Blogia
Filosofía desde la trinchera

Reflexiones marginales

Nada nuevo bajo el sol. Todos somos el montón o la masa. Cuestión de perspectiva. Internet puede ser una cura de humildad, pero, hablando de forma más general, el conocimiento es la auténtica cura de humildad. El ignorante es soberbio porque no sabe de su ignorancia y eso le lleva a hablar de todo cual papagayo. Decía un filósofo, al que he dedicado gran parte de mi vida intelectual, Popper, que “educarse es vislumbrar la inmensidad de nuestra ignorancia”. Cuando somos jóvenes tenemos ideas geniales, pero con el curso de los años, descubrimos, en nuestro estudio, que ya pertenecían a alguien. También los grandes se apoyan en otros. Es cuestión de tradición, nada sale de la nada. Newton decía que él había visto más lejos porque iba a hombros de gigantes. La originalidad es ser nosotros mismos. Esto es, encarnar en nuestra propia existencia esas ideas que se comunican con nuestro interior y nos transforman, sean nuestras o de otros.

Nuestra sociedad y el sistema de enseñanza nos llevan a la normalización y eliminación de la diferencia. Hacia la masa amorfa. Es un interés del propio sistema, pero es una gran estupidez. El hombre es un ser con biografía, es decir, irrepetible. Un fin en sí mismo. La normalización que pretende la sociedad, en manos de pedagogos, psicólogos y psiquiatra es una forma de medicalización de la ética; es decir, de la esencia de nuestra vida. Porque la pregunta de la ética es ¿qué debemos hacer? Y la respuesta es lo que nos hace diferentes.

Excelente artículo. Estoy absolutamente de acuerdo con él. El problema es que donde dice universidad, podría decir enseñanza secundaria. Y lo llevamos padeciendo veinte años. Absolutamente olvidados, sobre todo por los que, quizás, podrían haber influido, los profesores universitarios. Ustedes están en el principio del camino, nosotros ya no sé ni dónde estamos, si al borde del precipicio, o cayendo. Aunque no lo sé, porque cada día descubro inventos nuevos de estos políticos y pedagogos y profesorado sumiso, obediente y trepa. El mal se ha generalizado. Había que destrozar la enseñanza porque lo que se perseguía era la servidumbre, la anulación del ciudadano. Y ahora le ha tocado a la universidad, pero el plan Bolonía es de hace años, aunque haya empezado a funcionar ahora. Ha pasado aquí como pasó en la LOGSE, el personal no se dio cuenta hasta que el crimen fue consumado, y los que se dieron cuenta fueron pocos y distantes y con poca capacidad de maniobra. Sólo nos ha quedado, en muchos casos, la desobediencia civil, y exigir nuestra libertad de cátedra que ha sido pisoteada, lo que nos ha costado nuestro dinero, y algún que otro disgusto con la dirección, o, en el peor de los casos, con la inspección. Como lo que se pretendía era la sumisión; es decir, eliminar la democracia lo que había que hacer era domesticar; y, después de los medios de comunicación, el instrumento que el estado utiliza para la domesticación es el sistema educativo. Pero no sólo se trata de domesticar a los alumnos, futuros pseudociudadanos, sino, como apuntas, al profesorado también, que es capaz de venderse por un plato de lentejas. El plan se lleva urdiendo desde hace cuarenta años, y es el neoliberalismo, aunque en este término quepan muchas cosas contradictorias, y el pensamiento único, que en nombre de la libertad y la igualdad nos ha hecho perder el ser libres y nuestra excelencia. Es decir, que nos adentramos en un fascismo enmascarado de democracia en el que respiramos una droga, el soma, por los medios de comunicación de formación de la conciencia de masas, que nos mantiene alegres y contentos, pero inconscientes. El crimen ha sido perpetrado, sólo hay que esperar las consecuencias. Pero, los reductos de resistencia todavía existen, por ello, la esperanza aún llamea, aunque débilmente.

El fb, como Internet en general fragmenta el discurso, transforma nuestra forma de leer y estudiar. Con ello reestructura nuestra manera de ver el mundo. Más liviana, fragmentaria, epidérmica, caótica. Múltiples intereses, poca calma y escasa profundidad. Cada vez sospecho más que esto de las redes sociales es un invento más del Gran Hermano, un nuevo pan y circo que alimenta nuestra curiosidad insaciable haciendonos creer, encima, que somos más libres. Ahora resulta que las revueltas en Oriente Próximo han sido posibles por Internet y las redes sociales, como si no hubiese habido revoluciones antes en la historia, ¡vamos hombre! Esto es un engaño. La revolución procede de la miseria, la pobreza, la barbarie y la indignación. Y eso es lo que ha ocurrido. Si todos estuviesen entretenidos con las TICs, no pasaría nada. Es la religión de la tecnobarbarie.

