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Filosofía desde la trinchera

Diario de un escéptico.

Y concluyo lo anterior.

Gobernados por caciques y con un pueblo vasallo. Y sin posible solución. Porque ésta únicamente puede venir de la educación, pero ésta ha caído en manos del mercado y de la ideología pedagógica. De ello saldrá un país de incultos y sumisos, mano de obra barata para Europa y las multinacionales del mundo. Y un país de servicios. Turísticos, se entiende.

Y España perdió la sabiduría griega que habían traído los árabes desde Bagda, y la propia sabiduría árabe, cuando fueron expulsados de Al-Ándalus. Y después perderíamos la sabiduría de los judíos, por el mismo motivo. Así esto se convirtió en un erial dominado por la iglesia y la inquisición, vamos la ignorancia y el miedo hasta la muerte de Franco, salvo algunos periodos brillantes. El siglo de oro surge contra todo aquello, como la generación del 98 y la del 27. El arte dio cobijo a la genialidad. La ciencia y la filosofía no podían expresarse. De ahí que, por aquí, no pasó la Ilustración. Y en esas andamos.

Pues de eso debería tratarse. El político debe estar, por definición, al servicio de la ciudadanía, no del poder. Pero lo que vemos hoy en día, a medida que las democracias han ido degenerando, es que el político es un servidor del Poder y utiliza el poder mediático para engañar a la ciudadanía. De todas formas hay que tener en cuenta que las democracias modernas, tanto la francesa, como la americana, surgen de la burguesía. Es decir, que a ésta, y porque no tiene más remedio, además de que se protege su propiedad privada en nombre de la libertad (sobre todo la americana) le conviene. Desde el inicio la cosa aparece viciada. Pero ha ido a peor. Porque desde el surgimiento de estas democracias ha habido un montón de conquistas sociales que estamos perdiendo y convirtiéndonos de nuevo en esclavos o siervos de la gleba. Es el inicio de una nueva Edad Media. Pero la democracia, igual que degenera, es perfectible. Pero mejorarla depende de la ciudadanía. lo malo es que ésta está aletargada en un sueño profundo.

Pues de eso debería tratarse. El político debe estar, por definición, al servicio de la ciudadanía, no del poder. Pero lo que vemos hoy en día, a medida que las democracias han ido degenerando, es que el político es un servidor del Poder y utiliza el poder mediático para engañar a la ciudadanía. De todas formas hay que tener en cuenta que las democracias modernas, tanto la francesa, como la americana, surgen de la burguesía. Es decir, que a ésta, y porque no tiene más remedio, además de que se protege su propiedad privada en nombre de la libertad (sobre todo la americana) le conviene. Desde el inicio la cosa aparece viciada. Pero ha ido a peor. Porque desde el surgimiento de estas democracias ha habido un montón de conquistas sociales que estamos perdiendo y convirtiéndonos de nuevo en esclavos o siervos de la gleba. Es el inicio de una nueva Edad Media. Pero la democracia, igual que degenera, es perfectible. Pero mejorarla depende de la ciudadanía. lo malo es que ésta está aletargada en un sueño profundo.

Será malnacido e ignorante. (Se refiere a Pujol y sus palabras sobre los andaluces.) Y lo que dice de los andaluces es extensivo a los extremeños, porque allí no se les diferencia. Éste es uno de los representantes de la burguesía catalana independentista que han robado a los mismos trabajadores catalanes, a los andaluces y extremeños que tuvieron que emigrar forzosamente, porque aquí las políticas del dictador no fueron tan benefactoras. Una prueba más de que el independentismo, el nacionalismo, la identidad, no es más que un constructo, una leyenda, que no historia, de la burguesía catalana para acaparar riqueza y poder. Y, si para ello hay que engañar a todo un pueblo y enfrentar a los distintos pueblos de España, pues no pasa nada. Lo que importa es el bolsillo de la burguesía catalana. Y, recuerdo, este señor, por llamarlo de alguna manera, ha estado gobernando con partidos nacionales, PP-PSOE, aprovechando la coyuntura para acaparar más. Todo por una ley electoral injusta hecha a la medida de los grandes y de los nacionalistas, que ni este señor y su partido “nacionalista” (más bien burgués-capitalista) han querido ni quieren cambiar. Y luego todo queda en el mito de que nuestros males (los de los catalanes, o cualquier nacionalista) proceden de otro. Un discurso fácil y supersticioso, como el de la foto, para engañar al pueblo. Sin datos, sin razonamiento. Afirmaciones gratuitas y tópicas.

