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Filosofía desde la trinchera

Nada nuevo bajo el sol. Todos somos el montón o la masa. Cuestión de perspectiva. Internet puede ser una cura de humildad, pero, hablando de forma más general, el conocimiento es la auténtica cura de humildad. El ignorante es soberbio porque no sabe de su ignorancia y eso le lleva a hablar de todo cual papagayo. Decía un filósofo, al que he dedicado gran parte de mi vida intelectual, Popper, que “educarse es vislumbrar la inmensidad de nuestra ignorancia”. Cuando somos jóvenes tenemos ideas geniales, pero con el curso de los años, descubrimos, en nuestro estudio, que ya pertenecían a alguien. También los grandes se apoyan en otros. Es cuestión de tradición, nada sale de la nada. Newton decía que él había visto más lejos porque iba a hombros de gigantes. La originalidad es ser nosotros mismos. Esto es, encarnar en nuestra propia existencia esas ideas que se comunican con nuestro interior y nos transforman, sean nuestras o de otros.

Nuestra sociedad y el sistema de enseñanza nos llevan a la normalización y eliminación de la diferencia. Hacia la masa amorfa. Es un interés del propio sistema, pero es una gran estupidez. El hombre es un ser con biografía, es decir, irrepetible. Un fin en sí mismo. La normalización que pretende la sociedad, en manos de pedagogos, psicólogos y psiquiatra es una forma de medicalización de la ética; es decir, de la esencia de nuestra vida. Porque la pregunta de la ética es ¿qué debemos hacer? Y la respuesta es lo que nos hace diferentes.

Excelente artículo. Estoy absolutamente de acuerdo con él. El problema es que donde dice universidad, podría decir enseñanza secundaria. Y lo llevamos padeciendo veinte años. Absolutamente olvidados, sobre todo por los que, quizás, podrían haber influido, los profesores universitarios. Ustedes están en el principio del camino, nosotros ya no sé ni dónde estamos, si al borde del precipicio, o cayendo. Aunque no lo sé, porque cada día descubro inventos nuevos de estos políticos y pedagogos y profesorado sumiso, obediente y trepa. El mal se ha generalizado. Había que destrozar la enseñanza porque lo que se perseguía era la servidumbre, la anulación del ciudadano. Y ahora le ha tocado a la universidad, pero el plan Bolonía es de hace años, aunque haya empezado a funcionar ahora. Ha pasado aquí como pasó en la LOGSE, el personal no se dio cuenta hasta que el crimen fue consumado, y los que se dieron cuenta fueron pocos y distantes y con poca capacidad de maniobra. Sólo nos ha quedado, en muchos casos, la desobediencia civil, y exigir nuestra libertad de cátedra que ha sido pisoteada, lo que nos ha costado nuestro dinero, y algún que otro disgusto con la dirección, o, en el peor de los casos, con la inspección. Como lo que se pretendía era la sumisión; es decir, eliminar la democracia lo que había que hacer era domesticar; y, después de los medios de comunicación, el instrumento que el estado utiliza para la domesticación es el sistema educativo. Pero no sólo se trata de domesticar a los alumnos, futuros pseudociudadanos, sino, como apuntas, al profesorado también, que es capaz de venderse por un plato de lentejas. El plan se lleva urdiendo desde hace cuarenta años, y es el neoliberalismo, aunque en este término quepan muchas cosas contradictorias, y el pensamiento único, que en nombre de la libertad y la igualdad nos ha hecho perder el ser libres y nuestra excelencia. Es decir, que nos adentramos en un fascismo enmascarado de democracia en el que respiramos una droga, el soma, por los medios de comunicación de formación de la conciencia de masas, que nos mantiene alegres y contentos, pero inconscientes. El crimen ha sido perpetrado, sólo hay que esperar las consecuencias. Pero, los reductos de resistencia todavía existen, por ello, la esperanza aún llamea, aunque débilmente.

