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Filosofía desde la trinchera

 

            Creo que uno de los inventos intelectuales, sino el que más importancia tiene y así se lo intento transmitir a mis alumnos, es el descubrimiento de que todo lo que hay es un cosmos, esto es, un orden legal. Precisamente, el gran invento griego es que todo lo que hay responde a un orden, las cosas no ocurren porque si. La palabra cosmos en griego significa precisamente orden. Es magnífico cómo los grandes pensadores iban creando el lenguaje y los conceptos para entender el mundo. De alguna manera el lenguaje da sentido al mundo. Al nombrar lo que hay como cosmos le damos un sentido al mundo. Pero no quiero caer, con estas palabras, en un idealismo. Ya no se puede mantener ni el idealismo ni el realismo a secas, la realidad y el conocimiento son mucho más complejos. Pero no son de estas disquisiciones ontológicas y epistemológicas de las que quiero hablar ahora aquí, ya encontrarán su lugar en este diario.

 

            Cuando los griegos descubren que todo lo que hay es un cosmos lo que nos están diciendo es que nada existe sin razón, sin un “logos”. Por eso llegan a la conclusión de que el cambio de todo lo que hay que se nos presenta a nuestros sentidos tiene una razón de ser íntima. Es decir, que están descubriendo la legalidad de la naturaleza. En esto consiste el salto del pensamiento mítico al racional científico-filosófico. Pero esta legalidad implica que la explicación del mundo procede del mismo mundo, ya no acudimos ni a los dioses ni a las fuerzas sobrenaturales para que puedan explicarnos lo que se nos presenta como inexplicable. Y esto es tremendamente importante porque resulta que lo que hemos descubierto es que el mundo es autónomo, que no responde al capricho arbitrario de los dioses. La ley, el logos lo rige todo.

 

            Estos fueron los primeros momentos del pensamiento occidental y hoy vivimos de ellos, son los fundamentos de nuestra tradición occidental de la que somos herederos, la tradición racional y crítica. Pero hubo un segundo paso muy importante de maduración del pensamiento racional. Este segundo momento es el de la aparición de la democracia. La conquista de la democracia por el hombre la pdemos entender en el mismo sentido que hemos visto con la aparición del concepto de cosmos. La democracia es, ni más ni menos, en su esencia, el descubrimiento de que las leyes que rigen al hombre, en tanto que ciudadano, proceden de él mismo. La democracia viene a ser una forma de entender el gobierno según la cual la ley procede del mismo pueblo, de los ciudadanos. Y además esta ley está por encima de todos los ciudadanos. Se establece así un imperio de la ley, es lo se lama la isonomía, igualdad de todos ante la ley. También descubren los griegos la isegoría, igualdad y libertad de usar la palabra, el discurso, el logos. Tenemos que darnos cuenta de la importancia de estos conceptos y de su trascendencia histórica. Éstas son las fuentes de la democracia y, por tanto, la raíz de nuestra sociedad moderna. La isonomía y la isegoría garantizan respectivamente la igualdad y la libertad. Igual que ocurría con la naturaleza, si la ley procede del pueblo, entonces el pueblo no está sujeto al capricho o voluntad de los dioses (poder religioso), ni al de los ricos (oligarquía), ni al de los fuertes (tiranía), el pueblo conoce que la ley procede de sí mismo y esa es su fuerza. Así, como vemos, la conquista de concepto de cosmos, fundamento de las ciencias y de la democracia, fundamento de un orden social justo, siguen la misma línea trazada por la salida del mito al logos.

 

            Pero resulta que toda conquista histórica siempre es provisional, puede desaparecer, nada garantiza su persistencia. La historia no tiene un sentido progresivo, sino que es fruto de la construcción de los hombres. Por eso dos peligros acechan, respectivamente, a la idea de cosmos y a la de democracia. A la de cosmos afecta la de la superstición y a la democracia la de totalitarismo. Ambos peligros proceden de la debilidad de la razón o de la renuncia a ésta por cansancio o miedo u olvido de lo conquistado. Se nos definió desde Aristóteles como animales racionales y sociales, ambas definiciones son un poco estrechas, aunque en términos generales, ciertas. No somos del todo racionales, la racionalidad es nuestro fin, somos pasionales, incluso lo que mueve a la razón es la pasión por el saber y la justicia y la confianza de que la razón nos guía hacia ella. Tampoco somos sólo sociales. Aquí soy más kantiano, somos sociablemente insociables, el fuste torcido de la humanidad que decía kant, y con su definición quería sintetizar a Hobbes y a Rousseau. Pero esto es otra historia que también tendrá su lugar en este diario de pensamientos.

