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Filosofía desde la trinchera

Y una cosa más que acabo de recordar ahora. ¿Cuál fue el origen del sentimiento de evidencia de los derechos del hombre y del ciudadano en la Ilustración? Pues no ocurrieron de repente, ni por los sesudos análisis de los filósofos de la época. Estos fueron los que realizaron la síntesis de lo que venía de atrás y sus libros y discursos sirvieron de altavoces. La evidencia con la que contaron los derechos del hombre y el ciudadano vino de la mano del arte, fundamentalmente de la novela; que, por otra parte, se extiende por Europa en virtud del invento de la imprenta. La novela y una sociedad cada vez más rica y, por ello, menos analfabeta (emergencia de la burguesía) dio lugar a la lectura de novelas que era posible a su vez por la privacidad. La lectura necesita de la intimidad. Pero, curiosamente, la lectura de estas obras potenciaron la empatía natural del hombre. Este proceso de casi dos siglos hizo posible que los derechos del hombre y del ciudadano, algo nunca pensado, fueran tomados como evidentes. Los intelectuales ilustrados lo que hicieron fue universalizarlos y fundamentarlos. Por supuesto a base de libros. La cultura oral y la libresca conviven hasta la llegada de Internet. Pero éste es ya otro episodio que tiene que ver con algo importante: la empatía natural del hombre, biológicamente heredada y que le permite ser un animal social, ha sido potenciada culturalmente (nuestra segunda naturaleza, una segunda piel). Primero el lenguaje y la tradición oral, después la escritura, más tarde la imprenta y, hasta ahora Internet. Si sigues el rastro de todo esto vamos de una sociedad de clanes a una sociedad globalizada, más o menos a nuestro gusto.

"No hay nada que cambie más la vida de las personas que los libros"
Alejandro G. Roemmers

PacoCa Carrillo Gavilán No estoy de acuerdo en absoluto. Son las otras personas, afortunadamente.

 

Sí, pero los libros los escriben las personas, de momento. y, otra cosa, la sentencia es para hacer hincapié en la importancia de los libros. Y, también, por otro lado, cuando yo hablo de libros, no me refiero sólo a los literarios, sino a cualquier texto de la humanidad entre los cuáles están los literarios. Y, más cosas, las personas estrictamente no cambian a las personas, sino que son sus afectos e ideas, que procede de la tradición, fundada en libros (aunque nos sean descnocidos) los que nos pueden hacer cambiar e, incluso, siendo buenas personas nos pueden recomendar un libro que nos puede hacer cambiar. En definitiva, que lo que pretendo mostrar es que libro y persona son inseparables. Si la cultura es nuestra segunda naturaleza y los libros forman parte de ella... Y en los libros está la conversación de la humanidad consigo misma, su autoconciencia, sus anhelos, esperanzas, problemas, frustraciones, sus grandes crueldades, sus mentiras, engaños, sus grandes triunfos, su mediocridad y su excelencia, su empeño, su apatía y desidia, su historia y su intrahistoria. Entrar en esa conversación de la humanidad es autoconocernos, es conocer mejor al otro y, por ello, hacer mejor la relación entre los otros. Cuando no había libros sólo existía la transmisión oral de los valores, afectos y sentimientos. Es decir, todo aquello que nos hace cambiar y construirnos. La escritura no sustituye todo esto, como pensó el viejo mito y el sabio Sócrates, que no escribió nada, decía, precisamente por este motivo. Toda tecnología es una amplificación de la naturaleza humana. Por tanto contraponer libro a persona es absurdo, son complementarios y uno continuador del otro. Y, además, es nuestra segunda naturaleza la que nos humaniza y nos saca del proceso de hominización al de humanización. Un saludo.

La Tierra, en definitiva, nuestra madre, nuestro origen y nuestro final. Esperemos poder descansar en paz sobre ella. De momento le hemos declarado la guerra como un adolescente impertinente, que cree saberlo todo, a sus padres. Si no utilizamos nuestra inteligencia ética y seguimos sólo la lógico-matemática y depredadora la guerra la tenemos perdida, pero nos llevaremos muchas cosas valiosas por delante.

TRIBUNA: ISAAC QUERUB / ÁLVARO ALBACETE

Nuestra resistencia al Holocausto

ISAAC QUERUB / ÁLVARO ALBACETE  27/01/2012

El 27 de enero es el día establecido por Naciones Unidas para la conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, en 1945, el Ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, Auschwitz-Birkenau.

