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Políticos y ciudadanos II

 

DE POLÍTICOS Y CIUDADANOS II. LA DEMOCRACIA COMO GOBIERNO PERFECTIBLE.[1]

 

A Julia, que no pudo llegar a experimentar los placeres y dolores de la sensibilidad y la inteligencia.

 

La verdad es una

Y ven conmigo a buscarla,

La tuya guárdatela.

Antonio Machado.

 

Las ideas se tienen, en las creencias se está.

Ortega y Gasset.

 

            Pensaba yo que esa insigne labor socrática de ejercer como tábano de los ciudadanos era algo que había caído en el olvido de la historia. Pero mira por donde que cuando pasamos de las reflexiones más abstractas a los casos concretos, los ciudadanos y el poder, se inquietan y empiezan a ponerse nerviosos. Mi escepticismo que me llevaba a pensar que uno voceaba en el desierto o, incluso, escupía contra el viento se ha venido, al menos en este caso, abajo. Todavía es posible la crítica porque duele a aquellos que ocupan el poder. En este sentido, la crítica racional –desde el escepticismo o la docta ignorancia- que explicaré después, son un saludable revulsivo contra el poder que sin ello se anquilosa en sus supuestas verdades. El poder, para perpetuarse, pretende tener el monopolio de la verdad y es esto lo que le hace refractario a la crítica. Incluso en los regímenes democráticos esto también ocurre. Pero cuando esto ocurre en un régimen como el nuestro tenemos la tendencia a caer en un fundamentalismo democrático. Los gobernantes se amparan precisamente en los mecanismos democráticos (es el caso del voto de la mayoría) para imponer “su” verdad. Y precisamente lo que nos dicen es que ellos están legitimados por las elecciones, y de esta forma intentan eludir la crítica. Utilizan un subterfugio de la democracia para imponer su verdad y evitar el diálogo. Es más, el fundamentalismo democrático, llega a su culminación, cuando cualquier crítica que venga de fuera del poder es considerada como un ataque a la misma democracia. Entonces, la democracia, se transforma en un argumento de autoridad en el que el poder se parapeta ante todo aquel que ose criticarlo. Pero la labor del filósofo, del tábano, es desenmascarar –siempre que le sea posible- cualquier forma de opresión y engaño que los distintos poderes pueden utilizar. Pero, y téngase muy en cuenta esto, este momento de la crítica no tiene porqué aportar ninguna nueva verdad o dogma. Para ejercer la crítica hay que situarse en una postura incómoda; una posición que yo diría que es más una actitud vital: el escepticismo. Pero no entiendo yo aquí el término escéptico en su acepción popular: aquel que afirma que todo es falso y que nada merece la pena y acaba en la desidia y la indolencia. Lo entiendo en su sentido griego. Escéptico es el que busca el conocimiento y su instrumento es la crítica racional. Por eso el escéptico, cual Quijote, arremete con su lanza contra las falsedades, mentiras y vanidades de este mundo. El escéptico no acepta ningún dogma, ninguna verdad preestablecida, sospecha del poder. El filósofo escéptico –al modo socrático- es la mejor medicina indicada contra el dogmatismo y, en nuestro discurso, contra lo políticamente correcto (otro rasgo del fundamentalismo democrático). Y esta saludable crítica se hace desde la docta ignorancia, que es el reconocimiento –intelectual y vital- de nuestra propia ignorancia (fruto del ejercicio del conocimiento de sí mismo); pero no como un ejercicio meramente retórico, sino íntimo y vital, de tal forma que afecte a todas las dimensiones de tu existencia. Si los políticos que gobiernan y los ciudadanos que los votamos partiesen de esta actitud, entonces el ejercicio del poder sería el del diálogo, que es la forma primigenia en que nace la democracia. Cuando no hay diálogo lo que hay es demagogia, que es una forma débil de totalitarismo y otro rasgo también del fundamentalismo democrático. Y la demagogia surte efecto cuando los ciudadanos no han alcanzado su mayoría de edad: cuando prefieren obedecer a pensar por sí mismos, o cuando sus intereses particulares (individuales y egoístas) triunfan sobre los comunes o generales. Y son el miedo y la pereza los que nos llevan a esta situación.

 

            Frente al fundamentalismo democrático tenemos que oponer la tesis de la perfectibilidad de la democracia. Y esta tesis arranca, a su vez, de un principio general de la teoría política que es el de la imposibilidad de una democracia perfecta. Como vemos, el fundamentalismo democrático –pensamiento en el que caen aquellos que llevan demasiado tiempo en el poder y más si es con mayoría absoluta- entra en contradicción con este principio universal que pone límites a la acción humana en el sentido de que es imposible una sociedad perfecta, como tampoco existe el movimiento perpetuo.

 

            Frente a la democracia sólo están los totalitarismos y el fundamentalismo democrático es uno de ellos al que llamamos débil, pero no por su poca fuerza, sino porque no se ejerce violentamente (al menos aparentemente, porque aquí habría que señalar también las críticas que se hacen a los gobiernos “democráticos” que hacen guerras en nombre de la democracia, cuando en realidad son guerras de poder: geoestrategia militar para controlar las fuentes de energía y a las nuevas potencias emergentes: algo que –aunque está muy alejado de nosotros- tiene mucho que ver con la discusión que nos ocupa a los ciudadanos de esta comarca.) Por eso, para que la democracia no se convierta en un totalitarismo hay que partir de la posibilidad de la crítica, que es la que la hace sustancialmente diferente a cualquier otro régimen.

 

            La crítica a la democracia tiene como fin la posibilidad de mejorarla y señalar todas las formas de autoritarismos a que todo poder tiende por naturaleza. Yo diría más, la democracia hoy en día necesita de una crítica profunda y radical si queremos refundarla, e, incluso, mantenerla. Los modelos democráticos occidentales, alimentados por el neoliberalismo, han alejado al poder del pueblo. Los ciudadanos ya no se sienten representados por sus gobernantes; y estos se dedican a representar un papel que no es más que una mascarada propagandística. ¿Por qué la ciudadanía y, sobre todo, los jóvenes creen cada vez menos en la política y los políticos? Tanto ciudadanos como políticos deberíamos plantearnos seriamente esta cuestión si no queremos acudir a los funerales de nuestra “sacrosanta” democracias. Eso si no estamos ya en ello.

 

            Siento que el lector que haya llegado hasta aquí haya tenido que soportar toda esta introducción teórica. Mi intención ha sido demostrar que la democracia es criticable y eso incluye al poder (partidos políticos, medios de comunicación, poder económico...) y a los ciudadanos que, en definitiva, somos los que sostenemos y, en muchos casos, padecemos este poder. He evitado todas las citas y obras que hablan sobre el tema –desde la antigüedad hasta nuestros días- y que en suma han hecho posibles los diversos sistemas democráticos en los que vivimos.

 

            Son muchas las críticas que podemos hacer actualmente a la democracia y por las que podemos pensar que nos encontramos frente a un estado de franco déficit democrático, cuando no, incluso, atropello a la misma democracia, como en el caso del mencionado fundamentalismo democrático.

 

            Vamos a ver, el peligro que vivimos ahora mismo es el de ver desaparecer la democracia en general y la nuestra en particular. Puede que acabe convirtiéndose en una cascarilla formal. Puede, incluso, acabar convirtiéndose en un estado orwelliano. Creo que la predicción de Orwell es más actual ahora que en su momento. Y son muchos los teóricos de la democracia, los pasados y presentes, que están de acuerdo con este diagnóstico. No es por utilizar el criterio de autoridad, es por hacer ver que la crítica a la democracia es un bien para ella; y que de esta crítica no se excluye la de la mayoría absoluta. ¿Legitima la mayoría la razón y la verdad? No, desde luego que no, aunque ésta sea una de las reglas de la democracia que tenemos que acatar, si no queremos romper la baraja. Pero tenemos que distinguir –como señala el ilustrado Kant- entre el uso privado de la razón (obediencia a la ley) y el uso público (la posibilidad y el deber que el “docto” en tanto que tal puede y debe hacer de la crítica pública con el fin de alcanzar mayor perfectibilidad).

 

            Pues bien, en la situación en la que hemos vivido en los últimos meses lo que yo he detectado ha sido una muestra concreta del déficit democrático (el declive de la democracia) que muchos teóricos actuales detectan (no cito para evitar erudición innecesaria; pero puedo proporcionar al que quiera información, al político, en particular, no les vendría nada mal algunas lecturas.)

 

            En primer lugar, y por parte de la máxima autoridad de la Junta de Extremadura, se ha hecho un alarde de autoritarismo al negar la posibilidad del diálogo sobre decisiones políticas tomadas. Este abuso de poder es llamado autocracia (el poder basado en la autoridad que puede emerger dentro de las mismas democracias y arruinarlas: el ciudadano se siente menospreciado.) Efectivamente, cuando esto ocurre el político deja de tener credibilidad ante los ciudadanos. El pueblo deja de creer en sus representantes, porque en realidad no lo representan, actúan por otros intereses. El político es arrastrado por una espiral de búsqueda de poder, independientemente de la verdad y la razón. La unanimidad de opinión y pensamiento dentro del partido está dirigida precisamente a mantener el poder, no a la búsqueda de la verdad, la justicia y el bien común. Y creo, sinceramente, que estas últimas caracterizaciones se alejan mucho de lo que es la democracia. Es más, podemos preguntarnos realmente si es esto una democracia; o el fundamentalismo democrático la ha transformado en “perfil” democrático para un pueblo autocomplacido, satisfecho, inconsciente y engañado.

 

            La unión de autoritarismo del partido gobernante y la conciencia individualista y autoconplaciente del “ciudadano” convierten la democracia en mero barniz; menos mal que nos queda el otro pilar de la democracia, el estado de derecho; que, a su vez, va siendo progresivamente socavado: las reformas laborales, las deslocalizaciones de la globalización, el poder de los medios de comunicación que “crean” la “realidad” y dirigen las sombras del fondo de la caverna que el “ciudadano” esclavo contempla sin posibilidad de ver otra realidad (lo que no está en los medios de comunicación no existe o es meramente marginal, no influye en los valores de la sociedad). Siento decirlo –porque soy un fiel seguidor de los valores de la ilustración, como decía Popper, el último filósofo tambaleante de la ilustración- pero el ideal del que nace la democracia en el siglo XVIII es el de la ilustración del pueblo. Pero ser ilustrado es ser libre (no de comprar, que ni siquiera lo somos, no podemos tener dos casas, o un Jaguar, sólo algunos tienen esta libertad, los demás somos esclavos de nuestra hipoteca para poder vivir; sino de ser dueños de nosotros mismos) y esto es ser un ciudadano. Sin embargo, nuestra sociedad, antes que a ciudadanos, hombres libres, prefiere a individuos felices, autosatisfechos de pequeñas posesiones. Es esta la situación del nuevo opio para el pueblo. Las conciencias permanecen adormecidas y seducidas por la lógica del tener, que se confunde con la del ser, y ya no es posible la crítica del sistema: en definitiva, una forma de esclavitud entre inconsciente y voluntaria: un duermevela, una apariencia de felicidad. Lo que continuamente se nos repite (curiosamente es ése uno de los principales objetivos de la nueva reforma de la educación, muy lejos de los ideales ilustrados) es que los individuos deben “adaptarse” a la velocidad de los cambios que se producen en las sociedades posmodernas (de la comunicación, la información y las nuevas tecnologías) en las que vivimos. Podemos cambiar adaptación por esclavitud. Lo que yo pienso es que el verdadero ciudadano lo que debe hacer es transformar la sociedad, no adaptarse sumisamente a ella. Este concepto de adaptación es un nuevo darwinismo social, se elimina al que no se adapta, muy propio del programa de la derecha mercantilista (el neoliberalismo); pero los grandes partidos que nos representan, tanto de la derecha, como de la izquierda, lo han asumido como un hecho. Como si nosotros no pudiésemos impulsar los cambios y dirigir el futuro del mundo que queremos. Con ciudadanos adaptables y sumisos no es posible la democracia, ni tiene legitimidad la mayoría, salvo desde el punto de vista formal, que es necesario respetar si queremos agarrarnos a lo poco que nos queda de democracia e intentar transformarla desde dentro. Aunque esto es difícil, ya ven cual debe ser el perfil del alumno que debe salir de nuestro sistema de enseñanza. Moldeable, adaptable, sin conciencia social, amputados el sentido de la justicia y la equidad, sin capacidad de percibir los altos ideales de una sociedad global mejor para todos y más justa. Sólo con el interés de poseer un puesto de trabajo y seguir “formándose” para adaptarse a los cambios que vengan. Eso no es formación, eso es obediencia al sistema y alienación. La formación es el estudio (en cualquier ámbito del saber y de las artes) y la autocrítica.

 

            ¿Qué me dicen de las instituciones? Nos dicen que en democracia hay que respetar las instituciones. Faltaría más, es ésta otra de las reglas del juego si queremos preservar la democracia. Pero, ¿y cuándo esas mismas instituciones son violadas por aquellos mismos que las representan?. Todos ustedes saben a qué cosas y casos me refiero; pero por mantener el tono reflexivo y teórico de este artículo guardo silencio al respecto. Pero, lo que sí voy a decir es que el respeto a las instituciones no elimina la posibilidad de la crítica; en tal caso volveríamos a caer en el fundamentalismo democrático. Además vuelvo a traer aquí la distinción que hice antes entre uso privado (obediencia) y público (crítica) de la razón. La normalidad democrática es precisamente ese uso público y libre de la razón. Pero el poder tiene miedo de la crítica, quiere dominar las opiniones, uniformar el pensamiento. Y cuando aparece esa normalidad democrática lo llama crispación, y no cuando el propio poder comete abuso del propio poder otorgado por los ciudadanos. No, señores, no, eso no es democracia y hay que criticarlo para corregirlo. La democracia y los derechos de los ciudadanos son una conquista histórica, no un regalo y pueden desaparecer, si es que no está ya en vías de extinción.

 

            El problema es que el político sigue el principio del “realismo político” establecido por Maquiavelo. Les recomiendo a nuestros políticos que vuelvan a leer “El Príncipe” del autor citado. Este principio que he enunciado es el de que El fin justifica (en la acción política) los medios. Este principio descubierto por Maquiavelo marca el nacimiento de la política moderna, enfrentada a la visión socrática y platónica, que acaba con la tragedia de la muerte de Sócrates, y consiste en la imposibilidad de la coincidencia de los ámbitos de la ética y la política. Las acciones políticas encaminadas a un bien común justifican los medios utilizados (por eso siempre afectaran a minorías) que puedan afectar éticamente a algunos individuos. Pero el problema es que en la democracia (partitocracia) no se usa el principio del realismo político para conseguir un bien común; sino para perpetuarse en el poder, o por mero voluntarismo político.

 

            Y, por último, quiero señalar algo de lo que ya he hablado en muchas ocasiones y que es uno de los fundamentos de la democracia y que se entiende mal con grave perjuicio para la salud intelectual y espiritual de los ciudadanos. Se nos dice que en democracia hay que respetar todas las opiniones. No señor, perdone que le diga, eso no es democracia. En democracia lo que se debe garantizar es la libertad de expresión; esto es, el respeto a las personas como capaces de pensar por sí mismo y tener sus propias ideas. Pero las ideas y las creencias, aunque toleradas (salvo cuando atentan contra la propia democracia, aunque aquí tropezamos con otro de los problemas de la democracia: los límites de la tolerancia) pueden ser discutidas y debatidas. Tolerar no es aceptar sin más, la tolerancia es la posibilidad que se le da al otro de que quizás es él el que tenga razón y no yo. Tolerar no es soportar (aunque así lo sea en su raíz latina) la opinión del otro para no tenerlo que escuchar. Por el contrario, cuando se impone el respeto de todas las opiniones lo que se está estableciendo es el relativismo (imposibilidad de verdad objetiva y, por tanto, de diálogo) la equivalencia de todas las opiniones. Cuando se mantiene este relativismo de las opiniones lo que no se está es respetando la libertad de expresión y, en última instancia, no se está respetando a las personas. Ante esta situación lo que se impone es la opinión o la idea del poder. De nuevo el voluntarismo político, la autocracia y el opio para el pueblo a través de los medios de comunicación. Y si aceptamos todo esto lo que se nos impone es la opinión vulgar, no formada y mediatizada por los medios de comunicación; y no creo que haya nadie –a menos que sea un iluso- que crea en la neutralidad de la información. La neutralidad es un mito del poder que no se cumple, de forma absoluta, ni en las ciencias duras, cuanto más en los medios de comunicación, pues todos tienen dueño.

 

            En definitiva, si creemos en la democracia debemos criticarla, porque ella misma nos lo permite y nos lo exige. Y no debemos escondernos detrás de la cáscara democrática –la pura forma- porque al final nos daremos cuenta que el interior está vacío y el fantasma del “autoritarismo” se escapa como un genio maligno. Cada vez estoy más convencido de que el bien más preciado es la libertad y no la felicidad, sobre todo cuando ésta última no es virtud sino autocomplacencia. Pero vivir en libertad es vivir a la intemperie.

 

                                              

 



[1] Tengo que agradecer al director de este periódico la publicidad que ha hecho de mi última entrega. También tengo que agradecerle la amplia dedicación que le dedicó en su editorial a la crítica del mismo. Pero creo que debo amonestarlo porque –al menos formalmente- las cosas así no se hacen. Hubiera agradecido una crítica de mi artículo en las páginas interiores, pero que el director de la publicación en la que vengo colaborando aproveche la editorial para ello me parece una falta de ética profesional. En fin, así habrá llegado a más gente, que es la intención del que escribe: comunicar sus ideas y discutirlas. En cuanto a la crítica creo que mi artículo se defiende por sí solo. El pensamiento filosófico crítico está siempre en construcción y mi escrito no es más que un peldaño de la construcción de mi vida intelectual que coincide en la línea esencial de mi pensamiento: el racionalismo crítico y la filosofía concebida como terapia que intenta desenmascarar los interminables velos de Maya que recubren la realidad y que las distintas formas de poder se empeñan en enmarañar. El escrito de ahora se puede entender como preámbulo o corolario del anterior con la intención de justificar y fundamentar (con el menor academicismo del que he sido capaz: la claridad es la cortesía del filósofo) la posibilidad, la  necesidad y el deber de ejercer la crítica de la democracia en tanto que persona, ciudadano y filósofo (Quijote ya en estos tiempos que corren) que soy.

De políticos y ciudadanos I

 

De políticos y ciudadanos.

 

No tengo hacha que afilar, sólo tengo que aguzar mis pensamientos.

No tuvimos nosotros la culpa de haber nacido. ¡La tenemos de creer lo que creemos!

                                   Jorge Santayana.

 

            Quisiera abundar un poco más en la última entrega que hice en esta página de opinión “Más allá de la democracia” más que nada por los últimos acontecimientos que han ocurrido en nuestra localidad, extensibles a la comarca y a la región. Decía allí, como tesis central, que la democracia no garantiza la verdad y la libertad. Que la democracia tendía a degenerar en demagogia. Que era el triunfo de una mayoría no ilustrada y dirigida por los medios de comunicación, los intereses particulares y los partidos. Sigo reafirmándome en las tesis que allí mantenía. Sobre todo en el hecho de que la democracia es un gobierno perfectible y que, por ello, las críticas dirigidas contra ella siempre –al menos en mi caso, de momento- tienen el objeto de perfeccionarla y hacerla mejor. Supongo que muchos de los que leyeran el artículo y observaran el periódico en el que se edita en su totalidad encontrarían las tesis que allí se defendían confirmadas, para mi desgracia –porque nada me gustaría más que equivocarme- si no en su totalidad, al menos, en parte. Sólo había que ver la portada con la que se despachaba en sus titulares este periódico. Resulta que los reyes magos habían llegado a Villafranca trayendo en sus alforjas 3000 puestos de trabajo. Todo ello porque se pretende instalar una refinería petrolífera en nuestra comarca, compartiendo nuestro término municipal con otras localidades vecinas. En aquel artículo hablaba de la verdad y la libertad que, a mi modo de ver, no garantiza la mayoría, aunque, como mal menor, en democracia debemos admitir. El voto, por suerte, nos da la posibilidad de deshacer errores. Al menos esa es la esencia del voto democrático, quitar del gobierno a aquellos que nos parece que se han equivocado. Y es aquí donde quiero profundizar en esta ocasión.

 

            En primer lugar, este periódico local, con ese titular, y con la mayor parte del contenido que nos ofrece está mediatizado por el poder. Son instrumentos públicos en manos del poder actual a través del cual se autoafirman y consolidan su opinión mayoritaria creando un espacio casi imposible para la crítica. Pero tendrán que disculparme ustedes si me siento indignado ante este tratamiento de noticias que nos afectan a todos -y que se nos presentan de modo engañoso- como si fuese un bien absoluto para todos los ciudadanos, de tal forma que la capacidad de disentir se hace casi imposible; e, incluso, si se disiente, parece que te pones en contra del supuesto bien común que nuestros gobernantes quieren para nuestra localidad. Es ese bien común lo que debe perseguir el gobernante, ese es su deber y para eso los ponemos ahí y para eso ellos se presentan a las elecciones con la intención de mejorar nuestras condiciones de vida. Pero no es éste el caso. Este periódico, en su primera página y en grandes titulares, nos presenta sólo las “supuestas” bondades de una acción política dirigida por el partido que en este momento está en el gobierno local y regional. A mi modo de ver esto es impresentable. Sin ningún tipo de debate previo, sin ninguna información, se hace partícipe a los ciudadanos de las bondades de los políticos. Y encima para decirle que a partir de ahora, con la medida que sus gobernantes han tomado, los ciudadanos se beneficiaran con 3000 puestos de trabajos. ¿Quién no firma eso?. Y aquí es donde reside el engaño a la ciudadanía. Ni se explica, ni se cuenta en qué consiste dicha empresa. Y se da por hecho que eso es un bien para todo el pueblo. Claro, quién se va a atrever a alzar la voz en contra de esos futuros puestos de trabajo. Nuestros gobiernos, local y autonómico, como buenos padres de los ciudadanos, que en ese mismo momento dejan de serlo para convertirse en súbditos, nos engañan tanto en los puestos de trabajo, como en el tipo de industria que quieren montar y sus peligros. Actúan en contra de la línea de las políticas mundiales que deben ir encaminadas al desarrollo sostenible en lugar de al desarrollismo puro y duro de hace cuarenta o cincuenta años; amparándose para ello en el argumento de sacar a nuestra región del rincón de la historia en el que “supuestamente” se encuentra, queriendo transformar una región agrícola en una industrial, con todas las consecuencias que ello tiene para nuestra forma y calidad de vida. Pero mi intención no es entrar en este artículo en los males y beneficios de esta industria en nuestra comarca. Mi objetivo es previo a todo esto. Primero el denunciar, como he dicho anteriormente, que la democracia se convierte en demagogia y, segundo, mostrar, cuál debe ser una relación sana entre políticos y ciudadanos para no caer en una relación de súbditos y vasallos.

 

            La demagogia (el engaño) desde el poder y amparándose en los medios de comunicación, se ha hecho en dos direcciones. En primer lugar ofreciendo una noticia, a bombo y platillo, sin ninguna objetividad y desinformando, a sabiendas, al ciudadano. Casi me animo a pensar que con la intención de ver a ver cómo reaccionan. Tomarnos un poco el pulso para certificar si somos dóciles y sumisos o si hemos caído en la trampa. No se nos ha dado más información, todos los pasos intermedios están ocultos y, señores, la democracia es transparencia; si no es así, el ciudadano está engañado; y la ignorancia es la esclavitud. Uno de los deberes del político, que la ciudadanía le otorga cuando les da su confianza, es la de informar sobre la gestión pública que realiza, como el médico tiene el deber de enseñarte cuál es el estado de tu enfermedad o el profesor el estado de tus conocimientos. El segundo modo de demagogia que han utilizado –con la intención de crear una buena expectativa ante su acción- es un psedoargumento; y lo es porque apela a los sentimiento, no a la razón. Se nos habla de muchos puestos de trabajo (cifra indeterminada y poco aclarada, tanto en la cantidad como en el tipo de trabajo, así como quién podrá desempeñarlo: cualquier ciudadano español y europeo cualificado podrá ocupar uno de esos supuestos 3000 puestos de trabajo si nos atenemos a nuestra constitución y a la europea.) Así que no pueden acudir al argumento de que de esta manera nuestros hijos no se verán obligados a salir de la región para trabajar cuando la constitución europea que ese mismo partido apoya defiende y potencia la movilidad laboral; así como la deslocalización de las empresas. Pero no es ésta la parte fuerte de la demagogia; sino que es un falso argumento que apela a los sentimientos y no a la razón. Todos queremos un puesto de trabajo, que es la única forma de ganarnos dignamente los garbanzos de cada día. Así, al disidente se le pone en contra de la ciudadanía en general, como si no quisiese el bien de la comunidad. Y, por otro lado, al ciudadano de a pie se le cautiva a partir de un interés propio y no se le informa del bien común que es por el que debemos luchar todos, y, en primer lugar, el político.

 

 

            Pero hay mucho más, la mayoría de nuestros ciudadanos, espero equivocarme y que sean cada vez menos, se mantienen callados ante tal noticia. Y aquí es cuando la democracia se derrumba. Cuando el miedo hace presa de la razón, cuando la obediencia al partido es mucho más importante que lo que uno individualmente piensa. Me sorprende que dentro del partido no surjan voces disidentes, que todos formen una piña junto al “padre” (ya argumentaré porqué lo llamo así). Me sorprende mucho más que la inmensa mayoría de sus votantes (salvo excepciones honrosas y valientes) asientan humillados y sin queja ni reproche. Todo esto me hace sospechar que el voto no es libre, que la democracia entonces hace aguas, que hay una gran mayoría atados al poder. Ese conjunto de votos que serán siempre incondicionales, pase lo que pase, por intereses particulares. Si esto es así, e insisto que me gustaría equivocarme, nuestra democracia está cautiva y enferma de muerte. Nuestros políticos se han convertido en nuestros señores y benefactores (como los antiguos reyes y aristócratas). Es un clamor popular que “nuestro alcalde ha hecho mucho por el pueblo” no voy a poner esto en duda –no porque sea verdad o mentira- sino porque no es de lo que vengo a hablar. Pero ante esta afirmación popular lo que yo me digo siempre perplejo es ¡estaría bueno! Para eso ocupa el lugar que ocupa: esa es su misión y su deber. Pero eso no significa que se le deba reverencia; si es verdad, que ya digo, no lo dudo, se le debe respeto y admiración por su capacidad de llevar a cabo el bien común que es lo que le compete; pero no reverencia ni sumisión. Cuando esto último ocurre pasamos a ser súbditos, no ciudadanos. Vamos a ver, hablemos claro, cuando uno va al médico espera de él que realice su función de médico que es la de sanarnos, si lo consigue (y además es educado, respetuoso con nosotros y nos informa en todo momento) le estaremos agradecidos y lo respetaremos porque cumple su deber, pero no lo reverenciamos. Cuando un profesor, o alguien más sabio que nosotros, nos enseña, lo respetamos; pero a la vez sabemos que cumple con su deber y no lo idolatramos. Y así sucesivamente con cualquier profesión. Lo curioso es que no ocurre así con los políticos. Estos últimos, por el contrario, parece como si se nutriesen de nuestra adulación; es más, la persiguen. Y ahí es donde falla la relación entre los políticos y los ciudadanos. Los ciudadanos, como he dicho más de una vez, somos los responsables de todo lo que ocurre en la sociedad: ya sea con nuestro voto, con nuestra indiferencia, con nuestra crítica,...el político sólo es nuestro representante temporal: el responsable de administrar el bien común porque él lo quiere así (una de las labores más nobles que pueda existir) y porque el pueblo decide que sea él. El político debe verse obligado a rendir cuentas ante los ciudadanos en general y ante sus votantes en particular. El ciudadano, por su parte, debe exigir claridad al político, que desempeñe su deber; y si no es así, simplemente, por las reglas de la democracia, echarlo. Pero no es esto lo que ocurre. El pueblo adora a sus líderes, necesita de un padre protector que vele por él. En definitiva, el pueblo no se ha hecho mayor de edad y por eso los políticos tienen carta blanca y juegan sucio. De tal manera que la democracia se convierte en una partitocracia endogámica en la que el ciudadano cuenta para poco, salvo para garantizar la siguiente legislatura a base de engaños u otras malas artes que esclavizan la opinión y el voto. Por su parte, el ciudadano no ha alcanzado su mayoría de edad. No ha sido capaz de eliminar al padre: la autoridad que vela por él y lo protege. El ciudadano para alcanzar su mayoría de edad debe abandonar el miedo, la cobardía y la ignorancia. Atreverse a tomar las riendas de su propia vida y de la comunidad. Luchando por él y por la comunidad y poniendo en su lugar al político. Cuando en las encuestas se habla de que la clase política es la más corrupta no es sólo culpa de los políticos, sino de los ciudadanos acobardados e indiferentes a los que se les puede engañar con cuatro caramelos, para luego después hacerlos comulgar con ruedas de molino y, encima, estarles agradecido. Hay que madurar, perder el miedo y atreverse a ser libres. No estamos nosotros al servicio de los políticos sino a la inversa.

 

            Y cuando se dice de alguien que disiente que es un iluminado hay que tener cuidado, porque iluminados son los que se creen redentores de la humanidad; y precisamente es esto algo que caracteriza a los partidos monolíticos y de pensamiento único. Sus militantes son los feligreses de una religión; y en este caso de la ya caduca religión del progreso, de ese desarrollo, que ya huelga decirlo, es insostenible y mortal para la humanidad. Los iluminados son aquellos que no ejercen la crítica, los que obedecen sumisos al enviado. Al supuesto portavoz de la verdad y del bien. Por favor, dejen ustedes libre al pensamiento y discutan con argumentos (que sé que al final lo tendrán que hacer: enmascarados, por supuesto, de ciencia objetiva y neutral, otra religión) no con calificativos para degradar al oponente. Esos tipos de argumentos son falacias (falsos, engañosos, con afán de desprestigiar) y, concretamente, se llaman ad hominem. Seamos serios, todos tenemos nuestra porción de razón y no merecemos ser desprestigiados. El que desprestigia –en lugar de entrar en la comunidad de diálogo racional- es un mero sicario del poder.

 

           

Filosofía Política. La democracia como disidencia.

 

LA DEMOCRACIA COMO DISIDENCIA.

 

Disidencia y democracia realmente existente.

            Nunca podemos abandonar nuestras reflexiones sobre la democracia.  La democracia no se puede dejar a su libre desarrollo, ni mucho menos sólo en manos de los políticos y propagandistas. La democracia es una conquista histórica sujeta a la posibilidad de la desaparición. Probablemente los mayores enemigos de la democracia sean los políticos profesionales y la “ciudadanía” indiferente. Entrecomillo el vocablo ciudadanía porque me parece una contradicción en los términos ciudadanía e indiferencia. Cuando hablamos de democracia hablamos de una máxima exigencia moral y social del hombre que lo convierte en ciudadano. Quizás el problema sea que la ciudadanía, en el sentido más profundo en el que lo vamos a entender aquí,  no sea posible. Entonces la democracia siempre será deficiente y tendrá un límite natural infranqueable que tropezará con la condición humana. De todas formas la democracia no es nunca un gobierno perfecto; sino perfectible. Precisamente esta equivocación, entre perfección y perfectibilidad, nos lleva a ciertas formas de fundamentalismo democrático que, en definitiva, conducen a una anulación de la democracia.

 

            Las democracias reales son gobiernos hoy en día insuficientes. Cuando hablamos de democracia siempre tenemos que tener en cuenta que nos estamos refiriendo a un procedimiento, una forma de convivencia social y cultural. También, por supuesto, y esto es muy importante, a un conjunto de valores. Y, por último, a una actitud, un talante, un ethos o una forma moral. Es decir, que para entender la democracia nos movemos en dos polos: uno el social (forma, procedimiento, valores culturales) y otra individual (actitud, ética). Es esta última la que nos plantea la cuestión moral en el sentido de que el hombre pueda llegar a ser un ciudadano. El ámbito social se entiende como el conjunto marco de requisitos que harían posible el desarrollo de la ciudadanía. Desde este análisis previo todos estamos de acuerdo en que las democracias realmente existentes son insuficientes y necesitan de una urgente mejora. Pero aquí hay que tener una cosa clara, y denunciarla desde un principio. A los poderes fácticos, político y económico, fundamentalmente, vertidos al público en general a través de los medios de información (mito donde los haya) no les interesa para nada ningún tipo de crítica a la democracia. Es más, se vanaglorian del estado democrático realmente existente como el no va más del equilibrio, la justicia, la igualdad y la libertad. Funcionan interesadamente. De ahí que de sus palabras emerja el fundamentalismo democrático. La retórica democrática en manos de los diferentes poderes anula la democracia real. Por eso queremos hacer aquí un análisis de la democracia real que nos sirva como fundamento para la crítica de la democracia realmente existente. Y a partir de esa crítica queremos plantear una posible reconducción de la democracia que tendría, anuncio desde aquí, un pilar básico en la educación. Pero esto nos llevará por supuesto a una crítica del sistema educativo y de los diferentes mecanismos de transmisión de valores que se concentran en los medios de comunicación de “masas”. Curioso que no aparezca aquí el término ciudadano.

 

            La democracia aparece por primera vez en Grecia, como es de todos sabido. Y va unida al desarrollo de la filosofía como actividad del pensamiento que requiere de la libertad para su ejercicio. En la Grecia clásica, lo que podemos llamar la ilustración griega, que coincide con lo que los historiadores conocen como el siglo de Pericles, existía una división entre los diversos habitantes de Atenas. Tenemos a los ciudadanos u hombres libres, los metecos o forasteros, los esclavos y las mujeres. Cuando se instaura la democracia, los únicos que tienen derecho al voto y a la decisión política, así como a la discusión en el ágora y en la asamblea, son los así llamados ciudadanos (termino que procede en nuestra lengua del latín) y que sería mejor hablar de políticos (habitantes de la polis). Para los griegos (Sócrates, Platón y Aristóteles) el hombre es un animal político, que vive en Polis (ciudades estado). Su forma de organización es social. No puede aspirar a la autonomía total. Como dijera Aristóteles, el hombre sólo o es un dios o una bestia. Así, el hombre, como término intermedio es un animal social. Y como tal tiene que organizarse. Pues bien la democracia es una forma de autoorganización  que se debe a los griegos. Podríamos decir que la humanidad, con los griegos alcanza su primera mayoría de edad. La democracia es un tipo de poder alternativo a cualquier otro que impone las leyes desde fuera. La conquista ateniense, y así nos lo avala Pericles en su oración fúnebre consiste en que el ciudadano ateniense se da las leyes a sí mismo, se autogobierna. Es decir, conquista su autonomía. Y ahí reside la fuerza del ateniense y su confianza en la ciudad. Las leyes (el poder) no vienen de fuera, y no se fundamentan en algo exterior; sino que emanan del ciudadano. El ciudadano respeta las leyes porque proceden de él mismo. Se identifica con la ley, puesto que él es su propio fundamento. Confía en la ley porque es la forma de luchar contra la tiranía y el poder arbitrario. En definitiva, el ateniense ha descubierto la forma de autogobernarse y de echar de la ciudad el poder heterónomamente fundado. La democracia, por tanto, implica la autonomía. La capacidad de darse uno a sí mismo la ley. Pero, claro, lo que esto implica es que lo que se ha conquistado ha sido la libertad. En definitiva, y en esto ahondaremos a lo largo del escrito, lo que se ha conquistado es la libertad. Ser ciudadano es ser libre. Y ser libre es darse a sí mismo la ley. Ser el fundamento y el origen de la ley. Y, por tanto, la obediencia a la ley es la libertad.[1] La libertad es indisociable de la democracia y del ciudadano.

