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Filosofía desde la trinchera

Reflexiones marginales

La ironía como forma de enseñanza

La ironía es el instrumento intelectual del filósofo. Por medio de ella podemos destruir el dogma. De lo que se trata es de mostrar que no existen pensamientos completos, que todo pensamiento es fragmentario, no en el sentido de los posmodernos, sino de los escépticos. Se llega a la ironía por medio de una buena dosis de escepticismo. Pienso que la ironía es la actitud que está a medio camino entre el sarcasmo y el cinismo, entendiendo este último en el sentido peyorativo, no en el filosófico. En el filosófico identifico sarcasmo con cinismo.

 

            La ironía es el escarpelo del intelectual. Nos permite ver más allá de lo inmediato. La ironía es la duda que se le ofrece al dogmático para salir de la cerrazón de su pensamiento. Es apertura a las nuevas posibilidades. Es la contingencia del pensamiento y los límites de la razón. Por eso la ironía surge con Sócrates. Cuando la razón había sufrido un fuerte varapalo con los sofistas que la llevaron al relativismo. No confundir relativismo con escepticismo. El escepticismo necesita de la ironía, porque ella es una forma de duda frente al pensamiento único. El escepticismo no es negación, esto es nihilismo y cinismo, sino búsqueda a partir de la duda. La ironía es el estado mental que nos permite la duda. La ironía es distancia frente a las verdades establecidas. Y ello requiere que no nos tomemos demasiado en serio. El problema es el de la creencia. Ésta otorga seriedad, rigidez, una mirada angosta, pero que pretende ser total y única. La ironía es la actitud que nos vacuna contra esta enfermedad del alma. La ironía es alegría y liberación por eso Sócrates anda, aunque preocupado por la virtud pública, despreocupado, de todo lo que todo el mundo piensa que es lo importante. Por eso la vida de Sócrates es alegría de vivir. Es el secreto que Buda adquiere también, y no precisamente en el camino de la abstinencia y el ayuno, sino en el de la vida y su disfrute moderado. La ironía nos enseña que nada importa demasiado y que de nada demasiado. Es moderación, alegría, socarronería, complicidad, reconocimiento del límite humano, de nuestra contingencia. Por eso es un antídoto contra el dogmatismo, la creencia y el fanatismo. La ironía requiere del ejercicio de la duda, pero no renuncia a la búsqueda del conocimiento, ni al poder de la razón, aunque sabe de sus límites. Es la actitud que nos lleva a afrontar dignamente la docta ignorancia. Pero insisto en que la ironía nos permite luchar contra el dogmatismo sin renunciar al poder de la razón y a la posibilidad de alcanzar la virtud y cierto grado de conocimiento. El cínico, sobre todo en su versión política y posmoderna, es un dogmático nihilista, que niega la posibilidad de la virtud, la ética y el conocimiento y se instala en la clandestinidad del todo vale. El cínico traspasa la ironía y niega la docta ignorancia. Al admitir el relativismo, admite que todo vale. Se encuentra en una contradicción tremenda. Su defensa del relativismo le lleva al absolutismo del poder. Por ello el mejor ejemplar del cínico es el político, que creyendo que nada es verdad y todo vale, defiende en última instancia que la verdad reside en el poder, por eso, desde su atalaya, se ríe del resto de sus congéneres y los considera ilusos. De ahí que se arrogue el derecho de manipularlos, engañarlos y domesticarlos. Y ése es el peligro que Sócrates vio y lo entendió como degeneración de la democracia. Por eso introduce su aguijó de tábano, para despertar las conciencias. No todo es posible, no todo se puede defender. El poder no es la verdad, la retórica y la demagogia dependen del más fuerte, pero el bien de la polis depende del hombre más justo. Y para eso es necesario poner en cuestión al sofista, al político y al poeta que se dedican a engañar al ciudadano con bellos discursos. Sócrates no renuncia a la verdad, ni a la virtud, reconoce su ignorancia; pero ello le impulsa al conocimiento, no al relativismo y el cinismo que de ello se sigue. Y para eso tiene que desenmascarar al poder. Y ése es el ejerció de la ironía, ejercicio sumamente peligroso, en su caso le cuesta la vida, en general, al que la ejerce le cuesta, la soledad, la incomprensión y, en definitiva, el ostracismo. Sócrates es un tábano, molesto, pero necesario. Es imprescindible que el ciudadano salga de ese estado inconsciente y encandilado en el que el poder lo tiene a base del engaño. Por eso la ironía es el aguijón del sabio. La ironía abre una brecha en nuestras certezas y seguridades, nos compromete porque nos hace ver en nuestro interior. Pero siempre se ejerce dulcemente, desde la sonrisa: Sócrates, Buda. Por su parte, el sarcasmo, participa ya, de alguna manera, de la desesperación. Es lo que le ocurrió a la corriente directamente sucesora de Sócrates, los cínicos. Estos desesperan de que se pueda construir una polis justa. A los ciudadanos no se les puede despertar ya con un suave aguijoneo, necesitan del sarcasmo, de la burla brutal, es tal su estado de somnolencia, engaño y autoengaño. Esa es la terapia de los filósofos cínicos, la burla, la agresión intelectual, el escarnio. Pero no porque estos hayan perdido la confianza en la mejora del hombre. Todo lo contrario. Quieren hombres de verdad, no caricaturas, ni marionetas. Por eso los cínicos filósofos desconfían absolutamente del poder, porque el poder corrompe, pero no sólo al poder, sino a los que son manejados por éste, porque en definitiva el hombre busca prebendas en el poder, se hace súbdito el sólo. De ahí que los filósofos cínicos sean unos escépticos casi nihilistas, en cuanto a la posibilidad de una sociedad justa, sólo creen en el hombre en tanto que posibilidad que no debe regirse por la ley de los hombres, sino por la de la naturaleza. Los filósofos cínicos apuestan por el individualismo radical, he aquí su contradicción, el hombre sin sociedad es imposible. Pero el hombre no es un animal social como las hormigas, sino sociablemente insociable, que diría Kant. Por eso la ironía socrática, como ejercicio del sano escepticismo, es una actitud más realista. Y por eso se encuentra entre el nihilismo al que nos aboca el cinismo del poder y el individualismo, algo exagerado, pero excelente antídoto contra el poder, de los filósofos cínicos.

