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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Heterodoxias.

Es una pena que mi admirado Javier Sanpedro desconozca tan profundamente a Popper. La refutación popperiana no se identifica con la mentira de lo refutado, sino que queda inscrito como una verdad particular dentro de una teoría más general, más verdadera, también refutable en el futuro, que es más rica, que aumenta la capacidad de explicación del mundo y de predicción, en definitiva, una teoría más fecunda. Es la relación entre falsación y progreso científico, que después Popper entendería como falsación y evolución del conocimiento y más tarde como falsación y evolución en general. Ya digo, una lástima. Y el ejemplo del horóscopo es esperpéntico. Lo que Popper dice explícitamente de ello es que el horóscopo es un claro ejemplo de que la ciencia no es verificable o lo verificable, porque todo horóscopo se cumple. Ahora bien, un hecho predecible particular de un horóscopo puede ser o no falsable y no es el caso, por tanto la astrología no es ciencia. Pero sí lo es la física. Y en el caso de la ciencia de Newton, pues lo mismo, Popper se encarga de señalar de todas las formas posibles que el edificio clásico es una verdad científica dentro de la teoría de la relatividad. Estos científicos que desprecian la filosofía de la ciencia sin haber leído una línea de ella son bochornosos. Al final lo que ocurre es que triunfa, como es el caso, o bien, la concepción de la ciencia como verdad absoluta, o bien la teoría posmoderna de los discurso que reduce la ciencia a la mera subjetividad y relativismo de cualquier discurso. Popper fue uno de los mayores defensores del discurso científico como discurso crítico, objetivo y racional que ha habido en el siglo XX.

Al final Einstein tenía razón, los neutrinos no viajan más rápidos que la luz. La luz sigue siendo una constante del universo. De todas formas los medios de comunicación dan una visión endiosada del científico. Toda teoría científica está abocada a su refutación. Las de Einstein también. Nunca nadie supuso que caería el edificio clásico de la física newtoniana y fue el propio Einstein el que lo tiró por tierra. La ciencia es la búsqueda de la verdad y, por el camino, van quedando verdades parciales. Por eso la ciencia es el ejemplo del saber crítico y objetivo, no relativo, ni absoluto. Este es el modelo que deberíamos adoptar para el saber ético y político, ya que éste está cada vez más anclado en el saber científico. A parte de todo ello quedaría el arte y lo místico.



MA RIO VARGAS LLOSA. La civilización del espectáculo. Alfaguara, Madrid, 2012.

 

            Es ésta la última obra del prolífico Vargas Llosa, esta vez un ensayo, ensayo que se dirige al centro de la cultura occidental y al centro de los problemas de las ideas en nuestra civilización. En definitiva una obra, profunda, excelsa y excelente que se pregunta sobre la posibilidad de un fin de la cultura, lo que tiene mucho que ver con un fin de nuestra civilización, y a la que da una respuesta negativa. Hay como una especie de pesimismo y nostalgia en la obra de Vargas llosa. Comparto ese pesimismo y esa nostalgia. En el fondo hay, aunque no aparezca, una crítica a la idea de progreso. Y eso al autor, aunque parece que no es consciente de ello, le debe afectar bastante siendo un liberal indomable que ha excedido en mucho, así pienso yo, las tesis de su maestro Popper o Hayek. Pero, en fin, esto son los problemas que trae el adherirse a creencias que son infundadas como lo es el neoliberalismo y el mito del progreso. No es mi intención aquí hacer un resumen de la obra de Vargas Llosa, lo que recomiendo encarecidamente es su lectura, así como el debate que se ha generado en los medios de comunicación, tremendamente enriquecedor. Sino que lo que yo voy a hacer serán una serie de reflexiones al hilo de las ideas del autor que comparto en gran medida.

 

            No sólo la cultura, la alta cultura a la que se refiere el autor, se ha convertido en un espectáculo, con lo que ha perdido valor y se ha trivializado, sino que es la propia civilización. Pero, curiosamente el mal procede de las ideas que durante tanto tiempo ha defendido Vargas Llosa. Por otro lado, hay que tener en cuenta que todo empieza y todo acaba. La cultura occidental, nuestra civilización tuvo sus orígenes en Grecia, y después de unos siglos de ocultamiento tiene su renacimiento y su culminación en la Ilustración. Pues bien, precisamente esta Ilustración, o más bien, lo que llamo la perversión de la Ilustración, que es cuando ésta endiosa a la razón y la convierte en absoluta e incuestionable, es la causa del propio declive de occidente y de su más alta cultura así como de los productos éticos y políticos que de ella han emergido.

 

            El desarrollo de las democracias liberales, después de la segunda guerra mundial, convertidas en neoliberales, después de la crisis de los setenta nos ha llevado al triunfo del mercado sobre todo lo demás. Y es la ley del mercado la que lo rige todo. Y al triunfar el mercado nos quedamos sin política ni ética. Todo está sujeto a un valor de cambio. Y lo que se ha llamado la cultura o la alta cultura va progresivamente desapareciendo porque carece de valor en el mercado. Pero al neoliberalismo hay que asociarle una ideología, una falsa filosofía que es la que nos permite vivir en este mundo esquizoide y maligno en el que estamos sometidos al triunfo de la tecnobarbarie, me refiero al posmodernismo. El posmdernismo es una filosofía maligna que justifica el mal, como ha ocurrido con muchas otras. Entendemos aquí filosofía como visión del mundo y de las relaciones del hombre con éste y con los demás, sin ninguna pretensión academicista. Pues bien, el posmodernismo niega la existencia de valores objetivos. Confunde lo objetivo con lo absoluto. Es una conquista de la Ilustración y de una sana filosofía acabar con las verdades absolutas, pero confundir lo absoluto con lo objetivo es dar el paso al relativismo, al todo vale, y con él al nihilismo. Y esa ideología es la que le conviene al mercado, porque no exige nada al ciudadano, todo lo contrario, el ciudadano mientras menos saber tenga, mejor, y mientras más se crea que sabe, pues mejor y mientras más crea que vivir en democracia y tener libertad de expresión es poder decir lo que se quiera sobre cualquier cosa independientemente de mi saber, sino porque yo quiero o me interesa, pues mejor para el poder del mercado. Y esto es así, porque de esta manera lo que tendremos serán ciudadanos sumisos, agradecidos y egocéntricos. Por otro lado las sociedades hiperdesarrolladas han producido un nivel tal de consumo que se confunde la naturaleza humana con el propio consumo y el hombre se diluye en él. Confunde felicidad y realización personal con consumo. Mientras que, por otro lado, ese consumo lo vuelve sobre sí mismo, egocéntrico hedonista, y lo hace olvidarse del otro, del que sufre, del que pasa hambre, de los problemas de la humanidad y de nuestro caos civilizatorio. Por eso la cultura, siguiendo a nuestro autor, se ha convertido en un espectáculo, la cultura ya no tiene sentido si no es desde el punto de vista del espectáculo. Y, claro, el nivel de formación de los ciudadanos es mínimo, cada vez menor. Se les forma alienantemente para convertirlos en instrumentos de producción. El objetivo de la formación no es el convertirse en ciudadanos, ni alcanzar la cultura superior,, no conquistar los cimientos de la ciencia, ni conocer la herencia de nuestro pasado que nos ha permitido conquistar la ciencia, la técnica, la filosofía, el derecho, no. Nada de esto. El objetivo de la educación es la adaptabilidad del sujeto a la sociedad en la que vivimos. Es decir, nada de transformación. Ahora bien, con el bagaje educativo que pueden llevar los alumnos poca capacidad de crítica y transformación pueden tener. Son devorados por el sistema. Su ignorancia de lo que son, de dónde vienen y de dónde pueden llegar a ir es supina. Y ya se ha encargado de ello el sistema educativo. Cómo van a poder valorar la cultura. Imposible. La cultura se hace plana, superficial y homogénea, como los grandes almacenes. Triunfa lo fácil, lo que está a la vista. Pero esto es una pescadilla que se muerde la cola, si el sistema de enseñanza produce ciudadanos aborregados interesados en adaptarse al mundo que se les ofrece, por un lado, y si la cultura está fuera de su alcance, porque ni siquiera saben que existe, viven como en un eterno presente paradisíaco semiinconsciente, cómo van a tomar conciencia de que este mundo, esta cultura, esta civilización se va al traste con sus grandes conquistas, sin ocultar sus grandes perversiones, precisamente una de ellas es la que comentamos y en la que, equivocadamente ha participado Vargas Llosa. Nuestro autor ha sido un gran defensor de la libertad, la libertad como el máximo valor, ahí coincido con él, pero resulta que políticamente esa libertad ha ido desapareciendo y se ha convertido en la libertad del mercado, de los especuladores y la sumisión inconsciente de los ciudadanos; además del destrozo del planeta y la hambruna de casi la mitad de la población. Mal camino ha seguido el liberalismo.

 

            Por otro lado, la revolución digital y tecnológica está transformando drásticamente el periodismo y la literatura, así como el ensayo y los tratados, aunque estos menos. Internet, las redes sociales y los blogs sustituyen a los verdaderos talentos y nos dan gato por liebre. Es cierto que la información es infinitamente abundante, pero dispersa, inabarcable y, en gran medida, obsoleta. Por otro lado, todo ello, producirá un cambio en nuestra forma de acceder al conocimiento que, por un lado, nos dará nuevas facultades pero perderemos otras. El progreso es un mito, no creo que la sociedad futura sea mejor gracias a las nuevas tecnologías, sólo puedo decir que será diferente. Y también, que tenemos una gran suerte la generación que nos ha tocado vivir a caballo de las antiguas formas de aprender y acercarse a los libros y a los múltiples usos de Internet, nos podremos quedar con lo mejor de las dos cosas. Pero los que sólo se han formado en las nuevas tecnologías tendrán unos cerebros estrictamente distintos, con amplificación de ciertas capacidades y merma de otras. Lo malo, y es una sospecha, es que todo esto no sea más que un juguete con el que entretener a la ciudadanía haciéndole pensar que es participativa, que está informada, cuando realmente está profundamente engañada.

 

                                   Juan Pedro Viñuela.

Frente a un mundo globalizado, cuya crisis capitalista es una crisis sistémica, nos encontramos con el añadido de la superpoblación. Ésta procede, precisamente, del desarrollo industrial típico del capitalismo. La cuestión es que el crecimiento es limitado. Es más, es necesario el decrecimiento, por un lado y es necesario que todo el mundo coma y tenga vivienda, así como que se respeten los derechos humanos. Pues todo ello no es posible si no iniciamos una senda de decrecimiento basada en un modelo político ecosocialista y en una auténtica república cosmopolita de ciudadanos libres. Éste debe ser el marco para el siglo XXI no el crecimiento. Es imposible el crecimiento ilimitado, luego es imposible el capitalismo tal y como se desarrolla desde el siglo XIX.

Mercedes, se agradece tu comentario. Muchas de tus preguntas son retóricas, yo contestaría que sí. Otras, sobre todo las que tienen un tono personal, pues no contestaría o diría que no. De todas formas como son tantas las preguntas expongo brevemente mi argumentación que está repartida en toda mi obra. Antes de empezar lo que tengo que decir es que mi discurso, aunque parezca anticlerical e incendiario, no lo es, eso son sólo las formas. Digamos que hay que exagerar un poco para que el resto dé el tono justo. Para empezar considero que no debería haber clases de religión en los centros públicos, de ninguna confesión. Sí el estudio del hecho religioso desde sus diferentes dimensiones como un discurso que ha sido determinante en la construcción de la civilización occidental. El anticlerical quiere eliminar a la iglesia o las iglesias. Éste no es el caso del laico o del laicismo, sin el cual no hay democracia. Las distintas confesiones tienen cabida dentro de la libertad de pensamiento, conciencia y religiosa, en un estado de derecho, siempre y cuando estén dentro de los límites del derecho. Por eso la libertad consiste muchas veces en prohibir.

Considero que la enseñanza religiosa ha de ser privada en sus propios centros o iglesias. Ahora bien, las diferentes religiones tienen voz en el debate público en pie de igualdad, no como pensaría el anticlerical, que yo no soy. Por otro lado, para que ese diálogo sea posible la religión tiene que renunciar a una de sus esencias, ser poseedora de la verdad absoluta. Esto es algo, y lo quiero matizar porque mi discurso va más contra la institución que contra los pocos creyentes y menos practicantes, imprescindible. Si en un diálogo en el que la verdad es fruto del consenso, aunque objetiva, porque se basa en la razón, alguien se alza con la voz de la verdad absoluta rompe las reglas del juego democrático y ocupa el espacio de la ciudadanía. Y eso es lo que le ocurre a la institución de la iglesia. Desgraciadamente en los dos últimos papados hemos ido hacia una iglesia dogmática y no hacia una iglesia de praxis ética. Lo que le interesa a la institución es el dogma, esto es claro porque si no empezaría el proceso de autodisolución. El problema es que su praxis y su dogma están en contra de la ética evangélica. Y esto sin entrar en la verdad de los evangelios y del nuevo testamento, como testamento histórico, que esto es otra cosa, no menos importante. En cuanto a los que enseñan religión, pues habrá de todo, yo hice un juicio general porque creo que es el que predomina. Pero es que además, las supuestas verdades de la religión no son más que un conjunto de mitos, diferentes en cada una de las religiones y que existen porque son el mejor mecanismo adaptativo (dentro de la evolución de la cultura) que encontró el Homo sapiens para sobrevivir. De todas formas esto tiene su base neurofisiológica. Ver, p.e. Francisco Rubia, Francisco Mora y Llinás. Aquí encontrarás argumentos empíricos muy interesantes y propuestas de investigación más interesantes todavía. Las creencias son delirios, quizás delirios necesarios (como diría Castilla del Pino), pero delirios. Lo que sucede es que son colectivos y se han ido formando evolutivamente. Las sectas nos pueden ayudar a pensar el cómo se puede llegar a estos delirios colectivos. Pero de lo que yo hablo tiene un fundamento neurofisiológico detrás.

En cuanto a la ética evangélica yo me refiero a dos discursos: el discurso de la montaña (ética social) y la parábola del buen samaritano (ética individual con proyección social) Éstas éticas son fundamento de la ética laica de la ilustración. Pues bien, este discurso es el que ha seguido la teología de la liberación que, por cierto, me he encargado de estudiar un poco, y son el fundamento de una ética cosmopolita, a mi modo de ver. Pero la teología de la liberación está perseguida por la iglesia. Hay un libro de Jon Sobrino, un jesuita teólogo de la liberación que se titula “Fuera de los pobres no hay salvación” Y es un título como respuesta al dogma eclesiástico que dice: “fuera de la iglesia no hay salvación”. Sé que la mayoría de los creyentes está más cerca de esto, por tanto más cerca de mí, que soy un ateo recalcitrante que se ha hecho a sí mismo después de mucha reflexión, lectura y, desgarro, que de la postura oficial de la iglesia. Y, si eso es así, algo anda mal en la iglesia.

Para terminar una sola cosa. A pesar de mi ateismo, considero que uno de los males de nuestro tiempo ha sido la pérdida de espiritualidad que la inmensa de la mayoría encontraba en las religiones tradicionales y que ha sustituido por bagatelas y hedonismo. No todo el mundo es capaz de resistir la intemperie en la que se ve obligado a vivir el ateo (el que está convencido hasta el tuétano de la inexistencia de dios y del sin sentido del mundo) Un saludo y gracias.

“En conclusión, para todos los sofistas las normas morales vigentes son convencionales, pero mientras que para algunos (Protágoras) son producto del acuerdo, pero no antinaturales, para otros (Calicles y Trasímaco) además de convencionales son antinaturales.”

 

            Esto es necesario que sea comentado porque mucho tiene que ver con la actualidad. Para los sofistas las normas morales son convencionales, efectivamente, así es. Son producto del acuerdo. Pero convencional no implica ni arbitraria ni trivial. Hay que distinguir entre la alta sofística y la demagogia. Los sofistas hicieron posible la democracia, porque no creían en verdades absolutas, sino en verdades consensuadas. Las normas morales y políticas proceden del nomos, no del logos. El segundo es universal y necesario, el primero es convencional y fruto del acuerdo. Pero, ni arbitrario, ni subjetivo, en tal caso estamos en la demagogia que no es más que el poder absoluto, la tiranía de la palabra o sofística o retórica. Es decir lo que hoy es la propaganda que nos inunda y nos convence desde nuestra ignorancia. Por su puesto, si las normas proceden del hombre no son naturales, y en eso estamos, no existe el derecho natural, las normas morales no están inscritas por naturaleza en el hombre. Ahora bien, no son antinaturales, porque en el hombre se da la base natural, etológica, de la conducta moral. Y esa base es el altruismo recíproco o egoísmo recíproco, según los gustos o tendencias, pero dicen lo mismo y tienen que ver con la ineludible (necesidad del logos) sociabilidad del hombre. Así pues la verdad ético-política es provisional y objetiva, pero no relativa ni subjetiva.

Y todo esto es muy actual porque lo que al poder le interesa es el relativismo, de esa forma nos quedamos sin verdad. En la actualidad, si no hay verdad y el individuo está preso de su propio placer egoísta-hedonista, pues el poder tiene las manos libres. Y eso es lo que ocurre. Cuando no hay verdad, y me refiero a la verdad consensuada, democrática, provisional, etc, la verdad es la del más fuerte. Por eso desde hace unas décadas vivimos en un fascismo económico del que ahora nos damos cuenta y los que contribuyeron a ello, entre estos la izquierda europea y el PSOE, por su puesto, pues se llevan ahora las manos a la cabeza. En el 73 hubo una doble posibilidad, o neoliberalismo o seguir el consejo del informe del club de Roma sobre Los límites del crecimiento. Se hizo lo primero y ello llevaba aparejada la idea de que existía como un determinismo económico al que se le sumó un pensamiento único a nivel ético y político. Ésta es la teoría de la muerte de las ideologías y el fin de la historia. Las dos cosas constituyeron el final de la democracia que es donde hoy estamos. Pero también estamos en el principio del fin del capitalismo.

La verdad.

 

Vamos a ver. El tema de la verdad es uno de los temas más importantes de la filosofía y de la ciencia. Por eso no se puede abordar a la ligera. Yo sólo voy a hacer un esquema de lo que, desde mi filosofía (visión general del mundo que procede de una generalización del saber científico, en primer lugar y, en segundo, un saber ético político, una praxis, una acción), podemos entender como verdad.

La verdad absoluta forma parte del ámbito de las religiones, fundamentalmente de las religiones monoteístas. Esto no nos interesa aquí, salvo cuando la política, la ciencia o la filosofía se endiosan. El peligro de esta verdad es el dogmatismo que degenera en fanatismo y éste acaba en violencia y exterminio, siempre que tengamos el poder, del que piensa de otra manera, hereje o disidente, que es lo que viene a significar lo primero. Por eso hay que vigilar constantemente que nuestras verdades políticas y filosóficas, también las científicas, no se conviertan en la Verdad. Por eso es necesario siempre un sano escepticismo, una duda perpetua o la docta ignorancia.

Las verdades formales son las de la matemática y la lógica. Éstas si suelen ser verdades necesarias pero, en principio no hablan del mundo, no son empíricas, aunque la matemática es el lenguaje de la ciencia, pero esto es otra cosa. Por tanto aquí si encontramos verdades necesarias, pero incluso aquí tenemos un límite, el teorema de incompletad de Gödel…pero eso lo dejamos.

Luego tenemos las verdades de las ciencias naturales. Estas son verdades altamente probables surgen de la huida del error hacia la verdad, pero ésta, por nuestra propia estructura cognitiva es inaccesible. Lo único que nos es dado saber con certeza es la falsedad de algo. Lo que llamamos verdad en ciencia es lo que es altamente probable que sea verdad, pero puede que un día no lo sea.

Las verdades ético-políticas y prácticas. Éstas dependen de la teoría pero también de la acción, sin la praxis no es posible saber el grado de verosimilitud. Estas verdades no persiguen un conocimiento, parten de él, la naturaleza humana, sino que persiguen una acción. El objetivo de esa acción es: la felicidad, el bien, la virtud, la libertad y la justicia. Estas verdades, además de ser prácticas, están dentro de lo opinable. Todo hombre, por el hecho de serlo es capaz de emitir juicios sobre el bien, el mal, la justicia, la felicidad, etc. es algo común. Ahora bien, aquí hay dos niveles, el de la mera opinión, que es el saber común que todo el mundo tiene sobre estos temas y que procede de sus circunstancias de las que es, en la mayoría de los casos, ignorante, y el saber ético, político y filosófico, que pretende ir más allá de la opinión común. Utiliza dos instrumentos fundamentales: el conocimiento científico de la naturaleza humana y la historia de las ideas. En este caso la opinión es conjetura. Es un saber más universal, más autoconsciente de las circunstancias y más fructífero, pero nunca verdad y menos, Verdad Absoluta; porque si lo consideramos así caemos en los totalitarismos políticos. En resumen, las verdades ético-políticas son teorico-prácticas, no son relativas, sino objetivas porque parten del saber sobre la naturaleza humana, pero no son absolutas y, además, hay que vigilar que nadie las tome como tales. El sistema de organización político que coincide y salvaguarda esta forma de concebir la verdad ético-política es la democracia. La democracia estaría constituida por la comunidad de hablantes que son los ciudadanos, sujetos libres capaces de pensar por sí mismos y llegar a verdades objetivas consensuadas a través del diálogo.

Primero, sobre virtud y libertad. Lo que yo mantengo, muy sintéticamente, es que lo importante en una sociedad democrática es la libertad. Y que la libertad está unida a la virtud y que la virtud tiene dos acepciones, excelencia, por el lado griego y fuerza o valor, por el lado latino. Creo que las democracias deben formar a los ciudadanos en estos dos valores. Lo que hoy en día está ocurriendo es que lo importante, lo valorado es la felicidad, pero no la felicidad auténtica, sino un estado de bienestar adormecido a base de placeres inmediatos y pasajeros que adormecen, por un lado, y nos obligan a buscar satisfacción por otra. Esto nos lleva a olvidarnos del otro. Primero, perdemos nuestra libertad y segundo dejamos de ser fraternos, o solidarios como se dice hoy en día. Desde el punto de vista de la educación considero que los valores de virtud y libertad en el sentido que he señalado antes son imprescindibles para formar una sociedad de ciudadanos, hombres libres y participativos. Y creo, lamentablemente, que la educación no va por ahí, sino por crear individuos adaptables, es decir, que se les priva de la libertad.

Segundo, mi posición con respecto al ecologismo, también sintéticamente, es la siguiente. Creo que hemos vivido, en nuestra tradición occidental, en sociedades antropocéntricas. Esto nos ha acarreados tremendos problemas que se derivan de nuestra propia cultura, de su idiosincrasia: el surgimiento de la ciencia, la técnica, el mito bíblico, la idea (mito de origen bíblico) del progreso, etc. por eso propongo que en la nueva sociedad que tiene que surgir de las ruinas de ésta se pase del antropocentrismo al biocentrismo. Esto es, el centro no es el hombre, sino el medio en el que el hombre vive y en el que su vida es posible. Ello implica una nueva forma de producción no capitalista. Una nueva ética que es la ética de la responsabilidad que implica la responsabilidad no sólo con el cercano, sino con el lejano (el lema de los altermundialistas: actúa localmente y piensa globalmente) y con los no nacidos, las generaciones venideras. Esto es una novedad en la ética y el derecho. Para ello hace falta una ética cosmopolita con visión de futuro y, posteriormente una construcción legal de todo ello, un largo camino ético, jurídico y político. En cuanto a las relaciones hombre-naturaleza, pues no pueden ser de explotación sin conciencia del límite, que son las capitalistas, sino como decía Manuel Sacristán, de cuidado del medio. Decía que debíamos sustituir el paradigma de la producción por el paradigma del cuidado. El capitalismo es unidimensional y nos ha hecho pensar, por eso nos es tan difícil ver fuera de él, que la única forma de realizarse es el consumo que produce el crecimiento, tanto en nuestras propiedades, como del propio capital, de otra manera éste es inviable. Capitalismo es igual a crecimiento económico, lo contrario es crisis y recesión. Pues bien, existen muchas otras dimensiones en la vida que no pasan por el consumo o que están más en armonía con el medio –que en definitiva somos nosotros mismos-. Nos falta una cultura del ocio. Y, encima vamos para atrás, en lugar de que esta idea prospere, lo hace la de mayor jornada laboral, jubilación posterior… Un saludo.

Evidentemente. Cuando hablo de hombre práctico me refiero a que son necesarios los oficios, artes y técnicas para realizar y sostener una sociedad. Pero aquí reside tu cuestión. Si el hombre práctico pone el fin de su vida en lo que hace y no en la propia vida, entonces no puede ser sabio. Sin embargo, si lo que hace es sólo un mero medio para vivir, y vivir es lo importante es y puede ser sabio. El sabio no necesita de mucho saber y dato, al contrario, esto lo convierte en erudito o en hombre de grandes conocimientos. Y esto es otra cosa que ha pasado. Hay tres niveles: la información (mera erudición), el conocimiento (información ordenada conforme a reglas y leyes que nos enseñan cómo es lo que nos rodea, el hombre, la sociedad, la historia; en fin, la ciencia) y la sabiduría que es más fina que esto y más indefinible. Casi que inefable. Puede darse sin los dos pasos anteriores o puede partir del conocimiento más el saber y el talante en la propia vida (esto es, la ética) Éste es el caso, por ejemplo, de Sanpedro. La sabiduría tiene más que ver con la ética que con el conocimiento. El problema es que nuestra sociedad idolatró desde el Renacimiento el conocimiento científico hasta que expulsó a la filosofía, la religión y la ética del ámbito del saber. Esto fue nefasto, porque produjo un reduccionismo en el conocimiento, aunque permitió la ventaja del avance de la ciencia, con sus inconvenientes, claro. El conocimiento se identificó con la ciencia y nos quedamos sin saber práctico, ética y sin sabiduría. A su vez éste conocimiento científico iba ligado a un saber técnico que hizo posible la revolución industrial lo que unido a la idea (mito) del progreso hizo que el empeño humano se vertiese sólo sobre el saber tecnocientífico, que era el productivo, olvidándose del saber que da sentido. Y así se desarrolló el capitalismo cuya última etapa es el capitalismo salvaje en el que el individuo carece totalmente de sentido, su existencia es su consumo y sin éste el pánico le sobrepasa. Por eso, a pesar de parecer los más fuertes de la historia somos los más vulnerables, tanto técnicamente, como antropológicamente. Técnicamente porque nuestra existencia está absolutamente tecnificada, no es concebible sin ella, esto es así porque el hombre es un animal técnico, antropológicamente, porque hemos llegado al nihilismo. Ningún discurso racional y unitario es capaz de dar sentido a nuestra existencia. La sabiduría está escondida en el ruido de esta sociedad de la tecnobarbarie y el tardocapitalismo.

Los sabios son tales porque su verdad permanece verdad en todos los tiempos. Su mirar es a lo esencial y desde la naturaleza humana, sin artificios, ni retórica, ni interés propio. Por eso todo sabio es admirable, porque a través de ellos vislumbramos un poco de la verdad del ser humano y del universo.

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El sabio es contemplador, un solitario. Y una sociedad no puede estar formada de este tipo de personas, necesita mucho más de los hombres prácticos. Lo que no debe nunca es de olvidar a los sabios. Y, lo que ha ocurrido en los tiempos que vivimos, es que a raíz del relativismo, el todo vale, hemos confundido la sabiduría con la opinión y la voz del sabio se confunde entre el ruido ensordecedor de los que gritan sus “verdades” vacías e interesadas.

Javier Sanpedro y Olga Lucas. Cuarteto para un solista. Plaza y Janés, 2011, Barcelona.

 

            Leo tremendamente entusiasmado y absorto el último libro de Sanpedro en colaboración con Olga Lucas, periodista que lo entrevistó en otra ocasión  junto a Valentín Fuster en otro libro memorable por su sabiduría. En este caso se trata de una novela con un trasfondo de ensayo o  un ensayo novelado. Todo trascurre bajo una metáfora, la locura de un viejo profesor jubilado que habla, en sus supuestos delirios, con los cuatro elementos. Éstos le cuentan historias. Y en las historias está la realidad del mundo en el que vivimos y la imposibilidad de seguir así.

 

            Es curioso que Sanpedro acuda a esta metáfora de la locura para anunciar verdades como puños, verdades evidentes que no pueden escapar al sentido común de los mortales. Pero es que la metáfora, a mi modo de ver, se invierte, es el mundo el que está loco. Esto me recuerda al título de otro libro de Billy Brand La locura organizada. Hemos caído en un delirio que nos lleva a nuestro propio fin, al caos civilizatorio que se nos avecina si no ponemos remedio. Y de eso es de lo que le avisan los cuatro elementos. El mundo, la humanidad, nuestros dirigentes están enfermos, deliran si quieren seguir por el camino en el que se han empeñado en seguir, porque, simplemente, eso no es posible por las propias leyes de la física. Hemos tropezado con los límites del planeta. Pero no es sólo el desconocimiento de los límites del crecimiento el delirio civilizatorio, sino la reducción de todo al mercado. Hemos vaciado de moral, política, derecho y valores a la sociedad. Nos hemos quedado sin emociones ni sentimientos. Por eso el delirio del viejo profesor jubilado no es más que un escape a las raíces culturales de la civilización occidental. El viejo loco delirante busca su identidad, como todo aquel que padece un episodio de locura, en sus orígenes culturales. Busca su identidad. Pero, a la vez, la identidad del viejo profesor es la identidad del mundo occidental.

 

            Los cuatro elementos que le hablan son los elementos inventados por los filósofos y físicos griegos por los que pretendían explicar toda la realidad: tierra, aire, agua y fuego. Estos elementos, formulados así, nos mantienen cercanos a la naturaleza, por eso son preferibles a los elementos de la nomenclatura actual que los fragmenta. De lo que se trata, no es, ahora, de buscar la verdad científica, a la que no se renuncia, como tampoco a la técnica, sino que se reclama una racionalización de su uso en consonancia con los sentimientos y no con el mercado. De lo que se trata es de buscar la identidad ético-política. Y eso es lo que hemos perdido desde la instauración del capitalismo para acá y, sobre todo, del capitalismo salvaje o sin bridas. La crisis que padecemos es una crisis final, una crisis que al ser global pone en jaque a todo el planeta. Pero de lo que se trata es de salvar a la humanidad con los valores conseguido, con todo lo positivo que ha adquirido en su historia y salvar a la naturaleza sin la que la humanidad es inviable.

 

            Por ello la cuestión es la recuperación de los ideales antiguos con los cuales nos identificamos en tanto que civilización y confrontarlos con los problemas modernos que se nos han planteado por nuestro propio crecimiento. Hemos de recuperar la relación inmediata con la naturaleza. La naturaleza provee, pero no es ilimitada. Hemos de recuperar el valor de la razón, el diálogo democrático que nos lleva a la igualdad ante la ley y a la igualdad de palabra. Hemos de recuperar los valores romanos que consiguieron hacer de la ética y política griega un sistema judicial, una reglamentación de la polis: el derecho romano. El derecho se nos presenta como lo que vertebra la vida social e institucional en todos sus ámbitos y nos sirve de garantía ante los abusos del poder y de los más fuertes. También tenemos en este recorrido al cristianismo. Algunos han querido hacer de éste la fuente originaria de occidente. Esto es un error, el cristianismo es un injerto en el árbol que comenzó a crecer en Grecia y que ya estaba muy desarrollado en Roma cuando se instaura y llega, previamente, el cristianismo. Es un injerto importante que durante cerca de mil años es la identidad de Europa, y que deja su rastro por doquier. Al cristianismo le debemos una ética que nos lleva a la idea de fraternidad a través del amor al prójimo, el cristianismo nos hizo posible, junto con la reflexión filosófica y el arte, la concepción de la igualdad de todos los hombres. No hay más que recordar aquí las discusiones de fray Bartolomé Las Casas sobre el derecho de los indios en tanto que personas. La Ilustración fue la gran apoteosis de la cultura occidental: el concepto de persona, de ciudadano, la tolerancia, los derechos del hombre y el ciudadano, el nacimiento de la democracia republicana… Todo ello nos lleva a la civilización occidental en su máximo apogeo. Pero ya en la Ilustración está el germen del totalitarismo. Cuando endiosamos a la razón y nos cegamos caemos en los totalitarismos que fueron inflados con los ideales románticos del XIX: el nacionalismo, el comunismo… Todo ello, junto con el endiosamiento de la ciencia, dieron lugar a la barbarie del siglo XX. Hoy precisamente vivimos uno de esos tipos de barbarie, la omnipotencia de la economía considerada como una ciencia que todo lo soluciona y a la que se reduce todos los demás ámbitos del saber. Esta concepción de la economía la ha asumido el poder político y éste ha sido absorbido por esta economía. Si a esto le sumamos que este poder ha producido un tipo de pensamiento antiilustrado, antimoderno, que reniega de la razón y de lo universal, pues nos encontramos con el pensamiento posmoderno que lo inunda todo y mantiene intelectual y sentimentalmente maniatado al ciudadano, rebajando a éste a la categoría de vasallo.

