desde el punto de vista más animal y biológico. Pero, claro, es que resulta que la felicidad, mejor llamarla bienestar, por ser la primera algo que tiene connotaciones religiosas y filosóficas, depende, en gran medida, de la fortuna, de la suerte. Es una lotería. Pero entonces entra en juego aquí el problema de la libertad. Si nuestra vida depende en parte de nuestra libertad, de las acciones que tomamos, las cuales tendrán sus consecuencias: viviremos más o menos bien o no (además de afectar al prójimo), entonces está claro que nuestro bienestar está, al menos, condicionado por la libertad. Pero, ¿y si como cada vez sospecho más, no es este el caso? Entonces estaríamos hablando de la inexistencia de la libertad, me refiero a la libertad que tenemos de constituirnos como personas, no a la libertad política, ésa es otra historia. Y si hay una ausencia de la libertad para construirnos, para habérnosla con nuestras circunstancias, que diría Ortega, entonces nuestro bienestar está en manos de otros factores. La fortuna, que decían los clásicos o los condicionantes causales que nos marcan las ciencias: desde la historia hasta la física. Es decir, que todo el conjunto de leyes que estas ciencias describen, muy importante señalar las neurociencias, condicionan lo que de alguna manera somos. Que, en definitiva, no es más que información. Y que la confluencia entre estas leyes y su entrecruzamiento es lo que hemos llamado fortuna, o suerte, o azar y sobre ello no tenemos ningún dominio. Estamos absolutamente sometidos.

            Esto me lleva a pensar en el sabio Spinoza, al que es el momento de releer, igual que a Cioran y de nuevo la tranquila sabiduría de los estoicos, que nos decía que todo se reducía a una única substancia, un único ser, absolutamente determinado, donde no cabe el azar y todo se reduce a la necesidad de la causalidad. Y esa sustancia es la sustancia infinita, o dios, o la naturaleza. Es la postura teológica-filosófica denominada panteísmo. Dios es la naturaleza o la naturaleza (el universo) es dios. Y esa substancia infinita tiene infinitos atributos, pero nosotros sólo percibimos dos (espacio y tiempo). Y, a su vez, cada atributo tiene infinitos modos de ser, que son los seres particulares que observamos en el universo. Pero en realidad todo es apariencia porque el ser es uno. En fin, de todo ello se deduce, por la vía de la necesidad, que todo está determinado y que la libertad no es más que apariencia. Por tanto, nuestro bienestar o malestar vendrá determinado o bien por el determinismo férreo, o por el azar ciego. Pero, si seguimos a Spinoza, o los sabios estoicos, entonces resulta que nuestra felicidad consistiría en la aceptación de nuestro ser. Y en ello consistiría nuestra libertad y la alegría de vivir. En aceptar lo inevitable, eliminar el deseo, identificarse con la ley universal del cosmos para diluirse en él. Algo, también, muy similar a la sabiduría budista.

            Todo esto está muy bien, pero lo que ahora me preocupa es que los que no somos sabios, sólo gente de a pie, como mucho filósofos, tomamos cada día decisiones que construyen nuestra vida, además de afectar a la de los que nos rodean y, a veces, decisiones radicales, en el sentido de que producirán un cambio radical en nuestra vida, quizás irreversible, casi siempre. Y estos son los dilemas con los que nos vemos enfrentados a veces. Y digo bien, dilemas, las dos o más opciones que se nos plantean son posibles. Y por ello los dilemas no tienen solución porque cualquier solución es viable. Los problemas, en cambio, tienen solución. En nuestra vida, en tanto que estamos constituidos éticamente, nos las tenemos que haber siempre con dilemas. Sólo la sabiduría y la prudencia nos pueden ayudar; pero, ¡son tan inalcanzables!

                                Isegoría.

 

            La isegoría es uno de los pilares de la democracia. Un invento griego que hemos heredado y que, como tantas otras coas, es constitutivo de nuestra cultura. Aunque los nuevos vientos neoliberales y mercantilistas quieran borrar el pasado y con él nuestra identidad y la posibilidad de transformar la sociedad y el futuro. Los otros dos pilares de la democracia son la isonomía (igualdad ante la ley) y la autonomía (que el pueblo se da a sí mismo la ley). Pero sólo voy a hablar de la primera, la isegoría o libertad de expresión, de pensamiento y de tener las propias opiniones (si es que tal cosa existe, pero ése es otro tema).

            Pues bien, lo que yo mantengo es que el ideal democrático, pues la democracia, al contrario que los totalitarismos, no es una utopía, es alcanzar el máximo de autonomía, isonomía e isegoría. Si fallan algunas de ellas, pues nos encontramos con un déficit democrático con lo que ello conlleva, que no es, ni más ni menos, que la pérdida de la ciudadanía. Pues bien, sospecho que la libertad de expresión, de pensamiento y de opinión ha sido socavadas desde el principio en nuestra democracia; y que la libertad de expresión y de opinión que tenemos no es más que mera apariencia. Eso sí, esta situación es mejor que un totalitarismo tiránico. Ahora bien, ese déficit democrático, lo que nos quiere decir es que no estamos en una tal democracia, sino en un autoritarismo, pongámosle el nombre que queramos. En primer lugar, hay que distinguir la libertad política, de la mera libertad de expresión. Pues bien, la primera fue sustraída con el pacto constitucional, que después fue refrendado por el pueblo. Y eso es así, porque la Constitución fue tutelada por poderes fácticos extraños a ella y no vigilada y realizada por una Asamblea Nacional, con lo cual no hubo realmente, un proceso constituyente. Y, luego, lo que de allí salió fue una norma general, la Constitución, que, en realidad potenciaba el bipartidismo y éste, no era otra cosa que dos formas diferentes de hacer la misma política. Es decir, que los partidos mayoritarios habían sustraído la libertad política al pueblo, esto es, la libertad de pensar y realizar un modo distinto de sociedad, como por ejemplo, una república. Los dos partidos políticos habían aceptado la monarquía, también el partido comunista. Y tanto éste, como el partido socialista, habían renunciado al marxismo. Ahora bien, si el partido socialista deja de ser republicano y marxista, entonces no hay ninguna alternativa real de izquierda. Pero como la gobernanza del país pasaba por el voto a alguno de estos partidos (que en el fondo defendían lo mismo: el capitalismo europeo. Véase las dos primeras legislatura de Felipe González: OTAN, reconversión industrial, ley laboral que implicaba flexibilización…) o a los nacionalistas, pues ello implicaba que la libertad política había sido secuestrada por los partidos. Y eso hasta la actualidad. De ahí la necesidad de un proceso constituyente si queremos recuperar nuestra libertad.

            Por otro lado, la libertad de expresión es muy relativa. Realmente podemos decir lo que queramos, o lo que creemos que pensamos, pero eso es irrelevante. Nuestras opiniones, sobre todo si son disidentes con el establishment, no llegan a ninguna parte. En primer lugar, la opinión se genera en los grandes medios de comunicación que están al servicio de los  partidos políticos, esos que han arrebatado nuestra libertad y quieren construir nuestro estado de opinión, y que a su vez constituyen un poder económico. A mayor poder económico mayor poder de difusión. De esta manera, el pensamiento alternativo, disidente…tiene poco alcance y, además, tiene que luchar contra la opinión establecida como verdad. Porque los medios de comunicación van transformando la opinión de los ciudadanos (convirtiéndolos en esclavos) de tal forma que se transforman en creencias.

            Ese es otro punto, la opinión individual, de lo que menos tiene es de individual. Es una opinión construida por el poder en la que la inmensa mayoría de las personas cree. Incluso hay un lenguaje para expresar su pensamiento, porque el lenguaje es la vía del pensamiento y este la forma de ver e interpretar el mundo. Así, nuestra libertad de expresión no es más que una distracción, el estado de opinión, no es del ciudadano, sino que pertenece al pueblo. Y, cuando las opiniones críticas y disidentes llegan un poco más lejos de lo normal. Cuando el poder se siente amenazado, pues utiliza la fuerza, para empezar demoniza esas opiniones y las tacha de extremistas y contrasistema y luego utiliza el poder judicial para amedrentar. Y cuando el poder político tiene una mayoría absoluta pues construye una ley de seguridad ciudadana absolutamente autoritaria. Y ya sabemos cómo se las gasta las mayorías absolutas: todo para el partido, a través del voto del pueblo, pero sin el pueblo. Ciertamente no nos representan y tienen secuestrado nuestro pensamiento. Algunos acuden a artes dantescas en este afán.

La discrepancia y la disidencia como fundamento del diálogo, la democracia y el respeto al otro. Todo ello ha sido anulado de nuestras democracias de ahí su precaria existencia. En su lugar se ha establecido el relativismo de las opiniones o la equivalencia de las mismas y de esta manera se ha anulado al verdadero saber y se ha creado la apariencia de la libertad de expresión. Y el pueblo, creyéndose libre por poder opinar de todo y que sus opiniones sean respetadas, por principio, se ha convertido en esclavo de sus propias opiniones y de sus creencias. Y, de esta manera, el poder los conduce, cual rebaño obediente, hacia donde a él le interesa. Mientras, el disidente, es convertido en un paria, un inadaptado. Pero mientras sigan existiendo estos parias y unos finos hilos de comunicación con la sociedad, todavía habrá esperanza.

Democracia y educación.

 

Queda claro que en cualquier régimen autoritario o totalitario la educación viene dirigida por el poder. Lo que no está claro es que eso ocurra en las democracias. Lo que yo voy a mostrar aquí es que eso también ocurre en democracia, sobre todo cuando éstas han dejado de ser tales y el logos nos es el centro, sino, en nuestro caso, el mercado.

La democracia surge en Atenas como realización del diálogo. Y éste se realizaba en el ágora. La característica del ágora es que es un lugar vacío, la plaza rodeada de los edificios públicos. Y nos preguntamos quién habita el ágora. El ágora está ocupada por el logos: la razón, el discurso, el lenguaje, la argumentación… Y es esto lo que hace posible la democracia y la educación. Porque el diálogo es asumir que nadie tiene la razón, por tanto, tampoco la verdad, sino que la razón es compartida y, a su vez, instrumento de la conquista de verdades provisionales que habrá que ir perfeccionando con el tiempo. Ahora bien, cuando este espacio ocupado por el logos es desalojado por la fuerza y ocupado por algún poder, religioso, militar, tiránico…entonces se acaba el diálogo y se acaba la democracia y todo lo que ello conlleva. En nuestros días ese espacio lo ocupa el mercado. De ahí que nuestras democracias sean partitocracias oligárquicas, democracias de muy baja intensidad en la sque los ciudadanos son cada vez más vasallos y menos ciudadanos.

Nuestra democracia al ser representativa acaba en partitocracia. El problema es que se gobierna para el partido, el partido busca el poder. La educación se convierte en un arma del poder a través de la cual transmitir el pensamiento único.

Sin embargo el objetivo de la educación debería ser la ciudadanía y la libertad. Es el objetivo con el que nace la educación moderna desde la Ilustración. Pero ya en el siglo siguiente lo vio claro Niestzche y se dio cuenta de que la educación es una forma de adoctrinamiento de masas. Los objetivos de la educación como los contenidos son marcados por el poder y el poder no quiere ni libertad, ni disidencia, sino obediencia y sumisión. En un totalitarismo está claro que la educación es un instrumento del poder. Pero la democracia no escapa a esto. Tanto en su conjunto o estructura, el poder en tanto que tal, trata de perpetuarse, como particularmente, en este caso el partido que gana las elecciones pretende encontrar en la educación un vehículo de transmisión de su ideología.

En cuanto al mito de la democracia dentro de la educación. Pues eso es algo que ha venido con la nueva pedagogía. Y aquí el problema es que hay zonas donde la democracia no existe ni se puede aplicar y una de ellas es precisamente el proceso de aprendizaje. La nueva pedagogía lo que hace precisamente es intentar democratizar este proceso convirtiéndolo en un proceso horizontal (maestro-alumno) De ahí el sofisma de que hay que enseñar a aprender a aprender y de ahí lo de las competencias. El proceso de aprendizaje es vertical y va desde el que no sabe al que sabe. Por supuesto que se puede hacer mediante un diálogo socrático, en muchos casos, que no siempre (el alumno tiene que aprender conceptos y memorizarlos y, a partir de ellos aprender. Desde la nada no se puede aprender), pero en este diálogo el que pregunta ya sabe la respuesta y dirige el aprendizaje, el camino que ha de seguir el que aprende. Le ayuda a reconstruir el conocimiento, pero previamente él tiene ya el conocimiento. Y para que el conocimiento quede fijado el alumno deberá memorizar, fijar conceptos y esto es lo que requiere del esfuerzo. Si seguimos el modelo horizontal la educación se convierte en una mediocracia. Y eso ha sido lo que ha ocurrido con el modelo LOGSE-LOE. Ahora bien, esto procede de un mal entendimiento del concepto de igualdad. La igualdad se refiere a la igualdad de oportunidades, no un igual aprendizaje para todos, ni una igualdad natural u ontológica. Y este falso concepto de la igualdad se une a otro falso concepto que es el de la obligatoriedad. Si la educación es obligatoria, necesariamente es un instrumento del poder. Ahora bien, el que no sea obligatoria no implica que no sea accesible absolutamente a todo el mundo: desde la educación infantil al doctorado. Una educación pública y gratuita desde la infancia al doctorado. Así, concluyendo, el proceso de aprendizaje debe ser vertical porque ésa es su propia naturaleza y no puede ser democrático, porque las diferencias existen y son reales. Y ese proceso vertical basado en el esfuerzo y el respeto a la autoridad intelectual y moral se convierte en una meritocracia. Pero de ésta ya hablaremos en otro momento.

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Vamos a ver la justicia si lleva a la igualdad, siempre que ésta sea de oportunidades. La igualdad es una consecuencia, no es algo de lo que se pueda partir. La justicia viene dada, es algo de lo que se parte, por imperativo legal tras la aprobación de un conjunto de leyes. La libertad es el germen del que puede surgir la justicia, pero sólo la justicia, a su vez, el sistema de leyes, puede garantizar la persistencia de la libertad. Libertad e igualdad son compatibles siempre desde un marco que las limita y las regula que es la justicia. Y, todo ello, sólo es posible desde un marco más general y previo que las pone como praxis política, es decir como algo que hay que conquistar, porque la democracia no es ni será nunca algo hecho y dado de una vez, que es, como digo, la democracia.

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Pero es que en la antropología impera un mito que es el del relativismo en todas sus versiones y esto, desde los tiempos de Sócrates y ahora, en la actualidad, queda demostrado que es un error sin caer ni en absolutismos, ni en etnocentrismos. El relativismo en la actualidad es defendido por el posmodernismo y éste como ideología solapada del poder nos está haciendo un tremendo daño. Es la cuartada para el gobierno del más fuerte y para, en el fondo, defender un discurso fuerte, nada relativista, al contrario, absolutista y de carácter religioso, que es el neoliberal. Y, por último, hay más antropología que la oficial u ortodoxa, como ocurre igual con la economía. El relativismo es un peligro y nos lleva a la degeneración moral y política.

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Sobre la nueva enseñanza que pretende una innovación total. Contra el prejuicio y el tópico de las clases magistrales para desacreditar la educación como proceso que va del que sabe al que no sabe y quiere aprender.

¿Qué es una clase magistral? A mí me han dado pocas, pero cuando lo han hecho mi cerebro se ha conmovido y mi ser entero. Por otro lado esa innovación no es tal, es algo ya sabido desde siglos, como la educación emocional, ya Aristóteles lo decía en la “Ética a Nicómaco”, y Platón lo decía con su teoría del alma al decir que el alma racional debe guiar a las pasiones o emociones o sentimientos y que en ello ha de basarse la educación. Sócrates inaugura el diálogo, la mayeútica, ahora lo llaman, con un sofisma y una tautología, aprender a aprender porque lo han vaciado de contenido. El problema es que la psicopedagogía cree descubrir cosas ya descubiertas, eso por un lado y, por otro, su cientificismo la ha hecho caer en un empirismo ramplón que se ha dejado muchas cosas en el tintero a la hora de tratar la educación por el hecho de no ser observables en el sentido neopositivista, como es el caso de la voluntad, la disciplina, la autoridad, el hábito, la costumbre. Por mi parte no me resisto al cambio, precisamente en este momento estoy leyendo tres libros a la vez de pedagogía (recogidos en J.A. Marina, Talento, motivación e inteligencia. Las claves de una buena educación. Ed. Ariel) en el que se mezcla lo tradicional con los nuevos descubrimientos de la psicología y la pedagogía que vienen a confirmar mucho de lo tradicional. Y cuidado con lo nuevo muchas veces no son más que espejismos, en el caso mejor, y en el peor, intereses económicos, como en el caso de las nuevas tecnologías, otro mito, para vender cacharrería. Y con ello no quiero decir que no sean interesantísimas las posibilidades de las nuevas tecnologías en la educación.

Y sigue:

Como siempre, Paco, te vas por los cerros de Úbeda, personalizar no está dentro de la argumentación. Pero te responderé con algo que ya escribí en un diario filosófico “Pensamientos contra el poder”, decía: “me temo que cada vez soy peor profesor y quizás mejor filósofo” y ahora añado que, para los mejores, quizás en algunos momentos haya sido un maestro. Lo que sí te digo es que el fin del conocimiento es la comunicación, hacer partícipe al otro, provocar la inquietud, la admiración y el reconocimiento de su propia ignorancia. Esto abre las puertas de la motivación. ¿Puede hacerse esto con todos los alumnos y en todos los niveles? Pues no. Ese es el fallo de la ley, la obligatoriedad. Ni el sermón de la montaña conmovería a gran parte de nuestro alumnado. Ah, por cierto, se me acaba de ocurrir, magistralmente enseñaba Jesús de Nazaret, como todos los sabios que en el mundo han sido.

Hay un tremendo prejuicio en torno a la clase magistral. Ésta no tiene nada que ver con el dictar viejos apuntes, o seguir un libro de texto, que es lo que hacen la mayoría. La clase magistral es creadora, inquietante, inquisidora ante el saber de los alumnos, deslumbrante, conmovedora para el que es capaz de participar y se une en la comunidad de diálogo que ha creado el maestro. Y, por su puesto, son irrepetibles. Cuando uno empieza a no ser capaz de dar dos clases iguales está empezando a dar clases magistrales. La repetición es lo contrario de una clase magistral. El prejuicio contra las clases magistrales es el experimento progre de que el profesor tiene que estar en la misma altura que el alumno. Vamos, la democratización del proceso de aprendizaje, algo muy progre, pero que es una aberración, además de una mentira. No todo es democratizable, ni debe serlo, porque crea problemas, como ha sido el caso de nuestro sistema educativo.

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Lo que le digo a mis alumnas. No hay independencia ni libertad real para las mujeres sino es por la independencia económica, por el trabajo. Lo importante es encontrar un trabajo que te realice, claro. Pero, a la vez, esto plantea dos problemas, uno es que el trabajo es el arma a través del cual el capitalismo nos esclaviza. Hoy en día incluso el trabajo está dejando de existir y se está transformando en precariado. Y, en segundo lugar, como decía alguien al que leí hace poco, la mujer ha salido de casa, pero el hombre no ha entrado, con todo lo que ello conlleva.

 

Pero es que en la antropología impera un mito que es el del relativismo en todas sus versiones y esto, desde los tiempos de Sócrates y ahora, en la actualidad, queda demostrado que es un error sin caer ni en absolutismos, ni en etnocentrismos. El relativismo en la actualidad es defendido por el posmodernismo y éste como ideología solapada del poder nos está haciendo un tremendo daño. Es la cuartada para el gobierno del más fuerte y para, en el fondo, defender un discurso fuerte, nada relativista, al contrario, absolutista y de carácter religioso, que es el neoliberal. Y, por último, hay más antropología que la oficial u ortodoxa, como ocurre igual con la economía. El relativismo es un peligro y nos lleva a la degeneración moral y política.

Me encanta coincidir con los creyentes, pero esto sólo ocurre cuando no son fundamentalistas teológicos, sino seguidores de la ética evangélica. Al fin y al cabo, creyentes y ateos, procedemos de la filosofía griega y la religión cristiana. Esos pilares son irrenunciables por muy afilosófico o ateo que uno sea, o ignorante de la filosofía y la religión. Ambas forman parte de nuestro inconsciente colectivo o de la cultura.

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Lamentable e impresentable. Yo no entiendo como la ciudadanía en general permite esto, menos como los simpatizantes y los militantes lo permiten. Está claro que vivimos en una democracia de cartón y que es necesario refundarla. De lo contrario aceptemos de una puñetera vez que estamos y queremos ser dominados por una casta, una élite impresentable y corrupta. Pero si lo admitimos no tenemos el derecho de llamarlos así, porque somos nosotros los que lo permitimos votándolos.

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Cierto, la LOMCE, es un engaño, pura retórica. No se trata de un modelo meritocrático, dentro de una democracia, que es lo suyo. Sino de un modelo competitivo inspirado en el capitalismo salvaje. En cuanto a la autoridad también es cuestionable. El profesor como autoridad legal no es algo necesario si el marco educativo fuese distinto. La LOGSE ha democratizado la enseñanza convirtiéndola en algo horizontal, ése es su modelo pedagógico, y eso, entre otras razones, arruina el aprendizaje y la autoridad del profesor. Hay que entender que hay ámbitos no democráticos, como es precisamente el proceso de aprendizaje y es aquí donde surge la autoridad moral e intelectual del profesor, por un lado, y la meritocracia, por otro. Sin abandonar al que menos da de sí, pero fomentando la excelencia. Y esto está ya en el discurso fúnebre de Pericles sobre la democracia. La democracia no es igualdad ontológica, sino de oportunidades y nada más. La democracia, en la enseñanza, debe fomentar la excelencia intelectual y, para eso sólo hace falta autoridad intelectual y moral del profesor.

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Ejemplaridad moral y política. El secreto de la no exclusión es la concepción del hombre como uno, como humanidad. Ése debería ser el imperativo moral de todo dirigente político. Pero el problema es que, de hecho, en el mundo de la política la moral ha sido tirada por el desagüe.

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Democracia y educación.

 

Queda claro que en cualquier régimen autoritario o totalitario la educación viene dirigida por el poder. Lo que no está claro es que eso ocurra en las democracias. Lo que yo voy a mostrar aquí es que eso también ocurre en democracia, sobre todo cuando éstas han dejado de ser tales y el logos nos es el centro, sino, en nuestro caso, el mercado.

La democracia surge en Atenas como realización del diálogo. Y éste se realizaba en el ágora. La característica del ágora es que es un lugar vacío, la plaza rodeada de los edificios públicos. Y nos preguntamos quién habita el ágora. El ágora está ocupada por el logos: la razón, el discurso, el lenguaje, la argumentación… Y es esto lo que hace posible la democracia y la educación. Porque el diálogo es asumir que nadie tiene la razón, por tanto, tampoco la verdad, sino que la razón es compartida y, a su vez, instrumento de la conquista de verdades provisionales que habrá que ir perfeccionando con el tiempo. Ahora bien, cuando este espacio ocupado por el logos es desalojado por la fuerza y ocupado por algún poder, religioso, militar, tiránico…entonces se acaba el diálogo y se acaba la democracia y todo lo que ello conlleva. En nuestros días ese espacio lo ocupa el mercado. De ahí que nuestras democracias sean partitocracias oligárquicas, democracias de muy baja intensidad en la sque los ciudadanos son cada vez más vasallos y menos ciudadanos.

Nuestra democracia al ser representativa acaba en partitocracia. El problema es que se gobierna para el partido, el partido busca el poder. La educación se convierte en un arma del poder a través de la cual transmitir el pensamiento único.

Sin embargo el objetivo de la educación debería ser la ciudadanía y la libertad. Es el objetivo con el que nace la educación moderna desde la Ilustración. Pero ya en el siglo siguiente lo vio claro Niestzche y se dio cuenta de que la educación es una forma de adoctrinamiento de masas. Los objetivos de la educación como los contenidos son marcados por el poder y el poder no quiere ni libertad, ni disidencia, sino obediencia y sumisión. En un totalitarismo está claro que la educación es un instrumento del poder. Pero la democracia no escapa a esto. Tanto en su conjunto o estructura, el poder en tanto que tal, trata de perpetuarse, como particularmente, en este caso el partido que gana las elecciones pretende encontrar en la educación un vehículo de transmisión de su ideología.

En cuanto al mito de la democracia dentro de la educación. Pues eso es algo que ha venido con la nueva pedagogía. Y aquí el problema es que hay zonas donde la democracia no existe ni se puede aplicar y una de ellas es precisamente el proceso de aprendizaje. La nueva pedagogía lo que hace precisamente es intentar democratizar este proceso convirtiéndolo en un proceso horizontal (maestro-alumno) De ahí el sofisma de que hay que enseñar a aprender a aprender y de ahí lo de las competencias. El proceso de aprendizaje es vertical y va desde el que no sabe al que sabe. Por supuesto que se puede hacer mediante un diálogo socrático, en muchos casos, que no siempre (el alumno tiene que aprender conceptos y memorizarlos y, a partir de ellos aprender. Desde la nada no se puede aprender), pero en este diálogo el que pregunta ya sabe la respuesta y dirige el aprendizaje, el camino que ha de seguir el que aprende. Le ayuda a reconstruir el conocimiento, pero previamente él tiene ya el conocimiento. Y para que el conocimiento quede fijado el alumno deberá memorizar, fijar conceptos y esto es lo que requiere del esfuerzo. Si seguimos el modelo horizontal la educación se convierte en una mediocracia. Y eso ha sido lo que ha ocurrido con el modelo LOGSE-LOE. Ahora bien, esto procede de un mal entendimiento del concepto de igualdad. La igualdad se refiere a la igualdad de oportunidades, no un igual aprendizaje para todos, ni una igualdad natural u ontológica. Y este falso concepto de la igualdad se une a otro falso concepto que es el de la obligatoriedad. Si la educación es obligatoria, necesariamente es un instrumento del poder. Ahora bien, el que no sea obligatoria no implica que no sea accesible absolutamente a todo el mundo: desde la educación infantil al doctorado. Una educación pública y gratuita desde la infancia al doctorado. Así, concluyendo, el proceso de aprendizaje debe ser vertical porque ésa es su propia naturaleza y no puede ser democrático, porque las diferencias existen y son reales. Y ese proceso vertical basado en el esfuerzo y el respeto a la autoridad intelectual y moral se convierte en una meritocracia. Pero de ésta ya hablaremos en otro momento.

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Vamos a ver la justicia si lleva a la igualdad, siempre que ésta sea de oportunidades. La igualdad es una consecuencia, no es algo de lo que se pueda partir. La justicia viene dada, es algo de lo que se parte, por imperativo legal tras la aprobación de un conjunto de leyes. La libertad es el germen del que puede surgir la justicia, pero sólo la justicia, a su vez, el sistema de leyes, puede garantizar la persistencia de la libertad. Libertad e igualdad son compatibles siempre desde un marco que las limita y las regula que es la justicia. Y, todo ello, sólo es posible desde un marco más general y previo que las pone como praxis política, es decir como algo que hay que conquistar, porque la democracia no es ni será nunca algo hecho y dado de una vez, que es, como digo, la democracia.

 

Cada vez creo más en la fuerza de las ideologías, ahora que dicen que han muerto, y, sobre todo, en las conspiraciones. Nunca pensé que un racionalista crítico como yo acabase defendiendo teorías conspirativas de la historia, pero es que los hechos son tozudos.

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La necesidad de un mesías, un salvador, un paraíso es connatural al hombre. Forma parte de la esperanza, pero esta esperanza, generalmente da lugar a la creación de infiernos en la tierra, las menos hace posible un avance ético-político de la humanidad.

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                               Teocracia o ley del aborto.

                Les suelo decir a mis alumnos que nuestra civilización se asienta sobre dos pilares: uno en Atenas, la filosofía y la ciencia y otro en Jerusalén, el origen del cristianismo que cuajaría definitivamente en Roma y éste sería un tercer pilar con su estado, su derecho, sus comunicaciones, su ciudadanía y su inmenso sincretismo. Pues bien, cae el imperio romano y retrocedemos ocho siglos. Llega una época de barbarie, oscurantismo, superstición, vasallaje y teocracia. Es decir que el fundamento de la ley social va a residir en la ley divina. Pues esto es lo que está ocurriendo en nuestra España en la que se aúna el dios mercado con el dios cristiano más reaccionario y sectario. Y lo digo por lo que está ocurriendo con el aborto y lo que llevamos soportando, en todos los gobiernos, y en todo el mundo, con la eutanasia.