ENTREVISTA: GIANNI VATTIMO Filósofo

"Creo que yo debería ser papa"

FRANCESC ARROYO - Barcelona - 12/02/2011

Gianni Vattimo (Turín, 1936) es el filósofo italiano vivo más traducido. Creador de la expresión "pensamiento débil", ha sido catedrático, eurodiputado y agitador político y cultural. Hace un tiempo sorprendió al mundo al anunciar su reconversión al catolicismo. En las librerías españolas hay ahora dos novedades suyas: Adiós a la verdad (Gedisa) y ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (Paidós), donde polemiza sobre la religión con el antropólogo René Girard.

Pregunta. Usted se declara católico, pero su fe parece más la de un ateo que la de un creyente monoteísta.

Respuesta. Es que ni siquiera sé si Dios existe. El teólogo Dietrich Bonhoeffer dice que "un Dios que existe, no existe". No sé si Dios es una entidad ni dónde está. Siempre hemos pensado que estaba en el cielo. La verdad es que no puedo llamarme monoteísta. El monoteísmo tiene implicaciones de dominación, de colonización, de violencia, y desconfío de él. Tampoco soy politeísta. No puedo hablar de Dios como si fuera uno o tres o cuatro o muchos. ¿Soy cristiano o no? Es un problema que tengo, sobre todo para cuando muera y me enfrente al juicio final. Me llamo cristiano porque me siento una criatura, alguien que no se ha hecho a sí mismo. Me siento dependiente de un infinito. Y eso procede de mi lectura del evangelio. No sé si el evangelio es la única verdad religiosa en el mundo. Yo no intentaría convertir a los no creyentes.

P. Llamar a su fe cristianismo ¿no induce a confusión?

R. Es un nombre histórico. He crecido en la comunidad de la Iglesia. Y en nombre de sus principios puedo criticarla. Como Lutero criticó al Papa en nombre del evangelio. No creo que haya una religiosidad natural. Sin haber conocido el evangelio, ¿me hubiera preguntado por la existencia de Dios? No hay "la" religión, hay religiones. Yo he crecido en una y la interpreto filosóficamente, racionalmente, como una llamada del infinito del que dependo. Y llamo a ese infinito Dios y Jesús es su hijo, sin saber en qué términos.

P. Lo que no parece asumir es que la vida sea un valle de lágrimas.

R. No. Lo es muchas veces, pero no puedo aceptar que eso sea la esencia del mundo. No creo que haya que atribuir a Dios el sufrimiento. De hecho, no sé si hay que atribuir a Dios todo lo que pasa en el mundo. No sé si ha creado el universo y sus leyes. Dios es mi esperanza espiritual, espero sobrevivir como espíritu.

P. En la Biblia ve usted un Dios que no es astrónomo ni moral. ¿Qué queda?

R. El mensaje de salvación. Un mensaje de caridad a aplicar en mi relación con los otros. La humanidad: sentirse mejor en un mundo de amigos que de enemigos.

P. Dice que Dios es relativista. El relativismo ha colado la defensa del creacionismo.

R. Yo me siento más evolucionista que creacionista. Soy creacionista en la medida en que el anuncio de la salvación no es un producto de la evolución. Puede que incluso la fe sea resultado de la evolución. Yo no creo en la objetividad de lo real. ¿Existe Dios? No lo sé. Si digo que existe o que no, entro en un objetivismo que no casa con mi espiritualidad.

P. También discrepa de la tendencia de la Iglesia a prohibir.

R. Porque no creo que haya una esencia del bien y del mal. Hay condiciones de vida compartidas. La moral es el código de circulación más la caridad. Todo es convencional, salvo el respeto al otro. Y eso es bastante cristiano y bastante comunista

P. Al final, su Dios es caridad y amor. ¿Qué diferencia hay entre ambos términos?

R. Tradicionalmente se ha basado en la represión. ¿Hacemos un poco de caridad o un poco de amor? Se trata de organizar el erotismo de forma tolerante, porque no hay un orden natural del amor. Venimos condicionados por una tradición represiva, familiarista. ¿Tiene que predicar el Papa sobre el uso del preservativo? No. Si me gusta acostarme con una mujer o con un señorito, ¿cómo regularlo? Desde la perspectiva de la caridad, el divorcio está bien. No se puede obligar a dos personas a vivir juntas.

