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Filosofía desde la trinchera

Pensamientos contra el poder

Siempre me ha preocupado el tema del relativismo, tanto desde la perspectiva epistemológica, como, por supuesto, ético-política. A mi modo de ver los sofistas fueron unos filósofos muy importantes para establecer la democracia. Si seguimos el relativismo radical caeremos en un modo de absolutismo contradictorio en el que se puede afirmar que todo vale, esto es malo en política. En ciencia nos ha llevado a absurdos que intentan hacer equivaler la astrología con la relatividad de Einstein, sería, el posmodernismo científico del que el caso Sokal dio buena cuenta. Pero hay un matiz muy importante desde el punto de vista político del relativismo de los sofistas. La premisa básica de éste es que no existe la verdad absoluta, el bien o la justicia absoluta. Nadie está en posesión del bien, la verdad y la justicia. Todo esto es cuestión de palabras y son relativos a las circunstancias. La democracia parte de la tesis de que no existe la verdad absoluta. Es el dialogo, cuando el logos, la razón es lo común, lo que está a la base de la democracia. Los sofistas aciertan en su relativismo. Por eso la democracia florece con ellos. Pero pronto se pervierte en la medida en que el arte de la retórica que inventan se transforma en demagogia. Si radicalizamos el relativismo lo que sucede es que la verdad reside en el poder más fuerte. Desaparece el concepto de ciudadano, porque éste es instrumentalizado por el poder para ponerlo a su servicio. De ahí que la discusión de Sócrates sea la de intentar refutar a los sofistas porque los considera un cáncer de la democracia que defienden el todo vale. Por su parte él no habla de verdades absolutas, pretende la objetividad y utiliza, en lugar de la retórica, el diálogo. Éste último exige que cada cual sea ciudadano, libre, que se ejercite en el conocimiento de sí mismo. Y éste es el núcleo de la tensión entre Sócrates y los sofistas. Platón resolverá este conflicto, eterno en la democracia, negando la misma y estableciendo el gobierno de los sabios. Pero, claro, ¿quiénes son los sabios? Hoy en día, además de afirmar -como ya lo hemos hecho en este diario- que vivimos en una partitocracia oligárquica, también podemos decir que vivimos en un gobierno de los sabios en la medida en la que la tecnocracia lo inunda todo.

 

 

La palabra es un arma cargada de futuro.

                        Gabriel Celaya.

 

            Son muchas las cosas que podría decir tras la polémica que, creo, injustamente produjo mi intervención el el blog de Ciudadanos de Villafranca. En primer lugar agradecer las palabras de comprensión y halagos de la mayoría de los que intervinieron. Sinceramente se lo agradezco porque esta uno acostumbrado a luchar en solitario, desde la trinchera, y esto nos condena a la soledad, a la incomunicación. Uno de los males de la vida intelectual, cuando uno no está en la academia, es el de la incomunicación y esto es un cáncer de la vida intelectual porque como hemos dicho muchas veces el pensamiento es diálogo. Pero de todas formas, a pesar de los agradecimientos me gusta ceñirme a las enseñanzas del viejo Diógenes el perro. Es preferible un bastonazo que un halago. Los aduladores, no es éste el caso de los que escriben, te devoran sin darte cuenta. Uno de los vicios del intelectual es la vanidad, si te alaban comienzas a tener una visión distorsionada de tu yo y pierdes la capacidad de autocrítica. Vives en la autocomplacencia y la satisfacción, además, de la egolatría. Por eso, hay que cuidarse de los halagos, aunque a uno le gusten y le satisfagan, debe olvidarlos pronto y seguir con su tarea. Y el bastonazo ayuda a seguir en la brecha. Cuando se nos critica, pensamos; entre otras cosas, para defendernos. La crítica, si la aceptamos dentro del marco del diálogo, nos hace madurar y crecer. Por eso me ha hecho pensar más la crítica que la complacencia, si bien la agradezco.

