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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2012.

Ayer se jubilaron dos compañeros y amigos míos con sesenta años. Jubilación adelantada. Dos excelentes profesores, dos profesores con vocación de tal a pesar de la que nos viene cayendo de unos cuantos años a esta parte. Es lamentable ver cómo buenos profesores en su plenitud intelectual, llenos de sabiduría practica que dan los años, buenos conocedores de su materia que han realizados grandes proyectos en la educación, más allá del ámbito de lo exigible al mero funcionario, tengan que tomar la decisión de jubilarse. Dos profesores que aún podrían dar mucho en la educación y que, quizás, el sistema educativo pierda lo mejor que puedan dar. Y todo ello, por qué. Pues no es por pereza de estos, porque lo que quisieran es enseñar. Pero es que ése es el problema, lo que menos se hace ya hoy en día en un centro educativo es enseñar. La educación secundaria se ha reducido a una educación que los padres no dan en casa, eso en primer lugar, una burocracia vacía que es lo que realmente importa a la administración y aguantar a unos alumnos indisciplinados y caprichosos y, ahora, excesivamente numerosos, además del aumento de las horas del profesor, por efecto de la perversa ley que padecemos desde hace veinte años. El profesor ya no enseña, soporta estoicamente las tonterías que se le ocurren en los despachos a los administradores de este engendro y a sus teóricos y que luego recaen en él en forma de burocracia. Soporta la falta de respeto continuada del alumno al profesor, eso que eufemísticamente llaman los pedagogos violencia de baja intensidad que es un insulto a la dignidad humana. La falta de respeto es la consideración de que tú no eres persona, sino cosa. Soporta estoicamente una escala de valores en la que lo que menos importa es el conocimiento y lo que más importa es el éxito fácil y los modelos de este éxito son los jugadores de futbol y demás ralea de famosos con los que se distrae a la ciudadanía de lo importante. Y soporta no enseñar porque resulta que lo que ahora tiene que hacer es enseñar a aprender. Cuándo se darán cuenta estos pseudocientíficos de sus autoengaños, de su retórica hueca y de su daño perverso a la sociedad. Pero sin ellos saberlo es la ideología que el poder utiliza para manejarnos a todos. Al poder económico no le interesa el conocimiento. El conocimiento es el camino de la libertad y, por ello, de la crítica. Al poder le interesa la sumisión. Y, hoy en día, el camino de la sumisión, en una sociedad hipercapitalista, es la empleabilidad. Y ésta, no el saber de nada, ni de ciencias ni de letras, es el objetivo del poder económico. Es el fascismo económico que ha entrado a saco en la educación a través de la ideología posmoderna de los psicopedagogos que han sido su instrumentos, pero ellos se han considerado muy listos. Mientras tanto los profesores nos hemos mantenido en el silencio. Silencio que, como siempre, es cómplice. Nos hemos vendido por un plato de lentejas y ahora nos encontramos con lo que tenemos: el malestar en la educación. Queridos amigos y compañeros, que os vaya muy bien. Los resistentes desde nuestra trinchera seguiremos dando la batalla.

ÁGORA. ESTUDIO Y CRÍTICA DE FILOSOFÍA POLÍTICA

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VIÑUELA RODRÍGUEZ, Juan Pedro: Ágora. Estudio y crítica de filosofía política. Villafranca de los Barros, Imprenta Rayego, 2012, 173 págs.

Por Esteban Mira Caballos.

          El autor de Filosofía desde la trinchera o Pensamientos contra el poder, nos vuelve a sorprender ahora con esta valiosa obra sobre filosofía política. El objetivo, el método y la ideología son plenamente coherentes con sus trabajos anteriores. Se trata de un texto redactado en clave antiacadémica, como él mismo lo califica porque, a su juicio, así debe ser todo pensamiento que se dirija frente al poder. Asimismo, llama la atención su absoluta independencia de pensamiento, pues lo mismo ataca al neoliberalismo, que a los totalitarismos fascistas y marxistas o a los partidos políticos en general, sin distinción. Eso confiere a su obra un valor extra, pues está bien claro que no se debe a nadie, sino sólo a sus ideas, algo que no deja de ser una rareza en nuestro tiempo. Y ello a pesar de las consecuencias que puede tener situarse siempre frente al poder, por la falta total de apoyos institucionales. Este nuevo libro del profesor Viñuela, tiene desde mi punto de vista dos puntales que lo hacen especialmente valioso:

Primero, su objetivo didáctico, pues, continuamente alude a sus alumnos como si estos fuesen los lectores de su obra o los oyentes de su añorado ágora. Esto no sería más que una anécdota si no fuera porque el autor se empeña continuamente en hacer su pensamiento lo más accesible posible. Ello confiere al texto un carácter inteligible, no siempre fácil de encontrar entre las obras de los filósofos. El texto está pensado para ser entendido por cualquier persona, desde un estudiante de Enseñanza Secundaria a un profesor universitario. En ello, tiene una idea universalista porque su objetivo es contribuir a la concienciación social de la ciudadanía, intentando llegar al máximo número posible de lectores.

Y segundo, su estructura muy clara y ordenada pues sigue un orden cronológico, empezando por la polis griega y terminando por la democracia actual, aunque él no la defina exactamente como tal. El resto de los temas de actualidad, muy presentes en toda su producción anterior, como el relativismo, la eutanasia o el sexismo, los incluye en una especie de apéndice que él denomina addenda.

En el prólogo, hace una declaración de intenciones, justificando el sentido de su libro, dirigido especialmente a sus educandos y denunciando algo con lo que estoy plenamente de acuerdo: que tras la crisis económica subyace una crisis ética de dimensiones colosales. Por ello, frente a ella reivindica ante todo filosofía, dialéctica y acuerdo. Sólo así –afirma- conseguiremos verdaderos ciudadanos y haremos factible que el poder resida realmente en el pueblo. Y en relación a ello, cita a su admirado Sócrates quien decía que sin la reflexión y el análisis la vida no merece la pena.

En el primer capítulo se refiere a la democracia ateniense, a la que él admira, por ser el cimiento de Occidente, donde se obró el milagro del pensamiento racional. Concretamente la polis ateniense fue la que se convirtió en el centro del mundo civilizado por el desarrollo de la filosofía, del diálogo y de la democracia. Una democracia asamblearia, que valoraba la virtud y que otorgaba la igualdad ante la ley y la libertad de expresión. Allí, en el ágora –lo que hoy llamaríamos la plaza pública- se reunían personas que utilizaban la razón, el logos, el lenguaje y la argumentación. Nadie tenía la verdad absoluta y por el diálogo consensuado se llegaba al acuerdo. La participación pública de los ciudadanos y su reflexión les permitían un alto grado de libertad, inexistente en las que al autor denomina plutocracias y partidocracias actuales. Según Platón, el gobierno no debería ser de la mayoría ignorante sino de los mejores, es decir, de los sabios. Su gobierno ideal estaría formado por una élite aristocrática, aunque el tiempo le quitó la razón, pues ésta no tardó en convertirse en una oligarquía tiránica que sólo defendía sus propios intereses. Con el helenismo, sucumbió la democracia griega, al aparecer un imperio en el que los antiguos ciudadanos de las polis pasaron a convertirse en súbditos.

