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Filosofía desde la trinchera

            La libertad de comunicación es un mito. Es ideología del poder para mantener adormecido al pueblo haciéndole pensar que es libre. La libertad de comunicación depende de una infraestructura que está en manos del capital. ¿Cómo se puede pensar entonces que es libre? Siempre será interesada. La comunicación transmite el orden social existente, el status quo establecido, por tanto, no hay libertad. Hay un pensamiento único que se diversifica aparentemente. La pluralidad de medios de comunicación es, meramente estructural, el contenido es el mismo. Las diferencias son apariencias. Aquellos que denuncian desde abajo lo establecido por el poder y transmitido por los medios de comunicación-desinformación, son tratados, cuando merecen serlo, como extremistas, antisistema, violentos y peligrosos. Siempre ha sido así y, ahora, en la “democracia” neoliberal no iba a ser de otra forma.

            El estoico solo sigue a la razón universal. Está por encima de las intrigas, de las leyes particulares, de los impostores que confunden el poder con la ley natural. El sabio estoico sabe que la fortuna gira continuamente, que el dolor y el placer se transmutan. Sabe que el origen del sufrimiento es el deseo. Por eso el sabio no desea nada y eso lo hace poseedor de todo, porque su existencia consiste en la alegría de vivir.

La máscara o el disfraz es el personaje que interpretamos. El sentido del carnaval es el de dar rienda suelta a nuestro ello. Por eso los disfraces nos delatan, son nuestro ello. La vida cotidiana es la de la frustración y la represión. La fiesta, en el sentido religioso, orgiástico, en las religiones del misterio, lo que pretenden es dar salida a ese ello que está oprimido por el superyo, el conjunto de normas morales y costumbres que debemos seguir, día a días, para que la sociedad funcione.

 

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            Toda ideología es absoluta en tanto que es creencia. La ideología es incriticable. El problema de la ideología es que es refractaria al pensamiento. Es una religión, una creencia. En las ideologías, como en las creencias y en las opiniones, se está. Las ideas, en cambio, se tienen. Las ideas dan lugar al pensamiento porque proceden del diálogo, del logos.

 

            Cuando hablo de ilustración me refiero a la idea de la ilustración. La ilustración centrada en la revolución francesa es una revolución burguesa que acaba en el régimen del terror, el endiosamiento de la razón y el imperialismo napoleónico. En verdad, se mantuvo el orden económico, o, más bien, se intentó legitimar el poder económico emergente de la nueva burguesía, que, posteriormente se desarrollaría con el capitalismo. En éste sentido habría que leer a Locke y su teoría de la propiedad. Hay están las bases y los fundamentos del nuevo orden económico. Se defiende la libertad, pero eso nos lleva a la libertad económica, la base del liberalismo económico. Pero a lo que yo me refiero con ilustración es a la idea que emerge en el siglo XVIII. Ilustración como educación del pueblo por  medio de la razón y teniendo como objetivo la eliminación del poder basado en la herencia, monarquía, y la superstición, la iglesia. Ahora bien, voy más allá. Lo que yo sugiero es que la ilustración debe tener como fin la excelencia del pueblo por medio de la educación. De ahí que defina a la ilustración como la aristocracia del pueblo. Y, si la definimos así, nos damos cuenta de que es un proyecto inacabado porque el pueblo no es excelente. Es más lo que ha ocurrido en las democracias tardías es que se ha producido el triunfo de la mediocracia. La democracia no es el poder del pueblo, sino de los mediocres. De lo que se trata es de que el pueblo sea la élite. Pero para esto es necesario refundar la democracia y la educación. Pasar al concepto republicano de democracia. La república es que los ciudadanos se ocupan de la cosa pública y no dejan en las manos de una élite profesional, los políticos, el gobierno absoluto. Cuando esto ocurre, que es lo que pasa ahora, entonces se fomenta desde el poder la mediocracia. Porque es más fácil dominar a un pueblo sumiso, que a un pueblo culto.

La ilustración es la aristocracia del pueblo.