 

            De todas formas creo que mi crítico J.L.R.  se equivoca, y también M. yo no he desestimado nunca la acción, además mi comentario se dirigió a un análisis de la democracia. El comentario de J.L.R. fue una salida de tono y una falta de respeto hacia la intimidad. Me acusaba de no estar en el tajo, no sé a cuento de qué, cuando he estado en el tajo del que él habla, dos años. La cuestión es que hay muchos tajos. Y, además, si estaba de acuerdo en mi artículo, y decía que al final la cagaba, pues que haga una crítica y de razones de porqué al final me equivocaba. Yo decía que era lamentable que hubiese tenido que llegar una situación que afectase a nuestros intereses privados para hacer una defensa de la democracia, para tomar conciencia de la libertad y la democracia. Que si fuésemos buenos ciudadanos ya hubiésemos tenido valores más universales y se hubiesen reflejado en nuestros votos. Y ahora añado, que si hubiésemos sido buenos ciudadanos, sólo con nuestros votos no hubiésemos permitido que en Extremadura hubiésemos llegado a esta situación. Pero a pesar de ello me alegro de la fuerza del movimiento y de su éxito.

 

            Por su parte M. en su intervención al principio es suave, no sabe por quién decantarse. En realidad no ha entendido la discusión, tampoco J.L.R., puesto que yo no he hecho nunca una crítica al movimiento activo, o a la acción. En fin, algún rencor deberán guardar. El caso es que después M. empieza con una retahíla de lo mucho que se tiene que esforzar porque es ama de casa, etc, para poder participar activamente. No creo que nadie haya negado esto, es más lo he alabado, he dicho que es un movimiento heróico y perseverante. Por tanto, eso requiere el esfuerzo de todos los que están ahí presente en primera y primerísima línea. No sé porqué se me critica. O, mejor, sí.

 

            Pienso que uno de los motivos del éxito del movimiento es que se ha consolidado, casi institucionalizado, en su dimensión política sí porque posee un grupo político con representación en el ayuntamiento. Pues como digo, para que un movimiento tenga éxito es necesario cierta dosis de dogmatismos e, incluso, de integrismo. De ahí que creo que las críticas proceden de una concepción errónea de la verdad. La plataforma y el grupo de ciudadanos, en cuanto que movimiento, se creen poseedores absolutos de la verdad. Y esto es un error y hace inviable la crítica y la democracia; aunque, desde luego, da fuerzas, pero inhibe la posibilidad de la autocrítica y la de ponerse en el lugar del otro. Yo sólo he insinuado la posibilidad de la crítica y he valorado los orígenes del movimiento y, en lugar de respondérseme a esto, se me ha anatemizado. Soy un no válido para el movimiento porque no me manifiesto. Bien, pues me he manifestado, por diferentes causas desde que tenía 17 años, y lo seguiré haciendo. En la plataforma lo hice durante dos años, además de dar conferencias, charlas, escribir artículos, ruedas de prensa, en fin, lo deje por cuestión de prioridades y de principios personales y filosófico. Pero seguí y sigo defendiendo las razones de fuerza del movimiento, fundamentalmente, en mi actividad pública, en lo que decía Kant el uso público de la razón. Además,practico la desobediencia civil en el ámbito educativo con perjuicio para mi sueldo, porque no participo de la perversidad de la ley educativa. Todo ello viene a significar que, si bien, el movimiento civil ha madurado y ha obtenido un gran éxito, no ha madurado lo suficiente como para realizar una autocrítica. De todas formas yo no la voy a hacer, creo que en este momento es muy peligrosa, aunque ya la tenga pensada, para la estabilidad del mismo movimiento, ahora que casi hemos alcanzado el objetivo particular, el abandono del proyecto de construcción de la refinería. Los que me conocen en la intimidad saben de las críticas que hablo, además, algunos de los que son de primerísima fila con los que he hablado sobre temas cruciales no he estado de acuerdo. Pero sí, para finalizar quiero hacer alguna observación para la reflexión de cada cual. Si el grupo de ciudadanos y el PP hubiesen sacado entre ambos mayoría absoluta, ¿qué se hubiese hecho? Se hubiese pactado para eliminar a Ropero y el grupo socialista? Piensen la respuestas, explica mucho de estos dos últimos años. O creemos de verdad en la democracia y nos sirve como modelo de ella lo que ha hecho el grupo de electores desde la minoría, enfrentándose al poder y al resto de oposición, o somos posibilistas políticos, negamos la esencia de la democracia, y buscamos sólo fines, intereses particulares. En fin, sólo dejo esta reflexión para ustedes. Cuando hayamos triunfado y no se ponga la refinería, además de agradecer el esfuerzo de todo aquel que ha estado en la calle, pegando carteles, recogiendo firmas, disputando en el ayuntamiento, acudiendo a asambleas, etc, cuando yo no he estado, haré mi crítica. Además el futuro, en las elecciones, hablará por sí solo.

