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Filosofía desde la trinchera

Pensamientos contra el poder

 

                                    10 de noviembre de 2009

 

            He terminado de leer el libro de mi amigo Esteban Mira. Ya lo he comentado al hilo de éste ramillete de pensamientos. Me parece magnifico, es valiente, perfectamente documentado y bien argumentado. Comparto sus tesis. Además coinciden con mi pensamiento sobre la historia y sobre el género humano. Esteban se dirige de los juicios universales a los particulares y de éstos a los primeros. Sopesa las distintas argumentaciones, baraja todo tipo de fuentes, enfrenta unos argumentos y posturas contrarias con toda su fuerza, no tergiversa. Es un ejemplo de honestidad intelectual. Pero como ya he dicho no es sólo un gran historiador y en su obra nos lo muestra; sino que su metodología me sugiere que le anima una actitud ética admirable. Su metodología se hace desde la actualidad, sin excluir los juicios de valor. El pasado debe ser juzgado para que no estemos condenados a repetirlo. La historia, a mi modo de ver, y así lo hace Esteban debe ser una escuela moral, ética y política. La historia del hombre es una historia de lucha, guerra y exterminio del hombre por el hombre. No es que caigamos aquí en la tesis darviniana de la lucha por la existencia. Esto es un darwuinismo a lo Spencer que no es más que una mala interpretación de la teoría de la evolución y que sirvió como justificante para la ultraderecha y la guerra de razas y la teoría de la identidad. Todas estas ideologías son el cemento con el que se aunó las consciencias que nos llevaron a la guerra total en el siglo XX. El siglo del exterminio. Pero, como decía, no queremos caer en esta tesis, la historia es maestra y nos enseña que el hombre conquista ciertos valores universales, que quizás, no tengan ninguna existencia sustancial, salvo en la capacidad cognitivo afectiva del hombre, y estos valores son los que nos han permitido convivir. Son conquistas de la humanidad, a un pié de perderse. En la historia toda conquista ético-política es provisional. Esto es algo de lo que deben ser conscientes nuestros alumnos, así como los no tan jóvenes entre los que se encuentran los políticos. La pérdida de los derechos procede del olvido, la historia es el camino de acceso al recuerdo y a la clarificación del pasado que nos hace más diáfano el presente. Si queremos aprender, saber quienes somos debemos acceder con veracidad a nuestro pasado y eso nos permitirá un juicio moral sobre la historia y, esto es decir, sobre nosotros mismos, que, a su vez, nos hará posible una propuesta de futuro. El libro de Esteban es una buena muestra de todo esto. La tesis central de la obra la expuse en su momento, pero hay algunas cosas que quería comentar.

 

            En primer lugar, si bien reconocemos junto con el autor el genocidio y el etnocidio que se produjo en la conquista de América por parte de los españoles, también hay que reconocer, como nos sugiere el autor, que la metrópolis fue capaz de crear unas leyes, todo un sistema legal como cobertura para la protección del indio. Ninguna nación imperial hizo esto. Es lo que llama el único aspecto glorioso de la conquista. Es muy interesante este episodio de la historia porque para mi representa un avance ético político y legal de la humanidad, además de decir mucho de la calidad moral de aquellos, con fray Bartolomé de las Casas a la cabeza, que lo hicieron posible. La discusión es de hondo calado filosófico y moral, pero, a su vez, dada su contextualización histórica está cuajada de intereses que van desde lo económico hasta el poder religioso. Quiero señalar aquí sólo una idea. La posibilidad de considerar al indio, igual que después se hiciera con el negro, como persona pasaba directamente por la doctrina evangélica. Al indio no se le consideraba persona porque era un idólatra, no era un infiel, como los judíos o los musulmanes. En tanto que idólatras eran seres salvajes de los que se podía disponer. De ahí que se cometiesen tremendos abusos en nombre de la evangelización, cuando en realidad lo que se buscaba era sus riquezas. Ahora bien, los que defendían a los indios se basaban en los evangelios, pero para ello se requería primero el artilugio legal de declararlos vasallos de la corona; es decir, miembros de Castilla. Y esto es lo que pretendían las leyes de Burgos. Pero, además de este avance legal de la historia, este aspecto glorioso de la conquista, lo que está a la base es la conquista de un concepto moral importantísimo para la modernidad que es la base de la ilustración y de las democracias modernas. Me estoy refiriendo al concepto de dignidad. Si todas las criaturas son hijas de dios y, por tanto son el prójimo y como tal deben ser considerados, lo que se está poniendo sobre la mesa es que todos somos iguales –no hay distinción entre el samaritano, el gentil, el judío, el cristiano, el musulmán- todos somos hijos de dios y como tales participamos de su divinidad. No se puede atentar contra las criaturas que son hechas a imagen y semejanza de dios. Todos somos iguales y hermanos, este es el concepto de fraternidad universal que emana del cristianismos apoyándose en el estoicismo. Recordemos el sentido del cosmopolitismo. El cosmopolita es el que considera que el hombre es universal y que las culturas y etnias son particulares. Que el valor fundamental es el universal. Estamos entonces asistiendo, con la legislación del imperio español, apoyadas en el pensamiento de los lacassianos –que son muchos, como nos demuestra Esteban- al nacimiento del concepto de dignidad que acabara de cuajar en la revolución francesa con la proclamación de los derechos del hombre y del ciudadano. Y en la revolución americana. Por supuesto que quedaba mucho camino por recorrer, mucho proceso de secularización hasta culminar en la separación de los poderes. Era necesario también el nacimiento de la nueva ciencia, el desarrollo de la razón frente a la superstición, el surgimiento del liberalismo político con Locke, en fin, una larga historia de las ideas de la humanidad que constituyen una gran conquista ético-política. Pero lo que es innengable es que en el pensamiento de los lacassianos y en las leyes de Burgos para la protección de los indios y la eliminación de las encomiendas encontramos un gran paso y el germen ético filosófico. Curiosamente, y valga esto como reflexión a parte, el cristianismo que había sojuzgado a occidente y que es utilizado como ideología para el exterminio del indio y con ello esquilmar su riqueza, guardaba el tesoro ético de la fraternidad y la igualdad. El cristianismo, a su manera, lo quieran o no los ateos indocumentados y progres, tuvo mucho que ver con el surgimiento de los derechos humanos. De todas formas esto era algo común a otras grandes religiones como el budismo o el taoísmo. Digamos que son esos universales éticos que, poco a poco, se han ido expresando a lo largo de la historia.

