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Filosofía desde la trinchera

Reflexiones marginales

Conferencia de inauguración VIII Jornadas de ciencia, tecnología y sociedad.

 

 

Hacia una ética cosmopolita. Desde los estoicos a Martha Nussbaum.

 

            El artículo de Nussbaum levantó, cuando se escribió, muchas polémicas. La autora defiende la idea del cosmopolitismo enraizada en sus orígenes griego, los estoicos. Y además reclama una educación en el cosmopolitismo como un bien para la ciudadanía. Las críticas se le vinieron encima porque se consideró que eso era un ataque al patriotismo. Que los sentimientos cosmopolitas eran artifícales. Que uno se identifica con su patria, su familia, la nación. Nussbaum, por su parte, mantiene las ideas clásicas del cosmopolitismo que analizaremos después y considera que el sentimiento cosmopolita sería de ayuda para entender la condición humana. Además, siguiendo a Tagore, en su obra “La casa y el mundo” sugiere que el sentimiento de hermandad universal es prioritario al de familia, tribu, nación, etc. y, algo muy importante, no lo elimina.

 

            Yo soy partidario del cosmopolitismo, como lo es Martha Nussbaum y quiero analizar sus raíces y su actualidad. Además considero que su mayor actualidad reside, precisamente en que ese sentimiento tiene que ser la base de una ética universal cosmopolita y de un derecho internacional. Pero además trasciendo lo que sostiene Nussbaum, aunque ella ha polemizado con Rawls sobre este asunto intentando aumentar el concepto de justicia de éste último. Yo voy a llegar a la conclusión de que la ética cosmopolita es necesaria, pero no suficiente. Hay que dar un paso más. Y ese paso es la ética ecológica de origen naturalista, en el sentido de Javier Echeverría en su obra “La ciencia del bien”. De lo que se trata es de que toda ética es todavía antropomórfica y, si queremos salir de la situación de quiebra del capitalismo global, de la crisis Terminal que ello conlleva porque está enlazada con la crisis ecológica, agotamiento de los recursos y calentamiento global, necesitamos de una ética ecocéntrica. Esta es la base del principio de responsabilidad de Hans Jonas y una profundización en la ética cosmológica que defiende el carácter universal y natural del hombre. Es reconocer que somos habitantes de la tierra, no parásitos ni custodios, sino que convivimos con ella irrenunciablemente. En palabras de Riechmann podríamos decir que esto sería una segunda Ilustración.

 

            Pero, empecemos por el principio antes de adelantar acontecimientos. El surgimiento de la filosofía representó el surgimiento del logos, la razón, lo universal. La filosofía, el pensamiento, como también defiende en su último libro Pedro Fernández Liria, surge como el descubrimiento de lo universal frente a lo particular. Y esto es muy importante porque el llamado milagro griego es el reconocimiento de que en el hombre hay algo universal que lo pone en comunicación con los demás y con la naturaleza. El logos, la razón es lo común, decía Heráclito. Es lo que nos permite abandonar nuestra particularidad y unirnos en lo universal. Por eso, se produce un fenómeno de extrañeza al filosofar, porque se abstrae lo que tenemos de particular y dejamos hablar al logos. Cuando hablo de filosofía podemos decir igualmente, ciencia. Son lo mismo en sus orígenes y en la actualidad, al menos en lo que se refiere a su impronta, a su quehacer y a su origen. Si el origen de nuestra civilización es el descubrimiento de lo universal tiene en su seno el espíritu de lo universal. Es decir, tiende a la universalización. Lo que descubren los griegos es que el mundo se describe desde lo universal. Ése es el concepto de cosmos. El cosmos es el orden frente al caos y lo arbitrario. Aquello que tiene un orden inmanente regido por la razón. Aquello que se desvela por la razón, el lenguaje, que nos hace universal. El comportamiento del universo, el teorema de Pitágoras es igual para mí que para un analfabeto, un esquimal, un chino. Una vez que se accede a su demostración se hace universal lo que los griegos han descubierto es esa universalidad del cosmos, esa unidad. El discurso sobre el mundo es universal. Y eso nos sacó de los particularismos, de la superstición…

 

            Pero la mente griega aplica el logos a la polis. Y así surge la democracia. La razón que rige la ciudad es fruto del acuerdo de los hombres. No procede del capricho y la voluntad de los dioses, ni de la fuerza de un tirano. Y en esas leyes que proceden del hombre éstos se convierten en ciudadanos. Los habitantes de la polis son ciudadanos, hombres libres. Aquellos que se dan a sí mismo la ley. En eso reside su igualdad y su libertad. Todos son iguales ante la ley y son los forjadores de la ley. Pero la democracia entra en crisis por la sofística, que viene a defender lo contrario al ideal filosófico, el relativismo, de ahí la semejanza con la actualidad. Y son Sócrates y Platón los que intentan enmendarles la plana. El conocimiento, si sigue al logos, es universal, no particular y relativo. Eso es demagogia. Por eso ligan el conocimiento con la virtud. Sócrates y Platón son los verdaderos fundadores de la filosofía. Y todo el pensamiento como decían Withead y Popper no son más que notas a pie de página de las obras platónicas. Platón persigue que la ciudad se gobierne por la razón, es decir por lo universal. Por eso su ciudad es la ciudad ideal, la que todo el mundo asumiría porque obedece a la razón. La idea es buena, otra cosa es que haya caído en totalitarismos. Pero eso en estos momentos no nos interesa.

