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Conócete a ti mismo.

Para empezar la frase de Sócrates es más amplia y ya la he citado en otros lugares. Como siempre hay unas segundas partes de las sentencias que no se dicen. Sócrates, de mano de Platón, dice “conócete a ti mismo a través de los demás y a los demás a través de ti mismo.” es decir, que la posibilidad que tienes de conocerte a ti mismo es a través de los demás y a la inversa y eso es debido a que somos animales sociales. Y que nos  construimos socialmente. Y esta es la tragedia de Sócrates. Es la ciudad que él defiende la que lo acusa de ir contra la propia ciudad. De ahí que Sócrates no muera inocente y de ahí que sea una tragedia, porque Sócrates cumple con su deber en su defensa, aunque sea una mala defensa que le lleva a la muerte. Cumple con su deber de filósofo y está enseñando a sus discípulos y a todos los ciudadanos que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Que, ante todo, si no queremos disolver la polis hay que obedecer a las leyes. Pero, curiosamente había sido acusado por atacar a las leyes de Atenas.

Claro, qué es lo que había hecho Sócrates. Pues mientras que los demás se dedicaban a ganar dinero, a ganar fama, a ganar posición y demás, él se había hecho filósofo. Él quería ganar sabiduría. Era un amante del saber, mientras los demás eran amantes del placer, de la riqueza, del honor, de la pereza… Y, para eso había descubierto que tenía que conocerse a sí mismo. Pero la única forma de conocerse a sí mismo era por medio del diálogo con los demás. Y que su aprendizaje no era más que un enseñar a los demás. Porque él era incapaz de parir ideas. Pero sí era capaz de ayudar a parir ideas, conocimientos. De esa manera era un benefactor de la ciudad. Y su papel de tábano era el de, por medios de sus aguijoneantes preguntas, de su ironía y acidez, hacer que los demás no se adormecieran.

Ahora bien, yo también hablo del conocimiento de sí mismo por vía de la contemplación o meditación. Hay que tener en cuenta que se dice de Sócrates que había veces que se quedaba ensimismado (en estado de contemplación durante horas, incluso días). Y que escuchaba a su daimon (su dios particular, que le decía qué tenía que hacer y decir en cada momento) Es decir, que de alguna manera, tenía un conocimiento interior, al menos el de saber preguntar para que los demás pudiesen aprender. Por otro lado, el conocimiento de sí mismo, por la vía de la meditación, es un conocimiento de uno mismo en continuo diálogo consigo mismo y la humanidad, de deconstruir todo el andamiaje de pensamientos que han dado lugar a nuestras creencias infundadas, nuestros sentimientos y acciones que nos hacen sufrir. Este proceso ya, en sí mismo (porque no hay que retirarse a un monasterio), obra su efecto en los otros. Y si a ello le sumamos el efecto de la compasión hacia uno mismo y hacia los demás (que en el fondo es lo que hace Sócrates: compadecerse del ignorante) pues resulta que el autoconocimiento se vierte hacia los demás. Si fuésemos capaces de entender a fondo la frase de Terencio “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” y llevarla a la práctica (no juzgar) habríamos avanzado en nuestro conocimiento y en lo que Sócrates nos quiso decir; que es, y aunque no parezca ni que venga a cuento, lo que se nos dice en la parábola del samaritano que ya comenté en otra ocasión. Sé que esto es difícil de entender, igual que a Sócrates, porque hemos roto la unión entre ser y pensar. Podemos entender la frase de Terencio, desde la lógica, pero no desde el pensar. Y ése es nuestro problema y, otra cara más, de la tragedia de Sócrates.



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