 

            Pues bien, al no ser, ni plenamente racionales ni sociales, caemos en los peligros de abandonar la idea de cosmos y la de democracia. Cuando no podemos explicar los fenómenos, por ignorancia y pereza, claro, lo declaramos misterioso, en ese momento caemos en el ámbito de la superstición y el mito. La naturaleza no tiene ni misterios ni enigmas, es asombrosa y su realidad nos fascina y nos debe impulsar a conocerla racional y empíricamente, o a expresarla ético-artísticamente, pero nunca dar cabida al misterio. Si renunciamos a la razón, al logos, caemos en la pereza, en la comodidad. Nos hacemos esclavos, renunciamos a nuestra capacidad de ser libres y de conocer el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. En el ámbito de la polis, si renunciamos a la democracia, renunciamos igualmente a la razón y a nuestra libertad y ponemos nuestras vidas en manos de las diferentes formas de poder, todas ellas, irracionales y, por tanto, opresoras. Como digo, somos herederos de esta tradición, que se unió después al cristianismo (religión que aportó conceptos importantísimos), resurge en el renacimiento y florece, de nuevo, en la ilustración. Hoy en día estamos en una sociedad postilustrada, postmoderna, en una sociedad que ha renunciado a la razón, de ahí que tanto el conocimiento, como la democracia estén en auténtico peligro. El conocimiento se ha transformado en el complejo técnico-industrial-militar. La tecnología, por incomprensible, se nos presenta como magia, no interesa el conocimiento del fundamento de la misma, ni el conocer por el conocer, sólo el conocer para dominar y crear juguetes y artefactos que entretengan a la ciudadanía. Por el otro lado, la democracia está siendo socavada desde dos lados, al desaparecer la razón como guía, se establece –y valga la contradicción- la universalidad del relativismo, el todo vale. Y, por otro lado, como todo vale el poder es el del más fuerte; por tanto el triunfo es el de la economía neoliberal que está llevando a la humanidad y a la nave tierra en la que viaja a sus fronteras. Esto sin olvidar los miles de muertos que esta creencia neoliberal (creencia en el crecimiento ilimitado) ha acarreado ya. No podemos renunciar a la razón, por muy limitada y frágil que sea, es el único asidero que nos queda. La única tabla de náufrago.

 

            Hay aspectos de la respuesta a el crítico del Blog que no he querido señalar. Tampoco he entrado en las críticas que se le pueden hacer al movimiento ciudadano, salvo al asunto del interés particular, que tanto daño puede hacer, la verdad duele. Pero hay algunas afirmaciones que hace Juan Jesús Rodríguez que me parecen peligrosas y que rozan, por ser suave, el integrismo y el fanatismo. Me acusa de falta de compromiso social por haberme “desconectado cómodamente” y haberme recluido en mi vida familiar e intelectual. Y afirma que respeta mi opción, faltaría más –pero realmente no lo hace- cuando me asegura que no sé cuanto me he perdido en estos cinco años de lucha al no estar en la calle. Y ahí es donde está el integrismo y el fanatismo que siempre tienen a la base creerse en la posesión absoluta de la verdad. Vamos a ver, no hay una única manera de actuar, como he demostrado antes, en segundo lugar, la vida es un elegir, dentro de un estrecho margen, no podemos vivir todas las vidas; pero cada vez que elegimos dejamos. De ahí que, desde muy joven, casi adolescente, definí la vida como un eterno dejar. Muchas veces nos pesa más lo que dejamos que lo que hacemos, pero lo que dejamos siempre forma parte de nuestra vida. Pero esto son disquisiciones filosóficas de altos vuelos, no es este el tema. Cuando se me dice que no sé lo que me he perdido por no estar en la lucha de la calle, lo que se me está diciendo es que no hay manera digna de vivir hoy en día en Villafranca, sino es, haciendo lo que hacen los que se manifiestan continuamente y piensan de la misma manera, que los admiro por su perseverancia, pero yo no lo hago, y mi vida es tan digna y tan comprometida socialmente como la suya. No sabemos nunca quien pierde más, este es uno de los problemas de la libertad, estamos obligados a elegir, y esa elección está siempre condicionada, y, en el peor de los casos determinada. Pero, como digo, lo que subyace es la idea de verdad absoluta. Cuando alguien piensa que está en una verdad fuera de toda duda pierde la capacidad de la crítica, pierde la perspectiva, se convierte en un integrista que no tiene ideas sino creencias, y de ahí al fanatismo hay muy poco. Hay que estar siempre vigilantes de nuestras propias ideas, no ser esclavos de ellas, sino sus creadores.

