
Y al ciudadano le hacen bailar a su propio son. Esto es la fiesta del fin del mundo.

Y al ciudadano le hacen bailar a su propio son. Esto es la fiesta del fin del mundo.

Lo malo es que en un mundo que confunde al asno con el sabio esto ocurre con toda la normalidad y el resto sigue igual. La puñetera condición humana. ¿Dónde está la areté, la excelencia?





Y los ciudadanos seguimos tan tranquilos y satisfechos. Domesticados y comiendo de nuestro pesebre. Es necesario un cambio de modelo de producción, ya. El crecimiento ilimitado es insostenible y, además, mata. Sin contar con la caterva de ladrones que lo sustentan.
