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Filosofía desde la trinchera

Teoría de la evolución

 

LA EVOLUCIÓN. UN DESCUBRIMIENTO QUE CONMUEVE LOS CIMIENTOS DE OCCIDENTE.

Por Juan Pedro Viñuela.

Profesor de Ética Y Filosofía.

 

            El descubrimiento de Darwin del que conmemoramos su 150 aniversario es uno de los máximos hitos de la historia de la ciencia y de la cultura. La idea darviniana pone en tela de juicio, aún más que la idea copernicana, los cimientos filosófico-religiosos de occidente. Por esta razón la idea de Darwin resulta, todavía hoy, más por razones, filosófico religiosas, que culturales, controvertida. La idea de la evolución de Darwin, no sólo es una idea científica que desemboca en una teoría sobre la que existen ciertas pruebas, sino que influye directamente en la concepción del hombre y de ahí pasamos a lo sociedad y a lo político. La teoría de Darwin pretende explicar la evolución y origen de las especies; pero los mecanismos que arbitra afectan a toda una cosmovisión. De ahí que sea una idea controvertida que levante pasiones y discusiones enconadas e ideologizadas desde diversos ámbitos.

 

            Básicamente lo que propone Darwin es que el origen de las especies responde a dos mecanismos. El primero serían los cambios que se producen al azar y el otro la selección natural.  Hasta el siglo XIX la idea predominante era el fijismo. Se consideraba que todas las especies habían permanecido invariables desde el comienzo del universo. Fundamentalmente el fijismo era creacionista, se pensaba que dios habría creado a todos los animales iguales desde el principio y no habían variado. El fijismo tenía una base sólida en Aristóteles y con la tradición se le suma el creacionismo cristiano, convirtiéndose así en el pensamiento hegemónico. La idea de evolución es anterior a Darwin, lo que es nuevo es el mecanismo causal que él introduce para explicar esta evolución.

 

            Pero antes de empezar con la explicación de los orígenes de la idea de la evolución de Darwin es necesario señalar la existencia de una teoría anterior y después simultánea a la de Darwin que es el transformismo de Lamark. El transformismo sugiere la idea de evolución con el nombre de transformismo, admite la aparición de las especies por evolución y admite que todas proceden de un tronco común. Lo que sucede es que propone un mecanismo que es erróneo y que no puede justificarse desde la ciencia. En definitiva el lamarkismo está anclado, de alguna manera, en el paradigma anterior que el darwinismo rompe. El mecanismo fundamental que propone el lamarkismo es que existe una herencia de los caracteres adquiridos. Esto es, que los cambios se producen, en primer lugar, por una tendencia, un fin; y, en segundo lugar, esos cambios que se han producido en un individuo lo heredan sus descendientes.

 

            Hay en esta teoría dos problemas graves, uno científico y otro filosófico. Los caracteres adquiridos por un individuo no se heredan, y esto el método científico lo puede corroborar. Es decir, la teoría es falsada con la experiencia. Los caracteres adquiridos por un individuo son única y exclusivamente de ese individuo. En segundo lugar, tenemos el problema científico filosófico. La teoría de Lamark contempla la finalidad en los cambios. Los cambios se producen porque hay una tendencia a realizar un fin. Esto es lo que podemos llamar más técnicamente que la función crea al órgano. Esto no es admisible desde el punto de vista ni científico ni filosófico. La introducción de fines e intencionalidades no es más que una visión antropomórfica de los hechos científicos. De todas formas la discusión de la finalidad, más técnicamente podemos hablar de teleonomia, persiste en la actualidad en formas muy complejas. No podemos rechazarla del todo, aunque por mi parte considero que es errónea y no tiene justificación ni científica ni filosófica. Sólo podemos hablar de evolución finalista en el ámbito de la evolución cultural del hombre. Y es ésta una de las diferencias importantes entre nuestra evolución biológica y la cultural; la primera carece de fines mientras que la segunda es, en parte, intencional. Por supuesto que no toda ella se puede explicar por la finalidad. Son interesantes las reflexiones al respecto de Basalla en su Evolución de la tecnología.

 

            Bien, pero en lo que ambas teorías coinciden es en el origen común de las especies, por un lado y, por otro, que los cambios se producen de forma gradual. Como decíamos antes la idea de Darwin es anterior a él, pero no vamos a rastrear los antecedentes de la teoría de la evolución; en lo que nos vamos a fijar ahora es en los hechos qe llevaron a Darwin a la formulación de su idea revolucionaria. Hubo una serie de antecedentes, tanto teóricos, ideológicos y experimentales que influyen determinantemente para que cuaje en Darwin su idea. Pasemos ahora a un somero estudio de los mismos.

 

