Blogia

Filosofía desde la trinchera

La ley se superpone a la pasión.

                Ha sido demasiada la polvareda que ha levantado la sentencia del tribunal de Estrasburgo de los DDHH. Una polvareda, en forma de indignación, que es sólo comprensible, por lo que es la naturaleza humana, que luego veremos, pero injustificable desde una cultura que debería tener asumido el significado de la democracia, los derechos humanos y lo que vela por todo ello que es el estado de derecho, la ley. Y creo que esta indignación que se ha producido, sobre todo en las víctimas de asesinatos horrendos de la banda terrorista de ETA, debe ser dirigida hacia el sentido común, todo lo contrario de lo que la clase política, en especial el Partido Popular han hecho. Y lo que han hecho es estrictamente demagogia. Es decir han engañado en su propio interés, poner a su favor el dolor de las víctimas, apelando a las más bajas pasiones, mientras que con la boca chica afirmaban acatar la sentencia, entre otras cosas porque no le queda más remedio al formar parte de Europa y haber reconocido la validez universal del tribunal de Estrasburgo. La sentencia argumentaba y tumbaba la doctrina Parot por ir en contra de los derechos humanos. Y los juristas están de acuerdo en su inmensa mayoría. Ahora bien, los políticos que nos gobiernan, algunos intelectuales, como Savater o Albiac, por mencionar algunos, están en contra, pero no han ofrecido ni un solo argumento jurídico ni ético. Entre otras cosas, porque no los hay. Los políticos han apelado a las bajas pasiones, estrictamente a la venganza, de lo que hablaremos después, los intelectuales han sido más sutiles, pero han retorcido los conceptos, Savater ha hecho demagogia de la democracia y Albiac ha intentado rizar el rizo haciendo una distinción forzada entre la redención, que es posible desde la teología, pero no desde la ciudadanía, al ser éste un concepto estrictamente religioso. En ambos casos, intelectuales orgánicos, vendidos al poder, uno al de la derecha y otro al de la izquierda. Desde luego que más comprensible es Savater habiendo sido un blanco de ETA durante muchos años, haber tenido una actitud valiente frente a la banda armada que le hizo tener que abandonar la Universidad, que ayudó a fundar, el País Vasco y vivir largos años con escolta. Una actitud valiente y heroica, pero ello no le exime de no entender la sentencia y de hablar desde la pasión y no desde la razón, que es desde donde debe hablar un filósofo por mucho que le duela. Hubiese sido un último acto de heroísmo.

                Pero lo lamentable es la actitud de los políticos y de la ciudadanía en general. Los políticos en lugar de dar ejemplo de racionalidad y de defensa al estado de derecho han instado a las bajas pasiones. Y ello ha alimentado el monstruo que todos llevamos dentro, la necesidad de venganza. Las asociaciones de víctimas han sacado este monstruo a la luz, lo cual las pone en igualdad con el asesino. La diferencia entre el hombre civilizado y el asesino es que el primero está bajo la ley, mientras que el segundo está por encima de la ley y del bien y del mal. Es comprensible la actitud de las asociaciones debido al dolor sufrido y que siguen padeciendo, pero el estado de derecho, la isonomía, el imperio de la ley, lo que garantiza es que todos tengan un juicio justo por igual y elimina la posibilidad de la venganza al intervenir un tercero, que es el poder judicial que aplica la ley desde la isonomía, el imperio de la ley. Y eso es lo que marca la civilización.

                El hombre, en tanto que homínido, en su estado de naturaleza, que diría Locke, tiene el poder absoluto de la venganza y libertad absoluta sobre la propiedad. Pero al resultar que todos los hombres tienen el mismo poder, pues la vida en el estado de naturaleza es un sufrimiento, un estado de angustia permanente. Estoy amenazado por cualquiera, porque cualquiera se ve en el derecho de arrebatarme mi propiedad e, incluso, mi propia vida, por venganza, si así lo estima oportuno. De ahí que surja el contrato social. Y éste consiste en una ley igual para todos que limita nuestro derecho absoluto de propiedad, de venganza y de libertad. Pero bajo esta ley vivimos protegidos y ya no tenemos que preocuparnos de las amenazas. Esto no elimina el sentimiento de venganza, que es una de las pasiones más fuertes del hombre. Pero ya no soy yo el que ejecuto la ley, que emana del poder legislativo, sino que es el poder judicial. Y, de esa manera se canaliza la venganza y se le reconoce al otro el hecho de ser hombre; es decir, su dignidad. Porque la venganza no reconoce la humanidad del otro, por muy brutal que el otro haya sido es un ser humano al que hemos dotado, por ley, de dignidad. La venganza, al ser irracional, se salta la ley, no la contempla, y nos lleva al estado primitivo. A la imposibilidad del gobierno y de la vida social. La venganza es una monstruosidad porque va acompañada del placer del dolor infligido al otro al que se le considera un monstruo. Pero el mismo acto de la venganza nos convierte en monstruos, en incivilizados, nos hace perder la dignidad. Es la ley la única garantía de nuestra dignidad. Y es la ley la única que garantiza nuestra libertad, porque es el cumplimiento de la ley lo que hace posible vivir en paz y tranquilidad, sin miedo al otro y considerando a éste, como otro yo: un sujeto de derecho y también un sujeto sintiente. Por ello su dolor es mi dolor. En este sentido la ley, además de darme la libertad, me dignifica al civilizarme, que no es más que ser capaz de tener conciencia del dolor del otro. De modo que la instigación de los políticos a las bajas pasiones sólo puede alimentar al monstruo de la venganza y lo que hace es destruir una sociedad, crear monstruos y odio por todas partes. El político, al contrario, debe ser ejemplar. Y, con su vida y su palabra, debe defender la ley, el estado de derecho, la isonomía. Y más cuando estamos hablando de un Tribunal Internacional de los DDHH, la fuente y la garantía de la dignidad de los hombres. Pero, la verdad, esperar esto del político, cuando no son capaces de hacer cosas más fáciles, es mucho esperar. El político ya no es un pedagogo ni un filósofo, es un oportunista y un demagogo. Pero esta vez ha jugado con fuego y alimentado una de las pasiones más bajas del ser humano: la venganza y el odio y lo ha contagiado a la sociedad en general. Y ello ha supuesto bajar un escalón más en la democracia, si es que ello era posible. En fin, un espectáculo lamentable, bochornoso y esperpéntico. Y no estoy defendiendo a ningún asesino, defiendo al ser humano y a la ley que es la que nos humaniza.

                                               ---o---

Muchas gracias, y gracias a ti que me has impulsado a escribirlo. Esta mañana lo he sometido a una prueba con alumnos de segundo de bachillerato y no lo ha pasado. Piensan que la doctrina Parot es correcta y no razonan, sólo sienten. Es fruto de la desinformación y el control de las mentes. Estos alumnos de entre 17 y 18 años no conocían, por ejemplo el GAL. Es tremendo el país en el que vivimos. Hemos sido engañados desde la muerte de Franco con una falsa transición y una democracia hueca en la que un presidente del gobierno, González, posiblemente la famosa X, nos dice que la democracia a veces hay que defenderla desde las cloacas. Los del PP se manifiestan contra el tribunal de derechos humanos de Estrasburgo, no renuncian del franquismo y no lo condenan como golpe de estado, mientras devuelven la religión a las aulas y eliminan la ética y la filosofía. Esto es un país de esperpentos, de conciencias dormidas, señoritos satisfechos y fachas. Se le ríen las gracias a un defraudador de hacienda como Messi (no sé si se escribe así, tengo el orgullo de haberlo conocido por su crimen, no por ser jugador de futbol) y se defiende su arte de dar patadas a un balón. Mientras otros como él nos roban el dinero para escuelas, hospitales, pensiones, dependencias. Se le entrega el dinero a los bancos y se estruja el bolsillo de los ciudadanos. Se eliminan los impuestos del IBEX 35, y se congelan por quinto año consecutivo, sin contar con las bajadas de hasta un 8%, el sueldo a los funcionarios. Se despiden a veinticinco mil profesores interinos y aumenta el número de alumnos en más de 100.000. Demencial. Mientras nos anuncian que la jubilación ha de ser por lo menos hasta los setenta años y el número de años cotizados cuarenta para cobrar la jubilación completa. Que el número de pobres alcanza ya más de tres millones, que los que viven con menos de 375 euros al mes son entre seis y ocho millones. Y la ciudadanía, por llamarle de alguna manera, sigue votando a su verdugo. No se da cuenta de que el sistema está periclitado. Que es necesaria una insumisión generalizada que dé paso a un proceso constituyente pacífico antes de que todo explote. Que el cinismo político se hace ya insoportable. Un abrazo,

                                               ---o---

No es la técnica la que pone en jaque a la filosofía, es el poder. La democracia, les digo a mis alumnos, es la condición de posibilidad política –inventada por la propia filosofía- del pensamiento (diálogo en la pluralidad de ideas) y el pensamiento la condición de posibilidad intelectual de la democracia. Sin diferencia de ideas no es posible la democracia, como ocurre hoy en día con el llamado pensamiento único. Por eso los gobernantes no gobiernan, sino que obedecen el mandato de los que rigen el mercado. Y dicen aquello de que “no hay alternativa”. Mentira, sí las hay, lo que ocurre es que para los que rigen el mundo hay una alternativa que es la mejor para ellos. Y el poder político en unos casos está atado y no tiene margen de maniobra y, en otros, es directamente connivente del poder económico (que, insisto, tiene nombres y apellidos.) Por eso la cuestión es desde siempre, ya Platón en un diálogo expone la crítica que se le hacía a Sócrates por dedicarse a la filosofía. Y se decía que estaba muy  bien y era saludable para la juventud, pero, al pasar a la vida adulta hay que dedicarse a algo serio. Una tremenda crítica que se puede ver en Gorgias o la sabiduría, y que tiene un fondo político entre líneas. Y, por eso, a Sócrates se le acusa de corrupción de la juventud y de impiedad. Los dos crímenes van contra el poder, contra lo establecido. Ésa es su gravedad y la importancia de la filosofía. La tensión entre el poder, que tiende a barbarizarse y tiranizarse, y la filosofía, que tiende a la civilización, ha sido una constante dialéctica de la historia. Los periodos más largos, estables y oscuros de la historia son afilosóficos, momentos en el que el poder se ha hecho dueño del pensamiento y ha proclamado su pensamiento único, como es el caso de la Edad Media y la filosofía cristiana. Pues, curiosamente, hoy en día avanzamos hacia una nueva barbarie, un nuevo oscurantismo, una nueva Edad Media. Proclamación de un pensamiento único, eliminación del pensamiento y la filosofía, adoctrinamiento progresivo del hombre hasta convertirlo en vasallo.