El caso de Israel es una auténtica vergüenza moral. Se mantiene al margen del derecho internacional, no ha acatado ni una de las resoluciones de la ONU, pero es apoyado por su amigo americano. Israel ha caído en manos de los sionistas, auténticos terroristas. Los palestinos se han defendido, desde hace sesenta años de los sucesivos ataques israelíes, de su expolio y de su confiscación de tierras ocupadas desobedeciendo los mandatos de la ONU. Pero ésta, igual que occidente miraban para otro lado. Los palestinos no son nadie, como pasa con los saharauis, pero el mundo árabe es otra historia, tienen petróleo y no conviene enemistarse demasiado, sólo mantenerlos a raya. Y es lo que se ha hecho con Arabia Saudí, con Irán e Irak, Siria, hay que hacer historia de todo esto. Sin el conocimiento del pasado no entenderemos el presente. A Israel, para ganarse la opinión mundial, que, por lo demás, la tiene perdida, le interesa identificar Israel con el pueblo judío y a éste como la víctima del Holocausto. Esto es mucho más complejo, Israel es más sionista que judía y ésta, como en todos los nacionalismos es la gran mentira, junto con el terrorismo palestino, que nadie niega que no lo haya, para justificar sus crímenes de guerra. Y estos no han sido los primeros, ni serán los últimos. Y, occidente es, a su manera cómplice. Basta ya, de hipocresía y de intelectuales vendidos.

La política en España ha estado basada en la mediocracia, el interés económico, en crear leyes a favor del poderoso y contra el pueblo y en una serie de señores, los políticos, que chulean a la ciudadanía y la desprecian salvo unos días antes de las elecciones. Cae un supuesto icono de la política y la transición. Pero esto es la punta del iceberg. Y, además, ya estamos acostumbrados a la corrupción, a los Fabra, a los Bárcenas, a Filesa, los Gal, a los que pasan de la política a las multinacionales y no quiero seguir. La clase gobernante es absolutamente corrupta e inejemplar y, lo primero que ha de pedírsele a un político es su ejemplaridad pública. Pero no olvidemos que los hemos votado nosotros. Es decir, nuestro único acto democrático ha instalado el autoritarismo de la clase gobernante. Es profundamente necesaria una regeneración democrática que ha de basarse en la ejemplaridad y en la participación ciudadana. Y, para eso hace falta Ilustración y educación. Pero, no hay razones para el optimismo tal y como está la educación.

De la educación a la barbarie y de la barbarie a la educación.

                El futuro de la educación es la barbarie y el origen de cómo está la educación es una concepción y una práctica bárbara de la praxis político-económica. El mundo se ha vuelto plano, unidimensional. Con un solo valor. Hay un régimen universal autoritario que es el mercado. Ese régimen, una distopía, pues nos promete un mundo feliz, un paraíso, pero nos lleva al infierno en cuyas puertas estamos, se extiende por todos los ámbitos de la sociedad. Es la nueva religión sin forma,  líquida, que diría Baumann. Todo esto se transmite por la educación.

                Y comenzó, aquí en España, allá por los años noventa, cuando se implantó la nefasta LOGSE. Aquella ley de los progres, que resultó ser la más reaccionaria de todas las leyes educativas. Una ley que nos preparaba para lo que tenía que venir, no en vano el partido socialista había apostado por el neoliberalismo, que es lo que tenemos ahora. Que no es más que el principio de la barbarie, de una nueva Edad Media. Bajo palabras progresistas, se nos estaba colando un monstruo tremendo en la educación. Se estaba vaciando la educación de contenido y de valores, por mucho que se hablase de educación en valores, eso no era más que ritual. Y entraron los pedagogos a saco, haciendo pasar un saber técnico por ciencia y elevando ésta a la verdad absoluta. Y nos dijeron que lo importante no es el conocer, sino ese famoso galimatías de “aprender a aprender”. Y ahí empieza el vaciado de contenidos. No hay ni que saber para enseñar. De ahí que, después, el famoso Plan Bolonia reduzca las licenciaturas a grados de cuatro años y, ahora, se está probando el de tres. Total, para lo que hay que aprender, si no hay nada que enseñar. Sólo hay un criterio, la adaptabilidad, que llamaban los socialistas. Los de la derecha, que son los mismos, pero más claros, hablan de empleabilidad. De modo que hemos acabado con la educación y la Ilustración. El tribunal de la enseñanza ya no es la razón, es el mercado.

Y los progres, en su afán de igualdad mal entendida, se inventaron la obligatoriedad de la enseñanza, confundiéndola con la universalidad. Y la obligatoriedad trajo la mediocridad. Todo el mundo tiene que pasar, todos tienen que promocionar, como sea, porque la educación es obligatoria. Y el profesor pierde la autoridad, y la falta de respeto y la indisciplina hasta la violencia emerge en las aulas, donde uno, lo que menos se siente es un transmisor del saber y de la tradición. Ya los pedagogos, ideólogos del sistema, habían hecho su trabajo, y habían desacreditado el conocimiento y el saber en pro de la técnica, de un saber hacer, ayudados ahora por las Redentoras Nuevas Tecnologías que sustituirán al viejo profesor y la obsoleta clase “Magistral”. Ya ni siquiera hace falta alcanzar contenidos, sino Competencias. La palabra tiene su enjundia. Una herencia clara de la economía.

                La educación no tiene ningún futuro y a ello hemos contribuido el cuerpo de profesores con nuestra pasividad y desidia. Así se ha iniciado hace décadas la domesticación hacia la barbarie. No obstante, como en la edad Media, el conocimiento permanecerá en manos de unas élites privilegiadas. Nada nuevo bajo el sol. La historia está sembrada de cadáveres en nombre del progreso.