Blogia
Filosofía desde la trinchera

Reflexiones marginales

Vamos a ver, Fernando, ya sé que no comentas la ley, y eso es lo que se pide. Y en cuanto a lo de los humos, ya te dije que hacías una comparación inconmensurable. Son cosas muy distintas. Y no se reduce, tú que eres químico a humo blanco y humo negro. La mayor parte de los humos de una refinería, ni siquiera son blanco, como bien sabes, pero ésta no es la discusión, porque como digo son cuestiones inconmensurables que tú aprovechas para echar leña a un fuego que está ya apagado. En cuanto a lo de la salud, me parece que no le has dado, en mi comentario, a leer más. Para mí la salud es un valor, pero no el principal, y si lees mi comentario, lo de la salud es una forma de dominio a través del miedo, venga de donde venga, ya sea desde los discursos polítcamente correctos, o desde los apocalípticos ecologistas, me dan igual. Para mí el valor más importante, de la persona, es la dignidad, y ésta se puede tener con una salud absolutamente deteriorada, incluso, deteriorada voluntariamente. Y las cuestiones que se comentan en el artículo son muy importantes, como para pasar de largo y traer, a contrapelo, esta polémica, ya caduca, que tenemos en nuestra localidad. Polémica irracional que tiene que ver con el poder y no con la razón. Y es, precisamente, el poder, el que resuelve definitivamente el asunto. En este caso el poder económico. La crisis económica cancela definitivamente un proyecto demencial. Pero, como casi siempre, a historia se mueve por el poder de la fuerza y no la fuerza de la razón.

 

            En cuanto a lo de la crítica con tu partido, me parece muy bien lo que dices. Pero, aquí, como en las antiguas cartillas militares, hay que decir, que el valor se le supone. Es de suponer la crítica dentro del partido. Pero, francamente, no me la creo, de ti sí, pero no algo general, si no, qué me dices de la disciplina de voto y de los expedientes cuando se desobedece, y de las listas cerradas… ¿de dónde salió el candidato para Extremadura? No, los partidos no son democráticos, no aceptan la crítica, las corrientes disidentes dentro de un mismo partido son penalizadas. Lee al socialista y diputado del PSOE, Santesmeses ¿Por qué no se discute seriamente una ley de partidos, por qué no se discute seriamente una ley electoral, cuando realmente se hace un flaco favor a la democracia? Pues porque no interesa. Y punto. Comparto y confío en que tú desde tu posición realices la crítica pertinente y adecuada a tu partido y creo que es la única manera de que la política mejore. Yo mismo animo a los jóvenes y en particular a mis alumnos a que deben participar en política afiliándose a partidos y sindicatos, para poder cambiarlos desde dentro. Pero, las estructuras, de momento, están tremendamente anquilosadas, y eso no se puede negar. De modo que me parece estupenda tu postura crítica y la creo, ya te dije, pero no es lo que aprecia la ciudadanía. Algo falla. En cuanto al comentario final, los trapos sucios se lavan en casa. Creo que esto se puede decir de una estructura privada, como una familia, no de una institución, como es un partido político. Precisamente, la ley de partidos debe garantizar la transparencia, pero esto, no lo habrá mientras que no cambie esta ley, entre otras cosas, la financiación…Un saludo.

 

                                   ***

 

