Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Esbozos.

                               Democracia, mesocracia, meritocracia.

                               No habrá un gobierno justo hasta que los filósofos sean reyes o los reyes filosofen.” Platón.

                El mayor crítico de la democracia de la antigüedad, y sus críticas en gran parte siguen siendo válidas, fue el viejo Platón, del que se dice que toda la filosofía no son más que notas  a pie de página de sus diálogos. Pues bien, el centro de la crítica platónica es que una democracia no es justa en la medida en la que la democracia es el gobierno del pueblo y ello es lo mismo que decir de los ignorantes. Claro, se refiere a ignorantes en lo que concierne a la justicia y el bien común. Y como el pueblo es ignorante, en ese aspecto, no en su profesión, pues es engañado por el demagogo que busca su interés particular. Pues esto, señores, y sé que esto levanta ampollas entre los bienpensantes y los progres y que seré tachado por enésima vez de elitista, lo que no me importa, porque si se identifica elitismo con excelencia, pues lo soy o, mejor dicho, persigo la excelencia para el pueblo y para mí, pues decía, que es esto lo que ocurre hoy en día, entre otros muchos males de la democracia. Y es por ello que nuestra democracia de cartón piedra, ni siquiera llega a esa altura de democracia liberal representativa y mediatizada económicamente, sino que además es una mesocracia. Se ha convertido en una mediocridad, es decir, el poder de los mediocres. Y, en concreto, en España, mucho ha hecho la ley de educación aún vigente, la LOGSE-LOE, no es que lo que venga lo vaya a solucionar, es más, profundiza en la mediocridad e instrumentaliza aún más al pueblo. Lo que viene es una consecuencia lógica del trasfondo psicopedagógico de la LOGSE unido al más bárbaro y salvaje capitalismo en el que todo se compra y se vende y el sujeto se ha convertido en absoluta mercancía.

                Pues sí señores, nuestra democracia es una mesocracia, el poder de los mediocres. Y es eso lo que al poder le ha interesado, convertir a la ciudadanía en mediocre, en sujetos autómatas, no autónomos. En sujetos idiotas (es decir, que sólo miran por sí mismo y no por el bien común) Se ha perdido por el camino la solidaridad, que era lo que quedaba del gran valor de la fraternidad, el menos desarrollado de la Ilustración. Mientras las vacas gordas hemos alimentado nuestro ego a base del consumo compulsivo y hemos empeñado nuestra vida en el tener. Y la ciudadanía, inconsciente, sumisa, aborregada y mediocre ha votado la ostentación de lo material, la riqueza por la riqueza. No ha entendido que la virtud está en la austeridad, pero no la que se nos impone ahora que es la miseria. Y ahora, con las vacas flacas, perplejos, espantados, con el miedo en el cuerpo, la ciudadanía sólo es  capaz de mirar su propio bolsillo instalado en una moral mediocre del sálvese quién pueda. Y, si no, miren los que secundan las huelgas de funcionarios o de profesores, una inmensa minoría…una auténtica pena. No es que no luchemos ni por lo de los demás, es que ni nos damos cuenta, o no queremos, luchar por lo nuestro. Asumimos dócilmente las medidas que eliminan los derechos sociales y laborales conquistados durante décadas, más de cien años, y encima nos sentimos hasta culpables y responsables, además de absolutamente desinformados. El colmo.

                Por eso reivindico la meritocracia. Una democracia sana debe perseguir la excelencia, el mérito, la virtud pública. Pero vemos delante de nuestras narices lo contrario. Y no lo denunciamos porque estamos adoctrinados. Hemos sido domesticados y adiestrados durante décadas por el sistema educativo y los medios de manipulación de masas, de tal forma que hemos perdido la conciencia crítica, que nos hemos convertido en unos conformistas, cuando no, los más espabilados de la tribu, en unos cínicos. La meritocracia es la creencia en que la democracia debe perseguir la virtud y la excelencia del pueblo por medio de la educación y el control de los medios de comunicación. Y ello conlleva la recuperación del poder por parte del pueblo. Y a ello se le llama república. La república exige de la virtud del pueblo, de la recuperación de la ciudadanía y el abandono del vasallaje. Pero malos tiempos corren para este ideal republicano que hunde sus raíces en la Ilustración, proyecto inacabado y no me canso de decirlo. El dios mercado lo inunda todo. Los medios de comunicación extienden su ideología, incluido Internet que parece que nos libera, pues no. Los sistemas educativos buscan empleados, no transformadores del mundo. El mundo ya está construido, controlado y dominado por unos pocos y el resto somos sus peones a los que sacrifican sin el menor escrúpulo. Pues señores es hora de la praxis revolucionaria, que diría Marx, y que a los progres de los que hablaba antes se les ha olvidado o nunca lo aprendieron, es hora de la transformación del mundo y de las condiciones de posibilidad de esa transformación. O, de lo contrario, la maquinaria bárbara e infernal nos engullirá en una nueva edad media totalitaria que ya barruntamos durante mucho, mucho tiempo…

                                Europa ¿quo vadis?

Los sabios hablan de ideas, la gente corriente, de acontecimiento y, la mayoría, de otra gente. Albert Einstein.

                La cita que encabeza este escrito no tiene que ver en principio con el tema del artículo, pero sí de fondo. Lo que el ilustrado y genial físico Einstein nos está diciendo con su pensamiento, que algunos, o muchos, que es peor, lo calificarán de elitista, es que la inmensa mayoría de la gente, de las personas, pierden el tiempo conversando sobre otra gente. Que no hay discusión de ideas. Que no hay pensamiento. Este fenómeno visto a la luz del librito de Kant, ¿Qué es la Ilustración? pues nos lleva a pensar directamente que, en realidad, no ha habido Ilustración porque la mayoría de la gente no ha alcanzado la mayoría de edad. No discute sobre ideas, conversa sobre otra gente, su conversación es intrascendente, pura distracción, cuando no, malsana. Pero es que esto es un problema muy grave. Y su gravedad consiste en que no es posible la democracia sin ilustración del pueblo. Y lo que está ocurriendo en Europa es que la democracia está siendo sustituida por el totalitarismo y el pueblo permanece sumiso e inconsciente con todo lo que ello conlleva. Es más, la democracia aparente que tenemos le permite opinar, porque para eso se ha establecido como dogma el relativismo de las opiniones. Que todas las opiniones valen y que todas son iguales o equivalentes. Y los ignorantes, la mayoría, no hemos salido de la crítica platónica a la democracia y su degeneración en demagogia, igual que ahora, pues se afanan en opinar, sin buscar fundamentos, información. Hablar de lo concreto, por el mero hecho de hablar, por el placer de hablar y nada más. Y es éste, nada más y nada menos, el hilo de unión entre la cita del encabezado y el artículo.

                Europa se dirige hacia la barbarie política y ética. Es más Europa ha echado por la borda la política, el asunto público y se ha echado en las manos del mercado y el gran capital. Un proyecto que dura décadas, desde la señora Thatcher hasta ahora en la que la aceleración es imparable porque el pueblo está perfectamente domesticado. Vamos asumiendo la pérdida de los derechos históricamente conquistados sin rechistar. Como un sueño, como un espejismo. Como si fuese algo que no fuese real. Para cuando queramos reaccionar ya será demasiado tarde. Tenemos ejemplos en nuestra propia historia del siglo XX. Porque, precisamente, lo que se está instaurando es el fascismo. Un fascismo económico y político. Con todo lo que ello conlleva que parece que no nos damos cuenta. Por eso me pregunto, junto con Felix Ovejero, si somos idiotas o ciudadanos, como reza el título de su última obra. Y yo apuesto por lo primero, somos idiotas, nos han convertido en idiotas aprovechando la propia naturaleza del hombre que es la de la servidumbre humana voluntaria. Por eso nos es tan difícil salir de la minoría de edad, de pensar por nosotros mismos. Simplemente de pensar y no de opinar y hablar por hablar. Y cuando digo idiota no lo digo como insulto, sino que lo utilizo en su sentido griego. El idiota era lo contrario del ciudadano o el político, el habitante de la polis el hombre libre. Autónomo, aquel que se da, en la asamblea y por medio del logos, el diálogo, la ley a sí mismo. El idiota es aquel que vive para sí y sólo para sí. Que no le interesa la res pública. Pues nunca la ciudadanía ha estado tan preparada para ser idiota, para vivir sólo para sí mismo. Y, mientras, todo lo conquistado para y desde la colectividad, la polis, la ciudad, va desapareciendo en las redes del mercado.

                Europa es el invento del hombre, es la humanización del homínido. Europa es la conquista de la democracia, con su concepto de autonomía, isonomía (igualdad ante la ley e isegoría (igualdad del uso de la palabra). Europa es la eliminación de la superstición, de los mitos que esclavizan a través de la ignorancia. Es la búsqueda del conocimiento y la conquista de la libertad a través del mismo. La salida de la caverna a la luz de la razón que es universal y nos alumbra a todos. Es la separación del trono y el altar, la secularización y el laicismo. La conquista de la ciencia como modo de conocimiento del mundo, es el arte que nos eleva, desde la pintura, la música, la literatura, la arquitectura…a lo sublime. Es decir, lo que nos hace humanos, no simples homínidos. Es la conquista de los grandes derechos de la humanidad a partir de la Ilustración: igualdad, libertad, fraternidad; ésta última la gran olvidada. Por eso la Ilustración, y así lo considero junto con titanes del siglo XX como Popper o Habermas o Rawls, es un proyecto inacabado, o como dice José A. Marina es el gran proyecto ético político de la humanidad. Y esto que se conquista en la Ilustración es la ciudadanía frente al vasallaje. Es la conquista de la dignidad. Y es muy importante saber una cosa para ser muy conscientes de lo que se nos avecina y hacia dónde se dirige Europa. Y lo que hay que saber es que de todo esto de lo que hemos hablado y más, como son las conquistas sociales (el estado de bienestar) y laborales, son conquistas históricas. Me explico. No existen los derechos naturales. El hombre es, culturalmente, un animal desnudo. Es él mismo el que teje el vestido de la cultura. Todo es artificio, todo es superfluo. No hay ningún determinismo ni biológico ni cultural que nos proporcione los derechos conquistados. Hemos sido nosotros, nuestros antecesores, los que los han conquistado por medio de la lucha. Porque lo que sí ha existido siempre es la desigualdad, la esclavitud y la guerra. Y al conquistar los derechos llamados humanos lo que queremos con ello es evitar la guerra, la esclavitud y la desigualdad. Y ese es el camino de la Ilustración y el marco político es la democracia o la república. Y en eso estamos desde hace doscientos años.

Pero Europa ha cambiado de rumbo. Ha optado por el totalitarismo frente a la democracia. Ha idiotizado a los ciudadanos y los ha convertido en esclavos útiles, servidores del nuevo dios, el mercado. Y el ciudadano ha perdido sus derechos y la barbarie se extiende por doquier. Todo es una farsa y una pantomima. El pueblo ignorante elige engañado, los elegidos no gobiernan. Los poderosos, los grandes ricos del mundo y de Europa crean un lenguaje (neolengua) que enmascara la realidad, que crea una realidad ficticia en la que el ciudadano-vasallo se sumerge ahogándose en un mar de sinsentido. Y, mientras, pierde la libertad, la igualdad y la fraternidad, ésta última ni existe. Porque, precisamente la fraternidad, el considerarnos todos como hermanos, iguales. El ser capaz de ver nuestra miseria y nuestra dignidad en el otro sería lo que podría salvarnos, pero nos han vuelto idiotas y egoístas. Por eso no hay ni lucha ni revolución. Además de que el enemigo es ubicuo o no está en ninguna parte. Es un perfecto teatro del mundo. Pero estamos en el comienzo de la barbarie. Porque esta barbarie es la del fascismo político, la de la ausencia de la dignidad. Y si el poder no considera al pueblo como ciudadano, pues lo instrumentaliza, lo trata como un objeto, no le importa su vida, ni sus alegrías, ni sus sufrimientos. Por eso, la miseria, al fascismo económico aliado al fascismo político al que estamos asistiendo, no le importa al poder, porque el hombre ha sido despojado de la humanidad, esto es, de la dignidad. Y por eso hemos dejado de ser ciudadanos para ser vasallos (y todo muy bien legislado). Y con esta legislación de los poderosos hemos tirado por la borda toda la conquista ética-política que Europa había llegado a vislumbrar para el hombre y la historia. Y esa es la barbarie hacia la cual se dirige Europa. Esa es la nueva Edad Media: pobreza, miseria, esclavitud, desarraigo, vasallaje, desigualdad, poder absoluto y arbitrario…el faro ético-político de Europa se apaga…y la mayoría permanece indiferente.



Humanismo o barbarie.

¿Para qué sirven la filosofía y las humanidades?

                Pues para nada. Por eso el ministerio es coherente al intentar casi eliminar la filosofía de los estudios de secundaria y reducir a la mínima expresión las humanidades, así como las ciencias teóricas o fundamentales. Pero esto último lo dejamos a parte en este escrito aunque esté íntimamente ligado. No nos engañemos, desde hace décadas vivimos en un mundo plano, un mundo unidimensional en el que los valores se han ido reduciendo a los valores del mercado, los valores de cambio, valores económicos. Por eso surge la pregunta de para qué sirve la filosofía, la ética, el arte, la música clásica, la literatura. Pues dentro de este esquema de valores que es el predominante, el pensamiento único del stablisment, que se extiende por doquier, en virtud de los medios de manipulación y control de masas, la respuesta es, lógicamente, que para nada. El mundo que vivimos, que han construido para nosotros, para esclavizarnos, para eliminar las conquistas sociales, antropológicas y laborales de doscientos años para acá, está siendo fagocitado por una forma de pensamiento (ausencia de tal) y un conjunto de valores (contravalores o valores económico exclusivamente) que excluye del mundo y del pensamiento el humanismo y dentro de él, su piedra angular, la filosofía. No, no dan palos de ciegos, ni son tontos, ni estos del PP, ni los del PSOE con su famosa LOGSE que de forma tan siniestra ha preparado el terreno para lo que se nos viene encima que no es más que la consecuencia lógica de lo anterior.

                La visión de la educación es una visión tecnocrática que se apoya en dos pilares; primero, el mercantilismo. La educación debe ser un negocio y el fin ha de ser la empleabilidad, es decir, servir al mercado, o la adaptabilidad a la sociedad cambiante y del conocimiento en la que vivimos. Es decir, que es el mercado el que debe regular los planes de estudios, sus currículos y sus fines. Y aquí entra el segundo pilar, los tecnócratas de la educación, los pedagogos. Estos han creado una ideología que sustenta las supuestas formas de aprendizaje y, curiosamente, esas supuestas formas de aprendizaje se adaptan perfectamente al ideal del funcionamiento de una empresa, más aún, de una empresa privada. Se vacía el contenido y se prima la competencia, se elimina el aprender y se introduce la falacia de aprender a aprender, se elimina la autoridad moral e intelectual del profesor y se sustituye por la empatía y las TICs, bochornoso, pero cierto y, por supuesto, se elimina la ética y la educación para la ciudadanía, porque los ciudadanos no interesan, interesan los obreros, la mano de obra intercambiable y oprimida, ausente de derechos, cabizbaja y obediente.

¿Y las humanidades, y la filosofía? Pues no sirven para nada de esto. La filosofía nos enseña a ser personas, porque la filosofía, y las humanidades en su conjunto, inventan el concepto de ley, de persona, de libertad, de igualdad, de fraternidad, de derechos y deberes, de democracia y así sucesivamente. Pero todos estos valores no están dentro del mercado. Es más, nos interesa, o les interesa, que salgan de la circulación. Que no exista un pensamiento que los recoja; en definitiva, que caigan en el olvido y una gran losa se cierre sobre ellos. La filosofía es el ámbito de la libertad civil, de pensamiento y política. Cuestiona el poder, analiza al hombre, jerarquiza los valores, desenmascara el engaño del poder como el de la unidimensionalidad de los valores económicos. No sirve, porque no es útil, entendiendo lo útil por aquello que es eficiente económicamente. La filosofía, las humanidades tienen que ver con el ser, no con el tener. Y, precisamente por eso, han sido las humanidades, la filosofía, las que han construido al hombre. Pero al hombre como ser autónomo, libre, capaz de decidir sobre el futuro, capaz de transformar el mundo en el que vive si éste no le gusta. El hombre que crea y decide las leyes que le gobiernan, leyes que son un imperativo para todos. Las humanidades, simplemente, nos han hecho humanos, pero esto ni se compra ni se vende, no es un valor económico. De lo que se trata ahora, en la barbarie en la que nos hemos adentrado, es de despojar al hombre de todo lo humano, de convertirlo en un nuevo vasallo, un esclavo, un siervo de la gleba posmoderno. Y lo están consiguiendo. Por eso estamos en un momento de retroceso de siglos. Adentrándonos en una nueva y oscura edad media. Y la humanización del ser humano no puede competir con el poder económico y las nuevas tecnologías, sus seductoras y demagógicas aliadas. Es más, el humanismo no entra en competitividad, ese valor excede al humanismo pertenece, precisamente, a su poderoso enemigo, el capitalismo. Este capitalismo salvaje y bárbaro está fagocitando el humanismo duramente conquistado a través de la denostada, pero real, lucha de clases, y con él se está llevando por delante al propio hombre. Pero insisto, esto no es de hoy, políticamente tiene más de cuarenta años y, educativamente, en España empieza en el 1990 con la aprobación de la LOGSE. La nueva ley, la LOMCE no es más que dar un paso más y hablar con claridad.

 

                Enseñar y adoctrinar.

                No para uno de sorprenderse de la cara dura que tienen estos políticos, ni de su supina ignorancia. Ahora resulta que el profesorado puede ser acusado por los alumnos de ser adoctrinados en clase, vaya por dios. ¡Cómo si fuesen pocos los males ya en la enseñanza! Primero, pero quién es un alumno para saber si se le adoctrinas o no, si es un ignorante en la materia, cómo diferenciar la educación y la enseñanza de cierto adoctrinamiento y, tres, para adoctrinamiento el de la nueva ley que pone la asignatura de religión católica evaluable, optativa a la ética o valores éticos.

                El alumno no puede percibir, ni ser juez de adoctrinamiento. Su ignorancia se lo impide. Yo creo que lo que hay detrás de esto, de esta ocurrencia de café, copa y puro, una chapuaza, vamos, es darle un escarmiento a aquellos profesores díscolos con la nueva ley y con el sistema de enseñanza en general, que pretenden criticar el quehacer del gobierno en materia educativa. Y es muy distinto, si no lo contrario, ejercer la crítica a adoctrinar. Mientras que adoctrinar es introducir una serie de creencias de las que no se puede dudar y en las que hay que tener fe, por un lado y, además, si se critican se es tachado de hereje y disidente y se es castigado. Por el contrario, la crítica lleva consigo el adoctrinamiento, es decir, el alumno, que se nos presenta como ignorante, tiene que aprender una serie de doctrinas, teorías y conceptos, que le servirán después como instrumento de aprendizaje, de profundización y de valoración que le irán permitiendo, a lo largo del tiempo, toda la vida, si se me permite, ir perfilando. Y no es lo mismo el concepto utilizado en las asignaturas de ciencia que en las de humanidades. La ciencia necesita del conocimiento de un cuerpo doctrinal o teórico, la tarea crítica e investigadora es muy posterior. Como diría Khun, primero hay que aprender la ciencia normal, después, si tenemos la ocasión, haremos ciencia extraordinaria, y ahí la crítica es fundamental. Porque mientras la ciencia normal se aprende dogmáticamente, la extraordinaria requiere de la imaginación, la creatividad, la disidencia y la crítica. En cambio, en las llamadas, que no soy partidario de ello, ciencias humanas y en las sociales, sobre todo en las primeras, la doctrina, en tanto que teoría es fundamental. Pero lo que sucede en las humanidades, que por cierto, punto de mira del ministerio de educación, es que las teorías interpretativas de la realidad de la que se ocupan, a pesar de ser objetivas, basadas en hechos y producto de la argumentación, son menos definitivas que en las ciencias duras. Y esto es precisamente por la naturaleza de su objeto. Pero es que resulta que en las humanidades estamos tratando a un objeto que se está construyendo y que es irrepetible, por eso no existen experimentos en las humanidades. Y claro, la exposición de las teorías en las humanidades da lugar a la discusión, pero también, por parte del poder –y por medio del vehículo de los planes de educación- da lugar al adoctrinamiento. Es decir, que el adoctrinamiento no viene precisamente del profesor, éste es el que desenmascara el adoctrinamiento impuesto por el poder. Y esto es lo que al poder no le interesa. Por el contrario, la exposición de las humanidades da lugar al sano diálogo en el que la razón es lo común, a la controversia, en el que la guía es la argumentación y no la demagogia y el interés privado. La doctrina, como cuerpo teórico, como conjunto de conocimientos, es necesaria, pero es discutible desde la razón. Y, sobre todo, lo que es importante es que no podemos admitir –y es lo que el profesor enseña y debe enseñar- es el adoctrinamiento por parte del poder. La máscara y la farsa del poder que se transmite por medio del vehículo de la educación. Toda educación está cargada doctrinal e ideológicamente y el humanista, el filósofo, como ejemplo de virtud pública ha de hacer un uso público de la razón y desenmascarar al poder, venga de donde venga. Otra cosa es que tendrá que obedecer, puesto que es un funcionario, pero aquí también existen sus límites.

                Lo que no es de recibo, es demencial, es dar patente de corso al alumnado para que denuncie a un profesor porque supuestamente lo está adoctrinando. Pues bien, aquí tienen a un adoctrinador, que es el oficio que ha hecho desde que empezó a enseñar. Un adoctrinador que enseña que no existen verdades con mayúsculas, que el poder enmascara la realidad, que la tarea del profesor y del alumno es desenmascarar esa realidad. Que lo importante no es adaptarse al mundo que nos ofrecen, máxime cuando éste es una auténtica miseria fruto de la guerra del fuerte contra el débil, sino transformarlo. Un adoctrinador de la docta ignorancia, del sólo sé que no sé nada. Un luchador contra la farsa y el gran teatro del mundo. Alguien que cree que la educación, aún sirve para algo, además de crear empleados. Alguien que no puede hacer callar su razón, porque la razón es razón universal, es la forma de entendernos y se enfrenta a las opiniones, creencias, dogmas, doctrinas cerradas y fanáticas. En eso consiste mi adoctrinamiento y el de todo verdadero, humanista, científico y profesor. El resto, lo que pretenden, no es sólo adoctrinar, sino aborregar, instrumentalizar y eliminar la dignidad humana que se alcanza por el libre uso de la razón.

El valor de la excelencia.

La excelencia es la virtud. Ése es su significado en griego. Y la excelencia es lo que hay que perseguir en la educación. Es el objetivo máximo y fundamental. Y esto no es elitismo, esto es cumplir el deber con nuestros futuros ciudadanos. Lo que se ha fomentado en este país con las sucesivas leyes educativas, fundamentalmente la LOGSE-LOE, es todo lo contrario. Y por una equivocación de principios básica. Se ha fomentado la mediocridad, la pereza, el éxito fácil, la ausencia del valor de la enseñanza. Los contenidos no sirven para nada, los títulos se pueden obtener sin esfuerzo. El respeto al profesor y a la institución de la enseñanza, así como al material público que se utiliza es nulo. El alumno ha perdido conciencia de todo ello. Ha sido educado en los contravalores del egoísmo hedonista, del narcisismo, del triunfo fácil, de la pereza, la vagancia, el dinero, la fama, la riqueza. Y ha sido distraído del contenido educativo. Los contenidos han dejado de tener importancia y han sido sustituidos por una ambigüedad que es la de los procedimientos, que ahora, más mercantilmente, han llegado a considerarse competencias.

Pues el error es muy sencillo, el fallo consiste en confundir la igualdad de oportunidades con el hecho de que todos los alumnos deben llegar a obtener los mismos conocimientos y un título. Pues bien, esto, sumada a la falsa pedagogía constructivista y motivacional que es la base teórica de la enseñanza nos ha llevado a la mediocridad del alumnado, tanto en lo que se refiere a los conocimientos, como en lo que se refiere a la ética, su comportamiento cívico. Al igual que el conocimiento es escaso, el comportamiento es incívico. Pues, no señor. El objetivo –y no es esto antidemocrático, ni elitista, sino meritocrático- es el cultivo de la excelencia, tanto en el nivel cognitivo, como en el ético-cívico. De lo que se trata es de que nuestros futuros ciudadanos sean cultos, conozcan y que el conocimiento sea un arma de liberación. El conocimiento nos hace libres. Pero es que, además, ese conocimiento nos hace ciudadanos respetuosos y respetables. Porque el conocimiento se va a entender como un valor. Un valor imitable y deseable, frente a los valores de la mediocridad que señalé antes. Y, por otro lado, la excelencia, la virtud, debe estar en el nivel ético-cívico. De lo que se trata es que el alumno sea un buen ciudadano. Es decir, un ciudadano comprometido con lo común, con la res pública. No un ciudadano que se mira su propio ombligo y busca su propio placer, ni un ciudadano que pretende escaquearse del deber. Y, tampoco un ciudadano que valore más el defraudar a hacienda, porque eso es ser listo, que ser un ciudadano transparente económicamente y dispuesto a ayudar a los demás sabiendo que la riqueza no es el máximo valor, sólo un bien que nos permite vivir y con el vivir poder practicar la virtud.

Pues la excelencia se ha perdido y la nueva ley de educación, la LOMCE, no la recupera. Es más, fomenta la competitividad darwiniana (un Darwin mal entendido). Es decir, ser el mejor en el engaño económico, ser el mejor participando en el casino capitalista-financiero que hemos montado. Y, por otro lado, la nueva ley pone como su objetivo máximo, la empleabilidad. Ya no se puede hablar ni de ciudadanía, ni de virtud, sino de ser empleado. Se educa al ciudadano para emplearse, para ser mano de obra del empresario. El valor máximo es la riqueza y el individuo, vasallo, súbdito, porque ha dejado de ser ciudadano, es un valor en el mercado, no un fin en sí mismo, se le ha quitado su dignidad. La nueva ley de educación instrumentaliza al alumno y al profesor convirtiendo a este último en vehículo de esta fechoría. La meritocracia se reduce al triunfo en el mercado o a obtener un trabajo para, mínimamente, sobrevivir. Por eso la ley es ideológica, no sólo por la asignatura de religión, sino porque persigue la ideología ultracapitalista, además de conservadora de la sociedad en la que vivimos.

Pero es necesario recuperar el viejo ideal de la Ilustración. Decía Kant que el tribunal de la universidad era la razón. Hoy en día el tribunal de la enseñanza es el mercado. Si no recuperamos el viejo ideal ilustrado nos sumiremos en una época de barbarie. Perderemos progresivamente nuestros derechos hasta que al final perdamos la ciudadanía y volvamos a ser vasallos. Y este es el nuevo fascismo, la nueva Edad Media que nos amenaza, que es ya presente. Y por eso he dicho y mantengo que la LOMCE no es más que una continuación de la LOGSE-LOE, el fin era el mismo. Y por eso la nueva ley elimina las humanidades, en especial la filosofía. Porque este saber es un saber que nos permite saber interpretar el mundo en el que vivimos. Y al poder esto no le interesa. Y elimina la ética, porque no hay que plantearse la virtud, porque en realidad, ya no hay virtud, sino obediencia al dios mercado. Y porque no hace falta una formación ni integral ni integradora, sólo un saber hacer que es lo que exige la empleabilidad. Pero el viejo ideal de la Ilustración es el saber para transformar el mundo que no nos gusta porque consideramos injusto, unidimensional, reduccionista, desigual y cruel con el propio semejante hasta llegar a su exterminio.

Ética evangélica e Iglesia.

Los evangelios no tienen nada que ver con la iglesia. Y hablo de los evangelios en su sentido ético. Y la ética de la justicia social no es la única que hay en ellos, está también la escatológica mesiánica en el sentido judío. Porque Jesús era judío. El teólogo Dietrich Bonhoeffer, mártir antinazi, dijo, “Jesús anunció el reino de los cielos, y vino la iglesia.” Por otro lado, he utilizado, el lado ético de los evangelios, el de la justicia social, el de la fraternidad cristiana, como lo usó fray Bartolomé de las Casas para evitar la matanza y genocidio de indios, bendecida por el catolicismo y el protestantismo, una ética universalizable como la de los evangelios y una ética universalizable, como la de los derechos humanos. Y, de esta manera, hacerlas coincidir en armonía, que es de lo que se trata. Y si hay un diálogo entre religiones y un diálogo entre creyentes y no creyentes debe ir en esta línea no en una postura de guerra, enfrentamiento y susceptibilidades. Y ello requiere, lo siento, el reconocimiento de la historia criminal de la iglesia, por un lado, y, por otro, cosa que es preciso señalar, el carácter no histórico de las escrituras, incluidos los evangelios. Sólo hace falta una lectura comparativa para darse cuenta de la inmensidad de contradicciones que existen entre ellos. Pero hay cosas muy importantes en las que coinciden y es en su mensaje ético. Hay una fuente de estudio entre los especialistas que se llaman las fuentes Q de Quelle: fuente, en alemán. Aquí se recogen las supuestas enseñanzas de Jesús, sus dichos morales, sus parábolas, etc. No hay mesianismo, ni pasión ni resurrección. Lo que es su predicación. Y lo bueno de estas fuentes y su valor histórico es que sí coinciden en su mayor parte con la enseñanza ética de los evangelios.

En fin, el diálogo tiene que partir del reconocimiento de la historicidad de la iglesia. Las discusiones y el debate teológico de fray Bartolomé de las Casas, así como su trabajo en las propias américas, salvaron millones de vidas, curiosamente no es santo, le faltaría haber hecho un milagro, como si fuese poco lo que hizo, que además, curiosamente, su discurso teológico, fue la base de la proclamación de los derechos del hombre y el ciudadano en la revolución francesa, pero en su versión laica. Uno tiene derecho de pertenecer a la comunidad religiosa que le parezca, para eso evolutivamente somos seres religiosos y ha sido una adaptación exitosa. Pero dos cosas son importantes si no se quiere caer en el fanatismo. Uno, en ninguna religión reside la verdad, son todas percepciones particulares, y dos, la iglesia es una institución de siglos, una institución estrictamente política. Es una ciudad terrenal, que diría Agustín de Hipona, no la ciudad de dios en la tierra. Es la representante de dios, pero de un dios particular. Aprovechemos lo mejor que ha dado la iglesia y dejemos a un lado su tremenda historia criminal que, por cierto, en España la tenemos muy cerca, fue connivente y consintió el genocidio de Franco. Igual que también de la misma iglesia surgieron los movimientos antifranquistas que se unieron a los pobres, a los obreros y a los disidentes. El lugar donde realmente debe estar la iglesia y que, en muchas ocasiones, está. Pero, curiosamente, en muchas ocasiones también, la iglesia como institución de poder y de control llama al orden a esos que se fijan demasiado en la justicia social a ver si van a abandonar la dogmática en su desmesurada ayuda a los pobres. Me sumo al jesuita y teólogo de la liberación, Jon Sobrino, que dice, contra lo que proclama la iglesia, “fuera de los pobres no hay salvación”. La iglesia dice, “fuera de la iglesia no hay salvación”. El libro de Jon Sobrino “Fuera de los pobres no hay salvación” ha sido uno de los libros que he leído con mayor placer y sabiendo que la fuerza que tiene detrás su mensaje ético es la fe, la esperanza y la caridad cristiana. Como la obra del catedrático de filosofía de la religión, Manuel Freijó, también creyente y con el que he mantenido cierto debate intelectual después de un curso que impartió en la UNED al que tuve el gusto de asistir “Ilustración y cristianismo”. Nunca he visto un planteamiento de los problemas de la iglesia y de la religión, como conjunto de creencias y el análisis de los ateísmos, aun sabiéndose acorralado, con tanta serenidad y humildad. Un buen ateo tiene la religión como inspiración. Porque, una cosa más, no olvido la espiritualidad, por muy ateo que sea. Y esta se encuentra en la ética, vamos, la caridad en términos religiosos. En la vocación, ya sea religiosa, artística o científico-filosófica, en la contemplación, en la búsqueda de lo universal, en la unidad que elimina las diferencias de lo concreto. En la tolerancia frente al fanatismo, en el sano escepticismo que te lleva a la duda de tu propia duda y de ahí a sumergirte en la nada de la unidad donde no hay ni dualidad, ni diferencias…en fin, en la sustancia eterna o divina de Spinoza, deus sive natura, natura sive deus. Dios o naturaleza, naturaleza o dios. El conocimiento del universo es la propia autoconciencia del universo, porque es una parte del universo, el hombre, la que se está conociendo. De ahí la espiritualidad del conocimiento. En fin, que estas ideas y el budismo al que en mi juventud me acerqué y me sacó del dogma me permiten mirar a la religiones del libro, y al catolicismo en particular, sin rencor, porque nada de lo humano me es ajeno, pero con objetividad.

Carta a una alumna desencantada.

               "Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron; en efecto, los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia...Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe...Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el afán de conocimiento y no por utilidad alguna." Aristóteles.

Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita. Karl Popper.

Cuando una teoría aparezca ante ti como la única posible, toma esto como una señal de que no has entendido ni la teoría ni el problema el cual ella debería resolver. Karl Popper.

 

 

Dentro de las excelentes jornadas sobre la ciencia en secundaria, en su XVII edición, que han tenido lugar en el colegio San José de Villafranca de los Barros, tuvo lugar una mesa redonda que tenía como tema de debate las relaciones entre la ciencia y la fe. Creo que, como todas las jornadas, la mesa redonda fue un éxito, al menos eso comentaba el público, yo era parte implicada y no puedo juzgar. El caso es que, como se suele decir ahora, el debate produjo un daño colateral de calado que a todos los participantes de la mesa nos sorprendió y nos apenó. Por eso es mi intención hablar sobre ello aquí, para hacer unas matizaciones y animar al cultivo del conocimiento, el saber, la ciencia y la filosofía que parece que quedó un poco en entredicho.

Entro sin más preámbulos en el asunto. En el turno de preguntas una alumna dijo que se había estado hablando mucho tiempo y haciendo mucho hincapié en la falibilidad de la ciencia, que la ciencia no era la verdad, que era conjetura, etc. Y que eso a ella le producía una desazón tremenda, pues pensaba que la ciencia es la verdad. Y eso le hacía perder el sentido de todo lo que había pensado hasta entonces y el sentido de la ciencia misma y de aquello a lo que ella se quería dedicar. La verdad es que fue desolador y todos nos sentimos de alguna manera culpables por haber producido tal sentimiento que, en realidad, no queríamos transmitir. Pero todo tiene su explicación y yo intentaré dar un poco de luz sobre ello y animar a esta alumna y a todos a que se dediquen al estudio de la ciencia, tanto naturales como sociales, así como al estudio de la filosofía como un saber integrador y crítico.

Pues bien, en primer lugar, los tres científicos que componían la mesa eran científicos fundamentales, es decir, dedicados durante toda su vida a la investigación básica, cada uno en su campo respectivo. Y la investigación básica se encuentra en el límite del conocimiento es por donde se va aumentando nuestro saber. Por tanto, el científico parte del no saber y llega al no saber, pero sabiendo un poco más. Sobre todo, cómo las cosas no son y cómo podrían ser. Y eso último es el carácter hipotético de la ciencia. Claro que avanzamos en el conocimiento, pero hipotéticamente. Las verdades en ciencia son provisionales, no hay verdad absoluta. En realidad es que esto último no existe. Por otro lado, un servidor, en tanto que filósofo de la ciencia, presenté la tesis popperiana de la ciencia como falibilidad. Es decir, en ciencia se avanza deductivamente pero a través de hipótesis. El progreso científico es un alejamiento del error para acercarse asintóticamente a la verdad, la cual nos es, por límites lógicos que ahora comentaré, inaccesible. Es decir, que cada vez sabemos más del cosmos, en todos sus órdenes, pero nuestro saber es provisional. Por eso la ciencia sigue avanzando, pero siempre conjeturalmente. La tarea del científico es la de encontrar hipótesis audaces que expliquen los fenómenos y que, mientras no se refuten, se considerarán verdaderas. Pero, incluso, una vez refutadas, como ocurre con la física clásica, que lo fue por parte de la teoría de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, sigue siendo una verdad parcial y utilizable técnicamente. Pero, ¿dónde están estos límites? Pues me voy a referir sólo a tres. El primero viene de la propia matemática y es el teorema de Göedel. Es el teorema de incompletud, que viene a decir, grosso modo, que no podemos tener un teorema de la matemática y de la lógica demostrado en todas sus proposiciones. Siempre se podrán derivar proposiciones nuevas (de ahí la incompletud) impredecibles en principio que pueden poden en duda el teorema. Después tenemos el límite lógico. La ciencia no procede de la inducción, como generalmente se enseña en los libros de textos científicos. Es decir, que la ciencia no procede de la experiencia y a partir de ahí induce leyes generales. Esto no es cierto. En primer lugar, la inducción no te permite saber con certeza la verdad de una ley o teoría, porque la inducción se basa en la experiencia y, del futuro, no hay experiencia. Si decimos, “todos los días sale el sol”, no podemos estar seguros de que saldrá mañana, porque de momento no tenemos experiencia de ello. Por eso la inducción no nos lleva a la verdad. Pero es que, además, la ciencia procede por deducción y no comienza en la experiencia, sino en las hipótesis. De ahí que su método sea el hipotético-deductivo. Lanzamos hipótesis de las que deducimos teorías que después, por medio de la experimentación, no la experiencia, intentamos contrastar. Mientras que el experimento no nos contradiga la hipótesis, vamos bien, cuando lo contradiga, pues a buscar otra hipótesis. Por eso la ciencia es una búsqueda sin término. Y el tercer límite que quería comentar es de carácter biológico. Lo que hace posible el conocimiento, su condición de posibilidad, es el cerebro. Es nuestro cerebro el que construye la ciencia, que a su vez es un producto de la evolución biológica. Pero nuestro cerebro es, a su vez, particular y concreto, tiene unas formas concretas de pensar y tener sensaciones. Pues esas formas concretas de pensar, que son los conceptos, y que están en nuestro cerebro, algunas desde que nacemos, otras como condición de posibilidad que después la experiencia cerrará, son, a su vez, el límite del conocimiento. No podemos pensar más allá de esos conceptos, porque, simplemente, pensamos con esos conceptos. Y, además, esos conceptos, residentes en diferentes redes neuronales, son producto de la evolución. Es decir, que podríamos haber evolucionado de otra manera y con otro sistema conceptual y esto nos llevaría a especulaciones curiosas, pero no vamos a entrar en ello.

Por último quiero decir que es el modelo de enseñanza de la ciencia el que da lugar a la falsa creencia de que la ciencia es la verdad. Ese modelo es el perteneciente al llamado neopositivismo que venía a decir que la ciencia es el discurso verdadero y que se basaba en la experiencia y la verificación, más allá de la ciencia todo era oscuridad y falsedad. Pues nada de eso. Los discursos no científicos también tienen sentido, como la ética, la jurisprudencia, la filosofía, el arte. Y la ciencia no es, entre otras cosas, la verdad, sino la búsqueda de la verdad y el empeño del hombre, el científico, por encontrar un pedazo de ella que ilumine un fragmento del universo. El resto del horizonte es lo desconocido. Pero hacia eso desconocido nos encaminamos desde nuestra humilde y reconocida ignorancia.

Lo más incomprensible del Universo es que sea comprensible. Albert Einstein.

La Ciencia es una tentativa en el sentido de lograr que la caótica diversidad de nuestras experiencias sensoriales corresponda a un sistema de pensamiento lógicamente ordenado. Albert Einsteisn

 

 

                        Indignación o silencio cómplice.

“Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente hay una complicidad vergonzosa”. Victor Hugo.

«Coged el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no pueden claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia». S. Hessel

La alienación se ha hecho total. El neoliberalismo se ha convertido en una religión sutil que lo cala todo. La inconsciencia colectiva y de ahí la inacción es inmensa y bochornosa con la que tenemos encima. El capitalismo de última generación se ha convertido en un enemigo que no tiene forma es un fantasma que lo impregna todo se ha vuelto líquido. Ya no hay enemigo al que señalar, ni conciencia que tome conciencia. La alienación es casi total. Con esto es imposible una revolución. Es como si nos llevasen al matadero y nosotros sumisos y contentos, disfrutando de la última aplicación de nuestro móvil de última generación...

