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Filosofía desde la trinchera

Reflexiones de un francotirador

 

            Interesante  el concepto de igualdad en Rousseau y su relación con el mal social. Su crítica a la idea de progreso procede precisamente de ahí. La tesis que defiende es que no puede haber un progreso moral y político en la historia en la medida en la que el curso de la misma nos ha llevado a la máxima desigualdad. Los hombres, originariamente, en su estado de naturaleza son iguales. La igualdad aquí no es ontológica, esto sería una tontería, todos somos biológicamente diferentes. La igualdad es ante la propiedad. Todos son propietarios de todos los bienes de la naturaleza. Y aquí es donde reside la clave interesantísima para la izquierda de Rousseau. El origen de la desigualdad entre los hombre procede del establecimiento de la propiedad privada. A partir de ahí, el surgimiento de los diferentes poderes y del orden social se fundamentan el la legitimación de la propiedad privada, esto es, en la desigualdad entre los hombres: ricos-pobres, fuertes-débiles y amos-esclavos. Hay que replantearse en la actualidad esta tesis y recuperar un estado del bienestar o socialdemocracia que implica la socialización de los bienes públicos y la redistribución de la riqueza. Todo ello requiere un control de la política sobre el capital.

Los grandes espíritus siempre han
tenido que luchar contra la oposición feroz de mentes mediocres.
(Einstein) Una sentencia del gran físico fantástica. La podemos entender dirigida a la propia actividad científica e investigadora y a la vida misma. Los grandes espíritus son los espíritus libres, los que se hacen a sí mismos, los autónomos. Los que llegan a tener ideas propias porque son capaces de poner en cuestión todo lo pensado anteriormente. Éste es el caso del genio científico de Einstein. Se atrevió a poner entre paréntesis la validez universal de toda la física clásica. Nadie sospechaba esto. Se pensaba que la física al final del XIX estaba concluida. Einstein, con su genialidad, su independencia de espíritu, produce las dos grandes revoluciones de la física del siglo XX: la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Pero en el mundo cotidiano ocurre igual. Los mediocres son los que, por pereza y comodidad, siguen las costumbres, lo asumido por la mayoría, no se atreven ni a pensar ni a actuar por sí mismo. Porque lo que caracteriza al mediocre es que no tiene ideas, sino creencias y prejuicios. Luego está también el genio moral, como los grandes fundadores de religiones y filosofías morales. Todos ellos fueron espíritus libres e inadaptados. Personas tremendamente molestas a la sociedad porque la ponían, y la siguen poniendo, en cuestión desde sus cimientos. La educación tendría que tener por objetivo fundamental conseguir que los ciudadanos sean lo más libres posible. Éste es el ideal ilustrado. Pero esto no se consigue por la obligatoriedad y la extensión de la educación. Al revés, esto último produce mediocridad y borreguismo. El mismo Einstein pensaba que había que salirse un poco del sistema para ver las cosas desde fuera y construirlas desde sí mismo. Los grandes revolucionarios han sido autodidactas y ácratas. Son y deben ser así enseñados en la escuela, como paradigmas éticos de la humanidad.

La ley electoral española es otra rémora de la “ejemplar” transición. Se dejó todo atado y bien atado para garantizar una supervivencia del régimen con máscara democrática. Lo de la democracia en España, después de treinta y cinco años de muerte del dictador, es una farsa. Los partidos son internamente antidemocráticos. El poder lo tiene la clase del capital, el estado del bienestar es escaso y tiende a desaparecer, no se recupera ni la memoria, ni la historia y la iglesia sigue gozando y del poder que tenía y de grandes privilegios económicos. En tres décadas se podría haber avanzado mucho más si no nos hubiésemos recreado en el mito de la transición que fue una forma de pactar con la derecha económica y reaccionaria que blindó la posibilidad del desarrollo de la democracia como, por ejemplo, con la ley electoral que tenemos y con la ley de partidos, por decir algo, más los privilegios a la iglesia católica reconocidos en la constitución, a pesar de su carácter aconfesional. La ley electoral vigente favorece a las mayorías, por tanto el bipartidismo y con él un profundo déficit democrático porque hay una progresiva desaparición de ideas y una imposibilidad de representación de la pluralidad de los ciudadanos. Esa ley es una forma de totalitarismo encubierto. Y, luego, en sus medios de comunicación, hablaran de democracia, libertad, instituciones…y una mierda…

            Se puede disfrazar la tristeza con una sonrisa, pero no la indignación.

            Llevo bastantes años siguiendo al economista y pensador catalán Vicenç Navarro. Releo un libro del 2004 que es absolutamnete actual  "Bienestar insuficiente, democracia incompleta" También leo su blog y me he encontrado con un artículo perfectamente documentado que defiende una de las ideas que yo sostengo. Parte del discurso nacionalista conservador encubre una lucha de clases para despistar al ciudadano. Es decir, que gran parte del discurso nacionalista, cuidado que Navarro es nacionalista y estuvo treinta años en exilio por ello y ser de izquierda, y estuvo enseñando en Estados Unidos y Finlandia, es ideología para engañar al ciudadano. Lo que ocurre es que hay que poner más énfasis en la lucha de clases, que son iguales en los dos nacionalismos, o universales, que en la lucha nacionalista, meramente ideológica para alcanzar poder.