P. La Iglesia celebra las conversiones, pero sobre la suya no habla

R. Creo que yo debería ser papa, aunque soy casi el único que piensa así. Pero estoy convencido de que la Iglesia se salvará de su propio suicidio solo con un poco de pensamiento débil. Lo creo como pensador débil y también como cristiano occidental. La Iglesia está pensando que la secularización actual es solo cosa de Occidente y que los pueblos convertidos de África serán cristianos más serios. También serán más primitivos, porque creen más en los milagros e incluso practican la magia como por ejemplo el monseñor Milingo. Yo, la verdad, no me sentiría a gusto en una Iglesia dominada por esos cristianos. Espero que intervenga la providencia.

El fb, como Internet en general fragmenta el discurso, transforma nuestra forma de leer y estudiar. Con ello reestructura nuestra manera de ver el mundo. Más liviana, fragmentaria, epidérmica, caótica. Múltiples intereses, poca calma y escasa profundidad. Cada vez sospecho más que esto de las redes sociales es un invento más del Gran Hermano, un nuevo pan y circo que alimenta nuestra curiosidad insaciable haciendonos creer, encima, que somos más libres. Ahora resulta que las revueltas en Oriente Próximo han sido posibles por Internet y las redes sociales, como si no hubiese habido revoluciones antes en la historia, ¡vamos hombre! Esto es un engaño. La revolución procede de la miseria, la pobreza, la barbarie y la indignación. Y eso es lo que ha ocurrido. Si todos estuviesen entretenidos con las TICs, no pasaría nada. Es la religión de la tecnobarbarie.

Menores y nuevas tecnologías

La galaxia Gates ahonda la separación entre jóvenes ciberadaptados y adultos “analfabetos”

Avelino Fierro Gómez
Fiscal Coordinador de Menores de Castilla y León  Imprimir documento



Leíamos hace unos meses en una encuesta sobre los jóvenes que su mayor apetencia, por encima de otras ocupaciones ociosas y vicios veniales, era el hablar. Se entiende así el desmedido afán al parloteo en chats, messengers, redes y otros ámbitos similares que las nuevas tecnologías han puesto de moda y rendido a sus pies.

Su preparación técnica y el acceso barato y privilegiado a esos artilugios, el paso de la “galaxia McLuhan a la galaxia Gates”, ha escindido todavía más y ahondado la separación entre jóvenes ciberadaptados y adultos analfabetos. Parece abrirse un corte epistemológico y comunicativo entre padres e hijos, profesores y alumnos.

Pero no hay que ser apocalípticos ni agoreros. Puede que el uso de la biblioteca global dé al traste con los monopolios del conocimiento, pero el aprendizaje seguirá teniendo las mismas pautas de siempre, indisociables de la soledad y el esfuerzo. Y de la guía y tutela del maestro o profesor o padre, del mayor ilustrado. Los jóvenes son (y los mayores también) lo que han leído y lo que han obtenido hincando los codos.

La expansión e incremento en las aulas de la tecnología informática no va a variar lo dicho. Puede, eso sí, hacer algo más atractivas algunas clases o materias a los alumnos de la “generación del pulgar”, pero no va a suponer -como afirman los responsables políticos del momento- un cambio en la forma de enseñar y aprender. El ordenador no es garantía de ningún tipo de aprendizaje.