Respuesta a un crítico en el Blog de ciudadanos de Villafranca

 

Voy a responder al señor Juan Luis Rodríguez, y sin que sirva de precedentes, pues no pienso intervenir más en el foro, entre otras cosas porque no creo que éste exista para esto; es decir, la defensa de actitudes personales, sino para el interés general. No digo que sea cronista político, dije que lo fui y, además, circunstancialmente, tenía un programa de divulgación filosófica y crítica política el curso pasado todos los lunes a las once de la mañana en la radio de Villafranca, la del poder, como dije. Creo que aún están grabados los programas. En estos programas he hablado alto y claro en público, como lo llevo haciendo más de veinte años, sin pelos en la lengua, enfrentándome siempre al poder y arriesgando amistades y en muchas ocasiones con perjuicios familiares. No es ninguna actitud cómoda arriesgarse a pensar y dedicarse a aprender y después divulgarlo, bien entre los alumnos o a un público más amplio como he hecho en muchas ocasiones. De ninguna manera es cómoda porque el pensar le pone a uno mismo ante las cuerdas. Tienes que revisar continuamente tus ideas. Y ver que no se te cuele entre ellas ninguna creencia, todo debe ser sometido al tribunal de la razón. Esto lo exige la coherencia del pensamiento, luego viene la consistencia, hay que aceptar las consecuencias que se deriven de nuestras ideas, y esto es muy difícil, porque nuestras ideas, a veces, tienen consecuencias inesperadas, pero que si cumplen el rigor de la razón deben ser aceptadas. Luego viene la consecuencia, y esto es lo más difícil; esto es, ser consecuente con lo que se piense. Éste es el ideal de la acción ética hacia el que hay que dirigirse. Coherencia, consistencia y consecuencia. Le aseguro que esto no es nada cómodo. Y si piensa que el que se dedica al estudio de las ideas es un comodón o acomodado se equivoca de plano. Todas las ideas tienen consecuencias y hay que estar vigilantes ante aquellas que pueden tener consecuencias negativas para el hombre. Llevo años, muchos más que los de la existencia de la plataforma, que, por cierto, fui uno de los fundadores cuando estábamos cuatro, casi literalmente, atacando el sistema de la democracia neoliberal. Lo de la refinería no es más que una consecuencia de ese orden social, sumado al despropósito de la corrupción política en Extremadura. Mis ideas llegaran donde lleguen, mucho o poco, pero calan en algunas conciencias. E, insisto, llevo haciéndolo más de dos décadas. Otros dos problemas relacionados con el asunto de la refinería son el de la idea de la posibilidad de un crecimiento económico ilimitado y el del cambio climático. Mucho antes de que surgiese el problema de la refinería me dediqué al estudio de la ecología, la ética ecológica y la bioeconomía. A partir de estos estudios publiqué artículos en revistas de ámbito internacional; uno de ellos, Globalización y los límites del planeta. Dirijo un seminario de Ciencia, tecnología y sociedad. Se me ocurrió, insisto, antes de lo de la refinería, organizar un seminario dedicado al desarrollo económico frente al desarrollo sostenible. Curiosamente, a mediados del desarrollo de este seminario surgió lo de la refinería, no le voy a contar las presiones a las que me vi sometido, no voy de víctima, sólo relato algunos hechos.

 

            Aunque usted lo piense no hay una única manera de acción, la de salir a la calle, insisto en que existe la posibilidad de actuar por medio del pensamiento. De dónde cree usted que han salido las ideas de democracia y de derechos humanos. Son igualmente necesarias la acción de la calle y la de las ideas. No admito, de ninguna de las maneras, una exclusión como usted hace. Yo animo a la acción en la calle. Uno de los pilares de este movimiento ciudadano ha sido la presión social. Recuerdo la primera reunión que tuvimos en Mérida con el secretario general del ministerio de medio ambiente, a la que tuve la suerte de asistir, que nos dijo que uno de los factores importantes para frenar el proyecto era la presión social, tan importante como los análisis técnicos que se hiciesen en el ministerio. Pues bien, alabo y felicito a la plataforma por haber mantenido durante cinco años este esfuerzo de presión social, y esto tiene lugar, por supuesto, en la calle. Lo repito, creo que en este sentido la plataforma es un auténtico modelo de organización civil contra el poder. Ahora bien, esto no excluye el pensamiento, y somos más de los que están en la plaza, aunque algunos seamos críticos por sistema y, porqué no, por carácter.

