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Filosofía desde la trinchera

Reflexiones marginales

Efectivamente, Raus, se ha olvidado la virtud y la voluntad, ambas relacionadas. Para la consecución de la virtud es necesaria la voluntad. Pero, como sabes, el modelo pedagógico se apoya en el empirsmo y el constructivismo. El empirismo, como ideal de ciencia, elimina todo aquello que no es observable. De ahí que la voluntad desaparezca del estudio del psicólogo y el pedagogo. Y esto ha producido un tremendo daño como ya hemos analizado. Creo que es necesario, para una regeneración ética de la enseñanza, y de la sociedad en su conjunto, una vuelta a la ética de Aristóteles y de Kant. Pero esto son palabras mayores que necesitarían un artículo extenso y a parte. Gracias.

Gracias por vuestros comentarios. Francisco Javier, efectivamente, concuerdo contigo. La regeneración moral debe ser global. Y, como dices, los centros de enseñanza, no son precisamente los más importantes en la educación. En un artículo que escribí hace años “El malestar en la enseñanza” comenzaba diciendo que cuando iba al instituto siempre me decía que iba a deseducar. La tarea del profesor es trascender la doxa del alumno. La filosofía decía Ortega era paradoxa. Los medios de comunicación transmiten más valores que los profesores. El problema, como ya he señalado otras veces, es de índole global. A mi modo de ver asistimos a una crisis filosófica tremenda que nos ha llevado a adoptar una imagen del mundo, una cosmovisión, con sus valores incluidos, que es absolutamente perniciosa para la humanidad. La educación, el sistema de enseñanza, es vehículo, asimismo, de esa psuedofilosofía, que, como hemos señalado aquí entronca con el relativismo, el posmodernismo y el constructivismo.

Absolutamente de acuerdo con tus sospechas, Mari Luz. Comparto totalmente tu análisis. Lamento no disponer de tiempo para desarrollar mi pensamiento sobre la felicidad y el control social. Todo esto, como señalas, se veía venir. Y ya lo tenemos aquí. Mi idea, que no la puedo desarrollar, por cuestiones de tiempo, es que la felicidad no debe ser el objetivo de la ética, ni por su puesto, de la educción; sino la virtud y, a través de ella, la libertad. La felicidad se ha confundido con el hedonismo, por un lado, de la sociedad de consumo nihilista e individualista en la que nos movemos y, por otro, en una forma de adormecer, enajenar y objetivar al individuo, de tal forma que la rebelión y la protesta sean imposibles. Es decir, la felicidad como forma de control, en la línea en la que señalas. Es por eso que considero que el objetivo es la virtud, la fuerza, del latín. Esa fuerza, que es la voluntad, nos lleva a la libertad, el dominio de uno mismo en lo que se refiere a las pasiones y el pensar por sí mismo. Gracias.

Efectivamente, Ruben, vivimos en una mentira. Pero una mentira no significa falsedad. Significa apariencia. Y de ahí el pensamiento crítico. Si nos refugiamos en que todo es mentira, caemos en el escepticismo y la inacción. Por el contrario, si consideramos que el mundo que nos rodea es apariencia nos queda todavía la capacidad de actuar. ¿Tú crees que la política económica que nos cuentan es cierta? Pura farsa, pero hay que desenmascararla. ¿Tú crees que la economía es una ciencia al modo de la física? Pura farsa. esto hay que desenmascararlo para volver a humanizar la economía y que la política ocupe su lugar. Supervisora y vigilante de la economía. Todo es farsa, pero la razón crítica, desde que emergió en Grecia ha intentado desenmascarar las farsas. No basta el discurso negativo, ése es el primer paso. Después desenmascarar y, después, construir desde la razón crítica, no desde la utopía.

