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Filosofía desde la trinchera

TRIBUNA: VÍCTOR GÓMEZ PIN

Filosofía y derechos humanos

VÍCTOR GÓMEZ PIN  13/11/2011

Cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación invita a celebrar el día mundial de la filosofía, bueno es recordar que el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos precisa que "la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad".

Lo difícil de todas las proclamas cargadas de buenas intenciones es que se den las condiciones sociales de su cumplimiento. Baste mencionar el articulado de la Constitución española según el cual todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna. Sin embargo, tratándose del evocado derecho universal se da el problema añadido de que ni siquiera se toma realmente en serio lo que implica una educación integral, una educación que garantice el desarrollo efectivo de la personalidad.

Pues bien, nada más adecuado al respecto que recordar la tesis platónica según la cual la educación no ha de sustituirse a las capacidades innatas sino fertilizarlas, ayudar a que se desplieguen las facultades intelectivas y creativas que caracterizan al ser humano entre las demás especies animales. Sin duda no todo ser humano puede consagrar su vida a la investigación científica o a la tarea artística, pero, sin embargo, cada uno de los humanos se halla concernido por ellas, y tiene derecho a que se le ayude a reconocer que efectivamente es así, que lo que se dirime en estas tareas del espíritu también es cosa suya. Entre otras cosas, misión de la filosofía es recordar este derecho.

El motor de la filosofía no es tanto explorar desconocidos rasgos del mundo como restaurar una actitud ante aspectos (del entorno o de nosotros mismos) que eventualmente pueden ser ya conocidos, pero que no por ello dejan de ser sorprendentes. Para un investigador en física los principios del formalismo cuántico pueden constituir algo sabido, pero el simple ciudadano al que se ha dicho que en tales principios se pone en tela de juicio la idea que nos hacemos del mundo, tiene todo el derecho a exigir una educación general que no los obvie, que le haga partícipe de lo que en ellos se juega.

Afirmar la universalidad de la disposición filosófica implica que las interrogaciones fundamentales, que tantos por circunstancias sociales se han visto forzados a repudiar de sus vidas, están al alcance de toda persona tensada por lo desconocido e inquieta sobre su ser y su entorno. No se exige de entrada ser una persona culta y menos aún una persona erudita. La filosofía tiene sus problemas específicos, archivados en los grandes textos de su historia, pero tales problemas son el resultado de que el ser humano ha experimentado siempre una suerte de estupor ante la naturaleza y ante su propia existencia, estupor que le lleva a interrogarse, traduciendo sus vacilaciones y respuestas en conceptos y símbolos.

Pues, al igual que Descartes, Kant, Heisenberg o Einstein, ¿quién no se ha preguntado alguna vez si hay o no hay una realidad física exterior, que seguirá tras su eventual desaparición y la desaparición de todos los demás humanos, los cuales en apariencia tienen una percepción de tal realidad coincidente con la suya? Los instrumentos para responder en uno u otro sentido a esta pregunta cubren hoy miles y miles de páginas de sesudas revistas filosóficas o científicas y han sido esgrimidos como armas por algunos de los eruditos más importantes.

Pero la pregunta sigue siendo elemental y toda persona es susceptible de sentirse interpelada por la misma, hasta el punto quizás de que, si su vida material se lo permitiera, acuciada por tal interrogación, empezaría a dotarse de los elementos de información precisos para abordarla. Cosa que ya ha hecho alguna vez, al menos en una etapa tan ingenua como luminosa en la que la vida no estaba extraviada entre querellas evitables y expectativas ilusorias.

Es un desprecio a los ciudadanos considerar la vida del espíritu como cosa de minorías exquisitas y designar para el común la alternancia entre un trabajo puramente mecánico (cuando lo hay) y un ocio estéril. Obviamente, el asunto tiene implicaciones políticas y por eso el mero hecho de reivindicar una educación que empuje a una actitud filosófica es ya una cuestión de compromiso.

Cuando hace unos meses un importante consejero de Gobierno autonómico promulgaba una educación superior pública adaptada al mercado, explicitando que el propenso al estudio de la cultura griega habría de "pagarse el lujo", no solo estaba despreciando a Eurípides y Aristóteles, sino también a Euclides, es decir, la matriz de nuestra cultura.

Lo democrático de la filosofía reside en la tesis, enunciada por Aristóteles, de que todos podemos instalarnos en la actitud interrogativa, a poco que nos liberemos de las barreras sociales que lo dificultan y que impiden realizar nuestra naturaleza de seres tallados por la razón y el lenguaje.

Frente a la globalización, el cosmopolitismo.

Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Terencio.