En torno a "El club de los poetas muertos"

Vamos a ver, dije que no quería polemizar. La interpretación que propongo es absolutamente legítima. Es más, aún coincidiendo con lo que se viene diciendo por aquí, y yo mismo lo he defendido en mi artículo, así como en todas mis intervenciones en el blog, no se demuestra la falsedad de mi interpretación. Creo que se confunden diferentes niveles, Uno es la valoración de la película, y, dentro de ésta, la valoración, de Robin Wiliams como protagonista. Otro nivel es nuestro pensamiento sobre los errores en la educación y nuestras propuestas.

 

            Empecemos por el principio. Creo que la película no es una buena muestra en el sentido de que pertenezca al séptimo arte. Tampoco veo un alegato educativo claro en ella, con su programa y sus principios. Hay que entender una cosa, y esto lo digo por los que se ensañan demasiado con ella. Vamos a ver, no estamos ante un tratado ni un ensayo que sí es criticable argumentalmente. Estamos ante el arte, aunque la película no de el nivel, por supuestísimo. Y el arte muestra, no demuestra. En la película aparecen temas muy claros y bien marcados. Pero se apuntan cosas más complejas. Tampoco podemos simplificar, como en muchos de los comentarios se ha hecho. La película en mi caso sirvió para hablar de la ilustración, como aparee en mi artículo. Y creo que nadie puede demostrar lo contrario. Ésta es la ambigüedad del nivel de la mostración. Considero que el valor de la autonomía, regirse por uno mismo es importante. Y considero que aparece un tema crucial sobre la naturaleza humana. El problema de la sociable insociabilidad del hombre, aquello que decía Kant, o la paradoja de Hume: el hombre, lo que más valora es la libertad pero en pos de la seguridad renuncia a ella plácidamente.

 

            Desarrollo un poco estas cosas, aunque Robin Williams contamina toda la película con su sensiblería y la vuelve débil y pasional, no quiere ello decir que, por debajo no se pueda encontrar algo para reflexionar. Y aunque los nuevos pedagogos vean un ejemplo en esta película, no es más que superficial. Por eso creo que los análisis contra ella son superficiales. Quizás lo mejor será, ya que no es una obra maestra del cine, pues no decir nada. No creo que la película por sí sola haga excesivo daño. Las causas del malestar en la educación y en la sociedad en su conjunto los hemos analizado aquí muy detenida y  pormenorizadamente, y seguiremos haciéndolo. No creo que haya que perder el tiempo en este tipo de películas y polémicas, para, en el fondo, decir lo mismo. Pero, como se han dicho tantas cosas, quiero yo explicarme algo más. Maximiliano, por supuesto que me quedo con John Ford, en cualquiera de sus películas hay más enjundia ética que en toda la educación para la ciudadanía junta, efectivamente. Y este maestro del cine, como el Western, es para mí una debilidad. Y, entre otras cosas, por el mensaje moral. Por lo de la moral del héroe, del que abre camino, por el ser de frontera, tanto física como moral. Ese héroe en el que se produce la contradicción de la sociable insociabilidad humana. Ese héroe primigenio que trae la civilización, pero que al llegar la sociedad, al normalizarse su moral, pasa a ser un exiliado, un solitario, o, incluso, un forajido, un fuera de la ley… el western está plagado de estos ejemplos. Ya mencioné también aquí el diálogo final de los siete samuráis…”al final siempre vencen los campesinos”, la moral inferir, la hipocresía, el miedo, el rencor, el resentimiento…en definitiva. Y esto es una de las cosas que quería señalar.