 

            Otro punto que quería tratar es lo que me parece más débil de la argumentación de Esteban, aunque, por supuesto, su argumentación es absolutamente verosímil. Muchos de los que son contrarios a la tesis del exterminio vienen a decir que la causa del mismo no fueron los españoles sino las infecciones. Los porcentajes de fallecimientos por viruela, gripe,…son impresionantes, llegando incluso al 80% y al 90% en algunas zonas. Desde luego que podríamos decir que sería la primera gran “guerra” biológica de la humanidad, no lo fue, porque no fue intencionada. La defensa que hace Esteban es doble. Efectivamente que la mayor causa de muerte de los indios fue por las enfermedades que contraen de los españoles, pero hay una cosa importante. Si no hubiesen sido desarraigados, esclavizados y obligados a trabajar jornadas interminables prácticamente sin comida la mortalidad hubiese sido menor. Por otro lado, el genocidio y etnocidio, como bien documenta nuestro historiador está perfectamente constatado con documentos y hechos que él expone minuciosamente. Para mí es el punto más débil de la argumentación en la medida en que no podems saber el alcance que hubiese tenido por sí sólo la muerte de los indios por los microbios. Quizás su civilización se hubiese hundido de igual manera. Pero desde luego, una cosa sí es cierta, si hubiese sido sólo a causa de las infecciones no hubiese habido genocidio y nos hubiésemos ahorrado esta barbarie de la historia de España que no podemos separar de la expulsión de los moriscos, los judíos y de la contrarreforma. Obviamente, hay que estar de acuerdo con Esteban y sostener que la historia se explica multicausalmente, que existen diversos factores que intervienen  y que además, pienso yo, las explicaciones son inagotables. Pero de ninguna manera existe una explicación causal unívoca en la historia, esto sería un reduccionismo y, por tanto, un falseamiento de la realidad. Genocidio y exterminio hubo, y a voluntad, y se amparaban en la doctrina de la expansión del cristianismo y del reino de Castilla como reserva espiritual del auténtico cristianismo, los microbios ayudaron, y mucho, pero no son la única causa.

 

            Y el último punto que quería tratar es el de la discusión sobre el determinismo o no de la historia. El autor en la conclusión se plantea este tema y se pregunta si la historia podía haber sido de otra manera. He abordado en otros escritos el tema del determinismo histórico y a ellos me remito, aquí sólo quiero hacer alguna precisión. A toro pasado la idea del determinismo se nos cuela como un prejuicio en nuestra imaginación, es un sofisma un error de argumentación. Cuando conseguimos explicar algún acontecimiento histórico y lo legramos entender, tenemos la sensación de que no pudo ser de otra manera, pero esto no es más que eso, una sensación que unimos inmediatamente a una idea metafísica que es la del determinismo. Una idea consoladora donde las haya porque en definitiva lo que hace es eliminar la libertad del hombre y, con ella, su responsabilidad. De ninguna manera las cosas son así, esto no es más que una ideología y un error de percepción. La historia tiene múltiples bifurcaciones, diferentes senderos que recorrer. Y escoger entre unos u otros depende de la sabia o ignorante decisión del hombre. De ahí que, uniendo nuestro discurso con el principio, la historia es la gran maestra ética y política de la humanidad. Y aunque fuésemos seres biológicamente determinados nuestra experiencia vital es la de la libertad y la responsabilidad que lleva aparejada es ineludible. En definitiva, la lección de la historia es que el hombre debe luchar por la igualdad, la libertad y la justicia universal. Tenemos que perseguir el ideal cosmopolita ético, la globalización de la justicia. En este desorden de mundo en el que vivimos éste debe ser nuestro imperativo ético político. El futuro es borrascoso, pero el hombre es un ser de esperanzas, de ahí que construyese religiones y utopías políticas, que causaron quizás más mal que bien. Nuestra esperanza ya no puede ser utópica una vez que el mundo está secularizado y desencantado, pero la idea cosmopolita, desde la esperanza, debe servirnos como guía de la acción ético-política.

 

09 de noviembre de 2009

 