 

            Y es de estas raíces de las que surge el cosmopolitismo, precisamente de otros herederos de Sócrates, los cínicos y los estoicos. Tanto unos como otros atacan a las costumbres y a las tradiciones. Anteponen la humanidad a la nación. Y de ahí surge el ideal cosmopolita. Este ideal es una universalización ética de la razón. El cosmopolita es aquel que reconoce la humanidad en cualquier otro. Todo hombre es un ser humano. Los hombres somos particulares, la humanidad es universal. La humanidad participa de todos los hombres. Por eso decía Terencio, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Si soy capaz de reconocerme en el otro, entonces puedo reconocer mis vicios y mis virtudes. La identidad, lo que me constituye como hombre no es la tribu, ni la familia, ni la nación, sino la propia humanidad. Tanto la familia, como la nación, son particularizaciones, que no tienen porqué ser contradictorias de nuestra universalidad. Si aceptamos que el hombre es común por su propia naturaleza y que el ansia de universalidad es lo que ha construido la civilización de occidente, tendremos la base ética del cosmopolitismo. Es posible un dialogo entre civilizaciones, porque el fondo es común. El hombre es lo común a las civilizaciones. Aunque seamos animales tribales por nuestra propia naturaleza biológica. Al ser nuestra biología abierta y de la que emerge la cultura hemos inventado las formas sociales de vivir más allá de la tribu. La posibilidad de una sociedad cosmopolita es una posibilidad que entra dentro de la naturaleza humana. Esta hermandad universal de los cínicos y los estoicos es una hermandad natural. Lo que estos filósofos reconocen es la razón universal, que es la razón de la naturaleza. El hombre, como ser natural, por eso este cosmopolitismo es un ecologismo avant la lettre, está inmerso en esta razón universal. El hombre no va más allá de la naturaleza y si quiere actuar bien tiene que actuar conforme a la ley natural. No podemos trascender la naturaleza. Por su puesto que para vivir necesitamos de las relaciones de empatía que nos permiten identificarnos, como son la familia, el pueblo, la nación, pero éstas son particularidades que nos elevan hacia la humanidad. El sentimiento cosmopolita no se enfrenta a los particularismos. Ahora bien, estos si pueden ser fanáticos y excluyentes eliminando lo universal que hay en lo particular.

 

            Así, en el estoicismo encontramos todas las bases de la ética cosmopolita y ecológica que habría que desarrollar. Pero resulta también que el estoicismo fue una filosofía, que en algunos aspectos, casó muy bien con el cristianismo. El concepto de razón universal queda identificado con la Providencia. Pero hay dos cosas importantes que aporta el cristianismo como base de una ética universal o cosmopolita. En primer lugar el concepto de persona y, por ende, dignidad, que encontrará su pleno desarrollo en Kant, como veremos. El cristianismo dice que todos somos hijos de dios, en ese sentido todos somos iguales en tanto que somos hermanos y nuestra dignidad reside en que hemos sido creados a imagen y semejanza de dios, en nuestro aspecto divino. De ahí la polémica de Valladolid de Bartolomé de las Casas con respecto a la matanza, etnocidio y genocidio de indios en América. Él defendía, que todos, aún sin ser bautizados, eran hijos de dios, por ello no se les podía ni torturar, ni asesinar. En este concepto de dignidad encontramos la base de los derechos humanos. El otro pilar de la universalización de la ética es la parábola del buen samaritano. El ayudar al prójimo consiste en la identificación con el dolor ajeno, no en la identificación con el del mismo pueblo, o tribu o nación. La acción ética se dirige al otro, porque el otro es otro como yo y en su rostro puedo ver dibujado su dolor del cual me compadezco. Ese prójimo es proximus, cercano. Pero el pensamiento ético racional, mediante conceptos, ha sido capaz de elevar a universal el sentimiento particular. Esa será la gran tarea de Kant. Una cosa más hay que decir del cristianismo. Mientras que los estoicos eran naturalistas, el cristianismo ensalza al hombre y lo hace dueño y señor de la naturaleza. Este mito fundante que anima también el surgimiento de la ciencia y la técnica en el Renacimiento y sumado a la idea de progreso ha dado lugar al imperialismo y a la eliminación de la naturaleza y nos ha llevado al callejón del gato en el que nos encontramos del que una ética cosmopolita y ecocéntrica nos pueda salvar.

