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Filosofía desde la trinchera

 

            José Miguel, yo no he hecho ninguna interpretación maniquea. Ha sido tu lectura. Y nunca he relacionado la izquierda con el progresismo. Desconoces mis análisis sobre el mito del progreso. Tampoco he identificado la izquierda con la libertad. Es más, lo que he señalado es que la izquierda ha favorecido los regímenes totalitarios que eliminaban la libertad en virtud de la “igualdad” en la redistribución de la riqueza. Y, por eso se le ha escapado la idea de la libertad.

 

            Y, por supuesto que el poder es conservador, si no no se puede ejercer. Pero, cuidado, hay algo que señalas que no lo es. El poder basado en la moral. Esto no es poder. Es autoridad. Pero autoridad en el sentido de ejemplaridad. Y los padres, por otro lado, además de ejercer la autoridad moral, tienen que ejercer el poder, la disciplina. En caso contrario el niño sería esclavo de los instintos y pasiones. El padre, como figura de poder, es conservador. Hace que se cumpla la ley. Lo siento, José Miguel, eso es la dinámica del poder en animales tribales como nosotros. Por otro lado, creo que la división entre izquierda y derecha a la que tu dices que yo acudo, no tiene nada que ver conmigo, más bien será la visión que los tertulianos lanzan, tanto de un lado como de otro, por doquier. Mi análisis procede del estudio e intento encontrar una vía de solución política para conservar la democracia, o restaurarla, porque queda poco de ella.

 

            El liberalismo, que surge con Locke, tiene un concepto de libertad mucho más amplio que el económico. Y fue, como sabes, el fundamento de la democracia americana. Aquí no estaríamos hablando de derecha ni de izquierda. Sino de la conquista ética de la humanidad que es el concepto lockiano de igualdad en la libertad. Todos somos igualmente libres. Pero el problema que se plantea en Locke es el de la propiedad y es Rousseau, precisamente, el que se enfrenta a ello. Después comento esto. Sigo con Locke. Este autor relaciona de forma indisoluble la libertad con la propiedad. El hombre en su estado de naturaleza es libre de su propiedad, de su vida y de ejercer todo su poder sobre los demás. Renuncia a este máximo poder, curiosamente, para preservar la libertad. Porque en el estado de naturaleza todos tienen el mismo poder y serie un estado de miedo, por tanto, ausente de libertad. Hasta aquí perfecto. Pero el problema es que Locke dice sobre la propiedad que, la hierba que su caballo come le pertenece, las frutas que sus sirvientes recolectan les pertenecen. Es decir, está justificando la propiedad privada de la burguesía. En definitiva, a lo que estábamos asistiendo era a una lucha por el poder entre la nobleza decadente y la burguesía emergente. Desgraciadamente es éste el concepto de libertad que se ha transmitido a la economía liberal, desbocada en el neoliberalismo actual que elimina, tanto la libertad, en sentido de Locke, como la democracia que se deriva de su análisis. Por su parte Roussau considera que todos somos iguales, de ahí que sea el inspirador de la izquierda, aunque también de Kant, no lo olvides, que es al que hoy en día hay que escuchar. Ahora bien, la sociedad nos pervierte. Pero, ¿en qué consiste esa perversión? Pues ni más ni menos que en el origen de la desigualdad entre los hombres. Y esa desigualdad empieza, precisamente, por la propiedad privada. Y a partir del establecimiento de la propiedad privada surgen los poderes que lo que hacen es garantizar la legitimidad de esa propiedad privada. Por eso en Roussea la vuelta a la naturaleza es la recuperación de la igualdad a través de la república: el gobierno del pueblo, siempre que éste haya conseguido el grado de libertad que le vendría dado por la ilustración. Nada dice de la abolición de la riqueza en su contrato social. Esto será un paso que darán, erróneamente, los anarquistas, comunistas utópicos y el pretendido marxismo científico. De ahí, y éste es el fondo de mi análisis que excede los tópicos de los tertulianos, que la libertad haya sido olvidada por la izquierda. Y reivindico su recuperación. Y no te engañes, los liberales en sentido filosófico no son la derecha, eso lo dirá Aznar, un ignorante supino en estos temas como he tenido la oportunidad de comprobar en ciertos escritos suyos y conferencias en el extranjero. Desde luego que ni la historia ni la filosofía son su fuerte. Los liberales defienden la libertad en el sentido ilustrado de Kant, no el neoliberalismo que es una forma de aniquilación de la democracia, de esclavitud difusa y de ecocidio en nombre de un mito sobre el progreso de la humanidad hacia un mundo feliz basado en las leyes de la economía y las tecnociencias a su servicio.