  1. la idea de la evolución estaba ya presente en la mentalidad de la época. Incluso algunos griegos, como Anaximandro postularon ideas evolutivas. Es famoso el concepto de la gran cadena del ser. Y también son conocidas las reflexiones que en el sigo XVIII se realizaron sobre la evolución y transformación de las especies. Como son también muy conocidas las ideas evolucionistas del abuelo del propio Darwin.
  2. de vital importancia es el viaje que realiza Darwin como naturalista del reino en el Beagle. Aquí tuvo la oportunidad de recoger muestras empíricas que le sugirieron la idea de la evolución. Entre ellas podemos mencionar algunas por su gran importancia. La recogida de fósiles de animales que ya no existen. La existencia de fósiles marinos en zonas terrestres. Las semejanzas y variaciones entre los animales de las costas y los de las islas cercanas. Y, por supuesto, mención especial merece las observaciones que realizó en las islas galápagos. Éstas las podemos considerar como un laboratorio natural de la evolución. Aquí es donde pudo captar que las especies varían en función de su adaptabilidad al medio. Las variedades entre especies cercanas tenían que ver con el cambio en el medio, lo cual requería de un proceso de adaptación. Eso es lo que ocurría con los famosos pinzones, que llevan su nombre, de pico largo y liso y los de pico curvo, producto de la adaptación al tipo de alimentos que tienen a su disposición. De tal forma que esto le sugiere la idea de adaptación y de lucha por la vida, en el sentido de supervivencia.
  3. la geología había aportado la existencia de fósiles que pertenecían a animales extintos lo que hace pensar que las especies no son fijas sino que cambian y se extinguen, mientras que otras surgen. Esto es una carga de profundidad contra el fijismo. Además los fósiles conforman lo que se llama el registro fósil que tiene que ver con el lugar que ocupan en las capas terrestres lo que nos da una idea del tiempo. También son importantes estas investigaciones en geología que nos permiten pensar que la edad de la tierra es mucho mayor de lo que la tradición religiosa suponía, unos cinco mil años. La edad de la tierra es algo muy importante para poder explicar el lento proceso de la evolución. En definitiva, la geología nos mostró que la tierra, y la vida sobre ella, era cambiante y que, además, nos encontramos con un registro fósil de animales extintos, pero, en algunos casos, similares a los actuales.
  4. otro ámbito de las ciencias que colabora a que cuaje en la mente de Darwin la evolución es el desarrollo de la anatomía comparada. Los estudios que se venían haciendo desde hacía pocos siglos nos sugerían que, desde el punto de vista anatómico, existen similitudes entre las diferentes especies, existiendo mayor similitud cuanto mayor cercanía tenían en la clasificación de las especies de Linneo. Esto sugiere la idea de cambio gradual y rechaza el fijismo como una teoría obsoleta.
  5. otro hecho importante que hay que mencionar es el conocimiento que tenía Darwin de la cría del ganado. Tanto el ganado, como los animales domésticos, como la agricultura son productos del hombre. Lo que ha hecho el hombre, con su intervención, es modificar los caracteres de estos seres vivos dirigiéndolos hacia los que él quería. Por tanto, el cambio es real y obedece a una presión que viene desde fuera. El salto que da Darwin con su teoría es que esa presión, en la naturaleza, es la selección natural que opera de forma inintencional y azarosa. La selección artificial del hombre, por el contrario, es intencional y direccional.
  6. una idea muy importante que tuvo, al parecer, según comentan los historiadores gran influencia, fue la lectura que hace Darwin de la obra del geógrafo de poblaciones Malthus. Este autor sugiere que el desarrollo de las poblaciones está directamente relacionado con los recursos alimenticios de los que contamos para mantener a la población. Así, el crecimiento de la población dependerá de la lucha de los hombres por los alimentos. El problema, en palabras de Malthus, es que la población crece en una progresión geomética, mientras que los alimentos lo hacen ne forma aritmética. Esto nos lleva a un colapso y a una lucha por la vida de la que saldrán vencedores los más aptos. Es decir, la lucha por la existencia sería la que garantizaría la supervivencia de los más aptos, que serían los más fuertes. Esta idea maltusiana tuvo gran influencia en Darwin, sobre todo en su primera obra, el origen de las especies, aunque no reduce la selección natural a la lucha por la existencia. Darwin reconoce los mecanismos de cooperacion entre los miembros de un mismo grupo. Además, el problema, a mi modo de ver, de la lucha por la existencia, procede de una extrapolación antropomórfica. Cuando hablamos de la lucha entre los hombres para sobrevivir por medio de la obtención de los recursos, estamos en el ámbito de la evolución cultural. Y, como hemos dicho, en la evolución cultural tienen lugar mecanismos intencionales o finalistas y, en el caso del hombre, aparece la violencia, que no es más que una manifestación cultural de una base genética con la que contamos que es el de nuestra agresividad innata, como animales cazadores y recolectores que somos. Pero que los bienpensantes de izquierda no se lleven las manos a la cabeza con mis últimas palabras, somos agresivos pero somos altruistas, en la medida que somos animales sociales y necesitamos de la supervivencia del grupo, por medio de la cooperación, para que sobreviva el individuo. Aunque esto es lo que llaman los sociobiólogos actuales el altruismo recíproco: tu me rascas la espalda yo te rasco la tuya. Toda acción tiene una repercusión beneficiosa sobre el individuo. Cooperar es favorecer al grupo y al individuo. Y esto es la simbiosis, no hay evolución sin el grupo ni evolución del grupo sin el individuo. Pero, en fin, esto forma parte de las interpretaciones ideologizadas que hubo y que sigue habiendo del darwinismo. Lo que sí es cierto es que la idea de Malthus tuvo un gran peso en Darwin, pero, así mismo, la evolución no sólo se reduce a la lucha por la vida. Cuando hablamos de lucha por la vida hablamos en términos antropomórficos. La lucha por la existencia, que la podemos entender desde el concepto de adaptación y selección natural, no es algo ni consciente, ni intencional, no hay violencia. Esto es muy importante. Algunos animales, los depredadores, fundamentalmente, son agresivos, pero ninguno es violento. Esta discusión que ha habido no es más que fruto de la confusión entre estos dos niveles, por un lado y, por otro, los intereses ideológico políticos, tanto de la izquierda como de la derecha. Por eso podemos hablar de que ha habido una izquierda y una derecha darviniana. A mi modo de ver ambas visiones son ideológicas y perversas en sus consecuencias. Además de que nos ofrecen una visión muy reducida de la gran complejidad del darwinismo y la evolución. Por supuesto que las primeras interpretaciones que triunfaron son las liberales de derecha que entendieron la lucha por la vida como motor de la evolución del que hablaba Darwin, como la lucha por la existencia de los individuos en una sociedad competitiva, regida por el mercado y el egoísmo individual en el que cada cual buscaba únicamente su propio interés. Intentaron extrapolar una idea darwiniana, simplificada y falsificada, para justificar la legitimidad de un liberalismo económico salvaje, además de justificar la ideología del racismo, la xenofobia, etc. Puede interpretarse esto como una justificación política de la desigualdad y el lessez faire, por un lado, y, por otro, como una reacción a los ideales ilustrados de libertad, igualdad y fraternidad. Pero la verdad, como hemos dicho, y como el desarrollo de la biología posterior corrobora, no confirma, de ningún modo, esta interpretación. En la evolución hay que contar con los grupos y con los ecosistemas. Es fundamental entender la noción de sistema y simbiosis para entender la evolución. Uno de los pasos fundamentales en la evolución fue precisamente un fenómeno de simbiosis (cooperación) la aparición de la célula eucariota, como demostró la denostada durante cierto tiempo Lynm Margulis. Ahora bien, el hecho de que exista simbiosis y cooperación grupal en el fenómeno de la evolución, eso no implica tampoco la justificación de las interpretaciones comunitaristas de la izquierda que beben en las fuentes roussonianas del buen salvaje. La propia antropología y la biología demuestran que nada más lejos del hombre que eso del buen salvaje, mito donde los haya. Si de alguna manera hemos mejorado es por nuestros esfuerzos culturales. Somos, como depredadores, agresivos, como animales sociales, cooperativos y como animales culturales, altruistas, pero también violentos. Negar esto es negar la evidencia de la historia del hombre y del mundo que nos rodea.

 

Bien, después de este excurso a partir de la obra de Malthus y de su repercusión en Darwin, volvamos a la teoría de este último. Darwin tardó veinte años, después del viaje en el Beagle, en ordenar todas sus observaciones y en postular una idea general que pusiese orden en esa variedad. La tardanza no sólo fue debida al cúmulo de datos con el que contaba y a la dificultad para perfilar la idea universal que ordenaba estos datos bajo una teoría única; sino que también nos encontramos con el peso de la tradición. La idea creacionista era el pensamiento hegemónico durante siglos, y tenía un tremendo poder en la época, curiosamente renacido en la actualidad, pero esto lo analizaremos después. La idea de Darwin era una idea peligrosa, conmovía, o, mejor, derrumbaba los cimientos de la tradición occidental: la religión y la idea creacionista en la que ésta se basa. Sólo cuando conoce las ideas de Walace, iguales que las suyas, se decide a publicar su obra. En ella no se menciona al hombre, solo doce años después escribe el origen del hombre. Pero lo que sí está claro es que lo que valía para las demás especies, era válido para el hombre. El hombre queda desbancado, para siempre, sine die, del centro de la creación. El sentido de la religión y de la creación del hombre se sumergen en la historia de la superstición. Hemos encontrado una explicación natural para el origen del hombre y de las demás especies. Ya no necesitamos argumentos ganchos basados en la trascendencia, nuestros argumentos son argumentos grúas, que dice Dennet en La peligrosa idea de Darwin. Intentamos explicar los fenómenos desde la propia naturaleza y basándonos en el poder limitado de la experiencia y la razón.

 

      Pero pasemos ahora a ver un poco más detenidamente la teoría de Darwin y los problemas a los que se enfrentaba. Como dije los mecanismos básicos de la evolución, como diría Jacque Monod en el XX son el azar y la necesidad. Pero, ¿cómo expresaba esto Darwin? Para Darwin todas las especies tenían un origen común y las especies actuales habían evolucionado gradualmente por mutaciones accidentales y selección natural. Nótese la tesis gradualista que le va a plantear problemas a Darwin y a los neodarwinistas actuales. Los cambios se producen accidentalmente, deben ser muy pequeños, y la naturaleza selecciona los más aptos. La selección es la adaptación o supervivencia. Un cambio que se produce al azar y que no es funcional no será viable y al no llegar a la reproducción se extinguirá. El cambio que sea una buena prestación funcional es seleccionado positivamente y tendrá la oportunidad de llegar a la edad evolutiva y perpetuarse. Adviértase que la selección es ciega y que los cambios son accidentales. No hay lugar para la intencionalidad. Y, por tanto, la lucha por la existencia la podemos entender como una metáfora antropomórfica. Así que de un plumazo Darwin elimina el antropomorfismo, la finalidad e intencionalidad, y la necesidad de un ser superior que explique la evolución de las especies incluido el hombre. Además el hombre formaría parte del árbol de la evolución: una ramita más, una especie más. Profundizaremos más adelante sobre esta idea. Lógicamente con estas ideas la polémica estaba servida. Los cimientos de la cultura occidental se hunden. Por eso la idea de Darwin sigue siendo todavía peligrosa como veremos más adelante. Hubo críticas por todos los lados a la evolución que las podemos dividir en dos ámbitos: religiosas-filosóficas y científico técnicas. De las primeras ya hemos hablado algo.