Ante la situación actual sólo cabe la indignación. Y la indignación surge cuando los que gobiernan lo hacen atentando contra la dignidad de los gobernados que, en el fondo, en una democracia son los depositarios del poder. Pues en la actualidad, tanto en Europa como en España se gobierna para y por los mercados, los políticos obedecen sumisos el golpe de estado dado por el BCE, y los ciudadanos son instrumentalizados. El Parlamento es ocupado por el poder económico y se reúne con nuestros representantes a puerta cerrada y el ciudadano como si nada. Los desahucios siguen y el ciudadano como si nada, el gobierno bajo sospecha y el ciudadano como si nada. Son los votantes del PP los primeros que deberían haberse levantado y apuntar con el dedo al presidente y decirle a la cara: esto no es lo que tú dijiste. Pero, no, lo primero es que la política neoliberal y reaccionaria casa perfectamente con la ultraderecha que tenemos por derecha moderada y, segundo, que el ciudadano es lo suficientemente esclavo como para obedecer sumiso a aquel al que votó. Y lo suficientemente resentido y resignado como para asumir el discurso, ahora de los dos partidos con opción de gobierno, de que hay que apretarse el cinturón, que hay que arrimar el hombro y sacrificarse. Es mentira, la resignación en la que hemos sido educados desde el cristianismo nos hace creer, pero es un engaño. ¿Por qué recortes y no una reforma fiscal?, pues porque estamos en tipo de política ultraliberal de carácter darwinista. Ha vuelto el darwinismo social, el pobre lo es porque se lo merece, porque no sabe adaptarse. El estado no tiene por qué preocuparse por él. Es bochornoso que aceptemos esos recortes y nos conformemos con la amnistía fiscal del gobierno. Resulta que se amnistía a los defraudadores, a aquellos que tenían que estar en la cárcel, a aquellos que no han pagado y por culpa de ellos ahora resulta que no hay dinero para pensiones, escuelas, hospitales, justicia, funcionariado (servidores públicos)… es el neoliberalismo salvaje que devora el sistema y devora la conciencia más allá de la alienación.

Ningún pueblo, si se consideran ciudadanos y, por tanto, con capacidad de indignarse debería soportar esto. Debería salir en pleno a la calle, tomar el poder. No nos representan, o sí. Nos representan en tanto que hemos sido lo suficientemente ingenuos e ignorantes como para elegirlos, a ellos y a la oposición, que ahora viene con un discurso de izquierda cuando fue ella la que inicio los mayores recortes de la democracia y la reforma de la Constitución. Estos lo que quieren es el relevo en el poder. ¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo tan ingenuos e ignorantes como para seguir votando a estos demagogos al servicio de los mercados? Pero el engaño, como decía al principio, se ha hecho total. Se han vaciado las conciencias, se han creado máquinas de consumir y consumirse. Individuos hedonistas y egocéntricos sin la más mínima capacidad de ponerse en el lugar del otro ni de crítica. ¿Por qué las bases no critican a los partidos? ¿Por qué no exigen su dimisión en pleno? ¿Por qué no piden nuevas reglas? Porque son obedientes y sumisos y porque se les ha creado la conciencia de que parece que piensan, pero no. Simplemente opinan, pero han elevado la opinión particular a rango de sabiduría. Porque aquí, como sabéis, se ha confundido el respeto a las opiniones con el respeto a la persona. Y, por otro lado, dentro de los partidos no hay ni opinión, ni ciencia, ni nada que se le parezca. Hay creencia, sumisión al líder, intrigas de poder, obediencia de voto y la palabra crítica y disidencia ni existen. Ésta es la democracia que tenemos, una burla, un totalitarismo. Y, mientras, la miseria ronda nuestras puertas…

Benedicto XVI: posmodernidad e Ilustración.

                Independientemente de la renuncia al papado del Cardenal Ratzinger, sus motivos y causas, que pueden ser oscuras o, quizás, no tanto, pero en lo que no voy a entrar por desinterés y desconocimiento, lo que si sospecho para mí es que la corrupción “política maquiavélica” del Vaticano supera las capacidades de un intelectual que ha consagrado su vida al estudio de la teología y a la defensa de la ortodoxia cristiana con un brazo, para mi gusto, y además tremendamente equivocado, demasiado rígido que ha hecho perder la oportunidad de una iglesia social y no dogmática. Pero, en fin, esto son cosas de palacio, intrigas y luchas de poder. Algo que se me escapa y que quizás se le ha escapado de las manos al intelectual alemán y de ahí su renuncia.

Pero lo que a mí me interesa es una obsesión de Ratzinger con la que coincido en parte. Su tesis viene a ser, de forma simple, que el mal de la sociedad actual, su crisis de valores, su crisis profunda, de carácter filosófico-religioso y teológico es el posmodernismo. Y, más en concreto, una doctrina que emana de la filosofía posmoderna, el relativismo. La noción de que todo vale, de que no hay verdad, ni bien, ni belleza, ni justicia implica la disolución de la sociedad. La aniquilación de los valores y del sentido de la existencia. Si todo está justificado por la subjetividad caemos en un egoísmo hedonista que, en última instancia nos lleva al nihilismo, al vacío de nuestra conciencia, al sinsentido. Los hombres han perdido el norte y pululan por el mundo como zombis, muertos vivientes. Buscando un asidero, hambrientos de sentido, buscando su supervivencia, anárquicos y egoístas. Un panorama dantesco e infernal, como la antesala del infierno. Y esos hombres están sedientos de sentido porque se les ha vaciado de los grandes discurso, de los grandes relatos ético-filosóficos y ético-religiosos que daban orden y sentido a su existencia. Pero la sociedad actual, con el poder omnímodo del capital, se ha encargado de disolver las conciencias, ni siquiera de alienar, sino de vaciar. El individuo ya no es capaz ni de pensar ni de sentir. Ha perdido los valores de la libertad, que se ha confundido con una muy limitada libertad económica, comprar; y la fraternidad. El yo se ha encerrado en sí mismo sin capacidad de salir y comprender al otro, sin verse en él como otro yo. Nos hemos convertido en islas hedonistas y egocéntricas que buscan autosatisfacción en la rueda infinita del deseo que el capital pone en nuestras manos para mantenerse. Pero este individuo, súbdito porque ha perdido la libertad y, por tanto, la ciudadanía, busca un sentido. Un sentido en las religiones de rebaja que les vende el sistema, en los libros de autoayuda, un refrito de distintas sabidurías que al cocinarlo pierde todo rastro de sabiduría. Porque el hombre busca trascendencia.

                Pues bien, en todo este análisis coincido con el Cardenal, pero no con lo que él considera la causa y la solución. La causa la ve en la Modernidad, la Ilustración. Y considera que la Modernidad, con su ensalzamiento de la razón y su crítica a la religión que acaba con la muerte de dios trae precisamente este sinsentido del que hemos hablado. Para mí esto es un error. La Ilustración trajo, como su propio nombre indica, luz. Y esa luz era la luz de la razón que rivaliza con la oscuridad de la superstición que era la de la religión, poder en el que se asentaba el antiguo régimen. Es decir, que la Ilustración, la Modernidad, lo que trajo es la libertad, y con ella la igualdad y la fraternidad. Curiosamente conceptos, que, desde un punto de vista religioso mítico, estaban contenidos en el cristianismo, pero que éste había practicado más bien poco; así como el señor Ratzinger tampoco lo hace al condenar a la teología de la liberación. Es bien cierto, y está probado y, por ello es indiscutible, que la razón ilustrada se endiosó, se convirtió, paradójicamente, en una religión, se hizo absoluta. Y de ahí surgieron los totalitarismos del siglo XX, pero no de la negación de la religión o del sometimiento de ésta a sus propios límites. Aquí lo que se produjo es una perversión de la razón ilustrada. Y el neoliberalismo que vivimos es la última forma de perversión de la razón ilustrada que viene de la mano del endiosamiento racional de una nueva ciencia, la economía. Pero insisto, es ésta la causa, el endiosamiento por perversión de la razón ilustrada, no la eliminación de la religión o su relego a su lugar particular, no universal y con poder absoluto.

Por eso el cesante Papa, considera que para recuperar el camino es necesario recuperar los valores de la religión cristiana, apostólica, católica y romana. Aquí está el otro error. Para empezar que esto es irrecuperable, cuando se produce un progreso ético en la humanidad, ya no hay retroceso, me explico. Puede haber un retroceso de hecho, pero el descubrimiento ya está hecho, por ello está en la conciencia de los individuos. Podemos volver a caer en la esclavitud, pero el concepto de libertad ya ha sido conquistado y el hombre luchará por él. De modo que, el laicismo que se conquista con la Ilustración y que va indisolublemente ligado a la democracia y sus valores, entre los que se encuentra la aconfesionalidad del estado y el relego de la religión al ámbito de lo privado es ya irrenunciable. Es una conquista ética de la humanidad que tiende hacia lo universal. De modo que el intento de recuperar el discurso religioso como un discurso universal no es más que caer en el mismo error histórico preilustrado. Ello no quiere decir que, a nivel particular, para el creyente, su discurso religioso tenga un valor universal. Pero eso es otra cosa.

Lo que yo propongo, por el contrario, es precisamente la recuperación del proyecto inacabado de la Ilustración que se inscribe dentro del gran proyecto ético de la humanidad. El posmodernismo, junto con otras teoría como la del fin de la historia y la muerte de las ideologías, no es más que la ideología que el poder ha utilizado para domesticar y vaciar las conciencias de los ciudadanos para convertirlos en súbditos fieles y serviles. Lo que hay que recuperar son los valores universales humanos de la Ilustración y un concepto limitado de razón aprender del error de que la razón no puede ser omnipotente ni omniabarcadora, ni en el ámbito de las ciencias naturales y, menos aún, en el ámbito de las ciencias sociales y humanas. Si así lo consideramos caemos en las distopías que han sembrado en nombre de la razón y el progreso la historia de millones de cadáveres, como ahora hace el capitalismo sin bridas, el capitalismo salvaje. La recuperación de una razón limitada que nos recuerde nuestra condición de seres limitados, de seres sin una importancia especial, productos azarosos de la evolución. Pero de seres que se alzan sobre su propia condición biológica para darse un sentido. Porque nuestro cerebro está constituido de tal forma que quiere trascenderse y, además, éste es un mecanismo de adaptación que funcionó, fue exitoso. Por ello el hombre tiende a la creencia. Y, de tal forma debemos recuperar esos valores que pertenecen al proyecto ilustrado y que, como salta a la vista, no han sido realizados, es un proyecto inacabado y sumarnos a su conquista. Y es en esto en lo único que consiste el progreso de la humanidad. Es un progreso provisional, no exento de saltos y retrocesos. Y no se trata en este progreso de anular la religión, como anunciaron dogmáticamente los que defendían la muerte de la religión, sino de asumirla dentro del discurso, como forma particular, pero con un mensaje ético, pero de todas las religiones, cuidado, que tiende a lo universal. Y, para recuperar este proyecto el enemigo es común. Es el capitalismo salvaje que ha anulado las conciencias de los individuos convirtiéndolos en vasallos. De lo que se trata es de salvar esta situación de que el hombre, desde la ética y la razón política y el derecho, recupere las riendas y domestiquemos este capitalismo desembridado.

Réquiem por Occidente. Bienvenido al desierto de lo real.

                Creo que Occidente ha llegado en estos momentos a una encrucijada. Estamos ante la posibilidad de un fin de nuestra civilización. Del fin de la civilización occidental. De todo lo conquistado por Occidente. Está claro que Occidente está lleno de claroscuros y no seré yo el que defienda acríticamente la civilización occidental. Es más, soy de los que piensa que nuestra civilización, con su idea de progreso de fondo, si la entendemos, no allá en sus orígenes griegos, sino en su renacimiento, pues es una historia sembrada de cadáveres. Pero algunas florecillas también hemos sembrado y hemos podido recoger. Es decir, que, a pesar de todo, en Occidente hemos sido capaces de realizar una serie de conquistas ético-políticas que podemos entenderlas como un cierto progreso de la humanidad. Un progreso contingente, claro. Hemos conquistado la democracia y los derechos humanos. Y consideramos que todo ello debe vertebrar la vida social. Y en el fondo de este logro lo que se encuentra es una concepción de la persona y esta concepción es la de considerarla como un sujeto de dignidad. La andadura de todo ello comenzó en Grecia, cuando se conquista la democracia y se llega a la conclusión de que la ley que gobierna al pueblo es autónoma; es decir, que viene del pueblo, no de allende al pueblo. La ley tiene el fundamento en el pueblo y no en un poder sustraído y heterónomo, como el militar, el religioso, el supersticioso, el económico…la base reside en el pueblo y es el pueblo el que autónomamente se dirige. Y se dirige mediante el logos, que es la razón, aquello que media entre los hombres para entenderse y que nos permite llegar a acuerdos, consensos, verdades particulares. Porque la democracia, señores, elimina la verdad absoluta. La verdad absoluta es enemiga de la democracia. La verdad absoluta quiere el poder para imponerse y lo quiere absolutamente. Por eso la democracia se desarrolla en el ágora. Lugar vacío donde sólo está el logos. Cuando ese lugar es usurpado por un poder entonces se acabó la democracia. Porque el poder se apodera de la razón, la hace suya. Al poder le interesa eliminar la razón, que es diálogo y establecer una tiranía del pensamiento, un pensamiento único. Un gobierno desde y por la fuerza. Y ello supone la eliminación del hombre y de su libertad. Porque lo que nace con la democracia es la isonomía, la igualdad ante la ley y le isegoría, la libertad de pensamiento y de expresión pública, que es lo que hace posible el diálogo. Pero si no hay razón como intermediario no hay diálogo y la persona desaparece, en tanto que desaparece la libertad. La democracia se conquista, alcanza su esplendor en la época de Pericles, pero degenera. Y degenera en demagogia y plutocracia, algo muy similar a lo que está ocurriendo hoy en día. Y el punto de inflexión de esa degeneración es la muerte de Sócrates. Sócrates, un hombre justo, es condenado a muerte por la democracia, un gobierno supuestamente justo. Y esto se convierte en una tragedia. En el fondo la tragedia del hombre: es imposible un gobierno justo. La democracia es un gobierno imperfecto y perfectible. Que sea imperfecto significa que tiende a degenerar y que sea perfectible significa que lo podemos perfeccionar. Pero ello depende de nuestro esfuerzo. Es decir, de atrevernos a ser libres, a ser ciudadanos. Pero ésta es la tragedia del hombre. El hombre aunque lo que más aprecia sea la libertad, prefiere vivir entre las cadenas, prefiere obedecer. La comodidad y la cobardía son las aliadas naturales de la condición humana y de la servidumbre humana voluntaria.

Sócrates representa la libertad, la audacia y la valentía del pensamiento, Sócrates es el tábano de Atenas, el personaje molesto que siempre te hace tomar conciencia y no deja que te adormiles, no permite que te arrastre la pereza, el vicio, ni la cobardía. Pero la democracia que juzga a Sócrates representa a la tradición, a la comodidad, a la ausencia del pensamiento. Los demagogos y oligarcas en este contexto triunfan. Han secuestrado el logos del ágora, igual que hoy en día. El poder económico que se extiende y aferra al político y el de los medios de control de masas lo que hacen es domesticar al ciudadano, darle y ofrecerles desde el hedonismo egoísta las cadenas que a gritos el mismo pueblo, por cobardía y comodidad pide. Es nuestra cobardía la que nos hace esclavos. Es nuestra obediencia la que permite el gobierno de los tiranos. Son los tiranos los que nos tiranizan con nuestro permiso y con nuestra propia complacencia. No nos rebelamos porque es peligroso. Pensar es peligroso. Por eso pensar es siempre pensar contra el poder. Y pensar contra el poder no es más que desenmascarar, desmitificar, demostrar y desmontar los engaños y las argucias del poder. Actividad peligrosa donde las haya porque te lleva a la soledad, el pensamiento es solitario. El rebaño no piensa, obedece. Es el espíritu gregario, el de grupo el que nos mantiene unidos en una inopia absoluta y placentera en la que preferimos pacer y obedecer a pensar y caminar en solitario. Y pensar es peligroso porque uno se enfrenta al poder. Y el objetivo del poder es la eliminación del disidente, como es el caso de Sócrates, que ilustra e ilumina toda la historia. Pero también es peligroso para el poder. Porque todo poder es reaccionario, todo poder quiere mantenerse en el poder, es inmovilista, quiere el control. Y cuando aparece la disidencia pues se asustan, se ponen nerviosos, porque la disidencia es lo único que hace que el poder se tambalee. Por eso la democracia es disidencia. Claro, pero para ejercer la disidencia es necesaria la libertad. La disidencia es la que hace posible el diálogo entre personas libres. Por eso la muerte de Sócrates es paradigmática y representa la corrupción de la democracia. La democracia ateniense, como la actual, se había vuelto corrupta, gobernaban los demagogos y oligarcas, querían a un pueblo domesticado y vertido a sus pasiones, como hoy en día que triunfa el hedonismo egoísta, el nihilismo. Fruto todo ello del posmodernismo. Y ese poder corrupto no quiere el pensamiento, lo ha secuestrado, quiere la sumisión. Por eso la muerte de Sócrates es el enfrentamiento entre la libertad y el poder de las costumbres, de la tradición, de la comodidad y de la pereza de un pueblo domesticado. La muerte de Sócrates significa el fin de la filosofía, del pensamiento y de la democracia que es el caldo de cultivo de la filosofía.

A partir de entonces la filosofía se ejerce como una tarea de sálvese quien pueda. Se ejerce en escuelas aisladas, es perseguida, no llega a la ciudadanía, sino a unos cuantos elegidos. Y así pervive durante todo el imperio romano hasta que todo el poder romano es secuestrado por el poder de la religión (esto no significa que sea la causa de la caída del imperio romano, que hay muchas, y que en el fondo es como todas las caídas de las civilizaciones, un colapso civilizatorio de origen ecológico, un acabar con los recursos de los que se vive, por múltiples causas) que se hace con el pensamiento del mundo antiguo y lo elimina en gran parte y otra lo adapta a su mensaje que pretende ser la verdad absoluta. En poco tiempo retrocedemos ocho siglos y nos sumimos en la barbarie. Y es esa la barbarie que, si no lo enmendamos, la que nos espera a la vuelta de la esquina.

                Nuestra sociedad globalizada está a punto de entrar en un colapso civilizatorio, no es una crisis económica propia del capitalismo a lo que estamos asistiendo, es una quiebra del capitalismo global. La democracia, desde sus orígenes para acá, hace 250 años, ha ido degenerando. Y ha ido degenerando porque se ha unido al capital, su desarrollo ha ido parejo al del capital. Y el capitalismo lo devora todo; porque sólo tiene una forma unidimensional de ver el mundo. El mundo como mercancía. Y el capitalismo solo tiene un camino, el crecimiento, y el crecimiento, por las propias leyes de la física no puede ser ilimitado en un sistema limitado, como es el sistema tierra. Pues bien, es el poder oligárquico el que ha secuestrado todo el poder político, a nuestros representantes, de tal forma que ya no nos representan, sino que representan a la oligarquía, a un puñado de ricos. Los ciudadanos han dejado de ser tales, han perdido la dignidad que le otorgó la razón ilustrada de Kant y que se materializa en los derechos humanos y se vertebran a través de las constituciones democráticas y se han convertido en instrumentos. En instrumentos de producción. Las propias leyes de educación nos lo dicen. Se educa para la empleabilidad.

Y esta oligarquía, este poder económico ha forjado una forma de pensamiento que es el pensamiento único, por eso se ha secuestrado la democracia y por eso los políticos nos dicen que no hay alternativas porque ese pensamiento único es determinista. Tiene una concepción determinista de la historia, es el pensamiento neoliberal. El pensamiento neoliberal es la utopía negativa de la actualidad. Se nos dice que sólo hay un camino hacia una sociedad perfecta, justa, que elimine el sufrimiento y todos los problemas, ese camino es el de las democracias liberales. La historia progresaría determinísticamente por este camino. Pero no hay progreso de la historia, esto es un viejo mito cristiano del que me he ocupado muchas veces y en el que, para el mal radical de la humanidad, han caído todas las utopías del siglo XX, de izquierdas o de derechas. Este pensamiento neoliberal pretende la liberalización absoluta de la economía, la privatización de todo lo que se había convertido en público porque era la forma que la democracia tenía de salvaguardar nuestros derechos. Pero, curiosamente, cuando se producen pérdidas, el sector privado pide rescate al sector público, hasta que poco a poco lo va hundiendo. Y esto significa la desaparición del estado y, con él, de nuestros derechos, porque es el estado, con el dinero de todos, el que los protege, pero ya no hay estados. Ahora hay, y cada vez más, oligopolios, que competirán unos con otros y que fijaran sus reglas y que, además, se saltarán la ley de los límites de crecimiento. El ciudadano dejara de ser tal, será instrumento, carne del sistema, que por haber sobrepasado estos límites del crecimiento se autodevora. Por eso el escenario para el futro es un escenario de guerra. De guerra por los recursos energéticos, alimentario y de agua potable. Y la competencia estará en manos de unos cuantos oligopolios. Ése es el desierto del mundo real, el mundo que ya tenemos ante nosotros.

Y, por otro lado, este pensamiento único ha forjado también su propia ideología, como cualquier sistema de producción, una ideología que ha alienado a los ciudadanos convirtiéndolos en esclavos sumisos y obedientes. Y es la filosofía posmoderna. Y los pilares de este pensamiento, o ausencia de pensamiento, de esta nueva religión de la tecnobarbarie en la que vivimos son los siguientes. Primero la anulación de la validez de cualquier discurso. Es el relativismo. Todo vale, todo se puede decir, todo se puede defender. No hay discurso verdadero, todos los discurso son equivalentes. Pero si todos los discursos son equivalentes alguno será el que tenga el poder, pues ese será el del más fuerte. Las ideas y creencias que triunfan son las ideas del más fuerte. Frente a la ausencia de verdades objetivas pues tenemos el triunfo de la fuerza. La falsa democracia del pensamiento único nos ha hecho caer en la soberbia de querer y creer que nuestro pensamiento, opiniones y creencias son, por el mero hecho de tenerlas, verdaderas. Pero esto es un atropello y un arma del poder contra la ciudadanía. Por eso es necesario el pensamiento crítico, para deshacer este entuerto. Pero el poder elimina el pensamiento crítico y controla los medios de sumisión de masas.

Por otro lado el pensamiento único nos ofrece su propio opio, la religión que nos amordace y nos adormile. Tras la muerte de dios lo que nos salva es la tecnociencia y el hiperconsumo. Nuestro ser es nuestro consumir. Y mientras que hemos ido consumiendo hemos dejado de pensar, nos hemos distraído del mundo que se estaba creando a nuestro alrededor, del desierto que se nos acercaba. Y esa ideología, es la del hedonismo egoísta que nos ha impedido ver más allá de nosotros mismos y consumir compulsivamente seducidos por el poder de las nuevas tecnologías. Y esto es lo que ha llevado a nuestras conciencias al nihilismo. Hemos permanecido obedientes y sumisos y con la soberbia del que cree saberlo todo, porque en estas falsas democracia lo que se ha confundido es la libertad de pensamiento con la equivalencia de las opiniones. Y estas conciencias nihilistas son conciencias insatisfechas, que han perdido el norte, que necesitan de un sentido, de algo a lo que agarrarse, aferrarse. Y mientras estábamos distraídos, mientras occidente estaba mirándose su propio ombligo y seguía el proceso de colonización del mundo por otros cauces a los del viejo colonialismo, el desierto se instalaba a nuestro alrededor. Y ahora el monstruo se devora a sí mismo. Porque el capitalismo no tiene bridas. Ahora devora al estado y al ciudadano que en su estado de enajenación no ve de dónde le vienen los tiros y, como un zombi, camina por el desierto de lo real. Y este es mi canto fúnebre por las mayores conquistas del hombre, la libertad, la dignidad, la igualdad y la fraternidad, todo convertido en polvo, desierto…

 

                               ¿Qué pruebas necesitamos ya?

                Lo de ayer en el Parlamento, la visita del señor Draghi, presidente del BCE, al Parlamento español no tiene sentido, es bochornoso, un ataque a la ciudadanía, a los pilares mismos de la democracia. Y el papel de nuestros políticos es una auténtica vergüenza. Permitir ese “formato” de reunión, como así lo llamaron, es vejatorio para la ciudadanía y una traición más de los políticos al pueblo. Y ahora que vengan los intelectuales orgánicos, al estilo de Savater, a decir que el grito del 15 M de que no nos representan es una tontería, una chorrada de niños desocupados. Pues no señor, no nos representan. Y hace años que los partidos en España no representan a los ciudadanos, que los traicionan y los engañan en las elecciones para conseguir su preciado voto que es el que alimenta su poder. Porque no es una democracia lo que hemos creado, sino una partitocracia, un poder interesado de los partidos. Un poder que se autoprotege y que no quiere saber nada de la ciudadanía de la que dispone en las elecciones para legitimarse y olvidarse de ella. Pero lo de ayer en el congreso es un ataque a los cimientos del sistema democrático, que no existe, porque es una pantomima, y ayer quedó palmariamente demostrado.

Una reunión a puerta cerrada, sin luz ni taquígrafos, en el Parlamento, donde están nuestros representantes. Esto es inadmisible. Los señores diputados no deberían haber asistido. Y no vale sólo con presentar una queja por cómo se han hecho las cosas. Habría que haber hecho un plante. Pero el plante a la clase política, al poder de los partidos y a la corrupción de todas las instituciones del estado a través de este poder, lo tiene que hacer la ciudadanía. Es necesaria una rebeldía total y pacífica. No se puede admitir por más tiempo esta farsa. Que no se queda sólo en farsa, sino que trae hambre y miseria. Además de que es una forma de fascismo económico y de totalitarismo político. Basta ya de ser víctimas y vasallos. Hemos de recuperar el poder de la ciudadanía; es decir, nuestra libertad y nuestra dignidad.

                Un frente común contra un enemigo común.

Desde hace casi una década la vida social en nuestro pueblo se ha deteriorado bastante. No es que fuese sana, simplemente es que cuando no hay problemas, no se discute y no surgen las diferencias. Pero lo que todo ello nos ha enseñado, que son muchas cosas y sólo señalo alguna, es que lo necesario para resolver los problemas en democracia es el diálogo. Y si no hay diálogo entre las partes, pues la democracia tiene sus instituciones para que se pueda llegar a un acuerdo. En este caso la justicia ha dado la razón a los once imputados y, con ello a la Plataforma Ciudadano en contra de la refinería y, por otro lado, el gobierno se ha pronunciado con una DÍA negativa para el proyecto. No nos entendíamos, no hubo diálogo. Es más, hubo coacción por parte del poder, multas, imputaciones, se prohibieron manifestaciones que hubo que recurrir el TSJ y fueron legitimadas como derecho básico de los ciudadanos. Se dijo que no habría debate mientras no se disolviesen las manifestaciones en el parque. Esa sentencia es una amenaza y una conculcación del derecho básico de concentración y reunión. El rodillo del poder absoluto luchó con todas sus fuerzas pero perdió. El entusiasmo de unos ciudadanos convencidos de sus razones, que se informaron y aprendieron y que fueron incansables en la lucha por la dignidad les dio al final la razón y su recompensa.

Pero la brecha social que se abrió, sobre todo por parte del poder (aunque nadie está libre), puesto que el poder es para todos y aquí se ejerció sólo para algunos, sigue abierta. Y esto es penoso y lamentable. Tenemos que ir más allá de los partidos que están en el poder. Ha llegado la época de los ciudadanos, de los movimientos civiles, del pensamiento alternativo. Es la hora de provocar la caída de este sistema de partidos. Por eso es necesario escuchar todas las iniciativas y luchar todos contra un enemigo común. Y ese enemigo común es el neoliberalismo. Forma de entender el estado, las relaciones de producción y las relaciones entre las personas que reduce al hombre a un mero objeto, una mercancía, un número. Los partidos que nos gobiernan han participado de esta ideología y, peor, el partido socialista, ha sido cómplice encubierto de este pensamiento, cuando la izquierda es contraria al mismo. Pero el partido socialista se equivocó y se sigue equivocando y debe aprender. Y la forma de aprender es recuperar el pasado histórico, pero no el de la transición, ahí comienza su apuesta por el neoliberalismo, sino mucho más atrás. Hay que remontarse al final del XIX y a la segunda república. Y lo mismo sucede con IU, que es una jaula de grillos dogmáticos y que siguen la misma dinámica que los partidos mayoritarios. Pactan hasta con el diablo creyendo que esa es la forma de hacer algo y, al final, son absorbidos.

Y todo esto viene porque debemos luchar por un enemigo común. Y no debemos criminalizar a los grupos civiles emergentes que luchan por lo público por el hecho de las personas que allí estén, o algunas de las personas. Eso es tirar piedras contra nuestro propio tejado. Hay que unir fuerzas, no separar. Si lo que nos interesa es preservar los derechos civiles, laborales y sociales que durante más de doscientos años hemos ido conquistando y que estamos perdiendo aceleradamente, pues no tenemos que tener remilgos; y saber diferenciar entre los grupos civiles y los partidos políticos y los sindicatos. Hay gente que piensa que esos grupos son necesarios, pero que los partidos políticos también lo son y que esta es la vía de su regeneración. No es ésta mi opinión, desde luego, pero eso no implica que esos grupos civiles sean o se identifiquen con un partido, no señor, en esos grupos lo que está ocurriendo, precisamente, es todo lo contrario, se está poniendo en jaque a los partidos, los están desarmando, los mismos miembros del partido. Quizás algunos no sean consciente de ello, pero es así. Lo que hacen estos movimientos civiles, y me refiero a la Cumbre Social y a una de sus organizaciones, “Por la defensa de lo público”, es el trabajo que deberían hacer los partidos de la izquierda. Luchar por lo público y los derechos civiles que han sido secuestrados por el poder. Por el poder de los partidos y sindicatos y por el poder que está detrás y que, en muchas ocasiones, les acompaña: el económico. Fijemos la mirada en el enemigo, facciones, partidos e ideologías siempre habrá y siempre habrá discrepancia. Pero estas se resuelven por el diálogo, no por la descalificación. Descalificar a alguien por pertenecer a un partido es una falacia (argumento erróneo), pero además es una desfachatez y una falta de respeto. Es ahora cuando la ciudadanía tiene la oportunidad de luchar contra el enemigo común. Y somos más, pero si nosotros mismos nos dividimos entonces sí que seguro que saldremos vencidos y derrotados. Y hay que tener cuidado porque lo que se nos viene encima es la barbarie, el fascismo económico y el fascismo político. No repitamos la división y el enfrentamiento de las izquierdas en la segunda república. El enemigo es fuerte y es uno.

Laicismo y enseñanza pública.

Con la nueva y enésima ley que se pretende hacer en educación caemos más hondo que nunca. Jamás sospeché que podríamos llegar tan lejos. Mis quejas sobre la educación han sido extensas e intensas, pero lo que se nos muestra ahora es algo increíble. Para empezar, el propio Ministro nos dice que va a hacer una reforma ideológica. Esto en parte le honra; porque, desde mi punto de vista, toda reforma educativa tiene una carga ideológica. Ahora bien, el problema es el tipo de ideología que subyace a la pretendida nueva ley de educación que ojalá nunca vea la luz, porque es la más nefasta de todas y nos lleva a la barbarie, la ignorancia, la privatización y a encumbrar al clero en la élite de un sistema democrático que, de por sí, la excluye como élite, no como entidad. La reforma de la educación, en primer lugar, no toca, para nada, el gran mal y el gran cáncer de la educación que es o son sus supuestos psicopedagógicos, se mantiene en los mismos. Es decir, que si lo que subyace no cambia, todo lo que cambie en la superficie será para peor.

                La nueva ley quiere potenciar la enseñanza privada y la concertada, que no es más que otra forma de decir enseñanza privada. No es que yo esté en contra de la enseñanza privada. En un sistema mixto debe existir y es saludable. Ahora bien, financiar la enseñanza privada con el camelo de lo concertado es un engaño y un robo a todos los españoles. Máxime cuando en este país, que se cree todavía la reserva espiritual de occidente, la inmensa mayoría de los colegios concertados son religiosos. Es decir, que nos encontramos con otra forma de subvencionar a la privilegiada iglesia católica. Por tanto, nos encontramos ante un engaño a los ciudadanos y ante una medida que se salta la aconfesionalidad del estado. La iglesia tiene un trato de favor en un estado aconfesional, amprándose siempre en el nefasto acuerdo con la Santa Sede, acuerdo que, muchos constitucionalistas, no es mi opinión sólo, consideran inconstitucional. Además, a la iglesia se le dieron tres años para autofinanciarse, allá por los ochenta y todavía la mantiene el estado, pero no con la crucecita en la casilla, sino con los impuestos de todos los españoles. Y entramos aquí en uno de tantos dislates de la nueva ley, hay muchos, la enseñanza de la religión. Pues con el nuevo ministro la religión vuelve a recuperar espacio cuantitativo y cualitativo. Es decir, aumenta su presencia en el horario y, además, es evaluable. Pero aquí llega el colmo, que es una cesión ante la iglesia, se oferta una alternativa a la religión, algo así como valores éticos. Pero, vamos a ver, esto qué carajos es. Cómo puede ponerse en pie de igualdad la ética con la religión. Primer error, la enseñanza de la religión en los centros públicos. La religión tendría, simplemente, que suspenderse del sistema educativo, incluido de los centros concertados, pues para ello se les paga con el dinero de todos los españoles. En segundo lugar, la ética es un saber universal. Un análisis reflexivo, con su asiento en la historia de las ideas y de la filosofía, sobre la conducta moral del hombre. Por su parte, la religión, católica, fundamentalmente, se enseña desde la doctrina. Hablando en plata, hay un adoctrinamiento del alumnado en una creencia particular. Catequesis, se llama. Por tanto esto es un atentado contra la aconfesionalidad del estado, contra el laicismo. Y que no se me distinga entre laicidad y laicismo porque es una soberana tontería. Y, por otro lado, es impensable la democracia sin laicismo. Pero a este gobierno lo que menos le importa es la democracia. De modo que en este punto la reforma es impresentable. Atenta contra la democracia y favorece la enseñanza privada desmantelando la enseñanza pública.

Por otro lado, el objetivo fundamental de la reforma es el de producir una serie de individuos aptos para el trabajo; es decir, la empleabilidad. No se trata de formar ciudadanos, sino máquinas perfectamente intercambiables en el mercado laboral. La enseñanza es mercantilista. Viola el principio básico de la ética que es el de no instrumentalizar; es decir, no tratar al otro como un medio, sino como un fin en sí mismo. Esto se le llama, también, dignidad y libertad. Conceptos a los que este gobierno y la nueva ley temen como a la peste Y, por último, elimina prácticamente la filosofía del currículo. De lo que se trata es de eliminar la capacidad crítica, la visión global, facilitar la domesticación. El futuro del neoliberalismo es la mercantilización absoluta de todo. La filosofía es un estorbo. Pero sin la filosofía perdemos el sentido de nuestra historia, de nuestros valores, de la ciencia, de lo que queremos llegar a ser. Eso sí, sin filosofía nos volvemos romos, unidimensionales y, además, preparados para hundirnos en la barbarie de un pensamiento único que impere en una nueva edad media en la que nos adentramos.

La ética como el gran proyecto de la humanidad. Un comentario a D. Mariano Blanco.

“Aprender es vislumbrar la inmensidad de nuestra ignorancia”. K. Popper.

“Quizá esté yo equivocado y tú en lo cierto, quizá con un esfuerzo a la verdad nos acerquemos.” K. Popper

“La razón no es todopoderosa, es una trabajadora tenaz, tanteadora, cauta, crítica, implacable, deseosa de escuchar y discutir, arriesgada.” K. Popper

Estimado Mariano, gracias a usted por sus palabras que, de ningún modo merezco, y gracias por su réplica tan educada y serena. Virtudes que no están hoy muy al uso. Y, además, gracias porque esta conversación o diálogo muestra que siempre se puede llegar a acuerdos y que muchas veces hay más en común de lo que parece. Además de que sirve, a pesar de fijar las diferencias de partida, para acercar dichas diferencias. Porque como muy bien dices el diálogo es una forma de compromiso con el otro. El diálogo se basa en el respeto, en la consideración de las razones y vivencias que el otro tiene, en estar dispuesto a escuchar para aprender y para ello hay que considerar al otro un alter ego, otro como yo, un sujeto de fines y no un objeto instrumentalizable. En el diálogo en la sociedad, como bien dices, nos realizamos. Y el diálogo no obedece sólo a la razón calculadora, a la razón lógico-matemática, como dices, sino a los afectos. Y con esto paso precisamente al primer punto, el de la razón.

Cuando yo he hablado de razón nunca me he referido al concepto reduccionista mencionado más arriba. Precisamente me he referido a una razón mucho más amplia que es la razón ética, como le gusta llamarla a José Antonio Marina, o la razón cordial (de corazón) como la llama Adela Cortina, filósofa a la que probablemete es a la que se refiere. Porque precisamente es la categoría que utiliza para enfrentarse a los problemas éticos. Dichos problemas no se resuelven con la razón analítica, sino con la razón cordial, es decir, aquella que necesita de las pasiones o afectos humanos para desenvolverse. Y es precisamente así porque somos sujetos, no objetos o máquinas. Y es esa razón cordial o ética la que nos dice que, al ser sujetos, estamos dotados de dignidad y no podemos ser tratados como objetos, no se nos puede instrumentalizar. Por eso la base de la ética es tratar al otro como fin en sí mismo, como sujeto dotado de dignidad; es decir, de libertad, derechos básicos y deberes. Precisamente toda forma de totalitarismo surge de este error, de una aplicación de la razón analítica al sujeto, de ahí que las utopías que prometen la felicidad plena y la justicia absoluta se convierten en auténticos infiernos. En primer lugar, porque pretenden organizar la vida social como un todo en el que se anula al individuo y, con él, la, o su libertad. En segundo lugar, porque llegan al peor crimen de la humanidad, el genocidio basado en la eliminación del disidente. La razón analítica u objetiva, desencarnada, es precisamente la que nos ha llevado a todas las formas de totalitarismos que hemos padecido y que padecemos, porque hoy en día estamos bajo el totalitarismo neoliberal que es la mercantilización absoluta de la vida según una visión ideológica de la economía que reduce la sociedad a la economía, en concreto, a la economía neoliberal. Esta razón es una perversión de la razón ilustrada. Y precisamente nunca, y menos para hablar de ética, he utilizado yo este sentido. No me habré explicado bien y habrá habido un malentendido. Por otro lado, fue Aristóteles el que definió al hombre como animal racional, por un lado, y como animal político o social, por otro. Pero tampoco entendía él la razón, como razón objetiva o calculadora. Ya digo, esto es una perversión de la razón ilustrada y que para que se dé tiene que existir primero la ciencia que surge en el Renacimiento. Por eso en el mundo griego y en la Ilustración, en un sentido amplio, la razón es más ancha, pero en la Ilustración está el germen de su perversión reduccionista y totalizadora porque bebe de la fuente de la recién aparecida ciencia. Por otro lado, además de ser seres racionales somos seres afectivo, puramente afectivos. Y precisamente de nuestros afectos bien o mal guiados depende nuestra felicidad y esto depende de la razón cordial que es la que nos permite vivir adecuadamente en sociedad. Pero además somos seres abiertos al mundo a través de los afectos, no sólo de la razón o pensamiento puro. Y por eso podemos tener una visión del mundo estética, ética y religiosa además de científica. Y ninguna debe excluir, sino sumar. Todo reduccionismo es peligroso.

