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Libertad de educación y educación para la libertad.

Podría seguir hablando largo y tendido, pero ésta será mi última entrega de lo que ha constituido una trilogía sobre la enseñanza de la religión. Que nadie se me asuste cuando hablo de educación para la libertad como un posmoderno coaching, ni nada por el estilo. Tranquilos, no me he movido de la Ilustración Kantiana. Para concluir esta trilogía no me voy a centrar sólo en la religión, sino más en la educación, mejor, enseñanza en general. He mantenido en los artículos anteriores dos tesis: la necesidad de la enseñanza del hecho religioso y dos, la necesidad de eliminar la enseñanza de la religión confesional, todas, especialmente la católica por ser la mayoritaria. Ahora lo que voy a defender es que la enseñanza no es más que un adoctrinamiento del poder y que por tanto no debe ser en ningún caso obligatoria, aunque sí universal con la intención de eliminar la desigualdad, manteniendo la libertad.

El sistema social o la sociedad que hemos creado es una aberración comunitaria que anula al individuo. Y una de las formas de anulación del individuo es por medio de la enseñanza. Ahora bien, la anulación del individuo es la anulación de su libertad. A mayor número de leyes y de normativas, a mayor burocratización de las relaciones sociales, menor libertad en estas mismas relaciones. La enseñanza es uno de los mejores vehículos clásicos, ahora existen otros más sutiles y eficaces, de dominación. La educación no se hace obligatoria con la buena intención que el poder tiene de que todos tengan acceso a la educación y a través de ella lleguen a ser ciudadanos libres, iguales, críticos, cultos, reflexivos y bla, bla, bla… esto es una sarta de mentiras ideológicas que lo mismo aparece en la LOGSE que en la LOMCE. Pero si después uno va a la normativa de educación y a los currículos se da cuenta de que no todo el monte no es orégano, que hay una mano que dirige el sentido de la educación y que nada tiene que ver con la basura ideológica que destilan los preámbulos. Todo ley de educación obligatoria que, para empezar, debería llamarse enseñanza, -porque la educación es privada, es dominio de la familia y no se la puede arrebatar- es una intromisión en la libertad de las personas. Lo que se pretende con la educación es una formación reglada dirigida a unos intereses marcados por el poder y por las modas educativas que el poder utiliza como vehículo de cambio. El sistema obligatorio de educación, no sólo pervierte la intimidad del ciudadano que será educado parcial e interesadamente en los fines que el poder tiene pensado para él, sino que también formará a un ejército (el profesorado, las juntas directivas, la inspección…) obediente, sumiso y fiel a la norma y que no osará plantearse la cuestión mínima de por qué este currículum y no otro. Por hablar de mi especialidad y siguiendo a M. Onfray, no por usar el argumento de autoridad, sino porque en su obra se encuentra la argumentación debida, por qué después de Sócrates explicamos a Platón y a Aristóteles y después damos el salto a la filosofía cristiana. Por qué no cogemos la otra rama, igualmente heredera de Sócrates, pero que optó por el individuo, la autonomía, el ateísmo, la crítica social frente al autoritarismo comunitario que viene a defender Platón, perpetúa, Aristóteles y, después, dando el salto al cristianismo se extiende por toda Europa como verdad universal. Es la historia de los vencedores. Por qué no se explica la ciencia y la filosofía islámica, precisamente desarrollada en Al-Ándalus, sin la cual hubiese sido posible el Renacimiento y, en realidad, Europa. Y, por qué no hablar de los ultras de la Ilustración, que eran los auténticos ilustrados: ateos y materialistas y nos conformamos con el moderado Voltaire. Y Por qué no se explicar a Spinoza, el filósofo judío de origen español que abre el paso a la Ilustración con su concepto de tolerancia y de la separación entre el estado y la iglesia. Y abre una nueva visión del mundo panteísta que elimina la dualidad cuerpo-alma y abre realmente el camino para construir la ciencia rompiendo con todos los prejuicios de la tradición religiosa. Y así podría seguir. Y en Historia y Literatura igual. Y por qué es más importante las Matemáticas y la Lengua, que se han dado en llamar, instrumentales, que la educación artística, o humanística. Por qué no hay una armonía. Por qué la Ética, que, por cierto ya hasta ha desaparecido junto con la Filosofía, es una maría, cuando nos enseña a vivir, y la Química, la Física, la Biología son imprescindibles, junto con la Economía, la Contabilidad, el emprendimiento como valor transversal. Como si el que está enfrascado en la construcción de un poema no estuviese emprendiendo algo.

En conclusión defiendo la educación libre, que significa un currículum libre del que cada institución de enseñanza sea responsable y los padres, lo suficientemente libres, como para llevar a su hijo a un determinado sistema de estudios o a otro. Y una enseñanza para la libertad en el sentido de que la adquisición de los conocimientos forme a un individuo que se transforme en persona. Es decir, en un ser autónomo: alguien que se da la ley a sí mismo por encima del miedo y la comodidad. Pero el ejército que ha sido creado por el poder es obediente y sumiso. No quiere la libertad, prefiere la sumisión. ¿Cómo va a producir a hombres libres? La enseñanza, si no es libre es una forma de perpetuación del poder. Desengañémonos y admitamos que habitamos en la caverna y que permanecemos en ella por un tejido de cobardía y comodidad.

 

Sin conciencia no se puede transformar la historia y sin conocimiento no hay conciencia. Pero, igualmente, es necesaria la voluntad de transformación es imprescindible Toda revolución tiene que venir desde abajo, desde la transformación individual de la conciencia.

El eterno tema de la esperanza. Sin esperanza la vida y la historia son imposibles. La esperanza es el origen de las religiones y de las utopías políticas. Ambas han sembrado la historia de cadáveres. Mejor quedarse con la esperanza con minúsculas de la que nos habla el sabio Manuel Freijó. Y ésta es la que nos construimos cada día, la que le damos, fragmentariamente, a la historia. La que fomenta el diálogo entre las religiones. La que nos habla de que el camino de la sabiduría es diferente en apariencias, pero en el fondo es común. Y que la guerra es fruto de las apariencias y del ansia del poder de los hombres. Mientras que las creencias se utilizan como ideología para que los hombres luchen entre sí. Pero en el fondo de las religiones, de las visiones filosóficas, hay una sabiduría común que tiene más que ver con la fraternidad (la gran olvidada de la Ilustración y descubierta ya en la época axial: Sócrates, el budismo y el cristianismo evangélico) que con la guerra y el odio entre los hombres. No olvidemos la sabiduría estoica: “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” que decía Terencio. Por eso estos días de ensalzamiento ritual de la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, dividen y enaltecen más que unir. Hacen falta más actos y menos rituales. Más ética y menos moralina. Menos golpes de pecho y más meditación sobre el mensaje interno de los evangelios del que otro día hablaremos.

“Y es que, cuando nos golpea la desgracia, los humanos nos hacemos especialmente conscientes de que siempre son necesarias las dos cosas: retirar escombros y alumbrar nuevas constelaciones de sentido, hacer frente a lo perentorio y pensar en futuros más halagüeños y esperanzadores.”

“Proponemos, más bien, continuar “a vueltas con la esperanza”. La esperanza con minúsculas tiene larga vida asegurada; sin ella todo se seca, la vida se torna lánguida e imposible. La otra esperanza, la de las religiones, la que promete el final de la hegemonía maldita de la muerte como último destino de los seres humanos, está al borde de lo desorbitado, pero no es imposible adherirse a ella. De hecho, millones de cristianos lo hacen estos días, con la mirada puesta en el destino de Jesús de Nazaret.” Manuel Freijó.

Polvo de estrellas

Vida cíclica.
Ciclos largos
ciclos medianos,
o cortos,
círculos que se cierran,
círculos que abren,
curvas, ondas
y espirales infinitas.
Desde la quietud
todo es movimiento.

Cada vida es un mosaico,
con piezas en continuo cambio,
interactúan las piezas,
mosaicos que se mezclan,
nunca morimos,
pues nacer y morir es lo mismo.

Somos la misma materia,
la misma energía cambiante,
dentro de un todo,
indescriptible,
no hay palabras,
las palabras engañan,
porque dan forma
a lo que no tiene forma.
Palabras huecas o llenas,
sólo eso, palabras.
Hablar con voz muda,
silencio para decir.

Opuestos que se entrelazan,
dentro del mismo cuerpo,
latimos,
naciendo y muriendo cada instante,
respiramos del mismo pulmón,
sin forma,
sin tiempo,
somos polvo de estrellas.

Miriam Al Adib Mendiri. 28-03-15

 

Efectivamente, a mi parecer lo que has escrito es la clave de la sabiduría. El Ser es lo que es y todo lo que es, es el Ser. “Ser y pensar son una y la misma cosa” Parménides. “El devenir es el eterno fluir de los contrarios” Heráclito. “El Logos (que es lo mismo que el Ser, la aclaración es mía) es lo común” “Hay que seguir al Logos”. Heráclito. Por eso dice: ”…el mundo de los que duermen es diferente para cada cual, mientras que el mundo de los despiertos (los que siguen lo común, que es el Logos o el Ser. Aclaración mía) es común a todos.

En el pensamiento presocrático no existía la dualidad. La verdad era Aletheia: revelación: quitar el velo. No había objeto del conocimiento y sujeto que conoce. La dualidad se introduce con Platón y Aristóteles, auténticos padres del conocimiento científico. Y, desde entonces, hemos vivido el olvido del Ser. Y si a esto le sumamos la absorción de Platón y Aristóteles por el cristianismo, tenemos como resultado la perpetuación de la dualidad ante y mediante una moral de los débiles, los resentidos, los obedientes, los sumisos, los que predican la humildad desde el resentimiento, los dominados y miserables, los que renuncian a la libertad y la mayoría de edad. Frente a los dominantes, los fuertes, que están por encima del bien y del mal y que son el Poder. Con lo cual, nuestra existencia se ha ido alienando, ha perdido su anclaje en el Ser. Se ha vuelto inauténtica y sin sentido, una locura en la que el hombre vive aislado y perdido en la maquinaria del el ser para la utilidad: el nihilismo. El Ser, es, no es para, no tiene finalidad. Ni valor, y, mucho menos, precio. “Es de necio confundir valor y precio” A. Machado, pues más aún Ser y precio, que es lo que hace el mundo contemporáneo. Porque el Ser del hombre es “Ser en el mundo”: Dasein, que dice Heidegger, no ser frente al mundo. Eso es alienación, falsa conciencia o locura. El Ser es la reconciliación de los contrarios. “La armonía no percibida es más profunda que la armonía percibida” Heráclito. O, lo que es lo mismo: El Tao, o, en palabras del mismo Lao Tse en el Tao Te King “El Tao que puede conocerse no es el Tao.
La sustancia del Mundo es solo un nombre para el Tao.
Tao es todo lo que existe y puede existir;
El Mundo es solo un mapa de lo que existe y puede existir”

                        La muerte del pensamiento y las nuevas religiones.

“Los que velan tienen un mundo en común, pero los que duermen se vuelven cada uno a su mundo particular”. Heráclito.

            Está claro, es evidente y palpable, que no son buenos tiempos para el pensamiento. Que el mundo, como dice el tango, es un cambalache. Un cambalache moral e intelectual. El hombre es un ser de creencias. Un ser religioso. En el sentido en el que necesita sentirse anclado a algo para poder soportar la soledad de la existencia o, por decirlo de otra manera, el mundo al que hemos sido arrojados y la vida que se nos ha dado vivir, tanto biológica, como culturalmente. Igual que es un ser religioso es un ser social, un animal gregario, más parecido a las torpes ovejas que a las inteligentes abejas. Por eso el hombre no puede estar solo. Y también hay otro factor que nos hace humanos y es la capacidad del lenguaje, la aparición del lenguaje simbólico y abstracto. Esto nos permitió una comunicación intensa de nuestro estado interno, como el conocimiento (teoría de la mente lo llaman los psicólogos) del estado intelectual y afectivo del otro, siendo capaz, incluso, de anticipar antes de ser comunicado. Y bien, esta capacidad del lenguaje nos dio la posibilidad de construir toda una mitología en torno a nuestras creencias y todo un ritual, que se convertirían a la larga en religiones. Estas religiones, tenían y tienen una función esencial importantísima que es la cohesión social mediante la donación de sentido a nosotros mismos y a nuestra comunidad. Con la contrapartida de que nuestro conjunto de creencias se establecen como dogmas de fe que no pueden ser contradichos, cualquier disidente es un hereje y cualquier otra religión es falsa y el castigo por herejía, ateísmo o práctica de otra religión fue siempre la muerte. Y, es lógico, constituye la amenaza más seria a la unidad social. Hoy en día, en las llamadas sociedades desarrolladas ya no se estila eso de cortar cabezas, torturar o quemar, se condena al ostracismo, ser expulsado de la sociedad. Pues este es el problema y el dilema.

Dejando a un lado la religión en su sentido sapiencial que está ligada a la filosofía perenne y que podríamos llamarla, estrictamente, filosofía en el sentido de búsqueda de la sabiduría y de la que hablaré en otro lugar. Pues ha ocurrido que, desde la Ilustración para acá, hemos padecido la muerte de dios y todo lo que con ello conlleva. La muerte de dios, el ateísmo, de cualquier origen: filosófico, antropológico, ético, político…nos ha llevado a dos cosas. La primera fue el endiosamiento de la razón (las dos cosas persisten en la actualidad y son o constituyen una perversión intelectual y moral de la humanidad), es decir, la consideración de que la razón lo explica todo y se reduce ésta a la, pura y estrictamente, científica. De modo que el resto de saberes carece de sentido. Esto da lugar al cientificismo que llega hasta nuestros días (economicismo, digitalismo, la confianza ciega en la tecnología, la ciencia en general y, la medicina, en particular por tener que ver con nuestra salud. Ahí bajamos del todo nuestras defensas de autonomía y libertad y el miedo y la cobardía nos atenazan) pero, lo curioso, es que la actitud que tenemos ante todo esto, es la actitud de la creencia. Y la actitud de la creencia es la de la minoría de edad, la de no ser capaz de pensar por uno mismo. Y esto es la libertad, pero también la soledad.

Pero, la razón entra en crisis, una serie de sucesos históricos, de la más alta importancia, como son la primera y segunda guerra mundial, así como la crisis económica del 29 y la carrera armamentística hacen que una serie de señores, la escuela de Frankfurt, critiquen, no sin motivo, a la razón ilustrada. La razón ilustrada había hecho lo contrario de lo que prometía. En lugar de liberar al hombre, lo había instrumentalizado, lo había convertido en objeto. La construcción social, siguiendo las normas de la razón ilustrada (esto sigue, contradictoriamente, aunque vivamos en una sociedad posmoderna), convertían al hombre en mero objeto, tanto, desde el punto de vista político, como desde el punto de vista científico y económica. Pero, paradójicamente, las ciencias, desde la ideología del cientificismo, se iban convirtiendo en religiones. La muerte de dios significaba la pérdida del sentido en todos los niveles humanos y sociales. Aquí es donde cobra sentido el grito de Nietzsche que acusa de asesinos y de no saber lo que han hecho a los que han matado a dios. Pero esta carencia de sentido se amplia, incluso, a la razón. La razón es tan tremenda y totalitaria como la superstición y las religiones tradicionales. De modo que renunciamos a los grandes relatos. Todo es un engaño, todo pasa a ser relativo. Y aparece el perverso pensamiento débil cuyo fruto ha sido, al final, el dominio del más fuerte. Pero, como hemos dicho, el hombre es un animal social y religioso. Tiene que vivir en sociedad y la religión le ayuda a ello. De tal forma que empiezan a proliferar discursos parciales, sin intención de universalidad a la que la gente se adhiere, no en vano, ya dijo Nietzsche que no nos veremos libres de dios mientras no nos veamos libres del lenguaje. Dios se nos cuela por el lenguaje que es la expresión de nuestro ser social. Es decir, llanamente, que necesitamos de los demás y que la creencia en algo (lo cual implica exclusión) nos es imprescindible para vivir. Es decir que la religión, como antes, se nos cuela por la puerta trasera. Y por eso nos encontramos ahora con discursos débiles y particulares a los que las gentes, según sus gustos, se adhiere religiosa e intolerantemente (porque es la forma de sobrevivir sino quiere uno ser condenado al ostracismo) como pueden ser: la religión de las nuevas tecnologías, el feminismo, el ecologismo, el ecofeminismo, el digitalismo, el transhumanismo, el psicologismo, las nuevas pedagogías, el mundo redentor de las finanzas, el neodarwinismo social, el transhumanismo…y así habiendo para el gusto de todos. Eso sí, cada uno con su verdad. Y como el posmodernismo ha matado a la razón y ha proclamado la equivalencia de las opiniones. Pues cada uno con su verdad y, aquí paz y después gloria. Y que nadie intente decir nada. Ya no hay lugar para el diálogo. Para eso está el sacrosanto dogma del respeto a las opiniones. Y mientras se nos tiene entretenidos con este circo y este baile de máscaras, el mundo está gobernado por un poder que es el de los más fuertes que se divierte engañándonos haciéndonos pensar que vivimos en el mejor de los mundos posibles, que somos libres y pensamos lo que queremos y somos lo que queremos, que somos libres de hacer nuestro proyecto de vida, de creer en lo que queramos, que todo progresa hacia un mundo mejor y que la historia y la humanidad tienen un sentido. Y todos nos sentimos protegidos por esta gran religión y enorme superstición. Porque el castigo para el disidente, el escéptico el ateo es la muerte social, la soledad, el ostracismo. Con razón los griegos consideraban a éste el peor de los castigos. Supongo que esto será la paradógica condición humana que Kant reflejó en su enigmática y sabia sentencia: “la sociable insociabilidad humana”

Lo políticamente correcto es muy peligroso y más si viene defendido con una pseudocultura libresca. El pensamiento políticamente correcto es uno de los lobos del poder de hoy en día. Por eso se pretende descuidar la educación del niño hablando de la necesidad de cuentos edificantes. Pero, qué es un cuento edificante. Muy sencillo, aquel que oculta la realidad. Nuestra condición humana, nuestros sentimientos y afectos. El Poder y su poder sobre nosotros. Aquel que anula la libertad porque sólo enseña una cara de la realidad, aquel que nos tiene atados en el fondo de la caverna. Aquel que teme a los traumas, como si las heridas no enseñasen, como si fuese posible criar a alguien en una pompa de jabón. Lo políticamente correcto es el control de las emociones a través del control del pensamiento. Es lo establecido en nombre del bien del niño para poder controlarlo. Es la difusión de lo pueril, de lo ingenuo, de lo controlable y maleable. Es preparar al individuo para convertirlo en ganado, al ser que llevamos dentro para ser domesticable. Eso es lo políticamente correcto. El autoritarismo sin fuerza. El autoritarismo de la transparencia, como dice el filósofo coreano de moda Han. Lo políticamente correcto es parte de la ideología posmoderna del poder neoliberal que ha vaciado el yo de contenido y lo ha reducido a la supuesta libertad de un “me gusta” en una red social.