La aparición de Jesucristo, significó una renovación ética que desgraciadamente duró muy poco porque sus discípulos se encargaron de crear una institución de poder, llamada la Iglesia. San Pablo consiguió hacer triunfar su idea de que el mensaje de Jesús era universalista y se dirigía a todo el mundo y no sólo a los judíos. Ya en tiempos del emperador Constantino, se instauró una alianza entre el trono y el altar que tuvo consecuencias nefastas para la libertad. Con esta alianza dieron comienzo la expansión fanática, las cruzadas y las persecuciones de todo aquel que no parecía cristiano y que, por tanto, no podía ser otra cosa que pagano, infiel o hereje. Buena parte de la Edad Media estuvo dominada por el barbarismo, con el único bastión racionalista de Al-Andalus.

El Renacimiento es otro de los grandes hitos de Occidente en el que, en palabras del autor, se salió del claustro medieval, cambiando el teocentrismo por el antropocentrismo. Sin embargo, se terminaron imponiendo las teorías cesaristas, es decir, el absolutismo, fundamentado en teorías como la de Thomas Hobbes. Éste justificaba un poder fuerte, absoluto, justificándolo en la necesidad del ser humano de seguridad frente a la depredación de otros. Unas tesis que desgraciadamente siguen vigentes en nuestros días cuando, por temor, se blinda occidente frente a las oleadas de emigrantes del Tercer Mundo o cuando se practican las llamadas guerras preventivas.

En el último siglo de la Edad Moderna, llegó la Ilustración, otro de los grandes hitos de la Historia, junto al Renacimiento, en el que el hombre salió de su autoculpable minoría de edad. Las ideas ilustradas trajeron aire fresco a Occidente, quebrándose la alianza Estado-Iglesia, pues las luces de la razón introdujeron un laicismo que iba contra la verdad absoluta impuesta desde el altar. Se impuso la razón sobre la fe y eso contribuyó a hacer más libre a la humanidad. Sin embargo, se equivocaron en su optimismo y, sobre todo, en su idea de progreso como solución a los problemas y a los males pasados. Bien es cierto que Juan Jacobo Rousseau no compartía esta idea, pero el liberalismo contemporáneo la terminó imponiendo, lo que nos está llevando al agotamiento de los recursos planetarios y a la destrucción de nuestro propio hábitat.

En el siglo XIX, el marxismo cambió la forma de ver la Historia, fundamentándola en el economicismo y dotándola entre otras cosas de una impronta ética. La filosofía de Marx va encaminada, como él mismo afirmó, a transformar el mundo. Sin embargo, la praxis marxiana terminó derivando en totalitarismos que acabaron definitivamente tras la caída del Muro de Berlín. El problema es que, en la actualidad, se ha impuesto un capitalismo neoliberal radical, sin la competencia ya de los marxismos, que está acabando no sólo con el estado del bienestar sino también con la mismísima democracia. Socialdemocracia, derechos humanos y estado del bienestar están en franco retroceso en todo el mundo. De ahí que el autor hable del proyecto inacabado de la Ilustración. Para colmo, se está desarrollando una brutal globalización que sólo afecta a las finanzas, pero no a las personas, ni a la expansión de los Derechos Humanos o del Estado del bienestar. En el caso particular de España, sufrimos un bipartidismo en el que alternan las dos facciones de la casta política en defensa de sus propios intereses. El autor destaca el mito de la mayoría, pues para él, aunque tengan legitimación no siempre tienen la razón, por el mero hecho de constituir una mayoría.

En su opinión, ya no basta con reformar el capitalismo sino que urge plantear un nuevo sistema que auspicie la austeridad como forma de vida y la redistribución de la riqueza. Como dice al autor, en el Renacimiento se pasó del teocentrismo al antropocentrismo, y ahora urge dar un nuevo giro de tuerca y pasar al biocentrismo. Si no somos capaces de transformar este mundo antropocentrista, nacionalista y egoísta en otro cosmopolita y ecocentrista, la civilización, tal como la concebimos hoy, terminará desapareciendo.

          En definitiva, estamos ante un libro pequeño en extensión pero grande en compromiso social. Muy de agradecer es la claridad con la que se expresan todas sus ideas que contribuyen a la concienciación de sus lectores y seguidores, entre los cuales me incluyo. Así, pues estamos ante una magnífica interpretación filosófica del poder desde la antigüedad a nuestros días. Aunque, por desgracia también es la crónica del triste fracaso de la democracia y del proyecto inacabado de la Ilustración.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS



“Docere et delectare”. Cuidado que se ha mentado a la bicha. Qué ambigüedad, qué peligro. La puerta abierta de par en par a los que han destruido el sistema de enseñanza con su teoría de la motivación que se puede reducir a las ciencias conductuales porque es observable, pero olvidaron una de las tres facultades de la psique, la voluntad, porque ésta no es observable y no entra dentro de los cánones del modelo de ciencia positivista. Uno de los errores epistemológicos de la LOGSE-LOE que ha tenido consecuencias horrorosas y que ha generado, posteriormente, una verborrea pseudocientífica de tomo y lomo. Una verborrea que no es más que ideología con la que se ha domesticado a profesores y alumnos durante veinte años. Hay que recuperar nuestra herencia y saber de dónde venimos, pero, previamente hay que desenmascarar la ley de enseñanza y la nueva ley del PP sigue en las mismas. No se puede iniciar una reforma, aunque muy legítima y muy bien intencionada, si no desenmascaramos el gran embrollo ideológico-religioso en el que nos han metido. Todo lo demás, la desaparición de las humanidades, de la ética, la filosofía, las ciencias básicas (que han sufrido mucho más) son cosas que vienen como consecuencia. El sistema no pretende enseñar, no pretende crear ciudadanos, no pretende hacer individuos críticos. Ya el tribunal de la enseñanza no es la razón, sino el mercado. La enseñanza tiene como fin la empleabilidad y si todo lo dicho (filosofía, arte, ciencias básicas, historia, lenguas clásicas…) sobra, pues irá desapareciendo poco a poco o se irá transformando, como ha ocurrido con la filosofía, en algo desvirtuado. Y lo mismo sucede con la ciencia, la dimensión desde la que se explica es desde la mera utilidad, ni una historia, ni una epistemología que nos haga tomar conciencia del hecho de la ciencia. O bien propaganda progresista y triunfalista como es “Ciencias para el mundo contemporáneo.” Antes por lo menos teníamos la “Ciencia, tecnología y sociedad” pero vieron el peligro de la crítica al status quo y la eliminaron. No se puede poner el carro antes que los bueyes.

