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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Reflexiones de un francotirador.

“Me parece cada vez más que el filósofo, que necesariamente es un hombre del mañana y del pasado-mañana, se ha encontrado y debía encontrarse siempre en contradicción con el presente: su enemigo ha sido siempre el ideal de moda. Hasta aquí todos estos extraordinarios pioneros de la humanidad a los que llamamos filósofos y que rara vez han tenido el sentimiento de ser enemigos de la sabiduría, que se han considerado más bien locos desagradables y enigmas peligrosos, se han asignado una tarea dura, involuntaria, ineluctable, pero grandiosa: ser la mala conciencia de su época.” Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

 

            Con esta magnífica cita del malinterpretado Nietzsche terminamos estas reflexiones del francotirador. Al leer este pensamiento de Nietzsche, citado por otro filósofo radical, no hay otra forma de ser filósofo o pensador, M. Onfray, me he dado cuenta de que la dimensión fundamental de estos escritos es la de ser la mala conciencia de la sociedad. Pensar es siempre, pensar contra… Toda sociedad es un conjunto de engaños, creencias, mitos e ideologías que deben ser desenmascarados. Y éste es el papel que juega el pensamiento. Por eso el pensador es siempre del mañana. Su tarea es siempre la de la denuncia. Se filosofa con el martillo, que decía también Nietzsche. Por eso el filósofo (intelectual, pensador, no hablo del filósofo profesional ni académico, éste es un remedo o caricatura, que diría Unamuno) está condenado a la soledad y la incomprensión. Pero el pensamiento es absolutamente necesario como contrapunto de las conciencias dormidas. De los escombros derivados de su acción surge la sociedad del mañana. El pensamiento debe estar siempre vigilante, aunque emprenda su vuelo al caer el ocaso, la lechuza de Minerva hegeliana, que representa al filósofo.

El hombre debe alcanzar la mayoría de edad. Es decir, pensar por sí mismo. La acción, no está reñida con el pensamiento. El problema es que generalmente no existe el pensamiento, sino la ideología y las creencias. El hombre masa actúa dirigido por creencias e ideologías. Vivimos alienados, en un estado carcelario, pero inconscientes de nuestra situación. La acción debe comenzar por el pensamiento y esto, en primer lugar, consiste en tomar conciencia de nuestro estado de alienación: inconsciencia, esclavitud.

 

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            La mayor violencia es aquella que destruyendo el cuerpo destruye el espíritu. La tortura. Se trata de aniquilar progresivamente el espíritu por medio del deterioro progresivo del cuerpo. Su máxima expresión son los campos de concentración. El mal radical, que diría Kant: dañar a un hombre tanto como para que renuncie a su propia dignidad, el ser persona.



La condición humana. Somos capaces del máximo mal y el máximo bien. Razones suficientes para el optimismo y el pesimismo.

 

            Es necesario recuperar la memoria histórica para conquistar la tolerancia.

 

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            El famoso cosmólogo Hawkins acaba de publicar una obra “La ilusión del designio” en el que se atreve a decir que dios ya no es necesario. En su más conocida obra de divulgación hacia compatible la existencia de dios con los conocimientos físicos. Ahora se desdice y nos cuenta que con las nuevas teorías de supercuerdas es posible concebir la existencia del universo, el comienzo a partir de la nada. Es algo así como una fluctuación cuántica, con lo cuál no es la nada podría explicar el principio del universo, al menos del nuestro, porque la pluralidad de los mundos o el multiuniverso es otra perspectiva nueva en las ciencias cosmológicas. Habría tantos universos como historias cuánticas posibles, lo que sucedería es que las leyes que regirían en cada uno de esos universos serían distintas.

 

            Me gustaría hacer unas precisiones sobre estos asuntos. En primer lugar, los periodistas utilizan esta noticia desde la más absoluta ignorancia, tanto de la física, como de la filosofía. Lo que pretenden es crear un espectáculo. Desean una confrontación absoluta entre ciencia y religión del modo más simplista. El discurso religioso y el científico son diferentes. Sólo tienen coincidencias cuando la religión intenta explicar el mundo. Dios no es un objeto, luego excede a la ciencia. La ciencia no se cuestiona nada sobre dios. Ahora bien, lo que sucede es que las explicaciones científicas anulan el discurso religioso, cuando éste intenta explicar el mundo. Por otro lado, creo que el propio Hawkins quiere darse propaganda, hacer su libro más provocador. Para mí comete dos errores. Primero, el cientificismo. Pensar que el único discurso verdadero es el de la ciencia, esto es una constante en toda su obra. En segundo lugar, las críticas a la religión, son muy antiguas y no tuvieron necesidad de la ciencia para ser tremendamente poderosas. Las encontramos en los hinduistas, jansenistas, y en los griegos, los sofistas y, después, los escépticos, sin olvidar a los epicúreos. El surgimiento de la ciencia, tanto en Grecia, como después en el renacimiento, vuelve a enfrentar dos discursos. Pero, también, dos formas de poder que estaban en juego: el del clero, frente a la burguesía emergente. Las cosas no son tan sencillas. Desde luego que, para mí, el discurso racional, siempre provisional, anula la existencia de un ser objetivo creador del universo. Pero la religión, no es sólo esto, es un estado de la consciencia. Probablemente un estado necesario en nuestra evolución. Somos animales de creencias que necesitan de historias para dar sentido a su existencia. Pero, además, esas historias dan un orden moral que fija los rudimentos de la vida moral. La ciencia física, por sí sola, no elimina todos estos aspectos de la religión. Ahora bien, el discurso racional y filosófico puede explicar todas estas dimensiones. Pero todo ello no va a eliminar la actitud de creencia en el hombre. La creencia es un modo de funcionar la mente o el cerebro humano. Incluso creemos en la razón. El fundamento del conocimiento racional es la confianza en la razón. Por eso la razón es limitada y el conocimiento científico conjetural.

 

            El hombre inventa a los dioses porque le son necesarios para su existencia. La religiosidad es una realidad profunda de la naturaleza humana. La desaparición de las religiones tradicionales da lugar al surgimiento de nuevas formas religiosas, incluido el cientificismo del que peca Hawkins. El análisis de la religión debe ser profundo e interdisciplinar. La física, la cosmología, en este caso, no es más que un argumento. La verdad es que los argumentos teológicos a favor de la existencia de dios no han variado desde Tomás de Aquino. Incluso, el argumento del diseño inteligente, no es más que la reformulación de la quinta vía. Si hay un orden debe haber un dios ordenador, dicen. Todas las argumentaciones son vulnerables y, además, dan un salto cualitativo. En primer lugar, acuden a una causa incausada, un motor inmóvil, un ser absolutamente necesario, un ser absoluto y una causa final. Pero, nada nos impide pensar que el universo sea eterno, porque, de lo contrario, trasladamos la justificación del universo a la de dios. Si dios es la causa y el origen del universo, de dónde procede dios. La respuesta es que dios es eterno e inengendrado. Pero, qué impide que el universo sea eterno, o cíclico. Esto, en primer lugar, pero por otro lado, todas las pruebas dan un salto cualitativo. Identifican la causa incausada, la causa final, el ser necesario…con dios. Pero, ¿qué dios? Porque hay muchos. Y sino de dónde vienen las guerras de religiones. En dios se cree y cada uno tiene el suyo particular. Porque la creencia es una cuestión particular. No se puede demostrar la existencia de dios, porque es algo subjetivo, no es un objeto, que diría kant. Pero al no ser un objeto queda fuera del ámbito de la ciencia. En verdad, la ciencia, no necesita de dios, pero no ahora, sino desde que aparece. Porque el objetivo de la ciencia es explicar el mundo a partir de la razón. Otra cosa es que haya científicos creyentes. Y esto se explica, precisamente, porque, como dijimos, la naturaleza humana es religiosa. El hombre es un ser de creencias e historias que recrea el lenguaje produciendo una realidad simbólica. Por eso la religión es simbólica. Su realidad reside en la propia naturaleza del lenguaje. Pero no debemos de olvidar que todo el pensamiento racional tiene su sede en el lenguaje. El lenguaje es el que objetiva la realidad. La objetividad es una recreación del lenguaje, no una separación entre el hombre, sujeto cognoscente, y la “realidad”. La realidad es siempre construcción. Lo que sucede es que la ciencia nos muestra una realidad intersubjetiva, la creencia es sólo subjetiva, aunque exista una comunión de creencia. Esta comunión de creencias tiene como referencia una serie de historias mágicas y míticas en las que se cree. Y aquí subyace la dimensión de delirio que hay en la religión. Lo que ocurre es que no es reconocido como tal por ser compartido. Pero este es ya otro asunto, así mismo,

La tolerancia basada en el relativismo de las opiniones es dogmatismo y da paso al fanatismo.

Esta mañana me he quedado perplejo y me he dado cuenta de que, en verdad, esta sociedad está enferma. N sé si los psiquiatras, psicólogos y analistas de la “mente”, harán mucho o poco negocio. Pero, lo cierto es que esta sociedad está tremendamente enferma. Pero la enfermedad, no es somática (todas son somáticas, esto es, físicas, no hay un alma, pero entiéndaseme), sino moral. Lo que me ha ocurrido es lo siguiente. Voy a unos grandes almacenes y por casualidad veo la sección de librería y como el mes de agosto ha retrasado mis pedidos de libros, pues me dirijo a sus anaqueles, pasando de largo por la sección de best sellers, novela histórica y demás. Y, esperanzado, me dirijo a la sección de ensayo. La primera sorpresa que me llevo es lo escuálida de la misma, en comparación con las citadas. Pero mi sorpresa se hace mayúscula cuando me doy cuenta de que todos los títulos que apareen en ensayo son de libros de autoayuda, así llamados. Yo pienso que a los únicos que ayudan es a los que los escriben y a las editoriales, pero, en fin. Como hemos dicho más de una vez, la lectura es la conversación de la humanidad. Pero la lectura hoy en día, además de la fragmentación que ha sufrido por las nuevas tecnologías de la comunicación, no es más que una forma de pasar el rato, de llenar nuestro vacío con misterios novelados sobre el origen y los milagros de nuestros religiones y, en último termino, para encontrar nuestro equilibrio. Todo ello muestra que estamos moralmente enfermos. Y, por ello, supongo que las consultas de psicólogos y psiquiatras están repletas. Estos profesionales pueden ayudar, y en algunos casos, mucho, pero yo confío más en la bioquímica. Y cuando el problema es de origen moral, en la filosofía y la sabiduría milenaria. Pero, como ya sabemos, debido a la razón instrumental, la moral se ha medicalizado a través de psicólogos y pedagogos. Y los síntomas que he mostrado son estrictamente morales.

 

            El hombre actual vive en el vacío. Es lo que hemos llamado el nihilismo. La muerte de las religiones han desencantado el mundo, como dijera Weber. Las religiones que las han sustituido anulan la magia, el misterio y al individuo. Al contrario, lo quieren racionalizar todo. Pretenden una solución racional y definitiva para todos los problemas. La nueva religión es la tecnociencia que se extiende a todos los ámbitos del saber. Pero el hombre, como animal de creencias que es, convierte a la ciencia en religión y cree en el mito del progreso. Pero esta nueva religión no alimenta su espíritu y por eso acude a las novelas de misterio en las que se relacionan la historia, la religión, el misterio, lo mágico y lo policíaco. Ésta es una perfecta mezcla para cautivar al individuo, mientras dura la lectura. La necesidad de mitos y de historias se suple momentáneamente y nuestro vacío espiritual también. De paso, se entretienen. Pero, como el mal tiene un origen todavía más profundo, se necesita al psicólogo y a los libros de autoayuda. La sociedad ha transformado a las personas en individuos aislados. Somos animales que vivimos en y desde la comunicación. Pero la sociedad nos aísla, poniéndonos en el centro de las preocupaciones. El ciudadano occidental de hoy en día está absolutamente preocupado por sí mismo. Los únicos valores que lo rigen son los egocéntricos: su salud, su bienestar, su auto, su vivienda, la moda, y así. La cuestión pública, que es su dimensión social en la que se debe realizar, la justicia y la igualdad, careen de importancia. El nihilismo occidental en el que han caído los ciudadanos los convierte en individuos intercambiables, islas hipercomunicadas, pero sin contenido (sólo hay que echar un vistazo a las redes sociales y ver qué tipo de mensajes predominan.)  Estos individuos carecen de la capacidad de la empatía, de ver más allá de su propio “mal”, más bien malestar creado por la sociedad de consumo que los ha vuelto sobre sí mismos para dar marcha a la dinámica del deseo. Por eso la enfermedad, mejor, el mal, es moral. No hay enfermedad. Hay un mal, porque esto es una cuestión ético-filosófica, no médica. A menos que la medicina se conciba en un sentido más antiguo en el que se cohesionaban, la ética, la técnica, la ciencia y el arte. Pero en la sociedad en la que vivimos, esto, de momento, no es posible. En definitiva, este individuo egoísta e insatisfecho -lo exige la propia dinámica del deseo, que lo devora, a la vez que alimenta el motor de la sociedad, que es el consumo- está poseído por un mal moral: la insolidaridad. El no ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Sólo quiere su propio bienestar. Pero, precisamente, el mal está en lo de lo propio. Todos estos libros de autoayuda lo que hacen es reafirmar el yo, el origen del mal. De lo que se trata es de salir de este yo por las diferentes vías que tenemos: el conocimiento, el arte, la solidaridad, la comunicación con amigos y familiares, el compromiso público por la justicia… Todo ello esparce nuestro yo en la comunidad y nos hace participe de ella. Pero el mirar sólo nuestra salud, nuestras posesiones y todo lo demás, nos lleva a un grado de insatisfacción y frustración permanente; a un, paradójico, empequeñecimiento del yo. El individuo egocéntrico tiene un yo reducido, porque nuestro yo se engrandece por la comunicación con los demás por muchos y variados medios. Esta comunicación nos sacia, porque está constituida los placeres intelectuales: conocimiento, arte, amistad, compromiso, y nos produce serenidad, a la par que un olvido de nuestra condición contingente.

Arturo, me llegó el mensaje, aunque no aparece ya en el muro. Considero que la injusticia es eterna, por eso, creo acertado tu juicio de que es algo imperecedero, como fenómeno artístico, la canción protesta, pero más importante, como cuestión política. Cada cosa en cada momento. Puede ser que no te apetezca nada escuchar esta canción, pero, a mí, por ejemplo, me recuerda la tremendas injusticias que hay en el mundo, por muchas y derivadas causas, entre ellas la opresión de los más fuertes, sobre los más débiles. Creo que no debemos perder nunca la sensibilidad ante la justicia universal. A mí escuchar esto me refresca la conciencia moral. Saludos.

 

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            La pedagogía, al intentar establecerse como ciencia, anula al hombre. Educar es introducirte en la interioridad del otro para forjar personas.

 

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            Episodio dantesco. Me refiero a la persecución por parte de los políticos de un seminario de lengua por no utilizar el llamado lenguaje no sexista. Síntoma clarísimo del estado orwelliano en el que vivimos. La manipulación del lenguaje es la manipulación de las consciencias y del conocimiento. Y esta manipulación se hace desde una ideología que pretende anular al individuo.

Es menester estar en guerra con el mundo y en paz con los hombres.

 

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            Se han cumplido treinta años del asesinato de monseñor Romero en el Salvador. Otra muerte asesina exenta de la justicia universal. Dos cosas importantes hay que señalar. La actitud de la iglesia y la de la política. La iglesia, desde su moral pacata e interesada; una moral hipócrita, aliada al poder, no sabe ver la dimensión social de su mensaje evangélico. Dimensión que los teólogos de la liberación, como Ignacio Ellacuría, asesinado, en el mismo El Salvador, diez años después, han sabido entender y practicar. Como señala Jon Sobrino, jesuita y teólogo de la liberación: “fuera de los pobres no hay salvación”. Y esto es lo que la iglesia no ha entendido. Creo que si el mensaje eclesiástico se dirigiese más en esta dirección, y olvidase, las formas, los ritos, la pose, y dogmática, tendría más repercusión social. El vacío de la conciencia en el que la ciudadanía está cayendo necesita ser rellenado por valores universales. El hombre es un ser de creencias y necesita valores por los que luchar. La iglesia, como todas las religiones, los tiene, es menester sacarlos a la luz. Esa lucha que el Papa encamina contra el relativismo es importante, pero dirigir después el ataque contra la modernidad y la ilustración, es errar el tiro, es volver al oscurantismo, el dogmatismo y el absolutismo. Tras la crítica al relativismo tiene que recuperar el mensaje evangélico, no la dogmática. Su compromiso ético y teológico debe ser por la justicia universal, no por los dogmas y las formas. Eso sería una forma de salvación de la religión cristiana, a la par, que harían un gran favor a la humanidad, a la que tantas explicaciones le deben por su larga historia criminal.

 

            En cuanto al aspecto político hay que señalar que la historia de la humanidad es una historia de opresión, y que, si algún progreso moral existe, ha de ir encaminado a la consecución de la justicia universal. Éste es un viejo ideal de la ilustración. El poder siempre ha ido contra los débiles. Ha intentado siempre ocultar sus crímenes. La ventaja de los regímenes democráticos es que tienen los mecanismos para realizar la justicia. La misión es no dejar que la democracia degenere, de tal manera, que la justicia se pueda aplicar. Por eso, a la democracia, como forma política debe subyacer la ética. La democracia como forma de vida. Ello quiere decir, que la democracia requiere la interiorización de una serie de valores.

 

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            Vuelve a aparecer la polémica sobre la investigación con embriones y células madre, concretamente, en Estados Unidos. La polémica está tremendamente viciada. Hay múltiples factores que intervienen: la religión, los intereses científicos, la política, el capital de las multinacionales farmacéutica, la salud… de ahí que la discusión sea tremendamente compleja.

 

            Para empezar, podemos decir, que el desarrollo tecnocientífico no implica, de suyo, un desarrollo ético-político de la humanidad. Y esto vale también para el desarrollo en el ámbito de la medicina. Lo que ocurre es que, como la medicina tiene que ver con nuestra salud, identificamos salud con mejora ética y política. No es cierto, la salud es un bien, no una virtud. Eso sí, los bienes ayudan a la consecución de la virtud, pero no la implican. Nos encontramos dos fanatismos, en este debate, encontrados. Por un lado el del mito del progreso científico y, por otro, el fanatismo religioso. Los dos son irreconciliables entre sí porque los dos son pensamientos excluyentes al autoconsiderarse verdades absolutas. La religión mantiene que los embriones son criaturas humanas, hijas de dios, y por tanto, sujetos de dignidad (es curioso que la iglesia se preocupe tanto de estos embriones y tan poco de la gran miseria de la humanidad, y esto no es demagogia, son hechos, lo que sucede es que hoy en día, el pensamiento políticamente correcto, confunde la realidad con la demagogia, dicho sea esto de paso), ello quiere decir que no pueden ser manipulados. Utilizar un embrión, como abortar, es considerado un asesinato. Por su lado, la creencia en el progreso, neutralidad y autonomía de la ciencia, considera que el desarrollo científico es imparable y dirige el cambio social. Intentar poner trabas éticas al desarrollo científico es absurdo. Tenemos que pensar, dicen con una nueva ética. Esto último es una gran estupidez. Lo que hace falta es actuar con los valores universales que ya tenemos, que no es poco; y que estos estén contemplados en las diferentes legislaciones. Los creyentes en el progreso científico sostienen, además, que todo desarrollo científico es un bien para la humanidad porque, como hemos dicho, enlazan progreso tecnocientífico con progreso ético-político. Esto es, como sabemos, un error, que la historia demiente, y pura ideología. De modo que, ambos discurso, no pueden nunca entenderse porque son dogmáticos. Es necesario un discurso crítico para ver un poco de luz en este entramado de intereses.

 

            No hay ningún fundamento que nos haga pensar que el embrión sea una persona. De facto no lo es, en potencia, desde la filosofía aristotélica, que es la que subyace al cristianismo, sí podría llegar a serlo. Pero el ser persona es algo que nosotros otorgamos a los individuos. Y eso fue una lección que aprendimos en la ilustración. Los derechos no son naturales, por muy evidentes que se nos muestren a la consciencia, sino construcciones. Lo que hemos conquistado es el concepto de dignidad que, por cierto, algo aportó la religión cristiana a esto. Y por eso la discusión hay que centrarla en la dignidad. Un embrión, no es un sujeto de dignidad, esto es algo posterior. Ahora bien, una vida sin salud, puede ser una vida indigna. Y aquí es donde está el nudo del problema ético. Investigar con embriones puede dar lugar a un tipo de conocimiento que a la larga haga la vida más saludable a las personas o, que permita salir de un estado de vida indigna a algunos hombres. Esto es cierto, pero hay que tener mucho cuidado con este argumento, porque en seguida podemos caer en el mito del progreso. Todo descubrimiento científico tiene su cara y su cruz. El progreso es siempre también un regreso. Si justificamos toda investigación con el motivo del bien para la humanidad, además de caer en el mito del progreso, hemos caído en el realismo político de que el fin justifica los medios. Los medios, en este caso, son la ciencia y la técnica. Y, de esta manera, separaríamos la ciencia de la ética, cosa que les interesa a los cientificistas. Pero la ciencia, como hemos señalado, no es neutral. Hay valores éticos, cuyo centro es el de la dignidad humana y el bien de la ecosfera, que deben dirigirla. No todo está permitido en ciencia. Además, hay un problema epistemológico. El conocimiento científico es limitado. No podemos predecir con certeza, ni cuánto va a avanzar nuestro conocimiento, ni cómo y, por supuesto, qué consecuencias sociales va a tener. Por ello, es necesario aplicar el principio de precaución. Lo contrario es jugar a ser como dioses y puede ser que destapemos la caja de los truenos, cosa que ya hemos hecho más de una vez y que, por lo demás, tiene a la humanidad en alerta máxima. Por ello, lo que debe dirigir la investigación científica es la ética y no los intereses políticos particulares y, menos aún, que es la realidad, de la que no hemos hablado, los intereses económicos y militares. Lo del bien de la humanidad es la ideología que el poder político-económico utiliza para convencer a la ciudadanía. Y lo de la salud, precisamente, como es lo que más nos toca, pues es un argumento que el poder económico utiliza sabiendo que el poder de persuasión es inmenso. Hay que estar vigilantes ante todo esto. Pero antes hay que exigirles a nuestros políticos que estén por encima de las multinacionales. El esperpento de la gripe porcina (gripe A) de este año, además de un tremendo coste económico que podría haber sido dirigido a otros asuntos sociales, ha dejado bien claro quien manda. Y no son, precisamente, ni los políticos de los diferentes estados, ni la organización mundial de la salud, sino unos pocos miembros de las diferentes industrias farmacéuticas. Mientras que esta estructura social no cambie, en nombre de nuestra salud, estaremos en manos de los especuladores de las diferentes multinacionales farmacéuticas. Y no vayamos a creernos que a estas industrias les interesa nuestra salud, ¿no sería mejor pensar todo lo contrario…?; sino qué sentido tienen…

Cada vez me certifico más en el diagnóstico de que vivimos en una sociedad que ha dado lugar al nihilismo y que éste genera el fascismo. Considero, como he señalado en múltiples ocasiones, que nuestra sociedad está encaminada hacia el fascismo, el económico es ya un hecho, gobiernan los gestores de las grandes multinacionales. Es curioso que los políticos de primera línea mundial tengan intereses muy concretos y lucrativos en estas empresas, ello dice bastante del sentido del orden mundial. Pero este fascismo económico nos llevará de la mano hacia el fascismo político. El gran engaño de occidente ha sido perpetrado. La sociedad orwelliana es una realidad. Hay una inmensa ideología que, promulgando una libertad aparente, lo que fomenta es la obediencia y la sumisión, pero desde la más absoluta ignorancia e inconsciencia. El desarrollo de las fuerzas productivas, la base material de la historia, ha generado un tipo de “individuo” instalado en el mayor de los nihilismos. Primero se ha fomentado el relativismo, la apariencia de la libertad de expresión, de ideas y de consciencia, cuando realmente sólo existe una única consciencia que lo abarca todo: el pensamiento hegemónico, las discrepancias son epidérmicas. Y el relativismo anula el pensamiento porque defiende el todo vale. El ciudadano, individualizado, escindido de lo público y su sentido, se retrotrae a sus opiniones y sólo busca su placer inmediato. Su bienestar, que no es más que el suyo y el de sus miembros más cercanos. La cosa pública no le interesa. La propia actividad política ha hecho méritos, interesadamente, para que no le interese. A los políticos les ha interesado convertirse en una clase que lucha por obtener una mayor cota de poder. Para ello necesita de un ciudadano, en primer lugar, sumiso, que no ejerza la crítica, por un lado, que cuando vote realice el llamado voto útil, es decir, un engaño y un intento de terminar con la pluralidad de ideas. Pero también necesita del ciudadano nihilista y desencantado que vive desde una ética pragmática y egoísta. Este ciudadano, que no participa en la cosa pública ni siquiera para votar, que piensa que la política es corrupción, que da lo mismo a quien votes, está participando, inconscientemente, de la treta del poder para anular el pensamiento y producir un mayor número de esclavos. Quizás el fondo, como venimos diciendo, sea la condición humana. Aquello que la Boête definía en el título de su más conocida obra “La servidumbre humana voluntaria”, renunciamos, por naturaleza a nuestra voluntad y libertad a cambio del bienestar y la seguridad, sin ser capaz de ver más allá de nuestra propia cercanía. Se nos obnubila con el pan y el circo del bienestar y la seguridad. Pero la inmensa mayoría lo aceptamos. Esto, sospecho, procede del hecho de que somos animales gregarios que nos organizamos a partir de principios jerárquicos.

 

            Pero aquí subyace, además de un problema político, uno moral importante. La organización político-económico-social en la que vivimos genera la actitud nihilista que hemos descrito y que deja las manos libres al poder. El ciudadano occidental sólo es capaz de verse a sí mismo y su propio bienestar. Es un caso clásico de alienación, falsa consciencia, o consciencia engañosa. El mundo es un caos organizado por la razón instrumental. Tiene su racionalidad, pero es inhumana. Todos somos partícipes, desde nuestra inacción -no hace falta ser un héroe, sólo votar y cambiar los partidos- y nuestro nihilismo, de la tremenda miseria de la humanidad, como de los problemas globales de justicia social que asolan el planeta, por no hablar de los problemas ecosociales (porque ya no se puede entender el problema ecológico o medioambiental desvinculado de los social: económico, político, moral…) Así, el nihilismo del ciudadano occidental satisfecho y egoísta, sin una ética universal, favorece el fascismo económico y político en el que nos estamos instalando. La pérdida de los valores universales, conquistados por las religiones y la filosofía, a manos del relativismo y el triunfo de la tecnobarbarie, no sólo ha desencantado el mundo, como sostenía Weber, sino que ha dado lugar a un individuo sin valores, salvo los particulares. Por eso estoy hablando de individuos, no de ciudadanos. Somos ciudadanos formalmente, pero el poder, y nuestra inconsciencia, nos ha convertido en individuos. Objetos e instrumentos manipulables desde el poder (que tiene nombres y apellidos, no es algo totalmente abstracto) para mantener la maquinaria del sistema. La base material de la sociedad ha creado un tipo de persona con una tremenda incapacidad para ver más allá de sí mismo porque ha perdido la experiencia y el aprendizaje de los valores morales universales, como la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad. Y su consciencia ha sido llenada con la ideología neoliberal. Un ciudadano que ha claudicado de su deber con la cosa pública, en fin, lo que los griegos llamaban, un idiota: aquel que sólo vive para sí mismo desinteresándose de la cuestión pública. Por su parte, el poder político, participando de la razón instrumental, esa perversión de la razón ilustrada, quiere presentarse a la ciudadanía como gestión. La política renuncia a las ideologías y, peor aún, a las ideas, y se transforma en mera gestión de la cosa pública. Al presentar la política como gestión la estamos intentando neutralizar y separar de las ideologías. La estamos considerando como una ciencia supuestamente neutral de la que deben encargarse una serie de expertos, los que se dedican a la política profesional. Sin embargo, lo que subyace a esta postura de la clase política, es precisamente una inmensa ideología, el “pensamiento” neoliberal. Y es esta ideología, con sus valores, los que se transmiten a la ciudadanía produciendo el nihilismo y dejando las manos libres al poder.

 

            De todo esto, a mi modo de ver, hay que sacar una conclusión importante. La política es demasiado importante como para que esté en manos de los políticos, los partidos y el poder económico. La política es la que genera y produce nuestro espacio vital a partir de las leyes que genera. Las diversas formas sociales emergen de estas legislaciones. Es necesario la intervención política, como mínimo votar. Afiliarse masivamente a partidos y sindicatos para intentar cambiarlos desde dentro. O cambiamos la forma política refundando y profundizando en la democracia o vamos abocados a un tremendo fascismo en el siglo XXI, que se retroalimentará con las crisis económicas, los problemas ambientales, la ausencia de recursos alimenticios, de agua y energéticos. En fin, todo un caldo de cultivo para la aparición del fascismo y de ideologías que alimenten la guerra, como es aquella del choque de civilizaciones de la que sólo hemos empezado a contemplar sus consecuencias…

La tesis fuerte marxista es que la realidad social determina la consciencia. Es decir, que pesamos dependiendo de nuestra realidad social, la base material de la sociedad, lo que se llama la infraestructura económica. Dicho de otra manera, y siguiendo a Marx: “no es nuestra consciencia la que determina nuestro ser social, sino que es nuestro ser social el que determina nuestra consciencia.” Estas afirmaciones y otras le valieron a Marx ser acusado de determinista histórico, pero no voy a discutir este endiablado tema aquí. Arranco de él para realizar una breve reflexión sobre cómo los diferentes soportes de adquisición de cultura, y la lectura, en particular, determinan nuestra forma de pensar y de ser. Atendiendo a estos soportes podemos dividir la historia en varias etapas. La primera es la invención de la escritura. Platón, por boca de Sócrates, nos cuenta que la escritura es una maldición, es la muerte del pensamiento. Se ve aquí el toque reaccionario platónico, defensor de la antigüedad arcaica. Pero, como siempre, sus juicios, por muy de reaccionarios que se les pueda acusar, como ocurre con su crítica a la democracia, encierran grandes verdades. La escritura fue el fin de la cultura oral. De alguna manera, fue la muerte del pensamiento tal y como se entendía y fue conquistado por los griegos. El pensamiento es diálogo, siempre es fluir, está entre dos, es una construcción, un camino, una búsqueda. Requiere de la participación activa y de la memoria. La escritura elimina todo esto. El pensamiento escrito es la muerte del pensamiento. Ya no hay un interlocutor delante, el logos, la razón, es lo común. Lo escrito es ya invariable. Aunque sea un producto de una construcción es un producto acabado. Por eso Platón escribe en forma de diálogo. Y sus diálogos de juventud no tienen conclusión. Pero, poco a poco, el diálogo en Platón pasa a ser algo retórico. Por eso su discípulo, el gran Aristóteles, el padre de todas las ciencias, ya no escribe diálogos, salvo en su juventud. Escribe tratados, algo así como manuales para sus clases en el Liceo. Esto implica que la transmisión del pensamiento ha cambiado totalmente. Y eso conlleva un cambio en nuestra forma de entender la realidad. No es lo mismo el diálogo en el ágora, o tras un banquete… que leer los sesudos tratados científicos y filosóficos de Aristóteles.

 

            Pero, curiosamente, la lectura a la que muy pocos tenían acceso, sobretodo tras la llegada del cristianismo, se hacía en voz alta. Pero fue, San Ambrosio, con una rapidez lectora increíble, el que introduce la lectura en silencia. Pensamos que esto es algo natural, pero no lo fue. La lectura en silencio fue otro gran cambio. En primer lugar, aumentaba la rapidez lectora y, en segundo, producía un fenómeno de aislamiento y ensimismamiento que, desde entonces, es algo mágico que no ha abandonado a la lectura. Y esta lectura, que requería el silencio y el aislamiento era de largo alcance. Quiero decir con ello, que accedíamos a grandes tratados y crónicas que se podían devoran linealmente durante horas y horas. La lectura silenciosa inaugura una nueva forma de pensamiento: el pensamiento interior. Leer es una forma de diálogo con el autor en el que se interioriza el pensamiento o narración del mismo para recrearse en diálogo continuo en nuestro interior. Vuelve el pensamiento como diálogo interior. Y aparece el ensimismamiento de la lectura y el gran lector.

 

            Pero un cambio en la base material de la sociedad hace que la lectura sea de acceso público. La invención de la imprenta permite el acceso a los libros de un mayor número de personas. Y aparecen las novelas, desde el XVI, culminando en las grandes noveleas del XIX. La novela es un género que permite la interiorización de las pasiones y emociones de los otros. Por eso una historiadora americana, en un libro reciente, defiende que la aparición de las noveleas y el hecho de que la burguesía tuviese acceso a ellas hizo posible la aparición de los derechos humanos en el XVIII. Las novelas, al mostrar las vidas de los otros, sus goces y miserias, nos hacían participes de lo común de la humanidad. Por eso se llegó a considerar los derechos humanos como algo evidente, cuando realmente fueron una conquista histórica en la que la lectura de novelas, como el retrato, la representación teatral, tuvieron mucho que ver. El desarrollo de estas grandes novelas, junto con la imprenta y la sucesiva alfabetización de la ciudadanía, hicieron de la lectura un acto singular de empatía, diálogo y razonamiento. Pero siempre lineal. He repetido esta palabra varias veces porque es lo que hoy en día, con las nuevas tecnologías de la comunicación, ha cambiado y ello puede dar lugar a la aparición de unas estructuras cognitivas distintas.

 

            En primer lugar tenemos la televisión, también el cine, pero en menor medida, al menos en sus orígenes. Ésta elimina de un plumazo la lectura. Sustituye el pensamiento activo y la recreación de la imaginación que exige la lectura por la imagen. Con la televisión, nuestras estructuras cognitivas sufren en vuelco tremendo. El filósofo italiano Sartori hace un excepcional análisis en su ya clásica obra “Homo videns” la televisión sustituye el pensamiento, la memoria y la imaginación por la imagen. Por eso pasamos de homo sapiens a homo videns.

 

            Pero la última transformación es la de Internet, que integra el sonido, la imagen y la lectura-escritura. Se suele decir que con la llegada de Internet se lee más. No estoy seguro, lo que sí sé es que la lectura ha sufrido una nueva transformación. Y aquí es donde entra en juego la palabra lineal a la que hice alusión. La lectura siempre ha sido lineal de largo alcance y de largo recorrido. Exigiendo una atención y una memoria al sujeto importantes. Los argumentos, las pruebas requieren su tiempo. Las narraciones requieren un ritmo que van desde su inicio, su nudo y su desenlace. La lectura requiere de la pausa, la interiorización del diálogo con el autor, la soledad… pero Internet es fragmentario. La lectura aquí no es lineal, es fragmentaria y en red. No se sigue ningún argumento en profundidad. Se picotea de titular en titular. Se leen las primeras líneas y poco más. Rápidamente se pasa a otro tema. La consciencia no descansa sobre ninguno. La lectura en Internet es vertiginosa, como la vida posmoderna. Nos falta el tiempo, la soledad, el reposo, el silencio, la memoria, la facultad de argumentación. Para las generaciones que se están educando en esta forma de acceso a la lectura y la información se producirá un cambio en sus estructuras cognitivas que condicionarán, como hemos probado en los otros cambios, el entendimiento de la realidad. El individuo que emerge de estas tecnologías tendrá una identidad fragmentaria, una capacidad increíblemente reducida de argumentación, una reducción de la atención y una anulación de la memoria: todo está en la red. Pero no olvidemos que sin memoria, mal que les pese a los psicopedagogos y políticos progres, no hay inteligencia. Esperemos que pueda mantenerse una coexistencia entre Internet, la lectura tradicional y el diálogo racional de la tradición oral.

Lo inefable, precisamente es que, auque conozcamos a la perfección el funcionamiento del cerebro, nuestras emociones y sentimientos seguirán siendo los mismos. Eso es lo que tiene la emergencia de cualidades nuevas, que no se reducen a lo anterior. Un ejemplo. Un artículo sobre actualización de la física relativista que leí ayer venía a decir que una de las consecuencias físicas de la teoría de Einstein es la eliminación del tiempo, o, más exactamente, que el tiempo pasa a ser algo secundario, en relación con la masa y la velocidad. Es decir, que el tiempo, al no ser esencial, es apariencia, una cualidad emergente, pero no del mundo físico, sino del de la vida. Conclusión, curiosa, es precisamente la consciencia la que crea el tiempo. Y, la consciencia es, precisamente, la separación del mundo físico, la identidad. Si nos identificásemos con todo lo real desaparecería el tiempo, es decir, sólo tiene realidad la eternidad del universo. Por qué crees sino que todos los misticismo lo que pretenden es la anulación del yo, como fuente del dolor y el sufrimiento. Estos últimos sólo se pueden dar en el tiempo. El nirvana budista es la eliminación del yo, por tanto, la eliminación de la consciencia que es lo mismo que la eliminación del tiempo. El tiempo es una forma de adaptación de nuestro organismo al medio. Gran parte de animales no lo tiene. Tampoco el niño pequeño. Nosotros introducimos esa creencia en la “inocente consciencia” infantil. Recuerda que la sabiduría bíblica decía. Hasta que no os hagáis como uno de estos no entraréis en el reino de los cielos. Y el reino de los cielos es el paraíso, la ausencia del tiempo.

Toma ya discurso filosófico…estoy afilando las armas para el inicio del curso… aunque me temo que estos no se enteran ni de papa, o, lo peor, que no les interesa nada.

 

Estoy leyendo un libro de un neurofisiólogo sobre el origen del cerebro humano a través de la evolución. Es increíble como una serie de reacciones bioquímicas inestables entre neuronas, den lugar a la consciencia y la memoria. La memoria es evocación de lo que fue (un fue construido.) recordar es la unidad de nuestra conciencia. Escuchando esta canción (Le meteque) puedo evocar perfectamente la primera vez que la escuché en el instituto y el profesor que nos la mostró, luego, la unidad de la conciencia, que es la memoria, puede hacer un viaje por toda mi vida. Y esas reacciones bioquímicas son todo: placer y dolor. Por eso la muerte no es más que el fin de esta inestable unidad bioquímica. La ciencia es poesía, nos lleva a lo inefable.

Aparece un reportaje interesante en las páginas de El País del 23-8-2010. Lo que se pone en cuestión es si la cultura, especialmente, las creencias religiosas, como sostendría Weber, condicionan el desarrollo económico. Lo que de nuevo pretende aportar el reportaje es que, hoy en día, y siguiendo a un doctorando en economía de Estados Unidos, la tesis weberiana es falsa. Se basa en un conjunto de datos objetivos de diversas ciudades tanto protestantes como católicas desde 1.300 hasta el siglo XIX. Según sus datos, el hecho de que fuesen o no protestantes era irrelevante para su desarrollo económico.

 

            Como es bien sabido, lo que mantenía Weber, es que la ética protestante fue un influjo decisivo en el desarrollo del capitalismo. Lo que podemos aprender, como siempre, es que los fenómenos, y menos los históricos y económicos, no se pueden reducir a una única línea causal. Pero lo que no acepto es lo que hay debajo de los estudios del doctorando que cita el reportaje y de muchos sociólogos y economistas. Lo que estos vienen a defender es que la cultura, en su caso la religión, no afectan para nada al desarrollo económico de una ciudad o nación. Todo depende, dicen, de la gestión. Los países ricos son bien gestionados, los pobres son la causa de una mala gestión de sus recursos. Éste es el grave error. En primer lugar esto no es más que positivismo científico. Los sociólogo, pedagogos, economistas, andan anclados en una antigua y falsa filosofía de la ciencia que es el positivismo lógico. Ésta viene a decir, a grosso modo que, la ciencia es el único conocimiento legítimo (ya tenemos aquí el primer error) se reduce a hechos que captamos por la experiencia y que la verdad es objeto de la inducción y, por tanto, de la verificación. La verdad científica es aquello que se puede verificar. Por tanto, quedan fuera de la ciencia todo aquello que no es verificable, como los valores, las creencias,… Ésta es una filosofía errónea como probara en primer lugar Popper, que viene a decir que en ciencia nada es absolutamente verificable, sólo falsable, con lo que el conocimiento se convierte en algo provisional, hipótesis, conjetura. Pero luego vendrá Kuhn y los postkuhnianos que nos enseñarán que en la ciencia hay todo un conjunto de valores y de creencias e ideologías que operan a la base de lo que se llama un paradigma científico, que influyen directamente en el proceso de investigación. El problema que se le plantea a la economía de hoy en día, como a otras ciencias sociales, es que, en su pretensión de ser científicas, quieren alcanzar el viejo ideal positivista, y esto es un error. Toda ciencia está cargada de valores y, mucho más las ciencias sociales, entre ellas, la economía. Podemos decir, y no creo equivocarme, que la ciencia más ideologizada que existe hoy en día es la economía. Por eso no puedo compartir el hecho de que el crecimiento económico depende de la gestión. Esto no es más que la ideología de la que participa hoy en día la economía, que es el neoliberalismo. Existen muchos otros factores que tienen que ver con el pensamiento, los valores y las creencias e, incluso, con las conspiraciones, como las que realizan los miembros de las multinacionales que también participan en la política, que condicionan el desarrollo económico de los pueblos. Lo que los economistas ortodoxos nos quieren hacer ver es que la economía es una ciencia neutral, exenta de valores e ideologías y creencias y que, por tanto, hay que admitir sus datos. Falso. La economía al uso no es más que un armazón teórico para defender una ideología vigente que es la que llamamos neoliberal. El debate interno en la economía es un hecho. Lo que ocurre es que el pensamiento hegemónico es el del poder y a éste le apoya la ciencia económica presentada como neutral. Es más, esta ciencia está haciendo un flaco favor a la posibilidad, tanto de salir de la crisis en la que nos encontramos, como, algo más importante, la urgencia de pasar de un paradigma a otro, que nos permita refundar un nuevo mundo. Los economistas neoliberales, que se creen poseedores de la verdad científica absoluta, cosa que no existe para nada, son partícipes del gran desorden y desastre mundial. Participan alimentando ideológicamente al poder. Son los nuevos teólogos, los portadores de la verdad sagrada de la que nadie podrá verse libre. Mal asunto. La economía, como la sociología, la pedagogía,…deberían aceptar que se enfrentan a fenómenos irreductibles en los que participan sujetos y que todo reduccionismo mecanicista es, precisamente por tratar con sujetos, un atropello a la dignidad. Así que los factores culturales influyen en el desarrollo económico y en interacción dialéctica con la base material de la historia. Lo de la gestión es también ideología. La gestión suena a neutralidad, profesionalidad. Pues esa gestión, no es, ni más ni menos, que la ideología neoliberal del poder puesta en marcha en las decisiones económicas.

En las páginas de tribuna de la gaceta Independiente aparece un artículo de Manuel Montanero Fernández, titulado: Bolonia, año I, ¿privatización o  decepción? Mis máximos respetos para el autor al que he admirado siempre, a pesar de no conocerlo demasiado, no llegó nunca a ser mi profesor, pero la leyenda lo precedía. Ha sido un hombre dedicado intensamente a la educación y a su mejora. Pero siento discrepar con él en el asunto éste de Bolonia. Aquí sigo al viejo Aristóteles, que una vez que empezó a no compartir las ideas de su maestro y amigo Platón, dijo que era amigo de Platón, pero más amigo de la verdad. Pues lo mismo puedo decir yo con respecto al autor del artículo, a pesar de mi admiración y respeto por su labor educativa, siento disentir y, además, por principios básicos. No es que yo pretenda estar en la verdad, siempre he defendido que las verdades son provisionales, cuidado, no relativas, eso es otra cosa. Pero lo que yo voy a discutir aquí es de índole ideológico o de falsas filosofías.

 

            El artículo me parece perfectamente argumentado, lo que sucede es que me parece excesivamente positivista. Me explico. No analiza los entresijos del plan Bolonia, sino que, aludiendo a las reivindicaciones más superficiales de los antibolnia, la privatización de la universidad y la desaparición de titulaciones, nos ofrece una serie de datos que refutan lo que mantiene los primeros. Estoy de acuerdo en la forma de estos argumentos, pero me parecen parciales, sería necesario un análisis estadístico riguroso de toda la nación española. Pero esto no toca, tampoco, la cuestión ideológica que subyace al plan Bolonia y que es lo que yo quiero comentar, casi telegráficamente, aquí, pues en otros lugares me he extendido suficientemente sobre el tema. Hacia el final del artículo también dice el autor, que es necesario que algunos que están contra esta reforma se atrevan a renovarse y a salir de sus cubículos medievales. Es cierto que la universidad española necesitaba de una gran reforma en profundidad, que existen males perennes y una endogamia temeraria, a la par que un alejamiento de la sociedad peligrosa. Todo ello es cierto, pero Bolonia no tiene nada que ver con esto, la endogamia seguirá, además, se amplificará. Es necesaria la reforma, pero tampoco hay que caer en el error de pensar que toda innovación es un progreso, sobretodo si esa innovación viene de las nuevas tecnologías y de la pseudociencia de la pedagogía. Aquí caemos en el mito del progreso y entramos de lleno en la ideología que subyace al plan Bolonia. Por mi parte considero que, como profesor, aunque no universitario, no estoy anclado en la época medieval, cuando surgieron las universidades, la primera en Bolonia, como recuerda el autor. Yo me voy más lejos. No he salido de la época de Sócrates. Y pensar que las nuevas tecnologías mejoran la enseñanza a partir del diálogo, enseñanza abierta que busca y construye el conocimiento a la par que construye al ciudadano es un error peligros. No se pueden confundir los fines con los medios. Las tecnologías, por lo demás, mucho más prescindibles de lo que parece, son instrumentos, no el medio. Creer en que el aumento de las tecnologías aumenta la calidad de la enseñanza es un mito que, por lo demás, lo desmiente toda la historia de la educación, desde Sócrates hasta nuestros días.