Este campo representa hoy una metáfora del mal inconcebible y monstruoso. Allí, a partir de septiembre de 1941, el asesinato en masa se convirtió en rutina diaria. Se mató a más de un millón de personas, y 9 de cada 10 eran judíos. Las víctimas llegaban en vagones de carga de tren, la mayoría proveniente de guetos y campos en la Polonia ocupada, pero también de casi todos los países de Europa occidental y oriental. Al llegar se separaba a los hombres de las mujeres y los niños. Se obligaba a los prisioneros a desvestirse y a entregar todos sus objetos de valor y se les metía en las cámaras de gas que estaban camufladas de duchas y se les asfixiaba con monóxido de carbono. La minoría seleccionada para realizar trabajos forzados quedaba expuesta a la malnutrición, epidemias, experimentos médicos y brutalidad. Muchos murieron de esta manera.

Más de medio siglo después, el horror de la Shoá sigue constituyendo un enigma indescifrable para el ser humano. La persecución y asesinato sistemático de seis millones de judíos por parte del régimen nazi, que se realizó con la ayuda activa de colaboradores locales en muchos países y con la aquiescencia o indiferencia de millones de personas.

Pero hubo también resistencia.

Hubo resistencia en casi todos los campos de concentración y guetos, en especial en el gueto de Varsovia entre abril y mayo de 1943, pero también en los de Vilna y Bialystok, o en Sobibor. Hubo resistencia institucional en áreas ocupadas por los nazis fuera de Alemania, como la que se produjo en Dinamarca en el otoño de 1943, donde, con el apoyo de la población local, se rescató a casi toda la comunidad judía de ese país escondiéndoles en un dramático viaje en barco hasta la segura y neutral Suecia. El recientemente desaparecido Jorge Semprún representa bien esa resistencia en áreas ocupadas por los nazis; una resistencia en la que participó activamente y por la que fue apresado por la Gestapo en 1943 y enviado al campo de concentración de Buchenwald. Fue marcado en su uniforme de preso con el número 44904.

Y hubo resistencia de individuos de otros países que arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos y a otras personas perseguidas por los nazis. Uno de ellos fue Ángel Sanz Briz, diplomático español destinado en Budapest en 1942, que salvó la vida de entre 5.000 y 6.000 judíos en 1944, incluyendo la evacuación a Tánger de 500 niños judíos. Ángel Sanz Briz ha sido reconocido con el título de Justo entre las Naciones, que concede el Estado y el Pueblo de Israel a los no judíos que arriesgaron su vida para salvar a los judíos del Holocausto.

Y junto con esa resistencia activa, hubo una llamada resistencia espiritual contra la opresión nazi en los campos y guetos. La creación de instituciones culturales judías, la continuación de prácticas religiosas, y la voluntad de recordar y contar la historia de los judíos fueron intentos conscientes de preservar la historia y vida comunal del pueblo judío a pesar de los esfuerzos nazis de erradicarla.

La permanencia de esa voluntad de recuerdo representa hoy la resistencia más sólida a un Holocausto futuro. Su recuerdo, la educación sobre su significado histórico, y la acción prospectiva son esenciales si queremos que la historia no se repita. Debemos hacerlo a escala internacional, porque esa fue la escala del Holocausto, con el concurso de diplomáticos, expertos, científicos, educadores, comunidades judías, y de la sociedad en su conjunto. Y muy especialmente, siguiendo las recomendaciones del Protocolo de Ottawa para combatir el antisemitismo (noviembre de 2010), hemos de hacerlo comprometiendo tanto a las instituciones gubernamentales como a nuestros representantes en el Parlamento. Esta es la misión que más de 30 países hemos asignado a la Organización Internacional para el Recuerdo del Holocausto, de la que España forma parte desde el año 2008, y en la que participa de forma activa sobre todo a través de iniciativas orientadas al ámbito de la educación.

Nada nos garantiza que las generaciones futuras vayan a tener sensibilidad hacia sus minorías. Trabajemos pues con ellos, con la infancia, con la juventud. En Sefarad-Israel y la Federación de Comunidades Judías de España estamos convencidos de que la educación es clave para combatir el antisemitismo todavía latente en parte de la sociedad española. No se trata de intentar borrar la identidad del otro, sino de conocerla y comprenderla, poniendo de manifiesto la riqueza que representa la diversidad de nuestra sociedad e inculcando actitudes positivas ante la misma.