Es muy importante el dilema que planteas. Lo cierto es que, como sucede en ética y política, es un dilema, no un problema. En la ciencia tenemos problemas, y estos se resuelven. Pero en filosofía práctica nos encontramos con dilemas y estos no tienen solución definitiva. Pero aventuremos una que tenga una justificación pragmático histórica. Tanto los estados-nación, como los nacionalismos, son construcciones históricas. Su sustrato es una ideología en la que sus habitantes creen. La nación española es un invento, como lo es la catalana. Ahora bien. Los nacionalismos cerrados o excluyentes son aquellos que anulan al individuo. El hombre es un animal social, es en tanto que vive en sociedad. Pero su realidad es la kantiana, la sociable insociabilidad. Eso quiere decir, que hay un resquicio para la individualidad que se expresa en términos de autonomía y libertad, pensar y actuar por uno mismo. Toda ideología que anule al individuo y su autonomía es una forma de totalitarismo. Así podemos aceptar los ideales nacionalistas identitarios sólo en tanto formas ideológico-culturales de identificación e integración, siempre y cuando el individuo decida por encima de esos ideales. El ser humano se hace y se construye en sociedad, pero su valor está por encima de los ideales nacionales. Esa es una de las lecciones aprendidas de la ilustración y de su mayor representante, Kant. Pero eso el filósofo de Könisberg, pensaba en la idea de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. El ideal cosmopolita está asociado a la libertad de los individuos, el de república, a la pertenencia a un pueblo, estado o nación, la libertad liga, por un lado la libertad de los estados, sociedades abiertas, que diríamos hoy en día, y la libertad de cada uno que es en lo que reside su dignidad. De esta forma, lo único que se mantienen como fin en sí mismo, que es la base de la ética, es la persona. Las ideas de nación, no son fines en sí mismo. Si las consideramos así, nos adentramos en el fascismo-totalitarismo, ése fue e error del siglo XIX, en el que calló incluso el marxismo, a pesar de su lucha por la libertad de los oprimidos. Ésa es una de sus paradojas.

Vamos a ver, Antonio. Creo que tienes problemas a la hora de distinguir entre el hombre y las máquinas. Lo que creo es que tu noción de máquina y hombre están ancladas a un paradigma antiguo. El hombre como un ser dotado de finalidad, sus acciones se dirigen a un fin en concreto. Esto es lo que se llama la intencionalidad. Por su parte, la máquina es entendida en la versión dieciochesca. La máquina como un mecanismo de relojería. Ninguna de las dos cosas son ciertas. La concepción de máquina cambia con la concepción de lo que sea la materia y ésta tiene que ver con la nueva física y la nueva biología, así como cono la teoría de la computación. Podemos entender la máquina en términos cuánticos, principio de incertidumbre y en términos bioquímicos, estructuras disipativas. También en términos informáticos o cibernéticos, información. Y, en última instancia, todos los niveles del universo son información, en distinto grado y complejidad, pero información. Es éste otro baluarte que hay que derribar para evitar el antropocentrismo. Los seres humanos no son los únicos dotados de finalidad, voluntad y libertad. Algo de esto existe también en los animales superiores, la diferencia es de grado. Pero no es esto lo que yo quería tratar, éste es otro tema. Lo que entendemos por voluntad humana y su finalidad, hay que acudir a los últimos estudios de las neurociencias, como Llinás o Francisco Rubia o Antonio Damasio, por mencionar a los más importantes y divulgativos, para conocer en qué cosiste el cerebro y cómo desde su distribución bioquímica podemos entender eso de la voluntad, la intencionalidad y la libertad. Se reduce a información. Y, además, desde la teoría modular del cerebro, resulta que esa información actúa como fabulación de situaciones. El cerebro es un gran fabulador, de él emerge lo que llamamos la realidad y nuestra conciencia de ella y de nosotros mismos. El cerebro, por otro lado, es una chapuza de la evolución, por muy mágico y misterioso que sea, pero obedece a la evolución. Se ha ido generando parcheando inadaptaciones, permaneciendo lo más antiguo dentro de lo nuevo, todo lo que el cerebro es capaz de hacer es una adaptación. El hecho de que seamos capaz de construir música y teorías científicas, y pinturas, no es ningún objeto evolutivo, es un efecto colateral. El cerebro evolucionó para sobrevivir. Y el punto de inflexión fue el lenguaje. Y del lenguaje emerge el mundo de la cultura, que constituyen nuestras garras y dientes para la subsistencia. La voluntad y la libertad son mecanismos de supervivencia. Lo de la libertad es muy curioso porque es un anticipo de algo que el cerebro ya tiene decidido. De todas formas la mecánica cuántica también tendría algo que decir aquí.

