Blogia

Filosofía desde la trinchera

CARLOS GARCÍA GUAL

Los cínicos griegos como preludio anarquista

CARLOS GARCÍA GUAL  30/10/2010

Bajo el emblema del perro (kúon) los filósofos cínicos aparecieron en la vieja Atenas como un movimiento de oposición radical a la cultura y la política de la época

Bajo el emblema del perro (kúon) los filósofos cínicos aparecieron en la vieja Atenas como un movimiento de oposición radical a la cultura y la política de la época. Con su actitud irreverente despreciaban la civilización y todas las convenciones sociales en su audaz invitación a la anarquía, rechazando el orden, con libertaria desvergüenza. Proclamaron la igualdad de todos los seres humanos, sin distinción de clases, naciones ni sexos. Eran cosmopolitas, no participaban en los asuntos de la ciudad, aborrecían los lujos y comodidades, se burlaban de los ritos y las creencias religiosas, prescindían de los placeres refinados, gustaban del amor libre, y consideraban el trabajo y el esfuerzo fundamento de la virtud. Todo ello, como es obvio, resultaba muy provocativo en el mundo griego, incluso en una democracia como la de Atenas; y muy en contra de lo que pensaron Platón y Aristóteles. Por otra parte, no ambicionaban el poder ni pretendían cambiar la sociedad insensata de la época proponiendo un nuevo modelo antiburgués. Por más que imaginaron curiosas fantasías utópicas de diseño igualitario y anarquista. Fueron, por lo tanto, más rebeldes que revolucionarios, pensadores individualistas, sin grandes ilusiones respecto a la aceptación de sus puntos de vista por la gran mayoría de sus convecinos. (Si el sabio Bías dijo que "los más son malos", muchos filósofos pensaban que la mayoría de la gente son necios). Los cínicos fueron una secta filosófica callejera y sin escuela fija. Perduraron como alegres vagabundos de mantos burdos, alforja mínima y bastón de peregrino. A través de Antístenes conectaban con Sócrates, y después, gracias al amistoso Crates, inspiraron a Zenón y los estoicos, filósofos más respetables y predicadores virtuosos. El tipo más famoso de la secta fue Diógenes, apátrida y mordaz, que no tenía nada, vivía en una tinaja, se burlaba de todo, y escandalizaba a menudo. De él circularon pronto estupendas anécdotas, como la famosa de que, cuando Alejandro le visitó y dijo que le pidiera un deseo, le repuso que se apartara del sol y no le hiciera sombra. El buen cínico no espera nada, no desea nada; austero, apático, libre, busca una vida natural, como la del perro. En su "regreso a la naturaleza" anticipa la conocida tesis de Rousseau acerca del "buen salvaje", y resulta un evidente precursor de los afanes ecológicos modernos. Crates imaginó una isla ideal poblada de cínicos, Pera (la de la Alforja), "sin necios, ni parásitos, ni glotones, ni culos prostituidos; que produce tomillo, ajos, higos y panes; cosas que no invitan a guerras ni honores, y donde no hay armas ni dinero". Como señaló Peter Sloterdijk, el cínico antiguo es muy distinto del tipo que ahora llamamos "cínico" (para su distinción utiliza la consonante: Kynikós frente a Zynikós). El cínico moderno es más bien un hipócrita: no cree en nada y desprecia en su interior las convenciones sociales; pero disimula y se somete por comodidad y afán de medro. El anarquismo moderno es una doctrina revolucionaria y de empeño político. Surge de un anhelo de una sociedad mejor, más justa e igualitaria; es filantrópico y compasivo, si rechaza el orden actual (anarquía viene del griego an-arché "desorden") es porque confía construir otro, mejor para todos, donde reine la libertad y no la opresión, en un mundo feliz. En ese ideal pueden percibirse todavía algunos ecos de la utopía antigua.

TRIBUNA: LOURDES BENERÍA Y CARMEN SARASÚA

¿A quién afecta el recorte del gasto?

