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Filosofía desde la trinchera

Siento disentir de mi admirado el historiador Fontana. Creo que yerra el tiro totalmente en su análisis. No han sido los indignados los que han votado al PP, sino muchos otros, entre otros, gran parte de la izquierda realmente existente, la que tiene capacidad de gobernar. Pero que a él se le olvida decir que no es la izquierda. Es una derecha económica. Aquí hay un problema. y, por favor, Fontana, lo de la corrupción es escandaloso. Pero ha habido un partido que ha cometido terrorismo de estado y eso es muy gordo. Y, por otro lado, como español, y como extremeño, aunque para mí esto es circunstancial, pues soy, filosóficamente hablando, cosmopolita; la condición humana es la misma en todas partes, no puedo admitir su equiparación entre la derecha fascista y el PP. Y mucho menos decir, acríticamente, y quedarse tan pancho: “nunca hubiera imaginado, por ejemplo, que fuesen tantos los extremeños que han olvidado que sus abuelos fueron oprimidos y explotados –y muchos de ellos asesinados– por esas derechas a las que ahora votan” esto es una auténtica barbaridad. En primer lugar porque lo que ha habido es un abandono del voto al PASOE y una huida hacia el PP e IU. Soy consciente de que el mundo va hacia la derechización, que el fascismo más rancio está resurgiendo. Pero la antesala de todo ello es lo que ya tenemos, el fascismo económico y de ello, probablemente los más culpables sean los partidos de izquierda. Y, además, como extremeño le digo, que soy votante de IU, y no veo ese fantasma del que usted habla. Además, en Extremadura no hemos conocido la democracia, hemos pasado del franquismo al ibarrismo. Sé que hay muchas diferencias, pero aquí la democracia ha sido mera mascarada.

Carta abierta a IU.

 

Miren ustedes, no soy ningún infiltrado de nada ni de nadie. Soy un profesor con sus oposiciones aprobadas y un hombre políticamente libre. Considero que no hay que hacer un diálogo porque el pueblo ha votado y ha elegido a sus representantes. Un pacto es una traición. No niego la libertad de expresión. Lo que niego desde los principios democráticos es que los partidos políticos absorban la libertad política del ciudadano e instrumentalicen su voto. Ustedes deben dialogar y mucho y reunirse en sus comités federales y sus asambleas, y mucho, pero durante los cuatro años de legislatura. Ahora deberían estar celebrando el triunfo porque un sistema ha caído y porque tienen (debería decir tenemos porque para algo les he votado) tres diputados en la asamblea.

                        Otra cosa muy importante. Aquí hay un pseudodebate que tiene diversos orígenes. En primer lugar, la presión de los socialistas, en la que no voy a entrar, ya los conocemos, quieren mantener el estado de corrupción que han forjado durante treinta años. En segundo lugar, las luchas internas de los partidos que son luchas de poder. IU, desgraciadamente, no se salva de esto, aunque mantenga en su ideario la república. Y en tercer lugar, el señor Cayo Lara. Este señor le ha hecho un flaco favor a IU de Extremadura e IU en general. Mientras se reunían en las plazas los de democracia real ya, él los apoyaba. Pero hay que tener en cuenta que lo que defiende este movimiento, en principio, es otra forma de política que elimine el poder de los partidos, la corrupción, los pactos antinatura, la representatividad de los ciudadanos no de los partidos. Todo esto lo defiende este movimiento. Una democracia auténtica. Y defiende un ataque al neoliberalismo, a que el poder no esté en los mercados. Pues bien, el señor Lara, se apunta al carro con afán de posibilismo político, mientras mantiene un doble discurso y nos dice: nunca dejaremos allá donde podamos gobernar al PP, eso significa pactar en contra de la voluntad del pueblo. Y una traición a la ciudadanía, a todo aquello que se defiende en Sol, en qué quedamos. Y ahora llega el papelón de Extremadura, y se exige que no se deje gobernar al PP, de ningún modo. Ése fue el origen del debate. Esto es falta de ética y de honestidad, no se puede estar en Sol y defender el posibilismo político, la traición a los ciudadanos. Y eso es lo que ha ocurrido. Ni más ni menos. Y yo no niego la libertad de expresión, cada uno que se exprese como quiera. Lo que defiendo es la libertad política, y esa quedó manifiesta en las urnas. Por eso no hay ni que plantearse lo del pacto o el apoyo. No señor. Y encima recubrirlo de democracia de partido. Sus militantes, voten lo que voten, no pueden arrogarse lo que los extremeños han decidido ya de antemano. Ustedes tienen que hacer política de la buena, y tienen cuatro años para ganar más apoyos, porque la derecha hará mucho más daño, porque además ganará arrasando en las generales…y el mundo se ha ido derechizando peligrosamente. Es hora de entusiasmar al ciudadano. Pero me desencanta vuestra actitud. Insisto, los valores éticos de la república no se acaban sacando la banderita en los mítines y manifestaciones, esto es un símbolo. La república va más allá del partidismo. Pretende recuperar la libertad del ciudadano. Un saludo a todos y que la razón y la ética les acompañe si al final tienen que decidir, que ya de por sí, es un mal.