            Señor Carpedien, que por cierto ya me gustaría saber quién es usted, y no hablar con una máscara. Bastante que le contesto y pierdo, literalmente, mi tiempo. Mire usted, a mí no se me ha nublado el sentido. Usted, no ha comentado nada del artículo, ni de mi comentario. Usted hace un juicio de valor, que no se permiten en un discurso racional, sobre mi persona. Dice que no me ponga nervioso, nervioso, de qué. De defender la libertad, mira, nunca me ha temblado el pulso al defenderla públicamente y lo hago a diario, en mi trabajo, en mis escritos y en mi relación, problemática, intelectualmente habando, con los poderes. Y nunca me he puesto nervioso. Mire usted, mi discurso no pertenece a lo azul o lo rojo, como usted dice, hay muchos matices que creo que ni alcanzaría a comprender. En su discurso, confunde las churras con las merinas. Y desde luego que eso no es una contradicción, pero si contradictorio, y hay una diferencia, pero era sólo un aviso porque se le podría haber acusado de demagogia. Y yo considero que decía usted verdades, pero dentro de la estructura de su discurso perdían validez, de ahí mi advertencia. Insisto, es la primera vez que se me confunde tan claramente con un ala política, no ni siquiera ideológica o de ideas, lo cual significa que el que no ha entendido nada ha sido usted. Insisto, lea el artículo, sin pasión, mi reflexión, que es lo mismo, pero con cinismo o acidez. Pero confundir esto con ser un rojo o un azul y, por tanto, un dogmático, va mucho. Mire usted, llevo toda mi vida intentando aclararme mis ideas y a eso se le llama escepticismo. Y de ese proceso surge la crítica racional, que es lo que practico y que  consiste, ni más ni menos, que en desenmascarar los engaños, las supersticiones, los mitos, las creencias, las opiniones comunes y vulgares, y eso es todo… y se le llama, en su raíz latina, escéptico, algo muy distinto a dogmático. Y no tengo ningún dogma ni nueva verdad que aportar, es más, como señalaba Ortega, vivo como un vagabundo intelectual, nunca demasiado a gusto en ninguna postura. Me parece de muy mal gusto, esa afirmación de que “hoy no das una”, qué juez es usted, si no presenta pruebas, salvo algún error tipográfico…venga ya…argumente y no vuelva al insulto y la fácil descalificación. Y, desde luego, que seguiré con mi monólogo, diálogo interior, pues a eso se le llama pensar. Saludos.

 

                        ***

 

            Si es que el mundo se ha vuelto loco. Todo vale y todo se puede decir. Es increíble. Pero todo tiene su explicación, el posmodernismo, la anulación de los discursos racionales, la muerte del arte, de la ética y de la política. Un mundo de trepas y oportunistas. A lo mejor somos frutos de un genio maligno, que decía Descartes, o de una civilización extraterrestre que experimenta con nosotros…Se ha perdido el sentido, la esquizofrenia es total.

 

                                   ***

 

            ¿Y con este alarde de dinero se soluciona la enseñanza? La cosa es más fácil, cambiar la ley. Culpabilizaron a la familia y al entorno sociocultural, ahora, al profesor. Ahora resulta que la dedicación se traduce en un mayor número de aprobados. Y que la carrera profesional se ve en que el profesor, como tiene más dedicación, rinde más y aprueba más a medida que pasan los años. Hombre, por dios, si estos señores se cargaron la carrera académica del profesor de enseñanzas medias. Si toda promoción, para cobrar sexenios, productividad, que llaman, formación permanente, no son más que cursos de los centros de formación del profesorado y de los sindicatos. Pero, hombre, por favor, qué saben estos de lo que es la promoción académica, si no habrán visto ni un libro ni en pintura.

 

Un poco de sentido común. Justicia es equidad, es decir, a cada cual lo suyo. Y esto lo contemplaba la anterior ley. Posibilidad de elegir y convivir. La actual ley es una anulación de la libertad. Es una forma de coacción, por tanto, digna de un régimen totalitario. Pero si no nos rebelamos contra la bajada de sueldo, la reforma laboral,…que atentan contra nuestra libertad, nuestros derechos y nuestra dignidad, cómo lo vamos a hacer ante una ley que levanta tantas pasiones y tan pocos argumentos, ni jurídicos, ni éticos… Yo también soy no fumador, y como lo fui, pues me molesta especialmente el humo del tabaco. Pero aborrezco los discursos de la salud pública, que son engañosos y lo que, en el fondo pretenden, es adoctrinar, domesticar y controlar a la ciudadanía con la artimaña más antigua, el miedo. El hombre renuncia a la libertad por el miedo a las consecuencias de ejercerla…vieja sabiduría.