 

            Esto último es uno de los aspectos ideológicos en los que cae el plan Bolonia, como la LOGSE-LOE, su antecesor, en la primaria y secundaria. Pero vamos a adentrarnos un poco más en la ideología que sustenta esta reforma. Aunque sea ya manido decirlo, lo que subyace al plan Bolonia, como a las diferentes reformas de la enseñanza secundaria, es la ideología neoliberal. Todos los críticos lo dicen. Y todos los que están en contra lo intentan refutar. Pero lo que hay que hacer es ver en que consiste esta ideología neoliberal. En primer lugar hay que decir que el neoliberalismo está con nosotros desde los setenta y que se transforma en pensamiento único tras la caída del muro de Berlín. Los orígenes del neoliberalismo se encuentran a principios de siglo, pero fueron vencidos por el keynesianismo. Ahora bien, si el neoliberalismo es el pensamiento político-económico, yo diría ideología, entonces lo permea todo. Cualquier tipo de acción está dirigido por los ideales de este pensamiento. Y el rasgo fundamental del neoliberalismo es la primacía del mercado. Es decir, la eliminación del sector público. La crisis actual, que en principio parecía que iba a poner en jaque a tal doctrina, al final la ha reforzado. Pero si el mercado y sus leyes lo regulan todo, ya no es necesaria la política, salvo para justificar las acciones del mercado, que es lo que en la crisis actual está ocurriendo y es lo que ha ocurrido con las diferentes reformas educativas. Ahora bien, el mercado se mantiene si sigue creciendo, por eso lo que interesa es la productividad, que se mide por el PIB, que no tiene nada que ver con la riqueza particular, sino con la macroeconomía, la riqueza de los ricos. Todo aquello que beneficie a las grandes empresas beneficia al PIB de un país, por eso hay que seguir creciendo. Pero, para seguir creciendo, en la supuesta sociedad del conocimiento y la información en la que vivimos, es necesario preparar a los ciudadanos para que se adapten profesionalmente a este mundo “eternamente cambiante.” (Quizás no haya nada nuevo bajo el sol) Por eso la educación tiene como objetivo, no ya el conocimiento, sino las competencias y destrezas, además así se llaman, así debemos programarlas los profesores. El conocimiento pierde importancia, porque es sustituido por una serie de destrezas que es necesario renovar en un mundo eternamente cambiante. Y aquí aparece el mito de la formación continua, panacea de las grandes empresas para enriquecerse y tener acogotados a los sufridos trabajadores, que pasan indolentes e inconscientes por el aro. Pero de esta formación continua hablaremos después. Primero quiero hacer una observación a lo anterior. Decía que el objetivo de la enseñanza secundaria y universitaria hoy en día es el de la adaptación. El ciudadano debe adaptarse, ser maleable. Aquí sucede algo importante. Con la reforma de la universidad tras la ilustración, Kant afirmaba que el tribunal de la universidad es el de la razón. Todo buen ilustrado elogia esto, pues se destierra de la universidad, los intereses aristocráticos, las supersticiones religiosas, y en el “templo” del saber todo debe estar regido por la razón crítica. Ésta es la gran conquista de la ilustración en la universidad, que, a su vez, debe ser la garantía de la ilustración de los ciudadanos. La enseñanza secundaria y la universidad deben hacer llegar la ilustración al pueblo. Pero, lo que ha ocurrido hoy en día, es que el tribunal de la universidad, no es la razón, como en la edad media, tampoco lo era. En este caso, era la verdad revelada, la autoridad religiosa. Hoy en día el tribunal es el mercado y todo lo que ello significa, por eso, lo que se pretende no es formar ciudadanos, sino, individuos capacitados para desempeñar tareas, más o menos, especializadas para la empresa que aumentaría sus rendimientos. Se anula, de esta forma al ciudadano y se le convierte en un replicante sin capacidad de crítica. Si el tribunal de la universidad fuese el de la razón, de la universidad saldría la voz crítica para cambiar esta sociedad tremendamente injusta basada en la tecnobarbarie y el poder del capital representado por las multinacionales ante las cuales el poder político sólo puede asentir. Además de que, en la alta política, muchos representantes de ésta forman parte de los consejos de dirección de las multinacionales. Esto está muy claro en la política norteamericana y, cada vez más, en a europea. Y esto es el neoliberalismo. A esta ideología, que los políticos simplemente suscriben e intentan trasladar a la ciudadanía, como el máximo bien y la mayor garantía de libertad, sólo le interesa el crecimiento económico. El ciudadano es un intermedio. El plan Bolonia es la concreción de esta ideología en la educación universitaria. Y, encima, se nos quiere hacer pensar, desde el mito del progreso, que no hay alternativa posible de desarrollo. Falso, lo que se pretende es adoctrinar, que es, por otro lado, lo que todo sistema de enseñanza en manos del poder pretende hacer. El nuestro está en manos del poder económico, el poder político es, simplemente, la ideología que lo recubre. Una vez que el alumno obtiene su grado y sus másteres públicos entra en el mercado laboral, es decir, la competencia. Y aquí es donde el alumno se ve obligado para conquistar un puesto de trabajo a realizar un master tras otro a precios desorbitantes. Formación que, en el mejor de los casos, le garantiza un puesto precario, puesto que el neoliberalismo, con la connivencia de los políticos socialdemócratas, ya se han encargado de flexibilizar el mercado laboral. Y éste es el mito de la formación continua. El enriquecimiento para la empresa, además, a costa de la universidad. Es decir, desde el bien público. Quiero decir, que las universidades públicas forman a los futuros trabajadores para las empresas privadas. Es decir, que nosotros les hacemos el favor de adoctrinar a los alumnos en las competencias requeridas para la sociedad actual. Pagamos públicamente la formación para las empresas. El chollo de las grandes empresas es increíble. Ahora bien, si la educación estuviese regida por la razón, la universidad formaría a ciudadanos críticos que sean capaces de poner en duda, y plantear alternativas, a este desorden mundial vigente. Pero no es esto, precisamente, lo que le interesa al poder económico.

 

            Y otro asunto relacionado con Bolonia, que tiene que ver con la tecnobarbarie educativa, que ya padecemos desde la LOGSE en la secundaria, es la introducción de la pedagogía en la universidad. Los pedagogos se han convertido en los nuevos sacerdotes de la enseñanza. Han acabado, con su terminología críptica y pseudocientífica (una perversión de la razón ilustrada que instrumentaliza al alumno, como he analizado en otros lugares) con la enseñanza. Los pedagogos, a mi modo de ver, y al de muchos de mis compañeros, aunque la voz no se haga notar, por comodidad o cobardía, constituyen el cáncer de la educación. Además han producido el lenguaje que la ideología necesitaba. El lenguaje crea la realidad, por eso este lenguaje pedagógico, ha recreado la realidad de la enseñanza reduciéndola a la nada. Además del lenguaje, que vehicula el pensamiento y, por ello, adoctrina -ya se puede ver este fenómeno en los profesores que vienen de la LOSE y pasan por cursillos psicopedagógicos de adoctrinamiento- la pedagogía se ha parapetado tras una burocracia colosal que elimina el arte de enseñar y lo transforma en una supuesta técnica infalible en la que todo debe estar registrado. Ésta es la tecnobarbarie de la pedagogía. Y toda barbarie implica una instrumentalización del hombre. Lo que significa, un atentado contra su dignidad. La psicopedagogía ha instrumentalizado al profesor y al alumno.

 

            Y, para terminar, quiero hacer una mención sobre las titulaciones que, en principio, tienen como salida profesional fundamental, la enseñanza secundaria. Todas estas carreras o grados que son de índole teórica, fundamentalmente, ya sean de ciencias o de humanidades, ven reducido su programa a cuatro años. Y no se comprimen los contenidos. Hay una proliferación increíble de asignaturas, así como, por lo que conozco en algunas de humanidades, un primer año en el que se estudia de todo lo concerniente a las humanidades. El objetivo está claro. Tras obtener el grado se realiza el master psicopedagógico que te “capacita” para la enseñanza. Los contenidos obtenidos en el grado y el master son bastante menores que en las antiguas licenciaturas, además de llevar tu última dosis de adoctrinamiento psicopedagógico para que te adaptes al desierto de lo real de la enseñanza secundaria actual. Además, con los conocimientos que se obtienen en estos grados –muy diversificados y poco especializados-, y los niveles de exigencia escasos de la secundaria, los graduados en humanidades podrán dar cualquier asignatura de estas al igual que los de ciencias. Por ello se rumorea, la cosa está muy avanzada en Andalucía, la reducción de los departamentos a dos: el de humanidades y ciencias sociales y el de ciencias con, eso sí, sus diferentes secciones.

 

            En conclusión, creo que Bolonia no es más que una piedra más en la construcción neofascista de la sociedad del siglo XXI que estará gobernada por el poder de las grandes corporaciones. Y todo lo demás que se nos cuenta es ideología para domesticar al ciudadano, como, por lo demás, ha ocurrido en todas las épocas.

Entiendo a los vegetarianos como opción, pero no comparto sus razones. Creo que debajo de su decisión hay una serie de prejuicios y creencias erróneas, por un lado, y dogmáticas por otro. Hay que tener cuidado con el dogmatismo porque éste supone que yo estoy en posesión de la verdad, de lo que se desprende que el otro está en el error. El dogmático no admite la crítica. Niega la esencia de la racionalidad, el diálogo. El dogmático se cree superior en la medida en que la verdad está con él. Y esto es muy peligroso. Los dogmáticos sin poder hacen sólo daño a los que tienen a su alrededor. Son insoportables. Pero cuando tiene poder el dogmatismo se convierte en fanatismo, lo que le da un toque de inconciencia colectiva. Y el fanatismo, aliado al poder, es la antesala de la violencia.

 

            Creo detectar entre los vegetarianos cierta dosis de dogmatismo, además, infundado, porque la dieta humana no puede ser exclusivamente vegetariana. Por eso considero que son ciertamente integristas y que, de alguna manera, pretenden ser poseedores de la verdad. Ahora bien, si el vegetariano lo es sólo porque considera que su salud, y sólo esto, es mejor, que consumiendo proteína animal, pues nada que objetar. Pero creo que pocos hay de estos. Debajo del vegetarianismo existe una actitud puritana-religiosa, con respecto a la naturaleza. En primer lugar hay que decir que la evolución y la biología han establecido que el hombre es un animal omnivoro y que el consumo de carne es esencial en el desarrollo del cerebro y en su mantenimiento. Por supuesto, que esto no es una única causa de la aparición de la inteligencia, pero sí importante. El que el hombre sea inteligente y haya desarrollado la cultura, su segunda naturaleza, es una cuestión multicausal y de resiliencia. Por ello no podemos caer en reduccionismos. Pero la primera conclusión que podemos sacar de aquí es que la alimentación vegetariana está en contra de nuestra propia naturaleza biológica, por tanto, no debe ser, cuando es absoluta, beneficiosa para nuestra salud. Somos animales cazadores, recolectores y carroñeros y, por eso, en nuestra dieta está la carne.

 

            En segundo lugar decía que hay una dosis de puritanismo dentro de la opción vegetariana. Generalmente se suele decir, y sigo en esto a los filósofos vegetarianos más importantes del momento, como Peter Singer, que el consumo de carne produce sufrimiento en los animales. Difícilmente se puede estar en desacuerdo con esto. Pero aquí hay que distinguir ciertas cosas. Si lo que se está diciendo es que la ganadería intensiva produce un sufrimiento excesivo e innecesario a los animales, hasta ahí estamos de acuerdo. Pero el problema no se resuelve por medio de la dieta vegetariana, sino por el cambio del sistema de producción. Ahora bien, si se dice que el retinto, por decir, sufre a causa de que yo me lo como, cuando éste se cría en la dehesa, es excesivo. Porque igual sufre la gacela cuando se la come el león. Estos naturalistas y ecologistas integristas no distinguen una cosa de otra. Se maravillan de la naturaleza y de la “crueldad”, esto es una metáfora, que hay en ella y parecen no ver el sufrimiento que representa la cadena alimenticia. Pero, en cambio, consideran que el hombre no debe consumir carne para evitar el sufrimiento, craso error. Hay que partir del principio ético de que hay que evitar el sufrimiento animal en lo máximo posible, pero eso no implica, como digo, el vegetarianismo, que es, como he dicho, contra natura, sino el cambio del sistema de producción. Si la ecología profunda e integrista no entiende esto, entonces tendría que proponer una dieta vegetariana a todos los carnívoros, y esto es absurdo. Y también tendría que eliminar toda la crueldad gratuita que en la naturaleza se produce. No se puede caer en el puritanismo porque esto es una moralina que nos lleva al absurdo y al mantenimiento de tesis infantiles. Además de, como analicé antes, llevarnos al dogmatismo. Ser vegetariano debe ser una opción que sólo implique lo que yo creo que le viene bien a mi cuerpo, como practicar o no ejercicio, pero no debe pasar de ahí. Lo demás es dogmatismo e ideología.

Las pasiones son aquello que más en común tenemos con los animales, especialmente con los mamíferos y, particularmente, con los simios. Nos hacen iguales. Son mecanismos biológicos de adaptación en los animales sociales. Siento hablar a un artista con este tono científico. Pasión y razón están íntimamente unidas. Yo diría que no hay arte sin razón, ni ciencia sin pasión, para destrozar el tópico.

Probablemente vivamos una época en la que el escepticismo se confunda con el relativismo y el vacío. El escepticismo es una actitud intelectual que es la característica del filósofo. Es búsqueda. Su máximo representante es Sócrates. De ahí nace el pensamiento escéptico, de su sólo sé que no sé nada. Después Platón transformaría el pensamiento del maestro en lo que el llamó una filosofía verdadera. Se acabó el escepticismo y nos adentramos en el dogmatismo. El escepticismo es un sano método intelectual que nos cura del dogmatismo. Éste último se relaciona con el fanatismo y la violencia. Así, el escepticismo es una medicina contra los excesos del intelecto y presunción humana. El escepticismo es la conciencia de los límites, la sabiduría de que para el hombre está vedado el conocimiento absoluto y la certeza. El conocimiento, la ética, la política, la estética, es provisional. Pero aquí es donde surge el problema. Y es donde se confunde el escepticismo –sano antídoto- y método para alcanzar la felicidad, con la negación y el relativismo radical del posmodernismo.

 

            El escepticismo niega la posibilidad del conocimiento absoluto en todos los ámbitos del saber, pero eso no es lo mismo que el relativismo o el todo vale. Lo que el escéptico nos dice es que no podemos acceder a la certeza y a la verdad última, pero que sí tenemos mecanismos para huir del error. Es decir, que no todo vale. Sí podemos refutar lo que es falso. El escepticismo reconoce los límites del conocimiento humano. No podemos acceder a la verdad, porque nuestro intelecto tiene un límite: la inducción, ésta no nos permite un conocimiento definitivamente verificado, como mostrara Hume y después Popper. Pero si podemos refutar, vía deductiva, el conocimiento erróneo. Esto en lo que se refiere al conocimiento científico. No entramos aquí en la consideración de que la ciencia no es sólo búsqueda del saber, sino un complejo social, industrial, militar y como fin último el consumo. El análisis de esto es mucho más complejo. Pero, no acepto, como hacen los posmodernos, que de ello se siga la irracionalidad del saber científico y la equiparación con cualquier otro saber. Lo más que acepto es que la objetividad es construida, pero desde la universalidad humana. El irracionalismo y el nihilismo que se desprende del discurso posmoderno lo único que hace es alimentar el fascismo político y económico. Así que decíamos, que no podemos saber con certeza que es la verdad, la justicia, la bondad y la belleza. Pero tenemos mecanismo que nos dicen qué no es. En la verdad científica están muy claros. En el asunto estético, ético y político, son menos claros. Pero me voy a ceñir brevemente a estos dos últimos. No es posible el conocimiento de lo que sea el bien y la justicia. Es más, cuando se ha pretendido saber hemos caído directamente en los totalitarismos políticos. No hay un fundamento ni transcendental, ni trascendente del bien y la justicia. Tampoco unos derechos naturales inscritos en la biosfera. Lo único que tenemos es un argumento pragmático histórico para justificar la justicia y la bondad. Por eso, en la ética y en la política, es muy importante el escepticismo como terapia. El escepticismo, decíamos, se puede considerar una filosofía terapéutica que nos cura de nuestros excesos intelectuales y de la vanidad humana, así como del entusiasmo mesiánico-político que cautiva a algunos líderes y sojuzga a la masa deseosa de una liberación del sufrimiento. Decía que con lo único que contamos es con los argumentos pragmáticos-históricos y con el fundamento naturalista de nuestra biología. El hombre es un animal y nada más que un animal. La peculiaridad propia del hombre es el lenguaje simbólico que procede de una mutación genética. El lenguaje ha hecho posible la emergencia de una nueva realidad, no escindida de la naturaleza, que es la cultura. Y es esta cultura la que ha transformado el medio en el que vivimos y éste es el proceso de adaptación. Lo hacen todos los animales. El concepto de adaptación pasiva es erróneo. Nos adaptamos transformando el medio, pero esto todos los animales. Lo que ocurre es que el hombre es consciente de ello por el lenguaje y proyecta estas transformaciones. Decía Popper que la diferencia entre una ameba y Einstein es que éste es consciente de sus errores. La diferencia es de cantidad, no cualitativa. Somos seres sociales y, como tales, nos regimos por el principio del altruismo recíproco que tiene su base, para ser efectivo, en la empatía. Ésta es por tanto, la base de la moral: la empatía, ser capaz de ponerse en el lugar del otro, por un lado, y la teoría de la mente, ser capaz de pensar lo que el otro piensa. Esto unido a la etología, el altruismo recíproco, son las bases de la ética naturalista. Y a ello habría que sumarle la ética ecológica, siguiendo el principio de responsabilidad de Jonas. De todo ello ya hemos hablado en estos escritos.

 

            Por otro lado hay que hacer notar una precisión sobre el progreso moral y político. Nada hay que garantice tal progreso. El progreso hacia lo mejor debe ser una idea regulativa de la praxis política, no un fin en sí mismo. Lo mejor, a mi modo de ver, es lo más universal, sin que esto arrastre tras de sí las diferencias, como hace el pensamiento dogmático que acaba en totalitarismo. Así, el progreso, la confianza en tal, ha de concebirse como una actitud ética, no como una verdad ontológica. Y esto conlleva que en cada momento debemos luchar por mantenerlo. Visto desde esta perspectiva, la actitud que subyace a lo que vengo diciendo es la del escepticismo, la provisionalidad. Todo lo conquistado es provisional, además de estar sujeto a la crítica, resulta que pude ser falso y habrá que cambiarlo por otra cosa. La actitud escéptica es la de la provisionalidad, pero el escéptico no se regodea en ella, sino que busca superarlo por algo menos provisional. El pragmatismo ético-político se basa en encontrar modos de vida y de organización política que hagan el mayor bien a la inmensa mayoría evitando, por supuesto, el mal radical y los males de las minorías. El pensamiento político debe ser un pensamiento abierto y en construcción y debe partir de nuestra propia naturaleza y del reconocimiento de nuestros propios límites. Frente a esto, el posmodernismo, filosofía e ideología dominante, lo que predican es el relativismo radical, el todo vale. Y esto no es más que alimentar la dinámica del más fuerte. El posmodernismo se convierte en un dogmatismo, una creencia, una forma de valores y de ver la vida, una ideología en suma, que nos esclaviza y deja las manos libres al poder. El escepticismo, en cambio, es una actitud de crítica. El escéptico se sabe instalado en la provisionalidad, que la razón humana no da más de sí, pero sabe distinguir el grado de los errores y elige el menos pernicioso y es una vacuna contra los dogmatismos. El escepticismo, en suma, está es una actitud positiva de construcción. El posmodernismo es la actitud, o bien del vencido, o, peor, del cínico, en el sentido peyorativo del término. (En sus orígenes existe una comunidad teórica entre cínicos y escépticos, lo que los diferenciaba eran sus métodos, que tenían, a mi modo de ver, más que ver con el temperamento, que con el pensamiento.) Por eso se puede decir que cada filósofo tiene la filosofía que le corresponde. El pensamiento surge más de nuestras pasiones que de la razón.

Siempre he defendido que la iglesia tiene un doble rasero moral. Que es hipócrita. La iglesia ha luchado siempre contra el placer. Este elimina el dolor, sin dolor ni sufrimiento no hay dios que valga. Creemos en los dioses porque somos seres indigentes y contingentes. Creamos a los dioses, como defiende el ateismo más antiguo, según nuestras necesidades. Pero también he defendido que la iglesia, como institución, es un poder que intenta controlar las consciencias y el pensamiento. La hipocresía de la iglesia a la que me refiero ahora es a la valoración moral que realiza sobre los males morales de sus sacerdotes. La pederastia entre los curas que se han realizado y se realizan en colegios, internados, residencias, son calificados como deslices e intentan ocultarse por todos los medios. Pero lo que señalo es que, escandalosamente, se les presta poca atención y son considerados de poca gravedad. En cambio, la crítica dentro de la iglesia, el disentir, el discutir los dogmas, todo ello es declarado anatema. A todo aquel que intenta discrepar se le amenaza con la excomunión. La dogmática es férrea. Lo importante es la supuesta verdad de la misma, no la inmoralidad intrínseca ni de la iglesia ni de los sacerdotes. Esta institución, a no ser que se regenere, está podrida de inmoralidad. Debe ser bien conocida para aprender de ella. El mensaje ético evangélico es impresionante, aunque tiene sus contradicciones. Frente a una ética social, también se ofrece una ética escatológica: abandónalo todo y sígueme, pues el fin de los tiempos está cercano. Son las contradicciones de un mensaje construido durante los cuatrocientos primeros años de la iglesia. Pero es muy aprovechable. En cambio, lo que la iglesia realiza y ha realizado es una auténtica connivencia con el crimen. Una auténtica colaboración con el genocidio del que nunca se ha arrepentido. Tenemos el ejemplo de la segunda guerra mundial, el nacionalcatolicismo en España, la destrucción de las indias, los crímenes sexuales contra niños. Pero lo que a la iglesia le importa es que sus teólogos no discrepen, no cuestionen la moral ni la dogmática. Es la ausencia de pensamiento de todo régimen totalitario. Y, de paso, la hipocresía moral de la iglesia, es también relativismo moral. Lo cual es rizar el rizo. La iglesia pretende luchar contra el relativismo moral de las sociedades posmodernas y ahí, como he señalado, coincido, pero no se aplica sus principios, relativiza su propia moralidad y valores. Lo importante es el dogma, la institución. El mal, la injusticia social y la miseria, le importan poco. Es el precio que tienen que pagar para seguir siendo una institución con poder. Estos señores son poco creíbles y poco de fiar, a no ser que sean tan cínicos de ser los mayores ateos e inmorales de la historia. Lo cual es una posibilidad muy probable. Cuidado, que ser ateo no implica ser inmoral, como nos quieren hacer pensar ellos. Lo que ocurre es que ellos, en pro de la institución y la obediencia a la jerarquía, atropellan los propios valores del cristianismo. Y como conocen que el pueblo es supersticioso y tiene miedo a la libertad pues atropellan sus propios principios.

Stephen Hawking, el famoso cosmologo, considera que el fin de la humanidad está cerca, entre cien y doscientos años. Su propuesta es que debemos salir de la tierra y colonizar el espacio, siento mucho discrepar con el astrónomo y cosmólogo al que he leído y seguido. Pero aquí, como en otras cuestiones filosóficas, yerra desmesuradamente. Son muy interesantes las aportaciones a la cosmología de Hawkins, y su divulgación a un público medianamente culto. Pero sus reflexiones filosóficas son simplistas y llenas de prejuicios cientificistas. En este caso comento sólo sus últimas reflexiones que he mencionada más arriba. Creo que es absolutamente absurdo querer salvar al planeta tierra y a la humanidad colonizando el espacio. Lo que es necesario es cambiar la ética, la política y la encomia. Precisamente, frente al paradigma del crecimiento ilimitado, que es el que subyace a la propuesta del cosmólogo, lo que hay que proponer es el paradigma del decrecimiento, de la autocontención, que diría Riechmann. Por cierto, este autor tiene un libro, el segundo de su pentalogía, sobre la ética de la autocontención, ensayos de ecología, titulado “Gente que no quiere ir a Marte”. El filósofo, poeta y matemático español se adelanta al cosmólogo y le realiza una crítica exhaustiva. Es absurdo el gasto de energía, tecnología, capital, en el intento de colonización del universo, para que se salve una pequeña fracción de la humanidad, una supuesta élite. Absurdo. De lo que se trata es de encaminar los esfuerzos para la supervivencia de la ecosfera, lo cual hará posible la del hombre. La propuesta de Hawkins es maquiavélica, reconoce la inviabilidad del hombre y apuesta por la salvación de unos cuantos que serían los garantes del conocimiento científico-tecnológico. En realidad, esto no es más que una distopía tecnocientífica que tiene como origen la religión del cientificismo. En una cosa quizás si tenga razón Hawkins, el hombre no tiene solución, pero si eso es así, ¿merece la pena que unos cuantos se salven?…envenenaran otros mundos. Aunque seamos pesimistas, el esfuerzo debe estar dirigido sobre nuestra humanidad y nuestro planeta, unidad indisoluble. Y si nos hundimos, nos hundimos todos. Pero las soluciones se buscan dentro. Lo de Hawkins, más que un sueño, me parece una pesadilla.

Efectivamente, el silencio frente a la injusticia es estupidez, es lo que nos pasa a todos. Y es la estupidez humana la que aprovecha el poder. Lo que sucede es que la estupidez forma parte intrínseca de la condición humana. ¿Tenemos remedio?

 

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            ¿Quién dijo que ciencia y poesía están reñidas? La ciencia es poesía, el universo una creación poética. El conocimiento humano es la recreación poética de la naturaleza.

El asalto a la estatua de Hernán Cortés en Medellín, no se puede considerar sólo un acto bandálico, que lo es, por atentar contra el bien público. Pero no nos podemos quedar en esto, que es sólo la superficie. Hay que ir a las causas. La historia oficial, y el pensamiento políticamente correcto, todavía no han admitido que la conquista de América fue un genocidio y etnocidio. Y que los conquistadores fueron sus instrumentos. Por supuesto que todos estamos circunscritos a nuestras circunstancias históricas, pero estas no pueden justificarlo todo. Precisamente, lo que de glorioso surgió de la conquista y destrucción de las indias por los españoles, en primer lugar, y por el resto de potencias europeas, después, fue el surgimiento del derecho de gentes a partir de las reflexiones de fray Bartolomé de las Casas, que consideró al indio, independientemente de ser bautizado, como ser humano, persona. Por tanto un sujeto de dignidad, una criatura de dios en pie de igualdad con el cristiano. De estas reflexiones surgirán después los derechos humanos que universalizarían estos principios. Ahora bien, ni la ideología hegemónica, ni la historia, enseñan la verdad sobre la conquista de América, todavía en nuestro pensamiento se nota un regusto de reconquista, de la España espiritual y eterna. Es en este tema en el que hay que insistir y es el que señala el acto vandálico. Pero, claro, lo políticamente correcto no nos permite ni excedernos en nuestros actos físicos ni en nuestros pensamientos. Cuando se denuncian estos hechos como actos vandálicos, ipso facto, se elimina la carga crítica y de pensamiento que hay detrás. Y esto es lo que al poder le interesa. Es necesario una revisión de la historia y de nuestra política nacionalista identitaria. Hay que tener en cuenta que la conquista de América está ligada, ideológicamente, con la expulsión de los judíos y musulmanes de España. Está ligada con el fanatismo, la intolerancia, la exclusión y la imposibilidad de que en España se desarrollase una sana ilustración en contra del oscurantismo, la superstición y el poder de la iglesia y las clases reaccionarias. Y esta política identitaria sigue existiendo hoy en día tanto explicita como implícitamente

De nuevo la iglesia se despacha con una de sus insensateces. Esta institución ha perdido el norte. Su crítica al laicismo y la modernidad, si bien acertada en lo que se refiere al relativismo y la ausencia de espiritualidad y valores éticos de la posmodernidad, no es más que una apuesta por el oscurantismo. La iglesia no pretende mayor pluralidad, ni tolerancia, ni compasión, ni justicia social. Quiere, poder. Y eso se lo dan los números. La cantidad de “afiliados” a la secta, toda religión es una secta, sólo que cuando son mayoritarias sus sistemas de control son más laxos. La iglesia arremete contra el laicismo y le acusa de todos los males. Y pretende sustituir este logro de la humanidad, base de la democracia, la pluralidad y la tolerancia, por el fanatismo de la verdad única, de la exclusión, del conflicto de civilizaciones.

 

            Como digo, ahora se despachan con adelantar la edad de la comunión en torno a los siete años. Se nota que más allá empiezan a perder clientes. Y encima le echan la culpa a la sociedad moderna en la que vivimos, que desde luego no es ningún jardín de rosas, y la educación de los padres. Vamos, que la ausencia de fe es culpa de la educación familiar y de los valores modernos.  Algo de verdad hay en esto. Las sociedades posmodernas en las que vivimos lo que alimentan es el hedonismo egoísta. El hombre ha perdido los valores fundamentales y se ciñe a su propio bienestar ensalzando el bien del cuerpo e identificando éste con la felicidad. Cierto, pero estos no son los valores de la modernidad, ni de la ilustración. Los valores modernos son la libertad, la igualdad y la fraternidad, que sólo se pueden desarrollar en sociedades democráticas y plurales basadas en la tolerancia y en la ilustración, la mayoría de edad, de los ciudadanos. Este proyecto de la ilustración es un proyecto vigente. Confundir esto con la posmodernidad, que es la negación de la ilustración y de cualquier gran relato de la humanidad, es intentar introducir la intolerancia, el oscurantismo, la superstición y olvidarse de la ética cristiana, para ceñirse al poder y las formas. Típica hipocresía de la iglesia a la que, por lo demás, ya estamos acostumbrados. Se dice, siguiendo a Pio XI que a los siete años el niño ya tiene uso de razón. Mentira cochina. Lo que se persiguen son clientes para ostentar más poder. Ni a los siete, ni, muchos, a los ochenta, tienen uso de razón. A los siete, como a los cuarenta, son perfectamente engañados. La religión, como las ideologías y la política, son sistemas de control de las consciencias. Es necesario el conocimiento y la ilustración para aceptar una religión. Ni a los siete, ni a los diez, esto se tiene. La iglesia debe realizar su labor de catequesis, pero eliminando el fanatismo de la verdad única para poder convivir en una sociedad plural. Por su parte, el sistema educativo debe formar la enseñanza de la religión, en sus dimensiones socio-históricas y filosóficas, sobre todo la cristiana por formar parte de nuestra raíz cultural, aunque no la única. La participación en la religión debe ser un acto de libertad. Y, por mi parte, pienso, siempre hay que anteponer en la práctica religiosa, la ética a la dogmática teológica.

El tema de la prohibición de los toros trae una amplia polémica, porque se mezclan diversos niveles de discusión: nacionalismos, oportunismos políticos, identidades, cultura, tradición. Me voy a centrar brevemente, comentando un artículo de Adela Cortina en el País del 29 de agosto titulado “Los derechos de los animales.” Coincido plenamente con la catedrática de ética y filosofía política en que los animales no tienen derecho. Pero tampoco los tiene el hombre. Y aquí es donde discrepamos. Adela Cortina sostiene que el hombre es un ser con derechos previos a la legislación porque el hombre es un ser moral. Discrepo. El hombre, como el común de los animales, no tienen ningún tipo de derechos, y los derechos les vienen otorgados por la legislación. El hecho de que nosotros nos consideremos seres morales es una cuestión histórico-cultural. Y la consideración de que el carácter moral es un universal, también es una conquista de la historia. Los derechos han sido siempre los del fuerte sobre el débil. El otro no ha sido un sujeto de derecho. No existen derechos naturales, ni trascendentales. Si dios no existe, no hay derechos naturales. Y si renunciamos a la hipótesis de dios, sólo nos queda el naturalismo: la animalidad. Ahora bien, es cierto que el hombre es un animal que se trasciende culturalmente. Y que el origen de la cultura es el lenguaje y éste es el que construye la realidad. Por medio de la cultura nos damos sentido a nosotros mismos. Nuestro carácter biológicamente abierto, no determinado, nos obliga a dotarnos de sentido y de un conjunto de normas, la moral, que hagan posible nuestra sociabilidad animal. Es esta moral construida la que da el sentido de la responsabilidad de nuestros actos, el resentimiento, la resignación, la alegría. Por tanto, la moral es construcción, por eso se han dada infinidad de morales en la historia y todas particulares y excluyentes, salvo las que proceden de la ilustración. Lo particular del hombre, pero es diferencia de grado, es que es capaz, por medio del lenguaje, de darse normas y derechos y estos se hacen realidad en la legislación. La base de la moral es la empatía, y la necesidad de coacción y cohesión del grupo. No hay moralidad ni derecho previo, en todo caso empatía animal. Con la ilustración, lo que se consiguió fue universalizar los derechos, aunque en un principio esa universalización fue algo pacata, se refería sólo a los hombres blancos europeos, hubo que esperar más de un siglo para una universalización más rigurosa y, aún así, esa universalización no es total.

 

            Por eso considero que Adela Cortina está equivocada en otorgar una moralidad al hombre, que lo singularizaría con respecto al mundo animal, lo cuál es, a mi parecer, una herencia del cristianismo, cuando la moral procede de la cultura y ésta es una forma de adaptación al medio. El hombre es capaz de expresar y es consciente de sus relaciones por medio del lenguaje y eso es lo que introduce una diferencia de grado entre los animales superiores y el hombre. Pero yo apuesto por una ética utilitarista, naturalista y ecológica. Me explico. Lo universal en el reino animal es la capacidad de sentir, como sostenía Benthm y hoy en día Singer, Marc Dowkins y Nussbaum. Ahí, sí reside una universalidad y podemos acceder al otro por medio de la empatía. Fue, precisamente la empatía, su desarrollo, lo que hizo posible el surgimiento de los derechos humanos, que aunque nos parezcan evidentes, nunca lo fueron. El sufrimiento de los otros no nos afectaba. El desarrollo de la cultura fue el que nos permitió ponernos en el lugar del otro. Aquí jugó un papel muy importante la literatura, novelas, y la pintura, los retratos. Este desarrollo cultural fomentó la capacidad de que el hombre se pusiese en lugar del diferente, entendiese su dolor. Y fue precisamente la capacidad de entender el dolor del otro lo que nos hizo desarrollar teóricamente los derechos humanos y la democracia. Esto, a su vez, es una ética naturalista porque arranca de nuestra propia naturaleza biológica. No hay un a priori, ni ontológico, ni trascendental, de los derechos del hombre. Y, en cuanto a la ética ecológica me ciño al principio de responsabilidad de Jonas. La ética clásica se basa en las relaciones recíprocas actuales, el principio de responsabilidad de Jonás amplia, la responsabilidad de nuestros actos al otro, absolutamente desconocido, a los no nacidos y a la naturaleza, en tanto que nuestras acciones sobre ésta pueden repercutir en las personas no nacidas. Es decir, lo que hace Jonas es una universalización de la ética, ampliándola al futuro y a la biosfera. Y, por eso, considero que una ética naturalista y ecológica es una consecuencia de la ilustración, porque es una universalización de los principios conquistado en el XVIII. Es una ética pragmática, porque no busca principios, sino que parte de la empatía, la capacidad de entender y sentir el sufrimiento del otro, y éste tiene lugar también en los animales. Justificar las corridas de toros por la tradición, el arte, la cultura, etc., es una barbaridad, es justificar el sufrimiento. Hasta el siglo XVIII existía la tortura como espectáculo, era una tradición, una fiesta y un arte: el de mantener vivo a alguien sufriendo todo el tiempo que podamos. Las torturas eran auténticas fiestas y entreteniniento de los ciudadanos. No teníamos la capacidad de ponernos en lugar del que sufría, eran una forma cultural y una costumbre, entonces, siguiendo a los protaurinos, no habría que haberla prohibido. Justificar algo por medio de la cultura, la identidad, la tradición, el “arte” es superstición. Fue necesario un salto cultural, una recreación del lenguaje que amplificó nuestra facultad natural de empatía, la que pudo otorgar derechos universales. Lo mismo debe ocurrir con los animales o, mejor, con la ecosfera en su conjunto, de la cual dependemos directamente. Los derechos históricamente se los ha otorgado el hombre a sí mismo, y se los puede otorgar a la naturaleza.

 

            Una última reflexión sí quiero hacer. Me parece que existen luchas humanas más prioritarias que la prohibición de las corridas de toros. Me refiero a una forma de tortura universalizada que es la prohibición de la eutanasia y el suicidio asistido. Aquí la ilustración no ha llegado todavía, porque no se concede el derecho a la vida digna, y, en segundo lugar, porque se tortura institucionalmente, con soporte legal. Esto me parece una auténtica barbaridad. Esto último es nuestra distinción con los animales. Podemos cuidar de nosotros y del resto de la naturaleza. Ser responsable de la biosfera y del hombre que la habita.

El intelectual es el que se las ve a diario con las ideas, el que las cuestiona, las construye, analiza, ve sus consecuencias. Las actividades intelectuales creativas: ciencia, arte, filosofía… son típicas del intelectual. Pero hay un sentido restringido de intelectual y sería el de aquel que analiza las ideas y su repercusión social. El intelectual tiene que tener un saber interdisciplinario y una aspiración política clara y contundente. Me refiero con esto a una preocupación por la polis. La cuestión que me planteo aquí es si es posible el intelectual hoy en día. Hay para mí dos grandes dificultades para que se desarrolle el intelectual como aquel que intenta desenmascarar los engaños y proponer nuevas ideas para una reforma social. Una de ellas es la del relativismo. La sociedad posmoderna ha eliminado la razón como forma de acercarse a la realidad, ya sea natural o social, defiende que todo discurso es fragmentario y relativo. Es lo de la muerte de los grandes relatos de la humanidad. El momento que vivimos es similar al de la Atenas clásica, cuando su democracia degenera en demagogia. A este relativismo del conocimiento se le suma el mito del multiculturalismo en el que se pone en pie de igualdad todas las culturas. Y esto se hace en nombre de la tolerancia, pero lo que fomenta es el mito de la identidad y la imposibilidad del diálogo. Por encima de las culturas está el hombre. No se trata de defender la multiculturalidad sino la interculturalidad. Existen universales humanos previos a la cultura y la identidad. Si partimos de ellos es posible un diálogo entre las culturas que anime y fomente la pluralidad, desde una universalidad de valores mínimos: los derechos humanos.

 

            Toda esta filosofía posmoderna que nos invade y es el caldo de cultivo de toda nuestra cultura al mantener el relativismos transforma las opiniones en absolutas. Es decir, que en nombre del respeto a la libertad de expresión se le otorga a las opiniones particulares un valor absoluto. Curiosa contradicción, mientras el discurso posmoderno defiende el relativismo, fomenta el absolutismo y la tiranía de las opiniones. Y éste es el primer gran enemigo del intelectual. Lo que sucede es que la voz del intelectual, que no tiene por qué tener la razón, esto es obvio, pasa, por muy racional y fundamentada que esté, a convertirse en una opinión más, respetable como todas las demás, pero, epistémicamente equivalente. Esto es un grave problema porque la ciudadanía pierde la capacidad de crítica porque se queda en la superficie de las opiniones. Sus opiniones, que son creencias e ideologías y que no han sido adquiridas críticamente, se convierten, en nombre de la libertad de expresión, en sus tiranas. El exige el respeto para sus opiniones. No admite el diálogo y el esfuerzo del uso crítico de la razón, no es capaz de ponerse en el lugar del otro. Sus opiniones, en lugar de fomentar su libertad, lo esclavizan. El que exige el respeto de las opiniones es esclavo de las mismas. Pero, en definitiva, esto es el resultado de un doble engaño. Confundir libertad, con libertad de opinión, por un lado, y, por otro, mantener la equivalencia epistemológica de todas las opiniones. Las opiniones no son equivalentes, ni respetables. Las opiniones son un saber no fundado que necesitan ser trascendidas. Pero mientras que vivamos en esta psuedofilosofía que es el posmodernismo, que tanto le interesa al poder, el intelectual no tiene lugar ni cabida en la sociedad, es un outsider. De ahí que hayamos llamado a estos pensamientos, reflexiones de un francotirador. Si todas las opiniones son equivalentes, para nada nos es necesario el diálogo. Todo lo tenemos ya aprendido. Y al poder esto le viene de perlas, porque cuando todas las opiniones son equivalentes, la opinión más válida es la del más fuerte. Y así está ordenado el mundo. No existe alternativa al pensamiento único, porque el pensamiento alternativo es más débil, no más falso, que el hegemónico y, además, al considerarse una opinión más puede ser olvidado y aplicársele el darwinismo social, si esos pensamientos alternativos no triunfan es porque son falsos, porque no se adaptan. En fin, lo que se llama la lógica del más fuerte. Si todas las opiniones son equivalentes podemos justificar la invasión de Irak, porque el que la realiza, en contra del pensamiento heterodoxo, es el más fuerte y es el que se considera el garante del orden mundial. La idea de que el mercado es el que regula la sociedad es la verdadera, por que es la del más fuerte, la del que ha triunfado. El poder ha echado mano de una filosofía, el posmodernismo, que ha servido para justificar su fuerza. Y, curiosamente, esa justificación tiene al personal satisfecho porque el pensamiento de que todas las opiniones son respetables les da una sensación de libertad, aunque en realidad sea esclavitud. Por eso el intelectual hoy en día tiene que ser, como decía Nietzsche del filósofo, dinamita. Hay que pensar a martillazos. No sólo hay que desenmascarar y esclarecer, sino destruir el discurso hegemónico desde sus cimientos. Es necesario entrar en Matrix y desvelar la realidad. En todo pensamiento único siempre hay brechas. Lo que hace al hombre tal, es el lenguaje. Éste es el que construye la realidad. Cambiamos de realidad y del sentido de ésta cuando cambiamos de lenguaje. El lenguaje nos muestra los límites de nuestro mundo, pero existen diferentes niveles y juegos del lenguaje que nos ofrecen distintas realidades. Las revoluciones históricas, desde el inicio de la humanidad, proceden de revoluciones en el lenguaje que recrea la realidad. Por eso quizás, no seamos capaces de ver que existe otro mundo posible, otra realidad, porque el lenguaje que la recrea no ha surgido todavía.

 

            El otro gran enemigo del intelectual es el intelectual orgánico que existe en dos niveles. El ideólogo del partido y el creador de opinión en los medios de comunicación. Ambos son lo contrario del intelectual, porque éste es un liberal, en el sentido erasmiano del término, alguien que, por encima de cualquier consigna, defiende la libertad. Y sabe que la libertad es accesible por medio del conocimiento. El intelectual es un solitario. Los ideólogos de los partidos lo que hacen es justificar, desde las ideas, el status quo del partido y del orden del mundo, porque el bipartidismo no concede alternativas reales de argumentación. Estos ideólogos, en última instancia, se deben al partido y son fagocitados por él. En cuanto a los creadores de opinión son irrisorios. Gente que habla de cualquier cosa sin conocimiento de causa, además, obedecen al medio que les pague. Son esclavos también del poder. Creo que estos señores hacen un daño tremendo a la ciudadanía, porque ni informan ni forman. Opinan alegremente, sin la más mínima razón crítica, de todo lo humano y divino, fomentando el relativismo de las opiniones desde la perspectiva de lo políticamente correcto. Además, no fomentan la razón, sino que se dirigen, como malos sofistas, porque sus argumentos son ramplones, a las pasiones humanas y su pretensión es crear confrontación a través de realidades inexistentes pero interesadas para el poder al que representan. Las tertulias no son más que programas del corazón. Sofística barata. Entretenimiento para el pueblo que alimenta sus sensaciones de libertad, sus odios y rencores. Platón no se equivocó nunca en esto. Se ha dicho que todo el pensamiento occidental es una respuesta o comentario a Platón, yo lo comparto. Pero, desde luego, donde está clarísimo es en su pensamiento político. Han pasado veinticinco siglos y tenemos los mismos problemas planteados, con las mismas disyuntivas, sólo ha cambiado el escenario. Cada vez que explico la política de Platón a mis alumnos mas me pierdo en las reflexiones sobre la actualidad.

Esto sí son argumentos y, además, muy respetables. Coincido básicamente en lo que dices. Lo que sucede es que la discusión es de matiz. De todas formas no atacas mis argumentos, analizas uno de los artículos de Rebeca. Igual que tú, no participo de la idea de que las redes sociales sean creadas intencionadamente para controlar a la ciudadanía. Eso es una idea conspirativa de la historia que, como demostré, no se sostiene. Ahora bien, también dije que, dentro de la sociedad en la que nos encontramos, las redes sociales tienen múltiples usos y uno de ellos es el control y la propaganda. Dos formas de control: el de nuestros pensamientos y el de nuestra voluntad. El primero interesa al poder político, el segundo al económico. Ambos están en connivencia y dan lugar al mundo que tenemos. Información sobre nosotros hay en todas partes, de forma activa o pasiva. No hay que imaginar una vigilancia exhaustiva, sino un control difuso que es el que ejercen los medios de comunicación. Internet amplifica esta forma de control. Además, como tu señalas puede servir para muchísimas cosas, comunicarse, entretenerse, jugar, no hay que ser ni alarmistas ni neuróticos, efectivamente, pero eso no niega que la sociedad que tenemos es la que tenemos y no otra y que la libertad no es tan real como parece.

 

            Me alegro que seas algo crítico con el progreso. La idea de progreso es otro de los engaños de esta organización social y está a la base de nuestro modelo económico de crecimiento ilimitado y no es más que una idea secularizada de la religión. El mito del progreso es una de las ideas que más daño han hecho y siguen haciendo a la humanidad. Por mi parte, y no me extiendo, llevo años combatiéndola.

 

            Creo, por último, que 1984 de Orwell, dirigida contra la Unión Soviética, es más actual ahora que antes. Creo que vivimos en un mundo orwelliano y esto es difícil de refutar. Dedícate a analizar el lenguaje de los medios de comunicación que es el vehículo del pensamiento y la representación de los valores y te darás cuenta que se nos muestra una realidad ficticia. El vehiculo del pensamiento y los valores es el lenguaje, quien controla a este último controla el pensamiento. Un mundo feliz es, literariamente, inferior a 1984, hoy en día participamos del control de las conciencias por parte de las motivaciones: la psicología conductista, al modo como ocurre en un mundo feliz. Es cierto que la dimensión de un mundo feliz es la de una sociedad controlada por el conocimiento tecnocientífico, conocimiento al que aún no hemos llegado, y en esto se parece a la sociedad contemporánea que se rige por los logros de las ciencias. Digamos que ambas utopías negativas son visiones que nos pueden servir para analizar nuestra sociedad y defender, en la medida en la que podamos, la libertad y la dignidad. Saludos y muchas gracias.

 

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            Estimado amigo Juan,

 

Como en tu primer artículo, coincido básicamente contigo. Te has explicado muy bien… y has hecho una matización muy interesante sobre lo que tú entiendes por formación de los profesores. Estoy de acuerdo con lo que dices de la formación de los profesores en los CPRs que es insuficiente. Pero yo además añado que es adoctrinamiento. Tú sabes bien como funcionan las ideologías como forma de cohesión, o cemento de la sociedad. Creo, como tú, que es necesario una formación didáctica de los profesores, pero no le doy la importancia que le da la ley. También creo que hay un mito sobre la lección magistral. Soy un defensor de la clase magistral, pero no existe ésta sin diálogo y para que ello sea posible se requiere del interés del alumno. Y esto es una comunidad inefable, fuera del ámbito científico, que se produce en el proceso de enseñanza y que tiene que ver más con la transmisión de valores y conocimientos, digamos, por contacto o por osmosis. Cierto que necesitamos aprender unas destrezas que nos hagan más fácil enseñar y tratar a los nuevos tipos de alumnos que tenemos. Pero no entiendo que esto sea una ciencia. La pedagogía no es ciencia, es mayormente verborrea e ideología. Por eso la comparación con la medicina no es correcta. El desarrollo tecnocientífico en medicina ha ganado en eficacia y perdido en humanidad, porque la medicina está a caballo entre el arte, la ciencia y el humanismo. Pero hoy en día está prácticamente reducida a tecnociencia. Ya digo, esto le ha hecho ganar en eficacia, para nuestro bien, pero nos encontramos con todos los problemas éticos que se derivan de la tecnificación. Pero en la enseñanza no ocurre igual. Todos los científicos famosos y geniales que tú conoces podrían enseñar en la actualidad con una pizarra y una tiza, e, incluso, con un palo y tierra, me refiero a las teorías, ya sé que la experimentación requiere hoy en día un gran arsenal de aparataje. Pero no son necesarios para entender la teoría. Lo de la ciencia en la educación es un engaño, es tecnobarbarie, como dice el economista José Luís Sanpedro. Considerar que sin una presentación en Power Point no podemos dar una clase o una conferencia es perderse en los medios. La tecnociencia pude ayudar, las tácticas pedagógicas, también, pero son todas colaterales al proceso de transmisión de valores y conocimientos.

 

            Hay una cosa que dices y creo que procede de tu herencia marxista leninista. Me explico. Tienes una visión determinista de la historia. Vienes a decir, más o menos, que en los tempos que tenemos necesitamos de una educación que es la que estamos construyendo. Creo que te equivocas en lo del determinismo. Los procesos históricos no están determinados, pero no vamos a entrar en esta discusión. Lo que sí sostengo es que la educación debe servir para transformar la realidad, no para adaptarse a ella, máxime cuando la realidad en la que vivimos responde al imperativo del mercado y la tecnociencia, convirtiendo al hombre en un mero instrumento u objeto. Uno de los grandes engaños es el del fin de la historia y la muerte de las ideologías. Todo lo que se viene defendiendo hoy en día en educación, no es una necesidad histórica marcada por los tiempos, sino ideología. Y, como tú muy bien sabes, la ideología nos aliena y enmascara la realidad. Pues eso es lo que pasa. Ni más ni menos. Un interés de la clase dominante, el capital, que tiene cogido por el cuello al poder políticos y a los ciudadanos adormecidos y sumisos. Saludos afectuosos.

Acabo de leer una obra biográfica de Nicolás González sobre Nietzsche. Lleva como título “Nietzsche contra la democracia”. Es una obra excelentemente argumentada y documentada, abarca sólo dos décadas de la vida de Nietzsche. Su tesis principal es que toda la filosofía nietzscheana es de origen político, es todo un programa político. Esta tesis está en contra de todas las interpretaciones de Nietzsche que lo han intentado separar de su tiempo. Otra idea interesante es que a Nietzsche se lo ha identificado con el genio solitario que elabora toda su filosofía desde dentro. El autor bucea, y demuestra bien documentadamente, la actitud de lector compulsivo de Nietzsche, hasta el final de su vida consciente, incluso cuando la vista no le permitía más de dos o tres horas de lectura, se hacía leer por amigos y hermana y madre. Y en toda esta lectura (su vida nómada iba acompañada de 104 kilos de libros) encuentra el autor los autores que influyen en su pensamiento. Nietzsche está en contra del academicismo y no citaba, su estilo particular impide rastrear de forma clara y lineal sus influencias, eso es lo que ha confundido a la mayoría de los intérpretes del autor. Y como tercera tesis fundamental de la obra está la coincidencia del pensamiento político de Nietzsche con el de Platón, ambos son antidemócratas. Nietzsche siempre se ha contrapuesto a Platón, pero nuestro autor ve dos platones, el influenciado por Sócrates, el idealista y antecedente del cristianismo, y el político, el aristócrata, el defensor del estado dórico, la esparta militar y aristócrata como modelo de polis. Ahora bien, le veo un defecto a la obra, si bien es cierto que hay un Nietzsche político por debajo de toda su obra, en lo cual estoy de acuerdo, porque además todo pensamiento es una respuesta a la situación histórica en la que vive el autor, y Nietzsche, en este caso es una respuesta a la ilustración, la revolución burguesa, el surgimiento de los derechos humanos y de las democracias, hay una defensa de la democracia acrítica. Es decir, que el autor se identifica con la democracia acríticamente. En este sentido creo que hay una forma mejor, más provechosa de leer a Nietzsche, junto con Platón, Tocquevile y Ortega: como críticos de la democracia. Cuando digo críticos de la democracia, lo que quiero decir, es que nos pueden poner en guardia de los vicios en los que se puede caer en tal régimen. Defender la democracia a ultranza es un engaño. La democracia es un invento cultural, pero nuestras raíces biológicas coinciden más con el pensamiento aristócrata que con la igualdad. Somos, biológicamente, animales tribales y gregarios, la desigualdad es ontológica y responde al orden natural de la naturaleza. E, incluso, el hecho de que vivamos en democracia no elimina esto. No nos engañemos, en las democracias actuales sigue gobernando una élite. Nos parecemos más al estado platónico de lo que parece. Gobiernan los tecnócratas, el pueblo está entretenido y obedece, viviendo en un clima de aparente libertad. Los guardianes mantienen el orden mundial y vigilan al pueblo. Los gobernantes crean un lenguaje que seduce al pueblo, su opio de felicidad. Así que defender la democracia sin crítica alguna es autoengañarse.

 

            Lo que podemos aprender de Platón y de Nietzsche, es que la democracia es un gobierno de los ignorantes, de la mayoría. Porque la mayoría no son los doctos y porque al poder no les interesa que lo sean. De ahí el paulatino desinterés por el voto. El poder fomenta el individualismo, que a la postre no es más que la obediencia. Pero al poder le interesa la eliminación del pensamiento, por eso fomenta la mediocridad. Y los ámbitos de actuación son la propaganda por los medios de desinformación y por la educación. Por eso estos dos autores hicieron tanto hincapié en la propaganda, la retórica de los sofistas, en un caso, y los periódicos de la burguesía, los revolucionarios, los socialistas y demócratas, por otro; y, la educación. Ambos autores hicieron una crítica tremenda a la educación como vehículo de mediocridad y uniformización del pensamiento, y propusieron el ideal de una educación meritocrática, aristócrata y elitista.

 

            A mi modo de ver las críticas a la democracia de Platón y Nietzsche, de las que se hacen eco Tocqueville y Ortega, son irrefutables. Pero ello no implica la defensa de un estado totalitario genocida y etnocida, como ambos autores defendían. Por mi parte, considero que hay que salvaguardar la democracia formal o procedimental que conlleva la libertad de expresión de los ciudadanos, la igualdad de oportunidades, no ontológica, y la igualdad de todos ante la ley. Y la posibilidad de cambiar al gobierno, de forma no violenta, por una votación. Ahora bien, una democracia de este carácter, que es la mínima que se despacha, aunque es una gran conquista, también es una falsificación por lo que hemos dicho antes: mediocracia, gobierno de los expertos, engaño del poder… todo ello nos lleva a que la democracia, como única forma de gobierno perfectible, puede ser profundizada. Aquí estoy con los republicanos y con Aranguren, la democracia no es sólo formal, con una serie de instituciones que la protejan, sino una forma de vida. Pero el problema es que soy un poco escéptico en la capacidad que tienen los ciudadanos de asumir como ideal de vida la democracia. Permítaseme la duda. De muestra un botón, pocos se manifestaron por la congelación de sueldos y de pensiones y con la reforma laboral, pero las manifestaciones por la victoria de España en el mundial, que está muy bien, duraron una semana. Disculpen, pero estos ciudadanos no son ciudadanos comprometidos, los engañan y se autoengañan. Meten la cabeza debajo del ala y obedecen sumisos y toman su “soma” diario delante de las pantallas de la televisión y de Internet. Pero siempre nos queda la esperanza de la metamorfosis global. O, acaso, Platón y Nietzsche tenían razón, y en definitiva el hombre necesita ser gobernado por alguien superior. Si esto es así, al menos las democracias formales son totalitarismos débiles soportables, eso sí, para los que vivimos en ellas, pero el resto del mundo, al cual parasitamos para seguir nuestro desbocado nivel de vida, no pensaría como nosotros…

Usted en su interpretación de las redes sociales ha defendido el progreso por el progreso. Ahora dice que no, tendrá que demostrarlo. A mi correo llegaron los dos comentarios, el segundo tiene unas modificaciones, sobre todo al final. En realidad en uno me decía que no le contestase y en otro que estaba dispuesto a un debate. Ya prácticamente no tengo tiempo, a partir del viernes me marcho quince días… pero le he dado tarea y se la vuelvo a repetir. En primer lugar los artículos de Rebeca no son cómicos, algunos sí rozan con la teoría conspirativa, que yo he refutado. Por tanto, necesitan ser refutados. Por otra parte, mis argumentaciones, que dices que no has leído también pueden ser atacadas y si es posible refutarlas. No basta con afirmar sin argumentar y ofrecer datos. Por último, usted decía que no había entrado en debate o polémica, simplemente comentaba, que es lo que pone, comentar. Le recuerdo que comentar es entrar en diálogo con un texto, el diálogo es que la razón es lo común, es decir, argumentar. Lo otro es opinar, otro engaño de la sociedad en la que vivimos, confundimos, y se quiere que se confunda, la opinión con el conocimiento y con la libertad de decir lo que se quiera. Las opiniones son particulares y cada cuál tiene la suya, pero esto no es conocimiento. El conocimiento es común y requiere el esfuerzo de la razón. Opinar sobre algo, sin argumentar, y quedarse tan ancho es fomentar, lo que el realmente el poder quiere, el relativismo del conocimiento. La opinión dice: a mí me parece que es así, a ti te parece que es así, y ambos tan tranquilos. Confundimos la libertad con la libertad de opinión. En realidad, en esta situación lo que sucede es que somos esclavos de nuestras opiniones. El conocimiento trasciende la opinión y es común. Las opiniones son nuestras tiranas, el conocimiento nos libera. Pero la conquista de la libertad no es un camino de rosas. Ha sido un placer…y si le apetece puede seguir con el debate mientras yo pueda…

No soy ningún partidario de la teoría conspirativa de la historia. No existe una racionalidad absoluta en la historia. Esto quiere decir que no está determinada por leyes. Pero, por su parte la “teoría” conspirativa anula la racionalidad en la historia y la reduce a la voluntad de unos cuantos. Es una idea muy atractiva para la psique humana que necesita de imágenes e iconos para concebir los procesos y tendencias racionales. También la teoría conspirativa suele ser maniquea, nos muestra a los malos (conspiradores) y a los buenos, el resto de la humanidad que padece sus acciones. Ya digo, que si bien la visión conspirativa de la historia es atractiva, es irracional y elimina, igual que el determinismo histórico, la libertad humana y el sentido de las instituciones sociales, que son una conquista de la historia del hombre para salvaguardar la libertad. Todo es mucho más complejo de lo que parece. Pero a mi me parece que lo que Rebeca defiende no es una teoría conspirativa de la historia, es un análisis, con sus aciertos y sus errores, de la sociedad humana. No es una teoría conspirativa, porque es una perfecta racionalización de un fenómeno, las redes sociales, desde una teoría de la historia que es el neoliberalismo. Lo que se defiende es que las redes sociales, como cualquier otro medio de comunicación, son sistemas de control. Efectivamente, si ya lo son los clásicos medios de información/comunicación, cómo no lo van a ser las nuevas redes sociales. Un dogma de la teoría capitalista de la historia es que todo se compra y se vende. No existe nada gratis. El poder político y el económico son aliados. Al primero le interesa el control de las conciencias, por eso los medios de información son medios de desinformación: se crea un lenguaje y un conjunto de valores que emergen de él a partir del cual percibimos la realidad. En ese sentido la libertad es apariencia de libertad. Al poder económico, por su parte, para mantenerse, lo que le interesa es el consumo. Esto es el motor de la economía capitalista. Y para que este funcione es necesario crear las necesidades y esto se hace por medio de la publicidad. La televisión es un medio que nos permite conocer el perfil del ciudadano y moldearlo. Internet, correos electrónico y las redes sociales permiten un conocimiento del perfil de los ciudadanos mucho mayor, y, por tanto, la posibilidad de actuar sobre ellos es mayor, transformando sus conciencias. Esto no tiene nada de conspirativo, es la lógica del mercado y del poder político. El mundo en el que vivimos es un mundo orwelliano. Lo que sucede es que siempre hay fisuras y, curiosamente, los mismos medios de control son medios de desactivación del control. La alegoría de Matrix es aquí más clara que el mito de la caverna de Platón, por ser más cercana a nosotros. Igual que el esclavo filósofo tiene que volver a la caverna, Neo tiene que entrar en Matrix, el programa generador de la “realidad”, para poder desactivarlo y eliminar el control de las máquinas.

 

            Insisto, no hay nada de teoría conspirativa, son hipótesis, por tanto, falsables, sobre el funcionamiento de los medios de comunicación, el poder y el capital. Otra cosa importante que olvidaba. La tecnología amplifica las capacidades humanas, la estupidez es una de las mayores, si no echemos un vistazo al tipo de televisión que tenemos. Con Internet y las redes sociales ocurre lo mismo. En último término, al estúpido o estupidizado hay que mantenerlo entretenido y ese papel lo juegan a las mil maravillas los medios de comunicación, y esto es ya una forma de control. Pero también suelo decir, que aunque la estupidez, íntimamente ligada con la ignorancia, es una de nuestras peculiaridades, también lo es la inteligencia y la sensibilidad, y ésta también es potenciada por los medios de comunicación y por las nuevas tecnologías.

            Lo explicas de forma excelente. Todo es control y consumo. Es decir, mantener al personal distraído y con la apariencia de libertad, mientras que los dueños saben quiénes somos y cuáles son nuestros entretenimientos para vendernos más y saber con qué papeletas jugar. Internet es más complejo, pero en definitiva es como la televisión, los programas que hay son los que los programadores quieren que haya. Los sacrosantos índices de audiencia lo único que nos muestran es el tipo de ciudadanía que se ha creado. Además, si te fijas, como en las redes sociales, en nombre de la libertad. Esto no es más que la caverna de Platón o Matrix. Pero en ambos casos siempre existe la salida o un agujero, una gatera por la que escapar. Lo que ocurre es que, como dice Morfeo a Neo en Matriz, cuando sales “Bienvenido al desierto de lo real”. Por eso la inmensa mayoría prefiere vivir engañados, semiinconscientemente, por comodidad. Es la paradoja de la libertad de Hume, nada valoramos más que la libertad pero, inmediatamente, delegamos en otro nuestro poder porque es una pesada carga. Es la condición humana que se encarna en nuestra biología. Somos animales tribales y gregarios que necesitamos de líderes y creencias para sobrevivir. La comunidad es nuestra forma de existencia y ésta, exige una renuncia a nuestra libertad.

 

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            Efectivamente, lo único que nos queda es la esperanza. Control siempre habrá y el intento de eliminar cualquier tipo de pensamiento heterodoxo siempre se hará por parte de cualquier forma de poder. Pero no todo está perdido. La ideología del poder ahora mismo, que es hegemónica, es el pensamiento único y para los ciudadanos, el pensamiento cero: la ausencia total de pensamiento. Como tú señalas, de lo que se trata es de no pensar, sino de actuar según la batuta del director. Es también lo de la metáfora del gran teatro del mundo. Pero siempre nos queda la esperanza. De momento no ha habido ni una sola forma de poder que haya extirpado por completo el pensamiento y la libertad. Ahora bien, ésta es la primera en la que el control se basa en la apariencia de libertad de los individuos y en cierta libertad real, ir y venir de un sitio a otro, viajar, comprar una cosa u otra, opinar (variaciones sobre lo políticamente correcto) sobre todo lo que nos da la gana… Formas menores de libertad pero que satisfacen al ciudadano. Y, además, votar. Esto lo llaman el acto supremo de libertad, los políticamente correctos. Yo no veo mucha libertad ahí, veo conformismo, tradición, oscurantismo (creencia en un líder), miedo a lo desconocido… Y toda esta apariencia de libertad es el gran enemigo. La política debe retomar las riendas… Pero, curiosamente, se rinden ahora a la fuerza del mercado; es decir, renuncian a la libertad…mal asunto éste cuando lo que se necesita es una gran transformación de la sociedad…

 

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            El otro día, en una discusión sobre educación en la que los progres reivindicaban una mayor atención por parte de los maestros a la educación de la inteligencia afectiva y emocional, una de las participantes, muy inteligentemente, sugirió, que aunque no estaba de acuerdo con la progresía de la enseñanza y con el fondo de la ley, si era verdad que, tras la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, y por la necesidad que esta sociedad neoliberal impele a que los dos progenitores trabajen para poder vivir dignamente, entonces sería necesario esta educación afectiva, social y emocional para cubrir el vacío de los padres. Nada que objetar, en principio, a esto, además de que estábamos de acuerdo sobre la educación, que era lo que se estaba allí debatiendo. Pero quiero profundizar un poco sobre la incorporación de la mujer al mundo laboral, la sociedad del bienestar y la democracia.

 

            Parto, desde luego, para que no haya lugar a engaños, del principio de igualdad. No discuto, en absoluto, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, como entre cualquier persona. Ahora bien. También mantengo la diferencia ontológica que todos tenemos. La democracia no puede confundir la igualdad, en tanto que equidad o justicia, con la igualdad matemática. Esto último es una injusticia y da lugar, además, a la mediocracia, que es uno de los males que hoy padecemos. Desde luego que las mujeres deben tener los mismos derechos de iure y de facto que los hombres. Dense cuenta que hago la distinción entre la ley y el hecho, porque los hechos contradicen a ley y, por tanto, violan el principio de igualdad de oportunidades y social entre hombres y mujeres. En las sociedades en las que vivimos en la que es imprescindible el dinero para sobrevivir y tener autonomía, si la mujer, o cualquier grupo marginado quieren realizarse como persona, necesitan de trabajo que le aporta la economía para realizar su vida.

 

            El problema es que todo es un engaño. El trabajo es alienación, es decir, una forma de esclavitud. Nos esclavizamos para liberarnos, ésta es la paradoja. La jornada laboral suele ser de ocho horas. Cada vez vamos perdiendo más derechos sociales y laborales y las jornadas son, como dicen los del poder “más flexibles”; es decir, a disposición del jefe. La mujer, desgraciadamente ha pagado un alto precio por su liberación económica por medio del trabajo. En muchos casos tienen dos jornadas laborales, la laboral y la doméstica. Aquí el hombre sigue sin participar suficientemente. El engaño y el sueño de la libertad, que es imprescindible para no estar atada a un hombre, lo cual ya es una gran conquista, se convierte en esclavitud. Esclavitud en el mundo laboral, porque el trabajo, salvo los intelectuales y altamente cualificados son alienantes y cansinos, y en el ámbito doméstico. Pero a este mal se suma la deficiencia en nuestro estado de bienestar, que es, por su lado, un déficit democrático, porque a menor servicios sociales, menor libertad de los ciudadanos. Esto lo entrevió ya Platón, que, a pesar de fundar un régimen utópico totalitario, fue el primero que establece la igualdad entre hombros y mujeres. Ahora bien, el costo de esto, aunque las intenciones de Platón eran otras (adoctrinar al futuro ciudadano), era que el estad debía de hacerse cargo de la educación de los hijos y del cuidado de los ciudadanos. He aquí todo un programa del estado de bienestar. Los cuidados de los ciudadanos: educación, salud, baja laboral, paro, vejez…deben recaer en manos del estado. Los estados que menos tienen desarrollado su estado de bienestar son los menos desarrollados. Y son los que menos invierten en el gasto público. Ése es otro mito que el mercado nos quiere hacer creer. Se nos dice que para salir de la crisis hay que disminuir el gasto público. Es curioso que países como España, comparados con Noruega, Finlandia, Suecia, tienen un gasto público escuálido y un estado de bienestar mínimamente desarrollado. Sin embargo, los países más desarrollados son los que tienen un estado de bienestar más fuerte. El engaño es flagrante. Lo que quiere hacer el capital es gravar las rentas del trabajo y los impuestos indirectos y reducir el gasto público. Todo ello repercute en la inmensa mayoría de los ciudadanos. Y de lo que se olvidan es de gravar las rentas del capital. El neoliberalismo lo que está persiguiendo es el desmantelamiento del estado de bienestar y, para ello, lo primero que ha hecho ha sido hacer claudicar a los políticos con el engaño del determinismo económico de la historia. Pero la economía no es ciencia, sino ideología.

 

            Pero, a lo que íbamos, los países con un estado de bienestar menos desarrollado realizan una carga de trabajo, no cuantificable, tremenda sobre las mujeres. Éstas son, en lugar del estado, las que cargan con el cuidado de los hijos, los dependientes y los mayores. En un estado del bienestar sano estos servicios están cubiertos por las instituciones del estado, dejando un amplio horario para la realización personal y profesional de las mujeres. Pero también la sociedad capitalista nos ahoga y agobia con jornadas laborales extensas, como digo, cada vez más a la disposición del señor. Habría que hacer un plan de la reducción de la jornada laboral que conllevaría dos grandes beneficios sociales y humanos: la disminución del desempleo y el aumento del tiempo libre para disponer de uno mismo y realizar su autonomía. Y, de paso, habría un efecto colateral, una redistribución de la riqueza, porque el gran capitalista tendría menos beneficios. La solución, pues, no es más mercado, como dicen los neoliberales, sino más política y más estado.

La vanidad y el orgullo del hombre le impiden verse desde fuera. Su visión es siempre antropomórfica. Esto le ha impedido tener la verdadera medida de sí mismo y sobredimensionarse. Mala solución, es la condición humana.

 

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            Lo de los medios de comunicación ya sabemos como funciona. Tienen dueño y no hacen más que transmitir la ideología del poder. Lo de El País es cada día más vergonzoso. Se ha convertido en un diario anodino, vacío y connivente con el pensamiento único. El mundo está ordenado por el más fuerte. Y éste nos indica qué debemos pensar. Lo curioso es que si pensamos de otra manera se nos dice que hacemos demagogia, y, encima, se quedan tan panchos, independientemente de que ofrezcamos datos y argumentos. Es necesario leer y pensar, pensar mucho, trascender la vulgaridad-mentira de los medios de comunicación. Pensar otro mundo, eso es lo necesario. Pensar y actuar, un pensamiento que transforme el mundo… pensar simplemente como un acto de rebeldía de disidencia…una mancha en la homogeneidad del paisaje…

 

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El tema es complejo. Vivimos en un mundo orweliano, las redes sociales lo amplifican. El problema es que por primera vez somos sujetos "activos", esto nos puede dar una mayor apariencia de libertad. De todas formas lo que está por encima de todo es el control y el entretenimiento. Pero no hay nada nuevo bajo el sol. No hay que alarmarse, la tecnología simplemente amplifica las facultades humanas, y el hombre es esencialmente estúpido…también inteligente y sensible. Lo mismo hay en el mundo virtual que en el físico, reales son los dos. Quizás el problema sea el de entretener a la ciudadanía y el de producir cierta sensación de rebeldía que puede quedar en nada.

La razón nos dice, pero nuestra imaginación no lo admite, así como tampoco admitimos nuestra muerte, que la civilización humana va encaminada al abismo. Los motores que mueven este desarrollo son el progreso tecnocientífico, la economía y el beneficio (la lógica del capital) Todo ello ha producido un problema antropológico y ecológico, que, por lo demás, están íntimamente unidos. Porque una nueva visión del hombre exige de una nueva visión de las relaciones con la biosfera a la que pertenecemos y sin la que es imposible nuestra existencia. Las cosas pintan mal. Toda la modernidad se ha montado sobre tres mitos que ha secularizado a las religiones y que, en definitiva, no son más que discursos oscurantistas que han justificado la lógica del poder. Hemos hablado por separado de estos mitos, los agrupo por primera vez, siguiendo a Edgar Morin. El mito del conocimiento de la realidad y de su manipulación, el mito del progreso y el mito de la felicidad. Estos mitos son la ideología que subyace a esos motores de la historia que he mencionado antes. Siempre he defendido que no hay determinismo en la historia. Esos motores funcionan porque hay ideas detrás que las sostienen y hombres, tanto poderosos como débiles, que creen en ellas.

 

            En el siglo XX estos mitos –no voy a hacer un análisis detallado, han caído, sin embargo la lógica del oscurantismo y el dominio de las conciencias hace que resistan. La ciencia no puede mostrarnos un conocimiento absoluto de la realidad. La ciencia es falible y no es neutral, en la actividad científica hay valores que exceden el propio conocimiento o el ámbito epistemológico. La manipulación de la realidad (la tecnociencia) es algo que escapa a nuestro control y ha transformado nuestra sociedad en sociedad del riesgo. Además no podemos conocer, porque existe, desde la lógica, un límite a la predicción de nuestros conocimientos, qué puede ocurrir en el futuro con el desarrollo de una técnica que aún pueda estar en ciernes. Es decir, que en la tecnociencia jugamos a ser aprendiz de brujos, es sólo la codicia, la ambición y la lógica de acumulación de beneficios lo que impulsa esta carrera alocada y sin conciencia. En cuanto a la idea de progreso no es más que una secularización del concepto de historia del cristianismo como emancipación de la humanidad. El progreso es un mito secularizado que nos hace pensar que por medio del conocimiento científico y la razón aplicada a la política conseguiremos el reino de los cielos en la tierra. Esto sólo nos ha llevad a los totalitarismos más espantosos de la historia. Hoy nos encontramos en el último de ellos, la sociedad neoliberal, que extermina a millares de personas diariamente. Y el mito de la felicidad. Desde la modernidad lo que se ha buscado ha sido la felicidad individual, el bienestar. El hombre se ha volcado en la consecución de la misma olvidándose del otro, de lo humano. El desarrollo de la industria y la lógica del beneficio nos han prometido un paraíso en la tierra que viene dado por la lógica del tener. Y aquí hemos entrado en una tremenda confusión: la del ser con el tener. Nuestra humanidad se ha disuelto en nuestras posesiones. Y es así como hemos llegado al nihilismo del ciudadano-individuo de hoy en día. La categoría del siervo señor, que señala Julio Quesada.

 

            La encrucijada ecosocial en la que nos encontramos hace improbable nuestra supervivencia. Pero es aquí donde surge un rayo de esperanza. He defendido que el hombre es un animal de esperanzas. Ésa es precisamente la raíz antropológica de la religión. Lo que ocurre es que tenemos datos históricos a nuestro favor. Ha habido situaciones similares, lo singular de esta es que es una situación global, de las que el hombre ha salido. Y lo curioso de todas ellas es que se veía imposible la salida. Y esa salida se veía imposible porque es necesario toda una transformación o metamorfosis. No es ya una evolución, ni una revolución social, sino una metamorfosis de toda la sociedad. En la situación en la que nos encontramos, o se produce esa metamorfosis, de la cual no podemos tener conciencia porque es el surgimiento de algo distinto, como el surgimiento de la mariposa del gusano, o estamos abocados al fin civilizatorio. Una metamorfosis social es como un cambio de paradigma, por eso no podemos entender el que viene y nos parece altamente improbable. Pero sólo hay dos caminos o se produce el cambio o nos destruimos. Podemos aventurar algunos presupuestos de este cambio: la eliminación del antropocentrismo por el ecocentrismo, disolución de las sociedades del beneficio a favor de las sociedades del cuidado y la colaboración. Recuperación de la política: decisiones humanas basadas en la ética ecocéntrica), frente a la lógica de la tecnociencia, la industria y el progreso. Desenmascarar los mitos oscurantistas que sostiene el sistema. Todo ello requiere del uso y de la confianza en la libertad humana. Y, por último, una ética universal que tiene que partir de los siguientes principios: universalidad del hombre, por encima, pero sin anular las identidades, en tanto que pluralidad, no en tanto que exclusión. Es decir, una ética cosmopolita. El hombre como un animal más de la ecosfera. Y, a partir de este segundo principio, el principio de responsabilidad de Hans Jonas. Este principio sobrepasa la moral tradicional, que se desarrolla en el ámbito de los cercanos y se trasciende al ámbito de lo universal humano, de las generaciones futuras (los humanos no existentes) y el medio ambiente. Es decir, la ética se debe basar en la responsabilidad de nuestros actos que puedan tener repercusión en los otros, incluso no nacidos y los actos sobre el medio ambiente (nuestro medio) que pueden tener repercusiones en el resto de la humanidad o de las generaciones futuras. Por supuesto, esta ética necesita pasar por la política y, a través de ella, convertirse en legislación universal. A todo este cambio ético lo llamo yo una segunda ilustración. O, el desarrollo del proyecto inacabado de la ilustración.

Todo régimen totalitario se caracteriza por una proliferación de la burocracia. Una de las muestras más evidentes del totalitarismo débil en el que hoy vivimos es la burocratización en la enseñanza. Toda burocracia no es más que un sistema de control, por un lado, y una forma de entretener en tareas hueras y absurdas a los ciudadanos. Burocracia y libertad son antagónicas.

 

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            La globalización es la de los mercados no la de la humanidad. La justicia sigue siendo desigual, esto es, injusticia. El fuerte machaca al débil. Las fronteras se rompen para el capital y se cierran para el extranjero, el distinto, el extraño, el pobre. El mundo, con esa palabra de globalización, ha aumentado la desigualdad entre los hombres y ha generado una tremenda intolerancia. Es necesario urgentemente una política universal basada en una ética de la igualdad de todos los hombres, una profundización de la inacabada ilustración. Todos tendríamos que repetirnos: “hombre soy y nada de lo humano me es extraño” Terencio, para lo bueno y lo malo.

Y que lo digas. Eso último de la burocracia y el estado de vigilancia es tremendo. Hay un documento, en la página que te digo, sobre acciones para recuperar la libertad de cátedra, cosa que hemos ido perdiendo con tanta reforma de papel que no pretende más que controlar. Una de ellas es no rellenar, o hacerlo como uno crea que es de sentido común, ni un solo papel o documento absurdo. Es decir, cierta desobediencia civil. Yo ya lo he hecho. De momento las consecuencias han sido menores, ya veremos a ver en el futuro. Ya sólo nos queda, y muy deteriorada, la privacidad del aula… escribir en España es llorar, pero, ¿y pensar y enseñar?… Y cuando llegue la hornada de profesores del plan Bolonia, con su master psicopedagógico a las espaldas y cuatro ideas generales de su carrera…total, para lo que hay que enseñar: destrezas y competencias, pues tú me dirás…

 

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            Todo régimen totalitario se caracteriza por una proliferación de la burocracia. Una de las muestras más evidentes del totalitarismo débil en el que hoy vivimos es la burocratización en la enseñanza. Toda burocracia no es más que un sistema de control, por un lado, y una forma de entretener en tareas hueras y absurdas a los ciudadanos. Burocracia y libertad son antagónicas.

 

 

            Cómo no estar de acuerdo con lo que dices, si es la pura verdad. Pero, si me has entendido bien, tanto en la reflexión, como en el comentario a Punset, yo he dicho lo mismo, pero con distintas palabras. Creo que no hay nada que añadir al esquema de reflexión que tú has hecho. Ahora bien, has dicho una cosa que para mí es muy importante y con la que estoy absolutamente de acuerdo. Es más, es algo que me preocupa tremendamente. El tema de la religión. Estamos de acuerdo que la religión, en su modo catequesis, ya sea de la confesión que sea, debe estar fuera de la educación pública. Y que la democracia debe garantizar el acceso y la expresión a cualquier tipo de creencia. Pero, independientemente de esto, como señalas, la religión debe ser enseñada en los institutos. Eso es absolutamente cierto y necesario. Creo que estarás observando, como yo, el vacío y la ignorancia que sobre la dimensión religiosa de la persona, de la cultura en general, y de la civilización occidental, en particular, tienen los jóvenes. Sin estos conocimientos no pueden entender nunca la realidad en que se mueven, ni como hemos llegado a donde estamos, ni cuales son los mitos –tremendamente inferiores- que sustituyen a la creencia religiosa y a su aporte ético a la historia de la humanidad y, en nuestro caso, insisto, de occidente. La historia de las ideas, no sólo de la filosofía, es imposible que se entienda sin la religión. Toda la cultura está inmersa en la religión. El hombre es un ser religioso desde sus inicios. Las religiones nos salvan o nos convierten en fanáticos. Pero las pseudoreligiones de hoy en día nos esclavizan y nos hacen inconscientes e ignorantes y la progresía de izquierda, como tú dices, ha hecho mucho daño al respecto. Ahora, se despachan con una alternativa a la religión católica o evangélica con una asignatura de historia y cultura de las religiones. Eso es mera pose. Como hemos hablado muchas veces, la religión es mucho más influyente en la humanidad y en occidente que las matemáticas. Sin embargo la razón instrumental y el mito del progreso han desterrado esta dimensión, cayendo en otro mito, el de la barbarie de la tecnociencia, la economía y el beneficio…

Coincido con Punset en que la crisis profunda está en la educación. Pero no participo de su análisis. La educación debe formar la inteligencia instrumental, social y emocional. Todas, por supuesto. Pero lo fundamental de la educación es que debe trasmitir valores auténticos de libertad y dignidad. Lo que el señor Punset nos dice es que el maestro debe hacer más hincapié en la educación de la inteligencia social y emocional. Yo pienso, que salvo en las dictaduras, el maestro educa, y los padres, en gran medida, este tipo de desarrollo social y psicológico. Quizás sin saber nada de estas teorías. Ahora bien, lo que se desprende del discurso de Punset es que los alumnos serán educados, en el fondo, en la adaptabilidad. De la inteligencia emocional y social de la que habla es aquella que facilita la cooperación, la adaptación a las situaciones conflictiva. En definitiva, la normalización y uniformización de los individuos. Creo que esto extirpa la diferencia, la genialidad, la rebeldía. El conocimiento, por sí mismo, produce todos estos efectos. La negación de la transmisión de conocimientos en pos de destrezas sociales y emocionales, no es más que una forma de control de los individuos. La instrumentalización de la ciencia quiere reducir al individuo, a través de la enseñanza, a un instrumento, un objeto maleable del sistema. La razón instrumental llega a la enseñanza de manos de la ciencia y quiere reducir a la persona a un medio, olvidándose de que toda persona es un fin en sí mismo. La educación, y más en la infancia, es un arte en el que hay que compaginar los afectos con los conocimientos, es una forma de ayudar al alumno a liberarse de sus pasiones pero, precisamente, por el autoconrtrol; esto es, la educación de la voluntad. Pero la ciencia reduce a recetas instrumentales la inmensa complejidad de la transmisión de valores y conocimientos. En la educación está ocurriendo lo mismo que ya ha ocurrido en la medicina, se está deshumanizando a causa de la instrumentalización científica. En el caso de la medicina algo hemos ganado en eficacia. Pero en la educación lo que ganaremos es la adaptabilidad y disponibilidad del futuro ciudadano al mundo cambiante regido por el capital. Y esto último que digo es a lo que se reduce el mito de Bolonia o el espacio común educativo europeo: una farsa de las empresas y un engaño de los políticos. Las opiniones como las de Punset favorecen esta tecnobarbarie educativa.

 

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            La cuarta entrega de Michel Onfray “Los ultras de la ilustración. Una contrahistoria de la filosofía”, es, como los volúmenes anteriores, fantástico. La filosofía y la historia de ella no es como se nos enseña en los institutos ni en las universidades. La filosofía va más allá del círculo academicista. Existen otras historias de la filosofía que no son la dominante y que no es más que una versión hegemónica y políticamente correcta del pensamiento. En el caso de la ilustración nos hemos quedado con la imagen de los que podríamos decir eran tibios en sus tesis, los que no llegaron al fondo. Por eso en la ilustración se nos dice que lo que se defendía era el deísmo, no el materialismo y el ateísmo. Los nombres de la ilustración Rousseau, d´Alambert, Voltaire, Kant, Diderot, todos ellos se quedan a medio camino, por muy importantes que fuesen sus enseñanzas. Todos pecaban de no haber sido capaces de sacudirse del todo el cristianismo ni el idealismo, así como de ser excesivamente eurocéntricos. Las luces de la razón eran para el docto europeo, no para el resto de las personas. Se seguía creyendo en un dios necesario para el funcionamiento del mundo, el deísmo, no se supo dar el paso hacia el ateísmo, como lo hizo anteriormente Spinoza. Incluso, aunque se llega al agnosticismo, como en Kant, dios y el alma son postulados de la razón práctica, es decir, de la ética. Ya digo, los ilustrados que la historia oficial ha considerados las figuras mayores no llegan a las últimas consecuencias, son demasiado tibios. Pero lo que este contramanual de historia de la filosofía nos narra son los pensamientos de otros ilustrados que sí llegaron al materialismo, al ateismo, y al hedonismo, éste último, como salida ética. Estos sí rompieron con el cristianismo y su ética del resentimiento y la resignación y con el idealismo platónico asociado. Todos estos pensadores, que son considerados menores, produjeron un tremendo influjo en la época. Pero la reconstrucción racional del pensamiento, siempre conservador y políticamente correcto, los relegó a un segundo plano. Michel Onfray, antiguo profesor de instituto, con más de cuarenta libros a las espaldas está realizando una inmensa labor en dos sentidos. Está construyendo una contrahistoria de la filosofía no oficial que bucea en los pensamientos de pensadores considerados por los poderes establecidos de segundo orden, pero que, al adentrarnos en ellos vemos que son de primerísimo calidad, además de más radicales y rebeldes, menos dóciles al poder. En segundo lugar, practica una filosofía antiacadémica. El academicismo es la muerte del pensamiento: es doxografía, historiografía y nada más. La filosofía tiene problemas reales que resolver y a los que enfrentarse, problemas que son perennes en la historia de la humanidad, pero que cada época de la historia necesita de una respuesta adecuada. Ésta, junto con la tarea de desenmascarar el engaño, es una de las misiones imprescindibles del pensamiento hoy en día.

Amigo y compañero Fernando, tus disculpas no son en absoluto necesarias. Tus comentarios no me molestaron, sólo que no eran argumentos referentes a los que yo esgrimía y, además, había una falsedad, lo del consejo de redacción. Por eso insistí en que he sido colaborador de otros medios de información…siempre sólo colaborador. Coincido contigo en que no existe la independencia o la neutralidad, pero sí la objetividad y la pluralidad y esto es necesario perseguirlo en una sociedad democrática. Esto lo compartimos. En cuanto a mí, no pertenezco a ningún tipo de ideología, persigo y analizo ideas. Intelectualmente soy un escéptico: aquel que busca. Pero lo más característico del escéptico es que va contra todos los dogmas y creencias establecidas. Esa es su misión de desenmascarar las verdades establecidas, pero no ofrece ninguna. Además la filosofía no es el ámbito de la verdad, sino de la crítica. La búsqueda de la verdad es algo que corresponde a la ciencia. Por otro lado, te agradezco tus halagos, pero aquí, igual que tu (quizás tú más que yo porque te dedicas a la política activa) cumplo el deber del ciudadano que se mezcla con el del filósofo visto desde la personalidad socrática. Pero como decía Diógenes el perro es mejor un bastonazo que un halago. El primero te despierta y te hace mejorar, el segundo provoca que te duermas en los laureles. Así que con tu permiso y abusando de tu tiempo, que ahora debe ser escaso, paso a tus bastonazos.

 

            Ahora sí presentas verdaderos argumentos. Pero, de entrada, hay un problema, no respondes a ninguno de los míos, muestras otros muy consistentes, pero, ni por asomo, te refieres a los que yo defiendo. Pero, en fin, como creo que tus argumentos son muy buenos y, además, antiguos y de gran importancia y, en parte, no resueltos, como todo en la ética y la política, por eso es más fácil la resolución de problemas científicos, a la larga se solucionan. Los ético-políticos son los problemas perennes de la humanidad. Una de las cosas que señalas, perdona que no siga el orden de tu exposición, es que los políticos son necesarios. Efectivamente, yo no lo he dudado en ningún momento. La organización que tenemos así lo hace preciso. Y no sé si puede haber otra forma en la que los políticos no sean necesarios. Creo que si eliminamos al político caemos en una dictadura (cosa que está ocurriendo con el determinismo del mercado y la tecnociencia), lo cual no exime de que las actuales democracias neoliberales sean totalitarismos encubiertos o débiles. Los políticos son necesarios. Pero lo que yo he sugerido es que es necesario cambiar la democracia y la forma de hacer política. Considerar que la política que tenemos hoy en día es la que hay, y no se puede cambiar, es un derrotismo. La política que tenemos no es que se pueda cambiar, es que se debe cambiar. Es necesario un giro radical en el que la política, inspirada por la ética, domine a la economía. Ahora bien, si nuestro señor presidente nos dice que los mercados mandan, entonces está excluyendo precisamente el papel del político que es el que yo reivindico. En segundo lugar, la regeneración de la democracia tiene que pasar de una democracia, meramente ritual, a una democracia como forma de vida. Y esto es mucho más difícil.

 

            Otra idea que señalas y en la que creo que te equivocas porque, además, es un prejuicio muy extendido, es la diferenciación entre las ideas puras y la realidad. No existen esas ideas puras, ni ese político puro, ni siquiera las ideas de las matemáticas habitan en un mundo de las ideas platónico. Están encarnadas en la misma realidad y, a través del conocimiento científico, sirven para transformarla. Pero a lo que me quiero referir es que las ideas éticas y políticas son respuestas a problemáticas históricas muy concretas. Son pensamientos sobre la realidad social que influyen en ella directamente y, por diversos caminos, uno de ellos es la política. Y, además, lo que el intelectual, pensador, filósofo o como lo quieras llamar debe hacer es estar vigilante ante estas ideas, porque todas las ideas tienen consecuencia, no son ni vacías, ni puras, ni neutrales. Actúan directamente en la realidad de la que, por lo demás, han salido. Las ideas no se pueden descontextualizar nunca, eso es un tremendo error. Como digo, las ideas tienen consecuencias y el problema es que algunas de ellas tienen consecuencias nefastas para el hombre e, incluso, para la humanidad. El fascismo y el totalitarismo comunista proceden de ideas que comienzan a gestarse en la modernidad y que cuajan en el siglo XIX, y alcanzan su desarrollo en el siglo XX. El neoliberalismo, arranca de principios de siglo, aunque los que detonan políticamente su desarrollo hace cuarenta años sean Thacher y Reagan. Ellos no fueron los fundadores de estas ideas tan peligrosas y engañosas que en muchos lugares he analizado. La idea del pensamiento único, del fin de la historia, del determinismo tecnológico y económico también surgen de la realidad para repercutir en ella con un grave daño para la humanidad. Las consecuencias de estas ideas las conocemos por la historia, las hemos vivido y las seguimos padeciendo. Ojo, las últimas que he mencionado eliminan el papel de la política y el político, que se convertiría en un mero administrador. Por eso, en su momento, las he combatido porque creo en la necesidad de la política, del político y de la intervención de los ciudadanos, en definitiva, en la libertad. Curiosamente, a mis alumnos les digo que la actividad más noble, en el sentido griego, es la política, ser un político (ciudadano). Como sabes la juventud suele ser reacia a la política. Generalmente piensan mal del político y dicen que no se puede hacer nada. Frente a eso yo lo que hago es animarlos a participar en la política, como ciudadanos activos y como militantes de los partidos para que, si no les gustan, puedan cambiar la estructura de los partidos y de la política desde dentro. Hay que aprovechar el idealismo de la juventud, aunque, desgraciadamente, éste cada vez brilla más por su ausencia. El joven es cada vez más pragmático y más maleable (adaptable) para eso está siendo educado, dicho sea de paso.

 

            Otra cosa en la que discrepamos es en el papel de la mayoría, o del pueblo en las democracias. Tú consideras que los filósofos nos equivocamos porque consideramos que el pueblo es tonto. Hombre, yo nunca he dicho esto. Y consideras que al final el pueblo tiene la razón y que pone a cada uno en su sitio. Creo que cometes dos errores. Todos los ciudadanos, y digo todos, somos mucho más estúpidos de lo que creemos. No estamos informados, ni pretendemos estarlo y, probablemente el trabajo de ocho horas y la familia, no den tiempo para más. Los medios de comunicación son homogéneos y tienen dueño. Al pueblo se le engaña, como se ha hecho siempre. Tienes que profundizar en tus raíces de izquierda, que están en Marx, para comprender el concepto de ideología y alienación. Tanto el pueblo, como la clase política están alienados, tienen una falsa conciencia que procede de una ideología, que es una visión del mundo y de la sociedad acrítica. Los hombres preferimos que piensen por nosotros, que gobiernen otros. Y así se hace. Un pueblo cada vez más ilustrado es cada vez más libre. El problema es dónde está el límite de la ilustración. ¿Todo el mundo puede alcanzar esa autonomía y esa libertad? Éste es un tremendo problema de la filosofía política. ¿Quién tendría derecho al voto? A lo mejor, el voto universal no garantiza la libertad, si el pueblo está desinformado. Y lo está, por su propia voluntad, por imposibilidad material y por voluntad ajena: la intervención de diversos poderes. Por eso el ideal de una democracia republicana es la del gobierno del pueblo, pero ilustrado. Mi duda aquí es el tema de la ilustración. Tendría que haber un cambio social tremendo que hiciera posible la ilustración y el compromiso del ciudadano. Confío en que este cambio se pueda producir, como se produjo –y nadie daba un duro por ello- el paso del antiguo régimen a la democracia. (No ves, otras ideas que tuvieron tremendas consecuencias para la humanidad, en este caso altamente beneficiosas. Las ideas ilustradas: la formulación de los derechos del hombre y el surgimiento de una nueva forma de gobierno: la democracia)

 

            Y, por último, con respecto al pueblo dices que al final pone a cada uno en su sitio. Es decir, que implícitamente estás diciendo que el pueblo tiene la razón. Perdona que te diga pero esto es un error básico a la hora de entender el funcionamiento más elemental de la democracia. Para empezar, el pueblo, es una entidad inventada inexistente…pero no vamos a ir por este camino porque es muy complejo. Cuando se dijo, nosotros, el pueblo…pues resultaba que no eran todos, ya sabrás, negros, indios, mujeres… pero lo que yo quiero señalar es otra cosa. Si entendemos las democracias desde un punto de vista sólo procedimental, es decir, como un procedimiento para garantizar el gobierno sin utilización de la violencia; esto es, una democracia formal como la que tenemos, entonces el papel de la mayoría es el de garantizar la gobernabilidad. Pero el error lógico es confundir la gobernabilidad con la verdad. El pueblo elige a sus gobernantes, pone y quita a los partidos que “cree”, suponiéndolo absolutamente libre, que deben gobernar. Ahora bien, eso no implica que la mayoría tenga la razón. La mayoría puede estar equivocada y, además, tremenda y peligrosamente equivocada. El mito de las mayorías es altamente peligroso, porque establece como verdad absoluta lo que sólo es una opción temporal de gobierno. O, incluso, las mayorías muchas veces sirven no para poner a un gobernante, sino para quitar, sin utilizar la violencia, al que consideramos que lo está haciendo mal. La equiparación entre mayoría y verdad nos lleva al fascismo. El ejemplo más tremendo de la historia es el del nazismo alemán. Y hubo que utilizar la fuerza, esto es, métodos antidemocráticos para acabar con él. Los aliados lo hicieron posible, con el papel fundamental soviético y la ayuda del general invierno. Hasta 1941 todo lo que se podía pensar es que al mundo o, al menos, a Europa, le esperaban largos años de dictadura nazi, curiosamente, ésta procedía de la democracia y los ciudadanos estaban perfectamente engañados y habían hecho posible ese gobierno y apoyado todas sus decisiones. Y una gran mayoría de científicos y filósofos participaron de la masacre. Para que veas hasta donde llega el engaño y lo peligrosas que son las ideas, entre ellas, pensar que la mayoría puede tener la razón. La mayoría puede tener parte de razón, pero su papel es garantizar la gobernabilidad y la pluralidad.

 

Saludos, y muchas gracias de nuevo por hacer posible este debate que son muy raros entre políticos y filósofos. No hay ni buenos ni malos, ni verdad, ni mentira, hay perspectivas distintas de las que todos podemos aprender.

 

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            Leo un artículo de un compañero y amigo sobre educación. Defiende a toda costa la enseñanza pública y soy testigo de que no sólo lo hace teóricamente, sino que cuando ha tenido oportunidad lo ha hecho realizando una gran labor en su centro para que éste sea de calidad. Y yo, como compañero y amigo se lo agradezco. Defiendo las tesis fundamentales que él apoya, pero discrepo en algunos de sus diagnósticos sobre el mal de la educación pública. Defiende, a grosso modo cuatro tesis importantes: la prioridad de la enseñanza pública, la universalización de la educación, la igualdad de oportunidades y la eliminación de la religión del horario lectivo.

 

            En nada discrepo de estas tesis. Pienso que la enseñanza pública es la garantía de una sociedad democráticamente sana. A su vez, la democracia defiende la libertad de ideas y la libertad de mercado, por tanto, ahí tienen cabida la enseñanza privada. Concertar esta enseñanza es un engaño al ciudadano. La libertad de empresa debería hacer que los colegios privados se mantengan con sus ingresos, no con los del estado en detrimento de la enseñanza pública. Y hay un factor más, esos colegios concertados, muchos de ellos son religiosos, con lo cual proporcionan una enseñanza que no tiene nada que ver con el laicismo y la aconfesionalidad de la constitución. También defiendo la universalidad de la enseñanza. Todo ciudadano tiene derecho a la educación y eso es lo que hace posible la igualdad de oportunidades. El pobre, el débil, el marginal, si no accede a la educación sigue para siempre en la marginalidad. Es necesario fomentar esa igualdad de oportunidades. El problema aquí es que las diferentes leyes educativas no lo han hecho bien. La obligatoriedad de la enseñanza en su pretensión de salvaguardar la igualdad de oportunidades lo que ha producido ha sido un deterioro de la enseñanza. Y es aquí en donde discrepo con el autor. Éste considera que el mal en la educación y el prestigio de la enseñanza privada/concertada es causa del neoliberalismo. De ninguna de las maneras. Es la propia dinámica de la LOGSE-LOE, la que ha favorecido la quiebra de la enseñanza pública y, de rebote, el prestigio de la privada. Es curioso, que los gobiernos de izquierdas hayan sido los que más favor le hayan hecho a la enseñanza privada. Tampoco tenemos que olvidar aquí que el partido socialista comulga con el neoliberalismo, ha claudicado de la socialdemocracia. Y esto no es de ahora, que se ha puesto de redilas ante el mercado, sino que viene de lejos, como el autor sabe.

 

            Por supuesto que participo de la eliminación de la enseñanza religiosa en el horario lectivo. Es una de mis viejas luchas en pro del laicismo constitucional. La enseñanza de la religión en los centros públicos es otra de las pruebas de nuestro déficit democrático y de la no tan modélica transición.

 

Y, por último, no estoy de acuerdo con lo que el autor sostiene como modo de acción para mejorar la enseñanza pública: más formación del profesorado. Creo que esto es un engaño. La formación a la que el profesorado tiene acceso, además, sus sexenios dependen de ellos, es la de los centros de profesores y los sindicatos. No tiene nada que ver con su formación académica ni investigadora. La formación actual del profesorado es adoctrinamiento en la LOGSE-LOE. Un saludo muy afectuoso para el autor.

Hombre, Fernando, siendo profesor de matemáticas, desde luego que la lógica no es tu fuerte. Tus argumentos son ad hominem y, encima, engañosos. Primero, no pertenezco a ningún consejo de redacción de periódico alguno, ni nuevo ni viejo, por tanto, tu argumento, además de ser ad homnem es, mentira. Y como todo argumento ad hominem pretende la calumnia y no la argumentación en busca de conocimientos. Soy colaborador en ese periódico, como lo fui del periódico local, del que, de una manera u otra, fui invitado a salir. Como fui colaborador de la radio local con el programa “El sueño de la razón” y también, de alguna manera, no la mas idónea, tuve que abandonar. Bien es cierto que en los dos casos lo hice voluntariamente, nadie me forzó.

 

            Y, sí, por supuesto, hago política, en todos lados, como Sócrates. Es una de las cosas que he querido decir en mi comentario. Pero tú, tergiversas maliciosamente, porque confundes la política en el sentido filosófico, o, lo que es lo mismo, el deber de un buen ciudadano, con la política profesional que es de la que estamos hablando aquí. Por tanto, sacar la conclusión de que lo mío es un acto de cinismo es confundir los niveles de la palabra y la praxis política. Si no pretendes engañar a nadie, al menos te engañas, o no me entiendes. La defensa del partido y del líder te ciegan. Una vez que he refutado tu postura –aunque, como digo, no era necesario, porque tus argumentos son falacias ad hominem, te animo cordialmente a que critiques uno por uno mis argumentos, que no son pocos, ni endebles, y que se podrían rellenar empíricamente con una serie ilimitada de datos. Por otro lado, mis argumentos no son universales deductivos, son generalizaciones inductivas y principios filosófico-políticos, es decir, que no hablo de todo aquel que se dedica a la política, sino de la política como praxis…hay aquí una diferencia también de nivel. Tampoco puedo hablar del mundo de las intenciones privadas. Cada cual conoce las suyas. Lo que sí digo es que el infierno está empedrado de buenas intenciones…Un cordial saludo y gracias por tu comentario, me invita a pensar y a hacer política.

 

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            Magnífico el artículo de José Sánchez Tortosa: La teledemocracia. Nada creo que se le pueda añadir, si acaso abundar en sus ideas. Los medios de comunicación son medios de control del pensamiento. Crean el lenguaje que nos permite acceder a la realidad. Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Esta sentencia wittgensteniana la han aprendido muy bien los que ocupan el poder. De lo que se trata es de controlar el pensamiento y el que tiene el control del pensamiento tienen el control de los ciudadanos. La paradoja es que los medios de información son medios de desinformación. Quien tiene los medios de información tiene el poder. En la sociedad de la información en la que se nos dice que vivimos es en la que menos información hay. En primer lugar los medios más tradicionales, como es el caso de la televisión, son máquinas ideológicas de reproducir los valores que al sistema de poder le interesa que el ciudadano asuma. Y los valores son la guía de nuestra acción. Una vez que la ciudadanía admite esos valores está ya controlada sin necesidad de cadenas. La democracia que de una ciudadanía teledirigida se puede esperar es la que realmente tenemos. La de un ciudadano ampliamente desinformado y que busca sólo sus intereses privados, sin tener la más mínima conciencia de la polis. Ese ciudadano, perfectamente maleable, es el que le interesa al poder político y al económico. Y, la información por sí sola, si la hubiese, es ciega. Es necesario el conocimiento. Pero este viene de la escuela, y ésta, como ahora lo está siendo la universidad, ha sido vaciada de contenido. Medios de comunicación y enseñanza son los instrumentos que el poder utiliza para adoctrinar y crear buenas conciencias de ciudadanos demócratas, tolerantes… Nada, todo lo que se fomenta es el relativismo absoluto, el que todo vale y, como consecuencia, el triunfo y el éxito del fuerte y el bochorno diario de la mediocridad.

            Leo en una entrevista a un político local en un nuevo periódico que la tarea más noble a la que se puede dedicar uno es a la política. Que se me perdone, pero con la que está cayendo y con la crisis de la democracia en la que vivimos esto es unas auténtica barbaridad. No sé si es cinismo político o autoengaño. Pero no voy a hacer argumentos ad hominen (falacias) si no que voy a argumentar la falsedad, ambigüedad y el cinismo de dicha sentencia. En primer lugar, por el principio constitucional de igualdad no creo que existan tareas más nobles que otras. Toda sociedad es un conjunto de interrelaciones que se necesitan las unas a las otras. No sé porqué un basurero realiza una tarea menos noble o digna (hay una sinonimia entre ambos términos) que un alcalde, médico o profesor. La nobleza y la dignidad residen en la persona, no en la actividad que realizan. Si uno se confunde con su actividad deja de ser hombre y se convierte en una caricatura, como ya nos recordase uno de los hombres más lúcido y libre de España: Miguel de Unamuno. Primero somos personas, después ciudadanos –que no se puede ser sin ser personas- y, por último, desempeñamos una tarea en la sociedad, un trabajo que siempre, de una manera u otra, repercute en el conjunto. Confundir nuestro ser, que tiene que ver con la libertad y la dignidad, con la función que realizamos viola el principio de igualdad y se instala en una aristocracia rancia, no en la aristocracia de la excelencia: la de la virtud cívica que esa sí la defiendo yo. La excelencia es algo que se conquista con el esfuerzo, no se otorga por el puesto o cargo que se desempeñe. Confundir esto es caer en una sociedad aristocrático-elitista-arbitraria y, como consecuencia, dictatorial. Este es el argumento ético-político de base, que, por lo demás, no habría que recordárselo a ningún político, claro está, si estos fuesen los excelentes. Pero me temo que no es el caso.

 

            En un sentido originario, allá cuando surge la democracia en Atenas, sin caer en idealizaciones, porque esta democracia también calló en manos de los demagogos y no era tan perfecta como se nos cuenta, la política era la actividad más noble a la que el ciudadano (hombre libre, no cualquiera) se podía dedicar. Pero no se pueden sacar las cosas de su contexto. La ciudad en griego se dice Polis, al habitante de la ciudad con derecho a participar en la asamblea, es decir, el hombre libre: no los esclavos, ni los extranjeros, ni las mujeres, se las llama polities: políticos. El político es el hombre libre. Libre, en principio, porque no necesita del trabajo manual para vivir, sus esclavos y posesiones se lo permiten. Por ello, todos los ciudadanos griegos (hombres libres) son políticos y gozan de la isonomía e isegoría. Esto es, de la igualdad ante la ley y de la igualdad de palabra o del uso de la misma en la asamblea. Hay que hacer notar que, cuando surge la democracia en Atenas, la igualdad no es ontológica, sino de expresión (el logos, la razón es lo común) y de ley (el imperio de la ley: todos somos iguales con respecto a ella) Ahora bien, la actividad política es la que debe ejercer todo ciudadano en cuanto tal, es su deber, participar en la gestión de la cosa pública. El idiota para el griego es el que sólo se preocupa de sí mismo, no del bien común. Esto es considerado un tremendo vicio para la mentalidad griega. Sería interesante pensar lo que un griego diría del común de los ciudadanos de las democracias actuales que han convertido al ciudadano en un individualista hedonista que no es capaz de ver más allá de su puro placer inmediato. Pero el ejercicio de la política es el ejercicio de la excelencia, esto es, de la virtud pública, que en los griegos no se distinguía de la vida privada. La única que reviste importancia es la vida en y para la polis. Pero además, esta democracia reconoce, y aparece con claridad en la oración fúnebre de Pericles, que quienes deben gobernar han de ser los más excelentes. Los que mejor hayan cultivado la virtud, los ciudadanos ejemplares. Todo esto está muy lejos de la política actual.

 

            Las cosas han cambiado mucho, nuestras democracias no son asamblearias, ni directas, ni participativas, ni republicanas, con lo cual la virtud de los políticos es algo que se presupone. No hay relación entre política y nobleza o excelencia. Si bien es cierto que la intención de algún político en principio es la res pública, el ejercicio real de la política elimina esta buena intención de entrada por la propia estructura del poder establecido. La política moderna emana de Maquiavelo, y recomiendo que se lea “El prícinpe” de este autor. Maquiavelo rompe la relación entre ética y política con su principio de realismo político, concretado en su famosa sentencia de que en la praxis política el fin justifica los medios. La política moderna es una política maquiavélica, no en el sentido peyorativo del término, sino en el sentido del realismo político que separa ética de política, porque, aunque existan vínculos de unión, no son lo mismo como ocurría en los griegos. Vivimos instalados en democracias liberales representativas. Los representantes de los ciudadanos que ejercen su “libertad” en el momento del voto cada cuatro años son los partidos. Estos son los que administran el poder que los ciudadanos les otorgan. Ahora bien, es de todos sabido que los ciudadanos no votan por el programa, que nadie lee, que los políticos no cumplen el programa, cuando no les conviene. Éste es papel mojado. Los políticos, tanto en el parlamento, cono en la campaña electoral entran en una dinámica de lucha por el poder. La polis, el bien común, está muy lejos de su conciencia. Hay algunos argumentos tumbativos en este sentido. En primer lugar, la ausencia total de democracia interna de los partidos. Dentro de los mismos partidos existe una lucha implacable por el poder. El disidente es expulsado porque rompe la homogeneidad del pensamiento único. No hay diálogo dentro de los partidos, hay obediencia al líder carismático. Las elecciones no se realizan con listas abiertas que permitirían que el ciudadano vote al que considere más excelente, independientemente del partido. Las listas son cerradas, con lo cual se vota al partido y al lider (carisma: oscurantismo) no a las personas (excelencia) ni al programa. Los partidos se han encargado de que esto funcione así para que exista una clase, la casta política, que vivan de la política y no para la polis. Eso de la nobleza brilla por su ausencia. Por otro lado, dentro de los partidos existe la obediencia a la línea defendida por el líder: obediencia de voto. No existe libertad dentro del partido. Esta obediencia garantiza el triunfo del grupo en contra de la libertad de pensamiento y la autocrítica. De aquí lo que se deduce es que además de eliminar la libertad individual, los partidos no persiguen el bien común, sino, el poder. Ése es el objetivo, por más que la demagogia nos quiera engañar, aunque incluso ellos, se autoengañen. Farsa, no democracia, es lo que tenemos.

 

            Por último, dos argumentos más. Los partidos mayoritarios no quieren, en primer lugar, una reforma de la ley electoral, ni una reforma de los partidos. Ambas reformas irían en contra de su lucha por el poder y a favor del bien común, lo cual si hablaría de su excelencia, nobleza y dignidad. Desarrollemos un poco esto. La ley de partidos garantiza la financiación de los mismos, entre muchas otras cosas, y las listas cerradas. La financiación es un tema altamente delicado. Los partidos políticos, como los sindicatos, no pueden mantenerse por sus afiliados y por la subvención pública, por ello necesitan de las donaciones privadas. Para mantener en marcha un partido mayoritario hace falta mucho dinero. Y aquí entra un factor importante. Quienes ganan las elecciones son los que cuentan con mayor financiación. Y esto abre las puertas directamente a la corrupción, por un lado, y a la alianza entre el poder político y el económico por otro. Creo que en estos teje y manejes de los partidos el bien común ni se les pasa por la imaginación. En segundo lugar, y en el caso de España, la reforma electoral, exigiría una mejor redistribución de la representatividad del voto que viola el principio democrático de una persona un voto. Ni los partidos mayoritarios, ni los nacionalistas, admiten una reforma de la ley electoral. Esto no es buscar el bien común, esto es perseguir el interés particular del partido y una amplia cuota de poder a costa de la falsa representatividad de los ciudadanos. La ley electoral es una de las mayores farsas democráticas que vivimos hoy en día que da lugar a la violación fundamental del principio básico de la democracia y establece un bipartidismo en el que lo que se da es una ausencia total de pluralidad de ideas y el triunfo de un pensamiento único. Si a esto le sumamos que los partidos se hacen con los medios de comunicación, entonces, lo que tenemos es una especie de fascismo que lo que pretende es mantener una partitocracia oligárquica. Esto es, una plutocracia. Esta forma de democracia liberal, que nuestros políticos defienden como una religión, lo que ha hecho ha sido vaciar de contenido la democracia y la ha reducido a un mero ritual. Como conclusión afirmo que defender que la actividad política es la acción más noble a la que se puede dedicar alguien, hoy en día, es ingenuidad, ignorancia, o, peor, cinismo.

            La improbabilidad de que seamos capaces de salvarnos de la catástrofe es la única esperanza que nos queda. No sería la primera vez en la historia que esto ocurrió. Dos ejemplos: la guerra contra los persas y la segunda guerra mundial.

            El descubrimiento de América no fue tal, sino una conquista y destrucción de las indias. Así lo prueba el historiador y amigo Esteban Mira Caballos en su última obra: “Conquista y destrucción de las indias.” Lo que los españoles realizaron en las Américas fue un auténtico etnocidio y genocidio como lúcidamente argumenta Esteban y documenta profusamente. El motivo último: el dinero. La ideología que lo motivaba, el cristianismo. Hoy en día los latinoamericanos siguen siendo los débiles y en nombre de la democracia el neoliberalismo hace estragos en la población. De nuevo el capital y las materias primas. Ahora la ideología es la sacrosanta democracia liberal, que llama populistas a Chaves o Evo Morales y que apoyó a dictadores como Pinochet. ¡Cuánta farsa y mentira! Nosotros no somos ejemplo de ninguna democracia. Somos los oligarcas y los fuertes, los inconcientes y conniventes. No existen paraísos, tampoco América lo era. Pero siempre es necesario estar al lado del débil, segura que tiene la razón, pues sólo pretende sobrevivir. Como dicen los teólogos de la liberación, que anteponen la justicia al dogma, “fuera de los pobres no hay salvación”.

La vida no tiene ningún sentido, salvo el biológico. Pero nos encontramos con una paradoja. El hombre es el animal del sentido. Nos empeñamos en dar sentido a nuestra existencia y a la historia. ¿Por qué sucede esto? Pues también tiene que ver con nuestra biología. Nuestra inteligencia es instrumental, con lo que objetualiza lo que nos rodea. Pero la instrumentalización de los objetos se hace conforme a proyectos. La inteligencia humana anticipa. Es decir, que no vivimos en el presente, que es la eternidad, la ausencia de tiempo, sino en el futuro que aún no es. El hombre es el inventor del tiempo. Y el tiempo es lo que nos da la conciencia de lo inacabado, de lo imperfecto. De ahí el origen de la infelicidad humana: el tiempo. Nos desvivimos por lo que no es. Pero es que, además, la incertidumbre de lo que no es, el futuro, está, como tal, abierta, ello nos lleva a buscar un sentido y una dirección. Pero la realidad natural es que no existe ningún sentido, salvo el imperativo biológico. Pero, dicho sea también de paso, nuestra especie, como cualquier otra es contingente, puede dejar de ser en cualquier momento. La diferencia fundamental con los animales y con los niños, es precisamente la noción de tiempo. Insisto en que la diferencia con los animales es de grado, no esencial. Los animales no viven en el tiempo, viven. No anticipan el futuro, están instalados en el ser, no en el devenir. En realidad lo único que hay es el ser. El devenir no es más que una conciencia incompleta de nuestro ser.

 

            Nuestra inteligencia ha servido para adaptarnos al medio, pero lleva aparejada sus contraindicaciones. La posibilidad de manipular y transformar el medio, para formar nuestro mundo, humanizar la naturaleza, nos ha hecho consciente de nuestra propia limitación, del tiempo y, con ello, de la muerte. Por eso toda la cultura no es más que un intento de dar sentido a la finitud humana, a su ser para la muerte. La condición humana, en este sentido, es de incompletad, es infelicidad. Toda promesa de felicidad no es más que un engaño y autoengaño. Es el peaje que tenemos que pagar por tener una inteligencia anticipadora. Ahora bien, como venimos diciendo, nuestra inteligencia es instrumental, anticipadora de los acontecimientos. Pero, curiosamente, esa inteligencia, más nuestro ser gregario y el lenguaje que lo mediatiza, además de permitir la adaptación ha servido para múltiples funciones que, en principio, no son adaptativas, en primer orden. Me estoy refiriendo a las actividades creativas: el arte, la ciencia y la filosofía e, incluso, la religión. Todas ellas nos permiten deleitarnos en la verdad, el bien y la belleza. La inteligencia humana no aparece dirigida a crear la música de Mozart, pero, curiosamente, la hace posible y así todo el ámbito de la cultura. Ya hemos dicho que la cultura es un modo de dar sentido a lo que por naturaleza no lo tiene. Por ello llego a la conclusión de que la felicidad tiene que ver con un sano hedonismo a lo Epicuro. El placer es la ausencia del dolor. El placer es lo inmediato. Los placeres naturales son los de la vida misma y producen felicidad en la inmediatez de su satisfacción, pero su exceso producedolor. A estos placeres naturales y necesarios hay que sumarles los placeres de la inteligencia, de la contemplación y la creación artística e intelectual. Pero este placer no debe trascender ese mismo placer. Precisamente lo que hace que el placer sea tal es su inmediatez, quiere decirse, la eliminación del tiempo. Y esa es la clave de la felicidad. Pero por eso nuestra felicidad es efímera, porque, querámoslo o no, vivimos instalados en el tiempo producto en última instancia de nuestra inteligencia: una ficción, una fantasía. Y esto es lo envidiable del mundo animal y de la inocencia de la niñez. El placer y el dolor en el animal y el niño son inmediatos, no se teme al futuro. Cuando el niño va creciendo, a la par que va apareciendo el concepto de tiempo, comienza el miedo al futuro, los temores, la angustia y la felicidad. El niño es expulsado paulatinamente del paraíso y se convierte en hombre con su “pecado original” la inteligencia anticipadora, pero con todo un mundo de la cultura abierto al disfrute hedonista más puro, sensato y prudente.

 

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            A pesar de que hay algunas diferencias de fondo importantes, como por ejemplo una concepción determinista de la evolución, que, a mi modo de ver, no se sostiene, nuestras diferencias son más de carácter o temperamento. Otra cosa sí quiero decir. Los modelos ejemplares de conducta moral son pocos, pero son los muchos los que producen el cambio. Estos modelos éticos heroicos canalizan los sentimientos humanos y hacen posible la acción de una mayoría. El hombre es un animal gregario que necesita de líderes. Estos les pueden llevar a un mundo mejor o al holocausto. Pero, lo que sí es cierto, es que sin una mayoría anónima y silenciosa, no hay cambio. Me considero un escéptico activista, pero las formas de activismo son múltiples. Incluso no actuar es actuar a favor de los que lleven las riendas y caer en el sueño placentero de que todo está decidido.

 

            Mi actitud crítica me hace feliz en la medida que considero que cumplo con mi deber moral: en la dimensión de ciudadano y filósofo. La felicidad para mí está en el hedonismo epicúreo: el disfrute de los placeres naturales y necesarios para la vida y los de la contemplación intelectual y artística (incluida la contemplación de la naturaleza) pero, insisto, antes que la felicidad está la dignidad y la libertad. La primera puede ser engañosa y narcisista. Ahora bien, una vida equilibrada debe perseguir las dos: felicidad y dignidad. Ha sido un placer enriquecedor el debate que hemos sostenido. Muchas gracias. Siempre estoy abierto, si quieres, a la réplica.

            Un principio de justicia universal es el de la igualdad de todos los hombres. Principio de la ilustración. Un paso más es la igualdad de los seres vivos en tanto que seres sintientes. Ni los hombres ni los animales tenemos derechos, nos los otorgamos a nosotros mismos. Igual que hemos inventado los derechos para el hombre es necesario una segunda ilustración en el que la vara de medir sean los sentimientos, no la razón.

 

            El problema es que lo de la felicidad es multívoco. En la sociedad en la que vivimos precisamente se nos insta siempre al cultivo de la misma. Pero ésta no es más que narcisismo. En mi consideración, hedonismo consumista, tras lo cual sólo existe el vacío y el nihilismo. No es el caso de lo que tú señalas con la contemplación de una hoja de olivo tamizada por el sol al atardecer, por supuesto, eso es contemplación estética y nos acerca a la belleza e, incluso, a lo sublime. Que el hombre busca la felicidad, eso es indiscutible, es un imperativo biológico, es la subsistencia o el conatus de Spinoza: mantenerse en su ser. Pero, desde hace algún tiempo, vengo pensando que en ética lo importante es la libertad, no la felicidad. Hay que perseguir la dignidad y la libertad y, eso, en muchas ocasiones, nos trae la desgracia y la persecución. La felicidad tendría que ver con la virtud, que es la excelencia, el valor y la fortaleza. Es decir, que considero que hay que realizar una vuelta a la ética de las virtudes de Aristóteles y a la ética de la libertad y dignidad de las personas de Kant. Somos animales sociales y no se puede vivir dentro de una burbuja. Todo ello, por supuesto, dentro de una naturalización de la ética. En todo caso la postura de la contemplación es desde luego respetable, te puede llevar a un cierto bienestar. Pero no hay, a mi modo de ver, felicidad sin virtud. Pero sí virtud, dignidad y libertad sin felicidad. Todavía sigue siendo para mí válido aquello de Sócrates: es mejor padecer una injusticia que cometerla.

 

            Por otro lado, hay una idea de la que no participo. Aunque somos naturaleza y eso para mí es innegable. Es el giro ecocéntrico que yo llevo defendiendo desde años, pero ello no implica que exista un proceso necesario de la evolución. La evolución es una mezcla de necesidad y azar. Toda especie, y el conjunto de la evolución misma, es fruto de estos dos mecanismos. No hay ni un proyecto ni designio de la evolución. Toda especie, en tanto que es, es necesaria en la medida que ha superado la prueba de la adaptabilidad, pero todas son contingentes, podrían dejar de ser en cualquier momento. Asistimos, y ahí estamos de acuerdo, a un hecho crucial, la sexta gran extinción de especies en el camino de la evolución, y lo peculiar es que es de origen humano; es decir, somos responsables de ello. Y, si somos responsables de ello, a pesar del daño irreparable, podemos actuar. Y, para ello, volviendo a Galeano, son necesarios los sueños, siempre que estos no se conviertan en utopías porque en tal caso son el germen del totalitarismo.

La eutanasia y el suicidio asistido son una cuestión pendiente de nuestra sociedad. Son el reflejo de la hipocresía y el oscurantismo. La ilegalidad del suicidio asistido y la eutanasia son formas radicales de tortura. Constituyen la intervención del estado, desde el principio paternalista, en la autonomía de los individuos. A la largo de la historia hemos conquistado el derecho a la vida. Una conquista en la que las religiones han tenido su papel. Pero las religiones del libro, que se fundan en la creencia de que el hombre ha sido cread a imagen y semejanza de dios, consideran que la vida es sagrada y no le pertenece al hombre. Esto ha sido siempre una forma de control. Y éste se ha venido ejerciendo por la alianza entre el trono y el altar. Una vez que acaece, tras la ilustración, el laicismo, se supone la separación entre el estado y la religión. Pero esta separación es más formal que real. La implicación que la ética cristiana, una moral heterónoma, pacata, oscurantista, prohibicionista, antihedonista y antivital, tiene en el poder legislativo y ejecutivo es tremenda. No en vano nuestra tradición occidental procede, además de Atenás, del cristianismo. Y, además, de la peor versión del cristianismo, la literalista y la que se funda en el golpe de estado de Constantino que convierte al imperio romano al cristianismo iniciándose, así, uno de los periodos más oscurantistas, fanáticos e intolerantes de occidente. Se eliminó todo saber científico, toda filosofía y toda religión pagana; y se estableció una única verdad: la dogmática cristiana y su ética de la prohibición, la sumisión y el resentimiento.

 

            Pero el laicismo, a pesar de haber hecho estragos no ha eliminado el gran poder de la iglesia. Su doctrina está en nuestra cultura. Y, además, la iglesia se estableció como una institución de poder. Durante veinte siglos ejerció su control explícitamente. Hoy en día, por medio de la tradición cristiana, lo hace de forma implícita e inconsciente. No hay otra forma de entender la ilegalización de la eutanasia y el suicidio asistido salvo la que se basa en la ética cristiana. Pero aquí está la hipocresía del poder. El poder laico obedece las consignas de la ética cristiana considerando la vida como un bien absoluto. Esto es lo mismo que sacralizar la vida, como hace la religión. Por encima de la vida está la dignidad y la libertad. Todo lo demás es privación de la libertad y control de las conciencias a partir del miedo, los remordimientos, las falsas esperanzas, en fin, toda una retahíla de los calificativos de la ética cristiana. Los estados laicos no han sido capaces de trascender la herencia de la ética cristiana y cambiar sus valores por otros humanistas y ecocéntricos. Seguimos anclados en el antropocentrismo y el teocentrismo, aunque ahora ese dios es el estado. El estado se convierte en el padre vigilante que debe marcar los designios de nuestro buen vivir. Esto es una farsa. En primer lugar, provoca una cantidad ingente de sufrimiento arbitrario, comparable a lo que sería la tortura. Pero todavía la hipocresía llega más lejos. Los gobiernos, en lugar de preocuparse por mantener las vidas forzosamente de aquellos que no quieren seguir viviendo, deberían preocuparse del daño que sus políticas económicas hacen en la sociedad, tanto los daños nacionales como internacionales. Porque no sólo hay una tortura contra aquellos que quieren morir y no pueden. Hay un genocidio generalizado causado por nuestro orden social basado, encima en el engaño de que no existe otra forma de hacer las cosas. Es decir, los gobernantes creen en el determinismo histórico. Si esto es así no sé que pintan ellos en el poder, si la historia obedece a leyes ciegas. Se nos engaña con el cuento de que los mercados marcan las pautas de la política. Es decir, se nos esclaviza. Y esta idea produce millones de muertos, además de la pobreza de miles de millones de seres humanos. Pero, después, no se nos deja morir en paz. Una moral pacata y débil que sirve como instrumento de control del poder sobre nuestras vidas se nos impone cargada de buenas intenciones, de moralina. Mentira, todo una farsa. No es más que el miedo a la libertad de los ciudadanos.

 

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            Todas las posturas son respetables en la medida en la que es respetable la persona. Pero no todas las opiniones son respetables. Las opiniones se pueden convertir en nuestras tiranas sino las sometemos al escrutinio de la crítica. El problema es que las opiniones y las ideas tienen consecuencias. Me parece respetable la posición del observador objetivo ante el tremendo mal que la humanidad puede estar causando a la naturaleza y a sus semejantes. Es obvio que el hombre es también naturaleza, que otra cosa iba a ser sino. Ahora bien, la postura del observador imparcial, es, además de falsa, peligrosa. En primer lugar no existe la imparcialidad. Más bien sería resignación, es decir, claudicar. Pero aquí viene la segunda consecuencia. Cuando el ciudadano de a pie claudica lo que sucede es que se le deja las manos libres al poder. Éste actúa también a partir de ideas y convicciones. No existe un determinismo en la historia, hay determinadas tendencias, pero no necesarias. La idea de que la historia es necesaria es una fábula del poder para tener las manos libres: un engaño y un autoengaño. Se puede ser todo lo pesimista que se quiera sobre la naturaleza humana, pero hay que actuar, como mínimo no claudicar ni resignarse. La resignación es el valor moral que han inventado todas las formas de poder para oprimir al hombre. Las grandes masacres de la historia no se hubiesen llevado a cabo sin dos factores: una serie de ideas que todo el mundo se creyó y que desencadenaron la catástrofe, y una sumisión de los ciudadanos. No hay una atalaya privilegiada para contemplar el mal en el mundo. Eso correspondería a dios, y éste no existe. Y si existiese sería maquiavélico.

La tortura ha sido una cualidad universal en la historia de la humanidad. La intolerancia, también. Ser capaz de pensar que el otro quizás tenga razón es la conquista de la ilustración. Pensar que el otro es otro yo, una persona: un sujeto de derechos. Universalizar la tolerancia es un deber político al que deben responder y respaldar las instituciones. Por encima de las culturas, esta moda del multiculturalismo, está el ser humano, como ser sintiente y sujeto de derechos. Por encima de las culturas está la dignidad. Toda forma cultural que atente contra la dignidad es una forma de intolerancia radical. Las culturas democráticas occidentales deben analizar esto también. Nuestra forma de existencia excluye al diferente, el inmigrante, el de otra religión, el débil, el pobre…somos participes de un genocidio a gran escala. La tolerancia es un valor que debe estar por encima de todas las culturas, porque es la expresión del ser humano. Por eso, los organismos e instituciones internacionales deben velar por ella. Pero, curiosamente, las instituciones internacionales velan más por los intereses de occidente que, en definitiva, son intolerantes con el resto de la civilización humana. La tolerancia y la dignidad del hombre son la guía moral para el desarrollo de una política y un derecho internacional por encima de las naciones y de las culturas. El gran proyecto ético-político de la ilustración está por desarrollar.

 

            La organización del mundo es una locura de nuestra razón instrumental. La naturaleza humana instrumentaliza todo lo que le rodea, eso, junto con su ser social lo han convertido en la especie que es y, hasta el momento, desde el punto de vista evolutivo ha triunfado puesto que se ha adaptado. Pero esa adaptación, paradójicamente, supone un ecocudio y el colapso civilizatorio de la humanidad. De todas formas creo que no se soluciona nada con la misantropía. El odio al hombre es otra forma de perversión. Mantener los sueños es la esperanza del hombre y de la humanidad. El hombre es un ser de esperanzas. Esa es una de las peculiaridades de nuestra estructura cognitiva. No podemos vivir sin esperanzas y sueños, de lo contrario nos suicidaríamos. Lo que sí es necesario es tener cuidado con que nuestros sueños y esperanzas no se conviertan en pesadillas. Eso es lo que ha ocurrido con todas las utopías. Y hoy en día, precisamente, estamos emboscados en la utopía neoliberal y tecnocientífica. Y es esta utopía, el sueño de que la economía y la tecnociencia, por sí misma, llegarán a solucionar los problemas y conseguiremos la paz y la justicia, el que se ha convertido en la pesadilla del ecocidio al que asistimos y el fin de la civilización humana. Pero refugiarse en el odio al hombre, odio por resentimiento, no es sano moralmente. El odio no es bueno, decía Spinoza, es una idea inadecuada. El odio es la carcoma del alma.

Comprender la naturaleza animal es tan complicado como la naturaleza humana. Es más difícil comprender al animal puesto que lo miramos desde el antropomorfismo. Ese es nuestro error. Pero en la jerarquía de valores es siempre mejor optar por las personas. Es el imperativo de nuestra empatía animal. Aunque pueda ser uno misántropo, no deja de ser humano. Y de ahí no sale, por mucho que nos pueda enseñar la naturaleza animal sobre nuestra propia naturaleza. Idealizar al animal es otra forma de violencia contra el hombre y, de paso, contra la naturaleza.

Los sueños, las esperanzas, son el alimento de cada día que nos permiten seguir adelante. Sin los sueños y las esperanzas nada de lo bueno que el hombre ha conseguido habría aparecido. Pero los sueños cuando se confunden con la realidad pueden convertirse en pesadilla. El intento de realizar las utopías son un buen ejemplo de ello. Soñemos pues lo sencillo, lo simple, lo de sentido común y transmitamos la fuerza del sueño no la violencia de la pesadilla.

 

            Para comprender la naturaleza humana hay que sobrepasar el antropocentrismo. Es necesario una visión desde la objetividad que nos permita ver la dimensión humana. El hombre es una especie más en la evolución. Una especie, por lo demás, contingente. Es decir, que podría no haber existido. Además tremendamente joven y con un fin probablemente cercano. Creer que el hombre es distinto a los animales es creerse las historias que nos hemos ido contando para sobrevivir. Porque la cultura son nuestras garras y dientes. Ahora bien, todo ello no quiere decir que no tengamos nuestras singularidades, como cada animal tiene la suya. Nosotros somos simios, muy semejantes, a cualquiera de las especies de estos, también somos animales sociales y en esto nos parecemos a todos los que lo sean. Dos son las peculiaridades de los simios y de los homínidos y de otros animales sociales en la que la diferencia con respecto al homo es sólo de grado. Además de tener una inteligencia instrumental, la razón, también en germen en los simios. No olvidemos que pueden utilizar instrumentos y transmitir culturalmente su uso, tenemos una inteligencia social. Como simios que somos nuestra razón instrumental condiciona el modo de adaptación al mundo. Consideramos todo lo que nos rodea como un instrumento para nuestro fin. Es decir, que la inteligencia instrumental objetiva a la naturaleza, también a los demás, incluidos los semejantes. De ahí surge la violencia y el mal radical del que hablaremos después. Nuestra inteligencia social es la que nos permite ponernos en el lugar del otro, se basa fundamentalmente en la empatía. Esta inteligencia social se apoya en lo que los etólogos y los psicólogos han dado en llamar la “teoría de la mente” ésta consiste en la facultad que tiene el simio, y muchos otros mamíferos, como los perros, felinos.. de interpretar lo que está pensando el otro. El grado de inteligencia social consiste en la capacidad de interpretar lo que el otro piensa en diversos niveles. Es decir, yo pienso que tú piensas de mí que yo estoy pensando, que tú piensas y así hasta, en casos muy desarrollados, hasta ocho niveles de interpretación, como encontramos en el teatro de Shakesperare. Y es esta inteligencia la que nos permite relacionarnos con los demás. Ahora bien, es esta inteligencia la que hace posible el engaño y la mentira. El hombre, como los simios, es un animal con capacidad de engañar. Además, la mayor capacidad de engañar le permite la supervivencia. Digamos que el éxito adaptativo de nuestra especie reside en la capacidad de instrumentalizar la naturaleza por el desarrollo de la inteligencia instrumental y en el engaño por el desarrollo de nuestra inteligencia social. Esto no elimina el altruismo, por supuesto, pero éste responde al único imperativo biológico, el del gen. Es más, tanto nuestra inteligencia instrumental, como social, son instrumentos de los genes que les han permitido, de momento, sobrevivir.

 

            Y es este fundamento antropológico el que nos permite entender la violencia, el mal y el ecocidio del hombre. El hombre, al instrumentalizar sus relaciones considera al otro como un objeto. Por eso el mal se realiza siempre desde el fuerte hacia el débil. Éste último no está en condiciones de ser tratado como igual. De ahí que esté fuera del contrato social. El hombre es el único animal que es capaz de atormentar y torturar al que está en posición de debilidad, éste es el mal radical del que no está exenta la condición humana. La razón instrumental, por su parte, nos ha llevado al ecocidio y, a menos que seamos capaces de cambiar culturalmente nuestro paradigma, será nuestro fin. Pero, además, de ecocidio será el fin de la civilización humana.

 

            Estos mecanismos antropológicos básicos explican la violencia en todas las sociedades. En la actualidad vivimos una de las violencias más extremas del hombre contra el hombre. El desarrollo de nuestra civilización, que ha llegado al capitalismo salvaje, se basa en el exterminio paulatino del otro por mantener nuestro bienestar. Lo que ocurre es que estamos lo suficientemente engañados como para no tomar conciencia. Además, el hombre es consciente del mal que causa a otro –y eso se torna en mecanismo inhibidor, aunque no automático, como en los lobos- cuando ve el sufrimiento en el rostro ajeno. Pero los millones de muertos por causa de nuestra civilización no tienen rostro y los miles de millones de personas que viven en la miseria, igualmente carecen de rostro. Están despersonalizados. Esto es lo que nos permite aceptar cómodamente la violencia y, además, vivir cómodamente instalados en la ignorancia. Porque, además, como tenemos la facultad increíble de mentir, ésta se utiliza por el fuerte para engañarnos. Pero esa facultad de engañar también es facultad de autoengaño y en estas circunstancias vivimos: creándonos cuentos para hacer soportable la violencia. Y esta violencia que se ejerce contra el otro es otra de las formas de banalización del mal. No nos creemos responsables del mal. Como decían los oficiales alemanes, yo obedecía órdenes. Nosotros, simplemente con nuestros actos e indiferencia (surgida del autoengaño) mantenemos la maquinaria del sistema. Mientras tanto, nos seguimos considerando los animales privilegiados de la naturaleza. Esta idea antropomórfica es otra forma de engaño para persistir en el ecocidio y, aún más, en la eliminación del otro, el distinto, el extranjero, que siempre será el débil.

 

            Algunas de las teorías éticas que hemos construido intentan trascender esta naturaleza. Pienso que el éxito de estas teorías es limitado, aunque ha sido efectivo en momentos de la historia y ha supuesto un avance ético-político, aunque siempre accidental. Estas teorías hacen más énfasis en el altruismo recíproco y en la comunidad entre hombre y naturaleza. La salvación de la humanidad y de la ecosfera depende del triunfo futuro de estas teorías. Hay que advertir también que el triunfo de estas teorías es el triunfo de la viabilidad genética. Es decir, que estas éticas serían estructuras adaptativas muy convenientes para la supervivencia de nuestros genes, base biológica del imperativo moral. Pero no debemos olvidar esa doble naturaleza humana que ya Kant entrevió: el fuste torcido de la humanidad en su sociable insociabilidad. Somos altruistas, pero nuestras estrategias de supervivencia, como la de cualquier simio, y nosotros los más desarrollados, son maquiavélicas. Se basan en el engaño y la estrategia.

 

            Para terminar tenemos que admitir que nuestra especie no es ni la mejor ni la más perfecta. Toda especie es la mejor, la más excelente en lo que se refiere a su adaptación. En esto no hay diferencia en ninguna de las especies vivas. La perfección no tiene nada que ver con la complejidad del ser. Los seres más simples, como las bacterias han sobrevivido 3.500 millones de años y sobrevivirán hasta el fin de la vida en la tierra. Nuestra existencia es un minuto en el curso de la evolución. Y nuestro estado es el de que atraviesa el precipicio de la extinción sobre una cuerda floja. Tanto creerse los mejores como los más perfectos son fruto de nuestro autoengaño como especie que ha sido efectivo para sobrevivir hasta el momento, pero que, paradójicamente, nos lleva a la extinción a la violencia y al mal radical sobre el hombre. Es preciso otra forma de entendernos, otra antropología si queremos salir del callejón en el que nos hemos adentrado.

Efectivamente, pero lo que no sé es si se podrá crear un estado de conciencia para parar todo esto. Mi tesis, como sabes, es que el problema es de civilización. De los valores sociales del tardocapirtalismo y de la sociedad posmoderna en la que vivimos. En estas circunstancias será imposible la lucha. Las conciencias están adormecidas, los mismos alumnos no quieren saber nada, viven ensimismados en un hedonismo egoísta, un carpe diem devaluado. La crisis en la que nos encontramos  a nivel mundial es la que puede ser el detonante de un cambio de paradigma que repercuta, como no puede ser menos, en la renovación del sistema de enseñanza.

 

            Con el plan Bolonia lo que se ha hecho ha sido capitalizar la universidad. Es decir, privatizarla y sumirla en los valores del mercado. La universidad ha dejado de ser un centro de conocimiento para estar al servicio de la empresa. Se trata de disminuir conocimientos y crear habilidades para el mercado laboral. Por su lado, los pedagogos, con su ideología hacen el resto. Las humanidades y las  ciencias puras tienen a disolverse. Se ha disminuido en un curso las licenciaturas y se añade el master pedagógico, una farsa. Los que quieran profundizar tienen el campo del trabajo cerrado, por no cursar el master. De lo que se trata es de que la salida de estas licenciaturas, ahora grados, es la enseñanza media. Una vez que se ha vaciado de contenido esta enseñanza, ya no hace falta que los profesores sepan gran cosa. Además podrán ser versátiles. Los de ciencias podrán dar cualquier asignatura de ciencia, así como los de letras cualquiera de humanidades. Cuando llegue esta primera hornada de Bolonia se irá cerrando el círculo del destrozo de la enseñanza media. Ahora les ha tocado a la universidad. Hasta cierto punto se lo tienen merecido, poco hicieron, enclaustrados en sus trincheras alejadas de la realidad y del mundo, cuando empezaron, con la LOGSE, allá por principios de los noventa el desmantelamiento de la enseñanza primaria y, sobre todo, secundaria.

 

            Los medio de comunicación del partido en el gobierno están lanzando su ataque para conseguir su medida estrella en educación, la obligatoriedad hasta los 18 años. Su fundamento es el abandono y el fracaso escolar. Fracaso escolar en la ESO y abandono prematuro en el bachillerato, lo cual hace que un 31 % de la población juvenil acceda al mundo laboral sin preparación. La medida es absurda: si no quieres sopa, dos cazos. El fracaso del sistema educativo que nos pone a la cola de Europa es la LOGSE-LOE, y esto es lo que hay que revisar, o hacer una enmienda a la totalidad. De ninguna de las maneras se resuelve con más obligatoriedad que nos llevaría a una ampliación de la ESO al ya escuálido bachillerato. Como ha ocurrido en la universidad con el plan Bolonia. Allí lo que se ha hecho es extender el bachillerato y la formación profesional. En la universidad se ha unido la ideología pedagógica logsiana con el neoliberalismo. La muerte del sistema educativo público en España es ya casi un hecho. Nadie ha hecho un favor mayor a la enseñanza privada que este gobierno que se dice de izquierdas, el PSOE. ¿Cuánta farsa y cuánta mentira tendremos que seguir aguantando? La igualdad que pretenden con su universalización obligatoria se debe reducir a la igualdad de oportunidades, no a la mediocridad. Una democracia tiene que ilustrar al pueblo, no idiotizarlo, que es lo que el actual sistema de enseñanza hace. Idiotizarlo, estupidizarlo, aborregarlo y adoctrinarlo. Menudo panorama…menos mal que esto no es nuevo para el que conoce un poco la historia de las ideas. En última instancia lo que está produciendo el sistema educativo es crear al nuevo ciudadano: al siervo señor. Esa es la categoría del nuevo ciudadano: siervo del poder y, a su vez, tirano debido a sus pasiones.

 

            De acuerdo con lo que dices, pero no del todo. El hombre no es solo cultura. Eso es una barbaridad. Por supuesto y ahí coincidimos y yo lo he señalado aquí y en el debate, las diferentes culturas modifican el comportamiento humano porque este biológicamente es maleable. Ahora bien, vuelves a caer en la teoría ingenua del buen salvaje. Hecha un vistazo a los libros que hablan de la llegada del hombre a América, como era y como la dejaron, antes de que llegases los igualmente depredadores occidentales cargados de mitos cristianos, de una capacidad técnica impresionante y del incipiente desarrollo del capitalismo. No te engañes, no soy tendencioso, soy realista, por eso pesimista con la condición humana. Tú ideologizas, sin base científica, la discusión porque quieres defender la bondad originaria del hombre y eso es mentira. Recuerda la sentencia: “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno.”  Terencio. Ni lo humano, ni lo divino, ni lo bueno, ni lo malo…

Eso de que los hombres son únicos, porque son seres morales, porque son seres racionales, porque son conscientes de su muerte, porque son intencionales, no son más que fabulaciones de la cultura. Historias que el hombre se cuenta a sí mismo para dar un sentido a su existencia. En definitiva, para sobrevivir. En suma, como dice Mark Rowlands en “El filósofo y el lobo:” los hombres son animales que se creen las historias que se cuentan sobre ellos mismos. Son animales crédulos.

Impresionante historia la de las palomas migratorias norteamericana. Es la historia del hombre desde el neolítico y desde que empezamos a domesticar a la naturaleza ya no hay vuelta atrás. Y todo bien justificado por la cultura antropocéntrica. Cada vez necesitamos más, pero cada vez tenemos menos. Vivimos en planeta saturado por la especie humana. Menos mal que somos los únicos animales morales…¿verdad?

Acabo de leer el último libro de la excelente filósofa y magistral escritora Adela Cortina, “La justicia cordial” Es un libro que arranca del discurso de entrada en la real academia de las ciencias morales y políticas. A pesar de coincidir en gran media con ella, porque, yo me considero también un heredero de la ilustración, y participo del ideal comunicativo o dialógico de la ética y la política en la línea de Habermas, que es la que ella sigue, discrepo en dos asuntos de importancia.

 

            En primer lugar nuestra autora pretende una ampliación del concepto de justicia que vaya más allá de la razón e incluya los sentimientos, la empatía. Esta sería, y lo comparto, una forma de superar la razón vacía kantiana, el imperativo categórico y la comunidad ideal de diálogo entre personas racionales, que representaría la democracia a lo Habermas. Me parece muy interesante esa forma de superar, mediante la razón cordial, ese instrumentalismo de la razón ilustrada. Si caracterizamos al hombre sólo desde la razón, nos dejamos atrás gran parte de lo humano. La razón debe estar unida al corazón. No se trata del respeto al otro porque el otro es un sujeto de dignidad, un fin en sí mismo, por imperativo. Si no porque el otro es otro yo con el que tengo la capacidad de empatizar. La comunidad es una comunidad afectiva regida por la razón. Con todo esto estoy de acuerdo. Pero creo que nuestra filósofa se equivoca en su optimismo. Cree que es posible una democracia basada en la razón y justicia cordial. Así lo desearía yo también. Pero soy de los que piensan que los ciudadanos no alcanzan su mayoría de edad, que se mueven por intereses muy particulares y que, en última instancias, obedecen a imperativos (creados artificialmente por el poder interesado en perpetuarse) emocionales. Esto signifca que no actúan por si mismos, sino heterónomamente. Si no, no podríamos explicarnos la situación de grave déficit democrático en el que hemos caído.

 

            Otro punto de discrepancia es su antropocentrismo ético. Éste lo comparto sólo en la medida en la que el hombre es el único ser moral. Efectivamente, porque es un sujeto y una persona. Pero hay que tener en cuenta que esto no es un a priori, sino una conquista histórica basada en la empatía natural. Somos seres morales porque supuestamente somos seres libres y nos hemos dotado de dignidad. Hasta aquí de acuerdo, con la variación de que nuestro valor intrínseco no es absoluto, sino histórico, aunque por naturaleza tengamos la posibilidad de acceder a estos valores.

 

            Pero mi tesis es que la ética debe girar hacia el ecocentrismo. Por supuesto que no participo de la idea de que los animales tengan derechos y nosotros un deber absoluto para con ellos. Ya digo que ni siquiera los valores humanos son absolutos, como la iban a ser los de los animales. Los animales no son seres morales porque esto es una cualidad emergente que aparece en el hombre y que viene mediatizada fundamentalmente por el lenguaje. Entonces, en qué consiste mi ecocentrismo. Pues en la consideración, por un lado, de que el hombre es un ser más de la ecosfera en pie de igualdad con los demás, por un lado, y, por otro, que nuestra acción con respecto a la naturaleza es una acción con respecto al hombre. Si la ética es sólo válida para el hombre porque sólo él es responsable de sus actos y la responsabilidad se relaciona con los seres que tienen dignidad; entonces, si nuestras acciones en la naturaleza afectan a los no nacidos todavía y a los hombres lejanos, pues somos responsables de nuestros actos con respecto a la naturaleza. Obsérvese que no reconozco derechos de los animales, sino solo derechos y valores inventados por el hombre. Y que al poner al hombre en pie de igualdad con el resto de la naturaleza y sabiendo que existe una relación sinérgica entere todos los seres de la naturaleza, pues, entonces cualquier acto mío con respecto a la naturaleza es un acto con respecto al hombre y, por ende, soy responsable de ello. Creo que este paso ecocéntrico, sin eliminar el valor de la ética de la razón cordial de Adela Cortina sería un paso más del hombre, una conquista ético política. Podríamos decir con Riechmann, una segunda ilustración. Pero todo ello requiere un cambio de paradigma en la relación del hombre con la naturaleza y en la idea que el hombre tiene de sí mismo. Esta segunda ilustración extendería la justicia a todos los hombres, incluso los no nacidos, responsabilidad universal, y al resto de los seres de la naturaleza. Son nuestros orígenes cristianos los que nos impiden ver este nuevo paradigma, son las religiones del libro las que nos mantienen anclados en este paradigma. En otras culturas, la propuesta ecocéntrica es la natural, precisamente porque sus mitos fundantes participan de la idea de comunidad hombre-naturaleza. Y no olvidemos que el paraíso de los cristianos viene representado metafóricamente por la anulación de las diferencias y contradicciones entre el hombre y la naturaleza. Ésta última, sugiero, sería una idea a la que sacarle provecho, como ocurrió con la parábola del samaritano y el derecho de gentes y los posteriores derechos humanos.

Ja, ja, ahora sí. Ya hablamos un lenguaje común. Al principio me asusté un poco por la interpretación tan simplista que me achacabas. Pero eso de leer tan fragmentariamente es fruto de la lectura en Internet, esto traerá a la larga sus consecuencias. Pero esto será tema de otra reflexión. Me parece estupendo tu recuerdo de la escuela de Frankfurt que vienen a sumarse a los análisis anteriores. Estos señores vieron los tremendos peligros de la ilustración, de lo que yo llamo la perversión de la ilustración que dieron origen a los totalitarismos del siglo XX. Los de la izquierda basados en una razón omnipotente que puede comprender la historia, los de la derecha unida a una falsa interpretación de la evolución que creen encontrar el hombre nuevo en su identidad nacional (fascismos) y, por últimos y los de mayor actualidad: el totalitarismo económico en su versión política neoliberal y el totalitarismo del progreso tecnocientífico. En tu comentario haces una serie de preguntas de enjundia, desde luego nada retóricas y respondo en parte sólo a algunos. Aproximo ahora algunas aclaraciones a otras. Probablemente la distinción no deba ser entre izquierda y derecha, sino entre sociedades abiertas y totalitarismos. Estos conceptos filosóficos eliminarían la ideologización y aclararían mejor los conceptos. Desde la ilustración, cuado históricamente no existía ni la izquierda ni la derecha, se buscó la emancipación del hombre por medio de la razón (el conocimiento) y por la dignidad (el hombre como un fin en sí mismo) éste es el discurso que debe recuperar una sociedad abierta. Pero la ilustración cometió dos graves errores que dieron lugar al totalitarismo. Uno es el endiosamiento de la razón, lo de la razón instrumental que a la larga y plasmado políticamente elimina la dignidad humana y convierte al hombre en objeto, como los de las ciencias naturales. El segundo error es el del optimismo del progreso o la creencia en el progreso. Tanto la tecnociencia como la economía neoliberal participan de este mito que se expresa en la posibilidad de un crecimiento económico ilimitado, regentado por las propias leyes autónomas de la economía y apoyado en el progreso tecnocientífico. Esto es lo que nos lleva al totalitarismo actual que ha socavado los cimientos de la democracia y de la ilustración (libertad) insisto en que hay que recuperar a Kant. El filósofo de Könisberg, siempre puso un límite a la razón y la ligó a su antropología. Recuerda aquello del fuste torcido de la humanidad. Nunca pensó que la razón nos llevaría a la plena ilustración y a la emancipación de la humanidad. Todo lo más, estos, eran ideales regulativos de la praxis política y ética, pero inalcanzables. De ello se sigue una sociedad abierta. Por otro lado, siempre puso en duda el optimismo ilustrado con respecto al progreso como buen discípulo de Rousseau. Pensaba que el progreso era accidental y que estábamos siempre en circunstancias de caer en el mayor regreso. No ligó nunca, como tampoco Rousseau, el progreso tecnocientífico con el moral y político. Por eso de su filosofía de la historia, de su ética y su filosofía política se desprende el ideal de una sociedad abierta en continua revisión de sí misma.

 

            Por todo ello los totalitarismos actuales son de origen económico y tecnocientífico que tienen a la base los errores ilustrados que hemos comentado y que tú también señalas cuando dices que se confunde la libertad con la libertad de mercado. Pero en la economía hay un profundo mal que es una interpretación ideológica de la economía. Es la creencia en el crecimiento ilimitado. Esto es, simplemente, absurdo en un planeta limitado. Hay que introducir la entropía en la economía. Eso significa un cambio de paradigma en la ciencia económica y eso necesita de una nueva base filosófica que tiene que ver con la ecología y el principio de responsabilidad (una renovación ética) de Hans Jonás. De todo ello se seguiría la reconquista de la democracia y la libertad en sociedades abiertas.

 

            La izquierda, cuando llega al poder se hace absolutamente reaccionaria y totalitaria. El PSOE que llegó al poder en el 82 era un sucedáneo de izquierda, pero algo conservaba. Su poder le llevó incluso al terrorismo de estado. La peor perversión política y democrática que ha habido en España. Y por mencionar de pasada nuestra realidad política y regional, aquí hemos de decir que los 30 años de gobierno han dado para fundar un totalitarismo administrativo difícil de desmontar. Los que defendían las huelgas y manifestaciones como instrumento de lucha contra el poder han negado sistemáticamente el derecho a la manifestación, las concentraciones de un grupo de ciudadanos disidentes con su poder. Menos mal que el tribunal superior de justicia les ha enmendado siempre la plana y les ha dicho textualmente que el derecho de expresión, de reunión y concentración es un principio constitucional inviolable. Por eso tienes razón, esto es totalitarismo y mejor abandonar lo de la izquierda y la derecha, porque en el fondo los dos defienden el mismo modelo económico, que es totalitario, y recuperar la sana ilustración kantiana.

Muchas gracias y un saludo.

 

            José Miguel, yo no he hecho ninguna interpretación maniquea. Ha sido tu lectura. Y nunca he relacionado la izquierda con el progresismo. Desconoces mis análisis sobre el mito del progreso. Tampoco he identificado la izquierda con la libertad. Es más, lo que he señalado es que la izquierda ha favorecido los regímenes totalitarios que eliminaban la libertad en virtud de la “igualdad” en la redistribución de la riqueza. Y, por eso se le ha escapado la idea de la libertad.

 

            Y, por supuesto que el poder es conservador, si no no se puede ejercer. Pero, cuidado, hay algo que señalas que no lo es. El poder basado en la moral. Esto no es poder. Es autoridad. Pero autoridad en el sentido de ejemplaridad. Y los padres, por otro lado, además de ejercer la autoridad moral, tienen que ejercer el poder, la disciplina. En caso contrario el niño sería esclavo de los instintos y pasiones. El padre, como figura de poder, es conservador. Hace que se cumpla la ley. Lo siento, José Miguel, eso es la dinámica del poder en animales tribales como nosotros. Por otro lado, creo que la división entre izquierda y derecha a la que tu dices que yo acudo, no tiene nada que ver conmigo, más bien será la visión que los tertulianos lanzan, tanto de un lado como de otro, por doquier. Mi análisis procede del estudio e intento encontrar una vía de solución política para conservar la democracia, o restaurarla, porque queda poco de ella.

 

            El liberalismo, que surge con Locke, tiene un concepto de libertad mucho más amplio que el económico. Y fue, como sabes, el fundamento de la democracia americana. Aquí no estaríamos hablando de derecha ni de izquierda. Sino de la conquista ética de la humanidad que es el concepto lockiano de igualdad en la libertad. Todos somos igualmente libres. Pero el problema que se plantea en Locke es el de la propiedad y es Rousseau, precisamente, el que se enfrenta a ello. Después comento esto. Sigo con Locke. Este autor relaciona de forma indisoluble la libertad con la propiedad. El hombre en su estado de naturaleza es libre de su propiedad, de su vida y de ejercer todo su poder sobre los demás. Renuncia a este máximo poder, curiosamente, para preservar la libertad. Porque en el estado de naturaleza todos tienen el mismo poder y serie un estado de miedo, por tanto, ausente de libertad. Hasta aquí perfecto. Pero el problema es que Locke dice sobre la propiedad que, la hierba que su caballo come le pertenece, las frutas que sus sirvientes recolectan les pertenecen. Es decir, está justificando la propiedad privada de la burguesía. En definitiva, a lo que estábamos asistiendo era a una lucha por el poder entre la nobleza decadente y la burguesía emergente. Desgraciadamente es éste el concepto de libertad que se ha transmitido a la economía liberal, desbocada en el neoliberalismo actual que elimina, tanto la libertad, en sentido de Locke, como la democracia que se deriva de su análisis. Por su parte Roussau considera que todos somos iguales, de ahí que sea el inspirador de la izquierda, aunque también de Kant, no lo olvides, que es al que hoy en día hay que escuchar. Ahora bien, la sociedad nos pervierte. Pero, ¿en qué consiste esa perversión? Pues ni más ni menos que en el origen de la desigualdad entre los hombres. Y esa desigualdad empieza, precisamente, por la propiedad privada. Y a partir del establecimiento de la propiedad privada surgen los poderes que lo que hacen es garantizar la legitimidad de esa propiedad privada. Por eso en Roussea la vuelta a la naturaleza es la recuperación de la igualdad a través de la república: el gobierno del pueblo, siempre que éste haya conseguido el grado de libertad que le vendría dado por la ilustración. Nada dice de la abolición de la riqueza en su contrato social. Esto será un paso que darán, erróneamente, los anarquistas, comunistas utópicos y el pretendido marxismo científico. De ahí, y éste es el fondo de mi análisis que excede los tópicos de los tertulianos, que la libertad haya sido olvidada por la izquierda. Y reivindico su recuperación. Y no te engañes, los liberales en sentido filosófico no son la derecha, eso lo dirá Aznar, un ignorante supino en estos temas como he tenido la oportunidad de comprobar en ciertos escritos suyos y conferencias en el extranjero. Desde luego que ni la historia ni la filosofía son su fuerte. Los liberales defienden la libertad en el sentido ilustrado de Kant, no el neoliberalismo que es una forma de aniquilación de la democracia, de esclavitud difusa y de ecocidio en nombre de un mito sobre el progreso de la humanidad hacia un mundo feliz basado en las leyes de la economía y las tecnociencias a su servicio.

 

Muchas gracias José Miguel y ha sido muy estimulante e inteligente tu comentario.

Lo de siempre…el poder del capital más el poder político igual a la censura y la explotación. Y los deébiles, la mayoría, a la mierda. Y luego el discurso políticamente correcto hablan de igualdad, libertad..y la madre que los parió a todos…

Estimado Miguel, tenemos diferencias de fondo importantes. Pero tenemos un objetivo común: la lucha contra la injusticia social del poder de los fuertes contra los débiles. Nuestras diferencias residen en la concepción de la naturaleza humana. Pero te aseguro una cosa, mi concepción de la libertad no apoya en nada al imperialismo. Eso son prejuicios tuyos, que, por lo demás, aparecen un tus “argumentos” por doquier. Hay más ideología que argumentación en tu texto. Y no respondes para nada a mis argumentos.

 

            Hobbes, insisto, está más cerca de la verdad científica, igual que Freud, (hay bondad y perversidad en la naturaleza humana) aunque políticamente sea mejor y más aprovechable Rousseau. Y es cierto, la influencia del ginebrino en Kant es bien sabida. El único adorno que tenía en su despacho era un busto de Rousseau, lo consideraba el Newton de las ciencias humanas. Fue siempre su inspiración, de ahí su filosofía política, que arranca de Rousseau, pero sin la ingenuidad del primero.

 

            Creo Miguel, que el que confundes eres tú. Nunca he pretendido igualar mecanicismo con materialismo. El mecanicismo es un reduccionismo y, por cierto, si fuese cierto no necesitaría de dios, y si no, recuerda la frase de Laplace: yo ya no necesito de esa hipótesis. O, recuerda el corolario general de los Principia de Newton: utilizaba la hipótesis de dios porque los cálculos no le cuadraban. Era un deísta. Cuando la matemática y la observación avanzaron ya no hizo falta esa hipótesis. Pero, en fin, no soy mecanicista, sino materialista emergentista. Y aquí, creo, coincidimos. De los diferente niveles de organización de la materia emergen cualidades nuevas, que no sustancias. La única sustancia es la materia con diferentes niveles de organización. El deus sive natura de Spinoza. Por eso a éste no le hacia falta la teleología para explicar la naturaleza, ni tampoco dios. La sustancia infinita, la naturaleza es dios. Y el pensamiento, un atributo de dios, es decir una forma de organizarse la materia.

 

            Cuando dices que hay saltos te engañas. De ningún modo, hay formas distintas de organización. La conciencia y el lenguaje son cualidades que emergen. Es más, hoy es ya bien sabido en qué gen y que mutación de dicho gen hizo posible la aparición del lenguaje. Es decir, un cambio bioquímico, emergencia de cualidades nuevas. A su vez, la emergencia del lenguaje hace posible cualidades nuevas, relaciones sociales, conocimiento, leyes, ciencia, religión mitos. En fin, toda la cultura y la historia.

 

            Y aquí enlazo con otro tema que creo que no has entendido. Y se te coló, aunque no, creo que es intencional, la palabra alma. Lo que yo he dicho es que el concepto de persona es una conquista histórica, igual que los valores morales, que son ideas, por supuesto, pero no eternas, sino creadas por el hombre y como mecanismos de adaptación. Lo a priori no son los valores, sino la empatía, que es una cuestión instintiva, animal y común, por lo menos, a todos los mamíferos. El hombre es considerado persona en un momento determinado. Y, además, son considerados personas unos pocos. Hará falta mucho tiempo para que se amplíe el concepto de persona a la humanidad. Y, a pesar de haber conquistado esa idea, el hombre no trata a los demás como personas. El imperialismo que tú y yo denunciamos, dan buena prueba de ello. Y sí, considero que todos tiene “alama”, pero yo lo llamo sentimientos, que, por lo demás, son estados bioquímicos del cerebro. Es más, voy más lejos que tú, y sigo la línea de Bentham: hay una comunidad entre animales y hombres, que ambos tienen capacidad de sentir. Es ahí en el sentimiento donde reside la universalidad, no en la razón, ni en la supuesta autoconciencia. El hombre es un animal más, fruto del azar y la necesidad, podríamos no existir. Somos absolutamente contingentes, una ramita más, en pie de igualdad con las demás, del árbol de la evolución. Y otro error grave que cometes. Tú dices que sólo el hombre transforma el medio, falso. Todos los animales lo hacen en su proceso de adaptación. (Manolo nos podría ilustrar aquí ampliamente) De nuevo aquí la diferencia es de grado. Pero te voy a poner sólo un ejemplo de transformación del medio tremendo que además hizo posible la vida aeróbica en la tierra. Hace unos 3.000 millones de años las formas vivas que dominaban la tierra eran las cianobacterias, unas bacterias muy verdes, digamos. Ellas con su proceso metabólico fueron las que oxigenaron la atmósfera dando lugar a la aparición de organismos aeróbicos y provocando su propia catástrofe. He ahí una transformación global del medio por una actividad adaptativa. Tampoco entenderíamos ni el origen de la vida ni la evolución, sin la transformación del medio por las adaptaciones. Insisto, la diferencia es de grado. Es la percepción antropomórfica la que nos hace pensar en saltos. Muchas gracias por tus pormenorizados comentarios.

 

Saludos,

 

Juan Pedro.

Excelente debate el que estáis manteniendo. A pesar de que la primera entrada es la mía, no tenía conocimiento de la polémica, porque fue Manolo el que puso mi comentario aquí, pero no presté atención y no lo consulté. Me enteré el viernes nueve de la polémica. Así que la he leído y, me reafirmo, me parece excelente. Miguel, tú y yo hemos discutido sobre este tema en más de una ocasión y volveremos a hacerlo. Estoy de acuerdo con bastantes de tus argumentos, pero, en lo esencial discrepo y estoy de acuerdo con Manolo que ha aportado un base científica sólida y una gran capacidad de argumentación filosófica; a pesar de la falacia que tu, Miguel, le achacas en el último comentario, que creo que no es cierto, simplemente estás confundiendo dos niveles.

La discusión se ha hecho muy compleja y tiene multitud de derivaciones. Mi intervención va a ser más básica, volviendo un poco a los principios. Creo, Miguel, que tu preocupación, como señalas en el último comentario, es que la visión del gen egoísta y del individuo, sumado a la selección por competencia genera una ideología de derechas reaccionaria que derivaría en la defensa del exterminio del otro, porque en definitiva, si el otro cae, es que es más débil. Así mismo, tiene una deriva económica, el neoliberalismo. Estoy absolutamente de acuerdo con esto y es necesario desenmascarar esa falsa visión de la teoría de la evolución que no es más que una ideología interesada del poder político y económico. Cierto, todo ello es cierto. Pero sólo hasta aquí te doy la razón. Creo que tienes dos visiones de la evolución, que son caricaturas de la teoría de la evolución, que es mucho más compleja. La interpretación de la competencia y la interpretación de la cooperación. Pues hay competencia y hay, cooperación, pero además hay muchas más cosas: deriva genética, equilibrio puntuado, neutralismo y una de las más actuales teorías de la evolución que deconstruyen a Darwin y no centran la evolución en la selección es la teoría modular de la evolución a nivel genético. Si tenemos en cuenta todo ello, resulta que ya no podemos echar mano de las interpretaciones maniqueas: competitividad-cooperación

, hay mucho más. Por tanto las interpretaciones ideológicas huelgan. Cuidado que las hay por ambas partes. Tanto interés ideológico tiene la teoría de la competencia en la que sobrevive el más fuerte, como la de la cooperación: la teoría del buen salvaje en la que la naturaleza y el hombre son un hogar tranquilo y exento de violencia y el hombre está en armonía con el hombre y con la naturaleza. Esto alimenta el comunitarismo que, a su vez elimina la libertad. Ambas concepciones son falsas e ideológicas, además de malinterpretar la evolución. De momento no quiero entrar en el análisis de diferentes teorías de la evolución, con lo que he dicho, creo que es suficiente para darse cuenta de que no hay consenso sobre el hecho de que la selección natural, más el azar, sean los únicos mecanismos. El sustrato filosófico de esta discusión lo encontramos en dos autores: Hobbes y Rousseau. El primero dice que el hombre es un lobo para el hombre, aquí el lobo sale mal parado, pero en fin. El segundo dice que el hombre es bueno por naturaleza. Ambas interpretaciones son erróneas, pero se acerca más a la verdad científica (etología) la de Hobbes. Pero, aquí, hay una cosa curiosa. La interpretación hobbesiana, acercándose más a la verdad, genera un tipo de política absolutista. Es decir, que legitima el poder absoluto. Hoy en día, a mi parecer, la política internacional sigue esta pauta hobbesia, por eso, mediante el miedo, los poderes intentan mantener un estado de guerra de todos contra todos. Por otro lado, si bien la concepción antropológica de Rousseau es errónea sus consecuencias políticas son interesantes. Lo que Roussea nos quiere decir es que, en el estado de naturaleza todos somos iguales, pero no ontológicamente, sino igualmente libres. Por tanto, volver al estado de naturaleza es volver a esa igualdad. Y esto es posible desde la república o la democracia participativa. De todo esto se desprende que lo que pensamos sobre el hombre es una concepción cultural. Por mi parte, estoy mas en consonancia con la interpretación kantiana: el hombre es un ser sociablemente insociable. Aquí el filósofo de Könisberg, sintetiza a Hobbes y Rousseau y de su visión se desprende una filosofía política más realista: la asociación cosmopolita de repúblicas libres (estados ilustrados, ciudadanos ilustrados) La política internacional actual tendría que recuperar a Kant, eliminando el trascendentalismo y sustituyéndolo por una ética naturalista y ecocéntrica que es la que yo mantengo.

Por otro lado, Miguel, te esfuerzas sobremanera en distinguir entre hombres y animales. Haces esa alusión a la intencionalidad que a mí no me sirve de nada como materialista emergentista que soy, a lo Bunge, no a lo Popper. Éste último caería en un dualismo que le haría imposible resolver el problema de la mente y el cerebro. Un materialista defiende que todo es materia, por muy compleja y rara que ésta sea, todo se reduce a ella: desde el choque entre dos bolas de billar, hasta una emoción, o una intención, como tú dices. La diferencia entre hombres y animales es meramente de grado desde el punto de vista ontológico. Ahora bien, la diferenta entre hombres y animales aceptada comúnmente es un producto cultural de la historia y, por lo demás, íntimamente relacionada con las religiones del libro: mito del génesis. Dios creo al hombre a su imagen y semejanza y como dueño y señor de la naturaleza. Ahí reside el problema. Otras culturas, como sabes, con otros mitos fundantes, no parten de aquí y están más de acuerdo con el pensamiento ecologista (ecocéntrico) no antropocéntrico como el tuyo, que hay que reivindicar. Tú dices que la diferencia entre animales y hombres reside en la intencionalidad humana. Te equivocas en dos cosas. Algo así como la intencionalidad se puede detectar en los grupos de chimpancés que son capaces de engañar para provocar celos. Estos son fenómenos perfectamente constatados por la etología. Es interesante al respecto la obra Del mono al filósofo. Otro error relacionado con esto es que tú sugieres que la teoría de juegos no se puede aplicar a los animales porque carecen de intencionalidad. Ya hemos visto que la diferencia es de grado. Pero el problema es aún mayor. La teoría de juegos es una teoría matemática aplicable a diferentes ámbitos. En principio una teoría del ser, que desde el dilema del prisionero se aplica al nivel del deber ser, no entiendo porqué no se puede aplicar al nivel del ser, que será el de los animales. Creo que separas la aplicación ética de la teoría de juegos de la propia teoría matemática en sí. Pero ahora voy a ir mucho más lejos. Hay que naturalizar al hombre si queremos desenmascarar los mitos que le dan sentido y las peligrosas ideologías que de ahí surgen. Cuando decimos que el hombre es un animal intencional y en esto se diferencia del resto de los animales, yo me pregunto. Desde cuándo es esto así, y quiénes de entre los hombres son los sujetos intencionales: las personas libres y autónomas. El concepto o idea de intencionalidad, de persona, de libertad…son conquistas históricas. En última instancia adaptaciones al medio que emergen de nuestro cerebro. Pero no quería ir por este camino, sino por otro. Los esclavos para los griegos no eran seres intencionales, y así los trataban, como meros instrumentos. Los indios no lo fueron para los españoles ni los ingleses, Bartolomé de las Casas, como tú bien has estudiado, lucha para que sean considerados personas. Es en la ilustración cuando se conquistan los derechos del hombre y del ciudadano. Pero, incluso aquí, son tremendamente eurocéntricos y machistas. Los derechos del hombre y del ciudadano sirven para nosotros, pero no para el negro, las mujeres, etc. Éstos debieron conquistar sus derechos a base de dolor y muerte. Así que lo de la intencionalidad no tiene nada que ver con la naturaleza humano es un constructo cultural como estrategia de supervivencia. Y, además, insisto, de supervivencia de los genes. Que es lo que realmente existe desde hace 3.500 millones de años. Lo demás es la retórica del gen. Y el gen es información. Tú no puedes distinguir, como erróneamente haces, entre el gen y lo que porta al gen. Lo que porta el gen se construye con la información del gen, y no hay nada nuevo. Y, curiosamente, esta información se puede matematizar, porque es, estrictamente matemática. En ese proceso evolutivo emergen cualidades nuevas, pero no sustancias nuevas. Lo único que hay es materia organizada desde lo muy simple a lo muy complejo. El cerebro, por otro lado, teoría modular del cerebro de Llinás, y Rubia, F. y A. Damassio, es un producto de la evolución accidental, lleno de remiendos y construcciones ad hoc que han permitido que el homo sapiens sobreviva. Y la característica más importante de este cerebro es que es una máquina de fabulación: el yo, la identidad, la libertad, etc son fabulaciones del cerebro. Igual que somos capaces de ver y oir,…porque anticipamos la realidad. La realidad objetiva es construida desde el objeto. La biología y la etología contemporánea han hecho empírico el trascendentalismo kantiano. Hay que desacralizar al hombre y eliminar el antropocentrismo y el antropomorfismo. Hay que volver al texto de Spinoza, corolario al libro primero, contra la teleología. La concepción teleológica del hombre es una idea inadecuada: un antropomorfismo que nubla el conocimiento de la naturaleza. En Spinoza nos encontramos las bases de un pensamiento ecológico y panteísta fuerte y absolutamente actual. Si nos disolvemos en la naturaleza, ecocentrismo, nos daremos cuenta de lo importante.

Otra cosa que creo que confundes, la evolución desde el individuo o desde la especie. No se trata de los individuos, sino de los genes. Una interpretación genética de la evolución elimina el falso dualismo individuo especie. Pero esto requiere un tratamiento más extenso y una fundamentación científica.

Y, por último, quiero mencionar la metáfora del gen egoísta, a la cual, se diría que le tienes alergia y creo que es un prejuicio debido a la deriva ideológica que puede tener y ha tenido. En la investigación y creación científica se utilizan metáforas. Éstas son ideas generales que sirven para acercarse y dirigir la investigación, pero no son descripciones de la naturaleza. Es más, las metáforas son antropomórficas. La naturaleza no puede ser ni egoísta ni altruista. Sólo el hombre, como construcción cultural. El egoísmo tiene una carga ideológica religiosa tremenda. Para enmendar estas falsas interpretaciones de esta metáfora que, a mi modo de ver, ha sido fructífera en ciencia, pero nefasta ideológicamente, la sociobiología y la psicología de la evolución han ideado otra metáfora más neutral “el altruismo recíproco”. Ésta tiene una carga ideológica menor y contempla al unísono la cooperación y la competencia. No deja de ser un reduccionismo, porque, como he dicho, hay más mecanismos que explican la evolución.

Iba a publicar este comentario y me tropiezo con el último de Manolo, ya no sé si publicarlo porque su claridad es apabullante y estoy absolutamente de acuerdo con él. Insisto, Miguel, confundes niveles. Confundes valores y hechos. Cuando los hechos no se corresponde con los tuyos son valores de la sociedad neoliberal. Creo que tu obsesión porque la teoría de la evolución no se interprete como un instrumento del neoliberalismo y el fascismo la compartimos todos por igual, pero no niegues la naturaleza humana ni caigas en mitos y en ideologías. Es cuestión de física y de bioquímica. Y si fuésemos lo suficientemente sinceros para aceptar este naturalismo nos ahorraríamos muchos errores (con millones de muertos a su espalda y no es demagogia) de una interpretación eurocéntrica y antropomórfica del ser humano.

Y, sin más, ha sido un placer leer estos comentarios y espero que, a pesar de irme un poco a lo que creo que son los fundamentos filosóficos de la polémica, estar a la altura de la misma. En fin, si hubiese conocido la polémica en sus orígenes habría hecho comentarios parciales, disculpad esta enmienda a la totalidad, en concreto, a la tesis de Miguel. Gracias.

El problema siempre es el poder. Pero hoy en día el problema se hace insuperable porque el poder es difuso.

Leo un magnífico diálogo entre Saramago y Ramonet en Le monde Diplomatique. Fantástico, excelente lucidez. Lo malo es que esa lucidez nos lleva al escepticismo. A plantearnos si realmente se puede hacer algo desde la sociedad civil frente al poder. El problema es el poder. Y la democracia es una farsa, otra forma de poder. Vivimos en formas totalitarias de gobiernos pero sin darnos cuenta de ello. Algunos se dan cuenta, pero el problema es que quizás no podamos hacer nada. Ese es el mayor pesimismo. Las cosas, se nos dice, están bien, pero no es cierto, porque podrían estar mucho mejor. Lo que sucede es que el pensamiento hegemónico ha eliminado la posibilidad de crítica. El control sobre las conciencias es absoluto, la ausencia de crítica apabullante. ¿Qué podemos hacer? De momento, lo único que sé es que podemos tomar conciencia de la realidad enmascarada que nos rodea. Pero lo que no sé es si podemos luchar contra el poder. El poder, a través del pensamiento único, que Saramago –y yo coincido- llama pensamiento cero (porque en realidad no es ningún tipo de pensamiento) lo que hace es idiotizar a la población, convertirla, con mil perdones, en autómatas estúpidos, que encima se creen libres. La denuncia y la crítica, la toma de conciencia es el primer paso…pero, ¿queda lugar para la acción verdadera? Creo que la situación en la que estamos viviendo es la del nihilismo de los ciudadanos y esta situación de valores no se supera si no hay una acción contra el poder.

El poder ha elaborado un pensamiento único desde la caída del muro de Berlín, que se ha convertido en ideología y creencia. Como dice Saramago, ese pensamiento único del poder, se transforma en la sociedad civil en pensamiento cero. El ciudadano no piensa, está idiotizado, obedece consignas, ve programas absurdos y estúpidos, y los índices de audiencia de estos son astronómicos. Los informativos no son más que propaganda de la ideología del sistema. Los informativos se han transformado casi en un espectáculo para entretener a la ciudadanía. Es paradójico que en la autoproclamada sociedad de la información lo que menos hay es información, mucho menos conocimiento y, de la sabiduría, mejor ni hablamos. La cosa tiene delito, porque las pocas voces críticas que existen no llegan a los ciudadanos. Además, estos, adoctrinados prefieren la tranquilidad del no pensar. Ya decía Kant que la causa de la autoculpable minoría de edad es la comodidad y la pereza. Y esta es nuestra condición, preferimos obedecer órdenes. O, como dice Hume, en su paradoja de la libertad. El hombre nada valora más que su libertad, pero prefiere obedecer a actuar por sí mismo y pronto delega en otro su libertad. Es el miedo a la libertad, también de Fronm. Este conocimiento lo tiene el poder y desde esta perspectiva el fascismo y el totalitarismo nunca se ha ejercido mejor que ahora. Porque el engaño ahora es el de la libertad y el bienestar. Se nos dice que somos libres y vivimos bien. Falso, pero aún peor, nuestro bienestar es a costa de dos terceras partes de la población mundial y de un ecocidio generalizado. El engaño funciona, y, además, sin violencia, sobre nosotros, claro, sobre el que pasa hambre, no diría lo mismo. Saramago dice que ha llegado a una conclusión terrible. Sugiere que el hombre sólo muestra lo mejor de sí mismo en momentos de crisis; mientras tanto vive en la desidia y el abandono, obedeciendo sumiso. Creo que anda en lo cierto, por lo que hemos dicho antes de Kant y de Hume, pero me temo que el engaño hoy en día está tan bien urdido, que la población no tomará conciencia hasta que sea demasiado tarde, cuando hayamos superado todos los límites y la escasez y la miseria llegue a nuestras puertas. Pero entonces la civilización y gran parte de la biosfera puede ser que estén ya condenadas. Ojala me equivoque y sea posible una concienciación mundial progresiva que permita una lucha contra el poder. Pero hay otro problema añadido que tenemos y es que el totalitarismo en el que vivimos es difuso, ¿quién es el enemigo? El mercado. Pero, ¿quién es el mercado? Y ¿quién está en el poder político si decimos que vivimos en democracias? Estas democracias como formas de totalitarismos encubiertas se han convertido en mera fachada. Detrás de las democracias y las instituciones está la nada, el vacío. La democracia es una forma de vida, las instituciones son armatrostes de la absurda burocracia y los ciudadanos se han convertido en crisálidas.

Le doy la razón a Joaquín Araújo y a ti. La destrucción del planeta camina infinitamente más rápido que la sensibilización medioambiental. Lo de esa sensibilización es, además, mentira, si no, cambiaríamos todos inmediatamente de forma de vida y no lo hacemos. De ahí tu pesimismo rotundo. Yo vario, simplemente, en que podemos cambiar, pero a la fuerza. La naturaleza humana es la adaptabilidad en sentido de plasticidad, nos podremos adaptar a lo que venga –siempre que sea posible vivir- lo que no puede ser es seguir viviendo de esta manera, excede los límites del planeta. La sensibilidad medioambiental de la ciudadanía es como el desarrollo sostenible en boca de los políticos, o sus políticas verdes, mera cascarilla. Cuando digo que ha habido un avance ético político no quiero decir que sea definitivo. Los progresos del hombre dependen de su voluntad y esfuerzo, no vienen determinados por leyes de la historia, ni por un destino y son contingentes, pueden desaparecer. Además, estos progresos no cambian la naturaleza humana. Y ésta es o consiste en que somos animales tribales y gregarios. Vivimos en pequeños grupos fuertemente jerarquizados (propio de los primates) que cooperan entre sí para su subsistencia, pero que luchan con otros clanes o tribus. Hoy en día, por muy globalizados que estemos, esto persiste. Y esta naturaleza es la que se muestra en las luchas por los recursos energéticos y alimenticios que ya están en marcha. Y es esta naturaleza la que alimenta la ideología del choque de civilizaciones. Todo este proceso empezó con el neolítico y es irreversible. Estamos muy lejos de una ética y una justicia universal, pero, por lo menos hoy en día se puede pensar en algo así. Lástima que pueda ser demasiado tarde. Una cosa está clara, no soy catastrofista, tenemos las predicciones científicas de nuestro lado. Los catastrofistas son los que piensan que aquí no pasa nada, que todo se podrá arreglar con más tecnología. Esos son los catastrofistas porque su utopía nos lleva al caos civilizatorio y al ecocidio. La trampa de los políticos y sus políticas verdes y de la sensibilización medioambiental es que nos da un barniz de optimismo que nubla la realidad, como le ocurría, según cuentas, al entrevistador. Estas políticas y esta “sensibilización” se convierten en ideologías y creencias que nos narcotizan y paralizan. Mientras tanto, el camino hacia la destrucción es inexorable. Tampoco soy catastrofista, aunque nuestros enemigos no se lo crean, porque lo que más me gustaría es estar equivocado…pero nadie me lo demuestra. Es más, ayer el presidente del banco de Europa seguía hablando de no sé qué medidas para reactivar una economía de crecimiento sostenible. ¡Pero si esto es imposible! El problema es precisamente el crecimiento, que no puede ser ilimitado. La única apuesta es la del decrecimiento sostenible. Y si no somos capaces de realizar ésta, la del decrecimiento forzoso…Gracias, Manolo por tus comentarios…

Estoy de acuerdo con lo que dices. Desde luego que no hay ninguna raz... Ver másón para el optimismo. Los datos y su interpretación son claros. Los actos de los políticos, el capital y la desidia y entontecimiento de la ciudadanía son evidentes. No hay razones para el optimismo. De ninguna manera yo lo soy. Como dice Riechamann soy un pesimista activista. La esperanza es un rasgo humano que anima a seguir adelante. Pero soy de la opinión de que el cambio se producirá por un choque con los límites de la tierra. El cambio no se producirá voluntariamente en los ciudadanos. Vivimos conforme a unos valores que ha ido creando la tradición. Y nuestra naturaleza nos lleva a ver e interpretar lo que nos rodea desde los valores adquiridos de forma inconsciente, osmóticamente. Los valores alternativos, son marginales, están en las trincheras, desconocidos por todo el mundo. Los medios de comunicación los ocultan, no interesan. Pero el pesimismo es una actitud vital, no es la negación de todo. Eso es la desesperación. El pesimista es el que dice que las cosas pueden ser mucho mejor de lo que son. Que las cosas van mal y se deberían mejorar. Es decir, en el pesimismo hay activismo. La desesperanza nos lleva al inmovilismo y esto es claudicar ante los vencedores, que son precisamente los que no llevan la razón. El pesimista no es un negacionista, sino el que ve la realidad que el optimista intenta negar. Es más, el optimismo también nos lleva al inmovilismo en la medida en la que creemos que todo está bien.

Es cierto lo que dices, no hay razón para el optimismo, la sexta gran extinción, que pude llevarse al hombre por delante, es un hecho y, además, de origen humano. Y esto no tiene vuelta atrás. El cambio climático, tampoco. Lo que no sabemos es hasta dónde nos puede llevar. El problema es que cuando se produce un cambio de paradigma (visión del mundo) no somos capaces de ponernos en el otro lado. Quién les iba a decir a los ciudadanos del XVII que llegaría la ilustración y la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Que aparecería la democracia y la república. Ya sé que todo está por desarrollar en este camino, pero algo hemos avanzado ético-políticamente, aunque en las últimas décadas lo estamos perdiendo a pasos agigantados. Como decía Grançi: soy pesimista desde la razón, pero optimista de corazón. Quizás mi posición no sea más que una huída de la desesperación, una forma de adaptación, un mecanismo de supervivencia…pero, lo que no hay que perder nunca es la conciencia de lo mal que van las cosas…

 

            Gracias Manolo por tus palabras. Eso me anima a estar a la altura de lo que dices. El problema es que la mediocridad hoy en día en la educación es horrorosa. Llevo 24 años enseñando y éste es el primero que literalmente me he aburrido. Los alumnos, en su inmensa mayoría, son como cajas vacías que sólo se miran su ombligo. Están los que yo considero blindados genéticamente contra la LOGSE, estos me hacen llevadero el asunto de la educación. Filosofar es comunicar, dialogar, aprender uno de los otros. El profesor aprende cuando enseña. Los libros que llevo escrito proceden de diverso sitios, pero uno de ellos es el aula. Ahora bien, cuando la comunicación entre el profesor y los alumnos se corta, entonces la filosofía se hace imposible. Y, hoy en día, en el que la filosofía, como la ciencia básica, es necesaria, pues precisamente está casi ausente de la sociedad. Los valores que imperan son antifilosóficos y los centros de enseñanza son un fiel reflejo de la sociedad degradados todavía más con las leyes de educación que padecemos. Pero el filósofo es un pedagogo impenitente –los enemigos dirán impertinente- así que seguiremos en la brecha…

Magnífico el último libro del matemático, filósofo, doctor en ciencias políticas, poeta y amigo Jorge Riechmann. La obra titulada “Entre la cantera y el jardín” es un compendio de ensayos, poesía, del mismo Riechmann y de otros autores y un epílogo fantástico en forma de aforismos. No es mi intención aquí hacer una reseña del librito, porque dada su heterogeneidad de estilos, es difícil. No se pueden ni se deben reseñar la poesía y los aforismos. Simplemente lo recomiendo. Los aforismos y la poesía muestran, más que dicen o demuestran y cada uno de ellos encierra pensamientos complejos que se captan entre la sensibilidad y el entendimiento. Pero sí me ha vuelto a hacer pensar sobre el recurrente tema del peligro en el que nuestra civilización se encuentra; así como la ecosfera. Y eso es lo que voy a hacer aquí.

 

            La crisis económica ha nublado los problemas reales. La crisis es, en mi modo de ver, una crisis sistémica y Terminal. El sistema capitalista se basa en el modelo del crecimiento ilimitado y esto, simplemente, y por sentido común, es imposible en un planeta limitado. Estamos en un planeta lleno, más bien saturado. Y ha sido el desarrollo hipertrófico del hombre el que ha producido esto. La crisis económica es una consecuencia de la idea de crecimiento ilimitado que conlleva el capitalismo y del mito del progreso que está a la base como concepción mítica del mundo heredada del cristianismo. Al decir que la crisis es sistémica queremos decir que es necesario un cambio de sistema si queremos sobrevivir. El origen de la crisis es político y es importante señalar esto porque cuando hablamos sólo de economía caemos en una idea determinista de la historia en la que todo viene determinado por las leyes de la economía. Esto es absolutamente falso y carece de toda base científica. El origen político de la crisis reside en que siempre se podrían haber tomado otras medidas, el desarrollo de la historia depende de decisiones libres humanas y de la voluntad política de los políticos y los ciudadanos. Cuando digo que la crisis es Terminal a lo que me refiero es que, si no solucionamos el problema de saturación de la tierra, millones de especies se extinguirán, entre ellas el hombre, con gran probabilidad. Y se quedan algunos su vida no será nada envidiable. El problema es que esto no es un catastrofismo de ecologistas y amantes de los animales, es una cuestión científica, no quiere decir ello que sea una verdad absoluta, pero sí ciertamente verosímil. El problema ecológico es un problema social y político-económico. No se trata de políticas verdes para lavarse la cara los demagogos políticos, ni de la sostenibilidad de la que hablan los políticos, se trata de un problema sistémico que requiere un cambio revolucionario de paradigma. Una forma distinta de vivir y de percibir el mundo. Uno de sus pilares es que hay que eliminar el antropocentrismo y sustituirlo por el ecocentrismo. Sin una biosfera sana no es posible la supervivencia de la especie humana. El problema a que se enfrenta la humanidad es el de su supervivencia. La crisis económica nos ha hecho olvidar esto; es más tanto los políticos como los mandatarios del omnipotente mercado han optado por una huída hacia delante. De ahí el fascismo económico que sufrimos y la posibilidad de fascismos políticos tremendos en el siglo XXI. Pero esta crisis económica no es más que un aspecto de la crisis global ecosocial. Vivimos en un planeta limitado y queremos seguir viviendo como si fuese ilimitado. Nuestro mayor problema ecosocial ahora mismo es el del cambio climático. Algo que ya está en marcha hace tiempo y que según algunos, como Lovelock, habríamos pasado ya el punto de no retorno. Si la temperatura aumenta 6º a final de siglo la especie humana está sentenciada. Los científicos apuntan a que esto es muy posible. Las predicciones sobre cambio climático son muy complejas porque entran dentro del ámbito de las teorías de la complejidad. Es decir, que los fenómenos causales no son lineales como en la física clásica sino complejos y diferenciales. Pero esto no quiere decir que no exista un potente aparato matemático que sirva para la predicción. Ahora bien, la cuestión de la complejidad es que las causas ya no son sólo lineales como decía, sino que se da un proceso de sinergias globalizado altamente impredecible. Estos fenómenos son tremendamente peligrosos a la hora de hablar del cambio climático. Nuestra predicciones para final de siglo, si somos capaces de cambiar la economía basada en el carbono, es que la temperatura aumentaría entre dos y tres grados, lo cual es una tremenda catástrofe social y económica. Pero las cosas son más complejas y pintan peor para la civilización humana. En primer lugar tenemos el fracaso de Copenhague, probablemente la última esperanza, en segundo lugar, los estudios científicos nos informan de sucesos que entrarán en sinergia y aceleraran de forma impredecible el cambio climático. Y este cambio climático profundo y radical puede tener lugar en cuestión de décadas. Los datos están disponibles para el interesado en diferentes obras y organismo, pero para que veamos el fenómeno de la sinergia y cómo esto puede ser fatal para la especie humana ofreceré para empezar sólo uno. Los científicos predecían que el polo norte se podría atravesar en el 2070 debido al deshielo en el verano. Pues bien, en el 2009 ya se atravesó por dos barcos, aunque no había un deshielo total. Los científicos predicen ahora que el ártico se deshelará en verano de 2013. Sesenta años antes de lo que se pensaba. Esto produce dos efectos sinérgicos sobre el efecto invernadero y  la acumulación de carbono en la atmósfera. El primero es el del calentamiento. Los casquetes polares reflejan la luz del sol, al ser blancos, con lo cual refrigeran la tierra. Ahora bien, a menor masa de hielo, la luz del sol es absorbida por el agua del mar lo que produce un calentamiento progresivo de la tierra que actúa sinergicamente con el del efecto invernadero debido al carbono acumulado en la atmósfera. Pero es que, además, al derretirse los casquetes polares se derrite el parmaflas, lo cuál, a su vez, permite la liberación de metano del interior. El metano tiene una capacidad de efecto invernadero veinte veces superior a la del carbono, con lo cuál, al llegar éste a la atmósfera retroalimentaría el efecto del carbono sobre el calentamiento. Esto produciría un fenómeno sinérgico acelerado que en pocas décadas reduciría la vida en la tierra a la tierras cercanas a los casquetes polares. Si superamos 330ppm de carbono en la atmósfera estamos en peligro. Los científicos quieren evitar que sobrepasemos las 450 ppm. Pero al ritmo que vamos llegaremos al final de siglo a las 750 ppm. Curiosamente, esto es superior a lo que ocurrió hace 55 millones de años en el Mioceno, época desértica, y la tierra necesitó 200 milones de años para recuperarse.

 

            Por otra parte, y es otro escenario catastrófico, si se sigue recalentando el agua del mar por el efecto invernadero, entonces puede ser que al disminuir la densidad del agua marina la cinta transportadora que lleva la corriente del golfo y que mantiene a Europa en un clima templado, se paralice. Ello provocaría, paradójicamente, una glaciación. El hielo llegaría hasta Gibraltar, y de ahí para abajo el desierto. Este tipo de glaciaciones, que tienen como causa la interrupción de la corriente del golfo, han ocurrido en más de una ocasión. Igual que cualquier cambio climático, lo que sucede es que ésta es la primera vez en la que el cambio es de origen humano.

 

            Estos dos escenarios que describimos, científicamente posibles, no necesarios, pero, por supuesto no son fruto de la ideología del catastrofismo, sino de la ciencia positiva, por muy provisional que ésta sea, representarían el colapso civilizatorio global. Todas las civilizaciones han llegado a un colapso que tiene mucho que ver con el agotamiento de sus recursos. El problema es que nuestra civilización es global, de ahí que el colapso sea total. Si queremos remediar este fin es necesario descarbonizar la atmósfera y, para ello, es necesario cambiar de modelo de producción, es aquí donde interviene la economía y la política. Nuestra economía del capital está basada en la economía del carbono, pero ésta ya no da más de sí. Es necesario un giro político radical que cambie las consciencias de los ciudadanos para que podamos contemplar otra forma de vivir que no tiene nada que ver con los valores del individualismo consumista que el modelo neoliberal capitalista ha creado. Si no hacemos una revolución dirigida políticamente, en el que se pase, como decía Sacristán del paradigma del consumo al del cuidado, y al que yo añado del paradigma antropocéntrico al ecocéntrico, el fin será drástico. Los tecnófilos consideran que la tecnología resolverá los problemas. Grave error, la tecnología por si sóla no resuelve nada, son las decisiones políticas sobre la tecnología las que resuelven, si es que no hemos pasado ya el punto de no retorno, no lo creo, aunque los datos cada vez lo confirman más. Pero hay que albergar un lugar para la esperanza. Lo que sí es cierto es que la crisis económica podría haber sido el detonante de esta revolución paradigmática y, por el momento, lo que ha hecho es agudizar los problemas…el espectáculo es dantesco.

            Efectivamente, Manolo, llevas toda la razón con el tema de la eutanasia y el suicidio. Y el origen son las religiones monoteístas y los estados que ahora las sustituyen. Y lo que se ha producido es una confusión de valores. La vida como máximo valor, sea en las condiciones que sea, lo cual le permite al poder el control de los ciudadanos, y la vida digna, por un lado, y la libertad que tú señalas. Es decir, el poder que tiene el hombre para rebelarse y negar su propia existencia. Esta idea es tremendamente liberadora; por eso siempre debemos aplazarla. El máximo defensor del suicidio Ciorán, defendía esto mismo y vivió hasta los 84 años teniendo una muerte natural. En una ocasión se llevó todo un día paseando por París para convencer a un joven, que lo había leído, para que no se suicidase. Y el argumento fundamental es precisamente el que venimos barajando aquí. El suicidio como solución final y liberadora y como acto de libertad. Al poder no le gusta nada esto, y por eso niega la eutanasia, y de esta manera convierte la vida de ciertas personas en una tortura, un mal radical, porque no le gusta la libertad. La libertad es la disidencia del poder, la ausencia del control, la autonomía. Libertad y poder son contradictorios. Por eso es gracioso escuchar en la boca de los políticos corruptos la palabra libertad. Bueno, más que gracioso es indignante y grotesco.

Ya, lo que sucede es que la educación actual va dirigida precisamente a la aniquilación de lo genuino y a la desinformación. La educación pretende el ideal de la adaptabilidad, es decir, potenciación del hombre objeto frente a la persona. Lo genuino, lo creativo, cae fuera del sistema. Si acaso se queda en las palabras de los políticos. Hoy en día por ejemplo, se identifica a los emprendedores con los empresarios, en virtud del pensamiento neoliberal, emprendedor es algo mucho más amplio y que abarca todo el mundo de la cultura, la ciencia, las relaciones humanas y, también, por supuesto la economía. La educación desperdicia lo genuino y la genialidad. El desastre es generalizado y la solución es, como digo, una enmienda a la totalidad. Esto es así por que lo que se ha considerado una teoría educativa no es ciencia, sino creencia y, por eso no es refutable, no se puede mejorar. Como las religiones, o se niegan en su conjunto, o somos creyentes. Y toda ideología o creencia es un enmascaramiento de la realidad, aliención…

 

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            Nietzsche hablaba de la triple transformación que tenía que sufrir el hombre para llegar a ser superhombre. De camello en león, el camello soporta sobre su joroba todo el peso de la moralidad y las costumbres, el león se rebela y dice: ¡no!, pero es esclavo de su rabia y del tiempo. Éste tiene que transformarse en niño. El niño recrea el mundo en cada acto. El juego es su vida, y el juego cambia de reglas continuamente, pero con toda la seriedad del mundo. Y ésta es la inocencia. El niño es el creador, el artista, el que vive instalado en la eternidad del instante. Curiosidad, juego y creación coinciden en él.

Otro aspecto de la muerte importante y que no hemos tratado es el de la muerte injusta o el mal radical. Hemos dicho que la justicia de la muerte es que es igual para todos, esto responde a su arbitrariedad. Eso es cierto para el mundo animal, también para el humano. Pero nosotros añadimos un factor importante. Somos capaces de provocar la muerte en el otro por creencias e ideologías. Es decir, somos capaz de exterminar porque no se piensa como nosotros lo hacemos. El mal radical, decía Kant, es hacer que alguien pierda su dignidad prefiriendo morir antes que seguir viviendo. La tortura consiste en eso precisamente. La humanidad lo ha hecho desde siempre. Eso es una profunda injusticia desde nuestra perspectiva moral. Ahora bien, hemos de saber que ese concepto de justicia lo conquistamos a partir de la ilustración. Lo que no sospechaba Kant, es que el máximo mal radical se produciría en el siglo XX y, como consecuencia de la ilustración pervertida. El siglo XX generó el genocidio y el etnocidio de forma racionalizada y apoyada por la razón tecnocientífica. Hoy en día lo seguimos haciendo con el hombre (el hambre y la miseria del mundo) y con la naturaleza (ecocidio) Lo característico del mal radical en el siglo XX ha sido su sistematicidad, su planificación racional. Es el caso de las grandes dictaduras: Alemania, la URSS, China, España, Camboya, y una lista interminable que ha exterminado sistemáticamente y torturado a millones de personas. La tremenda injusticia del mal radical es si tiene o no reparación moral. Reparación no tiene porque extermina al ser vivo y éste ya no tiene una segunda oportunidad, se corta su existencia desde la barbarie del fanatismo y la banalización del mal (burocratización). Existe reparación histórica en la medida en que podemos esclarecer las causas de los genocidios desde la verdad histórica, eliminando las ideologías enmascaradoras. Pero el daño moral está hecho para siempre, sólo nos queda la recuperación de la memoria por medio de la historia y de la justicia. Avanzar en una justicia universal es importante para establecer las bases de una ética universal.

 

            El mal radical nos pone ante un problema. Si no hay restablecimiento de la justicia, entonces no nos queda ninguna esperanza. La religión daba respuesta a esta pregunta, en la medida en que la religión es una respuesta a la desesperanza del hombre. Si nos quedamos sin religión sólo nos queda la justicia y la ética. El muerto injustamente no renacerá, pero su memoria sí puede ser recuperada. Es la única manera de una restitución parcial de la justicia, que tiene que ver con los cercanos al muerto, y con la humanidad en general, en tanto que nada de lo humano nos es ajeno, porque el muerto queda desaparecido para siempre y su vida truncada. Cuando se mata a alguien no sólo se mata su vida sino su proyecto de biografía, porque el hombre habita en el poder ser, en el hacerse, no en el ser, como lo animal.

 

            Curiosamente, a mi modo de ver, la negación de la eutanasia es una forma moderna y legalizada de tortura y de mal radical. No permitir la muerte de alguien, cuando ese alguien no quiere vivir porque considera que su vida carece de dignidad (mal radical) es una forma de tortura por parte del estado. Una tremenda injusticia…

 

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            La tolerancia es un valor conquistado por la humanidad pero que debemos saber desarrollarlo. En principio el primer paso que se dio para la conquista de la tolerancia es el de soportar el error del otro. Tolerancia, en principio, fue aguantar, soportar el error ajeno. La tolerancia era un mal menor. La ventaja de esta tolerancia, es que da al traste con la eliminación del disidente, el otro, el hereje y, al menos, permite su existencia. Pero esta tolerancia es insuficiente e incompleta. La tolerancia como valor ético está ligada al nacimiento del discurso racional y, por tanto, a la crítica. La tolerancia es la cara ética de la epistemología. Me explico. Tolerar, desde el punto de vista ético-político no es sólo soportar el error ajeno, sino estar dispuesto a dialogar con el otro porque, quizás, el otro tiene algo que enseñarme. La tolerancia es diálogo y esto es lo característico del pensar racional. La racionalidad parte del escepticismo en el sentido socrático, sólo sé que no sé nada y, por ello, tengo que aprender de los demás. Ahora bien, como todos somos iguales nadie tiene que tener más razón que nadie. El escepticismo, en su sentido etimológico, no es negación del conocimiento, sino búsqueda del conocimiento. Y ésta se lleva a cabo por la razón, el diálogo. Y la palabra diálogo en su origen griego es interesante. Nos viene a decir que el logos, la razón, es lo común. Dicho de otra manera, que la razón no está de parte de nadie, sino que es el instrumento común para buscar las certezas a las que podamos tener acceso y al conocimiento y, por supuesto, esa comunidad de la razón hace posible la comunidad de vida. La tolerancia se enfrenta al fanatismo porque éste último separa a los hombres, transforma la razón en creencia y ésta es excluyente. La tolerancia abre las puertas a un camino en común a la cordialidad y los sentimientos. Porque la razón es común en tanto que son comunes nuestros sentimientos. Si nos abrimos al otro, al absolutamente distinto, encontraremos en común los sentimientos básicos. Las diferencias son la modelación cultural de estos sentimientos. Las bases de una ética cosmopolita tienen que estar en la comunidad, igualdad de la humanidad, y en la tolerancia en el sentido de búsqueda en común a través del otro del conocimiento y del bienestar en la vida.

 

            La muerte es impredecible y nos llega de forma inadvertida, incluso en la enfermedad. Ahora bien, está claro, como tú señalas, que la muerte es ajena a la vida. La vida se reafirma siempre plenamente. Es lo que en biología se llama principio de supervivencia y que ya el filósofo Spinoza lo explicó como el “conatus”: dicho de otra manera, todo ser intenta por todos los medios permanecer en su ser. Por eso, dejar de ser nos es extraño y ajeno. Estando vivos no podemos concebir la muerte porque es el no ser. Y nuestro ser intenta siempre permanecer en el ser. Nuestro cuerpo sigue funcionando a la perfección aunque sepamos que vamos a morir dentro de un instante y el conatus es lo que le hace persistir en su ser. Eso que comentas de los suicidas es muy común. Desde luego, que si se les rompe la cuerda, no se suicidan, a lo mejor lo dejan para otra vez. Pero en ese momento lo dejan. En cuanto a lo de la eternidad es curioso lo que dices. La eternidad es la ausencia de tiempo. En ese sentido existimos desde siempre, porque no conocemos nuestro origen, nos lo han contado. Y en el momento de nuestra muerte dejaremos de tener consciencia, por tanto, no existe el tiempo. Desde una mirada psicológica la vida es la eternidad dentro de la nada. Ésta es también la sabiduría de los budistas, rescatar esa eternidad que el velo de las apariencias ha ocultado. A mí me gusta decir que venimos de la nada, vivimos en las apariencias y vamos hacia la nada: ¡Buen viaje¡

Efectivamente, tienes toda la razón. Cuando escribía me daba cuenta de que también la inercia y la cobardía nos llevan a seguir viviendo. Y por supuesto suscribo tu idea de que la vida es un don o derecho, pero no un deber. Esta es la herencia de la ética cristiana. La vida nos viene dada por dios, por tanto no nos podemos rebelar contra ella. Hoy el estado, negando la eutanasia y medicalizando la vida, se hace el valedor de nuestra propia existencia, transformando la vida en un deber y, además, diciéndonos cómo debemos vivir. Gracias por tu aportación.

LO FATAL

DICHOSO el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Rubén Dario

         La muerte es la mayor certeza del hombre. Sabemos que vamos a morir, pero nunca lo asumimos. La muerte se nos presenta como ajena cuando le ocurre al lejano, pero cuando nos roza sentimos que un pedazo de nuestra biografía se ha marchado con el ser querido. La muerte es nuestra realidad biográfica más radical. Pero la muerte es la disolución, es dejar de ser vivo. Es dejar de sentir, el Nirvana de los budistas, la nada, la anulación de la conciencia, el no desear, por eso el no sufrir. Morir es dejarlo todo. Vivir es ir muriendo en tanto que vamos dejando. La metáfora del árbol de la ciencia es curiosa. El conocimiento es el pecado original del hombre. Nuestra consciencia es nuestro dolor. Pero nuestra consciencia es lo que nos individualiza. El divertirse es el disolverse en la multitud, por eso en la diversión, igual que en los rituales religiosos de antaño, se utilizan las drogas que favorecen esta disolución de la conciencia. Pero, como bien decía freíd en su “El malestar en la cultura” la felicidad humana es imposible, a lo máximo a lo que podemos llegar es a la sublimación de nuestros traumas y represiones por medio del arte, la ciencia, la filosofía, en definitiva, la cultura. Porque esta disolución es precisamente un anticipo de la muerte. Lo que el sabio persigue es la serenidad, una especia de muerte en vida, pero consciente y feliz. El misterio es como poder llegar a ello. Mientras tanto, la pena por la muerte de nuestros seres más cercanos nos sobrepasa y la incertidumbre sobre el cuándo y cómo de nuestra muerte es un puñal de dolor en el alma. Liberarse del miedo a la muerte es la tarea fundamental de la filosofía. Para vivir hay que vivir de ilusiones y desde la pasión. Por eso decía Spinoza que en nada piensa menos el sabio que en la muerte. Y viene a ser lo mismo que lo que decía Platón de que filosofar es prepararse para la muerte. Y también Camus nos recordaba que la única cuestión filosófica de relevancia es el suicidio. Si cada mañana decidimos seguir adelante es que hemos encontrado un sentido a este sinsentido. Pero como decía Cioran, el suicidio es una idea consoladora, por eso lo mejor es irlo aplazando cada día, siempre sabemos que la puerta está abierta. El suicidio es la decisión radical en la que uno se posee definitivamente a sí mismo. Por eso es considerado por la religión una rebeldía contra dios. Y, por eso, en definitiva, no se admite la eutanasia, porque es rebelarse contra lo establecido y contra el considerado máximo bien: la vida. El problema es que por encima del valor de la vida está la vida con dignidad. Una vida sin dignidad no es vida: es muerte forzada en vida.

            El inicio de la ciencia es el maravillarse ante la realidad que nos rodea. Es la actitud propia del niño. Primero nos quedamos maravillados ante la realidad, su belleza y su grandiosidad, después nos quedamos perplejos de su complejidad de la que no sabemos nada, así reconoceos nuestra ignorancia y entonces se despierta nuestra curiosidad e iniciamos la marcha del conocimiento que es una búsqueda sin término en la que el motor es la fascinación. Nunca debemos perder ese niño que llevamos dentro, cuando esto sucede es la muerte en vida.

Suscribo totalmente tus palabras. Es más, creo que son un desarrollo perfectamente consecuente de mis breves palabras. Muy interesante e ilustrativa la comparación del final en el que se ve la verdadera importancia de la burocracia educativa: ninguna. Interesante e imprescindible, también, señalar el absurdo kafkiano de la misma que nos lleva directamente al totalitarismo y fascismo del pensamiento. Sería necesario añadir, también, el carácter orweliano de la neolengua de la secta pedagógica que vacía de contenidos el pensamiento y elimina o reconvierte los valores.

 

Gracias por tu comentario y por ilustrarlo con las palabras de Junger. Pero veo cierto peligro en el pensamiento de Junger. Creo que no hay que confundir una educación meritocrática y elitista, pasando siempre por el derecho universal a la educación, que no tienen nada que ver con la obligatoriedad que ha dado lugar a la mediocracia, con cierto racismo o etnocentrismo que acaba con el exterminio del disidente. De todas formas esto se escapa a lo que venimos planteando aquí. Gracias de nuevo por tu ilustración.

 

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            Probablemente la mayor tragedia ecológica de la historia, la de BP y la fuga de petróleo del golfo de México. La cordura de la humanidad está en entredicho. No podemos estar cuerdos cuando nos empeñamos en seguir con la explotación de los recursos fósiles que, por un lado, se agotan, y, por otro, producen el calentamiento global. El mundo va a la deriva si no soluciona estos problemas. Lo peor es que actuamos estúpidamente. Nos gastamos un dineral en la explotación de estas energías que nos llevan ya a la ruina y tenemos abandonado la búsqueda de alternativas energéticas para poder sobrevivir, así como alternativas de organización económico-políticas que nos vuelvan a humanizar. Mal asunto, si seguimos por este camino.

 

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            Vaya mito que nos estamos tragando por culpa del pensamiento políticamente correcto, que es el pensamiento único y que podemos llamar neoliberalismo. El mundo va perdiendo progresivamente el estado de bienestar. Es una guerra de los muy ricos contra el poder político, por eso la crisis es política. Se podrían haber, y se pueden hacer, otras cosas. Resulta que los países más desarrollados de Europa son los que tienen un estado de bienestar más desarrollado también, es decir, los que tienen más gasto público. Por tanto el aumento de gasto público no tiene nada que ver con la crisis. Al contrario, tiene que ver con el principio de justicia y equidad. El catecismo neoliberal receta, para salir de la crisis, disminuir el gasto social, para que los bancos se fíen más de los estados. Esto es una barbaridad, porque en definitiva es aumentar la crisis y producir tremendas desigualdades. El problema es que estas cosas no se conocen, el pensamiento único ha calado en las conciencias de tal manera que no cabe la posibilidad de plantearse otros caminos. Y los dueños de los medios de comunicación son los que mantienen los intereses del status quo.  Si no hay un cambio de conciencia los estados (la política) perderán todo su poder y regirán el mundo las grandes corporaciones multinacionales. Habremos perdido doscientos años de desarrollo ético-político.

 

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            Manolo, muy interesante la reflexión sobre el teorema de juegos y el dilema del prisionero. Es uno de los principios más universales que existen, junto con el principio de entropía. A mí siempre me ha atraído el tema de la teoría de juegos y el dilema del prisionero aplicado a la evolución (etología) y a la ética. Es más, intento relacionar ambos campos en una ética naturalista. El dilema del prisionero nos muestra que la cooperación, simbiosis, es mejor para la supervivencia (teoría de la evolución) que la competencia. Hay una visión ideológica de la derecha más reaccionaria sobre la teoría de la evolución. En ella se dice que la supervivencia es la del más fuerte y que lo que hay es una lucha por la vida. Esto fue una visión interesada de la derecha y que tuvo tremendas repercusiones en el siglo XX y que las sigue teniendo en la economía neoliberal. Ahora bien, precisamente la evolución se produce por cooperación y por simbiosis. Esto es una verdad establecida por Lyn Margulis, que al principio fue olvidada y denostada, cuando probó el origen simbiótico de las mitocondrías de las células. Ello probaría la cooperación. Pero hay que señalar una cosa muy importante que tiene que ver con la etología, y, luego, con la ética humana. La gran crítica que se le hizo a la sociobiología, cuando apareció hace unos treinta años, era que cómo se podían explicar los comportamientos “altruistas” entre las especies sociales y, en particular, en el hombre. La sociobiología, actualmente psicología evolutiva más etología, reducía al hombre al resto del reino animal, no observando ninguna particularidad que hiciese una diferenciación cualitativa entre éste y el resto de los primates. Las diferencias serían graduales. Esta crítica produjo ríos de tintan y grandes investigaciones etológias con los animales sociales hasta que se llegó al concepto de “altruismo recíproco”. Diríamos así: tú me rascas mi espalda yo te rasco la tuya. Si cooperamos nos va a todos mejor, individual y colectivamente. Y éste es el mensaje que intentan transmitir los genes, que son los que quieren sobrevivir. por tanto, efectivamente hay cooperación, pero esa cooperación tiene un fin egoísta, pero es común o compartido y permite el mayor bienestar individual y la mayor supervivencia y adaptabilidad del grupo. Aunque, en última instancia, el que mande es el “gen egoísta” de Dawkins.

 

            Pero resulta que como la diferencia entre humanos y el resto de los primates es sólo de grado, pues nos encontramos que la base de nuestro comportamiento moral se engarza con el principio de altruismo recíproco. La ética o el comportamiento moral crecen a partir de la etología. Por eso defiendo una ética naturalista con toda las implicaciones que ello conlleva, para empezar, la eliminación del antropocentrismo que ha de ser sustituido por el ecocentrismo. Y, de ahí para adelante toda una construcción ética que no podemos desarrollar aquí, aunque sí queda anclada en el mundo animal.

 

            Y, para terminar, la grave situación mundial de hoy en día se puede entender desde el dilema del prisionero. Nuestra supervivencia depende de que apostemos por la cooperación o por la competencia. Lo que sí está claro es una cosa. Si apostamos por la competencia individualista, es nuestro fin, pero no el de la ecosfera. Como bien decía la citada Margulis, no podemos acabar con la biosfera, ni aunque nos lo propusiésemos. Actualmente vivimos en un desequilibrio, semejante a un cáncer, o mejor a un virus, como señala Lobelock. Ese virus, el hombre, no puede con la totalidad de la biosfera, pero la biosfera, cambio climático, por ejemplo, sí puede exterminarlo. Es interesante a este respecto la obra de Lobelock “La venganza de la tierra”.

 

Totalmente de acuerdo contigo, Francisco Javier. De todas formas no creo que la cosa se haga desde el absurdo y el sinsentido. Ésta es la situación en la que estamos, pero la mayoría no se da cuenta. Creo que la política educativa tiene un fin claro: controlar, adoctrinar y aborregar. Una de las formas que se ha elegido para la transmisión del pensamiento único del poder es la dispersión. Divide y vencerás, por un lado, por otro, la del individualismo. Y, por supuesto, se compra a los profesores con los sexenios. Auténticas armas de adoctrinamiento por un plato de lentejas. También es muy cierto el asunto de que el lenguaje sea el de los libros sagrados. La logse-Loe, es una teoría irrefutable porque es pseudociencia. Es autoreferente, si no funciona es porque el profesor lo está haciendo mal, o el ambiente socio-familiar no es adecuado. La LOE tiene respuesta para todo, es como la astrología, general e imprecisa. No podemos encontrar un enunciado empírico protocolario, de predicción científica, que pueda ser falsado. Sus enunciados son totalizadores, generalizaciones inductivas recubiertos de una jerga pseudocientífica para enmascarar la ignorancia. La Logse-Loe no es una teoría, es una creencia. Por eso lo único que se puede hacer es una enmienda a la totalidad. Lo que sucede, como se ha dicho ya aquí, es que no es sólo la ley de educación. Es un mal social. Hay causas y efectos que se retroalimentan los unos a los otros.

La medicalización de la vida es una forma de poder. El poder actúa sobre las ideologías. Éstas son formas de control de la conciencia. Ahora bien, la ideología de la salud perfecta, de la juventud eterna, del eterno cuidado del cuerpo, son ideologías que van dirigidas a la conciencia que tenemos sobre nuestro cuerpo. Éstas ejercen una forma de control tremenda, es el biopoder del que hablaba Foucoult, porque nos meten el miedo en el cuerpo y nos hacen vulnerables. Donde hay miedo hay obediencia y falta de crítica. Al estado le interesa ese control del cuerpo, porque, en definitiva, redunda en beneficios económicos, además de mantener a la población preocupadas por problemas menores e incluso pseudproblemas. A los médicos les viene bien porque los endiosa, les da poder. Estos, como clase, no ceden en su principio de paternalismo –frente al de autonomía- que juega con el miedo y la ignorancia del paciente. Y esto, sumado a la tecnificación de la ciencia, a lo que da lugar es a una instrumentalización del paciente en el que éste deja de ser persona. A la industria farmacéutica le viene de perlas porque así vende más medicamentos y productos “mágicos” contra toda falsa enfermedad y contra la ley de la naturaleza: el envejecimiento y la muerte. A su vez, se inventan nuevas enfermedades que no son más que estados biológicos no Standard. Esto último es muy significativo en la psiquiatría. Por lo demás, a la hora de definir la normalidad, desde la psiquiatría, se ejerce otra forma de control sobre caracteres no Standard. En definitiva, al poder le interesa medicalizar la vida porque así controla al ciudadano y elimina la conciencia. Cuando la vida se medicaliza se pierde la moral, es decir, la libertad. Actuamos por consignas del poder que define la salud y que dice velar por nuestro bien, cuando el bien es una cuestión ética, no médica, así como la felicidad y la virtud. La medicina tiene que ver con un bienestar, pero éste no es el fin de la vida, es un bien, además no absolutamente necesario para la felicidad, ni para la virtud. Es más, cada día pienso más que la felicidad que se nos ofrece no es el objetivo de la ética, sino la virtud, la excelencia. La felicidad, como he dicho ya, muchas veces es accidental y bioquímica. La virtud debe estar por encima de esta accidentalidad. Es decir, que esta accidentalidad y esta bioquímica son, así como mi cultura, familia… mis circunstancias y yo tengo que habérmelas con ella, trascenderlas, salvarlas, en lenguaje de Ortega. Por el contrario, el poder, medicalizando la vida lo que nos ofrece es la sumisión.

 

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            Nietzsche diferencia claramente entre el valor del filósofo como educador frente a la educación del estado y de los medios de comunicación. El filósofo educa para engendrar al filósofo, al artista y al santo. El filósofo busca la eternidad, no se apea en las opiniones, busca la belleza, el conocimiento, trascenderse. Sin embargo, el periodista, los medios de comunicación, y hoy en día infinitamente más que en el XIX, buscan el instante. Todo lo que dicen los periódicos diariamente es efímero. Ahora bien, los medios de comunicación, al transformarse en los educadores del pueblo, como es el caso hoy de la televisión, generan la superficialidad, el valor de lo relativo, de que nada tiene valor. Se vive y se piensa, si es que se piensa, más bien se está instalado en las emociones dirigidas por los poderes, desde lo que se nos muestra en los medios de comunicación. Es necesario recuperar el valor auténtico de la educación: formar hombres, no caricaturas, remedos o borregos. No es necesaria la prensa, ésta no es más que distracción no cultura. La prensa debería ser semanal o mensual, basada en artículos de análisis e investigación. Esto tendría un alto valor educativo. La prensa diaria no es más que superficie, epidermis de la realidad, máscara, ficción, apariencias. Pero ésta nos muestra unos valores que se confunden con la realidad. Y estos valores dirigen nuestra existencia.

Estoy de acuerdo, Arturo, y, a veces, el academicismo hay que dejarlo porque lo que hace es encubrir la rabia y la indignación. Tu frase me gusta y procede precisamente de la indignación. Esa postura es muy legítima y respetable, no es estrictamente la comodidad, sino el abandono, pero sin claudicar. Porque, quizás, desde otros ámbitos, por ejemplo el arte, se puede hacer felices y satisfacer a las personas y uno ser más creativo y no estar todo el día cabreado. Existen múltiples caminos particulares y personales para hacer nuestra vida y la de los demás más dignas y felices y cada uno elige en el que se siente más identificado. Esto es importante en la pluralidad de las democracias, si éstas existen. Pero, hagamos lo que hagamos, no debemos claudicar. Un retiro indignado para crear desde otro ámbito es buenísimo, ofrece optimismo y vitalidad, pero claudicar, nunca. Ayer decían de Saramago lo siguiente: dedicó sus últimos esfuerzos a "quien no baja la cabeza, quien ha oído los gritos del mundo y no se encoge de hombros". Muy interesante y, además, hizo arte, y del sublime. Y también decía sobre la democracia, refiriéndose a las últimas actuaciones de ésta, como el caso juez Garzón: "El gran problema de la democracia es que permite hacer cosas nada democráticas democráticamente". Disculpa mis parrafadas, pero los filósofos somos pedagogos impenitentes o impertinentes, como cada cuál lo quiera ver. Un abrazo, amigo Arturo.

 

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            Las ideas, cuando se materializan, llevan a la humanidad al cielo o a los infiernos. Hay que estar vigilantes.

 

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            Clarividente de nuevo Vicenç Navarro. Los nacionalismos de derecha en su guerra van a ocupar el espacio político de la lucha de clases, que es internacional. Si no recuperamos la conciencia de clase caeremos en las ideologías reaccionarias de la derecha que empiezan por las pseudoterías de la identidad y acaban en el fascismo, como hemos visto ya en el siglo XX. De todas formas, los políticos no son tontos, quieren mantener a la clase más débil, pero mayoritaria, adormecida. Y el nacionalismo es un mito, una religión, una ideología que seduce a la mayoría y da sentido al vacío y miseria de su existencia.

Arturo, creo que no desvirtúo la frase. A no ser que haya un sentido metafórico escondido y que se me escapa…Eso sí, me gusta tu propuesta popular, al mal tiempo buena cara, que en nada desmiente mi sentencia. No se debe disfrazar la indignación (indignarse frente al abuso contra la dignidad humana); ahora bien, eso no quiere decir que uno no tenga buena cara y buena voluntad. Y qué le vamos a hacer, el deber del filósofo es el de vigilar el pensamiento (empezando por el de uno mismo para hacerlo consciente y en ese paso hemos adelantado bastante en el conocimiento del pensamiento hegemónico) En ese sentido el filósofo es tábano, su picadura te despierta y te hace tomar conciencia. Fernando, llevas toda la razón, ¡cómo se nota tu sobresaliente en filosofía! A veces a uno no le gusta tomar conciencia y prefiere la comodidad. Es aquello de nuestra autoculpable minoría de edad. No somos capaces de pensar por nosotros mismos por pura pereza o comodidad. Hay otra interpretación del filósofo, o pensador, o intelectual (el pensamiento filosófico se puede ejercer desde cualquier ámbito) y es la comparación con la serpiente. Esta metáfora tiene mucho que ver con la muerte de Sócrates. La picadura del pensador puede envenenar al ciudadano y corromper a los jóvenes…por eso el pensador debe ser eliminado.  Una democracia sana debe fomentar el pensamiento y la crítica, una democracia pervertida (como acabó siendo la griega, y le está pasando a la nuestra) acaba con los pensadores. En nuestra sociedad no hay que matarlos, estamos en lo que llamo una forma de totalitarismo débil, sólo silenciarlos…y esa ha sido la misión del pensamiento único. Pero nunca esto es total ni definitivo como se puede ver…

Sencillamente, emocionante...no somos nada en la inmensidad de la evolución cósmica, pero nuestro espíritu proteíco nos hace pensar que somos lo más importante...

 

            Interesante  el concepto de igualdad en Rousseau y su relación con el mal social. Su crítica a la idea de progreso procede precisamente de ahí. La tesis que defiende es que no puede haber un progreso moral y político en la historia en la medida en la que el curso de la misma nos ha llevado a la máxima desigualdad. Los hombres, originariamente, en su estado de naturaleza son iguales. La igualdad aquí no es ontológica, esto sería una tontería, todos somos biológicamente diferentes. La igualdad es ante la propiedad. Todos son propietarios de todos los bienes de la naturaleza. Y aquí es donde reside la clave interesantísima para la izquierda de Rousseau. El origen de la desigualdad entre los hombre procede del establecimiento de la propiedad privada. A partir de ahí, el surgimiento de los diferentes poderes y del orden social se fundamentan el la legitimación de la propiedad privada, esto es, en la desigualdad entre los hombres: ricos-pobres, fuertes-débiles y amos-esclavos. Hay que replantearse en la actualidad esta tesis y recuperar un estado del bienestar o socialdemocracia que implica la socialización de los bienes públicos y la redistribución de la riqueza. Todo ello requiere un control de la política sobre el capital.

Los grandes espíritus siempre han
tenido que luchar contra la oposición feroz de mentes mediocres.
(Einstein) Una sentencia del gran físico fantástica. La podemos entender dirigida a la propia actividad científica e investigadora y a la vida misma. Los grandes espíritus son los espíritus libres, los que se hacen a sí mismos, los autónomos. Los que llegan a tener ideas propias porque son capaces de poner en cuestión todo lo pensado anteriormente. Éste es el caso del genio científico de Einstein. Se atrevió a poner entre paréntesis la validez universal de toda la física clásica. Nadie sospechaba esto. Se pensaba que la física al final del XIX estaba concluida. Einstein, con su genialidad, su independencia de espíritu, produce las dos grandes revoluciones de la física del siglo XX: la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Pero en el mundo cotidiano ocurre igual. Los mediocres son los que, por pereza y comodidad, siguen las costumbres, lo asumido por la mayoría, no se atreven ni a pensar ni a actuar por sí mismo. Porque lo que caracteriza al mediocre es que no tiene ideas, sino creencias y prejuicios. Luego está también el genio moral, como los grandes fundadores de religiones y filosofías morales. Todos ellos fueron espíritus libres e inadaptados. Personas tremendamente molestas a la sociedad porque la ponían, y la siguen poniendo, en cuestión desde sus cimientos. La educación tendría que tener por objetivo fundamental conseguir que los ciudadanos sean lo más libres posible. Éste es el ideal ilustrado. Pero esto no se consigue por la obligatoriedad y la extensión de la educación. Al revés, esto último produce mediocridad y borreguismo. El mismo Einstein pensaba que había que salirse un poco del sistema para ver las cosas desde fuera y construirlas desde sí mismo. Los grandes revolucionarios han sido autodidactas y ácratas. Son y deben ser así enseñados en la escuela, como paradigmas éticos de la humanidad.

La ley electoral española es otra rémora de la “ejemplar” transición. Se dejó todo atado y bien atado para garantizar una supervivencia del régimen con máscara democrática. Lo de la democracia en España, después de treinta y cinco años de muerte del dictador, es una farsa. Los partidos son internamente antidemocráticos. El poder lo tiene la clase del capital, el estado del bienestar es escaso y tiende a desaparecer, no se recupera ni la memoria, ni la historia y la iglesia sigue gozando y del poder que tenía y de grandes privilegios económicos. En tres décadas se podría haber avanzado mucho más si no nos hubiésemos recreado en el mito de la transición que fue una forma de pactar con la derecha económica y reaccionaria que blindó la posibilidad del desarrollo de la democracia como, por ejemplo, con la ley electoral que tenemos y con la ley de partidos, por decir algo, más los privilegios a la iglesia católica reconocidos en la constitución, a pesar de su carácter aconfesional. La ley electoral vigente favorece a las mayorías, por tanto el bipartidismo y con él un profundo déficit democrático porque hay una progresiva desaparición de ideas y una imposibilidad de representación de la pluralidad de los ciudadanos. Esa ley es una forma de totalitarismo encubierto. Y, luego, en sus medios de comunicación, hablaran de democracia, libertad, instituciones…y una mierda…

            Se puede disfrazar la tristeza con una sonrisa, pero no la indignación.

            Llevo bastantes años siguiendo al economista y pensador catalán Vicenç Navarro. Releo un libro del 2004 que es absolutamnete actual  "Bienestar insuficiente, democracia incompleta" También leo su blog y me he encontrado con un artículo perfectamente documentado que defiende una de las ideas que yo sostengo. Parte del discurso nacionalista conservador encubre una lucha de clases para despistar al ciudadano. Es decir, que gran parte del discurso nacionalista, cuidado que Navarro es nacionalista y estuvo treinta años en exilio por ello y ser de izquierda, y estuvo enseñando en Estados Unidos y Finlandia, es ideología para engañar al ciudadano. Lo que ocurre es que hay que poner más énfasis en la lucha de clases, que son iguales en los dos nacionalismos, o universales, que en la lucha nacionalista, meramente ideológica para alcanzar poder.

El déficit democrático en España es escandaloso. El hecho de que, desde la transición siempre se haya hecho así, lo ha convertido en normal. Me refiero a la disciplina de voto en los partidos. Se nos dice que los diputados son libres pero tienen que obedecer al partido. Se nos engaña haciéndonos pensar que la obediencia de voto hace posible la gobernabilidad. Todo esto es falso y una rémora de una transición que se nos muestra míticamente como ejemplar. La transición fue la que fue y como fue. No debemos mitificarla, sino superarla en muchas de sus deficiencias, sin tirar por la borda sus conquistas. Pero uno de los grandes fallos es la disciplina de voto de los partidos. En realidad, ésta, lo que produce es una aniquilación del debate y de las ideas. Los partidos, como representantes de la ciudadanía, funcionan como máquinas de poder y de eliminación de la disidencia. Es necesario y urgente una reforma de los partidos si queremos recuperar algo de democracia en España. La obediencia de voto en los partidos es una burla a los ciudadanos. No deberíamos votar a partidos antidemócratas, que los son todos por la disciplina de voto, deberíamos exigir la discusión crítica de ideas. En España, una vez elegido al partido de gobierno, se disuelve la diferencia entre el ejecutivo y el legislativo. El partido en el poder, por disciplina de voto, siempre votará lo que el ejecutivo proponga. Por tanto, no hay ningún sistema de control del poder. Esto es lamentable, máxime, cuando lo aceptamos como algo normal. Y éste es el engaño, pensar que la única democracia posible es la que tenemos. ¡A lo mejor es que a los ciudadanos no nos interesa una democracia más participativa!

            Leo un libro del excelente economista y pensador Vicenç Navarro escrito en el 2002 y reeditado en el 2004 “Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Hace un análisis de que el estado del bienestar en España es precario y que todas las políticas que se han hecho no han sido las de aumentar el estado de bienestar sino la de moderar el gasto público, en comparación a los países de la UE. Esto lleva aparejado, a su vez, un déficit democrático, que consiste en una derechización de la política, una eliminación de la izquierda y del pensamiento alternativo. Llama la atención la actualidad del análisis, porque, precisamente, lo que ha ocurrido estos años es que la política le ha seguido el juego al capital. La crisis que sufrimos es una crisis financiera que ha repercutido en al economía real. Pero, verdaderamente, la causa es política. Son las decisiones de los políticos, que han terciado a favor del capital y reducido el gasto público y el estado de bienestar, los que han generado esta crisis del capital. Una economía del bienestar regulada por el estado evita los ciclos económicos. La desregulación nos lleva a las crisis cíclicas que cada vez se hacen más profundas. Y para más Inri en la reunión del G-20 la receta que se da unánimemente es la de reducir el gasto público. O yo, y muchos economistas infinitamente más sabios que yo, no nos enteramos de nada, o la clase política tienen dudosos interesas en el capital. A no ser, que no lo puede ser, que el determinismo económico de la historia sea verdad y no podamos hacer otra cosa. No lo es, porque el neoliberalismo no es ciencia, sino ideología. Y además las predicciones en historia sólo pueden vaticinar tendencias. Pero, si lo fuese, desde luego que iríamos abocados a la catástrofe final. Es curioso cómo la crisis económica primero hizo pensar sobre una refundación del capitalismo, se relacionó también con el problema de los recurso energéticos y con el cambio climático. Hoy en día, los medios de comunicación no dicen nada de esto. Es más, se proclama la sumisión del estado al capital y el triunfo del neoliberalismo capitalista más salvaje. Los políticos ceden a los mercados y los dos grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad ya ni se mencionan: el cambio climático y el agotamiento de los recurso energéticos. Esto me lleva a pensar en la concepción conspirativa de la historia, aunque no soy partidario de ello, porque es renunciar a la racionalidad y la libertad. ¿Y si todo está bien requetepensado para que sólo unos dos mil millones de personas, esto siendo optimistas, puedan sobrevivir al final del siglo XX? De momento rechazo esta interpretación histórica y me aferro a la esperanza de la libertad.

La educación es un vacío burocrático. Lo único que importa es el rellenar papeles que no indican ni sirven para nada. Rellenar guiones absurdos con palabras absurdas pseudocientificas y sinsentido. La memoria final de un curso no sería rellenar un guión. Sino una reflexión seria y argumentada sobre el acontecer del curso. La memoria es una forma literaria cercana al ensayo. Pero estos partidarios de la burocracia educativa –porque no tienen nada más que ofrecer- que vacían de contenido la enseñanza, quieren que rellenemos un guión, en donde la literatura y el pensamiento brillan por su ausencia. Si la realidad educativa es la de los papeles es, entonces, una realidad vacía. A nadie le importa, ni eso es evaluable, el momento mágico de la enseñanza, de la transmisión de conocimientos y valores. Sólo quieren papeles y más papeles. La burocracia ha matado la excelencia, ha aborregado a los profesores y les ha robado el pensamiento. La burocracia educativa ha sido un arma de adoctrinamiento y eliminación del pensamiento crítico. Poca cosa nos queda hacer ya en la educación, salvo enseñar en el reducto de nuestra aula y declararnos en desobediencia civil, siguiendo nuestra libertad de cátedra, ante la barbarie de la burocracia. La burocracia educativa es un sistema de control fascista que pretende perpetuar la ideología obsoleta del poder.

            La intensidad es el instante. Mientras más intensidad menor conciencia del tiempo, más vida, menos sufrimiento. Todo momento tiene su intensidad si lo sabemos vivir. Esa es la sabiduría de los antiguos que hemos perdido en este mundo de prisas. La persistencia sólo está en el instante no en la duración. Ésta última es apariencia. ¡Qué pena sólo ser filósofo y no sabio! Entre uno y otro está el abismo de la felicidad.

El velo, la libertad y el conflicto de civilizaciones.

