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Filosofía desde la trinchera

Este es el ejemplo clarísimo de nuestro nivel cultural. Lo siento, pero así no puede funcionar una democracia. Los medios de desinformación y control de masas son responsables, claro, y, sobre todo su dueños, que son los que quieren el control de nuestras mentes. Pero ello no nos exonera de nuestra parte de responsabilidad. Por España no pasó la Ilustración, sólo la tocó y los ridiculizamos. Pero, lo peor es que aún está muy lejos. Una democracia como el gobierno de los ignorantes no es una democracia es demagogia. Y eso desde hace veinticinco siglos. Que no es nuevo, vamos.

“La última vez que me invitaron a intervenir en un programa televisivo me advirtieron enseguida de que podía hablar de todo menos de literatura. ¿La razón? Que los jóvenes no leen y que el público del programa al que me invitaban era mayoritariamente joven. La advertencia no me pilló por sorpresa, pues ya en otra ocasión, no sé si en esa o en otra televisión, tras aceptar acudir a ella, me habían aconsejado que no hablara más de un minuto y medio seguido porque, según el presentador, a partir del minuto y medio “el espectador normal desconecta”. Fue el último programa al que acudí. Desde entonces, cada mañana rezo una oración, la única en todo el día: “¡Señor, sálvame de mis compatriotas!”. Julio Llamazares

Los programas basura buscan opiniones, creencias, formar espectáculo. No buscan el saber. Y así siguen alimentando el relativismo de las opiniones, el todo vale, el desprecio del intelectual (desgraciadamente muchos de los que se dicen tales se prestan al juego), del sabio, del científico. Y de esta forma el verdadero saber queda oculto en el mero entretenimiento que encima alimenta las bajas pasiones del pueblo.

La verdad tiene muchas caras y las circunstancias tanto de la persona como del tiempo son mudables. No existe algo así como la verdad. La verdad tiene matices y esos matices tienen que ver con la interacción con la persona. Muchas veces la verdad es la que uno quiere que sea. Otras es necesario desvelar la verdad para iluminar al que anda perdido. Otras es necesario decir la verdad porque el otro la demanda. Otras, el otro demanda que no digas la verdad porque la sabe. Otras, demanda que no le digas la verdad porque la verdad es su autoengaño, su pequeño o gran delirio que lo salva del sufrimiento. Otras la verdad es necesaria para sacar del engaño que ejerce el poder sobre nosotros, los más débiles. La verdad, a secas, suena como algo unívoco, con un solo sentido. La verdad es algo que se da en relación con. Y es esa relación la que la construye. Como ejercicio de reflexión o meditación yo propongo que pensáramos en la frase de los evangelios cuando Jesús dice, yo soy la Verdad, y Pilatos responde: ¿y qué es la Verdad?

Ya está bien de la intromisión de la moral privada en la ética civil. El religioso o teólogo tiene la libertad de expresión de sus ideas y creencias, pero no de arremeter contra principios universales como el de la dignidad de la persona. Su moral particular puede ser aceptada como un punto de vista particular a discutir y tener en cuenta en el ámbito de lo público y puede ser seguida por cualquiera que sea creyente, pero no puede tener la intención de imponerse a la sociedad en su conjunto. ¡Qué lejos estamos del laicismo!

El problema ecológico o ecosocial es el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Porque en él se encuentran todos los demás problemas. Por eso hay que tener una visión general de la sociedad para resolver lo que es un problema civilizatorio, que pone en cuestión la propia existencia de la civilización humana tal y como hoy la conocemos. El cambio climático es uno de los grandes problemas dentro del problema ecosocial. Pero no habrá solución mientras que no cambiemos de paradigma, de visión del mundo. Y, mucho me temo, que seguimos anclados en una visión productivista, en una economía del crecimiento. Cuando realmente el paso hay que darlo hacia una mentalidad, no de la producción sino del cuidado y la austeridad y no del crecimiento, sino del decrecimiento. El progreso hay que entenderlo como progreso humano, no económico y éste es el camino que nos marca el paradigma del decrecimiento y el ecosocialismo.

Aprender hábitos, costumbres, orden. Eso es la disciplina, no tiene nada que ver con el castigo, ni la violencia ni la represión, sino con la canalización. Porque educar es guiar ejemplarmente. Y sobre esa base surge la creatividad, no desde la nada como piensan los nuevos pedagogos. Sin autoridad y disciplina no hay educación, ni respeto, ni ansia por saber y por querer ser mejor y llegar a la excelencia.

