Muy lúcido. Pero, una cosa, la historia pesa, pero no determina. No se puede confundir la influencia del pasado con el determinismo histórico, sea del tipo que sea. El que se refugia en el pasado justifica el presente y proyecta el futuro modelándolo a su antojo. La historia, como la biografía, está condicionada, pero es abierta. Por eso es interesante la cita de Unamuno y Ortega. El primero es un personalista y liberal irreductible, el segundo declara “Yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas, no me salvo yo”. Por otro lado, no se puede pensar a un pueblo en términos de identidad, esto tiene dos problemas. El primero es que es un reduccionismo y lo irreductible son las personas, no los pueblos. Y, en segundo lugar, toda teoría de la identidad no es más que una mistificación política interesada.
Reflexiones marginales
Estimado David, creo que esta señora tiene problemas de comprensión. No soy defensor, ni mucho menos, del multiculturalismo, pero, aún menos del choque de civilizaciones. Pienso que hay ciertos progresos morales y políticos, sólo provisionales, a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que esta mujer hace es un análisis crítico de la religión musulmana del que resulta su ateismo. Cierto. Elimina la visión literalista del Corán. Eso es lo que se hizo en occidente con el cristianismo a partir del siglo XIX. Nuestro libro es igual de intolerante, fanático, como el Coran. No hay nada distinto, el antiguo testamento está lleno de barbarie, etnocidio y genocidio justificado. El choque de civilizaciones es un invento ideológico del poder hegemónico para mantenerse en él. Los hombres luchan por ideologías y religiones, pero el poder busca los recursos. Todas las guerras entre los hombres son guerras por los recursos y todo fin civilizatorio es un fin por haber terminado con ellos. La modernidad en Europa fue posible, precisamente, por una primera modernidad islámica en Al-Andalus. Ni la ciencia ni la filosofía hubiesen aparecido sin los musulmanes andalusíes. Y, fue Averroes, con su teoría de la doble verdad y su racionalismo teológico, quien abre las puertas a la modernidad, el Renacimiento y el surgimiento de la ciencia. Teoría que Galileo transformaría o interpretaría como teoría del doble lenguaje en su defensa ante la iglesia. Decía “La Biblia nos dice como ir al cielo, la ciencia, como van los cielos.” Esto no lo aceptó nunca la iglesia. Tuvieron que transcurrir siglos y la aparición de diversos ateismos y todo ello sumado a la crítica histórica de los textos que se inicia en la ilustración. Y es, precisamente esto último, lo que no ha tenido lugar en el Islam. Por él no ha pasado la modernidad, a pesar de que abren las puertas a Europa para ello. Toda la teología escolástica es una respuesta a la teoría de la doble verdad de Averroes, de la que surge la teoría de la subordinación de la razón a la fe. Teoría que sigue siendo vigente para la iglesia, aunque ésta no tiene poder para imponerla, pero ésta es la base del discurso del Papa contra la modernidad. Lo que ocurre es que occidente se ha secularizado. Pero no hay nada en el cristianismo que lleve a la secularización, todo lo contrario, así como no hay tampoco nada en el Islam. La modernización y la ilustración se producen por una multitud de causas y, como he dicho, y sostienen muchos historiadores de la ciencia, la filosofía y la historia en general, el germen del Renacimiento europeo está en el siglo XI y en el esplendor del califato de Córdoba. Siento no poder ilustrar esta tesis con detalle por falta de tiempo. Lo que se aprecia en esa mujer es, y con razón, un anticlericalismo. Como ocurrió también en los primeros momentos de la crítica a la religión en occidente. Por eso la Ilustración es más anticlerical que atea. Se iba contra el poder de la superstición, contra la falsedad de los textos y su interpretación literal, contra la hipocresía de la iglesia…después vendrían los ateismos. Por cierto, no hay que olvidar la historia de genocidio y etnocidio bautizada por la iglesia, desde el renacimiento hasta el siglo XIX: América y África. Y esto también está bien documentado. El mal, y sabes que no soy relativista, ni multiculturalista y, además, ateo a base de mucho estudiar, no reside en la cultura. Esto es un reduccionismo cultural, sino en la propia naturaleza biológica humana. Desde que el hombre es tal, desde el paleolítico, el hombre está en lucha consigo mismo. Y la lucha se acrecienta al pasar al neolítico, que es precisamente cuando aparecen las religiones monoteístas, de dioses varones, agresivos y bélicos. La religión es parte de la ideología que justifica la violencia contra el otro para usurparle sus recursos. Así funcionó el Judaísmo, sólo hay que leer el antiguo testamento, así funcionó el Cristianismo. Una vez que Roma se hace cristiana se prohíbe toda religión y toda filosofía y entramos en la oscura edad media, salvo en Al-Andalus, y durante un breve periodo. Lo mismo hizo el Islam, por mandato del profeta, exterminar al no creyente y conquistar sus tierras. Creo que hay que ser más realista o materialista. La lucha es por el poder material y físico. Las razones están en la economía y la economía política. El otro debate no es más que distracción alienante.