Cuidado con lo intrascendente e innecesario, que a veces se vuelve peligroso. Soy un clásico y un defensor de la Ilustración y por ello, pienso, que verdad, justicia, bien y unidad se convierten. O, dicho de otra manera, como soltó Aranguren, cuando José Maria Valverde fue expulsado de la universidad, “no hay ética sin estética” y a la inversa. El posmodernismo, ese que acaba con el arte, con la ética, con la ciencia, con el ciudadano, ese defensor dogmático del relativismo moral, cultural y de las opiniones. Esas tiranas, las opiniones, que esclavizan al débil que no se atreve a pensar por sí mismo y por ello exige que sus opiniones sean respetables, o que sus opiniones, absolutamente particulares, infundadas y consuetudinarias, son equivalentes a las del sabio, a las del catedrático que lleva treinta años estudiando y trabajando en pos del conocimiento y la claridad, liberándose de fantasmas y de creencias, de mitos y poderes. Él, sólo, en el camino del saber. Esas opiniones, digo, son, muchas veces, fruto de falsas filosofías, algunas de ellas, pretendían perseguir sólo la estética. Y esto es lo que ha ocurrid con el posmodernismo que nos ha llevado al fascismo de la mediocracia. Y los medios de comunicación amplifican esta mediocracia, y las nuevas tecnologías, amplifican, tanto la inteligencia, como la estupidez. Lo malo es que ésta última está más extendida. Cuidado con guiarse de la belleza, las ideas nacionalistas que aparecen en el XIX, son estéticamente bellas, además se exponen de forma mítica, haciendo recordar un pasado mítico paradisíaco que se nos robó. Esos nacionalismos románticos y heroicos han sembrado el siglo XX de cadáveres. No hay ideas intrascendentes. Todo tiene sus consecuencias. Hay que perseguir la verdad, la belleza y la justicia…por muchos matices que tengan. No defiendo la verdad, la belleza y la justicia como absolutos, sino como objetivos, que es distinto. Y el filósofo debe perseguir la unidad, una visión integradora del mundo y de la vida, que decía Unamuno, e intentar trascender la doxa, por eso la filosofía es paradoxa y saber radical, que decía Ortega. Y, por eso Ortega descalificaba a la democracia, porque el sujeto de éstas son las masas y éstas están deshumanizadas. Y la característica del hombre masa es la del señorito satisfecho. Un ignorante de toda la tradición occidental que se cree con todos los derechos, cuando estos han sido conquistados. Lo que no sabe es que estos derechos se les están usurpando y, mientras, se les engaña, con ese mito del respeto y equivalencia de las opiniones, con el mito, del hedonismo, lo importante soy yo mismo y mi placer. Éste es el camino de desaparición de la polis. Pues bien, todo esto, que anula al ciudadano y que nos impulsa hacia un fascismo político y hacia una dictadura del hombre masa, del señorito satisfecho e insaciable, a su vez, no es más que el fruto del posmodernismo. De la negación de los grandes relatos de occidente que han intentado dotar de sentido al hombre y a la humanidad. Después de haber conquistado el estado y la ciudadanía, estamos volviendo a la tribu. Curiosa contradicción ésta en una sociedad que se dice globalizada.

La polémica sigue siendo la misma que en la Atenas democrática. Retórica frente a dialéctica. Demagogia frente a conocimiento. Mediocridad frente a excelencia. Virtud frente a vicio. Política frente a virtud pública. En fin, la tragedia de la muerte de Sócrates. O la salida platónica: totalitarismo. O la de los cínicos escépticos y epicúreos: el individualismo.