Eliminan la ética, la educación de la ciudadanía. Hacen equivalente la religión con la ética, pues ésta pasa a ser de oferta obligatoria junto con la primera. Y esto debe ser inconstitucional en un estado aconfesional pero una mierda les importa a estos la constitución como vamos viendo a diario. Y no contentos con el descalabro eliminan la historia de la filosofía de 2º de bachillerato y la ponen optativa. Nada es de extrañar en un gobierno que ha dejado bien claro lo que pretende con la educación. También hay que recordar que el primero que puso optativa la filosofía en segundo fue el PSOE y que después la recuperó el PP y la mantuvo en la LOE el PSOE. No vamos a hablar ya de las virtudes y de la absoluta necesidad de la historia de las ideas, no es el caso. Sólo decir que la educación es un cajón de sastre para estos gobiernos ignorantes que hemos ido teniendo. Que se ha convertido en un arma ideológica con la que atacarse unos a otros, que en lo importante dicen y hacen lo mismo. Siguen el imperativo del mercado y de los psicopedagogos. Que verdaderamente no quieren un pueblo culto, no quieren ciudadanos, quieren vasallos. Pues explicaré filosofía, me pongan a dar lo que me pongan a dar hasta que me echen. Ya está bien de seguir a estos puñeteros burócratas. Que les den. No se puede consentir la religión en los centros públicos. Y cómo se atreven a equiparar el discurso particular de una creencia religiosa con la universalidad de la ética. Están locos y son perversos. Son unos beatos e hipócritas. Siguen al becerro de oro y mantienen la religión en los centros. Qué se querrán ganar, el cielo, no, por su puesto. Son tan listos que saben que el cielo es su cielo y la miseria de los demás. Sus medidas empobrecen espiritualmente, y matan de hambre a la ciudadanía, como matan a los enfermos sus recortes sanitarios. Ya lo he dicho más de una vez, el fascismo económico da paso al fascismo político. Y el paso lo ha dado la derecha reaccionaria, que alberga una ultraderecha de tomo y lomo en su núcleo duro, que padecemos. Y la izquierda de brazos cruzados, cerrando filas ante la vieja guardia, corrupta y sin ideas. Vaya país gobernado por cuatro demagogos votados por millones de ignorantes. Claro, como no van a quitar la historia de la filosofía, si todavía nadie ha refutado la crítica platónica a la democracia como el gobierno de los ignorantes. No vamos a permitir que el pueblo sepa más de la cuenta. Primero, que la democracia es perfectible y segundo que esto no es democracia, que era una partidocracia y ahora es un fascismo del mercado en el que los políticos están perfectamente colocados. En fin, con los recortes y las restructuraciones en todos los sectores del estado de bienestar están abriendo la puerta para echar al funcionariado a medida que al restante lo van reconvirtiendo en obreros de la empresa privada. El progreso de la historia sembrado de cadáveres. Y, en educación los primeros en salir seremos, como no, los que más hemos puesto en duda todo sistema educativo. Se acabó la Ilustración, “critica todo lo que quieras, pero obedece.” Ya ni crítica ni obediencia, expulsión, es lo que nos aguarda. Vamos a perder hasta la posibilidad de la desobediencia que no hemos aplicado por cobardía y por remilgos infundados. Y el profesorado sigue sumiso, el funcionariado paralizado, mientras todo un movimiento político de profundidad lo reconvierte en un obrero explotado y expoliado, más de lo que está en manos del estado. Perdemos derechos sociales y humanos a cada recorte y aceptamos y seguimos votando mayoritariamente al verdugo. Masoquismo del sumiso, síndrome de Estocolmo. Algo habremos hecho, vivir por encima de nuestras posibilidades, verdad, pues, no, hemos hecho el gilipollas. A la mierda todos ellos.

Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante u

nos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad de dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.

El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.

Dos días antes de su forma de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.

Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:

Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?
Por: Josh Nonnenmocher

 

El inicio de la barbarie y el fin de la filosofía.

                Quiero sostener aquí que existe una relación necesaria entre la barbarie y el fin del pensamiento o de la filosofía. Y quiero decir que nuestra crisis económica, ya larga, tiene sus orígenes más lejos todavía, hace unas décadas y que hace cuatro décadas se tomó como decisión seguir un modo de pensamiento que después, con el tiempo, se ha ido perfeccionando. Y que ese modo de pensamiento llevaba aparejado el fin del mismo pensamiento. Y eso es en lo que nos encontramos ahora. La crisis europea es una crisis del pensamiento, de la filosofía que sostiene y estructura nuestra visión del mundo y le otorga valores a través de los cuáles se producen y vertebran nuestras relaciones con los demás y con el propio mundo. Por tanto es una crisis filosófica y ética. Pero que en el fondo obedecen a una falsa filosofía y a una falsa ética que nos llevan a la barbarie. Y la barbarie son los totalitarismos, el fascismo y la ausencia del pensamiento. Es decir la pérdida de la ciudadanía, la libertad, los derechos y la caída en la sumisión y el vasallaje. Es eso lo que se ha iniciado hace unos años y es esto lo que se refleja en la eliminación de la filosofía y la ética en los planes de estudio de la nueva ley educativa que se quiere promover. La ley es una consecuencia directa de esa falsa filosofía, la filosofía del mercado y de la reducción de los valores a los del consumo, el éxito, la fama, el tener, el hedonismo superfluo, el egoísmo ramplón y la inconsciencia de pertenecer a la polis, al estado. Es decir, la falta de pensamiento y de ética.

                El pensamiento es la gran apuesta de occidente, el gran invento griego. El pensamiento, el logos, nació como la capacidad que el hombre tiene por medio de su razón y su crítica de entender el mundo y ordenar el estado. Es el milagro griego. Es el origen de la civilización frente a la barbarie. Porque el logos, la razón, el pensamiento, sustituyen al poder de la superstición, al poder del más fuerte, a la tiranía,… El logos nos permitió entender el mundo, explicarlo desde la razón, comprender las fuerzas que lo gobiernan. Y ello nos hizo libres, tanto de la tiranía del mundo, como de la tiranía política de aquellos que utilizaban la ignorancia del mundo para inventar mitos y supersticiones que no tienen otro objetivo que el dominio y la explotación del hombre.