            Como ya hemos tratado el asunto de la religión y lo veremos de nuevo más adelante vamos a ceñirnos ahora a las dificultades científico técnicas que planteó en aquel momento el evolucionismo darwiniano. Dos son fundamentalmente estas objeciones. La primera de ella es el que Darwin no habla para nada ni de en qué consisten esos cambios que se producen al azar, por un lado, ni de cómo se heredan de unos individuos a otros. Verdaderamente Darwin no tiene respuesta para esto; habrá que esperar a la genética mendiliana y al desarrollo de la genética y la biología molecular del siglo XX  para obtener respuesta a este asunto. Lo que sí es cierto es que la teoría de Darwin era correcta, lo que sucedía es que podemos considerarla que en aquel momento sería una teoría de la caja negra. No conocíamos lo que ocurría dentro de esa caja...pero con el tiempo se fue convirtiendo en una caja traslucida. En realidad es cierto lo que decía Darwin, se producen cambios al azar, mutaciones que llamamos hoy, y estas mutaciones se heredan de padres a hijos. Los mecanismo, pues, no los pudo ni vislumbrar. Como digo el que inicia la respuesta es Mendel. Mendel es el que establece la herencia de los caracteres. Descubre que existen unas leyes universales que determinan esta herencia. Mendel no se dio cuenta del alcance que esto tenía para la teoría de la evolución. También el hallazgo de Mendel pasó desapercibido para la comunidad científica. Sólo treinta años después De Vries redescubre las leyes mendelianas y la teoría de las mutaciones genéticas. Y con esto se iniciaría el neodarwinismo y la segunda parte de la respuesta a la primera crítica a la teoría de Darwin. Hubo que esperar al descubrimiento de los genes y de su estructura molecular y el ADN como replicante de la herencia para adentrarse en los entresijos de la caja negra planteada por Darwin. Pero, como digo, ello constituirá el neodarwinismo.

 

            La segunda crítica, de una importancia vital, es el problema del salto en el registro fósil. Lo que mantiene el evolucionismo y que señalé antes es que el proceso de la evolución es gradual. Ahora bien, nos enfrentamos con un problema muy serio. En el registro fósil nos encontramos con lagunas tremendas. Hay saltos, no se contempla una graduación como predice la teoría. Insisto en que esto es un problema grave que tuvo la teoría en su momento y que lo sigue teniendo. Las soluciones a este problema hoy en día vienen desde la biología molecular y la genética. Pero antes de abordar éstas, muy someramente, vamos a ver cómo se enfrentaron a este problema en la época de Darwin. Los fijistas creacionistas lo consideraron como una refutación del evolucionismo gradualista. Pero estos, a su vez, se encontraban con la dificultad de explicar la existencia de fósiles de animales extintos, así como la de animales marinos en zonas terrestres. Aunque para solventar este problema acudieron a la teoría catastrofista. Pero esta teoría servía para los creacionistas y para los evolucionistas. Veamos en qué consiste.

 

            Los partidarios del catastrofismo argüían que a lo largo de la historia de la tierra se habían dado una serie de catástrofes que habrían producido una extinción masiva de seres vivos, tras la que se produciría después una nueva creación. Estos cataclismos que provocaban estas intensas extinciones explicaban la existencia de fósiles así como la existencia de fósiles marinos en tierra. Con esta teoría los creacionistas querían dar cuenta del registro fósil sin necesidad de admitir la evolución. Además, como los fijistas eran creacionistas, defendían una interpretación literal de la Biblia. Aquí nos encontramos dentro del paradigma medieval en lo concerniente a la relación entre la razón y la fe. La teoría ortodoxa sobre este tema viene a decir que la razón está subordinada a la fe en dos sentidos. En primer lugar, lo que se dice es que la razón no puede ir más allá de la verdad revelada. En segundo lugar, se nos dice que la razón, usada rectamente, sirve para esclarecer las verdades de la fe. Nos encontramos aquí en el mismo caso que con la teoría heliocéntrica. El paradigma tradicional nos viene a decir que la verdad ha sido revelada en las escrituras; y en éstas se nos dice que la tierra junto con los animales han sido creados por dios desde un principio. Y que el hombre, tal y como es, ha sido creado a imagen y semejanza de dios desde el principio de los tiempos. Y esto es la verdad, porque la Biblia ha sido revelada por dios al hombre y dios es la verdad. Éste es el paradigma antiguo que nos describe cual es la imagen del mundo aceptada y el pensamiento hegemónico. Pues bien, es en la misma Biblia en la que se nos informa de la existencia de una catástrofe universal: el diluvio universal. Ya las escrituras hablan de la existencia de estos cataclismos o catástrofes. De tal forma que los fijistas y creacionistas se unieron a esta interpretación para salvar su teoría.[1] Pero la teoría catastrofista también serviría para los partidarios del evolucionismo. Las catástrofes explicarían los saltos en el registro fósil que es el talón de Aquiles del evolucionismo. Las grandes catástrofes universales explicarían las grandes extinciones de animales y por tanto los saltos entre especies. Ahora bien, tenemos el problema de que no encontramos los restos fósiles de los animales intermedios. Como digo esta crítica es de gran calado y llega hasta nuestros días. Una de las soluciones actuales a esta crítica viene de la mano de la genética y de la biología molecular. La desarrollaré someramente. La referencia bibliográfica es la obra de Javier Sanpedro Deconstruyendo a Darwin. Una interpretación de la teoría de la evolución desde la nueva genética. La argumentación de esta obra es ejemplar. Comienza planteando el problema fundamental del neodarwinismo, del que hablaremos más adelante, que es el ya mencionado problema del registro fósil. Pero desde el principio en la obra hay en la intención de Sanpedro un intento de luchar contra la teoría ortodoxa del darwinismo. En definitiva, lo que nos viene a decir es que en torno a la teoría darvinista se ha creado toda una escolástica en el siglo XX que dificulta la crítica porque consideran el neodarwinismo una verdad incuestionable. Y es esta postura irracional y anticientífica la que les lleva a negar los problemas planteados a la teoría y las posibles soluciones planteadas por científicos más heterodoxos. Los darvinistas quieren explicar todos los procesos evolutivos por medio de la adaptación o la selección natural; pero la verdad es que pueden existir otros mecanismos propuestos, por ejemplo por la teoría del equilibrio puntuado, el neutralismo o la propia teoría modular de Sanpedro que además tienen la virtud de solucionar los problemas del darwinismo, sin salirse del esquema básico de la teoría. Lo único que niegan estas alternativas heterodoxas es que la selección natural no es el único mecanismo que explica la evolución de las especies, pero de ninguna manera lo eliminan. La argumentación empieza con la teoría de Lynm Margulis sobre el origen de las mitocondrias. Lo que esta bióloga propuso es que el origen de este organúsculo celular procedía de una bacteria, lo cual nos hace pensar que hubo una simbiosis entre ambas bacterias que dio lugar a la aparicion de las mitocondrías. Esta teoría fue durante largo tiempo rechazada porque iba en contra del pensamiento homogéneamente aceptado del neodarwinismo que no admitía más mecanismos de cambio que el de la adaptación y la selección natural. De igual manera se podría explicar el primer gran salto evolutivo del que no tenemos registro que es el paso de las células procariotas a las eucariotas (sin núcleo, con núcleo). Lo importante de esta teoría, hoy en día bastante corroborada es que uno de los mecanismos de la evolución es la simbiosis, no la lucha por la existencia. Desde luego, y esto es más sutil, es que la selección sí jugaría un papel posterior. Sanpedro nos propone, por su parte, recomiendo acceder a su obra de una argumentación lógica y técnica impecable para llegar a los datos completo, lo que yo voy a hacer aquí es formular su idea general, es que el problema de los saltos se podría solucionar desde la genética. Una vez que tenemos las bacterias primitivas tubo que aparecer un ser al que denomina urbilateria que contendría toda la información genética de alguna manera. Previamente nos explica lo que son los genes Hox y su funcionamiento, así como los experimentos con la mosca de la fruta que al variar ciertas parte de sus genes Hox producen cambios espectaculares en la morfología del insecto. Lo que nos viene a informar de que ciertos genes codifican grandes transformaciones de los seres, y que estos son universales, estarían en todos los animales, es nuestra herencia genética. De ahí surgiría su teoría modular. Los cambios o mutaciones se producen en módulos genéticos y afectan a formas complejas de la morfologías de un ser. Pero esta información genética la tendríamos desde los primeros seres primitivos denominados urbilateria. Esto explicaría que realmente no hay saltos en la evolución, al menos en lo que se refiere al ámbito genético, hay cambios modulares que implican diversos genes y estos tienen efectos morfológicos cuantitativamente elevados. En palabras de nuestro autor:

 

            …a base de palos propinados por la experiencia de que, al menos algunas de las principales innovaciones biológicas de la historia de la tierra tienen un mecanismo causal no darvinista, no explicable por la lenta acumulación de pequeñas mejoras adaptativas. He llegado a la convicción científica de que esas adaptaciones tienen una naturaleza modular; consisten en la incorporación, o en la nueva utilización de módulos genéticos completos y previamente funcionales….

            ¿qué quiero decir por evolución modular? Ya hemos visto los dos mejores ejemplos. El origen de la célula eucariota fue un caso esencial de evolución modular, como ha demostrado (sobre todo) Lym Margulis por encima de toda duda razonable.” pp. 137-138

 

            En definitiva, entonces, lo que nos muestra Sanpedro apoyándose fundamentalmente en Margulis y en la investigación posterior de los genes Hox, es que se producen cambios genéticos que condicionan un módulo completo y que en sí mismo son ya funcionales. Después vendría la selección natural. Por tanto, lo que pretende explicar es la cuestión de los saltos. La teoría ortodoxa neodarwiniana habla de acumulación progresiva de pequeños cambios, pero esto no podría explicar los saltos. En conclusión lo que podemos decir es lo siguiente. Por una parte Márgulis acude a mecanismos, como es el caso de la simbiosis, que explican la aparición de nuevos seres y, por otro, Sanpedro, conociendo la funcionalidad de los genes Hox, nos informa de que un cambio en estos que regulan todo un módulo genético que es funcional podría explicar el gran salto que se produce entre especies. La selección tendría un papel, pero no el principal.

 

            Además esta teoría explicaría la crítica que podemos denominar el argumento matemático. En la época de Darwin se venía a decir que la edad de la tierra era tan corta que sería imposible que por pequeños cambios apareciese ni siquiera un órgano nuevo, mucho menos, una especie. El argumento es serio y lo retoma en el siglo XX Salet en su obra Azar y certeza, criticando la de Monod, Azar y necesidad. La tesis que mantiene es que la teoría de la probabilidad nos viene a decir que se necesitarían una cantidad de años superior a la edad del universo para que apareciese un solo órgano. Esta crítica sería asumible, aunque no aceptada, porque la probabilidad puede ser entendida desde otras perspectiva, como la teoría de las propensiones de Popper, la teoría del caos y la teoría de Prigogine de las estructuras adaptativas disipativas. Lo común de todas ellas, aunque no tenemos espacio para desarrollarlas, es que el orden emerge del desorden o el caos. Nosotros refutaremos esta crítica desde la evolución modular. Si por una parte admitimos que la evolución se produce también por simbiosis y que la mutación de un módulo genético funcional afecta a grandes cambios ya no necesitamos el inmenso tiempo que sería necesario por la acumulación de pequeños cambios graduales. Por lo tanto, con la teoría genética modular explicamos varias cosas muy importantes. Primero, la selección natural no es el único mecanismo que explica la evolución, también contamos con la simbiosis. Segundo, la evolución modular a partir de genes funcionales explica la aparición de seres vivos absolutamente distintos morfológicamente y, para ello, además, no nos hace falta un tiempo ilimitado. La selección natural no desaparece, sino que actuaría después de las mutaciones producidas en los genes modulares con virtualidad funcional. A mi manera de ver es una de las teorías más interesantes que resuelve los problemas más fundamentales del evolucionismo. Además aquí ya no caben las interpretaciones ideologizadas de las que hablábamos antes. La selección natural o adaptación ya no es el mecanismo fundamental, por tanto, la metáfora antropomórfica de la lucha por la existencia ya no nos sirve. Lo que sí habría que añadir ahora es el concepto de evolución de grupo. Pero ese es el tema que habrá que abordarlo en Dawkins y su gen egoísta y en Wilson y la sociobiología.

 

El neodarwinismo la crítica de Gould y el neutralismo.

 

         Aunque en lo último que hemos venido diciendo ya hemos hecho una crítica al neodarwinismo aún no lo hemos explicado en su conjunto. Hemos procedido a esa critica porque procedía de las críticas que se le hicieron a Darwin y que se desarrollaron en el siglo XX. El desarrollo del neodarwinismo tuvo lugar en los años treinta y se culminaría con el descubrimiento del ADN y su estructura por Watson y Crick. El primer antecedente lo encontramos en Mendel. Este autor consigue explicar las leyes que rigen la herencia de los caracteres, cosa que como dijimos, Darwin no podía hacer. Pero el redescubrimiento por parte de de Vries de estas leyes y de las mutaciones daría paso a la formulación del neodarwinismo por parte de Ayala y Dolbzanski en la que se unía el ámbito microbiológico con el macrobiológico. La genética con la selección natural. Desde la teoría neodarwinista se sintetizan lo que van a ser considerados como los elementos básicos de la evolución. Son cuatro los mecanismo:

 

1 Micromutaciones. Estas tienen lugar en los genes, en la estructura del ADN en la que reside la información de cómo ha de ser un ser. Son sin causa, azarosas, errores en la transcrición, por radiaciones, en fin, aleatorias.

2 Recombinación genética. Las mutaciones producidas deben pasar la criba de la adaptación al entorno bioquímico en el que se han producido, pueden ser rechazadas, reparadas o se produce una recombinación genética, con lo que tendríamos un cambio genético que aparecerá en el fenotipo.

3 Selección natural. Una vez que el cambio aparece en el individuo éste ha de soportar la presión del medio. Si ese cambio es funcional el ser que lo ha sufrido sobrevivirá y se reproducirá heredando por las leyen mendelianas sus descendientes el nuevo carácter. Si no es viable no habrá reproducción y la mutación se extinguirá con el individuo.

4. Asentamiento de la especie. Una vez que el individuo ha sobrevivido y la mutación se manifiesta favorable han de transcurrir muchas generaciones para que esa nueva mutación (o conjunto de muchas mutaciones progresivas) se asienten como especie.

 

            Bien, estos son en esencia los mecanismos postulados por el neodarwinismo. Podemos observar varias cosas. En primer lugar habría una selección natural que actúa a nivel microbiológico y otra a nivel de individuo, primero, y de grupo, después. En segundo lugar los cambios se producen al azar, son pequeños y graduales. La acumulación de muchos de estos, más la selección del grupo (asentamiento de la especie) da lugar a la aparición de nuevas especies. Pues bien esta es la teoría ortodoxa aceptada con casi total homogeneidad por la comunidad científica. Nosotros ya hemos hecho la crítica desde la teoría de la simbiosis de Margulis y desde la teoría modular a partir de esta teoría; en concreto, a la que se refiere a la acumulación de cambios graduales y progresivos y, por otro, al poder omniexplicativo de la selección natural. Pero nosotros vamos a ir más allá, vamos a analizar la ideología filosófica que subyace al neodarwinismo; y, para ello, vamos a seguir de la mano del paleontólogo Gould. Este autor ha sido una de los máximos difusores y divulgadores del evolucionismo. Ha luchado contra la superstición y el creacionismo. Ha ganado, junto con el filósofo de la Biología Michel Ruse, casos ante los tribunales frente a los creacionistas que querían impedir que el evolucionismo se enseñase en las aulas. Pero, por otro lado, la comunidad científica lo ha considerado un hereje por su interpretación de la teoría de la evolución. Es decir, que entre sus colegas no gozaba de la misma simpatía que entre un público más amplio y menos especializado. A mi modo de ver, independientemente de que Gould tenga más o menos razón, yo veo más que menos, creo que el problema viene de la interpretación ortodoxa que se hace del darwinismo que le impide ver los problemas y solucionarlos. Las polémicas de Gold con los ortodoxos evolucionistas han sido tan arduas como con los creacionistas, lo cual me hace pensar que en ambos grupos hay cierto fanatismo que impide la sana actividad crítica del desarrollo de la ciencia.