Pedro, enhorabuena por los resultados obtenidos. Mi enhorabuena a todos los que desde el partido han trabajado para que esto sea posible y, como no, para todos aquellos votantes, que en última instancia, han puesto a tres diputados de IU en la asamblea extremeña. He estado atento al debate que se ha planteado después de los resultados del 22 M y no salgo de mi perplejidad. Supongo que los más viejos en política dirán que peco de ingenuidad, pero, permítaseme mi osadía, sólo quiero defender a la democracia, a los votantes de IU y defenderos de vosotros mismos.

            No veo, y creo que no hay ninguna razón para este debate. Esto puede parecer simple, ya digo, a los partícipes más activos del partido con muchos años a las espaldas de trabajo y esfuerzo político. Pero no lo es. Quiero ir a lo sencillo, a lo elemental, a cosas que IU ha defendido siempre y por la cual esta vez se le ha votado y, además, otras veces, no, porque se les consideraba ingenuos e idealistas al defender estos principios que nos unen a todos. No entiendo el debate, porque no hay un empate en el que haya una lista más votada. Hay un claro vencedor y, nosotros, como defensores de la democracia, debemos respetar la soberanía del pueblo. Sabemos que el sistema democrático que tenemos facilita o, peor, acaba, en el partidismo, pero IU defiende la república. Y esto no significa sólo la eliminación de la monarquía dentro de las instituciones democráticas. Significa mucho más, entre otras cosas, virtud pública o ejemplaridad pública. Es decir, que los representantes políticos deben ser, igual que la ciudadanía, personas respetables y dignas. Y ello significa, en primer lugar, que, si creemos en la soberanía del pueblo, de verdad, no sobre el papel, debemos asumir su dictamen. No entramos en la verdad o no de la mayoría, la mayoría garantiza la gobernabilidad, para nada tiene por qué tener la razón. Y aquí hay una clara mayoría, la del PP, y, nosotros, personas con principios de izquierda, no participamos de su ideario político; es más, está en nuestras antípodas. Pero, el pueblo lo ha decidido. Igual que ha decidido ofrecer tres diputados a IU, y le pide responsabilidad por ello. Esos diputados no pueden estar nunca al servicio de la opción que, literalmente, ha perdido, no lo camuflemos de lista menos votada. El PSOE ha perdido, y el PP, puede gobernar con mayoría simple. Nuestro misión es, en primer lugar respetar la voluntad de las urnas. Estoy hablando desde la teoría democrática y la virtud cívica que se le exige a una opción política como la nuestra. Nosotros atacamos a todos aquellos que desvirtúan la democracia a través de pactos electorales que, en definitiva, no son más que una instrumentalización de la ciudadanía, otra más además de la representatividad proporcional que padecemos y que desde IU se ataca. Nosotros debemos ser ejemplo de ejercicio de la democracia. Ejemplaridad pública. Ahí no tenemos nada que perder. Pero si apoyamos al PSOE en la investidura, simplemente estamos traicionando a la democracia en general, a nuestros principios, al pueblo, y a los votantes de IU. Por eso no puedo entender el debate. Si éste se ha dado es porque nuestra condición humana nos lleva a la vanidad, la soberbia y la ambición de poder. El discurso del miedo a la derecha es absurdo. Simplemente, si se apoya al PSOE, se persigue poder, ni siquiera, un mayor margen de acción. Además de violar los principios en los que creemos, el dictamen de las urnas, seríamos fagocitados por la maquinaria del PSOE. Pero, ahora, en mi discurso, para mí, esto es lo menos importante. No se puede admitir una lucha por el poder, sino una defensa de los principios republicanos de una democracia sana. IU no se puede permitir el lujo de defraudar a los votantes. La credibilidad de la democracia en la que vivimos está, y con razón, en crisis, IU no puede participar en este descrédito de la democracia. Debe enseñar que otra forma de democracia es posible. Debe ser el estandarte de la transición hacia una república, no entrar en el juego de partidos que tanto, y con razón, ha denunciado. Un pacto con el PSOE