El problema ecológico o ecosocial es el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Porque en él se encuentran todos los demás problemas. Por eso hay que tener una visión general de la sociedad para resolver lo que es un problema civilizatorio, que pone en cuestión la propia existencia de la civilización humana tal y como hoy la conocemos. El cambio climático es uno de los grandes problemas dentro del problema ecosocial. Pero no habrá solución mientras que no cambiemos de paradigma, de visión del mundo. Y, mucho me temo, que seguimos anclados en una visión productivista, en una economía del crecimiento. Cuando realmente el paso hay que darlo hacia una mentalidad, no de la producción sino del cuidado y la austeridad y no del crecimiento, sino del decrecimiento. El progreso hay que entenderlo como progreso humano, no económico y éste es el camino que nos marca el paradigma del decrecimiento y el ecosocialismo.
Diario de un escéptico.
Aprender hábitos, costumbres, orden. Eso es la disciplina, no tiene nada que ver con el castigo, ni la violencia ni la represión, sino con la canalización. Porque educar es guiar ejemplarmente. Y sobre esa base surge la creatividad, no desde la nada como piensan los nuevos pedagogos. Sin autoridad y disciplina no hay educación, ni respeto, ni ansia por saber y por querer ser mejor y llegar a la excelencia.
Efectivamente, estoy de acuerdo contigo totalmente. La felicidad también se puede conquistar. Pero si te das cuenta esa conquista tiene que ver con la compasión. Es decir, con una virtud que se realiza en relación con los demás. Si se practica la meditación sólo por el hecho de alcanzar tú mismo la felicidad se cae en una gran contradicción. Que es lo que pasa en occidente, claro, que no entienden la religión oriental, porque están fuera del contexto. Antes que el amor al prójimo y la caridad cristiana aparece en el budismo el concepto de la compasión; incluso más universal porque va dirigido a todos los seres vivos. Y para llegar a esta compasión verdadera del otro tienes que dejar de ser un yo, el nirvana, cosa que alcanzas a través de la meditación. Entonces es cuando la compasión, la ayuda al otro no es un acto egoísta y proporciona felicidad. Pero ya no podemos hablar de felicidad de un yo. Porque ya no hay ese dualismo, no hay ese yo. Entonces lo que podemos decir es que no hay sufrimiento. Esto lo entendió también después el cristianismo. El mismo San Agustín lo decía. Hay dos caminos para llegar a dios: el de la interiorización y el de la caridad. Uno es feliz cuando ayuda a su prójimo (es la enseñanza del evangelio: la parábola del buen samaritano y el sermón de la montaña). Pero cuando esa ayuda es desinteresada, se convierte en una forma de ser y uno se disuelve en la compasión hacia el otro.
En cuanto a lo segundo es, precisamente, lo que a mí más me preocupa. Que hoy en día la felicidad está dentro del mercado. Dentro de la cadena del consumo. Y a mayor “felicidad” de este tipo, consumo compulsivo de todo, menor libertad y virtud y, por tanto, el hombre se convierte en objeto y deja de ser un sujeto dotado de dignidad y respeto. Un objeto en manos del poder, manipulado y cosificado. Y precisamente olvidamos el tercer principio de la ilustración: la fraternidad. La libertad y la igualdad la hemos conquistado en cierta medida, aunque las estemos perdiendo, pero la fraternidad ha sido la gran olvidada.
El libro que has citado es estupendo para lo que hemos comentado e ilustra perfectamente todo este proceso. Buda, y esto es lo que se le olvida al occidental, no busca la felicidad, lo que quiere es entender el porqué del dolor en el mundo. Y si nos vamos al cristianismo el concepto de redención es el mismo. Redimir al mundo del dolor, el sufrimiento y la injusticia a través del amor al otro. Y si nos vamos al tercer pilar del eje axial, que decía el médico y filósofo Jaspers, Sócrates; pues éste nos dice que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Su vida es un ejemplo de ello, pero mucho más: el juicio, la condena a la que fue sometido y su muerte.
¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. Es necesario tener en cuenta que nuestra propia condición biológica es la de un animal abierto al mundo. Nosotros no tenemos una adaptación al medio, sino que creamos un mundo a través de la cultura. Pero ésta sale de nuestro cerebro en interacción con el medio. De tal manera que construimos a la vez que nos construimos. La cultura, nuestra segunda naturaleza, es, como si dijésemos, nuestra forma de adaptación al medio. Forma de adaptación, que no es tal, sino transformación. Todo ser vivo al adaptarse, de alguna forma, transforma el medio. Lo que sucede es que el homo sapiens es consciente de ello y crea utensilios (técnica y tecnología) para tal misión. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético. Y esto segundo es lo que no hay que olvidar. Porque resulta que las sociedades tremendamente complejas que hemos construido han olvidado o están olvidando esta dimensión absolutamente irrenunciable, pero no porque queramos, sino que por naturaleza somos animales éticos. Otra cosa es el tipo de ética y moral que hayamos construido a lo largo de los tiempos. Lo que sí está claro es que en nuestra dimensión ética debemos tender a la defensa del hombre en tanto que ser dotado de dignidad, por tanto un fin y no un medio. Y esto es algo difícil porque el uso de la tecnología y nuestra dependencia absoluta de ella nos transforma en medios, más que en fines. Con lo que nos convertimos en objetos y dejamos de ser sujetos. Y, en segundo lugar, hay que intentar defender la universalidad de los principios éticos fundamentales, como es el que hemos mencionado de ser seres dotados de dignidad.
La defensa del hombre como un animal ético nos enfrenta directamente al poder, en la medida que éste, y más en las sociedades tardocapitalistas absolutamente tecnificadas, va a tender a reducirnos a objetos. El ejercicio del pensar se transforma en un acto de resistencia. En una acción revolucionaria.
¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético.
Otro artículo laudatorio del señor Botín. Esta vez a cargo de un experto investigador en biomedicina y biotecnología. No dudo en absoluto de su excelencia en su materia, probablemente de los mejores de España, por algo lo contrató el señor Botín. El problema es el engaño. Se confunde desarrollo científico y social, con interés para el mercado. Lo que le interesa a la banca de la ciencia es su valor útil para el mercado, no lo mejor para la sociedad. No el desarrollo humano y social. Eso es una mentira y una patraña. Un puñetero engaño en el que caen hasta los más excelentes científicos a cambio de un buen plato de lentejas. La investigación científica hoy en día, no tiene nada que ver con el conocimiento del mundo y de la verdad, estos ámbitos están muy reducidos y poco subvencionados, no te digo nada en las humanidades. Qué banco va a promocionar con mucho dinero la investigación sobre el caso Galileo contra el poder de la iglesia, por ejemplo. O el significado de la muerte de Sócrates para la sociedad y la democracia o el origen de la tragedia en Grecia y su repercusión en la configuración y estructura de la sociedad, así como en el surgimiento de la ética y, posteriormente de la ley: el derecho. Estas investigaciones sí que plantearían un desarrollo humano y social. Pero esto no da dinero. Ahora bien, inventar una pomada para evitar las arrugas a partir de los treinta, pues sí dará dinero. Tampoco da dinero la investigación sobre el ébola. Qué más da, son países pobres. Tampoco iban a pagar por los medicamentos, no tienen dinero. Qué nos importa que mueran cada cierto tiempo, por un brote de ébola, unos cuantos miles de negros. Eso no tiene nada que ver con el desarrollo humano y social. Está uno ya cansado de engaños, de mitificaciones del poder, de nuevos redentores y de magos y demagogos que se esconden detrás de las más ilustres palabras. Venga ya.
"El hombre no debe comportarse con frivolidad ni desenfreno, ni debe caer en la tristeza ni en la melancolía, sino que debe ser alegre." Maimónides.
