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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Reflexiones marginales.

Compromiso con la verdad, disidencia y libertad.

 

En un reciente artículo de Fernando Savater en el País 20-8-2011, dedicado a la memoria de Semprúm y en el que se analiza la obra de Orwell y su actualidad, se hace una defensa de que el autor se caracteriza fundamentalmente por su compromiso por la verdad. Así reza, precisamente, el título del artículo. Coincido plenamente con esta característica, que además Savater recoge y hace suya. Y que, por lo demás, al menos a mi parecer, lector de la obra del filósofo español, es cierto. Lo importante y quizás lo que quede de un intelectual es su compromiso con la verdad, es decir, su afán de desenmascarar, de luchar contra los prejuicios. De disentir, aunque se quede sólo, de rectificar cuando se da cuenta de su propio error. La actividad intelectual es una actividad de crítica, de aviso sobre los excesos que pueda cometer el poder. Es una terapia, no una autoayuda que hoy en día la filosofía posmoderna ha generado. Una terapia que tiene que ver con la libertad. Porque comprometerse con la verdad es asumir las cargas de la libertad. Todo esto y mucho más lo recoge muy bien Savater con su bella prosa y elegante retórica. Pero hay dos puntos en los que no coincido.

 

            En primer lugar creo que Savater hace una división excesivamente simple de la acción política o del posicionamiento político. Los ortodoxos y los heterodoxos. Ataca a unos y a otros, como debe ser. Pero se trasluce, o al menos a mi me lo parece, que no comparte demasiado la heterodoxia. Me explico, alude al hecho de que muchos heterodoxos se enrocan, digámoslo así, en su propia heterodoxia. Digamos que lo toman como su deporte o actividad favorita, disentir por disentir. No comparto, para nada, ni la simplicidad de la división, ni la crítica a los heterodoxos. Porque sólo se alude a lo peor, a lo que podríamos llamar extremismo dogmático y fanático, que no radicalismo, porque todo pensamiento y actividad filosófica debe ser radical: ir a las raíces y a las consecuencias últimas. Ya lo dijo Ortega, la filosofía o es radicalidad o no es. La división no es tan simple decía, quizás los ortodoxos, el stablisment, sí sea más homogéneo. Todos ellos defienden la democracia liberal. La democracia que tenemos como un gran bien. Por su puesto que esto es preferible a una tiranía. Pero también es cierto que se ha ido produciendo progresivamente un déficit democrático. Ante ese déficit democrático caben dos opciones. Ignorarlo, considerar que no existe, que son sólo voces de exaltados y seguir pensado que vivimos en una democracia sana. Para mí esto, y sería la segunda opción, además de ser un pensamiento totalmente acomodado, que es lo mismo que decir que es una falta de pensamiento, es un error tremendo. La democracia es el mejor de los gobiernos porque frente a él sólo se pueden dar diferentes formas de totalitarismos. Y esto es así porque la democracia es un gobierno perfectible. Pero si no quedamos acomodados, si aceptamos el mundo que se nos ofrece, poco podremos cambiar ni transformar. La democracia exige de la crítica, del uso público de la razón para mejorarla, también de la obediencia. Pero, quizás, en algunos casos sea necesario la desobediencia civil, sobre todo cuando es el mismo poder político o económico el que atenta contra la democracia y la dignidad. Y esto ocurre. No podemos permanecer callados, hay que tomar conciencia y reaccionar. Y esto tiene que ver con lo que veníamos diciendo de la heterodoxia. En democracia, pensar de otra manera es disentir, pero desde un marco común que es la democracia, el logos. El ágora que es un lugar vacío donde habita el logos en el que todos participamos. El diálogo implica disidencia, tensión, desacuerdos. No es lo mismo que una conversación tranquila. Es confrontación, pero desde la razón. Por ello la democracia admite, acoge, es más, exige la disidencia. Sin disidencia, sin herejía, dentro del marco democrático, no hay democracia. El pensamiento único vigente hoy en día en el pensamiento ortodoxo no ve esto así. Porque considera que nuestras conquistas democráticas son lo último, el fin de la historia y de las ideología. Nada más lejos de la verdad. Esto es un tremendo déficit democrático que abre las puertas al totalitarismo en el que paulatinamente nos adentramos. Por eso hay que entender democracia como disidencia. El hombre libre es el que es capaz de pensar por sí mismo, el que va más allá de la opinión, porque las opiniones son equivalentes. El hombre libre debe trascender la doxa y encaminarse a la verdad. El fondo de la disidencia es el compromiso con la verdad. Porque la democracia es una búsqueda de la verdad en común. Y esto es así porque en democracia nadie tiene la verdad. Gran enseñanza ésta de los griegos. Hay que dudar, buscar, convencer, desenmascarar las creencias y las ideologías, razonar…por eso el cmpromiso con la verdad es el compromiso con la democracia y la ilustración.

 

            Hay un segundo punto en el que no coincido con Savater. La actualidad de Orwell. Efectivamente, la actualidad del novelista, periodista y ensayista es el compromiso con la verdad. Absolutamente de acuerdo, además creo que es un gran valor al que va unido el de la libertad. No hay búsqueda de la verdad sin libertad. Pero Savater dice que no está de acuerdo con los que dicen que Orwell es actual en el sentido de que sus análisis sirven para analizar la realidad actual. Considera que Orwell está dentro de un contexto y que sus novelas y ensayos tienen una finalidad que no es adecuada para el análisis de la actualidad que es plenamente diferente. En parte tiene razón, en el sentido de que no se puede descontextualizar a los autores. Pero, que me disculpe el señor Savater, yo sí considero que la obra de Orwell, como la de cualquier clásico, que para eso lo son, sí nos sirve para ofrecernos un poco de luz sobre la actualidad. Sólo me fijaré en sus dos novelas distópicas más famosas Rebelión en la granja y 1984, aunque también son muy interesantes las enseñanzas que su Homenaje a Cataluña nos dan sobre la condición humana y la actividad política, el optimismo y el pesimismo del autor en el que se mueve toda la obra, su entusiasmo y su desengaño, en fin, un montón de ideas universales, como la condición humana, que es definitiva de lo que habla Orwell.

 

            Las dos utopías negativas de Orwell sirven para analizar la actualidad y tienen gran vigencia. Para empezar estas dos obras son una crítica a todo pensamiento utópico que se transforma en pensamiento totalitario de carácter religioso político y redentor. La crítica a las utopías es tan necesaria hoy en día como lo fue en su tiempo. Toda utopía es un secuestro del pensamiento y de la libertad. Es un engaño en el que el hombre fácilmente cae. Y no estamos hoy en día libres de las utopías. El pensamiento neoliberal, junto al pensamiento único y la idea de progreso tecnocientífico construyen hoy en día la mayor de las utopías. Una utopía que avanza triunfante como el Ángel de la historia de Poul Klee, con los cadáveres de la historia y el progreso en las cunetas de la historia. Pero es que, además, frente a estas utopías surgen otras, nacionalismos, fundamentalismos religiosos, políticas identitarias, neofascismos que son tremendamente peligrosos y amenazan a la democracia. Estas distopías de Orwell nos ponen sobre aviso de todo esto, de ahí su tremenda actualidad. Y, por último, los conceptos fundamentales que aparecen en 1984 son de una actualidad indiscutible. El doble pensar, la neolengua, la transformación del pasado para manejar el futuro. El concepto de verdad histórica basado en la construcción arbitraria del poder. Todo ello lo vemos en nuestras “democracias”. Paree como si Orwell estuviese describiendo nuestro mundo y el fundamento de la construcción de la ideología hegemónica. Y porque ello es actual nuestras democracias padecen un déficit que es necesario denunciar y enmendar desde la disidencia y el compromiso con la verdad.

Empresa o control ideológico. Sobre la autoridad de los directores de los centros de secundaria.

 

Los directores ganan autoridad para sancionar a los profesores · ELPAÍS.com

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Las dos cosas. Y además las dos alienan. Pero ése no es el tema ahora, creo. Ya sabemos que todo sistema educativo es un sistema de control y de ideologización. No hay más que remontarse a Platón. Y el gran desenmascarador de todo esto fue Nietzsche y luego Foucoult. Lo que pasa ahora, y es lo nuevo, es que esa ideologización se hace desde los supuestos valores de la calidad educativa que han sido socavados por el poder de los partidos, por la LOGSE-LOE. Por otro lado, se atenta directamente contra el estado, es decir, contra la ciudadanía. Una república constitucional y libre, algo a lo que debemos aspirar, no esta pseudodemocracia, debe defender un funcionariado fuerte, con conciencia pública. Es decir, personas que se dedican, sin afán de lucro: médicos, profesores, jueces, fuerzas de seguridad…a mantener la integridad y virtud del estado. Si atacamos a los funcionarios desintegramos la república. Y eso es algo que a la ideología neoliberal le interesa, porque al neoliberalismo sólo le interesa un estado mínimo, reducido prácticamente a la seguridad y a proclamar leyes que protejan al gran capital. Leyes y convenios que, por cierto, exceden hoy en día a los estados, se realizan entre las grandes multinacionales y el capital financiero. De ahí las contradicciones de la globalización. Por eso no se debe permitir el ataque a los funcionarios, somos servidores públicos con una tremenda responsabilidad (cada uno en nuestro puesto representamos al estado y sus valores constitucionales: libertad, igualdad…y debemos ejercer la ejemplaridad pública) y que ejercemos por vocación, en la mayoría de los casos. Por último, la ideología que se nos vierte desde el gobierno es el neoliberalismo y el posmodernismo. La enseñanza es concebida como un sistema de adaptación a la sociedad hipercapitalista en continuo cambio. El alumno es una mercancía en manos del poder político y económico. Por el contrario, la educación y su universalidad, y ése es su origen ilustrado, debe servir para garantizar la libertad y la autonomía de los individuos. Y ello implica, no la capacidad de adaptación, valor supremo en el Plan Bolonia, sino la de transformación. Estas contradicciones que vemos y que debemos desenmascarar son fruto del pensamiento posmoderno que lo impregna todo. Y, para terminar, una sugerencia. Tengo una idea sobre la que tengo que reflexionar y es la siguiente. En el helenismo fructificaron los sistemas sincréticos que intentaban aunar y superar con una síntesis que diese lugar a una idea general del mundo de la que se desprendiese una visión de la naturaleza, del hombre, de la sociedad, de lo político y lo ético, de lo espiritual… de todos ellos el sincretismo triunfante en el siglo IV fue el cristianismo, que aún es vigente, aunque no hegemónico, aunque tal hegemonía duró siglos de pensamiento único, autoreferente y cerrado. Creo que hoy estamos asistiendo, y esta es mi idea, a un pensamiento único que aúna varias cosas: la economía neoliberal (un credo de economistas y máximos representantes del poder económico.) Una filosofía, el posmodernismo y su aliado el relativismo que nos llevan al nihilismo de la conciencia y su vacío, de tal forma que el ciudadano es convertido en instrumento fácilmente. Una política, la democracia liberal como el sumum del orden social establecido. Una idea de progreso, acrítica, basada fundamentalmente en la tecnociecia y su éxito. Idea de progreso que en definitiva no es más que un mito y un autoengaño. En fin, todo ello, y algunas cosas más están configurando un sincretismo del que está emergiendo, desde hace varias décadas, no es algo nuevo, una cosmovisión, un pensamiento único, en definitiva una religión que puede convertirse en el pensamiento hegemónico durante décadas. Pensamiento que justificará el exterminio de gran parte de la humanidad. En fin, yo lanzo la idea…



El derrumbe de la democracia y de la libertad.

 

Quien deja que el mundo –o el país donde vive-escoja por él su plan de vida no necesita de otra facultad que la de la imitación simiesca. En cambio, quien elige su propio plan pone en juego todas sus facultades. Stuart MIll

 

            La libertad es nuestro mayor bien. El más deseado, pero pesado y difícil de realizar. La libertad es fruto del ejercicio, siempre que exista la posibilidad de que se dé la libertad. La única forma de gobierno que garantiza la libertad es la democracia o la república. Eso no quiere decir que la democracia en la que vivimos realice la libertad, por eso la democracia realmente existente no es tal, o no es plena. Es más vivimos un momento de repliegue de la democracia en diversas formas de totalitarismo. La libertad se conquista, es fruto de la virtud, siempre que existan las fuerzas políticas que la hagan posible. Es decir, siempre que haya voluntad política. Así, entendemos que la libertad es algo que depende del estado y del individuo. El individuo aspira a la libertad, pero su comodidad, el miedo y la cobardía le hacen relegar su máximo ser en otro. Es lo de la paradoja de Hume o la servidumbre humana voluntaria de La Boétie. El estado, por su parte, debe garantizar, desde las instituciones políticas, la posibilidad de que el individuo realice la libertad. Es un deber institucional. Toda política y toda forma de poder que viole este principio viola el principio máximo de la democracia que es vivir desde la libertad y el ejercicio mismo de la política. Pero como la libertad es de difícil acceso y, por el contrario, fácil de perder, necesita de toda la fuerza del estado. Necesita de una educación en la ciudadanía, en la virtud o en la política. No se trata sólo de dejar margen de libertad, o el libre ejercicio de la libertad. Se trata de educar en la libertad. Ésta, hemos dicho, se conquista por el ejercicio, es como la virtud, algo que requiere esfuerzo. La libertad es una liberación, pero, también, una pesada carga: la de la responsabilidad y la de decidir tú por ti mismo qué quieres hacer de tu vida. Por eso es fácil renunciar y dejar que otro, el poder, elija por mí. De ahí la necesidad de la educación. El objetivo máximo de la educación en democracia es la consecución de ciudadanos. Un ciudadano, desde los griegos, es un hombre libre. Y un hombre libre es el que no necesita de otro para vivir. La democracia tiene el deber de formar ciudadanos, no súbditos. El individuo, en democracia, tiene el deber de ejercer la libertad, de pensar por sí mismo, de no ser una marioneta o un títere. El comportamiento humano para alcanzar su autonomía debe abandonar el mimetismo que es como empezamos a conocer; pero luego llegamos a la razón, al pensar por uno mismo. Pero la educación en la libertad, como toda la ética, no es una cuestión teórica, no es algo que se aprenda en teoría y ya lo hagamos. Es una praxis, depende de la acción y el ejercicio. Por su parte el deber del estado es hacer posible ese ejercicio.

 

            Pues bien, lo que sucede en la actualidad es que, tanto la democracia como la libertad, el fundamento ético individual de la misma, están siendo derrumbados por el poder, tanto político como económico. Eso por un lado, por otro, el individuo está cayendo en el miedo lo que le hace perder definitivamente su libertad. Y la cosa irá a peor con los tiempos que vienen. El cambio climático producirá un estado de emergencia porque se irá produciendo progresivamente una guerra de todos contra todos, o mejor llamarlas guerras climáticas, que ya existen, en busca de recursos energéticos, y de supervivencia, agua y alimentos. Entonces aparecerá el miedo al otro –porque las migraciones serán masivas- y surgirán leyes xenófobas que iremos asumiendo con toda naturalidad y que pueden terminar en soluciones finales, como fue el Holocausto. Por eso siempre digo que la crisis económica, que es una crisis Terminal, es la antesala del fascismo. La democracia irá siendo sustituida por el fascismo. El miedo de los individuos, por su pereza y cobardía, nos hará aceptar, como lo más natural, el exterminio del otro por de nuestra supervivencia. Esto ha ocurrido muchas veces, en el siglo XX demasiadas, siendo la más conocida la solución final. Pero hay todo un camino “democrático” que nos lleva hasta ella. Lo mismo está ocurriendo ahora mismo con las leyes contra la inmigración. Es el problema de la globalización del capital y la localización de la riqueza y la pobreza. La división se irá haciendo más profunda y se nos irá convenciendo del exterminio y de su necesidad. Además, la situación que nos espera vivir dentro de unas cuanta de décadas nos llevará a vivir desde la resistencia. Es decir, que el caldo de cultivo para los fascismos, desde la crisis económica y el cambio climático, todo ligado porque son partes de una misma crisis global ecosocial, está ya echado. Si queremos escapar de este fascismo que ya existe debemos recuperar la democracia y la libertad.

 

            Las estructuras de nuestras sociedades “democráticas” son antidemocráticas. El capitalismo supone una lucha de clases. La lucha entre el que tiene y el que no tiene. Eso tiene que ver con la libertad, porque el que no tiene no es libre. En la Grecia clásica, el hombre libre es el que era libre materialmente, el que tenía propiedades para vivir y entonces podía poseerse a sí mismo. Es la libertad material y económica la que nos permite la libertad moral. Y el encargado de garantizar la libertad económica es el estado. Por eso, los griegos asignaron un dinero (una renta básica) a aquellos hombres libres que dependían de su trabajo para vivir, aunque no de otro hombre, como comerciantes y artesanos. Es decir que la diferencia de clases es la diferencia entre ricos y pobres. Lo que pretendía esa renta básica –que sería hoy en día algo absolutamente necesario para conquistar la libertad material- es que estos hombres libres, pero pobres, pudiesen participar en la política. Nuestra situación es la misma. Existen los ricos, que son pocos y la mayoría que somos pobres, que no tenemos propiedades para vivir. Por eso la necesidad de una renta básica que permita vivir a cualquiera sin trabajar. Esto equilibraría la balanza entre empresarios y obreros. El obrero no tendría que aceptar a la fuerza las condiciones del empresario para poder vivir. Y también equilibraría la diferencia entre hombres y mujeres, que es igual y se suma a la diferencia entre ricos y pobres. Por eso decía que nuestra estructura social es antidemocrática. Se basa en un capitalismo sin brida que ha absorbido al poder político y éste, a su vez, agrupándose en partidos, ha absorbido al ciudadano. Éste tiene libertad de expresión, que, por lo demás, no le sirve para nada, porque no tiene libertad política. La política la hacen los partidos políticos, no los ciudadanos. Visto de esta manera llegamos a la conclusión de que vivimos en sociedades capitalistas oligárquicas y partitocráticas que eliminan la libertad y la democracia. Ni a los ricos, ni a los partidos políticos les interesa el pueblo, y menos su poder latente. Por eso urge recuperar la libertad. Pero por eso los diversos poderes se afanan en domesticar al hombre. La educación tiene como objetivo la adaptación al mercado de trabajo, donde el trabajador es sólo mercancía y no puede negociar porque no tiene propiedad, por tanto, no es libre. En lugar de ello la educación debe ir dirigida a la ilustración: el saber y la libertad. Que esto no es así es un hecho constatable, por tanto se deduce con meridiana claridad que no vivimos en democracia porque se nos prepara para la esclavitud. No somos libres. Vivimos una apariencia de libertad. De ahí esa frase de la película Matrix, utilizada por el filósofo Zizek como título de una de sus obras: Bienvenido al desierto de lo real. Es necesario poder escapar a este totalitarismo encubierto si queremos conquistar la república. Es necesario la indignación que haga posible la reacción suficiente para que algo pueda cambiar. Lo que hemos dicho aquí de la estructura social, sumado a la propia condición humana dan poco ánimo. Pero si no hay una reacción que produzca un cambio asistiremos a lo largo de este siglo al largo declive de nuestra civilización. Asistiremos a una larga agonía de la humanidad. A un colapso civilizatorio, pero en este caso, como nunca ha ocurrido antes en la historia, global. No quiero ejercer de profeta, esto en un filósofo es patético. Me limito a un análisis y a una descripción. Y, lo que me gustaría es que las premisas de las que parto estuviesen equivocadas. Pero la historia es maestra y se han dado infinidad de colapsos civilizatorios y en pocos momentos se ha dado libertad y ha habido dignidad.

Reflexiones al hilo de las palabras del Papa.

 

…el Pontífice se refirió a los que "creyéndose dioses" desearían "decidir por sí solos qué es verdad o no, lo que es bueno o es malo, lo justo o lo injusto (...), quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias". Después animó a los asistentes a no sucumbir a esas "tentaciones". Porque conducen "a una existencia sin horizontes", a "una libertad sin Dios".

 

Muy desafortunadas las palabras de bienvenida del Papa. Este señor ha estado siempre contra la Ilustración. Ha considerado que ésta y su laicismo asociado son el origen de los males actuales, es más de todos los males. En cierto modo tiene razón, si nos referimos a la perversión de la razón ilustrada a la que he dedicado un ensayo entero y la he relacionado con los males de la educación. (Esbozos, nº 13) Pero aquí voy sólo a ceñirme a las palabras del pontífice. Es muy desafortunado decir aquellos que se creen como dioses. A quién se refiere. Los que se han creído como dioses y herederos de su palabra verdadera son la iglesia católica. No olvidemos que católica significa universal. Es decir, que ellos son los que se creen poseedores de la verdad absoluta. El monoteísmo, para tener sentido, tiene que asociarse con el concepto y creencia de la verdad absoluta y del bien absoluto, revelados además por dios mismo al hombre siendo el pontífice el intérprete directo de esta verdad. Cómo se puede caer en el cinismo de acusar a los no creyentes de creerse dioses y poseedores de la verdad. Si se refiere a los neoliberales económicos, pues sí, ellos participan de la religión de la economía y del capitalismo, así como del fundamentalismo democrático. Pero los agnósticos, ateos y laicos, nada tenemos que ver con esto. Califica a aquel que es capaz de poner la existencia en duda, las grandes verdades de los grandes hipócritas y poderosos en duda también de llevar una existencia sin horizonte. Pues, si señor, no hay horizonte absoluto en la existencia, ni biográfica, ni histórica. Pensar lo contrario es caer en un totalitarismo antropocéntrico, sea dios quien sea. O el católico, o el del mercado y la tecnociencia, sin ir más lejos. La existencia y la historia es un breve fragmento en la inmensidad cósmica que se debe al azar y la necesidad. Nuestra vida y nuestra historia es fruto de una construcción. No arbitraria, por supuesto, sino en busca del bien y la justicia, pero no de forma absoluta, sino objetiva. Tampoco nos lleva esto al tan temido relativismo, pero sí hay que reconocer en éste que es una vacuna contra el fanatismo. El relativismo cae a su vez en contradicción, por eso el sentido de la vida y de la historia es ser capaz de cultivar lo universal desde la diferencia. Y la admisión de la diferencia es la tolerancia; la posibilidad del diálogo racional entre todas las posturas que respeten las reglas del juego. Y estas son las de la libertad. Y esto nos lleva a la última perla del pontífice. Alude a que nos atrevemos a vivir una libertad sin dios. Pero, hombre, si es precisamente lo contrario. Dios anula la libertad. Si dios existe el hombre no es libre. Dios no existe, pero la iglesia sí, y ha poseído y posee mucho poder. Poder que ha utilizado para amedrentar al hombre, para sojuzgarlo, para tomarse la justicia por su mano, para robar, saquear, matar… Y todo en nombre de la verdad y de un supuesto evangelio que es la palabra de dios y la revelación directa de dios al hombre. Además de su redención. No, señor. La libertad es la capacidad de construirse un futuro por encima de la intervención de los diversos poderes. Me refiero a los del estado, al económico, al religioso… la libertad exige la no existencia de ningún dios, de ninguna verdad absoluta establecida a priori. Y, sobre todo, que esa supuesta verdad no esté en posesión de nadie. Porque en tal caso nos intentará convertir en siervos y, nunca mejor dicho, comulgar con ruedas de molino. La libertad es disidencia desde la razón. Y la disidencia procede de la herejía, que en su origen griego viene a decir, el que piensa de otra forma. Lo común la razón es lo que nos une. La verdad nos separa y nos lleva a la guerra.

 

…"No pocos jóvenes, por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación que lleva al desprecio y a la persecución abierta o larvada (...). Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública", afirmó Benedicto XVI antes de volver su mirada hacia los 2.000 peregrinos que habían acudido a Barajas a recibirle: "Que nada ni nadie os quite la paz, no os avergoncéis del Señor".

            Desde luego que uno no debe avergonzarse de ser cristiano, ni musulmán, ni budista, ni ateo. Faltaría más. Hoy en día está mal visto ser cristiano, pero también está mal visto ser laico, ateo, o ilustrado. Es la posmodernidad y el relativismo y el nihilismo al que nos ha llevado. Pero lo que sí debe dar vergüenza es defender a una institución criminal, en su historia y en su intención. Su moral, no la evangélica, de la que dista mucho, es un crimen contra la humanidad. Su negación de la eutanasia es una tortura legalizada por los diferentes poderes legislativos y ejecutivos, una herencia de la tradición cristiana. Las pretensiones de la iglesia son bochornosas, persiguen al justo y se alían con el criminal. Niegan la libertad. Lo mejor que se ha escrito sobre la iglesia como institución, y, quizás, sobre la condición humana, es el capítulo cinco de los hermanos Karamazov, cuando Jesús se presenta en Sevilla en plena semana santa. El gran inquisidor lo acusa y quiere matarlo si no se va. Jesús representa la libertad. La iglesia la seguridad. Y los hombres prefieren la seguridad. Seguro que volvería a ser condenado a muerte. Me quedo con la actitud de san Manuel, bueno, mártir. A pesar de haber dejado de creer sigue practicando la piedad y la caridad cristiana. El evangelio es un buen modelo ético de justicia social. Los verdaderos cristianaos deberían de indignarse con la institución de la iglesia. Ya sé que quizás no sea posible una religión sin institución, pero sí es posible reinventar estas instituciones. Por ejemplo en la línea del concilio Vaticano II, o de la teología de la liberación, o de la teología y la ética de Hans Kung o de Miret Magdalena, o Juan José Tamayo y los teólogos que se aúnan bajo el nombre Juan XXIII.

…Animó a los fieles imitar la conducta de Cristo, a ser "pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos de corazón, amantes de la paz". Saludó en varias lenguas y advirtió contra la tentación de "edificar sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, pero que se desmorona ante el primer azote de los vientos".

Los laicos, los ilustrados, también perseguimos la justicia, la libertad, la fraternidad. Y en este camino cabemos todos, creyentes y no creyentes. Pero no los fanáticos. Y, por el contrario, no somos pobres de espíritu, sino ricos, muy ricos. Porque esto es la libertad, el ansia de perfeccionarse moralmente, de alcanzar mayores cotas de justicia. Esta es la riqueza del espíritu. Pero cuando el Papa habla de pobreza de espíritu se refiere a que el hombre debe resignarse a la voluntad de dios. Curiosamente voluntad que él y la iglesia representan. No, señor. Eso es resentimiento, el origen de toda la degeneración moral. Aquí Nietzsche, y después Freud, tendrían mucho que decir. El origen de la moral es el resentimiento; propio, precisamente, de espíritus débiles. Y eso es lo que le interesa a toda forma de poder. Y la iglesia es maestra en esto, lleva veinte siglos. Es ya una vieja zorra, con perdón.

 

…"sin Dios" sería arduo afrontar los muchos desafíos que les plantea el mundo actual. "Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción. Y saben que sin Dios sería arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices", dijo.

 

            La negación del placer es la forma de domesticar por el miedo, el sufrimiento y la resignación. Vieja artimaña. Si no sintiésemos miedo ni ansiedad no hubiésemos inventado a los dioses ni le hubiésemos otorgado poder absoluto a ciertos hombres. Es nuestro miedo. Nuestra incapacidad de ser autónomos la que nos lleva a delegar nuestra vida en manos de otros. El placer es pasajero y evita el dolor. El cultivo del placer, la prudencia, el cálculo de los placeres hace llevadera la vida, que en sí misma es dolor, sufrimiento, frustración y desengaño. Hace falta una buena dosis de placer para sobrellevarla. Pero el placer de los epicúreos, algo frugal, ascético y, sobre todo, placer contemplativo, los que proceden del espíritu y el intelecto. Los que nos llevan al conocimiento y nos hacen libres, fuertes y valientes. Es cierto que la sociedad en la que vivimos es superficial, hedonista en el sentido peyorativo del término, pero ningún dios nos salvará de ello. Por el contrario nos querrá esclavizar. Precisamente esta sociedad que vivimos es fruto de la religión del capitalismo en el que todos, cada vez que consumimos, comulgamos. El consumo de lo superfluo nos hace esclavos. El poder se diluye en el económico. El ámbito de lo político, la ciudadanía, está siendo reemplazada por el mercado absoluto. Esta nueva religión es sutil, nos esclaviza sin utilizar la fuerza, por el contrario, nos encandila. Éste es el enemigo a batir. Ni las jeremiadas del Papa ni la ñoñería de esa juventud que “consume” el espectáculo. La iglesia ha caído en las zarpas del la sociedad del espectáculo.

 

…recalcó que la actual crisis económica "también tiene una vertiente ética". El Papa recomendó lo siguiente: "La economía solo funciona bien si lo hace en un modo humano y en el respeto de los otros. Sin una dimensión ética la economía no funciona".

 

            Gran verdad ésta. La economía tiene una dimensión ética. Y, sin la ética, la economía no funciona. Efectivamente, sin ética, sin política y humanización de la economía no hay justicia social. Pero esa ética es la de la vida democrática y la de los derechos universales del hombre, no la católica, apostólica y romana. Eso es cambiar un dios por otro, o realizar la alianza de dos dioses perversos, el del capital y el de la iglesia. Lo que padecemos ahora es el fruto, ya lo he dicho, de la religión del capitalismo. Esta religión lo impregna todo, los valores que emergen de ella nos llegan por los omnipresentes medios de comunicación y formación de las conciencias de las masas. Insisto, esa religión, si queremos nuestra supervivencia como civilización y nuestra dignidad y libertad como personas es la que debemos combatir.

La vergüenza. Ética versus política.

 

El que no se ruboriza del mal que hace es un miserable. Aristóteles.

 

La base del comportamiento ético es la vergüenza. El sentir vergüenza nos hace tomar conciencia de nosotros mismos y nos pone frente a los demás. Lo que nos ocurre es que nos arrepentimos de haber causado un mal. La vergüenza, como sentimiento, es lo primero que se da en un ser moral, sin ella no alcanzamos la moralidad. El inmoral es un sinvergüenza. Aquel que no siente nada frente al mal que produce. Por ello, la base del comportamiento ético es la simpatía o empatía. Nos sentimos reflejados en el otro. Es este reflejo, la fraternidad, diríamos desde los ideales ilustrados, lo que nos hace pretender el bien del otro, que, en suma, es nuestro propio bien. La base de la ética no es la razón, sino la domesticación de los sentimientos por la razón. Son los sentimientos y las emociones las que dirigen nuestros actos. Y es la educación la que debe dirigir todo este proceso.

 

            Pero es, precisamente, el sentimiento de vergüenza el que separa a la ética de la política. Sobre todo desde el realismo político de Maquiavelo que viene a decir que los actos políticos no se pueden calificar éticamente. Separa, absolutamente, la esfera de la ética de la esfera de la política. Desde luego que ética y política no son lo mismo, pero no pueden estar separadas. Cuando la ética y la política se separan absolutamente caemos en un totalitarismo. La base de la política debe ser la justicia. Pero ésta no se puede basar sólo en la ley. La ley, por sí sola, es solo coercitiva, no tiene poder de convicción. La acción humana al final surge de las emociones. La justicia se tiene que asentar en la confraternidad, la solidaridad y demás valores morales. Cuando el político actúa desde la tesis maquiavélica, la famosa razón de estado, o el realismo político que decíamos antes, escapa totalmente a la ética. Es un sin vergüenza, es decir, alguien que es capaz de actuar sin sentir afecto por el mal que pueda causar. Por eso esta forma de política es una política totalitaria que lo único que busca es el interés propio, el del partido o el del grupo de poder.

 

            Hoy en día, cuando el realismo político es la moneda de cambio fundamental entre los políticos podemos decir que estamos al borde de un sistema totalitario. El político se siente por encima de la ética. Los intereses particulares son más importantes. No se gobierna para el pueblo, ni el ciudadano. Se pretende anular al pueblo, se instrumentaliza. Por eso el político es mal valorado, se convierte en un miserable que olvida la cosa pública, que se limita a hacer carrera, a destrozar al oponente, dentro y fuera del partido, pero que no sabe qué es la justicia. Ya digo, para realizar la justicia necesitamos de las leyes y de los sentimientos, sin estos los ciudadanos tampoco acatarán la ley. Lo harán por coerción, no por convicción. Y si, encima el político es un mal ejemplo pues aún peor. Porque una democracia sana es una polis en la que el político ejerce la ejemplaridad pública, la virtud, no la miserabilidad. Por otro lado, en la sociedad posmoderna en la que vivimos, nihilista y egocéntrica, se ha perdido la vergüenza. Y esto es grave porque lo que sucede es que cada uno, inconscientemente, va a lo suyo sin preocuparle el resto. Sin vergüenza no hay solidaridad y sin ella no hay justicia. Lo que la sociedad hipercapitalista ha producido son individuos hiperconsumistas, preocupados de su yo que es cada vez más hueco. Por eso el crecimiento económico, basado en el consumo, mata. Nuestro modelo social y económico es un modelo criminal del cual no somos ni conscientes porque hemos perdido la capacidad de la empatía. Nos hemos vuelto unos miserables porque nuestras acciones repercuten en el mal de los otros y no lo tomamos en cuenta. El sentimiento que nos debe sacar de este estado es la indignación. Ésta es la capacidad de sentir el mal ajeno y reaccionar frente a él. Y uno es capaz de indignarse si es capaz de ponerse en el lugar del otro. A través de la indignación podemos acceder a la justicia. Es el sentimiento de indignación y solidaridad el que nos lleva a la justicia. Y ésta indignación la que reclamará a los políticos que salgan de su estado de miseria, de su delirio y ensimismamiento. La ética y la política no son esferas separadas, la una conduce a la otra y se retroalimentan. Somos animales sociales o políticos en tanto que somos animales morales y, en tanto que somos tales, somos animales políticos.

La actualidad de la filosofía cínica.

 

José Alberto Cuesta. Ecocinismos. La crisis ecológica desde la perspectiva de la filosofía cínica. Biblioteca Buridán, 2011

 

            Para empezar mi más sincera enhorabuena al autor por esta obra magistral. Un libro que aúna la erudición con la sabiduría. No trataré aquí de hacer una reseña de la obra, sino de hacer unas reflexiones, que por lo demás se recogen en el libro, desde mi perspectiva, sobre la actualidad del cinismo helenístico en la sociedad actual y su viabilidad. Sostengo, y ya digo que no añado nada nuevo a lo que en la obra se dice, que el cinismo es una filosofía plenamente actual, con sus deficiencias e incompletudes debido a la diferencia de los momentos históricos, a la mayor complejidad de la actualidad, así como a la emergencia de nuevos fenómenos con los que no se las tenían que ver las filosofías helenísticas, entre las que se encuentra el cinismo. Esas insuficiencias deben ser completadas con las otras filosofías helenísticas y con el pensamiento actual. No con el posmodernismo, por supuesto, que es algo que el cinismo debe combatir.

 

            En primer lugar hay que señalar la semejanza histórica entre el helenismo y la actualidad. En segundo lugar, señalar las características fundamentales del cinismo y en último lugar poner en actualidad esas características para ver su viabilidad, su insuficiencia y el modo de ser complementadas. Como decía, aunque la historia no se repite, sí se dan estructuras semejantes. La historia no se repite porque siempre hay acontecimientos nuevos y voluntades diferentes, pero sí existen semejanzas estructurales que nos permiten aprender del pasado. Por eso mantengo que existen ciertas semejanzas entre la época helenística, que fue el momento en el que emerge el cinismo, como el estoicismo, el epicureismo y el escepticismo, y nuestra época. El helenismo significo un periodo de crisis en el que se produce una pérdida de identidad del ciudadano. Representa la caída de la polis como forma de organizaron social. Y, específicamente en Atenas, la desaparición de la democracia. La polis, sobre todo en Atenas, en la que se daba la democracia, aunque de forma inestable, era una forma de organización social en la que el ciudadano podía intervenir directamente en los asuntos públicos. Con la conquista de las polis griegas por Macedonia y, después por Alejandro Magno, la polis deja de existir y se da paso al imperio. Se produce una separación insalvable entre los ciudadanos, que pasan a ser súbditos y los gobernantes, en este caso el emperador. El ciudadano ya no participa de la polis, de los asuntos públicos. Deja de tener importancia. Sólo tiene que obedecer los dictados del emperador. Ni las normas, ni las leyes, ni las costumbres le sirven como identidad. Está perdido en la inmensidad del imperio. Es esta nueva estructura política y social la que hace emerger la crisis y a esta crisis intenta responder la filosofía helenística, entre ellas, el cinismo. Todas estas filosofías son pensamientos encaminados a la búsqueda del sentido de la existencia. Son filosofías de la salvación. Lo que se intenta es procurar una fórmula para la felicidad individual. En este caldo de cultivo también se encuentra el cristianismo, aunque no vamos a entrar en él. Son pensamientos, en principio, individualistas que buscan un modelo de felicidad que es el modelo del sabio. Las diferentes escuelas dan sus diferentes recetas, aunque divergen entre sí tienen muchos puntos de coincidencia. De todas formas no vamos a entrar en el análisis de ellas. Nos quedaremos con el cinismo.

 

            Cuatro son las características fundamentales, aunque hay mucho más, que quiero señalar para después relacionarlo con el presente y la crisis ecosocial que padecemos y la vigencia del pensamiento cínico a la hora de enfrentarse a esta crisis, a mi modo, Terminal, si no se remedia de nuestra civilización. La primera característica, de una importancia radical es la proclama cínica, y helenística en general, de la vuelta a la naturaleza. Los cínicos consideran que hay que seguir a la naturaleza, que el hombre es naturaleza, aunque se le superpone la cultura. La cultura es el ámbito de la convención, de la hipocresía, de la falsedad, del vicio, de la corrupción. Lo que hacen los cínicos es denunciar la vanidad, el vicio y la corrupción social. Su método es el de desenmascarar por medio de la palabra los vicios sociales: la soberbia, la vanidad. Todo aquello que lo que hace es destrozar al hombre, sumirlo en su degeneración. Por el contrario, si seguimos a la naturaleza, seguimos a la razón, que es la cordura, frente a la locura de los vicios sociales, que no son más que pose y apariencia. El cínico, con su presencia y con su palabra, una retórica sarcástica y teatral, desenmascara la hipocresía social. Frente a la perversión de la cultura proclama la autenticidad de la naturaleza. Es el primer pensamiento ecológico de la historia. Lo característico del hombre es su naturaleza. Lo que nos hace iguales a todos es nuestra naturaleza, de ahí que los cínicos se empeñen en mostrar la naturaleza en cualquier parte. Lo que nos diferencia es lo arbitrario, lo convencional, las costumbres. Y todo esto es una farsa para ocultar lo común, nuestra naturaleza que es la que nos iguala a todos.

 

            De esta primera característica surge una segunda por derivación directa. El cínico es un asceta. La cultura alimenta el vicio, la necesidad. En realidad necesitamos poco. Como decía el maestro de todos los cínicos, Sócrates, porque de él surge el cinismo, como el resto de las filosofías helenísticas, cuántas cosas no necesito. Pues los cínicos siguiendo su ejemplo, y Diógenes, radicalizándolo, se desprenden de todo aquello que no sea necesario para vivir. Pero para vivir conforme a la naturaleza. Los cínicos se ejercitan en la austeridad. Ejercitan el cuerpo y el espíritu. Para vivir necesitamos muy poco, como nos muestra Diógenes, un manto, un bastón y una escudilla, a la que renuncia al ver a un niño comer lentejas en el cuenco del pan y beber agua con las manos. Poco equipaje nos hace falta en este mundo, salvo nosotros mismos. Mientras menos necesitemos más libres somos. Pero, para eso, necesitamos la disciplina del ascetismo. La vida del cínico no es un abandono, todo lo contrario, es un ejercitarse continuo, pero no para la competencia, sino para la libertad. Un continuo educar al cuerpo y el espíritu en la autenticidad. Y la autenticidad se corresponde con las necesidades que marca la naturaleza. No nos es necesario ir más allá.

 

            En tercer lugar tenemos la característica de la parrusia, el uso de la palabra de forma incontinente. Es decir, la plena libertad de expresión. El cínico, como lo haría Sócrates, pero éste desde la refinada ironía porque el momento era otro y las armas a utilizar distintas, pero en su talante está ya el cinismo como forma desesperada de enseñanza y de filantropía. Porque la base afectiva de la enseñanza es la filantropía, el amor al hombre. Y por que se le quiere, pues se le quiere hacer mejor. La libertad de expresión en el cínico es el uso del sarcasmo, de la exageración. Frente a un hombre que vive sumido en el engaño, en el vacío, el sueño, es necesario el bastonazo. Y el bastonazo de Diógenes es el sarcasmo. Se enseña por medio de la burla. La burla nos hace tomar conciencia de nuestro ridículo, no es el cínico el que va por la ciudad haciendo el ridículo, ni un loco, es el que denuncia la ridiculez, la falsedad, la máscara de los hombres bienpensantes y bien instalados en las formas y costumbres sociales. La libertad de expresión llevada hasta sus últimas consecuencias es lo que el cínico reivindica como forma pedagógica. Ya no es suficiente la ironía, es necesario el sarcasmo. Los argumentos sutiles se escapan a la corrupción social. El sueño y el engaño son tan profundos que es necesario no ya el aguijón del tábano, si no el bastonazo, la mordedura del perro. Pero esta libertad de expresión va en la misma línea de autenticidad que la mayeútica socrática. Diógenes pone en juego su vida al utilizarla. Se trata de utilizar la palabra como forma de denuncia del poderoso. Para hacerle ver que todo es efímero, que su vida es un sinsentido. Se trata de utilizar la palabra para enseñar al conciudadano, al hermano, que vive en el error, que se olvida de lo importante, mientras que se dedica a lo superfluo. Y estas palabras pueden doler y se pueden volver peligrosas para aquel que las enuncia. Hace falta valentía para enunciarlas. El cínico pone en juego su vida cuando ejerce la crítica mordaz. Pero, a la vez, enseña, que lo importante es lo que olvidamos, además, su vida ascética nos muestra que el que verdaderamente tiene poder es el que renuncia a todo lo que es superfluo. Por eso el famoso encuentro entre Alejandro Magno y Diógenes, en el que el emperador pregunta al perro que qué era lo que deseaba y éste, Diógenes, responde que lo único que quiere es que se quite de en medio pues le tapa el sol. Con esto, Diógenes se la juega. Alejandro es el hombre más poderos del mundo, Diógenes vive en un tonel, no tiene nada, salvo a sí mismo y su libertad. Y esa libertad, en este caso, es la de tomar el sol. Diógenes muestra su superioridad frente al hombre más poderoso, en realidad, el más poderoso, el que queda a merced de “el perro” es el emperador. Muestra que su poder reside en su libertad de no necesitar. Pero sus palabras muy bien podrían haberle acarreado un serio disgusto, incluso la muerte. Alejandro podía haberle mandado a ejecutar de inmediato. He aquí la valentía y la libertad del cínico, que consiste en ser dueño de sí mismo, auténticamente libre y, por eso ser capaz de enfrentarse al poder. Nada puede el máximo poder con un hombre libre. Lo único que puede hacer es aprender una buena lección. Esta libertad es la del valor, la de no callar nunca ante el engaño, el vicio, la mentira y la injusticia.

 

            Por último, otra de las características del cinismo es su defensa del cosmopolitismo. Diógenes se declara cosmopolita, ciudadano del mundo. No apátrida, que es algo que va incluido, sino cosmopolita. Lo que nos quiere enseñar Diógenes es que el hombre, al seguir a la naturaleza, la sigue en todas partes, porque la naturaleza es la misma, mientras que las costumbres son diversas. Pero va más allá. Diógenes, la filosofía cínica, y de ahí surgirá el concepto de cosmopolitismo de los estoicos, considera que todos los hombres son iguales. Ser cosmopolita es reconocer al otro como otro yo. Es reconocer la dignidad del otro por su propio ser, su propia naturaleza. En realidad, el cosmopolitsmo es la concepción ética de la hermanad, en su naturaleza, de todos los hombres. Y esto nos lleva a la igualdad. Todos somos iguales, las diferencias son superfluas y aferrarse a nuestras diferencias no es más que esclavitud, además de producir guerra y conflicto.

 

            Pues bien, estas son las características esenciales del cinismo que, a mi modo de ver, tienen plena vigencia, aunque son insuficientes. También hay que tener en cuenta una cosa y es la distinción que hace Sloterdijk en su ya clásica obra Crítica de la razón cínica. El autor distingue entre cinismo y quinismo, atendiendo a su raíz griega. Esta distinción es interesante porque el cinismo hoy en día se ha malinterpretado. Para Sloterdijk el cinismo actual es el del poder, el del político. Aquel que se camufla y nos engaña haciéndonos pensar otra cosa de la que es. Y esto queda muy patente en las políticas medioambientales. Las políticas verdes, el tan cacareado desarrollo sostenible, que en boca del cinismo político no es más que crecimiento económico sostenible maquillado de políticas que no van al fondo del problema, que son más de lo mismo. Este cínico no es exactamente el camaleón del que nos habla Garcia Gual es su La secta del perro, sino el cínico en sentido de hipocresía. Y a este cínico le ha venido muy bien el posmodernismo. Porque este no-pensamiento es la forma de discurso en la que caben todos los pensamientos, en la que todo vale y todo es relativo. Lo importante es la utilidad y el poder. De esta forma el cínico sería un camaleón. Pero no es éste el sentido auténtico del cínico, ni el que le atribuye Garcia Gual, ni José Miguel en su La sombra de un farol. Aquí el cínico es un camaleón que se camufla entre la gente para enseñar, no para aprovecharse de ellos ni engañar. Si bien es cierto que el cínico actual tiene que tener, como una de sus estrategias algo de camaleón, no es ésta su característica esencial. En nuestro momento el camaleón se diluye en la nada y pierde la posibilidad del uso de la palabra como forma de denuncia pública, característica esencial del cinismo y necesaria hoy en día. Por su parte, el quinismo es lo que entiende Sloterdijk como la actividad esencial del cinismo hoy en día es la recuperación del cinismo en la praxis actual. Esta distinción es importante para que veamos la actualidad del cinismo contemporáneo.

 

            Repasemos ahora las características. En primer lugar tenemos la vuelta a la naturaleza. Pues bien, eso es lo que hemos aprendido. Desde la teoría de la evolución, pasando por la etología y las neurociencias lo que se nos ha mostrado es que somos seres naturales. Que nuestra diferencia con los animales es una diferencia de grado. Que todos estamos sumidos en una misma biosfera de la cual somos miembros iguales, no privilegiados. Y ésta es una de las bases del pensamiento ecologista actual. Los males de la civilización proceden al triunfar las doctrinas que elevan al hombre por encima de la naturaleza, que hacen del hombre dueño y señor de la naturaleza. En la medida en la que pertenecemos a la naturaleza tenemos que obedecerla, la crisis ecosocial actual procede, precisamente de no seguir los dictados de la naturaleza. Nuestra economía se basa en el crecimiento ilimitado y esto es un error, hay unos límites al crecimiento. Y no se trata ya de un desarrollo sostenible, que como decía ha sido utilizado cínicamente por el poder, para engañar a la ciudadanía. Se trata de asumir que los límites de la naturaleza son nuestros límites y que si queremos sobrevivir tenemos que acatarlo. Por eso tenemos que utilizar la palabra para denunciar con voz clara, con bastonazos, con sarcasmos, si es necesario, la hipocresía de los políticos y la desvergüenza del pensamiento económico único. Son farsas para que unos cuantos sobrevivan a costa del resto. Hay que seguir a la naturaleza y darse cuenta de que nos reducimos a ella y que nunca la venceremos. Sólo nos cabe obedecer o desaparecer. Y de ahí se sigue que nuestro modelo de vida debe estar basado en la austeridad. Y esto desde un punto de vista ético y político. Desde el punto de vista ético debemos aprender que necesitamos poco para vivir, así como debemos aprender, de los epicúreos que el placer es posible, pero con poco. Y que el placer más importante es el intelectual-contemplativo. Esto es algo que habría que añadir desde la filosofía epicúrea a la cínica. Porque la ascética no debe ser total. La inteligencia, en sus múltiples dimensiones, es una cualidad humana que nos produce placer, o elimina dolor. El placer estático, el intelectual debe ser seguido. La educación tiene que enseñar estos valores éticos. Pero, para eso es necesario el uso de la crítica de todo lo que nos rodea, que es lo contrario. Vivimos en una sociedad del despilfarro y de la acumulación de todo lo que no necesitamos. Una sociedad que es la que sufre el mal llamado síndrome de Diógenes (porque éste, como hemos visto, representa todo lo contrario), acumula todo aquello que no necesita. Somos esclavos de lo que consumimos y no somos capaces de pararnos y experimentar ni placer intelectual ni estético. Todo es prisa y superficialidad. Consumimos el mundo mientras nos consumimos a nosotros mismos. Por eso la tercera característica es fundamental. La otra dimensión era la política. Desde la legislación debe fomentarse la austeridad y la responsabilidad con respecto a los otros y las generaciones futuras. No se puede exigir el heroísmo ético, pero sí la obediencia a la ley. Por eso la implantación de nuevos valores tiene que pasar por la educación en estos y por las medidas políticas que nos obliguen a la austeridad. Ello requiere el cambio del capitalismo sin bridas en el que vivimos a una sociedad del decrecimiento. Decía que es necesario explicar, desde la educación estos valores, pero para ello es necesario desenmascarar el engaño de los falsos valores, de los ídolos que se nos imponen. Y para ello es necesaria la tercera característica, la de la libertad de expresión, el uso de la palabra. Aunque en ese uso nos puedan partir la cara, o nos puedan encerrar, como es el caso de los ecologistas en acción que hace poco fueron encarcelados por mostrar la pantomima del poder cuando hablan de medioambiente. Eso fue un acto de cinismo actual, no una payasada, como alguno insinuo, mezcla de argumento, teatro y burla. Pero, como digo, el uso de la palabra requiere valor y como lo que el cínico ecologista actual a lo que se enfrenta es al poder pues verdaderamente corre peligro. Un gran enemigo tiene el cinismo en la actualidad: el relativismo posmodernista. Por eso el camaleón no sirve. El relativismo es una forma de engaño del poder, algo que le interesa para hacer lo que quiera, para tener las manos libres. El cínico tiene que combatir el relativismo por medio del sarcasmo y la burla. Por supuesto que detrás están los argumentos, como no. Pero hay que desenmascarar al relativismo. No todo se puede defender. No hay una muerte del discurso racional e ilustrado, lo que hay es farsa del poderoso. Y el cínico tiene que mostrar esa farsa con todos los instrumentos dialécticos y retóricos a su alcance. Reordemos el zapato dirigido a la cara de Buhs.

 

            Y el último punto es el del cosmopolitismo. Plenamente actual. Si no somos capaces de concebir como ideal ético el cosmopolitismo, nuestra civilización desaparecerá. La globalización ha terminado con las fronteras. Pero estas fronteras siguen existiendo entre los hombres. Hay libertad de mercado, libertad financiera, información al instante en todo el mundo. Pero los hombres están cada vez más divididos entre ricos y pobres, y los problemas ecológicos, con el cambio climático como insignia de todos, agudizarán estas diferencias. Los problemas ecológicos son problemas sociales y llevaran al enfrentamiento entre los hombres por la escasez de recursos naturales, tanto energéticos como alimentarios. Si no somos capaces de pensar al hombre como un igual, desde una ética cosmopolita, basada en el imperativo kantiano de que todos somos fines en sí mismo, y en el principio de responsabilidad de Jonas, que implica nuestra responsabilidad con cualquier otro, ya sea lejano en el espacio o en el tiempo (las generaciones venideras) pues no tendremos salvación. El pensamiento cínico puso las bases de todo esto, sólo tenemos que actualizarlo. Por sí solo es insuficiente, es necesario unirlo al epicureismo en el sentido en el que hablabamos antes y al estoicismo en su visión del orden político cosmopolita. Porque el cinismo tiene una deficiencia, como el epicureismo, son pensamientos para el individuo, no para la sociedad. Hoy necesitamos de los dos. Un pensamiento ético y político. Las armas son las mismas. La libertad de expresión, ya sean discursos sesudos, manifestaciones, burlas, sarcasmos, concentraciones, denuncias, camaleones que desde el camuflaje ponen en evidencia al poder y las instituciones que corrompen…todo lo que aún nos permite la democracia con la que cada vez nos sentimos menos identificados. En un mundo enloquecido, en el que todos hablan y nadie escucha es necesario el bastonazo del perro. Se corre un peligro, y es una de las insuficiencias del cinismo, perderse en esa vorágine de voces. Pero eso es precisamente lo que tiene que combatir el cinismo. Otra cosa que no puede olvidar el cinismo es que hay que partir, si queremos desenmascarar la hipocresía del poder, de un sano escepticismo. Escepticismo como duda y como búsqueda. El tiempo de los dogmatismos ha pasado, sin por ello caer en las manos del relativismo.

El cambio se produjo en el neolítico. Mientras antes éramos cazadores recolectores, con el dominio de la naturaleza: agricultura y ganadería, nos convertimos en depredadores. Ahí empezamos a cavar nuestra propia sepultura. Estamos frente al colapso civilizatorio global. Nuestros mecanismos de adaptación nos hacen vivir como si nada ocurriese. No podemos sufrir todo el sufrimiento humano, esto es inadaptativo. Pero esta falta de empatía general, la falta de fraternidad, que sería, la gran olvidada de la Ilustración, nos puede llevar a nuestra ruina, al fin de la civilización. La crisis es filosófica, de concepción del mundo, no económica. La economía no es más que una consecuencia.

Educación humanística y democracia.

 

            Leo la última obra de Martha Nussbaum Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, y me adhiero a su tesis principal, no así a otras que aparecen en el texto. Lo que en líneas generales viene a defender Nussbaum es que la educación se ha dirigido hacia la técnica y la utilidad mercantil. Esto es un error porque a la larga no habrá tanta rentabilidad porque en definitiva lo que se producirá será un déficit democrático. El cambio en la educación ha obedecido a una serie de valores que son los de la sociedad capitalista neoliberal. Una sociedad que ha supuesto que el valor principal es el productivo y que la educación, en ese sentido, tiene que ir dirigida a la productividad. Eso ha hecho que se eliminen las humanidades y las artes de los currículos, tanto de secundaria, como universitarios. Así como esto se ha hecho coincidir con el hecho de que la educación ha sido considerada como una actividad en la que el alumno es pasivo y la actividad fundamental es la de la memorización sin sentido. Es en esto último en lo que estoy en desacuerdo, pero de esto he hablado ya en muchos otros escritos. Nussbaum se adhiere, a mi modo de ver, de forma acrítica a los nuevos modelos de innovación pedagógica confundiendo sus raíces socráticas, que yo comparto, con la psicopedagogía actual. Su modelo es fundamentalmente el socrático, Rousseau, la escuela de Dywe y Tagore. Comparto estas tres fuentes, y he defendido la recuperación del espíritu socrático en la educación. Así como defiendo que, precisamente, debido a la inspiración de Sócrates la enseñanza es un proceso dinámico en la que el alumno no puede permanecer pasivo. La actividad socrática es la de indagación en tu propio interior el conócete a ti mismo como modo de conocer a los demás y así mejorarte y participar en la construcción de la polis. Pero también considero que la memoria es importante. Y que la memoria no es una cuestión pasiva, la memoria es intencional y está cargada de afectividad. Igual que la razón. El problema es confundir la razón, con la razón lógico-matemática. Así como la inteligencia, con la inteligencia lógica. Tanto la razón como la inteligencia tienen una carga afectiva importante. El hecho de  no haber entendido esto, nos ha llevado a graves problemas. La separación de la inteligencia de las emociones y afectos, por un lado, y, por otro, la confusión de que la inteligencia es la inteligencia lógico matemática han construido un mundo instrumental. Y esto unido a la ideología neoliberal, la productividad como valor máximo de la sociedad, nos ha llevado a un tipo de sociedad desproporcional, injusta y desigual.

 

            Todo ello está reflejado en la educación. La educación es, como sabemos, el medio que utiliza el poder para transmitir sus valores. Los valores científico-técnicos desde el Renacimiento, ligados a la dominación de la naturaleza y a la producción fueron los que prevalecieron desde la Ilustración, inspirados ya en Baçon hasta nuestros días. El objetivo del saber era el de dominar a la naturaleza, el del poder. La razón matemática había mostrado ser un instrumento fabuloso para conseguir el conocimiento de la naturaleza que nos otorgaría poder y dominio. La Ilustración defendió la razón como forma de emancipación. Pero hubo una forma perversa de entender esta razón, la instrumentalizada, aquella que la alejaba de los afectos y de la ética. Éste es el camino que siguió la educación. Lo que al poder, cada vez más capitalizado y economicista desde la revolución industrial, le interesaba era este tipo de razón e inteligencia. Y el modo de transmitirla era por la educación.

 

            Por eso en la educación empezó a primar el aspecto científico-técnico sobre el humanístico y restringió la razón y la inteligencia al ámbito cientificotécnico. Esto es un tremendo error. Error que, hoy en día, se ha hecho mucho más profundo al haber triunfado la ideología neoliberal productivista. Lo único que tiene valor y que interesa, se piensa, o, mejor, se cree, es lo que es productivo, lo que crea riqueza material. Bien, pues si eso es así, sumado a que la inteligencia, hablando popularmente, es de ciencias y no de letras, entonces las disciplinas interesantes son aquellas que van encaminadas a la productividad.

 

            Esta ideología es un mal irreversible para la sociedad. El papel de la educación no es la productividad, si bien ésta sea necesaria. Sino que el objetivo de la educación es formar ciudadanos. Cuando el objetivo de la educación es el de la productividad, los alumnos y futuros ciudadanos se convierten en mercancía. Por eso se habla tanto hoy en día de que el fin de la educación y lo que debe conseguir el alumno es adaptarse al sistema globalizado y cambiante en el que vivimos. Se instrumentaliza al ciudadano convirtiéndolo en una pieza más del engranaje dirigido meramente a la producción. Además, como para conseguir esto lo que se hace en la educación es eliminar las humanidades y las artes, pues entonces lo que sucede es que el futuro ciudadano pierde la conciencia de sí mismo como un ser social, construido históricamente y en interrelación con los demás. Y nuestras relaciones no son sólo las relaciones productivas, ni vivimos en un eterno presente. La democracia es una conquista histórica que hoy en día corre un grave peligro porque el poder político, que se asienta en el poder de los ciudadanos ha caído en manos del poder económico. Los ciudadanos, poco a poco, dejan de ser tales y en pro de la productividad se convierten en mercancía perfectamente reemplazable. De ahí lo de la flexibilidad del mercado laboral y la adaptabilidad del trabajador, como lo del mito de la formación continua. Eso sí, a cargo, o del estado, o del propio trabajador, siendo siempre el beneficiario el gran empresario. La economía capitalista ultramoderna los convierte en individuos consumistas y nihilistas; y el sistema de educación contribuye a ello.

 

            Las humanidades, las artes, así como una verdadera enseñanza de la ciencia, son absolutamente necesarias para la formación de ciudadanos. Y hay una cosa importante, no hay democracia si no hay ciudadanos. Y los ciudadanos se forman por medio del sistema educativo, entre otras cosas. La educación es un vehiculo de transmisión de valores, y si los valores que se transmiten son los de la productividad, pronto nos quedaremos sin ciudadanos; es decir, sin democracia. Y es necesario tener en cuenta y saber que esto es lo que le interesa al poder económico, de esa forma podrá absorber totalmente al poder político. Las humanidades, como una sólida educación científica que muestre el valor del saber por el mero hecho de saber, no por producir y sojuzgar a la naturaleza, son absolutamente necesarias para la educación del futuro ciudadano. Las humanidades nos ayudan a conocer nuestro pasado en su nivel histórico y artístico, así como a conocer la historia de las ideas filosóficas, religiosas y políticas que están detrás de los acontecimientos que narra la historia. En la educación humanística encontramos el sentido de la construcción de nuestra sociedad. Nos damos cuenta de que el presente no es algo eterno, que es una conquista. Además, el arte y las humanidades hacen uso de la inteligencia cordial o afectiva. Es decir aquella que potencia una cualidad biológica innata que es la empatía. Por medio de la educación humanística y artística aprendemos a ponernos en lugar del otro. Es curioso que  una de las tesis sobre el origen de los derechos humanos en la Ilustración tenga que ver precisamente con el desarrollo de la novela y el retrato. Ambas cosas hicieron posible la amplificación de ese comportamiento, con base etológica y genética, que es la empatía. Muy interesante esta tesis. Los derechos universales del hombre tienen una raíz biológica, la empatía, y una raíz cultural, que no es ni más ni menos que la historia de la civilización occidental, en todas sus dimensiones. Si no aprendemos esto olvidamos los valores importantes y cambiamos la jerarquía de los valores, en la que la primacía la van a tener la productividad y la materialidad. Las humanidades tienen que tener una amplia presencia en los planes de estudio de secundaria, pero también en la universidad, que el alumno tome conciencia de que con su trabajo va a formar parte activa de la polis, no sólo de la cadena de producción. Y un apunte más que me gustaría hacer sobre la enseñanza de la ciencia y la tecnociencia. Fundamentalmente la enseñanza de ésta va dirigida a la productividad, al para qué sirve y cuánto voy a ganar. La enseñanza de la ciencia habría que incardinarla en su propia historia y en la historia universal. Por dos razones fundamentales. Si enseñamos la ciencia desde su dimensión histórica se nos desvelarán los valores heroicos de la ciencia: el saber por el saber, la dedicación plena a la resolución de los misterios del universo, el placer intelectual y estético del conocimiento del universo. La disciplina y el esfuerzo que esto requiere. Por otro lado, la historia de la ciencia nos enseña que la ciencia es una actividad más en la sociedad que está inmersa en el acaecer dinámico de la misma, que los valores imperantes en un tipo de sociedad afectan al desarrollo científico, así como los descubrimientos científico-técnicos transforman la sociedad y al propio individuo produciendo nuevas formas de ser y pensar. Formas de pensar y de valorar que puede ser que nos interesen o que no. El caso es que la ciencia y la tecnociencia son mucho más que la mera productividad económica que de ella se desprenden. Existe algo que va mucho más allá de la riqueza y la productividad y es la dignidad del individuo y la justicia de la polis. Y la enseñanza de la dignidad, la libertad y la justicia no tienen ánimo de lucro, no son instrumentales, son la raíz de la formación del verdadero ciudadano.

Quizás los cambios se han ido produciendo lentamente hasta que hemos llegado a esta situación. Algo similar ocurrió antes de desembocar en la segunda guerra mundial. Creo que, desde la crisis de los setenta, hubo dos caminos que se podrían haber seguido. O bien, seguir el informe y consejos del club de Roma y “los límites del crecimiento” o hacer una política neoliberal basándose en la insostenibilidad del estado del bienestar, que sería, según ellos, el que nos habría llevado a la crisis. Como lo que se hizo fue lo segundo, se obvió los límites del crecimiento, así como los límites del planeta. El resultado, la encrucijada, por decirlo suavemente, política, económica y sociomedioambiental en la que nos encontramos. Un cambio profundo puede ser el resultado de un acontecimiento que sea la gota que colme el vaso, no necesariamente algo muy gordo.

En la tecnociencia sí podemos hablar de progreso. Aunque también tiene su carga ideológica y sus peligros. Pero el conocimiento científico, junto con el arte, son uno de los mayores logros de la humanidad. También lo es la ética y el derecho; pero aquí, todo es más complejo. No nos enfrentamos con problemas, sino con dilemas. Por otro lado, el conocimiento y el arte te llevan a la contemplación, mientras que el discurso ético político te lleva al compromiso, a vivir al pie del cañón. El arte y la ciencia son un alimento necesario para el espíritu, sin ellos el hombre no podría deleitarse con la verdad y lo sublime.

Me gusta esa idea de la libertad de expresión como un derecho ejercido para limitar el poder. Éste, por sí sólo, tiende a ser totalitario. Por su parte, la libertad de expresión, sin control crítico-racional, genera demagogia, instrumento de las ideologías para generar odio y fanatismo.

Dos cositas más. La primera es que tengas suerte, que se me olvidó en mi comentario anterior. La segunda es con respecto a tu pregunta. Cuando toda una generación ha olvidado esa premisa entonces llegamos hasta donde estamos. Creo que la formulas de forma retórica, efectivamente. Yo creo que llegamos a donde estamos, el déficit de nuestra democracia, el fascismo económico, antesala del fascismo político en el que estamos nos lleva al desprecio de lo público. Las democracias liberales están montadas sobre la ideología de la inutilidad, o, peor, perjudicial sistema público. Esto es un garrafal error que nos lleva, como tú señalas en tu pregunta a la situación en la que estamos. En definitiva, una lucha de todos contra todos en la que los más fuertes se alían para oprimir a los muchos, a la mayoría. Y, ahora, con el sutil engaño de hacernos pensar que somos libres. Un saludo y, suerte…

Insisto, las ideas tienen consecuencias. Y cuando se convierten en ideologías son tremendamente peligrosas. La cuestión no es prohibir, sino alimentar el discurso crítico y racional que es el único que puede desmontar el poder de las ideologías. Pero esto es una labor titánica.

No es que yo ponga en duda el tema de la igualdad. Soy un firme defensor. Pero habría que cambiar mucho el estado para conseguir, de facto, esa igualdad. Nuestro estado está construido desde el neolítico, a partir de la diferenta biológica entre hombres y mujeres que dieron lugar a la división del trabajo. Ya Platón se dio cuenta de ello; y siendo el primer defensor de la igualdad entre hombres y mujeres, que no de la igualdad entre las personas, pues mantenía la idea de una sociedad estamental basada en diferencias ontológicas entre los hombres que los hacían mejores y peores, construye un estado absoluto que se hace cargo de los niños. De esa forma elimina la familia, considerando que la única familia es la del estado en la que todos somos hermanos. Pero esta solución no es satisfactoria por dos cosas. Primero porque la familia no se puede eliminar, es de raíz biológica, puede tener diversas formas, pero el desarrollo afectivo del niño requiere de la familia. Sin desarrollo afectivo no hay personas. Segundo, porque el estado platónico es un modelo totalitario. Y, tercero, habría que seguir luchando por la igualdad desde la democracia y en el marco de la igualdad universal de todas las personas, es decir, en el marco universal de los derechos humanos. Pero, me temo, que siempre habrá una tensión y, ojala me equivoque, no estaría mal ver un mundo en el que los máximos puestos de todos los poderes lo ocupasen las mujeres. El poder está lleno de machos prepotentes y extremadamente competitivos, y donde hay competencia, pues no hay diálogo.

Creo que hay una mezcla de todo en este caso. Pero el fundamentalismo católico en este país ha existido con los dos partidos mayoritarios. Los socialistas siguen yendo en mi pueblo, como autoridades, dicen, detrás de la procesión del viernes santo "El santo entierro". Los crucifijos en los colegios públicos han estado hasta hace muy poco. En algunos despachos directivos aún siguen. Hace quince años escribí en una revista local un artículo "Enseñanza y laicismo" y se me insultó desde los púlpitos. Pero lo que más me dolió es que ni un socialista en el poder me defendiese. Es más, el secretario general del partido me dijo que había cosas de las que no se podía hablar en nuestra localidad. Yo reiteré que en mi localidad no había ni sombra de la Ilustración y me puse como tarea el llevar un poco de Ilustración, ideales ilustrados se entiende, a esta localidad. Esto es un episodio muy particular y personal. Pero lo del fundamentalismo católico es una cuestión española, no de uno de los partidos. Fíjate en el PSOE, el señor Bono…

Lo que sí veo un peligro es que en el PP español están los liberales o mejor neoliberales, que tampoco escasean en el PSOE, y los fundamentalistas, reaccionarios política y religiosamente. Es decir, un sector inclinado hacia el fascismo. Esto sí es cierto. Saludos.

Con referencia al artículo de Vargas Llosa y el libro Superficiales: lo que internet está realizando con nuestras mentes.

Sí que lo es y el libro que leí hace unos meses tiene una argumentación histórico-cultural y neourofisiológica contundente. Yo me había observado a mí mismo y escribí un artículo en ese sentido basándome en mi ligera transformación. Pero, como dice Álvaro, no hay que ser catastrofista. Pero su juicio tiene una validez parcial. Para los que nos hemos educado en el libro y somos amantes de ellos y tenemos plenamente desarrollada nuestra capacidad de atención y aislamiento por medio de la lectura, el peligro está ahí, pero hay que hacer que ambas actividades sean complementarias y se retroalimenten. Lo malo son los que sólo se han educado en las nuevas tecnologías. Su grave problema es que su cerebro se ha adaptado, físicamente digo, a una forma de conocimiento que es tremendamente superficial e incapacidad de mantener la concentración en algo durante mucho tiempo. Ha aportado otras cosas, como la capacidad de realizar multitareas, la capacidad de dispersar la atención, la capacidad de seleccionar información con rapidez y muchas cosas más. Pero el problema es que se llegue a una sustitución, en lugar de a un enriquecimiento. Saludos.

De todas formas no se puede separar el problema climático del problema geopolítico. El primero es un problema estrictamente político. La libertad, en tanto que dignidad es el mayor valor, ahora bien, si entendemos libertad, por libertad de mercado, ya no hay libertad. El desarrollo científico es necesario, pero también debe estar guiado políticamente hacia la consecución de mayor libertad y dignidad. Si lo dejamos sólo en manos privadas produce desigualdad y elimina libertad. Si lo dejamos en manos sólo del interés político, entonces caemos en la ideologización de la ciencia que también acaba en la instrumentalización del hombre. Saludos.

Excelente reportaje. Coincido con todo lo que tu colega arquitecto sostiene. Y, además, con temple y tranquilidad, que a mí, por mi carácter irascible, me faltarían en sus tremendas circunstancias. La verdad es que no sé si yo tendré algo que ver con esto, creo que sí y que no. Creo que sí porque somos nuestra generación la que os ha dejado este panorama invivible y sin esperanzas, que es lo peor en la juventud, no tener esperanzas. Creo que no porque siempre he luchado contra ello. Siempre he pensado que el orden establecido no era el correcto. No ya el sistema en su totalidad, que son palabras mayores y vacías, entelequias, pero sí parte del sistema. Nunca he entendido el lucro con la medicina, tanto personal como corporativa o multinacional. Lo mismo me ha ocurrido con la arquitectura. Creo que, tanto la medicina como la arquitectura tienen que ver con lo más humano, ya te lo he comentado en otras ocasiones. Eso significa que deben ser trabajos públicos. El arte que pueda surgir del arquitecto es fruto de su propia excelencia, no del mercado y no debe estar sujeto a cobro. Me dirás que soy un ingenuo, que no conozco el tema, efectivamente, por eso puedo hablar sin contaminación ni prejuicios. El buen hacer del medico, su trato humano, su humanismo, su ética, que no deontología, que ese es su deber, eso entra dentro de su excelencia, virtud, y no se cobra, es algo que está entre el medico y el paciente. Y lo mismo digo del profesor…y este tema, por desgracia, me lo conozco demasiado bien. En fin, que lo que estoy defendiendo es un socialismo de los bienes comunes como son la vivienda, la salud y la educación. Ningún arquitecto se quejaba cuando ibas a hacer una obra en casa, una tontería de nada, y no te rías, porque lo sabes, y se te exigía la firma del arquitecto, total medio kilo más la obra. Eran los buenos tiempos. Un proyecto que el maestro de obras lo hacía en una hora y el arquitecto en la mitad de la mitad, o no lo hacía, y acataba lo del maestro de obras y se llevaba el medio kilo. Lo mismo digo de los médicos. Una consulta, 200 euros, o 100 un especialista normal. Y luego las pruebas, los análisis, nueva consulta, vamos como para perder la salud el dinero y la santa paciencia... O los derechos de autor de gilipollas como Alejandro Sanz. En fin lo que vengo diciendo desde siempre, por eso te digo que me siento culpable porque el mal está ahí y es fruto de mi generación, pero no del todo, porque siempre he dicho lo mismo. La inmensa mayoría de los que estudiamos, escribimos, publicamos, hasta pagamos por lo que hacemos… Escribir esto me ha costado poco tiempo, sí trabajo… pero, ¿sabes cuántas horas hay detrás de reflexión y de estudio para decir esto a las que no les pido su rendimiento económico, porque han sido un placer intelectual? Pues esa es la cuestión. Arquitectos, médicos, abogados, todos funcionarios públicos…después vendrá la excelencia. Son muchos los profesores que publican grandes obras, que hacen grandes avances científicos e, incluso, han ganado grandes premios, hasta el Nobel, sin dejar de ser, eso, funcionarios. Es decir, servidores públicos.

            Como te digo, coincido con todo lo que dice el reportaje, pero hay que ser más radical. Y que lo sea yo a mis cuarenta y muchos, pues, no sé, no sé. En fin, que llevo un mes sin dar clases y uno ya echa de menos estas cosas. Un abrazo.

Sería muy importante que se enseñase que las ideas tienen consecuencias. Que no son cosas a las que se dedican los intelectuales. Sino que crean sentimientos y acción. Y, algunas, son tremendamente peligrosas. Nada se ha hecho en la historia sin el respaldo de las ideas.

Estimada Ana María, sólo intentaba entablar una conversación con nuestro común amigo Fernando. Una conversación que se derivaba de su comentario. Me gustaría hacerte algunas matizaciones si me lo permites. Primero, la política es para el hombre imprescindible, como lo es la ley. Somos animales políticos o sociales, como lo quieras entender y va en nuestra naturaleza biológica que culturalmente se plenifica. Dos, no se puede estar por encima de las diferencias políticas y religiosas como si se fuese un dios y, además, sugerir que lo único que se puede hacer es tal o cual cosa. No hay un único camino. En tercer lugar, el uso público de la razón es absolutamente necesario, liberalizador y garantizador de eso que se llama dignidad de la persona y que no es nada antiguo, como sugieres, sino que es un proyecto ético no realizado. Hablar de una revolución de la conciencia y en los términos que lo haces me da miedo. Todo eso acaba en lo de la necesidad de un hombre nuevo. Teoría que está a la base de toda forma totalitaria de poder, política y religiosa, por supuesto. No ha habido nunca, ni habrá nunca, un hombre nuevo. Tenemos lo que tenemos y es con lo que hay que trabajar. Lo demás son utopías que se convierten en formas totalitarias de pensamiento único. Y, por último, hablar del sistema en general es no decir nada. Si no se concreta el mal en cada parte del sistema, algo que en realidad no sé que es, no hay nada que combatir. Anunciar la corrupción del sistema y quedarse tan pancho es no decir absolutamente nada. Es una forma utópica de idealismo que prepara el camino para el totalitarismo del que antes te hablaba. Un saludo y disculpa mi discurso magistral o, mejor, profesoral, pero soy profesor y, como tal, de ello ejerzo haciendo un uso público de la razón en cualquier ágora, a lo Sócrates. Ése es mi modo, no el único, principal de acción. Remover, desenmascarar y vaciar de prejuicios las conciencias de mis alumnos.

Bueno, si iglesia de base no es jerarquía, pues estamos de acuerdo. Pero hay un problema. La iglesia institucional es jerárquica. Los grupos de base forman iglesia en el sentido teológico de la palabra, el “pueblo de dios”. Pero no en el sentido histórico, político y cultural. Por eso me refiero a esa esquizofrenia. Aunque, si quieres, puedo ser más suave, vamos a hablar de tensión interior de cada creyente perteneciente a la iglesia de base con respecto a la institucional. Esa tensión es innegable que exista y puede llegar a convertirse en esquizofrenia, imposibilidad de comunicación. Lo que sí es cierto es que si no se acaba en esquizofrenia, ni en hipocresía se estará en tensión permanente porque es la humana condición. Dicho de otra manera, no es posible un pueblo de dios en la tierra. Como decía Kant, hasta un pueblo de demonios necesita de normas para regirse y, de ahí surge la institución, el poder y la jerarquía. Es el fuste torcido de la humanidad. Ahora bien, si hacemos una lectura de una ética apocalíptica, anunciadora del fin de los tiempos, de los evangelios, entonces no es necesaria la iglesia como institución, sólo la creencia incondicional y el abandono de todo porque el fin de los tiempos es inminente. Pero esto, además de refutar el evangelio, porque no ha ocurrido, entra en contradicción con ese otro mensaje, que a mi me gusta más, que es el del sermón de la montaña y el de la parábola del samaritano. Ambos constituyen una base de la construcción del concepto de dignidad humana base de los derechos universales del hombre. Saludos de nuevo.

Intelectual apolítico es una contradicción. El intelectual es el que se las ve a diario con las ideas, el que a través de ellas se hace una visión del mundo, que como diría Unamuno le crean un sentimiento y una acción. Lo otro pueden ser eruditos, científicos que viven en su torre de marfil desentendidos del poder social de la ciencia, o cobardes que viven baja la capa del poder, sea cual sea éste y del signo que sea. Estos “intelectuales” son los participantes del mal consentido. Mal que hace posible el mal radical.

No se trata de mezclar. Aunque haya medios que lo hagan y tengan interés en ello. Pero tampoco se puede mezclar la institución de la iglesia con la religión, ni la ética universal de los derechos humanos con la ética eclesiástica. Ni la supuesta universalidad de la iglesia “católica” con la universalidad de los derechos humanos. La iglesia como institución de poder y con mucho poder todavía es éticamente hipócrita, porque el poder los es por necesidad. Eso nos lo enseñó Maquiavelo con su realismo político en “El príncipe”. Por tanto, o se sigue la ética universal de la caridad cristiana, una parte de la ética de los evangelios, porque hay otra apocalíptica, o se sigue a la iglesia. Si se hace esto último y se cree en los principios éticos cristianos, se cae en una especie de esquizofrenia, como es el caso de la teología de la liberación, o se le da una salida cínica e hipócrita y se asume la necesidad de que para que viva el mensaje es necesario, como mal menor, la institucionalización de la comunidad de creyentes. Un difícil problema para el auténtico creyente y practicante. Para el no creyente la cuestión es exigir justicia social y denunciar las injusticias. No se le puede exigir a nadie ser un héroe moral, ni un mártir. Saludos.

Dos frases desafortunadas. Carta a Fernando Savater.

 

A pesar de mi respeto, mi admiración, lo mucho que he aprendido de muchas de las obras de Fernando Savater y de su modo desenfadado y didáctico, dirigido siempre al pueblo, no a la academia, de hacer filosofía, no tengo más remedio que criticar estas dos frases desafortunadas, así como el tono general en la que las ha enunciada. De todas formas, de un tiempo a esta parte, Fernando Savater, creo que está perdiendo fuelle, además de que vive de las rentas, en el sentido intelectual, otra cosa ni lo sé ni me importa. Estas frases dedicadas al 15M en la conmemoración de su obra “Etica para Amador”, buena obra, pero no magistral, y que he utilizado bastante son las que siguen. Se ríe de una de las consignas del movimiento 15M “no nos representan” y dice: "no seas majadero, el problema es que sí te representan y por eso debemos buscar a quien mejor nos represente". Esto es una estupidez, una ignorancia supina y una chulería, además de superficialidad sobre el conocimiento del funcionamiento de la democracia. Y la otra frase es de juzgado de guardia, por lo menos para un juzgado de filósofos, ha ironizado sobre el hecho de que "alguien se enfade con los bancos porque antes le daban lo que pedía". Otro desconocimiento brutal sobre el funcionamiento de los bancos y el funcionamiento financiero. Creo que no es más que oportunismo y una simple gracia que, un intelectual de su calibre y con su audiencia, no se debe permitir. Después, eso sí, ha hecho un panegírico de la educación y del papel fundamental de la ética y la filosofía en ella. Ha defendido a la educación de la ciudadanía frente a los radicales contrarios de los dos bandos. Pero, a mi modo de ver, todo un brindis al sol, de cara a la galería. Fernando Savater, no ha sido precisamente un crítico de la LOGSE, ni de la LOE  posterior, quizás no tuvo tiempo, la verdad es que ha luchado contra causas muy importantes y con su vida amenazada y en este sentido es y ha sido un referente moral y político para muchos, para mí el primero. Pero no es el momento, tal y como está la enseñanza, de venir ahora con esos cuentos de la educación; con los que, por otra parte, estoy de acuerdo. Pero, al final, no se pringa, no se da cuenta, como le ocurre en sus dos frases desafortunadas, de que el mal viene de muy lejos. Simplemente, lanza la piedra y esconde la mano. Hace la gracieta. Una ironía, o más bien cinismo político, como de aquel que viene de vuelta de todo.

 

            Comento, muy brevemente las dos frases. En la primera ironiza nuestro filósofo sobre la frase de que “ no nos representan” y dice, pues claro que nos representan, y tanto, por eso hay que saber elegir. Falso. Se ha quedado en la superficie. Pues claro que no nos representan. Desde cuando un partido político en un una democracia partitocrática como la nuestra representa a los ciudadanos. Los partidos son mecanismo de poder, de absorción del poder de los ciudadanos. Esto es de común acuerdo entre los teóricos de la democracia. La cuestión es una cuestión, además de filosófica, técnica, qué modo de representación encontramos para eliminar el poder de los partidos y aumentar el de los ciudadanos o, dicho de otro modo, qué modo de control podemos encontrar de los ciudadanos frente a los partidos políticos. Cómo se puede decir que los partidos nos representan cuando el programa no cuenta, cuando cuenta el líder, cuando el líder es elegido a dedo, cuando los puestos de confianza aumentan hasta el infinito y son formas de control de la administración pública. Qué lejos está ese Savater defensor de la Ilustración, que conformista, y realpolitik que se nos ha vuelto. No señor, no nos representan. Y esa es una buena protesta. Porque no se trata de terminar con los partidos políticos, sino de reformarlos para que la representación sea la mayor, como es el caso de reformar la le ley electoral, que esos partidos mayoritarios, que el señor Savater dice que nos representan, o los nacionalistas, no quieren reformar. Y no lo quieren porque saben que no nos representan, que tienen un voto cautivo por la propia ley electoral y por la propia ley de partidos. No puedo entender esta ignorancia. Y esto andando sólo por las ramas, sin entrar en profundidades. Me paree una burla decir que los partidos políticos nos representan. Todo lo más, se puede decir, que los partidos nos tienen engañados haciéndonos creer que nos representan, pero de ahí a lo de Savater va un abismo.