 

            Pero retomamos ahora el discurso con Kant. Este autor es la base fundamental para la creación de una ética universal que no es más que una ética cosmopolita y de la idea de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Ideal aún no realizado, pero posible. Al que habría que añadirle la ética ecológica. Kant intenta construir una ética universal. Es decir una ética que se base en un principio que todo hombre considere aceptable. Encuentra ese principio en el imperativo categórico. La formulación de éste más adecuada que nos dirige a donde nosotros queremos es aquella que dice que “obra siempre de tal manera que consideres al otro como un fin en sí mismo, no como un medio”. Y éste es el concepto máximo de deber y de dignidad humana. Siempre que se actúe con respecto al otro considerándolo como otro yo, estaremos actuando bien éticamente. Y siempre que instrumentalicemos al otro lo estaremos vejando. La dignidad consiste en que soy un sujeto. Es decir, alguien autónomo y libre y así debo ser tratado. Es necesario notar aquí, que todo poder lo que hace es instrumentalizar al individuo. Por tanto el poder legítimo será el que permite el desarrollo libre y autónomo de las persona. Éste poder sería el de la república. Pero si tenemos la base de una ética universal es porque tenemos una concepción universal del hombre. Por eso esta ética trasciende a los pueblos y las naciones sin anularlos. De lo que se trata es de que hay algo universal en el hombre, y es su dignidad, autonomía y libertad, que es común a todas las naciones. De ahí surge el ideal político kantiano. Cuando Kant se pregunta si hay un quiliasmo (como en el modo cristiano) de la historia, responde que no lo hay de forma a priori. No hay un fin natural de la historia del hombre. Kant no cree en el progreso automático de la humanidad. La historia es contingente. Ahora bien, si puede haber una idea regulativa de la política. Y esa idea regulativa pone como fin la consecución de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Por un lado tenemos el cosmopolitismo, la universalidad del hombre, pero, por otro lado, tenemos la particularidad de las repúblicas. Kant ha sabido sintetizar esta tensión entre lo universal y lo particular. Y de esta manera en Kant encontramos la respuesta a las críticas que se le hacen a Nussbaum. Por eso es interesante esta autora que recupera el viejo ideal cosmopolita sin eliminar lo particular, porque es necesario, pero no debe ser excluyente. Y por eso esta autora amplia el concepto de justicia de Rawls que sale de su velo de ignorancia en el que sólo cuentan los sujetos racionales, autónomos y libres. Ella lo amplia a los que no tienen todavía uso de razón o los que la han perdido o los enfermos. En este sentido habría que unir su propuesta con la ética comunicativa de Habermas y Adela Cortina en su versión española.

 

            Pero yo aquí, como sugerí en un principio quería dar un paso más. En la situación Terminal en la que nos encontramos la ética cosmopolita es necesaria pero no suficiente. La ética cosmopolita aún sigue siendo antropocéntrica. Heredera de ese mito cristiano de que el hombre es dueño y señor de la naturaleza y que ha animado a la técnica de forma prometéica. Y es este antropocentrismo el que nos ha llevado hacia la situación Terminal en la que nos encontramos, que no es una mera crisis económica, ni mucho menos financiera, sino global y Terminal. Y esto es así porque a la crisis económica se le une la crisis medioambiental en sus dos focos, agotamiento de recursos y calentamiento global. Esto plantea la quiebra de nuestro modelo de producción que es el capitalismo global. Y esta quiebra nos llevará a la catástrofe. Y por eso digo que la ética cosmopolita, como la hemos ido exponiendo aquí es necesaria, pero no suficiente. Es necesaria una ética universal que sea la base de un derecho internacional que esté por encima de los estados, sin anular las identidades, la idea kantiana. Pero es necesario seguir el principio de Jonas que nos adentra en la ética ecológica. El principio de responsabilidad. Tenemos que asumir ética y jurídicamente que somos responsables de nuestros actos, no solo ante nosotros mismos y el cercano, sino frente al que ni conocemos, o bien porque habita muy lejos, o bien porque no ha nacido. Esto último hace referencia a las generaciones futuras. Somos responsables de su herencia, es decir, de su bienestar. Aunque no existan, no podemos instrumentalizarlos que es precisamente lo que hace el poder y el modo de organización capitalista que tenemos. Y lo que nos queda por añadir es que la base de esta ética no puede ser antropocéntrica, sino ecocéntrica. Nuestras acciones no sólo son responsables ante los demás, sino ante la naturaleza, porque todos somos naturaleza, vivimos en y de la naturaleza. Lo que le hacemos a la naturaleza nos lo hacemos a nosotros mismos. Y ésta sería la segunda Ilustración que plantea y desarrolla Riechman en su Trilogía de la autocontención: ensayos sobre ética y ecologia.