 

            Muy buena respuesta. Pero sólo una cosa. Una cuestión de matiz. Esos derechos y cuestiones éticas adquiridas tienen su origen en nuestra naturaleza, que es abierta. La cultura es al hombre como los dientes y las garras al león, diciéndolo toscamente. Por eso la cultura es la forma de adaptación del homo sapiens. No hay que renunciar a esos derechos de los que hablas, construcciones culturales, sino defenderlos. Si nos va bien con ellos, o mejor que sin ellos, es que son buenas respuestas adaptativas. Una ética naturalista lo que niega es cualquier absoluto moral y cualquier fundamento trascendente, ya sea teológico o histórico. Es la consecuencia de la peligrosa idea de Darwin. En palabras de Carlos Castrodeza: La darwinización del mundo.

Se nos puede pedir que seamos héroes, aunque no lo alcancemos. La heroicidad ética es una idea de nuestro deber ser, algo a lo que debemos aspirar y conducir nuestra acción. Y una de las características de esta heroicidad es no ser neutrales frente a la injusticia, al menos, desenmascarar los grandes engaños. Y, si hay que dar la cara frente al poder, por medio de las palabras, pues se hace. Y si es necesario la desobediencia civil, pues también. El infierno está lleno de neutrales porque en el fondo son conniventes con el poder. En las “democracias” como la nuestra tenemos la posibilidad de actuar, aunque pensemos que no es posible cambiar nada. Como decía mi amigo Jorge Riechmann, “cuando llego a un sitio y me dicen que no se puede hacer, entonces pienso que está todo por hacer.” La palabra, como vehículo del pensamiento, es un arma mortífera. Por eso a toda forma de poder le interesa un pensamiento homogéneo, plano y único.

 

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            Lo de la naturalización de la ética es algo que llevo pensado muchos años. Es largísimo… Pero sólo es necesario admitir, con todas las consecuencias, que somos animales sujetos a las leyes de la naturaleza. En ese sentido, las bases de la ética estarían marcadas por nuestra evolución en lo referente al comportamiento. Y la base de este comportamiento es que somos animales gregarios y tribales que se rigen por el principio del altruismo recíproco: “lo hago por ti para que tú lo hagas por mí.” Y esto es lo que garantiza la supervivencia. De esta manera toda ética, discurso moral, religión, etc, no son más que adaptaciones biológicas para la supervivencia de la especie. Y, si nos apuramos un poco más, para la supervivencia de los genes, que tienen 3.500 millones de años de antigüedad. Los genes son potencialmente inmortales, todas las especies e individuos son “máquinas de supervivencia” de estos genes. Todo esto es muy importante para la política, porque, igual que la ética, ésta, se basa en el antropocentrismo. Y una nueva política que pueda encarar los problemas mundiales que nos acechan tiene que ser ecocéntrica.

 

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            Ya estamos otra vez con el asunto de la libertad religiosa. Los curas y obispos se llevan las manos a la cabeza y claman al cielo pensado que vamos a desespiritualizar a occidente. La iglesia, como institución ha perdido el norte hace mucho tiempo, pero aún conservan, inexplicablemente, mucho poder. Es innegable que una de las raíces de occidente es el cristianismo. Pero, para que el cristianismo llegase a ser tal, tuvo que pasar por la filosofía griega y las religiones mistéricas. A su vez, toda la filosofía griega y sus religiones tienen sus antecedentes en Asia y África. Intentar identificar Europa con el cristianismo es falso. Es un mito de la identidad. Esto, a lo único que da lugar es a la confrontación. La ilustración, por medio del laicismo, resuelve este problema. En lo público no debe haber manifestación religiosa. El estado es aconfesional. Las religiones son privadas. Ahora bien, las religiones pueden entrar en el diálogo democrático aportando sus valores éticos, pero desde la relatividad de la democracia. Las religiones del libro no casan con la democracia porque todas pretenden ser universalmente verdaderas. Así, las propuestas del clero son un ataque frontal a una de las conquistas ético-políticas de la humanidad, que es la democracia basada en los valores de la tolerancia y el diálogo. La iglesia sostiene que fuera de la iglesia no hay salvación. Yo creo que hay que mirar más la ética de los evangelios y, junto con los teólogos de la liberación, sostengo que fuera de los pobres no hay salvación. Es el problema de la justicia social el que debe preocupar a la iglesia, no el de la dogmática, ni el de unos crucifijos acá o allá. La iglesia es la primera traidora a la verdad moral de los evangelios.