Así que nada más lejos de la idea postmoderna (aunque el post dicen que ha pasado de moda, no tengo a mano otro ismo de recambio para hablar de la puerilización general de la sociedad) de que el uso – y abuso- de los tuentis, googles, facebooks, wikipedias, bluetooths, spotifys y demás ocurrentes inventos globales confiere al usuario un status de aventajado, enrollado y alfabetizado chico “a la última”, aunque somos conscientes de que un adolescente un poco dejado en estos asuntos puede parecerles a sus colegas un auténtico hombre de las cavernas.

Bueno, podemos concederles que se cuelguen el pin de “navegantes virtuales”. Pero nada más. Y como cuenta jose@ngel, mi asesor informático, sus alumnos acabarán siendo disléxico-afásicos si siguen trasladando su forma de escribir a su manera de (no) pensar y redactar: ts kmo 1 kso; tcho d -; dtas?; isbl tba cntro n lumdo; mna ns bmos; dso k tgs bn find. Acaba escribiéndome: para __ :(. Y adjunta traducción: estás como un queso; te hecho de menos; ¿dónde estás?; isabel estaba con otro en el húmedo; mañana nos vemos; deseo que tengas buen fin de semana; para echarse a llorar.

Sorprende -¿o no tanto?- ver cómo articulistas y pedagogos, progresistas e intelectuales siguen vinculando progreso y conocimiento a los chips electrónicos y no a las neuronas cerebrales, a la ocurrencia del recién llegado y no a la sabiduría de la tradición.

Si a uno de sus personajes Dostoievski le apodó “el idiota” por decir, bajo exigencias del guión, que “la belleza salvará el mundo”, no sé cómo tendríamos que llamar a los que insisten, sin discriminar, en que “la técnica nos hará libres”, nos emancipará de no se sabe qué, acabará con la caspa.

Para ilustrar de alguna manera el estado de la cuestión pueden servir las apostillas que Nacho Camino hace en su blog sobre enseñanza y sociedad al artículo de Vicente Verdú, (excelente escritor y columnista, por otra parte), “Melancolía del fin”, publicado en “El País” de 21 de enero de 2010. Lo corto y pego en su totalidad porque es amigo y porque cita a Brodsky a quien un servidor ha leído de rodillas. Fue publicado el 28 de enero de 2010 en nachocamino.wordpress.com donde pueden seguirse comentarios al respecto.

“Al contrario de lo que suele pregonarse, el esfuerzo para que los chicos lean a Cervantes o a Manolo Longares, aprecien los conciertos de Brahms o celebren la pintura de Manet y Ráfols-Casamada es una marcha atrás, con lo que en lugar de hacerles avanzar los convertirá en retrasados”.

Esto escribe Vicente Verdú en un artículo de El País. Parece una frase epatante, pero, en realidad, es un cliché tan viejo como las vanguardias de principios del Siglo XX. Lo que se desliza como un juicio visionario no es sino el repetido mito de la “tabla rasa”. El pasado, la tradición, la herencia cultural toda: un pesado lastre.

A eso se refería Marinetti cuando, en 1909, decía que un Ferrari era más bello que la Victoria de Samotracia: lo cual, por cierto, no significaba más que cambiar un icono por otro. El deportivo como metáfora de un progreso imparable. Al igual que Verdú, el italiano estaba convencido de que tal progreso consistía en demoler el mármol de los maestros antiguos. Pero el impulso artístico del ser humano no dejó por ello de investigar más allá de la fascinación por las máquinas veloces.

Cien años después, la historia se repite. Dice Verdú que “la cultura es la cultura de cada época”, como si con cada nueva generación la Humanidad se viese obligada a formatear su disco duro. Sostenemos que no existe un modelo cultural absoluto para concederle tal estatus a la Actualidad. Arroja al fuego los viejos libros, rechaza el viejo contrapunto, desecha lo que ya sabemos. Corre.

Tengo mis dudas de que se pueda llegar muy lejos tan ligero de equipaje. Sí, tal vez, si lo que se quiere es emular a un coche de carreras. Pero la vida es un poco más larga que el Circuito de Bahrein, y, para quienes no ejercemos de profetas, mucho más impredecibles sus caminos. Así que tal vez convenga avituallarse antes de tomar la salida.