            Sigo siendo de la opinión de que la crisis en la que estamos inmersos es una crisis sistémica, es decir, una crisis en el sistema de producción. No saldremos de esta crisis mientras que no cambiemos dicho sistema y éste pasa por el cambio a un sistema de decrecimiento, como he ducho ya, económico y de población. Pero por más que pienso y me informo veo más nubarrones en el horizonte. Uno de los más importantes es el de la pérdida de la capacidad de movilización de la ciudadanía. Los ciudadanos han perdido la conciencia de clase y, con ello, su incapacidad de hacer consciente el estado de alienación y miseria en el que han vivido. A ello hay que sumarle la pérdida de convocatoria que los sindicatos tienen. Quiero decir con ello, que los propios sindicatos han renunciado a ser sindicatos de clases, como si realmente las clases sociales hubiesen desaparecido y como de verdad ocurre, hablar de clase social sea políticamente incorrecto y, a la larga, no rentable, ni política ni económicamente. El propio sistema capitalista se ha encargado de engullir tanto a la ciudadanía en general sumergiéndolos en un mundo de apariencias homogeneizados en el que el consumo y el individualismo antisolidario son los valores primarios, como a los sindicatos convirtiéndolos en auténticos farsantes que bailan al son del poder político y económico. Los sindicatos ya no representan ni a los trabajadores ni a los explotados, se mantienen por las subvenciones públicas, no por los afiliados. Tienen, pues, un dueño político claro. Y su existencia está vinculada al tráfico de dinero que los puede mantener. Los sindicatos son hoy en día casi obsoletos. Es increíble que con la crisis económica que vivimos, la gran recesión en la que estamos, ver como los sindicatos participan del gran engaño para seguir manteniendo el mismo sistema de producción que nos ha llevado a donde estamos y lo que nos queda por ver. Porque quizás, como dicen algunos economistas bastante serios, y yo en mi ignorancia sospecho, no estamos más que al principio.  Así que los sindicatos no tienen poder de convocatoria, ni pueden porque pierden su existencia. Los ciudadanos han sido, por su parte, domesticados, de tal forma que han perdido su conciencia de clase. Por medio del aumento del consumo se ha creado una clase media ficticia –que realmente no es más que la clase de los proletarios u obreros, oprimidos por el sistema- en la que el ciudadano ha podido disfrutar de altas cotas de consumo que lo han desanclado de su situación real en tanto que clase productiva explotada. Esto, el consumo desmesurado, basado en los créditos e hipotecas, que han favorecido el aumento del consumo y el crecimiento económico como un gran espejismo, les han impedido ver su propia realidad social. La gran clase media, los trabajadores, somos los que hemos pagado ya con el dinero público ahorrado la crisis de los grandes bancos, pero solo hemos empezado a pagar. Las cosas son mucho peores, el paro aumenta inexorablemente, el poder adquisitivo disminuye, los salarios se congelan o disminuyen, el consumo cae en picado, el estado no tiene para mantener el estado de bienestar, se plantea ya el congelamiento y la reducción de los salarios de los funcionarios. La gran recesión no ha hecho más que empezar. Pero la clase obrera sigue en el limbo del falso ser que es el del consumo. Nunca volveremos a vivir como lo hemos hecho, es el final de un sistema. Sólo nos queda el decrecimiento y para ello es necesario un acuerdo político internacional relacionado, como hemos apuntado ya, con los problemas del cambio climático, la superpoblación y el agotamiento de los recursos. Pero mi pesimismo y escepticismo aumenta cuando no veo esa conciencia de clase que es necesaria para la rebeldía. En tanto que todos somos capaces de comer del pesebre del consumo nos obnubilamos y perdemos la capacidad de reflexión. Es el mejor sistema autoritario que ha inventado el capitalismo ultramoderno. Pero éste no se podrá mantener por mucho tiempo. Espero estar en el error y que ocurran dos cosas. Que emerja una conciencia de clase y que los políticos a nivel mundial sean capaces de poner las medidas para salir de esta gran recesión desde los principios de la filosofía del decrecimiento. Así sea.

 

 

                        06 de noviembre de 2009

 

            Vivimos un problema tremendo de superpoblación. Y este problema no se puede desligar del del cambio climático y del modelo de crecimiento que conlleva la economía neoliberal. Hoy más que nunca las tesis de Malthus están al día y en lo cierto. En un planeta limitado en recursos es necesario un límite del crecimiento de la población. Todos los datos señalan que la pobreza y el hambre en el mundo aumentan progresivamente, y este aumento está relacionado con el crecimiento de la población. Es insostenible este nivel de crecimiento, la tierra no lo soportará. Pero el problema se torna todavía más inmoral. Los que siguen creciendo demográficamente son los países más pobres, donde el hambre se ceba más. Desde los países desarrollados no ponemos los remedios para evitar esto, ni para solucionar el hambre. El dinero dedicado este año a la erradicación del hambre en el mundo sólo representa un dos por ciento del dinero que los EEUU. introdujeron en bancos, aseguradoras e instituciones hipotecarias, todas privadas y con altos rendimientos para intentar solucionar la crisis. En verdad que este mundo es absolutamente irracional y que la única justificación de las guerras es la conquista y saqueos de los recurso. Probablemente a los países más ricos no les interesa para nada salvar a la población que paulatinamente va muriendo. Quizás tenga razón Susan George en su libro de política ficción Informe Lugano, el plan es que solo vivan 2.000 millones de habitantes, el resto tiene que desaparecer, ya veremos como. Pero esto último es tremendamente inquietante. Leo hoy en una entrevista a un ecólogo de poblaciones que precisamente la cifra adecuada de sostenibilidad del planeta sea la de 2.000 millones, curiosa coincidencia. La cuestión crucial es cómo podemos llegar a este decrecimiento en la población. Lo paradójico es que los países ricos no van a crecer en sus poblaciones, pero sí los muy pobres. ¿Qué vamos a  hacer en un mundo globalizado cuando los hambrientos quieran comer como nosotros? Encima a esto hay que sumarle el hecho de que el cambio climático, un hecho ya establecido, producirá cada vez más inmigrantes ecológicos. ¿Cómo podremos resolver estos problemas? Y encima los países ricos no quieren oír ni hablar del decrecimiento económico, sin éste es inviable la supervivencia de la humanidad. Pero permítaseme un tono escéptico y pesimista. La historia de la humanidad es una historia de guerra, conquista, saqueos, exterminios, el siglo XX ha sido el peor de todos porque hemos tenido la tecnología que nos ha permitido matar masivamente.  La cuestión que hay que pensar ahora es si el futuro será distinto. Me temo que no. Los políticos y el poder económico no están poniendo los medios para que esta situación se solucione, al contrario, sólo trabas. La acción política es un pensamiento a corto plazo y limitado por tremendos conflictos de intereses. Somos un cáncer para el planeta, pero el planeta tiene capacidad inmunológica para curarse. El cambio climático no es más que una sinergia, una respuesta causal compleja del planeta en su conjunto para adaptarse a las nuevas circunstancias de un alto porcentaje de CO2 en la atmósfera. Claro, el resultado de ello es la inhabitabilidad del planeta para innumerables especies (recordemos que estamos asistiendo a la mayor extinción de especies de toda la historia de la evolución y, además, con un origen antropogénico) entre ellas el hombre que se verá reducido a una mínima expresión desde el punto de vista de las tesis más pesimistas como es la de Loveloc, el autor de la teoría de Gaia. Esperemos que aún estemos a tiempo para resolver o paliar este problema límite al que nos enfrentamos. Existen, en tal caso, dos decrecimientos necesarios, el económico y el de la población, y ambos están ligados causalmente. Sin ellos el colapso civilizatorio es sólo cuestión de tiempo. Basta ya de creer que el desarrollo tecnológico resolverá los problemas. Con ese cuento nos llevan engañando desde mediados del siglo pasado, más exactamente desde los años setenta. De todas formas es una idea equivocada que procede de la ilustración y que tiene su base en la secularización de la idea de progreso. No es necesario ser tecnófobo para apreciar la falsedad de esta idea, sólo hay que ir a los datos, los índices de pobreza han aumentado, la desigualdad ha aumentado, los recursos han disminuido, la población ha aumentado casi exponencialmente, el cambio climático es una realidad y sus efectos ya se dejan sentir en amplias zonas del planeta que están provocando inmigración ecológica. En fin, el futuro es tremendamente incierto. Mientras tanto nuestros mandatarios discuten de trivialidades. Hasta cierto punto el hombre es un ser “caído” incapaz de ponerse en el lugar del otro. Ha hecho de la guerra una profesión y una forma de vida. Tenemos las armas suficientes para exterminar a gran parte de la humanidad. ¿Será éste el recurso que utilizaremos como hemos hecho a lo largo de la historia cuando nos hemos enfrentado a un problema ecológico de recursos?... no me atrevo ni a contestar.