                                               ---o---

En torno a las vallas en Ceuta y Melilla. Sin comentarios. La barbarie. Este mundo es demencial y está dirigido por los más mediocres, vanidosos, ambiciosos e inmorales de todos los hombres. Porque el poder lo ocupan quienes han pisado muchas cabezas y para mantenerse en él, han de seguir haciéndolo. La condición humana. Menos mal que además de demonios tenemos algo de ángeles...pero en estos tiempos andan demasiado escondidos o aterrorizados.

 

Aprender a leer y, en grado menor, a escribir son, sin duda, los mayores acontecimientos en el desarrollo intelectual de una persona”. Karl Popper. “Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual”.

Efectivamente, es cierto, y las neurociencia dan pruebas ahora de ello. Es un acontecimiento revolucionario y radical que nos permite "pensar" el mundo y a nosotros mismos. Y pensar es guardar distancia, abstracción, ver desde lejos, objetivar. Para la persona es una revolución en su proceso socializador. Para la humanidad representó un paso en el proceso civilizador y de humanización.

                                               ---o---

Hombre, hace tiempo que no coincido con el amigo Savater. Camus es filósofo mundano, no académico. Por cierto, como deberían ser todos los filósofos, el resto son especialistas o doxógrafos. Y en cuanto a lo de la literatura, pues es fundamental. Hay filosofías y caracteres filosóficos que sólo se pueden transmitir por medio de la literatura que es más ancha que el corsé intelectual que nos pone la escritura filosófica. Y, por último, hay que señalar la clarividencia de Camus y su valentía al enfrentarse a toda la intelectualidad de izquierda que defendía el comunismo al modo soviético, liderados todos ellos por Sartre, el incontestable, pero absolutamente equivocado. Camus vio el error de las verdades absolutas y del totalitarismo y optó por la única vía, la democracia, por imperfecta que sea.

“Pero se equivocan quienes expulsan a Camus del jardín de la filosofía, porque sin la filosofía no se entienden ni se justifican sus ficciones, que son el modo que utiliza para hacerla comprensible. “¿Por qué escribes novelas o dramas teatrales?”, pregunta la filosofía; y Camus responde: “Para vivirte mejor…”.

Y esa rebelión no es simple grandilocuencia, sino búsqueda de soluciones políticas, es decir, contra el estado de guerra que exige mantenerse en el odio. Para Camus, la democracia –despreciada por los revolucionarios y por Sartre- tiene el gran mérito de solicitar modestia: nadie puede zanjarlo todo por sí mismo, hace falta el consejo de otros y el acuerdo. Rebelarse contra la infelicidad del terror exige evitar el absolutismo decapitador de los principios y a menudo atenerse a los matices, a las medias tintas…” Fernando Savater.

                                               ---o---

La crisis económica se ha convertido en una cortina de humo, en una forma de ocultar problemas más profundos de los que además emerge la crisis. En definitiva, hablamos del problema ecosocial, como le gusta llamarlo a Riechmann. Y una de sus manifestaciones es el cambio climático y sus consecuencias: humanas, sociales, geográficas y económicas. La crisis económica que padecemos es el síntoma de la quiebra del capitalismo global y éste está ligado al problema ecosocial que tiene varias patas interconectadas, entre ellas la economía capitalista, la imagen antropocéntrica que configura las relaciones hombre-naturaleza, el posmodernismo y su relativismo con el fin de los grandes relatos y la confianza en la razón, la tecnociencia como nuevo dios que nos promete el paraíso, pero nos lleva a la tecnobarbarie y algunas cosas más. Hasta ahora hemos olvidado todo esto con la cortina de humo de la crisis y lo que intentamos es parchear. Podremos conseguir, quizás un remedio, pero será transitorio. Por otro lado, no debemos olvidar que todos los derechos que hemos perdido, porque nos han  sido robados, no se nos devolverán, será necesario una revolución, como en el pasado, esto no implica violencia, sino manifestaciones, huelgas, concentraciones, ilustración, desobediencia civil, en fin todas las armas que hemos utilizado en el pasado para conseguir lo que teníamos. Porque el poder, por sí mismo, no nos ha dado ni un sólo derecho, ni social ni civil, todos han sido conquistado por la presión de la ciudadanía. Es necesario tener muy en cuenta esto y no dejarse engañar por los cantos de sirena de los políticos. Si salimos de la crisis, si es que salimos, no se nos devolverá nada a menos que lo volvamos a conquistar. Tenemos una gran tarea por delante, para nosotros, para los jóvenes de ahora y para las futuras generaciones.

El poder nos engaña y utiliza los medios de comunicación de masas, o de manipulación de las conciencias para deformar nuestra visión del mundo. Utiliza la distracción. De lo que se trata es de mantenernos entretenidos, el antiguo pan y circo de los romanos. Futbol, mucho futbol, telenovelas y series que transmiten falso valores y recrean una falsa realidad del pasado. Todo este entretenimiento evita el que pensemos y dediquemos el tiempo a los problemas importantes. El poder también inventa problemas para despistar al ciudadano. Amplifica la violencia terrorista, por ejemplo, o se regodea en la crisis, para conseguir que el pueblo acepte las medidas que el propio poder le ofrece, que es, en definitiva, lo que el poder quiere. También los poderosos, utilizan las medidas graduales. No realizan una reforma radical, en tal caso la ciudadanía se le echaría encima. Van haciendo pequeñas reformas que el ciudadano, aunque un poco a regañadientes, va aceptando. Así hemos pasada de tener una serie de derechos sociales adquiridos a ir perdiéndolos progresivamente, de tal forma que nuestra situación laboral es ya, mayoritariamente, la del “precariado”. El efecto de todo ello, es que no nos rebelamos, porque hemos sido, poco a poco, narcotizados. Hemos pasado de trabajadores a precarios, y ahora comenzamos a perder nuestros derechos civiles (libertad de expresión, de reunión,…) y ello nos está preparando para convertirnos en vasallos o esclavos. El poder también utiliza el instrumento de diferir los problemas. Lo que nos viene a decir es que las medidas que se toman son necesarias. Esto es una gran mentira, existen otras alternativas. Lo que nos exigen es un sacrificio; es decir, que aceptemos el robo de nuestros derechos (porque los hemos conquistado nosotros, nadie nos lo regaló) en pro del bien común y luego ya vendrán otros tiempos. Mentira, no sabemos si vendrán, pero lo que sí sabemos es que lo perdido, perdido está. En fin, en nuestra mano está el tomar conciencia, indignarse y reaccionar, a menos que prefiramos la servidumbre. Yo, particularmente, no.

---o---

De entrada condeno el vandalismo y más cuando se hace cobardemente encubierto en los que luchan por sus derechos laborales, que son, en última instancia, los de todos. Pero hay un mensaje subliminal en este artículo. La domesticación de la protesta. El abuso de que los demás ciudadanos tienen sus derechos. Nos olvidamos, que en última instancia los huelguistas luchan por los derechos de todos, porque luchan contra un sistema atroz, bárbaro, esclavizador y avasallador. Y no olvidar que el primer perjudicado es el huelguista así que lo que habría que hacer es alabar su valentía, que ya está bien, de medias tintas y de paños calientes. Se nos quiere domesticar desde todos los medios de comunicación. Quieren descabezar un movimiento civil general que pongo todo patas arriba para iniciar un proceso nuevo. Un proceso constituyente, no la pantomima del PSOE este fin de semana.

                                               ---o---

Tienes razón. Eso queda por perfilar. Y es a lo que me refería. Hay un problema de orden político que precisamente esta mañana les explicaba a mis alumnos al hilo de la teoría del estado de Platón. Si afirmamos más estado, eliminamos progresivamente al individuo y, con él, la libertad. Es el caso de Platón que acaba en totalitarismo. Y, claro, la educación en Platón es fundamental y, por eso, debe estar en manos de los gobernantes, del estado. Porque éste es el responsable del ciudadano. La existencia de éste está supeditada a la del estado. Todo viene normalizado y legislado por el estado. Ésta es la concepción comunitarista y holística u organicista del estado. En el lado extremo tenemos al liberalismo radical en el que el centro es el individuo. Hoy en día este liberalismo, aliado al capitalismo, ha tenido un desarrollo económico y nos encontramos con el neoliberalismo. El liberalismo quiere, mientras menos estado, mejor. Ahora bien, eso nos lleva al neoliberalismo con sus contradicciones porque ha acudido al estado cuando lo ha necesitado. Pero, en lo que a la educación se refiere, el neoliberalismo quiere la privatización de la educación, pero no, la libertad de educación. Por el contrario, utiliza la educación no sólo ya como sistema de control, sino como vehículo de transmisión de una ideología a la que tendrán acceso unas élites que son las llamadas a controlar el mundo. Y esto es algo que ya existe, lo que ocurre es que en Europa lo estamos empezando a vivir ahora. Nos encontramos en un dilema, o la intervención del estado, que tiende a hacerse totalitario, incluso en las democracias (es increíble la normativa que existe para regular cualquier acción y la ausencia progresiva de libertad en el seno mismo de las democracias), o bien el liberalismo, que defiende en el bien sentido la libertad y al individuo frente al Leviatán del estado, pero que, aliado al capitalismo nos ha llevado a otra forma de totalitarismo que es el neoliberalismo. La cuestión, se me hace muy compleja. Ambos extremos, que han constituido la tensión dialéctica de la política en la historia nos llevan a diferentes formas de totalitarismos en los que se ha transitado por breves momentos de democracia. Mi apuesta, como he dicho muchas veces, es el ecosocialismo. Y, en el tema de la educación pues, como el ecosocialismo nos lleva a un decrecimiento y, con él, a una simplificación de las estructuras sociales, por tanto a mayor localización, frente a la globalización, pues la educación sería dirigida más localmente y menos estatalmente y tendría como fines las propias ideas del ecosocialismo de economía decreciente.