                Por eso, la filosofía nos ayuda a comprender el mundo, es la madre de las ciencias y su guía. Porque la filosofía es cosmovisión, te ayuda a tener una visión global e integradora del saber. Es una disciplina absolutamente necesaria en el mundo de hiperespecialización en el que vivimos. Nos aporta una luz general y un poco de orden y de sentido común que nos permiten no perdernos en el marasmo de la especialización y del saber hacer, frente al mero saber por el hecho de saber. La filosofía también nos ayuda a entender la ciencia, a plantearnos sus relaciones con otros ámbitos de la sociedad, porque la ciencia no es neutral, la ciencia actúa dentro de un complejo industrial, político, social y militar. Y la ciencia, tampoco está exenta de valores. Y los valores son un objeto propio de estudio filosófico, concretamente la ética. La ciencia nos enseña cómo es el mundo y su aplicación, que tiene mucho que ver con lo político, con lo empresarial y económico, y con lo militar, nos permite gobernarlo y aprovecharlo. La filosofía nos permite entender este fenómeno. Y la ética, como saber normativo que es, nos permite valorar el saber tecnocientífico. Lo cual es algo importante porque de esta manera la ética es una guía sobre el deber ser de la ciencia, ya que la ciencia no puede estar en manos sólo de la política económica y del mercado. De esta forma la tecnociencia se convierte en un instrumento del poder que aliena al hombre y le sirve al propio poder para tratar al hombre como un instrumento y a la naturaleza como objeto meramente de explotación. La filosofía es un saber que nos hace pensar sobre todo esto y que nos sirve para entender mejor la ciencia y con ello entender mejor a la sociedad y evitar los males, por un lado, de los aprendices de brujo y, por otro, de la ambición de los poderosos y de los ricos. La filosofía nos da una visión integradora de la ciencia en tanto que es conocimiento del mundo y también acción sobre el mundo. También nos ofrece una visión integradora del mundo porque la filosofía es un discurso de segundo orden que, partiendo de las ciencias, nos ofrece una visión global y unitaria del mundo. Le otorga un sentido que la ciencia, como saber sólo teórico y absolutamente especializado, no le da. Pero sí la filosofía, porque ésta en tanto que ética se permite valorar. Por eso la filosofía es un saber necesario que nos permite una unificación del hombre y el mundo, que nos aporta un sentido dentro del mundo y la sociedad. Pero un sentido racional que excede la opinión, la creencia y la superstición. Un saber que va más allá de lo obvio, de las apariencias y de las meras opiniones. Por eso la filosofía es un saber civilizador que nos hizo salir de la barbarie en la que triunfa la fuerza, el desorden, el caos, la superstición. Un mundo -el de la barbarie- en el que no existe el pensamiento, sino la fuerza, un mundo oscuro, una caverna llena de sombras y temores. Un mundo gobernado por el miedo y el pavor. De ese mundo salimos y nos sacó la filosofía. Y a ese mundo nos hemos empezado a dirigir en las postrimerías del siglo XX y los inicios del XXI. Por eso el inicio de la barbarie es el anuncio de la muerte de la filosofía. Y por eso nuestra crisis es filosófica y de ahí que sea absolutamente urgente su recuperación. Porque la filosofía es libertad y lucha contra la tiranía de cualquier orden.

                Y de ahí que la filosofía esté causalmente vinculada a la democracia. No hay democracia sin filosofía, ni filosofía sin democracia. Por eso no ha de extrañar que sea en un momento de déficit absoluto de la democracia cuando se plantea la eliminación de la filosofía. Hay que eliminar ese rescoldo de pensamiento para que no renazca una democracia sana que no esté secuestrada por los poderes económicos, mediáticos, políticos… La democracia aparece en Grecia de la mano de la filosofía y la filosofía se desarrolla en Grecia dentro del ámbito político de la democracia. Democracia es diálogo. Que el logos, la razón es común, no relativo. El relativismo es otra forma de muerte de la democracia, si todas las opiniones son iguales, si todas son equivalentes, al final la opinión que sirve es la del más fuerte, he aquí el fascismo emergiendo de la propia democracia. Y eso es hoy en día lo que ha ocurrido cuando se ha establecido la equivalencia de las opiniones. Se ha eliminado el pensamiento y con él la filosofía. Se ha eliminado, en definitiva, la democracia. Se nos ha confundido por parte del poder político y se nos ha hecho pensar en una equivalencia que no es tal, la supuesta equivalencia entre la libertad de expresión y el respeto de las opiniones. Pues no, una cosa es la isegoría, la libertad de expresión, y otra el respeto a cualquier opinión. Lo que la democracia y la filosofía que la sustentan nos dicen es que lo respetable son las personas y que las opiniones son para debatirlas. El respeto a las opiniones por ser tales es la pérdida del diálogo, el pensamiento y, con ello, abrir la puerta a la opinión del más fuerte. Es decir, a la tiranía. Es abandonar la civilización para caer en la barbarie. Barbarie tecnocrática, precisamente, que es en la que nos encontramos por el engaño del poder que nos ha hecho abandonar el pensamiento. Y por eso defendemos aquí la vinculación causal de democracia y filosofía. Sin filosofía no hay democracia y sin ésta lo que hay es barbarie: fascismo, totalitarismo, tiranía, absolutismo, fanatismo, violencia…hoy en día nos encontramos en una barbarie tecnocrática y un fascismo del mercado, una ausencia de valores y de ética y una democracia de papel.

                Y otra de las características, por último, de la democracia, por la cual nos civilizamos, es la isonomía. La igualdad ante la ley. Todos somos iguales ante la ley y la ley tiene su origen en el pueblo. La ley no es arbitraria, no depende del poder del más fuerte, ni del más rico, ni del clero. La ley emana del pueblo y nadie está por encima de la ley. Esto es lo que nos enseña la democracia y ésta es la conquista filosófica, que tiene como modelo ejemplar a Sócrates, “a las leyes, o se las convence, o se las obedece” que nos saca de la barbarie. Pero hoy vemos que comienza a triunfar la barbarie. Que las leyes no son igual para todos. Que las leyes se hacen con una intencionalidad que no es la del pueblo, sino la de distintos poderes, el político y sobre todo el económico. Estamos en el filo de la barbarie. Estamos al borde del abismo que es el fascismo y la tiranía que emergen del estado de barbarie, la oscuridad de la sinrazón. De ahí la necesidad absoluta del saber filosófico, de la ética, los únicos saberes que pueden revitalizar la democracia. Y de ahí que nuestra crisis sea ética y filosófica. Más aún, es una crisis de nuestra civilización, es el fin del pensamiento y el comienzo de la barbarie.

El inicio de la barbarie y el fin de la filosofía.

