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Filosofía desde la trinchera

Heterodoxias

Es evidente. La comparación entre el principio de la segunda guerra mundial y ahora es oportuna. La conciencia del mal del otro es absolutamente necesario. No habrá solución de los problemas si no tomamos conciencia del gran engaño del poder y lo intentamos cambiar. Nos han inoculado un modelo competitivo de sociedad y vida. La única forma de salir es la de la cooperación, la simbiosis, no la competencia. Estamos al borde del totalitarismo, de un totalitarismo al que nosotros hemos contribuido con nuestra inacción, con nuestra falta de conciencia que se basa en la comodidad, el miedo, la pereza. Por eso el problema, al ser de conciencia, es un problema filosófico. Me encanta coincidir con este señor, palabra por palabra, haber escrito y dicho lo mismo en otras ocasiones. Voces como ésta son necesarias para eliminar crear conciencia que es lo único que puede cambiar el mundo. Por el contrario, los ciudadanos son educados para la adaptabilidad a la sociedad competitiva. El objetivo debe ser educar para cambiar el mundo. Estamos al borde del abismo.

Es el fascismo económico, antesala del fascismo político. Nos quedamos, no sólo sin estado de bienestar, sino sin democracia. Como los partidos de la izquierda europea no cambien, y no tienen la pinta, se acerca una época oscura. Un retroceso, social, político, económico y filosófico. Es curioso que ese retroceso se nos haya vendido con el slogan del progreso, son cosas del posmodernismo donde todo se puede decir y defender porque es la ausencia del pensamiento. Feliz año.