 

            Con respecto a la segunda frase, pues más de lo mismo. Cómo se puede decir esa simpleza. Cómo se puede decir que la gente se queja y cuando los bancos se lo daban pues nadie decía nada. Vamos a ver, señor Savater, ya sé que usted es de letras, pero de economía doméstica todos sabemos algo, eso por un lado. Y, por otro, es una falta de respeto brutal a la ciudadanía. El sistema hipercapitalista ha creado su propia ideología que es la del consumo sin la cual es ineficaz. Esa ideología ha creado un sueño, se ha producido un aprovechamiento de los bancos a partir de la oferta de créditos casi vitalicio a bajo interés cuando había sueldos para ellos. Pero los bancos, señor Savater, han comercializado con esos créditos, es lo de las titularizaciones, para que lo sepa, y eso es lo que se ha llamado los activos tóxicos que ha producido la propia banca con sus propios créditos y con economía financiera a partir de ellos, engañando al cliente, hipotecándolo para toda la vida. No digo que éste no sea culpable en parte y que debería haber moderado su pasión de posesión. Pero resulta que la inmensa mayoría de loa créditos son a la vivienda. Y el derecho a la vivienda es un derecho universal. Es decir, un ideal ético que debe regular nuestra política y nuestra economía. Los activos tóxicos son los que han producido la crisis (hay muchas más razones porque yo creo que estamos en una crisis sistémica del capitalismo global, no sólo financiero) financiera de 2007-2008. Y la solución a esta crisis ha sido el desembolso de dinero público. Y es ahí donde la crisis ha empezado de verdad. La banca gana, los estados y la ciudadanía pierden. No es que me parezca una falta de conocimiento, una ligereza su afirmación, me parece una auténtica frivolidad que solo se puede cometer cuando uno está en el delirio intelectual… ¿Y si releyese usted su obra magistral “Ética como amor propio”? ¿Y si volviese a los epicúreos y a su amado Voltaire, defensor del pueblo en su tratado sobre la tolerancia (en el caso Callas) en lugar de arremeter contra él porque ha sido engañado por la nueva religión y superstición del mercado?

 

 

                                   Juan Pedro Viñuela

 

                                   13 de julio de 2011

 

 

 

El proyecto de la refinería se queda sin respaldo político.
Sin un movimiento ciudadano crítico con sus gobernantes con conciencia social y luchando por la dignidad, la democracia y la salud, no hubiese sido posible. El poder pertenece a los ciudadanos, no a los gobernantes. Este grupo de ciudadanos ha sido un ejemplo de ejercicio de la democracia, de esfuerzo, de tesón. Ha luchado contra los intereses particulares de los partidos mayoritarios, se ha comprometido con la dignidad y la democracia. Se ha informado y formado. Ha buscado el debate racional y se ha encontrado con todas las artimañas del poder. Pero David y la razón han vencido a Goliat la sinrazón y la brutalidad. Sin este movimiento ciudadano, absolutamente plural, hubiésemos asistido a un atropello contra los derechos de los ciudadanos. Nos habríamos enfrentado con una política de hechos consumados. Esto nos demuestra y nos anima a defender la democracia y a luchar contra la corrupción de las instituciones que la sostienen, incluida, la de los partidos políticos. Y esto nos enseña que, aunque con muchas trabas, es posible la política de verdad: el poder ciudadano.

Iglesia y eutanasia.

 

            La actitud que la iglesia mantiene con respecto a la legalización de la muerte digna es, no ya anacrónica, que eso no es un argumento, sino insultante a los derechos humanos y a la raíz de todos ellos que es la dignidad humana. Podemos admitir, en contra de lo que hace un laicismo anticlerical, que la iglesia, la religión en general, (porque eso es otra cuestión, hay una pluralidad de cleros, no una religión universal y verdadera, como significa católica), pueden participar en el debate público, pero no pueden imponer su creencia particular. Esto sería presunción, vanidad e intolerancia. Lo mismo que subyace a la postura frente a la eutanasia.

            Hay que tener en cuenta una cuestión esencial que a la iglesia se le escapa por intolerancia, fanatismo y desvergüenza, teniendo en cuenta su pasado y, por qué no, su presente… Esta cuestión esencial es la diferencia entre dos valores, el de la vida y el de la dignidad. La vida no tiene valor en sí mismo, es la dignidad la que le aporta valor a la vida. Una vida sin dignidad no merece la pena de ser vivida. Y una vida digna es la que está dirigida por nuestra voluntad, la que es libre. Uno es libre siempre y cuando es un fin en sí mismo, se pone sus propios fines, puede disponer de sí mismo dentro de una legalidad vigente democrática. Ahora bien, si ponemos la vida por encima de la dignidad lo que estamos haciendo es privar al hombre de su libertad. Entre vida y dignidad hay que elegir la vida digna. Y aquí hay que señalar también que lo que considera uno una vida digna, partiendo del hecho de la libertad, es subjetivo, en el sentido de que cada cual, dentro también de una legalidad democrática y autónoma, considera un modelo o modo de vida digno. El contenido de una vida digna no tiene porqué coincidir, eso entra dentro del pluralismo religioso, ideológico, político y filosófico. En lo que coincide la vida digna es en que es fruto de la libertad. Y, si la libertad está por encima del valor meramente biológico de la vida, entonces, un acto máximo de libertad es ser dueño de nuestro propio fin. La ley debe amparar este derecho. Porque el derecho a la vida es también el derecho a decidir sobre tu propia vida, es más, a decidir cuándo, si las condiciones para ti no son dignas, terminar con ella. Pero la intolerancia religiosa, que seguimos sufriendo desde siglos, es de la mayor hipocresía. Primero, además de que la tradición cristiana ha eliminado la posibilidad de la eutanasia, la permanencia de ésta se debe al poder de la religión cristiana como supuesta identidad cultural de occidente. El cristianismo intenta imponer su idea particular de la vida sobre la res pública. Esto es bochornoso, no sólo el intento, sino que en pleno siglo XXI siga siendo así. La concepción de la vida del cristianismo es particular y debe restringirse al mundo privado. La ley es para todos, es universal y debe proteger la pluralidad, no debe imponer una ideología particular que es lo que hace la ley contra la eutanasia y la muerte digna. Por otro lado, el respeto absoluto a la vida de la religión cristiana tiene su fundamento en la creencia en lo trascendente. En un dios que es dueño de nuestra propia vida. La vida es sagrada porque no nos pertenece, es un don divino. Que éste sea el fundamento teológico, filosófico y cultural de la ley no es más que una señal de nuestro déficit democrático.

            Y termino con un apunte que me parece el más dramático. La prohibición de la eutanasia y la implicación de la iglesia cristiana en ello me parece, simple y llanamente, un ejercicio de totalitarismo político. Lo que esta ley hace es prolongar arbitrariamente el dolor, físico y moral, de una persona, un fin en sí mismo al que se le está eliminando su dignidad y su libertad. Es decir, la prohibición de la eutanasia y el suicidio asistido es un ejercicio de tortura totalitaria por cualquier lado que se lo mire. La ideología eclesiástica, cínicamente, justifica esta tortura en nombre de la bondad de un supuesto dios. Y el poder político, débil y tambaleante ante el poder de la iglesia, sigue perpetuando, mientras que no se legalice, esta forma vil de tortura callada, silenciosa e indignante.

Eso es lo importante. Yo me siento un pesimista de la razón y un optimista del corazón, como decía Lukacs. Y no creo en un sentido de la historia, ni en determinismos económicos, ni biológicos, ni imperativos tecnológicos. Asi que hay espacio para la acción humana y, aunque todo pinte mal, hay esperanza (pero ni utópica ni idealista) en la construcción de un futuro mejor.

Además, la idea de que cuando el poder económico subordina al político es la antesala del fascismo es algo que vengo defendiendo y que algunos consideran una exageración. Yo creo que no y que hay que estar avisados. Creo que es la hora de la política…pero no sé el camino…quizás sea demasiado tarde.

Algunos pagan con su vida el derecho a la libertad de otros.

 

M. Onfray, Política del rebelde.

 

"Si es posible preguntar cómo se puede ser hoy anarquista, La respuesta parece inmediata: instalando la ética y la política en el perpetuo terreno de la resistencia, palabra clave, ambición cardinal del libertario. Resistir; esto es, nunca colaborar, jamás ceder, ni por un instante perder de vista lo que constituye la fuerza, la energía y el poder del individuo que dice “no” a todo lo que tiende a debilitar su imperio, cuando no la pura y simple desaparición de su identidad. Rechazar las mil y una ligaduras que, aunque ridículas, irrisorias, terminan por producir el sometimiento de los gigantes más vigorosos…

…el libertario contemporáneo propone una actitud, un estilo, un modo de ser, una manera de decir y de hacer, un temperamento. Esta resistencia manifiesta, esencia de la fuerzas libertaria puede activarse en toda sociedad…en una dictadura o en una sociedad liberal, en un planeta arrasado por el mercado libre o en naciones de poder totalitario…

            La lección cínica no ha perdido su actualidad, enseñar la desnudez del rey, la indistinción de esencia, naturaleza o sustancia entre el primero de los ciudadanos del imperio y el último de los esclavos de la ciudad."

Sin espíritu libertario sólo hay adocenamiento y servidumbre y, en última instancia, un mal consentido.

El nihilismo naturalista no es reduccionista. Está dentro de un marco más general que es el materialismo emergentista, no en la visión popperiana de los tres mundos, sino de Bunge. En “Filosofía desde la trinchera” desarrollo estas ideas en el apartado de ciencia. La objetividad de kant se rellena con el contenido empírico de las neurociencias y no es reduccionista. La objetividad es construida pero desde patrones universales filogenéticos. Es decir, que hay un a priori filogenético del conocimiento con el que todos nacemos. Por ello, a pesar de ser construido (el conocimiento) es universal. Lo de la teoría de la mente se refiere a una teoría sobre la inteligencia humana que consiste en la capacidad de ponerse en el lugar del otro, pensar lo que está pensando. Esto distingue al hombre porque es capaz de alcanzar hasta un quinto o sexto nivel, pero los primates superiores también pueden hacerlo en un primer nivel (ver “Del mono al filósofo” y otras obras de Frans de Waal). Los chimpancés pueden engañar y para eso hace falta ponerse en el lugar del otro, pensar qué piensa. Eso es lo de la teoría de la mente, que lo llaman los psicólogos y neurofisiólogos.

 

Pues no sabía yo que era arquitecto (Peridis) y, encima, de los buenos. Y, además, un humanista, como los antiguos. Muy interesante. La arquitectura como unión entre ciencia, técnica, arte y filosofía. Le ocurre como a la medicina. Lo que sucede es que en nuestro tiempo de tecnobarbarie todo se reduce a la eficacia, lo funcional, lo pragmático, lo superficial y plano y a la ausencia del factor humano. Urgente recuperar lo humano (ético, social y político) en la arquitectura y la medicina. Y esto requiere de interdisciplinariedad. Pero no está la enseñanza para estas sutilezas en la que los filósofos estamos con un pie fuera que somos los que podríamos diseñar esa interdisciplinariedad.

Una respuesta a la pregunta de Juan Arias en el País de ¿por qué ahora la indignación y no antes?

La respuesta es la servidumbre humana voluntaria. Nuestra naturaleza gregaria y tribal. Pero, a pesar de ello, somos capaces de trascender esa naturaleza. La democracia es un invento cultural contra nuestra naturaleza, pero como nuestra naturaleza biológica no es cerrada, sino abierta la cultura se convierte en una segunda naturaleza. De esta forma podemos decir que no toda persona será un sujeto político, pero sí un ciudadano de derecho, lo que no es poco. Además, la democracia es la forma de gobierno donde hay menos opresión, aunque la hay. Y como la democracia es un gobierno perfectible, pues lo mismo pude ir hacia delante o hacia atrás. En los últimos años ha ido hacia atrás lo que nos ha lleva a la crisis actual. Eso hace tomar conciencia. Tomamos conciencia cuando la miseria llega a nuestras puertas. De todas maneras, la democracia está sometida a un régimen, el capitalista, que lo que intenta es, por medio de ideología, entre ella la ideología de la democracia liberal, tener sometido al pueblo, alienado, sin conciencia, para explotarlo. El capitalismo se alimenta de la ciudadanía, pero ha inventado la forma de tener una ciudadanía sumisa y obediente por medio de una ideología, como siempre. Y esto no es nuevo. Lo nuevo es que se ha esclavizado, explotado al hombre por medio de una ideología de la libertad, una supuesta libertad, se entiende.

 

Lo que pudo ser un comienzo apaciguador.

 

            Creo que el grupo socialista tendría que haber votado positivamente la moción del grupo ciudadanos de Villafranca. Creo que hubiese sido una gran muestra por su parte, puesto que tienen la mayoría de la representación de los ciudadanos, de calmar los ánimos o, mejor, eliminar tensiones y persuadir y apelar al espíritu democrático de los ciudadanos. La política exige ejemplaridad, virtud pública, el político debe ejercerla. Era una oportunidad de oro de la cual los ciudadanos hubiésemos aprendido mucho. Todos hemos perdido en esta batalla, de una manera o de otra. La democracia es la mejor arma política, y si la consideramos como una forma de vida, ética, para alcanzar el respeto y la tolerancia. Por eso todos tienen que dar un poco su brazo a torcer. Y en esto, el ejemplo del político es fundamental. Si el político siembra tormentas cosecha tempestades. Y eso es lo que ha ocurrido por desgracia en nuestro pueblo. Y no se trata de decir quién es más o menos culpable. Salgo, para esta reflexión, de esta polémica que la historia juzgará. De lo que se trata es de ejercer la virtud máxima que hace posible la democracia. Esa virtud es la tolerancia. Y ella consiste en muchas cosas. Una es el respeto al otro aunque tenga una opinión, idea, creencia distinta a la mía. Otra es soportar lo que yo creo que es el error ajeno. Ambas son buenas conquistas. Pero, aunque necesarias, son insuficientes desde el punto de vista de la vida política. La tolerancia, en un sentido más profundo, viene a consistir en la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Y ello supone que quizás yo no tenga la razón, lo que sí está claro es que no tengo toda la razón. Y como eso está claro el otro tendrá algo de razón. Por ello la tolerancia es la capacidad ética de ponerse a dialogar. No sólo el soportar estoicamente la opinión del otro. Esto, en definitiva, es falta de respeto. Quizás, democracia formal. Es decir, los mecanismos institucionales permiten que tú hagas una moción, pero yo no entro en el diálogo. La decisión política está tomada de antemano. Esto no es democracia, señores, esto es la cascarilla de la democracia. Es partidismo. Es curioso que un grupo que cambia casi totalmente su representación siga manteniendo la misma opinión. Otro vicio de la democracia en la que estamos y que los primeros plenos han dado ejemplo claro de ello, obediencia de voto y, por tanto, ausencia de libertad de expresión y de democracia interna en el partido. Pero ya sabemos que en los partidos políticos no hay democracia, tampoco tolerancia. Lo que sí hay es obediencia al líder. Por eso lo que hay es servilismo. Hemos perdido una magnifica oportunidad de pedagogía política –que nos es muy necesaria- por parte de nuestros representantes que son los responsables de la ejemplaridad pública.

 

                                   Juan Pedro Viñuela

 

                                   05 de julio de 2011

La relación entre el rótulo del asunto y el titular del periódico no tiene sentido y menos con el contenido de la noticia de El mundo de donde se saca. Cada día veo más conspiraciones en la historia, sobre todo si leemos la historia en su intrahistoria. Pero los periodistas y los historiadores no deben perder de vista la racionalidad y, menos animar las falsas pasiones. Nos gusta un mundo perfectamente interpretado y por eso buscamos explicaciones. Lo que debemos hacer es ver lo que se señala dentro de un movimiento u otro.  Es curioso, la teoría del caos de Lorenz, una teoría matemática y determinista, pero que toma en cuenta lo que se llaman procesos no lineales, dice, en su versión popular, "el vuelo de una mariposa en Brasil puede provocar un huracán en Florida". Es decir, que el conocimiento de las condiciones iniciales de un sistema caótico (como es el tiempo y la sociedad) no es suficiente para predecir su desarrollo futuro, a pesar de ser causal. Pues lo mismo, suponiendo la verdad de la manipulación de este movimiento, como también ocurrió en cierta forma con la revolución francesa, pero a lo gordo y sin comparar una cosa con la otra porque una cosa es acabar con un régimen, el antiguo régimen, y otra profundizar en la democracia, régimen ya existente; es decir, a lo que iba con lo de el caos,  un pequeño detonante provoca una gran explosión. Periodistas pagados buscan la fundamentación de su ideología o, mejor, la línea editorial del medio para el que escriben, políticos descolocados de la realidad de cada día buscan criminalizar cualquier movimiento de protesta que se salga de los canales presuntamente oficiales, los partidos y los sindicatos. Es muy curioso este engaño porque el derecho a la concentración, y a la formación de grupos ciudadanos, sin pertenencia a ningún partido político, están contemplados en la constitución. ¿Por qué se ponen todos tan nerviosos? Pues porque temen perder el control. Porque vivimos en una partitocracia oligárquica y los medios de comunicación de masas son los vehículos de transmisión de lo políticamente correcto. Disculpa, Rafael por la parrafada, pero no es más que un ejercicio para aclararme yo mismo las ideas. Muchas gracias por la información.

 

Juan Pedro.

Ya sabes que soy un ateo militante. Pero mi primera formación religiosa se la debo a los jesuitas. Fue una formación profunda y exquisita. Con nueve años ya me enseñaron una lectura metafórica y simbólica de la Biblia. Antes de los catorce habíamos leído los evangelios varias veces. Los jesuitas con los que traté eran hombres cultos e inteligentes a la vez. Creo que, mucho, o parte de mi ateismo actual, procede de ellos, y no, precisamente como reacción, sino como forma de enfrentarme críticamente a la religión y el hecho religioso.

Claro, la pregunta es retórica. Es imposible. Por eso es necesario un cambio de ética y estética. Para mí el asunto de la ética lo tengo bastante claro, ya hablamos de ello en su momento, en las jornadas. La cuestión es que nuestra ética es antropocéntrica y debemos dar el salto a una ética ecocéntrica, además de apoyarnos en el principio de responsabilidad enunciado por Jonás. Esa responsabilidad se refería a la que hay que tener con el desconocido, el otro totalmente distinto y el no nacido. Aquí se une su mensaje con la ética ecocéntrica. Y cuando digo ecocéntrica me refiero a que el centro es la biosfera, pero el hombre no queda fuera, como algunos críticos de esto sostienen, sino que el hombre puede sobrevivir en tanto que forma parte de un sistema, la biosfera. Si nosotros alteramos el sistema, que es lo único que podemos hacer, no destruirlo por completo, el mal se vuelve contra nosotros. La biosfera persistirá, cambiando, ya por causas externar, internas o antropogénicas, durante miles de millones de años, pero nuestra supervivencia dentro del sistema biosférico es mucho más contingente. No nos queda más remedio, Maria José, como tu señalas con tu pregunta que un cambio ético-estético. Y luego viene algo más gordo, ¿cómo se construye un sistema legal internacional que sea el marco que encuadre esa ética y guíe la acción política?, ¿no habremos esperado ya demasiado y llegamos tarde? Espero que no. Saludos.

El caso es que siempre ha habido colapsos civilizatorios de origen ecológico (productivo y de recursos), como sostiene Desmond. El problema es que si en nuestro caso ocurre, por falta de soluciones e ideas, será un colapso global. Nunca hemos estado en una encrucijada tan universal. A esto debe responder la última pregunta kantiana, ¿Qué podemos esperar?, no ya en el más allá sino en el más acá de nuestro futuro.

Juan José Tamayo y Maria José Fariñas. Cultura y religiones en diálogo. Síntesis, Madrid, 2007

 

            Esta obra escrita a la par entre Juan José Tamayo y Maria José Fariñas es una argumentación serena, racional, algo idealista, a mi parecer, en medio de un clima de crispación, de enfrentamiento y de fanatismos. Es un escrito que respira tolerancia, respeto y diálogo. Un trabajo que tiene como meta la mejora de la condición humana y de los pueblos. Mi intención no es hacer una reseña de la misma, animo a todo aquel que pueda a que la lea sosegadamente, sino un comentario y una reflexión a partir de las ideas que aquí se vierten con las cuáles, en sus líneas más generales, me siento absolutamente identificado. Y digo esto por si alguno de mis comentarios no es compartido con los autores. De ambos conozco parte de su obra y a uno de ellos personalmente.

 

            Pues entrando en materia lo que el libro nos transmite es que la solución a lo que se ha llamado el choque de civilizaciones sería el diálogo entre culturas y religiones. Además, desde el principio se desmonta la idea de civilizaciones. Habría que hablar de culturas, y dentro de las culturas está la religión, el derecho, la política, la economía… Por eso el llamado choque de civilizaciones es una farsa. El concepto de civilización es una construcción y tiene su primer representante en el siglo XX en Toymbie. Se hizo famoso con la tesis de Huntington en su artículo, El choque de civilizaciones, que después se convertiría en un libro de éxito y de cabecera del pensamiento neoliberal. El problema de plantear un choque de civilizaciones es que por debajo lo que se nos está colando es el fundamentalismo. Y contra el fundamentalismo es contra lo que se trata de luchar. Éste impide el dialogo y engendra violencia. Pero el fundamentalismo tiene muchas caras, religiosa, política, económica. Es decir, se encuentra en la cultura.

 

            Desde mi perspectiva la lucha contra el fundamentalismo exige de la recuperación de la razón ilustrada como medio de crítica, como forma de desenmascarar y, a partir de ahí, liberar. Y, por eso, a mi parecer, el resurgimiento de los fundamentalismo tienen lugar en nuestra sociedad posmoderna e hiperdesarrollada, por el abandono de la razón crítica, por el triunfo de la opinión sobre el saber fundado. El hombre en la sociedad posmoderna se encuentra con una conciencia vacía deseosa de sentido. En este tipo de conciencia sin capacidad crítica anidan fácilmente los mensajes mesiánicos, fudamentalistas, redentores. El hombre es un ser que busca el sentido, que busca las certezas, que no es capaz de vivir a la intemperie. Por eso busca un sentido y lo encuentra en las verdades absolutas.

 

            Es esto, precisamente, la verdad absoluta, lo que caracteriza al fundamentalismo. La verdad absoluta, o la Verdad, a secas, nos produce la seguridad en nuestro pensar y nuestro hacer. Pero la verdad absoluta impide el diálogo. De ahí que los fundamentalismos eliminen al otro como el hereje. El otro, que tiene otro pensamiento, otra verdad es peligroso. Hay que ir contra él, eliminarlo. Por eso el fundamentalismo engendra la actitud del fanatismo y éste la acción de la violencia. El fundamentalismo ciega, mientras que la razón crítica ilumina en un mundo de sombras y de dudas en el que hay que atreverse a adentrarse, convivir, dialogar, terciar, claudicar, permitir, acompañar, convencer… Mientras que el fundamentalismo es la exclusión del otro, del distinto, la razón crítica, o cordial, que diría Adela Cortina, es apertura al otro, al distinto. El problema de la aparición de fundamentalismos en nuestro mundo procede de que está montado desde la idea de verdad absoluta. No hay verdad absoluta, hay verdades. Y esto es un problema que surge en la unión entre la filosofía y las religiones del libro. La filosofía, de origen platónico fundamentalmente, como ya viese Nietzsche, piensa que hay un mundo de verdades absolutas, de ideas que son el conocimiento verdadero. Lo demás son apariencias, engaño, error… La idea de que existe la verdad absoluta y de que podemos conquistarla es una idea peligrosa. No se puede confundir la verdad en tanto que absoluta con la verdad en tanto que objetiva. Esto segundo fue el gran descubrimiento griego, la posibilidad de algo común para buscar el conocimiento, la virtud y la justicia. El instrumento que nos une, no la verdad absoluta que nos separa. Por su parte, las religiones del libro nacen con el germen del fundamentalismo. El monoteísmo es, por definición, excluyente. Por eso en las tres religiones del libro emergen los fundamentalismos. No decimos que se reduzcan al fundamentalismo, sino que tienen en si el germen del mismo. El monoteísmo es excluyente por naturaleza. Ahora bien, igual que el fundamentalismo emerge en estas tres religiones, también, a partir de su concepto de dignidad son el fundamento ético del respeto al otro. En las religiones del libro asistimos a esta tensión. A más dogmática, más fundamentalismo, a más ética, más tolerancia. De ahí que las religiones tengan que esforzarse por aquello que tienen en común, pero para eso tienen que alejarse de la dogmática y acercarse a su mensaje ético. En las diferentes éticas existen universales que pueden entrar en diálogo y que identifican más a lo humano. Hay que recalcar las semejanzas y profundizar en ellas.

 

            La tesis de Huntington lo que ha pretendido es defender un fundamentalismo de una supuesta civilización occidental, cristiana, demócrata y liberal que es superior. En esta tesis, o mejor, ideología de la historia, lo que subyace es un fundamentalismo religioso, político y económico. Pero, curiosamente esta ideología se ha convertido, ayudada de la tesis de Fukuyama de El fin de la Historia y la muerte de las ideologías, en un pensamiento único que ha radicalizado el pensamiento occidental y justificado el crimen y la barbarie económica, política y militarmente. Ya hemos hablado del fundamentalismo religioso, vamos a ver ahora el político y económico. La verdad es que en nuestra cultura están íntimamente ligados y no se pueden separar. Además crecen dentro de un mismo caldo de cultivo que es, como dijimos al principio, la conciencia nihilista (egocéntrica-hedonista) de la posmodernidad. Desde la política se ha intentado justificar la intervención en el resto del mundo con la idea de la superioridad absoluta de la democracia liberal occidental. Aquí hay varios errores. Cuando consideramos que la democracia es la verdad absoluta estamos cayendo en una contradicción. La democracia impide la verdad absoluta, además no es exportable por la fuerza. Debe germinar dentro de cada cultura por sus medios y formas concretas. No hay un modelo único de democracia. La democracia ha sido utilizada como ideología para intervenir militarmente en donde nos conviene y ahí entra el fundamentalismo económico. Podríamos decir que el ideal democrático ha sido la ideología que el poder ha utilizado, cayendo por ello en un fundamentalismo, para realizar su plan económico. Es decir, que lo que nos encontramos de fondo es un fundamentalismo económico. El neoliberalismo se ha convertido en un fundamentalismo en tanto que ha caído en una ideología o, casi, como señala Stiglitz, en una religión con su catecismo y todo (conjunto de medidas que hay que tomar necesariamente y que vienen dictadas por el FMI y el BM, así como por los mercados financieros.) El neoliberalismo reduce la historia y la sociedad a las supuestas leyes absolutamente determinadas del mercado. Esto es un reduccionismo histórico, además de un error científico. Se podría decir más, es una pseudociencia, como bien señala Bunge. Pensar que la historia está determinada por el libre mercado y que para eso hay que acabar con el estado y eliminar al sujeto es el peor de los fundamentalismos actuales porque es el más general. Es el fundamentalismo de la globalización. Y pensar que el curso de las cosas es el que está ocurriendo de forma inexorable y que ello exige el fin de la política y la eliminación de cualquier alternativa económica, así como la reducción del individuo a mera mercancía es un fundamentalismo. Pero como este fundamentalismo se ha globalizado, porque su vehículo precisamente era la globalización, pues es la causa de un gran malestar, por decirlo de forma suave. Con más claridad, el fundamentalismo económico crea muerte y miseria.

 

            Frente a todos estos fundamentalismos lo que es necesario es fomentar la idea de pluralidad cultural, la idea de que las culturas no son islas, que el hombre ha sido siempre un inmigrante, que la evolución ha sido el producto del intercambio cultural. Que el encuentro con el otro no es sólo un choque, o no siempre ha sido un choque, sino que ha sido, en muchos casos de la historia, enriquecedor. Frente a la herejía hay que fomentar el diálogo. El pensamiento se ejerce siempre desde la pluralidad. Cuando no hay pluralidad no hay pensamiento, hay creencia. Pensar, dialogar, es difícil, pero es necesario. Hemos asistido a una globalización, pero ha sido eminentemente económica, también cultural, por supuesto, pero no suficientemente. Es necesario recobrar el diálogo entre culturas (política, derecho, religión, economía, filosofía) que permitan alcanzar un mayor grado de universalidad, de fraternidad, el ideal ético más olvidado de la ilustración. Quiero señalar una cosa que creo necesaria. Me refiero al engaño del multiculturalismo. Lo que los autores de esta obra defienden es la pluralidad. El multiculturalismo es otra forma de fundamentalismo y cierra la posibilidad de diálogo. Si decimos que todas las culturas son iguales, que son equivalentes y, sobre todo, que son inconmensurables, pues el diálogo es imposible. Las culturas se convierten en islas que temen al otro, su contaminación. Lo que defienden los autores, y yo con ellos, es la pluralidad. La pluralidad da lugar al diálogo desde unos presupuestos mínimos, en todos los ámbitos de la cultura. Por eso, en lugar de multiculturalismo, algo a mi modo de ver, muy posmoderno, habría que defender el interculturalismo. En primer lugar porque el la interculturalita parte del supuesto, epistemológico y ontológico de que hay algo común en las culturas. Ese algo común es lo humano. Y si hay algo en común es posible el diálogo desde el desacuerdo para buscar la máxima universalidad dentro de la pluralidad. Por otro lado, el interculturalismo supone la idea de que las formaciones culturales no han salido de la nada, no surgen aisladas, sino del contacto y el intercambio de otras culturas. Es necesario reconducir el inevitable proceso de la globalización, que comenzó ya en el neolítico, por otra forma de globalización en la que lo plural sea un punto de unión y de encuentro. Los problemas del hombre en particular y de la humanidad en su conjunto son los mismos, son comunes. Hay distintas formas de abordarlos. El asunto es que esas formas no deben ser excluyentes. El derecho debe fundarse sobre la pluralidad, no debe ser monista. Esto último es una herencia de la filosofía y la religión. La política debe ser plural. Y la mejor forma de ejercer la pluralidad es desde la democracia. Pero, en primer lugar, hay muchas formas de democracia; y, además, ésta está siempre en construcción. La religión debe ser privada, no puede estar por encima de la política. El discurso religioso está en pie de igualdad en el ámbito público, pero la creencia y la práctica deben ser privadas. La ética debe ser laica y plural y dirigida a defender la dignidad del hombre. Por otro lado, el diálogo sólo será posible desde la actitud ilustrada de la tolerancia y eso exige el uso crítico de la razón y el abandono de la pasión y el interés privado. Todo ello se enmarcaría dentro de un ideal kantiano de un cosmopolitismo como asociación de repúblicas libres. Este ideal kantiano seria una idea regulativa de la acción ético-política. Pero para poner en marcha este plan de diálogo, tolerancia, cosmopolitismo y pluralismo es necesario desenmacarar los fundamentalismos. El primero de ellos es el fundamentalismo económico y el segundo, que sólo hemos señalado y que va aliado y surge del primero, es el vacío de la conciencia posmoderna. La posmodernidad ha producido en las sociedades desarrolladas una actitud narcisista que les impide salir de sí mismo al encuentro con el otro. Será el dolor y la miseria el que al final nos permita reconocernos en el otro. Esperemos que no sea demasiado tarde y que algo de cordura nos asista a todos: gobernantes, poderosos y ciudadanía.

La locura de unos y la ceguera de todos nos lleva a nuestra esclavitud. La lucha contra esta locura y esta ceguera es la lucha por la dignidad y la libertad de la que todos somos responsables. Pero esta lucha se hace desde la locura y la ceguera quijotesca, locura que es más realista que la sensatez de Sancho y ceguera más clarividente que la locura iluminada del poderoso.

La docta ignorancia.

 

Con estas reflexiones generales quiero responder a mi amigo José Miguel en relación a su artículo Soberbia intelectual. Voy a procurar no utilizar la segunda persona, es decir, no personalizar, para evitar los argumentos ad hominem y, sobre todo, las descalificaciones que pueden molestar. Quizás mi artículo de réplica pudo afectarlo precisamente por el uso, o quizás, abuso de la segunda persona. Pero no hubo argumentos ad hominem intencionados. Nunca intenté descalificar sus argumentos descalificando a las personas. Mi intención era argumentar. Y creo que los argumentos eran, y sigo manteniéndolos, absolutamente contundentes. Ahora bien, al presentarse en segunda persona, fácilmente se cae en el argumento ad hominem y en la descalificación. Pido disculpas por ello. Como su réplica es del mismo tono, es decir, argumenta y apela a mi supuesta postura, pues, adolece del mismo problema que el mío. Por ello decido abandonar ese nivel de discusión y utilizar el plural que va más con lo universal y lo abstracto. Ello no quiere decir, primero, que no siga sosteniendo todos los argumentos, eliminando las menciones personales de mi primer artículo, y, en segundo lugar, que considere que mis intervenciones públicas estén atravesadas de crispación, iluminación, redentorismo, mesianismo, al estilo Savaranola. Nada de eso, mis publicaciones, más o menos acertadas o erróneas, que eso es otro cantar, están perfectamente argumentadas. Otra cosa es que el tono que utilice en ellas sea ácido, sarcástico, irónico y todo lo demás. Son las armas que tenemos contra las verdades-mentiras establecidas por el poder. Mi intención en este escrito es doble, aunque quisiera no extenderme, porque si eliminamos el tono personal y descalificativo de mi primera réplica, mis argumentos se mantienen, pese a las críticas de José Miguel, porque lo que él añade, yo lo comparto. Y cuando no lo comparto, tampoco tiene mucha importancia en la argumentación de fondo. La diferencia de raíz es de carácter y de ese carácter surge una actitud. Por ello la diferencia entre ambos es de actitud. De actitud ante lo que nos rodea. Pues decía que la intención era doble, en primer lugar una clarificación de lo que yo entiendo por intelectual en la que, a la par, va implícita una defensa de mi persona. En segundo lugar, algunas apreciaciones sobre los argumentos que se han venido barajando.

 

            Bien, soy socrático como todo filósofo que se precie. Y por ello parto en mi vida del sólo sé que no sé nada, yo sí me quedo perplejo e intento conocerme a mi mismo a través de los demás y a los demás a través de mí mismo. Es lo que Popper, otro socrático, llamaba, la docta ignorancia, tomando el nombre de Nicolas de Cusa, renacentista que acabó en la hoguera debido a sus teorías “heréticas” sobre el universo y su infinitud. Esto de la docta ignorancia me gusta porque aclara algo más la vieja máxima socrática. A la ignorancia se le añade la palabra docta. La ignorancia no es plena, es conciencia de ignorancia y esa conciencia de ignorancia nos impele al saber. Pero nuestra educación, siguiendo al máximo ilustrado del siglo XX, Popper, es reconocer la inmensidad de nuestra ignorancia. Por eso, mientras más docto es nuestro saber, más apreciamos nuestra ignorancia. De ello se deriva que todo nuestro saber es provisional, conjetural. Pero no por ello, ni relativo, ni subjetivo. En eso es en lo que se ha caído hoy en día, en el relativismo de las opiniones, que es lo contrario del saber racional. La conquista de la razón es el gran invento de occidente. Es el descubrimiento del orden racional del mundo, tanto del natural, como del humano. Es el descubrimiento de que el logos, la razón, la palabra es lo común al hombre, por tanto, elimina la subjetividad, es decir, hace prescindible al sujeto. Quien acepta la razón, pues se niega como sujeto particular para afirmarse en lo universal. Ése es el gran y trascendental descubrimiento griego y el fundamento, hoy tremendamente tambaleante, sino derruido ya, de nuestra civilización. Quien participa en el logos, participa en el mundo de los despiertos, abandona sus sueños y quimeras, participa de lo universal del logos. La racionalidad es el abandono de lo privado para acceder a lo común, que en la naturaleza es el cosmos, y en la ciudad, lo público, lo que concierne a todos por igual. Lo que desecha la razón es lo particular, el interés privado. Mientras que digo todo esto, nunca hablo de verdad, sino de racionalidad universal, que por las propias características de la misma y por los propios límites cognitivos del hombre es provisional, como ya dijimos.

 

            Pues bien, entiendo por intelectual algo muy básico, aquel que se las ve a diario con las ideas. Esto es algo que me enseñó también Popper, uno de mis máximos maestros filosóficos y éticos, pero no por ello, ha escapado a mis críticas. Porque una cosa es importante, cuado uno se compromete con lo universal ha de ir donde la razón le lleve, trascendiendo intereses y afectividad. Por eso el ejercicio del conocimiento es un ejercicio de libertad, porque es un continuo ir desenredándose de nuestros intereses particulares, de ahí la necesidad del ejercicio del conocimiento de ti mismo. Y de ahí, también, el hecho de que, a nivel privado, la libertad te lleve a la soledad. Unamuno es para mí uno de los mejores ejemplos de esto. No estaba ni con los “hunos ni con los hotros”, era capaz de ejercer la crítica desde todos los ángulos, por eso cayó en la mayor soledad, sobre todo el último año de su vida. Pero un dato importante de su vida, que además, nos servirá para dar paso a una segunda acepción del intelectual, defendió la razón, como Rector de la Universidad de Salamanca, frente al poder arbitrario de la fuerza. De ahí su famosa frase frente al general Millán Astray, a la mujer de Franco, a los falangistas apilados en el Paraninfo de la universidad y a los sucesivos discursos que diversos profesores habían dado defendiendo el golpe militar y la idea de una España eterna y católica…tras unas breves palabras como introducción a su discurso dijo, venceréis pero no convenceréis. Y aquí se terminó su discurso y comenzó su exilio interior, la retirada del rectorado, el arresto domiciliario y el vacío absoluto de Salamanca y de toda España, tanto los hunos, como los hotros. Esta lección nunca se me ha olvidado. El ejercicio de la razón y de la libertad nos lleva a la soledad. El intelectual es aplaudido y aclamado cuando le conviene al pueblo y al poder, cuando no, ya sea el pueblo o el poder, es vilipendiado. Y ésta es la segunda acepción de intelectual. El mismo Unamuno señalaba que la filosofía, podemos decir el ejercicio del pensar, incluido las ciencias, es una visión general del mundo, una cosmovisión que engendra un sentimiento y ese sentimiento una acción. Es decir, que hay una unión clara entre el saber y el hacer, la razón teórica y la razón práctica, la ética. Por tanto, la acción está guiada por el saber y el saber, como hemos dicho, es instalarse en lo universal, cosa que todo hombre, por lo demás, puede hacer, puesto que está dotado de razón. Otra cosa es porqué no se consigue. La razón de esto es nuestra propia naturaleza biológica. Somos seres gregarios y tribales, preferimos obedecer a ser libres, va en nuestra naturaleza. filosóficamente a esto se le puede llamar la servidumbre humana voluntaria, por complacencia, miedo o cobardía. O la sociable insociabilidad de Kant, o su alusión al fuste torcido de la humanidad, por esto no era ni utópico ni revolucionario este filósofo ilustrado

 

            Pero sigamos con esa dimensión ética del intelectual. Una visión del mundo implica una acción. El intelectual está comprometido con lo universal, que es el mundo de las ideas, que es en el que realmente se encuentra a gusto, y en el que le gustaría permanecer para siempre, pero es humano, ese mundo lo ciega, la mucha luz, que decía José Miguel, por eso ha de volver al mundo de los hombres y éste es el compromiso ético. La acción entre los hombres. Pero el que viene de las ideas viene de lo universal, no de la verdad, que es lo que Platón pensaba, y por eso su modelo político cae en un totalitarismo; sino de lo universal conjetural que venimos diciendo desde el principio. Desde la docta ignorancia en definitiva. Por eso, la misión ética del intelectual es la del educador o la del ilustrador (siguiendo la consigna ilustrada) atrévete a pensar por ti mismo. Y a ésta no puede renunciar, y no porque lo haga por placer. Mejor estaría en el mundo del conocimiento, en la paz de las ideas, sino por deber. La Ilustración es un movimiento contra el absolutismo, la superstición, el miedo, la esclavitud y la tarea del intelectual, por compromiso con sus semejantes, por respeto hacia ellos, es ayudarles a que hagan uso de su propia razón, no a enseñarles verdades y menos la Verdad, sino a atreverse a pensar por sí mismos. Y esta misión del intelectual es también la misión del educador o el profesor. No se puede diferenciar entre filósofo y pedagogo. Un filósofo nunca puede renunciar a su deber educativo. A la pretensión de ayudar al que no es sujeto, sino esclavo de sus intereses, de sus vicios, de sus miedos a participar de lo universal que es lo que le ayudará paulatinamente, y sin ninguna garantía de éxito, a alcanzar cierto grado de libertad que le permita dominar sus vicios (morales me refiero, no habría ni que decirlo), sus miedos, sus intereses particulares. Conocer y hacer van unidos. Y, por supuesto, también van unidos a la belleza. Porque un alma bella es un alma libre, que con el esfuerzo, el tesón, la valentía, se ha hecho a si misma. Ha hecho de su vida una obra de arte, es biografía, no mero replicante, ni objeto. Tiene un valor que va mas allá del valor que el poder le pueda otorgar, aunque el poder, como casi siempre ha ocurrido, pueda fulminarlo en un instante. Esta dicotomía entre el poder y el intelectual me recuerda una de las ideas de José Miguel de la que participo plenamente y que se desprende de mi discurso. No se puede ser maniqueos, pero tampoco se puede caer en el maquiavelismo. Me explico. No existen buenos y malos, para empezar porque la verdad, el bien y la belleza absolutos no existen, son inventos, construcciones culturales que han producido mucho daño, y siguen haciéndolo, hoy más que nunca, curiosamente en las sociedades posmodernas y descreídas, todo es mucho más complejo, tiene muchos matices. No en vano decíamos que el saber era provisional. Ahora bien, no se puede aprovechar el hecho de los matices con la confusión arbitraria e interesada, que es la postura maquiavélica. Es decir, aquella que por el realismo político, separación total entre la decisión política y la ética, por un lado y la política de hechos consumados, justifica toda acción. No, toda acción no es justificable. Eso es lo primero, ni todo lo que ocurre es inevitable, como dice el determinista para justificar su inacción. La biografía y la historia son construcciones, condicionadas, claramente, pero construcciones que proceden de la acción humana. Y, lo interesante es que esa acción humana proceda de lo universal, de lo que es común a todos los hombres.

 

            Atendiendo a esto, un intelectual no puede ser un mesías, ni creérselo. La educación no es redención. El que intenta redimir lo que hace es adoctrinar y el que adoctrina es el que se cree en posesión de la Verdad. Pero todo el discurso que antecede nos viene a decir que esto no es legítimo. Cuando creemos en una verdad absoluta lo que hacemos es imponer nuestro interés particular a lo universal. Intentamos llenar el ágora que es el lugar vacío habitado por el logos, lo universal, por nuestro interés particular, ya sea, el dios de la religión, el relativismo, el determinismo económico o tecnocientífico, es decir, todos esos intereses de un grupo particular o individuo, un tirano, intentan llenar el vacío de lo universal y acabar con el diálogo, la tolerancia y el respeto. Cuando esto ocurre el deber del intelectual es desenmascarar esa usurpación del poder por parte del mito y la creencia y los dueños de ello que son los poderosos.

 

            Por mi parte, y con mis convicciones filosóficas más básicas, es imposible que pueda ser ni actuar como un redentor. Primero por todo lo que he dicho anteriormente que forma parte de mi entraña filosófica que llevo construyendo desde décadas y, por suerte, aún en construcción. Segundo, porque considero que ni la vida humana, ni la historia tienen ningún sentido. El único sentido, que es un sinsentido, porque se reduce al azar y la necesidad, es el meramente biológico. Ahora bien, el hombre como ser cultural, aunque no esencialmente, para preservar su naturaleza (disculpen los más entendidos en evolución el lenguaje antropomórfico) construye cultura. La cultura es el modo de adaptación del hombre al medio natural. Las culturas exitosas son las que permiten la mayor supervivencia y el menor dolor. Creo y apuesto por la democracia como la mejor forma cultural que garantiza nuestra supervivencia y el menor sufrimiento individual. Y como pienso esto, a pesar de ser un nihilista naturalista, pues ataco todo aquello que tiene una cara totalitaria. Y por eso ataco despiadadamente a las democracias liberales, mejor neoliberales, porque son formas de totalitarismos encubiertas. Es decir, esclavizan al hombre. Lo convierten en objeto, en instrumento del poder político y mercancía del poder económico. E, insisto, no hago un análisis maniqueo. Las cosas son muy complejas. Es cierto, pero, por ejemplo, algo de lo que hemos discutido es que uno de los principios del 15M es la regeneración de la vida política, de tal manera que el poder político vuelva a tomar las riendas del poder económico, esto no es ninguna revolución, es más, es hasta una regresión a la socialdemocracia que garantizó un crecimiento económico, una disminución de la pobreza, un ensanchamiento de la clase media y una estatalización de los servicios públicos que se consideran derechos inalienables del hombre. Es decir de todo aquello que recoge la Carta de los Derechos Universales del Hombre. Eso ha existido, y era una forma de capitalismo, pero no el capitalismo sin bridas de hoy en día que está absolutamente por encima del poder político, más aún del poder de los estados. Y esto es algo que procede de decisiones políticas tomadas sobre ideas equivocadas y que se han convertido en un pensamiento único. Criticar este pensamiento único, desenmascararlo, es un deber del intelectual y no es algo revolucionario, sino ilustrado. Requiere de educación. Pero la educación hoy en día está en manos del mercado y el poder político que se han convertido en la cara y la cruz de la misma moneda, aún no del todo, creo, por eso es posible la acción y por eso es esperanzador, no revolucionario, es casi retro, quieren vivir como han vivido sus padres (otra cosa, no son sólo jóvenes, hay mucha gente bien talludita) el movimiento del 15M. Y por otro lado nos educan los medios de comunicación de masas, permítaseme que los llame de deformación de masas. Son medios con dueños, políticos y económicos que transmiten información y valores totalmente interesados. Es decir, que estos tres poderes ocupan el vacío universal del ágora del que hablábamos antes, han secuestrado la racionalidad y la universalidad y han transformado en un credo su razón privada, interés, se llama.

 

            Y aquí viene a cuento Kant. Otro de mis grandes maestros. Tardé cuatro años en ser capaz de leer la Crítica de la razón pura. Pero cuando lo conseguí me ocurrieron dos cosas, disculpen mi apunte biográfico, pero en definitiva, todo lo que vengo contando es biografía. Supongo que José Miguel se ha dado cuenta porque me conoce y porque es profesionalmente filósofo. Quiero decir, que mi discurso de defensa es una emulación de la Apología de Sócrates, un diálogo platónico y uno de los libros más bellos que se hayan escrito y del que nunca nos cansaremos de aprender. Pues decía que me ocurrieron dos cosas. La primera es que el pensamiento kantiano pasó a formar parte de mi propia naturaleza. El giro copernicano que él había dicho que había realizado en su filosofía se produjo en mi mente y ahí sigue hasta ahora. Una de las tareas filosóficas de mi vida es dotar al pensamiento Kantianos de contenido empírico, es decir, de lo que las ciencias dicen. Y esto en todos los ámbitos, desde el epistemológico al ético, histórico y político. Por supuesto, como ninguno de mis maestros, escapó a mis críticas, como veremos después. Porque la suerte que he tenido, y digo bien, es suerte, casualidad, porque podrán haber sido otros, es que mis maestros a los que nunca conocí, aún siendo coetáneo de alguno de ellos, me enseñaron el uso de la razón crítica. Me enseñaron que no hay verdad absoluta, que hay que estar vigilantes frente a los propios prejuicios y a las falsas ideologías que nos adormecen, que las verdades alcanzadas por la razón universal son provisionales. Una gran suerte que he tenido. Posiblemente, según señala José Miguel, mi tono en alguna de mis intervenciones públicas puede ser elevado, pero le aseguro, que nunca he abandonado el uso de la razón, que no he caído en la iluminación, es imposible, teniendo mis principios filosóficos que esto me pueda ocurrir. Es como una vacuna. Otra cosa es que en la dialéctica utilice un tono beligerante, agresivo, que utilice el sarcasmo, porque la ironía es demasiado sutil para ser entendida. Y, por supuesto, porque el grado de mi indignación ante el cinismo de los diversos poderes es altísimo. Pero la indignación, ni me transforma en un iluminado, ni me ciega, simplemente me impulsa. Y la segunda cosa que me pasó es que la crítica de la razón pura me pareció pura poesía. Lo que mi cerebro no fue capaz de entender durante años se transformó en melodía. Dicha música forma parte del ruido de fondo de mi cerebro.

 

            Pues todo esto de Kant venía al comentario de una breve obrita que es muy interesante para el análisis del 15M, a la que hemos aludido tanto José Miguel como yo. Me refiero al opúsculo ¿Qué es la Ilustración? Ya hemos hablado de la respuesta que da Kant a ello. Es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Y esa autoculpable minoría de edad se debe a la pereza y la cobardía. Dos vicios que forman parte del fuste torcido de la humanidad. De ahí que Kant no fuese tan optimista como otros ilustrados y no creyese en un progreso de la humanidad, cosa que había aprendido de Rousseau, el primer crítico de la idea de progreso. La concepción del progreso en la Ilustración es una idea que se transforma en una creencia, pocos son los críticos que se atreven a ponerla en cuestión, el más explícito fue Rousseau, pero también Kant. Esta idea de progreso, que tiene su origen en el mito cristiano fundante del Génesis, se transforma en una creencia. Y, esto, junto con muchas otras cosas, es lo que hace que asistamos en el siglo XIX, XX y XXI a una perversión de la razón ilustrada. Pues bien, Kant pensaba que el progreso era contingente, que con los mimbres de la humanidad, ese fuste torcido, esa sociabilidad insociable, lo que no es más que la servidumbre voluntaria de La Boétie, no nos podían permitir un progreso del hombre y de la historia de forma automática. El progreso procede, debe proceder, de la acción humana. Y esa acción humana es la de la ilustración, la conquista de la autonomía y la libertad por medido del ejercicio libre de la razón, el atreverse a pensar por uno mismo. Atreverse, sí, porque eso nos lleva a la soledad. Hace falta fuerza para combatir la pereza y valentía para combatir el miedo. Antes de distinguir entre el uso público y privado de la razón, como muy bien ha hecho José Miguel, quiero irme al final de esta obrita porque encuentro una sintonía con todo lo que venimos diciendo que me parece clarividente y esencial para entender la relación entre la teoría y la acción, cosa que tiene que ver con nuestra visión del intelectual. Kant señala que para alcanzar esa ilustración se requieren tres cosas: coherencia, consistencia y consecuencia. La primera y la segunda forman parte de la actividad teórica y son de difícil acceso. La coherencia es la más sencilla. Una vez que nos atrevemos a hacer uso de la razón tenemos que perseguir la coherencia, la ausencia de contradicciones, después debemos ser consistentes, que nuestro pensamiento esté en consonancia con el cuerpo general del pensar, si caemos en contradicción, debemos revisar, seguir pensando. Y, por último, ser consecuentes, la tarea más difícil, linda con la santidad. Allá donde nos lleve nuestra razón habrá unas consecuencias que tendremos que asumir y unas obligaciones éticas que realizar. Hay que ser consecuente con el propio pensamiento y no autoengañarse. Si la educación es desenmascarar ídolos y mitos pues esa es la misión del intelectual, a riesgo de equivocarse, ese es otro cantar. El conocimiento, ya lo hemos dicho, es provisional, aunque universal y objetivo, insisto.

 

            Y paso a la distinción del uso público y privado de la razón. Creo que la mejor forma de entenderlo es por la frase kantiana “Pensad todo y sobre todo lo que queráis, pero obedeced”. Efectivamente, Kant defiende el uso público de la razón, que es el uso que el docto hace en tanto que tal de la razón en su sentido universal. Pudiendo criticar todo, siempre desde el ámbito de la razón. Pero, para garantizar la continuidad y contra las revoluciones (porque fue el gran desengaño que le produjo la revolución francesa) todos tienen que obedecer, incluido el docto que en principio es profesor y funcionario, por tanto, baluarte del estado. Entendido perfectamente, pero no estoy de acuerdo. Creo que los cambios sociales para mejor se producen, como dice Kant por medio del uso público de la razón, efectivamente, pero pensar que es así sólo es una utopía idealista. Y Kant lo sabía, por eso desconfiaba de que la humanidad pudiese llegar a una época ilustrada. De ahí que en La paz perpetua, proponga esta sociedad ilustrada y cosmopolita como un ideal de la razón practica hacia el que hay que dirigirse, pero ideal, al fin y al cabo. Es decir, una idea regulativa de la acción ético-política. La realidad es más prosaica. Las distintas formas de poder quieren el poder, impiden la ilustración. Una de las naturalezas del poder es impedir la ilustración por cualquier medio. Por eso, desgraciadamente, las conquistas sociales han venido precedidas de desorden público, desobediencia civil, etc. y, por eso, las democracias, contemplan la manifestación y concentración como un derecho. Es decir, legalizan la desobediencia. En referencia con el 15M pues lo que hay que decir es que, como está dentro de un marco democrático no han tenido que practicar una desobediencia civil, aunque el poder haya intentado enmascararlo. Por eso es un movimiento continuista porque reivindica democracia, por lo menos la que había hace cuarenta años, en Europa, me refiero, aquí no. O la que había aquí hace quince años. Esto no implica que, para conseguirlo, no sean legítimas, que no legales, acciones de insumisión, desobediencia civil… Probablemente, y si las cosas en el caos mundial van a peor, pues llegarán. Y cuentan con la legitimidad moral, aunque no la legalidad. Este es el error de Kant.

 

            Y esto me lleva, para terminar, a algunas matizaciones sobre Marx y el marxismo. El marxismo, insisto es un heredero –en su dimensión ética, claro, no económica, del humanismo y del cristianismo. Lo que yo llamo la impronta ética del marxismo se encuentra en el primer Marx, fundamentalmente en el Manifiesto del partido comunista, un panfleto para los proletarios instándolos a la revolución por medio de la toma de conciencia de su estado de alienación. Pues bien, las ideas fuerza de este primer Marx, desde el punto de vista ético, no hablo de la parte económica ni filosófica, son la justicia, la libertad y la dignidad del hombre. No en vano es un heredero de la ilustración, para lo bueno, como esto, como para lo malo: perversión de la razón ilustrada que consiste en reducir la historia a la razón económica que se expresa por la lucha de clases. Este desenvolvimiento de la historia nos llevaría a un antagonismo definitivo entre la clase oprimida y la opresora en el sistema de producción capitalista tras lo cual se produciría la revolución de los proletarios que, previamente, habrían tomado conciencia de su estado de miseria. Sólo esto último es cierto y necesario. Tomar conciencia de nuestro estado de alienación, que no consiste, ni más ni menos que en la pérdida de la libertad, la justicia y la dignidad. De modo que, la lucha por estos ideales, que además, me atrevo a decirlo sin tapujos, ya ni los socialistas se atreven, en este mundo tan confuso de opiniones equivalentes, pertenecen a la izquierda. Y, si hacemos un recorrido de las conquistas sociales, civiles y laborales proceden todas ellas de la persecución de estos ideales, por medio de la desobediencia civil y por parte de los oprimidos. Es decir, de todos aquellos que no disfrutaban ni de dignidad, ni de libertad ni de justicia. Hay que señalar que hoy en día vivimos en una situación en la que estos tres ideales éticos de la humanidad, no es que estén amenazados es que están desaparecidos. Pero, curiosamente, vivimos en un modelo de sociedad llamado democracia que lo defiende. Defender estos ideales dentro de la democracia no sólo es legítimo, sino que es legal, está reconocido por la constitución. Otra cosa es que el poder con sus diversas caras haya transformado la democracia en oligarquías partitocráticas. Y, por eso, le interesa mucho defender lo que para ellos es el sacrosanto orden público. Por esta razón es necesario que el intelectual arremeta contra esa mascarada que ha convertido la democracia, nunca perfecta, en totalitarismo encubierto. Y, con estas palabras doy por finalizada mi defensa pública. Gracias José Miguel por tus críticas y un saludo.

La dignidad es un valor que está por encima de la propia vida, porque la vida sin dignidad carece de valor.

Dentro de un orden democrático la religión puede hacer un uso público de la razón, incluso puede apelar a la desobediencia. Pero, si se da el caso de conflicto entre deberes y derechos y son prioritarios los derechos, pues el funcionario oportuno tiene que cumplir con su deber. Esto no elimina la desobediencia civil, sino que establece una jerarquía de valores.

            Por otro lado, la iglesia actúa y piensa cínicamente al defender la vida por encima de todo sin acudir a la historia, por ser un argumento ya demasiado manido, hay que recordar que la iglesia, defendiendo la vida, defiende el dolor arbitrario e innecesario en nombre de un sentido del dolor trascendente. Que alguien admita esto por creencia, es absolutamente respetable. Pero que se imponga el dolor, porque sí, por principios religiosos a todo ciudadano, es, simplemente, tortura despiadada.

Intelectualismo diletante.

 

Siento discrepar profundamente con mi querido amigo José Miguel López. Me refiero a su artículo, indignantes e indignados publicado en el  número 11 de la Gaceta Independiente. Está dedicado al movimiento 15M y a los así llamados indignados. Coincido en que es un movimiento simbólico, que le da un tirón de orejas al poder político. Pero sólo hasta ahí. Y si fuese esto sólo, pues no sería poco, pero es mucho más. Y no las cosas que José Miguel afirma.

 

            Para empezar, por supuesto no es una revolución, con lo cuál su análisis se viene abajo desde el principio. Ha confundido el nombre que en inglés se le ha dado con el contenido del propio movimiento. Esto muestra su desconocimiento. Los así llamados indignados no muestran ningún carácter revolucionario en su, por así decirlo ideario, mejor conjunto de reivindicaciones hay un contiuismo con el sistema democrático.. Las reivindicaciones de las que se habla son absolutamente continuistas, nada de revolucionarias. Persiguen una democracia más real, menos partidista y una intervención de la política sobre lo económico; es decir, reivindican el poder político sobre el económico. Estos son los dos pilares que más adelante comentaré. Por eso los indignados son absolutamente kantianos. Lo que plantean es una reforma, haciendo un uso público de la razón, de las psudodemocracias actuales. Para eso se han manifestado y concentrado. En una sociedad mediática esto es fundamental. Lo es, cuando no hay sociedad mediática, en la nuestra es imprescindible. En definitiva, no hablan de revolución. No tienen un carácter ni de izquierda ni de derechas, son un movimiento que va más a la propia estructura de la organización social que, según ellos, está corrupta y es menester recuperarla.

 

            Las revoluciones, como bien dice José Miguel siguiendo a Kant, sustituyen a unos amos por otros. Lo que es necesario es la ilustración, el uso público de la razón por medio de la cual se educa. Y eso es lo que este movimiento ha hecho. Un proceso de educación, porque ha puesto sobre la plaza pública un conjunto de deficiencias de nuestra estructura e instituciones, ha educado y, a partir de ahí, se ha abierto un debate sano para todos que no sabemos a dónde nos va a llevar. Lo que sí está claro es que no se puede ser un simple espectador cuando nuestra forma social de existencia mata. Ese es uno de nuestros males, el mal consentido y más cuando viene de los intelectuales que han obedecido sumisos a los poderes. Por cierto, al final del artículo, y para que no se me olvide, el autor dice que conoce a poca gente del mundo de la cultura o de la vida intelectual que se hayan pronunciado. Mira, yo distingo entre el mundo de la cultura: actores, cantantes o músicos conocidos y populares e intelectuales, los que se mueven con las ideas. Los primeros son unos oportunistas y en este país casi todos afines al PSOE. Intelectuales ha habido muchos que se han sumado a las reivindicaciones del movimiento. Otra cosa es que el autor los desconozca. Pero más importante aún, son muchos los intelectuales que desde hace cuarenta años vienen haciendo reivindicaciones de este estilo en libros, artículos, manifestaciones públicas, conferencias…las ideas están ahí y muy desarrolladas, por cierto, mucho más de lo que los indignados se piensan. Pero estos intelectuales han sido ocultados por el poder político y mediático desde hace varias decenas de años. Porque al poder le ha interesado un pensamiento único. Y los intelectuales que se conocen en los medios de comunicación y los autoproclamados “creadores de opinión” no son más intelectuales orgánicos que lo único que hacen es variaciones sobre lo mismo. Las ideas tienen consecuencias y calan en la ciudadanía cuando ésta llega a un estado de miseria inadmisible.

 

            Otra cosa sobre las revoluciones, coincido con el autor y con Kant al que sigue, que las revoluciones no son la forma de cambiar la sociedad porque en definitiva sustituyen a unos tiranos por otros. Por eso el mayor ilustrado defendía el uso crítico de la razón para cambiar la historia, es decir, la educación en su versión ilustrada, la conquista de la libertad o autonomía. Pero hay algo que se le pasa al autor, pero a Kant, no. Jose Miguel hace un recorrido somero sobre algunas revoluciones y saca la consecuencia de que de ellas no se siguió nada o se siguió el terror, revolución francesa, o el totalitarismo, revolución bolchevique. Nada que objetar a esto. Pero ni a Kant ni a mi se nos ha pasado u olvidado una cosa. La revolución francesa fue fruto de unas ideas que mantenían una serie de intelectuales comprometidos, no diletantes, entre ellos Rousseau, del que Kant se proclama seguidor, como lo fuera de Newton, no en vano eran los dos bustos que tenía sobre su mesa de trabajo. Y lo que hizo Kant fue profundizar en las ideas republicanas de Rousseau que son el germen intelectual de la revolución francesa. Ya sé que la revolución fue una revolución burguesa, que al final los representantes del pueblo, la asamblea nacional, absorben el poder del pueblo, lo contrario de lo que decía Rousseau, como bien analiza García Treevijano en Teoría pura de la república, pero las ideas estaban ahí. Y se acabó con el antiguo régimen, aunque al final llegase el terror y por último el imperialismo napoleónico. Pero el germen de la democracia estaba echado, solo tenía que crecer. La teoría de la república estaba hecha y los derechos del hombre y del ciudadano formulados. Ya no habría vuelta atrás. Después de Napoleón vendrían las siguientes repúblicas, hasta la actual. Desde luego repúblicas que dejan mucho que desear, pero sabe el autor, y eso es lo que reivindican los indignados y sin indignación no hay acción, que las democracias, al contrario que cualquier gobierno totalitario, son gobiernos perfectibles. Por su lado, los ilustrados ingleses, Locke, fundamentalmente, fueron los que hicieron posible la república americana. Y ésta sin revolución, la guerra fue contra la metrópolis, una guerra de independencia que se basaba en la idea de la libertad individual y en que el poder reside en el pueblo, que son los fundamentos de la constitución americana.

 

            En cuanto a la revolución bolchevique, de origen marxista, pues lo mismo, revolución violenta que ha generado uno de los totalitarismos más aberrantes de la historia. Pero los textos de Marx y su impronta ética, así como el análisis de la evolución del sistema productivo están ahí. La ética de Marx hunde sus raíces en el humanismo y en el cristianismo. Su mirada está puesta en la justicia social. Y si el autor mira el Manifiesto comunista se dará cuenta que en las últimas páginas el programa que propone es muy similar a la socialdemocracia, por otro lado, paradójicamente similar a liberales como Hayek o Popper. Por otra parte, las ideas marxistas y socialistas son las que han impulsado a lo largo de un siglo y medio la justicia social, los derechos civiles, sociales, laborales y económicos. Sin esa impronta ética del marxismo no hubiese habido teoría ni acción política que soportase esa lucha contra el poder económico. En definitiva, Keynes, después de la segunda guerra mundial, escucha el mensaje ético y económico de Marx, aunque siga participando del capitalismo. Pero éste va a ser ya un capitalismo humano, el New Deal o el estado del bienestar hasta principios de los setenta con la crisis del petróleo a partir de la cual emerge el neoliberalismo que hunde sus raíces en teorías económicas mucho más antiguas y que encuentra dos valedores políticos, Thacher y Reagan. Pero esto es otra historia. Y aunque la teoría marxista esté falsada, en términos popperianos, eso no quiere decir que no sirva. Es como la teoría de Newton, sigue siendo utilizada. Y, por cierto, la teoría científica de Marx muestra ser más válida para analizar la actualidad que el neoliberalismo. Éste último no es ni siquiera una teoría, sino una religión y su destrozo está comprobado.

 

            Se equivoca el autor de plano cuando compara el mayo del 68 con los indignados del 15M, nada más lejos. Para empezar mayo del 68 tiene una carga ideológica tremenda, fundamentalmente maoista y troskista. Y fue un mayo violento, tremendamente violento. Y hubo una división irreconciliable entre los estudiantes y los trabajadores. Lo que pasa es que el autor habrá escuchados a los contertulios que, como no entienden las cosas intentan buscar comparaciones. Pues los ha cogido a todos descolocados. Como a Cayo Lara que se quiso hacer con el mensaje y la movilización, un aprovechado, que no se enteraba que con él –y ahora lo vemos con claridad- también iba la cosa.

 

            Por otro lado alude el autor, de soslayo, a los ecologistas o los defensores del medio ambiente y viene a decir que a ver quién es el listo que renuncia a nuestras comodidades.  Esto es un argumento simplón y manido, de tertuliano, sin profundidad. Hay una premisa de la que hay que partir, la creencia en el crecimiento ilimitado es un mito. Por tanto, habrá decrecimiento económico, hasta ahora hemos producido entropía en el resto del planeta, unos pocos de miles de millones vivimos bien a costa de muchos otros miles de millones. Esto es insostenible desde el punto de vista de las leyes básicas de la ciencia y desde una ética humana sensata. Es necesario cambiar de política económica. Y esa política existe en la teoría, es el decrecimiento. No se trata de una renuncia en plan monje y por una hiperconciencia ecológica, se trata de medidas claras de política económica que deben concretarse en una legislación; que, además, si no las tomamos no habrá decrecimiento, sino batacazo. De todas formas éste es un tema que está lejos de las reivindicaciones principales de los indignados.

 

            En resumen, creo que es necesario el compromiso, el tomar partido, aunque uno se equivoque, tiene uno toda la vida para rectificar. Y los intelectuales, los que nos dedicamos a las ideas tenemos como deber, no sólo observar, que por ahí se empieza, sino intentar cambiar las conciencias, deshacer los engaños, las máscaras. Me parece que el análisis que hace el autor es cínico, simple, cómodo y, además, con graves carencias en el conocimiento del movimiento. Más que conocimientos tiene prejuicios. Ésta es la actitud propia del intelectual posmoderno, aquel que ha legado al fin del pensamiento. Para mí no hay ni fin del pensamiento, ni pensamiento único. Ni creo en el progreso, pero sí en la posibilidad de mejorar con el esfuerzo, cada uno desde el lugar que le corresponde. Pero lo que no puede hacer el intelectual es quedarse viéndolas venir. Toda lucha política es lucha por la dignidad y para eso hay que dar la cara y, a veces, te la parten…y, a veces, también, llegas al desengaño más profundo…

 

 

                                   Juan Pedro Viñuela.

 

                                   junio de 2011

 

 

Mal consentido.

Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas. ¿Cuándo dejaremos de tolerar tanta ignonimia, cuándo pondremos fin a tanta indignación? José Vidal-Beneyto.

 

            Quería escribir sobre el peliagudo tema del mal consentido que, a mi modo de ver, es el que realmente hace posible el mal radical y todo tipo de mal. Tres libros que he leído recientemente hacen referencia a él. El primero de Aurelio Arteta lleva ese título precisamente y es un análisis en profundidad del tema. El segundo es el recientemente aparecido Reacciona de varios autores en el que se proponen diez razones para reaccionar ante los males del mundo. Y el tercero un panfletillo de Federico Mayor Zaragoza Código de silencio. El título lo dice todo. El silencio es el mal consentido.

            Vivimos en una sociedad en el que el mal se hace, en todos los ámbitos, cada vez más profundo. Una sociedad que nos está esclavizando. Nos hemos convertido en súbditos de los diferentes poderes sin darnos ni cuenta. Somos siervos voluntarios. A lo mejor, o a lo peor, eso está en nuestra naturaleza. Pero eso es algo que excede en mucho este artículo. Vamos a partir del hecho de que podemos ser libres y debemos serlo. Y ser libres es ser responsable de nuestras acciones. Por eso es menester actuar. Pero la cosa se hace más profunda e importante porque somos animales políticos, vivimos en ciudades y nuestra existencia tiene que ver con lo que se hace en la polis. Por ello es imprescindible nuestra participación política. Y es aquí donde surge el problema del mal consentido. Éste consiste en recluirse en la vida privada y consentir el mal que se produce en la sociedad y del que somos conscientes. Es nuestra cobardía y nuestra comodidad, así como nuestro egoísmo, el que nos lleva a esta postura. Pero en las llamadas sociedades democráticas avanzadas e hipercapitalistas, hemos perdido casi la conciencia social. Se nos convierte en siervos por medio del consumo y los falsos valores egoísta-narcisistas que nos despachan los medios de comunicación de masas. De esta manera el poder se ve con las manos libres para hacer todo lo que quiera. Nuestro silencio es su mejor aliado, por eso es necesario reaccionar ante los males sociales. Porque estos males sociales son un atropello contra la dignidad de las personas.

            Nos creemos que nuestras sociedades son menos malas que las anteriores. Esto es un error porque es un engaño. Lo malo es que la ciudadanía prefiere el autoengaño, de ahí lo de mal consentido. El orden mundial y estatal son nefastos para una gran mayoría de la población. Es necesario tomar conciencia de esos males para reaccionar frente a ellos y actuar. El pensamiento y el conocimiento son un camino de libertad, pero la libertad política es compromiso con la polis, con la cosa pública. La libertad es valentía, lo contrario de la actitud del mal consentido. Si nosotros consentimos el mal, el poder lo hará. No debemos aceptar esa actitud porque en última instancia el poder se hará con todo el poder y llegará al mal radical. Ocurrió en los fascismos y a ellos se llegó desde la democracia y tras una crisis económica. Esto es un aviso para lo que está ocurriendo hoy en día. Es necesario tomar conciencia de que la política se ha convertido en una profesión. Que los partidos gobiernan para sí mismos y por el poder, que vuelven la espalda a los ciudadanos porque los consideran súbditos. Y en última instancia lo somos por nuestra servidumbre voluntaria. Servidumbre voluntaria que no es más que mal consentido. Los políticos abarcan el poder de los ciudadanos, lo absorben. Eliminan nuestra libertad. Y nuestra cobardía y pereza nos permiten consentir. Hay que reaccionar contra el orden económico mundial que elimina al poder político y del que este último se hace connivente. Pero este poder económico enriquece a unos pocos y produce miseria. El crecimiento económico, basado en el mito del crecimiento ilimitado, simplemente, mata. Tenemos que denunciar esto, no podemos callar, el silencio es cómplice. La educación está en manos del interés político, que, a su vez, obedece al mercado. Se ha mercantilizado la educación, que produce individuos acríticos perfectamente domesticables y adaptables al sistema. No podemos aceptar los medios de comunicación que tenemos. Son puro vicio público. Además de distraer las conciencias inoculan, como perversos virus, falsos valores. Es necesario reaccionar ante esta dictadura, que en forma de democracia se nos impone. No podemos permitirlo, si lo hacemos estamos dando paso al mal radical que en algunos lugares del mundo ya existe; y que ya empieza a llamar a nuestras puertas. El silencio es consentir.

Pero, hombre, Fernando, otra vez con la cantinela de la separación entre saber y saber enseñar. Siento decírtelo, tendría que escribir un libro entero, aunque con la cantidad de artículos que he escrito sobre el tema ya lo sobrepasa, para que lo leyeras y entonces podríamos hablar. Esa separación es pueril e interesada y sólo sirve como un parche para la ley que tenemos. Parece mentira que digas esto. El fracaso de la ley lo tenemos en nuestras narices. ¿Qué será que los políticos no sois capaces de reconocer vuestros errores? Supongo que será la disciplina del partido y la lucha por el poder. Yo estoy ya muy lejos de eso, no estamos en democracia, sino en partitocracias.

            Lo de la vocación, pues mira, probablemente, antes, en nuestros tiempos, habría más que ahora. Pero además, te digo una cosa. Todo aquel que ama su disciplina, o su especialidad o ámbito del conocimiento está deseoso de transmitirlo. A eso se le llama vocación. Mira, no has hecho ninguna crítica a mi argumentación sobre los comentarios de Rubalcaba, tendrías que hacerlo. Sólo el decir que saber y saber enseñar son dos cosas distintas pues es una trivialidad. Me recuerda a las discusiones en el patio del colegio cuando pequeño. Decíamos, si sabe mucho, lo que pasa es que no sabe enseñar, pues no, luego de lo que me di cuenta, es de que no tenían ni idea. Y ni te cuento de la universidad. La vocación de la que hablas se le da por supuesto a todo aquel que se dedique a la enseñanza, siempre y cuando su formación tenga que ver con su inquietud vital. El historiador, el matemático, el filósofo, el físico, el biólogo…. Lo son , se supone, por amor a su saber, por vocación. Desgraciadamente cada vez hay menos de esto. En los otrora institutos de bachillera abundaban mucho más. Es la ley la que ha cambiado la promoción académica por la promoción a base de cursillos psicopedagógicos con los que se te paga un dinero cada sexenio. Es una mentira y una hipocresía. El profesorado se ha ido adaptando a todo esto, porque todo hay que decirlo, la ley que tenemos nos la metieron atravesada por falta de compromiso con nuestro deber y por el engaño de los sindicatos. Y, por supuesto, por una supuesta política progresista que luego ha resultado ser un tremendo error y fracaso. Mantenerla es, perdona que lo diga, o de estúpidos, o de obedientes. Cómo es posible que España tenga un índice de abandono escolar del 35% teniendo educación obligatoria y promoción automática. Fracaso total de la ley. Ya está bien de culpar al profesorado. El profesorado, en los primeros niveles de la LOGSE, y tengo la suerte de no conocerlo salvo en las guardias, sobrevive. Me parece una indecencia decir que es culpa de la falta de vocación del profesor. A un conductor de autobús se le pone un tío chulo y lo hecha, al médico, algún enfermo le falta el respeto, o no quiere su asistencia y se le da el alta voluntaria. Pero lo de la educación no tiene nombre. Obligatoriedad, y encima el currículo que tenemos, a lo mejor en ciencias no se nota tanto, pero en letras, ya que te gusta tanto esta diferencia, que yo no comparto ni entiendo, pues se nota mucho. Cuántas cosas podría yo explicar que pertenecen a la cultura occidental y que la intencionalidad de un temario estatal y autonómico olvida o prefiere ignorar. No, Fernando, de ninguna manera, aprovecha ahora que os toca ser críticos y piensa desde la distancia. Y te lo digo como compañero y tú lo sabes, yo vivo muy bien en la enseñanza, pero es mera contingencia, la mayoría de la gente está pasando un calvario. Y, por favor, mirad a esos alumnos inadaptados, esos que no soportamos, son unos infelices y unos desgraciados. Pero podrían ser muy buenas personas, y ciudadanos muy útiles. La ley los ha condenado. Mirad a los alumnos, a su felicidad, a su dignidad. Ya no se trata de cuatro teóricos que nos quejamos, y con muchos argumentos contundentes, sino de los alumnos, que son personas, pero parecen animales…es muy penoso. Saludos.

No entiendo lo que quieres decir. Siempre ha sido lo mismo desde el neolítico para acá. ¿Por qué no salir a la calle? El poder siempre es el poder y querrá mantenerse en el poder y utilizará para ello todo el poder que pueda que siempre tiende a ser absoluto, incluso en las democracias en la que el poder aparece camuflado, pero se absolutiza bajo máscaras. Hay un mal que es cómplice del mal radical y es el mal consentido. No se puede admitir el mal y hay que salir a la calle, sea lo que sea la calle, lo que no se puede permitir es que se pisotee la dignidad y eso es algo común y cotidiano. Por tanto, todos somos conniventes. Habría mucho que reflexionar sobre el mal consentido, primero para darnos cuenta de que nuestra naturaleza humana es la causa del mal, todos por igual, y, segundo, para ser conscientes de que el mal radical existe porque existe el mal consentido. Si ninguno admitiésemos el abuso del poder no existiría ese mal. Pero lo permitimos, lo consentimos. Y en las sociedades democráticas lo hacemos con mucha más facilidad, porque todos somos tremendamente egoístas e insolidarios. Es nuestro estado normal de conciencia, el que el propio sistema de producción ha producido. Todo sistema de producción tiene su ideología alienante, la nuestra es el posmodernismo: relativismo y narcisismo egoísta, unido al conformismo: no se puede hacer nada, todo está determinado. Nada de esto es cierto, es pura ideología. Somos culpables de participar en el engaño porque no hacemos el esfuerzo de desengañarnos y, cuando lo hacemos, caemos en el engaño de que  el proceso es necesario, inevitable. Otro engaño de la ideología dominante. Y esto, como digo, no es nada nuevo. Tiene dos fundamentos, la naturaleza humana entendida en su nivel biológico, en primer lugar, y, en segundo lugar, nuestra historia; todo comenzó en el neolítico: desigualdad, división del trabajo y poder.

Parece una crónica anunciada. Se habla de radicales, de violentos, de antisistemas. La indignación es mucha, la rebeldía tendrá que comenzar. El sistema es corrupto, los antisistema son los partidos políticos y los mercados. Los que mandan en el mundo, que no han sido, precisamente, elegidos democráticamente, y los partidos que siguen las consignas de estos. Zapatero escucha a Botín, pero no a los ciudadanos. Los políticos están deseando que pase algo así para deslegitimar las protestas. No se enteran de nada. Lo que se les está diciendo desde toda España es que ellos son los responsables del mal, que ellos han sobrepasado esa línea roja, que están fuera del sistema democrático, que han caído en el partidismo y caciquismo. Que sus amos son los banqueros. En fin, no hay revuelta, desgraciadamente, sin violencia. Y no es que yo quiera legitimarla. Pero los parlamentarios que ayer se reunían para aprobar unos presupuestos antisociales, anti derechos humanos y del ciudadano, a favor del mercado y la privatización, son los que tienen también el monopolio de la fuerza. ¿Cómo se puede actuar contra ellos? Sólo queda la salida, en las elecciones generales, de una abstención masiva, cercana al cien por cien, que ponga en jaque al sistema político, tras lo cual haya que refundar la democracia y los partidos políticos desde una república constitucional. Todo lo demás son engaños a los ciudadanos. Los partidos políticos no garantiza, de ninguna manera, la libertad política y, ahora, tampoco, los derechos sociales y civiles.

Si el hombre no existiera el universo, la naturaleza, sería, pero no espectacular porque él no podría calificarla. Sería, sin más. He aquí la grandeza y miseria del hombre. Somos la voz del universo y, a la vez, no somos nada para el universo. Si nosotros no existiésemos el resto permanecería igual.

El alcalde también reivindicó "el sistema político y sus representantes" como portavoces de la "democracia real en la que caben todos", en  velada alusión a recientes movimientos ciudadanos.

 

Recojo este fragmento de la noticia que este blog desarrolla sobre la constitución de la corporación local. De antemano mi enhorabuena a todos los elegidos por el pueblo para que lo representen. Espero que les ilumine la razón y la ética y no los intereses partidistas. Y ahora me atrevo, a riesgo de equivocarme, a comentar los entrecomillados que el redactor ha entresacado del discurso del señor alcalde. Digo esto porque puede ser que estén sacados de contexto y, además, ignoro el discurso completo.

 

            Yo no estoy, en absoluto de acuerdo con nuestro sistema político de representación. Creo que es francamente mejorable y que esa mejoría sería una profundización en la democracia. Además creo, que nuestro sistema de partidos es más bien poco representacional, creo que genera partidismo y esto implica que en el fondo los partidos sólo se representan a ellos. La propaganda del partido es para captar votantes, que son los que les garantizan el poder. Pero el poder no reside en el pueblo. Es absorbido por los partidos. Nuestra constitución y la ley de partidos son ampliamente mejorables para el bien de la ciudadanía. Y no se trata de acabar con los partidos sino de acabar con el poder de los partidos que ha dejado sin poder a los ciudadanos. De ahí el sentido del término partitocracia. Y aunque el señor alcalde diga que nuestro sistema político es una garantía de representación, pues se equivoca. Y los mayores teóricos de la democracia actual así lo confirman. En lo que sí se diferencian los teóricos en cómo debería ser el sistema de representación. Pero mantener que nuestro sistema político es una garantía de representatividad democrática es una burla, un acto de cinismo y un intento, a la desesperada, de mantener el status quo. Y eso de que los partidos políticos son la garantía de la representación de una democracia real es algo que no tiene sentido. La relación entre partidos y democracia no es una necesidad, es una variedad de democracia. Y, tal y como han ido evolucionando los partidos desde la segunda guerra mundial para acá, se han ido haciendo representantes de sí mismos. Los partidos intentan acaparar el máximo poder, por eso quieren llegar al ejecutivo, porque desde ahí, pueden controlar los demás poderes. No vamos a poner ejemplos. Y, otra cosa, en los ayuntamientos hay, de facto, una unión-identidad entre el poder ejecutivo y el legislativo. Esto ha sido una cuestión no resulta, que a los partidos políticos les ha interesado, pero que plantea un problema de legitimidad democrática y legalidad constitucional. Por eso la corrupción es más fácil que exista en los ayuntamientos que en los gobiernos autonómicos y centrales. Y otra cosa interesante. Los partidos políticos tampoco son la garantía de la representatividad de todos en tanto que confluyen en sus acciones dos cosas. Primero, sus listas son cerradas, segundo, existe una obediencia de voto. Por tanto, ni la democracia asoma en el interior del partido. Y, por otro lado, cuando los partidos llegan al poder reparten una serie de puestos a los que, en una forma de burla a la democracia y a los ciudadanos, llaman de confianza o de libre designación; pues estos puestos son, ni más ni menos, que un sistema de control de las administraciones, una forma de extender el pensamiento único del partido y de dejar fuera a otras alternativas políticas. Además, dicho sea de paso, eso es robar a la ciudadanía una serie de puestos que deberían estar ocupados por profesionales, pero no de la política. A esto se le llama enchufismo y, de ninguna de las maneras, es democrático, todo lo contrario, es una forma de autoritarismo. Que sea legal, como los pactos, eso no me importa, yo estoy hablando desde la teoría de la democracia, la ética y la legitimidad. Es decir, desde el deber ser. Esto es, de cómo deberían ser las cosas si queremos ser todos más libres y más iguales. Un cordial saludo y reitero mis felicitaciones.

DISCURSO DE PRESENTACIÓN DE “PENSAMIENTOS CONTRA EL PODER”.

