Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Pensamientos contra el poder.

19/01/2010

 

                        19 de enero de 2010

 

            Respuesta al artículo del 19 de enero de 2010 de Francisco Bustelo en El País.

 

            Me alegra esa actitud optimista que el profesor emérito de historia económica y rector honorífico tiene sobre la humanidad. Pero siento ser más pesimista. Efectivamente que él mantiene que hay un progreso en la historia de la humanidad. Aunque, si bien, este progreso es lento, diferente en cada época, hace zigzas, e, incluso, retrocede. Pero en el fondo hay progreso. Por su puesto que estoy en ello de acuerdo con él. Pero lo que creo es que de su artículo se desprende una idea de progreso infundada, y que además se enlaza o relaciona con el progreso económico. Y éste, a su vez, con el crecimiento. Y aquí ya no estamos, de ninguna manera, de acuerdo. El progreso económico al relacionarse con la idea de crecimiento ilimitado es erróneo. Ya estamos viviendo de los intereses. Y son falso los datos que nos da. Hoy en día hay más pobreza, absoluta y relativa. Y el modelo de crecimiento de la humanidad, tomando como ejemplo los países desarrollados es insostenible e inviable para la humanidad. Hay un límite al crecimiento que Bustelo no contempla. Hoy en día, quizás crecer, sea decrecer. Es necesario otro modelo de vida, otro paradigma, que no es el economicista, sino el ético. Por su puesto que los avances científicos y técnicos ayudan. Pero no se puede caer en el mito de Proteo. El progreso científico-técnico, no tiene nada que ver, ni asegura, el progreso ético político. Pensar esto es vivir en un  engaño. Estamos siendo engañados intencionadamente. La crisis de la que se nos dice que estamos saliendo es una crisis Terminal. Hemos tropezado con los límites. La tecnología no es la solución, sino la ética. Decir que hemos salido de la crisis y seguir manteniendo el mismo modelo de crecimiento es, simplemente, engañar a la humanidad. Son necesarios modelos alternativos de organización socioeconómica. Y la política aquí juega un papel importante. Pero los políticos están bailando al son del poder económico. Sacan a los grandes de la crisis, nos hablan de refundación del capitalismo, pero cuando se ve un breve despunte de la economía vuelven a caer en el discurso del pensamiento único. No podemos creer a estos señores. Es necesario una revitalizacion de la vida política para volver a recuperar la ejemplaridad pública, la virtud. La clase política, en última instancia fruto del voto de los ciudadanos, por esto debemos de ser conscientes de nuestra responsabilidad, está corrupta. No tienen ni ideas ni ideologías, luchan por el poder. No hay diferencias en su pensamiento de fondo. Esto unido a la corrupción hace que la ciudadanía se desencante. Es mucho lo que hay que regenerar. Yo también tengo esperanza en el progreso. Hemos pasado de sociedades esclavista a estados de derechos, muy imperfectos, eso sí, pero preferibles a lo anterior. Pero no creo en el progreso, eso es un mito. Tengo esperanza en que la humanidad encuentre la salida al callejón en el que nos encontramos acorralados. Pero es necesario un cambio radical. Decir que vamos por el buen camino, manteniendo la ideología del economicismo es un engaño, una farsa. Los plazos son cada vez menores. El problema no es un problema de medioambiente. Es un problema social y humano. Es el problema de la supervivencia del hombre. Nuevas teoría, que ya existen, nuevas ideas y nuevas actitudes. Y, sobre todo, regeneración de la clase política.

18/01/2010

 

 

                        18 de enero de 2010

 

            Estimado Alberto tienes mucha razón en lo que dices. Realmente existen brechas en este sistema totalitario en el que vivimos que se hace pasar por democracia. Una de las brechas la ha abierto ejemplarmente la plataforma ciudadana de Villafranca y la agrupación de electores. Para empezar han sido capaz de paralizar un proyecto absurdo y sinsentido, salvo para los que tienen intereses de todas clases. Sin esta oposición libre y ejemplar este proyecto estaría funcionando saltándose toda la legislación como han seguido intentándolo. Pero es que además este movimiento se ha cuestionado la veracidad y autenticidad de la democracia en la que vivimos. Y esto es muy importante porque supone una regeneración de la vida pública absolutamente necesaria si queremos recuperar nuestra dignidad y libertad.

Y otra cosa quería señalar. Las afirmaciones del poder de Villafranca considerando el acto del día 16 un acto político, o un acto que no es cultura, no tienen nombre. Salvo el hecho de que los que lo han dicho utilizan el poder y el engaño del lenguaje para convencer a sus feligreses y demonizar a los ciudadanos libres y que se atreven a disentir de los políticamente correcto. Lo del sábado fue una jornada intelectual, de reflexión, análisis, crítica, debate, propuestas sobre ética, manipulación, periodismo, democracia y alternativas, peligro del pensamiento único, etc. Una jornada activista en el sentido de que todo pensamiento busca como último fin la acción. Y lo que todos teníamos en mente es la regeneración de la democracia y la búsqueda de caminos hacia la libertad a través de un discurso crítico contra los que ostentan las diversas formas de poder. Ahora bien, también se le puede considerar un acto político. Pero en el sentido griego de la palabra política. Los que allí estábamos nos preocupamos por la polis, por la ciudad, por el asunto público o, en griego, político. Todos somos políticos, habitantes de la polis, la ciudad. Y nos preocupamos por el bien de la misma. Ése es el compromiso político del pensamiento.

Y en cuanto a aquello de que lo que allí se estaba haciendo y se hizo no es cultura, pues que vengan ellos a decirme a mi qué es cultura. ¿La propaganda institucional que utiliza el poder para mantener las cosas donde siempre y alimentar a unos cuantos psudointelectuales y artistas orgánicos? Venga ya, estos señores han perdido el norte. No tienen ni ideas, ni ideologías. Sólo tienen el poder y la desvergüenza de abusar del mismo, cuando el poder emerge del pueblo. Ellos engañan al pueblo, lo utilizan, lo instrumentalizan. Lo hacen, en definitiva, esclavo. Hay que pensar contra el poder, y eso es cultura, porque es cultivo del espíritu, búsqueda de justicia y libertad.

15/01/2010

 

 

                                   15 de enero de 2010

 

Medios de comunicación y la transformación-creación de la realidad. La democracia en cuestión.

 

            Mi tesis es que las democracias neoliberales que vivimos hoy en día son una forma de totalitarismo encubierto que viene mediatizado pro los medios de comunicación. Un poder en manos de otros poderes: el político y el económico. Sostengo que la democracia en la que vivimos hoy en día, a pesar de ser mejor que las formas de totalitarismos clásicas, siguen siendo totalitarismos. Que en realidad no es el pueblo el que gobierna y que existe una clase, una élite, político-económica, que es la que lleva las riendas de la sociedad. Y sostengo que esto es posible en la medida en que los medios de comunicación son un sistema de control de las conciencias. Cuando decimos que son un sistema de control de las conciencias, nos referimos a que son los creadores de nuestros sentimientos, emociones y pensamientos. Y tras todo eso viene la acción. Pensamos y sentimos como los poderosos quieren que pensemos y sintamos. Pero no hay que olvidar que una forma de pensar y de sentir es una forma de actuar. El pensamiento y el sentimiento generan una actitud y ésta, a su vez, produce una acción. Somos replicantes de un mismo pensamiento único que no es fruto de nuestra reflexión, sino de la propaganda que las diferentes formas de poder utilizan para controlar nuestras conciencias. La defensa de esta tesis es muy fácil dentro de los sistemas totalitarios, ahora bien, se hace un poco compleja cuando analizamos las democracias liberales que se asientan precisamente sobre los ideales de la igualdad, la libertad, el sufragio universal, la diversidad de partidos, el pluralismo ideológico, etc. bien, pues esto es lo que quiero demostrar.

 

            En los sistemas totalitarios las formas de control están asociadas al uso de la violencia. Por supuesto que el estado utiliza la propaganda política y el sistema de educación para crear una conciencia. Pero en última instancia, el disidente es eliminado por la fuerza. Para que un estado totalitario se mantenga es necesario que exista un pensamiento, una ideología que fundamente y dé cohesión al estado. Y ahí va encaminado el esfuerzo de las campañas de propagandas de los estado totalitarios. Los ejemplos al respecto del pasado siglo son claros: el nazismo, el estalinismo, y más cercano a nosotros el franquismo. Y para ello los gobiernos totalitarios utilizaron, además de la fuerza, como hemos dicho, eliminación del disidente, los medios de comunicación de masas. El poder tiene el poder absoluto sobre los medios de comunicación y diseña los planes de educación. La educación se convierte entonces también en propaganda. Manipulación de las conciencias. La manipulación y la propaganda son los modos por los que el poder hace que “el pueblo” piense como quiere que pensemos.

 

            En teoría la democracia, como sociedad abierta y plural nos pondría en guardia con respecto al control de las conciencias por los medios de comunicación y por la enseñanza. Pero nada más lejos de la verdad. La diferencia, en principio, entre las democracias y las dictaduras es que las primeras no se basan en la fuerza. Y ello conlleva que no hay una eliminación física del disidente. El disidente, el que piensa de otra manera, el que propone una forma alternativa de organización social, ése, simplemente, es condenado al ostracismo comunicativo. Desaparece de los medios de comunicación. Y aquí está el tema, si no apareces en los medios de comunicación no existes y así se conforma el pensamiento único. Sólo lo políticamente correcto tiene salida en los medios de comunicación. Recuerden ustedes una cosa. Cuando surgió la crisis económica, que todos hemos pagado con nuestro dinero y otros seguirán pagando con sus vidas desgraciadas en el paro, al borde mismo de la miseria, se habló mucho de la refundación de capitalismo, de que era necesario un modelo de producción alternativo al capitalismo, de que el crecimiento ilimitado es imposible, etc. Se echó mano de viejas teorías económicas como modelos alternativos para paliar la crisis. Hoy, cuando el poder político-económico anuncia que hay un repunte de la economía, probablemente aparente porque el modelo neoliberal del crecimiento ilimitado se ha agotado, todo lo anterior se ha olvidado. En los medios de comunicación de masas esto se ha olvidado, no se ha vuelto a plantear. Hemos vuelto al pensamiento único neoliberal, a pensar que esto ha sido una crisis cíclica más del crecimiento económico. El pensamiento alternativo ha desaparecido y ha sido condenado al ostracismo informativo. E, insisto, lo que no aparece en los medios de comunicación no existe para la inmensa mayoría de la ciudadanía. Y eso es lo que le interesa al poder político-económico. Y esto lo consigue por medio de la manipulación a través de los medios de comunicación. El poder utiliza a estos como un sistema de propaganda para transformar nuestras conciencias. En definitiva, para eliminar la capacidad de pensar. Porque la propaganda habla a las emociones, no a la razón. El discurso alternativo queda relegado a unos pocos intelectuales y activistas que si acaso aparecen en los medios, los primeros son considerados como una rara avis o un sabio loco y gracioso y, los segundos, son identificados como antisistemas o, incluso, terroristas. Gente, en definitiva, peligrosa. Antes decía, y no quiero olvidarlo, que los sistemas totalitarios utilizan la violencia contra el disidente. La legitimidad última del poder es el engaño, la manipulación por medio de la propaganda y, en última instancia, la fuerza. Decía que las democracias se convierten en sistemas totalitarios a través de la manipulación, la propaganda y el engaño haciéndose con el poder de los medios de comunicación que son los medios de creación de la realidad que se nos quiere presentar. Pero, el asunto de la fuerza no es del todo así. Vamos a ver, la legitimidad de la supuesta bondad de nuestro sistema democrático neoliberal se apoya en el engaño del que después desenmascaremos los mecanismos principales que lo hacen posible. Pero esta supuesta situación de bienestar se apoya en la miseria del resto de la humanidad. Mientras que se nos dice que sólo existe un sistema económico y social de producción, la mitad de la población mundial pasa hambre y 1.200 millones mueren por esta causa. Cuarenta mil niños al día. Todo por la defensa de una idea, la del crecimiento ilimitado y de un modo de vida: el liberal-individualista consumista. Se nos ha convencido, se nos ha hecho pensar a través de los medio de comunicación que sólo existe una única forma de pensar, la democracia neoliberal. Los medios de comunicación a través de los anuncios, los noticiarios, las películas, las series, los programas del corazón y los programas basura nos transmiten una serie de valores que se nos ofrecen como los únicos existentes. Hay que tener en cuenta que los valores se aprenden miméticamente, no pasan por el tribunal de la razón. Y cuando sólo se nos exponen una serie de valores, como es el caso en los medios de comunicación, no hay posibilidad de comparación y reflexión, sólo de imitación. Nuestro sistema, a través de los medios de comunicación nos clona intelectual y afectivamente. Es decir, que los medios de comunicación, todos ellos en manos del poder político económico, de la partitocracia oligárquica en la que vivimos, nos convierte en vasallos. Esto quiere decir que esta supuesta democracia socava el valor máximo de la misma, la libertad. Pero la perfección ha llegado a su cenit. Precisamente se nos convierte en esclavos haciéndosenos pensar que somos libres. Nosotros no tomamos ninguna decisión. Sigue existiendo, a pesar y enmascarando la democracia, una élite que nos gobierna. Y esa élite, como todas es la que tiene el poder económico, la riqueza. Lo mismo que no hay libertad, que es un engaño, una máscara, no hay igualdad. La riqueza se distribuye entre unos pocos. Al resto se les deja las migajas para que puedan sobrevivir y entretenerse, además de trabajar durante ocho horas al día para pagar la hipoteca de la casa a lo largo de toda tu vida. Es decir, que el sistema nos mantiene esclavizados desde el punto de vista del pensamiento y el sentimiento y, también, económicamente. Se nos explota laboralmente para que no pensemos. Se nos ofrece un sueldo que nos permite sobrevivir y consumir, pan y circo, que ya lo inventaron los dictadores romanos. Y se nos esclaviza económicamente por medio de las hipotecas. Y, ahora, a ver quién es el listo que protesta y exige mejoras laborales cuando tiene la espada de Damocles del despido encima de su cabeza y una hipoteca que pagar y unos hijos que alimentar. Vaya farsa, vaya mentira. Estamos todos embaucados y, encima, produciendo el mal de la mitad de la humanidad. El crecimiento económico mata. La idea del crecimiento económico, que los medios de comunicación nos han imbuido, y con la cual comulgamos obedientes y sumisos, mata. Nosotros somos esclavos e ignorantes y, en tanto que tales, participamos de este mal. Nuestro deber es tomar conciencia de ello y evitarlo. El sistema se autoreplica. El sistema económico es el mismo ya sea para la derecha o para la izquierda. Los dos son replicantes del pensamiento único: la libertad absoluta del mercado, la sociedad del consumo y la democracia neoliberal. Éste es el pensamiento y la ideología que emana de los medios de comunicación. Porque estos medios de comunicación tienen dueño y son el poder económico y político. Esto está claro, puede haber muchos canales de televisión y de radio, pero todos trasmiten los mismos valores. Las diferencias son epidérmicas, no son de ideología, ni mucho menos de pensamiento, todos tiene el mismo. Si no que son estrictamente de poder. Los medios de comunicación que pertenecen al poder ejecutivo arremeten contra los de la oposición y a la inversa. Pero no hay discusión de ideas. Hay espectáculo político para distraer a la ciudadanía de las cosas importantes. En realidad, no se habla para nada de la cosa pública. Los medios de comunicación en manos de los partidos sirven para la lucha con el fin de alcanzar las máximas cotas de poder, y nada más. Todas las cadenas, todos los canales, transmiten, en lo esencial el mismo pensamiento único acompañado por los mismos valores.

 

            Pero, ¿cómo funcionan los medios de comunicación como medios de propaganda y manipulación? Pues bien, los medios de comunicación transforman y recrean la realidad. La realidad, separada de nuestro conocimiento de ella, no existe. La realidad viene constituida por el acto del conocimiento. Es decir, que en cierta medida, la realidad es construida o recreada. Por su puesto, no a partir de la nada sino de los hechos. Pero los hechos puros no existen. Todo hecho es interpretado a la luz de una teoría  de un sistema de valores. Esto vale para las ciencias de la naturaleza, mucho más para las sociales. Los acontecimientos sociales son siempre interpretables a la luz de valores e ideologías. Además, todo conocimiento viene mediatizado por el lenguaje. La realidad la vivimos a través del lenguaje. Éste es el vehículo de los pensamientos y de los sentimientos. Sentimos y pensamos a través de las palabras. Decía el filósofo Wittgenstein, aunque en otro contexto, que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Efectivamente, mi mundo conocido y sentido, viene creado por el lenguaje que es el vehículo, como decíamos, del pensar y del sentir. Pues bien, esto, sumado a la naturaleza emocional, más que racional del hombre y los descubrimientos que la psicología social ha hecho al respecto, son la base de los diferentes instrumentos que utiliza el poder a través de los medios de comunicación para producir una realidad. La realidad que todos asumimos y aceptamos porque es la única que se nos ofrece. No hay forma de escapar porque desconocemos otra realidad. Aceptamos la realidad que se nos ofrece porque es la que se nos ofrece. Y es incuestionable en tanto que vivimos, pensamos y existimos en ella. No concebimos la existencia fuera de esa realidad, porque no podemos, ni siquiera pensar ni sentir más allá de nuestro lenguaje que es el que nos ha venido dado por los medios de comunicación. De esta manera nuestra ignorancia se convierte en nuestra forma de esclavitud y en nuestra connivencia con el poder.

 

            Las tácticas para crear una realidad, es decir, manipular nuestra conciencia, tácticas de propaganda del poder, dicho sea de paso, se pueden dividir en tres grupos. Luego habría múltiples técnicas que serían objeto del estudio del teórico de la comunicación. En primer lugar, los mensajes de los medios de comunicación van dirigidos a las emociones. De lo que se trata es de bloquear el pensamiento. Los anuncios publicitarios, las series, los programas del corazón y demás basura producen emociones y a través de esas emociones adquirimos los valores. Pero claro, las emociones son respuestas automáticas de nuestra psique que, a menos que tengamos tiempo, no dominamos. Los medios de comunicación eliminan ese tiempo. Los telediarios no nos permiten pensar, las series de noticias es rápida y basada fundamentalmente en las imágenes, las cuales tampoco nos permiten pensar, sino sentir. Para pensar es necesario la reflexión y el tiempo. Claro, por su puesto, tanto las noticias como los valores que se nos presentan son los elegidos por el poder, pero de tal manera que no haya lugar para la reflexión. Se nos ofrecen unos valores determinados a partir de unas emociones y se nos cautiva a partir de ellos. Éste es el primer paso para la construcción de una realidad que es la que al poder, no olvidemos que el poder es la oligarquía, le interesa.

 

            El segundo paso es fundamental. Es el del lenguaje. Los poderosos son los que crean el lenguaje que se nos vierte después por los medios de comunicación. Y, como hemos dicho antes, el lenguaje es el que crea la realidad. Pensamos la realidad por medio del lenguaje. Éste es el gran descubrimiento de Orwell: el control del pensamiento a partir del control del lenguaje. Si controlamos las palabras controlamos el pensamiento. No hay que olvidar que el pensamiento produce una actitud y ésta genera una acción. Así si controlamos las palabras controlamos la acción. Es decir, si controlamos el lenguaje esclavizamos al hombre. Tenemos muchos ejemplos asumidos por la ciudadanía en general y muchos otros de los que no somos ni conscientes. Por ejemplo al activista se le asocia con el que produce desorden público, incluso terrorista. (Recordar aquí lo ocurrido con los militantes ecologistas en Copenhague). Al asesinato de civiles de forma deliberada se lo consideran daños colaterales (expresión absolutamente vacía y objetiva que dehumaniza al hombre). A la invasión de un país para controlar su fuentes de riqueza se le llama Libertad duradera. Al exterminio de un millón de iraquíes en la invasión de un país se le llama liberación. La guerra y el exterminio se convierten así en una liberación del pueblo iraquí. Al exterminio por medio de la guerra se le llama, en palabras de Buhs: hacemos la guerra por la consecución de la paz. Toda actividad violenta llevada a cabo por el poder es enmascarada por los nombres de libertad y justicia. En cambio, toda acción disidente, que ponga en cuestión el sistema, es considerada terrorismo. Se identifica con el mal.

 

            El tercer mecanismo de control de nuestro pensamiento y voluntad está relacionado con las emociones y se refiere al uso del miedo. El miedo ha sido la forma de control utilizada por todos los poderes totalitarios y por las religiones. El miedo atenaza la voluntad, nos impide actuar y nos impele a obedecer y a ponernos en manos del poderoso que nos ofrece la salvación. La inseguridad, la sociedad del riesgo, la sociedad del conocimiento que exige nuestro continuo reciclaje, sino queremos perder nuestra situación laboral. Todo ello se utilizan como amenazas para que obedezcamos y aceptemos las medidas dictatoriales del poder renunciando a nuestra libertad. Y este miedo se nos transmite desde los medios de comunicación. Hay que tener en cuenta que los medios de comunicación, excepto Internet, en parte, son unidireccionales. Nosotros somos solo receptores, somos pasivos. No podemos actuar. Además, bien se encarga el poder, por medio del control mediático, de que seamos incapaces, porque la realidad es la que se nos ha ofrecido. Pero si osamos a actuar, se nos amenaza con el miedo: la inseguridad ciudadana, el terrorismo internacional, el fin del estado del bienestar, en fin…Y un ciudadano amedrentado es un ciudadano sumiso. Si nos queda un atisbo de inconformismo se nos arrebata por medio del miedo. Este mecanismo de control por medio del miedo se basa en el conocimiento de la naturaleza humana. El hombre es un ser temeroso, inseguro, lleno de ansiedades, que renuncia a su libertad por la seguridad y un plato de lentejas.

 

            Por último, y complementando estos tres mecanismos en los que se basa el poder al utilizar los medios de comunicación para adoctrinar y eliminar el pensamiento, hay que hablar también de la educación. Ésta está siempre en manos del poder. Es difícil, sino imposible, distinguir entre educación y propaganda. La educación es el vehículo de transmisión que utiliza el poder para transmitir su ideología. La educación transmite valores y conocimientos nos muestra la realidad que al poder le interesa y nos forma para lo que el poder cree que debemos existir, que no es más que para mantener el status quo. Y éste es el de la legitimación del orden social establecido. Por eso en nuestra sociedad el objetivo fundamental de la educación no es el de la libertad, por mucha educación para la ciudadanía, sino el de la adaptabilidad a la sociedad cambiante en la que vivimos: la sociedad de las nuevas tecnologías y del conocimiento.

 

            De un modo telegráfico planteo las posibles salidas. En primer lugar, una regeneración de la educación que potencia la excelencia y la virtud, además de la capacidad reflexiva y crítica. Una educación que prepare para el pensamiento, la crítica y la libertad, además de para el ejercicio profesional. En segundo lugar la regeneración de los medios de comunicación que elimine las cotas de poder político en ellos y del gran poder económico, así como la potenciación de la prensa participativa, blogs, etc. regeneración de la democracia a partir de la virtud pública y la eliminación de la élite política, así como la consecución de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Todos estos puntos han sido desarrollados en otros lugares. Quede aquí como un breve apunte.

14/01/2010

                        14 de enero de 2010

 

            Acabo de leer un trabajo de investigación de Esteban Mira en el que se hace un estudio comparativo entre la asignatura de FEN y la de Eduacación para la ciudadanía. El autor hace una defensa de ésta última y desmonta las críticas que se le han hecho con gran capacidad argumentativa y profusión de información. Estoy en lo esencial de acuerdo con el autor y comparto su crítica a la postura de la iglesia e incluso la necesidad de esta asignatura por la pérdida de valores en la sociedad en la que vivimos y por el papel disminuido de los padres en la educación de los hijos. Considero que la enseñanza debe instruir y educar. Y creo que la gran diferencia, por eso la comparación no se sostiene entre FEN y EPC, es que la primera pertenece a un sistema totalitario; es decir, a una sociedad cerrada, y el segundo a una sociedad abierta. La diferencia entre uno y otro es la de la intolerancia y el fanatismo, frente a la tolerancia y el diálogo. En lo que no estoy de acuerdo es con la praxis. Una asignatura de este estilo, y con los problemas de plantilla del profesorado, se convierte en una maría. Tampoco estoy de acuerdo con ese cambio de nombre de la ética de 4º y la filosofía de 1º. Ahora llamadas, ética y ciudadanía y filosofía y ciudadanía. Cambiaría ciudadanía por filosofía o teoría política. Política viene de polis y ciudadanía de civitas; es decir, que deberíamos recuperar el término de política. Lo que sucede es que la política hoy en día está absolutamente desprestigiada. Se ha convertido en una clase profesional. La política es el asunto de la polis. Esto es la preocupación por lo público. Yo considero que el aspecto de la educación para la ciudadanía tendría que tener una doble dimensión. En primer lugar la de la reflexión, en la que se le mostrase al alumno la tarea histórica y filosófica para llegar al tipo de sociedades democráticas y plurales en las que vivimos. Esto, por un lado. Por otro lado, una reflexión crítica sobre las deficiencias de nuestro sistema democrático y la posibilidad de mejorarlo y cambiarlo. En segundo lugar, de esta reflexión teórica tiene que surgir una actitud del alumno doble. Primero, el respeto e interiorización de los valores de la democracia, el pluralismo y los derechos humanos y, segundo, su compromiso ético-político para que se lleven a cabo. Y esto último requiere una educación de la virtud. Y ha sido esta lectura y estas reflexiones las que me llevan a recordar que tenía pendiente unas reflexiones sobre la educación y la democracia actual.

 

            ¿Qué es lo que caracteriza a la democracia actual? Creo que vivimos en una situación de nihilismo. Ya no creemos en nada. Hemos dejado las decisiones de la cosa pública en manos de los políticos. No creemos en la virtud de estos, más bien, en su capacidad de corrupción. Pero la democracia es una conquista histórica. Es un quehacer y una tarea. No viene dada de una vez. Es más el ciudadano, tiende a la comodidad, a pervertirse, a recluirse en su mundo privado. Las democracias tardías generan individuos aislados, preocupados sólo de sí mismos. Incluso, podríamos pensar que la organización del propio sistema de producción genera esta forma de vida, tremendamente ocupada, para evitar que el ciudadano piense e intente actuar públicamente, de tal forma que deje la política, el gobierno de lo público, en manos de la clase de los expertos. Pero la democracia, a mi modo de ver, se puede revitalizar. En primer lugar hay que hacer un poco de historia para comprender qué es lo que ha significado la conquista de la democracia. Siguiendo a Javier Gomá en su libro Ejemplaridad pública, podemos decir que con la conquista de la democracia se ha llegado a dos conclusiones. La primera es el concepto de igualdad y la segunda es el de límite del hombre, de la humanidad y de la historia. Toda reforma de la democracia ha de respetar la idea de igualdad y la de límite. Lo que descubre la democracia es que todos somos iguales. No es un descubrimiento, es una construcción cultural, todos somos distintos. La democracia basa su igualdad en la isonomía, igualdad ante la ley. Es decir, la creación de un estado de derecho por encima de cualquier ciudadano. Todos los tipos de elitismos que ha habido han intentado socavar la conquista de este principio. Son en sí antidemocráticos. Ahora bien, no hay que confundir la igualdad de oportunidades y de derechos con la igualdad real. La democracia debe fomentar la excelencia, tanto privada como pública; es decir, la virtud. Luchar contra el vicio, la corrupción y el individualismo egoísta. Los ataques elitistas no sólo proceden de los antidemócratas, todos inspirados en la línea platónica y su crítica a la democracia como un gobierno de ignorantes y su defensa del gobierno de los mejores, los sabios. Sino que la corrupción de la democracia llega desde las propias estructuras democráticas actuales en las que una élite, partitocrática y oligárquica (no especialmente excelente o virtuosa) se hace con el poder y utiliza todos los medios de control para domesticar al pueblo y convertirlo en vasallo obediente e inconsciente de su estado.

 

            Por su parte, el concepto de límite es importante. Con la conquista de la democracia lo que ocurre es que cae la antigua visión del mundo que se apoya en un orden seguro y establecido, regentado y mantenido por la clase dominante. Cuando esto desaparece nos quedamos sin referente. Hemos desencantado el mundo y somos nosotros los que debemos darle sentido. Ante esta situación caben dos posibilidades, el nihilismo, o la conciencia de los límites. Desde el nihilismo, a lo Nietszche, por ejemplo, no es posible fundar una sociedad. También podemos caer en los fascismos, como ocurrió en el siglo XX. Mi opción es la conciencia de los límites. El ser humano es limitado y provisional, nuestra historia también lo es. La conciencia de los límites nos cura del intento de construir sociedades perfectas. Lo cual no es poco, porque todos estos intentos nos han llevado al totalitarismo. Quizás hoy en día, esta perversión de la democracia que es la partitocracia oligárquica es la nueva forma de totalitarismo, una forma de trasmitir un pensamiento único y una única forma de entender la realidad. Éste es otro enemigo a batir.

 

            Ante estos retos de lo que se trata es de la recuperación de la ejemplaridad pública, es decir, de la virtud. Y es aquí donde juega un papel clave la educación. Hay que educar al ciudadano en la virtud pública desde los principios democráticos y de los derechos humanos para hacerlo partícipe de ellos. No estoy hablando aquí de una democracia participativa, que es inviable, sino, representativa. Pero esta representación no debe estar integrada por una clase profesional, cuya única visión es la búsqueda del poder. El ciudadano debe ser virtuoso pública y privadamente. Su vida privada debe ser una vida virtuosa en la medida en la que su trabajo contribuya al bien de la polis y a la permanencia de la sociedad. Esto requiere la ausencia de corrupción. Por otra parte, su virtud pública debe consistir en la posibilidad de intervenir públicamente en el debate y la acción pública, cuando así lo estime oportuno y, permanecer siempre vigilante frente a la tendencia a la corrupción del poder. Esta es la ejemplaridad. No podemos pedir que los ciudadanos sean héroes, pero sí seres morales y excelentes. Y esto requiere de una educación en la virtud, en el sentido aristotélico y en el concepto de deber, autonomía y dignidad kantiano. Y por otro lado, es necesario una educación que haga posible la interiorización consciente de los valores que emanan de la democracia y de los derechos humanos como fundamento de las sociedades abiertas y plurales, siempre en guardia contra cualquier forma de totalitarismo.

 

                        14 de enero de 2010

 

            Se viene ofertando por las autoridades educativas la necesidad de un plan de fomento de la lectura. A mi me parece que esto no es más que máscara política. Ni leen los políticos, ni lee el pueblo en general, ni leen los profesores. Con esto lo que se pretende es lavar la cara de los malos resultados en las evaluaciones externas que se hacen sobre la educación. Además, desconfío de qué leer. Creo que la lectura es la base del conocimiento. Que hoy en día hay distintos formatos de lectura, que incluso el formato de lectura cambia la estructura de la lectura y su interiorización. Pero lo que no admito es ese plan de fomento de la lectura por parte del poder. Vamos a ver, al poder no le ha interesado nunca la lectura. No sé qué les habrá pasado ahora. Creo que simplemente es una cuestión de imagen para intentar mostrar que se está haciendo algo para paliar los bajos resultado en “competencias”, vaya palabro, lingüísticas. No, al poder no le interesa la lectura e inventan el acercamiento a la lectura, como mero entretenimiento. Leer para entretenerse, más pan y circo. Por eso se desechan los clásicos, que se consideran arduos e incomprensibles y se propone una literatura banal, vacua y momentánea, sin más pervivencia que el tiempo de éxito de ventas. Los clásicos, lo son por el hecho de que tratan temas universales del hombre. Porque han tocado la tecla de lo universal e intemporal que hay en el hombre. Y si se requiere cierto esfuerzo para leerlos por su dificultad lingüística, pues se hace. Para eso está el profesor y la voluntad del alumno. Leer es un ejercicio intelectual difícil, que requiere la acción, sólo superado por el de escribir, para lo que hay que haber leído y estudiado mucho. El plan de fomento de lectura, está dentro del paradigma logsiano del aprender por el entretenimiento. Lo siento, la lectura es el vehículo hacia el conocimiento del mundo y de uno mismo, la lectura no se circunscribe a la literaria, sino a los diferentes ámbitos del saber. Otro error. Identificar lectura, con lectura de novelas, o, quizás, poesía, algo más elitista y complejo. Leer es entrar en la conversación con la humanidad, con el mundo de las ideas. Algunas se transmiten por la ficción, novelas, teatro, pero otras requieren formatos más arduos. Sin esta lectura perdemos el referente de nuestra historia. Cómo podemos concebir a un historiador que no lea las fuentes históricas, un filósofo que no lea  la tradición filosófica, desde los griegos hasta ahora. Un científico que no lea las revistas científicas en la que se dan cuenta del avance de la ciencia. Un ciudadano que no lea la prensa, sobre todo en su supuesta parte crítica, las páginas de opinión. Pues siento decirlo. La inmensa mayoría de las personas no leen, por múltiples factores, incluso siendo licenciados o doctores. La lectura es una actividad de unos pocos. La industria editorial vive de los éxitos de cierta literatura barata que alimentan los mitos del hombre de hoy en día que vive una situación de desencantamiento del mundo. Hemos perdido los discursos globales que daban un sentido a nuestra existencia: empezando por los religiosos y terminando por los políticos. Por eso ahora, este desencantamiento del mundo nos vuelve al mito. Un efecto paradójico, aunque no tanto. El hombre es un animal mítico-religioso que no se conforma con lo plano de la realidad, necesita mitos, arquetipos que le sirvan como modelos y ejemplos de vida. Necesita del misterio. Y ahora lo encuentra en una literatura barata y efímera. Y esta literatura es la que nos quieren traer en su plan de fomento a los institutos. No, y mil veces no. Esto no es más que adoctrinamiento y aborregamiento. Si se enseñasen las disciplinas del currículo como dios manda, estaríamos siempre acudiendo a los textos y a la prensa. No habría necesidad de un plan de fomento de la lectura. La lectura es imprescindible para el saber. Otra cosa es que también sea un instrumento de placer y entretenimiento. Éste es el caso de gran parte de la literatura. Pero la lectura realmente está ligada al conocimiento. Y el conocimiento, como ya sabemos, nos lleva a la liberación. Por eso sospecho de esos planes de fomento de la lectura y creo que no son más que un encubrimiento del fracaso del sistema educativo, por un lado y, por otro, más pan y circo para crear mentes sumisas.

 

13/01/2010

 

Siempre pensé que la filosofía era pedagogía. Que el sentido máximo de la filosofía es la comunicación. El deseo de instruir, de hacer pensar. No en vano decía Kant que no se enseña filosofía, sino a filosofar. Por eso es muy interesante saber que la pedagogía no es una ciencia, sino una parte de la filosofía. Y como todas las filosofías las hay buenas y malas. La pedagogía que rige nuestro sistema educativo es nefasta, precisamente por el hecho de pretender ser científica y, encima, basada en una ciencia errónea. La verdadera pedagogía es la de educar en la virtud y esto requiere de la educación en la voluntad. Ya está bien de motivaciones, teorías constructivistas y demás paños calientes. La pedagogía actual no es una ciencia, es una ideología en manos del poder político y económico que, únicamente, quiere adoctrinar y producir borregos útiles. Muy bien, hay que volver a la filosofía como pedagogía y recuperar al viejo Sócrates. También es necesario recordar que no hay enseñanza sin enseñanza de la virtud. Por eso debemos releer la ética de Aristóteles y ponerla en diálogo con la kantiana. La virtud es uno de los grandes temas olvidados de la educación. Y la virtud requiere fuerza, por tanto, voluntad.

05/01/2010

 

                        05 de enero de 2010

 

            Vamos a ver. Hay dos ideas fundamentales que han salido en la discusión. La primera es la de la igualdad y la segunda la de la autoridad. Con respecto a la igualdad se viene a decir que es, más o menos, un mito. Que es el origen de los males de nuestra mal entendida democracia y de la educación. Estoy con ello de acuerdo. Lo que sucede es que hay que matizar mucho en este asunto. Pero aquí hay que ser breve para no cansar. Habría que escribir un artículo sobre igualdad y democracia. Precisamente sugiero la lectura de dos obras que tengo ahora entremanos que son “El odio a la democracia” de Jacques Rancière y “Ejemplaridad pública” de Javier Gomá. Estas lecturas sustituirían mi argumentación. No obstante pretendo escribir un artículo sobre estos libros en mi blog. La igualdad es una entelequia. Quiere esto decir, que no existe ninguna igualdad ontológica o natural. La igualdad es una idea adaptativa, de orden social y político, que permite un modo de vivir. Los que confunden la igualdad de oportunidades, invento técnico-jurídico y político, con la igualdad natural-ontológica están tergiversando interesadamente el concepto para obtener beneficios; y, en el caso de la educación, defender una ideología que enmascara una educación que sólo genera mediocracia, sino algo peor. En ese sentido la igualdad es un mito. Pero ya en el mismo comienza de la democracia en Grecia, y me refiero a la oración fúnebre de Pericles, se viene a decir, que la igualdad no puede ser el menoscabo de que el gobierno esté encarnados por los mejores. Es decir, que la misma democracia defiende una educación en la meritocracia. De ahí lo de las virtudes públicas y la ejemplaridad del ciudadano. La igualdad no puede eliminar las diferencias del mejor. La igualdad es de oportunidades para eliminar las diferencias de poderes, que, en definitiva, se reducen a las de la riqueza, enmascarada de lo que sea: aristocracia, timocracia… Así, coincido con aquellos que atacan a la igualdad, pero sólo en lo que se refiere al mito de la igualdad. La democracia, por muy deficitaria que sea y muy en desarrollo que pueda estar, lo que hace es darle la vuelta al poder. El poder reside en el pueblo, aquel que no tiene nada para erigirse con el poder. Ya sé que esto es iluso en tanto que teórico, pero quién ha dicho que la democracia sea algo dado. La gobernanza humana es siempre imperfecta, pero la democracia es el único gobierno perceptible.

 

            En cuanto a la autoridad quiero hacer dos observaciones. La primera es que yo no tengo que defender al señor Mariana, él se podrá defender sólo. Tampoco voy a atacar a Gustavo Bueno. A los dos autores los he leído y he sacado lo mejor que he podido de ellos. Pero a ninguno se me ha ocurrido endiosarlo, con perdón, como hacen los “buenistas”. Coincido absolutamente en que la autoridad viene dada por la situación social. Pero la situación social se consigue. Un problema de hoy en día es el de la falta de reconocimiento de la autoridad: médicos, jueces, fuerzas de orden público, profesor…es cierto, y la educación tiene que garantizar el respeto a esta autoridad. Y el respeto es la obediencia al mérito adquirido partiendo todos desde el principio de igualdad. Pero para que se cumpla este cambio de percepción en la realidad, es necesario, como decía, un cambio de paradigma. Por eso no estamos en una situación sin salida, sólo que nuestro paradigma está agotado. No sabemos cómo se saldrá de él. Pero eso es otra historia. Considero que la educación tiene que basarse en la autoridad, y frente a la autoridad lo que tenemos es la obediencia y la disciplina. El niño tiene que hacer sus deberes, como se ha dicho, porque es su deber y punto. Todo lo demás son paños calientes y pérdida de autoridad. Lo que a mi me parece que ocurre es que la crítica que se hace a la autoridad desde la política es porque el político es un camaleón que quiere asemejarse a la sociedad para ganar votos; en definitiva, para mantener su poder. Esto, por un lado, por otro, la ideología pseudocientífica de los pedagogos se apoya en la eliminación de la autoridad y de la educación de la voluntad, porque no caben en su marco científico. Recuerdo que el primero que señaló en España que la educación iba errada porque se basaba en la educación a través de la motivación y no de la voluntad fue Marina, en su libro “En busca de la voluntad perdida”. Y auguraba, como así ha sido, un fracaso absoluto educativo, con emergencia incluso de la violencia, si no se recuperaba la educación de la voluntad, la cual es imposible sin la autoridad y la disciplina. El niño tiene que aprender a obedecer porque así aprenderá a obedecerse. Y ésta es la única manera de ser libres. Nos hacemos libres en la medida en la que somos capaces de obedecer leyes. Lo contrario es caer en el capricho y el vicio, que es lo que fomenta nuestro sistema educativo.

 

04/01/2010

 

 

No creo yo en los determinismos históricos, ni en los ciclos de la historia de forma necesaria. Si hay un determinismo, es físico y biológico. Y es dudable. Pero éste es otro tema. No pienso que hayamos llegado a un punto de no retorno. Y no creo ser optimista. Todo lo contrario. Creo que nos reducimos a biología y habría que ver lo que dice la evolución. Es lo que se ha llamado la peligrosa idea de Darwin y la darwinización del mundo. Tampoco creo en determinismos tecnológicos, ni en el imperativo tecnológico ligado al primero. No sé qué se puede entender por deshumanización. La técnica es lo más característicamente humano. Las conquistas técnicas van desde el hacha de silex, pasando por la domesticación de las plantas y los animales, por la creación de un orden democrático y las instituciones que lo respaldan (cuidado que soy un crítico de la democracia, no un ingenuo) y llegando hasta una lavadora y la bomba atómica. No se puede caer ya en el discurso de las dos culturas. Esto es un error y tremendo para la educación. Estoy de acuerdo, por su puesto, con que la autoridad se gana, pero cuidado, no hay que olvidar que detrás puede haber intereses de los grupos de poder. Creo que la democracia debe basarse en la educación de la virtud que daría lugar a la ejemplaridad pública. Y esta ejemplaridad es la que da la autoridad. Y el ideal de la democracia es que fuese alcanzada por la mayoría. Por eso nuestro sistema educativo está tan errado y educa, precisamente, en lo contrario. Y no hay educación de la virtud sin autoridad. Toda crisis es una crisis de valores. Y los valores no cambian hasta que n cambia el paradigma. Esto es, hasta que no aparece una nueva visión del mundo, que por su puesto, nace de la crítica o discurso crítico, como el que se viene haciendo en este blog.

                                   04 de enero de 2010

 

Ese bachillerato fantasma es un bachillerato que da miedo. Ése es su otro aspecto fantasmal. Nos han querido hacer creer que tendríamos un bachillerato de tres años con ese famoso curso puente. Lo que tenemos es una auténtica basura de bachillerato. Antes ya, ahora, no os digo nada. Ahora lo que tenemos es el triunfo del vago, de la ley del mínimo esfuerzo. Ya ni curso que repetir, sólo las asignaturas que te queden, sean cuantas sean. Luego van de oyentes se examinan y si suspenden el examen te dicen que les da igual, que ya lo tiene aprobado. Es, simplemente grotesco y grosero. ¡Cuándo acabaremos con esta pedagogía pseudoprogre que convierte a los futuros ciudadanos en señoritos satisfechos, ineducados, vagos, respondones y que se creen el ombligo del mundo y con todos los derechos! Y los culpables somos todos. Pero los primeros fueros y son los políticos con sus falsas y peligrosas ideologías. Siempre he pensado que las ideas tienen consecuencias, frente a los materialistas históricos. Pero lo peor es cuando esas ideas son peligrosas.

 

30/12/2009

 

                        30 de diciembre de 2009

 

            Ya hemos hablado aquí de la educación e ilustración. Antes hacíamos una relación de estos temas a través del fanatismo. También hemos hablado de la actual educación como una corrupción del ideal ilustrado. Una perversión de la razón, como fue el nacionalismo y los estado totalitarios. Ahora quiero, en la línea del párrafo anterior contra el fanatismo, señalar que una solución o tarea que hay que emprender para intentar desenredar el desaguisado de la educación actual, pasa por la recuperación de la ilustración. Otra cosa es, como ya he señalado a veces, porque lo sospecho, que la ilustración sea imposible. En tal caso habrá que considerarla como una idea regulativa de nuestra acción práctica: ético-política.

 

            La ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Y ésta consiste en que el hombre es esclavo voluntario, delega su voluntad y su libertad en una autoridad exterior. La ilustración es la salida de este estado de dependencia. Obsérvese que se nos dice que el hombre es culpable de su propio estado de esclavitud, de minoría de edad. La causa es el miedo y la pereza, preferimos la esclavitud por miedo y por pereza. Somos gregarios y siguiendo al grupo nos sentimos a gusto. Incluso somos capaces de cometer las mayores atrocidades si nos vemos identificados con el grupo. En tal caso perdemos hasta la noción de responsabilidad. Esto es lo que ha ocurrido con el mal radical. Los que lo llevaron a cabo, los peones, digámoslo así, eran gente que decía que obedecía ordenes. Los ciudadanos normales, por miedo y pereza consentían. Así todos eran partícipes de exterminio y del etnocidio. A estos límites insospechados nos lleva la renuncia a la libertad por miedo y pereza. La libertad es el maximo bien que poseemos, pero rápidamente delegamos nuestro bien en manos de otro para eliminar semejante peso de encima. De ahí que seamos culpables de nuestra minoría de edad y de nuestra esclavitud. Ésta es la conclusión a la que llega Kant y lo que encontramos en La Boéte, Discurso sobre la servidumbre humana voluntaria. Ahora bien, nuestra renuncia a nuestra libertad nos pone en manos del poder. Y el poder siempre se monta sobre el miedo. El instrumento del poder es la superstición. Ésta es la base de toda ideología, pensamiento acrítico y supersticioso enmascarador de la realidad. El poder fomenta la superstición para aumentar el miedo natural del hombre a la soledad que procede de la libertad y la crítica, el uso libre y autónomo de la razón. Por medio de la superstición el poder puede actuar casi impunemente. La obediencia de los individuos, que no ciudadanos, es ciega. Y para ayudar a esta obediencia es preciso crear un clima de bienestar, de falsa felicidad. En nuestro tiempo esto nos viene dado por el consumo que ha producido un tipo de hombre peculiar: el egoísta consumista hedonista, que no tiene más norte y principio que sí mismo. Un hombre superficial que se agota en su propia piel y en sus propias posesiones que no son más que prótesis adicionales incapaces de crear un ser. El individuo se ha diluido en el tener, pero este tener es efímero y, por eso, continuamente debe ser alimentado. Así, tenemos dos fundamentos de la obediencia, el temor y la satisfacción ante lo dado, la conformidad. De ahí surge la pereza, la madre de todos los vicios, porque la virtud es fuerza, esfuerzo, ejercicio, en el sentido aristotélico. La virtud requiere de la valentía y ésta es un hacer autónomo e independiente que se enfrenta a lo comúnmente aceptado. Por ello, para salir del estado de autoculpable esclavitud necesitamos de la virtud. Pero, ¿se educa en la virtud en los planes de estudio?. De ninguna manera. Se sustituye la virtud por un pensamiento en valores políticamente correcto y, con ello, nuevamente gregario. Y el fundamento epistemológico de la educación está absolutamente alejado de la virtud. La virtud depende de la voluntad: querer o no querer, dominar nuestros deseos, etc. Pero la voluntad es algo inobservable. Y la pedagogía al uso está basada en la epistemología del neopositivismo para el que sólo de lo observable podemos hacer ciencia. Por eso la voluntad queda fuera del fundamento de la educación. No se educa la voluntad. Pero si no hay una educación de la voluntad, ni en la escuela, ni en la familia, lo que tendremos serán niños y futuros hombres caprichosos, sumidos en la tiranía de las pasiones. Y estas pasiones, como hemos visto, ya vienen alimentadas por el propio sistema: el consumo desenfrenado, compulsivo y autoidentitario. Por eso el sistema educativo no pretende formar personas, sujetos libres y autónomos, ni ciudadanos. Pretende domesticar por el miedo y la pereza. A la base hay un fanatismo, por su puesto, el de la ideología hegemónica cuyo contenido habría que analizar a parte, pero que tiene mucho que ver con el neoliberalismo, el individuo autista, la libertad identificada con el consumo, la idea del crecimiento ilimitado, etc. Si en la misma base epistemológica del sistema educativo no está la voluntad, lo que está es la motivación y la teoría constructivista. Dos errores epistemológicos colosales, pero en fin, estos progres pseudocientíficos, están anclados en un paradigma científico remoto. Y se creen modernos. El estimulo, sin contenido y sin esfuerzo es ciego y vacío. Necesitamos de los contenidos, de la memoria y del esfuerzo para aprender. No podemos construir todo el saber nosotros, es necesario la memoria. Pero sí es posible una presentación histórica del saber que nos identifique con la tarea heroica de la humanidad en pos del conocimiento y su autoliberación. Esto requiere del esfuerzo y la voluntad, pero nos llevara a amar y continuar en lo posible la obra más digna del espíritu humano: el conocimiento, la ciencia, la filosofía y el arte. En suma, fruto todo ello de la virtud humana. Consecuencia del esfuerzo del hombre por autotrascenderse en lo universal. El conocimiento es engendrar en lo universal desde nuestra particularidad contingente y limitada. Como ya decía Platón, el amor es engendrar en la belleza. Y entiéndase que el amor es búsqueda de lo que no se tiene y que va de lo particular a lo universal, de amar la belleza en un cuerpo bello a la belleza en sí pasando por toda la jerarquía, desde la naturaleza, la ciencia, el orden social, etc. El amor (una pasión positiva, Spinoza), por tanto, ya desde Platón y Aristóteles, es lo que anima al conocimiento. Ya sabemos que la razón no puede ir sin pasión. La razón fría es para los ordenadores. Mero mecanismo algorítmico. La razón humana está animada por la pasión del saber y la búsqueda de la libertad.

 

            La ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Y el instrumento para salir de ella es el uso de la razón. La razón es la facultad, animada por la pasión, que nos permite salir de nuestra minoría de edad, en la medida en que nos lleva al conocimiento y éste tumba a la superstición. Y sin superstición no hay miedo. El conocimiento es autoliberativo porque elimina el miedo de la superstición, que es el instrumento del poder para sojuzgar. Pero el conocimiento también desenmascara las apariencias y las ideologías. El conocimiento nos muestra al poder, su pasión por dominar y sus instrumentos. Pero el conocimiento como nos libera, nos deja aislados. Por eso el ejercicio de la razón, desde la pasión, es un ejercicio de libertad. Y la libertad nos lleva a la soledad. Pero en la soledad está la creación. Y esa creación es la creación del sí mismo.

 

            Los ilustrados pensaban que se llegaría a una humanidad ilustrada por medio de la educación universal. Y aquí está nuestro problema. Desde el punto de vista teórico la cosa ha quedad clara. La educación basada en los presupuestos que hemos expuesto antes llevaría a la humanidad a una época ilustrada. Pero el problema es que eso no ha sido así. A mi modo de ver hay dos problemas que, además, al interrelacionarse se hacen casi insolubles. El primero ya lo hemos señalado y tiene que ver con la propia condición humana. Esta condición es siempre, a mi modo de ver, de carácter, natural biológico. El hombre renuncia a la libertad. Hemos hablado de miedo y de pereza y es cierto. Estos son los sentimientos que aparecen en el hombre, porque la libertad es heroica en lo que tiene de solitaria. Pero existe un sustrato naturalbiológico. Y ésta es la madre del cordero. Somos animales tribales y gregarios. El hecho de ser tribales implica que nuestra estructura y organización social es jerárquica estableciéndose un orden según fortaleza y posibilidad de replicarse. Siempre habrá una élite con mayor posibilidad de procreación que los vasallos. Pero, a su vez, somos gregarios. No podemos prescindir de los demás y, además, nuestra identificación nos lleva a seguir el comportamiento normal del grupo. Las disidencias y discrepancias son duramente castigadas. La prehistoria y la historia de la humanidad están plagadas de ejemplos de ello. Ésta naturaleza impide el desarrollo de la libertad, si bien no absolutamente en la medida en la que el comportamiento humano es abierto y no cerrado. La cultura, si bien de origen natural, un modo de adaptación, como los dientes del tigre, inventa formas de organizarse que eliminan en cierto grado el tribalismo. Además, todo cambio social depende de la innovación, la cual no es posible sin la crítica a lo antiguo y la disidencia con la presentación de nuevas propuestas. Ahora bien, tenemos que entender aquí que la libertad no es aquí algo ontológico, es un fruto cultural. Es decir, para no salirnos del naturalismo nihilista, un mecanismo de adaptación natural que permite y amplifica la autorreplicación de nuestros genes. Prueba de ello es el hecho de que hemos llegado a 6.500 millones de habitantes. El otro factor que se une al anterior es el del poder. La educación está siempre en manos del poder para que éste se perpetúe. Por tanto, la educación, si viene dirigida por el poder, nunca será educación en la libertad, ni para la libertad, ni desde la libertad, sino para la opresión y el adoctrinamiento, así como para la sumisión, la obediencia y el pensamiento único. El poder es la cúspide de la jerarquía que quiere perpetuarse. Por eso, de ninguna de las maneras, va a perseguir la aparición de individuos críticos y disidentes. Necesita personal obediente y sumiso. Y, además, son explícitos, a tal extremo ha llegado el engaño. El objetivo fundamental de la educación y del plan Bolonia en particularidad es la adaptabilidad del futuro ciudadano a la sociedad cambiante en la que vivimos. Es decir, adaptación (léase sumisión desde la perspectiva éticopolitica) no crítica ni disidencia. El poder es siempre conservador, de lo que se trata es de mantener el status quo, que nada cambie. Y la educación en manos del poder es siempre reaccionaria, por muy de progre que se vista. De lo que se trata es de clonar, de domesticar, a lo que ayuda, y no poco, la propia condición humana.

 

            La educación, basada en la ilustración, debe partir de la libertad, para buscar la libertad. Pero, para ello, nunca debe estar en manos del poder. Pero siempre, y esto es una paradoja, para que el sistema funcione necesitamos individuos obedientes y sumisos. La libertad individual es una conquista que está en manos de muy pocos. Otro cantar es la libertad formal. Un derecho de las democracias formales. Pero esto es otra cosa que presupone, precisamente, el estado de derecho de las democracias. Forma de adaptación cultural exitosa donde las haya.

 

29/12/2009

 

                        29 de diciembre de 2009

 

La educación sin fanatismo es el lema de la ilustración. Atrévete a saber por ti mismo. Pero la ilustración está muy lejos de la educación de hoy en día. En lo único que coinciden es en lo de la universalidad, que no obligatoriedad. La educación es adoctrinamiento. Y el adoctrinamiento siempre es en algo. Hay que ser fanático, como bien se dice, para defender la educación universal y obligatoria que obedece a un estado, un gobierno y una ideología. La ilustración, creo, es un proyecto inacabado. Por eso la educación debe ser educar en la ilustración: la autonomía y la libertad. Y en este sentido es una lucha contra el fanatismo y el adoctrinamiento. La ilustración es la lucha contra la superstición y ésta última es la base epistemológica y psicológica del fanatismo. En el fanatismo está el germen de la creencia en la verdad absoluta. De ahí su ansia de extender sus ideas por todo el mundo, su afán mesiánico. Y esto de mesiánico me suena mucho a los ideales de la pseudoeducación actual.

 

 

 

                                   29 de diciembre de 2009

 

Estoicos y epicúreos.

 

            Desde luego que hay que volver a los griegos para no salir de ellos. Cada vez estoy más convencido que en el ámbito de la sabiduría, no así de la ciencia, aunque sí de sus bases, no nos es necesario casi salir de los griegos. Al menos en lo que se refiere a nuestra cultura occidental. Otro cantar es la sabiduría oriental y las sabidurías mistéricas. Pero eso es otra cosa, que además pienso que también tienen su punto de unión. Cuando a lo largo de la historia se han alcanzado altas cotas de sabiduría, como es el caso de Montiagne, La Boéte, Spinoza y otros, por referirme al ámbito ético, son buenísimas actualizaciones del pasado griego. El germen está en los griegos. Por su puesto que no sugiero aquí un reduccionismo. Hay una historia de la ética y del pensamiento político que está encuadrada en el devenir histórico de los acontecimientos y peripecias del hombre. Esto es innegable e ineludible. Pero en los orígenes se concentra lo que después se ha de desarrollar. Por eso hemos hablado ya aquí, en este conjunto de pensamientos contra el poder de un francotirador de las injusticias y las mentiras, del pensamiento de los sofistas y Sócrates, de Platón y Aristóteles. Y los hemos abordado desde su actualidad. Es decir desde las lecciones que nos pueden impartir. Lo mismo sucede, por citar dos de las escuelas helenísticas, con los estoicos y los epicúreos. Su pensamiento es siempre actual y su permanencia se hace más ostensible cuando atravesamos momentos de crisis.

 

            En primer lugar es interesante referirse al hecho de que a filosofía postarsitotélica es heredera de Sócrates. El pensamiento de Sócrates tuvo dos direcciones contrarias, pero que se encontraban en germen en el propio pensamiento de Sócrates. Por un lado tenemos la herencia de Platón. Éste filósofo dió la máxima importancia a la dimensión comunitaria del pensamiento de su maestro. Para él lo importante era la comunidad frente al individuo. Es curioso que la muerte de Sócrates la podemos interpretar como causada por la introducción de la eticidad o la libertad en el mundo griego. La libertad rompe la unidad indisoluble que había en el mundo griego entre ética y política hasta Sócrates. La virtud era sólo entendida como virtudes públicas o política. Sócrates introduce la individualidad, el mundo de la libertad y la autonomía. Pero Platón opta, para resolver el problema con los sofistas, y como réplica a la democracia, por el estado totalitario. El estado platónico es una gran familia que anula al individuo. El individuo es en tanto que pertenece al estado y su función y quehacer viene dirigido por éste. El individuo es educado por el estado en una única educación igual para todos. El pensamiento disidente y heterodoxo es eliminado de raíz. Sólo existe una única filosofía verdadera y sólo existe una única forma posible de vivir según la justicia, el estado platónico. El individuo feliz y virtuoso no puede concebirse fuera de este estado.

 

            Pero hubo una segunda línea que deja la sombra de Sócrates y que nos ha llegado como las escuelas helenísticas. Aquí nos encontramos con los cirenáicos, los cínicos, los estoicos, los epicúreos y los escépticos. Hay una nota común entre todas estas filosofías: la primacía del individuo frente a la comunidad. Lo que se persigue, tras la caída de la polis, es el ideal del sabio. Y el sabio se construye a sí mismo. La polis no le es necesaria. En algunos casos es un mal necesario. Se renuncia a la política como actividad perturbadora. Se defiende el ideal de la vuelta a la naturaleza en el sentido de recuperar la razón universal que lo gobierna todo. El sabio, dicen cínicos y estoicos, debe obedecer a la naturaleza. La razón de la naturaleza, su ley es universal y lo abarca todo. La  ley de los pueblos son particulares y convencionales. Seguirla no nos hace sabios sino estúpidos en tanto que contingentes. En la ley de la naturaleza, en tanto que nosotros somos naturaleza está la sabiduría. Ya hemos hablado aquí del ideal estoico del cosmopolitismo como un ideal ético. Lo que nos une es la naturaleza. Y nuestra naturaleza es la humanidad. Lo que tenemos en común pues es nuestra humanidad, por el contrario, lo que nos separa son las naciones, las culturas, los estados, etc. por eso el sabio sigue a la naturaleza, no a las costumbres particulares. Las costumbres son pasajeras y variables, carecen de importancia. Cuando les damos más de la que tienen caemos en disputas y violencia. Así, todas estas escuelas, desde los cirenáicos a los escépticos, defendieron al individuo y a la humanidad como naturaleza propia del hombre por encima de las diferencias culturales. Vieja sabiduría que será interesante recobrar hoy para una globalización de la justicia.

 

            Los estoicos descubrieron que la felicidad positiva es imposible. La felicidad consiste en la eliminación del dolor, la apatía. El origen de la felicidad está en el deseo. También es ésta una vieja doctrina que es necesario recuperar hoy en día para forjar una ética del deseo que reemplace al individuo ególatra consumista en el que nos hemos y nos han convertido. El deseo es el origen de la infelicidad. Los estoicos desenmascararon la dinámica del deseo, como lo hiciera el budismo oriental. El deseo es imposible de ser satisfecho. El deseo es dinamismo, movimiento, intranquilidad, nos saca de nuestro ser, nos hace en suma infelices. Una vez satisfecho renace con nuevos bríos. No se puede domesticar. No existe para los estoicos una felicidad positiva, lo único que nos queda es dominar el deseo y el miedo. No desear nada es la piedra angular de la felicidad en tanto que tranquilidad o serenidad de espíritu. Y esta ausencia de deseo tiene una doble cara, la eliminación del miedo y el temor. El temor es un deseo negativo. Tememos perder algo, a alguien o a nosotros mismos. La clave está en no desear y aceptar el devenir inexorable del curso de las cosas. Nada depende de nosotros. El orden racional del mundo está fuera de nuestra voluntad. Luchar contra la razón universal, responsable del orden último del universo es locura. Y la locura es la expresión máxima de la infelicidad. No tenemos nada por lo que sufrir, porque no debe existir el apego a nada. La dulce pasión del sabio estoico es la alegría de vivir, algo así como un carpe diem filosófico, vivir el momento con intensidad, pero sin apego. Y esta es la serenidad de los sabios estoicos. Cuando esto no es posible siempre nos queda esa ancha puerta que es la muerte. Si no se puede vivir con dignidad, mejor es morir con ella. El suicidio o la eutanasia es la solución final a la vida digna.