 

            Es necesario redescubrir nuestra identidad en el ideal inacabado de la Ilustración, con el reconocimiento de sus propios límites. Pero hoy en día nos encontramos con un problema nuevo surgido del capitalismo y es el de la relación con la naturaleza. El capitalismo lo reduce todo a mercancías. La cuestión es de valores, por eso la crisis es ético-filosófica. Tenemos que reconciliarnos con la naturaleza, tenemos que saber priorizar y recuperar los viejos valores que un día conquistamos y que fueron absorbidos por los hombres y que fueron un vehículo de emancipación. Hoy en día de nuevo somos esclavos, estamos sumidos en el valor de la mera mercancía el futuro depende de ese cambio de valores. Y yendo más allá del libro el futuro depende del fin del capitalismo, que, para que se sepa, no ha existido siempre, sí las mercancías, pero no la mercantilización de todo, incluyendo las relaciones humanas. Hasta que la izquierda no reconsidere que las relaciones de trabajo no son relaciones mercantiles (mercado laboral)no habremos recuperado los valores de la izquierda.

 

            Al final el médico no considera loco a su paciente. Considera que cuenta cosas interesantes, que los cuatro le dictan historias que incluso podría publicar. Que su delirio no es peligroso. Esto deja un sabor agridulce. El médico recomienda que, para que esté tranquilo y en diálogo con los cuatro, permanezca internado. Se reconoce el valor de las historias, incluso que no hay locura en su delirio, que es un delirio, para el viejo profesor, como diría Castilla del Pino, un error necesario para poder seguir viviendo. Pero toda esta situación nos deja el regusto de que se le está dando la razón como, con perdón, a los tontos, por tanto lo que se está dando es todo por perdido. Por un lado se nos ofrece una tabla de náufrago, pero por otro, se nos dice que quizás no nos lleve a ninguna parte o que no hay parte alguna. En fin, esta es la interpretación del final que a mí se me antoja y que está contaminada de mi pesimismo.

Del fascismo económico al fascismo político.

            He defendido en muchas ocasiones lo que reza el título de este artículo, que el fascismo económico es la antesala del político. Es más, es condición necesaria. Pero también hay que advertir que el fascismo económico, la libertad absoluta del mercado, su poder omnímodo, procede de decisiones políticas. Es decir, que no hemos llegado a este estado de forma determinista, como diría un partidario del determinismo económico de la historia, sino a través de una relación entre decisiones e ideologías políticas y determinaciones económicas. En todo caso lo que sucede es que lo que se ha instaurado a nivel mundial, y que más que nadie sufre hoy Europa, es un fascismo económico. Cuando hablo de fascismo me refiero a totalitarismo, fascismo lo utilizo como metáfora porque todo el mundo sabe lo que significa y conlleva de fanatismo, dogmatismo y violencia, así como de exclusión del hombre. Pues bien, el fascismo económico nos ha llevado a un estado tal en el que la política es innecesaria o está al servicio del mercado, obedece sus órdenes. Los mandatarios de los diversos países insisten en que sus decisiones son exigencias del mercado o del BM o BCE, en fin, que vienen determinadas y no tienen ni libertad, ni margen de acción. De ello se deriva, entonces, que el ciudadano no es más que una marioneta del poder económico, mediatizado por la retórica del poder político, que cada cuatro años vota, para justificar la democracia y, por otro lado, dejar las manos libres al poder económico y al político. Hay que tener en cuenta que el poder político, no sólo es que sea connivente con el económico en su ideología, en este caso neoliberal, sino que tiene intereses particulares, los políticos de altura están y pertenecen a los consejos de administración de las grandes multinacionales. No es ya sólo la partitocracia, que los políticos gobiernen para el interés del partido, que también, sino en su propio interés individual.

            Este es el panorama del fascismo económico que tiene como dogma el capitalismo y éste, el crecimiento. Capitalismo sin crecimiento es imposible de entender, por eso, incluso aquello que llaman desarrollo sostenible es y entra dentro del capitalismo. Y éste es el error del capitalismo, el crecimiento no puede ser ilimitado, esto viola las leyes de la física. Es más, ya se han violado. No es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, como nos dicen los políticos y banquero hipócritas, sino que hemos crecido por encima de los límites del planeta a costa de su desmesurado e irracional enriquecimiento. Y por tanto ya no se puede crecer más, es el fin del capitalismo. Y es a lo que estamos asistiendo. Pero, claro, este fin del capitalismo trae aparejado el fascismo político. Todo aquello que desde los movimientos sociales, obreros, desde el movimiento sindical fuerte, desde la izquierda auténtica y desde el sentido común político habíamos conseguido (derechos sociales y laborales, además de la dignidad de la persona en tanto que tal), lo estamos perdiendo. Es más lo estamos perdiendo desde hace tres décadas, lo que sucede es que desde esta crisis que nos ha llevado a la recesión se ha hecho absolutamente visible, fundamentalmente por la rapidez con la que se están haciendo las cosas. Esto hace que el ciudadano tome conciencia de que se le está arrebatando su dignidad y derechos sociales. De tal manera que, a base de decreto, lo que se está instaurando, en nombre de un modelo económico finiquitado: el capitalismo, es un totalitarismo que establece una desigualdad entre los ciudadanos y una privación de los derechos básicos, ambas cosas en sanidad y educación, que son los ámbitos fundamentales. Estamos asistiendo a un apartheid. Una profunda discriminación y brecha social. La partitocracia oligárquica se ha transformado en una plutocracia. Por otro lado, los derechos de los ciudadanos a las protestas están siendo conculcados, se pretende reducir la democracia al acto del voto y eliminar el diálogo y la protesta en la cale. Es decir, que con ello, lo que se está es eliminando tanto al ciudadano como a la democracia. Estamos ante una pendiente resbaladiza, porque la situación no va a mejorar, hemos trascendido los límites del planeta, el hambre asola a dos quintas partes de la humanidad y ahora enseña su rostro en los países ricos. Mientras, el tardocapitalismo sigue empeñado en la utopía negativa del crecimiento. Éste es el camino para estrellarnos como civilización.

La derecha ha conseguido un enfrentamiento horizontal entre las clases. Al contrario de la teoría marxista, opresores y oprimidos, que es vertical, es lo que Carles Castro en la revista Claves llama “la derecha marxista” Éste es un grave problema porque crea una ideología en la que todos nos enfrentamos con todos, siendo todos, de una manera u otra, oprimidos, y dejamos libres al opresor, al capitalista: el gran capital o el mercado. Es un engaño en el que todos participamos y por eso no existe cohesión social, porque nos enfrentan a los obreros con los funcionarios, a los parados con los que trabajan, a los primeros con los inmigrantes, a las autonomías entre sí y frente al Estado y así sucesivamente. Mientras que no se reconstruya otro discurso ideológico el capital nos ha vencido, máxime si a todo ello añadimos el posmodernismo y su pan y circo que a él va ligado.

 

Muchos monos quedaron en los árboles y otros devinieron por azar, no olvidar nunca, y necesidad en Homo sapiens sapiens. Lo que yo he señalado es la naturaleza humana. No he hecho un juicio de valor. Sólo he dicho que esa naturaleza humana es contradictoria. De ahí la última apostilla de la sociable insociabilidad. O, si quieres, más modernamente y con ese espíritu triunfal de la ciencia el altruismo recíproco, por no llamarlo, como se hizo en un principio, el egoísmo recíproco. Puedes poner una gran lista de grandes cosas que se hacen al salir de la habitación, y poner otra igual de estupideces o, peor, masacres y catástrofes de origen humano. El peso es el mismo. Ya he dicho que depende de la naturaleza humana. De todas formas al final del artículo defiendo una salida de la habitación en pro de la libertad. No hay que tomarse las metáforas tan a pecho. (Te recomiendo un libro que reseñé hace un año en el digital de la Gaceta Independiente de Jorge Riechmann “La habitación de Pascal”, forma parte de una pentalogía de escritos y ensayos sobre la autocontención ecológica) Por un lado el tedio y, por otro, esa curiosidad que nos lleva a llenar el vacío que realmente somos. Y lo que somos es pura biología (que se podría reducir a una física emergente, como lo es la biología hacia la psicología y la cultura) y esa biología está sometida a un imperativo, sobrevivir. Filosóficamente lo llamamos, desde los principios, pero en terminología de mi apreciado Spinoza “conatus”, la pretensión del ser de permanecer en su ser. De modo que, creo que tu error es que has tomado mi artículo como un juicio de valor, que en realidad se desprende y lo dejo al lector, pero mi artículo no es más que una descripción de la naturaleza humana a partir del señor Pascal, que sin salir de su habitación hizo grandes contribuciones a la matemática, sobre todo, y también a la filosofía y la teología. No hay mucho registrado de lo que hiciese fuera de su habitación. Probablemente lo que hacemos todos, entretenernos, “matar” el tiempo, el lenguaje es sabio. Si yo no mato al tiempo éste me ahoga. Además de que me hace tomar conciencia de mi propia finitud; es decir, de ser un ser para la muerte: angustia existencial, no de la otra que tratamos con pastillas. Un saludo y muy buena apreciación.

 

La habitación de Pascal y el espíritu de finura.

            Es conocido de todos, o casi todos, el dicho de Pascal de que todos los males de la sociedad comienzan porque el hombre no es capaz de mantenerse quieto y sólo en su habitación. Lo que nos quiere insinuar el matemático y sabio Pascal, es que el hombre no puede parar, su naturaleza es un quehacer. Pero que en ese quehacer le va, de alguna manera, su perdición. Y, también, que la base de ese quehacer es una curiosidad incansable que quiere saberlo todo y que juega a aprendiz de brujo con todo lo que le rodea, él mismo y el planeta que es su casa. Por eso, en tanto que aprendiz de brujo el hombre se convierte en un peligro para sí mismo. Porque siempre parte de su ignorancia primigenia, pero de su necesidad de descubrir, inventar, hacer. No estarse quieto, en definitiva, como podemos observar cansinamente en un niño pequeño, que no para y del que siempre hay que cuidar porque no ve el peligro por su connatural ignorancia. Esa ignorancia que se despejará con la experiencia. Pues bien, todos los males del hombre proceden de no saber estarse quieto. Deberíamos cultivar más nuestro espíritu de contemplación. Pero es aquí donde relaciono yo el viejo dicho de Pascal, antes comentado, con una gran distinción que forma parte del cuerpo de su filosofía o pensamiento para todo el mundo, no para aburridos académicos. El cercano Pascal nos informa de que hay dos espíritus en el hombre que de alguna manera conviven pero que se contradicen. El espíritu de finura y el espíritu vasto o embrutecedor.

            El primero es el que se corresponde con una inteligencia delicada, preocupada por lo eterno, por los objetos intelectuales de la contemplación. Por el producto del espíritu humano. En definitiva, todo aquello, que el hombre puede hacer sin salir de su habitación y, con ello, sin perjudicar ni a sí mismo, ni a los demás, ni provocar el caos planetario en el que nos encontramos. El segundo es contrario al primero. Es un espíritu digamos más mecánico, embrutecido, vasto. Es un espíritu que no se sacia con la contemplación. Pero, ¿de dónde viene este espíritu? Pues yo creo, y lo añado a las reflexiones pascalianas, que del tedio. Éste, el aburrimiento, es la enfermedad mortal del hombre. El hombre es, por antonomasia, no existe otro, el ser que se aburre. Y el aburrimiento nos enfrenta a nuestra nada y nos impele a salir de nosotros mismos, de nuestra tranquila y apacible habitación. Salimos y buscamos desasosegados el sentido de nuestra existencia, intentamos llenar por medio de todas las actividades imaginables el vacío interior que el tedio, como enfermedad mortal, el nihilismo, nos ha mostrado. Y es esto lo que nos lleva al entretenimiento. Otra distinción pascaliana que llega hasta los existencialistas y que para mí es absolutamente actual en la sociedad en la que vivimos. El espíritu de embrutecimiento, aquel que huye del tedio se dirige al entretenimiento. El entretenimiento es lo único que lo llena, que colma su insaciable vacío. Por eso busca entretenerse, no puede parar un momento, porque mientras que se entretiene no piensa, no es individuo, es masa, es uno con la comunidad, no es sujeto diferenciado, no está enfrentado ni al resto del hombre ni a sí mismo. Entretenimiento, inconciencia, no ser, dejarse ser entre el quehacer con las cosas. Eso es lo que buscamos en nuestra existencia y ese es el motor de la huida de nuestra soledad esencial que es nuestra propia naturaleza y que se nos mostrará a todos en la muerte porque ésa experiencia es única e incomunicable. El espíritu de diversión es el que anima al hombre y el que le lleva al olvido de su ser. Pero reside aquí un problema, la diversión es inconciencia y la inconciencia es el caldo de cultivo que el poder quiere para dominar con docilidad. Estamos condenados a huir de nuestra soledad por medio del entretenimiento, pero también somos seres autoconscientes que pueden permanecer durante cierto tiempo en su habitación sin desencadenar los males de la humanidad. En definitiva, esto es otra forma de expresar la sociable insociabilidad de Kant. No podemos renunciar a nuestra naturaleza, pero con ella tenemos que ser capaces de construir nuestra historia desde la dignidad y la libertad.

El mal es muy profundo y llega de lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.

 

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Efectivamente, Andrés, nunca debemos pensar en una predeterminación. Eso sería una claudicación de nuestra voluntad. Sería dar alas a los poderosos. Conozco el libro que citas y debe andar por mi bliblioteca. Pero a él yo añadiría otro de Martinez Alier “El ecologismo de los pobres” que relaciona el problema ecológico con la pobreza, esto es, con la economía. Es uno de los fundadores de la economía crítica. Por eso el prblema económico no es sólo económico, sino ecosocial. Es decir, total. Sin un cambio del actual paradigma (conjunto de ideas centrales y técnicas que mueven el mundo) no es posible el cambio, sólo habrá parcheado. Saludos para los dos.

 

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Piedad, si se consigue un modelo de energías renovables, que no sería tan eficiente como los recursos fósiles, lo que sí debe quedar claro es que, en una nueva organización de la sociedad esos recursos tenderían a diversificarse. O, dicho de otra manera, democratizarse. Los edificios se autoabastecerían y exportarían a la red general. Pero esto es sólo una parte de la energía. El gasto energético fundamental es el transporte. Pues bien, en una sociedad de política del decrecimiento es necesario la relocalización. Es absurdo la producción de materias y alimentos que luego se trasladan a grandes distancias produciendo un tremendo gasto energético. La política del decrecimiento va hacia la localización de la producción y la globalización de la humanidad, es decir, el derecho y la ética.

 

            Por otro lado, no acepto, de ninguna de las maneras la idea de Punset. Tiene cierta razón en que hay países fracasados. Pero que la crisis no es global ni estructural es falso. Es tener una visión muy corta de las implicaciones que se dan entre sociedad, economía, valores, etc. y un desconocimiento brutal de la historia del capitalismo que comienza, junto con la mundialización, y así nos lo refiere Marx en las primeras páginas del Manifiesto… en el Renacimiento. La crisis es sistémica y su fondo es estrictamente filosófico, es una idea del mundo la que ha caído.

 

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            ¿Necesariamente deviene en corrupción la democracia? Pregunta que nos hacemos desde Pericles. La única solución viable es la de una meritocracia (gobiernos de los mejores, más justos) dentro de una democracia y una legislación ferrea contra la corrupción. Pero, quizás, la tendencia a la corrupción forme parte de la naturaleza humana por ello debemos andar siempre vigilante del gobernante y de nosotros mismos.

 

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Si Punset habla de las consecuencias, pues tienes razón, pero según la cita yo no lo veo así. De todas formas, no se trata ahora sólo de analizar las consecuencias, sino que de lo que se trata es de ver la raíz profunda del problema para aportar soluciones. Y, como venimos diciendo los problemas son de hondo calado, sistémicos. De ahí lo de el cambio de paradigma que se debe producir. Si continuamos con el actual, que es lo que parece que ocurre, como la salida de la crisis de EEUU. y Alemania, creo que más aparente que real, estamos abocados a una agonía lenta. El cambio debe venir desde los siguientes parámetros.

 

Antropocentrismo-biocentrismo

Competitividad-cooperación

Macroeconomía hipermatematizada-microeconmía humanizada.

Desnaturalización de la economía-naturalización de la economía. Ello implica la introducción de la entropía en la economía.

Gobierno del capital-gobernanza política basada en el decrecimiento. El decrecimiento es un hecho que se irá agravando paulatinamente. Hay dos opciones. O cogemos el toro por los cuernos y lo planificamos políticamente o nos arrollará.

Centralización energética, alimentaria-descentralización energética-alimentaria.

Globalización financiera-globalización humana.

 

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Gracias por la cita, Piedad. He leído bastante a Punset. Pero ése entra dentro de la lista de los no leídos y, precisamente, por un giro que se produce en su pensamiento o, mejor, divulgación de pensamientos, que no comparto y considero, además peligroso. Porque para mí las ideas tienen consecuencias. Lo mejor que he leído de Punset es un libro, que es una maravilla, y que no recuerdo exactamente el título, es un conjunto de entrevistas que realiza a los mayores científicos y humanistas, todos con su premio Nóbel sobre el universo y la vida. Pero allí no se trata nuestro tema.

            Perdona, pero el optimismo de Punset es un poco infundado. Su discurso de la empatía, aunque con una base científica sólida, es endeble. Punset, basándose en las ciencias neurológicas, los últimos estudios de la neurofisilogía, ha optado por una pata del ser humano. Me explico, ha hecho hincapié en el aspecto empático, colaborador, altruista…todo lo positivo. Pero en la naturaleza humana se dan ambos aspectos. Es lo de Kant, “la sociable insociabilidad”. Y el caso es que todo ello lo está vertiendo en la educación, los pedagogos están encontrando argumentos más sólidos que los que  tenían y que se han mostrado fracasado en Punset. De tal forma que se está convirtiendo en el líder o gurú de un nuevo modelo educativo que es un popurrí de buenos sentimientos y nuevas tecnologías, un pensamiento salvífico, a mi modo idealizado, excesivamente optimista, que olvida la otra cara de la naturaleza humana y la realidad social. Saludos.

 

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            El progreso está sembrado de cadáveres en la cuneta de su historia. El sistema depredador que hemos creado no tiene límites. Y a esto le llamamos crecimiento. Hemos sobrepasado los límites hace tiempo. Somos testigos del principio del fin. Y no son fábulas, ni cuentos de miedo, ni profecías de brujos. El neoliberalismo es una distopía. No lo apreciamos porque, de momento, hemos caído en la cara buena, es decir, la que vive a costa de la tierra, del resto de la humanidad y de las futuras generaciones.

 

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            La Tierra, en definitiva, nuestra madre, nuestro origen y nuestro final. Esperemos poder descansar en paz sobre ella. De momento le hemos declarado la guerra como un adolescente impertinente, que cree saberlo todo, a sus padres. Si no utilizamos nuestra inteligencia ética y seguimos sólo la lógico-matemática y depredadora la guerra la tenemos perdida, pero nos llevaremos muchas cosas valiosas por delante.

 

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"No hay nada que cambie más la vida de las personas que los libros" Alejandro G. Roemmers
PacoCa Carrillo Gavilán No estoy de acuerdo en absoluto. Son las otras personas, afortunadamente.

 

Sí, pero los libros los escriben las personas, de momento. y, otra cosa, la sentencia es para hacer hincapié en la importancia de los libros. Y, también, por otro lado, cuando yo hablo de libros, no me refiero sólo a los literarios, sino a cualquier texto de la humanidad entre los cuáles están los literarios. Y, más cosas, las personas estrictamente no cambian a las personas, sino que son sus afectos e ideas, que procede de la tradición, fundada en libros (aunque nos sean descnocidos) los que nos pueden hacer cambiar e, incluso, siendo buenas personas nos pueden recomendar un libro que nos puede hacer cambiar. En definitiva, que lo que pretendo mostrar es que libro y persona son inseparables. Si la cultura es nuestra segunda naturaleza y los libros forman parte de ella... Y en los libros está la conversación de la humanidad consigo misma, su autoconciencia, sus anhelos, esperanzas, problemas, frustraciones, sus grandes crueldades, sus mentiras, engaños, sus grandes triunfos, su mediocridad y su excelencia, su empeño, su apatía y desidia, su historia y su intrahistoria. Entrar en esa conversación de la humanidad es autoconocernos, es conocer mejor al otro y, por ello, hacer mejor la relación entre los otros. Cuando no había libros sólo existía la transmisión oral de los valores, afectos y sentimientos. Es decir, todo aquello que nos hace cambiar y construirnos. La escritura no sustituye todo esto, como pensó el viejo mito y el sabio Sócrates, que no escribió nada, decía, precisamente por este motivo. Toda tecnología es una amplificación de la naturaleza humana. Por tanto contraponer libro a persona es absurdo, son complementarios y uno continuador del otro. Y, además, es nuestra segunda naturaleza la que nos humaniza y nos saca del proceso de hominización al de humanización. Un saludo.

 

Y una cosa más que acabo de recordar ahora. ¿Cuál fue el origen del sentimiento de evidencia de los derechos del hombre y del ciudadano en la Ilustración? Pues no ocurrieron de repente, ni por los sesudos análisis de los filósofos de la época. Estos fueron los que realizaron la síntesis de lo que venía de atrás y sus libros y discursos sirvieron de altavoces. La evidencia con la que contaron los derechos del hombre y el ciudadano vino de la mano del arte, fundamentalmente de la novela; que, por otra parte, se extiende por Europa en virtud del invento de la imprenta. La novela y una sociedad cada vez más rica y, por ello, menos analfabeta (emergencia de la burguesía) dio lugar a la lectura de novelas que era posible a su vez por la privacidad. La lectura necesita de la intimidad. Pero, curiosamente, la lectura de estas obras potenciaron la empatía natural del hombre. Este proceso de casi dos siglos hizo posible que los derechos del hombre y del ciudadano, algo nunca pensado, fueran tomados como evidentes. Los intelectuales ilustrados lo que hicieron fue universalizarlos y fundamentarlos. Por supuesto a base de libros. La cultura oral y la libresca conviven hasta la llegada de Internet. Pero éste es ya otro episodio que tiene que ver con algo importante: la empatía natural del hombre, biológicamente heredada y que le permite ser un animal social, ha sido potenciada culturalmente (nuestra segunda naturaleza, una segunda piel). Primero el lenguaje y la tradición oral, después la escritura, más tarde la imprenta y, hasta ahora Internet. Si sigues el rastro de todo esto vamos de una sociedad de clanes a una sociedad globalizada, más o menos a nuestro gusto.

 

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            Detrás de un libro hay una persona y detrás de ella, la humanidad. La cuestión es dónde pone uno el acento en el trato. Hay grandes libros cuyos autores son desaconsejables y grandes hombres que no escribieron nada, ni falta que les hizo. Un libro te cambia la vida en un momento y unas circunstancias determinadas, como una persona. Ahora bien, lo que está claro es que sin personas no se puede vivir, eso pertenece a nuestra primera naturaleza. Los libros, a la que emerge de ésta y se hace indistinguible. Si desaparece el homo sapiens hay una pérdida biológica, como en el caso de cualquier especie. Pero el homo sapiens conlleva esa segunda naturaleza que llamamos cultura: tecnología, ciencia, arte, religión, ética, derecho, política, en fin una autoconciencia del cosmos que es lo que nos singulariza como especie, que también se perdería. No quiero decir con ello que seamos especiales, pero es nuestra singularidad, como cada especie tiene la suya.

 

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Muy agudo. Pero si te paree me permito una reflexión. Pienso en tanto que siento y en tanto que siento pienso. Éste es el principi. Uno de los tremendos errores del descarrilamiento de nuestra civilización procede precisamente de la identificación entre el penar y la razón, con la razón lógico-matemática y científica. Esto fue un reduccionismo que hizo posible el resurgimiento de las ciencias pero las deshumanizó. El ideal humanista se vio cercenado desde el principio. No en vano hubo filósofos posteriores como Hume que pretendieron unir pasión con razón, pero el delito estaba consumado y después, con la Ilustración, se hizo la unión causal ficticia en la que se relacionaba el progreso tecnocientífico con el ético político. Menos mal que allí estaba Rousseau para corregirlo en sus dos discursos inmejorables y la obra kantiana inspirada en el autor francés. Y, a partir de ahí se abren dos caminos, uno el de la razón instrumental y científica que anula al hombre y hace posible los totalitarismos (millones de muertos) y otra nihilista que también genera totalitarismos por su base mítica (los nacionalismos…) Entre medio corre una línea de razón ilustrada con sus propios límites e incardinada en el ser humano. Y a esto último es a lo que yo llamo y defiendo y desarrollo, el proceso inacabado de la Ilustración, el gran proyecto ético de la humanidad, porque la inteligencia ética es la mayor de nuestras inteligencias. Para una profundización sobre esto leer la obra clásica ensayística de E. Sábato. P.D. hoy en día estas cosas se han venido estudiando por las nuevas neurociencias y la psicofisiología que descubren la relación entre inteligencia y sociedad, inteligencia y emoción, inteligencia y empatía… Saludos.

 

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            Pues muy bien dicho. Y no ando yo últimamente muy alejado de esas ideas. Sólo te equivocas conceptualmente en una cosa. No puedes hablar de totalitarismo, eso introduce la violencia en el estado, ya sea arbitrariamente o ideológicamente porque se dirige a un fin idílico: una supuesta utopía. Sin embargo, el autoritarismo no tiene porqué utilizar la violencia. Es más, las leyes son autoritarias y garantizan las libertades. De lo que se trata entonces es de sustituir las actuales pseudodemocracias que hablan de libertad y sólo es para unos pocos por un régimen autoritario que garantice, primero la igualdad ante la ley y la igualdad material, eliminación de la miseria y el hambre, así como la posibilidad de la superviviencia en el planeta. Pero también debe garantizar la libertad de pensamiento y de expresión. Parece que la democracia liberal no funciona. Otra cosa sería la republicana. Ésta última tiene dos diferencias importantes. Uno, es más importante la comunidad que el individuo, por tanto de ella se sigue más el principio de igualdad que el de libertad. Pero es tremendamente exigente con respecto al individuo porque lo que se persigue es la excelencia pública del ciudadano. Dos, todo ciudadano tiene que ser ejemplar y ocuparse de la cosa pública. Esto es, que lo prioritario en sus intereses es el estado o comunidad frente al individuo y en eso consiste su ejemplaridad pública. Y aquí es donde yo digo lo de Kant, aquello del fuste torcido de la humanidad. No sé si se puede alcanzar la excelencia por parte de una gran mayoría, no te digo ni siquiera de todos. Ya te digo que vengo pensando esto últimamente. Y hablando de Kant pues me acuerdo que Kant no defendía la democracia, sino un estado autoritario que permitiera la libertad del uso público de la razón. “Pensad sobre todo lo que queráis pero obedeced”. Y ahí es donde él ve la posibilidad del cambio. Porque el uso crítico de la razón es el que debe cambiar al gobernante y sus leyes, no por elección. Y como te dije esta mañana, y además he leído también esta mañana por ahí en un artículo, la democracia es pasajera. La hubo en Grecia y en Roma, ambas acabaron en imperio. Lo nuestro sería acabar en autoritarismo. Tenemos un modelo mixto ahora mismo en el mundo que es el que mejor funciona pero es brutal y no soluciona el problema ecológico porque está anclado en el paradigma neoliberal del crecimiento económico. Como ya sabes es China. Con ello quiero decir que se pueden dar modelos mixtos no democráticos y altamente eficaces en el desarrollo, pero fallidos por otro lado. Por eso no creo yo que sea muy descabellado pensar lo que tú dices. Lo que ocurre es que nos han adoctrinado y han convertido la democracia en algo sacrosanto, cuando en realidad la toman como un mero nombre. Es decir, dos alternativas: República, comunidad, ejemplaridad pública, libertad e igualdad. O autoritarismo, igualdad y libertad.

 

P.D. Da cosa hablar de autoritarismo, pero si nos paramos a pensar vivimos simplemente en un fascismo económico que condena a media humanidad al hambre y a la otra mitad a la insatisfacción, el vacío espiritual y el egocentrismo hedonista y egoísta. No hay nada que perder y mucho que ganar.

 

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                Yo también estoy perplejo. Pero es pura ideología. El marxismo, como teoría económica o teoría de la historia lo podemos considerar refutado en el sentido que decía Popper. Me explico. Si el marxismo predecía que tras una crisis económica como la del 29 tendría lugar la revolución de los proletarios y tras ésta el estado comunista y con él el fin de la historia, pues resulta que se equivocó. Luego la teoría de Marx es falsa. Pero eso no quiere decir que sea totalmente falsa. Lo mismo ocurrió con Newton y la nueva teoría de Einstein. Todavía seguimos utilizando ampliamente la teoría de Newtn y reservamos la de Einstein para las grandes distancias. Con ello quiero decir que el marxismo tiene explicaciones válidas o que nos sirven para entender la realidad histórica y económica, como son, por ejemplo sus conceptos de ideología y alienación y, por su puesto, su impronta ética: la consecución de la justicia universal por la emancipación de los oprimidos. Pues bien. Marx tiene una frase que yo les cito a mis alumnos al principio de su explicación y hago que poco a poco la vayan desgranando. Y dice así, “No es mi conciencia la que determina mi ser social, sino mi ser social el que determina mi conciencia”. Dicho más fácilmente yo no soy lo que pienso, sino que pienso según lo que soy socialmente, el conjunto de relaciones sociales que me construyen. Pues bien, lo que pensamos es la ideología y ésta es una falsa conciencia, un conocimiento erróneo de un mismo y de la realidad que me rodea. Pero este pensamiento es interesado. Es, a las distintas formas de poder a las que les interesa este estado de falsa conciencia o alienación, así no podemos revelarnos contra lo establecido. Por eso vemos esas contradicciones. El tardocapitalismo es la mejor ideología y religión creada por el hombre; es un inmenso engaño en el que todos (los países ricos) participamos y en el que nos encontrábamos felices y realizados. Pero todo era un velo, y es un velo de Maya. Y está cayendo delante de nuestras narices. Por eso cada vez más personas ven esas contradicciones y caen en el sinsentido y el desencanto. Pero ése es otro enemigo.

 

                                               ***

 

                Miguel, excelente reflexión y bella prosa como siempre. Sé que mi artículo y lo que digo levanta ampollas en los lectores de literatura, sobre todo los de buena literatura, cómo no. Pero lo que sucede es que hay como un mito en torno a la literatura. El primero, que enseña. Yo digo que sí, pero a la sensibilidad. (No hubiese sido posible la formulación de los derechos humanos si a través de la literatura no se hubiese creado el clima de empatía que nos acerca al dolor del otro. Y esto lo hizo la novela. Es una de las hipótesis más actuales sobre porqué consideramos evidentes y naturales los derechos humanos, cuando en realidad son una construcción que es accesible por nuestra capacidad de empatizar (sensibilidad) con el otro. Y otra que la lectura es imprescindible (la mayor parte de mi vida la he pasado leyendo), pues tampoco. ¿Hay más sabiduría en Tolstoi, autor atormentado, que nos ha enseñado y deleitado tanto, que en un hombre normal, honesto y con un buen equilibrio afectivo que no lee y tiene otras aficiones. O con un hombre del paleolítico, algunas tribus quedan en el Amazonas? Tanto la escritura como la lectura son inventos culturales que nos han transformado. Incluso era distinto la escritura que no tenía signos ortográficos al momento en el que se inventa la grafía, cambia hasta el cerebro. O el paso de leer en voz alta a leer para sí mismo. O lo que está ocurriendo hoy en día con la lectura en Internet y especialmente con las redes sociales, cambian realmente las redes neuronales de nuestro cerebro. Nuestros jóvenes, irremediablemente, no pensaran como nosotros. Y hay un aspecto que creo que ha pasado desapercibido porque no he hecho hincapié, pero es el que realmente defiendo, leemos, como hacemos cualquier cosa, por dar un sentido a nuestra existencia mientras aseguramos nuestra pervivencia a través de nuestros genes. La cultura es nuestro entretenimiento, nuestra religión. Bueno, la religión pertenece a la cultura. La cultura es lo contingente, por eso es plural y diversa, la biología necesaria. La cultura es el instrumento que nuestros genes han inventado para poder seguir viviendo. Éste es uno de los aspectos de mi tesis naturalista nihilista y que desarrollé en “Pensamientos contra el poder”. Un saludo y a seguir deleitándose con todo texto que merezca la pena.

