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Filosofía desde la trinchera

 

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 13 de junio de 2012

Este artículo critica la percepción generalizada de que el dinero que existe y/o utilizan los bancos es el depositado por la mayoría de ciudadanos normales y corrientes. De ahí se concluye erróneamente que penalizar a los bancos es dañar los ahorros de la mayoría de la ciudadanía. El artículo señala que la mayoría de ciudadanos tiene muy poca propiedad financiera, la cual está muy concentrada. Es un porcentaje muy pequeño de la ciudadanía la que controla la mayoría del capital financiero y del flujo bancario. Tal situación se reforzará con el rescate, el cual no resolverá el enorme problema de la banca creado por su especulación, predominantemente inmobiliaria, y de la cual no se están tomando pasos para resolverla. 

Existe una percepción bastante generalizada en España que considera que “el banco somos todos”. El dinero de la banca es el dinero de todos. Tal dinero son los depósitos de la mayoría de la ciudadanía que tiene sus ahorros depositados en la banca. En otras palabras, se asume que el dinero que existe y/o se utiliza por el banco es el depositado por cada uno de los ciudadanos, resultado de su ahorro, de sus nóminas o de sus pensiones, sean éstas públicas o privadas. Ésta percepción es promovida por los propios bancos que quieren transmitir el mensaje de que ellos desempeñan una función social, la de guardar el dinero de la ciudadanía, pagándoles unos intereses como incentivo, a la vez que ofrecen crédito a las personas y a las empresas que lo necesiten. La existencia de tal crédito es la función social que justifica su existencia. De esta percepción se deriva el mensaje que la banca y el Banco de España transmiten a los medios y que está calando en la población: intervenir y penalizar a la banca es penalizarnos a todos nosotros.

Esta percepción, sin embargo, es profundamente errónea. En realidad, la mayoría de ciudadanos no tiene mucho dinero en la banca, ni directa ni indirectamente (como en pensiones). Sería muy interesante poder corroborar los hechos con los datos pero, no podemos hacerlo en España, donde la opacidad estadística, tanto en temas de distribución de la renta como de la propiedad, hacen difícil conseguirlos. Además, los existentes no son creíbles. Fíjese el lector que, según los últimos datos de la OCDE (que extrae sus datos de las cifras oficiales del Estado español), el nivel de renta de la decila superior de España es de 32.000 euros. Cualquier persona que va por las partes alta de las grandes ciudades puede ver que los súper ricos tienen muchos más ingresos que los que constan en sus declaraciones de renta. (Tal opacidad es incluso más acentuada en el sistema financiero, como bien ha mostrado el colapso de Bankia).

Estados Unidos, sin embargo, sí que tiene datos más fiables. Y es más que probable que la distribución de la renta y de la propiedad en España sea bastante semejante a la de EEUU (España, junto con EEUU, es uno de los países más desiguales de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo). Pues bien, la gran mayoría de estadounidenses tienen muy poca propiedad financiera. Ésta está muy concentrada. La decila superior de la población estadounidense posee el 90% de todos los bienes financieros, siendo los más comunes sus acciones bancarias y sus pensiones. En realidad los súper ricos, el 1% de la población, posee el 38% de estos bienes financieros. La mayoría de la población sólo posee su casa, aunque poseer, poseer, es un decir. El banco es el que la posee, y el que vive en ella le paga al banco la hipoteca.

Cuando estamos hablando de los bancos, por lo tanto, estamos hablando predominantemente del dinero de una minoría: de los ricos y de los súper ricos. De ahí que sería razonable decir que cuando hablamos de los bancos no estamos hablando del conjunto de la población sino de los sectores más adinerados y de los gestores de su dinero (los banqueros). De ahí que también sería aconsejable que –tal como propone el que fue Secretary of Labor (Ministro de Trabajo) durante la Administración Clinton, y hoy Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de California, el Sr. Robert Reich, se gravara a los banqueros, a los accionistas, y a los que tienen la mayoría de depósitos, haciéndoles pagar un 2% en sus bienes financieros, justificándose tal medida por los enormes beneficios que la banca ha alcanzado durante todos estos años de bonanza, beneficios conseguidos predominantemente de la especulación, incluida la especulación bancaria. Ello conseguiría en EEUU 70.000 millones de dólares más para el Estado (haciéndoles pagar tal 2% a los que tuvieran más de 7.2 millones de bienes financieros).