“¿Pinturas enmarcadas? ¿Sinfonías solemnes? ¿Lecturas parsimoniosas? El tiempo que ahora discurre es incompatible con la majestad, la jerarquía y la lentitud. Es incompatible con la reflexión, la concentración y la linealidad para ser, por el contrario, veloz emocional, complejo e interactivo”.

Puro “futurismo”. Es de admirar cómo elige Don Vicente las palabras para pintar nuestro legado artístico con los colores más grises. De veras que le dan a uno ganas de bostezar. Suele ocurrir cuando se vocea una premisa totalitaria: se acude a los estereotipos que mejor contribuyan a la vulgarización del adversario. Así, a esa herencia se le llama “el pesado fardo de otros siglos”. El presente, en cambio, es un paisaje de fascinante policromía.

Una idea semejante de la cultura no deja de tener su reflejo en lo que, según Verdú, debe ser la educación del Siglo XXI:

“De este modo, cualquier profesor de universidad o de escuela que, impulsado por su entusiasmo, pretenda comunicar el disfrute de esa cosmología chocará con mentalidades extrañas, radicalmente apartadas de ese universo cultural”.

Así que no se entusiasmen, profes. Esa cosmología no mola, y ustedes deben entender que sus alumnos rechazen “radicalmente” todo aquello cuanto desconocen. ¿Qué enseñar, pues?

“A la escuela se le escapó de las manos la enseñanza de la fotografía, del cine, de la televisión, de la publicidad o de la música pop por considerarlos fenómenos de baja calidad, totalmente indignos de llamarse cultos”.

Falso. Invito a Don Vicente a que eche un vistazo a las programaciones y libros de texto de los últimos años. Por ejemplo, de las asignaturas de Música y Dibujo. Todas esas manifestaciones contemporáneas, y otras como el cómic, se incluyen en el temario con tal celo que apenas dejan espacio a la música, así llamada, “clásica”. Hasta puede uno darse de bruces con una foto de los Estopa o de La Oreja de Van Gogh, ídolos fugaces que serán reemplazados en las fotografías por quienes les hayan de suceder en el podio de los Super Ventas. Esto es así porque, a qué dudarlo, los rumberos catalanes son más interactivos, complejos y emocionales que Stravinsky, Mozart, Chet Baker, Stockhausen o la Velvet Underground. La Escuela de hoy, teledirigida por los nuevos idiócratas, ya está haciendo exactamente lo que usted demanda.

La música pop, dice. ¿Qué pop, Don Vicente? ¿Cree usted que la inmensa mayoría de alumnos escuchan a grupos como Animal Collective, The Divine Comedy, Sr. Chinarro o John Zorn? No, por cierto. Y le aseguro que iniciarlos en la escucha de tales grupos es una tarea tan difícil como estimular su interés por los madrigales de Monteverdi. Lo que ellos conocen es lo que vomita la Radio Fórmula, que, como usted sabrá por Umberto Eco, suele corresponderse con productos artísticos de ínfima calidad y que, en cualquier caso, son sólo explicables por la tradición anterior. Fíjese como tira del hilo un errado profesor de instituto:

Dice usted:

“Ahora está ocurriendo algo parecido. Las lágrimas derramadas porque los chicos no cojan un libro o no sepan valorar a Gerhard Richter impedirán ver la cultura que bulle en la red y donde, desde el net-art a las nuevas fórmulas narrativas, desde el rap o los grafiti, constituyen un sistema en el que la instrucción y el pensamiento crítico tienen mucho que hacer”.