 

El poder fascina y el poder sojuzga. Los hay que ansían el poder, y los hay que quieren dejarse llevar por el poder. Y éste es el problema, porque esto implica que el poder no lo puede tener todo el mundo. Que lo democracia es un invento de la humanidad que intenta trascender su propia naturaleza. Pero yo parto aquí de una concepción naturalista y nihilista de la naturaleza humana. No tan nihilista como para perder la esperanza en que podemos construir un mundo mejor; pero, con lo que tenemos delante, con lo que hemos hecho a lo largo de la historia, la cosa no es para tirar cohetes. El hombre es un primate, un ser tribal. Y su comportamiento viene regido por la jerarquía y es en este sentido en el que podemos explicar el hecho de que el poder es de unos pocos, que hay una jerarquía y, por tanto, una lucha por el poder. Y que hay una complacencia en ser dominado, en llevar una vida cómoda y tranquila y dejar el poder en manos del poderoso. Es decir, en abandonarnos a una servidumbre voluntaria. Creo que esta tesis naturalista explica el fracaso de la democracia. El poder nunca puede residir en el pueblo, como decía García Calvo hace poco en la plaza de Sol. La democracia es una contradicción. El poder no puede residir en el pueblo, porque el poder está siempre frente al pueblo. El poder es cosa de unos pocos que para ostentarlo avasallan al pueblo. Pero el problema es que es la propia naturaleza humana la que permite esto. Y cuando hablo de naturaleza humana me refiero a la estrictamente biológica. Por su puesto, ya sé que el hombre no se reduce a biología, pero sí que es cierto que la biología determina sus características emergentes, lo que llamamos nuestra cultura. Y es desde esta tesis naturalista y nihilista desde la que quiero aportar un poco de luz sobre la naturaleza del poder y el fracaso actual de la democracia. La tesis que voy a mantener es que no vivimos en democracias, sino e partitocracias oligárquicas. Dicho más llanamente, que el poder reside en la alianza entre los partidos y el capital o el sistema capitalista o, el capitalismo de toda la vida. La democracia es un intento de trascender nuestra naturaleza, un ideal político y ético, pero, en la actualidad, es una farsa, un sistema autoritario que se está convirtiendo en un totalitarismo que mata. Una forma de fascismo. Es una farsa porque es un engaño consciente, no hay ni igualdad, ni libertad, ni fraternidad, ni división de poderes, ni nada de lo que nos dice la democracia. La democracia, actualmente, es opio para el pueblo. Pero no la idea de democracia, ni su teoría, sino la praxis de la democracia que no es más que un partidismo político y una oligarquía. Sostengo que la base de este fracaso es nuestra propia naturaleza tribal y jerárquica. Pero, sostengo, también, que no tiene que ser un fracaso definitivo. Que la democracia tiene que servir como guía ético-política de la praxis política. Y cuando hablo aquí de praxis política, no me refiero sólo a los políticos profesionales sino a los ciudadanos.

 

            Pero empecemos desde el principio. Tanto la política, como la razón, como el concepto de ciudadanía; todo ello estrechamente ligado, lo inventaron los griegos hace veinticinco siglos. Los griegos fueron los descubridores de la democracia en tanto que isonomía e isegoria. Pero no hay democracia sin filosofía. Los griegos descubren el concepto de democracia porque han descubierto el logos, la razón, lo común. Es decir, porque han descubierto la filosofía. La razón es lo que nos une, lo que es común. Pero en tanto que es común no pertenece a nadie. Nadie es poseedor de la razón, la razón nos posee a todos. Es lo que nos ocurre en un problema de matemáticas o de lógica. Es la razón la que habla por nosotros. La razón es desinteresada. Y precisamente ése fue el origen de la filosofía, el descubrimiento de que el logos es lo común, que la razón nos une, la episteme es universal, la opinión es particular. En la resolución de un problema de matemáticas o lógica no caben las opiniones. La razón habla por nosotros. Pues el descubrimiento de la democracia; el descubrimiento de la política, en realidad, consiste precisamente en llevar esto al ámbito de la ciudad. El descubrimiento de la democracia y del concepto de política es el hecho de reconocer que las leyes son fruto del dialogo racional y que rigen la polis y que están por encima de nosotros. Las leyes no pueden ser interesadas. Son para todos iguales. Las leyes, fruto del diálogo, ocupan el centro de la polis, rigen la política. Y la política no es el asunto de los políticos profesionales, que decimos ahora, sino del ciudadano. Político en griego es el habitante de la polis. Y, por eso, las leyes unifican a todo el mundo. Y, por eso, si comparamos nuestra democracia, con lo que significó en los orígenes, nos damos cuenta de que lo nuestro es otra cosa, lo podemos llamar como sea, partitocracia oligárquica, hemos dicho aquí, pero no es democracia. Porque la democracia griega significa dos cosas esenciales e importantes: la isonomía, que es la igualdad ante la ley y la isegoría, que es la libertad de pensamiento o, mejor, libertad política. Si intentamos vislumbrar esto en nuestras democracias no lo hallaremos por ninguna parte. Ni hay igualdad ante la ley, ni hay libertad de pensamiento ni política. Esto casi no hace falta explicarlo, pero siempre habrá un político demagogo, como todo político profesional, que vive del engaño al ciudadano para convertirlo en siervo que lo dude. La ley no es la misma para todos puesto que, para empezar no hay independencia de los poderes que es una garantía de la igualdad ante la ley y porque la ley la hacen los políticos. Y los partidos miran por sus intereses, no por el de los ciudadanos. Los partidos son mecanismos de poder, no de impartir justicia. Cuando un partido llega al poder lo que intenta es absorber el máximo poder y eso nos lleva a una tremenda desigualdad. Pero, en las democracias en las que vivimos, el “ciudadano” vota y se recluye en su mundo privado, pensando que goza de libertad política, cuando lo más que tiene es libertad de expresión, y no mucha, porque los medios de comunicación son el altavoz del pensamiento del poder; y los que no tenemos poder, que somos los ciudadanos, pues no tenemos forma de llegar a los otros a la gran mayoría. Por eso tampoco existe isegoría. Ello quiere decir que no hay libertad de pensamiento y, más aún, no hay libertad política. Y tanto la libertad de pensamiento como la libertad política van unidas. Nuestras democracias, al no ser tales, sino partidocracias, lo que hacen es absorber la libertad política. En nuestras sociedades de las llamadas democracias liberales, mejor neoliberales, la política viene dirigida por los partidos políticos, no por los ciudadanos. Y esto partidos políticos intentan acaparar todos los poderes, pero además, como nuestras democracias son capitalistas, lo cual es una contradicción, como veremos, los partidos están al servicio del mercado y no de los ciudadanos. Los partidos no son representantes de la ciudadanía, sino de sí mismos y del poder económico que en las sociedades capitalista lo absorbe todo. Bueno, pues por eso, no hay isegoría, ni libertad política, ni libertad de pensamiento. Y hay dos razones para explicar esto. En primer lugar las llamadas, por decirlo de algún modo, democracias neoliberales, tienen un único pensamiento que es el de las sociedades capitalistas, es decir, el mercado. Si el mercado es la razón, la razón ya no es lo común. Sólo interesa aquello que tiene un valor en el mercado o, peor aún, todo se convierte en mercancía, incluido el hombre. Por eso el capitalismo es incompatible con la democracia, porque instrumentaliza al hombre, elimina su libertad. Por otro lado, esto implica que sólo hay un pensamiento al que se le han considerado el verdadero, por tanto, no hay libertad de pensamiento, porque no hay qué pensar, no hay alternativas. Se nos intenta convencer por todos los medios de que ésta es la única forma de sociedad posible, que no existen alternativas, ni pensadas ni, mucho menos reales. Se nos engaña con el mito del progreso. Y se nos dice que ésta es la única manera de progresar. Un invento que hunde sus raíces el mito cristiano y también en nuestra propia naturaleza porque realmente creemos en el progreso porque necesitamos autoengañarnos. Y, por otro lado, nos quedamos sin libertad política porque los partidos, que en teoría son los representantes de la política, las diversas opciones políticas de los ciudadanos, no representan a los ciudadanos, sino a sí mismos, pero es que, además, lo que sucede es que lo que representan es lo mismo, el mismo modelo neoliberal de eso que llaman democracia, cuando lo que es en realidad, cuanto menos, es un autoritarismo, porque elimina la libertad, sino un totalitarismo porque en su desarrollo produce, miseria, dolor, sufrimiento y muerte, y lo que nos espera con este prolegómeno de crisis Terminal que padecemos.

 

            Pues bien, el rey Ciro de Persia se reía de los griegos, sobre todo de los atenienses, porque en sus ciudades había un lugar vacío, el ágora, la plaza del pueblo, el lugar, precisamente, que se dedicaba a los asuntos públicos. Pues éste es precisamente el gran invento de los griegos que surge de la filosofía. El ágora es un lugar vacío porque está habitado por las leyes y esas leyes son iguales para todos, por eso es un espacio vacío, porque es el espacio político, el del interés de todos, el interés de lo público o en su origen griego, el interés político. Y el rey Ciro se reía porque era un lugar desaprovechado. Pues todo lo contrario, representa el centro de la vida política y la garantía de la identidad de las leyes. Y es ése precisamente el invento griego. Ese lugar es el lugar del diálogo, el sitio en el que la razón es común a todos. Por eso es el lugar donde vive Sócrates que encarna a la filosofía o a la razón. Sócrates es un defensor de la independencia de las leyes y de la libertad política y, precisamente, por eso murió. Y su muerte no fue injusta, sino que se derivó de las leyes. Las leyes lo que nos dicen es “o nos convences o nos obedeces”. Si no podemos convencerlas tenemos que obedecer. Y por eso Sócrates muere, porque en el lugar de la razón no convence a las leyes. Pero, para que las leyes sean justas deben ocupar ese vacío, el ágora, y pueden ser entendidas por todos. Todos, en tanto que hay isonomía participamos de una misma manera ante la ley. Pero lo que también inventa Sócrates, y por eso muere, es que las leyes no pueden ser objeto del capricho de unos pocos ni del interés particular. Eso es la perversión de la política y, por tanto, la eliminación de la isonomía que lleva directamente aparejado la eliminación de la libertad. Precisamente lo que ocurre en nuestro sistema partitocrático. Lo que nos enseña Sócrates es que si no estamos de acuerdo con las leyes, si creemos que son interpretadas particularmente, interesadamente, que alguien ha ocupado ese lugar vacío en nombre de la ciudadanía, pues debemos denunciarlo. Debemos, que diría Kant, hacer un uso público de la razón e intentar convencer a la ciudadanía del atropello que se está cometiendo. Pero, si no podemos convencer, debemos obedecer. En caso contrario caeríamos en la anarquía y, entonces, también nosotros romperíamos con la unidad de la ley.

 

            Pero hemos dicho al final una cosa importante. El invento de los griegos es el ágora, ese lugar vacío ocupado por las leyes y que se llena de lo político por la participación común de los ciudadanos. Ahora bien, qué es lo que sucede cuando ese lugar vacío y común es ocupado por alguien o un grupo. Pues que se acabó la universalidad, que se acabó la política y la democracia. Ya no hay política porque no hay ciudadanía, sino amos y esclavos. Y ya no hay democracia porque el poder, que es el de las leyes ha sido usurpado por otra fuerza concreta y particular. Ésta puede ser, un rey, un tirano, la superstición aliada a la religión o, simplemente, como ocurre en las llamadas democracias neoliberales por los partidos políticos y el mercado. Casi podríamos decir que es sólo por el mercado o el capitalismo, porque los partidos políticos serían una forma ideológica de enmascarar la conciencia de los ciudadanos; es decir, mecanismos ideológicos de alienación que nos hacen creer que somos libres cuando nuestra libertad ha sido secuestrada por el poder político y económico. Por eso vivimos en una forma de totalitarismo sutil, una forma de fascismo débil, aunque para otros tremendamente fuerte, porque nuestro desarrollo procede de la miseria del resto del mundo, además de que nuestro desarrollo ha llevado a la ruina a la biosfera junto con la humanidad. Podríamos extendernos un poco más sobre los partidos políticos y sus mecanismos de poder que eliminan la libertad política, pero, creo, que con lo dicho anteriormente es suficiente. Los partidos polítcos se representan a sí mismos, sólo buscan el poder, porque el poder es lo que les va a permitir sobrevivir. Mantienen una lucha por el poder, que no es, como hemos señalado, una lucha de ideas, sino de poder. Por eso, los partidos no tienen ni ideario, ni ideología, salvo la del capital, ni programa ni nada de nada. Todo se reduce a seguir los mecanismos de conseguir las mayores cotas de poder. Y la mayor cota de poder posible es la de tener el poder ejecutivo que me permite dominar a los demás. Por su puesto, por encima de ello está el mercado, o el capital, para hablar con más propiedad. Porque la palabra mercado es otra forma del poder para jugar a despistarnos. Pues bien, en esa lucha por el poder los partidos políticos pactan con el diablo si es necesario. Luego pueden engañarnos e, incluso, crearse una conciencia tranquila afirmando que eso se hace por el bien del partido, por la izquierda, como se viene diciendo ahora en nuestra comunidad, cuando realmente es una lucha por el poder. Es una alianza que da poder, a unos y a otros. Si para ello hay que traicionar a los ciudadanos, eso no importa. Porque el ciudadano no cuenta. Éste ya no está en el centro del ágora, ésta ha sido usurpada por el capital y sus secuaces, los partidos políticos. Si queremos recuperar la democracia tenemos que trascender la partitocracia y encaminarnos a una república constitucional que es un tema largo de explicar pero que cambiaría la faz de los partidos y la representatividad de los ciudadanos, a la par, que pondría los mecanismos de una división real de los poderes. A su vez, esa república tendría un fundamento ético de importancia. Me refiero a la regeneración de la vida política que habría de ser sustituida por la ejemplaridad pública, la virtud del ciudadano.

 

            Y vamos ahora con aquella segunda parte que ocupa el vacío del ágora, el capital. Los griegos inventaron el ágora y la política. La Ilustración lo redescubrió. Si queremos gobernarnos hemos de seguir a la razón. Pero lo que vino después de la ilustración no fue la democracia, que tiene su base en la razón, sino el partidismo y el capitalismo. Del primero ya hemos hablado. Vamos a dar unas pinceladas al segundo. El capitalismo es incompatible con la democracia, porque el capitalismo, la forma que tenemos de organizar nuestro sistema de producción y que se nos dice que es la única, pero es mentira, ha usurpado ése lugar vacío del ágora y lo ha llenado con el capital. El capital es la mercantilización de la vida y ello supone la instrumentalizacion del hombre. Si todo se reduce a mercancía también el hombre es mercancía. Ahora bien, si el lugar de las leyes está ocupado por las leyes del capital pues resulta que no son las leyes políticas, las de los ciudadanos, sino las del interés del propio capital y del capitalista. Porque hay que decirlo también. El capital no es autónomo, las leyes del merado y de la economía no son autónomas ni neutrales, sino que tienen dueño e intereses. Si el capital llena el vacío del ágora se acaba con la razón, especialmente con la razón política o pública. Y esto es así porque lo que le interesa al capital es su propio enriquecimiento a costa de quien sea. No ve al hombre, ve mercancías. Su objetivo es obtener la mayor riqueza posible. Y en éstas nos encontramos, en la época del capitalismo hiperglobalizado que ha producido un vacío absoluto en la conciencia del ciudadano. Lo ha convertido en su vasallo. Cuando alguien ocupa el lugar común, el lugar de las leyes, se convierte en el amo y transforma a los demás en súbditos. Y eso es lo que han hecho los partidos y el capital; en realidad dos caras del mismo poder. La conciencia del hombre posmoderno es la de un hombre absolutamente escindido de lo común. Un hombre que sólo piensa en su interés particular, un egocéntrico absolutamente enfermo porque no es capaz de salir de sí mismos para encontrarse con los demás. Un hombre que ha claudicado al relativismo y que se siente muy feliz y contento de hablar y opinar de todo, cual burro rebuznando. Un hombre narcisista que, para poder llenar el nihilismo de su conciencia y de su vida necesita del consumo compulsivo. Un hombre que se hipoteca, vital y económicamente, para obtener ese objetivo. En definitiva, esto no es un hombre, sino el fin del hombre y del pensamiento. La claudicación ante la partitocracia oligárquica. Pero, curiosamente, todo ello lo hace alegremente y convencido de que nunca ha estado mejor y de su libertad. Pero todo es farsa y engaño.

 

            Y esto nos lleva al último punto que enlaza con la introducción. Por qué aceptamos ser siervos. Dije al principio que eso estaba en nuestra naturaleza biológica, pero también los filósofos dieron explicaciones de esto en el pasado. Además las explicaciones filosóficas son de otro carácter, la ciencia es más descriptiva y no puede salir de éste ámbito mientras que la filosofía puede trascender al ámbito normativo. El hombre necesita ser dominado y se encuentra agradecido de ser dominado. Acepta voluntariamente su servidumbre. Maquiavelo, La Boetie, Spinoza y Kant nos lo explican perfectamente, aunque cada uno con sus matices. Maquiavelo inventor del realismo político y del principio de que el fin justifica los medios, separación de ética y política, nos lo explica claramente. El príncipe debe ser fuerte e inteligente. La fuerza no debe hacer dudar a los súbditos, la agradecen porque mantiene la unidad, el hombre necesita del un líder, la inteligencia le sirve para no crear la rebeldía contra el poder, es decir, el uso inteligente de la fuerza. La Boétie fue más allá en su “Discurso sobre la servidumbre humana voluntaria”. El hombre acepta la servidumbre y renuncia a su libertad, que es el bien mas preciado por mera complacencia, se siente mejor obedeciendo, sabiendo quién es su líder y quién lo dirige. Como dice la sabiduría bíblica, vendemos nuestra progenitura, el poder, por un plato de lentejas. Preferimos la seguridad a la libertad. El problema es que esta delegación de nuestra libertad en manos de otro nos puede llevar a los máximos totalitarismos, los máximos atropellos y genocidios, como ha ocurrido a lo largo de la historia y son bien patentes en el siglo XX. Pero, además, creo, que en la actualidad estamos acercándonos peligrosamente a una situación similar. Creo que estamos en un fascismo económico que no es más que la antesala del fascismo político y, todo ello, por nuestra servidumbre humana voluntaria, por nuestra complacencia. En la actualidad hemos delegado todo nuestro poder en el capital y los partidos políticos y estos nos han llevado a la barbarie del mundo en el que vivimos.

 

            Por su parte Kant, sostenía que el hombre renunciaba a su libertad, a su mayoría de edad, por pereza y comodidad. Pero, como buen ilustrado pensaba que se podía salir de esa época de vasallaje y que el medio era el conocimiento. Atrévete a saber, nos decía. Pues no, el conocimiento, por sí solo no nos hace libres, la sabiduría sí. Pero, en la actualidad lo que tenemos es conocimientos inconexos, muchos e inaccesibles, una información casi infinita, pero nada de sabiduría y virtud. La ilustración, por medio de la educación universal, no trajo la democracia y la libertad, desgraciadamente, sino que ese espacio vacío y común ocupado por la razón universal fue ocupado por el poder de los partidos y del capital como hemos descrito.

 

            ¿Qué podemos hacer o esperar? Pues bueno, como ya dije al principio de todo esto, nuestra naturaleza biológica, como primates que somos nos dirige nuestro comportamiento en tanto que seres tribales y jerárquicos. Nos gusta obedecer porque así estamos más cómodos y tranquilos. A otros les gusta el poder porque ésta en su naturaleza, el mandar. Y de ahí que se establezca una jerarquía, porque todo el mundo tiene ciertas ansias de poder y ciertas ganas de complacer y de estar cómodos y no complicarse la vida. Pero, entonces, ¿qué pasa con este invento de la humanidad que es la razón universal y la democracia y los derechos del hombre y del ciudadano a los que llamamos universales? Pues, para mí, que constituyen el gran proyecto ético de la humanidad. Un proyecto a partir del cual el hombre quiere salir del lodozal en el que se encuentra. Una tarea ímproba porque es como si quisiese salir de esas tierras movedizas tirándose de su propio pelo. Pero es lo que tenemos, no hay más. Por eso es necesario la recuperación del pensamiento y de la ética. No sólo somos biología, si fuese así nos conformaríamos con nuestro orden jerárquico. Somos biología abierta, emergente. Y de esa emergencia surgen novedades, como son el proyecto ético de la humanidad y la razón universal. El momento actual es tremendamente delicado, si no actuamos correctamente, siguiendo principios universales, si no desalojamos a aquellos que ocupan la plaza, el mercado y los partidos, los intereses particulares, en definitiva estamos abocados a un cruel final del que ya se vislumbra el horizonte.

 

 

                                   Juan Pedro Viñuela

 

                                   Junio 2011.

 

Envejecer no debería ser volverse “realista y sensato”, si no profundizar en la posibilidad de realizar los ideales de juventud, sin el ímpetu y la inconscienia de ésta, pero con la experiencia de lo aprendido a lo largo de los años.

Miguel, debatir se puede y se debe debatir todo lo que se quiera. Pero no sobre el tema que se está debatiendo. Yo no niego el debate, niego la lucha por el poder y apoyo la libertad. En segundo lugar, claro que las presiones son muchas, bueno, y qué. Qué quieres decir con eso, que los quieren comprar. Porque si son presiones de ideas no hay ningún problema, no se pacta y ya está. Tercero, la opinión mayoritaria está por la abstención. Hombre, claro, es que por eso se les ha votado a IU, no para seguir con el PSOE. De las maniobras oportunistas mejor no hablar porque entonces caeríamos en la teoría de la conspiración y nos quedamos sin racionalidad. Pero, como bien dices haberlas haylas, no porque yo lo sepa, sino porque esa es la condición humana. Y si las hay, pues es un peligro. La mejor forma de haberlas evitado, no abrir este debate antidemocrático. Quinto, eso de decir que predecir que IU traiciona sus ideales es querer que IU traiciones sus ideales y, por tanto malintencionado, pues eso es maquiavelismo. De ninguna manera quiero que IU traicione sus ideales, sino que los realice. Y por eso me refiero a su ideal republicano y a su crítica a nuestro sistema de partidos y electoral. Hay que estar a las duras y a las maduras. Si se critica la desvergüenza del sistema de partidos con sus pactos y arreglos y su traición a la ciudadanía, pues no se puede caer en este tipo de posibilismo. Y si no que no se diga. De hecho, como alguien ha dicho por aquí, muchos pactos se han hecho, y muchos los conocemos, basados en la utilidad, el oportunismo y cosas peores… lo cual deslegitima a IU. Pero el hecho, solo el hecho, de plantearse en Extremadura un pacto con e PSOE, es demencial, simplemente, una locura, un oportunismo de algunos, un delirio, no sé cómo explicármelo. Es que simplemente no lo entiendo… Sexto…lo que tú quieras amigo Miguel.

 

Siento disentir de mi admirado el historiador Fontana. Creo que yerra el tiro totalmente en su análisis. No han sido los indignados los que han votado al PP, sino muchos otros, entre otros, gran parte de la izquierda realmente existente, la que tiene capacidad de gobernar. Pero que a él se le olvida decir que no es la izquierda. Es una derecha económica. Aquí hay un problema. y, por favor, Fontana, lo de la corrupción es escandaloso. Pero ha habido un partido que ha cometido terrorismo de estado y eso es muy gordo. Y, por otro lado, como español, y como extremeño, aunque para mí esto es circunstancial, pues soy, filosóficamente hablando, cosmopolita; la condición humana es la misma en todas partes, no puedo admitir su equiparación entre la derecha fascista y el PP. Y mucho menos decir, acríticamente, y quedarse tan pancho: “nunca hubiera imaginado, por ejemplo, que fuesen tantos los extremeños que han olvidado que sus abuelos fueron oprimidos y explotados –y muchos de ellos asesinados– por esas derechas a las que ahora votan” esto es una auténtica barbaridad. En primer lugar porque lo que ha habido es un abandono del voto al PASOE y una huida hacia el PP e IU. Soy consciente de que el mundo va hacia la derechización, que el fascismo más rancio está resurgiendo. Pero la antesala de todo ello es lo que ya tenemos, el fascismo económico y de ello, probablemente los más culpables sean los partidos de izquierda. Y, además, como extremeño le digo, que soy votante de IU, y no veo ese fantasma del que usted habla. Además, en Extremadura no hemos conocido la democracia, hemos pasado del franquismo al ibarrismo. Sé que hay muchas diferencias, pero aquí la democracia ha sido mera mascarada.

Carta abierta a IU.

 

Miren ustedes, no soy ningún infiltrado de nada ni de nadie. Soy un profesor con sus oposiciones aprobadas y un hombre políticamente libre. Considero que no hay que hacer un diálogo porque el pueblo ha votado y ha elegido a sus representantes. Un pacto es una traición. No niego la libertad de expresión. Lo que niego desde los principios democráticos es que los partidos políticos absorban la libertad política del ciudadano e instrumentalicen su voto. Ustedes deben dialogar y mucho y reunirse en sus comités federales y sus asambleas, y mucho, pero durante los cuatro años de legislatura. Ahora deberían estar celebrando el triunfo porque un sistema ha caído y porque tienen (debería decir tenemos porque para algo les he votado) tres diputados en la asamblea.

                        Otra cosa muy importante. Aquí hay un pseudodebate que tiene diversos orígenes. En primer lugar, la presión de los socialistas, en la que no voy a entrar, ya los conocemos, quieren mantener el estado de corrupción que han forjado durante treinta años. En segundo lugar, las luchas internas de los partidos que son luchas de poder. IU, desgraciadamente, no se salva de esto, aunque mantenga en su ideario la república. Y en tercer lugar, el señor Cayo Lara. Este señor le ha hecho un flaco favor a IU de Extremadura e IU en general. Mientras se reunían en las plazas los de democracia real ya, él los apoyaba. Pero hay que tener en cuenta que lo que defiende este movimiento, en principio, es otra forma de política que elimine el poder de los partidos, la corrupción, los pactos antinatura, la representatividad de los ciudadanos no de los partidos. Todo esto lo defiende este movimiento. Una democracia auténtica. Y defiende un ataque al neoliberalismo, a que el poder no esté en los mercados. Pues bien, el señor Lara, se apunta al carro con afán de posibilismo político, mientras mantiene un doble discurso y nos dice: nunca dejaremos allá donde podamos gobernar al PP, eso significa pactar en contra de la voluntad del pueblo. Y una traición a la ciudadanía, a todo aquello que se defiende en Sol, en qué quedamos. Y ahora llega el papelón de Extremadura, y se exige que no se deje gobernar al PP, de ningún modo. Ése fue el origen del debate. Esto es falta de ética y de honestidad, no se puede estar en Sol y defender el posibilismo político, la traición a los ciudadanos. Y eso es lo que ha ocurrido. Ni más ni menos. Y yo no niego la libertad de expresión, cada uno que se exprese como quiera. Lo que defiendo es la libertad política, y esa quedó manifiesta en las urnas. Por eso no hay ni que plantearse lo del pacto o el apoyo. No señor. Y encima recubrirlo de democracia de partido. Sus militantes, voten lo que voten, no pueden arrogarse lo que los extremeños han decidido ya de antemano. Ustedes tienen que hacer política de la buena, y tienen cuatro años para ganar más apoyos, porque la derecha hará mucho más daño, porque además ganará arrasando en las generales…y el mundo se ha ido derechizando peligrosamente. Es hora de entusiasmar al ciudadano. Pero me desencanta vuestra actitud. Insisto, los valores éticos de la república no se acaban sacando la banderita en los mítines y manifestaciones, esto es un símbolo. La república va más allá del partidismo. Pretende recuperar la libertad del ciudadano. Un saludo a todos y que la razón y la ética les acompañe si al final tienen que decidir, que ya de por sí, es un mal.

Pedro, enhorabuena por los resultados obtenidos. Mi enhorabuena a todos los que desde el partido han trabajado para que esto sea posible y, como no, para todos aquellos votantes, que en última instancia, han puesto a tres diputados de IU en la asamblea extremeña. He estado atento al debate que se ha planteado después de los resultados del 22 M y no salgo de mi perplejidad. Supongo que los más viejos en política dirán que peco de ingenuidad, pero, permítaseme mi osadía, sólo quiero defender a la democracia, a los votantes de IU y defenderos de vosotros mismos.

            No veo, y creo que no hay ninguna razón para este debate. Esto puede parecer simple, ya digo, a los partícipes más activos del partido con muchos años a las espaldas de trabajo y esfuerzo político. Pero no lo es. Quiero ir a lo sencillo, a lo elemental, a cosas que IU ha defendido siempre y por la cual esta vez se le ha votado y, además, otras veces, no, porque se les consideraba ingenuos e idealistas al defender estos principios que nos unen a todos. No entiendo el debate, porque no hay un empate en el que haya una lista más votada. Hay un claro vencedor y, nosotros, como defensores de la democracia, debemos respetar la soberanía del pueblo. Sabemos que el sistema democrático que tenemos facilita o, peor, acaba, en el partidismo, pero IU defiende la república. Y esto no significa sólo la eliminación de la monarquía dentro de las instituciones democráticas. Significa mucho más, entre otras cosas, virtud pública o ejemplaridad pública. Es decir, que los representantes políticos deben ser, igual que la ciudadanía, personas respetables y dignas. Y ello significa, en primer lugar, que, si creemos en la soberanía del pueblo, de verdad, no sobre el papel, debemos asumir su dictamen. No entramos en la verdad o no de la mayoría, la mayoría garantiza la gobernabilidad, para nada tiene por qué tener la razón. Y aquí hay una clara mayoría, la del PP, y, nosotros, personas con principios de izquierda, no participamos de su ideario político; es más, está en nuestras antípodas. Pero, el pueblo lo ha decidido. Igual que ha decidido ofrecer tres diputados a IU, y le pide responsabilidad por ello. Esos diputados no pueden estar nunca al servicio de la opción que, literalmente, ha perdido, no lo camuflemos de lista menos votada. El PSOE ha perdido, y el PP, puede gobernar con mayoría simple. Nuestro misión es, en primer lugar respetar la voluntad de las urnas. Estoy hablando desde la teoría democrática y la virtud cívica que se le exige a una opción política como la nuestra. Nosotros atacamos a todos aquellos que desvirtúan la democracia a través de pactos electorales que, en definitiva, no son más que una instrumentalización de la ciudadanía, otra más además de la representatividad proporcional que padecemos y que desde IU se ataca. Nosotros debemos ser ejemplo de ejercicio de la democracia. Ejemplaridad pública. Ahí no tenemos nada que perder. Pero si apoyamos al PSOE en la investidura, simplemente estamos traicionando a la democracia en general, a nuestros principios, al pueblo, y a los votantes de IU. Por eso no puedo entender el debate. Si éste se ha dado es porque nuestra condición humana nos lleva a la vanidad, la soberbia y la ambición de poder. El discurso del miedo a la derecha es absurdo. Simplemente, si se apoya al PSOE, se persigue poder, ni siquiera, un mayor margen de acción. Además de violar los principios en los que creemos, el dictamen de las urnas, seríamos fagocitados por la maquinaria del PSOE. Pero, ahora, en mi discurso, para mí, esto es lo menos importante. No se puede admitir una lucha por el poder, sino una defensa de los principios republicanos de una democracia sana. IU no se puede permitir el lujo de defraudar a los votantes. La credibilidad de la democracia en la que vivimos está, y con razón, en crisis, IU no puede participar en este descrédito de la democracia. Debe enseñar que otra forma de democracia es posible. Debe ser el estandarte de la transición hacia una república, no entrar en el juego de partidos que tanto, y con razón, ha denunciado. Un pacto con el PSOE para la gobernabilidad de éste llevaría al desengaño y el desencanto. No podemos caer en el posibilismo político. IU tiene la posibilidad de hacer una política de principios. Y tiene cuatro años para demostrarlo. Una legislatura entera para discutir una a una todas las leyes, para llegar a acuerdos, cuando sea posible con el PSOE, sobre la viabilidad de una ley u otra. Para servir de control al poder, que en definitiva eso es la oposición. Para entrar en el diálogo parlamentario y no en el pataleo al que nos tienen acostumbrados. La política como ejercicio del diálogo, no como prepotencia, la política como libertad, no como imperativo de voto. No podemos seguir las reglas del juego que desvirtúan la democracia. La política hay que hacerla día a día, discutiendo los proyectos legislativos, presentando proyectos de leyes... todo lo demás es jugar el juego sucio de los partidos que han absorbido el poder del pueblo y, con ello, han acabado con la democracia. Creo que si IU se plantea esta cuestión previa evitará caer en un debate interno peligroso, evitará dar una imagen negativa, como ya está dando a sus votantes, hará perder la ilusión del rescoldo de democracia que nos queda.. y se perderá en el posibilismo político, para, al final, caer en las garras del bipartidismo. Si hay que morir se muere con valentía, no en brazos de un gigante que nos haya resguardado de la intemperie. Hay que seguir a la razón y a la ética, que es lo mismo. La razón es universal y es común a todos. Y todos entendemos quién ha ganado. Cuestión previa, por tanto, no hay más discusión. La ética es universal también, se refiere a la libertad de las personas. Si IU acepta un pacto hemos perdido nuestra libertad y seremos esclavos para siempre, hasta ser finalmente engullidos. Nunca podremos volver a hablar desde la honestidad. El posibilismo político es posible desde este sistema partitocrático, IU defiende la democracia en sus ideales republicanos, es decir, más allá de la partitocracia. En un mundo sin matices, en una sociedad sin principios, en una política exenta de ética, hay que practicar la ejemplaridad pública. Un saludo.

No sé exactamente lo que dices. De todas formas ya llego tarde, empieza el uso de la fuerza. El poder calla a la ciudadanía bajo el lema del sacrosanto orden público. Una mamarrachada totalitaria dentro de una democracia que no es tal. Esto se veía venir, había que esperar. La cosa empezará a tomar otro color, sobre todo porque, tarde o temprano, las medidas contra la ciudadanía, el estado de bienestar, la democracia, los derechos humanos…se irán incrementando. Por la crisis, en la cual manda el mercado y por la derechización del mundo. España se ha vuelto de derechas ahora, de nombre, antes lo era de hecho. A la izquierda le queda mucho recorrido y a los movimientos civiles también. En las asambleas todo es muy complejo. La inmensa mayoría de la gente, opina, no piensa. No creo en una democracia asamblearia, sí, quizás, en una república. He huido de las asambleas como de la peste, simpre. Producían demasiado ruido en mi inteligencia. Al final hay que decidir y el que tiene más poder se lleva el gato al agua. El movimiento del 15 M es, más que nada, simbólico, no creo que pueda surgir nada de él, en tanto que propuestas. Por una razón muy sencilla: está en el margen del sistema, no representa ninguna institución, ni es asumible por ninguna de las que existe. Lo importante de él es que sea grande, que cause “desorden público” e, incluso, desobediencia civil. Que sea tan profundo que llegue, incluso, a las elecciones. Ello haría posible que los políticos cambiasen de verdad la política. No como ha ocurrido ahora, que han instrumentalizado el movimiento. Siento mi pesimismo, pero ya me conoces. Con los mimbres de la condición humana poco podemos haer…pero bastante lejos hemos llegado. Tanto que ahora somos conscientes de que estamos retrocediendo en nombre del progreso, claro, el económico financiero… de lo que se deduce que hay que seguir insistiendo y seguir luchando por la dignidad humana. Todo está en la Ilustración, y si me apuras, en Sócrates…

No creo que sea como usted dice, siguiendo a Mill, un efecto de la aplastante mayoría. Creo que se trata de algo más serio de lo que lo primero es el síntoma. Esa aplastante mayoría la produce el propio sistema de la democracia formal que acaba en el bipartidismo y los nacionalismos. Lo que ocurre es más profundo y preocupante. La libertad de expresión y manifestación de ésta a través del voto existe y, además, es muy perseguida por los partidos, porque sino carecerían de legitimidad. Ahora bien, lo que no hay es libertad de pensamiento. Por qué, simplmente porque se ha ido generando un pensamiento único. Y esto por muchas razones. En primer lugar porque los partidos se han hecho con todos los poderes del estado, y además son prácticamente intercambiables, salvo matices epidérmicos. Y, en segundo lugar, porque históricamente, el enfrentamiento entre dos potencias se entendió también como el enfrentamiento entre dos visiones de la sociedad. Desaparecida una de ellas, el socialismo real, en realidad un sistema totalitario inspirado en el satalinismo, desaparecen las ideologías y de ahí la defensa del fin de las mismas y del pensamiento único.Eso es lo que nos han hecho pensar y lo que en realidad representan los partidos, todos, insisto, son esencialemente iguales. El pensamiento único en realidad es la ausencia del pensamiento, porque el pensamiento es diálogo, dialéctica, confrontación. De ahí que hay definido a la democracia, y ése es el título de un artículo mío sobre el tema, que la democracia es disidencia. Es decir, que entiendo la democracia como la capacidad de disentir y esto es pensar, no expresarse. Porque un mismo pensamiento se puede expresar de múltiples formas.
 

            Por otro lado estoy de acuerdo con usted, y aquí soy popperiano hasta la médula, que la democracia formal es el mejor de los sistemas, que es el que mejor garantiza los derechos humanos, sociales y laborales. Efectivamente. Pero esto no tiene nada que ver con la libertad de pensamiento, sí con la de expresión. Popper, en resumen, defendía la democracia como una forma de gobierno en la que se podía eliminar al gobernante sin derramamiento de sangre, cuando considerábamos que lo habían hecho mal, que no es poco. Y, además, sostenía que el gran invento de la democracia es el de las instituciones que son las que garantizan todo eso que usted dice. Por eso la democracia es el mejor de los gobiernos. Pero el problema es que nuestras democracias formales se han convertido en formas de dictaduras de partidos. En plutocracias: partitocracias oligárquica. Pero, también, siguiendo a Popper, la democracia, frente a cualquier otro gobierno es el único perfectible, aquel que podemos mejorar. Las instituciones son las que salvaguardan la libertad política, por eso es muy importante que las instituciones no caigan completamente bajo el poder de los partidos. Pero la tendencia, y ese es el problema, es ésa precisamente. Por eso es necesario, antes de acabar en democracias, contradictoriamente, totalitarias, refundar los partidos. Y aquí entramos en el último punto. En este sentido coincido con usted. Yo no defiendo una revolución, sino una transformación profunda. En el sentido kantiano. Una revolución cambia a unos tiranos por otros, en cambio, el uso público de la razón, la ilustración de la ciudadanía, conlleva la transformación de la sociedad. Ahora bien, quizás, en ocasiones, sin caer en la violencia y la revolución, sea necesaria la desobediencia civil. Por supuesto, siempre será legítima frente a la tiranía. Gracias y un saludo.

Mira, David, siento discrepar profundamente contigo. En primer lugar por la forma, que es muy importante y tienes que salvaguardar. No sólo porque no se puede insultar con calificativos generales, sino porque, además, desde la lógica argumentativa eso es una falacia y de las más burdas y elementales. Cuando calificas al movimiento ciudadano de fascista y estalinistas, simplemente estás haciendo un argumento ad hominem, y ya sabes lo que esto significa. No das ni una sola prueba de ello. Además siguiendo la lógica deductiva, la de Popper, el adalid de la libertad y de la sociedad abierta, cuna del pensamiento, junto con Hayek, neoliberal moderno, aunque estos no se han enterado “de la misa la mitad”, basta un solo caso para refutar tu tesis. Según tú afirmas el movimiento es fascista estalinista, pues yo te aseguro que no lo soy, yo y mucha gente, pero eso no importa para la lógica. Si yo no lo soy queda falsada la teoría por el Modus Tollems. Explícitamente: p predice q, no se da q, por tanto no es cierto que p. Y sólo basta un caso. Lo demás es falacia, generalización inductiva o, peor, demagogia.

 

Y, con esto creo que ya no hace falta ni siquiera seguir hablando. Pero como amigos y como reconozco tu valía, compromiso, saber e inteligencia, pues te dedico unas palabras más. No es cierto lo que dices. Cuando afirmas que el movimiento no pone en duda, ni el bipartidismo ni la partitocracia, no es cierto. Primero, si se cambia la ley electoral y la ley de partidos, cosas que están contempladas en las propuestas, cambia mucho el asunto de la representatividad. Es en esto en lo que hay que fijarse, no en otras cosas que se dicen que a muchos como vosotros, entre ellos, no lo digo por ti, los ultraliberales del mercado, que nada tienen que ver con la libertad, que, por otra parte, no oculto mi escepticismo, quizás sea imposible. (Todavía no he sido capaz de refutar a La Boête y su “Discurso sobre la servidumbre humana voluntaria”.) Y, a pesar de ser un “filósofo tambaleante de la ilustración” creo que el hombre per se no alcanza la libertad…esto es un grave problema, pero no vamos a entrar ahí. En definitiva, que según un programa de mínimos, un cambio de la ley electoral, de la ley de partidos y de la representatividad proporcional haría nuestra democracia más representativa, aún siendo formal y partidista. Esto es un paso, pero, desde luego, para mí, y según tú afirmas, para ti también, esto no es suficiente por que no se acaba con la partitocracia. Pero yo lo que añado es que si de este movimiento surge una sensibilidad en la que se ponga en cuestión la democracia partidista, en definitiva, una forma de dictadura más, pues habremos dado un paso importante. Porque entonces habrá que refundar la democracia desde los ideales de la república. Que esto sea posible, pues no lo sé, que este movimiento lleve esto implícito, pues no lo creo, pues es muy heterogéneo, como inevitablemente no puede ser de otro modo y lo que yo digo aquí, quizás sea demasiado pedir y, quizás, sea en el punto que coincidamos. Pero en lo que creo que discrepamos es que esto, para mí, es un detonante que hay que aprovechar, que nos desilusionará, por supuesto. Más grande fue la revolución francesa y también desilusionó. Es más, de sus males vivimos hoy en día. Pero creo que hay que subirse al carro y aportar ideas. A quién vas a esperar, sino. Este movimiento ciudadano es invertebrado, surge de la indignación, la miseria… ahí está su fuerza y también su debilidad. Es necesario canalizarlo hacia la libertad política y la república, en definitiva, hacia una profundización de la democracia… Y una de las cosas en las que creo que coincidimos es que ese cambio, o transformación o revolución, pasa por una transformación radical de la enseñanza. Un saludo muy afectuoso. Sinceramente, creo que debes meditar y espantar fantasmas. Luego, el escepticismo, pues eso nos acompaña a todos y mucho más a los que somos más teóricos…

Efectivamente, de acuerdo. Pero la abstención y el voto en blanco están dentro del juego democrático. Quizás ahora no sea el momento, mejor unas generales…no sé la novela de Saramago “Ensayo sobre la lucidez” me dio mucho que pensar y nunca sospeché que estaríamos ante una situación similar. Mi convicción es democrática, y dentro de ella, republicana. El camino es difícil. Pero pienso que esto debe tomarse en sentido kantiana, como idea regulativa de la praxis política y ética. La diferencia, como decía Popper, un liberal, entre la democracia y el resto de los gobiernos es que la primera es un gobierno perfectible…un cordial saludo y gracias por su comentario.

 

                                   ***

 

            No hombre, Antonio, no seas ingenuo. No confundas la corrupción con los casos de imputados. La corrupción es algo mucho más amplio. No sé porqué tantos remilgos intelectuales con un movimiento ciudadano que nace de lo más primitivo del pueblo, acabe como acabe, y soy tremendamente escéptico, y tanto beneplácito con los que, literalmente, han secuestrado el poder y la LIBERTAD en Extremadura, y más en Villafranca durante treinta años. La corrupción es sutil y no pasa en su gran mayoría por los juzgados. No te equivoques, Antonio, no confundas. El PSOE, es, ahora mismo, lo más reaccionario que pueda existir en Extremadura, sólo, y por imperativo de la estructura democrática, intenta mantener el poder. Desengáñate y sé un poco más republicano. Que la república implica mucho más que eliminar al rey, es una forma de democracia que elimina la partitocracia. Un saludo y disculpa hacerte pensar en jornada de reflexión…

Pero ya está bien. ¿Qué propuestas tiene el “libre mercado” salvo el hambre, la miseria y el genocidio que ha producido? Farsantes. Esto no es libertad. Confundis a sabiendas. De qué libertad hablan estos economistas que han deshumanizado la economía y la han desnaturalizado. Su intención era instrumentalizar al hombre y obtener el poder. Hay que escuchar a otros economistas. Hay muchas formas de capitalismo y la libertad no es la libertad de mercado, eso es un mito, una falacia e interés para los muy ricos. No existe el mercado. Existen personas con nombres y apellidos que regulan ese mercado. Ya está bien de farsa y de pseudociencia económica. Y, encima refugiándose en grandes discursos filosóficos sobre la libertad. Qué engaño.

Estoy de acuerdo con usted. Efectivamente, la democracia directa hace tiempo que dejó de ser una opción para la sociedad de los estados nación. Pero eso no excluye una democracia más participativa de la que habla usted antes con el asunto de la participación en los partidos. Creo que la democracia está en una terrible crisis, y que esta democracia es una democracia representativa de partidos. Pero no es la única forma de democracia representativa. El problema de los partidos, y del modelo de democracia partidista que emerge después de la segunda guerra mundial con el fin de eliminar los peligros de la democracia parlamentaria que nos había llevado al fascismo, es que absorben la libertad política, no la individual, ni la privada. La libertad política, como libertad constituyente de formas de acción política. De ahí el pensamiento único y de que el voto sea meramente instrumental. No es posible, por su puesto, una democracia directa, claro, es absurdo, pero sí una república representativa con base en la política de Rousseau. Yen este lugar los partidos se verían tremendamente transformados. Creo que los partidos políticos, por desgracia, se han convertido en mecanismos de poder que sólo pretenden perpetuarse. Es cierto lo que usted dice, que son las instituciones, junto con otras, que tiene el ciudadano para manifestarse políticamente. No lo dudo. Pero el problema es que los partidos políticos están llenos de gente honesta que no son capaces de cambiar la maquinaria del poder. Los partidos políticos están más allá de la ideología, porque en definitiva sólo hay una: las democracias representativas de partidos, la partitocracia. Y, en este escenario, los partidos juegan las reglas del poder, buscan más cotas de poder, en todos los ámbitos del poder. De tal manera que el poder, todo el poder, el poder absoluto, está repartido entre los partidos. De ahí que exista una distancia, que creo que es una de las cosas que el movimiento ciudadano denuncia, entre la clase política y los ciudadanos. A mi me gustaría que fuese como usted dice, y confío en la gente honrada y amigos que tengo en diferentes partidos, pero creo que esta forma de democracia ha llegado a su fin. Nos queda el ideal republicano del que he hablado antes, siguiendo a Trevijano, también la república basada en la ejemplaridad pública de Javier Gomá, en fin, sólo decirle que a mis alumnos precisamente les digo lo que usted me dice a mí. Y les añado que la democracia es una forma de vida, como dijera Aranguren, y que va más allá de lo meramente formal. Por eso, creo que la izquierda ha perdido su identidad al renunciar a su pasado porque ahí se encontraba su impronta ética de justicia social. A lo mejor estos movimientos ciudadanos hacen recobrar la conciencia de que somos ciudadanos y no títeres y ponemos entre todos en jaque a la clase política de tal forma que, desde la libertad política constitutiva haya una refundación de la democracia. Es necesario recuperar la ideología y la ética y, la clase política, la ejemplaridad pública. Gracias por su comentario y un saludo.

Gracias. Nada, simplemente pienso en voz alta y estos nuevos medios de comunicación sirven para amplificarnos la voz a todos. La verdad es que todos tenemos nuestras dudas. Yo soy un teórico y siempre veo los toros desde la barrera, lo del la lechuza de Minerva…pero creo que ahora hay que apostar. Y no pasa nada por equivocarse. Lo que hay es que ser consciente de que esto nos puede pasar, que seguramente nos pasará. Pero tampoco hay que caer ni en utopismos que sólo llevan a totalitarismos y desencantos, ni a la pasividad que, creo, y esto es un tema al que le doy últimamente vueltas, es el mal consentido, el que hace posible el mal radical. Creo que este sistema produce un mal radical y la inacción es consentir este mal. Hay que actuar y posicionarse, a pesar del muy probable error, pero sin perder ni la conciencia ni la cordura. Saludos.

La democracia que tenemos, en España, desde la transición y en Europa desde mucho antes, se transforma, ipso facto, en partitocracia. Y en ésta, la libertad política es secuestrada por los partidos. De ahí la distancia entre el estado (que no somos todos como nos cuentan, sino los poderes, que en última instancia proceden del legislativo y el ejecutivo, entre los que tampoco hay separación real) y la sociedad. Porque el estado ha sido tomado por los partidos, no por la sociedad. Y si a la partitocracia se le suma la oligarquía, pues ya ni habamos. Hay otras formas de democracias menos totalitarias o que anulan menos la libertad, siempre habrá ausencia de libertad por aquello de la servidumbre humana voluntaria y por la distancia entre la teoría y la praxis, pero bueno, es como el principio de entropía en física. Y luego está todo el malestar producido por este sistema, así que estos chicos, mire usted, me parece que tienen razones más que suficientes para rebelarse. Y lo de la transición… bueno, bueno…mejor para un análisis más serio.

 

                                   ***

 

            ¿Que nadie se apodere? Coño, pues no es eso lo que está haciendo él. Venga ya. El domingo va a haber una hecatombe del partido socialista. A nivel nacional lo han hecho fatal, pero a nivel regional son unos auténticos caciques, dictadores, enchufados. No hay un puto cargo, más allá de unas oposiciones honradas, que no haya sido nombrado a dedo, ni el franquismo hizo tanto por manipular la Admistración. Vamos, increíble. Estoy deseando de que pierdan estas elecciones y de que haya una buena limpia –que conste que esto es un problema concreto de Extremadura, bueno, y de Andalucía- los más tontos de Europa. El voto más inteligente de la constitución europea fue el no, en España hubo una gran abstención, lo cual fue interesante, pero no se le dio importancia. Sin embargo, Extremadura fue la región que más votó el sí. El partido socialista hizo bien su papel. Y la Europa que votó es la Europa del mercado, la neoliberal…y ahora vamos a tener miedo al PP, prefiero lobos con los que pelearme, que no cocodrilos con la cirugía estética…Además me gusta la sinceridad. Yo sé a qué atenerme con la derecha, tanto tradicional, como económica, pero el PSOE, salvo en que son unos corruptos, siempre en mi región, no sé a qué atenerme. Es el pensamiento débil hecho política. Y recuerda una cosa. Esta persecución, demonización, aprovechamiento político de unos y de otros es algo que en nuestra región un grupo de ciudadanos hemos sufrido desde hace siete años. Hemos sido hasta invitados a largarnos del pueblo por ser demócratas, por disentir, se nos ha prohibido por la delegación de gobierno manifestarnos, se nos ha multado, se nos ha hechado de los medios de comunicación municipales, se nos ha vetado la publicación en los medios regionales (al menos en mi caso, y no veo fantasma, algún día te lo explico) todo en nombre del socialismo, de la democracia de la libertad….y una mierda. Mira, que no te asuste que gane el PP en Extremadura, si ése no es el problema de la democracia. El problema de la democracia es el poder de los partidos. Pero sí es el problema de Extremadura que siga gobernando el PSOE.

Sabes, creo que lo que nos pasa, sobre todo a occidente y, más en concreto, a Europa, es que estamos en el fin del pensamiento. El aburrimiento del pensar, que dice un filósofo llamado Sloterdijk. Y esto nos hace venir de vueltas de todo. El movimiento del 15 M no se ha planteado ningún futuro más allá de las elecciones. Esto le vendrá dado. Están las elecciones generales. Están los ajustes del mercado, el paro creciente…todos son factores que nos pueden llevar a replantearnos la democracia, una cuestión de mínimos, no hay que entrar en las propuestas más concretas. Se trata del problema de la representación política, por un lado, y de quién manda, por otro. Ni las democracias en las que vivimos son democráticas, mal que les pese, tanto a los liberales como a los socialdemócratas, ni siquiera los políticos mandan. Estos han secuestrado el poder político a la sociedad, de ahí que nuestras democracias sean partitocracias. Pero, al final quien manda es el mercado, pero cuando se dice mercado no se debe caer en la ideología neoliberal. No existe el mercado, per se, eso es un mito. El mercado tiene dueños y leyes. Y la ciencia económica es la más ideologizada de las ciencias. Depende de qué política económica hagamos nos saldrán unos números u otros. El engaño del pensamiento neoliberal es una perversión de la razón ilustrada que degenera, como en el marxismo, en totalitarismo, y es pensar que existe una razón económica que lo gobierna todo. Falso. La economía, como ninguna ciencia, y menos las sociales, es neutral. Hay dos errores fundamentales en el neoliberalismo que ya proceden de la ilustración y de la economía del XIX. Aquí está incluido Marx. Por eso me hacen gracia esos liberales que hacen una crítica al movimiento hablando de ideología marxista o comunista, si son iguales, son totalitarismos y los dos pretenden ahogar la libertad y, además, en nombre de la economía como ciencia neutral y determinista en cuanto a la explicación de la historia. Dos errores decía. El primero es que en el siglo XVII-XVIII se sacó a la economía de la naturaleza. Esto es, se desnaturalizó. Antes la economía tenía que ver con los procesos de la naturaleza. Éste fue el primer paso para hacerla científica. Después vino el paso de alejarla de las ciencias humanas. En sus orígenes, siglo XIX, cosa que han olvidado los liberales de nuevo cuño, la economía estaba ligada a la ética, es más, era parte de la ética, en tanto que ciencia o saber sobre el hombre. El proceso de naturalización de la economía, es decir, de concebirla como ciencia natural sólo trajo, en el ámbito humano, instrumentalización del hombre. Y aquí, cayeron en el mismo error tanto marxistas científicos, como liberales. El último error, ya en el siglo XX, es la concepción de la economía como una ciencia que justifica el crecimiento ilimitado dentro de un planeta limitado. Es decir, que después de haberse constituido en una ciencia al modelo de las ciencias naturales, niega el principio más universal de éstas, el principio de entropía. Fue Rogen-Geurgescu el que, en su “Economía y entropía” puso remedio teórico a tal improperio científico. Pero todavía no se enseña en las universidades. Y esto es así porque el paradigma imperante es el del economicismo, tanto a nivel científico, como político. A nivel ciudadano esto se transforma en religión e ideología.

            La refundación de la democracia es algo que va para largo. El primer paso es la crítica a los partidos políticos como garantes de la libertad. Ni garantizan la libertad, ni son representativos. Luego la critica a la ideología del mercado, que sustituye la libertad política por la libertad de consumo, la comodidad, el bien privado. Todo ello no tiene nada que ver con la libertad política. Hay que partir de lo mínimo…no hay más. Y, aunque soy un crítico de la idea de progreso, como otro mito más de origen cristiano y con fundamentos etológicos, pienso que podemos hablar, sólo historico-pragmáticamente, de un progreso moral y político de la humanidad. Es cierto que no tenemos libertad política, que el pensamiento está secuestrado, pero es preferible nuestro sistema al del antiguo régimen, al feudal o al esclavista. Y esto no es conformismo, todo lo contrario, es pensar que algunas ideas que han generado revoluciones o transformaciones profundas de la sociedad han construido un mundo mejor. Quizás sea un exceso de optimismo por mi parte porque ese mundo mejor se ha construido sobre el imperialismo y el colonialismo, ésta es la cruz de la moneda…pero si no me agarro a esto me dedico como Epicuro a cuidar mi jardín, y punto. Pero, de momento, creo que existe un mínimo margen de maniobra. Además, quizás sea un deber para con las generaciones venideras. Y ésta última es una razón de fuerza mayor.

Estas palabras me parecen mucho más sensatas y te las agradezco porque nos acercan a pesar de nuestras diferentas de fondo. Acabo de leer tu Indignación I, sabes que no lo comparto, por lo que llevamos debatido, pero creo que en tus dos artículos, igual que Felipe en el suyo, argumentáis bien y con fundamentos fuertes, a pesar de mi discrepancia. Y merecen mi respeto y por eso los someto a la crítica.

 

            Dices al final que hay muchas razones para indignarse, efectivamente, las hay, y muchos lugares desde los que indignarse, efectivamente. El grueso de tu artículo es una crítica al prólogo de Sanpedro y una acusación de que la ideología que subyace es la comunista soviética. Creo que te equivocas en lo segundo, no en la crítica a Sanpedro, pero no tiene importancia tu crítica a ese autor porque cometes un error al ligar la “ideología comunista” con Sanpedro y el movimiento civil que arranca de indignaos. Me explico. Ciertamente Sanpedro no habla de todas esas injusticias y genocidios del siglo XX que tienen su origen en la ideología comunista stalinista y maoísta. Pero es que no se está tratando ese tema, por eso tu crítica no tiene sentido. Lo que él analiza es la situación de barbarie del ultracapitalismo, ni siquiera del capitalismo. Su análisis, y para eso hay que leer sus otras obras, se refieren al capitalismo que comienza en los setenta del que devienen estos males. En el 89, cae el muro de Berlín, ya no hay lugar para la discusión de esa ideología, sólo para analizar la barbarie del totalitarismo. Y, en efecto, el stalinismo mató a más de veinte millones de personas, que se dice pronto. Fue una ideología totalitaria de origen marxista, que analiza perfectamente Popper en su obra La sociedad abierta… pero no se está hablando de esto, sino del mal radical que procede del nuevo capitalismo y, aquí, con los datos en la mano, sostengo que se está produciendo un exterminio ideológico. Y se complicará más con lo que te comente de los recursos fósiles y el problema del cambio climático. No es el fin del capitalismo, es el fin de un modo de capitalismo que, literalmente, mata.

 

            Por otro lado, lo de la ideología comunista, ya te lo comenté antes, no creo que en los manifiestos haya nada de esto, sí, mucha socialdemocracia, o recuperación del poder político, o de los políticos, vigilancia ante la corrupción del mismo, más intervención ciudadana y más intervención del poder político sobre el económico. Y esto último no anula la libertad. La intervención política en la vida privada y pública sí anula la libertad, como ocurre con las directivas de la unión europea y con las democracias que padecemos, que en nombre de la libertad te esclavizan y por pensar eres hasta sospechoso. Pero la intervención del estado en lo económico no anula la libertad. Ésta es la confusión del credo neoliberal. Además, resulta que el libre mercado, un mito, porque el mercado tiene leyes y dueños, pide a los gobiernos su intervención. Además, las multinacionales crean sus propias legislaciones supragubernamentales ante las cuáles los estados no pueden intervenir porque están fuera del dominio del estado nación. De lo que resulta que, en última instancia, estamos gobernados por los dueños del mercado, no por la libertad del mercado. Y, los políticos, claramente, tienen, por haberse dejado llevar durante cuarenta años, poco margen de acción. Gracias y un saludo.

¿Es malo ser anticapitalista (me refiero al capitalismo salvaje o sin bridas), cuando el capitalismo nos ha llevado adonde nos ha llevado? ¿Y ser estatalista, cuando el mercado necesita de la intervención del estado para asegurar su éxito -multinacionales- que les proteja de otra producciones y que, además, exigen del estado un estado militar, absolutamente intervencionista donde le interesa para obtener los recursos y regular su precio para vivir a costa de otros?. Utilizas una serie de términos como si fuesen insultos…no entiendo. Saludos. Por cierto, este artículo es grotesco, el de ayer argumentaba bien, éste es cinismo posmoderno…

Antonio, es que exiges mucho. Sí, es el vicio del filósofo, también del desencantado. Y la juventud tiene motivos para estarlo. Pero ahora no es momentos de análisis intelectuales. Hay un punto claro, la lucha contra un sistema en el que ha habido una connivencia entre el poder político y económico que ha entrado en crisis y nos lleva a la miseria. A muchos ya los ha llevado, pero todo puede ir a peor, como señala Fernández Durán. La rabia, la indignación son síntomas de lucidez moral, la inteligencia no es sólo analítica. Está claro que luego hay que canalizarlas. En cuanto a las propuestas, pues los hay que piensan todo lo contrario que tu, que están demasiado cargadas de ideología, es decir, que son muy concretas, esto es, que manifiestan formas concretas de entender la sociedad. Yo creo que en lo que hay que fijarse es en que hay un malestar contra el sistema y que los políticos son los que están en la primera línea de crítica. Creo que los políticos no nos representan, porque representan sólo al poder del partido. Por eso vivimos en dictaduras enmascaradas de democracia gracias a nuestra servidumbre voluntaria. Ver un acto de libertad, nacido de la indignación como éste es catártico. Y ver a los políticos temblar, no saber qué hacer, da risa. Sabes que soy un escéptico, pero confío en la capacidad de superación. Épocas peores se han pasado. Por otro lado, hay que tener cuidado con las revoluciones, sustituyen a unos tiranos por otros. Pero el inicio del cambio surge de la indignación, pero no la privada, sino la que se hace clamor público.

Está bien tu segunda parte. Y, además, te dije, desde el inicio, que no analizaba tus cuatro puntos, sino algo más general. Y que, realmente, tienes algo de razón en tu análisis. Pero, simplemente, considero que están de más y no sirven par...a nada, ahora. En otro momento, sí. Ahora de lo que se trata es de denunciar, desde la miseria, nosotros no estamos aún en ella, un sistema que la ha generado. Y ése es el de la connivencia del poder político con el mercado. Es un jaque a los políticos y no hay que ir más allá, ni más acá, no se puede pedir más. En cuanto a lo de la libertad, pues me habré expresado mal. El estado de bienestar no produce libertad, la miseria sí. Es más uno de los peligros de la socialdemocracia es la anulación de la libertad del individuo por simple acomodación. Es lo de la servidumbre humana voluntaria. Por eso donde falta el pan, falta la libertad, como señalas y es de ahí de dónde surge un movimiento civil de rebeldía e indignación que es un acto de libertad, al menos en principio. Saludos.

Llevas razón en algunos de tus análisis, pero yerras el tiro. Demostrarlo me exigiría un tiempo que ahora no tengo. Pero sólo te hago una observación. Estamos en régimen totalitario, yo diría dictatorial. Habría que escuchar a esta gente qu...e sólo pretende justicia. En cuanto a lo de la libertad, pues mira, sin comida y sin vivienda, para leches la quieres. La libertad es el mayor bien, el bien más preciado, pero sin justicia y estando en la miseria dime tú a mí de que libertad hablamos. La libertad es una conquista cultural de occidente que exige primero bienestar social. Por cierto, hoy, en el estado de fascismo absoluto del mercado, antesala del fascismo político, se habla continuamente de libertad, pero ni la hay políticamente, pensamiento único, ni mercantilmente, ésta viene condicionada por tu poder adquisitivo. Y, sin entrar en tus análisis en concreto, por falta de tiempo, cansancio y espanto ante lo que he visto hoy, tanta inteligencia desperdiciada mirándose el ombligo, sólo decir que tu análisis, como el de otros obedece a una conciencia acomodada, fácil a la crítica, desde una postura psudoalejada. Vaya papel éste del intelectual que quiere permanecer impoluto. No, eso es imposible. El intelectual debe ser un referente moral y es precisamente el posmodernismo el que nos ha llevado a la muerte de éste, ya nada se puede decir. Y, una cosa más, tras la indignación está la reacción. Por cierto, creo que no es buena la burla sobre la indignación, cuando sabemos que ese lema procede de una persona que participó en la “salvación” de Europa del nazismo…al menos que, y es lo que me estoy barruntando, todos estos críticos del movimiento, exceptuando a los partidos políticos que tienen sobrados motivos, participen de un elitismo racista, xenófobo y antihumano…en fin, no sé. Si tengo tiempo mañana analizo punto por punto, pero creo que lo que hay que hacer es aprovechar el tirón y trabajar, esforzarse, que tú decías. Un cordial saludo.

Estimado David, creo, sinceramente, que te equivocas y que te ciega la cólera y la rabia contra lo que probablemente compartimos, al menos en muchos aspectos. Creo que haces demagogia, pero es que además, confundes conceptos básicos. Pero y...o no voy a entrar aquí porque sería muy largo. Explicar en qué consiste la democracia, o la república es dificilísimo. Tú lo sabes bien y eres conocedor de ese magnifico libro de Trevijano, en el que, por cierto, apareces en la dedicatoria, “Teoría pura de la república”. Precisamente lo estoy leyendo y me parece impresionante. Estoy encontrando las causas de lo que para mí era un saber descriptivo. En fin, sólo con ese libro como botón de muestra de lo que se puede discutir sobre democracia o república pues ya tenemos bastante. Mi intervención se dirige hacia otro ámbito. Creo que habéis confundido este movimiento ciudadano con lo que no es. Y, además, estás contaminado con lo que en tu región puede ocurrir con IU. Es un movimiento, que tendrá, como ya le dije a Maricruz, sus cabecillas, sus ideólogos, y todo lo demás. El hombre, y esto es cuestión de su propia naturaleza no se organiza sólo, es un animal tribal. Por eso la democracia, entendida como igualdad real es una construcción cultural que va contra la biología, y, por eso, la democracia formal plantea la igualdad de oportunidades. Algo así como ha ocurrido, y tú lo sabes bien, en la educación…se confunde igualdad con igualdad de oportunidades y al final se cae en la mediocracia y se evita, a toda costa, la meritocracia.
A mi modo de ver, este movimiento de Democracia ya, es un grito ciudadano de gente que está indignada con la clase política, que no representa, para nada, a la democracia, sino el poder del partido. E indignada con el poder del mercado que sojuzga a la democracia formal –ojo que estoy diciendo democracia formal- convirtiéndola en un mercado en la que todo está instrumentalizado. Es un grito de indignación de gente que se les reduce el sueldo, mientras los banqueros reparten beneficios, que se les sube la factura de la luz, que se les quita la vivienda por haberse quedado en paro y no poder pagar, que se jubilarán, no todos son intelectuales como nosotros, a los 67 años, mientras que los políticos con siete años de “ausencias” tienen la pensión completa y, además, sin incompatibilidades. Es un movimiento en el que aparecen parados, jóvenes, viejos con pensione mínimas, pequeños empresarios ahogados por los impuestos y las grandes empresas…en fin un movimiento de repulsa de lo que hoy en día, esos que nos llaman a votar, dicen que es la democracias. Gente que está muy harta, que tienen varias titulaciones y masters y no encuentran trabajo o han perdido los pocos derechos laborales que tenían. Y muchas cosas más. Y el sistema democrático que tenemos no los representa, porque no es ningún tipo de democracia, ni de república. Es el vacío, el nihilismo, en el que el más fuerte es el que manda. Y no sé si todo lo que digo será demagogia o no, lo cual es grave, porque el problema es que el poder se ha encargado de engañarnos para hacernos pensar que grandes verdades sean consideradas como demagogia, como el asunto del trabajo y de la vivienda de la que aquí se ha hablado. Ahora sí, lo que digo tiene una carga ideológica, por supuesto, igual que todo lo que tú dices. No existen discursos vacíos de valores. Los valores dirigen cualquier discurso. El hombre es un ser que argumenta y razona desde lo que estima o valora. Pero esto no implica eliminar la objetividad. Y esto es lo que no podemos perder. Creo que a ningún partido le ha podido sentar bien este movimiento porque se va contra la clase política en general. Pero lo que sí es importante, cosa a lo que tú, irresponsablemente, llamas ingenuidad, es que este movimiento crea conciencia, o puede, de tal forma que podamos resolver los graves problemas que nos acechan y de los que, en gran medida, son responsables los políticos, pero no menos los ciudadanos que somos conniventes con ellos. Recuerda, no sé si la has leído, la novela de Saramago, “Ensayo sobre la lucidez”. La lucidez de los ciudadanos consistió precisamente en votar en blanco y la trama de la novela es buscar al culpable, al instigador que había atentado contra el orden establecido, contra el poder de los partidos…el final trágico. Creo que hay que ser un poco más ingenuos, escépticos en su justa medida y no ver fantasmas por doquier, porque esto último nos paraliza. Un abrazo.

Mira, estimado Nacho, no se menciona la palabra libertad, es un acto de libertad, lo cual es importante. En las democracias en las que vivimos, mira “Teoría pura de la república” no existe la libertad política, ni el sistema liberal, ni la socialdemocracia lo han conseguido. El problema viene de lejos, de la revolución francesa, para empezar y, después, la sustitución después de la segunda guerra mundial de las democracias parlamentarias por las de partidos. Entonces los partidos ahogaron la libertad política. Tanto en la versión de democracias liberales como socialdemocracia. La libertad es fundante y tiene que venir del pueblo, y no es libertad de elegir, ni de votar; sino de crear condiciones políticas nuevas. La libertad en las socialdemocracia se vio socavada, además, por el paternalismo del estado. En las democracias liberales, por su parte, se redujo a la libertad del mercado, que es un mito. No existe ni en el mercado ni en los ciudadanos. En ambos caso la libertad política se anuló y se sustituyó por una libertad privada, que nada tiene que ver con lo político. Este movimiento, por muy ideológico que sea, nace de la indignación, es decir, de tomar conciencia de dónde viene el mal y denunciarlo. Es un acto puro de libertad. Si se quieren ver fantasmas detrás pues allá cada cual. Lo que no es cierto, por supuesto, es que la ideología que subyace sea algo así como el comunismo soviético. La verdad que esto me parece un despropósito. Además, insisto, se trata de un acto de libertad que va contra los que nos han arrebatado la libertad y lo llaman democracia. Lo que mencionas de la nacionalización de la banca. Pues mira que bien, prefiero una banca nacionalizada a una banca que no entra en bancarrota por la ayuda de los estados. Ayuda que ya no se podrá repetir, porque están arruinados, pero no es el estado del bienestar, el gasto público el que los ha arruinado, sino la ideología-religión del libre mercado. La especulación del mercado ha producido una doble crisis, la financiera y la productiva, pero en un marco terrible, el problema de los recursos fósiles y del calentamiento global. Algo nuevo en las crisis capitalistas.

            Y, para terminar, las menciones a Sanpedro y Hessel, me parecen desacertadas. Éste sistema es un sistema que en su crecimiento produce muerte y miseria y, políticamente, como he mostrado antes, es una dictadura. Por tanto, yo suscribo que el crecimiento económico mata. Y, además, añado, que como es una ideología de la que los poderosos son conscientes y la ponen en marcha en sus políticas económicas, nacionales e internacionales, pues me parece un auténtico genocidio, que no nazismo porque éste es un genocidio nacionalista y racial, el de ahora es económico. Y lo de la escuela austriaca, insisto, aquí subyace el pensamiento político, mucho más amplio que la ideología neoliberal, por supuesto que ésta hunde sus raíces en la obra de Popper y Hayek, pero si lees estos autores te darás cuenta de que la cosa no tiene nada que ver con los ajustes estructurales, privatizaciones, en fin, todo lo que es el catecismo neoliberal que muy bien señala Stiglitz. Y, otra cosa, en la última obra reeditada de Hayek me han sorprendido muchas cosas, entre otras defendía algo así, pero con otro nombre, como una renta básica. Y enumeraba una serie de bienes públicos, deberes para el estado, que en nada tienen que envidiar al estado del bienestar. Te lo digo porque leí esta obra gracias a la información que tú sacaste. Y me ha sido de mucho provecho, porque mientras que conozco muy bien el pensamiento de Popper, absolutamente toda su obra, conocía mucho menos la de Hayek y, gratamente, me sorprendió. Un saludo.  

Vamos, como la televisión basura. Se justifica por la audiencia, de la misma manera los gobernantes justifican su éxito por los votantes, previamente engañados y saboteados. Una auténtica farsa. y luego legitiman el poder en el mito de las mayorías. Lo dice o lo quiere la mayoría. Pues la mayoría sólo garantiza la gobernabilidad, no la verdad ni la razón.

 

 

Esta izquierda que tenemos, la gobernante, la realmente existente, es una izquierda de pacotilla. Es increíble que en más de veinte años de gobierno no haya sido capaz de sacar una ley de muerte digna, que esté anclada en los prejuicios cristiano de que la vida no nos pertenece y que el dolor purifica. Lamentable. Una izquierda que no ha sido capaz de disolver el concordato con la Santa Sede, que se sobreponen a la aconfesionalidad del estado en nuestra constitución. Es increíble; y, ahora, al final sacan una ley descafeinada sobre la sedación. Algo así como la ley de la memoria histórica. Un barniz de izquierda mientras practican una política económica y laboral neoliberal. Mal camino…

Es que la izquierda ha perdido desde hace décadas el discurso humanístico que procede desde el Renacimiento. Que filosóficamente alcanza su auge en la Ilustración y políticamente en el siglo XIX, concretamente en el marxismo. Se ha renuncia...do a los ideales éticos de la Ilustración y a las conquistas sociales, civiles y laborales de la izquierda. Y se nos ha engañado haciéndonos pensar que son fruto del mercado. La izquierda ha perdido su identidad ética y por ello es tremendamente culpable. Pretenden recuperar el discurso demasiado tarde, me refiero a la izquierda gobernante, desgraciadamente, la única realmente existente. Esto es gravísimo, es la política económica de la izquierda la que ha dado alas a las más delirantes políticas ultraconservadoras de la derecha.

La inmensa mayoría de los políticos suelen ser honestos, no más ni menos que los ciudadanos normales. Lo que sucede es que el sistema político que tenemos genera per se, la corrupción, la deshonestidad. La degradación ética de la praxis política no es cosa cuestionable, sino algo común. Y esto es lo vergonzoso, que un sistema político cree una conciencia en los ciudadanos de que el político es, por el mero hecho de serlo, deshonesto. En sus orígenes, y así debe seguir siendo, el político, es un servidor público, que antepone los intereses de la polis a los suyos o los del partido. Pero el problema es nuestro sistema, como he dicho. Y, por eso creo que los partidos mayoritarios, hablo de la democracia en España, sin generalizar, aunque la cosa es similar, son treméndamente responsables de esa deshonestidad generalizada de los políticos, de esa separación, enferma, entre ética y política, de esa percepción entre la ciudadanía de desprestigio de la clase política. Es necesario, en España una segunda transición que regenere la clase política. Son muchas las cosas que habría que hacer, cambiar la ley electoral, cambar la ley de partidos, proclamar las listas abiertas, eliminar la profesionalización de la política en municipios y regiones, profundizar en una democracia republicana (participativa), en fin, la lista es enorme y es una asignatura pendiente de los partidos mayoritarios. La percepción de deshonestidad que tienen los ciudadanos, aunque en muchos casos falsa, tiene su raíz en los propios intereses de los grandes partidos. Es necesario que los políticos honestos que pertenecen a estos partidos, que son más de los que parecen, y no se les ve, remuevan las entrañas de sus partidos. Y es necesario, por otro lado recordar, y no tirar balones fuera, que todos somos políticos, es decir, habitantes de la ciudad. Si consentimos el mal somos participes del mismo.

La historia de la humanidad y de su pensamiento, incluido el pensar racional científico y filosófico no tienen un sentido fuera de sí mismos. Son productos emergentes de la evolución biológica. Mecanismos adaptativos. Mientras que funcionen, pues bien, sino, pues caen en la nada. El problema es que tendemos a ver, por una adaptación biológica, desde el prisma de la intencionalidad, lo cuál hace de nuestro pensamiento un pensamiento antropocéntrico. Ése es el problema. El mal y el bien son categorías históricas de origen trascendental. Hay que sacar las consecuencias de Nietzsche (dios ha muerto, de ahí lo de “historia de un error”) y de Darwin, el hombre es una especie más entre miles de millones. Adiós antropocentrismo. No estoy tan lejos de lo que dijo Reguera, lo que pasa es que yo, ante el nihilismo, hago un planteamiento provisional, ofrezco una tabla de náufrago. Y, además, soy capaz de indignarme, como le ocurría a él, de ahí su contradicción, porque somos seres dotados de empatía. Y de ésta, que es estrictamente biológica, emerge la ética.

Estimado Alberto, espero que salgas elegido en las próximas elecciones y que sigas luchado desde dentro y que resistas las presiones internas del partido y las externas que no han comprendido tu opción. Para mí has dado muestra de ser un hombre de principios y resistente. Yo a mis alumnos, cuando veo que se desesperan y que dicen que todo da igual, que todos son iguales, que no merece la pena ni siquiera votar, les digo todo lo contrario que todo depende de nosotros y, sobre todo, de ellos que son jóvenes y les animo a participar activamente en la política, no sólo con el voto sino entrando a formar parte de ONGs y, más en concreto, en las juventudes de los partidos para intentar cambiar los mecanismos de los partidos desde dentro. Tenemos la democracia que tenemos, pero para mejorarla hay que mejorar una parte fundamental de esa democracia, los partidos y para ello los jóvenes y hombres de principios deben entrar en política. Hoy en día vivimos en una democracia formal, es decir, vacía. Una mera estructura. Pero la democracia es hasta una forma de vida, como decía el viejo Aranguren, catedrático de ética y maestro de todos los primeros socialistas de nuestra democracia, al final murió un tanto desencantado. Pero a lo que iba, no se puede negar que esa democracia se ha convertido en una partitocracia oligárquica, salvo los muy interesados en el poder lo niegan. De la democracia queda la forma, que no es poco. La participación ni interesa ni se quiere, salvo para el voto. La estructura de los partidos es aristocrática, antidemocrática y clientelista, además de carismática. Pero es lo que tenemos. Urge reformar los partidos para profundizar en la democracia. La democracia es una forma de gobierno que siempre está en construcción, por ello podemos retroceder o avanzar. Ahora estamos, y no sólo en nuestra región y en España, sino en todo el occidente democrático, en franco retroceso. Por eso nos ha sorprendido lo de Oriente Próximo, aquí no hay una ciudadanía capaz de indignarse y resistir. Preferimos la comodidad y consentir. La esperanza son los jóvenes y gente con principios que desde dentro del propio partido se atreven a dar la cara y no ocultar los muertos en el armario. Entre todos tenemos que ser capaz de que los jóvenes alcancen un grado de conciencia que les lleve a la indignación y ello les conducirá a la resistencia y la acción. Todos somos responsables de ello, cada uno en el lugar que le corresponde o que haya elegido. Saludos y que tengas suerte. Y un saludo para ti también, Fernando.

Lo siento Fernando, pero no respondes a nada desde el principio no te defiendes de lo de las listas electorales. No te defiendes del ataque a la democracia. Tampoco a las acusaciones, que Pérez Reverte hace, en tono periodístico, pero que si te informas están bien documentadas. Sólo has utilizado una táctica. Matar al mensajero. Has pretendido atacarme para defenderte. Y, esto es sofistica. Técnicamente, argumentos ad hominem, como sabes. Aunque fueran ciertos, que no lo son, no sirven de nada. De lo que se trata es de criticar los argumentos del oponente con otros argumentos no insultándolo. Y además, esto último, aunque probablemente no sea tu intención, sólo que al no vernos las caras suena mal, lo has hecho en tu penúltima intervención. Eso queda feo, y más entre profesores de bachillerato, yo al menos lo era, ahora, por ley, soy de secundaria, unificación…y ya me entiendes. La ley crea la realidad y no sigo.

 

            No creo que se nazca de nada, se educa uno en algo. Y si que cuesta salir de eso en lo que se educa. Yo conozco gente con muchos años que no salen de la tradición. Y yo voté al PSOE, en las elecciones del 82. Pero aprendí rápido. U obedeces o estás fuera. Y no admito la obediencia, eso de ser una piña, que decía Felipe González, sin razón, me parece tribal. Y no confundo la soledad con la libertad. Sólo digo que la libertad intelectual te lleva a la soledad. Es más fácil ser sumiso y obediente. Es nuestra naturaleza, todos flaqueamos. Y no me considero un héroe. Cuando les hablo a mis alumnos y parece que la cosa se pone imposible, como para decidir entre el heroísmo y la vida honesta, lo que mantengo es que sólo se nos puede pedir, o, más bien nosotros a nosotros mismos, la honestidad. Los héroes, me dan miedo, pueden ser fanáticos. Yo intento seguir un camino pedregoso. Yo no estoy solo. Estoy en diálogo, mediante la lectura y el estudio, permanente con los hombres más sabios de la humanidad, del pasado y del presente. Es buena compañía, ¿no te parece?. Muchas veces coincido con ellos, otras discrepo y los críticos racionalmente, no insultándolos. Las págims de mis libros están llenas de anotaciones. Por ponerte un ejemplo, ya he escrito un largo artículo como réplica a la conferencia de Isidoro Reguera. En que para nada hablo de él porque no es de recibo, hablo de sus argumentos que me parecen erróneos. Confunde, descripción con explicación y, sobre todo, justifica cosas como éstas. Que tú puedas llamar sinvergüenza a Pérez Reverte. Porque todo vale. Pues no señor, y no lo voy a demostrar ahora, no todo vale. Porque si todo vale, lo único que vale es la razón del más fuerte. Y es lo que ha ocurrido en la historia.

 

            Y, por seguir con el tema de la democracia ya te contesté en las jornadas. Aunque es muy cierto, y es un límite de la acción política, que no se puede confundir la teoría ideal con la práctica concreta de la política. Lo que no es de recibo es que esto sea una justificación para todo. Por ser breve, hubo una bifurcación en los años setenta. O se seguía el consejo del informe del club de Roma o se seguía la política neoliberal. La opción fue la segunda. Un grave error, pienso.  Y estas son las cosas que hay que discutir. Pero la política neoliberal, como traté de exponer, con varias pinceladas, tiene una base en el pensamiento muy amplia. Que arranca desde Locke, pero sobre todo, desde la segunda guerra mundial. Los perdedores en el debate contra Keynes, los ultraliberales económicos son a los que los políticos, desde hace cuarenta años han escuchado. Y, por ello, los políticos son responsables del mal actual. Y los ciudadanos somos responsables también por no haber reaccionado. Por mantenernos en la comodidad y en la pereza. Aquí no se libra nadie. Y, para mí no es ningún ejercicio de purgar culpas. Soy un escéptico y pienso que la naturaleza humana no da más de sí. Expuse el otro día algunos de los principios de mi filosofía ética, principios positivos, no crítica, como acostumbro. Y me refiero al cosmopolitismo y éste me ha enseñado que la naturaleza humana es universal y que lo que veo de maldad en el hombre, me pertenece, igual que su bondad o creatividad. Nunca podré decir que no habría participado en un genocidio. Está dentro de mi naturaleza, ahora, a toro pasado puedo reconocerlo y no participar más del mal, eso es honestidad intelectual, no heroísmo.

 

            Hombre y ya me suena un poco a gracia. Que no me crea todo lo que leo. Tengo una biblioteca de más de tres mil libros, treinta años leyendo a diario. Y me vas a decir tú a mi lo que me tengo que creer. Esto es de discusión de patio de primaria, hombre. Seamos serios. O no digamos ni pío.

 

            Hombre y eso de las películas que me monto. Insisto, esto no son argumentos, son descalificaciones, casi insultos. Pero bueno. Yo no me monto películas, argumento. La película se la monta el poder y nos la pone a diario en los medios de comunicación. Yo estoy continuamente dudando, pensando y criticando, unas veces con más acierto y otras con menos. Pero que uno se monta películas, eso me suena a la visión conspirativa de la historia. No creo en ella, porque sería renunciar a la razón. Sin embargo, el poder si cree y lo ejerce. Y mi trabajo como persona es desenmascarar mitos. Que detrás del mito no hay nada, pues que  le vamos a hacer, pues que la gente se busque un cura si quiere. No hay ni salvadores ni nuevos redentores y eso es lo que debemos aprender. Pero ahora existe un gran pensamiento que se nos presenta como tal y llevo muchos años estudiándolo e intentando desenmascararlo. Ésa es mi obligación como profesor de filosofía y mi deber como ciudadano o persona. Nunca he buscado ningún tipo de cobertura publicitaria, si se me ha dado la he aceptado, si no, incluso me pago mis publicaciones y las regalo. Y sin pecar de soberbia, un artículo mío tiene decenas de horas de trabajo detrás.