No estaría de más que se implementara esta política aquí en España, donde la concentración de la propiedad es igualmente acentuada. Hoy, las ayudas públicas al sector bancario español han alcanzado el nivel del 10% del PIB sin que con ello se haya resuelto el problema del crédito. Si a ello se añaden los 100.000 millones del rescate bancario, resulta que tal cifra ha doblado este porcentaje, alcanzando más del 20% del PIB, sin que ello haya facilitado o facilite en el futuro la provisión del crédito. Por cierto, es difícil de entender que estos 100.000 millones de euros que se gastarán supuestamente en la reestructuración del sistema financiero (a unos intereses que pueden significarle a la banca, según el Comisario de la Unión Europea, el Sr. Joaquín Almunia, casi un 8%) consigan lo que no han conseguido los casi 500.000 millones de euros que los bancos españoles e italianos han recibido desde el pasado diciembre del BCE a unos intereses de sólo un 1%. Tal rescate no resolverá el problema de la banca española, pues no se está tocando el problema clave que provocó la crisis: la burbuja inmobiliaria.

Todavía hoy hay más de tres millones de pisos vacíos (3.417.064 viviendas, según el Ministerio de Fomento). Durante el boom inmobiliario se construyeron 800.000 viviendas al año, más que Alemania, Gran Bretaña y Francia juntas. Los precios subieron un 155% durante una década, crecimiento artificial, que no se correspondía con el crecimiento del nivel de vida del país, y que se consiguió gracias a las prácticas especulativas de la banca. Cuando la burbuja explotó (debido al parón de transferencias del dinero de la banca alemana, contaminado por los “productos tóxicos” de la banca estadounidense), la banca española quedó estancada con sus propios productos tóxicos, las hipotecas, que no se podían pagar y continúan sin poder pagarse. Tales activos  representan 150.000 millones de euros (equivalente al 15% del PIB). Y ahí está el problema, que requiere para su solución una intervención pública que el Estado español es reacio a tomar debido al enorme poder de la banca. Debería haberse resuelto a base de llenar estas casas vacías con familias que pagaran alquileres o hipotecas asumibles, penalizando a los bancos que se resistieran a tales medidas (en Dinamarca se multa a la vivienda que esta vacía durante más de seis semanas). Y muchos bancos deberían haber sido nacionalizados, con anulación de la deuda privada en gran número de casos. En lugar de ello, el Estado español ha escogido ayudar a los bancos a costa de los intereses de la población. Y de esto es de lo que no se habla. Las raíces de la crisis financiera -el excesivo poder de los ricos y de los súper ricos en España y de sus bancos- no se está ni siquiera tocando. Y así estamos.

Lo que venimos diciendo, el problema somos los españoles. ¡Será que no hubo una transición o que hemos perdido la política en el amino?