 

            Aunque se suelen presentar de modo distinto, e, incluso, contrarios, los epicúreos tienen semejanzas con los estoicos y los complementan. Estos sí hablan de una felicidad positiva. El origen de la vida feliz es el placer. No hay vida feliz sin placer. Donde hay placer no hay dolor. Lo que descubrieron los estoicos es un mecanismo, del que hoy se ha rastreado su huella neurofisiológica, por el cual donde hay dolor, no hay placer y donde hay placer no hay dolor. Y sólo en la vida placentera podemos encontrar la felicidad. Así que el objeto de la vida feliz es el placer. Ahora bien, este hedonismo no tiene nada que ver con el libertinaje. Ni con el hedonismo transmitido por la iglesia cristiana. Para el cristianismo el hedonismo, y los epicúreos como sus máximos representantes, son el demonio. Bien saben ellos que donde hay placer no hay temor y donde no hay temor no hay necesidad de los dioses ni obediencia ciega debida a la superstición. Por eso, el cristianismo, en su intento de domesticación del hombre, ha considerado que el placer es el peor de los males. De ahí que el hedonismo es uno de sus anatemas. Efectivamente que donde hay placer no hay miedo y donde existe o reside, hay ausencia de dioses y de creencias. Y donde no hay dioses no hay poder basado en la superstición. Pero lo que los epicúreos han defendido ha sido otra clase de placer distinto a lo que los cristianos entienden por hedonismo que, en última instancia, identifican con libertinaje y lujuria. Lo que piensan los epicúreos es que lo primero que hay que hacer es eliminar el miedo. Donde hay miedo no hay posibilidad de placer. Los miedos fundamentales son a la muerte, a los dioses y a la enfermedad. A la muerte no hay que temerla porque la muerte es ajena a la vida, cuando yo estoy la muerte no está cuado la muerte está yo ya no estoy. De los dioses no sé si son o no son, pero si son serían inmortales y perfectos; así que para nada se ocuparían del hombre. La enfermedad es un mal mientras que no la podamos sustituir por un placer. Pero los dolores o son leves y duraderos y sustituibles por placeres o cortos e intensos. Los largos e intensos llevan a la muerte o a la opción por el suicidio cuando nuestra vida, a nuestro juicio, carece de dignidad. Así la felicidad está en el placer. Pero los estoicos dicen que de los placeres los únicos legítimos son los naturales, es decir, los necesarios para la vida: comer, beber, procreación, vestido y vivienda. Pero todo esto con extrema moderación, es decir, desde la austeridad. El cálculo de los placeres es la prudencia. Satisface menos un gran banquete que esperar ayunando y comer un mendrugo de pan con un pedazo de queso, como decía el viejo Epicuro. A cada placer dinámico hay que calcular el dolor que pueden producir después. Esta doctrina de los placeres, más realista que la anulación de los deseos de los estoicos, es necesaria hoy en día para la creación de una nueva forma de vivir y concebir la existencia más allá del consumo ilimitado, que por los propios límites del planeta, está tocando a su fin. Y luego están los placeres estáticos, los de la contemplación: el estudio y la contemplación artística. Aquí no hay medida. Estos son placeres del espíritu. Es necesario recobrar esta sabia doctrina del placer espiritual para forjar, a través de la educación, a nuevos ciudadanos que sean capaces de llenar su vida desde lo que hoy se llama el ocio creativo. Nada más y nada menos que los placeres estáticos y eminentemente humanos, unidos a la prudencia y la amistad como fundamentos de la vida feliz, que defendían los estoicos. ¿Sabremos llegar a un ideal de ciudadano en este sentido, o nos veremos obligados a ello (a la austeridad obligada y no deseada) tras un colapso civilizatorio del que cada vez estamos más cerca?. He mantenido un debate con Jorge Riechmann en este sentido y él apuesta por lo primero, mientras que mi pesimismo y mi naturalismo ético me llevan a pensar más bien, por desgracia, en lo segundo. Pero aunque mi razón es pesimista, mi corazón es optimista y quiere, lucha y ansía lo primero: ser capaz de salir del atolladero, del callejón del gato, por nosotros mismos y, además, redivivos.

 

                        29 de diciembre de 2009

 

            El futuro de la humanidad y el mal radical.

 

            Dos de las últimas lecturas que he realizado versan sobre los dos temas que figuran en el título de esta entrada: El desajuste del mundo y Narrar el mal. Los dos me han parecido magníficos, sobre todo el de Maria Pía de Lara, Narrar el mal, sobre el mal radical. Pero lo que a mi se me ha ocurrido ha sido unir estos dos libros de alguna manera. La pregunta sobre el futuro de la humanidad, habida cuenta de los terribles problemas que padecemos, crisis terminal, de la que ya hemos hablado aquí antes, me hace pensar que en realidad estamos asistiendo a un mal radical de la historia, de alguna forma encubierto. Me explico. Cuando nos referimos al mal radical lo que queremos decir es la eliminación del hombre por el hombre, el exterminio de la víctima, pero este exterminio pasando por la anulación total de la víctima. Quitarle lo que es en tanto que persona, la deshumanización. Éste es el fin del genocidio y el etnocidio, la eliminación de todo rastro de la persona. Otra de las características del mal radical es que se hace desde la razón instrumental, de forma calculada. El avance científico y la racionalización de los estados absolutos han favorecido éste fenómeno, como es el nazismo y el stalinismo, de manera clara. De lo que se trata es de eliminar al distinto. En definitiva, creo que el mal radical es algo constante en la historia de la humanidad. El siglo XX lo que ha hecho ha sido amplificarlo. No  hay nada nuevo, solo más tecnologías y unos estados totalitarios perfectamente racionalizados en sus funciones. Unos estado totalitarios procedentes de la perversión de la ilustración y su optimismo racional. La historia del hombre es la historia de la barbarie y del exterminio del otro. Es más, el hombre no ha sido siempre persona. No se ha cometido un crimen contra la persona hasta que no hemos inventado la categoría de persona. Y eso es algo que tiene que ver con la ilustración. Y todavía estamos en pleno proceso de ilustración. Recordemos que los derechos civiles se consiguen en la década de los sesenta, que muchos países están aún en regímenes totalitarios, que los derechos humanos son papel mojado. Lo que ha ocurrido son dos cosas a mi modo de ver. En primer lugar, la posibilidad de hacer el mal ha aumentado, como decíamos antes, con el desarrollo tecnocientífico, por un lado, y, en segundo lugar, la globalización o mundialización, fenómeno que comienza en el renacimiento ha extendido este mal a nivel global. La segunda guerra mundial fue una guerra global, al menos en Europa. El mal se pudo extender por toda su geografía. Pero no hay nada particular en lo que se refiere al exterminio que durante toda la historia el hombre ha realizado sobre el hombre. Ya hemos hablado aquí del genocidio y etnocidio que los españoles del siglo XV y XVI realizaron en las indias. Es una peculiaridad humana, por su naturaleza tribal y depredadora, su autoexterminio. El hombre como miembro de su tribu considera al de la otra tribu, el otro, como el enemigo que pone en juego su supervivencia. La sociabilidad humana es con los cercanos, la familia, el clan y la tribu. Después llegaría el pueblo, la ciudad, el estado, la nación… el otro es el que no pertenece a ninguno de estos grupos. El otro es siempre el peligro y contra él nos dirigimos. Somos depredadores de los demás para sobrevivir en tanto que grupos cerrados. Lo que ha ido ocurriendo a lo largo de la historia, desde el neolítico, particularmente, es que los clanes se han trascendido formando estados y naciones. La guerra se ha hecho mayor, a gran escala y el exterminio es más numeroso. Pero nada nuevo se ha conseguido. Ya digo que el factor novedoso es meramente accidental. Aumento del estado y de los individuos, aumento de la racionalización organizativa de los estados y de la capacidad de exterminio cuantitativo. A la base está la misma cuestión moral, el considerar al otro como un no humano que es un peligro para mi supervivencia.

 

            Cuál es la situación en la que nos encontramos ahora. Pues la cosa se ha generalizado. Esto es el fruto de la globalización. Sostengo una tesis que es necesario probar más profundamente, pero que adelanto a modo de ensayo o esbozo. La situación de crisis global –ecosocial- en la que nos encontramos se puede entender desde la perspectiva del mal radical. Vamos a ver como puedo argumentar someramente esta tesis. Pienso que la organización del mundo es absolutamente racional. Pero su racionalidad pertenece a la racionalidad mecánica e instrumental, que criticaba la escuela de Frankfurt con respecto a la razón ilustrada. Esta racionalidad elimina al individuo, en tanto que lo trata como objeto. Y ésta es la base tanto de nuestra economía como de nuestra política. Por eso podemos decir que el mundo está organizado racionalmente, pero deshumanizado. También pienso que la razón y la humanidad no tienen por qué estar reñidas. Si admitimos esta tesis caeríamos en los irracionalismos románticos, que por su lado también nos conducen al mal radical, al exterminio del hombre y su deshumanización. La cosa es bastante grave. Resulta que vivimos en un mundo perfectamente organizado, pero esta organización es una locura, un atentado contra la humanidad. De ahí el título del viejo libro de Billy Brand, que me produjo un tremendo impacto, La locura organizada. Éste mundo es una auténtica locura, pero está perfectamente organizada. Es absolutamente racional.Y esto me lleva a mantener la tesis de que esta organización enloquecida del mundo es un mal radical en la medida en la que esta organización produce muerte y miseria y además, una clave de esta organización, es la cuantificación de este mal, la despersonalización de las víctimas, en meras estadísticas. Hemos asumido el mal, otra similitud con los pueblos que han ejercido éste en la historia, como algo necesario y normal. Algo que tiene que ser. La organización del mundo, basada en la ideología capitalista del crecimiento ilimitado y apoyada en la acción política que la ampara, produce la muerte masivo de gran parte de la humanidad, por no decir el hambre en la mitad de los hombres. Y esto no es una cuestión accidental, sino una consecuencia directa de cómo tenemos organizado el mundo. La organización política económica de occidente es la causa de esta situación mundial, que sumado a la crisis terminal que padecemos –efecto de esta organización-, nos lleva a una situación límite de la cual somos responsables. Nuestra organización económicosocial es la causa del mal radical del mundo. Es algo voluntario. Pero, además, hay que añadir la connivencia, como ocurrió en los estados totalitarios que practicaron el exterminio, de los ciudadanos como realidad sin la que el exterminio sería inviable. No podemos meter la cabeza debajo del ala, tenemos que saber que cada uno de los ciudadanos es responsable. Si no es así caeremos en lo de Eichmann (asesino del nacismo, juzgado en Jerusalén): yo obedecía ordenes. En definitiva nos refugiamos en el sistema totalitario; por tanto, participamos del exterminio. De aquí que Arend hablase en el caso del juicio de Eichmann de la “banalización del mal” en el sentido precisamente de la eliminación de la responsabilidad de aquel que lo produce porque simplemente se refugia en el sistema. Es necesario, para que se produzca un cambio, una revuelta civil, una desobediencia que produzca una revolución en la que cambiemos de paradigma económico y social sin la cual el exterminio masivo y consciente de gran parte de la humanidad será inevitable. Somos participes y responsables de la ejecución, probablemente, del mayor mal radical de la historia. No podemos actuar como Eichmann, de ahí que sea necesario la toma de conciencia global, igual que se ha globalizado la economía. Pero hay una apreciación pesimista que me hace dudar del éxito de tal misión. Somos animales gregarios y tribales y, como tales, sólo podemos sentir nuestro mal y nuestro bien, y hacemos todo lo posible por mantener el segundo a costa, incluso, de producir el máximo mal en el otro.

 

28/12/2009

 

28 de diciembre de 2009

 

La familia y la educación

 

            La sacrosanta familia. Ahora salen los obispos a defender a la familia cristiana apostólica, católica y romana. La familia es un engendro cultural de coacción. Un sistema de control alimentado por la superstición de la iglesia y basada en el poder de coacción de los sentimientos. Vamos a ver, el hombre es un animal cultural. Y es cultural en tanto que es animal. Su animalidad, su carácter estrictamente biolóico lo condiciona culturalmente. He defendido aquí y cada vez estoy más convencido de ello,un naturalismo radical, aunque emergentista, que nos lleva a la reducción de la cultura a la naturaleza. No a una reducción como identificación, esto sería eliminar el emergentismo, pero si una reducción explicativa. Sucede que el hombre es cultural porque éste es su instrumento para poder sobrevivir. Ha inventado diferentes formas de cultura que son las que le han garantizado su existencia. Estas formas culturales tienen una serie de universales como son el pensamiento mítico y el pensamiento religioso que se funda en éste. Ambos tienen su base en la propia estructura del cerebro. El hombre es un animal mítico y supersticioso por su propia naturaleza. De modo que venimos diciendo que la familia es una construcción cultural. Y es verdad una cosa, que la familia es una construcción cultural que garantiza la supervivencia. Ahora bien, existen múltiples formas de organizarse familiarmente. Ninguna de ella resuelve los problemas de la relación entre los hombres, porque en realidad es imposible resolver plenamente el problema de la sociabilidad humana, por aquello que ya sabemos del fuste torcido de la humanidad. El hombre es un animal social, pero no es absolutamente social. O su comportamiento social no viene plenamente determinado o cerrado genéticamente, se cierra por medio de la cultura. Ahora bien, en la condición natural del hombre a la par que la sociabilidad tenemos la insociabilidad. El hombre es un ser sociablemente insociable. Todo lo que constituye la cultura, ética, política, religión, etc. es un intento de resolver esta brecha que existe en nuestra propia naturaleza. Con ello queremos decir que nunca tendremos una forma de organización social perfecta y, con ello, tampoco tendremos una forma de organización familiar perfecta. Y en eso estamos. Ahora bien, lo peor es cuando una de las formas de organización de la familia, es decir, de las relaciones con parentesco de sangre, se erige en la única y la verdadera. Hasta aquí podríamos llegar. En nuestra civilización occidental ése papel le ha correspondido a la familia cristiana que tiene su origen en la judía y su religión. Pues precisamente ésta es la crítica que comencé al principio y que voy a seguir ahora una vez que he demostrado que la organización familiar, cualquiera que sea, es necesaria como mecanismo de adaptación.

 

            El origen de nuestra familia patriarcal se encuentra en el neolítico. Con éste llegó la vida sedentaria con motivo de la domesticación de animales y plantas: la agricultura y la ganadería. Ahora bien, esta situación produjo una división del trabajo. Las mujeres se dedicaron a las tareas del hogar complementadas con las agrícolas y a los hombres les correspondió las tareas de la defensa, la caza y la agricultura. Esta división del trabajo creó una división de fuerzas y, por ello, de privilegios. Los privilegiados eran los hombres que eran los fuertes y los que estaban al cuidado del poblado y de los vástagos. Esta situación de privilegio se convirtió en una situación de poder y dominio que vino justificada por los mitos y la religión. En nuestro caso, el análisis del génesis es muy claro. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y a la mujer la creo para el hombre. La mujer es, ontológicamente, un ser de segunda. Creado del hombre y para el hombre. Los dioses, repárese en esto, del neolítico entre los que se encuentra el dios judeocristiano, son dioses de la guerra y de la violencia. Dioses vengativos. Dioses creados para las necesidades del momento. Estos dioses son guerreros, dominadores, son varones. Las mujeres son seres de segunda, mediaciones. Están al servicio de estos dioses vengativos y crueles. De modo que los mitos y la religión vienen a justificar las relaciones de dominio. Ya sabemos que el hombre crea a los dioses a su imagen y semejanza y como justificación de su estatus quo. Hasta que no aparece el pensamiento crítico no aparecerá la posibilidad de crítica y, con ello, surge la libertad y la dignidad. Y desaparece la obediencia ciega al poder basado en el dominio del fuerte. Y este hecho es el que se introduce con el logos en Grecia.

 

            Pues bien, la estructura de la familia cristiana y occidental, en términos generales, hasta el siglo XX, está basada en esta división del trabajo y en las relaciones de poder y dominio que ello conlleva, amparados en el mito, la religión y la ideología política (teocracias) que lo sustentan. La situación de la familia en estas circunstancias es la del poder y abuso del hombre sobre la mujer y sobre los hijos. La mujer debe obediencia y sumisión al varón. Los hijos pertenecen al padre que es, realmente, el que tiene la patria potestad. La situación es la de un desequilibrio de poder. Es una relación de injusticia –falta de equidad- y de sumisión. Pero claro, esta relación injusta necesita de una ideología y una religión que la sustenten. Y ésta es la religión cristiana y la política que la ampara. El cristianismo ha creado los fundamentos teológicos que cimentan esta relación de poder, por un lado, y la ética basada en una situación de perversión de los sentimientos apoyados en el sentimiento de culpa y de deber y, en última instancia, en la resignación y el resentimiento. Y estos son los fundamentos que han hecho posible esta perversa relación de dominio del fuerte sobre el débil. El varón sobre la hembra y ambos sobre los hijos, siempre estando por encima el varón. El daño material y moral que esto ha producido durante siglos es inmenso. La mujer ha estado siempre sojuzgada, su comportamiento se debe reducir a la sumisión y la obediencia ciega. Los hijos deben obediencia eterna y agradecimiento. La falta contra los padres es inefable. Es un mal horrendo, porque es la falta contra los que te han dado la vida, en última instancia dios, claro, por tanto, la obediencia es eterna igual que el agradecimiento. Esto crea una situación de asimetría y de dominio en la que se establece un chantaje de los sentimientos y una educación que está dirigida, absolutamente, a anular la voluntad. La familia es un mecanismo de supervivencia que lo que hace es crear replicantes que se comporten en la vida adulta de la misma manera. El chantaje emocional es perverso. La desobediencia es la soledad. Lo que fomenta la familia es el gregarismo, eso es lo que surge de la obediencia y el respeto ciego, sin posibilidad de crítica, a los padres, frente a la libertad. La familia, como mecanismo de clonación cultural que debe garantizar la supervivencia de los vástagos, para que a su vez se autorrepliquen, tanto en el sentido biológico como cultural, lo que hace es extirpar la voluntad. Por eso el modelo de la familia cristiana del que procedemos lo que intenta es extirpar la voluntad por medio de la coacción de los sentimientos. Esto produce una perversión de los sentimientos que nos lleva al gregarismo. Y, de rebote, lo que se produce es un individuo borrego capaz de obedecer a cualquier poder de la sociedad. Porque es un individuo sumiso en el que se ha extirpado la libertad y la dignidad, fomentando el miedo y la resignación. Se ha creado un esclavo obediente de forma automática. Alguien incapaz de pensar y actuar por sí mismo.

 

            Vamos a ver, como ya hemos señalado, la familia es una estructura cultural necesaria para la supervivencia del hombre. Pero hay que terminar con el modelo tradicional en el sentido de que sea el único y el verdadero. Los hijos, por el hecho de ser hijos, no deben ni obediencia ni respeto ciego al padre. La relación entre padres e hijos, por otro lado, es asimétrica. No podemos caer aquí tampoco en la pedagogía progre de que el hijo es un amigo. Eso es imposible. El padre representa la autoridad y sanamente no hay amistad con la autoridad, hay obediencia sin cuestión durante un tiempo y cuando se llega a la madurez la posibilidad de crítica y el respeto mutuo, no sólo del hijo con respecto al padre, sino de ambos. Puesto que en el desarrollo ha ocurrido algo importante, el hijo ha alcanzado la mayoría de edad. Debe ser libre y autónomo. La educación de los padres con respecto a los hijos tiene dos pilares: el afecto de los primeros sobre los segundos y la autoridad. Tanto el afecto como la autoridad van del padre al hijo en el principio de la vida. Pero la autoridad debe ir dirigido a moldear la voluntad, no a extirparla. Por eso el afecto es importantísimo. El hijo tiene que ser feliz. Pero debe aprender que su felicidad también depende de la obediencia. Pero, poco a poco, la autoridad, con la adolescencia, debe ir transformándose en que el hijo debe alcanzar la autonomía; es decir, que la autoridad tiene que ir saliendo de él. Su comportamiento, hasta ahora, heterónomo tiene que hacerse autónomo. El padre debe guiarse por el afecto. Debe querer lo mejor para el hijo, y lo mejor es su libertad y su autonomía. Si no es así estamos confundiendo amor y afecto con posesión y obediencia ciega y entraremos en la dinámica del chantaje emocional. En la familia siempre habrá tensión, por lo que dijimos de nuestra doble naturaleza, o lo del fuste torcido de la humanidad. Pero hay que ilustrar la familia. Convertirla en un mecanismo, no de clonación autorreplicante, sino de singularidad, libertad y dignidad. Y hay que tener en cuenta que vivir en libertad es lo más difícil para el hombre. Y educar en la libertad es la forma más difícil de pedagogía.

 

 

 

16/12/2009

 

16 de diciembre de 2009

 

Comentario al artículo de Jacinto Choza. Catedrático de Antropología de la universidad de Sevilla.

 

Querido Jacinto,

 

Muchas gracias por tu rápida respuesta y por tu colaboración. Me ha parecido muy interesante y esclarecedora. Sobre todo para un ateo y laico como yo que siempre le ha preocupado la religión tanto porque fui creyente durante muchos años como porque sin ella no podemos entender ni la civilización occidental, en particular, ni al hombre, en general. Muy interesante, y creo que es el centro del argumento, la distinción entre la institución y el clero y los creyentes de base, así como la iglesia y su doctrina como acontecimiento histórico sometido al cambio. Creo que haces una reflexión que puede aportar luz a muchos creyentes que se encuentran sumidos en contradicciones y, por tanto, que están sufriendo. De todas formas creo que hay una tensión entre lo universal, por un lado (católico) y la autonomía de la conciencia que puede estallar en la anulación de la propia iglesia o autodisolución. No sé, pero tengo que pensar al respecto. Creo que la autonomía de la conciencia, que va ligada a la libertad kantiana, rompe el molde de la heteronomía moral. No soy capaz de asumir una convivencia de la heteronomía de la iglesia, por un lado, con la autonomía de la conciencia, por otro. Creo que esta convivencia la puede hacer estallar. Si nos quedamos sin lo universal en la iglesia, ¿no estamos cayendo en el posmodernismo, esto es, el relativismo, tan denostado por el Papa, y por mi mismo, como filósofo partidario del proyecto inacabado de la ilustración? Si aceptamos dentro de la iglesia una autonomía de base, nos quedamos sin los principios básicos de la teología, entre ellos, la subordinación de la razón a la fe. La autonomía de la conciencia, a mi modo de ver, así ocurrió con los griegos, y volvió a ocurrir en la ilustración, exige del libre uso de la razón. Pero la doctrina oficial de la iglesia, incluido el nuevo catecismo del 92, y la encíclica, fe y razón de Juan Pablo II, creo que avanzan poco en este tema respecto a Tomás de Aquino. Esto lo digo desde mi ignorancia, a pesar de haber leído ambos textos.

 

            Creo que la autonomía de conciencia de la que tú hablas, es una cuestión de hecho. Y está muy bien este análisis, pero creo que la iglesia nunca puede defenderlo explícitamente, aunque lo sepa, porque se autodisuelve. También es necesario saber, que la libertad de conciencia no nos puede llevar al relativismo hedonista del todo vale. Esto es el fundamento del egoísmo. A mi modo de ver, la iglesia tiene un gran mensaje ético que aportar. El de la fraternidad y justicia social. Es lo que Vattimo y Rorty en su diálogo sobre el cristianismo nos cuentan. Tenemos que heredar ese mensaje, secularizado, para el ateo, o fundado en la divinidad de Jesús, para el creyente. Y éste es el norte a seguir. Lo otro es de poca importancia, sólo apariencias, ritual. Se entroncaría, en lo que llama Gustavo Bueno, la fase terciaria de la religión, o la fase del mero ritual. Coincido con el Papa en la lucha contra el relativismo. Pero no coincido en que los males procedan de la ilustración, esto es de nuevo recuperar un mensaje oscurantista y un intento por terminar con las sociedades laicas y plurales. Esta actitud del Papa casa muy poco con lo que tu mantienes, a mi modo de ver. Creo que tu reflexión sirve de alivio para el creyente que se encuentra en la encrucijada. Que describe una situación de hecho, que encuadra a la institución de la iglesia en su dimensión histórica, como debe ser. Pero quizás esto sea anatema, no lo sé, frente a la doctrina oficial de la iglesia. Yo pienso que la iglesia, los curas y los creyentes deberían adoptar el lema de que fuera de los pobres no hay salvación. Lo demás es secundario, aunque a algunos le importe demasiado y les frustre su vida. Creo que es necesario una mejor enseñanza de la religión, de su dimensión histórica y de su base ética que tanto ha aportado a occidente.

 

Muchas gracias de nuevo por tu colaboración que ha sobrepasado con creces mis expectativas.

 

 

 

11/12/2009

            11 de diciembre de 2009

 

Democracia participativa versus democracia representativa.

 

            Hay aquí un problema planteado de hondo calado, aunque, quizás, la cuestión sea más de forma que de fondo. Desde los griego se ha considerado idiota al que no participaba en la cosa pública. Esto en el sentido en el que se dedicaba a sus propios intereses. Lo virtuoso era dedicarse a los asuntos públicos. Y esto era un principio básico de la democracia griega. Ahora bien, la democracia griega es una democracia directa y asamblearia, por lo tanto, se les exigía a los ciudadanos participar en la polis. Esto es ser virtuosos y no idiotas. Se ha idealizado la democracia participativa griega y esta idealización intenta llegar a los discursos de la democracia participativa que se reclama hoy en día, o, del republicanismo. Desde luego que la situación en Grecia y Atenas en particular no era tan idílica. Se podía mantener esa democracia por el poder absoluto de Atenas sobre las demás ciudades griegas. Tampoco era un gobierno del pueblo, que es lo que dice la palabra democracia y, por eso, se reclama hoy la democracia participativa. Eran una minoría los ciudadanos que necesitaban de los esclavos para poder dedicarse a la cosa pública. Y de los ciudadanos algunos, un porcentaje bajo, un doce por ciento, eran los que iban a la asamblea a tomar decisiones. En verdad que era una democracia más directa que las de ahora, pero no necesariamente más participativa. Y, además, ese estilo de la democracia directa, quizás sea inviable. Por eso acaban fracasando. Y también está en la idea de Pericles que deben ser los mejores, los excelentes, los que ocupen los cargos públicos. Las asmbleas, como ocurre inevitablemente, por la propia naturaleza humana, eran manejadas por algunos. Lo peor llega cuando estos dejan de ser los excelentes y toman el poder los demagogos. Entonces estamos a un paso de la tiranía.

 

            La cuestión hoy en día es que se reclama la democracia participativa y directa en nombre de la recuperación de la virtud política y en contra de la idiotez, la falta de participación del ciudadano. Pero la cosa no está tan clara. El discurso republicano moderno procede de Rousseau. Un pueblo que elige a sus representantes es un pueblo que renuncia a su libertad, dice el ginebrino. Para ser claros, considero que la democracia representativa es el mejor invento de gobierno que hemos construido y que, encima, garantiza la participación por medio del gran invento de las instituciones públicas. Otra cosa es que las democracias de hoy en día se hayan convertido en partitocracias oligárquicas que se transforman en totalitarismos y producen la apatía e idiotez del ciudadano, es decir, que el ciudadano declina voluntariamente su ciudadanía. Es lo que decía Hume, nada ama el hombre más que su libertad, pero en cuanto puede ejercerla la cede a otro. En fin, esto es la condición humana. Somos animales tribales y nos comportamos como tales. El invento de la democracia es una construcción cultural, con ánimo de sobrevivirnos a nosotros mismos, en la que limamos las diferencias ontológico-biológicas de las que partimos para poder vivir mejor. Es una adaptación evolutiva que parece preferible a otras formas tiránicas. Pero vamos por partes.

 

            La democracia asamblearia y directa es un mito porque nunca ha existido ni es posible. Es un invento. Está bien como idea regulativa para hacer del ciudadano un hombre comprometido con la polis y, de este modo, fomentar las virtudes públicas: generosidad, magnanimidad, solidaridad, justicia… pero, nada más y nada menos. La propia constitución de la psique humana y de la sociedad hace imposible una democracia directa. Siempre necesitamos intermediarios, además son deseables. El pueblo tiene que canalizar sus decisiones a través de unos representantes. La propia división del trabajo hace que esto sea necesario. Y el pueblo tiene que elegir a sus representantes de entre los mejores: la excelencia como virtud. Pero los representantes son los que en última instancia toman las decisiones y, aún más, dan cuerpo y forma a las opiniones del pueblo que, de por sí, son pasionales, interesadas, individuales, etc. La democracia representativa debe garantizar la pluralidad de ideas, y el respeto de las minorías. Es imposible el respeto a las minorías en una democracia asamblearia en las que se toman decisiones plebiscitarias. Además esta democracia no podría desarrollarse, estaría siempre autofundándose y autijustificándose. Para que se desarrolle la democracia es necesario la existencia de representantes y la existencia de instituciones que median entre los representantes, no todos elegidos, por ejemplo no es el caso del poder judicial, o de los distintos cuerpos de funcionarios que velan por el buen funcionamiento de las instituciones que representan. Los representantes y las instituciones son, precisamente, los garantes de la participación y de la pluralidad de ideas; así como el respeto a las minorías. La propia psique humana necesita de la delegación del poder que nos hemos otorgado al instaurar la democracia en otro que consideramos el mejor, excelente. En tanto que masa no tenemos voluntad. El pueblo carece de voluntad y de opiniones. Éstas vienen desde arriba mediatizadas por los representantes y las instituciones. El pueblo es pasión que se vierte en la aclamación. Para desarrollar, pues, la democracia, es necesario que las opiniones estén bien fundadas y tengan un cauce institucional para que se lleven a la práctica. Por eso la democracia representativa debe fomentar la participación de la ciudadanía. Sus acciones repercuten en los representantes. Además, en el germen de la democracia representativa, como en la oración fúnebre de Pericles, está la idea de que el gobierno es el de unos representantes, el de una élite, la de los mejores, los excelentes. Y, además, como garantizan las instituciones democráticas, el pueblo puede eliminar a sus representantes sin derramamiento de sangre, por medio de elecciones. Pueden protestar: manifestaciones y huelgas. En fin, que la democracia representativa garantiza la libertad, las opiniones bien fundadas y el pluralismo y, en el fondo, una meritocracia. Y, en definitiva, que la democracia participativa es un mito.

 

            Para mi la teoría es correcta. Pero hay que hacer dos matizaciones. En primer lugar, no hay que ser ingenuos y pensar, por el hecho de criticar a los partidarios de la democracia participativa, que vivimos en democracias representativas. No. Vivimos en partitocracias oligárquicas como hemos demostrado en otros lugares. Y, por supuesto, no es una élite excelente la que nos gobierna, sino una caterva de corruptos aliados a intereses económicos y que tienen como último fin el desgobierno de lo público. Y, precisamente, porque nos encontramos en esta circunstancia, se reclama la democracia participativa, pese al hecho de ser un mito. Las democracias no tienen más remedo que ser representativas, pero ello no quiere decir, que los representantes sean corrupto, que los partidos políticos sean antidemocráticos. Que los intereses de los partidos sean el poder y no la polis. Que el que llega a lo más alto no es el mejor, sino el que más poder ha obtenido, en fin, toda la retahíla de los males de la democracia actual. Lo que hay que tener en cuenta de los partidarios de la democracia participativa y el republicanismo es la regeneración de la democracia y el fomento de las virtudes públicas de los ciudadanos. Regenerar la democracia implica dos cosas fundamentales. Acabar con la partitocracia y la oligarquía. Y construir, vía educación,  un ciudadano más virtuoso desde el punto de vista de las virtudes públicas.

 

 

                                   11 de diciembre de 2009

 

            La paradoja de la libertad.

 

            Vuelvo a escribir sobre la libertad y sobre los totalitarismos. Y hoy quiero hacer una reflexión de cómo la propia libertad puede crear las condiciones, como así ha sido en dos momentos del siglo XX, de los totalitarismo. A esto lo podemos llamar la paradoja de la libertad en la medida en que son los propios requisitos de la libertad los que se convierten, digamos que por exceso, en totalitarismo. Es lo que en otros lugares he dado en llamar la perversión de la razón ilustrada.

 

            La libertad se conquista en su primer momento con los griegos. El surgimiento de la ciencia y la filosofía es el surgimiento del conocimiento de lo real por medio de la razón. El logos se enfrenta al mito y la superstición. Si podemos explicar la realidad por medio de la razón, si hemos llegado a la conclusión  de que todo lo que hay es un cosmos, entonces, estamos fuera de la influencia de poderes sobrenaturales. Y esto significa que hemos alcanzado cierta libertad. El reconocimiento de la necesidad que rige al cosmos, por lo cual es cosmos, nos da libertad frente a los supuestos dioses, porque nuestra voluntad ya no se rige por estos, sino por la propia naturaleza. Además, la creencia en las fuerzas de la naturaleza crean la superstición y ésta es un modo de oscurantismo, que tiene su forma de poder en el miedo, que sojuzga al hombre y le hace esclavo de sus temores. Por eso el conocimiento tiene que ver con la libertad. El segundo plano del desarrollo del logos es, precisamente, la democracia, que consiste en establecer las leyes que rigen la ciudad a partir del pueblo. Esto significa que la legitimidad del poder reside en el pueblo y no en la voluntad arbitraria de los dioses. De ahí que la conquista de la democracia griega fuera la isonomía e isegoria, y en esto consistía la libertad. Y una virtud aparejada a la aparición de lo que podemos llamar la tradición crítica y racional es la de la tolerancia. Lo que se inaugura con el logos es la capacidad de discusión racional. Pero esto implica el respeto al otro. Nadie tiene la razón, todos tienen razones y, por ello, todos pueden entrar en el diálogo. Y éste es el fundamento del conocimiento y de la democracia. Pero, como tantas veces ocurre en la historia, esto no tuvo un buen final. La aparición del cristianismo como religión oficial del imperio romano acabó con la pluralidad religiosa y con el pensamiento crítico. Habría que esperar al renacimiento, el paso por la revolución científica del XVII, para culminar en la ilustración, para volver a recuperar la libertad. El resurgimiento del conocimiento científico podía explicar las leyes que gobiernan la naturaleza y, además, aparece, aparejado al desarrollo científico el tecnológico. El saber científico ya no es sólo conocer la naturaleza, sino saber para dominar. El conocimiento se convierte verdaderamente en una forma de emancipación. Y la ilustración considera que esa emancipación va dirigida contra la superstición, fundamentalmente la de la iglesia. La libertad es frente a la esclavitud del poder de la iglesia a partir de la superstición que ha esclavizado al hombre por el miedo y la ignorancia. Se reclama el saber como forma de libertad y autonomía. Atrévete a saber, es el lema de la ilustración según Kant. Y la ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Ahora bien, en el propio hecho de reclamar la libertad se encuentra en germen el totalitarismo por varias razones.

 

            En primer lugar se establece un absolutismo de la razón. La razón sustituye entonces a la religión. Y aquí es donde nacen las perversiones de la razón ilustrada, que pierde sus límites y se convierte en absoluta. Hay varias perversiones de esta razón que generan, en la política, totalitarismos perversos. Tenemos los nacionalismos. La revolución inspirada en el marxismo, y el desarrollo tecnocientífico. Como hemos visto la libertad surge como crítica del poder absoluto de la iglesia que se basa en la superstición y el miedo. El resultado de ello es la eliminación de todo poder. Esto último nos llevará al relativismo que, a mi modo de ver es la última perversión de la ilustración o razón ilustrada desenfrenada. Pero antes quiero analizar otras formas previas de perversión. La critica a la iglesia como forma absoluta de poder genera un vacío que va a ser llenado por los discursos basados en una secularización del mensaje mesiánico del cristianismo. Y estos discursos se centran en dos: el de los nacionalismos y el de los totalitarismos comunistas. Ambas perversiones ideológicas han sembrado la historia de cadáveres y han elevado la razón al absoluto, convirtiéndola en un mito. Ambos discurso, como ya he apuntado tienen a la base una secularización del mensaje escatológico de la religión. Nos quedamos sin religión, pero nos quedamos con la estructura formal, que es el discurso mesiánico y escatológico. Tanto los nacionalismos como los fascismos nos prometen el cielo en la tierra. Son teorías de la emancipación total de la humanidad siguiendo una lógica racional. Para el nacionalista, el concepto de pueblo y cultura que dan lugar a la aparición de un hombre superior. Y para el marxismo el desarrollo dialéctico de las fuerzas de producción que darán al traste con la propiedad privada y la lucha de clases llegándose al establecimiento de una sociedad comunista. Ambas ideologías, porque no son ciencia, porque ésta es siempre provisional o conjetural, se han convertido en el siglo XX en programas políticos que han eliminado la libertad en pos de un supuesto bien común que conllevaría la felicidad y la emancipación de la humanidad de toda forma de esclavitud y de opresión. He aquí la paradoja de la libertad. La misma libertad crece como enemiga de la libertad. Por eso considero que la razón en la ilustración tiene que nacer limitada. Ése es el sentido del racionalismo crítico. La razón no lo puede explicar todo, la ciencia es conjetura, no verdad absoluta. Además la ciencia está sujeta a intereses, valores y tiene su carga ideológica. Es necesario analizarla para no caer en el totalitarismo científico-industrial. En última instancia no podemos fundamentar la eficacia de la razón. Lo que podemos decir es que confiamos en que es un instrumento que sirve para entender el mundo en el que vivimos y para entendernos a nosotros mismos. Desde un discurso naturalista podemos decir que la razón es un buen mecanismo adaptativo porque nos permite sobrevivir. Ahora bien, si la razón puede producir el exterminio del hombre, será un instrumento fallido de la evolución. Y, ojo, que esto podría ocurrir. No otra es la situación en la crisis ecosocial en la que nos encontramos. Y ésta es la perversión de la ciencia como discurso omniabarcativo y excluyente. La herencia del cientificismo. La ciencia nos promete un mundo mejor, una emancipación por medio del avance tecnológico que al final acabará con los sufrimientos del hombre. Otro discurso mesiánico que justifica la ciencia como un discurso, apoyado en la idea de razón absoluta, que está por encima de la ética y la política. Este discurso es otra forma de totalitarismo y de instrumentalización del hombre.

 

            Y, para terminar, quiero analizar brevemente, la perversión, que para mi significa el relativismo. Creo que el relativismo, como los otros discursos totalitarios, nace del vacío de poder que deja la crítica, en nombre de la libertad, que se hace al poder omnimodo de la iglesia. Lo que ocurre en este caso es que el individuo se establece como el absoluto, esto es, aquel que legitima, por sí mismo, su opinión. No se puede ir más allá del individuo. El individuo es el principio y el fin de su racionalidad y de su autoridad. No es posible ningún referente. Entonces lo que ha sucedido es que hemos caído en un escepticismo sobre la verdad, el bien y la justicia. Cada cual, a título individual, se erige en el juez último, amparándose en su razón, sobre la verdad, el bien y la justicia. Y esto trasciende a las culturas y las etnias. Cada una de ellas, desde sí mismas, se establecen como la garantía última de la verdad y la moralidad. Pero si esto es así, el resultado para la libertad es nefasto. En definitiva, el relativismo elimina la libertad y nos lleva a otra forma de totalitarismo en el que todo vale. Si el fundamento último de legitimidad es el individuo y la etnia, entones, ya no cabe ni la crítica ni la discusión racional. Se acabó la tolerancia, el respeto y la libertad. Y ésta es la situación a la que hemos llegado en los últimos tiempos. El peligro es inmenso porque cuando todo es verdad, todo se puede defender. Las opiniones son objeto, entonces, del poder. Es el poder, político, económico y mediático el que establece la verdad. Verdad es lo que se puede hacer. Y lo que se puede hacer es lo que el más fuerte puede hacer. Y en esta forma de totalitarismo es en la que vivimos. Y esto es lo que llamamos el nuevo orden globalizado, una forma de totalitarismo y opresión que crea día a día miseria y muerte. Y esto es lo que sucede cuando la razón se pervierte. La razón ilustrada no es absoluta, no reside en unas supuestas leyes necesarias de la historia, ni en el pueblo, ni en el individuo, ni en la cultura; sino en el diálogo, el acuerdo y el consenso. La razón es limitada porque para empezar no se puede ni fundamentar, confiamos en ella como instrumento, y ya está. Pero la razón debe ir acompañada de la pasión, como diría Hume. El hombre se reduce a pasiones, la razón es una. La pasión que anima a la razón es la de conocer y la de la búsqueda del bien y la justicia, pero desde los límites del propio conocimiento científico, moral y político. Éste es el proyecto inacabado de la razón y lo que hay que recuperar. La razón es dialógica, como sabían los griegos y como ha recuperado Habermas y su seguidora española, Adela Cortina. La razón es comunicativa, cordial y afectiva. En definitiva, la razón que rige a la humanidad es una razón ética que está preñada de esperanzas pero que reconoce sus límites. Y la historia es la prueba irrefutable de la ignorancia de estos límites.

 

10/12/2009

 

                        10 de diciembre de 2009

 

            Crisis económica. Aproximación un modelo económico y social alternativo.

 

            La crisis económica que padecemos desde 2007 es una de las más profundas del capitalismo. En realidad es la más profunda porque en la crisis del 29 se pudo refundar el capitalismo desde la economía keynesiana de la que tenemos mucho que aprender y en éste y otros escritos hablaremos de ello. Lo que sucede y tiene de particular esta crisis es lo siguiente. En primer lugar, no es sólo una crisis de la economía real o productiva, sino de la economía financiera. Una creación esperpéntica del capitalismo salvaje de los últimos cuarenta años, del llamado neoliberalismo. En realidad, siguiendo a Naredo, no es un neoliberalismo ni un neoclasicismo, porque esto significaría aceptar las tesis del liberalismo. Y esto es algo que tiene que ver con la moral. Es un capitalismo sin bridas ni correcciones, fruto de la ambición del hombre y de sus vicios más corruptos, además de un error teórico, que también analizaremos aquí. De modo que la crisis no es sólo de la economía real, sino de la financiera, de la especulación sobre el propio dinero. A ello hay que sumarle también, que lo que entra en crisis es el modelo de la economía clásica que no tiene en cuenta para nada la ecología y las leyes básicas de la física. Por eso, el modelo de esta economía capitalista es el del crecimiento ilimitado. Una auténtica barbaridad desde el punto de vista de las leyes de la física y la ecología. Por otro lado, también hay que sumarle a este asunto la crisis medioambiental en la que nos encontramos, teniendo como problema de fondo el cambio climático. Y, por último, nos encontramos con otro problema que no tenía la crisis del 29, el de la superpoblación. En definitiva, lo que sucede es que además de tener sus semejanzas y sus diferencias, y en el sentido de las semejanzas la economía keynesiana nos puede ayudar, pues lo que ocurre es que la crisis económica es global. Es una crisis sistémica que es necesario abordar desde múltiples disciplinas. En definitiva, lo que se requiere es el cambio en el sistema de producción y en el sistema político e ideológico que lo sustenta. También he puesto el calificativo de crisis Terminal en el sentido de que estamos asistiendo al final de una forma de producción que viene marcada por la imposibilidad física del crecimiento ilimitado que conllevaría un colapso civilizatorio a nivel global. Como sostiene Desmond, muchas de las crisis civilizatorias se pueden entender desde la perspectiva ecológica. No se tomaron las medidas ecológicas oportunas y a tiempo y ello acarreó el empobrecimiento y el fin de las civilizaciones, son muchos los ejemplos de ellos y la obra monumental de este autor, Colapso, da buena cuenta de ello. Lo que sucede es que nuestra civilización es global y, por tanto, el colapso, por primera vez, se plantea de forma global. A no ser que haya una conspiración del poder político y económico en el que se plantee la subsistencias de unos 1500 millones de personas con crecimiento cero. Ésta es una idea de política ficción que se insinúa en la obra de Susan George, El informe Lugano. No tenemos pruebas ni a favor ni en contra de ello, pero lo que sí es cierto, como he sugerido en ocasiones, es que si damos el brazo a torcer a las teorías conspirativas de la historia, nos quedamos sin la racionalidad. Y sin ésta, nos quedamos sin la posibilidad de actuar y, en última instancia, estamos renunciando a la libertad.

 

            De modo, pues, que tenemos claro que nuestra crisis es Terminal, única, aunque semejante en ciertos aspectos a otras crisis cíclicas del capitalismo, pero global y con unas notas ideosincrásicas que la hacen global y más grave. Una crisis frente a la que no sólo sirven las medidas económicas de rectificación, sino que se exige el cambio del propio sistema de producción, esto no implica el final del capitalismo, y el del sistema político. Esto último conlleva la refundación de la democracia en un sentido republicano. Y, por último, una nueva ética, que sustituya a los valores imperantes de la competitividad, el egoísmo e individualismo consumista, la fama, la juventud eterna y el éxito fácil, que ha conllevado el desarrollo del capitalismo salvaje que ha caído en crisis. Pero antes de proponer una aproximación de modelos económicos y sociales alternativos, quiero aproximarme un poco a los factores sociales, filosóficos y económico-políticos que han desencadenado la crisis. Después analizaré las raíces históricas de la economía clásica, siguiendo a José M. Naredo. Y luego terminaré con una serie de propuestas.

 

            Tras la crisis del 29 que acaba desencadenando la segunda guerra mundial, (las crisis económicas tienden a solucionarse por medio de lo que se llama la economía de guerra. Ésta ha sido la situación de los EEUUU en los últimos años,) sale la nueva economía basada en las propuestas de Keynes. Éste sugiere una regulación del estado en los procesos económicos, sin caer en la socialización de los medios de producción, ni en una regulación absoluta del mercado laboral, pero quiere tener las manos de los empresarios atadas por medio de la regulación del mercado. El mercado no es libre. Lo que se pretende es el pleno empleo, con un crecimiento lento y progresivo, pero que garantice el estado de bienestar y un déficit público moderado. Pero tras treinta años de crecimiento y de consolidación del estado de bienestar se produce la crisis del petróleo que, a su vez, trae consigo, el cambio del patrón oro. Esto significa que la moneda de referencia mundial, el dólar, que era el acuerdo al que se había legado en Bretron Wod, deja de estar respaldada por el oro de la reserva federal. El cambio es al petróleo. Ello conlleva también que la moneda más fuerte entra a formar parte del intercambio y la dinámica monetaria internacional. La respuesta a la crisis es el pensamiento neoliberal. Se dice que el problema es el estado. Antes el estado era la solución, ahora se considera que es el problema. De ahí resurge el neoclasicismo y el neoliberalismo que tiene sus bases filosóficas en Hayeck y su base económica en Friedman y en el consenso de Washington. Hayeck considera que el máximo valor es la libertad. Y la máxima expresión de libertad es la de la propiedad privada. Son herederos esta escuela del pensamiento de la teoría de la propiedad de Locke que comentaremos después. El estado no debe inmiscuirse en la libertad individual, por tanto, el estado debe desregular, de tal forma que el estado se reduzca a la mínima expresión. Lo único que se demanda del estado es la política de seguridad. Estas tesis también se alimentarían de la teoría del estado (anarquismo liberal) de Nozick. En definitiva, el estado debe ser reducido a su mínima expresión, como se solía decir, que quepa en una bañera. Por su lado, los economistas lo que plantean es que la salida de la crisis debe venir dada por la liberalización absoluta del mercado en sus múltiples dimensiones. Se recupera la teoría clásica de la mano invisible que considera que el mercado tiene la posibilidad de la autorregulación. Así surge un credo y un catecismo neoliberal (véase Stiglizt) que se ha aplicado a los países en desarrollo por parte del FMI y del BM y que ha llevado a múltiples países a la quiebra. Esta situación comienza en los setenta y alcanza su máximo apogeo con la caída del muro de Berlín. Esto significó la muerte de la alternativa del socialismo real –en definitiva no era más que el capitalismo de estado- al capitalismo tras lo cual se instaura el famoso pensamiento único y la teoría del fin de la historia y de las ideologías. Sólo existe una forma política y económica de organizarnos que es la sociedad democrática neoliberal. Y una única forma de pensar, el neoliberalismo. No hay sistema político alternativo, ni ideología que pueda reemplazar al sistema político hegemónico. Pero el sistema político hegemónico, instaurado como pensamiento único, es una justificación y apalancamiento del poder económico; es decir, la catapulta del poder económico, aquello que mantiene las manos libres de los grandes empresarios y ricos. Una de las ideas rectoras de ésta economía neoliberal es la del crecimiento ilimitado. Además de ser una idea es una necesidad. El sistema necesita del crecimiento para aumentar su propia voracidad, el ansia de acumular riqueza. Porque hay que tener en cuenta que lo que realmente crece no es la economía de un país, esto ocurre de rebote. El crecimiento es el de las grandes empresas y es el que aumenta el PIB de un país. Otra medida universal donde las haya, que elimina la política y la ética; en definitiva, el bienestar y la felicidad. Pero, como sabemos, el crecimiento económico, según mantienen los neoliberales, es una cuestión matemática y numérica, neutral, exenta de las valoraciones políticas y éticas. En definitiva, la economía neoclásica se ha convertido en la nueva teología y sus defensores en los nuevos redentores. Pero para alimentar el crecimiento ilimitad es necesario del consumo innecesario y superfluo. El sistema económico parapetado en el político crea las necesidades de consumo transformando los valores sociales. Aparece el individuo consumidor compulsivo que se olvida absolutamente de la existencia de los otros y, sobre todo, de la existencia de la injusticia y el mal. Vive en una burbuja de pseudofelicidad, porque se basa en los deseos insatisfechos. El consumo le hace caer en la dinámica del deseo que es una espiral que no tiene fin. Pero sin consumidores no hay crecimiento. Estos son la base. Así, la economía neoliberal se asienta sobre el pensamiento único que nos viene a decir que la única forma de organizarnos es la que tenemos y que la única vida posible es la que tenemos. De esta manera el ciudadano está teledirigido y se convierte en un siervo-señor, que diría Quesada, La era del siervo señor. Esto significa que la ciudadanía deja de ser tal y se convierte en esclava. El desarrollo del neoliberalismo llega a su paroxismo con la economía financiera. Y ésta es realmente la idea de la globalización. La única globalización ha sido la del mercado financiero y la de las multinacionales. Pero el crecimiento financiero es un crecimiento que no tiene una base real en la economía productiva. Es una especulación sobre los valores del mercado. De ahí que la economía financiera no sea una economía real, sino virtual. Pero que sí tiene consecuencias en la economía real cuando se produce una crisis financiera como ha ocurrido a partir del 2007.  Y ello tiene lugar con las hipotecas subprime que animan al consumo (en este caso la adquisición de viviendas) a las rentas que no pueden pagar esas hipotecas y después, para repartir los riesgos, se titularizan esas hipotecas y se pueden comprar. Claro, esto es introducir un veneno en los bancos porque estos no tienen pasivos para responder a la demanda. A partir del 2007 se empieza a sospechar esto y en 2008 entramos en plena crisis. El resto es bien conocido. Aunque sí quiero hacer una matización. En los momentos de crisis –y en realidad hemos estado al borde del colapso económico mundial si no se interviene públicamente a tiempo, y esto por la avaricia de unos cuantos ricos que poseen entre unos pocos los bienes de casi todo el planeta- los neoliberales ya no lo son tanto. Es aquello tan famoso de “privatización de las ganancias y socializacion de las pérdidas”. La solución al problema creado por la libertad absoluta del mercado viene dada por el estado que socializa las pérdidas. Ahora bien, las ganancias se reparten entre unos pocos. El neoliberalismo no contempla ningún estado de bienestar. Considera, gran error del que tenemos evidencias históricas, que el mercado produce justicia y equilibrio social por sí sólo. Como sabemos, y no es ningún mantra, es todo lo contrario.

 

            Pasamos ahora a las raíces histórico-filosóficas de la economía clásica. En un principio la economía no estaba desvinculada ni de la moral ni de la política, ni de la naturaleza. Es a partir del siglo XVII y XVIII cuando esto se produce y se consolida en el XIX con los desarrollos teóricos de la economía. En principio la economía estaba dentro de los fisiócratas y estos consideraban que las relaciones económicas formaban un todo con la naturaleza. Qué es lo que sucede. Pues que aparecerá el sistema productivo que lo que hace es desvincular a la actividad económica de la naturaleza. Y ahí es donde apareen por primera vez las ideas de crecimiento ilimitado y de progreso, alimentadas por la idea ingenua y secularizada de progreso de la ilustración. Se empieza a considerar que el sistema productivo es autónomo y tiene sus propias reglas, con lo cual se desvincula del sistema político. Y esto tiene lugar con la revolución francesa y americana, sobre todo la primera. De lo que se trata es de desbancar al antiguo régimen, es decir, sus privilegios, que son, económicos y a raíz de ahí político-sociales. Por eso se dice que la revolución francesa fue una revolución burguesa y por eso no se pudo llegar a un triunfo definitivo. De lo que se trataba era de un cambio en los privilegios que ahora pasarían a la burguesía. Es decir, que el sistema burgués, su ideología, que veremos en parte, lo que hace es justificar su posición de privilegio. Y esto conlleva la separación del sistema de producción, del sistema político, en el sentido de que éste último no interviene pero si garantiza el estatus quo del primero. De la burguesía emerge la ideología que justifica su situación de poder y de privilegio. Pero lo que podemos sacar en conclusión de aquí es que al separarse ambos sistemas se desnaturaliza la economía descontextualizándola de su origen dentro de las relaciones naturales –algo que habrá que recuperar en la nueva economía- y se separa del sistema del poder político proclamando su independencia. Ello implica de pasada la ausencia de la ética en la economía. Y, precisamente, junto con la desnaturalización, éste es uno de los grandes problemas de la economía, se ha pretendido formar una ciencia que elimina al hombre, que es el sujeto (las acciones económicas, decisiones, expectativas, predicciones) que la hace. Hay que recuperar la economía como ciencia humana y social, que tiene como centro al hombre, y no como ciencia natural. Esto ha ocurrido porque la economía ha intentado imitar, en su intención de garantizar su cientificidad, la metodología de las ciencias naturales. Pero esto es un error que nos ha llevado a la deshumanización de la economía, teniendo en cuenta que lo humano es su raíz, y a la separación de la acción política. Es más, el sistema político se ve supeditado al económico y, de rebote, el ciudadano-esclavo se ve dirigido por los intereses particulares de ambos.

 

            Otro punto importante a tratar sobre las raíces del sistema económico actual es el del origen del concepto de propiedad. Éste lo encontramos en Locke que es el padre del liberalismo económico y político. La propiedad es para este autor un derecho natural. Todos los bienes pertenecen a todos, pero si yo me apropio dentro de la libertad natural de un bien, ya pertenece a mi propiedad. Ahora bien, hasta aquí podríamos estar de acuerdo. Pero el problema es cuando Locke afirma que la hierba que come su cabalo y las frutas que recolecta su sirviente son de su propiedad. Ahora si que nos encontramos con una paradoja y con un intento de justificar la propiedad privada, no basada en la naturaleza, sino en los privilegios sociales admitidos. Y esto es la base filosófica de la propiedad y el fundamento de la justificación de la misma y su progresiva acumulación en detrimento de los otros. Es una aporía, porque el mismo Locke defiende la igualdad. Ahora bien, si lo que recolecta mi sirviente cogiéndolo libremente de la naturaleza me pertenece, es que entonces mi sirviente no es libre. En realidad lo que está justificando Locke es la riqueza adquirida por privilegios, no la propiedad privada como algo natural. Y, de paso, se justifica la propiedad sobre los hombres y se fundamenta el sistema de producción capitalista. El obrero intercambia su mercancía, el trabajo realizado, por un salario para poder comer. No es propietario de lo que produce. Esto lo vieron claro Marx y los anarquistas. Si queremos igualdad hay que abolir la propiedad privada. Por eso Marx ataca al concepto de propiedad de Locke y prefiere a Rousseau. Pero el problema del marxismo es que no escapa al paradigma, a pesar de la crítica a la propiedad, de la economía como sistema de producción separado de la naturaleza. Habrá que esperar al final del siglo XX para que algunos teóricos del marxismo, como Manuel Sacristán, introduzcan el problema ecológico dentro de los parámetros del marxismo. Pero esto requiere un cambio de fondo en toda la concepción económica del marxismo que en su fundamento interno es la misma que la del capitalismo. Por eso la apuesta sería por el ecosocialismo, o una economía ecointegradora que dice Naredo o de la autocontención, en su versión más ética, que dice Riechmann.

 

            Otra idea que está a la base de la economía clásica es la relación de explotación del fuerte por el débil. Es el modelo parásito huésped. Una herencia de una lectura interesada del darwinismo. La economía capitalista neoliberal se ha entendido como competencia. Lo que garantiza el crecimiento, que es la idea rectora, como venimos diciendo, es la competencia. Ahora bien, esto ha llevado al schock a la economía capitalista porque no ha tenido en cuenta los principios físicos y biológicos de limitación. Si el parásito acaba con el huésped, se acabó tanto uno como otro. Hay que introducir el concepto de cooperación, de simbiosis, en el sentido en el que explica la evolución Margulis, en las relaciones económicas. Y aquí también es necesario introducir una de las ideas más importante. El límite del crecimiento es el límite marcado por la entropía. Al desnaturalizar a la economía, hemos olvidado un principio que lo rige todo y es el de entropía. Hemos considerado que los sistemas económicos funcionan independientemente de la naturaleza y hemos matematizado su dinámica sin el límite que al crecimiento pone la propia naturaleza, por ser limitada  y por estar regida ella misma y la economía por el principio de entropía. Y ésta es la gran novedad, que rompe con el paradigma clásico y que aún no se enseña en las facultades, salvo tímidamente con el asunto de las externalidades, que introduce Rogen –Reugescu en su obra Entropía y economía. Un cambio paradigmático en la economía requiere la introducción del principio entrópico lo cual supone la vuelta a la naturalización de la economía y la aceptación de que el crecimiento ilimitado es una utopía. Una utopía que se nos está convirtiendo delante de nuestras narices, en una utopía negativa que puede terminar con todas las conquistas ético políticas de la humanidad.

 

            Con el concepto de simbiosis y cooperación y con el de la entropía hemos puesto las bases de lo que debería ser una nueva economía que no esté separada de la naturaleza. Se requeriría también una acción directa, siguiendo a Naredo, para dar el paso a una economía sostenible o del decrecimiento en el que el lema sería “mejor con menos”, sobre la propiedad, el trabajo y el dinero. Habría que replantearse el sentido de la propiedad refutando a Locke y haciendo posible un reparto más equitativo de las grandes riquezas, cosas como la tasa tobin y demás…Lo mismo podemos decir del trabajo. Es necesario, urgentemente, en una sociedad de la autocontención, reducir el trabajo. No se trata de producir mucho, éste es un camino inviable. Se trata de que todos puedan trabajar mínimamente para vivir de forma feliz y satisfecha. Y en cuanto al dinero es necesario un sistema financiero internacional regulado por los estados. Pero, como se puede percibir, para la reforma en estos tres aspectos es necesario voluntad política y para que haya de esto es necesario un cambio político.

 

            La democracia, como la entendemos y la vivimos hoy en día, es insuficiente. Es una plutocracia de partidos en la que los ciudadanos son teledirigidos. Es necesario una reforma radical de éste sistema político que está justificando el sistema económico de explotación y que además es inviable. Es necesario recuperar el concepto de ciudadanía y para eso es necesario arbitrar los mecanismos institucionales que hagan posible una mayor participación de los ciudadanos. Lo cual requiere, de entrada, una modificación de los partidos y de la ley electoral. La reforma de los partidos debe ir encaminada a la democratización de los mismos y la de la ley electoral debe garantizar el pluralismo. Estas dos reformas harían posible una mayor participación de los ciudadanos en la cosa pública. Lo cuál conllevaría una mayor virtud civil. Y esta reforma de la democracia va aparejada también con una reforma de la ética. Y ésta tiene dos dimensiones. En primer lugar su vena política. Fomentar la virtud pública, el compromiso del ciudadano con los problemas de la polis y, en segundo lugar, fomentar la ética del placer, del hedonismo, en el sentido de los epicúreos. El placer se puede obtener y se puede obtener con poco. Los placeres naturales, los de la alimentación y el vestido, son fácilmente accesibles. Ante lo superfluo hay que ser austeros. Es necesario fomentar la amistad para ser feliz. Los mayores placeres son los derivados de la contemplación. Los que proceden de la ciencia y el arte. No hay que afanarse en tener, sino en ser. Y esto placeres que hemos expuesto escuetamente son los de la autocontención, que es la idea que baraja Riechmann.

 

            Son varios los aspectos que he señalado y que pretendo desarrollar en escritos y reflexiones posteriores. Podemos tomar todo esto como una guía de trabajo para el futuro que nos permita entender por qué hemos llegado a donde hemos llegado y cómo podemos salir del agujero.

 

09/12/2009

 

 

                                    09 de diciembre de 2009

 

            Acabo de leer el escrito de A.F. Elu… que me ha mandado como una primera aproximación filosófica a la filosofía o una primera incursión filosófica. No estrictamente un trabajo, sino unas reflexiones sobre la filosofía teniendo como centro al hombre y sus sentimientos. Una mezcla de antropología y metafísica. No me gusta encorsetar. Podría decir que lo que cuenta es un poetizar pensante, o un pensamiento vacío, o mera especulación en el peor sentido de la palabra. Pero no lo veo así. Podría parecerlo, pero debajo hay un sentimiento auténtico que pugna por salir. Creo que es una reflexión sobre los orígenes mismos del filosofar en toda su plenitud. Una reflexión radical sobre qué nos ocurre para que nos pongamos a reflexionar. Una propuesta sobre lo que ocurre en nuestro interior para hacer que seamos lo que somos. En fin, un intento de aclararse sincero y con una intención radical, en el sentido de ir a la raíz, y totalizadora. Un intento de entenderse a sí mismo. Un noble ejerció de autoconocimiento entremezclado de poesía que mezcla los cultismos con el habla popular. Creo que en su centro hay un pensamiento valiente y una solución interesantísima, ya adelantada por los estoicos y redescubierta por este avanzado principiante. Muy interesante la dialéctica entre la rabia y la angustia que pasan en su doble camino de ascenso y descenso por la desidia. Y muy interesante el cómo de esta desidia surge esa alegría de vivir, estoica. O, para mi, un paso más avanzado, spinozista en el que caemos de lleno en el panteísmo. Interesante también la solución sobre la acción. Ésta última tiene que estar basado en ese estado conquistado que es la alegría de vivir. Precisamente la alegría es de por sí acción en tanto que la alegría es un estado positivo en el que se desborda nuestra existencia. La alegría está relacionada con la excelencia. Y éste es el sentido que le otorgaban los griegos a la virtud. Espero que estas reflexiones de A. F. que le han servido de autoconocimiento, con el placer y la serenidad que ello conlleva, le sirvan para impulsarse en el compromiso que debe surgir de la rabia, ahora, tras la alegría, de la indignación. Sí, ya sé que queda la solución contemplativa. Que somos animales y nos regimos por las leyes de la evolución, que hay que aceptar las últimas consecuencias de ello. Pero la vida es invenció cultural, aunque sea en el sentido de supervivencia. Y aunque considero que no somos más que biología, también sospecho y creo no equivocarme, ni engañarme con moralinas, que nuestra existencia es mejor por medio de la cooperación (invención de la democracia y de los derechos humanos como mecanismos  de supervivencia de nuestros propios genes) que con la guerra de todos contra todos. Y por eso hablaba de la acción. La alegría panteísta y estoica no debe impedir el sentimiento de indignación, aunque sepamos que éste no es más que un enmascaramiento de nuestros genes. La indignación, con la alegría de fondo que da el saber panteísta, tras haber buceado en el abismo del tedio y la desidia, es el motor de la acción.