 

            Al principio de la película se contraponen el modelo tradicional de enseñanza basado en la excelencia, el trabajo y el esfuerzo. Pero, el problema es que el vehículo de transmisión de estos auténticos valores, no es la verdadera escuela, sino una sociedad de poderosos e hipócritas, que sólo quieren poder y ocultar sus debilidades. Por eso no aplican disciplina, ni esfuerzo, sino la fuerza arbitraria, porque desconfían, en definitiva, de su virtud, de su autoridad y, en fin, de su excelencia. Pero su poder y su situación se conservan por la tradición. La fuerza de la tradición, la sociabilidad del hombre a la que no podemos renunciar. La que nos arrastra y anula nuestra individualidad. Por otro lado, aparece el nuevo profesor, con los nuevos métodos, e ideas, en verdad, impracticables e inservibles. Muchos de ellos, meras payasadas. Pero hay un trasfondo, no hay que quedarse sólo con la melodía, hay que ir a la letra, no hay que mirar el dedo, sino la luna. Hasta una mala película nos puede hacer pensar, sobre todo si uno está explicando a Kant, como me ocurrió a mí cuando escribí mi artículo hace cinco o seis años. Este profesor algo payaso, anárquico, representa, como he intentado explicar, algo importante. El principio de autonomía. Frente a la tradición está la creación. Frente a la sociabilidad del individuo está la libertad del ciudadano. Creo que éste es el antagonismo que subyace a toda la película, que no es más que el antagonismo de nuestra propia naturaleza. La autonomía es el canto de la libertad. Pero ésta no se consigue sin el esfuerzo, sin ser capaces de apartarse del grupo, sin caminar por uno mismo, sin miedos. La autoculpable minoría de edad es la pereza y la cobardía, al decir de Kant. Este nuevo profesor enseña a vencer la pereza y el miedo, a tratar de ser uno mismo, no sin esfuerzo. Y nosotros sabemos, que los métodos que apareen en la película, son paparruchas, y que alimentan a los nuevos pedagogos. El método real es el del conocimiento y el conocimiento exige disciplina y esfuerzo y es lo que nos llevará a la virtud que solo se conquista por la libertad y en la libertad, autonomía.

 

            Creo que al final de la película, en su fatal desenlace, es donde reside esto que vengo diciendo. El suicidio de uno de los alumnos no es más que la prueba del poder de la tradición, o estás en ella o condenado al ostracismo. No hay virtud ni excelencia en esa tradición, hay máscara e hipocresía, ocultamiento de la debilidad y la verdad, como queda reflejado en el padre del suicida. Éste no ha sido lo suficientemente fuerte. Y luego quedan los compañeros, que se van doblegando, cobardemente, al poder de la fuerza. Un poder arbitrario. No es la excelencia, lo que los convence, sino el miedo, que es el sistema de control que utiliza la tradición. Pero es que nuestra naturaleza nos impele a ello. Nuestra sociabilidad nos hace gregarios y obedientes, nuestra insociabilidad, libres y solitarios. Todos tenemos que bregar con esta tensión interna y de elegir el justo medio en cada momento depende nuestra virtud y libertad. El peso de la tradición ha doblegado a los alumnos, que en definitiva, lo que aceptan no es un mundo más justo y mejor, sino pertenecer a esa clase elegida, no por ser los mejores, los excelentes, sino, en este caso, los más ricos y que supuestamente encarnan los valores de los elegidos, pero que guardan muertos en sus armarios. En definitiva, lo que han elegido es la adaptación, han renunciado a ser sí mismos. Y es la adaptabilidad y la obediencia la forma de transmitirse la tradición. Y eso, curiosamente, es también lo que sucede en nuestra tradición, la neoliberal. El valor fundamental de la nueva universidad a la boloñesa es la adaptabilidad a la sociedad del cambio. Es decir, el aborregamiento, la obediencia y la ausencia de crítica. La tradición se perpetúa a través de un sistema de valores a los que se obedece ciegamente, funcionan como creencias en las que se está, no como ideas. Bien, el sujeto libre tiene ideas, ejerce la crítica y ello le puede llevar a la soledad y al ostracismo, por eso requiere de valentía. Por eso pierden los samuráis y los viejos pistoleros se retiran a vivir fuera de la ley, ley que ellos, han creado, esa es la paradoja.

Mario, creo que hay algo en lo que te equivocas. A mí no me dan ninguna pena esas personas que viven instalados en la cobardía, o peor aún, los hipócritas y cínicos que ocupan el poder. No, lo que pienso es que el esfuerzo de la ilustración tiene que alcanzar a todos. Si queremos conseguir una democracia mejor, debe ser para todos, aunque muchos sean indiferentes y pasivos. Pero lo que sí es necesario es terminar con la clase que parasita el poder y con la locura de distribución del capital o la riqueza, eso sí. Una democracia garantiza un estado de derecho, igualdad ante la ley, esto es necesario, porque si no la ley es arbitraria y entonces caemos en la tiranía. El hecho de que haya muchas personas cómodas, o cobardes, no implica que no haya que luchar por un estado de derecho más desarrollado y participativo. Otra cosa importante que para mí es una guía ética y política. Decía Terencio, “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” Nadie está limpio ni es absolutamente virtuoso, en nuestra vida hay una tensión constante entre vicio y virtud. La sabiduría consiste en ir dominando el vicio, es insuprimible, va con nosotros. El dominio del vicio exige la fuerza, que es la virtud. Y, como nada de lo humano me es ajeno, no podemos perder la empatía que, en definitiva, es lo que nos permite sobrevivir y genera el altruismo: ser capaz de ponerse en el lugar (intelectual y sentimental) del otro.

