Blogia
Filosofía desde la trinchera

Pensamientos contra el poder

27 de enero de 2010

 

            La lectura en los institutos.

 

            No sé qué manía les ha dado ahora a los que ocupan el poder por hacer que los estudiantes lean. Por fomentar, dicen, el hábito de la lectura. ¿Qué se les habrá pedido? Parto del principio de que al poder no les interesa para nada la lectura. Entiendo, por su puesto, la lectura como vehículo del conocimiento, ya sea desde la literatura hasta el tratado científico. No entiendo para nada eso de la lectura como entretenimiento. Por su puesto que la actividad de la lectura es placentera, pero porque estimula nuestras facultades del conocimiento, desde la sensibilidad a la imaginación y la razón. Y el que pone en ejecución estas actividades cerebrales obtiene placer. Un placer gratificante que no es más que el del funcionamiento de nuestras facultades del conocimiento. Placer que, curiosamente nos lleva a la liberación. Porque la lectura, al relacionarla con el vehículo del conocimiento –adviértase que existen múltiples soportes de lectura- es una forma de autoliberación en la medida en la que tomamos conciencia del mudo en el que vivimos y de quiénes somos. Por tanto nos vemos obligados a tomar las riendas de nuestra existencia; es decir, a enfrentarnos a la carga de nuestra libertad. Y esto es lo que conlleva el atreverse a pensar libremente. Todo esto, y mucho más, conlleva la lectura. No entiendo, pues, cuando seguimos la tesis que he expuesto más arriba, el interés del poder en el fomento de la lectura. Para empezar el poder entiende la lectura como mero entretenimiento, lo cual no es más que pan y circo. Por eso lo que se ofrece es la lectura infantil y juvenil cercana a la vida actual de los adolescentes. Pura bazofia literaria. Y cando se habla de lectura, sólo se habla de literatura y, encima, de la mala. No se contempla que leer es también, leer un artículo de opinión, un reportaje, un ensayo históroico o filosófico, un tratado de ciencia o de historia de la ciencia, en fin. Que la lectura va más allá de lo que estos progres y pedagogos entienden. Pero no son tontos del todo. Ellos lo saben. Su fomento de la lectura no es más que opio. Pretenden mantener adormecidas a las conciencias. Pero la cuestión política viene de más lejos.

 

            Me explico, lo que ha ocurrido es que en los informes de evaluación internacional hemos obtenido una calificación por debajo de la media en capacidad lectora y matemáticas. Ambos conocimientos son instrumentales para el resto de las disciplinas. Si fallamos en los instrumentos no podremos acceder al saber del resto de las disciplinas. Tras este fracaso en nuestros niveles de conocimiento a nivel internacional las distintas consejerías de educación se han puesto manos a la obra y han elaborado un plan de evaluación de centros. En el caso de Extremadura se ha evaluado en 2º de la ESO, la competencia lingüística y matemática. Entiéndase bien, competencia básica, es decir, hablando en plata, lo mínimo que se despacha en conocimientos. En fin, pues la inmensa mayoría de los institutos están por debajo de la media de lo básico. Cualquiera habla aquí de excelencia. Y como esta autoevaluación del sistema educativo nos da un suspenso, pues ni cortos ni perezosos, nuestros políticos e ideólogos pedagogos de turno nos vienen a decir que hay que hacer un plan de refuerzo de las competencias lectoras y matemáticas. Toma ya. Otra vez la culpa y las tareas burocráticas para el profesor. Como si no tuviésemos que padecer ya, de por sí, esa incomprensión lectora del alumnado, entre otras cosas, en nuestras disciplinas. Pero, yo me pregunto, ¿cómo es que estos genios de la pedagogía, estos nuevos salvadores que han reformado lo irreformable en la educación, de tal forma que ya no la reconoce ni la madre que la parió, ni nadie se entera ya de la terminología críptica que utilizan para recubrir de pseudociencia su ignorancia, no se han dado cuenta de que lo que realmente ha suspendido es la ley? La autoevaluación lo que nos ha demostrado es que la ley de enseñanza falla. Es decir, que los alumnos en primaria no aprenden a leer correctamente. Y el motivo es muy claro, la promoción automática. Si el alumno promociona desde la primaria sin saber leer, pues qué vamos a hacer ya en la secundaria. ¿Por qué estos políticos y demagogos, estos mesías pedagógicos, no son de una puñetera vez sinceros y reconocen su culpabilidad? La ley de enseñanza LOGSE-LOE es un entero fracaso. Nos lo dicen en el extranjero y nuestros planes de evaluación nos lo demuestran, por si no nos lo creíamos. Pues no, ellos no se bajan de la burra. Que el alumno no sabe leer, a leer diez minutos todos los días en clase, venga ya. ¿Qué asignatura no utiliza los textos como forma de acceso a los conocimientos, o como mínimo la lectura del libro de texto? Estos planes de autoevaluación no nos han venido a descubrir nada. Lo sabíamos por nuestra práctica docente. El alumno ni lee, ni sabe leer, ni le interesa. Pero el fallo está en la ley. Si no se contemplase la promoción automática la inmensa mayoría aprendería a leer. Lo del hábito de lectura ya es otra cosa.

 

            Leer es un hábito. Y el hábito, como costumbre, se adquiere con un ejercicio, una rutina que se repite y que primero se ha observado en los demás, fundamentalmente en la familia y después el profesorado. Y pocos son los que en la vida adulta seguirán con este hábito, incluidos los profesores, también los universitarios. Advierto que no entiendo por leer, la lectura de la basura de los best sellers apilados como tambores de detergentes en las librerías. Me refiero a lo que dije al principio. En la vida adulta empiezan otras prioridades y obligaciones que dejan poco tiempo para la lectura como formación en tu propia disciplina. Los centros de enseñanza están plagados de profesores que no han leído un libro en torno a su disciplina, ni ensayos, ni literatura clásica, ni un simple artículo de opinión de un periódico serio. No pidamos peras al olmo. La lectura, hoy en día tremendamente amplificada, aunque transformada en una lectura fragmentaria y poco profunda, por ese medio divino y diabólico a la par, que es Internet, es cosa de pocos. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Ahora bien, que la actividad intelectual sea de pocos, eso no quiere decir que el sistema de enseñanza olvide la enseñanza de la lectura y el fomento de la misma. Es su obligación, pero lo que yo he querido decir aquí es que la evaluación de las competencias básicas lo que ha puesto en cuestión es el sistema legal de la enseñanza y que no se pueden hacer parches cuando la cosa ya casi no tiene remedio. Lo que sí sería de interés es el fomentar la lectura en todas las disciplinas. El saber está en los libros (ampliable a Internet, pero esto no es más que otro soporte para la lectura, viene a ser lo mismo potenciando, casi al infinito, la accesibilidad a la información) no en el libro de texto. Éste último no es más que un esquema, un resumen, una serie de ejercicios, un saber normalizado y de contenidos mínimos fijados por el ministerio. En los libros trascendemos este saber y encontramos el sentido a la disciplina que divulgamos en nuestras clases. Cada departamento debe fomentar la lectura como vía de acceso a un conocimiento superior y más general de su disciplina. Pero para ello el alumno debe de haber alcanzado los rudimentos básicos de la lectura: debe ser capaz de comprender lo leído y hacer una exposición oral y por escrito del contenido. Pero esto debe ser algo obtenido en la primaria, si no, ¿cómo pueden haber accedido al conocimiento de los cursos superiores? En la secundaria la competencia lectora ha de presuponerse. Ahora bien, otra cosa es que la acumulación de los conocimientos por parte del alumnado le puedan abrir el camino hacia lecturas más complejas y enriquecedoras y ésta es la labor de los departamentos. No quiero ni admito parches. Y que cada palo aguante su vela. Ya está bien de que el fracaso de los políticos lo paguemos los ciudadanos y, en este caso, los profesores.

 

                                   27 de enero de 2010

 

Platón y las democracias actuales.