 

La escuela es parte de ese mundo mediático que nos narcotiza y esclaviza. Y el debería ser (el ámbito de lo ético, que debería corresponder a la escuela para formar ciudadanos libres y autónomos) me parece que ha desaparecido, para la inmensa mayoría, docentes incluidos, de su horizonte vital. Vivimos en el mundo del ser, de la tecnobarbarie, del paraíso prometido de las TICs, del ludismo hedonista y egoísta. Del entretenimiento banal, de la mediocridad. Vivimos allá donde el ser coincide con el deber ser, estamos viviendo el inicio de la utopía. Que, como cualquier otra, es el inicio de una época de barbarie, estulticia y esclavitud. De modo que la escuela ni es, ni puede serlo, paréntesis de nada. Al contrario, cada día se diluye más en la sociedad. Se puede ampliar escuela a toda la enseñanza sin ningún problema.

La libertad frente al estado intervencionista.

Mucho se ha defendido y se defiende la socialdemocracia y el estado del bienestar. Y yo no seré el que ataque a los derechos del ciudadano que tanto han costado conquistar, tanto ética, como políticamente. Pero soy un defensor de la libertad y creo que justicia, entendida como equidad, y libertad deben coexistir. Me explico, a mi manera de ver, y a la de muchos teóricos, el estado del bienestar se ha transformado en un estado benefactor, protector y, en la máquina de vigilancia del individuo. Dicho de otra manera, la socialdemocracia aparece como una forma alternativa de desarrollo de la democracia al liberalismo o las llamadas democracias liberales. Y nace como una forma de control del capitalismo en la que la riqueza ha de repartirse, el objetivo es la justicia social. Esto está muy bien. Pero aquí, lo que ha pasado es que el triunfo se lo ha llevado el neoliberalismo. Y la cosa está bien clara. La socialdemocracia y su estado de bienestar asociado no ha sido más que otra forma que ha tenido el capital para transmutarse y seguir existiendo y desarrollándose. De tal manera que, a partir de los años setenta, se empieza a fundir con el capitalismo y la democracia liberal. Pero, claro, lo que ha ocurrido es que como la socialdemocracia tenía acceso a los individuos, de forma política. Y, la política ha ido deviniendo en una unión con el capital. Pues el capital, a través de la mano política se ha introducido en nuestras vidas para controlarnos. El sistema que nos salvaba de los desmadres del capital nos hace sus esclavos y sin darnos ni cuenta. No hay lucha, aceptamos lo que el estado nos ofrece/obliga y le estamos muy agradecidos. Y, de paso, el estado se convierte en el gran hermano (Big Brooder) que nos vigila. Es decir, se nos ha robado nuestra libertad sin ser consciente de ello porque nos sentimos absolutamente libres y que se preservan nuestros derechos. Éste es el gran engaño que impide la resistencia, porque estamos satisfechos, nos creemos libres, estamos anestesiados por el opio del consumo y hemos perdido la capacidad de la fraternidad, de ponernos en el lugar del otro y en nuestro propio lugar. Porque cuando se habla de emprendimiento de lo que se está hablando es de autoesclavizarte. Es decir, que sufres una doble alienación, la propia del trabajo y la explotación que tú a ti mismo te impones. Pero lo haces alegre y contento. Esto es lo que subyace al discurso del emprendimiento, la doble explotación del capital, que ya no tiene nada que perder. Se convierte en el amo absoluto del ciudadano que deja de ser tal, para ser cosa: una mercancía al servicio del capital y autoexplotada, es decir, doblemente alienada.

            Pero voy más lejos. Se utilizan los derechos humanos como ideología para la alienación y absorber tanto nuestra libertad empírica, como nuestra libertad política. El estado del bienestar, en nombre de la justicia, debe garantizar el acceso de la ciudadanía a los derechos básicos. Y aquí, también hay una cosa importante. Tus derechos son tus deberes. Lo que ha sucedido es que las sociedades del bienestar, al ser paternalistas, han anulado la conciencia del deber en los ciudadanos y los han convertido en “señoritos satisfechos” que, no respetan lo público y sólo son conscientes de que tienen derechos. Cuando, en realidad, ontológicamente hablando, nadie tiene derechos. Éstos se los da el hombre a sí mismo. Pero no quiero extenderme en esto, sólo señalarlo porque es un grave problema ético, puesto que a cada derecho corresponde un deber y a cada deber una responsabilidad. Pero si se rompe la cadena con lo que nos encontramos es con individuos irresponsables. Es decir, desde el punto de vista ético: sinvergüenzas. Aquellos que no sienten vergüenza de no cumplir con su deber y, por ello, se convierten en inmorales y corruptos.

            Pero vamos más allá todavía. El estado del bienestar, convertido en estado benefactor y, tutelado por el capital, decía, nos roba nuestra libertad. Pongo un ejemplo que es esencial y, además el fuste de una sociedad y que de él depende el tipo de sociedad que tengamos. Todos tenemos el derecho a la educación. Perfecto. El estado debe garantizar este derecho. Pero esto no es lo que pasa. El estado interfiere en nuestras vidas de una forma perversa y descarada robándonos absolutamente nuestra libertad. En primer lugar, el estado declara la educación (que tendríamos que distinguir también, porque la confusión ha sido interesada por la neolengua del poder, entre enseñanza y educación, la primera es la transmisión del saber de la humanidad, unido a los valores implícitos en el propio saber, como son: el amor al saber, el respeto por el saber y por quien lo transmite, la capacidad del diálogo para avanzar en el saber, lo que implica la tolerancia y la diversidad de ideas que se pueden discutir teniendo en común la razón, el valor del esfuerzo, la autodisciplina, el orden… mientras que la educación es algo que depende de los padres) como obligatoria. Si la educación es obligatoria se me está privando de mi libertad. Hoy en día el estado, por boca del capital, nos habla de la formación permanente, como si hubiesen descubierto algo nuevo. Cualquiera que sienta pasión por una disciplina sabe que le dedicará toda su vida al estudio, como han hecho sus predecesores. Pero no, ahora la formación permanente es una forma de enriquecimiento de la industria educativa privada en connivencia con las empresas. Son los famosos masters que comenzaron a aparecer hace unas décadas, cuando antes eran cursos o cursillos, si eran menores. Pero, en fin, el caso es que esa formación permanente es la manera de tener esclavizado, de por vida, al supuesto ciudadano, porque es un esclavo y autoesclavo, a la cadena de montaje del sistema de producción capitalista que ha absorbido a la enseñanza. Pero hay más. La educación no sólo es que sea obligatoria. Es que tú vas a estudiar el curriculum que al estado le dé la gana, perdón, al capital (no se vea éste como algo abstracto, está personificado en gente de carne y hueso, los superricos que son los dueños de la banca y las multinacionales, un puñado, en definitiva). Es decir, que con la sopa boba del derecho a la educación te están explotando desde la cuna hasta la tumba. Y no sólo explotando, sino vaciando tu cerebro de la capacidad de pensar, que es en lo que consiste la libertad, y adoctrinándote en una serie de valores y quehaceres, con lo cual te están robando tu libertad empírica, es decir, lo que tú querrías ser en tu vida. Tú serás lo que el sistema haga de ti, no lo que tú quieras ser, que ni si quiera tendrás la posibilidad de pensarlo. Pero sin sentimiento de obligación ni de trauma, sino alegre, contento, satisfecho y agradecido. Un vasallo ejemplar.

            Y el poder y su adoctrinamiento se extienden por las redes sociales, Internet, que se nos prometía, como el refugio de la libertad. Las redes sociales son formas sibilinas de adoctrinamiento y de control y vigilancia del individuo. Cada vez que le damos al botón me gusta, comulgamos con el sistema, además de ser observados por el Gran Hermano. Las redes sociales son las catedrales de la nueva religión. ¿Es posible la resistencia? Me pregunto y os pregunto.

Madre mía el diálogo que se ha montado en tu muro a cuenta del artículo. La verdad es que estamos fatal, pero miedo me dan esa pandillas de utópicos que desconocen lo más básico de la evolución y la etología animal y humana, además de la historia. Y no sé, seguro que son profesionales, pero eso no garantiza nada, viven bajo un paradigma. Por ejemplo todos los antropólogos, psicólogos, sociólogos, viven bajo el paradigma del relativismo cultural que, al final se ha desplazado hacia el buenismo, encima mal interpretado de Rouseau, porque él no decía eso de ningún modo. Sus utopías son igual de peligrosas que la que vivimos hoy en día del capitalismo salvaje ultracompetitivo y la redención de la tecnociencia.

Me llevaba yo a uno de estos a un clan del paleolítico donde se ofrecían las doncellas a la diosa Gea para obtener los bienes de la tierra. Y en épocas de hambruna se comían a los más desvalidos. Y a los niños se les reñía y se les prohibía. De dónde han surgido entonces los tabúes, los miedos (inscritos genéticamente) los mitos y la religión, entre otras cosas. Vamos hombre es que es de risa. Parecen cuatro hippies de los años sesenta y sus típicas comunas, que al final acabaron en forma jerárquica, que para eso somos primates, joder. Miremos a los primates y a los lobos, por ejemplo y aprenderemos un montón sobre crianza y educación. ¿O no hemos visto nunca a un gorila reprender a su cría, igual que la ama, o a un lobo, o un perro doméstico, de la misma manera? Pues tenemos su misma conducta jerárquica, social y cazadora.

Claro que hay que acabar con la escuela, y con el curriculum único y con la enseñanza obligatoria, y con la unificación en el aprendizaje respetando los ritmos de maduración cerebral, que son universales, pero diversos. Pero nunca con el esfuerzo y la disciplina. Nada en el mundo de la cultura existiría sin la persistencia y el esfuerzo. Todos los genios de la historia lo han dicho alguna vez. Mozart en una carta se quejaba a su padre de que la gente pensaba que la música le fluía sola del cerebro y él decía que era el hombre que más tiempo le dedicaba a estudiar música al cabo del día, lo cual es cierto, como lo es de otro genio entre los genios, Einstein. El talento está en el culo. Decía, yo creo que queda claro. Y así todos. Que sientan pasión, que amen su disciplina, pues claro, sino no se dedicaban a ello.

Y hay un error en el artículo se confunde la enseñanza con la educación. Y se confunde la enseñanza, sólo con la primaria, no con la enseñanza media o la universidad. Pero es que no merece la pena. Si los de ahora son malos los que vengan serán peores. Porque en el fondo la educación es un sistema de control. No se dan cuenta estos utópicos que lo que quieren formar, con buenas intenciones, claro, son idiotas maleables.

Bueno pues la verdad es que el artículo se funda en el buenismo rousseauniano que es falso y difícilmente adaptable a la sociedad actual. Estoy de acuerdo con lo de los diferentes ritmos de aprendizaje y la diversidad y las falsas enfermedades que en realidad encubren diferentes tipos de inteligencia. Y, sobre todo, estoy de acuerdo con la eliminación de la obligatoriedad y la imposición de un modelo educativo único que tiene más que ver con la ideología que con la ciencia. De todas formas también comete cierta contradicción cuando dice que la ciencia no nos puede decir nada, pero al final echa mano de la neurofisiología para corroborar sus tesis. De todas formas la educación es una mezcla de arte, conocimientos del profesor, actitudes y aptitudes del alumno y ciencia educativa basada, cada vez más, en el estudio de cómo aprende el cerebro. Pero, sobre todo, la educación debe ser libre, no obligatoria. Ésta, lo único que encubre bajo la igualdad de oportunidades, es un sistema de poder que daña a todo el mundo, tanto al que triunfa en el sistema, porque se adapta, como al que fracasa, generalmente, no por deficiencia, sino porque no se ha adaptado y se ha revelado. El grupo malo del que yo te hablo no es, de ninguna manera, un grupo de torpes, son tipos inteligentes. Pero se niegan absolutamente a hacer nada. El sistema los ha rebelado contra la sociedad y, al final contra ellos mismos que son infelices e inadaptados y se vuelven, incluso, hasta violentos. Son dignos de compasión, más que de castigo. Pero el profesor está dentro de la trampa y tiene que utilizar el castigo, que no es efectivo, sólo pasajeramente, además de humillante y va contra la dignidad humana, si no quiere acabar en un psiquiátrico o alcoholizado. Es curios que la ansiedad y la depresión, junto con el alcoholismo sean de las enfermedades más comunes en la enseñanza. Funcionan como válvula de escape a la frustración. O el cinismo, que es muy normal. En fin, lo primero eliminar la obligatoriedad y el curriculum único y, a la par, garantizar la posibilidad de la enseñanza para todos. Se aprende por curiosidad, pero esa luz interna, el amor al saber, no lo tiene todo el mundo. Por eso la educación ha de ser tremendamente diversificada. Yo ya es que de la educación no sé qué decir. Estoy totalmente desencantado y soy un defensor de la libertad. En el fondo, el estado benefactor, que pretende garantizar nuestro bienestar, lo que hace es meterse en nuestras vidas y eliminar nuestra libertad a base de leyes que regulan todos los ámbitos de nuestra vida: desde qué comida tenemos que hacer, si podemos o no fumar, hasta el contenido de historia que debemos aprender y cómo lo debemos aprender. Estoy volviendo a mis orígenes anarcofilosóficos igual que en el ámbito del conocimiento lo estoy haciendo al nivel de la sabiduría, que abarca los sentimientos y la inteligencia y no se reduce meramente al conocimiento. La sabiduría te hace, el conocimiento es algo añadido: información ordenada.

En defensa del ateísmo, la tolerancia y la libertad. Todas las religiones, y me refiero a las religiones del libro, llevan en sí el germen de la intolerancia. Son excluyentes y su primer principio. Al introducir la existencia de un solo dios verdadero excluye al otro. Su principio es la intolerancia y el dogmatismo. Ahora bien, si estas religiones están unidas al poder, entonces su dogmatismo se transforma en fanatismo y éste en violencia, que puede llegar incluso a ser genocida, como la historia nos demuestra. Mientras que el ateísmo es una garantía de la libertad y pluralidad de creencias porque va aliado con un estado laico. El laicismo no es intolerancia hacia la religión, como se nos hace ver desde las mentiras de la iglesia, que tiene mucho que callar y oculta demasiados cadáveres debajo de sus mullidas alfombras, todo lo contrario, fomenta el respeto y la fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración. Y ésta es la que se empeña en recuperar el ateo y la podemos recoger en la máxima estoica de Terencio: “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. Mientras que ésta máxima es incluyente, las religiones monoteístas son excluyentes per se.

Los intelectuales y artistas deben estar comprometidos éticamente, es su deber, aunque puedan equivocarse, con la sociedad. Deben ser valientes. Tanto ellos, como su obra, debe ser ejemplar si queremos defender unos valores. No son tiempos de esteticismo estos momentos. Cuando hablo de intelectuales quedan fuera el conjunto de tertulianos que insulta a la inteligencia, además de ridiculizar ideas y menospreciar a ciudadanos sin pruebas y mal acostumbrando a la ciudadanía a que todo se puede decir y al relativismo de las opiniones. Estos han convertido el conocimiento en un circo. Es, simplemente, intolerable.

Desde luego para la ecosfera somos como un virus o una bacteria. La está destruyendo en gran parte, pero, el caso, es que no acabará con ella. Ni siquiera una guerra nuclear total acabaría con la vida en la tierra. Multitud de seres vivos como bacterias, virus e, incluso, muchas especies de insectos y plantas, sobrevivirían. La vida estaría garantizada, pero la civilización humana puede ser que tenga los días contados. Hay una teoría sobre el nivel de desarrollo tecnológico y la alta probabilidad del fin de una civilización. La solución ética ya estaba lista desde la época axial: Sócrates, Lao Tse, Confucio, los estoicos, Jesús de Nazaret, Buda. Y se modernizó con la Ilustración. Pero, como el sabio Rousseau dijo, el progreso tecnocientífico no conlleva un progreso ético y político. Si levantara la cabeza vería con claridad que hemos entrado, de la mano de la perversión de la razón ilustrada, en la tecnobarbarie, dejando a un lado lo ético y lo político.

El problema de los viejos es que no han cultivado su vida, por lo general. Y quedan aparcados en la soledad. Y ésta impide los vínculos con el mundo y con su propia identidad. La música es una de las constantes universales que les ha hecho vivir y sentir en su vida. Volver a escucharla de viejos es una unión con tu propia identidad. Un recuerdo de tu vida, recuperar tu memoria, los momentos felices y los tristes, pero que son tuyos. Evidentemente que es una terapia. Si en nuestra vida adulta nos preparamos para la vejez y la muerte, que no es más que prepararse para vivir, cultivaremos todo aquello que en la vejez podamos rememorar. De tal forma que tengamos recurso para mantener nuestra identidad y la alegría de vivir, simplemente por volver a escuchar una canción, o leer un poema, o ver una puesta de sol, recordar una teoría científica y su recorrido histórico…Los placeres de la inteligencia son los más duraderos. El cultivo de la inteligencia y de los sentimientos, la compasión, son los que nos hacen humanos, dignos y felices.

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Antes de comenzar el día y ver las falsas portadas de los periódicos, las apariencias con las que el poder nos engaña. Antes de leer los artículos de opinión de los pseudointelectuales que adoctrinan al pueblo por un plato de lentejas. Antes de ver a tanto corrupto encorbatado, antes de ver las guerras evitables en las que sólo mueren civiles. Antes de ver los falsos apretones de manos de los mandatarios del mundo, antes de ver que la banca nunca pierde, que la clase media desaparece y se disuelve en precariado, que la desigualdad aumenta, que el planeta se calienta sin remedio  porque los poderosos no quieren y nos engañan con el reciclaje haciéndonos responsables a nosotros de su ineficencia y egoísmo, pues ante todo eso quiero hacer un canto a la vida.