 

            Pero antes de seguir por este camino aclaremos algo que considero importante.[2] De lo que quería hablar es del nacimiento de la civilización occidental. Occidente tiene dos pilares sobre los que hunde sus raíces. Atenas y Jerusalén. El pilar de la razón y el de la fe. El de la ciencia y la filosofía y el de la religión. El tema de la religión lo abordaremos en otro ensayo de esta misma publicación.  El significado de la aparición del pensamiento racional, el logos, la ciencia o la filosofía es el de la sustitución de la idea de caos por la de cosmos. La invención del griego es la de considerar que lo que hay, lo que le rodea, es un cosmos, un universo; no un caos, pluriverso e ininteligible.  El pensamiento mítico religioso, como alternativa de explicación del mundo, considera que el orden de este mundo procede de otro, que está en el ámbito de lo sagrado, y que es el que da la ley a la naturaleza. Por ello el orden natural es inexplicable sin la existencia de los dioses y su voluntad. En realidad, el orden natural sería arbitrario y, en suma, sujeto a la voluntad y el capricho de los dioses. Lo que los griegos descubrieron, y determinó, para bien o para mal, la historia de occidente, es que la naturaleza es un orden (cosmos) que tiene sus propias leyes. Es decir, las leyes emanan de la propia naturaleza, constituyen el logos, la razón. Pero el hombre también posee el logos,  por eso podemos entender el universo, podemos clarificarlo. Esto constituye el surgimiento de la ciencia y la filosofía. Pero además esto conlleva una consecuencia, antropológica y social muy importante. La naturaleza no se rige por el capricho de los dioses. Las leyes no son externas al propio mundo, constituyen el propio universo. De esa forma el hombre se emancipa del poder de los dioses y de la superstición. En fin, que el hombre conquista una porción de libertad. Para empezar no debemos temer a los dioses, la naturaleza tiene su propio orden, y también, puede ejercer su libertad en la investigación de las leyes que gobiernan ese orden que constituye al cosmos. Y esto es un paso de la autonomía a la heteronomía en la naturaleza. Sugiero, entonces, que esto es lo mismo que ocurre cuando se conquista la democracia como forma de distribución del poder y de organización social. Antes de la aparición de la democracia el poder se basaba en algo que trasciende al propio individuo, que emana del ámbito de lo sagrado y que poseen y administran una clase de hombres superiores y en contacto con esa trascendencia. Las leyes son incuestionables, exceden el ámbito de lo humano, emergen de lo sagrado y son administradas por una clase de semidioses, los aristócratas. De esta forma con lo que nos encontramos es con una heteronomía, la ley viene de fuera, es incuestionable e inefable. Y, lo peor de todo, es sumamente arbitraria. Esto significa que es injusta e inmoral. En definitiva, se sitúa en la tiranía. Por eso, frente a la democracia sólo existe el autoritarismo. Lo malo es cuando la democracia se convierte en otra forma de autoritarismo como ocurre en las democracias realmente existentes. Más adelante abundaremos sobre este particular que considero central en mi argumentación y uno de los peligros de las democracias actuales, así como el posible fin del hombre en tanto que ciudadano.

 

            Pues bien, la democracia precisamente existe en la medida en la que es el propio demos, el pueblo en tanto que ciudadano, ya lo veremos, el que se da a sí mismo la ley. Igual que ocurrió en el ámbito de lo natural, ocurrirá en el ámbito de lo social, pero con un par de siglos de retraso. Al emerger la democracia el hombre expulsa de la sociedad y su organización al poder de los dioses y los tiranos. El ciudadano ha encontrado la forma de organizarse. Ha considerado oportuno darse a sí mismo la ley. Ser el fundamento y el origen de la misma. Por eso la ley deja de ser arbitraria y tiránica; y su obediencia no se basa ya en el miedo, sino en el respeto. Porque en definitiva las leyes emergen de mi propia decisión racional. La sociedad, tras este paso, se ha hecho autónoma; esto quiere decir que se da a sí mismo la ley. Y esto es una segunda conquista de la libertad que se suma a lo que dijimos anteriormente. Con la democracia el hombre se emancipa del poder arbitrario de los dioses y los tiranos. Olvida el miedo, y entiende la sociedad como fruto de su propio trabajo. Esto significa, también, que la democracia sólo es posible desde la libertad. La libertad entonces sería el valor fundamental. Pero curiosamente la democracia realmente existente intenta enmascararla y ocultarla a través de los conceptos de bienestar, felicidad y seguridad. Cada vez pienso más que las democracias actuales intentan eliminar al ciudadano, sin coacción física violenta, a través de la “domesticación” por medio o en virtud de unos falsos valores que alimentan simplemente nuestro narcisismo consumista y fantasioso ocultándonos la realidad bajo un velo de ciencia y tecnología que nos prometen la utopía de un mundo feliz exento de sufrimiento siempre que sigamos “obedientes y sumisos” ese dictado religioso “tecnocientífico” que nos redimirá tras el fin de esta prehistoria, tras el “progreso y el desarrollo” inevitable de esta humanidad que necesita de un padre benefactor (cura, político, científico..todos piensan y actúan por nosotros y por nuestro bien) que lo redima de su mal. Pero como decíamos, la democracia es libertad. Y la libertad es disidencia, herejía. He aquí el centro de mi argumentación.

 

            La democracia aparece en Grecia en la medida en la que existen ciudadanos libres. Pero, cuál es el sentido de la libertad tal y como la queremos entender aquí. Decíamos que no todos los habitantes de la polis eran ciudadanos. Sólo los hombres libres lo eran. El hombre libre es el que es dueño de sí mismo y de su acción. El que se posee a sí mismo. El que no tiene que responder ante nadie, salvo ante sí mismo. El que es capaz de autogobernarse. El que es autónomo. Si bien hemos dicho que la democracia es la conquista de la autonomía moral, bueno sería decir también que, no existe democracia sin individuos autónomos; es decir, libres. El poder emerge de los ciudadanos libres y su libertad consiste en imponerse a sí mismos la ley como forma de garantizar la justicia y el reparto de poder que expulse de la polis la tiranía y el poder de los dioses. La ciudad es el orgullo del hombre libre. Por eso su acción es siempre política. El problema es que al aparecer la profesionalización de la política se relega al ciudadano a un segundo nivel en el que se le convierte en súbdito. He aquí la perversión de la democracia de la que nuestros políticos no están exentos de culpa puesto que conocen esta realidad y la fomentan. Les interesa más un ciudadano sumiso, un súbdito, más que un hombre libre que exige su derecho a la libertad de pensamiento y de acción, es decir, tienen miedo al ciudadano soberano dueño de sí mismo y que quiere ejercer su derecho y su deber, en tanto que hombre libre, a la disidencia, la herejía. El hombre libre es el que es capaz de disentir del poder, no sólo por el afán de tal, sino por su propia conciencia moral de actuar con y para la polis (los ciudadanos).

 

            Así pues, la emergencia de la democracia es la capacidad del ejercicio de la soberanía. En democracia el ciudadano es soberano. Entiéndase soberano como aquel que es dueño de sí mismo. Y entendiéndolo así resulta que el soberano es el hombre libre. La libertad es soberanía. Libertad es disidencia. El hombre libre es el que es capaz de disentir desde su propio criterio. Y el diálogo autónomo y libre entre los que disienten constituye la base de las decisiones del poder democrático. Como la herejía es la disidencia, resulta que la democracia como forma de organización política y de distribución del poder debe fomentar la herejía, la disidencia, la heterodoxia. Y aquí nos encontramos con la realidad existente. Con esa mascarada de democracia, que sigue un “pensamiento único” (contradicción en los términos: pensar es dialogar. Y para eso hay que disentir) que elimina los matices y las diferencias y que se nos ofrece como lo único posible. Como vemos, la democracia realmente existente está muy lejos del significado de la democracia como una sociedad de individuos soberanos. Vamos a pasar ahora a un análisis, más en profundidad, de la democracia realmente existente.

 

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Democracia y verdad

            Si la democracia se relaciona con la soberanía, con la disidencia, con la capacidad que tiene el individuo de poseerse a sí mismo, se relacionará, de la misma manera, con una dimensión del conocimiento que es la verdad. La democracia debe favorecer la aparición de la verdad. Precisamente la democracia debe estar ligada con el concepto griego de verdad. La verdad como aletheia: desvelamiento. La democracia debe constituir un ámbito en el que la verdad, o lo verdadero, por no ser tan pretenciosos, se nos revele. Pero en las democracias realmente existentes, la verdad aparece enmascarada, relativizada, oculta, tergiversada, enmarullada, como una farsa, confundida. En fin, en la democracia realmente existente la verdad es tremendamente relativa y se lucha, desde los distintos ámbitos del poder, por su ocultamiento. La democracia, por el contrario, lo que debe fomentar es la claridad. No hay democracia sin claridad. Una de las funciones importantes del poder político en la democracia es la clarificación. Y esto es así, precisamente, porque el conocimiento va ligado con la libertad. Y como ya hemos demostrado anteriormente, la democracia es el ejercicio de la soberanía y la libertad. Y no hay libertad sin conocimiento. El proceso de la adquisición de conocimientos es un proceso, a su vez, de liberación. La vieja metáfora del mito de la caverna así nos lo muestra. Esta metáfora, recuérdese, vertebra toda nuestra civilización occidental. Digamos que es como un “mito” fundante en el que nos reconocemos. De esta metáfora han existido múltiples versiones. Hoy en día podemos entenderla desde la manipulación cerebral, las simulaciones por ordenador, etc. Pero lo que quería señalar es que en ese mito de la caverna la ignorancia está ligada a la esclavitud. Recordemos aquí también la visión que nos da Orwel en su 1984. La verdad es la mentira, la mentira es la verdad, la información es el poder, el lenguaje construye la realidad. La verdad es que la novela de Orwel es más actual, y tiene más sentido hoy, como análisis de las democracias realmente existentes, que como critica de la Unión Soviética, que fue el sentido originario que tuvo.

 

            Así, el proceso de adquisición del conocimiento es, a la par, un proceso de liberación. Desde esta premisa -que hemos acordado en este epígrafe- estaremos de acuerdo en que el poder político en democracia debe favorecer el conocimiento. Debe multiplicar y diversificar la información. Desgraciadamente, muchos de los lectores habrán esbozado una sonrisa irónica al leer estas últimas palabras. Somos todos muy conscientes –y tenemos múltiples ejemplos en nuestra memoria- que nos hablan precisamente de desinformación y manipulación; por tanto, de ocultamiento de la realidad. Es más, de creación de la “realidad”. No existe aquello que no se conoce. La muerte del pensamiento consiste en la desinformación, o, en lo que es lo mismo, el control total de la información. La democracia realmente existente, manipula, transforma, transgrede, crea, oculta...la información. El poder político es una máquina de crear desinformación, aún informando. Pero nadie tiene que escandalizarse, esto es algo absolutamente elemental para un estudiante de periodismo y de metodologías de la información. El poder político, simple y llanamente, por la consecución del poder, miente y nos engaña deliberadamente.[3] Ahora bien, al poder, en las democracias realmente existente, le interesa una defensa acérrima de la democracia y sus valores. Curiosa situación paradójica ésta. De aquí se desprende lo que he dado en llamar el fundamentalismo democrático y una de sus consecuencias, el déficit democrático, cuando no la ausencia real de democracia. Es decir, la reducción de la democracia a lo más estrictamente formal.

 

            Pero, para centrar un poco más, la relación entre el poder político en las democracias realmente existentes y la verdad, sería interesante centrarnos en los siguientes aspectos: 1. El poder y los medios de comunicación, 2. democracia, pensamiento único e ideología neoliberal, respeto y relativismo de las opiniones, y, por último, 3. la educación como sistema de control y de creación del nuevo hombre moderno o contemporáneo.

 

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            El que se ha llamado cuarto poder es el intermediario del resto de los poderes con la sociedad. Digamos que es un mecanismo de mediación entre la sociedad y los poderes. Pero, a su vez, se constituye en un poder en la medida en que es capaz de transformar la sociedad, de aquí que el poder utilice los medios de información de masas con la intención de transformar la opinión de una mayoría, de crear una ideología o un estado de ánimo social. Por eso los medios de información tienen dueño. La forma que la sociedad tiene de autoreconocerse es a través de lo que los medios dicen de ella misma. Además habría que preguntarse qué es lo que los medios nos ofrecen. Podemos dividir el ámbito del saber en: información, conocimiento y formación. Si nos referimos a la TV, que es el medio más difundido y realmente el que transforma, podemos asegurar que el conocimiento es un ámbito prácticamente inexistente. El conocimiento es un saber organizado y demostrativo, que busca las causas y los principios de sus afirmaciones. Es un saber crítico y riguroso que aspira a la consecución de conocimiento verdadero o verosímil. Desde luego que la TV escapa a este tipo de saber, salvo en algunos tipos de documentales minoritarios y poco relevantes por su escasa audiencia. Este tipo de conocimiento se transmite a través de los libros, revistas especializadas, divulgación seria y acreditada, debates, congresos, jornadas; y, sobre todo, en las escuelas, los institutos y la universidad. Realmente estos últimos son sus lugares adecuados. Los periódicos, en sus páginas de opinión y algunos dossier y suplementos, también realizan una tarea de extensión del conocimiento y crítica social. Pero estas páginas suelen ser también muy minoritarias en su audiencia. No hay más que pensar que el periódico más leído en España es un diario deportivo, cómo vamos a pensar que las páginas de opinión y debate de grandes periódicos sean muy leídas. No lo podría creer. Por ello creo, también, que esto es poco representativo. La otra función de los medios de comunicación es la de la información. No podemos decir que no se informe en la TV, la radio y los periódicos, yendo de menos a más, pero la información siempre está cargada de intencionalidad. Hay dos aspectos importantes a señalar en el aspecto de la información. La primera es que la información –aún sin contar con su inevitable intencionalidad- discrimina diferentes ámbitos de la realidad al considerar a estos como poco relevantes. Aquello que no aparece en los informativos no existe en tanto que realidad social. Si equiparamos la información que aparece a través de los medios de comunicación con la realidad, simplificamos absolutamente ésta última. Sería como esa pared del fondo de la caverna que contemplamos desde nuestra infancia y de la que no dudamos. Pero si sólo somos conscientes de un tipo de información, de un tipo de programas y de spot publicitarios porque, los otros ni siquiera hemos tenido la oportunidad de saber que existen, no tenemos entonces ningún criterio que nos permita distinguir. Pero si no tenemos la posibilidad de la distinción, la comparación, no tenemos la oportunidad de reflexionar. Claro, lo que se elimina entonces es la capacidad de la disidencia. En definitiva, nos encontramos esclavizados a la información sin la más leve violencia física. El siguiente paso es la asunción de esa realidad como tal, sin cuestionársela. Esto parece algo fantástico e irreal, pero estoy cansado –y tremendamente preocupado- al detectarlo año tras año en mis alumnos.

 

            La otra dimensión de la información, ligada directamente a la primera es el carácter intencional e ideológico que tiene la información. No existe información neutral igual que no existen hechos puros. En ciencias sabemos que los hechos cobran sentido en tanto que son interpretados a la luz de teorías. Mucho más ocurre con los hechos sociales y con la información que de ellos se nos vierte desde los medios de comunicación. Los hechos se interpretan a la luz de determinadas ideologías interesadas. La lectura de los hechos es relativa al que la hace. Pero, claro, si resulta que todo medio de comunicación tiene dueño; y que estos se han convertido en un negocio, entonces los medios de comunicación luchan por su clientela, no tratando de informar, sino de alagar. Así, los medios de comunicación se convierten en adormileras para los “ciudadanos” y el “tablao” donde los políticos representan su farsa. ¡Qué sería de los políticos sin los medios de comnicación! Los políticos representan su papel de cara al “pueblo” anunciándose, promocionándose y pavoneándose en los medios de comunicación. La retórica del poder ya trasciende incluso el discurso, quizás ya éste sea demasiado complicado para una gran mayoría. Se dice lo que la inmensa mayoría quiere oír. En fin, que los medios de comunicación no aumentan la información ni el conocimiento. Podemos vivir perfectamente sin lo que se nos regurgita por los medios de información, fundamentalmente la TV, que es el inmensamente mayoritario. Nos acabamos de referir a los programas de informativos. De los otros, las series y los anuncios (casi la mitad de la programación) en este momento no hemos ni hablado, lo haremos después.

 

            Ni el conocimiento, ni la información de los medios de comunicación nos hacen libres ni soberanos, todo lo contrario, se fomenta desde estos medios nuestra ignorancia y esclavitud.[4] Por tanto, bajo la apariencia de la diversidad de los medios de comunicación con lo que nos encontramos es con una hegemonía despótica que desconfía de las minorías, los disidentes, los heterodoxos. Es más, se utiliza la imagen para descalificarlos, introduciendo supuestos valores negativos. En fin, la caverna está, hoy más que nunca, en perfecto funcionamiento. Y lo paradójico es que se hace en nombre de la libertad y la democracia...

 

            Qué podemos decir de la formación. ¿forman los medios de información? Pues sí, aquí la respuesta es afirmativa. Pero claro, mejor sería que no lo hicieran. La formación de los ciudadanos hay que entenderla desde el punto de vista vital. Nos formamos adquiriendo valores. Y los valores no se aprenden por la vía del conocimiento demostrativo; sino por la vía imitativa y de estimación. Los valores se aprenden miméticamente. Se nos enseña que algo o una acción encarnan un valor determinado y lo asumimos casi de forma inconsciente y lo repetimos en nuestra forma de actuar o de evaluar el mundo. Hay que tener en cuenta que los valores nos permiten entender y valorar el mundo; de tal forma que los valores nos permiten ver el mundo de una manera o de otra. También ocurre que dependiendo de nuestra manera de valorar actuamos de una manera o de otra. Los valores son una guía para interpretar el mundo y nuestra acción en el mismo. De ahí que la información sea crucial. Y lo curioso es que la TV y otros medios de comunicación han relevado de la tarea de la transmisión de valores a la familia y la escuela. Y por eso digo que es peligroso que los medios de información formen, porque esta formación es siempre interesada desde los distintos ámbitos del poder. Los medios de comunicación son el vehículo de transmisión de la permanencia del poder. Quiero señalar aquí algo más profundo que la simple permanencia del poder político durante una legislatura. Esto está claro. De lo que se trata es de algo más hondo. Todos los medios, como decíamos antes, participan de una misma ideología de poder, que se nos manifiesta como hegemónica e indiscutible. Y es esa ideología fundamentalista democrática, individualista, narcisista, relativista, neoliberal mercantilista, posmoderna, insolidaria, interesada, inconsciente... la que supura, en forma de valores, desde todos los programas televisivos, incluyendo los anuncios. Y son estos valores los que aprendemos desde niños, que sustituyen los que emanan del conocimiento que podemos extraer de los libros u otros lugares ya casi inexistentes.[5] Claro, la transmisión de estos valores no es casual tienen un interés y es el de la construcción de un “ciudadano” que perpetúe el sistema reproduciendo formas ideológicas, de valoración y de acción.

 

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            Ya hemos aludido en el punto anterior al papel de los medios de comunicación en relación con la ideología neoliberal. Quisiera pronunciarme, más brevemente, sobre el asunto del pensamiento único y la ideología neoliberal.[6] Tras la caída del muro de Berlín se declara el fin de la historia y la muerte de las ideologías. El filósofo funcionario Fukuyama cree que con el fracaso de la ideología socialista hemos llegado al fin de la historia y la muerte de toda ideología como pensamiento que nos permita pensar la sociedad con la intención de transformarla. Sólo existe una ideología que se expresa en el estado democrático liberal mercantilista. Por tanto, ya no es necesario ninguna forma de pensar la sociedad; se acabaron los pensamientos que pretendan regenerar la sociedad. Nos encontramos ante la forma de organización social más impecable que jamás haya existido. Lo que nos quedaría es seguir en esa línea de la democracia capitalista neoliberal. Así surge el pensamiento único. En definitiva, lo que se nos está diciendo es que ya no es necesario el pensamiento, porque sólo existe una forma de concebir el orden social. Este pensamiento único supone la muerte del pensamiento y la eliminación de la disidencia y la soberanía por parte del ciudadano. Porque cuando se nos dice que sólo existe una forma de organización válida se nos está convirtiendo en siervos. Se nos está sustrayendo nuestra soberanía, nuestra capacidad de pensar otro mundo. Pero esta ideología que sustenta las sociedades capitalistas, democráticas y neoliberales, están defendiendo implícitamente un determinismo histórico y antropológico. Frente al desarrollo de la historia no podemos hacer nada. Hemos llegado al final de la historia que marca una única posibilidad de pensar. Ahora lo único que nos cabe esperar es el pleno desarrollo de las leyes de la historia que han encontrado su expresión en las democracias liberales. Y éste es el pensamiento que dirige a la globalización neoliberal. Pero este pensamiento lo que lleva implícito es la sumisión del ciudadano. Ante la dinámica de la historia que viene regida por las leyes determinista de la economía y el mercado no cabe hacer nada, salvo asentir y asumir. Y éste es el totalitarismo en el que vivimos en las sociedades posmodernas globalizadas. Si a esto le unimos los valores adquiridos por los medios de comunicación, nos encontramos con un “ciudadano” esclavo que contempla la pared del fondo de la caverna obediente, sumiso y esclavo de su ignorancia. Y al poder le interesa mantener ese gran engaño, porque es la forma que tiene de perpetuarse. Por eso decíamos que no existe tanta variación entre los partidos políticos, todos comulgan con la idea de las democracias liberales como forma última de organización social y como fin de la historia inevitable. A esto hay que sumarle el desarrollo de la ciencia y de la técnica. Estos últimos también se consideran inevitables y se piensan como la garantía del bien futuro de la humanidad. Por tanto, su desarrollo y progreso es inevitable, no se puede cuestionar. El discurso tecnocientífico se convierte en una nueva religión a la que agarrarnos una vez que hemos perdido la vieja espiritualidad de las grandes religiones. Toda esta ideología que estamos esbozando, con algunas pinceladas, que constituye el llamado pensamiento único, participa de la vieja idea de progreso. Esta idea es el mito que tras la muerte de la religión como discurso interpretativo y de sentido de la historia y del hombre en la misma nos ha quedado

 

            El mito del progreso tiene su origen en las religiones del libro, ninguna otra cultura ha desarrollado esta idea de progreso, salvo la occidental. Las religiones del libro han pensado la historia como dotada de sentido, como un progreso hacia la liberación del mal y el pecado. La historia del hombre es la historia de su salvación. Nuestra vida individual se incardina en la historia general y así nuestra existencia individual cobra sentido. Cuando se produce la crítica a la religión, a partir de la ilustración, se conserva en los discurso que la sustituyen la idea de progreso. Así nos encontramos la idea del progreso en la concepción de la ciencia, en el desarrollo tecnocientífco e industrial y en el de la historia política. Implícitamente asumimos que la historia de la humanidad camina hacia algo mejor, que, en definitiva, podremos liberarnos del mal y el sufrimiento. Pero para ello debemos confiar en las “supuestas” leyes que gobiernan el desarrollo de la historia, la economía y la ciencia. En este ámbito no se admiten disidencias. El progreso es un viejo mito judeocristiano que no hemos sido capaz de desenmascarar. En definitiva, sigue siendo la idea que, tras la muerte de dios, sigue dando sentido a la vida y la historia. El ateismo es una actitud que deja al hombre en la intemperie, obligado a dotarse de un sentido propio, de darse a sí mismo la ley. Y aquí llegamos de nuevo a nuestra tesis. La democracia es el gobierno de los soberanos o los disidentes. Pero para esto hay que acabar con las religiones civiles del progreso. Hay que sacar las consecuencias de las críticas a la religión y darse cuenta que, en el fondo, lo que hemos hecho ha sido sustituir una religión por otra. El hombre, en tal caso, sigue siendo esclavo y heterónomo. El progreso en la historia y la ciencia no es más que la secularización de la idea de la historia sagrada de las religiones del libro. Cuando seamos capaz de desprendernos de este viejo mito habremos alcanzado una cuota más de autonomía. Tenemos que darnos cuenta que, cuando asumimos la idea de progreso estamos aceptando la línea de desarrollo que el poder nos impone. Es decir, en definitiva, nuestra creencia en el progreso es la creencia en que las cosas no pueden ser de otra manera; y, si no pueden ser de otra manera, lo mejor es no pensar y obedecer. Por eso la actitud de la mayoría de los ciudadanos es la de la sumisión. Aunque, incluso, diría la de la inconsciencia. Hemos eliminado la religión, de esta manera nos hemos quedado sin la espiritualidad y la moral que de ella emana.[7] Pero nos hemos quedado con su concepción del progreso. La ideología de las democracias neoliberales utiliza este mito del progreso para autojustificarse y sustituye los valores morales de las viejas religiones por los valores materialistas más simplones y narcisistas. Lo importante es el cuerpo, la juventud, el éxito, el dinero, las nuevas experiencias (claro, cuando estamos vacíos de espiritualidad buscamos las nuevas sensaciones en los deportes de riesgos, es un decir) la necesidad del viajar (en definitiva no es más que la industria del turismo. El viaje es una transformación interior por medio del conocimiento del otro y lo otro. El turista, en cambio, es el mismo esté donde esté. Lleva la estupidez occidental allá donde se encuentre. Podríamos decir que es como si no se hubiese movido de casa. Los viajes pasan por él como el agua resbala por la piel.) En definitiva se nos esclaviza por medio del placer y la sensualidad. Cuado todo ha perdido sentido lo importante es el yo narcisista y la pervivencia de la juventud de nuestro cuerpo. El sentido de la historia viene ya dado por las leyes que la determinan, nosotros, simplemente, asentimos. El espacio para la disidencia se estrecha, la democracia se derrumba.

 

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            Pero esto nos lleva a otro punto. Uno de los valores de la democracia es el de la libertad de expresión y de opinión. Pero como venimos diciendo al poder que sostiene las democracias liberales no les interesa la disidencia, la herejía, el pensar por uno mismo, el poner todo en cuestión incluida la historia, el progreso, el propio poder...Sin embargo hay que defender la libertad de opinión. Lo que yo sostengo es que tras la libertad de opinión hay una trampa tremenda del poder. La libertad de opinión es una mascarada que oculta el pensamiento único; es más, que manifiesta la imposibilidad del pensamiento.

 

            La sociedad posmoderna en la que los grandes relatos de la humanidad han sido desechados se asienta sobre el relativismo y el subjetivismo.  La libertad de opinión se asienta sobre el principio de que todas las opiniones son válidas. Desde este punto de vista podríamos decir que el hombre actual goza de la libertad de pensamiento y que esto garantiza la perpetuación de la democracia. Yo creo, en cambio, que esto es apariencia. Es una treta más del pensamiento único. Hay dos puntos que hay que señalar en esto de las opiniones. Cuando se dice que todas las opiniones son respetables se bloquea la posibilidad del pensamiento en la medida en que nos quedamos en el nivel del respeto. Que, por lo demás, no es respeto sino soportar o ser indiferente a la opinión del otro. De esta forma se inhibe el diálogo, porque nadie tiene la necesidad de convencer a nadie ni de dejarse convencer. El diálogo como forma de ilustración, de conocimiento y de formación queda anulado. En su lugar lo que se erige es la tiranía de las opiniones. En lugar de tener opiniones y discutirlas, éstas nos tienen a nosotros. Caemos bajo el imperio de la tiranía de las opiniones. Si todas las opiniones son respetables –como manifiesta el relativismo- todo se puede defender. Y aquí entramos en el segundo punto. Vamos a ver, el respeto a las opiniones se esgrime como la libertad de pensamiento. Pues nada más lejos de la realidad. En definitiva, frente a las opiniones de los demás lo que hay es indiferencia. Pero claro, si todo se puede defender nada se puede criticar seriamente, por tanto, cualquier acción que ejecute el poder es válida. Porque, en definitiva, hemos echado a la verdad del ámbito de la acción política. Los actos se justifican porque el propio poder los ejecuta: política de hechos consumados; si se hace es verdad. Si todas las opiniones son respetables no hay nada que discutir y el poder tiene las manos libres para hacer lo que quiera. He aquí las apariencias y la realidad. Creemos que poseemos libertad de pensamiento, pero no es así. Sólo hay un pensamiento válido que es el que emana del poder y el que éste mismo ejecuta por su propia fuerza. Mientras al poder le interesa que creamos en nuestra libertad de pensamiento él actúa impunemente, nada es discutible. En definitiva, la base de todo el sistema democrático liberal es asumido por todos y las propias leyes del progreso de la historia y de la ciencia nos impulsan hacia las acciones que el poder ejecuta. En definitiva, el poder no es más que el instrumento de las leyes que determinan el progreso de la humanidad.[8]

 

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Democracia y educación

            El último punto que quería tratar sobre la relación de la verdad con la democracia es el de la educación. Pero creo que éste tiene tal relevancia que merece un tratamiento a parte. Nuestra tesis es que la democracia se alimenta de los individuos soberanos. Y que la soberanía se alcanza a través del conocimiento. Por eso la verdad como desvelamiento, como búsqueda del ciudadano y de la sociedad es el alma de la democracia. Pero, por lo que llevamos visto hay una confabulación del poder contra la verdad. O bien esta última se oculta, o se relativiza. En ambos casos el poder tiene las manos libres.

 

            Pero, ¿qué pasa con la educación y la enseñanza? Los objetivos fundamentales de la educación son la transmisión de conocimientos y de valores. El objetivo ideal sería la formación de ciudadanos, en el sentido en el que venimos diciendo de individuos soberanos y autónomos. Tras el sistema educativo obligatorio nos encontraríamos con los futuros ciudadanos, hombres libres y dueños de su futuro. Ésta es la teoría democrática y la que el poder, con sus diferentes sistemas y leyes de enseñanza, nos quiere hacer creer. Pero nos encontramos frente a otra mascarada más. Al poder no le interesa la herejía ni la disidencia, se preocupa por la obediencia y la sumisión. La educación, en lugar de ser un instrumento de liberación, se transforma en una herramienta del poder. En un vehículo de transmisión de los valores del pensamiento único. Son muchos aspectos los que habría que analizar en el tema de la educación, pero vamos a quedarnos con algunos sueltos, solamente.

 

            Para empezar, el sistema educativo no es el único que trasmite los valores; y, por supuesto, no es el más creíble ni aceptado. Al contrario, está desprestigiado: sobre todo en la enseñaza secundaria, no así en la primaria. Lo que sustituye a la enseñanza como el instrumento de transmisión de valores son los medios de comunicación y la publicidad en general. Por eso, en más de una ocasión he insinuado que cuando voy al instituto más que a educar voy a contraeducar. Hay que desenmascarar los falsos valores adquiridos por el alumno a través de los vehículos de transmisión de valores que residen en las manos del poder que pretende perpetuarse. De esta manera el sistema de enseñanza es un vehículo de transmisión de valores, pero no el único, ni el más aceptado. Por el contrario, los alumnos en la secundaria sienten un rechazo visceral a todo aquello que procede del sistema educativo. Los valores a imitar no se encuentran dentro de la escuela, sino fuera, en los medios de comunicación. Esto es algo que corresponde a la propia dinámica de la sociedad, pero de lo cual también son responsables las diferentes reformas educativas.

 

            Veamos esto un poco más en profundidad. La formación, como hemos dicho, consiste en la transmisión de valores. Los valores se aprenden por imitación y se repiten miméticamente. Como decíamos nos ofrecen una forma de interpretar el mundo y a nosotros dentro de él. Pero los valores que se le transmiten al alumno, son los mismos que se dirigen al adulto y proceden de la publicidad y los medios de comunicación. Estos valores son aquellos que fomentan, como ya lo hemos señalado, el éxito, la juventud, el dinero como criterio de libertad y felicidad, el individualismo hedonista (esto último en su sentido negativo); en fin, todos aquellos que perpetúan la propia ideología neoliberal, y, en suma, la permanencia del poder. La escuela, por el contrario, intenta transmitir otros valores más afines a la propia democracia, pero carece del instrumento básico: la autoridad. Cuando hablo de autoridad me refiero a la que emerge de un valor. Tiene autoridad el que tiene un valor respetable; y, en tanto que tal, es digno de imitación. Los profesores deberían ser el vehículo de transmisión de los valores morales e intelectuales si tuviesen la autoridad que, en principio, requieren del esfuerzo de los alumnos. Otro valor reñido con el éxito y el triunfo, el hacer lo que a uno le dé la gana (confundiendo el capricho con la libertad) También la escuela (el sistema de enseñanza) sería la vía de transmisión de los valores de la democracia, o de la democracia como un sistema ético. Pero nos encontramos muy lejos de todo esto. Y al poder, simplemente, le trae sin cuidado. Es más fácil el gobierno de los sumisos que el de los soberanos.

 

            La educación también es el vehículo de transmisión de conocimientos. Pero aquí también nos encontramos con una realidad bien distinta a la que parece. Como hemos señalado los conocimientos nos liberan, son una forma de emancipación. Pero los conocimientos también están dirigidos por valores. El sistema de enseñanza en general es el mejor instrumento que debería servir para fomentar la emancipación de los ciudadanos, para formar individuos soberanos. Pero no es esto lo que ocurre; y, creo, que tampoco es la intención que tiene el poder. Los diversos sistemas de enseñanza han pretendido, fundamentalmente, una adecuación de los ciudadanos al desarrollo de la sociedad. Es decir, de lo que se trata es de acomodar al ciudadano a los requisitos que los nuevos desarrollos sociales van a demandarle. De nuevo el totalitarismo del mito del progreso. No se trata de adquirir conocimientos porque nos hagan más libres, porque nos permitan una mejor comprensión del mundo que nos rodea y de nosotros mismos; sino de adquirir una serie de conocimientos que nos permitan, de la mejor manera posible, adaptarnos a la nueva realidad social. Desde este punto de vista, el ámbito del conocimiento es relegado del sistema de enseñanza a un segundo plano. Lo que importa es la funcionalidad, el saber técnico práctico. Pero este tipo de saber, si bien necesario para una formación profesional, no fomenta la autoconciencia que nos libera, nos posiciona como seres críticos frente a nuestro presente y, sobre todo, nos hace capaces de decidir nuestro futuro. Ese es el problema, al poder no le interesa la conciencia de los individuos, les interesa el funcionamiento. El poder no trata a los individuos como ciudadanos, sino como sirvientes para alimentar la maquinaria de producción que es una espiral sin fin; o con el fin en la sostenibilidad del planeta tierra que pondrá los límites al crecimiento irracional. Lo que se exige, pues, no es el conocimiento, sino el saber que nos permita la adaptabilidad. El estudiante no se plantea, porque no tiene la posibilidad, el saber por el mero hecho de saber, con la intención de la interpretación de lo real; sino que el saber se ha transformado en un valor de mercado. Lo que interesa es el saber que se puede intercambiar por un sueldo. Por eso el currículo de la enseñanza media disminuye progresivamente el nivel del conocimiento. Y, por eso, también, no interesa el nivel de formación del profesorado. Se pretende reducir todo a la mera pedagogía. Sustituir, en definitiva, el saber y el conocimiento por la didáctica. Lo que importa es que el alumno cumpla unos criterios minimísimos y que el profesor consiga aprobar a todos o la mayoría de sus alumnos. Es curioso que al sistema de enseñanza lo que menos le interese es el conocimiento, y lo que le importa es la promoción del alumno a un siguiente nivel. Esto no se podría entender si realmente lo que le ocurre al poder es que no le interesa para nada el saber. El conocimiento es peligroso. Todos los regímenes totalitarios lo han intentado abolir; y el fundamentalismo democrático no iba a ser menos. Lo que ocurre es que las técnicas de opresión son más finas. Precisamente se recubren de una jerga pseudodemocrática que parece favorecer la igualdad, cuando, en realidad, esa igualdad que se pone en marcha no es más que la homogenización de todos. La perfecta disponibilidad y funcionalidad del futuro ciudadano. El valor del conocimiento es el meramente práctico. El saber hacer.[9] La enseñanza secundaria se ha convertido en un adoctrinamiento del sistema democrático neoliberal que fomenta la mediocridad (en alumnos y profesores) y destruye la excelencia. La enseñanza se reduce a papeles, burocracia, adaptaciones, diversificaciones, informatización, padres, políticos que meten sus narices donde menos les llaman,... Lo importante, el acto de enseñar, ocupa un segundo plano.[10] Nadie se ocupa de ello; y éste si que es el núcleo de la enseñanza.