Puntadas sin hilo

30 obviedades

10 jun 2012
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1. Este blog no tiene relevancia ni significación sociológica alguna.
2. Teóricamente, la derecha es mucho peor que la izquierda. Pero que España se mantenga dentro de la cordura tiene un valor inestimable.
3. La derecha es el mal menor.
4. La izquierda ha incumplido repetidamente su vitola exigible de honradez.
5. La corrupción de la derecha es congénita.
6. No son lo mismo, ni mucho menos, el PP y el PSOE.
7. La izquierda más radical, como Izquierda Unida, no termina de cuajar y la gente recela de ella.
8. La derecha durísima está integrada en la derecha.
9. La izquierda más extrema está dispersa y sin fuerza.
10. España es un país medio en todos los órdenes.
11. Su Constitución y su sistema político de Monarquía parlamentaria son cuestionados por un número importante de ciudadanos, pero menos importante de lo que estos ciudadanos creen.
12. Aún no se sabe si las Autonomías han sido, son, un éxito o una rémora.
13. España es católica, con un catolicismo más o menos de plástico.
14. El Ejército se ha calmado, parece que definitivamente.
15. Los independentismos siguen ojo avizor.
16. Los ricos son de derechas.
17. Y los no ricos también.
18. Y la mitad de los nada ricos.
19. La mitad de los obreros y trabajadores son de derechas.
20. La libertad de expresión que hay en España es suficiente.
21. La justicia está completamente desprestigiada.
22. Y los políticos.
23. Los medios de comunicación son de dudosa reputación.
24. Las tradiciones, aun las más brutales y regresivas, son imbatibles.
25. No sé si los españoles son intransigentes. Ningún español cree que otro tiene más razón que él (en nada).
26. España es Europa a regañadientes.
27. No se sabe si el 15-M cristalizará.
28. La construcción inmobiliaria ha sido devastadora.
29. Al fin se ha descubierto que la banca era el enemigo.
30. La revolución no está ni se la espera.
Porque es asombroso: Pegan el petardazo del empobrecimiento general del país, con unos sueldos, por ejemplo, de los consejeros de BFA, Bankia y Cajamadrid de 10.358.000 de euros, según recoge hoy el diario El País, y unos créditos muchísimo más que multimillonarios a empresarios capitostes arteramente concedidos y fallidos, y encima nos dicen que no es el momento para investigarlo y sancionarlo, y sin embargo los ciudadanos acogen la hecatombe general sin el menor signo de rebelión, reduciéndolo a la resignación, a la paradójica y mayoritaria indiferencia, al puro e inane comentario y al qué podemos hacer en esto de Bankia y en todo.
En realidad, el verdadero problema de España somos los españoles. El rescate de ayer supone, sin exagerar, medio siglo de retroceso en el desarrollo y bienestar de España, y los ciudadanos lo admiten, incluso como si ellos mismos fueran los causantes y culpables.
Admitimos que el Gobierno nos mienta descaradamente, pretendiendo hacernos creer que la “ayuda” a los bancos no tendrá consecuencias sobre nuestras vidas. Hace falta ser memo para no comprender que el pago de los intereses del “préstamo” se traducirá en nuevas subidas de impuestos directos, indirectos y tasas, y también nuevos recortes sociales y económicos. Este Gobierno prostituye la decencia mínima exigible.
Es asombroso y repugnante que el Presidente sea un taimado, y, no obstante, el descalabro, repito, de este empobrecimiento general del país, continúe manteniendo su ventaja electoral, con una desconfianza del 78% de los ciudadanos, con una Oposición pusilánime y débil que si gobernase nos llevaría al mismo empobrecimiento.
Ya nunca será como antes, y ello no es pesimismo en modo alguno, y el pueblo lo admite, tal vez seamos, en contra de lo que creíamos, un pueblo viejo y cansado. Estamos dispuestos a recrearnos en la desgracia, y no tenemos arrojo ni predisposición para salir multitudinariamente y todos los días a la calle a protestar, que es lo mínimo que nos podríamos exigir a nosotros mismos si fuéramos decentes. El clamor popular de la queja sirve para mucho más de lo que imaginamos: Sirve para que el Rey tenga que pedir disculpas, sirve para que el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo tenga que comparecer ante los ciudadanos, sirve para que el Presidente del Gobierno tenga que dar públicamente su ridícula versión y justificación de esta ignominia. Sirven para que sea el comienzo de todo.

Nota complementaria: Sueldos que cobraron el pasado año algunos consejeros de BFA, Bankia y Cajamadrid: José Manuel Fernández Norniella, PP, 725.000 euros. José Antonio Moral Santín, IU, 521.000 euros. Virgilio Zapatero, PSOE, 421.000. Antonio Tirado, 409.000. Mercedes de la Merced, PP, 376.000. Estanislao Rodríguez-Ponga, PP, 355.000. María Mercedes Rojo, PP, 345.000. Jorge Gómez Moreno, PSOE, 339.000. Arturo Fernández, CEIM, 278.000. Ricardo Romero de Tejada, PP, 270.000. Jesús Pedroche, expresidente Asamblea Madrid, 204.000. Carmen Cavero, PP, 173.000. Rodrigo Rato, 2.400.000.

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Gota del MILLÓN: ¿Ha salido Rajoy fortalecido y con más credibilidad tras la rueda de prensa que acaba de ofrecer? ¿Cómo reaccionarán los famosos mercados?

¡Hasta cuando seguiremos transigiendo!

Opinión / Blog

Educación a fondo

El Ejemplo de Rajoy: Un sueldo de 1€ al año

José Penalva (07-06-2012)

A finales de la década de 1970 Iacocca se hizo cargo de la dirección de una de las grandes compañías automovilistas. En ese momento, la empresa se desangraba a causa de la mala gestión de una clase directiva incompetente y derrochadora, y esperaba paciente la quiebra, que implicaba el despido de cientos de miles de trabajadores. Iacocca, tras muchos esfuerzos, reflotó la empresa. Su primera, y, a mi juicio, principal medida fue la siguiente:

«Empecé por asignarme un sueldo simbólico —afirma Iacocca— de un dólar al año. Hay que predicar con el ejemplo. No me asigné ese sueldo para erigirme en mártir; lo hice porque tenía que bajar al pozo de la mina. De este modo podía entrevistarme con D. F., el líder sindical, y mirarle a la cara. Y quería que nuestros proveedores y los trabajadores de la empresa se dijeran en su fuero interno: “Voy a seguir los pasos de un tipo que da esta clase de ejemplo”».