 

            Una última cosa, si algo me ha enseñado la historia del pensamiento y mis años de cómodo estudio, es que nadie tiene toda la razón, que no hay diálogo sin respeto y que éste consiste, no en soportar la opinión de los otros, sino en pensar que el otro tiene razones que, quizás, sean más verdaderas que las nuestras o, al menos, tienen algo que aportar. Siento decirlo, nadie tiene toda la verdad, esto es un pensamiento excluyente e intolerante y, por tanto, intolerable. No se puede entrar en la dinámica o estás conmigo o estás contra mí. Esta dinámica es aberrante. En cuanto a lo del interés, pues, perdona, pero no la he cagado. Vamos a ver, la democracia es una forma de resolver sin utilizar la violencia un conflicto de intereses por medio del diálogo y el consenso. En torno a la refinería hay un conflicto de intereses, y cada uno de ellos es respetable y debe entrar en el debate y el diálogo. Lo que ocurre es que el poder ha utilizado la fuerza y secuestrado la democracia. A lo que yo me estaba refiriendo es al ideal ético de la democracia, y aquí el interés prioritario es el de la ciudad, la polis, no el de cada cual. Por eso desde el principio del movimiento insistí en que el interés general era el de la dignidad humana y la salud democrática, que era lo que se estaba atropellando con la famosa decisión política tomada, los otros intereses, siendo tremendamente importantes, como el medioambiente local, la salud, la agricultura, ocupan un segundo lugar en los ideales democráticos.

 

            Un cordial saludo a todos y a seguir en la lucha, cada cual donde crea que le corresponde.

Quiero sacar algunas conclusiones sobre esto que viene llamándose la gripe A. la verdad es que es un fenómeno que, a parte de su dimensión estrictamente biológica, es de naturaleza sociopolítica y filosófica de gran envergadura.

 

            En primer lugar pienso que lo que se ha hecho durante todo este verano ha sido una campaña de desinformación por parte del poder político y, quizás, en connivencia, con el poder económico, en este caso las industrias farmacéuticas encargadas de fabricar la vacuna. Digo que se ha realizado una campaña de desinformación porque se ha pretendido distraer al ciudadano de las cuestiones verdaderamente importantes. Siguiendo a Emilio LLedó en su artículo en El País “La gripe A y otras plagas”, podemos establecer una comparación entre lo que es la salud física personal y la salud social. Pues bien, la propaganda de desinformación que se ha seguido con la gripe A lo que ha producido es una merma de la salud pública; esto es, de la democracia. La preocupación de los ciudadanos ha sido la de saber si se cuenta o no con una vacuna para protegerles del mal que se les avecina. Pero, claro, a un pueblo perfectamente domesticado, que vive en la insolidaridad y en el placer hedonista y consumista, es fácil de amedrentar y distraer de otras cosas más importantes, la salud de la democracia. Somos ciudadanos, los pueblos occidentales “desarrollados”, que vivimos en una situación privilegiada, que no hemos conocido las guerras, las hambrunas, las epidemias, que vivimos instalados en la seguridad absoluta, en la creencia, de que siempre ha sido todo igual, de que ningún mal puede afectarnos. El desarrollo de las democracias liberales ha producido, por su parte, un tipo de ciudadano que sólo está comprometido consigo mismo, que ha olvidado la polis. Un ciudadano individualista, y valga el oximorun. El ciudadanos es el habitante de la polis y, por ello, y sobre todo en democracia tiene que participar de la vida pública, debe interesarse por la justicia, no sólo por sus garbanzos y sus lujos. Pues bien, a este ciudadano es fácil llevarlo a un estado de miedo y de angustia, lo cual significa que es fácilmente manipulable. Y en esto ha consistido la campaña de la famosa gripe. Dominar por el miedo. Esto es una forma de totalitarismo desarrollada en la democracia y desde las instituciones democrática, lo cual pervierte la esencia misma de la democracia. En la situación de angustia y miedo el ciudadano sólo mira por su propia seguridad, no se preocupa de lo que existe alrededor. Y hay dos clases de plagas que ha olvidado y nos quieren hacer olvidar. La primera es la existencia de terribles injusticias en este mundo que son fruto del desorden de una sociedad globalizada neoliberalmente. A esto hay que sumarle la circunstancia de crisis económica generalizada, que precisamente se ha producido por la quiebra de ese modelo de producción neoliberal. Pero el miedo nos hace mirar para otro lado, el miedo nos hace ignorantes e inconscientes, y, por ello, domesticables. Las injusticias en el mundo existen y tienen sus causas y las diversas formas de poder tienen sus culpas y responsabilidades. Por su parte la crisis no se ha resuelto, se ha parcheado. El modelo de producción sigue siendo el mismo. Los ciudadanos hemos pagado la deuda y los ricos siguen siendo igual de ricos, pero hay más pobres y la clase media está cada vez más esclavizada a sus créditos e hipotecas. Mientras tanto, los límites del crecimiento se acercan, no hay vuelta atrás. Los problemas si no cambiamos hacia el decrecimiento pueden ser irresolubles, finales. La crisis es terminal; pero se nos ha distraído. Se nos ha distraído también de la salud de nuestra democracia. Los políticos no se ocupan de la polis, la justicia, se ocupan de su propio bien. Los partidos están totalmente anquilosados, no tienen pensamiento. Son máquinas de poder, y nada más. Pero se nos distrae de esto. En fin, que la salud social y política de la que todos dependemos y la que garantiza nuestra dignidad no es objeto de conocimiento por parte del pueblo, permanece oculta. Pero resulta que la corrupción política es el cáncer de la democracia. Si nuestros propios representantes son corruptos y son los modelos, el pueblo no tiene donde aprender. El pueblo vive en la ignorancia y la ignorancia es esclavitud.