 

            En fin, que lo que nos diferencia de una máquina, hoy por hoy, son dos cosas, de momento las maquinas cibernéticas están construidas con silicio, nosotros con carbono, en segundo lugar nuestra complejidad es mayor. La cuestión de la complejidad es cuestión de grado, carece de importancia. La cuestión del material, también carece de importancia porque ya se trabaja en la creación de vida artificial, en ordenadores cuánticos y biológicos.

 

            Tu posición es estrictamente antropocéntrica. Tienes que tener en cuenta que, desde el punto de vista evolutivo, lo único que tiene importancia en nosotros es la información genética. Pero sí señalas una cosa importante. Creo que cuando te refieres a que cuando las máquinas piensen o sientan será el fin del Hombre, lo pones con mayúsculas, te refieres al orden establecido. Podría ser. Y entra dentro de las leyes evolutivas. Tenemos tres formas de evolucionar, la natural, que sigue siendo imparable, pero lenta y dos artificiales, por la ingeniería genética que acabaría produciendo a un nuevo hombre más allá del homo sapiens y la evolución de los ciborg, organismos humanos y cibernéticos, una simbiosis. Toda especie tiene su comienzo y su evolución y unas se transforman en otras y no pasa nada.

 

            Ahora bien, hay una cosa que sí me interesa señalar. Aunque seamos información, y nuestra voluntad y libertad se pueda explicar desde ella, eso no implica que la libertad no sea un hecho, desde el punto de vista ético y político. Si pensamos lo contrario estaremos favoreciendo la aparición de totalitarismos de tinte tecnocientíficos al estilo de Un mundo feliz. El hecho de que el sabor de una copa de vino se pueda reducir a información no elimina mi sensación placentera, lo que llaman los filósofos de la mente, los cualia. Pues lo mismo ocurre con la libertad. Pero aquí la cosa es más importante, porque no sólo se trata de mi libertad como sensación y como construcción personal; sino de mi libertad como derecho político del ciudadano. Los regímenes políticos deben respetar esta libertad y fomentarla. No podemos confundir niveles. Y estas reglas tendrían que ser reglas de la robótica también, como los principios de la robótica de Asimov.

¿No somos máquinas? Un robot es información, cualquier ser vivo es información. Lo que recibimos por los sentidos es información que cambia nuestra información interior. Lo que ocurre en nuestro cerebro es que se transmite información química de unas neuronas a otras. Elimina ese antropocentrismo. Otra cosa es que nosotros seamos capaces, por ahora, de crear inteligencia artificial y vida artificial.

Todo sistema totalitario tiened a eternizarse y hacerse omnipresente y considera cualquier alternativa como herejía. Pero recordemos que herejía es pensar de otra manera y no hay forma de dialogar si no se piensa de otra manera. La esencia de la democracia es la disidencia. Todo sistema, por muy democrático que se presente, que elimina la disidencia, por los métodos que sea, violentos o no, es un totalitarismo. Las democracias actuales son un claro ejemplo de ello. El colmo de la opresión y la eliminación de la libertad de pensamiento es cuando se piensa, incluso, que no hay alternativas. Éste último pensamiento es el de la mayoría de la población, prueba irrefutable del estado totalitario en el que vivimos. Vivimos en democracias clausuradas, lo contrario de la democracia que debe ser una sociedad abierta. Pero la apariencia de pluralidad y de libertad de pensamiento es cada vez mayor. Ahora, incluso, con las redes sociales. Falso, toda tecnología amplifica la realidad social material. Las nuevas tecnologías no son el detonante de nada, sólo amplificadores. No nos dejemos engañar con el pan y el circo de las nuevas tecnologías.