 

            Gracias por tu aviso con lo de los aduladores, son amigos. Y aprendí hace años lo de Diógenes, prefiero a los cuervos que a los aduladores porque los primeros devoran a los muertos, pero los segundos a los vivos. Pero, como te digo, son amigos. Y entre la amistad está el cumplido que por su puesto se agradece. Pero, curiosamente, con todos ellos, he tenido tremendas discusiones en las que para nada hemos estado de acuerdo y creo que de ellas hemos salido crecidos. Y tu adulación del final, pues no me la creo. Si tuviese valía intelectual estaría en la Sorbona, por lo menos, y no donde estoy. La existencia es efímera y yo sólo pretendo aclararme un poco y, si de paso, otro me ayuda y yo a otro, pues tanto mejor.

 

            Un saludo. Pero, insisto, tu discusión va errada, aunque tuvieses razón en lo que dices de mí. Lo que interesan son los argumentos, no el carácter, los sentimientos, y las vicisitudes de aquel que los pone sobre el tapete. Un saludo.

CONTRA EL POSMODERNISMO. RÉPLICA A ISIDORO REGUERA EN SU PARTICIPACIÓN EN LAS VIII JORNADAS DE CIENCIA TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD DE VILLAFRANCA DOS BARROS 2011.

 

            La ponencia con la que nos ilustró el profesor Isidoro Reguera fue brillante, tanto en su forma retórica, como en su contenido. Fue realmente un reto. Quizás una provocación. Y es verdad que el filósofo debe provocar. O, como decía Diógenes el cínico, acentuar la nota un poco más para que el resto den el tono justo. Todo esto es cierto, pero creo, sinceramente, que las tesis posmodernas no se mantienen, por un lado, y, por otro, creo que son extremadamente peligrosas y, además, autojustificativas de la barbarie del poder y causan la impotencia en el ciudadano. Le ayudan a ser un esclavo sumiso.

 

            Vamos a ver, por su puesto que los grandes relatos, como sostiene el posmodernismo no son ya viables. Pero la cuestión es qué entendemos por grandes relatos. Si a ellos nos referimos como relatos que pretenden alcanzar una verdad absoluta, más allá del sujeto que conoce, el sujeto histórico y social. Una verdad que sea trascendental y absoluta. Pues en eso estamos con los posmodernos. En lo que de ninguna de las maneras se puede participar es en la ausencia de objetividad en el ámbito del conocimiento (aunque éste proceda del sujeto) y del compromiso ético, la solidaridad, como defienden dos de los máximos exponentes, Vattimo, junto con Rorty en su libro sobre El futuro de la religión

 

            Lo que Isidoro Reguera nos presentó, siguiendo a Sloterdijk, fue una descripción del panorama nihilista en el que vivimos, en el que se ha legado al fin de la historia porque ha habido un fin del pensar al proclamarse la muerte de dios. La historia, como acontecimientos está terminada con occidente, ya no son posible conquistas geográficas y demás. La verdad, la belleza y la justicia, que tienen su fundamento en dios, si éste ha muerto carecen de sentido. La idea de progreso, que se encarna en el mito cristiano de la historia cae por su propio peso. No estoy en desacuerdo con ello, lo que considero es que de ello no se sigue ningún fin, sino una posibilidad de apertura. Lo que ha fracasado con los grandes relatos es lo que yo he llamado en otro lugar Pensamientos contra el poder la perversión de la razón ilustrada. La razón ilustrada se pervierte cuando se hace absoluta. Es decir, cuando se cree omnipotente, cuando, en definitiva, se equipara a dios o se endiosa. Efectivamente, esto ha sido en la realidad histórica, que es donde toman forma real el pensamiento ideal, lo que ha generado los mayores totalitarismos de la actualidad o modernidad. La razón ilustrada “pervertida” es culpable de ello, sin duda. Así que podemos considerar una bendición la crítica posmoderna cuando nos dice que los grandes relatos de la humanidad han llegado a su fin. Pero no es cierto. Lo que hace el posmodernismo, y es lo que dice Sloterdijk, e Isidoro comenta, es contar novelas filosóficas. El problema es que estas novelas filosóficas se pueden convertir en auténticos delirios y pueden ser aprovechadas por los poderes. Si no hay sentido, el sentido es el del más fuerte.

 

            Aunque yo también parto de un nihilismo, el que surge de nuestra mera condición biológica, del que hablaré después, no participo del todo vale del posmodernismo, o, al menos, como lo interpreta Reguera. No todo vale. Han caído los discursos absolutos, pero no los discursos objetivos. Pero antes de defender mi tesis tengo que decir, que es en la propia ilustración donde encontramos las bases para la critica de una razón absoluta y de un progreso de la humanidad. Me refiero a Rousseau y a Kant. El primero es el primer gran crítico de la idea de progreso. El desarrollo tecnocientífico no ha mejorado a la humanidad, la ha empeorado, la ha corrompido éticamente. El desarrollo de la historia de la humanidad, como nos muestra en su Discurso sobre el origen de la desigualdad en el hombre, es una profundización en la desigualdad humana, en la corrupción moral, en suma. El progreso, entonces, no vendría de un progreso científico técnico, ni sería un fin determinado de la historia, sino que procede de la voluntad de los hombres. La idea de Roussaeau, aunque una ficción, como nos muestran los biólogos y los etólogos, es que el hombre en su estado de naturaleza vive en igualdad y libertad, y que existe una bondad originaria. No es cierto, desde la ciencia actual esto, casi, aunque no del todo, lo contrario. Pero le sirve a Rousseau para decir que si queremos un progreso de la humanidad, éste debe ir dirigido a la conquista de la igualdad y la libertad. De tal forma que la organización social debe fomentar desde todas sus instituciones, la educación, Emilio, la familia, La nueva Eloisa, y el Estado, El contrato social, la consecución de estos ideales éticos. Como vemos no hay una razón absoluta que rija la historia, ésta depende de la voluntad humana. La razón debe “racionalizar” las relaciones humanas para que no aparezca la desigualdad. Esta es la cuestión, no hay ninguna razón absoluta. Y lo que sí encontramos son unos mecanismos institucionales que garanticen la mayor igualdad y libertad posible, que, de suyo, no vienen dadas. Aunque se parte de un mito, una situación idílica, de la que Rousseau es consciente, no se acaba en un absolutismo político. La crítica a la razón, que ya ha hecho antes, nos lleva a la consideración de que ésta es parcial y contingente y que no puede estar separada de la pasión, como, por otro lado, también defendiese Hume. No hay razón sin pasión.

 

            Pero mucho más claras están las cosas en kant. Filósofo que representa un antes y un después y que debe ser reactualizado. La filosofía de Kant, marca un punto de inflexión en el pensamiento; y su filosofía trascendental se ha ido llenando de contenido empírico a la par que han ido desarrollándose las ciencias. Y esto se puede decir tanto para la teoría del conocimiento, como la ética o su filosofía política y de la historia. Kant marca lo que se puede saber de lo que no se puede saber. Su crítica de la razón pura es una delimitación entre lo que se puede saber, que no es todo, ni absoluto, pero sí objetivo, que es la ciencia, aunque fundamentado en el sujeto del conocimiento, que en Kant es el sujeto trascendental y que es universal. Y que para nosotros es el cerebro, que también es universal. Tenemos unos aprioris cognitivos que son fruto de la evolución. Y estos son condición de posibilidad objetiva del conocimiento. Pero no garantizan el conocimiento absoluto. Porque, en realidad, la verdad científica es constituida por el sujeto, pero, insisto, ese sujeto es universal. Pero lo mismo ocurre con la ética. Kant buscaba una ética universal a través de una ética formal que se tendría que apoyar en un imperativo categórico, cuya máxima formulación es “Obra siempre de tal forma que consideres al otro un fin en si mismo y no un medio”. Esto es la base del concepto de dignidad y de persona. La base sobre la que ha de construirse el derecho. Kant, en su crítica de la razón práctica, hace esta deducción trascendentalmente, pero hoy en día, desde el desarrollo de las teorías de la evolución y la etología, sabemos que el ser humano es un ser social y ello implica que su comportamiento se basa en la empatía y en lo que los psicólogos evolutivos o sociobiólogos llaman la teoría de la mente, pensar en que piensa el otro y así sucesivamente. Es decir, la posibilidad de ponerse en el lugar del otro. Pues bien, lo mismo que ocurre en el ámbito del conocimiento, esto es un a priori biológico, por tanto, universal. Nuestra apreciación del bien, la justicia y la belleza, así como la posibilidad de verdad u objetividad, vienen marcadas de forma a priori desde la propia evolución biológica. Como se puede apreciar, aquí no hay ningún absolutismo, aquí hay unos límites muy claros de la razón, la objetividad, la justicia, el bien y la belleza. Todos ellos objetivos, pero no absolutos. Cuando hoy en día se dice, como por ejemplo en el arte, que todo vale, se cae en un relativismo que, inmediatamente da paso a un absolutismo. Lo que vale es lo que el mercado del arte dice que vale. Hay un absoluto que lo contamina todo en la sociedad posmoderna en la que vivimos, el capital, la mercantilizaión e instrumentalización de todo. Así que es una gran mentira y una gran falsedad decir que todo es relativo. Todo, salvo el valor del mercado que nos instrumentaliza.

 

            Pero sigamos con Kant. El autor ilustrado nos dice que no hay un sentido determinado de la historia. Decir que la historia tiene un sentido, que hay un progreso inexorable, eso es cuestión que a priori, no se puede decir. Es una cuestión del ámbito religioso. Éste sí es un relato que pretende ser absoluto sobre la humanidad y sobre el cual se fundan totalitarismos. Pero desde la razón crítica de Kant, como desde la docta ignorancia de Sócrates, así como desde la postura popperiana de la imposibilidad de la verdad, sólo cabe la provisionalidad. La razón es provisional, no absoluta, tiene una base pasional. El futuro depende de nuestros actos. Por eso, de la postura de Popper, inspirada en Sócrates y Kant, surge la idea de la sociedad abierta, una sociedad que se construye a base de eliminación de errores. Una sociedad que no utiliza una razón absoluta para desarrollarse, como la platónica, la hegeliana y la marxista, sino una razón fragmentaria, no holística. La perversión ilustrada reside, como decía, en la absolutización de la razón. Pero eso será lo que ocurrirá en el siglo XIX, con filósofos, como Hegel y Marx, con las consecuencias que ello ha tenido en el siglo XX y lo que va del XXI. Porque hay que señalar, que la sociedad neoliberal en la que vivimos, cuya ideología o filosofía que la sostiene, el posmodernismo, con su nihilismo de la conciencia, es una absolutización de la razón. En este caso la razón económica. Y es esta razón económica la que ha creado el vacío de la conciencia, el nihilismo y el egocentrismo consumista. Todo lo contrario que sostiene Isidoro, cuando llega a decir que el posmodernismo es una hiperconciencia o superconciencia. Falso, el posmodernismo es la ausencia total de conciencia y de logos. Una vida de autómatas vacíos, que obedecen los impulsos creados por el mercado, inconscientes de sus cadenas y que obedecen sumisos la ley absoluta del mercado. Solitarios e insolidarios radicales. Nihilismo, no superconciencia. Una farsa en la que todo el mundo puede opinar y decir, porque nada vale, porque lo único que vale es lo que se nos impone desde la razón absoluta del mercado. En la posmodernidad no hay autoconciencia, hay aniquilación de la conciencia, porque se vive en una ficción de eterno presente.

 

            Pero decía Kant, y por eso no tiene una idea de un progreso automático de la historia regida por una razón universal, que la ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. La ilustración es la consecución de nuestra libertad y autonomía. Y somos autoculpables por pereza y cobardía. Es más cómodo ser esclavo que libre. No saldremos de la minoría de edad si no superamos con esfuerzo (virtud) los vicios que nos esclavizan. De nuevo en Kant aparece la voluntad. El progreso continuo de la humanidad requiere del uso público de la razón que se alcanza por la ilustración, pero no de forma automática. El crecimiento biológico no lo garantiza, ni siquiera la educación, aunque es la mejor vía para ello. El progreso, de esta forma, se hace contingente, discontinuo, con recaídas. No hay nada garantizado, no hay razón universal, porque, aunque Kant es creyente, yo no, dios no es un objeto del conocimiento, no nos puede garantizar nada. Así que, de esta forma, la razón en kant está limitada. Y si a ello le añadimos la ciencia actual pues nos damos cuenta de la universalidad del conocer, del sentir y de la apreciación estética, pero renunciamos al absolutismo.

 

            Para mí el nihilismo hay que encuadrarlo en la idea de Darwin. Ya lo señaló Dennet en La peligrosa idea de Darwin, y el excelente filósofo de la ciencia Carlos Castrodeza, lo lleva a las últimas consecuecias en su La darwinización del mundo. Efetivamente, nada tiene sentido, fuera del sentido biológico. Y el sentido biológico es el de la procreación. Los organismos son máquinas de supervivencia de los genes. El individuo muere, los genes sobreviven a través de ellos. En el caso del hombre, la cultura en todas sus dimensiones, es una forma de adaptación. Así que el sentido de la cultura no es per se. Esto evita caer en cualquier forma de absolutismo, sino que está en relación con la supervivencia. Y hay que tener en cuenta que, como animales tribales que somos, hay dos caracteres que son esenciales en nuestra etología, la competencia y la cooperación. No se entiende la sociabilidad humana sin ellas aunque parezcan contradictorias o excluyentes, ambas se dan. Pero ya lo vio también Kant, y, como he dicho, la ciencia etológica se encargó de darle contenido empírico. Es aquello que decía Kant de la naturaleza humana: la sociable insociabilidad humana. Pues bien, aquí tenemos una serie de caracteres que nos universalizan a priori por nuestra propia evolución. Toda la diversidad cultural no es más que el fruto de la emergencia de estos aspectos biológicos. Digo emergencia porque no existe un innatismo absoluto. El despliegue de nuestra conducta se hace en relación con el medio. Esta relación es la que va moldeando el cerebro, que es el mismo para todos, en principio, pero que el desarrollo va a singularizar. De ahí nuestro carácter particular, a nivel de individuos y el carácter multicultural de la humanidad. Pero, lo que hay que tener en cuenta es que, por debajo, subyace lo biológico. Éste es el nihilismo naturalista. Aunque la cultura se transmita por memes, concepto sacado del de gen, es el gen el que “pretende” , disculpen el abuso antropomórfico, sobrevivir a través de las culturas.

 

            Y, por eso podemos decir, y, concluyendo, que realmente la historia no tiene sentido, no hay ningún progreso de la humanidad, ni siquiera biológico, porque las leyes de la evolución son el azar y la necesidad. La especie homo sapiens existe como muy bien podría no existir. No hay una dirección en la evolución, sino una ramificación en el que el final de cada rama, cada hoja, representa a una especie. Todas equivalentes desde el punto de vista biológico. Y si la especie es contingente, más lo es el individuo, su sentido biológico es el de la permanencia de la especie. Pero, insisto, el homo sapiens, y esto no nos hace ni mejores ni nada, es una particularidad, como las garras y los colmillos del león, se adapta culturalmente. Pues bien, las culturas, la cultura en general, son mecanismos de adaptación que obedecen a universales biológicos, por eso, en el fondo tienen que tener algo en común, que es la humanidad. De ahí lo de una ética cosmopolita universal y, por otras causas, la necesidad de dar un salto hacia una ética ecológica. Entonces, en las culturas debe primar también el criterio de eficacia. Aquellas que permitan una mayor supervivencia de individuos triunfaran sobre las otras. Y desde un punto de vista histórico-pragmático, como sostiene Marina en En busca de la dignidad humana, preferimos sociedades en las que se respete la libertad, la igualdad y la fraternidad, en la que haya justicia y derechos sociales. Y hablando de nuevo antropomórficamente, nuestros genes también prefieren estas sociedades, porque la posibilidad de supervivencia es mayor. Por eso la tendencia en la historia, que no la razón absoluta, y nuestro pragmatismo nos hacen ir hacia sociedades mas justas y solidarias. Al menos preferirlas. Porque todos huimos del dolor y de la muerte como el peor de los males, porque estamos programados para reproducirnos, ahí no somos libres. Por eso, en definitiva la justicia es un ideal regulativo de la acción política y tendemos a universalizarlo. No hay valor absoluto. Ni siquiera, como el pensamiento políticamente correcto supone, la democracia es la última verdad. En tal caso estamos ante una perversión de la razón ilustrada. Porque esta democracia del pensamiento único es la neoliberal. La democracia es un método para evitar la tiranía e intentar garantizar, a través de instituciones revisables, la igualdad, la justicia y la libertad, que, por otra parte, siempre serán parciales. En un tipo así de sociedad a la que por voluntad pragmática tendemos nuestro triunfo biológico sería mayor. Por tanto, ni hay sentido del hombre, ni de la historia, ni relatos absolutos, pero sí tendencias basadas en a prioris biológicos universales de la humanidad. El sentido es, por tanto, construido. No hay progreso automático, como sostiene Gray, esto es un engaño de los poderosos y de la razón absoluta. Es más, llega a decir en Perros de paja, que es un autoengaño. El hombre necesita creer en el progreso. Por eso, lo que yo sostengo es que si bien no hay progreso, es necesario hacerse consciente de que no lo hay; y, a partir de ahí, construir la casa en la que, mientras encontremos otra mejor, poder vivir, y así sucesivamente.

 

 

                                   Juan Pedro Viñuela

 

                                   Mayo 2011.

El gran engaño mundial y la pantomima del poder.

 

No es que yo quiera fastidiar, ni sea un cascarrabias, ni que no considere a Bin Laden un terrorista. Por su puesto que lo es. Lo que me sorprende, y la capacidad de sorpresa y de asombro se está perdiendo por la domesticación del pensamiento y el hartazgo de información, es que, precisamente, en este momento se le da caza, o mejor se mata a este terrorista sanguinario. Me sorprenden dos cosas. La primera es el momento. Resulta que las revueltas árabes nos muestran un mundo que no es el que nos habían pintado. No es el fundamentalismo lo que reina en el mundo árabe. Las revueltas tampoco persiguen estrictamente la democracia, esta es una vía de resolución de los problemas. El pueblo se rebela porque pasa hambre, porque está en la miseria y reconoce que los culpables son una serie de sátrapas que han usurpado el poder durante décadas, manteniendo al pueblo oprimido, pero no sólo ya, en lo que se refiere a las libertades y derechos sociales. Si no que de la opresión de la que hablamos es la miseria y el hambre.

 

            Esto ha puesto en entredicho, por dos razones, a la comunidad internacional, y en especial a Europa. En primer lugar, lo que he dicho, no se puede identificar el Islam con el fanatismo, ni el mundo árabe con el Islam. El choque de civilizaciones es un engaño y una patraña que tuvo como objetivo mantener las conciencias occidentales tranquilas y sumisas porque se les había fabricado un enemigo a su medida. Enemigo inventado, lo que en el fondo había es un control geoestratégico de los recursos energéticos. En segundo lugar, resulta que las revueltas de los pueblos oprimidos nos muestran una ciudadanía más viva, más libre, más demócrata y valiente que la sumisa y obediente ciudadanía europea. Nos han dado una lección. Nosotros somos participes de su mal, eso en primer lugar, y en segundo lugar, aceptamos las condiciones que el fascismo capitalista nos impone, sin mover un dedo. Parece que estamos esperando, porque no nos lo creemos, que la miseria llame directamente a nuestras puertas para indignarnos y reaccionar. Pero entonces será demasiado tarde. El mal viene desde hace cuarenta años, desde la crisis del petróleo. Pero el camino que se siguió, no fue precisamente el que aconsejaba el Club de Roma con su Informe sobre el Crecimiento de la Tierra, sino, todo lo contrario, se escuchó a los neoliberales. Y la economía neoliberal, como señala Stiglitz, se convirtió en un catecismo, una creencia. Nuestros representantes políticos son tremendamente culpable de ellos. Pero no menos culpables somos los ciudadanos que les hemos dejado hacer y hasta los hemos votados manteniéndolos en el poder con todos su privilegio y su connivencia directa con el poder económico.

 

            Y otra cosa que me sorprende de la noticia de primera hora, sólo hablo del titular, supongo que después habrán enmendado el asunto, pero la primera impresión es la que cuenta. Más o menos el titular en todos los periódicos venía a decir que el terrorista más peligroso del mundo había sido abatido y su cadáver arrojado al mar. Vamos, esto es de película. Titulares a nivel mundial con esta rigurosidad, ¿dónde está el periodismo? Parece como si el poder político tuviese prisa por mostrar la muerte del terrorista y, además, señalar su peligrosidad y su condición de musulmán, árabe y fanático. De esa manera volvemos a recuperar el imaginario colectivo que identifica al árabe con el fanático y el terrorista. No son tan buenos los musulmanes. El choque de civilizaciones sigue en pie. Se nos estaba cuestionando y hay que reafirmarlo. La inmigración es peligrosa, los refugiados no son reconocidos como tales. Vamos, independientemente de la verdad, que no lo dudo, porque no lo sé, pero sí que es un auténtico montaje ideológico chapucero. Y encima eso de que el cadáver ha sido arrojado al mar. Y quién lo ha identificado, y cómo ha sido la operación, no se ha podido detener y ser sometido a un juicio. Y, además, el terrorista más peligroso del mundo. Hombre, pues yo diría que George Buhs ha sido bastante más sanguinario. Sólo en la guerra de Irak se cobró un millón de muertos. Eso sin contar con los episodios, nada anecdóticos, sino sistemáticos de tortura, pero eso sí, bajo la legitimación de la trampa legal. Y esos otros más que terroristas, genocidas, como Franco y sus secuaces que aún siguen sin juzgarse y que el juez que instruyó la causa, con el amparo de una tímida ley de memoria histórica, más política que eficaz, con más interés político que ético, está siendo juzgado precisamente por eso. Con todos los problemas legales que envuelven al caso, pero el sentido común es apabullante. No se puede entender. Y esto no le indigna a nadie, que las calles de los pueblos sigan llevando los nombres de los genocidas, que en los colegios públicos siga habiendo crucifijos en las aulas, que las autoridades políticas vayan a las procesiones cristianas y católicas. Esa religión que tuvo bajo palio al genocida aún no juzgado. Es increíble e indignante. No es de recibo. Hay que despertar y no dejarse engañar. Insisto, el posmodernismo, el fin del pensamiento, la ausencia de la verdad, el relativismo que acaba en absolutismo del más fuerte, es la posibilidad de la justificación de la barbarie y el engaño. La posibilidad de construir la realidad que al más poderoso le interese. La posibilidad de rehacer el pasado y controlar el presente. Las verdades deben ser desveladas y lo políticamente correcto debe ponerse en cuestión, porque es una mordaza, que con buenas palabras, lo que hace es impedirnos hablar.

 

            Me alegro que un terrorista menos esté en el mundo, aunque me hubiese gustado que fuese detenido, pero lo que no se puede admitir es la falsificación de la historia y, mucho menos, la distracción del pueblo para que el poder tenga las manos libres.

Conferencia de inauguración VIII Jornadas de ciencia, tecnología y sociedad.

 

 

Hacia una ética cosmopolita. Desde los estoicos a Martha Nussbaum.

 

            El artículo de Nussbaum levantó, cuando se escribió, muchas polémicas. La autora defiende la idea del cosmopolitismo enraizada en sus orígenes griego, los estoicos. Y además reclama una educación en el cosmopolitismo como un bien para la ciudadanía. Las críticas se le vinieron encima porque se consideró que eso era un ataque al patriotismo. Que los sentimientos cosmopolitas eran artifícales. Que uno se identifica con su patria, su familia, la nación. Nussbaum, por su parte, mantiene las ideas clásicas del cosmopolitismo que analizaremos después y considera que el sentimiento cosmopolita sería de ayuda para entender la condición humana. Además, siguiendo a Tagore, en su obra “La casa y el mundo” sugiere que el sentimiento de hermandad universal es prioritario al de familia, tribu, nación, etc. y, algo muy importante, no lo elimina.

 

            Yo soy partidario del cosmopolitismo, como lo es Martha Nussbaum y quiero analizar sus raíces y su actualidad. Además considero que su mayor actualidad reside, precisamente en que ese sentimiento tiene que ser la base de una ética universal cosmopolita y de un derecho internacional. Pero además trasciendo lo que sostiene Nussbaum, aunque ella ha polemizado con Rawls sobre este asunto intentando aumentar el concepto de justicia de éste último. Yo voy a llegar a la conclusión de que la ética cosmopolita es necesaria, pero no suficiente. Hay que dar un paso más. Y ese paso es la ética ecológica de origen naturalista, en el sentido de Javier Echeverría en su obra “La ciencia del bien”. De lo que se trata es de que toda ética es todavía antropomórfica y, si queremos salir de la situación de quiebra del capitalismo global, de la crisis Terminal que ello conlleva porque está enlazada con la crisis ecológica, agotamiento de los recursos y calentamiento global, necesitamos de una ética ecocéntrica. Esta es la base del principio de responsabilidad de Hans Jonas y una profundización en la ética cosmológica que defiende el carácter universal y natural del hombre. Es reconocer que somos habitantes de la tierra, no parásitos ni custodios, sino que convivimos con ella irrenunciablemente. En palabras de Riechmann podríamos decir que esto sería una segunda Ilustración.

 

            Pero, empecemos por el principio antes de adelantar acontecimientos. El surgimiento de la filosofía representó el surgimiento del logos, la razón, lo universal. La filosofía, el pensamiento, como también defiende en su último libro Pedro Fernández Liria, surge como el descubrimiento de lo universal frente a lo particular. Y esto es muy importante porque el llamado milagro griego es el reconocimiento de que en el hombre hay algo universal que lo pone en comunicación con los demás y con la naturaleza. El logos, la razón es lo común, decía Heráclito. Es lo que nos permite abandonar nuestra particularidad y unirnos en lo universal. Por eso, se produce un fenómeno de extrañeza al filosofar, porque se abstrae lo que tenemos de particular y dejamos hablar al logos. Cuando hablo de filosofía podemos decir igualmente, ciencia. Son lo mismo en sus orígenes y en la actualidad, al menos en lo que se refiere a su impronta, a su quehacer y a su origen. Si el origen de nuestra civilización es el descubrimiento de lo universal tiene en su seno el espíritu de lo universal. Es decir, tiende a la universalización. Lo que descubren los griegos es que el mundo se describe desde lo universal. Ése es el concepto de cosmos. El cosmos es el orden frente al caos y lo arbitrario. Aquello que tiene un orden inmanente regido por la razón. Aquello que se desvela por la razón, el lenguaje, que nos hace universal. El comportamiento del universo, el teorema de Pitágoras es igual para mí que para un analfabeto, un esquimal, un chino. Una vez que se accede a su demostración se hace universal lo que los griegos han descubierto es esa universalidad del cosmos, esa unidad. El discurso sobre el mundo es universal. Y eso nos sacó de los particularismos, de la superstición…

 

            Pero la mente griega aplica el logos a la polis. Y así surge la democracia. La razón que rige la ciudad es fruto del acuerdo de los hombres. No procede del capricho y la voluntad de los dioses, ni de la fuerza de un tirano. Y en esas leyes que proceden del hombre éstos se convierten en ciudadanos. Los habitantes de la polis son ciudadanos, hombres libres. Aquellos que se dan a sí mismo la ley. En eso reside su igualdad y su libertad. Todos son iguales ante la ley y son los forjadores de la ley. Pero la democracia entra en crisis por la sofística, que viene a defender lo contrario al ideal filosófico, el relativismo, de ahí la semejanza con la actualidad. Y son Sócrates y Platón los que intentan enmendarles la plana. El conocimiento, si sigue al logos, es universal, no particular y relativo. Eso es demagogia. Por eso ligan el conocimiento con la virtud. Sócrates y Platón son los verdaderos fundadores de la filosofía. Y todo el pensamiento como decían Withead y Popper no son más que notas a pie de página de las obras platónicas. Platón persigue que la ciudad se gobierne por la razón, es decir por lo universal. Por eso su ciudad es la ciudad ideal, la que todo el mundo asumiría porque obedece a la razón. La idea es buena, otra cosa es que haya caído en totalitarismos. Pero eso en estos momentos no nos interesa.

 

            Y es de estas raíces de las que surge el cosmopolitismo, precisamente de otros herederos de Sócrates, los cínicos y los estoicos. Tanto unos como otros atacan a las costumbres y a las tradiciones. Anteponen la humanidad a la nación. Y de ahí surge el ideal cosmopolita. Este ideal es una universalización ética de la razón. El cosmopolita es aquel que reconoce la humanidad en cualquier otro. Todo hombre es un ser humano. Los hombres somos particulares, la humanidad es universal. La humanidad participa de todos los hombres. Por eso decía Terencio, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Si soy capaz de reconocerme en el otro, entonces puedo reconocer mis vicios y mis virtudes. La identidad, lo que me constituye como hombre no es la tribu, ni la familia, ni la nación, sino la propia humanidad. Tanto la familia, como la nación, son particularizaciones, que no tienen porqué ser contradictorias de nuestra universalidad. Si aceptamos que el hombre es común por su propia naturaleza y que el ansia de universalidad es lo que ha construido la civilización de occidente, tendremos la base ética del cosmopolitismo. Es posible un dialogo entre civilizaciones, porque el fondo es común. El hombre es lo común a las civilizaciones. Aunque seamos animales tribales por nuestra propia naturaleza biológica. Al ser nuestra biología abierta y de la que emerge la cultura hemos inventado las formas sociales de vivir más allá de la tribu. La posibilidad de una sociedad cosmopolita es una posibilidad que entra dentro de la naturaleza humana. Esta hermandad universal de los cínicos y los estoicos es una hermandad natural. Lo que estos filósofos reconocen es la razón universal, que es la razón de la naturaleza. El hombre, como ser natural, por eso este cosmopolitismo es un ecologismo avant la lettre, está inmerso en esta razón universal. El hombre no va más allá de la naturaleza y si quiere actuar bien tiene que actuar conforme a la ley natural. No podemos trascender la naturaleza. Por su puesto que para vivir necesitamos de las relaciones de empatía que nos permiten identificarnos, como son la familia, el pueblo, la nación, pero éstas son particularidades que nos elevan hacia la humanidad. El sentimiento cosmopolita no se enfrenta a los particularismos. Ahora bien, estos si pueden ser fanáticos y excluyentes eliminando lo universal que hay en lo particular.

 

            Así, en el estoicismo encontramos todas las bases de la ética cosmopolita y ecológica que habría que desarrollar. Pero resulta también que el estoicismo fue una filosofía, que en algunos aspectos, casó muy bien con el cristianismo. El concepto de razón universal queda identificado con la Providencia. Pero hay dos cosas importantes que aporta el cristianismo como base de una ética universal o cosmopolita. En primer lugar el concepto de persona y, por ende, dignidad, que encontrará su pleno desarrollo en Kant, como veremos. El cristianismo dice que todos somos hijos de dios, en ese sentido todos somos iguales en tanto que somos hermanos y nuestra dignidad reside en que hemos sido creados a imagen y semejanza de dios, en nuestro aspecto divino. De ahí la polémica de Valladolid de Bartolomé de las Casas con respecto a la matanza, etnocidio y genocidio de indios en América. Él defendía, que todos, aún sin ser bautizados, eran hijos de dios, por ello no se les podía ni torturar, ni asesinar. En este concepto de dignidad encontramos la base de los derechos humanos. El otro pilar de la universalización de la ética es la parábola del buen samaritano. El ayudar al prójimo consiste en la identificación con el dolor ajeno, no en la identificación con el del mismo pueblo, o tribu o nación. La acción ética se dirige al otro, porque el otro es otro como yo y en su rostro puedo ver dibujado su dolor del cual me compadezco. Ese prójimo es proximus, cercano. Pero el pensamiento ético racional, mediante conceptos, ha sido capaz de elevar a universal el sentimiento particular. Esa será la gran tarea de Kant. Una cosa más hay que decir del cristianismo. Mientras que los estoicos eran naturalistas, el cristianismo ensalza al hombre y lo hace dueño y señor de la naturaleza. Este mito fundante que anima también el surgimiento de la ciencia y la técnica en el Renacimiento y sumado a la idea de progreso ha dado lugar al imperialismo y a la eliminación de la naturaleza y nos ha llevado al callejón del gato en el que nos encontramos del que una ética cosmopolita y ecocéntrica nos pueda salvar.

 

            Pero retomamos ahora el discurso con Kant. Este autor es la base fundamental para la creación de una ética universal que no es más que una ética cosmopolita y de la idea de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Ideal aún no realizado, pero posible. Al que habría que añadirle la ética ecológica. Kant intenta construir una ética universal. Es decir una ética que se base en un principio que todo hombre considere aceptable. Encuentra ese principio en el imperativo categórico. La formulación de éste más adecuada que nos dirige a donde nosotros queremos es aquella que dice que “obra siempre de tal manera que consideres al otro como un fin en sí mismo, no como un medio”. Y éste es el concepto máximo de deber y de dignidad humana. Siempre que se actúe con respecto al otro considerándolo como otro yo, estaremos actuando bien éticamente. Y siempre que instrumentalicemos al otro lo estaremos vejando. La dignidad consiste en que soy un sujeto. Es decir, alguien autónomo y libre y así debo ser tratado. Es necesario notar aquí, que todo poder lo que hace es instrumentalizar al individuo. Por tanto el poder legítimo será el que permite el desarrollo libre y autónomo de las persona. Éste poder sería el de la república. Pero si tenemos la base de una ética universal es porque tenemos una concepción universal del hombre. Por eso esta ética trasciende a los pueblos y las naciones sin anularlos. De lo que se trata es de que hay algo universal en el hombre, y es su dignidad, autonomía y libertad, que es común a todas las naciones. De ahí surge el ideal político kantiano. Cuando Kant se pregunta si hay un quiliasmo (como en el modo cristiano) de la historia, responde que no lo hay de forma a priori. No hay un fin natural de la historia del hombre. Kant no cree en el progreso automático de la humanidad. La historia es contingente. Ahora bien, si puede haber una idea regulativa de la política. Y esa idea regulativa pone como fin la consecución de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Por un lado tenemos el cosmopolitismo, la universalidad del hombre, pero, por otro lado, tenemos la particularidad de las repúblicas. Kant ha sabido sintetizar esta tensión entre lo universal y lo particular. Y de esta manera en Kant encontramos la respuesta a las críticas que se le hacen a Nussbaum. Por eso es interesante esta autora que recupera el viejo ideal cosmopolita sin eliminar lo particular, porque es necesario, pero no debe ser excluyente. Y por eso esta autora amplia el concepto de justicia de Rawls que sale de su velo de ignorancia en el que sólo cuentan los sujetos racionales, autónomos y libres. Ella lo amplia a los que no tienen todavía uso de razón o los que la han perdido o los enfermos. En este sentido habría que unir su propuesta con la ética comunicativa de Habermas y Adela Cortina en su versión española.

 

            Pero yo aquí, como sugerí en un principio quería dar un paso más. En la situación Terminal en la que nos encontramos la ética cosmopolita es necesaria pero no suficiente. La ética cosmopolita aún sigue siendo antropocéntrica. Heredera de ese mito cristiano de que el hombre es dueño y señor de la naturaleza y que ha animado a la técnica de forma prometéica. Y es este antropocentrismo el que nos ha llevado hacia la situación Terminal en la que nos encontramos, que no es una mera crisis económica, ni mucho menos financiera, sino global y Terminal. Y esto es así porque a la crisis económica se le une la crisis medioambiental en sus dos focos, agotamiento de recursos y calentamiento global. Esto plantea la quiebra de nuestro modelo de producción que es el capitalismo global. Y esta quiebra nos llevará a la catástrofe. Y por eso digo que la ética cosmopolita, como la hemos ido exponiendo aquí es necesaria, pero no suficiente. Es necesaria una ética universal que sea la base de un derecho internacional que esté por encima de los estados, sin anular las identidades, la idea kantiana. Pero es necesario seguir el principio de Jonas que nos adentra en la ética ecológica. El principio de responsabilidad. Tenemos que asumir ética y jurídicamente que somos responsables de nuestros actos, no solo ante nosotros mismos y el cercano, sino frente al que ni conocemos, o bien porque habita muy lejos, o bien porque no ha nacido. Esto último hace referencia a las generaciones futuras. Somos responsables de su herencia, es decir, de su bienestar. Aunque no existan, no podemos instrumentalizarlos que es precisamente lo que hace el poder y el modo de organización capitalista que tenemos. Y lo que nos queda por añadir es que la base de esta ética no puede ser antropocéntrica, sino ecocéntrica. Nuestras acciones no sólo son responsables ante los demás, sino ante la naturaleza, porque todos somos naturaleza, vivimos en y de la naturaleza. Lo que le hacemos a la naturaleza nos lo hacemos a nosotros mismos. Y ésta sería la segunda Ilustración que plantea y desarrolla Riechman en su Trilogía de la autocontención: ensayos sobre ética y ecologia.

 

 

                                               Juan Pedro Viñuela.

 

                                               Abril 2011.

Gracias por los comentarios. Pero ya que ha surgido tanta polémica os aclaro de dónde he sacado la cita. Es una obra de una autora árabe luchadora por los derechos humanos y en especial por los derechos de la mujer. Una de sus múltiples obras es “El Islam en occidente” en la que intenta desenmascarar la idea prejuiciosa que se tiene de esta religión en occidente. Y, precisamente, el último capítulo lleva como título metafórico, que es lo que no se ha entendido aquí, El burka en occidente es la tala 38. Y es un capítulo en el que se hace una reflexión a partir de un hecho autobiográfico. Y es que esta señora va a unos grandes almacenes a comprarse ropa y no encuentra de su talla es mandada a la sección de tallas grandes, no se por qué a lo normal se le llama grande o especial, y a la 38, e incluso menores es lo normal, y esto es un hecho constatable en cualquier establecimiento. El caso es que no encuentra ropa de su talla y gusto. Cuando coincide uno no coincide el otro y así… Y a partir de ahí hace una reflexión en defensa siempre de la mujer para ponerla sobre aviso y no se deje convertir en objeto. Y mucho menos en esclava como ocurre en algunos lugares del mundo musulmán, y ella lo sabe bien y ha luchado ejemplarmente contra ello. Pero no ha sido menos en occidente. Felipe, puse el ejemplo del nacionalcatolicismo en España en el que la mujer era prácticamente una esclava. Su función social era la de ser esposa fiel y madre abnegada y aguantar todo lo que venga del marido, dueño y señor de propiedades y de ella misma. Y esto, además, estaba justificado por la religión cristiana y lo sigue estando. El cristianismo, como las otras dos religiones del libro son misóginas porque proceden de las religiones neolíticas cuyos dioses son masculinos, violentos y machistas. Si en nuestras sociedades hemos avanzado algo en la igualdad ha sido gracias al uso de la razón contra la superstición de la religión y contra la barbarie de los poderosos. Efectivamente, en algunos lugares a las mujeres se les cose el burka a la piel, y aquí en España a muchas mujeres, por utilizar bebedizos o infusiones curativas se las torturaba y después se las quemaba como ejemplo público. De modo que lo que dice Fátima es una metáfora no una equivalencia y un aviso para sobreguardar los derechos de la mujer para que, de ninguna de las maneras sea considerada un objeto. Os dejo un enlace sobre algunos de los aspectos biográficos de esta mujer. Muchas gracias y disculpad por lo que quizás fue sacar de contexto una frase. Saludos. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mernissi.htm

Te equivocas. Si salen videos como éste y se denuncia tal actitud es porque existe un burka real, aunque no material. Otra equivocación es la de confundir lo árabe, con lo musulmán y lo musulmán con el fanatismo y la intolerancia. Las tres religiones del libro tienen el mismo grado de intolerancia. La cuestión es haber pasado o no por la modernidad que consiste, fundamentalmente, en el surgimiento de la ciencia, la secularización y el laicismo y la democracia. Pero, curiosamente, y esto es un tesis que primero surgió en la historia de la ciencia y ahora se extiende a la historia universal, Miguel Manzanera publicará un libro sobre esto dentro de poco, el Renacimiento surge en España en el siglo XI con los árabes y el apogeo del califato de Córdoba con Abderramán I. El máximo representante de esta transición es Averroes con su racionalismo teológico y la teoría de la doble verdad. Lo que sucedió en lo que se llamó la ilustración musulmana es que se recopiló y amplió toda la sabiduría griega que quedaba de la escuela y biblioteca de Alejandría. Pero no sólo se inició un proceso de apertura científica, sino que cuando Europa llevaba ocho siglos en la oscuridad, los musulmanes y judíos españoles empezaron a traducir del griego al árabe y al latín. Se daba la casualidad que sólo los árabes conocían el griego y esto fue lo que permite el acceso de los textos científicos y literarios a los europeos, las traducciones que se hicieron en Al-ándalus, que después continuaría Alfonso X el sabio. Por eso en la universidad de Paris, los máximos representantes, Alberto Magno, Buenaventura y Tomás de Aquino, intentan refutar por todos los medio la teoria de la doble verdad, triunfando, al final, su teoría de la subordinación de la razón a la fe. De ahí que la doctrina actual de la iglesia considera que todos los males de occidente proceden de la modernidad o ilustración. Éste fue el prinipio de la modernidad, y culmina en la ilustración del XVIII, que tuvo como enemigo al antiguo régimen fundamentado en el poder de la sangre y la gracia divina. La mujer en estas circunstancias tenía menos valor que un esclavo, puesto que ni siquiera eran clase productiva. Esto es occidente. Y lo que se ha conseguido ha sido por la luz de la razón que es universal y de la que todos pueden participar. En España hace cincuenta años la mujer estaba plenamente sojuzgada. Su lugar social era la de ser madre y esposa. Y esto fue el producto de la unión entre el nacionalismo militar y el catolicismo. En la sociedad contemporánea, tanto hombres como mujeres bailamos al son de los dictados del consumo que construyen nuestros valores. Nuestra autonomía es más aparente que real. Y la existencia de estos videos no es más que un poco de catarsis sin que se llegue a la rebeldía total. No vivimos en ningún paraíso, al contrario, cada vez somos más vasallos. Un saludo.

Nostalgia.

 

Ayer me llegó una voz del pasado. Una voz llena de recuerdos y vivencias. Una voz que me trasladó más de veintitantos años atrás en mi vida. De repente sentí un sentimiento que hacía tiempo no tenía, la nostalgia. Un sentimiento que puede ser enriquecedor y, a la par, paralizante. La nostalgia nos ayuda a recordar el pasado, siempre sabiendo que todo recuerdo es una construcción de nuestro pasado, que es subjetivo en tanto que el yo lo construye para dar sentido y orden a su existencia de esta manera todo recuerdo es de alguna forma una falsificación, un delirio, pero, como decía el maestro José Luis Pinillos, un delirio necesario. Y necesario porque sin él no podríamos vivir. La nostalgia nos ayuda a contarnos a nosotros mismos nuestra vida. Es el sentimiento que nos une al pasado y nos da identidad. La nostalgia es necesaria en estos tiempos de prisas y de efímero presente en el que todo caduca. La nostalgia nos permite recrear y recrearnos en nuestro pasado, en nuestra existencia en las relaciones con el mundo y las personas que nos rodeaban y que sirvieron para construirnos. Hechos y personas que condicionaron nuestra existencia, que limitaron nuestra libertad, a la vez que, de su trato aprendimos el duro camino de la libertad que nos lleva a la autonomía y la soledad. La nostalgia hace el milagro de la identidad del yo, esa emergencia de la efervescencia del cerebro.

 

            Desde muy joven he definido a la vida como un eterno dejar. Es una definición un tanto paradójica en la medida en la que se mezcla lo eterno con el fluir. Pero ese es el sentido, el fluir de nuestra existencia reside en la necesidad radical de abandono. Todo es abandonado en el vivir. Y nos quedan los recuerdos que acomodamos en nuestra conciencia y que, a veces, felizmente aparecen. Otras, sin embargo, permanecen encerrados bajo siete llaves y cuando surgen se engendra un huracán. Estos últimos son los traumas, las frustraciones, las circunstancias no resueltas. Todo aquello que ha generado el vicio: el resentimiento, la resignación, el cinismo, la hipocresía. Por el contrario, la nostalgia es suave, nos ata al pasado sabedores de que es pasado para siempre, pero que desde la profundidad del tiempo alimenta nuestra vida, sigue siendo llama oculta que alimenta el vivir y no lo impide. Lo peligroso es instalarse en la nostalgia. Entonces, o nos volvemos locos, o nos hemos hecho definitivamente viejos y vivimos sólo del pasado. La nostalgia nos recuerda que la vida al ser un dejar es un abanico de posibilidades. La vida esta constituida por nuestras circunstancias y lo que nosotros, más o menos bien, o más o menos mal, hemos sido capaces de hacer de ellas. La vida es quehacer, creación, decisión. Habérselas con las circunstancias es precisamente la libertad. Libertad absolutamente condicionada. Por eso la nostalgia nos recuerda que la vida es un dejar. Porque toda elección, más o menos condicionada, en el fondo es un abandono de un abanico de posibilidades, a veces ese abanico se reduce a unas pocas, o a dos, y son las que más marcan nuestra existencia porque nos enseñan que la elección es una bifurcación en la vida, que nos hará totalmente distintos porque las circunstancias que nos rodearán serán totalmente diferentes. Es aquí donde se hace notar ese dejar esencial que es la propia vida. Dejar caminos sin andar que nunca se podrán recorrer. Recorrer caminos que no tienen vuelta atrás. Porque en la vida no existe la vuelta atrás, no hay un volver a empezar. La vida es construcción, un pasar activo y consciente. Un querer, una voluntad de hacer que se retroalimenta del pasado, pero que no se puede instalar en él. La vida saludable es la vida en tanto que quehacer, en tanto que construcción. Los recuerdos constituyen nuestra identidad, pero, paradójicamente, no somos nosotros. Somos la mezcla de recuerdos y acción. Sin esta última la vida es pasividad, anquilosamiento, vejez. De ahí ese doble sentido de la nostalgia. Uno placentero y reconstituyente, otro paralizante. Pero la gran enseñanza de la nostalgia es que somos seres ineludiblemente temporales y mortales. También cabe, en este sentido, nostalgia del futuro.

Los medios de comunicación persisten en la desinformación, el ocultamiento del pasado y en su transformación para adaptarlo al presente, para adoctrinar y adormilar a las conciencias. El estudio de la historia y la historia de las ideas es imprescindible. Pero el saber ya no es el objetivo de la educación. Es curioso. Se habla de que estamos en la sociedad del conocimiento, en la sociedad más preparada y, por otro lado, los prejuicios y las creencias abundan por doquier. Parece que el saber adquirido en la secundaria y el bachillerato les ha resbalado por entre las circunvoluciones cerebrales a los alumnos. Todos ellos prestan más atención a los medios de desinformación de masas y creadores de falsos valores que a la enseñanza. Es el fracaso del optimismo ilustrado. La educación no garantiza de forma automática la ilustración. Y más, si la educación no está dirigida a la consecución del saber, con lo que ello implica éticamente.

La quiebra del capitalismo global.

 

La última obra de Ramón Fernández Durán nos lleva al análisis de lo que él cree que es la quiebra del capitalismo y las tremendas consecuencias que de ello se derivarían. El capitalismo, tal y como lo conocemos ha llegado a su fin. No estamos ante una crisis más del capitalismo. Hay una serie de factores que lo hacen único y, a mi manera de ver, Terminal. Coincido con el análisis de Fernández Durán, a pesar de su pesimismo. De todas formas siempre hay que estar con aquella sentencia de Gramçi, pesimista de la razón pero optimista del corazón. Ante la situación terrible que nos espera se abre la puerta de la esperanza, sólo en la medida en la que la sociedad y los gobernantes sean capaces de reaccionar. Esto de momento no se ve. Pero una cosa también queda clara, el nivel de vida que hemos llevado no volverá a ser posible. Hemos engullido nuestro propio futuro. El dilema es, o bien el decrecimiento forzoso, lo cual provocará una catástrofe y será brutal, o el decrecimiento por medio de la concienciación y de la voluntad política. Esto nos llevaría a otra forma de organización, social, política y económica en armonía con la biosfera, muy distinta y, en absoluto derrochadora, a la actual. El espejismo ha terminado. La quiebra se producirá en pocas décadas.

 

            La crisis del capitalismo actual es absolutamente distinta, no porque sea una crisis financiera, como sugieren algunos, sino porque está ligada a otras crisis. La primera y fundamental es la del agotamiento de los recursos fósiles. Estamos sobrepasando el cenit del petróleo, dentro de algo más de una década sobrepasaremos el del gas y para el 2030, el del carbón. Las anteriores crisis del capitalismo hicieron que este renaciese en la medida en la que existían recursos energéticos que consumir para fomentar la producción y el consumo. Ésa es la espiral mortal del capitalismo. Pero los recursos fósiles de los que se alimenta la producción y el consumo se empiezan a agotar. Hemos llegado al fin del petróleo barato, esto hará entrar en quiebra a la economía mundial. Lo mismo sucede con los recursos alimenticios y el agua. Ni para la energía ni para los alimentos y el agua hay sustituto, tienen un límite y lo hemos sobrepasado. El espejismo ha sido pensar que los recursos son inagotables y que el progreso de la humanidad es inevitable. Que el mercado resuelve. Son mitos que nos han engañado. Nada volverá a ser igual. El estado social que conocemos se irá desmantelando progresivamente, nuestro hijos no tendrán un futuro claro. La generación de los cuarenta a los cincuenta, tampoco tendrán garantizado el estado de bienestar en sus últimos días. El límite se encuentra en torno a 2030. Pero esto no es nuevo, aunque no nos demos cuenta, los hijos viven ya en peores condiciones económicas, laborales y sociales que los padres y esto se irá haciendo cada vez más profundo.

 

            A medida que escaseen los recursos energéticos la inestabilidad política será mayor, el peligro de grandes guerras por los recursos será algo cotidiano. Ya empezó toda esta carrera desde la primera invasión de Irak. Pero ahora han surgido grandes potencias económicas que siguen el mismo camino de progreso ilimitado, como son China, Brasil, India… y el consumo aumenta geométricamente, estas nuevas naciones reclaman su progreso y se enfrentan económicamente a occidente. Está en quiebra, por ello, también el sistema democrático. La guerra por los recursos eliminará la democracia y pasaremos a un estadio neofascista. Ya estamos en la antesala, en lo que yo llamo el fascismo económico, los estados, la política, obedecen sumisos el dictado del mercado y de las grandes corporaciones multinacionales. Pero, a medida que disminuyan los recursos y aumente el precio, se irá disolviendo la clase media, la pobreza aumentará y las garantías sociales disminuirán. Nunca nada volverá a ser igual. La economía tenderá a localizarse, la globalización se fragmentará, creándose diversos centros de poder en pugna por los recursos. Estos centros de poder se organizarán desde estructuras similares a las democracias actuales a totalitarismos y anarquismos a lo Mad Max. Entre uno y otro extremo cabrán todas las posibilidades. Lo que sí es cierto es que la vida será dura y no habrá posibilidades, lo que favorece la aparición de fascismos que eliminen los derechos humanos, sociales y laborales. La comodidad y el despilfarro serán algo del pasado.

 

            La quiebra del capitalismo global es el colapso de nuestra civilización que no puede encontrar un sustituto a los recursos fósiles. La creencia en el progreso técnico científico no es más que una creencia. Las energías alternativas no dan para tanto. Además para construirlas necesitamos de los recursos fósiles, con los cuales ya no contamos. El colapso civilizatorio ha empezado ya y durará, unido a los peligros que nos amenazan con el cambio climático unos doscientos años. Pero la quiebra se hará realidad en torno a dos mil treinta con el agotamiento de los recursos. Después vendrá una época de declive y adaptación progresiva a otro modo de organización que genere otra civilización. Las civilizaciones han entrado en colapsos, como demuestra Desmond, el problema es que la civilización global produce un colapso global en el que confluyen diversos factores: crisis de la economía financiera, agotamiento de las energías fósiles y cambio climático (problema ecológico). De ahí que la crisis sea Terminal. Porque el modelo que sostiene nuestro orden social no la puede solucionar, sencillamente porque ha sido él el que la ha producido, el que, en su bucle de crecimiento ilimitado, nos ha llevado a esta situación diabólica en la que la humanidad se encuentra en la encrucijada.

 

            Los problemas son graves y definitivos. Sólo cabe la esperanza de que al irse agudizando la crisis la ciudadanía tome conciencia suficiente y se transforme en sujeto de cambio que exija a las clases gobernantes la revolución del sistema, el recambio hacia una sociedad del decrecimiento, que también producirá dolor, miseria, hambre y sufrimiento, pero será controlado y no catastrófico. Ante el futuro sólo cabe la esperanza de la conciencia de la humanidad. Pero en situaciones difíciles también surge la guerra entre los fuertes. Y éste es el peor pronóstico, que es el que más arriba hemos dibujado.

 

            El futuro de la humanidad es inquietante. Pero yo no soy partidario de la posibilidad de la predicción histórica. Ahora bien, de lo que sí se puede hablar es de tendencias. Y las tendencias hacia el colapso civilizatorio ya existen, unidas, además, al fascismo económico, la pérdida progresiva del poder político, de los derechos sociales y civiles, la disminución del estado del bienestar. Y todos engañados por ese mito del progreso y esa creencia ciega en la tecnociencia. Y, además, adormecidos por ese nuevo opio del consumo que atonta a la humanidad. Pero este fin de la civilización representa también el fin de la razón, el fin del legado de Grecia. La posibilidad del diálogo, la universalidad y la igualdad. Es el fin de Grecia y de la Ilustración. Sólo podremos recuperar la civilización si tomamos conciencia de que estamos abocados al caos civilizatorio, al colapso y la quiebra del capitalismo global. Pero para hacer frente a ello es menester la conciencia social. La capacidad de pensar globalmente y actuar localmente y hacer que nuestros políticos vuelvan a retomar las riendas del poder. En caso de no ser así, dentro de un par de décadas, no sólo habremos perdido la comodidad del capitalismo desarrollado, basada en el despilfarro, sino que habremos perdidos nuestros derechos y nuestra dignidad, estaremos en manos del más fuerte, en manos de la tiranía.

Estimado Luis Omar. Le contestaré brevemente. En primer lugar le doy las gracias por haberse molestado en leer mis artículos y comentarlos. Pero siento disentir profundamente con usted. Creo que, de ninguna manera ha entendido mis artículos ni mis intenciones. Y además, creo que peca usted de una enorme afectación academicista. Yo puedo hablar de la posmodernidad sin mencionar a diferentes filósofos que se les llama posmodernos. Y, por otro lado, tampoco hay que confundir la posmodernidad con la filosofía de la sospecha. Pero no es esto lo que me interesa. Lo que a mi me importa, como filósofo mundano en la versión kantiana y como filósofo en el sentido de Popper son los problemas, no los términos ni los autores. Y yo he hablado de problemas que usted no ha tratado ni se ha referido, ocultándose en una pseudoerudición que no nos dice nada de lo que teníamos en cuestión. Por último lamento la dictadura que padeció, nosotros padecimos otra más brutal durante cuarenta años…pero no se equivoque, todo mi pensamiento, toda mi filosofía se dirige contra cualquier forma de poder que se transforme en absolutismo. Y eso es lo que he querido mostrar y que usted no ha entendido. Lo desarrollo más por extenso en otros de los artículos “La perversión de la razón ilustrada.” y en mis diferentes libros. Por otro lado, lo que no admito es que por defender a los clásicos y los grandes relatos de la humanidad, por ser un ilustrado tambaleante, que diría Popper, se me confunda con un absolutista. Soy un defensor de la sociedad abierta y de la libertad humana como máximo valor, siempre que éste esté en el equilibrio con la igualdad y a esto se le llama justicia. Por último, pensar que las ideas no tienen consecuencia es un desconocimiento de la historia de las ideas y de la historia universal, además, de extremadamente peligroso.  Las ideas vienen del fondo de la historia y se materializan independientemente de que los gobernantes sean conscientes de ellas. Eche, sino un vistazo a la obra del reciente premio Nobel de economía Poul Krugman, “Las ideas tiene consecienas.”  O a la obra de George Susang “El pensamiento secuestrado”, sobre el mismo tema. El neoliberalismo económico tiene sus raíces en la interpretación que del liberalismo se hace en el primer tercio del siglo XX y es una respuesta al keynesianismo y a la socialdemocracia, y se hace triunfante a partir de los setenta, en todos los ámbitos, incluida la educación. Pues bien, como se dice por aquí, de aquellos polvos estos lodos. Por otro lado, toda visión totalitaria hunde sus raíces en visiones deterministas de la historia, no hace falta que el gobernante sea consciente de ello, pero lo lleva a la praxis, vivencia esas ideas, porque en él ya no son tales, sino ideología y creencia. Por último, le sugiero que me hable de problemas y soluciones no de distingos entre autores, hace tiempo que abandoné el academicismo en pos de la filosofía mundana. No confunda filosofía con doxografía. La primera, a pesar de ser teórica, tiene una impronta práctica, es un intento de transformación ético-política. Como decía Unamuno, las ideas engendran un sentimiento y éste una acción. Hay que estar muy vigilante de nuestras ideas, que no se conviertan en ideologías o creencias y nos tiranicen. O, como decía Ortega, en las creencias se está, Las ideas se tienen.

Un cordial saludo.

Vamos a ver. No hay confrontación entre cultura y biología. La cultura es continuidad de la biología, emerge de ella. La paradoja, que no la contradicción, es que en el proyecto ilustrado y con la democracia inventamos una forma de vivir que es contraria a nuestra propia naturaleza. Eso puede explicar el fracaso de la democracia, si es que pensamos que ha fracasado. Por otro lado, yo no defiendo un darwuinismo social, eso es una simpleza y un no entender el darwinismo en el que hay tanto cooperación y simbiosis como competencia. Lo que yo si defiendo, desde el nihilismo naturalista, es la metáfora del gen egoísta. Y la supervivencia es la de los genes, no la de los individuos y la de las especies. Y, los genes inventan los mecanismos que sea, desde la simbiosis al parasitismo, pasando por la competencia y la jerarquía, para sobrevivir. La cultura humana es un mecanismo de supervivencia como los son las garras y los colmillos para el león, ni más ni menos. Lo que ocurre es que en la naturaleza humana todo es más complejo. Y esto que digo, no implica que no merezca la pena la lucha por la dignidad. Probablemente en una sociedad en la que se respete la dignidad los genes tengan más oportunidades. Y, quizás, por ello, el triunfo de la razón y de la ética a lo largo de la historia. Necesitamos de las normas para vivir en sociedad. Pero el invento griego, que después se amplifica en la ilustración, es que esas normas son universales, son el logos, la razón, que se expresa por la palabra y nos hacen a todos iguales. El logos, la razón es universal, una demostración matemática es igual para todo el mundo. La norma en la democracia nos iguala porque surge del hombre, no se justifica por el poder religioso, ni aristocrático, ni oligárquico. Pero todo esto lo que ha hecho ha sido posible la supervivencia de la humanidad, por tanto, de los genes, que en última instancia son nuestros replicantes. Nosotros somos su máquina de supervivencia, igual que la cultura. Nuestros genes tienen 3.500 millones de años, nosotros vivimos unas décadas y pocas fértiles, la especie homo sapiens tiene unas decenas de miles de años, sólo. Eso es el nihilismo. Todo lo que hacemos es pasar el tiempo, intentar burlar el tedio, la enfermedad mortal. Y en esa adaptación nuestra biología nos permite producir cultura que es lo que al primate homo sapiens le permite sobrevivir. Y una forma de esa cultura es la democracia que intenta garantizar la igualdad y la libertad, que no es poco. Y todo, para nuestro bien individual que, en el fondo, redonda en el “bien” del gen, su posibilidad de replicarse.

De acuerdo en lo esencial, aunque tengo mis matizaciones sobre Rousseau que llevaba la razón en lo que tú dices, pero no con respecto a la condición humana. En este caso es kant el que con su sociable insociabilidad une a Hobbes y Rousseau, y se adelanta, como en la teoría del conocimiento a la ciencia actual. Muy importante tu matización sobre el optimismo y la ingenuidad ilustrada, pero que, a la vez, se completa con seguir profundizando en Kant, éste no era tan optimista como pueda parecer. Siempre pensó que el progreso es contingente, que depende del hombre. No en vano admiraba a Rousseau que fue el primer crítico de la idea de progreso sin, por ello, renunciar a la posibilidad del mismo. Para el ilustrado francés el progreso moral de la humanidad consistía en la recuperación de la bondad originaria que la podemos identificar con la igualdad, la libertad y la fraternidad. Valores que el desarrollo capitalista ha corrompido hasta la médula. De ahí esa conclusión tan importante de la incompatibilidad entre capitalismo y república, cosa que, curiosamente, comentaba ayer a mis alumnos, hablando de Kant. Por eso la lectura de Kant sigue siendo importante e imprescindible. Pero podemos entender que su noción de paz perpetua, como asociación de repúblicas libres, es una idea regulativa de la acción política apoyada en la razón práctica. La novedad que hoy en día se introduce al texto kantiano es que el capitalismo, con los límites del crecimiento, ha llegado a una fase Terminal. Eso es nuevo y, por eso, o regulamos políticamente desde ese ideal republicano o el planeta nos pondrá en nuestro sitio con un colapso civilizatorio, que no es el primer, pero si el primero en ser global.

Exacto, comparto la tesis de la servidumbre humana voluntaria de La Boêtie. Pero el problema es el de la democracia. No hay democracia sin ciudadanos libres, o, en su defecto, una democracia muy mermada. Cuando hablo de  ciudadanos libres lo digo en el sentido de ilustración kantiana. La pereza y la cobardía nos impiden la libertad y esto lo aprovechan los poderosos para dominar. Por otro lado, nuestra propia naturaleza biológica es la de un animal social y tribal. Además, cazador, carroñero y recolector. En su propia estructura social, a nivel biológico, está la jerarquía. Es decir, que por naturaleza muchos desean la sumisión y otros desean el poder. Por eso la democracia es un gran invento político y la igualdad, la libertad y la fraternidad, son los valores éticos universales que el hombre ha inventado para construir esa democracia. Pero lo curioso es que todo este montaje cultural es contra nuestra propia biología. Lo de la comodidad, la cobardía y la pereza, no es más que la forma cultural que toma nuestra biología. En el fondo lo que hacemos todos es intentar sobrevivir, y la comodidad y la tranquilidad nos ayudan. Si, por el contrario, nuestra pasión es el poder, que por otro lado es común a todos, en mayor o menor grado, pues lo intentamos ejercer con la mayor amplitud posible. Y esto, a mi manera de ver, explica la tensión que se produce entre naturaleza y cultura y, por otro lado, la imperfección, siempre de la democracia. Cosa, que, por otro lado, en la línea popperiana, es bueno. La democracia, según el autor de la sociedad abierta, es el único gobierno perfectible, lo cual evita el totalitarismo, porque es una forma de gobierno que siempre se está construyendo. Y ésta construcción debe ser a partir de los errores. Por eso hay que entender también la democracia como una forma de vida, como una exigencia ética. Eso implica que está sujeta a un aprendizaje y a una praxis, que si es abandonada, el individuo cae placenteramente en la esclavitud. Por otro lado, sugiero también, que la democracia, en lenguaje kantiano, puede ser una idea regulativa de la razón ética y política. No será nunca, pues, un hecho, sino una tendencia. Por eso la democracia y los derechos del hombre y del ciudadano deben estar enmarcados en el gran proyecto ético de la humanidad que intenta, paradójicamente, sobreponerse a su propia naturaleza biológica.

Mire usted, no voy a entrar al trapo de lo que usted me pide, porque ya lo he hecho en otros lugares y artículos, como, mucho mejor que yo, lo han hecho otros autores de este blog. Sólo tiene que leer estos artículos. En mi comentario al artículo de Nacho sólo le venía a decir que haber utilizado la crítica que usa Popper en sus dos grandes obras contra el historicismo y el totalitarismo que son, a saber, La miseria del historicismo y La sociedad abierta y sus enemigos, me parecía algo esencial, porque no se había mencionado aquí suficientemente, al menos de forma tan clara y concisa. Y, además, me parece acertado la aplicación del análisis popperiano, que el filósofo vienés utilizó para eliminar el historicismo como origen de totalitarismos políticos y los grandes modelos utópicos sociales: Platón, Hegel y Marx, como, así mismo, participantes del historicsmo (que abarca al holismo), por un lado, del mito de la caída y del progreso y del pensamiento utópico, por otro lado, a la actual educación. No olvidemos que la ley de educación vigente procede de un tipo de pensamiento que se lleva gestando décadas. Por eso ahora le ha tocado el turno a la universidad. Y disculpe que le diga. Ese sistema que sostiene la ideología LOGSE, no es para nada democrático. Eso es una ficción de la izquierda progresista que habla de no marginación, no segregación, cuando confunde lo más elemental de la democracia que es la igualdad de oportunidades con la igualdad ontológica. (En el propio nacimiento de la democracia ateniense, Pericles, en su Oración fúnebre, reclama que el gobierno debe ser el de los mejores, es decir, la democracia reclama la meritocracia y rechaza la igualdad ontológica que nos lleva directamente a la mediocracia.) Esta última es una barbaridad y subyace a todas las teorías holísticas que pretenden desarrollar un hombre nuevo, un ciudadano ejemplar, como es el caso de la LOGSE. Por otro lado, no considero que haya que hacer un modelo democrático de la educación. Entre otras cosas porque el proceso de enseñanza no es, de ningún modo, democrático. Es más, pretender lo contrario es una aberración. El proceso de enseñanza es absolutamente vertical, del que sabe al que no sabe, del que tiene virtud, al que está instalado en el vicio. Por eso la educación requiere jerarquía, no horizontalidad, como sugieren los nuevos pedagogos. No se trata de mediar democráticamente, sino de enseñar. Hay cosas que no se pueden democratizar, como el saber. Y eso ya lo dijo Platón. La retórica es al alma como la cosmética al cuerpo, la dialéctica (conocimiento, enseñanza) es al alma como la medicina al cuerpo. Cuando queremos sanar el cuerpo nos cuidamos y vamos al médico, al más excelente. Cuando queremos sanar el alma vamos al enseñante especializado en lo que queremos saber, al profesor, que nos saca de la ignorancia, pero no desde la democracia, aunque sí desde el absoluto respeto, sino desde la autoridad que le confiere el verdadero saber. La democracia, siguiendo en esto a Popper se reduce a un método por el cual podemos eliminar a los gobernantes sin derramamiento de sangre, nada más y nada menos. Y la democracia, también siguiendo a Popper no cuenta con sociedades ideales del futuro, sino con hombres. La democracia, la sociedad abierta, no cree en un futuro histórico determinado, no hay historia universal, sino historia de los hombres, ni sentido de ésta, porque careemos de leyes de la historia, sino que cree en los hombres particulares. Lo que una democracia, un gobierno justo tiene que hacer, es respetar al individuo en tanto que persona, es decir, como un fin y no como un medio. Las democracias actuales, y nuestro sistema de enseñanza, consideran al hombre un medio, lo instrumentalizan, lo eliminan como persona. Y además, todo ello, en nombre de la libertad, la democracia, la igualdad…por eso el análisis de Nacho, utilizando a Popper, me parece certero, porque ha mostrado que nuestro sistema educativo es pensamiento utópico y, por tanto, alienante. Elimina a las personas. Y es así porque su metodología social es historicista, holista y utópica. Y todo ello está en contra del auténtico pensamiento liberal y democrático que defiende la sociedad abierta, no un mundo cerrado orwelliano, que es en el que desgraciadamente estamos. Otra cosa, para construir hay que destruir el engaño primeramente. Y mis palabras no fueron huecas, a menos que a usted se lo parezcan por simple desconocimiento de la metodología de las ciencias sociales y de Popper en particular. Un cordial saludo y doy por terminado este diálogo hasta que usted no se haya informado suficientemente.

No sé, pero el hombre es un ser gregario que vende su libertad por un plato de lentejas. Depende del día y de las noticias y de mis alumnos. El caso es que algunas veces estoy con Rousseau, soy demócrata, y otras con Hobbes y Platón, y considero que la democracia es un engaño. El equilibrio es Kant, pero éste último no defendía la democracia a las claras. La insociable sociabilidad del hombre. Probablemente de la democracia lo único que quede por defender sea la isonomía y la libertad de expresión y conciencia. Pero los mecanismos democráticos y las instituciones han sido corrompidas por el poder de los partidos y por la oligarquía. Y nosotros permanecemos tranquilos y sumisos. Vivimos el opio de la aparente libertad al modo de un mundo feliz. La Boête tenía razón en su obra “la servidumbre humana voluntaria”, y la nueva etología también: somos gregarios y jerárquicos, necesitamos de líderes y ansiamos el poder. Es impensable una sociedad de hombres libres. A lo mejor es casi una contradicción. Todo esto no son más que sugerencias, el rum rum de mi pensamiento en contra de las utopías y de su peligro. Pero lo que no hay que perder de vista, aunque la democracia sea un fiasco, es que el poder, si no está con el débil, sea de la clase que sea, es tiránico. Y si algo nos ha enseñado la historia de las ideas es que el hombre es capaz de alzarse sobre su propia naturaleza y de ahí procede su gran proyecto ético…

Indignación y resistencia.

 

            Si quereos cambiar el mundo, para empezar, es necesario indignarse, para ello, hace falta tener dignidad, considerarse un hombre, no mercancía. Y esto es lo que somos para los poderes. Y es necesario pensar esto muy en serio a la hora de votar. ¿Qué somos para nuestros representantes, personas o mercancías? Si somos lo segundo lo mejor es no votar. Voto en blanco. Una buena lección de educación para la ciudadanía, es decir, política, y ética, para nuestros representantes. Que no son más que eso, nuestros representantes. A los que es menester recordarles que no tienen el poder. Aunque tácticamente lo tengan, pero no les corresponde legalmente. El poder es del pueblo. Y es necesario que éste coja las riendas de su destino y se enfrente a la hipocresía, a la farsa, a la mentira, al engaño, a los halagos y participe críticamente, no interesadamente. El voto no es interesado, es de principios. La sociedad cambia cuando los ciudadanos son realmente tales. Cuando son vasallos no son más que la rueda de transmisión del poder totalitario y caciquil. La democracia, que no es ni mucho menos en lo que estamos, exige de ciudadanos. Exige de virtud pública, no de seguidores, fans, fanáticos, incondicionales, pesebristas, tradicionalistas, inconscientes, farsantes… quiere virtud pública, ejemplaridad, compromiso, pensamiento, autoconciencia, crítica, asumir el error. Señores, no estamos en democracia, estamos en una partitcoracia oligárquica. El ciudadano no es nada, salvo un instrumento en manos de los partidos. Nunca los partidos contarán con él, salvo en la campaña electoral, es necesario recuperar los ideales de la democracia, del poder del pueblo. Pero para ello es necesario desenmascarar la falsedad del poder y la connivencia de los ciudadanos. Hemos sido nosotros, conscientemente engañados, los que hemos permitido éste estado de cosas. No se puede permitir, desde la ética más elemental, que un albañil esté subido en un andamio hasta los sesenta y siete años y un diputado, sin ni siquiera calentar el sillón, a los siete años de “trabajo” tenga derecho a la pensión completa. No es de recibo que los ciudadanos, el estado, pague la crisis provocada por el capital y los banqueros y ahora repartan dividendos y a nosotros nos demanden apretarnos el cinturón. No es admisible que nuestros representantes políticos formen parte de corporaciones empresariales internacionales después de abandonar la política. Es necesario una regeneración política, ya. Y el ciudadano es el que en definitiva tiene el poder de poner y quitar. Si reducimos la democracia a su última expresión, podemos decir que ésta es la capacidad que el pueblo tiene de poner y quitar a los gobernantes sin derramamiento de sangre. Pero cuando el pueblo pierde esta capacidad es que es un súbdito, un vasallo, o, peor, un enchufado o un cliente del sistema. Que no nos engañen más con palabras bonitas de democracia y soberanía del pueblo. Mentira. Esto es una tiranía de los partidos y los ricos que viven en estrecha comunión. En nuestras manos está la capacidad de indignación y de recuperar la democracia, el poder del pueblo. Y a esto es a lo que se llama resistencia, lo que salvó a Europa del nazismo. Pero antes es necesario que recuperemos la virtud civil y saber que todos pertenecemos a la polis y que la virtud de ésta, la justicia, depende de la nuestra, la prudencia.

 

            Hace unos pocos días leía un librito de Staphane Hessel, y prologado por José Luís Sanpedro, ambos cuentan con 93 años a sus espaldas, que se llama “Indignaos”. No pretendo hacer ninguna reseña de este libro, es lo suficientemente corto y conciso como para que el libro sea su propia reseña. Sólo quiero arrancar desde esta obra magistral, de la ética y la política, mi reflexión. En primer lugar cuando veo a hombres que a esta edad en la que la mayoría estaremos muertos y que siguen luchando contra la injusticia y que no han perdido la capacidad de indignación, me embriaga una sensación de impotencia y de admiración. Yo no podría. O, acaso, yo no puedo, y a mi edad. Estos hombres son ejemplos, ejemplares de la ética civil, del compromiso del ciudadano con la polis. Uno a su lado se ve empequeñecido, pero aprende. Y aprende que lo último es la renuncia y la cobardía. A que la historia ha progresado no por leyes deterministas, no por la voluntad de los tiranos, no por las fuerzas de la economía, que no es más que la fuerza de unos pocos que ostentan el poder, sino por el esfuerzo ético de unos pocos. Por personas que han creído, precisamente en eso, en que somos personas, no cosas. Es a toda esa legión de luchadores morales a los que les debemos nuestra comodidad y bienestar. No se lo debemos al avance tecnocientífico, por sí sólo, éste necesita de la ética y la política, tampoco al avance del mercado, éste sin regulación ético-política, nos lleva a la barbarie. Se lo debemos a los que han apostado por la polis. Es decir, por la política, en su sentido originario griego: por el interés público. Y por eso este libro, que va dirigido a los jóvenes, es un revulsivo para la actualidad. Un nonagenario, redactor superviviente de los derechos humanaos, llama a los jóvenes a la indignación. Y ésta es la gran validez de su obra. La vejez y la experiencia de un hombre que vivió en un siglo atroz, convulso, genocida, pero, a la vez, triunfal porque fue capaz de proclamar los derechos humanos, que pide a los jóvenes que se indignen ante las injusticias actuales. Las injusticias actuales no son menos que las de hace unas décadas. Estamos asistiendo al triunfo de la mediocridad, de la mercancía frente al sujeto, de la barbarie frente a la ética, de la idiotez frente a la solidaridad y la inteligencia. Estamos ante la tecnobarbarie, hipnotizados por el poder de seducción de la tecnología, de los discursos vacíos. Y, mientras tanto, la maldad genocida impera en el mundo. Pero no sólo en el tercer mundo, que eso, hipócritamente, lo damos por hecho, para poder sobrevivir en nuestro estado de opulencia, sino en las sociedades del bienestar. Cada vez las diferencias entre ricos y pobres aumentan, cada vez la brecha tecnológica y digital es mayor. El acceso a los alimentos y al agua potable es más limitado, los recursos energéticos alcanzan su cenit. Y nosotros nos conformamos. Sólo queremos seguir consumiendo. Nuestra felicidad ha sido hipotecada. Sólo, quizás, la miseria nos salvará de nuestra ignorancia, egocentrismo e insensibilidad.

Lo de la energía nuclear es algo complejo. Fue una batalla que ganaron los ecolgistas hace décadas, con argumentos contundentes. Pero ha resurgido el tema como efecto rebote del cambio climático derivado de la energía obtenida con recursos fósiles. Es el argumento fuerte que las multinacionales eléctricas y nuestros gobernantes han introducido. Pero se les olvida el problema de la caducidad de ese tipo de energía, que es igual que la de las fósiles, no son renovables. Lo de la peligrosidad y el tremendo problema del almacenamiento es algo ya definitivo, bueno, todo lo definitivo que la ciencia permite, claro. La apuesta es por la innovación tecnológica a base de otro tipo de energías renovables que, además, lleven aparejado la justicia social. Es decir, un ssitema energético diversificado (existen muchos modelos teóricos de ellos), que no esté en manos de unas pocas multinacionales que ponen firmes a los gobiernos y a los ciudadanos. Todos los temas ecológicos, si no los ligamos a la cuestión social, quedan en cuentos de hadas. En teorías del buen salvaje y del taparabos. Por eso es necesario un discurso político que afronte estos temas desde un nuevo orden social, no desde el perjuicio o no al medio ambiente o a la salud humana, esto último son subcapítulos del problema real: la supervivencia de la civilización. Pero un nuevo orden, al que me atrevo a llamar ecosocialismo, requiere de un nuevo modelo económico que rompa, de una vez por todas, con el mito de la política del crecimiento. Si queremos salvar la civilización, o, más bien, salvarnos, es necesario el decrecimiento. Y esto no es una utopía, la utopía, que más bien, se transforma en distopía, es pensar que podemos seguir así mucho tempo. Vivimos un sueño y un engaño a costa de tres cuatas partes de la humanidad. Seamos responsables, que era el principio ético propuesto por  Hans Jonas, del otro, aunque no esté presente, del distante tanto en el espacio, el extranjero, como en el tiempo, las futuras generaciones. Saludos y disculpad las manías pedagógicas de un viejo profesor.

Todo es confuso. Como lo de Japón. Realmente el relativismo se ha hecho carne. Los medios cuentan una verdad, el poder otra parecida, las redes sociales algo totalmente distinto. Todos pueden hacer un montaje. En definitiva lo que interesaba al poder es el relativismo para que todo se pueda defender y nada se puede creer. El poder está venciendo. Las redes sociales se proclamaban como el acceso a la libertad, pero producen mayor confusión, porque pueden ser también un montaje, teledirigidas. Y, por su propia naturaleza, son un caos. La información es horizontal en la red, o en red, no hay forma de ir a las fuentes para verificar. Por eso las nuevas tecnologías han aumentado la información pero han disminuido el conocimiento y la veracidad. Eso sin contar con la función de entretenimiento que juegan. Un pan y circo tremendamente sofisticado. Matrix o la Caverna de Platón.

Pero, hombre, Miguel. China es neoliberal en sus relaciones internacionales y, por tanto, es neoliberal. Internamente no lo es, porque es un totalitarismo político en el que el estado, que es el partido único, controla el setenta por ciento de la riqueza. Esa pluralidad de la que hablas no es garantía de pluralidad ni de ideas, ni política, ni de expresión. Y ya sabes que mi crítica no es una defensa de la democracia neoliberal. Ésta también es un totalitarismo. Y por eso no entiendo tu crítica del principio. Y menos viniendo de un marxista. De qué ideal extraterrestre me hablas. Pero si llevo toda mi vida luchando contra ideales y utopías. ¿Qué quiere decir eso de que es un rastro de cristianismo que me queda? No lo puedo creer. Puede ser que en mí haya muchos rastros de cristianismo, no lo dudo, pero creo que son voluntarios y bien examinados, como son lo que considero la base de la ética social del cristianismo, el sermón de la montaña y la parábola del buen samaritano. Y esto lo podemos entender con el mensaje de Jon Sobrino, teólogo de la liberación, “fuera de los pobres no hay salvación”. Pero a esto no te refieres, sino a un ideal. Eso no lo entiendo porque, precisamente, una de las tareas que he realizado en mis escritos es intentar averiguar los orígenes de la idea de progreso, utopía y emancipación de la humanidad. Ideas que proceden de la mitología juedeocristiana, también a su manera están en el mito de la caída de los griegos, que, por su puesto, aprovecha Platón, para fundar su estado totalitario. Soy un escéptico y un nihilista, en lo referente al sentido de la historia. Por tanto, no existe ningún rastro de cristianismo en este ámbito en mi pensamiento. Por el contrario, es precisamente en tus ideales utópicos, en tu creencia en la posibilidad de la emancipación de la humanidad y de los débiles, en la que late el mito cristiano del progreso y la salvación. Mi nihilismo es un naturalismo, pero no me lleva, ni a la desesperación ni a la abulia. Creo que me hace más realista. Al contrario de un sueño extraterrestre. Mi filosofía es profundamente terrenal, como exigía Nietszche de un buen ateo. Recuerda que éste decía que “no nos veríamos libres de dios mientras no nos libremos de la gramática” Todo lo que significa dios está en el lenguaje, por eso debemos revisar nuestros conceptos de historia, progreso, esperanza, utopía, emancipación…todos tiene una raíz cristiana que el pensamiento político utópico, tanto el marxista y de izquierda como el neoliberal y de la derecha, así como el transhumanismo tecnocientífico, conservan en su ideología y su forma de entender el mundo y la sociedad. El naturalismo nos obliga a ser humildes, a reconocer los límites del hombre (antropológicos, la condición natural del hombre que todo culturalista e idealista ignorantemente niega) y de la praxis política. Hay que estar con Kant, pensar el progreso de la historia como acción reguladora de la acción ético-política, pero no como una necesidad, ni como redención, ni como fin de la historia. El progreso es provisional, y eso cuando lo hay. La idea de progreso es un mito, pero una creencia que se le hace necesaria al hombre para poder vivir. Es más, como defiendo en “Pensamientos contra el poder” el hombre necesita creer en el progreso y por ello se autoengaño. No hablamos ya de un engaño ideológico, de una alienación, sino de un autoengaño inconsciente. Por eso es necesario un autoanálisis para ver de dónde proceden estas ideas. En definitiva es el desacuerdo de fondo que tenemos desde siempre. Saludos y es un placer como siempre.

Muy lúcido. Pero, una cosa, la historia pesa, pero no determina. No se puede confundir la influencia del pasado con el determinismo histórico, sea del tipo que sea. El que se refugia en el pasado justifica el presente y proyecta el futuro modelándolo a su antojo. La historia, como la biografía, está condicionada, pero es abierta. Por eso es interesante la cita de Unamuno y Ortega. El primero es un personalista y liberal irreductible, el segundo declara “Yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas, no me salvo yo”. Por otro lado, no se puede pensar a un pueblo en términos de identidad, esto tiene dos problemas. El primero es que es un reduccionismo y lo irreductible son las personas, no los pueblos. Y, en segundo lugar, toda teoría de la identidad no es más que una mistificación política interesada.