Primero, y sin ánimo de crítica, puesto que aquí parece que no se admite. Y mira que mi primer escrito fue respetuoso y pidiendo incluso permiso, cuando en realidad no tendría ni que hacerlo. Porque lo que sucede en el partido ahora en la oposición ha revertido sobre mi realidad social durante muchos años y, si de ésta no desaparece toda la izquierda europea, pues me seguirá afectando. Incluso si realmente presentan un proyecto de izquierda creíble y ejecutable, pues los votaría.
Mira Fernando, ese discurso tuyo tan maniqueo es inválido. Existen los intelectuales y los políticos. Existen muy pocos intelectuales políticos, por razón de tiempo y temperamento. Y son, como bien dices, cosas muy distintas. Sólo hay que escuchar al último intelectual político recientemente fallecido. En cuanto a la autocrítica, pues no la habéis hecho. Y eso es así, son los mismos que llevan muchos años. Rubalcaba desde siempre. Chacón, ocho. Pero la última legislatura, la de la crisis la ha quemado bastante, no tanto como al otro. Cómo va a ser creíble Rubalcaba si estando en el poder no ha actuado. Y no habéis hecho autocrítica por dos razones, ahora me refiero a este diálogo, no me habéis criticado, más bien me mandáis, medio educadamente a callar, y solo medio educadamente, porque no habéis refutado, ni hablado, ni comentado nada de mi primera intervención. Arturo, sí, para decir que le dé consejos a otro, que a él no. Y, por otro lado, el escrito que os he enviado, fácil y asequible de leer, si tenéis otras propuestas y otros datos pues lo podéis criticar. Y eso es un debate de ideas. Y ese escrito es un escrito dirigido a las bases de la izquierda (por tanto también el PSOE) y que defiende la socialdemocracia. Y da unas cuantas recetas, ahí, en muchos otros textos y en cientos de autores que plantean alternativas. Podías haberos dedicado a eso. Sobre todo Arturo, en lugar de insultar claramente. Todos necesitamos crítica y consejo. Insisto, aunque no vuelva a intervenir aquí, lo que le ocurra al PSOE, me importa mucho, muchísimo. Fernando, que obsesión tienes con que yo soy de IU, los he votado varias veces, al PSOE también. Y me he alegrado de algunas victorias del PSOE sin votarlo. Que no he hecho una autocrítica a IU, pues te equivocas. Además de la que mencionas. Siempre he hecho una crítica al marxismo, pero sin desmoronarlo. He planteado la necesidad de introducir el discurso ecológico (económico político en la izquierda (IU) porque está ausente y sin él la concepción que se tiene de la sociedad es decimonónica. Escribí dos artículos (después de las elecciones autonómicas) como cartas abiertas. Y que fueron tremendamente criticados. Y que llegaron hasta Cayo Lara. Una defendía la abstención en la investidura, cosa que a vosotros no os gustó, ni a muchos de IU, de ahí la división actual. Otro sobre la naturaleza de los pactos y la democracia. Un artículo ideológico que pretendía criticar al sector de IU que, despreciaba el voto de la ciudadanía, para obtener poder. Es decir, que tenía una concepción del voto maquiavélica, que yo, al menos, en este caso ponía en entredicho. Es decir, que he intervenido en el debate de lleno.
Una vez tuve una idea, que como todas las ideas vienen de otras ideas que han formulado otros a los que has leído, en mi caso fundamentalmente, o escuchado. Y esa idea es que las ideas tienen consecuencias. He defendido esto en mis escritos y en mis clases con uñas y dientes. Porque las ideas nos dirigen, en forma de ideas, de ideologías, de mitos o de creencias, yendo de lo más noble a lo menos, entendiendo esto por conciencia de (autoconciecia). Y si no somos concientes de nuestras ideas y nuestras ideas son perversas para nosotros o para la humanidad, pues participamos del mal, a sabiendas o por ignorancia. Y me he partido la cara con mis alumnos, metafóricamente, explicándoles los orígenes ideológicos de esta crisis. Incluso he sido capaz de remontarme a Platón, cuando quería un gobierno de filósofos que conociesen la “filosofía verdadera” (gobierno de expertos) y esta tesis de Platón tuvo lugar en la degeneración demagógica y plutocrática de Atenas. El caso es que hoy en día hemos asistido a dos golpes de estado de la UE, Italia y Portugal que han consistido en poner en el gobierno a una serie de expertos que participan, dicese, de la filosofía verdadera. Malo es que nos quedemos callados. Peor es que no sepamos de dónde viene esto. Pues como decía, mi idea era que las ideas tienen consecuencias, y en la mayoría de las veces han sido peligrosas, como es ahora el caso. Pues hace tres años le dieron el premio Nobel de economía a Poul Krugman, mientras estaba escribiendo un libro. Libro que se titulaba precisamente, Las ideas tienen consecuencias, en el que hacía un análisis del conjunto de ideas, económicas, sociales, políticas y filosóficas, erróneas que nos habían llevado a esta crisis, augurando que, si no las abandonábamos, los gobernantes, iríamos a peor. En efecto, los gobernantes no las han abandonado, ni tienen viso de ello. Arturo, las ideas tienen consecuencias, y las canciones son algunas de las consecuencias sociales más tardías de esas ideas. Las canciones juegan un papel de cohesión social cuando lo social ya ha sido pensado y puede ser que haya sido pensado cuarenta años antes.
    En fin, nada de esto de lo que hablo ahora tiene que ver con el debate interno del PSOE, porque el debate interno del PSOE es un debate por el poder. Fernando, y el de IU es quizás un debate por cómo tener el suficiente poder para actuar sobre el poder. La dinámica es la misma. Un intelectual, y así me considero en términos popperianos, el que se las ve a diario con las ideas y son sus objetos de trabajo, no pertenece a la derecha ni a la izquierda. Es una división demasiado simple, quizás necesaria, lo cual también se podría discutir, pero, bueno. Haciendo una caricatura intelectual mía diría que defiendo la igualdad y la justicia social, que son máximas ético-políticas de la izquierda. Pero soy un liberal, con lo cual sería de derechas, pero no un reaccionario, aunque sí un crítico del progreso como nuevo mito civilizatorio y religioso. Por su puesto que esta libertad, engloba la libertad privada, pero no la libertad del mercado, ni el mercado por encima, como entidad, de lo ético, ni de la libertad privada. Como ves, demasiado complejo, incluso siendo una caricatura. Y, añadiría, a toda la izquierda, incluida IU, que la ética ya no es sólo la de la equidad y la justicia social, que son valores de la Ilustración, sino que si queremos enfrentar un nuevo mundo con una nueva economía y política debemos dar el salto ético, político y técnico, del antropocentrismo al ecocentrsimo. Sería una segunda Ilustración. Y esto son sólo, algunos esbozos de ideas. Ideas, Arturo, que no han salido de la nada, sino del ejercicio constante de la autocrítica estudiando a aquellos que son más sabios que yo. Y yo si admito consejos e ideas, pero no paternalistas, sino ilustradas. Un saludo. O toda la izquierda europea recupera el discurso de izquierda o desaparece, el plan trazado por la ultraderecha económica de momento funciona a paso firme. Si sigue así dentro de unos años no quedará ni rastro de la izquierda, ni de la democracia, ni de la política.