 

Muchas gracias José Miguel y ha sido muy estimulante e inteligente tu comentario.

Lo de siempre…el poder del capital más el poder político igual a la censura y la explotación. Y los deébiles, la mayoría, a la mierda. Y luego el discurso políticamente correcto hablan de igualdad, libertad..y la madre que los parió a todos…

Estimado Miguel, tenemos diferencias de fondo importantes. Pero tenemos un objetivo común: la lucha contra la injusticia social del poder de los fuertes contra los débiles. Nuestras diferencias residen en la concepción de la naturaleza humana. Pero te aseguro una cosa, mi concepción de la libertad no apoya en nada al imperialismo. Eso son prejuicios tuyos, que, por lo demás, aparecen un tus “argumentos” por doquier. Hay más ideología que argumentación en tu texto. Y no respondes para nada a mis argumentos.

 

            Hobbes, insisto, está más cerca de la verdad científica, igual que Freud, (hay bondad y perversidad en la naturaleza humana) aunque políticamente sea mejor y más aprovechable Rousseau. Y es cierto, la influencia del ginebrino en Kant es bien sabida. El único adorno que tenía en su despacho era un busto de Rousseau, lo consideraba el Newton de las ciencias humanas. Fue siempre su inspiración, de ahí su filosofía política, que arranca de Rousseau, pero sin la ingenuidad del primero.

 

            Creo Miguel, que el que confundes eres tú. Nunca he pretendido igualar mecanicismo con materialismo. El mecanicismo es un reduccionismo y, por cierto, si fuese cierto no necesitaría de dios, y si no, recuerda la frase de Laplace: yo ya no necesito de esa hipótesis. O, recuerda el corolario general de los Principia de Newton: utilizaba la hipótesis de dios porque los cálculos no le cuadraban. Era un deísta. Cuando la matemática y la observación avanzaron ya no hizo falta esa hipótesis. Pero, en fin, no soy mecanicista, sino materialista emergentista. Y aquí, creo, coincidimos. De los diferente niveles de organización de la materia emergen cualidades nuevas, que no sustancias. La única sustancia es la materia con diferentes niveles de organización. El deus sive natura de Spinoza. Por eso a éste no le hacia falta la teleología para explicar la naturaleza, ni tampoco dios. La sustancia infinita, la naturaleza es dios. Y el pensamiento, un atributo de dios, es decir una forma de organizarse la materia.

 

            Cuando dices que hay saltos te engañas. De ningún modo, hay formas distintas de organización. La conciencia y el lenguaje son cualidades que emergen. Es más, hoy es ya bien sabido en qué gen y que mutación de dicho gen hizo posible la aparición del lenguaje. Es decir, un cambio bioquímico, emergencia de cualidades nuevas. A su vez, la emergencia del lenguaje hace posible cualidades nuevas, relaciones sociales, conocimiento, leyes, ciencia, religión mitos. En fin, toda la cultura y la historia.

 