 

                                               ***

La crisis de la democracia, de los partidos y de la política procede desde el momento en el que los partidos se transforman en organismos de poder, no en representantes del pueblo. Es entonces cuando pasamos de democracia a partitocracia. Y cuando el sistema capitalista se va inflando pasamos a la partitocracia oligárquica por la evidente connivencia de partidos y capital. De tal manera que los partidos dirigen el Estado (en realidad su existencia es posible, económicamente, por éste), es más engullen al Estado y con él al ciudadano. De ahí que los partidos sean sólo representantes de sí mismos. Y de ahí que se produzcan guerras entre partidos por el poder igual que guerras internas de los partidos por el poder. Lo enmascaran de democracia. Pero es falso, porque no hay ideas. Y donde no hay ideas hay ideología y búsqueda del poder. Por eso esta crisis ha llevado a gritar a algunos que no nos representan, y es cierto, mal que le pese a Savater. Si acaso nos representan, y no es más que por darle una concesión a mi amigo Savater, es por nuestra idiotez en el sentido griego. El idiota es el que sólo se interesa por sí mismo. Los partidos se encargan de entretener al ciudadano produciendo vasallos-tiranos. No somos libres, pero somos tiranos (pensamos en derechos, no en deberes) con los funcionarios públicos: médicos, profesores, por ser los más vilipendiados…En fin, que se ha construido una casta política, como tú sugieres, que debe desaparecer por el bien de lo que queda de política y democracia.

 

                                               ***

 

                La fugacidad. Se ha perdido el sentido del relato, del tiempo, de la pausa, del deleite. La información al instante es nuestra tirana. Tan tirana que si no estamos en el instante creemos no existir. Hay que derrumbar esta ideología porque sin pasado no hay ni biografía ni historia y eso es lo que persigue el ensalzamiento del instante.

 

                                   ***

 

Hay que trascender las siglas. No basta tampoco con decir que no se está de acuerdo, es necesaria la argumentación. La idea del artículo no es ésa exactamente, lo que usted pone es una idea secundaria, algo que se deriva de la idea principal que es que la policía surge como instrumento que utiliza el poder para mantener el poder en nombre de la seguridad. Con respecto a los controladores aéreos puede ser, no estoy informado, que fuese una huelga brutal. De ahí, a sacar al ejército y declarar el estado de excepción es un exceso de poder único, y no porque fuese el PSOE, sino porque era el poder. Y o de los crímenes de estado sólo existe en las dictaduras y eso lo hizo el PSOE, muy bien, pienso yo también lo hubiese podido hacer el PP si hubiese estado el poder y la situación de extrema violencia de ETA hubiese sido la misma. En ambos casos es la misma lectura. Desde hace tiempo defiendo la abstención masiva que llevaría a la disolución de los partidos porque se han convertido sólo en representantes de sí mismos. Han eliminado la democracia y la han transformado en partitocracia. Lo que curre es que tememos el que haremos sin esos partidos. Habría una transformación una refundación republicana representativa del estado en la que existirían partidos con listas abiertas, autosubvencionados y ciudadanos indepedientes (grupos o aislados) y el distrito electoral sería, o bien la comunidad, o bien el distrito único. Éste sería más democrático, pero nos plantearía el problema de las autonomías, eterno problema español con el que debemos convivir. Los partidos, igual que nacieron se desarrollaron, pues tienen que morir en su forma actual, pues carecen de sentido. Son mastodontes orgánicos de poder que engullen a la democracia y al ciudadano. Una democracia republicana es la idea. Y ello consiste en que la soberanía, el poder, este lo más cerca del pueblo que se pueda. Que sea el pueblo. Eso fomentaría la virtud cívica y la ejemplaridad, participar de la cosa pública, la política y eliminar el poder ajen al ciudadano.

 

                                               ***

 

Ese narcisismo imperante que es la base del sujeto posmoderno, de ahí la letra de la canción, es la ideología que tiene idiotizados a la juventud, alienados en lenguaje más filosófico. Engañados, sumisos, domesticados, sin capacidad de empatía, ni de fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración. Ese narcisismo ególatra de sujetos egoístas y hedonistas es el opio de la nueva religión del pueblo (esclavos) o mejor vasallos-tiranos que los adormila en un sueño prepotente cuando en realidad son monigotes de trapo en manos del poder. Y, mientras, el orden establecido por la democracia, por los derechos humanos, por los derechos laborales se derrumba.

 

                                               ***

¿Son posibles los cantautores hoy en día? La dictadura está diluida y no es identificable. Ya no hay a qué agarrarse, el tardocapitalismo aunado con el posmodernismo ha vaciado todo relato de sentido, ha eliminado el sentido que está en el tiempo, porque se ha tragado el tiempo y lo ha reducido a un instante efímero. Hoy el hombre es un vasallo-tirano, inconsciente, sumiso, caprichoso y domesticado. Mal mimbre éste para los contestatarios. Hoy poseemos la libertad material, una pequeña libertad material y una tremenda esclavitud espiritual e intelectual. No es tiempo ni para la lírica, ni para la épica. Todo se diluye en un clic de ordenador. El presente se hace eterno y vacío. Nirvana budista pero sin espiritualidad. Han conseguido transformar la conciencia en una máquina inconsciente que pretende existir a base de estar informado de lo que nunca cambia, la condición humana. Han creado el espejismo del cambio para mantenernos ocupados y la tecnología que sirve de vehículo de esa ocupación. La liberación de la tecnología se ha convertido, paradójicamente en nuestra tirana. Soy filósofo y no profeta, pero esto parece el principio del fin. Se han creado las condiciones, pero a lo grande, de la posibilidad del gran exterminio, como ocurriera en la Alemania nazi, los judíos dejaron de ser personas y eso fue lo que hizo posible su exterminio y la connivencia pasiva de la población. Hoy hablamos a nivel mundial. Siguiendo la teoría de los colapsos civilizatorios de Desmond, éste, al ser global puede ser definitivo.

 

                                               ***

 

                Para mí no creo que sea muy importante, sí para toda la industria del periódico y del libro, el formato en el que vayamos a seguir leyendo. Pero lo que sucede es que éste nuevo formato dará lugar a la disolución del libro como tal. Cualquiera puede escribir y publicar en la red. Si a esto le añadimos que la lectura en la red es superficial y no lineal, entonces, lo que se nos avecina es una nueva mentalidad en la que, entre otras cosas, lo histórico carece de sentido, lo único válido es el instante, que a su vez, es absolutamente efímero. Me reitero en que, a pesar de los avances tecnológicos, la seducción de las nuevas tecnologías, que están hechas para eso, para seducir –nuevo opio del pueblo- la estética del mundo contemporáneo es fea, vacía, efímera, superficial y subyugante, nos esclaviza.

 

                                               ***

La historia debería ser maestra moral y política. Pero vivimos en la posmodernidad. Más allá de la historia. Lo que interesa es la competitividad y la producción. Y, si no, vean los planes de estudio y el plan Bolonia. El triunfo del mercado es absoluto y los genocidios del siglo XX no son nada para los que se están cometiendo en nombre del progreso y el crecimiento.

 

                                               ***

 

La cuestión sí es filosófica y se basa en la creencia en el mito del progreso. Es más, en la necesidad del autoengaño. Creer en el progreso y la salvación. Es la nueva religión que resurge con fuerza en la Ilustración, pero que en su mismo seno tuvo su crítica. Rousseau nos avisaba de que el progreso tecncientífco no es necesariamente progreso humano. Es más, puede desencadenar la inmoralidad. Por tanto, el progreso debe ir dirigido ético-políticamente. El progreso es contingente, como diría Kant, no necesario, como dicen los tecnófilos, partidarios de un principio pseudofilosófico que es el imperativo tecnológico. Hay que recuperar la tradición crítica de la Ilustración, un proyecto ético y político inacabado. La discusión es compleja y de lo que hagamos depende el futuro de la humanidad. Pero este posmodernismo que nos inunda la plantea como un espectáculo simplón. El hombre no da para más, ni la educación que tenemos para adentrarse en demasiadas complejidades. Las mentes se han vuelto planas.

 

                                               ***

Pues son majaderías. De momento todo se reduce a un discurso religioso redentor, como todos los discursos. Lo que ocurre es que éste se rodea del halo de la verdad científica. No obstante, no descarto, y creo que será así, que el futuro del Homo sapiens sapiens está contado y que se ha iniciado una tecnoevolución que se superpone a la evolución natural y eso dará lugar a los cyborgs de los cuáles ya se anuncian algunos, como cualquier ser humano que tenga una prótesis interna que le permita seguir una vida normal. De ahí a la aplicación de la IA al cerebro sólo será cuestión de décadas, eso si sobrevivimos. Quizás este nuevo ser de un futuro a medio plazo sea superior moralmente a nosotros, o carezca totalmente de moral. Desde luego no seré yo el que defienda al hombre. Soy partidario de las tesis de la historia de Walter Benjamín y considero que la historia, y su mito del progreso, han dejado las cunetas llena de escombros, los cadáveres de la humanidad en nombre del progreso y el paraíso.

 

                                                               ***

 

Pensar es pensar siempre contra el poder, contra lo establecido, contra lo obvio, contra lo que parece evidente. El pensar es una tarea de liberación del del status quo. Del pensamiento dominante que adormila nuestras conciencias y nos esclaviza sin ser conscientes de ello. El poder atenaza, nos uniformiza, nos hace débiles y nos hincha de prebendas, nos aterroriza para paralizarnos y que no actuemos. Elimina las alternativas. Nos presenta un mundo plano, sin color, ni posibilidades, ni cambios ni alternativas. Pensar es romper contra todo ello. Pensar es crear, producir alternativas. Pensar que otra vida, otro mundo, otra historia es posible. Pensar es levantar la cabeza de entre el rebaño y decir ¡No!

 

                                   ***

 

            Es la estructura de la iglesia la que ha mandado a callar a esos que hacen una labor humanista cristiana y revolucionaria. Por esos son desconocidos. Y porque si se siguiese su práctica nos quedamos sin iglesia. La iglesia tiene que optar o bien por el dogma o bien por la ética de la justicia universal. No tiene alternativa. Y la iglesia, desde que se establece como religión del imperio romano del que hereda sus estructuras jerárquicas aún vigentes, elige el dogma. De ahí que ese sea el momento del inicio de la persecución del hereje, que significa en griego disidente, es decir, el que piensa de otra manera. Por eso al cristiano de a pie, se le produce una tremenda esquizofrenia, creen en el mensaje evangélico, pero no se ven reflejados en la doctrina oficial de la iglesia ni en su práctica. Y estos dos últimos papas han retrocedido más de cien años con respecto al innovador y aperturista Concilio Vaticano II que es el que inauguró la doctrina social de la iglesia de la cual emergen todas esas nuevas teologías, como la teología de la liberación, que anteponen la ética al dogma. Por eso su insignia es “Fuera de los pobres no hay salvación”, sin embargo el lema de la iglesia es “Fuera de la iglesia no hay salvación.”

            Efectivamente, en el pecado va la penitencia, y el infierno está en uno mismo y en el otro en el que te reflejas y te conoces. Por eso, mantengo desde hace tiempo, que los textos sagrados no son más que una gran metáfora para conocerse a sí mismo y alcanzar, la bondad, la justicia y, con ello, la sabiduría.

            Curiosamente este curso me he dedicado accidentalmente al estudio de la ética cristiana en su versión misionera. Es decir, como mensaje de justicia social y universal, por un lado y en diálogo con el resto de las grandes religiones del mundo, por otro. Lo que ando buscando son los rasgos éticos que hay en común en la humanidad y que se han manifestado de muchas formas. Todo ello con la intención de dotar de contenido empírico el ideal ilustrado y Kantiano del cosmopolitismo. El ideal kantiano es formal, hay que darle contenido, pero, a su vez, ese contenido no puede ser dogmático, tiene que ser el fruto del diálogo entre religiones, que, por cierto, el actual Papa, ha cerrado estableciendo la verdad universal del catolicismo (dogmatismo y fanatismo) es decir que el hombre vive la realidad desde una visión religiosa, política e ideológica que son diferentes, pero que tienen puntos en común universales. Es éste uno de los sustratos de la globalización que hay que buscar para volver a dar sentido al hombre, en tanto que humanidad y en tanto que particularidad. Para mi, por supuesto un sentido siempre provisional.

 

 

                                   ***

 

Una pura accidentalidad en la historia de la vida esa es la historia de la humanidad.. El más mínimo cambio daría al traste con mi existencia. Una accidentalidad en la historia del planeta tierra; un mínimo cambio sería nefasto para la posibilidad de la vida. Una probabilidad cuántica del universo. O hubiese sido otra y tendríamos otro universo. ¿Cómo nos atrevernos a considerarnos tan importantes? Este conocimiento nos lleva al abismo. Es una vía de acceso al nirvana. Dos caminos que confluyen, la ciencia y la religión. Todo es apariencia, velo de Maya, el yo, la conciencia, una construcción del cerebro, pura bioquímica regida por el fondo cántico del azar y la necesidad.

 

                                   ***

La insociable sociabilidad que decía Kant, o el altruismo/egoísmo recíproco que dicen los etólogos de hoy en día. Es decir, que somos seres sociales por necesidad, no por bondad originaria. Ese altruismo es inconsciente y sin él no podríamos sobrevivir. Por eso las religiones –que emanan de la naturaleza biológica- nos han enseñado, la compasión (el budismo), la caridad, el cristianismo… Lo que está por ver es si vencerá la empatía o el odio. Nos hayamos en un momento crítico.

                                   ***

 

            Totalmente de acuerdo con lo que dices. Sólo hago una matización, la lucha ha de hacerse desde dentro de los partidos políticos, los sindicatos, las ONGs, pero todos ellos transformados y eso lo deben exigir, desde dentro los militantes y, desde fuera, los ciudadanos, que no se sienten representados. De lo contrario, se acabó la política y los partidos, como los sindicatos, no serán más que títeres en manos del capital y una farsa ante la ciudadanía inconsciente, que los propios medios de comunicación han creado a conveniencia del poder. Y la situación actual es muy cercana a ésta. ¿Qué interés tienen los partidos mayoritarios en no reformar la ley de partidos y electoral? Pues que no les conviene e intentan convencernos de que el bipartidismo garantiza la gobernabilidad. Eso es un mito que se ha instaurado en la inmensa mayoría de la población y lo que ha hecho es mermar o eliminar la pluralidad. Luego está lo de los nacionalismos, pero éste es un problema eterno con el que tenemos que convivir. Para salir de él o paliarlo en asuntos electorales y garantizar un voto proporcional más justo yo propongo o el estado federal o distrito único. Eso último no sería aceptado por los nacionalismos, pero nosotros hemos aceptado, engañados por los dos partidos mayoritarios, que seamos gobernados, en la sombra por el PNV y CIU. Eso es grave. Los partidos y sindicatos también deben transformarse, una nueva ley que elimine la financiación pública de esto es absolutamente necesaria. Eso nos acercaría al ideal republicano porque el ciudadano se vería obligado a participar en política para defender sus intereses que vendrían vertebrados por un partido, pero este partido se sostendría por la militancia y donaciones privadas absolutamente vigiladas por la hacienda pública, con sus límites, normas y reglamentos que eviten la corrupción y la connivencia entre el capital y el partido. Juan los partidos comenzaron a existir en un momento, siglo XIX y se han transformado mucho desde entonces. Hoy toca una transformación profunda. No se puede mantener que son la única forma de acción porque eso es limitar la acción. Nuestra imperfecta, incompleta y contradictoria constitución avala otras formas de participación política, como asociaciones de ciudadanos, ciudadanos independientes. Estas dos últimas cosas no prosperan, no por poco eficaces, sino porque los partidos políticos mayoritarios han secuestrado el poder político. Aún recuerdo una frase de Ibarra cuando Rosa Díez anunció que iba a formar un partido. Dijo, no sabe esta señora lo que cuesta (dinero, se refería, claro) un partido para que tenga una rentabilidad política. Esto lo dice todo. Y, por último, el congreso del PSOE parecía que iba a introducir cierto movimiento, pues no. Todo ha quedado igual. No se han planteado las cuestiones de fondo de la democracia, ni de la democracia de partido. Luchar desde estos partidos que son mastodontes o dinosaurios del pasado, sin capacidad de innovación, incluido IU (que tiene problemas añadidos, además) es dar la batalla por perdida. Las bases de los partidos y la ciudadanía tienen que hacer cambiar a los partidos, si no se produce ese cambio vamos al fin de la política. Si te das cuenta no te hablo del fin de la democracia, porque éste, de momento, está consumado. Vivimos en un estado autoritario y en un mundo globalizado también autoritario en el que existe una ideología fascista, sin miedo a pronunciar este nombre. Y es esa ideología fascista la que se está colando en los estados-nación, a través de lo que queda de política: los partidos políticos. Por eso urge su transformación, desde dentro, pero no veo atisbos de ello, al menos yo. Y te he puesto como ejemplo el último congreso del PSOE. Vivimos unas circunstancias parecidas a las previas a la segunda guerra mundial. El mayor problema y el que hizo posible esa guerra fue la falta de conciencia ciudadana que permitió, por un lado que la democracia fuese secuestrada por los totalitarios Hitler y Mussulini, y dos, porque las otras democracias permanecieron pasivas ante esos movimientos, empezando por la guerra civil española. La cuestión es que el problema hoy es mayor. Por un lado la conciencia ciudadana ha sido casi aniquilada por las nuevas tecnologías de la desinformación y control de masas y, lo peor, el problema es global. Es el problema ecosocial. No nos enfrentamos al fin de una civilización concreta. Sino a la posibilidad, a la larga, eso sí, con una larga agonía, del fin de la civilización (no aniquilación), porque ahora es la primera vez en la historia que tenemos una civilización global y un único planeta. Los escenarios de este largo fin son múltiples. División del mundo en bloques, guerras por el agua y los alimentos, guerras por la energía. Y todo esto, si te fijas ha empezado ya. Sólo hay que fijarse en los movimientos de los países emergentes, lo que ocurre en Latinoamérica, las inversiones en África, Oriente medio y su control del petróleo con peligro nuclear, lo peor, añadido, el declive de Europa y de EEUU. La crisis de Europa no es sólo la crisis económica es el fin de la civilización occidental, con sus grandes logros y fracasos, pero sus logros son importantes, la conquista de la política, la libertad, el concepto de persona y de dignidad, la democracia, los derechos humanos, el estado de bienestar…

 

Una pura accidentalidad en la historia de la vida esa es la historia de la humanidad.. El más mínimo cambio daría al traste con mi existencia. Una accidentalidad en la historia del planeta tierra; un mínimo cambio sería nefasto para la posibilidad de la vida. Una probabilidad cuántica del universo. O hubiese sido otra y tendríamos otro universo. ¿Cómo nos atrevernos a considerarnos tan importantes? Este conocimiento nos lleva al abismo. Es una vía de acceso al nirvana. Dos caminos que confluyen, la ciencia y la religión. Todo es apariencia, velo de Maya, el yo, la conciencia, una construcción del cerebro, pura bioquímica regida por el fondo cántico del azar y la necesidad.

 

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La insociable sociabilidad que decía Kant, o el altruismo/egoísmo recíproco que dicen los etólogos de hoy en día. Es decir, que somos seres sociales por necesidad, no por bondad originaria. Ese altruismo es inconsciente y sin él no podríamos sobrevivir. Por eso las religiones –que emanan de la naturaleza biológica- nos han enseñado, la compasión (el budismo), la caridad, el cristianismo… Lo que está por ver es si vencerá la empatía o el odio. Nos hayamos en un momento crítico.

 

Es la estructura de la iglesia la que ha mandado a callar a esos que hacen una labor humanista cristiana y revolucionaria. Por esos son desconocidos. Y porque si se siguiese su práctica nos quedamos sin iglesia. La iglesia tiene que optar o bien por el dogma o bien por la ética de la justicia universal. No tiene alternativa. Y la iglesia, desde que se establece como religión del imperio romano del que hereda sus estructuras jerárquicas aún vigentes, elige el dogma. De ahí que ese sea el momento del inicio de la persecución del hereje, que significa en griego disidente, es decir, el que piensa de otra manera. Por eso al cristiano de a pie, se le produce una tremenda esquizofrenia, creen en el mensaje evangélico, pero no se ven reflejados en la doctrina oficial de la iglesia ni en su práctica. Y estos dos últimos papas han retrocedido más de cien años con respecto al innovador y aperturista Concilio Vaticano II que es el que inauguró la doctrina social de la iglesia de la cual emergen todas esas nuevas teologías, como la teología de la liberación, que anteponen la ética al dogma. Por eso su insignia es “Fuera de los pobres no hay salvación”, sin embargo el lema de la iglesia es “Fuera de la iglesia no hay salvación.”

            Efectivamente, en el pecado va la penitencia, y el infierno está en uno mismo y en el otro en el que te reflejas y te conoces. Por eso, mantengo desde hace tiempo, que los textos sagrados no son más que una gran metáfora para conocerse a sí mismo y alcanzar, la bondad, la justicia y, con ello, la sabiduría.

            Curiosamente este curso me he dedicado accidentalmente al estudio de la ética cristiana en su versión misionera. Es decir, como mensaje de justicia social y universal, por un lado y en diálogo con el resto de las grandes religiones del mundo, por otro. Lo que ando buscando son los rasgos éticos que hay en común en la humanidad y que se han manifestado de muchas formas. Todo ello con la intención de dotar de contenido empírico el ideal ilustrado y Kantiano del cosmopolitismo. El ideal kantiano es formal, hay que darle contenido, pero, a su vez, ese contenido no puede ser dogmático, tiene que ser el fruto del diálogo entre religiones, que, por cierto, el actual Papa, ha cerrado estableciendo la verdad universal del catolicismo (dogmatismo y fanatismo) es decir que el hombre vive la realidad desde una visión religiosa, política e ideológica que son diferentes, pero que tienen puntos en común universales. Es éste uno de los sustratos de la globalización que hay que buscar para volver a dar sentido al hombre, en tanto que humanidad y en tanto que particularidad. Para mi, por supuesto un sentido siempre provisional.

La cuestión sí es filosófica y se basa en la creencia en el mito del progreso. Es más, en la necesidad del autoengaño. Creer en el progreso y la salvación. Es la nueva religión que resurge con fuerza en la Ilustración, pero que en su mismo seno tuvo su crítica. Rousseau nos avisaba de que el progreso tecncientífco no es necesariamente progreso humano. Es más, puede desencadenar la inmoralidad. Por tanto, el progreso debe ir dirigido ético-políticamente. El progreso es contingente, como diría Kant, no necesario, como dicen los tecnófilos, partidarios de un principio pseudofilosófico que es el imperativo tecnológico. Hay que recuperar la tradición crítica de la Ilustración, un proyecto ético y político inacabado. La discusión es compleja y de lo que hagamos depende el futuro de la humanidad. Pero este posmodernismo que nos inunda la plantea como un espectáculo simplón. El hombre no da para más, ni la educación que tenemos para adentrarse en demasiadas complejidades. Las mentes se han vuelto planas.

 

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Pues son majaderías. De momento todo se reduce a un discurso religioso redentor, como todos los discursos. Lo que ocurre es que éste se rodea del halo de la verdad científica. No obstante, no descarto, y creo que será así, que el futuro del Homo sapiens sapiens está contado y que se ha iniciado una tecnoevolución que se superpone a la evolución natural y eso dará lugar a los cyborgs de los cuáles ya se anuncian algunos, como cualquier ser humano que tenga una prótesis interna que le permita seguir una vida normal. De ahí a la aplicación de la IA al cerebro sólo será cuestión de décadas, eso si sobrevivimos. Quizás este nuevo ser de un futuro a medio plazo sea superior moralmente a nosotros, o carezca totalmente de moral. Desde luego no seré yo el que defienda al hombre. Soy partidario de las tesis de la historia de Walter Benjamín y considero que la historia, y su mito del progreso, han dejado las cunetas llena de escombros, los cadáveres de la humanidad en nombre del progreso y el paraíso.

 

 

La historia debería ser maestra moral y política. Pero vivimos en la posmodernidad. Más allá de la historia. Lo que interesa es la competitividad y la producción. Y, si no, vean los planes de estudio y el plan Bolonia. El triunfo del mercado es absoluto y los genocidios del siglo XX no son nada para los que se están cometiendo en nombre del progreso y el crecimiento.

Para mí no creo que sea muy importante, sí para toda la industria del periódico y del libro, el formato en el que vayamos a seguir leyendo. Pero lo que sucede es que éste nuevo formato dará lugar a la disolución del libro como tal. Cualquiera puede escribir y publicar en la red. Si a esto le añadimos que la lectura en la red es superficial y no lineal, entonces, lo que se nos avecina es una nueva mentalidad en la que, entre otras cosas, lo histórico carece de sentido, lo único válido es el instante, que a su vez, es absolutamente efímero. Me reitero en que, a pesar de los avances tecnológicos, la seducción de las nuevas tecnologías, que están hechas para eso, para seducir –nuevo opio del pueblo- la estética del mundo contemporáneo es fea, vacía, efímera, superficial y subyugante, nos esclaviza.

¿Son posibles los cantautores hoy en día? La dictadura está diluida y no es identificable. Ya no hay a qué agarrarse, el tardocapitalismo aunado con el posmodernismo ha vaciado todo relato de sentido, ha eliminado el sentido que está en el tiempo, porque se ha tragado el tiempo y lo ha reducido a un instante efímero. Hoy el hombre es un vasallo-tirano, inconsciente, sumiso, caprichoso y domesticado. Mal mimbre éste para los contestatarios. Hoy poseemos la libertad material, una pequeña libertad material y una tremenda esclavitud espiritual e intelectual. No es tiempo ni para la lírica, ni para la épica. Todo se diluye en un clic de ordenador. El presente se hace eterno y vacío. Nirvana budista pero sin espiritualidad. Han conseguido transformar la conciencia en una máquina inconsciente que pretende existir a base de estar informado de lo que nunca cambia, la condición humana. Han creado el espejismo del cambio para mantenernos ocupados y la tecnología que sirve de vehículo de esa ocupación. La liberación de la tecnología se ha convertido, paradójicamente en nuestra tirana. Soy filósofo y no profeta, pero esto parece el principio del fin. Se han creado las condiciones, pero a lo grande, de la posibilidad del gran exterminio, como ocurriera en la Alemania nazi, los judíos dejaron de ser personas y eso fue lo que hizo posible su exterminio y la connivencia pasiva de la población. Hoy hablamos a nivel mundial. Siguiendo la teoría de los colapsos civilizatorios de Desmond, éste, al ser global puede ser definitivo.

La fugacidad. Se ha perdido el sentido del relato, del tiempo, de la pausa, del deleite. La información al instante es nuestra tirana. Tan tirana que si no estamos en el instante creemos no existir. Hay que derrumbar esta ideología porque sin pasado no hay ni biografía ni historia y eso es lo que persigue el ensalzamiento del instante.

 

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Hay que trascender las siglas. No basta tampoco con decir que no se está de acuerdo, es necesaria la argumentación. La idea del artículo no es ésa exactamente, lo que usted pone es una idea secundaria, algo que se deriva de la idea principal que es que la policía surge como instrumento que utiliza el poder para mantener el poder en nombre de la seguridad. Con respecto a los controladores aéreos puede ser, no estoy informado, que fuese una huelga brutal. De ahí, a sacar al ejército y declarar el estado de excepción es un exceso de poder único, y no porque fuese el PSOE, sino porque era el poder. Y o de los crímenes de estado sólo existe en las dictaduras y eso lo hizo el PSOE, muy bien, pienso yo también lo hubiese podido hacer el PP si hubiese estado el poder y la situación de extrema violencia de ETA hubiese sido la misma. En ambos casos es la misma lectura. Desde hace tiempo defiendo la abstención masiva que llevaría a la disolución de los partidos porque se han convertido sólo en representantes de sí mismos. Han eliminado la democracia y la han transformado en partitocracia. Lo que curre es que tememos el que haremos sin esos partidos. Habría una transformación una refundación republicana representativa del estado en la que existirían partidos con listas abiertas, autosubvencionados y ciudadanos indepedientes (grupos o aislados) y el distrito electoral sería, o bien la comunidad, o bien el distrito único. Éste sería más democrático, pero nos plantearía el problema de las autonomías, eterno problema español con el que debemos convivir. Los partidos, igual que nacieron se desarrollaron, pues tienen que morir en su forma actual, pues carecen de sentido. Son mastodontes orgánicos de poder que engullen a la democracia y al ciudadano. Una democracia republicana es la idea. Y ello consiste en que la soberanía, el poder, este lo más cerca del pueblo que se pueda. Que sea el pueblo. Eso fomentaría la virtud cívica y la ejemplaridad, participar de la cosa pública, la política y eliminar el poder ajen al ciudadano.

 

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Ese narcisismo imperante que es la base del sujeto posmoderno, de ahí la letra de la canción, es la ideología que tiene idiotizados a la juventud, alienados en lenguaje más filosófico. Engañados, sumisos, domesticados, sin capacidad de empatía, ni de fraternidad, la gran olvidada de la Ilustración. Ese narcisismo ególatra de sujetos egoístas y hedonistas es el opio de la nueva religión del pueblo (esclavos) o mejor vasallos-tiranos que los adormila en un sueño prepotente cuando en realidad son monigotes de trapo en manos del poder. Y, mientras, el orden establecido por la democracia, por los derechos humanos, por los derechos laborales se derrumba.

 

Por qué cada vez leo menos literatura.

 

            Ayer, en el campo, durante la sobremesa, entre sol y sombra salió el tema de los libros. Es decir de los libros que cada uno estaba leyendo, de los que últimamente había leído y lo que les habían parecido. Por su puesto, todos ellos de literatura, contemporáneos fundamentalmente y buena literatura, dentro de lo que cabe, alguna muy buena. El caso es que yo permanecí callado. En realidad, porque no tenía nada que decir por una razón muy sencilla, no había leído esos libros, algunos de ellos ni los conocía. He sido un lector voraz de literatura, hubo un tiempo en que mi biblioteca se reaprtía equitativamente entre la literatura y la filosofía. Pero, sin darme cuenta, he dejado de leer literatura, escasos libros al año que se pueden contar con los dedos de una mano, comparado con las decenas de tratados, ensayos, biografías… Ha sido este un tema que me ha preocupado, o, más bien, me ha hecho pensar. La verdad es que lo que me sucede es que la literatura, así, dicho claramente, me aburre, no me llega, no es suficiente alimento para el cerebro. Es como si a un carnívoro lo quieres convertir en herbívoro. Hay un dato claro, realmente no dispongo de tiempo suficiente y entonces es cuestión de prioridades. Pero, me temo, que si dispusiese de más tiempo lo dedicaría a la lectura de ensayos que están en un segundo plano en mis intereses intelectuales.

 

            Y todo esto por qué. Por qué he dejado de leer literatura. Entre los que estábamos allí uno citó la última obra de Umberto Eco. Obra que, por cierto, compré el verano pasado, circunstancialmente, me había quedado sin la llegada de mis pedidos, cosa que es fácil que ocurra en verano. Pues bien, tenía este libro para tales ocasiones. Lo empecé, y le puse empeño, pero me aburrí, estaba ante uno de los mayores escritores del siglo XX y estaba aburrido. La verdad es que creo, sin criterio suficiente que esta obra El cementerio de Praga es peor que sus últimas tres novelas. El nombre de la rosa, El péndulo de Foulcoult y La isla del día de antes. Lo sorprendente es que estas tres obras las leí con una tremenda pasión. Y las leí en un largo periodo de tiempo, según las sacó el autor. Es decir que la última la ley a los treinta y pocos y la primera a los veinte, más o menos. Qué es lo que ha ocurrido.