No hay que ser un lince para ver la semejanza entre el caso referido y el actual estado de España. Que la Educación tiene que ver con el ejemplo es doctrina clásica, pero que esa deba ser la clave de la pedagogía de los líderes —especialmente de los políticos— es materia de un cantar que sólo se aplican unos cuantos.  En ambos casos, un grupo humano que se desangra y se hunde irremisiblemente, debido a la pésima y, en no pocos casos, delictiva actuación de sus dirigentes. Aunque existe una diferencia substantiva: en la empresa privada esos directivos terminan en chirona; en cambio, la clase política española acaba con sueldos millonarios y cargos honoríficos a cuenta del Estado.

“No es la economía: Sois vosotros, los políticos”

España es el país que más políticos tiene de toda Europa. Con 47M de habitantes, tiene cerca de 500.000 políticos, repartidos a nivel nacional, regional, comarcal, subcomarcal, local. Alemania, por ejemplo, con una población de 81M, tiene unos 150.000 políticos.

Y el mayor despilfarro de dinero público se efectúa en las CCAAs y en los Ayuntamientos. De hecho, el Gobierno nacional maneja sólo el 22% del presupuesto nacional. Unos ejemplos: la autopista Cartagena-Vera tiene menos del 80% de tráfico diario del proyecto inicial. La autopista de circunvalación de Alicante, menos del 75%. Las autopistas radiales de Madrid, menos del 70%. La autopista Madrid-Toledo, menos del 80%.

La España de las 17 Autonomías tiene 26 canales autonómicos, con su déficit respectivo. Alemania (con el doble de población) tiene sólo 10. España tiene 52 aeropuertos, de los que sólo 8 son rentables; Alemania tiene 39 aeropuertos. Etc. Etc. Etc. ¿Y quién se hará responsables de todo eso? Todo esto lo van a pagar los españolitos religiosa o laicamente en multas, que se han multiplicado escandalosamente, en impuestos directos, indirectos, paralelos, etc.

Otro tanto se podría decir de esa esfera quasi-política que es la Administración Educativa y las Universidades. En la España de las CCAAs, la Universidad es la máquina expendedora de cafelitos para que la clase política administre sus favores; los departamentos universitarios son meros cortijos de intereses de grupos, de partidos, de sindicatos… De ahí que nadie se haya atrevido a tocarlos. Y cuando se les ha dicho —muy tímidamente, por cierto— que ellos también tienen que apretarse el cinturón, pues se rebelan y convocan 600 plazas, para dejar claro quién manda en el corral.

¿Qué pedagogía de recortes y austeridad predica el Gobierno?

El principio básico de la Educación, y por tanto de la pedagogía, es ajustarse a la realidad de los problemas y servir siempre a la verdad. Y, en consecuencia, decir siempre la verdad a la gente. Y ni lo hizo esa cosa que se llama ZP (que hizo de la mentira un sistema de Gobierno) ni lo está haciendo Rajoy.

Los señoritos que viven ahora bajo la protección de Rajoy predican al pueblo eso de que «el problema es que durantes los últimos años los españoles han vivido mucho más allá de sus posibilidades». Pero esos señoritos saben que eso no es cierto. Que el problema es, más bien, que la clase política española ha vivido más allá de las posibilidades del Estado de Derecho.

De resultas, el problema principal de la crisis económica de España es de sesgo político. Por tanto, o Rajoy mete en cintura a toda esa nube de políticos que corona el Reino de España, o España estará condenada a una perpetua crisis económica durante las próximas dos décadas (exceptuando, of course, al hombre de rojo que viaja con el Rey). Y el líder debería empezar con la pedagogía del ejemplo. Eso lo haría creíble ante Europa y, sobre todo, ante España. Y es que

 

Era un niño que soñaba

un caballo de cartón.

