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Filosofía desde la trinchera

Esto es tremendamente importante para el profesorado y para la ciudadanía en general. Pero el profesorado por lo que se ve, ni se inmuta. Y, a la ciudadanía, con que esté el niño recogido, pues le importa un bledo si aprende o no. Mira como con los médicos no se atreven. Señores lo que está pasando y lo que ahora quiere cobrar cuerpo de ley, es como si al ginecólogo, si le sobran horas, pues las complementa con traumatología, y al de trauma, pues lo hace por ejemplo con psiquiatría…y así sucesivamente. Es absolutamente lo mismo. Pues estoy seguro que ni los médicos ni los ciudadanos lo permitirían. ¿Qué pasa con la educación? Es una auténtica caja de sastre. Para empezar habría que quitar la obligatoriedad, que la está lastrando y recuperar la carrera docente del profesorado (carrera en su especialidad), quitar los cursos de formación psicopedagógica y de los sindicatos, volver a las oposiciones libres de cátedra. Dar permisos de estudio y de especialización. Mandar al carajo las leyes educativas, por lo menos, desde 1990 (LOGSE) Esto es un disparate, un despropósito, un esperpento y un desencanto para el profesor vocacional y que, a pesar de todo, sigue formándose en su especialidad, o doctorándose o estudiando sengundas licenciaturas (ahora rebajadas a grados, claro)

http://www.catalunyavanguardista.com/catvan/la-indocencia-de-wert/

"El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices". Nietzsche.

Se calculan 200 millones de muertos por guerras en el siglo XX: el siglo en el que la muerte se convierte en exterminio y genocidio. También a partir de la Gran Guerra hay más muertos civiles que soldados. Es un horror. Es el siglo de la neocolonización. Se desarrollan los países occidentales a costa de las antiguas colonias. Eso sí, después de la experiencia de la segunda guerra mundial surgen los derechos humanos y se consolidan las democracias. Y, cosa importante, la ciudadanía, que no los poderosos, llegamos a entender que la violencia es la peor forma de resolver los problemas. El crecimiento económico no sólo se hace a costa de las colonias y sus habitantes, sino de los recursos naturales llegándose a una situación de posible colapso civilizatorio, a menos que pongamos remedio. Los derechos humanos se cumplen arbitrariamente, aunque son un gran invento, se aplican dependiendo del voto del consejo de seguridad y su poder de veto. El capitalismo se extiende hasta convertirlo todo en mercancía, incluido el propio hombre. La historia de la humanidad no es como para estar orgulloso de la especie. Ahora mismo tenemos unos sesenta conflictos armados. Los avances médicos están en manos de unas cuantas multinacionales que se enriquecen a costa de la salud. Muchos de los medicamentos, simplemente, matan. Se investiga en lo que le interesa a las multinacionales, no a la salud mundial. El gran descubrimiento de los antibióticos nos ha puesto en guerra contra las bacterias. Cierto que éste ha sido el gran avance de la medicina en lo que se refiere a salvar vidas. Lo malo es que la guerra con las bacterias es muy peligrosa. Ellas las han ganado todas. No obstante, esperemos que ésta no. Es la guerra entre la evolución biológica (la de las bacterias) y la cultural (el hombre). Si el hombre desaparece a la naturaleza no le importará. La sexta extinción, que es la mayor de todas, es de origen antropogénico y ha tenido lugar en el siglo XX. Pero ha habido otras grandes extinciones antropogénicas, aunque locales. La primera cuando el hombre llega a Australia, la segunda, cuando llega hace unas 30 mil años a América y la tercera, la actual.

En fin, que nosotros que somos unos privilegiados pues podemos disfrutar, pero también, como dice el jesuita Jon Sobrino: “Fuera de los pobres no hay salvación” es un título de uno de sus libros. La iglesia dice: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. Pero Jon Sobrino, teólogo de la liberación, entiende la situación de pobreza como una injusticia social. La caridad cristiana está muy bien, pero, primero hay que luchar contra la injusticia social. Cada uno a su modo y desde su lugar. Es imposible pedirle a nadie que sea un héroe. Hay razones para ser pesimista, pero el pesimismo y el optimismo es cuestión bioquímica.

