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Filosofía desde la trinchera

La historia de las ideas es una historia de los vencedores, también los hubo entre los hombres. Por qué Platón como seguidor auténtico de Sócrates y no Antístenes. La historia hubiese sido otra. Hay múltiples historias de la filosofía ocultas que además darían lugar a mundos y sociedades distintas. Las mujeres, desde el neolítico hasta ahora, también han sido las perdedoras de la historia, por eso han permanecido ocultas. Muy importante este trabajo. Aunque, aviso, mi postura es la del feminismo de la igualdad no de la diferencia. La diferencia es la que hay entre cualquier ser humano y otro.

Si esto no fuese así (que los niños por naturaleza comparten) el hombre no habría sido viable como especie. Es la base de la sociabilidad, la empatía. Por eso la economía actual, basada en la competitividad, está equivocada y lo que produce es hambre, miseria y cada vez más desigualdad. De ahí que la economía deba volver a la naturaleza (reconocimiento de sus límites) y al hombre: la economía como algo inseparable de la ética.

Efectivamente. Y esa crisis ambiental, que es lo que podemos llamar problema ecosocial es el resultado del tipo de relación del hombre con la naturaleza. Esta relación ha sido de dominio y explotación. Pero no es la única posible, como sostienen los partidarios creyentes en el dios del progreso. No. La relación entre hombre y naturaleza es biológica y cultural. La cultura es nuestra segunda naturaleza que emerge de la primera. E, igual que nuestra naturaleza biológica, no es cerrada, sino abierta. Por eso somos seres con historia, por eso hay encrucijadas y elecciones. El neolítico fue un paso que dimos y que no tiene vuelta atrás. A partir de ahí venció la relación de dominio del hombre sobre la naturaleza y la mujer (familia patriarlal). Hubo otros, pero sucumbieron. La tarea ahora es doble. Una tarea técnica, cómo guiar una política del decrecimiento, porque el decrecimiento ya existe, lo que ocurre es que va desbocado, y otra filosófica, política y ética, que tiene que crear el tipo de conciencia en la que se pueda pasar del antropocentrismo al ecocentrismo.  Es una ética del cuidado. Como decía el filósofo Manuel Sacristán, “hay que cambiar del paradigma del crecimiento (y esto en los años ochenta, poco antes de su muerte), al del cuidado.” Una bella frase que encierra un profundo conocimiento. Me la enseñó Riechmann, a la vez discípulo de Sacristán.

Menuda panda. Eso pasa por haber realizado una unión económica y no política. Por otro lado, Alemania quiere el gobierno total de Europa, cuidado con Alemania. El BXE o admite comprar bonos de los estados a un bajo interés o no es banco ni es nada, es un aliado de la banca privada, a la que sí presta a un muy bajo interés 1%. Por tanto, si no hay una movilización masiva han conseguido lo que comenzaron hace cuatro décadas, acabar con la socialdemocracia. Y eso no implica el triunfo del liberalismo como creen algunos, sino el triunfo de unos cuantos superricos, el triunfo del capitalismo salvaje o sin bridas. Un retroceso ético-político incrfeible, por no hablar del coste humano (sufrimiento, hambre y miseria) que ello conllevará.

El cambio climático y la economía actual son dos caras de la misma moneda. Si ahora el cambio climático no es prioritario y se intenta parchear el sistema económico vigente estamos en un tremendo error. Es necesario cambiar el sistema económico hacia una economía del decrecimiento, no ya sostenible o verde, que son apelativos de programas políticos. Y esto exige un cambio de paradigma en las ciencias económicas y en la visión del mundo.

TRIBUNA: MARC CARRILLO

Pura mercancía, no libertad de expresión

MARC CARRILLO  03/12/2011

En recuerdo de Josep Pernau

En uno de los programas de televisión basura que abundan en las cadenas de televisión se ha producido una retirada de empresas anunciantes que hasta hace bien poco lo financiaban. Al parecer, ello ha sido como consecuencia de las críticas aparecidas en redes sociales. Para rebatirlas se ha llegado a afirmar que el programa no hacía otra cosa que ejercer la libertad de expresión y que los protagonistas de un suceso típico de crónica negra "tienen derecho a explicar su historia".

Más allá de la excrecencia tóxica que supone para el derecho del artículo 20 de la Constitución tan demagógico argumento, el caso sirve para subrayar con carácter general que en este tipo de programas de pretendido entretenimiento, no se ejerce ni la libertad de expresión, ni tampoco el derecho a comunicar información veraz. Si acaso, lo que hacen es colocar en el mercado audiovisual un producto en ejercicio espurio de la libertad de empresa. Una libertad que no siempre puede dar cobertura a los contenidos de dichos programas del corazón, de la crónica negra o del amarillismo de tertulianos sobreexcitados.