Mientras buscamos nuestro propio beneficio, ¿quién cuida del planeta? El aire es más espeso, el agua más ácida, hasta la miel tiene cierto rebusco metálico gracias a la radiactividad. El mundo se acaba. No hay tiempo para pensar, para prepararse. Han hipotecado el futuro, a corto plazo, ¡pero no hay futuro! Estamos sobre un caballo desbocado.
De la película: Pactar con el diablo
La frase que citas al final lo dice todo. El mal está en el hombre. De ahí la sabiduría de los mitos fundantes, como es el caso del Génesis. El mal entra en el mundo por el hombre, su acto libre, que no es más que la vanidad y la soberbia. Desde entonces toda acción humana está contaminada. Pero ahora tenemos argumentos desde la etología humana. La evolución de nuestra conducta se basa en una síntesis entre la sociabilidad y el egoísmo (vanidad), que no es más que la supervivencia. Pero ya lo decía Kant, aquello de la sociable insociabilidad del hombre. Y esto es una síntesis fantástica entre el homo hominis lupus est de Hobbes y la ingenuidad rousseouniana de que el hombre es bueno por naturaleza. Por eso Kant sabía que el hombre era capaz del mal radical y es él quien lo define. Y también sabía que el hombre era capaz de lo sublime, y su estética es una reflexión sobre ello. Pero también sabía que había dos cosas que le conmovían, la ley que rige el movimiento de los cielos (se refiere a la física newtoniana) y la ley moral en nuestro corazón. Es decir, la ciencia y la ética, que junto con el arte y el derecho son los grandes logros del hombre. El resto es vanidad. Y para seguir con esta reflexión habría que comentar el Eclesiastés, uno de los libros más sabios que jamás se haya escrito…vanidad de vanidades…eso es la vida.
Porque fue mi maestro quien me enseñó no solamente cuan poco sabía, sino también que cualquiera que fuese el tipo de sabiduría a la que yo pudiese aspirar jamás, no podría consistir en otra cosa que en percatarme más plenamente de la infinitud de mi ignorancia.
Karl Popper, Búsqueda sin término
Qué suerte tuvo Popper y toda la Viena del primer tercio del siglo XX de contar con maestros como éste. Los convirtió a todos ellos en auténticos maestros. De la Viena de final del XIX y el primer tercio del XX surgen la mayoría de los científicos, filósofos, artistas, literatos y músicos contemporáneos. Para certificar esto que digo sólo hay que echar un vistazo a la obra de Toulmin “La Viena de Wittgenstein” Lo bueno de todo esto es que toda esa matriz cultural no contó para nada con las nuevas técnicas de la pedagogía y de la comunicación que nos prometen el cielo en la tierra y que borran de nuestra memoria el pasado. Como si la educación no hubiese existido sin los pedagogos y sin Internet.