La vida es belleza y paz. La muerte es la fealdad y el desorden. La vida está en la sonrisa de un niño, en el olor de una flor, en un anochecer en las llanuras extremeñas, en el brillo de las estrellas en la noche, en la lectura y el diálogo con los hombres sabios que en el mundo han sido y son, en una canción, una melodía, en el sentimiento de compasión por el dolor que sinsentido sufre la humanidad, en el acto de bondad de alguien para evitar ese dolor, en la lucha por la dignidad humana, por su libertad y por su igualdad, en la indignación del que esto persigue. En los grandes hombres que han aportado algo en esta lucha para que el hombre salga de la ignorancia y la maldad.

                Conócete a ti mismo, filosofía y felicidad.

Una serie de acontecimientos, azarosos unos, entrelazados causalmente otros, me han hecho volver sobre mis propios inicios filosóficos hace más de tres décadas, sobre el budismo y la meditación y su práctica. La práctica de la meditación, además de una clara mejoría en mi estado de ánimo y mi estado físico, me ha llevado a replantearme mi filosofía, en tanto que visión del mundo y del hombre. Hay que tener en cuenta que yo no tengo una filosofía sistemática, sino una serie de principios filosóficos a partir de los cuales analizo la realidad humana y natural. Es una forma abierta de hacer filosofía que introduce la posibilidad de toda la pluralidad de filosofías, éticas, visiones del mundo, religiones… es un escepticismo en el sentido griego: una búsqueda. Y desde mi situación vital, una búsqueda esperanzada. Si perdemos la esperanza la vida deja de tener sentido es, como diría Cioran, el no suicidio. Por eso lo que caracteriza al suicida es la desesperanza, aunque haya muchas maneras distintas, e, incluso, opuestas, de llegar a ella.

Este replanteamiento de mi actividad filosófica requeriría una larga explicación, que ni siquiera aún tengo, porque no sé cómo seguirá el proceso. Pero sobre algunos pilares fundamentales ya he reflexionado y los he reintegrado en mi filosofía o en mis principios filosóficos y en mi vida. Porque una cosa olvidada y que hay que recuperar es que filosofía y vida son lo mismo. En mi caso así ha sido, pero he olvidado una dimensión que he redescubierto ahora y que creo que es de suma importancia.

El filósofo del que he partido y que ha sido mi guía y maestro es Sócrates. Bien, pues Sócrates se basaba en dos principios para elaborar su filosofía: conócete a ti mismo y sólo sé que no sé nada. Sócrates considera que el objetivo en la vida es alcanzar la virtud y que no existe una vida dichosa o feliz sin la virtud. Pero si uno no conoce la virtud no es virtuoso. Y es necesario el conocimiento de la virtud para su práctica y es esa práctica de la virtud la que nos hará buenos y felices ciudadanos. Pues bien, para llegar a esta situación de felicidad, que viene caracterizada por la paz, la serenidad y la virtud, Sócrates sigue el camino del conócete a ti mismo. Pero si nos conocemos a nosotros mismos llegamos a la conclusión de que no sabemos nada. De ahí su famosa sentencia de sólo sé que no sé nada. Debo advertir previamente algo. Los filósofos en la antigüedad, nada que ver con la Academia de ahora, que simplemente son un grupo de especialistas: doxógrafos e historiadores de la filosofía hiperespecializados, eran considerados hombres sabios. Y un hombre sabio era el que sabía cosas, pero, además, sabia vivir y llevaba un buen vivir. En Roma eran considerados “cura sui” los que se cuidaban (y curaban espiritualmente) de sí mismo y a través de ello cuidaban y curaban a los demás con su diálogo. El diálogo como forma de terapia procede ya de Sócrates y ha sido redescubierto ahora. De modo que la filosofía en Grecia ha sido siempre considerada como una terapia del alma, el espíritu o la psique, como lo queramos llamar. El filósofo es comparado siempre al médico. Decía Platón, “la dialéctica (filosofía) es al alma, como la medicina al cuerpo”. La filosofía nos cura del vicio de la ignorancia, pero no sólo intelectual, sino emocional.

De tal modo que Sócrates siguiendo la máxima intelectual y moral del conócete a ti mismo se encuentra que su mente es un barullo de opiniones, creencias, emociones todos confusos y confundidos. Las creencias y opiniones nos guían y las damos por verdaderas, pero carecen de fundamento, no proceden de nosotros, nos han venido de fuera, no han sido pensadas, razonadas ni elaboradas. Son prejuicios y nos tiranizan. Porque una forma de pensar genera una forma de sentir y ésta una forma de actuar. Igual que a la inversa. Una forma de actuar (nuestra acción cotidiana) genera una forma de sentir y pensar. Por eso el conocimiento de uno mismo tiene que ir dirigido a nuestras acciones, pensamientos y emociones. Pero lo que ha ocurrido es que la filosofía, tras la caída del imperio romano, salvo excepciones brillantes y marcadas por una época, se intelectualizó. Sólo se veía la dimensión intelectual del conocerse a sí mismo. Y en nuestra época se ha profesionalizado. Con ello se ha perdido el aspecto fundamental de la filosofía que es el aspecto práctico. La filosofía apunta hacia la sabiduría en tanto que es una terapia del espíritu y la filosofía antigua está cuajada de textos dirigidos a culminar esta misión hoy olvidada.

Sócrates, cuando llega a la conclusión de que no sabe nada, no sólo busca el conocimiento, sino el ser. Refiriéndome con ello al ser virtuoso. Y para ello cree necesario que hay que conquistar la virtud, lo que en el mundo antiguo fueron las virtudes cardinales: prudencia, valentía, templanza y justicia, de las que procederían todas las demás. Además la práctica de cualquiera de estas cuatro virtudes está entrelazada con las otras tres. No existen por separado. Pero para llegar a la virtud hay que deshacerse de las falsas creencias y opiniones, tener un saber recto y seguro. Y, por otro lado, modificar nuestras acciones en dirección a lo que consideramos virtuoso (nuestros valores en la vida, tanto los particulares como los más altos y elevados de los que antes hemos hablado.) De modo que el cambio progresivo en nuestra vida viene dado por el cambio en nuestras acciones que van dirigidas hacia una forma correcta de pensar, lo cual nos dará sentimientos y emociones positivas, así como la capacidad de asumir y aceptar los sentimientos de tristeza, dolor…porque la conquista de la virtud no es la eliminación de estos sentimientos. Todos los tenemos, pero al hombre virtuoso, al sabio, no le perturban porque los ha aceptado y ha alcanzado la serenidad. Y, de esta manera, podemos entender la desconcertante frase socrática de que “es mejor padecer una injusticia que cometerla”. Si nosotros cometemos una injusticia, nuestra acción nos hace injustos, por tanto sufrimos y nuestra alma se corrompe. Por el contrario, si padecemos una injusticia, nuestra alma, aunque podamos sufrir físicamente, incluso con la muerte, como es el caso de Sócrates, nuestra alma queda incólume y llena de paz y serenidad, tal y como fue Sócrates a la muerte bebiendo la cicuta con toda tranquilidad y dando la última enseñanza a sus discípulos y a la humanidad. Si queremos curarnos de nuestros males debemos recuperar esta sabiduría antigua. Y ésta nos llevará a la paz y la serenidad.

 

Siendo un amante del ajedrez, y cuando joven, muy aficionado a este juego, lo que dice esta editorial, réplica del consejo educativo, es una solemne tontería. Podríamos introducir también la costura y el bordado, con los mismos argumentos, y el balé clásico con argumentos similares, que además añaden otros valores. Señores, lo que se ha olvidado desde las antiguas pedagogías son los conocimientos. Que se le enseñe al niño las tablas de multiplicar, que tenga que memorizarlas, que resuelva problemas de aritmética, que aprenda a leer y a escribir, que tenga comprensión lectora, geografía, historia, ciencias de la naturaleza. Todo ello fomenta esos valores que, se supone, equivocadamente, el ajedrez va a  producir, el ajedrez no vuelve más inteligente a nadie, desarrolla unas capacidades intelectuales muy limitadas, que los conocimientos clásicos desarrollan mucho mejor, además introduciendo conocimientos sobre uno mismo y el mundo que nos rodea haciéndolo más inteligible: matemáticas, lengua, geografía, historia, ética, filosofía, lenguas extranjeras y clásicas (al consejo educativo se le olvida todos los valores del latín y el griego)... Pero dejémonos de zarandajas. Cuando el conocimiento se ha sustituido por el juego, las habilidades y las competencias es cuando han empezado los problemas realmente. Qué carajos de empatía  va a producir el ajedrez, en todo caso la competitividad. Y, mientras, eliminamos la ética de la secundaria y la historia de la filosofía del bachillerato, que son la auténtica base de la enseñanza de los valores y de las ideas que nos han llevado a la sociedad que tenemos y la posibilidad de recuperar antiguas ideas para sanar esta sociedad enferma. Desde luego es que con la educación no gana uno para sorpresas.

La democracia no da para más. Y la ideología que subyace a este sistema de producción, al que llaman neoliberalismo, tardocapitalismo, capitalismo salvaje,…da igual, nos ha convertido en islas. De tal manera que nuestra actitud ante el mundo es la de la insolidaridad y la competencia. No somos capaces de mirar más allá de nuestro ombligo. Nos interesa el último móvil, hablar tonterías por las redes sociales, tener un cuerpo de gimnasio, vestir a la última,… Pero no sentimos el hambre del otro, el que no tiene techo. El refugiado político que en pleno invierno cruza el mar en  una lancha para buscar su salvación. El hambriento africano que hace lo mismo por culpa de nuestro despilfarro. Nos da igual que sean corruptos porque nosotros lo somos en nuestra vida diaria. O, al menos somos egoístas-hedonistas, sin capacidad de ponernos en el lugar del otro. Y luego, nuestro frágil pensamiento está perfectamente domesticado por los medios de control y manipulación de masas. No tenemos pensamientos, sino creencias. No nos importa la corrupción política, y eso que ello significa que nos están robando, no nos importa, la evasión fiscal, porque la entendemos. Como me decía ayer una alumna, que todo el mundo en su lugar lo haría. Ése es el sentir general. Esto es la guerra de la historia, la lucha de clases, en la que el opresor mantiene oprimido al débil con el opio de la ideología y la religión. En este caso la religión se nos impone de forma sutil, sin violencia aparente y es la unión del posmodernismo y el neoliberalismo. Y la guerra sin cuartel empezó en los años setenta, con la crisis del petróleo y se ha acelerado desde la crisis del 2007. Y, el problema es que la lucha de clases la van ganando ellos por goleada. Y tienen los instrumentos materiales e ideológicos para que no tomemos conciencia de nuestro estado de miseria. Vivimos en un autoritarismo disfrazado de democracia. El cinismo y el engaño político están a la orden del día, pero el pueblo, como autómata, sigue a lo suyo. El precariado no puede mover un dedo, porque dar un paso adelante en dirección a la protesta es un paso hacia la miseria y el hambre. El precariado vive en la más absoluta competitividad laboral. Y, además, este precariado, a medida que aumenta el programa de privatizaciones y flexibilidad laboral, se va extendiendo a todos los trabajadores. De forma que el estado se reduzca a un simple estado de seguridad. Entonces podrán descorrer el velo y decirnos que la democracia y el hiperconsumo, fue un engaño, el opio con el que nos adormecieron, para conquistar todo el poder. Quedan pocas razones para la esperanza. ¿Todo es fruto de la condición humana, o podríamos haber tenido otra historia?

Sí no tenemos capacidad se sentir la sensibilidad de los seres vivos que nos rodean, tampoco la tenemos con los humanos. La capacidad de ponerse en el lugar del otro, (la empatía que llaman los psicólogos, que tan de moda está) es la base del respeto y éste la base del comportamiento moral. La insensibilidad moral es la cosificación de todo lo vivo incluido lo humano. Además, éticamente, hemos de cambiar de un antropocentrismo a un ecocentrismo, puesto que el hombre no es dueño y señor de la naturaleza, sino un elemento más de ella. Y respetar a la naturaleza y los seres vivos, incluido el medio ambiente, es el Principio de Responsabilidad. Entre los seres vivos y el hombre no hay salto cualitativo, hay una continuidad.

 

 

 

Desde luego que es increíble el grado de estupidez, falta de inteligencia, absorción del sistema y estado de alienación de este señor. Pone, totalmente, a las claras lo que realmente pretende la reforma universitaria desde Bolonia. Y, claramente estamos asistiendo al fin de la universidad, a una extensión de la formación profesionalidad. A una adaptabilidad al trabajo precario, a lo que se le llama empleabilidad. Y, para ello, desde la LOGSE-LOE y ahora la LOMCE, han ido preparando, tanto al alumnado como al profesorado. Verdaderamente lamentable. Sin conocimiento, sin educación, con la mera adaptabilidad entramos directamente en la barbarie. No hay salida. Y el pueblo vive bajo el opio de una nueva religión y adora a nuevos ídolos. Estamos perdidos.

Claro, pero es que la sociedad en la que vivimos tiene al hombre alienado. Porque el revulsivo lo tenemos delante de nuestras narices. Pero hace décadas. Desde la crisis lo que ha hecho es agudizarse y hacerse más patente y desvergonzado. El hombre actual vive en el opio del posmodernismo y el tardocapitalismo. Una nueva religión.

Vamos a ver, sin afán de discutir. ¿Me podéis decir, a “el último filósofo tambaleante de la Ilustración” (Popper), dónde he hablado yo de multiculturalismo? Para empezar me refiero al hecho religioso, que es estrictamente humano y es esta dimensión la que hay que estudiar. Y, por supuesto, que hay que estudiarla en sus distintas manifestaciones: literatura, arte, música, historia, pero, esto no son más que manifestaciones. Y no agotan el porqué del hecho religioso. Por qué el hombre es animal mítico, por qué es religioso. El hecho religioso es algo que hay que estudiarlo desde un punto de vista fenomenológico y antropológico. Y en tanto que tal en él intervienen múltiples disciplinas. Por eso, creo que es la filosofía, saber interdisciplinar y cosmológico por excelencia el que debe impartir un saber específico sobre las religiones. Y yo no he dicho nunca que todas. Si estamos en occidente, igual que estudiamos la literatura española o la historia occidental o el arte occidental. Pues de la misma manera habría que referirse a las religiones que en occidente han intervenido y esas son las religiones del libro. Pero tampoco estaría de más una historia comparada de las religiones. Si comparamos las grandes religiones, no me refiero a las expresiones mínimas de la necesaria religiosidad del hombre, como la danza de la lluvia de los cheyenes, por favor, aprenderemos más de nuestra civilización. Y de las distintas opciones que el hecho religioso y la dimensión ineludiblemente religiosa del hombre puede tomar. Y hacer un estudio comparativo, no es caer en el relativismo, con el cual llevo luchando desde hace más de veinte años, y mis escritos son testigo, no, no es eso. Esos estudios van dirigidos a una clarificación de nuestro propio ser social en tanto que occidentales y, más aún, en tanto que humanos. Porque: “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. De modo que creo, junto con David, que la religión debe ser impartida en todas aquellas disciplinas en donde el hecho religioso se expresa y darle la gran relevancia que tiene. Además, reivindico, por la naturaleza del hecho y por la interdisciplinariedad que puede estudiarla, que es propio del saber filosófico el estudio de esta dimensión del hombre, que como la dimensión moral, por ejemplo, lo constituye en tanto que hombre. Y llamémoslo disciplina, asignatura o, me da igual qué, es un saber que debe impartir la filosofía porque entra estrictamente dentro de su ámbito. Y, David, tanto un estado laico, como un estado aconfesional, deben eliminar la religión de los centros públicos, pero no la enseñanza del hecho religioso y reducir la religión a sus expresiones artísticas, literarias, históricas… No, porque éstas son las consecuencias del hecho propio e irreductible de la religión. ¿Por qué ha de estudiarse matemáticas, literatura, física… y no el hecho religioso (al cual se le reserva ahora mismo un espacio en la ética de cuarto y en la filosofía de primero, pero algo marginal? La gente se mata por la religión, pero no por las integrales, ni por un soneto…Y, Carmen, precisamente por esos hechos que relatas descarnadamente en tu comentario es necesario el estudio del hecho religioso, junto con la condición humana. Pero lo he dicho ya. El estudio de las religiones es un antídoto contra el dogmatismo, el fanatismo y la violencia. Pero aún más, una vacuna contra las nuevas religiones y los nuevos ídolos. Y esas son las religiones políticas y los ídolos tecnocientíficos que vivimos en la actualidad. Lo que llamamos neoliberalismo (término amplio y ambiguo donde los haya) aliado a la idolatrización de la tecnociencia y a la creencia en el mito del progreso, constituyen la nueva religión en la que la mayoría del personal participa y comulga obedientemente disfrutando de todo su ritual y parafernalia cargada de superstición y dominio. Y todo porque el hombre es un animal religioso. Si le quitan el ámbito de la religión, el permanecer ligado a algo, cae en el sinsentido. Y eso es algo que el hombre no puede soportar. Y por eso cobra sentido la afirmación de Camus de que “la única cuestión filosófica relevante es el suicidio”. O, como decía Cioran “Vivir es el no suicidio” O el propio Nietzsche “No nos veremos libres de dios hasta que no nos veamos libres del lenguaje.” Dios, y todo lo que va con él: el sentido y la esperanza, habita en el lenguaje; es decir en el pensamiento, en nuestro propio ser.

La religión es un hecho. Y además un hecho fundamental que vertebra todas las sociedades y todas las civilizaciones. Es absolutamente necesario su conocimiento. Pero el conocimiento de la religión no es un adoctrinamiento confesional en la religión cristiana como lo es en España y gran parte de Europa. Lo que es necesario es un estudio del fenómeno de la religión en todas sus dimensiones: histórica, artística, filosófica, política… Porque la religión ha sido, y sigue siéndolo, determinante en la historia de la humanidad. De lo que se trata es del conocimiento de la religión para darse cuenta de su importancia y para relativizar su ansia de verdad absoluta, su intolerancia y su fanatismo; así como su ansia de poder. Es necesario un programa en la educación del hecho religioso impartido por profesionales que conozcan el tema, como filósofos o historiadores. De paso se eliminaría de raíz la presencia de religiosos en los centros educativos. La ignorancia que sobre la religión, incluso la cristiana, aun asistiendo a estas clases, es supina, y esto  hace a los alumnos futuras víctimas para caer en las garras de los nuevos dioses, los nuevos ídolos y las nuevas religiones. El conocimiento es una forma de luchar contra la superstición, el dogmatismo, el fanatismo y, al final, la violencia.