Disculpen ustedes mi intromisión, pero creo que andan muy enzarzados en discusiones de personas y no de ideas. Creo, que lo que nos interesa a los europeos y a los españoles y extremeños como tales es, lo que sugiere Arturo, la socialdemocracia. Resulta que ésta lleva en peligro cuarenta años, en Europa, en España experimentamos una expansión de la misma porque salimos del franquismo, es decir de la nada en política social. Y a esa merma han contribuido los partidos de la derecha moderada y los de la izquierda, tan moderada, que casi eran como los de derecha, salvo en algunas políticas epidérmicas señaladas. Creo que la situación mundial y europea no está para plantearse debates de barrio. Es necesario un gran debate de toda la izquierda, porque no debemos de olvidar que el estandarte de la izquierda es el de la igualdad y la justicia. Y ambos ideales hay que ponerlos en armonía porque a veces entran en conflicto. Y precisamente son esos conflictos los que utiliza la derecha para enarbolar el ideal de la libertad, que no es más que el de la libertad económica, pero no del ciudadano, ésta está tremendamente limitada, sino la libertad del gran capital y sus dueños. No olviden tampoco en ese gran debate de ideas que la crisis en la que nos encontramos no es más que una parte de una crisis sistémica, y esa crisis es mucho más amplia, es global y civilizatoria. Puede plantear el fin de la civilización occidental, estaríamos en el inicio de una larga agonía. El último gran fin de una civilización occidental fue el del imperio romano que planteó un retroceso cultural, técnico, de comunicaciones…de ocho siglos y Europa estuvo en la inmovilidad más absoluta durante más de cinco siglos. Esto es un botón de muestras. Por tanto en ese gran debate de ideas, que debe seguir la senda mundial, no meramente del PSOE, español y extremeño, no se puede olvidar que existen alternativas de organización económica. El gran peso que se ha echado sobre las conciencias es el del determinismo económico, no hay alternativas. Así llevamos pensando cuarenta años. Cuarenta años en los que nos hemos ido esclavizando nosotros mismos y por eso ahora nos es tan difícil ver las alternativas y los partidos de izquierda nos muestran tan poco margen de maniobra. Pero hay estas políticas económicas. De lo que se trata es que esas ideas lleguen a los aparatos que dirigen los partidos. Que esas ideas contaminen las bases y a la ciudadanía en general para que vuelva a creer en la política. Si ustedes siguen enzarzados en sus luchas internas, lo mismo que Europa y EEUU, pues serán como los músicos del Titanic. Una imagen patética, pero no olviden que detrás de esa imagen están los pobres que permanecían encerrados en los bodegas del barco, los que nunca tuvieron la más mínima oportunidad, mientras que otros se perdían en su vanidad. De nuevo, disculpen mi intervención, pero lo que ocurra en el PSOE me interesa y, segundo, considero que el discurso debe ser más profundo y más global. Si no, ustedes no estarán haciendo política de verdad, que es la que ahora hace falta, una política de altura con ideas nuevas y con capacidad de movilizar al hombre y hacer que recobre la esperanza, sino partitocracia. Es decir estarán haciendo una política con el fin de ganar las próximas elecciones. Un saludo.