Estimado Joaquín,
He leído muy rápido tu artículo de réplica a mis reflexiones sobre la lectura que hago en “Pensamientos…” depende desde el ángulo que lo mire, pues estoy de acuerdo contigo, o no. De todas formas creo que malinterpretas mi intención. Lo que hay debajo de mis palabras es un discurso contra toda forma de poder. Y esa es mi línea de argumentación y donde cobra sentido lo que digo. De todas formas me parece muy bien argumentada tu réplica. Y haré una defensa en la línea que vengo diciendo, además de apoyarme en el hecho de que todo en la vida es entretenimiento, un pasar el tiempo. Cuando la vida y la historia del hombre careen de sentido, como buen escéptico, todo es pasar el tiempo. Sobrevivir, mientras que dejamos nuestra información genética. La cultura es la forma que la especie humana ha inventado para tal menester. Los valores son provisionales, si bien algunos preferibles a otros. Por eso creo que el conocimiento es superior al mero entretenimiento, pero sin que el conocimiento no deje de ser entretenimiento. Lo único que hacemos en esta vida es pasar el tiempo, desde la cuna a la tumba. Nuestra enfermedad mortal es el tedio y contra él nos afanamos. Pero la lucha y el afán dan lugar a productos culturales distintos. Unos surgen de la maldad intrínseca del hombre, otros de la esperanza en un mundo mejor, otros de la utopía que, al final, se convierte en totalitarismo, y otros, en fin, de la estupidez. Y ésta es tremendamente contagiosa. Si fomentamos la estupidez producimos esclavos. Y yo no quiero esclavos, ni siervos, aunque esto es imposible, por la propia condición humana, pero, mientras menos, mejor. Y, sobre todo, en una democracia, porque en última instancia la estupidez de la mayoría me afecta a mí. Y esto te parecerá elitista. Es una de tus críticas. Pero siento decirlo. Pienso que una democracia que no defienda el elitismo, la meritocracia, es una farsa, una dictadura del mediocre, una pantomima de democracia y libertad, un relativismo endeble y avasallador que confunde la virtud con el vicio, el entretenimiento con la virtud, lo universal con lo particular. Por eso el contexto de mi discurso es el del poder. La imaginación se puede fomentar de muchos modos, no sólo con malos libros. Es más, se fomenta mejor con buenos libros. Además no es cierto que a través de la lectura de malos libros, de malas películas, de mala televisión, se pueda acceder después, salvo en contadas ocasiones, a una literatura superior, un cine superior… y sostengo lo mismo que dices. Porque aquel que se distrae con Tartini, que escucho en este momento, siente el mismo placer que el que se distrae con la música pasajera del verano anterior. El efecto bioquímico en nuestro cerebro es el mismo. Pero los valores que emanan de Tartini, y el cómo se llega a apreciar el violín de tal autor no son cosas que se desprendan del placer de la música ligera y ocasional. Existen los clásicos en todos los ámbitos. Y son tales porque han tocado una nota de la universalidad del hombre. No se puede fomentar una lectura devaluada de El Quijote, éste hay que leerlo, cuando se pueda, pero como es, esos planes de fomento de la lectura de los centros no son más que vulgaridad y adoctrinamiento. Existe una literatura infantil desde los griego para acá accesible absolutamente a los niños. No hay que idiotizar, hay que ilustrar. Ese intento vano de adaptación de los clásicos de la literatura a la lectura en los centros no es más que un fomento de la ignorancia. Es un intento de infantilizar definitivamente a la población. Es crear estúpidos. Y, además, es pensar que el niño es estúpido, cuando no lo es. Lo que le falta es formación y eso es lo que hay que darle. Pero en una enseñanza devaluada, desprestigiada en la que lo importante es la competencia y no el contenido, la forma y no el fondo; el fomento de la lectura es un narcótico, no una liberación. Entender la lectura meramente como entretenimiento es un error. E, insisto, que hasta el sabio más grande, el mayor científico, se entretienen con su trabajo, si no, nunca lo harían, éste produce un placer estrictamente bioquímico perfectamente descriptible, pero de su actividad emana algo superior, un bien para él mismo y el resto del hombre. El otro entretenimiento del que me hablas es puro narcisismo. Y, por lo demás, fomentado por el poder, una ideología. Y toda ideología es una forma de dominio y opresión. Entender la lectura sólo y fundamentalmente como entretenimiento es opio para el pueblo, es alienación y narcisismo consumista.