 

 

                                               Juan Pedro Viñuela.

 

                                               Abril 2011.

Gracias por los comentarios. Pero ya que ha surgido tanta polémica os aclaro de dónde he sacado la cita. Es una obra de una autora árabe luchadora por los derechos humanos y en especial por los derechos de la mujer. Una de sus múltiples obras es “El Islam en occidente” en la que intenta desenmascarar la idea prejuiciosa que se tiene de esta religión en occidente. Y, precisamente, el último capítulo lleva como título metafórico, que es lo que no se ha entendido aquí, El burka en occidente es la tala 38. Y es un capítulo en el que se hace una reflexión a partir de un hecho autobiográfico. Y es que esta señora va a unos grandes almacenes a comprarse ropa y no encuentra de su talla es mandada a la sección de tallas grandes, no se por qué a lo normal se le llama grande o especial, y a la 38, e incluso menores es lo normal, y esto es un hecho constatable en cualquier establecimiento. El caso es que no encuentra ropa de su talla y gusto. Cuando coincide uno no coincide el otro y así… Y a partir de ahí hace una reflexión en defensa siempre de la mujer para ponerla sobre aviso y no se deje convertir en objeto. Y mucho menos en esclava como ocurre en algunos lugares del mundo musulmán, y ella lo sabe bien y ha luchado ejemplarmente contra ello. Pero no ha sido menos en occidente. Felipe, puse el ejemplo del nacionalcatolicismo en España en el que la mujer era prácticamente una esclava. Su función social era la de ser esposa fiel y madre abnegada y aguantar todo lo que venga del marido, dueño y señor de propiedades y de ella misma. Y esto, además, estaba justificado por la religión cristiana y lo sigue estando. El cristianismo, como las otras dos religiones del libro son misóginas porque proceden de las religiones neolíticas cuyos dioses son masculinos, violentos y machistas. Si en nuestras sociedades hemos avanzado algo en la igualdad ha sido gracias al uso de la razón contra la superstición de la religión y contra la barbarie de los poderosos. Efectivamente, en algunos lugares a las mujeres se les cose el burka a la piel, y aquí en España a muchas mujeres, por utilizar bebedizos o infusiones curativas se las torturaba y después se las quemaba como ejemplo público. De modo que lo que dice Fátima es una metáfora no una equivalencia y un aviso para sobreguardar los derechos de la mujer para que, de ninguna de las maneras sea considerada un objeto. Os dejo un enlace sobre algunos de los aspectos biográficos de esta mujer. Muchas gracias y disculpad por lo que quizás fue sacar de contexto una frase. Saludos. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mernissi.htm

Te equivocas. Si salen videos como éste y se denuncia tal actitud es porque existe un burka real, aunque no material. Otra equivocación es la de confundir lo árabe, con lo musulmán y lo musulmán con el fanatismo y la intolerancia. Las tres religiones del libro tienen el mismo grado de intolerancia. La cuestión es haber pasado o no por la modernidad que consiste, fundamentalmente, en el surgimiento de la ciencia, la secularización y el laicismo y la democracia. Pero, curiosamente, y esto es un tesis que primero surgió en la historia de la ciencia y ahora se extiende a la historia universal, Miguel Manzanera publicará un libro sobre esto dentro de poco, el Renacimiento surge en España en el siglo XI con los árabes y el apogeo del califato de Córdoba con Abderramán I. El máximo representante de esta transición es Averroes con su racionalismo teológico y la teoría de la doble verdad. Lo que sucedió en lo que se llamó la ilustración musulmana es que se recopiló y amplió toda la sabiduría griega que quedaba de la escuela y biblioteca de Alejandría. Pero no sólo se inició un proceso de apertura científica, sino que cuando Europa llevaba ocho siglos en la oscuridad, los musulmanes y judíos españoles empezaron a traducir del griego al árabe y al latín. Se daba la casualidad que sólo los árabes conocían el griego y esto fue lo que permite el acceso de los textos científicos y literarios a los europeos, las traducciones que se hicieron en Al-ándalus, que después continuaría Alfonso X el sabio. Por eso en la universidad de Paris, los máximos representantes, Alberto Magno, Buenaventura y Tomás de Aquino, intentan refutar por todos los medio la teoria de la doble verdad, triunfando, al final, su teoría de la subordinación de la razón a la fe. De ahí que la doctrina actual de la iglesia considera que todos los males de occidente proceden de la modernidad o ilustración. Éste fue el prinipio de la modernidad, y culmina en la ilustración del XVIII, que tuvo como enemigo al antiguo régimen fundamentado en el poder de la sangre y la gracia divina. La mujer en estas circunstancias tenía menos valor que un esclavo, puesto que ni siquiera eran clase productiva. Esto es occidente. Y lo que se ha conseguido ha sido por la luz de la razón que es universal y de la que todos pueden participar. En España hace cincuenta años la mujer estaba plenamente sojuzgada. Su lugar social era la de ser madre y esposa. Y esto fue el producto de la unión entre el nacionalismo militar y el catolicismo. En la sociedad contemporánea, tanto hombres como mujeres bailamos al son de los dictados del consumo que construyen nuestros valores. Nuestra autonomía es más aparente que real. Y la existencia de estos videos no es más que un poco de catarsis sin que se llegue a la rebeldía total. No vivimos en ningún paraíso, al contrario, cada vez somos más vasallos. Un saludo.