            Y aquí enlazo con otro tema que creo que no has entendido. Y se te coló, aunque no, creo que es intencional, la palabra alma. Lo que yo he dicho es que el concepto de persona es una conquista histórica, igual que los valores morales, que son ideas, por supuesto, pero no eternas, sino creadas por el hombre y como mecanismos de adaptación. Lo a priori no son los valores, sino la empatía, que es una cuestión instintiva, animal y común, por lo menos, a todos los mamíferos. El hombre es considerado persona en un momento determinado. Y, además, son considerados personas unos pocos. Hará falta mucho tiempo para que se amplíe el concepto de persona a la humanidad. Y, a pesar de haber conquistado esa idea, el hombre no trata a los demás como personas. El imperialismo que tú y yo denunciamos, dan buena prueba de ello. Y sí, considero que todos tiene “alama”, pero yo lo llamo sentimientos, que, por lo demás, son estados bioquímicos del cerebro. Es más, voy más lejos que tú, y sigo la línea de Bentham: hay una comunidad entre animales y hombres, que ambos tienen capacidad de sentir. Es ahí en el sentimiento donde reside la universalidad, no en la razón, ni en la supuesta autoconciencia. El hombre es un animal más, fruto del azar y la necesidad, podríamos no existir. Somos absolutamente contingentes, una ramita más, en pie de igualdad con las demás, del árbol de la evolución. Y otro error grave que cometes. Tú dices que sólo el hombre transforma el medio, falso. Todos los animales lo hacen en su proceso de adaptación. (Manolo nos podría ilustrar aquí ampliamente) De nuevo aquí la diferencia es de grado. Pero te voy a poner sólo un ejemplo de transformación del medio tremendo que además hizo posible la vida aeróbica en la tierra. Hace unos 3.000 millones de años las formas vivas que dominaban la tierra eran las cianobacterias, unas bacterias muy verdes, digamos. Ellas con su proceso metabólico fueron las que oxigenaron la atmósfera dando lugar a la aparición de organismos aeróbicos y provocando su propia catástrofe. He ahí una transformación global del medio por una actividad adaptativa. Tampoco entenderíamos ni el origen de la vida ni la evolución, sin la transformación del medio por las adaptaciones. Insisto, la diferencia es de grado. Es la percepción antropomórfica la que nos hace pensar en saltos. Muchas gracias por tus pormenorizados comentarios.

 

Saludos,

 

Juan Pedro.

Excelente debate el que estáis manteniendo. A pesar de que la primera entrada es la mía, no tenía conocimiento de la polémica, porque fue Manolo el que puso mi comentario aquí, pero no presté atención y no lo consulté. Me enteré el viernes nueve de la polémica. Así que la he leído y, me reafirmo, me parece excelente. Miguel, tú y yo hemos discutido sobre este tema en más de una ocasión y volveremos a hacerlo. Estoy de acuerdo con bastantes de tus argumentos, pero, en lo esencial discrepo y estoy de acuerdo con Manolo que ha aportado un base científica sólida y una gran capacidad de argumentación filosófica; a pesar de la falacia que tu, Miguel, le achacas en el último comentario, que creo que no es cierto, simplemente estás confundiendo dos niveles.

La discusión se ha hecho muy compleja y tiene multitud de derivaciones. Mi intervención va a ser más básica, volviendo un poco a los principios. Creo, Miguel, que tu preocupación, como señalas en el último comentario, es que la visión del gen egoísta y del individuo, sumado a la selección por competencia genera una ideología de derechas reaccionaria que derivaría en la defensa del exterminio del otro, porque en definitiva, si el otro cae, es que es más débil. Así mismo, tiene una deriva económica, el neoliberalismo. Estoy absolutamente de acuerdo con esto y es necesario desenmascarar esa falsa visión de la teoría de la evolución que no es más que una ideología interesada del poder político y económico. Cierto, todo ello es cierto. Pero sólo hasta aquí te doy la razón. Creo que tienes dos visiones de la evolución, que son caricaturas de la teoría de la evolución, que es mucho más compleja. La interpretación de la competencia y la interpretación de la cooperación. Pues hay competencia y hay, cooperación, pero además hay muchas más cosas: deriva genética, equilibrio puntuado, neutralismo y una de las más actuales teorías de la evolución que deconstruyen a Darwin y no centran la evolución en la selección es la teoría modular de la evolución a nivel genético. Si tenemos en cuenta todo ello, resulta que ya no podemos echar mano de las interpretaciones maniqueas: competitividad-cooperación