                                               ---o---

La educación como un monstruo y el profesor como un profesional al servicio del poder.

 

Ante las huelgas de alumnos contra la LOMCE sólo falta añadir que gran parte del profesorado es inconsciente de los males de la educación y de la posibilidad de los remedios. La prueba son las movilizaciones del profesorado y sus comprobadas tragaderas con cualquier ley educativa que lo único que hace es empeorar el ambiente en escuelas e institutos. Los primeros responsables somos los profesores que hemos tragado desde los años noventa con esto y que ha convertido la enseñanza en algo, literalmente, insufrible. ¿Qué nos ha pasado a los profesores que hemos admitido esto y lo sufrimos calladamente? Esto por no mencionar al listo de turno que ha aprovechado bajas, puentes y demás para escacaerse todo lo posible y que ha dado la peor imagen de la educación, incluso dentro de los grupos de dirección, que en muchas ocasiones, toman al profesor como el enemigo, cuando el enemigo es la ley que es el marco jurídico que hace posible que exista un alumnado de determinadas características, un sistema de promoción, una optatividad determinada, un bilingüismo segregador y farsante, adaptaciones curriculares, diversificaciones, PCEPIs, educación de adultos (ESPA), la formación profesional junto al bachiller y la ESO, los niños pequeños de educación estrictamente de primaria junto con los mayores. La educación, un monstruo con muchas cabezas, en la que lo menos importante es la formación para la libertad, el conocimiento y la autonomía.

Sólo me cabe pensar que el profesor ha sido abducido por el sistema, se ha vuelto egoísta y hedonista. Se ha vuelto, lo peor que puede ser un maestro, un profesional, que aplica técnicas aprendidas en los centros de profesores de manos de los pedagogos, que han vaciado la educación de contenido y la han llenado de técnica, de un saber hacer vacío. Han eliminado la educación como arte y pasión, lo que es una vocación, para convertirla en profesión. Y se alza el valor de la profesionalidad. Y así estamos a un paso de admitir la ideología del mercado. El profesor es una pieza más, que encaja perfectamente en el engranaje de la ideología mercantilista. Su función es aplicar técnicas y obtener competencias básicas en los alumnos. El conocimiento, la libertad, la ética, la pasión por el saber y la justicia, no existen porque no entran dentro del mercado. Porque aunque el mercado lo quiera reducir todo a sus leyes, no puede. Y lo que no reduce lo elimina. El profesor juega el papel profesional, perfectamente evaluable por criterios objetivos y externos, de domesticación del alumnado para convertirlo en mano de obra para el mercado. La educación siempre ha sido el vehículo ideológico del poder, la mano ideológica del poder. Y ahora el poder es el mercado. El profesor es el instrumento de este poder y por eso obedece sumisamente, simplemente porque él no es más que un instrumento. Él también ha sido perfectamente domesticado en su tiempo. Y por eso hay pocas voces disidentes, porque es difícil salirse del rebaño, porque vivir a la intemperie es duro y la soledad, o nos curte, o nos devuelve al rebaño. El profesorado juega el papel que ha jugado en todos los tiempos: el gran domesticador como instrumento del poder.

Pero esto no es lo que defiende la Ilustración. La educación como instrumento de liberación por medio del conocimiento. Conocimiento que desmitifica. Que va contra las supersticiones y las ideologías, contra lo establecido, contra la doxa común, lo consuetudinario, que diría Ortega. La educación, en su sentido ilustrado es el camino de la libertad y de la individualidad, porque no hay libertad sin individualidad. Y estos son los valores supremos de la educación, lo demás es profesión, que también será necesario, pero en otro lugar. Y la educación es la enseñanza del respeto hacia el conocimiento y hacia el que porta el conocimiento, el maestro o profesor. Y este conocimiento es su principio de autoridad y su bagaje moral. Pero todos estos principios están en retirada, sino ya destruidos por el nuevo pensamiento dominante. Y el profesorado ha jugado su papel al profesionalizarse. Me gustaría pensar que estamos a tiempo para cambiar las conciencias del profesorado, pero esto sólo es posible si se produce una revolución social que dé lugar a un cambio de paradigma y, por lo tanto de valores.

                                               ---o---

Motivo para la reflexión. Los únicos responsables del neofeudalismo al que nos dirigimos somos nosotros. Qué le vamos a hacer. Lo del progreso es un mito, en la historia también ha habido retrocesos y estamos asistiendo a uno que se irá, paradójicamente, acelerando. Y más cuando se una lo político con lo medioambiental.

                                               ---o---

De la Ilustración a la nueva Edad Media. Discurso de presentación de “Un grito en el desierto de lo real”

Buenas Noches.

Agradecimientos: a los presentes, al director y a Juan Y Álvaro y sus excelentes discursos.

Mi tesis es que nos dirigimos a una nueva Edad Media. No es una tesis nueva, ya leí un libro hace unos quince años titulado, precisamente, “La nueva edad media” del filósofo francés Alan Minc. Pero hoy en día la cosa está mucho más clara y el avance del pensamiento único, compuesto de neoliberalismo y posmodernismo y dirigido por el capitalismo salvaje y sin bridas, se ha acelerado y va sin frenos y a todo ello se le ha unido una política reaccionaria, de tintes fascistas que tiene como objetivo la protección del capital y las clases poderosas. Y lo que significa que nos estamos dirigiendo a una nueva edad media es que estamos dejando de ser personas, por un lado y ciudadanos, por otro. Para convertirnos en individuos intercambiables, en este caso en manos del capital, por tanto mercancía, y vasallos. Y hay que tener en cuenta que el concepto de ser persona y ciudadano, no es algo que nos viene dado en nuestra propia naturaleza biológica, sino una conquista cultural del hombre. Una conquista objetiva, por supuesto, que ocuparía un lugar autónomo en el mundo tres popperiano, pero no una realidad necesaria, ni inmutable, ni imprescindible. Y esto me lleva de nuevo al tema del progreso, que tanto he tratado. Como siempre he defendido y creo que demostrado suficientemente, y la historia empíricamente, lo confirma, el progreso es un mito. Los progresos en la historia son accidentales, locales y pasajeros. Y los retrocesos son una realidad. Con ello quiero decir que el progreso en la historia no es inevitable, ni está sujeto a leyes deterministas, ni depende del “progreso” tecnocientífico, sino que es algo mucho más prosaico. Además de que la creencia en el progreso nos lleva a formas de totalitarismos como es el que hoy padecemos. Pero, sin entrar en el ámbito de la tecnociencia, sí es cierto que existe un progreso ético y político, un proceso de civilización y que depende del uso de la razón, frente a la fuerza. Y este progreso de la humanidad, que se da de forma local, es una conquista del hombre en cuya propia naturaleza está el tenerla o perderla.

                Nosotros somos hombres que venimos de la modernidad, con sus logros y sus excesos y perversiones y que estamos instalados en lo que viene a llamarse la posmodernidad y la globalización neoliberal. Pues bien, mi tesis es que el paso de la modernidad a la posmodernidad conlleva la pérdida de ciertas conquistas ético-políticas. Ya sé que ustedes me podrán decir que los totalitarismos del siglo XX proceden de la Ilustración, y no lo negaré, lo puedo matizar. Pero lo que yo les digo es que precisamente, el neoliberalismo, el endiosamiento de la ciencia de la economía y la reducción de todo al valor del mercado es también un totalitarismo fruto de una perversión de la Ilustración enmascarado de una psuedofilosofía, el posmodernismo, que niega precisamente esa Ilustración, es curiosa esta paradoja que nadie ha observado. Y esto ocurre, precisamente, porque el posmodernismo, es la ideología del poder. Creo que tenemos dos niveles en el discurso, un nivel teórico filosófico y otro histórico empírico. El segundo es la confirmación de la tesis que mantengo en el primero. Si reducimos el periodo a los últimos cuarenta años, desde el punto de vista empírico, lo que podemos observar es que tras la máscara del progreso tecnocientífico, que no es un progreso humano, sino todo lo contrario, porque es el instrumento del poder para esclavizarnos, lo que tenemos es una paulatina pérdida de democracia, derechos sociales y derechos civiles. A la vez nos vamos convirtiendo cada vez más en siervos, tanto del mercado como de la política. Somos individuos mercantilizados, nos reducimos a nuestro valor de mercado. Éste es el hecho histórico contrastable. Lo cual implica que estamos adentrándonos en un periodo neofeudal, es decir, de carácter totalitario. También podríamos decir que nos adentramos en una nueva forma de totalitarismo fascista en la que el individuo queda anulado política y económicamente. Pues como digo, éste es el hecho histórico que creo que es innegable. Y nos sirve, tanto de punto de partida, como de confirmación de la tesis. Y eso es lo que toca ahora desarrollar teóricamente.

                La Ilustración de la que procede el mundo moderno es una defensa de la razón frente a la superstición. Es un intento de eliminar las explicaciones basadas en la superstición que el poder utiliza para manipular al pueblo y tenerlo sojuzgado, en estado de vasallaje y semiesclavitud. La razón aparece como una forma de liberación. En dos sentidos. La razón aplicada a la naturaleza nos sirve para conocer las leyes que la rigen y de esta manera dominarla. Además el conocimiento causal de los fenómenos, es decir, de una forma natural, elimina la explicación sobrenatural y supersticiosa, por tanto, esto socaba el poder del clero que en aquel entonces dominaba las conciencias. La salida de la Edad Media, que se inicia en el Renacimiento, se hace de manos de la ciencia. Y es necesario recordar aquí que el Renacimiento comienza precisamente en Al-Ándalus, durante el Califato de Córdoba, sobre todo con Abderramán I. Fue entonces cuando llega la sabiduría griega a Europa; y es traducida del griego al latín y al árabe. Y la traducción al latín permite que parte de esta sabiduría pase a las primeras universidades cristianas europeas y de ahí el desarrollo de la escolástica y el germen de la ciencia, que no sólo se recopiló en Al-Ándalus y todo el mundo árabe, sino que se amplió. Y estos son los verdaderos orígenes del Renacimiento como demuestran varios autores, como Koyré y, ahora, recientemente, en un magnífico libro, nuestro compañero Miguel Manzanera. Y, una vez dicho esto, que era necesario es menester seguir con el papel de la razón. La segunda dimensión a la que se aplica la razón es al ámbito de lo político. El poder no puede estar legitimado por dios, para empezar, éste ha sido puesto ya en duda por la razón natural. Dios ya no es lo absoluto, la naturaleza lo ha sustituido. Dios ya no es universal, lo universal es la razón. Por ello el estado no puede estar fundado ni legitimado ni en dios, ni en la herencia sanguínea, en la aristocracia. Es necesario el fundamento de la razón. Y de ese fundamento racional surgen la democracia y los derechos del hombre y del ciudadano. La razón nos proclama como iguales, libres y fraternos y nos lleva a la concepción de que la única manera de gobernarnos desde la igualdad es a partir de la democracia.

