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Creencia, razón y credulidad.

"La credulidad de los hombres sobrepasa lo imaginable. Su deseo de no ver la realidad, sus ansias de un espectáculo alegre, aun cuando provenga la más absoluta de las ficciones, y su voluntad de ceguera no tienen límites. Son preferibles las fábulas, las ficciones, los mitos, los cuentos para niños, a afrontar el desvelamiento de la crueldad de lo real, que obliga a soportar la evidencia de la tragedia del mundo. Para conjurar la muerte, el homo sapiens la deja de lado. A fin de evitar resolver el problema, lo suprime."
Michel Onfray

Pues al principio estaba más de acuerdo con lo que dice el texto que encabeza el escrito, pero ahora me parece, casi que una mera ocurrencia y mira que me encanta Onfray y lo he leído un montón. A fuerza de releer el texto pues lo he leído a otro nivel. Y en un nivel más profundo simplemente es que es falso lo que dice. Su verdad es aparente y se mezclan muchos factores. Es cierto que la credulidad de los hombres sobrepasa lo imaginable. Pero esto es un axioma o premisa de la que se parte, trivial, para lo que viene después. Es más, es una premisa que no es válida desde la rigurosidad científica antropológica. Ahora bien, si es una licencia literaria, si no pretendemos decir la verdad, sino llamar la atención sobre algo, pues entonces estamos en el nivel de lo poético. El ensayo, tampoco se puede pretender licencias, lo que pasa es que el ensayo es una forma personal de escribir que busca objetividad y universalidad pero que no está expuesto de forma científica. No es cierta la premisa porque el hombre se engaña de lo que se tiene que engañar, y se engaña lo preciso para sobrevivir. Y lo digo por lo que viene detrás. El hombre cree en mitos, fábulas y religiones porque, sencillamente, han sido el mecanismo que ha inventado que le permitió sobrevivir. Por eso, está muy mal la definición de que el hombre sea un animal racional. Está bien como distinción. Pero no es lo que hace al hombre ser hombre. El hombre es tal porque tiene esperanza y tiene esperanza porque es autoconsciente de sus límites, su finitud, su existencia, los animales, no. Y eso abre una brecha entre hombre y naturaleza. El hombre no actúa automáticamente, sino que tuvo que inventarse, con el cerebro que se fue formando evolutivamente, como resultado de la colaboración y la competencia, para sobrevivir (cazar, huir, relacionarse con sus semejantes, atacar, defenderse,…) toda una cultura, desde la piedra tallada hasta los dioses, ídolos y mitos que hablan de ellos. Y sin la esperanza de que este mundo creado, “in illo tempore”: en los orígenes, en los principios, los salvara estaban desesperanzados. La esperanza es nuestra salvación (sanación, felicidad, seguridad, paz, serenidad) es lo más característico de la condición humana. Se suicida el desesperado o el indiferente. Los evangelios están escritos en forma mítica: dicen “En aquel tiempo…” un tiempo remoto, originario, que funda el resto del tiempo y le da sentido. O los sermones de Buda: “He oído que….”) y creemos que esto es un teclado, cuando la ciencia nos dice que, en realidad esto es un inmenso vacío que colapsa en tanto que corpúsculo por mi observación. Pero es mejor creer que las paredes son sólidas que no intentar traspasarlas o que a pesar de que yo sea un inmenso vacío y el suelo también, lo mejor es bajar por las escaleras y no tirarme desde arriba para llegar antes. La creencia es una cualidad humana que permite la supervivencia. Lo mismo que socialmente, la mentira aceptada es una forma de evitar un mal peor, la violencia. Esto son conclusiones ético-filosóficas de la pura etología y psicología evolutiva. Por eso dice que el hombre tiene voluntad de alegría y esa voluntad le hace ser ciego y creer en fábulas. Claro. Aquí pasan dos cosas. La primera ¿qué es la verdad? Uff. Lo siento pero no me atrevo a tratar el tema es demasiado escurridizo y un filósofo que conoce la historia de más de dos mil quinientos años discutiendo del tema no va a cometer la imprudencia de saldarlo en dos líneas. Y la segunda tiene que ver con lo tratado más arriba. Por supuesto que el hombre busca la alegría y la felicidad. Y que “la verdad” no tienen nada que ver muchas veces con la felicidad, pero sí con la tristeza, con la desesperación y, por tanto, con la muerte. Por ello, desde un punto de vista evolutivo y adaptativo, ante “la verdad”, de la que ni estás seguro y la alegría, la mayoría elige la alegría. La mayoría y más el espíritu de la masa, elige la seguridad ante una supuesta verdad que nos produce desasosiego. Por eso la mayoría tampoco es libre, ni quiere. Porque libertad y verdad van de la mano. Y van de la mano, también de la soledad, la inseguridad, la desesperación, la inadaptación, la exclusión social y la muerte en muchos de los casos, como nos demuestra la historia en los casos más notables, tanto de verdades éticas: Sócrates y Jesús de Nazaret, que son nuestros pilares civilizatorios, como de verdades científicas: Bruno, Cusa, Servet…aquí la lista es interminable. Y, hoy en día, en las autoproclamadas democracias, el disidente es condenado al ostracismo. Fijaos, sólo como muestra, se entiende por democracia el consenso, cuando la democracia es lo contrario, la posibilidad de la disidencia. Lo que sí ocurre es que en la democracia pensamos que tenemos un instrumento en común que es el logos que nos permite el acuerdo, que no el consenso. Éste último es el pacto, la eliminación del pensamiento. Por eso yo defino la democracia como disidencia y así titulo uno de los capítulos de mi “Escritos desde la disidencia”. Así, la alegría es fuente de esperanza, de vida, es adaptativa. Los fuertes, los que colaboran con los demás, son los que tienen alegría, los que tienen esperanza en construir algo nuevo con la ayuda de quién sea, pero funciona y la prueba es que estamos aquí. El melancólico se hunde en su propia miseria. La creencia en los mitos ha sido la piedra angular de nuestra supervivencia. En cambio, la racionalidad nos ha llevado a una situación de un posible apocalipsis civilizatorio alimentado por otro mito en el que creemos a pie juntillas: el del progreso de la historia y de la humanidad. Es más, la razón y la ciencia se han convertido en los nuevos ídolos. Porque el hombre, la mayoría, no puede vivir sin ellos.  Es que es nuestra condición. Es aquello de “La servidumbre humana voluntaria”