Creo que es importante señalar que gran parte del malestar en la enseñanza la tenemos los propios profesores. Esto es lo mismo que ocurre en la sociedad en su conjunto. Los males sociales tienen mucho que ver con la connivencia de los ciudadanos, sobre todo, cuando estamos en democracia, en la que la participación del ciudadano se le supone. No es así el caso en las tiranías en las que es necesaria una revuelta violenta y sangrienta para cambiar el orden. El problema reside en nuestra propia naturaleza. La clave está en la obra de La Boête, La servidumbre humana voluntaria. Renunciamos a nuestra libertad por la seguridad, o, como decía Kant, preferimos la obediencia a pensar por nosotros mismos y actuar en consecuencia, por pereza y comodidad. Pensaba que el camino del conocimiento nos llevaba a la libertad de pensamiento y de acción. Pero esta unión, fruto del optimismo ilustrado, después de doscientos años, no está tan clara. Por naturaleza somos animales gregarios y actuamos como tales. La democracia y sus valores éticos son conquistas históricas, pero no eliminan la naturaleza humana. Bastante es que podemos gozar de un estado de derecho, precario, pero estado de derecho, sin participar para nada. Es curioso que quizás hacia esto se dirija la democracia. Probablemente ésta esté desapareciendo. Su transición, o bien es hacia un fascismo y tiranía o hacia una forma de estado de derecho en el que la relación entre los gobernantes y los ciudadanos sea inexistente. Ya ocurre algo parecido. La democracia como forma de gobierno ha tenido su principio, y tendrá su final. Si, al menos, conservamos los valores éticos que porta la democracia, estaríamos bien, pero me temo que la degeneración de la democracia nos puede llevar más fácilmente al fascismo.

 

            Y todo esto lo vengo a decir porque es propio de nuestra naturaleza humana el optar por la servidumbre, son siempre unos pocos los que optan por la libertad. Y según las circunstancias serán héroes, mártires, solitarios, marginados, raros,…en fin todo depende del mundo que les toque vivir. Por eso tampoco es menester darse tantos golpes de pecho, esto me suena a cristianismo. Como decía Nietszche, no nos veremos libres de dios mientras no nos veamos libres de la gramática. Dios, y todo lo que significa está en nuestro lenguaje y nuestra cultura. El sentimiento de culpabilidad es una de las herencias cristianas que más daño han producido y más esclavitud y dominación. La sumisión, la cobardía, la comodidad, la servidumbre, todo ello es propio de nuestra naturaleza, también la rebeldía y el heroísmo, pero lo que no se puede es caer en el sentimiento de culpabilidad que al final nos frustra e impide la acción. Es necesario despertar las conciencias, hacer un uso público de la razón, todo está bien. Pero siempre habrá siervos y señores. Y, también, espectadores.

 

            En cuanto a lo que sucede en filosofía, pues nada nuevo con respecto a lo de otras asignaturas, igualmente desvirtuadas. Y lo hemos aceptado, por lo mismo, inconciencia, comodidad, cobardía… Pero sí veo algo mucho más grave en la filosofía. Gran parte de la filosofía actual es posmoderna y fundadora de los valores del posmodernismo. Los profesores han transmitido estos valores, los filósofos más importantes los han canalizado socialmente y han servido de ideólogos del poder. Los filósofos son tremendamente responsables de la situación de penuria actual del pensamiento. Son creadores y propagandistas del pensamiento débil, relativista y posmoderno. Y de resultas de todo éste “pensamiento” tenemos la enseñanza que tenemos. Porque el fondo ideológico es el posmodernismo. Urge, pues, la recuperación de un pensamiento fuerte, la recuperación de los grandes relatos de la humanidad, de la civilización occidental, de Europa, en última instancia. Urge la recuperación del Logos, la razón crítica, los valores clásicos de la democracia ateniense: isonomía, isegoría y meritocracia y los de la revolución ilustrada. La profunda crisis a la que asistimos es una crisis del pensamiento que hunde sus raíces al final de la segunda guerra mundial. Todos los que nos dedicamos al ejercicio de la razón, del pensamiento, tenemos la responsabilidad de recuperar este uso crítico de la razón, poner orden y cordura en el desaguisado posmoderno que hemos ayudado a crear.