Los Gobiernos priorizan las políticas para combatir el déficit sobre las dirigidas a crear empleo y a mantener el gasto social. Los Presupuestos de Género, promovidos por la ONU y la UE, analizan el impacto sobre la igualdad

LOURDES BENERÍA Y CARMEN SARASÚA 28/10/2010

En una sociedad cuya prioridad fuera el bienestar de sus ciudadanos, los políticos querrían ser fotografiados inaugurando centros de educación infantil, comedores escolares, viviendas sociales y centros de día para mayores: medidas de bajo coste que mejoran la calidad de vida. Nuestros políticos, sin embargo, inauguran grandes infraestructuras, faraónicos centros culturales y multimillonarias intervenciones urbanas. La mayoría de los españoles no utilizará nunca los superpuertos deportivos, ni el AVE, ni entrará en los megamuseos. Sin embargo, los han pagado con sus impuestos.

Los servicios que mejoran la vida cotidiana son poco rentables política y mediáticamente. En primer lugar, porque cuestan poco. Las obras modestas no atraen a los arquitectos o ingenieros famosos. Además, el cuidado de las personas sigue sin considerarse un problema público. La atención a niños, ancianos y dependientes se considera un problema de las familias y en especial de las mujeres, que lo han hecho siempre, a cambio de nada. Sin embargo, si hay un sector que mejora la vida de los ciudadanos y refleja la madurez democrática de un país son los servicios públicos. La vivienda, el transporte, la sanidad, la educación y las pensiones añaden bienestar, muy especialmente a aquellos con menos ingresos, donde son mayoría las mujeres.

Nos ayudan a entender esto los "Presupuestos con impacto de género", un instrumento de política económica que exige a los Gobiernos medir el efecto que cada medida de Ingreso y Gasto tiene sobre mujeres y hombres. Los Presupuestos de Género están siendo adoptados por los Gobiernos de la UE y promovidos por Naciones Unidas (www.gender-budgets.org). Exigen, en cuanto al ingreso, analizar el impacto de la tributación sobre la igualdad de género. Resulta, por ejemplo, que desgravamos los contratos a tiempo parcial, en un 80% de mujeres, a pesar de su efecto negativo sobre los salarios y la estabilidad laboral. Y que a través del régimen de tributación conjunta desgravamos a las personas con un cónyuge que no percibe ingresos, es decir, a los maridos de amas de casa, mientras desincentivamos la actividad femenina, de las más bajas de la UE.

En cuanto al gasto, el Presupuesto de Género exige desagregar las distintas partidas del presupuesto y su impacto. En los Presupuestos Generales del Estado para 2011, con el objetivo de reducir el déficit público, el Gobierno recorta el gasto, al tiempo que intenta un tímido aumento de la presión fiscal (y renuncia a acabar con el fraude fiscal). Está claro que los recortes distan de afectar a todos los ciudadanos por igual. Destaca que se suspenda la ley de permisos parentales, cuya entrada en vigor estaba prevista para el 1 de enero de 2011, para ahorrar 200 millones de euros. El permiso de paternidad se puso en marcha en virtud de la Ley de Igualdad de 2007. En 2008, el Congreso instó al Gobierno a ampliarlo de 13 días a cuatro semanas. Según el Barómetro del CIS (marzo 2010), el 88,7% de las mujeres y el 88,5% de los hombres se muestra muy o bastante de acuerdo con él. Que este permiso sea intransferible y remunerado al 100% es vital para que tener hijos deje de penalizar a las mujeres en sus empleos, y es bueno para los hijos, cuyos padres podrán asumir parte de su cuidado (www.igualeseintransferibles.org). Pero se ha suprimido, como se suprime el Ministerio de Igualdad, que representaba el 0,03% del gasto total, ahorro gigantesco e imprescindible, según el PP, CiU y PNV, para mejorar la economía española. Estos recortes se producen mientras se mantienen masivas e incomprensibles subvenciones a la Iglesia católica; mientras los grupos de presión industriales y financieros se aseguran multimillonarias ayudas que llevan décadas recibiendo; mientras minorías políticas obtienen por sus votos fuertes recompensas que les permiten alimentar a sus clientelas locales financiando infrautilizados aeropuertos y televisiones. Y, mientras, se mantienen los gastos militares.