 

            Pues creo que la respuesta está clara. La literatura habla a la sensibilidad, a la facultad del conocimiento que llamamos de la sensibilidad. La buena literatura hace que a través de la sensibilidad el autor se plantee cuestiones psicológicas, filosóficas, históricas, medite sobre la condición humana. Pero sobre todo la literatura lo entretiene y le proporciona el placer de la sensibilidad. La literatura no debe perseguir la evasión, a no ser que consideremos como evasión todo el mundo de la cultura, la huida de nuestro sufrimiento originario como diría Freud en El malestar en la cultura. La buena literatura, por sí misma produce placer y es precisamente porque habla a la sensibilidad. Pero la buena literatura no se queda ahí, señala más, quiere mostrar el mundo, la vida, la condición humana. Pero la literatura como arte sólo puede mostrar, de ahí que el lector se deleite con la literatura y ésta te lleve a la meditación. Pero ésta última sólo insinuada. Y es aquí precisamente donde encuentro el hecho de por qué cada vez leo menos literatura. Los tratados, las memorias, las biografías y sobre todo, el ensayo, se dirigen a la razón y a la sensibilidad. Un ensayo trata los temas desde la razón, pero tiene que conmover primero, es decir, que tiene que proceder de la sensibilidad. Por eso en un ensayo hay mucho de demostración y poco de mostración. El ensayo no pertenece al arte por mucho que se lo pueda clasificar como un estilo literario. El ensayo persigue el saber, de ahí que el ensayo, riguroso racionalmente y bello estilísticamente es la unión entre las facultades de la sensibilidad y la razón. Con razón dice Adela Cortina que toda razón auténtica es razón cordial. Es más, no se puede separar la razón del corazón. Lo que ocurre entonces es que la lectura de ensayos y tratados es el plato fuerte en el que encontramos lo que nos insinúa la literatura, pero sólo al nivel del mostrar. Desde luego que nunca hay tanto deleite en el ensayo como en la literatura. Pero la literatura, que siempre está ahí, como fondo, y aquí me refiero a los clásicos, que son los que han tocado alguna tecla de la condición humana, sólo muestra y no enseña. Su problema no es la verdad, sino la belleza y lo sublime. El nivel de enseñanza de la literatura es el de adentrarnos en los misterios de la condición del hombre, de la vida y del universo. Los cuentos infantiles abren el mundo al niño de lo posible y lo imposible, les ofrece los arquetipos cognitivos y afectivos que se han ido fijando filogenéticamente en nuestra evolución y que son los a prioris de nuestro cerebro que nos permiten entender el mundo. Por eso la literatura en la infancia y en la juventud juega un papel formador importantísimo y casi imprescindible porque todavía no se tienen los instrumentos del análisis. Pero pasada cierta edad, o bien la literatura es un mero entretenimiento, un pasar el tiempo, ya digo que quizás toda la vida no sea más que eso mientras que dejamos nuestros genes asegurados, no es un desprecio a la literatura, o un deleite de la facultad de la sensibilidad, en este caso sólo para la buena literatura y los clásicos. Pero sin ningún afán de enseñar. Los temas sólo quedan sugeridos. La literatura es una expresión de algo que hay más abajo y es la realidad social y es ésta la que el análisis de los ensayos y tratados analizan aunando sensibilidad y razón. De ahí que cada vez lea menos literatura. Lo que se dice en un libro de trescientas páginas se reduce a un párrafo bien escrito, expresado y constatado. Por eso el ensayo me parece el mejor vehículo para aunar las facultades de la sensibilidad y la razón. Pero con la ventaja de que el ensayo, si está bien escrito, además de mostrar, demuestra. Su discurso es universal es un instrumento que deleita e ilustra. Y lo que hace falta es ilustración, no distracción. Y tras la ilustración la acción. Pero la literatura no mueve a la acción, sino a la contemplación, mientras que el ensayo mueve al diálogo, base de la democracia, a la crítica y, por último, a la acción.

La crisis de la democracia, de los partidos y de la política procede desde el momento en el que los partidos se transforman en organismos de poder, no en representantes del pueblo. Es entonces cuando pasamos de democracia a partitocracia. Y cuando el sistema capitalista se va inflando pasamos a la partitocracia oligárquica por la evidente connivencia de partidos y capital. De tal manera que los partidos dirigen el Estado (en realidad su existencia es posible, económicamente, por éste), es más engullen al Estado y con él al ciudadano. De ahí que los partidos sean sólo representantes de sí mismos. Y de ahí que se produzcan guerras entre partidos por el poder igual que guerras internas de los partidos por el poder. Lo enmascaran de democracia. Pero es falso, porque no hay ideas. Y donde no hay ideas hay ideología y búsqueda del poder. Por eso esta crisis ha llevado a gritar a algunos que no nos representan, y es cierto, mal que le pese a Savater. Si acaso nos representan, y no es más que por darle una concesión a mi amigo Savater, es por nuestra idiotez en el sentido griego. El idiota es el que sólo se interesa por sí mismo. Los partidos se encargan de entretener al ciudadano produciendo vasallos-tiranos. No somos libres, pero somos tiranos (pensamos en derechos, no en deberes) con los funcionarios públicos: médicos, profesores, por ser los más vilipendiados…En fin, que se ha construido una casta política, como tú sugieres, que debe desaparecer por el bien de lo que queda de política y democracia.

Miguel, excelente reflexión y bella prosa como siempre. Sé que mi artículo y lo que digo levanta ampollas en los lectores de literatura, sobre todo los de buena literatura, cómo no. Pero lo que sucede es que hay como un mito en torno a la literatura. El primero, que enseña. Yo digo que sí, pero a la sensibilidad. (No hubiese sido posible la formulación de los derechos humanos si a través de la literatura no se hubiese creado el clima de empatía que nos acerca al dolor del otro. Y esto lo hizo la novela. Es una de las hipótesis más actuales sobre porqué consideramos evidentes y naturales los derechos humanos, cuando en realidad son una construcción que es accesible por nuestra capacidad de empatizar (sensibilidad) con el otro. Y otra que la lectura es imprescindible (la mayor parte de mi vida la he pasado leyendo), pues tampoco. ¿Hay más sabiduría en Tolstoi, autor atormentado, que nos ha enseñado y deleitado tanto, que en un hombre normal, honesto y con un buen equilibrio afectivo que no lee y tiene otras aficiones. O con un hombre del paleolítico, algunas tribus quedan en el Amazonas? Tanto la escritura como la lectura son inventos culturales que nos han transformado. Incluso era distinto la escritura que no tenía signos ortográficos al momento en el que se inventa la grafía, cambia hasta el cerebro. O el paso de leer en voz alta a leer para sí mismo. O lo que está ocurriendo hoy en día con la lectura en Internet y especialmente con las redes sociales, cambian realmente las redes neuronales de nuestro cerebro. Nuestros jóvenes, irremediablemente, no pensaran como nosotros. Y hay un aspecto que creo que ha pasado desapercibido porque no he hecho hincapié, pero es el que realmente defiendo, leemos, como hacemos cualquier cosa, por dar un sentido a nuestra existencia mientras aseguramos nuestra pervivencia a través de nuestros genes. La cultura es nuestro entretenimiento, nuestra religión. Bueno, la religión pertenece a la cultura. La cultura es lo contingente, por eso es plural y diversa, la biología necesaria. La cultura es el instrumento que nuestros genes han inventado para poder seguir viviendo. Éste es uno de los aspectos de mi tesis naturalista nihilista y que desarrollé en “Pensamientos contra el poder”. Un saludo y a seguir deleitándose con todo texto que merezca la pena.

Yo también estoy perplejo. Pero es pura ideología. El marxismo, como teoría económica o teoría de la historia lo podemos considerar refutado en el sentido que decía Popper. Me explico. Si el marxismo predecía que tras una crisis económica como la del 29 tendría lugar la revolución de los proletarios y tras ésta el estado comunista y con él el fin de la historia, pues resulta que se equivocó. Luego la teoría de Marx es falsa. Pero eso no quiere decir que sea totalmente falsa. Lo mismo ocurrió con Newton y la nueva teoría de Einstein. Todavía seguimos utilizando ampliamente la teoría de Newtn y reservamos la de Einstein para las grandes distancias. Con ello quiero decir que el marxismo tiene explicaciones válidas o que nos sirven para entender la realidad histórica y económica, como son, por ejemplo sus conceptos de ideología y alienación y, por su puesto, su impronta ética: la consecución de la justicia universal por la emancipación de los oprimidos. Pues bien. Marx tiene una frase que yo les cito a mis alumnos al principio de su explicación y hago que poco a poco la vayan desgranando. Y dice así, “No es mi conciencia la que determina mi ser social, sino mi ser social el que determina mi conciencia”. Dicho más fácilmente yo no soy lo que pienso, sino que pienso según lo que soy socialmente, el conjunto de relaciones sociales que me construyen. Pues bien, lo que pensamos es la ideología y ésta es una falsa conciencia, un conocimiento erróneo de un mismo y de la realidad que me rodea. Pero este pensamiento es interesado. Es, a las distintas formas de poder a las que les interesa este estado de falsa conciencia o alienación, así no podemos revelarnos contra lo establecido. Por eso vemos esas contradicciones. El tardocapitalismo es la mejor ideología y religión creada por el hombre; es un inmenso engaño en el que todos (los países ricos) participamos y en el que nos encontrábamos felices y realizados. Pero todo era un velo, y es un velo de Maya. Y está cayendo delante de nuestras narices. Por eso cada vez más personas ven esas contradicciones y caen en el sinsentido y el desencanto. Pero ése es otro enemigo.

Pues muy bien dicho. Y no ando yo últimamente muy alejado de esas ideas. Sólo te equivocas conceptualmente en una cosa. No puedes hablar de totalitarismo, eso introduce la violencia en el estado, ya sea arbitrariamente o ideológicamente porque se dirige a un fin idílico: una supuesta utopía. Sin embargo, el autoritarismo no tiene porqué utilizar la violencia. Es más, las leyes son autoritarias y garantizan las libertades. De lo que se trata entonces es de sustituir las actuales pseudodemocracias que hablan de libertad y sólo es para unos pocos por un régimen autoritario que garantice, primero la igualdad ante la ley y la igualdad material, eliminación de la miseria y el hambre, así como la posibilidad de la superviviencia en el planeta. Pero también debe garantizar la libertad de pensamiento y de expresión. Parece que la democracia liberal no funciona. Otra cosa sería la republicana. Ésta última tiene dos diferencias importantes. Uno, es más importante la comunidad que el individuo, por tanto de ella se sigue más el principio de igualdad que el de libertad. Pero es tremendamente exigente con respecto al individuo porque lo que se persigue es la excelencia pública del ciudadano. Dos, todo ciudadano tiene que ser ejemplar y ocuparse de la cosa pública. Esto es, que lo prioritario en sus intereses es el estado o comunidad frente al individuo y en eso consiste su ejemplaridad pública. Y aquí es donde yo digo lo de Kant, aquello del fuste torcido de la humanidad. No sé si se puede alcanzar la excelencia por parte de una gran mayoría, no te digo ni siquiera de todos. Ya te digo que vengo pensando esto últimamente. Y hablando de Kant pues me acuerdo que Kant no defendía la democracia, sino un estado autoritario que permitiera la libertad del uso público de la razón. “Pensad sobre todo lo que queráis pero obedeced”. Y ahí es donde él ve la posibilidad del cambio. Porque el uso crítico de la razón es el que debe cambiar al gobernante y sus leyes, no por elección. Y como te dije esta mañana, y además he leído también esta mañana por ahí en un artículo, la democracia es pasajera. La hubo en Grecia y en Roma, ambas acabaron en imperio. Lo nuestro sería acabar en autoritarismo. Tenemos un modelo mixto ahora mismo en el mundo que es el que mejor funciona pero es brutal y no soluciona el problema ecológico porque está anclado en el paradigma neoliberal del crecimiento económico. Como ya sabes es China. Con ello quiero decir que se pueden dar modelos mixtos no democráticos y altamente eficaces en el desarrollo, pero fallidos por otro lado. Por eso no creo yo que sea muy descabellado pensar lo que tú dices. Lo que ocurre es que nos han adoctrinado y han convertido la democracia en algo sacrosanto, cuando en realidad la toman como un mero nombre. Es decir, dos alternativas: República, comunidad, ejemplaridad pública, libertad e igualdad. O autoritarismo, igualdad y libertad.

 

P.D. Da cosa hablar de autoritarismo, pero si nos paramos a pensar vivimos simplemente en un fascismo económico que condena a media humanidad al hambre y a la otra mitad a la insatisfacción, el vacío espiritual y el egocentrismo hedonista y egoísta. No hay nada que perder y mucho que ganar.

EL RELATIVISDMO COMO JUSTIFICACIÓN DEL MÁS FUERTE.

 

En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira.

Campoamor.

 

¿Qué es la Ilustración? Es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Kant.

 

El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca. Kant.

 

            Llevo gran parte de mi vida luchando contra el discurso relativista. El relativismo se ha instalado en nuestras vidas y en nuestra sociedad para justificar la ignorancia, el miedo y el poder. No  es que yo defienda el absolutismo, con el mismo ahínco lo he combatido. El conocimiento humano es conjetural, hipotética, se reduce a suposiciones. Pero ello no implica que sea universal y objetivo. En democracia es necesario un sano relativismo que se refleja en la pluralidad y diferencia de ideas. Pero ese abanico de ideas hace posible el diálogo. Porque, a pesar del relativismo, hay un fondo común, el de la razón. Todos discutimos desde la razón en el ágora. Las opiniones particulares han de ser trascendidas. Y hay que tener en cuenta que el relativismo radical es fuente de fanatismo. Lo que está detrás del relativismo radical es el poder. Me explico. Si todas las opiniones son equivalentes la predominante es la del más fuerte. Y esto es un peligro porque entonces las opiniones del poderoso son nuestras tiranas sin posibilidad de réplica. Por otro lado, el relativismo radical es una actitud cómoda, perezosa y cobarde. Cuando nos recluimos en nuestras opiniones particulares lo que sucede es que no nos atrevemos a pensar. Y no lo hacemos por pereza, es más fácil que otro piense por mí. Es más fácil seguir y defender al líder. Además somos cobardes porque no nos atrevemos a ejercer la crítica frente al grupo con el que nos identificamos por miedo a la soledad, al ostracismo y el escarnio. Las opiniones, las creencias y las ideologías son mecanismos de control del poder. Mecanismos que incluso se ejercen desde la democracia haciéndonos pensar que somos libres, cuando, en realidad, somos marionetas en manos del poder. De ahí que al poder le interese mucho el fomento del respeto a las opiniones. Pues digo bien alto y por enésima vez, que las opiniones no son respetables, que lo respetable son las personas. Que las opiniones están para ser debatidas y que ése es el único camino de la libertad. Las opiniones particulares cuando se resisten al debate, cuando se nos espeta: “es que es mi opinión y es respetable” entonces se convierten en nuestras tiranas. La comodidad y la cobardía nos convierten en vasallos. Cuando nuestras opiniones obedecen a unas siglas somos robot, replicantes, heterónomos, esclavos del poder.

            Y al poder le interesa enormemente esta situación de sumisión, de esta manera tiene las manos libres para criticar lo que se le antoje, para difamar o para organizar una guerra. Desde las instituciones democráticas precisamente lo que se debe hacer es todo lo contrario. Fomentar el debate para encontrar lo común, que es más de lo que nos separa. Porque, como decía Terencio, “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. Fomentar lo común y discutir desde la razón la diferencia, ésa es la esencia de la democracia, no la verdad absoluta, ni la ausencia de verdades objetivas, que las hay y son sobre las que hay que debatir. En cambio, cuando el poder relativiza el saber, además de esclavizar al pueblo, deslegitima la democracia como diálogo racional en pro de verdades universales y objetivas que favorezcan la convivencia. Por el contrario, de esta forma el poder lo que busca es el enfrentamiento, la deslegitimación de las instituciones democráticas. Es más, basándose en el relativismo radical el poder se permite el lujo del insulto al ciudadano, de faltar al honor a las instituciones del estado, como el poder judicial, mintiendo, por ejemplo, sobre una sentencia. Se insulta al pueblo y se falta al honor de los ciudadanos porque no se admite la verdad jurídica, que es la única verdad conjetural con la que contamos. Se crea la división ciudadana porque el pensamiento está cautivo del poder. Cuando el poder utiliza el relativismo radical actúa maquiavélicamente manipulando los sentimientos de las personas. En fin, de esta manera, el poder político pierde la poca legitimidad ética que le queda.

Detrás de un libro hay una persona y detrás de ella, la humanidad. La cuestión es dónde pone uno el acento en el trato. Hay grandes libros cuyos autores son desaconsejables y grandes hombres que no escribieron nada, ni falta que les hizo. Un libro te cambia la vida en un momento y unas circunstancias determinadas, como una persona. Ahora bien, lo que está claro es que sin personas no se puede vivir, eso pertenece a nuestra primera naturaleza. Los libros, a la que emerge de ésta y se hace indistinguible. Si desaparece el homo sapiens hay una pérdida biológica, como en el caso de cualquier especie. Pero el homo sapiens conlleva esa segunda naturaleza que llamamos cultura: tecnología, ciencia, arte, religión, ética, derecho, política, en fin una autoconciencia del cosmos que es lo que nos singulariza como especie, que también se perdería. No quiero decir con ello que seamos especiales, pero es nuestra singularidad, como cada especie tiene la suya.

Y una cosa más que acabo de recordar ahora. ¿Cuál fue el origen del sentimiento de evidencia de los derechos del hombre y del ciudadano en la Ilustración? Pues no ocurrieron de repente, ni por los sesudos análisis de los filósofos de la época. Estos fueron los que realizaron la síntesis de lo que venía de atrás y sus libros y discursos sirvieron de altavoces. La evidencia con la que contaron los derechos del hombre y el ciudadano vino de la mano del arte, fundamentalmente de la novela; que, por otra parte, se extiende por Europa en virtud del invento de la imprenta. La novela y una sociedad cada vez más rica y, por ello, menos analfabeta (emergencia de la burguesía) dio lugar a la lectura de novelas que era posible a su vez por la privacidad. La lectura necesita de la intimidad. Pero, curiosamente, la lectura de estas obras potenciaron la empatía natural del hombre. Este proceso de casi dos siglos hizo posible que los derechos del hombre y del ciudadano, algo nunca pensado, fueran tomados como evidentes. Los intelectuales ilustrados lo que hicieron fue universalizarlos y fundamentarlos. Por supuesto a base de libros. La cultura oral y la libresca conviven hasta la llegada de Internet. Pero éste es ya otro episodio que tiene que ver con algo importante: la empatía natural del hombre, biológicamente heredada y que le permite ser un animal social, ha sido potenciada culturalmente (nuestra segunda naturaleza, una segunda piel). Primero el lenguaje y la tradición oral, después la escritura, más tarde la imprenta y, hasta ahora Internet. Si sigues el rastro de todo esto vamos de una sociedad de clanes a una sociedad globalizada, más o menos a nuestro gusto.

"No hay nada que cambie más la vida de las personas que los libros"
Alejandro G. Roemmers

PacoCa Carrillo Gavilán No estoy de acuerdo en absoluto. Son las otras personas, afortunadamente.

 

Sí, pero los libros los escriben las personas, de momento. y, otra cosa, la sentencia es para hacer hincapié en la importancia de los libros. Y, también, por otro lado, cuando yo hablo de libros, no me refiero sólo a los literarios, sino a cualquier texto de la humanidad entre los cuáles están los literarios. Y, más cosas, las personas estrictamente no cambian a las personas, sino que son sus afectos e ideas, que procede de la tradición, fundada en libros (aunque nos sean descnocidos) los que nos pueden hacer cambiar e, incluso, siendo buenas personas nos pueden recomendar un libro que nos puede hacer cambiar. En definitiva, que lo que pretendo mostrar es que libro y persona son inseparables. Si la cultura es nuestra segunda naturaleza y los libros forman parte de ella... Y en los libros está la conversación de la humanidad consigo misma, su autoconciencia, sus anhelos, esperanzas, problemas, frustraciones, sus grandes crueldades, sus mentiras, engaños, sus grandes triunfos, su mediocridad y su excelencia, su empeño, su apatía y desidia, su historia y su intrahistoria. Entrar en esa conversación de la humanidad es autoconocernos, es conocer mejor al otro y, por ello, hacer mejor la relación entre los otros. Cuando no había libros sólo existía la transmisión oral de los valores, afectos y sentimientos. Es decir, todo aquello que nos hace cambiar y construirnos. La escritura no sustituye todo esto, como pensó el viejo mito y el sabio Sócrates, que no escribió nada, decía, precisamente por este motivo. Toda tecnología es una amplificación de la naturaleza humana. Por tanto contraponer libro a persona es absurdo, son complementarios y uno continuador del otro. Y, además, es nuestra segunda naturaleza la que nos humaniza y nos saca del proceso de hominización al de humanización. Un saludo.

La Tierra, en definitiva, nuestra madre, nuestro origen y nuestro final. Esperemos poder descansar en paz sobre ella. De momento le hemos declarado la guerra como un adolescente impertinente, que cree saberlo todo, a sus padres. Si no utilizamos nuestra inteligencia ética y seguimos sólo la lógico-matemática y depredadora la guerra la tenemos perdida, pero nos llevaremos muchas cosas valiosas por delante.

Gracias por la cita, Piedad. He leído bastante a Punset. Pero ése entra dentro de la lista de los no leídos y, precisamente, por un giro que se produce en su pensamiento o, mejor, divulgación de pensamientos, que no comparto y considero, además peligroso. Porque para mí las ideas tienen consecuencias. Lo mejor que he leído de Punset es un libro, que es una maravilla, y que no recuerdo exactamente el título, es un conjunto de entrevistas que realiza a los mayores científicos y humanistas, todos con su premio Nóbel sobre el universo y la vida. Pero allí no se trata nuestro tema.

            Perdona, pero el optimismo de Punset es un poco infundado. Su discurso de la empatía, aunque con una base científica sólida, es endeble. Punset, basándose en las ciencias neurológicas, los últimos estudios de la neurofisilogía, ha optado por una pata del ser humano. Me explico, ha hecho hincapié en el aspecto empático, colaborador, altruista…todo lo positivo. Pero en la naturaleza humana se dan ambos aspectos. Es lo de Kant, “la sociable insociabilidad”. Y el caso es que todo ello lo está vertiendo en la educación, los pedagogos están encontrando argumentos más sólidos que los que  tenían y que se han mostrado fracasado en Punset. De tal forma que se está convirtiendo en el líder o gurú de un nuevo modelo educativo que es un popurrí de buenos sentimientos y nuevas tecnologías, un pensamiento salvífico, a mi modo idealizado, excesivamente optimista, que olvida la otra cara de la naturaleza humana y la realidad social. Saludos.

El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.

 

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Efectivamente, Andrés, nunca debemos pensar en una predeterminación. Eso sería una claudicación de nuestra voluntad. Sería dar alas a los poderosos. Conozco el libro que citas y debe andar por mi bliblioteca. Pero a él yo añadiría otro de Martinez Alier “El ecologismo de los pobres” que relaciona el problema ecológico con la pobreza, esto es, con la economía. Es uno de los fundadores de la economía crítica. Por eso el prblema económico no es sólo económico, sino ecosocial. Es decir, total. Sin un cambio del actual paradigma (conjunto de ideas centrales y técnicas que mueven el mundo) no es posible el cambio, sólo habrá parcheado. Saludos para los dos.

 

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Piedad, si se consigue un modelo de energías renovables, que no sería tan eficiente como los recursos fósiles, lo que sí debe quedar claro es que, en una nueva organización de la sociedad esos recursos tenderían a diversificarse. O, dicho de otra manera, democratizarse. Los edificios se autoabastecerían y exportarían a la red general. Pero esto es sólo una parte de la energía. El gasto energético fundamental es el transporte. Pues bien, en una sociedad de política del decrecimiento es necesario la relocalización. Es absurdo la producción de materias y alimentos que luego se trasladan a grandes distancias produciendo un tremendo gasto energético. La política del decrecimiento va hacia la localización de la producción y la globalización de la humanidad, es decir, el derecho y la ética.

 

            Por otro lado, no acepto, de ninguna de las maneras la idea de Punset. Tiene cierta razón en que hay países fracasados. Pero que la crisis no es global ni estructural es falso. Es tener una visión muy corta de las implicaciones que se dan entre sociedad, economía, valores, etc. y un desconocimiento brutal de la historia del capitalismo que comienza, junto con la mundialización, y así nos lo refiere Marx en las primeras páginas del Manifiesto… en el Renacimiento. La crisis es sistémica y su fondo es estrictamente filosófico, es una idea del mundo la que ha caído.

 

                                   ***

 

            ¿Necesariamente deviene en corrupción la democracia? Pregunta que nos hacemos desde Pericles. La única solución viable es la de una meritocracia (gobiernos de los mejores, más justos) dentro de una democracia y una legislación ferrea contra la corrupción. Pero, quizás, la tendencia a la corrupción forme parte de la naturaleza humana por ello debemos andar siempre vigilante del gobernante y de nosotros mismos.

 

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Si Punset habla de las consecuencias, pues tienes razón, pero según la cita yo no lo veo así. De todas formas, no se trata ahora sólo de analizar las consecuencias, sino que de lo que se trata es de ver la raíz profunda del problema para aportar soluciones. Y, como venimos diciendo los problemas son de hondo calado, sistémicos. De ahí lo de el cambio de paradigma que se debe producir. Si continuamos con el actual, que es lo que parece que ocurre, como la salida de la crisis de EEUU. y Alemania, creo que más aparente que real, estamos abocados a una agonía lenta. El cambio debe venir desde los siguientes parámetros.

 

Antropocentrismo-biocentrismo

Competitividad-cooperación

Macroeconomía hipermatematizada-microeconmía humanizada.

Desnaturalización de la economía-naturalización de la economía. Ello implica la introducción de la entropía en la economía.

Gobierno del capital-gobernanza política basada en el decrecimiento. El decrecimiento es un hecho que se irá agravando paulatinamente. Hay dos opciones. O cogemos el toro por los cuernos y lo planificamos políticamente o nos arrollará.

Centralización energética, alimentaria-descentralización energética-alimentaria.

Globalización financiera-globalización humana.

 

 

¿Todo se va al garete?

Más o menos. A menos que se produzca una tercera revolución industrial como defienden algunos autores (Rifkin). Pero, aunque así fuese, que la humanidad se salve, ello no implica que la miseria, la guerra, el hambre y los genocidios por los recursos, mientras tanto, se darán. De hecho se están dando hace tiempo. Además, esa es la historia de la humanidad. El ángel de la historia (Poul Klee) mira espantado los cadáveres que el progreso ha ido dejando en las cunetas. (En la introducción a mi “Una mirada ética al progreso y la tecnociencia”, hago una reflexión sobre el cuadro de Poul Klee) La diferencia es que hoy en día el colapso seria civilizatorio. El progreso tecnicocientífico no garantiza el progreso de la humanidad en su sentid ético-político. Éste es un espejismo con el que se nos ha engañado desde el poder. Lo vio muy claro Rousseau en el siglo de la Ilustración, el siglo del progreso. El progreso ético-moral es independiente y contingente. Lo mismo que hemos conquistado parcialmente la autonomía, la libertad, la igualdad, la justicia, la podemos perder, de hecho lo estamos haciendo, sin darnos ni cuenta hasta que la miseria llegue a nuestras puertas.

 

    Hay un filósofo, desaparecido ya, que escribió una obra importantísima en el siglo XX, “El principio de responsabilidad” y que tiene que ver con lo que tú mencionas. Consideraba que la ética necesitaba de una reforma radical. La ética se basa en las acciones que tienen repercusión sobre los demás (cercanos), por tanto de las que soy responsable y las que te afectan a ti mismo. Lo que sugiere Jonas, padre de la ética ecológica, a la que a mí me gusta llamar biocéntrica, es que la responsabilidad de mis actos, que es de lo que se trata en la ética; libertad es responsabilidad, debe extenderse al que está más allá en el espacio que es el absolutamente otro, absolutamente desconocido, pero, al encontrarnos en un mundo interrelacionado mis acciones repercuten en él aunque no lo sospeche y extenderse también al no nacido. Es decir, a las generaciones venideras y a las que están comenzando a vivir. He defendido esto en mis escritos, clases y conferencias. La última trataba sobre la posibilidad de una ética cosmopolita y que se encuentra en mi “Escritos sobre la disidencia” Creo que éste principio es la base, apoyado en un biocentrismo, el centro de la posibilidad de la vida es la biosfera y no el hombre, y estructurado en una jurisprudencia internacional. Si no conseguimos este cambio ético-político y jurídico, unido a una tercera revolución industrial que sea capaz de sustituir los recursos fósiles por otro tipo de energías (que, por su puesto, nunca generarán el ritmo de vida que ha producido el petróleo, que en cien años ha multiplicado por seis la población mundial) la humanidad se va al garete por un colapso civilizatorio y los efectos del cambio climático. Estamos en un gran atolladero, apliquemos también el principio esperanza. El hombre como todo ser pretende persistir en su existencia, esperemos que lo consigamos al menor coste posible.

El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.

El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, y falleció en marzo de 1982 en New York. Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela que es Atlas Shrugged, traducida al español como La rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando a los españoles y en mayor o menor medida a todo el mundo:  
 
"Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada".
 



Efectivamente, esta sociedad está condenada al totalitarismo. Y lo que decía esa autora es un anticipo de la segunda guerra mundial. Hay semejanzas entre los dos momentos históricos. Pero nuestra situación es peor, porque ésta crisis económica que padecemos, que como se señala en el texto es política, es una crisis sistémica y como el mundo se ha globalizado totalmente y la entropía se ha hecho máxima (no tenemos recursos fósiles, ni alimentarios, ni agua potable), pues la cosa se hace mucho más grave. El caso es que no es que vivamos ya en una democracia deficitaria, sino en el fin de la política misma. Últimamente vengo defendiendo que el fascismo económico (que es lo que impera y son los que desde hace cuarenta años han ido imponiendo las leyes, sólo que nos hemos ido dando cuenta, la mayoría de la población ahora) es la antesala del fascismo político. Y el fascismo político es la anulación de la misma política.

Un bellísimo texto, Fernanado. Y, además, no conocía esa conversacin entre Einstein y Tagore, sí otras similares. Por su puesto, no puedo estar de acuerdo más que con Tagres. Es más, te he pillado; no me has leído, es broma, no hace falta, lo defiendo en algunas entradas de Pensamientos contra el poder y en capítulos de Filosofía desde la trinchera.

    Un platónico y neokantiano como yo no tienen más remedio que estar de acuerdo con Tagore. La verdad absoluta y absolutamente objetiva no existe o, mejor, no tiene sentido hablar de ella, sin sujeto que conoce no hay verdad, ni falsedad. Y el sujeto que conoce es el hombre. De modo que los cuatro trascendentales: verdad, belleza, justicia y unidad, están referidos al hombre. Existen en tanto que existe el hombre. El hombre es el artífice y la medida de estos trascendentales. Por eso decía Platón que conocer es recordar. El conocimiento era el de las ideas, por cierto universales y necesarias, y la experiencia me recordaba las ideas. Ahora bien, y aquí lo importante es el giro kantiano, que él mismo enuncia como su giro copernicano en el ámbito del conocimiento. Ahora explico un poco esto. Y lo bueno es que el pensamiento kantiano sobre el conocimiento se ha enriquecido por la teoría de la evolución y las actuales neurociencias. Decía que lo importante es no confundir, como creo que tu haces cuando lees la conversación Einstein-Tagore, lo subjetivo (que afecta a lo particular) con la subjetividad (que es universal y necesaria, es decir, afecta a la humanidad.) Pues bien, el giro kantiano es su propuesta de que el conocimiento y la validez de tal no gira en torno al objeto, el objeto, como cosa en sí, independiente y separada del hombre, es incognoscible. Lo que hace cognoscible al objetos son los “a prioris” que se dan en el sujeto. Esos a prioris pertenecen al sujeto (sensibilidad y entendimiento y son las intuiciones y las categorías o conceptos.) las intuiciones son el espacio y el tiempo y las categorías son doce, entre las que se encuentra, por su importancia en la ciencia, la causalidad, que nos permiten pensar la realidad. Dicho más llanamente, la realidad, los objetos, la ciencia se me da, es posible, en tanto que en el hombre: kant hablaba de sensibilidad y entendimiento, hoy hablaríamos de redes neuronales, está la capacidad o condición de posibilidad de que se me dé esta realidad. Es el sujeto universal el que piensa la realidad. Pero, una cosa. Esa condición de posibilidad es universal, porque pertenece a la humanidad, a cada uno de los hombres por igual. Las diferencias serían culturales. La ciencia tiene una validez universal, pero es fruto del hombre. Y a Kant se le suma la evolución y las nuevas neurociencias. Kant pensaba que los a prioris eran fijos, pues no, hay una filogénesis de los mismos. Por tanto, nuestra forma de entender el mundo ha pasado la criba de la evolución. Las condiciones de posibilidades del conocimiento son evolutivas y se fijan en la estructura de nuestro cerebro y son universales, como lo es el tener manos. Y ya, para abreviar, las neurociencias lo que nos sugieren es que el cerebro, ver a Llinás “El yo y su cerebro” y Francisco Rubia, “En la senda de Spinoza” es una máquina de configurar la realidad. Ahora bien. Todo esto, lo de Kant, lo de la filogénesis del conocimiento y los más extraño y fabuloso, el cerebro como máquina de confabulación de la realidad, no nos lleva al subjetivismo, sino a la certeza de que el conocimiento, como el bien y la belleza existen en tanto que existe el hombre, pero, igual que los afectos, los dos fundamentales y básicos: el amor y el odio, son universales.