Nuestra diferencia de base creo que está en la concepción del hombre. Mientras que usted tiene una concepción religiosa del hombre, la mía es completamente atea. Pero, en la práctica, ambos buscamos la justicia. Por eso comparto plenamente las citas del final que son el programa que usted propone y que enunciadas así, para mí, son completamente aceptables, porque son máximas éticas universalizables. Y todas ellas surgen del imperativo ético que cité más arriba y en mi primer artículo: actúa siempre de tal forma que consideres al otro como un fin en sí mismo y no como un medio, esto es, como un sujeto dotado de dignidad. Además ha tenido la delicadeza de, aunque usted sea creyente, de no fundamentar esas máximas en la existencia de dios, sino en que, por sí mismas, son buenas para la justicia y para la felicidad. Por eso coincido con el jesuita de la liberación Jon Sobrino cuando dice “fuera de los pobres no hay salvación”, frente al dogma eclesiástico: “fuera de la iglesia no hay salvación”. Pues bien, es precisamente su posición de creyente la que le lleva a pensar que la libertad es un don. Lógicamente, para un creyente todo es un don, porque la vida misma es un don y un regalo de dios. Y, además, como dios nos ha creado a su imagen y semejanza pues participamos de sus atributos: inteligencia, voluntad, libertad…y así. Pero claro, esto está muy bien y es coherente, pero dentro de la particularidad, porque toda religión es particular, independientemente de la pretensión del cristianismo de querer ser la religión universal. Otra cosa, y eso es importante, es que la ética de las religiones, como hemos visto en el caso de los evangelios, sea universalizable. Y esa universalización laica es la fuente del debate interreligioso y de la religión frente al no creyentes. Sin embargo, por mi parte, considero que el hombre es un producto más de la evolución, como cualquier otro, sin ningún tipo de privilegio. Existimos como perfectamente podríamos no haber existido. Y tenemos una naturaleza biológica que nos condiciona y de la que emerge lo que llamamos una segunda naturaleza a la que denominamos cultura. Pues en la cultura y a través de un desarrollo histórico es donde emerge la idea de libertad como una conquista ética, como una humanización del hombre. Un vistazo, tanto a la historia general, como a la historia de las ideas nos muestra esto que digo. La historia de la humanidad la podemos considerar como un gran proyecto ético, como dice Marina, en el que hemos ido conquistando una serie de universales éticos como la libertad, el diálogo, la justicia, la fraternidad, los derechos básicos, que no son naturales, no nacemos con ellos, los descubrimos y los desarrollamos socialmente. Y todo este proyecto significa un avance o progreso ético político, un progreso sujeto siempre al peligro del regreso, como muchas veces en la historia ha ocurrido. La conquista de la libertad política, como la libertad individual (ser libres de forjar mi proyecto de vida) está siempre pendiente de un hilo y, como digo, es algo que no siempre ha existido ni existe por doquier. Todo totalitarismo anula la libertad política y, en la medida que quiere controlar al ciudadano, anula su libertad privada, si bien, esta última, nunca del todo. De ahí que puedan darse lugar las rebeldías contra el tirano. También los totalitarismos dejan un margen de acción a esa libertad privada, la de construir un proyecto de vida, pero dentro de unos límites marcados por la ideología del poder totalitario. La libertad, en su origen biológico, es el impulso del hombre hacia la creación, es el espíritu de aventura y de exploración. De ahí que de esta naturaleza biológica pueda emerger la libertad como ideal ético atribuible al hombre y que le da dignidad.

En cuanto a la libertad como equilibrio, desarrollado como lo ha hecho en su segundo artículo, pues no tengo inconveniente en aceptarlo. Es más es lo que yo decía con el ejemplo de Héctor. Eso sí, siempre partiendo del hecho de que esa libertad ha sido una conquista y que sólo se puede desarrollar en sociedad. Es más no existe la libertad en la soledad absoluta, igual que no existe el hombre. Porque como dijera Aristóteles el hombre solo o es un dios o una bestia. Y, en cuanto a lo que dice de la felicidad, pues también coincido. Todos los actos humanos van encaminados a la consecución de la felicidad, otra cosa es que no sepamos o que no podamos o que nos priven de la libertad para alcanzarla o que mi propia libertad en un compromiso ético que me lleva a la dignidad, pero también al dolor e, incluso, a la muerte. Existen éticas de la felicidad, pero también del honor y del deber. Y, además, hay que tener mucho cuidado con el concepto de felicidad. Usted lo usa en un sentido profundo, en el sentido de realizar un proyecto de vida, además basado en el amor, lo cual está muy bien, pero hoy en día se confunde la felicidad con el mero divertimento, con el éxito fácil y la fama efímera. Es, a mi modo de ver, una estrategia del poder para mantenernos entretenidos y así esclavizarnos. Por otra parte, si reducimos la ética a la felicidad y la vida a la búsqueda de la felicidad, entonces nos quedamos sin la ética del deber y sin la ética heroica que no conduce necesariamente a la felicidad. Ahora bien, cumplir con el deber, aunque eso me produzca un padecimiento, me produce también sosiego y serenidad, eso creo yo que es lo que usted dice cuando habla de libertad como equilibrio. Lo que sucede es que esto no es felicidad en un sentido positivo es, más bien, el contento de haber realizado el deber y que ese deber produzca un bien particular en el otro o aumente en algo la justicia social. La felicidad positiva está por un lado en los placeres (prudencia: medida del placer y evitación del dolor) y en las virtudes morales, calcular el justo medio, lo cual requiere esfuerzo y ejercicio (es necesario ejercitarse en la virtud) y las virtudes intelectuales que son la contemplación, tanto artística, como científica, como religiosa o espiritual. Y, por otro lado, para alcanzar la felicidad está el cultivo de la amistad y como forma particular y superlativa de ésta el amor.

En fin, que, como ve, aunque nuestras diferencias son absolutas en cuanto a la concepción del hombre, no divergen tanto en la praxis social. Sobre todo si ambas posturas, la de la creencia, como la no creencia son posturas abiertas al diálogo porque ambas arrancan de la consideración del hombre como un ser dotado de dignidad y merecedor de respeto, sea por una razón o por otra, que es donde reside nuestra diferencia. Y con esto me despido y ha sido todo un placer dialogar con usted. Un cordial saludo.

La libertad no es un don. Es una conquista ético-política de la humanidad.

"Sólo hay una actividad en que el hombre puede ser radical. Se trata de una actividad en que el hombre, quiera o no, no tiene más remedio que ser radical. La filosofía es formalmente radicalismo porque es el esfuerzo para descubrir las raíces de lo demás...La Filosofía es una ocupación que no vive de sus consecuencias; que no se justifica por su logro..." ORTEGA Y GASSET

"La doxa es la opinión espontánea y consuetudinaria, más aún, es la opinión "natural". La filosofía se ve obligada a desasirse de ella a ir tras ella o bajo ella en busca de otra opinión, de otra doxa más firme que la espontánea. Es, pues, paradoxa." ORTEGA. "Qué es filosofía.”

 

“De momento quisiera tan sólo entender cómo pueden tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soportar a veces a un solo tirano que no dispone de más poder que el que se le otorga, que no tiene más poder para causar perjuicios que el que se quiere soportar y que no podría hacer daño alguno, de no ser que se prefiera sufrir a contradecirlo. Es realmente sorprendente –y, sin embargo, tan corriente que deberíamos más bien deplorarlo que sorprendernos–, ver cómo millones y millones de hombres son miserablemente sometidos y sojuzgados, con la cabeza gacha, a un deplorable yugo, no porque se vean obligados por una fuerza mayor, sino por el contrario, porque están fascinados y, por decirlo así, embrujados por el nombre de uno, al que no deberían (puesto que está sólo), ni apreciar (puesto que se muestra para con ellos inhumano y salvaje)”.  Y más adelante apunta: “¿qué ocurre? ¿cómo llamar a ese vicio, ese vicio tan horrible? ¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas y tantas personas no tan sólo obedecer, sino arrastrase? No ser gobernados, sino tiranizados, sin bienes, ni parientes, ni mujeres, ni hijos, ni vida propia. Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército, no de una horda descontrolada de bárbaros contra la que cada uno podría defender su vida a costa de su sangre, sino únicamente de uno solo. No de un Hércules o de un Sansón, sino de un único hombrecillo, las más de las veces el más cobarde y afeminado de la nación, que no ha siquiera husmeado una sólo vez la pólvora de los campos de batalla, sino apenas la arena de los torneos, y que es incapaz no sólo de mandar a los hombres, ¡sino también de satisfacer a la más miserable mujerzuela! ¿Llamaremos eso cobardía? ¿Diremos que los que se someten a semejante yugo son viles y cobardes? Si dos, tres y hasta cuatro hombres ceden a uno, nos parece extraño, pero es posible; ... pero si cien, miles de hombres se dejan someter por uno sólo, ¿seguiremos diciendo que se trata de falta de valor...? ... ¿cómo llamaríamos eso? ¿Cobardía?... ¿qué es ese monstruoso vicio que no merece siquiera el nombre de cobardía, que carece de toda expresión hablada o escrita, del que reniega la naturaleza y que la lengua se niega a nombrar?” La Boétie. “La servidumbre humana voluntaria.”

 

“La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad... El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.

La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! “ Kant. ¿Qué es la Ilustración.?

 

 

La libertad no es un don, es una conquista histórica y biográfica. Es, siguiendo con la cita del filósofo Ortega que hace el autor al comienzo, una tarea. La libertad es siempre libertad condicionada. De ahí también lo de Ortega de yo soy yo y mis circunstancias. Pero la segunda parte de esta frase, la menos conocida, es la importante: y si no salvo a éstas no me salvo yo. Es decir, si no soy dueño de mis circunstancias ellas lo serán de mí. Por tanto estaré sometido a ellas sin conocimiento siquiera de tal sumisión.

Tampoco la libertad tiene nada que ver con vivir en equilibrio con uno mismo. Esto es serenidad. La libertad es esfuerzo, valentía y, a veces, tragedia. Libertad es lo que hace Héctor por el honor de Troya y Elena, salir a luchar contra Aquiles, a pesar de saber que morirá en la batalla. Eso es valentía, coherencia y consistencia. Por su puesto que esa actitud nos lleva a la paz con nosotros mismos porque cumplimos con nuestro deber. Porque la libertad es el cumplimiento del deber. Y del deber como imperativo. “Actúa siempre de tal manera que consideres al otro como un fin en sí mismo y no como un simple medio” es decir, que todo acto debe ir dirigido a la mejora de ti mismo en tanto que ser humano y a la mejora del otro en tanto que el otro es otro yo. Por eso la libertad es la asunción de la dignidad del otro.

De ahí que la libertad esté reñida con el mesianismo. El mesianismo es una concepción del hombre histórica, religiosa e ideológica que instrumentaliza al hombre porque sólo ofrece una salida a su salvación, como bien señala el autor. Quien en nombre de la libertad promete un futuro perfecto intenta, a sabiendas o no, esclavizar al otro. Mesianismo y libertad son contradictorios. De ahí que me choque la cita de Juan del final del artículo. Si se defiende la libertad no entiendo esa cita mesiánica.

Y también la libertad exige la posibilidad del diálogo puesto que se basa en el respeto al otro como otro yo, lo que hemos hablado de la dignidad. Por eso tampoco entiendo lo que dice el autor de las opiniones cuando dice que su opinión al menos es o debe ser tan válida como la de los demás. Aquí el autor comete un burdo error que al poder le ha interesado inocular en nuestras conciencias. Es la equivocación entre la libertad de expresión y opinión y la equivalencia de nuestras opiniones. Las opiniones, disculpe señor Mariano, no son equivalentes, las hay más válidas y menos válidas. Es más, el conocimiento, la filosofía, que decía el filósofo que encabeza el artículo, es paradoxa, ir más allá de la doxa, de la opinión. Las opiniones son particulares, no son un saber y no son respetables, son discutibles. La libertad política es la del sujeto que porta esas opiniones. Es decir, que puede opinar libremente, pero su opinión está sujeta al tribunal de la razón. Y este tribunal se ejerce por medio de la razón, el diálogo. Y diálogo significa que la razón está entre medio de dos que hablan o de los que hablan, que la razón no pertenece a nadie. Si confundimos la libertad de opinión con la equivalencia de las opiniones, entonces caemos en el relativismo, en el todo vale, que es uno de los motivos de la crisis actual. Pero cuando todo vale, lo que vale es lo que imponga el más fuerte. Y eso es precisamente lo que ocurre. La ideología predominante no es la verdadera, ni el único pensamiento, es el pensamiento impuesto por el más fuerte que, además, nos engaña con la idea de que somos nosotros libres y dueños de nuestro pensamiento.

Disculpe el autor que un escéptico dude de todo esto. No admito la verdad, porque nos lleva a totalitarismos, no nos hace libres, nos esclaviza, no admito la equivalencia de las opiniones porque nos lleva al poder del más fuerte, no admito el mesianismo porque tras la redención llega, por el contrario, el infierno. La verdad es provisional y fruto del esfuerzo conjunto de los hombres. La libertad es la forma de alcanzar la verdad o, mejor, las verdades. Pero, un escéptico como yo, aunque valore la libertad como el mayor bien, en equivalencia en el ámbito social de la justicia, piensa que la libertad es una carga demasiado pesada para el hombre. Somos demasiado débiles y cobardes. Y la libertad exige, valentía y soledad. De ahí que La Boétie ya lo dijera en su famoso libro “La servidumbre humana voluntaria”. Aceptamos la servidumbre voluntariamente porque nos es más cómodo obedecer y la sumisión dentro del grupo que la rebeldía solitaria y el enfrentamiento contra el poder. Y por eso también Kant aseguraba que la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad, es decir, no ser capaz de servirse de su propia razón para ser libre, se debía a la cobardía y la pereza. Y por eso nunca llegaremos a una época ilustrada, ni conquistaremos un ideal democrático digno, porque nuestra naturaleza es contraria a ello. Preferimos que nos gobiernen a autogobernarnos. Ahora bien, ello no implica, de ninguna manera, y ese es mi empeño, igual que detecto también es el del autor, el luchar por conseguir esa sociedad libre, plural y justa.

                               Ecosocialismo.

                Probablemente la única alternativa de la izquierda sea el ecosocialismo dentro de los límites de la democracia. La democracia debe ser el marco sobre el cual se monte esta visión del mundo y esta forma de hacer política que aúna dos pensamientos que no pueden ir, en la actualidad, separados. Por un lado el socialismo y por otro el ecologismo. Voy a describir muy someramente sus características esenciales y su inserción. El socialismo es una visión de la sociedad y de la relación del hombre con el hombre que tiene como horizonte la justicia social y su base reside, fundamentalmente, en Marx. No se puede olvidar que no hay izquierda sin marxismo. El marxismo es el pensamiento que más ha aportado a la izquierda, es más, que la ha construido, desde el siglo XIX hasta ahora, tanto desde el punto de vista ético, político, económico e histórico. El marxismo puede tener sus errores en cuanto a la interpretación de la historia y de la economía, pero no es ninguna falsedad. Podemos decir, incluso, que desde el punto de vista de la ciencia económica es una teoría falsada, pero eso no implica que sea falsa. Es el mismo caso que la física clásica, que queda falsada con la de Einstein, pero seguimos utilizándola porque tiene un valor o verdad restringida. El caso del marxismo es el mismo. El análisis que hace Marx de la acumulación del capital, del valor de uso y valor de cambio, del proceso de globalización del mercado y la mercantilización del mundo, así como su visión de la historia como una lucha de clases en la que existen los opresores y los oprimidos, siguen siendo, en lo esencial, válidos, por mucho que haya que matizar. No debemos olvidar que las teorías son conjeturas. Pero además de estos análisis lo más valioso de Marx es su impronta ética. Es decir de lo que se trata es de la consecución de la justicia social y la justicia social implica la igualdad, no aritmética, sino ético-política. Es decir, igualdad de oportunidades, de derechos, de deberes e igualdad ante la ley. Estos principios son básicos e irrenunciables y proceden todos de la tradición marxista y de la tradición de la izquierda. Y esto nunca se debe olvidar. Porque el opresor nunca ha regalado nada, se le ha arrebatado a fuerza de lucha ciudadana. Por eso digo que la izquierda es marxista y que si se renuncia a la herencia marxista se renuncia a la izquierda. La renuncia al marxismo viene por la deriva del marxismo en formas totalitarias de gobiernos que degeneraron en genocidios brutales. Es cierto que el germen está en el marxismo en tanto que entendemos el marxismo como una teoría verdadera de forma absoluta, es decir, lo convertimos en una creencia y, por otro lado, está el germen de la utopía. El pensamiento utópico genera totalitarismos. Si creemos en qué consiste una sociedad perfecta y tenemos los instrumentos para llevarla a cabo, lo hacemos y eso supone el exterminio, genocidio, del disidente. Y el siglo XX nos ha enseñado bien a las claras esta degeneración. Pero todo ello no implica la validez del marxismo que defendíamos al principio y que debemos seguir defendiendo. Además, hay que tener en cuenta que el sistema alternativo, el capitalista, nos llevó, tanto a los fascismos como a otros modos de destrucción masiva que tienen que ver con la otra pata de nuestra propuesta política, la ecológica. El desarrollo del capital implica el crecimiento y el crecimiento es amorfo, unas zonas crecen a costa de las que se empobrecen. El enriquecimiento de unos pocos países lleva a la ruina al resto de los países. El capitalismo del siglo XX ha seguido la línea del colonialismo de los siglos anteriores, pero por la vía del mercado. De esta manera el capitalismo, basado en el dogma del crecimiento, literalmente, mata. Y todo el siglo XX es un auténtico genocidio en nombre del crecimiento y el progreso, los lemas del capital, más que lemas, dogmas. Pero es que, además, el capitalismo es otra utopía como el mal marxismo. Es la creencia de que el crecimiento económico resolverá todos los problemas y nos llevará a la igualdad por medio del reparto de la riqueza a través de una supuesta mano invisible. Falso, por el contrario, el capitalismo nos ha llevado a la acumulación de la riqueza y a la miseria. Los países occidentales han vivido en una burbuja a costa de la muerte de sus semejantes y de esquilmar la tierra. Y aquí aparece el ecologismo de los pobres. El daño del capital se ha hecho sobre los más pobres, empobreciéndolos más, utilizándolos como mano de obra barata o esclava y esquilmando sus riquezas y recursos naturales hasta la extenuación. Y éste es un punto de inserción entre el ecologismo y el socialismo. El socialismo, en tanto que justicia social debe luchar por la igualdad, sin la cual no hay libertad, y esa igualdad pasa porque el hombre no sea considerado una mercancía y por la consideración de que los recursos naturales pertenecen a la humanidad y son recursos limitados, por tanto, es imposible un crecimiento ilimitado, como mantiene el capitalismo.

                Y esto nos lleva al ecologismo y al ecosocialismo. El socialismo, como pensamiento del XIX, sigue anclado en el paradigma de la revolución industrial. El mismo Marx no contempla el problema ecológico, puesto que no tiene perspectiva. Es más, su afán de justicia social y de eliminación del sufrimiento humano le lleva a defender la industrialización a toda costa y el crecimiento del capital. A medida que aumente la mecanización de la producción la mano de obra será menos necesaria y se disminuirán la jornada laboral, así como el duro trabajo del obrero. Y todo ello es cierto, pero con un límite que no contempla ni el capitalista ni el socialista a la antigua usanza. Ambos están, a su modo, sumergidos en el paradigma del crecimiento, del consumo, del progreso ilimitado y del antropocentrismo. Y estos son los errores de ambos. Lo que el ecosocialismo debe hacer, siguiendo la senda de la política del decrecimiento, es forzar el cambio de paradigma, de visión del mundo y de las relaciones entre hombre y naturaleza y de los hombres entre sí. Es, como decía el filósofo marxista Manuel Sacristán, allá por el principio de los ochenta, el paso del paradigma del consumo al paradigma del cuidado. Vamos a ver en qué consiste esto en términos generales. En primer lugar hay que desechar el concepto y la idea de crecimiento ilimitado. El crecimiento tiene límites puesto que el planeta tiene límites. Ya hemos traspasado esos límites, desgraciadamente, luego es necesario aplicar una política de decrecimiento. En realidad, la crisis en la que nos hayamos sumergidos, que no es tal crisis, sino una quiebra del capitalismo global como sistema de producción, nos está llevando por la senda del decrecimiento, pero un decrecimiento que no es guiado políticamente, sino que viene impuesto por los mercados y por los nuevos amos del mundo. Un decrecimiento que lo que está es generando desigualdad, miseria y agotamiento de los recursos energéticos y alimenticios del agotado planeta tierra. Una política del decrecimiento se engarza con el ecosocialismo en la medida que de lo que se trata es de ir decreciendo sosteniblemente. Y cuando digo sosteniblemente, digo humanamente, no económicamente. Se trata de vivir con menos, se trata de cumplir el viejo principio socialista, ahora inspirado en el ecologismo (principio de los límites del crecimiento) de la redistribución de la riqueza y el trabajo, disminuyendo éste y aumentando el ocio. Pero no un ocio de consumo, sino un ocio de calidad, un ocio humano. Un ocio que nos haga crecer internamente y no en riqueza, que nos permita disfrutar de lo pequeño y que dé paso a la contemplación, el silencio, el paseo, la lectura, la conversación sosegada, recuperar la lentitud y a través de ella nuestro ser. Es decir, cultivar el ser y no el tener. Es muy importante la redistribución del trabajo, porque no se trata de producir más, sino de producir para vivir. Además, es que no es posible superar los límites. Ya hemos visto que el crecimiento mata, y lo ha hecho durante todo el siglo XX.

                En segundo lugar, el ecosocialismo tiene que cambiar la ciencia económica. La economía se ha construido como una ciencia separada y supuestamente neutral. Y ello no es cierto. Se ha convertido en un credo, el credo neoliberal. Hay que volver a la antropomorfización de la economía. La economía es una ciencia humana inseparable de la ética. Por eso la economía debe estar dirigida por la política. No como ocurre en la actualidad en la sociedad hipercapitalista en la que vivimos. Por otro lado, el ecosocialismo supone un cambio de la visión del hombre. Hasta ahora, tanto socialistas como capitalistas han vivido en un paradigma antropocéntrico. El centro del mundo era el hombre. Es una vieja idea heredada de la religión, como el mito del progreso, pero, igual que hay que deshacerse del progreso hay que hacerlo del antropocentrismo. De lo que se trata es de pasar al biocentrismo o ecocentrismo. El centro es la biosfera o la ecosfera, sin la cual el hombre no es nada. El hombre habita en la ecosfera como una de las miles de millones de especies que han sido y que son. De lo que se trata es de que la ecosfera puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin ella. Por ello hemos de basar nuestro sistema de producción en una forma de simbiosis con la propia ecosfera. Hemos de naturalizar la producción. A esto se le llama biomímesis. Nuestros sistemas productivos deben imitar los sistemas productivos naturales en los que no existe desperdicio, todo se aprovecha, pero no hay derroche, como en el sistema productivo industrial en el que participan, tanto el capitalismo como el socialismo. Extenderse en este punto sería interesantísimo, sólo puedo recomendar un libro de Jorge Riechmann que lo dedica exclusivamente al análisis de este concepto “Biomímesis”. Y, por último, un cambio en la ética. El cambio en la ética tiene dos sentidos. El primero es el de una ética antropocéntrica, como han sido todas las que se han dado en la historia, a una ética ecocéntrica. Ello consiste en que hay que reconsiderar nuestra relación ética con la naturaleza a través del principio de responsabilidad de Hans Jonas. Es decir, nosotros somos responsables de nuestros actos en la medida en la que afectan a otras personas. Ahora bien, si nuestros actos van dirigidos a la naturaleza, la ética tradicional no los considera valorables, es decir, dentro del ámbito de la ética. Pues bien, una ética econcéntrica, sí. Porque si mis actos sobre la naturaleza afectan al que está lejos en el espacio, pues yo soy responsable del mal que le pueda hacer. Incluso si mis actos afectan a los que están lejos en el tiempo, como las generaciones futuras, pues también soy responsable de sus daños. Por ello, si quiero actuar justamente (ideal socialista) no debo actuar con respecto a la naturaleza de tal forma que dañe al no nacido o al lejano. Pero es que esto sólo se consigue si valoro a la naturaleza de por sí, no como un instrumento o un medio, sino como un fin en sí mismo. Un fin puesto que si la naturaleza no está, el hombre tampoco está. Y la naturaleza tiene y cobra valor por sí mismo. Una segunda forma del cambio ético, y con esto termino, es la de recuperar un sano hedonismo. Un hedonismo al estilo Epicuro. La vida es placer, la felicidad consiste en el placer. Pero el placer se consigue con poco, sobre todo si vivimos en la austeridad, que es una virtud. El placer es medida de lo que necesitamos y hay que seguir y cultivar los placeres naturales y necesarios y privarse de los no naturales e innecesario porque estos te llevan a la rueda infernal del deseo y el vicio. Así mismo hay que cultivar los placeres intelectuales, el saber, el conocimiento, la contemplación, la creación artística. Seguir un modelo de vida austero y placentero a la vez. Y todo ello no implica vivir ni en la miseria, ni con el taparrabos, ni eliminar el progreso científico técnico, sino asignar a cada cosa su justa medida.

La muerte de Sócrates, la corrupción de la democracia y el fin de la filosofía.

                De todos es conocida la muerte de Sócrates, no solo su aspecto físico tomando la cicuta y paseando serenamente para que el efecto fuese poco a poco surtiendo su efecto y luego sentado y tumbado y sin dejar de filosofar por un momento. Una muerte serena, llena de felicidad y un pleno acto de libertad. Una muerte plagada de significado que se extiende a través de su alargada sombra hasta nosotros. Una muerte llena de significado, pero una muerte, que como sugiere Hegel, no es un drama, no es algo conmovedor, es una tragedia. Ambas partes tienen razón, o hay una tensión irresoluble entre Sócrates como individuo, portador de la eticidad y, con ello, del germen de la libertad, y la ciudad de Atenas portadora de las costumbres, la cohesión social, lo establecido. Sócrates, como tábano de Atenas pone en duda los cimientos del orden ateniense. Orden que se ha corrompido puesto que la forma de gobierno ateniense se ha transformado de democracia en demagogia. El gobierno por la palabra y la seducción, en definitiva, el gobierno del rico y el poderoso que engaña al pueblo con la sofística, lo seduce y elimina cualquier posibilidad de virtud. Y Sócrates es consciente de esto, de esta corrupción, de esta demagogia y la denuncia, y al denunciarlo se enfrenta al poder, a lo establecido, a los intereses particulares de los poderosos y a la plebe ignorante que han dejado de ser ciudadanos para convertirse en vasallos. Y los quiere poner, con su picotazo, sobre aviso de que están perdiendo su libertad, que son esclavos fieles e ignorantes de su propia esclavitud. Sócrates es la conciencia de su propia ciudad, es la conciencia que alumbra a occidente y que cada cierto tiempo se apaga porque el pensamiento es secuestrado y se transforma en un pensamiento único dominante que lo nubla todo y que lleva al hombre a la barbarie. Porque Sócrates es el pilar fundamental, acompañado del cristianismo, de la tradición occidental. Es occidente. Y occidente es lo que está hoy en juego. De ahí la tragedia de la muerte de Sócrates, es el hecho ejemplar del enfrentamiento entre el poder y el pensamiento, la fuerza y la razón. Y, como sabemos, a lo largo de la historia de la humanidad, casi siempre ha predominado la razón de la fuerza, frente a la fuerza de la razón. Por eso Sócrates, el pensamiento representan la luz, la Ilustración, un momento de claridad fulgurante que se esfuma en las tinieblas de la barbarie, la ausencia de pensamiento, la superstición y la tiranía de la fuerza.

                Y es eso lo que hoy en día está ocurriendo. Lo que hoy en día llamamos crisis, que no es sólo eso, sino una quiebra del capitalismo global, por tanto una crisis radical y definitiva, una crisis de nuestro modelo productivo que obedece a una cosmovisión, a una filosofía, a una forma de ver el mundo, pues todo ello es lo que está en quiebra. No es posible ni viable el capitalismo por más tiempo, estamos en los inicios del fin. De ahí, que en su sentido profundo y radical sea una crisis filosófica, una crisis del pensamiento. El pensamiento que alimenta a esta forma de organizarse y de ver el mundo se ha agotado por autocontradición. La historia no es viable, es el fin de esta etapa de la historia. Y de ahí que surjan triunfantes ideas del fin del pensamiento y de la muerte de las ideologías para proclamar una ideología triunfante. Ideología que, como vemos, es precisamente la que está en quiebra. Pero los grandes poderosos del mundo quieren mantenerla en pie. Son los que quieren mantener el orden corrupto, degenerado, demagógico establecido porque a ellos les convienen, pero es la ruina de la polis, de la sociedad y, en nuestro caso, de la humanidad y de la civilización. Un mundo insostenible que se apoya en presupuestos y pilares filosóficos inviables. Pero esta filosofía que la sustenta es la que se quiere mantener como verdad incuestionable. Y esa filosofía es la del capitalismo sin bridas, el capitalismo salvaje o el tardocapitalismo. Muchos nombres, tantos como autores. El caso es que esta forma de ver el mundo, esta cosmovisión, que engloba una forma de relacionarnos con la naturaleza que consiste en la explotación del medio que nos rodea, en esquilmar los recursos que nos permiten vivir, una relación de autofagotización, porque devoramos el medio en el que vivimos y que nos permite vivir. Y esto por un lado, y, por otro, las relaciones entre los hombres. Estas relaciones son fundamentalmente mercantilistas. Todo se ha ido reduciendo a su valor mercantil y monetario. La sociedad se ha convertido en unidimensional. Todo se reduce al intercambio monetario. Triunfa la errónea visión darwinista social de las relaciones humanas. Esta cosmovisión, esta filosofía falsa e ideológica es una de las formas de alienación que el poder utiliza para domesticar a la masa, al ciudadano-vasallo. Por otro lado triunfa la filosofía posmodernista, que no es más que una negación de la filosofía, de la razón y del pensamiento. Es el triunfo de la demagogia relativista, el triunfo de la degeneración de la sofística, aquella degeneración contra la que Sócrates luchaba desde la dialéctica, el pensamiento en diálogo y en construcción. Pues bien, este posmodernismo es la justificación de cualquier discurso, el triunfo del relativismo radical que nos lleva a dos epígonos. El triunfo del subjetivismo relativista y la imposibilidad de ejercer el pensamiento porque este relativismo, curiosamente, establece un dogma, ni más ni menos que el de la equivalencia de las opiniones. Y si todas las opiniones son equivalentes no hay pensar, porque no hay diálogo. La demagogia ha confundido el respeto a la persona con el respeto a las opiniones que la persona porta, o mejor, las opiniones que esclavizan a las personas convirtiéndolas en esclavos fanáticos. Siendo esto así, el pensamiento es imposible, ha muerto, ha sido expulsado del ágora y en ella se han instalado las tinieblas del interés particular. Por ello es la muerte de la democracia. Donde no hay pensamiento, filosofía, no hay democracia, donde no hay democracia, no hay filosofía. Y eso es lo que ocurre hoy en día. Y otra consecuencia del posmodernismo es la ausencia de la ética. Todo valor ha sido sustituido por el nihilismo hedonista. El disfrute compulsivo de lo superficial, el valor del consumo, de objetos y personas. Es más, las personas al ser cosificadas por medio del mercado, mercantilizadas, son objetos de consumo, tanto mercantil, como de uso. Porque el valor de la dignidad ha desaparecido frente al del disfrute superficial y transitorio. El hombre se autodevora en una orgia sin fin de placer nihilista. Porque detrás de este placer no hay nada. Salvo el sinsentido de la existencia y el monstruo del deseo no satisfecho. En el fondo y al final de ese desenfreno egoísta-narcisista y hedonista está la nada. Porque en el fondo el monstruo del deseo desenfrenado que es el que el capitalismo ha puesto en marcha con el consumo es un monstruo que se devora a sí mismo. Un monstruo que tras devorar todo lo que le rodea se devora a sí mismo.

Pues bien, al poder, mientras pueda, le interesa mantener esta imagen del mundo y que el ciudadano comulgue con ella. Y nunca mejor dicho lo de comulgar. Porque esta ideología se ha convertido en una religión que unifica toda la realidad social. Es la religión de la globalización, con su catecismo económico neoliberal y con su “moral” posmoderna que es la ausencia de la ética, la ausencia de los valores, de la dignidad y, con ello, de la libertad. Y todo esto es una forma de totalitarismo. Una forma de totalitarismo que tritura al hombre, su propio ser. Elimina la civilización. Y es aquí el campo de juego donde debe intervenir la filosofía. Es más, es este el lugar común del filosofar. Porque filosofar es pensar contra el poder. Desenmascarar las grandes mentiras del poder. Aguijonear a los vasallos para que despierten de su sueño inducido por el poder y se rebelen recobrando su conciencia y su condición de seres humanos, de seres dotados de libertad y de dignidad. Pero, claro, es aquí donde precisamente se libra la tragedia; tragedia urdida por el poder desde hace tiempo. Como decíamos al principio, es la lucha del poder contra la filosofía, el pensamiento. Y lo que le interesa al poder es la muerte del pensamiento. El posmodernismo es una forma de muerte porque trivializa la razón y los valores, después viene la estocada, la eliminación del propio pensamiento por la vía de la enseñanza y del control de los medios de control del pensamiento que crean y modulan la realidad a su antojo. Y en esas estamos, la mosca cojonera es molesta, lo mejor es eliminarla, primero la hemos atontado con esa pseudofilosofia, ahora solo hace falta el zapatillazo final. Y de esta manera el pensamiento sobrevivirá de forma clandestina, como en la época helenística y cual Guadiana se esconderá para resurgir en otro lugar y en otro tiempo. Precisamente tras la quiebra del capitalismo global, como un nuevo paradigma, que como todo nuevo paradigma es un Renacimiento y una nueva Ilustración. Pero nos queda antes la travesía de una Edad Media que comenzó ya hace unas décadas.

Privatización progresiva de la universidad, privatización del conocimiento y del saber. Desigualdad a la hora de acceder al conocimiento. Mercantilización de los conocimientos, todo ello implica desigualdad social y aumento de la brecha entre ricos y pobres y todo lo que ello socialmente conlleva. Hay que apostar porque el conocimiento sea universal, público y gratuito. El conocimiento no puede mercantilizarse ni pertenece a nadie es un bien de la humanidad y hay que crear las infraestructuras sociales y políticas que hagan ello posible. Porque el conocimiento es poder y quien tiene el conocimiento tiene el poder y si éste es el capital, la desigualdad está garantizada. Pues precisamente vamos por el camino contrario; obviamente, estamos en el capitalismo salvaje y la tecnobarbarie, al que aquí sugiero. Mal asunto. Todo se alía con el poder y todo hace que el poder sea más poder y el resto nos convertimos en vasallos.

                               Enseñar filosofía.

                Siempre he seguido dos principios pedagógico que a mí me parecen insuperables. Uno es el socrático y otro es el kantiano. Y eso es lo que he intentado aplicar a mi propio aprendizaje y lo que me ha permitido formarme como filósofo y enseñante y lo que he aplicado en mi actividad profesional en tanto que profesor y, precisamente de filosofía. Pero este método es universalizable. Estos dos principios son el socrático y el kantiano. Sócrates parte de la ignorancia, del sólo sé que no sé nada y, a partir de ahí, inicia la mayeútica que no es más que el dialogo en busca del conocimiento. Un diálogo en el que los que dialogan están sometidos al imperativo de la razón. Es decir, que deben seguir a la razón que, por lo demás, es común a la comunidad de diálogo y, en el fondo, la que hace posible tal comunidad. Pero entiéndase bien esto del imperativo de la razón. Lo que hace posible la comunidad de diálogo es que la razón es común y todos debemos seguirla. Nadie es poseedor de la razón. Ésta es el intermediario entre los dialogantes. Por tanto, los participantes en la comunidad de diálogo, si quieren aprender y abandonar la ignorancia, los prejuicios, las opiniones y las creencias en las que están sumidos y envueltos en tinieblas y apariencias, esclavizados, tienen que abandonar todo ello y seguir los dictados de la razón universal. Y, para seguir los dictados de la razón han de cumplir también un requisito ético, el del respeto. Y aquí entendemos respeto y tolerancia no en un sentido restringido que sería el de aguantar el error ajeno, sino en un sentido profundo y radical. El otro es otro yo, es un sujeto que es un fin en sí mismo dotado, pues, de dignidad. Por eso puede tener tanta o más razón que yo, puede ser alguien que me guíe o me enseñe. De tal forma que el diálogo no es una confrontación de opiniones, creencias o ideologías, sino una investigación, un análisis en el que avanzamos todos juntos, poco a poco, tras aceptar nuestra ignorancia, lo cual la transforma en docta ignorancia, hacia verdades racionales que siempre serán, de alguna manera, provisionales. De ahí que mi otro maestro, además de los dos mencionados, Popper, dijese que educarse es vislumbrar la inmensidad de nuestra ignorancia. Pues educar es hacer ver la inmensidad de la ignorancia en la que el otro está sumido. Hacerle abandonar sus opiniones, sus creencias, sus ideologías, dejarlo en la intemperie y soltarlo en el vacío con el único arma de la razón y la posibilidad del diálogo. Diálogo que ya no nos volverá a llevar a verdades definitivas, se acabaron los dogmas, las ideologías, las creencias. Nos instalamos en la provisionalidad, siempre investigando, siempre buscando, siempre profundizando, siempre desenmascarando las apariencias que las diferentes formas de poder y nuestra pereza nos imponen para conformarnos y llevar una vida fácil. Se acabó la tranquilidad, pero llega el sosiego y la serenidad de la razón, así como la tranquilidad del respeto y la tolerancia. Y en esta situación hay que estar vigilantes ante cualquiera o cualquier poder que quiera ocupar el lugar de la razón e intentar imponer su interés o su verdad particular. Nuestra docta ignorancia nos ha llevado a la provisionalidad del saber, a la inmensidad de nuestra ignorancia a la infinitud de nuestra tarea, al respeto al otro que siempre tendrá algo que enseñarme, porque la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Esa docta ignorancia es un sano escepticismo fiel antídoto contra el dogmatismo y fanatismo de éste derivado. Pero no significa este escepticismo un relativismo. Todo lo contrario, si partimos de la razón vamos contra el relativismo, porque el relativismo es la muerte de la razón. Lo que aceptamos es que la razón no es omnipotente y, por supuesto, que la fe no es alternativa a la razón. La fe es un estado de ánimo, no un modo de conocimiento. Pero la fe tiene ansia de verdad y, precisamente, de verdad absoluta, por ello la fe es un germen de fanatismo y violencia.

                El otro pilar es el kantiano. Y decía Kant que no se enseña filosofía, sino que se enseña a filosofar. Podemos sustituir la filosofía por ciencia, conocimiento, saber, es aplicable a todos los ámbitos. El filósofo, en el sentido que lo venimos entendiendo, que es la única manera que hay de ser filósofo y, de paso, enseñante, es enemigo de las doctrinas y pensamientos dormidos. Las doctrinas, las escuelas de pensamiento, por sí mismas están muertas. Lo único que generan es su adhesión o rechazo, es decir, pura creencia e ideología. Por eso no se enseña filosofía, sino a filosofar. Es decir, a vérselas, cara a cara, con las diversas doctrinas, ideologías, opiniones y creencias, que deben ser sometidas al escrutinio de la razón. El filósofo carece de doctrina, carece de sistema, el filósofo va más allá de todo ello, piensa sobre todo ello, ve sus ventajas y peligros, anuncia sus conveniencias e inconveniencias, pero no participa de ninguna de ellas, porque ninguna agota la realidad, ni ninguno de los planos o dimensiones de la realidad. Y este filosofar es el llamado pensar. El filósofo enseña a pensar críticamente y ya digo que esto no es exclusivo del filósofo, sino del buen científico, del buen artista, del buen político. Todo lo contrario a esto no es más que dogma, creencia, ideología y opinión. Y la filosofía es un instrumento de destrucción de todo esto, porque todo esto no es más que esclavitud. De ahí que el filósofo, siguiendo ahora a Nietszche, sea dinamita. Filosofar es, de alguna manera o de manera radical, puesto que la filosofía es un saber radical, que diría Ortega, una actividad peligrosa o como se dice ahora en este mundo de consumo superficial, lo contrario de radical, una actividad de riesgo. Filosofar es destruir toda forma de totalitarismo. Y toda creencia, toda opinión consuetudinaria o vulgar, toda ideología…no son más que formas de totalitarismos. Totalitarismos que tienen un sentido para el poder porque es éste al que le interesa esclavizar. Por eso el filosofar es una actividad de liberación, es la máxima forma de expresión de la libertad, el pensar. Y es ésta la actividad del filósofo en tanto que filósofo (en su biografía) como en tanto que enseñante. El filósofo ofrece los instrumento y el andamiaje para el pensar, para la búsqueda de la libertad y la huida de la ignorancia. Y este andamiaje es fundamentalmente la historia de las ideas y el uso de la razón crítica, pero una vez que se dominan estos instrumentos el filósofo debe andar sólo. Ha dejado de ser un aprendiz. Y ese es el objetivo del filósofo en la enseñanza, hoy más difícil que nunca. Porque los ciudadanos-vasallos son felices o aparentemente felices y carecen absolutamente de conciencia de su esclavitud. Los mecanismos que el poder utiliza para producir este estado de alienación son ubicuos y la lucha del pensamiento contra esta ignorancia-esclavitud superlativa es titánica y quijotesca. Y esto sí que nos puede llevar al fin de la historia o a una nueva edad media, que es lo mismo. La ausencia del  pensamiento o el triunfo del pensamiento único. Y por eso la filosofía, en el mundo de hoy, y en el que los poderosos quieren construir es un estorbo. De ahí que los sistemas de enseñanzas no estén dirigidos a formar ciudadanos, sino a la empleabilidad. Y, claro, si esto es así, y el poder es omnímodo, pues sobra la filosofía, la historia y muchas otras cosas más…

«Las cuestiones filosóficas, en cuanto las reduces al ponerlas a hervir, cambian su aspecto totalmente. Lo que se evapora es lo que el intelecto no puede apresar».