Estimado David, creo que esta señora tiene problemas de comprensión. No soy defensor, ni mucho menos, del multiculturalismo, pero, aún menos del choque de civilizaciones. Pienso que hay ciertos progresos morales y políticos, sólo provisionales, a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que esta mujer hace es un análisis crítico de la religión musulmana del que resulta su ateismo. Cierto. Elimina la visión literalista del Corán. Eso es lo que se hizo en occidente con el cristianismo a partir del siglo XIX. Nuestro libro es igual de intolerante, fanático, como el Coran. No hay nada distinto, el antiguo testamento está lleno de barbarie, etnocidio y genocidio justificado. El choque de civilizaciones es un invento ideológico del poder hegemónico para mantenerse en él. Los hombres luchan por ideologías y religiones, pero el poder busca los recursos. Todas las guerras entre los hombres son guerras por los recursos y todo fin civilizatorio es un fin por haber terminado con ellos. La modernidad en Europa fue posible, precisamente, por una primera modernidad islámica en Al-Andalus. Ni la ciencia ni la filosofía hubiesen aparecido sin los musulmanes andalusíes. Y, fue Averroes, con su teoría de la doble verdad y su racionalismo teológico, quien abre las puertas a la modernidad, el Renacimiento y el surgimiento de la ciencia. Teoría que Galileo transformaría o interpretaría como teoría del doble lenguaje en su defensa ante la iglesia. Decía “La Biblia nos dice como ir al cielo, la ciencia, como van los cielos.” Esto no lo aceptó nunca la iglesia. Tuvieron que transcurrir siglos y la aparición de diversos ateismos y todo ello sumado a la crítica histórica de los textos que se inicia en la ilustración. Y es, precisamente esto último, lo que no ha tenido lugar en el Islam. Por él no ha pasado la modernidad, a pesar de que abren las puertas a Europa para ello. Toda la teología escolástica es una respuesta a la teoría de la doble verdad de Averroes, de la que surge la teoría de la subordinación de la razón a la fe. Teoría que sigue siendo vigente para la iglesia, aunque ésta no tiene poder para imponerla, pero ésta es la base del discurso del Papa contra la modernidad. Lo que ocurre es que occidente se ha secularizado. Pero no hay nada en el cristianismo que lleve a la secularización, todo lo contrario, así como no hay tampoco nada en el Islam. La modernización y la ilustración se producen por una multitud de causas y, como he dicho, y sostienen muchos historiadores de la ciencia, la filosofía y la historia en general, el germen del Renacimiento europeo está en el siglo XI y en el esplendor del califato de Córdoba. Siento no poder ilustrar esta tesis con detalle por falta de tiempo. Lo que se aprecia en esa mujer es, y con razón, un anticlericalismo. Como ocurrió también en los primeros momentos de la crítica a la religión en occidente. Por eso la Ilustración es más anticlerical que atea. Se iba contra el poder de la superstición, contra la falsedad de los textos y su interpretación literal, contra la hipocresía de la iglesia…después vendrían los ateismos. Por cierto, no hay que olvidar la historia de genocidio y etnocidio bautizada por la iglesia, desde el renacimiento hasta el siglo XIX: América y África. Y esto también está bien documentado. El mal, y sabes que no soy relativista, ni multiculturalista y, además, ateo a base de mucho estudiar, no reside en la cultura. Esto es un reduccionismo cultural, sino en la propia naturaleza biológica humana. Desde que el hombre es tal, desde el paleolítico, el hombre está en lucha consigo mismo. Y la lucha se acrecienta al pasar al neolítico, que es precisamente cuando aparecen las religiones monoteístas, de dioses varones, agresivos y bélicos. La religión es parte de la ideología que justifica la violencia contra el otro para usurparle sus recursos. Así funcionó el Judaísmo, sólo hay que leer el antiguo testamento, así funcionó el Cristianismo. Una vez que Roma se hace cristiana se prohíbe toda religión y toda filosofía y entramos en la oscura edad media, salvo en Al-Andalus, y durante un breve periodo. Lo mismo hizo el Islam, por mandato del profeta, exterminar al no creyente y conquistar sus tierras. Creo que hay que ser más realista o materialista. La lucha es por el poder material y físico. Las razones están en la economía y la economía política. El otro debate no es más que distracción alienante.

Mientras buscamos nuestro propio beneficio, ¿quién cuida del planeta? El aire es más espeso, el agua más ácida, hasta la miel tiene cierto rebusco metálico gracias a la radiactividad. El mundo se acaba. No hay tiempo para pensar, para prepararse. Han hipotecado el futuro, a corto plazo, ¡pero no hay futuro! Estamos sobre un caballo desbocado.

De la película: Pactar con el diablo

 

            La frase que citas al final lo dice todo. El mal está en el hombre. De ahí la sabiduría de los mitos fundantes, como es el caso del Génesis. El mal entra en el mundo por el hombre, su acto libre, que no es más que la vanidad y la soberbia. Desde entonces toda acción humana está contaminada. Pero ahora tenemos argumentos desde la etología humana. La evolución de nuestra conducta se basa en una síntesis entre la sociabilidad y el egoísmo (vanidad), que no es más que la supervivencia. Pero ya lo decía Kant, aquello de la sociable insociabilidad del hombre. Y esto es una síntesis fantástica entre el homo hominis lupus est de Hobbes y la ingenuidad rousseouniana de que el hombre es bueno por naturaleza. Por eso Kant sabía que el hombre era capaz del mal radical y es él quien lo define. Y también sabía que el hombre era capaz de lo sublime, y su estética es una reflexión sobre ello. Pero también sabía que había dos cosas que le conmovían, la ley que rige el movimiento de los cielos (se refiere a la física newtoniana) y la ley moral en nuestro corazón. Es decir, la ciencia y la ética, que junto con el arte y el derecho son los grandes logros del hombre. El resto es vanidad. Y para seguir con esta reflexión habría que comentar el Eclesiastés, uno de los libros más sabios que jamás se haya escrito…vanidad de vanidades…eso es la vida.

Porque fue mi maestro quien me enseñó no solamente cuan poco sabía, sino también que cualquiera que fuese el tipo de sabiduría a la que yo pudiese aspirar jamás, no podría consistir en otra cosa que en percatarme más plenamente de la infinitud de mi ignorancia.

 

Karl Popper, Búsqueda sin término

 

Qué suerte tuvo Popper y toda la Viena del primer tercio del siglo XX de contar con maestros como éste. Los convirtió a todos ellos en auténticos maestros. De la Viena de final del XIX y el primer tercio del XX surgen la mayoría de los científicos, filósofos, artistas, literatos y músicos contemporáneos. Para certificar esto que digo sólo hay que echar un vistazo a la obra de Toulmin “La Viena de Wittgenstein” Lo bueno de todo esto es que toda esa matriz cultural no contó para nada con las nuevas técnicas de la pedagogía y de la comunicación que nos prometen el cielo en la tierra y que borran de nuestra memoria el pasado. Como si la educación no hubiese existido sin los pedagogos y sin Internet.

 

Estimado Joaquín,

 

He leído muy rápido tu artículo de réplica a mis reflexiones sobre la lectura que hago en “Pensamientos…” depende desde el ángulo que lo mire, pues estoy de acuerdo contigo, o no. De todas formas creo que malinterpretas mi intención. Lo que hay debajo de mis palabras es un discurso contra toda forma de poder. Y esa es mi línea de argumentación y donde cobra sentido lo que digo. De todas formas me parece muy bien argumentada tu réplica. Y haré una defensa en la línea que vengo diciendo, además de apoyarme en el hecho de que todo en la vida es entretenimiento, un pasar el tiempo. Cuando la vida y la historia del hombre careen de sentido, como buen escéptico, todo es pasar el tiempo. Sobrevivir, mientras que dejamos nuestra información genética. La cultura es la forma que la especie humana ha inventado para tal menester. Los valores son provisionales, si bien algunos preferibles a otros. Por eso creo que el conocimiento es superior al mero entretenimiento, pero sin que el conocimiento no deje de ser entretenimiento. Lo único que hacemos en esta vida es pasar el tiempo, desde la cuna a la tumba. Nuestra enfermedad mortal es el tedio y contra él nos afanamos. Pero la lucha y el afán dan lugar a productos culturales distintos. Unos surgen de la maldad intrínseca del hombre, otros de la esperanza en un mundo mejor, otros de la utopía que, al final, se convierte en totalitarismo, y otros, en fin, de la estupidez. Y ésta es tremendamente contagiosa. Si fomentamos la estupidez producimos esclavos. Y yo no quiero esclavos, ni siervos, aunque esto es imposible, por la propia condición humana, pero, mientras menos, mejor. Y, sobre todo, en una democracia, porque en última instancia la estupidez de la mayoría me afecta a mí. Y esto te parecerá elitista. Es una de tus críticas. Pero siento decirlo. Pienso que una democracia que no defienda el elitismo, la meritocracia, es una farsa, una dictadura del mediocre, una pantomima de democracia y libertad, un relativismo endeble y avasallador que confunde la virtud con el vicio, el entretenimiento con la virtud, lo universal con lo particular. Por eso el contexto de mi discurso es el del poder. La imaginación se puede fomentar de muchos modos, no sólo con malos libros. Es más, se fomenta mejor con buenos libros. Además no es cierto que a través de la lectura de malos libros, de malas películas, de mala televisión, se pueda acceder después, salvo en contadas ocasiones, a una literatura superior, un cine superior… y sostengo lo mismo que dices. Porque aquel que se distrae con Tartini, que escucho en este momento, siente el mismo placer que el que se distrae con la música pasajera del verano anterior. El efecto bioquímico en nuestro cerebro es el mismo. Pero los valores que emanan de Tartini, y el cómo se llega a apreciar el violín de tal autor no son cosas que se desprendan del placer de la música ligera y ocasional. Existen los clásicos en todos los ámbitos. Y son tales porque han tocado una nota de la universalidad del hombre. No se puede fomentar una lectura devaluada de El Quijote, éste hay que leerlo, cuando se pueda, pero como es, esos planes de fomento de la lectura de los centros no son más que vulgaridad y adoctrinamiento. Existe una literatura infantil desde los griego para acá accesible absolutamente a los niños. No hay que idiotizar, hay que ilustrar. Ese intento vano de adaptación de los clásicos de la literatura a la lectura en los centros no es más que un fomento de la ignorancia. Es un intento de infantilizar definitivamente a la población. Es crear estúpidos. Y, además, es pensar que el niño es estúpido, cuando no lo es. Lo que le falta es formación y eso es lo que hay que darle. Pero en una enseñanza devaluada, desprestigiada en la que lo importante es la competencia y no el contenido, la forma y no el fondo; el fomento de la lectura es un narcótico, no una liberación. Entender la lectura meramente como entretenimiento es un error. E, insisto, que hasta el sabio más grande, el mayor científico, se entretienen con su trabajo, si no, nunca lo harían, éste produce un placer estrictamente bioquímico perfectamente descriptible, pero de su actividad emana algo superior, un bien para él mismo y el resto del hombre. El otro entretenimiento del que me hablas es puro narcisismo. Y, por lo demás, fomentado por el poder, una ideología. Y toda ideología es una forma de dominio y opresión. Entender la lectura sólo y fundamentalmente como entretenimiento es opio para el pueblo, es alienación y narcisismo consumista.

 

            Que la literatura no nos hace mejor, por su puesto. Pero esto es una cuestión ya bien antigua. Tanto Sócrates como Platón defendían el intelectualismo moral. Es decir, que el conocimiento de la virtud me hacía virtuoso. Nada de esto es cierto del todo. Es verdad que el conocimiento puede hacer reflexionar, pero no produce una virtud. Fue el discípulo de Platón, Aristóteles, el que deshace el entuerto y nos dice que la virtud es fruto del esfuerzo, el conocimiento puede ayudar, pero nada más. La virtud emerge del ejercicio, del esfuerzo continuado. Por eso virtud en latín es fuerza. En griego es excelencia, el que está por encima de la media, el que destaca en una destreza. Pero para destacar en una destreza es necesario el esfuerzo. Por eso el sentido latino y el griego se unen. Para alcanzar la excelencia es necesaria la fuerza, el ejercicio. Y esto contradice a la tesis de que la lectura sea fundamentalmente entretenimiento. El atleta obtiene placer en su ejercicio, el músico en su práctica, el científico en su investigación. Pero todo ello requiere del esfuerzo, de la práctica continuada. De haber convertido nuestra acción en un hábito: en una virtud destacable. Si reducimos la lectura a mero entretenimiento estamos fomentando la debilidad. Y de la debilidad surge el vasallaje. Somos súbditos en la medida en la que no somos capaces de esforzarnos por ser libres. La lectura no nos hace mejores, el esfuerzo por la buena lectura sí, al menos nos hace constantes. Y, además, la buena lectura requiere de formación y ésta de un esfuerzo para adquirirla. Y la formación, en tanto que conocimiento es ya un acto de liberación, porque conocer es luchar contra las apariencias, los mitos y las máscaras. La defensa de la lectura como entretenimiento es una equivocación típica de la crisis de valores, mejor filosófica, en la que vivimos. Se nos despacha este tipo de lectura, o esta forma de entenderla, para narcotizarnos, cosa que al poder le interesa. Ninguno de los autores que citas se ha dedicado a una literatura de entretenimiento en el sentido que yo digo. Son auténticos sabios que para escribir han leído mucho. Un libro suyo tiene un fondo de información tremendo que a esos autores les ha requerido un esfuerzo ímprobo y les ha proporcionado un saber. Que, o bien lo podrían haber transmitido en forma de ensayo, o bien, de literatura. Por su puesto que sus libros entretienen, porque son historias bien contadas. Y el hombre es un ser de historias, que se alimenta de cuentos. Nuestro diálogo interior es un fantasear continuo. El pensar es un diálogo con uno mismo en el que la imaginación es importantísima. Pero sin conocimiento ése diálogo interior es pobre y casi vacío. Los autores que citas, cuando hablan de entretenimiento, se refieren a que una buena novela, puede decir lo que sea, pero, primero, debe entretener. Efectivamente, si no, no es novela o literatura. Es otra cosa. Pero al final debe deleitar, y esto entra dentro de las capacidades superiores del goce. Y, además, si enseña, pues mucho mejor. Pero, por otro lado, otra cosa importante, cuando mantenemos que el valor máximo de la lectura es el entretenimiento, entonces dejamos al margen otros géneros literarios, como son los ensayos y la lectura especializada. Te aseguro que ambos entretienen y producen placer, pero para llegar a disfrutar de ellos es necesario la formación y el esfuerzo. En definitiva, el conocimiento. Y tampoco este conocimiento, ya sea científico, filosófico o histórico nos hace mejores, lo mismo que la lectura de la buena literatura. La ética no tiene que ver con el conocimiento, como he demostrado antes, sino con el ejercicio. Y éste tiene mucho que ver con la educación. Y esto es importante porque la educación es la que debe crear los hábitos intelectuales y morales. Pero cuando la educación fomenta la mediocridad, entonces, apaga y vámonos. Por eso, porque la educación está como está, es decir, imperan teorías que defienden que se aprende jugando, que hay que motivar. Pues es ahí donde cobra sentido la tesis reduccionista de la lectura como entretenimiento, como juego. Pues no señor. La lectura es un placer que requiere del esfuerzo, del hábito y la costumbre. En un mundo narcisista, hedonista y egocéntrico como en el que vivimos es en el que cobra sentido el valor supremo del entretenimiento, porque éste es referido sólo al ego, no al nosotros. La buena literatura y el conocimiento pueden ayudarnos a trascender ese yo narcisista con el que todos nacemos, no nos garantizan nada, como digo, pero sí son un puente, porque ellos mismos requieren del esfuerzo, hacia la virtud, hacia la trascendencia del yo y la superficialidad del placer inmediato del mero entretenimiento. Pero, en última instancia, son nuestros actos los que cuentan. Pero, como la ideología que sustenta a la enseñanza nos quiere hacer ver que todo es juego y entretenimiento entonces el esfuerzo y la virtud quedan desalojados de la tarea educativa y, de resultas, la lectura se convierte en un mero entretenimiento. Y como el nivel es tan bajo, para poder entretener es necesario la más burda vulgaridad o, peor aún, la vulgarización de los clásicos. Todo está atado y bien atado. Es el triunfo del relativismo que no es más que el triunfo del yo narcisista y caprichoso que es el que a la sociedad en que vivimos les interesa que haya. No un yo ilustrado, ni contestatario, ni solidario. Si no pasivo, sumiso, obediente, distraído, narcotizado y entretenido, eso sí. Eso es, pan y circo, hasta en la escuela. Y hoy, para más inri hasta en la universidad.

 

Un saludo y muchas gracias por tu reflexión y tus críticas.

 

Juan Pedro.

Eso por no hablar de los descubrimientos de lo que podríamos llamar el mundo del espíritu, la ética, el derecho y la política. En especial la ética que es la base de las otras dos. El gran proyecto del hombre es el proyecto ético. La ética ha sido las tablas de náufrago que nos han permitido sobrevivir. El invento de los derechos humanos y de los estados de derecho, o democracias, son indispensables para entender el mundo hoy en día. Y lo hicieron los hombres del pasado. Los jóvenes desconocen esto, por ignorancia, el propio ímpetu de la juventud y la maltrecha educación. Y este desconocimiento es una de las claves de que estemos asistiendo al desmantelamiento de la ética de los derechos humanos y de la democracia. Todo eso se lo debemos a los hombres del pasado, a los actuales, como sigamos así, les deberemos el desierto de lo real, que es en lo que se está convirtiendo el mundo.

Las nuevas tecnologías de la comunicación, ahora aplicadas dogmáticamente a la educación, provocarán una revolución en nuestras capacidades cognitivas. Hay como una alianza diabólica entre tecnociencia y filosofía, qué digo, ideología, posmoderna. Como una armonía preestablecida. ¿O serán lo mismo o la hybris de los griegos? Nos dirigimos a la tecnobarbarie contentos, orgullosos e inconscientes.

Vamos a ver, lo que aquí sucede es que se confunde la clase magistral con dictar apuntes. Y eso no es así de ninguna de las maneras. La clase magistral motiva por sí misma. Es una transmisión de conocimientos, valores y pasión. Otra cosa es, como señala Maricruz, que haya que tener entretenidos a todos los alumnos. Pero eso es otro problema, no de la clase magistral, ni se soluciona con las nuevas tecnologías. Ése es el problema de la obligatoriedad de la ESO hasta los dieciséis años y prorrogable y de nuestro sistema de promoción. Es decir, que el error viene de la ideología LOGSE  de fondo. El repudio de las clases magistrales, y digo en el sentido magistral, no dictar viejos apuntes o leer un libro de texto, es una consecuencia del propio sistema. De lo que se trata es de mantener entretenidos, de enseñar entreteniendo, porque, para lo que hay que enseñar, pues es suficiente. Por eso la clase magistral, que es la mejor manera de transmitir conocimientos de una forma rápida y homogénea, como dice Jesús San Martín, es denostada por todos. Ya no se trata de conocimientos, sino de meras competencias vacías y con una intención clara de instrumentalización del alumno para el futuro. Lo que, por otra parte, es un atentado contra la dignidad de las personas. De lo que se trata es de convertir a los ciudadanos en instrumentos, de ahí lo de la adaptabilidad y las competencias, eso es un todo. La clase magistral es un vehículo de transmisión del saber irremplazable y absolutamente necesario, y que exige del profesor un conocimiento profundo de su materia. Un conocimiento que siempre debe ir actualizándose. Es un deber de nuestra profesión, no la formación psicopedagógica, eso es adoctrinamiento. No entiendo ese comentario sobre la filosofía, mis clases han sido siempre magistrales, en cuanto al método, no sé en cuanto a calidad, –y utilizo las nuevas tecnologías como el que más- pero mi explicación de Platón, de ahora, muy poco tiene que ver con la explicación cuando terminé mis estudios universitarios, que no son más que una mera introducción. El profesor que ejerce la clase magistral no es un papagayo, tiene como fin provocar al alumno, utiliza el dialogo, la mayeútica, y las tecnologías modernas si vienen al caso también. Pero el error logsiano es confundir los fines con los medios. Creer que la utilización de las nuevas tecnologías o el aprender a aprender es el fin. Pero no es así, eso no son más que medios. El fin es la transmisión de conocimientos, valores y pasión, todo lo demás son pamplinas. Pero ya lo sabemos, el problema es de fondo y lo hemos discutido mucho. Esto no interesa a la ideología LOGSE que emana del poder que quiere convertir a los ciudadanos en instrumento, meros números del mercado, tanto del consumo, como del trabajo. La defensa de las clases magistrales es la defensa de la ilustración. El conocimiento es el vehículo de la libertad. Y ésta es entendida como autonomía. Y la autonomía es la capacidad de pensar por uno mismo. Pero no se puede pensar desde la nada, primero son necesarios los conocimientos. A medida que estos van incrementándose el alumno puede ir soltándose e iniciar su propio caminar: relacionar, investigar; pensar, en definitiva. Pero, claro, este ideal ilustrado, está muy lejos del posmodernismo, que hunde sus raíces en la antiilustración: en el relativismo y el nihilismo. Si el conocimiento es relativo, no merece la pena transmitirlo, porque cualquier opinión es equivalente y válida. Y esto nos lleva directamente al vacío del nihilismo. Por eso las nuevas pedagogías no son más que formalismo, pura cáscara, tautologías mistéricas, como eso de aprender a aprender y otras máximas del oráculo. Ya decía Kant que a la paloma le gustaría que no existiese el aire para así poder volar más libremente, pero, en realidad puede volar porque el aire ofrece una resistencia. Lo mismo sucede con el aprender. Necesitamos de unos conocimientos para poder pensar por uno mismo, desde la nada y el vacío no se aprende nada. Además, señor Gilles, si usted se da cuenta, lo que he hecho en todo el escrito es una actualizacin de los clásicos a los que usted cita, para desenmascarar el engaño de los psicopedagogos y el poder. Disculpe mi arrogancia, pero usted no conoce a esos clásicos ni la psicopedagogía y yo, como filósofo –que llevamos dentro el ser educadores, el germen socrático- he pretendido darle una clase magistral, disculpe mi osadía, simplemente sigo a Sócrates, el gran pedagogo. Un saludo a todos.

Nada nuevo bajo el sol. Todos somos el montón o la masa. Cuestión de perspectiva. Internet puede ser una cura de humildad, pero, hablando de forma más general, el conocimiento es la auténtica cura de humildad. El ignorante es soberbio porque no sabe de su ignorancia y eso le lleva a hablar de todo cual papagayo. Decía un filósofo, al que he dedicado gran parte de mi vida intelectual, Popper, que “educarse es vislumbrar la inmensidad de nuestra ignorancia”. Cuando somos jóvenes tenemos ideas geniales, pero con el curso de los años, descubrimos, en nuestro estudio, que ya pertenecían a alguien. También los grandes se apoyan en otros. Es cuestión de tradición, nada sale de la nada. Newton decía que él había visto más lejos porque iba a hombros de gigantes. La originalidad es ser nosotros mismos. Esto es, encarnar en nuestra propia existencia esas ideas que se comunican con nuestro interior y nos transforman, sean nuestras o de otros.

Nuestra sociedad y el sistema de enseñanza nos llevan a la normalización y eliminación de la diferencia. Hacia la masa amorfa. Es un interés del propio sistema, pero es una gran estupidez. El hombre es un ser con biografía, es decir, irrepetible. Un fin en sí mismo. La normalización que pretende la sociedad, en manos de pedagogos, psicólogos y psiquiatra es una forma de medicalización de la ética; es decir, de la esencia de nuestra vida. Porque la pregunta de la ética es ¿qué debemos hacer? Y la respuesta es lo que nos hace diferentes.

Excelente artículo. Estoy absolutamente de acuerdo con él. El problema es que donde dice universidad, podría decir enseñanza secundaria. Y lo llevamos padeciendo veinte años. Absolutamente olvidados, sobre todo por los que, quizás, podrían haber influido, los profesores universitarios. Ustedes están en el principio del camino, nosotros ya no sé ni dónde estamos, si al borde del precipicio, o cayendo. Aunque no lo sé, porque cada día descubro inventos nuevos de estos políticos y pedagogos y profesorado sumiso, obediente y trepa. El mal se ha generalizado. Había que destrozar la enseñanza porque lo que se perseguía era la servidumbre, la anulación del ciudadano. Y ahora le ha tocado a la universidad, pero el plan Bolonía es de hace años, aunque haya empezado a funcionar ahora. Ha pasado aquí como pasó en la LOGSE, el personal no se dio cuenta hasta que el crimen fue consumado, y los que se dieron cuenta fueron pocos y distantes y con poca capacidad de maniobra. Sólo nos ha quedado, en muchos casos, la desobediencia civil, y exigir nuestra libertad de cátedra que ha sido pisoteada, lo que nos ha costado nuestro dinero, y algún que otro disgusto con la dirección, o, en el peor de los casos, con la inspección. Como lo que se pretendía era la sumisión; es decir, eliminar la democracia lo que había que hacer era domesticar; y, después de los medios de comunicación, el instrumento que el estado utiliza para la domesticación es el sistema educativo. Pero no sólo se trata de domesticar a los alumnos, futuros pseudociudadanos, sino, como apuntas, al profesorado también, que es capaz de venderse por un plato de lentejas. El plan se lleva urdiendo desde hace cuarenta años, y es el neoliberalismo, aunque en este término quepan muchas cosas contradictorias, y el pensamiento único, que en nombre de la libertad y la igualdad nos ha hecho perder el ser libres y nuestra excelencia. Es decir, que nos adentramos en un fascismo enmascarado de democracia en el que respiramos una droga, el soma, por los medios de comunicación de formación de la conciencia de masas, que nos mantiene alegres y contentos, pero inconscientes. El crimen ha sido perpetrado, sólo hay que esperar las consecuencias. Pero, los reductos de resistencia todavía existen, por ello, la esperanza aún llamea, aunque débilmente.

El fb, como Internet en general fragmenta el discurso, transforma nuestra forma de leer y estudiar. Con ello reestructura nuestra manera de ver el mundo. Más liviana, fragmentaria, epidérmica, caótica. Múltiples intereses, poca calma y escasa profundidad. Cada vez sospecho más que esto de las redes sociales es un invento más del Gran Hermano, un nuevo pan y circo que alimenta nuestra curiosidad insaciable haciendonos creer, encima, que somos más libres. Ahora resulta que las revueltas en Oriente Próximo han sido posibles por Internet y las redes sociales, como si no hubiese habido revoluciones antes en la historia, ¡vamos hombre! Esto es un engaño. La revolución procede de la miseria, la pobreza, la barbarie y la indignación. Y eso es lo que ha ocurrido. Si todos estuviesen entretenidos con las TICs, no pasaría nada. Es la religión de la tecnobarbarie.

Es muy importante el dilema que planteas. Lo cierto es que, como sucede en ética y política, es un dilema, no un problema. En la ciencia tenemos problemas, y estos se resuelven. Pero en filosofía práctica nos encontramos con dilemas y estos no tienen solución definitiva. Pero aventuremos una que tenga una justificación pragmático histórica. Tanto los estados-nación, como los nacionalismos, son construcciones históricas. Su sustrato es una ideología en la que sus habitantes creen. La nación española es un invento, como lo es la catalana. Ahora bien. Los nacionalismos cerrados o excluyentes son aquellos que anulan al individuo. El hombre es un animal social, es en tanto que vive en sociedad. Pero su realidad es la kantiana, la sociable insociabilidad. Eso quiere decir, que hay un resquicio para la individualidad que se expresa en términos de autonomía y libertad, pensar y actuar por uno mismo. Toda ideología que anule al individuo y su autonomía es una forma de totalitarismo. Así podemos aceptar los ideales nacionalistas identitarios sólo en tanto formas ideológico-culturales de identificación e integración, siempre y cuando el individuo decida por encima de esos ideales. El ser humano se hace y se construye en sociedad, pero su valor está por encima de los ideales nacionales. Esa es una de las lecciones aprendidas de la ilustración y de su mayor representante, Kant. Pero eso el filósofo de Könisberg, pensaba en la idea de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. El ideal cosmopolita está asociado a la libertad de los individuos, el de república, a la pertenencia a un pueblo, estado o nación, la libertad liga, por un lado la libertad de los estados, sociedades abiertas, que diríamos hoy en día, y la libertad de cada uno que es en lo que reside su dignidad. De esta forma, lo único que se mantienen como fin en sí mismo, que es la base de la ética, es la persona. Las ideas de nación, no son fines en sí mismo. Si las consideramos así, nos adentramos en el fascismo-totalitarismo, ése fue e error del siglo XIX, en el que calló incluso el marxismo, a pesar de su lucha por la libertad de los oprimidos. Ésa es una de sus paradojas.

Vamos a ver, Antonio. Creo que tienes problemas a la hora de distinguir entre el hombre y las máquinas. Lo que creo es que tu noción de máquina y hombre están ancladas a un paradigma antiguo. El hombre como un ser dotado de finalidad, sus acciones se dirigen a un fin en concreto. Esto es lo que se llama la intencionalidad. Por su parte, la máquina es entendida en la versión dieciochesca. La máquina como un mecanismo de relojería. Ninguna de las dos cosas son ciertas. La concepción de máquina cambia con la concepción de lo que sea la materia y ésta tiene que ver con la nueva física y la nueva biología, así como cono la teoría de la computación. Podemos entender la máquina en términos cuánticos, principio de incertidumbre y en términos bioquímicos, estructuras disipativas. También en términos informáticos o cibernéticos, información. Y, en última instancia, todos los niveles del universo son información, en distinto grado y complejidad, pero información. Es éste otro baluarte que hay que derribar para evitar el antropocentrismo. Los seres humanos no son los únicos dotados de finalidad, voluntad y libertad. Algo de esto existe también en los animales superiores, la diferencia es de grado. Pero no es esto lo que yo quería tratar, éste es otro tema. Lo que entendemos por voluntad humana y su finalidad, hay que acudir a los últimos estudios de las neurociencias, como Llinás o Francisco Rubia o Antonio Damasio, por mencionar a los más importantes y divulgativos, para conocer en qué cosiste el cerebro y cómo desde su distribución bioquímica podemos entender eso de la voluntad, la intencionalidad y la libertad. Se reduce a información. Y, además, desde la teoría modular del cerebro, resulta que esa información actúa como fabulación de situaciones. El cerebro es un gran fabulador, de él emerge lo que llamamos la realidad y nuestra conciencia de ella y de nosotros mismos. El cerebro, por otro lado, es una chapuza de la evolución, por muy mágico y misterioso que sea, pero obedece a la evolución. Se ha ido generando parcheando inadaptaciones, permaneciendo lo más antiguo dentro de lo nuevo, todo lo que el cerebro es capaz de hacer es una adaptación. El hecho de que seamos capaz de construir música y teorías científicas, y pinturas, no es ningún objeto evolutivo, es un efecto colateral. El cerebro evolucionó para sobrevivir. Y el punto de inflexión fue el lenguaje. Y del lenguaje emerge el mundo de la cultura, que constituyen nuestras garras y dientes para la subsistencia. La voluntad y la libertad son mecanismos de supervivencia. Lo de la libertad es muy curioso porque es un anticipo de algo que el cerebro ya tiene decidido. De todas formas la mecánica cuántica también tendría algo que decir aquí.

 

            En fin, que lo que nos diferencia de una máquina, hoy por hoy, son dos cosas, de momento las maquinas cibernéticas están construidas con silicio, nosotros con carbono, en segundo lugar nuestra complejidad es mayor. La cuestión de la complejidad es cuestión de grado, carece de importancia. La cuestión del material, también carece de importancia porque ya se trabaja en la creación de vida artificial, en ordenadores cuánticos y biológicos.

 

            Tu posición es estrictamente antropocéntrica. Tienes que tener en cuenta que, desde el punto de vista evolutivo, lo único que tiene importancia en nosotros es la información genética. Pero sí señalas una cosa importante. Creo que cuando te refieres a que cuando las máquinas piensen o sientan será el fin del Hombre, lo pones con mayúsculas, te refieres al orden establecido. Podría ser. Y entra dentro de las leyes evolutivas. Tenemos tres formas de evolucionar, la natural, que sigue siendo imparable, pero lenta y dos artificiales, por la ingeniería genética que acabaría produciendo a un nuevo hombre más allá del homo sapiens y la evolución de los ciborg, organismos humanos y cibernéticos, una simbiosis. Toda especie tiene su comienzo y su evolución y unas se transforman en otras y no pasa nada.

 

            Ahora bien, hay una cosa que sí me interesa señalar. Aunque seamos información, y nuestra voluntad y libertad se pueda explicar desde ella, eso no implica que la libertad no sea un hecho, desde el punto de vista ético y político. Si pensamos lo contrario estaremos favoreciendo la aparición de totalitarismos de tinte tecnocientíficos al estilo de Un mundo feliz. El hecho de que el sabor de una copa de vino se pueda reducir a información no elimina mi sensación placentera, lo que llaman los filósofos de la mente, los cualia. Pues lo mismo ocurre con la libertad. Pero aquí la cosa es más importante, porque no sólo se trata de mi libertad como sensación y como construcción personal; sino de mi libertad como derecho político del ciudadano. Los regímenes políticos deben respetar esta libertad y fomentarla. No podemos confundir niveles. Y estas reglas tendrían que ser reglas de la robótica también, como los principios de la robótica de Asimov.

¿No somos máquinas? Un robot es información, cualquier ser vivo es información. Lo que recibimos por los sentidos es información que cambia nuestra información interior. Lo que ocurre en nuestro cerebro es que se transmite información química de unas neuronas a otras. Elimina ese antropocentrismo. Otra cosa es que nosotros seamos capaces, por ahora, de crear inteligencia artificial y vida artificial.

Todo sistema totalitario tiened a eternizarse y hacerse omnipresente y considera cualquier alternativa como herejía. Pero recordemos que herejía es pensar de otra manera y no hay forma de dialogar si no se piensa de otra manera. La esencia de la democracia es la disidencia. Todo sistema, por muy democrático que se presente, que elimina la disidencia, por los métodos que sea, violentos o no, es un totalitarismo. Las democracias actuales son un claro ejemplo de ello. El colmo de la opresión y la eliminación de la libertad de pensamiento es cuando se piensa, incluso, que no hay alternativas. Éste último pensamiento es el de la mayoría de la población, prueba irrefutable del estado totalitario en el que vivimos. Vivimos en democracias clausuradas, lo contrario de la democracia que debe ser una sociedad abierta. Pero la apariencia de pluralidad y de libertad de pensamiento es cada vez mayor. Ahora, incluso, con las redes sociales. Falso, toda tecnología amplifica la realidad social material. Las nuevas tecnologías no son el detonante de nada, sólo amplificadores. No nos dejemos engañar con el pan y el circo de las nuevas tecnologías.

            Me ha parecido estupendo tu artículo, Esteban. El asunto de la justificación ética de las acciones políticas es de importancia, sobre todo cuando éstas justifican el colonialismo (genocidio y etnocidio.) De lo que se trata es de pura ideología del poder para sostener su acción ante la ciudadanía. Y, como bien dices, es cuestión que se ha repetido a lo largo de la historia. Podríamos decir que es propio de la condición humana, de ahí tu escepticismo sobre el tema de que en un futuro se pueda llegar a una ética universal. Yo pienso igual, pero considero, al modo kantiano, que la acción política debe dirigirse por la idea regulativa de una ética cosmopolita. Los estados-nación, que aparecen en la modernidad, tiene que dejar paso, sin claudicar de su existencia, eso es imposible y, probablemente no deseable porque abriría las puertas a una dictadura mundial, a una legislación ético-política internacional vinculante, no sólo de buenas intenciones. Creo que el siglo XXI debe contemplar esta posibilidad y creo, además, que es el camino que debemos emprender si intentamos solucionar los problemas globales a los que la humanidad se enfrenta. Si no somos capaces de esto me temo que nos adentramos en una época de barbarie semifeudal. Una época de fascismo de las grandes corporaciones que se dividirán lo que queda del pastel. Un caos civilizatorio, en definitiva. Urge, pues, una salida ética-política cosmopolita y esto sería la antesala de una nueva historia de la humanidad. Pero, a mi modo de ver, todo apunta hacia lo contrario, una época nihilista caracterizada por el fascismo económico y político, la tecnobarbarie, la hiperburocratización, el hiperindividualismo y el hipercnsumo. En suma, el fin de la modernidad y el triunfo de la posmodernidad con su gran engaño. El progreso es contingente y, de la misma manera que conquistamos el concepto de persona y dignidad, hoy en día y, paradójicamente, lo hemos perdido enmascarado de democracia. Y ésa ha sido la justificación ética, la democracia, del imperialismo actual, que no es sólo de EEUU, sino mundial. Algo así como sostienen Hardt y Negri en “Imperio” y “Multitud”.

 

                                   ***

 

            Las revoluciones necesitan de los ciudadanos. Los ciudadanos alcanzan su mayoría de edad cuando su estado de opresión y miseria supera sus fuerzas. Entonces la ciudadanía se transforma en la luz y el poder en la oscuridad. La libertad está de parte de los ciudadanos y el miedo con el poder. El poder es más débil de lo que nos parece, lo que ocurre es que tenemos demasiado miedo y preferimos la seguridad de que todo siga igual. Por supuesto que la ciudadanía por sí sola tampoco va hacia ninguna parte, necesita de organización, de ideas reguladoras, para no caer en la barbarie, el caos y la tiranía. Pero el hecho de que los individuos se echen a la calle es una prueba de madurez y de plantar cara a la corrupción del poder. En Oriente Próximo también se nos está señalando a nosotros con el dedo. Por dos razones, primero porque hemos apoyado los regímenes totalitarios de esos países musulmanes, engañados por el miedo al islamismo y, en segundo lugar, porque aquí, en plena Europa se está desmantelando el estado social ante nuestras narices por parte del fascismo económico y con la cooperación de nuestros representantes políticos y nosotros sin hacer nada. El neoliberalismo está ganando todas las batallas, esperemos y sigamos el ejemplo de lo que es ser un buen ciudadano, que no gane la guerra.

 

Primero. Nadie ha dicho que ocurriesen de la noche a la mañana, pero sí en cuestión de décadas. La democracia, a nivel mundial, no la española, que salió viciada y blindada desde la constitución, para que sea lo que es, lleva en crisis cuatro décadas. Y desde 1970 ya hay modelos sociales y económicos alternativos que tienen que ver con los modelos de crecimiento.

 

            Eso que llamas tan básico, no debe serlo, cuando la inmensa mayoría vota a los dos partidos que no lo quieren porque desde la constitución está resuelto a su favor. Izquierda Unida y UPyD, no son ninguna utopía, sino opciones serias y presentan alternativas. No identifica IU con el comunismo, ni éste con la Unión Soviética. De todas formas el marxismo está anclado en el modelo capitalista. Es necesaria una reforma del mismo que tiene que ver con el ecosocialismo. Éste último implica una regeneración de las relaciones humanas y de éstas con la naturaleza, desde la perspectiva de los límites de la biosfera de la que somos parte necesariamente. Una redistribución de la renta y una redistribución del trabajo. En última instancia una política económica del decrecimiento. Y esto, que no sé si te sonará, pero que no desarrollo, por lo amplio y técnico del asunto, no es ninguna utopía. Entra dentro de lo que llamaríamos una ingeniería social fragmentaria, que es lo contrario de una utopía. En cuanto a UPyD, no presentan una alternativa económica, pero sí democrática que es conveniente tener en cuenta. Esas opciones no son utópicas, son, dadas las circunstancias de engaño, ignorancia y miedo, inviables, de momento. La utopía, más bien, la distopía, es el modelo en el que vivimos que es el neoliberal que tiene a la base un dogma y es el crecimiento ilimitado y que liga éste, imposible de suyo, por el principio de entropía, al desarrollo social y democrático. Otro mito y farsa. El país llamado a sustituir a los EEUU. es un totalitarismo y tiene un ritmo de crecimiento del diez por ciento. El desarrollo económico no implica el desarrollo social y democrático. Ahora bien el desarrollo democrático si implica la redistribución de la riqueza y del trabajo. Es la socialdemcoracia, que no ha muerto como ideología, ni como forma de organización social, sino que frente a ella ha triunfado la ideología del mercado. Y una de las estrategias de éste ha sido sumir en la ignorancia y el hedonismo individualista al ciudadano convirtiéndolo en siervo-señor, mientras que se cree libre, pero es esclavo, al modo de Matrix o de la caverna platónica. Si unimos la socialdemocracia, que no ha muerto, insisto, y que muchos creyeron renacer en el 2008, como forma viable de organización, al pensamiento ecológico que arranca del discurso de Roma de 1970 de “Los límites del crecimiento” tenemos el andamiaje para un modelo social viable y más justo. Y si a esto le sumamos, lo que para mí es de necesidad, una política económica de decrecimiento, esteremos en buen camino. Pero mientras que se siga en esa actitud escéptica-nihilista, y autosatisfecha, porque todavía no nos ha llegado el hambre, entonces la distopía avanza con paso firme. Esta distopía es la utopía de la tecnobarbarie y el progreso y que puede acarrear un colapso civilizatorio. Pero, no pasa nada, no es el primero, pero sí sería el primero global. Acabaríamos, en un decrecimiento necesario en la que el poder estará en manos de las grandes corporaciones que habría ido sustituyendo a la ciudadanía y sus representantes, la política. Por su parte, la población se iría viendo mermada por catástrofes, guerras y epidemias. Todo en cuestión de décadas. Ya llevamos cuatro, y el monstruo empieza a enseñar sus colmillos. El mal radical ha existido en el siglo XX y los ciudadanos, por ignorancia, complacencia, pereza y cobardía lo consintieron. Pero también hubo una resistencia que tuvo su efecto y de la que surgió la socialdemoracia de la que todavía somos beneficiarios (sanidad, educación, becas, pensiones, justicia, redistribución fiscal…), aunque cada vez menos. Insisto, la utopía es la neoliberal, pero vivimos bajo ese sueño. Una joven manifestante en París, el año pasado, sostenía una pancarta en una manifestación que lo dice todo “Queremos vivir como nuestros padres”. La regresión es ya un hecho dentro de la ideología del progreso. El que se sienta a mirar la historia es arrastrado por el ángel exterminador de la misma.

 

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            Antonio, muy bueno tu comentario, lo he leído después de poner el mío. Desde luego que las cosas en la historia de las ideas son de largo alcance. No hubiese habido ilustración sin cristianismo, ni derechos humanos sin un fray Bartolomé de las Casas. Pero la lucha ilustrada, curiosamente, fue contra la iglesia como institución de poder que utiliza el miedo y la superstición para esclavizar. El concepto de progreso no es ilustrado, lo que sucede es que la ilustración lo seculariza. El concepto de progreso viene del cristianismo-judaísmo y su visión de la historia. También en la mentalidad griego ocurre algo similar. Tenemos el mito de la caída, que, también se recoge en el génesis. Y que es la otra cara del progreso. La ilustración seculariza estos mitos y los convierte, desde la razón absoluta, la instrumental que llamaron los franfurtianos, en un instrumento de poder absoluto. Es lo que llamo la perversión de la razón ilustrada. Y, precisamente, el neoliberalismo, con su fin de la historia, muerte de las ideologías y pensamiento único, es la última utopía-distopía, basada en la idea del progreso. Por eso considero que la ilustración es un proyecto inacabado porque se pervirtió en sus orígenes. Y es verdad, precisamente lo interesante ahora, que además niega de plano la ideología neoliberal, es lo que está ocurriendo en oriente próximo y también en Latinoamérica y lo que puede ocurrir en Europa, en Grecia están en ello, como apuntas. La historia no ha terminado, ni se rige por leyes necesarias. Y los ciudadanos tenemos un papel en la misma, a veces incluso de forma directa y anárquica pero con capacidad de autoorganización. Luego la ciudadanía asume las ideas que ya habían sido creados décadas antes y que vienen del fondo de la historia y de las que eran inconsciente porque vivían en un sueño de apariencias. Y es el hambre, la miseria y el atentado contra la dignidad, lo que hace que la ciudadanía tome conciencia. Aquí Marx sigue teniendo razón.

 

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            Rafael, soy filósofo, y considero que la historia es contingente, no adivino o economista, que creen en el destino y las leyes universales de la historia. Lo que pasa es que a las personas les gustan las mentiras piadosas y acomodaticias...somos seres de creencias. Nunca podremos saber lo que nos ocurrirá en el futuro, ni el fin de nuestros días, pero nos gustaría saberlo. Toda la cultura es un intento de llenar este hueco, este sinsentido… Lo que si es cierto es que nuestra muerte y el fin de la humanidad serán hechos consumados algún día. Lo que me preguntas es, precisamente, lo que todas las utopías prometen…la planificación social del futuro. Es necesario desarraigar ese pensamiento de nuestra conciencia.

Ya que hablas de ilustrar, ¿se pensó alguna vez que caería el antiguo régimen y que se proclamarían los derechos del hombre y del ciudadano? ¿Se pensó que se daría fin al régimen esclavista? Mira, el estar sumergido en un pensamiento nos impide ir más allá. Nuestras democracias están secuestradas por un pensamiento único, el neoliberal, del que una gran mayoría participa inconscientemente. Cuando no se ven alternativas es que todo está por hacer. Para empezar, estudiar las alternativas. Cuando se dice que no hay alternativas, desde la comodidad de la ideología y la creencia dominante, entonces es que se está rendido de antemano. En definitiva eso es un triunfo del poder. Algo similar ocurrió en la segunda guerra mundial. Hubo una connivencia de la ciudadanía y de gran parte de la intelectualidad. El poder subyuga, y una de las formas de hacerlo es por la ideología y el miedo. El hombre quiere la libertad pero la vende por un plato de lentejas, prefiere la comodidad, a pesar de perder su libertad.

 

            Pero en nuestra democracia las cosas son peores. El bipartidismo es un efecto de la constitución y de las leyes de partidos y electoral. Son éstas las que habría que cambiar. Los partidos mayoritarios no quieren, pero a gran parte de la ciudadanía sí le interesa. Hay diversos caminos para conseguir esto que nos daría una democracia más sana, pero para ello no hay que quedarse parados y pensar que sólo existen dos partidos. Sólo hay dos alternativas, que en el fondo son la misma, porque nosotros nos lo creemos, existen otras opciones políticas. Y existe la opción política de cambiar a los partidos y a los sindicatos más importantes desde dentro. Pero eso exige la participación en esos movimientos. Hay que afiliarse y cambiarlos desde dentro. Los partidos políticos y los sindicatos, tal y como están establecidos hoy en día, son obsoletos. Tienen los días contados. Urge cambiarlos desde dentro. Si queremos una democracia más plural es requisito indispensable cambiar la ley de partidos y la ley electoral. Los partidos deben ser abiertos, no listas cerradas. Todos deben tener la misma subvención pública. Y hay que prohibir la subvención privada, ése es el fondo de la corrupción y de que los partidos se olviden del pueblo y gobiernen para sus intereses. Hay que eliminar la obediencia de voto e introducir la democracia en os partidos. La ley electoral tiene que tomar como circunscripción electoral a la comunidad, y no a las provincias. Esto nos acercará más al ideal de la democracia, un ciudadano un voto. De la otra forma, se pierden inútilmente cientos de miles de votos. Es una desfachatez. Todas estas cosas las defienden algunos partidos. Pero es que, además, es de sentido común, y deberían defenderlos los mayoritarios, pero estos gobiernan para sí mismos. No los votemos, simplemente. Voto en blanco. Desobediencia de la ciudadanía. El poder tiene miedo a las concentraciones, la desobediencia civil, las huelgas, la abstención, el voto en blanco. Todo eso está en nuestras manos. También se pueden hacer agrupación de electores que pongan zancadillas a los partidos mayoritarios. En definitiva, hay que implicarse. Se pueden hacer cosas, primero informarse, después actuar. Pensar que no hay alternativas, cuando estamos en una fase final de la democracia es haber sucumbido al engaño y la pereza. La democracia, y la nuestra en particular, exigen de una renovación desde sus fundamentos. El poder ciudadano no puede ser menospreciado. Los gobernantes nos temen. Eso es lo que está ocurriendo en Murcia, lo que ha ocurrido en Extremadura, lo que sucede en el próximo oriente. Si no vemos alternativas somos peones en manos del poder, hemos claudicado y nos hemos vuelto cómplices.

Muchas gracias amigos y compañeros por sus comentarios. Creo que han desarrollado muy bien y con sugerencias de provecho el tema que se exponía en el artículo. He aprendido de vuestras aportaciones. Jesús, efectivamente el saber clásico ha sufrido una entropía en manos de la tecnocracia actual, sobre todo cuando nos referimos a la pedagogía. Raus, cada vez pienso más en el asunto de Platón. Me gustaría leer tus sugerencias, la verdad es que la democracia nos lleva a un callejón sin salida, como bien observó Platón. Pero su teoría, por muy bien intencionada que fuese, caía en un totalitarismo que anulaba al individuo. Platón nunca creyó en él. Ya sé que el ciudadano es una construcción social y que procede, fundamentalmente, de la ilustración, y que, probablemente, no todos quieran esa carga. En tanto que ciudadano significa ser autónomo y libre. Pero es preferible un estado de derecho a una tiranía. Además, la actual sociedad es bastante similar al estado platónico. Lo que se da es un gobierno tecnocrático, tanto a nivel económico, como pedagógico. Las elecciones no son más que pura transición. Pero, de todas formas, estamos en un estado de derecho, no realizado, por supuesto, pero ahí está. De todas maneras, insisto, en que sigo dándole vueltas a lo de Platón, porque, en definitiva, el hombre necesita de mitos para sobrevivir. La sociedad platónica se basa en el mito de la caída, la nuestra en el del progreso. Dos caras de la misma moneda. Atticus, muy interesantes tus reflexiones. La filosofía es un saber práctico y, en tanto que tal, un saber del arte del buen vivir, pero no se queda ahí. Efectivamente, el saber filosófico es un saber transformador. Y eso es muy relevante. Si entendemos la filosofía de un modo genérico, como un saber cosmológico, o como cosmovisión, ello implica que esa visión general del mundo y de la vida produce una actitud ante la realidad y esa actitud, una forma de valorar que implica, siempre una acción. Por eso es necesario estar vigilantes, porque hay muchas filosofáis peligrosas que han generado totalitarismos. Hoy en día vivimos bajo la capa del posmodernismo, falsa filosofía y peligrosa en manos del poder. Lo pero es cuando las filosofías se convierten en ideologías del pueblo y se hacen inconscientes. Ése es el caso del posmodernismo en las sociedades tardocapitalistas. Por eso es necesario el saber filosófico como saber transformador de la realidad. De ahí que al poder le interese descafeinar el saber histórico y el filosófico. Son enemigos potenciales y peligrosos para el poder. Por eso, Maximiliano, a la dirección de los centros educativos y a la inspección, les suena a chino este tipo de discursos, incluso pueden hacer hasta burlas de él. No tienen ni idea de todo esto. Sólo desde su ignorancia prepotente pueden defender lo indefendible, que no es ni más ni menos que lo que están haciendo. Mariano, por esta razón no lo entienden. Lo curioso es que su realidad es delirante y, desgraciadamente vivimos todos instalados en ella. Y esto es un grabe problema, los tecnócratas que nos gobiernas se recluyen en una apariencia de saber y manipulan los contenidos, casi hasta extinguirlos, para fomentar la ignorancia. El saber histórico-filosófico cobra mayor importancia mientras más cerca estamos de la crisis y mientras más cerca estamos de la quiebra de nuestra civilización. Y esa es nuestra situación. El saber histórico filosófico, como la historia de la ciencia o de la literatura, es un saber de autoconciencia que nos permite recuperar lo universal de la humanidad y que nos hace darnos cuenta de que no hay nada nuevo bajo el sol.

 

            Maricruz, hay que defender las humanidades, efectivamente. Pero yo hablo del espíritu humanista. No creo en la separación entre el saber humanístico y el científico. Esto no es más que una artificialidad burocrática que ha producido monstruos de dos cabezas. Lo de las dos culturas, no es más que un mito. El surgimiento del saber moderno en el Reacimiento nace desde el ideal humanista que contempla a un hombre completo. Es cierto que la especialización impide el cultivo de diversos saberes, también es cierto que cada cual tiene cualidades para ámbitos distintos. Pero la especialización es cosa posterior en la educación. En la enseñanza media debe haber una presentación de todos los saberes, fundamentalmente desde su dimensión histórica, que es donde cobran sentido. Es una cosa que me ha enseñado el estudio y la enseñanza de la historia de la ciencia, tanto a los alumnos de ciencias, como a los de humanidades. En la enseñanza media hay que evitar, en todo lo posible, la especialización. Otra cosa, con la LOGSE-LOE, no han salido perjudicadas sólo las humanidades, sino las ciencias puras también. Y esto es porque a los legisladores no les ha interesado un saber por el saber, sino un saber hacer. La última prueba la tenemos en las competencias, el no va más de la tecnobarbarie.

 

            Efectivamente, Francisco Javier, el siglo XX ha arremetido contra la razón y ha caído en el nihilismo. Lo cual ha favorecido la aparición de los fascismos. El posmodernismo es otra forma de nihilismo que vivimos contemporáneamente. Por eso estamos asistiendo a una emergencia del fascismo, ya estamos instalados en el económico y nos situamos en la antesala del político. Por eso urge recuperar la razón y el pasado. Y por ello pienso que la ilustración es un proceso inacabado. Es atacada por los dogmáticos de la fe y por los nihilistas de la razón.  Emilio, efectivamente, coincido con su análisis, todo este proceso, creo, que obedece al pensamiento débil. Al pensamiento políticamente correcto. Una falsa filosofía que se ha convertido en tiranía. En el lenguaje del gran hermano que estructura nuestro pensamiento y cuadricula nuestra visión de la realidad. Insisto que por eso es necesario recuperar los análisis teóricos e históricos, para recuperar una buena perspectiva y para poder ejercer la crítica desde sus fundamentos, con la intención de que nuestro saber sea un saber transformador. Claro que sí, podemos sustituir, persona por ciudadano. Digamos que persona es una categoría filosófica, mientras que ciudadano es social. Pero realmente, son lo mismo, lo que se conquista en la ilustración es que los individuos sean ciudadanos, hombres libres, desde el punto de vista del sujeto (pensar, expresarse y creer en libertad) y desde el punto de vista social (actuar en la polis conforme a nuestras creencias.) Una cosa si me gustaría matizar, la persona es tal, o el ciudadano, en tanto que es sujeto de respeto, no es instrumentalizable. Ahora bien. Aquí hay que tener cuidado, el respeto es hacia las personas, no hacia sus opiniones. Las opiniones y creencias, así como las ideas, están sujetas al debate público. Muchas de ellas pueden ser peligrosas para la polis y, por ello, no se pueden respetar. La posmodernidad ha confundido el respeto a las personas con el respeto a las opiniones; eso es una consecuencia del relativismo. Y aquí viene también al caso, como muy bien sugiere Juan Poz lo de la cosificación. La posmodernidad, y nuestro sistema particular español, ha trivializado a la persona convirtiéndola en instrumento. Creo que debemos atender muy seriamente a las consecuencias de esto, como señala Juan.

 

            En fin, muchas gracias a todos por vuestro enriquecedores comentarios. Creo que tenemos varias ideas para seguir profundizando en ellas. Saludos.

 

Virtud y libertad. Aristóteles y Kant. Una nueva enseñanza.

 

            Como ya he señalado en muchas ocasiones las teorías pedagógicas cometen errores de bulto fundamentalmente debidos a su afán de cientificismo y por su contaminación del pensamiento o ideología posmoderna. Creo que es necesario recordar a los clásicos para no perder el norte. Los tiempos modernos, que valoran la hipermodernidad como verdad absoluta, menosprecian el pasado e idolatran al presente y el porvenir. Son los nuevos dioses posmodernos, pues el hombre no vive sin mitos. Y el posmodernismo ha producido los suyos. Busca el paraíso en un eterno presente de autosatisfacción, indiferencia, disfrute hedonista egocéntrico y demás entelequias del individualismo antisolidario y, más aún, antihumano. Por eso es necesario recuperar el humanismo, porque éste piensa al hombre desde la categoría de lo universal. Como decía Terencio, no lo olvidemos, hombre soy y nada de lo humano me es ajeno. Esta universalidad es la que niega el posmodernismo desde su relativismo subjetivista que, paradójicamente, no salva al sujeto, sino que lo condena a la individualidad; es decir, a un paso de la instrumentalización objetiva. A medida que avanzamos en esta sociedad hipermoderna, hipercapistalista, hiperconsumista, hiperdesarrollada…, retrocedemos en humanidad. En realidad no existe ningún avance, salvo el que se dirige hacia la barbarie. Una barbarie fascista que se nos impone desde las reglas sacrosantas del mercado y desde una democracia tutelada económico-políticamente. Todo desde el mito del progreso. A la barbarie en nombre del progreso. Todo paso adelante en esta dirección es un paso atrás. Por esto, y mucho más que en otra ocasión contaré, es necesario recuperar a los clásicos y su saber. Y más sabiendo que el hombre es universal, tanto espacial como temporalmente. El olvido del pasado debido al fervor entusiasta del presente nos precipita en la ignorancia, en un infantilismo ingenuo, pero grotesco, porque el pasado está ahí, no lo podemos olvidar. Nos empeñamos en borrarlo creando una especie de nuevo pensamiento que no es más que ideología para el pueblo, alimento mediático para vaciar las conciencias y eliminar la acción. Alimento para entretener, mientras los privilegiados se reparten el mundo.

 

            Hay dos grandes éticas en la historia de occidente, que se suelen presentar como contrapuestas, pero que no lo son tanto. Creo que las dos se pueden complementar y nos pueden aportar un poco de luz sobre los pilares ético-filosóficos de la educación. Estos discursos éticos son los de Aristóteles y Kant. Empecemos por el griego. Aristóteles es el primero que distingue la ética de la política. También, frente a Platón y Sócrates, considera que la ética no es un saber científico, si no un saber práctico. El saber sobre la acción humana y sus fines. Ya tenemos aquí una enseñanza fundamental. El discurso que versa sobre los actos humanos que tienen que ver con la ética y la política no es un saber necesario, científico, si no un saber práctico. Nota para los engreídos psicopedagogos, el padre de toda la ciencia antigua saca del saber científico, tanto a la ética como a la política, así como a la técnica y los saberes poéticos. El afán cientificista de los psicopedagogos ha convertido al hombre en objeto, instrumento; uno de los males de la pedagogía actual como ya hemos analizado en otro lugar, fundamentalmente en “La perversión de la razón ilustrada”. Ya Aristóteles sabía que cuando hablamos de la acción humana, hablábamos del ser posible. La acción humana se dirige a fines, a realizar su propia finalidad, que no es ni más ni menos que la felicidad y la justicia. Es importante señalar que, el viejo Platón consideró a la ética igual que la política, identificación de ambos discursos, pero, además defendió, lo que se ha dado en llamar el intelectualismo moral o platónico-socrático. Y éste viene a sostener que la virtud, objeto de la ética y la política, se aprenden, es decir, que no tienen que ver con la acción, sino con el conocimiento. Y al poderse aprender su ejercicio depende de su conocimiento. La virtud es una conquista intelectual. Éste argumento estuvo muy bien para intentar refutar al relativismo de los sofistas, similar al posmoderno, sólo que éste está amplificado por los medios de comunicación de masas. Pero venía con una carga del diablo. En definitiva una paradoja o un dilema para toda la humanidad. Y digo esto porque Platón, basándose en lo comentado anteriormente sumado a otras cosas más que no es el lugar aquí de comentar, llega a una concepción totalitaria del estado. Es decir, el gobierno debe ser, según Platón, para negar la validez de la democracia, el de los mejores, pero los mejores son los sabios. Los sofistas, ni siquiera saben que no saben, están instalados en sus discursos teóricos, el pueblo, es dúctil y se amolda al discurso demagógicos de los poderosos. Por eso la democracia es un gobierno injusto, porque es el gobierno de los ignorantes y demagogos, aquellos que siguen sus pasiones. El remedio es que el gobierno sea el de los sabios, los que conocen la virtud. De ahí que Platón considera que la virtud se puede aprender como aprendemos el teorema de Pitágoras. Pero si esto es así, se legitima el totalitarismo. Una sociedad comunitarista en la que el individuo se reduce a función del estado. Y la enseñanza está en manos de esos expertos que son los filósofos gobernantes. Les suena esto, ¿no? Es lo mismo, pero sin la profundidad platónica y las grandes verdades que nos encontramos en su obra, que ocurre ahora mismo con el poder de los tecnócratas, en nuestro caso, los psicopedagogos.

 

            Pero volvamos a su discípulo Aristóteles. La ética se ocupa de la acción humana y la acción humana se dirige a la conquista de la felicidad. La felicidad, por su parte, consiste en la virtud. Pero ésta ya no se puede aprender, debe ser objeto de la praxis, es decir, de la práctica y el ejercicio. La virtud, decía el filósofo, es la elección del justo medido. Medio que se da entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. Los vicios son las pasiones que zarandean al alma, que la dirigen de un lado a otro arbitrariamente. Cada cual, como por supuesto, no somos iguales, tiene ciertas tendencias, ciertos vicios particulares. El vicio, al ser una pasión, nos dirige. Si actuamos conforme al vicio, que es nuestra naturaleza, a mi me gusta decir que es la entropía del alma, entonces somos esclavos. El cobarde es esclavo del miedo, el temerario es esclavo de su inconciencia. La virtud del justo medio, el valor, la valentía, es ser capaz de elegir entre estas dos pasiones que arrastran al alma. Pero si el alma se ve arrastrada, o bien por la temeridad, o bien, por la cobardía, el intelecto, la parte racional del alma, la voluntad, aquello que los cientificistas perdieron porque es un inobservable, tiene que esforzarse por resistirse a esa pasión. Lo fácil es dejarse llevar por el miedo y quedar paralizado por la inacción, lo difícil es actuar. Ser valientes. La valentía no elimina el miedo, lo domina, que no es poco. El valiente, el héroe, no es inmune al miedo, es más fuerte que su propio miedo. Está por encima de él. Por eso la virtud en latín es fuerza. Para alcanzar la virtud se requiere fuerza, un ejercicio continuado, un esfuerzo. La conquista de la virtud es similar a la práctica deportiva, no se consigue de buenas a primera, no es ningún don, no se produce por motivación, ni jugando. Sino echando toda la leña en el asador. Es decir, en nuestra vida. Nunca seremos valientes si no nos ejercitamos en ello. Pero, nótese también, que la virtud en griego es excelencia. El que consigue un comportamiento virtuoso está por encima de la mediocridad, de todos aquellos que se someten al vicio, a la entropía del alma. Pero, si el vicio esclaviza, la virtud libera. Esto nos lleva a una idea muy interesante. La virtud es el camino hacia la libertad. La libertad no consiste en hacer lo que me de la gana, eso es el capricho; es decir, estar sujeto a las pasiones, esclavitud. La virtud al dominar las pasiones me libera del vicio y, redundantemente, me hace libre. Mi libertad es el dominio de la pasión, el sobreponerme por encima de mi mismo, de mi tendencia al desorden. Pero, claro, para ello, necesito del esfuerzo, de la práctica continuada. Hasta que esta práctica se convierta en una costumbre un hábito. Entonces seré plenamente virtuoso y viviré instalado en la libertad. Si nos damos cuenta, éste es un discurso absolutamente contrario al que mantiene la pedagogía actual con su teoría de la motivación y el juego, con la teoría constructivista y, la última moda, la inteligencia afectiva. Todo esto no son más que cortinas de humo que lo que intentan ocultar es una perpetuación de un poder absoluto y omnimodo sobre los ciudadanos. Si los ciudadanos no conquistan su libertad, son perfectamente domesticables, por eso el posmodernismo, y la ideología política que lo apoya, son profundamente contrailustrados, en definitiva, un fascismo. Lo que pretenden es anular a la persona y convertirla en objeto, instrumentalizarlo. Pero un objeto sumamente maleable, indiferente e inconsciente y exento de voluntad, profundamente adaptable, de esta manera será perfectamente domesticable. La enseñanza, junto con los medios de desinformación y reconstrucción de la persona, son los vehículos que nos llevan hacia este nuevo fascismo que ya asoma peligrosamente sus colmillos. El neolenguaje que han creado, y el pensamiento aparejado a él, están haciendo casi imposible la crítica. Eliminan la posibilidad de la disidencia. Y no hay democracia, libertad ni dignidad sin la posibilidad de la disidencia.

 

            Volviendo a Aristóteles lo que habíamos visto es que la conquista de la virtud necesita de la voluntad y el esfuerzo y que esto me lleva a la libertad. Esto último lo he añadido yo. En los clásicos no existía este discurso sobre la libertad, pero está hay, sin ser nombrado. Pero es que, además, es lo que me sirve de puente de unión del pensador antiguo con el ilustrado Kant. La ética kantiana es una ética del deber. No es una ética material como es el caso de la aristotélica. No tiene contenido. La acción debe dirigirse al cumplimiento del deber. Y el deber es cumplir con la máxima moral universal, lo que se llama técnicamente el imperativo categórico. Expongo aquí dos formulaciones. 1. obra siempre de tal forma que tu máxima moral pueda convertirse en principio de acción de cualquiera. No se nos dice lo que debemos hacer, sino que aquello que debemos hacer, lo haría cualquier otro. La pretensión de Kant es crear una moral universal. Pero no entramos aquí en esta discusión técnica. Lo que a nosotros nos interesa es sacar conclusiones de todo esto y ponerlo en relación con Aristóteles y su concepto de virtud y con la enseñanza. 2. obra siempre de tal forma que considere a los otros como un fin en sí mismo. Esta formulación es mucho más sugerente que la anterior. Lo que nos viene a decir es que el hombre es tal porque es un sujeto, persona, dotado de dignidad. Su dignidad consiste en que su vida en un fin en sí mismo, que está sólo en sus manos, autonomía, libertad. Kant identifica la libertad con la autonomía. Y en tanto que el hombre es persona, sujeto de dignidad, no pude ser instrumentalizado; es decir, tratado como objeto. Hay que advertir aquí que toda forma de poder totalitario es una forma de violar esta máxima moral universal. Es decir, es una forma de objetualizar e instrumentalizar a las personas. El poder lo que persigue es que los “ciudadanos” dejen de ser tal y se conviertan en siervos. Precisamente la ilustración consistió en el camino contrario. (Independientemente de los logros y fracasos de la misma.) Y ese camino contrario se lleva a cabo de la mano de la libertad en tanto que autonomía. Y en ello entramos ahora. Pero advirtamos también antes que nuestras democracias dirigidas por un pensamiento basado en la razón instrumental, una perversión de la ilustración, pretenden objetivar al hombre. De esta manera podemos entender el discurso político que defiende las supuestas ciencias pedagógicas. Estos conocimientos lo que hacen es convertir al hombre en objeto intercambiable, eliminan el concepto de fin en sí mismo y, con él, el de persona.

 

            La virtud era esfuerzo y nos liberaba de la pasión, en una palabra, nos hacía libres. En Kant la libertad es el cumplimiento del deber. Pero esto también requiere su esfuerzo. Aquí hay también, como hemos comentado ya, un añadido, el respeto al otro como otro yo. Mí ética, así como la acción política, no puede violar el hecho de que el otro es un fin en sí mismo, en tal caso seré un inmoral. E, incluso, si anulo absolutamente la persona del otro seré un tirano, en esto consiste el mal radical del que tenemos buen ejemplo en el siglo XX. De nuevo la libertad se alza a través del esfuerzo. Y esto se entiende mejor si ligamos el concepto de libertad con el de autonomía e ilustración. Para Kant la ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Esta autoculpabilidad consiste en la comodidad y la pereza. Es más fácil que otro piense por ti, es más fácil obedecer que actuar. De nuevo las pasiones son las que nos esclavizan. Pero Kant considera que la ilustración se consigue por el conocimiento, no cae en el intelectualismo platónico, sino que relaciona, conocimiento con libertad. Y ya tenemos los tres pilares: voluntad, conocimiento y libertad (autonomía). Kant considera que la ilustración es atreverse a pensar por uno mismo. Y éste pensar por sí mismo –para lo cual hay que vencer a la pereza y la comodidad- nos libera de la obediencia al otro. Es decir, es la base de la autonomía. Conocer es vencer el poder de la superstición. El poder se mantiene en tanto que el pueblo, o los ciudadanos, no son capaces de pensar por sí mismos, sino que obedece sumisos a los dictámenes que del mismo poder emanan. Pensar por uno mismo es disentir, enfrentarse al poder. Y esto es virtud, en tanto que fuerza y excelencia. Pero, como vemos, toda la corriente pedagógica actual pretende, aunque su discurso está plagado de palabras rimbombantes como libertad, democracia…, que ya han perdido su valor por su mal uso, es lo contrario de la ilustración. No pretenden que los futuros ciudadanos sean libres y autónomos, ni virtuosos. Pretenden que sean domesticables, sumisos. Por eso los tratan como objetos, por eso dicen practicar una ciencia en la que la ideosincracia personal desaparece. Y los métodos son maquinales, la estimulación, el juego, el entretenimiento. En definitiva, los mismos que utilizamos para la domesticación de cualquier animal, incluido lo de la intelgenca afectiva. ¿Quién no sabe que para convivir con un perro no es necesario la afectividad, pero, no lo olvidemos, también la disciplina? Se pretende olvidar el esfuerzo, porque éste nos hace libres y la libertad es la disidencia. De lo que se trata es de que el pueblo sea tal, masa o señoritos satisfeho en lenguaje de Ortega siempre certero en estos análisis, y no ciudadanía. El poder dirige al pueblo a través de la educación y lo intenta convencer de qué es lo mejor para él. Para todo ello ha creado toda una ideología, con tintes científicos, que son la superstición de nuestro tiempo. Tras la muerte de dios hemos inventado otros ídolos a los que rendimos culto. Pero la ilustración, en tanto que libertad, es la lucha contra la superstición. Por eso nuestro deber es desenmascarar todo este mito que nos ahoga, nos asfixia y nos despersonaliza.

Saramago. In Memoriam.

Por Juan Pedro Viñuela

 

En este 2010 ha fallecido el insigne escritor portugués y Nobel de literatura, José Saramago. Sirvan estas breves palabras y algunos de sus pensamientos como recordatorio del que fue un escritor que nunca separó, pues no puede ser de otro modo, la estética de la ética. Un escritor comprometido con la humanidad. Un hombre pesimista sobre la condición humana, pero lleno de vitalidad y esperanza. Saramago es el ejemplo de intelectual que aún puede sobrevivir en nuestro tiempo. Cuando se dice, interesadamente, porque se pretende mantener el relativismo posmoderno, la comodidad, la indiferencia y la falta de sensibilidad, que los intelectuales han dejado de tener un lugar en el mundo. No es cierto, y la muerte de Saramago es un ejemplo de la pérdida de un intelectual. Un hombre de ideas y sentimientos. Un hombre de compromiso universal. Su horizonte es la humanidad y su meta la justicia social. Un hombre que no está subordinado a ningún tipo de poder, que es crítico con el poder en cuanto tal. Un pensador y artista que pretende cambiar el mundo con sus palabras. Que las palabras, piensa, tienen un sentido revolucionario. Y que la revolución es un pequeño cambio y que empieza por la toma de conciencia. Saramago es todo esto y mucho más. Por eso es un intelectual. Un hombre incómodo para el poder. Un hombre, coherente y consistente. Sin medias tintas, ni tibiezas. Un hombre que se arriesgaba con sus palabras, que, incluso, pudiendo estar equivocado, a veces, pero siempre abierto al aprender. Un hombre de sorprendente imaginación y creatividad que las pone al servicio de la humanidad. Porque el artista, el intelectual, digo yo, se debe al pueblo. No es el pueblo el que le debe a él. Su sentido y su existencia están abocados a la humanidad. La actividad intelectual y artística, cuando pierde este norte se convierte en narcisista, en vanidad de vanidades y, en última instancia, en bagatelas.

 

            Saramago nos sorprendió con sus grandes noveleas, con sus ensayos y declaraciones. Con su compromiso político inquebrantable. Muestra de una honestidad y honradez fuera de toda duda. Cuando todos huyen, Saramago se mantiene en pie, incombustible, haciendo gala de una entereza radical. Sigue siendo comunista, cuando cae el muro de Berlín, y veinte años después. Cuando toda la izquierda cobarde ha dimitido. Saramago supo aunar la impronta ética del marxismo, su ideal de justicia, libertad e igualdad, con los ideales éticos de la democracia. Y son esos ideales, que proceden de una izquierda radical, no extrema, que eso es otra cosa, los que le permiten criticar la democracia realmente existente. Una democracia que no es más que una fantasmada, una ceguera, como nos viene a decir en Ensayo sobre la ceguera. Una farsa en la que los políticos engañan al pueblo, mientras bailan al son de los mercados. Por eso, el intelectual es una voz crítica, una voz ética, dirigida a la conciencia del pueblo. Una voz que intenta desenmascarar los engaños del poder. Saramago sabe todo esto. Y sabe que la democracia ha perdido sus valores éticos que proceden de la ilustración, que el único valor es el del dinero y el éxito, la lucha egoísta de todos contra todos. Pero, al no renunciar al discurso de izquierda radical, a su impronta ética, aquel legado del Manifiesto comunista de Marx, revitaliza la democracia con esos ideales éticos que la izquierda realmente existente, al claudicar frente al neoliberalismo y al pensamiento único, han tirado por la borda.

 

            Su discurso se dirige contra los mitos que el poder ha ido formando para dominar al pueblo, ya sean religiosos o políticos. Su crítica a la religión es inmisericorde, como lo es a la política. No debemos olvidar esa magnífica obra que es el Evangelio según Jesucristo, en el que se nos muestra a un Jesús de Nazaret humano, demasiado humano. Una obra que desmitifica al cristianismo, pero que acerca a la humanidad. Jesús deja de ser un mito y se hace humano. Lo importante es la ética, no la dogmática. Igual sucede en su penúltima obra, Caín: una burla irónica de la verdad de las escrituras.

 

            Mi primer encuentro con Saramago fue a través de Ensayo sobre la ceguera. Lo leí casi de un tirón. Y me dejó literalmente obnubilado. La impresión que dejó en mi alma fue para siempre. A partir de ahí me fui haciendo con su obra anterior y fui siguiendo sus nuevas publicaciones con puntualidad, hasta la última, El viaje del elefante. Todos sus escritos son grandes metáforas de la realidad social y humana. Son historias que van más allá de la trama, pretenden señalar hacia algo. Y hacia ese algo al que apuntan es donde encontramos su mirada ética y política de la realidad humana. Ensayo sobre la ceguera es una construcción que viene a simbolizar la ceguera paulatina de la población. Una ceguera sin causa que se va contagiando a todo el mundo. Es la ignorancia del pueblo frente al poder. Pero es también su impotencia. Como contrapunto escribe, pasados unos años y con diversas obras de por medio, como La caverna, La balsa de piedra, Ensayo sobre la lucidez. En esta última, de repente el pueblo reconquista la lucidez, se enfrenta al poder, pero el poder lo sitia. El final es dramático, sino trágico. El pesimismo de Saramago sobre el mundo en el que vivimos se hace notar. Aunque él no deje de luchar porque podamos construir un mundo mejor. Sería necesario alcanzar una masa crítica para poderse enfrentar al poder y producir algún cambio. Pero si la inmensa mayoría vive instalada en la ceguera que el poder ha creado para ellos, la salida es imposible. La injusticia se irá extendiendo frente a la ceguera de la población. Iremos admitiendo, sin ver, el totalitarismo que desde, la así llamada democracia, se nos impone. La caverna es una obra también apasionante. Precisamente éste lugar viene simbolizado por una gran ciudad hipermoderna, en la que tenemos todo, pero de la que somos esclavos. Una ciudad como un gran centro comercial. La libertad está fuera, en no depender en nada de esto. Pero el sentido de la historia es la eliminación del mundo exterior. Es como si nos adentrásemos por nuestro propio pie y voluntad, en la caverna. El engaño está consumado. El progreso de la humanidad fagocita otras formas de existencia, como le pasa al protagonista de esta obra. En fin, una crítica al progreso y la tecnobarbarie, ese nuevo mito de la modernidad. La obra de Saramago es imprescindible para entender este mundo en el que vivimos. Una obra hecha desde la estética, la mejor estética, pero sin perder de vista la ética, lo que debe ser un intelectual. Una obra comprometida y en diálogo con el poder. Un pensamiento dirigido contra los mitos, contra la vanidad humana, contra las miserias más humanas, pero que nos hacen humanos. Una escritura, la de Saramago, puntillista y puntillosa. Excelsa y excelente, en una palabra.

 

Pensamientos.

 

En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona

 

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar

 

Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes

 

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro

 

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir

 

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

 

Si las conociéramos, las cosas del cielo tendrían otros nombres.

 

La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.

 

Sí, soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es.

 

Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso.

 

No encontró respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible.

 

El éxito a toda costa nos hace peor que animales.

 

Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda.

 

El bien y el mal no existen en si mismos, y cada uno de ellos es sólo la ausencia del otro.

 

Es mentira que el Nobel sirva para fomentar la literatura del país al que pertenece el galardonado. Para lo único que vale es para engrosar la cuenta corriente del autor.

 

La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad.

 

Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.

 

Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo.

 

La mejor manera de defender los secretos propios es respetando los ajenos.

 

El tiempo no es una cuerda que se pueda medir nudo a nudo, el tiempo es una superficie oblicua y ondulante que sólo la memoria es capaz de hacer que se mueva y aproxime.

El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.

Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

Soy un comunista hormonal.

El poder lo contamina todo, es tóxico. Es posible mantener la pureza de los principios mientras estás alejado del poder. Pero necesitamos llegar al poder para poner en práctica nuestras convicciones. Y ahí la cosa se derrumba, cuando nuestras convicciones se enturbian con la suciedad del poder.

¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

Es un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal vez porque la cosecha ya esté madura y es la hora de la siega...

Ahora, no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.

El nombre que tenemos sustituye lo que somos: no sabemos nada del otro.

Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos

 

Ciorán. En los cien años de su nacimiento.

 

            Se cumplen cien años del nacimiento de Ciorán. Como recordatorio de uno de los filósofos escépticos del siglo XX, se me ha ocurrido releer una de sus obras. No precisamente de las más conocidas, como son En las cimas de la desesperación o Ese maldito yo. Se trata de Historia y utopía. Una obra absolutamente imprescindible en la que se analizan los conceptos de historia y utopía desde el escepticismo, pero, como siempre, en el caso de Ciorán, con una carga ética y política. La obra me parece de una gran actualidad, porque, en definitiva, lo que realiza es una crítica a los conceptos de historia y utopía, desde la idea de progreso. Y la crítica que hace a ésta se basa en la crítica a la religión cristiana, la crítica a los mitos y la necesidad que el hombre tiene de creencias y de mitos; es decir, de autoengañarse.

 

            La relectura de esta obrita me ha recordado cuales pudieron ser los indicios de mi actual pensamiento. Y, curiosamente, cómo han coincidido, desde una racionalización que he ido haciendo posteriormente, con las máximas de Ciorán. Es curioso como el pensamiento va trabajando a nivel inconsciente. Cómo aquello que leíste hace décadas y que causó un gran impacto se va, poco a poco, materializando en tu visión del mundo. La primera vez que leí está obra, como todo Ciorán, me pareció sorprendente. Me sentí tremendamente identificado con su pensamiento. No en vano era un escéptico, como lo había sido yo siempre y lo sigo siendo. Es eso que te ocurre a veces cuando lees o escuchas a una persona con la que te sientes tremendamente identificado y nos decimos: eso era lo que yo pensaba, pero nunca lo he llegado a decir. Incluso las obras más duras de Ciorán, En las cimas de la desesperación o Ese maldito yo, me hacían reír, por esa coincidencia y porque yo tenía un barrunto de ese pensamiento en mi alma, además de haber cabalgado, a mi manera, sobre esas cimas, y la situación se me antojaba graciosa. Pero nunca había llegado a expresar esos pensamientos. Digamos que vieron la luz a la par que descubría la obra de Ciorán. Dicho de otra manera, la obra del autor rumano me trasladó al interior de mi pensamiento, hizo consciente lo que bullía en mi interior y no acababa de explicitarse. Pero mi talante, no ha sido el poético, como es el caso de Ciorán, sino el de filósofo racionalista crítico. Yo he optado por la argumentación, no por la literatura. Aunque las ideas de Cioran sean filosóficas sus escritos son obras literarias, más que filosóficas. Nunca ha sido ése mi estilo, por más que me guste leerlo. Yo necesito de la argumentación. Por eso una segunda lectura, de Historia y utopía, en este caso, me ha sorprendido de nuevo, pero desde otra perspectiva. Durante quince años he ido trabando un discurso racional y crítico de la historia, el progreso y la utopía, que no es más que una racionalización del pensamiento de Ciorán. Con argumentos sesudos, con pruebas, partiendo de una idea limitada y revisada de razón ilustrada, desde el escepticismo, pero sin perder la esperanza en un futuro mejor. En definitiva, con escepticismo, pero con vitalidad, como le ocurriera a nuestro filósofo adoptado por París y que adoptó, él mismo, la lengua de los ilustrados para escribir. De nuevo, la relectura del autor ha servido como un revulsivo. A pesar de irme diciendo en cada momento, esto ya lo sé, esto ya lo sé. Me voy viendo casi veinte años atrás leyendo con pasión este libro y, como, a partir de entonces, he ido elaborando todo ese discurso que no es más que una reconstrucción racional del pensamiento de Ciorán.