    Por eso la verdad jurídica es humana, como creo que tú pretendes decir. Pero no subjetiva. Subjetiva es la del testigo, por eso es menester un juicio en el que se escuchen las partes, porque la verdad, al depender del hombre como tú sugiere, tiene muchas caras. Y el juicio es la única vía que encontramos para esclarecer la verdad de los hechos. ¿Que podremos llegar a una verdad absoluta?, de ninguna de las maneras, y ahí es donde creo que estamos de acuerdo y es lo que tú querías decir, pero sí a una verdad objetiva y universal. De lo contrario, no tiene sentido ni la ciencia, ni la justicia, ni la historia, ni la ética…pensamiento que, por lo demás, también es posible dentro del nihilismo. Yo estoy a caballo entre el nihilismo y el naturalismo. Un nihilismo radical, la anulación de cualquier discurso y reducción de todo al subjetivismo, una cosa así como lo que defiende Reguera, nos puede llevar al mal radical, a la justificación de todo.

Absolutamente de acuerdo con eso, Andrés, de la conciencia cívica, es decir, ciudadana. En los tiempos que corren lo que está sucediendo es que está desapareciendo la democracia, eso es algo ya, casi antiguo. Lo peor, es que está desapareciendo la política. Y no nos damos cuenta. Estamos en una situación similar a la de entreguerras que hizo posible la emergencia de los fascismos. Por eso vengo defendiendo últimamente, que el fascismo económico, que es un hecho, se puede explicar desde distintas teorías, es la antesala del fascismo político. Pero ahora me estoy dando cuenta de que además de que emerge el fascismo político y los populismos, también emerge, como decía, la ausencia de política. Los partidos, incluso a nivel internacional, carecen de capacidad de maniobra. No soy partidario de la teoría conspirativa de la historia, pero todo visto como una generalidad te hace pensar en un plan trazado. No lo creo, porque no creo ni en la teoría conspirativa, aunque haya conspiraciones, ni en las leyes deterministas de la historia, como los marxistas y los neoliberales, o los tecnófilos.
    Es mucho lo que a cada uno de los ciudadanos nos toca hacer. No sé si la ciudadanía podrá llegar a un nivel de conciencia crítica que evite el desastre, como ocurrió en la segunda guerra mundial. Lo que sí es bien cierto es que no vamos por buen camino, el orden establecido por el neoliberalismo, sumado a perversiones políticas en los países del tercer mundo ofrecen un saldo de 100.000 muertos a causa de la desnutrición, la miseria… Nuestro sistema, del que todos participamos es un sistema de masacre. Y nosotros no somos capaces de tomar conciencia. La educación es el camino, según postuló la Ilustración, para liberar al hombre de la esclavitud. Pero el problema es que la educación no es neutral, participa de una ideología. Actualmente la educación tiene como fin último, porque ésa es la idea dominante, la adaptación a la sociedad del conocimiento, la información…eternamente cambiante y demás mitos. Es decir, que dicho llanamente la educación tiene el papel de la domesticación. Todo lo contrario del ideal ilustrado, la educación tiene como objetivo la liberación, es decir, que si pensamos que el mundo, la sociedad, o parte de ella, no funcionan bien (no se pueden hacer reformas totales, caeríamos en totalitarismos), lo que habría que hacer es cambiarlas.

    Piedad, la frase de Punset es importante y esclarecedora y, en parte, tiene que ver con lo que he dicho arriba. Lo que se llaman las causas (competitividad, por ejemplo, que es fundamentalmente a lo que él se refiere) son sus consecuencias. Lo que ocurre es que el esquema es al revés. Es precisamente la idea capitalista del crecimiento ilimitado, que lleva aparejado la competitividad la que produce la crisis.  Y una vez que ésta se ha producido se nos dice que lo que hay que hacer es aumentar la competitividad, y eso se hace desde el sector privado y reduciendo lo público. Resultado, aumento de la desigualdad, más pobreza, menos estado del bienestar… Pues falso. No se trata de fomentar el espíritu y el valor de la competitividad, sino el de la cooperación, basado en la empatía, esa facultad biológica que nos hace sociables. La cooperación es más creativa y productiva que la competitividad. Y ése es un cambio paradigmático que debemos hacer en nuestra economía y política. Si no somos capaces de cambiar esta idea del mundo y de nosotros mismos caeremos en el bucle autocontradictorio del crecimiento ilimitado, y en una guerra hobbesiana de todos contra todos. Situación ésta última que, por lo demás, es la que padecemos hoy en día.

Es evidente. La comparación entre el principio de la segunda guerra mundial y ahora es oportuna. La conciencia del mal del otro es absolutamente necesario. No habrá solución de los problemas si no tomamos conciencia del gran engaño del poder y lo intentamos cambiar. Nos han inoculado un modelo competitivo de sociedad y vida. La única forma de salir es la de la cooperación, la simbiosis, no la competencia. Estamos al borde del totalitarismo, de un totalitarismo al que nosotros hemos contribuido con nuestra inacción, con nuestra falta de conciencia que se basa en la comodidad, el miedo, la pereza. Por eso el problema, al ser de conciencia, es un problema filosófico. Me encanta coincidir con este señor, palabra por palabra, haber escrito y dicho lo mismo en otras ocasiones. Voces como ésta son necesarias para eliminar crear conciencia que es lo único que puede cambiar el mundo. Por el contrario, los ciudadanos son educados para la adaptabilidad a la sociedad competitiva. El objetivo debe ser educar para cambiar el mundo. Estamos al borde del abismo.

Es el fascismo económico, antesala del fascismo político. Nos quedamos, no sólo sin estado de bienestar, sino sin democracia. Como los partidos de la izquierda europea no cambien, y no tienen la pinta, se acerca una época oscura. Un retroceso, social, político, económico y filosófico. Es curioso que ese retroceso se nos haya vendido con el slogan del progreso, son cosas del posmodernismo donde todo se puede decir y defender porque es la ausencia del pensamiento. Feliz año.

Primero, y sin ánimo de crítica, puesto que aquí parece que no se admite. Y mira que mi primer escrito fue respetuoso y pidiendo incluso permiso, cuando en realidad no tendría ni que hacerlo. Porque lo que sucede en el partido ahora en la oposición ha revertido sobre mi realidad social durante muchos años y, si de ésta no desaparece toda la izquierda europea, pues me seguirá afectando. Incluso si realmente presentan un proyecto de izquierda creíble y ejecutable, pues los votaría.
Mira Fernando, ese discurso tuyo tan maniqueo es inválido. Existen los intelectuales y los políticos. Existen muy pocos intelectuales políticos, por razón de tiempo y temperamento. Y son, como bien dices, cosas muy distintas. Sólo hay que escuchar al último intelectual político recientemente fallecido. En cuanto a la autocrítica, pues no la habéis hecho. Y eso es así, son los mismos que llevan muchos años. Rubalcaba desde siempre. Chacón, ocho. Pero la última legislatura, la de la crisis la ha quemado bastante, no tanto como al otro. Cómo va a ser creíble Rubalcaba si estando en el poder no ha actuado. Y no habéis hecho autocrítica por dos razones, ahora me refiero a este diálogo, no me habéis criticado, más bien me mandáis, medio educadamente a callar, y solo medio educadamente, porque no habéis refutado, ni hablado, ni comentado nada de mi primera intervención. Arturo, sí, para decir que le dé consejos a otro, que a él no. Y, por otro lado, el escrito que os he enviado, fácil y asequible de leer, si tenéis otras propuestas y otros datos pues lo podéis criticar. Y eso es un debate de ideas. Y ese escrito es un escrito dirigido a las bases de la izquierda (por tanto también el PSOE) y que defiende la socialdemocracia. Y da unas cuantas recetas, ahí, en muchos otros textos y en cientos de autores que plantean alternativas. Podías haberos dedicado a eso. Sobre todo Arturo, en lugar de insultar claramente. Todos necesitamos crítica y consejo. Insisto, aunque no vuelva a intervenir aquí, lo que le ocurra al PSOE, me importa mucho, muchísimo. Fernando, que obsesión tienes con que yo soy de IU, los he votado varias veces, al PSOE también. Y me he alegrado de algunas victorias del PSOE sin votarlo. Que no he hecho una autocrítica a IU, pues te equivocas. Además de la que mencionas. Siempre he hecho una crítica al marxismo, pero sin desmoronarlo. He planteado la necesidad de introducir el discurso ecológico (económico político en la izquierda (IU) porque está ausente y sin él la concepción que se tiene de la sociedad es decimonónica. Escribí dos artículos (después de las elecciones autonómicas) como cartas abiertas. Y que fueron tremendamente criticados. Y que llegaron hasta Cayo Lara. Una defendía la abstención en la investidura, cosa que a vosotros no os gustó, ni a muchos de IU, de ahí la división actual. Otro sobre la naturaleza de los pactos y la democracia. Un artículo ideológico que pretendía criticar al sector de IU que, despreciaba el voto de la ciudadanía, para obtener poder. Es decir, que tenía una concepción del voto maquiavélica, que yo, al menos, en este caso ponía en entredicho. Es decir, que he intervenido en el debate de lleno.
Una vez tuve una idea, que como todas las ideas vienen de otras ideas que han formulado otros a los que has leído, en mi caso fundamentalmente, o escuchado. Y esa idea es que las ideas tienen consecuencias. He defendido esto en mis escritos y en mis clases con uñas y dientes. Porque las ideas nos dirigen, en forma de ideas, de ideologías, de mitos o de creencias, yendo de lo más noble a lo menos, entendiendo esto por conciencia de (autoconciecia). Y si no somos concientes de nuestras ideas y nuestras ideas son perversas para nosotros o para la humanidad, pues participamos del mal, a sabiendas o por ignorancia. Y me he partido la cara con mis alumnos, metafóricamente, explicándoles los orígenes ideológicos de esta crisis. Incluso he sido capaz de remontarme a Platón, cuando quería un gobierno de filósofos que conociesen la “filosofía verdadera” (gobierno de expertos) y esta tesis de Platón tuvo lugar en la degeneración demagógica y plutocrática de Atenas. El caso es que hoy en día hemos asistido a dos golpes de estado de la UE, Italia y Portugal que han consistido en poner en el gobierno a una serie de expertos que participan, dicese, de la filosofía verdadera. Malo es que nos quedemos callados. Peor es que no sepamos de dónde viene esto. Pues como decía, mi idea era que las ideas tienen consecuencias, y en la mayoría de las veces han sido peligrosas, como es ahora el caso. Pues hace tres años le dieron el premio Nobel de economía a Poul Krugman, mientras estaba escribiendo un libro. Libro que se titulaba precisamente, Las ideas tienen consecuencias, en el que hacía un análisis del conjunto de ideas, económicas, sociales, políticas y filosóficas, erróneas que nos habían llevado a esta crisis, augurando que, si no las abandonábamos, los gobernantes, iríamos a peor. En efecto, los gobernantes no las han abandonado, ni tienen viso de ello. Arturo, las ideas tienen consecuencias, y las canciones son algunas de las consecuencias sociales más tardías de esas ideas. Las canciones juegan un papel de cohesión social cuando lo social ya ha sido pensado y puede ser que haya sido pensado cuarenta años antes.
    En fin, nada de esto de lo que hablo ahora tiene que ver con el debate interno del PSOE, porque el debate interno del PSOE es un debate por el poder. Fernando, y el de IU es quizás un debate por cómo tener el suficiente poder para actuar sobre el poder. La dinámica es la misma. Un intelectual, y así me considero en términos popperianos, el que se las ve a diario con las ideas y son sus objetos de trabajo, no pertenece a la derecha ni a la izquierda. Es una división demasiado simple, quizás necesaria, lo cual también se podría discutir, pero, bueno. Haciendo una caricatura intelectual mía diría que defiendo la igualdad y la justicia social, que son máximas ético-políticas de la izquierda. Pero soy un liberal, con lo cual sería de derechas, pero no un reaccionario, aunque sí un crítico del progreso como nuevo mito civilizatorio y religioso. Por su puesto que esta libertad, engloba la libertad privada, pero no la libertad del mercado, ni el mercado por encima, como entidad, de lo ético, ni de la libertad privada. Como ves, demasiado complejo, incluso siendo una caricatura. Y, añadiría, a toda la izquierda, incluida IU, que la ética ya no es sólo la de la equidad y la justicia social, que son valores de la Ilustración, sino que si queremos enfrentar un nuevo mundo con una nueva economía y política debemos dar el salto ético, político y técnico, del antropocentrismo al ecocentrsimo. Sería una segunda Ilustración. Y esto son sólo, algunos esbozos de ideas. Ideas, Arturo, que no han salido de la nada, sino del ejercicio constante de la autocrítica estudiando a aquellos que son más sabios que yo. Y yo si admito consejos e ideas, pero no paternalistas, sino ilustradas. Un saludo. O toda la izquierda europea recupera el discurso de izquierda o desaparece, el plan trazado por la ultraderecha económica de momento funciona a paso firme. Si sigue así dentro de unos años no quedará ni rastro de la izquierda, ni de la democracia, ni de la política.

Disculpen ustedes mi intromisión, pero creo que andan muy enzarzados en discusiones de personas y no de ideas. Creo, que lo que nos interesa a los europeos y a los españoles y extremeños como tales es, lo que sugiere Arturo, la socialdemocracia. Resulta que ésta lleva en peligro cuarenta años, en Europa, en España experimentamos una expansión de la misma porque salimos del franquismo, es decir de la nada en política social. Y a esa merma han contribuido los partidos de la derecha moderada y los de la izquierda, tan moderada, que casi eran como los de derecha, salvo en algunas políticas epidérmicas señaladas. Creo que la situación mundial y europea no está para plantearse debates de barrio. Es necesario un gran debate de toda la izquierda, porque no debemos de olvidar que el estandarte de la izquierda es el de la igualdad y la justicia. Y ambos ideales hay que ponerlos en armonía porque a veces entran en conflicto. Y precisamente son esos conflictos los que utiliza la derecha para enarbolar el ideal de la libertad, que no es más que el de la libertad económica, pero no del ciudadano, ésta está tremendamente limitada, sino la libertad del gran capital y sus dueños. No olviden tampoco en ese gran debate de ideas que la crisis en la que nos encontramos no es más que una parte de una crisis sistémica, y esa crisis es mucho más amplia, es global y civilizatoria. Puede plantear el fin de la civilización occidental, estaríamos en el inicio de una larga agonía. El último gran fin de una civilización occidental fue el del imperio romano que planteó un retroceso cultural, técnico, de comunicaciones…de ocho siglos y Europa estuvo en la inmovilidad más absoluta durante más de cinco siglos. Esto es un botón de muestras. Por tanto en ese gran debate de ideas, que debe seguir la senda mundial, no meramente del PSOE, español y extremeño, no se puede olvidar que existen alternativas de organización económica. El gran peso que se ha echado sobre las conciencias es el del determinismo económico, no hay alternativas. Así llevamos pensando cuarenta años. Cuarenta años en los que nos hemos ido esclavizando nosotros mismos y por eso ahora nos es tan difícil ver las alternativas y los partidos de izquierda nos muestran tan poco margen de maniobra. Pero hay estas políticas económicas. De lo que se trata es que esas ideas lleguen a los aparatos que dirigen los partidos. Que esas ideas contaminen las bases y a la ciudadanía en general para que vuelva a creer en la política. Si ustedes siguen enzarzados en sus luchas internas, lo mismo que Europa y EEUU, pues serán como los músicos del Titanic. Una imagen patética, pero no olviden que detrás de esa imagen están los pobres que permanecían encerrados en los bodegas del barco, los que nunca tuvieron la más mínima oportunidad, mientras que otros se perdían en su vanidad. De nuevo, disculpen mi intervención, pero lo que ocurra en el PSOE me interesa y, segundo, considero que el discurso debe ser más profundo y más global. Si no, ustedes no estarán haciendo política de verdad, que es la que ahora hace falta, una política de altura con ideas nuevas y con capacidad de movilizar al hombre y hacer que recobre la esperanza, sino partitocracia. Es decir estarán haciendo una política con el fin de ganar las próximas elecciones. Un saludo.

No sé exactamente a qué te refieres, pero te contexto un poco al tuntún. No existe gobierno de los ciudadanos perfecto. El modelo de la democracia griega, independientemente del tema de los esclavos y las mujeres, no es una democracia directa, ni perfecta. Pero sí alcanzó, en ciertas épocas, cotas de perfección moral de las que podemos aprender. Mi ideal es la república, que no es sólo esa fantochada de eliminar a la monarquía, sino de vivir conforme a la virtud pública. Eso exige una educación de la ciudadanía para que tome conciencia de que la democracia es un modelo ejemplar de vida, del que hay que desterrar el vicio y la corrupción, tanto entre políticos como entre gobernantes e introducir dentro de la igualdad de oportunidades la meritocracia. Ésta es la línea de la ejemplaridad pública que defiende Gomá y otros, entre otros el recientemente fallecido muy joven Rafael del Águila. (Te recomiendo las obras de ambos) Por otro lado, sí es posible un grado mayor de participación, simplemente, en el caso de España con una reforma profunda de la ley electoral. Cambiar la circunscripción por provincias a una circunscripción única que arrancase de la mónada de los municipios. Esto implicaría directamente al ciudadano en la actividad política. Conocería a sus gobernantes. Te recomiendo la lectura del libro “Teoría pura de la república”. El hombre es ciudadano o no es nada. Ahora vamos por el camino de la nada, de ahí tu cinismo. Lo que yo recomiendo en las elecciones es la abstención. Una abstención masiva daría lugar a la disolución del actual sistema por directo rechazo del pueblo. Ello daría lugar a la necesidad de realizar una república constituyente. Esa sería la forma del renacimiento de la república.
    Por otro lado, no hay que olvidar que el poder que tiene el rico lo tiene porque se lo hemos dado. También podemos arrebatárselo. E incluso sin violencia, por ejemplo con la objeción de conciencia o, mejor, la desobediencia civil…

Si los políticos leyesen sólo un tercio de lo que aquí se recomienda, en lugar de perder su tiempo en el afán de poder y las intrigas, otro país y otro mundo tendríamos. Y si los alumnos de secundaria y bachillerato leyesen estas obras y otras más, no los sucedáneos de lectura que se les ofrecen, para incentivar el hábito lector, vaya gilipollez, tendríamos una ciudadanía culta y crítica con el poder, que exigiría a sus gobernantes lo que exige a cualquier otro profesional, que cumplan con su deber. Y, además, aprenderían que su deber es ser ciudadanos. Es decir, que su virtud, igual que la de los gobernantes es la de la ejemplaridad pública. Pero todo ello es soñar y hoy me he levantado optimista…pero verás como alguien lo jode y me arrastra a la gris realidad.

            ***

    La importancia de la desobediencia civil se ha perdido con el pensamiento políticamente correcto que no es más que una mordaza del poder para poder hacer lo que quieran en nombre de la seguridad y el derecho de todos los ciudadanos. La desobediencia civil es el instrumento no violento con el que cuenta el ciudadano para luchar contra la opresión del poder totalitario. Ojo, que estos totalitarismos son posible, y de hecho actúan, en las democracias. Y aquí encubiertos de la verborrea de la libertad.

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“Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar”. E. Ciorán. Mi optimismo y mi pesimismo en un pensamiento de Emile Ciorán al que debo tanto, el mayor escéptico del siglo XX.
El optimismo y el pesimismo no son más que fabulaciones de nuestro cerebro sobre la “realidad” realidad que, por otro lado, en parte es construida por el cerebro. Y, como toda construcción racional, también es afectiva, de ahí resulta que la mirada sobre esa realidad sea optimista o pesimista. Pero esto es ir demasiado lejos, porque deja poco margen para nuestra libertad, que es lo que yo a ultranza pretendo defender. Si lucho por la libertad y la ilustración, pues debo ser un optimista ya que pienso que, en parte, se puede conseguir una mejra ético-política de la humanidad. Que mi método es filosofar con el martillo, pues eso no es más que un método, no la realidad. El filosofar con el martillo no es aniquilar, sino eliminar lo superfluo y dañino. Que se que lo hemos hecho fatal, que reconozco los genocidios, el carácter violento y agresivo del hombre, junto con su carácter sociable y empátito (lo cual nos salva y es lo que en esta situación de crisis global nos puede salvar: leer de J: Rifkin: “La civilización empática” y “la tercera revolución industrial”), que reconozco que la historia está llena de cadáveres en nombre del progreso, tal y como interpreta Benjamín el cuadro de Poul Klee “El ángel de la historia”, pues todo ello no me hace pesimista, sino valiente  afrontando al toro de frente. Ha habido grandes conquistas históricas, y es necesario conservarlas y aumentarlas. Pero ahora mismo estamos ciegos y no vemos que otros mundos son posibles. Es decir, que hay muchas cosas que no hemos hecho y que ni siquiera imaginamos de las que también podríamos estar orgullosos. Todo ello me lleva a la conclusión de que soy un optimista contumaz. Por tanto, no confundir, introversión, mal genio, crítica y autocrítica, carácter huraño con pesimismo. El pesimista es por definición un hombre sumido en el tedio, enfermedad mortal del alma. Siempre considera que no merece la pena hacer nada. Porque haga lo que se haga es peor. En mi filosofía o mi vida, que es casi lo mismo, eso no ocurre. En fin, que agradezco tus deseos pero, siguiendo a Popper, me considero uno de los últimos filósofos tambaleantes de la Ilustración. Y sabrás que el valor más importante de la Ilustración fue el optimismo. Pero doscientos cincuenta años después, no hemos tenido más remedio que matizar ese optimismo.



    

Está bien, pero, para ser más exactos, la esperanza es una virtud teologal y el optimismo un estado de ánimo debido a la interacción de nuestro carácter y temperamento. Por tanto, ni la esperanza (don divino), ni el optimismo dependen de nuestra voluntad. De ahí que la felicidad, como vengo manteniendo desde hace muchos años (entendiendo felicidad por satisfacción, alegría de vivir, no algo más profundo, que lo es), es algo muy accidental y que depende mucho de nuestra lotería genética y de las circunstancias. En este estrecho margen se mueve la libertad o voluntad, que cosiste en estar por encima de las circunstancias. El hecho de que ya no se suela ser creyente no excluye lo de la virtud teologal. ¿Por qué? Porque la esperanza es una creencia cuyo mecanismo biológico adaptativo es el engaño. No podemos tener esperanza ante lo desconocido, eso es creencia, por eso, los sabios cristianos llamaron a la esperanza virtud teologal, algo que dios puede o no darte.
    Frente a esto lo que nos queda es la libertad y la dignidad de la conciencia de seres limitados, pero con capacidad de superación y que a pesar de conocer que somos limitados no conocemos los nuestros. Por eso la dignidad y la capacidad de lucha son fundamentales. De ahí lo de las circunstancias. Yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas no me salvo a mí mismo. Y es en esto último donde está la libertad y la dignidad que son caras de una misma moneda. Y esta libertad y dignidad son las que salvaguardan nuestra vida y nuestra muerte. Dan sentido a la existencia.

Estoy leyendo un libro que creo importante y que reseñaré cuando lo termine. “La civilización empática” de Rifkin. El mantiene la tesis de que la evolución humana fue posible por la empatía que aumentó prodigiosamente la sociabilidad humana. Y esa empatía se hace posible por las famosas neuronas espejos, aquellas que nos permiten ponernos en el lugar del otro. Pero como la historia del hombre es su historia biológica y cultural, y como biológicamente somos seres abiertos, no determinados, pues hemos ido conquistando poco a poco y parcialmente esa empatía que nos lleva a ser capaz de contemplar el sufrimiento ajeno e intervenir para intentar eliminarlo. La encrucijada la tenemos marcada hoy en día. O pasamos a una sociedad empática total, o mayoritaria, o es el fin del homo sapiens, el caso civilizatorio. No sé qué pensar, me queda la parte del final y el autor es optimista porque conozco su obra y además he leído un libro, el último, posterior a éste “La tercera revolución industrial”, cuando la lea podré criticar. Pero creo que cae en el mito del progreso científico-técnico y para mí eso es un autoengaño. ¿Qué podemos y debemos hacer? Luchar por la justicia universal, cada cual desde el lugar que considere adecuado…Saludos.

Excelente comentario. Cuando yo hablo de que somos la voz del universo lo que hago es dar rienda suelta al misticismo que siempre he llevado dentro y que fue la base de mi antigua religiosidad. De todas formas lo que he encontrado es una vía científica de ese misticismo. Pero, una cosa, que seamos la voz del universo y su autoconciencia, no quiere decir que seamos conciencia plena, sino limitada. Toda forma viva que tenga conocimiento; y por citar a Popper, toda forma viva tiene conocimiento del universo, aunque no autoconciencia es una forma de autoconocimiento del universo. Nosotros somos una de las múltiples formas de autoconocimiento, plenamente limitado. Y una cosa muy interesante, que nos revelan las neurociencias modernas, esa forma de conocimiento es creativa. Dicho de otra forma y sin caer en idealismo, el conocimiento es una forma de creación del mundo por parte del cerebro, una simulación, a partir de la información sensible procedente de los sentidos que serían los interface entre el cerebro y el mundo externo. Con lo que, de esta forma, la polémica sujeto-objeto se desvanece y el tema de la verdad, desde las ciencias naturales a las ciencias humanas y sociales, pasando incluso por la ética, toma otra dimensión.


Cada día tengo menos confianza en la humanidad y cada día me convenzo más, por desgracia, de que la historia la mueven cuatro poderosos. Que la han movido siempre. Cada día pienso que la determinación de la historia depende de estas voluntadas inmorales y que quizás nada se pueda hacer. Y todo esto es pensar contra lo que día a día he ido construyendo filosóficamente. Pienso que los problemas se pueden resolver: el problema energético, el problema del hambre, muchas enfermedades, el problema medioambiental, el problema del agua, la igualdad: hombre-mujer, rico-pobre… lo que sucede es que esas voluntades de las que hablo y que funcionan piramidalmente, desde los más poderosos del mundo al común de los ciudadanos, no quieren. La esperanza es el engaño de la religión, la creencia en el progreso y en la participación democrática el opio que los poderosos nos dan para sentirnos participes de la construcción del mundo, cuando realmente el mundo se construye y se reparte en cuatro despachos enmoquetados…si los problemas se pueden resolver, y ese es el caso, es que no hay voluntad para resolverlo. En suma, eso es el fracaso del la especie humana. De la ironía al cinismo y del cinismo al escepticismo negativo. La historia como opresión del hombre por el hombre.

Maria Rosa, lo siento, pero creo que no argumentas nada nuevo, sólo aflora el rencor o el resentimiento que contra la historia machista tienes. Tu rencor, casi odio, te impide situar las cosas en su verdadera dimensión. Y esa dimensión es la de la opresión del hombre por el hombre, siempre. Te equivocas mucho, la violencia no tiene cantidad. El mal radical es aquel que se hace contra una persona de tal forma que en esas condiciones deje de ser persona y de sentirse tal. Lee la literatura que existe sobre los campos de concentración y exterminio. Así lo mismo da la violación de una mujer que cualquier otra tortura contra un hombre, como las de Abu Graib, por seguir con el contexto sexual. Insisto, la violencia, y cuando se llega a la radicalidad, más aún, no es cuantitativa. La historia de la humanidad es una historia de violencia y de crímenes, aunque no sólo, y no es la mujer, aunque tú lo digas la peor parada. A lo mejor son los niños, o los ancianos. Claro que tú siempre dirás, que si además eran mujeres, pues peor aún. Y yo te repetiré que cuando un hombre pierde la dignidad por el mal al que está siendo sometido todo lo demás da igual.
    Insisto, tienes que mirar desde lejos. Tampoco entiendo ese afán de libertad. No te cansas de decir que hasta que las mujeres no sean libres…pero, quién hay libre. Sé del sufrimiento de las mujeres, de los malos tratos, que muchos acaban en muerte, todo ello es penoso y un fracaso de nuestra cultura y todos los instrumentos del estado tienen que funcionar para erradicarlo y hay que estar en ese proceso y cada cual que se implique lo que quiera en ello. En la sociedad en la que vivimos la libertad tiene que ver con la libertad económica. Ésa es la primera que debe conquistar la mujer, pero esto tiene que ver, si lo ves desde lo general, con el derecho universal al trabajo.
    En fin, que no creo que merezca la pena seguir, por dos razones. Los dos estamos de acuerdo en que hay opresión sobre la mujer, pero estamos en desacuerdo en que tu consideras que esa opresión es la mayor que ha sufrido la humanidad. Creo que a tu visión le falta perspectiva histórica y hondura filosófica. Lee a Semprúm o a Reyes Mate, por ejemplo o Primo Levi. Y, en segundo lugar, porque tu discurso es visceral, arranca de un vicio moral, el rencor, la cólera, el resentimiento, algo de ello hay. No es lo mismo que las razones estén cargadas de afectividad, que el que las razones se apoyen en los vicios del alma. Hay que ejercitarse siempre en el conocerse a sí mismo socrático. Un abrazo.

Creo que cometes algunos errores de bulto. El primero es que hay que pensar que el permiso de maternidad es una conquista social, un derecho, como los demás, adquirido y que si es despreciado puede desaparecer, el cuidado materno es perfectamente sustituible, pero cada vez más la etología nos informa de la importancia de la relación madre-hijo en los primeros meses de vida en el desarrollo afectivo posterior del niño. Admito, por supuesto, que el permiso sea intercambiable, pero aquí nos dejamos lo que he dicho antes del cuidado íntimo, no el otro: cambiar pañales, mecer, pasear, jugar, entretener, bañar, en fin…eso es una tarea de cualquiera. Y que debe hacerse con el mayor afecto, el padre sería el más indicado. Pero la relación biológica íntima es insustituible. A eso es a lo que nos lleva un feminismo radical y dogmático y diría que perverso y fruto de la sociedad competitiva e la que vivimos. Además, tienes que tener en cuenta que, por debajo subyace la ideología productivista de esta sociedad. Las mujeres entran a participar en el mundo de la competitividad a intentar alcanzar ese famoso techo de cristal…bueno, y tu que sabes de filosofía, después qué. En eso consiste el vivir. Pues no. Y, por último, gran error, esta señora no tiene un trabajo de más relevancia o responsabilidad que ningún otro. Todos los trabajos son igualmente importantes y dignifican a la persona. Otra cosa es la excelencia del mismo. Pero todos son, en tanto que trabajos, porque el trabajo dignifica al hombre, igualmente dignos. Y, como todos somos iguales, ergo…saludos. Insisto, defiendo el feminismo de la igualdad, la conquista de derechos que hay que preservar y lucho contra una sociedad competitiva. La vida está en el propio vivir, no en las metas alcanzables que son ajenas a mi propia existencia. Son estos valores los que deben cambiar si queremos cambiar el mundo. La mujer ha caído en la trampa del capitalismo ha sido esclavizada y se la ha convertido en una máquina de competir. Si ese es el papel que la mujer ocupará en el mundo, entonces nada cambiará.
Pues hay que hablar desde la razón cordial, aquello de Adela Cortina. Esa razón tuya es la razón objetiva e instrumental. Y esa razón, como sabes nos lleva a la coseidad, a considerar al hombre como cosas, todo lo contrario del imperativo kantiano. La razón cordial es comprensiva. Y, además, la razón y os afectos no se pueden separar, salvo en la razón lógico matemática. Un saludo.

Vamos a ver, un derecho es una conquista histórica que protege al débil, en este caso a la mujer. Estoy de acuerdo con que en este caso el derecho laboral permite hacer uso o no de él. Bien. Pero vamos a la ejemplaridad pública, es decir, la virtud pública. Uno estaría en su deber de cumplir, si ha sido una conquista, además ardua y que, además, no es más que una consecuencia de un derecho mayor que no es abandonable, es decir, que no se puede elegir, el de la igualdad entre hombres y mujeres. El no hacer uso del derecho laboral está atentando contra el derecho de igualdad, y esto es más serio, son palabras mayores. Además, insisto, de esta manera, se cae, por ser muy feminista, la más feminista, el feminismo radical e integrista, en las zarpas del capitalismo. En cuanto a lo de las relaciones íntimas, por supuesto que está, como tú lo dices, lo de darle el pecho, y más. Es obvio lo que argumentas, hay madres que no han podido o que no han querido y no pasa absolutamente nada de lo que tú insinúas con tu ironía, no son menos madres, ni malas madres, ni nada de eso. Simplemente me remito a la etología y la inmunología, es mejor esa relación (dar el pecho), para la afectividad y el sistema inmunitario, que el biberón. Y esto se recomienda al menos durante un año. Lógicamente nuestra sociedad de prisas, trabajo, competencias,  no nos lo permite. Pero, fíjate, en los países donde el estado de bienestar está más desarrollado el permiso de maternidad es mayor, puede llegar hasta a los tres años, juntando permiso y jornada reducida. Por supuesto también para los hombres. De lo que se trata es de ganar en calidad de vida, no ganar dinero para consumir. Hoy en día son necesarios dos sueldos para que el sistema capitalista funcione: es una forma de eslavitud de hombres y mujeres. Insisto, tu sistema de valores se mueve en el feminismo extremo, aquel engendró que surgió del posmodernismo que es la filosofía de género y la mentalidad capitalista. El capitalismo no quiere que todos seamos iguales sino que todos seamos mercancía y renunciando a este derecho laboral que venimos comentando lo asumimos. Insisto con lo de dar el pecho, es una elección libre, en algunos casos es imposible. Pero, eso no significa que tenga que haber frustración. En tu argumentación has sacado las cosas de quicio. Es decir, que has abandonado la razón y has utilizado la pasión.