La relación entre el relativismo y la democracia nos es isomórfica. Además habría que matizar lo que se entiende por democracia y lo que se entiende por relativismo. Incluso, podrían ser excluyentes. El relativismo moral y epistemológico entendido estos como la ausencia de criterio moral objetivo y de una verdad objetiva excluye la democracia y nos adentran en la demagogia y la tiranía. Si nos acercamos a los orígenes de la democracia en Grecia, veremos que ésta surge de la mano de la filosofía, es decir, del logos. Esto quiere decir algo importante. El pensamiento racional griego que hemos heredado la tradición occidental nace con la intención de explicar el mundo por medio de la razón. Es decir, que considera que el mundo es un cosmos un orden que se rige por la ley, el logos. La tarea de la ciencia es la de descubrir estas leyes. Lo que se desprende de est es que la physis, la naturaleza obedece a leyes intrínsecas, necesarias. Por ello, la naturaleza no es arbitraria ni obedece a la voluntad de los dioses. De esa manera nos vemos libres del mito y la superstición. Cuando surge la democracia en Atenas, ocurre algo parecido. De lo que se trata es que el poder emerge del ciudadano, el hobre libre. El hombre es e que se da a sí mismo la ley, no los dioses, ni el dinero, ni la fuerza. Así, el poder deja de ser arbitrario y alcanza su legitimidad en el pueblo. Bien es cierto que las leyes de la polis son “nomos”, normas producto del acuerdo, la convención; pero, en última instancia, objetivas. Lo del relativismo legó con los sofistas que sobre esta base montaron la retórica y su teoría del relativismo moral y epistemológico, en el que la verdad y el bien se convierten en algo subjetivo. De esta manera, el bien, la verdad y la justicia dependen del discurso. En última instancia, el poder reside en la palabra y ello es lo mismo que decir que en el más fuerte. Por eso la democracia ateniense degenera en demagogia. Y de ahí las denuncias y críticas de Sócrates y Platón. A democracia es el poder del pueblo, que es lo mismo que el poder de los ignorantes. Algo similar ocurre hoy en día. El pensamiento posmoderno defiende el relativismo y la irracionalidad. Y este discurso ha calado hondo en la sociedad. Porque se ha confundido el hecho de que las normas, los derechos, las leyes, son conquistas del hombre, con un fundamento histórico-pragmático, nunca absoluto, pero sí objetivo, con la subjetividad de que todo vale o la equivalencia de opiniones y culturas. Esto es un tremendo error porque supone el fin de la democracia en manos de la demagogia y el poder del más fuerte. Si toda opinión es respetable y todas son equivalentes, todo es subjetivo. Ahora bien, alguna triunfará. Y la que triunfa es siempre la del más fuerte, ya sea militar o económicamente hablando. La democracia no puede admitir de ninguna de las maneras el relativismo. Éste, por el contrario, es su fin, su sepultura y la coartada del poderoso. Otra cosa es que la democracia parta del supuesto, necesario, de que nadie tiene la razón. Por eso la base de la democracia no es el relativismo, sino el diálogo, palabra que en griego nos viene a decir que la razón, el Logos, está entre ambos. O, dicho de otra manera, que la razón, el lenguaje es el vehículo que nos lleva y nos une para alcanzar la verdad. Verdad que nunca será definitiva, ni absoluta, pero sí objetiva. El relativismo se convierte en dogmatismo, lo mismo que el absolutismo. Y frente a ello se enfrenta la ironía socrática, el sólo se que no sé nada. O la más actual, de Nicolás de Cusa, Docta Ignorancia. Por eso no se puede defender que la democracia participa del relativismo, ni de un sano relativismo. La democracia defiende la objetividad de las normas y el derecho, así como la universalidad de los valores humanos. Sin universalidad, que es lo contrario de relativismo, no hay posibilidad de democracia. Si no existe un marco general de referencia, no es posible el diálogo. Otra cosa es que a los poderes hegemónicos actuales le interese identificar democracia y relativismo, aunque se diga sano relativismo, porque ésta es la manera de contentar a todo el mundo. De hacer todas las opiniones equivalentes. Dicho de otra forma, es la manera sutil de dominar, de convertir al ciudadano en vasallo. Porque en última instancia el relativismo es la imposibilidad del dialogo, la eliminación del conocimiento y la sabiduría, el triunfo de la mediocracia y la barbarie. La crítica no es nueva, es lo que sucedió con la decadencia de Atenas y lo que Sócrates denunció en su polémica con los sofistas que, salvando las distancias, serían los posmodernos de ahora. *** "No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico." "La democracia ha surgido de la idea de que si los hombres son iguales en cualquier respecto, lo son en todos." "Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella." Aristóteles. Estas sentencias aristotélicas nos pueden hacer pensar sobre la democracia y la política. Para empezar es importante la imposibilidad de alcanzar la verdad total. Quien se cree poseer la verdad absoluta cae en el dogmatismo y éste genera totalitarismos políticos. La creencia en la verdad absoluta es el inicio de la perversión del poder. Hay que tener cuidado porque esto ocurre también en la democracia. Los mecanismos democráticos hacen caer en estos absolutismos, y aquí, ni siquiera porque se crea poseer la verdad, el cinismo político va más allá, sino por conveniencia de partido y de poder. Ahora bien, la verdad, desde la razón crítica es conquistable, es algo objetivo, no subjetivo. No podemos renunciar a la consecución del bien, la verdad y la justicia, aunque