 

            Hoy viene un artículo Sami Nair en El País en el que habla del futuro del socialismo en Europa. La verdad es que me alegra coincidir con él en el sentido de que afirma que, por diferentes razones, el socialismo ha renunciado a sus reivindicaciones e ideología, lo cuál al final le ha pasado factura. Efectivamente lo que yo vengo sosteniendo es que no hay prácticamente diferencia entre la derecha y la izquierda, y cuando me refiero a ésta es a la que tiene capacidad de gobierno, la socialista. Ésta izquierda ha renunciado a su ideología y ha comulgado con el idel del mercado libre. Por tanto, no es que se haya centrado, sino que se ha ido hacia la derecha económica. Lo sorprendente es que tras la crisis podrían haber aprovechado para lanzar un mensaje ideológico que cautivase a los votantes presentando una alternativa al modo de producción del libre mercado que uniese el socialismo y el ecologismo. El modelo socioecologista. Este modelo tiene dos pilares importantes. Aporta un modelo de producción distinto, al que además no tenemos alternativa, porque si no lo seguimos lo seguiremos a la fuerza, el decrecimiento sostenible. Y un segundo pilar que sería el de los derechos humanos más el pensamiento y la ética ecológica. De ahí tendrían que emanar una serie de valores que harían florecer, por medio del vehículo de la educación, un nuevo ciudadano.

            Esa dinámica que existe entre lo público y lo privado y que al sistema neoliberal le viene de perlas para dinamitar el ámbito de lo público, refleja la crisis de actitudes de los ciudadanos frente al estado de bienestar. Es increíble que se suela, en España, me refiero, apostar por lo privado, en detrimento de lo público. Eso es echar piedras sobre nuestro propio tejado. El estado social ha sido una construcción de siglos, construcción que no ha sido terminada y ya la queremos bombardear. Es una de las mayores conquistas de la humanidad para poder realizar los derechos humanos, la justicia, en general. Pero nuestra actitud individualista, nuestra inconsciencia histórica y conceptual, nos llevan a arremeter contra uno de nuestros mayores privilegios, el estado de bienestar. En especial, la sanidad y la educación. Curiosamente, creo que ha sido el partido de la izquierda con posibilidad de gobierno, el PSOE, una pseudoizquierda débil y pacata, ha sido la que más ha aportado a la empresa privada, sanidad y escuela privada. Tampoco estamos, ni somos conscientes del papel de médicos y profesores en tanto que funcionarios públicos, cuya misión es, precisamente, defender y desarrollar dos derechos básicos del ciudadano. Pero, claro, si la actitud general del ciudadano es la de rechazo de lo público, en realidad una ignorancia,  lo que se está favoreciendo con su actitud es el triunfo del libre mercado. Lógicamente, la actitud psicológica es la de no apreciar lo que se tiene, porque no se sabe lo que ha costado. En lugar de tirar piedras contra el estado de bienestar la misión del ciudadano justo debe ser la de hacer que se profundice en él; es decir, que se llegue a su pleno desarrollo. El estado de bienestar no anula el capitalismo, lo regula. El neoliberalismo, por el contrario, si anula el estado (el ámbito de la regulación politico-legal) por eso crea desigualdad. Pero para conservar el estado de bienestar y profundizar en él hace falta una izquierda política más fuerte, que no se deje arrastrar por las circunstancias, un ciudadano más comprometido, más informado y menos individualista y una lucha decidida por la igualdad. Es mucho el camino que queda por recorrer, y mucho del que habíamos recorrido lo hemos perdido en estos últimos cuarenta años de pensamiento hegemónico neoliberal. Una auténtica lástima.