Nostalgia.

 

Ayer me llegó una voz del pasado. Una voz llena de recuerdos y vivencias. Una voz que me trasladó más de veintitantos años atrás en mi vida. De repente sentí un sentimiento que hacía tiempo no tenía, la nostalgia. Un sentimiento que puede ser enriquecedor y, a la par, paralizante. La nostalgia nos ayuda a recordar el pasado, siempre sabiendo que todo recuerdo es una construcción de nuestro pasado, que es subjetivo en tanto que el yo lo construye para dar sentido y orden a su existencia de esta manera todo recuerdo es de alguna forma una falsificación, un delirio, pero, como decía el maestro José Luis Pinillos, un delirio necesario. Y necesario porque sin él no podríamos vivir. La nostalgia nos ayuda a contarnos a nosotros mismos nuestra vida. Es el sentimiento que nos une al pasado y nos da identidad. La nostalgia es necesaria en estos tiempos de prisas y de efímero presente en el que todo caduca. La nostalgia nos permite recrear y recrearnos en nuestro pasado, en nuestra existencia en las relaciones con el mundo y las personas que nos rodeaban y que sirvieron para construirnos. Hechos y personas que condicionaron nuestra existencia, que limitaron nuestra libertad, a la vez que, de su trato aprendimos el duro camino de la libertad que nos lleva a la autonomía y la soledad. La nostalgia hace el milagro de la identidad del yo, esa emergencia de la efervescencia del cerebro.

 

            Desde muy joven he definido a la vida como un eterno dejar. Es una definición un tanto paradójica en la medida en la que se mezcla lo eterno con el fluir. Pero ese es el sentido, el fluir de nuestra existencia reside en la necesidad radical de abandono. Todo es abandonado en el vivir. Y nos quedan los recuerdos que acomodamos en nuestra conciencia y que, a veces, felizmente aparecen. Otras, sin embargo, permanecen encerrados bajo siete llaves y cuando surgen se engendra un huracán. Estos últimos son los traumas, las frustraciones, las circunstancias no resueltas. Todo aquello que ha generado el vicio: el resentimiento, la resignación, el cinismo, la hipocresía. Por el contrario, la nostalgia es suave, nos ata al pasado sabedores de que es pasado para siempre, pero que desde la profundidad del tiempo alimenta nuestra vida, sigue siendo llama oculta que alimenta el vivir y no lo impide. Lo peligroso es instalarse en la nostalgia. Entonces, o nos volvemos locos, o nos hemos hecho definitivamente viejos y vivimos sólo del pasado. La nostalgia nos recuerda que la vida al ser un dejar es un abanico de posibilidades. La vida esta constituida por nuestras circunstancias y lo que nosotros, más o menos bien, o más o menos mal, hemos sido capaces de hacer de ellas. La vida es quehacer, creación, decisión. Habérselas con las circunstancias es precisamente la libertad. Libertad absolutamente condicionada. Por eso la nostalgia nos recuerda que la vida es un dejar. Porque toda elección, más o menos condicionada, en el fondo es un abandono de un abanico de posibilidades, a veces ese abanico se reduce a unas pocas, o a dos, y son las que más marcan nuestra existencia porque nos enseñan que la elección es una bifurcación en la vida, que nos hará totalmente distintos porque las circunstancias que nos rodearán serán totalmente diferentes. Es aquí donde se hace notar ese dejar esencial que es la propia vida. Dejar caminos sin andar que nunca se podrán recorrer. Recorrer caminos que no tienen vuelta atrás. Porque en la vida no existe la vuelta atrás, no hay un volver a empezar. La vida es construcción, un pasar activo y consciente. Un querer, una voluntad de hacer que se retroalimenta del pasado, pero que no se puede instalar en él. La vida saludable es la vida en tanto que quehacer, en tanto que construcción. Los recuerdos constituyen nuestra identidad, pero, paradójicamente, no somos nosotros. Somos la mezcla de recuerdos y acción. Sin esta última la vida es pasividad, anquilosamiento, vejez. De ahí ese doble sentido de la nostalgia. Uno placentero y reconstituyente, otro paralizante. Pero la gran enseñanza de la nostalgia es que somos seres ineludiblemente temporales y mortales. También cabe, en este sentido, nostalgia del futuro.