Ludwig Wittgenstein

Efectivamente, se convierten en cuestiones cuya solución sólo se puede mostrar, como el mismo autor dice, no demostrar, que es el caso de los problemas científicos. El bien, la justicia, la belleza, el sentido del mundo, de la vida, de la historia, la trascendencia, todo ello es lo verdaderamente importante o lo que verdaderamente nos importa, pero ello está dentro de lo inefable, no se puede hablar de ello, sólo mostrar. Así pensaba, ciertamente, uno de los mayores genios del siglo XX. Y la filosofía cuando intenta solucionar estos problemas cae en sinsentidos, en enredos del lenguaje. Por eso la filosofía debe ayudarnos a salir de los enredos del lenguaje y a mostrarnos el camino de lo mostrable y diferenciarlo de lo demostrable, el ámbito de la ciencia. La filosofía, en ese sentido, es una terapia contra los problemas filosóficos, que no son en realidad problemas, sino pseudoproblemas debidos a un mal uso del lenguaje. Así, de esta manera, recoge, y sin saberlo, el aspecto terapéutico que el pensar filosófico tuvo en sus orígenes. Tenemos el caso paradigmático de un Sócrates o del mismo Diógenes el perro.

Hoy en día los supuestos intelectuales, artistas y demás caterva están domesticados. Forman parte del sistema. El PSOE hizo una buena labor. Al PP no le ha hecho falta porque sus intelectuales son de fuerte ideología y fieles hasta la muerte. Además el sistema ideológico intelectual mundial les acompaña. Los intelectuales hoy en día son outsider. Están fuera de los circuitos de los grandes medios de control de las conciencias. Son pequeños desconocidos. Células embrionarias que viven a la sombra del poder y vociferando contra él. Son resistentes. Forman parte de una resistencia contra dodo lo establecido, son críticos, no creativos, ya llegará la creación, son insumisos e indomables, solitarios que vociferan en la plaza pública contra las mentiras que emanan del poder. Son defensores de los valores del pasado, son considerados reaccionarios y extremistas, cuando no locos y sinsentido. El mundo ha creado un sistema cultural que lo engulle todo. El intelectual de hoy en día tiene que estar continuamente cambiando, ser un escéptico de servicio, como diría Ciorán. Un desesperanzado pero con apariencia de esperanza. La condición humana, visto lo visto, da poco de sí, o mucho, según se mire. Ha conquistado el planeta fagocitándolo (aquí el fondo naturalista biológico del problema ecológico, no de la pseudoreligión de la ecología que el poder nos administra para adocenarnos y mantener nuestras conciencias domesticadas) El intelectual es un disidente. Poco queda por hacer cuando una sociedad considera que ya no existen los intelectuales y eso lo dicen los que se llaman intelectuales pagados por el poder, columnistas, articulistas, tertulianos y toda esa miseria intelectual que nos rodea. Y mientras tanto las facultades de humanidades y de ciencias básicas dedicadas a los suyo, sobre todo los humanistas, a perder el tiempo en doxografía. Una renuncia nefasta al papel que la sociedad exige de ellos. Merecen desaparecer. En verdad, para lo que hacen quizás no esté mal pensado lo de Wert. El filósofo, el intelectual por excelencia, o sigue el ejemplo socrático y perruno de Diógenes adaptado a las nuevas formas o es un profesional. Lo mismo que los profesores de filosofía (me refiero a los de secundaria) o son filósofos e intentan producir un estado de conciencia que permita al alumnado salir de su estado de alienación, consiga lo que consiga, o no son más que profesionales de la enseñanza. Otra renuncia, tal y como están los tiempos, que viola el deber de ser ciudadano y filósofo.

Como siempre las críticas de Bueno son agudas, esclarecedoras y sabrosas. Me quedo con la función de la filosofía como trituradora de la realidad del presente. La filosofía como crítica de los totalitarismos presentes: el científico, el religioso y el político. La filosofía, en definitiva, como un pensamiento contra el poder. De ahí, que ciertamente, las reivindicaciones de la importancia de la filosofía caigan en una contradicción en la medida en la que consagran ciertos totalitarismos, como es el político (los derechos humanos y la democracia) e, incluso, el científico. Ello es cierto. Y el poder lo sabe. De modo que, la filosofía no sirve de nada, puesto que eso ya lo sabe todo el mundo, porque viven inmersos en esa creencia totalitaria. O bien, la filosofía es concebida como crítica y trituradora de los discursos totalitarios, que no son más que los discursos del poder y, entonces, es peligrosa, luego hay que eliminarla. A los filósofos nos parece que precisamente por eso es esencial, pero al poder le parece que es prescindible o por inútil o peligrosa. Desde luego que es necesaria una formación filosófica de la juventud, que duda cabe, pero eso si se pretende un mundo lo más libre posible. Pero eso no es nada que persiga el poder, ni siquiera aquellos que defienden a bombo y platillo los derechos humanos y la democracia. Y, por eso, también sería bueno recordar aquí el debate entre Sacristán y Bueno sobre la enseñanza de la filosofía. Y, por último, también sería bueno recordar aquí la salida de los cínicos como otra forma de hacer filosofía fuera de la academia. La secuela de Sócrates se divide en dos, la platónica, que funda la academia y la enseñanza reglada, después con su discípulo Aristóteles, y la filosofía callejera antiacadémica, deconstructora y crítica del poder y de todo lo establecido y esa es la línea que llegará a los cínicos. ¿Cómo se puede ejercer esta filosofía trituradora dentro de la academia? Y, ¡cómo se puede convencer al poder de que es necesaria?

 

                               Ilustración, libertad y felicidad.

La ley más importante de todo nuestro código es la que permite la difusión del conocimiento entre el pueblo. No se puede idear otro fundamento seguro para conservar la libertad y la felicidad…el impuesto que se paga para la educación no es más que la milésima parte de lo que se tendría que pagar a los reyes, a los sacerdotes y a los nobles que ascenderán al poder si dejamos al pueblo en la ignorancia. Thomas Jeferson.

                Es indisociable en una sociedad sana la unión entre el conocimiento, en el sentido de ilustración, la libertad y la felicidad. Lo que el pueblo quiere es felicidad. Pero hay que tener cuidado con ella. Se nos vende la felicidad como mera diversión, como una forma de alienación por parte del poder que sólo tiene como misión el control de la ciudadanía. Pero la felicidad es más y va unida, indisolublemente, al conocimiento. Es el conocimiento el que nos lleva a la libertad y es esa libertad la que nos proporciona la felicidad. Porque la felicidad es ser dueño de uno mismo, poder realizar un proyecto de vida personal y social. La felicidad es lo contrario de la esclavitud. Y me refiero a esclavitud en el sentido de que uno no sea el dueño de su proyecto de vida personal y obedezca, sumiso e inconsciente, la voluntad del poder.

Pero lo que le interesa al poder es el control de los ciudadanos. Es la única manera de preservar el poder. Y la manera más fácil de controlar al ciudadano es por medio del control de la educación y de los medios de comunicación de masas. Por eso toda reforma educativa tiene una intención ideológica y política. Lo que le interesa al poder es crear un tipo de ciudadanos, que en realidad no lo serán, sino que serán súbditos, que realicen la función social para la que han sido diseñados. Y que la realicen conformes e inconscientes de manera que no puedan ni plantearse que existen otras formas de existencia. Lo que el poder pretende es que el ciudadano no conozca otras formas de existencia. De esta manera el ciudadano cree diseñar y ser el artífice de su propia existencia, cuando en realidad obedece a los designios marcados por el estado. La educación es el vehículo principal de la libertad, el conocimiento y la felicidad. La felicidad nos viene dada por lo que nosotros queremos hacer de nuestra propia vida, no por lo que otros hacen de ella desde fuera. El conocimiento es el que nos hace libres. Porque conocer es iluminar la luz sobre las cadenas que nos mantienen atados y amordazados. Conocer es desenmascarar al poder. Al poder político, económico y religioso. En realidad todos se funden en una religión que crea un modo de vida, una creencia, una forma de estar en mundo que se transforma en hábito y, con ello, en incuestionable

Todo nuestro esfuerzo político tiene que ir dirigido a la liberación de la enseñanza y de los medios de información del poder. Si educación y medios de información caen en manos del poder entonces nuestra libertad y nuestra felicidad son secuestrados. Si no invertimos desde un poder político que emerja del pueblo en educación, entonces los diversos poderes son y se hacen los amos del mundo. Eso es lo que hoy en día está ocurriendo. Y desde un engaño escalofriante y vergonzoso. Se nos habla en las leyes educativas de democracia, libertad, ciudadanía. Pero todas ellas van dirigidas, sin excepción, a la domesticación del ciudadano. A convertirlo en instrumento de consumo del propio sistema. Es decir en un instrumento que es devorado por el sistema. Su vida es planificada desde antes de terminar sus estudios. Y con la apariencia de que todo se hace desde la libertad del propio individuo. Si queremos libertad y conocimiento debemos controlar los medios de información, de lo contrario serán controlados por las distintas formas del poder y nos ofrecerán su mundo, como el único mundo posible, como la única ventana desde la que se puede mirar. Es evidente que, tanto la educación como los medios de comunicación, no vamos a ser ingenuos ni nos vamos a engañar, están en manos de las diferentes formas de poder, luego nuestra existencia está sumida en la ignorancia, la esclavitud y la infelicidad (o, si quieren, existencia inauténtica) de nosotros y de nuestra voluntad depende la conquista de la Ilustración el conocimiento, la libertad y la felicidad.

                               ¡Ya está bien!

El deber de un patriota es proteger a su pueblo de los ataques de su propio gobierno. Thomas Paine.

                Es algo meridianamente manifiesto que no vivimos en una democracia. Y todo régimen contrario a una democracia es un totalitarismo. Y todo totalitarismo es una forma de abuso de poder de los gobernantes sobre el pueblo. Es menester hacer ver esto a la ciudadanía que, por cierto, ha dejado de ser ya ciudadanía. Y es necesario que se tome conciencia profunda y exacta de ello, porque cuando se deja de ser ciudadano se es un objeto instrumentalizado por el poder, por los que mandan. En este caso nuestros gobernantes. Y no tenemos más remedio que decir esto a las claras, sin tapujos, sin partidismos y sin afán de ofender, sino con la intención de despertar las conciencias durmientes. Conciencias que retozan en una ilusión, mientras a su alrededor empieza a emerger la miseria. Mientras a su alrededor cada vez nos queda menos terreno. Nuestros gobernantes nos han usurpado el poder y lo están haciendo de una forma zafia, hipócrita, de mal gusto y embustera. Nos están haciendo creer que no existen alternativas. Y esto es ya un ataque contra la esencia misma de la democracia que es la posibilidad del diálogo entre alternativas. Falso, nuestros gobernantes nos están engañando porque no son ellos ni siquiera nuestros gobernantes, sino que nos mandan desde fuera. Ellos obedecen y no siguen sus programas, sino el programa económico marcado para Europa desde la llamada troika: Bruselas, el BCE y el FMI. Estos son los que mandam pero ni siquiera aquí se acaba la cadena de mandos, estos siguen una doctrina económica estricta. Lo siguen tal cual es, un dogma religioso, no una ciencia. Y no lo digo yo, sino ilustres economistas que han llegado a lo más alto y ven la política económica mundial un caos que nos lleva a la debacle en cuestión de pocos lustros. Estos organismos, en el fondo, obedecen a una serie de personas, entidades físicas, que son los verdaderos amos del mundo, un puñado de ricos que ha especulado con el dinero, la economía financiera, y que han establecido como dogma una forma de entender la economía y sólo una que es la que se aplica y la que se enseña en las universidades y las escuelas de negocios y comercio. Esos señores controlan la economía mundial y han puestos sus reglas. Reglas que no son más que las reglas del más fuerte. Han reeditado el falso concepto darwiniano de la supervivencia del más fuerte y de la competitividad hasta la muerte, cuando la evolución es, por el contrario, más colaboración que competencia.

                Pues bien, nuestros gobernantes obedecen a tales instituciones que en el fondo siguen las reglas impuestas por los grandes amos del mundo. Estos nuevos amos del mundo nos llevan a una nueva edad media (sin riqueza, sin derechos y sin posibilidad de pensar) a una polarización de la población en la que habrá unos pocos muy ricos y el resto semiesclavos privados de derechos y riquezas. Pero lo apabullante de todo ello es la indiferencia del llamado pueblo, que ya no lo es, porque es dócil, obediente, sumiso y cobarde. El margen que nos queda es la calle y hay que tomarla y el otro margen que nos queda es la desobediencia civil y hay que llevarla a cabo. Cuando un gobierno te asfixia tienes que rebelarte, la rebelión es tu deber y tu derecho. Porque el poder no tendrá reparos. El poder utilizará toda su fuerza para oprimirte y utilizará toda su fuerza para deslegitimar tu protesta, para criminalizar tus actos, al final los prohibirá en aras de una supuesta regulación de los derechos de todos. Mentira. Al poder nunca le interesa salvaguardar los derechos, al poder le interesa salvaguardar su propio poder. El pueblo tiene que actuar, tiene que denunciar las mentiras y los engaños del poder. Tiene que plantar cara a la chulería de sus gobernantes políticos. Unos pocos están usurpando nuestros derechos conquistados durante doscientos cincuenta años. Y eso derechos no han sido un regalo, sino fruto de las luchas y las desobediencias. Y ha corrido mucha sangre y sufrimiento para gozar de seguridad, tranquilidad y todo eso que llamamos estado de bienestar. Eso no podemos dejar que nos lo arrebaten. Todo eso se mantiene con dinero público. Dinero público que nos están robando ese puñado de ricos mafiosos y que nuestros políticos, los que nos gobiernan, lo están permitiendo. Pero no sólo lo permiten, sino que crean las leyes, normativas y decretos para que todo sea legal y más fácil. Es una estafa que nos está llevando a la ruina. Y si no hacemos nada pues llegará el momento en el que sea tarde. Porque miren ustedes, esto no es una crisis esto es el comienzo del final del capitalismo, la quiebra del capitalismo global. Y los ricos han salido como las ratas cuando el barco se hunde. Y quieren llevarse, arrastrar todo lo que puedan y es lo que están haciendo. Porque la verdadera crisis está en el gran problema global, dentro del que está la crisis capitalista, el problema ecosocial. Las energías se acaban, los alimentos y el agua también, el cambio climático es imparables, la política internacional no hace nada para evitar este terrible problema que en cien años hará gran parte del planeta inhabitable. Estos grandes ricos, los nuevos amos del mundo, se preparan para un escenario venidero dantesco e infernal. La lucha por una supervivencia de unos pocos de seguir así las cosas. Por eso es nuestro deber protegernos de nuestros gobernantes y este deber consiste en echarlos.

Algunos biólogos mantienen una tesis muy pesimista. Relacionan la inteligencia con la capacidad depredadora. El hombre como ser inteligente es el mayor animal depredador; ha acabado con su entorno y está acabando con su propia especie. El índice de supervivencia de una especie es de unos cien mil años, justo los que nosotros tenemos. El futuro es oscuro y peligroso y nada está a nuestro favor salvo nuestra voluntad, nuestra capacidad de pensar y crear y nuestro deseo de ser libres.

 Un señor de unos 70 años viajaba en el tren, teniendo a su lado a un joven universitario que leía su libro de Ciencias. El caballero, a su vez, leía un libro de portada negra. Fue cuando el joven percibió que se trataba de la Biblia .
Sin mucha ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del viejo y le preguntó:
- Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?
- Sí, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado?
- Pero claro que lo está. Creo que usted señor debería estudiar Historia Universal. Vería que la Revolución Francesa , ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía de la religión.
Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. Usted señor debería conocer un poco más lo que nuestros Científicos dicen de todo eso.
- Y... ¿es eso mismo lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?
- Bien, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material científico por correo con la máxima urgencia.
El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose peor que una ameba.
En la
tarjeta decía:

Profesor Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia
'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios.
Mucha, nos aproxima'.

Dr. Louis Pasteur (1822-1895)

P.D.: El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente.

 

En primer lugar no entiendo bien la P.D. me supongo que se referirá a la ironía socrática, el sólo sé que no sé nada y que luego sale triunfador en cualquier diálogo. Pero en la posdata hay un tanto de condescendencia o superioridad que, en la ironía socrática no existe. Por el contrario. La ironía socrática parte del reconocimiento de la ignorancia como la posibilidad de enseñar y aprender. Sin embargo, en la P.D. hay como un regodeo en un supuesto saber que no tiene como fin el enseñar. Y, pienso, todo saber cobra su sentido en el hecho de ser un saber enseñado. Como precisamente ocurre en el final de su leyenda. El señor Pasteur intenta enseñar desde el reconocimiento de la ignorancia desenmascarando la prepotencia del saber del joven.

Segundo, la leyenda es un claro ejemplo del cientificismo una visión filosófica de la ciencia que crearon los científicos del final del XIX y principios del XX y que proclamaban la validez universal de la ciencia frente a cualquier otro discurso. Con ello anulaban la validez de todo discurso salvo el científico y éste debería reducirse a lo verificable. Fue Popper el que desenmascara esto en la “Lógica de la investigación científica” y demuestra que lo que caracteriza a la ciencia no es su verificabilidad, ésta se transforma en grados de corroboración, por tanto probabilidad, sino su refutabilidad. Y de ahí nace el método científico moderno, el hipotético deductivo. Y, añade que incluso los discursos no refutables, como el derecho, la filosofía, el arte, la ética, la religión, la política…tienen sentido, algunos de ellos son saberes racionales, igual que la ciencia, aunque no refutables, como es el caso de la filosofía, o la ética o el derecho…en fin que todos ellos tienen sentido y constituyen un saber, también la religión. Ahora bien, el saber de la religión no tiene que ver con la verdad, eso está dentro del ámbito de la ciencia. Y no porque la ciencia sea la verdad, sino porque una de sus características es la búsqueda de la verdad. Como dice muy bien el físico y filósofo Bunge “hay más verdades en una guía de teléfonos que en toda la ciencia junta, ahora bien, una guía de teléfono no es ciencia” él define a la ciencia en una n-dupla de doce caracteres entre los cuáles está la búsqueda de la verdad. Por ello, insisto, el joven representa la versión cientificista. Que, por otro lado, es una de las perversiones de la razón ilustrada. Hoy en día ya no existe el cientificismo, existe otra creencia, ideología o religión peor, la del digitalismo o tecnocracia o tecnobarbarie, hay muchas formas de llamarla. Es la divinización de la tecnociencia (complejo técnico, científico, político, económico, militar y político) como forma de redención de todos nuestros males. Es decir, la reducción de todos los problemas humanos a problemas técnicos, cuando hay problemas que no son técnicos, sino éticos, políticos, religiosos… Por eso hay que estar avisados de esta nueva religión que, unida al pensamiento único y al tardocapitaismo han creado una religión inconsciente que anula cualquier discurso, no sólo el religioso. Pero, curiosamente, desde una actitud religiosa, pues el común de los mortales acepta esta realidad como creencia.

Y, por último, en la leyenda que se nos cuenta se comete un gran fallo argumentativo, muy común por lo demás, es la utilización del criterio de autoridad. Es decir, se nos dice que si una persona tan inteligente y creativa como Pasteur era creyente, como nos atrevemos a poner en duda su criterio. Hay que tener cuidado con este tipo de sofismas, como con una veintena más de los que se utilizan en los diferentes discursos y que se estudian o estudiaban en la filosofía de primero, antes de la mariconada de la ciudadanía, y ahora con la LOMCE dentro de unos años este discurso no tendrá sentido, salvo para unas élites bien educadas y selectas. Pero éste es otro tema. Por eso Aristóteles, estando en desacuerdo con su maestro y amigo Platón dijo, soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad. Y sin embargo toda la tradición de la escolástica cristiana traicionó su espíritu, entre otras cosas que no vienen al caso, cuando se le consideró El Filósofo, así, con mayúsculas. Y cualquier discusión o prueba se zanjaba precisamente de esa manera, lo ha dicho El Filósofo, refiriéndose a Aristóteles.

                Pero independientemente del argumento de autoridad sí es muy cierto que existen científicos creyentes y, es más, brillantes científicos creyentes. Muchas veces se ha planteado esto como un problema y en verdad ha sido un problema para el ateo. Pero este problema tiene su solución en la teoría de la evolución y en las neurociencias modernas. Primero, la creencia es un mecanismo adaptativo que ha triunfado enormemente, tanto que nos ha permitido sobrevivir, por ello se ha heredado. Todos utilizamos más la creencia que la razón. Nuestra razón es de uso limitado. La creencia puede generar discursos mítico-religiosos o aplicarse sólo al ámbito cotidiano. La cultura heredada tiene su origen en el mito y la religión, estas formas culturales son adquiridas y moldean nuestro cerebro, que está preparado de serie para ello, en el proceso de socialización y eso es una condición ya para toda nuestra vida. Pero lo que está a la base y es lo que dice el neurofisiólogo Francisco Rubia, es una doble capacidad, la racionalidad, tanto lógico matemática, como emocional y afectiva o ética, como la creencia. Ambas funcionan en redes neuronales distintas, que pueden interactuar, pero que no se bloquean, ver “El cerebro nos engaña”. Por eso recomienda y abre un campo de investigación inmenso e interdisciplinar que es realizar una epistemología filogenética del conocimiento.

Gracias y ha sido un placer.

“La única cuestión filosófica de relevancia es el suicidio.” Albert Camus. El mito de Sísifo. La vida no tiene sentido, como nos muestra el mito. Por eso es en cada nuevo día y en cada momento en el que tenemos y nos vemos obligado a darle sentido. De lo contrario tenemos esa ancha puerta, que decían los estoicos, que es el suicidio. La vida es un sinsentido y, en la medida que es tal y si la vivimos, es una creación, una donación de sentido, una tarea, que decía Ortega. Un reinventarse continuo. Un ejercitarse en las pasiones, que decía Don Quijote, inventarse pasiones por las que poder vivir. Porque la vida es pasión y razón pasional y, más aun, razón ética. Y la razón ética es la donadora de sentido, libertad y dignidad.

El inicio de la barbarie y el fin de la filosofía.

                Quiero sostener aquí que existe una relación necesaria entre la barbarie y el fin del pensamiento o de la filosofía. Y quiero decir que nuestra crisis económica, ya larga, tiene sus orígenes más lejos todavía, hace unas décadas y que hace cuatro décadas se tomó como decisión seguir un modo de pensamiento que después, con el tiempo, se ha ido perfeccionando. Y que ese modo de pensamiento llevaba aparejado el fin del mismo pensamiento. Y eso es en lo que nos encontramos ahora. La crisis europea es una crisis del pensamiento, de la filosofía que sostiene y estructura nuestra visión del mundo y le otorga valores a través de los cuáles se producen y vertebran nuestras relaciones con los demás y con el propio mundo. Por tanto es una crisis filosófica y ética. Pero que en el fondo obedecen a una falsa filosofía y a una falsa ética que nos llevan a la barbarie. Y la barbarie son los totalitarismos, el fascismo y la ausencia del pensamiento. Es decir la pérdida de la ciudadanía, la libertad, los derechos y la caída en la sumisión y el vasallaje. Es eso lo que se ha iniciado hace unos años y es esto lo que se refleja en la eliminación de la filosofía y la ética en los planes de estudio de la nueva ley educativa que se quiere promover. La ley es una consecuencia directa de esa falsa filosofía, la filosofía del mercado y de la reducción de los valores a los del consumo, el éxito, la fama, el tener, el hedonismo superfluo, el egoísmo ramplón y la inconsciencia de pertenecer a la polis, al estado. Es decir, la falta de pensamiento y de ética.

                El pensamiento es la gran apuesta de occidente, el gran invento griego. El pensamiento, el logos, nació como la capacidad que el hombre tiene por medio de su razón y su crítica de entender el mundo y ordenar el estado. Es el milagro griego. Es el origen de la civilización frente a la barbarie. Porque el logos, la razón, el pensamiento, sustituyen al poder de la superstición, al poder del más fuerte, a la tiranía,… El logos nos permitió entender el mundo, explicarlo desde la razón, comprender las fuerzas que lo gobiernan. Y ello nos hizo libres, tanto de la tiranía del mundo, como de la tiranía política de aquellos que utilizaban la ignorancia del mundo para inventar mitos y supersticiones que no tienen otro objetivo que el dominio y la explotación del hombre.

                Por eso, la filosofía nos ayuda a comprender el mundo, es la madre de las ciencias y su guía. Porque la filosofía es cosmovisión, te ayuda a tener una visión global e integradora del saber. Es una disciplina absolutamente necesaria en el mundo de hiperespecialización en el que vivimos. Nos aporta una luz general y un poco de orden y de sentido común que nos permiten no perdernos en el marasmo de la especialización y del saber hacer, frente al mero saber por el hecho de saber. La filosofía también nos ayuda a entender la ciencia, a plantearnos sus relaciones con otros ámbitos de la sociedad, porque la ciencia no es neutral, la ciencia actúa dentro de un complejo industrial, político, social y militar. Y la ciencia, tampoco está exenta de valores. Y los valores son un objeto propio de estudio filosófico, concretamente la ética. La ciencia nos enseña cómo es el mundo y su aplicación, que tiene mucho que ver con lo político, con lo empresarial y económico, y con lo militar, nos permite gobernarlo y aprovecharlo. La filosofía nos permite entender este fenómeno. Y la ética, como saber normativo que es, nos permite valorar el saber tecnocientífico. Lo cual es algo importante porque de esta manera la ética es una guía sobre el deber ser de la ciencia, ya que la ciencia no puede estar en manos sólo de la política económica y del mercado. De esta forma la tecnociencia se convierte en un instrumento del poder que aliena al hombre y le sirve al propio poder para tratar al hombre como un instrumento y a la naturaleza como objeto meramente de explotación. La filosofía es un saber que nos hace pensar sobre todo esto y que nos sirve para entender mejor la ciencia y con ello entender mejor a la sociedad y evitar los males, por un lado, de los aprendices de brujo y, por otro, de la ambición de los poderosos y de los ricos. La filosofía nos da una visión integradora de la ciencia en tanto que es conocimiento del mundo y también acción sobre el mundo. También nos ofrece una visión integradora del mundo porque la filosofía es un discurso de segundo orden que, partiendo de las ciencias, nos ofrece una visión global y unitaria del mundo. Le otorga un sentido que la ciencia, como saber sólo teórico y absolutamente especializado, no le da. Pero sí la filosofía, porque ésta en tanto que ética se permite valorar. Por eso la filosofía es un saber necesario que nos permite una unificación del hombre y el mundo, que nos aporta un sentido dentro del mundo y la sociedad. Pero un sentido racional que excede la opinión, la creencia y la superstición. Un saber que va más allá de lo obvio, de las apariencias y de las meras opiniones. Por eso la filosofía es un saber civilizador que nos hizo salir de la barbarie en la que triunfa la fuerza, el desorden, el caos, la superstición. Un mundo -el de la barbarie- en el que no existe el pensamiento, sino la fuerza, un mundo oscuro, una caverna llena de sombras y temores. Un mundo gobernado por el miedo y el pavor. De ese mundo salimos y nos sacó la filosofía. Y a ese mundo nos hemos empezado a dirigir en las postrimerías del siglo XX y los inicios del XXI. Por eso el inicio de la barbarie es el anuncio de la muerte de la filosofía. Y por eso nuestra crisis es filosófica y de ahí que sea absolutamente urgente su recuperación. Porque la filosofía es libertad y lucha contra la tiranía de cualquier orden.

                Y de ahí que la filosofía esté causalmente vinculada a la democracia. No hay democracia sin filosofía, ni filosofía sin democracia. Por eso no ha de extrañar que sea en un momento de déficit absoluto de la democracia cuando se plantea la eliminación de la filosofía. Hay que eliminar ese rescoldo de pensamiento para que no renazca una democracia sana que no esté secuestrada por los poderes económicos, mediáticos, políticos… La democracia aparece en Grecia de la mano de la filosofía y la filosofía se desarrolla en Grecia dentro del ámbito político de la democracia. Democracia es diálogo. Que el logos, la razón es común, no relativo. El relativismo es otra forma de muerte de la democracia, si todas las opiniones son iguales, si todas son equivalentes, al final la opinión que sirve es la del más fuerte, he aquí el fascismo emergiendo de la propia democracia. Y eso es hoy en día lo que ha ocurrido cuando se ha establecido la equivalencia de las opiniones. Se ha eliminado el pensamiento y con él la filosofía. Se ha eliminado, en definitiva, la democracia. Se nos ha confundido por parte del poder político y se nos ha hecho pensar en una equivalencia que no es tal, la supuesta equivalencia entre la libertad de expresión y el respeto de las opiniones. Pues no, una cosa es la isegoría, la libertad de expresión, y otra el respeto a cualquier opinión. Lo que la democracia y la filosofía que la sustentan nos dicen es que lo respetable son las personas y que las opiniones son para debatirlas. El respeto a las opiniones por ser tales es la pérdida del diálogo, el pensamiento y, con ello, abrir la puerta a la opinión del más fuerte. Es decir, a la tiranía. Es abandonar la civilización para caer en la barbarie. Barbarie tecnocrática, precisamente, que es en la que nos encontramos por el engaño del poder que nos ha hecho abandonar el pensamiento. Y por eso defendemos aquí la vinculación causal de democracia y filosofía. Sin filosofía no hay democracia y sin ésta lo que hay es barbarie: fascismo, totalitarismo, tiranía, absolutismo, fanatismo, violencia…hoy en día nos encontramos en una barbarie tecnocrática y un fascismo del mercado, una ausencia de valores y de ética y una democracia de papel.

                Y otra de las características, por último, de la democracia, por la cual nos civilizamos, es la isonomía. La igualdad ante la ley. Todos somos iguales ante la ley y la ley tiene su origen en el pueblo. La ley no es arbitraria, no depende del poder del más fuerte, ni del más rico, ni del clero. La ley emana del pueblo y nadie está por encima de la ley. Esto es lo que nos enseña la democracia y ésta es la conquista filosófica, que tiene como modelo ejemplar a Sócrates, “a las leyes, o se las convence, o se las obedece” que nos saca de la barbarie. Pero hoy vemos que comienza a triunfar la barbarie. Que las leyes no son igual para todos. Que las leyes se hacen con una intencionalidad que no es la del pueblo, sino la de distintos poderes, el político y sobre todo el económico. Estamos en el filo de la barbarie. Estamos al borde del abismo que es el fascismo y la tiranía que emergen del estado de barbarie, la oscuridad de la sinrazón. De ahí la necesidad absoluta del saber filosófico, de la ética, los únicos saberes que pueden revitalizar la democracia. Y de ahí que nuestra crisis sea ética y filosófica. Más aún, es una crisis de nuestra civilización, es el fin del pensamiento y el comienzo de la barbarie.

Eliminan la ética, la educación de la ciudadanía. Hacen equivalente la religión con la ética, pues ésta pasa a ser de oferta obligatoria junto con la primera. Y esto debe ser inconstitucional en un estado aconfesional pero una mierda les importa a estos la constitución como vamos viendo a diario. Y no contentos con el descalabro eliminan la historia de la filosofía de 2º de bachillerato y la ponen optativa. Nada es de extrañar en un gobierno que ha dejado bien claro lo que pretende con la educación. También hay que recordar que el primero que puso optativa la filosofía en segundo fue el PSOE y que después la recuperó el PP y la mantuvo en la LOE el PSOE. No vamos a hablar ya de las virtudes y de la absoluta necesidad de la historia de las ideas, no es el caso. Sólo decir que la educación es un cajón de sastre para estos gobiernos ignorantes que hemos ido teniendo. Que se ha convertido en un arma ideológica con la que atacarse unos a otros, que en lo importante dicen y hacen lo mismo. Siguen el imperativo del mercado y de los psicopedagogos. Que verdaderamente no quieren un pueblo culto, no quieren ciudadanos, quieren vasallos. Pues explicaré filosofía, me pongan a dar lo que me pongan a dar hasta que me echen. Ya está bien de seguir a estos puñeteros burócratas. Que les den. No se puede consentir la religión en los centros públicos. Y cómo se atreven a equiparar el discurso particular de una creencia religiosa con la universalidad de la ética. Están locos y son perversos. Son unos beatos e hipócritas. Siguen al becerro de oro y mantienen la religión en los centros. Qué se querrán ganar, el cielo, no, por su puesto. Son tan listos que saben que el cielo es su cielo y la miseria de los demás. Sus medidas empobrecen espiritualmente, y matan de hambre a la ciudadanía, como matan a los enfermos sus recortes sanitarios. Ya lo he dicho más de una vez, el fascismo económico da paso al fascismo político. Y el paso lo ha dado la derecha reaccionaria, que alberga una ultraderecha de tomo y lomo en su núcleo duro, que padecemos. Y la izquierda de brazos cruzados, cerrando filas ante la vieja guardia, corrupta y sin ideas. Vaya país gobernado por cuatro demagogos votados por millones de ignorantes. Claro, como no van a quitar la historia de la filosofía, si todavía nadie ha refutado la crítica platónica a la democracia como el gobierno de los ignorantes. No vamos a permitir que el pueblo sepa más de la cuenta. Primero, que la democracia es perfectible y segundo que esto no es democracia, que era una partidocracia y ahora es un fascismo del mercado en el que los políticos están perfectamente colocados. En fin, con los recortes y las restructuraciones en todos los sectores del estado de bienestar están abriendo la puerta para echar al funcionariado a medida que al restante lo van reconvirtiendo en obreros de la empresa privada. El progreso de la historia sembrado de cadáveres. Y, en educación los primeros en salir seremos, como no, los que más hemos puesto en duda todo sistema educativo. Se acabó la Ilustración, “critica todo lo que quieras, pero obedece.” Ya ni crítica ni obediencia, expulsión, es lo que nos aguarda. Vamos a perder hasta la posibilidad de la desobediencia que no hemos aplicado por cobardía y por remilgos infundados. Y el profesorado sigue sumiso, el funcionariado paralizado, mientras todo un movimiento político de profundidad lo reconvierte en un obrero explotado y expoliado, más de lo que está en manos del estado. Perdemos derechos sociales y humanos a cada recorte y aceptamos y seguimos votando mayoritariamente al verdugo. Masoquismo del sumiso, síndrome de Estocolmo. Algo habremos hecho, vivir por encima de nuestras posibilidades, verdad, pues, no, hemos hecho el gilipollas. A la mierda todos ellos.

“Docere et delectare”. Cuidado que se ha mentado a la bicha. Qué ambigüedad, qué peligro. La puerta abierta de par en par a los que han destruido el sistema de enseñanza con su teoría de la motivación que se puede reducir a las ciencias conductuales porque es observable, pero olvidaron una de las tres facultades de la psique, la voluntad, porque ésta no es observable y no entra dentro de los cánones del modelo de ciencia positivista. Uno de los errores epistemológicos de la LOGSE-LOE que ha tenido consecuencias horrorosas y que ha generado, posteriormente, una verborrea pseudocientífica de tomo y lomo. Una verborrea que no es más que ideología con la que se ha domesticado a profesores y alumnos durante veinte años. Hay que recuperar nuestra herencia y saber de dónde venimos, pero, previamente hay que desenmascarar la ley de enseñanza y la nueva ley del PP sigue en las mismas. No se puede iniciar una reforma, aunque muy legítima y muy bien intencionada, si no desenmascaramos el gran embrollo ideológico-religioso en el que nos han metido. Todo lo demás, la desaparición de las humanidades, de la ética, la filosofía, las ciencias básicas (que han sufrido mucho más) son cosas que vienen como consecuencia. El sistema no pretende enseñar, no pretende crear ciudadanos, no pretende hacer individuos críticos. Ya el tribunal de la enseñanza no es la razón, sino el mercado. La enseñanza tiene como fin la empleabilidad y si todo lo dicho (filosofía, arte, ciencias básicas, historia, lenguas clásicas…) sobra, pues irá desapareciendo poco a poco o se irá transformando, como ha ocurrido con la filosofía, en algo desvirtuado. Y lo mismo sucede con la ciencia, la dimensión desde la que se explica es desde la mera utilidad, ni una historia, ni una epistemología que nos haga tomar conciencia del hecho de la ciencia. O bien propaganda progresista y triunfalista como es “Ciencias para el mundo contemporáneo.” Antes por lo menos teníamos la “Ciencia, tecnología y sociedad” pero vieron el peligro de la crítica al status quo y la eliminaron. No se puede poner el carro antes que los bueyes.

Ayer se jubilaron dos compañeros y amigos míos con sesenta años. Jubilación adelantada. Dos excelentes profesores, dos profesores con vocación de tal a pesar de la que nos viene cayendo de unos cuantos años a esta parte. Es lamentable ver cómo buenos profesores en su plenitud intelectual, llenos de sabiduría practica que dan los años, buenos conocedores de su materia que han realizados grandes proyectos en la educación, más allá del ámbito de lo exigible al mero funcionario, tengan que tomar la decisión de jubilarse. Dos profesores que aún podrían dar mucho en la educación y que, quizás, el sistema educativo pierda lo mejor que puedan dar. Y todo ello, por qué. Pues no es por pereza de estos, porque lo que quisieran es enseñar. Pero es que ése es el problema, lo que menos se hace ya hoy en día en un centro educativo es enseñar. La educación secundaria se ha reducido a una educación que los padres no dan en casa, eso en primer lugar, una burocracia vacía que es lo que realmente importa a la administración y aguantar a unos alumnos indisciplinados y caprichosos y, ahora, excesivamente numerosos, además del aumento de las horas del profesor, por efecto de la perversa ley que padecemos desde hace veinte años. El profesor ya no enseña, soporta estoicamente las tonterías que se le ocurren en los despachos a los administradores de este engendro y a sus teóricos y que luego recaen en él en forma de burocracia. Soporta la falta de respeto continuada del alumno al profesor, eso que eufemísticamente llaman los pedagogos violencia de baja intensidad que es un insulto a la dignidad humana. La falta de respeto es la consideración de que tú no eres persona, sino cosa. Soporta estoicamente una escala de valores en la que lo que menos importa es el conocimiento y lo que más importa es el éxito fácil y los modelos de este éxito son los jugadores de futbol y demás ralea de famosos con los que se distrae a la ciudadanía de lo importante. Y soporta no enseñar porque resulta que lo que ahora tiene que hacer es enseñar a aprender. Cuándo se darán cuenta estos pseudocientíficos de sus autoengaños, de su retórica hueca y de su daño perverso a la sociedad. Pero sin ellos saberlo es la ideología que el poder utiliza para manejarnos a todos. Al poder económico no le interesa el conocimiento. El conocimiento es el camino de la libertad y, por ello, de la crítica. Al poder le interesa la sumisión. Y, hoy en día, el camino de la sumisión, en una sociedad hipercapitalista, es la empleabilidad. Y ésta, no el saber de nada, ni de ciencias ni de letras, es el objetivo del poder económico. Es el fascismo económico que ha entrado a saco en la educación a través de la ideología posmoderna de los psicopedagogos que han sido su instrumentos, pero ellos se han considerado muy listos. Mientras tanto los profesores nos hemos mantenido en el silencio. Silencio que, como siempre, es cómplice. Nos hemos vendido por un plato de lentejas y ahora nos encontramos con lo que tenemos: el malestar en la educación. Queridos amigos y compañeros, que os vaya muy bien. Los resistentes desde nuestra trinchera seguiremos dando la batalla.

Silencio cómplice y el sacrosanto orden social.