 

 

A lo largo de mi dedicación profesional me he convertido cada vez más en un peor profesor y, quizás, en un mejor maestro. Estoy pasando progresivamente de impartir lección a impartir reflexión. Por eso que defienda que no se enseña filosofía, como decía Kant, sino que se enseña a filosofar. Creo que este cambio gradual y progresivo, que es fruto de mi profundización filosófica y profesional a los alumnos quizás, al principio les caiga grande, pero creo que, al final, se beneficiaran.

 

            Creo que uno de los inventos intelectuales, sino el que más importancia tiene y así se lo intento transmitir a mis alumnos, es el descubrimiento de que todo lo que hay es un cosmos, esto es, un orden legal. Precisamente, el gran invento griego es que todo lo que hay responde a un orden, las cosas no ocurren porque si. La palabra cosmos en griego significa precisamente orden. Es magnífico cómo los grandes pensadores iban creando el lenguaje y los conceptos para entender el mundo. De alguna manera el lenguaje da sentido al mundo. Al nombrar lo que hay como cosmos le damos un sentido al mundo. Pero no quiero caer, con estas palabras, en un idealismo. Ya no se puede mantener ni el idealismo ni el realismo a secas, la realidad y el conocimiento son mucho más complejos. Pero no son de estas disquisiciones ontológicas y epistemológicas de las que quiero hablar ahora aquí, ya encontrarán su lugar en este diario.

 

            Cuando los griegos descubren que todo lo que hay es un cosmos lo que nos están diciendo es que nada existe sin razón, sin un “logos”. Por eso llegan a la conclusión de que el cambio de todo lo que hay que se nos presenta a nuestros sentidos tiene una razón de ser íntima. Es decir, que están descubriendo la legalidad de la naturaleza. En esto consiste el salto del pensamiento mítico al racional científico-filosófico. Pero esta legalidad implica que la explicación del mundo procede del mismo mundo, ya no acudimos ni a los dioses ni a las fuerzas sobrenaturales para que puedan explicarnos lo que se nos presenta como inexplicable. Y esto es tremendamente importante porque resulta que lo que hemos descubierto es que el mundo es autónomo, que no responde al capricho arbitrario de los dioses. La ley, el logos lo rige todo.

 

            Estos fueron los primeros momentos del pensamiento occidental y hoy vivimos de ellos, son los fundamentos de nuestra tradición occidental de la que somos herederos, la tradición racional y crítica. Pero hubo un segundo paso muy importante de maduración del pensamiento racional. Este segundo momento es el de la aparición de la democracia. La conquista de la democracia por el hombre la pdemos entender en el mismo sentido que hemos visto con la aparición del concepto de cosmos. La democracia es, ni más ni menos, en su esencia, el descubrimiento de que las leyes que rigen al hombre, en tanto que ciudadano, proceden de él mismo. La democracia viene a ser una forma de entender el gobierno según la cual la ley procede del mismo pueblo, de los ciudadanos. Y además esta ley está por encima de todos los ciudadanos. Se establece así un imperio de la ley, es lo se lama la isonomía, igualdad de todos ante la ley. También descubren los griegos la isegoría, igualdad y libertad de usar la palabra, el discurso, el logos. Tenemos que darnos cuenta de la importancia de estos conceptos y de su trascendencia histórica. Éstas son las fuentes de la democracia y, por tanto, la raíz de nuestra sociedad moderna. La isonomía y la isegoría garantizan respectivamente la igualdad y la libertad. Igual que ocurría con la naturaleza, si la ley procede del pueblo, entonces el pueblo no está sujeto al capricho o voluntad de los dioses (poder religioso), ni al de los ricos (oligarquía), ni al de los fuertes (tiranía), el pueblo conoce que la ley procede de sí mismo y esa es su fuerza. Así, como vemos, la conquista de concepto de cosmos, fundamento de las ciencias y de la democracia, fundamento de un orden social justo, siguen la misma línea trazada por la salida del mito al logos.