son inalcanzables, pero objetivos. Nuestras verdades y valores se van haciendo más universales a medida que nos alejamos del error. Por eso no hay gobierno perfecto. El gobierno perfecto es el que se cree en posesión de la verdad, es siempre una forma de totalitarismo. Ya hemos asistido a esto en el siglo XX, y lo estamos haciendo ahora con el neoliberalismo. Hay que aplicarse el cuento y recordar la sociedad abierta de Popper en la que algunos neoliberales se inspiran, pero porque no la han leído. Por eso la democracia es el mejor de los gobiernos, porque es el único perfectible. Y una de sus ventajas es la proclamación de la libertad. Pero esta libertad tienen su base en la igualdad. La igualdad es convencional, no ontológica o por naturaleza. La democracia es una forma de gobierno que trata a todos los ciudadanos como iguales a pesar de sus diferencias de partida. Es decir, igualdad de derechos, deberes y oportunidades. Pero, ¡cuidado! No caer ahora aquí en el igualitarismo ramplón que se nos vende en nuestras democracias caducas. Éstas confunden igualdad en la libertad, con mediocracia. Todos somos igualmente libres, pero no iguales. Ahora bien, la democracia debe impedir la lucha de todos contra todos, de ahí que la democracia sea un estado de derecho en el que el imperio reside en la ley. Pero, y esto no debe olvidarse, la democracia debe favorecer la excelencia, por medio de la participación, la ejemplaridad de la clase política y la educación. ¿A que las democracias actuales no tienen nada que ver con esto? Todavía nos enseñan los clásicos desde su tumba. Con lo modernos que nos creemos. *** Es un artículo excelente en el que se une la reflexión con los datos empíricos y con la demostración. Quisiera, porque estoy de acuerdo en lo esencial con todo el artículo, hacer unas apreciaciones sobre la cuestión ético-filosófica. El problema del derecho de los animales es una cuestión compleja porque la ética que tenemos hunde sus raíces en el pensamiento clásico según el cual sólo es un sujeto ético el que es un sujeto de deberes, es más, el ser moral es el ser libre que tiene capacidad de discernir, porque eso es un don divino. Así se explica el pecado original y nuestro sufrimiento, así como la moralidad en el hombre desde nuestra tradición religiosa. La tradición filosófica hace a la moral autónoma, pero el sujeto moral es el que tiene responsabilidad y libertad. Éste, digamos, es el paradigma clásico que necesita ser trascendido. Para empezar hay que saber que los derechos y valores no son absolutos, sino objetivos, pero conquistados por el hombre. Es decir, que no existen derechos naturales, ni son dones divinos. Son conquistas humanas. La ilustración, teniendo su base en la universalidad del hombre de los estoicos y en la fraternidad de la ética cristiana, universaliza los valores éticos y los derechos. Es decir, se comienza a vislumbrar que todos los hombres son iguales, que tienen sentimientos, sensibilidad y raciocinio, sean negros, blancos o amarillos. Es decir, que se empieza a contemplar todo esto como una realidad que se le otorga al hombre. Luego viene la caída del antiguo régimen que dió paso a la democracia o repúblicas que son las que pueden garantizar estos derechos universales conquistados. Y, desde entonces, estamos en ello. Y, como no son naturales, y el hombre es un ser tribal, antidemocrático, pues son muy difíciles de materializar. Después de dos siglos estamos en el comienzo. Con los derechos de los grandes simios ocurre lo mismo, después de la pruebas que tenemos de su capacidad de raciocinio, su empatía, su sensibilidad, su protocultura, pues es necesario señalar que sí son sujetos de derechos. Aunque no tengan responsabilidad de sus actos, relativamente, porque una mala acción en su grupo, no con el hombre u otros animales, es castigado. Pero lo mismo ocurre con las tribus humanas desde el principio. Se castiga el asesinato de uno del clan, pero se premia el exterminio de otro clan. Somos homínidos. Y en nuestro comportamiento sólo hay una diferencia de grado. Además nosotros, como se dice en el artículo, hemos profundizado tanto en la universalización de los derechos que protegemos a aquellos que no pueden ser responsables de sus actos, simplemente por ser hombres; en este caso, por ser sujetos de sensibilidad. Es la empatía la que nos permite llegar a esto, más la cultura adquirida durante siglos. Por eso es necesario trascender el viejo paradigma ético de la responsabilidad y el deber, a la sensibilidad y la empatía. Y, por otro lado, considerar que la universalidad de los derechos reside en una conquista histórica objetiva. Por eso decía Riechmann, en su primer volumen de la ética de la autocontención “Planeta vulnerable” que es necesario una segunda ilustración en la que los derechos se universalicen a la ecosfera. Y con esto paso a mi última reflexión. Una de las características de la acción ética es la responsabilidad. Pero el viejo paradigma nos dice que sólo somos responsables de los actos que tienen una repercusión en otro yo presente. Además el derecho se funda sobre este principio moral, no hay penas sobre los males que se pueden ocasionar en el futuro. Pues ésta es la línea de argumentación que Hans Jonas abre con su principio de responsabilidad. La ética tiene que abrir la responsabilidad hacia el futuro y así entraríamos de lleno en la ética ecológica. Somos responsables de nuestro entorno natural y de las generaciones futuras porque nuestras acciones repercuten sobre ellos a la larga, en el futuro. La legislación mundial y cosmopolita debe basarse sobre este nuevo principio universalista y ecocéntrico.

