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Filosofía desde la trinchera

El tábano.

"Moraleja: la deshumanización enferma." Miriam Al Adib

Curiosa paradoja. La cultura es la que nos ha humanizado, es el proceso de humanización que se llama en antropología, frente al proceso de hominización, que es el de la evolución biológica. Pues es la misma cultura la que nos lleva a la deshumanización y ésta a la enfermedad. Ya digo, es una paradoja ¿Tiene solución?

Esto es tremendamente importante para el profesorado y para la ciudadanía en general. Pero el profesorado por lo que se ve, ni se inmuta. Y, a la ciudadanía, con que esté el niño recogido, pues le importa un bledo si aprende o no. Mira como con los médicos no se atreven. Señores lo que está pasando y lo que ahora quiere cobrar cuerpo de ley, es como si al ginecólogo, si le sobran horas, pues las complementa con traumatología, y al de trauma, pues lo hace por ejemplo con psiquiatría…y así sucesivamente. Es absolutamente lo mismo. Pues estoy seguro que ni los médicos ni los ciudadanos lo permitirían. ¿Qué pasa con la educación? Es una auténtica caja de sastre. Para empezar habría que quitar la obligatoriedad, que la está lastrando y recuperar la carrera docente del profesorado (carrera en su especialidad), quitar los cursos de formación psicopedagógica y de los sindicatos, volver a las oposiciones libres de cátedra. Dar permisos de estudio y de especialización. Mandar al carajo las leyes educativas, por lo menos, desde 1990 (LOGSE) Esto es un disparate, un despropósito, un esperpento y un desencanto para el profesor vocacional y que, a pesar de todo, sigue formándose en su especialidad, o doctorándose o estudiando sengundas licenciaturas (ahora rebajadas a grados, claro)

http://www.catalunyavanguardista.com/catvan/la-indocencia-de-wert/

"El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices". Nietzsche.

Se calculan 200 millones de muertos por guerras en el siglo XX: el siglo en el que la muerte se convierte en exterminio y genocidio. También a partir de la Gran Guerra hay más muertos civiles que soldados. Es un horror. Es el siglo de la neocolonización. Se desarrollan los países occidentales a costa de las antiguas colonias. Eso sí, después de la experiencia de la segunda guerra mundial surgen los derechos humanos y se consolidan las democracias. Y, cosa importante, la ciudadanía, que no los poderosos, llegamos a entender que la violencia es la peor forma de resolver los problemas. El crecimiento económico no sólo se hace a costa de las colonias y sus habitantes, sino de los recursos naturales llegándose a una situación de posible colapso civilizatorio, a menos que pongamos remedio. Los derechos humanos se cumplen arbitrariamente, aunque son un gran invento, se aplican dependiendo del voto del consejo de seguridad y su poder de veto. El capitalismo se extiende hasta convertirlo todo en mercancía, incluido el propio hombre. La historia de la humanidad no es como para estar orgulloso de la especie. Ahora mismo tenemos unos sesenta conflictos armados. Los avances médicos están en manos de unas cuantas multinacionales que se enriquecen a costa de la salud. Muchos de los medicamentos, simplemente, matan. Se investiga en lo que le interesa a las multinacionales, no a la salud mundial. El gran descubrimiento de los antibióticos nos ha puesto en guerra contra las bacterias. Cierto que éste ha sido el gran avance de la medicina en lo que se refiere a salvar vidas. Lo malo es que la guerra con las bacterias es muy peligrosa. Ellas las han ganado todas. No obstante, esperemos que ésta no. Es la guerra entre la evolución biológica (la de las bacterias) y la cultural (el hombre). Si el hombre desaparece a la naturaleza no le importará. La sexta extinción, que es la mayor de todas, es de origen antropogénico y ha tenido lugar en el siglo XX. Pero ha habido otras grandes extinciones antropogénicas, aunque locales. La primera cuando el hombre llega a Australia, la segunda, cuando llega hace unas 30 mil años a América y la tercera, la actual.

En fin, que nosotros que somos unos privilegiados pues podemos disfrutar, pero también, como dice el jesuita Jon Sobrino: “Fuera de los pobres no hay salvación” es un título de uno de sus libros. La iglesia dice: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. Pero Jon Sobrino, teólogo de la liberación, entiende la situación de pobreza como una injusticia social. La caridad cristiana está muy bien, pero, primero hay que luchar contra la injusticia social. Cada uno a su modo y desde su lugar. Es imposible pedirle a nadie que sea un héroe. Hay razones para ser pesimista, pero el pesimismo y el optimismo es cuestión bioquímica.

 

El relativismo dice que cada uno tiene su verdad, por tanto todas las verdades son iguales y equivalentes. Cada uno tiene su verdad. Entonces no hay verdad o todo es verdad y la que hay es la que se impone por la fuerza. Que es lo que ocurre ahora mismo. El poderoso tiene la verdad porque es poderoso, no porque tenga razón. El escepticismo es la búsqueda de la verdad con minúsculas, porque el escéptico reconoce que toda: verdad, bien, belleza y justicia son provisionales; no relativos ni subjetivos.
El escepticismo es un modo de ver el mundo y de vivir en el que hay una unión entre la teoría y la praxis. El relativismo es el nudo filosófico de la crisis actual. No hay democracia porque el pueblo no tiene el poder, sino que los poderosos se han hecho con la razón e imponen las leyes que nos gobiernan y no porque tengan razón, sino porque tienen poder. Ésta es la tremenda y terrible consecuencia del relativismo. Por eso nunca se puede decir que las opiniones son respetables. Lo respetable son las personas. Si decimos que las opiniones son respetables caemos en el relativismo. Es la confusión entra la libertad de expresión y el relativismo. Pero éste es la ideología del poder para seguir manteniendo el poder que es el que le permite actuar independientemente de la verdad. Mientras, el ciudadano se cree libre porque puede pensar lo que quiera. Pues ni es libre, porque piensa lo que le dicen que piense y, no es libre, porque no puede actuar. Es el poder, con su fuerza, el único que actúa. El pueblo obedece sumiso e ignorante. Para salir de esta situación hay que desenmascarar al poder y recuperar la fuerza o el poder que se le ha arrebatado a los ciudadanos. Y ésta es la misión de la fundación de una república.