 

 

                                               06 de noviembre de 2009

 

            Magnifica la obra de mi amigo y compañero de profesión Esteban Mira Conquista y destrucción de las indias. 1492-1573. Es una obra valiente, contra los verdades establecidas. Una obra rigurosa que quiere redimir a las víctimas y en la medida en la que la historia lo permite hacer justicia. El autor, sin participar de la leyenda negra, que analiza como un discurso interesado construido por los europeos para combatir propagandísticamente contra el imperio español, considera y demuestra que la conquista de América fue una destrucción casi total de un mundo, una civilización, una cultura. Fue un exterminio, etnocidio y genocidio. La obra está profusamente documentada. Hay en su interior un debate entre las distintas posturas. El autor las sopesa y ve los puntos fuertes y débiles de cada una. Su metodología es interesante. Hace una crítica al historicismo y a los que intentan justificar lo injustificable a partir de la situación histórica. Considera que hay universales ético, independientemente de que hubiese una declaración de derechos humanos y una legislación que proteja al débil. La conquista de América fue un exterminio del fuerte por el débil, cosa que no debe sorprender porque siempre ha sido así. También hicieron lo propio el resto de las naciones europeas que participaron en esta conquista. La historia está sembrada de cadáveres en nombre del progreso y la civilización. El débil siempre ha sido considerado el bárbaro. La civilización se ha asentado en la fuerza. La conquista-destrucción de América por los españoles tiene una justificación ideológica que pretende encubrir la masacre. Esta ideología se basa en la identidad nacional, la misma que lleva a la expulsión y exterminio de judíos y musulmanes de España. Se pretende recuperar una España eterna, salvadora y guardiana de los valores cristianos civilizados de occidente. Todo esto es ideología, apariencias creadas por los poderosos para justificar su ansia de poder y de dominio y para saquear los recurso de los otros. Nada especial tenemos aquí los españoles, esto es común a la historia porque es común al género humano. Es necesario negar la leyenda negra, porque es una construcción cínica de otras naciones contra España, igual que hay que negar la leyenda rosa española que nos viene a contar que los españoles redimieron de la barbarie, cristianizaron y modernizaron el nuevo mundo. Patrañas, para justificar los crímenes cometidos bajo la ideología de la identidad que hemos comentado antes. Fue un genocidio, como lo fue lo que hicieron los ingleses en Norteamérica. Es muy interesante la metodología de Esteban cuando pretende explicar la historia desde la actualidad. El historiador debe tender a la objetividad e imparcialidad, pero es inevitable la contextualización del discurso histórico. Y todo historiador tiene su contexto. Y, además, se puede y se debe hacer un juicio de valor, tras los análisis objetivos e imparciales, si queremos extraer alguna enseñanza moral y política de la historia. En fin, una obra fantástica, valiente, esclarecedora y clara, erudita y, a veces sabia, por el tono ético que la anima. La historia debe ser un instrumento para la justicia y para el crecimiento ético de la humanidad, si intentamos falsificarla estamos condenando nuestro propio futuro.

 

 

                                   05 de noviembre de 2009

 