No sé exactamente a qué te refieres, pero te contexto un poco al tuntún. No existe gobierno de los ciudadanos perfecto. El modelo de la democracia griega, independientemente del tema de los esclavos y las mujeres, no es una democracia directa, ni perfecta. Pero sí alcanzó, en ciertas épocas, cotas de perfección moral de las que podemos aprender. Mi ideal es la república, que no es sólo esa fantochada de eliminar a la monarquía, sino de vivir conforme a la virtud pública. Eso exige una educación de la ciudadanía para que tome conciencia de que la democracia es un modelo ejemplar de vida, del que hay que desterrar el vicio y la corrupción, tanto entre políticos como entre gobernantes e introducir dentro de la igualdad de oportunidades la meritocracia. Ésta es la línea de la ejemplaridad pública que defiende Gomá y otros, entre otros el recientemente fallecido muy joven Rafael del Águila. (Te recomiendo las obras de ambos) Por otro lado, sí es posible un grado mayor de participación, simplemente, en el caso de España con una reforma profunda de la ley electoral. Cambiar la circunscripción por provincias a una circunscripción única que arrancase de la mónada de los municipios. Esto implicaría directamente al ciudadano en la actividad política. Conocería a sus gobernantes. Te recomiendo la lectura del libro “Teoría pura de la república”. El hombre es ciudadano o no es nada. Ahora vamos por el camino de la nada, de ahí tu cinismo. Lo que yo recomiendo en las elecciones es la abstención. Una abstención masiva daría lugar a la disolución del actual sistema por directo rechazo del pueblo. Ello daría lugar a la necesidad de realizar una república constituyente. Esa sería la forma del renacimiento de la república.
    Por otro lado, no hay que olvidar que el poder que tiene el rico lo tiene porque se lo hemos dado. También podemos arrebatárselo. E incluso sin violencia, por ejemplo con la objeción de conciencia o, mejor, la desobediencia civil…

Si los políticos leyesen sólo un tercio de lo que aquí se recomienda, en lugar de perder su tiempo en el afán de poder y las intrigas, otro país y otro mundo tendríamos. Y si los alumnos de secundaria y bachillerato leyesen estas obras y otras más, no los sucedáneos de lectura que se les ofrecen, para incentivar el hábito lector, vaya gilipollez, tendríamos una ciudadanía culta y crítica con el poder, que exigiría a sus gobernantes lo que exige a cualquier otro profesional, que cumplan con su deber. Y, además, aprenderían que su deber es ser ciudadanos. Es decir, que su virtud, igual que la de los gobernantes es la de la ejemplaridad pública. Pero todo ello es soñar y hoy me he levantado optimista…pero verás como alguien lo jode y me arrastra a la gris realidad.

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    La importancia de la desobediencia civil se ha perdido con el pensamiento políticamente correcto que no es más que una mordaza del poder para poder hacer lo que quieran en nombre de la seguridad y el derecho de todos los ciudadanos. La desobediencia civil es el instrumento no violento con el que cuenta el ciudadano para luchar contra la opresión del poder totalitario. Ojo, que estos totalitarismos son posible, y de hecho actúan, en las democracias. Y aquí encubiertos de la verborrea de la libertad.

