Disculpen ustedes mi intromisión, pero creo que andan muy enzarzados en discusiones de personas y no de ideas. Creo, que lo que nos interesa a los europeos y a los españoles y extremeños como tales es, lo que sugiere Arturo, la socialdemocracia. Resulta que ésta lleva en peligro cuarenta años, en Europa, en España experimentamos una expansión de la misma porque salimos del franquismo, es decir de la nada en política social. Y a esa merma han contribuido los partidos de la derecha moderada y los de la izquierda, tan moderada, que casi eran como los de derecha, salvo en algunas políticas epidérmicas señaladas. Creo que la situación mundial y europea no está para plantearse debates de barrio. Es necesario un gran debate de toda la izquierda, porque no debemos de olvidar que el estandarte de la izquierda es el de la igualdad y la justicia. Y ambos ideales hay que ponerlos en armonía porque a veces entran en conflicto. Y precisamente son esos conflictos los que utiliza la derecha para enarbolar el ideal de la libertad, que no es más que el de la libertad económica, pero no del ciudadano, ésta está tremendamente limitada, sino la libertad del gran capital y sus dueños. No olviden tampoco en ese gran debate de ideas que la crisis en la que nos encontramos no es más que una parte de una crisis sistémica, y esa crisis es mucho más amplia, es global y civilizatoria. Puede plantear el fin de la civilización occidental, estaríamos en el inicio de una larga agonía. El último gran fin de una civilización occidental fue el del imperio romano que planteó un retroceso cultural, técnico, de comunicaciones…de ocho siglos y Europa estuvo en la inmovilidad más absoluta durante más de cinco siglos. Esto es un botón de muestras. Por tanto en ese gran debate de ideas, que debe seguir la senda mundial, no meramente del PSOE, español y extremeño, no se puede olvidar que existen alternativas de organización económica. El gran peso que se ha echado sobre las conciencias es el del determinismo económico, no hay alternativas. Así llevamos pensando cuarenta años. Cuarenta años en los que nos hemos ido esclavizando nosotros mismos y por eso ahora nos es tan difícil ver las alternativas y los partidos de izquierda nos muestran tan poco margen de maniobra. Pero hay estas políticas económicas. De lo que se trata es que esas ideas lleguen a los aparatos que dirigen los partidos. Que esas ideas contaminen las bases y a la ciudadanía en general para que vuelva a creer en la política. Si ustedes siguen enzarzados en sus luchas internas, lo mismo que Europa y EEUU, pues serán como los músicos del Titanic. Una imagen patética, pero no olviden que detrás de esa imagen están los pobres que permanecían encerrados en los bodegas del barco, los que nunca tuvieron la más mínima oportunidad, mientras que otros se perdían en su vanidad. De nuevo, disculpen mi intervención, pero lo que ocurra en el PSOE me interesa y, segundo, considero que el discurso debe ser más profundo y más global. Si no, ustedes no estarán haciendo política de verdad, que es la que ahora hace falta, una política de altura con ideas nuevas y con capacidad de movilizar al hombre y hacer que recobre la esperanza, sino partitocracia. Es decir estarán haciendo una política con el fin de ganar las próximas elecciones. Un saludo.
No sé exactamente a qué te refieres, pero te contexto un poco al tuntún. No existe gobierno de los ciudadanos perfecto. El modelo de la democracia griega, independientemente del tema de los esclavos y las mujeres, no es una democracia directa, ni perfecta. Pero sí alcanzó, en ciertas épocas, cotas de perfección moral de las que podemos aprender. Mi ideal es la república, que no es sólo esa fantochada de eliminar a la monarquía, sino de vivir conforme a la virtud pública. Eso exige una educación de la ciudadanía para que tome conciencia de que la democracia es un modelo ejemplar de vida, del que hay que desterrar el vicio y la corrupción, tanto entre políticos como entre gobernantes e introducir dentro de la igualdad de oportunidades la meritocracia. Ésta es la línea de la ejemplaridad pública que defiende Gomá y otros, entre otros el recientemente fallecido muy joven Rafael del Águila. (Te recomiendo las obras de ambos) Por otro lado, sí es posible un grado mayor de participación, simplemente, en el caso de España con una reforma profunda de la ley electoral. Cambiar la circunscripción por provincias a una circunscripción única que arrancase de la mónada de los municipios. Esto implicaría directamente al ciudadano en la actividad política. Conocería a sus gobernantes. Te recomiendo la lectura del libro “Teoría pura de la república”. El hombre es ciudadano o no es nada. Ahora vamos por el camino de la nada, de ahí tu cinismo. Lo que yo recomiendo en las elecciones es la abstención. Una abstención masiva daría lugar a la disolución del actual sistema por directo rechazo del pueblo. Ello daría lugar a la necesidad de realizar una república constituyente. Esa sería la forma del renacimiento de la república.