Estimada Rebeca, creo que tu reflexión no es correcta, además de que mezclas algunos conceptos. Como te decía, coincido contigo en el asunto ideológico en el sentido de que gran parte del discurso ecológico y ecologista es distracción, religión, vamos ideología o alienación. Eso es cierto. Por eso me ha parecido importante el libro que comento, que señala que el verdadero problema es el hambre. Lo que sucede es que yo, en mi escrito, he ligado esto al sistema de producción que tenemos, en el que manda, no sólo el capital, sino el capital financiero. El capitalismo salvaje o sin bridas. Y de estos es de los que sale la ideología, tanto del ecologismo, como la negacionista. Hay un conflicto de intereses. Hay un dato importante. La derecha neoliberal, negacionista, se ha reunido para afrontar los retos del cambio climático; es decir, su política negacionista no funcionaba, porque el cambio climático es un hecho, como probaré después, no una teoría, y lo que pretende la derecha económica es adaptar el sistema de producción capitalista, basado en el principio del crecimiento ilimitado, que viola el principio fundamental de la naturaleza, la segunda ley de la termodinámica, al cambio que se puede producirá en la producción agrícola, en los recursos energéticos, en las migraciones ecológicas y todo esto ya existe. Es algo que se nos viene encima. Por ello, los partidarios del neoliberalismo consideran que hay que adaptarse al cambio, no transformar el sistema de producción y el modo de vida, que sería lo justo. No se trata, como tú dices, de cuidar la tierra, sino de convivir con ella. El paradigma que subyace a eso de cuidar la tierra es la del dueño y señor. El hombre es una especie más entre las miles de millones que ha habido, hay y habrá, y a la naturaleza le es absolutamente prescindible como cualquier otra. Por eso pienso que el problema no es ecológico, sino humano. Lo que se pretende es la supervivienda del hombre con una alta calidad de vida, que no quiere decir de lujo y consumo, sino de desarrollo humano. Y esto ahora mismo no existe, pero puede ir a peor. Más de 2000 millones de personas pasan hambre, la mitad de la población mundial no tiene acceso al agua potable, pero se le quieren vender ordenadores…y no sigo por aquí porque la verdad se confunde con la demagogia. Esto es, hoy en día, hablar con claridad, es demagogia, es un problema orwelliano.

 

            El problema del cambio climático es la punta del iceberg de un problema humano que arranca desde el neolítico. Y es que a partir de aquí se rompe la relación equilibrada entre la especie homo sapiens y la naturaleza. El hombre domestica a la naturaleza y ello hace posible un crecimiento sorprendente de la población, de tal forma que, sin esa explotación, es imposible seguir manteniendo a la población en aumento. Desde hace diez mil años para acá todo ha seguido creciendo y se ha construido un sistema tecnocientífico e industrial que permite un máximo aprovechamiento de los recursos, pero estos son limitados. La población humana sobrepasa la sostenibilidad. Desde hace diez mil años la población se hace insostenible. La cultura, con su fondo mítico-religioso, justifica el sistema de relación del hombre con la naturaleza así como la relación entre los géneros y las relaciones de trabajo. Y, lo peor, no hay vuelta atrás. El ideal idílico de la vuelta a la naturaleza del ecologismo no es más que el mito del paraíso. Como religión, ya ves, tiene su mito del origen, y su mito del Apocalipsis. La cuestión es que la adaptación del hombre a la naturaleza es su transformación. Todo lo que el hombre hace es por sobrevivir, pero lo hemos hecho muy mal, por dos razones. Primera, agotamos los recursos de los que vivimos y, segunda, los tenemos muy mal repartidos.

 

            El calentamiento global es fruto de esta transformación, como decía, una consecuencia. Desde que empezó la tala de árboles comenzó el calentamiento. Puedes consultar un artículo a este respeto en el número monográfico sobre cambio climático en la muy acreditada Investigación y Ciencia. El calentamiento del planeta es uno de los factores que indican la transformación de la biosfera por la mano del hombre. El calentamiento actual, es un hecho, no una teoría, su origen es antropogénico. Por su puesto, esto no se puede asegurar al cien por cien, porque violaría el propio del método científico. En ciencia toda teoría es una hipótesis, una conjetura, no una verdad definitiva. Es cierto lo que dices al final de que el CO2 es necesario para la vida, pues el efecto invernadero hace que no se vaya el calor de la tierra. Claro, pero esto es demagogia. Efectivamente, pero eso no implica que aumentar la concentración de ppm en la atmósfera sea bueno para la biosfera, aunque a ésta le da igual, no es un sujeto moral, pero a nosotros no nos viene nada bien. Es cierto, como mencionas que habría tierras ahora frías, que serán cultivables, pero una gran parte de las zonas templadas serían desérticas. Mejor no hablar de las peores predicciones de científicos independientes. El índice de CO2 en la atmósfera (ppm) ha ido aumentando gradualmente a medida que ha ido aumentando el uso de energía fósil, tanto por la industria, como por uso doméstico o por el transporte. Pero esto es inevitable. Mi diferencia con los ecologistas es que no se trata de destruir, sino de innovar tecnológicamente y eticopoliticamente. Además, has de tener en cuenta que el índice de aumento de la concentración de CO2, se hace con estudios desde hace miles e incluso millones de años. Hace mas de doscientos millones de años se alcanzó más de 800ppm. El resultado fue un calentamiento que redujo considerablemente la biodiversidad. De todas formas, ni una hecatombe nuclear acabaría con la vida, las bacterias seguirían existiendo y volvería a aparecer la complejidad de la vida. Hay que relacionar el aumento de CO2 con, la disminución de los glaciales, con la acidificación de los océanos, la disminución del fotoplactón, la reducción de los casquetes polares, la disminución de la biodiversidad -estamos asistiendo a la sexta gran extinción terrestre, la mayor y de causa antropogénica, lo malo es que se puede llevar por delante al propio hombre-, el cambio de hábitat en muchas especies que obedecen un parámetro fijo de temperatura, la deforestación de los trópicos… Existen estudios correlativos de todos estos datos. Y todo apunta a una serie de efectos sinérgicos difícilmente predecibles.