 

¡Vaya alumnos escépticos que tienes! Aunque es bien cierto que existen muchas sospechas sobre la veracidad de la foto. Y también es cierto que toda la propaganda científica hay que encuadrarla en la guerra fría. Y todo ello nos enseña que la ciencia y la tecnología, ni siquiera se puede reducir a la tecnociencia, sino que de lo que hablamos es de un complejo político-militar e industrial que subyace y alimenta a la ciencia. Es más, como ilustra el catedrático de física teórica y de historia de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, en su magnífica obra “El poder de la ciencia” la inmensa mayoría del uso civil del desarrollo tecnocientífico, radio, Tv, microondas, Internet, telefonía móvil, y un largo etcétera, procede de la investigación militar, que es, por lo demás, alto secreto. Por todo ello, podemos estar seguros de que, quizás, se sepa mucho más de lo que se nos muestra. No obstante no debemos caer en las teorías conspirativas de la historia porque eso sería caer en la superstición y en la claudicación de la razón.

 

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            Nuestra galaxia es común. Y las uniformidad de las leyes de la naturaleza indican, desde la lógica, que la existencia de vida es algo común. Ahora bien, como el azar es esencial en la aparición de la vida y en su evolución, la similitud con nuestra vida es algo fortuito e improbable. Es más, cualquier acontecimiento de nuestra historia natural ha cambiado el curso de nuestra historia evolutiva. El azar es importante para entender la evolución. Todos los seres vivos son seres contingentes, podrían no existir y ello depende de un suceso azaroso que, posteriormente, desencadena una sucesión de sucesos causales.

 

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            Los procesos astronómicos, aunque lentos, existen. El universo es como un ser vivo, en perpetuo cambio. Todo lo que ha aparecido tiene un desarrollo y un final. La tierra tiene unos cinco mil millones de años y le quedan otros tantos, pero antes el sol se convertirá en una gigante roja y nos achicharrará junto con todo el sistema solar.

¡Vaya alumnos escépticos que tienes! Aunque es bien cierto que existen muchas sospechas sobre la veracidad de la foto. Y también es cierto que toda la propaganda científica hay que encuadrarla en la guerra fría. Y todo ello nos enseña que la ciencia y la tecnología, ni siquiera se puede reducir a la tecnociencia, sino que de lo que hablamos es de un complejo político-militar e industrial que subyace y alimenta a la ciencia. Es más, como ilustra el catedrático de física teórica y de historia de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, en su magnífica obra “El poder de la ciencia” la inmensa mayoría del uso civil del desarrollo tecnocientífico, radio, Tv, microondas, Internet, telefonía móvil, y un largo etcétera, procede de la investigación militar, que es, por lo demás, alto secreto. Por todo ello, podemos estar seguros de que, quizás, se sepa mucho más de lo que se nos muestra. No obstante no debemos caer en las teorías conspirativas de la historia porque eso sería caer en la superstición y en la claudicación de la razón.

 

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            Nuestra galaxia es común. Y las uniformidad de las leyes de la naturaleza indican, desde la lógica, que la existencia de vida es algo común. Ahora bien, como el azar es esencial en la aparición de la vida y en su evolución, la similitud con nuestra vida es algo fortuito e improbable. Es más, cualquier acontecimiento de nuestra historia natural ha cambiado el curso de nuestra historia evolutiva. El azar es importante para entender la evolución. Todos los seres vivos son seres contingentes, podrían no existir y ello depende de un suceso azaroso que, posteriormente, desencadena una sucesión de sucesos causales.

 

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            Los procesos astronómicos, aunque lentos, existen. El universo es como un ser vivo, en perpetuo cambio. Todo lo que ha aparecido tiene un desarrollo y un final. La tierra tiene unos cinco mil millones de años y le quedan otros tantos, pero antes el sol se convertirá en una gigante roja y nos achicharrará junto con todo el sistema solar.