Los medios de comunicación persisten en la desinformación, el ocultamiento del pasado y en su transformación para adaptarlo al presente, para adoctrinar y adormilar a las conciencias. El estudio de la historia y la historia de las ideas es imprescindible. Pero el saber ya no es el objetivo de la educación. Es curioso. Se habla de que estamos en la sociedad del conocimiento, en la sociedad más preparada y, por otro lado, los prejuicios y las creencias abundan por doquier. Parece que el saber adquirido en la secundaria y el bachillerato les ha resbalado por entre las circunvoluciones cerebrales a los alumnos. Todos ellos prestan más atención a los medios de desinformación de masas y creadores de falsos valores que a la enseñanza. Es el fracaso del optimismo ilustrado. La educación no garantiza de forma automática la ilustración. Y más, si la educación no está dirigida a la consecución del saber, con lo que ello implica éticamente.

La quiebra del capitalismo global.

 

La última obra de Ramón Fernández Durán nos lleva al análisis de lo que él cree que es la quiebra del capitalismo y las tremendas consecuencias que de ello se derivarían. El capitalismo, tal y como lo conocemos ha llegado a su fin. No estamos ante una crisis más del capitalismo. Hay una serie de factores que lo hacen único y, a mi manera de ver, Terminal. Coincido con el análisis de Fernández Durán, a pesar de su pesimismo. De todas formas siempre hay que estar con aquella sentencia de Gramçi, pesimista de la razón pero optimista del corazón. Ante la situación terrible que nos espera se abre la puerta de la esperanza, sólo en la medida en la que la sociedad y los gobernantes sean capaces de reaccionar. Esto de momento no se ve. Pero una cosa también queda clara, el nivel de vida que hemos llevado no volverá a ser posible. Hemos engullido nuestro propio futuro. El dilema es, o bien el decrecimiento forzoso, lo cual provocará una catástrofe y será brutal, o el decrecimiento por medio de la concienciación y de la voluntad política. Esto nos llevaría a otra forma de organización, social, política y económica en armonía con la biosfera, muy distinta y, en absoluto derrochadora, a la actual. El espejismo ha terminado. La quiebra se producirá en pocas décadas.

 

            La crisis del capitalismo actual es absolutamente distinta, no porque sea una crisis financiera, como sugieren algunos, sino porque está ligada a otras crisis. La primera y fundamental es la del agotamiento de los recursos fósiles. Estamos sobrepasando el cenit del petróleo, dentro de algo más de una década sobrepasaremos el del gas y para el 2030, el del carbón. Las anteriores crisis del capitalismo hicieron que este renaciese en la medida en la que existían recursos energéticos que consumir para fomentar la producción y el consumo. Ésa es la espiral mortal del capitalismo. Pero los recursos fósiles de los que se alimenta la producción y el consumo se empiezan a agotar. Hemos llegado al fin del petróleo barato, esto hará entrar en quiebra a la economía mundial. Lo mismo sucede con los recursos alimenticios y el agua. Ni para la energía ni para los alimentos y el agua hay sustituto, tienen un límite y lo hemos sobrepasado. El espejismo ha sido pensar que los recursos son inagotables y que el progreso de la humanidad es inevitable. Que el mercado resuelve. Son mitos que nos han engañado. Nada volverá a ser igual. El estado social que conocemos se irá desmantelando progresivamente, nuestro hijos no tendrán un futuro claro. La generación de los cuarenta a los cincuenta, tampoco tendrán garantizado el estado de bienestar en sus últimos días. El límite se encuentra en torno a 2030. Pero esto no es nuevo, aunque no nos demos cuenta, los hijos viven ya en peores condiciones económicas, laborales y sociales que los padres y esto se irá haciendo cada vez más profundo.

 

            A medida que escaseen los recursos energéticos la inestabilidad política será mayor, el peligro de grandes guerras por los recursos será algo cotidiano. Ya empezó toda esta carrera desde la primera invasión de Irak. Pero ahora han surgido grandes potencias económicas que siguen el mismo camino de progreso ilimitado, como son China, Brasil, India… y el consumo aumenta geométricamente, estas nuevas naciones reclaman su progreso y se enfrentan económicamente a occidente. Está en quiebra, por ello, también el sistema democrático. La guerra por los recursos eliminará la democracia y pasaremos a un estadio neofascista. Ya estamos en la antesala, en lo que yo llamo el fascismo económico, los estados, la política, obedecen sumisos el dictado del mercado y de las grandes corporaciones multinacionales. Pero, a medida que disminuyan los recursos y aumente el precio, se irá disolviendo la clase media, la pobreza aumentará y las garantías sociales disminuirán. Nunca nada volverá a ser igual. La economía tenderá a localizarse, la globalización se fragmentará, creándose diversos centros de poder en pugna por los recursos. Estos centros de poder se organizarán desde estructuras similares a las democracias actuales a totalitarismos y anarquismos a lo Mad Max. Entre uno y otro extremo cabrán todas las posibilidades. Lo que sí es cierto es que la vida será dura y no habrá posibilidades, lo que favorece la aparición de fascismos que eliminen los derechos humanos, sociales y laborales. La comodidad y el despilfarro serán algo del pasado.