Por otro lado, no hay que olvidar que el poder que tiene el rico lo tiene porque se lo hemos dado. También podemos arrebatárselo. E incluso sin violencia, por ejemplo con la objeción de conciencia o, mejor, la desobediencia civil…
Si los políticos leyesen sólo un tercio de lo que aquí se recomienda, en lugar de perder su tiempo en el afán de poder y las intrigas, otro país y otro mundo tendríamos. Y si los alumnos de secundaria y bachillerato leyesen estas obras y otras más, no los sucedáneos de lectura que se les ofrecen, para incentivar el hábito lector, vaya gilipollez, tendríamos una ciudadanía culta y crítica con el poder, que exigiría a sus gobernantes lo que exige a cualquier otro profesional, que cumplan con su deber. Y, además, aprenderían que su deber es ser ciudadanos. Es decir, que su virtud, igual que la de los gobernantes es la de la ejemplaridad pública. Pero todo ello es soñar y hoy me he levantado optimista…pero verás como alguien lo jode y me arrastra a la gris realidad.
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La importancia de la desobediencia civil se ha perdido con el pensamiento políticamente correcto que no es más que una mordaza del poder para poder hacer lo que quieran en nombre de la seguridad y el derecho de todos los ciudadanos. La desobediencia civil es el instrumento no violento con el que cuenta el ciudadano para luchar contra la opresión del poder totalitario. Ojo, que estos totalitarismos son posible, y de hecho actúan, en las democracias. Y aquí encubiertos de la verborrea de la libertad.
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“Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar”. E. Ciorán. Mi optimismo y mi pesimismo en un pensamiento de Emile Ciorán al que debo tanto, el mayor escéptico del siglo XX.
El optimismo y el pesimismo no son más que fabulaciones de nuestro cerebro sobre la “realidad” realidad que, por otro lado, en parte es construida por el cerebro. Y, como toda construcción racional, también es afectiva, de ahí resulta que la mirada sobre esa realidad sea optimista o pesimista. Pero esto es ir demasiado lejos, porque deja poco margen para nuestra libertad, que es lo que yo a ultranza pretendo defender. Si lucho por la libertad y la ilustración, pues debo ser un optimista ya que pienso que, en parte, se puede conseguir una mejra ético-política de la humanidad. Que mi método es filosofar con el martillo, pues eso no es más que un método, no la realidad. El filosofar con el martillo no es aniquilar, sino eliminar lo superfluo y dañino. Que se que lo hemos hecho fatal, que reconozco los genocidios, el carácter violento y agresivo del hombre, junto con su carácter sociable y empátito (lo cual nos salva y es lo que en esta situación de crisis global nos puede salvar: leer de J: Rifkin: “La civilización empática” y “la tercera revolución industrial”), que reconozco que la historia está llena de cadáveres en nombre del progreso, tal y como interpreta Benjamín el cuadro de Poul Klee “El ángel de la historia”, pues todo ello no me hace pesimista, sino valiente afrontando al toro de frente. Ha habido grandes conquistas históricas, y es necesario conservarlas y aumentarlas. Pero ahora mismo estamos ciegos y no vemos que otros mundos son posibles. Es decir, que hay muchas cosas que no hemos hecho y que ni siquiera imaginamos de las que también podríamos estar orgullosos. Todo ello me lleva a la conclusión de que soy un optimista contumaz. Por tanto, no confundir, introversión, mal genio, crítica y autocrítica, carácter huraño con pesimismo. El pesimista es por definición un hombre sumido en el tedio, enfermedad mortal del alma. Siempre considera que no merece la pena hacer nada. Porque haga lo que se haga es peor. En mi filosofía o mi vida, que es casi lo mismo, eso no ocurre. En fin, que agradezco tus deseos pero, siguiendo a Popper, me considero uno de los últimos filósofos tambaleantes de la Ilustración. Y sabrás que el valor más importante de la Ilustración fue el optimismo. Pero doscientos cincuenta años después, no hemos tenido más remedio que matizar ese optimismo.