 

            Pero resulta que toda conquista histórica siempre es provisional, puede desaparecer, nada garantiza su persistencia. La historia no tiene un sentido progresivo, sino que es fruto de la construcción de los hombres. Por eso dos peligros acechan, respectivamente, a la idea de cosmos y a la de democracia. A la de cosmos afecta la de la superstición y a la democracia la de totalitarismo. Ambos peligros proceden de la debilidad de la razón o de la renuncia a ésta por cansancio o miedo u olvido de lo conquistado. Se nos definió desde Aristóteles como animales racionales y sociales, ambas definiciones son un poco estrechas, aunque en términos generales, ciertas. No somos del todo racionales, la racionalidad es nuestro fin, somos pasionales, incluso lo que mueve a la razón es la pasión por el saber y la justicia y la confianza de que la razón nos guía hacia ella. Tampoco somos sólo sociales. Aquí soy más kantiano, somos sociablemente insociables, el fuste torcido de la humanidad que decía kant, y con su definición quería sintetizar a Hobbes y a Rousseau. Pero esto es otra historia que también tendrá su lugar en este diario de pensamientos.

 

            Pues bien, al no ser, ni plenamente racionales ni sociales, caemos en los peligros de abandonar la idea de cosmos y la de democracia. Cuando no podemos explicar los fenómenos, por ignorancia y pereza, claro, lo declaramos misterioso, en ese momento caemos en el ámbito de la superstición y el mito. La naturaleza no tiene ni misterios ni enigmas, es asombrosa y su realidad nos fascina y nos debe impulsar a conocerla racional y empíricamente, o a expresarla ético-artísticamente, pero nunca dar cabida al misterio. Si renunciamos a la razón, al logos, caemos en la pereza, en la comodidad. Nos hacemos esclavos, renunciamos a nuestra capacidad de ser libres y de conocer el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. En el ámbito de la polis, si renunciamos a la democracia, renunciamos igualmente a la razón y a nuestra libertad y ponemos nuestras vidas en manos de las diferentes formas de poder, todas ellas, irracionales y, por tanto, opresoras. Como digo, somos herederos de esta tradición, que se unió después al cristianismo (religión que aportó conceptos importantísimos), resurge en el renacimiento y florece, de nuevo, en la ilustración. Hoy en día estamos en una sociedad postilustrada, postmoderna, en una sociedad que ha renunciado a la razón, de ahí que tanto el conocimiento, como la democracia estén en auténtico peligro. El conocimiento se ha transformado en el complejo técnico-industrial-militar. La tecnología, por incomprensible, se nos presenta como magia, no interesa el conocimiento del fundamento de la misma, ni el conocer por el conocer, sólo el conocer para dominar y crear juguetes y artefactos que entretengan a la ciudadanía. Por el otro lado, la democracia está siendo socavada desde dos lados, al desaparecer la razón como guía, se establece –y valga la contradicción- la universalidad del relativismo, el todo vale. Y, por otro lado, como todo vale el poder es el del más fuerte; por tanto el triunfo es el de la economía neoliberal que está llevando a la humanidad y a la nave tierra en la que viaja a sus fronteras. Esto sin olvidar los miles de muertos que esta creencia neoliberal (creencia en el crecimiento ilimitado) ha acarreado ya. No podemos renunciar a la razón, por muy limitada y frágil que sea, es el único asidero que nos queda. La única tabla de náufrago.