 

El relativismo dice que cada uno tiene su verdad, por tanto todas las verdades son iguales y equivalentes. Cada uno tiene su verdad. Entonces no hay verdad o todo es verdad y la que hay es la que se impone por la fuerza. Que es lo que ocurre ahora mismo. El poderoso tiene la verdad porque es poderoso, no porque tenga razón. El escepticismo es la búsqueda de la verdad con minúsculas, porque el escéptico reconoce que toda: verdad, bien, belleza y justicia son provisionales; no relativos ni subjetivos.
El escepticismo es un modo de ver el mundo y de vivir en el que hay una unión entre la teoría y la praxis. El relativismo es el nudo filosófico de la crisis actual. No hay democracia porque el pueblo no tiene el poder, sino que los poderosos se han hecho con la razón e imponen las leyes que nos gobiernan y no porque tengan razón, sino porque tienen poder. Ésta es la tremenda y terrible consecuencia del relativismo. Por eso nunca se puede decir que las opiniones son respetables. Lo respetable son las personas. Si decimos que las opiniones son respetables caemos en el relativismo. Es la confusión entra la libertad de expresión y el relativismo. Pero éste es la ideología del poder para seguir manteniendo el poder que es el que le permite actuar independientemente de la verdad. Mientras, el ciudadano se cree libre porque puede pensar lo que quiera. Pues ni es libre, porque piensa lo que le dicen que piense y, no es libre, porque no puede actuar. Es el poder, con su fuerza, el único que actúa. El pueblo obedece sumiso e ignorante. Para salir de esta situación hay que desenmascarar al poder y recuperar la fuerza o el poder que se le ha arrebatado a los ciudadanos. Y ésta es la misión de la fundación de una república.

¿Son compatibles la sabiduría racional con la sabiduría mística?

Tus preguntas son tremendas. La verdad es que yo también me la hice en su momento. Al inicio de la carrera y opté por el saber racional. Supongo que, porque no tenía alternativa mejor. No se nos ofrece, a menos que seas creyente, un camino hacia la mística. Muchas veces he estado tentado, pero como soy ateo militante, practicante y con mucha fundamentación teórica, me es imposible, salvo el budismo. Pero vivimos en occidente. Luego…

Yo creo que sí se pueden tener las dos sabidurías. Cuando entiendes íntimamente que la sabiduría racional es parcial y que forma parte de un todo, por ejemplo. Creo que los griegos estaban más cerca de esto que nosotros. Aristóteles, los estoicos, los epicúreos, eran sabios y sabían cosas, pero su concepción del saber racional es muy distinta a la nuestra. Tiene que ver con la teoría pura que te lleva a la contemplación. Lo mismo el sabio Spinoza y, el mismo Eisntein que se inspira precisamente en Spinoza. Pero hoy en día el saber racional es fundamentalmente técnico y mediatizado por el poder político, económico y militar. Pocos investigadores puros quedan. Y menos que quedarán. Ya en mis tiempos de estudiante de bachiller los alumnos se preguntaban el para qué del conocimiento. No entendían que el conocer tiene el fin en sí mismo.

De todas formas, quizás el saber racional sea dar un rodeo, pero que te permite una comprensión del universo. Mientras que la vía mística se salta ese paso porque no es necesario, incluso puede ser contraproducente. Es curioso que, mientras más se sabe del cerebro más nos acercamos a las ideas que sobre el mundo tiene la mística. Me acabo de leer el último libro del neurofisiólogo Antonio Damassio “Y el cerebro creó al hombre” y puedes sacar la conclusión que acabo de decirte. La diferencia es que Damassio pretende saber en qué consiste la consciencia, la libertad y la autoconsciencia y cómo se explica esto a través de los diferentes modelos de funcionamiento del cerebro. Pero no aspira con ello a alcanzar la perfección intelectual. Esta escisión, un griego no la entendería. El propio saber es un camino de ascesis que te lleva a la perfección y el conocimiento adquirido es un objeto de contemplación del mundo. Somos, como decía el cosmólogo Carl Sagan “la voz en la fuga cósmica del universo.” Es decir, y esta es mi concepción filosófica panteísta: nuestro conocimiento es la autoconciencia del universo. No somos más que polvo estelar, surgido del big bang hecho consciente. Conciencia fragmentada, claro. Esto es lo mismo que el budismo pero con un tremendo sustrato matemático y empírico que lo fundamenta. Pero una vez que hemos llegado a la idea podemos contemplarla e iniciar el camino espiritual. Pero, como te digo, esto último a la ciencia no le interesa, aunque a científicos en concreto, sí, como Einstein o Sagan… en fin una aproximación de respuesta. La próxima más facilita, jaja.

El viajar y ver (el turismo) se ha convertido en un objeto de consumo que no te permite deleitarte. Es como la vida cotidiana, llena de prisas y masificación. La gente va a los sitios casi que por decir que ha estado allí. Pero no conocen nada de lo visitado: ni historia, ni cultura, ni pensamiento. Ya el mismo viaje, sea en coche, tren o avión o los típicos cruceros, son un traslado veloz de un lugar a otro. Antes el viaje te transformaba por dentro. Ahora en una hora y cuarto estás en Atenas. Y, simplemente, ir a Madrid, como hay autovía, te priva totalmente del deleite del viaje, no ves ni un solo pueblo, no paras. Es como si cruzases un páramo, un no lugar. Es un traslado físico en el que la mente permanece estática. Llegas igual que saliste de casa. Y si se te ocurre ir al Prado, pues ya sabes lo que te espera. Para viajar prefiero un libro. De momento…

 

Más vale sufrir una injusticia que cometerla.