                Vivimos en tiempos de crisis, no sólo de crisis económica, que como ustedes saben, para mí más que crisis es una quiebra del capitalismo global, de nuestro actual sistema de producción. La crisis es más aún, es social, en tanto que tal, es política y ética. El ciudadano se ha quedado mudo ante la crisis. Más aún, el ciudadano ha sido absorbido por el poder como una mercancía más. Su conciencia ha sido absorbida, en eso consiste hoy en día su estado de alienación. Tras la época de consumo compulsivo ha llegado el paro, la miseria y los desahucios. La conciencia del ciudadano se ha quedado paralizada. Y el poder ha aprovechado para instigar el miedo. Al poder le interesa, sea quien sea y venga de donde venga, perpetuarse. Por eso todo poder es reaccionario y derechiza en el sentido de que se hace conservador. Es decir, al poder le interesa más la seguridad y el orden establecido, la normalidad democrática, que de normalidad y de democrática tiene poco, que la libertad. De ahí que intente por todos los medios, por un lado callar a las conciencias críticas, anular los discursos alternativos, y para ello tienen todos los medios de comunicación en su poder y, por otro, instigar el miedo. Porque insisto, aquí coinciden todos, aunque ahora, engañosamente, el partido de la oposición quiera seducirnos con otro discurso. Lo que hemos aprendido hasta ahora es que el oficio fundamental del político ha sido el del engaño, el endiosamiento y la corrupción. Sólo hay que echar un vistazo a la reciente historia. Y no me refiero sólo a la de nuestro país. Por eso es necesaria una refundación de la política y de la democracia. Y por eso estos partidos, los que están en ellos y nuestra constitución, así como la UE, necesitan desaparecer para renacer siendo otra cosa que se parezca algo más a la democracia y en el caso de la UE que se parezca algo más a una unión política que a un mercado. Como digo el discurso del poder, con su base en el miedo del ciudadano, es la defensa de la supuesta seguridad, la normalidad y el orden establecido. El que parezca que todo marcha igual, esa es la normalidad. Y todo ello viene al caso de que en épocas de crisis la ciudadanía se rebela contra, precisamente, ese orden establecido. Y en épocas de crisis profunda se rebela contra las propias estructuras que mantienen ese orden. Y ése es el caso actual. Pero la misión del poder es la del engaño, la de intentar mantener esa supuesta normalidad democrática creando una ficción, el miedo y la confusión en la ciudadanía. Por encima de los derechos fundamentales que son violados por el poder a base de leyes, es decir que se legaliza la desigualdad y la pobreza, se establece para mantener las apariencias de la normalidad, el derecho a ir trabajar. En definitiva, lo que el poder persigue con ello son varias cosas, crear una falsa conciencia en el trabajador, crear el miedo en el que quiere hacer huelga e informar para crear conciencia de explotación y conciencia de fraternidad en el ciudadano y, sobre todo, dividir a los trabajadores. Esa es la estrategia. Y todo en nombre de la sacrosanta normalidad democrática. Pues miren ustedes. Todo es un engaño, una farsa, se tienen que reír de nosotros como bellacos, después de robarnos nuestros derechos y nuestro dinero, conseguidos a lo largo de la historia con sangre, sudor y lágrimas, encima, vamos y los apoyamos. El sector de los funcionarios ha sido ejemplar en esto (después de cornudos, apaleados, es increíble) el engaño surte efecto, el egoísmo, también, como si el puesto de los funcionarios o su sueldo estuviesen garantizados. Pues bien, todos ellos, aquellos que han sido engañados, aquellos que participan en el desmantelamiento del estado de bienestar y privatizan los bienes comunes, todos participan del silencio cómplice, más dañino que la pura acción de los políticos. Porque a los políticos los podemos parar y los paramos movilizándonos. Y no hay cambio sin conflicto. La sociedad, aunque nos pretendan engañar, es una sociedad de clases, éstas no han desaparecido, aunque nos hayan dividido y con la división haya surgido una conciencia distinta en cada sector de los trabajadores. El silencio es cómplice porque deja las manos libres al poder, y el pueblo, cuando el poder se descontrola es el que debe poner en su sitio al mismo poder. No se puede admitir el silencio ante seis millones de parados, no se puede admitir el silencio cómplice ante quinientos mil desahucios más cuatrocientos mil expedientes más abiertos, no se puede admitir el silencio ante el desmantelamiento de la educación pública y la sanidad pública. No se puede mantener el silencio ante el enriquecimiento de los bancos con dinero público, no se puede mantener el silencio ante el pago de la deuda, que procede de pagar con dinero público a los bancos para que no quiebren y ahora desahucian amparados en leyes hechas por los políticos, no se puede mantener el silencio ante la corrupción reiterada de los políticos, no se puede mantener el silencio ante las mentiras de los políticos en sus programas electorales. Si mantenemos el silencio somos cómplices, absolutamente activos, de este mal consentido. Y hemos dejado en manos del poder, allende la democracia, el único resquicio de democracia que nos quedaba, porque la democracia hoy en día es una palabra hueca. Pues bien, fíjense ustedes en la ironía, el sarcasmo y la sinvergonzonería de los políticos, ante esto que no debemos guardar silencio, y una larga lista más, pues a esto es a lo que el poder llama normalidad democrática. La normalidad es el saqueo del sistema económico social por las grandes corporaciones oligárquicas y la banca, y la democracia es que este robo se haga con absoluta normalidad y, además, legalmente, como la ley que regula los créditos hipotecarios y tantas otras leyes más, como la liberación del suelo y demás que favorecen el enriquecimiento de unos pocos y que, en definitiva, han producido la pobreza de muchos y, cada vez más, la miseria de una parte considerable. Por tanto, el deber del ciudadano es la acción. Y la acción requiere el cambio del propio sistema. Esto está agotado. Y no me refiero al uso de la violencia, sino al uso pacífico de la fuerza del pueblo. Es necesario que todo el pueblo esté unido para que la clase política tome conciencia e inicie el cambio de la refundación de la democracia y la propia clase política. Pero mientras que la mitad de la población mantenga este crimen el poder seguirá aplastándonos con su dura bota el grito ahogado de nuestras gargantas.

                Y no puedo olvidar aquí mi denuncia moral contra la iglesia preocupada de la dogmática y olvidada de los pobres. Es increíble, cómo pueden ser creíbles. Mi denuncia a la iglesia, connivente con los crímenes del franquismo, de acuerdo con el gobierno actual que, por supuesto, no le ha practicado ningún recorte; y hay que recordar aquí que este gobierno no ha reconocido la verdad histórica del golpe de estado del 36 que genero una guerra civil con cerca de un millón de muertos de ambos bandos, pero que el ejército vencedor inició un programa de exterminio y genocidio, históricamente probado, consentido por la iglesia. Es bochornosa esta alianza con el partido del gobierno por ganar unas prebendas económicas y un status social. Bochornoso. Es la peor iglesia, la más corrupta, la más hipócrita, la iglesia criminal de la contrarreforma y la inquisición, del genocidio de América. ¿Es ésta iglesia la que quiere enseñarnos moral? Es una desfachatez. Igual que denuncio moralmente a esta iglesia y hago apostasía de ella, alabo la misión de organizaciones eclesiásticas, como Cáritas, que con la voluntad de creyentes de base, inspirados en el principio moral evangélico de la caridad, están haciendo, junto con otros no creyentes un esfuerzo ímprobo contra la pobreza. Es digno de admiración y de alabanza. Aquí se recoge el principio moral básico, el de la caridad. Una gran enseñanza del cristianismo para la humanidad.

Esta caridad se transforma en la Ilustración en el valor moral básico de la fraternidad. La fraternidad es la gran olvidada de la Ilustración. Procede del cristianismo pero visto desde el laicismo y viene a significar que todos somos hermanos lo cual conlleva dos cosas, la igualdad entre todos y, la segunda, la preocupación constante por el otro precisamente porque es mi hermano. Una preocupación real, no una mera solidaridad, que es en lo que se ha transformado en el discurso progresista de la izquierda. La solidaridad es una fraternidad vacía de contenido ético, es un lavado de conciencia. La fraternidad exige la preocupación por el otro, en tanto que el otro es otro yo y sólo me puedo salvar (no me refiero religiosamente, para el creyente, sí) a partir del otro. Es decir, que yo sólo puedo ser un yo a partir de mi relación con el otro; el otro que puede ser un perfecto desconocido, pero es mi hermano. Por eso es necesario recuperar, además de la libertad y la igualdad, la fraternidad. Si la recuperamos no podríamos consentir el mal, no aceptaríamos la barbarie política en la que estamos cayendo, porque, permítanme ustedes que les diga, hemos perdido el norte moral, hemos perdido el sentido de nuestra existencia, nos limitamos a sobrevivir. Cuando se plantea que si una persona compra una casa de más de 160.000 euros se le otorgaría el permiso de residencia hemos caído en la mayor de las alienaciones del hombre. Es decir, que lo que estamos diciendo, además, de abrir las puertas a la mafia y al blanqueo de dinero negro procedente de negocios ilegales, es que uno es persona si tiene 160.000 euros, sino es un ilegal, un sin papeles, un indocumentado que hay que deportar y que no tiene derecho ni a la sanidad. Pues no, la fraternidad nos enseña todo lo contrario. No existen personas ilegales, es una contradicción. Pero el sistema que el poder nos impone, eso que llaman la normalidad democrática, considera que las personas son mercancía y, por eso, un sistema sanitario y una educación privatizados cuadran perfectamente con la visión mercantil de la persona, con la anulación de ésta. Esto es la miseria de la democracia, porque el silencio es cómplice. Y no se puede consentir tampoco que el presidente de la patronal, ante la reforma de la ley hipotecaria, salga diciendo que lo que hace falta es construir más viviendas y aumentar el crédito hipotecario. En verdad, están locos, deliran. Es como el cuento del rey Midas, la ambición y la avaricia los ciegan. Resulta que pone como remedio el mismo mal, cuando en España hay cerca de tres millones de viviendas vacías y muchos, no sé la cifra, disculpen, sin techo. Y a esa es a la normalidad democrática a la que se refieren nuestros gobernantes y el poder cuando nos dicen que el ciudadano tiene derecho a la huelga, pero también a trabajar y que, por tanto, las jornadas de huelgas deben transcurrir con toda normalidad. Es la gran mentira del poder, la mentira del gran engaño del neolenguaje que modula el pensamiento y esclaviza la acción. La normalidad es un crimen organizado. Un crimen que arraiga en dos polos: el primero se encuentra en las raíces mismas del capitalismo y el segundo, en la servidumbre humana voluntaria, en la cobardía. Disculpen, pero cuando callen, no olviden de que todo silencio es cómplice. Y no olviden de lo que es cómplice. Y ya no vale tirar balones fuera, que si los políticos, que si los sindicatos. No. Ahora le toca hablar al pueblo.

Estoy cansado ya de oír el discurso de la normalidad. Del derecho al trabajo y del derecho a la huelga. Eso es un engaño del poder para amordazar a las conciencias críticas, para paralizar las movilizaciones, para canalizar las protestas. A ver cuándo nos vamos a enterar que lo de las clases sociales no es una antigualla, que siguen existiendo los explotadores y los explotados, que hay un enfrentamiento de clases que se quiere ocultar. Esa es la forma ultramoderna de lucha del poder opresor contra la clase trabajadora. Primero la dividen y nos enfrentan a unos con los otros, luego nos engañan haciéndonos pensar que estamos en el mejor de los mundos posibles y que no hay alternativas y, poco a poco, nos van quitando los derechos conquistado con la sangre de miles de hombres ejerciendo no su derecho a la huelga, sino su deber para conquistar la ciudadanía y, de paso, la desobediencia civil, desde hace doscientos años. Todo es una farsa. Hay un conflicto de clases y ese conflicto siempre ha existido en la historia, no se puede eliminar, la lucha ilustrada, no salvaje y revolucionaria, ha sido la que ha hecho posible la evolución y el progreso ético-político de nuestras sociedades. No hay que tener miedo al conflicto, porque el conflicto ya existe. El poder está ejerciendo un genocidio, a nivel mundial, encubierto, desde hace muchas décadas. Ahora estamos viendo como esa miseria se acerca a nuestras puertas. Pero los servidores del poder, la clase política, nos engañan con el sacrosanto concepto de orden público, de normalidad y del derecho a trabajar. La normalidad son seis millones de parados, normalidad son quinientos mil desahucios y cuatrocientos mil pendientes, normalidad es que se saca a los bancos de la quiebra con el dinero público y estos con este dinero llevan a la ruina a los ciudadanos hipotecados. Normalidad es la falta de igualdad ante la ley. Normalidad es que el presidente del gobierno obedezca al FMI, BCE y Bruselas y no a los que lo votaron, normalidad es la ausencia de democracia. Esto es un totalitarismo. Todo empezó por un fascismo económico y estamos llegando a un fascismo político, si es que no hemos caído ya en él. De modo que basta ya de engaños, hay que desenmascarar al poder, filosofar a martillazos, derruirlo todo para hacerlo todo de nuevo. Hoy la política está donde debe estar, en la calle, no en los parlamentos. Los parlamentos no representan a nadie porque ellos no son los que mandan. Aquí no manda el partido popular por imperativo democrático, aquí mandan, entre otros Botín y el presidente de la patronal, junto con unos cuantos ricachones más. Esos treinta políticos que ayer hicieron huelga, para ser coherentes no deberían volver al parlamento. Deberían pedir una disolución de las cortes e iniciar un proceso constituyente. Ése es el primer paso.

Vivimos en un país de locos o de payasos, un país en el que da risa y una profunda tristeza a la vez todo lo que ocurre. Los políticos que hicieron ayer huelga, unos treinta, y no acudieron a su puesto de trabajo, que por lo demás, lo frecuentan poco, pues según ley “en su condición de parlamentarios” no se les retirará el sueldo del día. Mientras tanto los pringaos que fuimos a la huelga en pro de derechos sociales para todos perderemos nuestro sueldo. Por otro lado, un inepto, deja sin la extra de navidad en Extremadura a decenas de miles de ciudadanos, por no saber apretar un puto botón. Es decir, no saber hacer la o con un canuto. Y aquí no pasa nada. Todo sigue igual. Y ahora me dirán que no existe una clase política privilegiada. Dónde está la democracia que exige isonomía (igualdad ante la ley) Esto es una fantasmada.

Un gran ejercicio de autoanálisis. Cuando nos miramos a nosotros mismos encontramos todas las explicaciones del horror de la historia. Esta mañana he sentido una vergüenza infinita, ya ni siquiera rabia. Dónde estaban esos veinte mil interinos menos. Esto explica el mal radical. Piensan esos del sueldecito seguro que la barbarie del genocidio nazi se hizo con unas pocas cabezas pensantes y unos cuantos ejecutores. Pues no, fue un mal consentido y todo fue legal, absolutamente legal y votado democráticamente. El mal radical fue un mal y siempre lo es, como ahora, un mal consentido. Lo que está ocurriendo ahora mismo es todo legal, justificado por las mayorías democráticas. Pero, paradójicamente, esas democracias están secuestradas por el poder no democrático. El poder económico, que no son entes abstractos, sino gente con nombre y apellidos. Los nuevos amos del mundo. Los causantes del genocidio que se está estableciendo por todo el mundo. Primero el capital acabó con el tercer mundo heredero del orden colonial, ahora se está autodevorando tragándose el estado del bienestar. Porque el fin del capitalismo es el crecimiento. Y el crecimiento ya es imposible. Se ha crecido todo lo que se podía, pero de forma desigual, creando muerte y miseria alrededor de los grandes ricos. Y ahora se trata de devorar al estado y de convertir al ciudadano en esclavo, más aún. Ese es el fin. Y los del sueldecito, esos funcionarios insolidarios, que precisamente son los representantes del estado, son el próximo alimento del gran capital. Sus sueldecitos están en peligro. Nada está seguro. Esos acomodados, inconscientes y consentidores del suledecito deben espabilar nadie habrá detrás que les saque las castañas del fuego. En fin, la triste condición humana, la servidumbre humana voluntaria…

La huelga, Juan, no la han promovido esos sindicatos, ellos se han sumado y aprovechado la ocasión. La huelga procede del clamor de la calle. Y la vida no te la vas a ganar con tu trabajo. Tu trabajo te está explotando y te explotará más, tus derechos los vas perdiendo y los perderás más y, al final, te quedarás sin trabajo. Y vivirás semiesclavizado y sin ningún derecho. Y esto es para todos, también para esa inmensa mayoría de funcionarios que se creen seguros y no hacen huelga (después de cornudos apaleados, hay que joderse). Y hoy se protesta por todo, por el hecho de que esos sindicatos no nos representan, también, que los pagamos de nuestro bolsillo y viven del cuento. Contra los políticos que forman parte de los consejos de las grandes oligarquías del mundo que son precisamente los que gobiernan el mundo, los nuevos amos que están más allá de la democracia. Sí, Juan hay que hacer huelga. Y te digo más, hay que ir a la desobediencia civil. Hay que desenmascarar a los políticos, a los sindicatos. Es el momento de rehacer la democracia, la crisis es otra cosa. Pero, por lo menos viviremos mejor sin mentirosos. Juan no se puede adoptar una actitud porque otros lo hagan mal. La lucha por los derechos conquistados y ahora perdidos, y estamos en el comienzo, no es sólo un derecho, es un deber de un auténtico ciudadano. El cartel que has puesto me parece una manipulación de la derecha más reaccionaria, del neoliberalismo que nos transmite un pensamiento único. De los amos del mundo que nos llaman a obedecer sumisos y esclavos. Es un engaño. La huelga no la han propuesto los sindicatos, ha sido el pueblo…y la voz del pueblo es la que cuenta, la que viene de abajo, la de los oprimidos. Ese cartel es una farsa, una estrategia de dominación. Y pienso lo mismo que tú sobre los sindicatos y sobre la subvención a los mismos que dice dicho cartel. Pero me doy cuenta de que es una máscara más del poder, otra apariencia, otro molino que derribar. Hay que estar más atento. No se pueden buscar justificaciones, ni se puede rehuir el deber del ciudadano.

Un debate en torno a un artículo de francisco Rosa en La Gaceta.

  • Juan Pedro Viñuela Rodríguez Buena reflexión, pero la alternativa al liberalismo, mejor neoliberalismo y pensamiento único, pasa por la desaparición del paradigma que ellos representan. Son la última forma del capitalismo. Y es esta forma capitalista la que ha quebrado. No es una crisis más, como sostengo siempre, sino la quiebra del capitalismo global. Y esta quiebra durará décadas hasta que, o bien se sustituya por otro paradigma, el ecosocialismo, (habría que desarrollar esto por extenso, pero no es el lugar), o bien, nos lleve al caos civilizatorio. Al colapso de la civilización. Que no es el fin de la humanidad, sino de nuestra civilización. Lo que ocurre es que, por primera vez, nuestra civilización es global.
  • Francisco Rosa Juan Pedro, sinceramente no creo que esta crisis sea una crisis del sistema capitalista, sino una crisis generada por él para hacerse más fuerte. Solo hay que ver cómo se han cargado el Estado de Bienestar en España, cómo han terminado con muchos derechos laborales y sociales adquiridos hace décadas. El capitalismo no está en decadencia, está en uno de los momentos más fuertes de su historia. Esa es mi opinión.
  • Juan Pedro Viñuela Rodríguez Eso es la apariencia. El capitalismo no se puede entender sin crecimiento. Y el problema no es el de la crisis, tanta crisis nos ha obnubilado. El problema es el modelo de sistema productivo que ha agotado el planeta. Que hemos chocado con los límites del crecimiento. Y al ocurrir esto pues es necesario cambiar del sistema o el sistema colapsa, que es lo que está ocurriendo. De ahí que el sistema esté devorando el estado de bienestar, como ha devorado el tercer mundo y todo lo que se le ponga por delante para seguir creciendo, pero el planeta tiene unos límites y hemos tocado techo en muchos de esos límites. De ahí que estemos ante una quiebra del capitalismo global y al borde de un colapso civilizatorio definitivo. Algo así ocurrió en el fin del imperio romano. Se produjo un colapso que nos hizo retroceder más de ocho siglos. La historia está plagada de colapsos civilizatorios y en ellos intervienen precisamente el sobrepasar los límites. Lo que ocurre es que los límites esta vez son los de la misma tierra. Por otro lado, creo que tienes un prejuicio que es el de pensar que sólo existe el capitalismo. Y esta forma de capitalismo. Existen alternativas al capitalismo y muchas formas de capitalismos. Un cordial saludo.
  • Francisco Rosa La crisis que vivimos no viene derivada del agotamiento de los recursos naturales, eso no se convertirá en un verdadero problema hasta dentro de unas décadas. La crisis actual es producto de la desregulación financiera, que ha servido para que las entidades que operan en este sector saquen beneficio de la ruina de países y ciudadanos, ruina que a la vez se ha utilizado para infligir miedo y anular capacidad contestataria. Y otra cosa, no es que no crea que solo existe el capitalismo, es que defiendo constantemente otros sistemas, como el socialista, a los que considero más justos y humanos. Y eso de que existen varios tipos de capitalismo, lo siento, pero no me lo trago. Capitalismo hay uno, pero con diferentes disfraces. Pero la obsesión por el beneficio, las ganancias y el crecimiento es inherente al propio sistema.
  • Juan Pedro Viñuela Rodríguez Quien ha dicho que la crisis venga derivada del agotamiento de los recursos. Yo no. Lo que sí he dicho es que el sistema capitalista conlleva un problema de relación con la naturaleza que hemos obviado y que está presente ya. El informe del club de Roma tiene cuarenta años y se titulaba “Los límites del crecimiento”. Y los límites del crecimiento son los límites del capitalismo. Por otro lado, estoy de acuerdo cuando dices que el capitalismo solo es uno, eso si lo entendemos en un sentido fuerte. Es cierto, lo demás son disfraces. La esencia del capitalismo es el crecimiento y devorar. Pero entonces el capitalismo europeo, el llamado capitalismo renano, el de rostro humano, el del estado del bienestar que tanto defiendes, igual que yo, es el mismo capitalismo. Entonces yo creo que hay que irse a una definición más débil. Por ejemplo, si pensamos que lo que ha sucedido, además de todo lo que tú muy bien describes, da como resultado el que el poder político ha sido absorbido por el económico financiero, pues entonces un modo de capitalismo humano sería el de la primacía del ámbito ético-político sobre el económico. Y eso se puede conseguir mediante la lucha. Pero, insisto, seguimos en un modelo capitalista que está basado en el crecimiento. Por eso la alternativa tampoco es el socialismo, porque es otra forma de capitalismo social cuyo centro es el crecimiento. Y, el crecimiento, es, literalmente imposible por la ley de la entropía. Recordar la obra fundamental “Economía y entropía” por eso la salida es el ecosocialismo. Pero la izquierda no está preparada para este discurso ecológico que exige una nueva ética y una nueva visión del mundo. El socialismo por sí sólo está anclado en el paradigma anterior, el del crecimiento. Hemos de pasar, como decía Sacristán, del paradigma del crecimiento, al del cuidado. La salida, para mí, es el decrecimiento. E, insisto, éste se dará, y ya estamos en él, o bien de una manera forzosa, o bien dirigido política y jurídicamente. Siento dejarlo ya aquí y si tienes algo que aportar, que me ha parecido todo muy interesante, hasta mañana no podré responderte. Un saludo.
  • Francisco Rosa Eso de que el socialismo es otra forma de capitalismo... ejem, ejem. Socialismo es justicia social, es redistribución de la riqueza, es sobreponer el poder político al poder económico, es expropiar y nacionalizar empresas que no operan en pro del bien común. El socialismo también es promoción de la autosuficiencia intelectual para avanzar en la democracia participativa y, por ende, es democracia. No creo que ninguno de los atributos que acabo de enumerar puedan asociarse al capitalismo. Y otra cosa, yo no defiendo el capitalismo con Estado del Bienestar, sino que, puestos a vivir en esta mierda de sistema prefiero que al menos se asegure a los ciudadanos un nivel mínimo de satisfacción de sus necesidades. Creo que el que peca de prejuicioso eres tú Juan Pedro, dando por hecho que pienso y defiendo cosas que en realidad no pienso ni defiendo. Un saludo y seguimos!
  • Juan Pedro Viñuela Rodríguez Estimado Francisco, tú dices: “Socialismo es justicia social, es redistribución de la riqueza, es sobreponer el poder político al poder económico, es expropiar y nacionalizar empresas que no operan en pro del bien común. El socialismo también es promoción de la autosuficiencia intelectual para avanzar en la democracia participativa y, por ende, es democracia. No creo que ninguno de los atributos que acabo de enumerar puedan asociarse al capitalismo.” Vamos a ver, cuando hablas de socialismo entendiendo éste como redistribución de la riqueza ya estás dentro del marco del capitalismo. Y así ha funcionado el socialismo en las democracias. Todas las democracias occidentales son capitalistas gobiernen o no los socialistas, redistribuyan más o menos. Hugo Chavez sigue dentro del marco capitalista, y es, socialista, en el sentido que tú lo dices y en el que yo lo veo, redistribuye la riqueza, disminuye la pobreza, nacionaliza los recursos energéticos y alimenticios. Socialismo, pero dentro del marco y paradigma del capitalismo. Y esto es así porque el fin es el crecimiento. Y lo que define al capitalismo, su razón de ser, sin lo que no existiría es el crecimiento. Todas las propuestas de salida de la crisis pasan por el crecimiento económico, todas son, pues capitalistas, incluso las que proponen los socialistas de verdad, no los que tienen capacidad de gobernar, a esos no me refiero. La salida, y eso no aparece, aunque existen miles de libros y estudios, pero sólo se vende el pensamiento único, todo está atado y bien atado, es el decrecimiento político. También dices que socialismo es sobreponer el poder político al económico. Pues eso ya lo he dicho yo. Pero eso no es socialismo, eso es algo más amplio, eso es democracia. Cuando un poder, como el económico, usurpa el poder ciudadano, político, entonces desaparece la democracia. Y, perdona, la democracia es previa al socialismo. Dices también, muy acertadamente, o a medias, pero estoy de acuerdo, igual que con lo anterior, sólo que confundes conceptos. O llamamos a las mismas cosas con distintos nombre, que pudiera ser, que socialismo es incrementar la autosuficiencia intelectual. Efectivamente, pero, insisto, esto no es específico del socialismo. Es específico de la democracia. Más aún, específico de la república, que es lo que creo que al final dices cuando hablas de la participación. La autosuficiencia intelectual, es decir, la ilustración, que no la educación, hace a los ciudadanos libres. Y, en tanto que son libres a través del conocimiento pueden dirigir su vida y la sociedad. Y es su deber y su virtud intervenir en la res pública, de ahí lo de república, a lo que tú llamas una democracia más participativa e identificas con socialismo. En fin, que participo de todo lo que dices en el párrafo, pero creo que se comete un error lógico, tomar la parte por el todo, el socialismo por la república, o, si quieres democracia participativa. Prefiero llamarla república, porque también hay diferencias entre esas dos cosas. Por otro lado, yo discutiría mucho lo de la democracia participativa. No es que no quiera más democracia participativa. La cuestión es si el hombre, el ciudadano, es capaz de ello. Mi escepticismo se quedó con La Boètie y su “La servidumbre humana voluntaria”. No soy tan optimista como el ilustrado Kant. No creo que todos podamos llegar a la ilustración; es decir, libertad y autonomía. Me temo que no. Pero eso no impide el luchar por una república cada vez más virtuosa y en la que los ciudadanos se involucren cada vez más en la cuestión pública.
    Y, en cuanto a la segunda parte de tu escrito creo, sinceramente, que no me has entendido. No he pretendido decir lo que tú dices que he dicho. Si así lo he hecho no era mi intención. La intención de mi discurso es y era otra. A lo mejor no me he expresado bien. Un saludo y hasta la tarde, si tienes algo que decir. Insisto, creo que estamos en lo esencial de acuerdo, es cuestión nominal y no merece la pena la discusión sobre nombres. En lo que no te has pronunciado es en lo del decrecimiento. O el ecosocialismo. Ahí si veo un debate abierto. Un saludo y gracias.
  • Francisco Rosa Una cosa es implantar un modelo capitalista y otra muy distinta (me vale el ejemplo de Chavez) implantar el socialismo en un mundo capitalista. Nada que ver. Como te decia, la planificacion economica estatal, las expropiaciones y demas se oponen a la maxima liberal de cuanto menos estado mejor, por lo que si somos justos no podemos llamar a Chavez capitalista precisamente. Sobre el decrecimiento y el ecosocialismo, creo son conceptos aun por definir, muy incipientes, pero estoy de acuerdo en lo que se plantea. No tengo mucho que discutir sobre eso. Si los recursos y la capacidad fisica humana son limitados, evidentemente la produccion de bienes y servicios debe adaptarse a esos limites. Es de cajon. Un saludo y hasta otra!
  • Juan Pedro Viñuela Rodríguez Sólo una cosa. Yo no he llamado a Chavez capitalista, sino socialista que actúa dentro de un marco capitalista y desde un paradigma capitalista. Y dos, los conceptos de ecosocialismo y decrecimiento no son incipientes. Existen miles de libros sobre ellos. Tienen más de cincuenta años o sesenta sus raíces teóricas. Otra cosa es que el stablhisment los mantenga ocultos desde los medios de comunicación y que, por otro lado, como pertenecen al nuevo paradigma, por su puesto no se enseñen en las facultades donde se transmite la ciencia normal (economía, ciencias políticas, sociología…), no lo que se llama la ciencia revolucionaria o extraordinaria en término de Khun. Leer a Khun “La estructura de las teorías científicas”. También, para que veas que la cosa está muy trillada te recomiendo leer sobre decrecimiento a Carlos Taibo, su último libro titulado “Decrecimiento” Tres clásicos: Hans Jonas, “El principio de responsabilidad, Rogen Georgescu, “Economía y entropía.” El club de Roma “Los límites del crecimiento humano.” También la obra de Illich sobre la ciencia, la técnica y la sociedad. Para una política práctica del decrecimiento Latouche, toda su obra. Para un conocimiento de la complejidad adaptado a las sociedades modernas la obra de Edgar Morin. Y, como no, para un conocimiento de la ética y la filosofía que subyace a todo ello, la lectura del poeta, matemático y filósofo español Jorge Riechmann, sobre todo su trilogía de la autocontención (ensayos sobre ética ecológica) Esto sería una buena iniciación. Y, también, para un análisis de la sociedad en la que estamos, al sociólogo y filósofo Bauman, imprescindible para el concepto de lo líquido en la posmodernidad. Un saludo y ha sido todo un placer.

El sentido de la existencia se lo plantea el hombre porque es consciente del límite. De otra forma no hubiese aparecido el pensamiento mágico, el mito y la religión. El hecho de que a mayor edad uno se plantee más el asunto de la muerte es una opinión banal y sin fundamento. Es curioso que el índice de suicidios es mayor entre jóvenes que entre adultos, salvo circunstancias sociales especiales como ahora, la crisis. El libre albedrío, mejor la libertad, para entendernos o la voluntad dan sentido a la existencia, pero claro, siempre en la medida en que ésta es limitada, sin límite, insisto, no hay referencia. Y el límite, no es cronológico como tú te lo planteas, eso es una distorsión psicológica de la juventud. La juventud no suele tener presente la muerte porque biológicamente tiene presente la supervivencia, la procreación. Y no es una contradicción con lo del suicidio de antes. En la juventud hay un planteamiento más radical de la existencia. Pero, a lo que iba, por supuesto que la libertad es o forma parte del sentido de la existencia. Pero yo ya había dicho eso cuando dije que la vida es tarea, una obra de arte o, al menos, una obra única. Pero la libertad tiene varios sentidos. Te menciono sólo dos. El primero es el de la obediencia. Libertad es hacer lo que se debe hacer. No lo voy a explicar ahora porque no es el sentido que viene al caso. En segundo lugar la libertad es la idea y las acciones que conllevan un proyecto de vida. Y aquí aparece el límite. Todo proyecto se realiza sabiendo que es limitado, que tiene fin. Insisto, también he dicho que nuestro estado psicológico, sino no podríamos vivir, es el de que la muerte nos es ajena. Vivimos y actuamos como si no fuésemos a morir. Pero en nuestro fuero interno lo sabemos y llevamos una existencia auténtica cuando sabemos que somos seres para la muerte, por más libertad que tengamos, que, por otra parte, no es tanto como tú piensas. La muerte es algo inminente, que nos puede ocurrir en cualquier momento, no es menester ser viejo para ello. Sólo desde que se descubrieron los antibióticos cambió la percepción, los niños dejaron de morirse, pero antes, o en el mundo subdesarrollado mueren muchos más de la mitad de los que nacen y un tercio llega a los tres años. Por otra parte la mortalidad en el parto de la madre es brutal. Tu percepción está contaminada de prejuicios de tiempo, historia y cultura. Para pensar hay que pensar desde lo general, desde el nivel de lo abstracto. No desde mi opinión o percepción personal. La muerte es nuestra compañera puesto que estamos vivos, para el joven y para el viejo, curiosamente he sobrevivido a alguno de mis alumnos. Nada garantiza la persistencia. Por otro lado, la cuestión es que quien lleva una vida auténtica es aquel que si le anuncian que le quedan unos meses de vida, pues no cambia su forma de vivir, porque ya vivía según su proyecto de vida y sabía que tarde o temprano iba a morir. Mientras tanto la muerte le es lejana. Como decían los epicúreos, mientras yo estoy, la muerte no está, cuando la muerte está, yo ya no estoy. Un cordial saludo.

Me preguntan, La muerte no existe, ¿verdad?

Sí existe y es lo que da sentido a la existencia. El hombre es un ser para la muerte. De ahí su angustia vital, por muy oculta que algunas veces esté. La existencia auténtica es la de la conciencia de la muerte, la inauténtica la inconciencia de ella, que en definitiva es la distracción del yo, su disolución en los demás, su abandono en la mera diversión, que no es el ser. Desde muy joven definí la vida como un dejar, la muerte sería el último dejar. También la muerte se nos puede presentar como una puerta ancha, el suicidio de los estoicos, no del enfermo o contrariado. Sino del sabio que acepta lo vivido y no encuentra ni sentido ni dignidad en la vida que lleva. La eutanasia, por ejemplo. Ése es su sentido. Sin muerte, la vida no tiene referente porque no tiene final. Y lo que hacemos lo hacemos en la medida en que sabemos que hay un final. Lo que sucede es que nunca somos capaces de contemplar nuestra propia muerte, se mueren los demás, nosotros, no. Parece que nos es ajena, sin embargo convive con nosotros minuto a minuto, día a día. La muerte al final es un descanso de una tarea. Porque la vida es tarea y debe ser una tarea bien hecha, de la que uno se sienta satisfecho. Una tarea que roce la obra de arte, porque nuestra vida, la de cada cual, es única e irrepetible, como el arte. Saludos.

La monarquía sobra en una democracia por definición, con lo cual es una contradicción que la padezcamos. Y la iglesia en un estado laico o aconfesional debe autofinanciarse y tener leves ayudas del estado como cualquier otra ONG. No debe tener trato de favor, ni ocupar el lugar privilegiado, de favor e influyente, que ocupa la iglesia católica en España. Eso es otra contradicción. Y, más, si una democracia no es laica no es democracia.

“El catedrático de física de la Universidad de Edimburgo ha asegurado que "España ha tenido gobiernos que no han mirado nunca a la ciencia" y que ahora "necesita más ciencia, de lo contrario tendrá consecuencias para la economía".

España prefirió especular con la industria inmobiliaria. Desaprovechó la oportunidad de la democracia y restituir la enseñanza que la censura del nacionalcatolicismo había destrozado. En lugar de ello, se dedicó al negocio fácil. Como decía Solchaga, España es el país donde es más fácil hacerse rico en el menor tiempo. Vaya socialismo de pacotilla. Y encima hacen una ley de educación que la destroza para varias generaciones.

Pero el mal es muy antiguo. Procede del Renacimiento, de la contrarreforma y la expulsión de los judíos y musulmanes, que eran los sabios de este país. A partir de ahí, ciencia y filosofía fueron considerados anatema para la iglesia y el castigo por dedicarse a ellas en libertad era la tortura y la muerte. De esta forma España nunca pudo pasar ni por la revolución científica que se hacía en Europa ni por el impulso científico y ético-político de la Ilustración. Hay un renacimiento que pronto muere con la constitución de Cádiz. Pero el mejor momento fue la II República. Pero el golpe de estado terminó por medio del genocidio premeditado con la ciencia y la cultura en España empezando por el exterminio de los maestros de escuela hasta los catedráticos de universidad. El que pudo escapar se exilió y no regresó más o cuando pudo, ya había dado todo lo que podía dar en otro lugar, además de vivir en el desarraigo y contemplar un país que se hundía en la miseria, la incultura, el analfabetismo, la beatería, la superstición y la violencia arbitraria. Y luego llegó la democracia y los socialistas, que hicieron, por un lado, la LOGSE, cuna del fracaso de generaciones y se olvidaron de la investigación científica porque el ladrillo era más rentable, además de que siempre se podía escapar alguna que otra comisión, corrupción política de los ayuntamientos. El arte, y las letras en particular, sí florecieron. No se puede olvidar el siglo de oro y el romanticismo y la generación del 98 y el 27, pero el arte permite burlar la censura por los símbolos y las metáforas. Es más, permite hasta reírse de ellos, como magistralmente han demostrado nuestros escritores. Es en esta clave en la que podemos leer El Quijote. Pero, además de Cervantes están Quevedo, Góngora, Larra y muchos más. Por lo menos de esto podemos sentirnos orgullosos. Son maestrols de sabiduría. Pero, curiosamente, los planes de estudios hacen adaptaciones de sus obras (para que los alumnos analfabetos los entiendan y sigan siendo analfabetos con móviles e internet) y se inventan un plan de fomento de la lectura que se queda en lo políticamente correcto y el pensamiento único. Al final esta joya también se perderá. Porque, por otro lado, han llegado estos bárbaros de la derecha que quieren acabar con las humanidades. Estos lo dicen claro, no como los otros, quieren empleados. Y ése es el objetivo de la educación, el conocimiento del latín, de Góngora o de Platón está de más, o, peor, puede ser hasta peligroso. Ésta es nuestra España.

Ha sido un prejuicio mío, precisamente por saber a ciencia incierta que eres creyente, por otros comentarios que habíamos tenido. Desde luego que, en el sentido que tú dices es más difícil creer que no creer, pero es más difícil porque estás situada en la “docta ignorancia” que decía Nicolás de Cusa “Saber que no se sabe”. Tu conocimiento te hace saber que de todo lo demás, que encima se presenta como dogma, se puede dudar. Pero, ya digo, esto es una actitud sabia. El creyente en este caso sería un ignorante, alguien que no se ha planteado la posibilidad de que sean falsos los discursos que se le ofrecen o que sean interesados. Obviamente, y estoy totalmente de acuerdo con tu exposición, es más difícil ser creyentes. Es más, yo diría que es imposible. Se es escéptico, pero aquí hay que hacer una distinción, el escepticismo como negación absoluta, que hay rechazarlo, es una vía muerta, mientras que la vida es búsqueda. O el escepticismo en su raíz griega, que es el que busca desde la duda, desde la docta ignorancia. Creo que ésta es la actitud. Ahora bien, es menester también no caer, por el hecho de ser escéptico y de que todo es provisional, en el relativismo posmoderno, porque esto nos lleva directamente a la equivalencia de todas las opiniones, lo cual elimina el saber y lo sustituye por el poder de la fuerza que es lo que hoy en día viene ocurriendo en el mundo. En definitiva, la pregunta de a quién creer, se disuelve. No se trata de a quién creer, sino de buscar junto con otros que buscan y, sobre todo, al menos en el caso de los filósofos, deshacer engaños, desenmascarar las apariencias, que es el primer paso y no es poco. Y luego, además, la creencia es mejor dejarla en confianza en ciertas verdades, políticas, económicas científicas (las religiosas no cuentan porque son vivencias: la fe es una vivencia de un misterio) que son provisionales y que forman parte de una cosmovisión más general que hay que intentar que sea coherente y consistente.

Y yo también prefiero los pequeños proyectos biográficos que, por su puesto, pueden ser unos más grandes que otros. Tan grandes como al que tengo confiada mi esperanza de ateo, el proyecto ético político de la humanidad que arranca en Atenas y renace en la Ilustración.

¿Es más fácil ser creyente o no creyente?

                La creencia es una actitud natural. El hombre, por su propia construcción biológica tiende a la creencia. Es más, la construcción de mitos, magia, religiones, son, en definitiva, los que le han permitido sobrevivir. Primero la magia, luego los mitos y más tarde las religiones, que lo engloban todo, han sido las que han hecho posible la supervivencia del hombre.