                Hay varios errores que me gustaría señalar. El primero de ellos es la primacía que se da a la vida como valor fundamental. Es obvio que la vida es uno de los valores fundamentales. Es más, y no hay que confundir, la vida es el soporte de los valores y los bienes, en realidad, no es un valor en sí. Pero el cristianismo considera que la vida es un valor, es más, es un don divino. Es decir, que es un regalo otorgado por dios y que, por ende, no nos pertenece. De ahí que ni aborto ni eutanasia, ni suicidio asistido, ni cuidados paliativos. Pero el catolicismo tiene la vocación de universalidad, para eso se llama católico (universal) y pretende que su creencia, siempre particular, sea convertida en ley universal. Pues bien, a esto se le llama teocracia y es un atropello contra la libertad de conciencia, de creencia y de acción. Las leyes en una democracia deben ser abiertas, es decir, que dejen margen a las prácticas que se derivan de las creencias particulares, siempre que éstas no atenten contra la dignidad de la persona y contra la propia democracia. Porque la tolerancia también tiene sus límites que son, precisamente, los de la intolerancia.

                En segundo lugar, en el caso del aborto, se atenta contra el derecho de la mujer a decidir sobre su propia vida. Se antepone un “derecho” con fundamento teológico del no nacido, que ni siquiera es persona, aunque lo sea en potencia, sobre la persona real y en acto. Esto es una auténtica barbaridad moral. Es la pérdida de la dignidad de la mujer, de su autonomía y de su libertad. Es caer en la desigualdad entre hombre y mujer que la iglesia defiende y practica. La lucha por la igualdad ha sido ardua y ha dejado muchos cadáveres en la cuneta, como para que ahora, un gobierno pseudodemocrático, la tire por la borda. El fundamento de la ley no puede caer nunca del lado de la religión, sino de los principios éticos que animan el espíritu de los derechos humanos. Bastante tiene la mujer con sufrir la violencia de género, cuyo origen está también en la tradición cristiana que la considera inferior y posesión del hombre así como la vía de la entrada del mal en el mundo, como para verse ahora tutelada por un estado inspirado en el más rancio catolicismo. Un catolicismo que ha olvidado la ética evangélica.

                Una tercera observación es sobre el no nacido. ¿Quién es el gobierno y la iglesia a sus espaldas para permitir el sufrimiento atroz y de por vida de una persona? Esto sólo se puede entender desde el fanatismo, el sadismo y la hipocresía (claro porque los ricos, como lo han hecho siempre, se irán a abortar a otro país) Y esto es el resultado de anteponer la vida como valor supremo a la dignidad y la felicidad. Es lo mismo que ocurre con la eutanasia, aunque a ésta le dedicaremos otro escrito. La vida sin dignidad no merece la pena de ser vivida y uno debe ser libre de decidir si quiere seguir viviendo o no. Pero en el caso del no nacido no se puede ni siquiera plantear la cuestión. A éste se le obliga por ley a vivir en el sufrimiento. Y se condena a los padres a una existencia limitada al cuidado del hijo enfermo y sufriente. Doble condena, el cuidado permanente y soportar el sufrimiento de tu hijo. Cuando un hijo es todo lo contrario, es alegría, afirmación de la existencia, su cuidado es una proyección hacia el futuro, verlo crecer es ir vislumbrando su autonomía, que algún día, aunque nos duela, se hará total. Un hijo es libertad y dignidad. Pero la moral católica nos enseña la resignación, que en el fondo no es más que resentimiento.

Mi deseo a todas las mujeres en particular y a la sociedad en general de que esta ley nunca se lleve a cabo.

 

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Me encanta coincidir con los creyentes, pero esto sólo ocurre cuando no son fundamentalistas teológicos, sino seguidores de la ética evangélica. Al fin y al cabo, creyentes y ateos, procedemos de la filosofía griega y la religión cristiana. Esos pilares son irrenunciables por muy afilosófico o ateo que uno sea, o ignorante de la filosofía y la religión. Ambas forman parte de nuestro inconsciente colectivo o de la cultura.

Cuando a la descripción de la realidad se le llama desde el poder demagogia, entonces la razón ha muerto. Estamos en manos de la irracionalidad, el sinsentido, la superstición y el poder de la fuerza.

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El voto no es la única arma. Ese es el puñetero engaño de esta falsa democracia. Tenemos las concentraciones, manifestaciones, huelgas, protestas de todo tipo, incluso, la desobediencia civil. El voto lo utilizan los partidos y los políticos para justificar su asiento y su corrupción. De eso nada. Las urnas es uno de los instrumentos de la democracia. Lo que hace falta es un vivir público, una república. Es decir, que el ciudadano, en todo momento, esté pendiente de la cosa pública y participe en el ámbito de lo público. Reducir la democracia a las urnas es una barbarie autoritaria y se llama partitocracia. Y, en nuestro caso, partitocracia oligárquica. Y, encima, lo han convertido en religión, creencia, algo sacrosanto. Y una mierda. Las urnas no justifican nada, solo la gobernabilidad, no la verdad, ni la razón, ni la sensatez. Nada. Justifican la corrupción, la obediencia de voto, la superstición de estar fuera del sistema si no se vota y ser un mal ciudadano. Todo, mentiras para justificar lo que llevan haciendo treinta años: engañar y esclavizar al pueblo. No me hables de urnas cuando utilizan éstas para eliminar las verdaderas formas de lucha democrática, la nueva ley de orden público.

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Yo no busco una guerra. Hay multitud de procesos constituyentes pacíficos. Eso lo primero y, lo segundo es que la guerra la están haciendo ellos. Una guerra silenciosa que mata a millones de personas en todo el mundo. El núcleo del capitalismo es el crecimiento y el crecimiento, mata. Cada vez que se alarga una lista de espera, que se baja una pensión, que se retrasa la jubilación, que se cierran centros de discapacitados, que se aumenta la jornada laboral, que se eliminan las bajas por enfermedad y así sucesivamente…se está provocando muerte. Es más, podemos decir que es un programa eugenésico.

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No se debe utilizar la historia como instrumento de la política, eso es ideología, creencia y superstición.

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La ley no puede estar basada en creencia religiosa alguna. En tal caso es excluyente. La ley debe ser abierta, un lugar en el que quepa todo el mundo. La ley no puede obligar desde la creencia religiosa particular al que no es partidario de esa creencia, al contrario debe dar cabida a su pensamiento. Eso es intolerancia y fanatismo. El estado de derecho debe garantizar la libertad de todos los ciudadanos. Cuando una ley se apoya en una creencia particular se excluye a una parte de la ciudadanía en tal caso se acaba con el estado de derecho.

 

¿Y nadie cuestiona el sistema de evaluación PISA?

                Otra vez acaban de salir los resultados de la evaluación de los países de la OCDE, PISA. Y, otra vez, hemos quedado de la mitad para abajo. Ha habido una novedad, Finlandia ha sido desbancada y los siete primeros lugares han sido ocupados por países asiáticos. Pero, ¿qué se pretende evaluar con este informe? Nadie se hace esta cuestión y creo que es necesario tenerla muy en cuenta. Y no es por exculpar al sistema educativo español actual, que es un auténtico desastre como ya he manifestado muchas veces, ni mucho menos, que le ha venido de perlas al señor, por llamarlo de alguna manera, Wert, promocionar la nueva ley de educación LOMCE.

                El problema es un problema de ideología y de control. Vamos a ver, todo sistema de evaluación se hace desde unos criterios y valores, igual que la ciencia. Ello nos lleva a pensar que cualquier sistema de evaluación, sobre la materia que sea, en este caso nos centramos en la educación, pues no es neutral. Y si no es neutral pues lo que quiere decir es que está cargado de intereses, tanto generales, como particulares, como de una ideología determinada. Y el informe PISA no iba a ser menos, por su puesto. Para empezar tenemos un dato irreductible. La evaluación se hace sobre los países pertenecientes a la OCDE. Es decir, a los países desarrollados y a los que, por otro lado, han abrazado las políticas capitalistas neoliberales. En una palabra, aquellos que defienden el neoliberalismo. Pero antes de seguir por este camino quisiera decir algo sobre la educación y la democracia. No hay democracia sin educación y, sobre todo, si se entiende a ésta, como Ilustración. Pero el problema surge cuando nos planteamos si la educación en un sistema político, aunque sea democrático, es democrática. Pues mi respuesta es clara y contundente. La educación en manos del poder es un arma de adoctrinamiento en la ideología del poder. Sería de ilusos pensar lo contrario. No creo que el poder pretenda formar a sus potenciales enemigos, todo lo contrario, querrá pertrecharse de ciudadanos sumisos y aplicados que ni siquiera sospechen que han sido educados intencionadamente desde una ideología determinada. Tan bien educados que ni siquiera tengan la posibilidad de plantearse el hecho de otra educación. Porque en eso consiste precisamente la ignorancia que nos lleva a la esclavitud, el no saber que no se sabe. Así que resulta hasta gracioso cuando el poder quiere instaurar asignaturas como Educación para la ciudadanía, una contradicción en los propios términos. La educación produce clones, la ciudadanía es autonomía y libertad. Los valores de la ciudadanía y de la Ilustración están precisamente en contra de la educación en manos del poder. En consecuencia, toda educación es un sistema de control que pretende la replicación del sistema porque simple y llanamente éste sistema se considera el mejor, como, por otra parte, les ocurre a todos.

Y esto nos lleva a lo que venimos tratando. El sistema de evaluación internacional es absolutamente subjetivo porque está cargado ideológicamente y, además, cargado de una ideología que más se parece a una religión que a otra cosa. Me refiero al neoliberalismo y el posmodernismo, llamémoslo así, de derechas. ¿Qué se evalúa realmente? Pues lo que se evalúa es el concepto de competencia que es el que supuestamente nos va a servir para el llamado aprender a aprender y con ello estar preparados para una sociedad del futuro cambiante en la que el ciudadano-vasallo, materia empleable, pura mercancía, tiene que adaptarse o morir. Otro error científico del neoliberalismo: identificar el darwinismo con la competitividad, cuando hay más colaboración en la evolución que competencia, según los más recientes estudios. Y, de ahí que las competencias que se evalúan sean las matemáticas, las lingüísticas (lo que se han llamado instrumentales: no nos preocupa el saber esencial, sino el saber en tanto que instrumento para el progreso, eso sí, económico, pero de unos pocos, claro) y las ciencias. Claro está, en un mundo tecnocientífico en el que creemos acríticamente que la técnica: el último móvil, o auto, o cualquier otro cacharro, nos va a dar la felicidad, cuando ésta se diluye nada más ser adquirido el artículo. En fin, creo que queda claro, la educación evaluable, la que importa, viene dirigida por la ideología política dominante, el neoliberalismo, y sólo contribuye a la dominación y la opresión del pueblo que, poco a poco es más súbdito y precario. De modo que niego la premisa mayor y declaro que me importa un bledo el informe PISA, a sabiendas del desastre educativo en el que vivimos, que, por otro lado, tiene mucho que ver con la ideología dominante.

La ley se superpone a la pasión.

                Ha sido demasiada la polvareda que ha levantado la sentencia del tribunal de Estrasburgo de los DDHH. Una polvareda, en forma de indignación, que es sólo comprensible, por lo que es la naturaleza humana, que luego veremos, pero injustificable desde una cultura que debería tener asumido el significado de la democracia, los derechos humanos y lo que vela por todo ello que es el estado de derecho, la ley. Y creo que esta indignación que se ha producido, sobre todo en las víctimas de asesinatos horrendos de la banda terrorista de ETA, debe ser dirigida hacia el sentido común, todo lo contrario de lo que la clase política, en especial el Partido Popular han hecho. Y lo que han hecho es estrictamente demagogia. Es decir han engañado en su propio interés, poner a su favor el dolor de las víctimas, apelando a las más bajas pasiones, mientras que con la boca chica afirmaban acatar la sentencia, entre otras cosas porque no le queda más remedio al formar parte de Europa y haber reconocido la validez universal del tribunal de Estrasburgo. La sentencia argumentaba y tumbaba la doctrina Parot por ir en contra de los derechos humanos. Y los juristas están de acuerdo en su inmensa mayoría. Ahora bien, los políticos que nos gobiernan, algunos intelectuales, como Savater o Albiac, por mencionar algunos, están en contra, pero no han ofrecido ni un solo argumento jurídico ni ético. Entre otras cosas, porque no los hay. Los políticos han apelado a las bajas pasiones, estrictamente a la venganza, de lo que hablaremos después, los intelectuales han sido más sutiles, pero han retorcido los conceptos, Savater ha hecho demagogia de la democracia y Albiac ha intentado rizar el rizo haciendo una distinción forzada entre la redención, que es posible desde la teología, pero no desde la ciudadanía, al ser éste un concepto estrictamente religioso. En ambos casos, intelectuales orgánicos, vendidos al poder, uno al de la derecha y otro al de la izquierda. Desde luego que más comprensible es Savater habiendo sido un blanco de ETA durante muchos años, haber tenido una actitud valiente frente a la banda armada que le hizo tener que abandonar la Universidad, que ayudó a fundar, el País Vasco y vivir largos años con escolta. Una actitud valiente y heroica, pero ello no le exime de no entender la sentencia y de hablar desde la pasión y no desde la razón, que es desde donde debe hablar un filósofo por mucho que le duela. Hubiese sido un último acto de heroísmo.

                Pero lo lamentable es la actitud de los políticos y de la ciudadanía en general. Los políticos en lugar de dar ejemplo de racionalidad y de defensa al estado de derecho han instado a las bajas pasiones. Y ello ha alimentado el monstruo que todos llevamos dentro, la necesidad de venganza. Las asociaciones de víctimas han sacado este monstruo a la luz, lo cual las pone en igualdad con el asesino. La diferencia entre el hombre civilizado y el asesino es que el primero está bajo la ley, mientras que el segundo está por encima de la ley y del bien y del mal. Es comprensible la actitud de las asociaciones debido al dolor sufrido y que siguen padeciendo, pero el estado de derecho, la isonomía, el imperio de la ley, lo que garantiza es que todos tengan un juicio justo por igual y elimina la posibilidad de la venganza al intervenir un tercero, que es el poder judicial que aplica la ley desde la isonomía, el imperio de la ley. Y eso es lo que marca la civilización.

                El hombre, en tanto que homínido, en su estado de naturaleza, que diría Locke, tiene el poder absoluto de la venganza y libertad absoluta sobre la propiedad. Pero al resultar que todos los hombres tienen el mismo poder, pues la vida en el estado de naturaleza es un sufrimiento, un estado de angustia permanente. Estoy amenazado por cualquiera, porque cualquiera se ve en el derecho de arrebatarme mi propiedad e, incluso, mi propia vida, por venganza, si así lo estima oportuno. De ahí que surja el contrato social. Y éste consiste en una ley igual para todos que limita nuestro derecho absoluto de propiedad, de venganza y de libertad. Pero bajo esta ley vivimos protegidos y ya no tenemos que preocuparnos de las amenazas. Esto no elimina el sentimiento de venganza, que es una de las pasiones más fuertes del hombre. Pero ya no soy yo el que ejecuto la ley, que emana del poder legislativo, sino que es el poder judicial. Y, de esa manera se canaliza la venganza y se le reconoce al otro el hecho de ser hombre; es decir, su dignidad. Porque la venganza no reconoce la humanidad del otro, por muy brutal que el otro haya sido es un ser humano al que hemos dotado, por ley, de dignidad. La venganza, al ser irracional, se salta la ley, no la contempla, y nos lleva al estado primitivo. A la imposibilidad del gobierno y de la vida social. La venganza es una monstruosidad porque va acompañada del placer del dolor infligido al otro al que se le considera un monstruo. Pero el mismo acto de la venganza nos convierte en monstruos, en incivilizados, nos hace perder la dignidad. Es la ley la única garantía de nuestra dignidad. Y es la ley la única que garantiza nuestra libertad, porque es el cumplimiento de la ley lo que hace posible vivir en paz y tranquilidad, sin miedo al otro y considerando a éste, como otro yo: un sujeto de derecho y también un sujeto sintiente. Por ello su dolor es mi dolor. En este sentido la ley, además de darme la libertad, me dignifica al civilizarme, que no es más que ser capaz de tener conciencia del dolor del otro. De modo que la instigación de los políticos a las bajas pasiones sólo puede alimentar al monstruo de la venganza y lo que hace es destruir una sociedad, crear monstruos y odio por todas partes. El político, al contrario, debe ser ejemplar. Y, con su vida y su palabra, debe defender la ley, el estado de derecho, la isonomía. Y más cuando estamos hablando de un Tribunal Internacional de los DDHH, la fuente y la garantía de la dignidad de los hombres. Pero, la verdad, esperar esto del político, cuando no son capaces de hacer cosas más fáciles, es mucho esperar. El político ya no es un pedagogo ni un filósofo, es un oportunista y un demagogo. Pero esta vez ha jugado con fuego y alimentado una de las pasiones más bajas del ser humano: la venganza y el odio y lo ha contagiado a la sociedad en general. Y ello ha supuesto bajar un escalón más en la democracia, si es que ello era posible. En fin, un espectáculo lamentable, bochornoso y esperpéntico. Y no estoy defendiendo a ningún asesino, defiendo al ser humano y a la ley que es la que nos humaniza.

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Muchas gracias, y gracias a ti que me has impulsado a escribirlo. Esta mañana lo he sometido a una prueba con alumnos de segundo de bachillerato y no lo ha pasado. Piensan que la doctrina Parot es correcta y no razonan, sólo sienten. Es fruto de la desinformación y el control de las mentes. Estos alumnos de entre 17 y 18 años no conocían, por ejemplo el GAL. Es tremendo el país en el que vivimos. Hemos sido engañados desde la muerte de Franco con una falsa transición y una democracia hueca en la que un presidente del gobierno, González, posiblemente la famosa X, nos dice que la democracia a veces hay que defenderla desde las cloacas. Los del PP se manifiestan contra el tribunal de derechos humanos de Estrasburgo, no renuncian del franquismo y no lo condenan como golpe de estado, mientras devuelven la religión a las aulas y eliminan la ética y la filosofía. Esto es un país de esperpentos, de conciencias dormidas, señoritos satisfechos y fachas. Se le ríen las gracias a un defraudador de hacienda como Messi (no sé si se escribe así, tengo el orgullo de haberlo conocido por su crimen, no por ser jugador de futbol) y se defiende su arte de dar patadas a un balón. Mientras otros como él nos roban el dinero para escuelas, hospitales, pensiones, dependencias. Se le entrega el dinero a los bancos y se estruja el bolsillo de los ciudadanos. Se eliminan los impuestos del IBEX 35, y se congelan por quinto año consecutivo, sin contar con las bajadas de hasta un 8%, el sueldo a los funcionarios. Se despiden a veinticinco mil profesores interinos y aumenta el número de alumnos en más de 100.000. Demencial. Mientras nos anuncian que la jubilación ha de ser por lo menos hasta los setenta años y el número de años cotizados cuarenta para cobrar la jubilación completa. Que el número de pobres alcanza ya más de tres millones, que los que viven con menos de 375 euros al mes son entre seis y ocho millones. Y la ciudadanía, por llamarle de alguna manera, sigue votando a su verdugo. No se da cuenta de que el sistema está periclitado. Que es necesaria una insumisión generalizada que dé paso a un proceso constituyente pacífico antes de que todo explote. Que el cinismo político se hace ya insoportable. Un abrazo,

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No es la técnica la que pone en jaque a la filosofía, es el poder. La democracia, les digo a mis alumnos, es la condición de posibilidad política –inventada por la propia filosofía- del pensamiento (diálogo en la pluralidad de ideas) y el pensamiento la condición de posibilidad intelectual de la democracia. Sin diferencia de ideas no es posible la democracia, como ocurre hoy en día con el llamado pensamiento único. Por eso los gobernantes no gobiernan, sino que obedecen el mandato de los que rigen el mercado. Y dicen aquello de que “no hay alternativa”. Mentira, sí las hay, lo que ocurre es que para los que rigen el mundo hay una alternativa que es la mejor para ellos. Y el poder político en unos casos está atado y no tiene margen de maniobra y, en otros, es directamente connivente del poder económico (que, insisto, tiene nombres y apellidos.) Por eso la cuestión es desde siempre, ya Platón en un diálogo expone la crítica que se le hacía a Sócrates por dedicarse a la filosofía. Y se decía que estaba muy  bien y era saludable para la juventud, pero, al pasar a la vida adulta hay que dedicarse a algo serio. Una tremenda crítica que se puede ver en Gorgias o la sabiduría, y que tiene un fondo político entre líneas. Y, por eso, a Sócrates se le acusa de corrupción de la juventud y de impiedad. Los dos crímenes van contra el poder, contra lo establecido. Ésa es su gravedad y la importancia de la filosofía. La tensión entre el poder, que tiende a barbarizarse y tiranizarse, y la filosofía, que tiende a la civilización, ha sido una constante dialéctica de la historia. Los periodos más largos, estables y oscuros de la historia son afilosóficos, momentos en el que el poder se ha hecho dueño del pensamiento y ha proclamado su pensamiento único, como es el caso de la Edad Media y la filosofía cristiana. Pues, curiosamente, hoy en día avanzamos hacia una nueva barbarie, un nuevo oscurantismo, una nueva Edad Media. Proclamación de un pensamiento único, eliminación del pensamiento y la filosofía, adoctrinamiento progresivo del hombre hasta convertirlo en vasallo.

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En torno a las vallas en Ceuta y Melilla. Sin comentarios. La barbarie. Este mundo es demencial y está dirigido por los más mediocres, vanidosos, ambiciosos e inmorales de todos los hombres. Porque el poder lo ocupan quienes han pisado muchas cabezas y para mantenerse en él, han de seguir haciéndolo. La condición humana. Menos mal que además de demonios tenemos algo de ángeles...pero en estos tiempos andan demasiado escondidos o aterrorizados.

 

Aprender a leer y, en grado menor, a escribir son, sin duda, los mayores acontecimientos en el desarrollo intelectual de una persona”. Karl Popper. “Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual”.

Efectivamente, es cierto, y las neurociencia dan pruebas ahora de ello. Es un acontecimiento revolucionario y radical que nos permite "pensar" el mundo y a nosotros mismos. Y pensar es guardar distancia, abstracción, ver desde lejos, objetivar. Para la persona es una revolución en su proceso socializador. Para la humanidad representó un paso en el proceso civilizador y de humanización.

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Hombre, hace tiempo que no coincido con el amigo Savater. Camus es filósofo mundano, no académico. Por cierto, como deberían ser todos los filósofos, el resto son especialistas o doxógrafos. Y en cuanto a lo de la literatura, pues es fundamental. Hay filosofías y caracteres filosóficos que sólo se pueden transmitir por medio de la literatura que es más ancha que el corsé intelectual que nos pone la escritura filosófica. Y, por último, hay que señalar la clarividencia de Camus y su valentía al enfrentarse a toda la intelectualidad de izquierda que defendía el comunismo al modo soviético, liderados todos ellos por Sartre, el incontestable, pero absolutamente equivocado. Camus vio el error de las verdades absolutas y del totalitarismo y optó por la única vía, la democracia, por imperfecta que sea.

“Pero se equivocan quienes expulsan a Camus del jardín de la filosofía, porque sin la filosofía no se entienden ni se justifican sus ficciones, que son el modo que utiliza para hacerla comprensible. “¿Por qué escribes novelas o dramas teatrales?”, pregunta la filosofía; y Camus responde: “Para vivirte mejor…”.

Y esa rebelión no es simple grandilocuencia, sino búsqueda de soluciones políticas, es decir, contra el estado de guerra que exige mantenerse en el odio. Para Camus, la democracia –despreciada por los revolucionarios y por Sartre- tiene el gran mérito de solicitar modestia: nadie puede zanjarlo todo por sí mismo, hace falta el consejo de otros y el acuerdo. Rebelarse contra la infelicidad del terror exige evitar el absolutismo decapitador de los principios y a menudo atenerse a los matices, a las medias tintas…” Fernando Savater.

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La crisis económica se ha convertido en una cortina de humo, en una forma de ocultar problemas más profundos de los que además emerge la crisis. En definitiva, hablamos del problema ecosocial, como le gusta llamarlo a Riechmann. Y una de sus manifestaciones es el cambio climático y sus consecuencias: humanas, sociales, geográficas y económicas. La crisis económica que padecemos es el síntoma de la quiebra del capitalismo global y éste está ligado al problema ecosocial que tiene varias patas interconectadas, entre ellas la economía capitalista, la imagen antropocéntrica que configura las relaciones hombre-naturaleza, el posmodernismo y su relativismo con el fin de los grandes relatos y la confianza en la razón, la tecnociencia como nuevo dios que nos promete el paraíso, pero nos lleva a la tecnobarbarie y algunas cosas más. Hasta ahora hemos olvidado todo esto con la cortina de humo de la crisis y lo que intentamos es parchear. Podremos conseguir, quizás un remedio, pero será transitorio. Por otro lado, no debemos olvidar que todos los derechos que hemos perdido, porque nos han  sido robados, no se nos devolverán, será necesario una revolución, como en el pasado, esto no implica violencia, sino manifestaciones, huelgas, concentraciones, ilustración, desobediencia civil, en fin todas las armas que hemos utilizado en el pasado para conseguir lo que teníamos. Porque el poder, por sí mismo, no nos ha dado ni un sólo derecho, ni social ni civil, todos han sido conquistado por la presión de la ciudadanía. Es necesario tener muy en cuenta esto y no dejarse engañar por los cantos de sirena de los políticos. Si salimos de la crisis, si es que salimos, no se nos devolverá nada a menos que lo volvamos a conquistar. Tenemos una gran tarea por delante, para nosotros, para los jóvenes de ahora y para las futuras generaciones.

El poder nos engaña y utiliza los medios de comunicación de masas, o de manipulación de las conciencias para deformar nuestra visión del mundo. Utiliza la distracción. De lo que se trata es de mantenernos entretenidos, el antiguo pan y circo de los romanos. Futbol, mucho futbol, telenovelas y series que transmiten falso valores y recrean una falsa realidad del pasado. Todo este entretenimiento evita el que pensemos y dediquemos el tiempo a los problemas importantes. El poder también inventa problemas para despistar al ciudadano. Amplifica la violencia terrorista, por ejemplo, o se regodea en la crisis, para conseguir que el pueblo acepte las medidas que el propio poder le ofrece, que es, en definitiva, lo que el poder quiere. También los poderosos, utilizan las medidas graduales. No realizan una reforma radical, en tal caso la ciudadanía se le echaría encima. Van haciendo pequeñas reformas que el ciudadano, aunque un poco a regañadientes, va aceptando. Así hemos pasada de tener una serie de derechos sociales adquiridos a ir perdiéndolos progresivamente, de tal forma que nuestra situación laboral es ya, mayoritariamente, la del “precariado”. El efecto de todo ello, es que no nos rebelamos, porque hemos sido, poco a poco, narcotizados. Hemos pasado de trabajadores a precarios, y ahora comenzamos a perder nuestros derechos civiles (libertad de expresión, de reunión,…) y ello nos está preparando para convertirnos en vasallos o esclavos. El poder también utiliza el instrumento de diferir los problemas. Lo que nos viene a decir es que las medidas que se toman son necesarias. Esto es una gran mentira, existen otras alternativas. Lo que nos exigen es un sacrificio; es decir, que aceptemos el robo de nuestros derechos (porque los hemos conquistado nosotros, nadie nos lo regaló) en pro del bien común y luego ya vendrán otros tiempos. Mentira, no sabemos si vendrán, pero lo que sí sabemos es que lo perdido, perdido está. En fin, en nuestra mano está el tomar conciencia, indignarse y reaccionar, a menos que prefiramos la servidumbre. Yo, particularmente, no.

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De entrada condeno el vandalismo y más cuando se hace cobardemente encubierto en los que luchan por sus derechos laborales, que son, en última instancia, los de todos. Pero hay un mensaje subliminal en este artículo. La domesticación de la protesta. El abuso de que los demás ciudadanos tienen sus derechos. Nos olvidamos, que en última instancia los huelguistas luchan por los derechos de todos, porque luchan contra un sistema atroz, bárbaro, esclavizador y avasallador. Y no olvidar que el primer perjudicado es el huelguista así que lo que habría que hacer es alabar su valentía, que ya está bien, de medias tintas y de paños calientes. Se nos quiere domesticar desde todos los medios de comunicación. Quieren descabezar un movimiento civil general que pongo todo patas arriba para iniciar un proceso nuevo. Un proceso constituyente, no la pantomima del PSOE este fin de semana.