 

            Otro aspecto del conocimiento en la enseñanza es su dimensión ahistórica. Como el carácter de la enseñanza es meramente pragmático la dimensión histórica se olvida. El conocimiento, el saber de la humanidad –aquello que los profesores tenemos que transmitir y que constituye un valor por sí mismo- tiene una dimensión histórica en la medida que son el producto del esfuerzo del hombre por explicar lo que le rodea y por explicarse a sí mismo. Esfuerzo que le ha procura su emancipación progresiva. Liberación de los diversos poderes, el natural, el religioso, el político, la superstición. Pero, esto hoy en día no interesa a la ideología hegemónica. El saber es poder, así que lo que interesa es un saber hacer de segundo orden, que nos garantice la posibilidad de satisfacer nuestro ego narcisista fomentado por los valores transmitidos por los medios de comunicación. La perspectiva histórica del conocimiento en si mismo nos rebela el valor del esfuerzo, el altruismo y la solidaridad, sin embargo, el saber práctico está ligado a la transmisión de valores individualistas. Pero es que además la dimensión histórica del conocimiento nos brinda la posibilidad del autoconocimiento y esto nos permite una visión más crítica y distante de nuestro presente. Es decir, una visión que nos permita disentir, que es de lo que se trata. Y, por tanto, decidir nuestro futuro. Pero el poder ya tiene decidido el futuro, se trata de la obediencia ciega al progreso que viene marcado por las leyes de la economía y el desarrollo científico técnico. Los hombres sólo seremos fieles servidores de este dios del progreso ante el cual nos estamos inmolando. La disidencia es la libertad y consiste en ser capaz de decir No, no quiero ese futuro ni para los demás ni para mi.

 

            Como podemos ver la enseñanza tampoco nos puede ofrecer la ilustración: ser capaz de pensar por uno mismo. Los alumnos no salen de la enseñanza secundaria convertidos en ciudadanos. Disculpen, pero una inmensa mayoría no son más que borregos que siguen los instintos del rebaño. Es más, por más rebeldes que puedan parecer, estos jóvenes están más domesticados que nunca. Obedecen fielmente al dictado del nuevo dios del mercado y el progreso. Se sacrifican alegremente sin tener la más mínima conciencia de ello. Pero claro, la libertad es conciencia de sí mismo. Por ello no es satisfactoria. La libertad es lucha.[11] Y la lucha no nos garantiza ni la felicidad ni el éxito, y mucho menos la comodidad.

 

            Mucho ha de cambiar la enseñanza si queremos conseguir conquistar un nuevo grado de liberación. Y creo que la enseñanza es la piedra angular para construir una sociedad verdaderamente democrática de soberanos. La democracia realmente existente precisamente ha fomentado lo contrario, por eso podemos decir –como hemos demostrado- que el sistema de enseñanza es un vehículo de transmisión del poder a través del cual se extiende la ideología neoliberal con sus valores del mercado, el progreso, el éxito, el individualismo... Pero, como hemos señalado, el problema de la educación es que fomenta la mediocridad. Hay que cambiar la mediocridad por la excelencia. Pero para eso es necesario una transformación de los valores. Lo importante es la virtud, pero la virtud requiere esfuerzo. Y el esfuerzo es libertad porque uno se posee a sí mismo y no se deja arrastrar por la pasión. La virtud (fuerza) nos permite ser dueños de nosotros mismos. Virtuoso es el hombre libre en el sentido griego, donde tuvo sus orígenes la democracia. Y la virtud es excelencia, lo contrario de mediocridad. Y el instrumento para fomentar la virtud es el conocimiento. Hemos retrocedido mucho en este camino. El sistema de enseñanza es una muestra clarísima de que el progreso es una gran farsa. Vamos a peor. Se me dirá que exagero, pero no creo que hayamos avanzado un ápice en pedagogía desde Sócrates, Platón y Aristóteles hasta ahora.[12]

 

            Así, la democracia podría refundarse si conseguimos que aparezcan individuos soberanos que se enfrenten valientemente al poder. Por eso la enseñanza tiene que transmitir los valores de la disidencia, el esfuerzo, la libertad, el pensamiento, la inteligencia, la justicia, la solidaridad, el compromiso. Pero para esto hace falta el conocimiento, el saber; pero el de verdad, el que fomenta la emancipación.

 

La democracia como ethos. El futuro de la democracia.

La democracia no es sólo un sistema formal sino que es una forma de organizar el poder en el que éste debe emanar del pueblo constituido por ciudadanos, hombres libres. La libertad hay que entenderla en dos niveles. El político que nos permite actuar y pensar de diferentes modos. En definitiva, la libertad política es la libertad de pensamiento y acción. La libertad filosófica, podríamos decir, es aquella que se da cuando el individuo es dueño de sí mismo, sabe gobernarse. No necesita de otro que lo dirija. La democracia es un tipo de gobierno que fomenta la aparición de ciudadanos libres. Como hemos visto, la democracia realmente existente camina en dirección opuesta a la consecución de este objetivo. Su interés es la sumisión inconsciente. El futuro de la democracia pasa entonces por la posibilidad de la formación de ciudadanos. Esto nos lleva al planteamiento de la democracia como ética. La democracia es una forma de vivir y de estar en sociedad. Una forma de desarrollarse en la vida, que no tiene sentido sin la fuente de la libertad. La democracia como gobierno es perfectible, no promete paraísos ni utopías, ni pretende la redención del hombre, ni la creación de un nuevo hombre, sino el desarrollo del mismo en tanto que ser libre que puede ser dueño de sí mismo y de su futuro sabiendo que el futuro es cosa de todos, que no viene dirigido por leyes extrañas al hombre: la ciencia, la economía, la historia...El Progreso. En fin la democracia se apoya en hombres libres; por tanto la democracia es un gobierno que favorece el desenmascaramiento del poder, que sugiere y fomenta la crítica, que exige la participación de los ciudadanos. Es una forma de gobierno que no contempla un fin de la historia, que se basa en un único imperativo, el de la ley. Pero la ley emana de la soberanía del ciudadano, es por tanto, autónoma, no heterónoma. Pero la democracia realmente existente ha intentado sustraer esta autonomía, consagrando al dios del progreso (la secularización cristiana) el fin de la humanidad.

 

            Por ello decimos aquí, a modo de conclusión, que la democracia es un carácter para el individuo, es una conquista, no un sistema. Tiene una forma, la ley autónoma que los hombres se dan y los mecanismos de regulación de los diferentes poderes[13]; y un fondo, el individuo soberano.

 

            La segunda aparición de la democracia tiene lugar en la ilustración. Kant entiende la ilustración como la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. El hombre no se atreve a ser libre por miedo, comodidad y pereza. Estas son las causas de la servidumbre. Pero kant pensaba que la ilustración generaría la aparición de los ciudadanos. Que el hombre por medio de la enseñanza universal y de los gobiernos republicanos alcanzaría su mayoría de edad. Éste es el optimismo ilustrado. El discurso de la ilustración pretende fomentar la aparición de una sociedad de hombres libres y una sociedad cosmopolita de repúblicas libres asociadas. Ni lo uno ni lo otro se han podido conseguir. El hombre sigue siendo siervo. Es más, la democracia realmente existente es un mecanismo de control de la voluntad por medio de las fuerzas del mercado y del desarrollo tecnocientífico, promulgado todo ello por los medios de comunicación. La ilustración es la responsable de la critica a la religión. La que defendió la separación de los poderes. La que adoró la razón como el arma de emancipación. Y la que sustituyó la historia sagrada por el progreso. Los epígonos de la ilustración transformaron la religión del libro en la religión del estado nacional (nacionalismos, socialismo, marxismos) y en la religión del progreso técnico científico e industrial. Todo acabó en fracaso, no hubo emancipación de la humanidad; y encima nos hemos quedado sin la espiritualidad de las religiones. El hombre ha perdido su inocencia, pero no se ha emancipado. Hoy en día, desde las democracias realmente existente y el nuevo orden global neoliberal, vivimos sometidos al poder a través de la creencia supersticiosa en el progreso, que no es más que la ley del mercado que atropella a la mayoría en beneficio de unos pocos.

 

            Fracaso pues de la ilustración; y, sobre todo, de sus epígonos, malformaciones de la ilustración: marxismo, nacionalismo, socialismo, positivismo científico... Pero este fracaso de la ilustración, a mi modo de ver, es parcial. Es más, creo que hay que volver a la misma para recuperar su brío y su sentido crítico. La razón es limitada, el conocimiento es limitado, el desarrollo tecnicocientífico, aunque real, no implica el progreso moral y social del hombre. El progreso no es una línea recta que venga marcada por unas leyes extrañas al hombre y fundamento de la historia. El progreso es parcial, relativo, independiente de unos ámbitos a otros. Producto del esfuerzo de los hombres en el ejercicio de la libertad. El progreso depende de la voluntad de los hombres, no obedece a leyes trascendentes. El poder utiliza el engaño y la farsa, persigue la ignorancia; por tanto, la razón nos hace libres, pero no lo abarca todo. El pensamiento y la razón son desenmascaradores. La verdad se oculta. Nadie posee La Verdad, es más, ésta no existe. La evolución social es fragmentaria, no global. No existe un hombre nuevo ni se puede construir. La condición humana es siempre la misma. Somos animales sociales o culturales. Nuestra naturaleza biológica nos condiciona. Por eso somos gregarios y tribales, necesitamos de líderes. Y por eso la democracia es un invento de la humanidad que pretende trascender nuestra propia animalidad. Somos animales que se organizan tribalmente, depredadores y carroñeros. Pero no somos completos biológicamente. Construimos la cultura para adaptarnos al medio. Pero esta construcción cultural nos transforma y modela. Por eso la condición democrática es un ethos que debemos conquistar, no está en nuestra naturaleza biológica. La democracia, como conquista histórica, es algo que está en continuo peligro de extinción.

            El ethos democrático debe reconquistar los antiguos valores y virtudes que se nos han quedado olvidados en los pliegues de la historia y que el poder interesadamente oculta. La base sobre la que se ejerce la democracia es el diálogo, pero éste no existe si no se parte desde la posibilidad del uso libre de la razón. Los valores de la revolución francesa fueron los de: libertad, igualdad, fraternidad.[14] No se pueden entender por separado. Todos somos iguales ante la ley y dueños de nosotros mismos, y queremos la libertad y la igualdad del otro, porque es como yo, mi hermano, espejo en el que me veo. El mal del otro es mi propio mal. La justicia emana de este sentimiento de fraternidad, si no considero al otro como a mí mismo no haré nada por él. Y lo que puedo hacer por él es conquistar su libertad y su igualdad.

 



[1] Este concepto está tremendamente alejado de la noción relativista y superficial del concepto popular hoy en día de libertad. La verdad es que este valor está absolutamente desprestigiado. Se entiende por libertad el individualismo egoísta. La libertad se ha convertido en un valor material, que se puede comprar y vender con dinero. Se ha confundido con el capricho y con la sensualidad. Es más, la libertad se ha quedado en un mero nombre vacío. Y esto es debido a la peligrosidad del propio concepto. La idea de la libertad es tremendamente peligrosa.  Es subversiva, como la propia democracia. Por eso, los fundamentalistas de la democracia se regodean en su pronunciación, pero, en ningún caso, la fomentan. Es más, la confunden con la trivial y tiránica libertad de opinión, equivalencia de todas las opiniones, y demás ideas pseudoprogres de la izquierda postmoderna. Por su parte, el poder económico confunde la libertad con el dinero y el poder que de él emana. No les interesa la libertad como decisión, como crítica, como forma de poseerse a sí mismo; sino, la libertad como mera consecuencia del poder del dinero, no como un principio que regula la acción humana y que transmuta al hombre en ciudadano. Un spot publicitario de la obra social de una caja o banco (que farsantes) comenzaba diciendo que el dinero era la libertad.  Como sabemos los valores se transmiten mostrándose. Y hoy en día el vehículo de transmisión de los valores son los medios de comunicación fundamentalmente...saquen ustedes las consecuencias..

[2] Aunque pueda parecer que de mi discurso se sigue una concepción de la historia fundada en la idea de progreso, nada más lejos de mi intención y de mi pensamiento.  Considero que la idea de progreso es un mito, como he analizado en otros lugares, y volveré a tratar aquí. Ahora bien, lo que si pienso es que a lo largo de la historia humana ha habido evolución, pero ello no implica un camino hacia mejor e inevitable.  Sin duda considero que ha habido conquistas morales y políticas en la historia, pero no son definitivas, ni mucho menos, ni nos aseguran nada.

[3] El problema es, a mi modo de ver, que el político no persigue la verdad. Es más, creo que se pregunta, como Pilatos, “¿qué cosa es esa de la verdad?.” Por eso al político de nuestro tiempo le interesa el relativismo, el subjetivismo, la máscara, la farsa. Es un posmoderno. Ha roto con cualquier tipo de discurso racional que pueda encaminarnos al esclarecer, revelar. Todos tienen razón, o nadie la tiene. En definitiva, este relativismo posmoderno lo que les permite es la consecución del poder. Y, efectivamente, al político, no le interesa ni la verdad, ni el bien, ni la justicia.  Esto son cosas que se construyen y se legitiman desde la propia acción política. Por eso el político sólo quiere poder, no verdad, ni bien, ni justicia. Esto último será la consecución del poder. Y éste es el que pretende legitimar lo que tenemos que considerar como el bien, la verdad y la justicia. Todos tenemos en nuestra mente ejemplos en los que el bien común, la justicia y la verdad en un mismo partido dependen de diferentes acciones políticas. Basta con un botón de muestra. La política del PSOE local y regional consideran que una refinería y diferentes empresas de estas características son el no va más del desarrollo y el progreso y que no plantean ningún problema medioambiental. Aquí incluso están en contra de su propio programa. Por su parte el PSOE nacional aboga por una política de desarrollo que no choque con el problema medioambiental, puesto que poco a poco se va reconociendo que el desarrollo humano depende inexorablemente del tipo de relación que tenemos con el medio. Es más, nosotros somos medioambiente. No podemos escaquearnos. La misma ideología, sin embargo dos acciones. Y los políticos son capaces de defender las dos acciones y encuentran argumentos para ello. Pero, al final, el peso del argumento se encuentra en el poder. El poder intenta “producir la verdad”.

[4] Prácticamente no hay diferencia entre los medios de comunicación. Se me puede decir que sí la hay. Que en España ahora mismo vivimos una situación de polarización de los medios de comunicación en torno a los dos partidos mayoritarios. No voy a negar esto. Pero creo que en su mayor parte son fuegos de artificio. Si bien es ciertos que ambos polos crean una interpretación casi contradictoria de una “realidad social” no lo es que se aborden los tema realmente de interés para el hombre y la humanidad. En definitiva las luchas que se nos platean son por el poder, no por el intento de resolver los problemas planteados para el hombre realmente. Es más, creo, que de fondo –salvo en los temas que interesan para producir desgaste político- hay un acuerdo. ¿Se plantean realmente alternativas al orden democrático neoliberal en el que vivimos? ¿Se plantean alternativas al problema de la globalización del capital, a la forma de crecimiento que deseamos? No, definitivamente no; porque sólo hay una ideología triunfante, hegemónica y opresora que no admite alternativa ni disidencia, que quiere hacernos a todos esclavos.

[5] Los libros, a pesar de que puedan venderse más que antes se reducen a varios títulos de fenómeno de mercado. Realmente no se lee más la ética de Aristóteles que antes. Los libros se descatalogan en menos de cinco años. Es más, si echamos un vistazo a los temas que más interesan de los que se escriben best seller, tienen que ver con el ámbito del misterio, la religión. Todos aquellos sucedáneos que el hombre insatisfecho de nuestra época necesita para sobrevivir en esta sociedad posmoderna y vacía tras la muerte de esos relatos que daban sentido a nuestra existencia.

[6] He abordado este tema en profundidad en: Ciencia, tecnología y sociedad. Los límites de la globalización. Claves de razón técnica. Nº 8. Universidad de Sevilla.

[7] De ahí el renacer de nuevos discursos espiritualistas y mistéricos que aparecen por doquier. El hombre necesita de la espiritualidad.

[8] Claro, pero cuando esto es así se justifica toda acción heteronomamente. Estaríamos en una situación mítica. Las leyes viene de fuera del propio hombre y lo determinan. Ya no provienen de la voluntad arbitraria de los dioses, pero sí de la historia, la tecnociencia y el progreso económico. De nuevo esclavos. Pero esta vez agradecidos y contentos. La mascarada del fondo de la caverna surte su efecto.

[9] Hace ya años que entre mis alumnos de 2º de Bachillerato no encuentro a nadie que vaya a cursar estudios teóricos, sobre todo, en ciencias. La actividad teórica no se entiende porque no tiene, en principio, valor mercantil.

[10] Menos mal que de momento estamos solos en el aula, aunque tenemos que rendir cuentas de todo, excepto, curiosamente, de nuestra transmisión de conocimientos.

[11] Vengo preguntándome últimamente por cuál debe ser el objeto de la ética y de la política, y no creo que sea la felicidad, sino la libertad. La felicidad puede ser un engaño, una máscara que nos esclaviza. Trataré de desarrollar esta idea en otro artículo.

[12] Curiosamente el año pasado pude ver un curso de estos de “formación del profesorado” que llevaba por título “La importancia de la pregunta en la enseñanza” ¿qué era sino la mayeútica socrática? Al menos en las enseñanzas teóricas, empezando por la filosofía y terminando por la matemática no necesitamos de nada más. Bueno, eso sí, el profesor tiene que saber y amar su ámbito del saber. Y tiene que tener una pasión irrefrenable de transmitir sus conocimientos y sus dudas sobre el mismo a los demás. El buen profesor es el que intenta hacer sentir la pasión que él siente por su saber y el respeto, la admiración que siente por los que tienen conocimiento y sabiduría. Para esto no hacen falta papeles, ni cursillos de formación y, menos aún, pedagogos y psicólogos; estos son el cáncer de las diferentes reformas de la enseñanza. La enseñanza está en manos de los pedagogos y los psicólogos no del sentido común y de los sabios. El profesorado está siendo víctima de este sabotaje de la enseñanza. Está pasando por el aro, se está dejando domesticar a cambio de unos cuartos. Esto también es grabe. La enseñanza ha sufrido toda suerte de reformas sin la menor queja del profesorado, hemos asumido calladamente la voluntad de los tecnócratas y los políticos.

[13] Estos serian los aspectos técnicos de las democracias que no hemos tratado en este artículo.

[14] Recuerdo en este momento, sirva de muestra para corroborar la tesis que defiendo en este artículo, un anuncio publicitario de banco o caja  en la que el el mensaje era “Egalité, Liberté, Rentabilité” dense cuenta la transmutación tan horrenda de valores y cómo estos se pueden transmitir sin el más mínimo ejercicio de la critica. La publicidad crea formas de entender el mundo, por eso construye la servidumbre.

Para qué sirve la Filosofía

 

 

 

¿Para qué sirve la filosofía?

 

            Es un lugar común entre los alumnos el preguntarse por la utilidad de la filosofía y de la ética, asignaturas que imparte nuestro departamento. Y es también obligación del profesor dar respuesta a esta cuestión pertinaz que se repite año tras año hasta el hartazgo. La pregunta es fruto de los tiempos, entre otras cosas, no se le pregunta al profesor de matemáticas para qué sirven las integrales, o el desarrollo de Taylor, aunque el alumno no vaya a utilizarlo en su vida, por las causas que sea. De todas formas, su utilidad, como decían las antiguas cartillas militares, se le supone. No es el caso de la filosofía, por más que últimamente está de moda, pero ésta última es una filosofía ligh. Como digo, esto es fruto de los tiempos, no podemos achacárselo al alumno solamente. Se supone que el saber tiene que tener una utilidad práctica, en el sentido de que sirva para construir y hacer cosas; lo que entendemos por técnica. Es decir, que nuestra sociedad tiende a igualar el saber con la técnica. Esto, a mi modo de ver, es falsear la realidad en la medida que tenemos una visión unidimensional de la misma. Sin embargo, y sin entrar en una disquisición teórica excesivamente larga, sostengo que la filosofía es un saber eminentemente práctico. Por su puesto, hay que diferenciar entre saber técnico y saber práctico. El primero se refiere a la construcción de utensilios, en términos muy generales, el segundo se refiere a un tipo de conocimiento que transforma tu existencia. En este sentido es similar al saber religioso. El auténtico creyente, cuando toma consciencia del sentido y significado del mensaje de su religión, se transforma por dentro; y, muy importante, actúa de otra manera. Lo mismo ocurre con la filosofía, es un tipo de saber sobre el mundo y sobre nosotros mismos que ha de transformarnos por dentro. La filosofía pretende ofrecer una imagen del mundo y del hombre que actúan directamente en mi propia actitud ante el mundo. Por tanto, no es un tipo de saber aséptico, sino tremendamente comprometido y práctico. Mis ideas me constituyen y guían mi acción, por esto la filosofía es el saber práctico por excelencia, por muy teórica y abstracta que sea. ¿Cuál es la misión de la filosofía en un principio? Desenmascarar todas nuestras ideas. El primer paso de la actividad filosófica es el de deconstruir nuestra visión del mundo. La visión que el alumno tiene del mundo ha sido adquirida a través del proceso de socialización y, por tanto, de forma acrítica. Pero es precisamente en la adolescencia, y de forma natural, cuando el joven comienza a cuestionarse el conjunto de ideas heredadas y que configuran su percepción de la realidad y de sí mismo. Y es en este momento cuando la filosofía tiene un buen papel que jugar, la mente del joven está abierta y es receptiva a la crítica y a la admisión de nuevas ideas. Es un momento de crisis fundamental. No en vano me gusta definir al filósofo como un hombre en crisis, en el sentido de que está continuamente revisando sus ideas. La filosofía en este momento debe desmontar las ideas que actúan como prejuicios, es decir, juicios que proceden de ideas que no hemos analizado previamente. No se trata, en la crítica, de eliminar ideas, sino de analizar su estructura y, sobre todo, su origen, así como la percepción del mundo que generan. Todos tenemos un conjunto de ideas que estructuran nuestra realidad, de lo que se trata es de someterlas a análisis y crítica. Tenemos que ser conscientes de que las ideas que tenemos nos inducen a una forma concreta de acción; pero el peligro es cuando las ideas nos poseen a nosotros y no nosotros a las ideas. En el primer caso se les denomina prejuicios, son ideas que se han ido acumulando de forma inconsciente y acrítica. Lo importante es ser lo más dueño posible de nuestras ideas y en este sentido nuestras ideas ejercerán una transformación radical en nuestra existencia. De manera que el filósofo no es alguien que se encierra en su despacho a analizar algo tan etéreo como las ideas, y que después no tendrá ninguna repercusión sobre la realidad práctica y cotidiana. Quien piense esto, tiene que saberlo, está pensando, sin darse cuenta, filosóficamente, pero con una filosofía nefasta, aquella que considera que las ideas, por muy abstractas que sean, no influyen en la realidad. El que rechaza la filosofía se queda con la peor de las filosofía, además de que se convierte en esclavo de sus ideas, sin la posibilidad de tomar las riendas, puesto que es inconsciente. Podríamos poner muchos ejemplos de grandes ideas que han transformado el mundo; sin ir más lejos, todo el pensamiento cristiano, tanto el filosófico teológico, como el mensaje ético de los evangelios. La concepción heliocéntrica del mundo, la teoría de la evolución. El darwinismo social que nos llevó a la consideración de la existencia de razas y, directamente, a la eugenesia y al capitalismo salvaje más radical que justifica la pobreza a través de unas ideas pesudocientíficas. Se podrían analizar todos estos casos, y muchos más, como el exterminio de los judíos, el pensamiento único tan de moda, etc, el caso es que las ideas transforman el mundo y a nosotros mismos. No tenemos que abordar los grandes temas, también podemos ceñirnos a nosotros mismos, depende de cuáles sean nuestros valores así seremos y actuaremos. Es conveniente y necesario un análisis de los mismos para saber su origen y sus implicaciones.

 

            De todo esto se desprende que con el análisis crítico de nuestras ideas nos hacemos más libres. Libertad que no consiste en la “posibilidad” de cambiar de móvil, sino la posibilidad de construirnos a nosotros mismos como un proyecto de vida. La libertad es deber y creación. Sin embargo, la libertad que se nos ofrece hoy en día desde las ideas neoliberales es la de elegir qué consumir. Esto no es libertad, es crear necesidades, además de un engaño, la inmensa mayoría no puede consumir lo que se le ha hecho desear, en realidad está deseoso de tener y va hipotecando toda la vida. Esa libertad es un engaño, otra idea que se nos cuela desde un pensamiento que no hemos analizado suficientemente.

 

            De modo que considero que la filosofía es desenmascarar las ideas que nos coaccionan para ser dueños de ellas. En este sentido la filosofía no es un saber positivo, como puede serlo la ciencia e, incluso, la religión, sino crítico. Analiza las ideas.

 

            Otra función interesante de la filosofía es que aspira a ser una cosmología, una visión general del mundo. Aquí la filosofía tiene que partir del conocimiento científico, tanto de las ciencias humanas como de las naturales, en caso contrario se convertirá en un discurso separado de la realidad. Las ciencias analizan en profundidad parcelas de la realidad, la filosofía debe jugar aquí un doble papel. En primer lugar se debe tratar de configurar un discurso general (una cosmovisión a partir de los resultados de la ciencia). En segundo lugar, la filosofía es un análisis epistemológico. Esto es, una teoría de la ciencia, tanto a nivel metodológico, como histórico. La actividad científica no está libre de ideas filosóficas que subyacen de forma inconsciente a la actividad del científico. Sólo hay que echar un vistazo a la historia de la ciencia para darse cuenta de esto. Polémica sobre el heliocentrismo, polémica sobre el calórico, la existencia del éter, el origen del universo (universo estacionario o big bang), las polémicas del siglo XIX sobre la evolución y las actuales, y así sucesivamente. Por otro lado, los descubrimientos científicos generan otra visión del mundo, así como, una dimensión muy actual, generan problemas éticos de los que en principio ni se sospechaba su existencia; como puede ser, la clonación, la reproducción asistida, la eutanasia, la paternidad, etc. La tecnociencia transforma la realidad y crea nuevas formas de relacionarnos los unos con los otros y con la naturaleza, todo esto necesita ser pensado. No es que la filosofía ofrezca soluciones, no es eso. La filosofía consiste en poder enfocar el problema desde distintas perspectivas y así, obtener un poco de claridad. Contamos con un instrumento importante que es la historia de las ideas así como el adiestramiento en la crítica de argumentos y el análisis de los mismos intentando llegar a las últimas consecuencias. Por eso la filosofía es un saber radical.

 

            Pero también tiene la filosofía una dimensión teórica muy marcada; en este sentido es un saber inútil en la medida en que no produce artefactos. Se alimenta del asombro y la admiración que siente el hombre por lo que le rodea. Esta dimensión es compartida, de modo muy especial, por el científico teórico, es más, éste último ha sustituido al filósofo en los dos últimos siglos. La admiración ante la realidad produce un sentimiento de asombro y, a la par, de reconocimiento de nuestra ignorancia, y en este momento, la filosofía y la ciencia, pretenden saciar y llenar ese hueco, siempre conscientes de que el saber último es inalcanzable. En este caso la intención del científico y el filósofo es la de conocer la realidad, por eso ese tipo de saber es eminentemente teórico y, además, característicamente humano. El hombre es el animal que hace teorías sobre la realidad, compone música y crea obras de arte con el mero propósito de deleitarse. Haciendo ciencia, arte, religión, filosofía, trascendemos nuestra animalidad; a la par que humanizamos la naturaleza. Esta dimensión teórica, por supuesto, que está en momentos bajos, pero esto no es más que un efecto de las ideas que nos dominan. Desde la filosofía debemos acercar al alumno esta dimensión y volver a “encantar” el mundo. La capacidad de asombro de los jóvenes está ahí, lo que ocurre es que está mal dirigida.

 

            Me gusta una antigua definición de filosofía que siempre comento con mis alumnos. Decía Platón que filosofar es prepararse para la muerte. La definición es simple, pero tiene una tremenda trascendencia para nuestra vida. La muerte es algo que continuamente eludimos, que olvidamos e ignoramos. Si supiésemos en este momento que nos queda poco tiempo de vida, seguro que estaríamos dispuestos a cambiar. Pero esto manifestaría que, en realidad, no vivimos auténticamente. Pues en verdad no sabemos cuándo será nuestro fin, puede que dentro de un instante o de muchos años. Si viviéramos auténticamente tendríamos que ser capaces de enfrentar nuestra muerte en cualquier momento como se nos muestra en la propia muerte de Sócrates. En esta dimensión también coincide la filosofía con la religión, lo que ocurre es que la última nos da todas las respuestas, mientras que la primera ninguna; por el contrario, nos insta a buscarlas incansablemente. Es ésta última, también, una dimensión eminentemente práctica.

 

 

 

 

Teoría de la evolución

 

LA EVOLUCIÓN. UN DESCUBRIMIENTO QUE CONMUEVE LOS CIMIENTOS DE OCCIDENTE.

Por Juan Pedro Viñuela.

Profesor de Ética Y Filosofía.

 

            El descubrimiento de Darwin del que conmemoramos su 150 aniversario es uno de los máximos hitos de la historia de la ciencia y de la cultura. La idea darviniana pone en tela de juicio, aún más que la idea copernicana, los cimientos filosófico-religiosos de occidente. Por esta razón la idea de Darwin resulta, todavía hoy, más por razones, filosófico religiosas, que culturales, controvertida. La idea de la evolución de Darwin, no sólo es una idea científica que desemboca en una teoría sobre la que existen ciertas pruebas, sino que influye directamente en la concepción del hombre y de ahí pasamos a lo sociedad y a lo político. La teoría de Darwin pretende explicar la evolución y origen de las especies; pero los mecanismos que arbitra afectan a toda una cosmovisión. De ahí que sea una idea controvertida que levante pasiones y discusiones enconadas e ideologizadas desde diversos ámbitos.

 

            Básicamente lo que propone Darwin es que el origen de las especies responde a dos mecanismos. El primero serían los cambios que se producen al azar y el otro la selección natural.  Hasta el siglo XIX la idea predominante era el fijismo. Se consideraba que todas las especies habían permanecido invariables desde el comienzo del universo. Fundamentalmente el fijismo era creacionista, se pensaba que dios habría creado a todos los animales iguales desde el principio y no habían variado. El fijismo tenía una base sólida en Aristóteles y con la tradición se le suma el creacionismo cristiano, convirtiéndose así en el pensamiento hegemónico. La idea de evolución es anterior a Darwin, lo que es nuevo es el mecanismo causal que él introduce para explicar esta evolución.

 

            Pero antes de empezar con la explicación de los orígenes de la idea de la evolución de Darwin es necesario señalar la existencia de una teoría anterior y después simultánea a la de Darwin que es el transformismo de Lamark. El transformismo sugiere la idea de evolución con el nombre de transformismo, admite la aparición de las especies por evolución y admite que todas proceden de un tronco común. Lo que sucede es que propone un mecanismo que es erróneo y que no puede justificarse desde la ciencia. En definitiva el lamarkismo está anclado, de alguna manera, en el paradigma anterior que el darwinismo rompe. El mecanismo fundamental que propone el lamarkismo es que existe una herencia de los caracteres adquiridos. Esto es, que los cambios se producen, en primer lugar, por una tendencia, un fin; y, en segundo lugar, esos cambios que se han producido en un individuo lo heredan sus descendientes.

 

            Hay en esta teoría dos problemas graves, uno científico y otro filosófico. Los caracteres adquiridos por un individuo no se heredan, y esto el método científico lo puede corroborar. Es decir, la teoría es falsada con la experiencia. Los caracteres adquiridos por un individuo son única y exclusivamente de ese individuo. En segundo lugar, tenemos el problema científico filosófico. La teoría de Lamark contempla la finalidad en los cambios. Los cambios se producen porque hay una tendencia a realizar un fin. Esto es lo que podemos llamar más técnicamente que la función crea al órgano. Esto no es admisible desde el punto de vista ni científico ni filosófico. La introducción de fines e intencionalidades no es más que una visión antropomórfica de los hechos científicos. De todas formas la discusión de la finalidad, más técnicamente podemos hablar de teleonomia, persiste en la actualidad en formas muy complejas. No podemos rechazarla del todo, aunque por mi parte considero que es errónea y no tiene justificación ni científica ni filosófica. Sólo podemos hablar de evolución finalista en el ámbito de la evolución cultural del hombre. Y es ésta una de las diferencias importantes entre nuestra evolución biológica y la cultural; la primera carece de fines mientras que la segunda es, en parte, intencional. Por supuesto que no toda ella se puede explicar por la finalidad. Son interesantes las reflexiones al respecto de Basalla en su Evolución de la tecnología.

 

            Bien, pero en lo que ambas teorías coinciden es en el origen común de las especies, por un lado y, por otro, que los cambios se producen de forma gradual. Como decíamos antes la idea de Darwin es anterior a él, pero no vamos a rastrear los antecedentes de la teoría de la evolución; en lo que nos vamos a fijar ahora es en los hechos qe llevaron a Darwin a la formulación de su idea revolucionaria. Hubo una serie de antecedentes, tanto teóricos, ideológicos y experimentales que influyen determinantemente para que cuaje en Darwin su idea. Pasemos ahora a un somero estudio de los mismos.