 

            Ya he defendido aquí que creo que nuestras democracias son formas de totalitarismos encubiertas. Que, quizás, las democracias no den más de sí. Que no es poco lo logrado, por muy críticos que podamos ser. Siempre es preferible a un régimen totalitario a las claras en la que se elimina, absolutamente, el estado de derecho. Si bien, como ya he señalado, el problema que se nos plantea en las democracias de los países desarrollados es que vivimos, como si dijésemos, entrópicamente. Nuestro bienestar es a costa del resto del mundo. Y aquí, nuestro orden democrático neoliberal, como ya he dicho, sí genera violencia. La idea del crecimiento económico ilimitado crea barbarie y desorden. En definitiva, el crecimiento mata. Pero lo que quería señalar hoy es, quizás, darle una vuelta más de tuerca al asunto. Mantengo que las democracias realmente existentes son partitocracias oligárquicas. Y esta idea la he argumentado en diversas ocasiones. Lo que quiero decir hoy es que nuestros sistemas democráticos se parecen más al sistema totalitario de Platón, a su idea utópica de sociedad de lo que podamos pensar.

 

            Cuando comenzó a desarrollarse este esperpento de la LOGSE, comentaba con mi buen amigo J.M. que pronto no nos dejarían explicar a Platón. Mi idea era que los gobernantes de la izquierda progre, siguiendo las tendencias mundiales, siempre en tensión hacia la derecha –por su puesto, de forma indudable en lo económico- defendían el ideal democrático como pensamiento único. Es decir, la democracia realmente existente se había convertido en una ideología, en una religión. Por tanto la crítica de la misma sería inviable. El crítico de la democracia se convertiría en un disidente o, peor aún, un hereje y alguien peligroso para el orden establecido. Al crítico se lo podría identificar con el terrorista o el antisistema, que vendrían a ser lo mismo. Por tanto, la democracia se defendería como verdad absoluta. Las democracias neoliberales se constituyeron en la última ideología y nos llevaron al final de la historia. Por eso, yo le comentaba a mi amigo, que Platón no tardaría en ser eliminado de los planes de estudio o edulcorado. De todas formas las restricciones de la enseñanza de la filosofía han sido importantes. Sus temarios son tremendamente tergiversados. Y, además, hoy en día, dos de las asignaturas que imparten los departamentos de filosofía llevan adheridos ese asunto de la ciudadanía. Ética y ciudadanía y Filosofía y ciudadanía. En fin, pura demagogia y pensamiento políticamente correcto. Pero a pesar de tener razón en que el sistema de enseñanza es un vehículo de propaganda del poder, toda enseñanza intenta justificar, por medio del adoctrinamiento, el estado social vigente. Y el nuestro, por mucha democracia que tengamos, que no es tanta, no iba a ser menos, me equivocaba con respecto a Platón. De ninguna manera se va a hacer desaparecer la enseñanza de Platón. Se edulcoran sus críticas a la democracia transmitiendo el adoctrinamiento de ese asunto de la ciudadanía. Pero, en definitiva, se defiende, de forma sublimizar y sin que la ciudadanía se dé cuenta el estado totalitario de Platón. Nuestras sociedades son una réplica del modelo del estado platónico, una vez aceptado lo que ya hemos defendido de que nuestras democracias son sistemas enmascarados de totalitarismo. La vuelta de tuerca que yo quería dar es ésta precisamente. El gobierno de Platón es un gobierno elitista. Se proclama como una aristocracia. El gobierno de los mejores, en tanto que los mejores son los sabios. Los que poseen, como nos dice en la Carta VII, la filosofía verdadera. Pues bien, nuestras democracias, en tanto que oligarquías partitocráticas, son formas de elitismo. En realidad el poder está en manos de una élite, supuestamente los más sabios que son los que gobiernan el mundo y los que generan las ideas que rigen los destinos de la humanidad. Es una élite de “filósofos”, sabios o expertos, como les queramos llamar, que generan el pensamiento que nosotros, la ciudadanía, asume, como el único posible. Por eso los ciudadanos estamos dentro de la caverna, bien contentos y felices. Y en el interior de esa caverna se simula un pensamiento democrático. La apariencia es la democracia, la realidad es el totalitarismo. Pero es que, además, las ideas que genera este poder elitista, en manos de unos pocos apoyados por el poder económico, está poniendo en peligro la civilización humana. Como esta élite que nos gobierna ha generado un pensamiento único en torno al sistema de producción existente, la inmensa mayoría de la ciudadanía lo acepta como obvio. Y, por su parte, los disidentes no tienen credibilidad porque no tienen acceso a los medios de comunicación y cuando llegan sus mensajes son tergiversados. Y, por otro lado, los disidentes no pueden acceder al poder. Y el poder de la élite es el que crea el orden social establecido; que, como hemos dicho, es una farsa. Me pregunto para terminar, ¿quién gobierna realmente, el presidente de los EEUU. o los lobbies con diferentes intereses económicos? La respuesta es clara, y el escepticismo y el pesimismo son asoladores. Igual que Platón intentaba que los gobernantes educasen al pueblo, al que se le considera menor de edad y debe ser dirigido, por medio de cierta literatura y cierto arte, de la misma manera ocurre en nuestras sociedades pseudodemocráticas. Los valores son transmitidos por los medios de comunicación y por la educación y ambos instrumentos están en manos del poder, de esta élite de expertos salvadores del mundo. Mi pregunta es si es posible un oden democrático, dado que el hombre es un ser tribal. Preferimos obedecer y permanecer tranquilos. Es lo de la paradoja de la libertad de Hume a la que ya hemos aludido.

 

 

                                   27 de enero de 2010

 

En torno a la sociabilidad humana y el pesimismo activista de Riechmann.

 

            Parto de la idea de que el hombre es sociable por naturaleza. Y me remito a lo estrictamente biológico, somos animales sociales igual que los monos y el resto de los simios que son nuestra familia más cercana. Ahora bien, hay muchas formas de entender la sociabilidad humana, por un lado, y, por otro, se ha intentado negar la sociabilidad humana y acentuar su carácter egoísta, para defender la ideología que subyace al capitalismo. Nos encontramos dos extremos. Por un lado tendríamos a Hobbes que defiende que el hombre es un lobo para el hombre y el carácter natural del egoísmo humano. Su contrato social sería la manera de, por medio de un poder absoluto, garantizar la sociabilidad del hombre y evitar la autodestrucción. Por otro lado, tenemos a Rousseau que defiende que el hombre es bueno por naturaleza, pero que la sociedad lo pervierte. La verdad es que, después de Freud, la teoría de la evolución, junto con la etología, me parece que la razón queda más de parte del primero que del segundo. Ahora bien, esto no implica que la derecha y el pensamiento económico vigente quieran encontrar un fundamento científico de su ideología capitalista. En primer lugar se equivocan, porque la sociabilidad del hombre es un hecho evolutivo y porque su idea de organización capitalista del mundo, la nueva economía, no es ciencia, sino ideología. Así que intentar apoyar esa ideología en una pretendida antropología es un error. A la ideología capitalista del crecimiento ilimitado le interesa defender la idea de que el hombre no es un ser social, que es un ser egoísta por naturaleza y que su forma natural de existencia es la competencia. La competencia, con su apoyo en el principio de la avidez natural, el egoísmo, es el fundamento sobre el que se apoyan las relaciones sociales. La sociabilidad humana estaría pues basada en la competencia y ésta vendría apoyada en el carácter egoísta del hombre. Y lo que se intenta justificar por medio de este pensamiento es que la forma de organizarse socialmente que se corresponde con nuestra propia naturaleza es el liberalismo económico. Todas las reglas se reducen a la libertad del mercado o la libre competencia y esto dará lugar a la autorregulación de la sociedad. Pues bien, esto es absolutamente falso. Ya hemos demostrado aquí que la economía de hoy en día se apoya en presupuestos epistemológicos erróneos y en un desajuste con el propio planeta tierra. La economía se apoya en una serie de ideas filosóficas erróneas. No es posible el crecimiento ilimitado en un planeta finito. La economía tiene que incorporar en su propia estructura teórica la entropía, que rige para todas las ciencias. La economía tiene que olvidar la ideología positivista según la cual, la ciencia es neutral. No, la ciencia está cargada de valores, y mucho más las ciencias sociales. El modelo que ha seguido la economía es el de la física, debe seguir el de la biología y la historia. Por otro lado, la economía no debe olvidar su origen como parte de la ciencia o filosofía moral. El principio es el hombre y el objetivo es el hombre. La matematización de la economía, la macroeconomía, ha intentado encubrir toda esta ideología. Refundar la economía es revisar todo esto. Pero en este caso nos toca hablar solo del aspecto antropológico.

