La Tierra, en definitiva, nuestra madre, nuestro origen y nuestro final. Esperemos poder descansar en paz sobre ella. De momento le hemos declarado la guerra como un adolescente impertinente, que cree saberlo todo, a sus padres. Si no utilizamos nuestra inteligencia ética y seguimos sólo la lógico-matemática y depredadora la guerra la tenemos perdida, pero nos llevaremos muchas cosas valiosas por delante.
Heterodoxias
Gracias por la cita, Piedad. He leído bastante a Punset. Pero ése entra dentro de la lista de los no leídos y, precisamente, por un giro que se produce en su pensamiento o, mejor, divulgación de pensamientos, que no comparto y considero, además peligroso. Porque para mí las ideas tienen consecuencias. Lo mejor que he leído de Punset es un libro, que es una maravilla, y que no recuerdo exactamente el título, es un conjunto de entrevistas que realiza a los mayores científicos y humanistas, todos con su premio Nóbel sobre el universo y la vida. Pero allí no se trata nuestro tema.
Perdona, pero el optimismo de Punset es un poco infundado. Su discurso de la empatía, aunque con una base científica sólida, es endeble. Punset, basándose en las ciencias neurológicas, los últimos estudios de la neurofisilogía, ha optado por una pata del ser humano. Me explico, ha hecho hincapié en el aspecto empático, colaborador, altruista…todo lo positivo. Pero en la naturaleza humana se dan ambos aspectos. Es lo de Kant, “la sociable insociabilidad”. Y el caso es que todo ello lo está vertiendo en la educación, los pedagogos están encontrando argumentos más sólidos que los que tenían y que se han mostrado fracasado en Punset. De tal forma que se está convirtiendo en el líder o gurú de un nuevo modelo educativo que es un popurrí de buenos sentimientos y nuevas tecnologías, un pensamiento salvífico, a mi modo idealizado, excesivamente optimista, que olvida la otra cara de la naturaleza humana y la realidad social. Saludos.
El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.
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Efectivamente, Andrés, nunca debemos pensar en una predeterminación. Eso sería una claudicación de nuestra voluntad. Sería dar alas a los poderosos. Conozco el libro que citas y debe andar por mi bliblioteca. Pero a él yo añadiría otro de Martinez Alier “El ecologismo de los pobres” que relaciona el problema ecológico con la pobreza, esto es, con la economía. Es uno de los fundadores de la economía crítica. Por eso el prblema económico no es sólo económico, sino ecosocial. Es decir, total. Sin un cambio del actual paradigma (conjunto de ideas centrales y técnicas que mueven el mundo) no es posible el cambio, sólo habrá parcheado. Saludos para los dos.
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Piedad, si se consigue un modelo de energías renovables, que no sería tan eficiente como los recursos fósiles, lo que sí debe quedar claro es que, en una nueva organización de la sociedad esos recursos tenderían a diversificarse. O, dicho de otra manera, democratizarse. Los edificios se autoabastecerían y exportarían a la red general. Pero esto es sólo una parte de la energía. El gasto energético fundamental es el transporte. Pues bien, en una sociedad de política del decrecimiento es necesario la relocalización. Es absurdo la producción de materias y alimentos que luego se trasladan a grandes distancias produciendo un tremendo gasto energético. La política del decrecimiento va hacia la localización de la producción y la globalización de la humanidad, es decir, el derecho y la ética.
Por otro lado, no acepto, de ninguna de las maneras la idea de Punset. Tiene cierta razón en que hay países fracasados. Pero que la crisis no es global ni estructural es falso. Es tener una visión muy corta de las implicaciones que se dan entre sociedad, economía, valores, etc. y un desconocimiento brutal de la historia del capitalismo que comienza, junto con la mundialización, y así nos lo refiere Marx en las primeras páginas del Manifiesto… en el Renacimiento. La crisis es sistémica y su fondo es estrictamente filosófico, es una idea del mundo la que ha caído.
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¿Necesariamente deviene en corrupción la democracia? Pregunta que nos hacemos desde Pericles. La única solución viable es la de una meritocracia (gobiernos de los mejores, más justos) dentro de una democracia y una legislación ferrea contra la corrupción. Pero, quizás, la tendencia a la corrupción forme parte de la naturaleza humana por ello debemos andar siempre vigilante del gobernante y de nosotros mismos.
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Si Punset habla de las consecuencias, pues tienes razón, pero según la cita yo no lo veo así. De todas formas, no se trata ahora sólo de analizar las consecuencias, sino que de lo que se trata es de ver la raíz profunda del problema para aportar soluciones. Y, como venimos diciendo los problemas son de hondo calado, sistémicos. De ahí lo de el cambio de paradigma que se debe producir. Si continuamos con el actual, que es lo que parece que ocurre, como la salida de la crisis de EEUU. y Alemania, creo que más aparente que real, estamos abocados a una agonía lenta. El cambio debe venir desde los siguientes parámetros.