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Tienes razón. Eso queda por perfilar. Y es a lo que me refería. Hay un problema de orden político que precisamente esta mañana les explicaba a mis alumnos al hilo de la teoría del estado de Platón. Si afirmamos más estado, eliminamos progresivamente al individuo y, con él, la libertad. Es el caso de Platón que acaba en totalitarismo. Y, claro, la educación en Platón es fundamental y, por eso, debe estar en manos de los gobernantes, del estado. Porque éste es el responsable del ciudadano. La existencia de éste está supeditada a la del estado. Todo viene normalizado y legislado por el estado. Ésta es la concepción comunitarista y holística u organicista del estado. En el lado extremo tenemos al liberalismo radical en el que el centro es el individuo. Hoy en día este liberalismo, aliado al capitalismo, ha tenido un desarrollo económico y nos encontramos con el neoliberalismo. El liberalismo quiere, mientras menos estado, mejor. Ahora bien, eso nos lleva al neoliberalismo con sus contradicciones porque ha acudido al estado cuando lo ha necesitado. Pero, en lo que a la educación se refiere, el neoliberalismo quiere la privatización de la educación, pero no, la libertad de educación. Por el contrario, utiliza la educación no sólo ya como sistema de control, sino como vehículo de transmisión de una ideología a la que tendrán acceso unas élites que son las llamadas a controlar el mundo. Y esto es algo que ya existe, lo que ocurre es que en Europa lo estamos empezando a vivir ahora. Nos encontramos en un dilema, o la intervención del estado, que tiende a hacerse totalitario, incluso en las democracias (es increíble la normativa que existe para regular cualquier acción y la ausencia progresiva de libertad en el seno mismo de las democracias), o bien el liberalismo, que defiende en el bien sentido la libertad y al individuo frente al Leviatán del estado, pero que, aliado al capitalismo nos ha llevado a otra forma de totalitarismo que es el neoliberalismo. La cuestión, se me hace muy compleja. Ambos extremos, que han constituido la tensión dialéctica de la política en la historia nos llevan a diferentes formas de totalitarismos en los que se ha transitado por breves momentos de democracia. Mi apuesta, como he dicho muchas veces, es el ecosocialismo. Y, en el tema de la educación pues, como el ecosocialismo nos lleva a un decrecimiento y, con él, a una simplificación de las estructuras sociales, por tanto a mayor localización, frente a la globalización, pues la educación sería dirigida más localmente y menos estatalmente y tendría como fines las propias ideas del ecosocialismo de economía decreciente.

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La educación como un monstruo y el profesor como un profesional al servicio del poder.

 

Ante las huelgas de alumnos contra la LOMCE sólo falta añadir que gran parte del profesorado es inconsciente de los males de la educación y de la posibilidad de los remedios. La prueba son las movilizaciones del profesorado y sus comprobadas tragaderas con cualquier ley educativa que lo único que hace es empeorar el ambiente en escuelas e institutos. Los primeros responsables somos los profesores que hemos tragado desde los años noventa con esto y que ha convertido la enseñanza en algo, literalmente, insufrible. ¿Qué nos ha pasado a los profesores que hemos admitido esto y lo sufrimos calladamente? Esto por no mencionar al listo de turno que ha aprovechado bajas, puentes y demás para escacaerse todo lo posible y que ha dado la peor imagen de la educación, incluso dentro de los grupos de dirección, que en muchas ocasiones, toman al profesor como el enemigo, cuando el enemigo es la ley que es el marco jurídico que hace posible que exista un alumnado de determinadas características, un sistema de promoción, una optatividad determinada, un bilingüismo segregador y farsante, adaptaciones curriculares, diversificaciones, PCEPIs, educación de adultos (ESPA), la formación profesional junto al bachiller y la ESO, los niños pequeños de educación estrictamente de primaria junto con los mayores. La educación, un monstruo con muchas cabezas, en la que lo menos importante es la formación para la libertad, el conocimiento y la autonomía.

Sólo me cabe pensar que el profesor ha sido abducido por el sistema, se ha vuelto egoísta y hedonista. Se ha vuelto, lo peor que puede ser un maestro, un profesional, que aplica técnicas aprendidas en los centros de profesores de manos de los pedagogos, que han vaciado la educación de contenido y la han llenado de técnica, de un saber hacer vacío. Han eliminado la educación como arte y pasión, lo que es una vocación, para convertirla en profesión. Y se alza el valor de la profesionalidad. Y así estamos a un paso de admitir la ideología del mercado. El profesor es una pieza más, que encaja perfectamente en el engranaje de la ideología mercantilista. Su función es aplicar técnicas y obtener competencias básicas en los alumnos. El conocimiento, la libertad, la ética, la pasión por el saber y la justicia, no existen porque no entran dentro del mercado. Porque aunque el mercado lo quiera reducir todo a sus leyes, no puede. Y lo que no reduce lo elimina. El profesor juega el papel profesional, perfectamente evaluable por criterios objetivos y externos, de domesticación del alumnado para convertirlo en mano de obra para el mercado. La educación siempre ha sido el vehículo ideológico del poder, la mano ideológica del poder. Y ahora el poder es el mercado. El profesor es el instrumento de este poder y por eso obedece sumisamente, simplemente porque él no es más que un instrumento. Él también ha sido perfectamente domesticado en su tiempo. Y por eso hay pocas voces disidentes, porque es difícil salirse del rebaño, porque vivir a la intemperie es duro y la soledad, o nos curte, o nos devuelve al rebaño. El profesorado juega el papel que ha jugado en todos los tiempos: el gran domesticador como instrumento del poder.

Pero esto no es lo que defiende la Ilustración. La educación como instrumento de liberación por medio del conocimiento. Conocimiento que desmitifica. Que va contra las supersticiones y las ideologías, contra lo establecido, contra la doxa común, lo consuetudinario, que diría Ortega. La educación, en su sentido ilustrado es el camino de la libertad y de la individualidad, porque no hay libertad sin individualidad. Y estos son los valores supremos de la educación, lo demás es profesión, que también será necesario, pero en otro lugar. Y la educación es la enseñanza del respeto hacia el conocimiento y hacia el que porta el conocimiento, el maestro o profesor. Y este conocimiento es su principio de autoridad y su bagaje moral. Pero todos estos principios están en retirada, sino ya destruidos por el nuevo pensamiento dominante. Y el profesorado ha jugado su papel al profesionalizarse. Me gustaría pensar que estamos a tiempo para cambiar las conciencias del profesorado, pero esto sólo es posible si se produce una revolución social que dé lugar a un cambio de paradigma y, por lo tanto de valores.

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Motivo para la reflexión. Los únicos responsables del neofeudalismo al que nos dirigimos somos nosotros. Qué le vamos a hacer. Lo del progreso es un mito, en la historia también ha habido retrocesos y estamos asistiendo a uno que se irá, paradójicamente, acelerando. Y más cuando se una lo político con lo medioambiental.

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De la Ilustración a la nueva Edad Media. Discurso de presentación de “Un grito en el desierto de lo real”

Buenas Noches.

Agradecimientos: a los presentes, al director y a Juan Y Álvaro y sus excelentes discursos.

Mi tesis es que nos dirigimos a una nueva Edad Media. No es una tesis nueva, ya leí un libro hace unos quince años titulado, precisamente, “La nueva edad media” del filósofo francés Alan Minc. Pero hoy en día la cosa está mucho más clara y el avance del pensamiento único, compuesto de neoliberalismo y posmodernismo y dirigido por el capitalismo salvaje y sin bridas, se ha acelerado y va sin frenos y a todo ello se le ha unido una política reaccionaria, de tintes fascistas que tiene como objetivo la protección del capital y las clases poderosas. Y lo que significa que nos estamos dirigiendo a una nueva edad media es que estamos dejando de ser personas, por un lado y ciudadanos, por otro. Para convertirnos en individuos intercambiables, en este caso en manos del capital, por tanto mercancía, y vasallos. Y hay que tener en cuenta que el concepto de ser persona y ciudadano, no es algo que nos viene dado en nuestra propia naturaleza biológica, sino una conquista cultural del hombre. Una conquista objetiva, por supuesto, que ocuparía un lugar autónomo en el mundo tres popperiano, pero no una realidad necesaria, ni inmutable, ni imprescindible. Y esto me lleva de nuevo al tema del progreso, que tanto he tratado. Como siempre he defendido y creo que demostrado suficientemente, y la historia empíricamente, lo confirma, el progreso es un mito. Los progresos en la historia son accidentales, locales y pasajeros. Y los retrocesos son una realidad. Con ello quiero decir que el progreso en la historia no es inevitable, ni está sujeto a leyes deterministas, ni depende del “progreso” tecnocientífico, sino que es algo mucho más prosaico. Además de que la creencia en el progreso nos lleva a formas de totalitarismos como es el que hoy padecemos. Pero, sin entrar en el ámbito de la tecnociencia, sí es cierto que existe un progreso ético y político, un proceso de civilización y que depende del uso de la razón, frente a la fuerza. Y este progreso de la humanidad, que se da de forma local, es una conquista del hombre en cuya propia naturaleza está el tenerla o perderla.

                Nosotros somos hombres que venimos de la modernidad, con sus logros y sus excesos y perversiones y que estamos instalados en lo que viene a llamarse la posmodernidad y la globalización neoliberal. Pues bien, mi tesis es que el paso de la modernidad a la posmodernidad conlleva la pérdida de ciertas conquistas ético-políticas. Ya sé que ustedes me podrán decir que los totalitarismos del siglo XX proceden de la Ilustración, y no lo negaré, lo puedo matizar. Pero lo que yo les digo es que precisamente, el neoliberalismo, el endiosamiento de la ciencia de la economía y la reducción de todo al valor del mercado es también un totalitarismo fruto de una perversión de la Ilustración enmascarado de una psuedofilosofía, el posmodernismo, que niega precisamente esa Ilustración, es curiosa esta paradoja que nadie ha observado. Y esto ocurre, precisamente, porque el posmodernismo, es la ideología del poder. Creo que tenemos dos niveles en el discurso, un nivel teórico filosófico y otro histórico empírico. El segundo es la confirmación de la tesis que mantengo en el primero. Si reducimos el periodo a los últimos cuarenta años, desde el punto de vista empírico, lo que podemos observar es que tras la máscara del progreso tecnocientífico, que no es un progreso humano, sino todo lo contrario, porque es el instrumento del poder para esclavizarnos, lo que tenemos es una paulatina pérdida de democracia, derechos sociales y derechos civiles. A la vez nos vamos convirtiendo cada vez más en siervos, tanto del mercado como de la política. Somos individuos mercantilizados, nos reducimos a nuestro valor de mercado. Éste es el hecho histórico contrastable. Lo cual implica que estamos adentrándonos en un periodo neofeudal, es decir, de carácter totalitario. También podríamos decir que nos adentramos en una nueva forma de totalitarismo fascista en la que el individuo queda anulado política y económicamente. Pues como digo, éste es el hecho histórico que creo que es innegable. Y nos sirve, tanto de punto de partida, como de confirmación de la tesis. Y eso es lo que toca ahora desarrollar teóricamente.

                La Ilustración de la que procede el mundo moderno es una defensa de la razón frente a la superstición. Es un intento de eliminar las explicaciones basadas en la superstición que el poder utiliza para manipular al pueblo y tenerlo sojuzgado, en estado de vasallaje y semiesclavitud. La razón aparece como una forma de liberación. En dos sentidos. La razón aplicada a la naturaleza nos sirve para conocer las leyes que la rigen y de esta manera dominarla. Además el conocimiento causal de los fenómenos, es decir, de una forma natural, elimina la explicación sobrenatural y supersticiosa, por tanto, esto socaba el poder del clero que en aquel entonces dominaba las conciencias. La salida de la Edad Media, que se inicia en el Renacimiento, se hace de manos de la ciencia. Y es necesario recordar aquí que el Renacimiento comienza precisamente en Al-Ándalus, durante el Califato de Córdoba, sobre todo con Abderramán I. Fue entonces cuando llega la sabiduría griega a Europa; y es traducida del griego al latín y al árabe. Y la traducción al latín permite que parte de esta sabiduría pase a las primeras universidades cristianas europeas y de ahí el desarrollo de la escolástica y el germen de la ciencia, que no sólo se recopiló en Al-Ándalus y todo el mundo árabe, sino que se amplió. Y estos son los verdaderos orígenes del Renacimiento como demuestran varios autores, como Koyré y, ahora, recientemente, en un magnífico libro, nuestro compañero Miguel Manzanera. Y, una vez dicho esto, que era necesario es menester seguir con el papel de la razón. La segunda dimensión a la que se aplica la razón es al ámbito de lo político. El poder no puede estar legitimado por dios, para empezar, éste ha sido puesto ya en duda por la razón natural. Dios ya no es lo absoluto, la naturaleza lo ha sustituido. Dios ya no es universal, lo universal es la razón. Por ello el estado no puede estar fundado ni legitimado ni en dios, ni en la herencia sanguínea, en la aristocracia. Es necesario el fundamento de la razón. Y de ese fundamento racional surgen la democracia y los derechos del hombre y del ciudadano. La razón nos proclama como iguales, libres y fraternos y nos lleva a la concepción de que la única manera de gobernarnos desde la igualdad es a partir de la democracia.

                Los derechos humanos y la democracia de esta manera dan lugar a un cambio en la concepción del hombre, o a la inversa. Lo que podemos decir es que la nueva concepción del hombre, que éste es una persona y un ciudadano hacen posible la organización política de los ciudadanos en forma de democracia. Y ésta sólo es posible si lo que tenemos son ciudadanos autónomos, libres y dotados de dignidad. Y ésta es la gran conquista política, ética y filosófica. El hombre ha dejado de ser un individuo y un vasallo sometido a la arbitrariedad del poder, tanto del clero, como de la aristocracia, para ser un sujeto autónomo, libre y que interviene en la cosa pública, la res pública (república), por eso Kant nos dice que la Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Lo que Kant nos está diciendo es que la mayoría de edad consiste en ser autónomo y libre, en ser un fin en sí mismo, que eso es estar dotado de dignidad. Y esto se consigue por el uso de la razón, por el conocimiento.

                Pero en la propia Ilustración, aunque no vamos a entrar aquí en detalle, está el germen de su perversión. La razón se endiosa y se convierte en razón totalitaria: todo lo real es racional, todo lo racional es real, proclamaba Hegel, donde anida el fascismo que se desarrollaría en el siglo XX. Y de una visión invertida de su filosofía surgiría el marxismo, que en una visión simplificada, reduce la historia a mero determinismo que nos llevaría a los totalitarismos comunistas directamente. Lo mismo ocurriría con la idea de nación que encharcaría de sangre Europa. Y, si se dan cuenta ustedes, todos ellos tienen a la base la idea de progreso, que es el mito que los anima.

                Después de la II guerra mundial se constituye, como solución definitiva de la crisis del 29, el estado del bienestar y la socialdemocracia y se proclaman los derechos humanos. Es el momento de máximo desarrollo de los ideales ilustrados de democracia, igualdad, libertad y fraternidad. Si bien es cierto, viviendo en una burbuja. Y, además, viviendo a costa de un tercer mundo, que acababa de descolonizarse y del que habíamos vivido durante quinientos años. Aunque esto es cierto y nuestro crecimiento era a costa de otros y además vivíamos en un enfrentamiento bipolar entre los dos bloques, también lo es que la socialdemocracia fue el mayor periodo de democracia, libertad e igualdad. Y también es cierto que no sólo hubo las conquistas de la democracia y de los derechos civiles, sino que hubo una conquista de derechos laborales y sociales. Y aquí también me gustaría hacer una matización. Todos los derechos conquistados son el fruto de una lucha de la clase oprimida contra los opresores. El poder no nos ha regalado nada, se lo hemos arrebatado por medio de la lucha. Por cierto, lucha que hoy en día no se ve y que además, no sólo es que el poder intente poner cortapisas y de esa manera conculcar tanto nuestros derechos sociales, como laborales. Sino que la ciudadanía ha aceptado el discurso del poder (por eso mantengo que nos hallamos en un mundo orwelliano en el que la población piensa a través de la neolengua del poder)

                Pues bien, es este estado de bienestar, siempre perfectible, y que hemos intentado exportar como idea al mundo entero a través de la creación de una serie de instituciones como la ONU, el que ha sido puesto en cuestión y está desapareciendo. Y está siendo sustituido por un estado feudal o fascista en el que ni la persona, ni la dignidad, ni la igualdad, ni la libertad, ni la fraternidad, y, por su puesto, ningún derecho social o laboral, tienen cabida. Y todo ello a manos de un pensamiento único, de carácter economicista que es el neoliberalismo y que, como explicaré ahora, constituye otra perversión de la razón ilustrada, acompañado por la ideología posmoderna que ha producido un nuevo concepto de hombre fragmentado, sin sentido, sin saber qué le pasa, ni a qué agarrarse, fácilmente maleable, precario, sin dignidad, ni libertad, ni futuro y con un dueño, el mercado. Por cierto, no olvidar nunca que el mercado tiene nombres y apellidos. Lo que ha sucedido entonces es que el capital, en competencia siempre, porque ése es otro error, el neodarwinismo sin base científica que se ha instalado, contra los trabajadores ha querido hacerse con todo el poder. Y para ello lo que necesita es acabar con el estado. Es decir, el neoliberalismo proclama la libertad absoluta del mercado asegurando que el propio mercado se autorregula y elimina las injusticias, cosa que probadamente no es así. Las tesis neoliberales, lo que llama Stiglitz, el “catecismo neoliberal” se ha intentado imponer en distintos lugares, empezando por Latinoamérica, y a lo que ha dado lugar ha sido a grandes catástrofes económicas. Esto es: hambre, miseria, paro, desaparición de servicios públicos, desregulación total del mercado laboral, por tanto, precariedad y, por el otro lado, el enriquecimiento exponencial de unos pocos que, por otra parte, ni pagan impuestos y evaden sus capitales, engordados con el dinero público, a paraísos fiscales. Pero el fracaso del neoliberalismo no es tal. Me explico. Desde el punto de vista de la población general es un fracaso, pero desde el punto de vista del capital es un triunfo. Nunca ha crecido tanto la economía como en estas últimas décadas. Incluso, con la crisis, pues se resolvió con dinero público y las grandes economías financieras, las multinacionales y las grandes fortunas privadas siguieron creciendo. Es decir, que al capitalismo le iba bien. O, dicho de otra manera, si concebimos en términos marxistas, la cuestión como una lucha de clases, pues resulta que existe, no como otros negaban, y encima la van ganando ellos, los ricos. Pero, ¿qué es lo que ha traído todo esto? Pues bien, una transformación revolucionaria de la sociedad que habría que analizar en múltiples niveles. Aquí nos fijaremos en algunos.

La economía del bienestar tutelada y reglada por el estado es sustituida por la economía del mercado. Es decir, privatización y desregulación. Privatización de los servicios públicos y desregulación del mercado, incluido el mercado laboral. Eso crearía, según los neoliberales mayor competitividad que es, según ellos, el motor de la economía. Es el neodarwinismo acientífico. Hay más cooperación en la evolución y la naturaleza, que competencia. Ese dogma neoliberal no es más que pura ideología. Y, por eso, tanto la privatización, como la desregulación crean desigualdad, precariedad y, al final miseria. Pero crea riqueza que se acumula en pocas manos. Pero, claro, este estado de cosas da lugar a un nuevo hombre y a un nuevo estado. El hombre precario, por un lado y la política al servicio del mercado, por otro. Lo que se ha venido en llamar el precariado es lo que está sustituyendo al trabajador. Al ser el mercado el que regula el mercado laboral pone las normas que más le favorecen y el trabajador no tiene más remedio que aceptarlas o ir a la calle. Porque el problema es que según estas normas no hay trabajo para todos. Así el trabajador pierde los derechos laborales y sociales conquistados durante décadas de lucha. (Hay que tener en cuenta que lo que hemos perdido costará años en reconquistar, si es que nos es posible) Pero el significado de esto es que el ciudadano está dejando de ser libre para convertirse en esclavo, en vasallo del nuevo poder que es el mercado, el capitalista. Por tanto se está produciendo una transformación de la persona. La persona está dejando de ser tal porque ya no es un fin en sí mismo, sino un instrumento en manos de las leyes del mercado. Y dejar de ser persona significa dejar de ser libres y de tener dignidad. La dignidad se disuelve en la necesidad del precariado de aceptar las condiciones laborables miserables. Y el trabajador ya no es persona porque no es un fin para sí mismo, sino para el mercado.

                Pero es curioso que esto lo hemos ido aceptando, entre otras cosas es porque las reformas se han ido produciendo poco a poco, gradualmente. Ésta es una de las formas de control del poder sobre los hombres, como nos cuenta Chomsky. Por otro lado, aquí juega un papel muy importante la ideología posmoderna, por un lado y, por otro, el desarrollo tecnológico, sobre todo de las nuevas tecnologías de la información. El posmodernismo defiende un relativismo ramplón, el todo vale. Es un discurso construido contra la Ilustración, contra la universalidad de la razón y contra la posibilidad de crear relatos creíbles sobre el mundo. Y, claro, si esto es así, la condición del hombre posmoderno es fragmentaria, provisional, adaptable a las circunstancias cambiantes, hedonistas, sin tiempo, sólo existe el presente. Las categorías son las contrarias a las de la Ilustración. El posmodernismo es una reacción, no una crítica. Y, por mi parte, yo considero que la Ilustración es un proyecto inacabado y, por lo tanto, su crítica es necesaria. El caso es que la conciencia que crea el posmodernismo es la de un ser adaptable, sumiso, acrítico, hedonista que vive el presente, escéptico e, incluso, cínico y con esta conciencia el individuo acepta cualquier cosa. Además a la conciencia posmoderna, debido a su hedonismo egoísta le falta la fraternidad. Y eso hace posible que no pueda, ni sepa, ni quiera rebelarse contra las injusticias. Simplemente no las reconoce. Acepta el mundo que le ofrecen. Está instalado en el desierto de lo real, sólo y en la miseria y sordo ante cualquier discurso porque niega de entrada la posibilidad del discurso. De ahí lo de un grito en el desierto de lo real. El hombre posmoderno ya no escucha argumentos, quizás ni le llegue ya el grito. Y, por eso hemos perdido nuestra conquista, ni hay democracia, que veremos ahora, ni ciudadanos, ni personas. Lo que hay en su lugar es un autoritarismo que tiende al fascismo, vasallos y mercancías. Y todo esto nos adentra en una nueva Edad Media. Es, de nuevo, el triunfo de la superstición sobre la razón. Sí, superstición, porque la ciencia que se nos vende, la economía se ha endiosado, en parte esto es la perversión de la razón ilustrada. Y en parte es también superstición. Porque funciona como una nueva religión que nos redime. Por lo del vasallaje y por lo de la nueva religión es por lo que podemos hablar de una nueva Edad Media con todo lo que ello conlleva para el que era un ciudadano y persona y se ha convertido en vasallo.

Por último habría que mencionar el aspecto político. El neoliberalismo ha succionado a la política. La política se ha convertido en sierva de la economía, más bien en esclava. Una vez aceptadas las reglas del neoliberalismo que nos llevan a la privatización y desregulación el estado queda reducido a mero gendarme, al poder militar y, por otro lado a guardián de las normas del neoliberalismo. De ahí ese manido discurso de que no hay alternativas. Pues claro que las hay. Lo que no hay alternativas es dentro del neoliberalismo. La política le hace el juego al gran capital ante los ciudadanos. Los políticos son los grandes farsantes que representan el teatro de la democracia. Cuando la democracia se ha disuelto en el mercado. La política es otra forma de engañar y entretener al pueblo, cuando el poder no reside ni en el pueblo, ni en los políticos. El poder político está aliado al poder económico, por tanto, es connivente de las atrocidades de éste. El poder político utiliza la democracia como demagogia, pero en el fondo la rechaza y opta por el poder del mercado, es decir, de los que rigen el mercado que son unos pocos y muchas veces algunos de esos políticos coinciden con algunos de esos pocos. El gran engaño es perfecto. El estado de alienación de las conciencias es casi absoluto, los medios de comunicación están en manos del poder político y económico. Desde ellos se transmite el nuevo pensamiento a través de la neolengua del poder. El pueblo asume la “verdad” del poder, pero como creencia, ni siquiera se lo plantea, porque los medios y la neolengua son omnipresentes. Y por eso triunfa la superstición sobre la razón. El hombre del capitalismo es insolidario, pero, fundamentalmente, es un hombre con miedo. Primero se ha creado una conciencia individualista que no es capaz de pensar en el otro, después se le amenaza con la pérdida del trabajo, su única forma de subsistencia, su único valor, puesto que ha sido reducido de persona a mercancía. Y por eso tiene miedo y el miedo engendra la superstición. Y lo tenemos claro, los “ciudadanos-vasallos” no acuden a los clásicos filosóficos y literatos, sino a los libros de autoayuda. Una autoayuda individualista, sálvese quien pueda. No se ofrece la alternativa de la unión social. Por otro lado, esos libros de autoayuda, además de ser un síntoma de la sociedad en la que estamos, son superficiales, en definitiva, no es más que otro entretenimiento para que el ciudadano no se preocupe de lo que verdaderamente tiene importancia. Y éste es el desierto de lo real en el que estamos instalados. Y este desierto es la zona de transición hacia la nueva Edad Media o neofeudalismo hacia el que transitamos.

Muy buenas noches.                   

26 de noviembre de 2013

 

La ley se superpone a la pasión.

                Ha sido demasiada la polvareda que ha levantado la sentencia del tribunal de Estrasburgo de los DDHH. Una polvareda, en forma de indignación, que es sólo comprensible, por lo que es la naturaleza humana, que luego veremos, pero injustificable desde una cultura que debería tener asumido el significado de la democracia, los derechos humanos y lo que vela por todo ello que es el estado de derecho, la ley. Y creo que esta indignación que se ha producido, sobre todo en las víctimas de asesinatos horrendos de la banda terrorista de ETA, debe ser dirigida hacia el sentido común, todo lo contrario de lo que la clase política, en especial el Partido Popular han hecho. Y lo que han hecho es estrictamente demagogia. Es decir han engañado en su propio interés, poner a su favor el dolor de las víctimas, apelando a las más bajas pasiones, mientras que con la boca chica afirmaban acatar la sentencia, entre otras cosas porque no le queda más remedio al formar parte de Europa y haber reconocido la validez universal del tribunal de Estrasburgo. La sentencia argumentaba y tumbaba la doctrina Parot por ir en contra de los derechos humanos. Y los juristas están de acuerdo en su inmensa mayoría. Ahora bien, los políticos que nos gobiernan, algunos intelectuales, como Savater o Albiac, por mencionar algunos, están en contra, pero no han ofrecido ni un solo argumento jurídico ni ético. Entre otras cosas, porque no los hay. Los políticos han apelado a las bajas pasiones, estrictamente a la venganza, de lo que hablaremos después, los intelectuales han sido más sutiles, pero han retorcido los conceptos, Savater ha hecho demagogia de la democracia y Albiac ha intentado rizar el rizo haciendo una distinción forzada entre la redención, que es posible desde la teología, pero no desde la ciudadanía, al ser éste un concepto estrictamente religioso. En ambos casos, intelectuales orgánicos, vendidos al poder, uno al de la derecha y otro al de la izquierda. Desde luego que más comprensible es Savater habiendo sido un blanco de ETA durante muchos años, haber tenido una actitud valiente frente a la banda armada que le hizo tener que abandonar la Universidad, que ayudó a fundar, el País Vasco y vivir largos años con escolta. Una actitud valiente y heroica, pero ello no le exime de no entender la sentencia y de hablar desde la pasión y no desde la razón, que es desde donde debe hablar un filósofo por mucho que le duela. Hubiese sido un último acto de heroísmo.

                Pero lo lamentable es la actitud de los políticos y de la ciudadanía en general. Los políticos en lugar de dar ejemplo de racionalidad y de defensa al estado de derecho han instado a las bajas pasiones. Y ello ha alimentado el monstruo que todos llevamos dentro, la necesidad de venganza. Las asociaciones de víctimas han sacado este monstruo a la luz, lo cual las pone en igualdad con el asesino. La diferencia entre el hombre civilizado y el asesino es que el primero está bajo la ley, mientras que el segundo está por encima de la ley y del bien y del mal. Es comprensible la actitud de las asociaciones debido al dolor sufrido y que siguen padeciendo, pero el estado de derecho, la isonomía, el imperio de la ley, lo que garantiza es que todos tengan un juicio justo por igual y elimina la posibilidad de la venganza al intervenir un tercero, que es el poder judicial que aplica la ley desde la isonomía, el imperio de la ley. Y eso es lo que marca la civilización.