Para combatirlo hay que conocerlo. Y conocerlo es ir a las raíces del mal que residen en la propia condición humana y en la cultura que hemos creado. No podemos cambiar la condición humana, pero sí la cultura. Y vivimos en una cultura que fomenta el mal de por sí. Una cultura depredadora de la naturaleza, violenta (guerras), opresora del débil, que favorece la desigualdad entre los hombres (división de clases y discriminación de la mujer y de los débiles.) El paradigma de esta cultura que es el patriarcal y capitalista puede y debe ser cambiado por un paradigma ecosocialista y matriarcal (paleolítico). Ése sería, a mi modo de ver la vuelta a la naturaleza en el sentido Rousseauniano.

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Provocador pensamiento del Cardenal Mazarino.
“Ten pocos amigos, no mantengas un trato frecuente con ellos, y así no te perderán el respeto”. Y es que “la amistad no existe: es simulación”.

Creo que sí hay amigos, pero pocos, luego están los conocidos, que pueden hacerse amigos. Y entre los conocidos sí hay cierta simulación, pero por simple buena educación. O por lo que es la sociabilidad humana. Es decir, que la simulación no tiene por qué ser algo negativo, sino todo lo contrario. Vamos, que le he dado la vuelta a la sentencia del Cardenal.

 

Pero es que precisamente el pensamiento sobre la muerte es el que te da la dimensión de la vida. Prepararse para la muerte es el aprender a vivir. El caso paradigmático es Sócrates.

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No, inmensa equivocación. En el budismo no hay búsqueda de la felicidad, sino eliminación del dolor y el sufrimiento por la eliminación de su origen que es el deseo. Y si desaparece el deseo se disuelve el yo y llegamos al nirvana (la traducción que se acerca más es la nada, pero también nos vale el Ser, el aquí y ahora, es decir, en la ausencia de tiempo, donde no existe el deseo)

Si hay búsqueda de algo hay deseo, aunque sea de la felicidad hay deseo y, por tanto sufrimiento. Eso es lo que demostró Buda a lo largo de su vida hasta que paró y se puso a meditar, según cuenta la leyenda, debajo de un árbol hasta que encontró las cuatro nobles verdades.

Sí, pero eso en casi todas las éticas occidentales, no en el budismo. Incluso Schopenhauer, que es el que trajo el Budismo a occidente, ya no habla de búsqueda de la felicidad, sino de eliminación del dolor. Yo mismo considero que el objetivo de la vida no es la felicidad, sino que es preferible la virtud y la felicidad y garantizar, en lo posible, el bienestar (salud, trabajo y relaciones de convivencia sanas). Pero no se puede confundir bienestar con felicidad. Y, es preferible un Sócrates desgraciado que un ignorante satisfecho. Es decir, es preferible la libertad y la dignidad (que en el fondo son felicidad) que el mero bienestar.

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Estoy un poco cansado de la equivocación intencionada que los medios de comunicación hacen de la palabra radical. Utilizan la palabra radical despectivamente, en un sentido negativo, que en su raíz no tiene. Radical es el que va a la raíz de los asuntos, a sus últimas causas, e intenta ver de dónde vienen los problemas. Y no se puede confundir con el extremista, que es alguien que ha llevado una posición a un extremo del que no se mueve. El extremista es un dogmático que no cambia de ideas. Que ha convertido las ideas en opiniones y en creencias. Que vive instalado en sus creencias y con el que no se puede discutir, a causa de su dogmatismo, que se puede transformar en fanatismo y violencia. En cambio el radical es un buscador, alguien que no se conforma con el discurso establecido, que quiere ir más allá de las opiniones vulgares y consuetudinarias, con el acuerdo mayoritario. Busca ideas y no vive ni de las opiniones ni de las creencias, es más, éstas las rechaza. Su radicalidad se basa en el diálogo entre ideas, no en la retórica ni en la demagogia, en la búsqueda racional de los principios y las causas de las cosas para poder resolver los problemas. El radical no se instala en las creencias, sino que las combate con el arma de la razón.

 

La muerte es tema fundamental de la filosofía. Dos de los mayores sabios dicen cosas aparentemente contrapuestas, pero iguales en el fondo. “Filosofar es prepararse para la muerte.” Platón y Spinoza nos dice “En nada piensa el sabio menos que en la muerte”. Pero Camus nos advierte en “El mito de Sísifo” lo siguiente “La única cuestión relevante en la filosofía es la del suicidio”

Copio este texto del final de la obra de Toni Montesinos. “Melancolía y suicidios literarios” en la que se hace una profunda investigación de suicidas ilustres de la historia y se indaga sobre sus causas. Que las hay de todo tipo.

“Suicidio como juego (Green), como obsesión (Pessoa), como consuelo reflexivo para seguir viviendo (Cioran), como fin de la locura (Wloof), como final de la desgracia (Quiroga), como término de una dolencia continua (Ramos Sucre), como huida desesperada (Benjamin), como reivindicación política (MIshima)…la nómina de ejemplos que nos ofrece el siglos XX resulta de lo más abierta para comprender de lleno uno de los Epigramas que Jorge Guillén incluyó en “Y otros poemas” (1963) << ¿No nos importa la existencia?// El suicida, gran impaciente/ Con un gran celo innecesario/ Da a su fin valor de simiente// ¡Qué importancia cobra la vida!>>

                En efecto, con la muerte o su simple pensamiento, la existencia se magnifica, incluso de forma banal y por parte de los más acostumbrados a enfrentarse a ella a diario. El suicidio permite la elucubración de la trascendencia, o vulgaridad, al modo de Cela, de morir; aporta la posibilidad de proyectar el gesto mortal hacia el resto de la naturaleza y sus seres en el tiempo y el espacio. Así lo expresa, de manera majestuosa, el sujeto poético de “El suicida” de Jorge Luis Borges (en La rosa profunda, 1975)<…/Moriré y conmigo la suma/ Del intolerable universo. (…) Estoy mirando el último poniente./ Oigo el último pájaro./ Lego la nada a nadie/>”

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Pero es que precisamente el pensamiento sobre la muerte es el que te da la dimensión de la vida. Prepararse para la muerte es el aprender a vivir. El caso paradigmático es Sócrates.

 

Pues me parece estupendo. Y sí es cierto que coincide con tu tesis. Eso pasa muy a menudo y es enriquecedor. Y coincide también con mi visión holística y humanista de la medicina. Y, además, con mi materialismo emergentista. Fíjate que habla de la unión de la mecánica cuántica, nivel inferior, con la biología. De todas formas es una idea filosófica, sobre todo de las filosofías místicas, más oriente, de siglos. Recuerdo un libro que leí sobre misticismo oriental y misticismo occidental, hará unos treinta años y acababa diciendo que la ciencia, en este caso se estaba refiriendo a la física y los extraños sucesos cuánticos, cada vez se acercaban más a la sabiduría antigua. Es decir, que ha habido dos caminos, el racional y el místico. Cuando hacía el bachillerato, que no sabía si hacer medicina, leí un libro sobre las enfermedades psicosomáticas y mantenía las mismas tesis, pero a nivel de hipótesis que esta científica. No tenía la base bioquímica experimental. Y en los años 90 vi un documental científico, en el que probablemente intervendría esta mujer, lo tengo grabado en los viejos videos, porque lo solía poner en la asignatura de ciencia, tecnología y sociedad, en la que se trataba específicamente este tema. La relación entre la inmunidad y las emociones. Pero no se habían encontrado, de momento, las sustancias (endorfinas y neurotransmisores) procedentes del cerebro en la sangre que podían afectar a las células. Y ahora ya se tiene, según esta científica, evidencia de ello. Es increíble. Claro lo que sí mostraba eran estudios de curaciones o mejorías de diferentes enfermedades, incluido el cáncer, dependiendo de los estados de ánimo, de las emociones. Y, de paso, se intentaba explicar el fenómeno de la sugestión y el placebo. Lo que dice esta científica es una buena base para explicar todo esto.

Y, si te das cuenta, se utiliza el término de libre albedrío, la libertad en su versión clásica, en el sentido de decidir la acción y la aceptación. Es muy importante porque esta mujer deja atrás el cientificismo, para ofrecernos una visión antropológica-filosófica del hombre, desde una base científica sólida. Porque las visiones filosóficas, sin base científica, o bien son ideas fecundas para la investigación científica, o bien no son más que especulación o palabrería. Y, por último, a mi manera de ver, está muy en consonancia con la terapia de aceptación y compromiso.

Efectivamente, la cultura, la forma de vivir, los valores imperantes en la sociedad favorecen o condicionan positiva o negativamente el suicidio. Lo cual, desde el punto de vista de la enfermedad, quiere decir que no es el individuo la causa de su enfermedad, sino al contrario. La vida se constituye por el yo y el mundo. Y estos son una unidad en la que puede o no haber armonía. Y, por supuesto, no hace falta estar enfermo para suicidarse, también puede ser cuestión de valores que nos impiden adaptarnos a los valores imperantes en la sociedad. Ante esto caben muchas posturas: desde el escepticismo, el cinismo, el enclaustramiento, o el mismo suicidio… En fin, que por ejemplo en el Renacimiento (época optimista y de expansión en todos los sentidos, de fe y confianza en el hombre y sus facultades), los grandes artistas y filósofos, podían ser muy raros y megalómanos, pero no se suicidaban. A lo peor iban a la hoguera. Pero en el Romanticismo (la muerte de dios y el sin sentido del mundo y la vida y el tedio) sí aparece la cultura del suicidio. Precisamente acabo de empezar un libro que se llama “Melancolía y suicidios literarios” de Toni Montesisnos que habla de todo esto.

En relación con la noticia del suicidio que has puesto en tu muro tengo que decir que la depresión, como la angustia son enfermedades eminentemente sociales, por supuesto que hay predisponibilidad genética. Y una característica importante es que los que, a causa de esta enfermedad, llegan al suicidio son los más sensibles e inteligentes ante el mal en el mundo y, paradójicamente, los que más aman la vida. Estoy harto del discurso cristianoide que acusa al suicida de alguien que es un cobarde, que no tiene fuerza de voluntad, que no tiene paciencia, que la vida es bella. No señor, el único acto absolutamente libre es el del suicidio, sino hay patología detrás, y además es valiente y una afirmación de la vida, pero no de ésta, porque esta no es bella, es injusta y si eres sensible, insufrible. Ahora, si eres un inconsciente, pues vives egoístamente. Es una pena que esta sociedad dé lugar a tantos suicidios. Eso significa que la sociedad está enferma. Y la postura en contra te niega la potestad sobre tu única propiedad, tu vida. Ni siquiera la eutanasia y el suicidio asistido están legalizados. Dios está en el lenguaje, por lo tanto en las leyes, la moral, los sentimientos, las costumbres, la política…

¿Quién está enfermo, el individuo o la sociedad que hemos construido? La sociedad enferma al individuo. El mal es social, y cuando el mal social se echa encima de un hombre inteligente, sensible y amante de la vida acaba tomando la ancha puerta de la muerte, pero no por negación de la vida, sino por afirmación de la vida justa.

 

Es que nuestra existencia se da como sociable insociabilidad. (Este concepto habría que explicarlo aparte). No existe un humano asocial. Como decía el viejo Aristóteles, que es el primero que define al hombre como animal social y, además, racional, el hombre solo, o es un dios o es una bestia. Sin el proceso de socialización que se inicia incluso antes del nacimiento y termina cuando llega la juventud y, fundamentalmente, los cinco primeros años en los que se adquieren el lenguaje (pensamiento) y los hábitos fundamentales de convivencia (normas morales, costumbres, sentimientos y afectos) no hay un ser humano propiamente dicho. Y en cuanto a los deseos y la sexualidad pues resulta que somos animales culturales y, en tanto que animales siempre vamos a ser deseantes y el deseo sexual será el mayor de los deseos porque expresa el imperativo biológico de la supervivencia. Ahora, el cómo desarrolle cada uno la sexualidad eso ya depende de nuestro ser cultural. Y lo biológico y lo cultural constituyen una unidad en el ser humano.

Pues es el único acto supremo de libertad cuando no hay una patología detrás. Yo, como los estoicos, y muchos otros, soy un firme defensor de esa opción desde la serenidad y la lucidez; es decir, como acto voluntario y libre cuando las circunstancias que te rodean sobrepasan tu voluntad de vivir. Igual que la eutanasia y el suicidio asistido. Pero te cuento una historia que la he contado mil veces, sobre todo en clase, puesto que esto es un tema filosófico y ético. El máximo defensor que haya habido jamás del suicidio fue un filósofo del siglo XX, Cioran, que murió hace una década con 84 años, padecía demencia senil desde los 80. Bueno, pues el caso es que una vez se presentó en su casa un joven que había leído su obra y le dijo que se iba a suicidar. Pues lo que hizo Cioran es llevárselo a pasear por las calles de Paris y estuvieron 24 horas andando hasta que lo convenció de que no merecía la pena. Ni Cioran, ni el joven se suicidaron, pero sí lo contemplaban existencial y éticamente como una opción legítima, aunque no deseable porque la vida es afirmación es voluntad de vivir por sí misma. La vida es autoafirmación de la propia vida es querer seguir viviendo. Es un imperativo biológico, pero lo malo es que no sólo somos biología, porque somos animales autoconscientes y entonces somos animales biológicos en los que no podemos distinguir lo biológico de lo cultural.

No, no la mitifico, la propongo como un ideal de la razón práctica donde se proponen los principios esenciales de la democracia: isonomía, autonomía, isegoría. Ya sé que en la realidad fue corta, tremendamente imperfecta, pero mejor que la tiranía que la sustituyó y que fue derrocada posteriormente. Y que degeneró en demagogia y plutocracia. Semejante a lo que ha ocurrido con las democracias representativas modernas. Por eso mantengo la democracia como un ideal regulativo de la razón práctica, cuya perfección (inalcanzable, por ser una idea regulativa), siguiendo a Chomsky, sería la anarquía. Lo que sí señalo es que, en occidente, esa democracia aparece en Grecia. Quizás nuestras democracias le deban más a las repúblicas romanas, no lo sé, pero el origen está en Grecia. Gracias por tu crítica.

Venimos de Grecia. Todo se inició en Grecia. Y Grecia paró a los bárbaros y a los persas. Y por eso existe la civilización occidental: las ciencias, las artes, la filosofía, la medicina, la arquitectura, la gramática, la retórica, la política, la democracia, los valores, los derechos humanos, la razón... Todo se lo debemos a los griegos. Y todo ha ido de una manera u otra, a través de diversos sincretismos, y no sin grandes barbaridades y crueldades, cuajando hasta llegar a la Ilustración. Y la Ilustración, su razón se pervirtió, y sigue pervertida en el tardocapitalismo que representa la barbarie. Pero es un proyecto inacabado que hay que recuperar. Los griegos tienen hoy la oportunidad de luchar contra la barbarie, igual que detuvieron a los persas en la batalla de Maratón y, definitivamente, en Salaminas. Esto fue un cambio en la historia que permitió el inicio de la civilización occidental con el surgimiento de la razón y la democracia en contra de la tiranía de la fuerza y del poder arbitrario.

Sí, el primero que hizo la crítica al psicoanálisis como ciencia fue Popper y después le siguió Bunge. En realidad lo que dice Freud no es ciencia y dice muchas tonterías. Yo hice cuando muy joven una investigación sobre el status epistemológico del psicoanálisis llegando a la conclusión de que era una pseudociencia, pero que sugería algo. Hay que distinguir lo que es la terapia clínica que está basada en ideas cuasi míticas del análisis de la cultura. Otra cosa es lo que los críticos de arte dicen que generalmente son tonterías, se basen o no en el psicoanálisis. En el doctorado hice dos trabajos de investigación sobre el origen de la moral en Freud y sobre el origen de la religión en Freud. Y te aseguro que son sugerentes, reduccionistas, por supuesto, pero sugerentes. Freud vale más por lo que sugiere que por lo que dice. Y, por último, hay una obrita, que en la edición que yo tengo de hace varias décadas, viene detrás de El malestar en la cultura”. Es un escrito difícil. “Escritos metapsicológicos” Freud siempre estuvo muy preocupado de que su actividad fuese una ciencia, por otro lado procedía de la especialidad de fisiología. Bueno, pues aquí declara que el psicoanálisis, sus ideas, no pueden entrar dentro de la ciencia hasta que no tengan su correlato en el mundo empírico. Y aquí está la cuestión. Hay dos cosas centrales en el psicoanálisis: la memoria y los sueños. Pues los estudios neurofisiológicos actuales no le dan la razón a Freud, pero no se la quitan del todo. Es decir, que la memoria es mucho más que lo que decía Freud, pero también lo que él decía. Y, en cuanto a los sueños, pues está todo muy oscuro todavía. Desde luego, lo que se sabe es que sirven para muchas cosas que no tienen nada que ver con lo que Freud decía que, en el fondo no es más que un mito. Hay una idea central en Freud que es muy sugerente. El psicoanálisis incita al conócete a ti mismo socrático, lo cual es interesante. Por otro lado, aunque equivocado, coincide con Nietzsche, Marx y Darwin, en ser los grandes críticos de la cultura occidental. En mostrarnos la gran mentira sobre la que estábamos instalados. En definitiva, claros epígonos de la Ilustración. Y, de nuevo, otro tema largo de conversación.

Aunque la crianza afectiva o respetuosa sea un factor condicionante, y en ello estamos absolutamente de acuerdo, este argumento tiene dos errores. El primero es que toma este factor como determinante (reduccionismo) y el segundo es que hace una generalización inductiva de la que se desprendería, puesto que la inmensa mayoría al vivir en una sociedad patriarcal y competitiva no hemos tenido esa crianza respetuosa, que todos somos violentos y asesinos. Como no es así, es una refutación de su tesis. Somos agresivos por naturaleza (etología), pero violentos culturalmente. Determinadas formas culturales, ideologías, religiones… nos hacen más violentos. Y, qué duda cabe, que una sociedad matriarcal y una crianza respetuosa son antídotos contra la violencia. Pero no la erradicaría. Yo propondría un experimento. Juntar a una serie de niños que hubiesen tenido una crianza respetuosa. ¿Qué pasaría?, ¿Acaso no aparecerían las peleas por la lucha por el poder, por la lucha por la propiedad? Pues sí, porque el hombre es empático, sino no sería social. Pero también jerárquico y ello genera la pasión por el poder, en unos más que en otros, es una conducta innata. Y la lucha por el poder y por la propiedad se apoya en la agresividad natural con la que venimos fabricados de serie. Por supuesto que habría menos lucha, menos agresividad, más empatía. Pero es que somos más cosas además de afectos positivos. Si fuera así seríamos como una sociedad de hormigas o abejas. Funcionaríamos robóticamente. Vamos, algo parecido a “Un mundo feliz de Huxley”. Pero no es así, porque, entre otras cosas, somos, además, hasta libres. Y esto ya sí que es complicado.

