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Filosofía desde la trinchera

¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético.

Otro artículo laudatorio del señor Botín. Esta vez a cargo de un experto investigador en biomedicina y biotecnología. No dudo en absoluto de su excelencia en su materia, probablemente de los mejores de España, por algo lo contrató el señor Botín. El problema es el engaño. Se confunde desarrollo científico y social, con interés para el mercado. Lo que le interesa a la banca de la ciencia es su valor útil para el mercado, no lo mejor para la sociedad. No el desarrollo humano y social. Eso es una mentira y una patraña. Un puñetero engaño en el que caen hasta los más excelentes  científicos a cambio de un buen plato de lentejas. La investigación científica hoy en día, no tiene nada que ver con el conocimiento del mundo y de la verdad, estos ámbitos están muy reducidos y poco subvencionados, no te digo nada en las humanidades. Qué banco va a promocionar con mucho dinero la investigación sobre el caso Galileo contra el poder de la iglesia, por ejemplo. O el significado de la muerte de Sócrates para la sociedad y la democracia o el origen de la tragedia en Grecia y su repercusión en la configuración y estructura de la sociedad, así como en el surgimiento de la ética y, posteriormente de la ley: el derecho. Estas investigaciones sí que plantearían un desarrollo humano y social. Pero esto no da dinero. Ahora bien, inventar una pomada para evitar las arrugas a partir de los treinta, pues sí dará dinero. Tampoco da dinero la investigación sobre el ébola. Qué más da, son países pobres. Tampoco iban a pagar por los medicamentos, no tienen dinero. Qué nos importa que mueran cada cierto tiempo, por un brote de ébola, unos cuantos miles de negros. Eso no tiene nada que ver con el desarrollo humano y social. Está uno ya cansado de engaños, de mitificaciones del poder, de nuevos redentores y de magos y demagogos que se esconden detrás de las más ilustres palabras. Venga ya.

"El hombre no debe comportarse con frivolidad ni desenfreno, ni debe caer en la tristeza ni en la melancolía, sino que debe ser alegre." Maimónides.
Muy semejante al principio aristotélico de la virtud. La virtud como el medio entre dos vicos. Pero se ensalza algo importante que aparece en los estoicos y después, sobre todo, en Spinoza: la alegría de vivir como la máxima virtud y el único camino hacia la felicidad. La alegría es la idea adecuada sobre nosotros mismos. La que se corresponde con el conatus: el ser intenta por todos los medios persistir en su ser. Pues la mejor manera de que el hombre persista en su ser es a través del sentimiento de la alegría que, como decía, es la idea adecuada de sí mismo e implica la aceptación plena del ser, de nuestra existencia, por tanto, porque todo lo que ocurre, ocurre por necesidad. No olvidemos que el determinismo es clave para la felicidad en Spinoza, como lo es en los estoicos.
P.D. Dejen los libros de autoayuda y vayan a los clásicos. Por lo menos les harán pensar. Lo otro es una patraña y una estafa, además de un montaje para enriquecerse ciertas editoriales y ciertos autores mediocres.

Los dueños del mundo entendieron perfectamente a Platón. Hace unos años yo decía que de que los políticos se enterasen de lo que Platón decía se iba a caer del temario de Historia de la Filosofía. En definitiva, la pregunta política de Platón es quién debe gobernar. Y su respuesta es que los sabios o filósofos. El pueblo, no. Es la crítica feroz de Platón a la democracia que había matado a su amigo Sócrates. Un gobierno justo no puede matar a un hombre justo como es el caso de Sócrates. Luego, la democracia, como gobierno del pueblo, no es un gobierno justo. Y no lo es porque es el gobierno de los ignorantes: de aquellos que viven instalados en la opinión y no en la ciencia. Pues bien, pasados los años he comprobado mi gran error. Los amos del mundo han creado una sociedad, un estado platónico en el que la democracia es ficticia, es el engaño de la caverna platónica. Creemos que gobernamos nosotros y tenemos la libertad de decir lo que nos venga en gana y de votar a quien queramos, pero, en realidad, es un gran engaño. Son los medios de control de masas y del pensamiento los que nos ofrecen la alternativa política, que, por cierto, aunque enmascarada en distintas siglas, sólo es una, incluido a los de Podemos (por concretar y hablar del caso español, a pesar de sus grandes virtudes como la de jugar el papel de desenmascarar el engaño, pero quedarse en la puerta y participar de él), por tanto, la isegoría es aparente, porque en el fondo no hay alternativa más que la que se nos muestra e, incluso, dentro de la caverna, se nos hace creer que hay diferentes alternativas. Falso. Eso no es más que juego y entretenimiento de los demagogos para mantener al pueblo en el engaño. Luego llegan las elecciones y se les dice al pueblo, desde la más cínica demagogia, que es soberano. Soberano, ¿de qué? Si no tiene oportunidad de pensar. Si sólo existe un pensamiento único. No existe la libertad política, sólo la de opinar. Por cierto, que para eso el poder se ha encargado de adoctrinar al pueblo haciéndole pensar que todas las opiniones son respetables, por tanto, iguales. Relativismo, ausencia de pensamiento.