 

            La historia no tiene ningún sentido. El invento del sentido de la historia procede del mito cristiano de la caída y de la redención. El hombre como ser que puede salvarse. No existe, ni salvación individual, ni colectiva. La historia no está fijada. La idea de un fin de la historia, de un sentido, de un progreso es la idea de la historia de la humanidad como historia de la salvación del hombre. La muerte de dios, que comienza a anunciarse en la ilustración y que, después, se materializa en las filosofías ateas del XIX, acaban con la idea de historia. Si dios ha muerto, nada tiene sentido, ni la historia, ni la moral, ni la política…nada. El escepticismo nos lleva al nihilismo  de Schopenhauer o al vitalismo de Nietzsche que sólo afirma la voluntad de poder, el ser individual irrepetible del acto creador, la transformación del camello en niño. Pero igual que llegamos al ateísmo y sus últimas consecuencias, también se produjo un fenómeno de huída o escape ante este vacío antropológico y ontológico. La huída consiste en la aparición del pensamiento político utópico. Y en esto consisten los historicismos que hunden sus raíces en la visión cristiana de la historia y en la idea de progreso, íntimamente ligadas. Pero la idea de progreso se alimenta, a su vez, del espejismo ilustrado de la equiparación entre progreso tecnocientífico y progreso ético-político. La idea de historia del cristianismo en la ilustración se seculariza y se le añade el optimismo ilustrado del progreso. Y eso es lo que heredará todo pensamiento utópico político del futuro. El historicismo y la creencia en la idea del progreso. La historia se rige por leyes necesarias que marcan un principio y un final. La historia tiene sentido. Pero entre el principio y el final hay un progreso hacia algo mejor. El Apocalipsis, con el advenimiento del reino de los cielos, se transforma en utopía. Pero el pensamiento político utópico, como todo pensamiento sobre la historia como un proceso determinado se transforma en la práctica en totalitarismo. Y ésta es la explicación de todos los totalitarismos del siglo XX. Y, que conste, el último es el pensamiento único neoliberal. El pensamiento totalitario anula al individuo. Éste se pierde en el sentido último de la comunidad. La sociedad elimina la libertad. Todos los ciudadanos se convierten en servidores del fin último de la historia, su utopía, su redención. Políticamente se toman las armas para eliminar, como sea, al disidente. Pero, el hombre, como ser caído, como ser a medias, que es, necesita de las creencias. Sustituye sus creencias religiosas por los ideales políticos. Admite su servidumbre, delega su libertad en nombre del ideal utópico. Confunde justicia universal, con eliminación de la libertad individual. Los totalitarismos han sido de izquierdas y de derechas. Pero también la democracia ha generado un nuevo totalitarismo, con base en la idea de progreso tecnocientifica. En nombre de la democracia, hemos abandonado la libertad, hemos permitido y, permitimos, un estado intervencionista en nuestras vidas, que nos anula como personas; y un mercado que regula nuestro ser, el consumo. Nos reducimos a mercancías. A la par que el mercado pone las reglas de la política. Todo, para servir al dios del progreso, el nuevo dios, el del crecimiento económico y la extensión de la democracia, más bien pensamiento neoliberal. Y todo este proceso, igual que los totalitarismos clásicos, produce miseria y muerte. Ya lo he dicho más de una vez, repitiendo el libro de un economista, el crecimiento mata. No podemos vivir sin sentido de la historia, sin utopías. Delegamos nuestra libertad en ellas. Necesitamos el autoengaño. Por eso es necesario un sano escepticismo vital, para recordar que el hombre es un ser limitado, que la razón no es totalizadora, que es limitada. Que en última instancia tenemos que confiar en ella. Que el progreso tecnocientífico es una hybris que trae el mal y el bien indisolublemente unidos. Que el progreso es, en parte, abandonar lo que somos, renunca a nuestra naturaleza y regreso, esto es, más barbarie. Progreso y barbarie se identifican. Que las conquistas ético-políticas, son parciales, provisionales. Que todo se puede perder por la borda de las ilusiones utópicas. Que el pensamiento utópico debe ser entendido, al modo kantiano, como una idea regulativa de la razón práctica-política, pero como un final de la historia inevitable. La historia depende de nuestras opciones y elecciones provisionales. El progreso y la catástrofe dependen de ello, como en nuestra vida particular. No hay salvación, ni aquí, ni en el más allá, ni política, ni religiosamente. Pero el hombre se empeña en autoengañarse, porque el hombre, como comentaba yo en nota al pie, en la primera lectura de Ciorán, es un ser a medias. Ése es el sentido de la caída o del pecado original, nuestra incompletud. Pero ésta la intentamos llenar de discursos absolutos, ya sean políticos o religiosos. Y ése es el error. La cuestión es ser capaz de vivir en la intemperie, en la provisionalidad, construyendo parcialmente el futuro y velando por el presente. Pero sin utopías, sin creencias. Persiguiendo valores universales, pero no absolutos. Y, la democracia es, precisamente, el régimen político parcial y provisional. El que no admite verdades absolutas, sino provisionales, consensuadas. Lo que el hombre, en definitiva, puede dar de sí. Pero la democracia se pervierte por dos motivos, el hombre necesita de verdades absolutas, aunque sea la felicidad egocéntrica del consumo, del tener, la pura transitoriedad, la anulación de su conciencia y por eso cede su libertad. No es capaz de vivir en la soledad de la muerte de dios y lo que ello supone. El otro mal es la tendencia del poder a hacerse absoluto. Y, para ello, de lo que necesita es de un pensamiento único que sirva como ideología alienante de la población. Pensamiento que, en definitiva, no es más que la promesa de una nueva utopía. De esta manera, la propia democracia cae en la trampa del totalitarismo.

La identidad cristiana de Europa.

 

Vuelve el debate sobre la identidad cristiana de Europa. Creo que es una polémica política que ignora la historia de las ideas. Y creo que es una polémica ideológica cargada de xenofobia, racismo y exclusión. Y, por supuesto, pienso que es una polémica que hunde sus raíces en los mitos del nacionalismo y de la identidad. No existen identidades nacionales ni culturales. Toda cultura, civilización es un proceso histórico que se encentra en devenir, en continuo cambio. Las culturas, y más las civilizaciones, se construyen a través del sincretismo de ideas, religiones, creencias, mitos…Por tanto, eso de la identidad lo que genera es un modo de sociedad cerrada e inmovilista, que desprecia al otro, al distinto, al forastero. La identidad es un discurso totalitario y separatista, es un mito y una ilusión que mantiene a la ciudadanía en estado de alienación. Como toda creencia acrítica es una deformación de la realidad. Pero una deformación excluyente que pretende ser la verdad. Por eso los discursos de la identidad y los nacionalistas, que participan de ellos, son totalitarismos dogmáticos y fanáticos.

 

            Si bien Europa no tiene una identidad cristiana, eso no quiere decir que no existan unos orígenes cristianos de Europa. Pero claro, lo que esto significa es que el cristianismo ha contribuido a la formación de Europa, pero no es su identidad. La civilización europea hunde sus raíces en la Grecia clásica, con el origen del pensamiento racional y la democracia, después en Roma con su teoría del derecho y la noción de ciudadano. El cristianismo participa en la fundación de Europa en la medida en la que se convierte en una religión sincrética que auna la filosofía griega, la política y el derecho romano y las religiones del misterio. El propio cristianismo se entiende porque se hace europeo, es decir, griego y romano. El cristianismo no hubiese pasado de ser una secta judía sin los principios filosóficos que hereda de los griegos, como es el de providencia y razón universal y el de hombre universal: el cosmopolitismo de los estoicos. Hay que hacer notar aquí, que, precisamente, si hay una filosofía que caracteriza al imperio romano es la estoica. No hay cristianismo sin estoicismo. Como tampoco lo hay sin el platonismo y Aristótoles. Bien es verdad, también, que con la desaparición de Roma, en la que algo tiene que ver el cristianismo, pues éste perseguía el reino de los cielos en la tierra, la universalidad de la iglesia, la ciudad de dios de Agustín de Hipona, pues lo que queda es la cristiandad. En la cristiandad reside la unidad de Europa en la Edad Media. Pero ésta no es ninguna época envidiable. Lo que se forja es un pensamiento único, intolerante y dogmático. Pensamiento que excluye la ciencia, la filosofía y el resto de las religiones, tanto las paganas, como las del libro. Europa no se recuperaría de esta oscuridad hasta el Renacimiento y la Ilustración.

 

            Pero es justo señalar también, que existen unas raíces islámicas de Europa. Mientras que ésta estaba sumida en la oscuridad del medievo, se produce un esplendor en la cultura de Al-Andalus, una Ilustración en el siglo XI, de la cual Europa es heredera y, más aún, sin la cual no hubiese sido posible el Renacimiento ni el surgimiento de la ciencia moderna. La cultura musulmana de Al-Andalus trajo la sabiduría griega al continente. Tradujo las obras clásicas de la filosofía y la ciencia griega, cuando en Europa nadie sabía griego. Y la tarea no sólo fue la de meros transmisores, sino la de creadores, tanto científicos, como filosóficos. También conquistaron el ideal de la tolerancia religiosa y lo practicaron, así como la supremacía de la razón sobre la fe, como la teoría de la doble verdad de Averroes, filósofo musulmán cordobés, demuestra.

 

            Pero si Europa tiene alguna identidad es precisamente la de la ilustración. Discurso que, de suyo, niega la identidad. La ilustración hace posible la crítica de la religión, en especial del cristianismo, que estaba aliado al poder y proclama el laicismo, concepto inseparable de la democracia. La ilustración produce el concepto de persona, eso sí, inspirándose en el cristianismo, que será la base tanto de la democracia como de los derechos del hombre y del ciudadano. Será precisamente en este pensamiento, sanamente racionalista, crítico con las diferentes formas de poder, defensor de la dignidad del hombre en tanto que un fin en sí mismo, germen del laicismo y de la democracia, por ello, de la libertad de conciencia y de expresión, lo que nos identifica como europeos. Es este el discurso, no identitario, que nos identifica. Y, desde mi opinión, es el proyecto inacabado que es necesario recuperar en esta nueva época de oscuridad, subjetivismo y relativismo.

 

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Vargas Llosa. El sueño del celta.

 

            De nuevo Vargas Llosa me deleita con una de sus magistrales novelas. Y de nuevo su tratamiento de las ideas y su reflexión sobre las mismas es más complejo, con más aristas y matices, que lo que suele ser en sus ensayos. Discrepo profundamente con el neoliberalismo que el flamante Nobel defiende que, a mi modo de ver, procede de una mala lectura de Popper y Hayek. Creo que su postura es simplista y poco matizada, a la par que llena de prejuicios. Pero en sus novelas, cuando aborda cuestiones políticas, el tratamiento es mucho más complejo. Eso es lo que ocurre en esta novela, como también sucede en La fiesta del chivo, con la que, a mi manera de ver, guarda cierto parecido, si bien esta última es más vital, ligera y con un ritmo más asequible a la lectura. La reflexión en La fiesta del chivo emana de los propios acontecimientos. El tema aquí es el totalitarismo y la arbitrariedad del poder tiránico. Son las diferentes peripecias que se nos narran en esta magistral novela las que nos llevan a la reflexión sobre la arbitrariedad del poder absoluto, la ausencia de moral del poderoso, el miedo y la cobardía del tirano, cuando, curiosamente, ostenta un poder absoluto. En cambio, en El sueño del celta hay un tratamiento más reflexivo, no hay una trama llena de peripecias y acontecimientos. Hay más reflexión, más investigación interior. Es una reflexión política, filosófica y psicológica del protagonista Roger Clissement en la celda que es la antesala de su muerte. Una reflexión sobre el sentido de su vida incardinado al sentido de sus luchas políticas contra la opresión. Una reflexión también sobre la creencia, la muerte, el miedo, el dolor y la enfermedad.

 

            El protagonista de la obra, inspirado en un personaje histórico, es un aventurero irlandés que se convierte en diplomático del reino y eso le hace ir hasta el Congo donde permanece quince años y después a la Amazonia, donde permanecerá dos años más. Tras estas peripecias, que comentaremos seguidamente, se hace defensor de la causa independentista irlandesa. Roger Clissement se dirige al Congo en busca de aventuras, descubrimientos, exotismo. Pero lo que descubre es el poder destructor del colonialismo. Descubre la opresión. Pero la maestría de Vargas Llosa nos muestra a un personaje confundido. Un ciudadano británico, diplomático, embajador del reino, que se siente traicionado. Es aquí donde, al encarnarse el pensamiento, en la complejidad de la vida real, los pensamientos y las ideas ya no resultan ser tan simples. Por eso Vargas Llosa, en mi opinión, aborda mejor estos temas desde la literatura que desde el ensayo. En la literatura vemos personas con ideas, ideas que les confunden, ideas de las que dudan, conversiones, escepticismo, desesperanza, es decir, la vida misma. Roger Clissement se desengaña y se desencanta. Se cree un enviado del progreso y la civilización. Cree en la justicia de su causa, en el carácter benefactor de la corona británica. Pero lo que encuentra es la opresión, en este caso del reino de Bélgica en el Congo. Descubre el genocidio y el etnocidio, que se estaban dando lugar –y el lector avisado tiene que ser capaz de extrapolar esta situación a nuestras nuevas formas de colonialismos y esclavitud, también en nombre del progreso- con la connivencia del imperio británico. No hay progreso que exportemos, ni civilización superior. Lo que hay es una explotación brutal de los indígenas, una destrucción de sus culturas, sus medios de vida y su propia existencia, sólo con el fin de explotar sus riquezas para el mantenimiento de la metrópolis. El discurso de la colonización como civilización del bárbaro, como exportación del progreso científico y el avance moral y político, resulta no ser más que una ideología bajo la que se esconde, pura y simplemente, el etnocidio y el genocidio. El mismo desengaño tendrá cuando viaja a la Amazonia. Lo que se encuentra es un mercado en que las multinacionales dominan y engañan a los políticos. El mercado crea sus reglas, la máxima producción y la máxima riqueza, a costa del aborigen. El mercado promete el bienestar por medio del trabajo, pero lo que hace es destruir la selva, el hogar del aborigen y convertirlo en esclavo, una mano de obra bien barata. Toda la vida de Roger se dirige a la denuncia de estas explotaciones, tanto en el Congo, como en la Amazonia. Y obtiene sus éxitos. Su inteligencia y su corazón están con el débil. Para eso ha tenido que sufrir una profunda transformación interior. Ha tenido que descubrir que el pensamiento hegemónico no era más que engaño, ideología. Se ha tenido que rebelar contra los poderes establecidos. Su lucha interior no es menor que los problemas que su actitud valiente le irán ocasionando con respecto al poder.

 

            Pero, poco a poco, nuestro personaje, se va sensibilizando con la causa independentista irlandesa, a la par que se enfrenta a la corona británica de la que reniega al hacerse y autoproclamarse irlandés. Es éste el sueño del celta. Roger reivindica la identidad irlandesa en la cultura celta e idioma gaélico. Pero, es curioso, como Vargas llosa, enemigo del nacionalismo, tesis que comparto, se muestra tremendamente comprensivo con el protagonista. No se ve una crítica al falso concepto de identidad, sí al fanatismo con el que algunos lo defienden y si realmente merece la pena matar y morir por estas ideologías. Pero hay una línea de unión importante, que yo comparto, en la lucha del protagonista contra el colonialismo y en la defensa del nacionalismo. Podemos pensar que el nacionalismo es una idea equivocada, que la identidad es un mito. Pero el Nobel no sitúa aquí la lucha de su protagonista en la defensa de la independencia irlandesa de la corona británica. La lucha se sitúa en la idea de explotación. Lo que une la maldad moral del colonialismo y la lucha independentista es lo mismo: la explotación y dominación del fuerte por el débil. Podemos participar o no del nacionalismo y la teoría de la identidad. Pero lo que sí queda claro es que donde hay oprimidos hay injusticia, donde el ser humano es tratado como objeto, hay injusticia, donde la dignidad no cuenta, hay injusticia y la lucha debe dirigirse contra el poder que hace posible esta injusticia. Por eso la lucha es la lucha por la dignidad de las personas. En suma una excelente obra literaria y una profunda reflexión politico-filosófica.

Vamos a ver, Fernando, ya sé que no comentas la ley, y eso es lo que se pide. Y en cuanto a lo de los humos, ya te dije que hacías una comparación inconmensurable. Son cosas muy distintas. Y no se reduce, tú que eres químico a humo blanco y humo negro. La mayor parte de los humos de una refinería, ni siquiera son blanco, como bien sabes, pero ésta no es la discusión, porque como digo son cuestiones inconmensurables que tú aprovechas para echar leña a un fuego que está ya apagado. En cuanto a lo de la salud, me parece que no le has dado, en mi comentario, a leer más. Para mí la salud es un valor, pero no el principal, y si lees mi comentario, lo de la salud es una forma de dominio a través del miedo, venga de donde venga, ya sea desde los discursos polítcamente correctos, o desde los apocalípticos ecologistas, me dan igual. Para mí el valor más importante, de la persona, es la dignidad, y ésta se puede tener con una salud absolutamente deteriorada, incluso, deteriorada voluntariamente. Y las cuestiones que se comentan en el artículo son muy importantes, como para pasar de largo y traer, a contrapelo, esta polémica, ya caduca, que tenemos en nuestra localidad. Polémica irracional que tiene que ver con el poder y no con la razón. Y es, precisamente, el poder, el que resuelve definitivamente el asunto. En este caso el poder económico. La crisis económica cancela definitivamente un proyecto demencial. Pero, como casi siempre, a historia se mueve por el poder de la fuerza y no la fuerza de la razón.

 

            En cuanto a lo de la crítica con tu partido, me parece muy bien lo que dices. Pero, aquí, como en las antiguas cartillas militares, hay que decir, que el valor se le supone. Es de suponer la crítica dentro del partido. Pero, francamente, no me la creo, de ti sí, pero no algo general, si no, qué me dices de la disciplina de voto y de los expedientes cuando se desobedece, y de las listas cerradas… ¿de dónde salió el candidato para Extremadura? No, los partidos no son democráticos, no aceptan la crítica, las corrientes disidentes dentro de un mismo partido son penalizadas. Lee al socialista y diputado del PSOE, Santesmeses ¿Por qué no se discute seriamente una ley de partidos, por qué no se discute seriamente una ley electoral, cuando realmente se hace un flaco favor a la democracia? Pues porque no interesa. Y punto. Comparto y confío en que tú desde tu posición realices la crítica pertinente y adecuada a tu partido y creo que es la única manera de que la política mejore. Yo mismo animo a los jóvenes y en particular a mis alumnos a que deben participar en política afiliándose a partidos y sindicatos, para poder cambiarlos desde dentro. Pero, las estructuras, de momento, están tremendamente anquilosadas, y eso no se puede negar. De modo que me parece estupenda tu postura crítica y la creo, ya te dije, pero no es lo que aprecia la ciudadanía. Algo falla. En cuanto al comentario final, los trapos sucios se lavan en casa. Creo que esto se puede decir de una estructura privada, como una familia, no de una institución, como es un partido político. Precisamente, la ley de partidos debe garantizar la transparencia, pero esto, no lo habrá mientras que no cambie esta ley, entre otras cosas, la financiación…Un saludo.

 

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            Señor Carpedien, que por cierto ya me gustaría saber quién es usted, y no hablar con una máscara. Bastante que le contesto y pierdo, literalmente, mi tiempo. Mire usted, a mí no se me ha nublado el sentido. Usted, no ha comentado nada del artículo, ni de mi comentario. Usted hace un juicio de valor, que no se permiten en un discurso racional, sobre mi persona. Dice que no me ponga nervioso, nervioso, de qué. De defender la libertad, mira, nunca me ha temblado el pulso al defenderla públicamente y lo hago a diario, en mi trabajo, en mis escritos y en mi relación, problemática, intelectualmente habando, con los poderes. Y nunca me he puesto nervioso. Mire usted, mi discurso no pertenece a lo azul o lo rojo, como usted dice, hay muchos matices que creo que ni alcanzaría a comprender. En su discurso, confunde las churras con las merinas. Y desde luego que eso no es una contradicción, pero si contradictorio, y hay una diferencia, pero era sólo un aviso porque se le podría haber acusado de demagogia. Y yo considero que decía usted verdades, pero dentro de la estructura de su discurso perdían validez, de ahí mi advertencia. Insisto, es la primera vez que se me confunde tan claramente con un ala política, no ni siquiera ideológica o de ideas, lo cual significa que el que no ha entendido nada ha sido usted. Insisto, lea el artículo, sin pasión, mi reflexión, que es lo mismo, pero con cinismo o acidez. Pero confundir esto con ser un rojo o un azul y, por tanto, un dogmático, va mucho. Mire usted, llevo toda mi vida intentando aclararme mis ideas y a eso se le llama escepticismo. Y de ese proceso surge la crítica racional, que es lo que practico y que  consiste, ni más ni menos, que en desenmascarar los engaños, las supersticiones, los mitos, las creencias, las opiniones comunes y vulgares, y eso es todo… y se le llama, en su raíz latina, escéptico, algo muy distinto a dogmático. Y no tengo ningún dogma ni nueva verdad que aportar, es más, como señalaba Ortega, vivo como un vagabundo intelectual, nunca demasiado a gusto en ninguna postura. Me parece de muy mal gusto, esa afirmación de que “hoy no das una”, qué juez es usted, si no presenta pruebas, salvo algún error tipográfico…venga ya…argumente y no vuelva al insulto y la fácil descalificación. Y, desde luego, que seguiré con mi monólogo, diálogo interior, pues a eso se le llama pensar. Saludos.

 

                        ***

 

            Si es que el mundo se ha vuelto loco. Todo vale y todo se puede decir. Es increíble. Pero todo tiene su explicación, el posmodernismo, la anulación de los discursos racionales, la muerte del arte, de la ética y de la política. Un mundo de trepas y oportunistas. A lo mejor somos frutos de un genio maligno, que decía Descartes, o de una civilización extraterrestre que experimenta con nosotros…Se ha perdido el sentido, la esquizofrenia es total.

 

                                   ***

 

            ¿Y con este alarde de dinero se soluciona la enseñanza? La cosa es más fácil, cambiar la ley. Culpabilizaron a la familia y al entorno sociocultural, ahora, al profesor. Ahora resulta que la dedicación se traduce en un mayor número de aprobados. Y que la carrera profesional se ve en que el profesor, como tiene más dedicación, rinde más y aprueba más a medida que pasan los años. Hombre, por dios, si estos señores se cargaron la carrera académica del profesor de enseñanzas medias. Si toda promoción, para cobrar sexenios, productividad, que llaman, formación permanente, no son más que cursos de los centros de formación del profesorado y de los sindicatos. Pero, hombre, por favor, qué saben estos de lo que es la promoción académica, si no habrán visto ni un libro ni en pintura.

 

Un poco de sentido común. Justicia es equidad, es decir, a cada cual lo suyo. Y esto lo contemplaba la anterior ley. Posibilidad de elegir y convivir. La actual ley es una anulación de la libertad. Es una forma de coacción, por tanto, digna de un régimen totalitario. Pero si no nos rebelamos contra la bajada de sueldo, la reforma laboral,…que atentan contra nuestra libertad, nuestros derechos y nuestra dignidad, cómo lo vamos a hacer ante una ley que levanta tantas pasiones y tan pocos argumentos, ni jurídicos, ni éticos… Yo también soy no fumador, y como lo fui, pues me molesta especialmente el humo del tabaco. Pero aborrezco los discursos de la salud pública, que son engañosos y lo que, en el fondo pretenden, es adoctrinar, domesticar y controlar a la ciudadanía con la artimaña más antigua, el miedo. El hombre renuncia a la libertad por el miedo a las consecuencias de ejercerla…vieja sabiduría.

Cuidado con lo intrascendente e innecesario, que a veces se vuelve peligroso. Soy un clásico y un defensor de la Ilustración y por ello, pienso, que verdad, justicia, bien y unidad se convierten. O, dicho de otra manera, como soltó Aranguren, cuando José Maria Valverde fue expulsado de la universidad, “no hay ética sin estética” y a la inversa. El posmodernismo, ese que acaba con el arte, con la ética, con la ciencia, con el ciudadano, ese defensor dogmático del relativismo moral, cultural y de las opiniones. Esas tiranas, las opiniones, que esclavizan al débil que no se atreve a pensar por sí mismo y por ello exige que sus opiniones sean respetables, o que sus opiniones, absolutamente particulares, infundadas y consuetudinarias, son equivalentes a las del sabio, a las del catedrático que lleva treinta años estudiando y trabajando en pos del conocimiento y la claridad, liberándose de fantasmas y de creencias, de mitos y poderes. Él, sólo, en el camino del saber. Esas opiniones, digo, son, muchas veces, fruto de falsas filosofías, algunas de ellas, pretendían perseguir sólo la estética. Y esto es lo que ha ocurrid con el posmodernismo que nos ha llevado al fascismo de la mediocracia. Y los medios de comunicación amplifican esta mediocracia, y las nuevas tecnologías, amplifican, tanto la inteligencia, como la estupidez. Lo malo es que ésta última está más extendida. Cuidado con guiarse de la belleza, las ideas nacionalistas que aparecen en el XIX, son estéticamente bellas, además se exponen de forma mítica, haciendo recordar un pasado mítico paradisíaco que se nos robó. Esos nacionalismos románticos y heroicos han sembrado el siglo XX de cadáveres. No hay ideas intrascendentes. Todo tiene sus consecuencias. Hay que perseguir la verdad, la belleza y la justicia…por muchos matices que tengan. No defiendo la verdad, la belleza y la justicia como absolutos, sino como objetivos, que es distinto. Y el filósofo debe perseguir la unidad, una visión integradora del mundo y de la vida, que decía Unamuno, e intentar trascender la doxa, por eso la filosofía es paradoxa y saber radical, que decía Ortega. Y, por eso Ortega descalificaba a la democracia, porque el sujeto de éstas son las masas y éstas están deshumanizadas. Y la característica del hombre masa es la del señorito satisfecho. Un ignorante de toda la tradición occidental que se cree con todos los derechos, cuando estos han sido conquistados. Lo que no sabe es que estos derechos se les están usurpando y, mientras, se les engaña, con ese mito del respeto y equivalencia de las opiniones, con el mito, del hedonismo, lo importante soy yo mismo y mi placer. Éste es el camino de desaparición de la polis. Pues bien, todo esto, que anula al ciudadano y que nos impulsa hacia un fascismo político y hacia una dictadura del hombre masa, del señorito satisfecho e insaciable, a su vez, no es más que el fruto del posmodernismo. De la negación de los grandes relatos de occidente que han intentado dotar de sentido al hombre y a la humanidad. Después de haber conquistado el estado y la ciudadanía, estamos volviendo a la tribu. Curiosa contradicción ésta en una sociedad que se dice globalizada.

La polémica sigue siendo la misma que en la Atenas democrática. Retórica frente a dialéctica. Demagogia frente a conocimiento. Mediocridad frente a excelencia. Virtud frente a vicio. Política frente a virtud pública. En fin, la tragedia de la muerte de Sócrates. O la salida platónica: totalitarismo. O la de los cínicos escépticos y epicúreos: el individualismo.

La relación entre el relativismo y la democracia nos es isomórfica. Además habría que matizar lo que se entiende por democracia y lo que se entiende por relativismo. Incluso, podrían ser excluyentes. El relativismo moral y epistemológico entendido estos como la ausencia de criterio moral objetivo y de una verdad objetiva excluye la democracia y nos adentran en la demagogia y la tiranía. Si nos acercamos a los orígenes de la democracia en Grecia, veremos que ésta surge de la mano de la filosofía, es decir, del logos. Esto quiere decir algo importante. El pensamiento racional griego que hemos heredado la tradición occidental nace con la intención de explicar el mundo por medio de la razón. Es decir, que considera que el mundo es un cosmos un orden que se rige por la ley, el logos. La tarea de la ciencia es la de descubrir estas leyes. Lo que se desprende de est es que la physis, la naturaleza obedece a leyes intrínsecas, necesarias. Por ello, la naturaleza no es arbitraria ni obedece a la voluntad de los dioses. De esa manera nos vemos libres del mito y la superstición. Cuando surge la democracia en Atenas, ocurre algo parecido. De lo que se trata es que el poder emerge del ciudadano, el hobre libre. El hombre es e que se da a sí mismo la ley, no los dioses, ni el dinero, ni la fuerza. Así, el poder deja de ser arbitrario y alcanza su legitimidad en el pueblo. Bien es cierto que las leyes de la polis son “nomos”, normas producto del acuerdo, la convención; pero, en última instancia, objetivas. Lo del relativismo legó con los sofistas que sobre esta base montaron la retórica y su teoría del relativismo moral y epistemológico, en el que la verdad y el bien se convierten en algo subjetivo. De esta manera, el bien, la verdad y la justicia dependen del discurso. En última instancia, el poder reside en la palabra y ello es lo mismo que decir que en el más fuerte. Por eso la democracia ateniense degenera en demagogia. Y de ahí las denuncias y críticas de Sócrates y Platón. A democracia es el poder del pueblo, que es lo mismo que el poder de los ignorantes. Algo similar ocurre hoy en día. El pensamiento posmoderno defiende el relativismo y la irracionalidad. Y este discurso ha calado hondo en la sociedad. Porque se ha confundido el hecho de que las normas, los derechos, las leyes, son conquistas del hombre, con un fundamento histórico-pragmático, nunca absoluto, pero sí objetivo, con la subjetividad de que todo vale o la equivalencia de opiniones y culturas. Esto es un tremendo error porque supone el fin de la democracia en manos de la demagogia y el poder del más fuerte. Si toda opinión es respetable y todas son equivalentes, todo es subjetivo. Ahora bien, alguna triunfará. Y la que triunfa es siempre la del más fuerte, ya sea militar o económicamente hablando. La democracia no puede admitir de ninguna de las maneras el relativismo. Éste, por el contrario, es su fin, su sepultura y la coartada del poderoso. Otra cosa es que la democracia parta del supuesto, necesario, de que nadie tiene la razón. Por eso la base de la democracia no es el relativismo, sino el diálogo, palabra que en griego nos viene a decir que la razón, el Logos, está entre ambos. O, dicho de otra manera, que la razón, el lenguaje es el vehículo que nos lleva y nos une para alcanzar la verdad. Verdad que nunca será definitiva, ni absoluta, pero sí objetiva. El relativismo se convierte en dogmatismo, lo mismo que el absolutismo. Y frente a ello se enfrenta la ironía socrática, el sólo se que no sé nada. O la más actual, de Nicolás de Cusa, Docta Ignorancia. Por eso no se puede defender que la democracia participa del relativismo, ni de un sano relativismo. La democracia defiende la objetividad de las normas y el derecho, así como la universalidad de los valores humanos. Sin universalidad, que es lo contrario de relativismo, no hay posibilidad de democracia. Si no existe un marco general de referencia, no es posible el diálogo. Otra cosa es que a los poderes hegemónicos actuales le interese identificar democracia y relativismo, aunque se diga sano relativismo, porque ésta es la manera de contentar a todo el mundo. De hacer todas las opiniones equivalentes. Dicho de otra forma, es la manera sutil de dominar, de convertir al ciudadano en vasallo. Porque en última instancia el relativismo es la imposibilidad del dialogo, la eliminación del conocimiento y la sabiduría, el triunfo de la mediocracia y la barbarie. La crítica no es nueva, es lo que sucedió con la decadencia de Atenas y lo que Sócrates denunció en su polémica con los sofistas que, salvando las distancias, serían los posmodernos de ahora. *** "No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico." "La democracia ha surgido de la idea de que si los hombres son iguales en cualquier respecto, lo son en todos." "Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella." Aristóteles. Estas sentencias aristotélicas nos pueden hacer pensar sobre la democracia y la política. Para empezar es importante la imposibilidad de alcanzar la verdad total. Quien se cree poseer la verdad absoluta cae en el dogmatismo y éste genera totalitarismos políticos. La creencia en la verdad absoluta es el inicio de la perversión del poder. Hay que tener cuidado porque esto ocurre también en la democracia. Los mecanismos democráticos hacen caer en estos absolutismos, y aquí, ni siquiera porque se crea poseer la verdad, el cinismo político va más allá, sino por conveniencia de partido y de poder. Ahora bien, la verdad, desde la razón crítica es conquistable, es algo objetivo, no subjetivo. No podemos renunciar a la consecución del bien, la verdad y la justicia, aunque son inalcanzables, pero objetivos. Nuestras verdades y valores se van haciendo más universales a medida que nos alejamos del error. Por eso no hay gobierno perfecto. El gobierno perfecto es el que se cree en posesión de la verdad, es siempre una forma de totalitarismo. Ya hemos asistido a esto en el siglo XX, y lo estamos haciendo ahora con el neoliberalismo. Hay que aplicarse el cuento y recordar la sociedad abierta de Popper en la que algunos neoliberales se inspiran, pero porque no la han leído. Por eso la democracia es el mejor de los gobiernos, porque es el único perfectible. Y una de sus ventajas es la proclamación de la libertad. Pero esta libertad tienen su base en la igualdad. La igualdad es convencional, no ontológica o por naturaleza. La democracia es una forma de gobierno que trata a todos los ciudadanos como iguales a pesar de sus diferencias de partida. Es decir, igualdad de derechos, deberes y oportunidades. Pero, ¡cuidado! No caer ahora aquí en el igualitarismo ramplón que se nos vende en nuestras democracias caducas. Éstas confunden igualdad en la libertad, con mediocracia. Todos somos igualmente libres, pero no iguales. Ahora bien, la democracia debe impedir la lucha de todos contra todos, de ahí que la democracia sea un estado de derecho en el que el imperio reside en la ley. Pero, y esto no debe olvidarse, la democracia debe favorecer la excelencia, por medio de la participación, la ejemplaridad de la clase política y la educación. ¿A que las democracias actuales no tienen nada que ver con esto? Todavía nos enseñan los clásicos desde su tumba. Con lo modernos que nos creemos. *** Es un artículo excelente en el que se une la reflexión con los datos empíricos y con la demostración. Quisiera, porque estoy de acuerdo en lo esencial con todo el artículo, hacer unas apreciaciones sobre la cuestión ético-filosófica. El problema del derecho de los animales es una cuestión compleja porque la ética que tenemos hunde sus raíces en el pensamiento clásico según el cual sólo es un sujeto ético el que es un sujeto de deberes, es más, el ser moral es el ser libre que tiene capacidad de discernir, porque eso es un don divino. Así se explica el pecado original y nuestro sufrimiento, así como la moralidad en el hombre desde nuestra tradición religiosa. La tradición filosófica hace a la moral autónoma, pero el sujeto moral es el que tiene responsabilidad y libertad. Éste, digamos, es el paradigma clásico que necesita ser trascendido. Para empezar hay que saber que los derechos y valores no son absolutos, sino objetivos, pero conquistados por el hombre. Es decir, que no existen derechos naturales, ni son dones divinos. Son conquistas humanas. La ilustración, teniendo su base en la universalidad del hombre de los estoicos y en la fraternidad de la ética cristiana, universaliza los valores éticos y los derechos. Es decir, se comienza a vislumbrar que todos los hombres son iguales, que tienen sentimientos, sensibilidad y raciocinio, sean negros, blancos o amarillos. Es decir, que se empieza a contemplar todo esto como una realidad que se le otorga al hombre. Luego viene la caída del antiguo régimen que dió paso a la democracia o repúblicas que son las que pueden garantizar estos derechos universales conquistados. Y, desde entonces, estamos en ello. Y, como no son naturales, y el hombre es un ser tribal, antidemocrático, pues son muy difíciles de materializar. Después de dos siglos estamos en el comienzo. Con los derechos de los grandes simios ocurre lo mismo, después de la pruebas que tenemos de su capacidad de raciocinio, su empatía, su sensibilidad, su protocultura, pues es necesario señalar que sí son sujetos de derechos. Aunque no tengan responsabilidad de sus actos, relativamente, porque una mala acción en su grupo, no con el hombre u otros animales, es castigado. Pero lo mismo ocurre con las tribus humanas desde el principio. Se castiga el asesinato de uno del clan, pero se premia el exterminio de otro clan. Somos homínidos. Y en nuestro comportamiento sólo hay una diferencia de grado. Además nosotros, como se dice en el artículo, hemos profundizado tanto en la universalización de los derechos que protegemos a aquellos que no pueden ser responsables de sus actos, simplemente por ser hombres; en este caso, por ser sujetos de sensibilidad. Es la empatía la que nos permite llegar a esto, más la cultura adquirida durante siglos. Por eso es necesario trascender el viejo paradigma ético de la responsabilidad y el deber, a la sensibilidad y la empatía. Y, por otro lado, considerar que la universalidad de los derechos reside en una conquista histórica objetiva. Por eso decía Riechmann, en su primer volumen de la ética de la autocontención “Planeta vulnerable” que es necesario una segunda ilustración en la que los derechos se universalicen a la ecosfera. Y con esto paso a mi última reflexión. Una de las características de la acción ética es la responsabilidad. Pero el viejo paradigma nos dice que sólo somos responsables de los actos que tienen una repercusión en otro yo presente. Además el derecho se funda sobre este principio moral, no hay penas sobre los males que se pueden ocasionar en el futuro. Pues ésta es la línea de argumentación que Hans Jonas abre con su principio de responsabilidad. La ética tiene que abrir la responsabilidad hacia el futuro y así entraríamos de lleno en la ética ecológica. Somos responsables de nuestro entorno natural y de las generaciones futuras porque nuestras acciones repercuten sobre ellos a la larga, en el futuro. La legislación mundial y cosmopolita debe basarse sobre este nuevo principio universalista y ecocéntrico.

El que desconoce la filosofía se queda con la peor de todas ellas. La filosofía como una visión del mundo y de la acción está a la base de toda conciencia humana. Ser inconsciente de ella es ser profundamente ignorante de lo que somos. “Conócete a ti mismo”. “Una vida sin análisis no merece la pena de ser vivida.” Platón. Apología de Sócrates.

Estimada Judit, quizás tenga usted razón, y todo sea cuestión de terminología. Pero yo no lo creo así. Los psicólogos y pedagogos han creído encontrar en la noción de inteligencia emocional una panacea para la educación. Yo, lo que he dicho es que lo de la inteligencia emocional es una cosa sabida y aplicada desde siempre e, insisto, no ha sido refutado. Cuando usted dice que no existen programas de educación emocional o psicoafectiva, que me da igual, en las escuelas, pues, probablmente esté en lo cierto. Pero ese no es el problema del fracaso educativo. Sino que éste tiene un origen político. Y no sé porqué usted me dice continuamente que no hago mención de la política, si es lo único que he hecho realmente en este blog desde el principio. La raíz del problema es política, pero se apoya en una pseudociencia que es la psicopedagía. Y la base de ésta se encuentra en ciertos modelos científicos que son obsoletos y en ciertas epistemologías caducas. Y esto ya se ha analizado aquí, como le dije, pormenorizadamente. Puede que como dice usted coincidamos en los males, pero no en los remedios. No creo que una educación psicoafectiva solucione nada. Primero, cambiemos la ley, después, el modelo psicopedagógico en el que se apoya y, más tarde, ya hablaremos. Es más, su propuesta no es otra cosa que añadir, más de lo mismo, de lo que ya tenemos con el asunto de la dinamización, motivación y demás. Mi apuesta, como le digo, tiene que ver con la virtud y ésta, insisto, es fuerza y se consigue por medio del esfuerzo, el ejercicio y la autoridad. Todo ello, con una base emocional, sintiente, psicoafectiva, lo que sea, pero es imposible abandonar la autoridad, la disciplina y el conocimiento y todo ello desde la perspectiva del texto de Aristóteles que le cité. Y sí hay una discrepancia importante aquí, igual que hay un desconocimiento absoluto, por su parte, y no es retórica filosófica, como usted dice, de nuestra tradición occidental. Tradición que ha dado lugar a la ciencia, la técnica, el arte, la jurisprudencia, la ética, la política, la filosofía, la democracia y los totalitarismos. Entender esta tradición es entendernos a nosotros mismos. Ser críticos con ella, aprender de ella, reconocerla en nuestra actualidad. No se descubren mediterráneos tan fácilmente, casi no hay nada nuevo bajo el sol. Cuando uno estudia su tradición, en nuestro caso una tradición con tintes universales, se da cuenta de donde vive y desenmascara la ingenuidad juvenil, cosa que le ocurre a la psicopedagogía, que se cree descubrir mundos ya archiconocidos. Disculpe, pero creo que eso de la educación emocional no es más que otra muestra del pensamiento débil posmoderno. Por cierto, esto del pensamiento débil es filosofía, muy mala, eso sí, y muy peligrosa, pero omnipresente, y hay que conocerla para saber donde hunden sus raíces nuestras ideas, valores y programas políticos. Y eso es lo que pretendemos hacer, desenmascarar las apariencias. Y como todo pensamiento débil, la educación emocional no es más que darnos gato por liebre.

 

            Y, por último, insisto en lo de la política. Al poder le interesa la sumisión, de ahí el sistema de enseñanza que tenemos y de ahí que todo poder político y económico se preocupe por él. La preocupación fundamental del poder es la de la adaptabilidad y eso es lo que se pretende con la actual ley. Y, si por una desgracia, se pone en marcha eso de la educación emocional, no será para buscar la virtud y la excelencia, sino para clonar. Y los alumnos, futuros “ciudadanos” se comportarán obedientes y sumisos y se adaptarán perfectamente al mundo que se les ofrece que no es más que el desierto de lo real. Creo que coincidimos en las metas, pero discrepamos en los análisis y los caminos. Un saludo y gracias por su atención.

Estimada Judit,

Yo no he visitado tu blog, por tanto no sé si lo que usted vierte allí son sus impresiones o no. Lo que sí sé es que lo que yo escribo en el mío en los tres apartados, digamos de autor, Pensamientos contra el poder, publicado recientemente en papel 364 pp, Reflexiones de un francotirador, en fase de publicación y Reflexiones marginales, son fundamentalmente filosofía. En algún caso, sobre todo en el primero y el tercero, son impresiones particulares. En el primero porque se trata de un diario filosófico y en el tercero porque son al margen de algo, generalmente, comentarios. Y digo que son fundamentalmente filosofía porque son paradoxa. Es decir, la doxa es la opinión particular y consuetudinaria, la filosofía es paradoxa, el intento de trascender la opinión, particular, que viene a ser general. Pero, de todos modos, en mi quehacer filosófico aprendí que no se debe discutir sobre términos, sino sobre problemas. En cuanto a sus últimos comentarios creo que no ha entendido lo que yo digo, porque al final viene a coincidir en parte con lo que denuncio. Creo que usted no ha entendido mis dos artículos y que no maneja bien el principio de no contradicción, porque me acusa, en su primera intervención de violarlo, cuando no es realmente así. Por otro lado, y antes de entrar en el comentario de su intervención, le tengo que decir, que el debate no está en la calle, sino que actúa como modelo educativo. Y que la piedra angular de mis artículos es que lo de la inteligencia emocional no es algo nuevo, sino muy antiguo. Ahora bien, que hoy en día contemos con un amplio respaldo de las neurociencias, pues, por supuesto. Yo mismo he citado a ciertos autores imprescindibles. Por otro lado, usted creo que no entiende que la educación, y esto también está a la base, es un sistema de control. Y se controla por las emociones y sentimientos. Y conste que no le tengo reparo a estas palabras. No hay inteligencia ni conocimiento sin emociones y sentimientos. También tiene que aprender a distinguir, tanto en el ámbito neurológico, como en el filosófico y psicológico, lo que son los sentimientos de lo que es lo emocional. Además, insisto, en la psicología no se contempla el estudio de la voluntad, por la propia metodología de la psicología. Y como todo modelo pedagógico actual se basa en ésta, pues ha quedado fuera de la enseñanza, produciendo un tremendo daño, y esto no está en la calle, sino en la escuela. La voluntad: querer o no querer, no es el objeto de la educación, sino la motivación y dinamización. Todo ello basado, primero, en el conductismo y luego en el constructivismo. He dedicado dos artículos extensos en este blog a desentrañar los problemas epistemológicos de todo ello y a rastrear sus raíces en el pasado.

Pero vamos con su intervención. Dice usted que he montado un ruido del que he revestido mi artículo sobre los psicopedagogos. Pues, claro, es de estos de donde viene la farsa de la inteligencia emocional. Y llamo farsa porque es algo ya muy conocido. No hay educación ni conocimiento sin emoción y sentimiento. Y esto lo he probado y nadie me lo ha falsado. No pongo en cuestión las neurociencias, al contrario, he encontrado una base empírica, como hace Damasio, para el estudio de las pasiones. Cuestión fundamental en la ética. Ya el viejo Aristóteles decía que la ética no es un conocimiento teórico, sino práctico, depende de la acción. Saber qué es la virtud no te hace virtuoso, es necesario el ejercicio. Pero para este ejerció es necesario la valentía, la voluntad. Fuerza. Y todo ello va, como dices, de dentro a fuera.

Primero, no entiendo esa paradoja que señalas. Yo digo que la educación es la consecución de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y ello requiere del dominio de las pasiones. Usted dice que todos estos valores son sentimientos. Efectivamente, lo son, pero no emociones. Las emociones son primarias y animales, residen en el sistema límbico. Los sentimientos son producto de la interacción con los lóbulos frontales, por tanto, de la educación. Pero, además, te proporciono un argumento más, pragmático histórico. Los valores, que asumimos por los sentimientos, de fraternidad, libertad…son una conquista histórica y biográfica. No nacemos con estos sentimientos, requieren de la educación. Y el conocimiento, de la historia, la filosofía, la literatura, las humanidades en general, así como la historia de la ciencia, nos acercan a esos sentimientos, emociones domesticados. Son más que sentimientos, valores. Por eso forman parte del ámbito de la filosofía, la ética, en concreto, no de la psicología. Son valores porque son guías de nuestra acción. Pero, primero debemos aprehenderlos. He puesto la h porque es decisiva.

La segunda contradicción, o error fundamental es, simplemente, un invento de usted. Vamos a ver, yo sostengo que la escuela es el vehículo de, digámoslo así, domesticación. Ahora bien, mi ideal educativo es que la educación debería perseguir la ilustración, con todo lo que ello significa. Su error grave es que confunde, o no es capaz de distinguir, dos niveles en la lectura. Por eso, luego, viene a mantener lo que yo digo, pero mal expuesto. En fin. Después, estando, como digo de acuerdo con lo que expone, viene a insistir en lo de máximas cuando habla de libertad,… mejor prefiere llamarla metas. Ahí estamos de acuerdo. Pero, como le digo, tienen un nombre y se llaman valores. Los valores son accesibles de dos formas, intelectualmente y por mimesis. Ambos métodos tiene a la base los sentimientos, por el hecho, simplemente, de que el hombre es un animal social. Pero, insisto, es ineludible el estudio del conocimiento, a nivel de conceptos, para que sean accesibles estos valores. El conocimiento, por sí mismo, muestra esos valores.

Y mi tercer error. No me entero, ahora resulta que el defensor de la inteligencia emocional soy yo. No es eso, se confunde usted de nivel. Precisamente lo que es el gran proyecto de la humanidad es el proyecto ético en el que estamos embarcados desde los griegos y que recuperamos en la ilustración. Y le insisto, la ética es conocimiento, emociones, sentimientos y valores. Insisto, el hombre es fundamentalmente pasional. La razón, que siempre, por el paradigma científico que se inaugura en el renacimiento, se ha entendido como lógico-matemática es mínima y, además, ésta también está calada de sentimientos. Sólo basta echar un vistazo a las biografías de los máximos científicos. La razón es más amplia que la razón matemática y la culminación de la razón es la razón ética. El gran proyecto de la humanidad, en el que por supuesto participa la ciencia, la tecnología, la política, la jurisprudencia…es el proyecto ético.

Y usted dice:

La educación emocional pretende encontrar el equilibrio entre el razonamiento y la emoción, porque lo que sí está científicamente demostrado a través de la neurociencia y del empirismo es que ambos interactúan en nuestra vida cotidiana.

Su error grave, no el de los estudiosos, neurocientíficos, es separar razón de emoción. Hay unión, lo que sucede es que la educación, y debido a la plasticidad del cerebro, va modelando, digámoslo así, el cableado, y creando y recreando nuevas redes neuronales. Su error procede de una visión de la razón anclada, como le dije, en el paradigma de razón matemático-lógica. (En las primeras páginas de Inteligencia emocional de Goleman esto queda absolutamente claro. Pero, mejor, leer a José Antonio Marina) Tampoco me gusta lo de científicamente demostrado. Eso es una coletilla que, permítame, debe obviarse. Se puede hablar de contrastación, grados de corroboración y, además, hablando de niveles neurofisiológicos y bioquímicos. De ahí, a una generalización psicológica y una ideología, que pretende pasarse por científica, pedagógica, va un trecho importante que el método científico impide.

Y, por último, como parte de un error hace usted un gazpacho entre libertad y libertinaje, igualdad, egoísmo, en fin, que no es necesario comentar. Pero es curiosa una cosa. Coincidimos en los valores falsos que proliferan en la sociedad y que la educación debe resolver. Lo que ocurre es que su perspectiva, como he señalado, no es innovadora y que sería mejor un regreso a la ética de Aristóteles, Spinoza y Kant. No por muertos y viejos tienen menos razón.

Y termino con un texto del viejo Aristóteles en el que habla del origen de la ciencia. Usted misma puede juzgar si se puede separar el conocimiento de los sentimientos.

“Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron; en efecto, los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia…Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe…Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el afán de conocimiento y no por utilidad alguna.” ARISTÓTELES. Metafísica.

Llevo veinticinco años comentando este texto con mis alumnos.

P.D. Siento decírselo pero mi lectura sobre inteligencia emocional no fue superficial. Como filósofo de la ciencia leo asiduamente a los científicos y el tema de la vida y la inteligencia ha sido una de mis constantes.

La ironía como forma de enseñanza

La ironía es el instrumento intelectual del filósofo. Por medio de ella podemos destruir el dogma. De lo que se trata es de mostrar que no existen pensamientos completos, que todo pensamiento es fragmentario, no en el sentido de los posmodernos, sino de los escépticos. Se llega a la ironía por medio de una buena dosis de escepticismo. Pienso que la ironía es la actitud que está a medio camino entre el sarcasmo y el cinismo, entendiendo este último en el sentido peyorativo, no en el filosófico. En el filosófico identifico sarcasmo con cinismo.

 

            La ironía es el escarpelo del intelectual. Nos permite ver más allá de lo inmediato. La ironía es la duda que se le ofrece al dogmático para salir de la cerrazón de su pensamiento. Es apertura a las nuevas posibilidades. Es la contingencia del pensamiento y los límites de la razón. Por eso la ironía surge con Sócrates. Cuando la razón había sufrido un fuerte varapalo con los sofistas que la llevaron al relativismo. No confundir relativismo con escepticismo. El escepticismo necesita de la ironía, porque ella es una forma de duda frente al pensamiento único. El escepticismo no es negación, esto es nihilismo y cinismo, sino búsqueda a partir de la duda. La ironía es el estado mental que nos permite la duda. La ironía es distancia frente a las verdades establecidas. Y ello requiere que no nos tomemos demasiado en serio. El problema es el de la creencia. Ésta otorga seriedad, rigidez, una mirada angosta, pero que pretende ser total y única. La ironía es la actitud que nos vacuna contra esta enfermedad del alma. La ironía es alegría y liberación por eso Sócrates anda, aunque preocupado por la virtud pública, despreocupado, de todo lo que todo el mundo piensa que es lo importante. Por eso la vida de Sócrates es alegría de vivir. Es el secreto que Buda adquiere también, y no precisamente en el camino de la abstinencia y el ayuno, sino en el de la vida y su disfrute moderado. La ironía nos enseña que nada importa demasiado y que de nada demasiado. Es moderación, alegría, socarronería, complicidad, reconocimiento del límite humano, de nuestra contingencia. Por eso es un antídoto contra el dogmatismo, la creencia y el fanatismo. La ironía requiere del ejercicio de la duda, pero no renuncia a la búsqueda del conocimiento, ni al poder de la razón, aunque sabe de sus límites. Es la actitud que nos lleva a afrontar dignamente la docta ignorancia. Pero insisto en que la ironía nos permite luchar contra el dogmatismo sin renunciar al poder de la razón y a la posibilidad de alcanzar la virtud y cierto grado de conocimiento. El cínico, sobre todo en su versión política y posmoderna, es un dogmático nihilista, que niega la posibilidad de la virtud, la ética y el conocimiento y se instala en la clandestinidad del todo vale. El cínico traspasa la ironía y niega la docta ignorancia. Al admitir el relativismo, admite que todo vale. Se encuentra en una contradicción tremenda. Su defensa del relativismo le lleva al absolutismo del poder. Por ello el mejor ejemplar del cínico es el político, que creyendo que nada es verdad y todo vale, defiende en última instancia que la verdad reside en el poder, por eso, desde su atalaya, se ríe del resto de sus congéneres y los considera ilusos. De ahí que se arrogue el derecho de manipularlos, engañarlos y domesticarlos. Y ése es el peligro que Sócrates vio y lo entendió como degeneración de la democracia. Por eso introduce su aguijó de tábano, para despertar las conciencias. No todo es posible, no todo se puede defender. El poder no es la verdad, la retórica y la demagogia dependen del más fuerte, pero el bien de la polis depende del hombre más justo. Y para eso es necesario poner en cuestión al sofista, al político y al poeta que se dedican a engañar al ciudadano con bellos discursos. Sócrates no renuncia a la verdad, ni a la virtud, reconoce su ignorancia; pero ello le impulsa al conocimiento, no al relativismo y el cinismo que de ello se sigue. Y para eso tiene que desenmascarar al poder. Y ése es el ejerció de la ironía, ejercicio sumamente peligroso, en su caso le cuesta la vida, en general, al que la ejerce le cuesta, la soledad, la incomprensión y, en definitiva, el ostracismo. Sócrates es un tábano, molesto, pero necesario. Es imprescindible que el ciudadano salga de ese estado inconsciente y encandilado en el que el poder lo tiene a base del engaño. Por eso la ironía es el aguijón del sabio. La ironía abre una brecha en nuestras certezas y seguridades, nos compromete porque nos hace ver en nuestro interior. Pero siempre se ejerce dulcemente, desde la sonrisa: Sócrates, Buda. Por su parte, el sarcasmo, participa ya, de alguna manera, de la desesperación. Es lo que le ocurrió a la corriente directamente sucesora de Sócrates, los cínicos. Estos desesperan de que se pueda construir una polis justa. A los ciudadanos no se les puede despertar ya con un suave aguijoneo, necesitan del sarcasmo, de la burla brutal, es tal su estado de somnolencia, engaño y autoengaño. Esa es la terapia de los filósofos cínicos, la burla, la agresión intelectual, el escarnio. Pero no porque estos hayan perdido la confianza en la mejora del hombre. Todo lo contrario. Quieren hombres de verdad, no caricaturas, ni marionetas. Por eso los cínicos filósofos desconfían absolutamente del poder, porque el poder corrompe, pero no sólo al poder, sino a los que son manejados por éste, porque en definitiva el hombre busca prebendas en el poder, se hace súbdito el sólo. De ahí que los filósofos cínicos sean unos escépticos casi nihilistas, en cuanto a la posibilidad de una sociedad justa, sólo creen en el hombre en tanto que posibilidad que no debe regirse por la ley de los hombres, sino por la de la naturaleza. Los filósofos cínicos apuestan por el individualismo radical, he aquí su contradicción, el hombre sin sociedad es imposible. Pero el hombre no es un animal social como las hormigas, sino sociablemente insociable, que diría Kant. Por eso la ironía socrática, como ejercicio del sano escepticismo, es una actitud más realista. Y por eso se encuentra entre el nihilismo al que nos aboca el cinismo del poder y el individualismo, algo exagerado, pero excelente antídoto contra el poder, de los filósofos cínicos.

En torno a "El club de los poetas muertos"

Vamos a ver, dije que no quería polemizar. La interpretación que propongo es absolutamente legítima. Es más, aún coincidiendo con lo que se viene diciendo por aquí, y yo mismo lo he defendido en mi artículo, así como en todas mis intervenciones en el blog, no se demuestra la falsedad de mi interpretación. Creo que se confunden diferentes niveles, Uno es la valoración de la película, y, dentro de ésta, la valoración, de Robin Wiliams como protagonista. Otro nivel es nuestro pensamiento sobre los errores en la educación y nuestras propuestas.

 

            Empecemos por el principio. Creo que la película no es una buena muestra en el sentido de que pertenezca al séptimo arte. Tampoco veo un alegato educativo claro en ella, con su programa y sus principios. Hay que entender una cosa, y esto lo digo por los que se ensañan demasiado con ella. Vamos a ver, no estamos ante un tratado ni un ensayo que sí es criticable argumentalmente. Estamos ante el arte, aunque la película no de el nivel, por supuestísimo. Y el arte muestra, no demuestra. En la película aparecen temas muy claros y bien marcados. Pero se apuntan cosas más complejas. Tampoco podemos simplificar, como en muchos de los comentarios se ha hecho. La película en mi caso sirvió para hablar de la ilustración, como aparee en mi artículo. Y creo que nadie puede demostrar lo contrario. Ésta es la ambigüedad del nivel de la mostración. Considero que el valor de la autonomía, regirse por uno mismo es importante. Y considero que aparece un tema crucial sobre la naturaleza humana. El problema de la sociable insociabilidad del hombre, aquello que decía Kant, o la paradoja de Hume: el hombre, lo que más valora es la libertad pero en pos de la seguridad renuncia a ella plácidamente.

 

            Desarrollo un poco estas cosas, aunque Robin Williams contamina toda la película con su sensiblería y la vuelve débil y pasional, no quiere ello decir que, por debajo no se pueda encontrar algo para reflexionar. Y aunque los nuevos pedagogos vean un ejemplo en esta película, no es más que superficial. Por eso creo que los análisis contra ella son superficiales. Quizás lo mejor será, ya que no es una obra maestra del cine, pues no decir nada. No creo que la película por sí sola haga excesivo daño. Las causas del malestar en la educación y en la sociedad en su conjunto los hemos analizado aquí muy detenida y  pormenorizadamente, y seguiremos haciéndolo. No creo que haya que perder el tiempo en este tipo de películas y polémicas, para, en el fondo, decir lo mismo. Pero, como se han dicho tantas cosas, quiero yo explicarme algo más. Maximiliano, por supuesto que me quedo con John Ford, en cualquiera de sus películas hay más enjundia ética que en toda la educación para la ciudadanía junta, efectivamente. Y este maestro del cine, como el Western, es para mí una debilidad. Y, entre otras cosas, por el mensaje moral. Por lo de la moral del héroe, del que abre camino, por el ser de frontera, tanto física como moral. Ese héroe en el que se produce la contradicción de la sociable insociabilidad humana. Ese héroe primigenio que trae la civilización, pero que al llegar la sociedad, al normalizarse su moral, pasa a ser un exiliado, un solitario, o, incluso, un forajido, un fuera de la ley… el western está plagado de estos ejemplos. Ya mencioné también aquí el diálogo final de los siete samuráis…”al final siempre vencen los campesinos”, la moral inferir, la hipocresía, el miedo, el rencor, el resentimiento…en definitiva. Y esto es una de las cosas que quería señalar.

 

            Al principio de la película se contraponen el modelo tradicional de enseñanza basado en la excelencia, el trabajo y el esfuerzo. Pero, el problema es que el vehículo de transmisión de estos auténticos valores, no es la verdadera escuela, sino una sociedad de poderosos e hipócritas, que sólo quieren poder y ocultar sus debilidades. Por eso no aplican disciplina, ni esfuerzo, sino la fuerza arbitraria, porque desconfían, en definitiva, de su virtud, de su autoridad y, en fin, de su excelencia. Pero su poder y su situación se conservan por la tradición. La fuerza de la tradición, la sociabilidad del hombre a la que no podemos renunciar. La que nos arrastra y anula nuestra individualidad. Por otro lado, aparece el nuevo profesor, con los nuevos métodos, e ideas, en verdad, impracticables e inservibles. Muchos de ellos, meras payasadas. Pero hay un trasfondo, no hay que quedarse sólo con la melodía, hay que ir a la letra, no hay que mirar el dedo, sino la luna. Hasta una mala película nos puede hacer pensar, sobre todo si uno está explicando a Kant, como me ocurrió a mí cuando escribí mi artículo hace cinco o seis años. Este profesor algo payaso, anárquico, representa, como he intentado explicar, algo importante. El principio de autonomía. Frente a la tradición está la creación. Frente a la sociabilidad del individuo está la libertad del ciudadano. Creo que éste es el antagonismo que subyace a toda la película, que no es más que el antagonismo de nuestra propia naturaleza. La autonomía es el canto de la libertad. Pero ésta no se consigue sin el esfuerzo, sin ser capaces de apartarse del grupo, sin caminar por uno mismo, sin miedos. La autoculpable minoría de edad es la pereza y la cobardía, al decir de Kant. Este nuevo profesor enseña a vencer la pereza y el miedo, a tratar de ser uno mismo, no sin esfuerzo. Y nosotros sabemos, que los métodos que apareen en la película, son paparruchas, y que alimentan a los nuevos pedagogos. El método real es el del conocimiento y el conocimiento exige disciplina y esfuerzo y es lo que nos llevará a la virtud que solo se conquista por la libertad y en la libertad, autonomía.

 

            Creo que al final de la película, en su fatal desenlace, es donde reside esto que vengo diciendo. El suicidio de uno de los alumnos no es más que la prueba del poder de la tradición, o estás en ella o condenado al ostracismo. No hay virtud ni excelencia en esa tradición, hay máscara e hipocresía, ocultamiento de la debilidad y la verdad, como queda reflejado en el padre del suicida. Éste no ha sido lo suficientemente fuerte. Y luego quedan los compañeros, que se van doblegando, cobardemente, al poder de la fuerza. Un poder arbitrario. No es la excelencia, lo que los convence, sino el miedo, que es el sistema de control que utiliza la tradición. Pero es que nuestra naturaleza nos impele a ello. Nuestra sociabilidad nos hace gregarios y obedientes, nuestra insociabilidad, libres y solitarios. Todos tenemos que bregar con esta tensión interna y de elegir el justo medio en cada momento depende nuestra virtud y libertad. El peso de la tradición ha doblegado a los alumnos, que en definitiva, lo que aceptan no es un mundo más justo y mejor, sino pertenecer a esa clase elegida, no por ser los mejores, los excelentes, sino, en este caso, los más ricos y que supuestamente encarnan los valores de los elegidos, pero que guardan muertos en sus armarios. En definitiva, lo que han elegido es la adaptación, han renunciado a ser sí mismos. Y es la adaptabilidad y la obediencia la forma de transmitirse la tradición. Y eso, curiosamente, es también lo que sucede en nuestra tradición, la neoliberal. El valor fundamental de la nueva universidad a la boloñesa es la adaptabilidad a la sociedad del cambio. Es decir, el aborregamiento, la obediencia y la ausencia de crítica. La tradición se perpetúa a través de un sistema de valores a los que se obedece ciegamente, funcionan como creencias en las que se está, no como ideas. Bien, el sujeto libre tiene ideas, ejerce la crítica y ello le puede llevar a la soledad y al ostracismo, por eso requiere de valentía. Por eso pierden los samuráis y los viejos pistoleros se retiran a vivir fuera de la ley, ley que ellos, han creado, esa es la paradoja.

Mario, creo que hay algo en lo que te equivocas. A mí no me dan ninguna pena esas personas que viven instalados en la cobardía, o peor aún, los hipócritas y cínicos que ocupan el poder. No, lo que pienso es que el esfuerzo de la ilustración tiene que alcanzar a todos. Si queremos conseguir una democracia mejor, debe ser para todos, aunque muchos sean indiferentes y pasivos. Pero lo que sí es necesario es terminar con la clase que parasita el poder y con la locura de distribución del capital o la riqueza, eso sí. Una democracia garantiza un estado de derecho, igualdad ante la ley, esto es necesario, porque si no la ley es arbitraria y entonces caemos en la tiranía. El hecho de que haya muchas personas cómodas, o cobardes, no implica que no haya que luchar por un estado de derecho más desarrollado y participativo. Otra cosa importante que para mí es una guía ética y política. Decía Terencio, “hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” Nadie está limpio ni es absolutamente virtuoso, en nuestra vida hay una tensión constante entre vicio y virtud. La sabiduría consiste en ir dominando el vicio, es insuprimible, va con nosotros. El dominio del vicio exige la fuerza, que es la virtud. Y, como nada de lo humano me es ajeno, no podemos perder la empatía que, en definitiva, es lo que nos permite sobrevivir y genera el altruismo: ser capaz de ponerse en el lugar (intelectual y sentimental) del otro.

Creo que es importante señalar que gran parte del malestar en la enseñanza la tenemos los propios profesores. Esto es lo mismo que ocurre en la sociedad en su conjunto. Los males sociales tienen mucho que ver con la connivencia de los ciudadanos, sobre todo, cuando estamos en democracia, en la que la participación del ciudadano se le supone. No es así el caso en las tiranías en las que es necesaria una revuelta violenta y sangrienta para cambiar el orden. El problema reside en nuestra propia naturaleza. La clave está en la obra de La Boête, La servidumbre humana voluntaria. Renunciamos a nuestra libertad por la seguridad, o, como decía Kant, preferimos la obediencia a pensar por nosotros mismos y actuar en consecuencia, por pereza y comodidad. Pensaba que el camino del conocimiento nos llevaba a la libertad de pensamiento y de acción. Pero esta unión, fruto del optimismo ilustrado, después de doscientos años, no está tan clara. Por naturaleza somos animales gregarios y actuamos como tales. La democracia y sus valores éticos son conquistas históricas, pero no eliminan la naturaleza humana. Bastante es que podemos gozar de un estado de derecho, precario, pero estado de derecho, sin participar para nada. Es curioso que quizás hacia esto se dirija la democracia. Probablemente ésta esté desapareciendo. Su transición, o bien es hacia un fascismo y tiranía o hacia una forma de estado de derecho en el que la relación entre los gobernantes y los ciudadanos sea inexistente. Ya ocurre algo parecido. La democracia como forma de gobierno ha tenido su principio, y tendrá su final. Si, al menos, conservamos los valores éticos que porta la democracia, estaríamos bien, pero me temo que la degeneración de la democracia nos puede llevar más fácilmente al fascismo.

 

            Y todo esto lo vengo a decir porque es propio de nuestra naturaleza humana el optar por la servidumbre, son siempre unos pocos los que optan por la libertad. Y según las circunstancias serán héroes, mártires, solitarios, marginados, raros,…en fin todo depende del mundo que les toque vivir. Por eso tampoco es menester darse tantos golpes de pecho, esto me suena a cristianismo. Como decía Nietszche, no nos veremos libres de dios mientras no nos veamos libres de la gramática. Dios, y todo lo que significa está en nuestro lenguaje y nuestra cultura. El sentimiento de culpabilidad es una de las herencias cristianas que más daño han producido y más esclavitud y dominación. La sumisión, la cobardía, la comodidad, la servidumbre, todo ello es propio de nuestra naturaleza, también la rebeldía y el heroísmo, pero lo que no se puede es caer en el sentimiento de culpabilidad que al final nos frustra e impide la acción. Es necesario despertar las conciencias, hacer un uso público de la razón, todo está bien. Pero siempre habrá siervos y señores. Y, también, espectadores.

 

            En cuanto a lo que sucede en filosofía, pues nada nuevo con respecto a lo de otras asignaturas, igualmente desvirtuadas. Y lo hemos aceptado, por lo mismo, inconciencia, comodidad, cobardía… Pero sí veo algo mucho más grave en la filosofía. Gran parte de la filosofía actual es posmoderna y fundadora de los valores del posmodernismo. Los profesores han transmitido estos valores, los filósofos más importantes los han canalizado socialmente y han servido de ideólogos del poder. Los filósofos son tremendamente responsables de la situación de penuria actual del pensamiento. Son creadores y propagandistas del pensamiento débil, relativista y posmoderno. Y de resultas de todo éste “pensamiento” tenemos la enseñanza que tenemos. Porque el fondo ideológico es el posmodernismo. Urge, pues, la recuperación de un pensamiento fuerte, la recuperación de los grandes relatos de la humanidad, de la civilización occidental, de Europa, en última instancia. Urge la recuperación del Logos, la razón crítica, los valores clásicos de la democracia ateniense: isonomía, isegoría y meritocracia y los de la revolución ilustrada. La profunda crisis a la que asistimos es una crisis del pensamiento que hunde sus raíces al final de la segunda guerra mundial. Todos los que nos dedicamos al ejercicio de la razón, del pensamiento, tenemos la responsabilidad de recuperar este uso crítico de la razón, poner orden y cordura en el desaguisado posmoderno que hemos ayudado a crear.

Estimada Rebeca, creo que tu reflexión no es correcta, además de que mezclas algunos conceptos. Como te decía, coincido contigo en el asunto ideológico en el sentido de que gran parte del discurso ecológico y ecologista es distracción, religión, vamos ideología o alienación. Eso es cierto. Por eso me ha parecido importante el libro que comento, que señala que el verdadero problema es el hambre. Lo que sucede es que yo, en mi escrito, he ligado esto al sistema de producción que tenemos, en el que manda, no sólo el capital, sino el capital financiero. El capitalismo salvaje o sin bridas. Y de estos es de los que sale la ideología, tanto del ecologismo, como la negacionista. Hay un conflicto de intereses. Hay un dato importante. La derecha neoliberal, negacionista, se ha reunido para afrontar los retos del cambio climático; es decir, su política negacionista no funcionaba, porque el cambio climático es un hecho, como probaré después, no una teoría, y lo que pretende la derecha económica es adaptar el sistema de producción capitalista, basado en el principio del crecimiento ilimitado, que viola el principio fundamental de la naturaleza, la segunda ley de la termodinámica, al cambio que se puede producirá en la producción agrícola, en los recursos energéticos, en las migraciones ecológicas y todo esto ya existe. Es algo que se nos viene encima. Por ello, los partidarios del neoliberalismo consideran que hay que adaptarse al cambio, no transformar el sistema de producción y el modo de vida, que sería lo justo. No se trata, como tú dices, de cuidar la tierra, sino de convivir con ella. El paradigma que subyace a eso de cuidar la tierra es la del dueño y señor. El hombre es una especie más entre las miles de millones que ha habido, hay y habrá, y a la naturaleza le es absolutamente prescindible como cualquier otra. Por eso pienso que el problema no es ecológico, sino humano. Lo que se pretende es la supervivienda del hombre con una alta calidad de vida, que no quiere decir de lujo y consumo, sino de desarrollo humano. Y esto ahora mismo no existe, pero puede ir a peor. Más de 2000 millones de personas pasan hambre, la mitad de la población mundial no tiene acceso al agua potable, pero se le quieren vender ordenadores…y no sigo por aquí porque la verdad se confunde con la demagogia. Esto es, hoy en día, hablar con claridad, es demagogia, es un problema orwelliano.

 

            El problema del cambio climático es la punta del iceberg de un problema humano que arranca desde el neolítico. Y es que a partir de aquí se rompe la relación equilibrada entre la especie homo sapiens y la naturaleza. El hombre domestica a la naturaleza y ello hace posible un crecimiento sorprendente de la población, de tal forma que, sin esa explotación, es imposible seguir manteniendo a la población en aumento. Desde hace diez mil años para acá todo ha seguido creciendo y se ha construido un sistema tecnocientífico e industrial que permite un máximo aprovechamiento de los recursos, pero estos son limitados. La población humana sobrepasa la sostenibilidad. Desde hace diez mil años la población se hace insostenible. La cultura, con su fondo mítico-religioso, justifica el sistema de relación del hombre con la naturaleza así como la relación entre los géneros y las relaciones de trabajo. Y, lo peor, no hay vuelta atrás. El ideal idílico de la vuelta a la naturaleza del ecologismo no es más que el mito del paraíso. Como religión, ya ves, tiene su mito del origen, y su mito del Apocalipsis. La cuestión es que la adaptación del hombre a la naturaleza es su transformación. Todo lo que el hombre hace es por sobrevivir, pero lo hemos hecho muy mal, por dos razones. Primera, agotamos los recursos de los que vivimos y, segunda, los tenemos muy mal repartidos.

 

            El calentamiento global es fruto de esta transformación, como decía, una consecuencia. Desde que empezó la tala de árboles comenzó el calentamiento. Puedes consultar un artículo a este respeto en el número monográfico sobre cambio climático en la muy acreditada Investigación y Ciencia. El calentamiento del planeta es uno de los factores que indican la transformación de la biosfera por la mano del hombre. El calentamiento actual, es un hecho, no una teoría, su origen es antropogénico. Por su puesto, esto no se puede asegurar al cien por cien, porque violaría el propio del método científico. En ciencia toda teoría es una hipótesis, una conjetura, no una verdad definitiva. Es cierto lo que dices al final de que el CO2 es necesario para la vida, pues el efecto invernadero hace que no se vaya el calor de la tierra. Claro, pero esto es demagogia. Efectivamente, pero eso no implica que aumentar la concentración de ppm en la atmósfera sea bueno para la biosfera, aunque a ésta le da igual, no es un sujeto moral, pero a nosotros no nos viene nada bien. Es cierto, como mencionas que habría tierras ahora frías, que serán cultivables, pero una gran parte de las zonas templadas serían desérticas. Mejor no hablar de las peores predicciones de científicos independientes. El índice de CO2 en la atmósfera (ppm) ha ido aumentando gradualmente a medida que ha ido aumentando el uso de energía fósil, tanto por la industria, como por uso doméstico o por el transporte. Pero esto es inevitable. Mi diferencia con los ecologistas es que no se trata de destruir, sino de innovar tecnológicamente y eticopoliticamente. Además, has de tener en cuenta que el índice de aumento de la concentración de CO2, se hace con estudios desde hace miles e incluso millones de años. Hace mas de doscientos millones de años se alcanzó más de 800ppm. El resultado fue un calentamiento que redujo considerablemente la biodiversidad. De todas formas, ni una hecatombe nuclear acabaría con la vida, las bacterias seguirían existiendo y volvería a aparecer la complejidad de la vida. Hay que relacionar el aumento de CO2 con, la disminución de los glaciales, con la acidificación de los océanos, la disminución del fotoplactón, la reducción de los casquetes polares, la disminución de la biodiversidad -estamos asistiendo a la sexta gran extinción terrestre, la mayor y de causa antropogénica, lo malo es que se puede llevar por delante al propio hombre-, el cambio de hábitat en muchas especies que obedecen un parámetro fijo de temperatura, la deforestación de los trópicos… Existen estudios correlativos de todos estos datos. Y todo apunta a una serie de efectos sinérgicos difícilmente predecibles.

 

            El cambio climático es un hecho, las teorías son las que deben intentar predecir cómo evolucionará y qué consecuencias tendrá. Pero una cosa sí es cierta, es más fácil predecir el clima que el tiempo. El tiempo es la variabilidad dentro de un mismo clima, lo que nos dicen para dentro de unos días, aquí la teoría del caos tiene mucha fuerza: una pequeña causa puede producir un gran efecto. En cambio, el clima es más predecible. Es un todo. Eso sí, es cierto, que también se basa en ecuaciones de la teoría de la complejidad y del caos. Pero hay una cosa importante, contamos con la geología climática, la que estudia por medio de prospecciones los diferentes climas en las diferentes edades de la tierra. Todo deja su huella. Y esto es de una gran ayuda para la predicción.

 

            Señalas una cosa que es también importante sobre el efecto invernadero y es la existencia de otros gases, así como otros que producen mayor efecto invernadero. Es cierto, pero hay dos cosas importantes que hay que señalar. La primera es que el CO2 es el procedente de nuestro sistema de producción, fundamentalmente, de los recursos fósiles y la deforestación; es decir, la eliminación de los sumideros naturales, como los bosques o los manglares y el fitoplactom. Y, como esto es así, pues se pone más atención en este gas. En segundo lugar, también está la propia divulgación periodística, que no científica, que han hecho mucho hincapié en ello. Ésta es la explicación. Es cierto que el video de Al Gore, es alarmista, aunque yo no lo veo tanto. Para mí el problema es que hace sentirse al ciudadano culpable. Y esto no es así. Y ahí creo que estamos de acuerdo. El cuestión es un problema, por un lado, de sistema de producción y justicia social y, por otro, de quién manda. El video señala problemas objetivos, con cierta manipulación, en tono divulgativo, con un aparato científico débil, pero objetivo. El problema es que produce miedo, por un lado, y, por otro, sentimiento de culpabilidad. Es decir, que el problema recae sobre la ciudadanía. Y esto es una forma de control. Creo que ahí coincidimos. Pero de esto, a negar el hecho del calentamiento, más las innumerables transformaciones de la biosfera por la mano del hombre, va un abismo.

 

            Otra cosa que señalas. El IPCC no creo que sea tan malo como tú lo pintas. Además caes en contradicción y en una teoría conspirativa. Vamos a ver, si no se hace nada es porque a todos esos señores que tu señalas están ahí por interés propio para que no se haga nada, para tomar el control del relevo en las nuevas tecnologías y demás. Por otro lado, las previsiones del IPCC son muy suaves, para los riesgos que se pueden correr por los efectos sinérgicos del propio cambio climático. Creo que son tremendamente conservadores. De lo que se trata es de lo contrario, por eso veo una contradicción en tu exposición. Los que controlan los estados, la ONU, etc., y tú lo señalas, son los grandes inversores, el capital financiero, las grandes multinacionales globalizadas digitalmente y físicamente a base de mano de obra barata y explotación en régimen de semiesclavitud en los países pobres. A éstos no les interesa para nada el cambio de paradigma en la economía ni en el sistema de producción. Y lo que hacen es mantener un gran engaño para seguir acumulando riqueza. De paso, nos dominan con el miedo y nos hacen responsables de los problemas ecológicos y económicos. Lo estamos viendo ahora, el problema económico es un problema sistémico, y ellos son los culpables, sin embargo han embaucado al poder político y lo hacen sentirse culpable. Y, los estados, asumiendo esa culpabilidad les dicen a sus ciudadanos que se aprieten el cinturón, cuando cada vez hay más gente en los países desarrollados que pasa hambre. El problema económico es el mismo que el ecológico. Para que se entienda esto hace falta una nueva izquierda, un nuevo ciudadano y una nueva forma de hacer política. Creo que sólo nuestra tecnología, el conocimiento, nos puede salvar, pero éste debe estar dirigido al hombre, la humanidad, no al lucro y el bien de unos pocos. Creo que todo eso que se viene diciendo en contra del cambio climático no son más que cortinas de humo, algo así como el creacionismo frente a la evolución. Ésta última es un hecho, hay diferentes teorías para explicarla, y aún queda mucha tarea por hacer. Lo mismo ocurre con el clima. Lo que sucede es que nuestra existencia digna depende de él y de nuestra actuación. El sistema capitalista ha fracasado, es necesario que la ciudadanía tome conciencia y se rebele. Es tarea de los jóvenes la de pasar ya a la acción, el problema es que quizás hemos llegado tarde y Matrix se ha adueñado de la humanidad. Muchas gracias y es todo un placer. Saludos.

 

                                   ***

 

            La mentira sobre los sueldos y los trabajos de los funcionarios es fruto del gran engaño del sistema capitalista financiero que intenta anular las conciencias. De lo que se trata es de dividir a la clase de los trabajadores, así serán vencidos más fácilmente y aceptarán cualquier condición para ser explotados-esclavizados. Seguir por este camino es tirar por la borda doscientos años de derechos civiles, laborales y económicos. El estado de alarma y su prorroga es un síntoma de fascismo político que obedece ciego y sumiso al fascismo económico. Mientras tanto, pan y circo, y un poco de reyerta entre los esclavizados para entretenimiento de la mayoría, provocar odios y despistar sobre el origen de la mentira.

 

Contra el cambio Michel Caparrós.

            Leo muy sorprendido esta excelente obra. Algo entre ensayo y libro de viajes. Desconocía al autor. Pero su literatura es para deleitarse y no exenta de profundidad. Además, crítica, valiente y provocadora. Pocos escritos reúnen todas estas características. Su literatura, te lleva en volandas, aún sin coincidir con muchas de las tesis que defiende, o, al menos, cuando crees que habría que matizar. Una unión fantástica entre fondo y forma.

            Esta obra es un libro de viajes en la que se reflexiona sobre el cambio climático y el hambre en el mundo como opresión o injusticia. El autor viaja por una decena de países deprimidos y a raíz de su experiencia reflexiona sobre los problemas apuntados. Una de sus tesis fundamentales es políticamente incorrecta y esto da que pensar. Viene a decirnos que el problema del cambio climático no es el mayor de los problemas. Que detrás de ese discurso hay un discurso apocalíptico y esto lo relaciona con el hecho de que el hombre siempre ha necesitado de ideas apocalípticas para vivir. El cambio climático es el nuevo Apocalipsis que se cierne sobre la humanidad, la que está bien asentada en la opulencia y el derroche, para crear un estado de resignación y culpabilidad, que, en el fondo, son los instrumentos que el poder va a utilizar para seguir manteniendo el orden mundial, que no es mas que el de la permanencia del hambre y la enfermedad en más de la mitad del mundo. Para Caparrós, el problema real es el hambre. Y éste permanece oculto por el del cambio climático. No es que dude de que exista, lo que sospecha es que existen intereses detrás de la propaganda de este problema. Y estos intereses son políticos, geoestratégicos, y económicos. La idea de Caparrós es sugerente. Es la política de la distracción y el miedo para controlar a la ciudadanía. Es algo antiguo y que tiene que ver con la propia naturaleza humana.

            De paso, también hace una crítica al discurso ecologista. Considera que el ecologismo, con su Apocalipsis se puede, y en muchos casos así ha sido, convertir en una nueva religión, una creencia. De ahí que lo políticamente correcto hoy en día es ser ecologista, que los partidos recojan en sus programas el discurso del ecologismo, discurso verde. Es algo asumido como natural. Pero, mientras tanto, el problema más importante está por resolver, el de la miseria y el hambre en el mundo. Es muy cierto esto de que el ecologismo es lo políticamente correcto, que crea una falsa conciencia y que distrae nuestra atención y sensibilidad, porque siempre lo vemos desde nuestra perspectiva de ciudadanos acomodados. Además, el hecho de que el ecologismo se haya convertido, y esto lo añado yo, en un discurso políticamente correcto, lo ha domesticado, ya no es el discurso radical que sí es necesario, como veremos.

            Yo creo que el problema de Caparrós, independientemente de los certeros análisis que hace, es de perspectiva y de poner la atención en un fenómeno u otro; además, es un error el separar problemas que van unidos. El discurso ecologista se ha convertido en una religión con su Apocalipsis y todo y en el discurso políticamente correcto. Esto es cierto, pero no hay que perder de vista su raíz y radicalidad. El problema del hambre es el mayor de los problemas, pero no hay que olvidar que está íntimamente unido al problema ecológico. Me explico con más detenimiento.