 

            Por otro lado se ha producido un fenómeno curioso. Las nuevas tecnologías de la información han hecho posible que se transmitan mensajes muy distintos, me refiero a la gripe A, a los que el poder despacha. Y estos mensajes han producido dos efectos. A mi modo de ver, uno positivo y otro negativo. En primer lugar, han hecho posible que la opinión pública tome conciencia de una situación más realista, lo cual la hace salir de su ignorancia y esclavitud, fomenta el diálogo y la crítica. Se nos ofrece un conocimiento, nos hacemos más libres, fuertes, y abandonamos la angustia. Este efecto es tremendamente positivo y es una inyección de salud para la democracia. Pero, por otro lado, se ha producido un efecto que roza con la superstición. Me estoy refiriendo a la defensa que se hace desde algunos lugares de que existe un complot, una conspiración con dos objetivos fundamentales: el enriquecimiento de las multinacionales farmacéuticas, por un lado, y la posibilidad de salir de la crisis –y esta supuesta conspiración es muy seria y roza el cinismo y la inhumanidad- por medio de la eliminación de algunos miles de millones de ciudadanos. La primera no la considero una conspiración, sino un negocio, un oportunismo empresarial. Aparece un mal y las empresas se encargan de amplificar el peligro, crear la conciencia de miedo, engañar a los políticos, en algunos casos no hace falta porque tienen intereses en esa industria, y como consecuencia se venden más vacunas. La segunda sí entra dentro de las teorías conspirativas de la historia. Y es aquí donde no coincido en absoluto.

 

            Es cierto que no existe una racionalidad de la historia, que no hay leyes universales que la rijan. Es cierto también que cambios históricos se producen al azar o por decisiones de personajes con gran poder. Todo eso es cierto, también que hay pequeñas conspiraciones. Es cierto que no hay un sentido de la historia, ni de la vida, salvo el estrictamente biológico. Pero también es cierto que el hombre se ha dado a sí mismo las leyes, que ha construido la sociedad, que todo ello es provisional y no definitivo, que la lucha por la justicia tiene que estar guiada por la razón, que en la historia hay tendencias positivas o negativas, que el hombre es el artífice de la misma y que utilizando la razón ha conquistado cierto progreso ético-político. Pues bien, si aceptamos una teoría conspirativa de la historia, renunciamos a la racionalidad y a la libertad. Renunciamos a las conquistas morales de la historia y esto es lo último a lo que la humanidad se puede agarrar. Además acarrearía un sentimiento apocalíptico o escatológico. La historia está dirigida por alguien y nosotros somos los títeres. No, prefiero la libertad, la igualdad y la justicia, aunque siempre sean provisionales y estén al borde del precipicio.