para la gobernabilidad de éste llevaría al desengaño y el desencanto. No podemos caer en el posibilismo político. IU tiene la posibilidad de hacer una política de principios. Y tiene cuatro años para demostrarlo. Una legislatura entera para discutir una a una todas las leyes, para llegar a acuerdos, cuando sea posible con el PSOE, sobre la viabilidad de una ley u otra. Para servir de control al poder, que en definitiva eso es la oposición. Para entrar en el diálogo parlamentario y no en el pataleo al que nos tienen acostumbrados. La política como ejercicio del diálogo, no como prepotencia, la política como libertad, no como imperativo de voto. No podemos seguir las reglas del juego que desvirtúan la democracia. La política hay que hacerla día a día, discutiendo los proyectos legislativos, presentando proyectos de leyes... todo lo demás es jugar el juego sucio de los partidos que han absorbido el poder del pueblo y, con ello, han acabado con la democracia. Creo que si IU se plantea esta cuestión previa evitará caer en un debate interno peligroso, evitará dar una imagen negativa, como ya está dando a sus votantes, hará perder la ilusión del rescoldo de democracia que nos queda.. y se perderá en el posibilismo político, para, al final, caer en las garras del bipartidismo. Si hay que morir se muere con valentía, no en brazos de un gigante que nos haya resguardado de la intemperie. Hay que seguir a la razón y a la ética, que es lo mismo. La razón es universal y es común a todos. Y todos entendemos quién ha ganado. Cuestión previa, por tanto, no hay más discusión. La ética es universal también, se refiere a la libertad de las personas. Si IU acepta un pacto hemos perdido nuestra libertad y seremos esclavos para siempre, hasta ser finalmente engullidos. Nunca podremos volver a hablar desde la honestidad. El posibilismo político es posible desde este sistema partitocrático, IU defiende la democracia en sus ideales republicanos, es decir, más allá de la partitocracia. En un mundo sin matices, en una sociedad sin principios, en una política exenta de ética, hay que practicar la ejemplaridad pública. Un saludo.

No sé exactamente lo que dices. De todas formas ya llego tarde, empieza el uso de la fuerza. El poder calla a la ciudadanía bajo el lema del sacrosanto orden público. Una mamarrachada totalitaria dentro de una democracia que no es tal. Esto se veía venir, había que esperar. La cosa empezará a tomar otro color, sobre todo porque, tarde o temprano, las medidas contra la ciudadanía, el estado de bienestar, la democracia, los derechos humanos…se irán incrementando. Por la crisis, en la cual manda el mercado y por la derechización del mundo. España se ha vuelto de derechas ahora, de nombre, antes lo era de hecho. A la izquierda le queda mucho recorrido y a los movimientos civiles también. En las asambleas todo es muy complejo. La inmensa mayoría de la gente, opina, no piensa. No creo en una democracia asamblearia, sí, quizás, en una república. He huido de las asambleas como de la peste, simpre. Producían demasiado ruido en mi inteligencia. Al final hay que decidir y el que tiene más poder se lleva el gato al agua. El movimiento del 15 M es, más que nada, simbólico, no creo que pueda surgir nada de él, en tanto que propuestas. Por una razón muy sencilla: está en el margen del sistema, no representa ninguna institución, ni es asumible por ninguna de las que existe. Lo importante de él es que sea grande, que cause “desorden público” e, incluso, desobediencia civil. Que sea tan profundo que llegue, incluso, a las elecciones. Ello haría posible que los políticos cambiasen de verdad la política. No como ha ocurrido ahora, que han instrumentalizado el movimiento. Siento mi pesimismo, pero ya me conoces. Con los mimbres de la condición humana poco podemos haer…pero bastante lejos hemos llegado. Tanto que ahora somos conscientes de que estamos retrocediendo en nombre del progreso, claro, el económico financiero… de lo que se deduce que hay que seguir insistiendo y seguir luchando por la dignidad humana. Todo está en la Ilustración, y si me apuras, en Sócrates…