Está claro que vivimos en un mundo de globalización. Otros no tendrán tan claro que esa globalización comenzó en el Renaimiento, pero eso no importa. Ahí está el comienzo hasta que hemos llegado a la situación actual. Situación absolutamente de locura, irracional y que acarrea la miseria masiva. También la globalización que se inicia en el Renacimiento trajo el colonialismo y con él el exterminio y el genocidio. Es la condición humana que no sabemos si seremos capaces algún día de trascender. Pero hoy la globalización, desde los años ochenta y noventa para acá, se ha hecho demoníaca. Y digo esto porque en realidad no hay globalización. Alguno se llevará las manos a la cabeza. Pues sí, pienso que no hay globalización, sólo una parte de lo que podemos llamar globalización; y es la del mercado financiero. No hay globalización ni de personas, ni de mercancías. Los ideales ultraliberales que nos dicen machaconamente que hay que dejar libres al mercado pues resulta que son ellos los primeros que lo incumplen. El mercado regula y exige a los gobiernos la regulación de las mercancías que les pueden perjudicar. ¿Dónde está la libertad del mercado? Es la libertad del más fuerte, es la visión falseada y esteriotipada del darwinismo social: triunfo del más fuerte. Olvidan estos neoliberales, que utilizan al poder político para sobrevivir y crecer, que el darwinismo defiende la cooperación y la simbiosis como mecanismo de supervivencia. Lo único que fluye libremente es el capital. Y se empeñan en seguir que así sea. Y también se empeñan en crear una ideología homogénea que todo el mundo asuma en la que la globalización es un hecho. Todo falso. No hay globalización, hay un imperialismo del capital y de la ideología que sustenta a éste que, como siempre, es un pensamiento único.

            Frente a la globalización yo propongo el cosmopolitismo, viejo ideal griego que viene ha decir que el hombre es ciudadano del mundo. Que las naciones son provisionales, que la ley de la naturaleza es universal. Pero me gusta el sentido de cosmopolitismo que ofrece Terencio, Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Esto implica un reconocimiento ético de la humanidad en el otro. No se trata de la globalización de la riqueza financiera, sino de la universalización de la condición humana. Todo hombre, por el hecho de serlo, es un sujeto de dignidad, un fin y no un medio. Los poderes actualmente nos tratan como mercancía, como ganado que consume su propio producto. Sería necesario echar mano de este cosmopolitismo para recuperar los ideales éticos de la humanidad. Aquellos ideales que nos hacen sentirnos orgullosos y no asqueados. Como he dicho en muchas ocasiones la historia carece de sentido. El sentido es provisional. Por eso tampoco hay un progreso, en el que ciegamente creen los neoliberales, sino un progreso contingente que depende de nuestro quehacer. Pues bien, la globalización es un engaño; y, además, se nos suele decir que es lo que hay, lo único que tenemos. (Cuando escucho esto veo que estoy ante un vencido y que está todo por hacer); pues no señor, la humanidad es capaz de trascenderse a sí mismo. Y creo que el ideal del cosmopolitismo, con la base ética que hemos mencionado es de importancia. No se puede permitir más, sin pensar en el suicidio o el nihilismo, que los inmigrantes mueran en el mar o en los desiertos, que los pobres mueran de sed…mientras el tránsito de capitales está absolutamente globalizado. Algo falla. Falla nuestra percepción ética. El cosmopolitismo es la base política y ética para luchar contra esta locura criminal organizada que es la globalización cuyas consecuencias todo el mundo asume y acepta. Hemos de recuperar el principio de responsabilidad de H. Jonas. Somos responsables de aquel que no conocemos y del no nacido. Su mal depende de nuestra acción, por tanto, somos absolutamente responsables. Es necesario pensar otro mundo, y es necesario pensarlo desde la ética y la política.

Sí, y disulpa porque no tengo tiempo para argumentar seriamente mi propuesta. La abstención llevaría al sistema al garete. Una abstención superior al 80% minaría las bases de la credibilidad del sistema democrático y nos demostraría que vivimos en una plutocracia demagógica. Tras esta situación no habría más remedio que constituir un gobierno de unidad nacional del que surgirá una nueva constitución que sería la base de una república constituyente que eliminase los errores del pasado, permitiendo la pluralidad política, la libertad política y la ciudadanía. Ninguna de estas cosas, clave de la democracia, existen en las psedodemocracias actuales. Un saludo.

"Filosofar es prepararse para la muerte" Platón. "En nada piensa el sabio menos que en la muerte." Spinoza. Parecen contradictorias, pero no.

Parece que nada tiene ya sentido. El gran engaño ya no convence a nadie. Estamos a las puertas del abismo. Pero no sólo Europa, sino la civilización occidental y el planeta. Las soluciones son más crecimiento, cuando hemos llegado hace décadas al límite del crecimiento. Es hora de que salgan a la palestra políticos e intelectuales creíbles, que digan la verdad. De lo contrario esto no es más que una farsa. Abstención, ya.

 

                                   ***

 

Lo que hay que hacer es derrumbar el muro y empezando por la educación, sistema de control y aborregamiento. Pero la educación es el mejor instrument delpoder para controlar a la ciudadanía. Es el vehículo de las ideologis más perversas. Todos los que están en el poder pretenden tener el pensamiento verdadero (inspirado en Platón) y pretenden extenderlo a sus ciudadanos por medio de la educación reglada. ¿Acaso no existe una educación iconoclastita no reglada, heterodoxa y herética; pues sí pero se enfrenta al poder, al orden establecido.