Leo en un periódico nacional que el Islam y la democracia son incompatibles. Lo que se quiere producir es un enfrentamiento entre civilizaciones. La tesis del choque de civilizaciones es un cuento. Es pura ideología para justificar la invasión y el control de los recursos energéticos. El Islam ha de ser demonizado por el capitalismo, como lo fue el comunismo y el marxismo. Hoy, con la crisis económica, y yo sin ser marxista, vemos cuánta razón tenía Marx en muchas cosas de importancia. Y, por su puesto, su gran impronta ética, que en el capitalismo salvaje no existe ni por asomo. Éste, por el contrario, lo que pretende es convertir a la persona en mercancía, instrumentalizar, eliminar su dignidad.

 

            Pero a lo que íbamos. El Islam es tan antidemocrático como el Judaísmo y el Cristianismo. Las tres religiones, llamadas religiones del libro, tienen en común la teocracia. La unión entre el poder político y el religioso. La única ley auténtica es la ley que emana de dios. Y ésa está en el antiguo testamente. La cuestión es la del poder. La religión cristiana no se separó, hoy en día sigue queriendo una cuota, del poder de buena gana. Durante siglos fue absolutamente perversa, intolerante, cruel, fanática e, incluso, genocida, como en la destrucción de las Indias. Pero la revolución del pensamiento fue poniéndola poco a poco en su sitio. Hasta que llega la ilustración y se proclama el laicismo, separación del estado y la iglesia. Pilar indispensable de la democracia. Para que ello fuese posible tuvo que producirse una revolución intelectual, como fue el renacimiento y la ilustración, el nacimiento de la ciencia moderna y las guerras de religión que asolaron a Europa durante cien años.

 

            Pero, curiosamente, el Islam conoció su época dorada en Al-Andalus. Aquí hubo una auténtica ilustración en los dos sentidos. Se recuperó el saber griego y se tradujo al latín y al árabe. Sin la traducción al latín, el renacimiento europeo hubiese sido imposible. La alta escolástica, tuvo acceso a los textos científicos y filosóficos a través de las traducciones que hicieron los musulmanes españoles, aquellos que llevaban ocho siglos en España y que fueron expulsados por el fanatismo integrista del cristianismo. En segundo lugar, este acopio de saber iba acompañado del ideal de la tolerancia. Se intentó un primer diálogo entre culturas y, durante siglos, hubo una convivencia y coexistencia. También hubo una interpretación de las escrituras, que se la debemos al filósofo Averroes que hicieron posible el nacimiento de la ciencia. Este filósofo mantenía la llamada teoría de la doble verdad. Una es la del Corán y otra la de la razón o la filosofía. La verdad única es sólo accesible a Alá. Tomás de Aquino puso todo su empeño en rebatir a Averroes en la universidad de París. Si Averroes tenía razón, como efectivamente la tiene, la religión está en peligro y, con ella, su poder político que ostenta. De tal forma que se establece la doctrina de la subordinación. La ciencia, la razón, la filosofía, son siervas de la teología. Su actividad no puede exceder la verdad revelada. El saber no es investigación sino recapitulación. Galileo recupera a Averroes en su juicio cuando responde al jesuita Bellarmino: La Biblia nos dice como ir al cielo, la astronomía como van los cielos. Es la teoría del doble lenguaje o la doble verdad, en versión de Averroes. Pero, mientras tanto, el nacionalcatolicismo hispano, se encargó de expulsar a los judíos y musulmanes. Y, desde entonces, salvo honrosas ocasiones, no hemos levantado cabeza, ni científica, ni filosófica, ni políticamente. El Cristianismo es esencial en la cultura europea, pero, del mismo modo, el Islam. Demonizar al Islam es incultura, fanatismo e incitación a la violencia.