Antropocentrismo-biocentrismo
Competitividad-cooperación
Macroeconomía hipermatematizada-microeconmía humanizada.
Desnaturalización de la economía-naturalización de la economía. Ello implica la introducción de la entropía en la economía.
Gobierno del capital-gobernanza política basada en el decrecimiento. El decrecimiento es un hecho que se irá agravando paulatinamente. Hay dos opciones. O cogemos el toro por los cuernos y lo planificamos políticamente o nos arrollará.
Centralización energética, alimentaria-descentralización energética-alimentaria.
Globalización financiera-globalización humana.
¿Todo se va al garete?
Más o menos. A menos que se produzca una tercera revolución industrial como defienden algunos autores (Rifkin). Pero, aunque así fuese, que la humanidad se salve, ello no implica que la miseria, la guerra, el hambre y los genocidios por los recursos, mientras tanto, se darán. De hecho se están dando hace tiempo. Además, esa es la historia de la humanidad. El ángel de la historia (Poul Klee) mira espantado los cadáveres que el progreso ha ido dejando en las cunetas. (En la introducción a mi “Una mirada ética al progreso y la tecnociencia”, hago una reflexión sobre el cuadro de Poul Klee) La diferencia es que hoy en día el colapso seria civilizatorio. El progreso tecnicocientífico no garantiza el progreso de la humanidad en su sentid ético-político. Éste es un espejismo con el que se nos ha engañado desde el poder. Lo vio muy claro Rousseau en el siglo de la Ilustración, el siglo del progreso. El progreso ético-moral es independiente y contingente. Lo mismo que hemos conquistado parcialmente la autonomía, la libertad, la igualdad, la justicia, la podemos perder, de hecho lo estamos haciendo, sin darnos ni cuenta hasta que la miseria llegue a nuestras puertas.
Hay un filósofo, desaparecido ya, que escribió una obra importantísima en el siglo XX, “El principio de responsabilidad” y que tiene que ver con lo que tú mencionas. Consideraba que la ética necesitaba de una reforma radical. La ética se basa en las acciones que tienen repercusión sobre los demás (cercanos), por tanto de las que soy responsable y las que te afectan a ti mismo. Lo que sugiere Jonas, padre de la ética ecológica, a la que a mí me gusta llamar biocéntrica, es que la responsabilidad de mis actos, que es de lo que se trata en la ética; libertad es responsabilidad, debe extenderse al que está más allá en el espacio que es el absolutamente otro, absolutamente desconocido, pero, al encontrarnos en un mundo interrelacionado mis acciones repercuten en él aunque no lo sospeche y extenderse también al no nacido. Es decir, a las generaciones venideras y a las que están comenzando a vivir. He defendido esto en mis escritos, clases y conferencias. La última trataba sobre la posibilidad de una ética cosmopolita y que se encuentra en mi “Escritos sobre la disidencia” Creo que éste principio es la base, apoyado en un biocentrismo, el centro de la posibilidad de la vida es la biosfera y no el hombre, y estructurado en una jurisprudencia internacional. Si no conseguimos este cambio ético-político y jurídico, unido a una tercera revolución industrial que sea capaz de sustituir los recursos fósiles por otro tipo de energías (que, por su puesto, nunca generarán el ritmo de vida que ha producido el petróleo, que en cien años ha multiplicado por seis la población mundial) la humanidad se va al garete por un colapso civilizatorio y los efectos del cambio climático. Estamos en un gran atolladero, apliquemos también el principio esperanza. El hombre como todo ser pretende persistir en su existencia, esperemos que lo consigamos al menor coste posible.
El mal es muy profundo y llega des lo hondo de la historia. El proceso de colonización y descolonización. No hubiese habido un occidente superrico sin un tercer mundo. Es, como decía Billy Brand en el título de uno de sus libros “La locura organizada”. De momento hay para todos, pero no interesa. El hombre tiene una doble naturaleza, es altruista y egoísta, es agresivo y empático. Eso es lo que ha marcado toda la historia. Y esto no es por tranquilizarnos y dormir con la conciencia limpia; sino para partir de la base de que lo que se puede hacer es poco y requiere gran esfuerzo. Pero es indudable que a lo largo de la historia hemos tenido un progreso ético-moral, luego, sí se puede hacer. Por ello, lo primero es la toma de conciencia y la denuncia. Después existen múltiples vías de actuación. Lo que sí está claro es que el nuevo orden del mundo no es éste que nos impusieron por las armas y por el codiciado petróleo, sino otro distinto que ha de emerger. Una unión del cosmopolitismo, como ideal ético-político y jurídico y una tercera revolución industrial que solucione los problemas producidos por el desarrollo basado en las energías fósiles. Un desarrollo fulminante que nunca ha tenido la humanidad, pero que no la ha hecho mejor moralmente.