Es éste un viejo dicho socrático que podemos considerar uno de los fundamentos de la ética en Occidente. Una de sus más brillantes conquistas. Es una sentencia sobre la que podríamos meditar toda la vida. Pero mejor, es un imperativo moral que deberíamos cumplir durante toda nuestra vida. Es un camino hacia la perfección moral y forma una unidad con la compasión budista y al amor al prójimo de Jesús de Nazaret. En realidad son distintas formulaciones de un único principio. En los tres está de fondo la consideración de que el otro es un semejante, otro yo, por tanto un sujeto al que no se le puede instrumentalizar. No en vano nos encontramos en la época axial, que decía Jaspers, en la que hubo una revolución moral de la humanidad, cuyos tres máximos representantes son los que hemos citado más arriba. Esta revolución marca un salto cualitativo en el desarrollo histórico de la humanidad. Ahora bien, el descubrir un valor nuevo de perfección moral para la humanidad no implica su cumplimiento. Aquí lo teórico y lo práctico se separan totalmente. Por eso he dicho siempre que la filosofía (y la ética es la parte central de ella, su motivo de existencia, su justificación) es el saber más práctico que existe porque nos habla de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser.

Pues bien, de esto es de lo que nos habla la sentencia socrática que nos marca el camino de nuestra perfección, la salida de la caverna moral en la que nos encontramos. Vamos a ver. Cometer una injusticia, sea del carácter que sea, es convertirse en un injusto, en un corrupto. Cometer una injusticia nos corrompe el alma, nos arranca un bocado de nuestro ser. Nos convierte, de paso, en un cobarde que no es capaz de enfrentar la justicia, ni su debilidad. Pero, además, cometer una injusticia nos hace esclavos de nuestra cobardía. Porque cometemos la injusticia por la debilidad de no ser capaces de ser justos. Y, ¿qué es ser justo? Pues obrar conforme a lo debido, conforme a la virtud. Si no se puede robar, no se roba. Ahora bien, si puedo robar impunemente y robo, soy injusto, soy un corrupto, un cobarde y esclavo de mis pasiones. Por el contrario, si frente a la adversidad, la posibilidad de robar, la impunidad, no lo hago y, por supuesto no me hago rico, ni me codeo con la clase alta, ni nada de esos supuestos parabienes, pues entonces he obrado justamente. He sido valiente, es decir, he sido fuerte. Mi acción ha vencido a la pasión, a lo fácil, al vicio. Me he perfeccionado. Entonces soy un hombre valiente y excelente. Es decir virtuoso. Porque en griego virtud (arete) es excelencia. Claro, por eso el objetivo de la educación griega, y en especial Sócrates, es la educación en la excelencia. Lo contrario de lo que ocurre en nuestra sociedad. Ésta, en general, y la educación, en particular, no fomentan, ni por asomo, la virtud, ni la excelencia, sino la mediocridad y el oportunismo. ¿Cómo podemos explicar sino, por ejemplo, la corrupción? Ésta existe hace décadas. No es nueva, ni nace por generación espontánea, se ha mantenido porque millones de votantes lo han consentido. Les recomiendo el libro de Javier Pradera, escrito en 1994 y publicado este año “Política y corrupción”. Es decir, que la ciudadanía ha cometido una injusticia, generalmente, no estoy diciendo todos, han votado la corrupción, por múltiples razones, que en última instancia, los llevaban a la comodidad y a no complicarse la vida y han renunciado a la justicia. Es decir, denunciar públicamente el sistema de corrupción en el que hemos vivido. Han sido esclavos, por eso no tienen libertad política. Eso nos enseñó Sócrates. De ahí su juicio y su muerte. Difícil camino de recorrer. Y si nos fijamos en la educación, y esa nefasta ley LOGSE-LOE, del partido socialista, lo que ha fomentado precisamente es la mediocridad. Si se puede promocionar con dos o tres asignaturas pendientes, si al final incluso la promoción es automática, porque lo que interesa es que el niño esté escolarizado hasta los dieciséis años, pues es muy fácil que el niño caiga en la pasión y el vicio de la pereza. Que no valore ni la enseñanza, ni al profesorado. Lo raro es que haya tantos estudiantes que no han caído en esa pereza que les llevaría al camino fácil de la injusticia. No se debe copiar, por ejemplo. Es una injusticia porque engañas a la sociedad y en concreto a tus compañeros de clase, que se han esforzado y no copian. Pues el que elige copiar, para empezar, no elige, sino que se deja arrastrar por el vicio de la pereza, en segundo lugar se corrompe, porque se hace débil y, en tercer lugar, provoca un daño a sus compañeros y a la sociedad en general. Lo mismo ocurre con el que falta el respeto a sus compañeros o a su profesor. Comete una terrible injusticia. Lo fácil es hablar en clase, molestar, no atender, jugar… lo difícil es atender, estudiar, colaborar con tus compañeros y con el profesor en el proceso de aprendizaje. Pero, no, el corrupto, elije la injusticia. O, al revés, por elegir la injusticia se hace corrupto. Se convierte en un cobarde y un mediocre, pierde un pedazo de alma, se deshumaniza. Porque aquí hay algo muy importante. Cuando se comete una injusticia, como el faltar el respeto, no sólo afecta al que comete la injusticia, sino que también, a la humanidad circundante contra la que se comete la injusticia. Porque en tal caso la injusticia lo que está haciendo es tratar al otro como un objeto, lo está instrumentalizando, no lo considera otro yo, un sujeto de derecho y de dignidad. Pero, claro, la injusticia siempre se vuelve contra uno. Al tratar al otro como un objeto pierdes tu humanidad. Piensen en la sombra alargada de la sentencia socrática, en ustedes, en la educación y en la sociedad. Nos queda un largo camino por recorrer.