                El hombre, en tanto que homínido, en su estado de naturaleza, que diría Locke, tiene el poder absoluto de la venganza y libertad absoluta sobre la propiedad. Pero al resultar que todos los hombres tienen el mismo poder, pues la vida en el estado de naturaleza es un sufrimiento, un estado de angustia permanente. Estoy amenazado por cualquiera, porque cualquiera se ve en el derecho de arrebatarme mi propiedad e, incluso, mi propia vida, por venganza, si así lo estima oportuno. De ahí que surja el contrato social. Y éste consiste en una ley igual para todos que limita nuestro derecho absoluto de propiedad, de venganza y de libertad. Pero bajo esta ley vivimos protegidos y ya no tenemos que preocuparnos de las amenazas. Esto no elimina el sentimiento de venganza, que es una de las pasiones más fuertes del hombre. Pero ya no soy yo el que ejecuto la ley, que emana del poder legislativo, sino que es el poder judicial. Y, de esa manera se canaliza la venganza y se le reconoce al otro el hecho de ser hombre; es decir, su dignidad. Porque la venganza no reconoce la humanidad del otro, por muy brutal que el otro haya sido es un ser humano al que hemos dotado, por ley, de dignidad. La venganza, al ser irracional, se salta la ley, no la contempla, y nos lleva al estado primitivo. A la imposibilidad del gobierno y de la vida social. La venganza es una monstruosidad porque va acompañada del placer del dolor infligido al otro al que se le considera un monstruo. Pero el mismo acto de la venganza nos convierte en monstruos, en incivilizados, nos hace perder la dignidad. Es la ley la única garantía de nuestra dignidad. Y es la ley la única que garantiza nuestra libertad, porque es el cumplimiento de la ley lo que hace posible vivir en paz y tranquilidad, sin miedo al otro y considerando a éste, como otro yo: un sujeto de derecho y también un sujeto sintiente. Por ello su dolor es mi dolor. En este sentido la ley, además de darme la libertad, me dignifica al civilizarme, que no es más que ser capaz de tener conciencia del dolor del otro. De modo que la instigación de los políticos a las bajas pasiones sólo puede alimentar al monstruo de la venganza y lo que hace es destruir una sociedad, crear monstruos y odio por todas partes. El político, al contrario, debe ser ejemplar. Y, con su vida y su palabra, debe defender la ley, el estado de derecho, la isonomía. Y más cuando estamos hablando de un Tribunal Internacional de los DDHH, la fuente y la garantía de la dignidad de los hombres. Pero, la verdad, esperar esto del político, cuando no son capaces de hacer cosas más fáciles, es mucho esperar. El político ya no es un pedagogo ni un filósofo, es un oportunista y un demagogo. Pero esta vez ha jugado con fuego y alimentado una de las pasiones más bajas del ser humano: la venganza y el odio y lo ha contagiado a la sociedad en general. Y ello ha supuesto bajar un escalón más en la democracia, si es que ello era posible. En fin, un espectáculo lamentable, bochornoso y esperpéntico. Y no estoy defendiendo a ningún asesino, defiendo al ser humano y a la ley que es la que nos humaniza.

 

"Hay que tener en cuenta, de cara a los padres, que el colectivo de dicentes tiene un puesto de trabajo asegurado y, sin embargo, los padres se están enfrentando a unas tasas de desempleo muy elevadas y dificultades económicas importantes", ha aseverado la secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio. Declaraciones a Europa Press.


¡Serán hijos de puta! Esto es una auténtica vergüenza. Aguantarlo es ser cornudo y apaleado. Este gobierno criminaliza cualquier protesta, no ha analizado ni una sola de sus leyes ni de sus decretos es inmensamente prepotente. Es estrictamente autoritario, manipulador y mafioso. No se lo podemos permitir. Se han cargado la sanidad, la educación, la justicia…y encima los responsables somos nosotros. Ha aumentado el paro y los responsables somos los profesores que nos ponemos en huelga por los hijos de los trabajadores y por las clases más desfavorecidas. Han perdido el norte. Se están escaceando del caso Bárcenas que es la mayor vergüenza de la democracia. Insultan a los españoles a la cara impunemente, como aquel que tiene derecho de pernada. Este ministro en concreto, un tertuliano, un opinador, ha elevado su opinión particular (no olvidemos que las opiniones son como el culo, cada cual tiene la suya) a rango de ley general de educación. Qué poca vergüenza, qué desfachatez, o, mejor, fachatez. Porque eso es lo que son todos los de este gobierno, mentirosos, meapilas y fachas. No debemos soportar ni un solo insulto más. Estos deben ir a la calle, ya. Su juego es enfrentar a la ciudadanía e irse de risitas. Son unos cobardes amparados en una mayoría absoluta que utilizan como poder omnímodo. 

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Las protestas contra la LOMCE deben radicalizarse, que no tiene nada que ver con la violencia, sino con una postura de fuerza, encierros, desobediencia civil, huelgas de hambre o ayunos. Porque lo que sucede es que además de mentir con los datos, de intentar dividir a los ciudadanos enfrentando a los padres con los profesores, siendo precisamente los profesores los que velan por los alumnos y por su máximo bien, la educación y la enseñanza, estos señores no nos hacen ni caso. No nos van a escuchar, nos van a ningunear. Hablan de diálogo, pero es la ley educativa con menos consenso y en absoluto sin diálogo. No han escuchado ni al Consejo de Estado. Lo único que han escuchado son las enmiendas a errores en la redacción. Una ley que salió hecha desde un principio, desde la cabeza del señor Wert. Una transcripción de su opinión tertuliana, algo particular y sin validez cognitiva, transformada en ley con validez universal. Estas son las consecuencias del relativismo y el posmodernismo. Si todas las opiniones son iguales, la válida es la del más fuerte. En definitiva, nuestra lucha o es desde la radicalidad, trascendiendo a los sindicatos o no tenemos ninguna alternativa. Tomemos ejemplo de la sanidad madrileña, ganen o pierdan, llevan un año de luchas y, en parte van ganando, los tribunales han declarado, de momento inconstitucional ciertas privatizaciones. La LOMCE también tiene sus inconstitucionalidades.

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La recuperación, y no por ser un pájaro de mal agüero, es apariencia. Podrá haber recuperación y de nuevo crecimiento. Pero el sistema capitalista se ha agotado y habría que aprovechar para iniciar un nuevo modelo (el cambio de paradigma), el del decrecimiento y el ecosocialismo. Pensar que el crecimiento es ilimitado en un planeta limitado es una estupidez y, como decía un economista que ahora no recuerdo, “quien mantenga esto o es idiota o un economista.”

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El problema es que la fraternidad de la Ilustración nunca se desarrolló. Hay un libro de Antonio Domenec sobre la fraternidad que es buenísimo, no recuerdo exactamente el título.

Y, lo que ha ocurrido en las postrimerías del XX y los inicios del XXI es la alianza entre el capitalismo salvaje y su gran triunfo, hasta la crisis, y la filosofía posmoderna. Ello ha hecho de los ciudadanos, islas, idiotas en el sentido griego, sólo se preocupan por su bien particular sin ser capaz de entender que su bien depende del bien común. Son, en palabras de Ortega, señoritos satisfechos, niños mimados, perezosos y egoístas. Mira, el otro día en una CCP, el director estaba hablando de las nuevas normativas y, en espacial, la que afectaba a la dirección, una evaluación externa y tal…Bueno, pues la gente, ni caso, con la trascendencia para el funcionamiento de los centros y de la educación que tenía todo lo que decía. Sólo miraban el calendario para ver qué fechas se podían cambiar para planificarse sus puentes y salidas. Lo siento Esteban, pero hace ya tiempo que me da asco ir al instituto (y estas reuniones las detesto. Son asépticos, no existe la política, cuando la educación es eminentemente política, formar ciudadanos) y más en un centro en el que la mitad del profesorado es de ciclos formativos, que, lo siento, estos no tienen nada que ver con la enseñanza clásica, por muy loable que sea su labor y muy bien que lo hagan, no deben estar en los centros de secundaria, los intereses de un matemático y un maestro de chapa y pintura son muy distintos. Los fines educativos de uno y de otro son absolutamente dispares.

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Es interesante tu idea. Pero son otras muchas cosas las que fallan para que la huelga falle y sea sólo simbólica y lugar de reunión. Es el cambio social que ha habido que ha aunado al capitalismo salvaje y el posmodernismo creando unas nuevas categorías antropológicas y éticas. Por ello, lo que sucede es que simplemente, no es que la huelga ya no sirva, sino que prácticamente no las hay. ¡Cuidado!, no identifiques las huelgas con las de la enseñanza. Éstas, en su momento pueden ser brutales y unidas a los obreros poner a un país en jaque, como en París 68 y en muchos lugares de Latinoamérica o ser, como dice Wert, que estuvo en el mayo francés y sabe de lo que habla, fiestas de cumpleaños. Y, efectivamente, eso es lo que han sido las huelgas en la enseñanza. Fiestas de cumpleaños, y eso, los que han participado. Salvo honrosas rescepciones, como Baleares y la comunidad valenciana. Ahí si le han puesto las cosas difíciles al poder. De modo que las huelgas siguen teniendo sentido. El que ha perdido el sentido es el hombre posmoderno que no tiene relatos a los que asirse. Por otro lado, una huelga, por ejemplo, y ocurrió hace unos tres años en el sector del transporte, puso en jaque al gobierno que no tuvo más remedio que ceder. Además, la ciudadanía, viendo que los supermercados y demás tiendas de primeros consumos se quedaban sin existencias empezó a tomar conciencia de la fuerza de la protesta, del sentido de la huelga y presionó al poder. Como digo, lo que ha sucedido es que estamos viviendo bajo un mito, el del neoliberalismo, con su pensamiento políticamente correcto de fondo, que no es más que el posmodernismo que ha domesticado y esclavizado a la ciudadanía. Pero la huelga, los encierros, cortes de carreteras, desobediencia civil es lo que tenemos. Lo que nos falta es conciencia de que lo tenemos. Y, otra cosa, como toda creencia, el sistema en el que vivimos nos ha culpabilizado y eso, en el caldo de cultivo del cristianismo, que es en el que vivimos, pues hace mella, surge rápidamente el sentimiento de culpabilidad y la resignación y se instala la necesidad de que todos arrimemos el hombro, de que lo que se está haciendo es necesario. Y así lo confirma la intención de voto. El PP sigue con mayoría, si bien simple. Creo que tu discurso es correcto y es, digamos, una fenomenología de la situación, pero como praxis política va en la dirección contraria. De lo que se trata es de crear conciencia y ello consiste en desenmascarar el gran engaño, el conjunto de mitos en los que vive la población y eso los haría despertar. De lo contrario lo que nos queda es la barbarie. Una nueva Edad Media a la que nos dirigimos con las tecnologías individualizantes, hedonistas y alienantes. Todos iguales, divertidos y sonrientes. Qué mejor escenario para una utopía negativa.

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El hombre posmoderno vive mirándose su ombligo y creyendo que no hay una historia detrás de solidaridad, sacrificio y muerte para que él tenga lo que tiene y que le están arrebatando. Inconsciente, hedonista, egoísta y sumiso.

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Estoy totalmente de acuerdo con lo que mantiene el editorial. Pero me temo que El País pensaría de otra manera si la postura hubiese sido la del PSOE. Además, recordemos que el PSOE pudo eliminar en su momento esta ley y que no ha sido nada claro, sobre todo en sus primeras declaraciones, tras la sentencia del tribunal de los derechos humanos de Estrasburgo. Parece que iba definiendo su posición a la zaga de lo que iba haciendo el PP. Bipartidismo, ausencia de democracia. Por otro lado es muy lamentable la actitud de las asociaciones de víctimas del terrorismo que retroceden, por muy comprensible que sea, más de doscientos años en el derecho, porque lo que piden es venganza. Desdeñable también la postura de la izquierda extremista celebrando públicamente la excarcelación, absolutamente legal, de una asesina con 28 muertos por terrorismo a sus espaldas. Si quieren celebrar su justa libertad debe ser en privado. Públicamente es una provocación y un consentimiento del mal radical. Incomprensible y dañino para la democracia es también que un partido político, precisamente el que está en el ejecutivo, apoye la manifestación convocada contra la sentencia del tribunal de derechos humanos. Esto significa la destrucción de la división de poderes, que no la hay, aunque sí la teoría. Porque lo que está reclamando, en el fondo, es el tutelaje del poder político, como viene siendo desde el nacimiento de nuestra deficiente democracia, sobre el judicial. En definitiva, que padecemos un nivel de democracia peligrosamente bajo.

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Marinoff, el padre de la filosofía práctica que se hace famoso con su “Más Platón y menos Prozac” saca un nuevo libro en el que intenta aunar la sabiduría de las “religiones”, más bien modos de vida, cosmovisiones y, en última instancia, filosofías, orientales. El punto de inserción son las virtudes cardinales descubiertas o inventadas por los griegos. Y se le dedica especial atención a la primera, la prudencia.

A mi modo de ver la filosofía práctica es una alternativa a tanto batiburrillo de libro de autoayuda y tanto charlatán suelto que nos promete la felicidad a costa de un buen precio. El problema es que cae en el mismo saco. Lo que se nos promete desde la filosofía práctica es la conquista de la felicidad y esto, a mi modo de ver, es caer en uno de los engaños del posmodernismo, el hedonismo egoísta, la felicidad, más bien el bienestar, a toda costa. Se olvida de que la felicidad depende de la virtud y que la virtud es fuerza, ejercicio, trabajo, voluntad. Ya está en el mismo Aristóteles del que arranca Marinoff. Y si nos vamos a los sabios orientales encontramos lo mismo, sin ejercicio, sin dedicación, no hay virtud. Además esa virtud, en la medida en la que somos animales sociales está relacionada con los demás. No es posible la felicidad en medio de la injusticia, antes está la lucha por la justicia que la felicidad individual. Pero la sociedad nos impele, hoy en día, a la búsqueda de esa felicidad. Pero esto tiene una intención clara, la distracción. Si el ciudadano está distraído no se fija en lo importante y, encima, pierde su libertad. Siempre he defendido como valor supremos la libertad frente a la felicidad. Porque la felicidad tiene dos problemas, uno es que está sometida a la accidentalidad y otro es que nos puede, no necesariamente, llevar al egoísmo. La libertad, en cambio nos mantiene siempre en guardia, ante el poder y ante nuestras propias debilidades. Y la libertad que se relaciona con las virtudes cardinales, porque libertad es, entre otras cosas tener un proyecto de vida propio, requiere del cultivo de esas virtudes: prudencia, valentía, templanza y justicia. Y a ello le añadiría yo la gran olvidada de la Ilustración: la fraternidad.

La filosofía práctica es un buen camino porque es la recuperación de la sabiduría del pasado para entendernos en el mundo confuso de hoy, pero debe orientar sus pasos, no sólo a la felicidad individual, sino también a la libertad, la justicia y la fraternidad.

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Escuchando El muro (The Wall) de Pink Floyd he recordado las protestas en la enseñanza de estos días y más en concreto la de los alumnos. Y es curioso, y necesario señalar aquí, que han sido los padres y los alumnos los que han tirado de la huelga. Por mi parte considero que ha sido un éxito, no en el caso del colectivo de profesores, lamentablemente e incomprensiblemente, o sí, pero este no es el tema.

Todo sistema educativo es un sistema de control del poder sobre los ciudadanos. Hoy en día existen más sistemas de control y quizás, más efectivos, los medios de manipulación y control de conciencias de las masas. Los popularmente llamados medios de comunicación de masas. No son tales, sino que son medios de desinformación. Y esa desinformación consiste en crear un estado de opinión única. Su arma es la demagogia, esos medios utilizan la retórica engañosa y la demagogia que se dirige a las pasiones humanas anulando el pensamiento. Los medios de manipulación y control de masas van directamente en contra de la ciudadanía y van a favor de los que lo dirigen, el poder económico y político, hoy en día inseparables y, desgraciadamente, cada vez más unidos al judicial porque las leyes emanan del poder político y de los intereses económicos que influyen en el poder legislativo.

En este sentido, la educación, como procede directamente del poder político es utilizada también como un arma de control de las conciencias. Toda ley de educación, no sólo la LOMCE, otra cosa es que a la LOMCE se le vea más el plumero, es un sistema de control por parte del poder. Pero los que han analizado en seriedad y con profundidad la LOGSE-LOE saben muy bien cuáles son los entresijos del poder de control de esta ley, encima, enmascarado de democracia e igualdad de oportunidades. Una ley absolutamente nefasta y fracasada que ha producido un gran desfase en los conocimientos y una gran infelicidad en los alumnos que acaba convirtiéndose en violencia (lo que llaman los pedagogos violencia de baja intensidad, pero ya me gustaría a mí que la sufriesen ellos a diario en las aulas) y una infelicidad para el profesor. Éste se ha convertido no en un enseñante, sino en un vigilante. La mayor parte de su periodo lectivo va dirigido a mantener cierto orden, ni siquiera un orden que permita explicar, realizar trabajos con los alumnos. La pasividad, la indiferencia, la falta de respeto, la burla, a los compañeros y al profesor es la tónica general. El desinterés y la ignorancia, así como la falta de sensibilidad es supino.

Y la LOMCE, por mucha reválida y mucha calidad de la que se nos habla no viene a arreglar esto. Las reválidas y la supuesta calidad no es más que segregación y un estímulo a la diferencia, la desigualdad y, en última instancia, un fomento de la educación privada en detrimento de la pública. Si a esto le sumamos además el dinero que se desplaza de la una a la otra (de la pública a la privada) pues apaga y vámonos. La LOMCE  no toca el pilar psicopedagógico de la LOGSE, por tanto, el tema del conocimiento, las competencias…sigue igual. Es más, empeora en tanto que las modificaciones curriculares van dirigidas a una formación más técnica, a un saber hacer, no a un saber. En una palabra un saber en tanto que mano de obra disponible y adaptable a la precariedad del mundo laboral que el neoliberalismo ha creado. La ley, por tanto, es un sistema de control perfecto para crear una sociedad del futuro sin pasado e ignorante de su propia identidad. Una sociedad autoritaria en la que, poco a poco, se han ido perdiendo los derechos sociales y, después, los civiles. De tal forma que el ciudadano del futuro no es que esté ni siquiera maniatado, no tendrá esa sensación. Vivirá en un mundo orwelliano perfectamente asumido e inconsciente de que es un ser libre pero vive esclavizado, o utilizando una metáfora más moderna, en Matrix, y lo van a preferir porque fuera de Matrix lo que nos aguarda es el desierto de lo real. Por eso el sistema educativo se encarga de que todos seamos una piedra más en el muro. Y, por lo que se ve, muchos profesores nos aguardan ya en este muro.

 

Tienes razón, Esteban, pero hay gestos que son heroicos y son símbolos para el resto. Y los actos heroicos pueden costar la vida. Aunque también es verdad que para muchos esos actos heroicos son tonterías o actos inconscientes. Pero yo me quedo con el símbolo y la mitología del héroe. Así explico yo, por ejemplo, la muerte de Sócrates o Jesús de Nazaret. Ambos pudieron evitarla, pero su pensamiento no hubiese sido el mismo ni hubiese sido coherente si no lo hubiesen llevado a sus últimas consecuencias. También Héctor sabía que si salía a luchar contra Aquiles moriría, pero era su deber y su enseñanza de la virtud. Lo que ocurre es que hoy en día este discurso ya no sirve. En fin, que quizás no esté mal un héroe anónimo para que nos espabilemos.

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Cierto, aquí nadie deja un sillón, pero dos matizaciones. La primera es que los casos de heroicidad que yo he puesto son individuales y cuentan como gestos y, si lo miras bien, son necesarios, de lo contrario la historia hubiese sido otra. En tu caso es la decisión de un hombre que involucra a otras personas, caso muy repetido en la historia. Para mí esto no tiene el mismo valor ético, por supuesto. La segunda es que noto, claro, no sin razón, cierto pesimismo histórico y en concreto con España. Pero nadie pensó que pudiese caer el antiguo régimen y llegó la revolución francesa. Y, por último, yo sí creo en el valor del héroe como ejemplaridad pública. Es más, si no los hay nos los inventamos y en esto consisten los mitos y las leyendas.

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Estás en lo cierto. Pero pasan dos cosas. Esos héroes a los que te refieres, me da la sensación de que fueron llevados allí de alguna u otra manera. No se trata del héroe que toma una decisión individual, libre y autónoma que es lo que yo defiendo. Y que es ejemplar en la medida que da fuerza y ánimo a los que no queremos hacer de héroes, pero queremos luchar. Ya te digo, es ejemplaridad pública. Que todo queda en el olvido. Pues claro, todo. E, incluso si recordamos a alguien por sus méritos, cualesquiera que sean, eso no impide que no esté muerto. Las Casas, por ejemplo, como tú muy bien sabes, es un héroe moral para la humanidad, un ejemplo, no llegó a morir, pero su obstinada defensa del indio en tanto que persona que abre el camino a los derechos humanos, pudo muy bien haberle costado la vida. Desde luego que más de un disgusto, enemistades y enfrentamientos con el poder le costó. Y todos hemos aprendido de esa actitud y nos hemos beneficiado de ella. En cuanto a los héroes anónimos, pues la historia está llena. Y, en España, nuestras cunetas también. Probablemente, si nos vamos a la intrahistoria podremos ver que muchos podrían haber evitado el final que tuvieron. Recuerdo el caso, ejemplar para nosotros, de Doña Catalina, la maestra, investigado por Paco Espinosa. Si seguimos su trayectoria pudo haber evitado la muerte, pero no lo hizo. Y está muerta y enterrada en alguna fosa común de los alrededores de Villafranca y en la condena a muerte se dice, por parte del cura párroco, por roja y comunista. No sé, nuestra diferencia quizás sea cuestión de matices. Yo soy un escéptico y pesimista, pero esperanzado. Creo que nuestra historia puede mejorar, en algunas ocasiones, ética y políticamente, aunque siempre estamos a merced del retroceso. Por eso hay que permanecer vigilantes.

Sobre la desaparición de la filosofía.

La filosofía la han derrumbado y la hemos dejado caer. Los políticos han hecho su labor, los profesores la nuestra. La LOMCE sigue adelante con sus bárbaros planes y el profesorado sigue alienado en su trinchera de la indiferencia. Pero ahora voy a hablar de mí y de mis compañeros, de la situación penosa, lamentable y degradante en la que nos quedamos y que a la comunidad educativa le importa más bien poco. Habiendo perdido casi el 75%  de la filosofía poco queda ya por dar. Esto supone que no habrá más interinos, sustitutos para los funcionarios de carrera, eso sí, y que los funcionarios de carrera, los filósofos que llevamos décadas estudiando y viviendo para la filosofía, ahora nos queda deambular por los institutos sin saber qué vamos a dar y sin saber nada de lo que vamos a dar. Vamos, un calvario para cualquier profesor con vocación filosófica y educativa, que, en el fondo se unen porque no hay filosofía sin comunicación. Pero es que además esto es un atropello contra la educación, una burla de la ciudadanía. Se supone que tendríamos que dar las llamadas afines, un invento para cubrir horarios, porque yo no estudio ni historia, ni lengua, ni latín, ni griego, desde el bachillerato, es más, en mi caso soy de las llamadas ciencias puras. En definitiva, un fiasco. Cada año, dependiendo de las necesidades de horarios, daremos una u otra cosa, añadiendo, apoyos (aprender a leer, escribir, sumar, rectar…), PECEPIs. (el último reducto educativo) sin saber nada de nada. Dar historia sin saber historia, lengua sin saber lengua, y así sucesivamente. Imaginensé esto en la medicina, el psiquiatra que para cubrir su horario, unos días hace de traumatólogo, el otro de otorrino, el de más allá de cardiólgo… No sólo es el malestar que esta ignorancia y tu falta de vocación en estas materias produce en el profesional, es que es un engaño a la sociedad, al alumno, a los padres, es una pantomima. Cómo puede ser esto una enseñanza de calidad cuando el profesor no domina la materia, pero lleva treinta años dedicado en cuerpo y alma a la filosofía y su enseñanza, pero ya no puede impartirla, porque al poder no le interesa. Qué motivación va a tener este profesor, qué entusiasmo va a transmitir a los alumnos. Es una auténtica barbarie, una tortura para él y un fraude para el resto. Una vida menospreciada por el poder y por una concepción de la enseñanza viciosa, mercantilista, ausente de contenidos y en la que, en el fondo, el alumno no importa nada, ni el profesor. Sólo unas estadísticas, encima, mal interpretadas. Pero qué culpa tiene la filosofía de que el alumno, supuestamente, funcione mal en matemáticas y en lengua, habrá que modificar la enseñanza de estas disciplinas, o el espíritu de la LOE, que es el que realmente falla, pero eliminar la filosofía y poner la religión como optativa evaluable sólo se entiende desde una posición ideológica autoritaria. Y es lo que es este gobierno, en todas sus dimensiones, un gobierno autoritario, que ha mentido, que es corrupto, que avasalla con la mayoría absoluta, que gobierna por decreto obedeciendo a Bruselas y el BCE. Un gobierno que ha eliminado el diálogo, que impone las leyes, como es la LOMCE, sin escuchar ni a la oposición, ni a la ciudadanía. Un gobierno títere del mercado. Y para el mercado todos somos instrumentos, objetos, cosas. De modo que alumnos y profesores, y en este caso, los profesores de filosofía, pues así somos tratados, como simple mercancía que en este momento es desechable. ¡Dónde ha quedado el humanismo que inventó esta Europa en decadencia y que se dirige a la barbarie!

Cierto, hay que diferenciar entre insumisión o desobediencia civil, e, incluso rebelión civil que pueda acabar en un proceso constituyente, lo cual es revolucionario (dado que se carece de democracia y por eso su conquista es una revolución), con una rebelión sangrienta. Ni toda rebelión, ni toda revolución es sangrienta y, sino se puiede hacer un repaso de la historia. Y, lo que no se puede confuindir es una rebelión civil con un golpe de estado preparado, premeditado y apoyado por cómplices extranjeros: fascistas Hitler y Mussolini, dirigido ideológicamente desde un plan de exterminio y genocidio. Eso es una falsificación de la historia. Asi que, señor Quijano estoy totalmente de acuerdo con su matización.

En lugar de una solución para el hambre en el continente africano es un mal asunto para estos. Lo mismo que su riqueza en minerales y recursos fósiles. La mano del capitalismo salvaje se extenderá implacable. ¡Qué contradicción, el continente que se considera la reserva alimenticia del mundo en un futuro próximo se muere ahogado en el Mediterráneo en busca de comida! Es lo que decía el título de aquel viejo y certero libro, “La locura organizada”

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Hasta que no haya un reconocimiento por parte de la derecha de este país de que lo que hubo fue un golpe de estado y una auténtica ley de memoria histórica, la guerra civil, aunque sin armas, continúa. Porque, además, la transición fue un pacto para mantener las oligarquías y el poder del antiguo régimen. Todo atado y bien estado. Nos debería dar vergüenza aguantar esta situación.

 

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Y, mientras beatifican a las víctimas de los “rojos”, cientos de miles de víctimas del nacionalcatolicismo siguen en las cunetas. La derecha, la monarquía y la iglesia no tienen solución, son herederas directas del franquismo.

 

No estoy de acuerdo con tu discurso sobre la libertad. En el sentido en el que tú hablas de libertad, pues claro que no la hay. Para empezar porque la libertad ni es ilimitada, ni absoluta, ni consiste en hacer lo que uno quiere. Esto último es mero capricho y, por tanto, esclavitud de las pasiones. Yo me refiero a la única libertad posible, aquella que está condicionada, desde lo biológico hasta lo social y familiar. Pero mi concepto de libertad es y se refiere al ámbito de lo político y consiste en dos cosas, libertad de expresión y de acción, que hay muy poca, aunque se nos dice que vivimos en libertad. Pero ése es el discurso dominante para esclavizarnos y adormecernos. Y la libertad como cumplimiento del deber, de las leyes. Es lo que se llama la paradoja de la libertad. La libertad política se consigue por medio del cumplimiento de las leyes. El hecho de cumplir la ley nos hace libres porque en la medida en la que todos nos comprometamos al cumplimiento de la ley, entonces todos estamos amparados por la ley. Vivimos fuera del miedo que nos esclaviza. Si no se cumplen las leyes es la desigualdad máxima y la guerra de todos contra todos. Pues bien, la lucha por la conquista de esta libertad política es la lucha por la dignidad humana. Después también tenemos la libertad individual que es la capacidad de forjarnos un proyecto de vida propio a partir de nuestras circunstancias y condicionantes. Si estamos por encima de las circunstancias somos libres, autónomos, nos damos la ley a nosotros mismos, si las circunstancias y los condicionantes nos superan, pues somos esclavos.

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El mal radical nos acecha.