El Gobierno parece olvidar que los servicios públicos y la atención a la dependencia crean empleos. Mientras la industria prosigue su automatización, los servicios a personas generan empleo porque su calidad pasa precisamente por su mínima mecanización. Especialmente empleo femenino, imprescindible para acercarnos al 60% de tasa de actividad femenina a la que nos comprometimos en la Agenda de Lisboa. Mientras, la Ley de Dependencia se consolida como una paga de 300 y pico euros a las cuidadoras familiares, en vez de en un sistema de servicios profesionales que iba a crear 500.000 empleos. El cuidado de los ancianos y dependientes es ahora el principal problema de millones de familias y lo será cada vez más en los próximos años. Si se recorta más la provisión pública de servicios de cuidados, este trabajo recaerá aún más sobre los familiares, en su inmensa mayoría mujeres, muchas de las cuales se verán obligadas a abandonar sus empleos o a acceder solo a sus formas más precarias. Mientras esto ocurre, arrecian las presiones para que se amplíe el número de años necesarios para tener derecho a la pensión completa de los 35 actuales a 40. ¿Cuántas mujeres podrán acceder a ella? ¿Se les puede exigir 40 años de cotización y al mismo tiempo que se ocupen de criar hijos, cuidar enfermos y atender ancianos?

El Presupuesto de Género nace de la Economía Feminista, que nos permite ver las políticas anticrisis con otros ojos. La exigencia de analizar el impacto de género de las medidas de estímulo o austeridad nos permite saber, por ejemplo, que con los 5.000 millones de euros del Fondo Municipal para el Empleo en 2010 los Ayuntamientos realizaron 28.000 proyectos, de los que el propio Gobierno considera que solo 745 beneficiaron directamente a las mujeres. Una mejora respecto a 2009, cuando con los 8.000 millones del Fondo se crearon 442.000 empleos temporales en construcción, exclusivamente masculinos (http://impactodegeneroya.blogia.com).

La Economía Feminista introdujo este tipo de análisis en los años ochenta y noventa, cuando se examinaron los costes sociales de las políticas de ajuste estructural en los países en desarrollo. Supimos entonces que la macroeconomía no era neutral con respecto al género ni a la clase. En América Latina, África y Asia, millones de personas perdieron sus empleos o su acceso al "salario social". Los recortes presupuestarios privatizaron el acceso a la educación, salud y pensiones. La crisis forzó a millones a buscar en la emigración (cada vez más feminizada) los ingresos que no encontraban en su país. No es difícil trazar paralelos con los planes de austeridad que ahora llegan a los países europeos. En todo caso, nos ayudan a reflexionar sobre los objetivos de la política económica.

Para la Economía Feminista, el objetivo de la actividad económica es la satisfacción de las necesidades básicas de las personas, frente a la acumulación y al crecimiento económico per se. Los actuales planes de austeridad responden a las exigencias del FMI, del Banco Central Europeo y de élites que imponen sus intereses en los mercados globales. No responden a las necesidades de los ciudadanos, obligados a pagar por el caos creado por la crisis financiera. En 2009, los Gobiernos occidentales, sobre todo el de los EE UU, rescataron a los grandes bancos, con el dinero de todos, de la ruina que ellos mismos habían generado. En 2010, con la banca de regreso a sus astronómicos beneficios, no hay voluntad política de rescatar a los ciudadanos. Al contrario, las políticas implementadas los hunden cada vez más. Obsesionados con los peligros del déficit, los Gobiernos priorizan las políticas anti-déficit sobre las dirigidas a crear empleo y a mantener las políticas sociales. El resultado es el aumento de la pobreza (ya el 20,8% de la población española, según el INE) y la desigualdad.

Como ciudadanos, debemos opinar sobre las decisiones de las Administraciones y las empresas. Debemos tener acceso a la información y derecho a exigir que los Gobiernos, sobre todo los que se llaman de izquierdas, recauden y gasten buscando la disminución de las desigualdades. De ello depende nuestra calidad de vida y la misma democracia.