TRIBUNA: RAFAEL ARGULLOL

Fecha límite: 2016

RAFAEL ARGULLOL  24/05/2011

El pasado 1 de mayo, en el downtown de Los Ángeles, el domingo por la tarde transcurría con la peculiar rutina -esa mezcla de pesadez del aire y lentitud de las horas- con que transcurren los domingos por la tarde en todas las ciudades del mundo, aunque con un ingrediente propio: los diversos elementos del paisaje urbano conformaban un escenario que ya se acercaba mucho al proporcionado por la película Blade runner. Es explicable, pensé, pues al fin y al cabo no faltan tantos años para llegar al 2019 del filme, y muchos estamos de acuerdo en que Blade Runner fue una de las más acertadas aproximaciones al futuro que se hicieron en el siglo XX. Únicamente ocho años antes de llegar a la fecha señalada. Es verdad que no hay replicantes, ni coches voladores, ni audaces expediciones espaciales (y en cambio sí teléfonos móviles e Internet, algo que no previó Philip K. Dick, el inspirador literario de la película de Ridley Scott, y que, por cierto, tampoco vislumbraron Aldous Huxley y Georges Orwell en sus respectivos pronósticos); sin embargo, en nuestro mundo se perfila con creciente nitidez aquella confusión de lenguas, de razas, de arquitecturas, aquella combinación de sofisticación tecnológica y pobreza espiritual, de experimentos científicos ilimitados y carencias morales también ilimitadas. Y no había duda de que Los Ángeles había sido una elección adecuada.

La tarde del domingo 1 de mayo se consumía, pues, como tratando de acercarse al guión de Blade runner en las calles semivacías del downtown angelino. Al contrario de la película, en la que llueve todo el tiempo, lucía un sol radiante pero, por lo demás, todo parecía preparado para la deshumanización anunciada en el choque brutal de los brillantes rascacielos y los edificios desahuciados, y en el gesto lentísimo de multitud de home-less que deambulaban alrededor de los grandes aparcamientos al aire libre, antes de sumergirse en extrañas tiendas de campaña confeccionadas con bolsas de basura. Para hacer más verosímil la representación anticipada de Blade runner donde, que yo recuerde, no aparece un solo libro, en Main Street, cerca del hotel en el que estaba alojado, me topé con una librería que se llamaba The Last Bookstore in Los Angeles. El amigo que me acompañaba, nacido en la ciudad, me informó de que se trataba de algo literal y de que aquella, en efecto, era la única librería que no había sucumbido al efecto de las grandes superficies comerciales.

El decorado era casi perfecto, en su intención bladerunneriana, cuando en la propia Main Street se oyeron exclamaciones procedentes de algunos bares en los que relucían gigantescas pantallas de televisión: así me enteré de la muerte de Bin Laden. Con mi amigo, un americano muy anglosajón pero poco nacionalista, entramos en uno de ellos para contemplar la imagen de Obama, pálido y serio, mientras hacía el anuncio. Hubo unamago de entusiasmo por parte de un grupo de blancos que bebían cerveza, e incluso uno de ellos se puso a entonar un patriótico U-S-A, como si contemplara un espectáculo deportivo; en general, sin embargo, los parroquianos se mantuvieron come didos y en silencio. Me dio la impresión de que, para los mexicanos y para los negros, el anuncio tampoco era nada del otro mundo.