                Quiero sostener aquí que existe una relación necesaria entre la barbarie y el fin del pensamiento o de la filosofía. Y quiero decir que nuestra crisis económica, ya larga, tiene sus orígenes más lejos todavía, hace unas décadas y que hace cuatro décadas se tomó como decisión seguir un modo de pensamiento que después, con el tiempo, se ha ido perfeccionando. Y que ese modo de pensamiento llevaba aparejado el fin del mismo pensamiento. Y eso es en lo que nos encontramos ahora. La crisis europea es una crisis del pensamiento, de la filosofía que sostiene y estructura nuestra visión del mundo y le otorga valores a través de los cuáles se producen y vertebran nuestras relaciones con los demás y con el propio mundo. Por tanto es una crisis filosófica y ética. Pero que en el fondo obedecen a una falsa filosofía y a una falsa ética que nos llevan a la barbarie. Y la barbarie son los totalitarismos, el fascismo y la ausencia del pensamiento. Es decir la pérdida de la ciudadanía, la libertad, los derechos y la caída en la sumisión y el vasallaje. Es eso lo que se ha iniciado hace unos años y es esto lo que se refleja en la eliminación de la filosofía y la ética en los planes de estudio de la nueva ley educativa que se quiere promover. La ley es una consecuencia directa de esa falsa filosofía, la filosofía del mercado y de la reducción de los valores a los del consumo, el éxito, la fama, el tener, el hedonismo superfluo, el egoísmo ramplón y la inconsciencia de pertenecer a la polis, al estado. Es decir, la falta de pensamiento y de ética.

                El pensamiento es la gran apuesta de occidente, el gran invento griego. El pensamiento, el logos, nació como la capacidad que el hombre tiene por medio de su razón y su crítica de entender el mundo y ordenar el estado. Es el milagro griego. Es el origen de la civilización frente a la barbarie. Porque el logos, la razón, el pensamiento, sustituyen al poder de la superstición, al poder del más fuerte, a la tiranía,… El logos nos permitió entender el mundo, explicarlo desde la razón, comprender las fuerzas que lo gobiernan. Y ello nos hizo libres, tanto de la tiranía del mundo, como de la tiranía política de aquellos que utilizaban la ignorancia del mundo para inventar mitos y supersticiones que no tienen otro objetivo que el dominio y la explotación del hombre.

                Por eso, la filosofía nos ayuda a comprender el mundo, es la madre de las ciencias y su guía. Porque la filosofía es cosmovisión, te ayuda a tener una visión global e integradora del saber. Es una disciplina absolutamente necesaria en el mundo de hiperespecialización en el que vivimos. Nos aporta una luz general y un poco de orden y de sentido común que nos permiten no perdernos en el marasmo de la especialización y del saber hacer, frente al mero saber por el hecho de saber. La filosofía también nos ayuda a entender la ciencia, a plantearnos sus relaciones con otros ámbitos de la sociedad, porque la ciencia no es neutral, la ciencia actúa dentro de un complejo industrial, político, social y militar. Y la ciencia, tampoco está exenta de valores. Y los valores son un objeto propio de estudio filosófico, concretamente la ética. La ciencia nos enseña cómo es el mundo y su aplicación, que tiene mucho que ver con lo político, con lo empresarial y económico, y con lo militar, nos permite gobernarlo y aprovecharlo. La filosofía nos permite entender este fenómeno. Y la ética, como saber normativo que es, nos permite valorar el saber tecnocientífico. Lo cual es algo importante porque de esta manera la ética es una guía sobre el deber ser de la ciencia, ya que la ciencia no puede estar en manos sólo de la política económica y del mercado. De esta forma la tecnociencia se convierte en un instrumento del poder que aliena al hombre y le sirve al propio poder para tratar al hombre como un instrumento y a la naturaleza como objeto meramente de explotación. La filosofía es un saber que nos hace pensar sobre todo esto y que nos sirve para entender mejor la ciencia y con ello entender mejor a la sociedad y evitar los males, por un lado, de los aprendices de brujo y, por otro, de la ambición de los poderosos y de los ricos. La filosofía nos da una visión integradora de la ciencia en tanto que es conocimiento del mundo y también acción sobre el mundo. También nos ofrece una visión integradora del mundo porque la filosofía es un discurso de segundo orden que, partiendo de las ciencias, nos ofrece una visión global y unitaria del mundo. Le otorga un sentido que la ciencia, como saber sólo teórico y absolutamente especializado, no le da. Pero sí la filosofía, porque ésta en tanto que ética se permite valorar. Por eso la filosofía es un saber necesario que nos permite una unificación del hombre y el mundo, que nos aporta un sentido dentro del mundo y la sociedad. Pero un sentido racional que excede la opinión, la creencia y la superstición. Un saber que va más allá de lo obvio, de las apariencias y de las meras opiniones. Por eso la filosofía es un saber civilizador que nos hizo salir de la barbarie en la que triunfa la fuerza, el desorden, el caos, la superstición. Un mundo -el de la barbarie- en el que no existe el pensamiento, sino la fuerza, un mundo oscuro, una caverna llena de sombras y temores. Un mundo gobernado por el miedo y el pavor. De ese mundo salimos y nos sacó la filosofía. Y a ese mundo nos hemos empezado a dirigir en las postrimerías del siglo XX y los inicios del XXI. Por eso el inicio de la barbarie es el anuncio de la muerte de la filosofía. Y por eso nuestra crisis es filosófica y de ahí que sea absolutamente urgente su recuperación. Porque la filosofía es libertad y lucha contra la tiranía de cualquier orden.

                Y de ahí que la filosofía esté causalmente vinculada a la democracia. No hay democracia sin filosofía, ni filosofía sin democracia. Por eso no ha de extrañar que sea en un momento de déficit absoluto de la democracia cuando se plantea la eliminación de la filosofía. Hay que eliminar ese rescoldo de pensamiento para que no renazca una democracia sana que no esté secuestrada por los poderes económicos, mediáticos, políticos… La democracia aparece en Grecia de la mano de la filosofía y la filosofía se desarrolla en Grecia dentro del ámbito político de la democracia. Democracia es diálogo. Que el logos, la razón es común, no relativo. El relativismo es otra forma de muerte de la democracia, si todas las opiniones son iguales, si todas son equivalentes, al final la opinión que sirve es la del más fuerte, he aquí el fascismo emergiendo de la propia democracia. Y eso es hoy en día lo que ha ocurrido cuando se ha establecido la equivalencia de las opiniones. Se ha eliminado el pensamiento y con él la filosofía. Se ha eliminado, en definitiva, la democracia. Se nos ha confundido por parte del poder político y se nos ha hecho pensar en una equivalencia que no es tal, la supuesta equivalencia entre la libertad de expresión y el respeto de las opiniones. Pues no, una cosa es la isegoría, la libertad de expresión, y otra el respeto a cualquier opinión. Lo que la democracia y la filosofía que la sustentan nos dicen es que lo respetable son las personas y que las opiniones son para debatirlas. El respeto a las opiniones por ser tales es la pérdida del diálogo, el pensamiento y, con ello, abrir la puerta a la opinión del más fuerte. Es decir, a la tiranía. Es abandonar la civilización para caer en la barbarie. Barbarie tecnocrática, precisamente, que es en la que nos encontramos por el engaño del poder que nos ha hecho abandonar el pensamiento. Y por eso defendemos aquí la vinculación causal de democracia y filosofía. Sin filosofía no hay democracia y sin ésta lo que hay es barbarie: fascismo, totalitarismo, tiranía, absolutismo, fanatismo, violencia…hoy en día nos encontramos en una barbarie tecnocrática y un fascismo del mercado, una ausencia de valores y de ética y una democracia de papel.