            Muy interesante la obra que estoy leyendo del biólogo y filósofo Maturana, La realidad, ¿Objetiva o construida? A partir de sus estudio biológicos saca unas consecuencias que se sitúan en el ámbito filosófico. Nos ofrece toda una cosmología con dos pilares básicos que son una ontología y una teoría del conocimiento. Pero de ello se desprende también una teoría de la sociedad y del hombre. Maturana es materialista emergentista y cree haber descubierto una serie de característica en los seres vivos que son básica en todos los sistemas emergentes hasta que se llega a la sociedad humana. En cuanto al conocimiento la tesis fundamental de Maturana es que, de alguna manera, la realidad es construida, porque depende de nuestra estructura cerebral que tiene un funcionamiento interno que después se correlaciona con el entorno. En definitiva, es nuestro cerebro, como resultado de la evolución el que modula la realidad. Por tanto el conocimiento es innato, lo que hace nuestro cerebro de forma a priori es modular y fabular (crear una narración creíble, con sentido) la información que nos viene a través de las sensaciones que nos conectan con el entorno. Se rompe también el dualismo mente cuerpo y sujeto realidad. Maturana estaría de esta manera en la línea de los neurofisiologos LLinás con su El mito del yo y Francisco Rubia El cerebro nos engaña y El mito de la libertad. Tanto el yo como la libertad son construcciones internas y automáticas que realiza nuestro cerebro como instrumentos que hacen consistente la imagen o narración que hacemos sobre la información que nos viene por los sentidos, tanto los externos como los internos. Todo esto no tiene porqué hacernos caer un idealismo. La realidad existe, pero no es independiente de nosotros, nosotros estamos inmersos en esta realidad e interactuamos con ella. El conocimiento es una forma de interactuar. Vivir, por tanto, aquí se asemeja a las tesis de Popper, es conocer. Éste es el carácter evolutivo del conocimiento. Lo que ocurre es que Maturana no es un darwinista ortodoxo, considera que el mecanismo fundamental es la deriva genética y excepcionalmente la selección natural. Hay una semejanza aquí también con Gould. Todo esto es tremendamente interesante y nos replantea una nueva ontología y una nueva teoría del conocimiento. Pero lo curioso y lo sugerente es que nos ofrece una imagen sobre la sociedad humana. La sociedad humana emerge de los seres vivos y por tanto tiene en su base la característica fundamental de estos que es la autopoiesis. Lo que hace al hombre ser tal es el lenguaje, de tal forma que podemos definir al hombre como el ser que conversa, pero el lenguaje, que nace de la comunicación emocional -con lo que la base del desarrollo humano es la cooperación, no la competencia, cosa muy interesante para reorganizar las sociedades actuales y realizar una crítica a la política neoliberal- recrea la sociedad. El hombre vive inmerso en la realidad lingüística que es la conversación, el lenguejear, o hablar que diríamos nosotros. No es el hombre el que crea la sociedad, la cultura, sino el lenguaje. Y éste es la condición de posibilidad para que podamos existir porque somos animales sociales y en tanto que tales vivimos de la comunicación. Se resuelve también el conflicto entre el individuo y la sociedad. El individuo se construye socialmente porque se construye a partir del lenguaje. No hay individuos sin sociedad. Entonces una sociedad es un conjunto de conversaciones y, como tales y como los seres vivos, tienden a ser conservadoras. Y este punto es muy interesante para las reflexiones que sobre el poder venimos haciendo. Para que una sociedad o cultura cambie es necesario que una nueva conversación sea admitida. Pero todo sistema social, como todo ser vivo, tiende a permanecer en su estado como forma supervivencia. De ahí que las sociedades sean conservadoras e intenten eliminar cualquier forma de discurso que las ponga en cuestión porque las consideran como una amenaza. Y de ahí que sean difíciles los cambios y cuesten vidas y desastres. Pero también es curioso que cuando una nueva conversación, un lenguaje que nos hace recrear una nueva realidad y entendernos a nsostros mismos de otra manera, triunfa, pronto se hace así mismo conservador. Esto nos explica el fenómeno de la institucionalización de las ideas más revolucionarias y el hecho de por qué el poder es siempre conservador. El poder protege, como imperativo y de forma inconsciente, las conversaciones y narraciones que dan identidad a una sociedad, lo contrario sería atentar contra nuestra propia existencia. Curiosa base biológico-antropológica de la inmovilidad de las instituciones y del conformismo del pueblo. Cada vez vamos encontrando más datos de porqué el poder se perpetua y los ciudadanos se conforman. La democracia sería, entonces, una forma de conversación que intentaría trascender la propia naturaleza humana, por eso la democracia tiende también al asentamiento institucional de tal forma que se transforma en mera cáscara, algo puramente formal. Quizás, entonces la ilustración fue una gran ilusión. De todas formas los cambios en las sociedades siempre vienen por la introducción de una nueva conversación y a esto no debemos renunciar las consciencias críticas y tampoco a nuestro deber de desenmascarar ante el público las apariencias. Los cambios sociales, bruscos o no, siempre han sido así.

 

                                   05 de noviembre de 2009

 

            Suscribo todo lo que dice el señor Leguina, economista y expresidente de la comunidad de Madrid, en su artículo de hoy en el País, mangoneo y corrupción. La corrupción en la política no es generalizada si entendemos que la mayoría de los políticos no se enriquecen de la política. Ahora bien, la corrupción procede de lo que llama el mangoneo; es decir, entrometerse en asuntos ajenos a la propia política, pero que otorgan poder. Éste es el caso de las recalificaciones de terrenos, las adjudicaciones de obras, las decisiones sobre cargos en empresas privadas y cajas. En fin, todo esto que todos sabemos. Esto no es corrupción desde el punto de vista legal, pero sí desde el moral y democrático. Pero la corrupción empieza en los partidos políticos y acaba en los ciudadanos, me refiero a la corrupción moral. Los partidos políticos no son internamente democráticos, y esto lo exige la democracia y la constitución, son financiados privadamente, con lo cual están sujetos a favores. Sus listas son cerradas y los parlamentarios están obligados a la obediencia de voto, con lo que no son más que convidados de piedra del grupo parlamentario. Se elimina la disidencia y la crítica, se reafirma el autoritarismo. Los partidos tienen en sus manos resolver estos problemas, pero no lo han hecho, no lo hacen, ni lo harán, porque esto es perder poder y privilegios. Los políticos son peones de poderes fácticos más abstractos y poderosos. Para el cambio democrático sería necesario una regeneración de la democratización de los partidos en profundidad. Pero el mal se hace casi irresoluble cuando la corrupción afecta a la propia ciudadanía en la media en la que ésta la consiente. Los ciudadanos no castigan a sus partidos, se mantiene fíeles al voto. El ciudadano es el último responsable de la política que tenemos. Si esto se mantiene así, la regeneración de la vida democrática y política es imposible. La partitocracia oligárquica se seguirá imponiendo y pronto será demasiado tarde, el sistema de control de las consciencias está en marcha y la caverna de las apariencias está abierta para todos junto con las cadenas de la ignorancia.