    Mi planteamiento, por tanto, no es integrista, sino que está en la línea de la defensa de la libertad y más en los tiempos que corren. El progreso ético-político que hemos experimentado en la historia es contingente y fruto del esfuerzo del pueblo y de algunas mentes audaces y esforzadas. No es el momento de echarlo por la borda.
    Dices que esta sociedad os ha traído la libertad, a pesar de lo de la esclavitud del capitalismo, pero añades algo que se sale de la lógica y es totalmente autista. Cito: “pero también nos ha traído la libertad, y cualquier otro tipo de sociedad anterior a esta es peor para la mujer, la pena es que esto solo lo vea la mujer. Y hasta que no llegue al poder de verdad vamos a seguir con el yugo.”
    Bueno, no voy a entrar en el tema de la libertad, que es el mismo para hombres y mujeres. Esta sociedad es una sociedad de esclavos, tanto hombres como mujeres. Por supuesto que hay distintos niveles de esclavitud y que la mujer era más esclava antes que ahora. Pero ahora viene lo autista. Dices, …”la pena es que esto solo lo vea la mujer.” Ahora es cuando se acabó el logos, el logos es lo común, ¿a quién le falta el logos, al hombre o a la mujer?, permíteme la broma. Pues te lo digo, a los dos, porque el logos es común a los hombres, a la humanidad, es lo que nos permite entendernos y es lo que nos hizo entender que el indio americano no era un ser infrahumano, que el chino o el negro, tampoco. Que los débiles mentales y físicos son personas con derechos y que hay que cuidarlos y protegerlos porque ellos por sí mismos perecen. Los hombres entienden a las mujeres lo mismo que las mujeres a los hombres, parcialmente; y tenemos diferencias biológicas que afectan a nuestra inteligencia, y afectividad, por supuesto, lo cual no implica que socialmente no seamos iguales, personas. Y todos entre todos, nos entendemos parcialmente. Y en ese esfuerzo de entendernos buscamos lo común, lo universal. Un universal ético. Y luego añades algo tremendo: “Y hasta que no llegue al poder de verdad vamos a seguir con el yugo”; es decir, que sigues en el paradigma capitalista: el ansia y la búsqueda del poder. Hay un yugo sobre la mujer, tremendo, como por ejemplo es el de la prostitución para sobrevivir, el caso del sudeste asiático. El caso del tráfico de blancas, del turismo sexual. Por hablar de cosas extremas, porque la opresión es generalizada. Pero el yugo está por doquier, también hay niños soldados, varones, claro, y esclavos en las minas desde los cuatro años, varones, claro. Ese feminismo de la diferencia que defiendes es aberrante. Hay que defender a la humanidad. Y, cuando en otros tiempos la mujer estaba oprimida totalmente, tampoco el hombre normal era libre. Estaba sujeto al amo, sin derechos. No existían juicios. Existía la tortura. Es decir, que la lucha se debe y se puede hacer desde lo particular, pero no debe ser excluyente. La opresión ha sido y es universal, y no distingue entre hombres ni mujeres, niños ni adultos. La opresión es el estado natural en el que ha vivido el hombre desde el neolítico. Sólo en el paleolítico, curiosamente, la estructura social de los clanes era matriarcal y matrilineal, no había opresión, pero sí inseguridad, miedo e indefensión absoluta ante las fuerzas de la naturaleza. Quizás este fuese el paraíso, pero la curiosidad humana, junto con el lenguaje y algún que otro fenómeno accidental dio lugar al neolítico, y no hubo marcha atrás.
    Nuestra libertad hoy en día es más una apariencia. Y se reduce a una libertad mercantil tremendamente escasa. Porque, desde esta lógica, sólo es libre el rico. Por cierto dos grandes estadistas mujeres conozco Thacher y Merkel, las dos se caracterizan por la eliminación del estado y la instauración de lo que el neoliberalismo llama reformas estructurales, es decir, pérdida de derechos laborales entre otros, uno de ellos el de la maternidad. Ya sé que esto que he dicho no es un argumento, pero sí un ejemplo que no pretende ir más allá. Yo no espero que las mujeres leguen al poder y sea la solución. Yo lo que sugiero es un cambio de paradigma. Porque he defendido en múltiples ocasiones que la crisis que padecemos es filosófica. Entonces, brevemente, de lo que se trata es de eliminar la economía actual por otra basada en la naturalización de la misma (los límites del crecimiento), la humanizaión, no hay economía sin ética (y me da igual que el que ponga esto en marcha sea un hombre o una mujer) y, por último, el ecocentrismo. Hay que sustituir el valor que venimos heredando de nuestra tradición religiosa de que el hombre es el centro de la naturaleza, y que ha sido alimentado por el enorme éxito de la tecnociencia, por el valor de una ética ecológica, que trascienda a lo humano, ya sea hombre, mujer, niño, negro…en la que el hombre se ocupe del cuidado y no de la explotación del planeta. Esto es viable técnicamente. El problema es si se podrá producir la revolución paradigmática de valores de los que hablo. Saludos. P.D. Por cierto, animales somos todos y como tales actuamos, toda nuestra cultura no es más que una adaptación biológica de supervivencia. Lo que la mujer experimenta al tener un hijo no es más que una intensificación del instinto de supervivencia, porque nuestra supervivencia está en nuestros hijos…

La historia de las ideas es una historia de los vencedores, también los hubo entre los hombres. Por qué Platón como seguidor auténtico de Sócrates y no Antístenes. La historia hubiese sido otra. Hay múltiples historias de la filosofía ocultas que además darían lugar a mundos y sociedades distintas. Las mujeres, desde el neolítico hasta ahora, también han sido las perdedoras de la historia, por eso han permanecido ocultas. Muy importante este trabajo. Aunque, aviso, mi postura es la del feminismo de la igualdad no de la diferencia. La diferencia es la que hay entre cualquier ser humano y otro.

Si esto no fuese así (que los niños por naturaleza comparten) el hombre no habría sido viable como especie. Es la base de la sociabilidad, la empatía. Por eso la economía actual, basada en la competitividad, está equivocada y lo que produce es hambre, miseria y cada vez más desigualdad. De ahí que la economía deba volver a la naturaleza (reconocimiento de sus límites) y al hombre: la economía como algo inseparable de la ética.

Efectivamente. Y esa crisis ambiental, que es lo que podemos llamar problema ecosocial es el resultado del tipo de relación del hombre con la naturaleza. Esta relación ha sido de dominio y explotación. Pero no es la única posible, como sostienen los partidarios creyentes en el dios del progreso. No. La relación entre hombre y naturaleza es biológica y cultural. La cultura es nuestra segunda naturaleza que emerge de la primera. E, igual que nuestra naturaleza biológica, no es cerrada, sino abierta. Por eso somos seres con historia, por eso hay encrucijadas y elecciones. El neolítico fue un paso que dimos y que no tiene vuelta atrás. A partir de ahí venció la relación de dominio del hombre sobre la naturaleza y la mujer (familia patriarlal). Hubo otros, pero sucumbieron. La tarea ahora es doble. Una tarea técnica, cómo guiar una política del decrecimiento, porque el decrecimiento ya existe, lo que ocurre es que va desbocado, y otra filosófica, política y ética, que tiene que crear el tipo de conciencia en la que se pueda pasar del antropocentrismo al ecocentrismo.  Es una ética del cuidado. Como decía el filósofo Manuel Sacristán, “hay que cambiar del paradigma del crecimiento (y esto en los años ochenta, poco antes de su muerte), al del cuidado.” Una bella frase que encierra un profundo conocimiento. Me la enseñó Riechmann, a la vez discípulo de Sacristán.

Menuda panda. Eso pasa por haber realizado una unión económica y no política. Por otro lado, Alemania quiere el gobierno total de Europa, cuidado con Alemania. El BXE o admite comprar bonos de los estados a un bajo interés o no es banco ni es nada, es un aliado de la banca privada, a la que sí presta a un muy bajo interés 1%. Por tanto, si no hay una movilización masiva han conseguido lo que comenzaron hace cuatro décadas, acabar con la socialdemocracia. Y eso no implica el triunfo del liberalismo como creen algunos, sino el triunfo de unos cuantos superricos, el triunfo del capitalismo salvaje o sin bridas. Un retroceso ético-político incrfeible, por no hablar del coste humano (sufrimiento, hambre y miseria) que ello conllevará.

El cambio climático y la economía actual son dos caras de la misma moneda. Si ahora el cambio climático no es prioritario y se intenta parchear el sistema económico vigente estamos en un tremendo error. Es necesario cambiar el sistema económico hacia una economía del decrecimiento, no ya sostenible o verde, que son apelativos de programas políticos. Y esto exige un cambio de paradigma en las ciencias económicas y en la visión del mundo.

Te recomiendo, Miguel, un libro de hace más de una década de la economista y filósofa, Susan George “Informe Lugano” es un libro de política ficción. Ahora mismo, para mí, es escalofriante porque resulta que parece ser que se cumple punto por punto. No sé, será que tanta crisis nos está haciendo perder el norte y vuelven los miedos ancestrales cuando no es para tanto…pero la cosa da para libro o película de ficción-terror. Siempre podemos tener en nuestro horizonte que el hombre es capaz de cualquier cosa. La historia lo muestra y el siglo XX es impensable. Es más, lo que ha ocurrido en el siglo XX es impensable, escapa a la razón, como he leído en un muy recomendable libro de Reyes Mate, filósofo y premio nacional de ensayo en su última obra “Tratado sobre la injusticia.” Saludos. “Es más difícil honrar a los sin nombre que a los famosos. A la memoria de los sin-nombre está consagrada la historia.” Walter Benjamín” esta es la cita que encabeza el libro. Tod el tratado es un profunda reflexión sobre ella, la historia, la memoria y la naturaleza humana.

Te recomiendo, Miguel, un libro de hace más de una década de la economista y filósofa, Susan George “Informe Lugano” es un libro de política ficción. Ahora mismo, para mí, es escalofriante porque resulta que parece ser que se cumple punto por punto. No sé, será que tanta crisis nos está haciendo perder el norte y vuelven los miedos ancestrales cuando no es para tanto…pero la cosa da para libro o película de ficción-terror. Siempre podemos tener en nuestro horizonte que el hombre es capaz de cualquier cosa. La historia lo muestra y el siglo XX es impensable. Es más, lo que ha ocurrido en el siglo XX es impensable, escapa a la razón, como he leído en un muy recomendable libro de Reyes Mate, filósofo y premio nacional de ensayo en su última obra “Tratado sobre la injusticia.” Saludos. “Es más difícil honrar a los sin nombre que a los famosos. A la memoria de los sin-nombre está consagrada la historia.” Walter Benjamín” esta es la cita que encabeza el libro. Tod el tratado es un profunda reflexión sobre ella, la historia, la memoria y la naturaleza humana.

Biocentrismo y educación.

    Volvemos una vez más sobre el sempiterno tema de la educación. Esta vez no para hacer una crítica sesuda de los que yo creo equivocados principios sobre los que se basa la educación. Por el contrario, me voy a referir a los objetivos y, en concreto, al objetivo fundamental que debe perseguir la educación si queremos conservar un futuro.

    Pero antes tenemos que señalar cuáles son los objetivos fundamentales de la educación en la actualidad, tanto en la secundaria como en la superior, Plan Bolonia. Pues bien, he de decir muy a mi pesar que la educación se inscribe dentro del paradigma clásico de la economía neoliberal. La formación de los ciudadanos tiene como objetivo, fundamentalmente, la productividad. Se forma a los ciudadanos –y esto se toma como una inversión- para que en un futuro sean productibles. Es decir, que la economía neoliberal, incardinada en el paradigma ortodoxo y clásico de la economía, considera que lo que importa es el crecimiento económico y, por ello, es necesario que la formación vaya dirigida a la productividad. Cuanto más se produzca pues mucho mejor para el sistema. Por otro lado, se tiende a eliminar la capacidad crítica del alumno, porque en el fondo no se pretende formar a personas, sino a instrumentos intercambiables. Los ciudadanos son considerados como mercancía cuyo valor reside en su capacidad de producción que es medible y cuantificable. Por eso uno de los objetivos fundamentales de la educación superior es la adaptabilidad. El estudiante, futuro ciudadano, tiene que estar preparado para adaptarse a la sociedad que le ha tocado vivir. Esto es muy curioso porque no se le deja que se pueda plantear el nivel de justicia o injusticia que pueda haber en esa sociedad. No, adaptarse y punto. Productividad y adaptación, ese ha sido el proceso de domesticación al que ha sido sometido el ciudadano desde la cuna a la tumba. De tal forma que en un mundo supuestamente libre lo que nos encontramos son zombis ambulantes que repiten eternamente sus rutinas y que, de vez en cuando, tienen un regalo para entretenerse, un caramelo. Y además, todo ello, adobado con la farsa de la democracia. Se nos hace pensar, domesticándonos, que vivimos en democracia, que somos libres, que tenemos libertad de expresión, cuando esto no son más que palabras gastadas que no tienen ningún sentido salvo el de mantener el engaño.

    Mi visión es muy distinta. En primer lugar considero que la educación debe ser el proceso por el cual la humanidad se emancipe del poder, de toda forma de poder. Sé que quizás esto sea un imposible, porque la educación es precisamente uno de los instrumentos que el poder utiliza para domesticar. Lo que habría es que concebir la educación desde otra perspectiva que amplificase la autonomía y la pluralidad y que la garantía del estado en lo referente a la educación sea sólo una garantía y no una domesticación. Pues bien, en este sentido son dos los objetivos fundamentales que debe alcanzar la educación. En primer lugar, uno que ya he repetido muchas veces, pero que siempre será necesario recordar y es el de que la educación debe formar personas. Y una persona es un sujeto autónomo y libre. Alguien con capacidad de elección y de crítica. Una persona capaz de mirar al mundo cara a cara y decir lo que no le gusta y qué es lo que habría que cambiar. Todo lo contrario al animal doméstico que pretende producir el neoliberalismo, en definitiva, una pieza de recambio. Esto en primer lugar. Es decir, que la educación debe producir la ilustración. De ahí que yo considere la Ilustración un proyecto inacabado. Pero hay otro objetivo fundamental de la educación del siglo XXI y del que depende literalmente nuestro futuro. Y este nuevo objetivo se incardina en el cambio hacia un nuevo paradigma que ha de venir, pues el anterior está agotado y, por lo demás, todos podemos caer con él. Sería el colapso definitivo.

    El problema es el siguiente: la economía –y toda nuestra tradición filosófica y religiosa- está anclada en la idea del dominio del hombre sobre la naturaleza. Esto por mandato divino y por la propia capacidad técnica humana. Todo lo cual nos lleva al imperativo tecnológico. Todo lo que se puede inventar se inventa y todo lo que se puede aplicar se aplica. El imperativo tecnológico se puede entender también como una forma de entender la historia en el sentido en el que el movimiento histórico se interpreta como una consecuencia del cambio tecnológico. Es la tecnología la que cambia la historia. Esto es un reduccionismo y, como tal, falso, pero es una de las ideas, que se ha convertido en la religión de la tecnología salvadora, que baraja el neoliberalismo. Por otro lado esta economía no reconoce límites al crecimiento económico. Es más, todas sus medidas económicas están dirigidas al incremento del crecimiento. Y lo que subyace a toda esta idea es el enfrentamiento entre hombre y naturaleza. Y es aquí donde está el error. Esta idea equivocada y que nos ha llevado a la situación de encrucijada en la que nos encontramos es un grave error. Somos animales pertenecientes a una ecosfera. Y nuestra existencia es una existencia en pie de igualdad con el resto de los animales. La biosfera forma un sistema orgánico; es decir, un sistema de equilibrio, si el equilibrio se rompe el sistema tiende a buscar otra forma de equilibrio, a no ser que el daño sea muy elevado y todo el sistema perezca. Pero esa no es la situación actual de nuestra biosfera. Tenemos que ser conscientes de que somos elementos de la biosfera que han tenido una idea equivocada de la relación con ella, que nos hemos considerado dueños y señores de la misma, y eso ha producido un grave daño del que los primeros perjudicados somos nosotros. Y todo ello nos lleva a su explotación, lo cual ha producido un cambio profundo en su equilibrio. Somos los causantes de ese desequilibrio y precisamente por una idea equivocada que todavía se sigue impartiendo en las escuelas y las universidades, que es una idea comúnmente aceptada. Pues bien, yo propongo como reto y como ideal que el objetivo fundamental de la educación es enseñar a los futuros ciudadanos el biocentrismo; esto es, hasta ahora hemos vivido en el antropocentrismo. Si queremos sobrevivir, además de que el biocentrismo es la idea acertada, tenemos que pasar al ecocentrismo. Debemos ser capaces de considerarnos miembros de la ecosfera y ser sus cuidadores. De su cuidado depende el futuro, me refiero al futuro de la raza humana, o, al menos, de nuestra civilización. Si el futuro ciudadano asume el biocentrismo habremos cambiado de paradigma y abandonaremos todo aquello perverso del paradigma anterior que, por lo demás, nos tiene al borde del colapso. De este gran cambio educativo, unido al de la ilustración, que si lo observamos son inseparables, depende la supervivencia y el modo de supervivencia de las futuras generaciones.


    Hay que dejarse de plantearse el tema de la felicidad que no es más que un opio del modernismo y rescatar la libertad y la virtud. La virtud nos hace libres. Pero la libertad nos puede llevar a la tortura, el mal radical y la muerte. La historia está plagada de todo esto. A Punset se le ha ido la cosa de las manos. Ha confundido felicidad, en sentido profundo y filosófico, por ejemplo Aristóteles, el hombre feliz es el que tiene el supremo bien, la virtud, pero la virtud es trabajo y esfuerzo contra el vicio que siempre tira de nuestra voluntad, pero el que domina el vicio, con el esfuerzo, se hace libre; lo ha confundido decía con el bienestar. Y esto es un error, sobe todo cuando se traslada a la educación. Estas teorías de Punset, bueno que él divulga, les están viniendo de perlas a los teóricos logsianos. Insisto, la cosa es peligrosa. La felicidad hoy en día no es más que opio para el pueblo. Todos quieren ser felices, eso es síntoma de narcisismo individualista fruto del posmodernismo.  La misión es la recuperación de la libertad, la virtud, la dignidad y el sentimiento empático de que todos formamos parte de la biosfera. Esos son los objetivos fundamentales de la educación. No la productividad, ni el bienestar, eso es meramente animal.

Es cierto Fernando, pero ya escribí un largo artículo sobre el asunto. El caso es que también salió un libro titulado Superficiales ¿en qué está convirtiendo nuestras mentes Internet? Hace un análisis a nivel histórico de los diferentes cambios en la comunicación y lo relaciona con las diferentes formas de acceder al conocimiento y las distintas formas de la afectividad. Luego hace un estudio sobre la impresión real que esto deja en nuestros cerebros, esto es lo apabullante, porque conocemos con el cerebro, el mundo está en nuestro cerebro. ¿Sabes el cambio, no sólo externo para el ámbito del conocimiento, sino a nivel neuronal cuando se pasó, por el hábito de San Ambrosio, del acto de leer en voz alta a la lectura en silencio. ¿Y la imprenta? Sin el acceso de la burguesía a las novelas no habría habido posibilidad de empatizar, de ponerse en el lugar del otro y, sin eso, la Ilustración, con sus derechos del hombre y del ciudadano, que eliminan la tortura no hubiesen sido posibles. Sócrates tenía razón, el pensamiento es diálogo, construcción, la escritura lo mata. Pero se equivoca, porque no lo mata, lo transforma. Por otro lado Ortega dice que somos esencialmente técnicos y la técnica es la producción de lo superfluo. Vivimos de lo superfluo, ¿qué es si no el arte, la ciencia y la filosofía? No entro ni a la religión ni al derecho, puesto que como animales sociales que somos son absolutamente necesarios para la supervivencia. Todo lo demás nos sobra, pero nos es necesario en tanto que vivimos de lo que nos sobra, de lo superfluo que produce la técnica. Y por eso tenemos historia. La vida es mestizaje, cambio, fluir, nos lo enseñó el viejo Heráclito y nos lo recordó Nietzsche. No hay dioses, dios ha muerto y nosotros somos sus propios sepultureros. Todos es provisional…la historia empieza en cada momento.

El laicismo. Del fanatismo de Juan Pablo II al integrismo de Benedicto XVI.

    Se nos quiere hacer ver que el laicismo es un término que implica una hostilidad frente a la iglesia, que significa anticlerical. Frente a ello, se propone el término de laicidad. Esto es un auténtico error y una farsa. Se nos intenta engañar por medio del lenguaje. El laicismo es un ideal teórico y práctico surgido en la Ilustración y que se sumerge en todo lo que ella significa, sobre todo, tolerancia y respeto y, por su puesto democracia. Es muy importante tener en cuenta que no existe la democracia sin el laicismo, o que el laicismo va implícito en los caracteres de la democracia.

    El laicismo es la consideración de que el estado y las iglesias, sean cuales sean, deben ir separadas. Esto no quiere decir, como vienen sosteniendo últimamente Habermas, que las iglesias no puedan intervenir en el diálogo público, en esa sociedad comunicativa, pero, para ello, han de renunciar a algo esencial, sobre todo a las doctrinas del libro, la verdad. La religión reclama toda la verdad para sí. Eso es absurdo y, lo peor, intolerante. Este principio es el que nos lleva, precisamente, a la intolerancia de la iglesia, es decir, al fanatismo y de éste, al integrismo. Y del último a la violencia sólo hay el paso de ser poseedores del poder. Cuando alguien reclama para sí toda la verdad trata de imponerla a los demás. Y si resulta que ese alguien es poseedor del poder, lo hará por la fuerza. La historia es maestra de esto, y no me refiero sólo a la religión cristiana, sino a toda forma totalitaria de pensamiento.

    El laicismo, por el contrario, tiene como base el diálogo. Y el diálogo es la búsqueda en común de la verdad, es la suposición de que nadie tiene la verdad absoluta. Que en política, en la res pública hay que pactar. Y que si la iglesia quiere participar en este debate lo debe hacer desde las reglas de la democracia y no del totalitarismo epistemológico y moral. La Ilustración conquista precisamente la virtud de la tolerancia, que se muestra en el respeto al otro. Pero este respeto, dentro del marco democrático, no es un respeto pasivo, sino activo. Con ello quiero decir que de lo que se trata es de que se fomente el diálogo y para que éste se de hay que suponer la posibilidad del error de nuestras opiniones. El dialogo nos permitirá acceder a una verdad superior y más universal. Es el único instrumento con el que contamos.

    Y esto se relaciona con el que creo que es el último libro del teólogo Juan José Tamayo “Juan Pablo II y Benedicto XVI, del fanatismo al integrismo”. Libro lúcido, claro y, sobre todo, comprometido con una teología heterodoxa, más allá de la esclerosis de la iglesia, que caracteriza al autor. El punto común del libro es que ambos papas han dado la espalda al concilio Vaticano II con todo lo que ello significa. Y, en segundo lugar, ambos pontífices declaran como el origen de todos los males actuales a la modernidad, esto es, la Ilustración. Estoy absolutamente de acuerdo con las tesis de Tamayo. Y el libro es un recorrido por ambos papados, no es un tratado de teología arduo y sesudo. Simplemente se van marcando las posiciones de los autores a través de sus encíclicas, viajes, discursos, etc. un libro que quiere llegar a todo el mundo porque la intención que tiene es mostrar que hay otra iglesia que no es la oficial y es la que defiende la justicia, lucha contra la miseria, no participa del ideal neoliberal, procura el dialogo intercultural e interreligioso, practica y cree más en la ética que en la dogmática, y así.

    Es un error considerar a la modernidad como el origen de todos los males. Puedo admitir, y así lo he defendido en algún escrito, que la razón ilustrada se pervirtió, y de esa perversión surgieron tremendos males contra la humanidad, surgió el mal radical. Pero esto no es la normalidad de la razón ilustrada, que hizo posible el surgimiento de los derechos humanos y de la democracia, proyectos en los que estamos imbuidos porque están inacabados. Y tampoco se refieren los papados a esto. Lo que vienen a decir es que la modernidad trajo, al imponer a la razón como el criterio de la verdad, el relativismo. Y esto, ¿por qué?, pues muy sencillo, porque la razón elimina a la fe y al poder de la superstición. Y, algo más importante, porque la razón no nos lleva a la verdad absoluta, salvo cuando se pervierte, sino que se ejerce en diálogo dentro de un marco político que es el de la democracia. De ahí lo de fanatismo e integrismo. Cuando uno cree que su conjunto de verdades o pensamientos sobre el mundo son los únicos y verdaderos es un fanático y esto es lo que le ocurrió a Juan Pablo II. La cosa es grave, porque excluye la posibilidad de diálogo, cierra todas las puertas. El concilio Vaticano II había anulado un principio eclesial intolerante y que cerraba el diálogo de la iglesia con la sociedad y el resto de religiones, era el principio de que fuera de la iglesia no hay salvación; principio que rigió desde Constantino hasta nuestros días. Pues esto fue abolido y fue un gran paso porque de un plumazo eliminó el fanatismo, las puertas estaban abiertas al diálogo. Pues no, Juan Pablo II se pliega sobre sí mismo y cae en el fanatismo. Pero Benedicto XVI va mucho más lejos, su fanatismo se convierte en integrismo. Es decir, elimina la posibilidad del dialogo porque declara la falsedad y herejía de todo aquello que no concuerde con la ortodoxia de la iglesia que, por otra pare, es él mismo. Esto le lleva a la persecución de cualquier discrepancia dentro de la iglesia y a cerrar las puertas al diálogo interreligioso. El integrismo es, además de una postura cerrada, una postura beligerante. Su enemigo fundamental es la modernidad. Es bien cierto, y coincido en su análisis, que la sociedad posmoderna es egoísta, superficial, consumista, falta de espíritu, de sacrificio y de espiritualidad. Pero esto no es el resultado de la modernidad, sino de una de las formas pervertidas de la modernidad, el neoliberalismo posmoderno. Curiosamente convertido en una religión. Una religión sutil a la que no sabemos ni que pertenecemos. Una religión que ha alineado nuestro cerebro de forma tan perfecta que no teneos criterios para distinguir si en ella hay algún pensamiento nuestro. El combate contra todo esto es: más ilustración. La opción del papa es la de la guerra, metafóricamente, proponer su pensamiento como pensamiento único y salvador. Me temo que por esta vía la iglesia se quede vacía. La alternativa a la iglesia es la de una iglesia abierta al mundo, al diálogo religioso, a las injusticias políticas y económicas. Una iglesia de la liberación y de los pobres. Una iglesia en dialogo con la política y el mercado, pero que nunca se piense poseedora de la verdad. Y el lema de esa iglesia es, como dice Jon Sobrino, teólogo de la liberación, “fuera de los pobres no hay salvación”

Con lo que no estoy de acuerdo es con tu última frase. Hay una cosa importante, la religión es lo que da la esperanza. Si el hombre no fuese un ser desesperanzado no habría religión. Es decir, si el hombre no es un ser contingente y con conciencia de su finitud y muerte no hay religión que valga. La esperanza es lo que la religión nos ofrece. Por eso, cuando la religión fue sustituida se suplantó por ideologías políticas e incluso tecnciemtíficas totalitarias que daban un sentido último a la vida y la sociedad. Pero aquí es donde reside el tema. El hombre es un ser contingente, tanto a nivel de especie como individual. Esto lo podemos creer o no, aunque es cuestión científica probada. (Eso sin equiparar ciencia a verdad) Si no lo creemos es porque necesitamos de la esperanza. El hecho de nuestra contingencia nos lleva a que la esperanza no existe en términos absolutos, sino que depende de cada uno de nosotros y del proyecto de la humanidad en su totalidad. Que, dicho sea de paso, por el camino que vamos, no creo que sea el más adecuado. Por eso el hombre debe ser el artífice de su propia esperanza; o, si no puede, de su desesperación.

    Y hay otra cosa importante. La religión no pone al hombre en el centro como espectador privilegiado. No, de ninguna de las maneras. La religión privilegia al hombre en el sentido en el que lo convierte en dueño y señor de la creación. Todo está hecho para el hombre, para su uso y disfrute. Y resulta que esta tradición cristiana unida al surgimiento de la ciencia en el Renacimiento de la mano de Bacon, pues originó el pensamiento tecnocientífico que nos ha llevado a la situación de precolapso en la que estamos. Me explico. El pensamiento tecnocientífico hizo realidad el mandato bíblico “Creced y multiplicaos y dominad la tierra” En ninguna religión pudo pasar esto. Incluso si hubiese aparecido el saber tecnocientífico en otra civilización, su desarrollo y transcurrir hubiese sido distinto. El hombre es proclamado dueño y señor, y así se ha comportado, no espectador. Precisamente, espectadores del universo nos ha hecho la ciencia desvelándonos los insondables misterios que esconde y los aún por descubrir. Por el contrario, el hombre no es ni centro, ni señor, ni nada de eso. El hombre es un ser contingente que apareció como pudo no haber aparecido, que habita una galaxia vulgar, alojado en el lateral de una de sus espirales y cuya existencia es un suspiro en la inmensidad del tempo cósmico. Si reducimos el tiempo del universo a un año, la revolución industrial ocuparía el último segundo del tiempo cósmico. Y como todo lo que nace muere, el hombre es una especie llamada a desaparecer o trasformarse en otra cosa. Lo único que nos cabe esperar es que la situación actual no sea el fin. Aquí mi esperanza no tiene nada que ver con la religión, sino con la capacidad humana, ético-política-tecnológica de salvar este gran obstáculo.

“Los hombres no son naturalmente ni reyes ni grandes, ni cortesanos ni ricos; todos han nacido desnudos y pobres, todos sujetos a las miserias de la vida, a los pesares, a los males, a los dolores de toda clase; en fin, todos estamos condenados a morir. He aquí lo que es verdaderamente el hombre, he aquí de lo que ningún mortal está exento.” Rousseau. Emilio
Unas bellas palabras para definir la igualdad del hombre a las que no es posible añadir nada más. Quizás el comienzo de la última obra del autor Meditaciones de un paseante solitario, que desde la primera vez que las leí hace casi treinta años me atrajeron como un imán. En esta primera frase de su esrito Rousseau iguala al hombre en la soledad, “compañera” de viaje de la que no se puede escapar: Heme, pues, aquí, en el mundo solo sin mas amigo, prójimo, ni compañía, que yo mismo.

Nunca he sido partidario del pensamiento positivo. Es una forma de control y de autoengaño. Siempre he preferido el escepticismo y la crítica. El hombre no es un ser al que se le pueda pedir demasiado.

            ***

El mundo es incognoscible por la propia estructura interna de nuestra sistema cognitivo, además de por nuestros factores externos, socio-culturales. A pesar de ello, tenemos una fracción de conocimiento del universo que, por lo demás, es curioso, somos parte del universo que se hace consciente de sí mismo. No hay preguntas sin respuestas. Estas son falsas preguntas. Lo que sucede es que nos planteamos cuestiones sin solución, porque no son tales cuestiones y encontramos la solución en la religión. Así la religión ampara nuestra ignorancia. Es el dios tapaagugeros del teólogo Bonhofer. Creo que lo mejor es dejar las cosas de la ciencia para la ciencia y las de la fe para la fe. El problema es que el camino de la ciencia, por un lado, más el camino de la investigación histórico crítica de las escrituras, por otro, nos pueden explicar con  bastante claridad el fenómeno religiosos. Ahora bien, eso no implica que esto convenza a nadie y deje de creer. Simplemente, cuando creemos tenemos ciertas redes neuronales activadas, cuando dudamos, otras, cuando demostramos otras. En fin, que existe una incompatibilidad, a nivel de estructura cerebral, entre racionalidad y creencia. Por eso no es cierto que el hombre sea un animal racional. Y por eso fuimos capaces de inventar el pensamiento mágico, después el mítico y sobre éste el religioso. Después llegó la filosofía y la ciencia. La diferencia entre los anteriores y éstas es que la filosofía y la ciencia pueden dar razón de la religión el mito y la magia. A la inversa, no. Pero insisto. Por mucho que esto se diga, el creyente seguirá siendo creyente y, como se dice, dirá, junto con Pascal gran matemático y creyente “El corazón tiene razones que la razón no entiende.”

Frente a la globalización, el cosmopolitismo.

Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Terencio.