                Y otra de las características, por último, de la democracia, por la cual nos civilizamos, es la isonomía. La igualdad ante la ley. Todos somos iguales ante la ley y la ley tiene su origen en el pueblo. La ley no es arbitraria, no depende del poder del más fuerte, ni del más rico, ni del clero. La ley emana del pueblo y nadie está por encima de la ley. Esto es lo que nos enseña la democracia y ésta es la conquista filosófica, que tiene como modelo ejemplar a Sócrates, “a las leyes, o se las convence, o se las obedece” que nos saca de la barbarie. Pero hoy vemos que comienza a triunfar la barbarie. Que las leyes no son igual para todos. Que las leyes se hacen con una intencionalidad que no es la del pueblo, sino la de distintos poderes, el político y sobre todo el económico. Estamos en el filo de la barbarie. Estamos al borde del abismo que es el fascismo y la tiranía que emergen del estado de barbarie, la oscuridad de la sinrazón. De ahí la necesidad absoluta del saber filosófico, de la ética, los únicos saberes que pueden revitalizar la democracia. Y de ahí que nuestra crisis sea ética y filosófica. Más aún, es una crisis de nuestra civilización, es el fin del pensamiento y el comienzo de la barbarie.

“La única cuestión filosófica de relevancia es el suicidio.” Albert Camus. El mito de Sísifo. La vida no tiene sentido, como nos muestra el mito. Por eso es en cada nuevo día y en cada momento en el que tenemos y nos vemos obligado a darle sentido. De lo contrario tenemos esa ancha puerta, que decían los estoicos, que es el suicidio. La vida es un sinsentido y, en la medida que es tal y si la vivimos, es una creación, una donación de sentido, una tarea, que decía Ortega. Un reinventarse continuo. Un ejercitarse en las pasiones, que decía Don Quijote, inventarse pasiones por las que poder vivir. Porque la vida es pasión y razón pasional y, más aun, razón ética. Y la razón ética es la donadora de sentido, libertad y dignidad.

 Un señor de unos 70 años viajaba en el tren, teniendo a su lado a un joven universitario que leía su libro de Ciencias. El caballero, a su vez, leía un libro de portada negra. Fue cuando el joven percibió que se trataba de la Biblia .
Sin mucha ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del viejo y le preguntó:
- Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?
- Sí, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado?
- Pero claro que lo está. Creo que usted señor debería estudiar Historia Universal. Vería que la Revolución Francesa , ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía de la religión.
Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. Usted señor debería conocer un poco más lo que nuestros Científicos dicen de todo eso.
- Y... ¿es eso mismo lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?
- Bien, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material científico por correo con la máxima urgencia.
El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose peor que una ameba.
En la
tarjeta decía:

Profesor Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia
'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios.
Mucha, nos aproxima'.

Dr. Louis Pasteur (1822-1895)

P.D.: El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente.

 

En primer lugar no entiendo bien la P.D. me supongo que se referirá a la ironía socrática, el sólo sé que no sé nada y que luego sale triunfador en cualquier diálogo. Pero en la posdata hay un tanto de condescendencia o superioridad que, en la ironía socrática no existe. Por el contrario. La ironía socrática parte del reconocimiento de la ignorancia como la posibilidad de enseñar y aprender. Sin embargo, en la P.D. hay como un regodeo en un supuesto saber que no tiene como fin el enseñar. Y, pienso, todo saber cobra su sentido en el hecho de ser un saber enseñado. Como precisamente ocurre en el final de su leyenda. El señor Pasteur intenta enseñar desde el reconocimiento de la ignorancia desenmascarando la prepotencia del saber del joven.

Segundo, la leyenda es un claro ejemplo del cientificismo una visión filosófica de la ciencia que crearon los científicos del final del XIX y principios del XX y que proclamaban la validez universal de la ciencia frente a cualquier otro discurso. Con ello anulaban la validez de todo discurso salvo el científico y éste debería reducirse a lo verificable. Fue Popper el que desenmascara esto en la “Lógica de la investigación científica” y demuestra que lo que caracteriza a la ciencia no es su verificabilidad, ésta se transforma en grados de corroboración, por tanto probabilidad, sino su refutabilidad. Y de ahí nace el método científico moderno, el hipotético deductivo. Y, añade que incluso los discursos no refutables, como el derecho, la filosofía, el arte, la ética, la religión, la política…tienen sentido, algunos de ellos son saberes racionales, igual que la ciencia, aunque no refutables, como es el caso de la filosofía, o la ética o el derecho…en fin que todos ellos tienen sentido y constituyen un saber, también la religión. Ahora bien, el saber de la religión no tiene que ver con la verdad, eso está dentro del ámbito de la ciencia. Y no porque la ciencia sea la verdad, sino porque una de sus características es la búsqueda de la verdad. Como dice muy bien el físico y filósofo Bunge “hay más verdades en una guía de teléfonos que en toda la ciencia junta, ahora bien, una guía de teléfono no es ciencia” él define a la ciencia en una n-dupla de doce caracteres entre los cuáles está la búsqueda de la verdad. Por ello, insisto, el joven representa la versión cientificista. Que, por otro lado, es una de las perversiones de la razón ilustrada. Hoy en día ya no existe el cientificismo, existe otra creencia, ideología o religión peor, la del digitalismo o tecnocracia o tecnobarbarie, hay muchas formas de llamarla. Es la divinización de la tecnociencia (complejo técnico, científico, político, económico, militar y político) como forma de redención de todos nuestros males. Es decir, la reducción de todos los problemas humanos a problemas técnicos, cuando hay problemas que no son técnicos, sino éticos, políticos, religiosos… Por eso hay que estar avisados de esta nueva religión que, unida al pensamiento único y al tardocapitaismo han creado una religión inconsciente que anula cualquier discurso, no sólo el religioso. Pero, curiosamente, desde una actitud religiosa, pues el común de los mortales acepta esta realidad como creencia.

Y, por último, en la leyenda que se nos cuenta se comete un gran fallo argumentativo, muy común por lo demás, es la utilización del criterio de autoridad. Es decir, se nos dice que si una persona tan inteligente y creativa como Pasteur era creyente, como nos atrevemos a poner en duda su criterio. Hay que tener cuidado con este tipo de sofismas, como con una veintena más de los que se utilizan en los diferentes discursos y que se estudian o estudiaban en la filosofía de primero, antes de la mariconada de la ciudadanía, y ahora con la LOMCE dentro de unos años este discurso no tendrá sentido, salvo para unas élites bien educadas y selectas. Pero éste es otro tema. Por eso Aristóteles, estando en desacuerdo con su maestro y amigo Platón dijo, soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad. Y sin embargo toda la tradición de la escolástica cristiana traicionó su espíritu, entre otras cosas que no vienen al caso, cuando se le consideró El Filósofo, así, con mayúsculas. Y cualquier discusión o prueba se zanjaba precisamente de esa manera, lo ha dicho El Filósofo, refiriéndose a Aristóteles.