Efectivamente, Ruben, vivimos en una mentira. Pero una mentira no significa falsedad. Significa apariencia. Y de ahí el pensamiento crítico. Si nos refugiamos en que todo es mentira, caemos en el escepticismo y la inacción. Por el contrario, si consideramos que el mundo que nos rodea es apariencia nos queda todavía la capacidad de actuar. ¿Tú crees que la política económica que nos cuentan es cierta? Pura farsa, pero hay que desenmascararla. ¿Tú crees que la economía es una ciencia al modo de la física? Pura farsa. esto hay que desenmascararlo para volver a humanizar la economía y que la política ocupe su lugar. Supervisora y vigilante de la economía. Todo es farsa, pero la razón crítica, desde que emergió en Grecia ha intentado desenmascarar las farsas. No basta el discurso negativo, ése es el primer paso. Después desenmascarar y, después, construir desde la razón crítica, no desde la utopía.

 

¡Vaya alumnos escépticos que tienes! Aunque es bien cierto que existen muchas sospechas sobre la veracidad de la foto. Y también es cierto que toda la propaganda científica hay que encuadrarla en la guerra fría. Y todo ello nos enseña que la ciencia y la tecnología, ni siquiera se puede reducir a la tecnociencia, sino que de lo que hablamos es de un complejo político-militar e industrial que subyace y alimenta a la ciencia. Es más, como ilustra el catedrático de física teórica y de historia de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, en su magnífica obra “El poder de la ciencia” la inmensa mayoría del uso civil del desarrollo tecnocientífico, radio, Tv, microondas, Internet, telefonía móvil, y un largo etcétera, procede de la investigación militar, que es, por lo demás, alto secreto. Por todo ello, podemos estar seguros de que, quizás, se sepa mucho más de lo que se nos muestra. No obstante no debemos caer en las teorías conspirativas de la historia porque eso sería caer en la superstición y en la claudicación de la razón.

 

                                   ***

 

            Nuestra galaxia es común. Y las uniformidad de las leyes de la naturaleza indican, desde la lógica, que la existencia de vida es algo común. Ahora bien, como el azar es esencial en la aparición de la vida y en su evolución, la similitud con nuestra vida es algo fortuito e improbable. Es más, cualquier acontecimiento de nuestra historia natural ha cambiado el curso de nuestra historia evolutiva. El azar es importante para entender la evolución. Todos los seres vivos son seres contingentes, podrían no existir y ello depende de un suceso azaroso que, posteriormente, desencadena una sucesión de sucesos causales.

 

                                   ***

 

            Los procesos astronómicos, aunque lentos, existen. El universo es como un ser vivo, en perpetuo cambio. Todo lo que ha aparecido tiene un desarrollo y un final. La tierra tiene unos cinco mil millones de años y le quedan otros tantos, pero antes el sol se convertirá en una gigante roja y nos achicharrará junto con todo el sistema solar.

TRIBUNA: SLAVOJ ZIZEK

Barbarie con rostro humano

La oleada de rechazo del inmigrante en Europa es hoy la principal amenaza para su legado cristiano. El miedo al extranjero empieza a impregnar también el antaño tolerante multiculturalismo liberal

SLAVOJ ZIZEK 23/10/2010

La reciente expulsión de Francia de los gitanos residentes en su territorio en situación ilegal, a los que se ha deportado a Rumanía, su país de origen, ha suscitado muchas protestas en toda Europa, en medios progresistas y también entre importantes políticos, y no solo de izquierdas. Sin embargo, las expulsiones no se han detenido, y constituyen además la punta de un enorme iceberg que se alza dentro de la política europea. Hace un mes, un libro de Thilo Sarrazin, un directivo de banca considerado políticamente cercano a los socialdemócratas, causó escándalo en Alemania al plantear la tesis de que la nación alemana estaba amenazada por la presencia de demasiados inmigrantes a los que se permitía mantener su identidad cultural. Aunque el libro fue unánimemente censurado, su tremendo impacto pone de relieve que al gran público le dio donde le duele. Incidentes como estos han de evaluarse en el marco de una reorganización a largo plazo del espacio político en Europa occidental y oriental.