 

 

                                   09 de diciembre de 2009

 

                        Son muchas y diversas las reflexiones que vengo haciendo sobre la educación. He atacado desde distintos ámbitos y perspectivas. Pero hay un ámbito, que quizás por prejuicio, no he tocado lo suficientemente bien. He tratado en algunos sitios el error epistemológico en el que se basan las teorías de la educación. Pero lo que no he dicho es que la causa de la introducción de la psudociencia de la psicopedagogía en la educación, con toda su parafernalia de terminología oscurantista y su pretendido tratamiento cuantitativo y empírico, no es más que una perversión de la ilustración. Creo que esto se me ha escapado por ser un defensor de la ilustración. Por pensar que la ilustración es un proyecto inacabado. Y sigo pensando lo mismo. Qué es lo que ha ocurrido en la educación en el siglo XX. Pues que han surgido una serie de ciencias, más bien falsas ciencias, que han pretendido el conocimiento total del hombre por medio del discurso científico. Es decir que han aplicado la racionalidad del cientificismo al mundo de lo humano, al proceso de aprendizaje y a las relaciones entre los participantes en la comunidad educativa. En definitiva es el vicio de la razón instrumental. Hay diferentes perversiones de la racionalidad ilustradas. Todas ellas llevan al totalitarismo y el siglo XX es un ejemplo de ello. Y todas ellas parten de la base de que la razón lo puede entender todo. De esta forma la razón se convierte en instrumental, como bien señalara la escuela de Frankfurt y su último valedor, Habermas. Pero el problema de la razón instrumental es, precisamente, que convierte en instrumento todo aquello que estudia y analiza. Es decir, lo objetiva. Ahora bien, el mundo humano, y eso es una conquista de la ilustración se caracteriza porque es un fin en sí mismo, no se puede objetualizar ni instrumentalizar. La base de la libertad y de la dignidad humana residen precisamente en que el hombre es un fin en sí mismo. Y en eso estamos. Ése es el proyecto ético inacabado de la ilustración. Pero cuando la pedagogía irrumpe en la enseñanza, además de los errores epistemológicos analizados en otros lugares, lo que hace es tomar al alumno y al profesor como objetos. Los instrumentaliza. Y aquí está el problema. La educación tiene más que ver con el arte y los conocimientos del profesor y la excelencia (ética) del alumno que con los criterios oscurantista de la pedagogía. La palabrería pedagógica no es más que una verborrea que intenta ocultar su ignorancia, haciendo pasar por ciencia, lo que no es mas que un discurso lleno de palabras vacías y generalidades inductivas que lo único que pretenden es justificar el status quo. La pedagogía es, de entre las ciencias, de las más ideologizadas, fundadas y alimentadas por el poder. La pedagogía instrumentaliza la enseñanza y a los que la componen al intentar hacer un análisis aséptico, racional y empírico del proceso de enseñanza. Por eso la psicopedagogía es un cáncer en la educación. Es un instrumento pervertido de la razón, que instrumentaliza al hombre eliminando su idiosincrasia particular y convirtiéndolo en un instrumento evaluable por oscurantistas fórmulas y conceptos probabilísticos, en los que la realidad humana y social se escapan. Pero el peligro es que estas perversiones ilustradas de la razón son un instrumento al servicio de los poderes totalitarios. Es curioso que se hagan desde la democracia, pero es que la democracia hoy en día –utilizando el oscurantismo de la educación y la manipulación informativa- es una forma de totalitarismo encubierto y, por ello, más peligroso. Hay que acabar de una vez por todas con esta dictadura de los políticos sobre la enseñanza que utilizan a los pedagogos y sus erróneas teorías para domesticarnos. La mejor garantía para perpetuar un sistema totalitario es a través de la educación. Y esto es lo que están haciendo estos salvajes políticos utilizando como instrumento de adoctrinamiento la pseudoeducación y los medios de desinformación.

04/12/2009

                                   04 de diciembre de 2009

 

            Desde luego es que este país no tiene remedio. La que se ha montado otra vez con lo de los crucifijos a raíz de la sentencia del tribunal de Estrasburgo sobre la eliminación de los crucifijos de las escuelas. La comisión de educación española aprobó esta medida, con el apoyo del PSOE, lo cual es curioso. Pero el ejecutivo frena la acción y la aplaza hasta la elaboración de la ley de libertad religiosa. Otra vez bajada de pantalones de los socialistas frente al clero. ¿cómo tienen tanto poder los unos y tanto miedo los otros? No creo que exista ningún conflicto social si se retiran los crucifijos, mientras que no se atente contra la libertad de conciencia, opinión y religiosa. Igual que es necesario eliminar cualquier simbolismo religioso en los actos oficiales. Es lo que se deriva de la aconfesionalidad (estado laico) de nuestra constitución. No habría conflicto porque nuestra sociedad es cada día más indiferente. Lo que le queda de religión es meramente cáscara, ritual. Estamos en la fase terciaria de la religión, que diría el filósofo Gustavo Bueno. Pero en realidad, por parte del poder hay miedo. La iglesia debe ser un Lobby. Lo que no entiendo es la actitud exigente de la iglesia, su actitud dogmática que quiere tergiversar la democracia, convirtiéndola en una teocracia, cuando, encima, no tiene dónde caerse muerta. La iglesia es una institución muerta. No tiene vocaciones, su discurso es rancio, pero peligroso. Ha abandonado la modernización y el progreso del Vaticano II, con lo que ha perdido el paso y la oportunidad de participar en la sociedad plural y democrática con su voz ética (el mensaje evangélico). La iglesia es financiada por el estado. Sin él no subsistiría. No se debe morder la mano que te da de comer. La iglesia debe reconducir su acción y dirigir sus empeños a la realización de su ideal ético que yo fijaría, junto con el jesuita Jon sobrino e Ignacio Ellacuría en el siguiente lema: fuera de los pobres no hay salvación. Este lema sustituye al intolerante que dirige a la iglesia desde las profundidades de la edad media: fuera de la iglesia no hay salvación. Son muchas las injusticias y miserias del mundo, mucha pobreza, mucho egoísmo, mucha riqueza mal repartida, mucho abuso del poder, y connivencia del poder político con el económico y militar. Hay una inmensa tarea ética por delante. Hay injusticias arbitrarias que jamás se restituyen. A esa tarea debería dedicarse la iglesia y su apostolado. No centrarse en la parafernalia ritual. El ritual, si bien necesario para las instituciones, es vacío sin la acción que debe estar orientada desde un conjunto de ideas. En el caso de la iglesia, sugiero, debe ser la ética evangélica. No voy a entrar aquí en un análisis y una crítica de la misma. Sólo decir que de ella se desprende el concepto de dignidad del hombre y de justicia universal. Y eso es lo primero. Pero esto no tiene nada que ver con la intolerancia de la que hace gala la iglesia; encima, amparándose en la libertad religiosa. Se parte de la libertad religiosa para imponer sus ideas fundamentalistas, dogmáticas y excluyentes. Vamos a ver, la iglesia, como institución, es profundamente antidemocrática. No admite la libertad de pensamiento. La interpretación de los textos viene dada por la autoridad. No existe el debate. Lo que no se entiende es misterio. Y los horrores que han causado en la historia por su intolerancia son achacados a meros errores humanos. Esto es una auténtica barbaridad. La criminalidad de la iglesia es un hecho probado históricamente. Lo más cercano que tenemos es la guerra civil y la connivencia con los cuarenta años de franquismo. Y de ello nunca se han arrepentido y son cientos de miles los muertos de los que aún sobreviven hijos y hermanos. Esto es una desfachatez y una falta de vergüenza. La democracia debe admitir, como principio, la libertad de pensamiento y de opinión, así como de creencia. Eso se recoge en el artículo 16 de la constitución. Aunque la iglesia se ampara en un subapartado y es que el estado deberá tomar en consideración las creencias de los españoles. Ahí se abre la puerta a los crucifijos en las escuelas y actos oficiales. Pero esto ya es pasado, la sociedad es cada vez más indiferente. Se cumple minoritariamente con los rituales de la iglesia. Y, para nada, se cumple con los mandamientos de la religión y, aún menos, con los mandamientos de la iglesia. La situación en treinta años ha cambiado mucho. Han aumentado los indiferentes, los ateos, y los de otras religiones procedentes de la inmigración. El laicismo es esencial a la democracia. Distinguir entre laicismo y laicidad es un error. O hay laicismo, separación absoluta entre la religión y el estado, o no lo hay. Aquí no hay medias tintas. Además, el laicismo, al garantizar la democracia, como pluralismo y libertad de conciencia, lo que está garantizando es la libertad religiosa. Esto es, favorece el libre desarrollo de las religiones. Pero el problema del catolicismo es que, como todas las religiones monoteístas, las del libro, es excluyente y lleva en sí el germen de la intolerancia y la teocracia. Las religiones del libro, y hablamos aquí del cristianismo católico, que es el que nos compete, al proclamar un dios único son excluyentes. Lo que significa que no admiten otro sistema de creencias; por lo tanto, atentan contra la libertad religiosa. Esto por un lado, por otro, al considerar que son la verdad, porque sus textos son de inspiración divina y la interpretación de los mimos también, entonces quieren anular cualquier verdad. Ello implica, que la religión atenta contra la libertad religiosa por su propia naturaleza. De ahí la intolerancia secular de la iglesia. Pero hay un tercer aspecto. Como la iglesia es la verdad y su visión del orden ético-político son de suyo, la verdad, pues tienden a ser reflejados en el poder político. Esto quiere decir que en la iglesia cristiana, no menos que en el Islam, está el germen de la teocracia, que es, en definitiva, lo que quieren recuperar: la alianza entre el trono y el altar, más bien la subordinación. Y el legado de la historia lo que nos muestra es que cuando la religión ha tenido este poder lo ha utilizado para exterminar al disidente, al hereje (el que es de otra opinión).

 

            Y, para concluir, responder a José M. Rouco

Varela, a mi modo de ver, un impresentable desde el punto de vista moral por el fanatismo e intolerancia de sus ideas que atentan contra la esencia misma de la democracia, la libertad. Y, encima, desde el cinismo, ya que somos todos, el estado democrático, los que los mantenemos. Dice este señor que renunciar al símbolo de la cruz es negar a nuestros hijos el símbolo de nuestros padres, de nuestra nación, de nuestra identidad cultural, en fin, de nuestra civilización. Pues bien, es verdad, pero lo que hay que ver es lo que está detrás de ese símbolo y esto lo deberían aprender en todas las escuelas. Aquí hay tres cosas que decir. La primera es que el símbolo de la cruz representa al cristianismo en su visión primitiva, la ética cristiana. Aquí nada que objetar por lo dicho anteriormente. Sólo decir que sería interesante que esto lo conociesen todos los alumnos de mano de un historiador o filósofo, no de un cura intolerante y adoctrinador. En segundo lugar, la cruz muestra una forma ética de vida que es cuestionable. Para mí hay dos paradigmas que son los pilares de la civilización occidental: la filosofía y la ciencia griega y el judeocristianismo. La filosofía nos muestra el camino de la serenidad frente a la muerte, la vida racional, la vida buena o virtuosa. El ejemplo es la muerte de Sócrates y la idea de muerte y suicidio de los estoicos. En cambio, lo que se desprende de la muerte en la cruz es la pasión, el sufrimiento, e, incluso, la desesperación: dios mío, por qué me has abandonado. En última instancia la ética que se desprende del símbolo de la cruz no es la de la virtud, sino la de la resignación y el resentimiento. Y, en tercer lugar, la cruz es el símbolo de la intolerancia y de la guerra, del exterminio y del genocidio. Y esto, como también lo segundo, deben conocerlos en los colegios, de manos de los historiadores y los filósofos. Por supuesto que no podemos olvidarnos del símbolo de la cruz. Pero tenemos que saber qué significa. Y esto sí es enseñanza de la religión vista desde fuera. No desde el dogmatismo interno.

 

03/12/2009

03 de diciembre de 2009

En torno a la supuesta corrupción en la investigación científica sobre el cambio climático.

La ciencia no da más de sí. Desde el punto de vista de la lógica científica toda teoría es una hipótesis o conjetura altamente corroborada. La teoría del cambio climático está ampliamente corroborada. Pero en ciencia no hay verdad, sino conjeturas. La teoría de que es de origen antropogénico también está bastante corroborada. Ahora bien, aquí es importante matizar que el cambio climático no tiene su origen en una única causa. Pero sí es cierto que la acumulación de CO2 en la atmósfera es un dato y su origen es humano. Y esto aumenta el efecto invernadero: aumento de las temperaturas. Efectivamente pueden existir otras causas; es más, se puede caer, incluso, en una glaciación, como efecto inverso al desaparecer la corriente del golfo que es la que templa el hemisferio occidental, ya ocurrió esto hace miles de años y la causa sería la mayor ligeraza del agua del mar al disolverse los casquetes polares. Mientras más nos alejamos en las predicciones menos corroborables se hacen.

Por otro lado, la ciencia, ni es neutral ni está exenta de valores y de corrupciones. Esto es algo básico en las relaciones CTS. La ciencia no es la verdad, esto es transformar la ciencia en creencia, religión. La ciencia es un sistema por el cual buscamos conocimiento objetivo que tiende a ser verdadero dentro de los límites de la propia lógica científica. También existe la corrupción, porque los que hacen la ciencia son científicos. También existen las ideologías que dirigen interesadamente determinadas investigaciones y no otras. Los datos no son puros nunca. Todo dato se interpreta a la luz de una teoría hasta que nos encontramos alguno que refuta la teoría. En tal caso la validez de la teoría es restringida, parcial. La actividad científica tampoco está exenta de valores; esto es, de ética. Depende de los valores que la comunidad científica tenga así procederán sus investigaciones. En definitiva, que el sistema de evaluación científica es amplio y diverso. La discusión sobre el cambio climático no debe olvidar esto. Pero tampoco puede olvidar los datos recogidos e interpretados por teorías generales altamente corroboradas. Ni debemos tampoco olvidar el principio ético de precaución. Si no sabemos, mejor no actuar. Nuestro conocimiento, dando la vuelta al principio de precaución, sobre el origen antropogénico del cambio climático, en parte, nos obliga a actuar para frenarlo. Sino, desde el principio de responsabilidad, seriamos responsables de la miseria que en el futuro pudiésemos causar por la inacción. Esto es importante porque la acción política mira a corto plazo. Y los casos de corrupción que se han revelado alientan al posibilismo político y el buitreo económico.


Independientemente del cambio climático, los recursos fósiles se agotan, hay que transitar hacia otro modelo energético, además, de a otro modelo económico, que implica un cambio de paradigma ecosocial inevitable. Aunque la hipótesis de que no existe cambio climático fuese la cierta, el cambio del sistema productivo y energético habría que darlo necesariamente por dos motivos: el agotamiento de los recursos: fósiles, minerales y alimentarios y la superpoblación.

 

02/12/2009

 

                        02 de diciembre de 2009

 

La darwinización del mundo. Naturalismo y nihilismo.

 

            La idea darviniana que aparece en principio para explicar la evolución de los seres vivos se convierte en una idea omniabarcativa que es capaz de servir como sustrato filosófico en el sentido en el que se transforma en una idea general del mundo. Podemos entender la idea de Darwin como una metafísica antimetafísica. Digo esto en el sentido en el que la idea darvinista del origen de las especies por selección natural nos ofrece una imagen naturalizada de la cultura. En este sentido es necesario sacarle las máximas consecuencias a esta idea. De ahí que apareciesen dos libros a destacar entre muchos otros que van en esta línea. El primero era el de Ruse Tomarse a Darwin en serio. Y el segundo el de Dennet, La peligrosa idea de Darwin. Este año ha aparecido una obra de un filósofo español, que no desmerece en nada a los citados y que profundiza en este sentido. Se trata de la obra del profesor Carlos Castrodeza, La darwinización del mundo. Es el tercero de una trilogía que comienza con La biología del conocimiento y continua con Nihilismo y naturalismo. Digo que Carlos Castrodeza no desmerece en nada a los filósofos anglosajones, pero además digo, y él lo defiende en su obra, que si bien hay que tomarse a Darwin en serio, y si bien la idea de Darwin es peligrosa, ninguno de los autores, ni Ruse, ni Dennet, han sacado las últimas consecuencias de esta idea. Es decir, no han llegado al naturalismo y de éste al nihilismo. Y esto es lo que hace Carlos Castrodeza en su trilogía y su monumental tercera parte. Éste último, un libro cargado de erudición, conocimientos diversos e interdisciplinares en el que aparecen en la palestra todas las corrientes filosóficas del siglo XX y parte del XIX, miradas todas desde la perspectiva darviniana. El escrito de Castrodeza es un alarde de erudición y de relaciones distantes entre filósofos: Heidegger con el naturalismo darviniano. La sociología de la ciencia y el gen egoísta de Dawkins. La ética y la filosofía política con el altruismo recíproco de Wilson. La teoría biológica del conocimiento de Lorenz y Popper con la radicalidad del naturalismo darwiniano en el que nos quedamos sin objeto y, de paso, con el posmodernismo y el pragmatismo de un Rorty. Los filósofos de la sospecha: Marx, Nietzsche y Freud con Darwin. La filosofía de la historia y las nuevas teorías del contrato social con el naturalismo darviniano. Y con todo ello se nos lleva a un mismo punto: la naturalización de toda la cultura y, como consecuencia de ello, el nihilismo. Este nihilismo seria la nueva filosofía postilustrada (relación con el análisis del cinismo de Sloterdij) y posmoderna que naturaliza al hombre poniéndolo en pié de igualdad –en todos los ámbitos de la cultura- con el resto de los seres vivos. Es decir, que todo lo humano va a venir explicado por los mismos principios que explican la naturaleza: la selección natural, más deriva genética  teoría puntual de Gould, si se quiere, más el gen egoísta y el principio de altruismo recíproco que explica los fenómenos aparentemente altruistas en los animales sociales, particularmente el hombre. No se trata de hacer aquí una reseña de la obra de Castrodeza, sino de hacer unas reflexiones a partir de lo que acabamos de decir que es el meollo de su obra.

 

            En definitiva, lo que nos viene a decir Darwin es que el origen de las especies se debe a la selección natural y al azar. Podemos arbitrar otros mecanismos como se han hecho desde posiciones heterodoxas y como he analizado en otro lugar: La teoría de la evolución: una idea que conmueve los cimientos de occidente. Pero esencialmente lo que Darwin nos dice sigue siendo válido sumándole la teoría de la herencia enriquecida por la genética. Y ello nos lleva a la idea de que el hombre es un ser contingente de la evolución, que igual que está podría no haber existido. Y lo mismo que existe, dejará de existir. No existe ninguna diferencia cualitativa, desde la evolución y en un sentido naturalista, entre el hombre y cualquier especie. La evolución pone en pié de igualdad ontológica a todos los seres. Todos los seres vivos que existen, son en tanto que han triunfado evolutivamente, iguales No hay un más y un menos en ellos. Independientemente de la complejidad de los mismos. La complejidad puede ayudar a la supervivencia y puede ser un estorbo. Todo tiene que ver con el cambio de las circunstancias. Todos los seres vivos están en lucha por su existencia, aunque estas luchas se puedan realizar desde la cooperación, pero ésta, en definitiva es el epifenómeno de la supervivencia del gen (unidad de información DNA con capacidad de autoréplica que es el que lleva existiendo más de 3.500 millones de años. El resto no somos más que la coraza de los genes. Los artificios inventados por ellos para sobrevivir. Todos los seres vivos inventan sus artimañas en la medida en la que se adaptan al medio, transformándolo, haciéndolo suyo, construyéndolo, para sobrevivir. El hombre no es ninguna excepción en esta tarea. La forma de adaptación que ha tenido el homo sapiens al medio y que ha producido una transformación de éste es la cultura. De esta manera llegamos a una naturalización de la cultura y esto de suyo nos lleva al nihilismo. Es decir, no existe ningún sentido especial en el hombre. La cultura no trasciende la naturaleza humana. La cultura es naturaleza humana. La consecuencia de la idea de Darwin es que la cultura es el instrumento de adaptación del hombre al medio y procede de su propia estructura genética. Somos sólo y exclusivamente naturaleza. Este es el sentido de la naturalización de la cultura. Ahora bien, en la naturaleza nada tiene sentido. El azar y la selección natural lo gobiernan todo. La naturalización de la cultura nos lleva al nihilismo en la medida en la que podemos afirmar del hombre, como naturaleza exclusivamente que es, lo mismo que de la naturaleza. No hay ningún sentido en la vida humana, no hay ningún sentido en la historia del hombre, el bien y el mal se naturaliza, no existe ningún absoluto, salvo la naturaleza, pero esto no es ningún absoluto. Y el camino del conocimiento del hombre nos ha llevado precisamente a esto. El hombre por medio del conocimiento ha desencantado al mundo. Esto quiere decir que lo ha naturalizado. La primera naturalización viene por parte de las ciencias físicas que explican los fenómenos a partir de las leyes matemáticas. De ahí se desprende un mundo determinado y gobernado por la causalidad que se puede describir en formalismo matemático. Toda ciencia se va paulatinamente matematizando teniendo todas a la base una imagen determinista y mecanicista de la naturaleza y, con ella, del hombre. Y, aunque la física contemporánea haga esta visión mucho más compleja, desde la teoría de la relatividad y, sobre todo, desde la física cuántica, la imagen del mundo y del hombre no cambian en el sentido en que todo puede ser explicado por leyes matemáticas, aunque ahora sean estocásticas o probabilísticas. Pero aún así, la visión que del hombre nos dan la relatividad y la física cuántica lo naturalizan aún más que la física moderna. Y si unimos esto a la cosmología actual la relativización del hombre es absoluta, y permítaseme el pleonasmo. En definitiva, todo este proceso que se inicia con el invento del logos por los griego y que toma fuerza con la revolución científica hasta nuestros días ha traído como consecuencia el desencantamiento del mundo en palabras de Weber y, de resultas, la relativización del hombre, su vida y su historia. Pero la completa naturalización del hombre viene de la mano de la biología y, como venimos diciendo, del evolucionismo darviniano por lo anteriormente señalado. La cultura es al hombre como los dientes y las garras al león, o como la velocidad a la gacela. El problema del hombre, y de ahí su desencanto y su estado de miseria, vacío, tedio, que le impulsa a dar un sentido trascendente o, al menos, extranatural a su existencia es que es consciente de sí mismo. Y ser consciente de nosotros mismos es ser consciente de nuestra propia limitación o límites. Es ser consciente de que somos seres para la muerte, que dice Hedegger y de ahí “el olvido del ser” (naturalización) al que hemos llegado en la cultura tecnológica. Somos conscientes de nuestra propia nada y la hemos llenado de cultura, metafísica. Lo que la idea de Darwin ha hecho ha sido naturalizar esa metafísica. Pero aquí nos encontramos con un problema, el nihilismo. Ya sabemos lo que somos y eso nos lleva al vacío. No existe ninguna metafísica que a estas alturas pueda sustituir a las anteriores. Ya sabemos demasiado. Es decir, que hemos matado a dios definitivamente y con él han caído todos los absolutos. Pero todavía escuchamos a sus sepultureros, que diría Nietzsche. Lo que se descubre ante nosotros es el nihilismo. ¿Qué nos queda entonces? El naturalismo y el pragmatismo. Todo es naturaleza y todo se reduce al azar, nada tiene sentido ni dirección. El mundo se reduce a la naturaleza. Esto es la darwinización del mundo. Pero mientras tanto tenemos que llenar el vacío. Esa es la contradicción humana por el hecho, como decía antes, de ser conscientes de nuestra propia existencia y por ello somos incapaces de renunciar a donar de sentido nuestros actos. Porque en nuestra naturaleza biológica está también el conatus, que decía Spinoza, o principio de supervivencia. Nuestro mandato biológico, como el de cualquier ser viviente, es el de sobrevivir. De ahí que todo ser se esfuerce por mantenerse en su existencia. Pero el individuo no es el que se mantiene en su existencia. El individuo es el vehículo por el que los genes se mantienen en su existencia. Pero, claro, como resulta que desde la idea darviniana tenemos que entender la cultura como un mecanismo de adaptación como cualquier otro, entonces el hombre se esfuerza en permanecer en su existencia por medio del mecanismo que ha inventado que es el de la cultura. Y de ahí que estemos obligados a dar un sentido a nuestra existencia. Pero ahora hemos aprendido que ese sentido de la existencia es arbitrario y circunstancial, que cambiará con el tiempo. No hay absolutos. Y ese sentido de nuestra existencia obedece al imperativo biológico de la supervivencia, pero, insisto, no de los individuos, sino de los genes. Los individuos y los grupos (animales sociales) son inventos de los genes para perpetuarse. El hombre como animal social que produce cultura intenta sobrevivir a partir de ésta, pero no él como individuo, ni como sociedad, ni como historia, sino los genes. Y éste es el sentido del gen egoísta, una metáfora cultural que aporta luz sobre los mecanismos de la evolución. Estamos condenados a crear cultura a pesar de haber llegado al fin del desencanto, al nihilismo. Es nuestro imperativo biológico. Por eso Camus se decía que la única cuestión de relevancia filosófica era la del suicidio. Por qué cada mañana no nos suicidamos y decidimos, aunque sea inconscientemente, seguir adelante. Pues por imperativo biológico. Lo que ocurre es que el hombre, en la medida que es consciente de su propia muerte, es un ser desajustado. Sufre la necesidad de dar sentido a su existencia. Su existencia, la vida, es una carga, una tarea, algo que está en construcción. Algo a lo que continuamente tenemos que darle sentido. Y aún ocurre algo más. El desarrollo de la propia cultura ha producido otro desajuste. Cuando ya hemos pasado de la edad de la procreación seguimos teniendo el mismo conatus, sigue actuando el principio de supervivencia. Aquí los críticos hablan del altruismo, que intentaría refutar la sociobiología de Wilson, o lo que se ha dado en llamar la psicología evolutiva. Pero la invención del altruismo recíproco, desde la etología, es una panacea. El altruismo siempre es interesado, siempre hay un beneficio. Por eso nuestra ética, que se basa en éste altruismo tiene su respuesta naturalizada en la teoría de la evolución con el concepto de altruismo recíproco. Así, seguimos persistiendo en nuestra existencia cuando biológicamente hemos pasado la edad reproductora. La sociedad ha inventado mecanismos por los cuáles se conserva a estos individuos porque a la postre se obtiene de ellos un beneficio para la persistencia del grupo y, con él, de los genes. Pero insisto, el problema es doble. Por un lado somos conscientes de nuestro deterioro, del sinsentido. Pero seguimos en el conatus por imperativo biológico. Nuestro estado es de sufrimiento en la medida que somos consciente del deterioro y de nuestra muerte. Por otro lado, hemos llegado a la conclusión por el desarrollo de la cultura (mecanismo de supervivencia, paradójico esto) de que el hombre no es más que un animal más y que todos los artificios de la cultura no son más que naturaleza; es decir, instrumentos de supervivencia. Ocurre muchas veces que los instrumentos de supervivencia tienen características ambivalentes. A la par que nos garantizan nuestra supervivencia por medio de la transmisión de los genes, como es el caso de las plumas del pavo real, también son el reclamo de depredadores que pueden acabar con la capacidad de replicación de nuestros genes. En la cultura humana esto es una característica común. Tan común que quizás nos lleve a nuestra propia extinción; o bien por agotamiento de nuestro medio, o bien por autoexterminio. Las relaciones de los seres con el medio son de simbiosis y de parasitismo. Si el parásito acaba con el huésped la supervivencia del parásito es inviable. O, como ha ocurrido en múltiples ocasiones en la historia, lo cual ha producido colapsos civilizatorios, cuando el parásito deteriora al huésped tanto que éste no puede mantener al parásito, entonces, este último, de la misma manera, desaparece. A lo largo de la historia ha ocurrido con múltiples civilizaciones, hoy en día puede ocurrir a escala global. En definitiva, estaríamos ante un problema de adaptación o, mejor, de desadaptación.

 

            La historia es un ejemplo de la naturalización darviniana. La historia de la humanidad es la historia de la lucha por el poder, porque éste garantiza la supervivencia. A mayor poder, mayor capacidad de supervivencia. Por eso la historia del hombre es una historia de genocidios y etnocidios en los que se pretendía alzarse con el máximo poder que garantice la supervivencia de nuestros genes. Las alianzas y acuerdos no son más que el refuerzo de nuestra supervivencia y siempre han estado sujetas al interés. Ahora contigo, hoy contra ti. No hay ningún sentido ni dirección en la historia. La historia es el resultado de la lucha por la supervivencia del hombre en dos niveles, lucha del hombre con el hombre y del hombre con la naturaleza. Y la crisis en la que nos encontramos hoy en día es una crisis de supervivencia. No hay para todos, cómo lo vamos a hacer. De momento la cultura del crecimiento ilimitado está produciendo muerte a mansalva, sin escrúpulos y justificándolo culturalmente. Y encima parapetándonos en la virtud de nuestras sociedades democráticas avanzadas. Todo lo que hemos inventado en la historia no es más que un intento de supervivencia. Los derechos humanaos, la democracia y las instituciones que la salvaguardan son mecanismos refinados de supervivencia. La historia no tiene el sentido de la consecución de estos modelos sociales y políticos. Han sido pragmáticamente más exitosos, al menos parcialmente, en la humanidad. Aunque han creado otros problemas. Porque la democracia ha favorecido el desarrollo y éste ha parasitado al planeta de tal forma que el parásito ahora está en peligro. Además, el invento de las democracias es un invento de ciertas culturas a las que les ha importado poco el resto de las culturas. Su única preocupación ha sido esquilmarlas para alimentar su desarrollo. Por eso podemos entender también hoy en día el choque de civilizaciones como un conflicto adaptativo del hombre. Como han sido todos los conflictos y todas las guerras. De lo que se trata es de sobrevivir. El otro es un extraño que amenaza nuestra existencia. Adviértase siempre que cuando hablo de supervivencia me refiero a la de los genes. Ni el individuo ni el grupo persisten, éste último más que el primero, pero siempre se transforma. En fin, que la historia de la humanidad como lucha por el poder, es la historia natural de la supervivencia del hombre como ser natural sometido a las leyes más básicas de la evolución. Y he aquí la naturalización de la historia humana.

 

            Lo mismo podemos decir de nuestra ética. Ésta es un producto de la cultura, por tanto, un producto natural. La ética, desde el punto de vista de la naturalización darviniana, es un invento o construcción de nuestra supervivencia. Los conceptos éticos más importantes, altruismo, libertad, autonomía. Todos aquellos que forman parte del proyecto ilustrado son mecanismos de supervivencia interesados. Y surgen precisamente en la historia cuando, si no se hubiesen inventado, las sociedades la sociedad hubiese sido inviables. Es decir, que las conquistas éticas de la humanidad, no tienen una justificación en el altruismo del hombre. Sí en el altruismo recíproco: tú me rascas mi espalda, yo te rasco la tuya. Por eso los derechos tienen dos caras. Son tanto derechos como deberes. Si yo tengo el derecho a la vida, tengo el deber de conservar la vida del prójimo. Y esto es un derecho inventado con la intención de preservar la supervivencia del grupo que es lo que, en última instancia, garantiza la replicación genética. No hay un sentido más allá del meramente natural en las conquistas de la ética y de los modelos políticos. Ahora bien, quisiera hacer un inciso. Efectivamente, no hay sentido en la consecución de los principio éticos, libertad, fraternidad igualdad y democracia; salvo estrictamente el de la supervivencia. Estas conquistas éticas no tienen ningún fundamento, ni tienen objetividad extranatural. Son productos de la evolución que permiten la supervivencia. Con lo único que contamos, a pesar de saber su carácter estrictamente natural, es con un criterio pragmático. Esto es, en la práctica hacen más viable la sociabilidad del hombre. El hombre es un animal social; y, en tanto que tal, necesita de normas que rijan su conducta de tal forma que la coexistencia sea lo mejor posible para la procreación (replicación genética). Una sociedad en la que rijan los valores de los que hemos hablado garantiza un estado duradero de paz y ausente de conflictos. Un estado anímicamente preferible y que, por ello, favorece la replicación. El problema es si esto se puede universalizar. Parece ser que en la situación de crisis global o ecosocial en la que nos encontramos esto se hace inviable porque, en realidad, en la sociedad humana sigue reinando la ley natural, la lucha por el poder, por la subsistencia. De ahí que, a nivel global, cuando entran en conflicto intereses de estados (léase intereses de supervivencia) los derechos humanos y las democracias sean papel mojado. Y este es el nihilismo ético en el que nos encontramos. Y ahora me pregunto, ¿será el ideal ilustrado kantiano cosmopolita una buena idea adaptativa para el hombre? Si ello fuese así tendríamos que esforzarnos por su consecución. Aún a sabiendas de que no estamos trascendiendo la ley de la naturaleza, sino obedeciéndola ciegamente, adaptándonos al medio. Y hay una cosa que me inquieta. Quizás la eliminación del sufrimiento sea una idea evolutivamente eficaz. Y en este sentido la ética y la política deberían ir encaminadas a la consecución de la eliminación del sufrimiento. La base de esta idea es la siguiente. A menor sufrimiento menor estrés adaptativo y, por tanto, mayor posibilidad de procreación. No planteo esto como un fin o un sentido de la ética y de la historia; sino como un resultado de la propia historia evolutiva. Ahora bien, hay que tener en cuenta, como señalé antes, que la historia y la actualidad siguen siendo una lucha por el poder. El altruismo recíproco, como principio adaptativo, tiene que armonizar la lucha por el poder con la eliminación máxima del sufrimiento. Y creo que el altruismo recíproco es la respuesta y está, como mecanismo biológico evolutivo, a la base de las conquistas éticas. Creo que con esto no me he salido ni un ápice del naturalismo y del nihilismo. Pero sí, adaptativamente, he propuesto una idea ética universalizable basada en la eliminación del sufrimiento y del estrés adaptativo como medio de supervivencia del hombre. Y aquí, a mi, lo que me parece importante es la eliminación de este sufrimiento. Ya sé que todo se queda en nada en la medida en la que no es un fin de la evolución. Pero es pragmáticamente preferible. Y como necesariamente estamos obligados a dotar a nuestra vida de sentido, por imperativo biológico, y como somos seres para la muerte, conscientes de nuestra existencia, pues somos seres que necesitan esperanzas, también por imperativo biológico. Por eso yo considero que la universalización de ciertos principios éticos como conquista de la humanidad pueden encuadrarse dentro de un gran proyecto ético del hombre, aunque éste no sea más que una forma de adaptación del hombre al medio. Nuestra ideosincrasia de seres conscientes de nuestra naturaleza nunca la vamos a perder. Y nuestra conciencia de desencanto de la realidad tampoco la vamos a perder. Ya no hay vuelta atrás. El naturalismo nihilista se cierra y el mundo se ha darwinizado por completo.

 

01/12/2009

 

 

                                   01 de diciembre de 2009

 

            Comento aquí el nuevo artículo del señor Juan Carlos Rodríguez Ibarra que apareció el 30 de Noviembre de 2009 en el diario El País. De nuevo el expresidente hace una defensa, a mi modo, acrítica de las nuevas tecnologías de la información y esta vez las relaciona con el progreso. Y, de pasada, les da un rapapolvo a aquellos que son críticos con la introducción masiva de las nuevas tecnologías de la información en la enseñanza como panacea para resolver la mayor parte de los problemas de la educación. Son tres temas entre sí íntimamente relacionados y que requerirían un estudio a parte cada uno y pormenorizado. Pero quiero aquí comentar brevemente la ideología que subyace al expresidente extremeño.

 

            En primer lugar, es un hecho que las tecnologías de la comunicación se han implantado universalmente; pero ello no implica, en principio, ningún progreso moral y política de la humanidad de forma causal o automática. Es decir, que el progreso de la tecnociencia no lleva aparejado un progreso moral y político de la humanidad. Y esto es algo claro desde la crítica que el ilustrado Rousseau hizo a la idea de progreso, demasiado optimista, de la ilustración. Hay que separar el progreso tecnocientífico del progreso ético político. La ilustración produjo un gran progreso, como conquista de la humanidad, en el ámbito ético político y éste consistió en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, la revolución francesa y la revolución americana como conquistas de la democracia. Ninguno de estos logros ético-políticos tiene ninguna relación directa con el desarrollo tecnocientífico. Es más, desde entonces para acá ha habido un tremendo desarrollo de la ciencia y la tecnología, que han permitido la transformación de las artes de la guerra, por un lado, y la mundialización de la información por otro, (con lo cual se aumenta la posibilidad de engaño); y, sin embargo, ha habido, y los hay, retrocesos ético políticos de gran calado, como son los totalitarismos del siglo XX y los exterminios a los que todavía podemos asistir en nuestra sociedad globalizada, en virtud, de los medios de comunicación y de sus nuevas tecnologías. El avance ético político es independiente y requiere de la participación de la sociedad en su conjunto. Con ello quiero decir, que requiere de que las democracias no se corrompan y no se devalúen, de tal manera que no se caiga en la partitocracia oligárquica y que el ciudadano siga siendo ciudadano. Permítame, señor Ibarra, esta perversión en la esencia misma de la democracia que exige la autonomía y libertad del ciudadano, empezando por los políticos y lo que ocurre en el interior de los  partidos políticos, es un hecho constatado por gran parte de los especialistas en la teoría de la democracia y que los políticos no quieren reconocer por dos razones. Primera porque no les interesa para poder seguir ostentando el poder y porque sería necesario una transformación radical de los partidos. Y, en segundo lugar, porque los políticos viven casi en un estado delirante en el que abandonan a su suerte a los ciudadanos y se dedican a la lucha por sus intereses particulares; es decir, los de sus partidos.

 

            En segundo lugar, toda transformación de la tecnología conduce a una transformación de la sociedad. Con ello quiero decir algo que también es bien sabido entre los expertos y que el señor Ibarra, como muchos políticos, olvidan. Me refiero al hecho de que la tecnociencia no es neutral. El desarrollo tecnocientífico está cargado de valores y, además, introduce cambio en los valores de la sociedad. En primer lugar, cuando se cree en que el desarrollo tecnocientífico es neutral (exento de valores) y además, autónomo, es decir, que obedece al desarrollo de leyes internas al mismo proceso tecnocientífico, entonces, lo que sucede, en principio, es que se es muy ingenuo y no se conoce, para nada la historia de la ciencia y de la tecnología. En segundo lugar, se participa de una ideología que es la del progreso asaciada a la idea del imperativo tecnológico. Me explico brevemente. Cuando se defiende el progreso de la ciencia de forma acrítica; esto es, suponiendo que de por sí es una bondad, se está cayendo en una secularización de la idea de progreso. Es decir, la idea de progreso tecnocientífica ha sustituido a la idea de progreso de la humanidad en el sentido de la redención con un fin escatológico en el que se alcanzaría la justicia universal y la humanidad quedaría redimida de todos los males. Pues bien, esto es un mito de la religión secularizado. Y defenderlo no es nada racional; sino, en cambio, una creencia, una nueva religión. La tecnoreligión o el digitalismo escatológico. Llamémoslo como queramos. Pero el problema de asumir el progreso como una creencia lo que conlleva es la ausencia de crítica racional desde el ámbito de la ética y la política. Puesto que el desarrollo tecnocientífico transforma la sociedad y también es debido a transformaciones sociales, hay que abrir el espacio a la posibilidad de la crítica. En caso contrario perdemos nuestra libertad. Y ésta es otra idea que subyace al mito del progreso. Lo que se ha venido en llamar el imperativo tecnológico. Esta idea tiene a la base una concepción determinista de la historia en la cual el progreso de ésta viene directamente determinado por el progreso de la tecnociencia, entendiendo ésta como neutral y autónoma, con lo cual al hombre sólo le quedaría plegarse a las transformaciones sociales que el desarrollo determinista e independiente de la tecnociencia produzcan. Es decir, se renuncia a la libertad y a la posibilidad de acción política. Volvemos a caer en la superstición, como antes de la ilustración. En éste caso, los designios de la historia venían marcados por la voluntad de dios y había que resignarse porque al final se nos prometía un mundo justo y feliz. Ahora caemos en la superstición de la religión de la tecnociencia. Y, de la misma manera que en las otras religiones, renunciamos a una de las mayores conquistas del hombre que es la de la libertad. Que, además, no tuvo nada que ver con ningún desarrollo tecnocientífico. Es más, éste puede desembocar en pérdida de libertad.

 

            Y entro en la tercera crítica relacionada con la idea de la educación y las nuevas tecnologías en la que participa el señor Ibarra, junto con muchos otros progresistas, que a mi me parecen snobs, no auténticamente progresistas. Para mi, el progreso, tiene que ver con la lucha por la igualdad, la libertad y la fraternidad, no con la instauración de ordenadores, sin ton ni son, en los institutos y ahora en las escuelas de primaria. (Aviso de que no soy ningún tecnófobo. Uso las nuevas tecnologís desde hace quince años, para mi trabajo personal y para la enseñanza, pero no participo del optimismo acrítico y pseudoprogresista de Ibarra). Y enlazando con el apartado anterior hay que decir lo siguiente. Uno de los valores que se exigen a la educación hoy en día, tanto a la secundaria, como ahora abundando en él con el plan Bolonia, es el de la adaptabilidad. El objetivo omnipresente de la educación es que el estudiante debe conseguir, por medio del proceso de educación, adaptarse a la sociedad, llamada del conocimiento, lo dudo, que está en continuo cambio y transformación. Qué duda cabe que el ser humano debe adaptarse a los cambios culturales, y que los cambios hoy en día son más rápidos que nunca. Aunque aquí también hay mucho mito y negocio (masters) de por medio. Pero no todo puede ser adaptabilidad. En tal caso estaríamos renunciando a la posibilidad de la crítica del ciudadano a la sociedad en la que vive. Y los cambios sociales, como dije más arriba, no sólo se producen por el desarrollo tecnocientífico; sino por ideas éticas y acciones políticas derivadas de éstas. No tenemos que estar obligados a aceptar el mundo que se nos ofrece. A lo que estamos obligados es a la transformación del mismo desde nuestra actitud crítica y como ciudadanos. La aceptación del mundo que se nos ofrece no es más que una mordaza al ciudadano. Es hacerle participe de un pensamiento hegemónico que ha caído, el neoliberalismo. Nada de socialismo digital, como utópicamente dice el señor Ibarra. Y ese neoliberalismo tiene una idea a la base que es la del crecimiento ilimitado. Y créame, señor Ibarra, el crecimiento mata. Y sino eche un vistazo a la historia del siglo XX y principios del XXI. Hay una última alusión al concepto de autoridad que hace usted y que a mi me parece bochornosa. Viene usted a decir que los alumnos están cansados y hartos de tomar apuntes en las clases magistrales, cuando sólo con un clic de ordenador tendrían una información infinitamente más amplia que la de cualquier profesor. Y enlaza a los críticos de la utilización de las nuevas tecnologías en los centros educativos con aquellos que defienden la autoridad. Y en su argumento se desliza que, puesto que en Internet hay más información, en el ordenador habría más autoridad. Creo que esto es una idea ingenua, peligrosa y una falta de respeto a los funcionarios y profesionales de la educación. No se puede confundir la información con el conocimiento; ni, por supuesto, con la autoridad. El conocimiento requiere de un orden causal y explicativo que la información por si sola no puede dar. La información ordenada argumentativamente produce el conocimiento que es siempre conjetural. Mientras que no se adquieran las destrezas de la argumentación, en primer lugar, y los conceptos básicos de las disciplinas, seremos incapaces de transformar la información en conocimiento. Nadie va a negar la información ilimitada de Internet, pero todo el mundo sabe que ahí no hay conocimiento. El alumno que entra en Internet sin los conceptos básicos y sin la capacidad argumentativa, es como un elefante en una cacharrería. Y, por último, lo de la autoridad. Vamos a ver, la autoridad tiene que ver con la excelencia (virtud: areté en griego) y es algo que se conquista por el esfuerzo, la disciplina (aprendizaje, ejercicio continuado) y se desprende del que la tiene. Pero no todo profesor, por el hecho de tener conocimientos tiene autoridad carismática, aunque tenga excelencia. Por ello son necesarios arbitrar los mecanismos institucionales para que el profesor sea una persona de autoridad. Y, para ello, hay que fomentar su prestigio, y esto es una medida política barata, no hacen falta más ordenadores, que son caros y se quedan obsoletos, además de ser víctimas del atropello juvenil. La autoridad del profesor es la que permite el aprendizaje por mimesis, por contagio e imitación. El profesor excelente, con autoridad moral e intelectual ama su disciplina –y el carácter ético de la educación: hacer mejor al hombre, hacerlo libre y autónomo- y transmite ese amor, ese impulso ético a sus alumnos. Por supuesto, también utilizando las nuevas tecnologías. Pero lo uno no sustituye a lo otro. Pero para que esto sea posible hay que acabar con otro mito: la democratización de la enseñanza. La enseñanza debe partir de la igualdad de oportunidades para fomentar la excelencia y el mérito. La democratización de la enseñanza es la pérdida de la excelencia y de la virtud. Pero esto es otro tema.

27/11/2009

 

                        27 de noviembre de 2009

 

            Ando releyendo un libro de Leopardi, con motivo de su efemérides: Zibaldone de pensamientos. Lo leí por primera vez hace unos quince años. Me sorprende ver mis propios subrayados que seguirían siendo, más o menos los mismos, pero vistos desde otra perspectiva. Cuando leí a Ciorán y a Leopardi, me encontré identificado con todo su pensamiento. Su centro es el pesimismo y una visión desesperada de la vida, así como la visión de la inutilidad de toda existencia, el vacío, la nada. También me ocurrió con Schopenhauer y con Nietzsche. Pero lo curioso es que todos ellos, en mi juventud, a pesar de coincidir con ellos en su pesimismo, me hicieron reír. Es más, me daba cuenta de la sabiduría de estos señores y la compartía sin yo saberlo. Quiero decir con ello que cuando lees un libro que te apasiona y en el que te sueles identificar con lo que se expone es porque, de alguna manera, más o menos explicita, tú has llegado a las mismas conclusiones. Y lo que sucede es algo maravilloso. El autor empieza a hablar por ti. El autor al que lees y con el que coincides plenamente te hace tomar conciencia de tu propio pensamiento a través de su lenguaje. Él ha sido capaz de expresar lingüísticamente aquello que tú sólo has barruntado en tus sentimientos y, quizás, en algún momento, has sido capaz de pensar. Esto me ha ocurrido con algunos filósofos, como son todos los que he citado antes, sería de justicia añadir algunos más que han dado estructura a lo que soy intelectualmente o, por lo menos, me han servido de andaderas para aprender a caminar en este mundo del pensamiento: cabe citar aquí a Platón, Sócrates, Aristóteles (la ética) Hume, Kant, Wittgenstein, Ortega, Unamuno y Popper por citar los más frecuentados. En todos ellos me he ido conociendo a mi mismo y me he ido construyendo, proceso en el que aún ando, y por eso siempre tengo que volver a estos autores, a pesar de bregar con los más contemporáneos, para no perder el paso, digamos. Por eso comentaba el sentimiento al releer a Leopardi después de quince años. Pero quisiera señalar una cosa. Antes decía que esos autores pesimistas me habían hecho reír, pero resulta, que al volver a releer a Leopardi, mi sorpresa ha sido la de una tremenda seriedad ante lo que se me dice, a pesar de que lo comparta. Digamos que los pensamientos han pasado de ser entendidos a ser sentidos. Es aquello que decía Unamuno de El Quijote: de niño de hace reír, de joven te hace pensar, de viejo te hace llorar. Porque el Quijote también es un libro que trata de la condición humana desde su miseria, y de los afanes del hombre por salir de esta miseria.

 

            Pero quería comentar en estas líneas, muy esquemáticamente, algunas de las ideas básicas del libro en cuestión. Hay un concepto que vertebra toda la obra leopardiana, es el de tedio. La existencia humana es tedio. Es decir, la condición del hombre es la del aburrimiento. El hombre, por naturaleza, se aburre. El hombre es el único animal que se aburre. Y huye del tedio como del mayor de los males. De lo que se trata es de estar ocupados. Tenemos dos salidas, o abandonarnos a la desidia, la indiferencia o la desesperación u ocuparnos. En todos los casos la existencia es vacía. El único sentido de la existencia es el placer. Algo que descubrieron ya los epicúreos. Donde hay placer no hay dolor. En realidad, lo que se produce en el hombre es un desajuste con respecto a la naturaleza. Es decir, y aquí coincidiría con Rousseau y con Ciorán, la razón: el psanmiento, la filosofía y la ciencia, han pervertido la naturaleza del hombre. El resultado de esta perversión es la pérdida de la ilusión. El motor de la acción humana es la ilusión. Y aquí hay una analogía muy interesante entre los antiguos y primitivos y el niño. Lo que ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad es que el hombre se ha desnaturalizado en la medida en la que ha ido conociendo la naturaleza por medio de la razón. Es aquello que decía Weber del desencantamiento del mundo. La ciencia, la filosofía, con sus explicaciones causales y argumentales del mundo y de la propia naturaleza humana han desencantado al mundo y al propio hombre. Ya todo tiene explicación, y lo que no lo tiene la tendrá. Quiere decir esto que hemos perdido la ilusión y la esperanza. El mundo se ha desacralizado y se ha objetivado y al propio hombre le ocurre lo mismo. ¿Qué nos queda?: el tedio. El camino ya está trazado. Hemos perdido la capacidad de asombro y de sorpresa. Venimos como si dijésemos de vuelta. Pero el problema es que esto es como el pecado original, una vez mordida la manzana ya no hay vuelta atrás. La humanidad ha perdido su virginidad intelectual, ha perdido la inocencia, y con ella, la ilusión y la esperanza. Tan sólo nos queda el tedio. La analogía con el niño y el adulto es interesante. La naturaleza del niño es el juego, la pasión, el deseo, el placer, la inmediatez con todo lo que le rodea, el asombro. No hay sombra de aburrimiento en él. El niño vive el instante. Como diría Nietszche, el niño es el paradigma del superhombre. Cuando nos hemos descargado de todo el peso de la cultura occidental que es el que procede de la racionalización del mundo, la invención de las ideas, el concepto del bien y del mal, etc. El niño está por encima del bien y del mal. El niño vive en el paraíso en la medida en la que no tiene tiempo, vive en el instante. Y cada instante es pleno de placer. La vida del niño es la vida animal, la vida natural. Aquella que hemos perdido a lo largo de la historia (proceso de desencantamiento del mundo o proceso de desnaturalización del hombre). Como digo no hay marcha atrás. No nos sirven los discursos de la ecología profunda que nos instan a volver a la naturaleza, como si dijésemos, con el taparrabos. Pero, ¿a dónde ir si ya no hay naturaleza, está plenamente humanizada, la hemos convertido en nuestro mundo? Insisto, no hay vuelta atrás. La situación del hombre es el desencanto y el desengaño. De la misma manera, el niño, como el primitivo y los antiguos (los que inician la cultura: los orígenes griegos) además de estar cargados de ilusión, de expectativas y esperanzas y de vivir instalados en el placer de la relación inmediata con la naturaleza, están expuestos al máximo dolor. Les ocurre también a los animales. Ni éstos ni los niños son capaces de entender la frustración, la ausencia del placer. El niño se tendrá que resignar, y en esto consiste el proceso de socialización. En extirpar su naturaleza y sustituirla por una segunda naturaleza que es la cultura. Pero ésta, siguiendo a Freud, otro de los autores que tendría que haber citado antes, no es más que el conjunto de normas morales, costumbres, hábitos, etc., que reprimen nuestro ello, nuestros instintos naturales, especialmente el de placer. Por ello Freud, en su obra El malestar en la cultura nos viene a decir que la felicidad humana es imposible, que la propia condición cultural del hombre nos tiene abocados a la frustración, la represión y la infelicidad. En el hombre hay siempre una tensión entre sus deseos y lo que no puede hacer por mandato moral. A su vez hay una búsqueda continua de la felicidad en la que existe una constante, la disolución en el sentimiento oceánico. Esto significa, la anulación del yo, origen del sufrimiento porque su existencia es frustrada y reprimida. La cultura nos puede ofrecer diversos sucedáneos de felicidad, como el misticismo, las drogas, el deporte, la vocación científica y filosófica, etc. Algunas son más acertadas que otras. Unas pretenden anular al yo, mientras que otras pretenden la distracción, mantenerse ocupado, afanarse. Pero al final en todas tenemos de fondo el vacío, la nada. De ahí la mística oriental que, a mi manera de ver, es la que más se acerca a una visión naturalizada del hombre y a la redención de su mal que reside en el yo o la conciencia. También está en Freud el concepto de sublimación por el que somos capaces de trascender nuestras frustraciones, fundamentalmente, por medio del arte y la creación científica y filosófica. Por eso dice Nietzsche que el superhombre es un artista que juega, como el niño.

 

            En definitiva no existe salida. La única escapatoria que tenemos es la del placer. Curiosamente las religiones monoteístas que han constituido la tradición occidental han renegado del placer y lo han visto como el peor de los males. Como digo el placer elimina al dolor. Mientras que hay placer hay felicidad. Y si hay felicidad no hay angustia ni necesidad de dios, ni de un más allá. Eliminar el placer es el instrumento mejor de control que ha inventado el cristianismo, el judaísmo y el Islam. Sin placer hay miedo y angustia. Compárese esto con otros males en los que la religión no ha hecho tanto hincapié. Me refiero, por ejemplo, a la condena de la guerra, la violencia, etc, es más, la ha fomentado como vehículo de unión y de identidad, para enfrentarse a otros humanos de cultura y religión distintas. En definitiva, ideologías para fundamentar el poder y el dominio del hombre por el hombre. Y de paso, se mantiene al hombre entretenido, dándole un sentido y un quehacer a su existencia. Pues como decía es el placer la única salida. Pero, de ninguna manera se nos podrá volver a dar la felicidad como en los orígenes. La vida debe ser la consecución de los placeres. Pero, como decía Epicuro, fundamentalmente de los placeres necesarios para el vivir y de los estáticos (intelectuales) la contemplación artística y filosófico-científica. Más no nos es dado alcanzar.

 

            Y una última reflexión. A todo esto hemos llegado también a través de la ciencia. Me refiero a la idea de Darwin. Ésta pone en su sitio al hombre. Éste no es más que un ser contingente de la evolución, en pié de igualdad con los demás seres. Su existencia es contingente y mientras que está aquí se empeña en sobrevivir. Toda la cultura, no es más que un mecanismo de supervivencia, que mientras que perdure, lo único que muestra es su eficacia. Pero el objetivo no somos nosotros, sino la replicación de los genes que utilizan a los individuos, organismos, como máquinas de supervivencia. Y eso lo llevan haciendo 3.500 milones de años. No somos nada.

 

26/11/2009

 

                        26 de noviembre de 2009

 

            La ética y la política de Aristóteles cada vez me resultan más interesantes. No voy a desarrollar aquí sus contenidos (tengo en proyecto para el próximo curso escribir un libro que se titularía: Reflexiones sobre ética y filosofía política, ése sería el lugar oportuno para ello) pero sí hacer unas reflexiones sobre el significado actual y la necesidad de recuperar su concepto de virtud para la ética y la política.

 

            En primer lugar, Aristóteles es el primero que separa la ética de la política, no completamente, porque esto es imposible. Pero hay que saber que en la Grecia de entonces, en la época de los sofistas, Sócrates y Platón, la ética y la política venían a coincidir. Quizás Sócrates es el que abre la caja de los truenos porque, como dirá Hegel, introduce el ámbito de la eticidad; esto es, la individualidad y la libertad. De ahí que, además de tener a Platón como seguidor, que opta por la comunidad frente al individuo, con lo que la ética es absorbida por la política y se elimina la libertad humana cayendo en un modelo de estado totalitario, tiene a los cirenaícos, los estoicos, los cínicos y los escépticos. Estos, por el contrario, optan por el individuo frente a la sociedad. En el caso de Aristóteles se da una armonía entre la ética y la política. Los dos son saberes prácticos. Es decir, que se ocupan de los actos humanos. Aquellos que van encaminado a la conquista del bien supremos, la felicidad son los que tienen que ver con la ética. Y los que se dirigen a la consecución de la justicia son los que tienen que ver con la política. Pero en Aristóteles hay que partir de que el hombre es animal político, es decir, que vive en polis, ciudades. Hoy diríamos que es un animal social. Con lo cuál la actividad política es imprescindible. El hombre es un ser político por naturaleza. De esta manera podemos entender que, de alguna forma, el saber ético, queda supeditado al saber político. O que la vida feliz está condicionada por el estado justo. Lo primero, la política, después la ética. Aunque los libros de ética de Aristóteles estén mejor desarrollados y acabados que los de política, esto no implica que la propia naturaleza política del hombre dé la primacía al estado frente al individuo. La política seria una condición de la posibilidad de la vida feliz. La naturaleza del hombre, como hemos señalado, es social. El hombre solo o es un dios o una bestia, decía el filósofo. Lo que es lo mismo, el hombre solo no tiene sentido. (De ahí que en la ética el bien más preciado para la consecución de una vida feliz sea la amistad en sus diferentes formas.) Pero el fin natural del hombre en tanto que individuo es la felicidad. Esto implica que ésta última no es posible conseguirla a menos que se viva en sociedad. De ahí que el modelo social mejor sea el que haga posible la justicia. Y uno de los aspectos de la justicia es la posibilidad de que en una sociedad se pueda alcanzar el ideal de la vida buena: el bien supremos, la felicidad. Con esto queda demostrado la separación de la ética de la política, por un lado, y el condicionamiento político para la vida ética, por otro.

 

            Pero, ¿cómo se alcanza el fin propio del hombre que es el bien supremo o la felicidad? La respuesta aristotélica es que por medio de la virtud. Y ésta las divide en las virtudes morales (la virtud está en el medio de dos extremos que caracterizan al vicio) y las intelectuales: las que definen al hombre como animal racional. El fin del hombre es realizar su propia naturaleza y resulta que Aristóteles además de definir al hombre como animal social, lo define como animal racional; esto es, como ser que conoce por medio de la razón. Así, el fin último del hombre, donde reside su virtud máxima, entendiendo ésta en su sentido griego, areté, excelencia, es en la vida/virtudes intelectuales. Pero es necesario destacar un comentario de Aristóteles sobre la virtud para traerlo a nuestra época. La virtud no es una ciencia, como dijesen Sócrates y Platón, sino una práctica que se consigue con el ejercicio hasta que se convierten en un hábito. En este sentido tenemos que unir el concepto de virtud de Aristóteles con su significado latino. La virtud en su etimología latina significa fuerza. Así, el ejercicio de la virtud, la perseverancia en el mismo, la disciplina, necesita de la fuerza. Pues bien, creo que es ese sentido el que debemos recuperar hoy en día del pasado para el presente. La educación de la virtud, la educación ética en suma, es la educación en el esfuerzo, la perseverancia, la disciplina que nos llevará a la excelencia. Y el único camino para ello es la conquista de las virtudes morales e intelectuales. Pero hoy en día, en todo el siglo XX, tanto en la educación, como en la política y en la ética, se ha olvidado el tema de la virtud. En cada ámbito por motivos distintos. Creo que es necesario una reflexión sobre este asunto porque toda la crisis actual (humana) es, como siempre, una crisis de valores; esto es, una crisis filosófica. Y la reflexión que hemos hecho sobre la virtud puede aportar algo de luz en el túnel en el que nos encontramos.

 

            Pero digo aún algo más para terminar. Este neoaristotelismo que he esbozado tiene que ir acompañado de un neokantismo. La conquista de Kant para la humanidad, que ya la hemos comentado muchas veces aquí, es la conquista de la dignidad. El hombre es un ser digno en tanto que es libre y autónomo. En ese sentido es dueño y señor de su vida. Es un fin en sí mismo. La unión del concepto de persona y el de la virtud en tanto que excelencia a partir del esfuerzo deben ser el fundamento de la vida ética. Pero, claro, si volvemos a Aristóteles, resulta que el hombre, como es un animal social/político, entonces la política –en nuestro caso, la democracia, como el mejor de los gobiernos posible- es la condición de posibilidad del desarrollo de esta vida ética. Ésta es ni más ni menos que la tarea encomendada a la democracia y que debe llevarse a cabo a través de la educación. Y ahora que vengan los psicopedagogos con su jerga pseudocientífica de motivaciones, competencias básicas, adaptaciones, y demás verborrea para ocultar su ignorancia y su simpleza científica. No se puede arrojar el pasado a la basura por el hecho de ser pasado. El pasado está para aprender. Y la naturaleza del conocimiento ético-político y filosófico-histórico, no es la misma que la del conocimiento positivista-científico. El error de los psicopedagogos y de los políticos que los alimentan, es el reducir la naturaleza humana a objetos observables. De esa manera nos quedamos sin lo esencial y acabamos burocratizando la educación e instrumentalizando al hombre.

25/11/2009

 

                                   25 de noviembre de 2009

 

            Hemos estado hablando en reflexiones pasadas sobre la intolerancia. Ésta procede del pensamiento dogmático que considera que posee una verdad última y absoluta. En este sentido quiero hacer unas reflexiones sobre la intolerancia de esta sociedad, desde el poder político al eclesiástico, en lo que se refiere a lo que se reclama como derecho inalienable: el derecho a una muerte digna. Me estoy refiriendo a la eutanasia. De entrada quiero decir que soy partidario de la eutanasia y de los cuidados paliativos que eliminen el dolor y ayuden a tener un final digno. Mis argumentos se basan en una crítica a la hipocresía de la sociedad en la que vivimos que, además, no se enfrenta a la muerte y en una crítica al soporte ideológico que niega la posibilidad de la eutanasia como un derecho: la religión cristiana.