El que desconoce la filosofía se queda con la peor de todas ellas. La filosofía como una visión del mundo y de la acción está a la base de toda conciencia humana. Ser inconsciente de ella es ser profundamente ignorante de lo que somos. “Conócete a ti mismo”. “Una vida sin análisis no merece la pena de ser vivida.” Platón. Apología de Sócrates.

Estimada Judit, quizás tenga usted razón, y todo sea cuestión de terminología. Pero yo no lo creo así. Los psicólogos y pedagogos han creído encontrar en la noción de inteligencia emocional una panacea para la educación. Yo, lo que he dicho es que lo de la inteligencia emocional es una cosa sabida y aplicada desde siempre e, insisto, no ha sido refutado. Cuando usted dice que no existen programas de educación emocional o psicoafectiva, que me da igual, en las escuelas, pues, probablmente esté en lo cierto. Pero ese no es el problema del fracaso educativo. Sino que éste tiene un origen político. Y no sé porqué usted me dice continuamente que no hago mención de la política, si es lo único que he hecho realmente en este blog desde el principio. La raíz del problema es política, pero se apoya en una pseudociencia que es la psicopedagía. Y la base de ésta se encuentra en ciertos modelos científicos que son obsoletos y en ciertas epistemologías caducas. Y esto ya se ha analizado aquí, como le dije, pormenorizadamente. Puede que como dice usted coincidamos en los males, pero no en los remedios. No creo que una educación psicoafectiva solucione nada. Primero, cambiemos la ley, después, el modelo psicopedagógico en el que se apoya y, más tarde, ya hablaremos. Es más, su propuesta no es otra cosa que añadir, más de lo mismo, de lo que ya tenemos con el asunto de la dinamización, motivación y demás. Mi apuesta, como le digo, tiene que ver con la virtud y ésta, insisto, es fuerza y se consigue por medio del esfuerzo, el ejercicio y la autoridad. Todo ello, con una base emocional, sintiente, psicoafectiva, lo que sea, pero es imposible abandonar la autoridad, la disciplina y el conocimiento y todo ello desde la perspectiva del texto de Aristóteles que le cité. Y sí hay una discrepancia importante aquí, igual que hay un desconocimiento absoluto, por su parte, y no es retórica filosófica, como usted dice, de nuestra tradición occidental. Tradición que ha dado lugar a la ciencia, la técnica, el arte, la jurisprudencia, la ética, la política, la filosofía, la democracia y los totalitarismos. Entender esta tradición es entendernos a nosotros mismos. Ser críticos con ella, aprender de ella, reconocerla en nuestra actualidad. No se descubren mediterráneos tan fácilmente, casi no hay nada nuevo bajo el sol. Cuando uno estudia su tradición, en nuestro caso una tradición con tintes universales, se da cuenta de donde vive y desenmascara la ingenuidad juvenil, cosa que le ocurre a la psicopedagogía, que se cree descubrir mundos ya archiconocidos. Disculpe, pero creo que eso de la educación emocional no es más que otra muestra del pensamiento débil posmoderno. Por cierto, esto del pensamiento débil es filosofía, muy mala, eso sí, y muy peligrosa, pero omnipresente, y hay que conocerla para saber donde hunden sus raíces nuestras ideas, valores y programas políticos. Y eso es lo que pretendemos hacer, desenmascarar las apariencias. Y como todo pensamiento débil, la educación emocional no es más que darnos gato por liebre.

 

            Y, por último, insisto en lo de la política. Al poder le interesa la sumisión, de ahí el sistema de enseñanza que tenemos y de ahí que todo poder político y económico se preocupe por él. La preocupación fundamental del poder es la de la adaptabilidad y eso es lo que se pretende con la actual ley. Y, si por una desgracia, se pone en marcha eso de la educación emocional, no será para buscar la virtud y la excelencia, sino para clonar. Y los alumnos, futuros “ciudadanos” se comportarán obedientes y sumisos y se adaptarán perfectamente al mundo que se les ofrece que no es más que el desierto de lo real. Creo que coincidimos en las metas, pero discrepamos en los análisis y los caminos. Un saludo y gracias por su atención.