Hasta hace poco, el espacio político de los países europeos estaba dominado por dos grandes formaciones que se dirigían al conjunto del cuerpo electoral, es decir, por un partido de centro-derecha (cristianodemócrata, liberal-conservador, popular...) y por otro de centro-izquierda (socialista o socialdemócrata), a los que se añadían pequeñas formaciones (ecologistas o comunistas). En el Oeste tanto como en el Este, los últimos resultados electorales apuntan a la paulatina aparición de otra polaridad. Hay un partido centrista predominante que defiende el capitalismo global, generalmente con un programa cultural liberal (tolerancia hacia el aborto, los derechos de los homosexuales, las minorías religiosas y étnicas, etcétera). A ese partido se opone cada vez con más fuerza alguna formación populista contraria a la inmigración que, en sus márgenes, va acompañada de grupos neofascistas abiertamente racistas. El caso más paradigmático es el de Polonia: tras la desaparición de los ex comunistas, las principales formaciones políticas son el partido liberal, centrista y "antiideológico" del primer ministro Donald Tusk y el partido cristiano conservador de los hermanos Kaczynski. Hay tendencias similares en Holanda, Noruega, Suecia, Hungría... ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Tras décadas de Estado del bienestar -o de su promesa-, cuando los recortes financieros se limitaban a breves periodos y se aplicaban prometiendo que las cosas pronto volverían a la normalidad, entramos ahora en una nueva época en la que la crisis, o más bien cierto estado de emergencia económica que precisa de toda clase de medidas de austeridad, es permanente, se convierte en una constante, en pura y simplemente una forma de vida. Después de la desintegración de los regímenes comunistas en 1990, entramos en una nueva era en la que la forma predominante de ejercicio del poder estatal se ha convertido en una despolitizada administración técnica que se dedica a coordinar los intereses.

La única manera de introducir pasión en ese ámbito, de movilizar realmente a la gente, es mediante el miedo: a los inmigrantes, a la delincuencia, a la impía depravación sexual, al exceso de Estado (que abruma con unos impuestos y un control excesivos), a la catástrofe ecológica y, también, al acoso (la corrección política es el caso paradigmático de la política del miedo liberal). Esa forma de hacer política siempre se basa en la manipulación de un ochlos paranoico, en la aterradora concentración de hombres y mujeres atemorizados. Esta es la razón de que el gran acontecimiento de la primera década del nuevo milenio fuera la entrada en la ortodoxia política del discurso contra la inmigración, que cortó por fin el cordón umbilical que lo unía a partidos marginales de extrema derecha. Desde Austria hasta Holanda, pasando por Francia o Alemania, y en virtud del nuevo orgullo que suscita la propia identidad cultural e histórica, los principales partidos ahora descubren que es aceptable insistir en la condición de invitados de unos inmigrantes que deben adaptarse a los valores culturales que definen la sociedad de acogida: "Es nuestro país, si no lo quieres, te vas". Es imprescindible señalar hasta qué punto la tolerancia progresista liberal comparte ciertas premisas fundamentales con esta actitud: su exigencia de respeto y de apertura hacia la otredad (étnica, religiosa o sexual), tiene su contrapunto en el miedo obsesivo al acoso. El Otro está bien siempre que su presencia no sea molesta, siempre que no sea realmente un Otro... En realidad, mi deber de tolerancia para con el otro significa que no debo acercarme demasiado a él, meterme en su espacio. En la sociedad capitalista tardía el derecho humano que va tornándose más esencial es el derecho a no ser acosado: a mantenerse a distancia prudencial de los demás.

No es extraño que el tema de los seres tóxicos haya ganado terreno últimamente. Aunque el concepto procede de la psicología de divulgación y nos previene contra los vampiros emocionales que andan por ahí al acecho, ahora está yendo mucho más allá de las relaciones interpersonales inmediatas: el calificativo tóxico alude a propiedades pertenecientes a niveles (naturales, culturales, psicológicos, políticos) totalmente distintos. Un ser tóxico puede ser un inmigrante con una enfermedad mortal al que hay que poner en cuarentena; un terrorista cuyos mortíferos planes deben evitarse y al que se debe encerrar en Guantánamo, esa zona vacía ajena al imperio de la ley; un ideólogo fundamentalista al que hay que silenciar porque difunde el odio; un padre, madre, profesor o sacerdote que abusa de los niños y los corrompe. Lo tóxico es el propio vecino extranjero, el abismo que hay, por ejemplo, en sus placeres o creencias. De manera que el objetivo final de cualquiera de las normas que rigen las relaciones personales es poner en cuarentena o por lo menos neutralizar y contener esa dimensión tóxica, reducir al vecino a la condición de prójimo.