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“Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar”. E. Ciorán. Mi optimismo y mi pesimismo en un pensamiento de Emile Ciorán al que debo tanto, el mayor escéptico del siglo XX.
El optimismo y el pesimismo no son más que fabulaciones de nuestro cerebro sobre la “realidad” realidad que, por otro lado, en parte es construida por el cerebro. Y, como toda construcción racional, también es afectiva, de ahí resulta que la mirada sobre esa realidad sea optimista o pesimista. Pero esto es ir demasiado lejos, porque deja poco margen para nuestra libertad, que es lo que yo a ultranza pretendo defender. Si lucho por la libertad y la ilustración, pues debo ser un optimista ya que pienso que, en parte, se puede conseguir una mejra ético-política de la humanidad. Que mi método es filosofar con el martillo, pues eso no es más que un método, no la realidad. El filosofar con el martillo no es aniquilar, sino eliminar lo superfluo y dañino. Que se que lo hemos hecho fatal, que reconozco los genocidios, el carácter violento y agresivo del hombre, junto con su carácter sociable y empátito (lo cual nos salva y es lo que en esta situación de crisis global nos puede salvar: leer de J: Rifkin: “La civilización empática” y “la tercera revolución industrial”), que reconozco que la historia está llena de cadáveres en nombre del progreso, tal y como interpreta Benjamín el cuadro de Poul Klee “El ángel de la historia”, pues todo ello no me hace pesimista, sino valiente  afrontando al toro de frente. Ha habido grandes conquistas históricas, y es necesario conservarlas y aumentarlas. Pero ahora mismo estamos ciegos y no vemos que otros mundos son posibles. Es decir, que hay muchas cosas que no hemos hecho y que ni siquiera imaginamos de las que también podríamos estar orgullosos. Todo ello me lleva a la conclusión de que soy un optimista contumaz. Por tanto, no confundir, introversión, mal genio, crítica y autocrítica, carácter huraño con pesimismo. El pesimista es por definición un hombre sumido en el tedio, enfermedad mortal del alma. Siempre considera que no merece la pena hacer nada. Porque haga lo que se haga es peor. En mi filosofía o mi vida, que es casi lo mismo, eso no ocurre. En fin, que agradezco tus deseos pero, siguiendo a Popper, me considero uno de los últimos filósofos tambaleantes de la Ilustración. Y sabrás que el valor más importante de la Ilustración fue el optimismo. Pero doscientos cincuenta años después, no hemos tenido más remedio que matizar ese optimismo.



    

Está bien, pero, para ser más exactos, la esperanza es una virtud teologal y el optimismo un estado de ánimo debido a la interacción de nuestro carácter y temperamento. Por tanto, ni la esperanza (don divino), ni el optimismo dependen de nuestra voluntad. De ahí que la felicidad, como vengo manteniendo desde hace muchos años (entendiendo felicidad por satisfacción, alegría de vivir, no algo más profundo, que lo es), es algo muy accidental y que depende mucho de nuestra lotería genética y de las circunstancias. En este estrecho margen se mueve la libertad o voluntad, que cosiste en estar por encima de las circunstancias. El hecho de que ya no se suela ser creyente no excluye lo de la virtud teologal. ¿Por qué? Porque la esperanza es una creencia cuyo mecanismo biológico adaptativo es el engaño. No podemos tener esperanza ante lo desconocido, eso es creencia, por eso, los sabios cristianos llamaron a la esperanza virtud teologal, algo que dios puede o no darte.
    Frente a esto lo que nos queda es la libertad y la dignidad de la conciencia de seres limitados, pero con capacidad de superación y que a pesar de conocer que somos limitados no conocemos los nuestros. Por eso la dignidad y la capacidad de lucha son fundamentales. De ahí lo de las circunstancias. Yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas no me salvo a mí mismo. Y es en esto último donde está la libertad y la dignidad que son caras de una misma moneda. Y esta libertad y dignidad son las que salvaguardan nuestra vida y nuestra muerte. Dan sentido a la existencia.

Estoy leyendo un libro que creo importante y que reseñaré cuando lo termine. “La civilización empática” de Rifkin. El mantiene la tesis de que la evolución humana fue posible por la empatía que aumentó prodigiosamente la sociabilidad humana. Y esa empatía se hace posible por las famosas neuronas espejos, aquellas que nos permiten ponernos en el lugar del otro. Pero como la historia del hombre es su historia biológica y cultural, y como biológicamente somos seres abiertos, no determinados, pues hemos ido conquistando poco a poco y parcialmente esa empatía que nos lleva a ser capaz de contemplar el sufrimiento ajeno e intervenir para intentar eliminarlo. La encrucijada la tenemos marcada hoy en día. O pasamos a una sociedad empática total, o mayoritaria, o es el fin del homo sapiens, el caso civilizatorio. No sé qué pensar, me queda la parte del final y el autor es optimista porque conozco su obra y además he leído un libro, el último, posterior a éste “La tercera revolución industrial”, cuando la lea podré criticar. Pero creo que cae en el mito del progreso científico-técnico y para mí eso es un autoengaño. ¿Qué podemos y debemos hacer? Luchar por la justicia universal, cada cual desde el lugar que considere adecuado…Saludos.