 

            El cambio climático es un hecho, las teorías son las que deben intentar predecir cómo evolucionará y qué consecuencias tendrá. Pero una cosa sí es cierta, es más fácil predecir el clima que el tiempo. El tiempo es la variabilidad dentro de un mismo clima, lo que nos dicen para dentro de unos días, aquí la teoría del caos tiene mucha fuerza: una pequeña causa puede producir un gran efecto. En cambio, el clima es más predecible. Es un todo. Eso sí, es cierto, que también se basa en ecuaciones de la teoría de la complejidad y del caos. Pero hay una cosa importante, contamos con la geología climática, la que estudia por medio de prospecciones los diferentes climas en las diferentes edades de la tierra. Todo deja su huella. Y esto es de una gran ayuda para la predicción.

 

            Señalas una cosa que es también importante sobre el efecto invernadero y es la existencia de otros gases, así como otros que producen mayor efecto invernadero. Es cierto, pero hay dos cosas importantes que hay que señalar. La primera es que el CO2 es el procedente de nuestro sistema de producción, fundamentalmente, de los recursos fósiles y la deforestación; es decir, la eliminación de los sumideros naturales, como los bosques o los manglares y el fitoplactom. Y, como esto es así, pues se pone más atención en este gas. En segundo lugar, también está la propia divulgación periodística, que no científica, que han hecho mucho hincapié en ello. Ésta es la explicación. Es cierto que el video de Al Gore, es alarmista, aunque yo no lo veo tanto. Para mí el problema es que hace sentirse al ciudadano culpable. Y esto no es así. Y ahí creo que estamos de acuerdo. El cuestión es un problema, por un lado, de sistema de producción y justicia social y, por otro, de quién manda. El video señala problemas objetivos, con cierta manipulación, en tono divulgativo, con un aparato científico débil, pero objetivo. El problema es que produce miedo, por un lado, y, por otro, sentimiento de culpabilidad. Es decir, que el problema recae sobre la ciudadanía. Y esto es una forma de control. Creo que ahí coincidimos. Pero de esto, a negar el hecho del calentamiento, más las innumerables transformaciones de la biosfera por la mano del hombre, va un abismo.

 

            Otra cosa que señalas. El IPCC no creo que sea tan malo como tú lo pintas. Además caes en contradicción y en una teoría conspirativa. Vamos a ver, si no se hace nada es porque a todos esos señores que tu señalas están ahí por interés propio para que no se haga nada, para tomar el control del relevo en las nuevas tecnologías y demás. Por otro lado, las previsiones del IPCC son muy suaves, para los riesgos que se pueden correr por los efectos sinérgicos del propio cambio climático. Creo que son tremendamente conservadores. De lo que se trata es de lo contrario, por eso veo una contradicción en tu exposición. Los que controlan los estados, la ONU, etc., y tú lo señalas, son los grandes inversores, el capital financiero, las grandes multinacionales globalizadas digitalmente y físicamente a base de mano de obra barata y explotación en régimen de semiesclavitud en los países pobres. A éstos no les interesa para nada el cambio de paradigma en la economía ni en el sistema de producción. Y lo que hacen es mantener un gran engaño para seguir acumulando riqueza. De paso, nos dominan con el miedo y nos hacen responsables de los problemas ecológicos y económicos. Lo estamos viendo ahora, el problema económico es un problema sistémico, y ellos son los culpables, sin embargo han embaucado al poder político y lo hacen sentirse culpable. Y, los estados, asumiendo esa culpabilidad les dicen a sus ciudadanos que se aprieten el cinturón, cuando cada vez hay más gente en los países desarrollados que pasa hambre. El problema económico es el mismo que el ecológico. Para que se entienda esto hace falta una nueva izquierda, un nuevo ciudadano y una nueva forma de hacer política. Creo que sólo nuestra tecnología, el conocimiento, nos puede salvar, pero éste debe estar dirigido al hombre, la humanidad, no al lucro y el bien de unos pocos. Creo que todo eso que se viene diciendo en contra del cambio climático no son más que cortinas de humo, algo así como el creacionismo frente a la evolución. Ésta última es un hecho, hay diferentes teorías para explicarla, y aún queda mucha tarea por hacer. Lo mismo ocurre con el clima. Lo que sucede es que nuestra existencia digna depende de él y de nuestra actuación. El sistema capitalista ha fracasado, es necesario que la ciudadanía tome conciencia y se rebele. Es tarea de los jóvenes la de pasar ya a la acción, el problema es que quizás hemos llegado tarde y Matrix se ha adueñado de la humanidad. Muchas gracias y es todo un placer. Saludos.