 

            Desde el punto de vista técnico, la propuesta de Gould junto con Lewontín es lo que se ha dado en llamar la teoría evolutiva del equilibrio puntuado. Para los neodarwinianos los cambios tiene que ser funcionales y adaptativos. Todo cambio seleccionado respondería a una función y se mantendría seleccionado en tanto que desempeñe esa función; lo cual nos llevaría a una evolución progresiva y adaptativa de las especies. Para el equilibrio puntuado de Gould las mutaciones son selecionadas en un primer momento y permiten la adaptación de la especie; pero no todas las mutaciones son funcionales en el sentido de adaptativas, muchas de ellas son mera floritura, sin funcionalidad, aunque en un futuro pueden encontrar cierta funcionalidad. Una vez que se produce la adaptación se produce un equilibrio. Éste, junto con el anterior, es otro punto de desacuerdo con el neodarwinismo. No hay una evolución progresiva de la especie, sino un equilibrio puntuado en el que la especie perdura durante cientos de miles de años permaneciendo igual produciéndose a su vez el fenómeno de la deriva genética. Esta teoría influirá en el neutralismo de Kimura. Para el neodarwinismo las mutaciones pueden ser buenas o malas, en el sentido de si son o no funcionales, por tanto adaptativas o no. El neutralismo considera que toda mutación es neutra, la adaptabilidad o no es accidental. E, incluso, las mutaciones, sino causan perjuicio pueden perdurar y ser heredables. Creo que las críticas de Gould y de Kimura y Levontin son muy interesantes porque atacan a un sustrato filosófico, quizás de origen lamarkiano, de la evolución. Cuando el neodarwinismo habla de acumulación de cambios graduales progresivos y funcionales como aquellos que producen la evolución, está, de alguna manera, introduciendo el concepto de finalidad en la evolución. Parece que se está diciendo que todo tiene que tender a un fin (lo llaman función). Por mi parte estoy con Gould y con Kimura. Los cambios son neutrales y la funcionalidad es accidental.[2]

 

            Y esto último nos lleva a otras ideas filosóficas y metafísicas que subyacen a la evolución. A la base del neodarwinismo nos encontramos con la idea de progreso en el sentido de complejificación de los organismos y con la idea aparejada a la anterior de direccionalidad. Se tiene el prejuicio de que la evolución tiene un sentido y una dirección que es el de la complejificación de los seres vivos que van apareciendo. Pero esto no es más que ideología predarwiniana y de origen cristiano. El sentido de la complejificación sería el de la perfección. De nuevo lo que sucede aquí es que tenemos una visión antropomórfica de la teoría de la evolución. Si bien es cierto que el proceso de la evolución produce organismos cada vez más complejos, organizativamente, lo que no es cierto es que esto sea una tendencia natural. Si esto fuese así tendríamos que hablar de que existe una finalidad en la evolución y si eso fuese así tendría que haber un diseñador. Esta interpretación a los partidarios del diseño inteligente les viene de perlas. No hay ningún diseño, ni inteligente ni torpe, hay, como decía Monod, azar y necesidad. La complejificación es un hecho, evidentemente, algo que hay que explicar, pero no es el sentido de la aparición de las especies. Además resulta que se asocia a la complejidad una idea filosófica-teológica que es la de perfección. Todo esto son prejuicios filosófico-teológicos de los científicos como estoy tratando de demostrar. El hecho de que exista una complejificación de las especies a lo largo de los 4.000 millones de años de evolución no quiere decir que no sigan existiendo los seres unicelulares como las bacterias sobre la tierra, además colonizando todos los habitats ecológicos, hasta los más insospechados. Ahora bien si entendemos perfección como adaptabilidad pues resulta que los seres más adaptables son los más simples, las bacterias, que tienen más de 3.500 millones de años de antigüedad y han sobrevivido a todos los cataclismos. Si desde el punto de vista biológico equiparamos adaptabilidad con perfección, los seres más perfectos serian las bacterias. Por tanto, la evolución no tiene ningún sentido ni dirección. Cuando hablamos de dirección y sentido en la evolución el prejuicio que nos mueve es el de considerar al hombre como la culminación de la evolución, el ser más complejo y más perfecto. Ahora bien, pero, ¿qué es esto sino más que la idea bíblica de que el hombre es el rey de la creación hecho a imagen y semejanza de dios? No hay ni dirección ni progreso en la evolución. El hombre, efectivamente, es el ser vivo más complejo, pero desde el punto de vista de la adaptabilidad, no es el más perfecto. Como sapiens sapiens sólo tenemos 60.000 años. Estamos muy lejos del record de las bacterias.[3] Lo que tenemos que tener en cuenta es la noción de árbol de la evolución. El sentido de la evolución es arbóreo, no lineal. Cada rama u hoja representa a una especie, que, mientras que sobrevive, está perfectamente adaptada. Todas las especies existentes no extintas son en, este sentido, iguales y equivalentes, incluido el homo sapiens sapiens. No somos ningún caso particular de la evolución ni el resultado de una tendencia dirigida como piensan los nuevos creyentes del diseño inteligente, que nos quieren colar el creacionismo y la trascendencia con el disfraz de la ciencia. Esta idea socava definitivamente la idea de que el hombre ocupa un lugar privilegiado en la naturaleza. No somos más que el producto del azar y la necesidad, absolutamente equivalentes a otras especies. Por supuesto que nosotros hemos creado una doble naturaleza que es la cultura de la que dependemos, pero esto no nos hace ni mejores, ni más perfectos, ni los elegidos, ni garantiza nuestra perpetuidad. Podríamos no haber aparecido y desapareceremos como lo hacen las demás especies. Nuestra existencia es accidental y no central, la evolución no es consciente. El valor que tenemos es fruto de nuestra cultura, esa doble naturaleza. Y lo debemos aprovechar en el sentido en el que debemos de vivir en comunidad con el resto de la biosfera. Siempre suelo citar el ejemplo de los dinosaurios para captar el lugar que de accidental tiene nuestra existencia. Los dinosaurios se extinguieron de forma masiva y súbita hace 65 millones de años, habitaron la tierra durante 250 millones de años; pero esto no fue garantía para su persistencia. Pero el hecho de que los dinosaurios se extinguiesen fue el hecho determinante para que apareciesen los mamíferos, de los que procedemos nosotros. Desde los primeros mamíferos hasta nosotros se han dado multitud de accidentes que hicieron posible, de forma azarosa y causal, la aparición del homo sapiens sapiens. Podríamos perfectamente no haber aparecido, era lo más probable. Estar aquí es algo absolutamente accidental. Y saber que algún día dejaremos de estar es algo cierto. Esta imagen del hombre lo pone en el lugar que debe estar. Elimina absolutamente el sentido de la trascendencia y el sentido de la vida. Los discursos desde la trascendencia no son más que cuentos para intentar dotar de sentido a nuestra existencia. La peligrosidad de la idea de Darwin es recalcar que el hombre es un ser más, como otro cualquiera, de la naturaleza. Ahora bien, somos seres biológicamente abiertos, producimos y generamos cultura. Y ésta procede de que tenemos necesidad de dotarnos de sentido porque éste no viene determinado por nuestra condición biológica. Ahora bien, de nosotros depende que el sentido sea el de la honestidad y la fraternidad con los demás hombres y con el resto del planeta que habitamos y que es la nave en la que vamos todos. Esta idea nos baja del pedestal de la trascendencia y nos naturaliza. Nos puede servir como idea filosófica que subyace a un pensamiento ecológico sano y que como seres autoconscientes y morales que somos, con sentido de la responsabilidad nos ocupemos del cuidado del planeta, que es la última garantía de nuestra persistencia. De esta visión ontológica y antropológica que debe sustituir al paradigma anterior en el que el hombre es el ser más importante (este paradigma lo encontramos en el cristianismo, en las ideologías utópicas de la política, en la utopía del progreso de la tecnociencia y en todas las ideas megalómanas del ser humano) debe surgir una ética y una política consecuente. Esta interpretación de la evolución, que pone al hombre en su lugar, unido al problema socioecológico en el que nos encontramos sumido, abre las puertas a la necesidad de un cambio de paradigma que haga posible la perdurabilidad del hombre sobre la tierra en este momento de encrucijada y desazón.