 

            La quiebra del capitalismo global es el colapso de nuestra civilización que no puede encontrar un sustituto a los recursos fósiles. La creencia en el progreso técnico científico no es más que una creencia. Las energías alternativas no dan para tanto. Además para construirlas necesitamos de los recursos fósiles, con los cuales ya no contamos. El colapso civilizatorio ha empezado ya y durará, unido a los peligros que nos amenazan con el cambio climático unos doscientos años. Pero la quiebra se hará realidad en torno a dos mil treinta con el agotamiento de los recursos. Después vendrá una época de declive y adaptación progresiva a otro modo de organización que genere otra civilización. Las civilizaciones han entrado en colapsos, como demuestra Desmond, el problema es que la civilización global produce un colapso global en el que confluyen diversos factores: crisis de la economía financiera, agotamiento de las energías fósiles y cambio climático (problema ecológico). De ahí que la crisis sea Terminal. Porque el modelo que sostiene nuestro orden social no la puede solucionar, sencillamente porque ha sido él el que la ha producido, el que, en su bucle de crecimiento ilimitado, nos ha llevado a esta situación diabólica en la que la humanidad se encuentra en la encrucijada.

 

            Los problemas son graves y definitivos. Sólo cabe la esperanza de que al irse agudizando la crisis la ciudadanía tome conciencia suficiente y se transforme en sujeto de cambio que exija a las clases gobernantes la revolución del sistema, el recambio hacia una sociedad del decrecimiento, que también producirá dolor, miseria, hambre y sufrimiento, pero será controlado y no catastrófico. Ante el futuro sólo cabe la esperanza de la conciencia de la humanidad. Pero en situaciones difíciles también surge la guerra entre los fuertes. Y éste es el peor pronóstico, que es el que más arriba hemos dibujado.

 

            El futuro de la humanidad es inquietante. Pero yo no soy partidario de la posibilidad de la predicción histórica. Ahora bien, de lo que sí se puede hablar es de tendencias. Y las tendencias hacia el colapso civilizatorio ya existen, unidas, además, al fascismo económico, la pérdida progresiva del poder político, de los derechos sociales y civiles, la disminución del estado del bienestar. Y todos engañados por ese mito del progreso y esa creencia ciega en la tecnociencia. Y, además, adormecidos por ese nuevo opio del consumo que atonta a la humanidad. Pero este fin de la civilización representa también el fin de la razón, el fin del legado de Grecia. La posibilidad del diálogo, la universalidad y la igualdad. Es el fin de Grecia y de la Ilustración. Sólo podremos recuperar la civilización si tomamos conciencia de que estamos abocados al caos civilizatorio, al colapso y la quiebra del capitalismo global. Pero para hacer frente a ello es menester la conciencia social. La capacidad de pensar globalmente y actuar localmente y hacer que nuestros políticos vuelvan a retomar las riendas del poder. En caso de no ser así, dentro de un par de décadas, no sólo habremos perdido la comodidad del capitalismo desarrollado, basada en el despilfarro, sino que habremos perdidos nuestros derechos y nuestra dignidad, estaremos en manos del más fuerte, en manos de la tiranía.