 

  1. la idea de la evolución estaba ya presente en la mentalidad de la época. Incluso algunos griegos, como Anaximandro postularon ideas evolutivas. Es famoso el concepto de la gran cadena del ser. Y también son conocidas las reflexiones que en el sigo XVIII se realizaron sobre la evolución y transformación de las especies. Como son también muy conocidas las ideas evolucionistas del abuelo del propio Darwin.
  2. de vital importancia es el viaje que realiza Darwin como naturalista del reino en el Beagle. Aquí tuvo la oportunidad de recoger muestras empíricas que le sugirieron la idea de la evolución. Entre ellas podemos mencionar algunas por su gran importancia. La recogida de fósiles de animales que ya no existen. La existencia de fósiles marinos en zonas terrestres. Las semejanzas y variaciones entre los animales de las costas y los de las islas cercanas. Y, por supuesto, mención especial merece las observaciones que realizó en las islas galápagos. Éstas las podemos considerar como un laboratorio natural de la evolución. Aquí es donde pudo captar que las especies varían en función de su adaptabilidad al medio. Las variedades entre especies cercanas tenían que ver con el cambio en el medio, lo cual requería de un proceso de adaptación. Eso es lo que ocurría con los famosos pinzones, que llevan su nombre, de pico largo y liso y los de pico curvo, producto de la adaptación al tipo de alimentos que tienen a su disposición. De tal forma que esto le sugiere la idea de adaptación y de lucha por la vida, en el sentido de supervivencia.
  3. la geología había aportado la existencia de fósiles que pertenecían a animales extintos lo que hace pensar que las especies no son fijas sino que cambian y se extinguen, mientras que otras surgen. Esto es una carga de profundidad contra el fijismo. Además los fósiles conforman lo que se llama el registro fósil que tiene que ver con el lugar que ocupan en las capas terrestres lo que nos da una idea del tiempo. También son importantes estas investigaciones en geología que nos permiten pensar que la edad de la tierra es mucho mayor de lo que la tradición religiosa suponía, unos cinco mil años. La edad de la tierra es algo muy importante para poder explicar el lento proceso de la evolución. En definitiva, la geología nos mostró que la tierra, y la vida sobre ella, era cambiante y que, además, nos encontramos con un registro fósil de animales extintos, pero, en algunos casos, similares a los actuales.
  4. otro ámbito de las ciencias que colabora a que cuaje en la mente de Darwin la evolución es el desarrollo de la anatomía comparada. Los estudios que se venían haciendo desde hacía pocos siglos nos sugerían que, desde el punto de vista anatómico, existen similitudes entre las diferentes especies, existiendo mayor similitud cuanto mayor cercanía tenían en la clasificación de las especies de Linneo. Esto sugiere la idea de cambio gradual y rechaza el fijismo como una teoría obsoleta.
  5. otro hecho importante que hay que mencionar es el conocimiento que tenía Darwin de la cría del ganado. Tanto el ganado, como los animales domésticos, como la agricultura son productos del hombre. Lo que ha hecho el hombre, con su intervención, es modificar los caracteres de estos seres vivos dirigiéndolos hacia los que él quería. Por tanto, el cambio es real y obedece a una presión que viene desde fuera. El salto que da Darwin con su teoría es que esa presión, en la naturaleza, es la selección natural que opera de forma inintencional y azarosa. La selección artificial del hombre, por el contrario, es intencional y direccional.
  6. una idea muy importante que tuvo, al parecer, según comentan los historiadores gran influencia, fue la lectura que hace Darwin de la obra del geógrafo de poblaciones Malthus. Este autor sugiere que el desarrollo de las poblaciones está directamente relacionado con los recursos alimenticios de los que contamos para mantener a la población. Así, el crecimiento de la población dependerá de la lucha de los hombres por los alimentos. El problema, en palabras de Malthus, es que la población crece en una progresión geomética, mientras que los alimentos lo hacen ne forma aritmética. Esto nos lleva a un colapso y a una lucha por la vida de la que saldrán vencedores los más aptos. Es decir, la lucha por la existencia sería la que garantizaría la supervivencia de los más aptos, que serían los más fuertes. Esta idea maltusiana tuvo gran influencia en Darwin, sobre todo en su primera obra, el origen de las especies, aunque no reduce la selección natural a la lucha por la existencia. Darwin reconoce los mecanismos de cooperacion entre los miembros de un mismo grupo. Además, el problema, a mi modo de ver, de la lucha por la existencia, procede de una extrapolación antropomórfica. Cuando hablamos de la lucha entre los hombres para sobrevivir por medio de la obtención de los recursos, estamos en el ámbito de la evolución cultural. Y, como hemos dicho, en la evolución cultural tienen lugar mecanismos intencionales o finalistas y, en el caso del hombre, aparece la violencia, que no es más que una manifestación cultural de una base genética con la que contamos que es el de nuestra agresividad innata, como animales cazadores y recolectores que somos. Pero que los bienpensantes de izquierda no se lleven las manos a la cabeza con mis últimas palabras, somos agresivos pero somos altruistas, en la medida que somos animales sociales y necesitamos de la supervivencia del grupo, por medio de la cooperación, para que sobreviva el individuo. Aunque esto es lo que llaman los sociobiólogos actuales el altruismo recíproco: tu me rascas la espalda yo te rasco la tuya. Toda acción tiene una repercusión beneficiosa sobre el individuo. Cooperar es favorecer al grupo y al individuo. Y esto es la simbiosis, no hay evolución sin el grupo ni evolución del grupo sin el individuo. Pero, en fin, esto forma parte de las interpretaciones ideologizadas que hubo y que sigue habiendo del darwinismo. Lo que sí es cierto es que la idea de Malthus tuvo un gran peso en Darwin, pero, así mismo, la evolución no sólo se reduce a la lucha por la vida. Cuando hablamos de lucha por la vida hablamos en términos antropomórficos. La lucha por la existencia, que la podemos entender desde el concepto de adaptación y selección natural, no es algo ni consciente, ni intencional, no hay violencia. Esto es muy importante. Algunos animales, los depredadores, fundamentalmente, son agresivos, pero ninguno es violento. Esta discusión que ha habido no es más que fruto de la confusión entre estos dos niveles, por un lado y, por otro, los intereses ideológico políticos, tanto de la izquierda como de la derecha. Por eso podemos hablar de que ha habido una izquierda y una derecha darviniana. A mi modo de ver ambas visiones son ideológicas y perversas en sus consecuencias. Además de que nos ofrecen una visión muy reducida de la gran complejidad del darwinismo y la evolución. Por supuesto que las primeras interpretaciones que triunfaron son las liberales de derecha que entendieron la lucha por la vida como motor de la evolución del que hablaba Darwin, como la lucha por la existencia de los individuos en una sociedad competitiva, regida por el mercado y el egoísmo individual en el que cada cual buscaba únicamente su propio interés. Intentaron extrapolar una idea darwiniana, simplificada y falsificada, para justificar la legitimidad de un liberalismo económico salvaje, además de justificar la ideología del racismo, la xenofobia, etc. Puede interpretarse esto como una justificación política de la desigualdad y el lessez faire, por un lado, y, por otro, como una reacción a los ideales ilustrados de libertad, igualdad y fraternidad. Pero la verdad, como hemos dicho, y como el desarrollo de la biología posterior corrobora, no confirma, de ningún modo, esta interpretación. En la evolución hay que contar con los grupos y con los ecosistemas. Es fundamental entender la noción de sistema y simbiosis para entender la evolución. Uno de los pasos fundamentales en la evolución fue precisamente un fenómeno de simbiosis (cooperación) la aparición de la célula eucariota, como demostró la denostada durante cierto tiempo Lynm Margulis. Ahora bien, el hecho de que exista simbiosis y cooperación grupal en el fenómeno de la evolución, eso no implica tampoco la justificación de las interpretaciones comunitaristas de la izquierda que beben en las fuentes roussonianas del buen salvaje. La propia antropología y la biología demuestran que nada más lejos del hombre que eso del buen salvaje, mito donde los haya. Si de alguna manera hemos mejorado es por nuestros esfuerzos culturales. Somos, como depredadores, agresivos, como animales sociales, cooperativos y como animales culturales, altruistas, pero también violentos. Negar esto es negar la evidencia de la historia del hombre y del mundo que nos rodea.

 

Bien, después de este excurso a partir de la obra de Malthus y de su repercusión en Darwin, volvamos a la teoría de este último. Darwin tardó veinte años, después del viaje en el Beagle, en ordenar todas sus observaciones y en postular una idea general que pusiese orden en esa variedad. La tardanza no sólo fue debida al cúmulo de datos con el que contaba y a la dificultad para perfilar la idea universal que ordenaba estos datos bajo una teoría única; sino que también nos encontramos con el peso de la tradición. La idea creacionista era el pensamiento hegemónico durante siglos, y tenía un tremendo poder en la época, curiosamente renacido en la actualidad, pero esto lo analizaremos después. La idea de Darwin era una idea peligrosa, conmovía, o, mejor, derrumbaba los cimientos de la tradición occidental: la religión y la idea creacionista en la que ésta se basa. Sólo cuando conoce las ideas de Walace, iguales que las suyas, se decide a publicar su obra. En ella no se menciona al hombre, solo doce años después escribe el origen del hombre. Pero lo que sí está claro es que lo que valía para las demás especies, era válido para el hombre. El hombre queda desbancado, para siempre, sine die, del centro de la creación. El sentido de la religión y de la creación del hombre se sumergen en la historia de la superstición. Hemos encontrado una explicación natural para el origen del hombre y de las demás especies. Ya no necesitamos argumentos ganchos basados en la trascendencia, nuestros argumentos son argumentos grúas, que dice Dennet en La peligrosa idea de Darwin. Intentamos explicar los fenómenos desde la propia naturaleza y basándonos en el poder limitado de la experiencia y la razón.

 

      Pero pasemos ahora a ver un poco más detenidamente la teoría de Darwin y los problemas a los que se enfrentaba. Como dije los mecanismos básicos de la evolución, como diría Jacque Monod en el XX son el azar y la necesidad. Pero, ¿cómo expresaba esto Darwin? Para Darwin todas las especies tenían un origen común y las especies actuales habían evolucionado gradualmente por mutaciones accidentales y selección natural. Nótese la tesis gradualista que le va a plantear problemas a Darwin y a los neodarwinistas actuales. Los cambios se producen accidentalmente, deben ser muy pequeños, y la naturaleza selecciona los más aptos. La selección es la adaptación o supervivencia. Un cambio que se produce al azar y que no es funcional no será viable y al no llegar a la reproducción se extinguirá. El cambio que sea una buena prestación funcional es seleccionado positivamente y tendrá la oportunidad de llegar a la edad evolutiva y perpetuarse. Adviértase que la selección es ciega y que los cambios son accidentales. No hay lugar para la intencionalidad. Y, por tanto, la lucha por la existencia la podemos entender como una metáfora antropomórfica. Así que de un plumazo Darwin elimina el antropomorfismo, la finalidad e intencionalidad, y la necesidad de un ser superior que explique la evolución de las especies incluido el hombre. Además el hombre formaría parte del árbol de la evolución: una ramita más, una especie más. Profundizaremos más adelante sobre esta idea. Lógicamente con estas ideas la polémica estaba servida. Los cimientos de la cultura occidental se hunden. Por eso la idea de Darwin sigue siendo todavía peligrosa como veremos más adelante. Hubo críticas por todos los lados a la evolución que las podemos dividir en dos ámbitos: religiosas-filosóficas y científico técnicas. De las primeras ya hemos hablado algo.

            Como ya hemos tratado el asunto de la religión y lo veremos de nuevo más adelante vamos a ceñirnos ahora a las dificultades científico técnicas que planteó en aquel momento el evolucionismo darwiniano. Dos son fundamentalmente estas objeciones. La primera de ella es el que Darwin no habla para nada ni de en qué consisten esos cambios que se producen al azar, por un lado, ni de cómo se heredan de unos individuos a otros. Verdaderamente Darwin no tiene respuesta para esto; habrá que esperar a la genética mendiliana y al desarrollo de la genética y la biología molecular del siglo XX  para obtener respuesta a este asunto. Lo que sí es cierto es que la teoría de Darwin era correcta, lo que sucedía es que podemos considerarla que en aquel momento sería una teoría de la caja negra. No conocíamos lo que ocurría dentro de esa caja...pero con el tiempo se fue convirtiendo en una caja traslucida. En realidad es cierto lo que decía Darwin, se producen cambios al azar, mutaciones que llamamos hoy, y estas mutaciones se heredan de padres a hijos. Los mecanismo, pues, no los pudo ni vislumbrar. Como digo el que inicia la respuesta es Mendel. Mendel es el que establece la herencia de los caracteres. Descubre que existen unas leyes universales que determinan esta herencia. Mendel no se dio cuenta del alcance que esto tenía para la teoría de la evolución. También el hallazgo de Mendel pasó desapercibido para la comunidad científica. Sólo treinta años después De Vries redescubre las leyes mendelianas y la teoría de las mutaciones genéticas. Y con esto se iniciaría el neodarwinismo y la segunda parte de la respuesta a la primera crítica a la teoría de Darwin. Hubo que esperar al descubrimiento de los genes y de su estructura molecular y el ADN como replicante de la herencia para adentrarse en los entresijos de la caja negra planteada por Darwin. Pero, como digo, ello constituirá el neodarwinismo.

 

            La segunda crítica, de una importancia vital, es el problema del salto en el registro fósil. Lo que mantiene el evolucionismo y que señalé antes es que el proceso de la evolución es gradual. Ahora bien, nos enfrentamos con un problema muy serio. En el registro fósil nos encontramos con lagunas tremendas. Hay saltos, no se contempla una graduación como predice la teoría. Insisto en que esto es un problema grave que tuvo la teoría en su momento y que lo sigue teniendo. Las soluciones a este problema hoy en día vienen desde la biología molecular y la genética. Pero antes de abordar éstas, muy someramente, vamos a ver cómo se enfrentaron a este problema en la época de Darwin. Los fijistas creacionistas lo consideraron como una refutación del evolucionismo gradualista. Pero estos, a su vez, se encontraban con la dificultad de explicar la existencia de fósiles de animales extintos, así como la de animales marinos en zonas terrestres. Aunque para solventar este problema acudieron a la teoría catastrofista. Pero esta teoría servía para los creacionistas y para los evolucionistas. Veamos en qué consiste.

 

            Los partidarios del catastrofismo argüían que a lo largo de la historia de la tierra se habían dado una serie de catástrofes que habrían producido una extinción masiva de seres vivos, tras la que se produciría después una nueva creación. Estos cataclismos que provocaban estas intensas extinciones explicaban la existencia de fósiles así como la existencia de fósiles marinos en tierra. Con esta teoría los creacionistas querían dar cuenta del registro fósil sin necesidad de admitir la evolución. Además, como los fijistas eran creacionistas, defendían una interpretación literal de la Biblia. Aquí nos encontramos dentro del paradigma medieval en lo concerniente a la relación entre la razón y la fe. La teoría ortodoxa sobre este tema viene a decir que la razón está subordinada a la fe en dos sentidos. En primer lugar, lo que se dice es que la razón no puede ir más allá de la verdad revelada. En segundo lugar, se nos dice que la razón, usada rectamente, sirve para esclarecer las verdades de la fe. Nos encontramos aquí en el mismo caso que con la teoría heliocéntrica. El paradigma tradicional nos viene a decir que la verdad ha sido revelada en las escrituras; y en éstas se nos dice que la tierra junto con los animales han sido creados por dios desde un principio. Y que el hombre, tal y como es, ha sido creado a imagen y semejanza de dios desde el principio de los tiempos. Y esto es la verdad, porque la Biblia ha sido revelada por dios al hombre y dios es la verdad. Éste es el paradigma antiguo que nos describe cual es la imagen del mundo aceptada y el pensamiento hegemónico. Pues bien, es en la misma Biblia en la que se nos informa de la existencia de una catástrofe universal: el diluvio universal. Ya las escrituras hablan de la existencia de estos cataclismos o catástrofes. De tal forma que los fijistas y creacionistas se unieron a esta interpretación para salvar su teoría.[1] Pero la teoría catastrofista también serviría para los partidarios del evolucionismo. Las catástrofes explicarían los saltos en el registro fósil que es el talón de Aquiles del evolucionismo. Las grandes catástrofes universales explicarían las grandes extinciones de animales y por tanto los saltos entre especies. Ahora bien, tenemos el problema de que no encontramos los restos fósiles de los animales intermedios. Como digo esta crítica es de gran calado y llega hasta nuestros días. Una de las soluciones actuales a esta crítica viene de la mano de la genética y de la biología molecular. La desarrollaré someramente. La referencia bibliográfica es la obra de Javier Sanpedro Deconstruyendo a Darwin. Una interpretación de la teoría de la evolución desde la nueva genética. La argumentación de esta obra es ejemplar. Comienza planteando el problema fundamental del neodarwinismo, del que hablaremos más adelante, que es el ya mencionado problema del registro fósil. Pero desde el principio en la obra hay en la intención de Sanpedro un intento de luchar contra la teoría ortodoxa del darwinismo. En definitiva, lo que nos viene a decir es que en torno a la teoría darvinista se ha creado toda una escolástica en el siglo XX que dificulta la crítica porque consideran el neodarwinismo una verdad incuestionable. Y es esta postura irracional y anticientífica la que les lleva a negar los problemas planteados a la teoría y las posibles soluciones planteadas por científicos más heterodoxos. Los darvinistas quieren explicar todos los procesos evolutivos por medio de la adaptación o la selección natural; pero la verdad es que pueden existir otros mecanismos propuestos, por ejemplo por la teoría del equilibrio puntuado, el neutralismo o la propia teoría modular de Sanpedro que además tienen la virtud de solucionar los problemas del darwinismo, sin salirse del esquema básico de la teoría. Lo único que niegan estas alternativas heterodoxas es que la selección natural no es el único mecanismo que explica la evolución de las especies, pero de ninguna manera lo eliminan. La argumentación empieza con la teoría de Lynm Margulis sobre el origen de las mitocondrias. Lo que esta bióloga propuso es que el origen de este organúsculo celular procedía de una bacteria, lo cual nos hace pensar que hubo una simbiosis entre ambas bacterias que dio lugar a la aparicion de las mitocondrías. Esta teoría fue durante largo tiempo rechazada porque iba en contra del pensamiento homogéneamente aceptado del neodarwinismo que no admitía más mecanismos de cambio que el de la adaptación y la selección natural. De igual manera se podría explicar el primer gran salto evolutivo del que no tenemos registro que es el paso de las células procariotas a las eucariotas (sin núcleo, con núcleo). Lo importante de esta teoría, hoy en día bastante corroborada es que uno de los mecanismos de la evolución es la simbiosis, no la lucha por la existencia. Desde luego, y esto es más sutil, es que la selección sí jugaría un papel posterior. Sanpedro nos propone, por su parte, recomiendo acceder a su obra de una argumentación lógica y técnica impecable para llegar a los datos completo, lo que yo voy a hacer aquí es formular su idea general, es que el problema de los saltos se podría solucionar desde la genética. Una vez que tenemos las bacterias primitivas tubo que aparecer un ser al que denomina urbilateria que contendría toda la información genética de alguna manera. Previamente nos explica lo que son los genes Hox y su funcionamiento, así como los experimentos con la mosca de la fruta que al variar ciertas parte de sus genes Hox producen cambios espectaculares en la morfología del insecto. Lo que nos viene a informar de que ciertos genes codifican grandes transformaciones de los seres, y que estos son universales, estarían en todos los animales, es nuestra herencia genética. De ahí surgiría su teoría modular. Los cambios o mutaciones se producen en módulos genéticos y afectan a formas complejas de la morfologías de un ser. Pero esta información genética la tendríamos desde los primeros seres primitivos denominados urbilateria. Esto explicaría que realmente no hay saltos en la evolución, al menos en lo que se refiere al ámbito genético, hay cambios modulares que implican diversos genes y estos tienen efectos morfológicos cuantitativamente elevados. En palabras de nuestro autor:

 

            …a base de palos propinados por la experiencia de que, al menos algunas de las principales innovaciones biológicas de la historia de la tierra tienen un mecanismo causal no darvinista, no explicable por la lenta acumulación de pequeñas mejoras adaptativas. He llegado a la convicción científica de que esas adaptaciones tienen una naturaleza modular; consisten en la incorporación, o en la nueva utilización de módulos genéticos completos y previamente funcionales….

            ¿qué quiero decir por evolución modular? Ya hemos visto los dos mejores ejemplos. El origen de la célula eucariota fue un caso esencial de evolución modular, como ha demostrado (sobre todo) Lym Margulis por encima de toda duda razonable.” pp. 137-138

 

            En definitiva, entonces, lo que nos muestra Sanpedro apoyándose fundamentalmente en Margulis y en la investigación posterior de los genes Hox, es que se producen cambios genéticos que condicionan un módulo completo y que en sí mismo son ya funcionales. Después vendría la selección natural. Por tanto, lo que pretende explicar es la cuestión de los saltos. La teoría ortodoxa neodarwiniana habla de acumulación progresiva de pequeños cambios, pero esto no podría explicar los saltos. En conclusión lo que podemos decir es lo siguiente. Por una parte Márgulis acude a mecanismos, como es el caso de la simbiosis, que explican la aparición de nuevos seres y, por otro, Sanpedro, conociendo la funcionalidad de los genes Hox, nos informa de que un cambio en estos que regulan todo un módulo genético que es funcional podría explicar el gran salto que se produce entre especies. La selección tendría un papel, pero no el principal.

 

            Además esta teoría explicaría la crítica que podemos denominar el argumento matemático. En la época de Darwin se venía a decir que la edad de la tierra era tan corta que sería imposible que por pequeños cambios apareciese ni siquiera un órgano nuevo, mucho menos, una especie. El argumento es serio y lo retoma en el siglo XX Salet en su obra Azar y certeza, criticando la de Monod, Azar y necesidad. La tesis que mantiene es que la teoría de la probabilidad nos viene a decir que se necesitarían una cantidad de años superior a la edad del universo para que apareciese un solo órgano. Esta crítica sería asumible, aunque no aceptada, porque la probabilidad puede ser entendida desde otras perspectiva, como la teoría de las propensiones de Popper, la teoría del caos y la teoría de Prigogine de las estructuras adaptativas disipativas. Lo común de todas ellas, aunque no tenemos espacio para desarrollarlas, es que el orden emerge del desorden o el caos. Nosotros refutaremos esta crítica desde la evolución modular. Si por una parte admitimos que la evolución se produce también por simbiosis y que la mutación de un módulo genético funcional afecta a grandes cambios ya no necesitamos el inmenso tiempo que sería necesario por la acumulación de pequeños cambios graduales. Por lo tanto, con la teoría genética modular explicamos varias cosas muy importantes. Primero, la selección natural no es el único mecanismo que explica la evolución, también contamos con la simbiosis. Segundo, la evolución modular a partir de genes funcionales explica la aparición de seres vivos absolutamente distintos morfológicamente y, para ello, además, no nos hace falta un tiempo ilimitado. La selección natural no desaparece, sino que actuaría después de las mutaciones producidas en los genes modulares con virtualidad funcional. A mi manera de ver es una de las teorías más interesantes que resuelve los problemas más fundamentales del evolucionismo. Además aquí ya no caben las interpretaciones ideologizadas de las que hablábamos antes. La selección natural o adaptación ya no es el mecanismo fundamental, por tanto, la metáfora antropomórfica de la lucha por la existencia ya no nos sirve. Lo que sí habría que añadir ahora es el concepto de evolución de grupo. Pero ese es el tema que habrá que abordarlo en Dawkins y su gen egoísta y en Wilson y la sociobiología.

 

El neodarwinismo la crítica de Gould y el neutralismo.

 

         Aunque en lo último que hemos venido diciendo ya hemos hecho una crítica al neodarwinismo aún no lo hemos explicado en su conjunto. Hemos procedido a esa critica porque procedía de las críticas que se le hicieron a Darwin y que se desarrollaron en el siglo XX. El desarrollo del neodarwinismo tuvo lugar en los años treinta y se culminaría con el descubrimiento del ADN y su estructura por Watson y Crick. El primer antecedente lo encontramos en Mendel. Este autor consigue explicar las leyes que rigen la herencia de los caracteres, cosa que como dijimos, Darwin no podía hacer. Pero el redescubrimiento por parte de de Vries de estas leyes y de las mutaciones daría paso a la formulación del neodarwinismo por parte de Ayala y Dolbzanski en la que se unía el ámbito microbiológico con el macrobiológico. La genética con la selección natural. Desde la teoría neodarwinista se sintetizan lo que van a ser considerados como los elementos básicos de la evolución. Son cuatro los mecanismo:

 

1 Micromutaciones. Estas tienen lugar en los genes, en la estructura del ADN en la que reside la información de cómo ha de ser un ser. Son sin causa, azarosas, errores en la transcrición, por radiaciones, en fin, aleatorias.

2 Recombinación genética. Las mutaciones producidas deben pasar la criba de la adaptación al entorno bioquímico en el que se han producido, pueden ser rechazadas, reparadas o se produce una recombinación genética, con lo que tendríamos un cambio genético que aparecerá en el fenotipo.

3 Selección natural. Una vez que el cambio aparece en el individuo éste ha de soportar la presión del medio. Si ese cambio es funcional el ser que lo ha sufrido sobrevivirá y se reproducirá heredando por las leyen mendelianas sus descendientes el nuevo carácter. Si no es viable no habrá reproducción y la mutación se extinguirá con el individuo.

4. Asentamiento de la especie. Una vez que el individuo ha sobrevivido y la mutación se manifiesta favorable han de transcurrir muchas generaciones para que esa nueva mutación (o conjunto de muchas mutaciones progresivas) se asienten como especie.

 

            Bien, estos son en esencia los mecanismos postulados por el neodarwinismo. Podemos observar varias cosas. En primer lugar habría una selección natural que actúa a nivel microbiológico y otra a nivel de individuo, primero, y de grupo, después. En segundo lugar los cambios se producen al azar, son pequeños y graduales. La acumulación de muchos de estos, más la selección del grupo (asentamiento de la especie) da lugar a la aparición de nuevas especies. Pues bien esta es la teoría ortodoxa aceptada con casi total homogeneidad por la comunidad científica. Nosotros ya hemos hecho la crítica desde la teoría de la simbiosis de Margulis y desde la teoría modular a partir de esta teoría; en concreto, a la que se refiere a la acumulación de cambios graduales y progresivos y, por otro, al poder omniexplicativo de la selección natural. Pero nosotros vamos a ir más allá, vamos a analizar la ideología filosófica que subyace al neodarwinismo; y, para ello, vamos a seguir de la mano del paleontólogo Gould. Este autor ha sido una de los máximos difusores y divulgadores del evolucionismo. Ha luchado contra la superstición y el creacionismo. Ha ganado, junto con el filósofo de la Biología Michel Ruse, casos ante los tribunales frente a los creacionistas que querían impedir que el evolucionismo se enseñase en las aulas. Pero, por otro lado, la comunidad científica lo ha considerado un hereje por su interpretación de la teoría de la evolución. Es decir, que entre sus colegas no gozaba de la misma simpatía que entre un público más amplio y menos especializado. A mi modo de ver, independientemente de que Gould tenga más o menos razón, yo veo más que menos, creo que el problema viene de la interpretación ortodoxa que se hace del darwinismo que le impide ver los problemas y solucionarlos. Las polémicas de Gold con los ortodoxos evolucionistas han sido tan arduas como con los creacionistas, lo cual me hace pensar que en ambos grupos hay cierto fanatismo que impide la sana actividad crítica del desarrollo de la ciencia.

 

            Desde el punto de vista técnico, la propuesta de Gould junto con Lewontín es lo que se ha dado en llamar la teoría evolutiva del equilibrio puntuado. Para los neodarwinianos los cambios tiene que ser funcionales y adaptativos. Todo cambio seleccionado respondería a una función y se mantendría seleccionado en tanto que desempeñe esa función; lo cual nos llevaría a una evolución progresiva y adaptativa de las especies. Para el equilibrio puntuado de Gould las mutaciones son selecionadas en un primer momento y permiten la adaptación de la especie; pero no todas las mutaciones son funcionales en el sentido de adaptativas, muchas de ellas son mera floritura, sin funcionalidad, aunque en un futuro pueden encontrar cierta funcionalidad. Una vez que se produce la adaptación se produce un equilibrio. Éste, junto con el anterior, es otro punto de desacuerdo con el neodarwinismo. No hay una evolución progresiva de la especie, sino un equilibrio puntuado en el que la especie perdura durante cientos de miles de años permaneciendo igual produciéndose a su vez el fenómeno de la deriva genética. Esta teoría influirá en el neutralismo de Kimura. Para el neodarwinismo las mutaciones pueden ser buenas o malas, en el sentido de si son o no funcionales, por tanto adaptativas o no. El neutralismo considera que toda mutación es neutra, la adaptabilidad o no es accidental. E, incluso, las mutaciones, sino causan perjuicio pueden perdurar y ser heredables. Creo que las críticas de Gould y de Kimura y Levontin son muy interesantes porque atacan a un sustrato filosófico, quizás de origen lamarkiano, de la evolución. Cuando el neodarwinismo habla de acumulación de cambios graduales progresivos y funcionales como aquellos que producen la evolución, está, de alguna manera, introduciendo el concepto de finalidad en la evolución. Parece que se está diciendo que todo tiene que tender a un fin (lo llaman función). Por mi parte estoy con Gould y con Kimura. Los cambios son neutrales y la funcionalidad es accidental.[2]

 

            Y esto último nos lleva a otras ideas filosóficas y metafísicas que subyacen a la evolución. A la base del neodarwinismo nos encontramos con la idea de progreso en el sentido de complejificación de los organismos y con la idea aparejada a la anterior de direccionalidad. Se tiene el prejuicio de que la evolución tiene un sentido y una dirección que es el de la complejificación de los seres vivos que van apareciendo. Pero esto no es más que ideología predarwiniana y de origen cristiano. El sentido de la complejificación sería el de la perfección. De nuevo lo que sucede aquí es que tenemos una visión antropomórfica de la teoría de la evolución. Si bien es cierto que el proceso de la evolución produce organismos cada vez más complejos, organizativamente, lo que no es cierto es que esto sea una tendencia natural. Si esto fuese así tendríamos que hablar de que existe una finalidad en la evolución y si eso fuese así tendría que haber un diseñador. Esta interpretación a los partidarios del diseño inteligente les viene de perlas. No hay ningún diseño, ni inteligente ni torpe, hay, como decía Monod, azar y necesidad. La complejificación es un hecho, evidentemente, algo que hay que explicar, pero no es el sentido de la aparición de las especies. Además resulta que se asocia a la complejidad una idea filosófica-teológica que es la de perfección. Todo esto son prejuicios filosófico-teológicos de los científicos como estoy tratando de demostrar. El hecho de que exista una complejificación de las especies a lo largo de los 4.000 millones de años de evolución no quiere decir que no sigan existiendo los seres unicelulares como las bacterias sobre la tierra, además colonizando todos los habitats ecológicos, hasta los más insospechados. Ahora bien si entendemos perfección como adaptabilidad pues resulta que los seres más adaptables son los más simples, las bacterias, que tienen más de 3.500 millones de años de antigüedad y han sobrevivido a todos los cataclismos. Si desde el punto de vista biológico equiparamos adaptabilidad con perfección, los seres más perfectos serian las bacterias. Por tanto, la evolución no tiene ningún sentido ni dirección. Cuando hablamos de dirección y sentido en la evolución el prejuicio que nos mueve es el de considerar al hombre como la culminación de la evolución, el ser más complejo y más perfecto. Ahora bien, pero, ¿qué es esto sino más que la idea bíblica de que el hombre es el rey de la creación hecho a imagen y semejanza de dios? No hay ni dirección ni progreso en la evolución. El hombre, efectivamente, es el ser vivo más complejo, pero desde el punto de vista de la adaptabilidad, no es el más perfecto. Como sapiens sapiens sólo tenemos 60.000 años. Estamos muy lejos del record de las bacterias.[3] Lo que tenemos que tener en cuenta es la noción de árbol de la evolución. El sentido de la evolución es arbóreo, no lineal. Cada rama u hoja representa a una especie, que, mientras que sobrevive, está perfectamente adaptada. Todas las especies existentes no extintas son en, este sentido, iguales y equivalentes, incluido el homo sapiens sapiens. No somos ningún caso particular de la evolución ni el resultado de una tendencia dirigida como piensan los nuevos creyentes del diseño inteligente, que nos quieren colar el creacionismo y la trascendencia con el disfraz de la ciencia. Esta idea socava definitivamente la idea de que el hombre ocupa un lugar privilegiado en la naturaleza. No somos más que el producto del azar y la necesidad, absolutamente equivalentes a otras especies. Por supuesto que nosotros hemos creado una doble naturaleza que es la cultura de la que dependemos, pero esto no nos hace ni mejores, ni más perfectos, ni los elegidos, ni garantiza nuestra perpetuidad. Podríamos no haber aparecido y desapareceremos como lo hacen las demás especies. Nuestra existencia es accidental y no central, la evolución no es consciente. El valor que tenemos es fruto de nuestra cultura, esa doble naturaleza. Y lo debemos aprovechar en el sentido en el que debemos de vivir en comunidad con el resto de la biosfera. Siempre suelo citar el ejemplo de los dinosaurios para captar el lugar que de accidental tiene nuestra existencia. Los dinosaurios se extinguieron de forma masiva y súbita hace 65 millones de años, habitaron la tierra durante 250 millones de años; pero esto no fue garantía para su persistencia. Pero el hecho de que los dinosaurios se extinguiesen fue el hecho determinante para que apareciesen los mamíferos, de los que procedemos nosotros. Desde los primeros mamíferos hasta nosotros se han dado multitud de accidentes que hicieron posible, de forma azarosa y causal, la aparición del homo sapiens sapiens. Podríamos perfectamente no haber aparecido, era lo más probable. Estar aquí es algo absolutamente accidental. Y saber que algún día dejaremos de estar es algo cierto. Esta imagen del hombre lo pone en el lugar que debe estar. Elimina absolutamente el sentido de la trascendencia y el sentido de la vida. Los discursos desde la trascendencia no son más que cuentos para intentar dotar de sentido a nuestra existencia. La peligrosidad de la idea de Darwin es recalcar que el hombre es un ser más, como otro cualquiera, de la naturaleza. Ahora bien, somos seres biológicamente abiertos, producimos y generamos cultura. Y ésta procede de que tenemos necesidad de dotarnos de sentido porque éste no viene determinado por nuestra condición biológica. Ahora bien, de nosotros depende que el sentido sea el de la honestidad y la fraternidad con los demás hombres y con el resto del planeta que habitamos y que es la nave en la que vamos todos. Esta idea nos baja del pedestal de la trascendencia y nos naturaliza. Nos puede servir como idea filosófica que subyace a un pensamiento ecológico sano y que como seres autoconscientes y morales que somos, con sentido de la responsabilidad nos ocupemos del cuidado del planeta, que es la última garantía de nuestra persistencia. De esta visión ontológica y antropológica que debe sustituir al paradigma anterior en el que el hombre es el ser más importante (este paradigma lo encontramos en el cristianismo, en las ideologías utópicas de la política, en la utopía del progreso de la tecnociencia y en todas las ideas megalómanas del ser humano) debe surgir una ética y una política consecuente. Esta interpretación de la evolución, que pone al hombre en su lugar, unido al problema socioecológico en el que nos encontramos sumido, abre las puertas a la necesidad de un cambio de paradigma que haga posible la perdurabilidad del hombre sobre la tierra en este momento de encrucijada y desazón.

 

El gen egoísta de Dawkins, la sociobiología y la ética.

 

            Uno de los mayores defensores del neodarwinismo también tiene una visión particular de la evolución. Su idea coincide con la postura neodarwinista en el sentido que defiende que los cambios se producen de forma gradual, no admite la teoría de Gould y, como dijimos, las discusiones entre ambos fueron tremendas. La visión de Dawkins tiene dos dimensiones: su radicalidad en el reduccionismo genético, por un lado y, por otro, las consecuencias culturales que saca del darwinismo, sobretodo desde el punto de vista de la crítica a la religión. Dawkins populariza su pensamiento en lo referente a la evolución en dos obras. La primera de ellas y la más conocida es El gen egoísta; a ella le sigue el relojero ciego. Y hace un par de años publicó una obra que es una diatriba contra los partidarios del creacionismo y el diseño inteligente; así como una crítica a cualquier visión que admita la trascendencia después de la idea de Darwin, La ilusión de Dios. Vamos a pasar a comentar ahora, a grosso modo su pensaiento.