 

            Decía Nietszche que no nos veremos libres de dios mientras que no nos veamos libres de nuestra gramática (lenguaje). La sentencia del filósofo es importante. El lenguaje es el vehículo del pensamiento y a través de uno y otro se nos manifiesta la realidad. Por eso nuestro ateismo no llegará hasta que no seamos capaces de analizar hasta las últimas consecuencias lo que la sombra de la idea de dios y de la religión como institución de poder histórico representa. Tanto la idea de dios como la iglesia han perdurado durante veinte siglos y han dejado en el lenguaje y en nuestra capacidad de percepción de la realidad y de nuestra existencia una huella casi imborrable. Se sea o no creyente se es participe de la tradición cristiana. Por eso es necesario conocer esta tradición para eliminar todo aquello que nos esclaviza y quita dignidad a nuestras vidas. Y éste es el caso de la eutanasia. La muerte digna, el suicidio voluntario o el suicidio asistido, deben ser un derecho del hombre siempre y cuando consideremos al hombre como el valor máximo. Cuando digo que el valor máximo es el hombre lo que estoy diciendo es que el máximo valor es el de la dignidad. Ahora bien, como sabemos desde Kant y la ilustración, la dignidad de una persona consiste en que es un fin en sí mismo. Y ello supone que no puede ser instrumentalizado, no puede ser tratado como un medio. Él es un fin en sí mismo y, de tal forma, él es dueño de su existencia desde su libertad. Entendiendo, por supuesto, la libertad desde sus límites y condicionantes, que no son ni más ni menos que el respeto de los otros. Así, la prohibición moral y legal de la eutanasia –tanto en su versión de suicidio a lo estoico, como suicidio asistido cuando el paciente no puede llevarlo a cabo autónomamente- es un atentado contra la dignidad humana y por esto la eutanasia debe ser reivindicada como un derecho del hombre. El argumento es sencillo. Si resulta que proclamamos como máximo valor la autonomía y la libertad; es decir, aquello que aporta la dignidad al hombre, entonces, prohibir por ley o moralmente la eutanasia y el suicidio es convertir al hombre en esclavo. Dicho de otra forma, es eliminar la libertad que el hombre tiene sobre sí mismo en la medida en la que es un sujeto de derecho dotado de dignidad. Es una privación de la libertad en el sentido de que al prohibir la eutanasia se está instrumentalizando, desde la legalidad y basándose en una moral particular que luego veremos, al hombre. La privación de este derecho, casi universal ahora mismo, es una instrumentalización del hombre en virtud de intereses particulares: políticos, morales y legales.

 

            La legalidad vigente se apoya, en este caso, como en muchos otros, en la moral cristiana heredada y en el derecho romano transmitido por la cristiandad. Desde el punto de vista de la moral cristiana el hombre no es dueño de su vida. Ha sido creado a imagen y semejanza de dios para gloria y alabanza de éste. Por tanto, la vida para el cristiano es un don divino del que no puede prescindir, aunque se convierta en una carga, porque, en definitiva, es un regalo de dios y no se puede ir contra la voluntad  divina. En realidad, para el cristianismo atentar contra la vida de uno mismo es el peor de los pecados en la medida que es renegar del favor de dios. Por eso a los suicidas, cuando la religión era más seria y menos interesada que ahora, no se les daba sepultura en el camposanto. Y es esta moral particular la que se cuela en el derecho. Pero como podemos apreciar esta moral no parte de la dignidad del hombre en tanto que autonomía y libertad, sino que el hombre es sujeto de dignidad en tanto que es creado a imagen y semejanza de dios. Pero el hombre, desde un principio, al ser creado, está instrumentalizado. Es un ser que vive en deuda con el creador. Esto ha dado lugar a una ética heterónoma (las normas vienen de fuera: de dios) y basada en el resentimiento y la resignación. El sufrimiento hay que aceptarlo como prueba divina. Al hombre no le está dado rebelarse contra dios. Renegar de dios es estar condenado. Esto genera el resentimiento por el cual queremos que todos sufran nuestros males. Queremos que nuestra moral sea universal. Y en buena medida los cristianos lo han conseguido durante siglos. Pero como vengo diciendo esto tiene poco que ver con el principio de dignidad y autonomía. Son contrapuestos. Mientras que el cristianismo mediatiza al hombre, la ilustración, lo convierte en un fin en sí mismo. Aunque no hay que venirse tan lejos en la historia; ya los estoicos defendían el suicidio como muerte digna frente al sufrimiento y la pérdida de dignidad. Era una cuestión, precisamente, de dignidad y valentía. Pero la moral cristiana ha calado en la cultura y en nuestro sistema legal. De tal forma que, legalmente, la eutanasia es un delito, el suicidio –aunque en muchos casos es cierto- se ha convertido en una cuestión médica, no ética. Desde el punto de vista de la sociedad, en cambio, hay una mayoría  que reclama los cuidados paliativos. Hay que recordar aquí que son muchos los que mueren con dolores terribles, cuando existen fármacos anestésicos que les permitirían llevar una vida digna hasta el final. Todo por una moral particular y caduca y por prejuicios médicos infundados. En este sentido la sociedad va por delante de las instituciones legales y del corporativismo médico.

 

            La moral cristiana que alimenta las leyes que sostienen la ilegalidad de la eutanasia deben ser eliminada, no en su expresión particular, sino en su pretensión de universalidad. Ya hemos dicho que el fundamento moral de la legitimidad y legalidad de la eutanasia es el principio de autonomía y libertad. Pues bien, la actual legislación, amparándose en una ética particular viola esta autonomía. El cristianismo y su moral son aceptables en una sociedad plural. Pero no se pueden establecer como verdades universales. El problema aquí es que en el cristianismo radica el principio de universalidad en la medida en la que se considera absolutamente verdadero. De ahí que su ética tienda a universalizarse y se convierta en totalitaria. La legalización de la eutanasia no es una legalización de la eugenesia. Es la posibilidad de amparar la dignidad de aquellas personas que quieran poner fin a su vida y no puedan por sí mismo. Respetando siempre, por supuesto, la voluntad de aquellos que no quieran, faltaría más. Lo contrario sería eugenesia: un asesinato en masa basado en supuestos principios científicos. No es esto lo que aquí decimos.

 

            Hay también un argumento, que creo muy simple, por parte de los que atacan la eutanasia, y es la afirmación de que la vida siempre tiene sentido, esté uno en la situación en la que esté. Pues mire usted que no es así necesariamente. Eso del sentido de la vida es una cuestión muy subjetiva, depende de la percepción y de los valores de cada uno. Para algunos una tetraplejia puede no impedirles vivir y desarrollarse intelectual y espiritualmente, y me alegro de ello, pero para otros, por más que se les ha intentado convencer y ayudar, pues resulta que es una tortura, una esclavitud, un atentado contra su dignidad. El respeto consistiría aquí en crear la cobertura legal para que éste último pueda acceder a la eutanasia. Otro problema moral que subyace a la ilegalidad de la eutanasia y que tiene su derivación de la ética cristiana es la absolutización de la vida como valor máximo. La vida no es el valor máximo. El valor máximo es la vida digna. Si la vida pierde la dignidad, la vida pierde para el que la vive todo valor y se convierte en una tortura. Por eso, la ilegalidad de la eutanasia es una forma de tortura amparada en viejas formas morales. Y por eso decía que la sombra de dios y del cristianismo es alargada. El derecho a la eutanasia se deriva directamente de los derechos humanos fundamentales y debería ser añadido a ellos explícitamente.

 

            Un par de reflexiones finales para terminar. A veces pienso que la lucha por la eutanasia es propio de una sociedad burguesa y acomodada. Que existen problemas éticamente más graves, como el hambre, la violencia. Pero no es esto del todo cierto. Cuando se lucha por la legalización de la eutanasia se lucha por la dignidad del hombre, si bien es cierto que este problema nos lo planteamos en las sociedades avanzadas de resultas del avance en la tecnificación de la medicina. Pero el fondo es el mismo que el de la violencia y el hambre: la lucha por los derechos humanos en tanto que defienden la dignidad del hombre. Por otro lado hay que matizar la hipocresía de los poderes legales, ejecutivos y religiosos cuando niegan la eutanasia y la convierten en un crimen; sin embargo, desde sus poderes defienden la guerra justa, la pena capital, los supuestos daños colaterales. En fin, esta hipocresía es propia de una sociedad enferma. Y por otro lado es propio de un poder que quiere controlar a los ciudadanos desde la cuna hasta la tumba.

 

24/11/2009

            24 de noviembre de 2009

 

            Interesantísimas las 40 reflexiones y cuatro moralejas del ministro Gabilondo en la inauguración de las 23 jornadas sobre educación de la Fundación Santillana. Si realmente esto es lo que piensa (hemos puesto un enlace de audio en el blog) entonces estamos salvados. Pero me temo, que son buenas intenciones de un profesor, profundas reflexiones de alguien sabio, pero políticamente ineficaces. Creo que será arrastrado por el devenir político que no hace más que adaptarse a las circunstancias del momento. Desde luego que habría que imprimirlas y leerlas en las aulas y los claustros para que recordemos a nuestros políticos lo que realmente debemos  reivindicar y lo que realmente es la educación.

 

 

                                   24 de noviembre de 2009

 

            Gran figura la de Hypatia de Alejandría. Su muerte es el fin de una época de pensamiento y el inicio de la intolerancia. Su muerte en el siglo IV a. C. representa el fin del helenismo y el comienzo del cristianismo. El surgimiento de la filosofía –o el conocimiento racional en general- representó el surgimiento de la tradición crítica. Y esta tradición es la tradición del diálogo. Y para que el diálogo se pueda llevar a cabo es necesario poseer una virtud moral que es la de la tolerancia. Esta tradición es el gran invento del helenismo y por eso la democracia fue necesaria para que cuajase la filosofía y la ciencia. La democracia introduce una sana relativización del pensamiento que abre las puertas al pluralismo y la necesidad del diálogo. El surgimiento de la ciencia es el surgimiento de la crítica a la superstición. Fue una conquista progresiva de siglos. Y su pérdida fue algo de siglos también. La muerte de Hypatia, que se ha hecho famosa con la película de Amenazar, Ágora (lugar de encuentro y diálogo, sede de la enseñanza y la política, plaza pública) no es más que el símbolo último del fin de una época: la época del pensamiento libre.

 

            Hypatia fue matemática e hija del matemático Teón, último director del museo de Alejandría. Esta ciudad fundada por Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, fue el centro del saber durante ocho siglo, justo hasta la muerte de Hypatia, que se convirtió en la última profesora e investigadora de Alejandría. Alejandría fue la sede de la gran biblioteca que lleva su nombre, la mayor de la humanidad hasta los tiempos modernos, y del museo, centro de enseñanza e investigación al más estilo moderno universitario. Durante sus ocho siglos de existencia, tanto la biblioteca como el museo, aunque sufrieron grandes avatares, se mantuvieron como los centros del saber del mundo conocido de entonces. Sólo la intolerancia del poder político y de la religión acabarían con este ejemplo de libertad de pensamiento que sumirían a la humanidad en una época de oscuridad intelectual y espiritual en la que el saber fue eliminado prácticamente de la faz de la tierra. Precisamente fueron los musulmanes españoles, junto con los judíos, pero más los primeros, los que iniciaron un primer renacimiento de este saber recopilando y ampliando las obras perdidas de la biblioteca de Alejandría. Y éste renacimiento, en un cierto clima de tolerancia que hizo posible hasta la teoría de la doble verdad de Averroes, fue el que hizo posible el renacimiento europeo del que ya hemos hablado aquí desde distintos ángulos.

 

            La tremenda muerte de Hypatia, a manos de la intolerancia, el machismo, la superstición, el ansia de poder, el delirio de grandeza, nos hace pensar en la naturaleza humana. Y nos hace pensar también en lo difícil que es la conquista de los valores de la libertad del pensamiento, la dignidad de la persona y lo fácil que es caer en la intolerancia. Toda religión, todo ideología no son más que opiniones establecidas por el poder en las que se cree. El hombre es mas un ser de creencias que de razones. Las creencias no necesitan del esfuerzo del análisis. Las razones necesitan del continuo escrutinio, de la evaluación, la verificación, la refutación, la búsqueda de nuevas explicaciones. Las razones implican una tarea y un respeto al otro. Necesitan de la igualdad. Las creencias, por el contrario, son fruto de la pereza. Nos ofrecen la explicación y el sentido de nuestra existencia sin la necesidad del mayor esfuerzo. Cuando estamos en una creencia (ideología política o religiosa, vienen a ser lo mismo al caso) no podemos reflexionar. Somos esclavos de ellas. Y somos capaces de dar la vida y matar por ellas. Las creencias, todas, tienen en sí el germen de la intolerancia que genera por sí misma el fanatismo y la violencia. La época helenística, con todos sus altibajos, fue una época en la que surge el pensamiento crítico y se relativiza el poder religioso y político. Pero igual que floreció desapareció. Nosotros somos herederos, a través de los musulmanes españoles, como no me cansaré de decir (porque el mismo fanatismo y la misma capacidad de modernización hay en ella como en el cristianismo frente a lo que mantiene la ideología del choque de civilizaciones) de la modernidad. Y ésta es el símbolo de la nueva conquista del pensamiento en su dimensión intelectual y ética. Y, por ello, nos debe servir como advertencia el fin del helenismo. Creo que nuestra cultura está en peligro debido a ciertas ideologías que se han instalado en el poder y que están creando muerte. Recuerdo el título de una obra que precisamente se llama: El crecimiento mata. Y, efectivamente, la ideología del crecimiento ilimitado, del neoliberalismo, del estado mínimo, ha producido muerte y miseria. Pero, quizás, las cosas no han hecho más que empezar. El siglo XX fue el siglo de los totalitarismos que estaban basados en ideas que se transformaron en ideologías totalitarias que sustituyeron el pensamiento y la ética por la barbarie y la violencia. El siglo XXI, naciente del seno mismo del XX, se nos muestra incierto. Se proclama el fin de las ideologías, pero esto no es más que una ideología para producir un pensamiento único, una creencia, con la que justificar el poder. Los discursos oscurantistas y supersticiosos abundan por doquier, el relativismo radical del todo vale, justifica el vacío del pensamiento y la barbarie de la acción violenta, guerra, intervenciones armadas con la excusa de la democracia. Quiero decir con todo esto que estamos necesitados de una profundización en la ilustración. Estamos necesitados de la recuperación del pensamiento como actitud intelectual y ética: la crítica y la tolerancia. Si no conocemos nuestro pasado estamos condenados a repetirlo. La muerte de Hypatia fue terrible, pero no menos que la de millones que han muerto por las ideologías, las creencias, el fanatismo y la intolerancia. Me pregunto, siempre, ¿cómo pueden entender esto nuestros alumnos?, ¿cómo puedo enseñarles el valor básico de la tradición crítica nacida en Grecia, la tolerancia?, ¿y si quizás el hombre necesite repetir la barbarie en sus propias carnes para aprender? ¿o, quizás, dentro de un clima de tolerancia, por contagio, aprenderá este valor? No lo sé, pero mientras tanto la barbarie continúa y el mundo –salvo excepciones- sigue siendo injusto y cruel; pero no porque deba ser así, sino por nuestra culpa.

 

23/11/2009

                                   23 de noviembre de 2009

 

            Increíble. Leo un artículo de un miembro de una asociación con intención de fomentar ideas llamada Solchaga & asociados y que pretende analizar cuáles han sido los errores de la izquierda de tal manera que ha hecho posible que la derecha, a pesar de la crisis, sigue ganando en Europa. La cosa está muy clara. La izquierda gobernante, lo que yo llamo la izquierda realmente existente es de derechas desde el punto de vista de la economía. Ello quiere decir, que en su momento abrazó el neoliberalismo y no pensó en ningún tipo de modelo alternativo. Las diferencias entre derecha e izquierda fueron meramente epidérmicas y anecdóticas. Y ahora se preguntan como pueden coger el carro del poder y volver a ganar elecciones frente a la derecha. Pero es que el problema es que ellos no cambian de paradigma, siguen siendo neoliberales, el futuro es incierto, los males están conjurados. Leo hoy que el polo norte se derretirá por primerevez en 25 millones de años. Y los políticos siguen con sus intrigas. Y Copenhague a la vuelta y sin compromisos. Nos tendremos que ir acostumbrando a la idea de que el hombre se ha exterminado parcialmente a sí mismo en muchas ocasiones. Lo peor de todo es el sentimiento afectivo que te une a tus hijos, los que heredarán lo que les dejemos. Somos absolutamente responsables. Hemos organizado un caos. Y lo peor de todo es que todo esto te hace perder la confianza en la racionalidad humana y te hunde en ideas conspirativas de la historia. Hay que resistir. Si admitimos esto, admitimos la irracionalidad y el todo vale.

 

                                   -o-

 

            Lo que faltaba. Llevo un año esperando las segundas jornadas organizadas por la casa de la cultura de Villafranca de los Barros, desde una entelequia política: el foro de debate Prisma, y me encuentro con un despilfarro de dinero público para hacer propaganda de la mala política educativa que en este país se ha venido practicando desde hace más de treinta años.

 

            Lo primero es lo del foro prisma. Menuda mentira y engaño. Dónde se ha visto un foro de debate donde no se debate nada, sólo se realiza una jornada al año; eso sí, acompañada de muy buen cine. Pero el debate no ha lugar, porque no hay discrepancia de ideas. El punto del que se parte es desde lo políticamente correcto y desde el pensamiento hegemónico que representa el poder. Cómo se puede tener el cinismo político de crear un foro de debate, cuando una serie de ciudadanos llevan reclamando un debate técnico y político con los poderes institucionales y estos se niegan a ello amparándose en el poder. Menuda frialdad. Nada, lo de El Leviatan de Hobbes: el estado es un monstruo gélido, sin ética.

 

            Y lo de la educación, pues para qué queremos más. Con la que está cayendo y van y nos traen a la consejera de educación, al rector de la universidad de Extremadura para defender Bolonia y a un psicopedagogo, que no conozco. Ojala me equivoque y éste sea el crítico. En fin, que la cosa no tiene remedio. Lo mejor sería, siguiendo al ensayo sobre la lucidez de Saramago que ningún profesor asistiese, o que asistiésemos una gran mayoría e hiciésemos un boicot a través de intervenciones que desenmascaren a los ponentes y que muestren a la ciudadanía el mal, el caos y la impostura en la que vive la educación.

 

                                   -o-

 

            Gran sorpresa ayer al leer en El País, a la defensora del lector, la que se ha formado con el artículo de Enrique Linch sobre el feminismo de la revancha. Hemos hecho aquí algunas reflexiones sobre este asunto; pero lo que me hace escribir estas líneas es que una gran cantidad de lectores sugerían al periódico que no se debía haber publicado este artículo que es considerado machista y políticamente incorrecto. La verdad es que los medios de comunicación construyen la realidad. Es imposible de hacer un análisis de las causas de los fenómenos porque entonces ya no se te entiende y, además, te acusan de lo que sea. El pensamiento hegemónico es el políticamente correcto y salir de él te lleva a ser declarado anatema. Eso de la libertad de expresión es un mito. No todo el mundo tiene la oportunidad de hablar y expresar sus opiniones. Además, los medios de comunicación tienen dueños. Y no sólo esto, sino que ya se encargan ellos, para no perder audiencia, de no salirse de lo consuetudinario, de la opinión vulgar. Lo malo de todo esto es que sin un pensamiento heterodoxo, crítico y radical es imposible el debate. Pero todo está atado y bien atado. La libertad de expresión es parte de la neolengua que utiliza el poder para engañar a una dócil ciudadanía.

19/11/2009

            19 de noviembre de 2009

 

            El asunto del secuestro del barco pesquero Alakrana y su feliz liberación plantea, independientemente de la cuestión ética, un debate sobre filosofía política de hondura. Se trata del tema de la razón de estado. ¿Un estado puede aceptar el chantaje de los que están fuera de la ley? ¿Se puede permitir que las víctimas mueran sin el apoyo del estado? Las dos posturas se enfrentan, pero a mi modo de ver, es una forma de mezclar los sentimientos con la razón. Evidentemente que todo gobernante tiene el deber de proteger a sus ciudadanos en tanto que esa es su misión. Pero creo que hay una cosa clara, la protección de los ciudadanos no puede minar las bases del estado de derecho, en tal caso éste se derrumba y las consecuencias últimas las pagaran los ciudadanos. La cosa es compleja. La razón de estado nos dice que el estado, por cuestiones de interés general, considerando que hay un bien común a largo plazo, puede saltarse la ley y la moralidad. La cuestión es saber, hasta qué punto es esto permisible sin socavar el propio estado de derecho. Por mucho que nos cueste afectivamente un estado no puede aceptar el chantaje de los delincuentes. Si ése es el caso entonces se presagian males futuros. La lucha contra el que está fuera de la ley tiene que ser desde dentro de la ley; y el estado es el garante de la legalidad. Es cierto que el gobernante tiene que tener la suficiente empatía como para ponerse en el lugar de las víctimas inocentes, pero esto no debe servir para que pierda su racionalidad, sino para animarle a introducir los instrumentos legales y materiales para que estas tremendas situaciones no se produzcan. Y esto no es una razón de estado despiadada. Es el triunfo de la ley sobre la barbarie. Otra cosa, también, sería analizar porqué se dan estos casos tan abundantes de piratería. Estamos en una sociedad global, pero sólo económicamente. Tenemos que dar el paso a un gobierno global que pueda regular todo este entramado. Pero para eso tenemos que dar el paso ético hacia una sociedad cosmopolita.

 

                                   -o-

 

            Otro asunto que creo que es urgente tratar es el carácter que van teniendo las reivindicaciones feministas. Éstas se han pasado a lo que se llama el feminismo de la diferencia, que es discutible, aunque una posibilidad teórica y práctica. Yo prefiero defender el feminismo de la igualdad que habría que encuadrarlo dentro del concepto de igualdad ilustrado. Pero el feminismo de la diferencia ha engendrado un sentimiento malsano que procede del resentimiento de la víctima. La mujer ha sido, a lo largo de toda la historia desde el neolítico, la víctima de la ideología machista defendida por las tradiciones religiosas, políticas y filosóficas. Estas ideologías y creencias han justificado el abuso de la mujer relegándola a simple objeto de posesión del hombre. Y esto ha engendrado un tremendo sufrimiento, pero no menor que el que han tenido razas consideradas inferiores a las que se las ha maltratado, torturado y esclavizado. Todo ello es producto de la tradición. Como de la tradición es producto el concepto de igualdad y dignidad en el que coincidimos todos los hombres. Pero como decía, la situación de víctima de la mujer ha producido un sentimiento vicioso y peligroso, que es el del resentimiento, y lo que está sucediendo en algunas reivindicaciones feministas es que se está dando largas a este sentimiento. De este modo las reivindicaciones de la mujer pasan de la igualdad a la venganza y la revancha. Curiosamente, y de forma contradictoria, asumen los valores machistas de la fuerza y la violencia, cosa que el feminismo debe superar. Éste, a ni modo de ver, no es el mejor camino a seguir. La tarea es la conquista de la igualdad de derecho desde la diferencia ontológica, que la hay, que es inevitable y enriquecedora. La igualdad entre hombres y mujeres debe ser de orden legal y en todos los ámbitos de la sociedad. Pero la diferencia es de orden ético y ontológico. Los valores femeninos –por supuesto, no exentos en el hombre, todos somos duales- del cuidado, la afectividad, la comunicabilidad,… deben ser incorporados a nuestra tradición y ello produciría un gran enriquecimiento ético. Por el contrario, si se lucha por la igualdad de las mujeres y los hombres desde el resentimiento y la venganza esto no hará más que aumentar la violencia de los hombres bárbaros y machistas que abundan más de lo deseado. La venganza engendra venganza. Las víctimas deben abandonar la conciencia de víctimas, independientemente de la recuperación de la memoria histórica que nos permita luchar contra futuras injusticias semejantes, y luchar desde su diferencia y particularidad ontológica y ética por una sociedad más justa e igualitaria.

18/11/2009

 

 

                                   18 de noviembre de 2009

 

            Hay un tema importante de la ética, la política y la legislatura. Me estoy refiriendo a la capacidad de juzgar las culpas de un sujeto colectivo. Desde el punto de vista legal de momento esto es imposible, en la medida que las colectividades no son consideradas sujetos, y por tanto, caen fuera de ámbito del derecho. Pero la cuestión es grave. Podemos decir que cuando existe el conocimiento por parte de una sociedad del mal que desde el poder se está realizando, ésta, de alguna manera, es responsable. Así se ha llegado a la conclusión de que de alguna manera hay cierta responsabilidad moral en la sociedad alemana del exterminio de los judíos. Pero por ese hecho no fueron juzgados ni pueden serlo. Hubo el juicio de Nurenberg que juzga a los directamente culpables y a los ejecutores, pero deja sin juzgar la responsabilidad moral de todo un conjunto de ciudadanos, intelectuales y científicos, una gran mayoría, que participa de las ideas del régimen y que, de cualquier forma, consienten el mal. No hay juicio legal sobre esto, lo único que tenemos es la responsabilidad moral que la historia nos puede ayudar a reconocer en cada caso.

 

            Pues bien, esta reflexión también viene al caso de reconocer quienes son los culpables y los responsables de la crisis económica que vivimos, el cambio climático, el hambre, las enfermedades en el tercer mundo, los etnocidios, etc. Podemos señalar claramente a los culpables de cada uno de estos males, muchos de ellos coinciden. También una inmensa mayoría de los ciudadanos son conniventes de este mal. Hay una responsabilidad moral. En el caso de la crisis actual, con el hambre, el paro, la miseria,…que lleva aparejada podemos reconocer claramente a los culpables: los gobiernos de las superpotencias, los grandes bancos, el FMI, el BM, y algunas entidades más. Ahora bien, el problema es que no podemos juzgar a los que ocupan los cargos directivos, ellos están dentro del sistema. Si no hubiesen estado ellos estarían otros y todo seguiría igual. Cómo podemos juzgar a estos sujetos colectivos que son el origen del mal. El problema y la mala noticia es que no existen instrumentos legales para ello, sólo tenemos la posibilidad de la crítica y la denuncia moral. En el caso de la crisis económica la situación nos ha llevado a un cinismo espantoso. Los fondos públicos han sido utilizados por los dirigentes políticos para paliar la crisis que las mismas entidades habían producido, de tal manera que los ricos han seguido siendo ricos y el sistema se sigue manteniendo –aunque hemos sobrepasado los límites del crecimiento, luego estamos viviendo de un crédito que no podremos pagar- y los pobres han aumentado y son más pobres. Como digo no existen instrumentos legales ni nacionales ni internacionales que puedan juzgar a estos sujetos colectivos, ni siquiera, como en el caso del ejemplo alemán que he puesto, hay un reconocimiento moral de la culpa. De ahí el cinismo de la situación en la que nos encontramos. ¿Qué hacer entonces? Creo que la única salida es la revolución al estilo ilustrado. Hay una serie de gentes amparados en entidades que funcionan como sujetos colectivos que están fuera de la ley. La revolución consistiría en que el principio de igualdad ante la ley les llegara. Lo mismo que ocurrió en la ilustración, con las dos revoluciones, americana y francesa, se estableció el principio de igualdad de tal manera que los privilegios del antiguo régimen que dejaban fuera de la ley al clero y la nobleza, desaparecieron dando paso al concepto de ciudadano. Algo similar es necesario hoy en día. Sabemos quienes son los culpables, debemos exigir a nuestros políticos,poder ejecutivo, que elaboren los mecanismos que posteriormente el poder judicial pueda aplicar a estos malhechores fuera de la ley. Pero la tarea es larga porque todavía estamos en pañales en cuanto a la justicia universal en lo concerniente a los crímenes de guerra. La Corte Penal Internacional está en pañales y los estados, amparándose en la soberanía, pueden aceptar este tribunal o no, o restringir al poder judicial de la nación la investigación sobre casos de justicia universal como ha hecho España, habiendo sido un ejemplo por haber sido capaz de sentar en el banquillo a varios dictadores criminales de guerra.

 

                        18 de noviembre de 2009

 

            Leo en el número 197 de la revista Claves un interesante artículo titulado La evidencia de los derechos humanos de la historiadora Linn Hunt, se trata de una extracción de su última obra La invención de los derechos humanos. Aquí mantiene la autora una tesis muy interesante sobre el origen de los derechos humanos, pero que yo no comparto del todo. Se trata de explicar por qué en un momento determinado de la historia y en una cultura determinada, la occidental y la época de la ilustración, el siglo XVIII, tanto en América, como en Europa, surgen los derechos humanos y hay una sensación en los promotores de estos y en la población en general de evidencia. Es decir, se proclaman los derechos humanos, como algo natural, algo que concierne a la humanidad por el hecho de ser tal, algo, en fin, evidente. La autora nos viene a decir que esto es el resultado de una evolución cultural que afecta directamente a la estructura neuronal o cerebral, de tal forma que hace aparecer la empatía, sin la cual es imposible la comprensión de los derechos humanos, porque es imposible ver al otro como otro yo. Bien, el mecanismo es cierto, pero no del todo. Lo que la autora señala es que la evolución de las costumbres que hicieron al hombre más refinado, aumentaron el recato, el recogimiento, la individualidad, la limpieza, etc, unido al hecho de que la cultura se va progresivamente extendiendo cada vez a más ciudadanos que tiene posibilidad de leer noveleas, ir al teatro, escuchar música, etc, les lleva a tener un contacto con los otros de igual a igual. A través de la lectura de novelas se empieza a contemplar al otro como otro yo. Las vicisitudes que se cuentan en las novelas nos hacen semejantes a todos, de tal manera que de aquí surge la empatía e identidad que son necesarias para ser capaz de percibir al otro como un semejante. Esto es bien cierto, no lo dudamos. Pero tengo que hacer varias matizaciones. En primer lugar la cultura no estaba en el sigo XVIII tan extendida como para que los derechos humanos fuesen percibidos por la inmensa mayoría de la sociedad como naturales y evidentes. Los derechos humanos son un invento y una construcción histórica que se podría encuadrar dentro de una búsqueda de la dignidad humana. En segundo lugar, es cierto que en el cerebro, a título individual, se produce una transformación que nos hace percibir los derechos humanos. Evidentemente, esto es lo que sucede tras el proceso de socialización que es vehiculado por la adquisición del lenguaje. Ahora bien, en el cerebro está la capacidad innata de la empatía, sino no seríamos animales sociales, igual que está también la agresividad que explica nuestra cualidad en tanto que cazadores y el orden jerárquico de la sociedad así como la existencia de la violencia. Es decir, que en el cerebro está la condición de posibilidad de desarrollar los derechos humanos teniendo como base la empatía natural, en tanto que instinto. Pero ya no hay nada más. Los derechos humanos son una conquista ética que emergen como algo nuevo paulatinamente de la historia. Ahora bien, una vez que van apareciendo y se inscriben en el proceso de socialización, entonces modifican el cerebro, concretamente las áreas frontales que son las del pensamiento y la conciencia, lo cultural, digamos; y esa transformación nos predispone a captar los derechos humanos como naturales y evidentes, pero porque, en última instancia, en nuestro sistema límbico, que se encarga de las emociones, se encuentran las neuronas espejo que hacen posible el surgimiento de la empatía y ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Pero, en si mismo, los derechos humanos son construcciones laboriosas que tienen su historia. En la época de los judíos era impensable que alguien ayudase a un samaritano, el pueblo judío ha sido siempre excluyente –véase, sino el antiguo testamento. Sin embargo Jesús de Nazaret, a partir de la parábola del buen samaritano funda la fraternidad, el amor al prójimo, base fundamental, aunque religiosa, de los derechos del hombre. Probablemente hay aquí una influencia del budismo y su concepto de compasión, y del induísmo que pone en pié de igualdad a todos los seres de la naturaleza, como también el taoísmo. Esto constituye una conquista ética de la humanidad. Lo mismo se puede decir del cosmopolitismo de los estoicos, del que ya hemos hablado en estas reflexiones. El cosmopolitismo es la consideración de que todos los hombres son hombres, iguales. También es necesario entender la teoría del derecho natural de la filosofía cristiana, el concepto de creación a imagen y semejanza de dios que otorga a todos los hombres la misma dignidad. El debate en España sobre la naturaleza humana o no de los indios. Y toda esta historia culmina con la revolución americana y la francesa que realizan sus particulares declaraciones de los derechos humanos. Nos enfrentamos a una historia de conquistas que van transformando la sociedad de tal forma que progresivamente los derechos humanos se van haciendo evidentes, aunque no lo son, en tanto que no son ni siquiera naturales, son construcciones éticas que, además, necesitan el respaldo de la legalidad. Mientras no estén legitimados por la ley, son papel mojado; o, a lo sumo, un ideal ético de la humanidad.

17/11/2009

 

17 de noviembre de 2009

 

                        Autoridad, democracia y educación

           

Leo el último libro de José Antonio Marina La recuperación de la autoridad y no tengo más remedio que coincidir con él en su análisis contra la educación permisiva y autoritaria, pero también en la necesidad de recuperar la autoridad, pero como siempre hemos dicho, en un sentido etimológico y clásico.

 

            El problema de la democracia y de la educación, a mi modo de ver, y coincidiendo alegremente con ello con José Antonio Marina, es el de la falta de autoridad ligado al fomento de la mediocridad y a un desconocimiento o equivocación entre la democracia y la igualdad. Es un error histórico el haber abandonado la educación de la virtud, es decir, de la areté, que es la excelencia en los griegos. De ahí que los problemas que vemos en la escuela son los mismos que se reflejan en la sociedad y a la inversa. La crítica a los falsos valores que se nos están transmitiendo en la democracia es la misma crítica que podemos hacer a la educación en el sentido de que ambas han descuidado la educación en la virtud y han fomentado los falsos valores individualistas, antisolidarios, el relativismo del todo vale, lo superficialidad, el hedonismo romo y ramplón. A ello hay que sumarle también el terrible efecto del triunfo de una filosofía posmoderna que defiende el relativismo, como el fin de los grandes relatos de la humanidad, y con ello el fin de un discurso ético. Todo este conjunto de circunstancias disuelven la humanidad y la conquista de ese gran discurso y proyecto ético de la humanidad en busca de la dignidad. Como he dicho en muchas ocasiones considero que la ilustración es un proyecto, no caduco, como defiende los posmodernos y relativistas –haciéndoles un flaco favor a las distintas formas de poder- sino inacabado. Y el centro de este discurso es el proyecto ético universal de la humanidad en busca de su propia dignidad, algo que no se tiene sino que se conquista. Si queremos una democracia saludable, tenemos que tener una ciudadanía docta, en el sentido de virtuosa, que conozca sus derechos y sus deberes. Pero esto sólo se alcanza por medio de la educación.

 

            Pero vamos por partes, de lo primero que tenemos que hablar es de la autoridad. Hay que diferenciar entre el poder y la autoridad. El poder viene dado por la institución a la que se pertenece, la autoridad es algo que viene dado por el reconocimiento, ahora bien ,este reconocimiento tiene dos ámbitos, el primero es el que dona la propia institución y la sociedad y el segundo el que emana del propio individuo. Y es aquí donde está la cuestión. La sociedad y las instituciones tienen que velar por la autoridad que emana de las propias instituciones porque los individuos, salvo excepciones, no tienen porqué tener autoridad. Aunque de lo que se trata, que también habría que decir, es que han de conseguirla en su proceso de educación. Porque la autoridad está ligada a la virtud. La autoridad, a diferenta del poder, que es frío e institucional, emana del propio sujeto y tiene que ver con la virtud y la excelencia. De lo que se trata es de fomentar esa autoridad. Yo creo que tiene dos dimensiones, la moral y la intelectual. En este sentido, la autoridad, unida a la institución, es objeto por sí mismo de respeto. Hay una cosa curiosa que apunta José Antonio Marina y es la siguiente. Resulta que la democracia la definimos como el poder del pueblo, si queremos que la democracia funcione, el pueblo no sólo debe tener el poder, sino que debe poseer la autoridad. Esto es muy importante porque es una consecuencia directa de la ilustración, un pueblo con autoridad es un pueblo libre con criterio propio y autónomo. Y el tema aquí está en cómo alcanzamos una ciudadanía, que además de tener el poder tenga la autoridad. Pues para ello es necesario una refundación de la democracia que tiene como objetivo una moralización de la misma. El problema de la democracia es un problema de debilidad ética, es decir, de falta de virtud (fuerza) o areté, (excelencia). Y la única manera de solucionar el problema es por la vía de la educación.

 

            En las democracias actuales, en este mundo globalizado mercantilmente en el que el único valor es el mercado y en el que los ciudadanos sólo miran hacia sí mismo, nos encontramos ante una crisis ética. Se ha perdido la confianza en la virtud, de ahí que no se considere la autoridad como un valor fundado en la excelencia. Es más, se ha perdido incluso la capacidad de reconocer la excelencia. La corrupción impera por todos lados y frente a ella la respuesta de la ciudadanía es el desencanto y el comportamiento mimético en su propio campo. No se cree en las conquistas de la humanidad, en ese gran proyecto ético del que hemos hablado que nos ha llevado desde la barbarie a los derechos humanos. Hay que decir también que aunque disfrutemos de los derechos humanos, seguimos teniendo barbarie. Es más, como conquistas éticas de la humanidad están seriamente amenazados.

 

            Desde la ilustración para acá hemos ido saliendo del autoritarismo basado estrictamente en el poder y la fuerza arbitrarias. Esto es lo que ha hecho que tanto a nivel social, como a nivel educativo, la autoridad haya sido menoscabada. Hay que sumarle también, y el daño aquí no es poco, que la educación ha caído en manos de psicólogos y pedagogos, que intentan hacer de un arte, una ciencia. Han intentado reducir al hombre a meros hechos empíricos y generalizaciones inductivas. Estos “científicos” han rehuido de la ética y de la moral como algo de lo que no se puede hablar y que hay que desechar de la educación. Estos psicólogos y pedagogos han producido un tremendo mal en la enseñanza, porque, en definitiva, han eliminado la ética, y la educación, que debe estar basada en la autoridad de la que aquí hemos hablado, es una tarea ética. Por ello se ha pasado del autoritarismo arbitrario, al dejar hacer, sin sentido y sin norte; a la ausencia de los deberes en virtud de la omnipresencia de los derechos. Pero así lo que hemos producido es individuos esclavos. Porque la educación es la educación de la voluntad; es decir, de aquello que se sobrepone a nuestras pasiones. Y para ello se necesita autoridad y disciplina. La personalidad no surge porque sí misma, ni está marcada genéticamente. Es un mecanismo de retroalimentación entre ambiente (entre ellos la educación) y la genética. La ausencia de autoridad en la sociedad y en la escuela produce ciudadanos esclavos de sus pasiones, que sólo contemplan sus derechos, no los deberes. Y aquí está el problema, porque si no se posee la virtud, y esto requiere de la educación la disciplina (discere: aprender) la autoridad, no se posee la libertad. Se ha confundido la autoridad basada en la virtud que es de la que aquí hablamos con la autoridad arbitraria, por eso se rechaza. Se exige libertad absoluta. Pero esto es un engaño, no hay libertad sin cumplimiento del deber, no hay libertad sin ejercicio de la virtud, no hay libertad sin disciplina.

 

            En educación se ha oscilado en torno a dos modelos del hombre. Dos teorías antropológicas. La una que el hombre es un ser caído, malo por naturaleza, que necesita del poder y de la fuerza para ser disciplinado. Esta es una concepción del hombre subhumana; y es la base de las sociedades tradicionales anteriores a la ilustración. El modelo opuesto es el roussoniano, esto es, que el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompe. Si la sociedad corrompe al niño lo mejor es no hacer nada, dejar que desarrolle sus instintos “libremente”, esto es, el capricho, el egoísmo y el caos social. Hay que recuperar la autoridad en el sentido de excelencia y recuperaremos la libertad. Ahora estamos bajo la tiranía del individualismo y el egoísmo. Es necesario partir de una teoría más correcta del hombre, ni lo uno ni lo otro. Confío más en Kant que habla del fuste torcido de la humanidad, pero a la vez, es el forjador del concepto de dignidad, autonomía y libertad. El hombre es un fin en si mismo, por ello es un sujeto de dignidad, no puede ser tratado arbitrariamente. Todos somos iguales en tanto que somos sujetos, por tanto, dignos y respetables. Pero también es cierto que debemos conquistar nuestra libertad y nuestra autonomía por medio del proceso de ilustración. Estamos, como dice Kant, en una época de ilustración –todavía, después de doscientos años- no ilustrada. Y en qué debe estar basada esa educación-ilustración, pues a mi manera de ver en recuperar la autoridad, a nivel social y a nivel educativo. Pero ello lleva aparejado que el objetivo fundamental de la educación es una educación ética. De lo que se trata es de que el ciudadano se sumerja en ese gran proyecto de la humanidad que es el proyecto ético ilustrado que consiste en la conquista de la dignidad humana. Y esto, sin la unión entre el poder institucional y la autoridad ética reconocida por los ciudadanos es imposible. Pero para aplicar esta educación en la escuela es necesario recuperar la disciplina en el sentido que aquí le hemos dado. Disciplina no es castigo; sino ejercicio, esfuerzo, práctica. Debemos recordar la práctica deportiva para recuperar el concepto de disciplina. Hay que desenmascarar esta palabra de los prejuicios psicopedagógicos y posmodernos. Y el profesor es el que debe impartir esa disciplina: es decir el ejercicio en la exigencia del cumplimiento de los deberes. Y sólo así por medio de este ejercicio nos haremos libres, porque nuestra voluntad dominará nuestros apetitos que son volubles, caprichosos y tiránicos. La educación, en fin, debe estar basada en la autoridad y la disciplina, que tienen como objetivo la educación de la voluntad para que el futuro ciudadano conquiste su libertad y se convierta, él mismo, en una autoridad. Y de esta forma la ciudadanía tendrá, no sólo el poder, sino la autoridad. Ahora, discúlpenme ustedes, no le concedo ninguna autoridad a la ciudadanía, y por tanto, a la decmoracia. Es decir, que como no se produzca este cambio ético seguirá teniendo razón Platón y la democracia será el gobierno de los ignorantes, y recuérdese que el ignorante en Platón es esclavo, de esta manera se cierra el círculo de nuestra argumentación. Y para terminar hay que decir también que es necesario acabar con ese discurso fácil del posmodernismo, ese discurso que considera que los relatos se han acabado, que todo vale, con lo que al final lo que tenemos es el poder del más fuerte o el triunfo de cualquier ideología oscurantista. No debemos olvidar que la conquista de la humanidad es una lucha permanente.

 

13/11/2009

13 de noviembre de 2009

 

La libertad y el intelectual comprometido

 

Yo amo la libertad, y no quiero ni puedo servir a ningún partido. Erasmus.

 

            Quiero hacer con este ensayo sobre la libertad y la actitud intelectual, que podemos llamar erasmiana, siguiendo a Dahrendorf, un homenaje a la figura de este filósofo y sociólogo recientemente fallecido. Para ello he seguido su última obra publicada: La libertad a prueba. Los intelectuales frente a la tentación totalitaria. Lo que hace Dahrendorf en esta obra es analizar qué es lo que hay en la actitud, o ha habido en la actitud de ciertos intelectuales del siglo XX que no les ha hecho caer en las dos grandes tentaciones totalitarias: el fascismo y el comunismo. Se centra fundamentalmente en los intelectuales nacidos en la primera década del siglo, aquellos que tenía edad suficiente, pero no la suficiente madurez para escapar a ella, para caer en la tentación de los totalitarismos. En esta década hay tres figuras consagradas: I. Berlin, K. Popper y Aron. Podríamos incluir también a Bobbio. Pero el autor prefiere quedarse con los tres primeros como actitud erasmiana absolutamente probada. De todas formas estos tres autores se puedan aumentar hasta una lista de diez que nacieron en esta década. De la misma manera el autor estudia el papel y la probada actitud intelectual erasmiana, el intelectual comprometido, pero como observador comprometido de nuchos otros intelectuales del siglo XX pero que, por estar rodeados de otras circusntancias y pertenecer a otra generación no estuvieron sometidos a la tentación totalitaria en la que cayeron una inmensa mayoría de intelectuales.

 

            Nos enfrentamos en primer lugar a un doble problema, para empezar tendríamos que analizar qué es lo que hizo que la inmensa mayoría de los intelectuales cayeran en la tentación totalitaria, o fuesen indiferentes, y esto es de alguna manera participar en lo que ocurría, porque al final al menos pecaron de connivencia. El segundo problema es el de saber qué entendemos por intelectual. En el primer tercio del siglo XX tienen lugar las dos grandes ideologías que catalizaran la vida intelectual y que revolucionaran toda la historia arrastrando con ello a millones de víctimas. Estas ideologías eran omnicomprensivas, pretendían solucionar todos los problemas de la humanidad, nos estamos refiriendo al fascismo y al comunismo. Los dos anclan sus raíces en el siglo XIX y son epígonos pervertidos de la ilustración. El comunismo participa de la idea determinista de la historia que no es más que una visión secularizada de la religión. El fin último de la revolución comunista habría de ser la emancipación de la humanidad. Su ideal es el de la igualdad de todos los hombres. Por su parte el fascismo hunde sus raíces en las ideologías nacionalistas de la identidad, en las teorías que hablan del surgimiento de un hombre nuevo y de una raza superior. Esas ideologías participaban de una escatología que se había perdido con el advenimiento de los ateismo. El hombre estaba necesitado de una idea de liberación de los males sociales aquí en la tierra que llenase el vacío que había dejado la religión. A esto hay que sumarle las circunstancias históricas peculiares que se dieron con el desarrollo de la sociedad capitalista a partir de la revolución industrial. En definitiva, estas ideologías llenan un vacío metafísico, ético y político que había dejado la modernidad con su proceso de secularización e ilustración. Pero lo común de ambas ideologías, independientemente de su diferencia de contenidos, es que la adhesión a cualquiera de ellas es la renuncia a la libertad. Y esto último es precisamente la clave para entender porqué algunos no sucumbieron a estas ideologías a pesar de pertenecer a la generación más proclive. Y es precisamente que no renunciaron a la libertad. El intelectual erasmiano es un defensor de la libertad con toda la carga que ello conlleva. Y esto nos lleva a la segunda cuestión la de la figura del intelectual. (No voy ha hacer aquí un desarrollo de la filosofía de estos tres autores, ni de todos los que analiza el autor en su obra, si acaso abundaré algo en la figura de Popper que es el que más conozco y en el concepto de libertad de Berlin, de lo que se trata es de hacer un esbozos de la actitud del intelectual en su raíz erasmista o humanista). El intelectual es una persona que se dedica a las ideas, su objeto de trabajo es el de las ideas, su análisis, discusión. Lee y escribe sobre ellas. Se dedica a los objetos intelectuales. Pero resulta que en ciertas circunstancias se ve obligado a intervenir en defensa de la libertad y esto es lo que lo caracteriza. De tal forma que el intelectual es una persona comprometida, pero sin dejar de ser observador. El intelectual erasmiano, que sigue el ejemplo de Erasmus, frente a Lutero y Tomás Moro, es un observador comprometido, no es imparcial porque toma partido por la libertad y por los débiles, es un denunciante, pero no es un luchador activo, no pierde su perspectiva de observador. Es un vigilante de la libertad. De alguna manera su vida transcurre en una tensión, sino en una paradoja, no puede intervenir porque pierde su capacidad de observación y porque, además, al tomar partido, cede su libertad. Por eso tampoco el intelectual erasmiano o comprometido no es un luchador de la resistencia. Ninguno de nuestros tres ejemplos o cuatro empezando quinientos años antes por el propio Erasmus, estuvieron en la resistencia, fueron espectadores comprometidos. En mi opinión ésta es la tarea del intelectual y no se le puede pedir más. Y creo que el análisis de las ideas, la clarificación, la intervención pública del intelectual para mostrar sus pensamientos y ejercer la crítica frente a las diversas formas de poder que eliminan o quieren cercenar la libertad humana es lo único que puede hacer. El intelectual comprometido ni es un mártir, ni es un héroe (en algún sentido su actitud y resistencia sí puede ser considerada heroica) sino un luchador incansable por la libertad, un desenmascarador de los engaños, un hombre condenado a la soledad por no querer ceder un ápice de la libertad. El héroe y el mártir pertenecen a otra categoría moral. Los mártires y los héroes son hombres de acción y renuncian fácilmente a la libertad por luchar por una causa que consideran justa y verdadera. Por eso muchos intelectuales y ciudadanos normales cayeron víctimas de la seducción de las ideologías totalitarias del siglo XX. La clave por la que nuestros intelectuales no cayeron en esta seducción y tentación es su alto concepto de la libertad, que les permitió analizar desde la distancia el peligro que engendraban estas ideologías. Popper escribe su La sociedad abierta y sus enemigos en Nueva Zelanda, bien lejos de los tiros, quería estar tranquilo y a salvo. Mientras tanto dieciséis miembros de su familia son asesinados por judios, a pesar de ser cristianos bautizados. Esto deja claro que no era ningún héroe ni luchador de la resistencia, lo mismo ocurre con los otros dos y con cualquier intelectual comprometido. Esto puede hacer pensar que es una actitud cómoda, pero no lo es, es heroica en otro sentido. El intelectual comprometido que no se adhiere a ningún partido es un luchador solitario, no tiene compañeros, ni escuela, ni discípulos. Su vida es una lucha en solitario contra las tiranías y los abusos del poder en defensa de la libertad. Y yo pienso que sus ideas tienen consecuencias, quizás más de lo que podamos pensar. Son los guardianes de la libertad, que no es poco. Pero en este teatro del mundo que es la historia cada cual tiene que jugar su papel, o, mejor, saber interpretar su papel lo mejor posible; y al intelectual le toca ser un observador comprometido. Incluso entre ellos no existe ninguna relación especial. Y, por supuesto, sus filosofías no coinciden. Ahora bien lo que según Dahrendorf los une a todos es la ética de la libertad. En palabras del autor podemos definir la actitud ética, siguiendo las cuatro virtudes cardinales de la siguiente manera:

 

            He aquí lo que se necesita para poder resistir a las tentaciones que exigen la cesión de la libertad: ser capaz de no dejarse apartar del propio rumbo aun en el caso de que uno se quede solo, estar dispuesto a vivir con las contradicciones y los conflictos del mundo humano, tener la disciplina de un espectador comprometido, que no se deja comprar y una entrega apasionada a la razón como instrumento del conocimiento y de la acción. Éstas son las virtudes, virtudes cardinales, de la libertad. ¿Suscita su seguimiento simpatía entre los contemporáneos? ¿Se trata de virtudes que uno quisiera recomendar a todos los hombres para hacer posible un mundo mejor? p. 87

 

            Así resume Dahrendorf las virtudes de la ética de la libertad. Y afirma que son las virtudes cardinales porque se corresponden con las virtudes cardinales clásicas: la valentía, la justicia, la templanza y la sabiduría o prudencia. El texto tiene dos partes, la descripción de estas virtudes de forma sintética, por un lado, y la pregunta sobre la actualidad de las mismas. Y estos son los dos puntos que vamos a analizar a continuación. Pero, por mi parte adelanto, que el mundo actual está necesitado de intelectuales comprometidos que actúen desde la ética de la libertad. Porque hoy en día los peligros del autoritarismo no han cesado, sino que vienen enmascarados.

 

            Analicemos ahora someramente estas cuatro virtudes cardinales que caracterizan la ética, en tanto que actitud y carácter, de la libertad. La primera de ellas es la de la valentía. Como hemos dicho el intelectual erasmiano –y podemos fijarnos en nuestros tres ejemplos- no es un hombre valiente. Precisamente frente a las circunstancias adversas de la guerra prefieren estar lejos de los tiros, fuera de las trincheras. Su trinchera es otra. No están en la resistencia. Asisten como observadores comprometidos, pero esto los aleja del mundo y de los demás, los condena a la soledad. No son valientes en el sentido clásico, pero su valentía consiste en la aceptación de la soledad para salvaguardar la libertad y esto es un camino de espinas, no encuentra uno nunca sosiego. El precio de la libertad es la soledad. En cuanto a la justicia el intelectual comprometido vive en la contradicción. No pueden pertenecer a ningún partido, no se les puede declarar de derechas o de izquierda: liberales o socialdemócratas. Asumen la contradicción que existe en el propio hombre. Son kantianos, frente a Rousseau y a Marx. Esto últimos renuncian a la libertad en pos de la igualdad. Los intelectuales comprometidos luchan por la libertad. Pero esta libertad está en tensión con la igualdad y la seguridad. Kant decía que no se puede hacer nada perfecto partiendo del fuste torcido de la humanidad. Y de esto participa la ética de la libertad del intelectual comprometido. No hay sociedad perfecta, se renuncia a la utopía, el análisis de ésta por parte de Popper es despiadado. Todo pensamiento utópico es un pensamiento totalitario. Quizás sí podríamos decir que la utopía de los intelectuales erasmistas es la democracia, la sociedad abierta. Pero la característica de ésta es que está siempre en construcción, es un modo ético de vida que debe ser conquistado en cada momento, una tarea del ciudadano y algo que las instituciones –que a su vez deben ser vigiladas- deben garantizar. En este sentido podríamos pensar la democracia como utopía, en el sentido en el que no tiene lugar, pero si es una idea regulativa, parafraseando a kant –a mi modo de ver, y dicho sea de paso, intelectual comprometido- de la acción ética y política. Los intelectuales comprometidos conocen la imperfección humana y la imperfección de la sociedad de ella resultante; por eso aceptan la tensión entre libertad y seguridad que en toda sociedad hay. La tensión entre libertad e igualdad. Los erasmistas defienden la sociedad abierta que garantiza la igualdad desde la ley, pero esta igualdad no elimina la libertad. Es una igualdad ante la ley. Es el estado de derecho frente al que hay que estar siempre vigilantes para que no se convierta en tiranía. Los totalitarismos lo que hacen es tirar por el camino de en medio y eliminan la libertad de un plumazo en nombre de una escatología final, una emancipación última de la humanidad. Pero los intelectuales saben y ello requiere valentía también, que la justicia es equilibrio. Que en la sociedad abierta se muestra la dinámica de este equilibrio. De ahí el concepto de libertad negativa y positiva de Berlin. Aunque a mi modo de ver, la primera es la condición de posibilidad de la segunda. Berlin se refiere como libertad negativa a la libertad de conciencia y de pensamiento; es decir, a la no coacción. Lógicamente Berlin lucha contra la tiranía y el totalitarismo. Sólo la sociedad abierta y democrática garantiza esta libertad en tanto que es salvaguardada por el estado de derecho. Pero digo que esta libertad es la condición de posibilidad de la segunda, la libertad positiva. La capacidad del hombre de construir su propia existencia, de ser dueño de su propio proyecto de vida.

 

            La templanza es la tercera virtud cardinal. El intelectual comprometido debe ser disciplinado, debe aguantar las tentaciones y seducciones del poder, de las ideas totalitarias. Debe ser austero y dedicarse al análisis de las ideas y a desenmascarar los engaños de las ideologías que emanan del poder. Y la última virtud cardinal de la ética de la libertad es la de la sabiduría o prudencia. El intelectual comprometido considera que la razón es el instrumento que nos sirve para entender el mundo y entendernos a nosotros mismos. Es el instrumento contra las tiranías y los totalitarismos. El conocimiento ejercido por el instrumento de la razón es liberación. Éste es el sentido ilustrado del conocimiento. El saber nos hace libre, y el instrumento de acceso al saber es la razón. La razón debe sustituir a la fe. Ésta última es la base de la creencia. En la religión creemos, en las ideologías creemos. Por eso, tanto la religión como las ideologías totalitarias nos esclavizan, porque eliminan nuestro instrumento de análisis que es el de la razón. De ahí que la razón debe sustituir a la fe. Este es el camino de la sabiduría y la prudencia. Popper lo defiende desde su racionalismo crítico. El camino del conocimiento es un camino por el que vamos reconociendo nuestros errores. Nuestro saber es falible. El camino del conocimiento es inacabable. Como llega a decir, educarse es vislumbrar la inmensidad de nuestra ignorancia. Todo saber es un descubrimiento de nuestra inmensa ignorancia. Lo que llamó Nicolás de Cusa y le gustaba repetir a Popper la docta ignorancia. Lo mismo que el maestro de maestros –otro intelectual comprometido, pero fuera de nuestro contexto,claro- el viejo Sócrates decía, sólo sé que no sé nada; pues bien, esto es la virtud de la prudencia. Pero hay que hacer aquí una matización interesante. La razón no puede caminar sola, está unida a los sentimientos, la razón por sí sola no existe. Tenemos que tener fe (no en un sentido trascendental, sino afectivo) o confianza en la razón. Lo que anima a la razón y al conocimiento es el sentimiento de curiosidad, la perplejidad frente al mundo, el descubrimiento de nuestra propia ignorancia, el afán de la consecución de una sociedad más libre y justa.

 

            Pues bien, así, y de forma muy somera queda caracterizado el intelectual comprometido, Dahrendorf parte de la figura de estos tres campeones de la libertad, partiendo del análisis de la vida del propio Erasmus, porque, como decíamos tuvieron que enfrentarse a la tentación y seducción de los mayores totalitarismos del siglo XX. Pero nosotros podemos universalizar el argumento y decir que esta ética de la libertad debe ser la ética del intelectual siempre y hoy en día también. Y de esta manera entramos a dar respuesta a las preguntas planteadas en el texto de más arriba. El intelectual que sigue la ética de la libertad es siempre necesario e imprescindible. Es más, si hoy en día se pone en duda el papel del intelectual es por dos razones. Los intelectuales suelen ser intelectuales orgánicos, es decir, pertenecen a partidos, han cedido, pues, su libertad. Y, en segundo lugar, al propio poder que siempre enmascara y tiende al autoritarismo le interesa que esta figura desaparezca, porque en definitiva, el intelectual comprometido es un disidente, un hereje, un heterodoxo, un inclasificable, alguien que no está en ninguna parte y en todas, un escéptico en el sentido etimológico griego, un buscador de la verdad y, por extensión, un buscador de una sociedad que garantice la libertad. Los intelectuales comprometidos son necesarios y no se les puede exigir la acción, su acción se ejerce desde la ética de la libertad, otra forma de acción seria la renuncia de la libertad. Digamos que el intelectual comprometido es un vigilante nocturno del propio estado. Un vigilante de los excesos del poder, de la pereza de los ciudadanos, un solitario que no puede casarse con nadie, que es capaz de apreciar las contradicciones y que sabe que no existe lo perfecto ni la verdad absoluta, que todo es revisable. Es un ilustrado, exige y persigue la autonomía. Pero no sólo que el intelectual comprometido en tanto que observador sea necesario en la sociedad de hoy –no voy a enumerar las amenazas de totalitarismos en las que estamos inmersos, la perdida gradual de libertad a la que estamos sometidos- es que lo que hay que perseguir es que la ciudadanía, si quiere salvaguardar su libertad, tiene que conseguir la autonomía, hacerse verdaderos ciudadanos. Éste era el ideal ilustrado. Pero esto está muy lejos de alcanzarse, además es imposible, por aquello de kant ya citado del fuste torcido de la humanidad. Es una utopía, una idea regulativa de la acción ética realizable en esa otra utopía que es la democracia. Pero precisamente por eso, el intelectual comprometido, la ética de la libertad, siguen siendo necesarios. Y, quizás, en este momento más que nunca pues nos hayamos en una crisis sistémica que entrelaza cuatro problemas que son terminales: la crisis económica, el cambio climático, la superpoblación y el agotamiento de los recursos que sostienen el sistema. Ante este panorama –y contando con una ciudadanía sumisa y desencantada de la democracia- las ideologías totalitarias pueden tomar partido y hacer su agosto o, mejor dicho, el peor de los estragos. Estamos realmente en una situación crítica que requiere de los intelectuales y de la ética de la libertad.

 

            13 de noviembre de 2009

 

            La actitud de la iglesia es impresionante desde una perspectiva de las apariencias. Se diría que da palos de ciego, que es atemporal, que está fuera de onda. Pero no es así de ninguna de las maneras. Las reivindicaciones de la iglesia tiene una lógica interna sólida y un fundamento filosófico-teológico y político absolutamente coherentes, si bien, también equivocados. Lo que también es cierto es que la postura de la iglesia con respecto a diversos temas es irritante en su superficie, pero estas posturas no son más que la punta del iceberg del pensamiento que se cuece en la cabeza del teólogo Ratszinger. En verdad que es irritante la postura de la iglesia contra el aborto, contra los preservativos, ni siquiera se admiten estos como un mal menor, para evitar muertes por sida. La iglesia actual ha abandonado el camino de apertura del concilio Vaticano II que se planteó la apertura a la modernidad, el replanteamiento de las relaciones entre el trono y el altar, las relaciones con la ciencia, con los problemas de la sociedad civil. Parecía que el concilio abría una nueva era en la iglesia, que intentaba engancharse a la modernidad afrontando sus retos desde la ética cristiana, pero evitando los fundamentalismos. Pero las cosas desde Juan Pablo II han cambiado y con el Papa actual se han radicalizado. Como digo, la iglesia no da palos de ciego, es todo un plan que obedece a una vieja doctrina teológica y filosófica que el actual Papa quiere reactualizar aprovechando las debilidades del mundo contemporáneo en el que nos encontramos. Su enemigo fundamental es la modernidad y lo que esto significa ético-políticamente: la autonomía y la democracia. Si bien es cierto que su actitud nos parece indignante, y para una gran mayoría les resulta indiferentes por extemporáneas, lo que es cierto es que la iglesia sigue persiguiendo el poder y con la debilidad democrática en la que hemos caído, junto con el pensamiento posmoderno triunfante y el relativismo ramplón que lo justifica todo, son un caldo de cultivo peligroso para que cale la ideología oscurantista de la iglesia actual. No comento las ingerencias de la iglesia en el poder público, que me parecen bochornosas, como esto de querer excomulgar a los diputados católicos que voten a favor del aborto, es tremendo, qué amenaza, con qué facilidad te quieren privar del reino de los cielos, ¡con lo difícil que es, paradójicamente, intentar apostatar! Aquí todo son trabas. La iglesia se cree dueña y señora de la moral, no acepta la pluralidad, sólo la verdad absoluta, que no es más que la interpretación que ella tiene de la verdad. A la iglesia le ha preocupado siempre el sexto mandamiento, ha hecho caso omiso al más importante, el quinto. Ha justificado las guerras, ha elaborado la doctrina de la guerra justa, actualizada en el nuevo catecismo de la iglesia católica. Ha abanderado las cruzadas, el exterminio de los indios de América, el genocidio del franquismo: el dictador bajo palio. Y ahora, que los mantenemos económicamente, se atreven a amenazar. Esto es de un cinismo extremo que sólo se explica porque tienen veinte siglos detrás de corrupción. Pero, en fin, decía, que no iba a comentar estos casos que no son más que el resultado de la doctrina de fondo que es la que aquí nos interesa. Pero la indignación y el bochorno que uno siente ante este poder, todavía demasiado fáctico, y su cinismo, propio de un Herodes, me hace señalar ciertos excesos.