En el mercado actual encontramos una amplia gama de productos carentes de su componente nocivo: café sin cafeína, nata sin grasa, cerveza sin alcohol... ¿Qué decir del sexo virtual, que es sexo sin sexo; de la doctrina de guerra sin víctimas (en nuestro bando, claro) de Colin Powell, que es una guerra sin guerra; de la redefinición actual de la política como arte de la administración técnica, que es una política sin política? Todo ello nos conduce al tolerante multiculturalismo liberal, que es una experiencia del Otro privado de su otredad: un Otro descafeinado que practica danzas fascinantes y que aborda la realidad desde un enfoque holístico ecológicamente sensato, mientras rasgos como el maltrato a la esposa quedan fuera de cámara.

Quien mejor planteó, allá por 1938, el mecanismo que activa esa neutralización fue Robert Brasillach, el intelectual fascista francés condenado y fusilado en 1945, que, considerándose un antisemita "moderado", inventó la fórmula del "antisemitismo razonable": "Nos permitimos aplaudir en el cine a Charlie Chaplin, un medio judío; admirar a Proust, un medio judío, y aplaudir a Yehudi Menuhin, un judío. Y la voz de Hitler viaja por las ondas radiofónicas a continuación del nombre del judío Hertz. (...) No queremos matar a nadie, no queremos organizar ningún pogromo. Pero también pensamos que la mejor manera de obstaculizar las siempre impredecibles acciones del antisemitismo instintivo es organizar un antisemitismo razonable".

¿Acaso no está presente esta misma actitud en la forma que tienen nuestros Gobiernos de abordar la "amenaza de la inmigración"? Después de rechazar con superioridad moral el descarado racismo populista tachándolo de "poco razonable" y de inaceptable para nuestras normas democráticas, avalan "razonablemente" medidas de protección racistas... o, como brasillachs de hoy en día, algunos de ellos incluso socialdemócratas, nos dicen: "Nos permitimos aplaudir a deportistas africanos y de Europa del Este, a doctores asiáticos o a programadores informáticos indios. No queremos matar a nadie, no queremos organizar ningún pogromo, pero también pensamos que la mejor manera de obstaculizar las siempre impredecibles y violentas medidas defensivas que suscita la inmigración es organizar una protección razonable frente a los inmigrantes".

Esta concepción de la desintoxicación del vecino supone un paso claro de la barbarie directa a la barbarie con rostro humano. Plasma un retroceso que va desde el amor cristiano al vecino a la práctica pagana de privilegiar a la propia tribu frente al Otro bárbaro. La idea, aunque se envuelva en la defensa de los valores cristianos, constituye en sí misma la principal amenaza para el legado cristiano.

¡Vaya alumnos escépticos que tienes! Aunque es bien cierto que existen muchas sospechas sobre la veracidad de la foto. Y también es cierto que toda la propaganda científica hay que encuadrarla en la guerra fría. Y todo ello nos enseña que la ciencia y la tecnología, ni siquiera se puede reducir a la tecnociencia, sino que de lo que hablamos es de un complejo político-militar e industrial que subyace y alimenta a la ciencia. Es más, como ilustra el catedrático de física teórica y de historia de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, en su magnífica obra “El poder de la ciencia” la inmensa mayoría del uso civil del desarrollo tecnocientífico, radio, Tv, microondas, Internet, telefonía móvil, y un largo etcétera, procede de la investigación militar, que es, por lo demás, alto secreto. Por todo ello, podemos estar seguros de que, quizás, se sepa mucho más de lo que se nos muestra. No obstante no debemos caer en las teorías conspirativas de la historia porque eso sería caer en la superstición y en la claudicación de la razón.

 

                                   ***

 

            Nuestra galaxia es común. Y las uniformidad de las leyes de la naturaleza indican, desde la lógica, que la existencia de vida es algo común. Ahora bien, como el azar es esencial en la aparición de la vida y en su evolución, la similitud con nuestra vida es algo fortuito e improbable. Es más, cualquier acontecimiento de nuestra historia natural ha cambiado el curso de nuestra historia evolutiva. El azar es importante para entender la evolución. Todos los seres vivos son seres contingentes, podrían no existir y ello depende de un suceso azaroso que, posteriormente, desencadena una sucesión de sucesos causales.