Estamos en el mismo error de argumentación que es el que yo he querido mostrar. ¿Todos los huérfanos criados en orfanatos son violentos? Algunos han pasado a la historia como personas notables. Y no estoy diciendo que sea falso lo que dice, sino que no es un factor determinante. Somos tan complejos…

Las neurociencias están de moda hoy en día y tienen a la base una tesis filosófica errónea, la posibilidad de conocer absolutamente los determinantes que constituyen la psique humana. No podrán, porque, para empezar parten de una idea filosófica, no empírica y científica: el determinismo, para seguir, porque el conocimiento humano tiene límites. Que son límites estrictamente lógicos y para concluir porque lo que subyace al nivel molecular es el atómico y aquí reina la indeterminación cuántica. No confundir indeterminación con caos, sino, mejor relacionarlo con probabilidad.

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Yo creo que como lo formula da lugar a determinismo. De todas formas lo que importa es lo que dices tú. Es una teoría más, y que en este caso está corroborada, pero a la que hay que sumarle otras explicaciones que, igualmente, no pueden ser reduccionistas. Los hechos o fenómenos complejos son multicausales y, además, esas causas se retroalimentan. El hombre y la historia son los fenómenos más complejos de organización. Por eso, en este nivel no sirven las explicaciones causales lineales que, además, sólo sirven para la física clásica. Lo que ocurre es que nos puede la imaginación y tendemos a buscar explicaciones causales unívocas y unidireccionales. Tenemos que aprender a pensar de forma compleja y tenemos las herramientas para ello, lo que nos falta es la imaginación. La medicina, por ejemplo es un caso típico de esto que digo. Si abordamos la enfermedad desde el paradigma clásico lo que tenemos es un conocimiento mecanicista y unívoco de la patología. Sin embargo, si afrontamos las patologías desde la complejidad, tendremos una visión holística de la misma en la que, además, el paciente cuenta en tanto que persona y biografía. Y en esta línea es en la que debemos esforzarnos para conseguir explicaciones de los fenómenos. Claro está, que, debido a la especialización, cada cual trabaja en un campo, pero debe haber un diálogo interdisciplinar. La filosofía es la que debe jugar este papel, pero el cientificismo la ha expulsado.

 

Esteban, yo creo que es una cuestión terminológica. El historiador tiene que tender a la objetividad. Ahora bien, por un lado ésta nunca será total y, por otro, el historiador no es neutral en tanto que hace la historia desde una perspectiva histórica forzosamente, no fuera de la historia. El problema es que no se puede confundir objetividad con verdad. Más bien hay que utilizar objetividad como sinónimo de honestidad, como dices tú.

Carmen, estupenda exposición que comparto en lo esencial y es la tesis de que nunca hubo una unión en el cristianismo entre religión y ley. De las tres religiones del libro es la que separa entre religión y ley. Tanto en el judaísmo, como en el islam hay una identidad. Y la tesis de que el protestantismo o la Reforma es un paso atrás, en este sentido, también es cierta. Tu argumentación es mejor que la de Gustavo Bueno porque, en el fondo, no defiendes un determinismo histórico, que es lo que se desprende de las palabras de Gustavo Bueno. Además, es así porque él defiende el materialismo filosófico. Tu tesis es explicativa, ilustrativa, pero no asertiva. Luego dices una cosa muy interesante. Y es que la religión, el cristianismo, en nuestro caso, no se identificó con el derecho romano. Es decir, que se mantuvo fuera de la ley, o que no se identificó con la ley. Bien, pues aquí viene mi discrepancia, que no voy a argumentar, sólo mencionar, porque en realidad no recuerdo bien los datos, pero te remito a las fuentes que, seguro, conoces. En primer lugar no hay una identificación con el derecho romano porque el cristianismo es una secta, una religión más del imperio, disidente y protestona, eso sí, pero, minoritaria, incluso hasta el Concilio de Nicea. El cristianismo  nunca participó del poder de Roma, hasta que Roma se hace cristiana por decreto con el emperador Constantino, del que habría mucho que hablar también, sobre su arrianismo, por ejemplo. Pero, curiosamente, la identificación entre Roma y la cristiandad comienza, precisamente, con la caída del imperio romano. ¿De dónde pudo surgir, sino, la obra de Agustín de Hipona “La ciudad de Dios”? El caso es que una vez que Roma se hace cristiana por decreto, no por voluntad de sus habitantes y de que Roma se derrumba, lo que queda es la cristiandad. Pero curiosamente con la estructura del imperio romano que aún persiste. La fuente que te mencionaba antes son dos libros de Gonzalo Puente Ojea “Ideología y cristianismo” y, sobre todo, porque en sus cuatrocientas páginas dedica a demostrar lo que acabo de decir: “Cristianismo, iglesia y poder”. Desaparece el cristianismo y queda la cristiandad y es esa cristiandad “La nueva ciudad de dios” la que hace que el imperio romano, o parte de Europa sigan siendo una unidad. Y toda la legislación se hace en función del libro, que, por otra parte, no es más que un compendio de obras que, arbitrariamente, en el Concilio de Nicea, se establece como las Escrituras auténticas y se formula un Credo que unifica la infinidad de cristianismos existentes. Aunque la ley, como tú muy bien señalas, no se identifica con la religión, porque hay una separación entre la nobleza y el clero, cosa que no ocurre ni en los judíos ni en el Islam, está inspirada en ella y, por el principio de subordinación de la razón a la fe (que sigue siendo vigente y defendido en el famoso nuevo “Catecismo”) no puede contradecir a la religión. Por eso yo citaba en mi escrito a Tomás de Aquino y su obra “La monarquía.” El catolicismo, aceptando absolutamente tu argumentación, ha hecho todo lo que ha podido para mantener en una unidad al trono y al altar. Y, es más, lo sigue haciendo. Por eso no acabo tampoco de entender a Habermas cuando dice que la religión debe tener cabida, después de haberlo negado durante años y de su libro sobre la eutanasia y eugenesia, dentro de la comunidad de hablantes. Lo acepto si se refiere a la teología de la liberación. Pero es que ésta olvida la dogmática y se queda con la ética evangélica (una parte de ella), porque éticas cristianas, desde el Génesis hasta el Apocalipsis hay muchas. Por eso el lema de la teología de la liberación es el de Jon Sobrino, que además utiliza como título de uno de sus libros (uno de los libros de religión más bello que yo he leído) “Fuera de los pobres no hay salvación.”

En definitiva, que comparto tu argumentación lo que ocurre es que yo matizaría que en la estructura del catolicismo está la posibilidad de la Ilustración, pero, ni el catolicismo, ni el protestantismo han querido esto. Es más, lo contrario. Y en cuanto a Bartolomé de las Casas y el posterior derecho de gentes, pues pasa algo similar que con la actual teología de la liberación. Abandonan la dogmática teológica y se ciñen a cierta ética evangélica. Y, por supuesto que aquí encontramos en germen algo de los derechos humanos. Pero también lo encontramos en el arte (hay un libro de una historiadora, que por desgracia no recuerdo, ni autora ni título, en la que defiende que el surgimiento de los derechos del hombre y el ciudadano, además de su base neurofisiológica, se encuentra en el desarrollo del arte, pintura y literatura fundamentalmente, que fueron despertando la capacidad que tenemos de sentir el dolor del otro. El arte nos volvió sobre nosotros mismos y nos hizo conscientes del sufrimiento del otro) y en el surgimiento de la ciencia desde el Renacimiento a la Ilustración. Muchas gracias por toda tu información y ha sido todo un placer.

P.D. Hay una cosa que no he entendido y es lo del caso Galileo y su relación con el Calvinismo más que con el Catolicismo.

Éste es el camino de la Ilustración que necesariamente tiene que recorrer el Islam. Sin ilustración la religión musulmana siempre tenderá al fanatismo y a la identificación entre religión y estado. Será un refugio para los miserables y desgraciados que encontrarán en la religión su sentido y su camino de salvación. También para los nihilistas que, en el fondo, necesitan un sentido para su existencia. Conseguir esta Ilustración es una tarea de todos. De los musulmanes y de los europeos, que nos hemos perdido en el multiculturalismo, el posmodernismo y el nihilismo-hedonista y egoísta.

 “…pero tienen también la responsabilidad, aún más imperiosa, de declinar su nombre, su verdadero nombre, como hijos de un islam de tolerancia, paz y bondad. Hay que liberar al islam del islamismo. Es necesario repetir que asesinar en nombre de Dios es convertir a Dios en un asesino por poderes. Esperamos, no solo de los expertos en religión como el imán de Drancy Chalghoumi, sino también de la inmensa muchedumbre que constituyen sus fieles, la valiente modernización que permita enunciar, por fin, que el culto a lo sagrado es, en democracia, un atentado contra la libertad de pensamiento; que las religiones, a ojos de la ley, son unos regímenes de creencias ni más ni menos respetables que las ideologías profanas; y que el derecho a reírse de ellas o a discutirlas es un derecho de todas las personas.” Bernard-Henri Lévy

“La gente no se da cuenta de que los musulmanes somos los que pagamos el precio más alto en víctimas. En Irak mueren decenas casi cada día en atentados yihadistas”.

 

Esta declaración de un musulmán español, sacada de El País, es muy importante. En lugar de alimentar la islamofobia y nuestro fanatismo reaccionario y fascista, deberíamos echar un vistazo a cuál ha sido nuestra actitud con el mundo árabe y musulmán. Sobre todo desde el final de la segunda guerra mundial y, especialmente, desde la primera guerra de Irak, curiosamente aprobada por la ONU. Nuestros errores lo pagan ellos más que nosotros y, encima, los menospreciamos, los culpabilizamos a todos y les cerramos las puertas de Europa o los queremos echar. Deberíamos echar una ojeada a nuestra historia colonialista llena de barbarie. Y si queremos entender la política internacional con el mundo árabe deberíamos entender dos cosas, la relación de los EEUU con Israel y el tema energético del petróleo. Así dejaríamos de ser tan hipócritas, prepotentes y chulos. Sólo un recuerdo, la rueda de la Fortuna gira continuamente y a nosotros nos ha tocado estar arriba, pero la cosa está cambiando con el crecimiento imparable de China y nuestra imparable, también, crisis económica. Puede ser que en unas décadas seamos nosotros los que estemos en la miseria. Ningún historiador en el siglo XIV y XV apostaría nada por Europa. Pues cien años después, hasta la fecha, se extendió y dominó (económica y culturalmente) todo el planeta.  

Los límites de la razón ilustrada.

En primer lugar hay una crítica por parte de la escuela de Frankfurt (Adorno y Horkeimer) el último aún vivo es Habermas con el que coincido bastante y, además, ha escrito sobre religión últimamente, que consiste en considerar que la razón ilustrada ha fracasado porque es la razón instrumental. Es decir la razón que ha servido para instrumentalizar al hombre y eso ha dado lugar a los absolutismos, totalitarismo políticos y al cientificismo. Nada que objetar, salvo que eso no es la razón ilustrada. Eso es lo que yo he llamado la perversión de la razón ilustrada, que tiene lugar en el siglo XIX con el nacimiento de las ciencias contemporáneas, la revolución industrial, la tecnología y el poder sobre la naturaleza que se retroalimenta de la ciencia y su progresivo desarrollo, de la idea de progreso, que no es tal, sino un mito cristiano de la histotria como historia de la salvación del hombre y la humanidad, del surgimiento de los nacionalismos, de las nuevas teorías políticas como el marxismo y del desarrollo de la economía como algo independiente del hombre y de la naturaleza (hasta finales del siglo XIX la economía era una rama de la filosofía moral) Todo esto nos lleva al comienzo del siglo  XX y su gran desarrollo hasta la crisis del 29 que culmina y se resuelve con la segunda guerra mundial. La creencia en una razón absoluta que resuelve todos los problemas, científicos y morales es una religión y una perversión de la verdadera razón ilustrada. La primera, ciertamente es una razón totalizadora e instrumentaliza, considera al hombre y a la sociedad como objetos, no sujetos y nos lleva unida a los otros factores que te he dicho al tremendo siglo XX.

Pero el proyecto ilustrado no es ese. Y, además, es un proyecto inacabado. Te advierto que soy de los pocos filósofos que piensan esto. Casi todos han caido, de una u otra forma en el posmodernismo tras la crítica a la ilustración de la escuela de frankfurt, el mayo del 68 y su “fracaso”, la caida del muro de Berlín y el “supuesto” fin de la izquierda y el triunfo final de las democracias liberales y del capitalismo. Pero desde hace unos años para acá parece que filósofos, sociólogos, antropólogos… se van dando cuenta de esto, pero para ello ha hecho falta que lleguemos a la situación mundial desde hace una década para acá. La ilustración es un proyecto inacabado y la razón ilustrada nace con sus propios límites, que son los que Kant le pone. Y de esa razón, que es la que ha descubierto la dignidad humana y al hombre en tanto que sujeto pues no puede salir el totalitarismo. Es, por naturaleza, limitada y autocrítica. Y esta razón es el instrumento para luchar contra la superstición que es el arma que tiene todo poder totalitario. Y no es una razón separada de los afectos. Ya lo vemos en Hume que nos advierte de que no hay razón sin pasión, ni pasión sin razón. Y en la Ética de Spinoza. Filósofo fundamental que es la puerta hacia la Ilustración. De modo que la Ilustración no es que no esté muerta, sino que es un gran proyecto, que además empieza en el Renacimiento, inacabado, de cuyos fracasos, sus perversiones, hemos aprendido mucho, y debemos continuar sumando lo nuevo que hemos aprendido sobre la razón y los afectos y su vinculación.

En segundo lugar está la crítica a la religión y la sátira. A uno le puede hacer más o menos gracia esta crítica, pero es sólo posible cuando hemos eliminado las superstición y el poder que la sostiene que nos tiene oprimidos y obligados a pensar de una única manera, ya sea política, religiosa o científicamente. La razón ilustrada es liberadora. Y la ironía y la sátira son instrumentos de la razón para liberarnos porque nos permiten vernos desde fuera, sin absolutismos. No confundir mi verdad particular con la verdad absoluta. Es más, la crítica de la razón ilustrada es necesaria porque desenmascara los mitos, las opiniones infundadas y las creencias. Ahora bien, la ilustración reduce a las religiones al ámbito de lo particular, y mientras que no participen de la razón no tienen oportunidad de participar del diálogo en la comunidad, porque parten de la superstición y el fanatismo. Ahora bien, si la religión plantea un discurso racional, como dice Habermas últimamente, como es el caso de la teología de la liberación o del budismo al estilo del actual Dalai Lama, pues pueden participar en esa “comunidad de hablantes”, como dice Habermas, que es la que hace posible el dialogo racional y crítico.

Es buena la sátira, como he dicho antes, pero cuando está dirigida a la religión como un todo. No dirigida a un individuo, eso es no respetar al individuo. Pero conviene hacer ver al individuo que está en un error. Lo que sucede es que el creyente no creerá nunca estar en un error, es más, si insistes, ya con argumentos, ya con ironía y no te digo nada con sarcasmos, pues despertarás su ira. Porque el creyente confunde su ser con sus creencias porque carece de ideas. Ya lo decía Ortega: “En las creencias se está, las ideas se tienen”. De ahí que el respeto viene del que es racional y del creyente que asume su creencia como algo privado. Pero esto último ocurre porque no tiene poder. Si hay poder las creencias tratan de imponerse, porque esa es su naturaleza. A la misma razón ilustrada le ocurrió y así lo vio la escuela de Frankfurt.

Por último, quizás todo venga del patriarcado o mejor de un nuevo orden de producción que emerge en el neolítico del que el patriarcado es una ideología que lo sustenta hasta la fecha. Claro, si no hibiésemos saltado al neolítico, sin posibilidad de vuelta atrás, pues estaríamos en sociedades matriarcales que han producido menor dualismo y menor sufrimiento. Nos basaríamos más en el cuerpo, los deseos, el placer, la comunidad con todo lo vivo, pues sí. Pero de eso se trata cuando yo hablo de la conquista de un nuevo paradigma, el ecosocialismo del que formaría parte el matriarcado.

 

Reflexiones ante la barbarie.

Una nota a raíz de un artículo de Gustavo Bueno sobre las viñetas de Mahoma en el 2006.