 

                        04 de noviembre de 2009

 

            El debate sobre la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 18 años se recrudece. La amenaza es seria y ahora se nos quiere hacer comulgar con ruedas de molino y se nos dice que en las sociedades desarrolladas en las que vivimos los ciudadanos deben de tener una alta calificación o formación. Lógicamente que esto es así, pero esto no se resuelve por la obligatoriedad, sino por la calidad de la enseñanza. Y siempre existirán trabajos no cualificados, y además está la libertad del individuo, a cuenta de que tiene que estar alguien forzosamente encerrado dentro de una institución. Las ideas de Foucoult se confirman. La enseñanza es un sistema de represión, yo considero que es un sistema de control y de adoctrinamiento, pero también lo es de represión totalitaria y gratuita en la medida en la que se viola la libertad de los individuos y de los padres en nombre de la comunidad o la sociedad; esto es, como mínimo, autoritarismo. En España la cuestión es más compleja, lo que en realidad se pretende es encubrir las cifras del fracaso escolar. Si el 30 por ciento fracasa en la ESO pues aumentamos la obligatoriedad hasta los 18 con esto matamos dos pájaros de un tiro, por un lado eliminamos el fracaso escolar en la ESO, por otro lado, nos ahorramos al menos 300.000 parados, más unos 30.000 puestos de trabajos más en la enseñanza. La verdad es que la política es vergonzosa. ¿Qué beneficio sacaremos de esto?, ninguno. Insisto, lo que hay que hacer es mejorar la enseñanza y dar cauce hacia la formación profesional y de oficios desde los 14 años, y esto por el propio bien de los alumnos, serán más felices, tendrán menos frustraciones y estarán menos aburridos, con lo que serán menos violentos. Y, a la larga, será un bien para la sociedad. Tendremos a una clase amplia media formada en las profesiones inferiores para las cuáles se requiere mano de obra. Y estos trabajos no son menos dignos que los más cualificados. Lo que hay que hacer es abrir estos canales en la enseñanza y, por otro lado, dentro de la ESO y el Bachillerato fomentar la excelencia lo que nos llevará a una ciudadanía altamente formada profesionalmente y moralmente crítica.

 

            Pero me temo que las cosas van por otro camino. La violencia en los centros de enseñanzas medias es cada vez mayor, existe una violencia que suelen llamar de baja intensidad, pero que es violencia en toda regla, contra compañeros y contra profesores. El sistema es culpable de que se haya llegado a esta situación. En los claustros ya hace años que no se discuten estas cuestiones desde la teoría, ni hay capacidad, ni conocimiento para ello. Han adoctrinado al profesorado de tal manera que está en una situación de postración y resignación. Lo que se plantea en los claustro es cómo resolver cuestiones concretas de disciplina, todos defendiéndose y, a su vez dándose golpes de pecho. Cuando en realidad esta situación nos ha venido impuesta y hemos sido tan calzonazos que no nos hemos rebelado. Somos los guardianes del sistema, los carceleros del sistema de represión, pero, curiosamente, ni siquiera se nos da la autoridad. La violencia es una bomba de relojería que estallará en las escuelas tarde o temprano, la violencia leve está ya generalizada. Lo que les interesa a la administración, a la institución, a las directivas, son las apariencias, los papeles, los planes de refuerzos, de mejora, los contenidos mínimos, las pruebas extraordinarias, los criterios de evaluación. Todo escrito y bien escrito en los papales, para no pillarse las manos. Tenemos miedo a cualquier indocumentado que nos reclame y nos diga que nos falta no sé qué criterio de evaluación en la programación y por ese motivo la inspección lo aprobará. Pues que le den por culo, allá él. En el pecado va la penitencia, en realidad no ha aprobado ni ha pasado el sistema. La sociedad, la administración y la institución en su conjunto desconfía del profesor. Se nos agobia y atemoriza con la necesidad de tener papeles para todo. A nosotros también se nos reprime para extirpar el más mínimo espíritu de rebeldía. Hablar de educación es llorar…

 

                        04 de noviembre de 2009

 