 

El gen egoísta de Dawkins, la sociobiología y la ética.

 

            Uno de los mayores defensores del neodarwinismo también tiene una visión particular de la evolución. Su idea coincide con la postura neodarwinista en el sentido que defiende que los cambios se producen de forma gradual, no admite la teoría de Gould y, como dijimos, las discusiones entre ambos fueron tremendas. La visión de Dawkins tiene dos dimensiones: su radicalidad en el reduccionismo genético, por un lado y, por otro, las consecuencias culturales que saca del darwinismo, sobretodo desde el punto de vista de la crítica a la religión. Dawkins populariza su pensamiento en lo referente a la evolución en dos obras. La primera de ellas y la más conocida es El gen egoísta; a ella le sigue el relojero ciego. Y hace un par de años publicó una obra que es una diatriba contra los partidarios del creacionismo y el diseño inteligente; así como una crítica a cualquier visión que admita la trascendencia después de la idea de Darwin, La ilusión de Dios. Vamos a pasar a comentar ahora, a grosso modo su pensaiento.

 

            Su idea central es la que desarrolla en el gen egoísta. Aquí lo que realiza es una reducción de la evolución al ámbito de la genética. Su tesis central es que la evolución no tiene nada que ver ni con los individuos ni con los grupos, ni con las especies. La evolución es sólo genética. Lo que evolucionan, desde las macromoléculas primitivas con capacidad de autorreplicación, son los genes. En un principio lo único que había eran genes o moléculas orgánicas con capacidad de autorreplicación. Estas moléculas orgánicas replicantes “inventan” artefactos que las salvaguarden, que sirvan como vehículos para su reproducción o autorreplicación. De tal manera que lo que podemos decir es que la evolución es la evolución de los genes que “producen” artefactos que les sirven como vehiculo de transmisión genética. Es decir, que los organismos –es decir, todas las especies- se pueden concebir como máquinas de supervivencia de los genes. Los que pretenden sobrevivir son los genes. En realidad, la antigüedad de los genes de cualquier ser vivo es de 3.500 millones de años; la historia de la evolución lo que ha hecho ha sido preservarlos. Los organismos, incluido el hombre, hay que entenderlos como máquinas de supervivencia de los genes. De tal manera que, según la interpretación de Dawkisn el peso de la evolución se lo llevan los genes, estos son los que han sobrevivido a lo largo de toda la historia de la evolución; tanto los individuos como las diferentes especies han desaparecido. Desde este punto de vista sí es necesario darle la razón a Dawkins; pero lo que sucede es que su tesis es excesivamente reduccionista. Comparto que lo único que se mantiene, por el momento, de la historia de la evolución son los genes. Que los individuos son envolturas que sirven como vehículo de transmisión de los genes. Pero hay un problema y es el problema del reduccionismo y la emergencia. No estoy, de ninguna manera de acuerdo con los que dicen que la interpretación de Dawkins del gen egoísta es una interpretación ideologizada que tiene como objetivo una exageración del individuo. Estos no han entendido para nada lo que dice el biólogo, ni mucho menos el sentido de que lo que dice es metafórico y no tiene una intención política. Para mí es un problema científico y filosófico. Desde el punto de vista científico, Dawkins olvida el asunto de la simbiosis del que hemos hablado antes. En su teoría del gen egoísta hay una apuesta por la selección natural y la lucha por la existencia como forma de expresión de esta. Es más, en Dawkins se confunden los niveles de la metáfora con los de lo puramente científico. En segundo lugar, hay un fallo filosófico, nos referimos al reduccionismo. No niego la importancia del ámbito genético en la evolución, es su base. Lo que digo es que cuado emergen nuevos niveles de realidad, como son el individuo, el grupo y la especie, aparecen cualidades nuevas que no se reducen a la base de la que proceden y que requieren de un estudio legal a parte. Por tanto, no niego la importancia de la evolución en el ámbito meramente de los genes, pero considero que atribuirles propiedades antropomórficas, aunque sea a título de hipótesis, nos puede llevar a engaños. Rigen leyes para los grupos y los individuos. Lo que quiero decir es que cuando emergen propiedades nuevas porque el nivel de organización ha aumentado empiezan a regir nuevas leyes; y esto es lo que ocurre en el caso de los organismos vivos. De todas formas una consecuencia antropológica importante sí que podemos sacar de aquí y es que el hombre vuelve a carecer de una importancia especial en el cosmos. Sería una máquina de supervivencia más. Dawkins puede estar equivocado con su reduccionismo genético y alimentar con su metáfora del gen egoísta la ideología del individualismo y el liberalismo; pero sí hay que concederle que no participa de la ideología que subyace a la interpretación ortodoxa de la evolución que hemos comentado más arriba en la que se identifica la complejidad con la perfección. Para Dawkins lo que envuelve a los genes son apariencias, no es lo importante, ya sea un humano o una lombriz. A Dawkins también se le debe el concepto de meme como sustrato de la evolución cultural. En el hombre distingue que se dan, por un lado, una evolución biológica, explicado como lo hemos hecho, y una cultural. Ésta última responde a un principio de finalidad, y la unidad básica de la evolución en lugar de ser el gen es el meme. Estas son unidades mínimas de información (ideas) que se transmiten de individuo a individuo y de generación a generación. La diferencia con los genes es que aparecen de forma intencional, pero una vez que están ahí se someten a las leyes de la selección natural.

 

            En la obra de El relojero ciego arremete contra los que argumenta la existencia de dios a partir del orden en los seres biológicos. Su tesis central es la imagen mecanicista desde la que se postulaba el deísmo. El universo es una máquina similar a un reloj mecánico. Pero para que este reloj exista se requiere de un relojero. Es decir, que habrá un diseñador. Los que mantienen esta tesis, en definitiva, lo que están manteniendo es la idea de la quinta vía, la de la causa final. En su última obra La ilusión de dios profundiza en estos argumentos arremetiendo contra los partidarios del creacionismo y del diseño inteligente. Esta obra ha sido acusada de superficial desde el punto de vista filosófico y teológico, ha sido considerada como una diatriba contra los creyentes, en fin, que para los creyentes, y, sobretodo si son filósofos, les parece una obra menor. Aquí tendría que hacer yo mi defensa de esta obra. Desde luego que comparto que los argumentos filosóficos que se esgrimen, tomados de la historia de la filosofa, son endebles y superficiales. Pero creo que no es en esto en lo que nos debemos fijar, sino en lo que emana de su argumentación científica. En definitiva, lo que nos viene a decir Dawkins como Dennet, es que la idea de Darwin elimina la necesidad de la trascendencia para explicar la existencia de la vida y en particular del hombre. Que, en definitiva, el hombre se reduce a la biología, y todo en él es explicable a partir del camino de la ciencia.

