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Algunos hombres buenos. De la excelencia a la valentía.

                Mucho ha sido ya comentado el asunto del desaire que los graduados con máxima excelencia en España hicieron al ministro Wert a causa de su política educativa. Fundamentalmente su ley de educación y sus recortes en investigación así como en el profesorado universitario. Y lo que a mí me asombra es que todavía gran parte de la población vea el acontecimiento (la retirada del saludo a Wert, por parte de algunos premiados con la excelencia académica) como un desaire, una falta de educación, e, incluso, como una falta de respeto. Si esto es así, que me temo que sí, es que no tenemos la más mínima conciencia ciudadana, política, civil y ética. Nuestros políticos están para representarnos, no para mandar, ni imponer. Y, mucho menos, para imponer una ideología refugiándose en la manida crisis que, por lo demás, no es más que una consecuencia del capitalismo sin bridas que ellos mismos defienden. Son nuestros propios verdugos los que quieren poner los medios para salvarnos, más bien esos medios nos llevan al abismo. Pero vayamos a la educación y a la investigación que es lo que motivó, fundamentalmente, el acto que estos excelentes y, además, valientes, porque se enfrentaron al poder político y al mediático (recordar que TVE ocultó o censuró las imágenes, medio que pertenece al pueblo, pero gestiona el gobierno, que como digo nos deben representar, por tanto la manipulación de la información en este caso fue un acto, simplemente, dictatorial) llevaron a cabo.

                La LOMCE es una ley en contra de los principios básicos de la democracia, en contra de la igualdad de oportunidades, en contra de la aconfesionalidad del estado, en contra de la escuela pública y a favor de la enseñanza privada, que en España es, fundamentalmente de carácter religioso. Por otro lado es una enseñanza absolutamente ideologizada, no sólo religiosamente, sino, mercantilmente. El alumno aprende para la empleabilidad, y no lo digo yo, sino el señor Ministro. Es decir, que el alumno es un instrumento, una mercancía para el mercado laboral al que ha de enfrentarse. A esto se le llama cosificación, es decir, tratar a un sujeto como un objeto o cosa, por tanto, pérdida de la dignidad humana. Por todo ello, es una ley dictatorial. Obedece a la dictadura del mercado. Estos son motivos suficientes como para retirar el saludo al Ministro, y, además, exigir su inmediata dimisión, por antidemócrata e inconstitucional, si es que la Constitución sirve ya para algo. No es falta de respeto ni de educación, es una exigencia, un plante ante alguien que ni representa al pueblo, ni a la institución, porque, al contrario, utiliza la institución para imponer una ley que viola los principios básicos de la democracia. De ahí la valentía de estos doce excelentes. Han tenido valor, por medio de un gesto, de decirle al Ministro que su gestión es nefasta y que como se salta la propia dignidad humana habría de dimitir. Lo que pasa es que este país está lleno de tibios, y así nos va. Hay una cosa importante: el mal se produce, no sólo porque exista un autor material del mal, sino porque existe el mal consentido y este es el caso de la sociedad española que sigue en silencio y no sigue la consigna que un señor como Federico Mayor Zaragoza aconseja: insumisión generalizada. Lo que está ocurriendo en la educación desde los noventa es una debacle, porque la LOGSE-LOE es una preparación de esto (la LOMCE) que se nos viene encima. También esta ley se ha hecho desde el paradigma neoliberal.

                Y en cuanto a lo de la investigación, pues es una ironía, sino un sarcasmo o cinismo político. Se premia a los excelentes, para qué, ¿para que tengan que irse a otros países a desarrollar su producción intelectual?, ¿para ser eliminados, arrojados al paro, de programas de investigación en curso? ¿para cobrar sueldos de miseria que no les permiten casi vivir y, menos, formar una familia? Hombre, esto es una burla. Y que encima tengamos que soportar toda la corrupción en la que los menos virtuoso, los más cobardes y los menos excelentes, se llevan el dinero a paraísos fiscales, nos roban a los contribuyentes, ocupan cargos ficticios sin hacer nada, sólo medrar durante años en el partido para escalar posiciones. ¿Dónde está la ética y la excelencia de estos señores? En ninguna parte. Son escoria y miseria, no hablo del señor Wert, sino de la corrupción en general, son la sangría del pueblo. Un pueblo autoculpable por su indiferencia, su cobardía y su pereza. Es normal, por España, exceptuando un breve periodo con la constitución de Cádiz, no pasó la Ilustración. Y así nos va. Sumidos en la superstición y el folclore y ansiosos de un nuevo líder que nos ilumine, incapaces de pensar por nosotros mismos, obedeciendo consignas y con el miedo en el cuerpo, siempre mirando hacia un lado con el temor al qué dirán. No señalarse, otra de las consignas.

                Pues señores, felicito y agradezco a estos doce excelentes y valientes, que no se quedan en lo meramente académico, por eso son excelentes, y tienen sensibilidad ética y política y que con un simple gesto señalan, no sólo el malestar de la población, en este caso de la educación, sino que en el fondo están diciendo que el que manda es el pueblo. Estos señores constituyen un modelo de ejemplaridad pública, nos han enseñado con su gesto que debemos recuperar el poder que se nos ha arrebatado.



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