 

            Como decía, la ideología capitalista intenta buscar una antropología que sirva como fundamento de su forma de entender la realidad social. Pero como he dicho su antropología, la del egoísmo y la competencia es una falsificación de las teorías biológicas y etológicas. Mi tesis es que no hay que elegir entre Hobbes y Rousseau, sino que la opción es Kant. Kant abre un camino en antropología (ética y filosofía política), igual que lo hace en la teoría del conocimiento que después la ciencia se encargará de rellenar con contenidos empíricos y sus teorías derivadas. En el caso de la antropología Kant nos dice que el hombre es un ser sociablemente insociable. Es decir, que en nuestra naturaleza está la sociabilidad y la insociabilidad. Y también Kant es un realista político cuando nos dice que no es mucho lo que se puede hacer con el fuste torcido de la humanidad. Es decir, nos quita de la cabeza el pensamiento utópico y los ideales de emancipación de la humanidad, así como esa supuesta bondad originaria del hombre, que si fuese cierta, la historia del hombre no habría sido la historia de barbarie que ha sido. Esto es como el problema del mal en la teodicea. Si dios es infinitamente bueno cómo es posible que exista el mal en el mundo. Pues lo mismo, si el hombre es bueno cómo ha producido esta sociedad y la historia que le precede. De ahí que Rousseau se invente esa historia de la desigualdad entre los hombres. Realmente la desigualdad entre los hombres existe porque el hombre es un ser que por naturaleza es desigual. Somos tribales y gregarios. En tanto que tribales aceptamos y luchamos por una jerarquía. En tanto que gregarios necesitamos de los otros para poder vivir. Nuestra vida se realiza y es posible en convivencia y cooperación. Y es aquí donde reside la crítica. Nuestra existencia es imposible sin la cooperación. En los mecanismos evolutivos no sólo existe la competencia, sino la simbiosis y la cooperación, como demostró Margulis, entre otras cosas, para demostrar el origen de las mitocondrias. Así que los economistas tergiversan la teoría de la evolución. Quizás lo que hagan es echar mano de la famosa teoría el gen egoísta de Dawkins. Yo soy defensor crítico de esta teoría, pero no veo la relación directa con la fundamentación antropológica del capitalismo a través de la competencia. La teoría del gen egoísta es una reducción de la evolución a la genética. En realidad los que evolucionan son los genes, y los individuos y grupos son las máquinas de supervivencia que estos utilizan para replicarse. Hasta ahí de acuerdo. Ahora bien, hay que explicar el fenómeno de la simbiosis y esto no se puede explicar desde el puro egoísmo que llevaría al organismo a la muerte, como ocurre en el fenómeno del parasitismo. Aquí, cuando muere el huésped, muere el parásito. La etología, para explicar los fenómenos de simbiosis y colaboración y altruismo ha echado mano de un concepto nuevo, el de altruismo recíproco. Hoy por ti, mañana por mi. No es posible la evolución sin la simbiosis, así que los genes han tenido que inventar el mecanismo de la cooperación para sobrevivir. Y en los animales altamente sociales como los primates y el hombre este altruismo garantiza la supervivencia de la especie, así como la de los genes. Porque si no sobrevive el grupo no sobreviven los genes. Por eso existe una línea de continuidad, como demuestra el etólogo y primatólogo Frans del Vaals entre los primates y el hombre. En los primeros observamos conductas altruistas que garantizan la supervivencia, en última instancia, del grupo. Pero este altruismo no es absolutamente desinteresado, es egoísta, en el sentido de que aporta un beneficio al individuo y al grupo. Y esto nos lleva a pensar que el origen del comportamiento moral del hombre se encuentra en este concepto etológico del altruismo recíproco, y que existe una línea de continuidad entre el animal y el hombre. Y también esto nos lleva a pensar que el valor de la cooperación ha sido en la historia natural del hombre, y lo sigue siendo, indispensable para la supervivencia. Lo contrario, la idea del egoísmo y la competencia, nos lleva al exterminio. Y estamos, precisamente, a costa de esta ideología, en un momento crítico. Debemos recuperar el concepto de cooperación para la economía. Debemos recuperar la ética para la política y que esta última gobierne a la economía, y no a la inversa. En definitiva, debemos humanizar la economía.

 

            Y esto me lleva a mi última reflexión a raíz de la lectura de la última obra de Riechmann sobre el problema ecológico, La habitación de Pascal. Su actitud es la del pesimista activista. Todo está en contra, pero hay que seguir luchando. Creo que hemos topado ya con los límites del crecimiento, que estamos viviendo a costa de los intereses, pero ya no por mucho tiempo. Participo de ese pesimismo de Riechmann, en tanto que participo de la idea kantiana del fuste torcido de la humanidad. Pero lo último que nos queda es la esperanza. Una esperanza limitada, por su puesto, que no alimenta ningún tipo de ideología emancipatoria de la humanidad. Esperanza que sólo alberga el hecho de que el hombre sea capaz de entender que vive en un planeta finito y que la felicidad no está en el crecimiento económico ilimitado alimentado por el consumo desenfrenado. Que la felicidad está en el ser, no en el tener. Pero, ¿seremos capaces de hacer entender esto a los poderosos?, ¿el desarrollo tecnocientífico nos traerá soluciones, por su puesto que nunca mágicas, como sugieren los transhumanistas, o aumentará nuestros problemas? ¿Y si el final está ya en marcha, que ya no hay vuelta atrás como sugiere Lovelock, el creador de la teoría Gaia? Todavía nos quedaría luchar porque los que queden, quinientos millones, mil millones, salvaguarden el legado ético, científico y artístico de la humanidad. Nos queda luchar contra el fanatismo y la barbarie. Pero creo que el peor enemigo es la propia naturaleza humana, nuestra pereza y cobardía es la que ha permitido que una élite instruida y poderosa económicamente se haya hecho con el poder y controle el pensamiento y la acción de los ciudadanos. Hay que estar ahí, al menos denunciando y desenmascarando. No hay que descartar fenómenos accidentales que puedan ser un golpe de suerte para la humanidad. Lo que sí está claro es que nuestro modo de vida es algo que se acaba. Hay  que ir poniendo las bases del decrecimiento.

 

 

21 de enero de 2010

 

            Nihilismo y fascismo en el siglo XXI. Reflexiones a propósito del libro de Jorge Riechmann La habitación de Pascal

 

            Ya hemos descrito en algunas ocasiones que la situación en la que nos estamos adentrando por diversos motivos que hemos analizados y que volveremos a señalar es la del nihilismo. El hombre, la humanidad ha perdido el norte, el sentido. Vive ensimismada en sus propios placeres y preocupaciones, sin ser capaz de mirar al otro y sin ser capaz, por tanto, de trascenderse y pensar en términos de humanidad y globalidad. El problema es que este nihilismo, este vacío, es el caldo de cultivo perfecto para la aparición de los fascismos o, al menos, los totalitarismos. Es más, si nuestras democracias son, en parte, totalitarismos encubiertos es debido precisamente a este nihilismo de la civilización occidental. Y como hemos dicho muchas veces hemos de aprender de la historia. Esta situación, similar, se nos presentó en el primer tercio del siglo XX y a ello le sucedió la segunda guerra mundial con la emergencia de los diferentes totalitarismos. La cosa es para pensarla, máxime, cuando nuestra situación es más crítica, puesto que nos estamos enfrentando a una crisis ecosocial Terminal, en la que los recursos energéticos se agotan y pueden desatarse tremendas guerras por su control.