 

            Su idea central es la que desarrolla en el gen egoísta. Aquí lo que realiza es una reducción de la evolución al ámbito de la genética. Su tesis central es que la evolución no tiene nada que ver ni con los individuos ni con los grupos, ni con las especies. La evolución es sólo genética. Lo que evolucionan, desde las macromoléculas primitivas con capacidad de autorreplicación, son los genes. En un principio lo único que había eran genes o moléculas orgánicas con capacidad de autorreplicación. Estas moléculas orgánicas replicantes “inventan” artefactos que las salvaguarden, que sirvan como vehículos para su reproducción o autorreplicación. De tal manera que lo que podemos decir es que la evolución es la evolución de los genes que “producen” artefactos que les sirven como vehiculo de transmisión genética. Es decir, que los organismos –es decir, todas las especies- se pueden concebir como máquinas de supervivencia de los genes. Los que pretenden sobrevivir son los genes. En realidad, la antigüedad de los genes de cualquier ser vivo es de 3.500 millones de años; la historia de la evolución lo que ha hecho ha sido preservarlos. Los organismos, incluido el hombre, hay que entenderlos como máquinas de supervivencia de los genes. De tal manera que, según la interpretación de Dawkisn el peso de la evolución se lo llevan los genes, estos son los que han sobrevivido a lo largo de toda la historia de la evolución; tanto los individuos como las diferentes especies han desaparecido. Desde este punto de vista sí es necesario darle la razón a Dawkins; pero lo que sucede es que su tesis es excesivamente reduccionista. Comparto que lo único que se mantiene, por el momento, de la historia de la evolución son los genes. Que los individuos son envolturas que sirven como vehículo de transmisión de los genes. Pero hay un problema y es el problema del reduccionismo y la emergencia. No estoy, de ninguna manera de acuerdo con los que dicen que la interpretación de Dawkins del gen egoísta es una interpretación ideologizada que tiene como objetivo una exageración del individuo. Estos no han entendido para nada lo que dice el biólogo, ni mucho menos el sentido de que lo que dice es metafórico y no tiene una intención política. Para mí es un problema científico y filosófico. Desde el punto de vista científico, Dawkins olvida el asunto de la simbiosis del que hemos hablado antes. En su teoría del gen egoísta hay una apuesta por la selección natural y la lucha por la existencia como forma de expresión de esta. Es más, en Dawkins se confunden los niveles de la metáfora con los de lo puramente científico. En segundo lugar, hay un fallo filosófico, nos referimos al reduccionismo. No niego la importancia del ámbito genético en la evolución, es su base. Lo que digo es que cuado emergen nuevos niveles de realidad, como son el individuo, el grupo y la especie, aparecen cualidades nuevas que no se reducen a la base de la que proceden y que requieren de un estudio legal a parte. Por tanto, no niego la importancia de la evolución en el ámbito meramente de los genes, pero considero que atribuirles propiedades antropomórficas, aunque sea a título de hipótesis, nos puede llevar a engaños. Rigen leyes para los grupos y los individuos. Lo que quiero decir es que cuando emergen propiedades nuevas porque el nivel de organización ha aumentado empiezan a regir nuevas leyes; y esto es lo que ocurre en el caso de los organismos vivos. De todas formas una consecuencia antropológica importante sí que podemos sacar de aquí y es que el hombre vuelve a carecer de una importancia especial en el cosmos. Sería una máquina de supervivencia más. Dawkins puede estar equivocado con su reduccionismo genético y alimentar con su metáfora del gen egoísta la ideología del individualismo y el liberalismo; pero sí hay que concederle que no participa de la ideología que subyace a la interpretación ortodoxa de la evolución que hemos comentado más arriba en la que se identifica la complejidad con la perfección. Para Dawkins lo que envuelve a los genes son apariencias, no es lo importante, ya sea un humano o una lombriz. A Dawkins también se le debe el concepto de meme como sustrato de la evolución cultural. En el hombre distingue que se dan, por un lado, una evolución biológica, explicado como lo hemos hecho, y una cultural. Ésta última responde a un principio de finalidad, y la unidad básica de la evolución en lugar de ser el gen es el meme. Estas son unidades mínimas de información (ideas) que se transmiten de individuo a individuo y de generación a generación. La diferencia con los genes es que aparecen de forma intencional, pero una vez que están ahí se someten a las leyes de la selección natural.

 

            En la obra de El relojero ciego arremete contra los que argumenta la existencia de dios a partir del orden en los seres biológicos. Su tesis central es la imagen mecanicista desde la que se postulaba el deísmo. El universo es una máquina similar a un reloj mecánico. Pero para que este reloj exista se requiere de un relojero. Es decir, que habrá un diseñador. Los que mantienen esta tesis, en definitiva, lo que están manteniendo es la idea de la quinta vía, la de la causa final. En su última obra La ilusión de dios profundiza en estos argumentos arremetiendo contra los partidarios del creacionismo y del diseño inteligente. Esta obra ha sido acusada de superficial desde el punto de vista filosófico y teológico, ha sido considerada como una diatriba contra los creyentes, en fin, que para los creyentes, y, sobretodo si son filósofos, les parece una obra menor. Aquí tendría que hacer yo mi defensa de esta obra. Desde luego que comparto que los argumentos filosóficos que se esgrimen, tomados de la historia de la filosofa, son endebles y superficiales. Pero creo que no es en esto en lo que nos debemos fijar, sino en lo que emana de su argumentación científica. En definitiva, lo que nos viene a decir Dawkins como Dennet, es que la idea de Darwin elimina la necesidad de la trascendencia para explicar la existencia de la vida y en particular del hombre. Que, en definitiva, el hombre se reduce a la biología, y todo en él es explicable a partir del camino de la ciencia.

 

            Pasemos brevemente al tema de la sociobiología. La obra de Wilson Sociobiología produjo un gran revuelo entre los humanistas y, en especial, entre los filósofos. La verdad es que la obra de Wilson fue bastante malinterpretada. Las tesis de Wilson no eran tan reduccionistas como se pensaban. La lectura de los críticos fue superficial. Esto le llevó a escribir una segunda obra que es La naturaleza humana. De todas formas, las tesis fuertes de la sociobiología: reducción de lo social a lo biológico, aunque nunca lo defendió estrictamente Wilson, fueron abandonadas y sustituidas por la etología y la psicología evolutiva. En términos generales lo que venía a decir Wilson es que el comportamiento animal social estaba perfectamente reglado genéticamente. El individuo sobrevive en el grupo, y el comportamiento de los individuos viene marcado por la supervivencia del grupo. La colaboración que existe entre los miembros de un mismo grupo repercute sobre el bien del grupo, lo que en definitiva le viene bien al individuo. Wilson, como entomólogo que es pues consideró el conocimiento que él tenia de los insectos sociales. Su error, en parte, fue el identificarlos con las sociedades humanas. Hay diferencias ostensibles entre las sociedades de termitas u hormigas y las humanas. De todas formas, como modelos explicativos analógicos de lo que ocurre en las sociedades de humanes son interesantes, porque no podemos olvidar que somos biológicos, por muy culturales que también seamos. En definitiva, nuestro ser cultural es fruto de una condicionalidad biológica aunque no se reduzca a ésta. El problema filosófico que se plantea es el mismo que hemos comentado más arriba con Dawkins, el del reduccionismo. Todo reduccionismo es una falsificación de los hechos; ahora bien, todo reduccionismo es necesario para avanzar en el conocimiento de la naturaleza. Por eso, me parece que el intento de la sociobiología de reducir el comportamiento social humano al de los insectos y demás animales sociales, aunque en su extremo pueda ser erróneo, porque la complejidad de la organización humana dé lugar a propiedades nuevas que se rigen por leyes nuevas, ha aportado mucha luz sobre la conducta humana. Por eso estos estudios se han desplazado a la etologia (ciencia del comportamiento) y la psicología evolutiva. Una de las tesis fuertes que mantenía Wilson en su sociobiología es el hecho de que la ética debería de dejar de pertenecer al ámbito de las ciencias humanas y la filosofía y pasar al de las ciencias biológicas. Él pretendía reducir los comportamientos éticos a los comportamientos sociales de los animales sociales, particularmente, los insectos. Una de las críticas más fuertes que se le hacía a la sociobiología y también la etología en este sentido era la de la cuestión del altruismo. ¿Cómo sería posible explicar entonces el altruismo, fenómeno específicamente humano, si no tiene ninguna ventaja adaptativa? Bien, en primer lugar hay que decir que, tanto Dawkins como Wilson, están dentro del paradigma neodawiniano y consideran que cualquier comportamiento tiene que tener una función adaptativa. Si miramos esto desde la perspectiva del equilibrio puntuado o el neutralismo no caeríamos en este error. De todas formas el altruismo puede ser explicado socialmente. La cooperación con el otro reporta un beneficio para el grupo y el bien del grupo es un beneficio para el individuo. Es lo que hoy en día se conoce como el altruismo recíproco: tú me rascas la espalda yo te rasco la tuya. Todo acto, por muy altruista que parezca, incluso sacrificar la vida por otro, repercute en el bien de la comunidad, y el bien de la comunidad es el del individuo. Por tanto podemos explicar perfectamente las conductas altruistas desde el punto de vista del “egoismo” en el sentido de que todas repercuten en el bien común y por eso son seleccionadas. En definitiva representan ventajas adaptativas.

 

            No quiero yo reducir el ámbito de la ética al de la biología, al menos en lo que al ser humano se refiere. Estoy de acuerdo con que podemos rastrear los orígenes biológicos de nuestro comportamiento ético en los animales sociales y, sobre todo, en los primates. Considero que existe una continuidad en nuestra línea evolutiva y que nada nos hace especial. Ya he defendido esto antes. Ahora bien, como también defiendo que el reduccionismo es explicativo, pero erróneo, creo que la eticidad humana es una emergencia nueva, condicionada biológicamente pero no reductible a ella. La enseñanza que yo saco de esto es que debemos fundar una ética naturalista que elimine la trascendencia y, por tanto, la heteronomía. Esa ética naturalista debe explicarnos porqué nuestros principios morales más universales son, en última instancia, ventajosos para el grupo y la especie. En definitiva, nuestro desarrollo moral y político no son más que la respuesta de un mecanismo de supervivencia. Por eso, la ética, los valores, los derechos humanos son construcciones culturales, que arrancan de una base natural y biológica, que tiene como imperativo la supervivencia de la mayoría. No existe una validez ni un fundamento universal ni de los valores ni de los derechos; en definitiva con lo único que contamos es con un argumento pragmático histórico, como dice Marina, y, como sugiero yo, una base evolutiva: la tendencia a la supervivencia de la especie. El cumplimiento de los derechos humanos y de los valores universales que los fundan y el desarrollo de sociedades democráticas, cada vez más globales, son una garantía de la supervivencia de la especie. Como vemos estamos en la misma situación que cuando hablábamos de la cuestión del sentido desde la teoría de Gould. No existe un sentido trascendente del hombre (ni religioso, ni político, ni tecnocientífico…) sólo un sentido –imperativo biológico podríamos decir- de supervivencia. Y lo que sucede es que la supervivencia como especie se garantiza por medio del altruismo (derechos humanos), en última instancia egoísmo: el cumplimiento de los derechos humanos en sociedades democráticas es una garantía de mi supervivencia; y, también, de una ética ecológica que sugeríamos más arriba. Esta ética ecológica se basaría en el principio de responsabilidad de Hans Jonas. La ética eclógica tiene que extender la responsabilidad de mis actos desde mi prójimo hasta las generaciones futuras y el ecosistema. Somos responsables de la existencia de la especie humana en el futuro. Pero, en definitiva, esto está dentro de las tesis del egoísmo. Si sobreviven mis descendientes sobreviven mis genes, por ello tengo que hacer todo lo posible para que ello sea así. Aquí, entremezclado con el altruismo recíproco nos aparece el fantasma del gen egoísta de Dawkins. Desde luego que la evolución nos enseña a no ser ingenuos, a dejar de creer en el amor por el amor, la belleza por la belleza, el bien por el bien, la verdad por la verdad y relativizar estos conceptos, al menos en el sentido de naturalizarlos. Creo que esto es una buena vacuna contra los ideales utópicos que, por cierto, tantos millones de muertos han producido en la historia de la humanidad. No existe el sentido de la historia ni del hombre. El único sentido es el imperativo biológico de la supervivencia, ya sea de grupo o de individuo o, más correctamente, conjuntamente, es lo que llamaba el clarividente Spinoza el conatus. Todo ser intenta por todos los medios permanecer en su existencia. Y la permanencia del ser humano en su existencia tiene que ver con la alegría y la felicidad. Y esto tiene que ver con la ética. Tenemos pues que reconocer los límites biológicos de nuestra ética para olvidarnos de ideologías salvíficas, eso, por un lado, y, por otro, para recordar, que la única forma de la supervivencia de la especie y de nosotros y nuestros descendientes como individuos, es la supervivencia de la biosfera en la que habitamos.

 

Conocimiento y evolución. Una propuesta popperiana.

 

            Popper publicó un librito en 1990 que es el resultado de dos conferencias. Una sobre ontología: un mundo de propensiones: dos visiones de la causalidad; y otra sobre teoría del conocimiento: hacia una nueva teoría del conocimiento. Esta obrirta es una síntesis del pensamiento popperiano, incluso llega a decir que probablemente sea lo mejor que haya escrito. Sería muy interesante y oportuno y es una tarea pendiente de estudiar esta obra y sacar todas las conclusiones que para la cosmología y la teoría del conocimiento tiene. En este lugar, y dado lo extenso ya del artículo, voy a presentar un esquema de la nueva teoría del conocimiento que propone Popper.

 

            Lo que pretende hacer Popper es unir la teoría de la evolución con su teoría del conocimiento de esta manera el problema del conocimiento se transformaría en un problema cosmológico. En definitiva Popper en este breve ensayo conferencia quiere unificar su visión del mundo y su teoría del conocimiento. La base del la teoría del conocimiento de Popper es que en el conocimiento científico y racional procedemos por ensayo y error. Nuestras teorías científicas son conjeturas sobre la realidad. Estas conjeturas pueden ser o no falsadas por los hechos. Si eso ocurre habrá que construir, inventar, otra hipótesis, que explique los hechos. De tal forma que nuestro conocimiento se aleja del error para acercarse a la verdad pero es imposible la conquista de la verdad. Sólo podemos estar ciertos, deductivamente hablando, de la falsedad de una teoría. Nuestras teorías son cada vez más plausibles y tienen un mayor grado de corroboración. En esto consiste de forma muy esquemática la teoría del conocimiento de Popper. Una consecuencia importante que sacamos de aquí es que nuestro conocimiento es deductivo y fundamentalmente a priori. Inventamos y construimos hipótesis (teorías) que debemos enfrentar con los hechos, por tanto, nuestras teorías no proceden de los hechos, sino que son conjeturas teóricas y a priori sobre ellos.

 

            El paso que da Popper en esta conferencia, Hacia una teoría evolutiva del conocimiento, consiste en lo que sigue. Interpreta la evolución –podemos considerar esto una teoría heterodoxa de la evolución- a la luz del conocimiento. Parte de la tesis de que todos los animales conocen y a partir de ahí saca 19 conclusiones. Después critica la teoría del origen de la vida de la “sopa originaria” y propone una teoría  bioquímica que sigue su modelo del conocimiento. El tema del origen de la vida no lo abordamos aquí, pero la conclusión que saca de ello es que prácticamente todo nuestro conocimiento es a priori. Lo que propone es una síntesis entre kant y Darwin (evolucionismo).

 

            Una vez que he expuesto el esquema paso a desarrollar muy brevemente –ya digo que esto es una cuestión pendiente de estudio- algunos de los puntos esenciales de la propuesta popperiana. Bien, como decía, Popper parte de la tesis que él dice que puede ser incluso trivial de que todos los animales, incluso las plantas conocen. En definitiva todos los organismos vivos. El hecho de que los animales no sean conscientes de su conocimiento no implica que no puedan conocer. Sólo el hombre es en parte consciente de algo de su conocimiento. Pero no podemos confundir consciencia del conocimiento con conocimiento. Lo que sucede es que Popper tiene una forma peculiar de entender el conocimiento. Todo conocimiento es una hipótesis y las hipótesis crean unas expectativas ante el futuro. Es decir, el conocimiento es una respuesta al medio que tiene que pasar la prueba de la experiencia. Así podemos entender que toda mutación es una respuesta, en forma de expectativa, frente al medio. A eso lo llamamos conocimiento. Si hay una adaptación el conocimiento en principio es válido. Pero claro, este conocimiento, como expectativa de lo que ocurrirá en el futuro se fija en nuestros genes y nos indica cómo debemos comportarnos frente a determinadas situaciones del medio. Es decir, en tanto que expectativas preveen situaciones. Y en tanto que nacemos con ellas, todos los animales, son innatas. Es decir, conocemos la realidad de forma innata. La selección natural consistiría en refutar nuestras expectativas, tras lo cual cualquier animal tiene que inventar otra. De esa forma podemos entender la evolución como conocimiento del medio en tanto que expectativas como estrategias adaptativas. Toda adaptación es conocimiento válido y objetivo, que permanecerá siendo así mientras que el medio no cambie. Si nos damos cuenta hay una fusión entre evolución y conocimiento. Por eso sugiere Popper que la teoría del conocimiento desde esta perspectiva evolutiva da un giro radical. Y desde aquí podemos abordar el tema del a priori y el aposteriori kantiano. Kant entendía el conocimiento a priori de forma absoluta: son unas estructuras del conocimiento que no han variado desde el inicio. Lo aposteriori son los datos que se entienden a la luz de lo a priori, siendo nuestro conocimiento de objetos o fenómenos. Nuestros a prioris: espacio, tiempo, causalidad,…son la condición de posibilidad para que se me den los objetos. Pues bien, lo que sucede desde la perspectiva de una teoría evolutiva del conocimiento es que esos a priori son expectativas adaptativas que se han ido formando con la evolución sometiéndose a la criba de la selección natural. Los aprioris con los que contamos son las expectativas (conocimiento conjetural) exitosos. De esta manera la mayor parte de nuestro conocimiento es a priori y evolutivo; consisten en respuestas adaptativas exitosas frente al medio. Los datos prácticamente carecen de importancia, son modulados por nuestras expectativas a priori. La ontología y la teoría del conocimiento se unen en lo que es una visión evolutiva del conocimiento.

 

            He expuesto muy esquemáticamente el pensamiento de Popper a este respecto, pero lo que me resulta interesante es que la investigación que se está haciendo en neurociencias: Francisco Rubia, El cerebro nos engaña, Antonio Damasio y Llinas, El cerebro y el mito del yo corroboran la teoría de Popper. El cerebro es un producto de la evolución que tiene la capacidad de fabular sobre la “realidad”. Los datos que proceden de los sentidos son la información que el cerebro modula. Esta función de modulación del cerebro es un a priori conquistado evolutivamente, que funciona como conocimiento a priori, como expectativa, en definitiva.

 

            Esto nos lleva a una visión integral del hombre en tanto que ser absoluta e íntimamente unido a la naturaleza. Nos hace pensar en la sustancia infinita de Spinoza. El hombre es parte de esa sustancia y, de alguna manera, una forma de autoconocimiento del universo de sí mismo. Somos, como sugería karl Sagan, una voz en la fuga cósmica. Igual que nuestro conocimiento son expectativas a priori constituidas evolutivamente, pues lo mismo podríamos decir de nuestro conocimiento ético y político. Y aquí unimos y fundamentamos epistemológicamente (teoría evolutiva del conocimiento) nuestra tesis de una ética naturalista. Las respuestas éticas del hombre son expectativas adaptativas, si resultan exitosas, esto es, permiten la supervivencia del hombre, las consideramos ciertas y apropiadas. Nuestra ética también es a priori y se ha generado evolutivamente. Con estas reflexiones antropológicas eliminamos el dualismo naturaleza-cultura y nos sumergimos en el panteísmo spinoziano: deus sive natura, natura sive deus; pero entendiendo la natura evolutivamente.

 

            Con estas últimas pinceladas he intentado ofrecer un bosquejo de una imagen del mundo que arranca de la peligrosa idea de Darwin que ahora se torna confortable y cuasimística al enlazarla con la teoría del conocimiento de Popper y Kant y con el panteísmo spinozista.

 

 



[1] Hoy en día ha habido un resurgimiento de esta visión creacionista que realizan una interpretación literalista de la Biblia. Esto ha tenido lugar sobre todo en as religiones evangélicas de los EEUU de América. De todas formas, también hay que tener en cuenta que la iglesia católica consideró correcta, a su manera, el evolucionismo en 1996. de todas formas considerando al ser humano como algo a parte dotado de alma, de ahí su semejanza con dios.

[2] Las obras de estos autores está plagadas de ejemplos que corroboran sus teorías, pero me gustaría sólo hacer alusión  a la evolución del hombre, muy a grosso modo. Nuestro cerebro evolucionó permitiéndonos adaptarnos a los sucesivos medios. Ahora bien, esas sucesivas mutaciones que hicieron que apareciese el cerebro que tenemos y que nos permitió sobrevivir y vivir en sociedad no cambió para crear la Venus de Milo, la 5º sinfonía de Bethoven, ni la teoría de la relatividad, ni la de la evolución…en fin…que los cambios ni son graduales, ni sólo adaptativos.

[3] Incluso quizás podríamos decir que somos casi un cáncer de la biosfera. Nuestro desarrollo como animales culturales pone paulatinamente en peligro los distintos ecosistemas, planteándose actualmente situaciones de posibilidad de colapso total desde el punto de vista ecológico. Nos hemos extendido metásticamente por toda la biosfera, y como toda célula cancerígena, potencialmente inmortal, podremos exterminarnos en la medida en que exterminemos el organismo: la tierra Gaia, que parasitamos.

Historia de la ciencia. Revolución científica

LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA.

 

Renacimiento y nueva ciencia.

 

El renacimiento es un momento histórico de vital importancia para el surgimiento de la ciencia. El renacimiento significó una ruptura con la antigua cultura medieval y  una recuperación de lo antiguo. Así que se planteó por primera vez la distinción entre ciencia y religión. La ciencia había estado subordinada a la religión. La cultura se impartia en los monasterios y las iglesias, de tal forma que era imposible discordar. El  renaciomiento suposo la salida de la cultura de los monasterios. Fue un movimiento social, cultural y económico. Con el renacimiento surgen las primeras naciones y se conquista América. El hombre del renacimiento es de un caracter distinto al medieval. Es el humanista. Alguien que quiere saber; y que tiene como centro de su saber al hombre y no a dios y la religión. Se dan una serie de inventos tecnológicos que permiten el gran cambio social y científico. Tenemos el de la brújula que permitió al hombre viajar y orientarse, y también tenemos la imprenta que le hizo posible extender la cultura. Los libros ya no estaban en manos del clero sino que podían utilizarlos más gente. Fue el primer paso para la popularización de la cultura; que llevaría consigo la salida de la cultura y el saber de los  monasterios. Con el surgimiento de las nuevas naciones (España, Francia, Inglaterra, Alemania.) el clero ya no será el primer poder. Las naciones se enferentan incluso con el vaticano.

 

Pero el renacimiento se nos presenta como una vuelta a los origenes y esto tiene mucho que ver con la ciencia. Lo que se reclama por primera vez es la libertad de investigaciónn. Ya Occan en la alta edad media había disuelto el problema escolástico afirmando que sólo existe un tipo de conocimiento que es el de la experiencia. A partir de entonces en la ciencia se va a reclamar más que los autores y los libros la experiencia. El libro que hay que leer es el de la experiencia, si queremos hacer ciencia. Bacon marcará el nuevo rumbo que ha de seguir la ciencia. Para este autor hay que romper con los antiguos ídolos de la ciencia, que son fundamentalmente los de la autoridad. Aristóteles, por ser tal, no ha de tener la verdad. La verdad la tenemos que buscar a partir de la experiencia. El conocimiento de la naturaleza debe darnos poder sobre ella. Este es el objetivo del saber. Ya no será un mero saber contemplativo que tenga como fin la divinidad; sino el conocimiento de la naturaleza para, a partir de él, dominarla. El renacimiento como vuelta a los orígenes en lo que a la ciencia se refiere pretende recuperar los autores clásicos, tal y como eran, con todo su saber y metodología. Así surgirá la nueva ciencia a partir de todo lo que había sido olvidado o prohibido, por no estar de acuerdo con las escrituras, en la edad media. El hombre del renacimiento es un aventurero, tanto física como intelectualmente y por eso se aventura en todo el saber antirguo recuperando autores, que como Platón y Pitágoras, como veremos, son determinantes para el surgimiento de la nueva ciencia.

 


Así que tenemos, por un lado, Bacon que determina el carácter empírico de la ciencia y el surgimeinto del saber tecnológico. Saber como poder. Y, por otro, la filosofías de Platón y Pitágoras, que reclaman el carácter matemático de la ciencia. La ciencia medieval era, como ya hemos dicho, aristotélica.[1] Las filosofías de Platón y Pitágoras van a permitir el surgimeinto de la nueva ciencia.[2] Tenemos aquí claramente configuradas las dos líneas del surgimiento de la nueva ciencia. Y a esto hay que sumarle el hecho, como ya decíamos, de que la ciencia moderna no aparece en las universidades y monasterios; sino que se hace independientemente.

 

 

Tesis en torno a la historia de la ciencia.

 

Los historiadores de la ciencia suelen interpretar la historia de la ciencia desde dos perspectivas generales. Los continuistas y los discontirnuistas. Los priemras creen que la historia de la ciencia es una sucesión continua de teorias y de descubrimientos. Son los lamados positivistas. creen que la historia de la ciencia es la sucesión de errores hasta la actualidad que estariamos en posesión de las teorías verdaderas. Por su parte los discontinuistas creen que la ciencia procede por saltos. Existen discontinuidades. Y estos saltos se producen por revoluciones. El que introduce esta concepción revolucionaria de la ciencia es kuhn. Sus dos obras fundamentales son “la revolución copernicana” y “la estructura de las revoluciones científicas”. Considera que la ciencia opera bajo lo que él llama un paradigma que constituye una forma de ver el mundo y una forma de hacer ciencia y de enfrentarse a los problemas. Lo que cambia cuando se produce una revolución científica es el paradigma. Cambia totalmente la forma de ver el mundo y los problemas que se  plantean así como la forma de resolverlos. Para él el surgimiento de la nueva ciencia es un cambio de paradigma que se inició con Copérnico y siguió con Galileo, kepler y Newton. Un paradigma se agota cuando surgen una serie de problemas dentro de él que no tienen solución, en tal caso se plantea una anomalia. Y ésta sólo se soluciona cuando se cambia de paradigma.

 


Nosotros vamos a optar por un camino intermedio que es la filosofía popperiana. Lo que Popper dice es que en ciencia lo que tenemos son hipótesis y conjeturas que resuleven una serie de problemas. Pero que estos, a su vez, producen problemas nuevos para los que necesitamos hipótesis o conjeturas nuevas que serán las nuevas teorías. Así avanza la ciencia[3] No podemos mantener que haya una revolución total porque entonces caeríamos en el irracionalismo de la ciencia, que consite en que los paradigmas no se pueden comparar porque son dos visiones del mundo distintas. Lo que se pretende es que las teorías se puedan comparar entre sí y ver qué problemas resuleven cada una de ellas.

 

 

COPÉRNICO.

 

Podemos decir que es el que inició la revolución científica del XVII. A su posición se le ha llamado revolución copernicana. Mantuvo que la tierra estaba en el centro. Pero nunca lo publicó, por miedo a las represalias de la inquisición. Aunque mantenia la tesis realista.[4] La publicación de su obra apareció en el último momento de su vida e iba precedida de un prólogo de OSSIANDER en el que se mantenía que el contenido de la obra era sólo una “hipótesis matemática”. Con ello se pretendía no meterse con la Iglesia. Pero ésta no era la postura de Copérnico; éste estaba convencido de la verdad de la hipótesis heliocéntrica. Consideraba que la naturaleza se comportaba de la forma más simple y pensaba que el modelo heliocéntrico era matemáticamente más simple que el geocéntrico; por ello, tenía que ser verdadero. Esto no es de el todo cierto porque en la obra de Copérnico la dificultad entre el modelo geocéntrico y el heliocéntrico es prácticamente la misma. Pero ya estaba puesta la semilla del heliocentrismo., además, por primera vez contábamos con un modelo matemático de éste. Rercordemos que uno de los problemas de Aristarcos es que no había desarrollado un sistema matemático. Pero Copérnico seguía utilizando las excentricas, los epiciclos y los ecuantes debido a que seguía considerando que la órbita de los planetas era circular. El siguiente paso lo daría Kepler.

 

 

GALILEO GALILEI.

 

Nos encontramos con el caso más paradigmático del enfrentamiento entre la Iglesia y la ciencia. La cuestión aquí es que la aportación más importante que hace a la ciencia Galileo es la de la física, no la de la astronomía; en cambio fue juzgado por su posición con respecto al sistema del mundo que defendía el heliocentrismo. La aportación de Galileo a la ciencia hay que verla en los sigueintes puntos. En primer lugar la aportación que hace a la astronomía por medio de sus observaciones con el telescopio. En segundo lugar su contribución al surgimiento de la nueva ciencia. En tercer lugar el método de Galileo. Después la polémica con la Iglesia empecemos por el principio.


 

La contribución a la astronomía a partir de las observaciones con el telescopio.

 

Galileo fue el introductor del telescopio en la astronomía. No fue el que lo inventó; pero si lo perfeccionó y lo aplicó a la observación de los cuerpos celestes. Esto hizo posible una revolución en la astronomía y sentó las bases de la defensa del heliocentrismo. Aunque, como ya veremos, las observaciones de Galileo son muy discutibles. La cuestión es que la observación está influida por la teoría. En definitiva que vemos lo que queremos ver. Pero antes de esto vamos a analizar una por una estas observaciones.

 

1. Si cojemos el telescopio y apuntamos hacia Venus vemos que este planeta presenta fases igual que la luna;  lo cual nos hace pensar que se trata de un planeta inferior que está entre la tierra y el sol y a veces permanece oculto. Ésta se presentó como una de las purebas más conmcluyentes a favor de la tesis heliocéntrica.

2. Si cojemos el telescopio y miramos a la luna vemos que está formada por montañas y valles, así como mares. Por tanto no se trata de un astro incorruptible como decía la filosofía aristotélica; sino que es como la tierra. Esta observación intenta desbancar la distinción entre el mundo sublunar y el supralunar de la filosofía aristotélica.

3. Si cojemos el telescopio y enfocamos hacia el sol podemos observar que tiene una serie de manchas, lo cual nos indica que no es una sustancia incorruptible. Estamos en el mismo caso que en la observaicón anterior.

4. Si cojemos el telscopio y apuntamos hacia Júpiter podemos observar que en torno a él hay cuatro puntos que giran en torno suyo. Son las “lunas” de Júpiter. Esto nos muestra que existen cuerpos que no giran en torno a la tierra que era lo que pensaba la filosofía aristotélica. Por tanto, el axioma del geocentrismo se pone en duda. No todos los cuerpos giran en torno a la tierra.

5. Si cojemos el telescopio y apuntamos hacia la vía láctea observamos que la nuvecilla es un conjunto de miles de estrellas. Por tanto, hay más cuerpos en el universo de los que realmente vemos. Era un principio de la filosofía aristotélica que no existían más cuerpos en el universo de los que podíamos observar.

6. Si enfocamos con el telescopio hacia las estrellas observamos que prácticamente no aumentan de tamaño. LO cual nos hace pensar que están demasiado lejos. Y esta observación nos puede servir para pensar que el paralaje estelar no se puede observar debido a la enorme distancia a la que se encuentran las estrellas. Porque si apuntamos hacia la luna o cualquiera de los planetas vemos que si aumentan de tamaño.

 


Estas observaciones no son definitivas; simplemente ponen en duda la antigua imagen del mundo; pero de ninguna manera demuestran que sea la tierra la que gira en torno al sol. Además las observaciones se pueden criticar. Los datos o las observaciones no son nunca puros. Los hechos los interpretamos siempre a la luz de unas determinadas teorías. Por ello, las observaciones de Galileo están determinadas por su creencia en que la tierra se mueve en torno al sol. Tenemos muchos ejemplos de este hecho de la teoría de la ciencia. Uno de ellos es el siguiete. Como sabemos para los medievales los cuerpos celestes son los que vemos y nada más. Pues bien, en torno a 1500 se produjo la observación de una supernova (explosión de una estrella) que no fue catalogado por los occidentales debido a la creencia de que no existen más cuerpos en el universo que los que hay. Se consideró como un fenómeno sublunar. No se veía nada en el cielo que fuese anormal. Sin embargo los chinos, que no estaban bajo la influencia de esta teoría si recogieron el hecho. La cuestión está clara. LO mismo sucedía con los cometas, se consideraban fenómenos sublunares. Nada podía perturbar los cielos.

 

En el caso de Galileo tenemos lo mismo. Con su telescopio no se podían observar montañas y valles en la luna; sin embargo él decía que sí los observaba. En realidad él interpretaba las anomalías como valles y montañas. Por ello, la iglesia tenía razón al no creerlo. La iglesia seguía la teoría aristotélica. Con respecto al telescopio se negaban a utilizarlo, porque la base de la observación en la astronomía aristotélica son los ojos; y nada más. Así que consideraban o bien que Galileo mentía; o bien, que el artefacto era un instrumento de brujería. En cualquier caso se negaban a mirar por el telscopio y a aceptar las pruebas que Galileo les presentaba.

 

 

La físca de Galileo.

 

Pero donde realmente hizo la revolución Galileo fue en la física; además, de pasada, aportaba una prueba teórica a favor de la posible movilidad de la tierra. Aunque nunca definitva. Su obra fundamental de astronomía es el “diálogo sobre los dos máximos sistemas: el ptolemaico y el copernicano.” y su obra fundamental sobre física es la “disertación sobre el nacimiento de na nueva ciencia.”

 

En la introducción a esta nueva obra dice que va a hablar de un problema muy viejo, el del movimiento, pero con un método totalmente nuevo: el de las matemáticas. Galileo es platónico y aristotélico así que considera que la naturaleza habla en lenguaje matemático, por eso tratará el problema del movimiento desde la matemática. Esto es una ruptura definitva con la física aristotélica que se negaba a aplicar las matemáticas al movimiento por prinicpio. Galileo hace su física a priori; es decir, de forma ideal y teórica; razona por medio de lo que se llaman experimentos mentales. Idealiza una situación y a partir de ella extrae conclusiones. Vamos a ver algunos de estos experimentso caractrerísiticos.