, hay mucho más. Por tanto las interpretaciones ideológicas huelgan. Cuidado que las hay por ambas partes. Tanto interés ideológico tiene la teoría de la competencia en la que sobrevive el más fuerte, como la de la cooperación: la teoría del buen salvaje en la que la naturaleza y el hombre son un hogar tranquilo y exento de violencia y el hombre está en armonía con el hombre y con la naturaleza. Esto alimenta el comunitarismo que, a su vez elimina la libertad. Ambas concepciones son falsas e ideológicas, además de malinterpretar la evolución. De momento no quiero entrar en el análisis de diferentes teorías de la evolución, con lo que he dicho, creo que es suficiente para darse cuenta de que no hay consenso sobre el hecho de que la selección natural, más el azar, sean los únicos mecanismos. El sustrato filosófico de esta discusión lo encontramos en dos autores: Hobbes y Rousseau. El primero dice que el hombre es un lobo para el hombre, aquí el lobo sale mal parado, pero en fin. El segundo dice que el hombre es bueno por naturaleza. Ambas interpretaciones son erróneas, pero se acerca más a la verdad científica (etología) la de Hobbes. Pero, aquí, hay una cosa curiosa. La interpretación hobbesiana, acercándose más a la verdad, genera un tipo de política absolutista. Es decir, que legitima el poder absoluto. Hoy en día, a mi parecer, la política internacional sigue esta pauta hobbesia, por eso, mediante el miedo, los poderes intentan mantener un estado de guerra de todos contra todos. Por otro lado, si bien la concepción antropológica de Rousseau es errónea sus consecuencias políticas son interesantes. Lo que Roussea nos quiere decir es que, en el estado de naturaleza todos somos iguales, pero no ontológicamente, sino igualmente libres. Por tanto, volver al estado de naturaleza es volver a esa igualdad. Y esto es posible desde la república o la democracia participativa. De todo esto se desprende que lo que pensamos sobre el hombre es una concepción cultural. Por mi parte, estoy mas en consonancia con la interpretación kantiana: el hombre es un ser sociablemente insociable. Aquí el filósofo de Könisberg, sintetiza a Hobbes y Rousseau y de su visión se desprende una filosofía política más realista: la asociación cosmopolita de repúblicas libres (estados ilustrados, ciudadanos ilustrados) La política internacional actual tendría que recuperar a Kant, eliminando el trascendentalismo y sustituyéndolo por una ética naturalista y ecocéntrica que es la que yo mantengo.