Efectivamente, estoy de acuerdo contigo totalmente. La felicidad también se puede conquistar. Pero si te das cuenta esa conquista tiene que ver con la compasión. Es decir, con una virtud que se realiza en relación con los demás. Si se practica la meditación sólo por el hecho de alcanzar tú mismo la felicidad se cae en una gran contradicción. Que es lo que pasa en occidente, claro, que no entienden la religión oriental, porque están fuera del contexto. Antes que el amor al prójimo y la caridad cristiana aparece en el budismo el concepto de la compasión; incluso más universal porque va dirigido a todos los seres vivos. Y para llegar a esta compasión verdadera del otro tienes que dejar de ser un yo, el nirvana, cosa que alcanzas a través de la meditación. Entonces es cuando la compasión, la ayuda al otro no es un acto egoísta y proporciona felicidad. Pero ya no podemos hablar de felicidad de un yo. Porque ya no hay ese dualismo, no hay ese yo. Entonces lo que podemos decir es que no hay sufrimiento. Esto lo entendió también después el cristianismo. El mismo San Agustín lo decía. Hay dos caminos para llegar a dios: el de la interiorización y el de la caridad. Uno es feliz cuando ayuda a su prójimo (es la enseñanza del evangelio: la parábola del buen samaritano y el sermón de la montaña). Pero cuando esa ayuda es desinteresada, se convierte en una forma de ser y uno se disuelve en la compasión hacia el otro.

En cuanto a lo segundo es, precisamente, lo que a mí más me preocupa. Que hoy en día la felicidad está dentro del mercado. Dentro de la cadena del consumo. Y a mayor “felicidad” de este tipo, consumo compulsivo de todo, menor libertad y virtud y, por tanto, el hombre se convierte en objeto y deja de ser un sujeto dotado de dignidad y respeto. Un objeto en manos del poder, manipulado y cosificado. Y precisamente olvidamos el tercer principio de la ilustración: la fraternidad. La libertad y la igualdad la hemos conquistado en cierta medida, aunque las estemos perdiendo, pero la fraternidad ha sido la gran olvidada.

El libro que has citado es estupendo para lo que hemos comentado e ilustra perfectamente todo este proceso. Buda, y esto es lo que se le olvida al occidental, no busca la felicidad, lo que quiere es entender el porqué del dolor en el mundo. Y si nos vamos al cristianismo el concepto de redención es el mismo. Redimir al mundo del dolor, el sufrimiento y la injusticia a través del amor al otro. Y si nos vamos al tercer pilar del eje axial, que decía el médico y filósofo Jaspers, Sócrates; pues éste nos dice que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Su vida es un ejemplo de ello, pero mucho más: el juicio, la condena a la que fue sometido y su muerte.

 

¿Qué es el hombre? No podemos entenderlo sin la tecnología y sabemos que las nuevas tecnologías nos han transformado. El hombre se está autoconstruyendo. Es necesario tener en cuenta que nuestra propia condición biológica es la de un animal abierto al mundo. Nosotros no tenemos una adaptación al medio, sino que creamos un mundo a través de la cultura. Pero ésta sale de nuestro cerebro en interacción con el medio. De tal manera que construimos a la vez que nos construimos. La cultura, nuestra segunda naturaleza, es, como si dijésemos, nuestra forma de adaptación al medio. Forma de adaptación, que no es tal, sino transformación. Todo ser vivo al adaptarse, de alguna forma, transforma el medio. Lo que sucede es que el homo sapiens es consciente de ello y crea utensilios (técnica y tecnología) para tal misión. La advertencia que yo creo que hay que hacer es que hay que huir de la tecnofobia y de la tecnofilia. El hecho de que el hombre es un animal técnico es irrenunciable, pero también lo es el hecho de que es un animal ético. Y esto segundo es lo que no hay que olvidar. Porque resulta que las sociedades tremendamente complejas que hemos construido han olvidado o están olvidando esta dimensión absolutamente irrenunciable, pero no porque queramos, sino que por naturaleza somos animales éticos. Otra cosa es el tipo de ética y moral que hayamos construido a lo largo de los tiempos. Lo que sí está claro es que en nuestra dimensión ética debemos tender a la defensa del hombre en tanto que ser dotado de dignidad, por tanto un fin y no un medio. Y esto es algo difícil porque el uso de la tecnología y nuestra dependencia absoluta de ella nos transforma en medios, más que en fines. Con lo que nos convertimos en objetos y dejamos de ser sujetos. Y, en segundo lugar, hay que intentar defender la universalidad de los principios éticos fundamentales, como es el que hemos mencionado de ser seres dotados de dignidad.

La defensa del hombre como un animal ético nos enfrenta directamente al poder, en la medida que éste, y más en las sociedades tardocapitalistas absolutamente tecnificadas, va a tender a reducirnos a objetos. El ejercicio del pensar se transforma en un acto de resistencia. En una acción revolucionaria.