 

            Pero vamos con el fondo de la cuestión. Lo que la actual doctrina de la iglesia pretende es eliminar, como decía, la libertad (autos-nomia) y la democracia (pluralismo, diferentes verdades, dialogo). Es decir, lo que la doctrina oficial de la iglesia dirigida por Benedicto XVI pretende es la reconquista y la cruzada. La iglesia, aprovechando la actual coyuntura política: debilidad de la democracia, relativismo, corrupción, nacionalismos, desencantamiento generalizado, lo que pretende es enmascarar su doctrina oscurantista como una nueva fe e ideología salvadora de toda la humanidad. Quiere aprovechar el supuesto fracaso de la ilustración, la debilidad de la democracia y sustituir toda esta filosofía por un nuevo mensaje que cale en las conciencias de un ciudadano despistado, desorientado, desencantado, egoísta e individualista, dado al consumo y al placer efímero, un ciudadano profundamente descontento. Lo que la iglesia nos viene a proponer, refugiándose para ello en las críticas que se le pueden hacer a los grandes relatos de la humanidad desde la ilustración para acá, desde las filosofías posmodernas, es un pensamiento, ya arcaico, en el que se basó la reconquista y las cruzadas. Un pensamiento totalitario y oscurantista. La filosofía del actual Papa, no va desencaminada, es profundamente inteligente, lo que sucede es que sus intenciones son nefastas. Lo que persigue, en definitiva, es la universalización de la verdad de la iglesia católica, apostólica y romana como única forma de pensar que debe regir la ética y los derechos (sistema legal) de los estados. A esto se le llama teocracia, sin rodeos. Porque no tiene poder físico, si no, nos íbamos a enterar. En esa cruzada quiere ir acompañada de otras religiones, el enemigo a batir son las sociedades democráticas contemporáneas a las que se considera absolutamente corruptas. Como decía, la doctrina de la iglesia aprovecha los análisis que hacen una crítica a la democracia, al capitalismo que crea una mentalidad de consumo, individualista, antisolidario, que vive el placer efímero del momento, para proponer una solución totalitaria, aprovechando el vacío y el desencanto de las conciencias. La cosas es más grave de lo que parece, porque se adueña de discursos que no le pertenecen, los hace suyos para sacar después conclusiones que se enfrentan directamente contra la modernidad (libertad y democracia). Por eso la primera crítica que hacen es al laicismo y encima, el cinismo de la iglesia, lo consideran intolerante. Y nos hacen distinguir entre laicismo y laicidad. El laicismo es la separación absoluta entre la iglesia y el estado dentro de un estado democrático que debe respetar la pluralidad de ideas y creencias y el dialogo entre ellas. El laicismo no es intolerante, al contrario, es una base absolutamente necesaria para la democracia que pone a todo el mundo en pié de igualdad. Las ideas y creencias se peden discutir esta es la base de la democracia, el diálogo. No es posible que una creencia se establezca en norma universal. Aquí lo que se intenta restaurar de nuevo es el falso derecho natural: la ley natural que dios ha puesto en el corazón de los hombres. La única ley que tenemos en nuestro corazón, o, mejor, en el ADN del núcleo de nuestras células, son las de la evolución. Y desde esta perspectiva el hombre es un depredador, por tanto agresivo, pero también animal social: tribal. Y con estos mimbres biológicos hemos creado la sociedad que tenemos. Por eso la historia de la humanidad es una historia de guerras y de exterminios, incluidos los que se han hecho y se siguen haciendo en nombre de la religión. Pero también la historia es la lucha por la conquista de la dignidad humana que se asienta en la libertad humana y en la conquista de la democracia –que se apoya en el laicismo- como forma de preservar esta libertad. Recordemos que las guerras de religión que asolaron Europa no tuvieron fin hasta que no hubo una separación entre el trono y el altar: secularización, y en esto consistió la paz de Wesfalia. No tenemos que olvidar la historia, y estos cínicos con sotana son especialistas en la tergiversación, en la doble verdad y el doble lenguaje, en fin, en la hipocresía que toda forma de poder conlleva.

 

            El enemigo a batir es la democracia y la libertad, los productos más floridos de la ilustración. Muchos son los que consideran que el discurso ilustrado está agotado, por mi parte, considero que el discruso ilustrado no ha sido realizado, independientemente de errores, excesos y todo lo que queramos. Pero la alternativa a la libertad y la democracia, no es el totalitarismo teocrático. Desde luego que la democracia vive momentos bajos, corrupción, desengaño,…que el capitalismo es una ideología que corrompe las conciencias de los ciudadanos: consumismo, individualismo, para en última instancia domesticarlos. Que el relativismo radical: todo vale, es la justificación de que la opinión más válida es la del más fuerte. Toda esta crítica que incansablemente podemos hacer, no desde el posmodernismo, sino desde el racionalismo crítico, desde la creencia en las verdades y en los valores de la libertad y la justicia y en que la razón debe ser la guía son de los que se apropia la iglesia y los tergiversa, haciendo un auténtico malabarismo intelectual oscurantista, que si no es desenmascarado a tiempo puede ser peligroso. Puede ser la ideología que fomente una lucha de civilizaciones, primero contra el capitalismo, aliado al resto de religiones monoteístas en sí fanáticas e igualmente intolerantes, y, luego, contra estas otras religiones. Una auténtica cruzada, que, a mi manera de ver, es una huida hacia delante, teniendo en cuenta la situación terminal (religión terciaria: solo ritual, que diría Gustavo Bueno) en la que se encuentra la iglesia católica.

 

            No podemos permitir que la iglesia se apropie del discurso crítico, porque la iglesia no es crítica, es dogmática. El discurso crítico tiene a la base el hecho de que las democracias son formas de gobiernos perfectibles, de la misma manera que se acepta el principio de imperfectibilidad de toda forma de gobierno. Pero por ello no se renuncia a los valores que dan vida a la democracia: la libertad, la igualdad, la dignidad, la solidaridad, el respeto, el diálogo,…de lo que se trata es que de la crítica surja una profundización en la democracia, no una eliminación. Hay que tener cuidado y estar avisados. En más de una ocasión las críticas a la democracia, unidas al desencanto de los ciudadanos, han acabado en las peores formas de gobiernos totalitarios, genocidas y etnocidas. La historia del siglo XX, empezando por nuestro propio país, está plagada de ellos. (En el nº 197 de la revista Claves Paolo Flores D¨Arcais, azote de la religión y los dogmatismos de la falsa democracia, escribe un interesante artículo sobre estos temas.)

 

12/11/2009

 

                                   12 de noviembre de 2009

 

            El pensamiento de Platón es tremendamente sugerente en todos los niveles, desde su ontología hasta su ética y política, pasando por la teoría del conocimiento. A pesar de la severa, y no exenta de razón,  crítica popperiana a su ideal político, el hecho es que de la crítica que arranca este ideal político platónico es de sumo interés y actualidad. Me refiero a la crítica que hace a la democracia. Pero antes de entrar en este asunto tengo algo que decir sobre su teoría del conocimiento y ontología; es decir, sobre el innatismo y el idealismo. A la larga la razón en la teoría de conocimiento y también en la ontología la ha tenido Platón frente a Aristóteles, no quiere ello decir que la razón sea completa, pero sí más acorde con la ciencia actual. Platón viene a decirnos que el único conocimiento verdadero, universal y necesario, por tanto, es el de las ideas, puesto que las ideas son universales y necesarias. El conocimiento sensible, el que tenemos a partir de los sentidos es un conocimiento aparente, por tanto es doxa, opinión, porque es particular y contingente. Ahora bien, las ideas que tenemos no las hemos aprendido a través de los sentidos, puesto que son sólo racionales. Esto implica que el conocimiento de las ideas es innato, nacemos con ellas. En este sentido dice Platón, el saber es recordar lo que ya sabemos y que lo habríamos aprendido en el mundo de las ideas donde habitan las almas antes de su reencarnación. Esto último forma parte de la mitología platónica para hacernos entender su teoría del conocimiento y de la realidad. Pero la reflexión que yo hago aquí es que se puede actualizar perfectamente desde las neurociencias actuales y la teoría de la evolución.

 

            En realidad, gran parte de nuestro conocimiento, es innato. Es nuestro cerebro el que conoce. Nosotros somos seres inmersos en la realidad, no hay pues una separación objeto sujeto, esto es un mito creado desde toda la tradición occidental. Los orientales tendrían mucho que enseñarnos a ese respecto porque consideran, como así es, el dualismo, como maya, apariencia. Pues como decía, en tanto que estamos sumergidos en la realidad de la cual tenemos noticias a través de nuestros sentidos, que serían como los interface de nuestro sistema, es nuestro cerebro el que modula esta información que no es más que diferentes formas de energía. Nuestro cerebro es una máquina de fabulación que construye la realidad y toda esta realidad viene mediatizada y es posible a través del lenguaje, que no es ningún ente etéreo, sino que tiene su lugar en nuestra estructura neuronal y que además es un producto de la evolución, un mecanismo adaptativo que, en principio, mientras que existe ha triunfado. Nuestro cerebro es el que crea el objeto. No existe el objeto puro y neutro, sí existe la realidad, lo contrario sería el idealismo que nos llevaría a un callejón sin salida que es el solipsismo. Ahora bien, el objeto es tal en tanto que es constituido por el sujeto. Pero para esto último tendrá que llegar kant que considera que el sujeto cognoscente, hoy diríamos el cerebro desde el punto de vista científico, constituye -y esto significa que es parte activa- el objeto. No se puede entender el objeto sin el sujeto. En el sujeto se da lo a priori del sujeto, que son las estructuras del conocimiento que residen en el cerebro y lo a posteriori que es la información, estrictamente física que nos viene por los sentidos. El objeto es una unidad que anula el dualismo. El objeto es una construcción. La realidad, en si misma, es incognoscible, porque es el sujeto el que constituye, construye o hace posible el objeto. Insisto que esto no es un idealismo, ni un subjetivismo, porque en última instancia el sujeto del conocimiento es universal. Y ahora es cuando hay que añadir la teoría de la evolución y hacer una filogénesis del conocimiento. Nuestras estructuras del conocimiento, asentadas en las diversas áreas del cerebro y mediatizadas por el lenguaje son un resultado de la evolución y, además, son comunes a la especie humana, esto es, son universales. No tenemos otras estructuras del conocimiento que las que tenemos como resultado de la evolución. Y ni siquiera podríamos imaginar cómo sería otro mundo pensado desde otras estructuras del conocimiento. Nuestras estructuras del conocimiento, innatas y a priori, son la condición de posibilidad de que se dé el objeto, pero, a su vez, son el límite, no podemos salir de ellas ni ver desde fuera.

 

            Esto me recuerda al asunto del positivismooo científico, corriente de la filosofía de la ciencia que pretende que el conocimiento científico es un conocimiento de los objetos tal y como estos son independientemente del sujeto. El positivismo fue una gran filosofía de la ciencia, pero errónea, lo peor es que quiso trasladar su método al las ciencias humanas y esto es ya peligroso. Me comenta Esteban Mira, del que hemos comentado su obra en este diario, que algunos le acusan de falta de objetividad por introducir una metodología en la que se utilizan los juicios de valor. Pues bien, estas críticas son una herencia de la ya muerta filosofía positivista. No existe el objeto neutro y puro separado del sujeto, ni siquiera en las llamadas ciencias duras o naturales, mucho menos en las “ciencias” humanas. La objetividad es construida, las fuentes no son neutrales, ni en sí mismo, ni a la hora de ser leídas. Pero, como digo, esto no implica, ni un idealismo ni un subjetivismo, porque existen unas estructuras universales del conocimiento que constituyen la racionalidad del ser humano. Hay  que decir aquí también que la filosofía positivista, anclada en el mito de la separación total entre sujeto y objeto ha abonado un mito de la ciencia al que podemos llamar cientificismo que ha sido un fiel aliado del poder precisamente a través de la idea de progreso. Éste último ha sido también considerado como algo inevitable, el destino de la humanidad y que se basa en el conocimiento positivo de la realidad (del objeto) lo cual nos permite a su vez la transformación de la misma. De esta manera, lo único que nos queda es plegarnos a ese desarrollo tecnocientífico. Pues bien, esto no es mas que un enmascaramiento de la realidad y una forma de dominio. Una idea justificadora de la acción del propio poder, en este caso, económico, militar y político.

 

            Vamos ahora con el asunto de la crítica a la democracia. Coincido, como he manifestado en otros lugares, con la crítica que hace Popper al estado platónico, pero considero que la raíz, como adelanté ya, de la construcción de la teoría platónica del estado es en lo esencial correcta. Y lo que viene a decirnos Platón es que la democracia, en tanto que poder del pueblo, es el poder de los ignorantes. Y siendo el poder de los ignorantes nunca podrá ser un gobierno justo. La democracia se rige por la retórica, que parte del presupuesto de que no hay vedad absoluta, todo es verdad, por tanto todo se puede defender. La forma de defender es el discurso. De lo que se trata es de convencer. Si partimos de estos presupuesto el ciudadano nunca va a intentar aprender, salir de la caverna, o –más modernamente- de Matrix. Ahora bien, el discurso retórico está hecho para hacernos ver un mundo de apariencias, un conocimiento meramente opinable. De tal forma que la retórica se convierte en un instrumento de manipulación de las mentes. Si entendemos la retórica hoy en día en toda su amplitud nos damos cuenta de que es omnipresente debido a la omnipresencia de los medios de comunicación. Estos son los que crearán la realidad que el pueblo ve, eliminando otras realidades, en la medida en la que no aparecen en los medios de comunicación. La ignorancia es el no saber que no se sabe, y cuando no tienes la posibilidad de comparar, sopesar, disentir, porque sólo se te presenta un mundo –el que al poder le interesa- entones resulta que el ciudadano está en la ignorancia. Su mente está absolutamente manipulada. La posibilidad de la manipulación de las mentes de las personas hoy en día es inmensa, desde luego que no total, entonces habríamos entrado en el fin. Por eso, en esencia, la crítica de Platón a la democracia sigue vigente, aunque su salida, su teoría del estado totalitario, quizás que no sea la mejor. Lo mejor sería una mejora de la democracia asumiendo el principio general de la imperfectibilidad de la misma. La democracia como una forma de vida y como una construcción diaria que tiene su base en valores universales como el respeto, el diálogo, la solidaridad, la honestidad, la justicia social, la igualdad y la libertad.

 

            Frente a la retórica Platón propone la dialéctica (el conocimiento verdadero o la filosofia). La dialéctica es el paso de lo concreto, el saber aparente y opinable al saber de lo universal, la ciencia. Pero como Platón relaciona el conocimiento con la ética por vía del intelectualismo moral entonces resulta que el conocimiento produce la virtud, además de que el conocimiento es, en sí mismo, una actividad liberadora, porque es precisamente la ignorancia lo que nos tiene esclavizado. El efecto del saber es la virtud y la libertad. Platón es pesimista (o, quizás, realista) y piensa que sólo unos cuantos pueden alcanzar esta sabiduría y que estos serán los gobernantes justos. La ilustración y por eso de ella surge la democracia, piensa que el pueblo, por medio de la educación universal, alcanzaría la ilustración: ser autónomos y libres. Pero me temo que esto fue una ilusión de la ilustración que sería necesario replantear, puesto que considero que el proyecto ilustrado sigue de alguna manera vigente. Lo que es cierto, como hemos comentado antes, es que Platón sigue teniendo razón en lo esencial de su crítica a la democracia, en el sentido en el que los ciudadanos hoy en día por mucha educación universal y obligatoria, siguen siendo esclavos de la apariencia, de la omnipresente retórica del poder a través de los medios de producción.

 

 

                                   12 de noviembre de 2009

 

            Leo un artículo en el diario El País del catedrático de ética y filosofía política, Fernandez Buey sobre lo que se viene diciendo de los estudiantes universitarios en lo que se refiere a su actitud política. Lo  que se viene a decir de ellos es que están despolitizados, que no se interesan por la política, que en otros tiempos los estudiantes eran más activos políticmente. Bien, más o menos, coincido con las tesis de Fernández Buey al respecto y las amplio al resto de la sociedad. En esencia lo que nos viene a decir es que los estudiantes no están despolitizados, sino que están desengañados de la política que tienen; es decir, de la política profesional. Podríamos decir, entonces, que el estudiante, como el ciudadano en general es tan activo políticamente como lo era antes, lo que ha ocurrido, pienso yo, es que el sistema de poder ha intentado absorber la capacidad de acción política. Lo que ocurre es que los gobernantes, los que ocupan el poder ejecutivo, solo quieren que los ciudadanos, estudiantes incluidos, participen de la política de la manera que ellos quieren y tienen reglamentada. En definitiva, es una forma de control de la posibilidad de protesta y una forma de canalizar la acción desde un pensamiento único vehiculado por la supuesta dignidad de las instituciones. Claro, desde este punto de vista y desde esta actitud, cada vez hay menos participación en esta política. El ciudadano en general está asqueado de la política que hacen los políticos. Cada vez participa menos incluso en las votaciones. Es más, está absolutamente desencantado y sabe que al sistema bipartidista al que hemos llegado, en el que asola la corrupción, ética, política y económica, no es de ninguna manera creíble. Por eso el ciudadano y el estudiante rechazan la política institucionalizada que, además, se ha convertido en un mecanismo de control. Las acciones de los estudiantes frente a mediadas políticas, así como la de ciudadanos descontentos son calificadas desde los ámbitos institucionales como radicales y, dense cuenta, peligrosas para la democracia. El cinismo del poder es tremendo. Aunque gobierne una supuesta izquierda, el poder es siempre de derecha y conservador. Ayer precisamente, en clase, hablando yo sobre la pérdida de la capacidad que tenemos de manifestarnos y de hacer huelgas y que a ello ha contribuido el poder, una alumna me decía que lo de la huelga es delicado porque se daña a terceros. Hombre, pues faltaría menos, que presión frente al poder económico y político tiene una huelga, sino es la producir un daño. Toda huelga, como forma de presión, de alguna manera es violenta; pero es lo único que nos queda para enfrentarnos al poder. La actitud de este último, que quiere regular el derecho de las protestas para, dice, preservar el derecho de los ciudadanos, ha eliminado la posibilidad y eficacia de las diferentes formas de presión. Y, por su parte, la actitud de los ciudadanos, que se han vuelto absolutamente recmodones, individualistas y antisolidarios, hace del instrumento político de acción social transfrmadora que son las huelgas y las manifestaciones, una manera radical e inaceptable de hacer política. En definitiva, lo que sucede es que el poder lo tiene todo atado y bien atado. Quiere extirpar el espíritu de rebeldía, quiere perpetuar las actuales formas de poder y de entender la democracia, que no son más que la preservación del borreguismo de los ciudadanos y la corrupción moral y política de la “clase” política.

11/11/2009

                        11 de noviembre de 2009

 

            Caín, la última novela de Saramago. Estupenda, una sátira del antiguo testamento y, por extensión, de la religión. El comienzo es ejemplar, tras una cita de la creación del hombre suscribe en lugar de La Biblia, el libro de éos disparates. Y este es el tono irónico, pero con un alto calado ético y con una intención clara, de toda la obra. Ni que decir tiene lo magistral de su literatura. Otra cosa que se me ocurre es el hecho de que algunas personas tienen una tremenda longevidad intelectual, este es el caso de Saramago. Sus mejores obras comienzan hace treinta años. Todas ellas son metáforas y alegorías, en su conjunto, que tienen una clara intención ética y política. Una unión perfecta entre ética y estética. Esto es de verdad literatura y éste uno de los mayores escritores del siglo XX, que no se queda en el mero esteticismo, siendo un virtuoso del mismo, sino que sus palabras están cargadas de ironía y crítica social. Sus novelas son una forma literaria de análisis de la realidad humana y social, no exenta de compromiso. El intelectual, como ya hemos dicho aquí, debe clarificar, pero no debe olvidar que esa clarificación, siempre limitada, le debe comprometer éticamente, es la limitadísima forma de acción que tenemos, no podemos renunciar a ella.

 

            La crítica al antiguo testamento, fundamento de lo que se ha llamado nuestra identidad europea es devastadora. Podemos leer el libro del antiguo testamento como una muestra de la literatura del mejor absurdo, a éste es al ridículo que lo lleva Saramago en su novela. Pero es que la cosa tiene consecuencias morales. Por eso el libro es un libro de disparates y, además, la creencia literal, como ha sido hasta hace muy poco en el mismo, no es más que un delirio. La religión no sólo es neurosis colectiva, que decía Freíd, sino, delirio colectivo: locura. Pero como digo, las consecuencias éticas son impresionantes. El libro que pasa por ser el fundamento de nuestra tradición religiosa occidental, no es más que un libro en el que se ensalza la ira, la venganza, la muerte indiscriminada, el castigo arbitrario, el exterminio, etnocidio y genocidio, incluso el exterminio de la humanidad entera por parte de su creador. Pero es que el sujeto de todo esto es precisamente el creador. Cómo vamos a apoyar una ética en un creador, señor de todas las cosas, que ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, que es el ejemplo de la arbitrariedad, de la tiranía, de la exclusión de las razas, del genocidio, et, etc. Es una auténtica barbaridad. Este libro no es mas que el libro de un pueblo errante, y su dios no es más que un dios particular que justifica, para domesticar al pueblo, las acciones políticas de los judíos contra otros pueblos. Un dios guerrero, sádico, incomprensible, un ser abyecto, degradado. Lo único que quizás sea verdadero es lo de aquello de que estamos hechos a su imagen y semejanza. Se me ocurre leer el antiguo testamente como una metáfora. En realidad, en tanto que somos hechos a imagen y semejanza de dios, somos seres inmorales, degradados, capaces de lo peor, en lucha por nuestra existencia, para lo cual exterminamos por las artes de la guerra, y sin escrúpulos, al más débil. En realidad, es una imagen del hombre. Por eso el antiguo testamento no es un espejo de moralidad, es un espejo de la naturaleza humana en su sentido biológico. En realidad el antiguo testamento es una religión arcaica, guerrera, que justifica los mayores crímenes de la humanidad en nombre de un dios señor de todas las cosas, pero este dios es un dios particular, hecho a la medida de las circunstancias. En realidad, una auténtica barbaridad. La humanidad tendrá que esperar el surgimiento de nuevos mensaje éticas, basados en religiones o no, para canalizar su propia naturaleza tribal hacia una sociedad más justa e igualitaria, todavía estamos en ese camino. Lo lamentable es pensar que este libro es el fundamente de nuestra cultura, craso error. Pero al entenderlo así podemos entender las cruzadas y las guerras santas, y el exterminio de los indios de América. La historia del cristianismo como institución de poder está ligada al mensaje ético del antiguo testamento. La conquista –grosso modo- de los derechos humanos está ligada al mensaje ético de los evangelios –libros no históricos, hay que decir- que hunde sus raíces también en la tradición budista y taoísta.

 

10/11/2009

 

                                    10 de noviembre de 2009

 

            He terminado de leer el libro de mi amigo Esteban Mira. Ya lo he comentado al hilo de éste ramillete de pensamientos. Me parece magnifico, es valiente, perfectamente documentado y bien argumentado. Comparto sus tesis. Además coinciden con mi pensamiento sobre la historia y sobre el género humano. Esteban se dirige de los juicios universales a los particulares y de éstos a los primeros. Sopesa las distintas argumentaciones, baraja todo tipo de fuentes, enfrenta unos argumentos y posturas contrarias con toda su fuerza, no tergiversa. Es un ejemplo de honestidad intelectual. Pero como ya he dicho no es sólo un gran historiador y en su obra nos lo muestra; sino que su metodología me sugiere que le anima una actitud ética admirable. Su metodología se hace desde la actualidad, sin excluir los juicios de valor. El pasado debe ser juzgado para que no estemos condenados a repetirlo. La historia, a mi modo de ver, y así lo hace Esteban debe ser una escuela moral, ética y política. La historia del hombre es una historia de lucha, guerra y exterminio del hombre por el hombre. No es que caigamos aquí en la tesis darviniana de la lucha por la existencia. Esto es un darwuinismo a lo Spencer que no es más que una mala interpretación de la teoría de la evolución y que sirvió como justificante para la ultraderecha y la guerra de razas y la teoría de la identidad. Todas estas ideologías son el cemento con el que se aunó las consciencias que nos llevaron a la guerra total en el siglo XX. El siglo del exterminio. Pero, como decía, no queremos caer en esta tesis, la historia es maestra y nos enseña que el hombre conquista ciertos valores universales, que quizás, no tengan ninguna existencia sustancial, salvo en la capacidad cognitivo afectiva del hombre, y estos valores son los que nos han permitido convivir. Son conquistas de la humanidad, a un pié de perderse. En la historia toda conquista ético-política es provisional. Esto es algo de lo que deben ser conscientes nuestros alumnos, así como los no tan jóvenes entre los que se encuentran los políticos. La pérdida de los derechos procede del olvido, la historia es el camino de acceso al recuerdo y a la clarificación del pasado que nos hace más diáfano el presente. Si queremos aprender, saber quienes somos debemos acceder con veracidad a nuestro pasado y eso nos permitirá un juicio moral sobre la historia y, esto es decir, sobre nosotros mismos, que, a su vez, nos hará posible una propuesta de futuro. El libro de Esteban es una buena muestra de todo esto. La tesis central de la obra la expuse en su momento, pero hay algunas cosas que quería comentar.

 

            En primer lugar, si bien reconocemos junto con el autor el genocidio y el etnocidio que se produjo en la conquista de América por parte de los españoles, también hay que reconocer, como nos sugiere el autor, que la metrópolis fue capaz de crear unas leyes, todo un sistema legal como cobertura para la protección del indio. Ninguna nación imperial hizo esto. Es lo que llama el único aspecto glorioso de la conquista. Es muy interesante este episodio de la historia porque para mi representa un avance ético político y legal de la humanidad, además de decir mucho de la calidad moral de aquellos, con fray Bartolomé de las Casas a la cabeza, que lo hicieron posible. La discusión es de hondo calado filosófico y moral, pero, a su vez, dada su contextualización histórica está cuajada de intereses que van desde lo económico hasta el poder religioso. Quiero señalar aquí sólo una idea. La posibilidad de considerar al indio, igual que después se hiciera con el negro, como persona pasaba directamente por la doctrina evangélica. Al indio no se le consideraba persona porque era un idólatra, no era un infiel, como los judíos o los musulmanes. En tanto que idólatras eran seres salvajes de los que se podía disponer. De ahí que se cometiesen tremendos abusos en nombre de la evangelización, cuando en realidad lo que se buscaba era sus riquezas. Ahora bien, los que defendían a los indios se basaban en los evangelios, pero para ello se requería primero el artilugio legal de declararlos vasallos de la corona; es decir, miembros de Castilla. Y esto es lo que pretendían las leyes de Burgos. Pero, además de este avance legal de la historia, este aspecto glorioso de la conquista, lo que está a la base es la conquista de un concepto moral importantísimo para la modernidad que es la base de la ilustración y de las democracias modernas. Me estoy refiriendo al concepto de dignidad. Si todas las criaturas son hijas de dios y, por tanto son el prójimo y como tal deben ser considerados, lo que se está poniendo sobre la mesa es que todos somos iguales –no hay distinción entre el samaritano, el gentil, el judío, el cristiano, el musulmán- todos somos hijos de dios y como tales participamos de su divinidad. No se puede atentar contra las criaturas que son hechas a imagen y semejanza de dios. Todos somos iguales y hermanos, este es el concepto de fraternidad universal que emana del cristianismos apoyándose en el estoicismo. Recordemos el sentido del cosmopolitismo. El cosmopolita es el que considera que el hombre es universal y que las culturas y etnias son particulares. Que el valor fundamental es el universal. Estamos entonces asistiendo, con la legislación del imperio español, apoyadas en el pensamiento de los lacassianos –que son muchos, como nos demuestra Esteban- al nacimiento del concepto de dignidad que acabara de cuajar en la revolución francesa con la proclamación de los derechos del hombre y del ciudadano. Y en la revolución americana. Por supuesto que quedaba mucho camino por recorrer, mucho proceso de secularización hasta culminar en la separación de los poderes. Era necesario también el nacimiento de la nueva ciencia, el desarrollo de la razón frente a la superstición, el surgimiento del liberalismo político con Locke, en fin, una larga historia de las ideas de la humanidad que constituyen una gran conquista ético-política. Pero lo que es innengable es que en el pensamiento de los lacassianos y en las leyes de Burgos para la protección de los indios y la eliminación de las encomiendas encontramos un gran paso y el germen ético filosófico. Curiosamente, y valga esto como reflexión a parte, el cristianismo que había sojuzgado a occidente y que es utilizado como ideología para el exterminio del indio y con ello esquilmar su riqueza, guardaba el tesoro ético de la fraternidad y la igualdad. El cristianismo, a su manera, lo quieran o no los ateos indocumentados y progres, tuvo mucho que ver con el surgimiento de los derechos humanos. De todas formas esto era algo común a otras grandes religiones como el budismo o el taoísmo. Digamos que son esos universales éticos que, poco a poco, se han ido expresando a lo largo de la historia.

 

            Otro punto que quería tratar es lo que me parece más débil de la argumentación de Esteban, aunque, por supuesto, su argumentación es absolutamente verosímil. Muchos de los que son contrarios a la tesis del exterminio vienen a decir que la causa del mismo no fueron los españoles sino las infecciones. Los porcentajes de fallecimientos por viruela, gripe,…son impresionantes, llegando incluso al 80% y al 90% en algunas zonas. Desde luego que podríamos decir que sería la primera gran “guerra” biológica de la humanidad, no lo fue, porque no fue intencionada. La defensa que hace Esteban es doble. Efectivamente que la mayor causa de muerte de los indios fue por las enfermedades que contraen de los españoles, pero hay una cosa importante. Si no hubiesen sido desarraigados, esclavizados y obligados a trabajar jornadas interminables prácticamente sin comida la mortalidad hubiese sido menor. Por otro lado, el genocidio y etnocidio, como bien documenta nuestro historiador está perfectamente constatado con documentos y hechos que él expone minuciosamente. Para mí es el punto más débil de la argumentación en la medida en que no podems saber el alcance que hubiese tenido por sí sólo la muerte de los indios por los microbios. Quizás su civilización se hubiese hundido de igual manera. Pero desde luego, una cosa sí es cierta, si hubiese sido sólo a causa de las infecciones no hubiese habido genocidio y nos hubiésemos ahorrado esta barbarie de la historia de España que no podemos separar de la expulsión de los moriscos, los judíos y de la contrarreforma. Obviamente, hay que estar de acuerdo con Esteban y sostener que la historia se explica multicausalmente, que existen diversos factores que intervienen  y que además, pienso yo, las explicaciones son inagotables. Pero de ninguna manera existe una explicación causal unívoca en la historia, esto sería un reduccionismo y, por tanto, un falseamiento de la realidad. Genocidio y exterminio hubo, y a voluntad, y se amparaban en la doctrina de la expansión del cristianismo y del reino de Castilla como reserva espiritual del auténtico cristianismo, los microbios ayudaron, y mucho, pero no son la única causa.

 

            Y el último punto que quería tratar es el de la discusión sobre el determinismo o no de la historia. El autor en la conclusión se plantea este tema y se pregunta si la historia podía haber sido de otra manera. He abordado en otros escritos el tema del determinismo histórico y a ellos me remito, aquí sólo quiero hacer alguna precisión. A toro pasado la idea del determinismo se nos cuela como un prejuicio en nuestra imaginación, es un sofisma un error de argumentación. Cuando conseguimos explicar algún acontecimiento histórico y lo legramos entender, tenemos la sensación de que no pudo ser de otra manera, pero esto no es más que eso, una sensación que unimos inmediatamente a una idea metafísica que es la del determinismo. Una idea consoladora donde las haya porque en definitiva lo que hace es eliminar la libertad del hombre y, con ella, su responsabilidad. De ninguna manera las cosas son así, esto no es más que una ideología y un error de percepción. La historia tiene múltiples bifurcaciones, diferentes senderos que recorrer. Y escoger entre unos u otros depende de la sabia o ignorante decisión del hombre. De ahí que, uniendo nuestro discurso con el principio, la historia es la gran maestra ética y política de la humanidad. Y aunque fuésemos seres biológicamente determinados nuestra experiencia vital es la de la libertad y la responsabilidad que lleva aparejada es ineludible. En definitiva, la lección de la historia es que el hombre debe luchar por la igualdad, la libertad y la justicia universal. Tenemos que perseguir el ideal cosmopolita ético, la globalización de la justicia. En este desorden de mundo en el que vivimos éste debe ser nuestro imperativo ético político. El futuro es borrascoso, pero el hombre es un ser de esperanzas, de ahí que construyese religiones y utopías políticas, que causaron quizás más mal que bien. Nuestra esperanza ya no puede ser utópica una vez que el mundo está secularizado y desencantado, pero la idea cosmopolita, desde la esperanza, debe servirnos como guía de la acción ético-política.

 

09/11/2009

09 de noviembre de 2009

 

            Sigo siendo de la opinión de que la crisis en la que estamos inmersos es una crisis sistémica, es decir, una crisis en el sistema de producción. No saldremos de esta crisis mientras que no cambiemos dicho sistema y éste pasa por el cambio a un sistema de decrecimiento, como he ducho ya, económico y de población. Pero por más que pienso y me informo veo más nubarrones en el horizonte. Uno de los más importantes es el de la pérdida de la capacidad de movilización de la ciudadanía. Los ciudadanos han perdido la conciencia de clase y, con ello, su incapacidad de hacer consciente el estado de alienación y miseria en el que han vivido. A ello hay que sumarle la pérdida de convocatoria que los sindicatos tienen. Quiero decir con ello, que los propios sindicatos han renunciado a ser sindicatos de clases, como si realmente las clases sociales hubiesen desaparecido y como de verdad ocurre, hablar de clase social sea políticamente incorrecto y, a la larga, no rentable, ni política ni económicamente. El propio sistema capitalista se ha encargado de engullir tanto a la ciudadanía en general sumergiéndolos en un mundo de apariencias homogeneizados en el que el consumo y el individualismo antisolidario son los valores primarios, como a los sindicatos convirtiéndolos en auténticos farsantes que bailan al son del poder político y económico. Los sindicatos ya no representan ni a los trabajadores ni a los explotados, se mantienen por las subvenciones públicas, no por los afiliados. Tienen, pues, un dueño político claro. Y su existencia está vinculada al tráfico de dinero que los puede mantener. Los sindicatos son hoy en día casi obsoletos. Es increíble que con la crisis económica que vivimos, la gran recesión en la que estamos, ver como los sindicatos participan del gran engaño para seguir manteniendo el mismo sistema de producción que nos ha llevado a donde estamos y lo que nos queda por ver. Porque quizás, como dicen algunos economistas bastante serios, y yo en mi ignorancia sospecho, no estamos más que al principio.  Así que los sindicatos no tienen poder de convocatoria, ni pueden porque pierden su existencia. Los ciudadanos han sido, por su parte, domesticados, de tal forma que han perdido su conciencia de clase. Por medio del aumento del consumo se ha creado una clase media ficticia –que realmente no es más que la clase de los proletarios u obreros, oprimidos por el sistema- en la que el ciudadano ha podido disfrutar de altas cotas de consumo que lo han desanclado de su situación real en tanto que clase productiva explotada. Esto, el consumo desmesurado, basado en los créditos e hipotecas, que han favorecido el aumento del consumo y el crecimiento económico como un gran espejismo, les han impedido ver su propia realidad social. La gran clase media, los trabajadores, somos los que hemos pagado ya con el dinero público ahorrado la crisis de los grandes bancos, pero solo hemos empezado a pagar. Las cosas son mucho peores, el paro aumenta inexorablemente, el poder adquisitivo disminuye, los salarios se congelan o disminuyen, el consumo cae en picado, el estado no tiene para mantener el estado de bienestar, se plantea ya el congelamiento y la reducción de los salarios de los funcionarios. La gran recesión no ha hecho más que empezar. Pero la clase obrera sigue en el limbo del falso ser que es el del consumo. Nunca volveremos a vivir como lo hemos hecho, es el final de un sistema. Sólo nos queda el decrecimiento y para ello es necesario un acuerdo político internacional relacionado, como hemos apuntado ya, con los problemas del cambio climático, la superpoblación y el agotamiento de los recursos. Pero mi pesimismo y escepticismo aumenta cuando no veo esa conciencia de clase que es necesaria para la rebeldía. En tanto que todos somos capaces de comer del pesebre del consumo nos obnubilamos y perdemos la capacidad de reflexión. Es el mejor sistema autoritario que ha inventado el capitalismo ultramoderno. Pero éste no se podrá mantener por mucho tiempo. Espero estar en el error y que ocurran dos cosas. Que emerja una conciencia de clase y que los políticos a nivel mundial sean capaces de poner las medidas para salir de esta gran recesión desde los principios de la filosofía del decrecimiento. Así sea.

 

06/11/2009

 

                        06 de noviembre de 2009

 

            Vivimos un problema tremendo de superpoblación. Y este problema no se puede desligar del del cambio climático y del modelo de crecimiento que conlleva la economía neoliberal. Hoy más que nunca las tesis de Malthus están al día y en lo cierto. En un planeta limitado en recursos es necesario un límite del crecimiento de la población. Todos los datos señalan que la pobreza y el hambre en el mundo aumentan progresivamente, y este aumento está relacionado con el crecimiento de la población. Es insostenible este nivel de crecimiento, la tierra no lo soportará. Pero el problema se torna todavía más inmoral. Los que siguen creciendo demográficamente son los países más pobres, donde el hambre se ceba más. Desde los países desarrollados no ponemos los remedios para evitar esto, ni para solucionar el hambre. El dinero dedicado este año a la erradicación del hambre en el mundo sólo representa un dos por ciento del dinero que los EEUU. introdujeron en bancos, aseguradoras e instituciones hipotecarias, todas privadas y con altos rendimientos para intentar solucionar la crisis. En verdad que este mundo es absolutamente irracional y que la única justificación de las guerras es la conquista y saqueos de los recurso. Probablemente a los países más ricos no les interesa para nada salvar a la población que paulatinamente va muriendo. Quizás tenga razón Susan George en su libro de política ficción Informe Lugano, el plan es que solo vivan 2.000 millones de habitantes, el resto tiene que desaparecer, ya veremos como. Pero esto último es tremendamente inquietante. Leo hoy en una entrevista a un ecólogo de poblaciones que precisamente la cifra adecuada de sostenibilidad del planeta sea la de 2.000 millones, curiosa coincidencia. La cuestión crucial es cómo podemos llegar a este decrecimiento en la población. Lo paradójico es que los países ricos no van a crecer en sus poblaciones, pero sí los muy pobres. ¿Qué vamos a  hacer en un mundo globalizado cuando los hambrientos quieran comer como nosotros? Encima a esto hay que sumarle el hecho de que el cambio climático, un hecho ya establecido, producirá cada vez más inmigrantes ecológicos. ¿Cómo podremos resolver estos problemas? Y encima los países ricos no quieren oír ni hablar del decrecimiento económico, sin éste es inviable la supervivencia de la humanidad. Pero permítaseme un tono escéptico y pesimista. La historia de la humanidad es una historia de guerra, conquista, saqueos, exterminios, el siglo XX ha sido el peor de todos porque hemos tenido la tecnología que nos ha permitido matar masivamente.  La cuestión que hay que pensar ahora es si el futuro será distinto. Me temo que no. Los políticos y el poder económico no están poniendo los medios para que esta situación se solucione, al contrario, sólo trabas. La acción política es un pensamiento a corto plazo y limitado por tremendos conflictos de intereses. Somos un cáncer para el planeta, pero el planeta tiene capacidad inmunológica para curarse. El cambio climático no es más que una sinergia, una respuesta causal compleja del planeta en su conjunto para adaptarse a las nuevas circunstancias de un alto porcentaje de CO2 en la atmósfera. Claro, el resultado de ello es la inhabitabilidad del planeta para innumerables especies (recordemos que estamos asistiendo a la mayor extinción de especies de toda la historia de la evolución y, además, con un origen antropogénico) entre ellas el hombre que se verá reducido a una mínima expresión desde el punto de vista de las tesis más pesimistas como es la de Loveloc, el autor de la teoría de Gaia. Esperemos que aún estemos a tiempo para resolver o paliar este problema límite al que nos enfrentamos. Existen, en tal caso, dos decrecimientos necesarios, el económico y el de la población, y ambos están ligados causalmente. Sin ellos el colapso civilizatorio es sólo cuestión de tiempo. Basta ya de creer que el desarrollo tecnológico resolverá los problemas. Con ese cuento nos llevan engañando desde mediados del siglo pasado, más exactamente desde los años setenta. De todas formas es una idea equivocada que procede de la ilustración y que tiene su base en la secularización de la idea de progreso. No es necesario ser tecnófobo para apreciar la falsedad de esta idea, sólo hay que ir a los datos, los índices de pobreza han aumentado, la desigualdad ha aumentado, los recursos han disminuido, la población ha aumentado casi exponencialmente, el cambio climático es una realidad y sus efectos ya se dejan sentir en amplias zonas del planeta que están provocando inmigración ecológica. En fin, el futuro es tremendamente incierto. Mientras tanto nuestros mandatarios discuten de trivialidades. Hasta cierto punto el hombre es un ser “caído” incapaz de ponerse en el lugar del otro. Ha hecho de la guerra una profesión y una forma de vida. Tenemos las armas suficientes para exterminar a gran parte de la humanidad. ¿Será éste el recurso que utilizaremos como hemos hecho a lo largo de la historia cuando nos hemos enfrentado a un problema ecológico de recursos?... no me atrevo ni a contestar.

 

 

                                               06 de noviembre de 2009

 

            Magnifica la obra de mi amigo y compañero de profesión Esteban Mira Conquista y destrucción de las indias. 1492-1573. Es una obra valiente, contra los verdades establecidas. Una obra rigurosa que quiere redimir a las víctimas y en la medida en la que la historia lo permite hacer justicia. El autor, sin participar de la leyenda negra, que analiza como un discurso interesado construido por los europeos para combatir propagandísticamente contra el imperio español, considera y demuestra que la conquista de América fue una destrucción casi total de un mundo, una civilización, una cultura. Fue un exterminio, etnocidio y genocidio. La obra está profusamente documentada. Hay en su interior un debate entre las distintas posturas. El autor las sopesa y ve los puntos fuertes y débiles de cada una. Su metodología es interesante. Hace una crítica al historicismo y a los que intentan justificar lo injustificable a partir de la situación histórica. Considera que hay universales ético, independientemente de que hubiese una declaración de derechos humanos y una legislación que proteja al débil. La conquista de América fue un exterminio del fuerte por el débil, cosa que no debe sorprender porque siempre ha sido así. También hicieron lo propio el resto de las naciones europeas que participaron en esta conquista. La historia está sembrada de cadáveres en nombre del progreso y la civilización. El débil siempre ha sido considerado el bárbaro. La civilización se ha asentado en la fuerza. La conquista-destrucción de América por los españoles tiene una justificación ideológica que pretende encubrir la masacre. Esta ideología se basa en la identidad nacional, la misma que lleva a la expulsión y exterminio de judíos y musulmanes de España. Se pretende recuperar una España eterna, salvadora y guardiana de los valores cristianos civilizados de occidente. Todo esto es ideología, apariencias creadas por los poderosos para justificar su ansia de poder y de dominio y para saquear los recurso de los otros. Nada especial tenemos aquí los españoles, esto es común a la historia porque es común al género humano. Es necesario negar la leyenda negra, porque es una construcción cínica de otras naciones contra España, igual que hay que negar la leyenda rosa española que nos viene a contar que los españoles redimieron de la barbarie, cristianizaron y modernizaron el nuevo mundo. Patrañas, para justificar los crímenes cometidos bajo la ideología de la identidad que hemos comentado antes. Fue un genocidio, como lo fue lo que hicieron los ingleses en Norteamérica. Es muy interesante la metodología de Esteban cuando pretende explicar la historia desde la actualidad. El historiador debe tender a la objetividad e imparcialidad, pero es inevitable la contextualización del discurso histórico. Y todo historiador tiene su contexto. Y, además, se puede y se debe hacer un juicio de valor, tras los análisis objetivos e imparciales, si queremos extraer alguna enseñanza moral y política de la historia. En fin, una obra fantástica, valiente, esclarecedora y clara, erudita y, a veces sabia, por el tono ético que la anima. La historia debe ser un instrumento para la justicia y para el crecimiento ético de la humanidad, si intentamos falsificarla estamos condenando nuestro propio futuro.

 

05/11/2009

 

                                   05 de noviembre de 2009

 

            Muy interesante la obra que estoy leyendo del biólogo y filósofo Maturana, La realidad, ¿Objetiva o construida? A partir de sus estudio biológicos saca unas consecuencias que se sitúan en el ámbito filosófico. Nos ofrece toda una cosmología con dos pilares básicos que son una ontología y una teoría del conocimiento. Pero de ello se desprende también una teoría de la sociedad y del hombre. Maturana es materialista emergentista y cree haber descubierto una serie de característica en los seres vivos que son básica en todos los sistemas emergentes hasta que se llega a la sociedad humana. En cuanto al conocimiento la tesis fundamental de Maturana es que, de alguna manera, la realidad es construida, porque depende de nuestra estructura cerebral que tiene un funcionamiento interno que después se correlaciona con el entorno. En definitiva, es nuestro cerebro, como resultado de la evolución el que modula la realidad. Por tanto el conocimiento es innato, lo que hace nuestro cerebro de forma a priori es modular y fabular (crear una narración creíble, con sentido) la información que nos viene a través de las sensaciones que nos conectan con el entorno. Se rompe también el dualismo mente cuerpo y sujeto realidad. Maturana estaría de esta manera en la línea de los neurofisiologos LLinás con su El mito del yo y Francisco Rubia El cerebro nos engaña y El mito de la libertad. Tanto el yo como la libertad son construcciones internas y automáticas que realiza nuestro cerebro como instrumentos que hacen consistente la imagen o narración que hacemos sobre la información que nos viene por los sentidos, tanto los externos como los internos. Todo esto no tiene porqué hacernos caer un idealismo. La realidad existe, pero no es independiente de nosotros, nosotros estamos inmersos en esta realidad e interactuamos con ella. El conocimiento es una forma de interactuar. Vivir, por tanto, aquí se asemeja a las tesis de Popper, es conocer. Éste es el carácter evolutivo del conocimiento. Lo que ocurre es que Maturana no es un darwinista ortodoxo, considera que el mecanismo fundamental es la deriva genética y excepcionalmente la selección natural. Hay una semejanza aquí también con Gould. Todo esto es tremendamente interesante y nos replantea una nueva ontología y una nueva teoría del conocimiento. Pero lo curioso y lo sugerente es que nos ofrece una imagen sobre la sociedad humana. La sociedad humana emerge de los seres vivos y por tanto tiene en su base la característica fundamental de estos que es la autopoiesis. Lo que hace al hombre ser tal es el lenguaje, de tal forma que podemos definir al hombre como el ser que conversa, pero el lenguaje, que nace de la comunicación emocional -con lo que la base del desarrollo humano es la cooperación, no la competencia, cosa muy interesante para reorganizar las sociedades actuales y realizar una crítica a la política neoliberal- recrea la sociedad. El hombre vive inmerso en la realidad lingüística que es la conversación, el lenguejear, o hablar que diríamos nosotros. No es el hombre el que crea la sociedad, la cultura, sino el lenguaje. Y éste es la condición de posibilidad para que podamos existir porque somos animales sociales y en tanto que tales vivimos de la comunicación. Se resuelve también el conflicto entre el individuo y la sociedad. El individuo se construye socialmente porque se construye a partir del lenguaje. No hay individuos sin sociedad. Entonces una sociedad es un conjunto de conversaciones y, como tales y como los seres vivos, tienden a ser conservadoras. Y este punto es muy interesante para las reflexiones que sobre el poder venimos haciendo. Para que una sociedad o cultura cambie es necesario que una nueva conversación sea admitida. Pero todo sistema social, como todo ser vivo, tiende a permanecer en su estado como forma supervivencia. De ahí que las sociedades sean conservadoras e intenten eliminar cualquier forma de discurso que las ponga en cuestión porque las consideran como una amenaza. Y de ahí que sean difíciles los cambios y cuesten vidas y desastres. Pero también es curioso que cuando una nueva conversación, un lenguaje que nos hace recrear una nueva realidad y entendernos a nsostros mismos de otra manera, triunfa, pronto se hace así mismo conservador. Esto nos explica el fenómeno de la institucionalización de las ideas más revolucionarias y el hecho de por qué el poder es siempre conservador. El poder protege, como imperativo y de forma inconsciente, las conversaciones y narraciones que dan identidad a una sociedad, lo contrario sería atentar contra nuestra propia existencia. Curiosa base biológico-antropológica de la inmovilidad de las instituciones y del conformismo del pueblo. Cada vez vamos encontrando más datos de porqué el poder se perpetua y los ciudadanos se conforman. La democracia sería, entonces, una forma de conversación que intentaría trascender la propia naturaleza humana, por eso la democracia tiende también al asentamiento institucional de tal forma que se transforma en mera cáscara, algo puramente formal. Quizás, entonces la ilustración fue una gran ilusión. De todas formas los cambios en las sociedades siempre vienen por la introducción de una nueva conversación y a esto no debemos renunciar las consciencias críticas y tampoco a nuestro deber de desenmascarar ante el público las apariencias. Los cambios sociales, bruscos o no, siempre han sido así.

 

                                   05 de noviembre de 2009

 

            Suscribo todo lo que dice el señor Leguina, economista y expresidente de la comunidad de Madrid, en su artículo de hoy en el País, mangoneo y corrupción. La corrupción en la política no es generalizada si entendemos que la mayoría de los políticos no se enriquecen de la política. Ahora bien, la corrupción procede de lo que llama el mangoneo; es decir, entrometerse en asuntos ajenos a la propia política, pero que otorgan poder. Éste es el caso de las recalificaciones de terrenos, las adjudicaciones de obras, las decisiones sobre cargos en empresas privadas y cajas. En fin, todo esto que todos sabemos. Esto no es corrupción desde el punto de vista legal, pero sí desde el moral y democrático. Pero la corrupción empieza en los partidos políticos y acaba en los ciudadanos, me refiero a la corrupción moral. Los partidos políticos no son internamente democráticos, y esto lo exige la democracia y la constitución, son financiados privadamente, con lo cual están sujetos a favores. Sus listas son cerradas y los parlamentarios están obligados a la obediencia de voto, con lo que no son más que convidados de piedra del grupo parlamentario. Se elimina la disidencia y la crítica, se reafirma el autoritarismo. Los partidos tienen en sus manos resolver estos problemas, pero no lo han hecho, no lo hacen, ni lo harán, porque esto es perder poder y privilegios. Los políticos son peones de poderes fácticos más abstractos y poderosos. Para el cambio democrático sería necesario una regeneración de la democratización de los partidos en profundidad. Pero el mal se hace casi irresoluble cuando la corrupción afecta a la propia ciudadanía en la media en la que ésta la consiente. Los ciudadanos no castigan a sus partidos, se mantiene fíeles al voto. El ciudadano es el último responsable de la política que tenemos. Si esto se mantiene así, la regeneración de la vida democrática y política es imposible. La partitocracia oligárquica se seguirá imponiendo y pronto será demasiado tarde, el sistema de control de las consciencias está en marcha y la caverna de las apariencias está abierta para todos junto con las cadenas de la ignorancia.

 

04/11/2009

                        04 de noviembre de 2009

 

            El debate sobre la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 18 años se recrudece. La amenaza es seria y ahora se nos quiere hacer comulgar con ruedas de molino y se nos dice que en las sociedades desarrolladas en las que vivimos los ciudadanos deben de tener una alta calificación o formación. Lógicamente que esto es así, pero esto no se resuelve por la obligatoriedad, sino por la calidad de la enseñanza. Y siempre existirán trabajos no cualificados, y además está la libertad del individuo, a cuenta de que tiene que estar alguien forzosamente encerrado dentro de una institución. Las ideas de Foucoult se confirman. La enseñanza es un sistema de represión, yo considero que es un sistema de control y de adoctrinamiento, pero también lo es de represión totalitaria y gratuita en la medida en la que se viola la libertad de los individuos y de los padres en nombre de la comunidad o la sociedad; esto es, como mínimo, autoritarismo. En España la cuestión es más compleja, lo que en realidad se pretende es encubrir las cifras del fracaso escolar. Si el 30 por ciento fracasa en la ESO pues aumentamos la obligatoriedad hasta los 18 con esto matamos dos pájaros de un tiro, por un lado eliminamos el fracaso escolar en la ESO, por otro lado, nos ahorramos al menos 300.000 parados, más unos 30.000 puestos de trabajos más en la enseñanza. La verdad es que la política es vergonzosa. ¿Qué beneficio sacaremos de esto?, ninguno. Insisto, lo que hay que hacer es mejorar la enseñanza y dar cauce hacia la formación profesional y de oficios desde los 14 años, y esto por el propio bien de los alumnos, serán más felices, tendrán menos frustraciones y estarán menos aburridos, con lo que serán menos violentos. Y, a la larga, será un bien para la sociedad. Tendremos a una clase amplia media formada en las profesiones inferiores para las cuáles se requiere mano de obra. Y estos trabajos no son menos dignos que los más cualificados. Lo que hay que hacer es abrir estos canales en la enseñanza y, por otro lado, dentro de la ESO y el Bachillerato fomentar la excelencia lo que nos llevará a una ciudadanía altamente formada profesionalmente y moralmente crítica.

 

            Pero me temo que las cosas van por otro camino. La violencia en los centros de enseñanzas medias es cada vez mayor, existe una violencia que suelen llamar de baja intensidad, pero que es violencia en toda regla, contra compañeros y contra profesores. El sistema es culpable de que se haya llegado a esta situación. En los claustros ya hace años que no se discuten estas cuestiones desde la teoría, ni hay capacidad, ni conocimiento para ello. Han adoctrinado al profesorado de tal manera que está en una situación de postración y resignación. Lo que se plantea en los claustro es cómo resolver cuestiones concretas de disciplina, todos defendiéndose y, a su vez dándose golpes de pecho. Cuando en realidad esta situación nos ha venido impuesta y hemos sido tan calzonazos que no nos hemos rebelado. Somos los guardianes del sistema, los carceleros del sistema de represión, pero, curiosamente, ni siquiera se nos da la autoridad. La violencia es una bomba de relojería que estallará en las escuelas tarde o temprano, la violencia leve está ya generalizada. Lo que les interesa a la administración, a la institución, a las directivas, son las apariencias, los papeles, los planes de refuerzos, de mejora, los contenidos mínimos, las pruebas extraordinarias, los criterios de evaluación. Todo escrito y bien escrito en los papales, para no pillarse las manos. Tenemos miedo a cualquier indocumentado que nos reclame y nos diga que nos falta no sé qué criterio de evaluación en la programación y por ese motivo la inspección lo aprobará. Pues que le den por culo, allá él. En el pecado va la penitencia, en realidad no ha aprobado ni ha pasado el sistema. La sociedad, la administración y la institución en su conjunto desconfía del profesor. Se nos agobia y atemoriza con la necesidad de tener papeles para todo. A nosotros también se nos reprime para extirpar el más mínimo espíritu de rebeldía. Hablar de educación es llorar…

 

                        04 de noviembre de 2009

 

            Leí hace unos días un artículo sobre el ascenso de la izquierda en Europa. Imagino que esto debe ser un efecto de la crisis, lo que sospecho es que es un efecto transitorio y, además, con los datos que se manejaban en verdad que es algo tímido. Nuestras democracias han ido cuajando en una democracia bipartidista con lo que ello conlleva de empobrecimiento de la pluralidad democrática. La cosa es compleja. Desde la propia estructura del poder es interesante que se llegue a un bipartidismo y, además, los mecanismos que se arbitran en las leyes electorales favorecen el mismo. El interés del poder en este sentido es el de eliminar en lo más posible la discusión de ideas para de esta forma tener controlado a la ciudadanía. Si las ideas se acercan todas a un mismo centro, se diluye la cuestión ideológica de fondo. En realidad no existen diferencias entre los partidos de la derecha y de la izquierda. Todos habitan un mismo centro con diferencias circunstanciales en lo meramente periférico o epidérmico. La cuestión sustancial de cómo hemos de ordenar la sociedad, cuál debe ser el sistema de producción y las relaciones entre los hombres y de estos con la naturaleza, no tienen lugar. Ambos partidos, la derecha y la izquierda con capacidad de gobernar, vienen a decir lo mismo. Y esto, como digo, es lo que al poder le interesa, la ausencia de un pensamiento crítico y alternativo. Esto produce, a su vez, un desencanto en los ciudadanos que llegan a decir que todos hacen lo mismo, estando bastante en lo cierto. Otro problema es de origen psicológico que es, a su vez, aprovechado por el poder. El hombre tiende a huir de los extremos, tiende a ser conformista, tiene miedo al cambio. Incluso prefiere mantenerse en una situación altamente peligrosa, como es el caso de la crisis actual, a cambiar. El hombre es temeros de lo desconocido, reacio a abrir nuevos caminos. De ahí que tienda, por todos los medios a una postura intermedia. Por eso es bienvenido este asunto de un aumento de la izquierda de verdad, la otra es el centro y además defiende el mismo modelo productivo. Pero sospecho que no irá muy lejos. No nos atrevemos a dar el paso. Siento que mi pesimismo y escepticismo me superan. El cambio a otro sistema de producción se hará por la fuerza, cuando hayamos sobrepasado en mucho los límites de producción del planeta. Esto implicará un nuevo colapso civilizatorio, como ocurrió en anteriores civilizaciones. Lo que sucede es que nuestra civilización es global. Pero siempre hay que estar abiertos a la esperanza. Quizás seamos capaces de crear cierta conciencia colectiva, lo que está ocurriendo en las negociaciones sobre el protocolo de Kyoto es interesante, África y la India se han plantado, han echado cara a los EEUU. y a Europa. Quieren que estén todas las cartas sobre la mesa. Y esto es importante, porque estamos hablando de un problema global, no hay subsistencia de la civilización si todos no colaboramos. Esperemos que los países ricos tomen conciencia de ello.

 

03/11/2009

 

 

                                   03 de noviembre de 2009

 

            Ya hemos hablado aquí del libro de Broncano y de su categoría para entender al hombre como ciborg, y en calidad de tal entenderlo como un ser de fronteras. A mi me gusta también llamarlo un ser en construcción, que es lo característico de los hombres de frontera. El libro se hace paulatinamente más interesante y para llegar al final a unas reflexiones sobre el poder, que es uno de los temas que más me fascinan, muy interesantes. La cuestión del poder es crucial para entender por qué falla la democracia. La naturaleza del poder hay que entenderla tanto en el que tiene el poder como en aquel que delega su poder en otro. Antes de adentrarse en estos temas Broncano quiere esclarecer, como sabemos es lo que el piensa que debe hacer el intelectual, cómo se constituye la mente del hombre moderno. En primer lugar hace una reflexión sobre la imagen y los signos a partir de la cual se entreve algo de lo que hablaremos en otro lugar, que la percepción es construcción de la realidad, esto no quiere decir que el conocimiento sea subjetivo. Pero, como digo, de esto ya hablaremos. El pretexto de la reflexión sobre la percepción de signos, símbolos e imágenes, es entender qué es lo que ocurre cuando comienza la modernidad. Dos son los polos sobre los que va a reflexionar que aquí sólo señalo de pasada. Las Meninas y El Quijote. No hace una reflexión sobre el contenido y e significado de estas obras, sino qué es lo que ha cambiado y como a partir de ellas se constituye la modernidad y con ella una nueva forma de entender el mundo y de narrarlo. Lo que ha aparecido, como con Descartes, es la aparición del sujeto, la subjetividad, como epicentro de la narración. Pero este yo es un yo que se vuelve sobre sí mismo, un yo reflexivo, que se autoconoce. Esa es la gran novedad, y lo que hará que emerja la modernidad. Esa modernidad nos lleva directamente a la ilustración en la que la afirmación del yo es la afirmación de la razón con la que el hombre puede verse libre de la opresión del poder: el clero y la nobleza. Es una autoafirmación que nos lleva a la liberación. Pero en el hombre y en la historia de la humanidad todo es más complejo. Tras la ilustración se producen dos salidas en el siglo XIX, una es la respuesta de los nacionalismos irracionales basados en la construcción de una identidad nacional que parte del mito de unos orígenes idílicos. Otra es el marxismo que pretende describir la historia como un proceso determinado por la materia de la misma y que nos llevará a una última revolución con la que se alcanzará la emancipación de la humanidad. Esta salida también es mítica, se basa en el mito del progreso y la concepción lineal de la historia con un comienzo y un final en el que se produce la salvación del hombre. Ambas respuestas nos llevan a las grandes catástrofes del siglo XX. Pero las catástrofes del siglo XX no sólo se explican por estos movimientos filosóficos en los que juega un papel fundamental el poder. Hay otra forma, más sutil a partir de la cual también caemos en los totalitarismos: las democracias burocráticas y liberales. De alguna manera, recuerdo esto, para aclarar lo que viene después, toda forma de poder es una forma de exclusión o de adaptación, o nos rebelamos o seguimos al poder, pero el caso es que no podemos seguir ninguno de estos dos caminos al completo. Este es el sentido de que el hombre sea un ser de frontera, recordemos el western y el pistolero solitario que ha llevado la ley, civilizado, lo salvaje, pero cuando ésta se institucionaliza, lo excluye, el héroe cae en el absurdo de la burocracia. Por eso en el siglo XX se pierde el discurso utópico y surgen las utopías negativas, el desencanto y el desengaño, tanto en la literatura más clásica como en la de género de ficción. Y el caso es que éste poder que excluye tiene lugar al amparo de las democracias liberales que han surgido de la defensa de la idea de igualdad y libertad y que se han desarrollado a la par que la tecnociencia y la industria.