 


Imaginemos, dice Galileo, que estamos en lo alto de un puente y debajo hay un barco y dejamos caer una piedra al lado del mástil. ¿dónde caerá la piedra?. Pues al lado del mástil. Imaginemos ahora que el barco está en movimiento. La piedra caería más atrás. Pero imaginemos que nossotros estamos en el barco subidos en el mástil y el barco se mueve con un movimiento cosntante y dejamos caer la piedra. El aristotélico tendría que decir que la piedra caería más atrás del mástil; sin embargo, el sentido común y la experiencia nos muestran que la piedra cae al pié del mástil. Lo cual indica que la piedra tendría dos movimientos. Uno el de caida y otro el que lleva con el barco. Es decir, un movimiento absoluto y otro relativo. Absoluto es el de caida y relativo es el que lleva junto con el barco. Si nos damos cuenta este movimiento relativo no necesita de ninguna causa; en contra de lo que piensa la física aristotélica. Es lo que se va a llamar los sistemas inerciales de movimeintos. Este movimiento inercial es el que permite resolver el problema del lanzamiento de proyectiles; así como el movimiento de la tierra. Los pájaros y las nubes se mueven junto con la tierra porque están en el mismo sistema inercial del movimeintos. Es igual que cuando estamos en un coche y dejamos caer una bola; ésta no se queda atrás si no que cae a nuestros piés; siempre que el movimeinto del coche sea cosntante.

 

Si nos damos cuenta, lo que se está derrumbando es el edificio de la física aristotélica. La concepción del movimiento. Existen movimientos que no necesitan de una causa externa, como son los movimientos inerciales. Otros ejemplos  para aclarar esto aún más son los sigueintes.. Imaginemos un plano horizontal perfectamente pulido y una bola perfectamente pulida en la que no exista rozamiento. Si las dejamos en movimiento ¿se parará la bola? No, seguirá en movimiento siempre; y sin causa. Esto es el movimiento inercial. Lo mismo ocurre si imaginamos dos planos inclinados que coinciden en los vértices. Si dejamos caer la bola desde lo alto de uno la bola subirá hasta lo alto del otro y volverá a bajar teniendo un movimiento constante y eterno, siempre que no haya rozamiento.

 

Lo que se nos está diciendo con todo esto es que el movimiento no es un proceso como lo consideraba la física aristotélica sino un estado natural de un cuerpo. Así, Galileo ha cambiado la concepción del movimiento; y esto es lo que le va a permitir tratarlo matemáticamente. Los movimientos son estados naturales de los cuerpos. La diferencia entre estado y proceso es la diferencia en la concepción del movimiento de la nueva física y de la fisica de Aristóteles. El movimiento no es la misma cosa para unos y para otros sino algo totalmente distinto.

 

 

El método de Galileo.

 

Galileo hace posible el surgimiento de una nueva ciencia porque crea un nuevo método.  Su método es una verdadera síntesis entre la observación y la matemática; aunque, como veremos, tiene más importancia la parte teórica o matemática. En la obra de Galileo no aparece expuesto de forma sistemática su propuesta de un nuevo método, pero se puede entresacar de todas sus investigaciones. En primer lugar, Galileo da una importancia singular a las matemáticas. Vamos a tratar un viejo problema pero con un nuevo método que es el de las matemáticas. El problema, como sabemos, es el del movimiento. La matemática es el instrumento para conocer la naturaleza. El libro de la naturaleza está escrito en caracteres matemáticos; por tanto, el filósofo de la naturaleza, si quiere leer ese libro deberá aprender los caracteres matemáticos. Esto es el platonismo y el pitagorismo de Galileo. Ambos autores, como ya hemos dicho, pensaban que la naturaleza se explicaba por medio de las matemáticas.

 


Pero, como decíamos, Galileo da más importancia a las matemáticas, a lo teórico que a la experiencia. Podemos decir en ese sentido, con Koyrè, que la física aristotélica es a priori, absolutamente teórica. Ya hemos visto que su modo de proceder es a partir de los experiementos mentales que consisten en idealizaciones a las cuáles ha de adecuarse la naturaleza. Este es el caso que hemos analizado del prinicpio de inercia. Lo mismo ocurrirá con su estudio del movimiento en caída libre y el movimiento uniformemente acelerado. Lo que hace Galileo es proponer una idealización matemática de las situaciones que se dan en la naturaleza. Y, a partir de esa idealización matemática saca las consecuencias matemáticas, de forma deductiva, que se desprenden de la propuesta inicial. Tan sólo al final lo contrastará con la experiencia. Y, precisamente la ciencia física es posible porque se procede así, a priori. No podemos partir de la experiencia porque es demasiado compleja. Tenemos que cuantificar, que es lo que hacemos por medio de la matemáticas. Tenemos que proponer hipótesis matemáticas, a priori que expliquen los hechos. Por eso la ciencia aristotélica era cualitativa, mientras que la galileana será cuantitativa. Considera que el movimiento es cuantificable; mientras que aristóteles creía que el movimiento era una cualidad de los cuerpos. Aristótels era totalmente empirista. A partir de una experiencia sacaba una definición. Galileo es  teórico; propone una hipótesis teórica de la que deduce sus consecuencias matemáticas; después lo contrasta con la experiencoa. Por ello dice Koyrè que la buena física se hace a priori. Este es el comienzo de la ciencia moderna; pero a medida que vayamos avanzando se irá haciendo más teórica. Lo que hace el científico es proponer modelos teóricos-matemáticos para entender la naturaleza. Y de estos modelos sacará las consecuencias que permitan explicar los casos particulares. Por eso la ciencia es una actividad teórica y  racional fundamentalmente; estando la experiencia relegada a un segundo término. Y, por esto, el otro fundador de la ciencia moderna, Baçon, no tenía razón. Éste consideraba que la experiencia es lo pirmero y lo último. Ni siquiera en sus observaciones astronómicas Galileo es empirista, aunque quiera aparentarlo. Como ya hemos visto Galileo hace una serie de observaciones que pretenden que sean la prueba de la movilidad de la tierra; sin embargo estas observaciones sólo se pueden entender si admitimos la teoría, previamente de la movilidad de la tierra. No son experiencias definitivas. Además, el aristotélico, desde su teoría, se puede negar a mirar por el telescopio por muy diversas razones.

 

En definitva, el método de Galileo quedaría dividido en los siguientes pasos:

 

1. Suposición o conjetura. Se propone una hipótesis de explicación del fenómeno que se pretende explicar. Esta hipótesis es totalmente ideal.

2. Definición. Se intenta definir esa hipótesis de forma matemática. Es la única manera posible de tratarla y sacar consecuencias. Con el lenguaje matemático.

3.Resolución o experiementación. Se trata de comprobar por la expeirencia si nuestra hipótesis es válida o no lo es. Si no contradice la experiencia la aceptamos, si la contradice tenemos que empezar desde el principio.

 

Como vemos, la experiencia no es el primer paso pero si es crucial; es decisivo. Pero el modo de hacer la ciencia procede a partir de la teoría.

 

 

El conflicto con la iglesia.

 


Galileo es un caso paradigmático de conflicto entre la ciencia y la religión. Fue acusado por la inquisición de mantener una teoría herética. Pero las cosas son más complejas de lo que parecen. No era Galileo el que llevaba la razón y la iglesia estaba equivocada. En definitiva éste es un conflicto entre dos formas de ver la ciencia. La iglesia aceptaba la propuesta de Galileo, esta es la hipótesis del cardenal Bellarmino, que era como el fiscal, a título de hipótesis matemática. Es decir, que contemplaban la posición de Galileo como viable siempre y cuando no fuese más que una hipótesis matemática convencional, pero no real. Su posición frente a esta hipótesis era la instrumental. Ahora bien, la realidad era la que ponía en las escrituras porque éstas son la verdad, puesto que son reveladas por dios a los hombres. Es lo mismo que la astronomía ptolemaica. Se acepta como una hipótesis convencional del modelo del universo; pero no como la realidad. La realidad es un modelo perfectamente geocéntrico..

 

Por su parte Galileo se encuentra en otra posición frente a la ciencia. Es realista. Piensa que las teorías científicas describen la realidad tal y como ésta es. Por eso en su defensa propone la teoría del doble lenguaje. Existen dos lenguajes para hablar del mundo. El que habla las escrituras que tiene como objeto llegar a todo el mundo y va encaminado a la salvación del hombre y el de las ciencias naturales que está escrito en caracteres matemáticos. Éste es el que deben aprender los científicos si quieren comprender la verdad del universo. Estos dos lenguajes no son contradictorios entre sí sino que tienen objetos distintos. Uno el de conocer el mundo otro el de salvarnos. Pero por supuesto, esto para la iglesia no puede ser admitido. Para ella sólo hay una verdad que es la de las escrituras y la filosofía está subordinada a esta verdad. Por ello no puede llegarse a conclusiones contradicctorias entre uno y otro modo de entender el mundo. Como vemos la perspectiva de la iglesia es la teoría de la subordinación de la filosofía a la teologia. Una vez más el enfrentamiento es entre dos concepciones distintas de la ciencia. No era sólo el enfrentamiento entre el heliocentrismo y el geocentrismo; sino entre dos formas distintas de ver el mundo.

 

Este conflicto marcó un momento cumbre de la separación entre la ciencia y la religión. Los científicos siguieron el camino de Galileo, lo cual les llevaría a la larga, en el siglo XVIII al ateismo. Se llegó a negar incluso la teoría de los dos lenguajes de Galileo. Pero antes del ateismo pasarían por la teoría deista. Esto constituiría el ateismo científico materialista. Curiosamente, hoy en día, algunos pretenden recuperar la apertura de la ciencia a Dios. Pero, para mí en particular, el camino de separación entre la ciencia y la religión, que tiene uno de sus puntos álgidos en la figura de Galileo es un camino sin retorno.[5]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

JOHANES KEPLER.

 

La tarea de Kepler será la misma que la de Galileo pero en lugar de en la tierra en los cielos. Si Galileo fue el fundador de la cinemática terrestre, Kepler lo será de la celeste. La influencia fundamental de Kepler será la del pitagorismo. Considera que el universo es una armonía matemática. Y que esta armonía se expresa matemáticamente. Lo que intentó hacer durante toda su vida fue encontrar esta armonía del universo. Y esto le llevaría al descubrimiento de las tres leyes de Kepler. Otra de las influencias de Kepler es la teoría iluminista que le hizo pensar que el sol debería ser la causa del movimiento de los cuerpos celestes. Ésto le llevó al error. La causa del movimiento celeste la descubriría Newton y no es el sol; sino la gravedad que emana de todos los cuerpos del universo. Por otro lado Kepler fue el que separó la astrología de la astronomía. La última es el estudio científico matemático del universo; mientras que la primera es la creencia en las influencias de los planetas y demás cuerpos celestes sobre los hombres. La astronomía se puede verificar, la astrología no.

 

Lo que llevó a kepler a su descubrimiento de las leyes del movimiento de los palnetas fue una teoría errónea. Es la famosa teoría de los cinco sólidos de Pitágoras. Ëste filósofo y matemático griego pensaba que el universo era matemático y la estructura del mismo, al ser perfecto, era la de lso cinco saólidos perfectos. Así que la estructura del universo debería ser la de estos cinco sólidos. Kepler se propuso durante toda su vida cuadrar las observaciones con la teoría de los cinco sólidos; pero esto nunca fue posible. Simplemente la teoría de los cinco sólidos era errónea. Además en el universo, como se descubriría después, existen más de cinco planetas que eran los cinco sólidos de kepler. Pero esta búsqueda de la armonía matemática es la que le lleva a la formulación de las leyes del movimiento de los cuerpos celestes. Lo que hizo kepler con estas tres leyes fue unificar el sistema del mundo; dió una idea del universo como un sistema matemático armónico donde existe una relación estrecha entre todos los cuerpos. Por otro lado hizo una fusión entre los datos de la experiencia con los que contaba Tycho Brahe y su teoría geométrica del universo. Para Kepler dios era el gran geómetra y habría creado el universo geométricamente. La geometría era fundamental, incluso era anterir a dios. Éste tuvo que basarse en ella para crear el universo.

 


Como decíamos Brahe poseía la información experimental y Kepler la teoría matemática. La astronomía se tambaleó entre estos dos titanes. Ninguno de los dos por separado podría construir el sistema del mundo, se necesitan mutuamente. Kepler tenía que partir de las observaciones de Brahe que eran las más ajustadas en toda Europa. Por su parte Brahe había observado una desviación de mercurio en el perihelio de su órbita. Ësta es la observación (desviación en 8´de la órbita) la que le permite a Kepler formular su primera ley. Para explicar esta desviación propuso distintos modelos de órbitas hasta que dió con la elipse y todo cuadró. Así formuló que las órbitas de todos los planetas eran elípticas estando el sol situado en uno de los focos de la elipse. El de la circularidad de las órbitas celestes fue el último baluarte que caería de la vieja astronomía geocéntrica basada en la filosofía aristotélica. Kepler llegó a la conclusión de que las órbitas eran elípticas no circulares. El dogma filosófico de la perfección de los cuerpos celestes cayó por tierra. De lo que se trataba es de que los movimientos fuesen perfectos y explicasen de la forma más simple las apariencias. Con la elipse ya no necesitamos de los instrumentos engorrososo de la astronomía ptolemaica: excéntricas y epiciclos desaparecen. La segunda ley de Kepler pone en relación la velocidad del planeta con el área recorrida. Así dice: el radio vector que une el planeta con el sol barre áreas iguales en tiempos iguales. De esta forma se explica la diferencia de velocidad que llevan los planetas y el sol dependiendo de la posición que tengan en su órbita. Por último, la tercera ley relaciona a los planetas entre si. Dice que el periodo de revolución de un planeta es proporcional al de otro siendo inversamente proporcional a sus áreas al cubo. Con esto se ha encontrado una fórmula que pone en relación a todos los planetas entre sí.

 

La imagen que de todo esto se  desprende es que el universo es un sistema armónico matemático en la que todos los cuerpos están ligados entre sí. Lo que no fue capaz de resolver Kepler fue la causa de estos movimientos. Como hemos dicho consideró que la causa era la gravedad solar. Pero esta hipótesis le presentaba un problema. Si era el sol el que atraía a los planetas al final estos caerían sobre el sol. Habría que esperar a Newton y su teoría universal de la gravedad para resolver el problema de la causa de los movimientos celestes y terrestres. Newton será el que sintetice la física celeste y la terrestre de Kepler y Galileo respectivamente.



[1] Aristóteles distinguía entre física y matemáticas. Consideraba que ambas estudiaban objetos distintos y no se podrían mezclar. Por eso la reticencia de los medievales a hacer estudios matemáticos de física.

[2] Para Pitágoras el mundo era matemático. Estaba sometido a la armonía de los números; de tal forma que si queremos conocer el mundo lo tenemos que hacer a partir de las matemáticas. Y esto es lo que harán tanto Galileo como Kepler. Por su lado Platón pensaba que el único conocimiento verdadero era el de las ideas. Pero que el mundo había sido creado a partir de las formas matemáticas. Por esto, si queremos un conocimiento más cierto sobre el mundo sensible habría de ser a partir de las matemáticas.

[3] Profundizaremos en esta cuestión cuando veamos la filosofía de la ciencia.

[4] Ya dijimos que la polémica en torno a la nueva ciencia es la polémica entre la concepción realista e instrumentalista que se puede hacer de las teorías científicas.

[5] Ver mi: “La apertura de la ciencia a la divinidad.” Fundamentalmente la segunda parte.

 

Historia de la ciencia. Grecia

 

 

HISTORIA DE LA CIENCIA. Física y astronomía.

 

 

EL PENSAMIENTO GRIEGO.

 

La ciencia o la filosofía comenzó como una forma alternativa de pensar a otra anterior que ya existía que era el pensamiento mítico. Éste último pretendía explicar lo que ocurría en el mundo a partir de algo trascendente que era el mundo de lo sagrado. De tal forma que explicaba lo que ocurría a partir de narraciones míticas en la que intervenían los dioses y los héroes. La ciencia o filosofía aparece como una forma racional y crítica en la que es posible el diálogo. Los primeros pensadores introducen teorías explicativas del cosmos partiendo del mismo universo para poder explicarlos. El primer logro fundamental de esta aventura intelectual es la concepción de todo lo que hay como un cosmos o universo. Esto es, que se concibe como una unidad. Y esta unidad tiene que estar sometida a leyes universales, no al capricho y la voluntad de los dioses. La tarea de la ciencia será la de descubrir el orden que subyace a este todo. Y este orden tiene que venir expresado en leyes que serán las leyes de la naturaleza. Los dos problemas que apasionaron a la humanidad en el principio fueron el del movimiento (porqué cambian las cosas) y el de los astros. ¿qué es lo que hace que la bóveda celeste esté en movimiento y presente una regularidad y uniformidad tan señaladas?. En un principio se pensó que los astros y todos los cuerpos celestes eran dioses; más tarde se concebirán como entes naturales. Pues bien, estos dos problemas darían lugar a la física y a la astronomía.

 

Por otro lado, los primeros científicos o filósofos[1] distinguieron entre lo que es la apariencia y lo que es la realidad. Lo primero es el engaño, lo que se capta por los sentidos. La realidad es lo que se entiende por la razón. En definitiva, aquello que explica la apariencia. Es el mismo esquema que el del pensamiento mítico; pero de lo que se trata aquí es de que la realidad se capta por la razón. Y lo que hacen los filósofos es lanzar hipótesis posibles de explicación de lo que se nos aparece. El primer filósofo de la humanidad pasa por ser tal porque se le ocurrió decir que el principio de todas las cosas es el agua. Esto es ciencia o filosofía porque es una hipótesis que puede ser discutida. Pertenecía a lo que se llamó la escuela de Mileto. Se formó por un conjunto de pensadores que desarrollaron sus teorías en la ciudad de Miletos. Thales también fue matemático (descubre el teorema de Tales) y astrónomo (predice un eclipse de sol). Su teoría del principio de todas las cosas es científica porque aporta razones para mantener esta hipótesis y puede discutirse. Lo que dice Tales es que el agua es el elemento más abundante, por ello debió ser el origen de todos los demás elementos que hay en la naturaleza. Se distinguieron cuatro elementos, además del éter, hasta que apareció la química en el siglo XVIII. Pues bien, uno de los discípulos de Tales se atrevió a discutir su tesis y propuso que el principio de todas las cosas no es el agua sino el aire. Pero tuvo que dar razones convincentes para ello. No era suficiente con postular la hipótesis, había que defenderla. Así nace la discusión científica.

 


 

 

APARIENCIAS

 

 

REALIDAD

 

Múltiples

 

Una

 

Temporales

 

Eterna

 

Contingentes

 

Necesaria

 

Movible

 

Inmutable

 

 

El discípulo de Tales era Anaxímenes; y dijo que el principio de todas las cosas es el aire. Y lo defendía afirmando que el aire es más abundante que el agua, además de ser más sutil, por tanto más noble. Por ello, debe ser el elemento originario. Además elaboró las primeras teorías cosmológicas y cosmogónicas del universo. Es decir del orden y el origen del universo. Su teoría se basa en una percepción física. El aire caliente va hacia arriba, mientras que el aire fría va hacia abajo. Esto es que el frío pesa más que el caliente; o es más denso, que diríamos hoy en día. Por ello el aire frío se condensa formando la tierra que pasa a ser el centro del universo: esta es la explicación racional de aquel momento del geocentrismo. Mientras que el aire caliente va hacia arriba formando las estrellas y el sol. Esta teoría es mucho más explicativa que la anterior. Por eso fue aceptada durante algún tiempo.

 

En otra ciudad griega, Elea, aparece otro filósofo también monista[2] que era Parménides. Lo que se trata de explicar ahora es el movimiento: porqué y cómo cambian las cosas. El movimiento es una apariencia, algo que se nos presenta a los sentidos, por tanto ha de ser explicado. Para los griegos el movimiento no sólo será el movimiento local, que es el cambio de un lugar a otro; sino todo cambio. Aristóteles será, posteriormente, el que clasifique los movimientos y destine a la física el movimiento local y a la astronomía el movimiento de los astros.

 

Parménides dice que hay dos vías del conocimiento: la vía de la verdad y la vía del error.. La primera es la vía de la realidad, mientras que la segunda es la de la apariencia. El camino de la verdad es el de la razón, mientras que el del error es el de los sentidos. La vía de la razón nos lleva al ser mientras que la del error nos lleva al no ser. Y lo único que podemos decir es que “el ser es y el no ser no puede ser de ninguna de las maneras.” Por tanto sólo existe el ser. El SER con mayúsculas.  Y este Ser es todo lo que hay. Es inmutable, eterno uno y necesario. Por tanto no cabe el movimiento. Este último no es más que apariencia es No Ser. Nada cambia. Sólo existe el Ser. De esta forma no hay posibilidad de explicar el movimiento. Será precisamente su discípulo Zenón el que nos muestre la contradicción que existe al intentar explicar el movimiento. Para ello construyó lo que se llaman  aporías del movimiento. La aporía fundamental es la denominada de la dicotomía y dice lo siguiente.  No podemos ir desde A hasta B porque antes tendríamos que recorrer la mitad de la distancia AB que sería hasta C. Pero antes de llegar hasta C tendríamos que recorrer la mitad de la distancia AC que sería hasta D; y así sucesivamente. En consecuencia no es posible el movimiento.

 

 


A                    D                     C                                                        B        

 

 

 También tenemos el argumento de Aquiles y la tortuga. Dice: Aquiles nunca podrá coger a la tortuga siempre que ésta le lleve cierta distancia. ¿Por qué? Por que primero tendrá que recorrer la mitad de la distancia que la separa, y antes la mitad de la mitad, y así sucesivamente. Así pues Aquiles no cogerá nunca a la tortuga.

 

En conclusión lo que se desprende de la escuela de Elea es que el movimiento es imposible; porque cuando intentamos explicarlo por medio de la razón caemos en contradicciones como las de más arriba. Por ello el movimiento simplemente no existe, es una apariencia. Un engaño de los sentidos. Pero, claro, esto produce un problema. Se ha acabado la ciencia porque no hay nada más que explicar. Lo único que existe es el Ser. Y de éste sólo se puede decir que es y no puede no ser.

 

La salida más importante que podemos reseñar aquí que se le da al problema eleático (el problema del movimiento) es la que da la escuela atomista. Estos son los fundadores de la concepción atomista del universo, que tendrá una gran influencia en el surgimiento de la ciencia moderna en el renacimiento. Al contrario que los eleatas los atomistas son pluralistas. Dicen que existen varios principios del universo.

 

En primer lugar dividen todo lo que hay en el ser y el no ser. Lo primero es lo lleno, mientras que lo segundo es el vacío. Por tanto el no ser existe; es el vacío. Lo lleno, que es el ser son los átomos, que en griego significa partícula indivisible. Los átomos son de cuatro clases: tierra, agua, aire y fuego. Y su mezcla constituyen todos los elementos del universo. El número de átomos es infinito. Todas las cosas que hay en el universo se componen de estos cuatro tipos de átomos. Las diferencias que hay entre ellas se debe a la forma de organizarse y a la cantidad de cada uno de ellos. Pero, además, existe un tercer principio. Éste es el movimiento. Así el movimiento no es ya un problema; sino que es un principio del universo. Los átomos se encuentran en el vacío en movimiento desde la eternidad. Y, a partir de aquí, elaboran su cosmología. En un principio lo que había era una lluvia eterna de átomos. Pero, por azar, uno de los átomos se desvía de su trayectoria y fue a chocar con otro. Esto produjo una serie sucesiva de choques que dieron lugar a las uniones entre los átomos y, de ahí, a la situación actual del universo.

 


El universo se regiría entonces por las leyes necesarias del movimiento que son leyes matemáticas. Tendríamos un universo determinista. Este fue el modelo que  adoptó la ciencia en el renacimiento; sustituyendo al modelo aristotélico que veremos más adelante y que fue la base de la ciencia hasta el final de la edad media; tanto para la física como para la astronomía. Lo importante de la solución atomista es que resuelve el problema del movimiento planteado por los griegos, el movimiento es un principio y algo que se puede estudiar. Lo que hay que hacer es buscar las leyes que lo rigen. Y esta será la tarea de la nueva ciencia a partir del renacimiento como ya veremos. Este modelo será sustituido por el aristotélico debido a que la filosofía aristotélica, junto con la platónica serán la base del cristianismo. Y éste, como ya sabemos no admitía otra forma de explicación del universo. Pero dejemos ahora por un momento el tema del movimiento y pasemos al de la astronomía.

 

 

Las observaciones astronómicas griegas.

 

Desde un principio los hombres han observado los astros del cielo. Y se han dado cuenta de que el movimiento de estos no es caótico, sino que están sometidos a una regularidad. De lo que se trata es de saber en qué consiste y que significa esta regularidad. La astronomía, desde que apareció lo que ha intentado es explicar esta regularidad. En un principio la astronomía iba unida a la astrología; esto es, que se pensaba que los astros influían de alguna manera en los hombres y los pueblos. Así que hasta que aparece la astronomía moderna con Galileo y Kepler los avances de la astronomía y astrologías van ligados. Pero fijémonos ahora en las observaciones que hicieron los griegos y que intentaron explicar.

 

1. Movimiento del sol. Observamos dos movimientos en el sol. Uno diurno alrededor de la tierra y otro anual de acercamiento y alejamiento de la tierra. El sol está más cerca en invierno que en verano.

 

2. Movimiento de la luna. Ésta se mueve con un movimiento alrededor de la tierra y presenta cuatro fases que duran un mes lunar (28 días)

 

3. Movimiento de la bóveda celeste. Hay dos movimientos. Un movimiento diurno de toda la bóveda alrededor de la tierra. Y el llamado movimiento de precesión de los equinocios. Es el movimiento de las doce constelaciones (grupos de estrellas) que componen el zodiaco y que dura un año marcando las estaciones. Cada mes es ocupado por una constelación en el cenit de la bóveda celeste

 

4. Movimiento de los planetas. Éste es un movimiento extraño que siguen cinco cuerpos  del orbe celeste. Es el llamado movimiento de retrogradación. Durante un tiempo el planeta avanza y después retrocede para volver a avanzar de nuevo. Por esto a estos cuerpos le pusieron los griegos el nombre de planetas que significa: cuerpo errante. Este será el caballo de batalla de toda la astronomía. El hueso más duro de roer.

 


Pues bien, estas observaciones, y algunas otras más se repiten siempre de la misma manera. Basta con mirar durante un tiempo el cielo para que nos percatemos de ello. Lo que intentaron los primeros astrónomos griegos fue explicar el modelo matemático de movimientos que tenían los astros. El problema que se le planteaba a los griegos es el denominado problema de “salvar las apariencias” y fue formulado por Platón. La pregunta que se hacía Platón era la siguiente: ¿Qué tipo de movimientos circulares tienen que tener los planetas para que nosotros observemos lo que observamos?. Esta pregunta tiene un significado profundo. Lo que nosotros vemos, las observaciones son las apariencias. Los cuerpos celestes, incluidos los planetas, son cuerpos perfectos y por ello le corresponden movimientos circulares; porque éste es el movimiento perfecto. Lo que nosotros vemos no son movimientos circulares, sobre todo el de los planetas. por ello, lo que se intentaba era buscar un modelo de movimientos matemáticos circulares que nos permitiese explicar lo que vemos, las apariencias. Ese modelo de movimientos circulares sería la realidad. Lo que realmente ocurre en el cielo. De tal forma que la astronomía griega buscó este modelo matemático. Vamos a pasar ahora a la primera gran propuesta que es la de Aristóteles.  Pero con él vamos a retomar también la física.

 

 

ARISTÓTELES. Física y astronomía.

 

Física.

 

La física aristotélica tiene su base en la metafísica o filosofía primera. Aristóteles dice que los seres se componen de dos cosas. La sustancia y los accidentes. La sustancia es su ser necesario, lo que hace que un ser sea, por ejemplo la sustancia mesa hace que ese ser sea mesa. Mientras que los accidentes es su ser contingente: lo que percibimos por los sentidos y cambia. Los accidentes es lo que hace que esa mesa sea esa en concreto y no otra. La sustancia a su vez se compone de dos cosas: la materia y la forma. La primera es lo indeterminado en el ser. Mientras que lo segundo es lo que determina a la materia. Lo determinante. Pero otra forma para entender esto que es lo que a nosotros nos interesa para el problema del movimiento es la siguiente. El ser puede existir de dos formas: en potencia o en acto. El primero es la materia, que es susceptible de tener una forma. El ser en acto es la actualización de una materia. La existencia actual. Entonces en qué consiste el movimiento. Pues el movimiento consiste en pasar de ser en potencia a ser en acto. Todo ser tiene su ser en potencia y su ser en acto. Por ejemplo, el árbol es en acto árbol y en potencia semilla. Y la semilla al contrario. Todo movimiento es un paso de la potencia al acto. Hay cuatro tipos de movimientos:

 

1. Sustancial. El cambio de sustancia, como el que hemos descrito.

2. Cuantitativo. Cambio en la cantidad.

3. Cualitativo. Cambio en alguna de las cualidades.

4. Movimiento local o movimiento propiamente dicho. Es el cambio de posición. Pues de éste es del que se ocupa la física.

 


Vamos a tratar entonces el movimiento local. Como hemos dicho el movimiento es para Aristóteles el paso de la potencia al acto. También éste es el caso del movimiento local. Pero para entender esto es necesario primeramente entender la teoría de los lugares naturales. En el universo hay cuatro elementos y cada uno de ellos ocupa un lugar por naturaleza. Son tierra, aire, agua y fuego. Lo vemos claramente haciendo un pequeño experimento. Nos damos cuenta de que si tiramos una piedra al agua se hunde, en cambio, si encendemos una cerilla ésta arde hacia arriba. Esto quiere decir que cada elemento ocupa su lugar natural, o tiende a ocupar su lugar natural sin una causa externa. De aquí que Aristóteles distinga entre dos tipos de movimientos: los naturales, que son aquellos que no necesitan una causa externa porque se dirigen hacia su lugar natural; y los violentos que son aquellos que necesitan de una causa exterior para que se produzcan. Los movimientos naturales son aquellos que tienen todos los cuerpos que se dirigen hacia su lugar natural, mientras que los violentos son los de aquellos que se alejan de su lugar natural. Estos últimos son aquellos que necesitan de una causa externa. Estos últimos plantearan un problema; se trata del lanzamiento de proyectiles. Para que se produzca un movimiento violento tiene que existir una causa. Ahora bien, cuando cesa la causa cesa el efecto. Pues bien, entonces cómo es posible que la flecha siga su movimiento, en lugar de caer inmediatamente, cuando abandona el arco. Éste será un problema complicado de la física aristotélica y que será el caballo de batalla de toda la física hasta Galileo. Sólo con la física moderna se podrá solucionar. Pero Aristóteles intentó alguna solución planteando una hipótesis ad hoc.[3]. concretamente Aristóteles propuso la hipótesis del torbellino. Ésta afirma que cuando la flecha abandona la cuerda del arco empuja el aire que tiene delante y éste va a ocupar el lugar que la flecha abandona (porque en la naturaleza no se puede producir el vacío) de esta forma se produce un torbellino que empuja a la flecha. Esta hipótesis no fue del todo satisfactoria para nadie. Primero acudía al principio aristotélico del “horror al vacío” que siente la naturaleza, Y, por otra, habría que explicar porqué la flecha acaba cayendo. Como vemos lo que aquí nos encontramos es un límite de la teoría aristotélica que sólo será posible solucionarlo cuando sustituyamos su teoría completa por otra. Pero esto tendrá lugar ya en la edad moderna con la aparición de la nueva ciencia (la física) de la mano de Galileo. Pasemos ahora a la astronomía en Aristóteles.

 

 

Astronomía.

 

Aristóteles mantendrá el modelo geocéntrico del universo. Su geocentrismo procede de su teoría de los lugares naturales. La tierra tiende hacia el centro del universo. Por otro lado, la observación nos muestra que todo se mueve alrededor de la tierra. De lo que se trata es de qué tipo de movimientos circulares tienen que tener los cuerpos celestes para que observemos lo que observamos. Es el asunto de salvar las apariencias.

 


Para empezar Aristóteles divide las sustancias que hay en el universo en dos clases. Las corruptibles: aquellas que nacen y mueren y las incorruptibles: las que son eternas. Las primeras son las sustancias sublunares que están por debajo de la luna. Tienen dos clases de movimientos naturales. De arriba a abajo del universo y de abajo a arriba del universo. Las segundas son las sustancias celestes que son incorruptibles: eternas y perfectas. Son todos los astros del firmamento. A estas sustancias les corresponden como sustancias perfectas movimientos circulares; que, como decíamos, son los movimientos perfectos. Pues bien, Aristóteles concibe el universo como una cebolla. Los astros están incrustados en esferas que están formadas por el quinto elemento que es el éter. Lo que se mueven son las esferas, y los astros junto con ellas. Las esferas ocupan todo el universo, no existe el vacío. Unas tocan con otras. Y para poder explicar  todos los movimientos que observamos hacen falta 55 esferas. Cada una de estas esferas es movida, a su vez, por un motor inmóvil (theos). Por eso el movimiento de estas esferas es eterno y circular. Gráficamente el modelo es el siguiente:

 

 

Por otro lado, Aristóteles considera que el universo tiene cinco características importantes y que lo definen como tal.

 

1. Jerárquico. Cada sustancia ocupa su lugar en el universo. Presentándose un universo jerarquizado. Las sustancias son diferentes entre sí como ya lo hemos visto.

2. Uno. Nada más que hay un universo. Cualquier cosa que pudiese haber fuera de este universo tendería a ocupar su lugar natural y, por tanto, estaría dentro del universo.

3.  Perfecto. Al universo no le falta parte alguna. Es todo lo que hay. Se mantiene siempre igual. Es perfecto porque no le falta parte alguna. Y esto nos lleva a la última característica.

4.  Finito. Lo infinito es lo que le falta alguna parte, por tanto es imperfecto. El universo es perfecto porque no le faltan partes. Por tanto, tiene que ser finito.

5. Eterno. Ha durado siempre. Porque lo que es no puede proceder de la nada. El universo es necesariamente.

 

 

ARISTARCO DE SAMOS. La hipótesis heliocéntrica griega.

 

Hubo un matemático griego del siglo II que propuso por primera vez en la historia la hipótesis heliocéntrica. Se trata de Aristarco. Afirmaba que se podría explicar de forma más simple los movimientos de los cuerpos celestes si suponemos que lo que está en el centro es el sol, en lugar de la tierra. Pero esta teoría no fue aceptada por muchas razones. En primer lugar no existen explicaciones matemáticas (al menos  no se conservan) de este modelo. Probablemente se perdieron en el famoso incendio de la biblioteca de Alejandría de la cual fue director Aristarco. Los principales problemas eran los siguientes:


1. Esta teoría está en contra de la evidencia sensible. los sentidos nos muestran que lo que se mueve es el sol junto con los demás astros del universo. Y el conocimiento, según Aristóteles, comenzaba por la experiencia. No podemos negar la evidencia sensible.

2. Está en contra de la filosofía más aceptada de la época que era la aristotélica. Según ésta, como ya sabemos el centro del universo es la tierra porque ocupa su lugar natural. No podemos desplazar a la tierra del centro. Entonces no podríamos explicar ninguno de los movimientos.

