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Filosofía desde la trinchera

Reflexiones de un francotirador

La ciencia emociona, pero para ello debe ser compartida. Comprender la realidad es la mayor pasión a la que puede llegar el hombre. Lo que pasa es que hay muchas miradas, no excluyentes, sobre la realidad. Las dos culturas, la humanística y la científica no se excluyen, eso es sólo una cuestión burocrática que, al final, daña nuestro entendimiento.

 

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            Y ese sistema de educación clásico, transformado, después de la revolución científica, duró hasta nuestros días, mediados de siglo, más o menos. La diferencia entre la cultura de ciencias y de letras es burocrática. Hay un mito sobre los que son de ciencias y de letras. Es cierto que a uno le pueden interesar ciertas cuestiones más que otras. Pero no hay un cerebro dividido entre las humanidades y las ciencias. Es cuestión de formación. Tanto los humanistas y los científicos, desde mediados de siglo para acá, se han perdido mucho los unos de los otros por culpa de esta diferenciación burocrática y este mito epistémico. El conocimiento es uno y universal y el acceso a él también. Es la especialización científica debido al progreso acumulativo del conocimiento tecnocientífico, por un lado, y el triunfo de la sociedad de valores tecnológicos por otro, el que abre esta brecha absurda. Los grandes físicos del principio del XX a los que yo más he estudiado eran excelentes humanistas. Ahora bien, su formación era la educación liberal que tenía como objeto la formación en la libertad y la ciudadanía. La educación para formar personas y el conocimiento científico como conocimiento teórico de la naturaleza que nos libra de la superstición. Ahí tenemos a un Einstein que en sus ratos libres traducía del griego a Platón, a Popper, maestro de escuela, catedrático de física y matemática de instituto, violinista y uno de los máximos filósofos de la ciencia y de la teoría política del siglo XX. Bertrand Russell, matemático, educador y humanista, Schrödinger, Hesenberg, Bohr, un sin fin de nombres. Hoy en día la educación ya ni siquiera divide entre ciencias  y humanidades, división absurda, como digo, sino que intenta formar individuos perfectamente adaptables al sistema laboral. Por eso, las ciencias puras y las humanidades desaparecen de nuestro horizonte. La educación es la de las competencias. Es decir, la transformación de las personas en instrumentos.

No soy ni creyente ni celebrante. Pero he sido un profundo creyente hasta la juventud. Mi proceso hacia el ateismo ha sido largo, pero no excesivamente doloroso. Las fiestas religiosas están montadas sobre las festividades paganas de la época de la introducción del cristianismo. Y muchas de estas fiestas paganas se inspiran en los ciclos de la naturaleza, como ocurre con la de San Juan, el solsticio de verano. Esas religiones paganas proceden del neolítico y tienen que ver con la relación de domesticación de la naturaleza: agricultura y ganadería y con la división del trabajo. Por eso los dioses del neolítico son masculinos y violentos; porque la dominación del hombre sobre la mujer y del hombre sobre la naturaleza proceden del neolítico. (En el mito del Génesis esto está perfectamente narrado) En el paleolítico vivíamos una relación de inmediatez con la naturaleza. Los dioses eran femeninos y el culto fundamental era a la fertilidad teniendo como máxima expresión la diosa Gea (tierra). Por eso el problema ecológico, y sin vuelta atrás, comienza en el neolítico.

 

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            La ciencia emociona, pero para ello debe ser compartida. Comprender la realidad es la mayor pasión a la que puede llegar el hombre. Lo que pasa es que hay muchas miradas, no excluyentes, sobre la realidad. Las dos culturas, la humanística y la científica no se excluyen, eso es sólo una cuestión burocrática que, al final, daña nuestro entendimiento.

¡Cuánto sufre la humanidad por la oscuridad de la superstición!

La democracia es diálogo y búsqueda común de las certezas y consenso. Por eso sin filosofía no hay democracia. Sin pensamiento, que es diálogo no hay democracia. Sin posibilidad de cuestionar la democracia no hay democracia. La democracia procedimental, es decir, basada sólo en la forma y en el voto es un totalitarismo encubierto, la ideología del capital. La democracia es una forma de vida, no un procedimiento.