 

            Pasemos brevemente al tema de la sociobiología. La obra de Wilson Sociobiología produjo un gran revuelo entre los humanistas y, en especial, entre los filósofos. La verdad es que la obra de Wilson fue bastante malinterpretada. Las tesis de Wilson no eran tan reduccionistas como se pensaban. La lectura de los críticos fue superficial. Esto le llevó a escribir una segunda obra que es La naturaleza humana. De todas formas, las tesis fuertes de la sociobiología: reducción de lo social a lo biológico, aunque nunca lo defendió estrictamente Wilson, fueron abandonadas y sustituidas por la etología y la psicología evolutiva. En términos generales lo que venía a decir Wilson es que el comportamiento animal social estaba perfectamente reglado genéticamente. El individuo sobrevive en el grupo, y el comportamiento de los individuos viene marcado por la supervivencia del grupo. La colaboración que existe entre los miembros de un mismo grupo repercute sobre el bien del grupo, lo que en definitiva le viene bien al individuo. Wilson, como entomólogo que es pues consideró el conocimiento que él tenia de los insectos sociales. Su error, en parte, fue el identificarlos con las sociedades humanas. Hay diferencias ostensibles entre las sociedades de termitas u hormigas y las humanas. De todas formas, como modelos explicativos analógicos de lo que ocurre en las sociedades de humanes son interesantes, porque no podemos olvidar que somos biológicos, por muy culturales que también seamos. En definitiva, nuestro ser cultural es fruto de una condicionalidad biológica aunque no se reduzca a ésta. El problema filosófico que se plantea es el mismo que hemos comentado más arriba con Dawkins, el del reduccionismo. Todo reduccionismo es una falsificación de los hechos; ahora bien, todo reduccionismo es necesario para avanzar en el conocimiento de la naturaleza. Por eso, me parece que el intento de la sociobiología de reducir el comportamiento social humano al de los insectos y demás animales sociales, aunque en su extremo pueda ser erróneo, porque la complejidad de la organización humana dé lugar a propiedades nuevas que se rigen por leyes nuevas, ha aportado mucha luz sobre la conducta humana. Por eso estos estudios se han desplazado a la etologia (ciencia del comportamiento) y la psicología evolutiva. Una de las tesis fuertes que mantenía Wilson en su sociobiología es el hecho de que la ética debería de dejar de pertenecer al ámbito de las ciencias humanas y la filosofía y pasar al de las ciencias biológicas. Él pretendía reducir los comportamientos éticos a los comportamientos sociales de los animales sociales, particularmente, los insectos. Una de las críticas más fuertes que se le hacía a la sociobiología y también la etología en este sentido era la de la cuestión del altruismo. ¿Cómo sería posible explicar entonces el altruismo, fenómeno específicamente humano, si no tiene ninguna ventaja adaptativa? Bien, en primer lugar hay que decir que, tanto Dawkins como Wilson, están dentro del paradigma neodawiniano y consideran que cualquier comportamiento tiene que tener una función adaptativa. Si miramos esto desde la perspectiva del equilibrio puntuado o el neutralismo no caeríamos en este error. De todas formas el altruismo puede ser explicado socialmente. La cooperación con el otro reporta un beneficio para el grupo y el bien del grupo es un beneficio para el individuo. Es lo que hoy en día se conoce como el altruismo recíproco: tú me rascas la espalda yo te rasco la tuya. Todo acto, por muy altruista que parezca, incluso sacrificar la vida por otro, repercute en el bien de la comunidad, y el bien de la comunidad es el del individuo. Por tanto podemos explicar perfectamente las conductas altruistas desde el punto de vista del “egoismo” en el sentido de que todas repercuten en el bien común y por eso son seleccionadas. En definitiva representan ventajas adaptativas.

 

            No quiero yo reducir el ámbito de la ética al de la biología, al menos en lo que al ser humano se refiere. Estoy de acuerdo con que podemos rastrear los orígenes biológicos de nuestro comportamiento ético en los animales sociales y, sobre todo, en los primates. Considero que existe una continuidad en nuestra línea evolutiva y que nada nos hace especial. Ya he defendido esto antes. Ahora bien, como también defiendo que el reduccionismo es explicativo, pero erróneo, creo que la eticidad humana es una emergencia nueva, condicionada biológicamente pero no reductible a ella. La enseñanza que yo saco de esto es que debemos fundar una ética naturalista que elimine la trascendencia y, por tanto, la heteronomía. Esa ética naturalista debe explicarnos porqué nuestros principios morales más universales son, en última instancia, ventajosos para el grupo y la especie. En definitiva, nuestro desarrollo moral y político no son más que la respuesta de un mecanismo de supervivencia. Por eso, la ética, los valores, los derechos humanos son construcciones culturales, que arrancan de una base natural y biológica, que tiene como imperativo la supervivencia de la mayoría. No existe una validez ni un fundamento universal ni de los valores ni de los derechos; en definitiva con lo único que contamos es con un argumento pragmático histórico, como dice Marina, y, como sugiero yo, una base evolutiva: la tendencia a la supervivencia de la especie. El cumplimiento de los derechos humanos y de los valores universales que los fundan y el desarrollo de sociedades democráticas, cada vez más globales, son una garantía de la supervivencia de la especie. Como vemos estamos en la misma situación que cuando hablábamos de la cuestión del sentido desde la teoría de Gould. No existe un sentido trascendente del hombre (ni religioso, ni político, ni tecnocientífico…) sólo un sentido –imperativo biológico podríamos decir- de supervivencia. Y lo que sucede es que la supervivencia como especie se garantiza por medio del altruismo (derechos humanos), en última instancia egoísmo: el cumplimiento de los derechos humanos en sociedades democráticas es una garantía de mi supervivencia; y, también, de una ética ecológica que sugeríamos más arriba. Esta ética ecológica se basaría en el principio de responsabilidad de Hans Jonas. La ética eclógica tiene que extender la responsabilidad de mis actos desde mi prójimo hasta las generaciones futuras y el ecosistema. Somos responsables de la existencia de la especie humana en el futuro. Pero, en definitiva, esto está dentro de las tesis del egoísmo. Si sobreviven mis descendientes sobreviven mis genes, por ello tengo que hacer todo lo posible para que ello sea así. Aquí, entremezclado con el altruismo recíproco nos aparece el fantasma del gen egoísta de Dawkins. Desde luego que la evolución nos enseña a no ser ingenuos, a dejar de creer en el amor por el amor, la belleza por la belleza, el bien por el bien, la verdad por la verdad y relativizar estos conceptos, al menos en el sentido de naturalizarlos. Creo que esto es una buena vacuna contra los ideales utópicos que, por cierto, tantos millones de muertos han producido en la historia de la humanidad. No existe el sentido de la historia ni del hombre. El único sentido es el imperativo biológico de la supervivencia, ya sea de grupo o de individuo o, más correctamente, conjuntamente, es lo que llamaba el clarividente Spinoza el conatus. Todo ser intenta por todos los medios permanecer en su existencia. Y la permanencia del ser humano en su existencia tiene que ver con la alegría y la felicidad. Y esto tiene que ver con la ética. Tenemos pues que reconocer los límites biológicos de nuestra ética para olvidarnos de ideologías salvíficas, eso, por un lado, y, por otro, para recordar, que la única forma de la supervivencia de la especie y de nosotros y nuestros descendientes como individuos, es la supervivencia de la biosfera en la que habitamos.

 

Conocimiento y evolución. Una propuesta popperiana.

 

            Popper publicó un librito en 1990 que es el resultado de dos conferencias. Una sobre ontología: un mundo de propensiones: dos visiones de la causalidad; y otra sobre teoría del conocimiento: hacia una nueva teoría del conocimiento. Esta obrirta es una síntesis del pensamiento popperiano, incluso llega a decir que probablemente sea lo mejor que haya escrito. Sería muy interesante y oportuno y es una tarea pendiente de estudiar esta obra y sacar todas las conclusiones que para la cosmología y la teoría del conocimiento tiene. En este lugar, y dado lo extenso ya del artículo, voy a presentar un esquema de la nueva teoría del conocimiento que propone Popper.