                Pero independientemente del argumento de autoridad sí es muy cierto que existen científicos creyentes y, es más, brillantes científicos creyentes. Muchas veces se ha planteado esto como un problema y en verdad ha sido un problema para el ateo. Pero este problema tiene su solución en la teoría de la evolución y en las neurociencias modernas. Primero, la creencia es un mecanismo adaptativo que ha triunfado enormemente, tanto que nos ha permitido sobrevivir, por ello se ha heredado. Todos utilizamos más la creencia que la razón. Nuestra razón es de uso limitado. La creencia puede generar discursos mítico-religiosos o aplicarse sólo al ámbito cotidiano. La cultura heredada tiene su origen en el mito y la religión, estas formas culturales son adquiridas y moldean nuestro cerebro, que está preparado de serie para ello, en el proceso de socialización y eso es una condición ya para toda nuestra vida. Pero lo que está a la base y es lo que dice el neurofisiólogo Francisco Rubia, es una doble capacidad, la racionalidad, tanto lógico matemática, como emocional y afectiva o ética, como la creencia. Ambas funcionan en redes neuronales distintas, que pueden interactuar, pero que no se bloquean, ver “El cerebro nos engaña”. Por eso recomienda y abre un campo de investigación inmenso e interdisciplinar que es realizar una epistemología filogenética del conocimiento.

Gracias y ha sido un placer.

                               ¡Ya está bien!

El deber de un patriota es proteger a su pueblo de los ataques de su propio gobierno. Thomas Paine.

                Es algo meridianamente manifiesto que no vivimos en una democracia. Y todo régimen contrario a una democracia es un totalitarismo. Y todo totalitarismo es una forma de abuso de poder de los gobernantes sobre el pueblo. Es menester hacer ver esto a la ciudadanía que, por cierto, ha dejado de ser ya ciudadanía. Y es necesario que se tome conciencia profunda y exacta de ello, porque cuando se deja de ser ciudadano se es un objeto instrumentalizado por el poder, por los que mandan. En este caso nuestros gobernantes. Y no tenemos más remedio que decir esto a las claras, sin tapujos, sin partidismos y sin afán de ofender, sino con la intención de despertar las conciencias durmientes. Conciencias que retozan en una ilusión, mientras a su alrededor empieza a emerger la miseria. Mientras a su alrededor cada vez nos queda menos terreno. Nuestros gobernantes nos han usurpado el poder y lo están haciendo de una forma zafia, hipócrita, de mal gusto y embustera. Nos están haciendo creer que no existen alternativas. Y esto es ya un ataque contra la esencia misma de la democracia que es la posibilidad del diálogo entre alternativas. Falso, nuestros gobernantes nos están engañando porque no son ellos ni siquiera nuestros gobernantes, sino que nos mandan desde fuera. Ellos obedecen y no siguen sus programas, sino el programa económico marcado para Europa desde la llamada troika: Bruselas, el BCE y el FMI. Estos son los que mandam pero ni siquiera aquí se acaba la cadena de mandos, estos siguen una doctrina económica estricta. Lo siguen tal cual es, un dogma religioso, no una ciencia. Y no lo digo yo, sino ilustres economistas que han llegado a lo más alto y ven la política económica mundial un caos que nos lleva a la debacle en cuestión de pocos lustros. Estos organismos, en el fondo, obedecen a una serie de personas, entidades físicas, que son los verdaderos amos del mundo, un puñado de ricos que ha especulado con el dinero, la economía financiera, y que han establecido como dogma una forma de entender la economía y sólo una que es la que se aplica y la que se enseña en las universidades y las escuelas de negocios y comercio. Esos señores controlan la economía mundial y han puestos sus reglas. Reglas que no son más que las reglas del más fuerte. Han reeditado el falso concepto darwiniano de la supervivencia del más fuerte y de la competitividad hasta la muerte, cuando la evolución es, por el contrario, más colaboración que competencia.

                Pues bien, nuestros gobernantes obedecen a tales instituciones que en el fondo siguen las reglas impuestas por los grandes amos del mundo. Estos nuevos amos del mundo nos llevan a una nueva edad media (sin riqueza, sin derechos y sin posibilidad de pensar) a una polarización de la población en la que habrá unos pocos muy ricos y el resto semiesclavos privados de derechos y riquezas. Pero lo apabullante de todo ello es la indiferencia del llamado pueblo, que ya no lo es, porque es dócil, obediente, sumiso y cobarde. El margen que nos queda es la calle y hay que tomarla y el otro margen que nos queda es la desobediencia civil y hay que llevarla a cabo. Cuando un gobierno te asfixia tienes que rebelarte, la rebelión es tu deber y tu derecho. Porque el poder no tendrá reparos. El poder utilizará toda su fuerza para oprimirte y utilizará toda su fuerza para deslegitimar tu protesta, para criminalizar tus actos, al final los prohibirá en aras de una supuesta regulación de los derechos de todos. Mentira. Al poder nunca le interesa salvaguardar los derechos, al poder le interesa salvaguardar su propio poder. El pueblo tiene que actuar, tiene que denunciar las mentiras y los engaños del poder. Tiene que plantar cara a la chulería de sus gobernantes políticos. Unos pocos están usurpando nuestros derechos conquistados durante doscientos cincuenta años. Y eso derechos no han sido un regalo, sino fruto de las luchas y las desobediencias. Y ha corrido mucha sangre y sufrimiento para gozar de seguridad, tranquilidad y todo eso que llamamos estado de bienestar. Eso no podemos dejar que nos lo arrebaten. Todo eso se mantiene con dinero público. Dinero público que nos están robando ese puñado de ricos mafiosos y que nuestros políticos, los que nos gobiernan, lo están permitiendo. Pero no sólo lo permiten, sino que crean las leyes, normativas y decretos para que todo sea legal y más fácil. Es una estafa que nos está llevando a la ruina. Y si no hacemos nada pues llegará el momento en el que sea tarde. Porque miren ustedes, esto no es una crisis esto es el comienzo del final del capitalismo, la quiebra del capitalismo global. Y los ricos han salido como las ratas cuando el barco se hunde. Y quieren llevarse, arrastrar todo lo que puedan y es lo que están haciendo. Porque la verdadera crisis está en el gran problema global, dentro del que está la crisis capitalista, el problema ecosocial. Las energías se acaban, los alimentos y el agua también, el cambio climático es imparables, la política internacional no hace nada para evitar este terrible problema que en cien años hará gran parte del planeta inhabitable. Estos grandes ricos, los nuevos amos del mundo, se preparan para un escenario venidero dantesco e infernal. La lucha por una supervivencia de unos pocos de seguir así las cosas. Por eso es nuestro deber protegernos de nuestros gobernantes y este deber consiste en echarlos.