                Los derechos humanos y la democracia de esta manera dan lugar a un cambio en la concepción del hombre, o a la inversa. Lo que podemos decir es que la nueva concepción del hombre, que éste es una persona y un ciudadano hacen posible la organización política de los ciudadanos en forma de democracia. Y ésta sólo es posible si lo que tenemos son ciudadanos autónomos, libres y dotados de dignidad. Y ésta es la gran conquista política, ética y filosófica. El hombre ha dejado de ser un individuo y un vasallo sometido a la arbitrariedad del poder, tanto del clero, como de la aristocracia, para ser un sujeto autónomo, libre y que interviene en la cosa pública, la res pública (república), por eso Kant nos dice que la Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Lo que Kant nos está diciendo es que la mayoría de edad consiste en ser autónomo y libre, en ser un fin en sí mismo, que eso es estar dotado de dignidad. Y esto se consigue por el uso de la razón, por el conocimiento.

                Pero en la propia Ilustración, aunque no vamos a entrar aquí en detalle, está el germen de su perversión. La razón se endiosa y se convierte en razón totalitaria: todo lo real es racional, todo lo racional es real, proclamaba Hegel, donde anida el fascismo que se desarrollaría en el siglo XX. Y de una visión invertida de su filosofía surgiría el marxismo, que en una visión simplificada, reduce la historia a mero determinismo que nos llevaría a los totalitarismos comunistas directamente. Lo mismo ocurriría con la idea de nación que encharcaría de sangre Europa. Y, si se dan cuenta ustedes, todos ellos tienen a la base la idea de progreso, que es el mito que los anima.

                Después de la II guerra mundial se constituye, como solución definitiva de la crisis del 29, el estado del bienestar y la socialdemocracia y se proclaman los derechos humanos. Es el momento de máximo desarrollo de los ideales ilustrados de democracia, igualdad, libertad y fraternidad. Si bien es cierto, viviendo en una burbuja. Y, además, viviendo a costa de un tercer mundo, que acababa de descolonizarse y del que habíamos vivido durante quinientos años. Aunque esto es cierto y nuestro crecimiento era a costa de otros y además vivíamos en un enfrentamiento bipolar entre los dos bloques, también lo es que la socialdemocracia fue el mayor periodo de democracia, libertad e igualdad. Y también es cierto que no sólo hubo las conquistas de la democracia y de los derechos civiles, sino que hubo una conquista de derechos laborales y sociales. Y aquí también me gustaría hacer una matización. Todos los derechos conquistados son el fruto de una lucha de la clase oprimida contra los opresores. El poder no nos ha regalado nada, se lo hemos arrebatado por medio de la lucha. Por cierto, lucha que hoy en día no se ve y que además, no sólo es que el poder intente poner cortapisas y de esa manera conculcar tanto nuestros derechos sociales, como laborales. Sino que la ciudadanía ha aceptado el discurso del poder (por eso mantengo que nos hallamos en un mundo orwelliano en el que la población piensa a través de la neolengua del poder)

                Pues bien, es este estado de bienestar, siempre perfectible, y que hemos intentado exportar como idea al mundo entero a través de la creación de una serie de instituciones como la ONU, el que ha sido puesto en cuestión y está desapareciendo. Y está siendo sustituido por un estado feudal o fascista en el que ni la persona, ni la dignidad, ni la igualdad, ni la libertad, ni la fraternidad, y, por su puesto, ningún derecho social o laboral, tienen cabida. Y todo ello a manos de un pensamiento único, de carácter economicista que es el neoliberalismo y que, como explicaré ahora, constituye otra perversión de la razón ilustrada, acompañado por la ideología posmoderna que ha producido un nuevo concepto de hombre fragmentado, sin sentido, sin saber qué le pasa, ni a qué agarrarse, fácilmente maleable, precario, sin dignidad, ni libertad, ni futuro y con un dueño, el mercado. Por cierto, no olvidar nunca que el mercado tiene nombres y apellidos. Lo que ha sucedido entonces es que el capital, en competencia siempre, porque ése es otro error, el neodarwinismo sin base científica que se ha instalado, contra los trabajadores ha querido hacerse con todo el poder. Y para ello lo que necesita es acabar con el estado. Es decir, el neoliberalismo proclama la libertad absoluta del mercado asegurando que el propio mercado se autorregula y elimina las injusticias, cosa que probadamente no es así. Las tesis neoliberales, lo que llama Stiglitz, el “catecismo neoliberal” se ha intentado imponer en distintos lugares, empezando por Latinoamérica, y a lo que ha dado lugar ha sido a grandes catástrofes económicas. Esto es: hambre, miseria, paro, desaparición de servicios públicos, desregulación total del mercado laboral, por tanto, precariedad y, por el otro lado, el enriquecimiento exponencial de unos pocos que, por otra parte, ni pagan impuestos y evaden sus capitales, engordados con el dinero público, a paraísos fiscales. Pero el fracaso del neoliberalismo no es tal. Me explico. Desde el punto de vista de la población general es un fracaso, pero desde el punto de vista del capital es un triunfo. Nunca ha crecido tanto la economía como en estas últimas décadas. Incluso, con la crisis, pues se resolvió con dinero público y las grandes economías financieras, las multinacionales y las grandes fortunas privadas siguieron creciendo. Es decir, que al capitalismo le iba bien. O, dicho de otra manera, si concebimos en términos marxistas, la cuestión como una lucha de clases, pues resulta que existe, no como otros negaban, y encima la van ganando ellos, los ricos. Pero, ¿qué es lo que ha traído todo esto? Pues bien, una transformación revolucionaria de la sociedad que habría que analizar en múltiples niveles. Aquí nos fijaremos en algunos.

La economía del bienestar tutelada y reglada por el estado es sustituida por la economía del mercado. Es decir, privatización y desregulación. Privatización de los servicios públicos y desregulación del mercado, incluido el mercado laboral. Eso crearía, según los neoliberales mayor competitividad que es, según ellos, el motor de la economía. Es el neodarwinismo acientífico. Hay más cooperación en la evolución y la naturaleza, que competencia. Ese dogma neoliberal no es más que pura ideología. Y, por eso, tanto la privatización, como la desregulación crean desigualdad, precariedad y, al final miseria. Pero crea riqueza que se acumula en pocas manos. Pero, claro, este estado de cosas da lugar a un nuevo hombre y a un nuevo estado. El hombre precario, por un lado y la política al servicio del mercado, por otro. Lo que se ha venido en llamar el precariado es lo que está sustituyendo al trabajador. Al ser el mercado el que regula el mercado laboral pone las normas que más le favorecen y el trabajador no tiene más remedio que aceptarlas o ir a la calle. Porque el problema es que según estas normas no hay trabajo para todos. Así el trabajador pierde los derechos laborales y sociales conquistados durante décadas de lucha. (Hay que tener en cuenta que lo que hemos perdido costará años en reconquistar, si es que nos es posible) Pero el significado de esto es que el ciudadano está dejando de ser libre para convertirse en esclavo, en vasallo del nuevo poder que es el mercado, el capitalista. Por tanto se está produciendo una transformación de la persona. La persona está dejando de ser tal porque ya no es un fin en sí mismo, sino un instrumento en manos de las leyes del mercado. Y dejar de ser persona significa dejar de ser libres y de tener dignidad. La dignidad se disuelve en la necesidad del precariado de aceptar las condiciones laborables miserables. Y el trabajador ya no es persona porque no es un fin para sí mismo, sino para el mercado.

                Pero es curioso que esto lo hemos ido aceptando, entre otras cosas es porque las reformas se han ido produciendo poco a poco, gradualmente. Ésta es una de las formas de control del poder sobre los hombres, como nos cuenta Chomsky. Por otro lado, aquí juega un papel muy importante la ideología posmoderna, por un lado y, por otro, el desarrollo tecnológico, sobre todo de las nuevas tecnologías de la información. El posmodernismo defiende un relativismo ramplón, el todo vale. Es un discurso construido contra la Ilustración, contra la universalidad de la razón y contra la posibilidad de crear relatos creíbles sobre el mundo. Y, claro, si esto es así, la condición del hombre posmoderno es fragmentaria, provisional, adaptable a las circunstancias cambiantes, hedonistas, sin tiempo, sólo existe el presente. Las categorías son las contrarias a las de la Ilustración. El posmodernismo es una reacción, no una crítica. Y, por mi parte, yo considero que la Ilustración es un proyecto inacabado y, por lo tanto, su crítica es necesaria. El caso es que la conciencia que crea el posmodernismo es la de un ser adaptable, sumiso, acrítico, hedonista que vive el presente, escéptico e, incluso, cínico y con esta conciencia el individuo acepta cualquier cosa. Además a la conciencia posmoderna, debido a su hedonismo egoísta le falta la fraternidad. Y eso hace posible que no pueda, ni sepa, ni quiera rebelarse contra las injusticias. Simplemente no las reconoce. Acepta el mundo que le ofrecen. Está instalado en el desierto de lo real, sólo y en la miseria y sordo ante cualquier discurso porque niega de entrada la posibilidad del discurso. De ahí lo de un grito en el desierto de lo real. El hombre posmoderno ya no escucha argumentos, quizás ni le llegue ya el grito. Y, por eso hemos perdido nuestra conquista, ni hay democracia, que veremos ahora, ni ciudadanos, ni personas. Lo que hay en su lugar es un autoritarismo que tiende al fascismo, vasallos y mercancías. Y todo esto nos adentra en una nueva Edad Media. Es, de nuevo, el triunfo de la superstición sobre la razón. Sí, superstición, porque la ciencia que se nos vende, la economía se ha endiosado, en parte esto es la perversión de la razón ilustrada. Y en parte es también superstición. Porque funciona como una nueva religión que nos redime. Por lo del vasallaje y por lo de la nueva religión es por lo que podemos hablar de una nueva Edad Media con todo lo que ello conlleva para el que era un ciudadano y persona y se ha convertido en vasallo.