 

            En primer lugar hay que vigilar el discurso tecnolatra. Esto es, aquellos que nos vienen a decir que la tecnología resolverá todos los problemas. Estos señores creen en el imperativo tecnológico asociado a la idea optimista del progreso imparable de la humanidad. Y relacionan causalmente el progreso tecnocientífico con el progreso humano. Ya hemos rebatido y refutado estas opiniones en este escrito. La visión del imperativo categórico es una visión determinista de la historia que deja sin lugar a la libertad humana. Por tanto, es una instrumentalización del hombre por medio de la técnica. En definitiva, éste es un discurso interesado, es ideología. Lo que se pretende es anular al hombre para poder controlarlo. Engañarlo con la tecnología. Por otro lado, este discurso se apoya en la creencia ciega en la idea del progreso. Pero, como ya hemos dicho, la idea de progreso es una secularización de la concepción cristiana de la historia como historia de la salvación del hombre. En definitiva, un mito. El progreso no está garantizado, ni viene determinado, sólo, por el desarrollo industrial y tecnicocientífico. Esta ideología vuelve a instrumentalizar al hombre. Y esta instrumentalización es una anulación de la dignidad humana. Y, por eso de aquí se sigue una actitud nihilista. Si todo está determinado, si todo está en manos de la economía y el desarrollo tecnocientífico, poco podemos hacer, sino dejarnos llevar. Pero claro, este discurso es un engaño y un autoengaño. Es un engaño porque el progreso económico no puede ser ilimitado en un planeta limitado. Se nos está engañando por parte del poder. Es necesario un cambio en el sistema de producción. Es imprescindible eliminar la idea capitalista del crecimiento ilimitado, puesto que ya hemos chocado con los límites del planeta. El crecimiento depende de los recursos energéticos y estos son limitados. No podemos seguir creciendo porque los recursos se agotan. Y esta situación, en nombre del mantenimiento de nuestro estado de sociedad de consumo, nos puede llevar a guerras insospechadas en las que se extermine a gran parte de la humanidad. Pero en nombre de la seguridad se pueden abolir las garantías democráticas como, por otra parte, ya se viene haciendo, y el nihilismo de los ciudadanos acepta. El peligro de la emergencia de un totalitarismo es grande puesto que estamos llegando al límite. Ya lo estamos viendo en las políticas de inmigración en Europa y los EEUU. Son pequeños pasos que nos pueden llevar a un final tremendo. La lucha por los recursos que mantengan a las civilizaciones que se agotan ha sido una constante en la historia. Y de esta lucha por la supervivencia ha surgido el exterminio del otro, del diferente, del pobre, del inmigrante, del de otra religión. Todo esto han sido las ideologías en las que nos hemos basado para exterminarlos. Los colapsos civilizatorios, que siempre han sido por razones ecológicas, agotamiento de recurso, han generado genocidio y exterminio. Pero la situación es más grave en nuestro sistema globalizado. Nuestra crisis civilizatoria es una crisis global. Estamos en un mundo lleno en el que no cabemos todos si queremos llevar el nivel de vida de los países desarrollados. Por tanto, la lucha puede ser general. Y, si a esto le añadimos los efectos del cambio climático, entonces la civilización humana, como la conocemos, no llegará a final de siglo. Por otro lado, decía que nos autoengañamos. Nos creemos, debido a nuestra vida cómoda en la que nuestros deseos son satisfechos y no somos conscientes de la energía necesaria para mantenerlos, que esto durará siempre. Y aceptamos casi inconscientemente el discurso tecnófilo. El dios de la tecnología remediará los problemas. Esto es un error. Mi tesis es que el desarrollo económico y tecnocientífico debe estar regulado por la ética. Y ésta debe estar dirigida por los políticos. Ésta es la situación actual. Si no la aceptamos vamos encaminados a los totalitarismos y al caos civilizatorio. Debemos salir de nuestro nihilismo y recuperar el discurso ético de la ilustración. Recuperar la dignidad humana. Los principios universales de la ética. Los derechos humanos y las garantías democráticas deben ser la guía de la globalización. Y a esto hay que añadir el abandono de la ideología del crecimiento ilimitado, porque el crecimiento, simplemente, mata. Hay que optar por un cambio de paradigma y pasar a una política económica de decrecimiento que debe apoyarse en una ética de los límites humanos y de la autocontención. Una ética, no antropocéntrica, sino ecocéntrica. Todos somos miembros de la biosfera y no podemos sobrevivir sin ella. Hemos de encontrar el equilibrio y nuestro límite. Esto no significa un abandono de la tecnociencia, sino que ésta viene regulada por la política y no por la economía. Y, a su vez, la política se rige por principios éticos universales. Ésta es la cuestión.

 

            También el nihilismo de nuestra civilización occidental encuentra su apoyo en la actitud de los ciudadanos con respecto a la democracia. El desencanto es generalizado. Las democracias se han convertido en sistemas partitocráticos oligárquicos, en los que el ciudadano tiene, poco o nada, que decir. El sistema alimenta a los ciudadanos con caprichos, pone en marcha la máquina del deseo y así fomenta el consumo para automantenerse y, de paso, anular la capacidad crítica del ciudadano. El ciudadano deja de ser tal y se convierte en un servidor del sistema. Sin conciencia de que está cavando su propia sepultura. El engaño del poder es hacerle creer que vive en una sociedad libre, cuando realmente obedece sumiso al sistema y, encima, alegremente. De esta forma los ciudadanos pierden conciencia de clase y por tanto capacidad de acción. Este ciudadano sólo es capaz de mirar para sí mismo. Luego, por su parte, el poder se encarga de fomentar el miedo, que es la mejor emoción –utilizado por todos los sistemas totalitarios y las religiones- para controlar al posible disidente. Y ésta es la situación de nihilismo en la que nos encontramos. El hombre vive el instante, despreocupado del otro y del futuro. Vive con miedo de perder lo que tiene. Y esta situación nihilista es la que hace que las democracias se conviertan en formas de gobierno totalitario. Todo esto nos hace pensar que la amenaza de totalitarismos en el siglo XXI son más que posibles. Como digo, el progreso de la humanidad no es algo inevitable. Regresiones en la historia ha habido muchas. La existencia de las democracias y de los derechos humanos no garantizan su perpetuidad. La democracia y los derechos humanos son una tarea, están siempre en construcción. La actitud nihilista, el nihilismo posmoderno de occidente, provocado interesadamente por el poder, puede ser el inicio del fin de esas dos conquistas éticas de la humanidad. Por eso digo, que el proyecto de la ilustración es un proyecto inacabado. La tarea de la ilustración es la de la liberación del hombre de la ignorancia y el engaño. Y esto lo hará libre. Desde la ilustración estamos inmersos en un gran proyecto ético vehiculado por las democracias institucionales y los derechos humanos. Con la crisis ecológica hemos dado un paso más. La ética no puede ser antropocéntrica, sino ecocéntrica. Es decir, debemos integrar nuestra praxis en el sistema ecológico. Y, en segundo lugar, nuestra ética debe basarse en el principio de responsabilidad de Jonas, que contempla los efectos de nuestras acciones en las sociedades y generaciones del futuro.

 

                        19 de enero de 2010

 

            Respuesta al artículo del 19 de enero de 2010 de Francisco Bustelo en El País.

 

            Me alegra esa actitud optimista que el profesor emérito de historia económica y rector honorífico tiene sobre la humanidad. Pero siento ser más pesimista. Efectivamente que él mantiene que hay un progreso en la historia de la humanidad. Aunque, si bien, este progreso es lento, diferente en cada época, hace zigzas, e, incluso, retrocede. Pero en el fondo hay progreso. Por su puesto que estoy en ello de acuerdo con él. Pero lo que creo es que de su artículo se desprende una idea de progreso infundada, y que además se enlaza o relaciona con el progreso económico. Y éste, a su vez, con el crecimiento. Y aquí ya no estamos, de ninguna manera, de acuerdo. El progreso económico al relacionarse con la idea de crecimiento ilimitado es erróneo. Ya estamos viviendo de los intereses. Y son falso los datos que nos da. Hoy en día hay más pobreza, absoluta y relativa. Y el modelo de crecimiento de la humanidad, tomando como ejemplo los países desarrollados es insostenible e inviable para la humanidad. Hay un límite al crecimiento que Bustelo no contempla. Hoy en día, quizás crecer, sea decrecer. Es necesario otro modelo de vida, otro paradigma, que no es el economicista, sino el ético. Por su puesto que los avances científicos y técnicos ayudan. Pero no se puede caer en el mito de Proteo. El progreso científico-técnico, no tiene nada que ver, ni asegura, el progreso ético político. Pensar esto es vivir en un  engaño. Estamos siendo engañados intencionadamente. La crisis de la que se nos dice que estamos saliendo es una crisis Terminal. Hemos tropezado con los límites. La tecnología no es la solución, sino la ética. Decir que hemos salido de la crisis y seguir manteniendo el mismo modelo de crecimiento es, simplemente, engañar a la humanidad. Son necesarios modelos alternativos de organización socioeconómica. Y la política aquí juega un papel importante. Pero los políticos están bailando al son del poder económico. Sacan a los grandes de la crisis, nos hablan de refundación del capitalismo, pero cuando se ve un breve despunte de la economía vuelven a caer en el discurso del pensamiento único. No podemos creer a estos señores. Es necesario una revitalizacion de la vida política para volver a recuperar la ejemplaridad pública, la virtud. La clase política, en última instancia fruto del voto de los ciudadanos, por esto debemos de ser conscientes de nuestra responsabilidad, está corrupta. No tienen ni ideas ni ideologías, luchan por el poder. No hay diferencias en su pensamiento de fondo. Esto unido a la corrupción hace que la ciudadanía se desencante. Es mucho lo que hay que regenerar. Yo también tengo esperanza en el progreso. Hemos pasado de sociedades esclavista a estados de derechos, muy imperfectos, eso sí, pero preferibles a lo anterior. Pero no creo en el progreso, eso es un mito. Tengo esperanza en que la humanidad encuentre la salida al callejón en el que nos encontramos acorralados. Pero es necesario un cambio radical. Decir que vamos por el buen camino, manteniendo la ideología del economicismo es un engaño, una farsa. Los plazos son cada vez menores. El problema no es un problema de medioambiente. Es un problema social y humano. Es el problema de la supervivencia del hombre. Nuevas teoría, que ya existen, nuevas ideas y nuevas actitudes. Y, sobre todo, regeneración de la clase política.