                El ser humano se encuentra a la intemperie, sin resguardo de nada, a merced de las fuerzas de la naturaleza. Pero con una mente que no está cerrada. Sus respuestas ante el medio no están cerradas, es más, está abierta al tiempo, es decir, a la angustia. El hombre se caracteriza porque se cuestiona su existencia y el porqué de todo lo que hay, el sentido del mundo y de la vida. La magia, el mito y la religión dan respuesta a ello. Una respuesta, que no sólo explica el porqué de las coas, sino que nos ofrece un sentido de cómo debemos hacer las cosas. Porque el mito y la religión no sólo son formas de explicar el mundo, sino de darle sentido y parte de ese sentido está en cómo debemos relacionarnos con él y con nosotros. El mito y la religión crean las  condiciones para que nos podamos relacionar con la naturaleza y con nosotros. A su vez, crean las condiciones de pertenencia. El hombre es un animal social y la magia y el mito, centro o núcleo de la religión, ofrecen una forma de socialización o, dicho de otra forma, de pertenencia. La religión crea una identidad. No sólo encontramos el sentido de nuestra existencia, sino una identidad a través de los ritos que son sociales y que nos hacen sentirnos partícipes de una sociedad. La religión es pues una forma de socialización indispensable y que ha demostrado su valor como mecanismo adaptativo en la medida en la que hoy en día la especie humana sigue existiendo y sigue utilizando el mecanismo de la creencia como un mecanismo fundamental para guiarse en la vida, mucho más que la razón. Fue Aristóteles el que nos definió como animales racionales, pero somos más animales de creencias, entre otras cosas, que racionales. Aristóteles lo que quería señalar es la capacidad racional como capacidad humana para el conocimiento científico. A diferencia de la carencia que de ella tenían los animales. Pero se ha confundido históricamente esto con una definición esencial del hombre, ya digo somos y actuamos cotidianamente más por creencias que de forma racional. Y, por otro lado, también hay un problema con la interpretación de la razón. Desde el Renacimiento, y con el surgimiento de la ciencia moderna, habrá una identificación entre razón y razón matemática y lógica, separada absolutamente de lo emocional. Y, por otro lado, habrá también una identificación entre inteligencia y capacidad lógico matemática. Todo esto no está en los orígenes aristotélicos. La razón en Aristóteles va unida a las emociones y los sentimientos sin los cuales está vacía. La propia actividad del conocimiento está dirigida por la admiración y la perplejidad, que son las que despiertan a la razón. Y, por otro lado, la vida superior es la de la prudencia que es un saber sobre los sentimientos. Toda esta modernez de la inteligencia afectiva y emocional está ya en la “Ética a Nicómaco.”

                Y una vez hecha esta aclaración tendríamos que vérnosla con la respuesta a nuestra pregunta. Pero para ello tengo que hablar un poco del no creyente. Cuando me refiero a tal, me refiero al que de ninguna de las maneras cree en nada. Es decir, a aquel que niega el sentido, tanto trascendente, como inmanente de la naturaleza. Aquel que se queda del lado de la naturaleza contingente, aquel que acepta la intemperie, el sinsentido, la nada, como única realidad y lo efímero como su expresión. Aquel que vive, por tanto, aunque pueda tener muy altos ideales, en la provisionalidad. Y cuando digo no creyente, insisto, que también se refiere a lo inmanente, es decir, que no ha sustituido la creencia en lo trascendente dador de sentido, por lo inmanente, como la historia, la política, la ciencia; es decir, todo aquello que se basa en el mito de la idea de progreso. El ateo hasta sus últimas consecuencias. Aquel que ha sido capaz de trascender el lenguaje. Porque, como decía Nietzsche, no nos veremos libres de dios mientras que sigamos creyendo en la gramática. El sentido del mundo basado tanto en lo trascendente, como en lo inmanente, está en nuestro lenguaje porque éste ha crecido con y desde el mito. Si no trascendemos nuestro propio lenguaje caeremos en las trampas del sentido. Pero el no creyente, el ateo de verdad es aquel que niega la existencia absoluta del sentido, venga de donde venga, insisto, aunque pueda abrazar la provisionalidad. El no creyente es el que describe Camus en el mito de Sísifo. Así empieza su libro, “La única cuestión filosófica de relevancia es el suicidio” Es decir, el cada día y cada momento encontrarle un sentido provisional, una creencia provisional a la existencia, o, sino, simplemente, suicidarse, porque, realmente, nada tiene sentido, ni el acto del suicidio. Sólo quedará un breve comentario y tu nombre en una lápida o urna que pronto el tiempo (el que elimina el sentido) borrará para toda la eternidad del universo.

                Otra cosa es el indiferente. Este es un creyente encubierto. Alguien que puede haber dejado de creer en la religión, pero esta creencia la ha sustituido por otras  múltiples y, probablemente, espiritualmente, ha perdido mucho con el cambio. Desde luego que para éste la vida es más sencilla que para el creyente. Sobre todo en los tiempos que corren y en nuestro entorno en el que la religión no está de modo o, peor, está mal vista y es objeto de burla. Malos tiempos son estos cuando toda una tradición ética es echada por la borda y sustituida por sucedáneos de autoayuda y demás zarandajas. El creyente se tiene que enfrentar a esta situación, lamentablemente desagradable y que de partida lo da como perdedor, pero, aún más. El creyente, a pesar de tener la respuesta religiosa al sentido de su existencia, y el sentido de la historia de la humanidad, como la historia de la salvación del hombre y demás, pues todo ello no implica que su fe no se tambalee y que en muchas ocasiones dude. Ha de aferrarse a la fe para no hundirse, pero, a veces, ésta falla. Sobre todo si nos planteamos el problema del mal y del mal radical, ¿Dónde está dios cuando muere un inocente? ¿Dónde está dios cuando el hombre se extermina a sí mismo? Es lógico que estas preguntas le llevan a la duda, que han dado lugar a muchos ateos pero la religión, o las religiones, tienen respuestas adecuadas para ello. Por eso el índice de depresiones exógenas es menor en el creyente que en el no creyente, porque tiene un asidero. La creencia es un antídoto contra el dolor y el sufrimiento, una forma de supervivencia altamente exitosa, lo ha sido para la especie y lo es para el individuo. El no creyente, en tanto que ateo radical, no tiene ningún asidero, su sufrimiento puede ser infinito, pero sabe que siempre tiene abierta esa ancha puerta que es la del suicidio. Por otro lado, el saber o aceptar, porque no se puede saber nada con certeza, eso sería una contradicción del ateo, que es un escéptico, que nada tiene sentido quizás es también una forma de serenidad y, sobre todo, si uno tiene proyectos provisionales que llenan el absurdo y el sinsentido de la existencia. Porque es verdaderamente donde reside el sentido, en las pequeñas cosas, pero que, en el fondo son efímeras, pero su sentido se da en su misma existencia, no trasciende el tiempo. Lo que si es bien cierto es que los ateos de los que hemos hablado son muy pocos y ello es, en última instancia, porque no es una opción adaptativa triunfante. Provoca sufrimiento, depresión, angustia y, al final, muerte. Salvando las distancias, eso sí, de aquel que encuentra el sentido provisional de la provisionalidad de pequeños proyectos biográficos, pero siempre el abismo estará al acecho.

A Don Agustín García Calvo.

Pensamiento vivo. Pensador por los cuatro costados, siempre contra el poder, siempre disidente, siempre preclaro, siempre solitario y abandonado por sus discípulos que se convierten en intelectuales orgánicos. Un disidente, un hereje. Un filósofo, todo un ciudadano. Un ejemplo, no para seguir, eso es su negación, sino para forjarnos en el ejercicio de la soledad en el pensamiento contra el poder, contra lo establecido. Contra las apariencias, y contra las apariencias de las apariencias. Una máscara, una pose que desenmascara. Una palabra que derrumba al poder, al mediocre, al sinvergüenza y al trepa. Su poder, la palabra, en definitiva, nuestro poder, el que viene de abajo, del pueblo, la sabiduría acumulada de siglos. Pensar es pensar a la contra, lo otro es obedecer consignas. Pensar a martillazos, contra esas consignas, contra lo gregario, lo hegemónico, lo establecido, lo muerto. Pensar es vida, la muerte el no pensar, el mero sobrevivir animal.

Estoy de acuerdo con Latouche, he leído su obra y me ha inspirado. Con lo que no estoy de acuerdo es con la exigencia del cambio de vida como factor determinante. No se le puede exigir a la población una forma de vida, en medio de una vida de consumo desenfrenado y devorador. Eso es exigir mucha virtud. Creo que lo primero es un cambio institucional y en ello es en lo que se debe basar la política del decrecimiento, en una regulación legal que impida que el yogur que me como haya recorrido 9000 km, ésa es la cuestión. Y ésa es la política del decrecimiento. Lo otro tiene que ver con la ética del decrecimiento, que son decisiones individuales y libres. Es cierto que hay que crear la conciencia colectiva de un nuevo modo de vida, pero es imposible pedirla. Lo que sucederá es que este nuevo modo de vida llegará a todos, a los que lo adopten voluntariamente y a los que no. Y llegará cuando se adopten los cambio estructurales que trasciendan el paradigma del crecimiento al del decrecimiento. Y eso se hace desde la política, a partir de leyes que regulen la economía y el mercado, así como las relaciones con la naturaleza. Es decir, todo un cambio del sistema productivo, por eso estamos en la quiebra del capitalismo global que debe ser sustituido por el decrecimiento dentro del marco del ecosocialismo. Y, del paso de un paradigma a otro emergerá una nueva conciencia ciudadana. Ésa es mi diferencia con Latouche, mientras tanto, bienvenidos sean todos aquellos que predican con el ejemplo, pero más importante es forzar el cambio político. Si no se hace, el decrecimiento, en el que ya estamos, se impondrá por la fuerza de la escasez de la riqueza y la rapiña de unos pocos y nos llevará a la barbarie.

Es el principio. Se ahoga a la sanidad, a la educación y después se privatizan. Pero la derechización económica viene desde lejos. La privatización de empresas nacionales que eran la joya de la corona ya se hicieron. Y ahora, con lo de la libertad de mercado, en lugar de pagar menos por los servicios como se suponía por la competitividad, pagamos más, porque forman oligopolios. Todo viene por la aceptación del neoliberalismo como dogma de fe. Y esto lo hizo también la izquierda europea, que es una manera suave de ser de derechas. Ahora lo que han hecho es dar el paso hacia los servicios sociales: educación, sanidad…es la teoría neoliberal del estado mínimo. Estamos asistiendo a un retroceso ético-político de grandes dimensiones. Quizás sea el inicio de la barbarie.

Hacía tiempo que no leía una empanada mental tan grande. No sé de qué izquierda habla, no define el concepto de desobediencia civil, que en la práctica se mueve en terreno movedizo. Es fácil hacer leña del árbol caído, si se refiere al PSOE, pero ha habido veinte años para criticarlo y exigir otra izquierda. Por otro lado no habla de las políticas gubernamentales del PP. Al contrario, es un discurso que no ha entendido nada, salvo lo que el stablhiment quiere que entendamos, que todos somos culpables y co-responsables. Es la estrategia religiosa y como tenemos la base en nuestra tradición cristiana, pues funciona. De lo que se trata es de asumir que la culpa de tu existencia, tus males, son tuyos, no vienen de fuera, de poderes extraños que te engañan y manipulan. Sólo un dato da y, además engañoso, el setenta por ciento de la deuda es privada, pues sí, la deuda era de los bancos y el estado los recapitalizó, pasando a convertirse en deuda pública, pero la inyección no fue suficiente, hubo que pedir dinero a Europa y, ahora, tampoco es suficiente, hay que pedir el rescate. Mire usted, ni mi, electricista, ni mi fontanero, ni mi médico, ni el barrendero, ni el profesor somos culpables. Los culpables son los que han permitido crear esta economía financiera que ha propiciado un enriquecimiento de unos pocos y ha favorecido las burbujas financieras y, en España, los culpables son, además, los políticos que han permitido esa burbuja porque producía un crecimiento aparente, por supuesto, porque al final estallaría. Como decía Nietszche, “no nos veremos libres de dios mientras que no nos veamos libres de la gramática”. Por eso ahora nos quieren culpabilizar y que asumamos la culpa y la expiación. De eso nada, lo haremos por la fuerza, porque vivimos en un totalitarismo económico, pero no por convicción. Ya está bien, de alienación, de engaños y de máscaras. Como decía Unamuno, venceréis, pero no convenceréis.

¡Qué miedo se tiene al descalabro del centro izquierda, que en realidad es otra forma de la derecha! ¿No se ha pensado que hay alternativa de una izquierda real, tanto ideológica como programáticamente? O una sustitución total del aparato del partido socialista por las juventudes del partido que traigan un programa de izquierda de verdad y una práctica concreta de esa programa. A lo mejor el fallo es la permanencia de los mismos durante veinticinco años. El problema es que el propio aparato del partido, la lucha interna por el poder y la ausencia total de democracia impedirá la llegada de esas juventudes socialistas, y señalo lo de socialistas, que es de lo que se trata, porque el partido lo dejó de ser hace décadas. Por tanto, lo que le queda es el hundimiento y esto favorece a la extrema derecha, el PP se irá progresivamente derechizando a la par que ganando votos. Pero también puede haber una emergencia de la izquierda auténtica. Eso, lo que también es un problema serio, si ésta es capaz de unirse de verdad y abandonar sus discusiones bizantinas y sus posiciones totalitarias y proponer no sólo una ideología sino una praxis política realizable.

Sobre Azaña y la república.

Quizás fue el caso del filósofo rey, hoy diríamos intelectual. Y eso es imposible. Creo que le dolía España, como a mi admirado Unamuno, que no entendía, como éste, ni a los hunos ni a los hotros, en la barbarie. Aunque Azaña era un republicano convencido, mientras que Unamuno se desengaña. Tuvo todos los elementos en contra, la política de no intervención, la extremización de la izquierda (Stalinismo) y de ahí la división de la misma y sus luchas de exterminio con lo que se pierde el norte de la defensa de la república. Pero, por los pocos textos suyos que he leído lo único que te puedo decir es que creo que sinceramente le dolía España y fue un observador privilegiado, pero le faltó acción y fuerza, quizás porque los elementos eran más poderosos que él. Quizás también tuvo ansia de poder en un principio, pero no creo que después. Todo esto te lo digo desde la ignorancia. Soy un defensor de la república de aquellos tiempos por los valores que de ella emanan no por los personajes. Azaña fue anticlerical, pero no un asesino de curas y mantuvo una constitución absolutamente laica. Eso sí, me parece que la expulsión de órdenes religiosas que hizo la república fue un error. Y no tener mano dura contra los crímenes que se cometieron en el 34 contra el clero, otro error que alimentaria el ya hinchado odio de la iglesia contra el marxismo. Muchas equivocaciones en la república, pero eso ni justifica el golpe de estado y, mucho menos, el apoyo de la iglesia. El franquismo fue un programa de exterminio y genocidio que comienza en el 36 y dura hasta el 52, después seguirán las condenas a muerte pero con juicio previo. El apoyo de la jerarquía de la iglesia, que no de los creyentes todos, ni mucho menos, al genocidio entra dentro de la categoría de mal radical.

 

 

                               Nuestros intelectuales de otrora. Réplica a Fernando Savater.

                Coincido en gran parte con las afirmaciones que el señor Savater hace en su artículo “Nuestros trastornos” en El País 18 de octubre. Pero esta coincidencia es porque lo que dice es, como señala el mismo, obvio, o algo que todo el mundo sabe. Que las cosas no van bien, que los recortes no están favoreciendo al paro ni a la mejora de la economía, sino todo lo contrario. Pero se centra, como dice, más en la educación que es lo que mejor conoce, como es también mi caso. Y acusa, también dentro de lo obvio, no dice nada nuevo, que los recortes en educación no hacen bien a ésta, que la segregación por sexos no es de recibo, que en definitiva se atenta contra el espíritu ilustrado, algo muy importante y serio en lo que debería haber profundizado. Porque la ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad, y esa minoría de edad es el no pensar por sí mismo. Y lo que nos puede garantizar el pensamiento independiente y, por ende, la libertad es la educación. Aunque educación e ilustración no coinciden, como se ha demostrado por la historia. Tampoco el sistema anterior garantizaba la Ilustración, más bien lo contrario. Lo que ocurre es que ahora no se nos oculta, ellos son neoliberales y lo dicen. No están por los servicios públicos y los recortes en educación van dirigidos a favorecer el sector privado, hundir la educación pública y crear una educación de élite. Y la educación pública debe quedar, sólo, para la empleabilidad, para la creación de mano de obra. Es decir, que la educación esclaviza y no libera. Si Kant levantara la cabeza. El filósofo de la Ilustración decía que el tribunal de la universidad era la razón, es decir, el conocimiento y la libertad. Hoy en día, hasta mis alumnos, cuando lo pregunto en clase contestan que es el mercado, el capital, como se le quiera llamar. Ellos se han dado cuenta que son esclavos de este mercado. Pero la cosa no acaba ahí, en sus recortes, el gobierno está conculcando el derecho a la igualdad de oportunidades, aunque la educación sea un desastre, es lo único que tenemos, porque está limitando el acceso a parte de la población a libros, comedor, se masifican las clases, no hay profesorado suficiente que atienda a la diversidad y muchos otros males que se añaden a la maltrecha educación. Y esto es grave porque es una segregación económica, insiste, sea mala o buena la educación, todo el mundo tiene derecho a ella constitucionalmente, como a la vivienda y con ésta lo que se ha hecho es especular y crear una burbuja que les ha explotado en la cara a los bancos y pagamos los ciudadanos, pero ése es otro tema, aunque la raíz es el mismo, el ultraliberalismo. En fin que coincido con todo ello y podríamos abundar mucho mas. Pero, lo que sí observo, y esa es mi primera crítica es que Savater se muestra bastante tibio a la hora de hacer estas críticas. Y cita a Ciorán, muy oportunamente, que dice “que en el mejor de los casos se puede gobernar sin crímenes pero no sin injusticia” absolutamente de acuerdo con el escéptico de servicio.

                Pero es aquí donde empieza mi crítica al escrito de Savater. Efectivamente, y así lo señala el autor, no se puede gobernar sin cometer injusticias. Esto lo podemos considerar como un límite de la política, por eso la democracia es un gobierno perfectible, no perfecto y, por eso, también, a la democracia se le oponen las demás formas de gobierno que son todas totalitarismos. Ahora bien, y seguimos coincidiendo, si esas injusticias son tan profundas que dañan los derechos humanos, o los constitucionales, entonces ya hay que ponerles remedio. Y a partir de aquí ya no coincidimos. Savater se aferra al sistema democrático que tenemos haciendo una defensa a ultranza del mismo y considerando que los cambios se deben hacer desde dentro. Por otro lado lo que hace es una crítica mordaz y socarrona de los movimientos civiles que acusan a la clase política. Aquí veo un profundo desconocimiento por parte de Savater, primero en el conocimiento de la falsa democracia que tenemos y segundo en los movimientos sociales que apoyan un cambio radical (de raíz, no extremista), del sistema democrático. Su desconocimiento le lleva a la burla y a una comparación, típicas en la forma de argumentar del autor, que no son más que falacias, con Batasuna. Esta comparación es odiosa porque además lleva implícita una terrible carga criminal. Y se equivoca el autor cuando dice que son unos pocos a los que se les ocurre esa idea infantil y peregrina de rodear el congreso hasta que se disuelva. Por el contrario las estadísticas hablan de una inmensa mayoría de la población que se desentiende de la clase política y que le pide cuentas, que la considera una de las partes y causa fundamental de sus males.

                En primer lugar, aunque todo sea muy breve intentaré mostrarle al señor Savater que no estamos en un sistema democrático por muchas razones, tampoco en una tiranía que gobierna por la fuerza, estamos en una forma de totalitarismo encubierta de forma y apariencia democrática. En todo caso, dentro de las formas totalitarias es la mejor que podríamos tener. Pero no es una democracia. Una democracia es el poder del pueblo a través de los representantes elegidos en elecciones generales. Esos representantes se deben al pueblo. Pues bien, el ejercicio de la política ha generado un ejercicio de búsqueda del poder, dentro y fuera de los partidos. Por otro lado, la ley de partidos ha generado el bipartidismo y el poder de los partidos nacionalistas, con lo cual se anula la pluralidad de ideas en pro de una entelequia que es la gobernabilidad, un engaño al ciudadano al que se le está transmitiendo, al estilo 1984, un pensamiento único. Los partidos, pues, no gobiernan para el pueblo, sino para si mismos. Su interés es alcanzar el poder. Es decir, que la democracia, hace ya muchos años que se ha transformado en partitocracia. Y esto es un peligro clásico de las democracias. Pero, por parte del poder político es apreciado porque es una forma de control de la ciudadanía porque elimina la posibilidad de la disidencia, o, al menos, de que la disidencia tenga repercusión. Porque los partidos abarcan todo el poder, el político, el control del poder judicial y fiscal y, por supuesto, el poder mediático. Los medios de comunicación tienen dueños y son los encargados de transmitir la ideología del poder, no sólo del partido gobernante, sino del stablhisment. Los medios de comunicación son medios de control del pensamiento, medios de manipulación. Son muy ilustrativas las diez tesis de Chomsky sobre los medios de manipulación de masas, recomiendo su lectura.

                Pero, y en relación con la crisis, podemos ahondar un poco más, nuestra democracia ha claudicado ante el poder económico. Esto quiere decir que el poder que nosotros hemos delegado en nuestros representantes ha sido trasladado a poderes externos que nosotros no hemos elegido, pero que dirigen nuestras vidas, y, encima, para mal. Desde el primer recorte de Zapatero hasta ahora, ha habido una claudicación de nuestra democracia, de ahí el grito de que no nos representan, porque el pueblo, esos millones de los que habla Savater ha votado a unos líderes y a un programa, programa que no se cumple, el que se cumple es el que se le impone desde fuera. Por eso, por mucho que se empeñe Savater y que se enfade, esos señores no nos representan. En primer lugar representan a su partido, en segundo lugar obedecen órdenes de fuera, de fuerzas antidemocráticas. Y no creo que el curso de la historia sea inevitable. Zapatero, cuando en el 2010 hizo el primer recorte inmenso de nuestra democracia lo justificó con una frase tremenda, una frase que se puede considerar el certificado de defunción de nuestra democracia. Dijo “No hay alternativa”; pues bien, cuando no hay alternativa, simplemente no hay democracia. Lo que ha querido manifestar es su obediencia ciega a políticas económicas impuestas por fuerzas no democráticas que hacen pagar los platos rotos al pueblo que no ha tenido nada que ver en la quiebra del sistema. Sistema que ha quebrado por las propias leyes del mercado y por la avaricia y ambición humana. Cuando un político, jefe del gobierno, dice que no hay alternativa, lo que está haciendo es claudicar; es decir, eliminar la esencia de la democracia. En democracia siempre hay alternativas. La democracia es diálogo entre alternativas. Además, es que realmente hay alternativas, como grandes expertos internacionales en economía nos han mostrado. Por tanto no vivimos en democracia, nuestros gobiernos son títeres de oligarquías totalitarias que esquilman al pueblo mientras unos pocos engordan sus bolsillos, de ahí el alarmante crecimiento del índice de desigualdad económica, no sólo en España, sino a nivel mundial. Y lo dejamos aquí en aras de la brevedad.

Ahora sólo nos queda comentar la alternativa de aquellos a los que el poder llama extremistas, antisistemas, ingenuos e infantiles, como se desprende del discurso de Savater. Pues bien, para empezar el grupo de resistentes no es un grupo antisistema, sino un grupo interclasista en el que se juntan, parados, profesionales altamente cualificados, muchos de ellos en paro, intelectuales, estudiantes, amas de casa, lo que se llama el pueblo, que el sistema se ha encargado muy bien de dividir, pero que la crisis lo está uniendo. Y no reclaman una caída de un régimen, como la toma de la Bastilla. Reclaman más democracia, más claridad política, u otra política.  Y son radicales en el sentido orteguiano de ir a la raíz de las cosas, que es lo que deben hacer los filósofos. Como decía Ortega, la filosofía o es radical o es palabrería. El filósofo es el que intenta ir a la raíz y a los fundamentos. Pues bien, este movimiento es radical en este sentido, no quiere parchear, como el señor Savater, quiere bucear en el fondo de los problemas y darle solución. Y el fondo de los problemas es la anulación de la democracia y la perversión, que no digo corrupción, del sentido y la función de la clase política. Y entre ellos hay gente muy preparada, no como señala Savater burlonamente. Y no sólo preparada, sino comprometida con la res pública. Porque la democracia realmente existente, que no es democracia, como hemos demostrado, lo que ha intentado siempre es separar a la ciudadanía de la clase política. A los partidos, dicho claramente, los ciudadanos les molestan siempre, salvo en campaña electoral. Los partidos viven por y para ellos. Por eso lo que se pide, de forma radical, aunque el proceso sea difícil y estaría cargado de tensiones, no obvio, por supuesto estos peligros, es un proceso constituyente tras la disolución de las cortes. Y ese proceso debería estar, y se sabe cómo, perfectamente controlado, para garantizar que de allí surja una nueva constitución que regenerase la vida política en España. Esto no iba a resolver la crisis, no soy ingenuo. La crisis, ni siquiera es tal, es, a mi modo de ver, y siguiendo a Ramón Fernández Durán, la quiebra del capitalismo global, que durará décadas. Estamos en los principios. Otro tema es la forma de enfrentarse a ella. Lo que sí es cierto es que con otra política y con una regeneración de la ciudadanía sería más fácil. Podemos tener miedo, estar cargados de incertidumbres, nunca saldrá a nuestro gusto del todo, pero es lo que hay. Se hizo en la transición y veníamos de una dictadura. Por ello es posible. Lo que sí está claro es que no se puede seguir como estamos, ni se puede parchear lo que tenemos, porque no se admiten esos parches, como una reforma constitucional, una reforma de la ley de partidos…nada de lo importante se quiere tocar. Los partidos se aferran al poder obtenido durante más de treinta años. La propuesta de Savater, con perdón, es una ingenuidad. Hemos de recuperar el espíritu ilustrado, ése que él ha defendido siempre y que ha transmitido a generaciones enteras. Hay que luchar por la libertad, porque la libertad es el mayor de los valores, pero hoy es inexistente, salvo en pequeños grupos de resistencia. Y tampoco  se trata de caer en el maniqueísmo que señala Savater, nosotros los buenos, vosotros los malos, eso es desconocimiento del movimiento social. La discordia, el diálogo y la pluralidad de ideas en este movimiento de la sociedad civil son patentes. No se puede ser ingenuos y creer que todo el monte es orégano. Lo que sí es cierto es que ya no valen remiendos y que según las estadística se ha producido una separación entre ciudadanía y política que se hará insalvable, a menos que el ciudadano vuelva a ser protagonista de las decisiones políticas. Cuando se sienta real y verdaderamente representado.

                               Redes sociales y control de la ciudadanía.

                Mucho se ha hablado ya del papel que juega internet en nuestras vidas y cómo transforma nuestros hábitos y capacidades. Es famoso, y ya un clásico, el libro de Carr sobre lo que hace internet con nuestras mentes. Pero yo quiero abordar aquí otra dimensión del uso de las redes sociales. Son muchas las utilidades que les damos a éstas y cada uno encuentra su acomodo en las mismas. Pero hay un papel que se les viene asignando que es el que quiero comentar, es el de la protesta social. En primer lugar hay que decir que la tecnociencia se ha convertido en un discurso religioso. Y este discurso lo que nos viene a decir es que la tecnociencia nos salva del sufrimiento y del dolor y que, poco a poco, irá reduciendo los males humanos hasta terminar con ellos. Eso es lo que mantienen los tecnolatras, amantes de la tecnología, los que la defienden sin un ápice de crítica, ya tuvieron sus antecedentes en el cientificismo y el positivismo del padre de todos ellos que fue Comte. Por su parte los tecnófobos forman un grupo reducido y extremista romántico que niegan la tecnología y quisieran renunciar a ella. Esta es una posición autocontradictoria porque el hombre es un ser técnico, en tanto que ser cultural. El caso es que la población cree el discurso tecnófobo sin crítica previa y ello es porque todo él se ha convertido en un gran mito. En primer lugar se ha identificado el progreso tecnocientífico con el progreso ético-político y esto sin base alguna. Más bien lo que se ha hecho es que se ha reducido el segundo al primero. Una sociedad mercantilizada sólo puede reconocer el valor de la tecnociencia, no el de la libertad, la justicia y la fraternidad, esto son meras abstracciones que la ciudadanía no entiende ni ha escuchado nunca, ni le merecen el asombro que provoca la tecnociencia que inunda toda nuestra vida y a la que nos confiamos. Todo este discurso se apoya en el mito del progreso, que no idea, y que a su vez se apoya en la idea de la historia del cristianismo como historia de la salvación del hombre. No hay ninguna garantía de progreso en la historia, la historia es contingente. El progreso depende de nuestra voluntad y la relación entre progreso tecnocientífico y ético-político, igualmente. Es más, el progreso tecnocientífico debe estar guiado por la idea de un progreso ético-político de la humanidad.

                Pues, como decía, las redes sociales se han convertido en formas de reivindicación de justicia social. A mi modo de ver, lo que se nos prometía como una forma de rebeldía, una forma de comunicación que amplificaba la acción, se ha convertido en lo contrario; en una forma de control de las conciencias. Y también debajo de esto subyace el mito religioso. Cada vez más abundan por las redes sociales mensajes a los que adherirse de injusticias que se comenten. Sólo hace falta pulsar el me gusta y punto. Pero esto ya estaba inventado desde la Edad Media. En realidad es un modo de tranquilizar y anestesiar nuestra conciencia frente al mal y la injusticia que existen en el mundo. Cada vez que damos a un me gusta de estos nos sentimos aliviados, pensamos que somos justos y buenos y que hemos hecho lo que hemos podido, nos sentimos redimidos. Es el mismo mecanismo que la confesión inventada por los cristianos del medievo y mantenida por la moral hipócrita del catolicismo. De lo que se trata es de controlar las conciencias. La confesión jugaba dos papeles, igual que las redes sociales en este sentido. En primer lugar el sacerdote conocía tu intimidad, tu conciencia y éste conocimiento le otorgaba el poder sobre ti. En segundo lugar, el sacerdote te mandaba una leve penitencia y ya estabas listo. No había reparación real de la falta, el pecado. No había restitución de la justicia, sólo arrepentimiento y el rezo de la penitencia. El efecto era doble, por un lado se tranquilizaba la conciencia y, por otro, se eliminaba la acción ética que se reducía a la penitencia. Pues lo mismo ocurre en las redes sociales, cada vez que damos a un me gusta tranquilizamos nuestra conciencia y nos evitamos el actuar. Por un lado, saben lo que pensamos según nuestra información en el muro y nuestros me gustas y, por otro, nuestra conciencia se adormila pensado que ha actuado, cuando su actuación es meramente virtual, testimonial. El mecanismo de control es infalible, como lo ha sido el del catolicismo, sólo que ahora más sofisticado y seductor.

El nuevo mito. También se rentabilizaba con las señales de humo de los indios cuando avisaban de un pelotón de la caballería. Rentabilizaban en vidas. ¡Qué lenguaje más feo y hostil a la inteligencia y la sensibilidad estamos creando! Yo tengo que “programar” ahora las “competencias básicas”, no los conocimientos ni los objetivos ni la metodología. El lenguaje mercantil-económico de esta nueva religión y pseudociencia lo inunda todo. Me da alergia, tanta, que ni puedo mirar los títulos de los curso de “formación del profesorado” que yo siempre he creído que era aprender más de tu disciplina. En fin…adoctrinados, adocenados, esclavizados y, encima, contentos y agradecidos. Disculpa todo esto pero hay que permanecer hipercríticos para que los otros sean, si pueden, críticos. Ala, y ahora a hacer el taller, o master, presencial, semipresencial on-line...el caso es formar una piedra más en el muro. Un saludo.

No importa, si es la realidad que se nos ha ofrecido. Y esa realidad viene mediatizada por el lenguaje. Lo que pasa es que yo soy un outsider y vivo esta realidad como una escisión. La gente vive dentro perfectamente domesticada, pero es la forma de sobrevivir que tienen, se han adaptado, que es el objetivo fundamental de la educación, la adaptabilidad, la funcionabilidad…y han perdido la conciencia de ello. Jaja, pero si quieres lo borras para no molestar a tu amigo, que no es mi intención.

Claro, señor Alfonso, y con mi trabajo y mis recortes. Y mis cursos de formación que no son más que de ideologización y por ello no los hago. Pero si no los haces no cobras los famosos sexenios . ¿Soy coherente? En cuanto a lo de fb. Pues nada, ya lo he dicho muchas veces, como cualquier tecnología no es más que una amplificación de nuestras capacidades; y la estupidez es la más abundante, no lo digo por su comentario, sino por lo que se ve en la red. En cuanto a los blogs, pues el noventa por ciento son basura intelectual y artística. Implementación de la condición humana. En fin, que, por supuesto, cómo negarlo, soy una piedra más en el muro, pero que por suerte ha hecho tomar conciencia a muchas otras de que lo son y muchas de ellas apedrean ahora el muro.
Estimado Ricardo, no me molesta, para nada, ni su curso, ni su título. Lo que ocurre es que el lenguaje crea realidad, no como usted dice. O más bien transforma. Y el lenguaje que usted utiliza, que es, por lo demás el común, es un lenguaje que proviene de una nueva religión basada en una pseudociencia que es la economía neoliberal. Es decir, que su lenguaje tiene una fuerte carga ideológica que es la que ha creado el propio neoliberalismo. Yo sólo he hecho un análisis fenoménico y sarcástico. Esta mañana he echado un vistazo a los cursos on-line de formación de profesores y eran todos por el estilo, sólo que terminaban con la coletilla…aplicado a la pedagogía de no sé qué. Por lo demás es un placer conocerles a ustedes y tener a una excelente amiga en común. Un cordial saludo.

Gracias señor Ricardo por su invitación. Le aseguro que no me vendría nada mal, pero puedo prescindir. Otras tareas, para mí, más urgentes, que no importantes, me llaman. Sobre mi mesa de despacho tenía para esta tarde, aunque la interesante conversación me ha trastocado un poco el orden, un libro a punto de terminar sobre “La mirada republicana”, otro, que es un compendio del pensamiento sobre “la desobediencia civil” y su puesta en acción desde el siglo XIX hasta ahora. Y “Le monde Diplomatique” que me acaba de llegar, puntualmente, como cada mes. Se lo agradezco de verdad pero mi trabajo más prosaico me desborda, la semana pasada publiqué mi último libro “Ágora” y tengo otro entre manos sobre religión; por cierto la adoración de las TICs es lo que podemos llamar el digitalismo como fenómeno religioso, o, al menos, ideológico, su sustrato es el mito cristiano de la nueva ciudad de dios…pero no me extiendo en ello.

Señor Alfonso, lo noto a usted un poco enfadado o indignado. Mi comentario no era más que un sarcasmo, una mordedura del perro para despertar conciencias, o una picadura del tábano, una ironía. Pero usted no ha captado ni la ironía ni el sarcasmo. No hay que tomarse las cosas tan a pecho. Y no he cometido ninguna contradicción ni con lo de fb, y gracias por la lección que a este viejo le das, pero ya sabía algo de ello y sobre lo cual he varios artículos, ni con lo de outsider. Con esto lo que ha ocurrido es que no se admiten las cursivas y se me pasó poner comillas porque al utilizar el término precisamente lo que quería era ironizar. Por eso le digo que no ha captado ni la ironía ni los sarcasmos, pretendo decir mucho más de lo que digo.

En cuanto a lo de fb. y que uno paga y por tanto contribuye al sistema, pues claro, nada es gratis en un mundo en el que ha triunfado el tardocapitalismo salvaje en el que todo tiene precio y el mundo se ha vuelto plano, unidimensional y sólo existe el mercado. Cómo voy a ignorar eso. Ahora bien, hay una forma de lucha que podemos llamar el quintacolumnismo. En esencia se trata de una quinta columna de resistencia que se infiltra en las filas del enemigo y utiliza multitud de armas, la ironía, el sarcasco, las fábulas, la información oculta desde los grandes medios de desinformación, la polémica, la controversia, el debate, la comunicación de conocimientos interdisciplinares y todo ello con la intención de despertar la conciencia de los individuos, pero algo también que va más allá, despertar la conciencia de un sujeto colectivo. Y nada mejor que la red para ello, puesto que de la red puede emerger un sujeto colectivo. En fin, que si tengo que explicar esto es que, como me temo, es todo un fracaso. Porque eso es otra cosa a la que se da lugar con el diálogo en la red, a las susceptibilidades.

Pero hay otro mal, no pienso que el fin de las redes sociales sea el control del pensamiento. No fue éste el fin con el que aparecen. Además, no creo en las teorías conspiratorias de la historia, soy un racionalista crítico. Ahora bien, lo que sí ha ocurrido es que, a mi modo de ver, el devenir de las redes sociales las ha convertido, no por el hecho de pagar, que es algo obvio, en mecanismos de control del pensamiento. No sólo las redes sociales, sino internet en su conjunto. Pero limitándonos a las redes sociales lo que podemos decir es que se han convertido en mero divertimento (pan y circo en el dicho romano) y, por otro lado, como siempre, el aspecto religioso. Sirven de desahogo de la conciencia cada vez que uno le da a un me gusta de un tema que tenga que ver con una supuesta justicia social. Y esto último  es un peligro, porque el papel que juega ese me gusta es como el padre Nuestro que te mandaba el cura tras la confesión. Es decir, que nos confesamos cada vez que navegamos por la red y lavamos nuestra conciencia. Y, de esta forma, nos encontramos como en el catolicismo, sin capacidad de actuar, la confesión que inventó la iglesia católica fue el mejor mecanismo de control de las conciencias, primero porque se sabía que pensaba y hacia la población, eso se sabe hoy en día también según lo que uno ponga en su muro y cómo participa en el muro de los demás; y, en segundo lugar, uno al cumplir con la penitencia, siempre leve: arrepentimiento y rezar, pues ya está listo. Ahora le das a un me gusta y a veces compartes y te sientes el hombre más justo y solidario del mundo. O al menos un hombre bueno. Pero, ¿qué conlleva esto? La inacción. Es decir, que el control se hace completo. Es un asentimiento ante el mundo injusto que se nos ofrece como el valle de lágrimas que hemos de soportar…sólo tenemos que esperar; la redención vendrá por parte del sistema, sólo hay que adaptarse. Y ese proceso de adaptación de los hombres y su pensamiento al pensamiento establecido se ha hecho inconsciente. Los vasallos estaban perfectamente adaptados y no pensaron nunca que otro mundo era posible, pero lo era y lo fue. Hoy vivimos una situación semejante y el poder utiliza todas las armas a su alcance para dominarnos. Y hoy dominarnos es dominar nuestras conciencias, como siempre, pero sin violencia física, al revés, con entretenimiento. Así que, señor Alfonso, yo en la red no he hecho otra cosa que lo que Sócrates hacía en el ágora, utilizar la ironía, para enseñar o Diógenes el perro, el sarcasmo e incluso el insulto sutil para espabilar. Exagerar el tono para que los demás den la nota justa. Y si me lo permite, pues sí me considero fuera del rebaño, mi biografía lo muestra claramente aunque usted no la conozca. De todas maneras le diré que salir del rebaño no es fácil requiere valor y esfuerzo. Lo fácil es pensar por otro y lo menos peligrosos es obedecer. Y esto ya nos lo dijo Kant hace doscientos cincuenta años. Y hace más de trescientos La Boêtie escribió un libro que se llamaba “la servidumbre humana voluntaria” en el que demuestra que el hombre prefiere voluntariamente la servidumbre a la libertad. La libertad es el bien más preciado, decía Don quijote a Sancho, más que las riquezas, el honor, la fama…pero el caso, y esto lo añado yo, es que el hombre vende su libertad por un plato de lentejas. De nuevo un saludo cordial para ustedes.

Claro como el agua. Lo que ocurre es que a nuestros políticos, sean quienes sean, cuando están en el poder, se le olvida esto. Por eso es necesario una separación total entre poderes, cosa que no hay. El poder tiende a tiranizarse, sea o no obtenido democráticamente. Por eso son necesarios mecanismos de control y ellos son posibles si de facto, no sólo en teoría, existe una división entre los tres poderes, más el mediático y el económico. Ése es un gran ideal democrático republicano.

Estoy de acuerdo. Y es muy interesante la visión que das de la libertad de expresión como un derecho universal que debe ser dirigido contra el ejercicio del poder cuando éste se extralimita. Y, también, no debe identificarse con la provocación. Pero creo que hay un problema de fondo. Ejercer la crítica desde la libertad de expresión utilizando la ironía o el sarcasmo es absolutamente pedagógico. Es el fundamento de la enseñanza de Sócrates, la ironía, y de Diógenes el perro, el sarcasmo. Pero, ¿qué es lo que sucede? Pues que algunos sectores del islam no han alcanzado la ilustración y no han separado lo privado de lo público. Y, además, es eso mismo lo que les impide el diálogo. Lo mismo sucede con sectores fundamentalistas, que cada vez abundan más, en el occidente cristiano. Quieren volver a una época preilustrada. Si no aprendemos e interiorizamos los valores de la ilustración seremos incapaces de soportar el sarcasmo, la ironía y seremos incapaces de dialogar. Y esto sirve tanto para cristianos como para islámicos. Por otro lado, nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad pacata en la que hay que aceptar lo políticamente correcto y no se puede hablar más allá de ello. Esto es una violación encubierta de la libertad de expresión, y en la enseñanza, de cátedra. Un saludo.