Por último habría que mencionar el aspecto político. El neoliberalismo ha succionado a la política. La política se ha convertido en sierva de la economía, más bien en esclava. Una vez aceptadas las reglas del neoliberalismo que nos llevan a la privatización y desregulación el estado queda reducido a mero gendarme, al poder militar y, por otro lado a guardián de las normas del neoliberalismo. De ahí ese manido discurso de que no hay alternativas. Pues claro que las hay. Lo que no hay alternativas es dentro del neoliberalismo. La política le hace el juego al gran capital ante los ciudadanos. Los políticos son los grandes farsantes que representan el teatro de la democracia. Cuando la democracia se ha disuelto en el mercado. La política es otra forma de engañar y entretener al pueblo, cuando el poder no reside ni en el pueblo, ni en los políticos. El poder político está aliado al poder económico, por tanto, es connivente de las atrocidades de éste. El poder político utiliza la democracia como demagogia, pero en el fondo la rechaza y opta por el poder del mercado, es decir, de los que rigen el mercado que son unos pocos y muchas veces algunos de esos políticos coinciden con algunos de esos pocos. El gran engaño es perfecto. El estado de alienación de las conciencias es casi absoluto, los medios de comunicación están en manos del poder político y económico. Desde ellos se transmite el nuevo pensamiento a través de la neolengua del poder. El pueblo asume la “verdad” del poder, pero como creencia, ni siquiera se lo plantea, porque los medios y la neolengua son omnipresentes. Y por eso triunfa la superstición sobre la razón. El hombre del capitalismo es insolidario, pero, fundamentalmente, es un hombre con miedo. Primero se ha creado una conciencia individualista que no es capaz de pensar en el otro, después se le amenaza con la pérdida del trabajo, su única forma de subsistencia, su único valor, puesto que ha sido reducido de persona a mercancía. Y por eso tiene miedo y el miedo engendra la superstición. Y lo tenemos claro, los “ciudadanos-vasallos” no acuden a los clásicos filosóficos y literatos, sino a los libros de autoayuda. Una autoayuda individualista, sálvese quien pueda. No se ofrece la alternativa de la unión social. Por otro lado, esos libros de autoayuda, además de ser un síntoma de la sociedad en la que estamos, son superficiales, en definitiva, no es más que otro entretenimiento para que el ciudadano no se preocupe de lo que verdaderamente tiene importancia. Y éste es el desierto de lo real en el que estamos instalados. Y este desierto es la zona de transición hacia la nueva Edad Media o neofeudalismo hacia el que transitamos.

Muy buenas noches.                   

26 de noviembre de 2013

 

La ley se superpone a la pasión.

                Ha sido demasiada la polvareda que ha levantado la sentencia del tribunal de Estrasburgo de los DDHH. Una polvareda, en forma de indignación, que es sólo comprensible, por lo que es la naturaleza humana, que luego veremos, pero injustificable desde una cultura que debería tener asumido el significado de la democracia, los derechos humanos y lo que vela por todo ello que es el estado de derecho, la ley. Y creo que esta indignación que se ha producido, sobre todo en las víctimas de asesinatos horrendos de la banda terrorista de ETA, debe ser dirigida hacia el sentido común, todo lo contrario de lo que la clase política, en especial el Partido Popular han hecho. Y lo que han hecho es estrictamente demagogia. Es decir han engañado en su propio interés, poner a su favor el dolor de las víctimas, apelando a las más bajas pasiones, mientras que con la boca chica afirmaban acatar la sentencia, entre otras cosas porque no le queda más remedio al formar parte de Europa y haber reconocido la validez universal del tribunal de Estrasburgo. La sentencia argumentaba y tumbaba la doctrina Parot por ir en contra de los derechos humanos. Y los juristas están de acuerdo en su inmensa mayoría. Ahora bien, los políticos que nos gobiernan, algunos intelectuales, como Savater o Albiac, por mencionar algunos, están en contra, pero no han ofrecido ni un solo argumento jurídico ni ético. Entre otras cosas, porque no los hay. Los políticos han apelado a las bajas pasiones, estrictamente a la venganza, de lo que hablaremos después, los intelectuales han sido más sutiles, pero han retorcido los conceptos, Savater ha hecho demagogia de la democracia y Albiac ha intentado rizar el rizo haciendo una distinción forzada entre la redención, que es posible desde la teología, pero no desde la ciudadanía, al ser éste un concepto estrictamente religioso. En ambos casos, intelectuales orgánicos, vendidos al poder, uno al de la derecha y otro al de la izquierda. Desde luego que más comprensible es Savater habiendo sido un blanco de ETA durante muchos años, haber tenido una actitud valiente frente a la banda armada que le hizo tener que abandonar la Universidad, que ayudó a fundar, el País Vasco y vivir largos años con escolta. Una actitud valiente y heroica, pero ello no le exime de no entender la sentencia y de hablar desde la pasión y no desde la razón, que es desde donde debe hablar un filósofo por mucho que le duela. Hubiese sido un último acto de heroísmo.

                Pero lo lamentable es la actitud de los políticos y de la ciudadanía en general. Los políticos en lugar de dar ejemplo de racionalidad y de defensa al estado de derecho han instado a las bajas pasiones. Y ello ha alimentado el monstruo que todos llevamos dentro, la necesidad de venganza. Las asociaciones de víctimas han sacado este monstruo a la luz, lo cual las pone en igualdad con el asesino. La diferencia entre el hombre civilizado y el asesino es que el primero está bajo la ley, mientras que el segundo está por encima de la ley y del bien y del mal. Es comprensible la actitud de las asociaciones debido al dolor sufrido y que siguen padeciendo, pero el estado de derecho, la isonomía, el imperio de la ley, lo que garantiza es que todos tengan un juicio justo por igual y elimina la posibilidad de la venganza al intervenir un tercero, que es el poder judicial que aplica la ley desde la isonomía, el imperio de la ley. Y eso es lo que marca la civilización.

                El hombre, en tanto que homínido, en su estado de naturaleza, que diría Locke, tiene el poder absoluto de la venganza y libertad absoluta sobre la propiedad. Pero al resultar que todos los hombres tienen el mismo poder, pues la vida en el estado de naturaleza es un sufrimiento, un estado de angustia permanente. Estoy amenazado por cualquiera, porque cualquiera se ve en el derecho de arrebatarme mi propiedad e, incluso, mi propia vida, por venganza, si así lo estima oportuno. De ahí que surja el contrato social. Y éste consiste en una ley igual para todos que limita nuestro derecho absoluto de propiedad, de venganza y de libertad. Pero bajo esta ley vivimos protegidos y ya no tenemos que preocuparnos de las amenazas. Esto no elimina el sentimiento de venganza, que es una de las pasiones más fuertes del hombre. Pero ya no soy yo el que ejecuto la ley, que emana del poder legislativo, sino que es el poder judicial. Y, de esa manera se canaliza la venganza y se le reconoce al otro el hecho de ser hombre; es decir, su dignidad. Porque la venganza no reconoce la humanidad del otro, por muy brutal que el otro haya sido es un ser humano al que hemos dotado, por ley, de dignidad. La venganza, al ser irracional, se salta la ley, no la contempla, y nos lleva al estado primitivo. A la imposibilidad del gobierno y de la vida social. La venganza es una monstruosidad porque va acompañada del placer del dolor infligido al otro al que se le considera un monstruo. Pero el mismo acto de la venganza nos convierte en monstruos, en incivilizados, nos hace perder la dignidad. Es la ley la única garantía de nuestra dignidad. Y es la ley la única que garantiza nuestra libertad, porque es el cumplimiento de la ley lo que hace posible vivir en paz y tranquilidad, sin miedo al otro y considerando a éste, como otro yo: un sujeto de derecho y también un sujeto sintiente. Por ello su dolor es mi dolor. En este sentido la ley, además de darme la libertad, me dignifica al civilizarme, que no es más que ser capaz de tener conciencia del dolor del otro. De modo que la instigación de los políticos a las bajas pasiones sólo puede alimentar al monstruo de la venganza y lo que hace es destruir una sociedad, crear monstruos y odio por todas partes. El político, al contrario, debe ser ejemplar. Y, con su vida y su palabra, debe defender la ley, el estado de derecho, la isonomía. Y más cuando estamos hablando de un Tribunal Internacional de los DDHH, la fuente y la garantía de la dignidad de los hombres. Pero, la verdad, esperar esto del político, cuando no son capaces de hacer cosas más fáciles, es mucho esperar. El político ya no es un pedagogo ni un filósofo, es un oportunista y un demagogo. Pero esta vez ha jugado con fuego y alimentado una de las pasiones más bajas del ser humano: la venganza y el odio y lo ha contagiado a la sociedad en general. Y ello ha supuesto bajar un escalón más en la democracia, si es que ello era posible. En fin, un espectáculo lamentable, bochornoso y esperpéntico. Y no estoy defendiendo a ningún asesino, defiendo al ser humano y a la ley que es la que nos humaniza.

 

"Hay que tener en cuenta, de cara a los padres, que el colectivo de dicentes tiene un puesto de trabajo asegurado y, sin embargo, los padres se están enfrentando a unas tasas de desempleo muy elevadas y dificultades económicas importantes", ha aseverado la secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio. Declaraciones a Europa Press.