 

 

                        18 de enero de 2010

 

            Estimado Alberto tienes mucha razón en lo que dices. Realmente existen brechas en este sistema totalitario en el que vivimos que se hace pasar por democracia. Una de las brechas la ha abierto ejemplarmente la plataforma ciudadana de Villafranca y la agrupación de electores. Para empezar han sido capaz de paralizar un proyecto absurdo y sinsentido, salvo para los que tienen intereses de todas clases. Sin esta oposición libre y ejemplar este proyecto estaría funcionando saltándose toda la legislación como han seguido intentándolo. Pero es que además este movimiento se ha cuestionado la veracidad y autenticidad de la democracia en la que vivimos. Y esto es muy importante porque supone una regeneración de la vida pública absolutamente necesaria si queremos recuperar nuestra dignidad y libertad.

Y otra cosa quería señalar. Las afirmaciones del poder de Villafranca considerando el acto del día 16 un acto político, o un acto que no es cultura, no tienen nombre. Salvo el hecho de que los que lo han dicho utilizan el poder y el engaño del lenguaje para convencer a sus feligreses y demonizar a los ciudadanos libres y que se atreven a disentir de los políticamente correcto. Lo del sábado fue una jornada intelectual, de reflexión, análisis, crítica, debate, propuestas sobre ética, manipulación, periodismo, democracia y alternativas, peligro del pensamiento único, etc. Una jornada activista en el sentido de que todo pensamiento busca como último fin la acción. Y lo que todos teníamos en mente es la regeneración de la democracia y la búsqueda de caminos hacia la libertad a través de un discurso crítico contra los que ostentan las diversas formas de poder. Ahora bien, también se le puede considerar un acto político. Pero en el sentido griego de la palabra política. Los que allí estábamos nos preocupamos por la polis, por la ciudad, por el asunto público o, en griego, político. Todos somos políticos, habitantes de la polis, la ciudad. Y nos preocupamos por el bien de la misma. Ése es el compromiso político del pensamiento.

Y en cuanto a aquello de que lo que allí se estaba haciendo y se hizo no es cultura, pues que vengan ellos a decirme a mi qué es cultura. ¿La propaganda institucional que utiliza el poder para mantener las cosas donde siempre y alimentar a unos cuantos psudointelectuales y artistas orgánicos? Venga ya, estos señores han perdido el norte. No tienen ni ideas, ni ideologías. Sólo tienen el poder y la desvergüenza de abusar del mismo, cuando el poder emerge del pueblo. Ellos engañan al pueblo, lo utilizan, lo instrumentalizan. Lo hacen, en definitiva, esclavo. Hay que pensar contra el poder, y eso es cultura, porque es cultivo del espíritu, búsqueda de justicia y libertad.

 

 

                                   15 de enero de 2010

 

Medios de comunicación y la transformación-creación de la realidad. La democracia en cuestión.

 

            Mi tesis es que las democracias neoliberales que vivimos hoy en día son una forma de totalitarismo encubierto que viene mediatizado pro los medios de comunicación. Un poder en manos de otros poderes: el político y el económico. Sostengo que la democracia en la que vivimos hoy en día, a pesar de ser mejor que las formas de totalitarismos clásicas, siguen siendo totalitarismos. Que en realidad no es el pueblo el que gobierna y que existe una clase, una élite, político-económica, que es la que lleva las riendas de la sociedad. Y sostengo que esto es posible en la medida en que los medios de comunicación son un sistema de control de las conciencias. Cuando decimos que son un sistema de control de las conciencias, nos referimos a que son los creadores de nuestros sentimientos, emociones y pensamientos. Y tras todo eso viene la acción. Pensamos y sentimos como los poderosos quieren que pensemos y sintamos. Pero no hay que olvidar que una forma de pensar y de sentir es una forma de actuar. El pensamiento y el sentimiento generan una actitud y ésta, a su vez, produce una acción. Somos replicantes de un mismo pensamiento único que no es fruto de nuestra reflexión, sino de la propaganda que las diferentes formas de poder utilizan para controlar nuestras conciencias. La defensa de esta tesis es muy fácil dentro de los sistemas totalitarios, ahora bien, se hace un poco compleja cuando analizamos las democracias liberales que se asientan precisamente sobre los ideales de la igualdad, la libertad, el sufragio universal, la diversidad de partidos, el pluralismo ideológico, etc. bien, pues esto es lo que quiero demostrar.

 

            En los sistemas totalitarios las formas de control están asociadas al uso de la violencia. Por supuesto que el estado utiliza la propaganda política y el sistema de educación para crear una conciencia. Pero en última instancia, el disidente es eliminado por la fuerza. Para que un estado totalitario se mantenga es necesario que exista un pensamiento, una ideología que fundamente y dé cohesión al estado. Y ahí va encaminado el esfuerzo de las campañas de propagandas de los estado totalitarios. Los ejemplos al respecto del pasado siglo son claros: el nazismo, el estalinismo, y más cercano a nosotros el franquismo. Y para ello los gobiernos totalitarios utilizaron, además de la fuerza, como hemos dicho, eliminación del disidente, los medios de comunicación de masas. El poder tiene el poder absoluto sobre los medios de comunicación y diseña los planes de educación. La educación se convierte entonces también en propaganda. Manipulación de las conciencias. La manipulación y la propaganda son los modos por los que el poder hace que “el pueblo” piense como quiere que pensemos.

 

            En teoría la democracia, como sociedad abierta y plural nos pondría en guardia con respecto al control de las conciencias por los medios de comunicación y por la enseñanza. Pero nada más lejos de la verdad. La diferencia, en principio, entre las democracias y las dictaduras es que las primeras no se basan en la fuerza. Y ello conlleva que no hay una eliminación física del disidente. El disidente, el que piensa de otra manera, el que propone una forma alternativa de organización social, ése, simplemente, es condenado al ostracismo comunicativo. Desaparece de los medios de comunicación. Y aquí está el tema, si no apareces en los medios de comunicación no existes y así se conforma el pensamiento único. Sólo lo políticamente correcto tiene salida en los medios de comunicación. Recuerden ustedes una cosa. Cuando surgió la crisis económica, que todos hemos pagado con nuestro dinero y otros seguirán pagando con sus vidas desgraciadas en el paro, al borde mismo de la miseria, se habló mucho de la refundación de capitalismo, de que era necesario un modelo de producción alternativo al capitalismo, de que el crecimiento ilimitado es imposible, etc. Se echó mano de viejas teorías económicas como modelos alternativos para paliar la crisis. Hoy, cuando el poder político-económico anuncia que hay un repunte de la economía, probablemente aparente porque el modelo neoliberal del crecimiento ilimitado se ha agotado, todo lo anterior se ha olvidado. En los medios de comunicación de masas esto se ha olvidado, no se ha vuelto a plantear. Hemos vuelto al pensamiento único neoliberal, a pensar que esto ha sido una crisis cíclica más del crecimiento económico. El pensamiento alternativo ha desaparecido y ha sido condenado al ostracismo informativo. E, insisto, lo que no aparece en los medios de comunicación no existe para la inmensa mayoría de la ciudadanía. Y eso es lo que le interesa al poder político-económico. Y esto lo consigue por medio de la manipulación a través de los medios de comunicación. El poder utiliza a estos como un sistema de propaganda para transformar nuestras conciencias. En definitiva, para eliminar la capacidad de pensar. Porque la propaganda habla a las emociones, no a la razón. El discurso alternativo queda relegado a unos pocos intelectuales y activistas que si acaso aparecen en los medios, los primeros son considerados como una rara avis o un sabio loco y gracioso y, los segundos, son identificados como antisistemas o, incluso, terroristas. Gente, en definitiva, peligrosa. Antes decía, y no quiero olvidarlo, que los sistemas totalitarios utilizan la violencia contra el disidente. La legitimidad última del poder es el engaño, la manipulación por medio de la propaganda y, en última instancia, la fuerza. Decía que las democracias se convierten en sistemas totalitarios a través de la manipulación, la propaganda y el engaño haciéndose con el poder de los medios de comunicación que son los medios de creación de la realidad que se nos quiere presentar. Pero, el asunto de la fuerza no es del todo así. Vamos a ver, la legitimidad de la supuesta bondad de nuestro sistema democrático neoliberal se apoya en el engaño del que después desenmascaremos los mecanismos principales que lo hacen posible. Pero esta supuesta situación de bienestar se apoya en la miseria del resto de la humanidad. Mientras que se nos dice que sólo existe un sistema económico y social de producción, la mitad de la población mundial pasa hambre y 1.200 millones mueren por esta causa. Cuarenta mil niños al día. Todo por la defensa de una idea, la del crecimiento ilimitado y de un modo de vida: el liberal-individualista consumista. Se nos ha convencido, se nos ha hecho pensar a través de los medio de comunicación que sólo existe una única forma de pensar, la democracia neoliberal. Los medios de comunicación a través de los anuncios, los noticiarios, las películas, las series, los programas del corazón y los programas basura nos transmiten una serie de valores que se nos ofrecen como los únicos existentes. Hay que tener en cuenta que los valores se aprenden miméticamente, no pasan por el tribunal de la razón. Y cuando sólo se nos exponen una serie de valores, como es el caso en los medios de comunicación, no hay posibilidad de comparación y reflexión, sólo de imitación. Nuestro sistema, a través de los medios de comunicación nos clona intelectual y afectivamente. Es decir, que los medios de comunicación, todos ellos en manos del poder político económico, de la partitocracia oligárquica en la que vivimos, nos convierte en vasallos. Esto quiere decir que esta supuesta democracia socava el valor máximo de la misma, la libertad. Pero la perfección ha llegado a su cenit. Precisamente se nos convierte en esclavos haciéndosenos pensar que somos libres. Nosotros no tomamos ninguna decisión. Sigue existiendo, a pesar y enmascarando la democracia, una élite que nos gobierna. Y esa élite, como todas es la que tiene el poder económico, la riqueza. Lo mismo que no hay libertad, que es un engaño, una máscara, no hay igualdad. La riqueza se distribuye entre unos pocos. Al resto se les deja las migajas para que puedan sobrevivir y entretenerse, además de trabajar durante ocho horas al día para pagar la hipoteca de la casa a lo largo de toda tu vida. Es decir, que el sistema nos mantiene esclavizados desde el punto de vista del pensamiento y el sentimiento y, también, económicamente. Se nos explota laboralmente para que no pensemos. Se nos ofrece un sueldo que nos permite sobrevivir y consumir, pan y circo, que ya lo inventaron los dictadores romanos. Y se nos esclaviza económicamente por medio de las hipotecas. Y, ahora, a ver quién es el listo que protesta y exige mejoras laborales cuando tiene la espada de Damocles del despido encima de su cabeza y una hipoteca que pagar y unos hijos que alimentar. Vaya farsa, vaya mentira. Estamos todos embaucados y, encima, produciendo el mal de la mitad de la humanidad. El crecimiento económico mata. La idea del crecimiento económico, que los medios de comunicación nos han imbuido, y con la cual comulgamos obedientes y sumisos, mata. Nosotros somos esclavos e ignorantes y, en tanto que tales, participamos de este mal. Nuestro deber es tomar conciencia de ello y evitarlo. El sistema se autoreplica. El sistema económico es el mismo ya sea para la derecha o para la izquierda. Los dos son replicantes del pensamiento único: la libertad absoluta del mercado, la sociedad del consumo y la democracia neoliberal. Éste es el pensamiento y la ideología que emana de los medios de comunicación. Porque estos medios de comunicación tienen dueño y son el poder económico y político. Esto está claro, puede haber muchos canales de televisión y de radio, pero todos trasmiten los mismos valores. Las diferencias son epidérmicas, no son de ideología, ni mucho menos de pensamiento, todos tiene el mismo. Si no que son estrictamente de poder. Los medios de comunicación que pertenecen al poder ejecutivo arremeten contra los de la oposición y a la inversa. Pero no hay discusión de ideas. Hay espectáculo político para distraer a la ciudadanía de las cosas importantes. En realidad, no se habla para nada de la cosa pública. Los medios de comunicación en manos de los partidos sirven para la lucha con el fin de alcanzar las máximas cotas de poder, y nada más. Todas las cadenas, todos los canales, transmiten, en lo esencial el mismo pensamiento único acompañado por los mismos valores.

 

            Pero, ¿cómo funcionan los medios de comunicación como medios de propaganda y manipulación? Pues bien, los medios de comunicación transforman y recrean la realidad. La realidad, separada de nuestro conocimiento de ella, no existe. La realidad viene constituida por el acto del conocimiento. Es decir, que en cierta medida, la realidad es construida o recreada. Por su puesto, no a partir de la nada sino de los hechos. Pero los hechos puros no existen. Todo hecho es interpretado a la luz de una teoría  de un sistema de valores. Esto vale para las ciencias de la naturaleza, mucho más para las sociales. Los acontecimientos sociales son siempre interpretables a la luz de valores e ideologías. Además, todo conocimiento viene mediatizado por el lenguaje. La realidad la vivimos a través del lenguaje. Éste es el vehículo de los pensamientos y de los sentimientos. Sentimos y pensamos a través de las palabras. Decía el filósofo Wittgenstein, aunque en otro contexto, que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Efectivamente, mi mundo conocido y sentido, viene creado por el lenguaje que es el vehículo, como decíamos, del pensar y del sentir. Pues bien, esto, sumado a la naturaleza emocional, más que racional del hombre y los descubrimientos que la psicología social ha hecho al respecto, son la base de los diferentes instrumentos que utiliza el poder a través de los medios de comunicación para producir una realidad. La realidad que todos asumimos y aceptamos porque es la única que se nos ofrece. No hay forma de escapar porque desconocemos otra realidad. Aceptamos la realidad que se nos ofrece porque es la que se nos ofrece. Y es incuestionable en tanto que vivimos, pensamos y existimos en ella. No concebimos la existencia fuera de esa realidad, porque no podemos, ni siquiera pensar ni sentir más allá de nuestro lenguaje que es el que nos ha venido dado por los medios de comunicación. De esta manera nuestra ignorancia se convierte en nuestra forma de esclavitud y en nuestra connivencia con el poder.

 

            Las tácticas para crear una realidad, es decir, manipular nuestra conciencia, tácticas de propaganda del poder, dicho sea de paso, se pueden dividir en tres grupos. Luego habría múltiples técnicas que serían objeto del estudio del teórico de la comunicación. En primer lugar, los mensajes de los medios de comunicación van dirigidos a las emociones. De lo que se trata es de bloquear el pensamiento. Los anuncios publicitarios, las series, los programas del corazón y demás basura producen emociones y a través de esas emociones adquirimos los valores. Pero claro, las emociones son respuestas automáticas de nuestra psique que, a menos que tengamos tiempo, no dominamos. Los medios de comunicación eliminan ese tiempo. Los telediarios no nos permiten pensar, las series de noticias es rápida y basada fundamentalmente en las imágenes, las cuales tampoco nos permiten pensar, sino sentir. Para pensar es necesario la reflexión y el tiempo. Claro, por su puesto, tanto las noticias como los valores que se nos presentan son los elegidos por el poder, pero de tal manera que no haya lugar para la reflexión. Se nos ofrecen unos valores determinados a partir de unas emociones y se nos cautiva a partir de ellos. Éste es el primer paso para la construcción de una realidad que es la que al poder, no olvidemos que el poder es la oligarquía, le interesa.

 

            El segundo paso es fundamental. Es el del lenguaje. Los poderosos son los que crean el lenguaje que se nos vierte después por los medios de comunicación. Y, como hemos dicho antes, el lenguaje es el que crea la realidad. Pensamos la realidad por medio del lenguaje. Éste es el gran descubrimiento de Orwell: el control del pensamiento a partir del control del lenguaje. Si controlamos las palabras controlamos el pensamiento. No hay que olvidar que el pensamiento produce una actitud y ésta genera una acción. Así si controlamos las palabras controlamos la acción. Es decir, si controlamos el lenguaje esclavizamos al hombre. Tenemos muchos ejemplos asumidos por la ciudadanía en general y muchos otros de los que no somos ni conscientes. Por ejemplo al activista se le asocia con el que produce desorden público, incluso terrorista. (Recordar aquí lo ocurrido con los militantes ecologistas en Copenhague). Al asesinato de civiles de forma deliberada se lo consideran daños colaterales (expresión absolutamente vacía y objetiva que dehumaniza al hombre). A la invasión de un país para controlar su fuentes de riqueza se le llama Libertad duradera. Al exterminio de un millón de iraquíes en la invasión de un país se le llama liberación. La guerra y el exterminio se convierten así en una liberación del pueblo iraquí. Al exterminio por medio de la guerra se le llama, en palabras de Buhs: hacemos la guerra por la consecución de la paz. Toda actividad violenta llevada a cabo por el poder es enmascarada por los nombres de libertad y justicia. En cambio, toda acción disidente, que ponga en cuestión el sistema, es considerada terrorismo. Se identifica con el mal.

 

            El tercer mecanismo de control de nuestro pensamiento y voluntad está relacionado con las emociones y se refiere al uso del miedo. El miedo ha sido la forma de control utilizada por todos los poderes totalitarios y por las religiones. El miedo atenaza la voluntad, nos impide actuar y nos impele a obedecer y a ponernos en manos del poderoso que nos ofrece la salvación. La inseguridad, la sociedad del riesgo, la sociedad del conocimiento que exige nuestro continuo reciclaje, sino queremos perder nuestra situación laboral. Todo ello se utilizan como amenazas para que obedezcamos y aceptemos las medidas dictatoriales del poder renunciando a nuestra libertad. Y este miedo se nos transmite desde los medios de comunicación. Hay que tener en cuenta que los medios de comunicación, excepto Internet, en parte, son unidireccionales. Nosotros somos solo receptores, somos pasivos. No podemos actuar. Además, bien se encarga el poder, por medio del control mediático, de que seamos incapaces, porque la realidad es la que se nos ha ofrecido. Pero si osamos a actuar, se nos amenaza con el miedo: la inseguridad ciudadana, el terrorismo internacional, el fin del estado del bienestar, en fin…Y un ciudadano amedrentado es un ciudadano sumiso. Si nos queda un atisbo de inconformismo se nos arrebata por medio del miedo. Este mecanismo de control por medio del miedo se basa en el conocimiento de la naturaleza humana. El hombre es un ser temeroso, inseguro, lleno de ansiedades, que renuncia a su libertad por la seguridad y un plato de lentejas.

 

            Por último, y complementando estos tres mecanismos en los que se basa el poder al utilizar los medios de comunicación para adoctrinar y eliminar el pensamiento, hay que hablar también de la educación. Ésta está siempre en manos del poder. Es difícil, sino imposible, distinguir entre educación y propaganda. La educación es el vehículo de transmisión que utiliza el poder para transmitir su ideología. La educación transmite valores y conocimientos nos muestra la realidad que al poder le interesa y nos forma para lo que el poder cree que debemos existir, que no es más que para mantener el status quo. Y éste es el de la legitimación del orden social establecido. Por eso en nuestra sociedad el objetivo fundamental de la educación no es el de la libertad, por mucha educación para la ciudadanía, sino el de la adaptabilidad a la sociedad cambiante en la que vivimos: la sociedad de las nuevas tecnologías y del conocimiento.

 

            De un modo telegráfico planteo las posibles salidas. En primer lugar, una regeneración de la educación que potencia la excelencia y la virtud, además de la capacidad reflexiva y crítica. Una educación que prepare para el pensamiento, la crítica y la libertad, además de para el ejercicio profesional. En segundo lugar la regeneración de los medios de comunicación que elimine las cotas de poder político en ellos y del gran poder económico, así como la potenciación de la prensa participativa, blogs, etc. regeneración de la democracia a partir de la virtud pública y la eliminación de la élite política, así como la consecución de una sociedad cosmopolita de repúblicas libres. Todos estos puntos han sido desarrollados en otros lugares. Quede aquí como un breve apunte.

                        14 de enero de 2010

 

            Acabo de leer un trabajo de investigación de Esteban Mira en el que se hace un estudio comparativo entre la asignatura de FEN y la de Eduacación para la ciudadanía. El autor hace una defensa de ésta última y desmonta las críticas que se le han hecho con gran capacidad argumentativa y profusión de información. Estoy en lo esencial de acuerdo con el autor y comparto su crítica a la postura de la iglesia e incluso la necesidad de esta asignatura por la pérdida de valores en la sociedad en la que vivimos y por el papel disminuido de los padres en la educación de los hijos. Considero que la enseñanza debe instruir y educar. Y creo que la gran diferencia, por eso la comparación no se sostiene entre FEN y EPC, es que la primera pertenece a un sistema totalitario; es decir, a una sociedad cerrada, y el segundo a una sociedad abierta. La diferencia entre uno y otro es la de la intolerancia y el fanatismo, frente a la tolerancia y el diálogo. En lo que no estoy de acuerdo es con la praxis. Una asignatura de este estilo, y con los problemas de plantilla del profesorado, se convierte en una maría. Tampoco estoy de acuerdo con ese cambio de nombre de la ética de 4º y la filosofía de 1º. Ahora llamadas, ética y ciudadanía y filosofía y ciudadanía. Cambiaría ciudadanía por filosofía o teoría política. Política viene de polis y ciudadanía de civitas; es decir, que deberíamos recuperar el término de política. Lo que sucede es que la política hoy en día está absolutamente desprestigiada. Se ha convertido en una clase profesional. La política es el asunto de la polis. Esto es la preocupación por lo público. Yo considero que el aspecto de la educación para la ciudadanía tendría que tener una doble dimensión. En primer lugar la de la reflexión, en la que se le mostrase al alumno la tarea histórica y filosófica para llegar al tipo de sociedades democráticas y plurales en las que vivimos. Esto, por un lado. Por otro lado, una reflexión crítica sobre las deficiencias de nuestro sistema democrático y la posibilidad de mejorarlo y cambiarlo. En segundo lugar, de esta reflexión teórica tiene que surgir una actitud del alumno doble. Primero, el respeto e interiorización de los valores de la democracia, el pluralismo y los derechos humanos y, segundo, su compromiso ético-político para que se lleven a cabo. Y esto último requiere una educación de la virtud. Y ha sido esta lectura y estas reflexiones las que me llevan a recordar que tenía pendiente unas reflexiones sobre la educación y la democracia actual.

 

            ¿Qué es lo que caracteriza a la democracia actual? Creo que vivimos en una situación de nihilismo. Ya no creemos en nada. Hemos dejado las decisiones de la cosa pública en manos de los políticos. No creemos en la virtud de estos, más bien, en su capacidad de corrupción. Pero la democracia es una conquista histórica. Es un quehacer y una tarea. No viene dada de una vez. Es más el ciudadano, tiende a la comodidad, a pervertirse, a recluirse en su mundo privado. Las democracias tardías generan individuos aislados, preocupados sólo de sí mismos. Incluso, podríamos pensar que la organización del propio sistema de producción genera esta forma de vida, tremendamente ocupada, para evitar que el ciudadano piense e intente actuar públicamente, de tal forma que deje la política, el gobierno de lo público, en manos de la clase de los expertos. Pero la democracia, a mi modo de ver, se puede revitalizar. En primer lugar hay que hacer un poco de historia para comprender qué es lo que ha significado la conquista de la democracia. Siguiendo a Javier Gomá en su libro Ejemplaridad pública, podemos decir que con la conquista de la democracia se ha llegado a dos conclusiones. La primera es el concepto de igualdad y la segunda es el de límite del hombre, de la humanidad y de la historia. Toda reforma de la democracia ha de respetar la idea de igualdad y la de límite. Lo que descubre la democracia es que todos somos iguales. No es un descubrimiento, es una construcción cultural, todos somos distintos. La democracia basa su igualdad en la isonomía, igualdad ante la ley. Es decir, la creación de un estado de derecho por encima de cualquier ciudadano. Todos los tipos de elitismos que ha habido han intentado socavar la conquista de este principio. Son en sí antidemocráticos. Ahora bien, no hay que confundir la igualdad de oportunidades y de derechos con la igualdad real. La democracia debe fomentar la excelencia, tanto privada como pública; es decir, la virtud. Luchar contra el vicio, la corrupción y el individualismo egoísta. Los ataques elitistas no sólo proceden de los antidemócratas, todos inspirados en la línea platónica y su crítica a la democracia como un gobierno de ignorantes y su defensa del gobierno de los mejores, los sabios. Sino que la corrupción de la democracia llega desde las propias estructuras democráticas actuales en las que una élite, partitocrática y oligárquica (no especialmente excelente o virtuosa) se hace con el poder y utiliza todos los medios de control para domesticar al pueblo y convertirlo en vasallo obediente e inconsciente de su estado.

 

            Por su parte, el concepto de límite es importante. Con la conquista de la democracia lo que ocurre es que cae la antigua visión del mundo que se apoya en un orden seguro y establecido, regentado y mantenido por la clase dominante. Cuando esto desaparece nos quedamos sin referente. Hemos desencantado el mundo y somos nosotros los que debemos darle sentido. Ante esta situación caben dos posibilidades, el nihilismo, o la conciencia de los límites. Desde el nihilismo, a lo Nietszche, por ejemplo, no es posible fundar una sociedad. También podemos caer en los fascismos, como ocurrió en el siglo XX. Mi opción es la conciencia de los límites. El ser humano es limitado y provisional, nuestra historia también lo es. La conciencia de los límites nos cura del intento de construir sociedades perfectas. Lo cual no es poco, porque todos estos intentos nos han llevado al totalitarismo. Quizás hoy en día, esta perversión de la democracia que es la partitocracia oligárquica es la nueva forma de totalitarismo, una forma de trasmitir un pensamiento único y una única forma de entender la realidad. Éste es otro enemigo a batir.

 

            Ante estos retos de lo que se trata es de la recuperación de la ejemplaridad pública, es decir, de la virtud. Y es aquí donde juega un papel clave la educación. Hay que educar al ciudadano en la virtud pública desde los principios democráticos y de los derechos humanos para hacerlo partícipe de ellos. No estoy hablando aquí de una democracia participativa, que es inviable, sino, representativa. Pero esta representación no debe estar integrada por una clase profesional, cuya única visión es la búsqueda del poder. El ciudadano debe ser virtuoso pública y privadamente. Su vida privada debe ser una vida virtuosa en la medida en la que su trabajo contribuya al bien de la polis y a la permanencia de la sociedad. Esto requiere la ausencia de corrupción. Por otra parte, su virtud pública debe consistir en la posibilidad de intervenir públicamente en el debate y la acción pública, cuando así lo estime oportuno y, permanecer siempre vigilante frente a la tendencia a la corrupción del poder. Esta es la ejemplaridad. No podemos pedir que los ciudadanos sean héroes, pero sí seres morales y excelentes. Y esto requiere de una educación en la virtud, en el sentido aristotélico y en el concepto de deber, autonomía y dignidad kantiano. Y por otro lado, es necesario una educación que haga posible la interiorización consciente de los valores que emanan de la democracia y de los derechos humanos como fundamento de las sociedades abiertas y plurales, siempre en guardia contra cualquier forma de totalitarismo.

 

                        14 de enero de 2010

 

            Se viene ofertando por las autoridades educativas la necesidad de un plan de fomento de la lectura. A mi me parece que esto no es más que máscara política. Ni leen los políticos, ni lee el pueblo en general, ni leen los profesores. Con esto lo que se pretende es lavar la cara de los malos resultados en las evaluaciones externas que se hacen sobre la educación. Además, desconfío de qué leer. Creo que la lectura es la base del conocimiento. Que hoy en día hay distintos formatos de lectura, que incluso el formato de lectura cambia la estructura de la lectura y su interiorización. Pero lo que no admito es ese plan de fomento de la lectura por parte del poder. Vamos a ver, al poder no le ha interesado nunca la lectura. No sé qué les habrá pasado ahora. Creo que simplemente es una cuestión de imagen para intentar mostrar que se está haciendo algo para paliar los bajos resultado en “competencias”, vaya palabro, lingüísticas. No, al poder no le interesa la lectura e inventan el acercamiento a la lectura, como mero entretenimiento. Leer para entretenerse, más pan y circo. Por eso se desechan los clásicos, que se consideran arduos e incomprensibles y se propone una literatura banal, vacua y momentánea, sin más pervivencia que el tiempo de éxito de ventas. Los clásicos, lo son por el hecho de que tratan temas universales del hombre. Porque han tocado la tecla de lo universal e intemporal que hay en el hombre. Y si se requiere cierto esfuerzo para leerlos por su dificultad lingüística, pues se hace. Para eso está el profesor y la voluntad del alumno. Leer es un ejercicio intelectual difícil, que requiere la acción, sólo superado por el de escribir, para lo que hay que haber leído y estudiado mucho. El plan de fomento de lectura, está dentro del paradigma logsiano del aprender por el entretenimiento. Lo siento, la lectura es el vehículo hacia el conocimiento del mundo y de uno mismo, la lectura no se circunscribe a la literaria, sino a los diferentes ámbitos del saber. Otro error. Identificar lectura, con lectura de novelas, o, quizás, poesía, algo más elitista y complejo. Leer es entrar en la conversación con la humanidad, con el mundo de las ideas. Algunas se transmiten por la ficción, novelas, teatro, pero otras requieren formatos más arduos. Sin esta lectura perdemos el referente de nuestra historia. Cómo podemos concebir a un historiador que no lea las fuentes históricas, un filósofo que no lea  la tradición filosófica, desde los griegos hasta ahora. Un científico que no lea las revistas científicas en la que se dan cuenta del avance de la ciencia. Un ciudadano que no lea la prensa, sobre todo en su supuesta parte crítica, las páginas de opinión. Pues siento decirlo. La inmensa mayoría de las personas no leen, por múltiples factores, incluso siendo licenciados o doctores. La lectura es una actividad de unos pocos. La industria editorial vive de los éxitos de cierta literatura barata que alimentan los mitos del hombre de hoy en día que vive una situación de desencantamiento del mundo. Hemos perdido los discursos globales que daban un sentido a nuestra existencia: empezando por los religiosos y terminando por los políticos. Por eso ahora, este desencantamiento del mundo nos vuelve al mito. Un efecto paradójico, aunque no tanto. El hombre es un animal mítico-religioso que no se conforma con lo plano de la realidad, necesita mitos, arquetipos que le sirvan como modelos y ejemplos de vida. Necesita del misterio. Y ahora lo encuentra en una literatura barata y efímera. Y esta literatura es la que nos quieren traer en su plan de fomento a los institutos. No, y mil veces no. Esto no es más que adoctrinamiento y aborregamiento. Si se enseñasen las disciplinas del currículo como dios manda, estaríamos siempre acudiendo a los textos y a la prensa. No habría necesidad de un plan de fomento de la lectura. La lectura es imprescindible para el saber. Otra cosa es que también sea un instrumento de placer y entretenimiento. Éste es el caso de gran parte de la literatura. Pero la lectura realmente está ligada al conocimiento. Y el conocimiento, como ya sabemos, nos lleva a la liberación. Por eso sospecho de esos planes de fomento de la lectura y creo que no son más que un encubrimiento del fracaso del sistema educativo, por un lado y, por otro, más pan y circo para crear mentes sumisas.