 

            En este sentido es muy interesante señalar a tres autores que tratan de alguna manera el sinsentido de la existencia, la inadaptabilidad del individuo al orden social establecido, lo absurdo, pero, a la vez, lo imprescindible de este orden. El primero y mi favorito es kafka, en su obra captamos la imposibilidad de adaptarse, la imposibilidad de la comunicación, la institucionalización del poder como algo que funciona implacable y autónomamente, frente a lo que el individuo no es nada, es absorbido por el sistema. Las democracias han inventado el mecanismo por el cual los individuos se transforman en masa amorfa y pierden su identidad. La cuestión fundamental es si hay alguna forma de resistencia. Las obras de Kafka que describen esta realidad son tremendas, La metamorfosis, el protogonista se despierta un día transformado de tal manera que a partir de entonces es un extraño. Tenemos la soledad y la exclusión, y, al final la incomunicación absoluta. El Castillo, con el agrimensor, “hemos decidido que tu profesión ya no existe” y El proceso, un proceso absurdo contra alguien que no sabe qué crimen ha cometido y que lo convierte en un extraño, en anatema, un juicio en el que todos son jueces y la sentencia es firme desde el principio. ¿Qué podemos hacer ante esta situación? Estas obras describen la realidad social, la estructura más profunda del poder que, por un lado, domestica y por otro anula, pero poder que es imposible sin el consentimiento del vasallo. Los otros dos autores para analizar, que sólo mencionaré son Anna Arendt El origen de totalitarismo y Proust En busca del tiempo perdido. Para mi la cuestión fundamental reside en cómo llegamos al consentimiento del pueblo de tal manera que hace a éste vasallo. Y esto es lo fascinante del poder. Creo que todo arranca de la propia naturaleza biológica del hombre como animal social que es, y a su vez, jerárquico. Lo que ocurre al establecer las relaciones de poder es que una minoría domina a la mayoría cuando la mayoría es la que, en principio, tiene la fuerza. Por qué la mayoría se doblega y acaba cediendo todo el poder. Lo que ocurre en este caso es que el pueblo, ante el poder deja de ser pueblo y se convierte en masa, por eso no hay rebelión, hay obediencia y sumisión. Pero lo curioso y lo que me fascina es que esa conversión radical, que lleva aparejado el que dejamos de ser personas, sujetos libres y autónomos, se produce de una manera natural y automática. Y es aquí precisamente donde reside la explicación biológica que he adelantado antes. Es nuestra propia naturaleza biológica, como seres tribales la que explica el hecho de que algunos busquen el poder y lo ejerzan y el que la mayoría obedezcan convirtiéndose en una masa acrítica. Y aquí hay un problema fundamental y de gran calado, ni la ilustración con su promesa de educación universal como camino hacia la libertad, ni la democracia como vehículo político para garantizar la libertad y la igualdad están exentas de este mecanismo del poder del que hemos hablado. Quiero decir con esto que la imperfectibilidad de la democracia tiene un origen antropológico-biológico. En las democracias el pueblo deja de ser tal y se convierte en masa indiferencia y conforme siempre a los dictados del poder. Es más, en las democracias al diluirse el poder en formas muy abstractas hace posible que el pueblo en tanto que masa no encuentre a quién dirigir la rebeldía. El poder se ocupa únicamente de mantener al pueblo en estado de masa e inconsciencia, manteniéndolo en la caverna de las apariencias, mostrándole que es libre e igual y que manda él, cuando en realidad es un esclavo al servicio de las formas del poder. No hay pues escapatoria. La democracia es otro invento más de adocenamiento. La rebeldía se torna imposible. De todas formas hemos dicho que el hombre, en tanto que ciborg es un ser de frontera, en construcción, más tarde veremos qué puede significar esto y si esto es una puerta hacia cierta esperanza.

 

            Por otro lado, la educación no es tampoco ninguna garantía para luchar contra el poder. El sentido ilustrado de la educación y la búsqueda del saber y el conocimiento era bien intencionado, pero siento decirlo, tremendamente ingenuo. La educación, y máxime, reglada por el poder, no es ningún mecanismo de liberación. Es una forma de autoritarismo débil por la que el estado crea individuos adaptables a la sociedad que pretende formar. La educación está al servicio de la idea de sociedad que el poder tiene. La educación no garantiza ningún tipo de liberación, todo lo contrario, de adoctrinamiento.

 

            Pero, de alguna manera, hay resquicio para la esperanza. En la medida que hemos dicho que el hombre es un ser hibrido, formado de prótesis que generan su propia naturaleza y que éstas están continuamente cambiando creando, por ello, nuevas condiciones y como el desarrollo de tal devenir es imprevisible siempre podremos sospechar y esperar que la rebeldía es posible. Vamos a ver, en la medida en la que somos seres de frontera hemos ido construyéndonos y esto lo hemos hecho por medio de la creación de artefactos que nos liberan, pero que al final, al constituir nuestra propia naturaleza nos esclavizan. Dicho de otra manera, la técnica y la cultura en general, que es el mayor artefacto adaptativo que hemos creado a la par que liberarnos nos esclaviza igual que e lobo es esclavo de su fisonomía sin la cual no podría cazar. Pero como la naturaleza humana se desarrolla históricamente, y como la historia es imprevisible, pues resulta que no sabemos qué nuevos artefactos seremos capaces de crear y que momentáneamente producirán una liberación. Y termino estas reflexiones, un tanto amargas y escépticas sobre el poder, con dos citas de mi amigo Riechmann, tomadas del propio Broncazo. La primera dice así: Cuando llego a un sitio y me dicen que no se puede hacer nada, entonces pienso que casi todo está por hacer. Y la segunda son unos versos que sintetizan toda nuestra reflexión y nos impulsan a la acción, unos versos donde no se pierde la esperanza, porque el hombre, a pesar de muchos desengaños es un ser de esperanzas en la medida en que es consciente de que tiene futuro, pero no sabe cual es.

 

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones

No dejes nunca de confiar en las personas

No dejes nunca de onfiar

en que las personas crearán instituciones

en las que quizás podrás dejar de confiar

No dejes nunca de desconfiar

en que el triste proceso

por el cual las instituciones

cambian a las personas tristemente

puede ser cambiado

No dejes nunca de confiar en las personas

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones

           

Riechmann. 27 maneras de responder a un golpe. Madrid, Edciones Libertarias, 1989.

30/10/2009

 

                                   30 de octubre de 2009

 

            El hombre es un ser para la muerte. Somos hombres, entre otras cosas, en la medida en la que somos conscientes de nuestra propia muerte. Realmente somos conscientes de que tenemos un final, que moriremos como todo el mundo. De todas formas, aunque culturalmente nuestra conciencia de la muerte nos hace humanos, nace el ritual sobre la muerte, por tanto, el mito y la religión; a nivel particular, aunque sepamos que vamos a morir, es una idea con la que no convivimos porque nos produciría una tremenda angustia. La angustia de la vida es que somos seres finitos. Lo único que persistirá de nosotros será nuestra descendencia biológica, sólo en los casos más grandes quedará su obra para la humanidad. De todas formas, lo que queda de cada uno es su biología y su obra, lo que ocurre es que la segunda marca grandes diferencias entre los hombres. Aunque también hay que decir que la fama no siempre es justa, que la historia no es imparcial. Pero esto es otro tema. Hoy toca la muerte ya que nos acercamos al día de los muertos.

 

            Decía que aunque somos seres para la muerte no la vivimos como presencia, es más parece que lo que se intenta hacer es vivir de espaldas a ella, lo que intentamos es burlarla por todos los medios. Pero la muerte es implacable y, además, inminente, en el sentido de que como es impredecible, no sabemos cuando nos puede acaecer, podría ser ahora mismo, o dentro de cuarenta años. De ahí que el pensamiento sobre la muerte sea algo absolutamente necesario para llevar una vida auténtica. En la muerte de cada cual se refleja la dignidad de su vida. Para mi el ejemplo es la muerte de Sócrates y la de los estoicos, que optaban por el suicidio, la eutanasia. Suelo realizar un experimento mental con mis alumnos que consiste en lo siguiente. Les pregunto que qué es lo que harían si supiesen que van a morir, pongamos, dentro de tres meses o a lo sumo un año. La respuesta casi unánime es que van a vivir el tiempo que les queda a tope, que van a hacer lo que siempre han querido hacer, pero dejan para otro momento. Pues bien, esta respuesta muestra una existencia inauténtica. Lo malo es que la mayoría de la gente adulta también respondería algo parecido. Aquí falla algo. Vivimos como si la muerte nos fuese ajena; pero es la única verdad evidente que poseemos, lo único que sabemos con absoluta certeza es que vamos a morir, y no sabemos cuándo. Esto es una verdad inapelable. Pero la tozudez humana, su estulticia, la intenta evitar. Por el contrario, intenta encontrar otras verdades y seguridades en cosas que son banales y perecederas. De ahí que la mayoría de las existencias son existencias inauténticas. Pero también es cierto que todas las existencias están recorridas por ese sentimiento de angustia, casi siempre semiconsciente de que somos seres abocados a la muerte. De ahí que huyamos de la soledad como de la peste. No soportamos la soledad, porque no nos soportamos a nosostros mismos, porque llevamos una vida inauténtica y hueca, llena de frustraciones, porque realmente nos damos cuenta de que efectivamente estamos perdiendo la vida y el tiempo. Porque nuestro tiempo es limitado y el tiempo fluye inexorablemente y somos vagamente conscientes de ello, pero en la soledad se nos hace patente. Nuestra existencia se transforma en una huída de la máxima certeza, es una huída de la muerte como realidad última y radical. Pretendemos entretenernos, pasar el tiempo, en definitiva, desvivirnos. Porque entretenerse, pasar el tiempo, es fomentar la inconsciencia. La consciencia, o, mejor, la autoconsciencia, es la que nos muestra la finitud, mientras menos consciente seamos más nos aceramos al olvido de la muerte. Por eso lo que se busca es la diversión efímera que lo que produce es un estado transitorio de inconsciencia. O también lo que se busca es llenar la vida de objetos, porque en realidad, nuestra vida real está vacía. Consumimos para autoafirmarnos. El acto de la posesión es como un rapto a la muerte, o un reto, pero la muerte está siempre ahí. Nos acecha, anida en nuestros sueños y en nuestras angustias, en el miedo a la soledad, al fracso, a la pobreza, a la enfermedad, a la pérdida de los seres queridos. Nos esforzamos por vivir en contra de nuestra propia realidad e intentamos buscar el sentido de nuestra existencia erróneamente llenando el vacío que nosotros mismos vamos creando. Por eso el común de la gente responde a mi pregunta como señalé antes, disfrutar de la vida, hacer lo que realmente quiero hacer, vivir plenamente. Es una respuesta, como digo contradictoria y que muestra el vacío de nuestra existencia. La clave está en lo siguiente: la muerte, además de ser una certeza, es imprevisible, nos puede ocurrir en cualquier momento. Si eso es así, que lo es como verdad evidente e irrefutable, por más que lo queramos evadir; entonces, ¿a qué esperamos para vivir la vida plenamente, para hacer lo que realmente queremos hacer…? Y es aquí donde se muestra el sinsentido de la existencia de la mayoría y el miedo a la muerte que intentan ocultar con sus existencias vacías, pero llenas de lo inútil. Existencias perdidas, anónimas, casi en el nivel de la inconsciencia. En definitiva, existencias robotizadas, automatizadas que responden obedientemente a los dictados de la costumbre, cargadas de un alto grado de frustración y resentimiento.

 

            Filosofar, decía Platón es prepararse para la muerte. Es una enseñanza de su maestro Sócrates. Y también decía el filósofo de origen español Spinoza, que en nada piensa menos el sabio que en la muerte. Parecen dos frases contradictorias, pero vienen a decir lo mismo. Cuando decimos que filosofar es prepararse para la muerte lo que queremos decir es que nuestra misión es llevar tal vida que si la muerte se nos acerca, no la temamos. Quiero decir con esto, que prepararse para la muerte es llevar una existencia que contempla la inminencia de la muerte, y esa inminencia no produce ningún tipo de temor, porque nuestra existencia es, en cada momento, plena. La muerte, simplemente pone final a esa plenitud, pero nada podemos perder, porque nuestra existencia ha sido auténtica. Eso es estar preparado para la muerte, vivir conforme a la virtud. Si ésta habita nuestra vida permanecemos tranquilos y serenos ante la muerte, que contemplamos simplemente como el punto de llegada, como la culminación de una existencia plena. No hay ni miedo ni angustias ante la muerte, hay una aceptación serena y tranquila de la misma. Por eso vienen a decir lo mismo las dos frases. Si la muerte no afecta a una vida plena, y la del sabio lo es, entonces en nada piensa menos el sabio que en la muerte. La muerte le es absolutamente ajena. Como decía Epicuro, cuando yo estoy, la muerte no está, cuando la muerte está yo no estoy. Por tanto la muerte nos es ajena, y en tanto que hemos alcanzado la sabiduría, nada nos puede arrebatar la muerte, lo tenemos todo. Porque el sentido de nuestra existencia es inmanente a la propia vida, hay que encontrar la plenitud en ella sin pensar en la muerte, ésta es ajena.

 

            Pero, claro, aquí el problema es en qué consiste una existencia sabia y plena. La respuesta es bien sencilla: una existencia plena es aquella que se ha dedicado al cultivo de la virtud, algo que no se compra ni se vende, que no se posee como un objeto, algo que, por el contrario te constituye y te construye y que hace posible una relación sana contigo mismo y con los demás. La virtud es entereza, fuerza. La virtud, pues, es la que nos hace libres. Vivir conforme a la virtud es vivir frente a las pasiones. Las pasiones nos esclavizan, y son las que seguimos para saciar el vacío de nuestra existencia. Pero la dinámica de las pasiones es el deseo y el deseo se retroalimenta continuamente, cada vez nos hace más esclavo, por eso tememos a la muerte, porque siempre deseamos más. Ahora bien, la virtud es lo opuesto, lo que nos libera de la pasión. Y esta liberación es la propia libertad. Vivir conforme a las virtudes es vivir libremente. Y entonces cobra sentido hacer con la vida lo que yo quiero. Generalmente cuando se dice esto, la gente suele pensar en realizar todo aquello que no ha hecho por cobardía, por prejuicios de las costumbres, indolencia, en fin, por pereza. No se trata de esas cosas las que yo estoy queriendo decir con mi discurso. Hacer realmente lo que uno quiere es seguir la virtud. Porque como hemos dicho la virtud es lo que nos hace libres y en la medida que somos libres somos dueños de nuestra propia existencia. La vida es una tarea que hay que emprender a diario. Nuestro deber y nuestra virtud es ser dueños de nuestra propia existencia. Y esto es hacer realmente lo que nosotros queremos, porque la vida es un proyecto, de ahí lo de la tarea, no un simple dejarse vivir, esto no es más que una existencia animal y de costumbres. Pero la gente confunde hacer lo que uno quiere con seguir las pasiones que tiene insatisfechas y es ahí donde podemos medir el grado de insatisfacción y de frustración de su propia existencia.

 

            Considero que la muerte es definitiva, que el sentido de nuestra existencia, excepto el biológico es construido, e, incluso, esta construcción tiene la base en la biología. Tenemos que encontrar un sentido a la existencia, por muy engañoso que sea, para llegar a la reproducción que es, en última instancia, el fin de nuestra existencia como seres biológicos que somos. Somos el vehículo particular, y en el caso del homo sapiens sapiens, autoconsciente de lo que es potencialmente inmortal que es el código cifrado del ADN, con más de 3.500 millones de años de antigüedad. Deberíamos tomar esto en cuenta, sumado al hecho de que la existencia de la especie humana es meramente contingente, al igual que la de cada uno en particular. Además tener en cuenta la inmensidad espaciotemporal del cosmos, para empequeñecer nuestro yo egoísta y vanidoso y ser conscientes de nuestra propia pequeñez. Esta idea, en lugar de crear frustración, lo que produce es serenidad y calma. Bastante es que estamos aquí y somos capaces de pensar el mundo que nos rodea, sentirlo, querer a nuestros seres queridos, ver como crecen nuestros retoños, como apuntan a la consciencia, ver en la lejanía todo el camino que les queda por recorrer; y a su vez, saber que todo esto es nada. Es la vieja sabiduría de los budistas. La vida se reduce a velo de Maya, apariencias, detrás de ellas no hay nada, el nirvana. Tomar consciencia de lo que somos como un elemento más nos ayuda a aceptar nuestra nada, y esto nos ayuda a pensar la poca importancia que tienen las pasiones y lo liberadoras que son las virtudes. Las virtudes nos instalan en el ser, mientras que las pasiones son una huida frustrante de la existencia que lo único que hacen es reafirmar nuestro yo, con lo cual, lo que provocamos es aumentar nuestro sufrimiento. El ideal panteísta como nirvana, he ahí el sentido de la existencia. La sabiduría d

 

<!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:595.3pt 841.9pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} -->

                                   30 de octubre de 2009

 

            Vamos esto es increíble, la propuesta que hace ahora el ministro de educación, Gabilondo, aumentar la obligatoriedad hasta los 18 años. Pero, ¿qué coño se piensan esta gente, que por estar más tiempo los alumnos jodiendo la enseñanza más nivel cultural o formación profesional van a tener? ¿dónde se ha visto tamaño despropósito?. Pero si uno de los perores males de la enseñanza está en la obligatoriedad hasta los 16 años, esto ha hecho que proliferen un montón de artilugios educativos, de nombres impronunciables para que los alumnos terminns la enseñanza a los 16 años, además, prorrogables hasta los 18. Desde luego que tenía que ser un catedrático de metafísica al que se le ocurriera esto. Cuando entran en la política, por muy académicos que sean, se vuelven iditas y estúpidos. Será que tendrán que justificar su puesto de trabajo con alguna medida. O padecerán el complejo de Erostratos y querrán ser conocidos y pasar a la historia, para lo cual cometen un tremendo atropello. La verdad es que cada día entiendo menos la política, no sé de dónde proceden sus razones, si de la razón, del corazón, de la estupidez, de las nubes, de los intereses particulares, de la obediencia a un credo; el caso es que dejan de ser personas, obedecen ciegamente y empiezan a desbarrar, con el peligro que conlleva eso para la ciudadanía.

29/10/2009

 

 

                                   29 de octubre de 2009

 

            Interesante la idea de Fernando Broncazo en su última obra, La melancolía del ciborg. Define Fernando Broncazo al hombre como un ciborg, no tiene naturaleza esencial, es una mezcla una hybris. Su naturaleza se va construyendo a base de prótesis, la cultura sería la mayor de las prótesis, que se hace posible por la prótesis del lenguaje. Nuestra existencia está en nuestra naturaleza híbrida. No podemos renunciar a nuestras prótesis. El ser humano nació sin una adaptación predeterminada a la naturaleza. Ahora bien, tampoco la teoría de la evolución defiende ese esencialismoo naturalista en la que se entiende que todo lo que existe tiene un motivo, yo soy partidario, y también Fernando Broncazo del puntualismo y neutralismo de Gould. Todo cambio, no es adaptativo necesariamente, además, contamos con la deriva genética.

 

            Pero en el ser humano la característica de mezcla entre lo natural y lo artificial es la más señalada. Lo que ocurre es que tampoco podemos distinguir entre lo natural y lo artificial, nuestro estatus biológico es la condición de posibilidad de nuestro ser cultural. Ambas cosas son inseparables. Pero el estudio de Broncazo está dirigido al análisis de en qué consiste esa naturaleza de ciborg en el hombre posmoderno del siglo XXI. Renuncia al papel del intelectual como crítico, lo considera trasnochado, del siglo pasado. Reivindica que el intelectual debe dar luz, esclarecer. No participo del todo en esta opinión, sí en la segunda parte, porque considero que es condición necesaria de la primera. El intelectual debe ejercer la crítica contra el poder, ahora bien, nos es necesario dar luz primeramente. Dice que la característica propia del ciborg en la actualidad es la de la melancolía, no la de la obsolescencia de las sucesivas prótesis que el desarrollo tecnocientífico va proporcionando. Realmente hay obsolescencia, pero es que esa es la característica de la naturaleza del ciborg, lo que señala Broncazo es que su propia naturaleza de ciborg le lleva a la exclusión. Es decir, que el ciborg, el hombre, es un ser de frontera. O también dicho de otra manera un ser intermedio y siempre en construcción, diría yo que la artificialidad natural es nuestra naturaleza, naturaleza y cultura en el hombre son inseparables. Ahora bien, lo que a mi me interesa es si este estudio, que Broncazo realiza para esclarecer, es decir de forma descriptiva y metodológica, tiene realmente alguna implicación social, ética y política. No nos podemos quedar sólo en la descripción, hay que pasar a la crítica. Lo de la exclusión me parece interesante, lo característico del ciborg, como ser de frontera, no es la obsolescencia de las prótesis, sino, la exclusión. Esto es la naturaleza del ciborg es –como la de cualquier viviente la de estar adaptados- y esto el ciborg lo consigue por medio de las prótesis, no podemos permanecer desconectados. La desconexión es la exclusión. Y es aquí donde aparecen los temas ético-políticos. Para mí estos tienen dos patas. La primera es la de la propia exclusión. Un desarrollo desigual de la humanidad, marcada por la globalización neoliberal, nos lleva a la exclusión de una gran parte de la humanidad, con el grave peligro, debido al avance de la tecnociencia, de llegar incluso a cambiar tanto nuestra naturaleza biológica a través de esas prótesis, que la exclusión se transforme no en algo, meramente ético-político, que no es poco, sino en algo ontológico, de por sí ya irremediable. La otra pata de la argumentación es que el desarrollo tecnocientífico de las últimas décadas no es algo neutral, que se deba al desarrollo interno de las ciencias y la tecnología; sino que tiene un interés económico y una ideología detrás. Y esto no lo debemos olvidar. En primer lugar la tecnología se nos ha ofrecido como la panacea para todos los males del hombre, incluso conseguiríamos la inmaterialidad e inmortalidad. Es decir, que el discurso tecnófilo se convirtió en una escatología religiosa, de ahí su falta de crítica y su carácter ideológico. Pero también estaba en juego la ideología del mercado, de lo que se trataba es de consumir, el estar enganchado y conectado, no era un imperativo del propio desarrollo económico y de nuestro ser en tanto que ciborg, sino de un interés del mercado y el poder político, con dos fines. El primero es el del consumo con el que la máquina de la producción no se para, salvo cuando llegamos a los límites del planeta, cosa que ya hemos sobrepasado. Y la segunda es que mientras que se consume y se adapta el individuo a las nuevas prótesis permanece distraído de la auténtica realidad. Una cosa así como el mito de la caverna o como Matriz, en su versión tecnobarroca.

28/10/2009

                                   28 de octubre de 2009

 

            Magistral el libro de José M. Ridao La paz sin excusas. Un libro de ensayo histórico-filosófico y político de envergadura. Pone sobre el tapete las apariencias con las que se nos pretende engañar desde el poder. Nos intenta explicar la realidad que subyace a las ideologías que, en definitiva, lo que buscan es la justificación de la violencia. Coincido plenamente con las tesis del autor. Voy a hacer una reflexión sobre algunos de los aspectos del libro que, a su vez, tienen que ver con el asunto del choque de civilizaciones, aunque Ridao no nombra al autor de esta tesis política, pero está en el fondo de su argumentación. La tesis de Huntington es que a lo largo de la historia se han producido una serie de choques, que se expresan por medio de la guerra entre civilizaciones. Las civilizaciones se caracterizan por un modelo cultural; esto es, de costumbres, moral, política, religión, ciencia, etc, que las hace incompatibles entre sí de tal forma que su contacto acaba en un choque inevitable por una imposibilidad de entendimiento. Pero, también, lo que mantiene Huntington es que entre las diversas civilizaciones que han sido y son ahora mismo, hay una que es claramente superior a las demás. Nos referimos a la civilización occidental cristiana. Pues bien, a mi modo de ver, esto no es más que una ideología, en el sentido marxista, falsa conciencia, enmascaramiento de la realidad, que tiene como objetivo la creación de un estado de conciencia de los ciudadanos que va directamente encaminada a la justificación de una serie de políticas de guerra. En este caso la tesis de Huntingnton se une al pensamiento único de Fukuyama. Ambos filósofos han consolidado la base ideológica de la política internacional estadounidense que se extiende a nivel mundial. Si nuestra civilización es la más avanzada, la más desarrollada, la que ha generado la justicia y la democracia, el resto de las civilizaciones que coexisten en la actualidad con ella son una amenaza, por tanto, está justificada la guerra preventiva. De lo que se trata es de producir un pensamiento ideológico que enmascare la realidad, de tal forma que el ciudadano común no pueda pensar de otra manera. La religión es opio del pueblo, las ideologías políticas, en lo que tienen de religiosas, también. Dos son los pilares de la ideología hegemónica neoliberal en la que estamos instalados, a pesar de la crisis. En primer lugar la creencia de que la única forma posible de organizarse sociopolitica y económicamente es la economía neoliberal de libre mercado, el segundo pilar es el pensamiento de que nuestra civilización tiene una identidad que reside en sus orígenes griegos, que no le debe nada a ninguna otra civilización y que las que actualmente existen, fundamentalmente la islámica, también la asiática, indochina, son una seria amenaza para la supervivencia de la civilización occidental cristiana que se supone que es la garantía del progreso y de la libertad.

 

            Pues bien, esto no es más que mera ideología, pensamiento para dominar al pueblo, para justificar las guerras, la violencia, la tortura y el colonialismo, con lo que esto conlleva de saqueo de otros países y culturas. No es más que una justificación del poder. Y como todo ideología lo que intenta es enmascarar la realidad, es decir, fomentar el olvido a través de la creación de una historia inventada, construida a posteriori y que tiene como objetivo la justificación de la acción política que se persigue. En realidad no se trata de protegerse, sino de aniquilar otras formas de civilización. Pero para eso es necesario la creación de una identidad que es, como señala Popper y veremos, una ficción, un mito. Las supuestas identidades no son más que construcciones históricas a posteriori que tienen como misión mantener una unidad nacional y estatal de carácter político, militar y económico. La ideología de la identidad y la nacionalidad (el nacionalismo irracional del XIX) no es más que la máscara que se le pone al pueblo, para que no vea, en última instancia, la lucha de poder que subyace a esa ideología. Por su puesto, también, para crear el sentimiento psicológico de la identidad o pertenencia y, como consecuencia, el sentimiento del miedo y la angustia de perder esa identidad sin la cual nuestras vida no tiene sentido. En realidad la ideología de la identidad de las civilizaciones, además de enmascarar la realidad, como demostraremos más adelante, intentan producir un estado de ánimo en el pueblo a partir del cual éste se ve arrastrado por las pasiones y es incapaz de pensar. Con respecto al pensamiento neoliberal que es el otro pilar del pensamiento único hegemónico, en este momento no voy a decir nada, lo he analizado en otras partes, simplemente decir que es un conjunto de creencias, que además se han venido abajo con la crisis anunciada y para la cual no se han propuesto de momento un recambio de modelo productivo. Nos vamos a ceñir aquí al asunto del choque de civilizaciones y como se configuran éstas como justificación de la violencia y el colonialismo.

 

            Como decía la base de la construcción de un modelo de civilización es la creación de una supuesta identidad histórica, desde el punto de vista cultural y de las ideas, que justifica la posesión de una posición geográfica. El modelo de la identidad no se apoya en los límites geográficos, sino a la inversa, un conjunto de ideas, que constituyen la civilización, son los que demarcan los límites geográficos. Así nace el mito de la civilización griega o europea u occidental. Se nos viene a decir que la cultura occidental es la del diálogo, el pensamiento, la crítica, la que genera los valores universales y que encuentra su cuna en el supuesto milagro griego que se entiende como el surgimiento de la ciencia y la filosofía. A este primer pilar habría que añadirle el segundo que es el religioso, el jedeocristiano, y aquí nos encontramos con los textos fundacionales de occidente, que son los textos bíblicos. Pues bien, antes de analizar esto errores, que se han convertido en una ideología y que además es objeto de estudio en escuelas, institutos y universidades –con lo cual se garantiza el vehículo de transmisión de la ideología del choque de civilizaciones- hay que analizar dos ideas filosóficas que subyacen al invento y construcción de una identidad histórica.

 

            Pasemos a la primera. La crítica la encontramos en la obra de Popper, La sociedad abierta y sus enemigos. Nos referimos en primer lugar, al mito de la caída. Toda teoría de la identidad nacional o civilizatoria se basa en este mito que nos viene a decir que hubo un tiempo primitivo idílico, que es el tiempo de los orígenes, el tiempo fundante, tras el cual se produce la caída. De lo que se trata, entonces, para recuperar nuestra identidad es poner los medios para acceder a ese tiempo primitivo en el que reconocemos nuestra identidad. Esto ocurrió, como veremos, en el renacimiento cuando se pretendió recuperar la cultura clásica, como forma de identidad europea, para ello lo que se hizo es, en primer lugar, renegar de lo islámico y, en segundo lugar, falsificar las fuentes de la herencia musulmana que habían configurado la cultura occidental. El segundo pilar filosófico del concepto de identidad en las civilizaciones es el de la concepción determinista de la historia. Se piensa que la historia es un desarrollo determinado desde el inicio y encaminado a un fin último. Curiosamente, el principio y el fin son los que coinciden con los ideales identitarias creados por la civilización en cuestión, en nuestro caso, la occidental cristiana que es la hegemónica. Lo que se intenta marcar es una línea histórica, en la que los sucesos están perfectamente determinados, que va desde el origen fundante, hasta la recuperación última de la identidad, que no es más que la realización de los ideales de esa civilización (occidental) que pasa, obviamente, por la eliminación histórica, y de hecho, de cualquier otra civilización. De esta manera se muestra la verdad última de nuestra civilización. Pero lo que aquí no hay que olvidar es que todo esto no es más que una construcción a posteriori para justificar una serie de acciones políticas que justifican la violencia, nos referimos en la actualidad a la supuesta guerra contra el terrorismo, de origen islámico, por ejemplo. Hay mucho más en al ámbito del colonialismo del mundo en su totalidad, a través de la ideología de la globalización neoliberal. Pero resulta que la historia no tiene nada que ver con un proceso determinista ni con que los acontecimientos se reduzcan a un conjunto de causas que van encaminadas a la consecución de un fin último. Nada más alejado de la realidad. Por un lado, esta concepción de la historia elimina al individuo como soporte de la misma, elimina la dignidad y la libertad. Es un pensamiento cerrado y, por esto, excluyente. Se excluye al individuo, porque no es más que un peón de la historia embarcado en un fin más alto, y se excluye a las otras civilizaciones como formas perversas de la humanidad que se empeñan en poner cortapisas al desarrollo de la civilización occidental. En la historia hay tendencias y la base de la construcción social deben ser un conjunto de ideas abiertas, no excluyentes, que fomenten el dialogo con otras culturas y que puedan constituir la base de la construcción de sociedades abiertas y democráticas. Por su puesto, nunca como imposición, porque esto no seria más que la justificación del colonialismo. Y este pensamiento abierto tiene que tener a la base un concepto humanista universal. Nada de lo humano nos es extraño. Un principio moral, en definitiva, que subyace al cosmopolitismo, ser capaz de reconocer en el otro a la humanidad, por tanto, que el otro, por muy distinto a mi que sea es un sujeto de dignidad.

 

            Varios son los momentos históricos en los que apreciamos la creación de este mito de la identidad que, en última instancia, hoy en día, son aprovechados para la justificación de la violencia contra los otros y la supuesta verdad del choque de civilizaciones al que determinísticamente estaríamos abocados. En primer lugar se intenta crear una identidad europea a partir del surgimiento del pensamiento racional y crítico en Grecia. No vamos a discutir aquí lo que de particular ocurre en Grecia y que hace posible el surgimiento de la filosofía. Pero de ninguna manera se puede encontrar aquí una identidad, un tiempo mítico origen de todos los tiempos. En la historia no existen esos saltos, no hay milagros, hay un desarrollo causal y azaroso en el que se entremezclan los acontecimientos. Con esto quiero decir que no podemos entender el surgimiento del pensamiento griego, del que somos herederos, sin la cultura babilónica, sin la cultura egipcia, tremendamente atrayente para los sabios griegos y a la que tanto le debían, a la civilización indú, recordemos los gimnosofistas. Por su puesto, hay factores de carácter estructural como es el desarrollo de las actividades comerciales y artesanales que libera de las cadenas naturales de la producción agrícola, lo cual crea la posibilidad de más tiempo para pensar y contemplar, también favorece la emergencia de la democracia, condición política del diálogo y del pensamiento. Pero en realidad, no existe ningún texto fundante de la tradición occidental en Grecia, es una fusión de culturas, de ideas, de técnicas de producción y científicas (astronomía, matemática) que confluyen dando lugar a lo griego que es común a occidente pero que hunde sus raíces en otras culturas. Claro, cuando decimos esto, estamos diciendo que otras culturas pueden entender y desarrollar el pensamiento racional. Pero los partidarios de la identidad civilizatoria lo que piensan es que esto es un fenómeno exclusivo y excluyente. Las otras civilizaciones no podrían alcanzar las cotas de desarrollo de la civilización europea, con lo cual deben ser relegadas, en nombre del progreso, la libertad y la democracia, al cajón de la historia; pero esto pasa por el exterminio físico y la colonización. Y aquí es donde nos damos cuenta de lo peligrosas que son las ideas de la identidad.

 

            U segundo momento histórico que se considera fundante de la identidad de la civilización occidental es el de sus orígenes cristianos, por eso se proponen como textos fundantes los de la Biblia, fundamentalmente el Génesis y se declara que esto es un fenómeno exclusivo de occidente. Pero la verdad es que al basarse en el mito de la identidad lo que ha hecho la cultura occidental es ocultar los orígenes de esos textos y, también, la semejanza con otros de culturas más antiguas. El mito del génesis es casi calcado a los mitos de los orígenes de los persas y de los babilónicos, de los cuales procede. Pero esto se intentó ocultar siempre y por dos razones. Había que mantener el origen divino de nuestra civilización, lo cual garantiza su superioridad, y, en segundo lugar, había que eliminar de la memoria histórica la existencia de textos similares, lo cual hacía de nuestra civilización algo exclusivo. Es decir, que todo ello constituye una falsificación y recreación de la historia.

 

            Otro momento histórico es el del renacimiento en el que como venimos diciendo se intenta reafirmar la identidad y superioridad de la civilización occidental. Y este es importante por dos razones. La primera es que en el renacimiento empieza la mundializacion, que no es más que la colonización del mundo por parte de la civilización occidental, con lo cual era de vital importancia reafirmar nuestra identidad. En segundo lugar, en el renacimiento hay que afirmarse contra la gran civilización que había sido hegemónica durante ocho siglos, nos referimos a la árabe musulmana. Claro, lo que se hizo sustancialmente en el renacimiento fue negar las raíces islámicas de la civilización occidental cristiana. Dos cosas hay que merecen la pena sercomentadas aquí. En primer lugar la discusión que hubo sobre la influencia en textos similares de la cultura islámica en La divina comedia. Lo que se intentó por todos los medios, y remito a la obra de Ridao para apoyar documentalmente esta tesis, es borrar todo rastro de esta influencia y todos los libros que hablasen de ella. De lo que se trataba era de proponer La divina comedia como uno de los textos fundantes de la modernidad. Pero los estudios históricos han ido demostrando progresivamente lo contrario. Hay una fusión entre el Islam y occidente fruto de ocho siglos, es más el Islam fue el vehículo de transmisión de la cultura. Y esto último tiene que ver con otro de los puntos que quería tratar: el surgimiento de la ciencia. Se considera que el surgimiento de la ciencia moderna es un fenómeno estrictamente europeo y que encuentra sus raíces en la recuperación que se hizo durante el renacimiento de la cultura grecolatina. Pues nada más lejos de la realidad como han demostrado historiadores de la ciencia de la talla de Joan Varnes y Koyre. Ambos consideran y prueban con una documentación exhaustiva y detallada el origen islámico de la ciencia moderna. Incluso se llega a decir que el renacimiento tiene lugar o sus raíces en la España musulmana del siglo XI a partir de la ciencia árabe que se había recopilado en la biblioteca de Córdoba, procedente de Bagdad y de Alejandría. Varnes argumenta documentalmente que los avances de la ciencia árabe, son similares, sólo que varios siglos antes, a los del renacimiento. Por su parte Koyre nos informa de que sin la ciencia árabe y su traducción del griego y del árabe al latín, Europa hubiese seguido sumisa en una profunda ignorancia científica. Los que acudieron a los textos científicos griegos fueron los árabes y eso fue una tarea de siglos, pero no fueron meros recopiladores, como defiende el pensamiento políticamente correcto, sino, también, innovadores. Los árabes fueron el vehículo de transmisión de todo ese saber. Pero lo que se pretende con esta ocultación son dos cosas. La primera es dar una identidad a la civilización occidental que la une directamente con el saber griego y latino lo que nos mostraría su superioridad, esto es una auténtica falsificación, como hemos visto. Por otro lado, y no menos importante, de lo que se trata es de hacernos ver que de la civilización islámica no puede salir un pensamiento científico y crítico, ni puede aparecer la tolerancia, ni la interpretación libre de las escrituras, no olvidemos la teoría del filósofo musulmán español de la doble verdad, algo que el cristianismo intenta refutar por todos los medios, hasta que se llegó a la teoría tomista, aún hoy en día aceptada por los teólogos, de la subordinación del saber científico racional a la verdad de fe. En fin, lo que se pretendía era la eliminación del Islam como algo inferior y degradado, una cultura que ha de extinguirse.

 

            Pues bien, todos estos mitos tienen hoy en día más actualidad que nunca, justifican las guerras que protagoniza EEUU y a las que a ONU se suma como comparsa. La lucha contra el terrorismo se confunde con la guerra contra la civilización islámica y con la progresiva colonización del mundo vía globalización neoliberal. Hay que defender el choque de civilizaciones y la superioridad de la occidental cristiana, para justificar la violencia del poder. Como alternativa tenemos que recuperar el humanismo al estilo de Erasmo que criticaba al poder de la iglesia y al político con el fin de alcanzar la paz en el infierno de las guerras de religión que asolaron Europa. De lo que se trata es de recuperar el liberalismo en el sentido de la recuperación de una sociedad abierta, basada en la tolerancia y el respeto, que tiene una idea universal del hombre, sin eliminar las diferencias y que, como pensamiento abierto que es, fomente el diálogo y el enriquecimiento; y que tiene a la base la idea kantiana del hombre como fin en sí mismo y la paz perpetua como una asociación cosmopolita de repúblicas libres. Éste es el largo camino que hay que recorrer y para eso se requiere luchar contra el poder, contra la tergiversación de la realidad que lo pretende justificar. El pensamiento es desenmascarar, al menos, el pesamiento crítico.

 

27/10/2009

 

 

                                   27 de octubre de 2009

 

                        Muy bien, de nuevo, el artículo de Jesús Sánchez Tortosa. Desde que leí su libro, El profesor en la trinchera, además de la analogía con el título de mi obra, he encontrado siempre una sintonía de pensamientos, lo cual me alegra, porque aleja a uno de la soledad intelectual en la que a veces cae, que le hace pensar, al estar tan sólo, si es que no ve las cosas demasiado deformadas. Pues, no, muchos otros, llegan a las mismas conclusiones por caminos diversos.

 

            Considero, como Jesús Sánchez, que nuestras democracia, que se suelen llamar liberales, o mejor, neoliberales, no son tales; sino que podemos denominarlas partitocracias oligárquicas. En realidad los que gobiernan son los partidos y dentro de los partidos la democracia brilla por su ausencia, lo que se da es, precisamente, una lucha de poder. Ahora bien, tal y como están organizadas estas democracias son imposibles sin el apoyo del poder económico; de ahí lo de la oligarquía. No se puede concebir un partido sin financiación y sin control de los medios de producción. Esto queda muy bien analizado en la obra El desgobierno de lo público, la financiación de los partidos viene por tres medios, la subvención estatal, la militancia, (cada vez más escasa) y las donaciones privadas. Sin estas últimas no existirían los partidos mayoritarios. Es imposible mantener la estructura de un partido sin una gran cantidad de fondos. Ya lo decía Ibarra riéndose de los de UPyD, “no saben estos el dinero que hace falta para montar un partido con opciones serias de gobierno u oposición” lo peor de todo es que este señor lleva razón y admite, entonces, desde dentro mismo de la democracia, la violencia contra la misma. Si la supervivencia de los partidos procede del crédito económico ocurren dos cosas igualmente graves. La primera es que se viola el principio de igualdad. No todos tienen las mismas oportunidades, las ideas políticas están compradas por el dinero. Es más, lo que ha ocurrido es que los partidos se han desideologizados. Los partidos con opción de poder o gobierno son, ideológicamente planos y grises. No interesan las ideas, interesa el poder. Lo mejor es que las ideas no sean más que el pensamiento hegemónico o dominante, el neoliberalismo que forma las conciencias hedonistas, individualistas y consumistas, que no tienen la posibilidad de pensar más allá de sí mismo, con lo que por este otro lado también queda la democracia amenazada, en la medida en la que no existe salud democrática. Para que exista tal es necesario la salud pública de los ciudadanos, es decir, que estos sean virtuosos. Pero el sistema ya se ha encargado bastante bien, de que el ciudadano sea tal y se convierta en una marioneta. De modo que lo primero que se conculca con la financiación privada de los partidos es la igualdad; como vivimos en una partitocracia existe una desigualdad de fondo o de partida que es de origen económico, la cual crea a su vez una falsa conciencia en los ciudadanos, de tal forma, que estos ya no son capaces de contemplar lo público. La segunda consecuencia antidemocrática de la financiación privada de los partidos es la corrupción. Si los partidos son financiados por los que tienen el poder económico, entonces, resulta que, inevitablemente, están sujetos a los intereses de este poder. La corrupción, no es algo que nos tiene que extrañar, es, por el contrario, algo absolutamente normal en las estructuras de nuestra democracia. Y, además, sospecho que esta situación a la que hemos llegado, no es algo casual, sino que tiene sus motivos. Hay un interés de fondo, en la construcción de las democracias liberales, de tal manera que, aparentemente se gobierne para el pueblo, pero, en realidad, se gobierna para una élite rica. Claro, la corrupción dentro de los partidos políticos trae otra consecuencia importante. Si los miembros de los partidos participan de esta corrupción resulta, entonces, que ya no son los modelos de valores que el político debía ser. La democracia es el gobierno del pueblo, pero como éste no puede gobernar directamente elige a sus representantes, los cuales han de ser los más excelentes. Pero, como venimos analizando, la estructura de las democracias liberales, lo que vienen garantizando es precisamente lo contrario. El que triunfa, el que está más arriba, es el que tiene más ansia de poder, el más corrupto, de entrada acepta el sistema que es en sí corrupto. Por eso, para revitalizar la democracia habría que aplicar una serie de revisiones técnicas que eliminarían la corrupción y de paso, eliminarían el elitismo de la clase política y la connivencia entre el poder político y económico. Una de las medidas sería la eliminación de las subvenciones privadas, otra la creación de listas abiertas, otra la democratización seria y a fondo de los partidos políticos, otra, la eliminación de la profesionalidad de la política a nivel local y regional. No es mucho, la verdad; pero sí es demasiado, porque el poder ejecutivo, que es el que tiene la posibilidad de cambiar las leyes, no lo hace.

 

            Lo que yo pienso es que hay que recuperar el espíritu filosófico de la democracia que se recoge en el texto de Isócrates, que dice:

 

            «Para decirlo en una palabra, aquéllos [Solón y Clístenes] habían determinado que el pueblo, como un tirano, debía establecer los cargos públicos, castigar a los infractores y resolver las disputas, y que los que fueran capaces de mandar y hubieran adquirido unos medios de vida suficientes, se ocuparan de los asuntos públicos como si fueran sus servidores y que, si llegaban a ser justos, fueran aplaudidos y se conformaran con este honor. Además, que no alcanzaran disculpa alguna caso de gobernar mal, sino que cayeran en las mayores penas. Por eso ¿cómo se podría encontrar una democracia más firme o más justa que la que ponía a los más capacitados al frente de los asuntos y hacía al pueblo señor de ellos?»

 

            Si nos damos cuenta el poder del pueblo está por encima del gobernante, debe ser su tirano. También esto es un peligro, porque si la democracia se convierte en demagogia, que era lo que Sócrates y Platón pensaban, el gobierno del pueblo se convierte en el gobierno de los ignorantes, una tiranía individualista e interesada, basada únicamente en las pasiones. Pero lo que señala el texto, y lo que señala Pericles también, en su oración fúnebre es que la democracia es el gobierno del pueblo que garantiza la isonomía y la isegoría. Ahora bien, esto no implica que la democracia no fomente la excelencia y que los que ocupen los puestos más altos en el poder en las diferentes administraciones sean, precisamente, los más excelentes.

 

 

                                   27 de octubre de 2009

 

 

            Hablé ayer de la lectura e hice una crítica al poder cuando este pretende crear un plan de fomento de la lectura, lo que a mi me parece hipócrita, porque, en definitiva, el poder persigue la ignorancia. Y esta reflexión que hice me recordó tres lecturas que hice este verano, que no eran libros estrictamente de filosofía o ciencia o historia o teoría política y ética, que es lo que suelo leer, algo de literatura también, pero ahora no tengo demasiado tiempo. Me permití el lujo de hacer estas tres lecturas en verano y ha sido de lo mejor que he leído últimamente que no tenga que ver con los ámbitos que he citado antes. La primera obra se titula Los huesos de Descartes, es una obra entre la novela negra y el ensayo histórico filosófico. De lo que se trata es de seguir la huella de los huesos de Descartes desde Estocolmo a París, y sobre todo, del cráneo que se extravió en este viaje. Paralelamente se va haciendo un recorrido de la influencia de Descartes en la modernidad; es decir, en nuestro mundo. Con Descartes nace una nueva forma de conocer el mundo, de relacionarse con él, de pensar y de actuar. Con Descartes nace también la ciencia moderna. Es el inicio de la secularización que culmina en el siglo de las luces. Los epígonos de la obra de Descartes son la posmodernidad. Este desarrollo es tremendamente interesante para saber quienes somos y de donde venimos y porqué nos encontramos en la situación en la que estamos.

 

            La otra obra es La familia Wittgenstein. Es una biografía de la familia de los Wittgenstein, una de las más ricas y cultas del primer tercio del siglo XX, además perfectamente encuadrada y ambientada en la Viena de principio de siglo. Una familia de nueve hijos, tres de los cuales, varones, se suicidan, los dos últimos son auténticos genios: Ludwing es uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, a la par que uno de los hombres más raros y atormentados. Por su parte Poul es un prestigioso pianista que se tuvo que adaptar a tocar el piano con la mano izquierda, la derecha la perdió en la primera guerra mundial. Las obras de piano para ser tocadas con la mano izquierda de los grandes compositores del siglo XX estaban compuestas especialmente para Poul Wittgenstein. El libro es tremendamente realista, describe a cada uno de los personajes con sus grandes virtudes y defectos, las luchas entre ellos, el ambiente extremadamente erudito y estético de la familia de los Wittgenstein, la pasión de toda la familia por la música, la locura que roza, junto con la genialidad, a la mayoría de ellos. Las tremendas y delicadas situaciones en las que se encontraron en la gran guerra y después. El devenir de la familia que no es más que la historia de la extinción de una extirpe de la que actualmente solo queda uno, un prestigioso matemático, hijo de una de las hijas de Poul, y sin descendencia.

 

            Y la última obra, impresionante, y literariamente la mejor con diferencia, es la de Stephan Zsweg, un dramaturgo Vienes de la primera mitad de siglo, El mundo de ayer. En esta obra se hace un recorrido sobre la última parte del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Lo llamativo es, quizás, la cierta semejanza con el momento actual que vivimos. La cualidad fundamental que el autor ve, hasta el comienzo de la Gran Guerra, es que el mundo en el que se vivía es un mundo de seguridad, en la que se pensaba que nada cambiaría, que todo iba progresando hacia mejor, que estábamos en el mejor de los mundos posibles y, encima, progresábamos, no se veía ningún peligro en el horizonte. El sentimiento, casi innato, era el de la seguridad. Pero pronto todo aquello comienza a desquebrajarse, comenzando por la primera guerra mundial, siguiendo con la gran depresión económica, y culminando, como consecuencia de ésta, con la segunda guerra mundial. Éste es el primer gran periodo de barbarie del siglo XX. Cuando todo estaba seguro nos quedaba por ver, todavía, a los infiernos a los que podía llegar el hombre. Una obra imprescindible para entender el siglo XX, aunque sea una autobiografía intelectual. Sólo por la belleza con la que está escrita merece la pena ser leída, por el deleite estético, en suma.

26/10/2009

 

 

                                   26 de octubre de 2009

 

            Se nos viene hablando últimamente desde las autoridades académicas de un plan de fomento de la lectura. Quieren estos señores agarrados a la poltrona y a la lucha por el poder políticos, que probablemente no han tocado un libro en su vida, fomentar en los centros de enseñanza la lectura. Me parece muy bien, pero cuando esta iniciativa viene del poder y, creo, que éste es, por lo que muestran, tremendamente inculto me parece poco menos que sospechoso. Desde luego que en mi centro educativo hay que agradecer la gran labor que un puñado de profesores han realizado con la biblioteca, la han ordenado, catalogado e informatizado. Esto supone muchísimas horas de trabajo y esfuerzo, desde aquí se lo agradezco. Antes la biblioteca estaba relegada al olvido, hoy es una realidad que puede ser perfectamente utilizada y con un gran fondo de libros. Pero no es sólo esto la idea del plan de fomento de la lectura.

 

            Vamos por parte. Considero la lectura como una de las actividades más importante que pueda realizar el hombre. Ahora bien, lo que ocurre es que hay que matizar muchas cosas en el tema de la lectura. La lectura, no es meramente entretenimiento, aunque sólo el acto físico de leer sea un placer, sino que la lectura tiene que ir más allá. La lectura tiene que ir dirigida al conocimiento. Y este conocimiento es el conocimiento del mundo y de uno mismo. La lectura es diálogo, de ahí que la lectura sea pensamiento y autoconocimiento. La lectura pone en contacto a la humanidad entera, en el presente y en el pasado. La lectura es el instrumento que tenemos para acceder al mundo del conocimiento y de la belleza. La lectura, meramente como entretenimiento, creo que es dispersión, pan y circo, de lo que se trata es de tener entretenidos al personal. Curiosamente los libros que triunfan y que se venden más son todos estos que tienen como fin entretener a los ciudadanos y llenar su vacío interior. De ahí que proliferen las noveles de misterios, religiosas mezcladas con novelas negras, etc. Son pocos los títulos que encontramos en las librerías. Los libros se exponen como cajas de detergentes, es la cultura mediatizada por el mercado. Pues bien, muy lejos para mí está el tema del fomento de la lectura. Para empezar hay gente que lee, y no pueden concebir la vida sin la lectura –siempre dirigida a la búsqueda de la verdad y la contemplación de la belleza- y otros que no leen, de entre ellos la mayoría no lo harán nunca, por mucho fomento que haya, otros sí. Pero la lectura es una cuestión elitista, de unos pocos. No quiero decir con esto que sean los mejores, sino sólo unos pocos.

 

            ¿Por qué sospecho de un plan institucional de fomento de la lectura? Es muy sencillo. Después de muchos años de insistirles a mis alumnos de la necesidad y el bien moral e intelectual que puede hacerles la lectura, he claudicado. Mi mensaje ahora es que no lean, que leer es peligroso, pero, sobre todo, peligroso para el poder. También es peligroso para ellos porque pondrá en entredicho sus ideas y creencia. El conocimiento que la lectura genera, produce duda, y esto es pensar. De alguna manera esto también es peligroso. En la medida en la que uno empieza a leer entra en lo que he llamado la conversación de la humanidad, digamos que entonces ya ha mordido la manzana, ya no hay vuelta atrás. El mundo y nuestra vida ya siempre serán de otra manera. Nos habremos dado cuenta de nuestra ignorancia y de que vivimos en un mundo de apariencias, por eso las cosas no son lo que parecen, el mundo interpretado empieza a carecer de sentido. Llegamos al desencanto del mundo, o desacralización de lo real. Se instala para siempre en nosotros la duda y la indignación contra el poder que intenta imponernos un mundo a su medida. Por eso no puedo creer, de ninguna manera, en la bondad de ese fomento cuando viene de las instituciones ocupadas por el poder. La lectura está relacionada con la libertad, con la rebeldía, y esto es lo que menos le interesa a las distintas formas de poder. La cosa está muy clara desde el mito del génesis, se nos prohíbe comer del árbol del conocimiento. El conocimiento produce la heterodoxia, la disidencia, por eso siempre ha sido sospechoso para el poder, ha sido declarado anatema. Cuando cualquier forma de poder se hace autoritaria tiende a eliminar todas las formas de conocimiento que no coincidan con la ideología del poder. Por eso, insisto, déjenme que sospeche de la bondad de este plan institucional de fomento de la lectura, máxime cuando viene de la institución que se ha cargado la enseñanza. Esa medida queda muy bonita sobre el papel, pero no es más que propaganda, autobombo y engaño. Y luego tiene a todos los sociatas que hayan escrito cuatro líneas dando charlas por los centros educativos, eso también tiene tela,…¡qué mundo ha creado esta perpetuación del poder! ¡cuántos intereses!, en fin.

 

            He leído últimamente una frase de M. Kundera que es tremenda y con la que coincido plenamente, dice lo siguiente, la lucha contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. ¡Cuánto contenido encierra esta frase! ¡Y cuánto de lo que venimos diciendo en estos pensamientos está contenido en ella! La lectura como forma de conocimiento es una forma de recuperar la memoria, de hacerse autoconsciente y, por lo mismo, una forma de lucha contra el poder, el olvido y el engaño.

23/10/2009

 

23 de octubre de 2009

 

            Terminé hace un par de días un libro buenísimo Los límites del patriotismo. Se trata de una compilación en la que se arranca de un ensayo patriotismo y cosmopolitismo de la filosofa norteamericana Martha Nussbaum a la que le sigue una serie de ensayos en respuesta al primero lo que muestra la gran polémica que suscitó. Se cierra el libro con una réplica magistral de la filósofa. La idea general es muy sencilla, Nussbaum defiende el cosmopolitismo, frente al patriotismo y considera que hay que introducir los valores del cosmopolitismo en la educación; se refiere fundamentalmente a los EE.UU. Su tesis arranca de Diógenes el perro, cuando a éste le preguntaron de qué ciudad era, respondió:  yo soy “Kosmo polita”, esto es, ciudadano del mundo. A lo largo de la tradición filosófica occidental ha habido múltiples defensores del cosmopolitismo, los estoicos griegos y después los romanos, Séneca, Marco Aurelio, Cicerón, entre los modernos nos encontramos a Adam Smith, a Kant que sería el más completo. Luego el siglo XIX trajo la terrible enfermedad de los nacionalismo y del advenimiento de un hombre nuevo, que después se uniría, curiosamente, al internacionalismo socialista y comunista (que en principios deberían ser cosmopolitas) con la intención de luchar contra la opresión. Por mi parte pienso, y lo he discutido mucho con marxista, como M. M. que esto es una contradicción de los marxistas de la que no han sido capaces de salir. De todas formas este no es el tema, pero sí tiene que ver mucho con el fracaso de la izquierda y sobre todo, aquí en España. Una cosa sí es verdad, tanto al marxismo, como a los nacionalismo le anima el mismo espíritu, el romanticismo irracional y utópico.

 

            Pero vamos al asunto del cosmopolitismo que a mí desde mi adolescencia, cuando por primera vez tuve acceso a los estoicos, me fascinó. Cuando escuché por primera vez esta teoría me sentí raptado en mi pensamiento, encontré una explicación, que de alguna manera, me daba alas, me liberaba de las normas y costumbres que me rodeaban y coartaban y que yo consideraba, como buen adolescente rebelde, vacías e hipócritas. Desde entonces para acá me he considerado cosmopolita, igual que soy, desde el punto de vista ético, universalista, además, esto con un fundamento en la naturaleza. La naturaleza humana, que es sólo la biológica, es universal. Pero el cosmopolitismo tiene un mensaje ético mucho más profundo que desarrollaré después. Primero analizaré la crítica fundamental que se le puede hacer. Se dice que para el ser humano es imposible la vida, como ser social que es, y esto es ya desde Aristóteles, sin la identidad; y que ésta tiene lugar a través de la familia, el pueblo, la ciudad y, como mucho el estado y la nación. Bien, nada hay aquí incorrecto. Nuestro proceso de socialización tiene que pasar por un proceso de identificación, pero éste al final tiene que trascenderse. Esto es, que tenemos que llegar a lo universal a través de lo particular y vuelta. Nos reconocemos en lo universal a través de lo particular y en lo particular a través de lo universal. Por otro lado, el paso de lo particular a lo universal se encuentra en el propio proceso de humanización que lo podemos estudiar desde la antropología. Primero eran los clanes en el paleolítico, y se luchaba entre ellos, luego las ciudades, más tarde los estados y, por último la globalización, aunque se me diga que ésta es sólo económica. Es cierto que sí, pero no sólo, también tenemos los derechos humanos, el derecho internacional, la corte penal internacional. Todo en pañales, sí, pero ahí están para ser desarrollados. De modo que la crítica si bien es cierta, lo que le ocurre es que no entiende el mensaje ético que tiene el cosmopolitismo. No sólo lo encontramos en los estoicos, griegos y romanos, sino también en los evangelios, parábola del buen samaritano, piedra angular de la ética cristiana. Lo encontramos desarrollado también en las teorías del derecho de gentes que tiene uno de sus máximos defensores en Bartolomé de las Casas que quiere considerar a los indios en pié de igualdad con los cristianos, a pesar de no ser bautizados. Está surgiendo el concepto de dignidad y así seguiremos hasta Kant, que es el que le da toda la dimensión universal que se merece, aunque el no le saque, en la práctica, las consecuencias que llevaba implícito en sí mismo su imperativo de la dignidad: obra siempre como si el otro fuese un fin en sí mismo y no un instrumento. Y esto es precisamente el gran logro del cosmopolitismo. El ciudadano del mundo es el que reconoce en el otro a otro yo, a un semejante, al prójimo. Lo que tiene el cosmopolitismo, y hoy en día es absolutamente necesario para luchar contra la globalización neoliberal excluyente, es una impronta ética de hondo calado. El ser ciudadano del mundo implica el reconocimiento de que cualquier otro, incluso los no nacidos, las generaciones venideras son sujetos de dignidad, por tanto debemos construir un modelo social –conjunto de instituciones que garanticen- la puesta en práctica de este principio moral universal. De lo que se trata es de la capacidad de reconocer lo humano en el otro. Como decía el sabio, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Pero, claro, esto no implica, y ahí lo entienden mal los críticos, que están cegados por el patriotismo o patetismo, el abandono de las identidades particulares. Uno se construye a partir de estas identidades, pero debe ser capaz de trascenderlas y de mirarlas desde la perspectiva de lo universal. De tal forma que el trato con los de tu propia identidad ya no se basa en el hecho de que sean de tu propia familia, pueblo, ciudad, estado; sino que se basa en el hecho de que son personas, fines en sí mismo, sujetos de dignidad. Y entonces habremos dado un paso importante en nuestro mundo ético. Después viene el asunto político. Tenemos que ser capaz de trascender las instituciones nacionales y estatales, si bien necesarias, en pos de unas instituciones globales que garanticen la humanidad-dignidad de todos los hombres. Y ese es el camino de la sociedad cosmopolita, o, como diría Kant, de la sociedad de repúblicas libres cosmopolitas.

 

            Curiosamente ha coincidido que me estoy leyendo un libro interesantísimo, del que estoy aprendiendo mucho, de la filósofa que despertó la polémica Martha Bussbaum. El libro se titula Las fronteras de la Justicia. El libro hace una crítica a las teorías del contractualismo político, incluyendo la más desarrollada y completa, la del recientemente fallecido Rawls, porque parten de un concepto de igualdad equivocado que les impide tratar tres problemas importantes, que a mi modo de ver, tiene que ver con el cosmopolitismo. Los problemas son: el trato a los incapacitados psíquicos y físicos, la posibilidad de trascender las leyes de la nación (sobre todo cuando ésta es la dominante EE.UU) y la necesidad de extender la justicia a la naturaleza. El problema de los contractualistas es que consideran que el contrato originario se hace entre iguales para obtener un beneficio mutuo, esta sería la base de la formación de los estados democráticos liberales. Pero lo que señala Nussbaum es que si partimos de esa situación originaria nos quedamos fuera esos tres ámbitos, con lo cual, no podríamos construir una sociedad justa, habría tres ámbitos de exclusión. El contractualismo de Rawls es el más completo e introduce dos conceptos muy importantes. El primero es el del velo de ignorancia, según éste el acuerdo al que se llega debe basarse en la ignorancia de lo que es cada cual, de esta forma todos parten de la igualdad, porque deben pensar (por el dilema del prisionero) que se pueden encontrar en la posición más injusta y desfavorable, por eso, en su contrato intentará que todos aquellos que se encuentran en situación desfavorable sean atentidos justamente. Por su parte, Nussbaum considera que hay que pasar de un enfoque cntractualista a otro al que se le sumaría el de las capacidades. Por mi parte pienso que si ahondamos en el velo de ignorancia, también podríamos pensar que nuestra situación inicial fuese de la la discapacidad y ahí estarían incluidos todos los discapaces, mujeres, dependientes por edad, etc. En cuanto al tema de la naturaleza me sumo a lo que ya dijera Hans Jonas el principio de responsabilidad. Tenemos que ampliar nuestra ética desde este principio, que lo podemos considerar como el principio básico de la ética ecológica. Viene a decir lo siguiente, nuestros actos deben tener en cuenta siempre su repercusión en el otro, pero no el cercano (prójimo) sino en aquel que ni conocemos e, incluso, al no nacido. De esta forma nuestras relaciones con la naturaleza vendrían mediatizadas por este principio. El segundo paso sería el político-jurídico que consiste en llevar esto a la práctica desde instituciones internacionales. Volvemos, por este camino también, al cosmopolitismo desde una visión ética universal de la humanidad y que, además, como adelanté antes, tiene una base en nuestra propia naturaleza biológica.