La cuestión es la de si se puede representar o no a Mahoma o a Alá. La respuesta es que sí, que por supuesto y hacer cualquier burla o sátira y, para ello nos basamos en la irrealidad del sujeto, como se puede hacer con los personajes del cristianismo y con dios, puesto que es inexistente. Luego podemos abordar un tema más peliagudo. El de la libertad de expresión. Aquí conviene distinguir entre libertad de y libertad para. Hay que entender que la libertad de expresión se puede ejercer desde la llegada de la Ilustración, de que los oprimidos han sido capaces de plantar cara a los opresores. La cuestión es que uno no tiene libertad para burlarse o insultar. Ahora bien, si el otro está instalado en la irracionalidad y la superstición pues la sátira no es ninguna falta de respeto, ni de insulto. Porque nosotros estamos hablando desde la racionalidad al que está instalado en la irracionalidad y, por tanto, la superstición, la intolerancia y el fanatismo. Y el otro tema importante es el de porqué en occidente pudo aparecer la Ilustración, con lo que ello conlleva. Pues la respuesta de Bueno es sorprendente, aunque no coincido plenamente con ella. Dice que es precisamente por el catolicismo. Porque éste parte de la sentencia de que a dios lo que es de dios y al cesar lo que es del cesar y después, como es costumbre, desarrolla eruditamente su respuesta. Yo pienso que algo hay ahí, pero no es todo. Me fijo más por ejemplo en fray Bartolomé de las Casas y en la polémica de Valladolid de la que saldrá una visión del hombre como ser dotado de dignidad y, por tanto, la polémica de Las Casas sobre la dignidad del ser humano nos lleva a la eliminación de la superstición y la separación del trono y el altar. Y luego creo que en el Cristianismo siempre ha habido una alianza, que no identificación como en el Islam, entre el trono y el altar. Y para entender esto no hay más que leer “La Monarquía” de Tomás de Aquino, o la crítica a la herencia por la gracia de dios de la monarquía de Locke en sus “Tratados sobre el gobierno civil” cimiento de la democracia liberal americana. O “El contrato social” de Rousseau en el que todo el poder recae en el pueblo que se convierte en autónomo y ciudadano frente a todo opresor: la nobleza y el clero que han ejercido su opresión ideológicamente por medio de la superstición. Y, de aquí nacerá la democracia republicana tras la revolución francesa. Por ello es la Ilustración el salto imprescindible. Y los males que nos asolan hoy en día en lo tocante al choque de civilizaciones y supuesta alianza de civilizaciones, que no es posible a menos que ambas sean racionales, hay que partir de una situación de simetría que nos la da la razón universal ilustrada a la que hemos renunciado en nombre de un multiculturalismo que tiene su base en un relativismo cultural que no es más que el absolutismo de la superstición, proceden del rechazo de las ideas ilustradas y de la ausencia de pensamiento y la confusión posmoderna. La alianza de civilizaciones sólo es posible desde la racionalidad. Podemos comprender antropológicamente las otras civilizaciones, pero no podemos respetar, ni tolerar su superstición. Si hacemos esto renunciamos a la universalidad de la razón y, adviértase, que no digo absolutismo de la razón, sino universalidad. Conceptos muy distintos y con consecuencias políticas muy dispares. El primero nos lleva al totalitarismo, mientras que el segundo a la democracia y el diálogo real y no ficticio. Ese diálogo de civilizaciones, basados en una supuesta tolerancia y respeto, procede del llamado pensamiento Alicia de Gustavo Bueno con el que señala la ingenuidad del pensamiento en el que hemos caído por defender que todo vale. Al final triunfa la superstición sino retomamos el proyecto inacabado de la Ilustración.

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Desde luego que el nihilismo no da lugar al fanatismo. Y también es cierto que el nihilismo es la falta de razón y sentido. Pero, también lo es que vivimos, por diversas circunstancias, tanto históricas como filosóficas, en una sociedad nihilista, hedonista y egoísta. Y esto da lugar a un vacío tremendo. Y este vacío, cuando alguien vive en la miseria, cuando su pueblo es explotado, cuando es privado de dignidad, pues es carne de cañón de la religión, pero de su dimensión más fanática y violenta que es donde encuentra el sentido y la acción en su vida. Aquí pasan muchas cosas, pero podemos señalar dos: el Islam no ha pasado la Ilustración y esto es clave para la separación del estado y la religión, por un lado y, por otro, la eliminación de la superstición como forma de poder. Y, en segundo lugar, tenemos los factores históricos que consisten en el imperialismo capitalista sobre estos pueblos, que los ha esquilmado, los ha dividido, ha manejado su petróleo y, ahora, esos árabes en general, y el Islam son marginados y rechazados por occidente en nombre de la crisis económica producida precisamente por nuestro modelo capitalista. Los demonizamos a ellos, los hundimos en la miseria, provocamos guerras, los invadimos y los dividimos, los torturamos y, ahora, llegan a Europa y, encima, los hacemos responsable de la crisis y surge toda una ideología islamofóbica. Y esta ideología surge, precisamente, fundamentalmente entre los jóvenes, porque vivimos instalados en el nihilismo, en el posmodernismo, en el rechazo de la razón universal ilustrada, en el relativismo, en el hedonismo egotista, y entonces nos encontramos con el caldo de cultivo, psicológico, antropológico y filosófico, adecuado para aceptar esas ideologías reaccionarias. Y todo ello lo que está produciendo es una guerra. Guerra que a los verdaderamente poderosos no les importa. Mejor, incluso, así la población está distraída ideológicamente. Ellos mismos se han creado las ideologías que les dicen cuáles son sus enemigos. Sin embargo el tema va más allá. Por eso es necesaria la Ilustración. Todos estamos oprimidos por el inmenso poder de estos superricos y sojuzgados por la superstición del progreso tecnocientífico y la economía ortodoxa neoliberal. Y la superstición produce miedo. Y el miedo que se nos infunde desde la superstición del gran poder es que si no sigues las directrices, te sales del sistema, estás condenado al ostracismo. De tal forma que todos obedecemos al gran poder y aceptamos la miseria (el precariado) y que se nos arrebate nuestra dignidad. Occidente le ha arrebatado la dignidad al pueblo árabe y ellos han encontrado la religión fanática como refugio. Y a nosotros también y nos hemos rebelados contra ellos. Todos hemos sido explotados, alienados e instalados en la miseria. Si queremos trascender todo esto debemos pensar y recuperar la razón, perder el miedo y luchar contra la superstición.

Me parece estupenda tu argumentación. Y sigo manteniendo la idea de un frente común. La cuestión es de matices. Hace ocho años decía lo del frente común de izquierdas y lo sigo manteniendo. Y hoy, quien debería liderar ese frente común es Podemos, pero no debes olvidar a la izquierda, ideológicamente auténtica, independientemente de los tremendos errores que ha cometido y sigue cometiendo. IU está dentro del sistema que Podemos ha desenmascarado. Pero el problema es que Podemos ha caído dentro de ese sistema. No es lo mismo que el caso de Syriza en Grecia, ésa es la izquierda de verdad y Podemos la apoya, como debe ser. Lo mismo hace IU. Julio Anguita, el político más lúcido que hemos tenido, ya hablaba de esto hace quince o veinte años, en los noventa. Y ha apoyado a Podemos. Pero el que alguien apoye no quiere decir que no pueda criticar. Entonces sería un dogmático. Y, la última crítica que ha hecho, que la comparto, es que Podemos, después de constituirse como partido (por tanto, y esto lo añado yo, formar parte del sistema) rechaza a IU. Y esto es debido a su ascenso en la intención de voto. Es prepotencia. De modo que no soy yo el que dice que no haya que formar un frente común de izquierdas. Es Podemos (y no creo que Monedero sea partidario de esto, porque conozco todos sus libros, pero es arrastrado por el sistema, como muchos otros. Así es la política) el que ha renunciado a un frente común de izquierda y está haciendo, a mi modo de ver, un viaje hacia la socialdemocracia de centro izquierda para ganar votos.

Mi posición, ya te la he dicho varias veces es la de la abstención activa para forzar un proceso constituyente, tras la disolución de las cortes y la eliminación de los partidos políticos, que han secuestrado la libertad política al pueblo. En una democracia la libertad pertenece al pueblo, no a los partidos. Por tanto, en el momento en el que Podemos se constituye como partido ya le está robando la libertad política al pueblo, ese ha sido su gran error. Tendría que haber hecho un frente común con la izquierda y forzar una disolución de las cortes, desde los movimientos civiles y sociales, para realizar una reforma constituyente.

De todas formas, Podemos, en contra de lo que tú dices y a pesar de mis críticas, tiene todo mi apoyo de momento. Y, en caso de que en las elecciones vea la cosa muy reñida y que el PP y  el PSOE, vayan a obtener muchos votos, pues haré un voto útil (porque mi opción es la abstención activa y haré propaganda de ello) y votaré a Podemos.

Pero, una cosa te digo, muy en serio. Soy un ciudadano libre al que le ha costado y le sigue costando mucho mantener la libertad frente a los diferentes poderes (hay muchas formas de recibir palos). Por tanto pienso autónomamente y ejerzo la crítica como ciudadano libre, porque, en tanto que libre es mi deber ejercer la crítica a toda estructura política e institución social. Y eso, independientemente de mi voto o no voto. Y, además, llevo treinta y cinco años dedicado a la filosofía, que es, precisamente, el ejercicio de la crítica y la huida del dogmatismo, las opiniones infundadas y las creencias. Es decir, que ejerzo mi derecho a la duda. Por es mi último libro se llama “Reflexiones de un escéptico”, y el escéptico es el que duda y busca verdades que siempre serán provisionales. Un saludo.

Tanto arremeter contra la razón universal ilustrada, tanto multiculturalismo, tanto relativismo cultural, tanto pensamiento políticamente correcto, tanta izquierda progre y ñoña…pues nos lleva al fanatismo. Más vale que nuestros gobernantes leyesen el “Tratado teológico-político” de Spinoza que es el libro que realmente abre las puertas de la Ilustración y toma conciencia de que la única forma de acabar con el fanatismo es por medio de la separación de la razón y la fe. Hoy, con tanta tontería, mencionada más arriba, nos hemos vuelto débiles y los fanatismos, de todos lados: tecnocientíficos, políticos y religioses nos llueven por todas partes. Las conquistas de la vieja Europa se hunden en la barbarie.

No, nada de hablar demasiado. Creo que haces una buena descripción de la sociedad patriarcal y cómo es una perversión. Yo lo comparto perfectamente. Y, siempre lo he dicho. Lo que pasa es que no he hablado de sociedades patriarcales hasta conocer tus teorías. Luego haces una descripción somera de las diferentes épocas de la historia basándote en el patriarcado y el dualismo y creo que estás acertada y que no te gusta mirar por esas gafas. Que las de Ciorán son muy pesadas. Aquí hay un punto en el que no coincido. Sería muy extenso, pero voy a ser muy breve porque lo podemos ir tratando poco a poco. (Es que eres un surtidor de ideas y lo que nos pasa a los filósofos es que cada una de ellas las analizamos hasta la saciedad. Suelo decir que el método de la filosofía es en espiral pensar sobre lo mismo siguiendo un camino en forma de espiral. Por eso parece que estamos diciendo siempre lo mismo, pero no.) pero antes una cosa que me ha gustado que has dicho, lo de H Hesse y Sidharta. Pues la imagen que utiliza es precisamente la del eterno fluir siempre de lo mismo del filósofo griego, presocrático, Heráclito. Que nos decía, que todo es un eterno fluir, que nada permanece, que el mundo, fíjate, es la unidad de los opuestos. Y, cosa curiosa. Nietzsche arremete contra toda la cultura occidental destrozándola a martillazos “Ecce homo o de cómo se filosofa con el martillo” Declara a Platón el gran impostor, realmente es el que inventó el dualismo. El mundo de las ideas frente al mundo de las apariencias, cuerpo y alma y así sucesivamente. Y al cristianismo: platonismo para el pueblo. Y el cristianismo, donde el pensamiento dualista, patriarcal, moralidad de los débiles (porque la moral es el triunfo de los débiles, el hombre superior está por encima del bien y del mal, otro dualismo) es la mayor mentira, el mayor engaño, la mentira universal de occidente, lo que ha producido mayor dolor y sufrimiento en la historia de la humanidad. Y el origen de todo se encuentra en la tragedia griega. Por eso su primera obra es “El origen de la tragedia”. Allí rastrea cuál es el origen de la tragedia, porque en un principio había una unidad. Pero, poco a poco, se va produciendo la escisión, con la separación entre los personajes y el coro (que representa la voz del pueblo, el super yo o la conciencia moral). Y esa escisión es debida al triunfo de Apolo (el dios de la razón, la mesura, la sabiduría, la filosofía), frente al dios Dionisio (el espíritu de la danza, la alegría, la noche, los contrarios, la embriaguez, la confusión, la vida, en definitiva). Desde entonces andan en lucha el espíritu apolíneo sobre el dionisiaco. En el segundo no hay ni dualidad, ni moral, ni patriarcado, ni tiempo (teoría del eterno retorno). Lo que hay es vida. Por eso afirma que el hombre para llegar al superhombre (el artista supremo) debe sufrir tres transformaciones (En “Así habló Zaratustra”): primero es un camello y lleva todo el peso de la moral (la dualidad) en su joroba, después se transforma en león y dice ¡No!, es cuando toma conciencia del engaño y reniega de él, pero aún tiene que sufrir la última transformación. El león debe hacerse niño: jugar. En el niño no existe el tiempo, no hay reglas y todo es juego y todo lo que hace es una recreación del mundo y placentero. En el niño sólo hay deseo, pero no hay ni bien ni mal, ni tú, ni yo, ni naturaleza y yo. Hay una unidad en continua recreación de sí misma. Ése es el superhombre (nada que ver con el nazismo como se le ha achacado), la ausencia de dualismo, el que en cada acto se crea a sí mismo. Pues al único que salva de todos los filósofos es a Heráclito. Con todo esto quiero decir que hay una corriente de pensamiento no dualista en occidente y una defensa del cuerpo y los deseos. El cuerpo y los deseos empezaron a ser negados por Platón y el cristianismo los extirpó. Pero Grecia y Roma eran tremendamente hedonistas. Por eso, Epicuro, el defensor del deseo “No hay vida feliz sin placer” ha sido siempre anatema para el cristianismo. Y esto tiene que ver con lo que me preguntas de la virtud. Cómo va a ser la castidad una virtud, en todo caso una perversión, eso es moralina cristiana. Al cristianismo sólo le ha interesado el sexto mandamiento, lo de no matar, no robar, eso se les ha olvidado. El cristianismo es la moral de la hipocresía y del resentimiento, de ahí la negación del cuerpo y de los deseos de éste.

Schopenhauer y Cioran son los dos grandes pesimistas, pero no por ser ni patriarcales ni dualistas. El primero fue precisamente el que trajo el budismo a occidente. Y fue el budismo el que lo hizo pesimista y el segundo era un estudioso de las religiones, compañero de M. Eliade, el mayor historiador de las religiones del mundo y el mejor conocedor de las religiones orientales. Eran íntimos amigos aunque acabaron discrepando. Lo que pasa es que, tanto uno como otro, han buceado en las profundidades de la naturaleza humana y han visto sus fantasmas, su lado oscuro. El hombre es un ser limitado, a medias. Que se intenta terminar de construir a través de la cultura, pero no lo consigue nunca, ni lo conseguirá. Es su sino. Simplemente es que somos así. Nuestra vida es un haz de momentos felices y momentos desgraciados rodeados de indiferencia y, en el peor de los casos, aburrimiento: la enfermedad mortal, tedium vitae. La cultura no nos acaba de colmar nunca. Por eso queremos volver al seno materno. Y muy bien que nos lo enseñó Freud. Por eso estoy contigo y pienso que una sociedad matriarcal seria inmensamente más feliz. Estaríamos más cercanos a la naturaleza, no habría prácticamente ni violencia, ni dualismo. Pero no puede existir una sociedad matriarcal perfecta porque eso significaría que seríamos sólo animales, pero resulta que somos animales culturales y esa es nuestra condena. Mientras, podemos recuperar e intentar construir una sociedad matriarcal. Provocar ese cambio revolucionario de paradigma. Pero sin olvidar que nuestro ser es la autoconciencia y ésta nos hace darnos cuenta de nuestra incompletud, lo que significa sufrimiento. Eso sí, hay que buscar los modelos de vida que produzcan menos dolor y sufrimiento, tanto a nivel individual como social.

 

No, nada de hablar demasiado. Creo que haces una buena descripción de la sociedad patriarcal y cómo es una perversión. Yo lo comparto perfectamente. Y, siempre lo he dicho. Lo que pasa es que no he hablado de sociedades patriarcales hasta conocer tus teorías. Luego haces una descripción somera de las diferentes épocas de la historia basándote en el patriarcado y el dualismo y creo que estás acertada y que no te gusta mirar por esas gafas. Que las de Ciorán son muy pesadas. Aquí hay un punto en el que no coincido. Sería muy extenso, pero voy a ser muy breve porque lo podemos ir tratando poco a poco. (Es que eres un surtidor de ideas y lo que nos pasa a los filósofos es que cada una de ellas las analizamos hasta la saciedad. Suelo decir que el método de la filosofía es en espiral pensar sobre lo mismo siguiendo un camino en forma de espiral. Por eso parece que estamos diciendo siempre lo mismo, pero no.) pero antes una cosa que me ha gustado que has dicho, lo de H Hesse y Sidharta. Pues la imagen que utiliza es precisamente la del eterno fluir siempre de lo mismo del filósofo griego, presocrático, Heráclito. Que nos decía, que todo es un eterno fluir, que nada permanece, que el mundo, fíjate, es la unidad de los opuestos. Y, cosa curiosa. Nietzsche arremete contra toda la cultura occidental destrozándola a martillazos “Ecce homo o de cómo se filosofa con el martillo” Declara a Platón el gran impostor, realmente es el que inventó el dualismo. El mundo de las ideas frente al mundo de las apariencias, cuerpo y alma y así sucesivamente. Y al cristianismo: platonismo para el pueblo. Y el cristianismo, donde el pensamiento dualista, patriarcal, moralidad de los débiles (porque la moral es el triunfo de los débiles, el hombre superior está por encima del bien y del mal, otro dualismo) es la mayor mentira, el mayor engaño, la mentira universal de occidente, lo que ha producido mayor dolor y sufrimiento en la historia de la humanidad. Y el origen de todo se encuentra en la tragedia griega. Por eso su primera obra es “El origen de la tragedia”. Allí rastrea cuál es el origen de la tragedia, porque en un principio había una unidad. Pero, poco a poco, se va produciendo la escisión, con la separación entre los personajes y el coro (que representa la voz del pueblo, el super yo o la conciencia moral). Y esa escisión es debida al triunfo de Apolo (el dios de la razón, la mesura, la sabiduría, la filosofía), frente al dios Dionisio (el espíritu de la danza, la alegría, la noche, los contrarios, la embriaguez, la confusión, la vida, en definitiva). Desde entonces andan en lucha el espíritu apolíneo sobre el dionisiaco. En el segundo no hay ni dualidad, ni moral, ni patriarcado, ni tiempo (teoría del eterno retorno). Lo que hay es vida. Por eso afirma que el hombre para llegar al superhombre (el artista supremo) debe sufrir tres transformaciones (En “Así habló Zaratustra”): primero es un camello y lleva todo el peso de la moral (la dualidad) en su joroba, después se transforma en león y dice ¡No!, es cuando toma conciencia del engaño y reniega de él, pero aún tiene que sufrir la última transformación. El león debe hacerse niño: jugar. En el niño no existe el tiempo, no hay reglas y todo es juego y todo lo que hace es una recreación del mundo y placentero. En el niño sólo hay deseo, pero no hay ni bien ni mal, ni tú, ni yo, ni naturaleza y yo. Hay una unidad en continua recreación de sí misma. Ése es el superhombre (nada que ver con el nazismo como se le ha achacado), la ausencia de dualismo, el que en cada acto se crea a sí mismo. Pues al único que salva de todos los filósofos es a Heráclito. Con todo esto quiero decir que hay una corriente de pensamiento no dualista en occidente y una defensa del cuerpo y los deseos. El cuerpo y los deseos empezaron a ser negados por Platón y el cristianismo los extirpó. Pero Grecia y Roma eran tremendamente hedonistas. Por eso, Epicuro, el defensor del deseo “No hay vida feliz sin placer” ha sido siempre anatema para el cristianismo. Y esto tiene que ver con lo que me preguntas de la virtud. Cómo va a ser la castidad una virtud, en todo caso una perversión, eso es moralina cristiana. Al cristianismo sólo le ha interesado el sexto mandamiento, lo de no matar, no robar, eso se les ha olvidado. El cristianismo es la moral de la hipocresía y del resentimiento, de ahí la negación del cuerpo y de los deseos de éste.