 

            Hay aspectos de la respuesta a el crítico del Blog que no he querido señalar. Tampoco he entrado en las críticas que se le pueden hacer al movimiento ciudadano, salvo al asunto del interés particular, que tanto daño puede hacer, la verdad duele. Pero hay algunas afirmaciones que hace Juan Jesús Rodríguez que me parecen peligrosas y que rozan, por ser suave, el integrismo y el fanatismo. Me acusa de falta de compromiso social por haberme “desconectado cómodamente” y haberme recluido en mi vida familiar e intelectual. Y afirma que respeta mi opción, faltaría más –pero realmente no lo hace- cuando me asegura que no sé cuanto me he perdido en estos cinco años de lucha al no estar en la calle. Y ahí es donde está el integrismo y el fanatismo que siempre tienen a la base creerse en la posesión absoluta de la verdad. Vamos a ver, no hay una única manera de actuar, como he demostrado antes, en segundo lugar, la vida es un elegir, dentro de un estrecho margen, no podemos vivir todas las vidas; pero cada vez que elegimos dejamos. De ahí que, desde muy joven, casi adolescente, definí la vida como un eterno dejar. Muchas veces nos pesa más lo que dejamos que lo que hacemos, pero lo que dejamos siempre forma parte de nuestra vida. Pero esto son disquisiciones filosóficas de altos vuelos, no es este el tema. Cuando se me dice que no sé lo que me he perdido por no estar en la lucha de la calle, lo que se me está diciendo es que no hay manera digna de vivir hoy en día en Villafranca, sino es, haciendo lo que hacen los que se manifiestan continuamente y piensan de la misma manera, que los admiro por su perseverancia, pero yo no lo hago, y mi vida es tan digna y tan comprometida socialmente como la suya. No sabemos nunca quien pierde más, este es uno de los problemas de la libertad, estamos obligados a elegir, y esa elección está siempre condicionada, y, en el peor de los casos determinada. Pero, como digo, lo que subyace es la idea de verdad absoluta. Cuando alguien piensa que está en una verdad fuera de toda duda pierde la capacidad de la crítica, pierde la perspectiva, se convierte en un integrista que no tiene ideas sino creencias, y de ahí al fanatismo hay muy poco. Hay que estar siempre vigilantes de nuestras propias ideas, no ser esclavos de ellas, sino sus creadores.

Respuesta a un crítico en el Blog de ciudadanos de Villafranca

 

Voy a responder al señor Juan Luis Rodríguez, y sin que sirva de precedentes, pues no pienso intervenir más en el foro, entre otras cosas porque no creo que éste exista para esto; es decir, la defensa de actitudes personales, sino para el interés general. No digo que sea cronista político, dije que lo fui y, además, circunstancialmente, tenía un programa de divulgación filosófica y crítica política el curso pasado todos los lunes a las once de la mañana en la radio de Villafranca, la del poder, como dije. Creo que aún están grabados los programas. En estos programas he hablado alto y claro en público, como lo llevo haciendo más de veinte años, sin pelos en la lengua, enfrentándome siempre al poder y arriesgando amistades y en muchas ocasiones con perjuicios familiares. No es ninguna actitud cómoda arriesgarse a pensar y dedicarse a aprender y después divulgarlo, bien entre los alumnos o a un público más amplio como he hecho en muchas ocasiones. De ninguna manera es cómoda porque el pensar le pone a uno mismo ante las cuerdas. Tienes que revisar continuamente tus ideas. Y ver que no se te cuele entre ellas ninguna creencia, todo debe ser sometido al tribunal de la razón. Esto lo exige la coherencia del pensamiento, luego viene la consistencia, hay que aceptar las consecuencias que se deriven de nuestras ideas, y esto es muy difícil, porque nuestras ideas, a veces, tienen consecuencias inesperadas, pero que si cumplen el rigor de la razón deben ser aceptadas. Luego viene la consecuencia, y esto es lo más difícil; esto es, ser consecuente con lo que se piense. Éste es el ideal de la acción ética hacia el que hay que dirigirse. Coherencia, consistencia y consecuencia. Le aseguro que esto no es nada cómodo. Y si piensa que el que se dedica al estudio de las ideas es un comodón o acomodado se equivoca de plano. Todas las ideas tienen consecuencias y hay que estar vigilantes ante aquellas que pueden tener consecuencias negativas para el hombre. Llevo años, muchos más que los de la existencia de la plataforma, que, por cierto, fui uno de los fundadores cuando estábamos cuatro, casi literalmente, atacando el sistema de la democracia neoliberal. Lo de la refinería no es más que una consecuencia de ese orden social, sumado al despropósito de la corrupción política en Extremadura. Mis ideas llegaran donde lleguen, mucho o poco, pero calan en algunas conciencias. E, insisto, llevo haciéndolo más de dos décadas. Otros dos problemas relacionados con el asunto de la refinería son el de la idea de la posibilidad de un crecimiento económico ilimitado y el del cambio climático. Mucho antes de que surgiese el problema de la refinería me dediqué al estudio de la ecología, la ética ecológica y la bioeconomía. A partir de estos estudios publiqué artículos en revistas de ámbito internacional; uno de ellos, Globalización y los límites del planeta. Dirijo un seminario de Ciencia, tecnología y sociedad. Se me ocurrió, insisto, antes de lo de la refinería, organizar un seminario dedicado al desarrollo económico frente al desarrollo sostenible. Curiosamente, a mediados del desarrollo de este seminario surgió lo de la refinería, no le voy a contar las presiones a las que me vi sometido, no voy de víctima, sólo relato algunos hechos.