Está bien, pero, para ser más exactos, la esperanza es una virtud teologal y el optimismo un estado de ánimo debido a la interacción de nuestro carácter y temperamento. Por tanto, ni la esperanza (don divino), ni el optimismo dependen de nuestra voluntad. De ahí que la felicidad, como vengo manteniendo desde hace muchos años (entendiendo felicidad por satisfacción, alegría de vivir, no algo más profundo, que lo es), es algo muy accidental y que depende mucho de nuestra lotería genética y de las circunstancias. En este estrecho margen se mueve la libertad o voluntad, que cosiste en estar por encima de las circunstancias. El hecho de que ya no se suela ser creyente no excluye lo de la virtud teologal. ¿Por qué? Porque la esperanza es una creencia cuyo mecanismo biológico adaptativo es el engaño. No podemos tener esperanza ante lo desconocido, eso es creencia, por eso, los sabios cristianos llamaron a la esperanza virtud teologal, algo que dios puede o no darte.
Frente a esto lo que nos queda es la libertad y la dignidad de la conciencia de seres limitados, pero con capacidad de superación y que a pesar de conocer que somos limitados no conocemos los nuestros. Por eso la dignidad y la capacidad de lucha son fundamentales. De ahí lo de las circunstancias. Yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas no me salvo a mí mismo. Y es en esto último donde está la libertad y la dignidad que son caras de una misma moneda. Y esta libertad y dignidad son las que salvaguardan nuestra vida y nuestra muerte. Dan sentido a la existencia.
Estoy leyendo un libro que creo importante y que reseñaré cuando lo termine. “La civilización empática” de Rifkin. El mantiene la tesis de que la evolución humana fue posible por la empatía que aumentó prodigiosamente la sociabilidad humana. Y esa empatía se hace posible por las famosas neuronas espejos, aquellas que nos permiten ponernos en el lugar del otro. Pero como la historia del hombre es su historia biológica y cultural, y como biológicamente somos seres abiertos, no determinados, pues hemos ido conquistando poco a poco y parcialmente esa empatía que nos lleva a ser capaz de contemplar el sufrimiento ajeno e intervenir para intentar eliminarlo. La encrucijada la tenemos marcada hoy en día. O pasamos a una sociedad empática total, o mayoritaria, o es el fin del homo sapiens, el caso civilizatorio. No sé qué pensar, me queda la parte del final y el autor es optimista porque conozco su obra y además he leído un libro, el último, posterior a éste “La tercera revolución industrial”, cuando la lea podré criticar. Pero creo que cae en el mito del progreso científico-técnico y para mí eso es un autoengaño. ¿Qué podemos y debemos hacer? Luchar por la justicia universal, cada cual desde el lugar que considere adecuado…Saludos.
Excelente comentario. Cuando yo hablo de que somos la voz del universo lo que hago es dar rienda suelta al misticismo que siempre he llevado dentro y que fue la base de mi antigua religiosidad. De todas formas lo que he encontrado es una vía científica de ese misticismo. Pero, una cosa, que seamos la voz del universo y su autoconciencia, no quiere decir que seamos conciencia plena, sino limitada. Toda forma viva que tenga conocimiento; y por citar a Popper, toda forma viva tiene conocimiento del universo, aunque no autoconciencia es una forma de autoconocimiento del universo. Nosotros somos una de las múltiples formas de autoconocimiento, plenamente limitado. Y una cosa muy interesante, que nos revelan las neurociencias modernas, esa forma de conocimiento es creativa. Dicho de otra forma y sin caer en idealismo, el conocimiento es una forma de creación del mundo por parte del cerebro, una simulación, a partir de la información sensible procedente de los sentidos que serían los interface entre el cerebro y el mundo externo. Con lo que, de esta forma, la polémica sujeto-objeto se desvanece y el tema de la verdad, desde las ciencias naturales a las ciencias humanas y sociales, pasando incluso por la ética, toma otra dimensión.