Estimado Luis Omar. Le contestaré brevemente. En primer lugar le doy las gracias por haberse molestado en leer mis artículos y comentarlos. Pero siento disentir profundamente con usted. Creo que, de ninguna manera ha entendido mis artículos ni mis intenciones. Y además, creo que peca usted de una enorme afectación academicista. Yo puedo hablar de la posmodernidad sin mencionar a diferentes filósofos que se les llama posmodernos. Y, por otro lado, tampoco hay que confundir la posmodernidad con la filosofía de la sospecha. Pero no es esto lo que me interesa. Lo que a mi me importa, como filósofo mundano en la versión kantiana y como filósofo en el sentido de Popper son los problemas, no los términos ni los autores. Y yo he hablado de problemas que usted no ha tratado ni se ha referido, ocultándose en una pseudoerudición que no nos dice nada de lo que teníamos en cuestión. Por último lamento la dictadura que padeció, nosotros padecimos otra más brutal durante cuarenta años…pero no se equivoque, todo mi pensamiento, toda mi filosofía se dirige contra cualquier forma de poder que se transforme en absolutismo. Y eso es lo que he querido mostrar y que usted no ha entendido. Lo desarrollo más por extenso en otros de los artículos “La perversión de la razón ilustrada.” y en mis diferentes libros. Por otro lado, lo que no admito es que por defender a los clásicos y los grandes relatos de la humanidad, por ser un ilustrado tambaleante, que diría Popper, se me confunda con un absolutista. Soy un defensor de la sociedad abierta y de la libertad humana como máximo valor, siempre que éste esté en el equilibrio con la igualdad y a esto se le llama justicia. Por último, pensar que las ideas no tienen consecuencia es un desconocimiento de la historia de las ideas y de la historia universal, además, de extremadamente peligroso.  Las ideas vienen del fondo de la historia y se materializan independientemente de que los gobernantes sean conscientes de ellas. Eche, sino un vistazo a la obra del reciente premio Nobel de economía Poul Krugman, “Las ideas tiene consecienas.”  O a la obra de George Susang “El pensamiento secuestrado”, sobre el mismo tema. El neoliberalismo económico tiene sus raíces en la interpretación que del liberalismo se hace en el primer tercio del siglo XX y es una respuesta al keynesianismo y a la socialdemocracia, y se hace triunfante a partir de los setenta, en todos los ámbitos, incluida la educación. Pues bien, como se dice por aquí, de aquellos polvos estos lodos. Por otro lado, toda visión totalitaria hunde sus raíces en visiones deterministas de la historia, no hace falta que el gobernante sea consciente de ello, pero lo lleva a la praxis, vivencia esas ideas, porque en él ya no son tales, sino ideología y creencia. Por último, le sugiero que me hable de problemas y soluciones no de distingos entre autores, hace tiempo que abandoné el academicismo en pos de la filosofía mundana. No confunda filosofía con doxografía. La primera, a pesar de ser teórica, tiene una impronta práctica, es un intento de transformación ético-política. Como decía Unamuno, las ideas engendran un sentimiento y éste una acción. Hay que estar muy vigilante de nuestras ideas, que no se conviertan en ideologías o creencias y nos tiranicen. O, como decía Ortega, en las creencias se está, Las ideas se tienen.

Un cordial saludo.

Vamos a ver. No hay confrontación entre cultura y biología. La cultura es continuidad de la biología, emerge de ella. La paradoja, que no la contradicción, es que en el proyecto ilustrado y con la democracia inventamos una forma de vivir que es contraria a nuestra propia naturaleza. Eso puede explicar el fracaso de la democracia, si es que pensamos que ha fracasado. Por otro lado, yo no defiendo un darwuinismo social, eso es una simpleza y un no entender el darwinismo en el que hay tanto cooperación y simbiosis como competencia. Lo que yo si defiendo, desde el nihilismo naturalista, es la metáfora del gen egoísta. Y la supervivencia es la de los genes, no la de los individuos y la de las especies. Y, los genes inventan los mecanismos que sea, desde la simbiosis al parasitismo, pasando por la competencia y la jerarquía, para sobrevivir. La cultura humana es un mecanismo de supervivencia como los son las garras y los colmillos para el león, ni más ni menos. Lo que ocurre es que en la naturaleza humana todo es más complejo. Y esto que digo, no implica que no merezca la pena la lucha por la dignidad. Probablemente en una sociedad en la que se respete la dignidad los genes tengan más oportunidades. Y, quizás, por ello, el triunfo de la razón y de la ética a lo largo de la historia. Necesitamos de las normas para vivir en sociedad. Pero el invento griego, que después se amplifica en la ilustración, es que esas normas son universales, son el logos, la razón, que se expresa por la palabra y nos hacen a todos iguales. El logos, la razón es universal, una demostración matemática es igual para todo el mundo. La norma en la democracia nos iguala porque surge del hombre, no se justifica por el poder religioso, ni aristocrático, ni oligárquico. Pero todo esto lo que ha hecho ha sido posible la supervivencia de la humanidad, por tanto, de los genes, que en última instancia son nuestros replicantes. Nosotros somos su máquina de supervivencia, igual que la cultura. Nuestros genes tienen 3.500 millones de años, nosotros vivimos unas décadas y pocas fértiles, la especie homo sapiens tiene unas decenas de miles de años, sólo. Eso es el nihilismo. Todo lo que hacemos es pasar el tiempo, intentar burlar el tedio, la enfermedad mortal. Y en esa adaptación nuestra biología nos permite producir cultura que es lo que al primate homo sapiens le permite sobrevivir. Y una forma de esa cultura es la democracia que intenta garantizar la igualdad y la libertad, que no es poco. Y todo, para nuestro bien individual que, en el fondo, redonda en el “bien” del gen, su posibilidad de replicarse.