El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, y falleció en marzo de 1982 en New York. Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela que es Atlas Shrugged, traducida al español como La rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando a los españoles y en mayor o menor medida a todo el mundo:
"Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada".
Efectivamente, esta sociedad está condenada al totalitarismo. Y lo que decía esa autora es un anticipo de la segunda guerra mundial. Hay semejanzas entre los dos momentos históricos. Pero nuestra situación es peor, porque ésta crisis económica que padecemos, que como se señala en el texto es política, es una crisis sistémica y como el mundo se ha globalizado totalmente y la entropía se ha hecho máxima (no tenemos recursos fósiles, ni alimentarios, ni agua potable), pues la cosa se hace mucho más grave. El caso es que no es que vivamos ya en una democracia deficitaria, sino en el fin de la política misma. Últimamente vengo defendiendo que el fascismo económico (que es lo que impera y son los que desde hace cuarenta años han ido imponiendo las leyes, sólo que nos hemos ido dando cuenta, la mayoría de la población ahora) es la antesala del fascismo político. Y el fascismo político es la anulación de la misma política.
Absolutamente de acuerdo con eso, Andrés, de la conciencia cívica, es decir, ciudadana. En los tiempos que corren lo que está sucediendo es que está desapareciendo la democracia, eso es algo ya, casi antiguo. Lo peor, es que está desapareciendo la política. Y no nos damos cuenta. Estamos en una situación similar a la de entreguerras que hizo posible la emergencia de los fascismos. Por eso vengo defendiendo últimamente, que el fascismo económico, que es un hecho, se puede explicar desde distintas teorías, es la antesala del fascismo político. Pero ahora me estoy dando cuenta de que además de que emerge el fascismo político y los populismos, también emerge, como decía, la ausencia de política. Los partidos, incluso a nivel internacional, carecen de capacidad de maniobra. No soy partidario de la teoría conspirativa de la historia, pero todo visto como una generalidad te hace pensar en un plan trazado. No lo creo, porque no creo ni en la teoría conspirativa, aunque haya conspiraciones, ni en las leyes deterministas de la historia, como los marxistas y los neoliberales, o los tecnófilos.
Es mucho lo que a cada uno de los ciudadanos nos toca hacer. No sé si la ciudadanía podrá llegar a un nivel de conciencia crítica que evite el desastre, como ocurrió en la segunda guerra mundial. Lo que sí es bien cierto es que no vamos por buen camino, el orden establecido por el neoliberalismo, sumado a perversiones políticas en los países del tercer mundo ofrecen un saldo de 100.000 muertos a causa de la desnutrición, la miseria… Nuestro sistema, del que todos participamos es un sistema de masacre. Y nosotros no somos capaces de tomar conciencia. La educación es el camino, según postuló la Ilustración, para liberar al hombre de la esclavitud. Pero el problema es que la educación no es neutral, participa de una ideología. Actualmente la educación tiene como fin último, porque ésa es la idea dominante, la adaptación a la sociedad del conocimiento, la información…eternamente cambiante y demás mitos. Es decir, que dicho llanamente la educación tiene el papel de la domesticación. Todo lo contrario del ideal ilustrado, la educación tiene como objetivo la liberación, es decir, que si pensamos que el mundo, la sociedad, o parte de ella, no funcionan bien (no se pueden hacer reformas totales, caeríamos en totalitarismos), lo que habría que hacer es cambiarlas.
Piedad, la frase de Punset es importante y esclarecedora y, en parte, tiene que ver con lo que he dicho arriba. Lo que se llaman las causas (competitividad, por ejemplo, que es fundamentalmente a lo que él se refiere) son sus consecuencias. Lo que ocurre es que el esquema es al revés. Es precisamente la idea capitalista del crecimiento ilimitado, que lleva aparejado la competitividad la que produce la crisis. Y una vez que ésta se ha producido se nos dice que lo que hay que hacer es aumentar la competitividad, y eso se hace desde el sector privado y reduciendo lo público. Resultado, aumento de la desigualdad, más pobreza, menos estado del bienestar… Pues falso. No se trata de fomentar el espíritu y el valor de la competitividad, sino el de la cooperación, basado en la empatía, esa facultad biológica que nos hace sociables. La cooperación es más creativa y productiva que la competitividad. Y ése es un cambio paradigmático que debemos hacer en nuestra economía y política. Si no somos capaces de cambiar esta idea del mundo y de nosotros mismos caeremos en el bucle autocontradictorio del crecimiento ilimitado, y en una guerra hobbesiana de todos contra todos. Situación ésta última que, por lo demás, es la que padecemos hoy en día.