El declive y el resurgir de la religión.

                Esta mañana en clase un alumno me preguntaba que por qué en occidente la religión se iba apagando y en oriente y otras zonas del mundo había una emergencia. La pregunta es de calado, aunque muy general y exige matizaciones. Pero es una buena observación en principio. Para empezar no podemos distinguir entre oriente y occidente a secas. Hay zonas de occidente donde la religión es un factor importantísimo y, además, ha experimentado un gran auge en la dirección del fanatismo. Es el caso de los EEUU. No podemos entender, a pesar de su constitución laica, los EEUU. sin la religión. Nunca, de momento, habrá un presidente de los EEUU. ateo. Por otro lado en este país se ha experimentado un auge de los movimientos cristianos de base en una dirección fundamentalista. En oriente y en los países islámicos las cosas funcionan de otra manera. Oriente sigue sumido en su religiones ancestrales, salvo los países, como China, convertidos al comunismo. Ahora bien, la modernización, a través del proceso de colonización y, después, con la mundialización los ha occidentalizado con lo que la religión pasa a un segundo plano. El caso de Europa es el que representa más claramente a occidente. El fin de la religión en Europa, cuna de la civilización occidental, es un síntoma de la decadencia de occidente. En los países islámicos tenemos también los dos procesos. A medida que se van modernizando, ilustrando y democratizando, la religión pasa a ocupar un lugar privado, un segundo plano en la sociedad. Pero, por otro lado, el fenómeno del imperialismo y el choque contra los EEUU y occidente en general da lugar a la radicalización de movimientos religiosos fanáticos llegando hasta el terrorismo. Es una cuestión de búsqueda de identidad y de reafirmación. El caso europeo es el caso del agotamiento civilizatorio. La pérdida de la religión en Europa y ciertas zonas de los Estados Unidos y otras regiones de occidente es fruto de la posmodernidad, una perversión de la Ilustración, o una consecuencia perversa de la Ilustración. Lo que ha ocurrido es que el proceso de secularización ha relegado a la religión al ámbito de lo privado, las explicaciones científicas han sustituido a la superstición. La religión ha quedado como una cáscara hueca, sin contenido. Como mero ritual. Pero es aquí donde nos encontramos con un problema. El hombre es un animal religioso y mítico. Tiene una dimensión trascendente, necesita de una explicación del sentido de su existencia y del sentido de la humanidad. Y lo que ha ocurrido es que ese sentido es el que nos aportaba la religión, pero la religión ha dejado de practicarse. La actitud del occidental no es la del ateísmo, actitud seria, reflexiva, compleja y comprometida, sino la de la indiferencia. En el mejor de los casos la religión queda como mero ritual de los momentos fundamentales de la existencia. Ante esto y sumado al individualismo egocéntrico y hedonista del posmodernismo lo que ha ocurrido es que el hombre occidental se ha encontrado con su propia nada, con su contingencia y busca desesperadamente un sentido de su existencia. Y esto ha dado lugar a dos fenómenos. En primer lugar la huida hacia las religiones orientales, de carácter místico e individualistas y, por otro lado, el fenómeno de la autoayuda. Con ello, el hombre occidental pretende llenar su vacío. Porque con el posmodernismo también ha echado por la borda el discurso ilustrado. Esto es un problema. No podemos vivir estas religiones porque caen fuera de nuestro ámbito cultural, en primer lugar y, en segundo lugar, los libros de autoayuda no son mas que un popurrí de consejos desordenados y sin fundamento. Son escritos oportunistas. Lo que yo creo es que si occidente y sus valores quieren sobrevivir y tender a la universalización a la formación de una sociedad cosmopolita, debemos recuperar nuestros orígenes. Y nuestros orígenes son la emergencia de la tradición racional y crítica, la aparición del diálogo y, con él, la posibilidad de la democracia. Y la aparición de la tolerancia como fundamento de las reglas democráticas y condición de posibilidad del diálogo basado en el respeto. Y la recuperación de la Ilustración que conlleva lo dicho anteriormente y la conquista de las idea de persona como fin en sí mismo, como un sujeto de dignidad que nos lleva a la formulación de una declaración de los derechos universales del ciudadano basados en tres grandes valores universales: igualdad, libertad y fraternidad. Es decir, lo que yo propongo es la recuperación del gran proyecto ético y político de occidente que nació en Grecia y que se impulsa en el Renacimiento y la Ilustración. Y este proyecto no elimina la religión, ni pretende convertirse en una religión, es un marco de convivencia y de posibilidad de vida. Recuperar este gran proyecto ético de la humanidad y globalizarlo es la esperanza de la humanidad. Si no lo conseguimos estamos abocados al fracaso. Porque insisto una vez más, nuestra crisis no es una crisis económica, sino filosófica, esto es, de visión del mundo, de cómo lo valoramos y nos valoramos. Y, tampoco es una crisis, sino una quiebra del capitalismo global que se apoya en una falsa visión del mundo, en una falsa filosofía. El sentido de nuestra vida y de la historia es una construcción siempre provisional e integradora que debe dirigirse a lo universal sin eliminar lo particular; porque en la condición humana existe lo que nos hace iguales, nuestra universalidad y lo que nos hace distintos, nuestra cultura, religión y, en última instancia, nuestras decisiones libres que obedecen a un proyecto de vida irrepetible y único.

No está mal, aunque es superficial en algunos párrafos y contradictorios en otros. Así como autoevidente, la crisis es responsabilidad de todos, pues claro. Pero no caigamos en el mea culpa, mecanismo religioso, con el que el poder nos quiere mantener en estado de sumisión. Durante decenios los políticos fueron creando un espacio legal que ha permitido esto. De ahí que ahora digan una y otra vez que no hay alternativas. Y cuando esto lo dice un presidente de gobierno es que en ese país no hay democracia, el poder del pueblo, el que ha elegido a ese presidente ha sido secuestrado. Pero es que además, durante esos decenios en los que el poder legislativo ha legislado a favor del capital ha sido también una época en la que los grandes políticos han ido a engrosar las filas de los gestores del gran capital. Al menos yo no voy a entonar el mea culpa porque ya estoy cansado de mitos y religiones, la última el neoliberalismo. Ahora, después de habernos engañado con un mundo feliz a través del hiperconsumo, nos quieren hacer responsables de la crisis, que no lo es, sino quiebra del capitalismo global, y nos quieren domesticar aceptando este valle de lágrimas. No, basta de mitos, hay análisis basados en la razón crítica que dan cuenta de esto y aportan alternativas y no caen en el mito ni encierran mensajes mesiánicos.

El ministro Wert se acaba de cargar con la reforma la ética de cuarto de la ESO, la ha eliminado, simplemente. Es una reforma pragmática, tecnocrática y adoctrinadora en el neoliberalismo. Una reforma para crear esclavos productivos. Después irá la filosofía. Malos tiempos. Y todo es un engaño, cuando pedíamos seriedad y esfuerzo él nos lo ofrece, pero a cambio de un modelo educativo, unos contenidos, meramente laborales y mediatizados hacia el mundo del mercado. Una instrumentalización de los ciudadanos que dejan de ser tales. Cuando la educación es la liberación del hombre para convertirse en ciudadano, se eliminan aquellas disciplinas y conocimientos acumulados por la humanidad que lo humanizan. Si se trata de perder nuestros derechos lo mejor es que el alumno nunca los haya conocido. Así no sabrá ni lo que pierde.

Esta mañana, yendo al instituto, me ha vuelto a sorprender la condición humana y la pésima educación de la juventud en algo que nada tenemos que ver los profesores. Iba yo por la acera, cual respetuoso peatón y veo al final de la misma un grupo de adolescentes, bachilleres, probablemente, porque a los menores no se les deja salir del centro (era la hora del recreo) taponando la cera. Yo, tranquilo, sigo mi camino hasta que casi me topo con uno de los jóvenes que, sin mediar palabras, de disculpas, se supone, se aparta, y tras él otros y me permiten el paso un poco chulescamente. En esto, ya casi sobrepasado el grupo, una chica, de las que estaban apoyadas en el coche, comenta, “hay que ver por donde se le ocurre pasar al tío”. Me quedo tan perplejo, indignado, fuera de lugar, avergonzado, que me faltan los reflejos y no soy capaz de dirigirme a ella y al grupo en su conjunto y, como se dice, cantarles las cuarenta, y darles una lección de educación y urbanidad, que los padres, en otros menesteres debieron olvidar.

Entre las clases que me quedaban por dar estaba la famosa educación de la ciudadanía, para un nivel de tercero de la ESO. ¿Cómo se les va a enseñar y educar en la ciudadanía, si ni siquiera conocen las más mínimas normas de urbanidad? Y no es que no las practiquen, es que además ponen pega y te insultan. Y que no se me diga que para eso estamos los profesores de secundaria porque eso es falso. Para eso están los padres y colaboran los profesores de primaria. Pero para unos zagales de bachiller el estado se debe gastar el dinero en cosas más serias. Y la tan traída y llevada educación para la ciudadanía es una reflexión seria sobre el sentido de ser ciudadano, de lo que es una polis, un gobierno, de los que son las leyes y los diferentes gobiernos, los derechos humanos, la discriminación. Una reflexión crítica sobre todo esto que construya a ciudadanos autónomos y libres en el futuro, no una clase de urbanidad. Es como la limpieza en el instituto. Estoy cansado, como todos los profesores, de la suciedad de los centros y nos imponemos la tarea de limpiar el centro con ellos. Ningún muchacho que entre en el centro debería tirar un papel al suelo, ni romper a patadas una puerta o un grifo o un extintor, eso lo tendría que tener aprendido de casa. Pero, insisto, los padres estarán en otros menesteres. Y la administración ha considerado a bien que eso debe ser tarea de un profesor de secundaria. No hay vergüenza, ni por parte de la administración ni de los padres. Con estos mimbres poco podemos hacer. Cómo les voy a hablar de la clase política, de la corrupción de los partidos, del secuestro de la democracia, del poder económico, de la felicidad y la virtud. Y no es que esté hablando de un grupo de perversos e inadaptados, no, de jóvenes normales y corrientes, sólo que anodinos, indiferentes…será la crisis que los tiene deprimidos y sin perspectiva, ja.

El universo, su origen y el tiempo.

                Cada vez los físicos y cosmólogos saben más sobre el origen del universo y su posible estructura. Así como qué es aquello que hace que el universo, al menos el nuestro, sea como es. Toda investigación sobre el origen del universo es una investigación en la que se retrocede en el tiempo. No podemos observar el universo en su estado actual. Esta es una de las limitaciones de la teoría de Einstein. El límite de la velocidad de la luz. El universo que observamos es el que fue en determinado tiempo, concretamente, el tiempo que tarda la luz en recorrer la distancia a la que está el objeto. En éste sentido no es que el tiempo sea relativo, sino que es una variable ligada al espacio, la velocidad y la masa. Lo que Einstein pone en relación es precisamente, en su primera teoría es el espacio y el tiempo con la velocidad encontrando un absolut que, a su vez, actúa como límite, la velocidad de la luz. Y en su teoría general de la relatividad, lo que pone en relación es el espacio y el tiempo con la masa. Le queda como anhelo la gran teoría unificada, que hoy llaman teoría del todo que es el intento de la unificación entre el mundo microfísico y sus fuerzas y el megafísico con su fuerza universal que es la gravedad.

                De ahí que el tiempo, como dijera Agustín de Hipona sea tan complejo. Decía, “si nadie me lo pregunta sé qué es, si me lo preguntan no lo sé.” La cuestión es que, de alguna manera podemos dilucidar, en términos generales la naturaleza física del tiempo, y esto es lo que hace la teoría de la relatividad y como resultado de ello se nos ofrece un cosmos peculiar y extraño. En ese cosmos el tiempo no es una constante absoluta, como en el universo newtoniano, sino que está sometida a la constante absoluta de la velocidad de la luz, de la masa y de la velocidad. Los objetos se dilatan o se aprietan temporalmente dependiendo de su velocidad y su masa. Y el tiempo no es eterno, sino que es una variable, una realidad ontológica que surge junto con el universo, una propiedad emergente del mismo, es inseparable de él y desaparecerá con él. Lo que ocurre es que no pensamos en términos relativistas, nuestra imaginación es newtoniana y euclidea. Por eso pensamos en un tiempo lineal y en una evolución lineal y direccional del universo. Pensamos que el universo tiene un tiempo con una dirección y sentido. Es lo de la flecha del tiempo que indica el segundo principio de la termodinámica. La entropía. Pero nadie nos puede asegurar que no existan múltiples universos en los que las leyes de la física sean absolutamente distintas. Es más, cada día se acepta más la hipótesis de los múltiples mundos. Además la teoría direccional del tiempo, además de estar contaminada por una visión newtoniana y euclídea, da pábulo a la idea de un universo con sentido. Es decir, a una idea teológica que está muy de moda que es la del diseño inteligente o argumento antrópico. Esta teoría escapa a la ciencia y la filosofía y la esgrimen los creyentes para intentar mostrar que la ciencia no contradice la existencia de dios, sino que la exige. En definitiva, no es más que una versión actualizada de la quinta vía tomista. Si hay un orden, habrá un ordenador. Pues bien, el orden que existe en el universo es meramente casual, podría existir otro. Esto es lo que nos dice la mecánica cuántica. Y lo que también nos dice, según algunos microfísicos, es que todas las posibilidades no se quedan en posibilidades matemáticas, sino en realidades físicas. Es la teoría de los muchos mundos de Everett y sus sucesores y de los universos paralelos.

                En otro orden de cosas, que no tienen que ver con la física, sino con la neurociencia, está la cuestión de la percepción del tiempo. El tiempo es una construcción de nuestro cerebro, un a priori, una condición de posibilidad que se moldea desde la infancia con la experiencia. El cerebro construye nuestra realidad, que no coincide con la realidad física o química. La realidad que construye el cerebro es una realidad adaptativa. Es, en última instancia, la que nos ha permitido sobrevivir. El cerebro es un gran fabulador de la realidad. Existe un a priori filogenético que es de naturaleza evolutiva. Este a priori con el que nacemos interactúa con el medio y configura nuestra visión del mundo: temporal, espacial, visual, auditiva… En definitiva, que el mundo que creemos real es una apariencia, una fabulación del cerebro. Pero una fabulación evolutivamente exitosa, si no no estaríamos aquí. Por eso tienen razón los budistas, la realidad es velo de Maya, apariencia, engaño, en realidad es Nirvana: nada. Y el yo es otra construcción del cerebro, aquella que da consistencia a la totalidad de nuestra percepción. Por eso el budismo insiste en que para anular todo deseo y traspasar el velo de Maya, es necesario anular la apariencia del yo.

Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?

Hitler como precursor

                El Autor Calr Amery ha escrito un libro con este título inquietante. Lo que sigue es una reflexión personal a partir de sus tesis. La solución final de Hitler fue un producto de su pensamiento, de su persona, que, en definitiva, dependía de factores históricos e ideológicos que coincidieron en él. Su obra, Mi lucha, es un mal escrito, un refrito de teorías de su tiempo, una serie de impresiones y prejuicios mal redactados, pero que tienen como piedra angular una serie de dogmas que pueden repetirse. Podemos acercarnos a una nueva solución final, pero de otro modo. La historia no se repite, sino que se desenvuelve desde los mismos esquemas. La teoría básica de Hitler es una mal digerida teoría de la evolución adaptada a la evolución histórica del hombre. Piensa el autor que existe una raza superior a las demás, concepto, por lo demás, desmentido por la antropología. Y que esa raza tiene que dominar el mundo por medio de la extinción de las razas humanas inferiores, igual que las demás especies humanas han desaparecido por la superioridad del Homo sapiens. Esto no se sostiene ni científica ni filosóficamente. No es más que un prejuicio para justificar un sentimiento de superioridad sin sentido. Pero esa raza superior está amenazada por los gérmenes o bacterias que pueden terminar con ella. Y la única tarea que nos queda para acabar con los gérmenes es la de la desinfección. Y en esto consiste el exterminio. Y para Hitler los judíos representan esa infección, de ahí que sea necesario el exterminio total. Es necesario acabar con la bacteria para que la reina, la clase superior triunfe. Por eso no sólo son los judíos, sino todos aquellos que amenazan la superioridad de la reina y su desarrollo: los discapacitados, los enfermos, los marginados, los gitanos, los homosexuales, los comunistas…y así. En esto consiste el plan de exterminio de Hitler. El gran dictador fascista, aun sabiendo ya perdida la guerra, sigue con su plan de exterminio, porque ésa es su gran obra.

                Y, ¿qué tiene esto que ver con la actualidad? Pues yo pienso, y lo he dicho muchas veces, que estamos pasando de un fascismo económico a un fascismo político. El neoliberalismo que se instauró hace cuarenta años ha ido progresivamente triunfando, se ha instalado en nuestras consciencias y se ha convertido en un pensamiento único, además de haber acabado con la política. Si el mercado, y los especuladores a través de sus corporaciones son los que dirigen los destinos de los estados, se acabó la política y, con ella, la democracia. Y esto es lo que está ocurriendo entre otras cosas. Nuestros políticos, a nivel europeo o mundial, sólo les queda decir que “no hay alternativas”. Y eso es lo mismo que decir, que ellos no son, que se lo dicen otros que son los que en realidad mandan. Son el vehículo de transmisión de decisiones que no toman ellos. Y ellos son nuestros representantes, luego, se acaba con la política y la democracia. Y, ¿cuáles son los dictados de esos poderosos? Pues recortar la riqueza de la clase media o acabar con la clase media a la que consideran una advenediza. Ellos se consideran los hombres superiores. El planeta está en serio peligro, el problema ecológico, hay que asegurarse el futuro y el dominio del pastel, porque no hay pastel para todos. Arremeten contra la clase media porque quieren acabar con ella. La quieren esclavizar, de hecho, ya lo hacen. Si no hay política ni democracia, las leyes no emanan del pueblo, sino de estos señores poderosos a los que obedecemos y consentimos, porque tiempo hemos tenido de quitárnoslos de encima, pero caímos en el gran engaño del posmodernismo y el ultraliberalismo salvaje y sin bridas del consumo fácil, nihilista y hedonista. En definitiva, nosotros también consentimos el mal. Dejamos que creciera y se convirtiera en un monstruo. Pues de lo que se trata es de eliminar la clase media porque nos consideran inferiores. Nos irán privando de todos nuestros derechos adquiridos por medio de la lucha social e intelectual. Perderemos la educación, la sanidad (esto es un plan de exterminio, cada vez que se alargan las listas de espera hay quien lo paga con la muerte: en definitiva, la supervivencia del más fuerte.) La educación para el que la pague. La pública, simplemente para tener recogido al personal y adoctrinarlo en los dogmas del sistema. Perderemos dinero y capacidad adquisitiva. Se aumentará nuestro horario laboral hasta que se trabaje hasta la extenuación a cambio de un consumo de supervivencia. Tampoco quedará mucho sobre la tierra para consumir. La energía, los alimentos y el agua se acaban. Hay que repartirlo entre unos pocos poderosos. Y esto no hace más que empezar. Estos poderosos planean sobre la clase media su exterminio, su conversión en proletariado y lumpenproletariado, los que se han caído del sistema, los miserables y apestados de la tierra. Ya hay miles de millones y millones de muertos por guerras ecológicas. Pero, para los poderosos esto no tiene importancia, no es más que cuestión de supervivencia. Y sobrevive el fuerte que es el más rico. Un nuevo neodarwinismo ideológico, ramplón, pero que les justifica sus crímenes, su plan de exterminio al modo del Informe Lugano de Susan George. Éste es el futuro que nos aguarda y que se irá desarrollando a lo largo de décadas. Es la quiebra del capitalismo global en el que los escenarios futuros pueden ser múltiples. Sólo cabe una esperanza, la rebelión del pueblo empezando por la desobediencia civil.

…y no estaban ellos…

 

En una mañana calurosa de un ocho de septiembre, en Castuera, localidad de la Serena extremeña, un grupo de ciudadanos se dan cita con motivo de la finalización de las exhumaciones que un grupo de arqueólogos y voluntarios a instancia de la sociedad por la recuperación de la memoria histórica de Castuera y Extremadura han realizado durante un mes. El resultado ha sido la exhumación de dieciocho cadáveres de represaliados de la guerra civil. Hombres y mujeres asesinados impunemente, después de la prisión y la tortura. Les recuerdo que en Castuera hubo un campo de concentración por el que pasaron quince mil personas, muchas de las cuáles murieron por las inhumanas y adversas condiciones y otras, la mayoría, fueron asesinadas de forma vil y cobarde obedeciendo a un plan de exterminio del enemigo que el ejército golpista había planeado. ¿Quién no estuvo allí a pesar de ser invitados por la asociación? Pues los políticos que estarían en cosas más agradables que las de enfrentarse a los fantasmas del pasado, como puede ser la celebración del día de Extremadura. Pero no me voy a extender sobre esa ausencia. Por sí sola es significativa y lo dice todo. Me voy a detener en el significado de memoria y justicia.

            Después de treinta y muchos años ya de la finalización de la dictadura que procedió de un golpe de estado tras el que se siguió un programa de exterminio del enemigo que duró muchos años después de finalizar la guerra, no se ha hecho justicia con los asesinados. Se asesinaba a las personas y con ellas a la democracia y la libertad en nombre de una gran mentira y con la connivencia absolutamente explícita de la iglesia. Sin la memoria de estos asesinatos no habrá nunca justicia. Y hablo de justicia moral, pero no en abstracto, sino en concreto. Es necesario la recuperación de cada uno de los cuerpos de los que fueron asesinados por defender el régimen legalmente establecido, cuyo fundamento eran la libertad y la democracia, por muchos defectos que tuviese, como nuestra democracia actual. Si no se hace justicia con estos asesinados nunca se podrá pasar página en la historia de España, porque siempre habrá vencedores y vencidos. Y esto no se ha hecho. La transición fue una claudicación de la izquierda ante el poder de las antiguas estructuras del franquismo. Hubo demasiado miedo y demasiado poder que quería perpetuarse. La izquierda no supo enfrentarse a la iglesia y ponerla en su lugar. Aceptó la ley de amnistía y quiso cerrar página. Pero eso es imposible, porque los muertos siguen gritando justicia desde la soledad y el fondo de las cunetas. El olvido no es el instrumento psicológico de la justicia, sino, muy al contrario, la memoria. Y hablo de justicia, no de venganza. Lo pasado pasado está, pero es necesario su conocimiento, tanto  el histórico como el personal. El olvido es para los cobardes, para los que no se atreven a mirar quiénes son y de dónde vienen. Si aquí se cometió una tremenda injusticia contra cientos de miles de personas y contra un régimen de libertad y democracia, eso debe ser absolutamente conocido y denunciado moralmente. Y, además, corresponde al estado esta misión, no a meras asociaciones sin recursos y con cortapisas por los distintos poderes. El estado tiene una deuda pendiente con la historia de España desde hace treinta años. Y digo el estado como tal, no el gobierno de un partido o de otro, los dos partidos mayoritarios, supuestamente democráticos, y precisamente por eso, tienen el mismo deber. Los muertos anónimos claman por sus nombres y piden justicia. La historia exige verdad. Y los ciudadanos debemos reclamar esto, sin miedo, sin odio, sin rencor. Para aprender de los errores y de los excesos a los que es capaz de llegar la condición humana. Como un antídoto para el presente y el incierto futuro que puede dar lugar a discursos populistas, mesiánicos y apocalípticos que son precisamente los que nos llevan a estos atropellos, masacres y genocidios. Y, sobre todo, por dar un nombre, una vida, una familia a quienes durante más de setenta años yacen olvidados en las cunetas y las paredes de los cementerios de nuestro país.

La desobediencia civil.

            Uno de los temas más peliagudos de la política y la ética de hoy en día. Una sociedad se mantiene como tal, cohesionada, si sus ciudadanos obedecen las leyes. De lo contrario reinaría la anarquía. Y, como sostenía Kant, hasta un pueblo de demonios necesitan sus normas para poder convivir. Ahora bien, sucede, a veces, que el poder utiliza su fuerza y crea leyes que violentan a los ciudadanos. El sentido de la ley es, en primer lugar, garantizar la libertad de los ciudadanos. Parece algo paradójico, pero no lo es. Somos libres porque obedecemos leyes. Si no obedeciésemos leyes seríamos esclavo del miedo y la inseguridad. Porque cualquiera podría actuar como nosotros. Es decir, que las leyes están para protegernos, máxime en un estado democrático. Para garantizar nuestra seguridad, libertad y tranquilidad de tal forma que podamos llevar una vida satisfactoria y plena. Que nos podamos realizar libres del miedo de ser oprimidos por los otros o cualquiera que se alce con el poder.

            Por eso insisto en que las leyes sirven para hacernos libres y es en ese sentido en el que podemos decir, que las leyes nos humanizan. El hombre tiene dos procesos evolutivos, uno de hominización, en el que llega a ser Homo sapiens sapiens, y otro de humanización que es el que se inicia, con la comunicación y el lenguaje que crea la cultura. Y, todo ello, porque el hombre es un animal que no es capaz de estar solo. El hombre es un animal social, político, que vive en polis y ciudades y éstas han de ser gobernadas por leyes. Y las leyes obedecidas por los hombres. Y la obediencia del hombre a la ley es la que garantiza su humanidad. Nos hacemos humanos porque inventamos normas morales y leyes que obedecemos y nos liberan de la naturaleza. Por medio de las leyes nos alzamos por encima de nuestra naturaleza biológica. Es nuestra doble naturaleza, si bien ésta segunda emerge de la primera. No planteamos aquí una dicotomía, aunque este no es el tema ni el sitio. Pues bien, decía que las leyes nos humanizan y nos hacen libres, libres de las ataduras de la naturaleza. Pero el caso es que ha habido una evolución en la ética y la legislación y esa evolución, a mi entender, ha ido dirigida a la consecución de la mayor libertad de los hombres. Me explico. En primer lugar, desde el punto de vista ético se ha conquistado un conjunto de normas que consideramos comunes y universales a toda la humanidad. Y desde el punto de vista legal hemos conquistado la república o la democracia cuya característica legal es el imperativo de la ley. Y bien, esto quiere decir que la ley está por encima de todos. Esta es la esencia de las democracias desde el punto de vista legal. Y a esto lo llamamos isonomía. Todos estamos bajo el imperio de la ley pero, a su vez, la ley emana del ciudadano (sobre todo en la república donde se exige la virtud y excelencia del mismo)

            Pero cuál es el problema que nos encontramos y que nos lleva a la desobediencia civil. La democracia, la república son las máximas conquistas éticas y políticas de la humanidad y emergen del uso del logos, la razón. Y la característica del logos es que no pertenece a nadie; como decía el viejo Heráclito, es lo común. Y en política el logos se ejerce en el ágora, que es la plaza, el lugar vacío en el que se discuten las leyes y se establecen siguiendo al logos, lo que nos hace iguales. En el ágora todos somos iguales porque el logos la razón nos unifica. Y el fruto de ese logos, en las democracias, son las leyes que están por encima de todos. Ese es el imperio de la ley, que es discutible desde el logos, pero que hay que obedecer mientras que no se nos convenza de lo contrario, de ahí lo de la isonomía. Y esto es importante. La democracia nos hace a todos iguales y sometidos de la misma manera a la ley, que por su parte nos protege y es fruto del consenso de la comunidad. Procede del ágora, lugar vacío en el que se expresa el logos por boca de los ciudadanos. Hasta aquí la obediencia a la ley es inviolable. A la ley o se la obedece o se la convence de su error. Y el lugar del convencimiento de su error es el ágora. Pero lo que ocurre es que las democracias se pervierten y la perversión de la democracia procede del poder, cuando éste, en sus múltiples formas, ocupa el ágora y eludiendo el logos y utilizando la fuerza impone sus leyes. Entonces hay quien está por encima de la ley y tiraniza a los ciudadanos. Es en este momento en el que se produce una violación de la democracia, el poder no emana del pueblo, y se rompe la isonomía, y aún peor, una violencia ética, porque en cuanto haya individuos que estén por encima de la ley e impongan su ley por el poder, entonces los ciudadanos dejan de ser tales, de ser personas y se convierten en instrumentos en manos del poderoso. Es decir, perdemos la dignidad, nos deshumanizamos. Y es esto, ni más ni menos, que la tiranía. Y es esto, lo que está ocurriendo hoy en día. ¿Y qué hacer ante esto? Sólo se puede contemplar una salida, la desobediencia civil. Ésta es el instrumento que le queda al ciudadano para restablecer la isonomía y para recuperar su dignidad. Si no nos rebelamos ante el poder extrademocrático, nos convertimos en cosas, objetos, perdemos la dignidad, somos esclavizados. Y lo peor es, como es el caso ahora mismo, cuando esta tiranía procede de la propia democracia, de su perversión. Por eso la democracia, mejor república, exige ciudadanos virtuosos, es decir, valientes y dignos, que conozcan y exijan el sentido de la ley. La desobediencia civil es un estado de excepción legal, no revolucionario que tiene como fin instaurar la isonomía, la justicia y la dignidad. Pero al poder le interesa confundir, y el pueblo anda en esta confusión, la desobediencia civil con la revolución y la violencia. Nada más lejos de la realidad. La revolución y la violencia proceden de la tiranía, precisamente de aquel que tiene el poder y se ha excedido en su administración convirtiéndose en un tirano que está por encima de la ley y de los ciudadanos. Cuando en una democracia se dice que no hay alternativas estamos ante la claudicación de la democracia frente a un poder externo y estamos acabando con la dignidad de los ciudadanos.

            Hoy más que nunca es necesaria la desobediencia civil, perder el miedo y recuperar nuestra dignidad. De lo contrario caeremos en el mal consentido y seremos coparticipes del poder tiránico que nos oprime.

Los modelos de belleza física han ido cambiando durante toda la historia. No la belleza de la sensibilidad y la inteligencia. La belleza física es cultural en parte y dirigida a la procreación, en otra parte, por eso se pasa, igual en el hombre. Lo que ocurre es que en los tiempos que vivimos la mujer, su belleza física, se ha convertido en un objeto del capitalismo. Hace tiempo leí un libro de una antropóloga y filósofa marroquí titulado “El Islam en occidente” El último capítulo era sorprendente, sólo con el título es suficiente: “El burka en occidente es la talla 38.” De modo que la mujer se convierte en esclava de ese objeto creado por el capitalismo y el hombre en esclavo del consumo de ese objeto. En fin, que el capitalismo siempre esclaviza y aquello que las mujeres pensaban que las hacía libres, por el contrario, las hace esclavas, objetos de consumo. Y al hombre esclavo de este consumo. La sensibilidad y la inteligencia se iban quedando por el camino, quizás para reencontrarlas en la vejez, que la sociedad, de forma antinatural se empeña en alejar cada día más. De esa forma nos mantiene entretenidos e inconscientes. Un saludo.

Vamos a ver. Espero no haberte ofendido por mi tono, lo utilizo muchas veces por escrito y oralmente. Y creo que es cuando me salen los mejores discurso. Y ese tono se debe a un estado de ánimo indignado, cercano a la cólera que la canalizo por medio de la razón del discurso. Por eso mi diatriba no iba contra ti sino contra la política, además, de hacer un alegato de mi independencia que para mí tiene mucha importancia porque es el esfuerzo de toda una vida. Independencia sin neutralidad participando democráticamente con el voto o el no voto. Ahora estoy en una posición absolutamente radical porque creo que es la única forma de salvar la democracia.

Sé de dónde vienen tus palabras y conocía el discurso de Monago y participo de tus críticas.

Pero, por último, lo que no admito es esa defensa irracional del partido socialista. Inevitablemente y verdaderamente y es de agradecer, aunque es su deber como supuesto partido de izquierda, que ha habido avances sociales muy importantes en los gobiernos socialistas. Pero se deben más a la inercia de la exigencia de un estado democrático que a la propia praxis del partido. El partido socialista ha dejado mucho que desear en el desarrollo del estado de bienestar como bien demuestra Vicenç Navarro en “Bienestar insuficiente” cuando tuvo todas las armas para desarrollarlo. Por el contrario, en el partido socialista se generó corrupción e, incluso, terrorismo de estado. El partido socialista ha fomentado el bipartidismo, lo cual es un violación de la libertad real de expresión y ha prolongado las antiguas estructuras de poder franquista, también esto lo hizo el partido comunista. La transición no fue modélica, esto es un mito que hay que desenmascarar y del que los partidos de izquierda deben dar cuenta. Y de esa mala transición viene nuestro deficiente estado de bienestar y el trato de favor al capital, al poder. Y, también, a la iglesia, que todo hay que decirlo.

Y en cuanto a lo de la mundialización que es un proceso del capital y que no es nuevo, ya Marx lo anuncia en el Manifiesto comunista, comienza en el Renacimiento. Pero si queremos fijarnos en las características actuales pues tiene sus comienzos tras la crisis del petróleo del setenta y tres. Y ahí es donde viene la claudicación de la izquierda, de toda la izquierda mundial ante el neoliberalismo que se había desarrollado treinta o cuarenta años antes con Von Mises y Hayek, pero estos no eran tan brutales, su liberalismo era un liberalismo filosófico que abarcaba muchos más ámbitos que el de la economía. Pero lo que le pasó a la izquierda cuando acepta el neoliberalismo de la globalización es que lo acepta como un desarrollo histórico inevitable. Es decir, acepta un determinismo económico de la historia y, políticamente, afirma lo que últimamente estamos cansados de oír, “no hay alternativas”. Pues esto significó la ruina de la izquierda, de la democracia y el surgimiento de la ultraderecha económica. De lo que yo llamo el fascismo económico en el que estamos instalados. La izquierda vivió un espejismo, porque durante tres décadas el crecimiento fue brutal y encima cae el muro de Berlín, por lo tanto sólo existe un modo de desarrollo histórico, un fin de la historia y una muerte de las ideologías. Ésta fue la tumba de la izquierda y de la política. Pero sí había alternativas lo que ocurrió es que no se escucharon, porque la política toda se corrompió. Por eso urge ahora esa recuperación de la política y de la sociedad civil. Un afectuoso saludo.

 

 Perdonad, pero no habéis entendido nada de lo que he querido decir. Primero, dije, para avisar, “sin ánimo de molestar”, sólo quería recordar. Segundo, Andrés, en términos absolutos estamos igual que en términos relativos. No hagas demagogia. Tercero, estoy hablando de política de verdad. Vosotros habéis seguido en la línea de la política menor. Por eso es de muy mal gusto esa afirmación de que soy afín, o simpatizante o cercano, no sé lo que has dicho a IU. Mis críticas, en términos generales, son iguales a IU, que a los otros partidos y en términos particulares, pues no vienen ahora al caso, pero son contundentes. Mi discurso, y precisamente para no entrar en discusiones de “y tú más”, está en un nivel más elevado, es decir, en un nivel del planteamiento de qué es la democracia, qué significan los partidos políticos y qué lugar ocupa el ciudadano y la sociedad civil. Y eso se lo digo al PSOE, al PP, a IU… y a quien sea; y ahora es precisamente el momento de plantearlo. Porque es mi deber como ciudadano y porque el sistema nos ha llevado al fracaso total, de la democracia, de los partidos y de la ciudadanía. Así que regodearse en los discursitos de Monago, o de cómo lo esté haciendo IU en el parlamento, me parecen problemas menores. Yo planteo una política subversiva para ciudadanos valientes y autónomos que no sigan consignas. Que no llega a ninguna parte, pues nada nuevo bajo el sol. Sócrates murió en manos de la democracia y era más desarrollada que la nuestra pero con algunos defectos similares. La Boêtie ya escribió “La servidumbre humana voluntaria.” Montaigne sus Ensayos. Montesquié La división de poderes. En fin, que ni digo ni invento nada nuevo y que si me equivoco ya lo decían otros infinitamente más sabios que yo. Además de los dichos: Leopardí, Fernando Pesoa y el imprescindible Ciorán. Hay que leer no por leer, sino para crecer y enseñar no para seguir modas. Otro que se me olvidaba Ernesto Sábato, que hace dos años que murió y sus dos últimas obras., además de Uno y el Infinito. Como veis, pongo mi discurso en la boca de otros, no por cobardía, sino por no ser pretencioso. Porque el saber, en el fondo, no es más que una gran recapitulación.

            Por cierto, hoy ha habido un acto en homenaje a los caídos por defender la República y la libertad en Castuera donde un equipo ha exhumado quince cadáveres asesinados por los golpistas y su plan de exterminio sobre el que la izquierda (el PSOE, se le supone) durante treinta años ha echado un tupido velo y, al final, ha creado una pacata ley de Memoria Histórica. ¿Dónde estaban los políticos? Celebrando la mamarrachada de autonomía que sólo ha servido para aumentar la corrupción. Las autonomías, lo sabéis, de ahí la necesidad de una nueva constitución, realmente existentes y con carácter histórico son la vasca y la catalana. Todo lo demás fue una salida constitucional para ofrecer reinos de Taifa. Una sangría del estado. (Si me oyen los de IU, Andrés, tan autonomistas ellos y tan progres, algunos, porque otros no han pasado la página de Stalin) En fin, que mi discurso iba con muy buenas intenciones y me habéis malinterpretado de ahí estos exabruptos, no falsos por ser tales, sino por ser contundentes. Y para que no se me vuelvan a clasificar pues llevo toda la vida luchando por la independencia y la libertad. Y, como decía Nietzsche, “Sobre todo que no se me malinterprete…” Saludos y un feliz día como todos los demás.

Es algo bien estudiado que no se hubiese llegado al exterminio nazi sin el consentimiento de la población. Un ejemplo gordo. Actual, los más de cuatro millones de muertos por el coltán en el Congo. El Coltán es un metal para nuestros móviles. Los funcionarios no llegaron ni a un 15 por ciento de huelga por la bajada de sueldo, sólo ha habido movilizaciones en las grandes capitales por la eliminación de la paga extraordinaria. Sí, hay ruido, pero es de una inmensa minoría. Es necesario alcanzar un umbral suficiente para que la sociedad en su conjunto se movilice y no consienta la tiranía, también hay ejemplos pasados y recientes en la historia de esto. Por eso, particularmente, insto a la desobediencia civil como forma de que los ciudadanos recuperen su ciudadanía y su consciencia. Ejemplo de esto, los derechos civiles con Luther King. La caída del imperio británico con Gandhi. Un ejemplo más antiguo, pero del que viene todo lo actual, la conquista, tras la toma de la Bastilla, de los derechos del hombre y del ciudadano.

El eterno problema de la perfección y la felicidad. Pero, ¿y la libertad? La imperfección humana nos hace libres. La perfección nos convierte en algo distinto, probablemente mejores, pero sin libertad. Quizás algún día la tecnociencia nos permita autoevolucionarnos, pero dejaremos de ser homo sapiens, pero tampoco hay que tener prejuicios por ello. ¿Quién puede asegurar rotundamente que no seamos máquinas que se creen libres? ¿Y qué es todo lo que nos rodea con lo que interactuamos con nuestras interfaces y nuestro cerebro, sino información?

 

La desobediencia civil no es una soberana estupidez ni conduce al enfrentamiento civil.

Esa soberana estupidez (la desobediencia civil), que no es ninguna incongruencia, sino una exigencia moral, ha movido el mundo de la esclavitud a la libertad, de considerar al otro como una posesión a considerarlo como persona, de la desigualdad a la igualdad, de la barbarie a la civilización, de la venganza al derecho, de la tiranía y el absolutismo monárquico a la democracia…y así hasta conquistar la dignidad para toda persona. Y sí, desgraciadamente se ha derramado sangre en estas conquistas. Pero Ramonet, y yo con él, piensa que la desobediencia civil no tiene por qué llevarnos al derramamiento de sangre. Dos casos ilustran esto: Luther king y Gandhí, uno conquistó los derechos civiles y sociales, el otro la independencia de la India del Imperio Británico y el desmoronamiento de ésta tiranía, ambos desde la desobediencia civil y sin enfrentamiento civil. No todo tiene que ser por las bravas. Además, para más información, un kantiano como yo no es partidario de las revoluciones, sino del uso público de la razón y añado la desobediencia civil sólo ante la tiranía. Y ésa es la situación en la que estamos.

Uno. La religión no es una neurosis colectiva, que diría Freud, sino un delirio colectivo, necesario, pero delirio.