Estimada Judit,

Yo no he visitado tu blog, por tanto no sé si lo que usted vierte allí son sus impresiones o no. Lo que sí sé es que lo que yo escribo en el mío en los tres apartados, digamos de autor, Pensamientos contra el poder, publicado recientemente en papel 364 pp, Reflexiones de un francotirador, en fase de publicación y Reflexiones marginales, son fundamentalmente filosofía. En algún caso, sobre todo en el primero y el tercero, son impresiones particulares. En el primero porque se trata de un diario filosófico y en el tercero porque son al margen de algo, generalmente, comentarios. Y digo que son fundamentalmente filosofía porque son paradoxa. Es decir, la doxa es la opinión particular y consuetudinaria, la filosofía es paradoxa, el intento de trascender la opinión, particular, que viene a ser general. Pero, de todos modos, en mi quehacer filosófico aprendí que no se debe discutir sobre términos, sino sobre problemas. En cuanto a sus últimos comentarios creo que no ha entendido lo que yo digo, porque al final viene a coincidir en parte con lo que denuncio. Creo que usted no ha entendido mis dos artículos y que no maneja bien el principio de no contradicción, porque me acusa, en su primera intervención de violarlo, cuando no es realmente así. Por otro lado, y antes de entrar en el comentario de su intervención, le tengo que decir, que el debate no está en la calle, sino que actúa como modelo educativo. Y que la piedra angular de mis artículos es que lo de la inteligencia emocional no es algo nuevo, sino muy antiguo. Ahora bien, que hoy en día contemos con un amplio respaldo de las neurociencias, pues, por supuesto. Yo mismo he citado a ciertos autores imprescindibles. Por otro lado, usted creo que no entiende que la educación, y esto también está a la base, es un sistema de control. Y se controla por las emociones y sentimientos. Y conste que no le tengo reparo a estas palabras. No hay inteligencia ni conocimiento sin emociones y sentimientos. También tiene que aprender a distinguir, tanto en el ámbito neurológico, como en el filosófico y psicológico, lo que son los sentimientos de lo que es lo emocional. Además, insisto, en la psicología no se contempla el estudio de la voluntad, por la propia metodología de la psicología. Y como todo modelo pedagógico actual se basa en ésta, pues ha quedado fuera de la enseñanza, produciendo un tremendo daño, y esto no está en la calle, sino en la escuela. La voluntad: querer o no querer, no es el objeto de la educación, sino la motivación y dinamización. Todo ello basado, primero, en el conductismo y luego en el constructivismo. He dedicado dos artículos extensos en este blog a desentrañar los problemas epistemológicos de todo ello y a rastrear sus raíces en el pasado.

Pero vamos con su intervención. Dice usted que he montado un ruido del que he revestido mi artículo sobre los psicopedagogos. Pues, claro, es de estos de donde viene la farsa de la inteligencia emocional. Y llamo farsa porque es algo ya muy conocido. No hay educación ni conocimiento sin emoción y sentimiento. Y esto lo he probado y nadie me lo ha falsado. No pongo en cuestión las neurociencias, al contrario, he encontrado una base empírica, como hace Damasio, para el estudio de las pasiones. Cuestión fundamental en la ética. Ya el viejo Aristóteles decía que la ética no es un conocimiento teórico, sino práctico, depende de la acción. Saber qué es la virtud no te hace virtuoso, es necesario el ejercicio. Pero para este ejerció es necesario la valentía, la voluntad. Fuerza. Y todo ello va, como dices, de dentro a fuera.

Primero, no entiendo esa paradoja que señalas. Yo digo que la educación es la consecución de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y ello requiere del dominio de las pasiones. Usted dice que todos estos valores son sentimientos. Efectivamente, lo son, pero no emociones. Las emociones son primarias y animales, residen en el sistema límbico. Los sentimientos son producto de la interacción con los lóbulos frontales, por tanto, de la educación. Pero, además, te proporciono un argumento más, pragmático histórico. Los valores, que asumimos por los sentimientos, de fraternidad, libertad…son una conquista histórica y biográfica. No nacemos con estos sentimientos, requieren de la educación. Y el conocimiento, de la historia, la filosofía, la literatura, las humanidades en general, así como la historia de la ciencia, nos acercan a esos sentimientos, emociones domesticados. Son más que sentimientos, valores. Por eso forman parte del ámbito de la filosofía, la ética, en concreto, no de la psicología. Son valores porque son guías de nuestra acción. Pero, primero debemos aprehenderlos. He puesto la h porque es decisiva.

La segunda contradicción, o error fundamental es, simplemente, un invento de usted. Vamos a ver, yo sostengo que la escuela es el vehículo de, digámoslo así, domesticación. Ahora bien, mi ideal educativo es que la educación debería perseguir la ilustración, con todo lo que ello significa. Su error grave es que confunde, o no es capaz de distinguir, dos niveles en la lectura. Por eso, luego, viene a mantener lo que yo digo, pero mal expuesto. En fin. Después, estando, como digo de acuerdo con lo que expone, viene a insistir en lo de máximas cuando habla de libertad,… mejor prefiere llamarla metas. Ahí estamos de acuerdo. Pero, como le digo, tienen un nombre y se llaman valores. Los valores son accesibles de dos formas, intelectualmente y por mimesis. Ambos métodos tiene a la base los sentimientos, por el hecho, simplemente, de que el hombre es un animal social. Pero, insisto, es ineludible el estudio del conocimiento, a nivel de conceptos, para que sean accesibles estos valores. El conocimiento, por sí mismo, muestra esos valores.

Y mi tercer error. No me entero, ahora resulta que el defensor de la inteligencia emocional soy yo. No es eso, se confunde usted de nivel. Precisamente lo que es el gran proyecto de la humanidad es el proyecto ético en el que estamos embarcados desde los griegos y que recuperamos en la ilustración. Y le insisto, la ética es conocimiento, emociones, sentimientos y valores. Insisto, el hombre es fundamentalmente pasional. La razón, que siempre, por el paradigma científico que se inaugura en el renacimiento, se ha entendido como lógico-matemática es mínima y, además, ésta también está calada de sentimientos. Sólo basta echar un vistazo a las biografías de los máximos científicos. La razón es más amplia que la razón matemática y la culminación de la razón es la razón ética. El gran proyecto de la humanidad, en el que por supuesto participa la ciencia, la tecnología, la política, la jurisprudencia…es el proyecto ético.

Y usted dice:

La educación emocional pretende encontrar el equilibrio entre el razonamiento y la emoción, porque lo que sí está científicamente demostrado a través de la neurociencia y del empirismo es que ambos interactúan en nuestra vida cotidiana.

Su error grave, no el de los estudiosos, neurocientíficos, es separar razón de emoción. Hay unión, lo que sucede es que la educación, y debido a la plasticidad del cerebro, va modelando, digámoslo así, el cableado, y creando y recreando nuevas redes neuronales. Su error procede de una visión de la razón anclada, como le dije, en el paradigma de razón matemático-lógica. (En las primeras páginas de Inteligencia emocional de Goleman esto queda absolutamente claro. Pero, mejor, leer a José Antonio Marina) Tampoco me gusta lo de científicamente demostrado. Eso es una coletilla que, permítame, debe obviarse. Se puede hablar de contrastación, grados de corroboración y, además, hablando de niveles neurofisiológicos y bioquímicos. De ahí, a una generalización psicológica y una ideología, que pretende pasarse por científica, pedagógica, va un trecho importante que el método científico impide.

Y, por último, como parte de un error hace usted un gazpacho entre libertad y libertinaje, igualdad, egoísmo, en fin, que no es necesario comentar. Pero es curiosa una cosa. Coincidimos en los valores falsos que proliferan en la sociedad y que la educación debe resolver. Lo que ocurre es que su perspectiva, como he señalado, no es innovadora y que sería mejor un regreso a la ética de Aristóteles, Spinoza y Kant. No por muertos y viejos tienen menos razón.

Y termino con un texto del viejo Aristóteles en el que habla del origen de la ciencia. Usted misma puede juzgar si se puede separar el conocimiento de los sentimientos.

“Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron; en efecto, los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia…Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe…Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el afán de conocimiento y no por utilidad alguna.” ARISTÓTELES. Metafísica.

Llevo veinticinco años comentando este texto con mis alumnos.

P.D. Siento decírselo pero mi lectura sobre inteligencia emocional no fue superficial. Como filósofo de la ciencia leo asiduamente a los científicos y el tema de la vida y la inteligencia ha sido una de mis constantes.