¡Serán hijos de puta! Esto es una auténtica vergüenza. Aguantarlo es ser cornudo y apaleado. Este gobierno criminaliza cualquier protesta, no ha analizado ni una sola de sus leyes ni de sus decretos es inmensamente prepotente. Es estrictamente autoritario, manipulador y mafioso. No se lo podemos permitir. Se han cargado la sanidad, la educación, la justicia…y encima los responsables somos nosotros. Ha aumentado el paro y los responsables somos los profesores que nos ponemos en huelga por los hijos de los trabajadores y por las clases más desfavorecidas. Han perdido el norte. Se están escaceando del caso Bárcenas que es la mayor vergüenza de la democracia. Insultan a los españoles a la cara impunemente, como aquel que tiene derecho de pernada. Este ministro en concreto, un tertuliano, un opinador, ha elevado su opinión particular (no olvidemos que las opiniones son como el culo, cada cual tiene la suya) a rango de ley general de educación. Qué poca vergüenza, qué desfachatez, o, mejor, fachatez. Porque eso es lo que son todos los de este gobierno, mentirosos, meapilas y fachas. No debemos soportar ni un solo insulto más. Estos deben ir a la calle, ya. Su juego es enfrentar a la ciudadanía e irse de risitas. Son unos cobardes amparados en una mayoría absoluta que utilizan como poder omnímodo. 

                                               ---o---

Las protestas contra la LOMCE deben radicalizarse, que no tiene nada que ver con la violencia, sino con una postura de fuerza, encierros, desobediencia civil, huelgas de hambre o ayunos. Porque lo que sucede es que además de mentir con los datos, de intentar dividir a los ciudadanos enfrentando a los padres con los profesores, siendo precisamente los profesores los que velan por los alumnos y por su máximo bien, la educación y la enseñanza, estos señores no nos hacen ni caso. No nos van a escuchar, nos van a ningunear. Hablan de diálogo, pero es la ley educativa con menos consenso y en absoluto sin diálogo. No han escuchado ni al Consejo de Estado. Lo único que han escuchado son las enmiendas a errores en la redacción. Una ley que salió hecha desde un principio, desde la cabeza del señor Wert. Una transcripción de su opinión tertuliana, algo particular y sin validez cognitiva, transformada en ley con validez universal. Estas son las consecuencias del relativismo y el posmodernismo. Si todas las opiniones son iguales, la válida es la del más fuerte. En definitiva, nuestra lucha o es desde la radicalidad, trascendiendo a los sindicatos o no tenemos ninguna alternativa. Tomemos ejemplo de la sanidad madrileña, ganen o pierdan, llevan un año de luchas y, en parte van ganando, los tribunales han declarado, de momento inconstitucional ciertas privatizaciones. La LOMCE también tiene sus inconstitucionalidades.

                                               ---o---

La recuperación, y no por ser un pájaro de mal agüero, es apariencia. Podrá haber recuperación y de nuevo crecimiento. Pero el sistema capitalista se ha agotado y habría que aprovechar para iniciar un nuevo modelo (el cambio de paradigma), el del decrecimiento y el ecosocialismo. Pensar que el crecimiento es ilimitado en un planeta limitado es una estupidez y, como decía un economista que ahora no recuerdo, “quien mantenga esto o es idiota o un economista.”

                                               ---o---

El problema es que la fraternidad de la Ilustración nunca se desarrolló. Hay un libro de Antonio Domenec sobre la fraternidad que es buenísimo, no recuerdo exactamente el título.

Y, lo que ha ocurrido en las postrimerías del XX y los inicios del XXI es la alianza entre el capitalismo salvaje y su gran triunfo, hasta la crisis, y la filosofía posmoderna. Ello ha hecho de los ciudadanos, islas, idiotas en el sentido griego, sólo se preocupan por su bien particular sin ser capaz de entender que su bien depende del bien común. Son, en palabras de Ortega, señoritos satisfechos, niños mimados, perezosos y egoístas. Mira, el otro día en una CCP, el director estaba hablando de las nuevas normativas y, en espacial, la que afectaba a la dirección, una evaluación externa y tal…Bueno, pues la gente, ni caso, con la trascendencia para el funcionamiento de los centros y de la educación que tenía todo lo que decía. Sólo miraban el calendario para ver qué fechas se podían cambiar para planificarse sus puentes y salidas. Lo siento Esteban, pero hace ya tiempo que me da asco ir al instituto (y estas reuniones las detesto. Son asépticos, no existe la política, cuando la educación es eminentemente política, formar ciudadanos) y más en un centro en el que la mitad del profesorado es de ciclos formativos, que, lo siento, estos no tienen nada que ver con la enseñanza clásica, por muy loable que sea su labor y muy bien que lo hagan, no deben estar en los centros de secundaria, los intereses de un matemático y un maestro de chapa y pintura son muy distintos. Los fines educativos de uno y de otro son absolutamente dispares.

                                               ---o---

Es interesante tu idea. Pero son otras muchas cosas las que fallan para que la huelga falle y sea sólo simbólica y lugar de reunión. Es el cambio social que ha habido que ha aunado al capitalismo salvaje y el posmodernismo creando unas nuevas categorías antropológicas y éticas. Por ello, lo que sucede es que simplemente, no es que la huelga ya no sirva, sino que prácticamente no las hay. ¡Cuidado!, no identifiques las huelgas con las de la enseñanza. Éstas, en su momento pueden ser brutales y unidas a los obreros poner a un país en jaque, como en París 68 y en muchos lugares de Latinoamérica o ser, como dice Wert, que estuvo en el mayo francés y sabe de lo que habla, fiestas de cumpleaños. Y, efectivamente, eso es lo que han sido las huelgas en la enseñanza. Fiestas de cumpleaños, y eso, los que han participado. Salvo honrosas rescepciones, como Baleares y la comunidad valenciana. Ahí si le han puesto las cosas difíciles al poder. De modo que las huelgas siguen teniendo sentido. El que ha perdido el sentido es el hombre posmoderno que no tiene relatos a los que asirse. Por otro lado, una huelga, por ejemplo, y ocurrió hace unos tres años en el sector del transporte, puso en jaque al gobierno que no tuvo más remedio que ceder. Además, la ciudadanía, viendo que los supermercados y demás tiendas de primeros consumos se quedaban sin existencias empezó a tomar conciencia de la fuerza de la protesta, del sentido de la huelga y presionó al poder. Como digo, lo que ha sucedido es que estamos viviendo bajo un mito, el del neoliberalismo, con su pensamiento políticamente correcto de fondo, que no es más que el posmodernismo que ha domesticado y esclavizado a la ciudadanía. Pero la huelga, los encierros, cortes de carreteras, desobediencia civil es lo que tenemos. Lo que nos falta es conciencia de que lo tenemos. Y, otra cosa, como toda creencia, el sistema en el que vivimos nos ha culpabilizado y eso, en el caldo de cultivo del cristianismo, que es en el que vivimos, pues hace mella, surge rápidamente el sentimiento de culpabilidad y la resignación y se instala la necesidad de que todos arrimemos el hombro, de que lo que se está haciendo es necesario. Y así lo confirma la intención de voto. El PP sigue con mayoría, si bien simple. Creo que tu discurso es correcto y es, digamos, una fenomenología de la situación, pero como praxis política va en la dirección contraria. De lo que se trata es de crear conciencia y ello consiste en desenmascarar el gran engaño, el conjunto de mitos en los que vive la población y eso los haría despertar. De lo contrario lo que nos queda es la barbarie. Una nueva Edad Media a la que nos dirigimos con las tecnologías individualizantes, hedonistas y alienantes. Todos iguales, divertidos y sonrientes. Qué mejor escenario para una utopía negativa.

                                               ---o---

El hombre posmoderno vive mirándose su ombligo y creyendo que no hay una historia detrás de solidaridad, sacrificio y muerte para que él tenga lo que tiene y que le están arrebatando. Inconsciente, hedonista, egoísta y sumiso.

                                               ---o---

Estoy totalmente de acuerdo con lo que mantiene el editorial. Pero me temo que El País pensaría de otra manera si la postura hubiese sido la del PSOE. Además, recordemos que el PSOE pudo eliminar en su momento esta ley y que no ha sido nada claro, sobre todo en sus primeras declaraciones, tras la sentencia del tribunal de los derechos humanos de Estrasburgo. Parece que iba definiendo su posición a la zaga de lo que iba haciendo el PP. Bipartidismo, ausencia de democracia. Por otro lado es muy lamentable la actitud de las asociaciones de víctimas del terrorismo que retroceden, por muy comprensible que sea, más de doscientos años en el derecho, porque lo que piden es venganza. Desdeñable también la postura de la izquierda extremista celebrando públicamente la excarcelación, absolutamente legal, de una asesina con 28 muertos por terrorismo a sus espaldas. Si quieren celebrar su justa libertad debe ser en privado. Públicamente es una provocación y un consentimiento del mal radical. Incomprensible y dañino para la democracia es también que un partido político, precisamente el que está en el ejecutivo, apoye la manifestación convocada contra la sentencia del tribunal de derechos humanos. Esto significa la destrucción de la división de poderes, que no la hay, aunque sí la teoría. Porque lo que está reclamando, en el fondo, es el tutelaje del poder político, como viene siendo desde el nacimiento de nuestra deficiente democracia, sobre el judicial. En definitiva, que padecemos un nivel de democracia peligrosamente bajo.

                                               ---o---

Marinoff, el padre de la filosofía práctica que se hace famoso con su “Más Platón y menos Prozac” saca un nuevo libro en el que intenta aunar la sabiduría de las “religiones”, más bien modos de vida, cosmovisiones y, en última instancia, filosofías, orientales. El punto de inserción son las virtudes cardinales descubiertas o inventadas por los griegos. Y se le dedica especial atención a la primera, la prudencia.