Vamos a ver, otro que tal baila. No se han enterado que su ciclo ha terminado. Que la corrupción es de décadas y de ellos. Que ellos no pueden resolver el problema que ellos mismos, conscientemente, durante décadas han creado, son unos hipócritas y sinvergüenzas (no como insulto, sino en el sentido ético de la palabra, si es que lo conocen). Que la alternativa no es populismo, ni antisistema, ellos amparándose en una transición mediocre son los antisistemas. Que estoy, o estamos los españoles, cansados de corrupción, de mediocridad, de hipocresía, de control absoluto de la administración y de los medios de comunicación. Que no los queremos porque no nos representan. Señores, un estado gobernado por un partido anclado en la corrupción sistémica y un partido de la oposición, que está en la misma situación de corrupción institucionalizada, simplemente es ingobernable. Lo que hay que hacer es disolver las cortes y proclamar elecciones anticipadas. Y, si en un caso gana Podemos, pues, entonces, iniciar un Proceso Constituyente. Eso es una regeneración política de este país que nos dé la libertad. Todo lo demás no son más que paños calientes.

Ya hemos hablado de esto. La corrupción que ha aparecido en España no es nueva y no es puntual, sino que está institucionalizada. Ha existido desde los inicios de la democracia. Las causas políticas, hablando generalmente son dos: el proceso de transición y nuestra constitución con su ley de partidos que da lugar el bipartidismo y todas las consecuencias que ello conlleva, principalmente la acumulación de poder y, por tanto, la posibilidad de corromperse y la alternancia en el poder. La segunda causa política somos nosotros. Los ciudadanos, con nuestro voto, hemos consentido la corrupción. Ya digo, la corrupción no es nueva. La corrupción que existía en el PSOE en los años noventa era tremenda, también en el PP, pero menos a causa de que tenían menos poder. No obstante millones de españoles miraban para otro lado y los votaban. El libro, del nada sospechoso Javier Pradera (libro póstumo, escrito en 1994 y publicado este año) lo confirma, “Política y poder”. Entre los primeros años 90 la corrupción del PSOE era generalizada, llegó incluso a tener a miembros del gabinete de gobierno en la cárcel, se cometió la mayor corrupción del gobierno, el crimen de estado. Y la ciudadanía, porque recuerdo arduas discusiones, lo justificaba: al fin y al cabo, decían, a los que habían matado eran terrorista, en realidad fue una tremenda chapuza, además de socavar los cimientos mismos de la democracia. No obstante eso es una razón antidemocrática, porque la democracia está para lo contrario. Para que cualquiera tenga un juicio justo. Todos somos iguales, terroristas o no, ante la ley. No teníamos, ni tenemos y menos que vamos a tener, cultura democrática. (No olvidemos que las asignaturas que, en principio ofrecen esta cultura desaparecen del curriculum con la LOMCE: Educación para la ciudadanía, Ética e Historia de la Filosofía)

Lo nuevo de ahora, aunque no sabemos en qué terminará esto, es que la ciudadanía, por primera vez se ha hartado y su intención de voto ha cambiado. Pero veo dos problemas: el primero es que esto se deba a la situación de crisis y no a un aumento de la conciencia democrática. Y, en segundo lugar, Podemos está jugando una carta difícil. Ha entrado en el sistema y, probablemente, éste lo absorba. De todas formas, mientras tanto, son aire fresco y esperanza.