Public Enemy, crucial grupo de rap, citaba como influencias a Ornette Coleman (free jazz) y Miles Davis (cool jazz). Miles Davis tiene como referente a Charlie Parker (Bebop), quien, a su vez, admiraba profundamente a Stravinsky. Y Stravinsky, vanguardista e iconoclasta, pasó también por una etapa neoclásica que era en realidad “neobarroca”, por cuanto gustaba de recrear formas musicales tan antiguas como la Passacaglia… Eso tirando de uno solo de los hilos de la madeja. Penélope no es un invento de Google, como Homer no es sólo un simpático gordito que devora rosquillas.

Lo referido a la música es extensible a cualquier arte, pero ya lo sabe usted de sobra. Si suprimimos la reflexión, la jerarquía, la lentitud y cualquier cosa que nuestros adolescentes no consuman a diario, ¿para qué la Escuela? Como decía Brodsky, “la cultura es elitista por definición”. Y no por razones sociales, sino porque exige los dos requisitos que usted parece negar a nuestros jóvenes: esfuerzo y tiempo. Mucho tiempo.

Si usted dispone de él, reflexione sobre ello.

Es muy importante el dilema que planteas. Lo cierto es que, como sucede en ética y política, es un dilema, no un problema. En la ciencia tenemos problemas, y estos se resuelven. Pero en filosofía práctica nos encontramos con dilemas y estos no tienen solución definitiva. Pero aventuremos una que tenga una justificación pragmático histórica. Tanto los estados-nación, como los nacionalismos, son construcciones históricas. Su sustrato es una ideología en la que sus habitantes creen. La nación española es un invento, como lo es la catalana. Ahora bien. Los nacionalismos cerrados o excluyentes son aquellos que anulan al individuo. El hombre es un animal social, es en tanto que vive en sociedad. Pero su realidad es la kantiana, la sociable insociabilidad. Eso quiere decir, que hay un resquicio para la individualidad que se expresa en términos de autonomía y libertad, pensar y actuar por uno mismo. Toda ideología que anule al individuo y su autonomía es una forma de totalitarismo. Así podemos aceptar los ideales nacionalistas identitarios sólo en tanto formas ideológico-culturales de identificación e integración, siempre y cuando el individuo decida por encima de esos ideales. El ser humano se hace y se construye en sociedad, pero su valor está por encima de los ideales nacionales. Esa es una de las lecciones aprendidas de la ilustración y de su mayor representante, Kant. Pero eso el filósofo de Könisberg, pensaba en la idea de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. El ideal cosmopolita está asociado a la libertad de los individuos, el de república, a la pertenencia a un pueblo, estado o nación, la libertad liga, por un lado la libertad de los estados, sociedades abiertas, que diríamos hoy en día, y la libertad de cada uno que es en lo que reside su dignidad. De esta forma, lo único que se mantienen como fin en sí mismo, que es la base de la ética, es la persona. Las ideas de nación, no son fines en sí mismo. Si las consideramos así, nos adentramos en el fascismo-totalitarismo, ése fue e error del siglo XIX, en el que calló incluso el marxismo, a pesar de su lucha por la libertad de los oprimidos. Ésa es una de sus paradojas.