El discurso racional no puede contra la religión. Y esto es así porque el hombre es un animal de creencias. La religión se basa en los hábitos, las costumbres…es una forma de estar en el mundo y de socialización. La religión presta un sentido a la vida y al mundo en el que nos sentimos bien y sin preocupación. La actitud racional exige de la crítica, es la búsqueda de verdades y certezas, pero esto exige de la duda. La racionalidad también es una actitud frente al mundo. Donde confrontan la racionalidad crítica y la creencia es en su modo de explicar el mundo y en su contextualización histórica. El intento de explicación del mundo por parte de la religión es el mito. El mito no es irracional, pero no es criticable. Es objeto de creencia. Es un mundo simbólico que apuntan a un sentido y que se encarna en nuestro propio lenguaje. Y el lenguaje es una forma de ver el mundo y una forma de vida. La razón intenta desenmascarar al lenguaje; aunque el lenguaje siempre constituirá los límites de mi conocimiento. El problema de la religión es cuando el mito se identifica con la verdad, entonces pasamos directamente al dogmatismo. Y, en segundo lugar, cuando la religión llega al poder, entonces caemos en el fanatismo y la violencia. Exterminio del disidente, el hereje. Por su lado, la razón, cuando se absolutiza, se convierte en un mito y unida al poder da lugar al fanatismo y la violencia. Una razón crítica, histórica y limitada debe poner en su sitio tanto a la razón absoluta como a la religión. La creencia en dios y en lo trascendente obedece a una necesidad natural del hombre de dar sentido a su existencia. Ha sido un mecanismo evolutivo eficaz, porque el hombre es un ser más de creencias que de razones. El hombre necesita las creencias, los hábitos y las costumbres. Por su parte, el estudio histórico del origen de las religiones las relativiza en su contexto socioeconómico que explica su evolución y su posterior alianza con el poder como mecanismo de control. Lo que sí está claro es que un creyente y un ateo no se pueden convencer. Son dos modos de ver el mundo, dos estados de consciencia, dos lenguajes. De lo que se trata, entonces, es de buscar la pluralidad y la tolerancia. Las religiones tienen que aportar su mensaje ético universal y dejar su dogmática teológica para los creyentes. El ateo tiene que comprender que la razón absoluta y universal es un producto de la cultura occidental, por tanto, sujeto a relativización.

 

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            La enseñanza ha padecido el mal del capital y de la pseudociencia de la psicopedagogía. Aunque parezcan separados van íntimamente unidos. El segundo forma parte de la ideología del primero. El sistema destruyó la enseñanza primaria y secundaria, ahora la emprende contra la universitaria. El objetivo fundamental de la educación es lo que podemos llamar la educación liberal que tiene sus orígenes en los clásicos griegos y latinos. Cuando hablamos de educación liberal hablamos de educación en la libertad. Es decir, el objetivo de la educación es el hombre en tanto que sujeto. La educación clásica tiene como objetivo la excelencia pública, la virtud. Ser capaz de transformar a los hombres en sujetos públicos activos, autónomos e independientes. Sin embargo, la reforma universitaria actual tiene como empeño la instrumentalización del hombre. Ya decía Kant que el tribunal de la universidad era el tribunal de la razón. La razón es lo que nos hace común y nos libera de la superstición. Es aquello que nos convierte en sujetos. Pero el tribunal de la universidad de hoy en día es el mercado. De esto se desprende que el objetivo no es ni la virtud, ni el conocimiento para mejorar la cosa pública, sino la adaptación profesional al mercado laboral. Esto último está alimentado por varios mitos. El más gracioso y suculento es el mito de la formación continua. Siempre debe uno estar formándose. Eso sí, no por el bien social, sino para la adaptación a la empresa, al mundo laboral que crea la competencia curricular para acceder al trabajo. Eso sí, los masters y cursos de formación pertenecen a la empresa y fundaciones privadas. El supuesto conocimiento excede a la universidad y es una fuente de explotación y riqueza. Otro mito es el de las nuevas tecnologías. Es la confusión entre información y conocimiento. Cuando hablamos de la sociedad de la comunicación y de la sociedad del conocimiento se están identificando, aunque no son lo mismo. De lo que se trata es de vaciar de contenidos la enseñanza. Toda la información está en la red. Hasta aquí cierto, pero información sin orden conceptual es algo ciego e inaccesible. Para manejar la información es necesario previamente el conocimiento conceptual, a partir de ahí puedes transformar esta información en conocimiento.

Efectivamente, el neoliberalismo es la eliminación de las diferencias. Por eso es pensamiento único. Ya hemos dicho aquí que es ideología, falsa consciencia. Me parece muy oportuno que la izquierda intente defender la diferencia para evitar la opresión, no por la mera diferencia, a la cual se tendría derecho de entrada y es lo que se reclama. Esto significaría la pluralidad dentro de la universalidad. Pero el problema es que la izquierda se quede en la mera proclamación del derecho a la diferencia y olvide esos universales humanos y morales de los que tu hablas y de los que la izquierda es defensora. Porque el marxismo bebe de la ilustración. Y una de las cosas que aprende de ella es la ética universal. Los obreros son internacionales. La opresión es internacional. El problema es cuando la diferencia, como entre capitalistas y proletarios se utiliza para la opresión. Desenmascarar el objetivo opresor que tienen las diferencias debe ser objetivo de la izquierda. Pero, lo que yo, sugiero, es que se corre el peligro de caer en el relativismo. No, el hecho de que no se respeten las diferencias, siempre y cuando quede el común universal humano. Si no encontramos los baluartes de una ética universal y egocéntrica (segunda ilustración), por muy provisional que sea, nos quedamos en la diferencia y en la incomunicación. Y el discurso relativista, insisto, a la derecha más reaccionaria le interesa. Divide y vencerás. El multiculturalismo se convierte también en ideología alienante. Habría que pensar algo así como un interculturalismo universalista como idea reguladora de la acción política al modo kantiano.