Que la literatura no nos hace mejor, por su puesto. Pero esto es una cuestión ya bien antigua. Tanto Sócrates como Platón defendían el intelectualismo moral. Es decir, que el conocimiento de la virtud me hacía virtuoso. Nada de esto es cierto del todo. Es verdad que el conocimiento puede hacer reflexionar, pero no produce una virtud. Fue el discípulo de Platón, Aristóteles, el que deshace el entuerto y nos dice que la virtud es fruto del esfuerzo, el conocimiento puede ayudar, pero nada más. La virtud emerge del ejercicio, del esfuerzo continuado. Por eso virtud en latín es fuerza. En griego es excelencia, el que está por encima de la media, el que destaca en una destreza. Pero para destacar en una destreza es necesario el esfuerzo. Por eso el sentido latino y el griego se unen. Para alcanzar la excelencia es necesaria la fuerza, el ejercicio. Y esto contradice a la tesis de que la lectura sea fundamentalmente entretenimiento. El atleta obtiene placer en su ejercicio, el músico en su práctica, el científico en su investigación. Pero todo ello requiere del esfuerzo, de la práctica continuada. De haber convertido nuestra acción en un hábito: en una virtud destacable. Si reducimos la lectura a mero entretenimiento estamos fomentando la debilidad. Y de la debilidad surge el vasallaje. Somos súbditos en la medida en la que no somos capaces de esforzarnos por ser libres. La lectura no nos hace mejores, el esfuerzo por la buena lectura sí, al menos nos hace constantes. Y, además, la buena lectura requiere de formación y ésta de un esfuerzo para adquirirla. Y la formación, en tanto que conocimiento es ya un acto de liberación, porque conocer es luchar contra las apariencias, los mitos y las máscaras. La defensa de la lectura como entretenimiento es una equivocación típica de la crisis de valores, mejor filosófica, en la que vivimos. Se nos despacha este tipo de lectura, o esta forma de entenderla, para narcotizarnos, cosa que al poder le interesa. Ninguno de los autores que citas se ha dedicado a una literatura de entretenimiento en el sentido que yo digo. Son auténticos sabios que para escribir han leído mucho. Un libro suyo tiene un fondo de información tremendo que a esos autores les ha requerido un esfuerzo ímprobo y les ha proporcionado un saber. Que, o bien lo podrían haber transmitido en forma de ensayo, o bien, de literatura. Por su puesto que sus libros entretienen, porque son historias bien contadas. Y el hombre es un ser de historias, que se alimenta de cuentos. Nuestro diálogo interior es un fantasear continuo. El pensar es un diálogo con uno mismo en el que la imaginación es importantísima. Pero sin conocimiento ése diálogo interior es pobre y casi vacío. Los autores que citas, cuando hablan de entretenimiento, se refieren a que una buena novela, puede decir lo que sea, pero, primero, debe entretener. Efectivamente, si no, no es novela o literatura. Es otra cosa. Pero al final debe deleitar, y esto entra dentro de las capacidades superiores del goce. Y, además, si enseña, pues mucho mejor. Pero, por otro lado, otra cosa importante, cuando mantenemos que el valor máximo de la lectura es el entretenimiento, entonces dejamos al margen otros géneros literarios, como son los ensayos y la lectura especializada. Te aseguro que ambos entretienen y producen placer, pero para llegar a disfrutar de ellos es necesario la formación y el esfuerzo. En definitiva, el conocimiento. Y tampoco este conocimiento, ya sea