Schopenhauer y Cioran son los dos grandes pesimistas, pero no por ser ni patriarcales ni dualistas. El primero fue precisamente el que trajo el budismo a occidente. Y fue el budismo el que lo hizo pesimista y el segundo era un estudioso de las religiones, compañero de M. Eliade, el mayor historiador de las religiones del mundo y el mejor conocedor de las religiones orientales. Eran íntimos amigos aunque acabaron discrepando. Lo que pasa es que, tanto uno como otro, han buceado en las profundidades de la naturaleza humana y han visto sus fantasmas, su lado oscuro. El hombre es un ser limitado, a medias. Que se intenta terminar de construir a través de la cultura, pero no lo consigue nunca, ni lo conseguirá. Es su sino. Simplemente es que somos así. Nuestra vida es un haz de momentos felices y momentos desgraciados rodeados de indiferencia y, en el peor de los casos, aburrimiento: la enfermedad mortal, tedium vitae. La cultura no nos acaba de colmar nunca. Por eso queremos volver al seno materno. Y muy bien que nos lo enseñó Freud. Por eso estoy contigo y pienso que una sociedad matriarcal seria inmensamente más feliz. Estaríamos más cercanos a la naturaleza, no habría prácticamente ni violencia, ni dualismo. Pero no puede existir una sociedad matriarcal perfecta porque eso significaría que seríamos sólo animales, pero resulta que somos animales culturales y esa es nuestra condena. Mientras, podemos recuperar e intentar construir una sociedad matriarcal. Provocar ese cambio revolucionario de paradigma. Pero sin olvidar que nuestro ser es la autoconciencia y ésta nos hace darnos cuenta de nuestra incompletud, lo que significa sufrimiento. Eso sí, hay que buscar los modelos de vida que produzcan menos dolor y sufrimiento, tanto a nivel individual como social.

Porque estamos solos somos sociables. No somos como los animales sociales cuya esencia es la sociabilidad. Somos seres incompletos que buscan la completud, nuestra realización, a través de los demás. Pero tampoco nos identificamos del todo con los demás, nuestro yo no se disuelve en un yo colectivo (de ahí el intento de los ritos religiosos, las drogas, la diversión…anular al yo). Y es “Ese maldito yo” que decía Cioran el que nos acompaña y nos ofrece la soledad. Parece paradójico, pero inevitablemente estamos solos y, en los momentos difíciles: tristeza, melancolía, desesperación es cuando más sentimos nuestro yo y, por tanto experimentamos más profundamente nuestra soledad y alejamiento de todo y de todos. Es otro rasgo de la condición humana. Por eso buscamos la felicidad, pero esto es una quimera.

Sí, efectivamente. Pero, para desear eso, hay que tener esperanza de que, algo, al menos, se pueda conseguir. Cualquier deseo se alimenta de la esperanza de conseguir lo deseado. Por muy pequeño o grande que sea lo deseado. Además, la naturaleza del deseo (el sentimiento, el afecto) es el mismo ya deseemos grandes cosas, como pequeñas, como meros vicios y maldades. Y debajo subyace la esperanza. La desesperación es la antesala de la muerte. Ya nos lo decía con la mayor claridad del mundo el amigo Cioran en su “En las cimas de la desesperación”

Yo creo que más que todo eso la cuestión es la esperanza. El que tiene esperanza, tiene vida. El que pierde la esperanza, ya sosegadamente y con argumentación filosófica o por la propia vida y la Fortuna está abierto a la muerte. De ahí que el hombre invente los mitos y la religión y estos le da y alimentan su esperanza natural. El hombre es un ser de esperanza. Por eso la angustia es la desesperación. De ahí que Heidegger, cuyo concepto filosófico central es la angustia, diga que el hombre es un ser para la muerte. Y de ahí, también, que el cristianismo considere a la esperanza como una de las tres virtudes teologales.

"El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si su solidez no fuera más que una fantasmagoría sin más realidad que una pesadilla". Ernesto Sabato, El túnel.

Coincido contigo. El punto de inflexión en el tema del pacifismo está en Kant en “La paz perpetua”. Aquí considera que el mal radical del hombre es la guerra. No sabía él hasta donde iba a llegar ese mal radical y, además, auspiciado por la perversión de la razón ilustrada. De lo que se trataba era de conseguir una alianza libre de repúblicas libres. Entendiendo por libre el ideal ilustrado: la autonomía y la mayoría de edad. Pero eso lo pensaba como ideal político. No como utopía realizable. Esto es importante tenerlo en cuenta. En cuanto el ideal de la razón se transforma en utopía, caemos en los totalitarismos de la razón. Kant, a pesar de ser un entusiasta de la razón ilustrada, reconoce sus límites. El progreso de la humanidad no es necesario, necesita del empuje y de la voluntad humana. Lo mismo que la mayoría de edad no se alcanza biológicamente, sino que requiere del esfuerzo y puede no alcanzarse nunca.

Una cosa que echo de menos en tu exposición son las críticas a los movimientos pacifistas que hubo antes de la segunda guerra mundial. Ante la tiranía inevitable ¿es legítimo el pacifismo? He estado revisando el concepto de banalidad del mal con mis alumnos estos días y creo que el mal radical se produce inevitablemente cuando el ciudadano normal no interviene. Asume el status quo de las cosas. Cierto, estos no son pacifista, son gente común desideologizadas. Pero los pacifistas, ¿qué deberían hacer en estos casos? Arendt dice que hay tres tipos de hombres: los nihilistas, los dogmáticos y la gente común. Los dos primeros sucumben fácilmente a las ideologías salvadoras y totalitarias. El hombre común, no actúa, se deja llevar. Cumple con su deber. He aquí la banalidad del mal. Y luego he estado viendo un documental “El juego de la muerte” en el que hay una adaptación del experimento de Miligran en el que se demuestra el poder que tiene la autoridad sobre la mayoría de las personas, de tal forma que les puede llevar a matar por obedecer órdenes y estando alejados de la víctima: la pueden oír, pero no ver. Esto me hace pensar sobre el pacifismo. Es decir, que no es nuestra postura natural, lo cual no implica que sea loable luchar por ella como fin o quiliasmo de la historia, que diría Kant.

En cuanto a los deberes en caso y algunas cosas más.

Pues pienso que, en principio, los deberes están prohibidos. Pero pienso que habría que racionalizar la jornada laboral. Y esto es una cuestión de dinero. Los niños están cinco o seis horas seguidas, con media hora de descanso dando clases, sin horas de estudio, de biblioteca…todo ello aumentaría la calidad de la enseñanza, pero cuesta dinero, ergo…

No estoy en contra, tal y como están las cosas, de los deberes en casa. Ahora bien, lo que no puede ser es que los padres hagan los deberes y sea para ellos una carga. Lo único que deben hacer es crear el hábito y la disciplina de que los deberes deben hacerlos. Los padres no deben ni corregirlos. Que los niños vean el rojo en sus deberes para que aprendan a hacerlo bien. Como hemos hecho todos. Creo que de mi generación, que llegamos pocos a la universidad, claro, nunca nos ayudaron, pero sí impusieron un hábito de trabajo. Lo único y lo esencial. Lo verdad realmente importante. Por supuesto los deberes no deben ser mecánicos y repetitivos, pero sí deben fomentar la memoria. Sin memoria es imposible ninguna forma de conocimiento. Esto es mera charlatanería. Y que los deberes crean desigualdad entre los alumnos, pues es otra mentira piadosa de la psicología positiva, chahipiruli, de que todo en la vida es color de rosas. Aquí nadie somos iguales. Somos iguales en oportunidades, y ello hay que defenderlo con uñas y dientes. Pero después, si queremos una sociedad mejor debemos fomentar la meritocracia sin que nadie se quede atrás. Pero la virtud es excelencia, no mediocridad. Que es lo que se nos vende por todas partes. Ya está bien de paños calientes, de coachings, o leches, de psicólogos positivos, de educación emocional. Hoy he explicado, con video incluido en pizarra digital (a la última, vamos), el concepto de banalidad del mal, y ¿eso no es educación emocional y en valores?, o tiene que venir un coaching o un no sé qué de valores a explicar eso, pues íbamos listos. Uno ya es muy viejo para aguantar tanta tontería y, encima, aguantar a los alumnos indisciplinados, sin capacidad de respeto, ni de esfuerzo, ni de valorar los auténticos valores, deshechos de la educación por culpa de tanta tontería y tanta gilipollez que se le ocurre a cuatro desocupados.

 

Efectivamente, es la misma idea. Y, además es la idea que han barajado las religiones, los estoicos, Schopenhauer, Cioran, Pascal… y cientos de sabios. En definitiva, somos infelices por aquello que hemos creído siempre que nos hace más perfecto. Quizás somos un experimento fallido de la evolución. Sólo hay que darse cuenta que estamos causando, nosotros solitos, la mayor extinción de seres vivos de la ecosfera y toda su historia. Es la sexta extinción. Y lo hacemos alegros y contentos, en nombre del progreso. Y queremos solucionarlo con más tecnociencia y más crecimiento económico. Simplemente estamos locos, deliramos. Una megalomanía. Claro, nuestro cerebro ha ido creciendo chapuceramente sobre un cerebro reptiliano. Las emociones de un reptil con la razón humana. Pues una bomba. Todas las especies de homínidos han desaparecido, la nuestra también lo hará. Pero se llevará por delante al 80% de la ecosfera. Somos como un cáncer o un virus para la biosfera. Pero que no terminará con ella.

Pues me alegro, aunque lo suponía, que lo veas desde otras perspectivas. Y tu explicación, desde la crianza, a mí me ha aportado una perspectiva absolutamente nueva. Lo del reduccionismo te lo digo a ti, pero me lo digo a mí mismo también, que no debemos caer en él. Y, en concreto a mí mismo, porque al ser novedoso lo de la crianza y los textos de Casilda tan sugerentes y sugestivos, pues me he movido a veces en la explicación fácil reduccionista.

Lo del conocimiento filosófico y humanístico es muy importante. Las mejores universidades del mundo ofrecen como principal conocimiento el de las humanidades, siendo la filosofía la que vertebra la relación entre las dos culturas. El resto del conocimiento no es más que el de la especialización para trabajar. Por eso se eliminan las humanidades de la educación pública y sólo las universidades e institutos de élite los conservan, porque allí se formarán los futuros dirigentes del mundo. Al pueblo se les forma para trabajar, por eso la formación es absolutamente fragmentaria, superespecializada y deshumanizada. Es el biopoder. Ni alumnos ni profesores se han dado cuenta de esto. Es más, han considerado la educación obligatoria como un éxito (¡vivan las cadenas!) y yo creo que ya es demasiado tarde para darle la vuelta a todo esto. Lamentablemente. A no ser que se produzca una revolución paradigmática.

Sí, si os doy la razón a las dos. Pero, como buen escéptico sigo instalado en la duda. Las auténticas sociedades matriarcales tuvieron lugar en el paleolítico. Y fue cuando más equilibrio emocional hubo. Pero, aquí viene lo bueno y que coincide con Platón, la crianza se llevaba a cargo del clan. Todos participaban de la crianza no existiendo la figura del padre pues aún no se había entendido la relación entre la sexualidad y el nacimiento de hijos. Por eso participaba todo el clan, porque lo importante era la supervivencia de éste y esto sólo era posible a través de la supervivencia de los vástagos. Por eso el reto de Platón sería, ¿qué tipo de sociedad organizamos que garantice la igualdad y la crianza y no sea patriarcal? Quizás, igual que en el reto anticapitalista, haya que volver a los bienes comunitarios, que no comunismo, que es otra cosa. El comunitarismo de bienes existía en el paleolítico e, incluso, en el neolítico, lo hemos vivido hasta el siglo XIX, y en los pueblos hasta el XX, hasta que aparece el capitalismo. Según me he informado, con la crisis, en los pequeños pueblos muy pequeños se ha vuelto, en cierta medida, a una economía comunitarista, lo cual les ha permitido sobrevivir. Quizás, y lo lanzo como hipótesis, lo que pasa es que nuestras sociedades se han convertido en excesivamente individualistas y ven la crianza bajo el paraguas del individuo, del mundo de lo privado, y no de la comunidad. Esto no significa arrebatar el hijo a la madre, sino que la comunidad intervenga igualitariamente en la crianza y que los afectos se dirijan, tanto a la madre como a la comunidad. Porque en definitiva, debemos nuestra existencia a la comunidad, a la sociedad, no a la familia. Hay muchísimas formas de organización familiar. Y, mientras la familia produce diferencias e, incluso, daños afectivos a través de la crianza, la comunidad iguala. Hoy en día hemos llegado al extremo del egotismo, hedonista y nihilista en el que no reconocemos a la sociedad. Es la perversión del capitalismo. El comunitarismo devolvería al individuo a la comunidad que es su lugar natural, sin arrebatarlo de la familia. Lo que está claro es que el reto lanzado por Platón implica, para nosotros un cambio de paradigma, no parchear desde el patriarcado y el capitalismo. La salida que yo veo es lo que llamo el ecosocialismo que sería, digamos, el marco general.

Sin defender, para nada, ni a ETA, ni a ninguno de sus miembros, ni a su aparato político, a mí, particularmente, el tono de este artículo me parece de una bajeza moral impresionante. Se apela a la venganza, frente a la justicia y es demagógico, se dirige a los corazones en lugar de aportar razones. Creo que se sale totalmente fuera de la ética incitando al odio y poniendo entre paréntesis la ley. Las leyes están ahí, son objetivas y se pueden cambiar si no nos parecen justas. Lo que no se puede hacer es un llamamiento al odio y la venganza porque no estemos de acuerdo con las resoluciones judiciales. Sin ley no hay sociedad. Lo que hay que hacer es participar en la política para que sean las leyes que nosotros queremos las que haya. Y, por muy asesino que alguien haya sido, como es el caso, si ha cumplido su condena, como la ley indica, no hay razón para cebarse con él y llamarle mal bicho y toda suerte de insultos. Lo que se reclama en este artículo es venganza y no justicia y eso es un gran paso atrás en el progreso ético-jurídico. Procede del odio y no de la razón. Se echa de menos una argumentación racional que es lo necesario para ilustrar al pueblo, no demagogia para soliviantarlo.

Totalmente de acuerdo, Miriam. Pero hay una cosa curiosa y que lleva años preocupándome. Platón es el primero que inaugura un pensamiento político completo. Y el primero en la historia que establece en su modelo político la igualdad entre hombres y mujeres. En realidad no había igualdad, porque existían tres grupos o castas diferentes. Pero hombres y mujeres podían pertenecer igualmente a cada una de las castas: o bien sabios gobernantes, o guerreros guardianes o el pueblo llano. Pero es curioso. Platón plantea dos objetivos para llegar a su estado perfecto: la abolición de la riqueza (no entramos aquí) y, aquí está lo bueno, abolición de la familia. Platón vive en una época absolutamente patriarcal en la que las mujeres son el último eslabón de la sociedad. Ahora bien, Platón es capaz de pensar en la igualdad entre hombre y mujer. Por tanto sale del patriarcado, porque su estado no tiene una estructura patriarcal, sino que es una aristocracia de los mejores, en la que los mejores son los sabios (y aquí entran hombres y mujeres.) La crianza corre a cargo del pueblo llano (nodrizas) y la educación la realizan, a partir de los siete años, los sabios gobernantes. Al abolir la familia se elimina la afectividad, pero, para Platón esa afectividad es enfermiza, porque crea diferencias, además de producir males en los pequeños debido a una mala crianza. La afectividad, no se extirpa, sino que se guarda para el estado. El individuo no cuenta, lo que cuenta es el estado. El amor al estado se realiza por la buena función que tú realizas dentro del estado y cómo te comportas en tanto que ciudadano (tus relaciones con los demás.) Evidentemente, la teoría de Platón es un totalitarismo, pero no por esto, o no sólo, sino por otros asuntos. Lo que yo quiero decir aquí es que Platón desde hace dos mil quinientos años nos ha planteado un reto que no hemos resuelto aún. Porque lo que hemos visto es que la igualdad entre hombre y mujer nos ha llevado a las mujeres hiperatareadas y a un estado que sustituye la crianza, como señalas tú. Y que es algo que demandan muchos. Él propone un modelo de estado, que no es patriarcal, que garantiza la igualdad de género, pero que elimina la crianza. Es paradójico ver como el estado moderno realiza la utopía platónica y lo llama estado de bienestar. En pro de la igualdad la mujer queda “liberada” de la crianza. Platón da mucho de sí, ya lo dijo Withead, matemático y filósofo de principios del XX, todo lo que se ha dicho después de Platón no son más que notas a pie de página de sus diálogos. Un poco exagerado, pero iluminador…

Se ha confundido la libertad de expresión con que todo se pueda decir y con el relativismo de las opiniones en las que nada se fundamenta, ni se justifica. Y, al final, triunfa no la razón, sino la fuerza. La opinión del más fuerte. Los medios de control y manipulación de masas más poderosos. Y al pueblo le gusta mantenerse en su minoría de edad, en la ignorancia. Es más fácil que otro piense por ti…

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Era una costumbre que se ha perdido, porque se ha eliminado la presencia de la muerte y el duelo, el retratar a los muertos y hacerse una foto con ellos. Un homenaje, una despedida. Me parece una gran idea que no tiene nada que ver con lo macabro sino con la naturalidad de la vida. La muerte asumida dentro del proceso de la misma vida. Hoy ocurre todo lo contrario. Ocultamos la muerte y el duelo como si fuésemos inmortales y nos da vergüenza manifestar el dolor.