Y, por otro lado, tenemos a los gobernantes que Platón nos decía que tenían que ser los sabios o los filósofos. Él decía, los que poseían la filosofía verdadera, es decir, que sólo existe una forma de pensar. Volvemos al pensamiento único y al pensamiento hegemónico. Pues bien, eso es lo que ocurre en nuestro mundo y en nuestras supuestas democracias occidentales: es el gobierno de los mejores, que son los más sabios: tecnócratas (casi todos ellos economistas ortodoxos) y ricos Y, como resulta que participamos del gran engaño y el engaño es hacernos pensar que vivimos en democracia y que poseemos libertad política, pues el pueblo está absolutamente maniatado, pero, de forma inconsciente, porque él piensa, desde su ignorancia, que es muy libre. Pero no lo es, porque a pesar de la libertad de expresión no hay libertad política. Y si a esto le sumamos la propia condición humana: la servidumbre humana voluntaria. Es decir, que preferimos obedecer a actuar por nosotros mismos. Pues, nuestro gozo en un pozo. Apaga y vámonos. Bienvenidos al desierto de lo real.

El pensar es un espacio de libertad. Yo siempre lo he concebido así. Es una herencia griega e ilustrada. El pensamiento nos lleva a la libertad. O la libertad es una conquista del pensamiento y del ejercicio de la virtud. Pero la libertad, per se, no es un bien, como puede serlo, la salud, sino un ejercicio del vivir y de la virtud que requiere un esfuerzo y, las más de las veces, produce dolor. Para empezar te aleja de la multitud que se te presenta como rebaño y para continuar te enfrenta al poder, al pensamiento establecido. De ahí lo de la servidumbre humana voluntaria; que es lo que la mayoría de la gente quiere: obedecer.

“Esta mañana, en la radio, tres locutores y una locutora se carcajeaban unánimemente de la gilipollez del aborigen australiano que había rechazado los 5.000 millones de dólares ofrecidos por una multinacional minera francesa a cambio de convertir las tierras de sus antepasados en una mina de uranio. Contesto, ”Este lugar es sagrado. No estoy interesado en las ofertas del hombre blanco. No me importa el dinero, ya tengo un trabajo, y en nuestras tierras puedo ir a pescar y a cazar…” Los insultos radiofónicos se amontonaban: qué imbécil, que iluso, qué desperdicio humano…

Lo más monstruoso de esta civilización monstruosa sucede cuando dejamos de apreciar su carácter monstruoso.

Estamos siendo sepultados bajo el peso de la información, que es confundida a menudo con el conocimiento; además se confunde la cantidad con la abundancia y la riqueza con la felicidad…

La gran propuesta existencial de esta vomitiva sociedad mediática: existir para los otros es aparecer en televisión (de manera más genérica, en las pantallas de la sociedad del espectáculo). Francamente, prefiero el viejo, lento y buen espulgamiento de los chimpancés.

Humanismo del ser humano inexistente. Trabajar por la dignidad humana es, también, una de las artes de lo imposible.” De Jorge Riechmann “Nuevos ensayos sobre poesía y el mundo” Ed. Gallo Negro.

“Viktor Frankl sobrevivió a cuatro campos de exterminio, incluido Auschwitz, donde pereció asesinada toda su familia. De aquella experiencia atroz extrajo una enseñanza que luego formulaba: “quien tiene un por qué vivir, encuentra siempre un cómo.”

En la posguerra retoma su trabajo como psicoterapeuta. Cuando uno de sus pacientes le dice que se encuentra deprimido, Frankl replica, completamente en serio: ¿y por qué no se suicida usted?

Típicamente su interlocutor responde que no lo hace porque ama a alguien o a algo (quizás en la forma de que desea llevar a cabo un proyecto). Entonces Frankl le recomienda poner toda su energía –toda la fuerza de Eros- en cultivar ese vínculo, cuidar a esa persona…, o crear las condiciones para la materialización de ese proyecto.” De Jorge Riechmann, “Ahí es nada. Nuevos ensayos sobre el mundo y la poesía.” Colección Gallo Negro.

Me pregunta una amiga. La libertad, ¿duele?

Magnífica pregunta. La libertad duele por varias razones. Para ejercer tu libertad tienes que pensar por ti mismo y eso te aleja de la mayoría, lo cual te lleva a la soledad y, para ser libres, tienes que elegir, aunque parezca contradictorio, lo que debes, no tus deseos. Lo segundo no es más que capricho. Por eso la libertad está relacionada con la consecución de la virtud. Pero, alcanzar la virtud requiere de esfuerzo y ejercicio. Y, una vez realizada, se convierte en hábito o costumbre. En nuestra segunda naturaleza. Y entonces nuestra existencia es plena. La mejor comparación de la consecución de la virtud es el deporte. No se corre un maratón de un día para otro. Y la libertad, en el ejemplo del deporte consiste en nuestra capacidad de elegir ir o no a entrenar, o buscarnos cualquier excusa. Habría que escribir un tratado para responder. Me encanta la pregunta por su sencillez y contundencia.