3. No había ningún modelo matemático que lo sostuviese.

4. Había un problema técnico que no podía explicar la teoría heliocéntrica. Se trata del problema del paralaje estelar.  Si la tierra se moviese podríamos observar lo que se llama el ángulo del paralaje estelar. No es éste el caso, pues la tierra no se mueve. Para comprender el paralaje estelar fijémonos en el gráfico siguiente:

 

Si la tierra se moviese podríamos observar el ángulo  de paralaje de una estrella fija dependiendo de la posición que la tierra tiene en su órbita. Lo que vemos es que la estrella siempre está en su lugar; lo que indica que no hay un desplazamiento de la tierra por su órbita. Esta prueba fue concluyente sobre la movilidad de la tierra. El contraargumento de Aristarco era que las estrellas estaban demasiado lejos como para poder observar el paralaje estelar. Pero esto no pudo ser admitido por los griegos que consideraban que el universo era de reducidas dimensiones. Las estrellas tendrían que estar muy lejanas para no poder observar el paralaje. En este caso serían incluso invisibles. El caso es que el paralaje, a simple vista, no se observa lo cual fue definitivo contra la tesis heliocéntrica. [4]

 

 

PTOLOMEO Y SU MODELO MATEMÁTICO GEOCÉNTRICO DEL UNIVERSO.

 


La astronomía de Ptolomeo del siglo II después de Cristo es la compilación matemática de toda la astronomía de la antigüedad. Constituye un sistema matemático completo para explicar los movimientos desde el punto de vista geocéntrico atendiendo a movimientos perfectamente circulares. Era lo que se necesitaba filosófica y matemáticamente. Salvaba las apariencias. Hay que tener en cuenta aquí la noción de instrumento matemático. Lo que se propone en la astronomía ptolemaica no es decir como es el cosmos realmente; sino encontrar una serie de instrumentos matemáticos que salven las apariencias. Esto nos hace distingue entre dos tipos de ciencia; este problema aparecerá con Galileo de nuevo. Las ciencias instrumentales y las ciencias descriptivas realistas. Son dos concepciones distintas de lo que son las teorías científicas. Tenemos la concepción instrumental en la que las teorías se consideran como instrumentos para entender la realidad; pero que no pretenden decir como es la realidad. La concepción realista pretende entender las teorías como descripciones auténticas de la realidad. En nuestro caso, la astronomía ptolemaica, tiene una concepción instrumental de las teorías científicas. Por ello de lo que se trata es de buscar una serie de instrumentos o artificios matemáticos que sirvan para salvar las apariencias. Precisamente uno de los problemas de Galileo con la inquisición era en la concepción que de la ciencia se tenía. La Iglesia consideraba las teorías científicas desde el punto de vista instrumental, mientras que Galileo quería leer el auténtico libro de la naturaleza. Tenía una concepción realista de las teorías científicas. Pero esto ya lo veremos más adelante. Pasemos ahora a analizar los instrumentos matemáticos que utiliza la astronomía ptolemaica.

 

1.La excéntrica. Es un círculo que no tiene como centro la tierra La tierra ocuparía un punto excéntrico con respecto a la tierra. Este instrumento nos permitiría explicar el movimiento del sol de acercamiento y alejamiento.

 

2. El epiciclo. Es un círculo que tiene su centro en la deferente (circulo concéntrico a la tierra) en torno al cual gira el planeta. Este círculo, a su vez, va girando en torno a la deferente. Con este instrumento fabuloso podemos explicar el movimiento de retrogradación de los planetas. Veamos el esquema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. El ecuante. Es el instrumento más complejo y tiene como misión explicar tanto los movimientos

 de los planetas (el cambio en su velocidad) como el movimiento del sol al cabo del año. En este observamos una variación en su velocidad. En invierno va más rápido que en verano. Consiste en la suposición de un punto ecuante móvil en el diámetro de la deferente con respecto al cual la velocidad es constante, puesto que este punto es móvil. Se mueve en torno al punto del centro de la tierra. Veamos el esquema:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Con la combinación de estos tres instrumentos quedaban perfectamente explicados todos los movimientos celestes. Por ello, la astronomía ptolemaica perduro hasta los tiempos de Galileo y Kepler. Además de ser una explicación de los movimientos de los cuerpos celestes servía perfectamente para la navegación y la orientación en los viajes. De hecho es el modelo que se sigue utilizando en la navegación hoy en día. Estos éxitos, además de su coincidencia con los dogmas de la religión y de la filosofía aristotélica; así como su coincidencia con los sentidos la mantuvieron viva durante más de quince siglos. Nadie cuestionó el geocentrismo. Además contábamos con un modelo matemático para defenderlo.

 

 

LA ASTRONOMÍA EN LA EDAD MEDIA. Nicolás de Oresmes.

 

Durante toda la edad media la astronomía fue la ptolemaica. Por razones tanto religiosas como filosóficas. La filosofía imperante era la aristotélica según la cual el centro lo tiene que ocupar la tierra porque este es su lugar natural. Pero ya en la alta edad media hubo algunas disidencias, aunque sólo fuesen a título de hipótesis. Es el caso de Nicolás de Oresmes. Éste propuso como hipótesis matemática el heliocentrismo. Consideraba que como modelo matemático era más simple que el geocéntrico. Pero, por otra parte, pensaba, como creyente y aristotélico, que la verdad era el geocentrismo. Aunque no conociésemos el modelo real del universo. Recordemos que sólo contábamos con el modelo instrumental de la astronomía ptolemaica. Oresmes hacia frente a todas las críticas que desde la antigüedad se le habían hecho al heliocentrismo. Pasemos ahora a analizarlas. Para los geocentrista es imposible el heliocentrismo por las siguientes razones:

 

1. Si la tierra se mueve la velocidad tendría que ser tal que saldría ardiendo debido al rozamiento.  Frente a esto Oresmes considera que la velocidad de los cielos tiene que ser mucho mayor para dar una vuelta alrededor de la tierra al cabo de un día, con lo cual sería más fácil que los cielos se volviesen incandescentes. Recordemos que para explicar el movimiento de todo el orbe celeste diurno sólo hay que suponer el movimiento de rotación de la tierra. El de traslación explicaria el movimiento de la precesión de los equinocios y del sol a lo largo del año (las estaciones.)

2. Una segunda crítica es que si la tierra se mueve entonces los pájaros y las nubes se quedarían atrás. Esta es una de las críticas más agudas y que no se resolverán hasta la aparición de la nueva física de Galileo. Lo que propone Oresmes es que la atmósfera gira con la tierra y arrastra en su movimiento a los pájaros y las nubes.

 

3. La tercera crítica es la famosa del paralaje estelar. Si la tierra se mueve sería observable el paralaje estelar. Este no es el caso, por lo tanto, la tierra no se mueve. A esto aduce Oresmes que las estrellas pueden estar tan lejos que el paralaje estelar sea inapreciable a la vista. En esta argumentación iba por el buen camino.

 


Pero, a pesar de estas argumentaciones Oresmes seguía siendo geocentrista. En primer lugar su heliocentrismo es sólo a título de hipótesis matemática. Lo que él dice es que el universo es geocéntrico; ahora bien, como hipótesis de trabajo matemático (concepción instrumental de la ciencia) podríamos decir que la tierra gira en torno al sol y posee dos movimientos uno de rotación sobre sí misma y otro de traslación alrededor del sol. Pero el sistema del universo es geocéntrico porque así lo dicen las escrituras y la verdadera filosofía aristotélica. Como vemos la discusión se centra en la concepción de la ciencia. Desde una concepción instrumentalista sí es aceptable la teoría heliocéntrica, siempre que ésta nos proporcione una explicación más sencilla del universo. Pero como tesis realista es inaceptable.



[1] A los que se les denominó presocráticos por ser anteriores a Sócrates: filósofo representativo y paradigmático de la filosofía griega.

[2] Son los que pretenden explicar el origen de todo a partir de un único prinicpio. Por el contrario los pluralistas son los que pretenden explicar el origen de todo a partir de varios principios.

[3] Las hipótesis ad hoc pretenden resolver un problema particular que plantea una teoría general sin caer en contradicción con esta última. Estas hipótesis son el límite de las teorías científicas. Tarde o temprano la teoría en su conjunto habrá de ser sustituida. De esta forma se produce el avance en la ciencia.

[4] En verdad el paralaje sólo pudo ser observado con los telescopios modernos. La distancia de las estrellas es demasiado lejana.

Lógica formal

 

 

 

 

Lógica formal. INTRODUCCIÓN.

 

El lenguaje tiene la característica de poder ser utilizado de múltiples formas; estos constituyen los infinitos usos posibles del lenguaje. A los usos de un lenguaje se les llama dominio de una lengua. El dominio de una lengua consiste en la capacidad de recrearse continuamente por medio de la creación de oraciones nuevas. Estas oraciones se pueden enunciar en diversos contextos diferentes: para elevar una súplica, para contar un chiste, para preguntar, para dar órdenes para proferir insultos, para expresar deseos y también para formular afirmaciones acerca de los objetos.

 

Pero de los diversos usos del lenguaje no se puede decir si dicen verdad o no; p.e. de una pregunta no se puede decir si es verdadera o falsa: ¿quién viene? Hay otro tipo de preguntas como: ¿por qué quien ama no busca verdad sino dicha? Esta pregunta en sí tampoco es verdadera o falsa; pero puede ser transformado en un enunciado que sí es susceptible de ser verdadero o falso. Quien ama no busca verdad sino gloria. Lo mismo ocurre con las súplicas, ruegos, exclamaciones, etc. Las únicas oraciones que son susceptibles de ser verdaderas o falsas son aquellas que dicen algo sobre la realidad. A este uso del lenguaje se le llama desde ARISTÓTELES uso apofántico. Sólo el discurso que puede ser verdadero o falso es un discurso apofántico. Pues bien, la lógica formal o simbólica se ocupa fundamentalmente del uso apofántico del lenguaje.

 

 

LÓGICA DE ENUNCIADOS.

 

Enunciados y conectivas.

 

Es la parte más elemental y fundamental de toda la lógica La lógica formal se nos presenta hoy en día como una forma de cálculo. Pues bien, el cálculo más elemental y esencial es el cálculo lógico.

 

La lógica de enunciados consiste en un análisis de las relaciones de inferencia entre enunciados o proposiciones.

 

 

"la tarea de la lógica es el análisis formal de los razonamientos. Y el lugar de este análisis es el lenguaje. El análisis del razonamiento supone, por tanto, un análisis del lenguaje."

 

 

Pero hay diferentes niveles lógicos de análisis del lenguaje. En el que nos encontramos ahora es el más elemental y básico. Y en este nivel se analizan los elementos más básicos del lenguaje que son:

 

a. Oraciones o frases enteras.


b. Conjunciones en sentido lógico. Unen las diversas oraciones.

 

Veamos unos ejemplos:

 

"Cuando se hubieran acabado los mil años, entonces será Satanás soltado de su prisión y saldrá a enturbiar a las naciones que moran en los cuatro ángulos de la tierra,..."

 

Análisis:

 

Cuando...Entonces...y...y...

 

El texto todo él es una proposición compuesta; pero está formado por proposiciones simples a las que se les llama proposiciones atómicas.

 

Analicemos las siguientes proposiciones:

 

1. Si la naturaleza de los hombres ha de ser siempre como ahora entonces la corrupción es eterna.

2. Es así que la naturaleza no es siempre como ahora;

 

3. luego es así que la corrupción no es eterna.

 

 

1. Si florecen las hortalizas entonces se marchitan los tulipanes.

2. Es así que no se marchitan los tulipanes;

3. Por tanto, no florecen las hortalizas.

 

1. Si estudio, apruebo

2. Es así que no he dado ni golpe;

3. Por tanto, no apruebo. (A menos que utilicemos otra estrategia no muy afortunada para mi futuro)

 

 

Estos grupos de proposiciones poseen, como todo razonamiento, una forma (sintaxis o estructura) y un contenido (semántica o significado). Vemos que varían en el contenido; pero no así en la forma. Esto nos hace ver que en los razonamientos existen una serie de elementos constantes y otra de elementos variables. Los lógicos se fijan sólo en la forma. Observamos, entonces, que todos estos argumentos se pueden representar de la misma forma:

 

Si...entonces...

Es así que no...

Luego (por tanto)

No...

 


Esto representa la forma constante de estos argumentos. Consta de dos elementos. Las PREMISAS que es aquello de lo que partimos, lo que presuponemos. Y, la CONCLUSIÓN que es aquello a lo que hemos llegado. Esta última está implícita en las primeras. Si se nos dan las premisas extraemos lógicamente la conclusión.

 

Pero con esto no podemos hacer todavía un lenguaje. Y la lógica es un lenguaje simbólico. Es necesario poner -en lugar de los puntos suspensivos- una serie de signos que sustituyan a cualquier tipo de enunciados. A estos signos se les llamará variables lógicas.

 

 

Variables y valores de verdad.

 

El contenido o significado se representa en la lógica de enunciados por variables que pueden ser sustituidas por enunciados cualesquieras. Estas variables siempre sustituyen a un enunciado y no a otros elementos como adverbios o adjetivos. Las letras que se utilizan en lógica como variables de enunciados son: p,q,r,s,t... Estas letras sustituyen a enunciados que han de ser siempre descriptivos. Son los únicos tipos de enunciados que pueden ser verdaderos o falsos. Esto quiere decir que una variable, como p.e. "p" podría tener un valor V (verdadero) o F (falso). Y lo representamos por lo que se llama una TABLA DE VERDAD.

 

p

---

V

F                                            

 

Hasta ahora sólo hemos considerado el primer grupo de signos (las variables) que sustituyen a proposiciones atómicas. Tenemos que considerar ahora el segundo grupo de elementos que son los conjuntores Conectivas que unen a las diversas proposiciones atómicas o enunciados. Son las siguientes:

 

Negador. ¬

 

Tenemos, p. e. "p"  las calles se mojan Lo negamos: las calles no se mojan; entonces tendremos ¬p. Este símbolo es también un enunciado y posee un valor de verdad. Éste valor se pueden representar en lo quese llama una tabla de verdad. En este caso nos quedará lo siguiente:

 

p  ¬p

------

V  F

F  V

 

 

Conjuntor Ù

 

Si poseemos dos enunciados, una forma de ponerlos en relación es por la conjunción y (Ù). Por ejemplo tenemos dos enunciados. Llueve (p) Las calles se mojan (q). Entonces el enunciado molecular (unión de dos atómicos) se formalizaría de la siguiente forma:

 

pÙq

 


Por consiguiente, este enunciado también tendrá un valor de verdad; éste dependerá directamente de los valores de verdad de los enunciados de que están compuestos. Su representación en las tablas de verdad es la que sigue:

 

pq  PÙQ

--------------

VV   V

VF   F

FV   F

FF   F

 

Los miembros de una conjunción pueden estar negados. En este caso tenemos las siguientes posibilidades.

 

¬pÙ¬q

¬pÙq

pÙ¬q

 

Se pueden hacer las tablas de verdad como ejercicio.

 

 

 

Disyuntor. Ú

 

Consiste en unir dos proposiciones atómicas mediante la partícula del lenguaje ordinario "o" (Ú) Esta proposición es ambigua y por eso tiene dos sentidos. 1. Excluyente. 2. No excluyente. ejemplos:

 

"O se es pagano o se es cristiano"

"Han sido fusilados todas aquellos que presentaban alguna tara somática o defendían ideas disolventes."

 

El primer caso es el de la disyunción excluyente; porque no se pueden dar las dos cosas a la vez. En el segundo caso no es excluyente; puede darse el caso de que alguien posea las características y haya de ser fusilado.

 

En el lenguaje ordinario la disyunción mas utilizada es la excluyente; pero en la lógica nosotros vamos a utilizar la no excluyente; porque el caso de la excluyente se contempla en la tabla de verdad de otra conectiva. Es decir que puede ser derivada de otra conectiva. Así cuando decimos: o p o q; lo que queremos decir es que o se da p o q, o ambas cosas a la vez. De tal manera que su tabla de verdad quedaría como sigue.

 

pq   PÚQ

-----------

VV      V

VF       V

FV       V        


FF       F

 

Atendiendo a esta tabla podemos hacer los siguientes ejercicios:

 

¬pÚq

pÚ¬q

(pÚq)Ùr

(¬pÚr)Ù¬q

 

Condicional. ®

 

Formaliza enunciados tales como: "Si el alma habla entonces ya no es el alma la que habla" (Chiller)

 

Formaliza las partículas   "Si...entonces..."

Y se simboliza por p®q

 

Los enunciados que tienen esta forma son los enunciados condicionales. A la primera parte del condicional se les va a llamar antecedente; y a la segunda parte consecuente.

 

Vamos a ver ahora los valores de verdad de los cuatro caso por separado.

 

1. Si el antecedente y el consecuente son ambos verdaderos el implicador es lógicamente verdadero.

2. Si el antecedente es verdadero y el consecuente falso; tampoco tenemos problemas, el implicador (condicional será falso. Estamos diciendo, si p, entonces q. si es el caso que se da p(v) y no se da q (f) entonces no es posible que p entonces q sea verdadero.

3. Es el que presenta más problematicidad. Si el antecedente es falso y el consecuente verdadero; entonces: si p, entonces q será verdadero. Lo que estamos diciendo es que p es condición suficiente, no necesaria de que se de q. Por tanto, al no ser condición necesaria q puede ser verdadero aunque no lo sea p.

4. Que el antecedente sea falso y también el consecuente. El condicional sin ningún tipo de problemas será verdadero.

 

Así que la tabla de verdad sería la siguiente:

 

pq        p®q

-------------

VV      V

VF       F

FV       V

FF       V

 

 

Construyamos una expresión lógica con las cuatro conectivas y hallemos su tabla de verdad:

 


[(pÙq)®r]Ú[(¬qÙs)®r]

 

Formalizar el siguiente enunciado:

 

"Si acepto el mundo que me ofrecen y soy feliz así, entonces empiezo a cavar mi propia sepultura.; o bien, si no soy feliz así, y no veo tampoco posibilidad de cambiar este mundo, emprendo así mismo mi propio autoenterramiento."

 

 

Bicondicional «

 

O coimplicador. Con el condicional queremos decir que si se da el hecho p se puede dar q. Es condición suficiente, pero no necesaria. Ahora bien, el bicondicional expresa la necesidad. Es condición suficiente y necesaria. Y se leería: Sí y sólo sí se da p entonces se da q. Podemos también entenderlo como la doble dirección del condicional. Si p entonces q; y, también, si q entonces p. Es decir que se podría expresar como sigue:

 

(p®q)Ù(q®p)

Es lo mismo que:

(p«q)

 

Y, su tabla de verdad será:

 

pq       p«q

--------------

VV      V

VF      F         

FV      F         

FF       V

 

 

Hallar la tabla de verdad de la siguiente expresión lógica.

 

[(¬pÚq)®r]«[(pÙ¬q)Úr]

 

 

Tautologías, consistencias y contradicciones.

 

Hemos aprendido hasta ahora a traducir el lenguaje ordinario al lenguaje lógico. Como venimos diciendo, la lógica se ocupa del análisis formal de nuestro pensamiento.

 

Con lo que hemos visto hasta ahora, poseemos ya un método de análisis de nuestro pensamiento (razonamientos) que nos permite saber si son correctos; o, por el contrario, retórica barata. Y este método es el de las tablas de verdad.  En este sentido, analizando los últimos resultados de la última columna podemos decir de un argumento que es:

 

a. Tautológico: si todos los valores de verdad son V


b. Consistente: si unos son V y otros F

c. Contradictorio: si todos los valores de verdad son F.

 

Atendiendo a estas últimas definiciones decir qué clases de argumentos son las siguientes expresiones lógicas.

 

[(p®q)Ù(q®r)]®(p®r)

 

[(pÚq)®r]®(pÚr)

 

[(pÚr)®p]®[(qÚr)Ù(¬qÙ¬r)]

 

 

 

Formalizaciones y tablas de verdad.

 

 Formalizar los siguientes argumentos de la lógica de predicados. Hallar su tabla de verdad.

 

 

La Luna es mayor que el sol y el sol es mayor que la tierra. Por tanto, la luna es mayor que la tierra.

 

La luna es menor que el sol y el sol es menor que la tierra. Por tanto la luna es menor que la tierra.

 

 

 

Demostrar por el método de las tablas de verdad si el siguiente argumento es correcto.

 

 

Si suben los salarios entonces suben los precios; si suben los precios, entonces baja el poder adquisitivo de la moneda. Es así que suben los salarios. Luego baja el poder adquisitivo de la moneda.

 

 

formalizar y realizar la tabla de verdad de los siguientes argumentos tomados de la física.

 

 

"Si una masa m se mueve rectilínea y uniformemente con respecto a un sistema de coordenadas K, también se moverá rectilínea y uniformemente con respecto a un sistema de coordenadas k´, siempre que éste último ejecute con respecto K un movimiento de traslación uniforme."

 

Einstein. "Sobre la teoría especial y general de la relatividad."

 


Si alguien toma una lámpara de 200 W y se aleja en la noche una distancia desconocida de un observador, se puede determinar con relativa facilidad esta distancia desconocida. si se observa el brillo de la lámpara de 200 W y se compara este brillo aparente con el brillo absoluto o real de la lámpara, entonces, se puede prontamente concluir que hay una sola distancia posible entre el observador y la lámpara."

 

Kaufman. "Relatividad y cosmología."

 

 

 

 

REGLAS DEL CÁLCULO DE ENUNCIADOS. CÁLCULO LÓGICO.

Derivaciones e inferencias.

 

 

La lógica puede concebirse también como un sistema de cálculo. Podemos estudiar la lógica de dos formas.

 

a. Como un sistema formal axiomático. el ideal de toda ciencia es el de la axiomatización.

b. como un sistema de cálculo natural. Éste consta de un conjunto de reglas primitivas a partir de las cuáles nosotros podemos realizar inferencias. ¿qué es una inferencia o derivación? Consiste en derivar de un conjunto de premisas dadas (n) una conclusión; utilizando para ello un conjunto de reglas. Entre estas reglas existen ocho que llamaremos "reglas primitivas del cálculo" existen dos para cada conector: una de introducción y otra de eliminación.

 

 

1. Regla de eliminación del negador. Llamada también de la doble negación.

 

R.E. ¬  O, también. D.N.

 

¬¬X

----

 X       D.N.

 

2. Regla de introducción del negador. Llamada también reducción al absurdo.

 

R.I.¬  O, también, Red. abs.

 

X

|

YÙ¬Y

-----

¬X      Red. Abs.


3. Regla de introducción del disyuntor. Llamada también de la adición.

 

R.I. Ú  O, también Ad.

 

X

---

XÚY   Ad.

 

4. Regla de la eliminación del disyuntor. Usualmente es conocida como la prueba por casos.

 

R.E. Ú  o, También, Prueba de Casos.

 

 

 

XÚY

X

 

Z

----

Y

 

Z

-----

Z         Casos.

 

5. Regla de introducción del conjuntor. Conocida como el producto.

 

R.I. Ù  O, también. Prod.

 

X

Y

---

XÙY   Prod.

 

6. Regla de la eliminación de la conjunción. Llamada también de la simplificación.

 

R.E.Ù O, también, Simp.

 

XÙY               XÙY

---                   ---

X         Simp.   Y         Simp.

 

 

7. Regla de introducción del condicional. Se le llama también teorema de la deducción.

 

R.I. ® O, también, T.D.


X

 

Y

----

X®Y  T.D.

 

8. Regla de eliminación del condicional. Se le denomina también Modus Ponens.

 

R.E. ® O, también, M.P.

 

X®Y

X

----

Y         M.P.

 

 

 

Reglas prácticas del cálculo natural.

 

 

1. Hay que asegurarse de que el argumento está debidamente formulado.

 

2. Tendremos que ver si se puede hacer una deducción directa. si ello es posible la efectuamos.

 

3. Si la conclusión es una implicación, puede introducirse como supuesto provisional (hipótesis de trabajo) el antecedente de la misma. con lo cual se reduce el problema a obtener el consecuente y aplicar, por último, el teorema de la deducción.

 

4. Si en las premisas figura una disyunción, se darán provisionalmente por supuesto cada una de sus partes (variables); y se tratará de deducir de cada una de ellas la conclusión o, en su caso, la fórmula que deseemos obtener. Esto es la prueba de casos.

 

5. Si la conclusión es negativa podemos proceder por la reducción al absurdo y negar la misma hasta que lleguemos a una contradicción. en cualquier caso, siempre podemos negar la conclusión (si no vemos cómo podemos empezar) y hacer una reducción al absurdo.

 

6. Siempre que se pueda aplicar el modus ponens se aplica.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

CASOS PRÁCTICOS.

 

1. Derivar el siguiente esquema de inferencia.

 

-1 p®q           _p®r

-2 q®r

 

2. Derivar el siguiente esquema de inferencia.

 

-1 (pÙq)®r    _(pÙq)®s

-2 r®s

 

3. Formalizar y resolver el siguiente argumento de la lógica de predicados.

 

Si no hay un control de nacimientos, entonces la población crece ilimitadamente. Pero si la población crece ilimitadamente, aumentará el índice de pobreza. Por consiguiente, si no hay control de nacimientos, aumentará el índice de pobreza.

 

4. Resolver mediante el método de la reducción al absurdo el siguiente argumento.

 

-1 p®¬q        _¬(pÙr)

-2 r®q

 

 

 

************************

 

 

1. Formalizar y derivar el siguiente argumento que pertenece al diálogo platónico "Parménides".

 

 

Si lo uno está en movimiento, éste habrá de ser, o de movimiento sin cambio en el estado, o de alteración.

No puede tratarse de un movimiento de alteración,porque entonces lo uno dejaría de ser uno.

si se tratara de lo primero, tendría que ser, o bien rotación de lo uno sobre sí mismo en el propio lugar en el que se encuentra, o bien cambio de un lugar a otro. Ninguna de los dos cosas ocurre, sin embargo.

Luego lo uno no está sujeto a ningún tipo de movimiento.

 

 

 

 


2.Formalizar y demostrar el siguiente argumento de la lógica de enunciados.

 

 

Si los jóvenes socialistas alemanes apoyan a Brand, entonces renuncian a su programa de reivindicaciones. Y si combaten a Brand, entonces favorecen a Straus. Pero una de dos; o apoyan a Brand o lo combaten. Por consiguiente, habrán de renunciar a su programa de reivindicaciones o favorecer a Straus.

 

 

 

3.Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia.

 

(pÙq)®r                    _(pÙqÙs)®t

(rÙs)®t

 

4.Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia por el método de la reducción al absurdo.

 

¬p®p             _p

 

5. Demostrar la validez del siguiente argumento:

 

 

Si dos gases tienen la misma temperatura, entonces sus moléculas tienen el mismo promedio de energías cinéticas. volúmenes iguales de dos gases tienen el mismo número de moléculas. Las presiones de dos gases son iguales si es el mismo su número de moléculas y sus energías cinéticas son iguales. Por consiguiente, si dos gases tienen la misma temperatura y el mismo volumen tienen la misma presión.

 

 

 

REGLAS DERIVADAS DEL CÁLCULO DE ENUNCIADOS.

 

 

1. Identidad.

 

A

---

A         ident.

 

2. Modus Tollens.

 

A®B

¬B

----

¬A                  M.T.


3. Carga de premisas.

 

A

---

B®A  c.p.

 

4. Silogismo disyuntivo.

 

AÚB               AÚB

¬A                  ¬B

----                 ----

B         S.D.     A         S.D.

 

5. Reglas de De Morgan.

 

¬(AÚB)                      ¬(AÙB)

------              ------

¬AÙ¬B Morgan.        ¬AÚ¬B Morgan.

 

 

6. Ex contraditioni qualibet.

 

AÙ¬A

----

 B        E.C.Q.

 

 

 

 

Como ejercicio práctico se pueden intentar demostrar las reglas a partir de las que ya sabemos (primitivas.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


1. Resolver el siguiente argumento:

 

p®(qÚr)                    _p®s

q®r

r®s

 

2. Resolver por reducción al absurdo este esquema de inferencia.

 

A®C              _(B®A)

¬(B®C)

 

3.Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia.

 

s®t

t®s

tÚp                 _p

s®¬w

w

 

4.Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia.

 

p®q

rÚs                  _¬p

s®¬q

¬r

 

5. Derivar el siguiente esquema de inferencia.

 

r®p

¬q®¬r

s®q                _(rÚs)®t

(pÙq)®t

¬sÚp

 

6. Demostrar si el siguiente argumento extraído de la obra platónica "Parménides" es correcto.

 

 

-empecemos, pues. si lo uno es, ¿no es cierto que no podría ser muchos?

-¿Cómo podría serlo?

-Y entonces no podrá tener partes ni ser un todo.

-¿por qué?

-Porque la parte, parte es de un todo.

-Ciertamente.

-¿Y no es un todo aquello a lo que no falta parte alguna?

-Desde luego.


-Y en ambos casos -ya se le considere como un todo, ya se le considere como dotado de partes- lo uno habría de ser compuesto.

-Necesariamente.

-De modo que en ambos casos lo uno resultaría ser muchos y no uno.

-cierto.

-Pero necesariamente lo uno no es muchos sino uno.

-Así es.

-Luego si lo uno es uno, ni es un todo ni tiene partes.

 

 

 

1. Demostrar si la siguiente expresión lógica es una tautología.

 

((pÙq)®r)«((pÙ¬r)®¬q)[1]

 

2. Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia.

 

¬p®p             _p

 

3. Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia:

 

p®q

r®p

¬r®¬t             _qÚu

¬(sÙ¬r)

tÚs

 

4. Demostrar si San Agustín se engañaba o existía.

 

 

"Si me engaño, existo. El que no existe no puede engañarse; luego yo existo si me engaño."

 

San Agustín. La Ciudad de Dios.

 

5. Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia.

 

(pÙq)®r

r®s                 _¬p

qÙ¬s

 

 

 


 

Examen: LÓGICA.                    Opción:A

 

 

1. Derivar el siguiente esquema de inferencia:

 

s®(pÚr)

t®s                            _¬t

¬(pÚr)

 

 

2. Demostrar la siguiente regla derivada:

 

pÙ¬p                          _q

 

3. Formalizar y derivar el siguiente dilema:

 

Ni contigo ni sin ti,

tienen mis males remedios;

contigo porque me matas,

y, contigo, porque me muero.[2]

 

4. Demostrar la validez de la siguiente argumentación detectivesca.

 

Usted regresó del club la noche pasada con restos de tizas entre el índice y el pulgar de su mano derecha.

Cuando usted juega al billar se da tiza en ese sitio con objeto de afianzar el taco.

No juega al billar si no es con Thorton.

Hará cuatro semanas que me dijo usted que Thorton tenía una opción sobre determinados valores sudamericanos que espiraban al cumplirse un mes; y que deseaba que entrase con él en el negocio.

Si entrase con él en el negocio tendría que utilizar un talonario de cheques que usted guarda bajo llave en la mesa del despacho, y si utiliza su talonario tendría que pedir la llave, y no me ha pedido la llave que pedirme la llave.

Por consiguiente, no se propone invertir su dinero en ese negocio.

 

 

 

 

 

 

 


Examen: Lógica.               Opción:B        

 

 

1. Demostrar la siguiente inferencia lógica:

 

pÙr

p®(¬qÙs)                              _¬p

p®(r®(qÙs)

 

2. Demostrar la siguiente ley derivada.

 

pÚq

¬p                   _q

 

3. Formalizar y derivar el siguiente argumento.

 

Me matan si no trabajo;

y si trabajo me matan;

me matan, siempre me matan.

 

4. Demostrar la validez de la siguiente argumentación detectivesca.

 

Usted regresó del club la noche pasada con restos de tizas entre el índice y el pulgar de su mano derecha.

Cuando usted juega al billar se da tiza en ese sitio con objeto de afianzar el taco.

No juega al billar si no es con Thorton.

Hará cuatro semanas que me dijo usted que Thorton tenía una opción sobre determinados valores sudamericanos que espiraban al cumplirse un mes; y que deseaba que entrase con él en el negocio.

Si entrase con él en el negocio tendría que utilizar un talonario de cheques que usted guarda bajo llave en la mesa del despacho, y si utiliza su talonario tendría que pedir la llave, y no me ha pedido la llave que pedirme la llave.

Por consiguiente, no se propone invertir su dinero en ese negocio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


LÓGICA DE PREDICADOS.

 

 

Pretendemos ahora profundizar un poco en nuestro análisis. de momento hemos analizado -en nuestro esqueleto lógico (la lógica de enunciados o proposicional)- sólo proposiciones. siendo las unidades mínimas de análisis las proposiciones atómicas. es el momento de pasar a un análisis más pormenorizado del lenguaje ordinario. Y esto es lo que nos va a permitir este nuevo paso en la lógica. La nueva posibilidad que se nos presenta es la de analizar, por separado, los nombres de los predicados.

 

La lógica de enunciados tiene ciertas limitaciones en su análisis. No nos permite analizar con rigurosisdad determinados argumentos del lenguaje científico y cotidiano. Pongamos como ejemplo el siguiente argumento.

 

 

Todos los hombres son mortales.

Sócrates es hombre.

Luego sócrates es mortal.

 

 

si formalizamos este enunciado según la lógica de enunciados se nos presentan algunos problemas. Veamos:

 

p

q                     o, también. (pÙq)®r

_r

 

Este argumento no es derivable. Si hacemos su tabla de verdad no obtendremos como resultado una tautología. sin embargo intuimos que esto es una forma correcta de argumentar. Es más, no dudamos de la verosimilitud del argumento. LO que sucede es que necesitamos un arma de análisis lógico más poderosa. Pues bien, la lógica de predicados (también llamada cuantificacional viene aquí en nuestra ayuda.)

 

Podemos analizar los distintos elementos que hay en una proposición. Estos son, como sabemos, los nombres y los predicados. Así, los nombres llevaran las letras (a,b,c,...) y los predicados las letras (P,Q,R,S,T...)Si nos fijamos ahora en los enunciados del argumento anterior tenemos que: ser mortal es el predicado del primer enunciado; y lo sustituimos por P y hombres es el nombre y lo sustituimos por a. Así leeremos Pa. Y leeremos a tiene la propiedad P. Hay que tener en cuenta aquí, que la lógica de predicados es la teoría de conjuntos que ya habéis visto a lo largo de vuestros estudios.

 


Cuando el verbo implique una relación, entonces aparceran más nombres. Por ejemplo: Pedro quiere jugar con Juan. LO expresaremos por: Pab. Y lo leeremos: a está en la relación P con b. Esto será un predicado "poliádico". Estos son aquellos que tienen doas o más nombres. A partir de aquí surgen las lógicas relacionales.¡Pero no hay que asustarse! No entraremos en estos detalles. Nosotros sólo vamos a analizar enunciados que llamamos monádicos que son aquellos en los que sólo interviene un nombre. Es decir, que consideramos como único al dominio del conjunto en cuestión.

 

Otro análisis que nos permite la lógica proposicional es la cuantificación de los predicados. Es decir, que podemos formalizar en lenguaje lógico la extensión en la que están formulados los argumentos: singular o universal.

 

Los enunciados universales son aquellos que se refieren a la totalidad del conjunto; y se enuncian como siguen: Todos los..... Los enunciados singulares son aquellos que se refieren sólo a una parte de los elementos del conjunto. Y se enuncian como sigue: algunos...

 

A esto dos nuevos elementos se les llama los cuantificadores. Son dos nuevas constantes lógicas; mientras que los nombres y los predicados son variables. Ya estamos, pues, en disposición de analizar argumentos del tipo que pusimos al principio.

 

El cuantificador llamado universal es el resultado de la conjunción. Y se expresa como una conjunción mayúscula:Ù. Por ejemplo si tenemos el enunciado "Todos los cuervos son negros" lo que estamos diciendo es que cualquier elemento del conjunto de los cuervos cumple la característica ser negro. Así, si el conjunto de los cuervos es:

 

x(a,b,c,...n)

 

entonces cuando decimos que todos los x son negros (P) lo expresamos como:

 

ÙxPx; y lo leemos: todos los cumplen la propiedad P; esto es: a cumple la propiedad P y be cumple la propiedad P y c cumple la propiedad P...