La tragedia del mundo que el hombre es capaz de soportar lo hace a través de mitos. Pero, paradójicamente a partir de mitos modernos. Es decir: el mito del progreso y el mito de la razón. El mito del progreso y de la razón han sembrado la historia de cadáveres, como nos advierte Benjamin, comentando el cuadro de Poul Klee “El ángel de la historia”. El exterminio del hombre por el hombre y de la naturaleza por el hombre comienza con la racionalización de la actividad humana y esto tiene lugar en el neolítico. Y las religiones, creencias y mitos que fundamentaron el estado de creencia para mantener ese statu quo, son las mismas que hoy tenemos. La razón ilustrada levanta la cabeza contra todas esas supersticiones y le promete al hombre la libertad a través del conocimiento por medio de la razón ética y científica, pero lo que viene es el totalitarismo político, la revolución industrial y el sistema capitalista. Y todo ello alimentado por el mito del progreso en el que el hombre cree, porque es racional. Pues no es racional, es el mito de la historia sagrada (la historia de la salvación) del cristianismo, pero secularizado. Por eso, todo pensamiento político de emancipación, pues nos ha llevado al exterminio totalitario. Y, ahora, precisamente, vivimos en uno de esos mitos del progreso tecnocientífico y económico (neoliberalismo). Hoy se llama radical a un partido griego que no es más que socialdemócrata. Y neoliberales y socialdemócratas defienden la política neoliberal como pensamiento única al que no hay alternativa: creencia, mito.

Por eso, no hay emancipación de la humanidad por medio de la razón instrumental, sino de la razón ética particular. Es decir, sino hay una revolución ética a título singular, de las personas, no hay futuro para la humanidad. Desde luego, que si hay futuro, no es esto que vivimos. Lo que vivimos actualmente no es la civilización es la barbarie, la locura organizada racionalmente, el infierno que el ángel de la historia contempla espantado. Recomiendo el último libro de Riechman “Reconstruirnos” y el último de Baumann “Ceguera moral”.



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