El poeta catalán Salvador Espriu decía a sus hijos: "Habré vivido para salvar estas pocas palabras que os dejo: el amor, la justicia, la libertad". El verdadero valor del patrimonio de nuestro legado no es tangible, como demostraron las resistencias espirituales durante el Holocausto. Es, ante todo, una tarea de enseñanza, a conocer y a hacer, a ser y a vivir juntos.

Gracias por la cita, Piedad. He leído bastante a Punset. Pero ése entra dentro de la lista de los no leídos y, precisamente, por un giro que se produce en su pensamiento o, mejor, divulgación de pensamientos, que no comparto y considero, además peligroso. Porque para mí las ideas tienen consecuencias. Lo mejor que he leído de Punset es un libro, que es una maravilla, y que no recuerdo exactamente el título, es un conjunto de entrevistas que realiza a los mayores científicos y humanistas, todos con su premio Nóbel sobre el universo y la vida. Pero allí no se trata nuestro tema.

            Perdona, pero el optimismo de Punset es un poco infundado. Su discurso de la empatía, aunque con una base científica sólida, es endeble. Punset, basándose en las ciencias neurológicas, los últimos estudios de la neurofisilogía, ha optado por una pata del ser humano. Me explico, ha hecho hincapié en el aspecto empático, colaborador, altruista…todo lo positivo. Pero en la naturaleza humana se dan ambos aspectos. Es lo de Kant, “la sociable insociabilidad”. Y el caso es que todo ello lo está vertiendo en la educación, los pedagogos están encontrando argumentos más sólidos que los que  tenían y que se han mostrado fracasado en Punset. De tal forma que se está convirtiendo en el líder o gurú de un nuevo modelo educativo que es un popurrí de buenos sentimientos y nuevas tecnologías, un pensamiento salvífico, a mi modo idealizado, excesivamente optimista, que olvida la otra cara de la naturaleza humana y la realidad social. Saludos.

El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.

 

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Efectivamente, Andrés, nunca debemos pensar en una predeterminación. Eso sería una claudicación de nuestra voluntad. Sería dar alas a los poderosos. Conozco el libro que citas y debe andar por mi bliblioteca. Pero a él yo añadiría otro de Martinez Alier “El ecologismo de los pobres” que relaciona el problema ecológico con la pobreza, esto es, con la economía. Es uno de los fundadores de la economía crítica. Por eso el prblema económico no es sólo económico, sino ecosocial. Es decir, total. Sin un cambio del actual paradigma (conjunto de ideas centrales y técnicas que mueven el mundo) no es posible el cambio, sólo habrá parcheado. Saludos para los dos.

 

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Piedad, si se consigue un modelo de energías renovables, que no sería tan eficiente como los recursos fósiles, lo que sí debe quedar claro es que, en una nueva organización de la sociedad esos recursos tenderían a diversificarse. O, dicho de otra manera, democratizarse. Los edificios se autoabastecerían y exportarían a la red general. Pero esto es sólo una parte de la energía. El gasto energético fundamental es el transporte. Pues bien, en una sociedad de política del decrecimiento es necesario la relocalización. Es absurdo la producción de materias y alimentos que luego se trasladan a grandes distancias produciendo un tremendo gasto energético. La política del decrecimiento va hacia la localización de la producción y la globalización de la humanidad, es decir, el derecho y la ética.

 

            Por otro lado, no acepto, de ninguna de las maneras la idea de Punset. Tiene cierta razón en que hay países fracasados. Pero que la crisis no es global ni estructural es falso. Es tener una visión muy corta de las implicaciones que se dan entre sociedad, economía, valores, etc. y un desconocimiento brutal de la historia del capitalismo que comienza, junto con la mundialización, y así nos lo refiere Marx en las primeras páginas del Manifiesto… en el Renacimiento. La crisis es sistémica y su fondo es estrictamente filosófico, es una idea del mundo la que ha caído.

 

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            ¿Necesariamente deviene en corrupción la democracia? Pregunta que nos hacemos desde Pericles. La única solución viable es la de una meritocracia (gobiernos de los mejores, más justos) dentro de una democracia y una legislación ferrea contra la corrupción. Pero, quizás, la tendencia a la corrupción forme parte de la naturaleza humana por ello debemos andar siempre vigilante del gobernante y de nosotros mismos.