 

O, lo que es lo mismo:

 

ÙxPx= PaÙPbÙPcÙ...ÙPn

 

O expresado en lenguaje ordinario. LO que se dice de uno de los elementos se dice de todos. LO que vale para uno vale para todos.

 

Por el contrario, el cuantificador singular o particular; o también llamado existencial; lo que expresa es que algún elemento del conjunto x expresa la propiedad P. Entonces el cuantificador singular es el resultado de una sucesión de disyunciones. Tengamos p. e. el enunciado: "algunos estudiantes son unos portentos".si x es el conjunto de los estudiantes diremos que algunas de los x cumple la propiedad P (ser un portento) Y lo expresamos con el signo de la disyunción en mayúsculas: Ú.

 

Si x es el conjunto de los estudiantes, entonces podemos escribir:

 

x=(a,b,c,...n)

 

Y si decimos que algunos de los x es un P (ser un portento y esto lo expresamos:

 


ÚxPx Esto se lee: existe al menos un x tal que x cumple la propiedad P. Lo que queremos decir es que o bien a, o b, o c,etc cumplen la propiedad P. O expresado de otro modo:

 

PaÚPbÚPc...ÚPn

 

Es decir, que en el cuantificador existencial lo que vale para uno no vale para todos.

 

***************

 

Al tener dos nuevas constantes lógicas tendremos dos nuevas reglas de derivación. Una de introducción y otra de eliminación. empecemos por las del cuantificador universal:

 

1. Regla de introducción del generalizador (universal). Su esquema lógico es el que sigue:

 

ÙxPx

Pa        R.E.Ù  O, mejor. E.G.

 

Es decir, que si todos los elementos cumplen la propiedad P alguno de ellos a, también la cumplen.

 

2. Regla de introducción del generalizador. su esquema lógico es el siguiente:

 

Pa

ÙxPx   I.G.

 

Es decir, que en el generalizador lo que vale para uno vale para todos.

 

3. Regla de introducción del particularizador. su esquema lógico es el que sigue:

 

Pa

ÚxPx   I.P.

 

Es decir, que si a cumple la propiedad P, entonces existe al menos un x que cumple la propiedad P

 

4. Es la única que presenta un poco de dificultad. Es la de la eliminación del particularizador. Y esa dificultad es porque su base es el disyuntor. Por ello se asemeja a la prueba de casos. cuando nos encontramos con un particularizador en las premisas, para eliminarlo lo tenemos que proponer como Hipótesis; ya que no sabemos cual de los elementos del conjunto cumple la propiedad en cuestión. Hasta que lleguemos a la conclusión del problema. entonces cerramos y eliminamos el particularizador. Y, seguidamente lo introducimos. el esquema lógico es el que sigue:

 

ÚXpx

 Pa

 

 


 Z

 Z        E.P.

 

 

 

*************

 

 

 

EJERCICIOS DE LÓGICA DE PREDICADOS.

 

 

1. Formalizar los siguientes argumentos:[3]

 

Todo griego es europeo.

Todo ateniense es griego.

Por tanto, todo ateniense es europeo.

 

Algunos vascos son franceses.

Ningún francés es español.

Por tanto, algunos vascos no son españoles.

 

 

2. Formaliza los siguientes argumentos:

 

Si todo ser vivo se caracteriza por poseer membrana; y ningún virus se caracteriza por poseerla. Entonces, ningún virus es un ser vivo.

 

Ningún griego es cobarde, Y algunos habitantes de Atenas son griegos; luego algunos habitantes de Atenas no son cobardes.

 

 

3. Derivar los argumentos anteriores.

 


 

EJERCICIOS DE LÓGICA DE PREDICADOS.

 

 

 

1. Derivar el siguiente esquema de inferencia d la lógica de predicados.

 

 

_X(Px®Qx)               _ _x(¬Qx®¬Px)

 

 

2. Formalizar y demostrar la validez del siguiente argumento tomado de Lewis Carroll.

 

 

     Ningún ánade baila el vals

     Ningún oficial declina nunca una invitación a bailar el

     vals.

     Todas mis aves de corral son ánades

 

     Mis aves de corral no son oficiales

 

 

3. Formalizar y derivar el siguiente argumento de la lógica de predicados.

 

 

 

   Todos los colibries tienen vivos colores

   Ningún pájaro de gran tamaño se alimenta de miel

   Los pájaros que no se alimentan de miel tienen colores

   apagados

 

   Todos los colibries son de pequeño tamaño

 

 

4. Demostrar la validez del siguiente argumento.

 

 

 

Todos los miembros de la Cámara de los Comunes tienen

perfecto dominio de si mismos

Ningún parlamentario que use corona de nobleza participaría en una carrera de burros

Todos los miembros de la Cámara de los Lores usan corona de nobleza

 

Ningún miembro del Parlamento participaría en una carrera        de burros a menos que tuviera un perfecto dominio de si mismo


5. Demostrar la validez del siguiente argumento.

 

 

  Ningún poema interesante es mal recibido entre gentes de buen

  gusto

  Ningún poema moderno esta libre de afectación

  Todos sus poemas de usted versan acerca de pompas de jabón

  Ningún poema afectado goza de aceptación entre gentes de buen gusto

  Ningún poema antiguo versa acerca de pompas de jabón

 

Todos sus poemas carecen de interés.

 

 

 

6. Y, por último, uno para campeones.

 

                                                            

 

En el siglo xIx un democrata podia ser tanto liberal como socialista. Los liberales aceptaban la revolucion industrial y defendían la institucion de la propiedad privada de los medios de producción, el establecimiento de una economia de mercado autoregulada y la conversion del trabajo en mercancia. Los socialistas aceptaban también la revolucion industrial, pero  rechazaban esos tres puntos de la ideologia liberal. Los conservadores, por su parte rechazaban la revolucion industrial. De ello se desprende que ni los liberales ni los socialistas eran conservadores, que ningun liberal era socialista y que ningun conservador era democrata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


EJERCICIOS.

 

 

1. Formalizar y demostrar la validez del siguiente argumento.

 

 

Solamente las personas bien educadas están suscritas al Times.

Ningún puercoespín sabe leer.

Las personas bien educadas saben leer.

 

Ningún puercoespín está suscrito al Times.

 

 

2. Formalizar y derivar el siguiente argumento:

 

 

Todos los animales que no cocean son flemáticos

Los asnos no tienen cuernos

Un búfalo puede siempre lanzarlo a uno contra una puerta

Ningún animal que cocea es fácil de engullir

Ningún animal sin cuernos puede lanzarlo a uno contra una puerta

Todos los animales son excitables, excepto los búfalos

 

Los asnos no son fáciles de engullir

 

 

3. Derivar el siguiente esquema de inferencia:

 

 

s®q                _[p®q®r)]®[p®(s®r)]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

EXAMEN DE LÓGICA.

 

1º De Bachiller.                       Opción: A

 

 

1. Demostrar la validez de los siguientes esquemas de inferencia.

 

A.        p®q

r®s                _qÚs

pÚs

 

 

B.        p®(q®r)        _q®(p®r)

 

 

2. Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia de la lógica de enunciados.

 

 

_x(Qx®¬Px)

_x(RxÙQx)                 __x(RxÙ¬Px)

 

 

3. Formalizar y derivar el siguiente argumento de la lógica de predicados.

 

Todo leninista es marxista.

Todo comunista que no sea estalinista o es leninista o es trotskista.

No hay nadie que sea estalinista o trostkista y no sea marxista.

 

Por consiguiente; todos los comunistas son marxistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

EXAMEN DE LÓGICA.

 

1º DE Bachiller.                      Opción:B

 

 

1. Demostrar la validez de las siguientes inferencias de la lógica de enunciados.

 

 

A.                    pÚq

            p®s               _rÚs

 q®r

 

B.                    (pÚq)®r         _(p®r)Ú(q®r)

 

 

2. Demostrar la validez del siguiente esquema de inferencia de la lógica de ensuciados.

 

 

_x(Px®Qx)

_x(RxÙ¬Qx)   __x(RxÙ¬Px)

 

 

3. Demostrar la validez del siguiente argumento de la lógica de predicados.

 

 

Ni una sola de las cosas que salen al paso y sin embargo quedan inadvertidas en un viaje espacial son marcianos.

Las cosas que salen al paso en un viaje espacial y son anotadas en el libro de rutas son, con toda seguridad, dignas de ser recordadas.

Jamás, durante un viaje espacial, encontré nada digno de ser recordado.

Las cosas que salen al paso y son advertidas en un viaje espacial son, con toda seguridad, anotadas en el libro de rutas.

 

Nunca en las cosas que me salieron en mis viajes espaciales al paso encontré un marciano.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EXAMEN DE RECUPERACIÓN: LÓGICA

 

1º De bachillerato. Grupo: C

 

 

1. Demostrar la validez de las siguientes inferencias de la lógica de enunciados:

 

 

A.        pÙr

p® ¬(qÙs)                 _¬p

p®[r®qÙs)]

 

b.         ¬t®r

¬r                               _t

 

 

2. Demostrar la validez de la siguiente inferencia de la lógica de predicados.

 

 

_x(PxÙQx)

_x(Px®Rx)                __s(RxÙQx)

 

3. Demostrar la validez del siguiente argumento de la lógica de predicados.

 

 

Solamente las personas bien educadas están suscritas al Times.

Ningún puercoespín sabe leer.

Las personas bien educadas saben leer.

 

Ningún puercoespín está suscrito al Times.

 

 



     [1]La segunda parte del coimplicador se puede considerar como la conclusión en el esquema de inferencia.

     [2] La conclusión es que mis males no tienen remedio.

     [3]Cuando queremos formalizar lo que hay dentro de los cuantificadores tenemos que tener en cuenta que un generalizador afecta siempre a un implicador. Por ejemplo:todos los hombres son mortales. P (ser hombre) Q(ser mortal) x es el conjunto de los hombres. Diremos: Ùx (Px®Qx) y lo leemos como sigue: para todo x si x es hombre entonces x es mortal. Y en el caso del particularizador, como lo que analiza es un disyuntor pues lo que está dentro del paréntesis será un conjuntor. Veamos el ejemplo: hay algunos

alumnos que pierden el tiempo olímpicamente. x es el conjunto de los alumnos. P ser alumno; Q perder el tiempo. entonces escribiremos: Úx(PxÙQx). Y lo leemos como sigue: Existe al menos un x tal que s es alumno y x pierde el tiempo olímpicamente.

Introducción a la Filosofía

 

 

ESQUEMA GENERAL DEL CURSO.

 

 

Lo que se pretende con este primer contacto con la filosofía es "problematizar" lo que nos parece evidente. Se trata de que hagamos una reflexión sobre los temas de siempre a partir de los datos  con los que contamos. La Filosofía la podemos definir en principio como una nueva forma de mirar. Un manera distinta de enfocar las cosas. Hasta ahora lo que hemos estudiado en el instituto era, por decirlo de algún modo, definitivo. En cambio al adentrarnos en los estudios filosóficos nos las empezamos a ver con los problemas. En realidad nada es definitivo, todo es perfectamente cuestionable. Y de eso es de lo que se trata en nuestra nueva disciplina.

 

Por ello, nosotros nos vamos a enfrentar ahora con problemas. Problemas que han existido siempre, pero cuyas soluciones han ido variando a lo largo de la historia. Antes de nada vamos a ver los bloques temáticos que constituyen este primer curso de filosofía.

 

 

I. HOMBRE Y NATURALEZA.  Se trata de reflexionar aquí sobre  qué es lo que hay de naturaleza en el hombre y qué de cultural.  Las posiciones filosóficas están enfrentadas. Desde aquellos que consideran que en el hombre todo es biológico. Somos animales (son las posturas del reduccionismo biológico) hasta los que dicen que el hombre todo es cultural. Somos lo que somos en tanto que tenemos cultura. Habrá que buscar un término medio. Verdaderamente somos seres vivos que tenemos un proceso evolutivo; pero, a la par, también hemos sufrido una evolución cultural que nos distingue de los animales. Plantearemos también el problema de los relativismos culturales: la validez de las diversas culturas. También abordaremos el interesante problema de la relación mente-cuerpo. Se puede construir un ordenador que piense. O, dicho de otro modo: ¿es el hombre similar o igual a una máquina?

 

II. EL CONOCIMIENTO. Aquí abordaremos el problema del conocimiento. Cómo conoce el hombre. Lo dividiremos en dos partes fundamentales. Lógica simbólica. Esto es una rama de la matemática y de la filosofía que se encarga del estudio del pensamiento y sus formas de argumentación. En segundo lugar nos ocuparemos en este lugar del conocimiento por autonomasia: la ciencia. Aquí trataremos el tema de la verdad en la ciencia, la metodología e historia de la ciencia, el progreso de las teorías científicas. La ciencia es algo que debe ser estudiado también desde la filosofía. Tanto al científico como al filósofo le interesa saber de dónde proceden sus teorías, cuáles son los mecanismos de evaluación de las mismas, etc. La ciencia no es algo que ya esté dado de una vez por todas; sino que tiene una historia y unas implicaciones socioculturales y éticas. Las analizaremos.

 

III. LA DIMENSIÓN MORAL DEL HOMBRE: la acción humana. quizás este bloque no le dediquemos excesiva atención debido a que el alumno ha tenido todo un año para estudiar (4º de ESO) toda esta problemática. En resumen se trata de que por el hecho de ser hombres tenemos una dimensión ética inexcusables. Esto es, que todos nuestros actos van aparejados a una valoración moral de la que no podemos prescindir, ni aunque queramos. Somos pues seres morales, que se preocupan y se preguntan sobre el sentido, significado y valor de sus actos.

 


IV. LA DIMENSIÓN SOCIAL DEL HOMBRE. Aquí centraremos  la atención sobre otro aspecto del hombre que es la sociabilidad. Ya decía Aristóteles que el hombre es zoo politicorum (animal político) no en el sentido de que seamos políticos profesionales; sino que vivimos en polis (ciudades o sociedades) de las que no podemos prescindir. Nos ocuparemos de las diferentes formas de gobiernos. Y nos preguntaremos si es posible la constitución de una sociedad feliz. Esto es, ¿son legítimas las utopías? o ¿están todas abocadas al fracaso y los totalitarismos?. Analizaremos algunas obras como 1984 de ORWELS o "Un mundo feliz" de ALDUS HUSLEY.

 

 

Pero como asunto previo tendremos que enfrentarnos a nuestro primer problema que es "precisamente" la filosofía. Lo primero que nos vamos a preguntar es qué es la filosofía, para que sirve. qué lugar ocupa en una sociedad de ordenadores, multimedias, bombas atómicas, hamburguesas y qué se yo la de cosas que son un tanto extrañas al quehacer del filósofo. O, quizás no tanto. Ya veremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


PRIMERAS ESCARAMUZAS CON LA FILOSOFÍA.

Nuestro planteamiento personal.

 

 

Cuando nos enfrentamos por primera vez a esta pregunta no podemos por menos de quedarnos extrañados. ¿Cómo es posible que haya que explicar qué es la filosofía ¿ Pues el profesor de lengua, francés, matemáticas o físicas, cuando llegan no se paran en estos pormenores. Empiezan limpia y simplemente a explicar sus materias. ¿qué le pasa, entonces a la filosofía?. Pues lo primero que tenemos que saber es que nos encontramos ante una disciplina que se problematiza incluso a sí mismo. No está muy claro lo que el filósofo tenga que hacer. Hay muchas formas de hacer filosofía. Y, curiosamente, la mayoría de ellas están enfrentadas entre sí. De todas formas esto no ha sido siempre así. Podemos decir, que la filosofía entra verdaderamente en una crisis de identidad con la aparición de las ciencias positivas al final del siglo XIX y principios del XX. Se dice aquí, entonces, que la filosofía ha sido la madre de las ciencias y que una vez que éstas han surgido tiene que desaparecer. Es la actitud de los llamados positivistas. La verdad es que, aunque hayan tenido mucho peso, y tengan parte de razón, curiosamente la madre filosofía, aunque vieja y decrépita, como el ave FÉNIX resurge de sus cenizas y se nos aparece en este siglo "cambalache y febril" (como dice el tango) de múltiples formas. Pero apunto ya desde el principio que existen cualidades o características comunes a la filosofía de todos los tiempos.

 

Creo que una metodología apropiada de estudio de nuestro problema es adentrarnos en los orígenes históricos de la filosofía y de esa manera identificar sus características peculiares. Una vez que hayamos buceado en la historia suficientemente analizaremos las diferentes posturas que se dan hoy en día. Para al final, lanzar una propuesta lo más amplia posible.

 

 

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LOS INICIOS DE LA FILOSOFÍA

 

El origen de la filosofía (o ciencia desde un principio. Puesto que hasta el siglo XIX no hay una clara diferenciación) los podemos encontrar en la GRECIA del siglo VII antes de C. No vamos a entrar aquí en el análisis  histórico del origen de la filosofía (sus posibles causas); más bien, nos vamos a mover en el nivel de las ideas y trataremos de mostrar qué significa, precisamente, la aparición de la filosofía para la civilización occidental.

 

Bueno, pues vaya ya de entrada lo que sigue. Somos seres occidentales, que procedemos de una tradición histórica que se inició en Grecia y que es la que podemos llamar la "tradición crítica". El pensamiento que existía anteriormente era el pensamiento mítico religioso. Pues frente a esta forma de entender el mundo aparece la filosofía.

 


Vayamos por partes. El hombre, desde que es tal, se preocupa de dar un sentido a su existencia. Ocurre que el hombre, a diferencia de los animales, como veremos en el segundo bloque,  no nace con la vida determinada. Es decir, que un animal obedece su instinto ciegamente (inconscientemente) y no se pregunta por el sentido de lo que le rodea, ni por el suyo. Ni tampoco sabe de su muerte. En cambio, el hombre, es consciente de que se va a morir. El hombre busca incansablemente el sentido del mundo que le rodea y de sí mismo. Hay en el hombre un estado de "angustia" por no saber qué le deparará el futura. Y, a la par, una curiosidad innata que le impele a conocer qué son y cómo funciona lo que le rodea. Esto es, el hombre es el animal que quiere dar sentido. Podemos decir, con otras palabras, que nuestra naturaleza biológica está abierta causalmente. Esto es, no estamos determinados biológicamente. Podemos inventar y crear, igual que lo hace el universo desde que empezó. La cultura toda es el resultado de nuestra creación.

 

Pues bien, la cultura es la forma que tenemos de vernoslas con el medio que nos rodea y con nosotros mismos. Es el resultado  o el conjunto de respuestas a las preguntas que nos hacíamos más arriba. dentro de la cultura tenemos: las costumbre, las normas de convivencia, la religión, todo aquello que no es biológico y que transciende nuestra animalidad. Pues antes de aparecer la tradición crítica las culturas eran míticas. El pensamiento mítico religioso es una forma de entender el mundo en el que vivimos y de explicarnos y dar sentido a nuestras relaciones con los demás. La cultura es lo que cohexiona y da sentido a la sociedad. El pensamiento mítico es una de las formas de culturas que ha habido (pero todavía existen los mitos: estos van desde la religión, que tiene una base mítica, hasta los mitos actuales como cantantes, Top Models, etc.)

 

Pero acerquemonos ahora a esa realidad mítica. A esa forma peculiar de entender el mundo. El pensamiento mítico se basa en el MITO, como no podía ser menos. Pero qué es el mito. Pues en principio y para empezar, podemos decir que el mito es un cuento.  Una historia que habla de algo y que pretende dar sentido. Es una explicación, aunque no en el sentido de la ciencia, pero mirada desde dentro absolutamente válida.[1]

 

El mito constituye el centro de las civilizaciones primitivas. Es un cuento que habla de lo que fue en un principio. en el pensamiento primitivo podemos distinguir entre lo que se llama el mundo de lo Sagrado; que es el lugar de los espíritus, los dioses, las fuerzas de la naturaleza, los héroes, etc. A este mundo hacen referencia los mitos. Luego tenemos el mundo de lo Profano que es el mundo habitado por nosotros donde todo está sujeto al cambio y requieren de nuestra explicación. Así, los mitos nos proporcionan explicaciones de todo lo que hacemos nos hacen posible la relación entre nosotros y con la naturaleza.

 

Para el hombre primitivo lo Sagrado y lo profano conviven. Todo está lleno de espíritu. Los fenómenos son entendidos como símbolos que hacen los espíritus cuando quieren decir algo a los hombres. No es que el pensamiento mítico sea absurdo, o falso. El mito tiene su lógica interna. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que no toda la tradición mítica ha desaparecido. Las religiones tienen un trasfondo mítico de gran importancia. Se levantan precisamente sobre concepciones míticas. Todos los rituales que se realizan (por ejemplo la Eucaristía) es una rememoración de lo que ocurrió en un tiempo primitivo: el tiempo  en el que las cosas empezaron a ser.


Pero lo que va a suceder en Grecia es que aparece una nueva tradición. Esto se hace posible por la coincidencia de una serie de condiciones sociales y culturales  de la Grecia del siglo VII a.C. Los mitos se basan en la creencia. Por ello, las sociedades primitivas que poseen esta cultura son, prácticamente, inmóviles. Han estado sin evolucionar desde miles de años. Hasta que han topado con el hombre occidental. Aunque es bien sabido que este encuentro no ha solido ser beneficioso para ellos. Y, sino, que se lo pregunten a los indios de América...

 

Por el contrario, la tradición que se inaugura en Grecia es la de la Razón: el diálogo racional y crítico.  El maestro o sabio no cuenta una historia que tenga que ser creída necesariamente; sino que intenta explicar este mundo a partir del mismo mundo. Es decir, que lo que intentan es buscar un fundamento del mundo. ¿Qué es lo que hace que ese mundo sea? Independientemente de los dioses, Hermes, etc. Estos empiezan a servir para otras cosas. El hombre se ha hecho exigente y quiere respuestas que se puedan demostrar. Por ello los sabios ponen sus respuestas al público para que se puedan discutir. Nace, pues, el diálogo racional, la discusión crítica. Así, frente a la creencia tenemos la crítica; frente al dogma, las hipótesis provisionales.

 

Con la tradición racional y crítica aparece la posibilidad de disentir, de pensar de otra manera, y de intentar convencer al otro de "mi" verdad. Que siempre será muy particular. Nosotros somos el producto de todo esto. Como se ve es un "talante" una forma de estar ante el mundo y los otros. Y todo esto, a su vez, tiene muchas e importantes implicaciones. Como dije al principio somos griegos, sus herederos. No obstante, hay que tener en cuenta, que los mitos no desaparecen con la tradición crítica, conviven con ella.

Una de las consecuencias importantes es la investigación paulatina del cosmos y de nosotros mismos. El afán de curiosidad del hombre, su admiración (como dice Aritóteles: filósofo griego del s.V a. C.) le llevan al intento de conocer todo lo que le rodea, de buscar explicaciones convincentes. El fruto de esta investigación continuada es la historia del saber humano, con todos sus altibajos.

 

Otra consecuencia es de carácter moral. Para que surja esta tradición crítica es necesario una actitud previa.  Es la de la TOLERANCIA. No puede existir el diálogo sino hay tolerancia; esto es, si no admitimos que podemos estar en el error. Para aprender tenemos que pensar que podemos estar equivocados. Esto hace posible que entremos en diálogo con los demás. Siempre que ha fallado este ideal de tolerancia hemos caído en el dogmatismo: en el intento de imponer una verdad única. Una sola forma de ver las cosas. LO que descubrimos por medio de la razón (el logos: palabra, razón) es que todas nuestras respuestas son provisionales. que nuestro conocimiento es engañoso, que es necesario ponerse a pensar todos juntos.

 

 

 

EL MITO DE LA CAVERNA

 


Hay un viejo mito[2] que contaba un importante filósofo de Grecia PLATÓN (el de anchas espaldas) que contaba para decirnos qué es el filósofo y que función tenía encomendada en la sociedad. En sus mismas palabras el mito cuenta lo que sigue:

 

 

 

PLATÓN

 

‑Después de eso ‑proseguí‑ compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y mas lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

‑Me lo imagino.

 

PLATÓN: La república o el estado. Libro: VII.

 

 

Para imaginarnos mejor esta situación podríamos hacer un esquema de la caverna:

 

 

 

 


 

Los esclavos están atados y no pueden ver otra realidad que la que les aparece en la pared del fondo de la cueva. No pueden saber nada más. Y toman lo que ven por la verdad. Esto es la apariencia. Uno de los esclavos se libera y asciende por la caverna hasta que consigue llegar al exterior de la misma. Aquí conoce la realidad. Comprende que lo de dentro no son más que sombras de lo de fuera. El mundo exterior representa la REALIDAD y el conocimiento de la misma es la verdad. Mientras que el conocimiento que tienen los esclavos es la apariencia: de lo que no es. El estado en el que se encuentran estos últimos es el de la ignorancia: no saben ni siquiera que no saben. En cambio el esclavo que se ha liberado es el que vamos a llamar FILÓSOFO: éste sabe que no sabe. Su estado es el de la búsqueda del saber.  Filósofo es el que busca la sabiduría. Por tanto es aquel que duda. Que sabe que todo son conjeturas e hipótesis. El que está dispuesto a aprender y dialogar.

 

Hay que tener presente ya desde ahora la distinción entre Realidad y Apariencia. Lo primero es lo que las cosas son. La apariencia lo que las cosas parecen. Vivimos generalmente sumidos en la apariencia creyendo que las cosas son lo que nos parece. Pero éste no es el caso. Por eso decimos que la filosofía es una lucha contra lo obvio, lo aparente. Los esclavos representan a  los ignorantes: aquellos que confunden la realidad con la apariencia. Pero, además, creen que poseen la verdad porque no han tenido la oportunidad de ver otras cosas. Por ello la filosofía es otra forma de ver las cosas, más profundamente. Con una perspectiva más ancha.

 

Así que es necesario, también, distinguir entre IGNORANCIA y SABIDURÍA. La filosofía es la situación intermedia. El ignorante ni siquiera sabe que no sabe, el Sabio es el que sabe que sabe (ha visitado el mundo de fuera de la caverna. En cambio, el filósofo es el que busca el saber. Lo que sucede es que sabio sólo son los dioses.

 

Sócrates 459-399 a.C.

 

De ahí esa famosa frase que dijo el filósofo más representativo de toda la historia de la filosofía: SÓCRATES. Decía, dejando perplejos y contrariados a todos los ciudadanos atenienses (después de una conversación en la que les había derrotado) "Sólo sé que no sé nada". Y es ésta precisamente la actitud básica del filósofo. No podemos buscar el saber si no reconocemos nuestra propia ignorancia. Esto es lo que no hacen los infelices ignorantes. Reconocer la propia ignorancia es ya filosofar.

 

El filósofo busca, como dirá Platón, discípulo de Sócrates, lo que no tiene. Por ello el filósofo es un amante del saber. Se ama siempre lo que no se tiene; cuando uno se da cuente de que está sumergido en la caverna quiere salir de allí y busca lo que no tiene: libertad. Eso es la filosofía: liberarse de las cadenas de la ignorancia. El conocimiento nos libera. Aquel que permanece en la ignorancia: que no se atreve a pensar por sí mismo como dijera KANT (filósofo de la ilustración: XVIII) es esclavo de su propia ignorancia. La filosofía es la posibilidad de aprender a partir de la razón. Filosofar es la posibilidad de alcanzar nuestra mayoría de edad.

 


Generalmente estamos atados a las opiniones más triviales: nos movemos en la ignorancia. Estamos dentro de la caverna. Hay que atreverse, aunque el camino sea dura, a salir de la cueva y respirar el aíre fresco y limpio del exterior. Las cadenas que atan al esclavos son los grilletes de la ignorancia. Y de esos son de los que nos tenemos que desprender. Pero nos creemos muy listos y sabios: sabemos tanto de coches, motos, del Madrid y sus fichajes, de la nueva moda Otoño-Invierno, de fulanito y menganito; que no nos damos cuenta de que olvidamos lo importante: el vivir. Todas nuestras creencias tienen que ser sometidas al análisis de nuestra razón, si queremos liberarnos de las opiniones ajenas y pensar por nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

SITUACIÓN ACTUAL DE LA                                         FILOSOFÍA.                                                          

 

 

Al principio de siglo la situación de la filosofía, como hemos dicho ya, se complicó. En primer lugar la explosión de las ciencias positivas que tenían un objeto y un método de estudio y que prometían un paulatino conocimiento del mundo, relegaban a la filosofía al papel de madre de las ciencias. En segundo lugar,los problemas clásicos de la filosofía: Dios, la verdad, el sentido del mundo, la belleza, el bien, etc) no eran abordables a partir del método experimental de la ciencia que quería someterlo todo a la prueba empírica y diseccionarlo en los laboratorios. Los temas clásicos y tradicionales de la filosofía se escapan a este tratamiento. Esto llevó al anuncio, quizás un poco apresurado como se ha visto posteriormente, de la "muerte de la filosofía". La corriente que lo anunciaba era el llamado positivismo. La figura más representativa del mismo es WITTGENSTEIN. [3] Éste filósofo vienes consideraba que sólo se puede hablar de aquello que se puede verificar (de cuestiones científicas). Los enunciados de los filósofos no se pueden verificar (comprobar o constatar con la experiencia). Por tanto de ello no se puede hablar. Así que concluye su obra más famosa: "Tractatus lógico filosófico" con la siguiente frase: "De lo que no se puede hablar mejor es callarse." Y de lo que no se puede hablar son los temas de la filosofía: el sentido de la vida, el mundo, el bien, etc) En definitiva de lo que realmente nos concierne. Los seguidores de este filósofo en el siglo XX fueron los que defendieron la muerte de la filosofía en el sentido clásico. Redujeron la actividad filosófica al análisis del lenguaje científico.

 

Sin embargo nosotros consideramos que la filosofía no ha muerto. Es más es una evidencia que no ha sido así. Ahora bien, lo que sí es cierto es que existen muchos modos de hacer filosofía; desde los que identifican a la filosofía con un género literario: un modo de escribir como el ensayo; hasta los que la asemejan a la ciencia. Lo que sí es bien cierto es que existe una actividad filosófica que tiene como característica esencial la reflexión. Podemos decir, ya desde el principio, que la filosofía es un discurso de segundo orden. Esto quiere decir que es un discurso que habla de otros discursos.

 

Lo que vamos a hacer en lo que sigue es exponer y analizar nuestra visión de lo que entendemos por filosofía. Y esto servirá como guía para todo el curso. Seguidamente ofreceremos algunas visiones particulares de la labor filosófica que no están en contradicción con la nuestra; sino que, por el contrario, la complementan.


 

 

UNA CONCEPCIÓN RACIONAL Y CRÍTICA DE LA             FILOSOFÍA

 

Como decíamos un poco más arriba consideramos que la filosofía es un discurso que habla de otros discursos. Por ello, la filosofía no hace descubrimientos sobre el mundo natural, como sí lo hacen las ciencias. Esa labor ya no le compete. Pero ello no quiere decir que no le interese lo que hace la ciencia. Al contrario, es absolutamente necesario hoy en día para el filósofo estar al tanto de lo que la ciencia conoce, a nivel de sus fundamentos, sobre el mundo.

 

Consideramos que existen dos labores fundamentales de la filosofía que se manifiestan en la actitud reflexiva y crítica de la misma.

 

1. La filosofía es COSMOLOGÍA. Ello quiere decir que lo que pretende el filósofo es un saber global e integrador de los demás saberes. La pregunta fundamental del filósofo es cosmológica. Qué podemos entender por lo que es el cosmos. Por supuesto, que esta tarea tiene que partir de los resultados de la ciencia; pero va más allá de estos. La filosofía es integradora. Es un saber de reflexión que acontece después de la tarea del científico. Y hoy en día tiene mucho sentido debido a la enorme especialización en la que se halla sumida la ciencia debido a la cantidad enorme de información que se maneja. El saber del filósofo, en este caso, en lugar de ser especializador es "integrador". A partir de los resultados es necesario hacer una síntesis para que podamos entender que es el cosmos y qué significamos nosotros en él. Y de aquí surgirán, también unas consecuencias éticas y morales. Dependiendo de nuestras concepciones de la historia, la cultura, el orden del mundo, la ciencia, etc, así será nuestra actitud en la vida. En definitiva, podemos decir que el saber del filósofo aspira a la totalidad.

 

2. En segundo lugar la filosofía es EPISTEMOLOGÍA; esto es, se ocupa del conocimiento. El segundo problema fundamental de la filosofía es el del conocimiento. ¿Cómo es posible el conocimiento humano?. El conocimiento prototípico es el científico. Entonces el análisis de la ciencia como modo de conocer la realidad, ocupa gran parte del análisis reflexivo y crítico del filósofo. De aquí surgen temas importantes de reflexión como son: la verdad, el progreso del conocimiento científico, la metodología de la ciencia, etc.

 

ALGUNAS POSTURAS INTERESANTES SOBRE LA FILOSOFÍA.

 

 

Vamos a ver algunas posiciones particulares sobre la filosofía que nos pueden ayudar a comprender mejor qué es lo que tenemos entre manos. Para ello vamos a citar algunos textos:

 

 

"La Filosofía responde a la necesidad de formarnos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida y, como consecuencia de esa concepción, un sentimiento que engendre una actitud íntima y hasta una acción." UNAMUNO. "Del sentimiento trágico de la vida”.

 


"Si un filósofo no es un hombre, es todo menos un filósofo, sobre todo, un pedante, un remedo de hombre. El cultivo de una ciencia cualquiera, de la Química, de la Física, de la Geometría, de la Filología, puede ser, y aún esto muy restringidamente y dentro de muy estrechos límites, obra de especialización diferenciada; pero la Filosofía, como la poesía es obra de integración, de conciliación, o no es sino filosofería, erudición pseudofilosófica." UNAMUNO. "Del sentimiento trágico de la vida"

 

 

 

"Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron; en efecto, los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia...Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe...Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el afán de conocimiento y no por utilidad alguna." ARISTÓTELES. Metafísica.

 

 

"Sólo hay una actividad en que el hombre puede ser radical. Se trata de una actividad en que el hombre, quiera o no, no tiene más remedio que ser radical. La filosofía es formalmente radicalismo porque es el esfuerzo para descubrir las raíces de lo demás...La Filosofía es una ocupación que no vive de sus consecuencias; que no se justifica por su logro..." ORTEGA Y GASSET. "La idea de principio...”

 

 

"La doxa es la opinión espontánea y consuetudinaria, más aún, es la opinión "natural". La filosofía se ve obligada a desasirse de ella a ir tras ella o bajo ella en busca de otra opinión, de otra doxa más firme que la espontánea. Es, pues, paradoxa." ORTEGA. "Qué es filosofía.”

 

 

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Sería interesante que ahora comentásemos estos textos y sacásemos la idea fundamental de cada uno de ellos relacionándolos con lo anteriormente explicado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 



[1]No queremos decir con esto que los mitos sean verdaderos; ni mucho menos. No se pueden aplicar las categorías de verdad y falsedad sobre los mitos.

[2]Aquí el término mito no tiene el carácter que hemos apuntado anteriormente; sino el de alegoría. Una historia que funciona a modo de ejemplo para entender algo un poco más abstracto.

[3]Lo veremos en el bloque del conocimiento cuando analicemos la filosofía de la ciencia.



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