A partir de este momento, y durante los días siguientes, las pantallas de televisión norteamericanas -y las de todo el planeta- vomitaron, como es sabido, imágenes relacionadas con la muerte de Bin Laden, una ceremonia de monopolio visual solo equiparable, precisamente, al acontecimiento con que esa muerte se relacionaba: los atentados del 11 de septiembre de 2001. No obstante, con anterioridad a la explotación de esa historia macabra, las televisiones americanas estaban muy ocupadas con otra historia no menos apocalíptica pero que, al principio, me resultaba misteriosa. En hoteles, bares y restaurantes los televisores proponían una fecha, 2016, acompañada de una anotación inquietante: deadline. Como en la actualidad no es necesario mirar la televisión para que, gracias a las omnipresentes pantallas, la televisión te mire a ti mientras estás comiendo, bebiendo o simplemente paseando por el vestíbulo de tu hotel, pronto logré hacerme una cierta idea de lo que ocurrirá en el año 2016 según un ejército de analistas, sociólogos, politólogos y economistas que se exhibían en preocupadas tertulias: ese año se producirá la gran catástrofe y la economía china sobrepasará por primera vez a la norteamericana. El desastre. El único día que, en la habitación del hotel, escuché con atención un programa de la CNN destinado al asunto comprobé que el deadline era, como se subtitulaba el reportaje, "el fin del imperio americano en el mundo". Me sorprendió que durante casi dos horas los analistas que intervenían solo se mostraran tremendamente preocupados por el factor económico y que apenas entraran en juego consideraciones acerca de la libertad, la cultura o la moral. Al parecer el papel de China como el Gran Acreedor -de todos nosotros pero especialmente de los estadounidenses- había debilitado cualquier resistencia ante un modelo que compagina, con toda naturalidad, el más incontinente de los capitalismos con el totalitarismo político. Desde hacía tiempo nadie se atrevía a denunciar este hecho, como temiendo la furia del Gran Acreedor.

No obstante, creo que también es una hipocresía atribuir a China la proposición de un futuro mucho más inclinado a la codicia que a la libertad. De ser cierto que hemos aceptado un mundo casi exclusivamente moldeado por el factor económico poco podríamos reprocharle a China, a no ser el vértigo de su voracidad, vinculado a la rotundidad de la miseria de la que partía. No han sido los chinos, sino los occidentales, quienes han forjado, a través de sus políticos y sus medios de comunicación, la imagen de una humanidad esclava de la supremacía absoluta del mercado. Hay un símbolo totalmente elocuente de esta tiranía en nuestra grotesca antropomorfización de ese dios único. Hoy he leído en el periódico "el mercado celebra el ascenso de Keiko Fujimori en los sondeos"; y no hay día que no sea informado de los sentimientos y emociones de la divinidad: el "mercado sufre", el "mercado está ansioso", el "mercado juzga"... Fuera de estos sentimientos y emociones nada parece contar. China, el Gran Acreedor, lo único que va a hacer es llevar este desvarío -el auténtico deadline- a las últimas consecuencias.

El año 2016, por tanto, no es, seguramente, tan decisivo como sugieren todos esos analistas. En realidad la frontera crucial es la que viene marcada por la venta del alma mediante un trueque siniestro: libertad por mercado (hasta hace poco se alegaba que ambos términos se complementaban). Si hemos cruzado irreversiblemente esta frontera el mejor año para vernos reflejados es 2019, el de Blade runner, con una humanidad que duda de su condición humana, y en una ciudad que ha dejado de tener ciudadanos para albergar seres acorralados por el miedo y la rapacidad.