Vivimos un momento tremendamente peligroso. Estamos sentados sobre una bomba de relojería. El fascismo económico da paso al fascismo político. Da miedo ver la cantidad de jóvenes, absolutamente indocumentados e ignorantes, que se aferran a un discurso fascista porque en el fondo, ante la ausencia de los grandes relatos que daban sentido a la existencia, los estragos de la crisis, el consumismo, el posmodernismo, pues lo que nos queda es el discurso fácil. Y esto no se ve sólo en los jóvenes que han fracasado en el sistema educativo, sino que en las aulas empiezan a abundar los que defienden el fascismo y el franquismo. Los que defienden la violencia como el modo de resolver los problemas. Aquellos que no atienden al diálogo, a las razones, porque en el fondo no tienen capacidad de comprender, sólo de ser adoctrinados porque viven en un estado de perpetua ignorancia y lo que quieren son creencias que le den un asidero. No quieren el camino difícil, el de las ideas, que son todas discutibles y que hay que conquistarlas por medio del esfuerzo que conlleva el estudio y de la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Estos jóvenes indocumentados carecen del conocimiento del pasado, de la historia, para poder juzgar, del conocimiento filosófico y ético para entender el significado de las consignas y las máximas fascistas. Se regodean en el poder de la fuerza. Reclaman venganza frente a la justicia. Y, la verdad, es que la sociedad no es precisamente ejemplar, sino, todo lo contrario. Y se escudan en el supuesto respeto de las opiniones. ¡Cuánto daño ha hecho esta confusión en la democracia, que, a la larga, como he dicho muchas veces, se ha convertido en violencia! Y es ésta la bomba sobre la que estamos sentados y sobre la que los políticos simplemente hacen demagogia sobre problemas ficticios que en el fondo siguen alimentando a la bestia. Sí, estos jóvenes fascistas, cuando los acorralas con algo de información y conocimientos, saltan como resortes y dicen que esa es su opinión. Que por qué ellos no pueden defender el fascismo y decirlo públicamente. Ellos no acaban de comprender que el fascismo no es defendible dentro de la democracia, y menos hacer proselitismo dentro de un aula, esto es un acto delictivo. El fascismo lleva aparejada la violencia y el mal radical, la eliminación del disidente: el genocidio. Es la privación del estado de derecho y, por tanto, de la libertad. Y, por todo esto, estas opiniones, en primer lugar no son respetables y, en segundo lugar, no es legal que se haga proselitismo de ellas. Pero la progresía nos ha hecho confundir la libertad de expresión con la libertad de opinión. Una dimensión de la libertad es la libertad de expresión, que ha de ser respetada, pero lo que se expresa no tiene por qué ser respetado, debe ser discutido. Y más en el caso de ideas fascistas que atentan contra el orden democrático, el estado de derecho y, por ello, contra la libertad y la igualdad.

Y me temo que el tema o problema catalán, tal y como lo están llevando por uno y otro lado, está despertando a este monstruo que estaba en duermevela, y las circunstancias que nos rodean, el paro, la miseria, la corrupción política e institucional, la ignorancia generalizada auspiciada por los medios de control y desinformación de masas, favorecen el desencanto y la huida por el camino más fácil, el de las creencias que solucionan los problemas por medio de la violencia. Créanme, creo que tenemos motivos para estar asustados. La educación es la vía para corregir esto. Pero hay dos problemas, el primero es que el alumno se ha transformado en un ser caprichoso al que todo se le ha dado, el nivel de conocimiento ha bajado. Lo que ahora importa son las llamadas competencias. Porque en realidad no se pretende educar a ciudadanos, sino a objetos empleables. El objetivo de la educación es la empleabilidad, dice Wert, los otros decían la adaptación al mundo cambiante en el que vivimos. En resumen, lo mismo. La despersonalización y objetivación del alumno que deja de ser ciudadano para convertirse en mercancía. Y, el segundo problema, es el que está por llegar. El ministro se ha encargado, siguiendo su ideología, de eliminar las asignaturas (El 75% del curriculum de filosofía) en la que todo este elenco de problemas se podían tratar y discutir e intentar, aunque generalmente se fracasa en los casos agudos, porque de las creencias no se sale fácilmente, pasar al diálogo, al uso de la razón y a la búsqueda de conocimientos que fundamentaran nuestras ideas, por supuesto, siempre abiertas al cambio y la crítica. La nueva edad media se acerca, pero no llegaremos a ella sin dolor y sufrimiento…y esperemos que no se vuelva a repetir el genocidio. Ya va siendo hora de que nuestros políticos tomen las riendas del poder y no que estén al servicio del mercado. Y si no, ya va siendo hora de que la ciudadanía se movilice antes de que caigamos en las fauces del nacionalismo fanático, del fascismo genocida y exterminador y mejor no seguir…

El fascismo y la xenofobia se extienden. Y se extiende entre los jóvenes y soy testigo de ello, como cualquier ciudadano, y como profesor de ética y educación para la ciudadanía. El problema es la crisis y las medidas de austeridad y recortes a la ciudadanía en beneficio del gran capital. Los ciudadanos empiezan a echar las culpas a los inmigrantes. Si no hay trabajo para nosotros, que se vayan los inmigrantes que ocupan nuestros puestos de trabajo, argumentan desde la ignorancia y el odio. Eso es xenofobia e inicio de fascismo. Curiosamente, también, esta posición se da entre los menos cultivados y los más domesticados. A aquellos que les queda capacidad crítica son capaces de ver que eso no es el problema; sino uno de los síntomas y de las consecuencias del problema. Y hay que tener conciencia histórica y humanismo. Primero hay que ser capaz de ponerse en el lugar del otro y pensar que todos somos personas. Y llegar a pensar en el libre tránsito de personas, porque por desgracia, en la globalización económica, que es lo que hay, lo que se ha globalizado es el capital y las transacciones financieras. En segundo lugar hay que tomar conciencia de que hemos sido un pueblo de inmigrantes, lo fuimos especialmente en la conquista de América, lo fuimos, desgraciadamente en el régimen tiránico nacionalcatólico del franquismo y, lo somos ahora. Encima, en este momento, nuestros emigrantes son los más cualificados. Nos estamos quedando sin la intelectualidad que sostenga el estado. Y, mientras, triunfa el discurso xenófobo en el que se demoniza al otro, el inmigrante, el pobre y se le acusa de ser el malvado, el criminal, el ladrón, el violador… Como si todos esos crímenes no se diesen también entre el común de los españoles, por no decir entre los ricos y poderosos, los ladrones de guante blanco, los estafadores del estado que llevan sus riquezas a paraísos fiscales ahorrándose la fiscalidad española, por un lado y, por otro, explotando al obrero, cuando no, contratándolo ilegalmente. Además de favorecerse de una reforma laboral hecha a la carta, para ellos, se entiende. Ni siquiera para el pequeño y mediano empresario, para el Ibex 35, por lo menos. Se avecina un peligro que acecha a toda Europa, a la vez que las democracias se descomponen y las instituciones, los que las encarnan, se corrompen, surge el discurso mesiánico de los nacionalismos, la xenofobia y el fascismo. Como he señalado muchas veces, el fascismo económico es la antesala del fascismo político. Y esta reflexión, y cierto miedo, han salido de los comentarios en una clase de educación para la ciudadanía. Verdaderamente estamos en peligro.

Cuando la ciencia se convierte en religión. El cientificismo.

Estoy explicando a mis alumnos el momento en el que surgen las ciencias y se desplaza a la filosofía declarándose incluso su muerte o desaparición. A la par un debate en las redes sociales sobre la ciencia en la que una amiga señalaba el carácter dogmático de la ciencia y la identificaba con la religión a la que la propia ciencia pretendía criticar me ha llevado, de nuevo, a reflexionar sobre el cientificismo. Pues bien, esta corriente de pensamiento, que pretende ser filosófica y, declarar, a la vez, que la filosofía ha cumplido su cometido y debe desaparecer y que cualquier otro discurso sobre la realidad no tiene sentido y que declara la primacía absoluta de la ciencia, no es ni ciencia, ni filosofía. Es una creencia ideológica infundada. Una creencia que se transforma en religión secular en manos del poder.

Y, curiosamente, el positivismo científico del XIX y el neopositivismo lógico del XX, que son los que han defendido esta posición se nos han colado en la política actual. Y esto es importante porque contamos con un discurso ideológico, de carácter religioso, aunque secular, que seduce al ciudadano y lo deja sin capacidad de pensar ni de ejercer la crítica. Se convierte, como todo dogmatismo, en una forma de control por parte del poder. Y es curioso que, el neopositivismo, aun pareciendo que estaba muerto y enterrado, el que le dio la estocada fue Popper y el que lo enterró fue Kuhn, pues está vivito y coleando. Lo que ocurre es que no aparece con este nombre. La religión de la ciencia, o la tecnofilia, o el digitalismo que dicen algunos, han abarcado todos los ámbitos de nuestra vida, porque ya no hablamos de ciencia, sino de tecnociencia, e inunda todas nuestras actividades. Esto hace que la tecnociencia, como el propio discurso que la sostiene, sean omnipresentes y su aceptación se viva como una evidencia; es decir, como una creencia. Porque lo característico de las creencias es que en las creencias se está, como decía Ortega, mientras que las ideas se tienen. Y en la medida en la que se está no se tiene la capacidad de salir fuera, de mirar con perspectiva para poder ejercer la crítica. Pues bien, este hecho que ha convertido la ciencia en creencia para el pueblo y que el poder utiliza como  instrumento de domesticación sirve y actúa en todos los ámbitos de la vida. Pero, como botón de muestra, y para que se vea el alcance de ello, me voy a fijar sólo en el orden económico establecido.

El orden económico vigente, el que defienden a capa y espada todos los partidos con capacidad de gobierno es el que se ha dado en llamar neoliberal. Es el capitalismo sin bridas, salvaje y desbocado. Este capitalismo está basado en una forma de entender la economía que se fue construyendo desde los años cincuenta hasta que comenzó a aplicarse al final de los setenta y principio de los ochenta y cobra su mayor fuerza con la caída del muro de Berlín, porque ello representó, lo que no es real, la caída de la alternativa al capitalismo. Pues bien, esto fue el paso que convirtió a la economía liberal en una religión. Se empezó a considerar que no había ningún discurso económico alternativo. La enseñanza de la economía en las universidades siguió esta dogmática de tal manera que no se enseñaba ni había la capacidad de aprender otro tipo de teorías económicas que cuestionasen la ortodoxia. Fue una conversión de la economía en teología dogmática. Por eso el economista Stiglitz habla del catecismo neoliberal cuando se refiere a las medidas que el neoliberalismo dicta a los estados para, supuestamente, salir de las crisis y crecer. Y esta teología dogmática se transforma en religión secular en manos del político cuando aplica dichas medidas. Y es en este momento en el que el ciudadano queda reducido al conjunto de creencias dogmáticas de esta nueva religión. El neoliberalismo reduce la sociedad a la economía, sólo existen los valores económicos, las personas son en tanto que son sujetos económicos, mercancías, con lo que dejan de ser sujetos y se convierten en objetos. Y es curioso como el nuevo Papa lo dice “la sociedad del mercado nos está robando la dignidad”; es decir, que estamos dejando de ser personas para ser tratados como objetos intercambiables. En definitiva, lo que decía Marx, el capitalismo reduce las relaciones humanas a relaciones de producción, es decir, de trabajo, por tanto aliena, es decir, elimina la dignidad. Me da igual quien lo diga, ni voy a clasificar, lo que sí voy a decir y mantengo es que es una descripción veraz de lo que está ocurriendo hoy en día. La religión secular de la ciencia económica en manos del poder económico y político nos promete la redención: las desigualdades desaparecerán por la mano invisible del mercado. (No sabemos cómo, porque lo que vemos es todo lo contrario, pero es que es lo que ha ocurrido a lo largo de toda la historia, una lucha de clases entre ricos y pobres y resulta que la van ganando los primeros.) No hay redención, ni paraíso, es una nueva utopía que nos promete el cielo pero nos trae el infierno. El problema es que los ciudadanos están inmersos en esta creencia y la viven religiosamente. Creen que habrá una salida de la crisis por las medidas de austeridad que enriquecen a los más ricos, aceptan, acríticamente, que han vivido por encima de sus posibilidades, cuando son los bancos y la especulación financiera quien ha producido la crisis y quienes han creado un mundo por encima de las posibilidades del propio mundo. Creen que el crecimiento económico es la solución, cuando el crecimiento económico es el motor del capitalismo y el origen de todos los males y del problema central que es el problema ecosocial. Pensar que se puede crecer ilimitadamente en un planeta finito es una locura, como decía un economista lúcido: eso sólo lo puede pensar un loco o un economista. El capitalismo ha rodeado al ciudadano de objetos y lo ha impulsado a un frenesí de consumo que no es más que un sucedáneo de felicidad. El consumo se ha convertido en un acto de redención. Claro, el consumo es lo que interesa al capitalismo. Pero esto es insostenible y es la raíz y el fondo de la crisis. Y, por último, el poder ha reducido al hombre a mera economía. Incluso el sistema de educación es un sistema de crear mercancía intercambiable. El plan Bolonia nos hablaba de que el objetivo de la enseñanza era la adaptabilidad al mundo cambiante en el que vivimos. La LOMCE, en España, nos lo dice mucho más claro, el objetivo de la educación es la empleabilidad. Es decir, se trata de producir mano de obra, mercancía en el mercado laboral. Nada de ciudadanos, ni de cultura, ni de ciencia, ni, mucho menos, de personas. La persona es un ser libre y autónomo, por tanto un enemigo del poder. La religión fabrica clones, el pensamiento da lugar a la diversidad. De lo que se trata es de educar a personas. A ciudadanos, no vasallos, que sean capaces de pensar este mundo y si lo creen necesario, mejorarlo. Pero para ello hay que salir de la religión secular en la que vivimos y entrar en el mundo de las ideas. La economía ha secuestrado el ágora y la razón. Es hora de recuperarla, pero para ello es necesario ser consciente de nuestro estado de alienación, de falta de dignidad, de domesticación y de vasallaje. En fin, creo que con esto se demuestra que el exceso de ciencia nos lleva a un dogmatismo religioso secular que tiene como dogma fundamental el de que el único discurso con sentido es el científico. Y, a partir de aquí, cuando este mensaje entra en la praxis política, pues caemos en el fanatismo mesiánico y en la violencia.

Eso es lo que pasa, pero es debido a la propia disposición humana ante las explicaciones de lo real y el propio hombre. El hombre es más un animal de fe que de razón. Insisto mucho en esto cuando explico la ciencia, que es el caso ahora mismo. El propio Mario Bunge advierte de que la ciencia no es la verdad. Y tiene una frase muy ilustrativa al respecto. “Hay más verdades en una guía de teléfono que en toda la ciencia junta”. La ciencia o el saber tecnocientífico es muchas cosas y una de ellas es la búsqueda de la verdad. La actitud escéptica y de duda es fundamental en el quehacer científico y filosófico. Y esto es todo lo contrario a la actitud dogmática de la creencia. Tampoco toda creencia o, mejor, vivencia religiosa, tiene que ser dogmática.

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Estamos sumergidos en el pensamiento único, en el discurso de que no hay alternativas. Hemos asumidos que nosotros los ciudadanos somos los culpables. Votamos por las reformas neoliberales, no nos rebelamos ante la pérdida de derechos. Cada vez estamos más al fondo de la caverna. O cada vez nos identificamos más con Matrix. Veo mala solución. Hemos aceptado voluntariamente nuestra minoría de edad, nuestra servidumbre. Somos vasallos. Nos hemos dejado engañar por un discurso económico críptico que no entendemos, pero que no habla de nuestra realidad, sino de la de los ricos que cada vez son más ricos y hemos quedado seducidos por ese lenguaje. Hemos aceptado la nueva religión del mercado, la nueva religión de la ciencia económica, que no es ciencia, sino ideología, y nos dirigimos hacia la oscuridad de una nueva Edad Media en la que triunfa la desigualdad entre amos y esclavos, en la que hemos perdido la dignidad, en la que triunfa la superstición, esta vez enmascarada de ciencia, la nueva religión, la nueva redención. Y los medios de comunicación (de control de las conciencias) al servicio de la nueva religión y del poder que para eso son sus dueños y desde sus púlpitos pontifican cómo ha de ser el mundo y así nos lo presentan y nosotros lo aceptamos. El gran engaño está servido y la civilización se hunde en la barbarie.

 

Efectivamente, señor García, usted está planteando un problema difícil que es el del multiculturalismo frente al etnocentrismo. Saltándome absolutamente toda la argumentación le diré que la solución es el interculturalismo objetivo. Y de esto es de lo que quiero hablar un poco. No existen derechos naturales, es decir, por naturaleza no tenemos ningún derecho, todos son artificiales, son tecnología, por decirlo de alguna manera, técnica, que diría Ortega. Porque el hombre es animal cultural y su animalidad la construye culturalmente y su cultura la construye por la base animal que tiene. Naturaleza y cultura en el hombre son indisolubles. Dicho esto habría que decir lo siguiente. No existe ninguna fundamentación de los derechos humanos, me refiero a fundamentación ontológica. Los derechos tienen su base en la propia naturaleza biológica del hombre, pero surgen culturalmente, son una conquista histórica. Y desarrollo estos dos puntos. Siguiendo a los etólogos los sentimientos básicos del homo sapiens son iguales, aquí y en Pekín, ahora o hace 50.000 años. La alegría o la tristeza, el odio y el rencor. La empatía, que es la base de todo lo demás y que tiene su base neurológica en las famosas neuronas espejo. Esto es lo que permite al niño sonreír a la madre, encontrarse a gusto y seguro en sus brazos, llorar frente al extraño o lo desconocido. Son estos sentimientos los que hacen posible la sociabilidad humana. Pero el problema es que esta sociabilidad debe estar regulada, aquí entra la ética, la religión y la norma jurídica. Y, por ello, de estos sentimientos es de donde surgen las diferentes regulaciones ético-jurídicas de la historia desde el neolítico para acá. Y han sido diferentes e incluso contrarias. Pero en lo que se llama época axial, tuvimos la aparición de un concepto de persona similar que se desarrolló de diferentes modos en la historia. Es la época de Sócrates, Jesucristo y Buda. Aquí emerge el concepto de persona y de dignidad, la ética, en definitiva. Y todo ello con ansia de universalidad, pero no por imposición, no estamos en el nivel político.

Culturalmente los derechos universales se desarrollan en occidente y hay muchos factores que lo explican, empezando por la religión, siguiendo por la filosofía y terminando por el arte. Me voy a referir a este último porque es curioso y es una tesis que defiende una historiadora americana. Y dice que los derechos humanos pudieron surgir en Francia, con la revolución, no sólo por el desarrollo filosófico, también teológico, no olvidemos a fray Bartolomé de las Casas cuando defendía que el indio era también humano; sino también gracias al arte, concretamente la pintura y, en especial, la novela. Aparecen los retratos y autorretratos y esto nos permite vernos desde fuera, como otro, lo cual hace posible, o más fácil dar el paso a considerar al otro, otro como yo, que es la base de los derechos. Si el otro no es otro yo, por qué va a ser digno de respeto. Hasta que no dotamos de humanidad al otro no lo respetamos y esta es la base de los derechos humanos. Pero el ciudadano tuvo que conquistar este sentimiento para el que biológicamente estaba preparado, pero sólo funcionaba a nivel de tribu, no de sociedad. En definitiva es lo que nos señalaba la parábola del buen samaritano. La novela fue fundamental porque permitió describir los sentimientos ajenos: de dolor, de alegría, de tristeza…y el lector pudo descentrarse y verse reflejado en ellos. Por ejemplo, la tortura era la forma normal de tratar a un presunto culpable, que todos lo eran, no había presunción de inocencia. Y la sociedad estaba acostumbrada a ver la tortura y las ejecuciones posteriores como un espectáculo. Ahora bien, cuando a través de la novela siente el dolor del otro, se siente identificado con otro que no le es nada y entonces empieza a tener repugnancia de la tortura como si la ejerciesen contra su hijo. Y es este paso cultural, sumado, como he dicho, a la argumentación filosófica y a la situación política la que hace que surjan los derechos del hombre y del ciudadano. Y es curioso que al principio no son universales, no entra la mujer, ni los negros…todo ha de ser conquistado poco a poco.

Pasamos a otro punto. Los derechos, como hemos dicho, no son naturales, son inventados, son artificiales. Artificios que nos permiten vivir mejor que antes de la Ilustración o que en cualquier parte donde no se respeten. No hay fundamentación dije antes. Lo que tenemos es un argumento histórico-pragmático que los justifica y los hace ético-políticamente deseables. Es mejor la libertad que la esclavitud, la igualdad, que el dominio del más fuerte, la justicia, a la venganza. Y todo esto es universal y no interfiere en las distintas culturas, es objetivo. Cuando interfiere hay que ver si esa cultura se salta la dignidad humana, es decir, si trata al hombre como un objeto o no. Si es lo primero esa forma cultural no es deseable. Como por ejemplo la discriminación de la mujer en muchas culturas, también ha sido así siempre en la nuestra, la esclavitud de los niños…y esto es la base del interculturalismo objetivo que nos lleva al cosmopolitismo y que tiene su principio filosófico en la siguiente sentencia de Terencio, “Hombre soy y nada de lo humano me es extraño” Es decir, que todos somos iguales y anhelamos igualmente la libertad y la felicidad y esto constituye la comunidad universal que es la fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración y que hoy se entiende como un sucedáneo, la solidaridad.

Ahora bien, otra cosa muy distinta es que esto, políticamente, se ha utilizado por el poder imperialista y etnocentrista para someter a los países y esquilmar sus riquezas y sus culturas en nombre de la democracia y la libertad. Esto no, esto es una farsa del poder. Un engaño para justificar el propio poder. Y es lo que occidente ha hecho. De ahí la reticencia ante la universalidad de los derechos humanos. Los derechos humanos no es que sean una conquista, sino conquistables. Estamos en ello, son una guía ético-política de acción y de regulación, incluyente y no excluyente y en pleno desarrollo. Pero esta es la teoría. La práctica es el imperialismo y el poder. Pero por eso los derechos humanos nos pueden ayudar a ir contra ese imperialismo y ese poder. En la sociedad neoliberal en la que vivimos hemos dejado de ser sujetos paras convertirnos en objetos, concretamente, mercancías. Es decir, el poder nos instrumentaliza, otra forma de vasallaje. Y, por eso, es necesaria la lucha contra ese poder que, de momento, nos va ganando la partida.

Una reflexión pedagógica.

Hay un concepto de la ética que siempre he puesto en relación con la educación y que algunos, sino la mayoría, lo considerarán como un idealismo optimista fuera de la realidad. Me refiero al concepto central de la ética socrática que viene a decir que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Esto por un lado, por otro, hay un principio filosófico, que algo tiene que ver con el anterior y que también intento aplicar en mi quehacer en la enseñanza de la filosofía. Me refiero a la famosa máxima kantiana de que no se aprende filosofía, sino que se aprende a filosofar. Bien, pues me gustaría reflexionar brevemente sobre estas dos cuestiones. Desde luego, como ven, nada que ver con la palabrería psicopedagógica al uso, pero, desde luego, mucho más sensato.

            En primer lugar la máxima socrática tiene cierto parecido con la cristiana de poner la otra mejilla, pero no es lo mismo, la primera muestra una actitud de orgullo, mientras que la segunda de humildad y sometimiento. Es mejor padecer una injusticia que cometerla. La labor de la enseñanza filosófica es fundamentalmente de valores. Los conocimiento filosóficos van cargados de valores. Cometer una injusticia implica corromperse, es decir, destruir nuestra alma. Por eso es mejor padecer la injusticia, porque, de esa forma, nuestra alma queda incólume, además de libre. Y esto es lo que nos permitirá el ejercicio de la tolerancia y el respeto. El respeto es la consideración del otro como persona, no como cosa. Mientras que la tolerancia, partiendo del respeto, da un paso más e implica la posibilidad de ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Pues bien, esta es la base, ni más ni menos, de la que hay que partir para poder dar clases y, más aún, para que nos dirijamos en la vida. Y es aquí donde la mayoría dirán que esto es un idealismo utópico. Pues no. El hecho de que no se realice, ni en la docencia ni en la realidad social, no implica que sea el valor más deseable. Porque lo contrario a esto o es la corrupción, o el utilitarismo, o el poder del más fuerte. Que es precisamente lo que vemos. De ahí que sigamos bajo la sombra de Sócrates y de que su pedagogía no haya sido superada, ni lo será. La sabiduría no es como el conocimiento científico, éste último progresa paulatinamente, la otra se da de una vez, y es reinterpretada continuamente a lo largo de los tiempos.

            El otro principio de mi pedagogía es el kantiano. Efectivamente, no se enseña filosofía, sino a filosofar. De lo que se trata es que los conocimientos sean la vía para el pensar. Y lo importante es el pensar sobre quién soy, qué puedo conocer, qué debo esperar y qué debo hacer. Pero esto no es una labor que se limite a las clases de filosofía, sino que en ellas (como en otras disciplinas) encontraremos los instrumentos conceptuales que nos ayudarán durante toda nuestra vida a resolver estas cuestiones. De ahí que al final, a mí no me preocupa lo que saben los alumnos, sino el cómo lo saben y si lo han asumido como parte de su personalidad. Y estos principios están ligados porque la búsqueda del saber que nos lleva a la libertad y a la autonomía, está por encima del trepa, el ambicioso, el vanidoso, el perezoso,…todos esos que encontramos en nuestras aulas, como en la sociedad. El pensar por uno mismo es más importante que todo lo demás y es lo que te da fuerzas ante las injusticias que ves a tu alrededor e, incluso, algunas que pueden dar contra ti. Ninguna injusticia te corromperá, a menos que seas tú el que la cometas. Y éste es el fondo ético y didáctico, que no se pueden separar, como hacen los pedagogos, en tanto que cientificistas que son, desde el que emprendo la labor, cada año, de desaprender.

Ese es el problema, Pedro, que estáis todos en el mismo saco. Que les ha interesado meteros a todos en el mismo saco, cuando los intereses de las grandes empresas y las multinacionales nada tienen que ver con el mediano y sobre todo pequeño empresario. Estos últimos son obreros autónomos y las leyes que rigen al gran capital no pueden regir para ellos y nada tienen que ver con ellos. Pero el capitalismo neoliberal así se lo ha propuesto. De ahí sus reformas laborales que, en apariencia, le vienen bien al autónomo, pero no es cierto a la larga, de ahí que las multinacionales siguen creciendo y las PYMES siguen cayendo, o desapareciendo o malviviendo. Si no hay consumo porque no hay trabajo o precariedad laboral las PYMES están firmando su sentencia de muerte, pero éste no es el caso de las grandes multinacionales, porque éstas juegan con los obreros a nivel mundial y están dentro de la especulación financiera, una economía ni real ni productiva. Hasta que el pequeño empresario no se dé cuenta de este engaño, de que forma parte, como los obreros, de la clase explotada por el gran capital, no nos uniremos contra éste. Son la Banca y las grandes multinacionales, auspiciados por los gobiernos de todos los colores, los que ganan, todos los demás perdemos. Lo peor es que encima nos engañen dividiéndonos que es una de las cosas que han hecho.

La lógica del capital no tiene nada que ver con la justicia. Y la estupidez humana nada que ver con la lógica.

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Pues a mí me parece que el descubrimiento del concepto de la banalidad del mal es crucial para el entendimiento antropológico y ético de la posibilidad de los totalitarismos. Y, si lo añadimos al del mal consentido, nos pueden servir como guía para entender la realidad social actual, el fascismo al que estamos siendo abocados.

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Redes sociales, ignorancia y demagogia.

Las redes sociales, en concreto fb. no deben ser el instrumento para la relativización de las opiniones, para hablar sin pensar, para insultar. Las redes sociales pueden tener múltiples usos, pero todos deben partir del marco de la democracia. Y la democracia es diálogo y no demagogia, tolerancia y no fanatismo, razones y no insultos, datos y no mentiras. Las redes sociales pueden ser una vía de comunicación, de diversión, de conocimiento, de divulgación… pero estos ámbitos no se deben mezclar. Si se está hablando de política no se puede pasar al insulto y la descalificación sin argumentaciones ni datos y saltándose la presunción de inocencia. La técnica amplifica nuestras capacidades y nuestros afectos. Si somos idiotas somos más idiotas en fb., si somos fanáticos, lo mismo, si somos sensibles e inteligentes, pues igual. Lo que hay que hacer es aprovechar este instrumento, precisamente para hacernos más inteligentes, sensibles, solidarios, tolerantes, cultos, demócratas…pero lo que está ocurriendo es todo lo contrario. Por otro lado, el lenguaje es la base de una comunicación correcta. Sin un uso correcto del lenguaje no hay comunicación plena, ni argumentación. Es necesario tener esto en cuenta. De lo contrario caemos en un empobrecimiento del lenguaje. Pero el lenguaje es la vía para pensar el mundo, un lenguaje empobrecido nos ofrece una visión estrecha del mundo, sin complejidades, ni matices. Y esto es un caldo de cultivo para los fanatismos, dogmatismos, intolerancias… Lo que debería ser un instrumento de ilustración y amplia comunicación e información del pueblo se está convirtiendo en un instrumento de embrutecimiento, de domesticación, de relativismo, de uniformización de las opiniones. En definitiva, en un instrumento de distracción y de control por parte del poder. Hay que defender por todos los medios las virtudes de esta técnica, pero sin olvidar, para estar vigilantes, que como toda técnica no es buena “per se”, sino que tiene su cruz.