22/10/2009

 

            22 de octubre de 2009

 

Acabo de terminar una de las tareas más tediosas de la enseñanza tal y como nos la tienen impuesta. Acabo de terminar, nada más y nada menos, que la programación general del curso. Ahí es nada. Esto es lo que quieren estos burócratas de la enseñanza que no tienen la más mínima idea del acto mismo de enseñar, de la transmisión, inefable, de conocimientos y valores. ¿Cómo vamos a reducir un arte y un saber práctico a un conjunto de términos pseudocientíficos que lo único que hacen es encubrir la nada de la educación? La nada a la que estos ideólogos, ¿qué digo? No creo que lleguen a tanto, estos creyentes obedientes del mito del pseudoprogresismo de la escuela que ha llevado la enseñanza a una cuasihecatombe, de la que tendrán que pasar lustros para ver un poco de luz. El daño que esta izquierda progre ha hecho a la enseñanza no tiene parangón. Ya nos hemos referido aquí a su peligrosa falacia, por aquello de ser un mito, y en los mitos se cree y, por tanto, se imponen, de la democratización de la enseñanza. Esto es una auténtica barbaridad. La enseñanza debe potenciar la excelencia. Y esto no quiere decir que la enseñanza deba ser elitista (para los que tiene poder económico o de otra clase), no. La enseñanza debe ser universal; pero su objetivo debe ser el de producir ciudadanos. Enseñar y educar debe ir encaminado a la misión casi mágica de hacer que un individuo, casi un homínido, se transforme en un ciudadano, un ser libre y autónomo. Pero las diferentes leyes de educación, con palabras robadas a la democracia, han hecho todo lo contrario. Nos han engañado, no quiero pecar de vanidad, pero desde el principio de la LOGSE, allá por los noventa, ya lo sospechaba. Siempre fui crítico de la LOGSE, pero poco a poco me he ido dando cuenta da la tremenda carga ideológica que tiene la misma y de lo bien pensada y planeada que está. Lo deja todo atado y bien atado. Es como una religión, o se niega la totalidad, o no hay forma de meterle mano. La LOE, que la ha sustituido es aún peor, porque no sólo es más de lo mismo, sino que profundiza aún más poniendo los instrumentos necesarios para que se transmita la ideología de la pseudoizquierda de la igualdad. Y a los inspectores y a las juntas directivas, lo único que les importa es el papel. Que haya papeles y justificaciones de todo. ¡Qué sabrán ellos de la magia y el arrebato del enseñar y aprender! Nunca el aprender es cuantificable.

Como filósofo y ciudadano que soy mi deber es hacer una crítica a la ley de educación. Aquí tengo que matizar. Kant hacía una doble distinción del uso de la razón. Hay un uso privado y un uso público. Es una distinción muy sutil y de gran calado, pero en otro momento la abordaremos. Sólo decir, que el uso privado implica la obediencia. Yo, como funcionario del estado, tengo que obedecer la ley. Pero como ciudadano y, más aún, como filósofo, porque es mi deber, tengo que hacer una crítica pública de la ley, cosa que hago por escrito y ante mis alumnos para despertar sus conciencias y animarles a que sigan el ejemplo. Se podría ir aún más allá, desobediencia civil, también ésta en algún ámbito la practico. Pero esto es más complejo de lo que parece. En realidad, tenemos la enseñanza que nos merecemos. Los profesores hemos aceptado indiferentemente las leyes educativas, ni se han criticado en profundidad y de forma generalizada, ni se ha protestado, ni ha habido huelgas, manifestaciones, encierros. Cuando se nos presenta este estado de cosas, entonces uno se echa las manos a la cabeza y dice: pero, bueno, cómo es posible que los que se encargan de la educación, los que tratan con las ideas, los supuestos intelectuales, son tan cómodos, tan poco críticos y tan borregos. Cómo es posible enfrentarse a las leyes ideológicas del poder si el profesorado ha sido el primero en dejarse –a lo mejor es que es inconsciente, lo que es peor todavía- domesticar. La educación es el vehículo de transmisión de la ideología del poder. Es un mecanismo de control. Y los profesores han sido la transmisión de esta ideología. Pieza clave del sistema. Han sido obedientes y sumisos. Se han vendido, esto cuando han tenido cierta conciencia, por un plato de lentejas. Para cobrar los sexenios, pues, ala, allá que van todos a los CPR a escuchar estupideces y tonterías pseudocientíficas sobre la didáctica de yo qué sé que naderías. Y así, poniéndose un velo en los ojos, estos los más críticos, cubren el expediente y engordan sus sueldos. No, aquí, desobediencia civil. El profesor tiene que formarse en su materia, porque supuestamente la ama y vive entre otras cosas para ella. Pero no, el profesor está instrumentalizado. Y ahora se llevan las manos a la cabeza con la violencia en las aulas, el fracaso escolar, el absentismos, pero la cosa viene de mucho más lejos y estaba todo muy bien pensado. Los últimos en caer, donde creíamos que residía el último baluarte del espíritu crítico, el tribunal de la razón, la universidad. Éstos se han rendido al plan Bolonia, también, por un plato de lentejas, eso si, para estos más abundante. En fin, que no se hable de los alumnos, alumnos y profesores están hechos de la misma pasta, materia maleable y domesticable.

Pero también quisiera hablar de algunas de esas profundizaciones que la LOE  ha hecho en la ideología que se venía defendiendo y que nos hacen creer que es la izquierda, cuando en realidad no es más que el pensamiento único hegemónico, el pensamiento neoliberal que sólo mira la productividad y que lo convierte todo en mercancía. Me refiero a ese invento de las competencias básicas. Ahora el objetivo ya no es el conocimiento –que ya antes casi tampoco lo era- sino, las competencias básicas. Sólo la palabra competencia está ya dentro de la ideología mercantil. Cuando decimos que el objetivo es el de alcanzar una serie de competencias básicas, lo que estamos diciendo es que el conocimiento está instrumentalizado, es un medio para obtener otra cosa. El conocimiento pierde el fin en sí mismo, por tanto, su dignidad. Claro, en una sociedad en la que todo vale, el conocimiento ha de perder el valor. De lo que se trata es de la adaptabilidad. Las competencias básicas no son más la forma de que la escuela produzca individuos adaptables al sistema, no ciudadanos libres, sino individuos sumisos. Se nos pone como un algo inevitable el mundo en el que tenemos que vivir, y las competencias básicas son las que nos van a permitir vivir en este mundo. Por tanto, lo que se nos está enseñando es a obedecer a algo, que de entrada, se da como inmutable: la estructura social en la que vivimos. Y esto es lo mismo que ocurre con el plan Bolonia, de lo que se trata es de la adaptabilidad. Pero la verdadera educación lo que debe perseguir es la capacidad de crítica y, por ello, la posibilidad de cambiar el mundo que nos rodea, si consideramos que es injusto y desagradable. Eso es ser libre e ilustrado. Se ha confundido el ideal ilustrado con la educación universal y obligatoria. El ideal de la educación de la ilustración era ofrecer el conocimiento que nos librase de las cadenas de la superstición y de las creencias, en aquel momento religiosas y aristocráticas. Hoy en día el pensamiento ilustrado sigue siendo válido. El objetivo de la educación es la libertad, luchar contra las ideologías, las creencias y las supersticiones con las que el poder pretende domesticarnos.

21/10/2009

                                   21 de octubre de 2009

 

Muy distintas son las muertes de Jesús y Sócrates. Dos modelos distintos de vida. A pesar de las coincidencias y de que la tradición los ha querido acercar, son distintos. Sócrates es el modelo de la vida filosófica comprometida con la polis. Con la búsqueda del conocimiento y la virtud que da la sabiduría y la serenidad. Y que esta búsqueda tiene lugar en la polis, en relación con los demás. La de Sócrates es una muerte serena, aceptada. Todo se le ha dado en la vida. Ha alcanzado la sabiduría, ya nada tiene que temer, es digno, feliz y dichoso. La muerte sólo es el final de esa plenitud para extinguirse en la nada. La vida ha sido plena. La muerte le es ajena al sabio, como diría Spinoza, en nada piensa menos el sabio que en la muerte. Y también dice Platón que, filosofar es prepararse para morir; esto es, una vez que estamos preparados, ya no nos importa. Pero, en cambio, la muerte de Jesús es un sacrificio, una pasión, incluso está la duda al final, dios mío por qué me has abandonado. En lugar de la serenidad encontramos el dolor, el sufrimiento y, al final, la resignación. El valor que transmite aquí el cristianismo es el de la resignación. En definitiva es una negación de la vida. El filósofo, el sabio, afirma la vida siempre que merezca la pena ser vivida: la vida virtuosa, en definitiva.

 

 

                                   21 de octubre de 2009

 

            La sombra de Sócrates es alargada. Para entender nuestra civilización occidental tenemos que tomar como referencia dos pilares. Uno es Atenas, que expresa la tradición crítica y racional y el otro es Jerusalén, que nos transmite la tradición religiosa, concretamente el judeocristianismo. Sin estos dos pilares y lo que ello conlleva, añadiéndole lo que de novedad pudieron aportar el renacimiento y la ilustración, no podemos entender nuestra sociedad. Además hay que tener en cuenta que nuestra civilización occidental se ha globalizado y ese proceso comenzó, precisamente, en el renacimiento, para bien y para mal. Pues igual que los dos pilares se centran en dos ciudades, también los podemos concretar en dos personajes históricos, hasta, cierto punto enigmáticos y legendarios, que producen un giro radical en el pensamiento y en sus tradiciones culturales. Ambos personajes, a su vez, tienen sus semejanzas y sus diferencias. Y de ambas podemos aprender en la tarea de intentar comprendernos a nosotros mismos a través del estudio del origen de nuestra tradición. Me toca ahora hablar de Sócrates, haré algunas referencias a Jesús de Nazaret, a éste último, en su momento le reservaremos una reflexión a parte.

 

            Cada vez que leo algo sobre Sócrates, o que lo tengo que explicar y exponer a mis alumnos encuentro al personaje mucho más seductor y en la misma media más incomprensible. Cada vez encuentro más claves en su quehacer filosófico para entender la realidad histórica en la que se encuadra su filosofía y, por otro lado, para entender mejor la realidad de la democracia en la que vivimos y sus defectos o imperfecciones. En Atenas nos encontramos con que se había desarrollado una democracia que implicaba el gobierno del pueblo. Era una democracia directa y asamblearia, las decisiones se tomaban directamente por los ciudadanos. Desde luego no era una situación idílica porque no todos los ciudadanos participaban y tampoco eran todos ciudadanos. Pero no vamos a entrar en estas disquisiciones que tienen que ver con la teoría democrática, de lo que hoy quiero hablar es de la personalidad filosófica de Sócrates y su influencia paradigmática para el resto del pensamiento. Los sofistas, a su manera, alimentan la democracia. Lo que podemos decir es que la democracia es la condición de posibilidad política de que se dé la filosofía o el pensamiento, porque la democracia implica la libertad desde la isonomía y la isegoría. Los sofistas inventan el arte del discurso, a esto le llamamos la retórica que consistiría, grosso modo, en el arte del discurso que pretende convencer, independientemente de la verdad de aquello de lo que se convence. Esto es muy importante y tiene que ver con la esencia de la democracia. Pero aquí precisamente, nos vamos a encontrar la tensión entre los sofistas y Sócrates, tensión que se mantiene en la actualidad. Es una tensión propia de la democracia. Hoy en día podríamos hablar de la tensión entre el político y el intelectual, o, incluso, entre el político profesional y el político en tanto que ciudadano y vocacional (el que quiere el bien de la polis, o el que se dedica a la política, como acabo de leer en frase de Vaclas Havel, por imperativo ético). Y es esta tensión a la que me quiero referir es la que da sentido a la vida y la muerte de Sócrates, pero que trasciende al propio Sócrates porque es una tensión de la democracia como forma de gobierno. Los sofistas inventan la retórica porque parten de un presupuesto filosófico de gran calado y de enorme actualidad. Los sofistas llegan a la conclusión de que el conocimiento es relativo, de que la verdad absoluta no existe, que la verdad, el bien y la justicia, dependen de circunstancias y momentos. Que la verdad, el bien y la justicia tienen más que ver con la utilidad y la conveniencia que con una correspondencia con algo real. Pues bien, este principio relativista es de enorme interés para la democracia porque este sistema de gobierno parte de la idea de que en democracia la verdad absoluta no está de parte de nadie, por eso es necesario e diálogo y el consenso. Por eso decíamos que la democracia es la condición política de posibilidad para que se desarrolle el pensamiento, porque éste último es diálogo. Y por eso decía también que la democracia y la sofística se necesitan mutuamente. Con ello quiero decir que los sofistas, que han pasado por ser los malos de la historia, debido al triunfo de la filosofía platónica a través del cristianismo, no son, en ningún modo, los equivocados. La democracia se desarrolló porque los sofistas la alimentan desde el relativismo. Lo que sucede es que el relativismo puede acabar radicalizándose, de tal forma que, paradógicamente, se convierte en un absoluto en el que la divisa es todo vale; y cuando todo vale, la verdad se basa en la imposición del poder. Es verdadero aquello que defiende el más poderoso. Pero la sofística, aún no degenerada, defendía, que el discurso retórico debía defender que la verdad, el bien y la justicia eran lo conveniente y útil en ese momento para la polis. Y es esto último lo importante. Una democracia saludable, parte del presupuesto de que nadie tiene la verdad y que por medio del discurso retórico podemos convencer a la ciudadanía de lo que es mejor para el bien común, la polis. Ahora bien, es fácil deslizarse de la retórica a la demagogia. Si el discurso retórico es el que marca que es lo que debemos considerar como verdadero, es fácil caer, y eso ocurre por las propias tentaciones del poder, en que lo verdadero es aquello que nos beneficia a nosotros particularmente, nos olvidamos entonces de la polis. Y es aquí cuando caemos en la demagogia, el intento de convencer a los demás para nuestro propio provecho particular, o en las democracias actuales, partitocracias, el beneficio del partido. Es decir, que la retórica que tiene a la base el relativismo tiene en sí mismo el germen de la demagogia; es decir, de la corrupción de la democracia en su propia esencia. Pero profundicemos un poco más en la retórica y la demagogia para poder entender el pensamiento socrático y su enfrentamiento contra los sofistas. La retórica es un discurso que intenta convencer a partir de argumentos racionales, si bien utiliza en el proceso de la argumentación, falacias (argumentos lógicamente incorrectos). Pero, en definitiva, estos argumentos están dirigidos a la razón. Ahora bien, la retórica también se dirige a las pasiones, en este caso la razón ya no juega el papel del filtro por el que han de pasar nuestras decisiones a la hora de elegir. Pues bien, una diferencia importantísima entre la retórica y la demagogia es que ésta última se dirige directamente a las pasiones pasando por encima de la razón. La cosa es de gran calado. Porque si bien, desde la retórica todavía se considera al ciudadano en cuanto tal, un individuo capaz de elegir libremente después de haber escuchado diferentes razones sobre un mismo asunto, en la demagogia, por el contrario, de lo que se trata es de convertir al individuo en masa. El asunto consiste en que la demagogia instrumentaliza al ciudadano, lo pone al servicio de sus propias pasiones. El discurso demagógico, al estar dirigido al corazón, es inconsciente, impulsivo, cambiante y gregario, recordemos el fragmento de la obra de Shakespeare Julio Cesar, cuando Marco Antonio convence demagógicamente a la ciudadanía de cosas distintas sucesivamente hasta que consigue que se rebelen contra el poder, fin que él deseaba por venganza y por poder. Y cuando los ciudadanos obedecen sólo a sus pasiones e intereses particulares entonces se convierten en esclavos de sus propias pasiones, pero resulta que éstas últimas están dirigidas por el poder, con lo que los ciudadanos se convierten en masa homogénea manipulable eficazmente.

 

            Y es aquí en esta disyuntiva, que se repite en nuestras democracias, por muy distintas que sean a la griega, donde entra Sócrates. Es más, la demagogia en nuestras democracias liberales, formales y capitalistas cuentan con los medio más sofisticados para amplificar la demagogia y domesticar-esclavizar al ciudadano. Sócrates era ciudadano ateniense que desconfiaba de la democracia como posibilidad de ser un gobierno justo en la media en la que consideraba que la democracia, tal y como se estaba desarrollando no producía ciudadanos virtuosos, y una sociedad es políticamente saludable si se apoya en ciudadanos virtuosos. La virtud para loas griegos es política o pública. La virtud tiene que ver con ser un buen ciudadano. Para nosotros hoy en día existe una individualidad e intimidad que se rige por la ética de la cual sólo nosotros somos responsables, en parte esto se lo debemos a Sócrates y en parte esto tuvo que ver con su muerte. Pero para la Atenas democrática ética y política son una y la misma cosa. Es Sócrates el que va a abrir la brecha. Sócrates desconfía de los sofistas, no piensa que todo se pueda defender, ni piensa que no exista la verdad, el bien y la justicia. En todo caso lo que él piensa es que no los conocemos, que es distinto. Por eso Sócrates arranca de dos principios básicos, éticos y epistemológicos, que son la base de su filosofía y de la filosofía en general. El primero es la máxima del templo de Delfos, conócete a ti mismo y, la segunda, sólo sé que no sé nada. Sócrates, al contrario que los sofistas, considera que no sabe nada, salvo que nada sabe y a ese conocimiento ha llegado a través del estudio de sí mismo. Por tanto, no es que no exista la verdad, es que no la conocemos. El error del sofista es que no sabe que no sabe; y esto es lo que llamamos ignorancia. Frente a la retórica lo que propone Sócrates es el diálogo. La retórica presupone que no hay verdad, el diálogo presupone que no conocemos la verdad y estamos obligados, en tanto que ciudadanos libres, a buscarla conjuntamente, desde la razón. Sofistas y Sócrates coinciden en la ausencia de la verdad, pero los primeros optan por la retórica, la cual degenera en demagogia y anula al ciudadano, mientras que Sócrates apuesta por el diálogo. Ahora bien, el diálogo, que es la esencia de la democracia, presupone la existencia de ciudadanos libres y, por tanto, virtuosos; esto quiere decir que su interés es el interés de la polis. Ésta es una exigencia tremenda. Nada más y nada menos que Sócrates nos está diciendo que seamos libres, que pensemos por nosotros mismos y que sigamos a la razón, no a la pasión. Las pasiones por sí misma nos esclavizan y sirven como instrumento que el poder utiliza contra nosotros y la democracia. Aunque estamos en el marco de la democracia, los sofistas y Sócrates representarían formas muy distintas de entender la misma y practicarla. Porque no olvidemos que la democracia es práctica, una forma de vida. Lo que se podría seguir de Sócrates es que el modo democrático justo es el de la democracia asamblearia constituidas por ciudadanos libres con capacidad de dialogar siguiendo a la razón en pos de la verdad. Si esto no es posible, entonces no es posible la democracia. Algunos pensarán precisamente esto, por eso optan precisamente por las democracias formales y representativas que fácilmente se convierten en oligarquías partitocráticas. La exigencia de Sócrates es una exigencia ética. Y aquí entramos en el asunto de la condena de Sócrates. Éste último se declaraba el tábano de Atenas. Dedicó su vida a analizarse a si mismo, llegando a decir que una vida sin análisis no merece la pena de ser vivida. Pero también se dedicaba a analizar a los ciudadanos con los que se encontraba, por medio de su mayéutica, el arte de preguntar indagaba en el fondo de sus interlocutores llevándolos a contradicciones y al reconocimiento de su ignorancia e incluso a hacerles ver que estaban desperdiciando su vida cuando tenían la posibilidad de llegar a ser ciudadanos virtuosos, mientras que, al contrario, malgastaban sus vidas en el vicio, la corrupción, los placeres, el interés particular, las riquezas, el éxito, y olvidaban lo que únicamente merecía la pena, la virtud. Por eso se consideraba el tábano de Atenas, porque aguijoneaba las consciencias de sus conciudadanos. Por supuesto que esto no podía tener un buen final. Sócrates estaba minando las bases de la sociedad ateniense, de la misma manera que hizo Jesús de Nazaret. Ambos sabían a lo que se enfrentaban, pero tenían que ser coherentes y consistentes y esto les llevaría a la muerte. Pero en ambos casos la muerte es un acto pedagógico más. Una exigencia del guión de su propia existencia, una consecuencia inevitable de su pensamiento. Por eso podemos hablar en ambos casos de un suicidio voluntario.

 

            Sócrates es acusado de impiedad y corrupción de la juventud, crímenes que por sí solos lo podrían llevar a la pena capital. Las acusaciones no tienen fundamento real, pero sí justificación filosófica y política. Sócrates era un personaje molesto para el poder y había que callarlo como fuese, era un crítico, un inconformista, un heterodoxo, un hereje, un disidente. Es decir, alguien que está en el polo opuesto del poder. Se le quería dar un escarmiento. Pero Sócrates será consecuente, no quiere escarmientos, quiere seguir siendo filósofo-ciudadano hasta el final. La base de la acusación, en definitiva, la encontramos en que Sócrates era un personaje peligroso para la democracia-demagogia según la venían entendiendo los griegos. Sócrates decía que tenía un dios particular que siempre le había dicho lo que tenía que hacer y decir. Esto es muy importante porque lo podemos entender como la voz de la conciencia o, como dirá Hegel, el surgimiento de la eticidad. En realidad Sócrates lo que está diciendo es que él, en tanto que ciudadano y hombre libre sólo obedece su ley (ética), aunque en su caso coincide con la ley de Atenas. Pero, claro, esto es romper la unidad griega entre ética y política. Por eso, de alguna manera, igual que sucede con Jesús, los griegos tiene razón al condenar a Sócrates. Los dos personajes están socavando los cimientos de su sociedad. Están dando alas a una nueva forma de entender al hombre. Su muerte, como dirá Hegel, no es conmovedora, sino trágica. En definitiva, la vida de Sócrates tiene que ver con la democracia y su viabilidad. Si ésta no se apoya en ciudadanos libres se convierte en demagogia y entonces la salida es la platónica: los hombres no pueden gobernarse a sí mismos porque no saben, es necesario el gobierno de los sabios, es decir, un gobierno autoritario.

20/10/2009

                                   20 de octubre de 2009

 

            Es increíble lo que hay que soportar en la prensa políticamente correcta. Ahora abundan los artículos de opinión de grandes catedráticos de economía de la universidad que piden y sugieren la idea del nuevo keynesianismo, la intervención del estado. Que hablan de los límites del crecimiento, del problema del agotamiento de los recursos fósiles. Desde luego, cuando esto se viene pensado desde hace más de cuarenta años y tenemos las bases teóricas para la acción. Ahora todos se rasgan las vestiduras y quieren poner límites al crecimiento. No son más que intelectuales orgánicos aprovechados; esto es, ideólogos del sistema. Hasta hace poco sólo existía un pensamiento único, políticamente correcto, cualquier heterodoxia era una disidencia y una locuta y declarado anatema. Hoy en día, todos se suben al carro de la sostenibilidad. Antes todos defendían como única viabilidad de la democracia el sistema neoliberal, desregulación absoluta, estado mínimo, el mercado corrige errores y produce justicia social. Una gran mentira donde las haya. Ahora resulta que ya no está tan claro para los ideólogos del poder. Pero me temo que estos ideólogos juegan a despistar, porque en definitiva, el sistema de producción que tenemos sigue siendo el mismo. No sabemos si hay un final de la crisis, pero si hay un repunte, seguirá el neoliberalismo. Las propuestas no han llegado a la radicalidad que se requiere. Mientras los intelectuales orgánicos cacarean, el poder económico sigue en sus trece.

 

            La viñeta de El roto de hoy es tremendamente esclarecedora. La realidad social y política es un caos. Interesa ese caos y que no se toque. Es decir, no se admite la racionalidad. Leí un libro hace muchísimos años que me impactó, La locura organizada, de Billy Brand. La conclusión es clara, el desorden, caos, del mundo está absolutamente organizado de forma racional. Responde a razones de interés. El hambre en e mundo, la pobreza, las guerras, la carrera armamentística, el problema ecológico, todo está racionalmente pensado. Pero esto implica que está en contra de la racionalidad ético política. La globalización, que es un fenómeno absolutamente inevitable debe estar regida por ésta última racionalidad.

 

 

                        20 de octubre de 2009

 

            Al menos sé que tengo un lector fiel, lo cual es de agradecer, pero también es un compromiso. Ayer estuve hablando con mi buen amigo P.C. y me preguntó qué como andaba, que había estado varios días sin escribir en este diario. Me sorprendió, pero agradezco su atento seguimiento, mucho más en cuanto que no sólo por leerme y acercarse a textos que, en algunos casos, son difíciles de entender por abstractos y porque es necesario ciertos conocimientos filosóficos previos, y, sobre todo, por la falta de claridad del que escribe. Pero es que además mi amigo soporta mi mala literatura, lo que para mí es admirable porque él es un purista en el estilo. Hablar con P.C. siempre me estimula, porque es un indagador nato. Su discurso tiende más a la indagación que a la respuesta. Él busca conocimiento y explicaciones, de tal forma que hablar con él es siempre una indagación sobre uno mismo. Siempre le estaré agradecido. Ayer hablamos de dos temas fundamentalmente, la escritura y el cine. Para mí la escritura, en su modo ensayístico, que es el que intento practicar, es una forma de expresar lo que bulle dentro de mi cerebro y de mi corazón. Mis escritos son de origen pasional, nacen generalmente de la indignación. Son un intento de comunicación. Considero como Sócrates y Platón, que el pensamiento es diálogo. Hablar con los demás es pensar. Pensar es dialogar con uno mismo. Siempre tenemos un interlocutor, ese yo interno del que hablaba Vigostki, que en el niño está presente y hace posible el surgimiento del lenguaje. Ese yo interior es nuestro interlocutor eterno, también la conciencia, pero aquí habría que introducir más matices que tienen que ver, primero con la ética y después, con el cristianismo. Escribir es una forma de instrumentalizar, o, incluso, objetivar, el pensamiento, esto es, el diálogo. Cuando escribimos nos ponemos en profunda comunicación con nosotros mismos. El estilo del ensayo y el diario ensayístico, particularmente tienen un tono de confesión que hacen que el diálogo sea más íntimo, más auténtico. Uno en este modo de escritura expresa lo que de alguna manera es, o está siendo o construyéndose. La escritura es una confesión del yo ante sí mismo, una prueba de búsqueda de autenticidad. El ensayo, el diario y la autobiografía, los podemos encuadrar dentro del ideal socrático del conócete a ti mismo. Toda forma de pensamiento, al ser un diálogo, es una forma de indagación y, como tal, una búsqueda de la verdad. Lo mismo sucede con la lectura, aunque aquí hay más niveles. El meramente de entretenimiento, que es muy legítimo y que sintoniza con la necesidad humana, que surge de la autoconciencia vehiculada por el lenguaje, de que se le cuenten historias. Un segundo nivel, que sería el estético: el conocimiento de la belleza por vía de la literatura, como puede ser por la música, la pintura… y, por último, la lectura como conocimiento. En este caso, la lectura es un diálogo con los grandes sabios del pasado y del presente. Es un auténtico privilegio, es lo que llamé en un artículo, la lectura como conversación de la humanidad.

 

            También me preguntaba mi amigo sobre el cine, sabe que hace algo más de tres años que no voy al cine, muy a mi pesar. Para mí el cine, será por mi formación, es un ritual, que necesita de una sala grande y oscura. Pero, de todas formas, no soy un cinéfilo exigente. En el cine busco, fundamentalmente, una fusión entre estética y entretenimiento, una historia bellamente contada. No soy partidario del cine intelectual, para eso están los libros que potencian mucho mejor el pensamiento y la imaginación. Por supuesto, no niego que dentro de este cine “intelectual” existan auténticas obras de arte; esto es, una historia bellamente contada. Es muy importante el ritmo en la narración histórica en una película. El ritmo sintoniza con nuestras estructuras psicológicas, en lo que se refiere a la percepción del tiempo y lleva a la historia sola permitiéndonos la contemplación de la belleza. Hay que tener en cuenta, por otro lado, que el arte es una forma de conocimiento que se basa en el mostrar, no en el demostrar. De ahí la gran diferencia entre la filosofía y la ciencia con respecto al arte. La preocupación de las dos primerazas es la de la demostración. Por su puesto no son excluyentes aumentar nuestro conocimiento en tanto que descubrimiento socrático de uno mismo es participar de ambas formas de acceso al saber.

19/10/2009

                                   19 de octubre de 2009

 

            Una cosa es la filosofía y otra es la doxografía o la filosofología. Lo que se suele enseñar en la academia es esto último. El conocimiento sobre los autores y lo que quisieron o pudieron decir. La filosofía, en cambio, se ocupa de problemas. Los problemas filosóficos siguen en su inmensa mayoría pendientes de solución, entre otras cosas, porque su solución es por vía aproximativa. Lo interesante es ocuparse de los problemas filosóficos y darles la perspectiva de los tiempos. La filosofía académica, si bien necesaria, es muerte del pensamiento.

 

                        ---o---

 

            La locura siempre ha sorprendído a la gente normal, porque hay algo enigmático que podría ser tan normal como lo que llamamos normalidad. El delirio se puede clasificar como tal porque es solitario, pero cuando es común, no hacemos tal. Pienso que la religión no es sólo como decía Freud una neurosis colectiva, sino un delirio colectivo. En la medida que es tal entra dentro de la normalidad. La locura ha de ser controlada, porque se escapa de la normalidad. Para que una sociedad pueda funcionar todos tenemos que funcionar al unísono, la diferencia tiene que ser mínima. La locura es la condena a la incomunicación y la soledad. De ahí que el sabio y el genio estén a un paso de la locura. Lo que lo diferencia de este último es que tienen capacidad de comunicación y de síntesis innovadora de lo real. El genio puede llevar a la historia a un paso más allá. El loco, si no es capaz de normalizar su locura, vía ritualización, se aísla en sí mismo: delira. Por eso, lo que nos salva a todos es la rutina y, por eso, también, al poder lo que le interesa es el máximo control de las formas de pensamiento. Los ritos, la repetición siempre de lo mismo es lo que nos da sentido, en definitiva, el espíritu gregario. El poder conoce esto y utiliza los centros psiquiátricos y educativos como centros de domesticación que intentan evitar los rasgos de singularidad que aparecen en los individuos. Porque, a pesar de que somos gregarios, también somos solitarios y forjadores de nuestro propio ser. Y es esa tensión que se da en nosotros, la que el poder intenta eliminar domesticando nuestro espíritu de disidencia y rebeldía, haciéndonos volver a todos al redil. Esto es claro porque es el propio conatos del poder, el intento de mantenerse en su ser. Pero también lo es del ser libre y excelente el llegar a ser por sí mismo lo que realmente es. En definitiva vivimos en la tensión kantiana de la insociable sociabilidad del ser humano.

 

                        ---o---

 

            Cosmopolitismo, ese es el ideal. El nacionalismo es identitario, irracional, religioso. Desde luego que necesitamos de la identidad; pero la identidad produce diferencia y exclusión. Genera ideas integristas, fanáticas y violencia al final. Se combate religiosamente y por fe sobre creencias, no se defienden ideas. El nacionalista es un paleto que no es capaz de ver la humanidad en el otro. Por supuesto que hay que luchar por la emancipación de los pueblos oprimidos, pero esto pasa por la idea previa de la emancipación de los hombres en particular. No se trata de salvar a un pueblo o una nación con una identidad, esto es una abstracción histórica; de lo que se trata es de salvar a los hombres. Por eso el cosmopolitismo es la filosofía que nos ayuda a pensar qué es lo que hay en todo hombre que no me es ajeno. De lo que se trata es de reconocer la dignidad humana, y ésta habita en cualquiera, sea del pueblo, etnia o estado que sea. La lucha es por la justicia global y la diferencia local. Pero esa diferencia no debe ser más que accidental. Lo sustancial es la dignidad y viene defendida por los derechos humanos. El relativismo cultural es una enfermedad del posmodernismo. Una forma que ha evitado la posibilidad de entendernos. Hay que aceptar el hecho del multiculturalismo como producto de la historia. Hay que luchar contra el imperialismo; pero estas luchas no nos deben cegar e impedir ver la realidad universal del hombre y la sociedad cosmopolitas de repúblicas libres que debe constituir la idea regulativa de la praxis política. Toda discusión entre etnocentrismo y relativismo cultural es vacía. Es una discusión desde la intolerancia. De lo que se trata es de la defensa de lo universal dentro de la diferencia. En definitiva, estas ideologías han sido utilizadas por el poder para fomentar el odio y la incomprensión, que, a su vez, produce miedo y es la mejor forma de crear vasallos.

 

15/10/2009

            Interesantes artículos leídos ayer en la revista Claves y en la revista Investigación y ciencia. Un artículo sobre Unamuno y el final de su vida en Salamanca cuando estalla la guerra nos muestra la dificultad del intelectual con pertenecer a ningún grupo y, también, la soledad y la incomprensión del mismo debido siempre a su actitud crítica que le impide comulgar con ruedas de molino. El intelectual debe tomar partido, pero debe ser consciente de que puede siempre rectificar. Y esto último no lo entenderán nunca. Eso es un problema. La lucha necesita unión, pero el avance en las ideas necesita de la crítica.

 

            Artículo muy interesante también sobre los límites del crecimiento en Investigación y Ciencia. Los autores sostienen que el problema se ha abandonado en la enseñanza, porque últimamente se ha hecho más hincapié en el cambio climático y la caida de la biodiversidad. Otro factor sería que cuando se habló de los límites del crecimiento en los años setenta, estábamos en crisis, cuando salimos de ella hubo un crecimiento, entonces se volvió a sostener la idea del crecimiento ilimitado porque en realidad el mercado lo regula todo y solucionaría e problema, aparentemente fue así. Pero resulta que las críticas al crecimiento ilimitado, como yo he hecho aquí, siguen siendo ciertas y además tienen una base científica sólida en el estudio del agotamiento de los recursos. No hay escapatoria, las predicciones tienen su punto de inflexión en el año 2000, y esto es lo que no vieron los críticos de la idea de que era imposible el crecimiento ilimitado. Es hora de tomar conciencia del problema, en caso contrario la situación será irreversible y caótica con miles de millones de muertos al final de esta centuria. Pero es más, el análisis del agtamiento de los recursos hay que unirlo al del cambio climático, los dos factores juntos pueden ser una auténtica bomba. Tenemos que actuar ya. Un dato que me sorprendió es el hecho de que a pesar de que las energías y recursos renovables han aumentado, en primer, lugar sólo representan un uno por ciento; pero, además, no han sustituidos a los recursos fósiles no renovables, sino que su uso ha crecido junto con ellos. Y esto es porque seguimos creciendo por encima del límite ya sobrepasado.

 

14/10/2009

 

            14 de octubre de 2009

 

            Hay un tema sobre el que en el último curso he pensado bastante y sobre el que escribí un largo artículo que apareció en la revista de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura y también en la revista esbozos. Se trata de las implicaciones de la teoría de la evolución. Pero al final del curso leí un libro de Carlos Castrodeza, que quiero leer otra vez y hacer unas reflexiones sobre el mismo, que se titula La darwinización del mundo. Ahí mi amigo Carlos Castrodeza, sabiamente, radicaliza las consecuencias de la idea darviniana. Como diría Dennet de la peligrosa idea de Darwin. Como ya he espuesto en este diario soy del pensamiento de que la vida humana no tiene sentido, la historia tampoco. Hemos comentado algunas consecuencias ético-políticas de esto; y probablemente volveremos sobre el tema en más de una ocasión. Pero ahora quiero tratar el asunto desde otra perspectiva.

 

            El siglo XIX lo podemos considerar, siempre, por su puesto, entre otras cosas, como el siglo de los grandes ateismos. Hay una serie de pensadores que lo que hacen es desenmascarar la supuesta realidad, que no son más que las apariencias, para enseñarlos, la nada que subyace a toda esa construcción de occidente que se basaría en la idea de verdad, bien, belleza y justicia, tras la cual está, nada más y nada menos, que a idea de dios. Los grandes pensadores de este ateismo son Freud, Marx, Nietzsche, Schponhauer y Darwin. Precisamente es Nietzsche el que nos dice que no nos veremos libres de dios, mientras sigamos creyendo en la gramática. El lenguaje es el vehículo de transmisión de los pensamientos, y en esta medida es el que configura la realidad. Dios, como concepto, es el absoluto, por tanto, el bien, la verdad, la belleza y la justicia tienen su sentido en la medida en la que existe un referente último absoluto que es dios. Por eso también llega a decir Dostoiesvki que si dios ha muerto, todo está permitido. Ésta última pretende ser la consecuencia moral de la inexistencia de dios. Cada uno de los pensadores que hemos citado, sumado por su puesto al ateismo de origen científico, el mecanicismo determinista de Laplace “Yo no necesito de esa hipótesis” cuando le preguntó Napoleón sobre el lugar de dios en su sistema del mundo, han llegado por distintos caminos al ateismos con todas sus consecuencias. La consecuencia final y última es que nada tiene sentido. Pero algunos, como es el caso de Marx, una vez que terminan con la religión porque considera que es ideología y, por tanto, alienación del hombre, lo que hace es secularizar el mensaje del cristianismo. La historia para el marxista tiene sentido, pero es inmanente y se rige por las leyes deterministas de la historia, que son las leyes del desenvolvimiento dialéctico de la infraestructura económica. El fin de la historia, de carácter escatológico, como el cristianismo es el de la emancipación de la humanidad a través de la realización de la sociedad comunista, en fin, el reino de dios o de los cielos, pero en la tierra. Podemos decir entonces que el marxismo no lleva a las últimas consecuencias la idea de la muerte de dios. Y por eso ocurre también que el marxismo, igual que el cristianismo, degenera políticamente en totalitarismo. La idea de dios lleva en sí mismo el concepto de verdad absoluta. Marx acaba con la idea de dios religiosa, pero el concepto y la idea de dios, con todas sus consecuencias, se le cuela en el lenguaje y da sentido a su filosofía. Por tanto, su ateismo no es un ateismo consecuente. El ateismo consecuente nos tiene que llevar directamente a la ausencia de sentido y tenemos que sacar las consecuencias y conclusiones de esta ausencia total de sentido. Y yo creo que esto nos viene dado por la darwinización del mundo o por lo que de peligro engendra en sí mismo la idea de Darwin.

 

            Schopenhauer desenmascara la realidad a partir de la filosofía kantiana. En su obra el mundo como voluntad y representación lleva a su extremo la filosofía kantiana y concluye que el mundo que llamamos fenoménico es producto de la representación de nuestras estructuras mentales. Es decir, que el mundo es representación. No hay un absoluto, aunque esa representación sea igual para todos los humanos. Pero donde podemos atisbar mejor el ateismo de Schopenhauer es en su pesimismo ético. La vida es dolor y sufrimiento, su ética está incardinada al budismo. El único sentido de nuestra existencia es eliminar en lo posible este dolor y sufrimiento. Y el origen del dolor y el sufrimiento es el deseo, sólo la eliminación y control del deseo nos aporta serenidad. Como vemos estamos ante un sentido negativo de la felicidad. Ésta última consiste en privación, es decir, la ausencia de dolor nos lleva a la serenidad. Más allá no hay nada.

 

            Freud desenmascara la realidad a través del inconsciente. Los deseos, instintos o pulsiones son el origen de nuestro psiquismo. Las pulsiones son domesticadas por la sociabilidad del hombre, por la cultura, que constituirá el super yo, conjunto de norma, costumbres, leyes, que reprimen nuestros instintos naturales –hoy en día los podemos estudiar desde las ciencias positivas, la etología, no desde el etéreo psicoanálisis, aunque el mismo Freud dijo que tarde o temprano se encontrarían las bases biológicas de su pensamiento, y en ello andamos- y del que surge el yo. Por tanto, lo que somos, el yo, es el resultado de la tensión dinámica entre nuestras pulsiones y el super yo o la cultura. El concepto de dios es creado para facilitar la socialización y se apoya en el concepto del tabú, como bien desarrolla en sus obras Freud, concretamente Tótem y tabú y Moisés y el monoteísmo judío. Pero es en su obra El malestar en la cultura donde podemos apreciar las consecuencias últimas de que sin dios no hay sentido. Toda nuestra vida no es más que un intento de conquistar la felicidad, pero ésta se haya en el sentimiento oceánico que es el del útero materno, disolvernos en el todo. Por eso, toda búsqueda de felicidad es la búsqueda de la eliminación del yo que es el lugar donde residen las tensiones entre los instintos y las normas. Pero, claro, esto es imposible en la media en que somos seres sociales, ya lo decía Kant, sociablemente insociables, y en este sentido estamos sometidos a las normas. Nuestra supervivencia como especie, digamos, lleva aparejada nuestra infelicidad subjetiva. Sólo parcialmente y transitoriamente podemos sublimar nuestros instintos a través de distintas prácticas. También, por su puesto, en Freud encontramos al viejo Sócrates, el psicoanálisis lo podemos entender como un conocimiento de uno mismo, que es la máxima socrática. En la medida en la que nos conocemos somos más libres porque conocemos las causas de la constitución de nuestro yo.

 

            Pero es la idea de Darwin la que nos lleva a las últimas consecuencias del ateismo y la que complementa, de forma positiva, las argumentaciones de los pensadores anteriores. Por eso hay un antes y un después de estos pensadores y un antes y un después, especialmente de Darwin, para la antropología y la ética. La idea de Darwin pone al hombre definitivamente en su sitio. El hombre no es más que una especie más entre las miles de millones que han sido, son y serán. Su existencia es fruto del azar y la necesidad, que son las leyes que rigen la evolución. La evolución de las especies, por tanto, como he demostrado en otro lugar, no tiene ni sentido ni dirección. El homo sapiens existe, como bien podría no existir y todo seguiría igual, es más, dejaremos de existir y todo seguirá igual. Y éste es el vacío y nihilismo naturalista al que nos lleva la peligrosa idea de Darwin. Pero si aceptamos esta idea y sus consecuencias, resulta que no existe ningún sentido de la existencia humana particular, ni histórica. El ser humano es un producto contingente de la evolución. Ahora bien, si nada tiene sentido corresponde al hombre ser el dador del sentido, pero con una enseñanza crucial, no existe ningún sentido absoluto, porque dios, en definitiva, está muerto y bien enterrado. Claro, si el hombre es el dador del sentido de sí mismo y de la historia, resulta que todo sentido es provisional, no quiero caer aquí en el relativismo. Cuando digo provisional, no digo relativo. Creo que la provisionalidad puede ser objetiva. Quiero decir con esto que, aunque no exista un fundamento absoluto del sentido siempre tendremos un argumento pragmático-histórico para defender nuestras supuestas conquistas ético-morales y políticas. No hay otro tipo de argumento que lo pueda defender. Pero, claro, esto es mucho más que el relativismo del todo vale del posmodernismo. Este último relativismo nos lleva a la extinción. Y el único “sentido” del hombre es el natural, el de la evolución. Toda forma de vida tiende a perpetuarse. Pero para dar sentido hay que partir de cual es nuestra naturaleza biológica, por eso no debemos olvidar, porque es imprescindible, la etología. La ética y la política tienen que surgir de un estudio naturalista del hombre –por su puesto, que no hay que renunciar a toda la tradición filosófica que es tremendamente enriquecedora, en definitiva, son respuestas del hombre como un ser natural en busca de su sentido- este estudio sería el pilar sobre el que apoyarnos. También sería necesario mencionar aquí, que dentro de este nihilismo naturalista, tendríamos que tener en cuenta la ética naturalista ecológica, que la podemos considerar como una segunda ilustración. La base de esta ética naturalista y ecológica es que somos responsables de nuestras acciones ante el otro desconocido y ante los no nacidos. Pero esto implica la ética del cuidado del planeta que es la nave donde todos vamos. Y esto exige un cambio de paradigma. Es lo que Hans Jonás llamó el principio de responsabilidad y lo que Manuel Sacristán y su discípulo Jorge Riechmann llaman el paradigma del cuidado. Esto es también una consecuencia de la idea de Darwin, porque en definitiva, como seres naturales que somos estamos todos en pié de igualdad. A nosotros, como imperativo biológico nos toca luchar por nuestra supervivencia, pero ésta sólo es posible con la supervivecia de la nave en la estamos. De lo contrario, la nave nos tirará por la borda cuando se desate la tormenta. También, asumir que sólo somos biología y que ésta es una forma de manifestarse el universo, y nosotros un modo de esta manifestación nos otorga una visión panteísta del universo. No olvidemos que el panteísmo es una forma de ateismo. Sólo existe el universo, el universo es la sustancia divina, esto es, la sustancia infinita de Spinoza, por tanto, el universo es dios y dios es el universo. Pero claro este dios no tiene nada que ver con el dios trascendente de las religiones bíblicas, más con el todo o, mejor, la nada budista. De ahí también lo del nihilismo naturalista. En definitiva también se nos abre una puerta hacia lo místico desde el nihilismo naturalista que emerge de la idea de Darwin. Decía Wittgenstein que el mundo no tiene sentido, que el sentido del mundo es lo místico, pero lo místico es lo inefable.

 

 

No es que ya no luchen por la polis, lo que es peor, se devoran. El político es un animal que busca el poder. No tendremos una democracia san mientras sino se reconstruya completamente la clase política. Para empezar debería de dejar de ser una clase separada de los ciudadanos. Su clasicismo los envuelve en un delirio que los separa de la realidad.

13/10/2009

Siempre me ha preocupado el tema del relativismo, tanto desde la perspectiva epistemológica, como, por supuesto, ético-política. A mi modo de ver los sofistas fueron unos filósofos muy importantes para establecer la democracia. Si seguimos el relativismo radical caeremos en un modo de absolutismo contradictorio en el que se puede afirmar que todo vale, esto es malo en política. En ciencia nos ha llevado a absurdos que intentan hacer equivaler la astrología con la relatividad de Einstein, sería, el posmodernismo científico del que el caso Sokal dio buena cuenta. Pero hay un matiz muy importante desde el punto de vista político del relativismo de los sofistas. La premisa básica de éste es que no existe la verdad absoluta, el bien o la justicia absoluta. Nadie está en posesión del bien, la verdad y la justicia. Todo esto es cuestión de palabras y son relativos a las circunstancias. La democracia parte de la tesis de que no existe la verdad absoluta. Es el dialogo, cuando el logos, la razón es lo común, lo que está a la base de la democracia. Los sofistas aciertan en su relativismo. Por eso la democracia florece con ellos. Pero pronto se pervierte en la medida en que el arte de la retórica que inventan se transforma en demagogia. Si radicalizamos el relativismo lo que sucede es que la verdad reside en el poder más fuerte. Desaparece el concepto de ciudadano, porque éste es instrumentalizado por el poder para ponerlo a su servicio. De ahí que la discusión de Sócrates sea la de intentar refutar a los sofistas porque los considera un cáncer de la democracia que defienden el todo vale. Por su parte él no habla de verdades absolutas, pretende la objetividad y utiliza, en lugar de la retórica, el diálogo. Éste último exige que cada cual sea ciudadano, libre, que se ejercite en el conocimiento de sí mismo. Y éste es el núcleo de la tensión entre Sócrates y los sofistas. Platón resolverá este conflicto, eterno en la democracia, negando la misma y estableciendo el gobierno de los sabios. Pero, claro, ¿quiénes son los sabios? Hoy en día, además de afirmar -como ya lo hemos hecho en este diario- que vivimos en una partitocracia oligárquica, también podemos decir que vivimos en un gobierno de los sabios en la medida en la que la tecnocracia lo inunda todo.

 

 

La palabra es un arma cargada de futuro.

                        Gabriel Celaya.

 

            Son muchas las cosas que podría decir tras la polémica que, creo, injustamente produjo mi intervención el el blog de Ciudadanos de Villafranca. En primer lugar agradecer las palabras de comprensión y halagos de la mayoría de los que intervinieron. Sinceramente se lo agradezco porque esta uno acostumbrado a luchar en solitario, desde la trinchera, y esto nos condena a la soledad, a la incomunicación. Uno de los males de la vida intelectual, cuando uno no está en la academia, es el de la incomunicación y esto es un cáncer de la vida intelectual porque como hemos dicho muchas veces el pensamiento es diálogo. Pero de todas formas, a pesar de los agradecimientos me gusta ceñirme a las enseñanzas del viejo Diógenes el perro. Es preferible un bastonazo que un halago. Los aduladores, no es éste el caso de los que escriben, te devoran sin darte cuenta. Uno de los vicios del intelectual es la vanidad, si te alaban comienzas a tener una visión distorsionada de tu yo y pierdes la capacidad de autocrítica. Vives en la autocomplacencia y la satisfacción, además, de la egolatría. Por eso, hay que cuidarse de los halagos, aunque a uno le gusten y le satisfagan, debe olvidarlos pronto y seguir con su tarea. Y el bastonazo ayuda a seguir en la brecha. Cuando se nos critica, pensamos; entre otras cosas, para defendernos. La crítica, si la aceptamos dentro del marco del diálogo, nos hace madurar y crecer. Por eso me ha hecho pensar más la crítica que la complacencia, si bien la agradezco.

 

            De todas formas creo que mi crítico J.L.R.  se equivoca, y también M. yo no he desestimado nunca la acción, además mi comentario se dirigió a un análisis de la democracia. El comentario de J.L.R. fue una salida de tono y una falta de respeto hacia la intimidad. Me acusaba de no estar en el tajo, no sé a cuento de qué, cuando he estado en el tajo del que él habla, dos años. La cuestión es que hay muchos tajos. Y, además, si estaba de acuerdo en mi artículo, y decía que al final la cagaba, pues que haga una crítica y de razones de porqué al final me equivocaba. Yo decía que era lamentable que hubiese tenido que llegar una situación que afectase a nuestros intereses privados para hacer una defensa de la democracia, para tomar conciencia de la libertad y la democracia. Que si fuésemos buenos ciudadanos ya hubiésemos tenido valores más universales y se hubiesen reflejado en nuestros votos. Y ahora añado, que si hubiésemos sido buenos ciudadanos, sólo con nuestros votos no hubiésemos permitido que en Extremadura hubiésemos llegado a esta situación. Pero a pesar de ello me alegro de la fuerza del movimiento y de su éxito.

 

            Por su parte M. en su intervención al principio es suave, no sabe por quién decantarse. En realidad no ha entendido la discusión, tampoco J.L.R., puesto que yo no he hecho nunca una crítica al movimiento activo, o a la acción. En fin, algún rencor deberán guardar. El caso es que después M. empieza con una retahíla de lo mucho que se tiene que esforzar porque es ama de casa, etc, para poder participar activamente. No creo que nadie haya negado esto, es más lo he alabado, he dicho que es un movimiento heróico y perseverante. Por tanto, eso requiere el esfuerzo de todos los que están ahí presente en primera y primerísima línea. No sé porqué se me critica. O, mejor, sí.

 

            Pienso que uno de los motivos del éxito del movimiento es que se ha consolidado, casi institucionalizado, en su dimensión política sí porque posee un grupo político con representación en el ayuntamiento. Pues como digo, para que un movimiento tenga éxito es necesario cierta dosis de dogmatismos e, incluso, de integrismo. De ahí que creo que las críticas proceden de una concepción errónea de la verdad. La plataforma y el grupo de ciudadanos, en cuanto que movimiento, se creen poseedores absolutos de la verdad. Y esto es un error y hace inviable la crítica y la democracia; aunque, desde luego, da fuerzas, pero inhibe la posibilidad de la autocrítica y la de ponerse en el lugar del otro. Yo sólo he insinuado la posibilidad de la crítica y he valorado los orígenes del movimiento y, en lugar de respondérseme a esto, se me ha anatemizado. Soy un no válido para el movimiento porque no me manifiesto. Bien, pues me he manifestado, por diferentes causas desde que tenía 17 años, y lo seguiré haciendo. En la plataforma lo hice durante dos años, además de dar conferencias, charlas, escribir artículos, ruedas de prensa, en fin, lo deje por cuestión de prioridades y de principios personales y filosófico. Pero seguí y sigo defendiendo las razones de fuerza del movimiento, fundamentalmente, en mi actividad pública, en lo que decía Kant el uso público de la razón. Además,practico la desobediencia civil en el ámbito educativo con perjuicio para mi sueldo, porque no participo de la perversidad de la ley educativa. Todo ello viene a significar que, si bien, el movimiento civil ha madurado y ha obtenido un gran éxito, no ha madurado lo suficiente como para realizar una autocrítica. De todas formas yo no la voy a hacer, creo que en este momento es muy peligrosa, aunque ya la tenga pensada, para la estabilidad del mismo movimiento, ahora que casi hemos alcanzado el objetivo particular, el abandono del proyecto de construcción de la refinería. Los que me conocen en la intimidad saben de las críticas que hablo, además, algunos de los que son de primerísima fila con los que he hablado sobre temas cruciales no he estado de acuerdo. Pero sí, para finalizar quiero hacer alguna observación para la reflexión de cada cual. Si el grupo de ciudadanos y el PP hubiesen sacado entre ambos mayoría absoluta, ¿qué se hubiese hecho? Se hubiese pactado para eliminar a Ropero y el grupo socialista? Piensen la respuestas, explica mucho de estos dos últimos años. O creemos de verdad en la democracia y nos sirve como modelo de ella lo que ha hecho el grupo de electores desde la minoría, enfrentándose al poder y al resto de oposición, o somos posibilistas políticos, negamos la esencia de la democracia, y buscamos sólo fines, intereses particulares. En fin, sólo dejo esta reflexión para ustedes. Cuando hayamos triunfado y no se ponga la refinería, además de agradecer el esfuerzo de todo aquel que ha estado en la calle, pegando carteles, recogiendo firmas, disputando en el ayuntamiento, acudiendo a asambleas, etc, cuando yo no he estado, haré mi crítica. Además el futuro, en las elecciones, hablará por sí solo.

 

            Hoy viene un artículo Sami Nair en El País en el que habla del futuro del socialismo en Europa. La verdad es que me alegra coincidir con él en el sentido de que afirma que, por diferentes razones, el socialismo ha renunciado a sus reivindicaciones e ideología, lo cuál al final le ha pasado factura. Efectivamente lo que yo vengo sosteniendo es que no hay prácticamente diferencia entre la derecha y la izquierda, y cuando me refiero a ésta es a la que tiene capacidad de gobierno, la socialista. Ésta izquierda ha renunciado a su ideología y ha comulgado con el idel del mercado libre. Por tanto, no es que se haya centrado, sino que se ha ido hacia la derecha económica. Lo sorprendente es que tras la crisis podrían haber aprovechado para lanzar un mensaje ideológico que cautivase a los votantes presentando una alternativa al modo de producción del libre mercado que uniese el socialismo y el ecologismo. El modelo socioecologista. Este modelo tiene dos pilares importantes. Aporta un modelo de producción distinto, al que además no tenemos alternativa, porque si no lo seguimos lo seguiremos a la fuerza, el decrecimiento sostenible. Y un segundo pilar que sería el de los derechos humanos más el pensamiento y la ética ecológica. De ahí tendrían que emanar una serie de valores que harían florecer, por medio del vehículo de la educación, un nuevo ciudadano.

11/10/2009

            Esa dinámica que existe entre lo público y lo privado y que al sistema neoliberal le viene de perlas para dinamitar el ámbito de lo público, refleja la crisis de actitudes de los ciudadanos frente al estado de bienestar. Es increíble que se suela, en España, me refiero, apostar por lo privado, en detrimento de lo público. Eso es echar piedras sobre nuestro propio tejado. El estado social ha sido una construcción de siglos, construcción que no ha sido terminada y ya la queremos bombardear. Es una de las mayores conquistas de la humanidad para poder realizar los derechos humanos, la justicia, en general. Pero nuestra actitud individualista, nuestra inconsciencia histórica y conceptual, nos llevan a arremeter contra uno de nuestros mayores privilegios, el estado de bienestar. En especial, la sanidad y la educación. Curiosamente, creo que ha sido el partido de la izquierda con posibilidad de gobierno, el PSOE, una pseudoizquierda débil y pacata, ha sido la que más ha aportado a la empresa privada, sanidad y escuela privada. Tampoco estamos, ni somos conscientes del papel de médicos y profesores en tanto que funcionarios públicos, cuya misión es, precisamente, defender y desarrollar dos derechos básicos del ciudadano. Pero, claro, si la actitud general del ciudadano es la de rechazo de lo público, en realidad una ignorancia,  lo que se está favoreciendo con su actitud es el triunfo del libre mercado. Lógicamente, la actitud psicológica es la de no apreciar lo que se tiene, porque no se sabe lo que ha costado. En lugar de tirar piedras contra el estado de bienestar la misión del ciudadano justo debe ser la de hacer que se profundice en él; es decir, que se llegue a su pleno desarrollo. El estado de bienestar no anula el capitalismo, lo regula. El neoliberalismo, por el contrario, si anula el estado (el ámbito de la regulación politico-legal) por eso crea desigualdad. Pero para conservar el estado de bienestar y profundizar en él hace falta una izquierda política más fuerte, que no se deje arrastrar por las circunstancias, un ciudadano más comprometido, más informado y menos individualista y una lucha decidida por la igualdad. Es mucho el camino que queda por recorrer, y mucho del que habíamos recorrido lo hemos perdido en estos últimos cuarenta años de pensamiento hegemónico neoliberal. Una auténtica lástima.

 

10/10/2009

 

A lo largo de mi dedicación profesional me he convertido cada vez más en un peor profesor y, quizás, en un mejor maestro. Estoy pasando progresivamente de impartir lección a impartir reflexión. Por eso que defienda que no se enseña filosofía, como decía Kant, sino que se enseña a filosofar. Creo que este cambio gradual y progresivo, que es fruto de mi profundización filosófica y profesional a los alumnos quizás, al principio les caiga grande, pero creo que, al final, se beneficiaran.

09/10/2009

 

            Creo que uno de los inventos intelectuales, sino el que más importancia tiene y así se lo intento transmitir a mis alumnos, es el descubrimiento de que todo lo que hay es un cosmos, esto es, un orden legal. Precisamente, el gran invento griego es que todo lo que hay responde a un orden, las cosas no ocurren porque si. La palabra cosmos en griego significa precisamente orden. Es magnífico cómo los grandes pensadores iban creando el lenguaje y los conceptos para entender el mundo. De alguna manera el lenguaje da sentido al mundo. Al nombrar lo que hay como cosmos le damos un sentido al mundo. Pero no quiero caer, con estas palabras, en un idealismo. Ya no se puede mantener ni el idealismo ni el realismo a secas, la realidad y el conocimiento son mucho más complejos. Pero no son de estas disquisiciones ontológicas y epistemológicas de las que quiero hablar ahora aquí, ya encontrarán su lugar en este diario.

 

            Cuando los griegos descubren que todo lo que hay es un cosmos lo que nos están diciendo es que nada existe sin razón, sin un “logos”. Por eso llegan a la conclusión de que el cambio de todo lo que hay que se nos presenta a nuestros sentidos tiene una razón de ser íntima. Es decir, que están descubriendo la legalidad de la naturaleza. En esto consiste el salto del pensamiento mítico al racional científico-filosófico. Pero esta legalidad implica que la explicación del mundo procede del mismo mundo, ya no acudimos ni a los dioses ni a las fuerzas sobrenaturales para que puedan explicarnos lo que se nos presenta como inexplicable. Y esto es tremendamente importante porque resulta que lo que hemos descubierto es que el mundo es autónomo, que no responde al capricho arbitrario de los dioses. La ley, el logos lo rige todo.

 

            Estos fueron los primeros momentos del pensamiento occidental y hoy vivimos de ellos, son los fundamentos de nuestra tradición occidental de la que somos herederos, la tradición racional y crítica. Pero hubo un segundo paso muy importante de maduración del pensamiento racional. Este segundo momento es el de la aparición de la democracia. La conquista de la democracia por el hombre la pdemos entender en el mismo sentido que hemos visto con la aparición del concepto de cosmos. La democracia es, ni más ni menos, en su esencia, el descubrimiento de que las leyes que rigen al hombre, en tanto que ciudadano, proceden de él mismo. La democracia viene a ser una forma de entender el gobierno según la cual la ley procede del mismo pueblo, de los ciudadanos. Y además esta ley está por encima de todos los ciudadanos. Se establece así un imperio de la ley, es lo se lama la isonomía, igualdad de todos ante la ley. También descubren los griegos la isegoría, igualdad y libertad de usar la palabra, el discurso, el logos. Tenemos que darnos cuenta de la importancia de estos conceptos y de su trascendencia histórica. Éstas son las fuentes de la democracia y, por tanto, la raíz de nuestra sociedad moderna. La isonomía y la isegoría garantizan respectivamente la igualdad y la libertad. Igual que ocurría con la naturaleza, si la ley procede del pueblo, entonces el pueblo no está sujeto al capricho o voluntad de los dioses (poder religioso), ni al de los ricos (oligarquía), ni al de los fuertes (tiranía), el pueblo conoce que la ley procede de sí mismo y esa es su fuerza. Así, como vemos, la conquista de concepto de cosmos, fundamento de las ciencias y de la democracia, fundamento de un orden social justo, siguen la misma línea trazada por la salida del mito al logos.

 

            Pero resulta que toda conquista histórica siempre es provisional, puede desaparecer, nada garantiza su persistencia. La historia no tiene un sentido progresivo, sino que es fruto de la construcción de los hombres. Por eso dos peligros acechan, respectivamente, a la idea de cosmos y a la de democracia. A la de cosmos afecta la de la superstición y a la democracia la de totalitarismo. Ambos peligros proceden de la debilidad de la razón o de la renuncia a ésta por cansancio o miedo u olvido de lo conquistado. Se nos definió desde Aristóteles como animales racionales y sociales, ambas definiciones son un poco estrechas, aunque en términos generales, ciertas. No somos del todo racionales, la racionalidad es nuestro fin, somos pasionales, incluso lo que mueve a la razón es la pasión por el saber y la justicia y la confianza de que la razón nos guía hacia ella. Tampoco somos sólo sociales. Aquí soy más kantiano, somos sociablemente insociables, el fuste torcido de la humanidad que decía kant, y con su definición quería sintetizar a Hobbes y a Rousseau. Pero esto es otra historia que también tendrá su lugar en este diario de pensamientos.