A mi modo de ver la filosofía práctica es una alternativa a tanto batiburrillo de libro de autoayuda y tanto charlatán suelto que nos promete la felicidad a costa de un buen precio. El problema es que cae en el mismo saco. Lo que se nos promete desde la filosofía práctica es la conquista de la felicidad y esto, a mi modo de ver, es caer en uno de los engaños del posmodernismo, el hedonismo egoísta, la felicidad, más bien el bienestar, a toda costa. Se olvida de que la felicidad depende de la virtud y que la virtud es fuerza, ejercicio, trabajo, voluntad. Ya está en el mismo Aristóteles del que arranca Marinoff. Y si nos vamos a los sabios orientales encontramos lo mismo, sin ejercicio, sin dedicación, no hay virtud. Además esa virtud, en la medida en la que somos animales sociales está relacionada con los demás. No es posible la felicidad en medio de la injusticia, antes está la lucha por la justicia que la felicidad individual. Pero la sociedad nos impele, hoy en día, a la búsqueda de esa felicidad. Pero esto tiene una intención clara, la distracción. Si el ciudadano está distraído no se fija en lo importante y, encima, pierde su libertad. Siempre he defendido como valor supremos la libertad frente a la felicidad. Porque la felicidad tiene dos problemas, uno es que está sometida a la accidentalidad y otro es que nos puede, no necesariamente, llevar al egoísmo. La libertad, en cambio nos mantiene siempre en guardia, ante el poder y ante nuestras propias debilidades. Y la libertad que se relaciona con las virtudes cardinales, porque libertad es, entre otras cosas tener un proyecto de vida propio, requiere del cultivo de esas virtudes: prudencia, valentía, templanza y justicia. Y a ello le añadiría yo la gran olvidada de la Ilustración: la fraternidad.

La filosofía práctica es un buen camino porque es la recuperación de la sabiduría del pasado para entendernos en el mundo confuso de hoy, pero debe orientar sus pasos, no sólo a la felicidad individual, sino también a la libertad, la justicia y la fraternidad.

                                               ---o---

Escuchando El muro (The Wall) de Pink Floyd he recordado las protestas en la enseñanza de estos días y más en concreto la de los alumnos. Y es curioso, y necesario señalar aquí, que han sido los padres y los alumnos los que han tirado de la huelga. Por mi parte considero que ha sido un éxito, no en el caso del colectivo de profesores, lamentablemente e incomprensiblemente, o sí, pero este no es el tema.

Todo sistema educativo es un sistema de control del poder sobre los ciudadanos. Hoy en día existen más sistemas de control y quizás, más efectivos, los medios de manipulación y control de conciencias de las masas. Los popularmente llamados medios de comunicación de masas. No son tales, sino que son medios de desinformación. Y esa desinformación consiste en crear un estado de opinión única. Su arma es la demagogia, esos medios utilizan la retórica engañosa y la demagogia que se dirige a las pasiones humanas anulando el pensamiento. Los medios de manipulación y control de masas van directamente en contra de la ciudadanía y van a favor de los que lo dirigen, el poder económico y político, hoy en día inseparables y, desgraciadamente, cada vez más unidos al judicial porque las leyes emanan del poder político y de los intereses económicos que influyen en el poder legislativo.

En este sentido, la educación, como procede directamente del poder político es utilizada también como un arma de control de las conciencias. Toda ley de educación, no sólo la LOMCE, otra cosa es que a la LOMCE se le vea más el plumero, es un sistema de control por parte del poder. Pero los que han analizado en seriedad y con profundidad la LOGSE-LOE saben muy bien cuáles son los entresijos del poder de control de esta ley, encima, enmascarado de democracia e igualdad de oportunidades. Una ley absolutamente nefasta y fracasada que ha producido un gran desfase en los conocimientos y una gran infelicidad en los alumnos que acaba convirtiéndose en violencia (lo que llaman los pedagogos violencia de baja intensidad, pero ya me gustaría a mí que la sufriesen ellos a diario en las aulas) y una infelicidad para el profesor. Éste se ha convertido no en un enseñante, sino en un vigilante. La mayor parte de su periodo lectivo va dirigido a mantener cierto orden, ni siquiera un orden que permita explicar, realizar trabajos con los alumnos. La pasividad, la indiferencia, la falta de respeto, la burla, a los compañeros y al profesor es la tónica general. El desinterés y la ignorancia, así como la falta de sensibilidad es supino.

Y la LOMCE, por mucha reválida y mucha calidad de la que se nos habla no viene a arreglar esto. Las reválidas y la supuesta calidad no es más que segregación y un estímulo a la diferencia, la desigualdad y, en última instancia, un fomento de la educación privada en detrimento de la pública. Si a esto le sumamos además el dinero que se desplaza de la una a la otra (de la pública a la privada) pues apaga y vámonos. La LOMCE  no toca el pilar psicopedagógico de la LOGSE, por tanto, el tema del conocimiento, las competencias…sigue igual. Es más, empeora en tanto que las modificaciones curriculares van dirigidas a una formación más técnica, a un saber hacer, no a un saber. En una palabra un saber en tanto que mano de obra disponible y adaptable a la precariedad del mundo laboral que el neoliberalismo ha creado. La ley, por tanto, es un sistema de control perfecto para crear una sociedad del futuro sin pasado e ignorante de su propia identidad. Una sociedad autoritaria en la que, poco a poco, se han ido perdiendo los derechos sociales y, después, los civiles. De tal forma que el ciudadano del futuro no es que esté ni siquiera maniatado, no tendrá esa sensación. Vivirá en un mundo orwelliano perfectamente asumido e inconsciente de que es un ser libre pero vive esclavizado, o utilizando una metáfora más moderna, en Matrix, y lo van a preferir porque fuera de Matrix lo que nos aguarda es el desierto de lo real. Por eso el sistema educativo se encarga de que todos seamos una piedra más en el muro. Y, por lo que se ve, muchos profesores nos aguardan ya en este muro.

 

Tienes razón, Esteban, pero hay gestos que son heroicos y son símbolos para el resto. Y los actos heroicos pueden costar la vida. Aunque también es verdad que para muchos esos actos heroicos son tonterías o actos inconscientes. Pero yo me quedo con el símbolo y la mitología del héroe. Así explico yo, por ejemplo, la muerte de Sócrates o Jesús de Nazaret. Ambos pudieron evitarla, pero su pensamiento no hubiese sido el mismo ni hubiese sido coherente si no lo hubiesen llevado a sus últimas consecuencias. También Héctor sabía que si salía a luchar contra Aquiles moriría, pero era su deber y su enseñanza de la virtud. Lo que ocurre es que hoy en día este discurso ya no sirve. En fin, que quizás no esté mal un héroe anónimo para que nos espabilemos.

                                               ---o---

Cierto, aquí nadie deja un sillón, pero dos matizaciones. La primera es que los casos de heroicidad que yo he puesto son individuales y cuentan como gestos y, si lo miras bien, son necesarios, de lo contrario la historia hubiese sido otra. En tu caso es la decisión de un hombre que involucra a otras personas, caso muy repetido en la historia. Para mí esto no tiene el mismo valor ético, por supuesto. La segunda es que noto, claro, no sin razón, cierto pesimismo histórico y en concreto con España. Pero nadie pensó que pudiese caer el antiguo régimen y llegó la revolución francesa. Y, por último, yo sí creo en el valor del héroe como ejemplaridad pública. Es más, si no los hay nos los inventamos y en esto consisten los mitos y las leyendas.

                                               ---o---

Estás en lo cierto. Pero pasan dos cosas. Esos héroes a los que te refieres, me da la sensación de que fueron llevados allí de alguna u otra manera. No se trata del héroe que toma una decisión individual, libre y autónoma que es lo que yo defiendo. Y que es ejemplar en la medida que da fuerza y ánimo a los que no queremos hacer de héroes, pero queremos luchar. Ya te digo, es ejemplaridad pública. Que todo queda en el olvido. Pues claro, todo. E, incluso si recordamos a alguien por sus méritos, cualesquiera que sean, eso no impide que no esté muerto. Las Casas, por ejemplo, como tú muy bien sabes, es un héroe moral para la humanidad, un ejemplo, no llegó a morir, pero su obstinada defensa del indio en tanto que persona que abre el camino a los derechos humanos, pudo muy bien haberle costado la vida. Desde luego que más de un disgusto, enemistades y enfrentamientos con el poder le costó. Y todos hemos aprendido de esa actitud y nos hemos beneficiado de ella. En cuanto a los héroes anónimos, pues la historia está llena. Y, en España, nuestras cunetas también. Probablemente, si nos vamos a la intrahistoria podremos ver que muchos podrían haber evitado el final que tuvieron. Recuerdo el caso, ejemplar para nosotros, de Doña Catalina, la maestra, investigado por Paco Espinosa. Si seguimos su trayectoria pudo haber evitado la muerte, pero no lo hizo. Y está muerta y enterrada en alguna fosa común de los alrededores de Villafranca y en la condena a muerte se dice, por parte del cura párroco, por roja y comunista. No sé, nuestra diferencia quizás sea cuestión de matices. Yo soy un escéptico y pesimista, pero esperanzado. Creo que nuestra historia puede mejorar, en algunas ocasiones, ética y políticamente, aunque siempre estamos a merced del retroceso. Por eso hay que permanecer vigilantes.

Sobre la desaparición de la filosofía.