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Generalizas en la medida en la que tomas la parte por el todo. Es decir, del hecho de que haya una serie de trabajadores que defraudan al estado encubriendo unas bajas que no lo son, no se puede demonizar a toda la clase trabajadora y poner unas medidas anticonstitucionales y en contra del estatuto de los trabajadores para evitarlo. Lo que hay que hacer, y no has hecho mención a mi propuesta, es una inspección más eficaz y, nada más. La medida del gobierno es la misma que todas las medidas que están tomando en todos los sectores. La del beneficio al gran capital. Hay que entender los problemas desde la generalidad y sin prejuicios. Y, además, sabiendo que tratamos con personas que tienen derechos adquiridos por la lucha de sus predecesores y de ellos mismos y que si alguien se pone enfermo no tiene porqué cobrar la mitad del sueldo. Para eso se ha luchado durante 150 años. E, incluso así, la lucha la ganan ellos. Los ricos, que siguen siendo cada vez más ricos. De modo que, el ataque a la sanidad, el ataque a la educación, a las pensiones, el aumento de la jornada laboral, la disminución del sueldo a los funcionarios más el despido masivo de los funcionarios interinos, la ley laboral, el minitrabajo…y puedo seguir ad nauseum…Todo no es más que un apoyo al gran capital. Y, curiosamente, el pueblo está absolutamente engañado, porque se ha creado ese espejismo de clase media que no tiene conciencia (está alienado, falsa ideología) de ser explotados ni oprimidos y ése es el gran triunfo del capitalismo. Hasta que la ciudadanía no vea el problema de fondo que es muy sencillo, la explotación de los ricos a los pobres (y aquí estamos la inmensa mayoría) y cada vez más y, todo ello, a través y con el consentimiento de la clase política, no habrá rebeldía. Y aquí no hay vuelta de hoja. Eso sí, en lo que podemos después discrepar es cómo refundar una nueva democracia. Ahí si estamos en el nivel de las ideas. Pero lo otro, la explotación de la clase dominante, los ricos, y la alienación, el engaño al que la sociedad es sometida por la clase dominante, es un hecho, no una teoría, ni una ideología. Y la medida que discutimos no es más que una vuelta de tuerca más en la opresión, como lo es la disminución del 10% del sueldo y aumentar, para recaudar más, porque disminuirá el consumo, los impuestos indirectos. Es decir, los del consumo, los que pagamos todos por igual, ricos y pobres. No los fiscales que son los que deben ser equitativos. ¿Por qué no se hace una reforma fiscal, por qué no se ponen en toda Europa de acuerdo sobre ello? Porque mandan los superricos y la élite política forma parte de esa misma clase. Esto es el hecho. Y no se pueden separar unas medidas de otras. Todas obedecen a la ideología del gran capital.

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Un gran avance y un problema para la filosofía dentro de unas décadas. ¿En qué consiste la naturaleza humana? Algunos serán naturales cien por cien, otros híbridos y, otros, quizás clones o biosintéticos totalmente (todo se andará) Y, como colofón, problema ético y político. Si bien por naturaleza no somos iguales, sí tenemos una misma naturaleza, cuando ello no sea así, el principio de igualdad ya no nos sirva quizás y ése es el problema ético. El político surge precisamente de aquí, si no hay igualdad en qué fundar la justicia de un estado. ¿Habrá castas absolutamente diferenciadas como prevén las distopías más horrendas?

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Si dividimos a los ilustrados (de donde supuestamente bebe Savater) en dos bandos: los moderados y los radicales. Decididamente Savater cada vez pertenece más al de los moderados, cada vez menos ilustrados. Por mi parte, cada día me escoro más hacia los ilustrados radicales, los verdaderos ilustrados: materialistas, ateos, laicos, anticlericales, defensores de la razón, contra toda superstición, demócratas y defensores a ultranza de la igualdad, la libertad y la fraternidad, no de sucedáneos.

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Carácter, que es lo que significa Ethos en griego. La filosofía es el más práctico de los saberes porque ataña a la vida misma, pero no en abstracto, que también, sino a la propia existencia, a la de carne y hueso, que decía Unamuno.

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El sistema capitalista, bajo el paradigma del crecimiento ilimitado y el “progreso”, sólo plantea una huida hacia delante.

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Lo malo es que estas palabras (el discurso de la izquierda inspirado en el marxismo) suenen a arcaico, e, incluso, ideológicas (en el sentido de engañosas y demagógicas). Y, sin embargo, el neoliberalismo –religión posmoderna- nos suena a cantos de sirena, mientras que va dejando millones de cadáveres a su paso y esquilmando nuestra casa, la Tierra.

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Hay que asumir que "la lucha de clase existe y que la van ganando ellos". Y esta frase es de un defensor del capitalismo. Donde dice ellos, él dice, nosotros. Nos han engañado y domesticado con aquello de la clase media. Han extirpado el espíritu político, democrático y de rebeldía. Por eso cedemos ante todo y no nos damos cuenta de que estamos en lucha y vamos perdiendo. Es necesaria la cooperación de todos los de la clase oprimida, pero para eso es necesario tomar conciencia de clase que es lo que nos falta. No sé si cuando estemos ante la miseria total tomaremos conciencia, pero entonces, quizás sea demasiado tarde.

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Nuestros estados están deslizándose hacia el fascismo a golpe de leyes por decreto y por una mayoría elegida por el pueblo. Y éste permanece impasible.

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Muy interesante. En la línea de la economía y la filosofía del decrecimiento. Lo bueno es que cada vez surgen más grupos como éste por todas partes. Y es una mezcla de los valores antiguos perdidos y los bienes tecnológicos conquistados, sin que estos sean un fin, sino un medio. Y también es interesante que no tengan un carácter religioso, sino de formación e ilustración. Una forma de lucha contra el poder pero como alternativa de una sociedad viable donde la primacía sea la felicidad, el bienestar, la justicia y el centro la ecosfera.

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Zizek se ha puesto de moda. Pero su pensamiento es un popurrí irreconciliable de marxismo, psicoanálisis, Lacan (absolutamente incomprensible y vacío como demostró el físico Sokal en las “imposturas intelectuales”) La filosofía tiene que hablar a cualquiera y con las palabras precisas. Todo lo contrario de lo que suele hacer, ocultar su ignorancia en una verborrea insufrible. Desde luego que Chomsky lleva toda la razón. Y eso que sus posturas de izquierda son muy similares. Pero lo que no se puede permitir es que para decir algo con sentido tengan que escribirse miles de página. Cuando yo era estudiante a esto, con perdón, lo llamaba una paja mental. Y en eso pierden el tiempo gran parte de los intelectuales dentro de la academia. Hay que salir a la plaza (Internet es ahora el ágora mundial), como lo ha hecho Chomsky de toda la vida, y enfrentarse a los problemas eternos de la humanidad y hablar para todo el mundo, no para un grupo de pseudoelegidos. Y, por último, las modas intelectuales son peligrosísimas. Endiosan a alguien y obnubilan la razón.

 

Vale, ¿Y no estamos viviendo en un totalitarismo en la medida en la que el ejecutivo gobierna a base de decreto ley, sin pasar por el parlamento? O, en caso de ley utiliza la mayoría absoluta como poder absoluto. Porque, otra cosa que pasa en el caso de España, tal y como están configurados los partidos el grupo parlamentario del gobierno es un comodín del ejecutivo. Esto es debido a la falta de la democracia interna en los partidos y a las listas cerradas. Cosa que se resuelve fácilmente con una nueva ley de partidos. Pero eso es inviable estando instaurados en el bipartidismo en el que estamos. Connivencia pues entre el ejecutivo y el legislativo (sea quien sea el gobernante). Y, en cuanto al judicial, como sus órganos fundamentales son elegidos por los partidos políticos, pues apaga y vámonos, y el fiscal general del estado elegido por el ejecutivo, pues, ni hablamos... (El caso de la Justicia es escandaloso y no sé cómo jueces y fiscales soportan esta situación) Tampoco hay independencia, por tanto. Todo es una máscara y una farsa en el que el ciudadano (Súbdito) se cree libre el día de las elecciones. Pero ese día va a votar lo que le dicen que tiene que votar, no lo que quiere votar, que eso ya casi que ni lo sabe, o no lo sabe de ninguna de las maneras. El adoctrinamiento por parte de los medios de control de masas y la educación, el cuarto poder, en connivencia con el poder económico (el quinto poder) y el político, es brutal. En consecuencia, vivimos efectivamente en un totalitarismo brutal representado por un bipartidismo en el que en el fondo lo que hay es una oligarquía partitocrática. Hay un régimen de libertades y de derechos, superficiales, claro, pero no hay libertad política.

Absolutamente cierto. Pero sigue triunfando la mentira histórica transmitida por la interesa y dirigida educación. Todavía se habla del descubrimiento de América (y se celebra el día de la Hispanidad, bochornoso), no de conquista y destrucción de las Indias. Y tampoco está muy claro en los libros de historia lo del golpe de estado del 18 de Julio. Eso si es que llegan a ello los chavales en 2º de bachillerato. Y tampoco se habla nada del papel de la URSS en la segunda guerra mundial sin la cual, y sus millones de muertos, no hubiese sido posible la victoria. Por el contrario, se ensalza a las fuerzas aliadas de occidente bajo la máscara de la democracia y no se menciona la masacre de civiles que llevaron a cabo al final de la guerra, como el bombardeo de Dresde. Nunca Orwell, que escribió contra la URSS, pudo pensar que su idea sirviese para explicar tantas cosas.

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Como dijera el Nobel de Economía Paul Krugman: “La crisis que estamos atravesando es fundamentalmente gratuita: no hace falta sufrir tanto ni destruir la vida de tanta gente”.
La enfermedad social o el vicio de unos pocos: ambición, soberbia, egoísmo…se está transmutando innecesariamente en enfermedad psíquica. Es decir, en un sufrimiento atroz surgido de la miseria, la pobreza y la impotencia para salir de esta situación. ¿No será esto otra estratagema para evitar la rebeldías, anular la conciencia a base de sufrimiento?

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No creo ni que se llegue ni que se quiera (se refiere a la investigación de las últimas causas del accidente ferroviario de Santiago). Hay demasiados intereses políticos y económicos al medio. Como lo de Bárcenas y el PP, se quedará todo en anécdota. Eso si no acaba en nulidad. Y lo del tren, pues ya tenemos al maquinista. Alegra que algunos con influencia quieran luz y taquígrafos. Pero para que esto sea posible es necesaria la regeneración política de España. Pero esto son palabras mayores.

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Esto es insoportable. Son unos auténticos sinvergüenzas. La banca gana miles de millones de euros, después de haber sido rescatada con dinero público. Nos presta a unos intereses de usureros. La precariedad laboral es increíble. Hay más de seis millones de parados. Y ahora, después de muchos recortes y bajadas de salario y aumento de la jornada laboral quieren reducir el sueldo hasta un diez por ciento. Y, encima, te dicen que es por el bien de los jóvenes, para que tengan una oportunidad de trabajar. Pero vamos a ver, si los jóvenes han perdido su oportunidad de trabajar por culpa de ellos. Tenemos que quitarnos de encima esta casta de políticos mafiosos, en España, y salir fuera de Europa, de la Europa económica neoliberal, me refiero. Cuándo va a estallar esto y nos vamos a ir todos a los parlamentos y al congreso y decires quiénes son, por qué están ahí, a quiénes representan y qué deben hacer. Lo primero disolver las cortes y, después, iniciar un proceso constituyente. Esta es la medida rupturista, porque la reformista: reforma de la ley de partidos, de la ley electoral y reforma de la constitución, no la contemplo porque no creo que la cúpula de los partidos quiera la reforma de estos. Y esto es condición de posibilidad de todo lo demás.

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Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices de la ciencia, pero vale para otros modos de acceso a la realidad, como el arte…En estos momentos escucho la sinfonía número 3 de Brhams, es algo universal. Las pinturas negras de Goya, que tanto admiro (son un reflejo de mi pensamiento), también. El Quijote es absolutamente universal, tanto como la ley de Einstein sobre la equivalencia entre energía y masa en relación con la velocidad de la luz al cuadrado, o más. Y no es una exageración, porque nuestra naturaleza biológica es común, pero abierta, lo que crea la diversidad cultural y, después, psicológica. Pero sobre un fondo común. Ahora bien, la ciencia es el único modo de acceso a la realidad que está relacionado con la verdad, el arte tiene que ver con la belleza, la ética, con la bondad, la política, con la justicia…y así. Pero de la búsqueda de la verdad, por muy escurridiza que sea, sólo se ocupa la ciencia. Y esto está muy bien. Pero tiene un grave peligro, y más en los tiempos que corren, y es que se convierte en una utopía, en una religión salvífica. Hay que vigilar estos excesos y que la ciencia esté también liderada por el hombre como cualquiera de sus productos culturales. De lo contrario caeremos de nuevo en la servidumbre voluntaria.

Una cosa más que añadir sobre la ciencia. Hemos dicho que el conocimiento científico es el que tiene que ver con la verdad. Ya sé que lo de la verdad es muy problemático y que, de alguna manera, es construida, empezando por nuestro cerebro, pero éste es “igual” para todos, al menos en sus estructuras biológicas a priori; es decir, con las que nacemos; pero el caso es que el ser humano tiene cierto conocimiento del universo, cierta verdad. Pero el ser humano es parte del universo. Es más, es todo universo. Sus átomos proceden de la gran explosión y de las explosiones de estrellas. Nada se ha añadido, y nada se va a perder tras nuestra muerte. Pero resulta que ese conjunto de átomos en una configuración especial, como es la del ser humano, hace que el universo, mediante el conocimiento científico, tome conciencia de sí mismo. Es decir, somos, como decía Carl Sagam, “la voz en la fuga cósmica” Es una visión mística de la ciencia y del conocimiento. Y esto es curioso, porque nos une también a los orígenes griegos del conocimiento. El gnosticismo y las religiones del misterio. Y, de forma más moderna, nos da una imagen panteísta del universo, al modo de Spinoza, como he defendido en alguna ocasión haciendo mía esa visión. Curioso es también recordar aquí, la afinidad entre Einstein y Spinoza.

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Una educación sin filosofía, que tira por la borda 2500 años de saber y conocimiento, no es más que un popurrí de información inconexa sin sentido ni dirección. Una educación exclusivamente científico-técnica es meramente utilitarista, dispersa y en manos del mercado. El saber filosófico está íntimamente ligado al científico, no en vano el segundo procede del primero, es totalizador y tiene una dimensión práctica, que es la ética, que es imprescindible al saber tecno-científico, si no queremos ser instrumentalizados por una nueva religión. Y en lugar de liberarnos por medio del saber científico nos convirtamos en sus siervos.

¿De dónde viene el dolor?, del deseo. De lo que se trata es de suprimir los deseos. Los estoicos son pesimistas, piensan que no hay una felicidad positiva. Lo que sí hay es una ausencia de sufrimiento y eso se consigue con el dominio de los deseos o pasiones. Pero no se trata de un forcejeo con ellas, sino de anularlas. Y eso es la apatía. Algo muy similar al budismo. Claro, estos dicen que para eso es necesario anular al yo. Para mi gusto prefiero a los epicúreos. El placer es el origen de la felicidad, ahora bien, sólo la medida del placer da la felicidad. Y en eso consiste la virtud, la prudencia, en un cálculo mesurado de los placeres. Experimentamos más placer teniendo hambre con un pedazo de pan y de queso, es un decir, que con una gran comilona estando saciados y acostumbrados. El problema es cómo conseguimos esa mesura. Con el ejercicio de la prudencia que nos lleva a la austeridad. Pero esto que te comento es sólo una parte de la ética de los estoicos y los epicúreos. Hay mucho más. ¿Cómo dominar las pasiones y los vicios morales?, porque siempre pensamos en los carnales, es la educación cristiana que hemos tenido todos. Y, por último, cuál es la imagen del mundo que es más acorde con una vida feliz. Y, para terminar, la filosofía estoica y epicúrea son perennes, sirven perfectamente para nuestros días.

El multiculturalismo, que no interculturalismo, el primero implica relativismo, el segundo, objetivismo, es una consecuencia del posmodernismo. Barbarie filosófica donde las haya. ¿Quién dijo que la filosofía no sirve para nada? Pues la mala filosofía, como el posmodernismo, nada más y nada menos, que para justificar la barbarie del relativismo cultural en nombre del multiculturalismo, tras el que se esconde el absolutismo económico. Pero también hay una filosofía benefactora, persistir en el proyecto inacabado de la Ilustración.

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En torno a la teoría pura de la república de Trtevijano. Pedro, muy buena observación. Yo también había visto esas sombras. El concepto de puro se usa en sentido kantiano, ausencia de ideología, de lo empírico. Y, probablemente esto no sea ni posible, ni deseable. Es cierto que su teoría puede ser utilizada por la derecha. Pero hay que tener en cuenta dos cosas. La primera es que una teoría de la república no tiene ni puede ser de izquierdas y dos, que de la izquierda hay que eliminar todo falso progresismo, así como de la derecha, todo lo que se llama reaccionario no lo es. Por ejemplo. El multiculturalismo es de izquierdas. Pues a mí me parece una barbaridad, una justificación relativista de cualquier cultura, lo cual justifica, en el fondo el poder del más fuerte. En cambio, la derecha lo rechaza, y yo estoy con ellos, pero no por etnocentrismo, sino por la búsqueda de un objetivismo intercultural. Lo mismo con muchas otras cosas. Además, un intelectual trasciende la derecha y la izquierda. Es como decía Ramón Paniker, "Retroprogre". Otra cosa es que los políticos se aprovechen, pero es que estos no dan para más.

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                               El mundo al revés.

                Estoy pensando en lo que queda de verano releer a mi querido Ciorán. Me propuse leer a los estoicos y ya lo hice, y me propuse volver a Ciorán después de treinta años de su primera lectura y estoy en ello. Ayer echaba un vistazo a su obra y cogí en mis manos En la cima de la desesperación y me encontré con una sentencia subrayada, ya digo, hace treinta años, que venía a decir, más o menos, lo siguiente. Es sabido que el hombre es un ser que está determinado a desaparecer, a extinguirse, eso es un hecho, pero añade, lo que ahora estoy pensando es que debe desaparecer. Ciorán es un escéptico, pero lleno de vida. Un escéptico vital, que digo yo o esperanzado. Un defensor del suicidio como consecuencia directa del sinsentido de la existencia e incluso del sinsentido de preguntarse por el sentido. Pero un defensor del suicidio que se lleva más de veinticuatro horas paseándose por las calles de Paris con un joven que lo ha leído y que está determinado a suicidarse, para intentar convencerlo de que no lo haga, y lo consigue.

                Efectivamente, el mundo no tiene sentido, salvo el de las leyes de la propia naturaleza. El ser humano, tampoco. El sentido de la historia es el que el hombre va construyendo poco a poco. Es un sentido accidental. De ahí que inventemos las religiones, la política mesiánica y así… Vivimos, como decía el Quijote, inventándonos pasiones. Por otro lado, la esperanza es connatural al hombre. Cuando el hombre pierde toda esperanza siente el sinsentido de la existencia, esa mordedura letal. Cae en la desesperación, la indiferencia o el cinismo.

                Pero, como escéptico esperanzado que soy, por imperativo biológico, que no histórico, considero que el hombre intenta mejorar, tiene un ansia de justicia objetiva y universal. Pero el problema es que la historia no pertenece a la inmensa mayoría de las personas, sino a los que ocupan el poder, unos pocos, no elegidos, sino que han llegado allí a partir de la explotación del más débil. Y estos que ocupan el poder son los que crean el gran engaño de la humanidad. Son los que nos dicen que existe un sentido en la historia, ya sea religioso, político o tecnocientífico. El caso es que de lo que se trata es de seguir sus mandatos, de obedecer sus consignas y seremos redimidos. Ése es su mensaje. Por eso la historia es la de los vencedores. Los oprimidos, la inmensa mayoría del pueblo, son anónimos intercambiables, en la actualidad, mera mercancía. Pero es que el poder, además de crear el engaño del sentido, de la justicia, de la verdad, la bondad y la felicidad, pues son unos cínicos. Y se lo pueden permitir porque son los fuertes. Ellos definen el bien y el mal porque están por encima del bien y del mal, por encima de la ley. Y por eso ellos son los que dictan la sentencia de quien es el culpable de los males. Por supuesto que ellos son inmaculados. Y, por eso crean, además del engaño, el mundo al revés. Porque, precisamente, aquellos que a lo largo de toda la historia han sido considerados los culpables por parte del poder, han sido torturados, encarcelados, asesinados, exterminados, pues eran aquellos que defendían esos ideales de justicia, bondad y verdad, por muy convencionales que fuesen dichos ideales. Y por defenderlos el poder los reprime. O simplemente por cumplir con su deber profesional, como vemos ahora. La culpa no la tienen las leyes, y las consecuencias de ellas, que hacen los poderosos, ni el sistema en el que se apoya, la culpa la tiene el profesor, el médico, el juez, el albañil o el arquitecto, el maquinista…el de abajo, siempre el de abajo.

                Y el de abajo ha asumido a través de los siglos, con resignación y mansedumbre, su papel de esclavo y servidor. No se rebela, no quiere ser ni libre. La libertad es enfrentarse al vacío del sinsentido. Mientras los poderosos aprovechan el miedo. Miedo inoculado durante siglos a través de mitos, de grandes mentiras que nos hacían sentirnos bien, ocupar un lugar en el mundo, un lugar confortable. De ahí la imposibilidad de salir de esta situación. Y, por eso, toda revolución es el intercambio de unos poderosos por otros. Si nos fijamos en el daño que nos hemos hecho a nosotros mismos, la historia está plagada de cadáveres en las cunetas en nombre de no sé qué progreso, y el daño que le hemos infligido a nuestra casa, nuestra madre, el planeta Tierra, pues me temo que Ciorán, quizás, por eso del escepticismo, tenga razón.

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La clave es el "escepticismo esperanzado". Nada tiene sentido pero podemos dar un sentido provisional. Aceptar el sinsentido es aceptar nuestra limitación y mortalidad. Evita delirios de grandeza y vanidades. Esos vicios son comunes el género humano, pero en el poder son tremendamente peligrosos. Somos una configuración de átomos procedente de las estrellas y que, tras la muerte, poco a poco, volverá al universo. Dentro de cien años nadie nos recordará. Quizás, y es mucho, sólo seamos un nombre en una lápida.

Claro, pero es que nosotros somos el fruto de una serie de conquistas históricas que comienzan en Grecia con el surgimiento de la filosofía y la democracia y siguen en el Renacimiento y la Ilustración. Una vez conquistados los conceptos e ideas claves tiene que venir su desarrollo. La igualdad se proclamó tanto en Grecia como en la Ilustración. Pero ahí ni entraban ni las mujeres ni los esclavos, ni los de otras “razas”…ha habido que ir desarrollando en el derecho y en la política las conquistas filosóficas. Y estas conquistas filosóficas son todas una lucha contra la tradición. Y la religión es el núcleo de la tradición. Y hoy en día no lo es aparentemente porque las religiones tradicionales, en las llamadas sociedades democráticas avanzadas (da un poco de risa) no están ya dentro del imaginario de la ciudadanía, pero, dos cosas, en tanto que instituciones siguen teniendo poder y, segundo, la religión (el espíritu religioso) se ha desplazado hacia otros objetos (religión tecnocientífica con su culminación en la religión de la economía).

La clave está en el paso del paleolítico al neolítico. En el neolítico se produce la división del trabajo y de ahí la división de género y de clase; apareciendo la desigualdad y las diferentes formas de poder. En el paleolítico la desigualdad se basa en la naturaleza y se explica etológicamente. Somos primates y, como tales, jerárquicos. Somos nómadas con un tipo de sociedad fundamentalmente matriarcal. Porque en el conocimiento del hombre del paleolítico es la mujer, con su fertilidad, la que garantiza la supervivencia del clan o la tribu. De tal forma que en el paleolítico los dioses son femeninos. “Y dios nació mujer” reza el título de un libro. Las religiones a las que se refiere el artículo y me refiero yo son las procedentes del neolítico que son las que justifican la desigualdad entre hombre y mujer y muchas otras cosas más.

Y, por supuesto que uno no desea volver al estado de naturaleza o al paleolítico. Allí la vida era un sufrimiento atroz. Pero hay que tener en cuenta una cosa. Nuestra mirada es etnocéntrica. En más de la mitad del planeta la vida sigue siendo atroz, no tienen comida, ni agua potable, ni medicinas, ni vivienda… Nuestro crecimiento y nuestras conquistas ético-políticas se han montado a partir de un crecimiento cancerígeno de la humanidad. Así que si lo miramos globalmente pues lo que pasa es que nos ha tocado la lotería, de momento, porque veremos dentro de un par de décadas y eso es quizás mucho.

Alternativas hay. Lo que hace falta es un cambio de paradigma con la profundidad y hondura que ello implica. Un cambio de paradigma es un cambio revolucionario de la concepción del mundo. En el caso social implica a todos los aspectos de la sociedad, no sólo el económico, sino el de las relaciones entre los hombres o sociales, la relación con la naturaleza y las relaciones de producción que vienen determinadas por las anteriores. De ahí, que siga teniendo razón Manuel Sacristán y Jorge Riechmann y sea necesario “el paso del paradigma de la producción al paradigma del cuidado.” Con todo lo que esto último implica.

El neoliberalismo, una ideología que se nos ofrece como política inevitable y como ciencia determinista de la historia. Y, esto, desde diferentes partidos (tanto de la derecha como de la socialdemocracia), porque no hay partido que se autoproclame neoliberal, sin embargo, todos los partidos con capacidad de gobernar actúan como neoliberales con la excusa de la inevitabilidad y una supuesta justificación científica.

 

Esto no es nuevo. Y al igual que el argumento fuerte, desde el punto de vista filosófico-teológico, se basa en la teoría de la potencia y el acto aristotélica. El ser es y se dice de muchas maneras, las principales son ser en potencia y ser en acto. Todo ser tiene su ser en potencia (natural, el accidental es artificial) y su ser en acto. De ahí lo de la semilla y el árbol. Esto es discutible, además, habría que rellenarlo de contenido empírico, lo cual implicaría considerar a la naturaleza teleológicamente, es decir, que está ordenada conforme a fines, lo que es un antropomorfismo en el que la ciencia no se puede basar puesto que esto no es empírico. También esto nos llevaría directamente a la quinta vía tomista que en la actualidad es la versión del diseño inteligente o argumento antrópico. Pero siguiendo con lo de la potencia y el acto. Lo que el aquinate no decía es que hubiese un alma sustancial. Él definía el alma en tanto que función de lo vivo, por eso distinguía tres tipos de alma, vegetativa, sensitiva y racional (propia y exclusiva del hombre) Pero resulta, y esto es curios, que para Aristóteles, el alma es principio vital. Entendido de otra forma. Para Aristóteles todo ser se compone de materia y forma y ninguna existe por separado. Cuando se produce un cambio sustancial lo que se produce es una disolución de materia y forma, por ejemplo el paso de la semilla al árbol, que en Aristóteles el árbol es en la semilla, pero en potencia. Ahora bien, al mantener Aristóteles que el alma es una función que hace posible la vida y la indisolubilidad de la sustancia, es decir, que si disolvemos la sustancia lo que se produce es un cambio sustancial, pues, en el caso del hombre estaríamos hablando de que la muerte es un proceso de disolución sustancial y, además, definitivo. Ésta es la doctrina clásica. Ahora bien, cuando llega el cristianismo y adopta a Aristóteles como filósofo de cabecera, llegándolo a llamar, el Filósofo, pues tiene que corregir ciertas cosas, pues el pobre sólo se guio por la luz natural, la razón, no por la revelación, como los profetas y escribas de la biblia, así como los santos padres de la iglesia que interpretan la doctrina y las escrituras. Pues en el caso del hombre lo que hacen es inventarse que el hombre no es una sustancia, sino la unión mistérica de dos sustancias, una mortal y material, el cuerpo, y otra de naturaleza eterna, o, mejor, sempiterna, porque tiene origen en el tiempo, pero no muere…y, a partir de aquí, todas las filigranas teológicas que queramos para justificar la dogmática cristiana (la libertad, el mal, la conciencia, el pecado…) como el caso de la masturbación, que ya digo, no es la primera vez que es considerada un crimen. Deberían, pienso, este sector fanático del cristianismo renunciar a todos los avances científicos que hacen la vida más llevadera, más larga y, que, en millones de casos, la hacen simplemente posibles. No se les debería despachar un simple antibiótico en las farmacias. Cuidado con estas ideologías y fanatismos porque en los tiempos que vivimos son peligrosas y los primeros que deberían  vigilar estos excesos son los propios cristianos y centrar su atención en la justicia social, en la iglesia de los pobres…

 

No, si soluciones hay. Lo que no hay es voluntad política porque ésta está secuestrada por el poder de la voluntad de las multinacionales, el mercado. Más claro, el agua. Y, mientras, nos hundimos en nuestra propia miseria y producimos un profundo cambio en el planeta sin precedentes en millones y millones de años. Y no es un discurso apocalíptico. Las guerras ecológicas ya existen. Y, en el fondo la crisis, mejor quiebra, de nuestro sistema es un colapso civilizatorio. Es decir un colapso de nuestro sistema de producción que es el capitalista basado en el mito del progreso y el crecimiento ilimitado.