El feminismo está en una encrucijada. Sólo se han alcanzado derechos laborales y reconocimiento de la igualdad de oportunidades. Y en ambos casos hay un gran déficit. El problema y el gran engaño es que el feminismo ha aceptado los presupuestos de la sociedad capitalista y de la opresión. Es decir, que las mujeres se han unido, creyendo  liberarse, a la dialéctica de clases: opresores y oprimidos. Además de ser el fundamento de la carga familiar. Una buena jugada del capitalismo que las convierte en “independientes” consumidoras. Pero, además, como el mercado lo que hace es objetualizar pues las convierte en objeto de consumo para el hombre. Les quita su identidad, su subjetividad y las mercantiliza. Y crea toda una industria de la moda basado en un ideal de belleza arbitrario que, por otro lado, el hombre, también alienado y convertido en objeto, acepta acríticamente.

Y esta es la encrucijada del feminismo. Por eso hay que dar un paso para cambiar la sociedad. A la transformación económica, política y ecológica hay que añadir lo que podría aportar una concepción matriarcal de la sociedad. Cuidado, no confundir el matriarcado con que las mujeres manden. La señora Merkel es un espécimen ultra representativo de los valores patriarcales.

El desmoronamiento no es Acto de un instante

una pausa esencial

El deterioro y sus procesos

son como organizadas Decadencias.

 

Primero Telarañas en el Alma

Una Película de Polvo

Agujero en el Eje

o Elementales Óxidos-

 

La Ruina es ordenada –un trabajo diabólico,

consecutivo, lento-

Ningún hombre cayó en un solo instante

Deslizarse –es la ley que rige el Choque.

 

EMILY DICKINSON

 

El primero que me mandaste hablaba sobre el patriarcado relacionado con el estado. Y es cierto. El patriarcado no se ha desarrollado uniformemente con la división de sexos. O, dicho de otra manera, el neolítico no ha sido uniforme. Y es curioso que sitúe el origen real del patriarcado, en occidente, al menos, con el imperio romano. Lo que yo le añadiría es que ese patriarcado toma fuerza y fundamento ideológico, teológico cuando Roma se hace cristiana, justo al final del imperio romano. Y es precisamente por los mitos fundantes de las religiones del libro, el Génesis, ahí se establece claramente la inferioridad de la mujer, el hecho de que sea un objeto para el hombre y la división de género cuando son expulsadas del paraíso.

Y esto enlaza con el segundo artículo. Si lo leemos desde el punto de vista de opresores y oprimidos y nos damos cuenta de que, en realidad, la revolución francesa fue una revolución burguesa, pues entendemos perfectamente por un lado su carácter de patriarcado y, por otra, la “supuesta” liberación de la mujer que no es más que otra forma de oprimirla. Y lo mismo ocurre con el análisis que hace del franquismo. Resulta que siempre he pensado sobre el feminismo lo mismo que esta señora. El movimiento feminista, lo mismo habría que decir del ecologismo en sus orígenes, cae, bajo los cantos de sirena de la liberación de la mujer (que sólo es laboral: necesidad de mano de obra) en la misma esclavitud que en la que estaban los oprimidos. Sumándosele, encima, que no salen de la otra. Por eso el feminismo ha favorecido la sociedad patriarcal y la sociedad de la explotación.

El discurso feminista tiene que ir por otra parte, por donde apunta Casilda y por la teoría del apego y la afectividad.

Esta mañana discutía con un librero porque yo había hecho una crítica a una propaganda que él hizo desde su librería en fb. sobre un libro del psiquiatra Rojas Marcos. Un libro de autoayuda. Esto ya me puso malo. Pero lo peor es cuando comienza a decir que el hombre es bueno cuando nace, el niño, me refiero. Eso es mentira. Simplemente es una falacia. Se llama falacia naturalista. El niño ni es bueno ni es malo. No podemos hacer una valoración moral (deber ser) porque no es un ser moral, sólo es un ser. Y la falacia naturalista consiste en hacer una valoración del ser desde el deber ser. Son dos dimensiones distintas. Ahora bien, le expliqué que el niño nace con una capacidad afectiva infinita, necesita un afecto absoluto por parte de la madre en principio, que responde y reclama esa afectividad, que se expresa por la ternura y el amor de la madre y la respuesta del placer y la tranquilidad del hijo. Pero eso no es bondad. Y la misma Casilda lo dice en varias ocasiones. Afirma que no está hablando de cuestiones morales, sino de la condición biológica del hombre. Y esta es la cuestión y la confusión que viene desde Rousseau. El hombre no es bueno por naturaleza porque si no cómo explicas los miles de millones de cadáveres de la historia. El hombre es un animal social, con una empatía increíble que se pone en funcionamiento a la hora de nacer y a partir de ahí, de la afectividad que reciba, tendremos a un ser amable, solidario o a un ser violento, angustiado, deprimido o psicópata. Que haya abundado lo último, es debido al patriarcado y a las relaciones de poder.

Un grave problema. El tema tiene muchas patas. Pero creo que el tema central es el concepto de igualdad. Para empezar la igualdad debe ser de oportunidades, en cambio se confunde con igualdad ontológica o por naturaleza, ésta no existe entre nadie, todos somos diferentes. Pero el engaño de la igualdad es que se hace dentro de una cultura patriarcal, capitalista y competitiva. La mujer lo que ha conquistado es el papel del hombre. Es decir, que se ha alienado doblemente, ahora como trabajadora y más en la precariedad laboral en la que vivimos todos y, sigue estando alienada como mujer. Porque aunque las leyes hayan cambiado, vivimos en una sociedad patriarcal que viene desde el neolítico y justificada por los mitos fundantes de nuestra civilización, véase el Génesis. Y el capitalismo ha crecido a sus anchas en este mito. De modo que, para que se produzca el cambio, es necesario una revolución paradigmática. Un cambio de paradigma cultural.

“Venimos de la nada y a ella regresamos.

Somos prestados al tiempo, y cuando yacemos

En silenciosa contemplación del vacío

Dicen que podemos sentir cómo éste nos contempla.

No es cierto, pero ¿quién podría soportar la verdad?

Nosotros somos el vacío que contempla.

Somos su único nervio, mano y ojo.” Don Paterson.

Sacado de John Gray. “El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos.” P. 135

Prometeo
Estoy aquí de pie aguardando y grito
deseando perder toda cordura,
porque el dolor te muerde el corazón
y lo devora lento como el buitre
que alimenta su cuerpo con la pena.
Estoy aquí gritando entre la nada,
los pies sobre la nada más oscura,
perdida entre la nada que enceguece,
que niega las palabras y que alienta
el agudo cuchillo del lamento.
Nadie escucha mi voz, mas aquí sigo
aguardando y gritando para nadie
mientras él continúa devorando
las sangrientas migajas que aún restan.
Y estoy aquí de pie aguardando y grito...
Mercedes Sandoval Reverte.

Es tremendamente lamentable El País, cómo se han empecinado contra Chávez y todas las democracias latinoamericanas que han hecho frente al imperialismo de los EEUU y de sus esbirros el FMI y el BM. Cómo es posible que hayan establecido esto como verdad y que todo el mundo se lo crea sin tener ninguna prueba de ello. Cuando la misma ONU y el programa para el desarrollo de las naciones nos ofrecen datos sobre el aumento del nivel de vida de estos países, su crecimiento económico, su reparto de la riqueza. Lo que les pasa es que son neoliberales hasta el tuétano y defienden las políticas de minimización del estado y de privatización. No quieren oír hablar de nacionalización. Pues eso es democracia. El poder del pueblo. Lo que aquí tenemos no es democracia, sino plutocracia. Ya está bien de mentiras y de demonizar y de meter miedo con Hugo Chávez y demás. A ver si entendemos de una vez por qué el rey dijo “por qué no te callas”. Tenía mucho que hablar y mucho que decir… y el resto tenía miedo. Tanto que hasta colaboraron en un golpe de estado. Y cuántos golpes de estados han sido financiados y apoyados por los EEUU, para mantener a su patio trasero subyugado. Ahora que se democratizan, que recuperan sus riquezas y su poder, resulta que son populistas, cuando no, directamente, dictadores. ¿Quiénes son los dictadores, por favor? Vaya cortina de humo y vaya guerra sucia contra Podemos. Qué miedo tienen. Qué cantidad de cosas tendrán que ocultar.

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Por una muerte digna. En defensa de la eutanasia y del suicidio asistido. Acabemos con el mito de que la vida, a secas, es el mayor valor que existe. Una vida sin dignidad no merece la pena de ser vivida. Y, la vida, es nuestra única propiedad. Que no nos la arrebate ni la iglesia (religión), ni el estado.

"Cada cual se considera libre allí donde es más fuerte su sentimiento de vivir. Involuntariamente el individuo cree que el elemento de su libertad radica en aquello que le hace fuerte, en lo que anima su vida". Nietzsche, El caminante y su sombra, 9.

“El sentimiento de fuerza no da la libertad. Muchas veces la coarta. El más fuerte no es el más libre.” M. Luisa

Yo creo que el texto no dice eso, aunque se puede interpretar así. Yo creo que dice que la libertad reside en lo que uno se siente fuerte. Y si relacionamos fuerza con virtud, que en su raíz latina es lo mismo, pues podemos decir, que es lo que yo sostengo, que la libertad la alcanzamos por la virtud.
Pero tu reflexión me resulta muy interesante. Porque creo que dices que la fuerza no da la libertad, que a veces la coarta. Yo creo que no es así desde la perspectiva política. El problema del hombre a lo largo de toda la historia es que sólo han gozado de libertad los más fuertes, y me refiero, tanto a los individuos como a los estados. Sólo un ejemplo. La guerra de Irak del 2003 se hizo porque el que mantenía el conocimiento erróneo sobre Irak era el país más fuerte de toda la comunidad internacional. Era libre e impuso su error como una verdad. Incluso hoy en día, y lo acabo de leer en un artículo, el 87% de la población de EEUU. piensa que los irakíes tenían armas de destrucción masiva y escondían a BIn Ladem y alimentaban el terrorismo islámico. Creo que tu reflexión es más de cómo te gustaría que fuesen las cosas que de cómo son en realidad. Un saludo.

 

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Sí, estaban convencidos de la verdad. Hay innumerables artículos y libros escritos sobre este asunto en el nazismo. Los que ejecutaron los crímenes obedecían órdenes. Ese es el concepto de la banalidad del mal de Hanna Arend. La población lo sabía y lo consentía: mal consentido. En ambos casos se sienten libres o no responsables, sin sentimientos de culpabilidad, luego libres. Otra cosa es que sean libres realmente. No, porque están bajo el peso de una ideología en la que creen. Pero, ¿quién está libre de esto? Pero lo que cuenta es el sentimiento. Y, lo más importante, el pueblo, para los señores que citas, es chusma, vasallos. Ellos son realmente los fuertes que dirigen el estado y los destinos del mundo. Y son realmente libres. Es, creo, una paradoja de la libertad que me entristece, pero creo que es así. Por un lado la libertad se relaciona con la virtud y con un estado democrático (libertad privada, libertad pública o política) y, por otro, desgraciadamente, se relaciona con el Poder y la ignorancia.

 

Creo que la caída del muro de Berlin y la posterior disolución de la Unión soviética no fue el fin del marxismo como teoría de la historia, ni mucho menos fue el fin de la historia y la muerte de las ideologías como pronosticaba Fukuyama. Es más sugiero, que, precisamente, lo que sí fue es el fin, o el comienzo del fin, a pesar de un par de décadas, sobre todo los noventa, felices, del capitalismo. El sistema se hunde porque es insostenible. Pero toda la propaganda neoliberal que vivimos en occidente, nos dice lo contrario. Por lo visto nuestras democracias corruptas, que no son más que oligarquías partitocráticas, son el modelo de la democracia, mientras que las otras democracias que han luchado contra el neoliberalismo, desde una concepción socialista e, incluso teológica cristiana (la teología de la liberación en Latinoamérica) y a las que se les ha intentado hundir, no sólo por la propaganda, sino con golpes de estados dirigidos desde el máximo poder, pues resulta que son populismos. Mientras, los BRICS, encabezados por China se hacen con el poder económico mundial. Y no olvidar que China es un modo de realizar el comunismo. Por su puesto, tan cruel, como lo es el capitalismo. Porque el capitalismo mata. La existencia del tercer mundo es debido al proceso neocolonial del capitalismo que nos ha permitido vivir por encima de las posibilidades del planeta bajo el mito del progreso y del crecimiento ilimitado. Piensen ustedes, porque el gran hermano nos engaña.

"Moraleja: la deshumanización enferma." Miriam Al Adib

Curiosa paradoja. La cultura es la que nos ha humanizado, es el proceso de humanización que se llama en antropología, frente al proceso de hominización, que es el de la evolución biológica. Pues es la misma cultura la que nos lleva a la deshumanización y ésta a la enfermedad. Ya digo, es una paradoja ¿Tiene solución?

Esto es tremendamente importante para el profesorado y para la ciudadanía en general. Pero el profesorado por lo que se ve, ni se inmuta. Y, a la ciudadanía, con que esté el niño recogido, pues le importa un bledo si aprende o no. Mira como con los médicos no se atreven. Señores lo que está pasando y lo que ahora quiere cobrar cuerpo de ley, es como si al ginecólogo, si le sobran horas, pues las complementa con traumatología, y al de trauma, pues lo hace por ejemplo con psiquiatría…y así sucesivamente. Es absolutamente lo mismo. Pues estoy seguro que ni los médicos ni los ciudadanos lo permitirían. ¿Qué pasa con la educación? Es una auténtica caja de sastre. Para empezar habría que quitar la obligatoriedad, que la está lastrando y recuperar la carrera docente del profesorado (carrera en su especialidad), quitar los cursos de formación psicopedagógica y de los sindicatos, volver a las oposiciones libres de cátedra. Dar permisos de estudio y de especialización. Mandar al carajo las leyes educativas, por lo menos, desde 1990 (LOGSE) Esto es un disparate, un despropósito, un esperpento y un desencanto para el profesor vocacional y que, a pesar de todo, sigue formándose en su especialidad, o doctorándose o estudiando sengundas licenciaturas (ahora rebajadas a grados, claro)

http://www.catalunyavanguardista.com/catvan/la-indocencia-de-wert/

"El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices". Nietzsche.

Se calculan 200 millones de muertos por guerras en el siglo XX: el siglo en el que la muerte se convierte en exterminio y genocidio. También a partir de la Gran Guerra hay más muertos civiles que soldados. Es un horror. Es el siglo de la neocolonización. Se desarrollan los países occidentales a costa de las antiguas colonias. Eso sí, después de la experiencia de la segunda guerra mundial surgen los derechos humanos y se consolidan las democracias. Y, cosa importante, la ciudadanía, que no los poderosos, llegamos a entender que la violencia es la peor forma de resolver los problemas. El crecimiento económico no sólo se hace a costa de las colonias y sus habitantes, sino de los recursos naturales llegándose a una situación de posible colapso civilizatorio, a menos que pongamos remedio. Los derechos humanos se cumplen arbitrariamente, aunque son un gran invento, se aplican dependiendo del voto del consejo de seguridad y su poder de veto. El capitalismo se extiende hasta convertirlo todo en mercancía, incluido el propio hombre. La historia de la humanidad no es como para estar orgulloso de la especie. Ahora mismo tenemos unos sesenta conflictos armados. Los avances médicos están en manos de unas cuantas multinacionales que se enriquecen a costa de la salud. Muchos de los medicamentos, simplemente, matan. Se investiga en lo que le interesa a las multinacionales, no a la salud mundial. El gran descubrimiento de los antibióticos nos ha puesto en guerra contra las bacterias. Cierto que éste ha sido el gran avance de la medicina en lo que se refiere a salvar vidas. Lo malo es que la guerra con las bacterias es muy peligrosa. Ellas las han ganado todas. No obstante, esperemos que ésta no. Es la guerra entre la evolución biológica (la de las bacterias) y la cultural (el hombre). Si el hombre desaparece a la naturaleza no le importará. La sexta extinción, que es la mayor de todas, es de origen antropogénico y ha tenido lugar en el siglo XX. Pero ha habido otras grandes extinciones antropogénicas, aunque locales. La primera cuando el hombre llega a Australia, la segunda, cuando llega hace unas 30 mil años a América y la tercera, la actual.

En fin, que nosotros que somos unos privilegiados pues podemos disfrutar, pero también, como dice el jesuita Jon Sobrino: “Fuera de los pobres no hay salvación” es un título de uno de sus libros. La iglesia dice: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. Pero Jon Sobrino, teólogo de la liberación, entiende la situación de pobreza como una injusticia social. La caridad cristiana está muy bien, pero, primero hay que luchar contra la injusticia social. Cada uno a su modo y desde su lugar. Es imposible pedirle a nadie que sea un héroe. Hay razones para ser pesimista, pero el pesimismo y el optimismo es cuestión bioquímica.

 

El relativismo dice que cada uno tiene su verdad, por tanto todas las verdades son iguales y equivalentes. Cada uno tiene su verdad. Entonces no hay verdad o todo es verdad y la que hay es la que se impone por la fuerza. Que es lo que ocurre ahora mismo. El poderoso tiene la verdad porque es poderoso, no porque tenga razón. El escepticismo es la búsqueda de la verdad con minúsculas, porque el escéptico reconoce que toda: verdad, bien, belleza y justicia son provisionales; no relativos ni subjetivos.
El escepticismo es un modo de ver el mundo y de vivir en el que hay una unión entre la teoría y la praxis. El relativismo es el nudo filosófico de la crisis actual. No hay democracia porque el pueblo no tiene el poder, sino que los poderosos se han hecho con la razón e imponen las leyes que nos gobiernan y no porque tengan razón, sino porque tienen poder. Ésta es la tremenda y terrible consecuencia del relativismo. Por eso nunca se puede decir que las opiniones son respetables. Lo respetable son las personas. Si decimos que las opiniones son respetables caemos en el relativismo. Es la confusión entra la libertad de expresión y el relativismo. Pero éste es la ideología del poder para seguir manteniendo el poder que es el que le permite actuar independientemente de la verdad. Mientras, el ciudadano se cree libre porque puede pensar lo que quiera. Pues ni es libre, porque piensa lo que le dicen que piense y, no es libre, porque no puede actuar. Es el poder, con su fuerza, el único que actúa. El pueblo obedece sumiso e ignorante. Para salir de esta situación hay que desenmascarar al poder y recuperar la fuerza o el poder que se le ha arrebatado a los ciudadanos. Y ésta es la misión de la fundación de una república.



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