 

            La democracia, qué bella palabra y qué manoseada, prostituida y arrasada. Cuando escucho a los políticos lo que me gustaría es que no fuesen necesarios, pero lo que no me explico es cómo pueden seguir en el poder. A tal grado de estupidez ha llegado el ciudadano, cómo han conseguido fabricar tanto borrego de encefalograma plano. Lo siento, no es una falta de respeto a la ciudadanía, si las democracias están corruptas no es porque los políticos sean incompetentes y corruptos, solamente, sino por la connivencia de los ciudadanos. Lo que ocurre en mi localidad no es más que un reflejo esperpéntico de lo que ocurre a todos los niveles de la política. En política se ha socavado la esencia misma de la democracia para instaurar un autoritarismo a través de diversos mecanismos, por un lado, la desinformación y, por otro lado, las propias instituciones. En mi localidad existe un movimiento de resistencia civil que a pesar de múltiples defectos, a mi modo de ver, desde el punto de vista de la participación democrática, es ejemplar, en el que al principio participé de modo activo; pero por diferentes motivos que no vienen al caso pasé a un segundo plano. Este movimiento civil cuajó en una agrupación de ciudadanos con representantes en el ayuntamiento. Si la lucha durante cinco años nos ha mostrado el déficit democrático en el que vivimos –como señalé en varios artículos e intervenciones públicas al comienzo del movimiento- y que es generalizable, la participación directa en la política activa nos demuestra las pasiones más bajas a las que el poder lleva a los hombres y, sobre todo, cuando existen políticos profesionales, de los que, por supuesto, dependen montones de cargos públicos. Estos políticos profesionales no tienen donde caerse muertos, no tienen oficio ni beneficio. Viven de la política, no para la política. Esto ya de entrada es corrupción. Han hecho de la política su modus vivendi y esto los esclaviza a una serie de intereses de poder (partido) que en otras circunstancias no defenderían. Porque no lo olvidemos nunca, los representantes de las democracias parlamentarias, que son los partidos, no son ellos mismos democráticos, con lo que los fundamentos de la democracia quedan minados desde sus bases. Si dentro del partido no hay ni diálogo ni debate, cuanto menos lo habrá con otros grupos políticos. Nos encontramos aquí entonces en una situación contradictoria en la propia democracia. La base de la democracia es el diálogo, los representantes de nuestra democracia no utilizan el diálogo, sino el poder para gobernar. La discusión con la oposición es también una discusión por el poder. Les da lo mismo defender A que no A el caso es la lucha por el poder. No se busca la justicia ni el bien de la polis, porque el político no vive para la política (gobernar la ciudad, administrar el poder que emana de la voluntad general del pueblo) sino que vive de la política y del partido, ese es su horizonte y su límite. Sus ideas son creencias con las que comulga obedientemente, no las discute, no admite la más mínima sombra de dudas, el que duda, o piensa, pierde, como decía el grupo cómico frente a la dictadura en la Argentina, Les Lutiers. Así nuestra democracia está corrupta desde la base o desde su esencia. No existe el diálogo, ni se permite, no se abre el campo desde las instituciones para que se produzca el diálogo. En estos años he llegado a escuchar cosas muy graves, casi de juzgado de guardia, por inconstitucionales. He escuchado, por ejemplo, que el pueblo elije a sus gobernantes y que a partir de ahí el único foro de debate es el parlamente que representa al pueblo, esto es un atentado contra los principios básicos de la constitución. El único motivo es el autoritario, callar a un movimiento civil que se atreve valientemente a decirles las cosas claras al poder. Ponerles un espejo delante suya, hacerles ver su imagen grotesca y deformada y, de paso, recordarles que quien manda es el pueblo, aunque el problema es que la democracia neoliberal, aunque sea de izquierda socialista (pseudoizquierda) ha transformado al pueblo en masa homogénea, indiferente y obediente, egoísta y narcisista, sin ningún interés por la cosa pública, la política. También he escuchado que el partido del poder debatirá cuando se acaben las concentraciones en la plaza pública. Esto es otra violación de los principios fundamentales de la democracia, la libertad de pensamiento de conciencia y de expresión. Como digo, de juzgado de guardia. El problema es que la pasión del poder ciega y para aferrarse a él ni se sabe lo que se dice, sólo se obedecen consignas. Y cuando la mayoría es absoluta y repetida, el poder del partido tiende al absolutismo. Recuerden aquello de Felipe González de lo de la gobernabilidad, se refería con ello que para poder gobernar bien hace falta una mayoría absoluta. Valiente barbaridad antidemocrática. Para gobernar hace falta consensuar, dialogar y pactar y para ello hace falta pluralidad representativa del pueblo.