Cada día tengo menos confianza en la humanidad y cada día me convenzo más, por desgracia, de que la historia la mueven cuatro poderosos. Que la han movido siempre. Cada día pienso que la determinación de la historia depende de estas voluntadas inmorales y que quizás nada se pueda hacer. Y todo esto es pensar contra lo que día a día he ido construyendo filosóficamente. Pienso que los problemas se pueden resolver: el problema energético, el problema del hambre, muchas enfermedades, el problema medioambiental, el problema del agua, la igualdad: hombre-mujer, rico-pobre… lo que sucede es que esas voluntades de las que hablo y que funcionan piramidalmente, desde los más poderosos del mundo al común de los ciudadanos, no quieren. La esperanza es el engaño de la religión, la creencia en el progreso y en la participación democrática el opio que los poderosos nos dan para sentirnos participes de la construcción del mundo, cuando realmente el mundo se construye y se reparte en cuatro despachos enmoquetados…si los problemas se pueden resolver, y ese es el caso, es que no hay voluntad para resolverlo. En suma, eso es el fracaso del la especie humana. De la ironía al cinismo y del cinismo al escepticismo negativo. La historia como opresión del hombre por el hombre.
Maria Rosa, lo siento, pero creo que no argumentas nada nuevo, sólo aflora el rencor o el resentimiento que contra la historia machista tienes. Tu rencor, casi odio, te impide situar las cosas en su verdadera dimensión. Y esa dimensión es la de la opresión del hombre por el hombre, siempre. Te equivocas mucho, la violencia no tiene cantidad. El mal radical es aquel que se hace contra una persona de tal forma que en esas condiciones deje de ser persona y de sentirse tal. Lee la literatura que existe sobre los campos de concentración y exterminio. Así lo mismo da la violación de una mujer que cualquier otra tortura contra un hombre, como las de Abu Graib, por seguir con el contexto sexual. Insisto, la violencia, y cuando se llega a la radicalidad, más aún, no es cuantitativa. La historia de la humanidad es una historia de violencia y de crímenes, aunque no sólo, y no es la mujer, aunque tú lo digas la peor parada. A lo mejor son los niños, o los ancianos. Claro que tú siempre dirás, que si además eran mujeres, pues peor aún. Y yo te repetiré que cuando un hombre pierde la dignidad por el mal al que está siendo sometido todo lo demás da igual.
Insisto, tienes que mirar desde lejos. Tampoco entiendo ese afán de libertad. No te cansas de decir que hasta que las mujeres no sean libres…pero, quién hay libre. Sé del sufrimiento de las mujeres, de los malos tratos, que muchos acaban en muerte, todo ello es penoso y un fracaso de nuestra cultura y todos los instrumentos del estado tienen que funcionar para erradicarlo y hay que estar en ese proceso y cada cual que se implique lo que quiera en ello. En la sociedad en la que vivimos la libertad tiene que ver con la libertad económica. Ésa es la primera que debe conquistar la mujer, pero esto tiene que ver, si lo ves desde lo general, con el derecho universal al trabajo.
En fin, que no creo que merezca la pena seguir, por dos razones. Los dos estamos de acuerdo en que hay opresión sobre la mujer, pero estamos en desacuerdo en que tu consideras que esa opresión es la mayor que ha sufrido la humanidad. Creo que a tu visión le falta perspectiva histórica y hondura filosófica. Lee a Semprúm o a Reyes Mate, por ejemplo o Primo Levi. Y, en segundo lugar, porque tu discurso es visceral, arranca de un vicio moral, el rencor, la cólera, el resentimiento, algo de ello hay. No es lo mismo que las razones estén cargadas de afectividad, que el que las razones se apoyen en los vicios del alma. Hay que ejercitarse siempre en el conocerse a sí mismo socrático. Un abrazo.
Creo que cometes algunos errores de bulto. El primero es que hay que pensar que el permiso de maternidad es una conquista social, un derecho, como los demás, adquirido y que si es despreciado puede desaparecer, el cuidado materno es perfectamente sustituible, pero cada vez más la etología nos informa de la importancia de la relación madre-hijo en los primeros meses de vida en el desarrollo afectivo posterior del niño. Admito, por supuesto, que el permiso sea intercambiable, pero aquí nos dejamos lo que he dicho antes del cuidado íntimo, no el otro: cambiar pañales, mecer, pasear, jugar, entretener, bañar, en fin…eso es una tarea de cualquiera. Y que debe hacerse con el mayor afecto, el padre sería el más indicado. Pero la relación biológica íntima es insustituible. A eso es a lo que nos lleva un feminismo radical y dogmático y diría que perverso y fruto de la sociedad competitiva e la que vivimos. Además, tienes que tener en cuenta que, por debajo subyace la ideología productivista de esta sociedad. Las mujeres entran a participar en el mundo de la competitividad a intentar alcanzar ese famoso techo de cristal…bueno, y tu que sabes de filosofía, después qué. En eso consiste el vivir. Pues no. Y, por último, gran error, esta señora no tiene un trabajo de más relevancia o responsabilidad que ningún otro. Todos los trabajos son igualmente importantes y dignifican a la persona. Otra cosa es la excelencia del mismo. Pero todos son, en tanto que trabajos, porque el trabajo dignifica al hombre, igualmente dignos. Y, como todos somos iguales, ergo…saludos. Insisto, defiendo el feminismo de la igualdad, la conquista de derechos que hay que preservar y lucho contra una sociedad competitiva. La vida está en el propio vivir, no en las metas alcanzables que son ajenas a mi propia existencia. Son estos valores los que deben cambiar si queremos cambiar el mundo. La mujer ha caído en la trampa del capitalismo ha sido esclavizada y se la ha convertido en una máquina de competir. Si ese es el papel que la mujer ocupará en el mundo, entonces nada cambiará.