 

                                   ***

 

            La mentira sobre los sueldos y los trabajos de los funcionarios es fruto del gran engaño del sistema capitalista financiero que intenta anular las conciencias. De lo que se trata es de dividir a la clase de los trabajadores, así serán vencidos más fácilmente y aceptarán cualquier condición para ser explotados-esclavizados. Seguir por este camino es tirar por la borda doscientos años de derechos civiles, laborales y económicos. El estado de alarma y su prorroga es un síntoma de fascismo político que obedece ciego y sumiso al fascismo económico. Mientras tanto, pan y circo, y un poco de reyerta entre los esclavizados para entretenimiento de la mayoría, provocar odios y despistar sobre el origen de la mentira.

 

Contra el cambio Michel Caparrós.

            Leo muy sorprendido esta excelente obra. Algo entre ensayo y libro de viajes. Desconocía al autor. Pero su literatura es para deleitarse y no exenta de profundidad. Además, crítica, valiente y provocadora. Pocos escritos reúnen todas estas características. Su literatura, te lleva en volandas, aún sin coincidir con muchas de las tesis que defiende, o, al menos, cuando crees que habría que matizar. Una unión fantástica entre fondo y forma.

            Esta obra es un libro de viajes en la que se reflexiona sobre el cambio climático y el hambre en el mundo como opresión o injusticia. El autor viaja por una decena de países deprimidos y a raíz de su experiencia reflexiona sobre los problemas apuntados. Una de sus tesis fundamentales es políticamente incorrecta y esto da que pensar. Viene a decirnos que el problema del cambio climático no es el mayor de los problemas. Que detrás de ese discurso hay un discurso apocalíptico y esto lo relaciona con el hecho de que el hombre siempre ha necesitado de ideas apocalípticas para vivir. El cambio climático es el nuevo Apocalipsis que se cierne sobre la humanidad, la que está bien asentada en la opulencia y el derroche, para crear un estado de resignación y culpabilidad, que, en el fondo, son los instrumentos que el poder va a utilizar para seguir manteniendo el orden mundial, que no es mas que el de la permanencia del hambre y la enfermedad en más de la mitad del mundo. Para Caparrós, el problema real es el hambre. Y éste permanece oculto por el del cambio climático. No es que dude de que exista, lo que sospecha es que existen intereses detrás de la propaganda de este problema. Y estos intereses son políticos, geoestratégicos, y económicos. La idea de Caparrós es sugerente. Es la política de la distracción y el miedo para controlar a la ciudadanía. Es algo antiguo y que tiene que ver con la propia naturaleza humana.

            De paso, también hace una crítica al discurso ecologista. Considera que el ecologismo, con su Apocalipsis se puede, y en muchos casos así ha sido, convertir en una nueva religión, una creencia. De ahí que lo políticamente correcto hoy en día es ser ecologista, que los partidos recojan en sus programas el discurso del ecologismo, discurso verde. Es algo asumido como natural. Pero, mientras tanto, el problema más importante está por resolver, el de la miseria y el hambre en el mundo. Es muy cierto esto de que el ecologismo es lo políticamente correcto, que crea una falsa conciencia y que distrae nuestra atención y sensibilidad, porque siempre lo vemos desde nuestra perspectiva de ciudadanos acomodados. Además, el hecho de que el ecologismo se haya convertido, y esto lo añado yo, en un discurso políticamente correcto, lo ha domesticado, ya no es el discurso radical que sí es necesario, como veremos.

            Yo creo que el problema de Caparrós, independientemente de los certeros análisis que hace, es de perspectiva y de poner la atención en un fenómeno u otro; además, es un error el separar problemas que van unidos. El discurso ecologista se ha convertido en una religión con su Apocalipsis y todo y en el discurso políticamente correcto. Esto es cierto, pero no hay que perder de vista su raíz y radicalidad. El problema del hambre es el mayor de los problemas, pero no hay que olvidar que está íntimamente unido al problema ecológico. Me explico con más detenimiento.