Dos. Los milagros son un símbolo y hay que hacer una lectura gnóstica de los evangelios, así como de la persona de Jesús. Por eso los milagros no son sucesos sino formas de hablar al pueblo llano.

Tres. El paralelismo entre humanitarismo y milagro es forzado. Cuántos ciegos, cojos, contrahechos, etc había, cuántos sufrían depresión y angustia, cuántos esquizofrenia. Sin embargo sólo unos pocos, sin motivo alguno son “salvados” de su mal. Además es una contradicción, porque según la teología cristiana no hay mal en el mundo puesto que dios es infinitamente bueno. El problema del mal en la teología, que es de lo que se encarga la teodicea, es el cáncer de la teología. Lo resuelven –los cristianos- desde la filosofía platónica. Para Platón el mundo verdadero es el de las ideas y todas ellas participan de la idea de Bien. El mundo sensible es imperfecto, contingente, temporal, cambiante…pero todo esto que podemos considerar un mal es sólo mal relativo, es decir, que el mundo sensible existe en tanto que participa del mundo de las ideas y, por tanto, del Bien. Por ello en Platón no puede haber mal, sino más o menos participación del bien, o privación de un bien. Y ésta es la solución de la teología cristiana. El mal no puede ser real u objetivo porque entonces dios no es el supremo bien, por tanto el mal es privación de un bien, como por ejemplo, la ceguera, privación del don divino de la vista. Además de que no existe el mal real, el bien es fruto de la voluntad de dios, si uno tiene buena vista es por la voluntad de dios, si no, es porque dios no lo ha querido y los designios de dios son inescrutables. El mal moral es también privación, si hacemos el mal es porque no hacemos el bien, sólo existe el bien que es la voluntad de dios que se expresa en sus mandamientos. El mal ha producido oleadas de ateos y, también, sumisión ante la voluntad incognoscible del creador.

Cuatro. El cristianismo es un sincretismo helenista que, por diversas causas, triunfó sobre otros sincretismos y, una vez que se hizo con el poder exterminó, literalmente, a las religiones llamadas paganas, de las que nunca se pudo deshacer y perviven en nuestro santoral aún, y las filosofías y ciencias griegas (Atenas y Alejandría.) el primer cisma que se produce en el cristianismo fue la lucha entre Pedro y Pablo (verdadero fundador del cristianismo) Pedro era partidario de revelar el mensaje a los judíos, al pueblo elegido. Pablo de Tarso, helenista y contagiado del concepto estoico de humanidad y razón universal (cosmopolitismo) pensó que el mensaje del nazareno iba dirigido a todos los hombres, es decir, a Roma, que era la totalidad del mundo. Triunfo Pablo, por eso hay cristianismo. Y si Constantino no hubiese abandonado el arrianismo seríamos todos arrianos. Las herejías se constituían en tanto que tales a toro pasado; es decir, si no triunfaban, generalmente por la fuerza.

Cinco. Me quedo con el mensaje ético: el sermón de la montaña y la parábola del buen samaritano que constituyeron un grano de arena en el progreso ético de la humanidad. Si tanto los ateos, como las demás religiones y el catolicismo partiesen de aquí habría un auténtico diálogo entre religiones y sería un bien para la humanidad. Pero las religiones del libro tienen en sí el germen del fanatismo, inevitable, por otra parte, al considerarse la verdad absoluta. Otro tanto ocurre con los ateos procedentes del cientificismo.

Efectivamente, estimado Antonio, yo tampoco estoy de acuerdo con lo que afirma sobre la juventud y con algunas cosas más. En realidad, y el otro día escribí unas líneas sobre ello, eso que se dice de la juventud es un mito auténtico. La enseñanza secundaria y la universidad son mediocres y los valores imperantes en la sociedad nada tienen que ver con el conocimiento, la virtud, la voluntad y el esfuerzo. En deseducativos escribí un par de artículos sobre este asunto. Los valores que imperan son los que emanan de la posmodernidad, el éxito efímero, el hedonismo ramplón, el egocentrismo nihilista, el relativismo del todo vale…Nuestra juventud tiene títulos pero no está preparada para ser auténticos ciudadanos, sino para acoplarse al sistema y clonarse. No le interesa el saber por el saber, ni el saber para transformar el mundo, ni la justicia, porque todo vale. Sólo se adora un nuevo ídolo, el dinero, que es el que le puede proporcionar el placer pasajero. Es una juventud con conocimientos técnicos, un saber hacer, pero sin conciencia ni social ni epistémica de su saber. Y esto es una verdadera pena, porque el mal empezó con la LOGSE y ha sido un desperdicio de inteligencia, entusiasmo, ilusión, en lo que a los jóvenes se supone; y una pérdida de dinero público en lo que al estado se refiere. Un auténtico desastre.

 

Un abrazo.

Entre la LOGSE-LOE y la universidad que tenemos, cómo nos atrevemos a decir que tenemos la juventud mejor preparada. Será que tenemos a la juventud con más títulos universitarios, pero ya está. La diferencia de nivel entre un segundo de bachillerato actual y un COU antiguo es abismal y eso lo apreciamos quienes llevamos más de veinte años en la secundaria porque hemos podido vivir esa transición. Si a esto le sumas la pésima calidad del profesorado universitario, mas la ley de Bolonia, más la restricción en gastos de docencia e investigación, pues ahí tenemos a nuestros titulados. Una pena y un despilfarro de inteligencia, ilusión y dinero público.

Siempre he sido partidario del materialismo emergentista y cada vez, sobre todo las neurociencias y la mecánica cuántica, lo confirman más. Es un programa de investigación filosófica profundo. Ello quiere decir que ha sido y sigue siendo una buena idea reguladora de la investigación científica. Y que la ciencia, a través de él ha dado y sigue dando enormes frutos. Además resuelve el viejo pseudoproblema de la separación entre las ciencias y las humanidades, que no es más que burocrático y no real. O también de aptitudes subjetivas, pero no ontológico, del ser.

¿Cómo nos atrevemos a hablar de libertad y de los países libres de occidente? ¿Es un sarcasmo, una burla, una farsa, un acto de cinismo? Nuestras democracias occidentales están podridas hasta el tuétano. ¿Cómo es posible que ayudemos a dictadores, que vendamos armas y alimentemos guerras y ahora persigamos a aquel y aquellos que nos ofrecen la información exacta de lo que todo el mundo sabe pero no tenía los papeles con los que verificarlo? Nuestras democracias esconden debajo de la alfombra mucha basura, crimen, genocidio, robo, expolio y el ciudadano lo soporta impasible porque no llega a la categoría de ciudadano o porque el hombre, simplemente, no puede ser libre, sólo unos pocos. Somos víctimas de nosotros mismos, de nuestra propia servidumbre. Y, mientras tanto, los estados operan fuera de la ética, más allá del bien y del mal. Ésta es la condición humana. Con estos mimbres poco se puede esperar del hombre. No es pesimismo, sólo hay que echarle un vistazo a la historia. Y algunos a ésta la llaman progreso…increíble.

Lo siento, pero no es cosa de la crisis, esa es la excusa. En un sistema mercantilista sólo tiene cabida aquello que se pueda comprar y vender, lo que es eficaz y tiene rendimiento económico a corto o medio plazo. Las artes desaparecen de escena, salvo las que justifican el propio poder. El arte, la virtud, la ciudadanía…la filosofía, las ciencias básicas…, ni se comparan ni se venden, luego no tienen espacio en nuestro sistema educativo. Es lo que tiene cuando el liberalismo se confunde con el mercantilismo y la nueva religión de la economía a lo que comúnmente se le llama neoliberalismo, aunque éste es muchas más cosas y peores. Al final el engaño se hace patente, caen las máscaras, porque el neoliberalismo es una ideología, una máscara, una falsa conciencia. Lo siento, pero iremos todos detrás, es más, ya vamos. Por qué la historia de la filosofía que explico y no otra. Por qué la vinculación a la selectividad…por qué el objetivo de Bolonia es la adaptabilidad a la sociedad en la que vivimos y no su transformación…en fin…lamentable.

Los grandes criminales y genocidas andan sueltos y protegidos por el secretismo. El que desvela la información, llamada eufemísticamente confidencial, es llamado criminal y puede ser condenado a pena de muerte por desvelar secretos de estado. Los secretos de estado no son mas que los secretos de los grandes criminales. Son el refugio de estos en las supuestas democracias para mantener al pueblo adormecido y asustado.

Pero la lectura es para unos pocos y se confunde lectura con diversión, mientras que la lectura debería ser conocimiento. De ahí la contradicción entre los planes de fomento de la lectura y su iniciativa por parte del poder. Sospechoso. Al poder nunca, por definición, le ha interesado que el pueblo sea culto, entonces seria indomable, lo que quiere el poder es domesticar. Y la lectura, hoy, domestica, no emancipa. A menos que uno sepa qué leer, pero esto cada vez es más difícil porque generalmente no se sabe que no se sabe. Y esto implica que no se puede buscar lo que no se sabe que existe. Y como la secundaria y la universidad son centros de adoctrinamiento pues nuestro gozo en un pozo.

Esto es una violación del uso público de la razón, fundamento de la democracia. Objetivo para educación de la ciudadanía del curso próximo: de cómo los partidos mayoritarios, en este momento, en especial el PP acaban y desmantelan el estado de bienestar y desmontan la democracia. Competencia básica que según la partitocracia debe alcanzar la "ciudadanía": obedecer. Ya me han resuelto estos mequetrefes que no saben hacer la o con un canuto la programación. Desobediencia civil, ya.

Efectivamente, creo que se pueden cambiar las cosas. E, incluso, desde dentro. Todavía no son necesarias las revoluciones que, en última instancia, sustituyen a unos por otros y estamos en las mismas después de un gran coste en vidas. Es necesario tomar conciencia y no admitir que se nos rebaje el sueldo, se nos quite la paga extraordinaria,  se aumente la jornada laboral, se eliminen y rebajen pensiones, se cierren centros de dependientes, colegios y hospitales públicos, se esquilmen derechos sociales y civiles adquiridos después de décadas y de un gran esfuerzo en vidas, moral y ético, se mercadee con las personas por medio de una reforma laboral que es una revolución y nada laboral, sino capitalista y con el fin de acabar con el estado de bienestar y, encima, nos quedemos tan campantes. E, incluso, los votamos y los defendamos (PSOE-PP e IU participando con sus alianzas). Y todo para dárselo a los que han causado el daño. Tomar conciencia, eso es lo necesario. Deshacer esa ideología que tiene prisionera a la mayoría de la población. Minar el sistema desde sus cimientos. Hoy, más que nunca hacen falta filosofar a martillazos, como decía Nietzsche.

El sistema está podrido y el acto de Gordillo es un símbolo de ello. Y también de lo que se nos puede venir encima. Actos como éste y similares son lo que hacen falta para tomar conciencia de la maldad intrínseca del sistema. Y para que el pueblo lo enmiende poniendo a los políticos y a los que los mandan en su sitio. De que el hipercapitalismo y la tecnobarbarie en la que vivimos es un nido de víboras que se alimentan de todo el sistema y que envenenan la sociedad. Que el capitalismo, literalmente, mata. Que el crecimiento ilimitado es imposible, salvo para unos pocos, y, tampoco por siempre. Que es lo que está ocurriendo ahora. Y la toma de conciencia es absolutamente necesaria si queremos poner justicia, equidad, sentido común en este mundo desmadrado en el que vivimos en el que no tiene sentido participar si no es, precisamente, por gestos que claman justicia y dignidad como éste.

Perdona, pero es un problema de utilización de palabras. En un descubrimiento científico no hay ideología, sí en la práctica científica. En la filosofía no hay ideología, sí se transforma en tales; es más, es de ahí, de la filosofía, de donde proceden. Por eso los problemas en el fondo son filosóficos porque muchas de las ideologías que engendran determinadas filosofías, cuando llegan a la práctica, y el poder hace uso de ellas, son nefastas, estrictamente criminales. Incluso, por ejemplo, el pensamiento de que la ciencia es el único discurso válido que tuvo lugar en las tres primeras décadas del siglo pasado y que hoy en día pervive más de lo que debiera y, además, le interesa al poder económico, procede de la filosofía analítica o neopositivismo lógico. Pues bien, este es el caso en el que una filosofía encargada del análisis del lenguaje se transforma en una ideología llamada el cientificismo, cuasireligioso y tremendamente peligroso porque transforma al hombre en un ser unidimensional y facilita el camino hacia la dictadura y el fanatismo sirviéndose el poder del discurso científico no para el descubrimiento, sino para el adoctrinamiento. En esa situación nos encontramos hoy en día y por eso podemos hablar de la religión de la tecnociencia y, más concretamente, del digitalismo. Es lo de “La nueva ciudad de dios” que defiende Andoni Alonso en su obra del mismo título en la que compara la tesis agustiniana de la llegada de la ciudad de dios a la tierra y el triunfo sobre el mal y el sufrimiento al vencer a la ciudad terrenal con la situación actual. Un saludo y es un placer.

Pues efectivamente, lo estabas y más de lo que piensas. No hay ciencia sin ideología y no se puede confundir la filosofía con la ideología. Una gran parte de la filosofía de la ciencia se encarga de los estudios sociales de la ciencia, porque la ciencia es un producto social, no es un milagro que aparece ex novo, ni independiente de los diversos poderes e intereses. Y sí, es cierto, además pertenezco a esa corriente de pensamiento: el racionalismo crítico o realismo crítico que viene a decir que la ciencia, y sobre todo, como muy bien dices, la ciencia básica, que dice que el interés fundamental de la ciencia es la búsqueda de la verdad o el aumento progresivo del conocimiento por la eliminación de errores. La física newtoniana es falsa, pero es ciencia. Y fue refutada por la ciencia de Einstein de tal forma que si concibiésemos la ciencia y sus teorías, que siempre son hipótesis muy bien contrastadas, con una red diríamos que cada vez en ciencia hilamos una red más fina para conocer la realidad. Pero no hay que olvidar que a la vez que abrazamos la realidad con esta red la moldeamos o construimos. Y esto es así porque hay un a priori genético del conocimiento. Esto es la filogénesis del conocimiento. (Como dice el neurofisiólogo Francisco Mora: “Está por hacer una epistemología evolutiva del conocimiento”) Ahora bien, el hecho de que la ciencia sea la búsqueda del conocimiento no la reduce a ello, (el físico y biólogo Bunge habla de una n-dupla de doce caracteres que definen a la ciencia) es mucho más, entre otras cosas, intereses: profesionales, políticos o económicos, por ejemplo, e ideología, como lo vemos claramente en las ciencias económicas hoy en día con el manido neoliberalismo.

            Pero, de todas formas, qué tiene esto que ver con lo que comenta el artículo, que es lo importante, y con lo que comento yo, que simplemente añado a lo importante del artículo que no sólo son los economistas los que deben salir a la palestra a dar razón (actividad científica donde las haya), sino también los filósofos, porque los problemas son en última instancia filosóficos. Y los problemas nos pueden llevar a la ruina, como ocurrió a partir del 32. Hoy en día aún más. Por el contrario, yo he atacado a la inmensa mayoría de los filósofos, que no son tales, y que viven escondidos en la academia y no salen a cielo abierto y miran la realidad que nos rodea y a hacen filosofía en el ágora, la plaza pública, ocupándose de lo que a todos los mortales nos ocupa. Un saludo.

Hay un error de fondo. En el 32 los economistas tenían que haber dado la cara también, como los filósofos y, algo después la dieron, pero se pasó por una guerra que fue el colofón de la crisis económica. Hoy en día los economistas tienen que dar la cara y explicar la cuestión técnica. Pero el problema es filosófico, o sigue siéndolo. Es un problema de imagen del mundo y de epistemología, es decir, del estatus científico de la economía y del significado de la ciencia en su conjunto para la humanidad. En definitiva un buen artículo por lo que apunta, pero se equivoca de gente. El punto de mira son los economistas teóricos y, como siempre, los filósofos. Porque la filosofía es la que se ocupa de desenmascarar las ideologías y no hay ciencia sin ideología ni sin interés. Pero, ¿dónde están los filósofos? Pues hay pocos y, mientras, los profesionales de la filosofía se pelean por un asiento en la academia perdiendo su tiempo y malgastando el dinero público en “investigaciones” absurdas, sin sentido y meramente doxográficas. Alejados de la realidad.

Harto de tanto socialista progre que, después de treinta años de neoliberalismo como discurso de lo inevitable, se quieren volver de izquierda, cuando renunciaron al marxismo y con él a cualquier discurso crítico de izquierda. Harto de tanto funcionario que ha permitido la corrupción de la administración, en especial, la educación, con esa perversa ley  LOGSE-LOE, que todos, o casi, soportaron indiferentes y ahora protestan por un plato de lentejas o por la indisciplina en las aulas. Harto de la falta de compromiso del intelectual que se acomodó en el sillón televisivo y mediático, que se dejó absorber por el sistema para ser paseado por institutos y casas de “cultura”. Harto de tanta indiferencia que ahora se quiere transformar en golpes de pecho, una vez más, hipócritas.

LA DARWINIZACIÓN DEL MUNDO.

 

A Carlos Castrodeza, In Memoriam.

 

            Hace unos meses ha fallecido uno de los filósofos de la ciencia y biólogo más competentes en España y más relevante en lo que concierne al estudio y el conocimiento de la teoría de la evolución. Gran parte de su vida la dedicó al estudio de ella y sacó las consecuencias últimas que la teoría evolucionista encierra a todos los niveles. Su última obra, escrita hace un par de años, la podemos considerar como su testimonio teórico, sus conclusiones más refinadas sobre el evolucionismo. Esa obra lleva el título, sugerente y provocativo de “La darwinización del mundo”. Y arranca también de la obra del filósofo darvinista Dennet “La peligrosa idea de Darwin.”

 

            La cuestión es que la teoría de la evolución, la idea ontológica que ella conlleva nos ofrece una visión del mundo absolutamente distinta a la que nos hemos ido creando y construyendo a lo largo de la historia. Todo en la historia es construcción. Todo en la historia es una búsqueda de sentido a lo que no es más que azar y necesidad. La idea de Darwin tiene consecuencias y las consecuencias de la idea darviniana es, en primer lugar la eliminación del antropocentrismo. Poco a poco el conocimiento nos había ido minando nuestra vanidad, pero el darwinismo acaba con ella definitivamente. Lo que el darwinismo nos dice y su consecuencia ontológica nos muestra a las claras es que todos los seres de la evolución son, desde el punto de vista evolutivo iguales, además de que su existencia depende de un equilibrio sistémico. No podemos entender la existencia de los individuos y especies por separado. Todos existen en la medida en la que se produce un equilibrio ecológico. Si éste se rompe, se rompe la unidad y múltiples especies desaparecen o se transforman. El hombre no está escindido de la evolución de los demás seres. El hombre ha producido cultura, pero la cultura procede de su cerebro y de la interacción entre los individuos dotados de cerebros y de éstos con el medio. La cultura es un producto natural emergente que nos permite nuestra propia subsistencia. Por ello la cultura no tiene valor absoluto, lo que no implica que caigamos en un relativismo. El valor de las culturas es un valor objetivo y biológico. Por tanto, la peligrosa idea de Darwin nos lleva a la eliminación definitiva del antropocentrsimo y a la igualdad de todos los seres vivos, con las consecuencias éticas que ello conlleva. La supervivencia del hombre depende de la supervivencia de la ecosfera. Esto es lo que podemos llamar el nihilismo naturalista. El hombre no es nada, en sentido especial, y lo que es lo es desde el punto de vista natural. Pero la darwinización del mundo nos lleva más allá. Como decía el origen de toda nuestra cultura es estrictamente biológico. Así, la base de aquello que consideramos estrictamente humano, la moral y la política, no son ideosincráticos del hombre, sino que se pueden rastrear sus orígenes en la etología de los primates a los que pertenecemos. Nuestra ética surge de nuestra sociabilidad, y de ahí también la política. La sociabilidad se basa en la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir su dolor y su placer. Pues de aquí surge todo principio ético. Es lo que podemos llamar altruismo recíproco o egoísmo recíproco, según seamos más o menos optimistas sobre la condición humana. En definitiva, la cooperación y colaboración es posible gracias a la empatía natural del hombre que hace posible la colaboración interesada, un quid pro quo. Y ésta es la base de la ética. De ahí que, para mí las dos patas de la ética naturalista sean las que he mencionado. La primera es la de la cooperación sistémica con el resto de los seres naturales en pie de igualdad ontológica y, la segunda, la de la cooperación interesada entre los miembros del clan que es lo único que permitirá su subsistencia. De ahí el concepto de nihilismo naturalista. Cuando hablo de nihilismo a lo que me estoy refiriendo es a que no existe un discurso que apunte a algo trascendente a la propia naturaleza. Que todo se reduce a la naturaleza, aunque en esta existan propiedades emergentes, que eso es otra cosa. Por ende, no existe nada más allá de la naturaleza y el hombre se reduce a la naturaleza. Pero lo que rige en la naturaleza es el azar y la necesidad. Existimos, tanto a nivel de especie, como individual, como bien podríamos no existir. Formamos parte de una gran cadena evolutiva cósmica. Una cadena evolutiva, sin sentido, sin finalidad, sin referencia trascendente. Lo único que nos queda es el conatus spinozista, la reafirmación en nuestro ser. El nihilismo al que me refiero, entonces, apunta a la contingencia de nuestro ser y del universo. Y cuando hablo de naturalismo lo que quiero decir es que no debemos intentar trascender la naturaleza y sus leyes, porque entonces caeremos en discurso alienantes, autoengaños, como la idea de progreso, el antropomorfismo, el amor al prójimo desinteresado y demás quimeras que nos han permitido sobrevivir, pero que no son más que discursos autoreferenciales. Lo importante es que nos han permitido vivir, o sobrevivir, pero no son reales. El naturalismo lo que quiere es precisamente señalar esto, que todo es naturaleza, que nada tiene sentido, salvo el propiamente evolutivo. Cuidado, no confundir evolución con competencia ni supervivencia del más fuerte. Esto fue una lectura sesgada e interesada del capitalismo del XIX que se ha reactualizado. Hay más de colaboración que de competitividad en la evolución. Por tanto, todo discurso cultural pierde su valor absoluto y se reduce a la contingencia evolutiva, como la forma de una hoja o la de las garras de un felino. No hay más, ni hay para más. Pero, ni más ni menos. Porque el discurso nihilista-naturalista nos saca del gran error de la humanidad, la concepción de un ser, el hombre, por encima de los demás seres y que es dueño y señor. Un ser humano que ha inventado historias para justificar su masacre y exterminio de la ecosfera a la que pertenece por naturaleza. El nihilismo nos vuelve a nuestra posición, destruye la vanidad humana y nos sume en la humildad. Y si aprendemos el valor exacto que tenemos pues quizás actuemos éticamente para la preservación de la biosfera, sin olvidar que nosotros somos biosfera.

 

            Además una idea mística se desprende de todo esto. En realidad, la cultura al separarnos de la naturaleza ha producido una conciencia escindida, una conciencia de dualidad. La propuesta naturalista es panteísta. Sólo existe un ser que está constituido por todo lo que hay y las individualidades que lo constituyen todas ellas están interrelacionadas, de tal manera que su relación es sistémica. Y, desde el punto de vista ontológico, todas son iguales, desde los átomos, pasando por las bacterias y terminando por los grandes saurios o los mamíferos. Debemos tomar conciencia cósmica de esto. Nuestra materia es la matera que existe desde los orígenes del universo organizada en una singularidad que es mi especie y una singularidad con cierta conciencia que yo llamo “yo”. Sería de gran interés recuperar esta conciencia cósmica, que no es ninguna novedad, puesto que algunas religiones la tienen, más que nada por dos razones, nos produce paz y sosiego: un reencuentro con uno mismo a través de lo demás. Y porque sirve de base teórica para una ética de la responsabilidad. Una ética naturalista ecológica sin la cual la supervivencia del hombre en la tierra es inviable. Y no es un problema de desaparición de especies, sólo, o de calentamiento global. Esto no son más que respuestas de la biosfera a la situación de stress a la que está siendo sometida. Metafóricamente podemos decir que somos un mal resfriado para la tierra: la tierra sanará, nosotros casi nos extinguiremos.

 

 

El fin.

 

            El hombre sigue empecinado en crecer. No acaba de entender que el crecimiento es limitado. Es más que ha llegado a su fin. Lo que nos resta es adecuarnos al decrecimiento. La opción o es política o es por fuerza. La tierra obrará sin piedad. Se ha roto el equilibrio y, si concebimos la tierra como un sistema, se reorganizará. Así podemos entender el cambio climático que hará inviable la vida tal y como la conocemos, como una respuesta de la ecosfera a la acción humana. Sólo escucho la palabra crecimiento, incluso crecimiento sostenible. Pero no hay sostenibilidad en el crecimiento, solo en el decrecimiento que, por otro lado, ya estamos viviendo. El hombre no acaba de tomar conciencia de ello. Vive como en una nube, en una creencia. La idea del progreso basado en la ciencia y la técnica, aliada al capitalismo ha creado una conciencia que a la inmensa mayoría no le permite ver fuera de sí. Es una conciencia alienada, el hombre es víctima de un autoengaño. Pretendemos parchear la crisis, creyendo solucionarla. Es necesario el cambio revolucionario de sistema, si es que aún es posible, o, lo peor, si es que el hombre es capaz de salir de su estado de alienación. Y éste es el verdadero problema, el único problema filosófico, político y moral, la supervivencia de la humanidad. Todo lo demás es secundario. La crisis no es más que una consecuencia de este problema. consecuencia dramática que nos puede llevar a salir de nuestro estado de letargo y contemplar lo que es importante. Pero mi pesimismo, y mi nihilismo naturalista me impiden verlo. Quizás estemos abocados a un colapso civilizatorio que acaba de comenzar y que irá en aumento y acelerándose progresivamente. Otra cuestión es si merece la pena que la humanidad se salve. Sólo tenemos que echar un vistazo a la historia de la humanidad. Es curioso, el periodo más largo de paz en todo ella ha tenido lugar en Europa durante sesenta años, desde la segunda guerra mundial hasta la guerra de los Balcanes, pero en el resto del mundo había luchas, guerras y genocidios, además de la guerra fría que fue lo que de alguna manera determinó ese periodo de paz. Pero nos armamos hasta los dientes. Lo suficiente como para destruirnos varias veces. Es incomprensible una especie así. Es la especie más depredadora que existe. Confundimos emprender y transformar el medio con depredar. Además, la especie humana es depredadora de sí mismo. Esto explica la guerra entre imperios, la aniquilación de culturas y civilizaciones enteras. Lo bueno que el hombre ha creado no es más que una isla en un océano de maldad, genocidio, crimen y sinsentido.  El hombre es capaz de pelearse por las ideas más sublimes. Qué contradicción, la guerra de religiones. Discurso que predican la paz y la fraternidad y que se convierten en el arma ideológica para la guerra o para el totalitarismo y el exterminio del disidente. ¿Quién puede dar algo por esta especie? Somos primates y nuestra organización es jerárquica, la democracia es imposible y los derechos humanos papel mojado que los países poderosos utilizan para dominar a los débiles que tienen la riqueza que ellos codician. No creo que nadie sensato pueda defender a esta especie. Y, sin embargo, sólo la sonrisa de un niño, nos hace olvidar todo esto. Por eso, quizás si merezca la pena, pero lo que ganaremos será sufrimiento, mucho sufrimiento. A los grandes poderes no les interesan los individuos aislados, esa sonrisa. A los grandes poderes lo que les interesa es el dominio. Representan la hybris, la ambición desmedida y descarriada. Una ambición, que, como vemos, se autodevora. Hemos tenido un inicio y tendremos un final. Un final tras una gran apoteosis. El desarrollo tecnológico ha llegado a su límite porque ha traspasado los límites del crecimiento. Desarrollo tecnológico y capitalismo son los que nos han permitido este crecimiento desorbitante que ahora toca a su fin. Pero, no lo olvidemos, nada homogéneo, crecimiento para unos cuantos, porque el crecimiento mata, Quizás lo que nos quede es contemplar y, mientras tanto, cultivar nuestro jardín.

EL VALOR DE LA FILOSOFÍA HOY

Discurso en la ciudad de Mérida de los libros “Reflexiones de un francotirador” y “Escritos desde la disidencia”.

 

            En primer lugar agradezco a Manolo Cañada y a todos los miembros de la trastienda de Mérida el que me hayan invitado y además elogio su tarea y su lucha por la justicia social. Mi labor es desde la trinchera, como uno de los libros se titula. Es la labor del pensamiento. El pensamiento es lo que nos ha constituido como humanos y es lo que se nos está robando en este mundo en el que el dominio, el poder es de unos pocos que han cosificado a los hombres transformándolos en mercancía. De ahí que yo considere que  el problema y la crisis es ética y filosófica. Obedece a una falsa imagen del mundo. Y esa imagen del mundo es la filosofía posmoderna, una negación de la Ilustración que se ha radicalizado. Y aquí se mezclan varias cosas. En primer lugar, la Ilustración se ha pervertido constituyendo la doctrina neoliberal. Y, en segundo lugar, se ha negado la Ilustración dando lugar a la negación de cualquier tipo de discurso que intente dar un sentido al mundo y esto es la filosofía posmoderna. La conjunción de estas dos falsas concepciones de la razón y de la realidad nos ha llevado al mundo que tenemos. Por un lado el neoliberalismo acaba en la explotación máxima del hombre por el hombre. Por otro lado, el posmodernismo acaba en el relativismo radical que justifica cualquier discurso y, que en definitiva, no es más que la justificación del poder del más fuerte. De ahí que la posición de la filosofía sea un pensar desde la disidencia y un pensar como un francotirador. El disidente es el denunciante y esa es su labor de francotirador.

 

El origen del pensamiento.

 

            El pensamiento es una herencia griega que constituye y junto con otras tradiciones funda a Europa. El pensamiento es el logos y surge en la democracia. No se puede separar el pensamiento de la democracia. De ahí que hoy en día no haya pensamiento, hay pensamiento único, lo cual no es pensamiento, sino doctrina. La democracia está ligada al logos y el logos a la democracia. La razón, para que se pueda ejercer necesita de dos es dialógica. La razón no es absoluta, sino que es un instrumento que nos lleva hacia las verdades que rigen la polis. Y ese diálogo se realiza en el ágora. El ágora es el lugar vacío ocupado por la razón. Cuando hay democracia en la plaza se dialoga. Cuando la plaza es ocupada por algún poder, religioso, económico, u otro cualquiera, entonces se acaba la democracia y comienza la tiranía. Porque frente a la democracia sólo existe el totalitarismo. Y eso es lo que ocurre hoy en día. Se ha sustituido la democracia por la dictadura del mercado y de los mercaderes, porque no olvidemos que tienen nombre, que no son entes abstractos. Que, en definitiva, detrás del mercado está la ambición humana. Por eso el pensamiento es la esencia de la democracia, porque pensar es siempre dialogar, enfrentar posiciones desde la razón. Ya sabemos que en el mundo de la polis no existen las leyes necesarias como en la naturaleza, sino las normas convencionales, pero no por ello subjetivas, sino objetivas, fruto de un acuerdo común. De ahí que el relativismo fuese un fenómeno que se diese en Grecia y que dio al traste con la democracia, la transformó en demagogia. Algo similar es lo que ocurre hoy en día con la llamada posmodernidad. La posmodernidad que se jacta del fin del discurso, que defiende y acaba en el relativismo, que disuelve el arte en pura arbitrariedad mercantil. Pues bien, esa posmodernidad también acaba con la política y la convierte en un instrumento en manos del poder económico. La posmodernidad son discursos negativos.

 

            De lo que se trata es de defender el logos, la razón, la democracia. No como absolutos, sino como conquistas ético políticas de la humanidad. Y esto que venimos diciendo es lo que está siendo amenazado en la actualidad. No es que yo defienda una idea de progreso de la historia. Al contrario, la idea de progreso es un mito y está a la base del neoliberalismo que nos promete la liberación del sufrimiento de la humanidad por el mercado, por medio del capitalismo salvaje en el que vivimos. No, no existe progreso en la historia. Siempre que se nos ha hablado de progreso hemos caído en un totalitarismo. El progreso es una idea heredada de la religión cristiana, pero que, curiosamente, la Ilustración endiosó, junto con la razón. Ésta es la parte que yo llamo pervertida de la razón. Y ésta la ha heredado el discurso científico, las utopías políticas y, como no, la utopía neoliberal. La crítica a la idea de progreso es muy importante para darnos cuenta del gran engaño en el que vivimos, y en el que hemos vivido en el siglo XIX y en el XX y ahora en el XXI. Es el mito del progreso el que nos ha llevado a cometer las mayores atrocidades de la historia. Y el progreso histórico no es fruto de una ley o conjunto de leyes históricas, económicas, como nos hace pensar ahora el neoliberalismo, sino una creencia basada en un mito del cristianismo. Por eso, cuando defendemos el logos, la razón, la democracia lo hacemos de forma objetiva, no absoluta. La democracia como una forma de gobierno perfectible. Y que, igual que es perfectible, se ha arruinado en los últimos cuarenta años. Y se ha arruinado, precisamente, por el acoso del neoliberalismo y de la filosofía posmoderna.

 

Fin de época. Quiebra del capitalismo global.

 

            Decía nuestro apreciado Ramón Fernández Durán que estábamos asistiendo al fin de una era, al fin del capitalismo global. Particularmente estoy de acuerdo con Ramón. Esto significa que habrá un cambio, dure más o menos de nuestra sociedad desde sus cimientos. Un cambio de paradigma. El capitalismo es un sistema de producción que tiene un principio y tiene un final. Estamos asistiendo al final. El capitalismo se basa en un concepto que es el de crecimiento. Sin crecimiento es imposible concebir el capitalismo. De ahí que la idea de progreso le haya venido como anillo al dedo. Pero lo que ocurre es que en un planeta limitado no es posible un crecimiento ilimitado. Y esto es lo que ocurre. Las crisis del capital se reducen a crisis del crecimiento. En la crisis de los años setenta se produce una alternativa. Por un lado tiene lugar el informe del club de Roma “Informe sobre los límites del crecimiento”, por otro lado, está la apuesta de Reagan y Thacher por el modelo neoliberal de la escuela de Chicago inspirado en Milton Friedman. Y ésta última es la apuesta que venció y el resultado es el que tenemos. Agotamiento de los recursos energéticos, alimenticios, acuíferos y el calentamiento global. La transición será dura y durará décadas. Pero lo que sí está claro es que habrá un decrecimiento. Pero este decrecimiento puede ser forzoso, como lo está siendo ya, o puede ser guiado. Y eso último exige una recuperación de la política frente al poder del mercado. Pero para recuperar la política es necesario la recupoeracuión del pensamiento y éste tiene lugar cuando el ciudadano deja de ser vasallo, como lo es ahora y es capaz de tomar las riendas de su propio ser y de su polis. Por eso es necesario el pensamiento y de ahí el valor de la filosofía, pero no la académica, sino la que tiene lugar en la polis.

 

            Mi propuesta es el ecosocialismo. La unión del pensamiento y filosofía ecologista con el socialismo entendiendo a éste como justicia universal. Sino organizamos un sistema de producción en el que el centro sea la biosfera y no el hombre será inviable la supervivencia de este último o sufrirá retrasos de siglos. Y para esto es necesario un cambio de paradigma. Como decía Sacristán, pasar del paradigma de la producción al paradigma del cuidado. Un cambio de paradigma requiere una revolución. Y no me estoy refiriendo a una revolución violenta, aunque violencia ya la hay, y bastante, por parte del neoliberalismo, sino a una transformación profunda. Y esa transformación implica una transformación ética, social, filosófica y, por supuesto económica. Para empezar la economía es una ciencia humana. Su desarrollo desde la Ilustración la ha pretendido convertir en una ciencia neutral cuando realmente no lo es. Su matematización la ha pretendido equiparar a la reina de las ciencias, la física. Pero esto, en lugar de producir claridad ha producido oscurantismo. Y cuando nos referimos a una transformación ética me refiero a la recuperación del principio de responsabilidad de Jonas. Y esto lo uno a una ética cosmopolita. Hay que tener en el horizonte la frase de Terencio y la filosofía de los cínicos de que “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” como nos recordaba M. Noussbaum. El principio de responsabilidad de esa ética ecocéntrica y verdaderamente humana abarca al que está lejano y al no nacido. Y, a su vez, ello incluye que es cosmopolita. De ahí que la propuesta sea ecosocialista. Nuestro sistema de producción tiene que tener como centro el ecosistema, puesto que nosotros somos ecosistema, por un lado, y la equidad, de ahí lo de socialismo por otro. El cosmopolitismo ético nos lleva al reconocimiento de la igualdad de todos los hombres. Pero, además, al ser el centro el ecosistema, nuestra vida está ligada, como así es realmente, a la biosfera. Y estos son los principios, antropológicos, éticos y económicos que el nuevo sistema o paradigma debe introducir. Y, a su vez, deben desarrollarse desde una política del decrecimiento y realmente democrática que haya recuperado al pensamiento y, con él, al ciudadano. Y, como digo, no hay alternativa a la política del decrecimiento.

 

 

                                               Juan Pedro Viñuela

 

                                               22 de junio de 2012

 

La inevitabilidad y la vida.                               

 

Sólo el que vuela alto sabe porqué los pájaros cantan. Javier Rodríguez

A Javier, In Memoriam.

            La vida es el transcurso por lo inevitable. Entre la monotonía diaria del existir se esconde y acecha lo que nos es a todos inevitable, la muerte, el fracaso, la enfermedad, el accidente. Ésta es una característica esencial de la vida. Y lo curioso es que esa inevitabilidad es inevitable. Y precisamente lo es por los límites de nuestro conocimiento. Éste es limitado, sólo se acerca a lo que nos rodea, no tiene capacidad de predicción, el futuro lo vislumbra entre la niebla. Además, la vida, que es en esencia libertad, construcción en el mayor sentido de la palabra para aquel que vuela alto, es sorprendente. El pasado nos arrolla hacia el futuro y éste se esfuma en la niebla, lo mismo que el pasado. Toda nuestra vida la intentamos pasar dándole un sentido a este ir y venir entre la niebla, en la incertidumbre y acosados por la mayor de las incertidumbres, la muerte. La muerte nos está reservada a cada cual de forma inexorable, pero incognoscible. ¿Y qué sentido tendría nuestra vida si supuésemos el momento de nuestra muerte? Seríamos autómatas, no humanos. Seres regidos por las leyes deterministas de la mecánica, no humanos que construyen, cada cual como puede su vida. Teniendo como meta hacer de ella una obra de arte como decía Ortega, algo irrepetible.

            Por eso es necesario volar alto, ir a las altas cumbres, ver a la humanidad en su indigencia, tomar distancia de todo lo que es cotidiano y nos acongoja. En el fondo, todo eso no tiene sentido, es afanarse en un sinfín de actividades para olvidar quiénes somos, seres inevitablemente abocados a la muerte, seres que buscan un sentido. Y ese sentido se encuentra trascendiendo la cotidianidad, lo repetitivo, lo de todos los días. Desde lo alto, todo lo importante pierde importancia y aparece lo importante. Y por eso los pájaros ríen porque ven el gran teatro del mundo en los que los hombres se pierden cada cual en su afán perdiendo la capacidad de dar la importancia justa que cada cosa tiene. Y, por más que nos empeñemos, la importancia es escasa. La importancia de la vida la encontramos en lo que creemos menos importante, en lo que no cuesta dinero y no tiene precio, en una sonrisa, en una caricia, en un amanecer, en la contemplación de un cuadro, o la audición de una pieza musical, en un paseo… En todo aquello que relegamos por el afán del trabajo, en todo aquello que las luchas con los demás nos impiden ver cada día. Porque cada día el mundo está ahí. Y cada día la gran representación del gran teatro del mundo está ahí y podemos participar, como peones de ajedrez, o lo podemos contemplar con la sonrisa huidiza del sabio. Por eso el hombre debe subir a las cumbres, seguir altos ideales, no dejarse atrapar por el fango y cantar con los pájaros. Así será un referente del hombre, una lumbrera de la humanidad, un solitario en marcha con otros solitarios. Pero alguien que en el fondo ha entendido la importancia de lo importante y la necedad de lo que consideramos importante.

            Porque el que vuela alto vuela con las alas de la libertad. Y, la libertad, aunque no nos garantice la felicidad, es el bien más preciado. Es lo que nos lleva al conocimiento de nosotros mismos y de la humanidad. Y de ahí que por eso siempre al hombre libre el que ha volado alto siempre tendrá la sonrisa en el rostro, como sus compañeros los pájaros y cantará para que le acompañemos.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris