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Filosofía desde la trinchera

Sí, efectivamente. Pero, para desear eso, hay que tener esperanza de que, algo, al menos, se pueda conseguir. Cualquier deseo se alimenta de la esperanza de conseguir lo deseado. Por muy pequeño o grande que sea lo deseado. Además, la naturaleza del deseo (el sentimiento, el afecto) es el mismo ya deseemos grandes cosas, como pequeñas, como meros vicios y maldades. Y debajo subyace la esperanza. La desesperación es la antesala de la muerte. Ya nos lo decía con la mayor claridad del mundo el amigo Cioran en su “En las cimas de la desesperación”

Yo creo que más que todo eso la cuestión es la esperanza. El que tiene esperanza, tiene vida. El que pierde la esperanza, ya sosegadamente y con argumentación filosófica o por la propia vida y la Fortuna está abierto a la muerte. De ahí que el hombre invente los mitos y la religión y estos le da y alimentan su esperanza natural. El hombre es un ser de esperanza. Por eso la angustia es la desesperación. De ahí que Heidegger, cuyo concepto filosófico central es la angustia, diga que el hombre es un ser para la muerte. Y de ahí, también, que el cristianismo considere a la esperanza como una de las tres virtudes teologales.

"El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si su solidez no fuera más que una fantasmagoría sin más realidad que una pesadilla". Ernesto Sabato, El túnel.

Coincido contigo. El punto de inflexión en el tema del pacifismo está en Kant en “La paz perpetua”. Aquí considera que el mal radical del hombre es la guerra. No sabía él hasta donde iba a llegar ese mal radical y, además, auspiciado por la perversión de la razón ilustrada. De lo que se trataba era de conseguir una alianza libre de repúblicas libres. Entendiendo por libre el ideal ilustrado: la autonomía y la mayoría de edad. Pero eso lo pensaba como ideal político. No como utopía realizable. Esto es importante tenerlo en cuenta. En cuanto el ideal de la razón se transforma en utopía, caemos en los totalitarismos de la razón. Kant, a pesar de ser un entusiasta de la razón ilustrada, reconoce sus límites. El progreso de la humanidad no es necesario, necesita del empuje y de la voluntad humana. Lo mismo que la mayoría de edad no se alcanza biológicamente, sino que requiere del esfuerzo y puede no alcanzarse nunca.

Una cosa que echo de menos en tu exposición son las críticas a los movimientos pacifistas que hubo antes de la segunda guerra mundial. Ante la tiranía inevitable ¿es legítimo el pacifismo? He estado revisando el concepto de banalidad del mal con mis alumnos estos días y creo que el mal radical se produce inevitablemente cuando el ciudadano normal no interviene. Asume el status quo de las cosas. Cierto, estos no son pacifista, son gente común desideologizadas. Pero los pacifistas, ¿qué deberían hacer en estos casos? Arendt dice que hay tres tipos de hombres: los nihilistas, los dogmáticos y la gente común. Los dos primeros sucumben fácilmente a las ideologías salvadoras y totalitarias. El hombre común, no actúa, se deja llevar. Cumple con su deber. He aquí la banalidad del mal. Y luego he estado viendo un documental “El juego de la muerte” en el que hay una adaptación del experimento de Miligran en el que se demuestra el poder que tiene la autoridad sobre la mayoría de las personas, de tal forma que les puede llevar a matar por obedecer órdenes y estando alejados de la víctima: la pueden oír, pero no ver. Esto me hace pensar sobre el pacifismo. Es decir, que no es nuestra postura natural, lo cual no implica que sea loable luchar por ella como fin o quiliasmo de la historia, que diría Kant.

En cuanto a los deberes en caso y algunas cosas más.

Pues pienso que, en principio, los deberes están prohibidos. Pero pienso que habría que racionalizar la jornada laboral. Y esto es una cuestión de dinero. Los niños están cinco o seis horas seguidas, con media hora de descanso dando clases, sin horas de estudio, de biblioteca…todo ello aumentaría la calidad de la enseñanza, pero cuesta dinero, ergo…

No estoy en contra, tal y como están las cosas, de los deberes en casa. Ahora bien, lo que no puede ser es que los padres hagan los deberes y sea para ellos una carga. Lo único que deben hacer es crear el hábito y la disciplina de que los deberes deben hacerlos. Los padres no deben ni corregirlos. Que los niños vean el rojo en sus deberes para que aprendan a hacerlo bien. Como hemos hecho todos. Creo que de mi generación, que llegamos pocos a la universidad, claro, nunca nos ayudaron, pero sí impusieron un hábito de trabajo. Lo único y lo esencial. Lo verdad realmente importante. Por supuesto los deberes no deben ser mecánicos y repetitivos, pero sí deben fomentar la memoria. Sin memoria es imposible ninguna forma de conocimiento. Esto es mera charlatanería. Y que los deberes crean desigualdad entre los alumnos, pues es otra mentira piadosa de la psicología positiva, chahipiruli, de que todo en la vida es color de rosas. Aquí nadie somos iguales. Somos iguales en oportunidades, y ello hay que defenderlo con uñas y dientes. Pero después, si queremos una sociedad mejor debemos fomentar la meritocracia sin que nadie se quede atrás. Pero la virtud es excelencia, no mediocridad. Que es lo que se nos vende por todas partes. Ya está bien de paños calientes, de coachings, o leches, de psicólogos positivos, de educación emocional. Hoy he explicado, con video incluido en pizarra digital (a la última, vamos), el concepto de banalidad del mal, y ¿eso no es educación emocional y en valores?, o tiene que venir un coaching o un no sé qué de valores a explicar eso, pues íbamos listos. Uno ya es muy viejo para aguantar tanta tontería y, encima, aguantar a los alumnos indisciplinados, sin capacidad de respeto, ni de esfuerzo, ni de valorar los auténticos valores, deshechos de la educación por culpa de tanta tontería y tanta gilipollez que se le ocurre a cuatro desocupados.

 

Efectivamente, es la misma idea. Y, además es la idea que han barajado las religiones, los estoicos, Schopenhauer, Cioran, Pascal… y cientos de sabios. En definitiva, somos infelices por aquello que hemos creído siempre que nos hace más perfecto. Quizás somos un experimento fallido de la evolución. Sólo hay que darse cuenta que estamos causando, nosotros solitos, la mayor extinción de seres vivos de la ecosfera y toda su historia. Es la sexta extinción. Y lo hacemos alegros y contentos, en nombre del progreso. Y queremos solucionarlo con más tecnociencia y más crecimiento económico. Simplemente estamos locos, deliramos. Una megalomanía. Claro, nuestro cerebro ha ido creciendo chapuceramente sobre un cerebro reptiliano. Las emociones de un reptil con la razón humana. Pues una bomba. Todas las especies de homínidos han desaparecido, la nuestra también lo hará. Pero se llevará por delante al 80% de la ecosfera. Somos como un cáncer o un virus para la biosfera. Pero que no terminará con ella.

Pues me alegro, aunque lo suponía, que lo veas desde otras perspectivas. Y tu explicación, desde la crianza, a mí me ha aportado una perspectiva absolutamente nueva. Lo del reduccionismo te lo digo a ti, pero me lo digo a mí mismo también, que no debemos caer en él. Y, en concreto a mí mismo, porque al ser novedoso lo de la crianza y los textos de Casilda tan sugerentes y sugestivos, pues me he movido a veces en la explicación fácil reduccionista.

Lo del conocimiento filosófico y humanístico es muy importante. Las mejores universidades del mundo ofrecen como principal conocimiento el de las humanidades, siendo la filosofía la que vertebra la relación entre las dos culturas. El resto del conocimiento no es más que el de la especialización para trabajar. Por eso se eliminan las humanidades de la educación pública y sólo las universidades e institutos de élite los conservan, porque allí se formarán los futuros dirigentes del mundo. Al pueblo se les forma para trabajar, por eso la formación es absolutamente fragmentaria, superespecializada y deshumanizada. Es el biopoder. Ni alumnos ni profesores se han dado cuenta de esto. Es más, han considerado la educación obligatoria como un éxito (¡vivan las cadenas!) y yo creo que ya es demasiado tarde para darle la vuelta a todo esto. Lamentablemente. A no ser que se produzca una revolución paradigmática.

Sí, si os doy la razón a las dos. Pero, como buen escéptico sigo instalado en la duda. Las auténticas sociedades matriarcales tuvieron lugar en el paleolítico. Y fue cuando más equilibrio emocional hubo. Pero, aquí viene lo bueno y que coincide con Platón, la crianza se llevaba a cargo del clan. Todos participaban de la crianza no existiendo la figura del padre pues aún no se había entendido la relación entre la sexualidad y el nacimiento de hijos. Por eso participaba todo el clan, porque lo importante era la supervivencia de éste y esto sólo era posible a través de la supervivencia de los vástagos. Por eso el reto de Platón sería, ¿qué tipo de sociedad organizamos que garantice la igualdad y la crianza y no sea patriarcal? Quizás, igual que en el reto anticapitalista, haya que volver a los bienes comunitarios, que no comunismo, que es otra cosa. El comunitarismo de bienes existía en el paleolítico e, incluso, en el neolítico, lo hemos vivido hasta el siglo XIX, y en los pueblos hasta el XX, hasta que aparece el capitalismo. Según me he informado, con la crisis, en los pequeños pueblos muy pequeños se ha vuelto, en cierta medida, a una economía comunitarista, lo cual les ha permitido sobrevivir. Quizás, y lo lanzo como hipótesis, lo que pasa es que nuestras sociedades se han convertido en excesivamente individualistas y ven la crianza bajo el paraguas del individuo, del mundo de lo privado, y no de la comunidad. Esto no significa arrebatar el hijo a la madre, sino que la comunidad intervenga igualitariamente en la crianza y que los afectos se dirijan, tanto a la madre como a la comunidad. Porque en definitiva, debemos nuestra existencia a la comunidad, a la sociedad, no a la familia. Hay muchísimas formas de organización familiar. Y, mientras la familia produce diferencias e, incluso, daños afectivos a través de la crianza, la comunidad iguala. Hoy en día hemos llegado al extremo del egotismo, hedonista y nihilista en el que no reconocemos a la sociedad. Es la perversión del capitalismo. El comunitarismo devolvería al individuo a la comunidad que es su lugar natural, sin arrebatarlo de la familia. Lo que está claro es que el reto lanzado por Platón implica, para nosotros un cambio de paradigma, no parchear desde el patriarcado y el capitalismo. La salida que yo veo es lo que llamo el ecosocialismo que sería, digamos, el marco general.