            No se puede desligar el problema ecológico del problema del hambre porque ambos proceden de un mismo sistema de producción, el capitalismo. Además, el problema ecológico no se puede separar de su causa, es un problema antropogénico. Es decir, que la solución del problema ecológico es la solución de un problema humano.  Para mí el problema ecológico es un problema humano. Creo que, lo que le ocurre a Caparrós, es que está instalado, como también a los políticos y al pensamiento comúnmente aceptado del ecologismo, en el paradigma del capitalismo como sistema de crecimiento ilimitado. Las bases de la economía que sustentan la ideología capitalista son, epistémicamente, erróneas. Es necesaria su revolución para alcanzar un nuevo paradigma en el que las ciencias económicas participen del principio de entropía. Eso, por un lado, por otro, las políticas de desarrollo económico no tienen que tener como fin el aumento de la riqueza sino el bienestar del hombre. Es decir, que en ese nuevo paradigma, el lugar del crecimiento ilimitado debe estar ocupado por la ecosfera, sin la cual es imposible el desarrollo equilibrado y justo del hombre. La pobreza y el hambre surgen del paradigma del crecimiento ilimitado regido, sólo, por las leyes del mercado. El nuevo paradigma es integrador. De lo que se trata es de que, para la supervivencia del hombre, el centro no es el crecimiento económico ilimitado, sino la naturaleza, como la casa en la que vive el hombre. El problema ecológico es un problema ecosocial y sistémico, el hambre es una de sus consecuencias, la que más nos puede hacer sufrir, porque son nuestros semejantes los que mueren. Cuidar del hombre es cuidar de la naturaleza. Lo que debemos de entender es que sin naturaleza, no hay vida humana digna. Si queremos la dignidad, la igualdad y la libertad, debemos preservar la naturaleza, pero no porque ella, como la religión ecologista dice, tenga un valor en sí, sino porque tiene un valor para nosotros. Ni siquiera la especie humana tiene un valor en sí mismo, el valor que tiene el hombre es el que él mismo se otorga. Pero nuestra propia naturaleza conlleva la empatía, por eso no podemos soportar el sufrimiento del semejante, prójimo/proximus, el cercano. Para empatizar con el otro lejano, tenemos que pasar de las emociones a la razón, es necesaria la abstracción. Igual ocurre con la naturaleza, defender el valor de los animales es un esfuerzo de la razón que viene impulsado por la emoción, empatía, que siempre es menor que la que podemos tener con los seres humanos. Por eso los valores son una conquista de la humanidad, hacer el bien sólo nos viene condicionado en nuestra herencia genética, con respecto al cercano. Valorar al otro como un ser independiente y sujeto de dignidad es una conquista ética, valorar a la naturaleza como algo con valor en sí mismo es una abstracción mayor y más difícil. Una segunda ilustración, que diría Riechmann.

Enhorabuena, Antonio. Estoy absolutamente de acuerdo con lo que dices. Tiene esto que ver con lo que muchas veces hemos señalado, la ausencia de la educación de la voluntad. De lo que se trata es de forjar esa voluntad que las pseudociencias de la psicopedagogía han perdido en su afán cientificista. Los padres son sobreprotectores y producen debilidad en los hijos, debilidad que dura toda la vida. Porque la voluntad es fruto de la virtud, que es fuerza y, por ello, como bien has señalado, requiere esfuerzo. El niño, con su esfuerzo reconocerá sus límites y sus capacidades se desarrollarán, llegará tan lejos que él ni lo sospechaba. Ahora bien, con la ayuda, se atrincherará en la vagancia, la pereza, el vicio natural del hombre, que la psicopedagogía constructivista quiere potenciar. El esfuerzo es la madre de la virtud. Y ello supone el ejercicio continuado de una tarea y que ello se convierta en hábito. Cuando el trabajo es un hábito, no se puede vivir sin él. Y es en el trabajo donde nos viene la inspiración, que decía Einstein y ya se ha señalado. O como nos decía un profesor de historia en octavo de EGB, “el talento, señores, está en el culo, en ser capaz de estar ocho horas seguidas estudiando.” Esta frase de un profesor en un momento adecuado ha sido directriz en mi vida. Hay más sabiduría y sentido común aquí que en todos los planes de apoyo, refuerzo y no sé qué más de la LOGSE… Y lo que venía a decir dicho profesor, seco, huraño y serio, pero sabio, es que el valor es el esfuerzo. Y nada hay sin esfuerzo, aun siendo todos distintos. El esfuerzo nos garantiza poder llegar a donde podemos llegar, pero nunca eliminará las diferencias. Por eso, otro mal de nuestra enseñanza es el aburrimiento del inteligente. Éste tiende a amoldarse al sistema, incluso sufre las burlas de los compañeros. Es un tema importante éste que debería ser tratado aquí. Por eso el nivel de excelencia en nuestras aulas es mínimo. El sistema educativo favorece la mediocridad y la convivencia con el compañero discrimina al mejor, al esforzado, responsable e inteligente. Éste resulta hoy en día ser objeto de burla, y esto es muy grave.

Hay una soledad real del profesor en la medida en la que se enfrenta a un público que son sus alumnos, pero, también, sus espectadores. Dar una clase es, muchas veces, actuar. Pero esa soledad que es profunda, enriquecedora y te hace valiente, es valiosa. Hay otra soledad que es la del auténtico profesor frente a la administración y el poder educativo, ésta pretende minar tu autonomía, pretende domesticarte. Y, en realidad, ésta no es la soledad, sino que uno cada día se siente más vigilado.