Abrió los ojos el niño…

Es una pena que mi admirado Javier Sanpedro desconozca tan profundamente a Popper. La refutación popperiana no se identifica con la mentira de lo refutado, sino que queda inscrito como una verdad particular dentro de una teoría más general, más verdadera, también refutable en el futuro, que es más rica, que aumenta la capacidad de explicación del mundo y de predicción, en definitiva, una teoría más fecunda. Es la relación entre falsación y progreso científico, que después Popper entendería como falsación y evolución del conocimiento y más tarde como falsación y evolución en general. Ya digo, una lástima. Y el ejemplo del horóscopo es esperpéntico. Lo que Popper dice explícitamente de ello es que el horóscopo es un claro ejemplo de que la ciencia no es verificable o lo verificable, porque todo horóscopo se cumple. Ahora bien, un hecho predecible particular de un horóscopo puede ser o no falsable y no es el caso, por tanto la astrología no es ciencia. Pero sí lo es la física. Y en el caso de la ciencia de Newton, pues lo mismo, Popper se encarga de señalar de todas las formas posibles que el edificio clásico es una verdad científica dentro de la teoría de la relatividad. Estos científicos que desprecian la filosofía de la ciencia sin haber leído una línea de ella son bochornosos. Al final lo que ocurre es que triunfa, como es el caso, o bien, la concepción de la ciencia como verdad absoluta, o bien la teoría posmoderna de los discurso que reduce la ciencia a la mera subjetividad y relativismo de cualquier discurso. Popper fue uno de los mayores defensores del discurso científico como discurso crítico, objetivo y racional que ha habido en el siglo XX.

Dios no puede equivocarse

Finalmente, Einstein tenía razón: los neutrinos no viajan más rápido que la luz

El experimento del CERN y su refutación reflejan cómo avanza la ciencia

La velocidad de la luz es un límite inviolable para la teoría de la relatividad de Einstein. / Cordon Press

Los lectores propensos a tomar un aperitivo los sábados comprobarían ayer que en los bares hay dos tipos de personas: los que vibraban meses atrás porque Einstein se había equivocado, y los que se alegran ahora de que los equivocados fueran los que vibraban. Si Einstein hubiera levantado la cabeza el pasado 23 de septiembre y hubiera leído la portada de El Mundo, que declaraba inaugurada la era de los viajes al pasado, lo más probable es que hubiera respondido: “De ser así lo sentiría por el buen Dios, porque mi teoría es correcta”. Es lo que respondió en una situación similar, o peor.

El físico Dario Autiero y los científicos del experimento Opera del Instituto Nacional de Física Nuclear italiano habían medido una velocidad de vuelo de los neutrinos superior a la de la luz. Hicieron el anuncio en el laboratorio Europeo de Física de partículas (CERN), que había intervenido marginalmente en el experimento como proveedor de neutrones.

En realidad, toda la plana mayor de la física teórica había arrugado el hocico ante el resultado anunciado en septiembre: que los neutrinos pueden viajar más rápido que la luz, un límite inviolable para la teoría de la relatividad de Einstein. Parecían pensar, como hubiera hecho Einstein, que si el experimento contradecía la teoría, lo que estaba mal era el experimento, no la teoría. Si la ciencia es esclava de los datos, esa puede parecer una actitud curiosa, arriesgada y hasta anticientífica: un ejemplo más del carácter conservador de la élite científica.

Pero Einstein y la élite científica tenían razón. El experimento del CERN ha muerto y la teoría de Einstein sigue viva. Lo sentimos por el buen Dios. Y por el portadista que soñaba con viajar al pasado.

La velocidad de la luz es una ley fundamental de la naturaleza

Incluso el director científico del CERN, Sergio Bertolucci, admitía el viernes en Kioto: “Aunque este resultado no es tan emocionante como algunos habrían deseado, es lo que todos esperábamos en el fondo”. Buena salida, aunque por la tangente. Bertolucci logró incluso transmutar de algún modo el planchazo en una lección edificante. “La historia atrapó la imaginación pública”, dijo, “y ha dado a la gente la oportunidad de ver en acción el método científico; un resultado inesperado se ha sometido a escrutinio, se ha investigado rigurosamente y se ha resuelto gracias, en parte, a la colaboración entre experimentos normalmente competitivos entre sí. Así es como la ciencia avanza”. Es una excusa, aunque también es verdad.

Pero entonces, ¿a qué viene esa arrogancia de los físicos? ¿Es que acaso saben que la relatividad es verdad, hasta el extremo de no dar crédito a los experimentos que la contradicen? ¿No es la verdad un concepto ajeno a la ciencia, un cuerpo de conocimiento que se declara en permanente revisión? ¿No es esa al fin y al cabo la lección que nos dejó Karl Popper, para quien la esencia de una teoría científica que merezca tal nombre es justo su carácter provisional y refutable, su vocación autodestructiva, su humillación permanente ante la dictadura de los datos que escupen sin cesar los telescopios espaciales, los secuenciadores de genes y los aceleradores de partículas? Ya ven que no: por ahora la teoría que hay que revisar no es la de Einstein, sino la de Popper.