            Leí hace unos días un artículo sobre el ascenso de la izquierda en Europa. Imagino que esto debe ser un efecto de la crisis, lo que sospecho es que es un efecto transitorio y, además, con los datos que se manejaban en verdad que es algo tímido. Nuestras democracias han ido cuajando en una democracia bipartidista con lo que ello conlleva de empobrecimiento de la pluralidad democrática. La cosa es compleja. Desde la propia estructura del poder es interesante que se llegue a un bipartidismo y, además, los mecanismos que se arbitran en las leyes electorales favorecen el mismo. El interés del poder en este sentido es el de eliminar en lo más posible la discusión de ideas para de esta forma tener controlado a la ciudadanía. Si las ideas se acercan todas a un mismo centro, se diluye la cuestión ideológica de fondo. En realidad no existen diferencias entre los partidos de la derecha y de la izquierda. Todos habitan un mismo centro con diferencias circunstanciales en lo meramente periférico o epidérmico. La cuestión sustancial de cómo hemos de ordenar la sociedad, cuál debe ser el sistema de producción y las relaciones entre los hombres y de estos con la naturaleza, no tienen lugar. Ambos partidos, la derecha y la izquierda con capacidad de gobernar, vienen a decir lo mismo. Y esto, como digo, es lo que al poder le interesa, la ausencia de un pensamiento crítico y alternativo. Esto produce, a su vez, un desencanto en los ciudadanos que llegan a decir que todos hacen lo mismo, estando bastante en lo cierto. Otro problema es de origen psicológico que es, a su vez, aprovechado por el poder. El hombre tiende a huir de los extremos, tiende a ser conformista, tiene miedo al cambio. Incluso prefiere mantenerse en una situación altamente peligrosa, como es el caso de la crisis actual, a cambiar. El hombre es temeros de lo desconocido, reacio a abrir nuevos caminos. De ahí que tienda, por todos los medios a una postura intermedia. Por eso es bienvenido este asunto de un aumento de la izquierda de verdad, la otra es el centro y además defiende el mismo modelo productivo. Pero sospecho que no irá muy lejos. No nos atrevemos a dar el paso. Siento que mi pesimismo y escepticismo me superan. El cambio a otro sistema de producción se hará por la fuerza, cuando hayamos sobrepasado en mucho los límites de producción del planeta. Esto implicará un nuevo colapso civilizatorio, como ocurrió en anteriores civilizaciones. Lo que sucede es que nuestra civilización es global. Pero siempre hay que estar abiertos a la esperanza. Quizás seamos capaces de crear cierta conciencia colectiva, lo que está ocurriendo en las negociaciones sobre el protocolo de Kyoto es interesante, África y la India se han plantado, han echado cara a los EEUU. y a Europa. Quieren que estén todas las cartas sobre la mesa. Y esto es importante, porque estamos hablando de un problema global, no hay subsistencia de la civilización si todos no colaboramos. Esperemos que los países ricos tomen conciencia de ello.

 

 

 

                                   03 de noviembre de 2009

 

            Ya hemos hablado aquí del libro de Broncano y de su categoría para entender al hombre como ciborg, y en calidad de tal entenderlo como un ser de fronteras. A mi me gusta también llamarlo un ser en construcción, que es lo característico de los hombres de frontera. El libro se hace paulatinamente más interesante y para llegar al final a unas reflexiones sobre el poder, que es uno de los temas que más me fascinan, muy interesantes. La cuestión del poder es crucial para entender por qué falla la democracia. La naturaleza del poder hay que entenderla tanto en el que tiene el poder como en aquel que delega su poder en otro. Antes de adentrarse en estos temas Broncano quiere esclarecer, como sabemos es lo que el piensa que debe hacer el intelectual, cómo se constituye la mente del hombre moderno. En primer lugar hace una reflexión sobre la imagen y los signos a partir de la cual se entreve algo de lo que hablaremos en otro lugar, que la percepción es construcción de la realidad, esto no quiere decir que el conocimiento sea subjetivo. Pero, como digo, de esto ya hablaremos. El pretexto de la reflexión sobre la percepción de signos, símbolos e imágenes, es entender qué es lo que ocurre cuando comienza la modernidad. Dos son los polos sobre los que va a reflexionar que aquí sólo señalo de pasada. Las Meninas y El Quijote. No hace una reflexión sobre el contenido y e significado de estas obras, sino qué es lo que ha cambiado y como a partir de ellas se constituye la modernidad y con ella una nueva forma de entender el mundo y de narrarlo. Lo que ha aparecido, como con Descartes, es la aparición del sujeto, la subjetividad, como epicentro de la narración. Pero este yo es un yo que se vuelve sobre sí mismo, un yo reflexivo, que se autoconoce. Esa es la gran novedad, y lo que hará que emerja la modernidad. Esa modernidad nos lleva directamente a la ilustración en la que la afirmación del yo es la afirmación de la razón con la que el hombre puede verse libre de la opresión del poder: el clero y la nobleza. Es una autoafirmación que nos lleva a la liberación. Pero en el hombre y en la historia de la humanidad todo es más complejo. Tras la ilustración se producen dos salidas en el siglo XIX, una es la respuesta de los nacionalismos irracionales basados en la construcción de una identidad nacional que parte del mito de unos orígenes idílicos. Otra es el marxismo que pretende describir la historia como un proceso determinado por la materia de la misma y que nos llevará a una última revolución con la que se alcanzará la emancipación de la humanidad. Esta salida también es mítica, se basa en el mito del progreso y la concepción lineal de la historia con un comienzo y un final en el que se produce la salvación del hombre. Ambas respuestas nos llevan a las grandes catástrofes del siglo XX. Pero las catástrofes del siglo XX no sólo se explican por estos movimientos filosóficos en los que juega un papel fundamental el poder. Hay otra forma, más sutil a partir de la cual también caemos en los totalitarismos: las democracias burocráticas y liberales. De alguna manera, recuerdo esto, para aclarar lo que viene después, toda forma de poder es una forma de exclusión o de adaptación, o nos rebelamos o seguimos al poder, pero el caso es que no podemos seguir ninguno de estos dos caminos al completo. Este es el sentido de que el hombre sea un ser de frontera, recordemos el western y el pistolero solitario que ha llevado la ley, civilizado, lo salvaje, pero cuando ésta se institucionaliza, lo excluye, el héroe cae en el absurdo de la burocracia. Por eso en el siglo XX se pierde el discurso utópico y surgen las utopías negativas, el desencanto y el desengaño, tanto en la literatura más clásica como en la de género de ficción. Y el caso es que éste poder que excluye tiene lugar al amparo de las democracias liberales que han surgido de la defensa de la idea de igualdad y libertad y que se han desarrollado a la par que la tecnociencia y la industria.