 

            En fin, he seguido los plenos de mi localidad (me considero cosmopolita, lo de mi localidad no es más que un azar) desde que empezó el movimiento y, particularmente, desde que entró en juego el grupo político de Ciudadanos de Villafranca. El año pasado tenía un programa de radio “Filosofía desde la trinchera” en el mismo medio público del poder y aprovechaba para hacer de cronista y analista político tras los plenos mensuales que se celebraban en la ciudad. Pero lo que siempre expresaba era mi bochorno. A pesar de que uno en la teoría o filosofía política conoce el mal funcionamiento de la democracia, verlo en vivo y en directo encarnado en personajes con los que te cruzas casi a diario por las calles te llena de tristeza y vergüenza. Otra de las cosas que se nos dice desde el poder es que en democracia hay que respetar las instituciones. Claro, faltaría más. Precisamente el gran invento de las democracias, o uno de ellos, es el de las instituciones que son el vehiculo para hacer realidad la voluntad del pueblo. Ahora bien, aunque las instituciones en si mismas son una estructura abstracta, cobran sentido y dinamismo en la medida en la que se mueven por la voluntad de las personas. Y es aquí precisamente donde reside el problema que quiero señalar y que tiene que ver con la corrupción. En democracia todos los ciudadanos debemos respetar las instituciones, pero los primeros que deben respetarlas son las personas que las representan. Todos los ejemplos que he puesto más arriba eran afirmaciones de políticos que están ejerciendo en este momento el poder ejecutivo, salvo González, de los otros no he citado nombres, todos los conocemos, con lo que esto nos lleva directamente a la corrupción de las instituciones. Cuando desde la institución que salvaguarda la democracia se niega la esencia de la misma, el diálogo, se corrompe la propia institución. Cuando desde el propio poder ejecutivo se controlan los medios de información y se desinforma, se corrompe nuevamente la esencia misma de la democracia. Cuando se dice que una decisión política está tomada y se niega el debate, simplemente se está cayendo en el autoritarismo, rozando casi el totalitarismo. Vivimos, a todos los niveles, desde lo mundial a lo local un déficit democrático severo que está trasformando las democracias en partitcracias oligárquicas en las que el pueblo cada vez tiene menos que ver y que decir, sólo obedecer. Y es a través de la voluntad política de los que representan las instituciones como esto se ha conseguido. Es decir, que son nuestros propios gobernantes los que han corrompido la democracia y las instituciones que las salvaguardan, utilizando a éstas como mecanismos para catapultarse y afianzarse en el poder, en primer lugar, y, en segundo lugar, ninguneando al pueblo, eliminando su autonomía y libertad, haciéndolos vivir en un mundo de apariencias pseudodemocráticas en las que se confunde la libertad con el consumo, el diálogo racional con el respeto de las opiniones más peregrinas y el triunfo del todo vale. Vivimos un esperpento de democracia. Estamos dentro del callejón del gato valleinclaniano. Habría que hacer un esfuerzo ímprobo para salir de él. El movimiento civil del que venimos hablando, para salir de ahí, lo está haciendo de forma heroica, y el grupo de ciudadanos de Villafranca, con sus representantes a la cabeza, son un grupo de valientes enfrentándose contra molinos de viento, el poder semiabsoluto establecido. Hacen falta más Quijotes en el mundo. La lucha primera es la lucha por la dignidad humana, una conquista de la humanidad, que nace de la ilustración y que germina en la democracia, pero que hemos ido perdiendo en los últimos cuarenta años. Y nuestro caso local no es más que la imagen de lo mismo. Es una pena que la gente haya tenido que salir a luchar cuando han visto perjudicados sus intereses particulares. Si fuésemos un pueblo bien educado en la ilustración, el principio de dignidad de las personas, no hubiésemos llegado a esta situación, pues nos preocuparía la polis, la justicia, como valor prioritario antes que nuestros intereses particulares. Habríamos denunciado las injusticias y el déficit democrático desde siempre, cada uno en nuestro lugar y con nuestros votos.

 

 

 

            Fantástico el artículo que acabo de leer de José Sánchez Tortosa, el autor de la muy recomendable obra El profesor en la trinchera. El artículo lleva como título el mito de la educación democrática. Coincido absolutamente con el autor, suscribo cada una de sus palabras, es más en más, de una ocasión he defendido cada una de las ideas que él ahí defiende, lo mismo que me sucediera con la lectura de El profesor en la trinchera. En fin, son esas sintonías en el pensamiento que te alegran, porque te alivian un poco de la soledad en la que se encuentra el filósofo mundano, francotirador y disidente, que se encuentra rodeado de mentes rutinarias, adaptativas y afilosóficas.