Si la refutabilidad fuera el criterio del valor científico de una teoría, las agencias de evaluación ganarían todos los días el premio Nobel. Los horóscopos son extremadamente refutables —bastaría guardar el periódico hasta el día siguiente para refutarlos todos de tauro a sagitario—, pero eso no los convierte en una teoría científica. La gravitación de Newton no es una buena teoría por ser refutable, sino por ser simple, autoconsistente, fructífera y luminosa.

A grandes velocidades empieza a fallar y hay que sustituirla por la relatividad de Einstein, pero eso no tiene mucho que ver con una refutación popperiana: las ecuaciones de Newton viven dentro de las de Einstein. No son mentira, sino el aspecto que ofrece la verdad mirada desde el balcón del primer piso. Mientras desarrollaba las matemáticas de la relatividad general, Einstein ni se molestó en considerar los formalismos incompatibles con la gravitación clásica: sabía que Newton tenía que seguir siendo verdad desde el balcón del segundo piso. Un mero ingrediente de una verdad mayor, sí, pero tan cierto como ella.

Los físicos saben que la relatividad es una parte de alguna verdad mayor

De modo similar, los líderes de la física teórica actual saben que la relatividad es solo un ingrediente de alguna verdad mayor que algún día ocupará el tercer piso. Lo saben porque las ecuaciones de Einstein se deshacen en el mundo microscópico de las partículas subatómicas, y son incompatibles con la mecánica cuántica que rige a esas escalas. Buscan una teoría más general y abstracta que abarque a ambas y resuelva esas contradicciones. La relatividad aspira a formar parte de una teoría más amplia. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es que los neutrinos superen la velocidad de la luz. Eso sería una refutación frontal de las que harían salivar a Popper. Implicaría que la mitad de la física del siglo XX es errónea.

Y no puede serlo. Las dos bombas que estallaron sobre Hiroshima y Nagasaki son una consecuencia directa de la relatividad de Einstein, y por tanto pueden considerarse una demostración de que la velocidad de la luz es un límite fundamental de la naturaleza que nada puede rebasar. La ecuación más famosa de la historia, E=mc2, no solo es el fundamento de la energía nuclear, sino también de la solar, porque es la razón de que las estrellas brillen. Los láseres y las células fotoeléctricas se derivan de las teorías de Einstein, como la fibra óptica, las tripas de los ordenadores y los vuelos espaciales.

La relatividad general, la gran teoría actual sobre la gravedad, el tiempo y el espacio, y el fundamento de la cosmología moderna, predice la realidad física con una indecente cantidad de decimales. Y el centro neurálgico de esta teoría es que la velocidad de la luz es un límite fundamental: la clase de frontera que no se saltan ni los neutrinos. Vendrán más profundas teorías que nos harán más sabios, y de las que la relatividad general será solo un caso especial, como la gravitación de Newton lo es de aquella. Pero no puede ser mentira. No en el sentido de Popper.

Einstein formuló la relatividad para responder a la pregunta: ¿qué ocurriría si una persona corriera tan deprisa que lograra alcanzar a una onda de luz? La persona vería una onda de luz que está quieta, como parece quieto un tren que se mueve en paralelo al nuestro. Pero la velocidad de la luz es una ley fundamental de la naturaleza, y por tanto no puede parecerle quieta a nadie.

La solución de Einstein fue aceptar los hechos y derivar sus consecuencias lógicas, por extrañas que pareciesen. La velocidad no es más que el espacio partido por el tiempo. Si la velocidad de la luz tiene que ser constante aunque corras tanto como ella, es que el tiempo y el espacio no pueden serlo. Esta teoría de 1905 se llama relatividad especial, y una de sus consecuencias directas es la célebre ecuación E=mc2, que reveló que la masa (m) y la energía (E) son dos caras de la misma moneda, y que una ínfima cantidad de masa puede convertirse en una gran cantidad de energía al multiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz (c), que es un número enorme.

“Los científicos comparten la fe de Einstein en que el mundo es comprensible”, ha dicho el astrónomo real del Reino Unido, Martin Rees. Adelantar a los fotones es incomprensible.