Ha sido todo un placer compartir página con José Miguel López en La Gaceta Independiente. Tu artículo magistral. Nada que objetar. Plenamente de acuerdo. Sólo una cosa, tu discurso es universal, nadie de la clase política se dará por aludido. Cuando empieces a señalar un poco más con el dedo, entonces vendrán las críticas e incluso amenazas de denuncias. Estos son unos trepas, farsantes, inmorales, mediocres y hay que demostrárselo en los casos particulares. Eso es lo que les duele. Los discursos universales, los perversos, tienen el cinismo, incluso de aplaudirlos. Eso me pasó a mí en la radio y en el Eco de los Barros. La reflexiones generales, muy bien, como si no fuesen con ellos. Cuando se concretan en un caso particular y denuncias, desde esos mismos presupuestos generales, la corrupción, el déficit democrático, el vasallaje de los electores, la compraventa del voto, el maquiavelismos del gobernante, en fin todo eso que tú señalas, entonces van y te echan. Casi te consideran persona non grata. Reconocen los méritos de un torero, por cierto alumno mío en ética, era muy buen muchacho, eso sí, pero no reconocen los méritos intelectuales de alguien que no pertenezca al partido o esté en la onda del mismo… Miseria de personajes. El intelectual debe ser la conciencia crítica de su tiempo. La misión del intelectual es la de la libertad. Por eso la derecha y la izquierda se nos quedan estrechas. La actividad del intelectual es la denuncia del abuso del poder. Éste intenta aplastar la libertad de una y mil formas. Las democracias en las que vivimos son farsas. Han sido raptadas por el poder político y económico. El primer tiende, por sí mismo, a la acumulación y lo que hace es instrumentalizar al hombre. La economía actual es una perversión de la razón ilustrada. A eso se le llama neoliberalismo. Pero el liberalismo en sus orígenes era otra cosa. Era una defensa de la propiedad, por su puesto, pero también de la persona. El neoliberalismo elimina la libertad y, por tanto, a la propia persona. Su nombre ni siquiera es correcto. Mientras que el liberalismo defiende la libertad como el máximo valor que se encarna en la persona y su dignidad, el neoliberalismo, al instrumentalizar a la persona, convertirla en objeto, en el sentido de mercancía, elimina la dignidad. Aquel hallazgo kantiano que hereda tanto el republicanismo como el liberalismo. Pero lo de hoy no es más que perversión totalitaria, al modo de los fascismos del siglo XX, de la razón ilustrada.

 

            En cuanto al poder político. Estos no son más que marionetas al servicio del primero. Mientras que no muestren voluntad política de frenar la voluptuosidad del economicismo, así hemos de pensar. Pero, a su vez, el poder político, internamente, es antidemocrático y corrupto. Sólo quiere, como bien analizas, perpetuarse en el poder. Hay que tener una condición amoral para querer dedicarse a la política profesional. Lo curioso es que con unas cuantas reformas tendríamos una política más sana, lo que nos llevaría a una ciudadanía más independiente y a una mayor salud democrática. Por ejemplo, reforma de la ley electoral: esto aumentaría la pluralidad parlamentaria, se ajustaría más al ideal de una persona un voto, y eliminaría el poder de los nacionalismos que se ejerce en forma de chantaje y que es una traición al voto de los ciudadanos y su ideología. Pues ni los nacionalismos, ni los partidos mayoritarios quieren esto. Otra cosa, reforma de la ley de partidos. Aquí hay que incluir financiación. Ésta debe ser equitativa desde el estado y por los afiliados. Eliminación de la financiación privado. Esto sería un duro golpe a la corrupción, sobre todo, municipal. Eliminación de la disciplina de voto y, por último, listas abiertas. Pues nada de nada. A los partidos mayoritarios y nacionalistas, los que viven de la política, no de buscar el bien para la polis, no aceptan estas reformas. Lógico, para ellos sería una sentencia de muerte. De esta suerte, la clase política se ha convertido en una casta que sólo mira para sí, viola el principio de igualdad de todos ante la ley, la libertad individual, el respeto a las minorías y los principios básicos de la democracia. Una casta que delira sin entender para nada a la ciudadanía, salvo como mercancía. Los ciudadanos son su mercancía que compran en las campañas electorales. Los partidos, internamente, son una jauría de chacales en busca de poder y representación. La democracia está herida de muerte.