Está claro que vivimos en un mundo de globalización. Otros no tendrán tan claro que esa globalización comenzó en el Renaimiento, pero eso no importa. Ahí está el comienzo hasta que hemos llegado a la situación actual. Situación absolutamente de locura, irracional y que acarrea la miseria masiva. También la globalización que se inicia en el Renacimiento trajo el colonialismo y con él el exterminio y el genocidio. Es la condición humana que no sabemos si seremos capaces algún día de trascender. Pero hoy la globalización, desde los años ochenta y noventa para acá, se ha hecho demoníaca. Y digo esto porque en realidad no hay globalización. Alguno se llevará las manos a la cabeza. Pues sí, pienso que no hay globalización, sólo una parte de lo que podemos llamar globalización; y es la del mercado financiero. No hay globalización ni de personas, ni de mercancías. Los ideales ultraliberales que nos dicen machaconamente que hay que dejar libres al mercado pues resulta que son ellos los primeros que lo incumplen. El mercado regula y exige a los gobiernos la regulación de las mercancías que les pueden perjudicar. ¿Dónde está la libertad del mercado? Es la libertad del más fuerte, es la visión falseada y esteriotipada del darwinismo social: triunfo del más fuerte. Olvidan estos neoliberales, que utilizan al poder político para sobrevivir y crecer, que el darwinismo defiende la cooperación y la simbiosis como mecanismo de supervivencia. Lo único que fluye libremente es el capital. Y se empeñan en seguir que así sea. Y también se empeñan en crear una ideología homogénea que todo el mundo asuma en la que la globalización es un hecho. Todo falso. No hay globalización, hay un imperialismo del capital y de la ideología que sustenta a éste que, como siempre, es un pensamiento único.

            Frente a la globalización yo propongo el cosmopolitismo, viejo ideal griego que viene ha decir que el hombre es ciudadano del mundo. Que las naciones son provisionales, que la ley de la naturaleza es universal. Pero me gusta el sentido de cosmopolitismo que ofrece Terencio, Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Esto implica un reconocimiento ético de la humanidad en el otro. No se trata de la globalización de la riqueza financiera, sino de la universalización de la condición humana. Todo hombre, por el hecho de serlo, es un sujeto de dignidad, un fin y no un medio. Los poderes actualmente nos tratan como mercancía, como ganado que consume su propio producto. Sería necesario echar mano de este cosmopolitismo para recuperar los ideales éticos de la humanidad. Aquellos ideales que nos hacen sentirnos orgullosos y no asqueados. Como he dicho en muchas ocasiones la historia carece de sentido. El sentido es provisional. Por eso tampoco hay un progreso, en el que ciegamente creen los neoliberales, sino un progreso contingente que depende de nuestro quehacer. Pues bien, la globalización es un engaño; y, además, se nos suele decir que es lo que hay, lo único que tenemos. (Cuando escucho esto veo que estoy ante un vencido y que está todo por hacer); pues no señor, la humanidad es capaz de trascenderse a sí mismo. Y creo que el ideal del cosmopolitismo, con la base ética que hemos mencionado es de importancia. No se puede permitir más, sin pensar en el suicidio o el nihilismo, que los inmigrantes mueran en el mar o en los desiertos, que los pobres mueran de sed…mientras el tránsito de capitales está absolutamente globalizado. Algo falla. Falla nuestra percepción ética. El cosmopolitismo es la base política y ética para luchar contra esta locura criminal organizada que es la globalización cuyas consecuencias todo el mundo asume y acepta. Hemos de recuperar el principio de responsabilidad de H. Jonas. Somos responsables de aquel que no conocemos y del no nacido. Su mal depende de nuestra acción, por tanto, somos absolutamente responsables. Es necesario pensar otro mundo, y es necesario pensarlo desde la ética y la política.

Sí, y disulpa porque no tengo tiempo para argumentar seriamente mi propuesta. La abstención llevaría al sistema al garete. Una abstención superior al 80% minaría las bases de la credibilidad del sistema democrático y nos demostraría que vivimos en una plutocracia demagógica. Tras esta situación no habría más remedio que constituir un gobierno de unidad nacional del que surgirá una nueva constitución que sería la base de una república constituyente que eliminase los errores del pasado, permitiendo la pluralidad política, la libertad política y la ciudadanía. Ninguna de estas cosas, clave de la democracia, existen en las psedodemocracias actuales. Un saludo.

"Filosofar es prepararse para la muerte" Platón. "En nada piensa el sabio menos que en la muerte." Spinoza. Parecen contradictorias, pero no.

Parece que nada tiene ya sentido. El gran engaño ya no convence a nadie. Estamos a las puertas del abismo. Pero no sólo Europa, sino la civilización occidental y el planeta. Las soluciones son más crecimiento, cuando hemos llegado hace décadas al límite del crecimiento. Es hora de que salgan a la palestra políticos e intelectuales creíbles, que digan la verdad. De lo contrario esto no es más que una farsa. Abstención, ya.

 

                                   ***

 

Lo que hay que hacer es derrumbar el muro y empezando por la educación, sistema de control y aborregamiento. Pero la educación es el mejor instrument delpoder para controlar a la ciudadanía. Es el vehículo de las ideologis más perversas. Todos los que están en el poder pretenden tener el pensamiento verdadero (inspirado en Platón) y pretenden extenderlo a sus ciudadanos por medio de la educación reglada. ¿Acaso no existe una educación iconoclastita no reglada, heterodoxa y herética; pues sí pero se enfrenta al poder, al orden establecido.

 

 

 

Addemda al artículo de Manuel Montanero.

 

            Me ha alegrado muchísimo el artículo de divulgación del señor Montanero. Y desde aquí le doy la enhorabuena. Me ha parecido ejemplar su exposición. Y, sobre todo, me ha llamado la atención su mezcla entre la exposición divulgativa del experimento con los neutrinos y su aporte filosófico. Y es en este terreno en el que yo quisiera hacer un breve añadido. Cita el autor a kuhn y a Popper. La cuestión que se plantea es qué pasaría si el experimento resulta ser correcto, cuál sería el estado en el que quedaría la física. La cuestión es apasionante, tanto desde el punto de vista de la física, como desde el de la filosofía de la física. Lo que sucede es que la respuesta a esta cuestión varía de si somos partidarios de Kuhn o de Popper. Por cierto, ambos autores mantuvieron una larga y ardua polémica sobre el tema, es decir, el cambio científico. El primero considera que la ciencia cambia pasando de un paradigma a otro. Un paradigma es una visión del mundo. A veces, dentro de un mismo paradigma apareen problemas ¿el de los neutrones? Que se convierten en anomalías. En tal caso no se pueden solucionar con las teorías, ni la imagen del mundo de la ciencia en la que han aparecido. Al final estas anomalías se resuelven, pero porque aparece toda una cosmovisión nueva, paradigma, con su conjunto de teorías, técnicas, problemas absolutamente nuevos. Y entonces la imagen del mundo ya no vuelve a ser la misma. Es más, dicen los partidarios de Kuhn, que esas imágenes son inconmensurables. A mi esta solución me parece excesiva, no quiero entrar en una exposición técnica, sólo decir que esto abre el campo al relativismo y a los estudios sociales de la ciencia y todo esto, a mi modo de ver, quedó resuelto con el famoso caso Sokal.

 

            Yo soy de formación popperiana, comulgo más con sus tesis, aunque veo su ingenuidad. Popper lo que viene a decir es que la ciencia es deductiva. En fin, la metodología de la ciencia que se utiliza hoy en día es consciente o inconscientemente popperiana, la llamamos el método hipotético deductivo. Lo que Popper dice es que en ciencia hay falsaciones, nunca verificaciones completas. Se puede demostrar que una teoría es falsa, pero no cierta absolutamente. Lo que sucede es que las teorías generales que van siendo falsada, como es la física clásica, forman casos particulares de las nuevas teorías, como son la relativista y mecancuántica. En realidad, la ciencia no se define por la verdad, sino por la búsqueda de la verdad. Por eso el físico y filósofo Mario Bunge decía que hay más verdades en una guía de teléfono que en toda la ciencia junta, pero la guía de teléfono no es ciencia. Bunge por su parte considera que hay, además de la refutabilidad y la búsqueda de la verdad, diez factores más que definen a la ciencia. Tanto Bunge, como Popper son continuistas en ciencia, consideran que no hay saltos y que las teorías son conmensurables lo cual garantiza el progreso en la tecnociencia. También son realistas críticos y materialistas emergentitas. En fin, que yéndonos al caso del experimento con los neutrinos pues señalar que queda mucho trabajo por hacer, que se pueden introducir muchas hipótesis ad hoc todavía, que hay que revisarlo. Y que si queda falsada la ley de la constancia de la universalidad de la luz, pues estaremos en el inicio de una nueva ciencia, eso sí, continuación de lo anterior. Curiosamente, y se me ocurre ahora, la teoría de la relatividad comenzó, entre otras cosas, por la interpretación del experimento de MIchelson y Moreley. La interpretación clásica que se le daba nos llevaba al absurdo. Pero la interpretación que hizo Einstein basándose en las contracciones de Lorenz dio lugar a la claridad, y lo que se lo ocurrió pensar es que la velocidad de la luz es una constante universal. Y que el tiempo y el espacio, por lo tanto, dependen de esta constante. Esto fue una revolución en la ciencia, pero no acabó con la ciencia anterior.

 

            Por lo demás Einstein, también cofundador de la mecáncia cuántica, siguió durante toda su vida manteniendo los presupuestos filosóficos de la física clásica, me refiero al determinismo y la no localidad. Las desigualdades de Bell y los posteriores experimentos de Aspect, echan esto definitivamente por tierra. Pero, insisto, hay una continuidad de progreso en la ciencia. Además, y me refiero al caso de los neutrinos, las revoluciones que se producen en la ciencia son cada vez más pequeñas y esto es debido y a su alta especialización. Lo que sí es cierto es que si el experimento es correcto estamos en la antesala del surgimiento de un conjunto de teorías más amplias que las anteriores y que las asumirán en su interior. Nadie al final del siglo XIX pensaba que iba a cambiar la física y en 1905, fecha de la publicación del artículo que constituye la base de la teoría de la relatividad especial, todo cambia, y faltaba lo gordo, siendo Eintein uno de sus principales fundadores, la mecánica cuántica.

Y DESPUÉS DE NO HACER NADA, ¿QUÉ?

 

            Comparto todo lo que dice José Miguel en su artículo. Creo que es retórico y lleno de burla y gracia. Un escrito que dice cosas sin dañar demasiado porque ya los oídos no escuchan la retórica que hace un gracioso, minucioso y certero repaso de todos los males educativos que nos han llevado hasta donde estamos. Y la situación es degradante y penosa. Pero no es cosa de gracia, sino de burla y de sarcasmo frente a los que han sacado esos engendros de leyes que han engañado a la ciudadanía con palabras como igualdad, democracia…pueaff, para en realidad establecer un sistema de control férreo de las conciencias. Un control de la población, que, quizás, sea inevitable. Pero que, aquel que tenga un poco de dignidad debe gritar a los cuatro vientos en contra de ello.

 

            Los políticos, buen consejo de José Miguel, no deben hacer nada, todo lo que han hecho ha ido a peor. Pero los profesores, tampoco han hecho nada, se han vendido por un plato de lentejas. Y todo hay que decirlo. Y han aceptado las prebendas, a través de las cuales se les ideologizaba y se les mantenía bajo control. Si no participas no cobras. Mucho tienen que pensar los políticos antes de hacer. Pero sí que se puede hacer. Digo algunas cosas. Para empezar hay que desenmascarar la última cacicada de Europa, desmantelar Bolonia, esto le corresponde a la universidad, o sea, nuestro gozo en un pozo. En segundo lugar hay que derogar la Logse-Loe y crear una ley general de educación para el estado, eliminando tanta farsa de nacionalismo. Esa ley debe recoger la universalidad de la educación, pero no la obligatoriedad. Los servicios sociales han de encargarse de que se ejerza el derecho universal a la educación. Acabar de una vez por todas con la educación concertada. En una economía mixta está perfectamente permitida y legislada la actividad privada, de modo que la educación privada es privada y punto. Sólo esta medida aumentaría la calidad de la enseñanza enormemente, sobre todo en los grandes centros urbanos. Separación de la FP de la secundaria. El problema de la FP nunca ha sido resuelto en España, y se necesitan profesionales. Pero no se le da calidad a la FP por ponerla junto con el bachillerato; sin porque se la toma en serio el m ministerio y la sociedad. Un bachillerato de cuatro años, dos dentro de la enseñanza universal y dos optativos. Eliminar la amplia oferta de la optatividad. De lo que se trata es de formar ciudadanos en las ciencias y las humanidades clásicas, ya tendrán tiempo de especializarse. Recuperar el papel de que el profesor es un transmisor de conocimientos y virtudes (no digo valores para que no se me mal interprete) orientar todo el sistema educativo a la formación del ciudadano, la formación técnica, absolutamente necesaria, es posterior y accesoria sobre la educación cívica. La educación secundaria debe ser la base de la construcción de una sociedad de ciudadanos libres y cosmopolitas. Es necesaria la rebeldía en el profesorado. El profesorado, es la clase, actualmente, más aborregada, es increíble, son los que en teoría serían los profesionalmente más formados y encargado de la formación del futuro ciudadano y se comportan como borregos. Son obedientes y sumiso. La primera gran hornada de la LOGSE ha hecho su efecto. Como nada de esto van a pensar los políticos, y si alguno lo lee, y no pongo mas cosas porque estoy aburrido, cansado, hastiado y sólo me importan ya mis alumnos, los de cada año para intentar inculcarles un poco de conocimiento y virtud, dirá que soy un troglodita, o un reaccionario, o incluso un facha, por aquello del estado nacional, pues mejor es que, como dice José Miguel, que no hagan nada. Porque si algo hay que hacer es demolerlo todo. Aquí se aplica la sentencia de Nietzsche, “yo no soy un filósofo, soy dinamita”. Por eso en educación pondría una gran carga que lo volase todo por los aires. Entrar en un instituto, en una CCP, en un claustro, en una reunión de tutores es algo kafkiano. Se Paree a “El proceso”. Yo huyo de todo esto y me refugio en el consuelo de la filosofía y en la enseñanza de toda la vida, la transmisión directa de conocimientos y virtud, si me dejan estas generaciones con las que la posibilidad de comunicación casi está perdida. Saludos, José Miguel y seguimos en la trinchera.

 

 

De todas formas creo que es una tendencia mundial. Existen sus peculiaridades en latinoamérica debido al atropello del FMI y el BM hicieron allí en los años noventa. Pero la crisis provocada por el neoliberalismo afecta a nivel mundial. Es una crisis que tiene sus inicios en tornos a mediados de los setenta, cambio del patrón oro y subida de los precios del petróleo. Se decide acabar de una vez por todas con el estado, este es el objetivo de la “política” neoliberal. Desde los años setenta, no hay que esperar hasta ahora ahora, la política se rige por la agenda del poder económico. Y estamos viviendo las consecuencias catrastróficas de las políticas neoliberales. Y esto es sólo el principio. Aconsejo la lectura de la obra de  José V. Sevilla “El declive de la socialdemocracia” es sumamente esclarecedora en este sentido.

                                   El poder como control.

 

            Toda forma de poder es una forma de control. De control de la conciencia de los ciudadanos y de control del ciudadano en su conjunto. El poder, por lo tanto, intenta por todos los medios instrumentalizar al individuo. La persona, en tanto que sujeto libre con capacidad de pensar es siempre un enemigo del poder. Es alguien del que el poder desconfía, por eso siempre intenta tenerlo controlado.

 

            Pero no sólo me refiero, como puede parecer aquí, a los gobiernos totalitarios. Por otro lado, todo gobierno es, de una manera u otra totalitario, en la medida en la que todo gobierno persigue el control, más o menos explícitamente de los ciudadanos. Me refiero también a la democracia. Hay muchas razones para sostener la hipótesis que aquí mantengo. Y quizás sea oportuno recordar algo de esto, aunque sea a vuelapluma, ahora que estamos en precampaña electoral. Es decir en la precampaña de la gran pantomima de la democracia-partitocrática. Una de las grandes falsedades que se han transmitido a lo largo de la historia es la de que el hombre es un ser racional. Aquello lo dijo Aristóteles, igual que dijo que el hombre era un ser social. Y no se puede ser social sin afectos. Aristóteles, antes que todos estos defensores de la inteligencia emocional ya sabía que había una unión inseparable entre razón y afecto o pasión. Por eso precisamente las virtudes consistían en elegir el justo medio, para lo cual es necesaria la prudencia. Pero la historia cometió el reduccionismo de separa la razón de los afectos y las pasiones. Y aquí esta el asunto de las cosas.

 

            La polémica política que se da entre los sofistas y Sócrates es que los primeros pretendían convencer a la ciudadanía por medio del discurso, la retórica. Y ésta va dirigida al corazón. De lo que se trata es de mover las pasiones para crear un estado de ánimo que produzca una opinión. Es el corazón el que nos convence de lo que debemos hacer. El racionalista Sócrates pretendía acceder a la verdad por medio del diálogo. Como diría hoy Habermas, por medio de la comunidad ideal racional. Pues esto no existe. Las emociones priman. Y no es que lo diga yo, es que son las leyes del funcionamiento del cerebro.

 

            Nuestro cerebro tiene dos emociones fundamentales, el miedo y la esperanza. Los discursos políticos van dirigidos, según les convenga a los partidos, a fomentar el miedo o la esperanza. Y el que se va a llevarse el gato al agua será aquel que tenga la mejor retórica, o, mejor dicho, demagogia, porque con los discursos políticos no se persigue el bien de la polis, sino el bien privado, el del partido, el de la casta, el de los amigotes y el de todo aquel, que incluso en un estado democrático se erige por encima de la ley. Estas dos emociones vertebran nuestra vida, si algo nos produce pavor huimos de ello como de la peste y optamos por la opción, que ahora sí, se nos presenta de una forma racional. Si la situación es la de esperanza, pues lo mismo podemos decir. En las próximas elecciones, precisamente, habrá una ambivalencia de discursos entre los que defiendan la esperanza y los que defiendan el miedo. Así, de esta guisa, podemos decir que en la democracia tampoco existe la tan ansiada libertad ilustrada, no hay autonomía, los partidos, unidos a los oligopolios de los medios de comunicación crean un estado de opinión, que no es más que un estado de pasión o afectivo, no un estado de saber. Y es esto lo que nos ata al poder. El poder nos controla controlando nuestra mente. Nuestra racionalidad es escasa, los medios de comunicación alternativos más escasos aún, la voluntad para sobreponerse desde la razón a los emociones flojea. Las fuerzas declinan.

 

            De momento el poder domina a la ciudadanía. Y, la democracia ha sabido adaptarse para conseguir el mismo fin: el control masivo del ciudadano. Por eso, desde esta perspectiva la democracia queda legitimada como el gobierno del pueblo. El pueblo es una entelequia, el pueblo es una creación del poder, los partidos y los medios de comunicación. Y no hay más salida. El hombre no da para más, porque el hombre renuncia voluntariamente a su libertad. Es aquello de la servidumbre voluntaria. Por eso el que está en el poder, que está ahí precisamente porque tiene una intuición especial y sutil sobre la naturaleza humana, no olvidemos “El príncipe” de Maquiavelo, utiliza todas las artimañas a su alcance para controlar al ciudadano y eliminar a todo aquel que pueda hacerle sombra, todo desde una aparente legalidad. La pasión del príncipe es la soberbia, está por encima de la ley. Hoy en día nuestros políticos, al vivir en lo que llmamos estados de derecho (una exageración, permítaseme), no pueden saltarse la ley a la torera, pero lo hacen. Son más frecuentes de la cuenta los casos de corrupción, y mucho más frecuente la corrupción de baja intensidad, aquella que se practica en la baja política. El político es un hombre frío y sagaz, para el pueblo, no así en su vida privada que ésta no nos interesa para nuestro análisis, carece de sentimientos y, sobre todo, de empatía. Los ciudadanos son para él objetos, piezas de un ajedrez que mueve a su antojo con el fin de ganar la partida, de tener más poder. Por eso el político ejerce un control total sobre la ciudadanía, porque la soborna con premios y prebendas y así le insufla la esperanza, o las amonesta asustándolas con el hombre del saco. Dominio, poder, esa es la pasión del político. Pasión que, por lo demás, no debe sorprendernos; es común a los primates y a los homínidos, como a muchos otros mamíferos.

 

            Sólo una educación de la efectividad desde la racionalidad, en el sentido Spinoziano, podría sacarnos de esta situación. Pero siento ser demasiado escéptico. Primero quedo abrumado con la servidumbre voluntaria de La Boetie y, luego, el asunto del fuste torcido de la humanidad de Kant remacha mi escepticismo. Y, por otro lado, los que hablan de emancipación de la humanidad, de conciencia universal, de una nueva era, son redentores que tras de sí arrastran la sangre de milenios. Quizás lo que nos quede es ir corrigiendo de forma fragmentario este sistema archidefectuoso al que, graciosamente y permitiéndonos la licencia, llamamos democracia.

El burka, la prohibición y la esclavización de las mujeres.

 

            Vamos a extender aquí, por simplicidad el burka a cualquier velo islámico, incluso el velo corto que lleva toda la cara descubierta. Lo que nos queremos es plantear una cuestión de fondo. El problema es si se debe permitir el uso del velo islámico o no. Mi respuesta es que, de ninguna de las maneras, ni en público, ni en privado. El uso del velo islámico, mucho más el burka que es de la tradición de Afganistán y anterior al Corán, no tienen nada que ver con la religión. Se ha hecho un flaco favor en la discusión sobre este asunto a las mujeres, sobre todo cuando los interlocutores son hombres. Hay muchas dimensiones sobre el uso del burka y el velo. El asunto no es religioso, sino político.

Una primera dimensión política es que el velo fue utilizado por las mujeres en el proceso de descolonización como seña de identidad contra occidente. El velo marcaba las diferencias de civilización. La ropa musulmana, en este caso también masculina, era una proclamación de identidad frente al invasor occidental. Pero hay otra dimensión política mucho más importante. No existe en el Corán ninguna relación con el burka, es decir, que esto tiene que ver con las instituciones eclesiásticas. Y, como sabemos, el Islam no es como el catolicismo, sino que las escuelas varían y conforman sus doctrinas altamente contaminadas de la política. El burka y el velo son cuestiones de poder del hombre sobre la mujer. Deben prohibirse en lo público y en lo privado en nombre de la libertad.  El burka y el velo es el símbolo de la posesión del hombre sobre la mujer. Es tremendo ver en occidente a los hombres musulmanes ataviados con la ropa y accesorios occidentales y a las mujeres ocultas tras sus velos. Esto no es más que poder, opresión y esclavismo. Existe una realidad oculta tras el velo que es la del integrismo religioso y político que elimina la libertad de las mujeres y las tortura.

Pero también hay otro factor importante que ayuda a mantener este estado de cosas y es lo que la autora Tamazali  en su El burka como excusa llama terrorismo intelectual. Me estoy refiriendo al relativismo cultural alimentado por la izquierda feminista. El relativismo pone en pie de igualdad a todas las culturas, exigiendo el respeto de todas las costumbres. Esto es una farsa absolutamente inhumana que impide el proyecto ético de la humanidad. Que impide la consecución de los derechos humanos y de la democracia. Es una doctrina posmoderna que ha calado en la izquierda progre acarreando tremendos males sociales. La izquierda feminista asume este relativismo y pretende defender a la mujer. Pero confunde su identidad, con su libertad. Ve antes la cultura que el individuo, reduce al individuo a un conjunto de normas culturales. Tremendo error. Se nos dice que hay mujeres que voluntariamente quieren llevar el velo, y tenemos testimonios abundantes de ellos. Pero esto es falso, en una sociedad cerrada, en la que no existe la libertad, en la que hay una jerarquía, es fácil asumir el papel. La libertad no se da en este tipo de sociedad, no es más que apariencia. La libertad sólo es posible en las sociedades abiertas. Aún así podríamos cuestionarnos cuánto grado de libertad tenemos cuando hacemos, hablamos y vestimos como lo hacemos. Por eso Fátima Mernisi en su El Islam en el occidente titula su último capítulo, de forma provocadora, El burka en occidente es la talla 38. Que cada cual reflexione y se analice para saber hasta qué punto es libre. Nunca viene mal un poco de conocimiento de sí mismo.

Y para otro artículo queda las manifestaciones públicas de los santos del catolicismo en procesiones seguidas de altos cargos públicos. Lejos nos queda el laicismo y la pluralidad de ideas que él defiende. La pasión y muerte de Jesús, además de ser un acto privado hecho público con la connivencia del poder político, es sádico y masoquista. Nos enseña un mundo de dolor, sufrimiento y venganza contra los no creyentes. Es una religión excluyente y torturadora que elimina al ser humano de su horizonte en el que sólo cabe el poder.

¿Se vive mejor sin dios?

 

            Con esta pregunta, Juan Arias, desarrolla un artículo recientemente aparecido en el País. La pregunta tiene sus trampas y recovecos. Y se puede mirar desde diversas perceptivas. Además, desde mi punto de vista, la cuestión de vivir bien o mal, la felicidad o, mejor, el bienestar, es algo muy casual y accidental, que incluso tienen que ver con nuestra lotería genética. Pero el autor, y yo en mi reflexión lo voy a ceñir al ámbito teológico-antropológico. Hay que partir del hecho de que Juan Arias es creyente, mientras que yo soy un ateo convencido, estudiado y militante. Digo estos calificativos porque hoy en día se tiende a confundir el ateismo con la indiferencia y el agnosticismo y las tres cosas son bien diferentes.

 

            El dios en el que cree Juan Arias es el dios de la paz, de la caridad, el que nos aparece en los evangelios. No es pues, ni el del antiguo testamento, ni el de la iglesia como constitución. No puede aceptar un dios que quiera el mal para el hombre. El mal, he aquí el problema fundamental de la teología cristiana. Si existe el mal en el mundo, cómo es posible que exista dios. Cómo puede permitir dios el holocausto, las masacres, las muertes de inocentes, el genocidio, el exterminio del hombre por el hombre y del hombre sobre la naturaleza. Ése no es un dios de la redención ni de la paz. Es el dios a imagen del antiguo testamento, un dios guerrero, del fuego, vengador y justiciero. Un dios que no conoce al hombre en tanto que persona. Un dios que instrumentaliza a su criatura. Un dios que se divierte en el juego de la historia con el sufrimiento humano. Un dios que elige un pueblo y que castiga de forma inmisericorde al resto de la humanidad. Creer en ese dios no produce ningún bienestar. Ya lo dijo el viejo Sócrates, es mejor padecer una injusticia que cometerla. El dios vengador es el dios que, arbitrariamente, y por su divina voluntad, se toma la justicia por su mano. Bajo ese dios nos convertimos en miserables.

 

            Pues bien, resulta que vuelven los tiempos de ese dios. El neoconservadurismo cristiano se está radicalizando llegando a un integrismo claro y conciso. Un integrismo que ataca a la igualdad de hombres y mujeres, a la dignidad de la vida humana, a la libertad de creencia, al pluralismo y, en última instancia, a la modernidad. Una iglesia integrista que ve todos los males en la Ilustración, la modernidad, aquella que la desbanco del poder político, económico, religioso y supersticioso. Esa herida no se ha cerrado. Los discursos papales están cada vez más cerrados doctrinalmente. El caso es que la ciudadanía de los creyentes no lo escuchan. El papa, la iglesia, todo se ha convertido en un espectáculo. Si profundizas y le dices a un joven creyente todo lo que está detrás, y no tan detrás, del discurso papal, pues inmediatamente salta como un resorte y no lo admite. Lo que sucede es que todos son lo suficientemente ignorantes, poco esforzados, como para decir que ellos no creen en el papa o en la iglesia, pero sí en dios, o en algo. ¡Menuda tontería! No me detengo a analizarlo, simplemente decir que esto no es más que el fruto de nuestra mente mágico-mítica, que todos la poseemos… el paso del mito al logos es un acaecer histórico que no elimina nuestras estructuras antropológicas.

 

            Así, creo que se vive bien y satisfactoriamente pensando en la idea de un dios bueno, un dios que manda la fraternidad. Ese dios nos esforzará y nos dará esperanza para luchar por la justicia global. No entro en la parafernalia de los rituales y liturgias de este dios, creo que deben ser las mínimas posibles. Primero el pan, después la convicción. En definitiva defiendo aquí el discurso de los teólogos de la liberación “fuera de los pobres no hay salvación”. Esto es lo importante. Desde luego que dedicarse a esa vida no va a producir bienestar, sí el placer del deber bien cumplido, y el placer de una cara agradecida; y todo, independientemente de que dios exista o no, eso nos trae sin cuidado. Eso sí, el creyente tiene la esperanza de que ése es el camino de la salvación, el ateo, por el contrario, sabe que nada tiene sentido, pero se satisface con ese pequeño placer.

 

            Ya digo que es cuestión subjetiva la que se plantea en el rótulo del artículo. No sé puede saber cómo se es más feliz. Considero que uno debe luchar contra el engaño. La religión como institución es un engaño y un mecanismo de control de la conciencia. Y las religiones, salvo en contadas ocasiones, sólo son viables desde la instituciones. Creo que el creyente vive engañado, pero siempre puede encontrar esa puerta de salida que es la de la fraternidad o justicia universal: el discurso de la montaña y el del buen samaritano.

 

            Por su parte el ateo sabe que no hay dios y todo lo que ello conlleva. Si dios no existe nada tiene sentido. Dios es el concepto absoluto sobre el que se apoyan los demás conceptos. Si no hay dios lo que nos queda es el nihilismo naturalista. Somos animales, como cualquier otro, cuya existencia se debe al azar y la necesidad. Una de nuestras formas de adaptación ha sido la cultura, en la que se encuentra la creencia y la religión, las adaptaciones han funcionado, pero no hay una correlación con la realidad porque, para empezar no existe una realidad objetiva, sino recreada por el hombre. El ateo puede caer en la desesperación, y su opción sería el suicidio. Pero también puede convertirse en un hedonista que disfruta mesurablemente de los placeres de la vida. El ateo no tiene esperanzas, porque no existe una historia de la humanidad, pero sí puede pensar en aliviar un poco el dolor de sus semejantes. Porque, aunque no haya una historia universal del hombre, sí existe la empatía. La felicidad del otro nos produce placer y su dolor desgracia. Así que muy bien el ateo puede “esperanzarse por construir un mundo mejor. Y ahí coinciden creyente y ateo y no hay porqué revisar los argumentos.

 

            En cuanto a los indiferentes, la mayoría de la humanidad pertenecen a esa parte de la humanidad despreciada por Sócrates, que decía: “una vida sin ser analizada no merece la pena de ser vivida.”

Has utilizado no sólo la retórica, sino la erística, el arte de convencer de una cosa y de lo contrario. Se nota claramente tu formación en derecho. Pero no entiendo ese pragmatismo, cuando el derecho tiene una dimensión teórica inseparable de la ética y de la constitución de la ciudad y, sobre todo, del estado, a partir del renacimiento. Ello implica que la ley, que se funda en la razn es una abstracción, la máxima abstracción, ni la de las matemáticas. Eso de que la razón es etérea, no lo entiendo. Y, que como no pertenece a nadie, pues no existe. Es un error lógico, perdona, pero no recuerdo el nombre de la falacia, a lo mejor tu si. De que no pertenezca a nadie no se sigue que no exista. Un coche puede no pertenecer a nadie, o mejor un objeto de la naturaleza puede no pertenecer a nadie y de ahí no se sigue su inexistencia. Lo que yo quería decir es que el ágora, la plaza pública es un lugar vacío, del que se reía Jerjes, el emperador de los persas, para qué querrán un lugar vacío. Pues muy sencillo, para hablar. Nótese que lenguaje en griego es Logos. Es el logos lo que los unifica y es el logos lo común, y el logos, razón, lenguaje, lo que queda cuando cada cual se va a sus asuntos privados, los importantes, desde luego son los público, la res pública o la política. Y nada más. La razón existe en tanto que está encarnada en el lenguaje y éste es universal. La demostración del teorema de Pitágoras se hace desde el logos y es universalmente válida. Por eso Platón se inspira en los pitagóricos para combatir a los sofistas que habían convertido la razón en algo privado. Esto es, habían secuestrado el lugar común del logos, donde todos nos podemos entender por su propios intereses particulares, de ahí la degeneración de la democracia ateniense. Es como hoy en día, el ágora, que es la representación del pueblo por parte de los políticos, está secuestrada por el interés del mercado y de los propios partidos que se autorepresentan. De ahí, que el ciudadano de a pie no se sienta representado, porque ha sido desalojado del lugar común.