Algunos biólogos mantienen una tesis muy pesimista. Relacionan la inteligencia con la capacidad depredadora. El hombre como ser inteligente es el mayor animal depredador; ha acabado con su entorno y está acabando con su propia especie. El índice de supervivencia de una especie es de unos cien mil años, justo los que nosotros tenemos. El futuro es oscuro y peligroso y nada está a nuestro favor salvo nuestra voluntad, nuestra capacidad de pensar y crear y nuestro deseo de ser libres.

 

                               Ilustración, libertad y felicidad.

La ley más importante de todo nuestro código es la que permite la difusión del conocimiento entre el pueblo. No se puede idear otro fundamento seguro para conservar la libertad y la felicidad…el impuesto que se paga para la educación no es más que la milésima parte de lo que se tendría que pagar a los reyes, a los sacerdotes y a los nobles que ascenderán al poder si dejamos al pueblo en la ignorancia. Thomas Jeferson.

                Es indisociable en una sociedad sana la unión entre el conocimiento, en el sentido de ilustración, la libertad y la felicidad. Lo que el pueblo quiere es felicidad. Pero hay que tener cuidado con ella. Se nos vende la felicidad como mera diversión, como una forma de alienación por parte del poder que sólo tiene como misión el control de la ciudadanía. Pero la felicidad es más y va unida, indisolublemente, al conocimiento. Es el conocimiento el que nos lleva a la libertad y es esa libertad la que nos proporciona la felicidad. Porque la felicidad es ser dueño de uno mismo, poder realizar un proyecto de vida personal y social. La felicidad es lo contrario de la esclavitud. Y me refiero a esclavitud en el sentido de que uno no sea el dueño de su proyecto de vida personal y obedezca, sumiso e inconsciente, la voluntad del poder.

Pero lo que le interesa al poder es el control de los ciudadanos. Es la única manera de preservar el poder. Y la manera más fácil de controlar al ciudadano es por medio del control de la educación y de los medios de comunicación de masas. Por eso toda reforma educativa tiene una intención ideológica y política. Lo que le interesa al poder es crear un tipo de ciudadanos, que en realidad no lo serán, sino que serán súbditos, que realicen la función social para la que han sido diseñados. Y que la realicen conformes e inconscientes de manera que no puedan ni plantearse que existen otras formas de existencia. Lo que el poder pretende es que el ciudadano no conozca otras formas de existencia. De esta manera el ciudadano cree diseñar y ser el artífice de su propia existencia, cuando en realidad obedece a los designios marcados por el estado. La educación es el vehículo principal de la libertad, el conocimiento y la felicidad. La felicidad nos viene dada por lo que nosotros queremos hacer de nuestra propia vida, no por lo que otros hacen de ella desde fuera. El conocimiento es el que nos hace libres. Porque conocer es iluminar la luz sobre las cadenas que nos mantienen atados y amordazados. Conocer es desenmascarar al poder. Al poder político, económico y religioso. En realidad todos se funden en una religión que crea un modo de vida, una creencia, una forma de estar en mundo que se transforma en hábito y, con ello, en incuestionable

Todo nuestro esfuerzo político tiene que ir dirigido a la liberación de la enseñanza y de los medios de información del poder. Si educación y medios de información caen en manos del poder entonces nuestra libertad y nuestra felicidad son secuestrados. Si no invertimos desde un poder político que emerja del pueblo en educación, entonces los diversos poderes son y se hacen los amos del mundo. Eso es lo que hoy en día está ocurriendo. Y desde un engaño escalofriante y vergonzoso. Se nos habla en las leyes educativas de democracia, libertad, ciudadanía. Pero todas ellas van dirigidas, sin excepción, a la domesticación del ciudadano. A convertirlo en instrumento de consumo del propio sistema. Es decir en un instrumento que es devorado por el sistema. Su vida es planificada desde antes de terminar sus estudios. Y con la apariencia de que todo se hace desde la libertad del propio individuo. Si queremos libertad y conocimiento debemos controlar los medios de información, de lo contrario serán controlados por las distintas formas del poder y nos ofrecerán su mundo, como el único mundo posible, como la única ventana desde la que se puede mirar. Es evidente que, tanto la educación como los medios de comunicación, no vamos a ser ingenuos ni nos vamos a engañar, están en manos de las diferentes formas de poder, luego nuestra existencia está sumida en la ignorancia, la esclavitud y la infelicidad (o, si quieren, existencia inauténtica) de nosotros y de nuestra voluntad depende la conquista de la Ilustración el conocimiento, la libertad y la felicidad.

Como siempre las críticas de Bueno son agudas, esclarecedoras y sabrosas. Me quedo con la función de la filosofía como trituradora de la realidad del presente. La filosofía como crítica de los totalitarismos presentes: el científico, el religioso y el político. La filosofía, en definitiva, como un pensamiento contra el poder. De ahí, que ciertamente, las reivindicaciones de la importancia de la filosofía caigan en una contradicción en la medida en la que consagran ciertos totalitarismos, como es el político (los derechos humanos y la democracia) e, incluso, el científico. Ello es cierto. Y el poder lo sabe. De modo que, la filosofía no sirve de nada, puesto que eso ya lo sabe todo el mundo, porque viven inmersos en esa creencia totalitaria. O bien, la filosofía es concebida como crítica y trituradora de los discursos totalitarios, que no son más que los discursos del poder y, entonces, es peligrosa, luego hay que eliminarla. A los filósofos nos parece que precisamente por eso es esencial, pero al poder le parece que es prescindible o por inútil o peligrosa. Desde luego que es necesaria una formación filosófica de la juventud, que duda cabe, pero eso si se pretende un mundo lo más libre posible. Pero eso no es nada que persiga el poder, ni siquiera aquellos que defienden a bombo y platillo los derechos humanos y la democracia. Y, por eso, también sería bueno recordar aquí el debate entre Sacristán y Bueno sobre la enseñanza de la filosofía. Y, por último, también sería bueno recordar aquí la salida de los cínicos como otra forma de hacer filosofía fuera de la academia. La secuela de Sócrates se divide en dos, la platónica, que funda la academia y la enseñanza reglada, después con su discípulo Aristóteles, y la filosofía callejera antiacadémica, deconstructora y crítica del poder y de todo lo establecido y esa es la línea que llegará a los cínicos. ¿Cómo se puede ejercer esta filosofía trituradora dentro de la academia? Y, ¡cómo se puede convencer al poder de que es necesaria?



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