Por otro lado, Miguel, te esfuerzas sobremanera en distinguir entre hombres y animales. Haces esa alusión a la intencionalidad que a mí no me sirve de nada como materialista emergentista que soy, a lo Bunge, no a lo Popper. Éste último caería en un dualismo que le haría imposible resolver el problema de la mente y el cerebro. Un materialista defiende que todo es materia, por muy compleja y rara que ésta sea, todo se reduce a ella: desde el choque entre dos bolas de billar, hasta una emoción, o una intención, como tú dices. La diferencia entre hombres y animales es meramente de grado desde el punto de vista ontológico. Ahora bien, la diferenta entre hombres y animales aceptada comúnmente es un producto cultural de la historia y, por lo demás, íntimamente relacionada con las religiones del libro: mito del génesis. Dios creo al hombre a su imagen y semejanza y como dueño y señor de la naturaleza. Ahí reside el problema. Otras culturas, como sabes, con otros mitos fundantes, no parten de aquí y están más de acuerdo con el pensamiento ecologista (ecocéntrico) no antropocéntrico como el tuyo, que hay que reivindicar. Tú dices que la diferencia entre animales y hombres reside en la intencionalidad humana. Te equivocas en dos cosas. Algo así como la intencionalidad se puede detectar en los grupos de chimpancés que son capaces de engañar para provocar celos. Estos son fenómenos perfectamente constatados por la etología. Es interesante al respecto la obra Del mono al filósofo. Otro error relacionado con esto es que tú sugieres que la teoría de juegos no se puede aplicar a los animales porque carecen de intencionalidad. Ya hemos visto que la diferencia es de grado. Pero el problema es aún mayor. La teoría de juegos es una teoría matemática aplicable a diferentes ámbitos. En principio una teoría del ser, que desde el dilema del prisionero se aplica al nivel del deber ser, no entiendo porqué no se puede aplicar al nivel del ser, que será el de los animales. Creo que separas la aplicación ética de la teoría de juegos de la propia teoría matemática en sí. Pero ahora voy a ir mucho más lejos. Hay que naturalizar al hombre si queremos desenmascarar los mitos que le dan sentido y las peligrosas ideologías que de ahí surgen. Cuando decimos que el hombre es un animal intencional y en esto se diferencia del resto de los animales, yo me pregunto. Desde cuándo es esto así, y quiénes de entre los hombres son los sujetos intencionales: las personas libres y autónomas. El concepto o idea de intencionalidad, de persona, de libertad…son conquistas históricas. En última instancia adaptaciones al medio que emergen de nuestro cerebro. Pero no quería ir por este camino, sino por otro. Los esclavos para los griegos no eran seres intencionales, y así los trataban, como meros instrumentos. Los indios no lo fueron para los españoles ni los ingleses, Bartolomé de las Casas, como tú bien has estudiado, lucha para que sean considerados personas. Es en la ilustración cuando se conquistan los derechos del hombre y del ciudadano. Pero, incluso aquí, son tremendamente eurocéntricos y machistas. Los derechos del hombre y del ciudadano sirven para nosotros, pero no para el negro, las mujeres, etc. Éstos debieron conquistar sus derechos a base de dolor y muerte. Así que lo de la intencionalidad no tiene nada que ver con la naturaleza humano es un constructo cultural como estrategia de supervivencia. Y, además, insisto, de supervivencia de los genes. Que es lo que realmente existe desde hace 3.500 millones de años. Lo demás es la retórica del gen. Y el gen es información. Tú no puedes distinguir, como erróneamente haces, entre el gen y lo que porta al gen. Lo que porta el gen se construye con la información del gen, y no hay nada nuevo. Y, curiosamente, esta información se puede matematizar, porque es, estrictamente matemática. En ese proceso evolutivo emergen cualidades nuevas, pero no sustancias nuevas. Lo único que hay es materia organizada desde lo muy simple a lo muy complejo. El cerebro, por otro lado, teoría modular del cerebro de Llinás, y Rubia, F. y A. Damassio, es un producto de la evolución accidental, lleno de remiendos y construcciones ad hoc que han permitido que el homo sapiens sobreviva. Y la característica más importante de este cerebro es que es una máquina de fabulación: el yo, la identidad, la libertad, etc son fabulaciones del cerebro. Igual que somos capaces de ver y oir,…porque anticipamos la realidad. La realidad objetiva es construida desde el objeto. La biología y la etología contemporánea han hecho empírico el trascendentalismo kantiano. Hay que desacralizar al hombre y eliminar el antropocentrismo y el antropomorfismo. Hay que volver al texto de Spinoza, corolario al libro primero, contra la teleología. La concepción teleológica del hombre es una idea inadecuada: un antropomorfismo que nubla el conocimiento de la naturaleza. En Spinoza nos encontramos las bases de un pensamiento ecológico y panteísta fuerte y absolutamente actual. Si nos disolvemos en la naturaleza, ecocentrismo, nos daremos cuenta de lo importante.

Otra cosa que creo que confundes, la evolución desde el individuo o desde la especie. No se trata de los individuos, sino de los genes. Una interpretación genética de la evolución elimina el falso dualismo individuo especie. Pero esto requiere un tratamiento más extenso y una fundamentación científica.

Y, por último, quiero mencionar la metáfora del gen egoísta, a la cual, se diría que le tienes alergia y creo que es un prejuicio debido a la deriva ideológica que puede tener y ha tenido. En la investigación y creación científica se utilizan metáforas. Éstas son ideas generales que sirven para acercarse y dirigir la investigación, pero no son descripciones de la naturaleza. Es más, las metáforas son antropomórficas. La naturaleza no puede ser ni egoísta ni altruista. Sólo el hombre, como construcción cultural. El egoísmo tiene una carga ideológica religiosa tremenda. Para enmendar estas falsas interpretaciones de esta metáfora que, a mi modo de ver, ha sido fructífera en ciencia, pero nefasta ideológicamente, la sociobiología y la psicología de la evolución han ideado otra metáfora más neutral “el altruismo recíproco”. Ésta tiene una carga ideológica menor y contempla al unísono la cooperación y la competencia. No deja de ser un reduccionismo, porque, como he dicho, hay más mecanismos que explican la evolución.