Pues hay que hablar desde la razón cordial, aquello de Adela Cortina. Esa razón tuya es la razón objetiva e instrumental. Y esa razón, como sabes nos lleva a la coseidad, a considerar al hombre como cosas, todo lo contrario del imperativo kantiano. La razón cordial es comprensiva. Y, además, la razón y os afectos no se pueden separar, salvo en la razón lógico matemática. Un saludo.
Vamos a ver, un derecho es una conquista histórica que protege al débil, en este caso a la mujer. Estoy de acuerdo con que en este caso el derecho laboral permite hacer uso o no de él. Bien. Pero vamos a la ejemplaridad pública, es decir, la virtud pública. Uno estaría en su deber de cumplir, si ha sido una conquista, además ardua y que, además, no es más que una consecuencia de un derecho mayor que no es abandonable, es decir, que no se puede elegir, el de la igualdad entre hombres y mujeres. El no hacer uso del derecho laboral está atentando contra el derecho de igualdad, y esto es más serio, son palabras mayores. Además, insisto, de esta manera, se cae, por ser muy feminista, la más feminista, el feminismo radical e integrista, en las zarpas del capitalismo. En cuanto a lo de las relaciones íntimas, por supuesto que está, como tú lo dices, lo de darle el pecho, y más. Es obvio lo que argumentas, hay madres que no han podido o que no han querido y no pasa absolutamente nada de lo que tú insinúas con tu ironía, no son menos madres, ni malas madres, ni nada de eso. Simplemente me remito a la etología y la inmunología, es mejor esa relación (dar el pecho), para la afectividad y el sistema inmunitario, que el biberón. Y esto se recomienda al menos durante un año. Lógicamente nuestra sociedad de prisas, trabajo, competencias, no nos lo permite. Pero, fíjate, en los países donde el estado de bienestar está más desarrollado el permiso de maternidad es mayor, puede llegar hasta a los tres años, juntando permiso y jornada reducida. Por supuesto también para los hombres. De lo que se trata es de ganar en calidad de vida, no ganar dinero para consumir. Hoy en día son necesarios dos sueldos para que el sistema capitalista funcione: es una forma de eslavitud de hombres y mujeres. Insisto, tu sistema de valores se mueve en el feminismo extremo, aquel engendró que surgió del posmodernismo que es la filosofía de género y la mentalidad capitalista. El capitalismo no quiere que todos seamos iguales sino que todos seamos mercancía y renunciando a este derecho laboral que venimos comentando lo asumimos. Insisto con lo de dar el pecho, es una elección libre, en algunos casos es imposible. Pero, eso no significa que tenga que haber frustración. En tu argumentación has sacado las cosas de quicio. Es decir, que has abandonado la razón y has utilizado la pasión.
Mi planteamiento, por tanto, no es integrista, sino que está en la línea de la defensa de la libertad y más en los tiempos que corren. El progreso ético-político que hemos experimentado en la historia es contingente y fruto del esfuerzo del pueblo y de algunas mentes audaces y esforzadas. No es el momento de echarlo por la borda.
Dices que esta sociedad os ha traído la libertad, a pesar de lo de la esclavitud del capitalismo, pero añades algo que se sale de la lógica y es totalmente autista. Cito: “pero también nos ha traído la libertad, y cualquier otro tipo de sociedad anterior a esta es peor para la mujer, la pena es que esto solo lo vea la mujer. Y hasta que no llegue al poder de verdad vamos a seguir con el yugo.”