Un bellísimo texto, Fernanado. Y, además, no conocía esa conversacin entre Einstein y Tagore, sí otras similares. Por su puesto, no puedo estar de acuerdo más que con Tagres. Es más, te he pillado; no me has leído, es broma, no hace falta, lo defiendo en algunas entradas de Pensamientos contra el poder y en capítulos de Filosofía desde la trinchera.
Un platónico y neokantiano como yo no tienen más remedio que estar de acuerdo con Tagore. La verdad absoluta y absolutamente objetiva no existe o, mejor, no tiene sentido hablar de ella, sin sujeto que conoce no hay verdad, ni falsedad. Y el sujeto que conoce es el hombre. De modo que los cuatro trascendentales: verdad, belleza, justicia y unidad, están referidos al hombre. Existen en tanto que existe el hombre. El hombre es el artífice y la medida de estos trascendentales. Por eso decía Platón que conocer es recordar. El conocimiento era el de las ideas, por cierto universales y necesarias, y la experiencia me recordaba las ideas. Ahora bien, y aquí lo importante es el giro kantiano, que él mismo enuncia como su giro copernicano en el ámbito del conocimiento. Ahora explico un poco esto. Y lo bueno es que el pensamiento kantiano sobre el conocimiento se ha enriquecido por la teoría de la evolución y las actuales neurociencias. Decía que lo importante es no confundir, como creo que tu haces cuando lees la conversación Einstein-Tagore, lo subjetivo (que afecta a lo particular) con la subjetividad (que es universal y necesaria, es decir, afecta a la humanidad.) Pues bien, el giro kantiano es su propuesta de que el conocimiento y la validez de tal no gira en torno al objeto, el objeto, como cosa en sí, independiente y separada del hombre, es incognoscible. Lo que hace cognoscible al objetos son los “a prioris” que se dan en el sujeto. Esos a prioris pertenecen al sujeto (sensibilidad y entendimiento y son las intuiciones y las categorías o conceptos.) las intuiciones son el espacio y el tiempo y las categorías son doce, entre las que se encuentra, por su importancia en la ciencia, la causalidad, que nos permiten pensar la realidad. Dicho más llanamente, la realidad, los objetos, la ciencia se me da, es posible, en tanto que en el hombre: kant hablaba de sensibilidad y entendimiento, hoy hablaríamos de redes neuronales, está la capacidad o condición de posibilidad de que se me dé esta realidad. Es el sujeto universal el que piensa la realidad. Pero, una cosa. Esa condición de posibilidad es universal, porque pertenece a la humanidad, a cada uno de los hombres por igual. Las diferencias serían culturales. La ciencia tiene una validez universal, pero es fruto del hombre. Y a Kant se le suma la evolución y las nuevas neurociencias. Kant pensaba que los a prioris eran fijos, pues no, hay una filogénesis de los mismos. Por tanto, nuestra forma de entender el mundo ha pasado la criba de la evolución. Las condiciones de posibilidades del conocimiento son evolutivas y se fijan en la estructura de nuestro cerebro y son universales, como lo es el tener manos. Y ya, para abreviar, las neurociencias lo que nos sugieren es que el cerebro, ver a Llinás “El yo y su cerebro” y Francisco Rubia, “En la senda de Spinoza” es una máquina de configurar la realidad. Ahora bien. Todo esto, lo de Kant, lo de la filogénesis del conocimiento y los más extraño y fabuloso, el cerebro como máquina de confabulación de la realidad, no nos lleva al subjetivismo, sino a la certeza de que el conocimiento, como el bien y la belleza existen en tanto que existe el hombre, pero, igual que los afectos, los dos fundamentales y básicos: el amor y el odio, son universales.
Por eso la verdad jurídica es humana, como creo que tú pretendes decir. Pero no subjetiva. Subjetiva es la del testigo, por eso es menester un juicio en el que se escuchen las partes, porque la verdad, al depender del hombre como tú sugiere, tiene muchas caras. Y el juicio es la única vía que encontramos para esclarecer la verdad de los hechos. ¿Que podremos llegar a una verdad absoluta?, de ninguna de las maneras, y ahí es donde creo que estamos de acuerdo y es lo que tú querías decir, pero sí a una verdad objetiva y universal. De lo contrario, no tiene sentido ni la ciencia, ni la justicia, ni la historia, ni la ética…pensamiento que, por lo demás, también es posible dentro del nihilismo. Yo estoy a caballo entre el nihilismo y el naturalismo. Un nihilismo radical, la anulación de cualquier discurso y reducción de todo al subjetivismo, una cosa así como lo que defiende Reguera, nos puede llevar al mal radical, a la justificación de todo.