            No se puede desligar el problema ecológico del problema del hambre porque ambos proceden de un mismo sistema de producción, el capitalismo. Además, el problema ecológico no se puede separar de su causa, es un problema antropogénico. Es decir, que la solución del problema ecológico es la solución de un problema humano.  Para mí el problema ecológico es un problema humano. Creo que, lo que le ocurre a Caparrós, es que está instalado, como también a los políticos y al pensamiento comúnmente aceptado del ecologismo, en el paradigma del capitalismo como sistema de crecimiento ilimitado. Las bases de la economía que sustentan la ideología capitalista son, epistémicamente, erróneas. Es necesaria su revolución para alcanzar un nuevo paradigma en el que las ciencias económicas participen del principio de entropía. Eso, por un lado, por otro, las políticas de desarrollo económico no tienen que tener como fin el aumento de la riqueza sino el bienestar del hombre. Es decir, que en ese nuevo paradigma, el lugar del crecimiento ilimitado debe estar ocupado por la ecosfera, sin la cual es imposible el desarrollo equilibrado y justo del hombre. La pobreza y el hambre surgen del paradigma del crecimiento ilimitado regido, sólo, por las leyes del mercado. El nuevo paradigma es integrador. De lo que se trata es de que, para la supervivencia del hombre, el centro no es el crecimiento económico ilimitado, sino la naturaleza, como la casa en la que vive el hombre. El problema ecológico es un problema ecosocial y sistémico, el hambre es una de sus consecuencias, la que más nos puede hacer sufrir, porque son nuestros semejantes los que mueren. Cuidar del hombre es cuidar de la naturaleza. Lo que debemos de entender es que sin naturaleza, no hay vida humana digna. Si queremos la dignidad, la igualdad y la libertad, debemos preservar la naturaleza, pero no porque ella, como la religión ecologista dice, tenga un valor en sí, sino porque tiene un valor para nosotros. Ni siquiera la especie humana tiene un valor en sí mismo, el valor que tiene el hombre es el que él mismo se otorga. Pero nuestra propia naturaleza conlleva la empatía, por eso no podemos soportar el sufrimiento del semejante, prójimo/proximus, el cercano. Para empatizar con el otro lejano, tenemos que pasar de las emociones a la razón, es necesaria la abstracción. Igual ocurre con la naturaleza, defender el valor de los animales es un esfuerzo de la razón que viene impulsado por la emoción, empatía, que siempre es menor que la que podemos tener con los seres humanos. Por eso los valores son una conquista de la humanidad, hacer el bien sólo nos viene condicionado en nuestra herencia genética, con respecto al cercano. Valorar al otro como un ser independiente y sujeto de dignidad es una conquista ética, valorar a la naturaleza como algo con valor en sí mismo es una abstracción mayor y más difícil. Una segunda ilustración, que diría Riechmann.

Enhorabuena, Antonio. Estoy absolutamente de acuerdo con lo que dices. Tiene esto que ver con lo que muchas veces hemos señalado, la ausencia de la educación de la voluntad. De lo que se trata es de forjar esa voluntad que las pseudociencias de la psicopedagogía han perdido en su afán cientificista. Los padres son sobreprotectores y producen debilidad en los hijos, debilidad que dura toda la vida. Porque la voluntad es fruto de la virtud, que es fuerza y, por ello, como bien has señalado, requiere esfuerzo. El niño, con su esfuerzo reconocerá sus límites y sus capacidades se desarrollarán, llegará tan lejos que él ni lo sospechaba. Ahora bien, con la ayuda, se atrincherará en la vagancia, la pereza, el vicio natural del hombre, que la psicopedagogía constructivista quiere potenciar. El esfuerzo es la madre de la virtud. Y ello supone el ejercicio continuado de una tarea y que ello se convierta en hábito. Cuando el trabajo es un hábito, no se puede vivir sin él. Y es en el trabajo donde nos viene la inspiración, que decía Einstein y ya se ha señalado. O como nos decía un profesor de historia en octavo de EGB, “el talento, señores, está en el culo, en ser capaz de estar ocho horas seguidas estudiando.” Esta frase de un profesor en un momento adecuado ha sido directriz en mi vida. Hay más sabiduría y sentido común aquí que en todos los planes de apoyo, refuerzo y no sé qué más de la LOGSE… Y lo que venía a decir dicho profesor, seco, huraño y serio, pero sabio, es que el valor es el esfuerzo. Y nada hay sin esfuerzo, aun siendo todos distintos. El esfuerzo nos garantiza poder llegar a donde podemos llegar, pero nunca eliminará las diferencias. Por eso, otro mal de nuestra enseñanza es el aburrimiento del inteligente. Éste tiende a amoldarse al sistema, incluso sufre las burlas de los compañeros. Es un tema importante éste que debería ser tratado aquí. Por eso el nivel de excelencia en nuestras aulas es mínimo. El sistema educativo favorece la mediocridad y la convivencia con el compañero discrimina al mejor, al esforzado, responsable e inteligente. Éste resulta hoy en día ser objeto de burla, y esto es muy grave.

Hay una soledad real del profesor en la medida en la que se enfrenta a un público que son sus alumnos, pero, también, sus espectadores. Dar una clase es, muchas veces, actuar. Pero esa soledad que es profunda, enriquecedora y te hace valiente, es valiosa. Hay otra soledad que es la del auténtico profesor frente a la administración y el poder educativo, ésta pretende minar tu autonomía, pretende domesticarte. Y, en realidad, ésta no es la soledad, sino que uno cada día se siente más vigilado.

Todo esto viene de mucho más lejos. La monarquía fue impuesta por el antiguo régimen. La transición no fue exactamente un modelo. Existe realmente una transición violenta. Esto se ha intentado ocultar. Por otro lado, hubo una cesión de la izquierda inaudita. En definitiva, estos que nos gobiernas fueron los auténticos listos y supieron ver por donde iban los tiempos a nivel mundial. Por eso han triunfado durante tantos años. Fueron participes del nuevo orden mundial y lo crearon o participaron en su creación. La educación española participa de ese nuevo orden. Por eso, la solución de los problemas es global, siempre lo sugiero. La educación, ni es una burbuja ni un problema en sí, sino una consecuencia. Y el problema está en todos los países “desarrollados”; es decir, los neoliberales. El problema es global. Nuestra democracia hizo su transición con la UCD en manos de las fuerzas del movimiento nacionalcatólico, la segunda transición la hizo con el PSOE,  que se plegó a las fuerzas del neoliberalismo, que desde los setenta empezaban a liderar  el mundo. Uno de los resultados de ese neoliberalismo es el tipo de educación que tenemos en los países de la OCDE. Nada nuevo, engaño. El problema es que, en España, como veníamos desde la nada, por poco que hiciesen estos progres en universalizar el estado de bienestar y profundizar en la socialdemocracia, pareció un mundo. De ahí que vivamos en un país de “señoritos satsfechos” que diría el insigne Ortega.

Es muy necesario hoy en día recuperar el pensamiento de pensadores como Ortega. Los progres pueden llamarme facha o reaccionario; pero, la verdad, es que los fachas son ellos, los reaccionarios-progres, ellos. La democracia, y eso desde sus orígenes, léanse el discurso fúnebre de Pericles, es el gobierno de la mayoría para que los mejores ocupen el gobierno. Pero sólo es posible por medio de la educación de la mayoría, pero no por la retórica, demagogia y el engaño, si no por la razón. Como decía el viejo Platón “La retórica es al alma lo que la cosmética al cuerpo.” Por eso hay que recuperar la verdadera enseñanza, la que busca la excelencia,  la meritocracia, y esto no está reñido con la igualdad. Lo que ocurre es que estos progres han confundido la igualdad con la igualdad aritmética. No existe igualdad ontológica, sino democrática. Y esto significa, igualdad de oportunidades, no mediocracia. Lo que sucede es que al poder le interesa la mediocracia. De ahí el sistema de educación que tenemos, un auténtico atentado contra la igualdad en nombre del engaño de la igualdad. La domesticación por medio del meoliberalismo está en marcha. La sociedad es obediente y sumisa. El hombre masa triunfa. Pero Ortega se equivocaba, detrás del hombre masa están las fuerzas del gran poder. Y éste es el que crea y moldea a tal hombre masa que parece el que realmente manda. Falso, el poder lo excede. El hombre masa es simple marioneta. Y eso se le olvidó a Ortega.

La caída de Europa.

 

            El momento histórico que vivimos es decisivo para la humanidad. Puede hacerse real esa ideología del fin de la historia y el choque de civilizaciones. Dos ideologías inventadas por el poder del neoliberalismo para dominar el mundo de forma totalitaria, desde el pensamiento neoliberal o, más claramente, la libertad del mercado, o la barbarie del mismo. La caída de Europa, no es sólo la caída económica de una potencia mundial, la que Europa representa; sino que es la caída de la modernidad. La construcción de Europa arranca desde los griegos con la conquista del logos frente al mito y el poder de la superstición. Y con la conquista de la democracia ateniense, que conlleva el concepto de ciudadano: isonomía e isegoría. A esta tradición hay que sumarle el cristianismo, con su aporte ético, fundido con el estoicismo, y, también, su historia de crimen y alianza con el genocidio. La globalización de Europa desde el Renacimiento se hizo por medio del poder militar y económico que llevaron consigo el colonialismo. Una historia de exterminio y opresión. Pero con la ilustración comienza a ponerse límites a este abuso, así como se ponen las bases para un pensamiento universalista y cosmopolita. Esta razón ilustrada también se pervierte y de ella emergen los grandes totalitarismos del XX y del XXI. Hoy en día nos encontramos en el totalitarismo del neoliberalismo.

 

            Toda lucha ha sido la lucha por el poder. Unas civilizaciones se suceden a las otras porque le arrebatan el poder. Pero, lo común de la historia europea, es que a lo largo de toda ella ha habido un intento de universalización de la ética y la política. Un intento de estar por encima de la propia barbarie que ella ocasionaba. Un intento de conseguir un progreso ético-político real. Por eso, la caída de Europa no sólo representa la caída de un poder económico que a los Estado Unidos, China y los países emergentes puede interesar, sino la posibilidad de un modelo ético-político para una sociedad global. La lucha como digo es una lucha por el poder. El fin de la historia no es más que la ideología para justificar el credo del neoliberalismo y el choque de civilizaciones es la ideología que nos permita luchar sin escrúpulos contra los poderes económicos emergentes, con especial atención a China. Y esta es la historia. Pero, ni los Estados Unidos, que representan al credo neoliberal, ni los países emergentes, ni China son la solución. Parece que algunos quieren ver una alternativa en China. Creo que se engañan. China ha adoptado el neoliberalismo en su política exterior, eso, por un lado, por otro, participa de la ortodoxia económica: el crecimiento ilimitado dentro de un planeta limitado. Su poder es, su poder económico. Su socialismo no es más que la caricatura de un totalitarismo atroz y de un genocidio. China se ha convertido en la máxima productora mundial siguiendo el catecismo neoliberal. Ha conseguido abrir sus fronteras a las grandes multinacionales a las que les interesa producir allí, porque, simplemente, es más barato. Y esto a costa de los trabajadores. Esto no es un país socialista. Es un totalitarismo. Que la mayor parte de la riqueza esté en manos del estado no significa socialismo, ya que el estado participa en el esquema neoliberal. Hombre, que el estado posea la mayor parte de la riqueza debería garantizar la redistribución de la riqueza, eso es algo que habría que analizar. Lo que yo digo es que no existe una bondad ético-política en el sistema chino. Internamente son un régimen totalitario, externamente se rigen por el libre mercado jugando perfectamente desde la sabiduría china milenaria que les ha permitido usar la fuerza del oponente para vencerlo, eso es lo que están haciendo con los Estados Unidos y sus aliados.

 

            De tal forma, pues, considero que China no es una vía que abra las puertas a una sociedad más justa. China será el relevo en el poder económico y militar en unas décadas, pero seguiremos instalados en el totalitarismo. Es más, durante estas décadas se profundizarán los problemas de recursos energéticos, agua, alimentos, etc., con lo cual las puertas del fascismo están abiertas. El choque entre los Estados Unidos y China es un choque por el poder. Dos países que liderarían dos bloques. Es, por ello, que considero, que la caída de Europa es la caída de la esperanza en la construcción de una civilización global y plural con una ética cosmopolita integradora. Los valores están ahí desde la ilustración, el ideal político lo tenemos desde Kant, hay que repensarlos y llevarlos a la praxis actual por medio de la creación de instituciones internacionales que velen por estos valores y estén por encima del poder de la fuerza y del capital. Lo que nos jugamos con la caída de Europa es el olvido de esta conquista ético-política milenaria, que ha aprendido de sus espantosos errores, pero que, a su vez, ha creado el cuerpo de conocimientos que nos permitan evitar el abismo del fascismo y la barbarie hacia el que los más poderosos nos dirigen.

Un peligro, el poder se alía con los ciudadanos convirtiéndolos en vasallos. Los halaga, los complace, para dominarlos. Es la forma de justificar la fuerza, no la razón. Un totalitarismo se caracteriza por el triunfo de la razón de la fuerza frente a la fuerza de la razón. Pero con la enseñanza que tenemos, qué podemos esperar, sino la barbarie y el fascismo.

 

                                   ***

 

Demencial y bochornoso. Encima ellos se lo creen. Pero, como dice Franciso Javier, la situación es general. PISA es un engaño internacional. Es el triunfo del poder del capital y del posmodernismo. Se persigue la ignorancia y se consigue. Se usurpa la excelencia, y se consigue. Sin excelentes no hay sabios ni protestas. Se persigue la uniformidad y se consigue bajo el pensamiento único de los dictados psicopedagógicos. Es la barbarie del fascismo al que nos encaminamos.

 

Lo que te quería comentar, Mari Cruz, tiene que ver con el asunto de la política. A mi el discurso de Vargas Llosa me parece magistral, desde el punto de vista literario. Como sabes, por el artículo que te mandé, no comparto su posición política, que creo que es un error de entendimiento. Ha tomado el neoliberalismo como la única democracia y esto es un pensamiento único y da lugar a un totalitarismo o sociedad cerrada en términos de Popper. Pero todo esto está, de forma muy sintética, en mi escrito. En lo que no coincido contigo es en el hecho de que no se deba mezclar en su discurso la política con la literatura. Es más, toda la obra literaria de Vargas Llosa, está insuflada de política, de lucha contra la opresión, de denuncia de la arbitrariedad del poder, de justicia social... Otra cosa es su ensayo político. Creo que su literatura es fantástica, me parece estar leyendo a un clásico del XIX cuando lo leo. En fin, que en su vida hay una unión entre el quehacer literario y la reflexión política. Señalas una cosa muy importante, con la que estoy de acuerdo, pero que me preocupa. Es el asunto de los tópicos. Afirmas que su discurso está lleno de tópicos, libertad, totalitarismos. Bien, el problema es que, ¿cómo es posible que conceptos e ideas tan importantes han podido convertirse en tópicos?, ¿cómo la ciudadanía se ha hecho tan escéptica en el asunto político o público y en política? Dos son, para mí, las explicaciones fundamentales. La primera es la desvergüenza y desfachatez de la clase política. Casi no es necesaria la argumentación en este caso, es una evidencia a los sentidos. La segunda razón es que, el poder, ha creado una serie de valores a partir de los cuales lo público no es algo interesante o de importancia. Es una creación de un neolenguaje, que a su vez crea un sentimiento y una acción, que diría Unamuno, que hacen del ciudadano un vasallo en el sentido de que deja la política en manos de la clase política. Y esto es lo que al poder le interesa, tanto al político, como al que lo trasciende, el económico. Y esto es un problema grave, porque esto significa la antesala del fascismo político. Creo que estamos asistiendo al fascismo económico, pero estamos en el preámbulo del fascismo político. Han creado el estado de ánimo para que desesperemos de la política. Han convertido la libertad, la opresión, el totalitarismo, la justicia social, el hambre y la miseria en el mundo… o bien, en tópicos, o en discursos demagógicos, los han vaciado de sentido. Por eso es necesario una regeneración de la sociedad civil, es necesario pensar en la cosa pública, denunciar a nuestros gobernantes. Reconstruir una verdadera república, frente a la demagogia oligárquica y partitocracia en la que vivimos. Pero para eso es necesario el poder de los ciudadanos. El fascismo del siglo XX, entre sus múltiples causas y detonantes, contó con la connivencia de la ciudadanía. Esto, creo, sinceramente, debe servirnos como aviso.

El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces.

 

            Creo que ésta es una frase que pertenece a la película tierra de penumbras. Sentencia que dice el profesor a sus discípulos cuando reflexiona sobre la enfermedad de su mujer. Excelente película y excelente interpretación. La causa del dolor es el deseo y éste nos arrastra hacia la felicidad, por eso el deseo es bifronte: dolor y sufrimiento. El que quiere y desea, padece. Ya lo decía Buda, “he tenido un hijo, me ha surgido una cadena.” Felicidad y tristeza son inseparables, incluso en la alegría se teme perder el objeto de tal sentimiento. La salida es la estoica. Distancia frente al deseo. Pero la entramada complejidad de la vida hace esto casi imposible. El sabio debe renunciar a mucho, entre otras cosas, a los vínculos más cercanos. Si no es así, o es un egoísta o un parasito o un insensible. Como siempre digo, para resolver este dilema, es mejor fomentar la virtud, en tanto que fuerza y excelencia. La felicidad es engañosa, aparente y arbitraria. Es mudable y caprichosa.

 

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            Claro, por eso el paraíso no está hecho para el hombre. Todos los mitos que intentan explicar el sufrimiento humano parten de una desobediencia, de un estado primitivo y feliz que el hombre abandona por orgullo, vanidad, en suma, insatisfacción. Es el carácter hibrido de nuestra naturaleza. También es nuestro carácter proteico, no podemos parar, siempre en construcción y transformación de la naturaleza, depravándola.

Absolutamente de acuerdo, Manolo. No se puede sacralizar. Esto nos lleva a dogmatismos y, peor, fanatismos como señalas. Carpediem toca un tema muy delicado: los límites del conocimiento. Pero creo que estos no se pueden relacionar con la actitud creyente de muchos científicos. Desde la objetividad la ciencia excluye a la creencia en tanto que ésta intenta explicar el mundo. Pero éste es sólo un aspecto de la creencia. La actitud religiosa es una forma de estar en el mundo, es la forma primigenia de estar en el mundo, es la forma adaptativa que nos permitió sobrevivir, cuya primera forma fue precisamente algo similar al animismo. Por tanto, nuestra creencia en lo anímico, lo sagrado, lo espiritual, tiene una raíz filogenética. Es el centro del origen de la cultura. Nuestro cerebro está diseñado para creer, es un fabulador de realidades, léase al neurofisiólogo Llinas, “El cerebro y la construcción del yo”. Lo que quiero decir con ello, es que el origen de la creencia no es el hecho real de que la ciencia no puede explicar la totalidad. El conocimiento científico tiene límites bien marcados. Estos límites son internos y externos Los que tienen que ver con los límites sociopolíticos e históricos). Los internos vienen por nuestra propia construcción cognitiva. Hay que tener en cuenta, y esto es uno de los grandes enigmas de la evolución, que nuestros cerebros no evolucionaron para hacer ciencia, ni la música de Bach, que ahora escucho, sino como respuestas adaptativas. Por esos nuestro cerebro, su construcción es, digámoslo así, chapucera. Su estructura es el fruto de construcciones que se amontonan y que han ido sirviendo como respuestas adaptativas. El conocimiento es una consecuencia colateral. Pero es que, además, tanto la percepción del mundo, como su entendimiento está ligado a nuestra propia estructura. Con la tecnología hemos trascendido ampliamente los sentidos, aunque no totalmente, por supuesto, pero nuestros conceptos, la sintaxis con la que entendemos-construimos la realidad, condiciona esa realidad. Esto es un resultado también de la teoría cuántica, sin, por ello, caer en el subjetivismo, como muchos científicos y filósofos hicieron. La objetividad consiste en que todos tenemos unas categorías, heredadas filogenéticamente, universales para acceder a lo real, pero la realidad que conocemos es construida por estas categorías. Otros seres inteligentes tendrían otra forma de ver el mundo. La objetividad clásica, la diferencia radical entre sujeto y objeto, es otra rémora de la modernidad antropocéntrica. Ya se dio cuenta Kant de ello. La realidad es mucho más amplia que el conocimiento y la objetividad. O, el mismo Spinoza, al que siempre vuelvo, tanto en ontología, como en ética. Si la realidad es la sustancia infinita, tiene infinitos atributos y cada uno de ellos infinitos modos. Los atributos que conocemos son la extensión (hoy hablaríamos de las cuatro dimensiones) y el pensamiento). Y, desde este pensamiento (el del homo sapiens) es desde el que tenemos acceso a la materia. Así que el límite del conocimiento no es un x ignotum, sino una imposibilidad estructural y ontológica. Este camino de humillación también nos pone en nuestro lugar. Como decía Carl Sagan, no somos más que una voz en la gran fuga cósmica.

La imagen determinista y mecanicista del mundo hizo posible el surgimiento de la ciencia y su gran apoteosis. Sin esa simplificación la ciencia hubiese sido imposible. Pero, como sabemos, el mundo es más complejo. Lo material no se puede reducir a la razón mecánica que se explica por la causalidad eficiente. Ni siquiera la misma física clásica es del todo determinista. En el fondo está el tema de la libertad, pero no lo voy a abordar aquí. La misma física clásica bajo sus ecuaciones lineales llega al problema de la probabilidad con la teoría de los gases. Y aquí está ya planteado el problema. Esa probabilidad es objetiva o subjetiva. Si es lo último sería incertidumbre. Es decir, falta de conocimiento. Esa fue la opción de muchos. Sin embargo algunos pensaron que la probabilidad era objetiva. En dos sentidos, en tanto que la podemos tratar matemáticamente, ley de los grandes números. Y, en segundo lugar, es un aspecto de la naturaleza. Es decir, en la naturaleza ocurren cosas estocásticamente. Esto es importante porque abre el camino a la ciencia del siglo XX. La física cuántica plantea el problema en su forma más profunda a partir de los principios de indeterminación de Heisenberg y el experimento de la doble rendija. Todo ello nos hace pensar que la realidad material es distinta a la imagen que nos ofrece el mecanicismo clásico. Ya no podemos hablar de corpúsculos, sino de amplitud de probabilidad que se representan en el espacio de Hilbert. El experimento de la doble rendija exige otro concepto de materia que se adapta al de amplitud de probabilidades. Ahora bien, esto no elimina la posibilidad de predicción. La física cuántica está a la base de gran parte de nuestra tecnología, es decir, los fenómenos cuánticos son perfectamente predecibles. Es más, la teoría cuántica ha sido, epistémicamente, de las más exitosas. Otra cosa es que haya, como lo llamaba Popper, un gran embrollo cuántico, en el que hay planteado problemas filosófico-científico de trascendencia. Pero, en su dimensión pragmática, la mecánica cuántica es una de las teorías más exitosas de toda la ciencia.

 

            Lo bueno es que, sin renunciar a la objetividad, al realismo crítico y a la racionalidad crítica, todo esto nos exige una nueva concepción de la materia en la que el azar es importantísimo y de ahí se deriva la emergencia. De estados básicos surgen estados más complejos. Por otro lado, ese nuevo concepto de materia se ha alimentado también de otros desarrollos científicos procedentes del ámbito de la matemática y el estudio de fenómenos complejos como el clima. Estas teorías son fundamentalmente tres, la teoría de los fractales, la teoría de la complejidad y la teoría del caos. A ello hay que sumarle la teoría general de sistemas, procedente de la biología. Este conjunto de teoría no violan, ni la objetividad, ni el realismo, ni la posibilidad de predicción. Pero sí nos ofrecen una nueva forma de ver la materia que es más profunda y menos simple. Y de esta nueva visión de la materia surge la idea del materialismo emergentista. Todo es materia, pero en la propia estructura de la materia (no entender aquí corpuscular, porque esto es una traición de nuestra imaginación) está la capacidad de organización que genera, por sí misma, estructuras sistémicas superiores. Es la idea de estructuras disipativas del Nobel y bioquímico Prigogine. Estas estructuras sistémicas superiores son cada vez más complejas y se producen relaciones causales de retroalimentación. Entender desde la complejidad, el emergentismo, las relaciones sistémicas,… las relaciones entre hombre y naturaleza, sería la base de un nuevo paradigma, que sustituye al mecanicista, que beneficiaría al propio hombre. Pero, un aviso, detrás de todo esto hay ciencia, no magia ni misticismo. Lo que sucede es que la ciencia cada vez se parece más a una visión mística del mundo. No debemos salir del panteísmo de Spinoza. Dios o naturaleza, naturaleza o dios.

La evolución no para nunca. El ser humano no es nada especial. Vamos a ver. Desde la teoría puntual de la evolución puede haber un estado de equilibrio en el que no hay evolución. El error viene de la idea filosófica que subyace a la teoría sintética de la evolución, que consiste en pensar que hay un progreso en la evolución. La evolución, ni es progresiva, ni constante, ni tiene un sentido y, menos, una finalidad. Todas las especies existentes están perfectamente adaptadas, hasta que desaparecen por inadaptación al cambiar el medio. Pero otro error, que viene de la teoría ortodoxa, es la separación radical entres ser y medio. Todo ser vivo transforma el medio. Si no hubiese sido así, por poner un ejemplo extremo, no habría aparecido el oxígeno en la atmósfera debido a las cianobacterias, lo cual le acarrearía su propia destrucción. El hombre transforma el medio, efectivamente, pero, no puede exceder el medio. La cultura, todo aquello que excede la naturaleza, pero que procede de ella, es nuestra forma de adaptación al medio que conlleva, como en todos los seres vivos, una transformación a nuestro favor de ese medio. Las relaciones entre los seres vivos crean y producen el medio, éste debe ser incluido dentro de la evolución. Cuando hay un equilibrio, las relaciones son de simbiosis, ahora bien, puede ocurrir que las relaciones sean parasitarias. En tal caso se puede terminar con el huésped o éste, con el parásito. En el cado del homo sapiens es esto último lo que puede ocurrir. El hombre no puede acabar con la biosfera, ni aunque se lo proponga, como dice Margulis.

 

            Por otro lado, decir, que el hombre no es ninguna especie definitiva. Esto conlleva un sentido finalista de la evolución, un sustrato teológico-filosófico. El hombre es una especie más, que está aquí como resultado del azar y la necesidad y, su fin, depende de esas mismas leyes. Soy más partidario del equilibrio puntuado que del neodarwinismo, por los problemas filosóficos y científicos que se le plantean a éste. Los cambios siguen existiendo, pero hay que tener en cuenta que los cambios, por ejemplo, en el cerebro no tienen que tener un aspecto morfológico. Por ejemplo, existe una tesis, la de los monstruos comportamentales, según la cual, un cambio adaptativo tiene que ver con la conducta, con la forma de actuar del ser vivo. En tal caso, podemos entender a los superdotados como avanzadillas de la evolución. Siempre, por supuesto, teniendo en cuenta que no hay ni tendencia ni sentido.

 

            Por otro lado, hay que hacer notar también, que en el homo sapiens hay que contar con lo que podemos llamar tecnoevolución. Nuestro conocimiento científico está sirviendo para transformarnos. Hay dos vías abiertas que se retroalimentan: la cibernética con la cual se podrán incrementar nuestras capacidades generando ciborgs, organismos biológicos y cibernéticos (simplemente tener un marcapasos es el inicio de un ciborg) y, por otro lado, la ingeniería genética en sus dos aplicaciones. Una eliminar desde el inicio las malformaciones y enfermedades de origen genético y, por otro, la potencialización de nuestras facultades y defensas. Todo esto abre un nuevo camino de la evolución humana. Ahora bien, en este caso sí seria finalista, porque estaría dirigida por las intenciones del hombre. Y aquí es donde podría surgir un debate ético-político.

Excelente comentario, Ruben. La filosofía, como actividad crítica, como saber de segundo orden, debe analizar la ciencia en su dimensión ética y prevenirnos de los dogmatismos que pueden llevarnos incluso a los totalitarismos. Esto es así porque la ciencia está implicada en la sociedad. Y por eso es necesario un conocimiento de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad. Cuando yo hablo de la necesidad del estudio de la ciencia en su dimensión histórica me refiero al periodo de formación, no en la actividad de investigación. Por otro lado, la filosofía, el pensamiento crítico, y eso lo olvidamos, porque participamos del cientificismo, tiene un aspecto positivo. La cuestión ética y política, forman parte de su ámbito. Y, aunque las ciencias, fundamentalmente a partir de la biología evolutiva, la etología, la psicología evolutiva, etc, aportan luz y conocimiento sobre la naturaleza humana, la reflexión en el ámbito ético y político, así como la propia acción, dependen de la filosofía. Nuestra cultura tecnocientífica nos hace olvidar los grandes logros de la filosofía, que, además, son condición de posibilidad del desarrollo tecnocientifico. Me refiero, por ejemplo, a la democracia, como forma de gobierno o a los derechos humanos como guía ética, política y judicial de la humanidad.

 

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            Excelente reflexión, David. Esto es algo, que como Antonio, me planteo continuamente. Tus reflexiones han dado una forma más clara a mis ideas. La dimensión histórica en la enseñanza está abandonada por conveniencia de la ideología del poder. El conocimiento del pasado nos lleva a la posibilidad de un pensamiento crítico y disidente. El Pasado es entendido casi como una justificación de nuestro presente paradisíaco. Si no conocemos el pasado, nuestras raíces, no podemos proyectar el futuro. Y, como sabemos, el objetivo fundamental de la educación es la adaptabilidad, no la capacidad de transformación de la realidad. Por eso, el pasado no interesa. O, interesa, mejor, de forma falseada. Si queremos individuos felices y adaptables, como señala Raus., es necesario que sean ignorantes de su pasado y que su mente, desde el conductismo y el constructivismo, sea concebida como una tabula rasa. Gran error y, sobre todo, gran engaño manipulador. Con ello, los teóricos de la educación, quieren convertir a ésta en un experimento de ingeniería social al mejor modo orwelliano.

 

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            La hipótesis de Gaia es tremendamente interesante. Ha sido atacada de acientífica, pero ello es un error. Porque lo que ha sucedido es que los que la atacaban tenían una concepción mecanicista de la ciencia y la realidad. La teoría de Lobelock no es acientífica, sino que supone un tipo de relación en la realidad que entra dentro de la teoría de sistemas. Desde esta teoría los fenómenos no se entienden de forma separada, como unidades autónomas que se vinculan por medio de la causalidad eficiente, sino como un conjunto de relaciones complejas, no direccionales, de las cuáles surge propiedades emergentes nuevas. Así podemos entender la teoría de Gaia, desde la concepción sistémica. Esto no es confundir la tierra con un ser vivo, con conciencia y demás. Sino considerarla como un sistema con propiedades emergentes. Y es en esta situación en la que podemos entender la relación entre el hombre y la naturaleza o el planeta. Somos parte del sistema y estamos en relación necesaria con él. Pero nuestra relación puede ser simbiótica o parasitaria. En el caso de la primera deberíamos asumir nuestra igualdad natural u ontológica con el resto de seres naturales y nuestra interdependencia con respecto a ellos. La relación parasitaria, que es a la que nos ha llevado nuestro desarrollo cultural desde el neolítico, sin posible vuelta atrás, tiene dos salidas. O la muerte del receptor o la del parásito. Lo que es seguro es que el hombre no puede con la ecosfera. Puede cambiar las relaciones del sistema, de lo cual saldrá perjudicado. Pero, la vida y la ecosfera continuarán. En definitiva, si seguimos así, al hombre habría que entenderlo como una infección para el sistema, pero no un cáncer. Una infección, en todo caso, fácilmente curable. Los tiempos geológicos son inmensos y el homo sapiens es insignificante dentro de ellos.

Sí es cierto eso de que existe una relación entre los psicopedagogos y la religión. El hecho de que muchos de sus máximos representantes procedan del opuseismo y otras sectas, sería necesario probarlo documentalmente. Ahora bien, para mí esto carece de importancia. Lo que me preocupa es el aspecto religioso de la secta. Digo esto porque la estructura de sus pensamientos (ideología, sistema de creencias) coincide con el de la religión, más bien, con el de una secta, que sería una religión radicalizada.

En primer lugar, su pensamiento es acrítico. No admiten la crítica porque se creen poseedores de la verdad absoluta. Y ello, además, se suma, a su cientificismo, que, como sabemos, es otra forma de religión; la religión de la ciencia. En segundo lugar, su discurso es redentor. No hay salvación más allá de la secta. El que discrepa es un disidente, un hereje, vive en el error y está condenado. Lo políticamente correcto es una forma de integrismo de las ideas. Y, la secta de los psicopedagogos, animada por la progresía política, acumula todo el pensamiento políticamente correcto que existe. El pensamiento cerrado, excluyente es intolerante, fanático y, en su extremo, violento. De momento, la violencia, es la exclusión. Por eso, al considerarse poseedores de la verdad absoluta tratan de imponerla. En los sistemas pseudodemcráticos en los que vivimos, más bien, partitocracias oligárquicas, el pensamiento hegemónico se impone por la fuerza, vía administrativa, sin contar ni con la ciudadanía, ni con los interesados. En este caso el cuerpo de profesores. Por el contrario, éste es engañado y seducido. Ésas son las tretas del poder absoluto que se ejercen desde las mismas entrañas de la supuesta democracia.

Su pensamiento es un pensamiento cerrado, llámese, también, pensamiento único. Pero un pensamiento único es un pensamiento cero. El pensamiento es diálogo. La secta psicopedagógica al eliminar la disidencia, elimina la diferencia de pensamiento y la posibilidad del diálogo. Por eso, si la actitud científica y filosófica es la de la crítica, que necesita de la pluralidad de ideas, la de la religión es la de la creencia. Los psicopedagogos creen en sus “teorías”, no las discuten, ni las debaten. Son dogmas. Por eso son practicantes de una religión no de una ciencia ni de pensamiento crítico alguno. Como decía Ortega, en las creencias se está, las ideas se tienen. Cuando uno tiene creencias, igual que opiniones, es esclavo de ellas. Cuando uno tiene ideas las discute desde la razón. A las creencias nos sentimos atados por las emociones, a las ideas llegamos por medio de la razón.

Y, por último, el pensamiento de los psicopedagogos es un pensamiento religioso, una creencia, porque a la base de su actitud redentora subyace la idea de salvación. Todo aquel que siga nuestro pensamiento se salvará. Sólo el que cree alcanzará el reino de los cielos. Es decir, que la visión que del acontecer histórico tienen procede del cristianismo y de la secularización de su idea de historia. La historia como historia de la salvación del hombre por medio de la verdad y la obediencia. Esto es típico de todo pensamiento utópico postilustrado, y, como hemos señalado, es una de las perversiones de la razón ilustrada. Pues la psicopedagogía, que participa de todas estas cosas que venimos comentando ha de ser entendida, en conclusión, como una religión, en su forma más dogmática y fanática, la secta.

Más sobre inteligencia emocional, felicidad y libertad.

 

            Lo de la inteligencia emocional y su aplicación a la enseñanza me parece, a pesar de su base en las neurociencias y de su verdad, mera ideología. No se trata de negar la inteligencia emocional, eso es erróneo. El hombre, en tanto que ser social, se desarrolla emocionalmente en relación con los demás. Y es importantísima la infancia para ello. El problema es que lo que se persigue, desde la política educativa, meramente ideológica, que aquí ha encontrado un filón, es el adoctrinamiento. Se me parece mucho esto a lo de “Un mundo” feliz de Huxley. De lo que se trata es de tener adormecido y feliz a la ciudadanía. Es la manera de ejercer el control. Todo aquel que no se adapta al modelo Standard es que tiene un problema de inteligencia emocional y ahí tiene que intervenir el orientador, psicopedagogo, cual ingeniero, para enmendar el desastre y devolver el rostro de felicidad atontada al infante. No es que yo piense que el niño no deba ser feliz, cuanto más mejor. Cuanto más alegre, mejor. Pero la idiosincrasia de cada cual es inalienable. Tampoco, por mucho que hagamos, el infante estará exento de frustraciones, de éstas se aprende y son inevitables, tanto en la infancia como en la vida adulta. Las frustraciones nos ayudan a conocernos, a saber cuál es nuestro lugar y cuáles son nuestros límites y cómo tenemos que convivir con ellos. Es lo que decía Ortega, yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas, no me salvo yo. Salvar mis circunstancias, esto es, todo aquello que me determina y condiciona, es un ejercicio de libertad. Ser yo es ser dueño de mis circunstancias, ser capaz de trascenderlas en la medida que las conoces y actúas desde ellas. La adaptación a las circunstancias es desconocimiento de las mismas y esclavitud. No se trata de crear mentes sumisas sino autoconscientes y liberadas. El ideal del sabio es el conócete a ti mismo. En el conocimiento de uno mismo está nuestra liberación. Pero ese conocimiento puede acarrearnos infelicidad y frustración. Nadie ha dicho que el camino del conocimiento, la virtud y la libertad, todos ellos vinculados causalmente, sea fácil; ya el viejo mito de la caverna platónica nos avisaba del peligro de la ascensión por la pared de la misma, que simbolizaba el conocimiento. Y también nos advertía del peligro que corre el sabio cuando vuelve a la caverna y les cuenta a los esclavos que viven en las apariencias, el engaño y la autocomplacencia.

 

            Me parece que la utilización política de la inteligencia emocional va en la dirección de la distopía de Husxley, lo que se pretende es proporcionar el soma que atonta y adormece plácidamente a los súbditos. Éste no es un mundo feliz, es un mundo esclavo. Hay que hacer notar aquí, que en la distopía de Huxley, se utiliza la ciencia, biología, para fabricar a los clones, concepto importante. De lo que se trata es de crear seres absolutamente iguales. Y, por otro lado, la psicología, como método de adoctrinamiento de la conciencia por medio del control de los estímulos. La propuesta política actual, basada en la teoría de la inteligencia emocional, concepto que en teoría es admisible y sobre el que la investigación en las neurociencias está abierta, no varía mucho de la novela que comentamos. De lo que se trata es, en nombre de la felicidad, de perseguir la clonación de la psique de los niños. Crear individuos exactamente iguales, predecibles y repetibles. Anular toda particularidad como si fuese un defecto o una enfermedad social. Esto es un atentado contra la persona. De lo que se trata es de educar en la persona. Ello quiere decir, educar en la diferencia, la particularidad, la libertad. La persona es tal porque es irrepetible, porque es un fin en sí mismo, no un medio. La psicopedagogía instrumentaliza al hombre y lo convierte en un medio. Anula su dignidad. El fin está claro. Lo que le interesa a las diversas formas de poder es el control. Y para ello lo que quieren son individuos, no personas, maleables. De ahí su concepto de adaptación. Lo que importa es la sociedad cambiante. El individuo no tiene identidad, tiene que adaptarse al cambio. Se hipostasía (se convierte en cosa autónoma) el cambio social y se aliena al hombre. El cambio social, por el contrario, no es una sustancia, es resultado de la acción humana. Si lo convertimos en sustancia independiente de la praxis humana, estamos aniquilando la libertad del hombre. Por el contrario, el objetivo de la educación, no debe venir marcado por la psicología, que convierte al hombre en un objeto, sino por la ética, que es la que aporta la dignidad humana. Nuestra historia desde los griegos para acá, es la historia de un gran proyecto ético. Cuyo progreso nunca está garantizado, es siempre contingente. Este progreso, que no es automático, sino que depende de la voluntad humana, pretende sacar al hombre de la coseidad, la esclavitud, la opresión y la alienación, y otorgarle dignidad. Pero ese proceso ético no está marcado por la adaptabilidad, sino por la lucha contra la opresión, contra los pensamientos totalitarios, contra las ideologías enmascaradoras, como la que subyace a las teorías pedagógicas actuales, contra la religión en tanto que mito. El proyecto ético de la humanidad es un proyecto en busca de la libertad. El primer ejemplo lo tenemos en la figura de Sócrates. Habría que releer el “Critón o el deber del ciudadano” y “La Apología de Sócrates”, para entender qué significa realmente educación y cual es su relación indisoluble, a menos que queramos eliminar a la persona, con la ética. Decía Sócrates que una vida sin análisis es una vida que no merece la pena de ser vivida. También, que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Esto, por supuesto, es inadaptación, es virtud. El análisis de uno mismo es nuestro autoconocimiento que nos permite el dominio racional de las pasiones, no la extirpación de las mismas. Sin pasión no hay ni vida, ni conocimiento. Sin pasión ni emoción, tampoco existe vida social. Pero nuestro autoconocimiento produce la diferencia. Ser libre implica seguir nuestra propia ley, autodeterminarnos. Ejercer la libertad es ejercer el derecho a la disidencia, piedra angular de la democracia, como he defendido en otros lugares. Sin disidencia no hay diálogo, y sin éste, no hay democracia. Si uniformamos a la ciudadanía, nos quedamos sin ciudadanos y sólo nos quedan replicantes, clones, aparentemente felices o, mejor, satisfechos, pero esclavos preparados para la adaptación al sistema.

 

            El sabio sabe que el pensamiento es discrepancia. Que la virtud le enfrenta al vicio y a la comodidad de la cotidianidad. Todos los sabios han pretendido seguir la virtud, ejercicio de la libertad, pero ello les ha llevado a la confrontación con la sociedad, con el orden establecido. Pero lo que es curioso es que, precisamente estos sabios, empezando por Sócrates, ya mencionado, han unido la razón con las emociones y esa unión consistía en la búsqueda de la virtud y la excelencia. Uno de los sabios modernos más ejemplares fue Spinoza. Creo que los psicopedagogos deberían recuperar su figura. Además les recomiendo una obra, “Las emociones en Spinoza”, del neurofisiólogo de prestigio mundial, Antonio Damasio en la que se hace un estudio de la ética spinozista a la luz de la neurofisiología. Spinoza entendió muy bien que existe una relación entre la facultad de la razón y las emociones. La virtud procede de una idea adecuada de mis emociones, mientras el vicio procede de una idea inadecuada. Pero este conocimiento le lleva al sabio a la libertad, pero ésta choca contra lo políticamente establecido. No olvidemos que Spinoza fue perseguido por católicos, protestantes y judíos. Él no persiguió la felicidad, sino la virtud. Ni su objetivo fue la adaptación, sino la verdad. De actitudes como éstas está plagada la historia. Y son estas historias las que producen progreso ético-político. Lo que ocurre es que el caso de Spinoza es ejemplar, porque nos ofrece una ética, demostrada more geométrico, en la que se analizan todas las emociones y sentimientos humanos y se nos enseña cual es el camino a seguir del sabio cuando por medio de la razón consigue tener una idea adecuada de sus emociones y sentimientos. Lo de la adaptabilidad, que el discurso educativo políticamente correcto repite hasta la saciedad de forma cansina, no es más que el fruto de la ideología política. Hemos llegado al fin de la historia, no es posible pensar ni a ésta ni al orden social de otra forma. Es necesario un hombre nuevo. Por eso la obra que Fukuyama escribe después de “El fin de la historia” es “El nuevo hombre”. Un hombre construido para la adaptabilidad al modo de sociedad que tenemos, que según los ideólogos es la mejor y la última. La educación juega el papel, junto con los medios de comunicación de masas, de transmisión de esta ideología, de este pensamiento único totalizador. Como ciudadano, no puedo renunciar al derecho a la disidencia, como persona no puedo admitir ser cosificado y como filósofo, no me creo esa patraña del fin de la historia y el pensamiento único. Ya ha habido muchos mensajes de esos a lo largo de la historia. No quiero Mesías ni redentores. Quiero hombres. Y es la educación ilustrada, que se incardina en el gran proyecto ético de la humanidad, la que puede proporcionarlos.

No conocemos el momento de nuestra muerte y eso es lo que hace que no hagamos lo que deberíamos hacer. Pero, por eso, Spinoza decía que a nada teme menos el sabio que a la muerte. El sabio es el que hace lo que sabe que tiene que hacer. La muerte nunca le puede coger de improviso. El sabio es un hombre libre que sigue su propia ley, que es la ley de la naturaleza. Todo aquel que cambiaría su vida si supiese cuándo va a morir es ignorante. En verdad, la muerte es inexorable, en dos sentidos. A todos nos va a llegar y no sabemos cuándo. Por eso todo momento puede ser el último. El último día, la última semana, el último mes, el último año. Si cambiamos nuestra existencia es que entonces no era autentica. Y éste es el reto de alcanzar la sabiduría; saber qué debemos hacer.

“No pases un día sin leer, escuchar o escribir algo que acrezca tu erudición, tu prudencia, tu virtud”. Luis Vives

“¡Oh, gran maestro aquel que comenzaba a enseñar desenseñando! Su primera lección era de ignorar, que no importa menos que el saber” Baltasar Gracián

“… yo soy antipedagogo y frente a ciertos jóvenes perorantes y ciertos viejos machacones, me dedico a algo muy necesario e importante, a desenseñar…” Ramón Gómez de la Serna

            Si hiciésemos caso a estos sabios y muchos otros como ellos, en lugar de a los pedagogos y políticos progres, otro gallo cantaría en la educación.

            Magnífico Luis Vives, que aúna conocimiento con prudencia y virtud. Y ahora que vengan los de la inteligencia emocional y la motivación, y el aprender a aprender y la amplificación de las competencias o que leches sé yo… cordura es lo que hace falta. Aprender es adentrarse en el conocimiento que transforma nuestro espíritu.

            Orgulloso me siento de haber coincidido, sin saberlo, con Gracián y Ramón Gómez de la Serna, cuando consideran la enseñanza como la tarea de desaprender. Lo primero que tiene que hacer el profesor es deseducar. ¡Es tanto lo que el alumno “sabe” y le perjudica, tanta creencia, tanta opinión y tanta ideología que lo esclavizan y lo convierten en monigote!

Yo pienso que en algunos casos podemos elegir cómo morir. Soy un firme defensor de la eutanasia y el suicidio asistido. Un defensor de la teoría del suicidio de los estoicos. No tengo claro que podamos elegir cómo queremos vivir, pero sí cómo no queremos vivir. La cuestión está en Sócrates. Conócete a ti mismo. Esta es la misión de nuestra vida. Pero este conocimiento de uno mismo tiene lugar a través de los demás porque somos seres sociales, y, además, históricos. Por eso el conocimiento de nuestro pasado, de nuestra cultura y civilización, es conocimiento de nosotros mismo y nos da las claves para saber quiénes somos y porqué somos como somos. Ésta es la inmensa tarea de la educación. Porque la educación es diálogo con el pasado y creación del futuro. Pero, claro, al poder no le interesa. El valor que éste prodiga es el de la novedad: sociedad del cambio, sociedad de la información, adaptación, sumisión, diría yo. Gran engaño para mantenernos alejados de nuestra realidad, para impedirnos pensar el pasado, entender el presenta y proyectar el futuro. Sólo somos libres de decir No.

El proyecto ilustrado no está finiquitado. Eso no es cierto. La ilustración se ha pervertido en muchos casos. Siempre que se ha absolutizado a la razón. O siempre que se negó la razón con discurso oscurantistas. Los nacionalismos fueron uno de ellos, todavía los padecemos. Las utopías políticas fueron el caso de lo primero y causaron millones de muertos. Hoy estamos asistiendo a una mezcla de utopía política: las democracias neoliberales con su fin de la historia y el pensamiento único, por un lado, y, por otro, un discurso oscurantista: la religión de la tecnociencia unida a los pseudovalores del progreso, el hedonismo egoísta, el hiperconsumismo, la hipercomunicación sin conocimiento y todo lo demás. Podemos regresar a un estado de barbarie. La historia no es lineal, ni tiene sentido. Éste lo aporta el hombre. Yo considero, y no son pocos los datos que lo corroboran, que estamos asistiendo al inicio de un nuevo fascismo, con cara económica y política. Pero, para ello, primero ha habido que domesticar al hombre-ciudadano. Se le ha convertido en mera mercancía, se le ha despersonalizado, ha perdido su dignidad. Si no recuperamos el sentido de la dignidad humana nos dirigimos a la barbarie fascista. Al exterminio y a la eliminación del hombre por el hombre. Estamos en la antesala porque está ocurriendo. Asistimos a una crisis profunda, una crisis filosófica. Esto es, la cosmovisión (filosofía)  que dirige la acción política y el pensamiento (opinión y creencia) de los ciudadanos es un engaño. Lo que a mí me gusta llamar el gran engaño de occidente. Mientras se nos hace pensar que vivimos en el mejor de los mundos posibles, estamos consintiendo la barbarie o tecnobarbarie. La educación y la cultura, que son instrumentos del cambio y la revolución, están en manos del poder político con su ideología neoliberal y del capital. Tanto la cultura como la educación están realizando el papel contrario, sirven como formas perfectas de domesticación, son retórica o demagogia que revierten en el bien del poderoso y fomentan los valores del individualismo, el consumismo, la juventud, el éxito, lo vulgar, la competencia. Todo en pro de una supuesta adaptabilidad a una supuesta sociedad cambiante que dícese del conocimiento, pero que es de la desinformación y manipulación. El mal radical y la barbarie son siempre un precipicio sobre el que la humanidad se puede precipitar, y en muchas ocasiones lo ha hecho. En este momento estamos todavía en una situación de posible retorno. El problema es igual que antes de la segunda guerra mundial, sólo en este aspecto que señalo ahora, la indiferencia o el consentimiento de los ciudadanos. Fueron participes por su inacción de la barbarie. Igual que la resistencia, junto con otros factores, hicieron posible la salida del precipicio. El problema es que hemos dejado de ser ciudadanos y lo asumimos consentidamente o como mal menor. Renunciamos a nuestra dignidad porque nos tienen domesticados. Frente a la tiranía es legítimo la desobediencia civil. Si los individuos no retoman su papel de ciudadanos no seremos más que títeres…pero lo han hecho muy bien para llegar a aceptar ser tales. Sólo un cambio brusco hacia peor, una agudización radical de la crisis, podría despertar la conciencia ciudadana. Durante los últimos cuarenta años hemos ido perdiendo nuestros derechos y lo hemos aceptado porque todo ha ido poco a poco, pero un cambio brusco puede ser el detonante de la emergencia de la conciencia ciudadana. Existen discursos sociales válidos y están anclados en los valores ilustrados y esto es lo que hay que recuperar.

La farsa de la inteligencia emocional en la educación.

 

            Sólo el sabio es libre y, comparado con él, un rey es un esclavo. Porque la libertad es el derecho a actuar con independencia, la esclavitud una privación del actuar independientemente.

            Zenón. En Diógenes Laercio

 

Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad.

            Aristóteles.

 

            Leo en este rotativo una entrevista realizada por mi amiga Itziar Santos a la escritora y filósofa Elsa Punset. Siento discrepar de la señora Punset que, junto con muchos otros, la casta de los políticos y psicopedagogos, que se autoproclaman los nuevos redentores a través de un saber científico que, ahora sí, al ser tal, garantiza el fin de los males de la educación, creen que han dado con la piedra angular de la educación. Nada más y nada menos que la inteligencia emocional. Creo que estos señores están muy equivocados. Primero creen descubrir el mediterráneo, segundo confían en la ciencia como en una religión y, tercero, no plantean ninguna posibilidad de transformación y cambio social, sino que se pliegan a la adaptación; es decir, sumisión y obediencia al orden establecido. Analizo someramente estas tres cuestiones.

 

            Digo que estos psicopedagogos creen descubrir nuevas cosas, cuando en realidad son conocidas desde los inicios de la ciencia y la filosofía, desde la Grecia clásica. Elsa Punset, que es filósofa, lo debería saber. En los sofistas, Sócrates y Platón está muy claro lo que ella dice. Y, si no, que recuerde, un poco, la teoría del aprender y del amor en Platón. Que relea, el Felón, el Banquete y el Fedro. Me explico. Se ha puesto muy de moda, en concreto de la mano del divulgador científico Eduardo Punset, el asunto de la inteligencia emocional y la aplicación de la misma a la educación. Todo arranca de la obra de hace unos doce o trece años de Goleman, “Inteligencia emocional”. La tesis fundamental, que en gran parte comparto, es que la inteligencia en occidente ha sido identificada con la inteligencia lógico matemática. Siendo los modelos de genios el del científico. Pero, curiosamente, en muchos de los casos, estos eran unos inadaptados sociales; es decir, que habrían fracasado socialmente. Y esto sería así porque su inteligencia emocional, la base de las relaciones sociales, habría fracasado por diversos motivos. Lo que posteriormente intenta demostrar Goleman desde la neurofisiología y en parte lo consigue, y los estudios de entonces para acá lo siguen confirmando, es que nuestras facultades cognitivas superiores, las que tienen su sede en los lóbulos frontales están relacionadas, a través de redes neuronales (para ello habría que introducir aquí el concepto de red neuronal y el de la teoría modular del cerebro) con el sistema límbico, que es el que regula nuestras emociones. Efectivamente, todo esto es cierto. No hay razonamiento sin emoción. Nuestra vida es, fundamentalmente, emocional y pasional. Es un error que viene desde Aristóteles, como ya he dicho aquí –y en esto no siguió a su maestro Platón- considerar al hombre como un animal racional. Esta definición, unida al triunfo de las ciencias naturales basadas en el método hipotético deductivo y matemático dio lugar a una definición reduccionista de inteligencia y ésta quedó relegada a la inteligencia lógico matemática. Pero esto ha sido un terrible error. La actividad científico técnica ha sido entendida desde la inteligencia, pero no así la actividad artística, la vida en grupo, la estabilidad emocional, la acción política, etc. Y, sobre todo, la acción ética. Por supuesto que la inteligencia es emocional y que emociones sentimiento y razón son inseparables. Ya lo decía Platón cuando distinguía tres partes en el alma que son inseparables: dos emocionales: la irascible y la concupiscible y una racional y que dirige a las otras dos. Nuestra inteligencia es racional, pero es la razón, la que dirige a las emociones. Por seguir el símil de Kant, éstas, por sí mismas son ciegas, mientras que la razón sola está vacía. Pero la cosa queda bien clara en la teoría del amor de Platón y su definición de filosofía. El amor es la búsqueda, un impulso, un rapto, una emoción, de lo que no se tiene. Un deseo. Deseamos lo que no tenemos. El amor es búsqueda. Es algo dinámico que nos impulsa, una pasión. La filosofía es, en su etimología, el amor de la sabiduría, el amor de la verdad, del conocimiento, del bien y de la belleza. Es decir, el filósofo, todo hombre en algún momento, busca lo que no tiene. Y lo que no tiene es sabiduría. No sabe lo que es la verdad, ni el bien, ni la belleza, ni la justicia. No las posee, y como no las posee, pues las desea. La filosofía es dialéctica, como el amor. Va de lo concreto a lo universal. El amor quiere la belleza de un cuerpo bello. La búsqueda de la belleza (el saber de ella) le impulsa (deseo, amor, enamoramiento) a poseer el cuerpo que participa de la belleza. Pero éste es el primer escalón del conocimiento de la belleza. El amor, al proceder dialécticamente, va de lo particular a lo universal. Es decir, de la contemplación de la belleza en un cuerpo bello a la contemplación de la belleza de las leyes de la ciencia y, por último, la justicia de la polis. Pero, claro, para proceder dialécticamente necesitamos de la guía de la facultad racional del alma, los lóbulos frontales. Existe un mecanismo de feed-back entre las emociones y la razón y éste se expresa en las redes neuronales que van desde el sistema límbico a los lóbulos frontales del neocortes. Y, la educación, la filosofía, la dialéctica, todo es lo mismo, consiste en que la razón sea capaz de domar a las emociones, no a su eliminación. Y esto es lo que Platón nos demuestra al unir su teoría del aprender, con su teoría del amor y su teoría de la educación del ciudadano. Y todo esto, que olvidó la razón instrumental científica, lo sabían muy bien los clásicos, los sofistas, Sócrates y Platón. Los sofistas enseñan por medio de la retórica, que es el arte del discurso que consiste en convencer de algo, independientemente de la verdad de ese algo. Los sofistas piensan que la verdad es relativa, por eso no intentan hablar a la razón, no creen en ella. Les pasa como a los políticos actuales y a los pseudocientíficos de la psicopedagogía, por eso dirigen su discurso a las pasiones. Lo que nos hace cambiar de opinión son nuestras emociones. Pero, claro, las emociones, las pasiones, son las que nos esclavizan, mientras que la razón, domina (domestica) las pasiones, no elimina, digo, porque el dominio de la pasión es precisamente la virtud. Por eso la razón nos hace libres. Y por eso el conocimiento es un camino hacia la libertad, que va desde el individuo a la sociedad y de la sociedad al individuo. Los sofistas, al dirigir su discurso sólo a las pasiones, convierten la democracia en demagogia y a los ciudadanos en súbditos. Ése es el peligro que ven Sócrates y Platón. Por eso Sócrates se declara ignorante, sólo sé que no sé nada, y entonces, teoría del amor platónica, necesito de la verdad. La búsqueda de la verdad es mi pasión, dirá Sócrates, pero no me dejo convencer por el discurso retórico que habla a las emociones, sino que utilizo el diálogo, la razón. Analizo desde la razón lo que se me dice. Y así educo y domino mis pasiones. La educación es el dominio de las pasiones por medio del conocimiento y, por supuesto, de la educación de la voluntad. Otra de las cosas importantes que han olvidado los psicopedagogos, algo que, como no es observable, se les ha traspapelado en su pseudosaber. La voluntad es el querer o no querer. No somos libres de esto, son las emociones con las que hemos nacido por dotación genética. Ahora bien, sí somos libres de hacer o no hacer lo que queremos o deseamos, y en esto consiste la educación de la voluntad. Las teorías de la psicopedagogía, basadas en el constructivismo, mera filosofía idealista, sin ninguna base en las neurociencias -por eso la psicopedagogía es un gazpacho de teorías inconexas y contradictorias- han olvidado el tema de la voluntad.

 

En consecuencia, nada nuevo bajo el sol. Sólo retórica recubierta de mito científico. Y esta es la segunda cuestión a tratar. En las palabras de Punset se trasluce que hay una identificación entre ciencia y verdad. Pero, ¡por dios!, esto es un error elemental, que no les permitiría a mis alumnos de bachillerato. En esta identificación se basa el cientificismo, esto es, la conversión de la ciencia en religión e ideología. ¿Por qué será que los psicopedagogos suelen cometer este error?, ¿por qué siempre quieren sostener la verdad de su discurso en el supuesto hecho de que sus teorías son científicas, no indicará esto, precisamente, lo contrario? La psicopedagogía, en su pretensión de ser una ciencia, quiere seguir el modelo empirista, pero éste es algo ya caduco. Además, mezclan teorías cognitivas, con conductitas, otras de la Gestalt, otras constructivistas y, luego, echan mano de la neurofisiología y el resto de las neurociencias. Pero todo para justificar una ideología. Y ahí es donde entramos en el tercer punto.

 

            Estoy ya más que cansado de escuchar que el objetivo de la educación es la adaptación. ¡No señor! De ninguna de las maneras. Si todo proceso de educación hubiese sido mera adaptación a la sociedad cambiante, no hubiese habido ninguna transformación social. Si el objetivo de la educación es la adaptación a la sociedad cambiante –lo que hay que entender aquí es el mundo laboral dominado por el mercado- entonces apaga y vámonos. Se acabó la lucha por la justicia social. Todos obedientes y sumisos al dios mercado. De ninguna de las maneras, el objetivo de la educación es el conocimiento y la virtud pública. Por supuesto que el conocimiento implica una técnica, la posibilidad de realizar un trabajo para el que continuamente tendrás que seguir aprendiendo, pero esto no es un fin en sí mismo. El fin es alcanzar la libertad por el conocimiento y la virtud. Por otro lado, unión, donde las haya, entre la razón y las emociones. Es más, esto supera, incluso, la cansina inteligencia emocional. Aquí estamos hablando ahora de la mayor inteligencia humana, la inteligencia ética. La mayor construcción que el hombre haya hecho jamás. Y esa inteligencia ética tiene que ver con el gran proyecto ético de la humanidad que nace en Grecia y se impulsa con la ilustración que es el de la búsqueda de la dignidad humana: libertad, igualdad y fraternidad. Esos son los objetivos de la educación, no la adaptabilidad al sistema como meras piezas de recambio. Los psicopedagogos, le están haciendo el juego al poder económico-político, en definitiva son los sofistas actuales. Educar para adaptar. El conocimiento como forma de aceptar la verdad establecida, el orden social vigente y el pensamiento único. En definitiva, educar para la sumisión. Lo siento, pero esta demagogia me resulta ya cansina. Es la antesala del fascismo en el que nos adentramos.

 

 

 

 

Señor Carlos, no tiene usted ni idea de lo que dice. Primero, los profesores han sido culpabilizados del fracaso escolar por muchos sectores. Segundo, a un colectivo no se puede juzgar en su totalidad. Habrá quien lo haga más o menos bien y quien lo haga más o menos mal. Sin embargo, una ley, como la LOGSE-LOE, si puede ser juzgada, analizada y criticada. Además, debe saber usted, que una ley es un marco de acción social, que abre un abanico de posibilidades de sociales y cierra otros. Las leyes son tremendamente importantes, porque son las que vertebran la praxis social. Y también son importantes las ideas, ideologías, intereses y creencias que están detrás de las leyes. Y son todas estas cosas las que analizamos aquí. El análisis del profesorado, así como el del alumnado, es cuestión de evaluación subjetiva; esto es, de cada sujeto, que para eso somos personas, no instrumentos, tanto los alumnos como los profesores. Y, en cuanto a lo de la profesionalidad, pues mire usted, es una palabreja que no me gusta nada, me suena a instrumentalización de la persona, a sociedad tecnificada. La labor del profesor y el maestro es una mezcla de saber y virtud. Es decir, que tiene que ver más con la vocación, el humanismo y el arte. La profesionalidad, absolutamente necesaria, la dejamos para las actividades instrumentales, económicas y empresariales. En cuanto a su última aserción, me parece muy bien, pero incompleta. La política educativa no es que no me importe, sino que me coacciona y, como la considero perjudicial para el alumno y para el profesor y, por ello, para la sociedad en su conjunto, me rebelo contra ella, haciendo un uso crítico de la razón, e, incluso, desobediencia civil. Pero, sí, es cierto, lo que me interesa son los alumnos, pero no que sean más listos que yo, de estos habrá muchos, otros no; sino que lo que me importa es que conquisten la libertad. Con ello quiero decir, que lleguen a ser dignos y autónomos, que decidan y piensen por sí mismos. Y el vehículo más importante para conseguir esto es el conocimiento. Disculpe, pero soy un viejo ilustrado y sigo creyendo en la posibilidad de esos valores universales que deben ser transmitidos por el profesor, pero no como un simple profesional que trata con objetos, sino como persona que trata con personas, es decir, sujetos, fines en sí mismos.

No nos queda más remedio que tener confianza en la razón, a pesar de sus límites y debilidades. Si entronizamos a la razón y tenemos fe ciega en ella caemos en el dogmatismo y éste nos lleva directamente al totalitarismo político que es lo que ha ocurrido en el siglo XX. Nuestro ser contingente abarca también a la propia razón. Creer es un mecanismo adaptativo que nos ha permitido sobrevivir. Pero la creencia ciega nos destruye moralmente. No tenemos más remedio que vivir en la contingencia y la inseguridad. La vida no da para más. Lo que hacemos es entretenernos mientras el tiempo pasa. Pero en ese pasar hay que buscar la excelencia y la virtud y provocar el menor daño posible. Los grandes mensajes y grandes creencias son peligrosos. Lo mejor es la docta ignorancia.

 

Todos los seres del universo son productos del azar y la necesidad. Son contingentes. Podrían no haber existido y dejarán de existir. Pero lo que sucede es que uno de nuestros mecanismos adaptativos que triunfaron, fue el de darnos importancia. Es decir, el antropomorfismo. Por eso nos resulta difícil aceptar nuestro carácter contingente. Y todo ello procede de que el hombre es consciente de su propio fin, de la muerte. Es ésta la que nos acecha y a la que tememos. De este miedo ha surgido toda la cultura (la ciencia pertenece a ésta), que no es más que una forma antropomórfica de entender el universo. El desarrollo de las ciencias nos ha ido poniendo en nuestro lugar. Por eso es necesario un nuevo discurso ecocéntrico sobre el hombre, que tendría grandes implicaciones éticas y políticas.

 

                                   ***

 

            El hombre es por naturaleza dogmático. No distingue entre errores y verdades porque no suele ejercer la crítica. Su actitud natural es la de la creencia. Por eso siempre he creído que el escepticismo es una buena vacuna. Cuando hablo de escéptico me refiero a su sentido griego, el que busca, no el que niega. Éste cae también en el dogmatismo. El escepticismo es la auténtica actitud ética del intelectual. El dogmatismo es propio de creyentes y abundan por doquier. Los dogmáticos se cierran a las ideas en tanto que se cierran al diálogo. El escéptico es el racionalista crítico, buscador incansable que confía en la fuerza del diálogo más que en la fe. La fe no mueve montañas, destruye. El diálogo es construcción teniendo confianza en que siempre se puede mejorar. La actitud ética del escéptico es la tolerancia, la del dogmático es el fanatismo.

 

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            La desobediencia civil es la piedra angular en la que debe fundarse la lucha contra las tiranías. No olvidar nunca que los sistemas democráticos vigentes participan, en parte, de la tiranía. La desobediencia civil frente a la injusticia es una virtud cívica. Aquí nos encontramos con una de las paradojas entre ética y derecho. Frente a la tiranía hay que optar siempre por la ética. No confundir nunca mi moral, que es particular, con una ética que pretende ser universal cuya única base es la dignidad. Que el hombre es un fin en sí mismo.

 

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            Sabiduría budista de la que bebe el estoicismo. No desear nada. La vida es dolor y el origen del mismo es el deseo. Hay que recuperar la filosofía de Schopenhauer que actualizó para occidente el budismo. La única felicidad posible es la negativa, eliminación del deseo. Desapego, apatía. La infelicidad es una cuestión de percepción temporal. Si realmente nos damos cuenta de que el tiempo es apariencia, no habría sufrimiento. El tiempo, el existir es el origen de la angustia. Ésta es siempre miedo al futuro, por eso la felicidad está vinculada a la eternidad, que es precisamente la ausencia de tiempo. Cuando los mitos y la religión hablan del paraíso lo identifican con la eternidad. Sin tiempo, un eterno presente, hay felicidad porque hay identidad y no temor del futuro. La conciencia del tiempo es una carga con la que tenemos que vivir y que nos hace siempre infelices. De ahí que en los evangelios se diga “hasta que no seáis como uno de estos (los niños) no entraréis en el reino de los cielos” Lo mismo en el budismo, la felicidad es el nirvana, que es la nada, la ausencia del yo (que es el que desea, por tanto, espera y desespera, origen de la angustia). No se puede pensar en la felicidad porque se cae en la dinámica de la angustia. Por eso decía el filósofo y sabio Spinoza en su Ética, “en nada piensa menos el sabio que en la muerte.” Y Platón, veinte siglos antes, decía “filosofar es prepararse para la muerte”. ¡Qué lejos está la sabiduría! Podemos llegar a comprender, pero difícilmente llegar a ser lo que comprendemos.

Todos los seres del universo son productos del azar y la necesidad. Son contingentes. Podrían no haber existido y dejarán de existir. Pero lo que sucede es que uno de nuestros mecanismos adaptativos que triunfaron, fue el de darnos importancia. Es decir, el antropomorfismo. Por eso nos resulta difícil aceptar nuestro carácter contingente. Y todo ello procede de que el hombre es consciente de su propio fin, de la muerte. Es ésta la que nos acecha y a la que tememos. De este miedo ha surgido toda la cultura (la ciencia pertenece a ésta), que no es más que una forma antropomórfica de entender el universo. El desarrollo de las ciencias nos ha ido poniendo en nuestro lugar. Por eso es necesario un nuevo discurso ecocéntrico sobre el hombre, que tendría grandes implicaciones éticas y políticas.

La diversificación del saber. Especialización científica. La importancia de la filosofía como cosmología.

 

            El desarrollo del conocimiento científico fue posible, surgiendo del ámbito de la filosofía natural, porque introdujo un método y delimitó un ámbito del saber. El método es el que hoy en día llamamos hipotético deductivo. Y, por otro lado, el lenguaje que seguía y en el que se expresaba el método era el de las matemáticas. Por eso decía Galileo que el libro de naturaleza está escrito en caracteres matemáticos. Y también, por lo mismo decía, que la astronomía nos dice cómo van los cielos, mientras que la Biblia nos dice cómo ir al cielo. Aquí establece una clara división entre la religión y la ciencia. Cosa que, por supuesto, no podía admitir la iglesia que tenía el poder en aquel momento y, por ello, el del conocimiento. Por eso lucha contra la separación entre ciencia y religión. Pero el curso de la historia, el progreso imparable, aunque no necesario, de la filosofía natural, posteriormente conocida como ciencia, produjo la separación de hecho, aunque nunca admitida por la iglesia. Pero ésta, poco a poco, con el proceso de secularización al que el saber científico ayuda, pero sin ser el máximo responsable, va perdiendo poder. Y así llegamos a la ilustración en la que se producen las dos revoluciones políticas –en el diecisiete tuvo lugar la revolución científica- que determinan nuestra realidad social. Nos referimos a la americana y el surgimiento de la democracia liberal, con su origen en Locke, y a la revolución francesa que produce el republicanismo con su origen en Rousseau. De la dialéctica entre ambas opciones y la revolución industrial, fruto del desarrollo tecnológico y la globalización iniciada en el Renacimiento, así como el desarrollo de las ciencias económicas y las diversas opciones políticas del XIX, surge el siglo XX y nuestra realidad, cuando se le suma la revolución de las tecnologías de la comunicación. Pero no es el desarrollo de esta historia el que yo quiero tratar aquí. Lo que yo quiero analizar es el problema que ha acarreado el tremendo éxito epistemológico del desarrollo de la ciencia y proponer un modelo de enseñanza, unas líneas generales, que eliminen la brecha, que en la realidad no existe, entre el saber humanístico y el tecnocientífico.

 

            El desarrollo de la tecnociencia nos ha llevado, independientemente de los problemas de la gran ciencia: financiación (capital), política, poder militar, a una superespecialización. El lado positivo de ésta es la eficacia del saber tecnocientífico. El lado negativo es, por una parte, la ignorancia del científico, igual que del humanista, de una visión general e histórica de los problemas, así como una ausencia de interdisciplinariedad lo que nos lleva a una ausencia de diálogo.

 

            Existe un problema estrictamente práctico. El saber es amplísimo y es necesario todo el tiempo de tu vida para acceder a un ámbito del mismo si quieres estar en la primera línea. Es más en los saberes eminentemente prácticos, como la medicina, uno debe estar al corriente de todas las novedades para poderlas aplicar. Esto es una dificultad insalvable que conlleva la inmensidad del saber y es inevitable. Pero hay otro aspecto negativo de la especialización del saber, que es la deshumanización del mismo. Y esto sí es evitable. Mi idea es que la tecnociencia está dehumanizada y que se pierde el norte de una cosmovisión que implique una serie de valores y modos de acción. Y la solución de estos problemas es una forma distinta de enfocar la enseñanza de la ciencia que está anclada en el modelo positivista de la misma. Modelo, por lo demás, ya caduco.

 

            La tecnociencia se enseña en la secundaria y en la universidad desvinculada de su dimensión histórica. Como un conjunto de hechos constatados. De esta manera el alumno tiene una falsa visión de la ciencia. Confunde verdad con ciencia. La ciencia no es la verdad, sino la búsqueda de conocimientos verosímiles. Las verdades absolutas las dejamos para el dogmatismo. Una visión dogmática de la ciencia, es una visión falseada de la misma. La cienia es escepticismo, duda, búsqueda. Por eso es necesario que el que se inicie en la ciencia tenga una visión histórica de la misma. Pero no sólo una visión interna de la historia de la ciencia, que es imprescindible, el hecho de cómo se van sucediendo unas teorías a otras, sino, también, la dimensión externa de la misma. Y no como los acontecimientos que rodean a la actividad científica, sino como la historia en la que la ciencia está inmersa. La ciencia no es algo neutral y etéreo, sino, un producto social, concreto. Con esto no quiero relativizar el conocimiento científico, como hacen los sociólogos de la ciencia, apéndices del posmodernismo. Ya el físico Sokal se encargó de desenmascararlos. Lo que yo estoy sugiriendo es que la ciencia está inmersa en una dinámica histórica y social en la que se dan un conjunto de factores que determinan su desarrollo. Estos factores son de toda índole: ideológicos, políticos, financieros, de intereses profesionales y todo lo demás. Esto no anula, por supuesto, la objetividad de la ciencia, pero sí nos permite entender su desarrollo, que no obedece, como se cree, sólo a la búsqueda de la verdad. Éste último es uno de los factores, quizás el más característico, pero, ni siquiera el más importante. Así, el conocimiento histórico del saber científico nos da una idea más general de la misma, a la par que aúna el saber humanístico con el científico. Pero esta unificación ha de ir más lejos. En última instancia, la pregunta originaria es qué es el hombre. La ciencia no debe perder la perspectiva de lo global. Su descubrimiento particular debe inscribirse dentro de una imagen general del mundo que conlleva unos valores y, de suyo, una forma de acción. Es más, la propia actividad científica contribuye, con la aportación de conocimientos, a la transformación de esta cosmovisión y de los valores éticos. De ahí que el norte y el horizonte último de la investigación científica debe ser el humanismo. En este sentido, la ciencia, la política y la ética están íntimamente relacionadas. Existe una relación de complejidad, no lineal, entre ellas.

 

            Así, la enseñanza de la ciencia debe tener un anclaje histórico, por un lado, y otro cosmológico. Es necesario tener una visión general del mundo, y del hombre en el mismo que sirvan como guía regulativa de la investigación científica y de la praxis (el ámbito de la ética.) Para ello es necesario que en el ámbito de la formación científica y humanística se ofrezca un diálogo interdisciplinar. La especialización elimina la interdisciplinariedad; pero sólo a través de ésta podemos llegar a una cosmovisión (en su dimensión natural y ética.) Por su parte el humanista, como el que se dedica a las ciencias sociales, no puede olvidar que el desarrollo de la ciencia implica una nueva idea y concepción del hombre que excede sus planteamientos. El científico social suele ser un reduccionista y piensa que la naturaleza humana se explica por su dimensión social. De esta forma olvida el desarrollo y la aportación de las ciencias naturales al esclarecimiento de la naturaleza humana. Esto es un error. El desconocimiento científico del humanista lo lleva a la fantasía e incluso a las utopías políticas peligrosas. La ignorancia humanista del científico le llevan a la creencia en una ciencia desencarnada que no tiene nada que ver con el hombre, la ética y la política. Ambos extremos son peligrosos. Y la educación contribuye a fomentarlos. Es necesario una mayor cultura humanística por parte del científico y una alfabetización científica del humanista.

 

            Y aquí entra en juego la filosofía. La historia de la filosofía es, a la par que coincide con la historia de la ciencia hasta el siglo XIX, la historia de la argumentación. Es decir, de la crítica dialógica de las ideas. La búsqueda de una cosmovisión en el que el nivel físico-natural, el biológico y el ético-político queden integrados. Así, el estudio de la filosofía, de entrada, tendría dos funciones. En primer lugar, mostrarnos la argumentación y la crítica racional como forma de acceso a la realidad, la verdad y el conocimiento, saltando por encima de los dogmas, las creencias y las opiniones. Es decir, la filosofía nos enseña a pensar que no es más que poner en diálogo las ideas, partiendo de la base de que lo común es la razón, nuestro logos. El pensar es la búsqueda del conocimiento que, a su vez, tiene a la base, la tolerancia, que es la virtud que se enfrenta al dogmatismo, algo que no sólo se da en la religión, sino que es muy común también en el científico. Una segunda enseñanza de la historia de la filosofía es la serie sucesiva de modelos o visiones del mundo absolutamente integradas que han estado y pueden estar a la base de la investigación científica. Estas cosmovisiones, la dimensión cosmológica de la filosofía, tiene a la base el anhelo del saber global, no de forma extensiva, sino intensiva o integradora. La filosofía como cosmovisión, debe ser un saber integrador.

 

            Y hay también una enseñanza de la filosofía que es el estudio de la ciencia de forma crítica. Esto es, no como una exposición de los logros del saber científico; sino un estudio de la tecnociencia como una forma de acción que pretende buscar la verdad y transformar el mundo integrada en la sociedad. Es necesario que tanto el humanista como el científico tengan un saber crítico de la ciencia. La ciencia transforma la sociedad, pero los ideales sociales, políticos y económicos, también transforman la ciencia y dirigen su camino. Este saber crítico desde el ámbito de la filosofía constituyeron los programas de investigación en Ciencia, Tecnología y Sociedad. Programas de investigación con una dimensión teórica: saber cuáles son las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad y una acción práctica; es decir, ética. Del conocimiento de la ciencia y la sociedad se deriva una praxis, una acción que va encaminada a la consecución de la dignidad humana. Tanto la ciencia, como la política o la economía pueden atentar contra la dignidad del hombre. Si conocemos los dinamismos sociales de la ciencia y persistimos en los ideales humanistas de la ilustración: el hombre como un fin en sí mismo: igualdad, libertad y fraternidad, entonces nuestra praxis debe dirigirse hacia el control de las fuerzas que intentan dirigir nuestro destino eliminando nuestra libertad.

 

 

Vargas Llosa, Popper y el neoliberalismo.

 

            He sentido una gran alegría cuándo he conocido a quién se le otorgaba este año el premio Nobel de literatura. Me siento orgulloso de haber leído a este autor. Su prosa es magnífica y, en algunos momentos, sublime, sin dejar de tener un compromiso político que se dirige contra la opresión, los totalitarismos y la consecución de la libertad como el mayor valor humano. He leído a Vargas llosa, tanto en su obra literaria, como en su ensayo. Estos últimos, aunque, en muchos casos, ando en profundo desacuerdo con él, son demoledores, clarividentes y con un profundo compromiso por la libertad humana no exentos de una excelsa valentía.

 

            Pero mi desacuerdo viene de fondo. Dice el flamante Nobel, que la lectura de Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, lo transformó absolutamente. Algo parecido me ocurrió a mi, primero con su obra epistemológica-cosmológica y luego con la obra ético-política. La lectura y el estudio sosegado de la obra de Popper ha sido parte fundamental de mi construcción intelectual y espiritual. Pero, siento discrepar, en mí ha tenido consecuencias muy distintas las ideas y críticas popperianas que en Vargas Llosa. Para el Nobel le hizo renunciar a la izquierda y considerar que toda ella estaba montada sobre un engaño y que su praxis se transformaba en totalitarismo. Consideró que toda la izquierda era utópica y, por ello, totalitaria, pero se equivocaba. Por ello no le quedó más opción que la defensa del liberalismo, pero aquí erró. Porque el liberalismo que defendió no era tal, sino el neoliberalismo, una especie de ideología, pensamiento único, religión, utopía, que nos remitía a lo que, precisamente, Popper denuncia en su obra, el totalitarismo. Las democracias liberales, presentadas como la única alternativa política real, apoyadas, a su vez, en la doctrina del libre mercado, no son más que una visión de la historia determinista, que anula la libertad humana y el pensamiento. Precisamente todo aquello que Popper defendía. El filósofo vienés, escribe La sociedad abierta y sus enemigos como su contribución a la segunda guerra mundial. Lo que defiende es la libertad humana. Y para ello desmonta el pensamiento utópico de occidente, que tiene sus pilares en Platón, Hegel y Marx. Todas las utopías que se han dado en la historia son variaciones sobre los mismos. Pero lo característico de estos pensamientos utópicos es que consideran que la historia viene determinada por leyes. Y si conocemos las leyes podemos hacer una ingeniería social para llegar cuanto antes a la sociedad utópica prometida. Pero para ello hay que fundar un estado absoluto y es necesario eliminar al individuo, la persona. La historia, su designio, está por encima de ellos. Y, por supuesto, hay que eliminar al disidente. La historia de la humanidad, y el siglo XX en particular, está plagada de las consecuencias del pensamiento utópico. Ahora bien, lo que sucede es que el neoliberalismo en el que se instala Vargas Llosa, es un tipo de pensamiento que cumple con las características del que hemos analizado antes. Los neoliberales creen que la historia está sujeta a las leyes del mercado expresadas por la ciencia de la economía. El hombre carece de importancia y de dignidad, es mercancía, la libertad es apariencia, es sólo el nombre que se la da al mercado: libertad de mercado. Algo absurdo, como decía Popper, todo mercado está regulado. Una libertad absoluta del mercado es una contradicción. Y una determinación del mercado –y los que lo manejan- sobre la política y los ciudadanos es una forma de totalitarismo. Pensar que el desarrollo de la sociedad deviene por las propias leyes del mercado y que éste resolverá, por sí mismo, la injusticia social y nos llevará a una sociedad igualitaria y libre, no es más que pensamiento utópico y, como tal, el germen del totalitarismo. Y por eso hoy estamos asistiendo al inicio de un fascismo del mercado que pretende anular al poder político y, con él, al individuo. Vargas Llosa cae en la contradicción de defender la libertad individual y la libertad del mercado. No ha entendido bien la crítica de Popper al pensamiento utópico y ha pensado que todo pensamiento utópico es el de izquierda o el derivado de Marx. Comparto la defensa de la libertad como el mayor valor, pero ésta ha de darse desde la igualdad, la isonomía que decían los griegos. La supuesta libertad del mercado produce desigualdad y anula la dignidad de la persona convirtiendo a ésta en mera mercancía, producto de consumo y autoconsumo. En historia no hay leyes absolutas que determinen el desarrollo de la sociedad, hay tendencias. No hay progreso garantizado, sin el esfuerzo particular de los individuos y las instituciones. Todo lo conquistado en el ámbito de la política y la ética se puede venir abajo. Y la mejor manera es, como hace Vargas Llosa, la defensa de un pensamiento único, como es el neoliberalismo.

Una historia evolutiva preciosa. Inexorables los designios de la evolución. Esto no lo hace ni dios. La carga de la prueba la tienen los creyentes, no los ateos como la tradición nos enseña interesadamente.

 

                                   ***

 

            El cristianismo siempre ha ido contra el placer. La historia del cristianismo es una historia del dolor, la pasión, el sufrimiento y la ignorancia. Es la historia, en definitiva, del poder. El cristianismo, la iglesia, en particular, arrambló con todo lo puro de la cultura grecolatina. Con la unión entre mente y cuerpo, razón y deseo. Para instalar la división entre cuerpo y alma. El cuerpo es la sede del pecado y el mal. Pero el cuerpo es el origen del placer, por ello, el cuerpo es negado por la iglesia, se convierte en anatema. El placer es un peligro porque nos lleva al conocimiento y al ateismo. Creemos en los dioses por miedo, esto fue una adaptación biológica exitosa. Y, por ello, no nos vemos libres de la religión y alabamos al poder como nuestro salvador. La prohibición de las drogas y el oscurantismo sobre las mismas, se basa en estas premisas.

Efectivamente, Raus, se ha olvidado la virtud y la voluntad, ambas relacionadas. Para la consecución de la virtud es necesaria la voluntad. Pero, como sabes, el modelo pedagógico se apoya en el empirsmo y el constructivismo. El empirismo, como ideal de ciencia, elimina todo aquello que no es observable. De ahí que la voluntad desaparezca del estudio del psicólogo y el pedagogo. Y esto ha producido un tremendo daño como ya hemos analizado. Creo que es necesario, para una regeneración ética de la enseñanza, y de la sociedad en su conjunto, una vuelta a la ética de Aristóteles y de Kant. Pero esto son palabras mayores que necesitarían un artículo extenso y a parte. Gracias.