Gracias a ti. Y lo mismo pienso yo sobre el pensamiento alternativo o contrapensamiento, o como suelo definirlo a mis alumnos. Pensar es siempre pensar a la contra. O como digo de la democracia. La democracia es disidencia, la posibilidad de la disidencia. Por eso, como dices, nuestro modo de pensar tiene en su esencia la comunicación. Yo diría que cuando uno escribe o explica tiene necesidad de comunicar, no sé si verdades, pero sí desmantelar y desenmascarar mitos, que no es poco. Por eso, si no llegamos a un cierto público pues hemos fracasado, evidentemente. Y en la historia siempre ha ocurrido así, por eso la historia narrada oficialmente, ésa contra la que tú arremetes, es la de los vencedores. Pero tiene sus grietas y gente como tú las descubre y nos las muestra. Y en la situación que estamos viviendo, de un final de época, una distopía, la neoliberal, pues puede ser que, simplemente desaparezcamos, no del todo, lógicamente. Nos adentramos en una oscura Edad Media en el sentido más peyorativo de ésta: ausencia de pensamiento, superstición, poder del más fuerte, rico, noble y clero, sumisión y esclavitud, arbitrariedad y cosificación del ser humano. Esta distopía neoliberal, basada, como toda utopía, en el mito del progreso, ya tiene sus millones de muertos a sus espaldas. Ya tiene su “Ángel de la historia” espantado al observar tanta barbarie.

Y, por eso éste es el fin de las humanidades. Éstas no caben dentro del valor de cambio, que es el único valor que reconoce el mercantilismo. Por eso se desmantela la cultura, la ciencia básica y las llamadas humanidades. Con el pretexto de la crisis son consideradas como algo superfluo, cuando el fin que persiguen en realidad al eliminarlas es precisamente el embrutecimiento, la empleabilidad, el aumento del mercado, seguir empecinados en la economía del crecimiento, cuando esto es una auténtica contradicción. En la lucha que he mantenido por escrito por conservar la filosofía en los planes de estudio, me he dado cuenta de que toda la argumentación que se daba, tanto yo, como muchos otros, lo que hacían es darle al poder las razones para eliminar semejante saber. Por eso me desmarqué y propuse que el modo de lucha era la desobediencia civil, como habría que hacer en todo lo demás si queremos refundar la democracia y volver a los ideales ilustrados, que no a la pervertida razón ilustrada de la que el neoliberalismo es una consecuencia. Pero ni los profesores, en nuestro caso, ni la ciudadanía, están por la labor. Ha desaparecido un sujeto histórico. O lo han disuelto, porque el sujeto histórico es el proletario. Pero, ¿quién se considera hoy un proletario? ¡Qué bien lo han hecho! Pesimismo o escepticismo esperanzado. Aceptación de la realidad miserable que vivimos y nuestra connivencia con ella, mal consentido. Y la esperanza de que de alguna manera podamos cambiarlo. Por eso hay que seguir escribiendo y hablando. Como Diógenes “Un Sócrates enloquecido”. Que al menos podamos decir que hicimos lo que podíamos y lo que sabíamos.

Saludos,

Juan Pedro.

Está bien, pero yo iría mucho más lejos. La humanidad es humanidad porque se ha humanizado a través de la cultura, las humanidades, más concretamente. Dentro de la cultura está la tecnociencia, pero la tecnociencia no es toda la cultura. Si confundimos, como es el caso, cultura con tecnociencia y ésta, con valor mercantil, entonces entramos de lleno en la tecnobarbarie. Lugar en el que nos encontramos hoy. Hay un complejo en los humanistas y las humanidades que a mi juicio es falta de percepción de los entes que ellos mismos producen e innovan. Y es precisamente por lo abstracto de estos entes. Por decirlo a lo gordo, acaso no es innovación el invento griego de la democracia (isonomía e isegoría) y no es innovación los valores ilustrados: igualdad, libertad y fraternidad conquistados primero teóricamente por los filósofos. Y no es una innovación pasar esos valores éticos a un código civil, a un conjunto de normas que establezcan una sociedad de derecho. Y no es una innovación la reclamación de la jornada de ocho horas y la eliminación del trabajo infantil, y la conquista de la igualdad de géneros. Y podría seguir…innovar en humanidades es conquistar una sociedad justa y feliz. Y para ello hacen falta una serie de conceptos éticos, estéticos y unos artilugios jurídicos y políticos que lo permitan. Pero, claro, todo esto, aunque son valores, no tienen un valor de cambio, están fuera del mercado. Y, como ya hemos dicho antes, vivimos en una sociedad absolutamente mercantilizada.

Claro, es que no hay que mitificar a nadie. Hay que aprender de sus virtudes, si las tiene, y obviar sus defectos. Además, excepto escasas excepciones en la historia de la humanidad todos somos más o menos iguales. En unos abundan unos vicios más que otros y en otros abundan otros. En unos unas virtudes y en otros otras. En fin, es lo que hay y si lo contemplas desde la perspectiva de La Muerte, entonces todo carece de importancia. Y, además, hay que aplicarse la sabiduría antigua, el estoico Terencio decía, “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno.” Y añado, tanto en lo que se refiere a la virtud como al vicio.

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¿Qué le impide a los españoles echarse a las calles?

La pereza y la cobardía como condición propia del hombre. Pero además hay factores culturales. Insisto, España no pasó por la Ilustración, brevemente en la II República y en la constitución de las Cortes de Cádiz, 1812. Pero después de la segunda República se castró o eliminó literalmente toda la base de izquierda de este país y se convirtió en un país de sumisos y trepas. La transición, un continuismo, mientras que la democracia se forjaba en las calles, la Constitución y los partidos se doblegaban al poder reaccionario establecido desde el golpe de estado. Y lo máximo que de ahí pudo salir fue el bipartidismo que nos ha llevado a una partitocracia oligáquica. Pero hoy nos hemos dado cuenta de todo esto y hay que salir a la calle para acabar con ello, no se trata sólo de la dimisión del gobierno por su situación vergonzosa y por lo que ha hecho, sino de iniciar un proceso constituyente.

 

Yo no defiendo utopías. Pienso que el pensamiento utópico es tiránico y da lugar a totalitarismos políticos. La política ha de hacerse fragmentariamente, con una lógica situacional, no holísticamente, como pretende el pensamiento utópico. Ahora bien, la utopía como idea reguladora de la praxis política es una realidad ética que consiste en la consecución de la justicia social. Después de esta idea viene la ingeniería social, que es fragmentaria, falible, diversa, discutible...que pretende la consecución de la justicia social por diversos medios y mediando las instituciones y gradual o fragmentariamente y siempre sometidos al principio de falibilidad. La democracia nunca es realizables totalmente. En su esencia va la imperfectibilidad. La democracia es, precisamente, antiutópica.

Después de la conquista y destrucción de las Indias, cinco siglos más tarde, la iglesia –la gran Babilonia- sigue su plan de exterminio sutil. Es un espectáculo lamentable cómo pretenden imponer su moral particular como moral universal. Ha sido siempre su afán, que comenzó con la conquista y conversión “forzosa” de Roma y sigue hasta la actualidad. Y, sobre todo, en los países que se saltaron la Ilustración y los que no tuvieron una reforma, al contrario, los hijos de la contrareforma que se inicia en España.

Después de la conquista y destrucción de las Indias, cinco siglos más tarde, la iglesia –la gran Babilonia- sigue su plan de exterminio sutil. Es un espectáculo lamentable cómo pretenden imponer su moral particular como moral universal. Ha sido siempre su afán, que comenzó con la conquista y conversión “forzosa” de Roma y sigue hasta la actualidad. Y, sobre todo, en los países que se saltaron la Ilustración y los que no tuvieron una reforma, al contrario, los hijos de la contrareforma que se inicia en España.

No respondes para nada a mi cuestión, porque además he dicho que coincidimos técnicamente en que es un golpe de estado, luego he puesto un pero. O sea que en parte estamos de acuerdo. Después tú utilizas un argumento que es una falacia, la falacia de la pendiente resbaladiza. Es decir, si admitimos esto, luego admitiremos lo otro y así sucesivamente y nos resbalaremos hacia el abismo. Esto es, que lo admitiremos todo, incluso el golpe de estado del 36, que por cierto, algunos no lo consideran tal e inician la guerra en el 34, ya sé que tú y yo no lo admitimos, pero ahí está. Esto es sólo una falacia porque el argumento vale sólo para cada caso particular, como luego sostienes de la ONU.

Y cuando digo que ha pasado el tiempo de la política y de la democracia como la venimos viviendo, luego digo que hace falta una refundación, no digo que los partidos se han terminado, tu temor te ciega. Los partidos políticos son absolutamente necesarios en esa refundación de la democracia y del sistema, que luego hablaremos. Los partidos políticos son los referentes ideológicos y del pensamiento de cómo debe estar estructurada una sociedad y deben plasmar la alternancia de pensamiento y praxis política en una democracia. Así como deben marcar lo que es la derecha y lo que es la izquierda. Además los partidos de izquierda deben expresar la verdad de la lucha de clases que ha existido siempre, pero la hemos olvidado, y la izquierda realmente existente (la que tiene capacidad de gobierno, el PSOE, en nuestro caso) lo ha ocultado. Pero resulta que la ciudadanía en su conjunto, a través de los llamados movimientos sociales también tiene lugar en esa refundación de la democracia. Es más, es la que está poniendo el dedo en la llaga y la que está exigiendo, de alguna manera, ciertos cambios en ciertos partidos. Porque no habrá refundación de la democracia sin refundación de los partidos políticos.

En cuanto a lo del sistema pues son palabras mayores. Esto no es una crisis más del sistema capitalista. Es la quiebra del sistema capitalista, del que conocemos desde el XIX. Porque capitalismo en sentido amplio de intercambio de mercancía a través de moneda ha existido siempre y existirá siempre. La última fase conocida del capitalismo es el capitalismo de los consumidores acompañado del capitalismo financiero. Aquí hemos llegado a la quiebra porque el principio rector del capitalismo, desde sus inicios, es el crecimiento ilimitado, pero esto choca con los propios límites del planeta. Y, en definitiva, a lo que estamos asistiendo es al colapso de este sistema, que durará décadas en las que el mundo goestratégicamente, comercialmente y políticamente cambiará revolucionariamente. Para mí la única alternativa, como sabes, es el famoso socialismo o barbarie, algunos lo que le hemos añadido es el discurso ecológico y decimos ecosocialismo o barbarie. Y la apuesta por el socialismo o ecosocialismo, que es más amplio e incluye factores no analizados por el socialismo ortodoxo, pasa por una democracia o república (estoy hablando genéricamente, no en España sólo) real, no ficticia. En el que el poder resida en el pueblo y se exprese a través de las instituciones, que es el gran invento de la democracia, porque despersonaliza el poder y hace abstracción de él. Ahora bien, lo que ocurre ahora es que el poder esconde su ineficacia, o su interés particular o incluso su corrupción detrás de las instituciones. Es curioso como el poder se intenta absolutizar a través de las instituciones en lugar de utilizar éstas como vía de la expresión de la voluntad general del pueblo.

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                Efectivamente, ésa es la vía, la del laicismo. Pero no existe ni laicismo ni aconfesionalidad, que es lo mismo, en el estado español. Lo que hay es una confusión y ambigüedad en la constitución, sobre todo en el artículo 16.3 que da lugar a saltarse a la torera la aconfesionalidad del estado. Porque mientras que en el título general se hace una declaración de aconfesionalidad, en el 16.3 se ofrece un trato de favor a la iglesia católica. Esto no es ya una ambigüedad, sino una contradicción. Y luego tenemos los acuerdos con el Estado del Vaticano, acuerdos que deberían ser derogados unilateralmente porque chocan contra la aconfesionalidad de nuestra constitución y así lo mantienen la mayoría de los profesores de derecho constitucional en España, y eso que en derecho suelen ser bastante conservadores, pero es una situación tan evidente que rompe la legalidad por las cuatro costuras. La financiación de la iglesia debe venir sólo por la vía de los creyentes y para ello, ni siquiera sería necesario el IRPF, aunque es una manera muy práctica. Lo mismo digo de los partidos políticos, las ONGs y los sindicatos. Claro, esto requeriría una refundación de nuestra democracia, de la constitución y de la ley de partidos.

El estado no debe participar en la financiación de la iglesia por ninguna otra vía, salvo, una vez considerado patrimonio del estado sus iglesias y catedrales, pues tendría la obligación, con el dinero de todos, de financiar su conservación siendo la iglesia, meramente custodio de ella en cuanto que tiene estas posesiones, que son de todos, en usufructo. Pero claro esto implica que el estado no debe subvencionar indirectamente a la iglesia. Por ello no debe pagar ni subvencionar ningún colegio privado-concertado religioso y, el caso es que son más del 90% en el Estado. Que esto supone un gasto para el Estado, pues claro. Y no se ha hecho precisamente por ello lo cual viola nuevamente la aconfesionalidad. Debe eliminar absolutamente la asignatura de religión de los centros públicos, no de los privados, si son no concertados, en su caso. Y mientras exista, como ahora, la asignatura debería ser religión, no religión católica y debería ser dada por los especialistas en ello: historiadores, filósofos y teólogos laicos. Así mismo eliminar la subvención indirecta, como con los profesores de religión, a través de los curas castrenses, los hospitales privados religiosos. Esto último vuelve a ser un coste para el Estado, pero es un deber de un estado laico y hay que pagarlo. Igual que la sanidad pública y universal cuesta, la educación pública y universal cuesta, las carreteras cuestan, el sistema judicial cuesta, pues todo hay que pagarlo entre todos equitativamente. Aquí entraría una reforma fiscal, pero éste es otro tema.

La iglesia en España debe ocupar un lugar privado, pero con voz pública. Es decir, puede y debe intervenir en la comunidad de hablantes que constituyen la democracia a la hora de la toma de decisiones, pero su voz es una más. Lo contrario es una perversión de la democracia. Y, en España ya hemos tenido bastante teocracia. De hecho todavía la tenemos en la tradición.

Por cierto, médicos del mundo, médicos sin frontera, amnistía internacional…, ayudan a todos los que pueden, no al que ha pagado la cuota de socio. Mucho más la iglesia que anuncia la caridad. Antiguamente el lema era que “fuera de la iglesia no había salvación”. Los teólogos de la liberación, concretamente el jesuita Jon Sobrino, al que es un auténtico placer leer y escuchar, dice que “fuera de los pobres no hay salvación.” Ése es el ejemplo vivo del mensaje ético de los evangelios.

Sutilezas como ésta, o hablar del sexo de los ángeles, es lo que impide el desarrollo ético-político en la historia. Lo siento, pero en tu exposición lo que se ve es el paradigma político que se está viniendo abajo, el sistema de democracia tutelada y marcada al ritmo de los partidos políticos y los oligarcas que, a su vez, los dirigen. También fue un golpe de estado la revolución francesa. En lo que estamos de acuerdo es en que no podemos hablar porque no sabemos la deriva del ejército. Y en que técnicamente es un golpe de estado, pero desde el nivel de los hechos o de la historia es la culminación de un proceso de rebeldía civil. Andrés, incluso la ONU se resiste a hablar de golpe de estado. Y nuestras democracias no pueden hablar demasiado, desde una posición de justicia y éticamente sostenible, cuando no dejan pasar a un jefe de estado por su espacio aéreo por intereses meramente económicos, pero sí dejaron pasar a los aviones con presos de Guantánamo. Ya lo hemos hablado, el tiempo de la política como la entiendes tú se ha terminado. Tenemos dos opciones una refundación de la democracia en el sentido de república (virtud y ejemplaridad pública) o el fascismo, o totalitarismo si lo prefieres, en el que nos estamos adentrando y del que los partidos políticos son copartícipes. Un saludo y gracias por tu crítica y reflexión.

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                Muy necesario hoy en día la vuelta a Maquiavelo si queremos entender la política y sus límites. Y también es necesario situar el pensamiento político de Maquiavelo en pleno Renacimiento. Y el problema que se planteaba, una vez el paradigma medieval, fundado sobre la filosofía y la religión cristiana, se había venido abajo, era el de la legitimidad. Es decir, qué garantiza la verdad, qué garantiza lo que es bueno y qué garantiza lo que es justo. Antes, en el pensamiento cristiano la garantía de todo esto, a lo que se les llama los trascendentales residía en dios, puesto que dios era el ser absoluto, por tanto, el absoluto bien, la absoluta justicia y la verdad absoluta. Pero esto ya no nos sirve en todos estos ámbitos hay que buscar otra legitimidad, una legitimidad mundana, por supuesto, no trascendental o divina. En el caso de la política de lo que se trata, ni más  ni menos, es de la legitimación del poder. Y así nace la modernidad en política, con el principio del realismo político de Maquiavelo. Al político, sede de la legitimidad, en su  caso era el príncipe, le está todo permitido, siempre y cuando sea en bien de la república. Incluso si es necesario la inmoralidad ante los ciudadanos y sobre los ciudadanos. Es la separación entre ética y política. La modernidad en política se ha desarrollado bajo este principio. La cuestión que nos podemos plantear hoy en día es si hay un límite a la acción política. Las democracias, con su división de poderes, pesos y contrapesos, lo cumplen en la teoría. Pero, ¿realmente se cumple? Cuando se habla de razón de estado no se está cayendo en el más brutal realismo político de Maquiavelo. Sin olvidar que en Maquiavelo hay dos grandes virtudes, el responsable, la legitimidad del poder reside en el político, en su acción (hoy en día en las democracias la legitimidad del poder la da el pueblo, otra cosa es que se respete) y la necesidad de preservar la república. El problema es que no se puede separar totalmente la ética de la política. Es decir, que los límites de la acción política son precisamente los derechos éticos individuales que fundamentan la dignidad del ciudadano.

                               En torno a los sucesos en Egipto.

No sé qué hará el ejército a partir de ahora. De eso depende todo. Pero no es legítimo llamar golpe de estado a la consumación de lo que la inmensa mayoría de la población civil quiere. Era muy fácil, simplemente el presidente debería haber convocado elecciones anticipadas. Y no lo hizo. El poder político está al servicio del pueblo y no al revés. Creo que estos juicios de las sociedades occidentales “democráticas” son prejuiciosos. Están llenos de miedo y de conservadurismo. Nuestra sociedad tiene razones para una rebelión civil pacífica, porque realmente vivimos en plutocracias engañados con un barniz de falsa democracia. El poder tiene miedo. Y por eso llama a una rebelión, golpe de estado. A una manifestación, alteración del orden público, e incluso, constitucional, porque se impide el derecho al trabajo. Pues vaya huelga, o concentración o manifestación si no se molesta a nadie. Nos tienen domesticados y el pensamiento anulado a partir de estos puñeteros medios de manipulación de masas. Ahí dejo un enlace como muestra. Y se le llama de análisis y es para niños pequeños y encima le  pagarán un pastón. Valiente basura de intelectuales y de periodismo.

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La política es la búsqueda del bien común y no la del interés particular. Eso es la justicia y ésa la virtud del político y el mandatario, en especial.

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"Las leyes no se frenan con las protestas" Wert. Pues usted me dirá cómo la ciudadanía expresa su opinión. Están ustedes acostumbrados a una democracia de cartón piedra en la que la ciudadanía vota y se calla, pero eso no es la democracia, eso es una forma más de autoritarismo. La política, y más hoy en día está en la calle y el parlamente, junto con el ejecutivo, deben escuchar la voz del pueblo que es el que lo ha puesto ahí. Con razón elimina la educación para la ciudadanía, la ética y la historia de la filosofía, porque ahí se enseñan, entre otras muchas cosas, estas lecciones elementales para la vida democrática y el funcionamiento de las instituciones. En esta frase se desvela el carácter autoritario y antidemocrático de nuestro ministro. Además de su supina ignorancia o audacia maquiavélica.

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La iglesia recibe más de once mil millones de euros del estado en 2013. ¿Cuándo nos quitaremos esta lacra de encima?

Ningún partido político en el poder lo ha hecho.

Efectivamente, ni creo que lo hagan. España no pasó por la Ilustración y no se produjo nunca un verdadero proceso de secularización, salvo en la II República y ello dio lugar a enfrentamientos, violencia anticlerical, malestar de la burguesía y el ejército. De tal forma que el golpe de estado fue bendecido por la iglesia y secundado hasta la muerte de Franco. Y como la transición fue cerrar en falso la dictadura nacionalcatólica, pues así estamos. En pocas palabras, claro.

Triunfa el poder del gran hermano, 1984 más vivo que nunca. El poder ha creado un nuevo lenguaje y un doble pensamiento que evita el pensar. Como el poder controla los medios de comunicación, pues controla el pensamiento estableciendo un único pensamiento, es decir, eliminándolo. En los medios de comunicación se nos informa de que el joven que ha filtrado la información secreta de los EEUU. No iba en el avión presidencial de Evo Morales. Y se nos alivia con ello porque se le está convirtiendo en un traidor y en un criminal, cuando los criminales realmente son ellos, primero por espiar y no sigo porque la lista es interminable. Es curioso que presos que iban a Guantánamo, detención ilegal, no fueron paralizados sus vuelos, se hizo la vista gorda, es decir, se colaboró. Entre ellos España, como ahora. También se nos informa del supuesto golpe de estado en Egipto, pero las imágenes lo niegan, porque gran parte de la población está llena de júbilo. Ha sido una revolución (otra cosa es lo que el ejército haga a partir de ahora) para echar del poder a alguien que se había convertido en un tirano y no quería convocar elecciones anticipadas, alguien –y aquí nos estamos acostumbrando a ello- que no escuchaba la voz del pueblo. Es necesario recuperar el pensamiento, la crítica y la acción política, que es nuestra no de los políticos. Ya está bien de engaños, todavía quedan grietas en el poder que son las que debemos aprovechar.

Nuestras últimas argumentaciones son un pelín peligrosas. Lógicamente son elitistas, pero eso no es ningún problema, siempre que el elitismo esté basado en la meritocracia. Algo que en este país ha dejado de existir y más en la educación, que sería su lugar natural. Se confunde meritocracia con totalitarismo y autoritarismo. Platón lo vio claro, la democracia es el gobierno de los ignorantes. Esto significa que es el gobierno de los que no saben de lo público. Y lo público tiene un vértice que es la justicia. Y la justicia en lo social es la equidad, no la igualdad aritmética, cosa que se confunde demasiadas veces. Ahora bien, si el pueblo es ignorante busca y persigue su interés privado y por ello desaparece la justicia. La única forma de conseguir una democracia “justa” pasaría por la educación del pueblo. Y yendo a la alegoría platónica consistiría en sacarlos de la caverna. Pero el caso es que no quieren, es más, se burlan incluso del que ha salido y si pueden (alusión a la muerte de Sócrates en manos del poder democrático) lo intentarán matar. Y esto lo vio también La Boétie cuando escribió su obra “La servidumbre humana voluntaria” y lo sintetizó mucho más lúcidamente Kant en su librito “¿Qué es la ilustración?” El hombre es autoculpable de su minoría de edad, de no ser libre, que es lo mismo. La mayoría de edad es la libertad y la autonomía, es decir, el pensar por sí mismo. Pero el hombre ha sido autoculpable de esa minoría de edad y esa autoculpabilidad consiste en que prefiere mantenerse en su estado de sumisión y servidumbre por pereza y cobardía. Para pensar por uno mismo y ser por tanto libre es necesario ser valiente: salirse del rebaño, enfrentarse a la soledad y al poder. Y es necesario superar la pereza porque es más fácil que otro piense por ti y obedecer.

                Si aceptamos todo esto se nos plantea un problema, ¿es posible la democracia? Ahora bien, la alternativa a la democracia es el totalitarismo. Pienso que sí es posible, pero no se puede separar, inevitablemente, de la meritocracia. Y todo esto viene por el asunto de la lectura y la imposibilidad de que muchos accedan a ella por falta de sensibilidad estética. También hay falta de sensibilidad ética y política, pero ello no debe justificar el totalitarismo. La educación debe ir encaminada a educar estas sensibilidades, aunque por la propia naturaleza humana, es imposible conseguirlo en todos. Por eso decía que nuestro argumento es peligroso porque puede caer en una pendiente resbaladiza y llevarnos desde una meritocracia a un totalitarismo.

La tragedia del conocimiento. El aumento de nuestro conocimiento ha sido inversamente proporcional a nuestra capacidad de actuar. De tal forma que nos encontramos en un máximo de conocimiento sobre la realidad que nos rodea y en un mínimo de capacidad de transformación. ¿Es posible la praxis revolucionaria, o sólo nos queda la contemplación desde el conocimiento absoluto que nos ofrecen los medios de información omnímodos del devenir histórico?

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Claro, si ya estaba todo en Adam Smith y los economistas del XIX. La economía formaba parte de la filosofía moral. En el XVIII se desnaturaliza, es decir deja de tener en cuenta a la naturaleza en sus cálculos, lo cual es un error que se redescubre en el siglo XX. Luego se suma al positivismo científico, que anula la validez de cualquier otro discurso salvo el científico teniendo como modelo el de la física. Las ciencias sociales quieren ser como la física e intentan eliminar los valores y los juicios de valor de su discurso. Y si, como es el caso de la economía, podemos enmascarar nuestro discurso con un aparato matemático o modelo que llaman ellos, pues mejor. Y así queda eliminado el hombre de la ciencia económica. Segundo error. Hay que volver a la naturaleza "Economía y entropía" y al hombre, no hay decisión económica sin un juicio ético previo.

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Qué le vamos a hacer. A mis hijos, pequeños todavía,  les leemos y les gusta, pero no apuesto nada porque en el futuro sean grandes lectores. Casi treinta años en la enseñanza me han hecho demasiado escéptico. Cada vez considero más seriamente que lo de la lectura es una cuestión de élite. Es una cuestión estética que requiere, por su puesto, educación, pero que si no se tiene la facultad de la sensibilidad pues nuestro gozo en un pozo. Como se suele decir, “lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”. Por mucho que se empeñen los psicopedagogos. Tampoco la lectura literaria nos hace mejores necesariamente, amplifica nuestra sensibilidad, eso sí, pero la virtud no es sólo aprendida, sino ejercitada. Pero sí nos hace más felices y más humanos porque la lectura nos hace utilizar nuestras facultades cognitivas y de la sensibilidad, ética y estéticas superiores.

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                Pues esa sensibilidad es la guía. Y sí, es verdad, hay mucho que leer, pero yo creo que podemos encontrar la sabiduría en la meditación de unos pocos libros. Curiosamente ahora me estoy leyendo un libro de recopilación de escritos de tres estoicos: Epicteto, Séneca y Marco Aurelio. Para qué necesita uno más. También tengo previsto releer a Ciorán. El mismo Ciorán es el fin de la lectura filosófica, aunque él fue un voraz lector, pero un escéptico. Ahora bien, si buscamos conocimientos, que no es lo mismo, mil vidas no nos son suficientes, además de que eso nos produce desasosiego. Pero también podemos buscar deleite. Deleite y placer que nos hace la vida más feliz y, en algunas circunstancias, soportable, precisamente porque cultivamos esa sensibilidad. La lectura es la conversación de la humanidad. Y lo importante es la buena conversación, el diálogo común y no la cháchara. Y esa conversación de la humanidad es la que pone en contacto a la comunidad de lectores y escritores de toda la historia en busca de la verdad, la belleza y el bien.

 

«En teoría soy un santo que ama a todos los seres humanos y en la práctica soy un egoísta que quiere que no le molesten». Hermann Hesse.

La doble condición humana, "la sociable insociabilidad", que en unos se acentúa más que en otros. Pero es curioso que grandes filántropos son en la vida concreta: solitarios, egoístas, huraños y celosos de su tiempo. Sólo la santidad o la sabiduría (según hablemos desde lo religioso o desde lo profano) unifican esta escisión.