Bueno, no voy a entrar en el tema de la libertad, que es el mismo para hombres y mujeres. Esta sociedad es una sociedad de esclavos, tanto hombres como mujeres. Por supuesto que hay distintos niveles de esclavitud y que la mujer era más esclava antes que ahora. Pero ahora viene lo autista. Dices, …”la pena es que esto solo lo vea la mujer.” Ahora es cuando se acabó el logos, el logos es lo común, ¿a quién le falta el logos, al hombre o a la mujer?, permíteme la broma. Pues te lo digo, a los dos, porque el logos es común a los hombres, a la humanidad, es lo que nos permite entendernos y es lo que nos hizo entender que el indio americano no era un ser infrahumano, que el chino o el negro, tampoco. Que los débiles mentales y físicos son personas con derechos y que hay que cuidarlos y protegerlos porque ellos por sí mismos perecen. Los hombres entienden a las mujeres lo mismo que las mujeres a los hombres, parcialmente; y tenemos diferencias biológicas que afectan a nuestra inteligencia, y afectividad, por supuesto, lo cual no implica que socialmente no seamos iguales, personas. Y todos entre todos, nos entendemos parcialmente. Y en ese esfuerzo de entendernos buscamos lo común, lo universal. Un universal ético. Y luego añades algo tremendo: “Y hasta que no llegue al poder de verdad vamos a seguir con el yugo”; es decir, que sigues en el paradigma capitalista: el ansia y la búsqueda del poder. Hay un yugo sobre la mujer, tremendo, como por ejemplo es el de la prostitución para sobrevivir, el caso del sudeste asiático. El caso del tráfico de blancas, del turismo sexual. Por hablar de cosas extremas, porque la opresión es generalizada. Pero el yugo está por doquier, también hay niños soldados, varones, claro, y esclavos en las minas desde los cuatro años, varones, claro. Ese feminismo de la diferencia que defiendes es aberrante. Hay que defender a la humanidad. Y, cuando en otros tiempos la mujer estaba oprimida totalmente, tampoco el hombre normal era libre. Estaba sujeto al amo, sin derechos. No existían juicios. Existía la tortura. Es decir, que la lucha se debe y se puede hacer desde lo particular, pero no debe ser excluyente. La opresión ha sido y es universal, y no distingue entre hombres ni mujeres, niños ni adultos. La opresión es el estado natural en el que ha vivido el hombre desde el neolítico. Sólo en el paleolítico, curiosamente, la estructura social de los clanes era matriarcal y matrilineal, no había opresión, pero sí inseguridad, miedo e indefensión absoluta ante las fuerzas de la naturaleza. Quizás este fuese el paraíso, pero la curiosidad humana, junto con el lenguaje y algún que otro fenómeno accidental dio lugar al neolítico, y no hubo marcha atrás.
Nuestra libertad hoy en día es más una apariencia. Y se reduce a una libertad mercantil tremendamente escasa. Porque, desde esta lógica, sólo es libre el rico. Por cierto dos grandes estadistas mujeres conozco Thacher y Merkel, las dos se caracterizan por la eliminación del estado y la instauración de lo que el neoliberalismo llama reformas estructurales, es decir, pérdida de derechos laborales entre otros, uno de ellos el de la maternidad. Ya sé que esto que he dicho no es un argumento, pero sí un ejemplo que no pretende ir más allá. Yo no espero que las mujeres leguen al poder y sea la solución. Yo lo que sugiero es un cambio de paradigma. Porque he defendido en múltiples ocasiones que la crisis que padecemos es filosófica. Entonces, brevemente, de lo que se trata es de eliminar la economía actual por otra basada en la naturalización de la misma (los límites del crecimiento), la humanizaión, no hay economía sin ética (y me da igual que el que ponga esto en marcha sea un hombre o una mujer) y, por último, el ecocentrismo. Hay que sustituir el valor que venimos heredando de nuestra tradición religiosa de que el hombre es el centro de la naturaleza, y que ha sido alimentado por el enorme éxito de la tecnociencia, por el valor de una ética ecológica, que trascienda a lo humano, ya sea hombre, mujer, niño, negro…en la que el hombre se ocupe del cuidado y no de la explotación del planeta. Esto es viable técnicamente. El problema es si se podrá producir la revolución paradigmática de valores de los que hablo. Saludos. P.D. Por cierto, animales somos todos y como tales actuamos, toda nuestra cultura no es más que una adaptación biológica de supervivencia. Lo que la mujer experimenta al tener un hijo no es más que una intensificación del instinto de supervivencia, porque nuestra supervivencia está en nuestros hijos…