 

Creo que lo que subyace a la prohibición del velo y del burka, aunque hay que hacer distinciones, es una cuestión política. Y esta cuestión política se refiere a la identidad. La discusión se intenta llevar al ámbito del laicismo, la libertad de expresión y el respeto a la dignidad y la persona. Todas estas cosas son muy importantes. Pero el asunto de prohibir o no el velo islámico para las mujeres es una cuestión política identitaria. Una cuestión ideológica y, errónea, por lo demás. Europa se identifica, erróneamente, con el cristianismo y esta identificación se hace frente al Islam y el judaísmo. De lo que se trata es de una confrontación ideológica de identidades que intentan definir civilizaciones. Las políticas de la identidad son mitos que intentan aunar el sentimiento de las personas para fomentar el patriotismo y el odio al otro o diferente. Fomentan la creencia de que todos los males proceden del otro, aíslan la posibilidad de comunicación, se basan en creencias irracionales y niegan la historia. Estamos asistiendo desde hace unas décadas a una guerra de occidente contra el Islam y en esta guerra la estrategia es demonizar al otro y forzar un discurso de la identidad occidental falso e ideológico. Las religiones del libro son todas iguales, no hay mayor desarrollo de una sobre las otras. Pensar esto es un grave error y un desconocimiento de la historia de las religiones y del pensamiento. Se intenta identificar el origen de occidente con el Cristianismo. Esto es una aberración histórica. El primer origen occidental se encuentra en Grecia; pero, a su vez, la cultura griega, el llamado milagro griego: el surgimiento del pensamiento racional, hunde sus raíces en las culturas egipcias, babilónicas, persas e indúes, fundamentalmente. No negamos que exista una emergencia de algo nuevo que aglutina todo lo anterior en la cultura griega. Pero, desde luego, no procede de la nada. El Cristianismo se extiende por occidente en dos niveles. En primer lugar entre los esclavos y los débiles, los desheredados del imperio. La clase oprimida y, por supuesto, la más supersticiosa e ignorante. Un segundo nivel de transmisión del cristianismo es a través de la filosofía y las religiones mistéricas del mediterráneo. Aquí aparece un cristianismo culto y mistérico. Por un lado se une con la tradición platónica y estoica y, por otro, con la religión de Mitra, Orfeo y Dionisos. Dioses, todos ellos, muertos y resucitados. Y esto da lugar al gnosticismo. Durante cuatro siglos hay una batalla entre la interpretación gnóstica y la literalista de las escrituras. La victoria al final es para la visión literalista que defiende una interpretación literal de los textos. Textos, que, por otro lado, habían sido transformados durante cuartrocientos años. Esto daría lugar, poco a poco, a la dogmática cristiana, que queda fijada en el concilio de Nicea allá por 356 d.c. Pero este golpe nunca hubiese sido fructífero si el imperio romano no se hubiese convertido, desde la cabeza, el emperador, al cristianismo. Y eso es lo que ocurre con Constantino. A partir de ahí, se prohíben todas las escuelas filosóficas, toda actividad científica, (biblioteca de Alejandría) y el culto a cualquier religión, que fueron llamadas paganas, pero sobre las que se monta la idolatría del santoral cristiano. Lo que se abre entonces es un camino de oscuridad, superstición, fanatismo y violencia.

 

            Entre tanto, en el siglo VI, aparece el Islam, que es necesario vincular también, como en el caso de la secta del nazarenos, con las condiciones históricas, en este caso de guerras tribales y afán de expansionismo. La expansión árabe e islámica corre como la pólvora y llega hasta los Pirineos. En España se establece lo que se llamará Al-Andalus. Y es aquí donde se desarrolla plenamente la cultura árabe: arte, literatura, ciencia y filosofía. Podemos considerar el siglo XI como el siglo de la ilustración árabe, con su sede en la ciudad de Córdoba. Europa estaba sumida en la ignorancia y la superstición. Los árabes españoles y también los judíos, aunque en menor medida, conocían la cultura griega y la habían hecho avanzar, como demuestran Vernet y Koyre. Los árabes eran los únicos que en Europa sabían griego y, además, tenían acceso a las fuentes filosófico-científicas. Estudiaron estas obras y las tradujeron al árabe y al latín. Mantuvieron, Averroes, la teoría de la doble verdad: la científica y la del Corán. Fundamental esto para el surgimiento de la tolerancia. Desde el siglo XI al siglo XIV va transmitiéndose este acervo cultural, griego y árabe, a Europa, y es en ese momento cuando empieza a resurgir la cultura europea, pero siempre de la mano de los árabes. Además toda la intención de la teología racional cristiana, con su máximo representante, Tomás de Aquino, fue sojuzgar la verdad de la razón a la de la fe. Averroes, siendo el vehículo de transmisión de la ciencia y la filosofía aristotélica, sobre la que se funda la filosofía cristiana, fue declarado anatema en toda Europa. De lo que se trataba era de demostrar que su teoría de la doble verdad era una herejía que ponía en peligro la verdad literal de la Biblia. De ahí que el aquinate proclamase, aún en vigor hoy en día, la teoría de la subordinación de la razón a la fe. Véase, si no “Fe y Razón” de Juan Pablo II. Y toda la polémica entre la ciencia y la religión desde el renacimiento hasta ahora reside en esta interpretación intolerante que, unida al poder, generó cientos de miles de víctimas. El primer eco en la ciencia de la tradición ilustrada musulmana, especialmente Averroes, lo tenemos en el famoso juicio de Galileo. El físico y astrónomo universal, en su defensa pronunció una frase celebre, que le serviría de poco, pero que nos muestra las fuentes ilustradas en las que bebía: “la astronomía nos dice como van los cielos, la Biblia, como ir al cielo” A esto se le ha llamado la teoría del doble lenguaje, lo mismo que la de la doble verdad. En el fondo está la discusión entre la filosofía gnóstica y la interpretación literalista, cosa que los árabes españoles habían superado a través de Averroes y es precisamente lo que permitió la primera ilustración europea, en España. Las vicisitudes históricas hicieron que judíos y musulmanes fuesen expulsados de España. Ahí comienza un retroceso histórico, como ocurrió con los griego y los latinos. El hecho de alcanzar un alto progreso cultural: científico, ético-político y jurídico, no garantiza una vuelta atrás catastrófica. Estos retrocesos están marcados siempre por la intolerancia. Europa se va abriendo camino, desde el renacimiento hasta la ilustración, a través del legado griego y árabe en la conquista de la tolerancia. Pero, entre medios está el fanatismo de la inquisición y las tremendas guerras de religiones que asolaron Europa durante cien años. Y a estas guerras se pondría fin a partir de la paz de Wesfalia, ésta abolía la vinculación o unión entre el trono y el altar. Es decir, se proclamaba el laicismo. Siempre que la religión ha estado unida al poder político su destrucción sobre el disidente ha sido brutal. Y este fenómeno no es exclusivo del Islam. En la tradición europea ha durado dieciocho siglos, hasta la ilustración. Esto, en cuanto a los hechos porque la influencia sigue siendo vigente. Como muestra un botón. La ilegalización de la eutanasia tiene su fundamente moral en el cristianismo: no somos dueños de nuestra vida, se la debemos al creador. Mientras que no cambie este prejuicio teológico, enmascarado de paternalismo del estado y de la medicina, no se conseguirá la consecución del derecho ilustrado sobre la vida. Si tengo el derecho a la vida, tengo el derecho a renunciar a ella. En los cuarenta años de dictadura hemos vivido en un régimen ideológico denominado nacionalcatolicismo. En esta triste y sangrante historia de España las mujeres estaban absolutamente sometidas a la voluntad del hombre. No podían abrir una cuenta bancaria, no podían acceder al mercado laboral sin permiso, no podían sacarse ni el carnet de conducir sin previo permiso del padre o marido…y esto sin narrar la miseria de la opresión y explotación en el hogar. Todo ello alimentado y justificado desde la ideología cristiana. Todo lo que vengo diciendo lo que nos muestra es, primero, que el origen cultural de Europa u occidente no es el cristianismo y que éste, no es superior a ninguna otra religión del libro. Recuerdo aquí también los crímenes contra la humanidad: genocidio y etnocidios cometidos en la destrucción de las Indias en nombre de la religión católica. Todas las religiones del libro son igualmente intolerantes, fanáticas, violentas y peligrosas, porque consideran que son la verdad absoluta. Así que fundar un discurso de la identidad europea en el cristianismo es una aberración y un mito.

 

            De lo que se trata, entonces, para preservar la mayor libertad posible de todas es fomentar la ilustración entre todos los ciudadanos. Para empezar esto conlleva el principio de igualdad y no el de diferencia que es el que se fomenta al prohibir el velo. La ilustración persigue la libertad de los individuos a partir del conocimiento. El conocimiento es el que nos libera de las supersticiones. Si alguien, después de cierta ilustración, decide llevar el velo, o hacerse monja o monje de clausura, pues allá él. Esa es la libertad: ser poseedor de nuestra propia existencia. No se puede hablar de que las mujeres musulmanas no son libres, probablemente no, pero, ¿son libres las mujeres u hombres, es igual, occidentales? Me temo que no. Fátima Mernisi, musulmana no practicante, catedrática de antropología en la universidad de El Cairo, titula el último capítulo de uno de sus libros: “El velo de occidente es la talla 38”. Lo dejo ahí para que se medite… Hay que dejarse de hipocresía y de grandes palabras como libertad, cuando en definitiva lo que hay es un fin político, eliminar al diferente. Es curioso que las primeras escaramuzas procedan de Cataluña, un pueblo profundamente nacionalista e identitario con una gran inmigración musulmana. La cuestión que hay que defender desde un laicismo del estado es la pluralidad de creencias y prácticas religiosas, siempre que no atenten contra la dignidad de la persona. Y esto es lo que habría que discutir, por eso decía lo del burka, pero, insisto, que es discutible. La educación tendría que ser ilustración pública en los valores ilustrados y democráticos. Pero los políticos lo que hacen es utilizar las palabras para engañar y fomentar, en nombre de la libertad, el choque de civilizaciones. En definitiva, porque en el mundo árabe hay una gran reserva energética. El problema es de subsistencia económica, no ideológico. El laicismo, y España constitucionalmente lo es, aunque hable de aconfesionalidad, que es lo mismo, exige la separación del estado y la religión. En nuestro país esto no se cumple de ninguna de las maneras. La religión católica se sostiene con fondos públicos y los actos de estado se realizan bajo la tutela del clero. No se puede venir ahora, en nombre de la libertad, a prohibir el velo. Por lo demás, prenda que nuestras abuelas solían llevar. A mayor ilustración mayor libertad, menos superstición y menos religión. Ése es el camino, no la prohibición, que genera enfrentamientos.

            La libertad de comunicación es un mito. Es ideología del poder para mantener adormecido al pueblo haciéndole pensar que es libre. La libertad de comunicación depende de una infraestructura que está en manos del capital. ¿Cómo se puede pensar entonces que es libre? Siempre será interesada. La comunicación transmite el orden social existente, el status quo establecido, por tanto, no hay libertad. Hay un pensamiento único que se diversifica aparentemente. La pluralidad de medios de comunicación es, meramente estructural, el contenido es el mismo. Las diferencias son apariencias. Aquellos que denuncian desde abajo lo establecido por el poder y transmitido por los medios de comunicación-desinformación, son tratados, cuando merecen serlo, como extremistas, antisistema, violentos y peligrosos. Siempre ha sido así y, ahora, en la “democracia” neoliberal no iba a ser de otra forma.

            El estoico solo sigue a la razón universal. Está por encima de las intrigas, de las leyes particulares, de los impostores que confunden el poder con la ley natural. El sabio estoico sabe que la fortuna gira continuamente, que el dolor y el placer se transmutan. Sabe que el origen del sufrimiento es el deseo. Por eso el sabio no desea nada y eso lo hace poseedor de todo, porque su existencia consiste en la alegría de vivir.

La máscara o el disfraz es el personaje que interpretamos. El sentido del carnaval es el de dar rienda suelta a nuestro ello. Por eso los disfraces nos delatan, son nuestro ello. La vida cotidiana es la de la frustración y la represión. La fiesta, en el sentido religioso, orgiástico, en las religiones del misterio, lo que pretenden es dar salida a ese ello que está oprimido por el superyo, el conjunto de normas morales y costumbres que debemos seguir, día a días, para que la sociedad funcione.

 

                                    ***

 

            Toda ideología es absoluta en tanto que es creencia. La ideología es incriticable. El problema de la ideología es que es refractaria al pensamiento. Es una religión, una creencia. En las ideologías, como en las creencias y en las opiniones, se está. Las ideas, en cambio, se tienen. Las ideas dan lugar al pensamiento porque proceden del diálogo, del logos.

 

            Cuando hablo de ilustración me refiero a la idea de la ilustración. La ilustración centrada en la revolución francesa es una revolución burguesa que acaba en el régimen del terror, el endiosamiento de la razón y el imperialismo napoleónico. En verdad, se mantuvo el orden económico, o, más bien, se intentó legitimar el poder económico emergente de la nueva burguesía, que, posteriormente se desarrollaría con el capitalismo. En éste sentido habría que leer a Locke y su teoría de la propiedad. Hay están las bases y los fundamentos del nuevo orden económico. Se defiende la libertad, pero eso nos lleva a la libertad económica, la base del liberalismo económico. Pero a lo que yo me refiero con ilustración es a la idea que emerge en el siglo XVIII. Ilustración como educación del pueblo por  medio de la razón y teniendo como objetivo la eliminación del poder basado en la herencia, monarquía, y la superstición, la iglesia. Ahora bien, voy más allá. Lo que yo sugiero es que la ilustración debe tener como fin la excelencia del pueblo por medio de la educación. De ahí que defina a la ilustración como la aristocracia del pueblo. Y, si la definimos así, nos damos cuenta de que es un proyecto inacabado porque el pueblo no es excelente. Es más lo que ha ocurrido en las democracias tardías es que se ha producido el triunfo de la mediocracia. La democracia no es el poder del pueblo, sino de los mediocres. De lo que se trata es de que el pueblo sea la élite. Pero para esto es necesario refundar la democracia y la educación. Pasar al concepto republicano de democracia. La república es que los ciudadanos se ocupan de la cosa pública y no dejan en las manos de una élite profesional, los políticos, el gobierno absoluto. Cuando esto ocurre, que es lo que pasa ahora, entonces se fomenta desde el poder la mediocracia. Porque es más fácil dominar a un pueblo sumiso, que a un pueblo culto.

La ilustración es la aristocracia del pueblo.

 

            Muy buena respuesta. Pero sólo una cosa. Una cuestión de matiz. Esos derechos y cuestiones éticas adquiridas tienen su origen en nuestra naturaleza, que es abierta. La cultura es al hombre como los dientes y las garras al león, diciéndolo toscamente. Por eso la cultura es la forma de adaptación del homo sapiens. No hay que renunciar a esos derechos de los que hablas, construcciones culturales, sino defenderlos. Si nos va bien con ellos, o mejor que sin ellos, es que son buenas respuestas adaptativas. Una ética naturalista lo que niega es cualquier absoluto moral y cualquier fundamento trascendente, ya sea teológico o histórico. Es la consecuencia de la peligrosa idea de Darwin. En palabras de Carlos Castrodeza: La darwinización del mundo.

Se nos puede pedir que seamos héroes, aunque no lo alcancemos. La heroicidad ética es una idea de nuestro deber ser, algo a lo que debemos aspirar y conducir nuestra acción. Y una de las características de esta heroicidad es no ser neutrales frente a la injusticia, al menos, desenmascarar los grandes engaños. Y, si hay que dar la cara frente al poder, por medio de las palabras, pues se hace. Y si es necesario la desobediencia civil, pues también. El infierno está lleno de neutrales porque en el fondo son conniventes con el poder. En las “democracias” como la nuestra tenemos la posibilidad de actuar, aunque pensemos que no es posible cambiar nada. Como decía mi amigo Jorge Riechmann, “cuando llego a un sitio y me dicen que no se puede hacer, entonces pienso que está todo por hacer.” La palabra, como vehículo del pensamiento, es un arma mortífera. Por eso a toda forma de poder le interesa un pensamiento homogéneo, plano y único.

 

                                    ***

 

            Lo de la naturalización de la ética es algo que llevo pensado muchos años. Es largísimo… Pero sólo es necesario admitir, con todas las consecuencias, que somos animales sujetos a las leyes de la naturaleza. En ese sentido, las bases de la ética estarían marcadas por nuestra evolución en lo referente al comportamiento. Y la base de este comportamiento es que somos animales gregarios y tribales que se rigen por el principio del altruismo recíproco: “lo hago por ti para que tú lo hagas por mí.” Y esto es lo que garantiza la supervivencia. De esta manera toda ética, discurso moral, religión, etc, no son más que adaptaciones biológicas para la supervivencia de la especie. Y, si nos apuramos un poco más, para la supervivencia de los genes, que tienen 3.500 millones de años de antigüedad. Los genes son potencialmente inmortales, todas las especies e individuos son “máquinas de supervivencia” de estos genes. Todo esto es muy importante para la política, porque, igual que la ética, ésta, se basa en el antropocentrismo. Y una nueva política que pueda encarar los problemas mundiales que nos acechan tiene que ser ecocéntrica.

 

                                   ***

 

            Ya estamos otra vez con el asunto de la libertad religiosa. Los curas y obispos se llevan las manos a la cabeza y claman al cielo pensado que vamos a desespiritualizar a occidente. La iglesia, como institución ha perdido el norte hace mucho tiempo, pero aún conservan, inexplicablemente, mucho poder. Es innegable que una de las raíces de occidente es el cristianismo. Pero, para que el cristianismo llegase a ser tal, tuvo que pasar por la filosofía griega y las religiones mistéricas. A su vez, toda la filosofía griega y sus religiones tienen sus antecedentes en Asia y África. Intentar identificar Europa con el cristianismo es falso. Es un mito de la identidad. Esto, a lo único que da lugar es a la confrontación. La ilustración, por medio del laicismo, resuelve este problema. En lo público no debe haber manifestación religiosa. El estado es aconfesional. Las religiones son privadas. Ahora bien, las religiones pueden entrar en el diálogo democrático aportando sus valores éticos, pero desde la relatividad de la democracia. Las religiones del libro no casan con la democracia porque todas pretenden ser universalmente verdaderas. Así, las propuestas del clero son un ataque frontal a una de las conquistas ético-políticas de la humanidad, que es la democracia basada en los valores de la tolerancia y el diálogo. La iglesia sostiene que fuera de la iglesia no hay salvación. Yo creo que hay que mirar más la ética de los evangelios y, junto con los teólogos de la liberación, sostengo que fuera de los pobres no hay salvación. Es el problema de la justicia social el que debe preocupar a la iglesia, no el de la dogmática, ni el de unos crucifijos acá o allá. La iglesia es la primera traidora a la verdad moral de los evangelios.

 

"Creo haber encontrado el eslabón intermedio entre los animales y el homo sapiens. Somos nosotros" Konrad Lorenz  Claro, el padre de la etología no tenía más remedio que decir esto. Lo de llamarnos homo sapiens fue antropomorfismo o idolatría. Cuando naturalizamos al hombre podemos entender mejor el caos en el que vivimos. Somos primates, y como tales nos comportamos. Del simio al homínido no hay salto, hay grados.

 

                                   ***

 

            Y a ese milagro que se expresa en el esquema de la fórmula de la fotonsíntesis se llega por azar y necesidad. Y esa es la naturaleza última del cosmos: la contingencia y la causalidad. ¡Si el hombre aprendiese esto! Esto nos llevaría a la naturalización de la ética y la política. Nos haría realmente humanos.

 

            Si los responsables del mundo son todos venerablemente adultos, y el
mundo está como está, ¿no será que debemos prestar más atención a los
jóvenes?
Mario Benedetti

 

            A los jóvenes les hace falta por probar todo eso que el mismo Benedetti, sabio e intelectual comprometido y sin pelos en la lengua, valiente defensor de los débiles, dice en su poema sobre los jóvenes. El gobierno de los jóvenes no es ninguna solución. Es más, hoy en día hay un culto a la juventud que es perverso. La juventud, como decía aquel, es un mal que con el tiempo y suerte, se pasa. El caos del mundo en el que vivimos no se debe a los venerables adultos, ni se soluciona con los inconscientes jóvenes. El mal procede de la propia estupidez humana. Hay que echar un vistazo a la evolución y la etología para tomar conciencia de quiénes somos realmente. El mal es común a jóvenes y viejos. Es nuestra estupidez. Somos animales más estúpidos que racionales; es decir, dominados por el vicio y la pasión. Evolutivamente somos animales tribales, con lo cual somos sumisos y necesitamos de líderes y sospechamos del extranjero porque puede herirnos o arrebatarnos la comida. Esta estructura jerárquica es en la que se basa la lucha por el poder. Las democracias son un invento-construcción ético-política del hombre que intentan sobreponerse a la naturaleza tribal del homo sapiens. Pero nuestro comportamiento, aún en regímenes democráticos da salida al animal que somos. Toda organización social se divide en lucha por el poder, por un lado y sumisión, por otro. Y esta organización está regida más por la superstición y el miedo que por la razón. Del joven lo que yo espero es que crezca y sea capaz de alcanzar la libertad. Del venerable lo que espero es que no haya perdido la esperanza de mejorar el mundo. Si ambas cualidades coinciden tendremos buenos gobernantes.

 

¿Que les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco?
¿Sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar/ abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan/ abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines del pasado
y los sabios granujas del presente.

¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna, o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Hamlet. Shakespeare. Éste es el dilema del ciudadano. Renunciar a la lucha y la acción para cambiar el mundo o asumir el destino. El problema es que no hay un destino marcado y fijado. La historia no tiene un sentido ni un significado. No hay leyes necesarias que la describan. No se puede predecir el futuro porque éste es siempre novedad. Claudicar ante la injusta fortuna es la resignación, la debilidad. No hay destino, aunque sí fortuna, accidente. Pero frente a la adversidad hay que crecerse heroicamente. Podemos renunciar al mundo y su vanidad y banalidad. Ésta es la opción del místico del que busca desprenderse del yo. Pero el que se conforma con la injusticia y la achaca al destino o la fortuna es participe de la ella. Los grandes genocidios de la historia no se hubiesen producido sin la connivencia de la población. El verdadero ciudadano lucha por enmendar las injusticias o, por lo menos, por desvelarlas y desenmascararlas, por salir del engaño, las apariencias y la esclavitud. Y esta tarea ennoblece su alma, como la ennoblece la retirada del místico; pero la intermedia es claudicar y consentir, envilece el alma.

¡Qué buenos textos de Saramago, Miguel! Eso es lo que ha pasado con la democracia, que se ha convertido en una farsa, un engaño. Lo que llamo la izquierda realmente existente, la que tiene capacidad de gobernar, no es la izquierda. Ocupa el poder, por el poder. Su ideología progresista es cosmética. Desde hace décadas están vendidos al neoliberalismo. Al renunciar al marxismo y a la historia de éste como la lucha por la liberación de los oprimidos, renunciaron a un pasado glorioso en actos y en ideas. La izquierda de hoy no tiene ideas, es la cara plácida de la derecha. Y, mientras tanto, la democracia se convierte en una gran mascarada.

            Efectivamente, Juan, los sindicatos son elementos constitucionales necesarios para una democracia. Si no existiesen estaría en peligro el principio constitucional de igualdad y el del derecho al trabajo. El estado (poder ejecutivo y legislativo, mejor), los sindicatos y la patronal tienen que negociar los intereses de los ciudadanos. Y los intereses no coinciden, como ya sabemos. Por eso la democracia es la mejor forma de resolver, institucionalmente, la diferencia de intereses. En un momento histórico los sindicatos significaron mucho para las reivindicaciones de los trabajadores, la clase de los explotados. Y esto constituyó un paso en la consecución de la igualdad y la libertad. Pero, desde hace cuarenta años, y el golpe mortal se lo asestó la señora Thacher, los sindicatos ya no son los representantes de los trabajadores, mucho menos considerando a los últimos como la clase oprimida. A los sindicatos les ha ocurrido lo que a la izquierda, el capitalismo desbocado los ha arrollado. Lo que yo sugiero, tanto a la izquierda, como a los sindicatos, es que tengan la capacidad de redescubrir su pasado glorioso y sean capaz de aunar sus fuerzas contra el desarrollo salvaje del capitalismo. Esta crisis era la oportunidad; pero, curiosamente, cuando se pensaba que el capitalismo se iba a poner en cuestión, al menos en su versión neoliberal, y que iban a recobrar sus fuerzas y sus ideas la izquierda y los sindicatos, resulta que el capitalismo sale vencedor poniendo a los estados a su servicio y a los sindicatos en una posición humillante puesto que existen gracias al estado. Estamos de acuerdo en que los sindicatos deben defender los derechos de los trabajadores, la igualdad y la libertad, principios también de la izquierda. Pero, como no se produzca una transformación o revolución interna dentro de ellos, su futuro, como el de toda la sociedad es tremendamente incierto. Actualmente estamos en el fascismo financiero. El elemento a batir ahora es lo que queda de democracia, y, como no pongamos remedio, los partidos políticos, los sindicatos y la ciudadanía en general lo que nos espera es el dominio de las corporaciones multinacionales.

En eso estamos, Fernando, pero ojalá fuese la cosa tan sencilla. En mi manera de pensar, muy propia y particular, pero con ciertas raíces en la izquierda marxista, pero no ortodoxa, la educación es uno de los vehículos que toda forma de poder utiliza para transmitir el pensamiento hegemónico de una sociedad. Ese pensamiento incluye un conjunta de valores que son los que se admiten comúnmente y no suelen ser cuestionados por la inmensa mayoría porque ésta, perdona la terminología marxista, se encuentra alienada por la ideología. Ahora bien, en el devenir histórico se han producido diferentes sistemas de organizar el poder y la producción, de tal forma que cada un de ellos genera un sistema de valores, aquello que más se aprecia. Desde esta perspectiva se pueden señalar diversos sistemas educativos que responden a los intereses del poder hegemónico y su ideología. Por eso está muy bien lo que tu dices, pero no es fácil dado el sistema de valores que el sistema dominante transmite. Por analizar sólo aquel que proviene de la ciencia podemos citar tres. El primero, que nace con los griegos y renace con la revolución científica es el del saber teórico. Aquí el objetivo del conocimiento era el del saber por el mero hecho de saber. El conocimiento en este sentido era una actividad heroica y tenía que ver con la ética: libertad. En segundo lugar, el valor teórico del conocimiento se sustituye por el valor de transformación de la realidad. Saber para poder. Saber como medio de transformación y dominio de la realidad. En este úlrtimo paradigma, el tecnológico, hemos vivido hasta el último tercio del siglo XX. El capitalismo desbocado de este final de siglo y comienzo del XXI ha generado otro tipo de valores centrado en el consumo, la producción por el mero hecho de la producción: el crecimiento ilimitado. Y esto ha generado unos nuevos valores que se transmiten en los sistemas educativos (las leyes que los vertebran.) La sociedad hipercapitalista en la que vivimos ya no necesita, prácticamente de la ciencia básica, ya hay mucha. La tecnología está tremendamente desarrollada y, por sí sóla producirá más. Lo que hace falta es mucha mano de obra “cualificada técnicamente” que se adapte al mercado laboral para poder seguir manteniendo al sistema que, sin el consumo, se vendría abajo. Por eso, los valores imperantes no son el saber, el poder transformar la naturaleza, sino el adaptarse a la sociedad del conocimiento y de la información que nos dicen que está en perpetuo cambio. Y por eso digo que no es fácil. Para cambiar esto hacia algo mejor, que no tiene que ser lo anterior, hace falta una transformación social o cambio de paradigma. De esto último hablé un poco en la conferencia de “Ciencia y economía.” Y por acabar con Popper, y sin que te pongas nervioso, siempre recuerdo una preocupación que tenía este autor amante del saber científico como la máxima conquista de la humanidad. Pues decía que la ciencia podía desaparecer algún día. Le preocupaba el espíritu pragmático y utilitarista que iba imperando. Eso acabaría con el espíritu teórico. Bromeando decía que los científicos podían tener una infección de misticismo y la ciencia terminaría. Lo que sí es cierto es que la ciencia ha florecido varias veces en la historia y ha desaparecido, nada garantiza su persistencia. Y, curiosamente, eso es lo que está ocurriendo hoy en día. La ciencia tiene más que ver con la industria y la empresa y los valores que los rigen (que son los del capital desbocado) que con el saber. Por eso es difícil tu propuesta, para nosotros que somos ya viejos y de otra educación, sí, pero para las nuevas generaciones, no. Ellas están inmersas en otro sistema de valores dominantes. Es una pena, pero sabes que soy un pesimista, pero también un activista esperanzado.

En eso estamos, Fernando, pero ojalá fuese la cosa tan sencilla. En mi manera de pensar, muy propia y particular, pero con ciertas raíces en la izquierda marxista, pero no ortodoxa, la educación es uno de los vehículos que toda forma de poder utiliza para transmitir el pensamiento hegemónico de una sociedad. Ese pensamiento incluye un conjunta de valores que son los que se admiten comúnmente y no suelen ser cuestionados por la inmensa mayoría porque ésta, perdona la terminología marxista, se encuentra alienada por la ideología. Ahora bien, en el devenir histórico se han producido diferentes sistemas de organizar el poder y la producción, de tal forma que cada un de ellos genera un sistema de valores, aquello que más se aprecia. Desde esta perspectiva se pueden señalar diversos sistemas educativos que responden a los intereses del poder hegemónico y su ideología. Por eso está muy bien lo que tu dices, pero no es fácil dado el sistema de valores que el sistema dominante transmite. Por analizar sólo aquel que proviene de la ciencia podemos citar tres. El primero, que nace con los griegos y renace con la revolución científica es el del saber teórico. Aquí el objetivo del conocimiento era el del saber por el mero hecho de saber. El conocimiento en este sentido era una actividad heroica y tenía que ver con la ética: libertad. En segundo lugar, el valor teórico del conocimiento se sustituye por el valor de transformación de la realidad. Saber para poder. Saber como medio de transformación y dominio de la realidad. En este úlrtimo paradigma, el tecnológico, hemos vivido hasta el último tercio del siglo XX. El capitalismo desbocado de este final de siglo y comienzo del XXI ha generado otro tipo de valores centrado en el consumo, la producción por el mero hecho de la producción: el crecimiento ilimitado. Y esto ha generado unos nuevos valores que se transmiten en los sistemas educativos (las leyes que los vertebran.) La sociedad hipercapitalista en la que vivimos ya no necesita, prácticamente de la ciencia básica, ya hay mucha. La tecnología está tremendamente desarrollada y, por sí sóla producirá más. Lo que hace falta es mucha mano de obra “cualificada técnicamente” que se adapte al mercado laboral para poder seguir manteniendo al sistema que, sin el consumo, se vendría abajo. Por eso, los valores imperantes no son el saber, el poder transformar la naturaleza, sino el adaptarse a la sociedad del conocimiento y de la información que nos dicen que está en perpetuo cambio. Y por eso digo que no es fácil. Para cambiar esto hacia algo mejor, que no tiene que ser lo anterior, hace falta una transformación social o cambio de paradigma. De esto último hablé un poco en la conferencia de “Ciencia y economía.” Y por acabar con Popper, y sin que te pongas nervioso, siempre recuerdo una preocupación que tenía este autor amante del saber científico como la máxima conquista de la humanidad. Pues decía que la ciencia podía desaparecer algún día. Le preocupaba el espíritu pragmático y utilitarista que iba imperando. Eso acabaría con el espíritu teórico. Bromeando decía que los científicos podían tener una infección de misticismo y la ciencia terminaría. Lo que sí es cierto es que la ciencia ha florecido varias veces en la historia y ha desaparecido, nada garantiza su persistencia. Y, curiosamente, eso es lo que está ocurriendo hoy en día. La ciencia tiene más que ver con la industria y la empresa y los valores que los rigen (que son los del capital desbocado) que con el saber. Por eso es difícil tu propuesta, para nosotros que somos ya viejos y de otra educación, sí, pero para las nuevas generaciones, no. Ellas están inmersas en otro sistema de valores dominantes. Es una pena, pero sabes que soy un pesimista, pero también un activista esperanzado.

La ciencia emociona, pero para ello debe ser compartida. Comprender la realidad es la mayor pasión a la que puede llegar el hombre. Lo que pasa es que hay muchas miradas, no excluyentes, sobre la realidad. Las dos culturas, la humanística y la científica no se excluyen, eso es sólo una cuestión burocrática que, al final, daña nuestro entendimiento.

 

                                   ***

 

            Y ese sistema de educación clásico, transformado, después de la revolución científica, duró hasta nuestros días, mediados de siglo, más o menos. La diferencia entre la cultura de ciencias y de letras es burocrática. Hay un mito sobre los que son de ciencias y de letras. Es cierto que a uno le pueden interesar ciertas cuestiones más que otras. Pero no hay un cerebro dividido entre las humanidades y las ciencias. Es cuestión de formación. Tanto los humanistas y los científicos, desde mediados de siglo para acá, se han perdido mucho los unos de los otros por culpa de esta diferenciación burocrática y este mito epistémico. El conocimiento es uno y universal y el acceso a él también. Es la especialización científica debido al progreso acumulativo del conocimiento tecnocientífico, por un lado, y el triunfo de la sociedad de valores tecnológicos por otro, el que abre esta brecha absurda. Los grandes físicos del principio del XX a los que yo más he estudiado eran excelentes humanistas. Ahora bien, su formación era la educación liberal que tenía como objeto la formación en la libertad y la ciudadanía. La educación para formar personas y el conocimiento científico como conocimiento teórico de la naturaleza que nos libra de la superstición. Ahí tenemos a un Einstein que en sus ratos libres traducía del griego a Platón, a Popper, maestro de escuela, catedrático de física y matemática de instituto, violinista y uno de los máximos filósofos de la ciencia y de la teoría política del siglo XX. Bertrand Russell, matemático, educador y humanista, Schrödinger, Hesenberg, Bohr, un sin fin de nombres. Hoy en día la educación ya ni siquiera divide entre ciencias  y humanidades, división absurda, como digo, sino que intenta formar individuos perfectamente adaptables al sistema laboral. Por eso, las ciencias puras y las humanidades desaparecen de nuestro horizonte. La educación es la de las competencias. Es decir, la transformación de las personas en instrumentos.

No soy ni creyente ni celebrante. Pero he sido un profundo creyente hasta la juventud. Mi proceso hacia el ateismo ha sido largo, pero no excesivamente doloroso. Las fiestas religiosas están montadas sobre las festividades paganas de la época de la introducción del cristianismo. Y muchas de estas fiestas paganas se inspiran en los ciclos de la naturaleza, como ocurre con la de San Juan, el solsticio de verano. Esas religiones paganas proceden del neolítico y tienen que ver con la relación de domesticación de la naturaleza: agricultura y ganadería y con la división del trabajo. Por eso los dioses del neolítico son masculinos y violentos; porque la dominación del hombre sobre la mujer y del hombre sobre la naturaleza proceden del neolítico. (En el mito del Génesis esto está perfectamente narrado) En el paleolítico vivíamos una relación de inmediatez con la naturaleza. Los dioses eran femeninos y el culto fundamental era a la fertilidad teniendo como máxima expresión la diosa Gea (tierra). Por eso el problema ecológico, y sin vuelta atrás, comienza en el neolítico.

 

                                   ***

 

            La ciencia emociona, pero para ello debe ser compartida. Comprender la realidad es la mayor pasión a la que puede llegar el hombre. Lo que pasa es que hay muchas miradas, no excluyentes, sobre la realidad. Las dos culturas, la humanística y la científica no se excluyen, eso es sólo una cuestión burocrática que, al final, daña nuestro entendimiento.

¡Cuánto sufre la humanidad por la oscuridad de la superstición!

La democracia es diálogo y búsqueda común de las certezas y consenso. Por eso sin filosofía no hay democracia. Sin pensamiento, que es diálogo no hay democracia. Sin posibilidad de cuestionar la democracia no hay democracia. La democracia procedimental, es decir, basada sólo en la forma y en el voto es un totalitarismo encubierto, la ideología del capital. La democracia es una forma de vida, no un procedimiento.

El discurso racional no puede contra la religión. Y esto es así porque el hombre es un animal de creencias. La religión se basa en los hábitos, las costumbres…es una forma de estar en el mundo y de socialización. La religión presta un sentido a la vida y al mundo en el que nos sentimos bien y sin preocupación. La actitud racional exige de la crítica, es la búsqueda de verdades y certezas, pero esto exige de la duda. La racionalidad también es una actitud frente al mundo. Donde confrontan la racionalidad crítica y la creencia es en su modo de explicar el mundo y en su contextualización histórica. El intento de explicación del mundo por parte de la religión es el mito. El mito no es irracional, pero no es criticable. Es objeto de creencia. Es un mundo simbólico que apuntan a un sentido y que se encarna en nuestro propio lenguaje. Y el lenguaje es una forma de ver el mundo y una forma de vida. La razón intenta desenmascarar al lenguaje; aunque el lenguaje siempre constituirá los límites de mi conocimiento. El problema de la religión es cuando el mito se identifica con la verdad, entonces pasamos directamente al dogmatismo. Y, en segundo lugar, cuando la religión llega al poder, entonces caemos en el fanatismo y la violencia. Exterminio del disidente, el hereje. Por su lado, la razón, cuando se absolutiza, se convierte en un mito y unida al poder da lugar al fanatismo y la violencia. Una razón crítica, histórica y limitada debe poner en su sitio tanto a la razón absoluta como a la religión. La creencia en dios y en lo trascendente obedece a una necesidad natural del hombre de dar sentido a su existencia. Ha sido un mecanismo evolutivo eficaz, porque el hombre es un ser más de creencias que de razones. El hombre necesita las creencias, los hábitos y las costumbres. Por su parte, el estudio histórico del origen de las religiones las relativiza en su contexto socioeconómico que explica su evolución y su posterior alianza con el poder como mecanismo de control. Lo que sí está claro es que un creyente y un ateo no se pueden convencer. Son dos modos de ver el mundo, dos estados de consciencia, dos lenguajes. De lo que se trata, entonces, es de buscar la pluralidad y la tolerancia. Las religiones tienen que aportar su mensaje ético universal y dejar su dogmática teológica para los creyentes. El ateo tiene que comprender que la razón absoluta y universal es un producto de la cultura occidental, por tanto, sujeto a relativización.

 

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            La enseñanza ha padecido el mal del capital y de la pseudociencia de la psicopedagogía. Aunque parezcan separados van íntimamente unidos. El segundo forma parte de la ideología del primero. El sistema destruyó la enseñanza primaria y secundaria, ahora la emprende contra la universitaria. El objetivo fundamental de la educación es lo que podemos llamar la educación liberal que tiene sus orígenes en los clásicos griegos y latinos. Cuando hablamos de educación liberal hablamos de educación en la libertad. Es decir, el objetivo de la educación es el hombre en tanto que sujeto. La educación clásica tiene como objetivo la excelencia pública, la virtud. Ser capaz de transformar a los hombres en sujetos públicos activos, autónomos e independientes. Sin embargo, la reforma universitaria actual tiene como empeño la instrumentalización del hombre. Ya decía Kant que el tribunal de la universidad era el tribunal de la razón. La razón es lo que nos hace común y nos libera de la superstición. Es aquello que nos convierte en sujetos. Pero el tribunal de la universidad de hoy en día es el mercado. De esto se desprende que el objetivo no es ni la virtud, ni el conocimiento para mejorar la cosa pública, sino la adaptación profesional al mercado laboral. Esto último está alimentado por varios mitos. El más gracioso y suculento es el mito de la formación continua. Siempre debe uno estar formándose. Eso sí, no por el bien social, sino para la adaptación a la empresa, al mundo laboral que crea la competencia curricular para acceder al trabajo. Eso sí, los masters y cursos de formación pertenecen a la empresa y fundaciones privadas. El supuesto conocimiento excede a la universidad y es una fuente de explotación y riqueza. Otro mito es el de las nuevas tecnologías. Es la confusión entre información y conocimiento. Cuando hablamos de la sociedad de la comunicación y de la sociedad del conocimiento se están identificando, aunque no son lo mismo. De lo que se trata es de vaciar de contenidos la enseñanza. Toda la información está en la red. Hasta aquí cierto, pero información sin orden conceptual es algo ciego e inaccesible. Para manejar la información es necesario previamente el conocimiento conceptual, a partir de ahí puedes transformar esta información en conocimiento.

Efectivamente, el neoliberalismo es la eliminación de las diferencias. Por eso es pensamiento único. Ya hemos dicho aquí que es ideología, falsa consciencia. Me parece muy oportuno que la izquierda intente defender la diferencia para evitar la opresión, no por la mera diferencia, a la cual se tendría derecho de entrada y es lo que se reclama. Esto significaría la pluralidad dentro de la universalidad. Pero el problema es que la izquierda se quede en la mera proclamación del derecho a la diferencia y olvide esos universales humanos y morales de los que tu hablas y de los que la izquierda es defensora. Porque el marxismo bebe de la ilustración. Y una de las cosas que aprende de ella es la ética universal. Los obreros son internacionales. La opresión es internacional. El problema es cuando la diferencia, como entre capitalistas y proletarios se utiliza para la opresión. Desenmascarar el objetivo opresor que tienen las diferencias debe ser objetivo de la izquierda. Pero, lo que yo, sugiero, es que se corre el peligro de caer en el relativismo. No, el hecho de que no se respeten las diferencias, siempre y cuando quede el común universal humano. Si no encontramos los baluartes de una ética universal y egocéntrica (segunda ilustración), por muy provisional que sea, nos quedamos en la diferencia y en la incomunicación. Y el discurso relativista, insisto, a la derecha más reaccionaria le interesa. Divide y vencerás. El multiculturalismo se convierte también en ideología alienante. Habría que pensar algo así como un interculturalismo universalista como idea reguladora de la acción política al modo kantiano.

 

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            La muerte de José Saramago es una gran pérdida humana, ética y estética. Es el modelo, hoy escaso, de intelectual comprometido. Es modelo de la lucha por la justicia social, independientemente de que los caminos puedan ser errados o no. Lo que desde luego nunca fue un error es su integridad, autenticidad, honestidad y consecuencia. Sus obras son artísticamente impecables. Es un deleite para la sensibilidad su lectura. En un primer momento, el disfrute estético de su prosa hace caer en un segundo plano el mensaje moral que se hace sin aspavientos, desde la sencillez, la humildad y el pesimismo esperanzado. Todas su noveleas son grandes metáforas que ponen en cuestión a los grandes mecanismos de poder y engaño de la sociedad. Cuando terminas de leer a Saramago empiezas a pensar; y su prosa y su fuerza ética se convierten en la música de tu cerebro. Un hombre digno de la mayor admiración, excelente en el sentido de virtuoso, valiente. Se ha enfrentado a todos los poderes sin esconderse. Y se ha autoexiliado cuando lo ha creído oportuno. Ha criticado las causas que ha defendido. La mayor de las virtudes intelectuales: la de la rectificación. Todo un modelo y paradigma ético de sabiduría. Su lectura es altamente recomendable en este mundo de confusión y de máscaras en el que todo vale. Éste hombre, como otros, están hecho de otra pasta. Su pensamiento es una propuesta ética, no un dogmatismo, una crítica, una sugerencia. Sus novelas son metáforas inolvidables. Su pesimismo es sabio, como todo escepticismo, pero no desesperanzado.

 

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            El engaño es la forma que los poderosos utilizan para impedir soñar con el bien, la belleza y la justicia. El engaño nos aliena en la precariedad de la existencia. El engaño es el desencanto del mundo. El engaño es contrautópico. Pero la utopía es otro engaño. Desengañarse es aprender. Y, como decía Nietzsche, lo que no nos mata nos hace más fuertes.

 

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            El sabio, el artista es el que crea en la acción. El niño recrea el mundo en cada instante. En eso consiste el juego y en eso consiste la felicidad que no es más que inconsciencia de la creación: dejarse arrastrar por el torbellino de la acción. Por eso la última transformación por la que ha de pasar el superhombre de Nietzsche es por la de convertirse en niño…

 

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            Toda la cultura occidental, con su base en las religiones monoteístas, son culturas de la opresión del placer de los sentidos. El placer niega el dolor y sin dolor y sufrimiento no hay dios. De ahí que el erotismo surge del juego entre la prohibición (el super-yo) y el ello (los instintos.) Pero, pudiera ser que todo esto esté determinado genéticamente, que no sea cultural…

A la muerte de Saramago. La muerte de cualquier hombre es inefable, pero la de un hombre sabio al que has leído y seguido te arranca un pedazo de alma.

            Uno de los problemas más profundo de la izquierda es que ha caído y defendido el relativismo. Ha dejado de creer en la verdad objetiva y ha dado pábulo a los constructivistas y los posmodernos. Estos se han hecho fuertes en la defensa del multiculturalismo y la crítica de la ciencia como conocimiento objetivo. Y esto es lo que ha dado pié al relativismo. Y todo este discurso se ha vuelto contra la izquierda porque el poder ha defendido su verdad que es la del más fuerte. Además, al negar la objetividad de la verdad, o la posibilidad de alcanzar verdades objetivas, la izquierda se ha quedado sin ideas y se ha transformado en mera ideología relativista y posmoderna. Cuando la izquierda ha negado el discurso de la razón crítica ilustrado ha firmado su sentencia de muerte. Es necesario que la izquierda revise todo esto para recuperar un relato racional de la humanidad. Ya sabemos que todo relato es una construcción, pero el que procede  de la racionalidad crítica y de la ilustración es objetivo y pretende una universalización de la moral teniendo como centro la dignidad humana. Al poder reaccionario le ha venido de perlas este relativismo porque le ha permitido defender cualquier discurso. Y eso es lo que ha hecho Buhs, por ejemplo, a la hora de invadir Irak, y es lo que hacen y han hecho los gobiernos al someterse al que se supone único pensamiento objetivo, el económico. Por si fuera poco éste pensamiento económico es ideología, la ideología neoliberal: una auténtica religión utópica, con todos los peligros que ello conlleva para el hombre.