El déficit democrático en España es escandaloso. El hecho de que, desde la transición siempre se haya hecho así, lo ha convertido en normal. Me refiero a la disciplina de voto en los partidos. Se nos dice que los diputados son libres pero tienen que obedecer al partido. Se nos engaña haciéndonos pensar que la obediencia de voto hace posible la gobernabilidad. Todo esto es falso y una rémora de una transición que se nos muestra míticamente como ejemplar. La transición fue la que fue y como fue. No debemos mitificarla, sino superarla en muchas de sus deficiencias, sin tirar por la borda sus conquistas. Pero uno de los grandes fallos es la disciplina de voto de los partidos. En realidad, ésta, lo que produce es una aniquilación del debate y de las ideas. Los partidos, como representantes de la ciudadanía, funcionan como máquinas de poder y de eliminación de la disidencia. Es necesario y urgente una reforma de los partidos si queremos recuperar algo de democracia en España. La obediencia de voto en los partidos es una burla a los ciudadanos. No deberíamos votar a partidos antidemócratas, que los son todos por la disciplina de voto, deberíamos exigir la discusión crítica de ideas. En España, una vez elegido al partido de gobierno, se disuelve la diferencia entre el ejecutivo y el legislativo. El partido en el poder, por disciplina de voto, siempre votará lo que el ejecutivo proponga. Por tanto, no hay ningún sistema de control del poder. Esto es lamentable, máxime, cuando lo aceptamos como algo normal. Y éste es el engaño, pensar que la única democracia posible es la que tenemos. ¡A lo mejor es que a los ciudadanos no nos interesa una democracia más participativa!

            Leo un libro del excelente economista y pensador Vicenç Navarro escrito en el 2002 y reeditado en el 2004 “Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Hace un análisis de que el estado del bienestar en España es precario y que todas las políticas que se han hecho no han sido las de aumentar el estado de bienestar sino la de moderar el gasto público, en comparación a los países de la UE. Esto lleva aparejado, a su vez, un déficit democrático, que consiste en una derechización de la política, una eliminación de la izquierda y del pensamiento alternativo. Llama la atención la actualidad del análisis, porque, precisamente, lo que ha ocurrido estos años es que la política le ha seguido el juego al capital. La crisis que sufrimos es una crisis financiera que ha repercutido en al economía real. Pero, verdaderamente, la causa es política. Son las decisiones de los políticos, que han terciado a favor del capital y reducido el gasto público y el estado de bienestar, los que han generado esta crisis del capital. Una economía del bienestar regulada por el estado evita los ciclos económicos. La desregulación nos lleva a las crisis cíclicas que cada vez se hacen más profundas. Y para más Inri en la reunión del G-20 la receta que se da unánimemente es la de reducir el gasto público. O yo, y muchos economistas infinitamente más sabios que yo, no nos enteramos de nada, o la clase política tienen dudosos interesas en el capital. A no ser, que no lo puede ser, que el determinismo económico de la historia sea verdad y no podamos hacer otra cosa. No lo es, porque el neoliberalismo no es ciencia, sino ideología. Y además las predicciones en historia sólo pueden vaticinar tendencias. Pero, si lo fuese, desde luego que iríamos abocados a la catástrofe final. Es curioso cómo la crisis económica primero hizo pensar sobre una refundación del capitalismo, se relacionó también con el problema de los recurso energéticos y con el cambio climático. Hoy en día, los medios de comunicación no dicen nada de esto. Es más, se proclama la sumisión del estado al capital y el triunfo del neoliberalismo capitalista más salvaje. Los políticos ceden a los mercados y los dos grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad ya ni se mencionan: el cambio climático y el agotamiento de los recurso energéticos. Esto me lleva a pensar en la concepción conspirativa de la historia, aunque no soy partidario de ello, porque es renunciar a la racionalidad y la libertad. ¿Y si todo está bien requetepensado para que sólo unos dos mil millones de personas, esto siendo optimistas, puedan sobrevivir al final del siglo XX? De momento rechazo esta interpretación histórica y me aferro a la esperanza de la libertad.

La educación es un vacío burocrático. Lo único que importa es el rellenar papeles que no indican ni sirven para nada. Rellenar guiones absurdos con palabras absurdas pseudocientificas y sinsentido. La memoria final de un curso no sería rellenar un guión. Sino una reflexión seria y argumentada sobre el acontecer del curso. La memoria es una forma literaria cercana al ensayo. Pero estos partidarios de la burocracia educativa –porque no tienen nada más que ofrecer- que vacían de contenido la enseñanza, quieren que rellenemos un guión, en donde la literatura y el pensamiento brillan por su ausencia. Si la realidad educativa es la de los papeles es, entonces, una realidad vacía. A nadie le importa, ni eso es evaluable, el momento mágico de la enseñanza, de la transmisión de conocimientos y valores. Sólo quieren papeles y más papeles. La burocracia ha matado la excelencia, ha aborregado a los profesores y les ha robado el pensamiento. La burocracia educativa ha sido un arma de adoctrinamiento y eliminación del pensamiento crítico. Poca cosa nos queda hacer ya en la educación, salvo enseñar en el reducto de nuestra aula y declararnos en desobediencia civil, siguiendo nuestra libertad de cátedra, ante la barbarie de la burocracia. La burocracia educativa es un sistema de control fascista que pretende perpetuar la ideología obsoleta del poder.