científico, filosófico o histórico nos hace mejores, lo mismo que la lectura de la buena literatura. La ética no tiene que ver con el conocimiento, como he demostrado antes, sino con el ejercicio. Y éste tiene mucho que ver con la educación. Y esto es importante porque la educación es la que debe crear los hábitos intelectuales y morales. Pero cuando la educación fomenta la mediocridad, entonces, apaga y vámonos. Por eso, porque la educación está como está, es decir, imperan teorías que defienden que se aprende jugando, que hay que motivar. Pues es ahí donde cobra sentido la tesis reduccionista de la lectura como entretenimiento, como juego. Pues no señor. La lectura es un placer que requiere del esfuerzo, del hábito y la costumbre. En un mundo narcisista, hedonista y egocéntrico como en el que vivimos es en el que cobra sentido el valor supremo del entretenimiento, porque éste es referido sólo al ego, no al nosotros. La buena literatura y el conocimiento pueden ayudarnos a trascender ese yo narcisista con el que todos nacemos, no nos garantizan nada, como digo, pero sí son un puente, porque ellos mismos requieren del esfuerzo, hacia la virtud, hacia la trascendencia del yo y la superficialidad del placer inmediato del mero entretenimiento. Pero, en última instancia, son nuestros actos los que cuentan. Pero, como la ideología que sustenta a la enseñanza nos quiere hacer ver que todo es juego y entretenimiento entonces el esfuerzo y la virtud quedan desalojados de la tarea educativa y, de resultas, la lectura se convierte en un mero entretenimiento. Y como el nivel es tan bajo, para poder entretener es necesario la más burda vulgaridad o, peor aún, la vulgarización de los clásicos. Todo está atado y bien atado. Es el triunfo del relativismo que no es más que el triunfo del yo narcisista y caprichoso que es el que a la sociedad en que vivimos les interesa que haya. No un yo ilustrado, ni contestatario, ni solidario. Si no pasivo, sumiso, obediente, distraído, narcotizado y entretenido, eso sí. Eso es, pan y circo, hasta en la escuela. Y hoy, para más inri hasta en la universidad.
Un saludo y muchas gracias por tu reflexión y tus críticas.
Juan Pedro.
Eso por no hablar de los descubrimientos de lo que podríamos llamar el mundo del espíritu, la ética, el derecho y la política. En especial la ética que es la base de las otras dos. El gran proyecto del hombre es el proyecto ético. La ética ha sido las tablas de náufrago que nos han permitido sobrevivir. El invento de los derechos humanos y de los estados de derecho, o democracias, son indispensables para entender el mundo hoy en día. Y lo hicieron los hombres del pasado. Los jóvenes desconocen esto, por ignorancia, el propio ímpetu de la juventud y la maltrecha educación. Y este desconocimiento es una de las claves de que estemos asistiendo al desmantelamiento de la ética de los derechos humanos y de la democracia. Todo eso se lo debemos a los hombres del pasado, a los actuales, como sigamos así, les deberemos el desierto de lo real, que es en lo que se está convirtiendo el mundo.
Las nuevas tecnologías de la comunicación, ahora aplicadas dogmáticamente a la educación, provocarán una revolución en nuestras capacidades cognitivas. Hay como una alianza diabólica entre tecnociencia y filosofía, qué digo, ideología, posmoderna. Como una armonía preestablecida. ¿O serán lo mismo o la hybris de los griegos? Nos dirigimos a la tecnobarbarie contentos, orgullosos e inconscientes.
