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Filosofía desde la trinchera

Efectivamente, estoy de acuerdo contigo totalmente. La felicidad también se puede conquistar. Pero si te das cuenta esa conquista tiene que ver con la compasión. Es decir, con una virtud que se realiza en relación con los demás. Si se practica la meditación sólo por el hecho de alcanzar tú mismo la felicidad se cae en una gran contradicción. Que es lo que pasa en occidente, claro, que no entienden la religión oriental, porque están fuera del contexto. Antes que el amor al prójimo y la caridad cristiana aparece en el budismo el concepto de la compasión; incluso más universal porque va dirigido a todos los seres vivos. Y para llegar a esta compasión verdadera del otro tienes que dejar de ser un yo, el nirvana, cosa que alcanzas a través de la meditación. Entonces es cuando la compasión, la ayuda al otro no es un acto egoísta y proporciona felicidad. Pero ya no podemos hablar de felicidad de un yo. Porque ya no hay ese dualismo, no hay ese yo. Entonces lo que podemos decir es que no hay sufrimiento. Esto lo entendió también después el cristianismo. El mismo San Agustín lo decía. Hay dos caminos para llegar a dios: el de la interiorización y el de la caridad. Uno es feliz cuando ayuda a su prójimo (es la enseñanza del evangelio: la parábola del buen samaritano y el sermón de la montaña). Pero cuando esa ayuda es desinteresada, se convierte en una forma de ser y uno se disuelve en la compasión hacia el otro.

En cuanto a lo segundo es, precisamente, lo que a mí más me preocupa. Que hoy en día la felicidad está dentro del mercado. Dentro de la cadena del consumo. Y a mayor “felicidad” de este tipo, consumo compulsivo de todo, menor libertad y virtud y, por tanto, el hombre se convierte en objeto y deja de ser un sujeto dotado de dignidad y respeto. Un objeto en manos del poder, manipulado y cosificado. Y precisamente olvidamos el tercer principio de la ilustración: la fraternidad. La libertad y la igualdad la hemos conquistado en cierta medida, aunque las estemos perdiendo, pero la fraternidad ha sido la gran olvidada.

El libro que has citado es estupendo para lo que hemos comentado e ilustra perfectamente todo este proceso. Buda, y esto es lo que se le olvida al occidental, no busca la felicidad, lo que quiere es entender el porqué del dolor en el mundo. Y si nos vamos al cristianismo el concepto de redención es el mismo. Redimir al mundo del dolor, el sufrimiento y la injusticia a través del amor al otro. Y si nos vamos al tercer pilar del eje axial, que decía el médico y filósofo Jaspers, Sócrates; pues éste nos dice que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Su vida es un ejemplo de ello, pero mucho más: el juicio, la condena a la que fue sometido y su muerte.

 

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