 

            Pues bien, al no ser, ni plenamente racionales ni sociales, caemos en los peligros de abandonar la idea de cosmos y la de democracia. Cuando no podemos explicar los fenómenos, por ignorancia y pereza, claro, lo declaramos misterioso, en ese momento caemos en el ámbito de la superstición y el mito. La naturaleza no tiene ni misterios ni enigmas, es asombrosa y su realidad nos fascina y nos debe impulsar a conocerla racional y empíricamente, o a expresarla ético-artísticamente, pero nunca dar cabida al misterio. Si renunciamos a la razón, al logos, caemos en la pereza, en la comodidad. Nos hacemos esclavos, renunciamos a nuestra capacidad de ser libres y de conocer el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. En el ámbito de la polis, si renunciamos a la democracia, renunciamos igualmente a la razón y a nuestra libertad y ponemos nuestras vidas en manos de las diferentes formas de poder, todas ellas, irracionales y, por tanto, opresoras. Como digo, somos herederos de esta tradición, que se unió después al cristianismo (religión que aportó conceptos importantísimos), resurge en el renacimiento y florece, de nuevo, en la ilustración. Hoy en día estamos en una sociedad postilustrada, postmoderna, en una sociedad que ha renunciado a la razón, de ahí que tanto el conocimiento, como la democracia estén en auténtico peligro. El conocimiento se ha transformado en el complejo técnico-industrial-militar. La tecnología, por incomprensible, se nos presenta como magia, no interesa el conocimiento del fundamento de la misma, ni el conocer por el conocer, sólo el conocer para dominar y crear juguetes y artefactos que entretengan a la ciudadanía. Por el otro lado, la democracia está siendo socavada desde dos lados, al desaparecer la razón como guía, se establece –y valga la contradicción- la universalidad del relativismo, el todo vale. Y, por otro lado, como todo vale el poder es el del más fuerte; por tanto el triunfo es el de la economía neoliberal que está llevando a la humanidad y a la nave tierra en la que viaja a sus fronteras. Esto sin olvidar los miles de muertos que esta creencia neoliberal (creencia en el crecimiento ilimitado) ha acarreado ya. No podemos renunciar a la razón, por muy limitada y frágil que sea, es el único asidero que nos queda. La única tabla de náufrago.

 

            Hay aspectos de la respuesta a el crítico del Blog que no he querido señalar. Tampoco he entrado en las críticas que se le pueden hacer al movimiento ciudadano, salvo al asunto del interés particular, que tanto daño puede hacer, la verdad duele. Pero hay algunas afirmaciones que hace Juan Jesús Rodríguez que me parecen peligrosas y que rozan, por ser suave, el integrismo y el fanatismo. Me acusa de falta de compromiso social por haberme “desconectado cómodamente” y haberme recluido en mi vida familiar e intelectual. Y afirma que respeta mi opción, faltaría más –pero realmente no lo hace- cuando me asegura que no sé cuanto me he perdido en estos cinco años de lucha al no estar en la calle. Y ahí es donde está el integrismo y el fanatismo que siempre tienen a la base creerse en la posesión absoluta de la verdad. Vamos a ver, no hay una única manera de actuar, como he demostrado antes, en segundo lugar, la vida es un elegir, dentro de un estrecho margen, no podemos vivir todas las vidas; pero cada vez que elegimos dejamos. De ahí que, desde muy joven, casi adolescente, definí la vida como un eterno dejar. Muchas veces nos pesa más lo que dejamos que lo que hacemos, pero lo que dejamos siempre forma parte de nuestra vida. Pero esto son disquisiciones filosóficas de altos vuelos, no es este el tema. Cuando se me dice que no sé lo que me he perdido por no estar en la lucha de la calle, lo que se me está diciendo es que no hay manera digna de vivir hoy en día en Villafranca, sino es, haciendo lo que hacen los que se manifiestan continuamente y piensan de la misma manera, que los admiro por su perseverancia, pero yo no lo hago, y mi vida es tan digna y tan comprometida socialmente como la suya. No sabemos nunca quien pierde más, este es uno de los problemas de la libertad, estamos obligados a elegir, y esa elección está siempre condicionada, y, en el peor de los casos determinada. Pero, como digo, lo que subyace es la idea de verdad absoluta. Cuando alguien piensa que está en una verdad fuera de toda duda pierde la capacidad de la crítica, pierde la perspectiva, se convierte en un integrista que no tiene ideas sino creencias, y de ahí al fanatismo hay muy poco. Hay que estar siempre vigilantes de nuestras propias ideas, no ser esclavos de ellas, sino sus creadores.

Respuesta a un crítico en el Blog de ciudadanos de Villafranca

 

Voy a responder al señor Juan Luis Rodríguez, y sin que sirva de precedentes, pues no pienso intervenir más en el foro, entre otras cosas porque no creo que éste exista para esto; es decir, la defensa de actitudes personales, sino para el interés general. No digo que sea cronista político, dije que lo fui y, además, circunstancialmente, tenía un programa de divulgación filosófica y crítica política el curso pasado todos los lunes a las once de la mañana en la radio de Villafranca, la del poder, como dije. Creo que aún están grabados los programas. En estos programas he hablado alto y claro en público, como lo llevo haciendo más de veinte años, sin pelos en la lengua, enfrentándome siempre al poder y arriesgando amistades y en muchas ocasiones con perjuicios familiares. No es ninguna actitud cómoda arriesgarse a pensar y dedicarse a aprender y después divulgarlo, bien entre los alumnos o a un público más amplio como he hecho en muchas ocasiones. De ninguna manera es cómoda porque el pensar le pone a uno mismo ante las cuerdas. Tienes que revisar continuamente tus ideas. Y ver que no se te cuele entre ellas ninguna creencia, todo debe ser sometido al tribunal de la razón. Esto lo exige la coherencia del pensamiento, luego viene la consistencia, hay que aceptar las consecuencias que se deriven de nuestras ideas, y esto es muy difícil, porque nuestras ideas, a veces, tienen consecuencias inesperadas, pero que si cumplen el rigor de la razón deben ser aceptadas. Luego viene la consecuencia, y esto es lo más difícil; esto es, ser consecuente con lo que se piense. Éste es el ideal de la acción ética hacia el que hay que dirigirse. Coherencia, consistencia y consecuencia. Le aseguro que esto no es nada cómodo. Y si piensa que el que se dedica al estudio de las ideas es un comodón o acomodado se equivoca de plano. Todas las ideas tienen consecuencias y hay que estar vigilantes ante aquellas que pueden tener consecuencias negativas para el hombre. Llevo años, muchos más que los de la existencia de la plataforma, que, por cierto, fui uno de los fundadores cuando estábamos cuatro, casi literalmente, atacando el sistema de la democracia neoliberal. Lo de la refinería no es más que una consecuencia de ese orden social, sumado al despropósito de la corrupción política en Extremadura. Mis ideas llegaran donde lleguen, mucho o poco, pero calan en algunas conciencias. E, insisto, llevo haciéndolo más de dos décadas. Otros dos problemas relacionados con el asunto de la refinería son el de la idea de la posibilidad de un crecimiento económico ilimitado y el del cambio climático. Mucho antes de que surgiese el problema de la refinería me dediqué al estudio de la ecología, la ética ecológica y la bioeconomía. A partir de estos estudios publiqué artículos en revistas de ámbito internacional; uno de ellos, Globalización y los límites del planeta. Dirijo un seminario de Ciencia, tecnología y sociedad. Se me ocurrió, insisto, antes de lo de la refinería, organizar un seminario dedicado al desarrollo económico frente al desarrollo sostenible. Curiosamente, a mediados del desarrollo de este seminario surgió lo de la refinería, no le voy a contar las presiones a las que me vi sometido, no voy de víctima, sólo relato algunos hechos.

 

            Aunque usted lo piense no hay una única manera de acción, la de salir a la calle, insisto en que existe la posibilidad de actuar por medio del pensamiento. De dónde cree usted que han salido las ideas de democracia y de derechos humanos. Son igualmente necesarias la acción de la calle y la de las ideas. No admito, de ninguna de las maneras, una exclusión como usted hace. Yo animo a la acción en la calle. Uno de los pilares de este movimiento ciudadano ha sido la presión social. Recuerdo la primera reunión que tuvimos en Mérida con el secretario general del ministerio de medio ambiente, a la que tuve la suerte de asistir, que nos dijo que uno de los factores importantes para frenar el proyecto era la presión social, tan importante como los análisis técnicos que se hiciesen en el ministerio. Pues bien, alabo y felicito a la plataforma por haber mantenido durante cinco años este esfuerzo de presión social, y esto tiene lugar, por supuesto, en la calle. Lo repito, creo que en este sentido la plataforma es un auténtico modelo de organización civil contra el poder. Ahora bien, esto no excluye el pensamiento, y somos más de los que están en la plaza, aunque algunos seamos críticos por sistema y, porqué no, por carácter.

 

            Una última cosa, si algo me ha enseñado la historia del pensamiento y mis años de cómodo estudio, es que nadie tiene toda la razón, que no hay diálogo sin respeto y que éste consiste, no en soportar la opinión de los otros, sino en pensar que el otro tiene razones que, quizás, sean más verdaderas que las nuestras o, al menos, tienen algo que aportar. Siento decirlo, nadie tiene toda la verdad, esto es un pensamiento excluyente e intolerante y, por tanto, intolerable. No se puede entrar en la dinámica o estás conmigo o estás contra mí. Esta dinámica es aberrante. En cuanto a lo del interés, pues, perdona, pero no la he cagado. Vamos a ver, la democracia es una forma de resolver sin utilizar la violencia un conflicto de intereses por medio del diálogo y el consenso. En torno a la refinería hay un conflicto de intereses, y cada uno de ellos es respetable y debe entrar en el debate y el diálogo. Lo que ocurre es que el poder ha utilizado la fuerza y secuestrado la democracia. A lo que yo me estaba refiriendo es al ideal ético de la democracia, y aquí el interés prioritario es el de la ciudad, la polis, no el de cada cual. Por eso desde el principio del movimiento insistí en que el interés general era el de la dignidad humana y la salud democrática, que era lo que se estaba atropellando con la famosa decisión política tomada, los otros intereses, siendo tremendamente importantes, como el medioambiente local, la salud, la agricultura, ocupan un segundo lugar en los ideales democráticos.

 

            Un cordial saludo a todos y a seguir en la lucha, cada cual donde crea que le corresponde.

08/10/2009

Quiero sacar algunas conclusiones sobre esto que viene llamándose la gripe A. la verdad es que es un fenómeno que, a parte de su dimensión estrictamente biológica, es de naturaleza sociopolítica y filosófica de gran envergadura.

 

            En primer lugar pienso que lo que se ha hecho durante todo este verano ha sido una campaña de desinformación por parte del poder político y, quizás, en connivencia, con el poder económico, en este caso las industrias farmacéuticas encargadas de fabricar la vacuna. Digo que se ha realizado una campaña de desinformación porque se ha pretendido distraer al ciudadano de las cuestiones verdaderamente importantes. Siguiendo a Emilio LLedó en su artículo en El País “La gripe A y otras plagas”, podemos establecer una comparación entre lo que es la salud física personal y la salud social. Pues bien, la propaganda de desinformación que se ha seguido con la gripe A lo que ha producido es una merma de la salud pública; esto es, de la democracia. La preocupación de los ciudadanos ha sido la de saber si se cuenta o no con una vacuna para protegerles del mal que se les avecina. Pero, claro, a un pueblo perfectamente domesticado, que vive en la insolidaridad y en el placer hedonista y consumista, es fácil de amedrentar y distraer de otras cosas más importantes, la salud de la democracia. Somos ciudadanos, los pueblos occidentales “desarrollados”, que vivimos en una situación privilegiada, que no hemos conocido las guerras, las hambrunas, las epidemias, que vivimos instalados en la seguridad absoluta, en la creencia, de que siempre ha sido todo igual, de que ningún mal puede afectarnos. El desarrollo de las democracias liberales ha producido, por su parte, un tipo de ciudadano que sólo está comprometido consigo mismo, que ha olvidado la polis. Un ciudadano individualista, y valga el oximorun. El ciudadanos es el habitante de la polis y, por ello, y sobre todo en democracia tiene que participar de la vida pública, debe interesarse por la justicia, no sólo por sus garbanzos y sus lujos. Pues bien, a este ciudadano es fácil llevarlo a un estado de miedo y de angustia, lo cual significa que es fácilmente manipulable. Y en esto ha consistido la campaña de la famosa gripe. Dominar por el miedo. Esto es una forma de totalitarismo desarrollada en la democracia y desde las instituciones democrática, lo cual pervierte la esencia misma de la democracia. En la situación de angustia y miedo el ciudadano sólo mira por su propia seguridad, no se preocupa de lo que existe alrededor. Y hay dos clases de plagas que ha olvidado y nos quieren hacer olvidar. La primera es la existencia de terribles injusticias en este mundo que son fruto del desorden de una sociedad globalizada neoliberalmente. A esto hay que sumarle la circunstancia de crisis económica generalizada, que precisamente se ha producido por la quiebra de ese modelo de producción neoliberal. Pero el miedo nos hace mirar para otro lado, el miedo nos hace ignorantes e inconscientes, y, por ello, domesticables. Las injusticias en el mundo existen y tienen sus causas y las diversas formas de poder tienen sus culpas y responsabilidades. Por su parte la crisis no se ha resuelto, se ha parcheado. El modelo de producción sigue siendo el mismo. Los ciudadanos hemos pagado la deuda y los ricos siguen siendo igual de ricos, pero hay más pobres y la clase media está cada vez más esclavizada a sus créditos e hipotecas. Mientras tanto, los límites del crecimiento se acercan, no hay vuelta atrás. Los problemas si no cambiamos hacia el decrecimiento pueden ser irresolubles, finales. La crisis es terminal; pero se nos ha distraído. Se nos ha distraído también de la salud de nuestra democracia. Los políticos no se ocupan de la polis, la justicia, se ocupan de su propio bien. Los partidos están totalmente anquilosados, no tienen pensamiento. Son máquinas de poder, y nada más. Pero se nos distrae de esto. En fin, que la salud social y política de la que todos dependemos y la que garantiza nuestra dignidad no es objeto de conocimiento por parte del pueblo, permanece oculta. Pero resulta que la corrupción política es el cáncer de la democracia. Si nuestros propios representantes son corruptos y son los modelos, el pueblo no tiene donde aprender. El pueblo vive en la ignorancia y la ignorancia es esclavitud.

 

            Por otro lado se ha producido un fenómeno curioso. Las nuevas tecnologías de la información han hecho posible que se transmitan mensajes muy distintos, me refiero a la gripe A, a los que el poder despacha. Y estos mensajes han producido dos efectos. A mi modo de ver, uno positivo y otro negativo. En primer lugar, han hecho posible que la opinión pública tome conciencia de una situación más realista, lo cual la hace salir de su ignorancia y esclavitud, fomenta el diálogo y la crítica. Se nos ofrece un conocimiento, nos hacemos más libres, fuertes, y abandonamos la angustia. Este efecto es tremendamente positivo y es una inyección de salud para la democracia. Pero, por otro lado, se ha producido un efecto que roza con la superstición. Me estoy refiriendo a la defensa que se hace desde algunos lugares de que existe un complot, una conspiración con dos objetivos fundamentales: el enriquecimiento de las multinacionales farmacéuticas, por un lado, y la posibilidad de salir de la crisis –y esta supuesta conspiración es muy seria y roza el cinismo y la inhumanidad- por medio de la eliminación de algunos miles de millones de ciudadanos. La primera no la considero una conspiración, sino un negocio, un oportunismo empresarial. Aparece un mal y las empresas se encargan de amplificar el peligro, crear la conciencia de miedo, engañar a los políticos, en algunos casos no hace falta porque tienen intereses en esa industria, y como consecuencia se venden más vacunas. La segunda sí entra dentro de las teorías conspirativas de la historia. Y es aquí donde no coincido en absoluto.

 

            Es cierto que no existe una racionalidad de la historia, que no hay leyes universales que la rijan. Es cierto también que cambios históricos se producen al azar o por decisiones de personajes con gran poder. Todo eso es cierto, también que hay pequeñas conspiraciones. Es cierto que no hay un sentido de la historia, ni de la vida, salvo el estrictamente biológico. Pero también es cierto que el hombre se ha dado a sí mismo las leyes, que ha construido la sociedad, que todo ello es provisional y no definitivo, que la lucha por la justicia tiene que estar guiada por la razón, que en la historia hay tendencias positivas o negativas, que el hombre es el artífice de la misma y que utilizando la razón ha conquistado cierto progreso ético-político. Pues bien, si aceptamos una teoría conspirativa de la historia, renunciamos a la racionalidad y a la libertad. Renunciamos a las conquistas morales de la historia y esto es lo último a lo que la humanidad se puede agarrar. Además acarrearía un sentimiento apocalíptico o escatológico. La historia está dirigida por alguien y nosotros somos los títeres. No, prefiero la libertad, la igualdad y la justicia, aunque siempre sean provisionales y estén al borde del precipicio.

 

            La democracia, qué bella palabra y qué manoseada, prostituida y arrasada. Cuando escucho a los políticos lo que me gustaría es que no fuesen necesarios, pero lo que no me explico es cómo pueden seguir en el poder. A tal grado de estupidez ha llegado el ciudadano, cómo han conseguido fabricar tanto borrego de encefalograma plano. Lo siento, no es una falta de respeto a la ciudadanía, si las democracias están corruptas no es porque los políticos sean incompetentes y corruptos, solamente, sino por la connivencia de los ciudadanos. Lo que ocurre en mi localidad no es más que un reflejo esperpéntico de lo que ocurre a todos los niveles de la política. En política se ha socavado la esencia misma de la democracia para instaurar un autoritarismo a través de diversos mecanismos, por un lado, la desinformación y, por otro lado, las propias instituciones. En mi localidad existe un movimiento de resistencia civil que a pesar de múltiples defectos, a mi modo de ver, desde el punto de vista de la participación democrática, es ejemplar, en el que al principio participé de modo activo; pero por diferentes motivos que no vienen al caso pasé a un segundo plano. Este movimiento civil cuajó en una agrupación de ciudadanos con representantes en el ayuntamiento. Si la lucha durante cinco años nos ha mostrado el déficit democrático en el que vivimos –como señalé en varios artículos e intervenciones públicas al comienzo del movimiento- y que es generalizable, la participación directa en la política activa nos demuestra las pasiones más bajas a las que el poder lleva a los hombres y, sobre todo, cuando existen políticos profesionales, de los que, por supuesto, dependen montones de cargos públicos. Estos políticos profesionales no tienen donde caerse muertos, no tienen oficio ni beneficio. Viven de la política, no para la política. Esto ya de entrada es corrupción. Han hecho de la política su modus vivendi y esto los esclaviza a una serie de intereses de poder (partido) que en otras circunstancias no defenderían. Porque no lo olvidemos nunca, los representantes de las democracias parlamentarias, que son los partidos, no son ellos mismos democráticos, con lo que los fundamentos de la democracia quedan minados desde sus bases. Si dentro del partido no hay ni diálogo ni debate, cuanto menos lo habrá con otros grupos políticos. Nos encontramos aquí entonces en una situación contradictoria en la propia democracia. La base de la democracia es el diálogo, los representantes de nuestra democracia no utilizan el diálogo, sino el poder para gobernar. La discusión con la oposición es también una discusión por el poder. Les da lo mismo defender A que no A el caso es la lucha por el poder. No se busca la justicia ni el bien de la polis, porque el político no vive para la política (gobernar la ciudad, administrar el poder que emana de la voluntad general del pueblo) sino que vive de la política y del partido, ese es su horizonte y su límite. Sus ideas son creencias con las que comulga obedientemente, no las discute, no admite la más mínima sombra de dudas, el que duda, o piensa, pierde, como decía el grupo cómico frente a la dictadura en la Argentina, Les Lutiers. Así nuestra democracia está corrupta desde la base o desde su esencia. No existe el diálogo, ni se permite, no se abre el campo desde las instituciones para que se produzca el diálogo. En estos años he llegado a escuchar cosas muy graves, casi de juzgado de guardia, por inconstitucionales. He escuchado, por ejemplo, que el pueblo elije a sus gobernantes y que a partir de ahí el único foro de debate es el parlamente que representa al pueblo, esto es un atentado contra los principios básicos de la constitución. El único motivo es el autoritario, callar a un movimiento civil que se atreve valientemente a decirles las cosas claras al poder. Ponerles un espejo delante suya, hacerles ver su imagen grotesca y deformada y, de paso, recordarles que quien manda es el pueblo, aunque el problema es que la democracia neoliberal, aunque sea de izquierda socialista (pseudoizquierda) ha transformado al pueblo en masa homogénea, indiferente y obediente, egoísta y narcisista, sin ningún interés por la cosa pública, la política. También he escuchado que el partido del poder debatirá cuando se acaben las concentraciones en la plaza pública. Esto es otra violación de los principios fundamentales de la democracia, la libertad de pensamiento de conciencia y de expresión. Como digo, de juzgado de guardia. El problema es que la pasión del poder ciega y para aferrarse a él ni se sabe lo que se dice, sólo se obedecen consignas. Y cuando la mayoría es absoluta y repetida, el poder del partido tiende al absolutismo. Recuerden aquello de Felipe González de lo de la gobernabilidad, se refería con ello que para poder gobernar bien hace falta una mayoría absoluta. Valiente barbaridad antidemocrática. Para gobernar hace falta consensuar, dialogar y pactar y para ello hace falta pluralidad representativa del pueblo.

 

            En fin, he seguido los plenos de mi localidad (me considero cosmopolita, lo de mi localidad no es más que un azar) desde que empezó el movimiento y, particularmente, desde que entró en juego el grupo político de Ciudadanos de Villafranca. El año pasado tenía un programa de radio “Filosofía desde la trinchera” en el mismo medio público del poder y aprovechaba para hacer de cronista y analista político tras los plenos mensuales que se celebraban en la ciudad. Pero lo que siempre expresaba era mi bochorno. A pesar de que uno en la teoría o filosofía política conoce el mal funcionamiento de la democracia, verlo en vivo y en directo encarnado en personajes con los que te cruzas casi a diario por las calles te llena de tristeza y vergüenza. Otra de las cosas que se nos dice desde el poder es que en democracia hay que respetar las instituciones. Claro, faltaría más. Precisamente el gran invento de las democracias, o uno de ellos, es el de las instituciones que son el vehiculo para hacer realidad la voluntad del pueblo. Ahora bien, aunque las instituciones en si mismas son una estructura abstracta, cobran sentido y dinamismo en la medida en la que se mueven por la voluntad de las personas. Y es aquí precisamente donde reside el problema que quiero señalar y que tiene que ver con la corrupción. En democracia todos los ciudadanos debemos respetar las instituciones, pero los primeros que deben respetarlas son las personas que las representan. Todos los ejemplos que he puesto más arriba eran afirmaciones de políticos que están ejerciendo en este momento el poder ejecutivo, salvo González, de los otros no he citado nombres, todos los conocemos, con lo que esto nos lleva directamente a la corrupción de las instituciones. Cuando desde la institución que salvaguarda la democracia se niega la esencia de la misma, el diálogo, se corrompe la propia institución. Cuando desde el propio poder ejecutivo se controlan los medios de información y se desinforma, se corrompe nuevamente la esencia misma de la democracia. Cuando se dice que una decisión política está tomada y se niega el debate, simplemente se está cayendo en el autoritarismo, rozando casi el totalitarismo. Vivimos, a todos los niveles, desde lo mundial a lo local un déficit democrático severo que está trasformando las democracias en partitcracias oligárquicas en las que el pueblo cada vez tiene menos que ver y que decir, sólo obedecer. Y es a través de la voluntad política de los que representan las instituciones como esto se ha conseguido. Es decir, que son nuestros propios gobernantes los que han corrompido la democracia y las instituciones que las salvaguardan, utilizando a éstas como mecanismos para catapultarse y afianzarse en el poder, en primer lugar, y, en segundo lugar, ninguneando al pueblo, eliminando su autonomía y libertad, haciéndolos vivir en un mundo de apariencias pseudodemocráticas en las que se confunde la libertad con el consumo, el diálogo racional con el respeto de las opiniones más peregrinas y el triunfo del todo vale. Vivimos un esperpento de democracia. Estamos dentro del callejón del gato valleinclaniano. Habría que hacer un esfuerzo ímprobo para salir de él. El movimiento civil del que venimos hablando, para salir de ahí, lo está haciendo de forma heroica, y el grupo de ciudadanos de Villafranca, con sus representantes a la cabeza, son un grupo de valientes enfrentándose contra molinos de viento, el poder semiabsoluto establecido. Hacen falta más Quijotes en el mundo. La lucha primera es la lucha por la dignidad humana, una conquista de la humanidad, que nace de la ilustración y que germina en la democracia, pero que hemos ido perdiendo en los últimos cuarenta años. Y nuestro caso local no es más que la imagen de lo mismo. Es una pena que la gente haya tenido que salir a luchar cuando han visto perjudicados sus intereses particulares. Si fuésemos un pueblo bien educado en la ilustración, el principio de dignidad de las personas, no hubiésemos llegado a esta situación, pues nos preocuparía la polis, la justicia, como valor prioritario antes que nuestros intereses particulares. Habríamos denunciado las injusticias y el déficit democrático desde siempre, cada uno en nuestro lugar y con nuestros votos.

 

07/10/2009

 

 

            Fantástico el artículo que acabo de leer de José Sánchez Tortosa, el autor de la muy recomendable obra El profesor en la trinchera. El artículo lleva como título el mito de la educación democrática. Coincido absolutamente con el autor, suscribo cada una de sus palabras, es más en más, de una ocasión he defendido cada una de las ideas que él ahí defiende, lo mismo que me sucediera con la lectura de El profesor en la trinchera. En fin, son esas sintonías en el pensamiento que te alegran, porque te alivian un poco de la soledad en la que se encuentra el filósofo mundano, francotirador y disidente, que se encuentra rodeado de mentes rutinarias, adaptativas y afilosóficas.

 

            La cuestión es que las diferentes reformas educativas que se han llevado en este país con los gobiernos socialistas lo que han intentado es ideologizar y domesticar al pueblo con una farsa de igualdad y libertad. La igualdad y la libertad se han introducido en la escuela para producir mediocridad y espíritu dócil, ciudadanos sumisos. Cita el autor a un ministro de la segunda república –cuando hubo una verdadera reforma de la educación-  que comentaremos. Dice el texto:

 

La escuela única atiende a estas dos finalidades: extiende la enseñanza a todos y posibilita la selección por el mérito.

 

Una democracia subsiste por las aristocracias del espíritu que ella misma forja, y la producción de estas aristocracias es imposible y, por consiguiente, imposible la democracia, si ella no impulsa, facilita y ampara la selección. (…) Instruidos todos, la selección es un derecho del inteligente y un deber en el Estado que cifre en la inteligencia la jerarquía.

 

            La cosa está clara. La educación tiene que ser el instrumento que profundice la democracia, que la haga posible. Por eso la educación ha de tener dos principios: la universalidad, que se ha confundido con la obligatoriedad. Esa universalidad garantiza el valor de la igualdad. Y, en segundo lugar, la educación ha de tener como objetivo la excelencia. No hay democracia, mal entendida: igualdad aritmética, en la enseñanza. Lo que debe fomentar la educación es la meritocracia dentro de la democracia; es decir, la excelencia de los ciudadanos. Si no intentamos producir esta excelencia, los ciudadanos dejan de ser tales y se convierten en meros borregos que obedecen a las diversas formas de poder.

 

            Ésta es la idea para mi de la educación, igualdad y mérito. Pero, claro, lo que yo creo es que la educación es un instrumento del poder político-económico para ideologizar-adoctrinar a los futuros ciudadanos. Por eso, no es que los políticos sean torpes y hayan construido malas leyes educativas, al contrario, son listos como el hambre, perseguían una serie de objetivos que están consiguiendo de forma casi irreparable. Las reformas educativas han tenido un sentido que responde a la ideología dominante o hegemónica y ésta es la de la democracia neoliberal en la que el poder del pueblo es sustituido por el de una oligarquía partitocrática. Hay una alianza entre el poder político y económico para conseguir que el pueblo deje de ser pueblo y se convierta en rebaño. Y, encima, con la apariencia de libertad e igualdad. Lo que se fomenta es la ideología del consumo y del egoísmo, se nos distrae de los verdaderos problemas sociopolíticos y se nos alimenta con el consumo narcisista; y a eso se le llama libertad. La igualdad se convierte en el todo vale, el relativismo de las opiniones; esto es, en la desfachatez. Pero cuando todo vale la opinión que triunfa es la de la fuerza, en este caso la del poder político y económico. La educación se ha transformado en el vehículo ideológico del poder para mantener la situación hegemónica, el pensamiento único. Por el contrario el verdadero valor de la educación es el de crear ciudadanos, disidentes, críticos, sujetos libres. Es decir, la educación debe alimentar la democracia y una sana democracia fomenta una educación de la excelencia. No debemos confundir equidad, que es justicia, con igualdad matemática, esto es igualar cuantitativamente a los alumnos, es decir, objetivarlos. Pierden así su carácter de personas. La igualdad es la de oportunidades, de ahí el principio rector de una democracia de exigir la universalidad de la educación. Pero ahí se acabó la igualdad. A partir de ahí hay que premiar y fomentar la excelencia porque esto repercutirá en un bien social. Hay que educar en la virtud, es decir, el esfuerzo y el respeto a la autoridad moral e intelectual, que debe servir como modelo al alumno para catapultarlo hacia su excelencia social. Pero desde el poder se ha domesticado, tanto al alumnado como al profesorado, los últimos en caer han sido los universitarios, léase Plan Bolonia. ¿Saldremos de esta encrucijada? ¿podremos desideologizar la educación?. Quizás sea imposible, ya Nietszche lo dijo, la educación es el vehículo ideológico del poder para domesticar a las masas. Y también Foucoult iba en este sentido, cuando consideraba la institución de la enseñanza un centro de represión ejercido por el poder. Por mi parte pienso que los principios que hemos establecido antes deben ser la idea regulativa que nos encamine a la recuperación tanto de la educación como de la democracia, pero el futuro pinta muy mal…

 

Se nos dice que estamos saliendo de la crisis económica, la cosa está por ver. Yo no lo veo tan claro. Probablemente lo que se ha hecho con dinero público es eliminar la quiebra de bancos y grandes empresas, luego se ha saneado la banca y se le ha pedido más esfuerzo a la clase media. Ahora se pide una enésima reforma laboral. En definitiva nos encontramos con que lo que puede ser, esto es lo que yo pienso junto con otros más autorizados que yo, una crisis terminal y estructural del sistema de producción, que exige una solución drástica, simplemente, lo que se ha hecho es parchear el problema. En definitiva seguimos con el mismo modelo de producción que es el neoliberal y que tiene como ideología de fondo el crecimiento económico ilimitado. Pues bien, aquí nos enfrentamos con dos problemas graves que están íntimamente ligados. El primero de ellos es la imposibilidad del crecimiento ilimitado por lo que es la propia ley de la naturaleza. Me estoy refiriendo al segundo principio de la termodinámica. No podemos crecer ilimitadamente en un planeta limitado, por esto la única solución no es lo que se ha dado en llamar desarrollo sostenible. Esto se ha convertido en una caja de sastre en la que todo vale y en la que en definitiva se ha confundido la palabra desarrollo con crecimiento, y siempre entendiendo éste por el económico. De lo que se trata es de ir hacia un decrecimiento sostenible. Tenemos que pasar de una organización compleja a una más simple que utilice menos recursos, de tal forma que se produzca un decrecimiento. El crecimiento lo que ha producido y seguirá produciendo es muerte. En este sentido decrecer es, a la vez, crecer, pero en el ámbito humano. Pero el decrecimiento lleva el calificativo de sostenible; es decir, que debe ser regulado políticamente, esto es, que hay que poner las medidas políticas y legales que hagan el tránsito lo menos traumático posible. Esta es la única alternativa que tenemos, la otra es el decrecimiento forzoso que vendría dada por el agotamiento de los recursos. En este último caso no tendríamos tiempo y se produciría un colapso civilizatorio, y no sería el primero; pero sí el primero a nivel global, ya que nuestro sistema está globalizado.

 

            El otro tema, relacionado con éste, es el del cambio climático. La causa de éste es la emisión de gases de efecto invernadero por parte del hombre. Y estos se producen por la quema de recursos fósiles que requiere la ideología del crecimiento. El cambio climático, si sobrepasa un umbral, en torno a los dos grados, es irreversible y produciría una catástrofe global, lo cual nos llevaría directamente al decrecimiento forzoso pasando por la eliminación progresiva de miles de millones de ciudadanos. La única alternativa que nos queda es la del decrecimiento sostenible basado en la bioeconomía. Mi pesimismo, fundado en la clase política y el poder económico, me lleva a pensar que actuaremos cuando sea ya inevitable. Mi optimismo, que se basa en la confianza en la capacidad del hombre de resolver problemas y en los valores del humanismo, me hace pensar que seremos capaces de salir adelante, que volverán a aparecer los valores que en occidente hemos descubierto a partir de la ilustración y que de verdad seremos capaces de pensar como cosmopolitas y que, por tanto, estamos todos en la misma nave, y entre todos tenemos que dirigirla hacia buen puerto, cualquier motín, cualquier intento de liderazgo único es un suicidio. No será el fin de la humanidad, pero sí de nuestra civilización.

 

Vamos, lo de la corrupción política, aunque de alguna manera conocida y soportada por todos, lo cual nos culpa a todos los ciudadanos, no tiene nombre. Es, simplemente, una sinvergonzonería, una bajeza moral y una mediocridad. La financiación ilegal de los partidos, no sólo corrompe a los partidos y a los políticos que en ella participan, sino a la democracia misma y, en último lugar, a los ciudadanos que lo permitimos. Ningún partido político en el sistema partitocrático y oligárquico en el que vivimos está libre de esta corrupción. Los ciudadanos impasibles la soportamos y, de alguna manera, la defendemos volviendo a prestar el voto a este atajo de sinvergüenzas (léase inmorales, la moral es el sentimiento de la vergüenza). Esperemos que la ley, aunque lenta sea implacable y que se ejerza la independencia de poderes, que lo veo difícil. La verdad es que cada vez veo más claro que la democracia es un sistema de engañar a la gente para que se crea libre cuando en realidad lo que se persigue es el poder y alimentar la panza y las bajas pasiones de unos cuantos indocumentados. ¡Regeneración democrática, ya! Pero esto tiene que pasar por una regeneración de la educación; pero, ¡ahí!, la educación…

06/10/2009

Lo mejor sería un golpe de desobediencia civil, o, al menos, el voto en blanco del "ensayo sobre la lucidez" del nóbel Saramago para poer en entredicho al poder político (oligarquía y partitocracia). Si queremos revitalizar la democracia es necesario acabar con los políticos y políticas que tenemos. Pero también es necesario crear ciudadanos, no borregos que no se atreven a salir del redil

05/10/2009

De nuevo se nos ofrece en el santoral laico, una proyección de nuestro espíritu religioso a ultranza, la ocasión de celebrarnos con algo. En definitiva de recordar algo que no cumplimos o que tenemos olvidado, o que sabemos que anda mal. Que si el día de la paz, que si el del medioambiente, que si esto, que si lo otro. Todo aquello que está descuidado es digno de celebración. Valiente hipocresía la nuestra. Hoy es el día del enseñante, o habría que decir, plíticamente correcto, profesor/a, una estupidez y una hipocresía. Pero vamos a lo nuestro. Resulta que en las páginas de tribuna de El País, el periódico de más tirada de España, y de esta izquierda Ligh con capacidad de gobierno, esto es que ni izquierda ni nada, pues resulta que se despacha el señor presidente Rodríguez Zapatero haciendo un elogio del desarrollo de la enseñanza en España. De la conquista de la universalidad del sistema reenseñanza, de la calidad del mismo, del esfuerzo del profesorado. En fin, una cantidad de mentiras a cual mayor. Nuestro sistema de enseñanza, fundamentalmente gracias a las reformas del partido socialista, es una auténtica basura. Es un criadero de mediocridad, de falta de respeto, de relativismo moral y epistemológico, de estrés y depresión del profesorado. De falta de virtud en discentes y docentes. Y todo ello potenciado por una ley que ha creado el espacio social para que este desmadre y hecatombe de la enseñanza pública en España sea una realidad de la que no nos veremos libres en muchos años, si es que es ya posible. Las sucesivas leyes de enseñanza, sobre todo, LOGSE y LOE, han eliminado la virtud y la excelencia y la han cambiado por la mediocridad. La universalidad de la enseñanza, que podría haberse realizado de otra manera (la enseñanza es un derecho humano que, además, nos conduce a la libertad) se ha hecho a costa de la eliminación de los conocimientos. La progresiva pauperización de los contenidos. La autoridad ha sido sustituida por la desfachatez, la sabiduría, por la vulgaridad y el relativismo. Los contenido por las competencias básicas. Se ha construido un saber meramente artificial para tener contentos a la ciudadanías ofreciéndoles apariencias de libertad mientras que sus consciencias quedan atadas y bien atadas. Un atajo de borregos, sin identidad y sin capacidad de proyecto vital. Esto es lo que al poder le interesa. Y éste es el objetivo de sus reformas. Los profesores debemos de luchar contra ello. Hacer uso de la excelencia y la autoridad moral e intelectual, no claudicar. Nuestra tarea es la de transformar a un simple homo sapiens en una persona, en un ser libre. No en una pieza perfectamente adaptable al sistema. El poder domestica a los ciudadanos a partir del sistema de enseñanza. Los profesores, en nuestro uso público de la razón, la capacidad de criticar ilustradamente, debemos trascender la voluntad de poder del estado, mostrar la farsa, la irracionalidad. Enseñar el camino de la libertad. Mostrar la validez del conocimiento y su relación con el ser libre. Mostrar su ignorancia y su esclavitud para que miren el final del túnel. Basta de triunfalismo político demagógico y esclavizante, basta de lenguaje y verborrea pseudocientífica de psicopedagogos. Conocimiento, virtud, respeto, tolerancia, libertad, excelencia. Éstas son las claves.

 

 

Es un tópico ya el preguntarse sobre el papel de los intelectuales en la sociedad. Lo primero que habría que hacer es definir o aproximarse al sentido de lo que podemos entender por intelectual. A mi modo de ver, y en esta primera acepción sigo a Popper, el intelectual es el que se las tiene que haber con las ideas. Es el que trata con las ideas. Sus objetos de trabajo son éstas. No hace falta que escriba, y que participe con sus juicios morales en la sociedad. Pero esta aproximación al término intelectual me parece muy precaria y que sólo persigue ser aséptica y no polémica. Por intelectual siempre hemos tenido la idea de referente moral, si bien, no en los actos, esto corresponde al profeta o al santo, sí, al menos en las palabras. De ahí que Séneca dijese que los demás hiciesen lo que él decía, no lo que hacía, porque él era filósofo, pero no sabio.

 

            Pero lo que ocurre hoy en día es que la figura del intelectual, desde el punto de vista ético político está en crisis. Yo creo que la razón reside en el posmodernismo que nos lleva al relativismo epistemológico y moral. Por otro lado vivimos en una sociedad en la que el valor máximo es el éxito y la eficacia, valores absolutamente contrarios a la solidaridad y la búsqueda de justicia. El relativismo que subyace a nuestra sociedad proclama el fin de los grandes relatos que pretenden dar un sentido a la historia. De esta posición surge la imposibilidad de defender ninguna idea, porque todas son iguales. Por tanto, el intelectual se reducido a la arbitrariedad del relativismo de las opiniones. Todo vale, todo se puede decir. Pero esto es un juego que interesa al poder. En esta coyuntura el intelectual, o bien, se recluye en su despacho y se dirige sólo a la academia, o se hace un intelectual orgánico y funciona como ideólogo de un partido. Las dos opciones desvirtúan lo que es un auténtico intelectual. Yo me considero un ilustrado, como decía Popper, el último filósofo tambaleante de la ilustración. Por ello pienso en la consecución de los ideales humanos representado por los valores de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Y considero que la razón es el instrumento que nos libera de la superstición y del engaño del poder, económico y político fundamentalemente. Y después de dos siglos de la ilustración he aprendido que la razón es limitada, que no hay sentido de la historia humana, ni del hombre, que el único sentido es el biológico. Pero he aprendido también, que todo progreso ético político de la historia –cuyo único fundamento es el pragmático histórico-  se debe a una serie de descubrimientos, de inventos que nos han hecho vivir mejor en la medida en la que podemos luchar por una sociedad más justa. Tenemos un ideal, una utopía inalcanzable, crear una sociedad cosmopolita de hombres libres, con un estado que administre esta libertad. Si los intelectuales claudican frente a esta labor, el mundo seguirá la deriva del pragmatismo económico y con él, el de la injusticia social. Las ideas tienen consecuencias y el papel del intelectual es el de analizar las ideas y ver sus consecuencias. Creo que el sentido del intelectual es el del disidente. Hay que estar contra toda forma de poder. Porque el poder por sí mismo tiende a anquilosarse, a perpetuarse y a eliminar la libertad. El intelectual debe siempre traer aire fresco, aires de libertad.

 

La universidad, ayudada, entre otras cosas por el plan Bolonia, ha llegado a su fin. El conocimiento ya no es la clave de la universidad, sino la utilidad en sentido económico. De lo que se trata es de producir material (empleados) perfectamente adaptados a las exigencias del mito de la sociedad cambiante y del conocimiento. Decía Kant que la universidad se regia por el tribunal de la razón. Hoy en día el tribunal es el de la razón económica. La universidad es un mercado, y un mercado peligrosísimo que crea individuos uniformados y sin identidad, sin capacidad de disidencia ni de sumisión, obedientes y sumisos. Borregos absolutos. Dos cánceres, que ya han corroído la enseñanza media han invadido la universidad, la pedagogía y la economía. Es el último paso hacia el fin de un modelo de conocimiento. Sirva esto como la firma del acta de defunción del conocimiento como conquista de la libertad. Hoy en día, al contrario, el estudiante obtiene conocimientos, qué digo, destrezas, para esclavizarse.

04/10/2009

La política se ha transformado en un modo de ganarse la vida en la que triunfan los más mediocres. No hay honorabilidad ni búsqeda del bien común. Hay lucha por el poder. La ausencia de crítica interna en los partidos es abrumadora. Silencio y obediencia es la clave.

02/10/2009

 

La mejor manera de luchar contra la opresión y la tiranía es la de no otorgarle ningún sentido a la historia. El ser humano es un animal que por ser, de alguna manera incompleto, esto es, por el hecho de estar biológicamente abierto al mundo, se pregunta por el sentido. De ahí que todas las respuestas que se han ido dando a lo largo de nuestra historia sobre el sentido de la vida, la humanidad y la historia, son construcciones culturales que poco tienen que ver con la realidad. Pero el peligro viene cuando se establece un sentido universal del hombre y la historia; entonces caemos en lo que sería una sociedad cerrada. Toda sociedad cerrada se transforma en un totalitarismo y persigue la homogenización y la eliminación de la libertad.

 

            Por mi parte pienso que hay que ser valientes y aceptar que ni la existencia humana, ni la humanidad ni la historia tienen ningún sentido. Todo sentido es una construcción y, de alguna manera, provisional. Lo que con ello quiero decir es que lo prudente para conservar la libertad es la consecución de una sociedad abierta que apueste por el hombre concreto, por la libertad. Y que, de la misma manera apueste por una forma de organización social –una democracia cada vez más realizada y participativa- que haga posible la pluralidad de ideas y el diálogo. El sentido de la existencia humana y de la historia es una construcción, no viene dado ni a priori, ni trascendentalmente. Es el propio hombre el dador de sentido a la historia y a su propia vida. El único sentido que tenemos, pero éste es ciego, es el biológico. Como especie existente que somos perseguimos permanecer en nuestro ser, pero ese ser es el ser natural biológico. Pero como seres abiertos que somos, que decía antes, hemos construido toda una dimensión cultural que nos trasciende y a partir de la cual pretendemos donar un sentido extrabiológico o extranatural a nuestra vida. Lo que no hay que hacer es caer en el error de intentar absolutizar estos sentidos extranaturales. Por el contrario debemos ser conscientes de que los “progresos” políticos y éticos de la humanidad son una construcción y unas tarea y que, por la misma razón, nadie garantiza su permanencia, a no ser el hombre mismo. Es más, por mi cuenta pienso que quizás hoy en día estamos asistiendo a un asalto contra este sentido que se basa en los valores profundos y esenciales de la democracia que son;  a saber, la libertad, la igualdad y la fraternidad y todo ello sostenido por los derechos humanos.

 

            Nos enfrentamos a dos clases de peligros que conspiran contra estas conquistas históricas que fundan una sociedad abierta y la posibilidad de la perdurabilidad de la civilización humana. En primer lugar la eliminación de la libertad y del pensamiento por la creación de un pensamiento único que descarta cualquier alternativa y disidencia y que está alimentado por la máquina de propaganda que crea individuos egoístas y consumistas. Y, por otro lado, unido causalmente con lo anterior, nos encontramos con el hecho de que estamos montados todos sobre una misma nave que es la tierra y que va a la deriva. El modelo neoliberal que tenemos se basa en la tesis del crecimiento ilimitado; esto es, simple y llanamente irracional. Nos aboca directamente al colapso civilizatorio. Tenemos dos alternativas o que éste se produzca inevitablemente o que reconduzcamos la economía hacia el decrecimiento sostenible, la única alternativa social, económica y filosófica. Pero esto implica muchas cosas. La verdad es que con la respuesta que se ha dado a la crisis terminal –porque es un crisis del modelo de producción- en la que nos encontramos, soy bastante pesimista con la posibilidad del cambio por nosotros mismos. No hemos iniciado el tránsito hacia una nueva forma de organización de las relaciones de producción y económicas, que sería lo lógico y aprovechando la coyuntura, hemos parcheado, por el contrario. Ya veremos los efectos.

01/10/2009

 

La preocupación por la educación siempre ha sido una constante en mi vida. En primer lugar profesionalmente me dedico a ella y con ella me gano mis garbanzos, en esto sigo a los maestros sofistas. Pero no sólo soy profesor de filosofía, un funcionario, sino que también soy filósofo, lo que une la enseñanza con la pedagogía. La filosofía es comunicación, diálogo, es pensamiento en acción, y esto tiene lugar en el ámbito de la comunidad, el ágora, la plaza, hoy el aula. Y no confundo lo uno con lo otro porque ambas son parte de lo público. Todo filósofo que se precie es un pedagogo, no profesional, por su puesto, sino vocacional. El pensamiento para que se realice debe ser comunicado y en esto consiste el acto de la enseñanza. Pero el problema fundamental de la enseñanza hoy en día es la falta de autoridad. No me refiero a esa autoridad arcaica basada en la fuerza; sino a algo muy distintos que estos tiempos que corren casi que son incapaces de reconocer. La autoridad se basa en la excelencia moral e intelectual y, por esto, la actitud del discípulo-alumno debe ser la del respeto, pero no por miedo sino por admiración y búsqueda de saber y virtud; es decir por aumentar su excelencia a través de la comunicación de aquel que la posee. Pero la enseñanza ha quedado totalmente desvirtualizada, precisamente porque ya no se cree en la virtud. Los modelos morales son los que se transmiten por los medios de comunicación, y estos son los de la fama, el éxito, la individualidad egoísta y consumista, riqueza; en fin, la mediocridad más ramplona. Por otro lado, en el relativismo en el que hoy en día nos encontramos instalados se fomenta precisamente el que todo vale, de ahí que la autoridad del profesor-maestro, cae en la horizontalidad de que todos los valores y opiniones son iguales. El mal es un mal filosófico una crisis de valores que a mi modo de ver el poder político y económico utilizan para domesticar y aborregar a la ciudadanía.

 

            Por otro lado me preocupa ahora también, por mi propia situación personal la educación infantil, más concretamente de los hijos. Esto creo que es la mayor responsabilidad que puede tener una persona; y encima sin estar del todo seguro de si tu actuación tendrá consecuencias positivas o negativas. Quizás haya mucho más comportamiento innato del que creemos. Pero, en fin, independientemente de teorías filosóficas y psicológicas, los padres no tienen mas remedio que vérselas con la educación de los hijos que debe ser considerado como tarea y como el arte de conducir a un homo sapiens sapiens a ser una persona: un sujeto autónomo, libre y con capacidad de tener un proyecto de existencia. Pero la tarea es complicada y casi contradictoria. Los padres en el proceso de educación-socialización, tienen que sacar al niño de su estad de naturaleza. En la más tierna infancia el niño funciona sólo y exclusivamente por instintos, es una máquina de desear. La educación consiste en la domesticación de esos instintos, sin extirparlos. Es una educación, por tanto, de la voluntad, es decir, de la fuerza, o, de otra manera, de la virtud. Y el fin de esta educación es la inserción del niño en la sociedad; pero, ojo, sin que pierda su capacidad de autonomía. Lo paradójico, triste y a la vez sublime es que la relación entre padres e hijos es absolutamente asimétrica. Esa modernez del padre amigo es una soberana tontería que sólo ha producido niños caprichosos, sin voluntad y sin capacidad de tener una referencia de la autoridad que le guia y le ayuda a controlar su voluntad. Los padres, nos guste o no, somos la autoridad y, además, el referente moral. Tenemos que domesticar ese yo sin límites: egoísmo absoluto del niño, y hacerlo un yo social, un ser que existe en convivencia. Pero, por el hecho de que los padres son la autoridad, en el propio proceso de crecimiento y maduración del hijo se producirá el enfrentamiento con el padre, porque el hijo, ya joven, querrá ser sí mismo, tener sus propios criterios, gustos, aficiones, su personalidad. Y para ello tiene que negar la autoridad de la que procede. Ha vivido heterónomamente y ahora tiene que ser autónomo. El éxito de la educación del hijo es que en este proceso de maduración y crecimiento sea de verdad capaz de alcanzar la autonomía y la libertad y, con ello, poseer un proyecto de vida singular. Y ahí los padres hemos terminado nuestra obra y sólo nos queda aceptar esa independencia del joven y alegrarnos de que hemos hecho posible que un homo sapiens sapiens se haya convertido en persona. Contemplar esto debe ser nuestra alegría y nuestro amor al hijo. Pero a éste no le podemos pedir reciprocidad, por mucho que en nuestra vida hayamos sacrificado por él. Sólo podemos exigir respeto, como a todo el mundo y si hay empatía, cuidado y preocupación por los mayores-padres.

30/09/2009

 

El hombre siempre ha sido un ser utópico. Una de las preguntas fundamentales que nos hacemos es qué podemos esperar. La respuesta a esta pregunta ha venido dads fundamentalmente desde la religión. Pero una vez que los discursos religiosos se van secularizando las utopías pasan al ámbito de la política y la historia. El problema del pensamiento utópico es que descansa en una falsa concepción de la historia según la cual el devenir histórico está determinado por diversas causas. Si esto es así la realización de la utopía es algo que tiene que venir dado inevitablemente. Mientras que la religión nos prometía la salvación eterna las utopías nos prometen la emancipación de la humanidad y la felicidad y justicia. Pero el pensamiento utópico tiene la trampa del totalitarismo. Al estar basado en una concepción determinista de la historia y de la realización de un nuevo hombre es capaz de esclavizarlo. Las utopías deben funcionar sólo como ideas regulativas de la acción política en el sentido kantiano. La utopía es inalcanzable. En primer lugar porque el devenir histórico no está totalmente determinado, sino que es abierto y depende de la acción humana, en segundo lugar porque la perfección es contradictoria con la existencia. La perfección está ligada a la eternidad y nosotros somos existencia, temporalidad, contingencia. La utopía es la idea regulativa de la acción política que debe tener como contenido la ilustración de la humanidad; esto es, la consecución de hombres libres en estados democráticos asociados cosmopolíticamente que aseguren la paz y el desarrollo individual y singular de las personas. Estamos hablando de una democracia cosmopolita, que no viole la esencia de la democracia, la existencia de ciudadanos libres. De esta forma el progreso de la humanidad hacia mejor, moral y políticamente hablando, consiste en la consecución de este fin que es, de por sí, inalcanzable, es un ideal.

 

            Por otra parte el pensamiento utópico se apoya en el mito del progreso heredado del cristianismo que elabora una teoría de la historia con un principio y un final. Esta historia es la de la salvación del hombre. El pensamiento utópico ha secularizado esta idea y la ha transformado en la idea de progreso, de ahí que esta idea no sea tal, sino un mito, una creencia. El progreso no es inevitable. En la historia se producen tremendos retrocesos morales y políticos. La excelencia moral y política son fruto del esfuerzo humano dirigiéndose hacia esa utopía de la dignidad de la que hemos hablado. Y, como tal, este progreso son conquistas de la humanidad, pero que, en cualquier momento pueden desaparecer. Es más yo sospecho que hoy en día nos deslizamos hacia un autoritarismo débil: pensamiento único, globalización neoliberal, que está tirando por la borda gran parte de las conquistas ético-políticas de la humanidad.

 

La civilización occidental es heredera del llamado milagro griego. Este milagro es el de la aparición del pensamiento racional, lo que podemos llamar la tradición crítica, como lo hacía Popper. Hay una unión entre el surgimiento de la filosofía o el pensamiento racional y la democracia. No en vano el esplendor de la filosofía en Grecia tiene lugar en la democracia ateniense. Filosofía o pensamiento y democracia van unidos íntimamente. El presupuesto de la democracia es el diálogo y éste es posible cuando se parte de la situación de la tolerancia en el sentido ilustrado. La virtud de la tolerancia es la aceptación de la posibilidad de estar equivocado. Su presupuesto epistemológico es que nadie es poseedor de la verdad, por tanto, la verdad es fruto de la conquista de la comunidad de los hombres libres a través del diálogo. El diálogo significa que la razón es lo común, no está de parte de nadie, es el vehículo que nos encamina a la búsqueda de la verdad y de la virtud. La tolerancia, a su vez, se basaría, en la virtud del respeto. Si uno admite el diálogo es porque considera al otro como otro yo con capacidad de pensar por sí mismo y, por ello, con capacidad de tener razón. Si entro en diálogo con él puedo enriquecerme y juntos acercarnos progresivamente a la sabiduría. Es decir, el respeto es la consideración de la persona como un fin en sí mismo. Pero el respeto no es el de las opiniones, esto último es una degeneración de las democracias que pone en peligro su propia esencia. El único respeto es el de las personas, sus ideas y opiniones son discutibles. En las democracias desgastadas que vivimos se intenta establecer por parte del poder, y se ha asumido como algo incuestionable, el respeto de las opiniones. Todas las opiniones serían respetables. Esto es harto peligroso, pero al poder político le interesa. Suponer que todas las opiniones son respetables es suponer que todas tienen el mismo valor epistémico, y esto es literalmente falso y ético-políticamente peligroso. Hay ideas y opiniones absolutamente equivocadas y peligrosas socialmente, y deben ser combatidas. Las ideas y opiniones están para ser discutidas y debatidas por el arma de la razón, que es aquello que tenemos en común en el diálogo. Pero esto exige que seamos ciudadanos, personas. Es decir, individuos con capacidad de pensar por sí mismos. Pero esto al poder político no le interesa; por el contrario, le interesa más, el relativismo, de esta forma sus opiniones se escapan a la crítica. De ahí que no exista ningún tipo de debate parlamentario. El parlamento es un diálogo de sordos. Ahora bien, si toda opinión es respetable e igualmente verdadera, la que triunfa es la opinión del fuerte, de aquel que tiene el poder político. Por eso al poder le interesa este relativismo, para tener las manos libres y para producir ciudadanos sumisos; esto es, borregos perfectamente domesticados. De este modo las democracias actuales se están deslizando peligrosamente hacia un nuevo tipo de autoritarismo enmascarado de democracia en el que impera el pensamiento único políticamente correcto; es decir, la ausencia de pensamiento. La democracia exige la libertad y no hay libertad sin conocimiento ni diferencia.

Comienza el curso y vuelven las cansinas consecuencias de la clase de religión. Por mi parte sólo decir, ¡a la mierda con el concordato!, con esa acuerdo con la santa sede que boicotea el laicismo de la constitución española. La iglesia es hipócrita y pedigüeña, sólo quiere poder y dinero. Entre tanto, los políticos durante treinta años no han hecho más que seguirle el juego, ¿cuánto poder tiene esta iglesia?, si yo no encuentro cristianos por ninguna parte. Sólo ritual y tradición. Cada vez hay más indiferencia, menos conocimiento real de la religión y de sus serias, positivas y negativas, implicaciones socioculturales. No hay ateos, ni creyentes. Pero esto no es más que el síntoma de una sociedad superficial, individualista y egoísta. Pero los alumnos que no se matriculan en religión son los que pagan el pato, sobre todo en infantil y primaria. La ley es pacata. Si siguiésemos la constitución se debería contemplar, lo cual es excesivo, la posibilidad de dar clases de religión, pero ésta sería la excepción, lo normal es la educación de ciudadanos. Mi propuesta ha sido siempre que los ciudadanos deben conocer el hecho religioso en sus distintas dimensiones, histórico, social, filosófica, antropológica, artística…, porque la religión es un pilar fundamental de la humanidad y la cristiana de la civilización occidental. Es decir, sustituir el adoctrinamiento, por el conocimiento. Lo que yo me encuentro es una ignorancia supina sobre materia religiosa en los alumnos. No sé qué es peor si la ignorancia e indiferencia o el adoctrinamiento; por lo menos contra el segundo se puede luchar y transformar en una opción de creencia profunda o en un ateismo humanista. Pero la indiferencia e ignorancia es el peor de nuestros enemigos. Y como siempre nuestros políticos son los que han forjado y mantenido este engendro. ¡Que pandilla de inútiles y cobardes!, ¡cuánto daño hacen estas fieras con piel de cordero!

 

Para que haya una auténtica democracia es necesario la existencia de los disidentes, y para esto hace falta valentía y conocimiento. La disidencia es el acto máximo de libertad. Todo avance moral y de derechos que ha habido en la historia se les debe a los disidentes.

29/09/2009

 

Considero la libertad como el máximo valor humano junto con la justicia, pero no hay la segunda sin la primera. La libertad en su doble sentido, como decía I. Berlin, negativa y positiva hay que entenderlas entrelazadas. La libertad negativa es la libertad de conciencia y de pensamiento que se hace posible desde el poder. Vendría por tanto mediatizada por la democracia. La libertad positiva es la posibilidad de crearse uno a si mismo. Es lo de Ortega de que  la vida es tarea, un quehacer continuo, no podemos dejar de hacer. Incluso el suicidio es un hacer: decidir dejar de hacer. Estamos condenadas a ser libres como decía Sastre.

 

            Pero lo que últimamente viene rondando mi cabeza, desde que el año pasado profundicé en la evolución y leí algunos libros de neurofisiología aplicada a problemas filosóficos y éticos, es que quizás no seamos libres. Quizás todo venga determinado por el ADN, y esto no pretende ser un reduccionismo, lo podría explicar desde la teoría emergentista. Lo curioso es que nuestro cerebro está construido como una máquina para fabular la realidad a partir de los datos que nos vienen de los sentidos. Tanto la conciencia como la libertad no serían más que el resultado evolutivo de esos mecanismos de fabulación. Por lo tanto no existiría ni un yo ni una voluntad libre.

 

            Si algún día se pudiese demostrar esto, ¿tendría implicaciones legales y morales? Nuestro sentimiento de libertad y por tanto de responsabilidad y de necesidad de construir nuestra vida seguirán existiendo por más que podamos explicar los mecanismos que los subyacen. Otra cosa sería que a la par inventásemos los artefactos tecnológicos para intervenir en nuestra voluntad. Pero quizás tampoco hay que tener tanto miedo a esto. Culturalmente hemos creado los artefactos de dominio y control de las conciencias por parte del poder. Siempre se ha intentado eliminar la libertad. El conocimiento y la libertad ligada a él son peligrosos. Pero la historia ha avanzado hacia la justicia por los hombres libres, esto es, por los disidentes.

 

<!-- /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} -->

Kant distinguió muy claramente entre lo que podemos llamar la filosofía académica y la filosofía mundana. A mi modo de ver su filosofía es filosofía mundana, en la medida en la que su filosofar arranca de los problemas planteados realmente por el ser humano. No en vano las preguntas filosóficas que se toman como referencia son las que él presentó. ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar? Todas ellas se pueden reducir a la pregunta más general ¿qué es el hombre? a mi modo de ver su filosofía, por muy compleja, sobre todo, terminológicamente que pueda ser es siempre filosofía mundana.  Es curioso que fuese criticado por no citar sus fuentes. Su respuesta es impresionante y la comparto por entero. El conocimiento es universal, no tiene propietarios. Los que nos dedicamos a la vida intelectual vivimos en una comunidad de vida en la que los artefactos con los que tenemos que vérnolas son las ideas y nuestra actividad es la crítica. Importante es también que de esta crítica surge una acción. Pues bien, participo desde hace ya bastante tiempo de esa filosofía mundana. Creo que el papel y el lugar del filósofo ha de estar a ras de tierra, no debe caer en el academicismo. Ser filósofo y academicista es una contradicción. El que se dedica a la academia, simplemente es un profesional de la filosofía

 

 

Por más vueltas que le doy siempre llego a la conclusión de que la naturaleza  propia del político es la corrupción. El político por sistema no puede creer en la verdad objetiva; mucho menos en los tiempos posmodernos en los que vivimos. Lo que al político le interesa es el poder. La pasión por el poder es una de las pasiones más fuertes que pueden atenazar al hombre. Frente a este vicio es necesario recuperar la virtud.

Hay dos formas de recuperación de la dignidad de la actividad política. La primera es la reconsideración de que es posible la verdad objetiva y la segunda la recuperación de la virtud como excelencia, lo que exigiría al político ser un modelo y un ejemplo. Por el contrario, hoy vivimos en un mundo semejante al esperpento, lo del callejon del gato de Vale Inclán, la realidad aparece desfigurada, y el poder, politico y económico, son oportunistas de este experpento.

 

 

 

La realidad se nos muestra pervertida por las distintas formas de poder. Podemos decir que la ignorancia es la desinformación, manipulación de la "realidad"; pero ésta última en cuanto tal es inaccesible. La posmodernidad ha considerado que no existe la objetividad ni ningún discurso racional sobre la realidad. Esto ha abierto las puertas al relativismo; y el relativismo es la base epistemológica para el abuso del poder. Quiero decir, para que el poder manipule la realidad objetiva con el fin de domesticar y esclavizar a los ciudadanos, con lo que estos dejan de ser tales para ser borregos.

28/09/2009

Hay que profundizar en el naturalismo para tomar conciencia del nihilismo. Y la conciencia de esta nada que somos es la que puede impulsarnos a buscar una tabla de salvación para la humanidad. Somos naturaleza que construye cultura, nuestra pérdida es insignificante para la naturaleza, y mucho más para el universo. Nuestro orgullo debe estar en ser capaces de salvarnos como especie y como civilización.

El desarrollo de las fuerzas del capitalismo unifican el deterioro de nuestro planeta con el deterioro de la vida humana. Para el desarrollo del sistema productivo en el que vivimos, tanto el planeta o la naturaleza, como el hombre, no son más que instrumentos.

Una ética sana es aquella que debe tomar al hombre como fin en sí mismo. Nuestra naturaleza también es un fin en sí mismo, es el barco en el que viajamos toda la humanidad.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris