Blogia
Filosofía desde la trinchera

Reflexiones de un francotirador

 

El estado de bienestar y la izquierda se refugiaban en Europa. La izquierda empezó a claudicar hace años. El pensamiento único neoliberal hizo mella en la izquierda realmente existente. Esta misma izquierda hoy en día, la que pactó con el neoliberalismo y consideró que no había otra forma de gobierno que el de las democracias neoliberales, y que siguió el catecismo neoliberal, está viendo como el poco discurso de izquierda y socialdemócrata que le quedaba se va al traste. Los mercados han iniciado su ofensiva final. Las conquistas de ciento cincuenta años se van por el desagüe de la historia. Mientras tanto el pueblo está adormecido, narcotizado. Los sindicatos han perdido su relevancia social. La diversidad de los trabajadores ha acabado con los llamados sindicatos de clases. Pero el engaño es brutal. Lo que se está dando es una auténtica lucha de clases. Pero el pensamiento único ha anulado la conciencia de clase, por un lado, y ha dividido a la clase trabajadora, por otro, de tal forma que unos luchan contra los otros, sin saber que el enemigo es común. Muchas veces he mantenido que el progreso ético-político es accidental y fruto del esfuerzo de los hombres. Los avances en esta dirección se pueden perder en cualquier momento. Nos acercamos a una época de barbarie. Eso con lo que respecta a occidente, porque la barbarie está instalada en el resto del mundo a nuestra costa y no es esto autoflajelarse, sino analizar y tomar consciencia de lo que ha sido el desarrollo de los países ricos desde hace doscientos años.

 

                                   ***

 

            Ojalá la bancarrota sea la del capitalismo. Lo peor es que esta bancarrota la paguen el común de los mortales. El desarrollo del capital ha creado hambre, miseria y muerte. El crecimiento mata, como reza el título de un libro sobre economía crítica ecológica. Creo que la bancarrota del capital no genera conciencia de clase, al menos, ahora. Pero sabemos que la cosa van a empeorar, y mucho. Los horizontes de guerra son claros. Los recursos energéticos y alimenticios, escasos y mal repartidos. No sé cuánto tiempo durará la domesticación de la humanidad. Quizás la salida venga del lado de esas economías emergentes que, además, deben de plantearse un nuevo concepto y contenido de la democracia y la libertad. La democracia que hemos tenido hasta ahora no ha sido más que un engaño, una apariencia. Un truco de los prestidigitadores del capital. Escribí hace poco una crítica a Popper precisamente en la dirección de que su predicción sobre las sociedades abiertas, que las situaba en las democracias liberales se volvía contra él. Intentaba mostrar, precisamente, que las democracias neoliberales son sociedades cerradas; es decir, formas encubiertas de totalitarismo. Y, así mismo, a pesar de mis diferencias con Marx, considero que la predicción de Marx con respecto a la acumulación de la riqueza del capital es correcta. Lo que no sé es si tras ello se producirá una revolución de los trabajadores. Revoluciones y guerras sí habrá, ya las hay desde hace décadas, hoy más evidentes; pero serán de los estados y las corporaciones monopolistas. No habrá una revolución mientras no haya ilustración del individuo. Pero los ciudadanos se niegan a ilustrarse. Prefieren la obediencia y la comodidad a la libertad. Tú reclamas heroísmo pero esto es sólo para unos cuantos. Y también hay que tener cuidado con el heroísmo. Cuando el héroe se cree un enviado, entonces es un fascista que solo ve como única realidad su propio pensamiento. Las salidas son difíciles, y la historia demasiado impredecible. Pero, desde luego, la acción es imprescindible. Enhorabuena por tu artículo.

 

 

El origen de todos nuestros males es el yo. Mientras menos yo, más liviano de equipaje. Esta es la vieja sabiduría budista. En cambio, nuestro afán en la vida es atarnos, hacernos pesados a través del tener. No sabemos ser sin tener, cuando realmente ser consiste en existir sin tener. La conquista: el nirvana. Pero todo esto lo practican los sabios, los filósofos sólo somos capaces de reflexionar sobre ello. Una lástima.

 

Virtud, libertad y felicidad. Aquí están las claves. La felicidad es casi una cuestión accidental y bioquímica. Pero la virtud y la libertad tienen que ver con la acción. Son realmente el ámbito de la ética. Y no se alcanzan ninguna de las dos sin esfuerzo. Y ese esfuerzo es la tarea de nuestra vida. De ahí que la vida pueda ser una payasada o una obra de arte. La tarea de construir nuestra propia vida es la que forja nuestro ser y nos aleja del rebaño. El rebaño, decadente, no se esfuerza, sigue los impulsos de los deseos y huye, muerto de miedo, de de los ladridos del perro vigilante. El miedo es lo que utiliza el poder para dirigir al rebaño. Al poder no le interesa la libertad, prefiere que estemos “felices” y contentos, así él tiene las manos libres. Pero el hombre libre es el que está por encima del miedo. Por eso es de temer y el poder lo rechaza como a un inadaptado. No son tiempos de camuflaje ni de medias verdades. Son tiempos de héroes morales. El pueblo necesita ejemplaridad y excelencia. El héroe no es feliz por necesidad, es digno. Por eso hay que seguir admitiendo y practicando la sentencia socrática de que es mejor padecer una injusticia que cometerla.

 

            El valor es la virtud (fuerza) que nos eleva por encima de nuestras pasiones. La valentía, el coraje, nos hacen libres. La virtud está en la fuerza, la voluntad. Por eso, la educación –y eso es una de las cosas fundamentales que se han olvidados en las sucesivas leyes educativas- tiene que ir dirigida a la educación de la virtud. De ahí que la educación tenga más que ver con la euducación de la voluntad, que nos hace libres, que con las motivaciones. Las motivaciones se dirigen a los deseos. Los apetitos y deseos nos hacen esclavos. Son las pasiones. Éste es uno de los grandes engaños de la teoría educativa actual. Por eso encontramos tanto niño caprichoso, sujeto a sus pasiones y, pocos, con coraje y valentía que sean capaces de lanzarse por encima de sí mismo y de sus pasiones, como la del miedo. El héroe, no es que no tenga miedo, es que es libre y acepta cumplir con su deber, porque lo considera importante.

 

La vida es dolor, como bien dijeran los budistas y Schopenahuer. El niño nace llorando a este mundo. El semblante del anciano tras la muerte es la serenidad. ¿A qué afanarse tanto y tomarse todo tan en serio?

Equiparo la izquierda realmente existente con la que tiene capacidad de gobierno. La otra izquierda, si bien existe, su propia ideología la hace ser inexistente en el sentido de que no tiene capacidad de gobernar. Y esto es así porque, a nivel mundial, ha habido desde hace cuarenta años una derechización de la política. Es lo que se llama el neoliberalismo, que no es una teoría económica, sino una ideología política que utiliza a la economía como supuesta ciencia. Pero utiliza una visión distorsionada de la economía. El neoliberalismo se basa en un sistema de creencias que constituyen un catecismo, lo que llama el premio Nobel de economía Stigliz, el catecismo neoliberal. Y eso es lo que aplica el FMI, ese catecismo, que, por lo demás, ha producido desequilibrios del reparto de la renta del capital por doquier. Además, no han dado ni una en sus predicciones. ¿Qué ciencia se puede preciar de no ser capaz de predecir? La economía está al servicio de la política neoliberal como ideología. La izquierda realmente existente, desde el punto de vista de las ideas, ocupa un lugar extremadamente minoritario. Y, yo diría, que como no sea que esta crisis cree consciencia de clase, que es lo que se ha perdido, hemos perdido la posibilidad y vamos directamente dirigidos a un fascismo económico, en el que ya estamos, y un fascismo de extrema derecha, en el que nos estamos adentrando. La ideología neoliberal ha sido la triunfante y ha sido capaz de hilar un pensamiento hegemónico que tiene varios pilares, y que son los que hacen inviables la izquierda de verdad y la derechización de los partidos de izquierda con posibilidad de gobierno a la hora de gobernar. Esos pilares son: el fin de la historia y las ideologías y el pensamiento único. Tras la caída del muro se proclamó el fin de la historia. La única forma de organización posible era la democracia liberal. Esto es una gran mentira, una ideología que todos fuimos aceptando. Un engaño del poder económico que tenía como objetivo disolver las clases sociales. Pero hoy en día, y lo vemos con la crisis, lo que tenemos es un enfrentamiento de clases, pero no lo vemos porque el obrero ha perdido su consciencia de clase. Una característica importante de esa democracia liberal y del pensamiento único que la acompaña es la autonomía de la economía. Es decir, que el devenir histórico viene determinado por las leyes de la macroeconomía que los economistas neoliberales han descubierto. Ésta es la tesis del determinismo histórico económico. El determinismo no es ciencia, sino ideología. Además, quedaría falsado en la medida en la que las predicciones que se han hecho no se han producido. Por otro lado, esta ideología anula la libertad y la individualidad, que la reduce al mero consumo, cosa que le interesa a la clase del poder para mantener el sistema económico del crecimiento (para ellos, una minoría cada vez más minoritaria.) Y esto es lo que ha paralizado al ciudadano. La crisis en la que estamos no solo es de origen económico, eso sería una interpretación neoliberal. Es una crisis política. No se adoptaron, ni se adoptan, las decisiones políticas adecuadas que pongan freno al poder económico. Por el contrario, las decisiones políticas que se adoptan son a favor del poder económico. Y, por supuesto, el poder, por su propia naturaleza derechiza. Además, hay que tener en cuenta que gran parte de la clase política tiene intereses en la clase dominante económica y no van a hacer política en contra. Esta crisis brinda la oportunidad a la izquierda de recobrar sus ideales. De tomar consciencia de que la lucha de clases sigue existiendo. De que es posible una ética y una política internacional por enzima del poder económico. Que el neoliberalismo y las democracias liberales son una ideología; y, el consumo, motor de ese sistema, el opio del pueblo.

En cuanto a los sindicatos han perdido su capacidad de ser agentes sociales. Lo que ocurre es que la única manera, por el momento, de convocar una huelga es a través de los sindicatos. Pero ya va siendo hora de que conozcamos que existen muchos otros sindicatos que no le deben tanto al poder político. Además, si la crisis se agudiza, que es lo que va a pasar, porque el capital quiere acabar con el estado de bienestar e, incluso, con el estado de derecho, las organizaciones de protestas vendrían de la ciudadanía. Serían populares. Si esto ocurre, lo que veo difícil, por lo de la situación de nihilismo en la que vivimos, a la que nos ha llevado el capital, estaremos dando un paso hacia una nueva concepción de la democracia y de la gobernabilidad mundial. Como digo, esto no sólo es una crisis económica, con las tremendas consecuencias sociales: pobreza y miseria, sino una crisis política que tiene que llevar a nuevas formas de hacer política. Yo opto por cambios ilustrados, no revolucionarios. Pero la historia nos muestra que las crisis producen guerra y violencia. Hay que aprovechar la coyuntura para replantearse todo el sistema social. Si los sindicatos y yo coincidimos en la huelga, pues bienvenidos sean. Ahora bien, los seguiré considerando unos farsantes. Sobre todo, en el ámbito educativo que es donde mejor los conozco.

***

No se puede profundizar en la democracia sino participamos activamente en los movimientos sociales desde abajo. El no ir a la huelga por no dar más dinero al gobierno no es más que una justificación de nuestra pereza y comodidad. Aquello que nos impide ser libres, mayores de edad. Aquí la cuestión es de prioridades. Y la prioridad es la justicia social sobre los intereses particulares. Y de lo que se trata es de tomar consciencia de que lo que se está dando es un ataque del poder del capital contra las clases de todos los trabajadores; esto es, la ciudadanía en general. Y esto es lo realmente importante, lo que debe unirnos a los ciudadanos. La clase política está siendo el vehículo de las intenciones del gran capital; y, no ahora, sino desde hace cuarenta años. Ahora es la oportunidad de enfrentarnos, en lo que todos los ciudadanos tenemos de común como obreros, a la clase política y al gran capital. Lo demás son intereses particulares. Hay que ir a lo general.

Efectivamente, Fernando, el no hacer nada es una opción, como la del perfecto vago, o la del místico. En fin, son opciones que construyen. Lo otro que dices es muy interesante. Desde joven definí la vida como un dejar. En toda elección está el dejar. Por eso nuestra vida es un continuo abandonar posibilidades que se quedan en las cunetas de nuestra biografía y que sirven, a veces, de alimento de la nostalgia, o, peor,  de tortura. Nuestra felicidad, o, al menos, bienestar, reside en que la segunda parte sea escasa o, casi inexistente.

 

Siguiendo a Ortega, la vida es tarea. La vida es construcción. La clave es la acción. Incluso el no hacer nada es un hacer. Estamos sujetos a la acción. Como el Fausto de Goete, “En el principio fue la acción”. Por eso nos dice Ortega que la vida es una obra de arte en la medida en la que es única e irrepetible. Y, cierto, gran parte de lo que hacemos lo hacemos para dejar des ser quienes somos. Nos construimos por la acción de nuestra reconstrucción. Pero esa reconstrucción tiene que ver con los otros. Decía Sartre que el infierno son los otros. La mirada del otro nos cohíbe, nos condiciona. Es nuestro espejo en el que aparecemos, para nuestro gusto, siempre deformados. Pero sin la mirada del otro no es posible la ética. En el otro vemos al semejante, que puede ser próximo o lejano. Cuando es el próximo estamos todavía en una ética tribal, cuando es lejano hemos dado el paso a la universalidad ética. Y en esto consiste la parábola del buen samaritano y el fundamento de una ética universal cosmopolita. El hombre, por su naturaleza biológica, no siente compasión del extraño, al revés, siente miedo, y se defiende de él. Debe ser una conquista histórica alcanzar una ética universal cosmopolita. Ése es el ideal kantiano de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Y es la base ética de los derechos humanos. A esto hay que sumarle el principio de responsabilidad de Jonas. Nuestras acciones pueden afectar al absolutamente otro, al que nunca conoceremos y a los no nacidos. Pero si nuestras acciones les perjudican somos responsables de ello. Este principio de responsabilidad es la base de una nueva ilustración que elimina el antropomorfismo y nos retrotrae a nuestro lugar natural en la ecosfera. Es la base de la ética ecológica. ¿Veremos este nuevo progreso ético-político como hemos visto el surgimiento de la democracia, o caerá dentro del ámbito de la mera posibilidad?