En torno al “Concert per la libertad”

Lo que contrasta es el título del concierto “La libertad” y la uniformización del público. Parecen una formación militar. Todo esto es muy sospechoso. Y no estoy criticando la autodeterminación, que es algo muy complejo, sino la manipulación política y lo que de mítico, supersticioso y religioso tiene el nacionalismo (cualquier nacionalismo) no vayan a salir susceptibilidades.

No es un ideal, éste tendría que estar basado en un conjunto de ideas bien argumentadas, lo que no es el caso puesto que todo nacionalismo es una forma o variante de la religión surgido en el siglo XIX como reacción al mundo del trabajo y del capital que trajo la revolución industrial. Una forma de defensa como lo fue el marxismo, por cierto, éste es intrínsecamente internacionalista. Los partidos de izquierda se la han jugado con el nacionalismo desde principios del siglo XX, coincidían en la lucha contra la opresión imperialista, pero sus caminos y sus métodos eran absolutamente distintos. Pero en el mundo de la política la izquierda claudicó ante los nacionalismos y dio lugar a barbaries, desde el nacionalsocialismo hasta el terrorismo etarra, de supuesta ideología de izquierda. Y ahora viene lo importante. Decir esto que yo sostengo no implica la eliminación de la libertad individual de autodeterminación y, por su puesto, tampoco la libertad de un pueblo de autodeterminarse. Aunque esto ya es más complejo porque la noción de pueblo Wolk, inventado por los filósofos alemanes en el XIX, que al final desembocaría en el fascismo, es muy problemática, dado que la historia no es estática sino devenir. Por otro lado, libertad y nacionalismo como ideas histórico-filosóficas son excluyentes. Su unión reside en la autodeterminación, en la autoidentidad. Pero he aquí la contradicción, si la identidad te viene dada por el pueblo, la nación, entonces no tienes identidad. La identidad, o autonomía o libertad viene dado por la capacidad de pensar por uno mismo. Ése fue el principio ilustrado que Kant introduce en la historia y que nos lleva al ideal de la libertad a través del cosmopolitismo. Pero un cosmopolitismo que consiste, kantianamente hablando, en la libre unión de repúblicas libres. Aquí se acentúa lo de la libertad dos veces. Las repúblicas se mantienen, es decir, mantienen su soberanía, pero se alían en un derecho común internacional de forma libre, no obligada. Y las repúblicas son libres porque los que las habitan son ciudadanos libres, no se reducen a la identidad cultural. La tradición es una forma de esclavitud, es reaccionaria. Por el contrario, los ciudadanos libres se guían por la razón. O por decirlo a través de otro filósofo alemán aún vivo, pero muy mayor, Habermas. El ideal democrático republicano es el de la asociación libre de la comunidad de los hablantes. Pero la comunidad de los hablantes son aquellos que tienen capacidad de seguir a la razón, no la pasión. No se trata del abandono de las pasiones, sino de dirigirlas.
Lo que me resultó chocante esta mañana cuando vi el concierto después de mandarte el enlace, ver a viejas glorias de la izquierda, luchadores en otro tiempo por la libertad haber caído en semejante trampa. Y eso me lo hizo pensar la uniformización del público. Es como si estuviese viendo una convención política de los EEUU, pueblo patriota, imperialista y nacionalista excluyente y tremendamente peligroso, donde los haya. Y luego me acordé de una entrevista a Alfonso Guerra en la que contó una anécdota. Fue a Cataluña a dar una conferencia sobre teatro y tal y después fueron a cenar, pero él puso una condición, que no se hablase de política y menos de nacionalismo. La cena transcurrió con normalidad hasta que al final los artistas e intelectuales que estaban allí no pudieron evitarlo y le preguntaron sobre el nacionalismo y sobre la política nacionalista actual en este asunto en Cataluña. Alfonso Guerra les dijo que si de verdad querían escuchar lo que él pensaba a lo que dijeron que sí. Bueno pues echó su discurso, más o menos en la línea de lo que he dicho más arriba y de lo que tú dices de los políticos y resultó que todo el mundo estaba de acuerdo y, entonces, les preguntó. Bueno, y por qué mañana no vais y lo decís por ahí lo publicáis, lo defendéis…y todos a coro respondieron que si hacían eso se quedaban sin sus subvenciones para el teatro, la música, los libros… Los políticos los tenían comprados y esos intelectuales, a los que se les llama intelectuales orgánicos, son los que producen y moldean las ideas que después el pueblo piensa acríticamente. Y todo por un plato de lentejas. Ese es el mecenazgo de hoy en día. Y otro dato curioso, que era Alfonso Guerra el que contó esta historia, que de estas cosas, la manipulación del pensamiento del pueblo, sabe mucho. Un saludo y a seguir disfrutando de la playa en libertad y armonía.

Algunos hombres buenos. De la excelencia a la valentía.

                Mucho ha sido ya comentado el asunto del desaire que los graduados con máxima excelencia en España hicieron al ministro Wert a causa de su política educativa. Fundamentalmente su ley de educación y sus recortes en investigación así como en el profesorado universitario. Y lo que a mí me asombra es que todavía gran parte de la población vea el acontecimiento (la retirada del saludo a Wert, por parte de algunos premiados con la excelencia académica) como un desaire, una falta de educación, e, incluso, como una falta de respeto. Si esto es así, que me temo que sí, es que no tenemos la más mínima conciencia ciudadana, política, civil y ética. Nuestros políticos están para representarnos, no para mandar, ni imponer. Y, mucho menos, para imponer una ideología refugiándose en la manida crisis que, por lo demás, no es más que una consecuencia del capitalismo sin bridas que ellos mismos defienden. Son nuestros propios verdugos los que quieren poner los medios para salvarnos, más bien esos medios nos llevan al abismo. Pero vayamos a la educación y a la investigación que es lo que motivó, fundamentalmente, el acto que estos excelentes y, además, valientes, porque se enfrentaron al poder político y al mediático (recordar que TVE ocultó o censuró las imágenes, medio que pertenece al pueblo, pero gestiona el gobierno, que como digo nos deben representar, por tanto la manipulación de la información en este caso fue un acto, simplemente, dictatorial) llevaron a cabo.

                La LOMCE es una ley en contra de los principios básicos de la democracia, en contra de la igualdad de oportunidades, en contra de la aconfesionalidad del estado, en contra de la escuela pública y a favor de la enseñanza privada, que en España es, fundamentalmente de carácter religioso. Por otro lado es una enseñanza absolutamente ideologizada, no sólo religiosamente, sino, mercantilmente. El alumno aprende para la empleabilidad, y no lo digo yo, sino el señor Ministro. Es decir, que el alumno es un instrumento, una mercancía para el mercado laboral al que ha de enfrentarse. A esto se le llama cosificación, es decir, tratar a un sujeto como un objeto o cosa, por tanto, pérdida de la dignidad humana. Por todo ello, es una ley dictatorial. Obedece a la dictadura del mercado. Estos son motivos suficientes como para retirar el saludo al Ministro, y, además, exigir su inmediata dimisión, por antidemócrata e inconstitucional, si es que la Constitución sirve ya para algo. No es falta de respeto ni de educación, es una exigencia, un plante ante alguien que ni representa al pueblo, ni a la institución, porque, al contrario, utiliza la institución para imponer una ley que viola los principios básicos de la democracia. De ahí la valentía de estos doce excelentes. Han tenido valor, por medio de un gesto, de decirle al Ministro que su gestión es nefasta y que como se salta la propia dignidad humana habría de dimitir. Lo que pasa es que este país está lleno de tibios, y así nos va. Hay una cosa importante: el mal se produce, no sólo porque exista un autor material del mal, sino porque existe el mal consentido y este es el caso de la sociedad española que sigue en silencio y no sigue la consigna que un señor como Federico Mayor Zaragoza aconseja: insumisión generalizada. Lo que está ocurriendo en la educación desde los noventa es una debacle, porque la LOGSE-LOE es una preparación de esto (la LOMCE) que se nos viene encima. También esta ley se ha hecho desde el paradigma neoliberal.

                Y en cuanto a lo de la investigación, pues es una ironía, sino un sarcasmo o cinismo político. Se premia a los excelentes, para qué, ¿para que tengan que irse a otros países a desarrollar su producción intelectual?, ¿para ser eliminados, arrojados al paro, de programas de investigación en curso? ¿para cobrar sueldos de miseria que no les permiten casi vivir y, menos, formar una familia? Hombre, esto es una burla. Y que encima tengamos que soportar toda la corrupción en la que los menos virtuoso, los más cobardes y los menos excelentes, se llevan el dinero a paraísos fiscales, nos roban a los contribuyentes, ocupan cargos ficticios sin hacer nada, sólo medrar durante años en el partido para escalar posiciones. ¿Dónde está la ética y la excelencia de estos señores? En ninguna parte. Son escoria y miseria, no hablo del señor Wert, sino de la corrupción en general, son la sangría del pueblo. Un pueblo autoculpable por su indiferencia, su cobardía y su pereza. Es normal, por España, exceptuando un breve periodo con la constitución de Cádiz, no pasó la Ilustración. Y así nos va. Sumidos en la superstición y el folclore y ansiosos de un nuevo líder que nos ilumine, incapaces de pensar por nosotros mismos, obedeciendo consignas y con el miedo en el cuerpo, siempre mirando hacia un lado con el temor al qué dirán. No señalarse, otra de las consignas.

                Pues señores, felicito y agradezco a estos doce excelentes y valientes, que no se quedan en lo meramente académico, por eso son excelentes, y tienen sensibilidad ética y política y que con un simple gesto señalan, no sólo el malestar de la población, en este caso de la educación, sino que en el fondo están diciendo que el que manda es el pueblo. Estos señores constituyen un modelo de ejemplaridad pública, nos han enseñado con su gesto que debemos recuperar el poder que se nos ha arrebatado.

¿Quiénes están detrás de la LOMCE?

                Pues una pandilla de sinvergüenzas. Y en el más puro sentido ético. Una serie de señores que no sienten vergüenza de sus actos ni de sus ideas. Sus actos son estrictamente criminales. Condenan a toda una sociedad a la precariedad, crean un plan de enseñanza para aborregar, es decir, para adiestrar en el trabajo. Para crear mano de obra, no personas ni ciudadanos. Y son una serie de señores, y es decir mucho de esta pandilla de indocumentados, que ocultan el robo a gran escala, que defienden a los grandes banqueros y al capital. Que les importa un bledo la ciudadanía, la democracia y la persona. Sólo les interesa el rendimiento económico. Y son unos auténticos sinvergüenzas en el sentido ético porque no sienten vergüenza ante los demás de lo que están haciendo, incluida la nueva ley de educación.

                La base de la ética es la vergüenza y la empatía. El sentir vergüenza ante el otro de nuestros actos es lo que nos hace responsables de ellos. Pero estos no tienen vergüenza de sus actos, los ocultan o, peor, se vanaglorian. Están por encima del bien y del mal, es decir no son sujetos éticos, sino sinvergüenzas. Y el segundo pilar de la ética es la empatía, el sentirse identificado con el otro, con su alegría, tristeza, dolor o sufrimiento. Pero estos, no, estos actúan como autómatas y nos dicen que son necesarios sacrificios. Sí, sacrificios para que el gran capital siga devorando a la clase media, al estado social y de derecho. No sienten el dolor en la cara del otro, ni su sufrimiento. Lo que ellos llaman sufrimiento nos lo venden como un mal necesario. Y, por eso, no es necesaria la ética en el sistema de enseñanza. Porque la ética es conciencia del otro y eso entorpece la marcha del capital, lo que sí es necesario es la instrumentalidad, más matemáticas (instrumentales, no teóricas, claro) y más lengua (sintaxis y lectura, no verdadera literatura) Todo conocimiento que nos lleve a la autoconciencia y a la crítica no es que sea peligroso, para el gran poder ya no hay peligro en nada, simplemente entorpecen y son un gasto superfluo. Lo mejor es eliminarlo. Y como el objeto de la LOMCE es el de la empleabilidad, pues tampoco hacen falta sujetos éticos, sino prácticos. El retroceso ético-político ha sido de 250 años. El nuevo sistema de educación ya no nos considera sujetos, fines en sí mismos dotados de dignidad, sino que nos considera meros instrumentos al servicio del sistema. Un sistema de darwinismo social (que no tiene nada que ver con el darwinismo de verdad) de una lucha de todos contra todos en la que prima la supervivencia. En definitiva, un estado hobbesiano, absoluto y totalitario, de guerra de todos contra todos. Para qué queremos la ética en este contexto. Simplemente es algo anacrónico. El poder está por encima de la ética, como el príncipe de Maquiavelo, y el pueblo deja de ser sujeto para convertirse en objeto, por tanto deja de ser ético, por consiguiente la ética no es más que un adorno. Precisamente lo que nos humaniza, como hemos dejado de ser humanos, para ser meros animales, pues lo tiramos por el retrete.

                Y qué pasa con la historia de la filosofía. Pues miren ustedes, les guste o no a mis compañeros, eso me da ya igual. Es la disciplina más importante de todo el bachillerato, también por su inmensa dificultad la más incomprendida por los alumnos y, por su puesto, por los profesores, que tampoco la entendieron en su tiempo, ni ahora, a la vejez les interesa. Porque el aguijón de la filosofía comienza en la juventud. Y si en la juventud eres inmune a él, pues… En fin, que la historia de la filosofía es la disciplina más importante del bachillerato por la sencilla razón de que es el fundamento último de todas las demás. Pero esto no es lo que nos interesa aquí. Lo que nos interesa es que la historia de la filosofía es la conciencia o, mejor, la autoconciencia de Europa u occidente, con sus luces y sombras. Es lo que nos permite entender la actualidad y entendernos y, sobre todo, forjar un proyecto de futuro. Pero resulta que la ideología dominante nos dice que hemos llegado al fin de la historia –una mentira, una ideología, una falsa conciencia- que estamos en el mejor de los mundos posibles y que todavía vamos a mejorar más hasta llegar a la perfección. Que el mercado, las nuevas tecnologías y la tecnociencia, sobre todo, las ciencias de la vida, eliminarán definitivamente el sufrimiento en el mundo. Señores, todo está resuelto. Todo ha sido pensado y el último pensamiento es el neoliberalismo posmoderno. Pero para que esto surta su efecto el ciudadano, que, por su puesto, ya no es ciudadano, ha de perder el sentido del tiempo, de la pertenencia a una tradición, la tradición occidental, precisamente. El supuesto ciudadano, obediente y sumiso, adaptable hasta la máxima maleabilidad a las exigencias del mercado, debe vivir en un eterno presente. Ése es el mundo que se les ofrece. De nuevo, la historia de la filosofía, o de las ideas que configuraron Europa o la tradición occidental no es que no sirvan, o carezcan de relevancia, es que son un estorbo. No son útiles. Y el principio que rige el ultraliberalismo es el de la máxima utilidad e instrumentalidad, para instrumentalizar. Por tanto, es necesario eliminar la historia de la filosofía. Y los grandes señores del poder no cayeron en esto en el primer borrador, o quisieron que nos fuésemos acostumbrando, y lo dejaron para el segundo y así, ellos ausentes de ética y dominadores del pasado, el presente y el futuro, lo mantuvieron pese a la leve resistencia del domesticado profesorado. En definitiva, la coherencia de la ley es impecable e implacable.

                               La ambigüedad de la utopía.

                El pensamiento utópico es atractivo per se. Responde a la connatural esperanza del hombre. A la tercera pregunta kantiana, ¿Qué nos cabe esperar? A esta pregunta hasta el siglo XVIII daba respuesta la religión. De esta manera la teología tenía un discurso sobre el sentido de la historia y de la vida particular. El sentido de la historia es el de la salvación del hombre y el de nuestra vida, pues el de la salvación de nuestra alma, la salvación particular. El cristianismo consigue dar un sentido a los hechos de la historia. Sustituye a las estructuras políticas del imperio romano y da un sentido de trascendencia a la ciudad terrenal. De ahí su doble discurso de la ciudad terrenal y la ciudad de dios. La primera es la ciudad física, Roma y todos los imperios que han existido, la segunda es la iglesia. La iglesia ocupa Roma físicamente, pero la trasciende espiritualmente. Donde hay un cristiano allí está la ciudad de dios. La ciudad de dios no tiene límites, es la cristiandad. De ahí el proselitismo del cristianismo. Éste quiere extenderse por doquier y llevar el mensaje de dios a todas las criaturas. Porque una vez que dios sea conocido en toda la tierra y aceptado por todas sus criaturas tendrá lugar la segunda venida del mesías. Y esto supone el fin de los tiempos, el apocalipsis y la llegada del reino de dios y, con él, la restauración de la justicia universal y divina.

                Como se ve subyace a esta visión de la historia, la primera filosofía de la historia que existe y que cuaja en el pensamiento de Agustín de Hipona, la idea de progreso. De ahí que el progreso no sea una idea, sino un mito. Y de ahí precisamente todos los problemas, porque todas las filosofías de la historia beben de la filosofía de la historia primera, la del cristianismo. El progreso es un mito, una creencia. No hay nada que lo justifique. Sí podemos pensar que existe un progreso científico-técnico, pero nada garantiza que perdure o permanezca, que se desvanezca, como ha ocurrido en más de una ocasión en la historia. Pero el problema es cuando esta creencia o mito se aplica a la historia y a la praxis política. Y es esto precisamente lo que ocurre tras la muerte de dios en los siglos XVIII y XIX. Si dios ha muerto todo carece de sentido. Y el hombre es un ser de sentido. Y lo que hace es buscar un sentido a lo que ha quedado sin él. El hombre, en tanto que individuo y en tanto que ser histórico, tiene que dar respuesta a la tercera pregunta kantiana, ¿Qué nos cabe esperar? Si ya no nos cabe esperar el reino de los cielos pues lo que hacemos es que nos inventamos un reino de los cielos en la tierra. Y de ahí nacen todas las utopías políticas. Pero, ¿cuál es el problema? Pues que todas las utopías políticas se basan en una falsa y mítica visión de la historia. En primer lugar consideran que la historia tiene un sentido, un principio y un fin. Que hay una historia de la salvación de la humanidad, que existe un fin en el que habrá justicia, paz y felicidad y se acabará el sufrimiento. Esto es un mito. Una idea del cristianismo que se cuela en los discursos históricos y políticos porque el peso del cristianismo, a pesar de la muerte de dios es demasiado grande. Y porque la condición humana es así, quiero decir, que el hombre vive de sus esperanzas. Cuando realmente, u ontológicamente, sólo hay un sentido biológico. Y el sentido biológico es que somos una especie más, como podríamos no haber sido y, como seguramente, dejaremos de ser. De modo que en el discurso histórico político se cuela el mito del progreso, la creencia de que vamos hacia algo mejor. En segundo lugar, el discurso político se fundamenta en supuestas teorías de la historia, como el hegelianismo, el marxismo, el liberalismo, el capitalismo, el cientificismo… que creen que la historia está determinada y ellos conocen las leyes de la historia que la determinan. De modo que sólo es necesario actuar, y ésa es la praxis política y lo peligroso, es la perversión de la razón ilustrada que se endiosa y cae en lo mismo que critica, para dirigir la historia hacia la emancipación del hombre y, con ello, hacia el estado de justicia y felicidad. Pues bien, todos estos pensamientos, ideologías, filosofías y políticas, como también el cristianismo, lo que han producido es precisamente lo contrario: el genocidio y el exterminio, el infierno en la tierra. Y este es el fundamento filosófico de los totalitarismos: el mito del progreso y la visión determinista de la historia aliada a una razón endiosada y absoluta que, contrariamente a su origen, deshumaniza al hombre y lo convierte en un objeto.

 

En qué situación nos encontramos. Pues como digo el hombre es un ser de esperanzas y esperanzado pero que se ha quedado sin dios. A las utopías que nos han prometido un mundo mejor pero nos han llevado a la catástrofe se les ha llamado utopías negativas. Hay todo un género literario de este tipo, no sólo las que se han producido en la realidad histórico-política. Las utopías en este sentido son un pensamiento cerrado, un pensamiento único y una anulación y exterminio del pensamiento y del disidente como portador de ideas heterodoxas. De ahí que en las ideas totalitarias esté el germen del exterminio, porque es necesario eliminar al disidente, al que piensa de otra manera, al hereje, que eso es lo que significa en griego. De ahí que en otro lugar haya definido a la democracia como disidencia. La democracia es el modelo político que te permite la disidencia. Y esto nos lleva directamente a la situación actual. Hoy en día estamos instalados, y casi sin saberlo, o sin saberlo la mayoría, en un totalitarismo que elimina el pensamiento y la disidencia. Ese totalitarismo es la unión del neoliberalismo como teoría económica y praxis política unida a la religión de la tecnociencia y su avanzadilla las tecnologías de la información. Lo que se nos promete desde este conjunto de pseudoteorías económicas y cientificotécnicas es la salvación del hombre y de la humanidad. Sólo hay que “comulgar” (estar en comunión, en comunidad de fieles y creyentes) con estas creencias para ser dignos de entrar en el reino de los cielos. Estamos viviendo, porque estamos instalados en ello, una utopía negativa. El pensamiento único que se nos ofrece como alimento y que se nos despacha por los medios de control y manipulación de masas, a los que se les llama medios de comunicación, o, incluso, medios de conocimiento, como internet, es un pensamiento único, sin alternativas, sin posibilidad de disidencia. Y es un pensamiento que mata, porque el capitalismo, en su afán de crecimiento, que le es consustancial, mata. Es una forma de exterminio en la medida en la que el crecimiento no es homogéneo, sino que se basa en esquilmar al otro para que una parte crezca. Eso, por un lado, por otro, se trata de esquilmar el planeta para que las generaciones futuras se queden sin nada. El grave problema es que la utopía negativa en la que estamos instalados y esclavizados, porque nuestro pensamiento ha sido secuestrado por los medios de control y manipulación de las masas, nos lleva, a la larga, al colapso global. De ahí que no estemos en una crisis, sino en la quiebra del capitalismo global y que lo que nos espera en el futuro es la guerra y la depredación, algo que ha empezado ya hace tiempo y que hace poco ha empezado a llamar a nuestras puertas. Porque el capitalismo se autodevora.

                Por tanto, la utopía es un pensamiento negativo. Pero nos encontramos con la naturaleza esperanzada del hombre. No renunciamos a la esperanza porque es un mecanismo instalado en nuestro cerebro y adquirido por la selección natural que ha sido exitoso y nos ha permitido sobrevivir. De ahí que nos agarremos a la esperanza como a un clavo ardiendo. Pues esto me parece bien, nunca debemos cejar en nuestro intento de mejorarnos. Pero hay que hacer una serie de advertencias. No confundir la esperanza con la utopía, en primer lugar, en segundo lugar, ser conscientes de que no existen leyes deterministas de la historia y, en tercer lugar, aceptar los límites de nuestra razón, que son los límites de la falibilidad del conocimiento, y los límites de nuestra acción. Y, por último, aceptar que no existe un progreso ni un fin de la historia. Que todo progreso es parcial y contingente, fruto del esfuerzo humano, pero que, en cualquier momento, puede venirse abajo. En la historia, como en nuestra vida, todo es provisional; y todo depende de nuestra voluntad para mantenerlo y mejorarlo. Si ésta falla todo se viene abajo. Estamos, que sepamos, solos en el universo, somos una de las miles de millones de especies que hay y han existido en el universo, somos contingentes, podríamos no haber existido. Y no hay una trascendencia que guíe nuestro destino. Por eso, una vez que hemos cometido el grave error de los totalitarismos, anclados en el mito cristiano del progreso, debemos ser cuidadosos y regular nuestra esperanza de tal forma que no se convierta en un pensamiento megalómano. La esperanza, y esta es nuestra vuelta al inacabado pensamiento ilustrado, a la corrección de su perversión, debe ser la guía de nuestra acción política. Y el fin de nuestra acción política es la consecución de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres y la paz dentro de ellas y entre ellas, pero desde la libertad y el diálogo. Es decir, que la esperanza (es un sentimiento, no una idea), no la utopía (que es una idea, un pensamiento cerrado) debe ser la guía de la acción política. Por eso hay que cuidarse mucho del pensamiento utópico, de los grandes ideales y poner los pies sobre la tierra. Pero lo primero de esta praxis es desmontar el mito sobre el que estamos instalados. Una utopía negativa, como hemos dicho, definitivamente letal. Nuestro proceso de construcción pasa por la deconstrucción. Si no somos capaces de hacer esto, la deconstrucción o el derrumbe, mejor, vendrá por sí mismo.

La ética como regulación del derecho y la democracia como proyecto ético-político.

                Ni la ética se reduce al derecho ni a la inversa. Pero tampoco son ajenas. Existe una relación histórico-sistemática entre ambas. No hay ética sin derecho ni derecho sin ética. El derecho, enunciado de forma positivista, podríamos entenderlo como la normalización de la ética o conjunto de normas que hacen posible la convivencia. Pero, aún así, ni el derecho agota la ética, ni la ética el derecho. Lo que sí podemos decir es que el hombre es un animal social y necesita de normas para sobrevivir, como dijera Kant, “hasta un pueblo de demonios necesita de sus leyes…” El derecho es la plasmación positiva de la ética. Ahora bien, el objetivo del hombre es una ética universal. Pero para poder tener una ética universal, o buscarla, tiene que ser, como diría Adela Cortina, una ética de mínimos. Unos mínimos exigibles y consensuados por el diálogo comunicativo entre seres racionales que coinciden con todas las diversas morales existentes. En cuanto nos vayamos a unos máximos empezarán las diferencias. Y por eso el marco político de organización social que haga posible esta ética y que se plasme en el derecho es la democracia. Por eso, tanto la ética, como el derecho, como la democracia son conquistas del hombre. Conquistas en las que el hombre se ha ido autoconociendo o reconociendo o inventándose o construyéndose. Y por eso constituyen una forma de vida.

                Y, también, por este motivo, la democracia es contraria al pensamiento utópico. La utopía es producto de un pensamiento cerrado y acabado. Mientras que la democracia surge del pensamiento en creación, en diálogo, inacabado. La democracia se va haciendo y obedece a la ley de la entropía, si no se la persigue y perfecciona continuamente, degenera. Lo característico del pensamiento utópico es un pensamiento ya construido, que se cree conocedor de la historia y, por tanto, de su devenir y, por ello, puede marcar y delinear el futuro. Este pensamiento es excluyente, elimina al disidente y acaba en totalitarismo. Por el contrario, el esfuerzo de la democracia es la búsqueda de la universalidad, pero no la imposición de mi supuesta creencia universal. La democracia debe de ser capaz, mediante su reglamentación jurídica, de dar cabida a todas las expresiones éticas, siempre y cuando cumplan los mínimos exigibles. Pero es aquí donde se suscitan las mayores cuestiones. ¿Cuáles son esos mínimos exigibles? Yo creo que la cuestión está clara desde la Ilustración y que en lo que consiste el asunto es en proseguir con el proceso inacabado de la Ilustración. Me refiero a la concepción del hombre como sujeto. Cosa que viene formalizada en el imperativo categórico kantiano en su más suculenta formulación: obra siempre de tal forma que consideres al otro como un fin en sí mismo y no como un medio. Es decir, que aquí lo que se nos está definiendo es el concepto de persona. La persona es un fin, por tanto, un sujeto, alguien como yo. Por eso me hace falta la empatía para reconocerme en el otro y actuar moralmente, ser capaz de ver su alegría o su sufrimiento. Es decir, que la persona es un sujeto, por ello tiene dignidad y, en tanto que tiene dignidad, es persona. De todo ello se desprende que es merecedor del máximo respeto, lo que implica que no puede ser instrumentalizado. Pues bien, esta base ética es la que debe defender políticamente la democracia y jurídicamente el derecho. Ahora bien, esto implica que la democracia no es sólo una cuestión formal, sino de contenido. La democracia es una forma de vida, algo que ya inventaron los griegos y que redescubrimos, pero que debe ser guía de nuestros principios y acciones, de nuestra ética, porque es la ética mencionada la que la alimenta, pero sin esfuerzo, ni compromiso, todo se viene abajo. Esto, por un lado, es decir, en lo que compete al ciudadano. Y, en cuanto a lo que compete a los poderes e instituciones pues también están sometidos a una misma ley, como hemos dicho, la de no instrumentalizar. Cada vez que cualquier forma de poder o institución nos toma como instrumento, nos mediatiza, nos convierte en objeto, está destruyendo la democracia. Pero aquí viene algo muy importante. Cuando esto ocurre en una sociedad que se llama a sí mismo democrática es necesario actuar de inmediato. Y la forma de actuar es la desobediencia civil, porque en definitiva el poder, cuando nos mediatiza, se convierte en una tiranía. Y contra la tiranía es legítima la desobediencia civil; eso, si queremos conservar la democracia. Por eso en la sociedad actual, en la española, es necesario un proceso constituyente para recuperar la democracia.



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