 

                                   ***

 

            Los procesos astronómicos, aunque lentos, existen. El universo es como un ser vivo, en perpetuo cambio. Todo lo que ha aparecido tiene un desarrollo y un final. La tierra tiene unos cinco mil millones de años y le quedan otros tantos, pero antes el sol se convertirá en una gigante roja y nos achicharrará junto con todo el sistema solar.

Leo en un periódico nacional que el Islam y la democracia son incompatibles. Lo que se quiere producir es un enfrentamiento entre civilizaciones. La tesis del choque de civilizaciones es un cuento. Es pura ideología para justificar la invasión y el control de los recursos energéticos. El Islam ha de ser demonizado por el capitalismo, como lo fue el comunismo y el marxismo. Hoy, con la crisis económica, y yo sin ser marxista, vemos cuánta razón tenía Marx en muchas cosas de importancia. Y, por su puesto, su gran impronta ética, que en el capitalismo salvaje no existe ni por asomo. Éste, por el contrario, lo que pretende es convertir a la persona en mercancía, instrumentalizar, eliminar su dignidad.

 

            Pero a lo que íbamos. El Islam es tan antidemocrático como el Judaísmo y el Cristianismo. Las tres religiones, llamadas religiones del libro, tienen en común la teocracia. La unión entre el poder político y el religioso. La única ley auténtica es la ley que emana de dios. Y ésa está en el antiguo testamente. La cuestión es la del poder. La religión cristiana no se separó, hoy en día sigue queriendo una cuota, del poder de buena gana. Durante siglos fue absolutamente perversa, intolerante, cruel, fanática e, incluso, genocida, como en la destrucción de las Indias. Pero la revolución del pensamiento fue poniéndola poco a poco en su sitio. Hasta que llega la ilustración y se proclama el laicismo, separación del estado y la iglesia. Pilar indispensable de la democracia. Para que ello fuese posible tuvo que producirse una revolución intelectual, como fue el renacimiento y la ilustración, el nacimiento de la ciencia moderna y las guerras de religión que asolaron a Europa durante cien años.

 

            Pero, curiosamente, el Islam conoció su época dorada en Al-Andalus. Aquí hubo una auténtica ilustración en los dos sentidos. Se recuperó el saber griego y se tradujo al latín y al árabe. Sin la traducción al latín, el renacimiento europeo hubiese sido imposible. La alta escolástica, tuvo acceso a los textos científicos y filosóficos a través de las traducciones que hicieron los musulmanes españoles, aquellos que llevaban ocho siglos en España y que fueron expulsados por el fanatismo integrista del cristianismo. En segundo lugar, este acopio de saber iba acompañado del ideal de la tolerancia. Se intentó un primer diálogo entre culturas y, durante siglos, hubo una convivencia y coexistencia. También hubo una interpretación de las escrituras, que se la debemos al filósofo Averroes que hicieron posible el nacimiento de la ciencia. Este filósofo mantenía la llamada teoría de la doble verdad. Una es la del Corán y otra la de la razón o la filosofía. La verdad única es sólo accesible a Alá. Tomás de Aquino puso todo su empeño en rebatir a Averroes en la universidad de París. Si Averroes tenía razón, como efectivamente la tiene, la religión está en peligro y, con ella, su poder político que ostenta. De tal forma que se establece la doctrina de la subordinación. La ciencia, la razón, la filosofía, son siervas de la teología. Su actividad no puede exceder la verdad revelada. El saber no es investigación sino recapitulación. Galileo recupera a Averroes en su juicio cuando responde al jesuita Bellarmino: La Biblia nos dice como ir al cielo, la astronomía como van los cielos. Es la teoría del doble lenguaje o la doble verdad, en versión de Averroes. Pero, mientras tanto, el nacionalcatolicismo hispano, se encargó de expulsar a los judíos y musulmanes. Y, desde entonces, salvo honrosas ocasiones, no hemos levantado cabeza, ni científica, ni filosófica, ni políticamente. El Cristianismo es esencial en la cultura europea, pero, del mismo modo, el Islam. Demonizar al Islam es incultura, fanatismo e incitación a la violencia.