Gracias por vuestros comentarios. Francisco Javier, efectivamente, concuerdo contigo. La regeneración moral debe ser global. Y, como dices, los centros de enseñanza, no son precisamente los más importantes en la educación. En un artículo que escribí hace años “El malestar en la enseñanza” comenzaba diciendo que cuando iba al instituto siempre me decía que iba a deseducar. La tarea del profesor es trascender la doxa del alumno. La filosofía decía Ortega era paradoxa. Los medios de comunicación transmiten más valores que los profesores. El problema, como ya he señalado otras veces, es de índole global. A mi modo de ver asistimos a una crisis filosófica tremenda que nos ha llevado a adoptar una imagen del mundo, una cosmovisión, con sus valores incluidos, que es absolutamente perniciosa para la humanidad. La educación, el sistema de enseñanza, es vehículo, asimismo, de esa psuedofilosofía, que, como hemos señalado aquí entronca con el relativismo, el posmodernismo y el constructivismo.

Absolutamente de acuerdo con tus sospechas, Mari Luz. Comparto totalmente tu análisis. Lamento no disponer de tiempo para desarrollar mi pensamiento sobre la felicidad y el control social. Todo esto, como señalas, se veía venir. Y ya lo tenemos aquí. Mi idea, que no la puedo desarrollar, por cuestiones de tiempo, es que la felicidad no debe ser el objetivo de la ética, ni por su puesto, de la educción; sino la virtud y, a través de ella, la libertad. La felicidad se ha confundido con el hedonismo, por un lado, de la sociedad de consumo nihilista e individualista en la que nos movemos y, por otro, en una forma de adormecer, enajenar y objetivar al individuo, de tal forma que la rebelión y la protesta sean imposibles. Es decir, la felicidad como forma de control, en la línea en la que señalas. Es por eso que considero que el objetivo es la virtud, la fuerza, del latín. Esa fuerza, que es la voluntad, nos lleva a la libertad, el dominio de uno mismo en lo que se refiere a las pasiones y el pensar por sí mismo. Gracias.

Efectivamente, Ruben, vivimos en una mentira. Pero una mentira no significa falsedad. Significa apariencia. Y de ahí el pensamiento crítico. Si nos refugiamos en que todo es mentira, caemos en el escepticismo y la inacción. Por el contrario, si consideramos que el mundo que nos rodea es apariencia nos queda todavía la capacidad de actuar. ¿Tú crees que la política económica que nos cuentan es cierta? Pura farsa, pero hay que desenmascararla. ¿Tú crees que la economía es una ciencia al modo de la física? Pura farsa. esto hay que desenmascararlo para volver a humanizar la economía y que la política ocupe su lugar. Supervisora y vigilante de la economía. Todo es farsa, pero la razón crítica, desde que emergió en Grecia ha intentado desenmascarar las farsas. No basta el discurso negativo, ése es el primer paso. Después desenmascarar y, después, construir desde la razón crítica, no desde la utopía.

 

¡Vaya alumnos escépticos que tienes! Aunque es bien cierto que existen muchas sospechas sobre la veracidad de la foto. Y también es cierto que toda la propaganda científica hay que encuadrarla en la guerra fría. Y todo ello nos enseña que la ciencia y la tecnología, ni siquiera se puede reducir a la tecnociencia, sino que de lo que hablamos es de un complejo político-militar e industrial que subyace y alimenta a la ciencia. Es más, como ilustra el catedrático de física teórica y de historia de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, en su magnífica obra “El poder de la ciencia” la inmensa mayoría del uso civil del desarrollo tecnocientífico, radio, Tv, microondas, Internet, telefonía móvil, y un largo etcétera, procede de la investigación militar, que es, por lo demás, alto secreto. Por todo ello, podemos estar seguros de que, quizás, se sepa mucho más de lo que se nos muestra. No obstante no debemos caer en las teorías conspirativas de la historia porque eso sería caer en la superstición y en la claudicación de la razón.

 

                                   ***

 

            Nuestra galaxia es común. Y las uniformidad de las leyes de la naturaleza indican, desde la lógica, que la existencia de vida es algo común. Ahora bien, como el azar es esencial en la aparición de la vida y en su evolución, la similitud con nuestra vida es algo fortuito e improbable. Es más, cualquier acontecimiento de nuestra historia natural ha cambiado el curso de nuestra historia evolutiva. El azar es importante para entender la evolución. Todos los seres vivos son seres contingentes, podrían no existir y ello depende de un suceso azaroso que, posteriormente, desencadena una sucesión de sucesos causales.

 

                                   ***

 

            Los procesos astronómicos, aunque lentos, existen. El universo es como un ser vivo, en perpetuo cambio. Todo lo que ha aparecido tiene un desarrollo y un final. La tierra tiene unos cinco mil millones de años y le quedan otros tantos, pero antes el sol se convertirá en una gigante roja y nos achicharrará junto con todo el sistema solar.

¡Vaya alumnos escépticos que tienes! Aunque es bien cierto que existen muchas sospechas sobre la veracidad de la foto. Y también es cierto que toda la propaganda científica hay que encuadrarla en la guerra fría. Y todo ello nos enseña que la ciencia y la tecnología, ni siquiera se puede reducir a la tecnociencia, sino que de lo que hablamos es de un complejo político-militar e industrial que subyace y alimenta a la ciencia. Es más, como ilustra el catedrático de física teórica y de historia de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, en su magnífica obra “El poder de la ciencia” la inmensa mayoría del uso civil del desarrollo tecnocientífico, radio, Tv, microondas, Internet, telefonía móvil, y un largo etcétera, procede de la investigación militar, que es, por lo demás, alto secreto. Por todo ello, podemos estar seguros de que, quizás, se sepa mucho más de lo que se nos muestra. No obstante no debemos caer en las teorías conspirativas de la historia porque eso sería caer en la superstición y en la claudicación de la razón.

 

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            Nuestra galaxia es común. Y las uniformidad de las leyes de la naturaleza indican, desde la lógica, que la existencia de vida es algo común. Ahora bien, como el azar es esencial en la aparición de la vida y en su evolución, la similitud con nuestra vida es algo fortuito e improbable. Es más, cualquier acontecimiento de nuestra historia natural ha cambiado el curso de nuestra historia evolutiva. El azar es importante para entender la evolución. Todos los seres vivos son seres contingentes, podrían no existir y ello depende de un suceso azaroso que, posteriormente, desencadena una sucesión de sucesos causales.

 

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            Los procesos astronómicos, aunque lentos, existen. El universo es como un ser vivo, en perpetuo cambio. Todo lo que ha aparecido tiene un desarrollo y un final. La tierra tiene unos cinco mil millones de años y le quedan otros tantos, pero antes el sol se convertirá en una gigante roja y nos achicharrará junto con todo el sistema solar.

Leo en un periódico nacional que el Islam y la democracia son incompatibles. Lo que se quiere producir es un enfrentamiento entre civilizaciones. La tesis del choque de civilizaciones es un cuento. Es pura ideología para justificar la invasión y el control de los recursos energéticos. El Islam ha de ser demonizado por el capitalismo, como lo fue el comunismo y el marxismo. Hoy, con la crisis económica, y yo sin ser marxista, vemos cuánta razón tenía Marx en muchas cosas de importancia. Y, por su puesto, su gran impronta ética, que en el capitalismo salvaje no existe ni por asomo. Éste, por el contrario, lo que pretende es convertir a la persona en mercancía, instrumentalizar, eliminar su dignidad.

 

            Pero a lo que íbamos. El Islam es tan antidemocrático como el Judaísmo y el Cristianismo. Las tres religiones, llamadas religiones del libro, tienen en común la teocracia. La unión entre el poder político y el religioso. La única ley auténtica es la ley que emana de dios. Y ésa está en el antiguo testamente. La cuestión es la del poder. La religión cristiana no se separó, hoy en día sigue queriendo una cuota, del poder de buena gana. Durante siglos fue absolutamente perversa, intolerante, cruel, fanática e, incluso, genocida, como en la destrucción de las Indias. Pero la revolución del pensamiento fue poniéndola poco a poco en su sitio. Hasta que llega la ilustración y se proclama el laicismo, separación del estado y la iglesia. Pilar indispensable de la democracia. Para que ello fuese posible tuvo que producirse una revolución intelectual, como fue el renacimiento y la ilustración, el nacimiento de la ciencia moderna y las guerras de religión que asolaron a Europa durante cien años.

 

            Pero, curiosamente, el Islam conoció su época dorada en Al-Andalus. Aquí hubo una auténtica ilustración en los dos sentidos. Se recuperó el saber griego y se tradujo al latín y al árabe. Sin la traducción al latín, el renacimiento europeo hubiese sido imposible. La alta escolástica, tuvo acceso a los textos científicos y filosóficos a través de las traducciones que hicieron los musulmanes españoles, aquellos que llevaban ocho siglos en España y que fueron expulsados por el fanatismo integrista del cristianismo. En segundo lugar, este acopio de saber iba acompañado del ideal de la tolerancia. Se intentó un primer diálogo entre culturas y, durante siglos, hubo una convivencia y coexistencia. También hubo una interpretación de las escrituras, que se la debemos al filósofo Averroes que hicieron posible el nacimiento de la ciencia. Este filósofo mantenía la llamada teoría de la doble verdad. Una es la del Corán y otra la de la razón o la filosofía. La verdad única es sólo accesible a Alá. Tomás de Aquino puso todo su empeño en rebatir a Averroes en la universidad de París. Si Averroes tenía razón, como efectivamente la tiene, la religión está en peligro y, con ella, su poder político que ostenta. De tal forma que se establece la doctrina de la subordinación. La ciencia, la razón, la filosofía, son siervas de la teología. Su actividad no puede exceder la verdad revelada. El saber no es investigación sino recapitulación. Galileo recupera a Averroes en su juicio cuando responde al jesuita Bellarmino: La Biblia nos dice como ir al cielo, la astronomía como van los cielos. Es la teoría del doble lenguaje o la doble verdad, en versión de Averroes. Pero, mientras tanto, el nacionalcatolicismo hispano, se encargó de expulsar a los judíos y musulmanes. Y, desde entonces, salvo honrosas ocasiones, no hemos levantado cabeza, ni científica, ni filosófica, ni políticamente. El Cristianismo es esencial en la cultura europea, pero, del mismo modo, el Islam. Demonizar al Islam es incultura, fanatismo e incitación a la violencia.

Ha sido todo un placer compartir página con José Miguel López en La Gaceta Independiente. Tu artículo magistral. Nada que objetar. Plenamente de acuerdo. Sólo una cosa, tu discurso es universal, nadie de la clase política se dará por aludido. Cuando empieces a señalar un poco más con el dedo, entonces vendrán las críticas e incluso amenazas de denuncias. Estos son unos trepas, farsantes, inmorales, mediocres y hay que demostrárselo en los casos particulares. Eso es lo que les duele. Los discursos universales, los perversos, tienen el cinismo, incluso de aplaudirlos. Eso me pasó a mí en la radio y en el Eco de los Barros. La reflexiones generales, muy bien, como si no fuesen con ellos. Cuando se concretan en un caso particular y denuncias, desde esos mismos presupuestos generales, la corrupción, el déficit democrático, el vasallaje de los electores, la compraventa del voto, el maquiavelismos del gobernante, en fin todo eso que tú señalas, entonces van y te echan. Casi te consideran persona non grata. Reconocen los méritos de un torero, por cierto alumno mío en ética, era muy buen muchacho, eso sí, pero no reconocen los méritos intelectuales de alguien que no pertenezca al partido o esté en la onda del mismo… Miseria de personajes. El intelectual debe ser la conciencia crítica de su tiempo. La misión del intelectual es la de la libertad. Por eso la derecha y la izquierda se nos quedan estrechas. La actividad del intelectual es la denuncia del abuso del poder. Éste intenta aplastar la libertad de una y mil formas. Las democracias en las que vivimos son farsas. Han sido raptadas por el poder político y económico. El primer tiende, por sí mismo, a la acumulación y lo que hace es instrumentalizar al hombre. La economía actual es una perversión de la razón ilustrada. A eso se le llama neoliberalismo. Pero el liberalismo en sus orígenes era otra cosa. Era una defensa de la propiedad, por su puesto, pero también de la persona. El neoliberalismo elimina la libertad y, por tanto, a la propia persona. Su nombre ni siquiera es correcto. Mientras que el liberalismo defiende la libertad como el máximo valor que se encarna en la persona y su dignidad, el neoliberalismo, al instrumentalizar a la persona, convertirla en objeto, en el sentido de mercancía, elimina la dignidad. Aquel hallazgo kantiano que hereda tanto el republicanismo como el liberalismo. Pero lo de hoy no es más que perversión totalitaria, al modo de los fascismos del siglo XX, de la razón ilustrada.

 

            En cuanto al poder político. Estos no son más que marionetas al servicio del primero. Mientras que no muestren voluntad política de frenar la voluptuosidad del economicismo, así hemos de pensar. Pero, a su vez, el poder político, internamente, es antidemocrático y corrupto. Sólo quiere, como bien analizas, perpetuarse en el poder. Hay que tener una condición amoral para querer dedicarse a la política profesional. Lo curioso es que con unas cuantas reformas tendríamos una política más sana, lo que nos llevaría a una ciudadanía más independiente y a una mayor salud democrática. Por ejemplo, reforma de la ley electoral: esto aumentaría la pluralidad parlamentaria, se ajustaría más al ideal de una persona un voto, y eliminaría el poder de los nacionalismos que se ejerce en forma de chantaje y que es una traición al voto de los ciudadanos y su ideología. Pues ni los nacionalismos, ni los partidos mayoritarios quieren esto. Otra cosa, reforma de la ley de partidos. Aquí hay que incluir financiación. Ésta debe ser equitativa desde el estado y por los afiliados. Eliminación de la financiación privado. Esto sería un duro golpe a la corrupción, sobre todo, municipal. Eliminación de la disciplina de voto y, por último, listas abiertas. Pues nada de nada. A los partidos mayoritarios y nacionalistas, los que viven de la política, no de buscar el bien para la polis, no aceptan estas reformas. Lógico, para ellos sería una sentencia de muerte. De esta suerte, la clase política se ha convertido en una casta que sólo mira para sí, viola el principio de igualdad de todos ante la ley, la libertad individual, el respeto a las minorías y los principios básicos de la democracia. Una casta que delira sin entender para nada a la ciudadanía, salvo como mercancía. Los ciudadanos son su mercancía que compran en las campañas electorales. Los partidos, internamente, son una jauría de chacales en busca de poder y representación. La democracia está herida de muerte.

Nacho, entiendo lo que dices, pero reo que tú no entiendes lo que yo quiero decir cuado hablo de neoliberalismo. Tampoco hablo yo de que el socialismo al estilo de los totalitarismo sea una alternativa. Es bien cierto que perecieron, pero no del todo ellos solitos. Además son una forma de totalitarismos que he analizado en el artículo como una perversión de la razón ilustrada, que se basa en el mito del progreso y en la consideración de que existen unas leyes universales de la historia que las estudiaría la economía. Pues, curiosamente, el neoliberalismo, como doctrina económica –después tiene también una ideología que es la que pasa al pueblo- parte de los dos mismos principios. Para más aclaración puedes acudir a la obra de Stiglitz, premio Nobel de economía y antiguo director del Banco Mundial. Su obra fundamental, “El malestar en la globalizaión.”

 

            Sí es cierto lo que dices que el liberalismo filosófico no se puede separar del económico. Por su puesto, éste nace en Locke y este autor considera que la libertad es la de la propiedad, la de la vida y la de la aplicación de la ley. Ahí está el origen economicista del neoliberalismo. En cuanto a Adam Smith hay que tener en cuenta que no separa la economía de las ciencias morales. Pero el problema de la aparición de la economía como ciencia, que ha heredado el neoliberalismo, es una perversión de la razón ilustrada. Primero separa la economía del factor humano y ético, después de los procesos naturales, de ahí que la economía sólo contemple el crecimiento en un planeta limitado sin tener en cuenta los factores naturales. No puede haber un crecimiento ilimitado en un planeta limitado. Viola el principio de entropía. En tercer lugar, siguiendo el modelo de las ciencias empíricas, la economía pretende una explicación de la historia eliminando los factores sociales, morales e históricos. Es decir, razón instrumental. Objetivizaión. Y, encima, los economistas creen que se puede predecir el futuro de las historia conociendo estas leyes. Falso, porque esto es reduccionismo y, además, desde Popper, uno de los padres del liberalismo del siglo XX, al que siempre he seguido y, creo, que ni la derecha ni la izquierda lo ha entendido, sabemos que no se puede predecir con certeza absoluta el futura. Simplemente es un límite del conocimiento. Sería largo de explicar, lo dejamos para otra ocasión.

 

            También dices que las multinacionales están sujetas a los estados. Esto es enteramente falso. Ha aparecido este verano una obra de un miembro de la ONU, que se titula, “La armadura del capitalismo”. Aquí se demuestra con claridad, como la organización de las multinacionales, crean un conjunto de leyes que trascienden a los estados y cómo estas grandes corporaciones presiona al poder político.

 

            Y, por último, cuando hablas de lo del 40% de la administración pública creo que te equivocas o trastocas los datos. España, a pesar de haber desarrollado un estado de bienestar, que era inexistente en el franquismo, está a la cola de la UE de los 15. Esos otros países están más desarrollados económicamente y sus estados de bienestar son ampliamente superiores. Ver la obra de Viçent Navarro al respecto (puedes consultar su blog). Ligar estado de bienestar o socialdemocracia a imposibilidad de desarrollo económico es un mito y engaño del neoliberalismo. Por cierto, he dicho que tanto el PSOE, como el PP participan del mismo pensamiento. Los males de la enseñanza son la epidermis de toda esta ideología que procede de la ilustración. Por su puesto que los ejemplos que pones como promoción automática,…son cosas que se podrían corregir con una nueva ley, y en eso estamos. Pero no interesa. Y, los pedagogos, aunque tremendamente culpables, no son más que comparsas de esta ideología. Ya lo demostré en otro artículo donde ligué la pedagogía con el empirismo y el relativismo.

Muchas gracias, Nacho, por tus sugerencias. Un abrazo.

Gracias, Juan, por tus palabras. Desde luego que siempre se puede mirar hacia delante y trascender los límites. Aunque en mi artículo no lo he hecho yo me declaro un pesimista esperanzado. Pero para pasar a la acción hay que partir del análisis de la realidad para saber con qué fuerzas hemos de vérnoslas. De todas formas no he querido dar una visión determinista de la historia. Soy un defensor de la libertad y por eso lucho contra cualquier forma de determinismo. Pero la ausencia de determinismo no quiere decir inexistencia de regularidades, tendencias, accidentes y decisiones personales que cambian y dirigen la historia.

La ciencia en sus orígenes estaba íntimamente ligada con la vida teórica. Esto quiere decir que la intención, en principio, era la de conocer por el hecho de conocer. El hombre se queda maravillado ante el mundo y esto le produce perplejidad. No sabe en qué consiste. Es el reconocimiento de su ignorancia. El afán de explicarse el mundo le lleva a la búsqueda de un orden. Por eso, la gran conquista intelectual de la humanidad, es concebir todo lo que hay como un cosmos: orden que obedece a una ley interna. Pero la ciencia es, también, transformación. Y ésta es nuestra herencia del renacimiento. Saber para prever, prever para dominar. La ciencia actual es una unión de ambas partas. Una nos lleva a la contemplación y, la otra, a la dominación. Pero esta última dominación nos hace, de alguna manera, esclavos. Toda la cultura es una forma de adaptación. La técnica es una de las formas culturales más exitosas en este aspecto. Pero toda forma de adaptación es una forma de esclavitud. Nuestra supervivencia depende de ella. La ciencia, pues, es un camino de libertad y de servidumbre. No hay más que echar un vistazo a la historia del hombre.

 

                                   ***

 

            La vida humana es un producto de la evolución. Ello significa que obedece al azar y la necesidad. La especie humana, igual que es,  podría no haber sido o ser de otra manera, esa es nuestra contingencia, como la del resto de los seres vivos. De la misma manera, pensar que el hombre está sólo en el universo no es más que egolatría procedente de nuestro espíritu mítico-religioso. Otra cosa es encontrar formas de vida en el universo, y saber cuál es su estructura. La vida, como las diversas formas de organización que existen en el universo, debe ser algo normal, al menos, en este universo. Pensar lo contrario no es más que teología antropocéntrica.

De la perversión de la razón ilustrada a la posmodernidad, el neoliberalismo y el declive de la enseñanza.

 

            Nuestra tradición occidental moderna surge del renacimiento y se ensalza en la ilustración. El renacimiento y, con el resurgimiento de la ciencia, con la revolución científica, dan confianza al hombre en el poder de sus facultades del conocimiento para acceder a la naturaleza. Pero surge también el ideal tecnológico. Baçon declara que el objetivo del conocimiento es el poder sobre la naturaleza. “Conocer para prever, prever, para dominar”. La ciencia del renacimiento no surge sólo de un ímpetu teórico, como en los griegos, sino que lleva aparejado el concepto de técnica como dominio de las fuerzas de la naturaleza. El conocimiento tiene una dimensión práctica importante que determina el desarrollo de la modernidad y la Edad Contemporánera y que tiene mucho que ver con la aplicación de las ciencias a la enseñanza. El siglo de las luces es una época marcada por el optimismo. La razón nos permite conocer el mundo y liberarnos de las supersticiones. Por eso la razón será el camino que debemos seguir para eliminar el poder absoluto. Aquí ocurre lo mismo que cuando aplicamos la razón a la naturaleza. Con ello podemos acceder a la naturaleza y dominarla. Si aplicamos la razón al ámbito social y moral: ético-político, nos liberaremos del poder basado en la superstición. Todo ello nos llevaría a la conquista de la libertad. Ésta sería la consecución de la aplicación de la razón. Atrévete a saber decía Kant. Y esto nos lleva al conocimiento de aquello que nos oprime. Por eso los ilustrados, optimistas que eran, ligaban la educación de las masas con la libertad. Por eso son los primeros defensores de la educación universal que liberaría al pueblo. Por mi parte, nada tengo que objetar al ideal ilustrado. Sigo pensando que la ilustración nos hace libres. Pero hay un pequeño problema: identificar ilustración con educación. Aquí, el optimismo ilustrado, se viene abajo. Las razones son múltiples, para empezar, como decía La Boête en La servidumbre humana voluntaria, el hombre rechaza su libertad por miedo y comodidad. Precisamente lo que decía Kant, en el miedo y la pereza residen nuestra autoculpable minoría de edad. Pero hay otras razones que explican la no identidad entre ilustración y educación y que tienen que ver con la perversión de la razón ilustrada que nos ha llevado a los totalitarismos, la posmodernidad y el fascismo nihilista actual. Que, por lo demás, lo vemos campar por sus anchas en el sistema educativo y las leyes que lo sostienen.

 

            Otra idea básica de la ilustración y que es el sustrato que vertebra todo este camino que nos lleva a la perversión de la razón ilustrada (cuando digo esto me refiero a que la razón ilustrada se convierte en razón absoluta; o bien en su expresión científica: cientificismo, o, en su expresión política: utopía totalitaria), es el mito de la idea de progreso. Los ilustrados, como optimistas que eran, y no les faltaban, de alguna manera, razones para ello, pensaban que el desarrollo de la humanidad, el progreso hacia un mundo mejor, venía marcado por el progreso en las ciencias, las artes y la tecnología. Relacionaban causalmente el progreso tecnocientífico con el ético-político. Hay dos errores fundamentales aquí. El primero es que no hay nada que garantice, ni es empíricamente observable, que el progreso de las ciencias y la técnica garanticen un mundo ética y políticamente mejor. Más bien parece ser que el desarrollo tecnocientífico está ligado a cierta perversión moral. Pero de esto ya habló Rousseau en su famoso Discurso sobre el origen de las ciencias y las artes. Por cierto, el primer ilustrado que pone en duda la idea de progreso. Ésta es la primera dificultad que la historia, y en concreto la del siglo XX y comienzos del XXI, la constatan. La segunda gran dificultad es que la idea de progreso es un mito, es decir, una creencia que se instala en nuestra visión del mundo y que damos por algo obvio. Me explico brevemente, aunque el punto es de importancia porque es el núcleo de la perversión de la razón ilustrada. La idea de progreso es un mito que se basa en la secularización de la idea de historia del cristianismo. El progreso, su idea, es un mito, una creencia e, incluso, un autoengaño, como señala Gray en Perros de Paja. El siglo de las luces batalla contra la superstición religiosa y pretende separar el trono del altar y la ciencia de la religión. Pero las ideas fundamentales que subyacen a la religión, en lo que es la filosofía cristiana, permanecen. Y éste es el caso de la idea de progreso. Lo que está claro es que la humanidad, en tanto que especie, y el hombre en tanto que individuo, no tienen ningún sentido, salvo el estrictamente biológico o natural. Y ésa es la historia. Todos los mitos, las religiones, la filosofía y, por último, la ciencia, pretenden dar un sentido a la vida humana y su historia. Nosotros procedemos del cristianismo, como de la tradición griega, y éste nos ofrece una visión de la historia que consiste en la historia de la salvación del hombre. Es decir, que lo que ocurre en la historia tiene un significado. Que dios no nos ha abandonado del todo, como se suele decir, dios aprieta, pero no ahoga. Nada ocurre porque sí, dios es la voluntad última y ha creado al hombre, como dueño y señor de la naturaleza y con libertad de obedecer o no sus mandamientos. La historia de la humanidad es la historia de la salvación, en la que hay un principio y un final. Es decir, un progreso, desde la caída, el pecado original, hasta el fin de los tiempos, en el que dios vendrá a juzgarnos y si lo hemos obedecido se nos promete el paraíso. Por eso la historia de la humanidad es la historia del progreso hacia el paraíso huyendo del mal. La ilustración asume acríticamente esta idea, la seculariza, no se da cuenta de su origen mítico. No reconoce que la historia de la humanidad no tiene sentido. Serán Nietzsche y Darwin los que lo verán claro. Por eso el primero nos dice que no nos veremos libre de dios mientras no nos veamos libres del lenguaje. Claro, en éste residen las estructuras mentales con las que comprendemos el mundo, entre ellas el mito del progreso que procede directamente de la idea de dios. El segundo, pone al hombre en pie de igualdad con los animales, con lo que el hombre se reduce al azar y la necesidad, su existencia es tan contingente como la de los demás seres vivos. La evolución no tiene ningún sentido ni dirección, es la mezcla del azar y la necesidad. La razón ilustrada tenía que haber pensado este límite. Es decir, que el progreso de la humanidad hacia un mundo mejor, ético-políticamente hablando, es contingente. Algo así pensaba Kant, y eso que éste era un profundo creyente. El progreso de la humanidad no es algo automático, ni viene marcado por leyes de la historia, ni del desarrollo tecnocientífico, sino que depende de la voluntad humana, de sus decisiones, en última instancia. Pero la mayor parte de la ilustración no lo entendió así, y mucho menos su epígonos del XIX y el XX. Por el contrario, ligaron, acríticamente, la razón científica con el progreso moral. Eliminaron, de esta manera, el ámbito de lo moral y humano, para ser sustituido por la razón científica, por la razón de las ciencias naturales. Y de ahí lo que surge es una razón absoluta y omniabarcativa que lo explicaría todo. Pero esta razón es instrumental, como la llamó la escuela de Frankfurt, es decir, que se dirige a los seres naturales, no a lo humano. Pero, claro, cuando la razón instrumental la dirigimos a lo humano, instrumentalizamos al hombre, lo convertimos en objeto. Ésta es la perversión de la razón ilustrada. La pedagogía, en su afán de presentarse como ciencia, sigue el modelo positivista e intenta entender el proceso de aprendizaje desde el positivismo empirista. El resultado de ello es la alienación de los sujetos, en este caso, del alumno y el profesor. La pedagogía, en este sentido, acaba con las personas y las convierte en objeto. Pero, lo que es de risa, es que la pedagogía, como hemos demostrado en otras partes, no es una ciencia natural, ni puede, ni debe serlo. Mejor debería acercarse al arte y resolveríamos muchos problemas.

 

            Pues bien, la idea del mito del progreso se incardina en la concepción de la razón ilustrada que se expresa en el conocimiento científico. Me explico con más sencillez. La ciencia, con su confianza plena en la razón, y con el empuje de que el uso de la misma nos hace progresar hacia un mundo humanamente mejor, pretende conocer cuáles son las leyes que gobiernan a la naturaleza, al hombre y a la sociedad. Si descubrimos estas leyes –y desde la idea de la dominación del mundo por el hombre- podremos intervenir, no sólo en la naturaleza, sino en la misma historia del hombre. Y de aquí surgen todas las utopías totalitarias, de derechas o de izquierda, por muy diferentes que sean ambas tienen a la base la idea de progreso: la conquista de una sociedad perfecta, la conquista del paraíso. Esta perversión ilustrada nos encaminó a los totalitarismos del siglo XX. Pero aún no hemos escarmentado de ello. En el ámbito de la enseñanza, como he señalado antes, y hemos demostrado en otros lugares, estamos en pleno positivismo al que también había que añadirle el constructivismo, pero esto tiene que ver con el posmodernismo del que hablaré después.

 

            Pero me dirijo ahora al análisis del sistema de producción en el que nos apoyamos. Éste es, indudablemente el sistema capitalista. Pero resulta que capitalismos ha habido muchos, los hay de diferentes colores. El caso es que el que triunfa como pensamiento hegemónico, como pensamiento único, es el modelo neoliberal. Así andamos desde hace cuarenta años. Este modelo sustituyó, y sigue haciéndolo paulatinamente, a la socialdemocracia. A grosso modo podemos decir, que la socialdemocracia, que se funda en el estado de bienestar, es un sistema de producción capitalista en el que el mercado se regula, en gran parte, para lo que se refiere al la justicia social, por el estado. El neoliberalismo, es una doctrina económica, un catecismo, que lo llama Stiglitz, en la que se pretende, falsamente, además, desvincular la política de la economía. Cuando el estado ha sido necesario se tira de él. Además, les interesa un estado fuerte en el ámbito de la seguridad y de la protección de sus mercados frente a mercados emergentes. El neoliberalismo no tiene nada que ver con el liberalismo filosófico que defiende la libertad, pero no reduce ésta a la libertad de la propiedad y el mercado. La doctrina neoliberal se apoya en la idea de que la historia se mueve por las leyes que rigen la economía. Y los neoliberales creen que las conocen. Entonces ellos lo que piensan es que las leyes que regulan la historia y que nos llevan hacia una sociedad feliz, son las leyes del mercado. De ello se desprende que la política no debe intervenir, para nada, en el mercado. Como se ve nos enfrentamos a una visión totalitaria de la historia, del hombre y de la economía. La economía pretende conocer las leyes que rigen la historia: falso. De ello se deriva que el hombre es un objeto de la economía. Por tanto, se instrumentaliza al hombre. De lo que se trata es de eliminar la libertad de los individuos y la voluntad política. En consecuencia, la ética y la política se objetualizan. Pero para conseguir todo esto es necesario crear una ideología, un pensamiento único. Y fue precisamente la caída de los regímenes socialistas la que dio el pistoletazo de salida para la emergencia de este pensamiento único, en realidad ausencia de pensamiento. Hemos llegado al fin de la historia, anuncia Fukuyama, como lo hicieran ya Hegel, y lo pronosticara Marx, es la muerte de las ideología. El neoliberalismo nos explica el camino inexorable de la historia. Muerte del pensamiento, la resistencia es absurda, porque la historia se rige por leyes naturales que son las de la economía ortodoxa, que, por suerte, no es la única, hay otras. Pero esta ideología neoliberal tiene que acallar las consciencias y para ello produce una transformación de los valores. La maquinaria que alimenta el crecimiento económico, lo único que le interesa a los neoliberales, es el consumo. Por tanto, es necesario producir un individuo que viva por y para el consumo. Esto significa que hay que hacer coincidir felicidad con placer hedonista y con el tener efímero. Claro, el resultado de todo ello es el de un ciudadano hedonista egocéntrico que es incapaz de pensar más allá de sí mismo y que vive en una insatisfacción extrema. Un individuo esclavo de sus deseos. O un señorito satisfecho que diría Ortega en su clarividente, La rebelión de las masas. Este individuo desideologizado, convertido en autómata ha perdido los antiguos valores: lo único que le interesa es el éxito, el dinero, la juventud, la fama… Todo lo que corresponde a la esfera de los valores universales, libertad, igualdad, justicia, está fuera de su visión del mundo. Este individuo, al dejar de ser sujeto, al claudicar de su libertad se convierte en algo maleable. Su lema es la adaptabilidad para sobrevivir. No el de la transformación de un mundo injusto. Y esta es la ideología que triunfa en nuestra sociedad: en los padres y en los alumnos. Por eso cambiar las leyes de educación es difícil, porque estamos todos sumergidos en este pensamiento único fruto de la perversión de la razón ilustrada. Y esto nos ha llevado al nihilismo del sujeto. El sujeto está vació, su contenido es el del consumo compulsivo, su ser es el tener y éste pasa por el desechar continuamente. Pero este nihilismo de la conciencia es la antesala del fascismo, ahora ya económico, y pronto político. Es más, la corrupción de la democracia como sistema nos está llevando al fascismo. ¿Qué es sino la aplicación de las leyes de educación sino fascismo enmascarado de democracia formal?

 

            Pero falta el último punto de unión de toda esta ideología que explica la eficacia política de la nueva pedagogía y de sus leyes educativas. Me refiero al posmodernismo. Éste es un movimiento de reacción a la ilustración, precisamente porque la razón se había absolutizado y nos llevó a los totalitarismos políticos del XX. Pero erraron. Su lema es que los grandes discursos de la humanidad habían terminado. A partir de ahí se introduce el todo vale. El relativismo epistemológico, moral y político. Y ahí hacen su agosto las teorías constructivista en educación. El centro del proceso de enseñanza ya no es el profesor como vehículo de transmisión del conocimiento, ya no, porque el conocimiento se ha relativizado, sino que es el alumno, que reconstruye, desde su subjetividad, el saber. Total, como todo vale, que pinta el profesor, si los discursos de la humanidad son fallidos. Y este relativismo mina la autoridad del profesor. Si el conocimiento carece de valor, el profesor que es el vehículo de éste carece de toda autoridad. Pero este relativismo es una de las causas de la corrupción de la democracia como sistema. Si todo vale, la opinión que se impone es la del más fuerte. Y el más fuerte ahora es el poder económico que nos ha inundado con la ideología que hemos esbozado. Y, claro, las leyes que del poder político surgen, como éste está sometido al poder económico, pues no hacen más que replicar la doctrina neoliberal. O, dicho de otra manera, crear las condiciones sociales, políticas y humanas que hagan posible la extensión de la doctrina neoliberal. Y no otra cosa es lo que han hecho las leyes de educación.

Réplica al profesor D. Manuel Montanero Fernández.

 

Mi más sincero agradecimiento al profesor D. Manuel Montanero Fernández por su respuesta crítica a mi artículo que, a su vez, criticaba uno suyo anterior. Mi artículo se titulaba La ideología que subyace a Bolonia. El suyo Los cinco axiomas de la doctrina anti-pedagógica. Doy las gracias por la crítica porque es de esta manera como se aprende. Decía Diógenes el perro que se aprende más de un bastonazo que de las adulaciones. Así que asumo el bastonazo para con él espabilarme y no dormirme en los laureles. Lo que sucede es que el autor, a mi modo de ver yerra el tiro, o el bastonazo, por seguir con el símil. Además, pienso que es un poco irrespetuoso en el tono, pero esto puede ser percepción mía. Me parece que hay cierto tono despectivo hacia el autor y hacia las humanidades. No sé de qué rama del saber procede el señor Montanero, pero si le digo, ya de entrada, que un científico que no sea humanista, no llega a la categoría de tecnócrata. Y, además, añado que lo que nos une a la tradición occidental, desde el renacimiento, por no hablar de los orígenes clásicos, es el humanismo. El problema es que cuando la razón ilustrada se pervierte y se convierte en omnipoderosa y omniexplicativa caemos, de nuevo, en la religión y la ideología. Y de manos de ellas en los totalitarismos. El ejemplo claro lo tenemos en el siglo XX. Uno de esos totalitarismos tiene su expresión en lo que se llama el cientificismo. La ciencia como el único discurso verdadero sobre la realidad. Y la razón científica como criterio de organización de la vida social. A mis alumnos los intento vacunar de esto con una frase del nada anticientífico, físico y filósofo Mario Bunge: “hay más verdades en una guía de teléfonos que en toda la ciencia junta.” Y la guía de teléfono no es ciencia. Ahí tienen para pensar. Y aquí participa la pedagogía, que, en gran parte no es una ciencia, si somos estrictos, sino técnicas, ideología y filosofía. Pero antes de abordar alguno de estos temas y fundamentarlos quisiera pasar a la estructura del artículo, que, a mi modo de ver, deja mucho que desear y se derrumba por sí mismo.

 

            El autor comienza diciendo que se sorprende de las cosas que digo. No entiendo esa sorpresa. O bien quiere decir que ya nadie cuestiona el plan Bolonia, ni la LOGSE, y que lo mío, por tanto, es poco menos que una salida de tono o una herejía. Si es una salida de tono el se sorprendería, porque no es ya de recibo que alguien defienda mis tesis. Así que, quizás, yo debería ser analizado por un psiquiatra, para que revisase mi cableado y ser reparada la avería para que, de esta manera, el pensamiento establecido, no se sorprenda ya más de mis salidas de tono. O bien, lo que digo es una herejía. Si es una herejía significa dos cosas. Herejía viene del griego y significa disentir. Hoy en día lo llamamos libertad de pensamiento, que cada vez hay menos por la corrupción sistémica de la propia democracia. Son las aporías a las que hemos llegado en la democracia, régimen que supuestamente garantiza las libertades. La otra parte es que si alguien disiente es que hay un pensamiento establecido como el verdadero o el válido, por eso discrepar de él levanta sorpresas. Como no creo estar, de momento, afectado psíquicamente, pues opto por el segundo sentido de la sorpresa. Es decir, el autor se sorprende de mi disidencia, de pensar de otra manera, de la heterodoxia. Esto dice mucho en su contra. La historia del pensamiento es la historia de la discrepancia y la heterodoxia. Y, la universidad, como los centros de secundaria antaño, deben ser los guardianes de nuestro saber y tradición. Y ésta es la tradición racional y crítica. Y se ejerce mediante el diálogo, no mediante la descalificación, que, a mi modo de ver, es lo que se lee entre líneas. Primero dice que se sorprende y durante todo el artículo no deja de citar mi nombre utilizando subliminalmente la retórica del dedo acusador. Es decir, se piensa desde la verdad y se señala al hereje, no como el disidente o el heterodoxo, sino como el desviado de la doctrina oficial que él representa y es guardián. Es la estrategia del san Benito. Aquello que se les colgaba –desde los tribunales de la Inquisición- a los herejes, para que nadie olvide quiénes son. Por eso, insisto, el tono es descalificativo, no argumentativo. Luego señala que en mi artículo rápidamente me centro en la LOGSE y la secundaria, lo que es, según dice él, mi obsesión. Y, de esta manera sigue, calificando, mejor descalificando (obsesión) y a esto, que es lo único que hace en las primeras líneas y en el tono general del artículo, se le llama, argumentos ad hominem, es decir, una falacia. Los argumentos tienen que dirigirse a los argumentos, no a las personas que sostienen los argumentos. Esto es elemental en la argumentación, tanto en la cotidiana, como en la científica. Por eso hace lo mismo con el autor de la obra Panfleto antipedagógico Ricardo Moreno, al cual me honra conocer personalmente y del que he reseñado su obra. Con un par de comentarios particulares cree desmontar toda la obra, por supuesto, descalificando, no argumentando. Y, lo mismo hace con los profesores de universidad firmantes del manifiesto anti-Bolonia que, por supuesto, señala que casi todos son de humanidades. De nuevo el tono descalificativo del autor. Entre líneas se leería que los de ciencias son más serios y aceptan Bolonia, que es la verdad. Hay muchos errores y prejuicios en estas afirmaciones que, insisto, no son argumentales, sino meras descalificaciones. El autor vive inmerso en la división de las dos culturas, considerando, sin motivo, una superior a la otra. Esto es una ideología, o una mala filosofía, la positivista o cientificista. Cuando uno rechaza la filosofía, se queda con la peor de todas o, al menos, es inconsciente de aquella que sustenta sus principios básicos y, por tanto, esa filosofía se convierte en dogma. Eso le pasa al autor y a la mayoría de los pedagogos. Cuando yo hablo de los pedagogos, no me refiero a todos. Sería un error argumental, porque sería tomar la parte por el todo, sino que me refiero al pensamiento pedagógico dominante. El que subyace a la ley educativa, tanto a Bolonia, como a la LOGSE-LOE. El autor dice, como señalé antes, que me obsesiono con la secundaria. Bien cierto es. Pero mi obsesión o, mejor, pasión, es la ilustrada. La enseñanza y la educación deben ir encaminada a la consecución de la libertad. Lo que a mi me preocupa es que la transmisión de conocimientos y valores que es lo que deben hacer los maestros y profesores, conduzca a la libertad. La educación, en su aspecto fundamental, corre a cuenta de los padres. Otra cosa es que estos hayan abandonado su tarea. También sostiene que, como me obsesiono con los pedagogos, no me he fijado que Bolonia comenzó hace diez años a partir de una serie de acuerdos europeos que cita en su artículo. Acuerdos que se convertirán en directrices para la consecución del plan Bolonia. Efectivamente, por eso digo que yerra el tiro. Es, precisamente, la ideología que subyace a esos acuerdos y a la Unión Europea lo que yo critico. Y esa ideología se llama neoliberalismo, que tiene una larga tradición filosófica, pero que se instala entre nosotros, como pensamiento único, desde hace cuarenta años. Esto es lo que hay que criticar. Los pedagogos no son tan importantes. Digamos que sus doctrinas han servido y sirven para engrasar la maquinaria. Porque, insisto, el pensamiento pedagógico hegemónico es ideología, no ciencia. Por lo tanto, al decir que todo procede de esos acuerdos, sin darse cuenta, me ha dado la razón. Y, para terminar con el análisis de la estructura del artículo, pasamos a lo que llama los axiomas de la doctrina anti-pedagógica. Otro error argumental. Si el autor pretende señalar que el pensamiento anti-pedagógico es una doctrina, entonces no puede hablar de axiomas. Se nota que tiene la lección bien aprendida porque ya me conocía yo esos “axiomas”. Los axiomas rigen para la matemática y la lógica, son verdades evidentes desde las que se parte para la deducción de los futuros teoremas. Esas verdades evidentes, en tanto que tales, son indemostrables. Son aquello de lo cual parte el pensamiento formal para la demostración. El autor, entonces, debería haber dicho dogmas. Que son las verdades de una doctrina que se asumen por fe, es decir, acríticamente, sin argumentación previa, creencias. Esos cinco “axiomas” en los que no voy a entrar uno a uno porque están mal formulados, como digo, están expuestos de forma simplista, sin tener en cuenta que algunos de los “axiomas” que allí se citan son consecuencias de un duro trabajo de reflexión y de análisis. Es decir, consecuencias, no axiomas ni dogmas. Otros son meramente errores de bulto tomados de los manifestantes anti-Bolonia, no de los críticos de la pedagogía hegemónica. Quizás en otro momento haga una crítica a estos cinco puntos. Pero de momento basta con el análisis lógico y estructural del artículo. Para solventar esta falta haré una declaración de principios, muy sintética, sobre mi pensamiento, que no se puede encuadrar en estas simplezas. Además de agradecer al autor la crítica, como hice al principio, también le quiero agradecer que haya puesto mi nombre al lado de personas tan sabias y de reconocido prestigio nacional e internacional como es Ricardo Moreno, por cierto, catedrático de Matemáticas, y los firmantes del Manifiesto anti-Bolonia. Eso es para mí un honor.

 

            Y paso ahora a la última parte de mi exposición que, en realidad, tiene que ver con todo lo que he escrito sobre educación, que no es poco, y que el señor Montanero puede rastrear en mi obra y desde ahí podremos discutir, no desde esos cinco “axiomas”.

 

            Soy un racionalista crítico, como señalaba Popper, un filósofo tambaleante de la ilustración. Hoy, con el triunfo del posmodernismo, unido al neoliberalismo, quedamos pocos de estos. Somos o, mejor, nos identifican, con los reaccionarios. Más bien prefiero formar parte de la resistencia. Como filósofo que comparte los ideales de la ilustración creo que estamos embarcados en un gran proyecto ético de la humanidad, un proyecto que es provisional. No está garantizado el progreso ético-político. Siempre puede haber retrocesos y los ha habido. Y hoy en día estamos en uno de ellos. Vea la última obra testamental del historiador de las ideas Tony Judt Algo va mal”. O de la del también recientemente fallecido José Vidal Beneyto La corrupción de la democracia. Por cierto, las he reseñado para la Gaceta Independiente. La LOGSE y Bolonia son ejemplos claros de estos retrocesos. La ideología que nos sustenta hoy en día es el resultado de una perversión de la razón ilustrada. Perversión que se expresa en el cientificismo y la tecnocracia. Y aquí está el error de la pedagogía hegemónica. Ésta pretende ser una ciencia, cuando no lo es. Sus fundamentos son el pragmatismo de Dewy, el positivismo y el constructivismo. Todos ellos los he criticado desde la epistemología y un autor, mucho más sabio que yo, catedrático de filosofía y pedagogo, lo hace en su última obra Gregorio Luri La escuela contra el mundo. Razones para el optimismo. Hay una unión también, en el caso español, entre la doctrina de izquierdas predominante, como reacción al franquismo, y la nueva pedagogía. Es la política progre de la izquierda realmente existente (la que tiene capacidad de gobernar, no la real) que ha confundido tantos términos. La pedagogía hegemónica participa de dos paradigmas erróneos. En primer lugar está el empirismo. Esta filosofía pensaba que la ciencia se reduce a experiencia. La psicología y la pedagogía en su afán de asemejarse a la física y la química pues intentaron cumplir con los ideales del empirismo. Por eso elaboraron teorías del cerebro llamadas de la caja negra. Lo que nos interesa es lo empírico, lo que se puede constatar, el cerebro no lo podíamos estudiar, no nos sirve para nada. Esto es el conductismo. De aquí procede la teoría de la motivación. El profesor lo que debe hacer es motivar. Lo que pasa es que esta doctrina deja atrás toda una herencia que es la de la educación de la voluntad. Por eso aquí hay una unión con lo progre. La enseñanza es juego, dinamizar, diversión. No se puede exigir, ni traumatizar al niño. Hay que darles libertad. Pues no señor, gran error, no hay libertad sin obediencia a la ley. Y esta debe ser interiorizada por la autoridad, la del padre, primero, y la del profesor, después. La autoridad de este último es una autoridad epistémica y moral. Nada se consigue sin esfuerzo y disciplina. Una vez interiorizada la ley, el alumno, el individuo, debe hacerla suya y así será libre. De la otra manera, mediante la teoría de la motivación, lo que fomentamos es el deseo y éste nos esclaviza, nos vuelve caprichosos y débiles. Por eso nuestros centros de enseñanzas están plagados de señoritos satisfechos, que diría el insigne Ortega. La ley permite esta aberración, y hay una ideología pedagógica debajo, que se vende como ciencia, que la respalda. Es necesario recuperar la educación de la voluntad si queremos recuperar la virtud y el deber del ciudadano. Lo cual nos conducirá a individuos libres, aquellos, que no tienen como objetivo sólo el de la adaptación (objetivo fundamental de Bolonia), sino el de la transformación social. El engaño de Bolonia es el de la competitividad, neoliberalismo, ley del mercado, y el de la adaptabilidad. El objetivo es la adaptación al mundo cambiante, no cambiar el mundo. Es decir, que se asume, de entrada, la falta de libertad. Esto es, que el desarrollo técnico-científico y económico determinan nuestras vidas y a nosotros sólo nos queda adaptarnos. Y esa adaptación es el triunfo en la vida. No he visto nunca una expresión tan clara de pensamiento único, es decir, ausencia de pensamiento, como ésta, salvo las totalitarias a las claras. Lo nuestro es un totalitarismo débil, pero totalitarismo que, además, relega al ostracismo al disidente.

 

            Otro error clave de la pedagogía es el constructivismo. Aquí, la filosofía a la base es el idealismo. Se cree que el alumno es capaz de construir el conocimiento por sí mismo, como si no hubiese aprioris biológicos universales y aprioris históricos. De aquí se desprende que el centro del proceso de enseñanza es el alumno. El papel del profesor es el de “dinamizador”. Y esto, unido a las nuevas tecnologías y el mito de que con ellas alcanzaremos el ideal educativo del aprender a aprender con un profesor desplazado del centro de la educación se transforma en una ideología tremendamente peligrosa. Y en ellas se unen lo neoliberal (mito del progreso tecnocientífico) con las ideologías pedagógicas: doctrinas acríticas que pernean todo el sistema de enseñanza. Hoy, no es que la pedagogía sea un instrumento para ayudar al profesor en sus clases y a los alumnos cuando tengan problemas, sino que se ha pretendido transformar en un saber científico universal que pretende decir en qué consiste la tarea de enseñar y cómo debemos hacerlo. Si fuese lo primero, bienvenida sea, pero, de la otra forma, se convierte en un dogma. Y pedagogías hay muchas. Lo esencial es recuperar el papel central del profesor en la enseñanza y de los padres en la educación. Los pedagogos son técnicos o guías que pueden ayudar en los momentos puntuales, pero no la ideología que oriente el sistema. Pasa como con la medicina. Los problemas morales hoy en día se han medicalizado. Es decir, que al relegar nuestra libertad en manos del médico, dejamos de ser personas y nos convertimos en instrumentos. Y eso es lo que ha ocurrido con la pedagogía al querer convertirse en una ciencia. Lo que llamo la perversión de la razón ilustrada. Esta perversión es la razón instrumental, que es la propia de las ciencias naturales. El problema es que cuando tratamos de estudiar las relaciones humanas desde la razón cientificonatural, instrumentalizamos al hombre. Y eso es lo que hace la pedagogía vigente. Instrumentaliza al alumno, al profesor y a las relaciones entre ambos.

 

            Los veinte años que llevamos de LOGSE han mostrado su tremendo fracaso, los datos están ahí, por más que se intente encubrir, véase al respecto la obra de Francisco López Rupérez, en ésta no hay discurso, todo son datos y estadísticas. No se pueden enmascarar con medidas como el aumento hasta los dieciocho años de la enseñanza obligatoria. El ideal de la educación comprehensiva nos ha llevado a la mediocridad. El sano ideal ilustrado de la educación universal nos ha llevado, de la mano de la LOGSE, al fracaso escolar y la promoción automática, para no frustrar al niño. Menuda demagogia. Se ha confundido la igualdad de oportunidades, principio básico en democracia, con la igualdad ontológica. Y esto, junto con la promoción automática, ha dado lugar a la disminución de los contenidos, las adaptaciones curriculares, la diversificación, el plan de refuerzo, en fin… todo por enmascarar el fracaso escolar que procede de la doctrina de la motivación y de la eliminación de la autoridad del profesor y de las ideologías progres de la izquierda española. La excelencia de los alumnos, salvo los que están blindados genéticamente y familiarmente contra la LOGSE, es una excepción. Pero, por suerte existe y es todo un placer.

 

            Ahora entran a saco en la universidad, y no es que ésta fuese un mar de rosas, lo contrario. Necesita una reforma inmensa en sus estructuras arcaicas y su sistema endogámico. Pero como digo, la ideología es la neoliberal. Los pedagogos son comparsas, sus doctrinas hacen posible que el futuro ciudadano sea menos ciudadano y más súbdito. Y esto a la sacrosanta libertad del mercado (otro mito) le interesa. El alumno es futura mercancía en el fuerte y cada vez más deshumanizado mercado laboral. Ése es el objetivo, los pedagogos son los ideólogos, sin ser, ni conscientes de ello, en su gran mayoría. Y, por debajo, la ideología del progreso. El mundo es el que es y no puede ser de otra manera. Pero es que, además, es el mejor de los mundos posibles (vieja doctrina leibniziana que hereda la ilustración), dirigido por la tecnociencia y la economía. El factor humano: es decir, la libertad, ha sido reducido a la razón instrumental. Una utopía nos aguarda, un nuevo mundo feliz. El neoliberalismo es la utopía del siglo XXI, con sus orígenes en el XX. Pero hace tiempo ya que se ha tornado en una utopía negativa. Me alegro de formar parte de la resistencia. Me parece muy bien que usted dé sus clases a la boloñesa, yo, entre tanto, me esforzaré en dar alguna magistral clase magistral, si alguna vez lo consigo. Mis más respetuoso saludos.

 

Mientras mejores sean los alumnos, mejor se hace el profesor y más se exige a sí mismo. Y acaso algún día con la ayuda de sus alumnos uno llegue a ser maestro. Eso significa enseñar en la libertad y desde la libertad.

Magnífica reflexión para mañana partiendo de la obra de nuestro común amigo Esteban Mira. Sólo hay una cosa que no comparto. Estoy contigo en que no existe ninguna razón ni argumento sólido contra la tesis del exterminio y que existe una unión entre capitalismo e imperialismo y esto nos lleva al exterminio del otro por la propia lógica del capital. Pero en lo que disiento es en que la naturaleza humana sea bondadosa de por sí y que el mundo precolombino fuese un paraíso. Eso es falso. La naturaleza humana es la de un animal gregario, recolector y cazador. Desde el neolítico la guerra está instalada entre nosotros. Hay sistemas de producción que la fomentan más que otros. El capitalismo que se empieza a globalizar, como Marx bien analiza en el Manifiesto Comunista, lleva la guerra al exterminio. Siempre ligado éste a ideologías que son el alimento del pueblo para ser la mano ejecutora del poder. Es el caso de la ideología del nacionalcatolicismo que echa a los judíos y los musulmanes de Al- Andalus y los tortura y reprime, así como extermina al indio. Y, desde entonces para acá seguimos en las mismas. Con esto no quiero demonizar la naturaleza humana, como sugieres tú, sino ser realista. El hombre ha sido capaz de grandes hazañas éticas, como de también es el protagonista de su propia autodestrucción. El realismo, en este caso me remito a Kant, “el fuste torcido de la humanidad”, una unión entre Rousseau y Hobbes, nos lleva a la idea regulativa de la paz perpetua. Y ésta pasa por la búsqueda de una ética cosmopolita que sería la base de una legislación internacional. Necesitamos leyes porque no somos buenos de modo natural, pero construimos leyes basadas en la ética y las obedecemos porque somos lo suficientemente buenos para ello. Sin estos presupuestos no podemos entender ni la destrucción de las indias ni a un fray Bartolomé de las casas y el derecho de gentes.

 

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            No hay derechos sagrados, esto es ya metafórico, pero considero que la libertad unida a la justicia y la fraternidad son los derechos humanos inalienables. Pero estos derechos no son más que la guía ética de la humanidad. Son conquistables. Primero los descubrimos y, después, debemos esforzarnos en llevarlos a la ley y a la praxis de la misma. La ilustración los proclamó y consideró, ingenuamente, que educación es lo mismo que ilustración. ¿Un alumno recen salido de la ESO es un hombre libre de pensamiento? Es el error del optimismo ilustrado que dio lugar a tanta barbarie en la historia. La razón se idolatró y se convirtió en una diosa. Eso dio lugar a la perversión de la propia razón ilustrada y de la propia ilustración con ella. El objetivo de la educación debe ser la libertad de los individuos, pero dudo que necesariamente exista una unión entre libertad y felicidad. Sospecho desde hace ya bastante, que la felicidad es algo muy accidental e, incluso, bioquímico. Otra cosa es que la justicia social sea la base de la conquista de la felicidad. Justicia y libertad como condición de posibilidad de felicidad. Condición suficiente, pero no necesaria, que dirían los lógicos y matemáticos. Pero yo he dejado ya de pensar que la educación sea el vehículo de la libertad. Si entendemos educación en el sentido más amplio y profundo del término, desde luego que sí. Ahora bien, si la entendemos ligada al estado, no, rotundamente. La educación, al menos en España y en gran parte del mundo capitalista, es adaptación. Es decir, control. Se nos promete la felicidad por medio de la obediencia sumisa, sin ser conscientes de que somos obedientes. El neolenguaje confunde obediencia con adaptabilidad. Y de todo ello sale un individuo inconsciente de su propia esclavitud. Un subproducto del sistema. Feliz y acomodado, pero esclavo, por lo menos en el ámbito del pensamiento. Y, además, instalado en la pseudolibertad del relativismo de las opiniones. Pensar que todas las opiniones son respetables e iguales. ¡Menuda farsa y baile de marionetas! La libertad es algo demasiado importante como para dejarla en manos de una ley de educación…

Cuando  la amistad surge del amor por lo eterno, la amistad entre los espíritus más excelsos, entonces las fronteras del tiempo y el espacio no cuentan. Porque los intereses perennes de la humanidad no han cambiado. Tienen que ver con el bien, la justicia, la belleza y la verdad. Cuando son esos intereses los que unen a los amigos, cimentados en la empatía natural, la amistad se trasciende. Pero lo normal es que la amistad sea interesada o mediatizada por intereses particulares. Entonces no se trata de amistad, propiamente dicha, sino de interes o simbiosis, que no está nada mal, pero cae dentro de las fronteras del espacio y el tiempo. Por eso Aristóteles decía que la auténtica amistad se da entre hombres libres. Y esa debe ser nuestra aspiración…

Cuando se cumplen veinte años de la LOGSE y el fracaso es generalizado nadie se da por aludido, ni intenta poner remedio. Los responsables políticos siguen en sus treces defendiendo lo indefendible y la pseudociencia de la pedagogía sigue reinando en los centros de enseñanza. La excelencia entre los alumnos se perdió, salvo que por razones estrictamente genéticas, algunos están blindados contra la LOGSE. El profesorado ya es, en su mayoría logsiano por formación. Las oposiciones vieron reducido su temario y aumentado los temas logse. Además el curso de prácticas es un adoctrinamiento en toda regla. Los que no proceden de la logse se han acomodado en el miedo y la cobardía. Obedecen sumisos las consignas del poder. De lo que se trata es de burocratizar para entretener y controlar. Y, además, ahora, con el efecto de la enseñanza defensiva. Las programaciones deben ser aquello a lo que los profesores se pueden agarrar en caso de berrinche de un alumno por ser suspendido. Me niego rotundamente. Los alumnos, en el periodo de reclamaciones, deben venir a aprender de sus errores. Y, en el caso de que el profesor corrigiendo se haya equivocado, pues rectificar la nota. La actitud del alumno debería ser la del aprender. Pero esto ya no existe, el alumno lo único que pretende es aprobar asignaturas. En la ESO aprobaba autmáticamente, ahora, en el bachillerato, una vez viciada su voluntad, quiere que le aprueben. Como digo, me niego, y que los apruebe la inspección, que en definitiva es lo que quieren, enmascarar el escandaloso fracaso escolar en el que nos han metido. Pero, ¡ojo!, fracaso escolar significa ignorancia. Y ésta ignorancia y mediocridad ha llegado ya a los profesores. Y cuando vengan los del Plan Bolonia, con sus clases a la boloñesa, no te quiero ni contar, el acabose. De qué se podrá hablar. Serán replicantes, autómatas que podrán ser sustituidos perfectamente por los ordenadores. Ése es otro de los sentidos de las TIC en los centros, la sustitución del profesorado. Para ello hay que hacer de éste un ignorante y un instrumento. El éxito de la LOGSE ha sido y, por lo que podemos ver en el horizonte, será abrumador. Sólo nos queda la resistencia activa. Una resistencia quintacolumnista. De momento, aunque no se sabe por cuanto tiempo, el acto de dar clase es irreductible, pero ya suenan las trompetas de Jericó contra nuestra atalaya…

Excelente artículo y exhaustivo análisis, Antonio. Sólo me quedaría añadir que, aunque los padres son los responsables últimos de la educación habría que explicar porqué los padres claudican y esto tiene que ver con el tipo de sociedad en la que hemos vivido y en la que se ha producido una crisis de valores, que, ya, en algunas ocasiones, hemos analizado aquí. Y todo ello tiene que ver con el posmodernismo y el relativismo que son la ideología que al sistema neoliberal en el que estamos inmersos le interesa. Insisto, cuando hablo de neoliberalismo no renuncio al liberalismo, sino que me refiero a una perversión del mismo en tanto que razón económica. A este orden neoliberal le interesa la sumisión, la ausencia de crítica y, en definitiva, esos niños tiranos y desobedientes son, en última instancia, esclavos de sus pasiones; por tanto, instrumentos que alimentarán el sistema. Creo que es necesario, y lo intentaré, hacer un análisis desde la perversión de la razón ilustrada hasta el posmodernismo, relacionándolo con el imperialismo neoliberal que ha producido una crisis de valores en la que todos estamos inmersos. Con ello no pretendo exculpar a los padres. Creo en la libertad y la reivindico como el máximo valor. Lo que quiero decir es que hay que analizar la estructura social que sirve como condición de posibilidad, suficiente, aunque no necesaria, para que se produzca la situación que tan agudamente has analizado.

“Para los occidentales no hay nada tan venerable que no pueda ser criticado; no hay creencia, ya sea religiosa política o filosófica, que, tarde o temprano, no tenga que ajustar las cuentas ante el hombre intelectualmente aventurero.” p.268

 

            En la enseñanza, a los Prometeos y a los Ulises, se los reconoce enseguida porque están mucho más preocupados por salvar el mundo a partir de la escuela que por salvar la escuela del mundo y, por supuesto, eso de integrar a sus alumnos en el mundo real les parece excesivamente prosaico; si les interesa la realidad es para impugnarla globalmente, sin pactismos. Ellos sólo se comprometen con el ideal. Por eso les cuesta tanto alcanzar consensos. La escuela, y especialmente las facultades de educación son el reducto de lo políticamente correcto menos dispuesto a la autocrítica de toda nuestra sociedad.” p. 269

 

Gregorio Luri. “La escuela contra el mundo. El optimismo es posible”

 

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            Eso de las ciencias para el mundo contemporáneo no es mas que ideología cientificista y, además, mal ejercida. En realidad el alumno no aprende nada de ciencia, ni falta que le hace, según piensa el poder. Pero se le transmiten valores absolutamente acríticos de las bondades de la ciencia y la tecnología. Y, esto, aunado, además, con la estructura neoliberal economicista de la organización del mundo que tenemos. Ésta es la ideología clara del PSOE, la izquierda realmente existente, la que tiene capacidad de gobierno, pero que asume el credo neoliberal. Por eso, la asignatura de ciencias para el mundo contemporáneo no es más que un poco más de ideología del gran hermano para mantener a las mentes ignorantes y sumisas. La asignatura es un enemigo de la filosofía, pero, es más, toda la ley es antifilosófica, como la acción política misma. La ley es pura ideología, convertida en religión, con su credo y sus dogmas. Un engendro más del neoliberalismo. Conste que no ataco al liberalismo filosófico, solo al credo economicista neoliberal. Antes había una asignatura muy digna, no voy a hablar aquí de sus orígenes, ni en qué ha quedado, se trataba de ciencia, tecnología y sociedad. Estaba asignada a los departamentos de filosofía y era una optativa de oferta obligatoria, con cuatro horas lectivas semanales. Una auténtica pasada. Era una asignatura crítica sobre el saber científico y la sociedad. De verdad una reflexión sobre la ciencia y el mundo contemporáneo. El problema que tuvo fue triple: el de la objetividad, en segundo lugar que gran parte del profesorado no estaba preparado y, por último, el poder le vio las orejas al lobo y la cambió por el engendro con el que nos encontramos ahora y otras cosas más. Los filósofos hemos sido también los enemigos de la filosofía.

"Sin maestros fascinadores no hay escuela posible; por más leyes que se proyecten." Joseph Pla.

 

            Siempre recordamos a los profesores que nos enseñaron algo. Y para eso hizo falta el esfuerzo, el respeto, y la disciplina que, a la larga, nos haría libres. Y todo ello se sustenta en la autoridad intelectual y moral del profesor. Esto nunca puede ser sustituido por ninguna ley ni por cursillos psicopedagógico. La verdad de la enseñanza es la transmisión de conocimientos y valores. Para ello el maestro ha de ser ejemplar. Amar su disciplina y el conocimiento en general. Ser amable y respetuoso, consigo mismo y con los demás. Querer la igualdad y la libertad. Y creer en la posibilidad de que el hombre puede mejorar. Ejercer la disciplina como única forma de que el alumno sea capaz de conquistar su libertad a través de la voluntad.  Mientras que no se recupere la educación de la voluntad como camino hacia la libertad, que nos aleja del capricho; y el centro de la enseñanza sea el profesor (el encargado de la transmisión de conocimientos y valores) y no el alumno, como en la pedagogía actual (el aprender a aprender y demás estupideces), no habrá una recuperación de la enseñanza.

De sentido común…pero el profesorado anda perdido en la burocracia orwlliana y muerto de miedo ante los padres, los alumnos, el director, el jefe de estudios, la inspección. Y ya sabemos que el miedo es el instrumento básico de control…prefieren la sumisión a lo irracional (aunque ya ni siquiera lo ven así) a la autonomía y la educación auténtica: la transmisión libre de conocimientos, valores y actitudes.

De acuerdo con casi todo, salvo con el temor que tú anuncias de la gente, hablo de occidente, a ese dios omnipotente. ¡Qué va! Creo que no. La gente teme a la pérdida de su seguridad, de su posibilidad de consumo, a la marginación. Otros dioses han ocupado su lugar. Temen a la muerte, eso sí, pero no al sufrimiento después de la muerte, si no a no poder seguir existiendo. El dios tradicional no ocupa ningún lugar. Éste ha sido sustituido por el dios de la tecnociencia, el mercado, la economía, la moda, el consumo, los ídolos que se sustituyen unos a otros como quimeras… Hemos perdido mucho con la muerte de las religiones tradicionales. Su gran mensaje ético, la capacidad de entrega y de abnegación, la empatía de la que tú hablas, cuyo fruto laico será el valor de la fraternidad. Pero somos seres cuya estructura, por origen evolutivo, es religiosa, por eso seguimos creyendo, aunque sea en el último modelo de telefonía móvil. O en la quimera de que las nuevas tecnologías de la información son el remedio de la enseñanza y el comienzo de la sociedad feliz. Patrañas, comparado con las religiones del libro. Por otro lado, la ignorancia supina que sobre las religiones tradicionales hay hoy en día, fundamentalmente en la juventud, unido a su mentalidad mítica es algo que asusta. En definitiva todo ello hace del joven un individuo infinitamente maleable. Es como plastilina en manos de los diferentes poderes. Es un ser sin principios y sin fines. Prefiero un buen creyente, con principios, pero sin fanatismos. Alguien con contenido, que aporte y diga algo. No un ser instalado en la nada…

Claro, pero hay un problema. Hoy en día se dice mucho que se es agnóstico, cuando no se sabe ni lo que es esto. Se ha cambiado la palabra ateo, que tiene un sentido fuerte, por la de agnóstico, para aliviar la carga. Pero no se sabe lo que es esto último. También hay mucho ateo y agnóstico que no es tal, sino pura indiferencia. En realidad son practicantes de la religión posmoderna. Es decir, del relativismo y el egocentrismo. Sirvientes de Narciso.

Nuestra civilización en la encrucijada.

 

            Han aparecido recientemente dos libros importantes sobre la situación actual de la humanidad. Dos obras que analizan la situación a la que ha llegado nuestra civilización, el origen de sus males y la posibilidad de superación. Dos obras imprescindibles para entendernos y proyectar un futuro mejor, si éste es posible. La primera es de un autor español, José Vidal Beneyto, recientemente fallecido a los ochenta y dos años, el otro es el historiador de las ideas mundialmente conocido Tony Judt. La primera obra se titula La corrupción de la democracia y la segunda Algo va mal. También coinciden estas dos obras en que son escritos de combate. Están hechos con la intención de sensibilizar y cambiar las conciencias para cambiar el mundo. Tienen una tremenda fuerza moral. Su norte es la justicia. Ambos coinciden en que la situación es poco menos que dramática. Son pesimistas en sus análisis, pero tienen una confianza profunda en la capacidad de superación del ser humano ante las encrucijadas. Y, en la que nos encontramos, puede ser la mayor de la historia de la humanidad. Animo al lector crítico y con esperanzas a que se acerque a estas obras de las que surge la siguiente reflexión.

 

            Todo el mundo podrá coincidir en el hecho de que en la sociedad en la que vivimos algo va mal. Y esto es así porque las cifras hablan por sí solas. La mitad de la humanidad no tiene acceso al agua potable, las energías fósiles se agotan, el calentamiento global es un hecho y sus consecuencias impredecibles exhaustivamente, pero amenazantes para el futuro de la humanidad, una tercera parte de la humanidad pasa hambre, el sistema democrático es dudoso, la corrupción del mismo es un hecho. Probablemente estemos acercándonos al fin de la historia, debido a un colapso civilizatorio, como ha ocurrido en otras civilizaciones, con la salvedad de que en nuestro caso la civilización es global. Pero este fin de la historia no es, como piensan los utópicos neoliberales, amantes del mito del progreso, porque hayamos agotado todas las ideologías o formas de concebir el mundo, quedándonos como única alternativa las democracias liberales, sino por un colapso global debido a que hemos superado los límites de nuestro crecimiento. El mundo en el que vivimos no es el mejor de los mundos posibles. Este pensamiento es alimentado por el mito del progreso que está a la base del pensamiento neoliberal. Desde hace cuarenta años hemos ido perdiendo paulatinamente en calidad de vida y seguridad. Nuestro mundo es más pobre, más inseguro y su equilibrio más delicado. Los que mandan no son los ciudadanos, ni siquiera la clase política, salvo que ésta participe del poder económico, sino los grandes centros de poder y quienes lo ocupan, unos cuantos cientos o miles de personas que se reparten la mayor parte de la riqueza del mundo. Este mito del progreso, junto con la ideología neoliberal, nos lleva a pensar que el mundo en el que vivimos es lo mejor que hemos tenido y que la propia economía del mercado libre eliminará todas las contradicciones. Nos creemos esto como un mito. El poder se ha encargado de producir todo un conjunto de valores e ideologías que hagan posible la transmisión del engaño. Se nos presenta el desierto de lo real, como un gran oasis y de esta manera se anula la capacidad de los ciudadanos para actuar. Toda esta ideología neoliberal no es más que un nuevo mito en el que nos acomodamos y, curiosamente, con un sentimiento de libertad. Porque la libertad se ha confundido con el consumo y el disfrute egoísta de los placeres. Ésta ha sido la mejor forma de domesticar a la ciudadanía. Pero ésta ideología neoliberal es una utopía negativa. Y esto es así porque nos promete el cielo en la tierra, pero el neoliberalismo lo que ha traído ha sido la miseria, la desigualdad, el problema ecosocial y la gran amenaza del cambio climático. El pensamiento utópico se caracteriza por el hecho de que promete el cielo en la tierra pero lo que traen es el infierno: la desigualdad, la exclusión y la muerte. Y esto ha sido lo característico del modelo neoliberal. Pero como mito que es, nos hace pensar que la organización del mundo es así por necesidad, que no hay alternativa al orden neoliberal. Hay que desenmascarar este peligroso engaño. La historia de la humanidad no es la historia del progreso. Es cierto que ha habido grandes progresos, pero también grandes regresiones, como la que actualmente estamos viviendo. El progreso moral y político de la humanidad es contingente. Es necesario estar alerta para mantenerlo. No existen leyes de la historia que determinen el progreso ético-político. Las leyes de la economía no son deterministas; y, por otro lado, la historia no se reduce a la economía. En la historia se dan tendencias. No existen leyes naturales de la misma, como en la naturaleza. Eso no implica que sea irracional, ya hemos dicho que hay tendencias, pero también la influencias de decisiones personales, de accidentes naturales, del azar y la contingencia, y, en última instancia, la historia depende de la libertad de los hombres. El mito del neoliberalismo quiere privarnos de la libertad haciéndonos pensar que la realidad que se nos ofrece, el desierto de lo real, es el mejor de los mundos posibles. Que no se puede cambiar. Esto no es más que el fruto del afán de poder, del ansia del más rico por acaparar toda la riqueza, como decía Adam Smith en La riqueza de las naciones “Lo quieren todo para ellos y nada para los demás”. Y este mito del neoliberalismo es el gran engaño de occidente que mantiene amordazadas a las conciencias, alienadas, impidiéndoles pensar. Perfectamente amaestradas y dóciles.

 

            Pero no es cierto, como digo, ha habido grandes progreso y grandes regresos. Salimos de la crisis del veintinueve, tras el desencadenamiento de la segunda guerra mundial, introduciendo una nueva economía en la que ésta estaba supeditada a la política. El estado regulaba la economía, sin eliminar la libertad. Esto dió lugar a un crecimiento sostenido y a una mayor redistribución de la riqueza. Era un  modelo capitalista, con todos los errores que conlleva, que no consideraba los límites del crecimiento debido al problema ecológico, pero que, en su momento fue eficaz y produjo justicia. Pero desde hace cuatro décadas domina la ideología del mercado que ha reducido casi a su inexistencia al poder político. Las consecuencias son el mundo en el que vivimos y lo que nos espera y los datos los puede encontrar el lector en las obras que me sirven de reflexión. Pero uno de los mensajes que se traslucen en estas obras es que si salimos de esa crisis y produjimos un gran avance social, podemos salir de la actual. Hay aquí una doble enseñanza, por un lado, que la historia no es lineal ni progresiva y, por otro, que por nuestra voluntad podemos mejorar, incluso cuando nos encontramos en la peor de las encrucijadas, como fue la segunda guerra mundial.

 

            Una de las estrategias del neoliberalismo ha sido la corrupción de la democracia. Las democracias liberales en las que vivimos no son ni lo uno ni lo otro. No son democracias porque no gobierna el pueblo, el ciudadano está desaparecido, ha sido convertido en siervo. Y no son liberales porque la libertad es apariencia, se reduce al consumo, del que puede, claro. El problema es que la corrupción de la democracia no es la corrupción de la vida política, que también, sino la corrupción del propio sistema. Por eso podemos hablar de que nuestro sistema no es una democracia. Que la democracia se ha corrompido en manos del neoliberalismo. Si manda el mercado, ¿cómo podemos hablar de democracia? Y, encima, el mercado no es un ente abstracto, como se nos quiere hacer pensar, sino unos pocos con nombres y apellidos detrás de instituciones financieras y multinacionales. La corrupción del sistema reside en que el poder está más allá del pueblo. Vivimos en una plutocracia regentada por partidos políticos que hacen de mediación entre el pueblo y el poder real. Los partidos políticos sólo se representan a sí mismos, no a sus electores y, menos, al conjunto de los ciudadanos. El neoliberalismo, al anteponer la economía a la política ha vaciado de contenido a la última. De ahí que hayan desaparecido las ideas políticas y que lo público sea casi una entelequia, algo llamado, en todo caso, a desaparecer. La corrupción de la democracia como sistema es el instrumento que el poder económico ha utilizado para verse libre de cualquier forma de control y de limitar su poder. Por eso la única salida que nos queda es refundar la democracia desde el poder de los ciudadanos. El hecho de que vivimos en sociedades formalmente democráticas nos ofrece mecanismos de actuación a los ciudadanos. Lo primero es tomar conciencia del gran engaño, después actuar, empezando por el voto. El poder político está entre las cuerdas, pero no derrotado. El sistema democrático se ha corrompido, pero mientras que existan ciudadanos libres cabe la esperanza de recuperar la soberanía de los ciudadanos, en la medida que esto es posible, claro, y la primacía de la política sobre la economía. Y esto significa la primacía del interés general de la humanidad sobre el del enriquecimiento de unos pocos.

El intelectual, la soledad y la libertad.

 

            El otro día, un amigo me decía que yo, como él, en nuestros escritos no dejábamos títere con cabeza. Es cierto. Cada uno en nuestro ámbito, él en la historia, yo en la filosofía, así procedemos. Pero no se trata de un capricho, ni de malas ideas o malas pulgas. Creo que esta actividad crítica es la propia del intelectual. La vida intelectual te lleva a la soledad. De lo que se trata es de analizar la que se nos presenta como algo evidente, como lo que no puede cambiar. El escarpelo de la razón va dirigido contra las verdades evidentes, contra lo que se da por supuesto. Arremete contra la comodidad del mundo establecido. Por eso la actividad intelectual es incómoda, por un lado, para el poder, porque éste tiende siempre a ser conservador, a mantener la verdad establecida por los prejuicios, las ideologías y la tradición. Pero también lo es para el propio intelectual. Su actividad le lleva a la soledad, el aislamiento, el no sentirse identificado con nada. Lo que el intelectual pretende con su labor crítica es desenmascarar las apariencias. Éste es el camino del conocimiento. Pero el conocimiento va ligado a la ilustración y ésta a la libertad. El conocimiento nos libera de los prejuicios, creencias e ideologías. Conocimiento y libertad van unidos. Esclavitud e ignorancia también. Pero la actividad crítica te aísla, te conduce a la soledad y a veces a la incomunicación. La crítica es búsqueda de la verdad. Está ligada al sentido griego de los escépticos. Escepticismo es búsqueda de la verdad. Pero ésta comienza por la duda sobre lo dado. Lo que se nos presenta como certeza. Entonces todo se nos vuelve conjetura. El escepticismo y la crítica se enfrentan al dogmatismo. Por eso el intelectual trasciende la política profesional, la izquierda y la derecha. Está más allá de todo ello. Reconoce que tiene que haber gente comprometidas con ideales que les permitan actuar, pero él, desde su soledad y su crítica, lo que pretende es luchar contra los excesos del dogmatismo. Los dogmas, las creencias, nos esclavizan. En las creencias y en los dogmas estamos y vivimos. Las ideas las tenemos y las debatimos. El intelectual analiza las ideas y sus consecuencias, nos previene contra los desastres del dogmatismo, que son el fanatismo y la violencia. En realidad, el intelectual es un antídoto contra los dogmatismos. Un guardián de la libertad. De ahí que su ideal máximo sea el de la libertad. Los intelectuales son defensores de la libertad y denuncian todas aquellas ideas y creencias que la ponen en cuestión. No se trata tampoco de sacralizar la libertad, esto es otro dogmatismo, sino de defenderla como seno de la dignidad humana. La praxis del intelectual es esa tarea de vigilante de la libertad. El hombre, por su condición, renuncia fácilmente a la libertad. Hay que estar continuamente recordándoselo. Pero hay que saber también que esta libertad está guiada por el conocimiento. El conocimiento no tiene como objetivo la adaptación al mundo en el que vivimos, sino la libertad, y eso incluye la intención de cambiarlo cuando lo consideramos injusto.

No es tiempo de ocultamientos ni de camaleones. Es tiempo de dar la cara. Escasean héroes cotidianos. Mejor morir que vivir en el engaño y encima consciente. Ése es el principio básico de la ética, la autenticidad. Si perdemos esto nos perdemos a nosotros mismos en el gran engaño.

 

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                        A pesar de ser como soy un pesimista, no puedo, de ninguna de las maneras aceptar vuestras reflexiones. Son reflexiones, a mi manera de ver, de gente rendida. Lo último que hay que hacer es rendirse. Pero es que, además, considero, que es un triunfo del poder el que se piense de esta manera. Esto es una dimensión de lo que he llamado el nihilismo de la conciencia actual. Pero también he intentado probar que este nihilismo es fruto intencionado y que está dando paso al fascismo. Primero el económico y después el político. Sólo hay que volver la vista atrás y podremos ver que ha habido un mundo mejor. Hemos empeorado, podemos recuperar algo bueno del pasado. Se ha tramado un tremendo engaño sobre la historia, el hombre y el futuro. Es lo que llamo el gran engaño de occidente. Ese engaño trata sobre la inevitabilidad del momento histórico en el que estamos. La tarea es la de desenmascarar el engaño y una vez que se hace, y hay muchos que están en ello y los resultado son esclarecedores, hay que pasar a la praxis. El pensamiento como transformación del mundo. Hay que tener en cuenta que el mundo en el que vivimos no es algo inevitable, no hemos llegado a él por un desarrollo determinista de la historia, sino porque hay ideas que lo sustentan, por un lado, decisiones políticas, por otro, el desarrollo del propio sistema de producción y la connivencia de los ciudadanos esclavos o siervos. Mientras que exista la posibilidad de pensar, no todo está perdido. Por eso, lo que pretende el poder es la eliminación del pensamiento. De ahí lo de pensamiento único, que es lo mismo que pensamiento cero. Cuando se pretende actuar como si… uno acaba confundido con el papel que interpreta. Además al poder eso no le daña. En los últimos cuarenta años hemos ido perdiendo unas cotas de progreso social, ético y político, conquistados desde el final de la segunda guerra mundial que es necesario recuperar. Y la forma de lucha que tenemos es la lucha política. Empezando por nuestro voto. No hay que crear ni monstruos, ni demonios que sean los culpables de todo. Cada cual tiene su gran parte de responsabilidad. Porque no somos autómatas, aunque pretenden convertirnos en ello, sino seres dotados de dignidad, esto es, autónomos y libres.

 

La libertad, el mayor valor humano. Los héroes son los luchadores por la libertad del hombre. Éste hombre (Labordeta) fue uno de ellos, un ejemplo. Gracias. Magnífica letra su canto a la libertad, se conmueve el alma y se esperanza el espíritu con tanta fuerza…podremos conquistar esa libertad?

 

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Sin comentarios (con referencia a un artículo aparecido en el mundo tras la muerte de Labordeta). Cómo se puede estar tan confundido. Cómo se puede pensar que el progreso es la eliminación de la naturaleza. Cómo se puede confundir el marxismo y su impronta ética con los totalitarismos. Los que defienden el progreso por la línea neoliberal son utópicos peligrosos. Su modelo de crecimiento, de modernidad, mata a la mitad de la humanidad. El problema está en el relativismo de las opiniones. Aquí resulta que todo se puede decir, sin más, sin argumentos, ni datos. Sólo con la fuerza de los medios de desinformación y ocultamiento de la realidad… Este estado de conciencia y opinión es miserable.

 

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            Dudar de un mismo es lo importante. Es la única forma de superar el dogmatismo y la vanidad. Una de las enfermedades morales del hombre contemporáneo es el excesivo aprecio que se tiene. El embrujo de la tecnociencia le ha hecho creer que lo puede todo. Pero somos seres frágiles y contingentes.



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