 

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Si Punset habla de las consecuencias, pues tienes razón, pero según la cita yo no lo veo así. De todas formas, no se trata ahora sólo de analizar las consecuencias, sino que de lo que se trata es de ver la raíz profunda del problema para aportar soluciones. Y, como venimos diciendo los problemas son de hondo calado, sistémicos. De ahí lo de el cambio de paradigma que se debe producir. Si continuamos con el actual, que es lo que parece que ocurre, como la salida de la crisis de EEUU. y Alemania, creo que más aparente que real, estamos abocados a una agonía lenta. El cambio debe venir desde los siguientes parámetros.

 

Antropocentrismo-biocentrismo

Competitividad-cooperación

Macroeconomía hipermatematizada-microeconmía humanizada.

Desnaturalización de la economía-naturalización de la economía. Ello implica la introducción de la entropía en la economía.

Gobierno del capital-gobernanza política basada en el decrecimiento. El decrecimiento es un hecho que se irá agravando paulatinamente. Hay dos opciones. O cogemos el toro por los cuernos y lo planificamos políticamente o nos arrollará.

Centralización energética, alimentaria-descentralización energética-alimentaria.

Globalización financiera-globalización humana.

 

 

¿Todo se va al garete?

Más o menos. A menos que se produzca una tercera revolución industrial como defienden algunos autores (Rifkin). Pero, aunque así fuese, que la humanidad se salve, ello no implica que la miseria, la guerra, el hambre y los genocidios por los recursos, mientras tanto, se darán. De hecho se están dando hace tiempo. Además, esa es la historia de la humanidad. El ángel de la historia (Poul Klee) mira espantado los cadáveres que el progreso ha ido dejando en las cunetas. (En la introducción a mi “Una mirada ética al progreso y la tecnociencia”, hago una reflexión sobre el cuadro de Poul Klee) La diferencia es que hoy en día el colapso seria civilizatorio. El progreso tecnicocientífico no garantiza el progreso de la humanidad en su sentid ético-político. Éste es un espejismo con el que se nos ha engañado desde el poder. Lo vio muy claro Rousseau en el siglo de la Ilustración, el siglo del progreso. El progreso ético-moral es independiente y contingente. Lo mismo que hemos conquistado parcialmente la autonomía, la libertad, la igualdad, la justicia, la podemos perder, de hecho lo estamos haciendo, sin darnos ni cuenta hasta que la miseria llegue a nuestras puertas.

 

    Hay un filósofo, desaparecido ya, que escribió una obra importantísima en el siglo XX, “El principio de responsabilidad” y que tiene que ver con lo que tú mencionas. Consideraba que la ética necesitaba de una reforma radical. La ética se basa en las acciones que tienen repercusión sobre los demás (cercanos), por tanto de las que soy responsable y las que te afectan a ti mismo. Lo que sugiere Jonas, padre de la ética ecológica, a la que a mí me gusta llamar biocéntrica, es que la responsabilidad de mis actos, que es de lo que se trata en la ética; libertad es responsabilidad, debe extenderse al que está más allá en el espacio que es el absolutamente otro, absolutamente desconocido, pero, al encontrarnos en un mundo interrelacionado mis acciones repercuten en él aunque no lo sospeche y extenderse también al no nacido. Es decir, a las generaciones venideras y a las que están comenzando a vivir. He defendido esto en mis escritos, clases y conferencias. La última trataba sobre la posibilidad de una ética cosmopolita y que se encuentra en mi “Escritos sobre la disidencia” Creo que éste principio es la base, apoyado en un biocentrismo, el centro de la posibilidad de la vida es la biosfera y no el hombre, y estructurado en una jurisprudencia internacional. Si no conseguimos este cambio ético-político y jurídico, unido a una tercera revolución industrial que sea capaz de sustituir los recursos fósiles por otro tipo de energías (que, por su puesto, nunca generarán el ritmo de vida que ha producido el petróleo, que en cien años ha multiplicado por seis la población mundial) la humanidad se va al garete por un colapso civilizatorio y los efectos del cambio climático. Estamos en un gran atolladero, apliquemos también el principio esperanza. El hombre como todo ser pretende persistir en su existencia, esperemos que lo consigamos al menor coste posible.

El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.