La libertad de expresión, como derecho a expresar y difundir ideas y opiniones, está muy alejada de lo que estos programas ofrecen. Lo que hacen no es otra cosa que lanzar al mercado del entretenimiento una mercancía basada en la zafiedad cultural y en la chabacanería costumbrista, protagonizada por un ejército de individuos televisivos que no pasan de ser una caterva de ociosos a la búsqueda de su minuto de gloria. Una mercancía fundada en la pura demagogia social, de un populismo carente de escrúpulos. Y ello con la aquiescencia tanto de determinados sectores de la sociedad como de algunos poderes públicos y privados, que conviven cómodamente con la banalidad como categoría social de comportamiento, cosa que define para mal la media de los parámetros culturales del país. No es alentador que políticos respetables aparezcan en algunos de estos programas y que los conductores de esta bazofia, encima, sean premiados. A más de 30 años de sistema democrático, es lamentable.

Además, tampoco ejercen el derecho a comunicar información veraz. La sublimación de la práctica del chismorreo vestida de impostada profesionalidad informativa, nada tiene que ver con el otro derecho reconocido por el artículo 20. En este sentido, viene bien apelar a la reiterada jurisprudencia del Tribunal Constitucional que interpreta que "(...) el requisito de la veracidad no va dirigido tanto a la exigencia de una rigurosa y total exactitud en el contenido de la información cuanto a negar la protección constitucional a los que, defraudando el derecho de todos a recibir información veraz, actúan con menosprecio de la veracidad o falsedad de lo comunicado, comportándose de manera negligente e irresponsable por transmitir como hechos verdaderos bien simples rumores, carentes de toda constatación, bien meras invenciones o insinuaciones" (sentencia 178/1993).

No son precisas más palabras para describir lo que en ciertos programas de cadenas privadas y públicas se hace a través de juicios paralelos ante una complaciente audiencia, con supino menosprecio a la acción judicial como, por ejemplo, hace un tiempo se puso de manifiesto con la presencia en un programa de un abogado prófugo de la justicia.

La lesión del derecho a la tutela judicial de muchos encausados que, entre otros requisitos, incluye la obligación de probar en juicio las imputaciones, se produce cuando estos programas proclaman a los cuatro vientos lo que les viene en gana cuando todavía no ha habido sentencia. Y todo ello, lesionando las más de las veces derechos de la personalidad (honor, intimidad o la propia imagen) de la persona objeto del programa, ya sea mayor o menor de edad. Les basta con argüir como autómatas la coletilla de que en su programa se respeta la presunción de inocencia y todos contentos. La mercancía lo vale. Razón por la cual, que exista la Directiva 2007/65/CE de Servicios de Comunicación Audiovisual que impide estas prácticas televisivas, es algo que debe sonar a música celestial para los eficientes gestores de las cadenas televisivas.

Pero bueno, si resulta que no ejercen los derechos a la libre expresión y a la información, el lector se preguntará si este modo de producir una mercancía audiovisual puede, no obstante, estar cubierto por la libertad de empresa. El Tribunal Constitucional establece que este derecho incluye "cualquier actividad organizada que tenga por objeto o finalidad la oferta de productos o servicios en el mercado" (sentencia 71/2008). Y es evidente que esta libertad ha de garantizar a los empresarios un ámbito de actuación libre de injerencias estatales. Ahora bien, no es un derecho que pueda vivir a extramuros de otros como los ya citados derechos de la personalidad y a la tutela judicial de las personas. Conclusión, tampoco bajo el paraguas de la libertad de empresa vale todo.

Sin perjuicio de la labor que puedan hacer las redes sociales, ¿para cuándo la constitución del Consejo Estatal de Medios Audiovisuales, como ente regulador que supere la ominosa excepción que España sigue siendo en la Unión Europea? Más que nada, para mirar de evitar más desmanes.

Te recomiendo, Miguel, un libro de hace más de una década de la economista y filósofa, Susan George “Informe Lugano” es un libro de política ficción. Ahora mismo, para mí, es escalofriante porque resulta que parece ser que se cumple punto por punto. No sé, será que tanta crisis nos está haciendo perder el norte y vuelven los miedos ancestrales cuando no es para tanto…pero la cosa da para libro o película de ficción-terror. Siempre podemos tener en nuestro horizonte que el hombre es capaz de cualquier cosa. La historia lo muestra y el siglo XX es impensable. Es más, lo que ha ocurrido en el siglo XX es impensable, escapa a la razón, como he leído en un muy recomendable libro de Reyes Mate, filósofo y premio nacional de ensayo en su última obra “Tratado sobre la injusticia.” Saludos. “Es más difícil honrar a los sin nombre que a los famosos. A la memoria de los sin-nombre está consagrada la historia.” Walter Benjamín” esta es la cita que encabeza el libro. Tod el tratado es un profunda reflexión sobre ella, la historia, la memoria y la naturaleza humana.