Vamos a ver, lo que aquí sucede es que se confunde la clase magistral con dictar apuntes. Y eso no es así de ninguna de las maneras. La clase magistral motiva por sí misma. Es una transmisión de conocimientos, valores y pasión. Otra cosa es, como señala Maricruz, que haya que tener entretenidos a todos los alumnos. Pero eso es otro problema, no de la clase magistral, ni se soluciona con las nuevas tecnologías. Ése es el problema de la obligatoriedad de la ESO hasta los dieciséis años y prorrogable y de nuestro sistema de promoción. Es decir, que el error viene de la ideología LOGSE de fondo. El repudio de las clases magistrales, y digo en el sentido magistral, no dictar viejos apuntes o leer un libro de texto, es una consecuencia del propio sistema. De lo que se trata es de mantener entretenidos, de enseñar entreteniendo, porque, para lo que hay que enseñar, pues es suficiente. Por eso la clase magistral, que es la mejor manera de transmitir conocimientos de una forma rápida y homogénea, como dice Jesús San Martín, es denostada por todos. Ya no se trata de conocimientos, sino de meras competencias vacías y con una intención clara de instrumentalización del alumno para el futuro. Lo que, por otra parte, es un atentado contra la dignidad de las personas. De lo que se trata es de convertir a los ciudadanos en instrumentos, de ahí lo de la adaptabilidad y las competencias, eso es un todo. La clase magistral es un vehículo de transmisión del saber irremplazable y absolutamente necesario, y que exige del profesor un conocimiento profundo de su materia. Un conocimiento que siempre debe ir actualizándose. Es un deber de nuestra profesión, no la formación psicopedagógica, eso es adoctrinamiento. No entiendo ese comentario sobre la filosofía, mis clases han sido siempre magistrales, en cuanto al método, no sé en cuanto a calidad, –y utilizo las nuevas tecnologías como el que más- pero mi explicación de Platón, de ahora, muy poco tiene que ver con la explicación cuando terminé mis estudios universitarios, que no son más que una mera introducción. El profesor que ejerce la clase magistral no es un papagayo, tiene como fin provocar al alumno, utiliza el dialogo, la mayeútica, y las tecnologías modernas si vienen al caso también. Pero el error logsiano es confundir los fines con los medios. Creer que la utilización de las nuevas tecnologías o el aprender a aprender es el fin. Pero no es así, eso no son más que medios. El fin es la transmisión de conocimientos, valores y pasión, todo lo demás son pamplinas. Pero ya lo sabemos, el problema es de fondo y lo hemos discutido mucho. Esto no interesa a la ideología LOGSE que emana del poder que quiere convertir a los ciudadanos en instrumento, meros números del mercado, tanto del consumo, como del trabajo. La defensa de las clases magistrales es la defensa de la ilustración. El conocimiento es el vehículo de la libertad. Y ésta es entendida como autonomía. Y la autonomía es la capacidad de pensar por uno mismo. Pero no se puede pensar desde la nada, primero son necesarios los conocimientos. A medida que estos van incrementándose el alumno puede ir soltándose e iniciar su propio caminar: relacionar, investigar; pensar, en definitiva. Pero, claro, este ideal ilustrado, está muy lejos del posmodernismo, que hunde sus raíces en la antiilustración: en el relativismo y el nihilismo. Si el conocimiento es relativo, no merece la pena transmitirlo, porque cualquier opinión es equivalente y válida. Y esto nos lleva directamente al vacío del nihilismo. Por eso las nuevas pedagogías no son más que formalismo, pura cáscara, tautologías mistéricas, como eso de aprender a aprender y otras máximas del oráculo. Ya decía Kant que a la paloma le gustaría que no existiese el aire para así poder volar más libremente, pero, en realidad puede volar porque el aire ofrece una resistencia. Lo mismo sucede con el aprender. Necesitamos de unos conocimientos para poder pensar por uno mismo, desde la nada y el vacío no se aprende nada. Además, señor Gilles, si usted se da cuenta, lo que he hecho en todo el escrito es una actualizacin de los clásicos a los que usted cita, para desenmascarar el engaño de los psicopedagogos y el poder. Disculpe mi arrogancia, pero usted no conoce a esos clásicos ni la psicopedagogía y yo, como filósofo –que llevamos dentro el ser educadores, el germen socrático- he pretendido darle una clase magistral, disculpe mi osadía, simplemente sigo a Sócrates, el gran pedagogo. Un saludo a todos.