 

            Por otro lado, por su puesto que no somos racionales, somos más pasionales. Efectivamente. Y, es más, nuestra razón está cargada de afectos y así lo entendieron los griegos. El ideal de la sabiduría aristotélica es el bien cmún que se alcanza por las virtudes morales (la virtud es el medio de dos vicios) y los intelectuales. La máxima virtud es la prudencia que implica la capacidad de media, de cálculo de la justa mitad entre dos vicios. La prudencia, pues, es el dominio de las pasiones. No podemos separar afecto de razón. Pero tampoco podemos caer en el dualismo mente cuerpo, razón pasión. Son absurdos y reduccionistas.

Yo me he educado y curtido en el escepticismo y, por eso, lo de la razón, o tener la razón, me resulta extraño, vanidoso, y presuntuosos. El arte de tener la razón es la buena retórica, ésa que practican los buenos abogados y que inventaron los sofistas. Pero mi camino es el socrático, frente a la retórica, el diálogo, y aquí la razón es común, no pertenece a nadie. Es un instrumento para la búsqueda del conocimiento. Pero disculpa mi discurso filosófico (precisamente estoy con estos temas ahora en clase), una cosa es la pretensión teórica y otra el carácter. Por eso digo que me he curtido en el escepticismo, no es mi forma natural de ser. Considero que no hay criterios de verdad que nos permitan dilucidar la verdad, pero sí la verosimilitud y la objetividad. Y, por otro lado, considero que todos, unos más y otros menos, pretendemos llevar la razón. Pero esto no tiene que ver con la razón, sino con el poder. El que tiene la razón tiene el poder, o a la inversa y eso ha sido una buena estrategia de supervivencia evolutiva, por eso está marcada a fuego en nuestros genes. Y por eso no se puede confundir verdad con razón. El querer imponer la razón es el querer imponer el poder. El que tiene el poder, de por sí, no tiene que utilizar la fuerza para imponer la razón, la utiliza para amedrentar. De ahí el gran salto griego, el surgimiento de la ciencia y de la filosofía. Consideraron que la razón no pertenecía a nadie. Que la razón habitaba en el ágora, la plaza vacía, de la cual todos los hombres libres, desde la isonomía e isegoría, podían participar. Esto constituyó una revolución intelectual y ética, primero la idea de cosmos y después la de democracia, de la cual hoy en día somos herederos y constituyen los pilares de la civilización occidental. Civilización que se va al carajo, no por la desaparición del euro, sino porque lo que se pretende es acabar con la vieja Europa y esos valores que he comentado.

 

15 M y la democracia.

 

            El movimiento de los indignados del 15 M ha sido un revulsivo para nuestras anquilosadas democracias. Independientemente de lo que tengan de ingenuo y de utópico y de mezcolanza de ideología, creo que su mensaje es claro y diáfano. Nuestro sistema democrático está podrido, se ha vuelto perverso, no es representativo. Discutía con Savater precisamente este último asunto. Él mantenía que eso de que no nos representan es una tontería, pues claro que nos representan, decía. Y es cierto, pero no del todo. Nos representan porque no hay otra opción política, porque los partidos mayoritarios y los nacionalistas han secuestrado la pluralidad política y con ello la pluralidad de alternativas políticas. Esto, por un lado, como nuestras democracias son representativas y las representaciones se hacen por medio de los partidos y estos se constituyen por listas cerradas que se forman por endogamia y existe la obediencia al partido, pues de todo ello resulta que los partidos no representan a los ciudadanos, como debe ser en democracia, sino que se representan a sí mismo. De ahí que no sea democracia nuestra forma de gobierno, sino partitocracia, algo muy alejado del ideal democrático. Y no digo yo que las democracias no tengan que ser representativas, por su puesto, una democracia asamblearia es un absurdo, además de un imposible. Pero sí es posible una representatividad de la voluntad política del pueblo desde la república así como una participación del ciudadano desde la propia virtud pública y la ejemplaridad de los ciudadanos. También se dice que y se reclama desde este movimiento que se quiere una democracia real ya. Efectivamente, la consigna es una contradicción. Pero hay que saber leer entre líneas. Realmente vivimos en una democracia real, la realmente existente. Ahora bien, este modelo de democracia es insuficiente y hace aguas por todos lados, para empezar porque no representa al pueblo, fomenta la corrupción, no insta a la libertad política, por el contrario, la secuestra en el bipartidismo, el poder político ha claudicado voluntariamente al poder del capital. Ellos han sido los que han dado alas desde sus ideologías neoliberales a la creación de burbujas que al final han estallado en nuestras narices llevándose por delante al más débil…y lo que nos queda por andar.

 

            El movimiento 15M no es un movimiento revolucionario. Es un movimiento que tiene su base social fundamentalmente en jóvenes bien preparados y sin futuro, en jóvenes y menos jóvenes parados que tienen el futuro tremendamente negro. En pensionistas y futuros pensionistas que ven amenazado el futuro por el que han trabajado toda la vida. Confundir el 15M con una revolución es absurdo y tendencioso. Es, como siempre, querer demonizar al movimiento. También se les achaca que quieren terminar con el sistema fomentando la abstención (de esto hablaré después), pues no, los que han dinamitado el sistema han sido los partidos políticos, su ineficacia, su apoyo al gran capital, no olvidemos que sus ideologías inflaron las burbujas mentales que después aprovecharían los grandes inversores y especuladores. Son culpables de la corrupción del sistema, como lo son los ciudadanos, que ciegos ante lo que ocurre, sumidos en el divertimiento, en el pan y el circo del egoísmo hedonista  los han seguido votando durante décadas, y, ahora, ¿qué?

 

            El sentimiento que subyace al movimiento del 15M es un sentimiento generalizado, el de la indignación. Tal sentimiento procede del hecho de no soportar el mal que el otro hace a sabiendas y que atenta contra el bienestar y la dignidad de los ciudadanos. La indignación procede del sentimiento que un ser honrado siente ante el sin vergüenza, ante aquel que carece de ética, que actúa por propio interés, no por el de la polis. Pequeñas dosis de indignación son posibles de aguantar, porque son hasta comprensibles. Las situaciones que rodean a cada hombre determinan en mucho su comportamiento. Pero la indignación surge como un resorte, en el hombre éticamente sano, cuando se da cuenta de que el poder actúa a sus espaldas, que se burla de él, que actúa para su propio beneficio, que, en definitiva, atenta contra la dignidad de los ciudadanos. Ahora bien, esta indignación no puede llegar a la ira y la cólera porque entonces se transforma en una pasión destructiva. La indignación debe ser el sentimiento que nos lleve a la acción a través de la reacción. La indignación nos hace tomar conciencia de nuestro estado de instrumentos, de la falaz democracia en la que estamos instalados, del gran engaño que se urde sobre nuestras mentes. El 15 M ha despertado todo esto es decir nos ha ayudado a tomar conciencia de que el orden social establecido no es el mejor posible, es más que está corrupto y pervertido. Pero el movimiento de los indignados, que debería ser el de toda la ciudadanía, por muy plural que fuese, no es, como decía un movimiento revolucionario, sino un movimiento continuista. Es decir, reclaman lo que supuestamente tenemos, democracia, y las armas que utilizan son las de la democracia: concentraciones, manifestaciones y diálogo. Es un movimiento totalmente socializado, nada contestatario, yo diría acomodado en la medida en la que son los hijos de ciudadanos acomodados y han aprendido su valores. Y, lo que reclaman no es ni más ni menos, que vivir como sus padres, tanto desde el punto de vista político como económico.

 

            Efectivamente, la democracia representativa es la democracia real, pero no es la verdadera democracia. También hay que decir que no existe una democracia verdadera, porque ésta es siempre inacabada y perfectible. Pero creo que sería necesario ir un poco a los orígenes para entender algo más sobre la democracia. La democracia que surge en Grecia tiene varias características. En primer lugar la isonomía que significa la igualdad ante la ley. La democracia supone que el hombre libre es dueño de sí mismo y puede por ello darse a sí mismo la ley. Pues la democracia consiste en que el pueblo, como libre se da a sí mismo la ley y que todos están bajo el imperio de la misma, en este sentido son iguales. Pero no es esto lo que ocurre en nuestras democracias. No hay igualdad ante la ley, sólo en el papel…esto crea un gran malestar e indignación entre los ciudadanos. Otra característica de la democracia originaria es lo que se llamó isegoría, todo el mundo tiene el derecho de poder hacer un uso público de su palabra en el ágora. Es lo que modernamente llamamos libertad de expresión. Pues bien, no hay isegoría. Y esto es así porque resulta que la libertad de expresión se ha convertido hoy en día en libertad de decir lo que uno quiera pero que no será escuchado por nadie. Es decir, que hay libertad de expresión, pero está vacía, pero lo que no hay es libertad política y esto último es debido al sistema de representación que tenemos. En lo que los indignados han dejado de tener confianza es  en las instituciones que salvaguardan la misma democracia. Los partidos políticos son máquinas de conquistar y preservar el poder, no de representación del demos. De tal manera que los partidos políticos, de ahí la tendencia al bipartidismo, con el agravante en nuestro caso, de los partidos nacionalistas que obtienen representación en el parlamento del estado, han absorbido la libertad política. Y esto es así porque la alternativa que plantean es prácticamente la misma. Lo que cambia es un poco la forma. De ahí el clamor de los indignados de que no nos representan, efectivamente, se representan a ellos mismos. La clase política se ha constituido en una casta, al transformarse en una profesión de la que vivir. El pueblo ya no confía en el político porque éste se ha hecho profesional y se ha alejado del pueblo. Y por ello reclaman que los políticos son ellos, los ciudadanos. No en vano en griego político era el habitante de la polis, todo hombre libre con posibilidad de dirigirse y tomar decisiones en la asamblea. Por otro lado, los medios de comunicación de masas se han convertido en medios de propagando y de creación de opinión. Pero no hay que olvidar que estos ya no son un cuarto poder que se pueda enfrentar a los otros tres. No, ya están comprados por el poder económico y político, tienen dueño. Y si los medios de comunicación de masas son los que crean la opinión mayoritaria de la ciudadanía, simplemente, no hay libertad de opinión, lo que hay es repetición como un papapgalo amaestrado.

 

            La situación de crisis Terminal en la que nos encontramos, la quiebra del capitalismo global, la necesidad de un cambio de paradigma económico y político exigen un cambio de las viejas formas. La democracia tal y como la conoemos hoy en día ha fracasado, está en manos de los mercados. O bien salvamos la democracia por la vía del republicanismo y la ejemplaridad pública, asociada a una política del decrecimiento o, por el contrario, nos asomamos a la barbarie del dominio de los mercados y el fin de la política. Es el dominio de los mercados unido, por su puesto, al dominio militar que pueda custodiar los escasos recursos. El panorama es sombrío. Creo, por mi parte, que desde la indignación de todos los ciudadanos, sólo una abstención masiva daría lugar a la posibilidad in extremis de un replanteamiento de la democracia, no sólo a nivel estatal sino mundial.

 

 

                                   Juan Pedro Viñuela.

 

                                   05 de octubre de 2011

 

El estado y los funcionarios.

 

            Hay una guerra, antes solapada, ahora abierta para terminar con el estado. Para que su tamaño quepa en una bañera, como decía aquel neoliberal. La cosa es de extrema gravedad. Por una parte, los que defienden la minimalización del estado defienden, paradójicamente, el aumento del ejército y de la seguridad exterior. Es decir un aumento hipertrofiado del estado. Y, por otro lado, defienden que el estado debe garantizar la seguridad de sus riquezas que se desarrollan en multinacionales y que escapan al control de los estados. Y estas multinacionales lo que reclaman es más estado que ponga límites a los productos de los países menos desarrollados. Es decir, otra distorsión patológica del estado. En definitiva, los neoliberales económicos lo que mantienen no es una disminución del estado, sino un estado hipertrofiado en lo militar y en ciertas cuestiones de la regulación económica y del comercio. Por consiguiente, mienten. Y lo hacen a sabiendas. Quieren la protección del estado mientras no se puedan hacer con todo el poder, que sería uno de los escenarios posibles. Y uno de los caballos de batalla de esta ideología que afecta a todo el bienestar del estado es el ataque a los trabajadores públicos, a los llamados funcionarios.

Este ataque me parece ruin, hecho con nocturnidad y alevosía y, si triunfa, marca el fin de una época, la del estado y la de la democracia, para pasar a la tiranía de las grandes corporaciones económicas. Y no exagero, la historia es impredecible y toda conquista histórica es contingente, puede desaparecer. Cuando se desacredita a los funcionarios públicos, lo que se está haciendo es desacreditar al propio estado. Todo estado se sostiene por los funcionarios públicos, podemos pedir mayor y mejor eficacia, eso es otro cantar, pero lo que sí digo es que entre los funcionarios poca corrupción habrá en comparación con el mundo privado de las finanzas y de los puestos de confianza, otro cáncer de las democracias y del estado. Los funcionarios son los representantes del estado en su lugar de trabajo. Son la personificación de la ley, la expresión material de la ley. Los últimos ejecutores de la misma. Pero como los funcionarios velan por el estado mediante su trabajo, aunque sea inconscientemente y lo hagan por un sueldo, la mayor de las veces miserable: barrenderos, policías, municipales, bomberos, profesores altamente cualificados, médicos altamente formados… están velando por la voluntad del pueblo y por cada uno de nosotros. Su rendimiento no está dentro del mercado, es su responsabilidad y su deber público el que los lleva a cumplir con su trabajo y a excederse en él, aún sin ningún tipo de recompensa económica. Y, mientras más alta sea la cualificación de un funcionario, más ocurrirá esto. La formación de un médico, de un profesor, de un juez, no le aporta mayor remuneración, le aporta conocimientos que para él son agradables, pero que siempre están vertidos al público. Público al que, en última instancia, se debe. Si atacamos a los funcionarios, atacamos la columna vertebral del estado. Y si atacamos a los médicos, profesores y a la justicia estamos  quebrando esta columna vertebral. No digo que no existan casos de corrupción, ni de vagancia, pero eso es achacable a la torcida condición humana y no a lo accidental de ser funcionario. La salud y la educación son bienes públicos. Tanto el médico como el profesor trabajan para el público y vierten su saber de decenas de años por la mayor calidad de la vida de los ciudadanos. No se puede permitir un ataque a los funcionarios a menos que se quiera desmantelar el estado, no digo ya el estado del bienestar. Profesores y médicos son grandes emprendedores que han llenado su vida con la idea de aumentar sus conocimientos por el bien público. Hoy en día, en el que el único valor es el económico se ha confundido a los emprendedores con los emprendedores económicos, personas absolutamente necesarias para el desarrollo económico de la sociedad, pero no se puede caer en ese reduccionismo.

El estado y los funcionarios.

 

            Hay una guerra, antes solapada, ahora abierta para terminar con el estado. Para que su tamaño quepa en una bañera, como decía aquel neoliberal. La cosa es de extrema gravedad. Por una parte, los que defienden la minimalización del estado defienden, paradójicamente, el aumento del ejército y de la seguridad exterior. Es decir un aumento hipertrofiado del estado. Y, por otro lado, defienden que el estado debe garantizar la seguridad de sus riquezas que se desarrollan en multinacionales y que escapan al control de los estados. Y estas multinacionales lo que reclaman es más estado que ponga límites a los productos de los países menos desarrollados. Es decir, otra distorsión patológica del estado. En definitiva, los neoliberales económicos lo que mantienen no es una disminución del estado, sino un estado hipertrofiado en lo militar y en ciertas cuestiones de la regulación económica y del comercio. Por consiguiente, mienten. Y lo hacen a sabiendas. Quieren la protección del estado mientras no se puedan hacer con todo el poder, que sería uno de los escenarios posibles. Y uno de los caballos de batalla de esta ideología que afecta a todo el bienestar del estado es el ataque a los trabajadores públicos, a los llamados funcionarios.

Este ataque me parece ruin, hecho con nocturnidad y alevosía y, si triunfa, marca el fin de una época, la del estado y la de la democracia, para pasar a la tiranía de las grandes corporaciones económicas. Y no exagero, la historia es impredecible y toda conquista histórica es contingente, puede desaparecer. Cuando se desacredita a los funcionarios públicos, lo que se está haciendo es desacreditar al propio estado. Todo estado se sostiene por los funcionarios públicos, podemos pedir mayor y mejor eficacia, eso es otro cantar, pero lo que sí digo es que entre los funcionarios poca corrupción habrá en comparación con el mundo privado de las finanzas y de los puestos de confianza, otro cáncer de las democracias y del estado. Los funcionarios son los representantes del estado en su lugar de trabajo. Son la personificación de la ley, la expresión material de la ley. Los últimos ejecutores de la misma. Pero como los funcionarios velan por el estado mediante su trabajo, aunque sea inconscientemente y lo hagan por un sueldo, la mayor de las veces miserable: barrenderos, policías, municipales, bomberos, profesores altamente cualificados, médicos altamente formados… están velando por la voluntad del pueblo y por cada uno de nosotros. Su rendimiento no está dentro del mercado, es su responsabilidad y su deber público el que los lleva a cumplir con su trabajo y a excederse en él, aún sin ningún tipo de recompensa económica. Y, mientras más alta sea la cualificación de un funcionario, más ocurrirá esto. La formación de un médico, de un profesor, de un juez, no le aporta mayor remuneración, le aporta conocimientos que para él son agradables, pero que siempre están vertidos al público. Público al que, en última instancia, se debe. Si atacamos a los funcionarios, atacamos la columna vertebral del estado. Y si atacamos a los médicos, profesores y a la justicia estamos  quebrando esta columna vertebral. No digo que no existan casos de corrupción, ni de vagancia, pero eso es achacable a la torcida condición humana y no a lo accidental de ser funcionario. La salud y la educación son bienes públicos. Tanto el médico como el profesor trabajan para el público y vierten su saber de decenas de años por la mayor calidad de la vida de los ciudadanos. No se puede permitir un ataque a los funcionarios a menos que se quiera desmantelar el estado, no digo ya el estado del bienestar. Profesores y médicos son grandes emprendedores que han llenado su vida con la idea de aumentar sus conocimientos por el bien público. Hoy en día, en el que el único valor es el económico se ha confundido a los emprendedores con los emprendedores económicos, personas absolutamente necesarias para el desarrollo económico de la sociedad, pero no se puede caer en ese reduccionismo.

Réplica a democracia y eutanasia.

 

            Lamento discrepar profundamente con el señor Sergio Ramos en su artículo del número 14 de La Gaceta Independiente que lleva como título: democracia y eutanasia. Para empezar se equivoca de título. Sólo en una democracia se puede defender el derecho a una muerte digna y a un suicidio asistido. El autor afirma que los que defienden el derecho a la muerte se equivocan porque la muerte no es un derecho. Aquí hay dos errores fundamentales. El primero es que los defensores de la eutanasia no son defensores de la muerte, sino de una muerte digna. Algo muy distinto y que sólo se refiere a ciertos caso y que, además, depende de la libre voluntad del individuo. Profundizaremos más sobre esto. Pero, por otro lado, se equivoca también cuando dice que no hay derecho a la muerte. No es que exista un derecho tipificado sobre la muerte, el derecho tipificado es el de la vida. Ahora bien, la propia muerte, en España, no está dentro del código penal. Es decir, que el suicida, si no consigue su objetivo no es castigado, como otrora lo fuera por la iglesia católica y en el caso de su consumación no podía ser enterrado en tierra sagrada. El suicida, para el cristianismo, comete el mayor pecado porque atenta contra dios. Es más, reniega de él. Es esta ideología, como en muchas otras religiones e incluso ideologías políticas, la que subyace a la negación de la eutanasia. Es una forma de control autoritario desde el poder de la voluntad privada, es decir de la libertad.

 

            Cuando se habla del derecho a morir con dignidad, o al suicidio asistido, si procede, por impedimento del paciente, no se habla del derecho a la muerte sin más. Se habla de la dignidad de la vida. El error fundamental que comete el autor, además de la ideología que subyace a su argumentación y que aquí y en otro lugar hemos desenmascarado, es considerar que la vida es el máximo valor. La vida no es el máximo valor. El máximo valor es la vida digna y no hay dignidad sin libertad. Y una forma de ejercer la libertad es optar por el momento de mi muerte si considero que en las circunstancias en la que vivo no llevo una muerte digna. No soy un apologista del suicidio porque si, simplemente entiendo que no esté penado porque sería un atentado contra mi libertad. También sé que muchos suicidios se cometen bajo ciertas patologías, sobre todo depresiones profundas, qué le vamos a hacer, la medicina no da más de sí. Y, además, no se puede medicalizar la ética. Es de todos conocidos que, cuando el depresivo decide con claridad su suicidio, la depresión desaparece y son capaces de urdir planes y estrategias de suicidio, cosa que un deprimido no es capaz de hacer, porque no es capaz de actuar, es uno de los síntomas de la depresión. Pero no es éste el tema, por lo demás, me gustaría que también el tema del suicidio sea tratado, no sólo desde la patología sino desde la ética, es decir, como una decisión personal.

 

            Pero no es éste el asunto del artículo ni de mi crítica. De lo que se trata es de la eutanasia y del suicidio asistido. Si la vida no es el valor máximo, sino la dignidad y, con ella la libertad, no se nos puede imponer. Eso sí que es un acto de barbarie. Es literalmente una tortura como he defendido en otro lugar. En definitiva no es más que el valor cristiano de la resignación, hay que aguantar y hay que resignarse y, de esa manera, el amor de los demás del prójimo se pone a prueba como diría el autor. Lo que hace falta es amor. Pues no señor, ese es un falso amor, eso es egoísmo y maltrato, es tortura con todas las letras y su profundo significado. El amor al prójimo se ejerce con la ayuda, con la ayuda a vivir y con la ayuda a morir. Y con la ayuda a tomar decisiones. El amor, además, tiene dimensiones mucho más amplias, por eso este amor es egoísta se refiere al próximo, al cercano. El amor hay que reservarlo para nuestros seres cercanos, pero la fraternidad es la forma de defender ese amor a nivel universal. Y la fraternidad consiste en la consideración de que todo ser humano es un ser digno, libre y autónomo. No se puede instrumentalizar. Cuando nosotros pretendemos preservar su vida a toda costa y en contra de su voluntad en nombre, nada más y nada menos, que del amor, lo que estamos haciéndole es instrumentalizarlo. Convertirlo en un objeto de nuestro supuesto desarrollo moral.

 

            Es verdad que las sociedades contemporáneas posmodernas se han vuelto muy egoístas, esto es algo que lo caracteriza. Pero de ahí a confundir la eutanasia y el suicidio asistido como el derecho a una muerte digna, puesto que tiene el derecho a la vida y esto supone ponerle el fin si así se desea, con pensar que lo que se defiende es que los ancianos, los débiles, los enfermos crónicos y terminales, los minusválidos… no tienen derecho a la vida es perder de vista todo el contenido de la argumentación y toda su lógica. Si algo caracteriza a los defensores de una muerte digna es precisamente el derecho a la vida. Toda vida debe ser protegida, pero desde la dignidad. Nadie puede decirle a nadie que su vida no es digna. Es un argumento viejo y caduco y que se menciona en el artículo y procede de un error del lenguaje. Los programas hitlerianos de exterminio de los débiles y diferentes se denominaron programas de eutanasia en un principio. Pero es un error; esto no es eutanasia, que es la consecución de una muerte digna y de forma voluntaria. Lo de Hitler es eugenesia que consiste en un genocidio basado en la idea de la purificación de la raza a la que se llegaría por la esterilización y el exterminio de los que son débiles, enfermos o de una raza supuestamente inferior. Esta confusión es simplemente demagógica. Es como el que nos quiere asustar con el hombre del saco. Por otro lado es un tremendo insulto a los que defendemos el derecho a la vida y el derecho a una muerte digna. La eutanasia no es un programa de exterminio sino una profundización del derecho a la vida. Es decir una profundización en la libertad, lo cual implica, de suyo, una profundización de la democracia. La legalización de la eutanasia y del suicidio asistido se hace desde la pluralidad democrática. Se trata de legalizar una situación que amplifica la libertad de acción de los ciudadanos. Es decir, una ley más universal, puesto que ampara a todos, a los que desean la eutanasia y a los que, por lo que sea, creencias, ideologías, religiones, simple miedo, pues no quieran. Las leyes en democracia se caracterizan por la regulación de los derechos, más que por la coacción. El hecho de que no exista una ley de eutanasia y de suicidio asistido es una coacción ante muchos ciudadanos. Esa ley es, primero, antidemocrática y, segundo, está en contra de uno de los principios de nuestra constitución y de los derechos humanos, el derecho a la vida, a disponer de mi propia existencia. Y la muerte es parte inexorable de mi existencia y cuando creo que ésta no tiene sentido tengo el derecho de ponerle fin. Y esto no plantea una disolución apocalíptica de la sociedad, como sugiere el autor. Esto amplia nuestras libertades, no coacciona, que es lo propio de la democracia. Además, el fundamento de esta ley no es el exterminio, como parece pensar el autor, si no la fraternidad y solidaridad ante aquel que siente un dolor inmenso del que no puede escapar por una ley autoritaria que le impide morir con dignidad. Los cuidados paliativos y la atención de la familia son importantísimos, por su puesto, pero la decisión final del paciente debe ser respetada absolutamente. Es un ser autónomo y no un niño, un ser capacitado, es decir, legalmente y de hecho libre. Por otro lado, además del dolor físico que los cuidados paliativos, alivian e incluso eliminan, pero no en todos los casos, hay dolores refractarios, que así los llaman los médicos encargados de los cuidados paliativos, que no se pueden aliviar, es verdad que estos son pocos caso, pero es una auténtica tortura. Pero decía que, además de este dolor físico tenemos un dolor espiritual, el haber perdido nuestra dignidad. Y esto es muy subjetivo. Ante una misma situación dos individuos pueden tomar decisiones distintas. La de morir o la de vivir. Y a esto se le llama libertad. A la prohibición de la muerte digna se le llama autoritarismo, además de tortura egoísta y narcisista. Pero el problema, insisto, es el gran peso de la tradición…

La libertad es elegir lo que se debe hacer, no lo que me apetece hacer. Y, lo de “La libertad es el bien más preciado, amigo Sancho”, son palabras de Cervantes en El Quijote. La libertad no es una utopía. La libertad es una posibilidad política, no una cuestión de preferencias ni de gustos. A esto se le llama capricho. Esto viene muy bien explicado en un librito para alumnos de ética y que ahora cumple veinte años, “Ética para Amador” de Savater.

 

            Héctor sabía que si salía a luchar con Aquiles moriría seguro, pero era su deber. Podría no haberlo hecho. Poner excusas, desde estar enfermo, a no merece la pena, no es ésta mi guerra, en definitiva, no me apetece y me hace mal. Pero, fue libre, y salió a luchar contra Aquiles. Y murió. Y por eso es un héroe, un modelo de virtud, de areté, de excelencia. Su historia, como la de Sócrates, que fue absolutamente libre eligiendo su muerte en un juicio injusto y que pudo haber evitado, es una enseñanza moral para la humanidad. Una enseñanza universal. Los valores que nos enseñan trascienden la historia de la humanidad, la construyen. Y, por favor, esto no tiene nada que ver con el aprender divirtiéndose y hacer feliz al alumno. Nos creemos libres porque hacemos lo que nos apetece. Esto es mero capricho o ser esclavo de las pasiones. Un cordial saludo.

 

Como diría Spinoza, la decepción es un afecto negativo que procede de una idea inadecuada. Es decir, de una idea que no se corresponde con los hechos. Todo afecto negativo es una pasión y el hombre sabio debe eliminarlos.

 

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            La libertad es el bien más preciado y raramente coincide con la felicidad. El trabajo bien hecho produce satisfacción, pero el proceso requiere esfuerzo. No podemos confundir la felicidad con “el soma” de un mundo feliz. El fin último de la vida es el bien supremo. A éste lo podemos llamar felicidad, como hacía Aristóteles. Pero la felicidad, siguiendo al mismo autor, se alcanza por medio de la virtud, que en griego es excelencia. Es decir, esfuerzo para salir de la mediocridad. Las virtudes morales consisten en la consecución del justo medio, lo cual exige alejarse del vicio al que por inercia o naturaleza se tiende por eso requiere del esfuerzo. Y luego están las virtudes intelectuales, que no van separadas de las morales por eso la principal es la prudencia. La razón sin afectos es imposible. Pero ya lo descubrieron los griegos y constituye toda una tradición ética. Lo que ha ocurrido es que se ha descafeinado, como todo en este mundo posmoderno, el concepto de felicidad, y se ha confundido con el del puro bienestar, más que nada, físico-químico, cuestión de neurotrasmisores, nada más. ¿Qué es mejor, cometer una injusticia o padecerla? Lo mejor es padecerla, pues de esta manera no te corrompes. Ahora bien, padecer una injusticia no te ofrece bienestar, quizás sí, felicidad. Ésta es la pregunta clave de la ética, formulada ya por Sócrates en el siglo V antes de Cristo. Su vida y su muerte es un ejemplo de esa enseñanza. Y es el ejemplo de una muerte y una vida serenas. La serenidad tiene que ver con la libertad y con la felicidad en el sentido profundo, no con el bienestar. Lo que la sociedad actual nos vende y los planes de educación imitan, no es la felicidad, es el bienestar, la inconciencia, la sumisión y la obediencia. Los que luchan por causas de justicia universal pueden poner en peligro incluso su vida. Viven para los demás, desde el ideal ilustrado de la fraternidad. Cuando hoy en día se habla de felicidad se confunde ésta, con el bienestar hedonista-egocéntrico que me impide ver la existencia del otro. Y sin la consideración de la existencia del otro no hay ética, es decir, libertad. Sólo automatismo. La consigna de la felicidad en los planes de estudio y en la vida en general es una máscara para el dominio y la instrumentalización. Un pan y circo ultramodernos.

La esperanza es una forma de esclavitud utilizada por todas las formas de religión e ideologías políticas. La idea de que no hay esperanza es la de que nada tiene sentido, entonces uno es libre, pero…sin sentido. De ahí el tema del suicidio que Camus decía que era el único tema filosófico. Si nada tiene sentido qué hago existiendo cada día. O, el tema de la libertad, estamos, como decía su contemporáneo y rival, Sartre, condenados a la libertad. Y, la libertad, es, entre otras cosas, pienso yo, construir tu futuro. Esto es, inventarte la esperanza cuando sabes que no la hay.

 

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            El gran engaño de la utopía de un mundo feliz. Cuando la felicidad es el objetivo de la enseñanza lo que se persigue es la instrumentalización del individuo, su dominio y aniquilación en tanto que personas. El objetivo, por el contrario, de la educación ha de ser la virtud y la libertad por la vía del conocimiento. La felicidad es algo muy contingente biográficamente hablando y, en su dimensión bioquímica, depende de nuestra propia lotería genética.

Esa nueva etapa política y jurídica debe estar bajo un nuevo paradigma que es, creo, el del decrecimiento. Nuevo paradigma porque es una forma nueva de entender la economía, hasta ahora basada en el ideal, como señalas, de crecimiento ilimitado, por un lado y su ideología cientificista, heredera de una visión pervertida de la razón ilustrada. El problema con el que nos encontramos es que,  o bien hacemos una política de decrecimiento voluntario y regido jurídicamente y de forma cosmopolita, en el sentido de Kant, o caeremos en un decrecimiento forzoso, que es lo que está ocurriendo hoy en día porque, simplemente, hemos tropezado con los límites del crecimiento. Es el segundo principio de la termodinámica o principio de entropía que la economía ortodoxa no ha contemplado; por eso es necesario un cambio de paradigma.

Veo el universo en un grano de arena,

y un paraíso en una flor salvaje,

tener el infinito en la palma de la mano;

y la eternidad es una hora.

 

                        W. Blake.

 

Ver en un átomo,

y en cada átomo,

la totalidad de los mundos,

así es lo inconcebible.

 

                        Sutra de Buda.

 

La sabiduría del arte occidental y la de la religión oriental. Una coincidencia. Y no curiosa. Toda la sabiduría es universal. Y si esto lo adobamos de un poco de ciencia: teoría de la relatividad y, sobre todo, mecánica cuántica: el experimento de la doble rendija y la no localidad demostrada por las ecuaciones de Bell y los experimentos de Aspect, entonces nos encontramos con un universo cuasimágico, hiperconectado en el que cada parte contiene al todo y el todo es cada una de las partes. Sabiduría de Spinoza, también. Todo esto reconforta. La primera mitad de mis estudios filosóficos la dedique a la física y a la biología, vivía en un mundo confortable, el mundo de las ideas. Ahora, en la segunda mitad, ando enfangado en la ética y la filosofía política. Me pregunto si algo de aquello podría aportar un poco de luz al mundo humano…habrá que seguir en la brecha. De todas formas no llegamos ni a un suspiro en el gran tiempo cósmico, eso si es que existe el tiempo. Quizás sólo exista la eternidad y todo lo demás no sea más que apariencia.



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