 

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            La muerte de José Saramago es una gran pérdida humana, ética y estética. Es el modelo, hoy escaso, de intelectual comprometido. Es modelo de la lucha por la justicia social, independientemente de que los caminos puedan ser errados o no. Lo que desde luego nunca fue un error es su integridad, autenticidad, honestidad y consecuencia. Sus obras son artísticamente impecables. Es un deleite para la sensibilidad su lectura. En un primer momento, el disfrute estético de su prosa hace caer en un segundo plano el mensaje moral que se hace sin aspavientos, desde la sencillez, la humildad y el pesimismo esperanzado. Todas su noveleas son grandes metáforas que ponen en cuestión a los grandes mecanismos de poder y engaño de la sociedad. Cuando terminas de leer a Saramago empiezas a pensar; y su prosa y su fuerza ética se convierten en la música de tu cerebro. Un hombre digno de la mayor admiración, excelente en el sentido de virtuoso, valiente. Se ha enfrentado a todos los poderes sin esconderse. Y se ha autoexiliado cuando lo ha creído oportuno. Ha criticado las causas que ha defendido. La mayor de las virtudes intelectuales: la de la rectificación. Todo un modelo y paradigma ético de sabiduría. Su lectura es altamente recomendable en este mundo de confusión y de máscaras en el que todo vale. Éste hombre, como otros, están hecho de otra pasta. Su pensamiento es una propuesta ética, no un dogmatismo, una crítica, una sugerencia. Sus novelas son metáforas inolvidables. Su pesimismo es sabio, como todo escepticismo, pero no desesperanzado.

 

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            El engaño es la forma que los poderosos utilizan para impedir soñar con el bien, la belleza y la justicia. El engaño nos aliena en la precariedad de la existencia. El engaño es el desencanto del mundo. El engaño es contrautópico. Pero la utopía es otro engaño. Desengañarse es aprender. Y, como decía Nietzsche, lo que no nos mata nos hace más fuertes.

 

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            El sabio, el artista es el que crea en la acción. El niño recrea el mundo en cada instante. En eso consiste el juego y en eso consiste la felicidad que no es más que inconsciencia de la creación: dejarse arrastrar por el torbellino de la acción. Por eso la última transformación por la que ha de pasar el superhombre de Nietzsche es por la de convertirse en niño…

 

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            Toda la cultura occidental, con su base en las religiones monoteístas, son culturas de la opresión del placer de los sentidos. El placer niega el dolor y sin dolor y sufrimiento no hay dios. De ahí que el erotismo surge del juego entre la prohibición (el super-yo) y el ello (los instintos.) Pero, pudiera ser que todo esto esté determinado genéticamente, que no sea cultural…

A la muerte de Saramago. La muerte de cualquier hombre es inefable, pero la de un hombre sabio al que has leído y seguido te arranca un pedazo de alma.

            Uno de los problemas más profundo de la izquierda es que ha caído y defendido el relativismo. Ha dejado de creer en la verdad objetiva y ha dado pábulo a los constructivistas y los posmodernos. Estos se han hecho fuertes en la defensa del multiculturalismo y la crítica de la ciencia como conocimiento objetivo. Y esto es lo que ha dado pié al relativismo. Y todo este discurso se ha vuelto contra la izquierda porque el poder ha defendido su verdad que es la del más fuerte. Además, al negar la objetividad de la verdad, o la posibilidad de alcanzar verdades objetivas, la izquierda se ha quedado sin ideas y se ha transformado en mera ideología relativista y posmoderna. Cuando la izquierda ha negado el discurso de la razón crítica ilustrado ha firmado su sentencia de muerte. Es necesario que la izquierda revise todo esto para recuperar un relato racional de la humanidad. Ya sabemos que todo relato es una construcción, pero el que procede  de la racionalidad crítica y de la ilustración es objetivo y pretende una universalización de la moral teniendo como centro la dignidad humana. Al poder reaccionario le ha venido de perlas este relativismo porque le ha permitido defender cualquier discurso. Y eso es lo que ha hecho Buhs, por ejemplo, a la hora de invadir Irak, y es lo que hacen y han hecho los gobiernos al someterse al que se supone único pensamiento objetivo, el económico. Por si fuera poco éste pensamiento económico es ideología, la ideología neoliberal: una auténtica religión utópica, con todos los peligros que ello conlleva para el hombre.