No creo que sea como usted dice, siguiendo a Mill, un efecto de la aplastante mayoría. Creo que se trata de algo más serio de lo que lo primero es el síntoma. Esa aplastante mayoría la produce el propio sistema de la democracia formal que acaba en el bipartidismo y los nacionalismos. Lo que ocurre es más profundo y preocupante. La libertad de expresión y manifestación de ésta a través del voto existe y, además, es muy perseguida por los partidos, porque sino carecerían de legitimidad. Ahora bien, lo que no hay es libertad de pensamiento. Por qué, simplmente porque se ha ido generando un pensamiento único. Y esto por muchas razones. En primer lugar porque los partidos se han hecho con todos los poderes del estado, y además son prácticamente intercambiables, salvo matices epidérmicos. Y, en segundo lugar, porque históricamente, el enfrentamiento entre dos potencias se entendió también como el enfrentamiento entre dos visiones de la sociedad. Desaparecida una de ellas, el socialismo real, en realidad un sistema totalitario inspirado en el satalinismo, desaparecen las ideologías y de ahí la defensa del fin de las mismas y del pensamiento único.Eso es lo que nos han hecho pensar y lo que en realidad representan los partidos, todos, insisto, son esencialemente iguales. El pensamiento único en realidad es la ausencia del pensamiento, porque el pensamiento es diálogo, dialéctica, confrontación. De ahí que hay definido a la democracia, y ése es el título de un artículo mío sobre el tema, que la democracia es disidencia. Es decir, que entiendo la democracia como la capacidad de disentir y esto es pensar, no expresarse. Porque un mismo pensamiento se puede expresar de múltiples formas.
 

            Por otro lado estoy de acuerdo con usted, y aquí soy popperiano hasta la médula, que la democracia formal es el mejor de los sistemas, que es el que mejor garantiza los derechos humanos, sociales y laborales. Efectivamente. Pero esto no tiene nada que ver con la libertad de pensamiento, sí con la de expresión. Popper, en resumen, defendía la democracia como una forma de gobierno en la que se podía eliminar al gobernante sin derramamiento de sangre, cuando considerábamos que lo habían hecho mal, que no es poco. Y, además, sostenía que el gran invento de la democracia es el de las instituciones que son las que garantizan todo eso que usted dice. Por eso la democracia es el mejor de los gobiernos. Pero el problema es que nuestras democracias formales se han convertido en formas de dictaduras de partidos. En plutocracias: partitocracias oligárquica. Pero, también, siguiendo a Popper, la democracia, frente a cualquier otro gobierno es el único perfectible, aquel que podemos mejorar. Las instituciones son las que salvaguardan la libertad política, por eso es muy importante que las instituciones no caigan completamente bajo el poder de los partidos. Pero la tendencia, y ese es el problema, es ésa precisamente. Por eso es necesario, antes de acabar en democracias, contradictoriamente, totalitarias, refundar los partidos. Y aquí entramos en el último punto. En este sentido coincido con usted. Yo no defiendo una revolución, sino una transformación profunda. En el sentido kantiano. Una revolución cambia a unos tiranos por otros, en cambio, el uso público de la razón, la ilustración de la ciudadanía, conlleva la transformación de la sociedad. Ahora bien, quizás, en ocasiones, sin caer en la violencia y la revolución, sea necesaria la desobediencia civil. Por supuesto, siempre será legítima frente a la tiranía. Gracias y un saludo.

Mira, David, siento discrepar profundamente contigo. En primer lugar por la forma, que es muy importante y tienes que salvaguardar. No sólo porque no se puede insultar con calificativos generales, sino porque, además, desde la lógica argumentativa eso es una falacia y de las más burdas y elementales. Cuando calificas al movimiento ciudadano de fascista y estalinistas, simplemente estás haciendo un argumento ad hominem, y ya sabes lo que esto significa. No das ni una sola prueba de ello. Además siguiendo la lógica deductiva, la de Popper, el adalid de la libertad y de la sociedad abierta, cuna del pensamiento, junto con Hayek, neoliberal moderno, aunque estos no se han enterado “de la misa la mitad”, basta un solo caso para refutar tu tesis. Según tú afirmas el movimiento es fascista estalinista, pues yo te aseguro que no lo soy, yo y mucha gente, pero eso no importa para la lógica. Si yo no lo soy queda falsada la teoría por el Modus Tollems. Explícitamente: p predice q, no se da q, por tanto no es cierto que p. Y sólo basta un caso. Lo demás es falacia, generalización inductiva o, peor, demagogia.