 

 

 

Addemda al artículo de Manuel Montanero.

 

            Me ha alegrado muchísimo el artículo de divulgación del señor Montanero. Y desde aquí le doy la enhorabuena. Me ha parecido ejemplar su exposición. Y, sobre todo, me ha llamado la atención su mezcla entre la exposición divulgativa del experimento con los neutrinos y su aporte filosófico. Y es en este terreno en el que yo quisiera hacer un breve añadido. Cita el autor a kuhn y a Popper. La cuestión que se plantea es qué pasaría si el experimento resulta ser correcto, cuál sería el estado en el que quedaría la física. La cuestión es apasionante, tanto desde el punto de vista de la física, como desde el de la filosofía de la física. Lo que sucede es que la respuesta a esta cuestión varía de si somos partidarios de Kuhn o de Popper. Por cierto, ambos autores mantuvieron una larga y ardua polémica sobre el tema, es decir, el cambio científico. El primero considera que la ciencia cambia pasando de un paradigma a otro. Un paradigma es una visión del mundo. A veces, dentro de un mismo paradigma apareen problemas ¿el de los neutrones? Que se convierten en anomalías. En tal caso no se pueden solucionar con las teorías, ni la imagen del mundo de la ciencia en la que han aparecido. Al final estas anomalías se resuelven, pero porque aparece toda una cosmovisión nueva, paradigma, con su conjunto de teorías, técnicas, problemas absolutamente nuevos. Y entonces la imagen del mundo ya no vuelve a ser la misma. Es más, dicen los partidarios de Kuhn, que esas imágenes son inconmensurables. A mi esta solución me parece excesiva, no quiero entrar en una exposición técnica, sólo decir que esto abre el campo al relativismo y a los estudios sociales de la ciencia y todo esto, a mi modo de ver, quedó resuelto con el famoso caso Sokal.

 

            Yo soy de formación popperiana, comulgo más con sus tesis, aunque veo su ingenuidad. Popper lo que viene a decir es que la ciencia es deductiva. En fin, la metodología de la ciencia que se utiliza hoy en día es consciente o inconscientemente popperiana, la llamamos el método hipotético deductivo. Lo que Popper dice es que en ciencia hay falsaciones, nunca verificaciones completas. Se puede demostrar que una teoría es falsa, pero no cierta absolutamente. Lo que sucede es que las teorías generales que van siendo falsada, como es la física clásica, forman casos particulares de las nuevas teorías, como son la relativista y mecancuántica. En realidad, la ciencia no se define por la verdad, sino por la búsqueda de la verdad. Por eso el físico y filósofo Mario Bunge decía que hay más verdades en una guía de teléfono que en toda la ciencia junta, pero la guía de teléfono no es ciencia. Bunge por su parte considera que hay, además de la refutabilidad y la búsqueda de la verdad, diez factores más que definen a la ciencia. Tanto Bunge, como Popper son continuistas en ciencia, consideran que no hay saltos y que las teorías son conmensurables lo cual garantiza el progreso en la tecnociencia. También son realistas críticos y materialistas emergentitas. En fin, que yéndonos al caso del experimento con los neutrinos pues señalar que queda mucho trabajo por hacer, que se pueden introducir muchas hipótesis ad hoc todavía, que hay que revisarlo. Y que si queda falsada la ley de la constancia de la universalidad de la luz, pues estaremos en el inicio de una nueva ciencia, eso sí, continuación de lo anterior. Curiosamente, y se me ocurre ahora, la teoría de la relatividad comenzó, entre otras cosas, por la interpretación del experimento de MIchelson y Moreley. La interpretación clásica que se le daba nos llevaba al absurdo. Pero la interpretación que hizo Einstein basándose en las contracciones de Lorenz dio lugar a la claridad, y lo que se lo ocurrió pensar es que la velocidad de la luz es una constante universal. Y que el tiempo y el espacio, por lo tanto, dependen de esta constante. Esto fue una revolución en la ciencia, pero no acabó con la ciencia anterior.

 

            Por lo demás Einstein, también cofundador de la mecáncia cuántica, siguió durante toda su vida manteniendo los presupuestos filosóficos de la física clásica, me refiero al determinismo y la no localidad. Las desigualdades de Bell y los posteriores experimentos de Aspect, echan esto definitivamente por tierra. Pero, insisto, hay una continuidad de progreso en la ciencia. Además, y me refiero al caso de los neutrinos, las revoluciones que se producen en la ciencia son cada vez más pequeñas y esto es debido y a su alta especialización. Lo que sí es cierto es que si el experimento es correcto estamos en la antesala del surgimiento de un conjunto de teorías más amplias que las anteriores y que las asumirán en su interior. Nadie al final del siglo XIX pensaba que iba a cambiar la física y en 1905, fecha de la publicación del artículo que constituye la base de la teoría de la relatividad especial, todo cambia, y faltaba lo gordo, siendo Eintein uno de sus principales fundadores, la mecánica cuántica.