 

            La cuestión es que las diferentes reformas educativas que se han llevado en este país con los gobiernos socialistas lo que han intentado es ideologizar y domesticar al pueblo con una farsa de igualdad y libertad. La igualdad y la libertad se han introducido en la escuela para producir mediocridad y espíritu dócil, ciudadanos sumisos. Cita el autor a un ministro de la segunda república –cuando hubo una verdadera reforma de la educación-  que comentaremos. Dice el texto:

 

La escuela única atiende a estas dos finalidades: extiende la enseñanza a todos y posibilita la selección por el mérito.

 

Una democracia subsiste por las aristocracias del espíritu que ella misma forja, y la producción de estas aristocracias es imposible y, por consiguiente, imposible la democracia, si ella no impulsa, facilita y ampara la selección. (…) Instruidos todos, la selección es un derecho del inteligente y un deber en el Estado que cifre en la inteligencia la jerarquía.

 

            La cosa está clara. La educación tiene que ser el instrumento que profundice la democracia, que la haga posible. Por eso la educación ha de tener dos principios: la universalidad, que se ha confundido con la obligatoriedad. Esa universalidad garantiza el valor de la igualdad. Y, en segundo lugar, la educación ha de tener como objetivo la excelencia. No hay democracia, mal entendida: igualdad aritmética, en la enseñanza. Lo que debe fomentar la educación es la meritocracia dentro de la democracia; es decir, la excelencia de los ciudadanos. Si no intentamos producir esta excelencia, los ciudadanos dejan de ser tales y se convierten en meros borregos que obedecen a las diversas formas de poder.

 

            Ésta es la idea para mi de la educación, igualdad y mérito. Pero, claro, lo que yo creo es que la educación es un instrumento del poder político-económico para ideologizar-adoctrinar a los futuros ciudadanos. Por eso, no es que los políticos sean torpes y hayan construido malas leyes educativas, al contrario, son listos como el hambre, perseguían una serie de objetivos que están consiguiendo de forma casi irreparable. Las reformas educativas han tenido un sentido que responde a la ideología dominante o hegemónica y ésta es la de la democracia neoliberal en la que el poder del pueblo es sustituido por el de una oligarquía partitocrática. Hay una alianza entre el poder político y económico para conseguir que el pueblo deje de ser pueblo y se convierta en rebaño. Y, encima, con la apariencia de libertad e igualdad. Lo que se fomenta es la ideología del consumo y del egoísmo, se nos distrae de los verdaderos problemas sociopolíticos y se nos alimenta con el consumo narcisista; y a eso se le llama libertad. La igualdad se convierte en el todo vale, el relativismo de las opiniones; esto es, en la desfachatez. Pero cuando todo vale la opinión que triunfa es la de la fuerza, en este caso la del poder político y económico. La educación se ha transformado en el vehículo ideológico del poder para mantener la situación hegemónica, el pensamiento único. Por el contrario el verdadero valor de la educación es el de crear ciudadanos, disidentes, críticos, sujetos libres. Es decir, la educación debe alimentar la democracia y una sana democracia fomenta una educación de la excelencia. No debemos confundir equidad, que es justicia, con igualdad matemática, esto es igualar cuantitativamente a los alumnos, es decir, objetivarlos. Pierden así su carácter de personas. La igualdad es la de oportunidades, de ahí el principio rector de una democracia de exigir la universalidad de la educación. Pero ahí se acabó la igualdad. A partir de ahí hay que premiar y fomentar la excelencia porque esto repercutirá en un bien social. Hay que educar en la virtud, es decir, el esfuerzo y el respeto a la autoridad moral e intelectual, que debe servir como modelo al alumno para catapultarlo hacia su excelencia social. Pero desde el poder se ha domesticado, tanto al alumnado como al profesorado, los últimos en caer han sido los universitarios, léase Plan Bolonia. ¿Saldremos de esta encrucijada? ¿podremos desideologizar la educación?. Quizás sea imposible, ya Nietszche lo dijo, la educación es el vehículo ideológico del poder para domesticar a las masas. Y también Foucoult iba en este sentido, cuando consideraba la institución de la enseñanza un centro de represión ejercido por el poder. Por mi parte pienso que los principios que hemos establecido antes deben ser la idea regulativa que nos encamine a la recuperación tanto de la educación como de la democracia, pero el futuro pinta muy mal…