 

            En este sentido es muy interesante señalar a tres autores que tratan de alguna manera el sinsentido de la existencia, la inadaptabilidad del individuo al orden social establecido, lo absurdo, pero, a la vez, lo imprescindible de este orden. El primero y mi favorito es kafka, en su obra captamos la imposibilidad de adaptarse, la imposibilidad de la comunicación, la institucionalización del poder como algo que funciona implacable y autónomamente, frente a lo que el individuo no es nada, es absorbido por el sistema. Las democracias han inventado el mecanismo por el cual los individuos se transforman en masa amorfa y pierden su identidad. La cuestión fundamental es si hay alguna forma de resistencia. Las obras de Kafka que describen esta realidad son tremendas, La metamorfosis, el protogonista se despierta un día transformado de tal manera que a partir de entonces es un extraño. Tenemos la soledad y la exclusión, y, al final la incomunicación absoluta. El Castillo, con el agrimensor, “hemos decidido que tu profesión ya no existe” y El proceso, un proceso absurdo contra alguien que no sabe qué crimen ha cometido y que lo convierte en un extraño, en anatema, un juicio en el que todos son jueces y la sentencia es firme desde el principio. ¿Qué podemos hacer ante esta situación? Estas obras describen la realidad social, la estructura más profunda del poder que, por un lado, domestica y por otro anula, pero poder que es imposible sin el consentimiento del vasallo. Los otros dos autores para analizar, que sólo mencionaré son Anna Arendt El origen de totalitarismo y Proust En busca del tiempo perdido. Para mi la cuestión fundamental reside en cómo llegamos al consentimiento del pueblo de tal manera que hace a éste vasallo. Y esto es lo fascinante del poder. Creo que todo arranca de la propia naturaleza biológica del hombre como animal social que es, y a su vez, jerárquico. Lo que ocurre al establecer las relaciones de poder es que una minoría domina a la mayoría cuando la mayoría es la que, en principio, tiene la fuerza. Por qué la mayoría se doblega y acaba cediendo todo el poder. Lo que ocurre en este caso es que el pueblo, ante el poder deja de ser pueblo y se convierte en masa, por eso no hay rebelión, hay obediencia y sumisión. Pero lo curioso y lo que me fascina es que esa conversión radical, que lleva aparejado el que dejamos de ser personas, sujetos libres y autónomos, se produce de una manera natural y automática. Y es aquí precisamente donde reside la explicación biológica que he adelantado antes. Es nuestra propia naturaleza biológica, como seres tribales la que explica el hecho de que algunos busquen el poder y lo ejerzan y el que la mayoría obedezcan convirtiéndose en una masa acrítica. Y aquí hay un problema fundamental y de gran calado, ni la ilustración con su promesa de educación universal como camino hacia la libertad, ni la democracia como vehículo político para garantizar la libertad y la igualdad están exentas de este mecanismo del poder del que hemos hablado. Quiero decir con esto que la imperfectibilidad de la democracia tiene un origen antropológico-biológico. En las democracias el pueblo deja de ser tal y se convierte en masa indiferencia y conforme siempre a los dictados del poder. Es más, en las democracias al diluirse el poder en formas muy abstractas hace posible que el pueblo en tanto que masa no encuentre a quién dirigir la rebeldía. El poder se ocupa únicamente de mantener al pueblo en estado de masa e inconsciencia, manteniéndolo en la caverna de las apariencias, mostrándole que es libre e igual y que manda él, cuando en realidad es un esclavo al servicio de las formas del poder. No hay pues escapatoria. La democracia es otro invento más de adocenamiento. La rebeldía se torna imposible. De todas formas hemos dicho que el hombre, en tanto que ciborg es un ser de frontera, en construcción, más tarde veremos qué puede significar esto y si esto es una puerta hacia cierta esperanza.

 

            Por otro lado, la educación no es tampoco ninguna garantía para luchar contra el poder. El sentido ilustrado de la educación y la búsqueda del saber y el conocimiento era bien intencionado, pero siento decirlo, tremendamente ingenuo. La educación, y máxime, reglada por el poder, no es ningún mecanismo de liberación. Es una forma de autoritarismo débil por la que el estado crea individuos adaptables a la sociedad que pretende formar. La educación está al servicio de la idea de sociedad que el poder tiene. La educación no garantiza ningún tipo de liberación, todo lo contrario, de adoctrinamiento.

 

            Pero, de alguna manera, hay resquicio para la esperanza. En la medida que hemos dicho que el hombre es un ser hibrido, formado de prótesis que generan su propia naturaleza y que éstas están continuamente cambiando creando, por ello, nuevas condiciones y como el desarrollo de tal devenir es imprevisible siempre podremos sospechar y esperar que la rebeldía es posible. Vamos a ver, en la medida en la que somos seres de frontera hemos ido construyéndonos y esto lo hemos hecho por medio de la creación de artefactos que nos liberan, pero que al final, al constituir nuestra propia naturaleza nos esclavizan. Dicho de otra manera, la técnica y la cultura en general, que es el mayor artefacto adaptativo que hemos creado a la par que liberarnos nos esclaviza igual que e lobo es esclavo de su fisonomía sin la cual no podría cazar. Pero como la naturaleza humana se desarrolla históricamente, y como la historia es imprevisible, pues resulta que no sabemos qué nuevos artefactos seremos capaces de crear y que momentáneamente producirán una liberación. Y termino estas reflexiones, un tanto amargas y escépticas sobre el poder, con dos citas de mi amigo Riechmann, tomadas del propio Broncazo. La primera dice así: Cuando llego a un sitio y me dicen que no se puede hacer nada, entonces pienso que casi todo está por hacer. Y la segunda son unos versos que sintetizan toda nuestra reflexión y nos impulsan a la acción, unos versos donde no se pierde la esperanza, porque el hombre, a pesar de muchos desengaños es un ser de esperanzas en la medida en que es consciente de que tiene futuro, pero no sabe cual es.

 

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones

No dejes nunca de confiar en las personas

No dejes nunca de onfiar

en que las personas crearán instituciones

en las que quizás podrás dejar de confiar

No dejes nunca de desconfiar

en que el triste proceso

por el cual las instituciones

cambian a las personas tristemente

puede ser cambiado

No dejes nunca de confiar en las personas

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones

           

Riechmann. 27 maneras de responder a un golpe. Madrid, Edciones Libertarias, 1989.