Efectivamente, Maria Jesús, lo has ilustrado muy bien. La justicia es relativa a la clase dominante que es el que maneja el pensamiento dominante. El engaño de Platón es que nos hizo pensar, como señalara Nietzsche, que su filosofía era la filosofía verdadera. Pero Platón, enseñó a todos los poderosos y, sobretodo, a todos los totalitarios. Urdió una utopía, pensamiento cerrado, para convencernos de que su idea de justicia era la verdadera. Pero ésta, como decían los sofistas, Trasímaco, era la que le convenía al gobernante o, la del fuerte. En la dialéctica marxista, la de la clase dominante. Y, de esta manera, y siguiente en terminología marxista, se produce la alienación. Y la alienación en Marx no es sólo falsa conciencia, que también, sino justificación de la miseria y la pobreza. El engaño o la alienación vienen por parte tanto del oprimido como del opresor. El opresor, a menos que sea el que urde el engaño, vive en el engaño. La ventaja es que el fuerte con su engaño, más o menos consciente, vive bien; mientras que el débil, malvive. La educación, para todo poder, es el vehículo de la transmisión de los valores dominantes y justifcativos del estatus quo y del dominio del fuerte sobre el débil en toda época y en todo momento. Ahora bien, lo que sí es verdad y tu señalas, es que hoy en día estamos en una sociedad capitalista; por tanto, los valores que se transmiten son los del capitalismo. Esto es importante, porque el pensamiento hegemónico actual ha intentado urdir un sistema de pensamiento ideológico, al que llamamos pensamiento único, en el que habría quedado abolida la lucha de clase. Esto es grave, la clase media, los trabajadores (proletarios) y los pobres han perdido la consciencia de clase, con lo cual asumen el pensamiento hegemónico de forma automática, con toda la naturalidad. Además, este pensamiento presenta también un carácter utópico. Se identifica con la democracia liberal y defiende los ideales de democracia, por tanto, se considera el pensamiento definitivo, de ahí lo del fin de las ideologías de Fukuyama; que, por cierto, ya no cree en el fin de la historia. Y al ser el pensamiento validado por la historia se considera la verdad. Pero resulta que esta democracia con la que se nos adoctrina desde todos los ámbitos, y también desde la educación, no es un pensamiento crítico heredero de la ilustración, sino ideología del poder dominante que, como bien dices tú, y yo suscribo, es el del poder del capital. El poder político son comparsas del poder del gran capital. Por dos motivos: por ignorancia (alienación) y, sobretodo, por interés. La clase política tiene intereses en el poder del capital; sino no se hubiesen organizado las democracias como se ha hecho. Nos han hecho pensar, desde hace cuarenta años, que había una sola política económica posible, cuando realmente existen varias alternativas. Hoy lo vemos claro. La solución a la crisis del capital no pasa por cuestionar el sistema, a pesar de ser una crisis sistémica, sino por reducir el gasto público (eliminación de los derechos sociales) y una reforma estructural del mercado de trabajo. Cualquier economista crítico sabe que existen otras recetas contra el déficit público. Además, también habría que analizar de dónde procede el déficit público. En fin, que las democracias neoliberales se han transformado en la ideología del poder dominante, que en este caso es el del capital. Pero la estructura es siempre la misma. Todo poder intenta perpetuarse por medio de una ideología alienante que mantenga al débil a raya. La cuestión, con la que está cayendo, es pensar si es posible organizar una sociedad democrática no alienante, o, mínimamente alienante, en la que el poder político regule al poder económico. Soy, como Riechmannn, un pesimista activista. Con lo que estamos viendo no hay razones para el optimismo racional, pero sí para la esperanza del corazón. La salida es hacia una sociedad de decrecimiento sostenible. Pero hay dos formas: o por voluntad política y estamos viendo que hay poca, los gobiernos ceden a los intereses de los mercados, o por un choque contra los límites de nuestro propio crecimiento. Y esto es lo que, tarde o temprano, pasará. Y esto es lo que dará lugar al fascismo en el que ya nos estamos adentrando. Esto no es demagogia. Las guerras por los recursos energéticos, por los alimentos y el agua ya existen. Esto irá a más hasta que se produzca el colapso civilizatorio en la línea del ecologista e historiador Desmond. Somos un virus en la ecosfera, como sostiene Lovelock, el de la teoría de Gaia. Pero, como decía la bióloga Margulis, por mucho que lo intentemos nunca podremos con ella. Por otro lado, la solución marxista tampoco es viable. Por dos razones. El marxismo ha analizado bien estas crisis, que, por muy de origen financiero que sean, son crisis de producción, pero su predicción es errónea. Estas crisis no dan lugar a una revolución de los proletarios. Se le escapaban a Marx muchos flecos, entre otras cosas, que no se puede hacer una ciencia natural de la historia. Que, por tanto, no existen leyes en la historia. La idea de una emancipación de la humanidad tras la revolución de los proletarios, o de cualquier otra revolución, no es más que cristianismo secularizado que tiene a la base el mito del progreso. Y, la segunda razón, es que aunque la humanidad sea universal, desde su propia naturaleza biológica, no lo es histórico-culturalmente y esto hace inviable una revolución mundial, por muy globalizados que estemos, que sólo es económico-financieramente. ¿Cómo, si no, podemos entender que la izquierda, siendo internacionalista, se una a los nacionalismos identitarios, siendo estos la antítesis del marxismo? Y, encima, lo ven con toda naturalidad a través de un engaño del concepto de opresión. Ésta ultima es siempre económica, las diferencias étnicas o culturales son las diferentes ideologías alienantes del poder económico para oprimir al débil. Así que la defensa de la izquierda de las identidades étnico-culturales es un error de interpretación del marxismo, sino una farsa.

 

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            El mundo, la vida y la historia no tienen ni sentido ni significado, salvo el estrictamente natural y biológico. En ese estado el hombre es un ser que vive en la desesperanza. Por eso inventa las religiones, la filosofía y la ciencia y toda la cultura en general, para dar sentido a su existencia. Y de ahí que el hombre es un ser desesperado y abocado, por esa misma razón, a la esperanza. La esperanza es una estructura adaptativa que nos permite vivir. Sin esperanza no tendríamos ningún motivo para seguir viviendo; si acaso, sobrevivir. O, como decía un amigo,  sobrebeber. Por eso señalaba Albert Camus, que la única cuestión filosófica de relevancia es la del suicidio.

El estado totalitario es el vigilante nocturno. El filósofo debe ser el vigilante del estado.

 

Hermosa frase y hermosa reflexión. Gracias por la cita. Decía Agustín de Hipona: ¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé, si me lo preguntan no lo sé. Algo así como lo que les pasa a los alumnos cuando quieren escurrir el bulto y dicen que no son capaces de expresar lo que saben. Entonces es que no lo saben. Lo de Hipona es más serio. La cuestión del tiempo es de las más difíciles de abordar. Dos dimensiones tenemos: la antropológica-psicológica-existencial, en la línea que tu lo haces. Y físico-matemática. (En este ámbito se sabe mucho, pero las dudas son más profundas aún) En ambos casos, la respuesta sigue siendo, en última instancia, la de Agustín de Hipona. Y una última reflexión. La naturaleza del hombre es la de la existencia, no la del ser. El hombre es un ser (animal) arrojado al mundo, pero consciente de su principio y de su fin. Esa consciencia es el tiempo y eso es lo mismo que el existir. Por eso decía Hedegger que el hombre es un ser para la muerte. Es decir, consciente de su propia existencia, de la fluidez del tiempo, de su fin. De la confluencia final en la muerte, que es la eternidad o la ausencia de tiempo. Cuando joven definí la vida como un dejar. La muerte es la ausencia de todo. La vida un dejar continuo o un ir muriendo con la ausencia del tiempo. De ahí que esté bien eso del Carpe Diem. No confundir con la filosofía libertina, sino con el descubrimiento de que el tiempo es apariencia, lo único que existe es el instante, la eternidad. De ahí que en el evangelio se diga: Hasta que no seáis como uno de estos (los niños) no entraréis en el reino de los cielos. El niño es la ausencia de tiempo. Su inocencia es la inmediatez. Y el Reino de los Cielos es la metáfora que se utiliza para señalar la felicidad que no es, ni más ni menos, que la eliminación del tiempo. Sabiduría budista.

 

Efectivamente, Lucas, coincido contigo en tu análisis. Me parece un poco exagerada la identificación de los alumnos como “garrapatas capitalistas”. Además, esto realmente, no es un argumento. Maria Jesús, creo que te pierde un poco tu ortodoxia marxista. El capitalismo está muy transformado, por mucha razón que tuviese Marx. Ya digo que, después de haberlo criticado duramente, sigo quedándome con su fuerza ética, que nunca rechacé, y con buena parte de su “ciencia” económica, con muchos matices. Pero el problema es la educación. Y Lucas encuentra la clave. No es el sistema capitalista, es el poder. Por supuesto, esto es lucidez. No podemos perdernos en los árboles y no ver el bosque. Todo poder quiere el control. Es más, el poder es control. Socialmente, una de las mejores formas de control es la educación. Hoy en día, desde luego, tiene grandes rivales: los medios de comunicación-desinformación-domesticación de masas. Pero la cosa la vieron ya muy clara los griegos, precisamente en la época de la democracia. Los sofistas defendían que no existía la verdad absoluta. Y esto es un pilar importante de la democracia. Entonces la verdad era la de la palabra, la persuasión por la retórica. El objetivo era sano, lo que sucedía es que esa retórica (convencer de lo más útil o conveniente para la polis) se transforma rápidamente en demagogia (el arte de convencer con un objetivo privado enmascarado, en fin, engañar al demos.) Sócrates ve ese peligro y opta por el diálogo. Considera que sí existe la verdad, pero que no la conocemos y la debemos buscar en común mediante el diálogo. Ésta sería la esencia de la democracia. Pero Platón, el padre de todos los totalitarismos, va más lejos. La verdad absoluta, así como el bien, la belleza y la justicia existen y unos cuantos, los elegidos, la pueden conocer. Estos elegidos son los filósofos-gobernantes y –aquí viene lo importante y la relación del poder con el control por medio de la educación- y los educadores del pueblo. Los gobernantes diseñan desde la “filosofía verdadera” cuál y en qué debe consistir la educación del pueblo. Y ésta es la base del totalitarismo, da igual de qué color sea. Y luego ya, con los contemporáneos, se nos dijo con más claridad. Nietzsche es el primero que denuncia la educación como el vehículo de propaganda del poder. Los profesores jugamos el papel de rueda de transmisión de la ideología del poder (sea éste cual sea.) Y Foucoult, siguiendo a Nietzsche, en lo que se llamó la filosofía de la sospecha, consideró que la educación es un sistema de control y represión, como cualquier forma de poder, que él llamó biopoder. Lo mismo ocurre con la medicina, léase El nacimiento de la clínica de este autor. Lo que sucede es que aquí (ante el médico) nos damos menos cuenta. Aceptamos el principio de paternidad más fácilmente porque, cuando estamos “enfermos” estamos en una clara situación de debilidad; por dos razones: de salud y de ignorancia. La salud que defiende el estado no es porque le interese tu salud particular, eso al estado no le importa, le interesa que tú seas productivo y causes poco gasto al sistema sanitario. En fin, la cuestión es que es al poder al que le interesa perpetuarse. El sistema capitalista desbocado en el que estamos transmite sus valores por la educación y esa es una de las maneras de su forma de control. Ahora bien, el problema aquí reside en otro lugar. ¿Cómo es posible que una democracia se perpetúe en forma de totalitarismo?, o, para ser más claros, ¿es posible una enseñanza en la libertad? La enseñanza que tenemos defiende esos valores de la democracia, pero, es evidente, que no es así.

 

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            Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Esta sentencia clásica me parece de una vital importancia para el fundamento de una ética cosmopolita que debería ser la base de una política internacional. El origen de la sentencia de Terencio, aunque su autoría es discutible, es la filosofía estoica. Los estoicos descubren o inventan, mejor, el concepto de humanidad. Cuando se dice que soy hombre y nada de lo humano me es ajeno lo que queremos decir es que existe una igualdad entre todos los hombres. Y esta igualdad es, precisamente, la humanidad. Si nada me es ajeno es que yo participo de los vicios y las virtudes del hombre, porque soy tal, independientemente de la nacionalidad, la religión, el estatus social… En fin, que todos los vicios que la humanidad pueda tener los puedo tener yo, igual que las virtudes. Esto es un punto importante de encuentro. Por otro lado, si soy capaz de reconocer en mí los vicios y virtudes de la humanidad, entonces puedo verme en el otro. Es el otro el fundamento de la ética, tanto por sus virtudes como por sus vicios, que son los mismos que los míos. El comportamiento ético se basa, precisamente, en saber que el otro es otro yo, un alter ego. Y, por tanto, un sujeto. Lo que consiguen los estoicos y después extenderán los cristianos es fundar el concepto de humanidad en el sentido de fraternidad y éste sería el fundamento de una ética universal que después recogerían los derechos humanos. El cristianismo traía el mensaje de hacer el bien al prójimo (la parábola del samaritano.) como, según el cristianismo todos somos hijos de dios y semejantes a él, todos somos iguales. Por tanto, el mensaje del evangelio debe transmitirse a toda la humanidad, es universal, eso es lo que significa católico. Y por eso el cristianismo, al extenderse por Roma, se hace y se funde con el estoicismo. Y el desarrollo de todo esto, después de la institucionalización de la iglesia y la oscuridad de la edad media, el fanatismo y la intolerancia, es la ilustración, con su proclamación de los derechos del hombre y el ciudadano. No olvidar el papel de fray Bartolomé de las Casas con su “Derecho de gentes” en la defensa del indio como persona. Éste fraile representó la transmisión jurídica del fundamento ético de los derechos humanos en cuya realización y consecución aún andamos.

 

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Si no actúas como piensas vas a terminar pensando como actúas. Esta sentencia de Pascal es tremenda. Nada más y nada menos que trata de la coherencia y consistencia de la acción humana. Y, de paso, también de la libertad. Hay que perseguir como ideal ético de la acción la primera parte de la sentencia. Aunque, previamente, hay que conseguir pensar por uno mismo y saber que nuestro pensamiento está siempre sujeto a revisión. La segunda parte tiene que ver con la libertad. A mi me gusta decir que cuando sólo tenemos opiniones somos esclavos de ellas. Cuando exigimos, como el pensamiento políticamente correcto nos dice, el respeto de las opiniones, entonces caemos en la tiranía de las mismas. En definitiva, nuestras opiniones obedecen a las pasiones. Son prejuicios e ideologías, e, incluso, justificaciones racionales de nuestro hacer. Por eso es necesario el autoanálisis. Saber de dónde vienen nuestras opiniones, dudar de ellas, trascenderlas, que decía Ortega y transformarlas en paradoxa, conocimiento racional bien fundado. Por eso esto tiene que ver con la libertad. La pasión del conocer es la pasión de la libertad. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de nuestras opiniones y creencias no nos pertenecen, vienen de fuera y tienen el objetivo de hacernos siervos.

 

 

            Vamos, hombre, José Miguel, que no es para tanto, recuerda la sabiduría del final del tercer acto… Creo que en tu discurso confundes dos cosas importantes. Las instituciones y la cosa pública con los individuos. La separación no es tan tajante, a mi modo de ver. Estoy de acuerdo con que a las instituciones, a los gobernantes, hay que pedirles y exigirles claridad, por supuesto. Las instituciones deben ser claras. Pero las instituciones están regidas por individuos, a pesar de ser construcciones sociales. Estos individuos deben ser claros y honestos en el desempeño de su función pública, como tu bien dices. Y los ciudadanos, vigilantes, debemos exigírselo. Pero esa esquizofrenia entre la función pública y el individuo no la acabo de entender. Sigo siendo socrático en este asunto y griego, en general. Somos animales políticos, vivimos en polis, nuestras virtudes tienen que ser excelencia. La virtud era areté (excelencia), para los griegos. Y, en tanto que excelencia, debe ser ejemplar. La vida privada es sólo la vida doméstica, no la que tiene que ver con la ética pública. Y en nuestra vida doméstica privada, puede y habrá todos los claroscuros que sean, cómo no, incertidumbres, frustraciones, complejos, neurosis, de todo…en fin. Pero nuestra participación pública debe estar guiada por la ética. Si no es así nos han ganado. Porque lo que quiere el poder es recluirnos en la vida privada, por un lado y, por otro, como tu dices, burocratizar toda nuestra vida pública (el ejemplo lo tenemos en la educación) para fundar un poder totalitario. No podemos reducir la ética a lo privado, porque la ética se basa en la alteridad, en la relación con el otro, tanto privada como pública. Nos construimos como personas y como seres éticos a partir de la relación con el otro. Y el camino ético es, también, conocimiento, es búsqueda. Y ejercicio, hábito. Y en nuestra vida pública debemos mostrar al menos la ejemplaridad de ser buscadores de la virtud política. Probablemente esto no tenga nada que ver con Natalia, ni mis discursos van dirigida a ella. Yo he hablado contigo intentando explicar una posición ética de excelencia a través de una reflexión sobre tu obra, porque me pareció, aunque puedo equivocarme, que tu comentario tenía algo que ver con el tercer acto…y esto me recordó nuestras viejas polémicas y esa época fantástica del Diógenes de la que disfruté y aprendí tanto.

 

Esta si que es buena. La Secretaria del Estado de Educación dice que los alumnos de 4º de primaria tienen un buen nivel de conocimientos, según se deduce del plan de evaluación, el problema es que no son capaces de aplicarlos. ¡Toma ya, ahí es nada! Y, añade, el problema es que tienen una educación excesivamente teórica. Estos señores no se bajan de la burra. Y lo de la burra me recuerda al chiste de aquel que decía que tenía un burro que sabía leer y tras la prueba, esperando una hora, sin que el animal dijese nada, soltó, como la secretaria, sabe leer, lo que pasa es que no sabe pronunciar. Pues eso es lo que les pasa a nuestros alumnos según los responsables de educación, que saben mucho, pero no lo saben aplicar. Hay que joderse la estupidez que hay que soportar. Y, encima, resulta que les enseñamos demasiada teoría. Venga, más folclore y tonterías, más motivación, y menos autoridad y disciplina. Más señoritos satisfechos. El daño es irreparable, los que se salvan son por cuestión genética, diría yo que están genéticamente blindados contra la estupidez de la LOGSE-LOE. Pero, están también los listillos, que en otro sistema, llegarían lejos, y aprovechan la coyuntura y se convierten en trepas y oportunistas. Cínicos sin moral ni principios. ¡Venga ya!

 

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Hay una poesía que actúa como fundamento de las patrias y sin la cual no podríamos entender el odio…Necesitamos controlar a la poesía, tras cada limpieza étnica hay un poeta" Zizek. Este filósofo intenta desenmascarar los enredos del poder. Hay que tener cuidado con las ideologías. El fin de las ideologías da paso a las ideologías, siendo él mismo una ideología. Y las ideologías son la consciencia que el poder introduce en los ciudadanos a partir de la cual ejerce su violencia. Y los intelectuales somos muy culpable de todo ello. Primero, porque somos los que producimos las ideas, y, segundo, porque no las analizamos y combatimos seriamente, transformándose en peligrosas y violentas en manos del poder. El filósofo debe enseñar. Y enseñar es esclarecer, desenmascarar las ideologías del poder. Y, para enseñar, lo primero que hay que hacer es acabar con las máscaras del relativismo.

 

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            No existe la identidad, solo la alteridad. Ése es el sentido de que el hombre sea un animal social o gregario. Somos seres en construcción. Y nuestra construcción siempre se da al calor de los otros. En la máxima soledad estamos en diálogo con los otros, porque nuestro yo es diálogo, alteridad. Lo de la identidad es una ficción, un mito. Necesitamos de los otros para existir y crecer.

 

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            Para recuperar el orgullo de ser sindicalista hoy en día se requiere la recuperación de todo lo que hemos perdido a manos del capitalismo desbocado. El problema es que los partidos de izquierda y los sindicatos le han hecho el juego y el camino más fácil a este capitalismo. Recuperar el orgullo requiere: recuperar la democracia por medio de varios pilares. Recuperación de las ideas de izquierda, transformación de los partidos políticos en verdaderos representantes del ciudadano, no en clase política ensimismada en sus luchas de poder. Recuperación de los sindicatos que unifiquen la consciencia de todos los trabajadores. El capital se ha preocupado por eliminar la consciencia de clase haciéndonos creer que no existen las clases sociales y dividiendo a los trabajadores en distintos sectores con intereses diversos. Sí existen las clases y el poder lo sabe. Los sindicatos no se recuperarán hasta que no asuman que son sindicatos de clase y que hay una sola clase de los trabajadores. Hoy, más que nunca, nos damos cuenta de que la sociedad está absolutamente polarizada. Pero nuestros gobernantes siguen haciéndole el juego al verdadero poder: el del capitalismo desbocado.

 

La especulación en las apariencias produce daño en la realidad. Realidad y apariencias se confunden en este baile de máscaras de la sociedad posmoderna y poscapitalista en la que vivimos. Pero, al final, el sufrimiento de los muchos es real. El para, el hambre, la miseria,…son reales para el que los vive aunque sean materia de especulación en el mundo aparente de la economía financiera.

 

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            Leo un libro, no demasiado bueno, aunque el tema lo es, sobre una facultad humana, la estupidez. El título es sugerente, El poder de la estupidez. La verdad es que siempre he pensado que hemos fundado nuestra sociedad occidental, a cuyos epígonos asistimos, sobre un mito: el de la racionalidad humana. Fue Aristóteles el que nos definió como seres racionales, frente al resto del reino animal. La verdad es que nuestra racionalidad es escasa, más amplia es nuestra estupidez, si no, no hubiésemos llegado al mundo en el que estamos. Una locura organizada nacida de la estupidez, no de la razón. O de la razón estúpida; es decir, de la que está ligada a los vicios, soberbia, vanidad, ansia de poder, idolatría. El hombre es un ser con capacidad de conocer. Y en esto no es diferente al resto de los seres vivos: la adaptación es conocimiento. Dentro de esa facultad de conocer está la racionalidad, pero es escasa. La razón no es nunca pura, está cargada de pasiones. Nuestro obrar viene marcado por las emociones, los sentimientos y la razón. Todas estas facultades en unión indisoluble, desde luego, no inanalizables. El problema de la estupidez es que es más amplia de lo que pensamos. Su mal reside precisamente en que está ligada a la ignorancia. El estúpido ignora que lo es, a pesar de que pueda ser inteligente, pero su inteligencia está contaminada del vicio. Creo que la estupidez es algo común al vicio. Y de esto, poco hay que añadir a lo que ya dijo en su ética Spinoza. Que tomen nota los psiquiatras y psicólogos y lean el análisis de los afectos de Spinoza. Nuestros vicios residen en ideas inadecuadas, su raíz es una falta de conocimiento; de ahí lo de la estupidez y la ignorancia. El problema es que la ignorancia es un caldo de cultivo para aumentar la estupidez. De ahí el acierto de Freud, en la línea de Sócrates: conócete a ti mismo. Lo interesante es ser capaz de hacer esto por uno mismo y tomárselo como tarea vital. Como reza la más descomunal de las sentencias socráticas: una vida sin autoanálisis no merece la pena de ser vivida. El error de occidente, que no ocurrió en las religiones y filosofías orientales, es que nos consideramos animales racionales e inteligentes y nos olvidamos de nuestra amplia estupidez, entre otras el pensar que somos sólo racionales y eso nos ha llevado a donde estamos. La estupidez vinculada al poder se retroalimenta y se ciega definitivamente.

 

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            José Miguel, no es miedo. Tampoco pretendo una sociedad burocratizada y perfectamente organizada, eso lo denuncio como totalitarismo y tu bien lo sabes. Lo que no me gusta son las máscaras. Sabes que soy reacio al disfraz. Bastantes personajes representamos ya a diario, para qué ocultarnos en otro más. Lo que no me gusta es el posmodernismo. La máscara confundida con la realidad. Te acuerdas que nunca estuvimos de acuerdo con el tercer acto de tu excelente obra La sombra de un farol. Mientras que me sentía plenamente identificado con los dos primeros actos y admiraba la capacidad de proyección de valores éticos a través del arte, la estética, con el tercer acto, quizás no lo entendí nunca, no pude identificarme. Estéticamente, o artísticamente, era el mejor, pero ahí se traslucía, a mi modo de ver, el posmodernismo. El baile de máscaras, el camaleón, todo ello, a pesar de algún discurso serio que recobraba el sentido común y lo verdaderamente importante, me llevaba al relativismo. Para mí –es mi punto de coincidencia fundamental con la dogmática de la iglesia- éste es el máximo mal de la humanidad. Además creo, que, como siempre, los filósofos hemos favorecido al poder. Alimentando el discurso posmoderno hemos alimentado el relativismo que forma parte del pensamiento único hegemónico con el que el poder tiene adormecidas a las consciencias. Hay que retomar la heroicidad de la ética. Todo está en los griegos. La lucha contra el relativismo también. Y los cínicos son universalistas porque saben lo que es importante y lo que tiene importancia. De modo que el camaleón, como cínico actual, es el relativista, el oportunista. Nada tiene que ver esto contigo. Sólo digo que es una lectura del tercer acto, que, por lo demás, lo discutimos en profundidad en su momento. No hay que dar salida al relativismo, hay que quitarse las caretas y no tener miedo a equivocarse. El relativista se esconde en la relatividad del conocimiento y de la ética, es un cínico político: un oportunista. El relativismo es el triunfo del más fuerte. Frente a las máscaras y las falsificaciones mi propuesta es la de la búsqueda de la verdad y la virtud, con firmeza y con pasión. Nada de tibiezas, como muchas veces hemos dicho. Y, a estas cosas, si que el poder les tiene miedo. Lo otro queda en el vacío del arte posmoderno, sin mensaje ni contenido…sólo válido para la especulación.

 

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            Los filósofos han perdido el norte. Los podemos situar en dos bandos. Los que siguen los pensamientos de moda que hacen un flaco favor a la ciudadanía. En definitiva siguen al poder y fomentan el pensamiento hegemónico. Y los que se encierran en la academia. Estos ni siquiera son filósofos, son eruditos o doxógrafos y sus preocupaciones son de interpretación, no de problemática filosófica. Su interés es mantener el currículo a base de publicaciones hueras. Luego está el verdadero filósofo. El que se dedica, como decía Kant –y es curioso que él fuese de estos, aunque no lo parezca- a la filosofía mundana. El que intenta responder a las cuestiones de toda la vida en la versión en la que aparecen en cada momento histórico. El filósofo, hoy más que nunca, tiene que estar en el ágora. En la plaza está su lugar común. No hemos salido de los griegos. Sócrates sigue vivo. La educación, realmente, no está en los centros de educación. Estos son centros de control y domesticación.

 

 

            La desglobalización del capital pasa por la politización de la humanidad. Decía José Luís Sanpedro que estamos viviendo en una época de tecnobarbarie. A ello deberíamos sumarle lo de una barbarie de la economía apoyada en la tecnobarbarie. Todo ello es una deshumanización completa. Y eso consiste en una transformación del sujeto en objeto. El paso atrás ético-político se cifra filosóficamente en la pérdida de la categoría de sujeto. Hablando menos técnicamente: anulación de la dignidad y la libertad. ¿Hemos ganado más libertad con el euro? ¿Por qué no salir del euro? Son los mercados los que nos dirigen, no la política. No podemos claudicar ni ser indiferentes. La hecatombe de la segunda guerra mundial tuvo dos causas fundamentales: la crisis económica y la indiferencia de la ciudadanía. De ahí lo de la vanalización del mal de Anna Arendt.

 

El estado de bienestar y la izquierda se refugiaban en Europa. La izquierda empezó a claudicar hace años. El pensamiento único neoliberal hizo mella en la izquierda realmente existente. Esta misma izquierda hoy en día, la que pactó con el neoliberalismo y consideró que no había otra forma de gobierno que el de las democracias neoliberales, y que siguió el catecismo neoliberal, está viendo como el poco discurso de izquierda y socialdemócrata que le quedaba se va al traste. Los mercados han iniciado su ofensiva final. Las conquistas de ciento cincuenta años se van por el desagüe de la historia. Mientras tanto el pueblo está adormecido, narcotizado. Los sindicatos han perdido su relevancia social. La diversidad de los trabajadores ha acabado con los llamados sindicatos de clases. Pero el engaño es brutal. Lo que se está dando es una auténtica lucha de clases. Pero el pensamiento único ha anulado la conciencia de clase, por un lado, y ha dividido a la clase trabajadora, por otro, de tal forma que unos luchan contra los otros, sin saber que el enemigo es común. Muchas veces he mantenido que el progreso ético-político es accidental y fruto del esfuerzo de los hombres. Los avances en esta dirección se pueden perder en cualquier momento. Nos acercamos a una época de barbarie. Eso con lo que respecta a occidente, porque la barbarie está instalada en el resto del mundo a nuestra costa y no es esto autoflajelarse, sino analizar y tomar consciencia de lo que ha sido el desarrollo de los países ricos desde hace doscientos años.

 

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            Ojalá la bancarrota sea la del capitalismo. Lo peor es que esta bancarrota la paguen el común de los mortales. El desarrollo del capital ha creado hambre, miseria y muerte. El crecimiento mata, como reza el título de un libro sobre economía crítica ecológica. Creo que la bancarrota del capital no genera conciencia de clase, al menos, ahora. Pero sabemos que la cosa van a empeorar, y mucho. Los horizontes de guerra son claros. Los recursos energéticos y alimenticios, escasos y mal repartidos. No sé cuánto tiempo durará la domesticación de la humanidad. Quizás la salida venga del lado de esas economías emergentes que, además, deben de plantearse un nuevo concepto y contenido de la democracia y la libertad. La democracia que hemos tenido hasta ahora no ha sido más que un engaño, una apariencia. Un truco de los prestidigitadores del capital. Escribí hace poco una crítica a Popper precisamente en la dirección de que su predicción sobre las sociedades abiertas, que las situaba en las democracias liberales se volvía contra él. Intentaba mostrar, precisamente, que las democracias neoliberales son sociedades cerradas; es decir, formas encubiertas de totalitarismo. Y, así mismo, a pesar de mis diferencias con Marx, considero que la predicción de Marx con respecto a la acumulación de la riqueza del capital es correcta. Lo que no sé es si tras ello se producirá una revolución de los trabajadores. Revoluciones y guerras sí habrá, ya las hay desde hace décadas, hoy más evidentes; pero serán de los estados y las corporaciones monopolistas. No habrá una revolución mientras no haya ilustración del individuo. Pero los ciudadanos se niegan a ilustrarse. Prefieren la obediencia y la comodidad a la libertad. Tú reclamas heroísmo pero esto es sólo para unos cuantos. Y también hay que tener cuidado con el heroísmo. Cuando el héroe se cree un enviado, entonces es un fascista que solo ve como única realidad su propio pensamiento. Las salidas son difíciles, y la historia demasiado impredecible. Pero, desde luego, la acción es imprescindible. Enhorabuena por tu artículo.

 

 

El origen de todos nuestros males es el yo. Mientras menos yo, más liviano de equipaje. Esta es la vieja sabiduría budista. En cambio, nuestro afán en la vida es atarnos, hacernos pesados a través del tener. No sabemos ser sin tener, cuando realmente ser consiste en existir sin tener. La conquista: el nirvana. Pero todo esto lo practican los sabios, los filósofos sólo somos capaces de reflexionar sobre ello. Una lástima.

 

Virtud, libertad y felicidad. Aquí están las claves. La felicidad es casi una cuestión accidental y bioquímica. Pero la virtud y la libertad tienen que ver con la acción. Son realmente el ámbito de la ética. Y no se alcanzan ninguna de las dos sin esfuerzo. Y ese esfuerzo es la tarea de nuestra vida. De ahí que la vida pueda ser una payasada o una obra de arte. La tarea de construir nuestra propia vida es la que forja nuestro ser y nos aleja del rebaño. El rebaño, decadente, no se esfuerza, sigue los impulsos de los deseos y huye, muerto de miedo, de de los ladridos del perro vigilante. El miedo es lo que utiliza el poder para dirigir al rebaño. Al poder no le interesa la libertad, prefiere que estemos “felices” y contentos, así él tiene las manos libres. Pero el hombre libre es el que está por encima del miedo. Por eso es de temer y el poder lo rechaza como a un inadaptado. No son tiempos de camuflaje ni de medias verdades. Son tiempos de héroes morales. El pueblo necesita ejemplaridad y excelencia. El héroe no es feliz por necesidad, es digno. Por eso hay que seguir admitiendo y practicando la sentencia socrática de que es mejor padecer una injusticia que cometerla.

 

            El valor es la virtud (fuerza) que nos eleva por encima de nuestras pasiones. La valentía, el coraje, nos hacen libres. La virtud está en la fuerza, la voluntad. Por eso, la educación –y eso es una de las cosas fundamentales que se han olvidados en las sucesivas leyes educativas- tiene que ir dirigida a la educación de la virtud. De ahí que la educación tenga más que ver con la euducación de la voluntad, que nos hace libres, que con las motivaciones. Las motivaciones se dirigen a los deseos. Los apetitos y deseos nos hacen esclavos. Son las pasiones. Éste es uno de los grandes engaños de la teoría educativa actual. Por eso encontramos tanto niño caprichoso, sujeto a sus pasiones y, pocos, con coraje y valentía que sean capaces de lanzarse por encima de sí mismo y de sus pasiones, como la del miedo. El héroe, no es que no tenga miedo, es que es libre y acepta cumplir con su deber, porque lo considera importante.

 

La vida es dolor, como bien dijeran los budistas y Schopenahuer. El niño nace llorando a este mundo. El semblante del anciano tras la muerte es la serenidad. ¿A qué afanarse tanto y tomarse todo tan en serio?

Equiparo la izquierda realmente existente con la que tiene capacidad de gobierno. La otra izquierda, si bien existe, su propia ideología la hace ser inexistente en el sentido de que no tiene capacidad de gobernar. Y esto es así porque, a nivel mundial, ha habido desde hace cuarenta años una derechización de la política. Es lo que se llama el neoliberalismo, que no es una teoría económica, sino una ideología política que utiliza a la economía como supuesta ciencia. Pero utiliza una visión distorsionada de la economía. El neoliberalismo se basa en un sistema de creencias que constituyen un catecismo, lo que llama el premio Nobel de economía Stigliz, el catecismo neoliberal. Y eso es lo que aplica el FMI, ese catecismo, que, por lo demás, ha producido desequilibrios del reparto de la renta del capital por doquier. Además, no han dado ni una en sus predicciones. ¿Qué ciencia se puede preciar de no ser capaz de predecir? La economía está al servicio de la política neoliberal como ideología. La izquierda realmente existente, desde el punto de vista de las ideas, ocupa un lugar extremadamente minoritario. Y, yo diría, que como no sea que esta crisis cree consciencia de clase, que es lo que se ha perdido, hemos perdido la posibilidad y vamos directamente dirigidos a un fascismo económico, en el que ya estamos, y un fascismo de extrema derecha, en el que nos estamos adentrando. La ideología neoliberal ha sido la triunfante y ha sido capaz de hilar un pensamiento hegemónico que tiene varios pilares, y que son los que hacen inviables la izquierda de verdad y la derechización de los partidos de izquierda con posibilidad de gobierno a la hora de gobernar. Esos pilares son: el fin de la historia y las ideologías y el pensamiento único. Tras la caída del muro se proclamó el fin de la historia. La única forma de organización posible era la democracia liberal. Esto es una gran mentira, una ideología que todos fuimos aceptando. Un engaño del poder económico que tenía como objetivo disolver las clases sociales. Pero hoy en día, y lo vemos con la crisis, lo que tenemos es un enfrentamiento de clases, pero no lo vemos porque el obrero ha perdido su consciencia de clase. Una característica importante de esa democracia liberal y del pensamiento único que la acompaña es la autonomía de la economía. Es decir, que el devenir histórico viene determinado por las leyes de la macroeconomía que los economistas neoliberales han descubierto. Ésta es la tesis del determinismo histórico económico. El determinismo no es ciencia, sino ideología. Además, quedaría falsado en la medida en la que las predicciones que se han hecho no se han producido. Por otro lado, esta ideología anula la libertad y la individualidad, que la reduce al mero consumo, cosa que le interesa a la clase del poder para mantener el sistema económico del crecimiento (para ellos, una minoría cada vez más minoritaria.) Y esto es lo que ha paralizado al ciudadano. La crisis en la que estamos no solo es de origen económico, eso sería una interpretación neoliberal. Es una crisis política. No se adoptaron, ni se adoptan, las decisiones políticas adecuadas que pongan freno al poder económico. Por el contrario, las decisiones políticas que se adoptan son a favor del poder económico. Y, por supuesto, el poder, por su propia naturaleza derechiza. Además, hay que tener en cuenta que gran parte de la clase política tiene intereses en la clase dominante económica y no van a hacer política en contra. Esta crisis brinda la oportunidad a la izquierda de recobrar sus ideales. De tomar consciencia de que la lucha de clases sigue existiendo. De que es posible una ética y una política internacional por enzima del poder económico. Que el neoliberalismo y las democracias liberales son una ideología; y, el consumo, motor de ese sistema, el opio del pueblo.

En cuanto a los sindicatos han perdido su capacidad de ser agentes sociales. Lo que ocurre es que la única manera, por el momento, de convocar una huelga es a través de los sindicatos. Pero ya va siendo hora de que conozcamos que existen muchos otros sindicatos que no le deben tanto al poder político. Además, si la crisis se agudiza, que es lo que va a pasar, porque el capital quiere acabar con el estado de bienestar e, incluso, con el estado de derecho, las organizaciones de protestas vendrían de la ciudadanía. Serían populares. Si esto ocurre, lo que veo difícil, por lo de la situación de nihilismo en la que vivimos, a la que nos ha llevado el capital, estaremos dando un paso hacia una nueva concepción de la democracia y de la gobernabilidad mundial. Como digo, esto no sólo es una crisis económica, con las tremendas consecuencias sociales: pobreza y miseria, sino una crisis política que tiene que llevar a nuevas formas de hacer política. Yo opto por cambios ilustrados, no revolucionarios. Pero la historia nos muestra que las crisis producen guerra y violencia. Hay que aprovechar la coyuntura para replantearse todo el sistema social. Si los sindicatos y yo coincidimos en la huelga, pues bienvenidos sean. Ahora bien, los seguiré considerando unos farsantes. Sobre todo, en el ámbito educativo que es donde mejor los conozco.

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No se puede profundizar en la democracia sino participamos activamente en los movimientos sociales desde abajo. El no ir a la huelga por no dar más dinero al gobierno no es más que una justificación de nuestra pereza y comodidad. Aquello que nos impide ser libres, mayores de edad. Aquí la cuestión es de prioridades. Y la prioridad es la justicia social sobre los intereses particulares. Y de lo que se trata es de tomar consciencia de que lo que se está dando es un ataque del poder del capital contra las clases de todos los trabajadores; esto es, la ciudadanía en general. Y esto es lo realmente importante, lo que debe unirnos a los ciudadanos. La clase política está siendo el vehículo de las intenciones del gran capital; y, no ahora, sino desde hace cuarenta años. Ahora es la oportunidad de enfrentarnos, en lo que todos los ciudadanos tenemos de común como obreros, a la clase política y al gran capital. Lo demás son intereses particulares. Hay que ir a lo general.

Efectivamente, Fernando, el no hacer nada es una opción, como la del perfecto vago, o la del místico. En fin, son opciones que construyen. Lo otro que dices es muy interesante. Desde joven definí la vida como un dejar. En toda elección está el dejar. Por eso nuestra vida es un continuo abandonar posibilidades que se quedan en las cunetas de nuestra biografía y que sirven, a veces, de alimento de la nostalgia, o, peor,  de tortura. Nuestra felicidad, o, al menos, bienestar, reside en que la segunda parte sea escasa o, casi inexistente.

 

Siguiendo a Ortega, la vida es tarea. La vida es construcción. La clave es la acción. Incluso el no hacer nada es un hacer. Estamos sujetos a la acción. Como el Fausto de Goete, “En el principio fue la acción”. Por eso nos dice Ortega que la vida es una obra de arte en la medida en la que es única e irrepetible. Y, cierto, gran parte de lo que hacemos lo hacemos para dejar des ser quienes somos. Nos construimos por la acción de nuestra reconstrucción. Pero esa reconstrucción tiene que ver con los otros. Decía Sartre que el infierno son los otros. La mirada del otro nos cohíbe, nos condiciona. Es nuestro espejo en el que aparecemos, para nuestro gusto, siempre deformados. Pero sin la mirada del otro no es posible la ética. En el otro vemos al semejante, que puede ser próximo o lejano. Cuando es el próximo estamos todavía en una ética tribal, cuando es lejano hemos dado el paso a la universalidad ética. Y en esto consiste la parábola del buen samaritano y el fundamento de una ética universal cosmopolita. El hombre, por su naturaleza biológica, no siente compasión del extraño, al revés, siente miedo, y se defiende de él. Debe ser una conquista histórica alcanzar una ética universal cosmopolita. Ése es el ideal kantiano de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Y es la base ética de los derechos humanos. A esto hay que sumarle el principio de responsabilidad de Jonas. Nuestras acciones pueden afectar al absolutamente otro, al que nunca conoceremos y a los no nacidos. Pero si nuestras acciones les perjudican somos responsables de ello. Este principio de responsabilidad es la base de una nueva ilustración que elimina el antropomorfismo y nos retrotrae a nuestro lugar natural en la ecosfera. Es la base de la ética ecológica. ¿Veremos este nuevo progreso ético-político como hemos visto el surgimiento de la democracia, o caerá dentro del ámbito de la mera posibilidad?

 

Muy cierto. Lo decía Kant. Hay que ser coherente, no tener contradicciones en nuestro pensamiento. Y ser consecuentes. Actuar conforme se piensa. Y eso, como tú dices, es lo realmente difícil. Es el ideal moral que regula nuestra acción. Lo de la felicidad es una cuestión más accidental, e, incluso, bioquímica.

 

 

El sueño de la razón produce monstruos. Efectivamente. Hay que tener en cuenta una cosa. Uno de los monstruos de ese sueño de la razón es la utopía política. El pensamiento de Marx es un pensamiento utópico. Hay que quedarse con sus buenos análisis económicos y su fuerza ética. Desde luego que se debe de tomar consciencia del estado de miseria. Pero eso no es suficiente. Hay que atreverse a ser libres, a pensar por uno mismo. Lo que sucede es que el hombre tiene miedo a la libertad. Valoramos la libertad pero preferimos la esclavitud. Además, somos animales de creencias, más que de razón. Nos alimentamos de éstas y éste es el caldo de cultivo de nuestra esclavitud. La estructura democrática no coincide con nuestra biología. La democracia y sus valores son una conquista del hombre. Un progreso accidental sujeto a desaparición. La democracia es una forma de gobierno que garantiza la máxima igualdad, pero ésta nunca se da de facto. Podemos profundizar en la democracia, pero nunca podremos hacer de cada hombre un ser ilustrado. Esta es la paradoja de Hume. Renunciamos a la libertad, por la comodidad. Preferimos el mundo de las apariencias a la cruel realidad. Y éste es el hecho. Pero, a pesar de ello, hemos conquistado ciertos valores universales. Nuestra esperanza es luchar para que no se pierdan y profundizar en ellos globalizándolos. Esto último sería el ideal de una ética cosmopolita.

 

La soledad es la esencia del hombre. Nacemos solos y morimos solos. Toda nuestra vida es un afán por rellenar ese vacío de soledad y sinsentido. Somos contingencias concretas y autoconscientes de la naturaleza. De alguna manera somos consciencia del universo. El universo consciente de sí mismo: panteísmo. Por eso, cuando muere una persona muere un universo.

 

¡Vaya con la sentencia! Es formidable. No conocía esa faceta tuya. Tres conceptos íntimamente ligados. Parecería que has leído a Kant. Autenticidad, responsabilidad y libertad. Llevo años intentando explicarles a mis alumnos la unión entre estas tres ideas. La libertad es cargar con la responsabilidad de lo que uno decide. Por eso la libertad es autenticidad. Es decir, el hombre libre es coherente y consecuente. Y la libertad emana, precisamente, de esa obediencia. La libertad no es hacer lo que nos da la gana, sino lo que debemos. Lo primero es el mero capricho, pasión; por tanto, esclavitud. Lo segundo es ilustración. Atreverse a pensar (ser) por ti mismo; por tanto, libertad.

 

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A la huelga no por los sindicatos, sino por sentido común. El fracaso de mañana es el de los sindicatos y el del sentido común. Y, por otro lado, es el triunfo del perfecto engaño urdido por el poder. Y será el preámbulo del fracaso de la huelga general. ¿Cómo van a ponerse en huelga los trabajadores precarios, si ni lo harán los funcionarios? El nihilismo ha triunfado en nuestras consciencias. El fascismo tiene la vía libre. ¡Qué bien lo han hecho estos bastardos desde hace cuarenta años, esos que se reúnen en Davos!

 

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La única razón de la existencia es la persistencia. El conatus de Spinoza, o el instinto de placer o supervivencia (Freud, Darwin) De Ahí la importancia trascendental de la observación de Camus. La única cuestión filosófica de relevancia es el suicidio. Y la observación de Ciorán, ferviente defensor del suicidio, ser conscientes de esa posibilidad es lo importante, pero hay que postergar el momento. Siempre sabemos que está ahí.

 

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Después de una dura crítica a Marx, cada vez soy más marxista. Pero hay muchas matizaciones que hacer. Hay que eliminar la concepción del crecimiento ilimitado en Marx, introducir el discurso ecológico, una nueva ética no antropomorfa... Lo de la revolución lo veo difícil dado el estado de nihilismo en el que hems caído. Además, pienso, junto con Kant, quela revolución no nos lleva a la ilustración. La revolución no es el camino de la libertad ni de la emancipación, sino de la sustitución de unas ideologías por otras. El tránsito es hacia una democracia más auténtica.

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            Estamos asistiendo a una lucha entre el poder económico, los mercados, y el poder político, los estados. Lo malo es que los últimos cedieron demasiado en los últimos cuarenta años de neoliberalismo. Con la crisis creíamos que el estado volvería y lo que ha vuelto es un neoliberalismo revitalizado que lo quiere todo. Es el fascismo económico, antesala del fascismo político. A los ciudadanos se les ha adormecido con el individualismo y el consumo, de ahí el nihilismo. Y se les ha engañado haciéndoles pensar que esto es un proceso natural de la historia. Siendo así, no se puede intervenir. Es una jugada maestra. Aunque Marx tenía razón en la predicción de este tipo de crisis no sabía el alcance del opio de las nuevas religiones.

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            Uno de los problemas de la izquierda es que la única izquierda realmente existente, la que llamo, aquella con capacidad de gobernar, se rindió al neoliberalismo, con lo cuál se vació de su contenido ideológico. La izquierda realmente existente no es izquierda, es comparsa del neoliberalismo. De ahí que no existe un pensamiento, en los partidos de izquierda realmente existente que se pueda enfrentar al neoliberal porque, en el fondo, son el mismo. Los sindicatos, como viven a merced de los estados no son representantes de nada ni de nadie.

 

 

 

 



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