Muy semejante al principio aristotélico de la virtud. La virtud como el medio entre dos vicos. Pero se ensalza algo importante que aparece en los estoicos y después, sobre todo, en Spinoza: la alegría de vivir como la máxima virtud y el único camino hacia la felicidad. La alegría es la idea adecuada sobre nosotros mismos. La que se corresponde con el conatus: el ser intenta por todos los medios persistir en su ser. Pues la mejor manera de que el hombre persista en su ser es a través del sentimiento de la alegría que, como decía, es la idea adecuada de sí mismo e implica la aceptación plena del ser, de nuestra existencia, por tanto, porque todo lo que ocurre, ocurre por necesidad. No olvidemos que el determinismo es clave para la felicidad en Spinoza, como lo es en los estoicos.
P.D. Dejen los libros de autoayuda y vayan a los clásicos. Por lo menos les harán pensar. Lo otro es una patraña y una estafa, además de un montaje para enriquecerse ciertas editoriales y ciertos autores mediocres.
Los dueños del mundo entendieron perfectamente a Platón. Hace unos años yo decía que de que los políticos se enterasen de lo que Platón decía se iba a caer del temario de Historia de la Filosofía. En definitiva, la pregunta política de Platón es quién debe gobernar. Y su respuesta es que los sabios o filósofos. El pueblo, no. Es la crítica feroz de Platón a la democracia que había matado a su amigo Sócrates. Un gobierno justo no puede matar a un hombre justo como es el caso de Sócrates. Luego, la democracia, como gobierno del pueblo, no es un gobierno justo. Y no lo es porque es el gobierno de los ignorantes: de aquellos que viven instalados en la opinión y no en la ciencia. Pues bien, pasados los años he comprobado mi gran error. Los amos del mundo han creado una sociedad, un estado platónico en el que la democracia es ficticia, es el engaño de la caverna platónica. Creemos que gobernamos nosotros y tenemos la libertad de decir lo que nos venga en gana y de votar a quien queramos, pero, en realidad, es un gran engaño. Son los medios de control de masas y del pensamiento los que nos ofrecen la alternativa política, que, por cierto, aunque enmascarada en distintas siglas, sólo es una, incluido a los de Podemos (por concretar y hablar del caso español, a pesar de sus grandes virtudes como la de jugar el papel de desenmascarar el engaño, pero quedarse en la puerta y participar de él), por tanto, la isegoría es aparente, porque en el fondo no hay alternativa más que la que se nos muestra e, incluso, dentro de la caverna, se nos hace creer que hay diferentes alternativas. Falso. Eso no es más que juego y entretenimiento de los demagogos para mantener al pueblo en el engaño. Luego llegan las elecciones y se les dice al pueblo, desde la más cínica demagogia, que es soberano. Soberano, ¿de qué? Si no tiene oportunidad de pensar. Si sólo existe un pensamiento único. No existe la libertad política, sólo la de opinar. Por cierto, que para eso el poder se ha encargado de adoctrinar al pueblo haciéndole pensar que todas las opiniones son respetables, por tanto, iguales. Relativismo, ausencia de pensamiento.
Y, por otro lado, tenemos a los gobernantes que Platón nos decía que tenían que ser los sabios o los filósofos. Él decía, los que poseían la filosofía verdadera, es decir, que sólo existe una forma de pensar. Volvemos al pensamiento único y al pensamiento hegemónico. Pues bien, eso es lo que ocurre en nuestro mundo y en nuestras supuestas democracias occidentales: es el gobierno de los mejores, que son los más sabios: tecnócratas (casi todos ellos economistas ortodoxos) y ricos Y, como resulta que participamos del gran engaño y el engaño es hacernos pensar que vivimos en democracia y que poseemos libertad política, pues el pueblo está absolutamente maniatado, pero, de forma inconsciente, porque él piensa, desde su ignorancia, que es muy libre. Pero no lo es, porque a pesar de la libertad de expresión no hay libertad política. Y si a esto le sumamos la propia condición humana: la servidumbre humana voluntaria. Es decir, que preferimos obedecer a actuar por nosotros mismos. Pues, nuestro gozo en un pozo. Apaga y vámonos. Bienvenidos al desierto de lo real.