 

            Lo que pretende hacer Popper es unir la teoría de la evolución con su teoría del conocimiento de esta manera el problema del conocimiento se transformaría en un problema cosmológico. En definitiva Popper en este breve ensayo conferencia quiere unificar su visión del mundo y su teoría del conocimiento. La base del la teoría del conocimiento de Popper es que en el conocimiento científico y racional procedemos por ensayo y error. Nuestras teorías científicas son conjeturas sobre la realidad. Estas conjeturas pueden ser o no falsadas por los hechos. Si eso ocurre habrá que construir, inventar, otra hipótesis, que explique los hechos. De tal forma que nuestro conocimiento se aleja del error para acercarse a la verdad pero es imposible la conquista de la verdad. Sólo podemos estar ciertos, deductivamente hablando, de la falsedad de una teoría. Nuestras teorías son cada vez más plausibles y tienen un mayor grado de corroboración. En esto consiste de forma muy esquemática la teoría del conocimiento de Popper. Una consecuencia importante que sacamos de aquí es que nuestro conocimiento es deductivo y fundamentalmente a priori. Inventamos y construimos hipótesis (teorías) que debemos enfrentar con los hechos, por tanto, nuestras teorías no proceden de los hechos, sino que son conjeturas teóricas y a priori sobre ellos.

 

            El paso que da Popper en esta conferencia, Hacia una teoría evolutiva del conocimiento, consiste en lo que sigue. Interpreta la evolución –podemos considerar esto una teoría heterodoxa de la evolución- a la luz del conocimiento. Parte de la tesis de que todos los animales conocen y a partir de ahí saca 19 conclusiones. Después critica la teoría del origen de la vida de la “sopa originaria” y propone una teoría  bioquímica que sigue su modelo del conocimiento. El tema del origen de la vida no lo abordamos aquí, pero la conclusión que saca de ello es que prácticamente todo nuestro conocimiento es a priori. Lo que propone es una síntesis entre kant y Darwin (evolucionismo).

 

            Una vez que he expuesto el esquema paso a desarrollar muy brevemente –ya digo que esto es una cuestión pendiente de estudio- algunos de los puntos esenciales de la propuesta popperiana. Bien, como decía, Popper parte de la tesis que él dice que puede ser incluso trivial de que todos los animales, incluso las plantas conocen. En definitiva todos los organismos vivos. El hecho de que los animales no sean conscientes de su conocimiento no implica que no puedan conocer. Sólo el hombre es en parte consciente de algo de su conocimiento. Pero no podemos confundir consciencia del conocimiento con conocimiento. Lo que sucede es que Popper tiene una forma peculiar de entender el conocimiento. Todo conocimiento es una hipótesis y las hipótesis crean unas expectativas ante el futuro. Es decir, el conocimiento es una respuesta al medio que tiene que pasar la prueba de la experiencia. Así podemos entender que toda mutación es una respuesta, en forma de expectativa, frente al medio. A eso lo llamamos conocimiento. Si hay una adaptación el conocimiento en principio es válido. Pero claro, este conocimiento, como expectativa de lo que ocurrirá en el futuro se fija en nuestros genes y nos indica cómo debemos comportarnos frente a determinadas situaciones del medio. Es decir, en tanto que expectativas preveen situaciones. Y en tanto que nacemos con ellas, todos los animales, son innatas. Es decir, conocemos la realidad de forma innata. La selección natural consistiría en refutar nuestras expectativas, tras lo cual cualquier animal tiene que inventar otra. De esa forma podemos entender la evolución como conocimiento del medio en tanto que expectativas como estrategias adaptativas. Toda adaptación es conocimiento válido y objetivo, que permanecerá siendo así mientras que el medio no cambie. Si nos damos cuenta hay una fusión entre evolución y conocimiento. Por eso sugiere Popper que la teoría del conocimiento desde esta perspectiva evolutiva da un giro radical. Y desde aquí podemos abordar el tema del a priori y el aposteriori kantiano. Kant entendía el conocimiento a priori de forma absoluta: son unas estructuras del conocimiento que no han variado desde el inicio. Lo aposteriori son los datos que se entienden a la luz de lo a priori, siendo nuestro conocimiento de objetos o fenómenos. Nuestros a prioris: espacio, tiempo, causalidad,…son la condición de posibilidad para que se me den los objetos. Pues bien, lo que sucede desde la perspectiva de una teoría evolutiva del conocimiento es que esos a priori son expectativas adaptativas que se han ido formando con la evolución sometiéndose a la criba de la selección natural. Los aprioris con los que contamos son las expectativas (conocimiento conjetural) exitosos. De esta manera la mayor parte de nuestro conocimiento es a priori y evolutivo; consisten en respuestas adaptativas exitosas frente al medio. Los datos prácticamente carecen de importancia, son modulados por nuestras expectativas a priori. La ontología y la teoría del conocimiento se unen en lo que es una visión evolutiva del conocimiento.

 

            He expuesto muy esquemáticamente el pensamiento de Popper a este respecto, pero lo que me resulta interesante es que la investigación que se está haciendo en neurociencias: Francisco Rubia, El cerebro nos engaña, Antonio Damasio y Llinas, El cerebro y el mito del yo corroboran la teoría de Popper. El cerebro es un producto de la evolución que tiene la capacidad de fabular sobre la “realidad”. Los datos que proceden de los sentidos son la información que el cerebro modula. Esta función de modulación del cerebro es un a priori conquistado evolutivamente, que funciona como conocimiento a priori, como expectativa, en definitiva.

 

            Esto nos lleva a una visión integral del hombre en tanto que ser absoluta e íntimamente unido a la naturaleza. Nos hace pensar en la sustancia infinita de Spinoza. El hombre es parte de esa sustancia y, de alguna manera, una forma de autoconocimiento del universo de sí mismo. Somos, como sugería karl Sagan, una voz en la fuga cósmica. Igual que nuestro conocimiento son expectativas a priori constituidas evolutivamente, pues lo mismo podríamos decir de nuestro conocimiento ético y político. Y aquí unimos y fundamentamos epistemológicamente (teoría evolutiva del conocimiento) nuestra tesis de una ética naturalista. Las respuestas éticas del hombre son expectativas adaptativas, si resultan exitosas, esto es, permiten la supervivencia del hombre, las consideramos ciertas y apropiadas. Nuestra ética también es a priori y se ha generado evolutivamente. Con estas reflexiones antropológicas eliminamos el dualismo naturaleza-cultura y nos sumergimos en el panteísmo spinoziano: deus sive natura, natura sive deus; pero entendiendo la natura evolutivamente.

 

            Con estas últimas pinceladas he intentado ofrecer un bosquejo de una imagen del mundo que arranca de la peligrosa idea de Darwin que ahora se torna confortable y cuasimística al enlazarla con la teoría del conocimiento de Popper y Kant y con el panteísmo spinozista.

 

 



[1] Hoy en día ha habido un resurgimiento de esta visión creacionista que realizan una interpretación literalista de la Biblia. Esto ha tenido lugar sobre todo en as religiones evangélicas de los EEUU de América. De todas formas, también hay que tener en cuenta que la iglesia católica consideró correcta, a su manera, el evolucionismo en 1996. de todas formas considerando al ser humano como algo a parte dotado de alma, de ahí su semejanza con dios.

[2] Las obras de estos autores está plagadas de ejemplos que corroboran sus teorías, pero me gustaría sólo hacer alusión  a la evolución del hombre, muy a grosso modo. Nuestro cerebro evolucionó permitiéndonos adaptarnos a los sucesivos medios. Ahora bien, esas sucesivas mutaciones que hicieron que apareciese el cerebro que tenemos y que nos permitió sobrevivir y vivir en sociedad no cambió para crear la Venus de Milo, la 5º sinfonía de Bethoven, ni la teoría de la relatividad, ni la de la evolución…en fin…que los cambios ni son graduales, ni sólo adaptativos.

[3] Incluso quizás podríamos decir que somos casi un cáncer de la biosfera. Nuestro desarrollo como animales culturales pone paulatinamente en peligro los distintos ecosistemas, planteándose actualmente situaciones de posibilidad de colapso total desde el punto de vista ecológico. Nos hemos extendido metásticamente por toda la biosfera, y como toda célula cancerígena, potencialmente inmortal, podremos exterminarnos en la medida en que exterminemos el organismo: la tierra Gaia, que parasitamos.

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