Iba a publicar este comentario y me tropiezo con el último de Manolo, ya no sé si publicarlo porque su claridad es apabullante y estoy absolutamente de acuerdo con él. Insisto, Miguel, confundes niveles. Confundes valores y hechos. Cuando los hechos no se corresponde con los tuyos son valores de la sociedad neoliberal. Creo que tu obsesión porque la teoría de la evolución no se interprete como un instrumento del neoliberalismo y el fascismo la compartimos todos por igual, pero no niegues la naturaleza humana ni caigas en mitos y en ideologías. Es cuestión de física y de bioquímica. Y si fuésemos lo suficientemente sinceros para aceptar este naturalismo nos ahorraríamos muchos errores (con millones de muertos a su espalda y no es demagogia) de una interpretación eurocéntrica y antropomórfica del ser humano.

Y, sin más, ha sido un placer leer estos comentarios y espero que, a pesar de irme un poco a lo que creo que son los fundamentos filosóficos de la polémica, estar a la altura de la misma. En fin, si hubiese conocido la polémica en sus orígenes habría hecho comentarios parciales, disculpad esta enmienda a la totalidad, en concreto, a la tesis de Miguel. Gracias.

El problema siempre es el poder. Pero hoy en día el problema se hace insuperable porque el poder es difuso.

Leo un magnífico diálogo entre Saramago y Ramonet en Le monde Diplomatique. Fantástico, excelente lucidez. Lo malo es que esa lucidez nos lleva al escepticismo. A plantearnos si realmente se puede hacer algo desde la sociedad civil frente al poder. El problema es el poder. Y la democracia es una farsa, otra forma de poder. Vivimos en formas totalitarias de gobiernos pero sin darnos cuenta de ello. Algunos se dan cuenta, pero el problema es que quizás no podamos hacer nada. Ese es el mayor pesimismo. Las cosas, se nos dice, están bien, pero no es cierto, porque podrían estar mucho mejor. Lo que sucede es que el pensamiento hegemónico ha eliminado la posibilidad de crítica. El control sobre las conciencias es absoluto, la ausencia de crítica apabullante. ¿Qué podemos hacer? De momento, lo único que sé es que podemos tomar conciencia de la realidad enmascarada que nos rodea. Pero lo que no sé es si podemos luchar contra el poder. El poder, a través del pensamiento único, que Saramago –y yo coincido- llama pensamiento cero (porque en realidad no es ningún tipo de pensamiento) lo que hace es idiotizar a la población, convertirla, con mil perdones, en autómatas estúpidos, que encima se creen libres. La denuncia y la crítica, la toma de conciencia es el primer paso…pero, ¿queda lugar para la acción verdadera? Creo que la situación en la que estamos viviendo es la del nihilismo de los ciudadanos y esta situación de valores no se supera si no hay una acción contra el poder.

El poder ha elaborado un pensamiento único desde la caída del muro de Berlín, que se ha convertido en ideología y creencia. Como dice Saramago, ese pensamiento único del poder, se transforma en la sociedad civil en pensamiento cero. El ciudadano no piensa, está idiotizado, obedece consignas, ve programas absurdos y estúpidos, y los índices de audiencia de estos son astronómicos. Los informativos no son más que propaganda de la ideología del sistema. Los informativos se han transformado casi en un espectáculo para entretener a la ciudadanía. Es paradójico que en la autoproclamada sociedad de la información lo que menos hay es información, mucho menos conocimiento y, de la sabiduría, mejor ni hablamos. La cosa tiene delito, porque las pocas voces críticas que existen no llegan a los ciudadanos. Además, estos, adoctrinados prefieren la tranquilidad del no pensar. Ya decía Kant que la causa de la autoculpable minoría de edad es la comodidad y la pereza. Y esta es nuestra condición, preferimos obedecer órdenes. O, como dice Hume, en su paradoja de la libertad. El hombre nada valora más que su libertad, pero prefiere obedecer a actuar por sí mismo y pronto delega en otro su libertad. Es el miedo a la libertad, también de Fronm. Este conocimiento lo tiene el poder y desde esta perspectiva el fascismo y el totalitarismo nunca se ha ejercido mejor que ahora. Porque el engaño ahora es el de la libertad y el bienestar. Se nos dice que somos libres y vivimos bien. Falso, pero aún peor, nuestro bienestar es a costa de dos terceras partes de la población mundial y de un ecocidio generalizado. El engaño funciona, y, además, sin violencia, sobre nosotros, claro, sobre el que pasa hambre, no diría lo mismo. Saramago dice que ha llegado a una conclusión terrible. Sugiere que el hombre sólo muestra lo mejor de sí mismo en momentos de crisis; mientras tanto vive en la desidia y el abandono, obedeciendo sumiso. Creo que anda en lo cierto, por lo que hemos dicho antes de Kant y de Hume, pero me temo que el engaño hoy en día está tan bien urdido, que la población no tomará conciencia hasta que sea demasiado tarde, cuando hayamos superado todos los límites y la escasez y la miseria llegue a nuestras puertas. Pero entonces la civilización y gran parte de la biosfera puede ser que estén ya condenadas. Ojala me equivoque y sea posible una concienciación mundial progresiva que permita una lucha contra el poder. Pero hay otro problema añadido que tenemos y es que el totalitarismo en el que vivimos es difuso, ¿quién es el enemigo? El mercado. Pero, ¿quién es el mercado? Y ¿quién está en el poder político si decimos que vivimos en democracias? Estas democracias como formas de totalitarismos encubiertas se han convertido en mera fachada. Detrás de las democracias y las instituciones está la nada, el vacío. La democracia es una forma de vida, las instituciones son armatrostes de la absurda burocracia y los ciudadanos se han convertido en crisálidas.