La filosofía la han derrumbado y la hemos dejado caer. Los políticos han hecho su labor, los profesores la nuestra. La LOMCE sigue adelante con sus bárbaros planes y el profesorado sigue alienado en su trinchera de la indiferencia. Pero ahora voy a hablar de mí y de mis compañeros, de la situación penosa, lamentable y degradante en la que nos quedamos y que a la comunidad educativa le importa más bien poco. Habiendo perdido casi el 75%  de la filosofía poco queda ya por dar. Esto supone que no habrá más interinos, sustitutos para los funcionarios de carrera, eso sí, y que los funcionarios de carrera, los filósofos que llevamos décadas estudiando y viviendo para la filosofía, ahora nos queda deambular por los institutos sin saber qué vamos a dar y sin saber nada de lo que vamos a dar. Vamos, un calvario para cualquier profesor con vocación filosófica y educativa, que, en el fondo se unen porque no hay filosofía sin comunicación. Pero es que además esto es un atropello contra la educación, una burla de la ciudadanía. Se supone que tendríamos que dar las llamadas afines, un invento para cubrir horarios, porque yo no estudio ni historia, ni lengua, ni latín, ni griego, desde el bachillerato, es más, en mi caso soy de las llamadas ciencias puras. En definitiva, un fiasco. Cada año, dependiendo de las necesidades de horarios, daremos una u otra cosa, añadiendo, apoyos (aprender a leer, escribir, sumar, rectar…), PECEPIs. (el último reducto educativo) sin saber nada de nada. Dar historia sin saber historia, lengua sin saber lengua, y así sucesivamente. Imaginensé esto en la medicina, el psiquiatra que para cubrir su horario, unos días hace de traumatólogo, el otro de otorrino, el de más allá de cardiólgo… No sólo es el malestar que esta ignorancia y tu falta de vocación en estas materias produce en el profesional, es que es un engaño a la sociedad, al alumno, a los padres, es una pantomima. Cómo puede ser esto una enseñanza de calidad cuando el profesor no domina la materia, pero lleva treinta años dedicado en cuerpo y alma a la filosofía y su enseñanza, pero ya no puede impartirla, porque al poder no le interesa. Qué motivación va a tener este profesor, qué entusiasmo va a transmitir a los alumnos. Es una auténtica barbarie, una tortura para él y un fraude para el resto. Una vida menospreciada por el poder y por una concepción de la enseñanza viciosa, mercantilista, ausente de contenidos y en la que, en el fondo, el alumno no importa nada, ni el profesor. Sólo unas estadísticas, encima, mal interpretadas. Pero qué culpa tiene la filosofía de que el alumno, supuestamente, funcione mal en matemáticas y en lengua, habrá que modificar la enseñanza de estas disciplinas, o el espíritu de la LOE, que es el que realmente falla, pero eliminar la filosofía y poner la religión como optativa evaluable sólo se entiende desde una posición ideológica autoritaria. Y es lo que es este gobierno, en todas sus dimensiones, un gobierno autoritario, que ha mentido, que es corrupto, que avasalla con la mayoría absoluta, que gobierna por decreto obedeciendo a Bruselas y el BCE. Un gobierno que ha eliminado el diálogo, que impone las leyes, como es la LOMCE, sin escuchar ni a la oposición, ni a la ciudadanía. Un gobierno títere del mercado. Y para el mercado todos somos instrumentos, objetos, cosas. De modo que alumnos y profesores, y en este caso, los profesores de filosofía, pues así somos tratados, como simple mercancía que en este momento es desechable. ¡Dónde ha quedado el humanismo que inventó esta Europa en decadencia y que se dirige a la barbarie!

Cierto, hay que diferenciar entre insumisión o desobediencia civil, e, incluso rebelión civil que pueda acabar en un proceso constituyente, lo cual es revolucionario (dado que se carece de democracia y por eso su conquista es una revolución), con una rebelión sangrienta. Ni toda rebelión, ni toda revolución es sangrienta y, sino se puiede hacer un repaso de la historia. Y, lo que no se puede confuindir es una rebelión civil con un golpe de estado preparado, premeditado y apoyado por cómplices extranjeros: fascistas Hitler y Mussolini, dirigido ideológicamente desde un plan de exterminio y genocidio. Eso es una falsificación de la historia. Asi que, señor Quijano estoy totalmente de acuerdo con su matización.

En lugar de una solución para el hambre en el continente africano es un mal asunto para estos. Lo mismo que su riqueza en minerales y recursos fósiles. La mano del capitalismo salvaje se extenderá implacable. ¡Qué contradicción, el continente que se considera la reserva alimenticia del mundo en un futuro próximo se muere ahogado en el Mediterráneo en busca de comida! Es lo que decía el título de aquel viejo y certero libro, “La locura organizada”

                                               ---o---

Hasta que no haya un reconocimiento por parte de la derecha de este país de que lo que hubo fue un golpe de estado y una auténtica ley de memoria histórica, la guerra civil, aunque sin armas, continúa. Porque, además, la transición fue un pacto para mantener las oligarquías y el poder del antiguo régimen. Todo atado y bien estado. Nos debería dar vergüenza aguantar esta situación.

 

                                               ---o---

Y, mientras beatifican a las víctimas de los “rojos”, cientos de miles de víctimas del nacionalcatolicismo siguen en las cunetas. La derecha, la monarquía y la iglesia no tienen solución, son herederas directas del franquismo.

 

No estoy de acuerdo con tu discurso sobre la libertad. En el sentido en el que tú hablas de libertad, pues claro que no la hay. Para empezar porque la libertad ni es ilimitada, ni absoluta, ni consiste en hacer lo que uno quiere. Esto último es mero capricho y, por tanto, esclavitud de las pasiones. Yo me refiero a la única libertad posible, aquella que está condicionada, desde lo biológico hasta lo social y familiar. Pero mi concepto de libertad es y se refiere al ámbito de lo político y consiste en dos cosas, libertad de expresión y de acción, que hay muy poca, aunque se nos dice que vivimos en libertad. Pero ése es el discurso dominante para esclavizarnos y adormecernos. Y la libertad como cumplimiento del deber, de las leyes. Es lo que se llama la paradoja de la libertad. La libertad política se consigue por medio del cumplimiento de las leyes. El hecho de cumplir la ley nos hace libres porque en la medida en la que todos nos comprometamos al cumplimiento de la ley, entonces todos estamos amparados por la ley. Vivimos fuera del miedo que nos esclaviza. Si no se cumplen las leyes es la desigualdad máxima y la guerra de todos contra todos. Pues bien, la lucha por la conquista de esta libertad política es la lucha por la dignidad humana. Después también tenemos la libertad individual que es la capacidad de forjarnos un proyecto de vida propio a partir de nuestras circunstancias y condicionantes. Si estamos por encima de las circunstancias somos libres, autónomos, nos damos la ley a nosotros mismos, si las circunstancias y los condicionantes nos superan, pues somos esclavos.

                                               ---o---

El mal radical nos acecha.

Vivimos un momento tremendamente peligroso. Estamos sentados sobre una bomba de relojería. El fascismo económico da paso al fascismo político. Da miedo ver la cantidad de jóvenes, absolutamente indocumentados e ignorantes, que se aferran a un discurso fascista porque en el fondo, ante la ausencia de los grandes relatos que daban sentido a la existencia, los estragos de la crisis, el consumismo, el posmodernismo, pues lo que nos queda es el discurso fácil. Y esto no se ve sólo en los jóvenes que han fracasado en el sistema educativo, sino que en las aulas empiezan a abundar los que defienden el fascismo y el franquismo. Los que defienden la violencia como el modo de resolver los problemas. Aquellos que no atienden al diálogo, a las razones, porque en el fondo no tienen capacidad de comprender, sólo de ser adoctrinados porque viven en un estado de perpetua ignorancia y lo que quieren son creencias que le den un asidero. No quieren el camino difícil, el de las ideas, que son todas discutibles y que hay que conquistarlas por medio del esfuerzo que conlleva el estudio y de la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Estos jóvenes indocumentados carecen del conocimiento del pasado, de la historia, para poder juzgar, del conocimiento filosófico y ético para entender el significado de las consignas y las máximas fascistas. Se regodean en el poder de la fuerza. Reclaman venganza frente a la justicia. Y, la verdad, es que la sociedad no es precisamente ejemplar, sino, todo lo contrario. Y se escudan en el supuesto respeto de las opiniones. ¡Cuánto daño ha hecho esta confusión en la democracia, que, a la larga, como he dicho muchas veces, se ha convertido en violencia! Y es ésta la bomba sobre la que estamos sentados y sobre la que los políticos simplemente hacen demagogia sobre problemas ficticios que en el fondo siguen alimentando a la bestia. Sí, estos jóvenes fascistas, cuando los acorralas con algo de información y conocimientos, saltan como resortes y dicen que esa es su opinión. Que por qué ellos no pueden defender el fascismo y decirlo públicamente. Ellos no acaban de comprender que el fascismo no es defendible dentro de la democracia, y menos hacer proselitismo dentro de un aula, esto es un acto delictivo. El fascismo lleva aparejada la violencia y el mal radical, la eliminación del disidente: el genocidio. Es la privación del estado de derecho y, por tanto, de la libertad. Y, por todo esto, estas opiniones, en primer lugar no son respetables y, en segundo lugar, no es legal que se haga proselitismo de ellas. Pero la progresía nos ha hecho confundir la libertad de expresión con la libertad de opinión. Una dimensión de la libertad es la libertad de expresión, que ha de ser respetada, pero lo que se expresa no tiene por qué ser respetado, debe ser discutido. Y más en el caso de ideas fascistas que atentan contra el orden democrático, el estado de derecho y, por ello, contra la libertad y la igualdad.

Y me temo que el tema o problema catalán, tal y como lo están llevando por uno y otro lado, está despertando a este monstruo que estaba en duermevela, y las circunstancias que nos rodean, el paro, la miseria, la corrupción política e institucional, la ignorancia generalizada auspiciada por los medios de control y desinformación de masas, favorecen el desencanto y la huida por el camino más fácil, el de las creencias que solucionan los problemas por medio de la violencia. Créanme, creo que tenemos motivos para estar asustados. La educación es la vía para corregir esto. Pero hay dos problemas, el primero es que el alumno se ha transformado en un ser caprichoso al que todo se le ha dado, el nivel de conocimiento ha bajado. Lo que ahora importa son las llamadas competencias. Porque en realidad no se pretende educar a ciudadanos, sino a objetos empleables. El objetivo de la educación es la empleabilidad, dice Wert, los otros decían la adaptación al mundo cambiante en el que vivimos. En resumen, lo mismo. La despersonalización y objetivación del alumno que deja de ser ciudadano para convertirse en mercancía. Y, el segundo problema, es el que está por llegar. El ministro se ha encargado, siguiendo su ideología, de eliminar las asignaturas (El 75% del curriculum de filosofía) en la que todo este elenco de problemas se podían tratar y discutir e intentar, aunque generalmente se fracasa en los casos agudos, porque de las creencias no se sale fácilmente, pasar al diálogo, al uso de la razón y a la búsqueda de conocimientos que fundamentaran nuestras ideas, por supuesto, siempre abiertas al cambio y la crítica. La nueva edad media se acerca, pero no llegaremos a ella sin dolor y sufrimiento…y esperemos que no se vuelva a repetir el genocidio. Ya va siendo hora de que nuestros políticos tomen las riendas del poder y no que estén al servicio del mercado. Y si no, ya va siendo hora de que la ciudadanía se movilice antes de que caigamos en las fauces del nacionalismo fanático, del fascismo genocida y exterminador y mejor no seguir…