 

Y, con esto creo que ya no hace falta ni siquiera seguir hablando. Pero como amigos y como reconozco tu valía, compromiso, saber e inteligencia, pues te dedico unas palabras más. No es cierto lo que dices. Cuando afirmas que el movimiento no pone en duda, ni el bipartidismo ni la partitocracia, no es cierto. Primero, si se cambia la ley electoral y la ley de partidos, cosas que están contempladas en las propuestas, cambia mucho el asunto de la representatividad. Es en esto en lo que hay que fijarse, no en otras cosas que se dicen que a muchos como vosotros, entre ellos, no lo digo por ti, los ultraliberales del mercado, que nada tienen que ver con la libertad, que, por otra parte, no oculto mi escepticismo, quizás sea imposible. (Todavía no he sido capaz de refutar a La Boête y su “Discurso sobre la servidumbre humana voluntaria”.) Y, a pesar de ser un “filósofo tambaleante de la ilustración” creo que el hombre per se no alcanza la libertad…esto es un grave problema, pero no vamos a entrar ahí. En definitiva, que según un programa de mínimos, un cambio de la ley electoral, de la ley de partidos y de la representatividad proporcional haría nuestra democracia más representativa, aún siendo formal y partidista. Esto es un paso, pero, desde luego, para mí, y según tú afirmas, para ti también, esto no es suficiente por que no se acaba con la partitocracia. Pero yo lo que añado es que si de este movimiento surge una sensibilidad en la que se ponga en cuestión la democracia partidista, en definitiva, una forma de dictadura más, pues habremos dado un paso importante. Porque entonces habrá que refundar la democracia desde los ideales de la república. Que esto sea posible, pues no lo sé, que este movimiento lleve esto implícito, pues no lo creo, pues es muy heterogéneo, como inevitablemente no puede ser de otro modo y lo que yo digo aquí, quizás sea demasiado pedir y, quizás, sea en el punto que coincidamos. Pero en lo que creo que discrepamos es que esto, para mí, es un detonante que hay que aprovechar, que nos desilusionará, por supuesto. Más grande fue la revolución francesa y también desilusionó. Es más, de sus males vivimos hoy en día. Pero creo que hay que subirse al carro y aportar ideas. A quién vas a esperar, sino. Este movimiento ciudadano es invertebrado, surge de la indignación, la miseria… ahí está su fuerza y también su debilidad. Es necesario canalizarlo hacia la libertad política y la república, en definitiva, hacia una profundización de la democracia… Y una de las cosas en las que creo que coincidimos es que ese cambio, o transformación o revolución, pasa por una transformación radical de la enseñanza. Un saludo muy afectuoso. Sinceramente, creo que debes meditar y espantar fantasmas. Luego, el escepticismo, pues eso nos acompaña a todos y mucho más a los que somos más teóricos…

Efectivamente, de acuerdo. Pero la abstención y el voto en blanco están dentro del juego democrático. Quizás ahora no sea el momento, mejor unas generales…no sé la novela de Saramago “Ensayo sobre la lucidez” me dio mucho que pensar y nunca sospeché que estaríamos ante una situación similar. Mi convicción es democrática, y dentro de ella, republicana. El camino es difícil. Pero pienso que esto debe tomarse en sentido kantiana, como idea regulativa de la praxis política y ética. La diferencia, como decía Popper, un liberal, entre la democracia y el resto de los gobiernos es que la primera es un gobierno perfectible…un cordial saludo y gracias por su comentario.

 

                                   ***

 

            No hombre, Antonio, no seas ingenuo. No confundas la corrupción con los casos de imputados. La corrupción es algo mucho más amplio. No sé porqué tantos remilgos intelectuales con un movimiento ciudadano que nace de lo más primitivo del pueblo, acabe como acabe, y soy tremendamente escéptico, y tanto beneplácito con los que, literalmente, han secuestrado el poder y la LIBERTAD en Extremadura, y más en Villafranca durante treinta años. La corrupción es sutil y no pasa en su gran mayoría por los juzgados. No te equivoques, Antonio, no confundas. El PSOE, es, ahora mismo, lo más reaccionario que pueda existir en Extremadura, sólo, y por imperativo de la estructura democrática, intenta mantener el poder. Desengáñate y sé un poco más republicano. Que la república implica mucho más que eliminar al rey, es una forma de democracia que elimina la partitocracia. Un saludo y disculpa hacerte pensar en jornada de reflexión…