Le doy la razón a Joaquín Araújo y a ti. La destrucción del planeta camina infinitamente más rápido que la sensibilización medioambiental. Lo de esa sensibilización es, además, mentira, si no, cambiaríamos todos inmediatamente de forma de vida y no lo hacemos. De ahí tu pesimismo rotundo. Yo vario, simplemente, en que podemos cambiar, pero a la fuerza. La naturaleza humana es la adaptabilidad en sentido de plasticidad, nos podremos adaptar a lo que venga –siempre que sea posible vivir- lo que no puede ser es seguir viviendo de esta manera, excede los límites del planeta. La sensibilidad medioambiental de la ciudadanía es como el desarrollo sostenible en boca de los políticos, o sus políticas verdes, mera cascarilla. Cuando digo que ha habido un avance ético político no quiero decir que sea definitivo. Los progresos del hombre dependen de su voluntad y esfuerzo, no vienen determinados por leyes de la historia, ni por un destino y son contingentes, pueden desaparecer. Además, estos progresos no cambian la naturaleza humana. Y ésta es o consiste en que somos animales tribales y gregarios. Vivimos en pequeños grupos fuertemente jerarquizados (propio de los primates) que cooperan entre sí para su subsistencia, pero que luchan con otros clanes o tribus. Hoy en día, por muy globalizados que estemos, esto persiste. Y esta naturaleza es la que se muestra en las luchas por los recursos energéticos y alimenticios que ya están en marcha. Y es esta naturaleza la que alimenta la ideología del choque de civilizaciones. Todo este proceso empezó con el neolítico y es irreversible. Estamos muy lejos de una ética y una justicia universal, pero, por lo menos hoy en día se puede pensar en algo así. Lástima que pueda ser demasiado tarde. Una cosa está clara, no soy catastrofista, tenemos las predicciones científicas de nuestro lado. Los catastrofistas son los que piensan que aquí no pasa nada, que todo se podrá arreglar con más tecnología. Esos son los catastrofistas porque su utopía nos lleva al caos civilizatorio y al ecocidio. La trampa de los políticos y sus políticas verdes y de la sensibilización medioambiental es que nos da un barniz de optimismo que nubla la realidad, como le ocurría, según cuentas, al entrevistador. Estas políticas y esta “sensibilización” se convierten en ideologías y creencias que nos narcotizan y paralizan. Mientras tanto, el camino hacia la destrucción es inexorable. Tampoco soy catastrofista, aunque nuestros enemigos no se lo crean, porque lo que más me gustaría es estar equivocado…pero nadie me lo demuestra. Es más, ayer el presidente del banco de Europa seguía hablando de no sé qué medidas para reactivar una economía de crecimiento sostenible. ¡Pero si esto es imposible! El problema es precisamente el crecimiento, que no puede ser ilimitado. La única apuesta es la del decrecimiento sostenible. Y si no somos capaces de realizar ésta, la del decrecimiento forzoso…Gracias, Manolo por tus comentarios…