 

            Aunque usted lo piense no hay una única manera de acción, la de salir a la calle, insisto en que existe la posibilidad de actuar por medio del pensamiento. De dónde cree usted que han salido las ideas de democracia y de derechos humanos. Son igualmente necesarias la acción de la calle y la de las ideas. No admito, de ninguna de las maneras, una exclusión como usted hace. Yo animo a la acción en la calle. Uno de los pilares de este movimiento ciudadano ha sido la presión social. Recuerdo la primera reunión que tuvimos en Mérida con el secretario general del ministerio de medio ambiente, a la que tuve la suerte de asistir, que nos dijo que uno de los factores importantes para frenar el proyecto era la presión social, tan importante como los análisis técnicos que se hiciesen en el ministerio. Pues bien, alabo y felicito a la plataforma por haber mantenido durante cinco años este esfuerzo de presión social, y esto tiene lugar, por supuesto, en la calle. Lo repito, creo que en este sentido la plataforma es un auténtico modelo de organización civil contra el poder. Ahora bien, esto no excluye el pensamiento, y somos más de los que están en la plaza, aunque algunos seamos críticos por sistema y, porqué no, por carácter.

 

            Una última cosa, si algo me ha enseñado la historia del pensamiento y mis años de cómodo estudio, es que nadie tiene toda la razón, que no hay diálogo sin respeto y que éste consiste, no en soportar la opinión de los otros, sino en pensar que el otro tiene razones que, quizás, sean más verdaderas que las nuestras o, al menos, tienen algo que aportar. Siento decirlo, nadie tiene toda la verdad, esto es un pensamiento excluyente e intolerante y, por tanto, intolerable. No se puede entrar en la dinámica o estás conmigo o estás contra mí. Esta dinámica es aberrante. En cuanto a lo del interés, pues, perdona, pero no la he cagado. Vamos a ver, la democracia es una forma de resolver sin utilizar la violencia un conflicto de intereses por medio del diálogo y el consenso. En torno a la refinería hay un conflicto de intereses, y cada uno de ellos es respetable y debe entrar en el debate y el diálogo. Lo que ocurre es que el poder ha utilizado la fuerza y secuestrado la democracia. A lo que yo me estaba refiriendo es al ideal ético de la democracia, y aquí el interés prioritario es el de la ciudad, la polis, no el de cada cual. Por eso desde el principio del movimiento insistí en que el interés general era el de la dignidad humana y la salud democrática, que era lo que se estaba atropellando con la famosa decisión política tomada, los otros intereses, siendo tremendamente importantes, como el medioambiente local, la salud, la agricultura, ocupan un segundo lugar en los ideales democráticos.

 

            Un cordial saludo a todos y a seguir en la lucha, cada cual donde crea que le corresponde.