Vamos a ver, Antonio. Creo que tienes problemas a la hora de distinguir entre el hombre y las máquinas. Lo que creo es que tu noción de máquina y hombre están ancladas a un paradigma antiguo. El hombre como un ser dotado de finalidad, sus acciones se dirigen a un fin en concreto. Esto es lo que se llama la intencionalidad. Por su parte, la máquina es entendida en la versión dieciochesca. La máquina como un mecanismo de relojería. Ninguna de las dos cosas son ciertas. La concepción de máquina cambia con la concepción de lo que sea la materia y ésta tiene que ver con la nueva física y la nueva biología, así como cono la teoría de la computación. Podemos entender la máquina en términos cuánticos, principio de incertidumbre y en términos bioquímicos, estructuras disipativas. También en términos informáticos o cibernéticos, información. Y, en última instancia, todos los niveles del universo son información, en distinto grado y complejidad, pero información. Es éste otro baluarte que hay que derribar para evitar el antropocentrismo. Los seres humanos no son los únicos dotados de finalidad, voluntad y libertad. Algo de esto existe también en los animales superiores, la diferencia es de grado. Pero no es esto lo que yo quería tratar, éste es otro tema. Lo que entendemos por voluntad humana y su finalidad, hay que acudir a los últimos estudios de las neurociencias, como Llinás o Francisco Rubia o Antonio Damasio, por mencionar a los más importantes y divulgativos, para conocer en qué cosiste el cerebro y cómo desde su distribución bioquímica podemos entender eso de la voluntad, la intencionalidad y la libertad. Se reduce a información. Y, además, desde la teoría modular del cerebro, resulta que esa información actúa como fabulación de situaciones. El cerebro es un gran fabulador, de él emerge lo que llamamos la realidad y nuestra conciencia de ella y de nosotros mismos. El cerebro, por otro lado, es una chapuza de la evolución, por muy mágico y misterioso que sea, pero obedece a la evolución. Se ha ido generando parcheando inadaptaciones, permaneciendo lo más antiguo dentro de lo nuevo, todo lo que el cerebro es capaz de hacer es una adaptación. El hecho de que seamos capaz de construir música y teorías científicas, y pinturas, no es ningún objeto evolutivo, es un efecto colateral. El cerebro evolucionó para sobrevivir. Y el punto de inflexión fue el lenguaje. Y del lenguaje emerge el mundo de la cultura, que constituyen nuestras garras y dientes para la subsistencia. La voluntad y la libertad son mecanismos de supervivencia. Lo de la libertad es muy curioso porque es un anticipo de algo que el cerebro ya tiene decidido. De todas formas la mecánica cuántica también tendría algo que decir aquí.

 

            En fin, que lo que nos diferencia de una máquina, hoy por hoy, son dos cosas, de momento las maquinas cibernéticas están construidas con silicio, nosotros con carbono, en segundo lugar nuestra complejidad es mayor. La cuestión de la complejidad es cuestión de grado, carece de importancia. La cuestión del material, también carece de importancia porque ya se trabaja en la creación de vida artificial, en ordenadores cuánticos y biológicos.

 

            Tu posición es estrictamente antropocéntrica. Tienes que tener en cuenta que, desde el punto de vista evolutivo, lo único que tiene importancia en nosotros es la información genética. Pero sí señalas una cosa importante. Creo que cuando te refieres a que cuando las máquinas piensen o sientan será el fin del Hombre, lo pones con mayúsculas, te refieres al orden establecido. Podría ser. Y entra dentro de las leyes evolutivas. Tenemos tres formas de evolucionar, la natural, que sigue siendo imparable, pero lenta y dos artificiales, por la ingeniería genética que acabaría produciendo a un nuevo hombre más allá del homo sapiens y la evolución de los ciborg, organismos humanos y cibernéticos, una simbiosis. Toda especie tiene su comienzo y su evolución y unas se transforman en otras y no pasa nada.

 

            Ahora bien, hay una cosa que sí me interesa señalar. Aunque seamos información, y nuestra voluntad y libertad se pueda explicar desde ella, eso no implica que la libertad no sea un hecho, desde el punto de vista ético y político. Si pensamos lo contrario estaremos favoreciendo la aparición de totalitarismos de tinte tecnocientíficos al estilo de Un mundo feliz. El hecho de que el sabor de una copa de vino se pueda reducir a información no elimina mi sensación placentera, lo que llaman los filósofos de la mente, los cualia. Pues lo mismo ocurre con la libertad. Pero aquí la cosa es más importante, porque no sólo se trata de mi libertad como sensación y como construcción personal; sino de mi libertad como derecho político del ciudadano. Los regímenes políticos deben respetar esta libertad y fomentarla. No podemos confundir niveles. Y estas reglas tendrían que ser reglas de la robótica también, como los principios de la robótica de Asimov.